Alfa y Omega y Ecclesia dejan en evidencia las “intoxicaciones e infidelidades” de los medios rigoristas anti-Francisco

septiembre 7, 2018

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Con intoxicaciones e infidelidades, no se combaten los pecados de la Iglesia. Al contrario: se incrementan. Solo se combaten todos unidos junto al Papa.

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Alfa y Omega y Ecclesia dejan en evidencia las “intoxicaciones e infidelidades” de los medios rigoristas anti-Francisco

“Las andanadas y campañas contra él, sólo han de merecernos el desprecio y la indignación”.  

“Una pequeña pero influyente minoría, ahora hipócritamente reagrupada bajo la bandera de los abusos”

Por Jesús Bastante

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Han tardado, pero al fin, los medios de la Iglesia católica española se han colocado en la proa de la defensa del Papa Francisco frente a los rigoristas. Un barco que Religión Digital pilota desde el comienzo.

Tanto Alfa y Omega (editado por el Arzobispado de madrid) como Ecclesia (órgano oficial de la Conferencia Episcopal), han lanzado sendos editoriales en los que dejan en evidencia las “intoxicaciones e infidelidades” de las acusaciones del ex nuncio Viganò, reproducidas con todo detalle por los medios más ultra conservadores.

Así, Alfa y Omega subraya, en un artículo titulado ‘Nuestras víctimas’, cómo “nadie podía imaginar la jugarreta que le tenían preparada sus críticos internos con la publicación orquestada en varios países de una carta acusatoria del exnuncio en Washington”.

“La respuesta frente a esta pequeña pero influyente minoría, ahora hipócritamente reagrupada bajo la bandera de los abusos, no debe ser entrar en polémicas cainitas”, afirma el texto, que aboga por “implantar una cultura de transparencia y rendición de cuentas” y, sobre todo, “no quedarnos indiferentes ante el grito de dolor de las víctimas” que “son nuestras víctimas”.

Más incisivo es el texto de la revista Ecclesia, que, bajo el título ‘Los abusos y los pecados de la Iglesia solo se combaten todos unidos junto al Papa’, sostiene que Francisco “ha tomado sobre sus espaldas la inmensa y pesada cruz de guiar a la comunidad eclesial desde las tinieblas de este horrendo pecado y crimen a la necesaria reparación, sanación y extirpación”.

Por ello, añade la publicación, “es necesario que todos los miembros de la Iglesia expresemos y reiteremos en este contexto concreto y en la ardua y dolorosa travesía descritas nuestro apoyo incondicional hacia el Papa”, especialmente ante “las andanadas y campañas que contra él se han urdido en las últimas semanas” que “solo han de merecernos el desprecio y la indignación”.

“Más aún si proceden de altos eclesiásticos, quienes precisamente en virtud de la ordenación recibida y del ministerio confiado, deberían ser todavía más fieles a quien en la Iglesia es el único garante y quicio de la unidad, la comunión y la misión: el Papa”, añade Ecclesia, que culmina su editorial de forma fulminante: “Con intoxicaciones e infidelidades como las aludidas, no se combaten los pecados de la Iglesia. Al contrario: se incrementan. Solo se combaten todos unidos junto al Papa”.

Editoral de Alfa y Omega

Nuestras víctimas

Ni las mejores prácticas impedirán algún caso de abusos. Lo inadmisible sería que se perpetuara el encubrimiento.

Lo decisivo no es el daño a la reputación a la Iglesia ni que estos escándalos eclipsen la labor de multitud de cristianos comprometidos. «Si un miembro sufre, todos sufren con él». Con esta frase de san Pablo a los corintios explicaba el Papa en su Carta al Pueblo de Dios por qué no podemos no llorar con las víctimas del «abuso sexual, de poder y de conciencia» en ámbitos eclesiales. Si existía la tentación de responder que el informe del gran jurado de Pensilvania se refiere básicamente a hechos ya conocidos (la novedad es el relato de los sobrevivientes), Francisco ha respondido que hay heridas que «nunca desaparecen».

No pocas Iglesias locales han actuado con decisión y han logrado una disminución drástica en el número de casos. El jesuita Hans Zollner, puntal vaticano en la materia, ha dicho a Servimedia que España haría bien en tomar nota de esos ejemplos. Pero ni las mejores prácticas impedirán que siga produciéndose alguna agresión. Lo inadmisible sería que se perpetuara el encubrimiento. Por eso la carta del Papa apunta al clericalismo, que «genera una escisión en el cuerpo eclesial» y crea espacios de impunidad.

En plena tormenta, Francisco viajaba a Irlanda, el país hasta ahora más azotado por estos escándalos, dispuesto a coger el toro por los cuernos aunque ello le obligara a salirse de la agenda prevista para el Encuentro Mundial de las Familias. Lo que nadie podía imaginar es la jugarreta que le tenían preparada sus críticos internos con la publicación orquestada en varios países de una carta acusatoria del exnuncio en Washington.

La respuesta frente a esta pequeña pero influyente minoría, ahora hipócritamente reagrupada bajo la bandera de los abusos, no debe ser entrar en polémicas cainitas. Más eficaz es continuar en la línea de las reformas para seguir mejorando la formación afectivo-sexual en los seminarios y fomentando una mayor presencia en los órganos de decisión de la Iglesia de los laicos (en particular, de mujeres). Implantar una cultura de transparencia y rendición de cuentas es por supuesto esencial. Pero lo más acuciante es poner en el centro de la vida de la Iglesia la ley suprema de la caridad. Una ley que no nos permite quedarnos indiferentes ante el grito de dolor de las víctimas, sobre todo cuando son nuestras víctimas.

Editorial Ecclesia

Los abusos y los pecados de la Iglesia solo se combaten todos unidos junto al Papa

Es una pesadilla. Es un horror. Cuando pensábamos que lo peor ya había pasado, que bastante teníamos con los escándalos de abusos en Australia, Irlanda, Boston o Chile, la magnitud y la gravedad horripilantes de lo acontecido en Pensilvania, en el reciente pasado, nos ha de estremecer, avergonzar y poner en situación de conversión individual y colectiva, más allá que de las responsabilidades sean siempre solo individuales.

Porque, como ha escrito el Papa Francisco en su dolorida, conmovedora e interpeladora carta al pueblo de Dios, del pasado 20 de agosto (ver páginas 40 y 41), conjuntamente con todo tipo de esfuerzos para sanar, reparar y prevenir estos tan abyectos crímenes, “es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos”. Una transformación -añade- que reclama “la conversión personal y comunitaria”.

Dicho con otras palabras, también de Francisco, y sin quitar un ápice de responsabilidad a los autores por acción u omisión de estos delitos de abusos varios, bueno será que cada uno de los miembros de la Iglesia nos formulemos, por pequeña que puede ser nuestra contribución, la pregunta “¿qué puedo hacer yo para descubrir los abusos ocultos y para ayudar a las víctimas para que sigan adelante?”.

Es evidente que, sobre todo, tras los escándalos de los abusos en la Costa Este de Estados Unidos, conocidos en los primeros años de este siglo, la Iglesia ha reaccionado con decisión ante esta lacra. Ya Juan Pablo II endureció la legislación canónica al respecto y se redactaron los primeros protocolos de actuación y de prevención. Años después, ya con Benedicto XVI, se extremaron las medidas, que Francisco no solo está llevando a rajatabla, sino que incluso de endurecido, consciente, como escribió el 20 de agosto, de que “las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte”, que deja “heridas que nunca prescriben”.

Pero es también evidente que todavía se ha de poder -se ha de deber- hacer más. Así, es imprescindible que se vaya a la raíz de esta carcoma y corrupción espiritual tan grave, tan dañina, tan devastadora. Y una de las raíces de esta inadmisible y pecaminosa lacra es, señala asimismo Francisco, “una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia -tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia- como es el clericalismo”.

Una manera de entender la autoridad que ha hecho del silencio y del encubrimiento la respuesta, tantas veces habitual, a estas atrocidades, que contradicen gravemente el Evangelio y lastran y pulverizan la misión evangelizadora de la Iglesia.

Así, pues, preciso será recordar y poner en la práctica que “todo lo que se realice para erradicar la cultura del abuso de nuestras comunidades, sin una participación activa de todos los miembros de la Iglesia, no logrará generar las dinámicas necesarias para una sana y realista transformación”.

¿Y cómo llevarlo a cabo? Toda la Iglesia unida en torno a su pastor supremo, todos unidos junto al Papa. Unidos, pues, a Francisco que, de modo tan admirable, tan valiente y tan aleccionador, ha tomado sobre sus espaldas la inmensa y pesada cruz de guiar a la comunidad eclesial desde las tinieblas de este horrendo pecado y crimen a la necesaria reparación, sanación y extirpación.

Por todo ello y por tantos otros motivos, es necesario que todos los miembros de la Iglesia expresemos y reiteramos en este contexto concreto y en la ardua y dolorosa travesía descritas nuestro apoyo incondicional hacia el Papa, hacia el Vicario de Cristo en la tierra, hacia Pedro, hacia, ahora, Francisco.

Y las andanadas y campañas que contra él se han urdido en las últimas semanas, solo han de merecernos el desprecio y la indignación. Más aún si proceden de altos eclesiásticos, quienes precisamente en virtud de la ordenación recibida y del ministerio confiado, deberían ser todavía más fieles a quien en la Iglesia es el único garante y quicio de la unidad, la comunión y la misión: el Papa.

Con intoxicaciones e infidelidades como las aludidas, no se combaten los pecados de la Iglesia. Al contrario: se incrementan. Solo se combaten todos unidos junto al Papa.

http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2018/09/07/alfa-y-omega-y-ecclesia-dejan-en-evidencia-las-intoxicaciones-e-infidelidades-de-los-medios-rigoristas-anti-francisco-religion-iglesia-ataques-papa-vaticano.shtml

 

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Claves para comprender el nuevo documento del Papa sobre la llamada a la santidad

abril 11, 2018

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Claves para comprender el nuevo documento del Papa sobre la llamada a la santidad

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¿QUÉ ES?

Se trata de una “Exhortación Apostólica”, un tipo de documento magisterial que a diferencia de las encíclicas se dirige especialmente a los católicos.

Se titula “Alegraos y regocijaos”, o con su título en latín “Gaudete et Exultate”. Trata sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

Es el quinto gran documento del Papa Francisco.

¿CUÁLES SON LAS NOVEDADES?

La gran novedad es el tema: recordar que los católicos pueden y deben aspirar a ser santos.

El Papa explica que quiere “hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades”.

Con este documento, Francisco recoge toda la tradición de nuevas instituciones que surgieron en el siglo XX y que reconoció el Concilio Vaticano II, y da un paso más explicando cómo vivir la propuesta cristiana en el contexto actual.

Dice que “para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Todos estamos llamados a ser santos, viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.

Recuerda que cada uno tiene su propio “camino de santidad” para sacar a la luz lo mejor de sí, y no hay que desgastarse intentando imitar algo que ha sido pensado para otros.

EJEMPLOS DE SANTIDAD

Francisco propone mirar a “los santos de la puerta de al lado”.

Por ejemplo, “los padres y madres que crían con tanto amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, enfermos, religiosas ancianas que siguen sonriendo”.

O la señora que no habla mal de las amigas; escucha con paciencia y cariño a los hijos; reza ante los problemas; y trata con afecto a los pobres.

EL CAMINO DE LA SANTIDAD

El Papa dice que la vía de la santidad son las Bienaventuranzas y el protocolo sobre el cual seremos juzgados según San Mateo: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme».

Recuerda que las persecuciones no son una realidad del pasado, como ocurre con “las burlas que intentan desfigurar nuestra fe y hacernos pasar como seres ridículos”.

Avisa del peligro de quedarse con las exigencias del Evangelio sin vivir una relación personal con Dios, y “convertir el cristianismo en una especie de ONG”; como también de “sospechar del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, comunista, populista (…) como si solo interesara una determinada ética o defender una causa”.

ESTILO DE VIDA DE LOS CATÓLICOS

El Papa cierra el documento proponiendo cinco manifestaciones del amor a Dios y al prójimo. Se trata de: Aguante, paciencia y mansedumbre.

Por ejemplo, lamenta que los cristianos usen violencia verbal en Internet o que en medios se difame y se calumnie.

Alegría y sentido del humor

Audacia y fervor

Contar con los demás (En comunidad)

En oración constante

EL ENEMIGO

En el último capítulo recuerda explícitamente que el diablo existe y que es algo más que un mito.

“No pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades, porque «como león rugiente, ronda buscando a quién devorar»”.

Concluye recordando que con la santidad “está en juego el sentido de mi vida ante Dios que me conoce y me ama, el verdadero para que dé mi existencia que nadie conoce mejor que él”.

Para leerla completa 

https://www.romereports.com/2018/04/09/claves-para-comprender-el-nuevo-documento-del-papa-sobre-la-llamada-a-la-santidad/


Pelagianismo y gnosticismo, esos “sutiles enemigos” de la santidad: Gaudete et exsultate

abril 9, 2018

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La nueva Exhortación Apostólica del Papa Francisco

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Pelagianismo y gnosticismo, esos “sutiles enemigos” de la santidad

Intervención de Valente durante la presentación de la exhortación “Gaudete et exsultate”

Por Giannini Valente

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En el segundo capítulo de la Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate”, el Papa reflexiona sobre esas que define «dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo».

Una vez más, pues, el Papa se refiere a estas dos herejías «que surgieron en los primeros siglos cristianos, pero que siguen teniendo alarmante actualidad» (35).

Para tratar de explicar qué tienen que ver el gnosticismo y el pelagianismo con la llamada universal a la santidad en un texto papal, es conveniente partir precisamente de la naturaleza de la santidad, cómo es vivida y cómo es considerada en la Iglesia y en su enseñanza.

Santidad y gracia 

También esta exhortación repite, de muchas maneras y en varios pasajes, que la santidad proviene de Dios. Es un fruto y don de la gracia en la vida de la Iglesia.

Esto quiere decir que la santidad no es el resultado de un esfuerzo proprio, no es una montaña que hay que escalar con las propias fuerzas. Quiere decir que no se pueden hacer estrategias o programas pastorales para “producir” santidad. Quiere decir, principalmente, que es Cristo mismo el que inicia y perfecciona la santidad.

Por ello, la santidad es el tesoro de la Iglesia: porque, si existen santos, quiere decir que Cristo está vivo y que sigue operando en ellos, acariciando y cambiando sus vidas, y nosotros podemos ver sus efectos. Y por ello es verdadero también que las «propuestas engañosas» del pelagianismo y del gnosticismo representan un obstáculo para la llamada universal a ser santos.

Estas, efectivamente, proponen en diferentes formas los antiguos engaños pelagiano o gnóstico: es decir ocultan o cancelan la necesidad de la gracia de Cristo, o bien vacían la dinámica real y gratuita de su acción.

Pelagianismo: Jesús como “buen ejemplo” 

San Agustín escribió que el error venenoso de los pelagianos de su época era la pretensión de identificar la gracia de Cristo en «su ejemplo, y no en el don de su presencia».

Según Pelagio, el monje del siglo V cuyo nombre dio pie a la antigua herejía, la naturaleza de todos los seres humanos no había sido herida por el pecado de Adán, por lo que todos siempre habrían sido capaces de elegir el bien y evitar el pecado ejerciendo simplemente la propia fuerza de voluntad.

Para Pelagio, Cristo vino sobre todo para dar un buen ejemplo, y había que seguirlo como a un maestro de vida para aprender a cultivar la propia virtud moral. Pero este camino podía ser recorrido contando con las propias fuerzas y prescindiendo de Él, del don de la ayuda de su gracia.

Al respecto, la Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate” se sitúa en la lista de todas las declaraciones con las que el magisterio eclesial ha repetido siempre que en la condición real en la que se encuentran todos los seres humanos no es posible ser santos y ni siquiera se puede vivir una vida justa siguiendo solamente las huellas de Jesús sin la intervención de la gracia de Cristo, sin ser abrazados misteriosa, pero realmente, por su Espíritu.

El Papa Francisco, entre otras cosas, cita el segundo Sínodo de Orange, que en 529 indicó que «aun el querer ser puros se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo». Cita también el Catecismo de la Iglesia Católica, para recordar que el reconocimiento de la absoluta necesidad de la gracia debería ser «una de las grandes convicciones definitivamente adquiridas por la Iglesia», puesto que «bebe del corazón del Evangelio» (55).

En cambio, es necesario hacer cuentas con manifestaciones de la actitud pelagiana que se infiltra incluso en las prácticas más ordinarias de la vida eclesial.

La Exhortación Apostólica identifica una huella pelagiana en todos los que «solo confían en sus propias fuerzas», e incluso cuando quieren demostrarse fieles a «cierto espíritu católico» (46), en realidad expresan «la idea de que todo se puede con la voluntad humana», incluso encauzada «por normas y estructuras eclesiales» (59).

El Papa, por el contrario, escribe que la llamada universal a la santidad se dirige precisamente a quienes reconocen que en cada paso de la vida y de la fe se necesita siempre de la gracia. Porque, como se lee en el texto, «en esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia» (49).

Y el trabajo de la gracia no convierte a los hombres en superhombres, sino que «actúa históricamente y, de ordinario, nos toma y transforma de una forma progresiva» (50).

Gnosticismo: “desencarnar” el cristianismo 

También la otra «propuesta engañosa» indicada por el Papa es asimilada a una antigua desfiguración de la novedad cristiana, la de las antiguas doctrinas gnósticas que a menudo absorbían palabras y verdades de la fe cristiana en sus sistemas conceptuales, pero al hacerlo vaciaban desde dentro el evento cristiano en su historicidad.

Para las teorías gnósticas, la salvación consistía en un proceso de auto-divinización, un camino de conocimiento en el que el sujeto debía cobrar conciencia de lo divino que actuaba dentro de sí. Mientras la fe cristiana reconoce que la salvación y la felicidad para los seres humanos son un don gratuito de Dios, que alcanza al hombre desde el exterior, desde fuera de sí mismo.

Por ello también las historias de quienes están llamados a la santidad, así como las de los santos ya beatificados y canonizados, están llenas de hechos, de encuentros, de circunstancias concretas en las que la acción de la gracia se hace perceptible y toca y cambia sus vidas. Análogamente a lo que le sucedió a los primeros discípulos de Cristo, que en el Evangelio pudieron incluso indicar la hora de su primer encuentro con Jesús.

En cambio, escribe el Papa, la mentalidad gnóstica siempre elige la vía de los razonamientos abstractos y formales, y así pretende dominar, «domesticar el misterio» (40).

Y este, también en la Iglesia, es el camino que emprenden a menudo los que no tienen paciencia, los que no esperan con humildad a que se revele el misterio, porque, como se lee en la Exhortación Apostólica, no soportan que «Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro» (41).

La Exhortación Apostólica advierte que un espíritu gnóstico puede insinuarse también en la actualidad en la vida de la Iglesia cada vez que se quiere prescindir de los hechos concretos y gratuitos con los que opera la gracia, y se toma la vía de la abstracción, que procede «desencarnando el misterio».

Por ejemplo, sucede cuando prevalece la pretensión de reducir la pertenencia eclesial a «una serie de razonamientos y conocimientos» que hay que dominar (36), o a la «capacidad de comprender la profundidad de determinadas doctrinas» (37).

Y, si el cristianismo es reducido a una serie de mensajes, de ideas, aunque fueran la idea de Cristo o la idea de la gracia, prescindiendo de su acción real, entonces, inevitablemente la misión de la Iglesia se reduce a una propaganda, a un mercadeo, es decir a la búsqueda de métodos para difundir esas ideas y convencer a los demás para que las sostengan.

La Exhortación Apostólica señala también otras huellas de la mentalidad gnóstica que pueden encontrarse incluso en círculos eclesiales, como el elitismo de quienes se sienten superiores a las multitudes de bautizados, o el desprecio por los imperfectos, por los que caen, por los que los antiguos gnósticos habrían llamado “los carnales”.

Como sea, frente a estos fenómenos de auto-repliegue eclesial, la Exhortación Apostólica no llama a batallas culturales en contra de neognósticos y neopelagianos. El Papa reza para que sea el Señor mismo quien libre a la Iglesia de las nuevas formas de gnosticismo y de pelagianismo que pueden frenar el camino de tantos «hacia la santidad» (62).

El documento entero pretende, no estigmatizar las nuevas formas de pelagianismo o de gnosticismo, sino solamente invitar a todos a buscar cada día el rostro de los santos desperdigados entre el pueblo de Dios, y a reconocerlos como signo real y eficaz de la presencia de la misericordia de Cristo.

http://www.lastampa.it/2018/04/09/vaticaninsider/es/vaticano/pelagianismo-y-gnosticismo-esos-sutiles-enemigos-de-la-santidad-WOMT15IB7xjqaG1jt9uBxI/pagina.html


Sacerdote cubano: «Por nuestra carta a Castro podemos morir… en un accidente de coche»

febrero 19, 2018

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El sacerdote cubano Castor José Álvarez Devesa. Uno de los tres que firmaron la carta dirigida a Castro en enero. 

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Sacerdote cubano: «Por nuestra carta a Castro podemos morir… en un accidente de coche»

Por María Martínez López

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Castor José Álvarez Devesa es uno de los sacerdotes que, en enero, hizo llegar a Raúl Castro una carta pidiendo elecciones libres y denunciando que el totalitarismo permea toda la sociedad cubana. Asegura a Alfa y Omega que los obispos cubanos no les han puesto ningún obstáculo a significarse de esta manera tan clara, y explica cómo es el día a día de sus fieles: la imposibilidad de sobrevivir sin el mercado negro, las restricciones a la vida de la parroquia, y el miedo constante a los espías del régimen

«Sentíamos que había que iluminar la realidad social cubana desde la doctrina social de la Iglesia». Así explica el sacerdote cubano Castor José Álvarez Devesa la decisión que tomaron él y otros dos presbíteros, José Conrado Rodríguez Alegre y Roque Nelvis Morales Fonseca, de escribir una carta a Raúl Castro pidiendo que en este país, en vez de las «votaciones» previstas para el próximo marzo, se celebren elecciones en libertad.

En el texto, denuncian también que desde el triunfo de la revolución en 1959 y la implantación del Partido Comunista como partido único «el estilo totalitario ha permeado cada capa de la sociedad» cubana.

El padre Álvarez Devesa relata a Alfa y Omega que detrás de la carta hay sacerdotes de todo el país. «Aquí nos conocemos los de todas las diócesis. Durante la convivencia que hacemos todos los años, presentamos la propuesta a los demás, y con los que quisieron formamos un grupo para rezar juntos, reflexionar y dialogar. La mayoría de este grupo participó en la elaboración de la carta», junto con algunos laicos.

Sin embargo, solo la firmaron tres, los que tenían «ese carisma, esa llamada». Eran totalmente conscientes de las posibles consecuencias. «No van a meternos presos o fusilarnos por la carta. Pero sabemos que nos pueden jugar una mala pasada. Puedes acabar muriendo de otra forma, en un accidente de coche o porque te enfermen. O acabar en la cárcel porque te pongan material pornográfico en casa y te juzguen por ello».

Espaldarazo de la Iglesia

Esta iniciativa ha multiplicado su repercusión al haber sido recibidos a comienzos de febrero por el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin. «Fue muy amable, me sentí como un hijo con su padre –recuerda–. En el Vaticano tienen una visión universal, que a veces puede ser mayor que la nuestra». Pero querían que se escuchara, específicamente, una visión cercana de la realidad de Cuba.

También, añade, con el objetivo de que esta visión «llegue a otras sociedades y a todo el mundo. En Venezuela hay una situación que puede ser iluminada por nuestra realidad. La Iglesia en ese país tiene un reto similar al que ha tenido en Cuba».

Le preocupaba, también, que se escuchara su voz en Europa. «La Unión Europea nos ha dejado atónitos al declarar [en su informe anual sobre derechos humanos, ndr] que vivimos en una “democracia de partido único”. No puedo sino pensar que esto se debe a intereses económicos», para no quedarse atrás después del restablecimiento de relaciones entre la isla y Estados Unidos. «Y esto me preocupa muchísimo».

Los obispos les «dejan hacer»

Con todo, el primer fruto del encuentro con el cardenal Parolin es el respaldo eclesial a su iniciativa que este gesto transmite. La postura de los obispos cubanos ha sido un más discreto «dejar hacer».

«El secretario adjunto de la Conferencia Episcopal, el padre Pepe Félix, ha dicho que no se van a pronunciar porque no es una cuestión doctrinal», explica el padre Castor. Es decir, que «no han encontrado [en la carta] un error doctrinal», y respetan «nuestros criterios personales dentro del magisterio de la doctrina social de la Iglesia».

«No nos han puesto ningún impedimento» ni a enviar la carta a Raúl Castro ni a viajar al Vaticano para presentarla a la Secretaría de Estado. De hecho, «algún obispo nos dio luz verde. Otro obispo ha subrayado que en nuestra carta hay cantidad de cosas que ya estaban en un documento de la Conferencia Episcopal en 2013, La esperanza no defrauda».

Acusados a veces de callar ante el régimen, el sacerdote ha aclarado a otros medios que «los obispos de Cuba actúan como muchos cubanos, en este ambiente en el que el gobierno deja muy poco terreno para actuar: tratando de hacer lo que se puede. Nosotros hemos querido dar un paso más, de forma más abierta».

Cree, por ejemplo, que parte de estrategia del episcopado cubano para construir alternativas al régimen comunista es la apuesta por los laicos, que ha marcado los últimos años de sus estrategias pastorales y en la que «este año han puesto un especial énfasis».

El templo, en el patio de un feligrés

El padre Castor José está al frente de la zona pastoral de Modelo, en Camagüey. A su cargo están una zona periférica de la ciudad y varios pueblos, uno de ellos a 34 kilómetros de distancia.

El único templo está construido en el patio de la casa de un feligrés. «Él nos lo cedió y allí tenemos la estructura, los bancos, el altar y el ambón –explica a Alfa y Omega–. Pero no podemos adquirirlo legalmente».

Los obstáculos para la construcción de nuevos templos son una de las limitaciones a la libertad de la Iglesia, que también tiene dificultades para prestar atención religiosa a los presos o aparecer con normalidad en los medios de comunicación.

La falta de templos obliga a las parroquias a funcionar, en gran medida, gracias a casas de misión. Es decir, a hogares que las familias ceden durante un rato para que la comunidad se reúna allí, o que un laico compra y dedica totalmente al uso de la parroquia, aunque esta no sea la titular.

Espías en cada Misa…

En su templo «cedido», la comunidad del padre Castor José celebra Misa dos veces a la semana, los domingos por la mañana y los miércoles por la noche. Los sábados y los domingos por la tarde la Misa es en dos de los pueblos de su territorio. También tienen catequesis de niños y de adultos. «La gente puede venir y no la molestan, en eso tenemos libertad».

Eso sí, es perfectamente consciente de que «normalmente en las misas hay gente vigilando lo que decimos. Posiblemente, varias personas. Algún pobre al que ayudaba me ha dicho que la Seguridad del Estado le había enviado para espiarme».

En ocasiones, otros feligreses acuden a él con sospechas de que algún otro sea un confidente del régimen, o él mismo lo detecta. Por ejemplo, «si viene a la iglesia pero no trae a sus hijos a catequesis».

… e intenta evangelizarlos

¿Qué hace en estos casos? «Si quien nos advierte es muy digno de confianza, intentamos no dar a esa persona sospechosa facilidades para acceder a información. Pero tampoco puedes caer en el prejuicio hacia ellos».

Por eso, normalmente no toman más medidas, a no ser que los agentes del régimen empiecen a crear división o causar problemas por los que se les pueda recriminar «de forma objetiva. Tenemos que velar por la unión de la Iglesia, porque el diablo va a dividir, crear mal ambiente, desmoralizar al sacerdote, calumniar…».

Con todo, el padre Castor José tiene muy claro, e insiste en ello varias veces durante la entrevista, que «lo nuestro es evangelizar, predicar el Evangelio con mucha fe, también a ellos, con la esperanza de que alcancen la verdad de Jesucristo».

«Es difícil vivir sin el mercado negro»

Entre sus feligreses los ha de todas las edades, aunque como en el resto del país predominan los mayores de 60 años y los menores de 30. Muchos de los adultos jóvenes han emigrado fuera de la isla, buscando un futuro mejor, así que hay muchos mayores solos o que deben cuidar a sus nietos.

Este sacerdote conoce bien las necesidades diarias de la gente: «El salario promedio son 23 dólares al mes, cuando un litro de aceite te cuesta dos dólares, y un litro de gasolina o un paquete de detergente, un dólar. Es muy difícil que alguien viva sin participar en el mercado negro, que es amplísimo».

Y pone un ejemplo ilustrativo: trabajadores de la estación de autobuses que venden combustible sobrante para lograr unos ingresos extra, mientras la empresa de autobuses también se ve obligada a comprar las piezas necesarias para las reparaciones de forma clandestina, acudiendo a otros obreros que las han “cogido” de la fábrica donde se producen.

Preocupación: los ancianos y la familia

En la carta que le enviaron a Raúl Castro, se aludía de forma particular a la situación de los jubilados. «A veces cobran por debajo del salario mínimo, que son 130 dólares al año. El otro día, uno me dijo que pasó todo el día haciendo cola para adquirir la tarjeta magnética que les piden para cobrar la jubilación. Y todos los jueves hay gente haciendo cola en la farmacia, porque es el día que llegan los medicamentos, y muchos se acaban».

Una cuestión que le causa gran preocupación al sacerdote es la falta de relevancia social que tiene la familia. «Aquí la gente no se casa, solo empiezan a convivir. Juan Pablo II decía que en este tipo de sociedades socialistas el error fundamental es que no hay instituciones intermedias entre el individuo y el Estado. Y la primera de ellas es la familia. Por eso en nuestra carta pedíamos una sociedad en la que se cuide el matrimonio entre un hombre y una mujer».

Las consecuencias de hablar

En su carta, los sacerdotes también aluden al entramado de silencio y mentiras en el que los cubanos están forzados a vivir, a pesar de una cierta relajación de la persecución desde la caída de la URSS. «El miedo a criticar al gobierno se ha ido relajando.

En mi juventud nunca se contaban chistes contra el sistema –recuerda el padre Castor José–, pero ahora la gente ya habla más. También se fueron tomando libertades, como vender cosas. Y el gobierno lo tolera, aunque sea ilegal».

En la misma línea, las visitas de san Juan Pablo II en 1998 y de Benedicto XVI en 2012 han ido abriendo algunos espacios más de libertad religiosa, como pequeñas apariciones de líderes católicos en los medios; aunque de forma muy restringida.

«Hay tres niveles –explica el padre Castor José–: vivir engañado, creyendo que fuera de Cuba todo está mal y dentro bien; saber que eso es un engaño pero callarte; y hablar y que te repriman. La mayoría de la gente sigue en el segundo nivel, aunque poco a poco aumenta el número de gente que empieza a hablar un poco más».

Eso sí, siempre con el miedo de que «se te cierre la vida. La mayoría de los trabajos –medios de transporte, las grandes fábricas– son estatales, y si alguien se pone contra el Estado pueden perder el empleo. Los que son claramente opositores no pueden trabajar», explica.

Otra arma del régimen contra la gente que se significa es perseguirles por otros crímenes. Puede ser un montaje, como la posibilidad a la que aludía el sacerdote de que le acusen de posesión de pornografía.

Pero por lo general no hace falta llegar a esos extremos: «Como normalmente si respetas la ley no te da para vivir, si haces algo ilegal como vender en el mercado negro y a la vez te manifiestas contra el gobierno, pueden llevarte preso por lo primero», aunque el motivo real sea el segundo.

http://www.alfayomega.es/142584/sacerdote-cubano-por-nuestra-carta-a-castro-podemos-morir-en-un-accidente-de-coche

Carta de tres sacerdotes cubanos a Castro: https://ismaelojeda.wordpress.com/2018/01/25/cuba-sacerdotes-piden-a-raul-castro-elecciones-libres/


Homilía del cardenal Osoro en la ordenación de los tres nuevos obispos auxiliares de Madrid

febrero 17, 2018

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El Cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, saluda efusivamente al Papa Francisco

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Homilía del cardenal Osoro en la ordenación de los tres nuevos obispos auxiliares de Madrid

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El cardenal Osoro ha conferido este sábado, 17 de febrero de 2018, a partir de las 12 horas, la ordenación episcopal a los nuevos obispos auxiliares de la diócesis, monseñor José Cobo, monseñor Santos Montoya y monseñor Jesús Vidal. Esta es la homilía de la misa correspondiente:

Queridos hermanos: Comienzo dando gracias a Dios porque es verdad lo que hace un momento todos cantábamos: «El Señor es mi pastor nada me falta […] tu bondad y misericordia me acompañan». Después de tres largos años aquí en Madrid como vuestro pastor, el Señor me hace el regalo de poder vivir mi ministerio ampliado; me concede tres obispos auxiliares que, unidos al actual obispo auxiliar Juan Antonio, harán posible que mi ministerio se haga más presente en nuestra archidiócesis de Madrid.

Gracias al Santo Padre, el Papa Francisco, que me ha regalado estos tres nuevos obispos auxiliares para dar noticia de Jesucristo y entregar completo el mensaje del Evangelio, con mayor presencia del pastor en medio de su pueblo. Estoy convencido de que es para vivir con ellos aquí, entre vosotros, estas realidades: caminar, edificar y confesar.

Caminar: hay que hacer el camino. Caminar diciendo a todos los hombres que viven en Madrid lo que hace un instante escuchábamos en el libro del Deuteronomio: «escuchad», escucha Iglesia, escuchad todos los hombres, «Él es nuestro Dios», «amad al Señor con todo el corazón, alma y fuerzas». Caminar, ya que cuando nos paralizamos algo no funciona. Caminar siempre en presencia del Señor, a su luz, viviendo con aquella honradez que pide el Señor siempre a sus discípulos. Y no solamente me da la ayuda para hacer el camino, sino también para edificar la Iglesia: edificar y confesar.

Edificar: edificar la esposa de Cristo, edificar la Iglesia sobre la piedra angular que es el mismo Señor. Qué bien se acogen en nuestro corazón esas palabras que hemos escuchado del apóstol San Pablo a Timoteo: «Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, exhorta con magnanimidad y doctrina», «tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio».

Confesar: queridos José, Santos y Jesús, y queridos hermanos todos, podemos caminar mucho, podemos edificar muchas cosas, pero os digo con verdad y de corazón que, si no confesamos a Jesucristo, algo no está funcionando. Terminaremos siendo otra cosa, pero no la Iglesia. Podemos caminar pero sin meta. Podemos construir pero sobre arena… Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad. Nosotros hemos de cumplir la tarea no apartando nunca el oído, la vista y el corazón de quien es el Camino, la Verdad y la Vida.

En el Evangelio que hemos proclamado, he de confesaros que siempre me ha conmovido el diálogo con el que termina la conversación entre Jesús y Pedro: «Sígueme». Y por eso quiero deciros, en el día de vuestra ordenación como obispos y sucesores de los apóstoles, que aquí, en ese «sígueme», está lo más importante para nosotros. Mirad, el pueblo fiel nos mira, nos miran todos, el pueblo nos mira. Y si queremos decir algo a los hombres ha de ser captado en la singularidad de nuestra vida cotidiana.

Por ello, se hace necesario para nuestra misión conocer al Señor, permanecer en Él y, al mismo tiempo, pasear por nuestras comunidades cristianas, conocer los rostros, sus necesidades, sus potencialidades. Por eso el Señor se acerca con un inmenso cariño a nuestra vida y nos habla de tres tareas que, como obispos, hemos de realizar en nuestra vida y ministerio. Ya se lo dijo a los apóstoles y nos lo recuerda hoy a nosotros:

  1. Hemos de ser pastores de la Iglesia que es comunidad del Resucitado: mirad la reacción de Pedro y el cambio de su vida cuando se encuentra con el Resucitado. Desde el momento en que le dice Juan que «es el Señor», la entrega, la valentía, la audacia de Pedro es contagiosa para todos los discípulos. «Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca». Porque se han dado cuenta de que el Maestro, el que murió en la Cruz, ha resucitado y todos ellos lo han visto. Todos quedaron mudos, pero todos sabían que era el Señor. Tengamos y vivamos desde la alegría, la fuerza y la convicción que da el Resucitado. No caigamos en la tibieza que termina siempre en la mediocridad. Sin la oración asidua, el pastor está expuesto a ese peligro de avergonzarse del Evangelio y buscar otras fuerzas para sostener su vida. No podemos ilusionarnos solo con nuestras fuerzas, con la abundancia de recursos o de estructuras, con estrategias organizativas. Hay que ilusionar la vida en el encuentro con el Resucitado. Sin este encuentro, vendrá la tristeza que apaga toda creatividad y que nubla toda expectativa. Vendrá la insatisfacción que genera incapacidad para entrar en la vida de nuestras gentes y de mirarlas y comprenderlas a la luz de la Pascua.
  2. Hemos de ser pastores de una Iglesia que es cuerpo de Cristo: hemos de sentir la gracia inmensa de ser hijos de la Iglesia. Es verdad, somos pastores, pero nos sentimos hijos de la Iglesia, una Madre que nos ha regalado lo mejor que poseemos: la misma vida de Cristo, que nos hizo crecer en su regazo dándonos a conocer más y más al Señor. Saber dar gracias a Dios por habernos llamado a la pertenencia eclesial es esencial. No caigamos en la tentación de ver solamente sus fracasos, defectos o fallos. La pregunta es clara, nos la hace el Señor como se la hizo a Pedro: «¿Me amas más que estos?». No es una pregunta para crear rivalidad entre los discípulos, es una pregunta para alcanzar lo más profundo de nuestro corazón. Aquel corazón de Pedro avergonzado en la noche de la Pasión, que niega conocer al Señor, pasa por ese amanecer en el que Jesús le pregunta ya resucitado: «¿Me amas más que estos?». Esa misma pregunta nos hace a nosotros hoy el Señor.

He de recordar al beato Pablo VI cuando propuso a la Conferencia Episcopal Italiana como cuestión vital para la Iglesia el servicio a la unidad, que en definitiva eso es ser cuerpo de Cristo. Decía así a los obispos: «Ha llegado el momento (¿y deberemos nosotros dolernos de esto?) de darnos a nosotros mismos y de imprimir a la vida eclesiástica un fuerte y renovado espíritu de unidad». Somos cuerpo de Cristo, nada justifica la división; mejor ceder, mejor renunciar, mejor cargar la prueba de la injusticia, antes que lacerar y escandalizar al pueblo de Dios con la división. Huyamos de la tentación de las habladurías, de gestionar el tiempo para nosotros; el tiempo, mi tiempo, es para la comunidad. Huyamos de medias verdades que siempre se convierten en mentiras, de las letanías de los lamentos, de la dureza de quienes juzgan sin implicarse, de los celos, de la ceguera, de la ambición… Que cuando terminemos nuestro ministerio seamos más pobres que cuando lo comenzamos. Que dimos la vida y damos lo que tenemos y somos.

El Señor nos dice como a Pedro: «Apacienta mis corderos». Y nos sigue insistiendo: «¿Me amas?». Y ojalá la respuesta que sale de lo profundo de nuestro corazón sea la misma que la de Pedro: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». ¡Qué hondura alcanza la experiencia eclesial cuando emana de la Eucaristía! Su fuerza engendra en nuestra vida fraternidad y capacidad de acoger, perdonar, caminar juntos, cuidar, apacentar, conservar la paz en medio de las dificultades de la vida. Nos hace acoger la misma tarea que encomendó a Pedro: «Pastorea mis ovejas».

  1. Seamos pastores de la Iglesia anticipación y promesa del Reino: ¿qué le pasó a Pedro que se entristeció ante la pregunta que por tercera vez le hizo el Señor? La pregunta fue directa y clara: «¿Me quieres?». A Pedro le vino a la memoria aquella respuesta que dio a la mujer que lo descubrió como uno de sus discípulos: «No le conozco». Ahora responde con prontitud: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Con nuestras vidas muchas veces obstaculizamos el crecimiento del Reino, de ese proyecto de Dios sobre la familia humana. ¡Qué belleza más grande alcanza la Iglesia continuamente convertida por el Reino que anuncia y del cual ella es anticipo y promesa! Servir al Reino comporta vivir descentrados respecto a nosotros mismos, abiertos plenamente al encuentro, que es el camino para volver a encontrar aquello que somos: anunciadores de la verdad de Cristo y de su misericordia. Nunca tengamos la tentación de separar verdad y misericordia, nos ha dicho el Papa Francisco. Y nos lo dijo Benedicto XVI: «La caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad» (Caritas in veritate, 1). Con estas palabras Jesús le dice lo mismo a Pedro y nos dice hoy a nosotros: «Apacienta mis ovejas»; hagámoslo con sencillez en el estilo de vida, con desprendimiento, con misericordia… Que nada se interponga entre nosotros y los demás, libres para ser cercanos a la gente, para acompañarlos caldeando su corazón y provocando que vuelvan al camino que restituye la dignidad, la esperanza y la fecundidad.

Queridos José, Santos, Jesús y Juan Antonio: emprendemos un camino en el que el ministerio que el Señor me ha dado a mí como obispo de esta Iglesia se amplía con vosotros como obispos y con vuestra ayuda en la misión. A todos los que nos acompañáis en este día de gracia para nuestra Iglesia diocesana, os animo a que ahora, en la ordenación y junto a Jesucristo presente realmente en el misterio de la Eucaristía, pidáis al Señor por quienes reciben la gracia del ministerio episcopal y también para que todos los obispos escuchen siempre a Jesucristo, que nos sigue diciendo: «¿Me amas más que estos?», ¿me amas?, ¿me quieres? Pedid que la respuesta sea siempre: «Tú sabes que te quiero». Y que sepan y sepamos escuchar que lo decisivo de su vida está en esa llamada del Señor: «Sígueme», y en esa tarea que el Señor les encomienda: «Apacienta mis ovejas». Amén.

 https://www.revistaecclesia.com/homilia-del-cardenal-osoro-la-ordenacion-los-tres-nuevos-obispos-auxiliares-madrid/

Tres nuevos obispos auxiliares para Madrid: el Papa nombra a José Cobo, Santos Montoya y Jesús Vidal

febrero 12, 2018

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Cardenal Carlos Osoro con sus obispos auxiliares, Mons. Camino, y los tres nuevos ordenandos. .

Tres nuevos obispos auxiliares para Madrid: el Papa nombra a José Cobo, Santos Montoya y Jesús Vidal

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La Santa Sede hizo público el viernes 29 de diciembre el nombramiento por parte del Papa Francisco de los sacerdotes José Cobo, Santos Montoya y Jesús Vidal como obispos auxiliares de Madrid. Así lo comunicó la Nunciatura Apostólica en España a la Conferencia Episcopal Española.

De este modo, el cardenal Carlos Osoro contará a partir de ahora con cuatro obispos auxiliares, los tres nombrados más monseñor Martínez Camino.

Con más de 4 millones de habitantes, y algo más de 3,6 millones de católicos (86,5%), la Archidiócesis de Madrid es una de las más grandes de Europa. Tiene casi 3.500 sacerdotes, entre diocesanos y religiosos, y más de 200 seminaristas, según los datos del Nomenclátor de la Conferencia Episcopal.

De los nuevos obispos, José Cobo es, en la actualidad, vicario de la Vicaría II de Madrid y se le ha asignado la sede titular de Beatia (Baeza, Biatien-sis), que tenía como metropolitana a Sevilla.

Santos Montoya es párroco de la parroquia de Madrid Beata María Ana de Jesús y le ha sido asignada la sede titular de Orta (Horta, Horten-sis), provincia proconsular que tenía como sede metropolitana a Cartagena.

Por su parte, Jesús Vidal es Rector del Seminario Conciliar de Madrid y le ha sido asignada la sede titular de Elepla (Niebla, Eleplen-sis), que tenía como metropolitana a Sevilla.

José Cobo Cano

Nació en Sabiote (Jaén) el 20 de septiembre de 1965. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid en 1988, entró en el seminario de Madrid ese mismo año. Realizó los estudios de Ciencias Morales en el Instituto Redentorista, vinculado a la Universidad de Comillas. El 23 de abril de 1994 fue ordenado sacerdote.

Comenzó su ministerio pastoral como viceconsiliario de la Hermandades del Trabajo de Madrid. Desde 1995 fue vicario parroquial de San Leopoldo hasta el año 2000 en que fue nombrado Párroco de San Alfonso María de Ligorio y miembro del Consejo presbiteral.

En 2001 fue nombrado arcipreste de Ntra. Sra. del Pilar (Aluche-Campamento) y participó en el II Sínodo diocesano como miembro de la Comisión permanente. En 2015 fue nombrado Vicario episcopal de la Vicaría II, miembro del Consejo presbiteral y del Consejo diocesano de pastoral.

Santos Montoya Torres

Natural de La Solana (Ciudad Real), Santos Montoya nació el 22 de febrero de 1966. Licenciado en CC. Químicas por la Universidad Autónoma de Madrid. Desde 1998 es bachiller en Teología en la Facultad de Teología San Dámaso (Madrid), y en 2000 finalizó sus estudios de Licenciatura en Teología en la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 18 de junio de 2000.

Desde su ordenación, ha sido Viceconsiliario de la Acción Católica General de Madrid y ha estado vinculado al colegio arzobispal seminario menor de Madrid La Inmaculada y San Dámaso, como formador, subdirector y director.

Licenciado en Teología dogmática por la Universidad Eclesiástica San Dámaso, desde 2012 es párroco de la parroquia Beata María Ana de Jesús y director del colegio del mismo nombre. En 2015 fue nombrado arcipreste de Delicias-Legazpi y miembro del Consejo Presbiteral de la Diócesis. En 2017 fue nombrado miembro del Colegio de Consultores.

Jesús Vidal Chamorro

Nació en Madrid el 6 de mayo de 1974. En 1997 se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad Complutense de Madrid, y entró en el Seminario Conciliar. Fue ordenado sacerdote en la catedral de Ntra. Sra. de la Almudena, el 8 de mayo de 2004. En 2007 obtuvo la Licenciatura en Teología, especialidad en Teología Moral, en la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Vicario parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Fátima hasta octubre de 2004, a continuación fue viceconsiliario (hasta 2008) y después consiliario diocesano de la Acción Católica General de Madrid (hasta 2015) y consiliario diocesano de Manos Unidas (hasta 2013).

Entre 2008 y 2015 fue Rector del Oratorio del Santo Niño del Remedio; y entre 2013 y 2015 Delegado Episcopal de Infancia y Juventud. En la actualidad era rector del Seminario Conciliar de Madrid (desde 2015), párroco de Santa María de la Cabeza (desde 2016), miembro del Consejo presbiteral (desde 2012) y del Colegio de Consultores (desde 2017).

https://www.religionenlibertad.com/tres-nuevos-obispos-auxiliares-para-madrid-papa-nombra-jose-61453.htm

Nota.- Los tres nuevos obispos auxiliares serán ordenados por el Señor Cardenal y Arzobispo de Madrid, Monseñor Carlos Osoro, en la Catedral de la Almudena el 17 de febrero de 2018.


Vergüenza de España

febrero 9, 2018

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Zapatero coquetea con la dictadora de Maduro una y otra vez.

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Zapatero intriga, maniobra y presiona para cimentar la dictadura de Maduro

Por Hermann Tertsch

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Hay situaciones en las que la corrección en el trato se hace incorrecta por obscena y radicalmente inapropiada. Como inapropiada es la cortesía otorgada a quien brutalmente la niega. El vienés Karl Kraus, gran defensor y virtuoso practicante del insulto procedente, consideraba una falta de respeto a la verdad y a la justicia mostrar respeto hacia quien había demostrado no merecerlo.

Esta reflexión se impone a la hora de hablar de un expresidente del Gobierno de España que vuelve a protagonizar un vergonzoso y envilecedor capítulo de su larga, tóxica y deplorable trayectoria. José Luis Rodríguez Zapatero ha escrito una carta a los partidos de la oposición venezolana en la que demanda que se plieguen a las exigencias de Nicolás Maduro y acudan a unas elecciones el 22 de abril para legitimar al dictador, caudillo de la mafia narcocomunista que gobierna hoy Venezuela.

Para gran vergüenza de España, porque el Gobierno de Mariano Rajoy le otorgó expresamente un apoyo que jamás le ha retirado, Zapatero lleva ahora años de intrigas, maniobras y oscuras operaciones con el único objetivo real de fortalecer y cimentar la dictadura. Al principio aun se podía creer que pretendía mediar honradamente y buscar una salida democrática al país. Pero pronto quedó claro con quién estaba y para qué.

Muchos de los dirigentes de la oposición le han exigido que se vaya del país y no vuelva. Son cada vez más explícitos en mostrarle el desprecio a su conducta y el rechazo total a su mediación. Ni se ha inmutado. Sus viajes a Venezuela y sonrientes apariciones televisadas con Maduro son un sangrante insulto para un pueblo que se muere de hambre, falta de medicinas, desesperación y terror de policía política y sicarios del régimen.

Los españoles saben bien lo tóxico que es el personaje. En ocho años hizo daño a España como nadie nunca en tan poco tiempo. Su trágica irrupción en la historia de España propulsado al poder por un rosario de bombas, 191 muertos y mil heridos, abrió grandes heridas, hizo rezumar artificialmente un odio largo tiempo superado y generó discordia, resentimiento y mala fe como no conocía este país desde los peores momentos de sus guerras fratricidas. Y todo ello continúa como su siniestro legado.

Zapatero ha sido una tragedia para España. Su obcecación en la mentira hizo dispararse el coste y el sufrimiento de los españoles en su crisis más larga desde la guerra. La catástrofe cultural del rebrote del más virulento revanchismo y la dramática escalada del odio a España, el propio golpe de Estado con la rebelión institucional en Cataluña son impensables sin él. Él generó el resentimiento que lleva a jóvenes a querer vengarse hoy de una guerra de hace 80 años de la que no saben más que mentiras.

Para desdicha del pueblo hoy más desgraciado de la tierra, que es el venezolano, Zapatero apareció por allí nadie sabe bien cómo ni por qué, allá hace ya casi tres años. En la embajada española sugirió en 2015 que tenía un mandato de Obama. Yo estaba allí. Nada más se supo. Muchos barruntaban ya entonces oscuros intereses. Hoy más. Recuerdan al Hugo Chávez triunfante en Madrid, primer jefe de Estado que celebró a Zapatero en el poder, apenas disipado el humo del 11-M.

Lo cierto es que ahora Zapatero defiende con ahínco y celo los intereses de un dictador, cabecilla de una banda de delincuentes narcotraficantes, que dirigen aquel régimen. Mientras no se distancie el Gobierno de Rajoy de ese Zapatero al que avaló, la vergüenza por el daño que ocasiona Zapatero a Venezuela es vergüenza de España.

http://www.abc.es/opinion/abci-verguenza-espana-201802091250_noticia.html


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