Homilía del Papa Francisco en la canonización del Cardenal Newman y 4 nuevas santas

octubre 13, 2019

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El Papa Francisco pronuncia su homilía durante la ceremonia de canonización. Crédito: Captura de Youtube

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Homilía del Papa Francisco en la canonización del Cardenal Newman y 4 nuevas santas

Redacción ACI Prensa

Este domingo 13 de octubre el Papa Francisco celebró la canonización del Cardenal John Henry Newman, las religiosas Dulce Lopes Pontes, Giuseppina Vannini y María Teresa Chiramel Mankidiyan, y la laica Marguerite Bays.

A continuación la homilía pronunciada por el Santo Padre:

«Tu fe te ha salvado» (Lc 17,19). Es el punto de llegada del evangelio de hoy, que nos muestra el camino de la fe. En este itinerario de fe vemos tres etapas, señaladas por los leprosos curados, que invocan, caminan y agradecen.

En primer lugar, invocar. Los leprosos se encontraban en una condición terrible, no sólo por sufrir la enfermedad que, incluso en la actualidad, se combate con mucho esfuerzo, sino por la exclusión social. En tiempos de Jesús eran considerados inmundos y en cuanto tales debían estar aislados, al margen (cf. Lv 13,46). De hecho, vemos que, cuando acuden a Jesús, “se detienen a lo lejos” (cf. Lc 17,12).

Pero, aun cuando su situación los deja a un lado, dice el evangelio que invocan a Jesús «a gritos» (v. 13). No se dejan paralizar por las exclusiones de los hombres y gritan a Dios, que no excluye a nadie.

Es así como se acortan las distancias, como se vence la soledad: no encerrándose en sí mismos y en las propias aflicciones, no pensando en los juicios de los otros, sino invocando al Señor, porque el Señor escucha el grito del que está solo.

Como esos leprosos, también nosotros necesitamos ser curados, todos. Necesitamos ser sanados de la falta de confianza en nosotros mismos, en la vida, en el futuro; de tantos miedos; de los vicios que nos esclavizan; de tantas cerrazones, dependencias y apegos: al juego, al dinero, a la televisión, al teléfono, al juicio de los demás.

El Señor libera y cura el corazón, si lo invocamos, si le decimos: “Señor, yo creo que puedes sanarme; cúrame de mis cerrazones, libérame del mal y del miedo, Jesús”. Los leprosos son los primeros, en este evangelio, en invocar el nombre de Jesús. Después lo harán también un ciego y un malhechor en la cruz: gente necesitada invoca el nombre de Jesús, que significa Dios salva.

Llaman a Dios por su nombre, de modo directo, espontáneo. Llamar por el nombre es signo de confianza, y al Señor le gusta. La fe crece así, con la invocación confiada, presentando a Jesús lo que somos, con el corazón abierto, sin esconder nuestras miserias.

Invoquemos con confianza cada día el nombre de Jesús: Dios salva. Repitámoslo; es rezar. La oración es la puerta de la fe, la oración es la medicina del corazón.

La segunda etapa es caminar. En el breve evangelio de hoy aparece una decena de verbos de movimiento. Pero, sobre todo, impacta el hecho de que los leprosos no se curan cuando están delante de Jesús, sino después, al caminar: «Mientras iban de camino, quedaron limpios», dice el texto (v. 14).

Se curan al ir a Jerusalén, es decir, cuando afrontan un camino en subida. Somos purificados en el camino de la vida, un camino que a menudo es en subida, porque conduce hacia lo alto. La fe requiere un camino, una salida, hace milagros si salimos de nuestras certezas acomodadas, si dejamos nuestros puertos seguros, nuestros nidos confortables. La fe aumenta con el don y crece con el riesgo.

La fe avanza cuando vamos equipados de la confianza en Dios. La fe se abre camino a través de pasos humildes y concretos, como humildes y concretos fueron el camino de los leprosos y el baño en el río Jordán de Naamán, en la primera lectura (cf. 2 Re 5,14-17).

También es así para nosotros: avanzamos en la fe con el amor humilde y concreto, con la paciencia cotidiana, invocando a Jesús y siguiendo hacia adelante.

Hay otro aspecto interesante en el camino de los leprosos: avanzan juntos. «Iban» y «quedaron limpios», dice el evangelio (v. 14), siempre en plural: la fe es caminar juntos, nunca solos. Pero, una vez curados, nueve se van y sólo uno vuelve a agradecer. Entonces Jesús expresa toda su amargura: «Los otros nueve, ¿dónde están?» (v. 17).

Casi parece que pide cuenta de los otros nueve al único que regresó. Es verdad, es nuestra tarea —de nosotros que estamos aquí para “celebrar la Eucaristía”, es decir, para agradecer—, es nuestra tarea hacernos cargo del que ha dejado de caminar, de quien ha perdido el rumbo: somos protectores de nuestros hermanos alejados.

Somos intercesores para ellos, somos responsables de ellos, estamos llamados a responder y preocuparnos por ellos. ¿Quieres crecer en la fe? Hazte cargo de un hermano alejado, de una hermana alejada.

Invocar, caminar y agradecer: es la última etapa. Sólo al que agradece Jesús le dice: «Tu fe te ha salvado» (v. 19). No sólo está sano, sino también salvado. Esto nos dice que la meta no es la salud, no es el estar bien, sino el encuentro con Jesús. La salvación no es beber un vaso de agua para estar en forma, es ir a la fuente, que es Jesús. Sólo

Él libra del mal y sana el corazón, sólo el encuentro con Él salva, hace la vida plena y hermosa. Cuando encontramos a Jesús, el “gracias” nace espontáneo, porque se descubre lo más importante de la vida, que no es recibir una gracia o resolver un problema, sino abrazar al Señor de la vida. Y esto es lo más importante de la vida: abrazar al Señor de la vida.

Es hermoso ver que ese hombre sanado, que era un samaritano, expresa la alegría con todo su ser: alaba a Dios a grandes gritos, se postra, agradece (cf. vv. 15-16). El culmen del camino de fe es vivir dando gracias. Podemos preguntarnos: nosotros, que tenemos fe, ¿vivimos la jornada como un peso a soportar o como una alabanza para ofrecer?

¿Permanecemos centrados en nosotros mismos a la espera de pedir la próxima gracia o encontramos nuestra alegría en la acción de gracias? Cuando agradecemos, el Padre se conmueve y derrama sobre nosotros el Espíritu Santo. Agradecer no es cuestión de cortesía, de buenos modales, es cuestión de fe. Un corazón que agradece se mantiene joven.

Decir: “Gracias, Señor” al despertarnos, durante el día, antes de irnos a descansar es el antídoto al envejecimiento del corazón. Así también en la familia, entre los esposos: acordarse de decir gracias. Gracias es la palabra más sencilla y beneficiosa.

Invocar, caminar, agradecer. Hoy damos gracias al Señor por los nuevos santos, que han caminado en la fe y ahora invocamos como intercesores. Tres son religiosas y nos muestran que la vida consagrada es un camino de amor en las periferias existenciales del mundo.

Santa Margarita Bays, en cambio, era una costurera y nos revela qué potente es la oración sencilla, la tolerancia paciente, la entrega silenciosa. A través de estas cosas, el Señor ha hecho revivir en ella el esplendor de la Pascua, en su humildad.

Es la santidad de lo cotidiano, a la que se refiere el santo Cardenal Newman cuando dice: «El cristiano tiene una paz profunda, silenciosa y escondida que el mundo no ve. […] El cristiano es alegre, sencillo, amable, dulce, cortés, sincero, sin pretensiones, […] con tan pocas cosas inusuales o llamativas en su porte que a primera vista fácilmente se diría que es un hombre corriente» (Parochial and Plain Sermons, V,5).

Pidamos ser así, “luces amables” en medio de la oscuridad del mundo. Jesús, «quédate con nosotros y así comenzaremos a brillar como brillas tú; a brillar para servir de luz a los demás» (Meditations on Christian Doctrine, VII, 3). Amén.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-canonizacion-del-cardenal-newman-y-4-nuevas-santas-53852


Protestas en Hong Kong: el factor católico

octubre 10, 2019

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Cardenal John Tong Hon (créditos de imagen: Rock Li – CC BY-SA 3.0)

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Protestas en Hong Kong: el factor católico

El pasado, el presente y el futuro de la Iglesia católica de Hong Kong —y las decisiones que habrá de tomar el Vaticano— tienen un gran peso sobre el destino de la protesta.

Por Massimo Introvigne

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Las protestas en Hong Kong continúan. Algunos creen que pueden convertirse en la nueva Tiananmén. El activista de los derechos humanos especula acerca de cómo Estados Unidos y la actitud del presidente Donald Trump pueden determinar el destino de la protesta o, incluso, alimentar o crear una oposición al presidente Xi Jinping dentro del PCCh (Partido Comunista Chino) mismo.

Sin embargo, algunas personas en Hong Kong creen que las decisiones de un tercer líder mundial, además de Trump y Xi Jinping, pueden pesar fuertemente sobre el futuro de Hong Kong.

Este líder es el papa Francisco. Los católicos en Hong Kong representan únicamente el 5% de la población, pero tienen un poder desmesurado en la política, la cultura y los medios.

La jefa del Ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, cuyas posturas a favor del PCCh encendieron las protestas, es una católica activa, ha sido educada en escuelas católicas y no es ningún secreto que regularmente consulta a obispos católicos acerca de asuntos políticos importantes.

Hong Kong también es un puente tradicional entre el Vaticano y China. De acuerdo con estudiosos de las relaciones entre el Vaticano y China, Hong Kong es el lugar en el que, hasta que el Papa Francisco asumió el cargo en 2013, se organizó y gestionó exitosamente la mayor oposición a cualquier acuerdo del Vaticano con el PCCh que alentara a los sacerdotes y obispos católicos para que se unieran a la Asociación Patriótica Católica China (APCC) controlada por el Gobierno, y desde donde la influencia del cardenal anti-PCCh Joseph Zen (nacido en 1932 y obispo de Hong Kong entre 2002 y 2009) se extendió a Roma.

De acuerdo con los mismos estudiosos, Zen había formado un fantástico equipo con su compañero miembro de la orden salesiana, el arzobispo Savio Hon Tai-fai (nacido en Hong Kong en 1950), el prelado chino más influyente en la Curia romana, donde sirvió desde 2010 como secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; esto es, el departamento del Vaticano directamente responsable de China.

Tanto Zen como Hon tenían influencia sobre el papa Benedicto XVI y, efectivamente, torpedearon cualquier posible acuerdo bajo el cual los sacerdotes y obispos católicos chinos se unirían o debían unirse a la APCC. Fueron apoyados por el padre –y posteriormente, arzobispo– Ettore Balestrero, un importante oficial de asuntos políticos en la Secretaría de Estado del Vaticano y firme oponente al PCCh.

En 2013, el papa Benedicto XVI renunció y el papa Francisco fue electo. Este último indicó que un acuerdo con el Gobierno chino era una de sus prioridades diplomáticas, a costa de solicitar ciertos “sacrificios” por parte de los católicos anti-PCCh que habían sufrido por su (hasta entonces) negativa aprobada por el Vaticano de unirse a la APCC.

Las personas importan, y para lograr un acuerdo con el PCCh algunas personas deben irse. Balestrero era un hombre tan cercano a Benedicto XVI, que, según fuentes del Vaticano, fue enviado como embajador del Vaticano (nuncio) ante Colombia justo antes de que el papa alemán renunciara para protegerlo frente a lo que podía venir bajo un pontificado nuevo y con una inclinación diferente.

Las mismas fuentes afirman que el PCCh expresó su beneplácito al Vaticano por el hecho de que Balestrero dejara Roma, lo cual hizo que algunos vieran el largo brazo de China detrás de un oscuro escándalo que involucraba al hermano del arzobispo, situación que llevó a que en 2018 fuera degradado de rango, de nuncio ante Colombia (un importante país para la Iglesia católica) a nuncio ante el Congo.

Zen terminó su periodo en 2009 y fue reemplazado por el obispo –y, posteriormente, cardenal– John Tong Hon (nacido en 1939). Ciertamente, es menos beligerante hacia el PCCh que Zen, y (a diferencia de su predecesor) no tiene inclinación a criticar al Vaticano en ningún tema.

No obstante, siempre ha sido extremadamente cauteloso en cuestiones que tienen que ver con China continental. Que el Vaticano estuviera moviéndose con gran cuidado en Hong Kong lo confirmó el nombramiento en 2014 de dos obispos auxiliares más jóvenes, uno considerado anti-PCCh, el franciscano Joseph Ha Chi-shing (nacido en 1959) y otro más favorable a un acuerdo con China, Stephen Lee Bun-Sang (nacido en 1956).

Lee es miembro del Opus Dei y es considerado teológicamente conservador, lo cual muestra que ser liberal o conservador no necesariamente está conectado con estar a favor o en contra del pacto entre el Vaticano y China.

Sin embargo, las cosas cambiaron entre 2016 y 2017, cuando probablemente ya se habían tomado en Roma ciertas decisiones acerca del pacto de 2018 entre el Vaticano y China.

El arzobispo Savio Hon Tai-fai fue retirado de la Curia vaticana en 2016 (otro movimiento por el que, de acuerdo con fuentes internas, el PCCh agradeció a la Santa Sede) y fue enviado para hacerse cargo de la atribulada Iglesia católica en Guam, cuyo obispo había renunciado después de haber estado involucrado en un escándalo de abuso sexual. Posteriormente fue enviado a Grecia (un país no precisamente clave para la diplomacia vaticana) como nuncio.

También en 2016, el obispo auxiliar de Hong Kong Lee Bun-Sang fue promovido al cargo de obispo de Macau, presuntamente con la bendición del PCCh.

En 2017 terminó el período del cardenal Tong. Fue reemplazado por el obispo Michael Yeung (1945-2019). Al ser un colaborador cercano de Carrie Lam, es difícil quitar la impresión de que fue nombrado para promover el pacto entre el Vaticano y China que se firmaría en 2018.

Sin embargo, fue demasiado lejos y terminó avergonzando a la Santa Sede, primero, al dar la impresión de que aprobaba la destrucción sistemática de cruces de iglesias protestantes en China por parte del PCCh y, luego, al afirmar que su postura en la materia era que las regulaciones del PCCh debían respetarse.

Probando, una vez más, que se puede ser pro-PCCh y, al mismo tiempo, teológicamente conservador, Yeung también causó asombro en Roma por su actitud militante en contra de los derechos de la comunidad LGBT y por comparar la homosexualidad con la adicción a las drogas, algo que se percibe está en conflicto con la actitud más tolerante del papa Francisco hacia el tema.

El 3 de enero de 2019, Yeung, quien padecía cirrosis hepática, murió antes de que terminara su periodo como obispo de Hong Kong. Todos los ojos voltearon a Roma. Había dos candidatos naturales para la sucesión, y la elección revelaría cómo estaba evaluando el Vaticano el pacto que había firmado con el PCCh unos meses atrás.

Claramente, el PCCh habría estado más contento con la elección del obispo de Macau, Lee Bun-Sang, como el nuevo obispo de Hong Kong y, mucho menos contento, si el papa elegía para el cargo al obispo auxiliar Ha Chi-shing, considerado anti-PCCh.

El papa Francisco sorprendió a todos al no nombrar ni a Lee ni a Ha, sino sacando del retiro al cardenal Tong, quien tenía una postura más moderada y pidiéndole que retomara sus antiguos deberes.

Así, fue Tong el que tuvo que guiar a la Iglesia católica de Hong Kong a través de la tormenta de las protestas. Aconsejó a la jefa del Ejecutivo católica Carrie Lam que no firmara el controversial acuerdo de extradición con China y, junto con otros líderes religiosos, ofreció un apoyo moderado a los manifestantes.

Al mismo tiempo, también hizo saber a los católicos de Hong Kong que él no apoyaba la abierta oposición del cardenal Zen al pacto entre el Vaticano y China. Sin embargo, no impidió que su obispo auxiliar Ha Chi-shing participara activamente en las protestas e, incluso, fuera considerado como uno de sus líderes morales.

El Vaticano ha guardado silencio en relación con las protestas de Hong Kong. No obstante, claramente tarde o temprano deberá expresarse, no con palabras, sino a través de una decisión trascendental. El cardenal Tong tiene 80 años. Dejó claro que aceptaba regresar a su antiguo puesto de manera provisional.

Pronto, el papa deberá nombrar a un nuevo obispo de Hong Kong. Los católicos locales apoyan fuertemente las protestas y no es un secreto que esperan que el obispo Ha sea nombrado. Considerarían el nombramiento del obispo Lee de Macau como una declaración en contra de las protestas y la democracia.

Sin embargo, algunas personas dijeron a Bitter Winter que circulan rumores de que el pacto de 2018 entre el Vaticano y China, cuyo texto sigue siendo secreto, puede incluir una cláusula que conlleve a que la elección del obispo debe acordarse también entre la Santa Sede y el PCCh en Hong Kong.

El tiempo lo dirá, pero, claramente, el nombramiento del obispo Ha sería una señal para el PCCh y para el mundo de que el Vaticano está a favor de la democracia en Hong Kong y que el acuerdo de 2018 no significa que Roma esté preparada para ignorar los temas de derechos humanos.

El nombramiento del obispo Lee sería una señal diferente, aunque algunos advierten que el prelado de Macau del Opus Dei tiene una personalidad compleja y sería un error clasificarlo como un partidario incondicional del PCCh, así como el obispo Ha, que nunca ha apoyado la crítica abierta del cardenal Zen hacia el Vaticano. A menos que el Papa Francisco vuelva a sorprender a todos “inventando” un tercer candidato, de lo cual no hay indicios o rumores hasta ahora.


La crisis migratoria se dispara con la salida de medio millón de venezolanos en tan solo cuatro meses

octubre 8, 2019

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La crisis migratoria venezolana es quizás el fenómeno regional más ignorado por la comunidad internacional. Con respecto a la población de Venezuela, representa una huída de casi el 15% de los ciudadanos.

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La crisis migratoria se dispara con la salida de medio millón de venezolanos en tan solo cuatro meses

Por Gabriela Ponte. Madrid

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La crisis migratoria venezolana es quizás el fenómeno regional más ignorado por la comunidad internacional. En escasos cuatro meses, el ritmo acelerado de inmigrantes y refugiados venezolanos que huyen de su país ha aumentado de 4 millones a 4,6 millones, y las proyecciones esperan que para finales de año se alcance la cifra de cinco millones de desplazados. Con respecto a la población de Venezuela, representa una huída de casi el 15% de los ciudadanos.

Una cifra alarmante para un país que, como menciona el coordinador de la crisis migratoria venezolana en la Organización de Estados Americanos (OEA), David Smolansky, no atraviesa por una guerra ni una catástrofe natural.

Según los últimos datos recabados por la OEA, el país que más acoge venezolanos es Colombia con 1.600.000, seguido por Perú (900.000), Estados Unidos (422.000), Chile (400.000), Ecuador (350.000), Brasil (170.000) y Argentina (150.000). En menor medida, Panamá con 100.000 y México con 70.000 exiliados.

Otros países de Iberoamérica y el Caribe donde han llegado los venezolanos son: República Dominicana (40.000), Guyana (36.000), Costa Rica (30.000), Curazao (26.000), Canadá (22.000), Aruba (16.000), Uruguay (10.000) y Bolivia (10.000).

España, por su parte, es el país con la comunidad más grande de venezolanos fuera del continente americano, con al menos 300.00.

Para frenar este éxodo descalabrado de venezolanos, nueve países de la región han colocado restricciones para entrar a su territorio. Desde la tenencia de un pasaporte en vigor hasta un visado de entrada que puede costar entre 50 y 100 dólares. Algo impensable para una población cuyo salario mínimo ronda apenas los tres dólares. Ante este tipo de medidas, son muchos los que arriesgan su vida cruzando pasos fronterizos ilegales.

Ecuador, Perú, Chile, Trinidad y Tobago, Guatemala, El Salvador, Honduras y Panamá solicitan visado y, en unos meses, se sumarían Aruba, Curacao y Bonaire por petición explícita de Países Bajos.

Si bien en 2015 Europa se vio desbordada por la crisis de refugiados sirios (llegaron alrededor de 6,3 millones), el continente americano no da abasto para seguir recibiendo venezolanos que cruzan fronteras caminando por la falta de alimentos, medicinas y oportunidades.

Diariamente 5.000 venezolanos atraviesan a pie la frontera colombo-venezolana y desde allí continúan su recorrido hasta Perú, Ecuador, Chile o Argentina.

Apenas 1,8 millones de venezolanos disfrutan de protección temporal con acceso a la salud, educación y oportunidades en los mercados laborales. El resto se encuentra en situación irregular en los países de acogida.

https://www.abc.es/internacional/abci-crisis-migratoria-dispara-salida-medio-millon-venezolanos-solo-cuatro-meses-201910071309_noticia.html


Homilía del Papa Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de la Amazonía

octubre 6, 2019

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El Papa Francisco durante la Misa. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

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Homilía del Papa Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de la Amazonía

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El Papa Francisco presidió este domingo 6 de octubre en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa de apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, conocida también como Sínodo de la Amazonía, y que se desarrollará en el Vaticano hasta el próximo 27 de octubre.

En la Misa, en la que han participado también los 13 nuevos Cardenales creados en el consistorio celebrado ayer sábado 5 de octubre, el Santo Padre contrapuso el fuego de Dios, “que ilumina, calienta y da vida”, al fuego del mundo, “que destruye”.

El Santo Padre destacó la importancia del Sínodo “para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonía, de modo que no se apague el fuego de la misión”. Asimismo, recordó que “muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos”.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:

El apóstol Pablo, el mayor misionero de la historia de la Iglesia, nos ayuda a “hacer Sínodo”, a “caminar juntos”. Lo que escribe a Timoteo parece referido a nosotros, pastores al servicio del Pueblo de Dios.

Ante todo, dice: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1,6). Somos obispos porque hemos recibido un don de Dios. No hemos firmado un acuerdo, no nos han entregado un contrato de trabajo “en propia mano”, sino la imposición de manos sobre la cabeza, para ser también nosotros manos que se alzan para interceder y se extienden hacia los hermanos.

Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos.

Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir. Lo recuerda el Evangelio, que habla de «siervos inútiles» (Lc 17,10).

Es una expresión que también puede significar «siervos sin utilidad». Significa que no nos esforzamos para conseguir algo útil para nosotros, un beneficio, sino que gratuitamente damos porque lo hemos recibido gratis (cf. Mt 10,8).

Toda nuestra alegría será servir porque hemos sido servidos por Dios, que se ha hecho nuestro siervo. Queridos hermanos, sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios.

Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren.

Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo. Pero «la Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de “mantenimiento” para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (BENEDICTO XVI, Exhort. apost. postsin. Verbum Domini, 95).

Porque la Iglesia está siempre en camino, siempre en salida, nunca cerrada en sí misma. Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra.

El fuego que reaviva el don es el Espíritu Santo, dador de los dones. Por eso san Pablo continúa: «Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros (2 Tm 1,14). Y también: «Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de prudencia» (v. 7).

No es un espíritu cobarde, sino de prudencia. Alguno piensa que la prudencia es una aduana, una virtud que lo prepara todo para no equivocarse. No. La prudencia es virtud cristiana, es virtud de vida. También es la virtud del gobierno. Pablo contrapone la prudencia a la cobardía. ¿Qué es entonces esta prudencia del Espíritu?

Como enseña el Catecismo, la prudencia «no se confunde ni con la timidez o el temor», sino que «es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo» (n. 1806). La prudencia no es indecisión, no es una actitud defensiva.

Es la virtud del pastor, que, para servir con sabiduría, sabe discernir, sensible a la novedad del Espíritu. Entonces, reavivar el don en el fuego del Espíritu es lo contrario a dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada. Y ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración.

Que Él, que hace nuevas todas las cosas, nos dé su prudencia audaz, inspire nuestro Sínodo para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia, de modo que no se apague el fuego de la misión.

El fuego de Dios, como en el episodio de la zarza ardiente, arde, pero no se consume (cf. Ex 3,2). Es fuego de amor que ilumina, calienta y da vida, no fuego que se extiende y devora. Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo.

Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos.

El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonia, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad. Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo.

Reavivar el don; acoger la prudencia audaz del Espíritu, fieles a su novedad; san Pablo dirige una última exhortación: «No te avergüences del testimonio […]; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1,8).

Pide testimoniar el Evangelio, sufrir por el Evangelio, en una palabra, vivir por el Evangelio. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia. Es su misión, su identidad. Poco después Pablo escribe: «Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación» (4,6).

Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,22), es amar hasta el martirio. Agradezco a Dios porque en el Colegio Cardenalicio hay algunos hermanos Cardenales mártires, que han experimentado en la vida la Cruz del martirio.

De hecho, subraya el Apóstol, se sirve el Evangelio no con la potencia del mundo, sino con la sola fuerza de Dios: permaneciendo siempre en el amor humilde, creyendo que el único modo para poseer de verdad la vida es perderla por amor.

Queridos hermanos: Miremos juntos a Jesús Crucificado, su corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí, porque desde allí ha brotado el don que nos ha generado; desde allí ha sido infundido el Espíritu Santo que renueva (cf. Jn 19,30). Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida.

Muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Muchos hermanos y hermanas en Amazonía han entregado su vida.

Permitidme que repita las palabras de nuestro amado Cardenal Hummes, cuando llega a las pequeñas ciudades de la Amazonía, acude a los cementerios, a buscar las tumbas de los misioneros. Un gesto de la Iglesia por aquellos que han entregado la vida en la Amazonía. Y luego, con un poco de picardía, dice al Papa: ‘No se olvide de ellos. Se merecen ser canonizados’.

Por ellos, por aquellos que han dado su vida, con ellos, caminemos juntos.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-apertura-del-sinodo-de-la-amazonia-51049?fbclid=IwAR2Yi8ybiLpPC1wg6GeiEtLyRv7J09lmUTmYsYLKomfjwcpKNCOTkxdigAA


Ángelus: “Actuar con astucia para asegurarnos la vida eterna”

septiembre 22, 2019

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Ángelus 22 Septiembre 2019 © Vatican Media

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Palabras del Papa antes de la oración mariana: Ángelus: “Actuar con astucia para asegurarnos la vida eterna”

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(ZENIT – 22 septiembre 2019).- El Papa Francisco presidió la oración dominical del Ángelus desde la ventana del despacho del Palacio Apostólico del Vaticano, que da a la Plaza de San Pedro, este domingo 22 de septiembre de 2019.

El Papa señaló que el gerente deshonesto quiere unir la gratitud de los deudores de su amo por un sistema que equivale a corrupción.

El Papa Francisco denuncia regularmente el “flagelo social”, las “peores plagas sociales”, el “virus”, el “cáncer metastásico”, la corrupción que socava la economía de las naciones y ataca, y mata, a los más pobres: incluso ve una “forma de blasfemia”.

Pero este domingo, también mostró la punta del Evangelio: ¡la corrupción no tiene la última palabra!

En otras palabras, todavía hay tiempo para que los corruptos busquen la vida eterna: “Jesús también indica el propósito final de su exhortación: ‘Haceos amigos con los ricos, para que os acojan en sus moradas eternas’”.

¿Cómo? Invitó a la reparación. Sabiendo cómo transformar el dinero en un instrumento de “fraternidad” y “solidaridad”, el Papa Francisco responde: “Para acogernos en el Paraíso, si somos capaces de transformar la riqueza en instrumento de fraternidad y solidaridad, no sólo habrá Dios, sino también aquellos con quienes compartimos, administrándolo bien, lo que el Señor puso en nuestras manos”.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La parábola contenida en el Evangelio de este domingo (cf. Lc 16,1-13) tiene como protagonista a un administrador astuto y deshonesto que, acusado de haber malgastado los bienes del amo, está a punto de ser despedido.

En esta difícil situación, no recrimina, no busca justificaciones ni se deja desanimar, sino que busca una salida para asegurarse un futuro tranquilo. Reacciona primero con lucidez, reconociendo sus propios límites: “cavar, no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza” (v. 3); entonces actúa con astucia, robando a su amo por última vez.

De hecho, llama a los deudores y reduce las deudas que tienen con el amo, para hacer amistad con ellos y luego ser recompensado por ellos, esto es, hacerse amigos con la corrupción y obtener gratitud con la corrupción, como lamentablemente sucede hoy.

Jesús presenta este ejemplo no para exhortar a la deshonestidad, sino a la astucia. De hecho subraya: “El maestro alabó a aquel administrador deshonesto, porque había actuado con astucia” (ver 8), es decir, con esa mezcla de inteligencia y astucia que te permite superar situaciones difíciles.

La clave de lectura de esta historia está en la invitación de Jesús al final de la parábola: “Haga amigos con el dinero deshonesto, para que cuando estas riquezas fracasen, los reciban en las moradas eternas” (v. 9). Parece un poco confuso pero no lo es, la “riqueza deshonesta” es el dinero -también llamado “estiércol del diablo”- y, en general, los bienes materiales.

La riqueza puede llevar a la construcción de muros, a la creación de divisiones y a la discriminación. Jesús, por el contrario, invita a sus discípulos a invertir el curso: “Háganse amigos con la riqueza”. Es una invitación a saber transformar bienes y riquezas en relaciones, porque las personas valen más que las cosas y cuentan más que las riquezas que poseen.

En la vida, de hecho, no son los que tienen la riqueza los que dan fruto, sino los que crean y mantienen vivos tantos lazos, tantas relaciones, tantas amistades a través de las diferentes “riquezas”, es decir de los diferentes dones con los que Dios los ha dotado.

Pero Jesús también indica el propósito último de su exhortación: “Háganse amigos de las riquezas, para que te acojan en las moradas eternas.

Si somos capaces de transformar las riquezas en instrumentos de fraternidad y solidaridad, no solo será Dios quien nos acoja en el Paraíso, sino también aquellos con los cuales hemos compartido, administrando bien lo que el Señor ha puesto en nuestras manos.

Hermanos y hermanas, esta página del Evangelio hace resonar en nosotros la pregunta del administrador deshonesto expulsado por el patrón: “¿Qué voy a hacer ahora?” (v. 3). Frente a nuestras faltas y a nuestros fallos Jesús nos asegura que siempre estamos a tiempo para sanar el mal hecho, con el bien.

Quien ha causado lágrimas, haga feliz a alguien; quien ha robado indebidamente, done a quien está en necesidad. Al hacerlo, seremos alabados por el Señor “porque hemos actuado con astucia”, es decir, con la sabiduría de aquellos que se reconocen como hijos de Dios y se ponen en juego por el Reino de los Cielos.

Que la Santísima Virgen nos ayude a ser astutos para asegurarnos no el éxito mundano, sino la vida eterna, para que en el momento del juicio final las personas necesitadas a las que hemos ayudado sean testigos de que en ellas hemos visto y servido al Señor en ellos.


Lo que necesita, también, Alemania

septiembre 18, 2019

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El Arzobispo de Múnich y Frisinga (Alemania), Cardenal Reinhard Marx,

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Lo que necesita, también, Alemania

Por José Luis Restán, Director Editorial COPE

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A comienzos de septiembre el Papa Francisco saludaba al Sínodo de los obispos greco-católicos de Ucrania y les advertía sin papeles: «¡el Sínodo no es un Parlamento!… Sínodo no es ponerse de acuerdo como en política: te doy esto, tú me das esto. No, Sínodo no es hacer encuestas sociológicas, como algunos creen… Si no hay Espíritu Santo, no hay Sínodo… todavía más, si no hay Iglesia (la identidad de la Iglesia) no hay Sínodo».

Son palabras fuertes que resuenan ahora sobre el fondo de la tensión surgida a propósito de la dirección que parece tomar el camino sinodal emprendido por los obispos alemanes (no sin reservas y advertencias de algunos de ellos).

Recordemos que la Conferencia Episcopal alemana decidió iniciar dicho camino sinodal para afrontar una crisis que nadie oculta, aunque los diagnósticos difieren entre quienes identifican la raíz en una profunda crisis de fe y quienes reclaman, sobre todo, cambios disciplinares y estructurales, hasta llegar en algún caso a tocar aspectos sustanciales de la doctrina católica.

En efecto, para responder a la crisis algunos proponen replantear la moral sexual, el significado de la autoridad, el lugar de las mujeres, el perfil del ministerio sacerdotal o la disciplina sacramental, buscando una «solución alemana».

El pasado mes de junio el Papa Francisco dirigió una carta al pueblo de Dios en Alemania en la que explicaba algunas líneas maestras a las que debía atenerse el mencionado «camino sinodal».

Francisco subrayaba que ese camino «debe consistir en vivir y sentir con la Iglesia y en la Iglesia» y advertía (citando a Joseph Ratzinger) que «cuando una Iglesia particular se separa del entero cuerpo eclesial se marchita y muere, mientras que la comunión viva y efectiva permite superar el encerramiento en los propios problemas».

Sin dejar de alentar la iniciativa de los obispos alemanes el Papa aclaraba que «tiene que asumir un modo de ser Iglesia donde el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas» (partes).

Varios obispos, entre ellos el cardenal Rainer M. Woelki, de Colonia, Stefan Oster, de Passau, Stephan Ackermann, de Trier, Rudolf Voderholzer, de Ratisbona, han reclamado que estas indicaciones sean bien tenidas en cuenta, porque es de vital interés para el futuro de la Iglesia en Alemania.

El problema no radica en que se afronte con sinceridad la situación y se busquen nuevos modos de presencia misionera (la misión es otra clave que el Papa ha pedido poner en primer plano), en un debate en el que deben participar todas las realidades vivas de la Iglesia en aquel país (no sólo ciertas élites, otra advertencia de Francisco), sino en la referencia obligada de esa reflexión a la comunión con la Iglesia universal presidida por el Sucesor de Pedro.

No se trata de suspicacias sino de algo que ha advertido con toda seriedad el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos. En una carta dirigida al Presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Reinhard Marx, señala que el camino sinodal debe atenerse a lo expresado por el Papa en su carta de junio, y advierte que algunos de los procesos diseñados no están en sintonía con la disciplina de la Iglesia Universal.

Señala también que esta asamblea no puede establecer por su cuenta una especie de «solución alemana» al margen de la unidad de la Iglesia.

No cabe pensar que la misiva del Cardenal Ouellet haya sido enviada al margen de la voluntad de Francisco. Y por ello uno se queda perplejo ante la primera respuesta (más bien displicente) del Cardenal Marx, quien ha reiterado que el proceso sigue adelante sin acoger positivamente ninguna de las indicaciones llegadas de Roma.

Es cierto que Marx ha anunciado su intención de explicar la situación ante las autoridades vaticanas para deshacer posibles malentendidos, pero de momento parece hablar en otro idioma.

Más allá del morbo periodístico ante lo que algunos definen ya como un nuevo desafío a Roma desde Germania, cabe preguntarse si los alemanes de hoy (especialmente los jóvenes) se sienten concernidos por estas alquimias de laboratorio eclesiástico, o si más bien ansían (siquiera secretamente) el encuentro con una verdadera experiencia de fe arraigada en las circunstancias del presente, capaz de hacer cuentas con su incertidumbre, sus miedos y su sed de felicidad y de sentido.

Una experiencia que sólo puede gestarse en el cuerpo vivo de la Iglesia, con todas sus heridas y fatigas, y no como resultado de una estrategia, por muy «alemana» que sea.

https://www.cope.es/religion/mar-adentro/noticias/que-necesita-tambien-alemania-20190918_500522


Rueda de prensa del Papa en el vuelo de retorno de Mozambique, Madagascar y Mauricio

septiembre 12, 2019

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El Papa Francisco en la rueda de prensa de regreso de África. Crédito: Edward Pentin / ACI

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Rueda de prensa del Papa en el vuelo de retorno de Mozambique, Madagascar y Mauricio

Redacción ACI Prensa

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El Papa Francisco concedió este martes 10 una conferencia de prensa en el avión que lo llevó de retorno a Roma, luego de su viaje a los países africanos de Mozambique, Madagascar y Mauricio, donde estuvo del 4 al 10 de septiembre.

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A continuación el texto completo de la rueda de prensa:

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Director de la Sala de Prensa, Matteo Bruni: Buenos días, Santo Padre. En estos días hemos podido encontrar tantos pueblos de estas tierras africanas del océano Índico. Son pueblos con tantos jóvenes, con tantos chicos y niños. Pueblos llenos de coraje y esperanza porque son jóvenes.

Hemos podido ver tantas heridas que usted ha tocado con la mano y en sus discursos. Nosotros los periodistas hemos visitado tantos signos de resurrección y de reconciliación y de paz. Los periodistas, sus compañeros de viaje, han seguido intensamente los eventos de estos días y han llevado al mundo las historias, los rostros y también las temáticas que han encontrado, contribuyendo a poner a Mozambique, África, Madagascar y Mauricio un poco al centro del interés internacional.

Le agradezco por el trabajo hecho con pasión y cansancio y a ustedes les pasaré la palabra para algunas preguntas que deseen hacerle.

Papa Francisco: Antes que todo quiero agradecer la compañía, gracias.

Giulio Mangiate, de Noticia: Gracias por la oportunidad de hablar a nombre de los periodistas de Mozambique. Usted ha podido hablar con el presidente de Mozambique. ¿Qué expectativas tiene después de este encuentro en relación al proceso de paz?

Papa Francisco: Hoy se identifica a Mozambique con el largo proceso de paz que ha tenido sus altos y bajos, hasta aquel abrazo histórico. Espero que esto vaya adelante y rezo por ello. Invito a todos a hacer el esfuerzo de ayudar a que este proceso de paz vaya adelante. Porque todo se pierde con la guerra, todo se gana con la paz, dijo un Papa antes que yo.

Fue un proceso de paz muy largo, porque tuvo una primera etapa, después de una caída, después otra, con el esfuerzo de los jefes de los partidos contrarios, por no decir enemigos, de ir a encontrarse uno con el otro, un esfuerzo también peligroso, arriesgando la vida algunos, pero al final hemos llegado.

Quisiera agradecer todo lo que la gente ha ayudado, desde el inicio, desde el primero que ha comenzado en un café. En un café había gente que hablaba y había un sacerdote de la Comunidad de Sant’Egidio –será hecho cardenal el próximo 5 de octubre–, ha comenzado ahí y después con la ayuda de tanta gente, de la comunidad de Sant’Egidio, hemos llegado a este resultado.

No debemos ser triunfalistas en estas cosas. El triunfo es la paz. No tenemos derecho a ser triunfalistas porque la paz todavía es frágil en tu país, como en el mundo, es frágil y se la debe tratar como se tratan las cosas “a pinceladas”, como hacen los niños, con mucha, mucha ternura, con mucha delicadeza, con mucho perdón, con mucha paciencia para hacerla crecer y que sea robusta; pero la paz es la victoria del país.

Debemos identificarla. Y esto vale para todos los países que se destruyen con la guerra. Las guerras destruyen, hacen perder todo. Yo me extiendo en esto de la paz porque lo llevo en el corazón. Cuando fue la celebración hace unos meses del desembarco de Normandía, recuerdo que estaban los jefes de estado para hacer memoria del inicio del fin de una guerra cruel y de una dictadura antihumana y cruel como el nazismo y el fascismo: pero sobre esa playa quedaron 46 mil soldados, ¡eh!, el precio de la guerra.

Les confieso: cuando fui a Redipuglia he llorado. Por favor, nunca más la guerra. Cuando fui a Anzio me sentí de la misma forma. Debemos trabajar con esta conciencia: las guerras no resuelven nada. Más bien hacen ganar a las personas que no quieren a la humanidad. Debo decir esto delante de un proceso de paz para el cual rezo y que haré de todo para que vaya adelante y espero que permanezca fuerte.

Giulio Mangiate: ¿qué piensa del problema de la educación de los jóvenes en África? ¿De las redes sociales y los jóvenes? Y la xenofobia.

Papa Francisco: Tomo primero el problema de la juventud y luego el de la xenofobia. El problema de la juventud. África es un continente joven, habitan jóvenes. Si hacemos una comparación con Europa, repetiré como dije en Estrasburgo, la madre Europa se ha casi convertido en la abuela Europa, ha envejecido. Estamos viviendo un invierno demográfico gravísimo en Europa.

No sé en cuál país, pero hay una estadística oficial del gobierno de aquel país: en el año 2050 en aquel país habrá más jubilados que gente que trabaja. Es trágico. ¿Cómo se origina este envejecimiento de Europa? Tengo una opinión personal: pienso que el bienestar sea la raíz, adherirse al bienestar.

“Sí, pero estamos bien, yo no tengo hijos porque debo comprar la villa, hacer turismo, una cosa, otra cosa, un hijo es un riesgo, no se sabe nunca”. Bienestar es tranquilidad, pero un bienestar que te lleva a envejecer.

Al contrario, África está llena de vida. Encontré en África un gesto que encontré en Filipinas, en Cartagena, en Colombia: las personas me mostraban a los niños. Decían: este es mi tesoro, esta es mi victoria. El orgullo, ¿no? El tesoro de los pobres, el niño, pero el tesoro de una patria, de un país. El mismo gesto he visto en Europa Oriental con una abuela que hacía ver al niño y decía, este es mi triunfo.

Ustedes tienen el reto de educar a estos jóvenes y hacer las leyes para los jóvenes. La educación en este momento es prioritaria en tu país, es prioritaria. El primer ministro de Mauricio me decía que tiene en mente el desafío de hacer crecer el sistema educativo para todos, la gratuidad del sistema educativo es importante porque hay centros educativos de alto nivel, pero de paga. Los centros educativos gratuitos, hay en todos los países, pero multiplicarlos para que la educación llegue a todos. Las leyes de salud y educación ahí son clave.

La xenofobia. He leído en los diarios de este problema de la xenofobia. Pero no es solo un problema de África, es una enfermedad humana, como el sarampión. Es una enfermedad, te viene, entra en un país, entra en un continente. Y ponemos muros, ¿no? Y los muros dejan solos a los que los fabrican. Sí, dejan fuera a tanta gente, pero los que permanecen dentro de los muros se quedan solos, y al final de la historia derrotados por las invasiones poderosas.

Pero la xenofobia es una enfermedad: una enfermedad “justificable”, entre comillas, no, pero “la pureza de la raza”, por ejemplo, para nombrar una xenofobia del siglo pasado. Las xenofobias tantas veces cabalgan con los considerados populismos políticos. Dije la semana pasada, o la otra, que a veces siento en algunos discursos que se asemejan a los de Hitler en el 34.

Se ve que hay un retorno en Europa, pero también en África. También ustedes en África tienen un problema cultural que deben resolver. Recuerdo que hablé en Kenia, el tribalismo. Ahí se necesita un trabajo de educación, de acercamiento entre las diversas tribus para hacer una nación. Hemos conmemorado el 25 aniversario de la tragedia de Ruanda, hace poco. Un efecto del tribalismo.

Recuerdo en Kenia, en el estadio, cuando pedí a todos levantarse, darse la mano, y decir “no al tribalismo, no al tribalismo”, debemos decir no. Esto también es un cierre y también una xenofobia, una xenofobia doméstica, pero es una xenofobia. Se debe luchar contra esto: sea la xenofobia de un país con otro, sea la xenofobia interna. Y en algunos lugares de África el tribalismo que nos lleva a la tragedia de Ruanda, por ejemplo.

Doctora Ratoarivelo, Madagascar: Su Santidad, usted habló del futuro de los jóvenes en su visita apostólica, Pienso que la fundación de una familia es muy importante para el porvenir. Actualmente en Madagascar muchos jóvenes viven en familias muy complejas.

A causa de la pobreza, los padres están muy ocupados y los jóvenes no tienen una referencia para aprender el valor de la familia. ¿Cómo puede la Iglesia acompañar a los jóvenes, ya que creen que las enseñanzas de la Iglesia están desfasadas, para hacer frente a la crisis familiar y la revolución sexual de hoy? Le agradezco, Santo Padre.

Papa Francisco: Sí, la familia ciertamente es clave en esto. En la educación de los hijos, ¿no? Es tocante la expresión de los jóvenes, en Madagascar lo hemos visto y también lo hemos visto en Mauricio; y también los jóvenes en el acto de Mozambique, los jóvenes interreligiosos por la paz, ¿no? Dar los valores a los jóvenes, ¿no? Hacerlos crecer. En Madagascar está ligado el problema de la familia, está ligado al problema de la pobreza.

La falta de trabajo y también a la explotación, tantas veces en el trabajo, ¿no? Cuántos emprendimientos, ¿no? Por ejemplo en la cantera, la de granito, los que trabajan ganan un dólar y medio al día, ¿no? Las leyes laborales, las leyes que protegen la familia, y esto es fundamental, y también los valores familiares, que hay, hay, pero tantas veces después son destruidos por la pobreza, por… no los valores, sino el poder esencial (18).

La educación de los jóvenes, llevarla adelante, ¿no? En Madagascar hemos visto el trabajo en Akamasoa, el trabajo con los más niños para llevarlos a hacer una familia para que los niños puedan crecer en una familia “artificial”, de verdad, pero es la única posibilidad, ¿no?

Ayer en Mauricio, después de la Misa, cuando fui a encontrar a Mons. Rueda con un policía alto, grande, que tenía en la mano una niña, tenía dos años, más o menos. Se había perdido y lloraba porque no encontraban a sus padres. La policía lo anunció para que viniesen, y en el momento, a la vez, la acariciaban.

Ahí he visto el drama de tantos niños y jóvenes que pierden el lazo familiar, aunque si viven en la familia, pero en un momento lo pierden, esto por un accidente, y también el rol del Estado para mantenerlos, llevarlos adelante, ¿no? El Estado debe tomar el cuidado de la familia. De los jóvenes, esto es un deber del Estado, ¿no? Es un deber llevarlos adelante.

Repito: para una familia tener un hijo es un tesoro y ustedes tienen esta conciencia. Tienen la conciencia del tesoro. Pero ahora es necesario que toda la sociedad tenga la conciencia de hacer crecer este tesoro, para que haga crecer el país, haga crecer la patria, haga crecer los valores que darán soberanía a la patria. No sé si he respondido primero pero… Y una cosa que los niños, me ha golpeado en los tres países, en los tres. Y es que la gente saludaba, ¿no? Pero habían niños así, chiquitos y saludaban, entraban en alegría. Sobre la alegría querría hablar después, gracias.

Mutusami, de Mauricio: Santo Padre, a nombre de mis colegas Martin y Valery que están en este vuelo, quiero agradecerle por venir a la República de Mauricio. Mi pregunta es sobre la situación del pueblo de Chagos. En su mensaje de gracias ayer en el monumento María Reina de la Paz, usted mencionó a ese pueblo. El Primer Ministro le agradeció por mostrar su preocupación por el sufrimiento de nuestros ciudadanos que fueron obligados a salir del archipiélago, por el Reino Unido, luego de retirar ilícitamente de este parte de nuestro territorio, antes de la independencia.

Hoy, una base militar americana está en la isla de Diego García. Santo Padre, los ciudadanos de Chagos han estado en un exilio forzado por 50 años y quieren volver a su tierra. Las administraciones de Estados Unidos y el Reino Unido no permiten que esto pase a pesar de la resolución de las Naciones Unidas de mayo pasado ¿Cómo puede apoyar el pedido de Chagos de volver a casa?

Papa Francisco: Quisiera repetir la doctrina de la Iglesia, las organizaciones internacionales cuando nosotros las reconocemos y les damos la capacidad de juzgar internacionalmente, pensemos por ejemplo en el Tribunal Internacional de La Haya o las Naciones Unidas. Cuando ellos hablan, y si somos una humanidad, debemos obedecer.

Es verdad que no siempre las cosas que parecen justas para toda la humanidad serán justas a nuestros bolsillos, pero se debe obedecer a las instituciones internacionales, para esto fueron creadas las Naciones Unidas y el tribunal internacional. Porque cuando hay una lucha interna o entre los países se va ahí para resolver como hermanos, como civilizados. Después hay otro fenómeno, que no sé –esto lo digo claro–, no sé si es un fenómeno de este caso.

Ahora el caso lo dejo aparte, he dicho lo que me parecía justo, ir a las organizaciones internacionales. Pero hay un fenómeno, cuando llega una liberación de un pueblo, el estado dominante se debe ir, en África hubo tantas liberaciones, de Francia, de Gran Bretaña, de Bélgica, de Italia, que debieron irse, algunas se fueron bien pero siempre en todos está la tentación de llevarse algo en el bolsillo.

“Si doy la liberación a este pueblo, cualquier migaja me la llevo”; por ejemplo, “doy la liberación al país, pero del pavimento hacia arriba, el subsuelo permanece mío”; un ejemplo, no sé si es verdad, pero para darles un ejemplo. Siempre hay esta tentación.

Yo creo que las organizaciones internacionales deben hacer también un proceso de acompañamiento, reconociendo a las potencias dominantes lo que han hecho por aquel país y reconociendo la buena voluntad de irse, y ayudándoles a que se vayan totalmente, con libertad, con fraternidad, pero es un trabajo cultural lento de la humanidad, y en esto las instituciones internacionales nos ayudan tanto y debemos ir hacia adelante, haciendo fuertes las instituciones internacionales, las Naciones Unidas que retomen eso, que la Unión Europea que sea más fuerte, no en el sentido de dominio, sino de justicia, fraternidad y unidad de todos. Esta es una de las cosas importantes.

Hay otra cosa que quisiera aprovechar para decir luego de su intervención. Hoy no hay colonizaciones geográficas, al menos no tantas, pero sí hay colonizaciones ideológicas que quieren entrar en la cultura de los pueblos y cambiar esa cultura y homogeneizar la humanidad. Es la imagen de la globalización como una esfera. Todos iguales, cada punto equidistante del centro.

En vez de eso la verdadera globalización no es una esfera sino un poliedro donde cada pueblo, cada nación conserva la propia identidad pero se une a toda la humanidad. La colonización ideológica por su parte busca cancelar la identidad de los otros para hacerlos iguales. Y te vienen con propuestas ideológicas que van contra la naturaleza de ese pueblo, contra la historia, contra los valores de ese pueblo.

Debemos respetar la identidad de ese pueblo. Esta es una premisa que se debe hacer siempre. Se respeta la identidad de los pueblos y así cortamos todas las colonizaciones.

Antes de darle la palabra a Efe quisiera decir algo más sobre el viaje. En tu país (Mauricio) me ha tocado mucho la capacidad de unidad y de diálogo interreligioso. No se cancela la diferencia de las religiones sino que se subraya que todos somos hermanos y todos debemos hablar, pero esto es una señal de madurez de tu país.

Hablando con el primer ministro ayer me sorprendió cómo han elaborado esta realidad, pero la viven como necesidad de convivencia. Y hay una comisión intercultural. La primera cosa que encontré ayer entrando al Episcopio fue un ramo de flores bellísimo. ¿Quién lo envió? El gran imán, ser hermanos.

La hermandad humana que está en la base, el respeto religioso es importante. Por esto a los misioneros les digo que no hagan proselitismo. El proselitismo vale para la política, para el deporte ‘Ven a mi equipo’, pero no para la fe. Pero, ¿qué cosa significa para ti, Papa, evangelizar? Hay una frase de San Francisco de Asís que me ha iluminado mucho: “Lleva el Evangelio y si fuese necesario también con las palabras”. Es decir que evangelizar es lo que leemos en en libro de los Hechos de los Apóstoles, es decir, testimonio.

Ese testimonio provoca la pregunta: ¿Por qué vives así? ¿Por qué haces esto? Y lo explico: por el Evangelio. El anuncio viene luego del testimonio. Primero vive como cristiano y si te preguntan hablas. El testimonio es el primer paso y el primer paso de la evangelización es el Espíritu Santo que lleva a los cristianos y a los misioneros a dar testimonio. Luego vendrán las preguntas, pero el testimonio de vida es el primer paso.

Es importante para evitar el proselitismo. Cuando ustedes ven propuestas religiosas que van por el camino del proselitismo no son cristianas. Buscan prosélitos, no adoradores de Dios y verdad. Aprovecho para decir esto por vuestra experiencia interreligiosa que es muy bella y también el Primer Ministro me ha dicho que cuando pide ayuda uno les damos lo mismo a todos y nadie se ofende porque se sienten hermanos. Y esto hace la unidad del país. Es muy importante.

También en los encuentros no solo había católicos sino musulmanes, hindúes y de otras religiones, y todos eran hermanos. Lo he visto mucho en Madagascar en el acto por la paz de los jóvenes, en donde jóvenes de diversas religiones han querido expresar cómo quieren vivir la paz. Paz, fraternidad, convivencia interreligiosa, nada de proselitismo. Son cosas que debemos aprender por la convivencia. Estas son cosas que me han tocado de los tres países.

Además, en los tres países, pero tomo uno Madagascar, porque hemos partido de ahí, me ha tocado también que en las calles estaba el pueblo autoconvocado. En la Misa en el estadio bajo la lluvia estaba el pueblo y bailaba bajo la lluvia y eran felices. Y también en la vigilia nocturna y en la Misa, que dicen que han sobrepasado el millón, es el dato oficial. No sé. Digo que eran un poco menos, digamos 800 mil, pero el número no interesa. Interesa el pueblo, la gente que llegó a pie, desde la tarde anterior y que estuvo en vigilia y durmió allí.

He pensado en Río de Janeiro en 2013, cuando dormían en la playa y yo pensaba en el pueblo que quería estar con el Papa. Me he sentido humillado, pequeñísimo, ante esta grandiosidad de la soberanía popular. ¿Y cuál es el signo de que un grupo de gente es pueblo? La alegría.

Había pobres, había gente que no había comido esa tarde para estar allí, pero estaban felices. En cambio, cuando los grupos o personas se alejan de ese sentido popular de la alegría, pierden la alegría. Es una de las primeras señales, la tristeza de los solos, la tristeza de los que han olvidado sus raíces culturales. El pueblo.

Tener consciencia de ser un pueblo y tener consciencia de una identidad, de tener un modo de entender la realidad. Esto reúne a la gente, pero la señal de que estás en el pueblo y no en una élite es la alegría, la alegría común. Esto he querido subrayarlo. Y por esto los niños saludaban así porque los padres les contagiaban con la alegría. Gracias. Esto es lo que quería decir sobre este viaje y luego si se me ocurre alguna otra cosa la diré.

Cristina Cabrejas, de EFE: Gracias, Santo Padre, por la oportunidad. Tengo dos palabras, dos preguntas, una la privilegiada y otra sobre el viaje. Pido perdón a los colegas, quisiera que me respondiera en español. Luego yo traduzco. Antes que nada damos por hecho que uno de sus planes futuros es venir a España, a ver si va a ser posible. Esperamos. La segunda pregunta que le quiero hacer es que hemos preguntado por los 80 años de Efe a diversas personalidades sobre información y periodismo. Entonces la pregunta que le quiero hacer es ¿cómo cree que va a ser la información en el futuro?

Papa Francisco: Necesitaría de una bola de cristal para responderle esto, pero antes que nada iré a España, espero, si vivo, pero la prioridad de los viajes en Europa son los países pequeños, esta es la prioridad, luego los más grandes.

Luego no sé cómo será la comunicación en el futuro, pero pienso como era por ejemplo la comunicación cuando era chico, todavía sin TV. Con la radio, con el diario, incluso con el diario clandestino que era perseguido por el gobierno de turno. Se vendía de noche, lo vendían voluntarios, y también oral. Pero era una comunicación, si hacemos la comparación con esta, era una comparación precaria.

Esta será precaria, tal vez en relación a la del futuro, pero lo que permanece como una cosa constante de la comunicación es la capacidad de transmitir un hecho y distinguirlo del relato. Una de las cosas que, a la comunicación del pasado, a la comunicación del presente y seguro a la comunicación del futuro, daña a la comunicación es el relato.

Hay un estudio muy lindo hecho por SImone Paganini de hace tres años, una estudiosa de lengua de la Universidad de Aquisgrán, que habla sobre la movilidad de la comunicación. Ella toma un escrito, una novela. Entre el autor, el escrito y el lector y cómo después de eso la comunicación se va movilizando, como la comunicación es siempre movilizante, es muy fácil pasar del hecho al relato.

Y esto arruina la comunicación. Es importante que sea el hecho y siempre ajustarse al hecho. Incluso nosotros, en la curia lo veo: Hay un hecho, da la vuelta y después viene adornado, maquillado, cada uno le pone de lo suyo y no con mala intención. Es que es la dinámica.

Entonces la ascesis del comunicador es siempre volver al hecho. El hecho fue este, mi interpretación es esta, me dijeron esto. Entonces distinguir los pasos del relato, porque el relato no está bien, ¿no es cierto? Hace un tiempo me contaron caperucita roja pero desde el relato, y terminaba caperucita roja con su abuela haciendo un puchero con el lobo y comiéndose al lobo. O sea, el relato cambia la cosa e incluso esto es para probar este asunto. Este estudio de Simone Paganini es bastante bueno.

Ese es un punto que va a garantizar que hace al medio de comunicar… la fidelidad. Se dice que. ¿Se puede usar? Sí, se puede usar en comunicación, pero ahí buscar siempre con la metralleta crítica de constatar la objetividad del “se dice que” o si no, “se dice que” no sabemos, pero siempre distinguir el hecho del relato. Es parte de la objetividad, es uno de los valores de la comunicación.

Segunda cosa, la comunicación debe ser siempre humana, totalmente humana. Y al decir humana la identifico como constructiva, es decir que haga crecer al otro. Una comunicación no puede ser usada como instrumento de guerra porque es antihumano, destruye, ¿no es cierto?

Ahí le pasé un artículo que encontré acá en una revista al Padre Rueda sobre los proyectiles venenosos de la lengua, gotitas de arsénico. Es decir, constructiva, humana, que siempre construya a la humanidad, al servicio de la construcción y no de la destrucción.

¿Cuándo la comunicación está al servicio de la destrucción? Cuando defiende, por ejemplo, proyectos no humanos. Pensemos en la propaganda de las dictaduras del siglo pasado. Eran grandes dictaduras que se comunicaban bien. Nosotros en Argentina decíamos: te venden un buzón, te venden el correo central, pero todo bien montado.

No son humanas, fomentan la guerra, fomentan la división, son para la destrucción. Yo no sé técnicamente qué decirte porque no soy apto en la materia pero por eso se me ocurrió subrayar valores que la comunicación, sea del modo que sea, sea aquella de radio que escuchaba de chico o la que vendrá que no sé cuál será, tiene que mantenerse siempre, que son coherencias.

Cristina Cabrejas, de EFE: Uno de los temas de este viaje ha sido la protección del ambiente natural. Usted ha hablado en todos sus discursos, también con los jóvenes, sobre la protección de los árboles, de los incendios de la deforestación. Lo mismo está sucediendo en este momento en la Amazonía.

¿Cree usted que los gobiernos de estas áreas amazónicas están haciendo de todo, como los de aquí en África, para proteger este pulmón del mundo?

Papa Francisco: Gracias. Vuelvo a África. Esto lo he dicho en otro viaje. Hay en el inconsciente colectivo un pensamiento: “África es explotada”. Es una cosa inconsciente, nosotros no pensamos “Europa es explotada”, no por favor. No, África es explotada.

Tenemos que liberar a la humanidad de este inconsciente colectivo. El punto más fuerte de esta explotación, no solo en África sino en todo el mundo, es el ambiente natural. El medio ambiente que… la deforestación, la destrucción de la biodiversidad.

Hace un par de meses recibí a los capellanes del mar. En la audiencia había siete muchachos pescadores que pescaban en una barca que no era más grande que este avión. Pescaban con medios mecánicos como ahora, un poco aventureros. Y me dijeron esto: “Desde hace algunos meses hasta hoy hemos pescado seis toneladas de plástico”.

En el Vaticano hemos prohibido el plástico. Estamos en este trabajo. Seis toneladas de plástico, pero esto es una realidad, solo en los mares. El plástico en los mares está en la intención de oración de este mes del Papa para la protección de los océanos que nos dan también el oxígeno que respiramos.

Luego hay grandes pulmones de la humanidad. Uno en Centroáfrica, uno en Brasil en toda la zona panamazónica y luego, y luego hay uno que no recuerdo bien. Son pequeños pulmones del mismo tipo. Defender la ecología, la biodiversidad que es nuestra vida, defender el oxígeno.

A mí me ilusiona esa lucha grande que es por la biodiversidad. La defensa del medio ambiente la llevan adelante los jóvenes que tienen una gran consciencia porque dicen: “El futuro es nuestro. Ustedes con lo suyo hagan lo que quieran, pero no con lo nuestro”. Comencemos a meditar un poco en esto.

Creo que haber llegado al acuerdo de París ha sido un buen paso adelante. Luego de lo Katowice también fue bueno. Son encuentros que ayudan a tomar consciencia. El año pasado, en el verano, cuando vi esa embarcación que navegaba en el Polo Norte como si nada he sentido angustia.

Y poco tiempo después, hace algunos meses, hemos visto todos la fotografía del acto fúnebre que hicieron creo que en Groenlandia, donde había un glaciar que ya no estaba más. Han hecho un acto fúnebre simbólico para atraer la atención.

Ahora esto va de prisa. Debemos tomar conciencia comenzando por las cosas pequeñas, conciencias pequeñas. Su pregunta: “¿Los gobiernos están haciendo de todo?” Algunos más, algunos menos. Es cierto que… Hay una palabra que debo decirla, que está en la base de la explotación ambiental…

Me conmovió un artículo del (diario italiano) Il Messaggero del 10, el día que hemos partido, en el que Franca no escatimó palabras, ha hablado de maniobras destructivas, de rapacidad. Pero esto no solo en África, también en nuestras ciudades y civilizaciones.

Y la palabra mala, mala es corrupción. Necesito hacer esto, pero para hacerlo debo deforestar eso, eso otro y lo otro. Necesito el permiso del gobierno o de los gobiernos, provinciales, nacionales. Así que voy con el responsable y la pregunta.

Repito literalmente lo que me dijo un emprendedor español. La pregunta que escuchamos cuando queremos que nos aprueben un proyecto es: “¿Y cuánto para mí?” con desfachatez. Esto sucede en África, en América Latina, también en Europa, en todos lados.

Cuando se asume la responsabilidad socio-política, como una ganancia personal, se explotan los valores, se explota la naturaleza, se explota a mucha gente. Pensemos en África que es explotada, pero pensemos en los muchos operarios explotados en nuestras sociedades.

La explotación de jornaleros no la inventaron los africanos. Los tenemos en Europa: la empleada pagada con un tercio de lo que se debe no la inventaron los africanos. Las mujeres engañadas y explotadas para dedicarse a la prostitución en el centro de nuestras ciudades no la inventaron los africanos, también fue por nosotros, todos, incluso por nosotros está la explotación no solo ambiental sino también humana. Y esto es por la corrupción. Cuando la corrupción entra en el corazón, preparémonos porque viene de todo.

Jason Horowitz, The New York Times: Buenos días, Santo Padre. En el vuelo a Maputo usted ha reconocido estar bajo ataque de un sector de la Iglesia estadounidense. Obviamente hay fuertes críticas en la prensa, los sitios web y la televisión; e incluso algunos aliados de los más cercanos han hablado de un complot contra usted.

¿Hay alguna cosa que estos críticos no comprendan de su pontificado o hay alguna cosa que usted haya aprendido de estas críticas de Estados Unidos? Otra cosa, ¿usted teme un cisma en la Iglesia americana y si hay algo que usted podría hacer como un diálogo para ayudar al pontificado?

Papa Francisco: Primero que nada las críticas siempre ayudan, siempre. Cuando uno recibe una crítica rápidamente se debe hacer autocrítica y decir esto es cierto, esto no, o ver hasta qué punto. Yo siempre en las críticas veo ventajas. A veces enojan, pero sí hay ventajas.

Luego, en el viaje de ida a Maputo vino uno de ustedes. ¿Fuiste tú quien me dio el libro? Uno de ustedes me dio ese libro en francés. Sí, tú, en francés, la Iglesia estadounidense ataca al Papa, los americanos. No, el Papa bajo el ataque de los americanos. Ah no, “Cómo los americanos quieren cambiar al Papa”. Ese es el libro del que me dieron un ejemplar. Yo sabía del libro pero no lo he leído.

Las críticas no son solo de los estadounidenses, son un poco de todos lados, también de la curia. Al menos quienes las dicen tienen la ventaja de la honestidad de decirlo y me gusta esto. No me gusta cuando las críticas van debajo de la mesa, te sonríen y te muestran los dientes y luego te dan una puñalada por detrás. Esto no es leal, no es humano.

La crítica es un elemento de construcción y si tu crítica no es certera prepárate a recibir la respuesta y a dialogar, a una discusión y llegar a un punto justo: esta es la dinámica de la verdadera crítica. En cambio, la crítica de las gotas de arsénico de las que hablaba este artículo que le di al Padre Rueda es un poco tirar la piedra y esconder la mano. Esto no sirve, esto no ayuda.

Ayude a los pequeños grupitos cerrados que no quieren escuchar la respuesta a la crítica. Una crítica que no quiere escuchar la respuesta y lanza la piedra y esconde la mano. En cambio, una crítica leal: pienso esto, esto y esto, abierta a la respuesta, es algo que construye y ayuda. Ante el caso del Papa: “Pero esto no me gusta del Papa”. Hago la crítica y espero la respuesta, voy con él y hablo y escribo un artículo y le pido responder.

Esto es leal, esto es amar a la Iglesia. Hacer una crítica sin querer escuchar la respuesta y sin dialogar y no querer a la Iglesia es ir hacia atrás con una idea fija: cambiar de Papa, cambiar el estilo o hacer un cisma. ¿Esto es claro, no? Siempre una crítica leal es bien recibida, al menos por mí.

Segundo, el problema del cisma. En la Iglesia hubo muchos cismas. Luego del (Concilio) Vaticano I, tras la última votación sobre la infalibilidad (papal), un buen grupo se fue, se alejó de la Iglesia y fundó a los vétero católicos para ser honestos a la tradición de la Iglesia. Luego encontraron un desarrollo diferente y ahora ordenan mujeres, pero en ese momento eran rígidos, iban tras una ortodoxia que les hacía pensar que el Concilio se había equivocado. Otro grupo se fue sin votar, calladito sin querer votar.

El Vaticano II ha creado estas cosas. Tal vez el alejamiento más conocido es el de Lefebvre. Siempre está la opción cismática en la Iglesia. Es una de las opciones que el Señor deja siempre a la libertad humana.

No les tengo miedo a los cismas. Rezo para que no haya porque está de por medio la salud espiritual de mucha gente, rezo para que haya diálogo, corrección cuando hay una equivocación; pero el camino del cisma no es cristiano. Pero si pensamos en el inicio de la Iglesia, cómo ha comenzado la Iglesia con tantos cismas, uno tras otro, basta leer la historia de la Iglesia con los arrianos, los gnósticos, los monofisistas, todos estos.

Recuerdo una anécdota que ya he contado algunas veces pero no sé si aquí: ha sido el pueblo de Dios el que ha salvado de los cismas. Los cismáticos siempre tienen una cosa en común: se alejan del pueblo, de la fe del pueblo, de la fe del pueblo de Dios.

Cuando en el Concilio de Éfeso estaba la discusión sobre la maternidad divina de María, el pueblo, y esto es histórico, estaba a la entrada de la Catedral y cuando los obispos entraban para hacer el Concilio, estaban con los bastones y les hacían ver los bastones mientras gritaban: “Madre de Dios, madre de Dios”, como diciendo que si no hacían esto que vieran lo que les esperaba. El pueblo de Dios siempre ajusta y ayuda.

Un cisma es siempre un estado exquisito, de la ideología alejada de la doctrina, una ideología tal vez justa pero que entra en la doctrina y la aleja, y se convierte en doctrina entre comillas, pero por un tiempo. Por esto rezo para que no haya cismas pero no les tengo miedo.

Para ayudar, paro esto que estoy diciendo ahora. No tengan miedo yo respondo a las críticas, todo esto lo hago. Tal vez si alguno piensa algo que debo hacer lo haré para ayudar, pero este es uno de los resultados del Vaticano II. No de este Papa o de otro Papa o de otro. Por ejemplo, las cosas sociales que digo son las mismas que ha dicho Juan Pablo II, yo las copio de él. “Pero el Papa es muy comunista, ¿eh?”. Entran las ideologías en la doctrina y cuando la doctrina resbala con la ideología existe la posibilidad de un cisma.

Y también está la ideología conductual… es decir un conductismo como la primacía de una moral ascética, sobre la moral del pueblo de Dios en el que también los pastores deben conducir a la grey entre la gracia y el pecado. Esta es la moral evangélica. En cambio la moral de la ideología, por llamarla de alguna forma, te lleva a la rigidez y hoy tenemos muchas, muchas escuelas de rigidez dentro de la Iglesia, que no son cisma, pero que con caminos cristianos pseudo-cismáticos que al final terminarán mal.

Cuando vean cristianos, obispos, sacerdotes rígidos, detrás de eso hay problemas. No es la sanidad del Evangelio y por eso debemos ser suaves, suaves con las personas que son tentadas por estos ataques, por estas cosas, porque están pasando por un problema y debemos acompañarlas con suavidad. Gracias.

Aura Miguel, Radio Renacencia

Papa Francisco: ¿Cómo he hablado portugués?

Aura: Muy bien. Se entendía muy bien. Vuelvo a Mozambique solo para preguntar esto. Sabemos que a usted no le gusta visitar países durante las campañas electorales, pero lo ha hecho en Mozambique a un mes de las elecciones, siendo justamente el presidente que lo ha invitado uno de los candidatos.

Papa Francisco: No fue un error, no fue un error. Fue una opción tomada deliberadamente porque la campaña electoral que comienza en estos días pasaba a un segundo plano ante el proceso de paz. Lo importante era visitar para ayudar a consolidar el proceso de paz. Y esto es más importante que una campaña que aún no había comenzado. Comenzaba en los últimos días, al final de mi visita.

Luego pude saludar a los adversarios políticos para subrayar que lo importante era no mostrarme a favor de este presidente, que no conozco y no sé qué piensa, ni sé tampoco cómo piensan los otros. Para mí era más importante subrayar la unidad del país, pero esto que usted ha dicho es cierto: debemos alejarnos un poco de las campañas electorales de los países.

Muchas gracias a ustedes y su trabajo. Reconozco todo lo que hacen. Recen por mí que yo lo hago por ustedes. ¡Buen almuerzo!

https://www.aciprensa.com/noticias/rueda-de-prensa-del-papa-en-el-vuelo-de-retorno-de-mozambique-madagascar-y-mauricio-78177

 


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