Maná y Vivencias Pascuales (10), 30.4.19

abril 30, 2019

Martes de la 2ª semana de Pascua

 

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre



TEMA:

Cuando Cristo se entrega a sí mismo hasta la muerte y muerte de cruz es “elevado” y se le concede todo poder; es constituido Señor y Salvador.

A su vez, cuando el creyente nace de “lo alto” recibe el Espíritu del Resucitado que le capacita para crear la nueva comunidad con sus hermanos y para anunciar la victoria de Cristo con valentía.


ORACIÓN COLECTA: Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Apocalipsis 19, 7.6

Alegrémonos, regocigjémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.


PRIMERA LECTURA: Hechos: 4, 32-37 – “Los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo”.

La asamblea de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho poder; y Dios les daba su gracia abundantemente.

No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que tenían campos o casas los vendían y entregaban el dinero a los apóstoles, quienes repartían a cada uno según sus necesidades.

Así lo hizo José, llamado por los apóstoles Bernabé (que quiere decir “nuestro permanente consuelo), levita, nacido en Chipre, quien vendió el campo que tenía y entregó el dinero a los apóstoles.

SALMO 92, 1ab. 1c. 2-5

El Señor reina vestido de grandeza.

¡Reina el Señor! Se viste de grandeza; el Señor, de poder va revestido, y del mismo se ha hecho un cinturón.Desde el principio fijaste ya tu trono; tú existes desde siempre.

Desatan los ríos, Señor, desatan sus clamores, desatan sus fragores, pero más que las aguas tumultuosas, más grande que las olas de los mares, es grandioso el Señor en las alturas.

Tus mandatos, Señor, son inmutables; la Santidad es propia de tu casa, oh Señor, por los siglos de los siglos.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 3, 15

El Hijo del hombre debe ser levantado en la cruz, para que los que creen en él tengan vida eterna. Aleluya.


EVANGELIO: Juan 3, 11-15 – Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre”.

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Te lo aseguro: de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.


ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Lucas 24, 46.26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así, entrara luego en su gloria. Aleluya.

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Del tratado de san Fulgencio de Ruspe, obispo,
sobre la regla de la verdadera fe a Pedro

Él mismo se ofreció a nosotros

En los sacrificios de víctimas carnales que la Santa Trinidad, que es el mismo Dios del Antiguo y Nuevo Testamento, había exigido que le fueran ofrecidos por nuestros padres, se significaba ya el don gratísimo de aquel sacrificio con el que el Hijo único de Dios, hecho hombre, había de inmolarse a sí mismo misericordiosamente por nosotros.

Pues, según la doctrina apostólica, se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Él, como Dios verdadero y verdadero sumo sacerdote que era, penetró por nosotros una sola vez en el santuario, no con la sangre de los becerros y los machos cabríos, sino con la suya propia. Esto era precisamente lo que significaba aquel sumo sacerdote que entraba cada año con la sangre en el santuario.

Él es quien, en sí mismo, poseía todo lo que era necesario para que se efectuara nuestra redención, es decir, él mismo fue el sacerdote y el sacrificio, él mismo fue Dios y templo: el sacerdote por cuyo medio nos reconciliamos, el sacrificio que nos reconcilia, el templo en el que nos reconciliamos, el Dios con quien nos hemos reconciliado.

Como sacerdote, sacrificio y templo, actuó solo, porque aunque era Dios quien realizaba estas cosas, no obstante las realizaba en su forma de siervo; en cambio, en lo que realizó como Dios, en la forma de Dios, lo realizó conjuntamente con el Padre y el Espíritu Santo.

Ten, pues, por absolutamente seguro, y no dudes en modo alguno, que el mismo Dios unigénito, Verbo hecho carne, se ofreció a Dios como oblación y víctima de suave olor, el mismo en cuyo honor, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, los patriarcas, profetas y sacerdotes ofrecían, en tiempos del Antiguo Testamento, sacrificios de animales; y a quien ahora, o sea, en el tiempo del Testamento Nuevo, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, con quienes comparte la misma y única divinidad, la santa Iglesia Católica no deja de ofrecer, por todo el universo de la tierra, el sacrificio del pan y el vino, con fe y caridad.

Así, pues, en aquellas víctimas carnales se significaba la carne y la sangre de Cristo; la carne que él mismo, sin pecado como se hallaba, había de ofrecer por nuestros pecados, y la sangre que había de derramar en remisión también de nuestros pecados; en cambio, en este sacrificio se trata de la acción de gracias y del memorial de la carne de Cristo, que él ofreció por nosotros, y de la sangre, que, siendo como era Dios, derramó por nosotros.

Sobre esto afirma el bienaventurado Pablo en los Hechos de los Apóstoles: Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.

Por tanto, aquellos sacrificios eran figura y signo de lo que se nos daría en el futuro; en este sacrificio, en cambio, se nos muestra de modo evidente lo que ya nos ha sido dado.

En aquellos sacrificios se anunciaba de antemano al Hijo de Dios, que había de morir a manos de los impíos en este sacrificio, en cambio, se le anuncia ya muerto por ellos, como atestigua el Apóstol al decir: Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; y añade: Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo (Cap. 22, 62: CCL 91 A, 726. 750-751).

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LAS MUJERES Y LA FE EN LA RESURRECCIÓN, según el Papa Benedicto

Ciudad del Vaticano, 9 de abril de 2012 (VIS).-

Benedicto XVI… rezó a mediodía el Regina Coeli, la oración que sustituye al Ángelus durante el tiempo pascual…

“El hecho de la resurrección, en sí mismo, no lo describen los evangelistas: permanece misterioso, no en el sentido de menos real, sino de escondido, de algo que está más allá de nuestro conocimiento: como una luz tan fuerte que no se puede mirar, porque nos quedaríamos ciegos. Los relatos comienzan, en cambio, al alba del día siguiente al sábado, cuando las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío (…)

Después de escuchar al ángel que les da la noticia de la resurrección, las mujeres, llenas de temor y alegría, se encontraron con Jesús, se postraron a sus pies y lo adoraron; y Él les dijo: ‘No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán’”.

“En todos los evangelios -comentó el Santo Padre- las mujeres ocupan un gran espacio en los relatos de las apariciones de Jesús resucitado como, por otra parte, en los de su pasión y su muerte.

En aquellos tiempos, en Israel, el testimonio de las mujeres no podía tener valor oficial, jurídico, pero las mujeres tuvieron unos lazos especiales con el Señor, lo que constituye una experiencia fundamental para la vida concreta de la comunidad cristiana, y esto siempre, en cualquier época, no solamente al principio del camino de la Iglesia”.

El Papa concluyó recordando que el modelo de esta relación con Jesús, sobre todo en el misterio pascual, fue María, la Madre del Señor.

“A través de la experiencia transformadora de la Pascua de su Hijo, la Virgen María, se convierte también en Madre de la Iglesia, es decir de cada uno de los creyentes y de toda la comunidad”

 


Maná y Vivencias Pascuales (9), 29.4.19

abril 29, 2019

Lunes de la 2ª semana de Pascua

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Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

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TEMA CENTRAL: El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre, aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Romanos 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.


PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 23-31

En aquellos días, puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los Jefes de los sacerdotes y los Ancianos.

Cuando lo oyeron, todos a una voz oraron a Dios diciendo: “Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. Tú por el Espíritu Santo pusiste en boca de David, tu siervo, estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos traman planes vanos? Los reyes de la tierra se reúnen y los jefes se unen en alianza contra el Señor y contra su Mesías.

Porque verdaderamente en esta ciudad se unieron Herodes y Poncio Pilato con las naciones y la muchedumbre de Israel contra Jesús, tu santo siervo, a quien ungiste; realizando así lo que en tu poder y sabiduría habías dispuesto en tus planes.

Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu palabra con toda valentía. Manifiesta tu poder, realizando curaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús”.

Cuando terminaron su oración tembló el lugar donde estaban reunidos y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la palabra de Dios.

SALMO 2, 1-3. 4-6. 7-9

¿Para qué meten ruido las naciones, y los pueblos se quejan sin motivo? Se levantan los reyes de la tierra, y sus jefes conspiran en contra del Señor y su elegido. ¡Vamos, rompamos sus cadenas y su yugo quebremos!

Aquel que es rey del cielo sonríe, mi Dios se burla de ellos. Luego les habla con enojo, y los asusta con su rabia: “Ya tengo consagrado yo a mi rey en Sión, mi monte santo”.

Anunciaré el decreto del Señor pues él me ha dicho: “Tú eres hijo mío; hoy te he dado a la vida. Pídeme y serán tu herencia las naciones, tu propiedad los confines de la tierra. Las podrás aplastar con vara de hierro y romperlas como cántaro de greda”.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Colosenses 3, 1

Así pues, si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha de Dios; piensen en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Aleluya.

Nota: A partir de hoy, durante todo el tiempo pascual, se proclamará el evangelio de san Juan. Todos los días, exceptuando algunos evangelios de los domingos. A los interesados me atrevería a recomendarles el comentario del P. Secundino Castro Sánchez, ocd., profesor de la Universidad Pontificia Comillas: Evangelio de Juan. DDB, 2008.

EVANGELIO: Juan 3, 1-8

Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Éste fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Rabbí, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él”.

Jesús le contestó: “En verdad te digo, nadie puede ver el reino Dios si no nace de nuevo, de arriba”. Nicodemo le dijo: “¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer de nuevo?”

Jesús le contestó: “En verdad te digo; el que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.

No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo, de arriba. El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu”.


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ESTIMADO HERMANO, APRECIADA HERMANA,

tómate un tiempo hoy para orar el mensaje precedente: Hay que nacer de nuevo. En efecto, gracias al bautismo hemos nacido de arriba: Desde entonces somos una nueva criatura en Cristo.

El Padre nos ha recreado en Cristo, el nuevo Adán, por el poder del Espíritu creador y vivificador. Somos, por tanto, una creación nueva en Cristo, para alabanza de su gloria. Nos ha hecho hijos suyos, nos ha marcado en la frente; ya no podemos pecar.

Somos nación santa, pueblo de su propiedad, pueblo sacerdotal. Tenemos que ser sal de la tierra y luz del mundo. Nada más, pero tampoco nada menos que eso. Porque así lo dispuso Dios.

¿Qué podemos hacer para que se cumplan los planes de Dios manifestados en Cristo en los últimos tiempos?

Sencillamente creer en Cristo y dejar actuar a Dios en nosotros. Ofrecerle nuestro barro para que él lo moldee, entregarle nuestra vasija para que la rompa si es necesario y la haga nueva. Dejarnos empapar del agua viva como tierra reseca que recibe agradecida la lluvia del Espíritu.

¿Qué más?

Disponernos para ver las obras que Dios quiere realizar en nosotros, y bendecirlo por los prodigios que ha hecho, por los que hace y por lo que hará. El gozo en Dios y la alabanza a su gloria serán nuestra fortaleza. Vino nuevo, en odres nuevos. Debemos permanecer en la espera contemplativa de Dios para ver cómo el desierto se transforma en vergel.

¿No lo notáis? Mirad que hago nuevas todas las cosas.

Ven, Señor Jesús. Ven, Espíritu divino, padre amoroso del pobre; ven, en tus dones espléndido. Mira nuestra poquedad si tú nos dejas. Ven, dulce huésped del alma. Ven, y habita en nosotros. Amén. Aleluya.

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De los sermones de san Agustín, obispo
Cantemos al Señor el cántico del amor

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se nos ha exhortado a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. Cantar es expresión de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de amor.

De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico nuevo. De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida nueva.

El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo, porque pertenece al Testamento nuevo.

Todo hombre ama; nadie hay que no ame; pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a que elijamos lo que hemos de amar. ¿Pero, cómo vamos a elegir si no somos primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero?

Oíd al apóstol Juan: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Trata de averiguar de dónde le viene al hombre poder amar a Dios, y no encuentras otra razón sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle.

Escuchad al apóstol Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de Dios, dice, ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues ¿de quién? Del Espíritu Santo que se nos ha dado.

Por tanto, teniendo una gran confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado. Oíd a Juan que dice más claramente aún: Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. No basta con decir: El amor es de Dios. ¿Quién de vosotros sería capaz de decir: Dios es amor? Y lo dijo quien sabía lo que se traía entre manos.

Dios se nos ofrece como objeto total y nos dice: “Amadme, y me poseeréis, porque no os será posible amarme si antes no me poseéis”.

¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los regenerados y nacidos en Cristo! Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico nuevo. “Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí cantáis. Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta.

Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Preguntáis qué es lo que vais a cantar de aquel a quién amáis? Porque sin duda queréis cantar en honor de aquel a quien amáis; preguntáis qué alabanzas vais a cantar de él. Ya lo habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo.

¿Preguntáis qué alabanzas debéis cantar? Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. La alabanza del canto reside en el mismo cantor.

¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente.

(Sermón 34, 1-3, 5-6: CCL 41, 424-426)


Maná y Vivencias Pascuales (8), 28.4.19

abril 27, 2019

Domingo de la Octava de Pascua o Segundo Domingo de Pascua, Ciclo C

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

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¡Jesús, confío en ti! Llamada a la conversión y a la vida en abundancia

¡Jesús, confío en ti! Llamada a la conversión y a la vida en abundancia

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Antífona de entrada: 1 Pedro 2, 2

Como niños recién nacidos, deseen una leche pura y espiritual que los haga crecer hacia la salvación. Aleluya.


Oración colecta

Dios de misericordia infinita, que reafirmas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 5, 12-16- “Crecía el número de creyentes”

Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a las plazas, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.

Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados.

SALMO 117, 2-4. 16ab-18. 22-24

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: Eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: Eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: Eterna es su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: Sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

SEGUNDA LECTURA: Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19 . “Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos”

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.

El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como de trompeta que decía: «Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las
siete iglesias».

Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro.

Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome: «No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto».


Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

Porque me has visto, Tomás, has creído, –dice el Señor– . Dichosos los que crean sin haber visto.


EVANGELIO: Juan 20, 19-31 – “A los ocho días, llegó Jesús”

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegria al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.


Antífona de comunión: Juan 20, 27

Jesús dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.

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VIVENCIAS PASCUALES (8)

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Misericordina

Misericordina, remedio de la gracia divina para el creyente. ¡Jesús es mi Señor!

Este domingo es un domingo especial por completar la Octava de Pascua; broche de oro de la gran fiesta de la Iglesia comenzada en la solemne Vigilia Pascual y prolongada, como un solo día, hasta este domingo.

Espiritualidad pascual de la Oración colecta

Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales; acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido. Por nuestro Señor.

NOTA: Nos unimos a todas las personas devotas del Señor de la Divina Misericordia. Recordamos con cariño a san Juan Pablo II, bendecido especialmente en los últimos días de su vida. El Señor siga estando grande con todos nosotros, que somos pecadores, pero que confiamos en su Divina Misericordia. Él dijo: Nadie me quita la vida; la entrego libremente; para que vosotros tengáis vida en abundancia.

Le agradecemos al Papa Francisco la convocatoria del Jubileo de la Misericordia, cuya Bula Misericordiae Vultus hizo pública el 11 de abril de 2015. Que este año de gracia sea una bendición para toda la Iglesia y para el mundo entero. Gracias, Señor Jesús.

Comentario de san Agustín a Jn 20,19-31:

Quería creer con los dedos

Escuchasteis cómo el Señor alaba a los que creen sin haber visto por encima de los que creen porque han visto y hasta han podido tocar. Cuando el Señor se apareció a sus discípulos, el apóstol Tomás estaba ausente; habiéndole dicho ellos que Cristo había resucitado, les contestó: Si no meto mi mano en su costado, no creeré (Jn 20, 25).

¿Qué hubiese pasado si el Señor hubiese resucitado sin las cicatrices? ¿O es que no podía haber resucitado su carne sin que quedaran en ella rastro de las heridas? Lo podía; pero si no hubiese conservado las cicatrices en su cuerpo, no hubiera sanado las heridas de nuestro corazón. Al tocarle lo reconoció. Le parecía poco el ver con los ojos; quería creer con los dedos. «Ven -le dijo-, mete aquí tus dedos, no suprimí toda huella, sino que dejé algo para que creyeras; mira también mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (ib., 27).

Tan pronto como le manifestó aquello sobre lo que aún le quedaba duda, exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» (ib., 28). Tocaba la carne y proclamaba la divinidad. ¿Qué tocó? El cuerpo de Cristo. ¿Acaso el cuerpo de Cristo era la divinidad de Cristo? La divinidad de Cristo era la Palabra; la humanidad, el alma y la carne. Él no podía tocar ni siquiera el alma, pero podía advertir su presencia, puesto que el cuerpo, antes muerto, se movía ahora vivo.

Aquella Palabra, en cambio, ni cambia ni se la toca, ni decrece ni acrece, puesto que en el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (Jn 1, 1). Esto proclamó Tomás; tocaba la carne e invocaba la Palabra, porque la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14).

(Sermón 145).

Sermón de san Agustín en la octava de Pascua:

La nueva creación en Cristo

Homilía dirigida a los bautizados en la Vigilia Pascual.

Me dirijo a vosotros, niños recién nacidos, párvulos en Cristo, nueva prole de la Iglesia, gracia del Padre, fecundidad de la Madre, retoño santo, muchedumbre renovada, flor de nuestro honor y fruto de nuestro trabajo, mi gozo y mi corona, todos los que perseveráis firmes en el Señor.

Me dirijo a vosotros con las palabras del Apóstol: vestíos del Señor Jesucristo, y que el cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos, para que os revistáis de la vida que se os ha comunicado en el sacramento. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo, os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús.

En esto consiste la fuerza del sacramento: en que es el sacramento de la vida nueva, que empieza ahora con la remisión de todos los pecados pasados y que llegará a su plenitud con la resurrección de los muertos. Por el bautismo fuisteis sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos, así también andéis vosotros en una vida nueva.

Pues ahora, mientras vivís en vuestro cuerpo mortal, desterrados lejos del Señor, camináis por la fe; pero tenéis un camino seguro que es Cristo Jesús en cuanto hombre, el cual es al mismo tiempo el término al que tendéis, quien por nosotros ha querido hacerse hombre. Él ha reservado una inmensa dulzura para los que le temen y la manifestará y dará con toda plenitud a los que esperan en él, una vez que hayamos recibido la realidad de lo que ahora poseemos sólo en esperanza.

Hoy se cumplen los ocho días de vuestro renacimiento: y hoy se completa en vosotros el sello de la fe, que entre los antiguos padres se llevaba a cabo en la circuncisión de la carne a los ocho días del nacimiento carnal.

Por eso mismo, el Señor al despojarse con su resurrección de la carne mortal y hacer surgir un cuerpo, no ciertamente distinto, pero sí inmortal, consagró con su resurrección el domingo, que es el tercer día después de su pasión y el octavo contado a partir del sábado; y, al mismo tiempo, el primero.

Por esto, también vosotros, ya que habéis resucitado con Cristo –aunque todavía no de hecho, pero sí ya en esperanza cierta, porque habéis recibido el sacramento de ello y las arras del Espíritu–, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis juntamente con él, en gloria. (Sermón 8, en la octava de Pascua, 1, 4: PL 46, 838.841).


Maná y Vivencias Pascuales (7), 27.4.19

abril 27, 2019

Sábado de la Octava de Pascua

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¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto

¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto…

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS: Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 104, 43

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de júbilo. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 13-21 – “No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído”

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, se sorprendieron y descubrieron que habían sido compañeros de Jesús.

Pero, viendo junto a ellos al hombre que habían curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar:

– «¿Qué vamos a hacer con esta gente? Es evidente que han hecho un milagro: lo sabe todo Jerusalén, y no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos que vuelvan a mencionar a nadie ese nombre»

Los llamaron y les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan replicaron:

– «¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído»

Repitiendo la prohibición, los soltaron. No encontraron la manera de castigarlos, porque el pueblo entero daba gloria a Dios por lo sucedido.

SALMO 117, 1.14-15.16-18.19-21

Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. El Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.

La diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Salmo 117, 24

Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Marcos 16, 9-15 – “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:

– «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Gálatas 3, 27

Todos ustedes al ser bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Aleluya.

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Clave hermenéutica o de interpretación de la lectura evangélica

San Marcos hace una valoración muy crítica de los personajes principales. En este caso de los Once. Les echa en cara su incredulidad y dureza de corazón.

Por el contrario presenta como modelos de fe a los personajes secundarios que, aquí, dan testimonio de Jesús que se les ha aparecido y que está vivo. Los Once no les dan crédito.

Con este recurso, Marcos nos ofrece la posibilidad de identificarnos con las debilidades de los personajes principales, de los Once, para que crezcamos en la fe y nos sintamos acogidos por la misericordia de Dios, y la comprensión del Maestro. Porque éste sigue confiando en ellos.

Más aún: los envía al mundo como testigos, aunque no tienen merecimientos. Se resalta así la total gratuidad de la vida cristiana y de la misión evangelizadora. El protagonista y el actor principal es Dios a través de su Espíritu; los evangelizadores son instrumentos en manos en Dios.

Hermano, agradece a Dios que sigue confiando en ti, que opta por ti, a pesar de tus debilidades y pecados, o precisamente por ellos. Su plan de salvación irá adelante, le pese a quien le pesare.

Pide que tú seas de los más dóciles colaboradores de Cristo Resucitado que sigue salvando a los hombres de hoy con la fuerza de su Espíritu. Amén.

Del comentario de san Beda el Venerable, presbítero,
sobre la primera carta de san Pedro

Raza elegida, Sacerdocio real

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real. Este título honorífico fue dado por Moisés en otro tiempo al antiguo pueblo de Dios, y ahora con todo derecho Pedro lo aplica a los gentiles, puesto que creyeron en Cristo, el cual, como piedra angular, reunió a todos los pueblos en la salvación que, en un principio, había sido destinada a Israel.

Y los llama raza elegida a causa de la fe, para distinguirlos de aquellos que, al rechazar la piedra angular, se hicieron a sí mismos dignos de rechazo.

Y sacerdocio real porque están unidos al cuerpo de aquel que es rey soberano y verdadero sacerdote, capaz de otorgarles su reino como rey, y de limpiar sus pecados como pontífice con la oblación de su sangre.

Los llama sacerdocio real para que no se olviden nunca de esperar el reino eterno y de seguir ofreciendo a Dios el holocausto de una vida intachable.

Se les llama también nación consagrada y pueblo adquirido por Dios, de acuerdo con lo que dice el apóstol Pablo comentando el oráculo del Profeta: Mi justo vivirá de fe, pero, si se arredra, le retiraré mi favor.

Pero nosotros, prosigue, no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma. Y en los Hechos de los apóstoles dice: El Espíritu Santo os ha encargado guardar el rebaño, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Nos hemos convertido, por tanto, en pueblo adquirido por Dios en virtud de la sangre de nuestro Redentor, como en otro tiempo el pueblo de Israel fue redimido de Egipto por la sangre del cordero.

Por esto Pedro recuerda en el versículo siguiente el sentido figurativo del antiguo relato, y nos enseña que éste tiene su cumplimiento pleno en el nuevo pueblo de Dios, cuando dice: Para proclamar sus hazañas.

Porque así como los que fueron liberados por Moisés de la esclavitud egipcia cantaron al Señor un canto triunfal después que pasaron el mar Rojo, y el ejército del Faraón se hundió bajo las aguas, así también nosotros, después de hacer recibido en el bautismo la remisión de los pecados, hemos de dar gracias por estos beneficios celestiales.

En efecto, los egipcios, que afligían al pueblo de Dios, y que por eso eran como un símbolo de las tinieblas y aflicción, representan adecuadamente los pecados que nos perseguían, pero que quedan borrados en el bautismo.

La liberación de los hijos de Israel, lo mismo que su marcha hacia la patria prometida, representa también adecuadamente el misterio de nuestra redención: caminamos hacia la luz de la morada celestial, iluminados y guiados por la gracia de Cristo.

Esta luz de la gracia quedó prefigurada también por la nube y la columna de fuego; la misma que los defendió, durante todo su viaje, de las tinieblas de la noche, y los condujo, por un sendero inefable, hasta la patria prometida (Cap. 2: PL 93, 50-51).

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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarme: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”

 


VOX es un partido tan legítimo a la hora de votar como otros partidos… Es una opción más entre las posibles.

abril 26, 2019

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VOX es un partido tan legítimo a la hora de votar como otros partidos… Es una opción más entre las posibles.

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Redactor cope.es
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Las elecciones generales del próximo 28 de abril tienen como uno de sus principales focos de interés el resultado final del partido VOX. La formación de Santiago Abascal concurre a estos comicios con un estudio reciente que lo ubica como la tercera fuerza política.

Además de su presencia en otras publicaciones demoscópicas, la formación llamada de “ultraderecha” comparece con los resultados de las elecciones andaluzas.

La formación de Santiago Abascal ha jugado un papel clave en el cambio de gobierno de la Junta de Andalucía. A VOX se le augura en estos comicios, entre otras suertes, la de jugar el papel de apoyar la coalición entre el Partido Popular y Ciudadanos para repetir el escenario andaluz en la política nacional.

La defensa de la vida, del modelo natural de la familia o de la libertad de elección del modelo educativo por parte de los padres, son principios presentes en su programa electoral que pueden atraer el voto de los católicos, que no el “voto católico”.

La postura sobre la inmigración de VOX, por otra parte, puede causar recelo. Ese contraste es el que analiza José Francisco Serrano Oceja en su libro “A la caza del voto católico” (Fresbook, marzo, 2019)

“VOX no es la derecha sin Dios ni la derecha con Dios”

Esos principios suenan acordes con los transmitidos por Benedicto XVI como “principios innegociables” para hacer reflexionar a todo el espectro electoral, confesional y no confesional.

Sin embargo, el periodista y Doctor en Ciencias de la Información, recuerda que VOX es una formación “que en ninguno de sus textos fundacionales hace referencia al humanismo cristiano”.

Ningún partido cumple con las exigencias del Evangelio

Serrano Oceja explica otro escenario posible ante la irrupción de VOX al que puede enfrentarse un católico a la hora de votar y de decidir. Expone la decisión del “voto de castigo” al Partido Popular o de un voto a VOX para ubicarlo como la clave para la formación de gobierno, como ocurrió en Andalucía con sus 12 escaños .

Ante esa tesitura, advierte de que “VOX no es la derecha sin Dios ni la derecha con Dios” y que ningún partido cumple con las exigencias del Evangelio.

Con su libro, pretende aportar “una ayuda personal a la hora de hacerse una idea más adecuada de cuál es el voto que satisfaga las demandas de los católicos, como también para el debate público”.

Un aspecto “peliagudo” de VOX

El escritor y pensador también expone un aspecto “peliagudo” de la formación de Santiago Abascal: la postura sobre la inmigración.

En sus “100 medidas para la España viva”, se establece, entre otros puntos, la deportación de los inmigrantes en situación de ilegalidad o la imposibilidad de por vida de esos inmigrantes de legalizar su condición. Ello implica, dicen en su programa, la imposibilidad de acceso a ayudas.

El establecimiento de cuotas de origen privilegiadas y la revocación de lo que consideran “pasarelas rápidas” de adquisición de la nacidad son otras de las propuestas que integran el capítulo de inmigración de VOX.

¿Qué dice la Iglesia sobre la inmigración?

La Iglesia católica recuerda en el punto 2.241 del Catecismo el deber de “las naciones más prósperas de acoger, en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen”.

Del mismo modo, el compromiso de “las autoridades de velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben”.

No obstante, también contiene este punto el control de las migraciones, en lo relacionado con los “deberes de los emigrantes respecto al país de adopción”.

Al igual que se expone el deber de los países de acoger, se lee el del inmigrante de “respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas”.

El Papa Francisco tiene en el fenómeno de la inmigración una de sus principales preocupaciones. Tanto es así, que invitó a los católicos españoles que la rechazan a leer el Evangelio y ser coherentes. También ha proclamado muchos discursos en defensa de la dignidad de estas “personas migrantes”.

En la Biblia se encuentran varias referencias a la inmigración, entre ellas, el recordatorio de que el pueblo de Israel también, o el propio Jesús, lo fueron.

La Iglesia en España también se ha pronunciado en esta línea. El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello, incluía el reconocimiento de la dignidad humana de la que parte el deber de la acogida del otro en su decálogo de cara a las elecciones. Invitaba a que los políticos buscasen, en las causas de este fenómeno, sus posibles soluciones.

Otras organizaciones y entidades de la Iglesia, como Cáritas, o la HOAC, y muchas órdenes y carismas que trabajan con los inmigrantes, velan y trabajan por su acogida.

VOX ante el votante, católico o no católico, una opción más

Serrano Oceja reivindica que el voto de los católicos es un voto plural y un voto libre. De la misma manera, recalca que la Iglesia católica nunca ha dicho a qué partido deben votar sus fieles. Por lo tanto, VOX se convierte en una opción más para el voto, que no define al católico.

“Un católico debe tener claro qué propone un partido en su conjunto, no sólo fijarse en aspectos parciales”

Lo que sí pide el autor de “A la caza del voto católico”, es una visión de conjunto sobre las propuestas de los partidos políticos.

“Es un partido que se está haciendo y que se va a seguir haciendo y, a la hora de votar un católico a cualquier partido político, debe tener claro qué es lo que propone en su conjunto, y no sólo fijarse en aspectos parciales de ese partido”.

Para el periodista, “VOX es un partido tan legítimo a la hora de votar como otros partidos que, lógicamente aceptan el juego democrático y que no han sido declarados inconstitucionales. Es una opción más entre las posibles”.

https://www.cope.es/religion/actualidad-religiosa/iglesia-en-espana/noticias/vox-partido-para-los-catolicos-20190426_402232


Maná y Vivencias Pascuales (6), 26.4.19

abril 26, 2019

Viernes de la Octava de Pascua

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Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis

Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis



ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 77, 53

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 1-12 – “Fuera de Jesús no hay salvación”

En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Les echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente.

Muchos de los que habían oído el discurso, unos cinco mil hombres, abrazaron la fe.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; entre ellos el sumo sacerdote Anás, Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a Pedro y a Juan y los interrogaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?»

Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos».

SALMO 117, 1-2.4.22-24.25-27a – “Este es el día en que actuó el Señor”.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Salmo 117, 24

Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 21, 1-14 – “Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio a sus discípulos, y también el pescado”.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar».
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No»

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.

Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua.

Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Juan 21, 12-13

Jesús dijo a sus discípulos: Vamos, comed. Y tomó el pan y se lo dio. Aleluya.

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Clave interpretativa y aplicación a nuestra vida

El texto refleja las vicisitudes de la comunidad cristiana primitiva que se siente enviada a la misión y a la evangelización de todos los pueblos.

Destaca la figura de Pedro y la colaboración de los demás discípulos, la experiencia de la ausencia de Jesús, “la noche”, el “mar” del mundo, la universalidad de la misión -153 pescados-, la presencia del Resucitado, y la Eucaristía.

Pedro, arropado por sus compañeros, vuelve a sus labores habituales. Está nostálgico de la relación amistosa con Jesús, triste por haberle negado, deseoso de algo, no sabe de qué… Porque ya no es el mismo de antes. No puede borrar a Jesús de su mente, de sus sentidos, de su corazón.

En esto, aparece un personaje extraño, a lo lejos, un fantasma, una señal de que Jesús está vivo… Le ayuda a descubrirlo el discípulo amado.

Pedro, no se lo piensa dos veces, se lanza al agua, nada casi desesperado, se siente atraído como por un imán hacia Jesús, nada hasta la orilla, hacia ese extraño que cree que le está mirando, le está atrayendo, seduciendo.

¡Era cierto, el Maestro estaba vivo, no podía ser de otra manera, era imposible que todo acabara en el sepulcro, no, era verdad, estaba vivo! Se arrojó a sus pies y los besó.

Quería estar a su lado, reencontrarlo, convencerse de que no estaba loco, de que era verdad lo que veía y sentía. Quería tenerlo cerca, besar sus llagas, llorar en su regazo, pedirle perdón de todo corazón, sentir su perdón, una y otra vez.

También tú y yo, queremos estrenar un corazón nuevo en esta Pascua, queremos dejarnos llevar de la corazonada de pensar, creer y sentir que Cristo está vivo, que ya no somos los mismos de antes, que la vida puede y deber ser de otra manera…

Queremos creer, queremos ir más allá del fantasma de la rutina, tocar las heridas de Jesús, pedir perdón, agradecer a Jesús que ha venido al mundo, que nos ha amado hasta el extremo, que ha sido fiel y paciente, que se ha dejado maltratar hasta morir en la cruz para que nosotros entendamos las Escrituras, los planes del Padre, el amor de la Trinidad santísima…

El amor del Padre que nos ha entregado a su propio Hijo; la humildad y sumisión del Hijo que nos ha amado hasta el extremo: ¿qué más podía hacer por nosotros?

Y la inspiración del Espíritu que nos testimonia la bondad del Padre y la solidaridad del Hijo, que nos reanima y consuela con la certeza de que nuestros pecados son perdonados, que nos llena de la santa unción de la alegría y del gozo en Dios.

Y todo esto porque a Dios le pareció bien, para alabanza de su gloria. Aleluya. El gozo en el Señor sea nuestra fortaleza. Aleluya.

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Comentario de Alessandro Pronzato

“Jesús se presenta por la mañana, en la playa. Es el alba de un nuevo día. Pero los discípulos, concentrados en su trabajo, encerrados en su esfuerzo, no le reconocieron.

Muchachos, ¿habéis pescado algo? La llamada interrumpe un trabajo infructuoso, les hace conscientes de su fracaso.

Si no queremos trabajar en vano, es necesario que Jesús nos enseñe continuamente el oficio. Los apóstoles estaban convencidos de que pescar era asunto suyo. Se consideraban expertos.

Pero a través del fracaso descubren que han de dejar que Jesús les indique el estilo y el modo: Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis algo”.

Dios nos libre de creernos que lo sabemos todo, que ya somos expertos. Que la humildad y la llamada constante del Señor nos mantenga siempre en la condición y en la actitud de aprendices.

No llevamos nosotros la parroquia, el colegio, la misión… sino que es Jesús quien lo lleva todo, y nosotros “colaboramos”, nada más. Él diálogo constante con él nos librará del activismo, de la ansiedad y de la rutina y la vaciedad.

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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ÉL ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”

5) ¿Cómo experimentar la infinita misericordia de Dios para poder irme a descansar en paz, abandonado en Dios, mi padre amoroso?


Maná y Vivencias Pascuales (5), 25.4.19

abril 25, 2019

Jueves de la Octava de Pascua

 

Para que se cumplieran las Escrituras. Como estaba anunciado. Tal como estaba escrito.

Para que se cumplieran las Escrituras. Como estaba anunciado. Tal como estaba escrito.

 

CREER EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS

Clave de interpretación y gracia de Dios, fundamental para poder creer: “Cumplimiento de las Escrituras” en la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús.

Esta gracia de Dios que abre la mente de los discípulos de Jesús para entender las Escrituras genera la fe personal dentro de una comunidad y en contacto vital con ella. A la vez, y de manera inmediata, Dios crea el nuevo Israel, la Iglesia: un nuevo pueblo de reyes y sacerdotes, de profetas y de hijos de Dios.

La característica fundamental, imprescindible y suficiente, de los miembros del nuevo pueblo de Dios será su condición de testigos. Todos serán enseñados por el Espíritu de Dios, y entre ellos serán hermanos y testigos de una experiencia de Dios, única y total que no podrán dejar de proclamar ante todos los pueblos.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.


Oración colecta

Oh Dios, que has reunido pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede a los que han renacido en la fuente bautismal, una misma fe en su espíritu y una misma caridad en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos 3, 11-26 “Ustedes le dieron muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos”.

En aquellos días, el hombre paralítico que había sanado no se apartaba de Pedro ni de Juan, de manera que todo el pueblo, asombrado, corrió junto a ellos al pórtico llamado de Salomón.

Pedro, al ver la gente reunida, les dijo: “Israelitas, ¿por qué se admiran de esto?, ¿por qué nos miran asombrados? ¿Acaso le hicimos andar por nuestro propio poder o por nuestra santidad?

El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron y a quien negaron ante Pilato, cuando éste quería ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo y pidieron como una gracia la libertad de un asesino, mientras que al Señor de la vida lo hicieron morir.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su Nombre ha sido sanado este hombre que ustedes ven y conocen. Es, pues, la fe la que lo ha restablecido totalmente delante de todos ustedes.

Yo sé, hermanos, que actuaron así por ignorancia al igual que sus jefes. Pero Dios cumplió de esta manera lo que había anunciado por intermedio de todos los profetas: que su Cristo padecería.

Arrepiéntanse entonces y conviértanse, para que todos sus pecados sean borrados. Y así el Señor hará venir los tiempos del alivio enviando al Cristo que les ha sido destinado. Este Cristo es Jesús que ha de permanecer en el cielo, hasta que llegue el momento de la restauración del mundo, de la cual Dios habló por intermedio de sus santos profetas.

Moisés así lo dijo: El Señor Dios les hará surgir un profeta como yo de entre sus hermanos. Escuchen todo lo que él les va a decir. Todo el que no escuche a ese profeta será eliminado del pueblo.

Y todos los profetas que desde Samuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días.

Ustedes son los hijos de los profetas y de los hombres con los cuales Dios pactó la alianza al decir a Abrahán: En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. Para ustedes primeramente, Dios ha resucitado a su Servidor y lo ha enviado para que los bendiga, apartándose cada uno de sus actos malos”.

SALMO 8, 2a.5.6-7.8-9

“¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!”

¡Oh Señor, nuestro Dios, qué glorioso tu nombre por la tierra! ¿Quién es el hombre, para que te acuerdes de él, el hijo de Adán, para que de él cuides?

Apenas inferior a un dios lo hiciste, coronándolo de gloria y grandeza; le entregaste las obras de tus manos, bajo sus pies has puesto cuanto existe.

Ovejas y bueyes todos juntos, como también las fieras salvajes, aves del cielo y peces del mar que andan por las sendas de los mares.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 20, 29

Tomás, tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 24, 35-48 – “Está escrito que Cristo tenía que padecer y tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día”

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos. Les dijo: «Paz a ustedes».

Estaban atónitos y asustados, pensando que veían a algún espíritu. Pero les dijo: «¿Por qué se asustan tanto, y por qué les vienen estas dudas?” Miren mis manos y mis pies; soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo».

Y al mismo tiempo les mostró sus manos y sus pies. Y como en medio de tanta alegría no podían creer y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?».

Ellos le ofrecieron un pedazo de pescado asado, y él lo tomó y comió ante ellos. Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba entre ustedes. Tenía que cumplirse lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos respecto a mí».

Entonces les abrió la mente para que lograran entender las Escrituras, y les dijo: «Esto estaba escrito: los sufrimientos de Cristo, su resurrección de entre los muertos al tercer día, y la predicación que ha de hacerse en su nombre a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, invitándolas a que se conviertan y sean perdonadas de sus pecados. Y ustedes son testigos de todo esto”.


ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Mateo 28, 20

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya
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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:

POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a trasmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?

POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?


Maná y Vivencias Pascuales (4), 24.4.19

abril 24, 2019

Miércoles de la Octava de Pascua

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Sentado a la mesa con ellos, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio

Sentado a la mesa con ellos, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio



Oración colecta

¡Oh Dios!, que todos los años nos alegras con la solemnidad de la resurrección del Señor; concédenos, a través de la celebración de estas fiestas, llegar un día a la alegría eterna. Por nuestro Señor.

Antífona de entrada:

Estos santos varones han sido escogidos por Dios en su infinito amor y han recibido de Él la gloria eterna. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 3, 1-10 – “Te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesús, camina”

Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres de la tarde. Había allí un hombre tullido de nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada “Puerta Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban.

El inválido, al ver a Pedro y Juan que entraban al Templo, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada y le dijo: «Míranos».

El tullido los miró fijamente, esperando recibir algo. Pedro entonces le dijo: «No tengo oro ni plata; pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo de Nazaret, camina». Y lo tomó de la mano derecha, lo levantó.

Inmediatamente sus tobillos y sus pies recuperaron la fuerza, y de un salto se puso de pie y caminó. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.

Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios. Lo reconocían como el tullido que pedía limosna junto a la Puerta Hermosa del Templo, y quedaron asombrados y maravillados por lo que había sucedido.

SALMO 104, 1-2.3-4.6-7.8-9

Que se alegren los que buscan al Señor.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 14, 6. 9

Yo soy el camino, la verdad y la vida, dice el Señor. Felipe, el que me ve a mí, ve también al Padre.

EVANELIO: Lucas 24, 13-35 – “Lo reconocieron al partir el pan”

Ese mismo día, dos discípulos iban de camino a un pueblecito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén, conversando de todo lo que había pasado.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo les impedía reconocerlo. Jesús les dijo: “¿Qué es lo que van conversando juntos por el camino?”

Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo, así que tú eres el único peregrino en Jerusalén que no sabe lo que pasó en estos días?”. “¿Qué pasó?”, preguntó Jesús.

Le contestaron: «Todo ese asunto de Jesús Nazareno. Este hombre se manifestó como profeta poderoso en obras y en palabras, aceptado tanto por Dios como por el pueblo entero. Hace unos días, los jefes de los sacerdotes y los jefes de nuestra nación lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz.

Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel; pero a todo esto van dos días que sucedieron estas cosas. En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron sorprendidos. Fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron a contarnos que se les habían aparecido unos ángeles que decían que estaba vivo.

Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes y cuánto les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó todo lo que las Escrituras decían sobre él. Cuando ya estaban cerca del pueblo al que ellos iban, él aparentó seguir adelante. Pero ellos le insistieron, diciéndole: «Quédate con nosotros, porque cae la tarde y se termina el día».

Entró entonces para quedarse con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron pero ya había desaparecido.

Se dijeron uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Éstos les dijeron: “¡Es verdad! El Señor resucitó y se dejó ver por Simón”.

Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan.

Antífona de comunión: Juan 14, 8-9

Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto también a mi Padre. Aleluya.

San Anastasio de Antioquía

Era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria.

Después que Cristo se había mostrado, a través de sus palabras y sus obras, como Dios verdadero y Señor del universo, decía a sus discípulos, a punto ya de subir a Jerusalén: Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los gentiles y a los sumos sacerdotes y a los escribas, para que lo azoten, se burlen de él y lo crucifiquen.

Esto que decía estaba de acuerdo con las predicciones de los profetas, que habían anunciado de antemano el final que debía tener en Jerusalén.

Las sagradas Escrituras habían profetizado desde el principio la muerte de Cristo y todo lo que sufriría antes de su muerte; como también lo que había de suceder con su cuerpo, después de muerto; con ello predecían que este Dios, al que tales cosas acontecieron, era impasible e inmortal; y no podríamos tenerlo por Dios, si, al contemplar la realidad de su encarnación, no descubriésemos en ella el motivo justo y verdadero para profesar nuestra fe en ambos extremos; a saber, en su pasión y en su impasibilidad; como también el motivo por el cual el Verbo de Dios, por lo demás impasible, quiso sufrir la pasión: porque era el único modo como podía ser salvado el hombre.

Cosas, todas éstas, que sólo las conoce él y aquellos a quienes él se las revela; él, en efecto, conoce todo lo que atañe al Padre, de la misma manera que el Espíritu sondea la profundidad de los misterios divinos.

El Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin inteligencia y cortos de entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria.

Porque él, en verdad, vino para salvar a su pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiese; y esta salvación es aquella perfección que había de obtenerse por medio de la pasión, y que había de ser atribuida al guía de nuestra salvación, como nos enseña la carta a los Hebreos, cuando dice que él es el guía de nuestra salvación, perfeccionado y consagrado con sufrimientos.

Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es restituida a través de la cruz en la misma carne que había asumido;

dice, en efecto, san Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que dijo el Salvador que manaría como un torrente de las entrañas del que crea en él. Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado;aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz.

Por eso el Señor, en la oración que dirige al Padre antes de la pasión, le pide que lo glorifique con aquella gloria que tenía junto a él, antes que el mudo existiese (Sermón 4, 1-2: PG 89, 1347-1349)


Maná y Vivencias Pascuales (3), 23.4.19

abril 23, 2019

Martes de la Octava de Pascua

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Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quien buscas?

Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?

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CLAVE DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL: Oración colecta

Tú, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual, continúa favoreciendo con dones celestes a tu pueblo, para que alcance la libertad verdadera y pueda gozar de la alegría del cielo, que ya ha empezado a gustar en la tierra.


Antífona de entrada: Eclesiástico 15, 3-4

El Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se apoyarán en Él y no vacilarán. Él los llenará de gloria eternamente. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 2, 36-41. “Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo“.

El díade Pentecostés decía Pedro a los judíos: «Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús, a quien ustedes crucificaron».

Al oír esto, se afligieron profundamente. Dijeron, pues, a Pedro y a los demás apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?”

Pedro les contestó: «Conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo, para que sus pecados sean perdonados. Y Dios les dará el Espíritu Santo; porque la promesa es para ustedes y para sus hijos, y para todos los extranjeros a los que el Señor llame”.

Con estas y otras muchas palabras les hablaba y les invitaba con insistencia: «Sálvense de esta generación malvada». Los que creyeron fueron bautizados y en aquel día se les unieron alrededor de tres mil personas.

SALMO 32, 4-5.18-19.20.22

La misericordia del Señor llena la tierra.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperarnos de ti.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 117, 24

Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo.

EVANGELIO: Juan 20, 11-18 – “He visto al Señor y me ha dado este mensaje”.

María estaba llorando afuera, cerca del sepulcro. Mientras lloraba se agachó sobre el sepulcro, y vio a dos ángeles de blanco, sentados, uno a la cabecera y el otro a los pies, en donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto». Al decir, retrocedió y vio a Jesús, de pie, pero no lo reconoció.

Le dijo Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, creyendo que sería el cuidador del huerto, le contestó: «Señor, si tú lo has sacado, dime dónde lo pusiste y yo me lo llevaré».

Jesús le dice: «María». Entonces ella se dio vuelta y le dijo: «Rabboní» que en hebreo significa “maestro mío”.

«Suéltame, le dijo Jesús, pues aún no he vuelto donde mi Padre: anda a decir a mis hermanos que subo donde mi Padre, que es el Padre de ustedes; donde mi Dios que es el Dios de ustedes».

María Magdalena fue a los discípulos y les dijo: “He visto al Señor» y me ha dicho tales y tales cosas”.

Antífona de la comunión: Colosenses 3, 1-2

Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aficiónense a los bienes del cielo, no a los de la tierra. Aleluya.

Clave hermenéutica de interpretación del relato evangélico: La narración de esta aparición hay que interpretarla teniendo como fondo el Cantar de los Cantares.

Por tanto, la clave nupcial aportará una gran iluminación teológica y espiritual: Resucitado-Comunidad cristiana; Cristo-Iglesia, esposa.

Términos sugerentes son: “huerto”, “mujer”, “darse media vuelta, volverse”, “buscar”, “hortelano”, “soltar o dejar de tocar” (Cf. Secundino Castro Sánchez, ocd.: Evangelio de Juan. DDB, 2008; pp. 349-357)

 

De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos

El Aleluya pascual

No sólo vuestra voz debe alabar a Dios, sino también vuestro interior, vuestra vida

Toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y nadie puede ser idóneo de la vida futura si no se ejercita ahora en esta alabanza.

Ahora, alabamos a Dios, pero también le rogamos. Nuestra alabanza incluye la alegría, la oración, el gemido.

Es que se nos ha prometido algo que todavía no poseemos; y, porque es veraz el que lo ha prometido, nos alegramos por la esperanza; mas, porque todavía no lo poseemos, gemimos por el deseo.

Es cosa buena perseverar en este deseo, hasta que llegue lo prometido; entonces cesará el gemido y subsistirá la alabanza.

Por razón de estos dos tiempos -uno, el presente, que se desarrolla en medio de las pruebas y tribulaciones de esta vida, y el otro, el futuro, en el que gozaremos de la seguridad y la alegría perpetuas-, se ha instituido la celebración de un doble tiempo, el de antes y el de después de Pascua.

El que precede a la Pascua significa las tribulaciones que en esta vida pasamos; el que celebramos ahora, después de Pascua, significa la felicidad que luego poseeremos.

Por tanto, antes de Pascua celebramos lo mismo que ahora vivimos; después de Pascua celebramos y significamos lo que aún no poseemos.

Por esto, en aquel primer tiempo nos ejercitamos en ayunos y oraciones; en el segundo, el que ahora celebramos, descansamos de los ayunos y lo empleamos todo en alabanza. Esto significa el Aleluya que cantamos.

En aquel que es nuestra cabeza, hallamos figurado y demostrado este doble tiempo. La pasión del Señor nos muestra la penuria de la vida presente, en la que tenemos que padecer la fatiga y la tribulación, y finalmente la muerte; en cambio, la resurrección y la glorificación del Señor es una muestra de la vida que se nos dará.

Ahora, pues, hermanos, os exhortamos a la alabanza de Dios; y esta alabanza es la que nos expresamos mutuamente cuando decimos: Aleluya. “Alabad al Señor”, nos decimos unos a otros; y, así, todos hacen aquello a lo que se exhortan mutuamente.

Pero procurad alabarlo con toda vuestra persona, esto es, no sólo vuestra lengua y vuestra voz deben alabar a Dios, sino también vuestro interior, vuestra vida, vuestras acciones.

En efecto, lo alabamos ahora, cuando nos reunimos en la Iglesia; y, cuando volvemos a casa, parece que cesamos de alabarlo. Pero, si no cesamos en nuestra buena conducta, alabaremos continuamente a Dios. Dejas de alabar a Dios cuando te apartas de la justicia y de lo que a él le place.

Si nunca te desvías del buen camino, aunque calle tu lengua, hable tu conducta; y los oídos de Dios atienden a tu corazón. Pues, del mismo modo que nuestros oídos escuchan nuestra voz, así los oídos de Dios escuchan nuestros pensamientos (Salmo 148, 1 – 2: CCL 40, 2165 – 2166).


Maná y Vivencias Pascuales (2), 22.4.19

abril 22, 2019

Lunes de la Octava de Pascua

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trinidad

Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz

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TEXTO ILUMINADOR: Oración colecta.- La Iglesia, madre fecunda.

¡Oh Dios!, que siempre aumentas tu Iglesia con el nacimiento de nuevos hijos en el bautismo; concédeles ser fieles durante su vida a la fe que han recibido en el sacramento. Por nuestro Señor.

NOTA.- Durante la octava de Pascua se proclaman los relatos de las apariciones del Señor Resucitado narradas por los cuatro evangelios.

En los Hechos de los Apóstoles leemos hoy el primer discurso kerigmático, anuncio o pregón kerigmático de la comunidad apostólica, puesto en boca de Pedro, que habla en nombre de los doce.

Pedro trata de responder a la pregunta “¿Qué es esto?”, pronunciada por los que acaban de ver los prodigios realizados por los apóstoles tras recibir el Espíritu en Pentecostés. Sencillamente se trata del cumplimiento de las promesas hechas por Dios en el Antiguo Testamento:

Vendrán días en que enviaré mi Espíritu sobre toda carne, y todos me conocerán, del mayor al menor; les arrancaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne; entonces ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios; los recogeré de todas las naciones, los sacaré de sus sepulcros, los purificaré de todos sus delitos; cuando envíe mi Espíritu, los ancianos profetizarán y los jóvenes tendrán visiones; mirad que hago nuevas todas las cosas, transformaré el desierto en vergel: ¿es que no lo notáis?

Por eso concluirá Pedro diciendo: “Eso es lo que estáis viendo y escuchando”.

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Antífona de entrada: Éxodo 13, 5.9

Que la alabanza del Señor esté siempre en nuestros labios, porque el Señor nos ha introducido en la tierra prometida, tierra que mana leche y miel. Aleluya

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 2, 14.22-33
A este Jesús, Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas:

Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis.

Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.”

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que “no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción”, hablaba previendo la resurrección del Mesías.

Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, de lo cual todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.»


SALMO 15, 1-2.5.7-8.9-10.11

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.


Aclamación antes del Evangelio: Salmo 117, 24

Aleluya, aleluya. Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Mateo 28, 8-15
Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos».
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido.

Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

PREFACIO PASCUAL I. Durante la Octava de Pascua se reza así:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; PERO MÁS QUE NUNCA EN ESTE DÍA en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.

Por eso, CON ESTA EFUSIÓN DE GOZO PASCUAL, EL MUNDO ENTERO SE DESBORDA DE ALEGRÍA, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

Antífona de comunión: Romanos 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya


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