Coronavirus, oración del papa Francisco a María: “Líbranos de todo peligro”

marzo 12, 2020

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Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios”, así el papa Francisco ha rezado a la Virgen María para que libre a Italia y al mundo de la pandemia del coronavirus.

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Coronavirus, oración del papa Francisco a María: “Líbranos de todo peligro”

La Organización Mundial de la Salud declaró que el coronavirus se ha convertido en una pandemia

Por Ary Waldir Ramos Díaz. https://es.aleteia.org/author/ary-waldir-ramos-diaz/

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Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios”, así el papa Francisco ha rezado a la Virgen María para que libre a Italia y al mundo de la pandemia del coronavirus. Lo hizo a través de un video-mensaje trasmitido este miércoles 11 de marzo de 2020.La oración de Francisco fue publicada esta noche con motivo de una misa celebrada sin fieles, en el Santuario de la Virgen del Divino Amor, ubicado a 30 kilómetros de la Ciudad del Vaticano.

La misa fue promovida por el Vicario del Papa en Roma, el cardenal Angelo De Donatis, en el marco de una Jornada de Oración y de Ayuno de Cuaresma, y para pedir por los pacientes de coronavirus y del personal médico y sanitario  que lo asiste. 

En los momentos más difíciles, en los momentos más dramáticos, los hijos vuelven a la madre. “No deseches las oraciones que te dirigimos, en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!”, rezó el Papa Francisco delante a la imagen de la Virgen del Divino Amor con el niño en brazos. 

El vídeo fue grabado en la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, lugar donde Francisco está celebrando el ángelus y la audiencia general del miércoles, retransmitidos en streaming-live para respetar el decreto del gobierno que prohibe las reuniones de multitudes en lugares públicos o abiertos hasta el próximo 3 de abril de 2020, salvo nueva orden. 

La Iglesia en Italia, para respetar las medidas de prevención de la ‘zona roja’ de contagio declarada para todo el país y que involucra a casi 16 millones de italianos, ha decidido suspender la liturgia comunitaria, misas feriales y festivas, funerales, etc. 

La Organización Mundial de la Salud declaró hoy que el coronavirus se ha convertido en una pandemia, esto después de que el número de casos fuera de China se haya multiplicado por 13 en dos semanas y en ese periodo los países afectados se hayan triplicado. 

El coronavirus ha infectado a más de 120.000 personas en el mundo, en 116 países; de las personas infectadas, unas 4.200 han muerto. Italia es el epicentro de la epidemia en Europa, con 12.462 pacientes, 1.045 personas curadas y 827 fallecidas. 

La conmovedora oración del papa Francisco a la Madre de Dios recuerda el gesto con el que Pío XII, el 11 de junio de 1944, en la iglesia de San Ignacio, pidió a la Virgen del Divino Amor la protección y la salvación durante la retirada de las tropas nazis.

Que esta Roma con su dura experiencia de tantas desgracias tenga luz y fuerza para una mejor vida personal, familiar, colectiva, y, a tu merced, vuelva como ejemplo al pueblo de la verdadera civilización cristiana por la fe, vivida en obras de justicia y amor humilde“, invocó el Papa Pacelli.

La oración de Francisco a la Virgen María: 

Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.

Confiamos en ti, Salud de los enfermos, que junto a la cruz,

te asociaste al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

Tú, salvación del pueblo romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás

para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre,

y hacer lo que nos diga Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos

y se ha cargado con nuestros dolores para llevarnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Amén.

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Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;

no deseches las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades,

antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! ¡Amén!

Coronavirus, oración del papa Francisco a María: “Líbranos de todo peligro”


Homilía del Papa Francisco en la canonización del Cardenal Newman y 4 nuevas santas

octubre 13, 2019

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El Papa Francisco pronuncia su homilía durante la ceremonia de canonización. Crédito: Captura de Youtube

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Homilía del Papa Francisco en la canonización del Cardenal Newman y 4 nuevas santas

Redacción ACI Prensa

Este domingo 13 de octubre el Papa Francisco celebró la canonización del Cardenal John Henry Newman, las religiosas Dulce Lopes Pontes, Giuseppina Vannini y María Teresa Chiramel Mankidiyan, y la laica Marguerite Bays.

A continuación la homilía pronunciada por el Santo Padre:

«Tu fe te ha salvado» (Lc 17,19). Es el punto de llegada del evangelio de hoy, que nos muestra el camino de la fe. En este itinerario de fe vemos tres etapas, señaladas por los leprosos curados, que invocan, caminan y agradecen.

En primer lugar, invocar. Los leprosos se encontraban en una condición terrible, no sólo por sufrir la enfermedad que, incluso en la actualidad, se combate con mucho esfuerzo, sino por la exclusión social. En tiempos de Jesús eran considerados inmundos y en cuanto tales debían estar aislados, al margen (cf. Lv 13,46). De hecho, vemos que, cuando acuden a Jesús, “se detienen a lo lejos” (cf. Lc 17,12).

Pero, aun cuando su situación los deja a un lado, dice el evangelio que invocan a Jesús «a gritos» (v. 13). No se dejan paralizar por las exclusiones de los hombres y gritan a Dios, que no excluye a nadie.

Es así como se acortan las distancias, como se vence la soledad: no encerrándose en sí mismos y en las propias aflicciones, no pensando en los juicios de los otros, sino invocando al Señor, porque el Señor escucha el grito del que está solo.

Como esos leprosos, también nosotros necesitamos ser curados, todos. Necesitamos ser sanados de la falta de confianza en nosotros mismos, en la vida, en el futuro; de tantos miedos; de los vicios que nos esclavizan; de tantas cerrazones, dependencias y apegos: al juego, al dinero, a la televisión, al teléfono, al juicio de los demás.

El Señor libera y cura el corazón, si lo invocamos, si le decimos: “Señor, yo creo que puedes sanarme; cúrame de mis cerrazones, libérame del mal y del miedo, Jesús”. Los leprosos son los primeros, en este evangelio, en invocar el nombre de Jesús. Después lo harán también un ciego y un malhechor en la cruz: gente necesitada invoca el nombre de Jesús, que significa Dios salva.

Llaman a Dios por su nombre, de modo directo, espontáneo. Llamar por el nombre es signo de confianza, y al Señor le gusta. La fe crece así, con la invocación confiada, presentando a Jesús lo que somos, con el corazón abierto, sin esconder nuestras miserias.

Invoquemos con confianza cada día el nombre de Jesús: Dios salva. Repitámoslo; es rezar. La oración es la puerta de la fe, la oración es la medicina del corazón.

La segunda etapa es caminar. En el breve evangelio de hoy aparece una decena de verbos de movimiento. Pero, sobre todo, impacta el hecho de que los leprosos no se curan cuando están delante de Jesús, sino después, al caminar: «Mientras iban de camino, quedaron limpios», dice el texto (v. 14).

Se curan al ir a Jerusalén, es decir, cuando afrontan un camino en subida. Somos purificados en el camino de la vida, un camino que a menudo es en subida, porque conduce hacia lo alto. La fe requiere un camino, una salida, hace milagros si salimos de nuestras certezas acomodadas, si dejamos nuestros puertos seguros, nuestros nidos confortables. La fe aumenta con el don y crece con el riesgo.

La fe avanza cuando vamos equipados de la confianza en Dios. La fe se abre camino a través de pasos humildes y concretos, como humildes y concretos fueron el camino de los leprosos y el baño en el río Jordán de Naamán, en la primera lectura (cf. 2 Re 5,14-17).

También es así para nosotros: avanzamos en la fe con el amor humilde y concreto, con la paciencia cotidiana, invocando a Jesús y siguiendo hacia adelante.

Hay otro aspecto interesante en el camino de los leprosos: avanzan juntos. «Iban» y «quedaron limpios», dice el evangelio (v. 14), siempre en plural: la fe es caminar juntos, nunca solos. Pero, una vez curados, nueve se van y sólo uno vuelve a agradecer. Entonces Jesús expresa toda su amargura: «Los otros nueve, ¿dónde están?» (v. 17).

Casi parece que pide cuenta de los otros nueve al único que regresó. Es verdad, es nuestra tarea —de nosotros que estamos aquí para “celebrar la Eucaristía”, es decir, para agradecer—, es nuestra tarea hacernos cargo del que ha dejado de caminar, de quien ha perdido el rumbo: somos protectores de nuestros hermanos alejados.

Somos intercesores para ellos, somos responsables de ellos, estamos llamados a responder y preocuparnos por ellos. ¿Quieres crecer en la fe? Hazte cargo de un hermano alejado, de una hermana alejada.

Invocar, caminar y agradecer: es la última etapa. Sólo al que agradece Jesús le dice: «Tu fe te ha salvado» (v. 19). No sólo está sano, sino también salvado. Esto nos dice que la meta no es la salud, no es el estar bien, sino el encuentro con Jesús. La salvación no es beber un vaso de agua para estar en forma, es ir a la fuente, que es Jesús. Sólo

Él libra del mal y sana el corazón, sólo el encuentro con Él salva, hace la vida plena y hermosa. Cuando encontramos a Jesús, el “gracias” nace espontáneo, porque se descubre lo más importante de la vida, que no es recibir una gracia o resolver un problema, sino abrazar al Señor de la vida. Y esto es lo más importante de la vida: abrazar al Señor de la vida.

Es hermoso ver que ese hombre sanado, que era un samaritano, expresa la alegría con todo su ser: alaba a Dios a grandes gritos, se postra, agradece (cf. vv. 15-16). El culmen del camino de fe es vivir dando gracias. Podemos preguntarnos: nosotros, que tenemos fe, ¿vivimos la jornada como un peso a soportar o como una alabanza para ofrecer?

¿Permanecemos centrados en nosotros mismos a la espera de pedir la próxima gracia o encontramos nuestra alegría en la acción de gracias? Cuando agradecemos, el Padre se conmueve y derrama sobre nosotros el Espíritu Santo. Agradecer no es cuestión de cortesía, de buenos modales, es cuestión de fe. Un corazón que agradece se mantiene joven.

Decir: “Gracias, Señor” al despertarnos, durante el día, antes de irnos a descansar es el antídoto al envejecimiento del corazón. Así también en la familia, entre los esposos: acordarse de decir gracias. Gracias es la palabra más sencilla y beneficiosa.

Invocar, caminar, agradecer. Hoy damos gracias al Señor por los nuevos santos, que han caminado en la fe y ahora invocamos como intercesores. Tres son religiosas y nos muestran que la vida consagrada es un camino de amor en las periferias existenciales del mundo.

Santa Margarita Bays, en cambio, era una costurera y nos revela qué potente es la oración sencilla, la tolerancia paciente, la entrega silenciosa. A través de estas cosas, el Señor ha hecho revivir en ella el esplendor de la Pascua, en su humildad.

Es la santidad de lo cotidiano, a la que se refiere el santo Cardenal Newman cuando dice: «El cristiano tiene una paz profunda, silenciosa y escondida que el mundo no ve. […] El cristiano es alegre, sencillo, amable, dulce, cortés, sincero, sin pretensiones, […] con tan pocas cosas inusuales o llamativas en su porte que a primera vista fácilmente se diría que es un hombre corriente» (Parochial and Plain Sermons, V,5).

Pidamos ser así, “luces amables” en medio de la oscuridad del mundo. Jesús, «quédate con nosotros y así comenzaremos a brillar como brillas tú; a brillar para servir de luz a los demás» (Meditations on Christian Doctrine, VII, 3). Amén.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-canonizacion-del-cardenal-newman-y-4-nuevas-santas-53852


Protestas en Hong Kong: el factor católico

octubre 10, 2019

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Cardenal John Tong Hon (créditos de imagen: Rock Li – CC BY-SA 3.0)

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Protestas en Hong Kong: el factor católico

El pasado, el presente y el futuro de la Iglesia católica de Hong Kong —y las decisiones que habrá de tomar el Vaticano— tienen un gran peso sobre el destino de la protesta.

Por Massimo Introvigne

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Las protestas en Hong Kong continúan. Algunos creen que pueden convertirse en la nueva Tiananmén. El activista de los derechos humanos especula acerca de cómo Estados Unidos y la actitud del presidente Donald Trump pueden determinar el destino de la protesta o, incluso, alimentar o crear una oposición al presidente Xi Jinping dentro del PCCh (Partido Comunista Chino) mismo.

Sin embargo, algunas personas en Hong Kong creen que las decisiones de un tercer líder mundial, además de Trump y Xi Jinping, pueden pesar fuertemente sobre el futuro de Hong Kong.

Este líder es el papa Francisco. Los católicos en Hong Kong representan únicamente el 5% de la población, pero tienen un poder desmesurado en la política, la cultura y los medios.

La jefa del Ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, cuyas posturas a favor del PCCh encendieron las protestas, es una católica activa, ha sido educada en escuelas católicas y no es ningún secreto que regularmente consulta a obispos católicos acerca de asuntos políticos importantes.

Hong Kong también es un puente tradicional entre el Vaticano y China. De acuerdo con estudiosos de las relaciones entre el Vaticano y China, Hong Kong es el lugar en el que, hasta que el Papa Francisco asumió el cargo en 2013, se organizó y gestionó exitosamente la mayor oposición a cualquier acuerdo del Vaticano con el PCCh que alentara a los sacerdotes y obispos católicos para que se unieran a la Asociación Patriótica Católica China (APCC) controlada por el Gobierno, y desde donde la influencia del cardenal anti-PCCh Joseph Zen (nacido en 1932 y obispo de Hong Kong entre 2002 y 2009) se extendió a Roma.

De acuerdo con los mismos estudiosos, Zen había formado un fantástico equipo con su compañero miembro de la orden salesiana, el arzobispo Savio Hon Tai-fai (nacido en Hong Kong en 1950), el prelado chino más influyente en la Curia romana, donde sirvió desde 2010 como secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; esto es, el departamento del Vaticano directamente responsable de China.

Tanto Zen como Hon tenían influencia sobre el papa Benedicto XVI y, efectivamente, torpedearon cualquier posible acuerdo bajo el cual los sacerdotes y obispos católicos chinos se unirían o debían unirse a la APCC. Fueron apoyados por el padre –y posteriormente, arzobispo– Ettore Balestrero, un importante oficial de asuntos políticos en la Secretaría de Estado del Vaticano y firme oponente al PCCh.

En 2013, el papa Benedicto XVI renunció y el papa Francisco fue electo. Este último indicó que un acuerdo con el Gobierno chino era una de sus prioridades diplomáticas, a costa de solicitar ciertos “sacrificios” por parte de los católicos anti-PCCh que habían sufrido por su (hasta entonces) negativa aprobada por el Vaticano de unirse a la APCC.

Las personas importan, y para lograr un acuerdo con el PCCh algunas personas deben irse. Balestrero era un hombre tan cercano a Benedicto XVI, que, según fuentes del Vaticano, fue enviado como embajador del Vaticano (nuncio) ante Colombia justo antes de que el papa alemán renunciara para protegerlo frente a lo que podía venir bajo un pontificado nuevo y con una inclinación diferente.

Las mismas fuentes afirman que el PCCh expresó su beneplácito al Vaticano por el hecho de que Balestrero dejara Roma, lo cual hizo que algunos vieran el largo brazo de China detrás de un oscuro escándalo que involucraba al hermano del arzobispo, situación que llevó a que en 2018 fuera degradado de rango, de nuncio ante Colombia (un importante país para la Iglesia católica) a nuncio ante el Congo.

Zen terminó su periodo en 2009 y fue reemplazado por el obispo –y, posteriormente, cardenal– John Tong Hon (nacido en 1939). Ciertamente, es menos beligerante hacia el PCCh que Zen, y (a diferencia de su predecesor) no tiene inclinación a criticar al Vaticano en ningún tema.

No obstante, siempre ha sido extremadamente cauteloso en cuestiones que tienen que ver con China continental. Que el Vaticano estuviera moviéndose con gran cuidado en Hong Kong lo confirmó el nombramiento en 2014 de dos obispos auxiliares más jóvenes, uno considerado anti-PCCh, el franciscano Joseph Ha Chi-shing (nacido en 1959) y otro más favorable a un acuerdo con China, Stephen Lee Bun-Sang (nacido en 1956).

Lee es miembro del Opus Dei y es considerado teológicamente conservador, lo cual muestra que ser liberal o conservador no necesariamente está conectado con estar a favor o en contra del pacto entre el Vaticano y China.

Sin embargo, las cosas cambiaron entre 2016 y 2017, cuando probablemente ya se habían tomado en Roma ciertas decisiones acerca del pacto de 2018 entre el Vaticano y China.

El arzobispo Savio Hon Tai-fai fue retirado de la Curia vaticana en 2016 (otro movimiento por el que, de acuerdo con fuentes internas, el PCCh agradeció a la Santa Sede) y fue enviado para hacerse cargo de la atribulada Iglesia católica en Guam, cuyo obispo había renunciado después de haber estado involucrado en un escándalo de abuso sexual. Posteriormente fue enviado a Grecia (un país no precisamente clave para la diplomacia vaticana) como nuncio.

También en 2016, el obispo auxiliar de Hong Kong Lee Bun-Sang fue promovido al cargo de obispo de Macau, presuntamente con la bendición del PCCh.

En 2017 terminó el período del cardenal Tong. Fue reemplazado por el obispo Michael Yeung (1945-2019). Al ser un colaborador cercano de Carrie Lam, es difícil quitar la impresión de que fue nombrado para promover el pacto entre el Vaticano y China que se firmaría en 2018.

Sin embargo, fue demasiado lejos y terminó avergonzando a la Santa Sede, primero, al dar la impresión de que aprobaba la destrucción sistemática de cruces de iglesias protestantes en China por parte del PCCh y, luego, al afirmar que su postura en la materia era que las regulaciones del PCCh debían respetarse.

Probando, una vez más, que se puede ser pro-PCCh y, al mismo tiempo, teológicamente conservador, Yeung también causó asombro en Roma por su actitud militante en contra de los derechos de la comunidad LGBT y por comparar la homosexualidad con la adicción a las drogas, algo que se percibe está en conflicto con la actitud más tolerante del papa Francisco hacia el tema.

El 3 de enero de 2019, Yeung, quien padecía cirrosis hepática, murió antes de que terminara su periodo como obispo de Hong Kong. Todos los ojos voltearon a Roma. Había dos candidatos naturales para la sucesión, y la elección revelaría cómo estaba evaluando el Vaticano el pacto que había firmado con el PCCh unos meses atrás.

Claramente, el PCCh habría estado más contento con la elección del obispo de Macau, Lee Bun-Sang, como el nuevo obispo de Hong Kong y, mucho menos contento, si el papa elegía para el cargo al obispo auxiliar Ha Chi-shing, considerado anti-PCCh.

El papa Francisco sorprendió a todos al no nombrar ni a Lee ni a Ha, sino sacando del retiro al cardenal Tong, quien tenía una postura más moderada y pidiéndole que retomara sus antiguos deberes.

Así, fue Tong el que tuvo que guiar a la Iglesia católica de Hong Kong a través de la tormenta de las protestas. Aconsejó a la jefa del Ejecutivo católica Carrie Lam que no firmara el controversial acuerdo de extradición con China y, junto con otros líderes religiosos, ofreció un apoyo moderado a los manifestantes.

Al mismo tiempo, también hizo saber a los católicos de Hong Kong que él no apoyaba la abierta oposición del cardenal Zen al pacto entre el Vaticano y China. Sin embargo, no impidió que su obispo auxiliar Ha Chi-shing participara activamente en las protestas e, incluso, fuera considerado como uno de sus líderes morales.

El Vaticano ha guardado silencio en relación con las protestas de Hong Kong. No obstante, claramente tarde o temprano deberá expresarse, no con palabras, sino a través de una decisión trascendental. El cardenal Tong tiene 80 años. Dejó claro que aceptaba regresar a su antiguo puesto de manera provisional.

Pronto, el papa deberá nombrar a un nuevo obispo de Hong Kong. Los católicos locales apoyan fuertemente las protestas y no es un secreto que esperan que el obispo Ha sea nombrado. Considerarían el nombramiento del obispo Lee de Macau como una declaración en contra de las protestas y la democracia.

Sin embargo, algunas personas dijeron a Bitter Winter que circulan rumores de que el pacto de 2018 entre el Vaticano y China, cuyo texto sigue siendo secreto, puede incluir una cláusula que conlleve a que la elección del obispo debe acordarse también entre la Santa Sede y el PCCh en Hong Kong.

El tiempo lo dirá, pero, claramente, el nombramiento del obispo Ha sería una señal para el PCCh y para el mundo de que el Vaticano está a favor de la democracia en Hong Kong y que el acuerdo de 2018 no significa que Roma esté preparada para ignorar los temas de derechos humanos.

El nombramiento del obispo Lee sería una señal diferente, aunque algunos advierten que el prelado de Macau del Opus Dei tiene una personalidad compleja y sería un error clasificarlo como un partidario incondicional del PCCh, así como el obispo Ha, que nunca ha apoyado la crítica abierta del cardenal Zen hacia el Vaticano. A menos que el Papa Francisco vuelva a sorprender a todos “inventando” un tercer candidato, de lo cual no hay indicios o rumores hasta ahora.


La crisis migratoria se dispara con la salida de medio millón de venezolanos en tan solo cuatro meses

octubre 8, 2019

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La crisis migratoria venezolana es quizás el fenómeno regional más ignorado por la comunidad internacional. Con respecto a la población de Venezuela, representa una huída de casi el 15% de los ciudadanos.

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La crisis migratoria se dispara con la salida de medio millón de venezolanos en tan solo cuatro meses

Por Gabriela Ponte. Madrid

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La crisis migratoria venezolana es quizás el fenómeno regional más ignorado por la comunidad internacional. En escasos cuatro meses, el ritmo acelerado de inmigrantes y refugiados venezolanos que huyen de su país ha aumentado de 4 millones a 4,6 millones, y las proyecciones esperan que para finales de año se alcance la cifra de cinco millones de desplazados. Con respecto a la población de Venezuela, representa una huída de casi el 15% de los ciudadanos.

Una cifra alarmante para un país que, como menciona el coordinador de la crisis migratoria venezolana en la Organización de Estados Americanos (OEA), David Smolansky, no atraviesa por una guerra ni una catástrofe natural.

Según los últimos datos recabados por la OEA, el país que más acoge venezolanos es Colombia con 1.600.000, seguido por Perú (900.000), Estados Unidos (422.000), Chile (400.000), Ecuador (350.000), Brasil (170.000) y Argentina (150.000). En menor medida, Panamá con 100.000 y México con 70.000 exiliados.

Otros países de Iberoamérica y el Caribe donde han llegado los venezolanos son: República Dominicana (40.000), Guyana (36.000), Costa Rica (30.000), Curazao (26.000), Canadá (22.000), Aruba (16.000), Uruguay (10.000) y Bolivia (10.000).

España, por su parte, es el país con la comunidad más grande de venezolanos fuera del continente americano, con al menos 300.00.

Para frenar este éxodo descalabrado de venezolanos, nueve países de la región han colocado restricciones para entrar a su territorio. Desde la tenencia de un pasaporte en vigor hasta un visado de entrada que puede costar entre 50 y 100 dólares. Algo impensable para una población cuyo salario mínimo ronda apenas los tres dólares. Ante este tipo de medidas, son muchos los que arriesgan su vida cruzando pasos fronterizos ilegales.

Ecuador, Perú, Chile, Trinidad y Tobago, Guatemala, El Salvador, Honduras y Panamá solicitan visado y, en unos meses, se sumarían Aruba, Curacao y Bonaire por petición explícita de Países Bajos.

Si bien en 2015 Europa se vio desbordada por la crisis de refugiados sirios (llegaron alrededor de 6,3 millones), el continente americano no da abasto para seguir recibiendo venezolanos que cruzan fronteras caminando por la falta de alimentos, medicinas y oportunidades.

Diariamente 5.000 venezolanos atraviesan a pie la frontera colombo-venezolana y desde allí continúan su recorrido hasta Perú, Ecuador, Chile o Argentina.

Apenas 1,8 millones de venezolanos disfrutan de protección temporal con acceso a la salud, educación y oportunidades en los mercados laborales. El resto se encuentra en situación irregular en los países de acogida.

https://www.abc.es/internacional/abci-crisis-migratoria-dispara-salida-medio-millon-venezolanos-solo-cuatro-meses-201910071309_noticia.html


Homilía del Papa Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de la Amazonía

octubre 6, 2019

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El Papa Francisco durante la Misa. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

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Homilía del Papa Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de la Amazonía

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El Papa Francisco presidió este domingo 6 de octubre en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa de apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, conocida también como Sínodo de la Amazonía, y que se desarrollará en el Vaticano hasta el próximo 27 de octubre.

En la Misa, en la que han participado también los 13 nuevos Cardenales creados en el consistorio celebrado ayer sábado 5 de octubre, el Santo Padre contrapuso el fuego de Dios, “que ilumina, calienta y da vida”, al fuego del mundo, “que destruye”.

El Santo Padre destacó la importancia del Sínodo “para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonía, de modo que no se apague el fuego de la misión”. Asimismo, recordó que “muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos”.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:

El apóstol Pablo, el mayor misionero de la historia de la Iglesia, nos ayuda a “hacer Sínodo”, a “caminar juntos”. Lo que escribe a Timoteo parece referido a nosotros, pastores al servicio del Pueblo de Dios.

Ante todo, dice: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1,6). Somos obispos porque hemos recibido un don de Dios. No hemos firmado un acuerdo, no nos han entregado un contrato de trabajo “en propia mano”, sino la imposición de manos sobre la cabeza, para ser también nosotros manos que se alzan para interceder y se extienden hacia los hermanos.

Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos.

Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir. Lo recuerda el Evangelio, que habla de «siervos inútiles» (Lc 17,10).

Es una expresión que también puede significar «siervos sin utilidad». Significa que no nos esforzamos para conseguir algo útil para nosotros, un beneficio, sino que gratuitamente damos porque lo hemos recibido gratis (cf. Mt 10,8).

Toda nuestra alegría será servir porque hemos sido servidos por Dios, que se ha hecho nuestro siervo. Queridos hermanos, sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios.

Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren.

Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo. Pero «la Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de “mantenimiento” para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (BENEDICTO XVI, Exhort. apost. postsin. Verbum Domini, 95).

Porque la Iglesia está siempre en camino, siempre en salida, nunca cerrada en sí misma. Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra.

El fuego que reaviva el don es el Espíritu Santo, dador de los dones. Por eso san Pablo continúa: «Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros (2 Tm 1,14). Y también: «Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de prudencia» (v. 7).

No es un espíritu cobarde, sino de prudencia. Alguno piensa que la prudencia es una aduana, una virtud que lo prepara todo para no equivocarse. No. La prudencia es virtud cristiana, es virtud de vida. También es la virtud del gobierno. Pablo contrapone la prudencia a la cobardía. ¿Qué es entonces esta prudencia del Espíritu?

Como enseña el Catecismo, la prudencia «no se confunde ni con la timidez o el temor», sino que «es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo» (n. 1806). La prudencia no es indecisión, no es una actitud defensiva.

Es la virtud del pastor, que, para servir con sabiduría, sabe discernir, sensible a la novedad del Espíritu. Entonces, reavivar el don en el fuego del Espíritu es lo contrario a dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada. Y ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración.

Que Él, que hace nuevas todas las cosas, nos dé su prudencia audaz, inspire nuestro Sínodo para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia, de modo que no se apague el fuego de la misión.

El fuego de Dios, como en el episodio de la zarza ardiente, arde, pero no se consume (cf. Ex 3,2). Es fuego de amor que ilumina, calienta y da vida, no fuego que se extiende y devora. Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo.

Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos.

El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonia, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad. Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo.

Reavivar el don; acoger la prudencia audaz del Espíritu, fieles a su novedad; san Pablo dirige una última exhortación: «No te avergüences del testimonio […]; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1,8).

Pide testimoniar el Evangelio, sufrir por el Evangelio, en una palabra, vivir por el Evangelio. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia. Es su misión, su identidad. Poco después Pablo escribe: «Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación» (4,6).

Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,22), es amar hasta el martirio. Agradezco a Dios porque en el Colegio Cardenalicio hay algunos hermanos Cardenales mártires, que han experimentado en la vida la Cruz del martirio.

De hecho, subraya el Apóstol, se sirve el Evangelio no con la potencia del mundo, sino con la sola fuerza de Dios: permaneciendo siempre en el amor humilde, creyendo que el único modo para poseer de verdad la vida es perderla por amor.

Queridos hermanos: Miremos juntos a Jesús Crucificado, su corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí, porque desde allí ha brotado el don que nos ha generado; desde allí ha sido infundido el Espíritu Santo que renueva (cf. Jn 19,30). Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida.

Muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Muchos hermanos y hermanas en Amazonía han entregado su vida.

Permitidme que repita las palabras de nuestro amado Cardenal Hummes, cuando llega a las pequeñas ciudades de la Amazonía, acude a los cementerios, a buscar las tumbas de los misioneros. Un gesto de la Iglesia por aquellos que han entregado la vida en la Amazonía. Y luego, con un poco de picardía, dice al Papa: ‘No se olvide de ellos. Se merecen ser canonizados’.

Por ellos, por aquellos que han dado su vida, con ellos, caminemos juntos.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-apertura-del-sinodo-de-la-amazonia-51049?fbclid=IwAR2Yi8ybiLpPC1wg6GeiEtLyRv7J09lmUTmYsYLKomfjwcpKNCOTkxdigAA


Ángelus: “Actuar con astucia para asegurarnos la vida eterna”

septiembre 22, 2019

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Ángelus 22 Septiembre 2019 © Vatican Media

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Palabras del Papa antes de la oración mariana: Ángelus: “Actuar con astucia para asegurarnos la vida eterna”

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(ZENIT – 22 septiembre 2019).- El Papa Francisco presidió la oración dominical del Ángelus desde la ventana del despacho del Palacio Apostólico del Vaticano, que da a la Plaza de San Pedro, este domingo 22 de septiembre de 2019.

El Papa señaló que el gerente deshonesto quiere unir la gratitud de los deudores de su amo por un sistema que equivale a corrupción.

El Papa Francisco denuncia regularmente el “flagelo social”, las “peores plagas sociales”, el “virus”, el “cáncer metastásico”, la corrupción que socava la economía de las naciones y ataca, y mata, a los más pobres: incluso ve una “forma de blasfemia”.

Pero este domingo, también mostró la punta del Evangelio: ¡la corrupción no tiene la última palabra!

En otras palabras, todavía hay tiempo para que los corruptos busquen la vida eterna: “Jesús también indica el propósito final de su exhortación: ‘Haceos amigos con los ricos, para que os acojan en sus moradas eternas’”.

¿Cómo? Invitó a la reparación. Sabiendo cómo transformar el dinero en un instrumento de “fraternidad” y “solidaridad”, el Papa Francisco responde: “Para acogernos en el Paraíso, si somos capaces de transformar la riqueza en instrumento de fraternidad y solidaridad, no sólo habrá Dios, sino también aquellos con quienes compartimos, administrándolo bien, lo que el Señor puso en nuestras manos”.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La parábola contenida en el Evangelio de este domingo (cf. Lc 16,1-13) tiene como protagonista a un administrador astuto y deshonesto que, acusado de haber malgastado los bienes del amo, está a punto de ser despedido.

En esta difícil situación, no recrimina, no busca justificaciones ni se deja desanimar, sino que busca una salida para asegurarse un futuro tranquilo. Reacciona primero con lucidez, reconociendo sus propios límites: “cavar, no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza” (v. 3); entonces actúa con astucia, robando a su amo por última vez.

De hecho, llama a los deudores y reduce las deudas que tienen con el amo, para hacer amistad con ellos y luego ser recompensado por ellos, esto es, hacerse amigos con la corrupción y obtener gratitud con la corrupción, como lamentablemente sucede hoy.

Jesús presenta este ejemplo no para exhortar a la deshonestidad, sino a la astucia. De hecho subraya: “El maestro alabó a aquel administrador deshonesto, porque había actuado con astucia” (ver 8), es decir, con esa mezcla de inteligencia y astucia que te permite superar situaciones difíciles.

La clave de lectura de esta historia está en la invitación de Jesús al final de la parábola: “Haga amigos con el dinero deshonesto, para que cuando estas riquezas fracasen, los reciban en las moradas eternas” (v. 9). Parece un poco confuso pero no lo es, la “riqueza deshonesta” es el dinero -también llamado “estiércol del diablo”- y, en general, los bienes materiales.

La riqueza puede llevar a la construcción de muros, a la creación de divisiones y a la discriminación. Jesús, por el contrario, invita a sus discípulos a invertir el curso: “Háganse amigos con la riqueza”. Es una invitación a saber transformar bienes y riquezas en relaciones, porque las personas valen más que las cosas y cuentan más que las riquezas que poseen.

En la vida, de hecho, no son los que tienen la riqueza los que dan fruto, sino los que crean y mantienen vivos tantos lazos, tantas relaciones, tantas amistades a través de las diferentes “riquezas”, es decir de los diferentes dones con los que Dios los ha dotado.

Pero Jesús también indica el propósito último de su exhortación: “Háganse amigos de las riquezas, para que te acojan en las moradas eternas.

Si somos capaces de transformar las riquezas en instrumentos de fraternidad y solidaridad, no solo será Dios quien nos acoja en el Paraíso, sino también aquellos con los cuales hemos compartido, administrando bien lo que el Señor ha puesto en nuestras manos.

Hermanos y hermanas, esta página del Evangelio hace resonar en nosotros la pregunta del administrador deshonesto expulsado por el patrón: “¿Qué voy a hacer ahora?” (v. 3). Frente a nuestras faltas y a nuestros fallos Jesús nos asegura que siempre estamos a tiempo para sanar el mal hecho, con el bien.

Quien ha causado lágrimas, haga feliz a alguien; quien ha robado indebidamente, done a quien está en necesidad. Al hacerlo, seremos alabados por el Señor “porque hemos actuado con astucia”, es decir, con la sabiduría de aquellos que se reconocen como hijos de Dios y se ponen en juego por el Reino de los Cielos.

Que la Santísima Virgen nos ayude a ser astutos para asegurarnos no el éxito mundano, sino la vida eterna, para que en el momento del juicio final las personas necesitadas a las que hemos ayudado sean testigos de que en ellas hemos visto y servido al Señor en ellos.


Lo que necesita, también, Alemania

septiembre 18, 2019

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El Arzobispo de Múnich y Frisinga (Alemania), Cardenal Reinhard Marx,

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Lo que necesita, también, Alemania

Por José Luis Restán, Director Editorial COPE

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A comienzos de septiembre el Papa Francisco saludaba al Sínodo de los obispos greco-católicos de Ucrania y les advertía sin papeles: «¡el Sínodo no es un Parlamento!… Sínodo no es ponerse de acuerdo como en política: te doy esto, tú me das esto. No, Sínodo no es hacer encuestas sociológicas, como algunos creen… Si no hay Espíritu Santo, no hay Sínodo… todavía más, si no hay Iglesia (la identidad de la Iglesia) no hay Sínodo».

Son palabras fuertes que resuenan ahora sobre el fondo de la tensión surgida a propósito de la dirección que parece tomar el camino sinodal emprendido por los obispos alemanes (no sin reservas y advertencias de algunos de ellos).

Recordemos que la Conferencia Episcopal alemana decidió iniciar dicho camino sinodal para afrontar una crisis que nadie oculta, aunque los diagnósticos difieren entre quienes identifican la raíz en una profunda crisis de fe y quienes reclaman, sobre todo, cambios disciplinares y estructurales, hasta llegar en algún caso a tocar aspectos sustanciales de la doctrina católica.

En efecto, para responder a la crisis algunos proponen replantear la moral sexual, el significado de la autoridad, el lugar de las mujeres, el perfil del ministerio sacerdotal o la disciplina sacramental, buscando una «solución alemana».

El pasado mes de junio el Papa Francisco dirigió una carta al pueblo de Dios en Alemania en la que explicaba algunas líneas maestras a las que debía atenerse el mencionado «camino sinodal».

Francisco subrayaba que ese camino «debe consistir en vivir y sentir con la Iglesia y en la Iglesia» y advertía (citando a Joseph Ratzinger) que «cuando una Iglesia particular se separa del entero cuerpo eclesial se marchita y muere, mientras que la comunión viva y efectiva permite superar el encerramiento en los propios problemas».

Sin dejar de alentar la iniciativa de los obispos alemanes el Papa aclaraba que «tiene que asumir un modo de ser Iglesia donde el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas» (partes).

Varios obispos, entre ellos el cardenal Rainer M. Woelki, de Colonia, Stefan Oster, de Passau, Stephan Ackermann, de Trier, Rudolf Voderholzer, de Ratisbona, han reclamado que estas indicaciones sean bien tenidas en cuenta, porque es de vital interés para el futuro de la Iglesia en Alemania.

El problema no radica en que se afronte con sinceridad la situación y se busquen nuevos modos de presencia misionera (la misión es otra clave que el Papa ha pedido poner en primer plano), en un debate en el que deben participar todas las realidades vivas de la Iglesia en aquel país (no sólo ciertas élites, otra advertencia de Francisco), sino en la referencia obligada de esa reflexión a la comunión con la Iglesia universal presidida por el Sucesor de Pedro.

No se trata de suspicacias sino de algo que ha advertido con toda seriedad el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos. En una carta dirigida al Presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Reinhard Marx, señala que el camino sinodal debe atenerse a lo expresado por el Papa en su carta de junio, y advierte que algunos de los procesos diseñados no están en sintonía con la disciplina de la Iglesia Universal.

Señala también que esta asamblea no puede establecer por su cuenta una especie de «solución alemana» al margen de la unidad de la Iglesia.

No cabe pensar que la misiva del Cardenal Ouellet haya sido enviada al margen de la voluntad de Francisco. Y por ello uno se queda perplejo ante la primera respuesta (más bien displicente) del Cardenal Marx, quien ha reiterado que el proceso sigue adelante sin acoger positivamente ninguna de las indicaciones llegadas de Roma.

Es cierto que Marx ha anunciado su intención de explicar la situación ante las autoridades vaticanas para deshacer posibles malentendidos, pero de momento parece hablar en otro idioma.

Más allá del morbo periodístico ante lo que algunos definen ya como un nuevo desafío a Roma desde Germania, cabe preguntarse si los alemanes de hoy (especialmente los jóvenes) se sienten concernidos por estas alquimias de laboratorio eclesiástico, o si más bien ansían (siquiera secretamente) el encuentro con una verdadera experiencia de fe arraigada en las circunstancias del presente, capaz de hacer cuentas con su incertidumbre, sus miedos y su sed de felicidad y de sentido.

Una experiencia que sólo puede gestarse en el cuerpo vivo de la Iglesia, con todas sus heridas y fatigas, y no como resultado de una estrategia, por muy «alemana» que sea.

https://www.cope.es/religion/mar-adentro/noticias/que-necesita-tambien-alemania-20190918_500522


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