Mensaje del papa Francisco para la III Jornada Mundial de los pobres

noviembre 16, 2019

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En el corazón del Pueblo de Dios late esta fuerza salvífica, que no excluye a nadie y a todos congrega en una verdadera peregrinación de conversión para reconocer y amar a los pobres.

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
III JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, 17 de noviembre de 2019

La esperanza de los pobres nunca se frustrará

1. «La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). Las palabras del salmo se presentan con una actualidad increíble. Ellas expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida.

El salmista describe la condición del pobre y la arrogancia del que lo oprime (cf. 10,1-10); invoca el juicio de Dios para que se restablezca la justicia y se supere la iniquidad (cf. 10,14-15).

Es como si en sus palabras volviese de nuevo la pregunta que se ha repetido a lo largo de los siglos hasta nuestros días: ¿cómo puede Dios tolerar esta disparidad? ¿Cómo puede permitir que el pobre sea humillado, sin intervenir para ayudarlo? ¿Por qué permite que quien oprime tenga una vida feliz mientras su comportamiento debería ser condenado precisamente ante el sufrimiento del pobre?

Este salmo se compuso en un momento de gran desarrollo económico que, como suele suceder, también produjo fuertes desequilibrios sociales. La inequidad generó un numeroso grupo de indigentes, cuya condición parecía aún más dramática cuando se comparaba con la riqueza alcanzada por unos pocos privilegiados. El autor sagrado, observando esta situación, dibuja un cuadro lleno de realismo y verdad.

Era una época en la que la gente arrogante y sin ningún sentido de Dios perseguía a los pobres para apoderarse incluso de lo poco que tenían y reducirlos a la esclavitud.

Hoy no es muy diferente. La crisis económica no ha impedido a muchos grupos de personas un enriquecimiento que con frecuencia aparece aún más anómalo si vemos en las calles de nuestras ciudades el ingente número de pobres que carecen de lo necesario y que en ocasiones son además maltratados y explotados.

Vuelven a la mente las palabras del Apocalipsis: «Tú dices: “soy rico, me he enriquecido; y no tengo necesidad de nada”; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, ciego y desnudo» (Ap 3,17).

Pasan los siglos, pero la condición de ricos y pobres se mantiene inalterada, como si la experiencia de la historia no nos hubiera enseñado nada. Las palabras del salmo, por lo tanto, no se refieren al pasado, sino a nuestro presente, expuesto al juicio de Dios.

2. También hoy debemos nombrar las numerosas formas de nuevas esclavitudes a las que están sometidos millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños.

Todos los días nos encontramos con familias que se ven obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser.

¿Cómo olvidar, además, a los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad? ¿Y qué decir de las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades?

Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos recogiendo el producto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo que comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero humano son tratados como desperdicios, sin que exista ningún sentimiento de culpa por parte de aquellos que son cómplices en este escándalo.

Considerados generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente incapaz, sólo porque son pobres.

Para aumentar el drama, no se les permite ver el final del túnel de la miseria. Se ha llegado hasta el punto de teorizar y realizar una arquitectura hostil para deshacerse de su presencia, incluso en las calles, últimos lugares de acogida. Deambulan de una parte a otra de la ciudad, esperando conseguir un trabajo, una casa, un poco de afecto…

Cualquier posibilidad que se les ofrezca se convierte en un rayo de luz; sin embargo, incluso donde debería existir al menos la justicia, a menudo se comprueba el ensañamiento en su contra mediante la violencia de la arbitrariedad.

Se ven obligados a trabajar horas interminables bajo el sol abrasador para cosechar los frutos de la estación, pero se les recompensa con una paga irrisoria; no tienen seguridad en el trabajo ni condiciones humanas que les permitan sentirse iguales a los demás. Para ellos no existe el subsidio de desempleo, indemnizaciones, ni siquiera la posibilidad de enfermarse.

El salmista describe con crudo realismo la actitud de los ricos que despojan a los pobres: «Están al acecho del pobre para robarle, arrastrándolo a sus redes» (cf. Sal 10,9).

Es como si para ellos se tratara de una jornada de caza, en la que los pobres son acorralados, capturados y hechos esclavos. En una condición como esta, el corazón de muchos se cierra y se afianza el deseo de volverse invisibles.

Así, vemos a menudo a una multitud de pobres tratados con retórica y soportados con fastidio. Ellos se vuelven como transparentes y sus voces ya no tienen fuerza ni consistencia en la sociedad. Hombres y mujeres cada vez más extraños entre nuestras casas y marginados en nuestros barrios.

3. El contexto que el salmo describe se tiñe de tristeza por la injusticia, el sufrimiento y la amargura que afecta a los pobres. A pesar de ello, se ofrece una hermosa definición del pobre. Él es aquel que «confía en el Señor» (cf. v. 11), porque tiene la certeza de que nunca será abandonado.

El pobre, en la Escritura, es el hombre de la confianza. El autor sagrado brinda también el motivo de esta confianza: él “conoce a su Señor” (cf. ibíd.), y en el lenguaje bíblico este “conocer” indica una relación personal de afecto y amor.

Estamos ante una descripción realmente impresionante que nunca nos hubiéramos imaginado. Sin embargo, esto no hace sino manifestar la grandeza de Dios cuando se encuentra con un pobre. Su fuerza creadora supera toda expectativa humana y se hace realidad en el “recuerdo” que él tiene de esa persona concreta (cf. v. 13).

Es precisamente esta confianza en el Señor, esta certeza de no ser abandonado, la que invita a la esperanza. El pobre sabe que Dios no puede abandonarlo; por eso vive siempre en la presencia de ese Dios que lo recuerda. Su ayuda va más allá de la condición actual de sufrimiento para trazar un camino de liberación que transforma el corazón, porque lo sostiene en lo más profundo.

4. La descripción de la acción de Dios en favor de los pobres es un estribillo permanente en la Sagrada Escritura. Él es aquel que “escucha”, “interviene”, “protege”, “defiende”, “redime”, “salva”… En definitiva, el pobre nunca encontrará a Dios indiferente o silencioso ante su oración. Dios es aquel que hace justicia y no olvida (cf. Sal 40,18; 70,6); de hecho, es para él un refugio y no deja de acudir en su ayuda (cf. Sal 10,14).

Se pueden alzar muchos muros y bloquear las puertas de entrada con la ilusión de sentirse seguros con las propias riquezas en detrimento de los que se quedan afuera. No será así para siempre. El “día del Señor”, tal como es descrito por los profetas (cf. Am5,18; Is 2-5; Jl 1-3), destruirá las barreras construidas entre los países y sustituirá la arrogancia de unos pocos por la solidaridad de muchos.

La condición de marginación en la que se ven inmersas millones de personas no podrá durar mucho tiempo. Su grito aumenta y alcanza a toda la tierra. Como escribió D. Primo Mazzolari: «El pobre es una protesta continua contra nuestras injusticias; el pobre es un polvorín. Si le das fuego, el mundo estallará».

5. No hay forma de eludir la llamada apremiante que la Sagrada Escritura confía a los pobres. Dondequiera que se mire, la Palabra de Dios indica que los pobres son aquellos que no disponen de lo necesario para vivir porque dependen de los demás. Ellos son el oprimido, el humilde, el que está postrado en tierra.

Aun así, ante esta multitud innumerable de indigentes, Jesús no tuvo miedo de identificarse con cada uno de ellos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).

Huir de esta identificación equivale a falsificar el Evangelio y atenuar la revelación. El Dios que Jesús quiso revelar es éste: un Padre generoso, misericordioso, inagotable en su bondad y gracia, que ofrece esperanza sobre todo a los que están desilusionados y privados de futuro.

¿Cómo no destacar que las bienaventuranzas, con las que Jesús inauguró la predicación del Reino de Dios, se abren con esta expresión: «Bienaventurados los pobres» (Lc 6,20)?

El sentido de este anuncio paradójico es que el Reino de Dios pertenece precisamente a los pobres, porque están en condiciones de recibirlo. ¡Cuántas personas pobres encontramos cada día! A veces parece que el paso del tiempo y las conquistas de la civilización aumentan su número en vez de disminuirlo.

Pasan los siglos, y la bienaventuranza evangélica parece cada vez más paradójica; los pobres son cada vez más pobres, y hoy día lo son aún más.

Pero Jesús, que ha inaugurado su Reino poniendo en el centro a los pobres, quiere decirnos precisamente esto: Él ha inaugurado, pero nos ha confiado a nosotros, sus discípulos, la tarea de llevarlo adelante, asumiendo la responsabilidad de dar esperanza a los pobres.

Es necesario, sobre todo en una época como la nuestra, reavivar la esperanza y restaurar la confianza. Es un programa que la comunidad cristiana no puede subestimar. De esto depende que sea creíble nuestro anuncio y el testimonio de los cristianos.

6. La Iglesia, estando cercana a los pobres, se reconoce como un pueblo extendido entre tantas naciones cuya vocación es la de no permitir que nadie se sienta extraño o excluido, porque implica a todos en un camino común de salvación.

La condición de los pobres obliga a no distanciarse de ninguna manera del Cuerpo del Señor que sufre en ellos. Más bien, estamos llamados a tocar su carne para comprometernos en primera persona en un servicio que constituye auténtica evangelización.

La promoción de los pobres, también en lo social, no es un compromiso externo al anuncio del Evangelio, por el contrario, pone de manifiesto el realismo de la fe cristiana y su validez histórica.

El amor que da vida a la fe en Jesús no permite que sus discípulos se encierren en un individualismo asfixiante, soterrado en segmentos de intimidad espiritual, sin ninguna influencia en la vida social (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 183).

Hace poco hemos llorado la muerte de un gran apóstol de los pobres, Jean Vanier, quien con su dedicación logró abrir nuevos caminos a la labor de promoción de las personas marginadas. Jean Vanier recibió de Dios el don de dedicar toda su vida a los hermanos y hermanas con discapacidades graves, a quienes la sociedad a menudo tiende a excluir.

Fue un “santo de la puerta de al lado” de la nuestra; con su entusiasmo supo congregar en torno suyo a muchos jóvenes, hombres y mujeres, que con su compromiso cotidiano dieron amor y devolvieron la sonrisa a muchas personas débiles y frágiles, ofreciéndoles una verdadera “arca” de salvación contra la marginación y la soledad.

Este testimonio suyo ha cambiado la vida de muchas personas y ha ayudado al mundo a mirar con otros ojos a las personas más débiles y frágiles. El grito de los pobres ha sido escuchado y ha producido una esperanza inquebrantable, generando signos visibles y tangibles de un amor concreto que también hoy podemos reconocer.

7. «La opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha» (ibíd., 195) es una opción prioritaria que los discípulos de Cristo están llamados a realizar para no traicionar la credibilidad de la Iglesia y dar esperanza efectiva a tantas personas indefensas.

En ellas, la caridad cristiana encuentra su verificación, porque quien se compadece de sus sufrimientos con el amor de Cristo recibe fuerza y confiere vigor al anuncio del Evangelio.

El compromiso de los cristianos, con ocasión de esta Jornada Mundial y sobre todo en la vida ordinaria de cada día, no consiste sólo en iniciativas de asistencia que, si bien son encomiables y necesarias, deben tender a incrementar en cada uno la plena atención que le es debida a cada persona que se encuentra en dificultad.

«Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación» (ibíd., 199) por los pobres en la búsqueda de su verdadero bien.

No es fácil ser testigos de la esperanza cristiana en el contexto de una cultura consumista y de descarte, orientada a acrecentar el bienestar superficial y efímero. Es necesario un cambio de mentalidad para redescubrir lo esencial y darle cuerpo y efectividad al anuncio del Reino de Dios.

La esperanza se comunica también a través de la consolación, que se realiza acompañando a los pobres no por un momento, cargado de entusiasmo, sino con un compromiso que se prolonga en el tiempo. Los pobres obtienen una esperanza verdadera no cuando nos ven complacidos por haberles dado un poco de nuestro tiempo, sino cuando reconocen en nuestro sacrificio un acto de amor gratuito que no busca recompensa.

8. A los numerosos voluntarios, que muchas veces tienen el mérito de ser los primeros en haber intuido la importancia de esta preocupación por los pobres, les pido que crezcan en su dedicación.

Queridos hermanos y hermanas: Os exhorto a descubrir en cada pobre que encontráis lo que él realmente necesita; a no deteneros ante la primera necesidad material, sino a ir más allá para descubrir la bondad escondida en sus corazones, prestando atención a su cultura y a sus maneras de expresarse, y así poder entablar un verdadero diálogo fraterno.

Dejemos de lado las divisiones que provienen de visiones ideológicas o políticas, fijemos la mirada en lo esencial, que no requiere muchas palabras sino una mirada de amor y una mano tendida. No olvidéis nunca que «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual» (ibíd., 200).

Antes que nada, los pobres tienen necesidad de Dios, de su amor hecho visible gracias a personas santas que viven junto a ellos, las que en la sencillez de su vida expresan y ponen de manifiesto la fuerza del amor cristiano. Dios se vale de muchos caminos y de instrumentos infinitos para llegar al corazón de las personas.

Por supuesto, los pobres se acercan a nosotros también porque les distribuimos comida, pero lo que realmente necesitan va más allá del plato caliente o del bocadillo que les ofrecemos. Los pobres necesitan nuestras manos para reincorporarse, nuestros corazones para sentir de nuevo el calor del afecto, nuestra presencia para superar la soledad. Sencillamente, ellos necesitan amor.

9. A veces se requiere poco para devolver la esperanza: basta con detenerse, sonreír, escuchar. Por un día dejemos de lado las estadísticas; los pobres no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos.

Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo.

A los ojos del mundo, no parece razonable pensar que la pobreza y la indigencia puedan tener una fuerza salvífica; sin embargo, es lo que enseña el Apóstol cuando dice: «No hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor» (1 Co 1,26-29).

Con los ojos humanos no se logra ver esta fuerza salvífica; con los ojos de la fe, en cambio, se la puede ver en acción y experimentarla en primera persona. En el corazón del Pueblo de Dios que camina late esta fuerza salvífica, que no excluye a nadie y a todos congrega en una verdadera peregrinación de conversión para reconocer y amar a los pobres.

10. El Señor no abandona al que lo busca y a cuantos lo invocan; «no olvida el grito de los pobres» (Sal 9,13), porque sus oídos están atentos a su voz. La esperanza del pobre desafía las diversas situaciones de muerte, porque él se sabe amado particularmente por Dios, y así logra vencer el sufrimiento y la exclusión.

Su condición de pobreza no le quita la dignidad que ha recibido del Creador; vive con la certeza de que Dios mismo se la restituirá plenamente, pues él no es indiferente a la suerte de sus hijos más débiles, al contrario, se da cuenta de sus afanes y dolores y los toma en sus manos, y a ellos les concede fuerza y valor (cf. Sal10,14).

La esperanza del pobre se consolida con la certeza de ser acogido por el Señor, de encontrar en él la verdadera justicia, de ser fortalecido en su corazón para seguir amando (cf. Sal 10,17).

La condición que se pone a los discípulos del Señor Jesús, para ser evangelizadores coherentes, es sembrar signos tangibles de esperanza.

A todas las comunidades cristianas y a cuantos sienten la necesidad de llevar esperanza y consuelo a los pobres, pido que se comprometan para que esta Jornada Mundial pueda reforzar en muchos la voluntad de colaborar activamente para que nadie se sienta privado de cercanía y solidaridad.

Que nos acompañen las palabras del profeta que anuncia un futuro distinto: «A vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra» (Mal 3,20).

Vaticano, 13 de junio de 2019
Memoria litúrgica de san Antonio de Padua

Francisco

https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-francisco-para-la-iii-jornada-mundial-de-los-pobres-2019/


El maná de cada día, 17.11.19

noviembre 16, 2019

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Tendréis ocasión de dar testimonio

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Antífona de entrada: Jer 29, 11. 12.14

Dice el Señor: Tengo designios de paz y no de aflicción, me invocaréis y yo os escucharé, os congregaré sacándoos de los países y comarcas por donde os dispersé.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Malaquías 3, 19-20a

Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir -dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz.

Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.


SALMO 97, 5-6. 7-9a. 9bc

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.

Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.


SEGUNDA LECTURA: 2 Tesalonicenses 3, 7-12

Hermanos:

Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie.

No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar.

Cuando vivimos con vosotros os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada.

Pues a esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.

Aclamación antes del Evangelio: Lucas 21, 28

Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.


EVANGELIO: Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos.

Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»

Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»

Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos.

Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»

Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.

Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»


Antífona de comunión: Sal 72, 28

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, hacer del Señor mi refugio.

LECTIO DIVINA, DOMINGO 33º del TIEMPO ORDINARIO, CICLO C

Antes de abrir tu Biblia, abre tu corazón a la acción del Espíritu Santo.

Paso 1. Disponerse: ¿Qué es para ti abrir el corazón para escuchar al Señor? Ponte en manos de María. Pide a la sierva del Señor que se haga en ti lo que vas a leer.

Lc 21, 5-19

Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré boca y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Paso 2. Leer: Lo primero es leer buscando qué dice el texto. Ahí tienes cinco claves de lectura: la destrucción del Templo y de Jerusalén, la venida del Hijo del Hombre, el fin del mundo, persecuciones y odio, y victoria final.

Paso 3. Escuchar: Saborea despacio, quédate con lo que más te impresiona del texto. ¿Cómo te suena este texto? ¿Cuál es el mensaje principal que deja en tu corazón?

Paso 4. Orar: Cuéntale las cosas con mucho amor y confianza. ¿Comprendes lo que expresa que ningún cabello de tu cabeza perecerá? Habla de tus miedos y dificultades.

Paso 5. Vivir: ¿Tú vives dificultades por causa de Jesús y su Evangelio? ¿Notas la fuerza de Dios en tus problemas de cada día?

http://semillas-edit.es/

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“Eso que contempláis llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra”. Estas palabras están llenas de sabiduría. Todo es inconsistente ¡absolutamente todo! Poner la seguridad de nuestra vida en lo “no permanente” es propio de personas dormidas, necias. El Evangelio no nos anuncia “calamidades”. Las guerras, los terremotos, las pestes, la persecución, las guerras familiares… siempre han existido, existen  y existirán. Jesús nos anima a despertar y a vivir el momento presente, el día del Señor, con sabiduríaTODO CAMBIA EXCEPTO EL CAMBIO. Sufrimos cuando nos resistimos y hacemos de lo transitorio (que es maravilloso, pero transitorio) nuestra seguridad (entonces nos llega “la calamidad”, la gran frustración). Vivamos el día del Señor y el día de nuestro señorío. Alcemos la cabeza. Feliz día del Señor.

José María Rastrojo

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SI ALGUNO NO QUIERE TRABAJAR, QUE TAMPOCO COMA

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

El Evangelio de este domingo forma parte de los famosos discursos sobre el fin del mundo, característicos de los últimos domingos del año litúrgico.

Parece que en una de las primeras comunidades cristianas, la de Tesalónica, había creyentes que sacaban de estos discursos de Cristo una conclusión errónea: es inútil afanarse, trabajar y producir, porque total todo está a punto de terminarse; mejor vivir al día, sin asumir compromisos a largo plazo, tal vez viviendo un poco del cuento.

A estos responde San Pablo en la segunda lectura: «Nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A estos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan».

Al comienzo del pasaje, San Pablo recuerda la regla que ha dado a los cristianos de Tesalónica: «Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma».

Esta era una novedad para los hombres de entonces. La cultura a la que pertenecían despreciaba el trabajo manual; lo consideraban degradante para la persona, como para dejarlo a esclavos e incultos. Pero la Biblia tiene una visión distinta. Desde la primera página presenta a Dios que trabaja durante seis días y descansa el séptimo. Todo esto, aun antes de que en la Biblia se hable del pecado.

El trabajo forma parte, por lo tanto, de la naturaleza originaria del hombre, no de la culpa ni del castigo. El trabajo manual es tan digno como el intelectual y espiritual. Jesús mismo dedica una veintena de años al primero (suponiendo que haya empezado a trabajar hacia los trece años) y sólo un par de años al segundo.

Un laico escribió: «¿Qué sentido y qué valor tiene nuestro trabajo de laicos ante Dios? Es verdad que los laicos nos dedicamos también a muchas obras de bien (caridad, apostolado, voluntariado); pero la mayor parte del tiempo y de las energías de nuestra vida tenemos que dedicarlas al trabajo.

Así que, si el trabajo no vale para el cielo, nos encontraremos con bien poco para la eternidad. Todas las personas a las que hemos preguntado no han sabido darnos respuestas satisfactorias. Nos dicen: “¡Ofreced todo a Dios!”. ¿Pero basta esto?».

Respondo: No; el trabajo no vale sólo por la «buena intención» que se pone al hacerlo, o por el ofrecimiento que se hace de él a Dios por la mañana; vale también por sí mismo, como participación en la obra creadora y redentora de Dios y como servicio a los hermanos.

El trabajo humano –dice un texto del Concilio- «es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por él el hombre se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al perfeccionamiento de la creación divina. No solo esto. Sabemos que, con la oblación de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo» (Gaudium et spes, 67).

No importa tanto qué trabajo hace uno, sino cómo lo hace. Esto restablece una cierta igualdad, dejando de lado todas las diferencias (a veces injustas y escandalosas) de categoría y de remuneración. Una persona que ha desempeñado tareas humildísimas en la vida puede «valer» mucho más que quien ha ocupado puestos de gran prestigio.

El trabajo, se decía, es participación en la acción creadora de Dios y en la acción redentora de Cristo, y es fuente de crecimiento personal y social, pero también, se sabe, es fatiga, sudor, dolor. Puede ennoblecer, pero igualmente puede vaciar y consumir.

El secreto es poner el corazón en lo que hacen las manos. No es tanto la cantidad o el tipo de trabajo que se hace lo que cansa, sino la falta de entusiasmo y de motivación. A las motivaciones terrenas del trabajo, la fe añade una eterna: nuestras obras, dice el Apocalipsis, nos acompañarán (Ap 14,13).

www.homiletica.org

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Voces Católicas lanza un mensaje de paz para Chile: ‘Somos parte de la solución’

noviembre 12, 2019

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La manifestaciones sociales de Chile han derivado en episodios de violencia

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Voces Católicas lanza un mensaje de paz para Chile: ‘Somos parte de la solución’

Julio Pozo: ‘Los pequeños gestos de fraternidad son los que verdaderamente pueden cambiar el futuro’

En medio del complejo panorama económico y social que vive el pueblo chileno, Vatican News entrevistó a Julio Pozo, laico y portavoz de Voces Católicas, organización sin fines de lucro que trabaja al servicio de la Iglesia.

Voces Católicas propone “ver esta realidad desde la perspectiva de la fe”. “Nosotros somos parte de la solución de Chile”, explica nuestro entrevistado.

(Vatican News).- Son momentos convulsos los que está viviendo el pueblo chileno en estas últimas semanas en las que nuevos episodios de violencia y saqueos han sido los protagonistas en las calles del país.

Saqueo en la Parroquia de la Asunción

Unas manifestaciones que en su origen buscaban la reivindicación de una mayor igualdad económica y justicia social entre ciudadanos pero que se han ido deformando hasta convertirse en un pretexto para hacer uso deliberado de la agresividad callejera.

Así lo reflejó el incidente acaecido el viernes 8 de noviembre cuando, según fuentes locales e imágenes compartidas en las Redes Sociales de todo el mundo, un grupo de personas que se manifestaba contra el actual gobierno nacional asaltó la Parroquia de la Asunción en la ciudad de Santiago de Chile, para robar del interior los bancos de madera, confesionarios e imágenes religiosas con las que posteriormente armaron unas improvisadas barricadas.

Chile necesita la paz para poder funcionar

Una escena lamentable en la que también se incendió parte del mobiliario. En medio de este contexto Vatican News entrevistó a Julio Pozo, laico, chileno y portavoz de Voces Católicas: una organización sin fines de lucro que trabaja al servicio de los medios de comunicación y de la Iglesia.

“Estas manifestaciones comenzaron como pacíficas pero luego han terminado en saqueos, barricadas, cortes del tránsito y del transporte público”, explica Julio, asegurando que todo este panorama hace muy difícil que la gente pueda trabajar y vivir en armonía ya que “muchos compatriotas están asustados” al haber perdido sus fuentes de trabajo a causa de estos hechos violentos.

La violencia nunca es el camino de la reivindicación

“Todavía la tensión se mantiene -añade el portavoz de Voces Católicas- y esto es inquietante porque necesitamos cierto grado de paz para poder funcionar”.

Asimismo, Julio Pozo subraya que, si bien estas “demandas sociales son totalmente válidas” y vienen formulándose desde “tiempos pretéritos, por lo menos desde hace 40 años, desde que Chile cambió su modelo económico”, la violencia nunca es el camino acertado para ningún tipo de reivindicación.

Entrevista a Julio Pozo: “Ver la realidad desde la fe”

En este sentido, la organización Voces Católicas compuesta por laicos que profesan distintos carismas, desempeña un papel fundamental: escuchar y difundir las “voces” que reflejan cómo se ve la realidad desde la fe, “siempre asentados en Cristo”.

“Nosotros procuramos dar un mensaje de diálogo y de paz en la sociedad, buscando la justicia”, asevera Julio haciendo hincapié en que son muchos los desafíos para lograr un sistema social más justo. Uno de ellos sería aplicar al sistema actual los principios que propone la Doctrina Social de la Iglesia.

Mensaje de paz para el pueblo chileno

Por último, pedimos a nuestro entrevistado un mensaje de paz y esperanza para su pueblo: “a mis compatriotas chilenos les diría que no esperemos solamente a que haya una decisión por parte del gobierno para solucionar estos problemas, sino que nosotros unidos como pueblo tenemos que solucionarlos, ya que somos parte de la solución de Chile”.

Y en este punto, Julio lanza un llamamiento colectivo invitando a cada chileno a “procurar ser más justo en cualquier ambiente en el que se encuentre”, empezando por los hogares, las familias y los lugares de trabajo. Solo así se puede lograr una mayor justicia social generalizada, partiendo del cuidado y respeto por los pequeños gestos de fraternidad que son los que verdaderamente pueden cambiar el futuro de una nación.

https://www.religiondigital.org/america/Voces-Catolicas-mensaje-Chile-solucion_0_2176282367.html


Lo que necesita, también, Alemania

septiembre 18, 2019

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El Arzobispo de Múnich y Frisinga (Alemania), Cardenal Reinhard Marx,

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Lo que necesita, también, Alemania

Por José Luis Restán, Director Editorial COPE

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A comienzos de septiembre el Papa Francisco saludaba al Sínodo de los obispos greco-católicos de Ucrania y les advertía sin papeles: «¡el Sínodo no es un Parlamento!… Sínodo no es ponerse de acuerdo como en política: te doy esto, tú me das esto. No, Sínodo no es hacer encuestas sociológicas, como algunos creen… Si no hay Espíritu Santo, no hay Sínodo… todavía más, si no hay Iglesia (la identidad de la Iglesia) no hay Sínodo».

Son palabras fuertes que resuenan ahora sobre el fondo de la tensión surgida a propósito de la dirección que parece tomar el camino sinodal emprendido por los obispos alemanes (no sin reservas y advertencias de algunos de ellos).

Recordemos que la Conferencia Episcopal alemana decidió iniciar dicho camino sinodal para afrontar una crisis que nadie oculta, aunque los diagnósticos difieren entre quienes identifican la raíz en una profunda crisis de fe y quienes reclaman, sobre todo, cambios disciplinares y estructurales, hasta llegar en algún caso a tocar aspectos sustanciales de la doctrina católica.

En efecto, para responder a la crisis algunos proponen replantear la moral sexual, el significado de la autoridad, el lugar de las mujeres, el perfil del ministerio sacerdotal o la disciplina sacramental, buscando una «solución alemana».

El pasado mes de junio el Papa Francisco dirigió una carta al pueblo de Dios en Alemania en la que explicaba algunas líneas maestras a las que debía atenerse el mencionado «camino sinodal».

Francisco subrayaba que ese camino «debe consistir en vivir y sentir con la Iglesia y en la Iglesia» y advertía (citando a Joseph Ratzinger) que «cuando una Iglesia particular se separa del entero cuerpo eclesial se marchita y muere, mientras que la comunión viva y efectiva permite superar el encerramiento en los propios problemas».

Sin dejar de alentar la iniciativa de los obispos alemanes el Papa aclaraba que «tiene que asumir un modo de ser Iglesia donde el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas» (partes).

Varios obispos, entre ellos el cardenal Rainer M. Woelki, de Colonia, Stefan Oster, de Passau, Stephan Ackermann, de Trier, Rudolf Voderholzer, de Ratisbona, han reclamado que estas indicaciones sean bien tenidas en cuenta, porque es de vital interés para el futuro de la Iglesia en Alemania.

El problema no radica en que se afronte con sinceridad la situación y se busquen nuevos modos de presencia misionera (la misión es otra clave que el Papa ha pedido poner en primer plano), en un debate en el que deben participar todas las realidades vivas de la Iglesia en aquel país (no sólo ciertas élites, otra advertencia de Francisco), sino en la referencia obligada de esa reflexión a la comunión con la Iglesia universal presidida por el Sucesor de Pedro.

No se trata de suspicacias sino de algo que ha advertido con toda seriedad el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos. En una carta dirigida al Presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Reinhard Marx, señala que el camino sinodal debe atenerse a lo expresado por el Papa en su carta de junio, y advierte que algunos de los procesos diseñados no están en sintonía con la disciplina de la Iglesia Universal.

Señala también que esta asamblea no puede establecer por su cuenta una especie de «solución alemana» al margen de la unidad de la Iglesia.

No cabe pensar que la misiva del Cardenal Ouellet haya sido enviada al margen de la voluntad de Francisco. Y por ello uno se queda perplejo ante la primera respuesta (más bien displicente) del Cardenal Marx, quien ha reiterado que el proceso sigue adelante sin acoger positivamente ninguna de las indicaciones llegadas de Roma.

Es cierto que Marx ha anunciado su intención de explicar la situación ante las autoridades vaticanas para deshacer posibles malentendidos, pero de momento parece hablar en otro idioma.

Más allá del morbo periodístico ante lo que algunos definen ya como un nuevo desafío a Roma desde Germania, cabe preguntarse si los alemanes de hoy (especialmente los jóvenes) se sienten concernidos por estas alquimias de laboratorio eclesiástico, o si más bien ansían (siquiera secretamente) el encuentro con una verdadera experiencia de fe arraigada en las circunstancias del presente, capaz de hacer cuentas con su incertidumbre, sus miedos y su sed de felicidad y de sentido.

Una experiencia que sólo puede gestarse en el cuerpo vivo de la Iglesia, con todas sus heridas y fatigas, y no como resultado de una estrategia, por muy «alemana» que sea.

https://www.cope.es/religion/mar-adentro/noticias/que-necesita-tambien-alemania-20190918_500522


El maná de cada día, 2.9.19

septiembre 2, 2019

Lunes de la 22ª semana de Tiempo Ordinario

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Lo empujaron fuera del pueblo

Lo empujaron fuera del pueblo



PRIMERA LECTURA: 1 Tesalonicenses 4, 13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.

Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos.

Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

SALMO 95, 1 y 3. 4-5. 11-12a. 12b-13

El Señor llega a regir la tierra.

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo.

Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos.

Aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.



EVANGELIO: Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.

Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.

Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: -«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: -«¿No es éste el hijo de José?»

Y Jesús les dijo: -«Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo Y’; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»

Y añadió: -«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos de] profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
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LE ARROJARON FUERA DE LA CIUDAD

Impresiona imaginarse a la turba de judíos, que acababa de escuchar en la Sinagoga la lectura del rollo de Isaías, conduciendo a empujones a Jesús, fuera de su ciudad de Nazaret, con intención de despeñarle.

Muchos de ellos habían sido, quizá, compañeros de juego en la infancia, algunos habían sido clientes de José, otros eran maridos de las vecinas que vivían cerca de la casa de María. A todos les pareció una blasfemia oír de labios de Jesús que en Él se estaba cumpliendo aquel pasaje de Isaías que acababa de proclamar.

Pero el Señor no sabe de respetos humanos, de complejos, de verdades a medias, de vueltas y perífrasis para anunciar la verdad, aunque moleste.

Tú y yo, en cambio, somos muy dados a disfrazar y acomodar las cosas, a disimular y camuflar nuestra condición de cristianos, a hablar de Dios sólo donde pueden entendernos y aceptarnos, a rebajar la verdad y diluir nuestra fe para evitar esa sonrisita sarcástica o ese comentario de ridículo y desprecio que tanto hiere nuestro punto de honra.

No se trata de imponer fanáticamente nuestra fe o nuestros criterios cristianos, pero sí de no claudicar ni retroceder ante burlas, críticas o zancadillas que puedan venirnos por nuestro nombre y condición de cristianos.

Vive a Dios y habla de él sin miedos ni complejos, y verás que la verdad siempre está del lado de la victoria. No abras la puerta a esa doble vida que nada tiene de cristiano ni de evangelio, aunque tampoco tú seas profeta bien recibido en tu tierra.

Lañas diarias www.mater-dei.es


¿Cuál es el papel de los católicos en las protestas de Hong Kong?

agosto 26, 2019

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Protestas en Hong Kong. Crédito: Wikipedia / Hf9631 CC BY-SA 4.0

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¿Cuál es el papel de los católicos en las protestas de Hong Kong?

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Mientras continúan las protestas multitudinarias en Hong Kong, un líder estudiantil asegura que los católicos tienen un papel decisivo a la hora de animar a los manifestantes a mantenerse pacíficos en sus reivindicaciones.

“Las protestas del pasado domingo fueron pacíficas. Afortunadamente no hubo conflictos relevantes entre la policía y los manifestantes”, aseguró Edwin Chow, presidente interino de la Federación de Estudiantes Católicos de Hong Kong a CNA, agencia en inglés del Grupo ACI.

Las protestas en Hong Kong comenzaron hace casi tres meses como una respuesta contra un proyecto de ley de extradición a China. Este proyecto de ley acabaría con la autonomía de Hong Kong, que cuenta con un sistema legal propio, con respecto de China continental, que es mucho más represiva.

A pesar de la amenaza de violencia de la policía y la creciente preocupación por una posible represión por parte de las autoridades chinas, se estima que 1,7 millones de personas salieron a las calles de Hong Kong el domingo 18 de agosto para participar en una manifestación pacífica.

Sin embargo, esta no fue la manifestación más numerosa en lo que va de año. La protesta del pasado 6 de junio reunió a unos dos millones de personas. No todas las manifestaciones hasta ahora han sido pacíficas, de hecho en numerosas ocasiones tanto la policía como los manifestantes recurrieron a la violencia.

“Desde el pasado junio hasta antes de esta última protesta, la policía casi siempre, había usado gases lacrimógenos y balas. Sin embargo durante el pasado fin de semana la policía no lo volvió a utilizar y tampoco mantuvo ningún enfrentamiento serio con los manifestantes”, aseguró Chow.

Por su parte, los manifestantes continúan denunciando el uso de la fuerza excesiva por parte de la policía, así como la posibilidad de que Hong Kong comience a extraditar a presuntos delincuentes para que sean juzgados en China continental.

Este es uno de los principales motivos de las manifestaciones en Hong Kong, ya que el pasado mes de febrero el Gobierno de China introdujo el proyecto de ley que propone extradiciones a China. Aunque por el momento su aprobación se ha suspendido indefinidamente.

Sin embargo, los cristianos en Hong Kong siguen preocupados de que el Gobierno comunista chino continúe buscando formas de perseguir a quienes ayudan a los cristianos en China continental, donde la libertad de religión está severamente restringida.

“El Gobierno chino reprime y presiona a la Iglesia en China continental y nos preocupa que cuando tengamos comunicación con miembros de esta Iglesia el gobierno pueda tomar represalias contra nosotros”, dijo Chow.

El Administrador Apostólico de Hong Kong, Cardenal John Tong, pidió al Gobierno que elimine por completo la ley de extradición y también que se realice una investigación independiente sobre el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía de Hong Kong.

El pasado domingo la Federación de Estudiantes Católicos de Hong Kong participó en la protesta y celebró un momento de oración antes de la marcha.

Chow también explicó que actualmente hay previstas varias manifestaciones más durante el mes de agosto y que en septiembre también habrá otras protestas que coincidirán con el inicio de las clases.

“Mis clases comenzarán el 2 de septiembre, pero en realidad el sindicato de estudiantes, la mayoría de los estudiantes universitarios, estamos planeando hacer una huelga ese día. Creo que es un deber, esto sucederá. Iremos a la huelga”, indicó.

Chow, que estudia Gobierno y Estudios Internacionales en la Universidad Bautista de Hong Kong, manifestó a CNA su deseo de ver a los católicos y otros cristianos asumir un papel más importante en las protestas en curso contra el gobierno.

En ese sentido, Chow destacó el papel especialmente importante que los católicos tuvieron al inicio de las protestas, cuando dirigieron el canto de algunos himnos religiosos. Sin embargo, durante las semanas siguientes su papel disminuyó.

“Es una buena oportunidad para que católicos y otras denominaciones cristianas nos unamos. Creo que tenemos valores similares, el mismo objetivo… Así que podemos cooperar y de esta manera nuestros poderes serán mayores”, aseguró Chow a CNA la semana pasada.

Este joven también subrayó que considera que los manifestantes están cambiando sus tácticas para tratar de ser menos hostiles. Durante las últimas semanas se realizaron algunas protestas en el aeropuerto internacional de Hong Kong, lo que causó numerosos problemas.

“Ahí fue cuando los manifestantes replantearon su estrategia. Piensan que una protesta pacífica tal vez pueda tener más apoyo. Creo que por el choque anterior y la violencia excesiva, tal vez hemos perdido algo de apoyo y queremos volver a ganarlo”, explicó Chow.

“También considero que el tema principal de las protestas es la violencia policial. Es difícil convencer a la gente de que estamos en contra de la violencia cuando también tú la usas. Esta puede ser la razón principal por la que esta protesta de este fin de semana fue más pacífica”.

En ese sentido, Chow explica que los grupos cristianos pueden tener un papel importante para alentar a los manifestantes a mantener la paz.

“Los grupos cristianos tenemos la responsabilidad y el poder de calmar a nuestros amigos. Por ejemplo, cantar himnos crea una atmósfera pacífica y puede ayudar a mantener la tranquilidad”, precisó.

Chow también explicó que el clero católico ha sido muy solidario. La Federación invitó al Obispo Emérito de Hong Kong, Cardenal Joseph Zen, a celebrar la Misa el 16 de junio, frente a la sede del Gobierno.

El Obispo Auxiliar de Hong Kong, Mons. Joseph Ha Chi-shing también participó en algunas protestas y apoyó a los manifestantes. Mons. Ha participó en una oración ecuménica que tuvo lugar a las afueras del edificio del Consejo Legislativo junto a miles de cristianos.

“Católicos de todas las edades se han unido a nuestras actividades”, “no son sólo adolescentes los que participan en la protesta; también personas mayores, adultos, se nos unen y apoyan la protesta”.

En los Estados Unidos, la comunidad católica china de la Arquidiócesis de San Francisco y la Oficina de Vida y Dignidad Humanas están organizando una vigilia de oración con adoración eucarística para rezar por Hong Kong a las 6:30 pm el 26 de agosto en la Iglesia de Santa Ana en San Francisco.

Traducido y adaptado por Blanca Ruiz. Publicado originalmente en CNA.

https://www.aciprensa.com/noticias/cual-es-el-papel-de-los-catolicos-en-las-protestas-de-hong-kong-14882?fbclid=IwAR0H2peogCk4XJNkFYaAsm4g7dirGcYLQ4eUC3yyLK1JHc9nSEHOcsNjUTg


Estados Unidos: A matar mexicanos

agosto 21, 2019

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La invasión de “mexicanos” es la expresión repetida del actual presidente Trump. Se ha iniciado un “terrorismo” contra todo el que es hispano latino, pero hay una solidaridad fuerte entre todas las personas de buena voluntad, de todas las razas y culturas. Estados Unidos necesita lo mejor. 

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Estados Unidos: a matar mexicanos

Se ha iniciado un “terrorismo” contra todo el que es hispano latino, los niños y las niñas tienen miedo de ir a la escuela. Ya se venden mochilas escolares antibalas. Las misas en español tan numerosas están disminuyendo su asistencia

Los obispos católicos de los Estados Unidos han señalado la cercanía entre las palabras que demonizan a las personas y la violencia contra estas. Llaman la atención de cuidar sus palabras, especialmente a las autoridades y a políticos

Cuando les dicen que se vayan a su país, los hispanos contestan con nobleza, en español y en inglés: “este es nuestro país, bienvenido tú, querido recién llegado”

El Pueblo Hispano Latino “haciendo historia” en la sociedad estadounidense y para el mundo construye una “integración dinámica creciente”. Así, tiene su propia identidad que se va perfeccionando, porque aporta y recibe. Sectores opresores, en su no disimulada incapacidad de construir “integración dinámica”, calumnian al Pueblo Hispano Latino de ser un grupo paralelo, algo totalmente contrario a la realidad

Se ha iniciado un “terrorismo” contra todo el que es hispano latino, pero hay una solidaridad fuerte entre todas las personas de buena voluntad, de todas las razas y culturas. Hay un sano ecumenismo entre los creyentes de diferentes confesiones.

Estados Unidos necesita lo mejor.

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A matar mexicanos viajó un joven estadounidense de raza blanca diez horas desde su ciudad Allen, un suburbio de Dallas, Texas, Estados Unidos, hasta la ciudad de El Paso, Texas, donde mató a 22 personas, de ellas 19 con apellido hispano y 9 de nacionalidad mexicana, e hirió a 26, en una tienda Walmart, el sábado 3 de agosto de este año, 2019.

Así lo confesó satisfecho a la policía cuando se entregó voluntariamente minutos después. Antes dejó redactado un Manifiesto de 4 páginas donde expresaba su ideología de “supremacía blanca” y su decisión de matar contra “la invasión de mexicanos”.

La supremacía blanca es el racismo más crudo. La invasión de mexicanos es la expresión repetida del actual presidente Trump.

El Paso es una ciudad fronteriza con México con una inmensa mayoría de población de origen mexicano, una de las ciudades grandes, más tranquila y segura de Estados Unidos.

Mexicanos, para muchos blancos estadounidenses, son todos los hispanos latinos en este país. Se les ve su piel morena en sus muy variados tonos, desde el muy blanco hasta el muy moreno, y/o tienen apellido en español.

“Aquֵí todos somos mexicanos”, me decía un rubio colombiano de ojos claros de apellido Rodríguez Hernández, y también así me lo afirmaba una amiga de Nicaragua con apellido francés con un color moreno claro.

Hispano y Latino son dos formas que se usan por igual, una u otra o ambas, para designar el mismo grupo de personas que viven en Estados Unidos y han venido de países de América Latina, incluyendo el Caribe y España.

Algunos vinieron de allá, otros ya nacieron aquí y sus antepasados son de allá. Hoy casi la mayoría de los Hispanos Latinos han nacido ya en Estados Unidos. Otros continúan llegando, a muchos les basta viajar en un bus.

Los más hispanos latinos son los méxico-estadounidenses que no han venido de ningún país, sino que son de este país desde cuando sus Estados eran México, antes de que fueran violentamente invadidos por Estados Unidos ¡a mediados del siglo XIX!.

Ellos están en su propia casa, más que un presidente nacido de madre europea y nieto de europeos, casado dos veces con esposas inmigrantes, por tanto con hijos de madre inmigrada.

Matar Hispanos, asesinar Latinos, fue realmente el objetivo de este joven. Fue un acto catalogado como “terrorismo interno”, consciente y satisfactoriamente confesado, en contra de un grupo humano determinado.

Se inició un terrorismo contra los hispanos latinos en Estados Unidos. A los pocos días del acto terrorista en El Paso, otro joven en Missouri se presentó vestido militarmente con una poderosa arma de asalto y una cámara de fotografía. Cuando fue arrestado manifestó satisfecho que intentaba matar a Latinos.

Ya nadie está seguro. Todo lugar les es peligroso, los templos, las escuelas, los parques, las tiendas, sus casas. Los niños y las niñas tienen miedo de ir a la escuela. Ya se venden mochilas escolares antibalas. Las misas en español tan numerosas están disminuyendo su asistencia.

Una mente envenenada y un arma poderosa en las manos es la combinación automática de un acto terrorista. La mente la envenenan ideologías de odio, eficaz herramienta política de algunos. Las armas potentes se consiguen legalmente con total facilidad en Estados Unidos, debido al poder económico de la Asociación Nacional del Rifle que ha logrado hipotecar la conciencia de muchos legisladores.

Invasión hispana a Estados Unidos. Imagen y expresión usada por el presidente Trump e incluida literalmente en el Manifiesto del terrorista de El Paso. Fácilmente expresiones como estas y semejantes, pueden causar odio contra los hispanos en personas racistas que profesan la “supremacía blanca”, y puede impulsarlos a acciones contra estos.

Armados con un arma poderosa, de fácil y autorizada adquisición, por ejemplo un fusil AK 47 con doscientas municiones, están listos para perpetrar una matanza terrorista.

Los grupos de supremacía blanca se han multiplicado en los dos últimos años. Los obispos católicos de los Estados Unidos han señalado la cercanía entre las palabras que demonizan a las personas y la violencia contra estas. Llaman la atención de cuidar sus palabras, especialmente a las autoridades y a políticos. Teólogos y teólogas hispanos latinos también se han pronunciado proféticamente.

La presencia hispana latina en Estados Unidos es muy anterior a la presencia de habla inglesa. Nada tiene de cierto eso de la “invasión hispana”. Los hispanos están en Estados Unidos más de un siglo antes que los de habla inglesa. Ponce de León llegó a la Florida en 1515 el día de Resurrección, de ahí su nombre. Los “pilgrims” -peregrinos- llegan a Plymouth Rock 107 años después, ¡en 1620! En Estados Unidos se habló español más de 100 años antes que el inglés.

Se “caminó” este territorio desde muy pocos años después del descubrimiento de Colón. Hernando de Soto y su gente partieron de La Florida en 1539 para cruzar lo que hoy es Georgia, las Carolinas, Alabama, Louisiana, y descubrió el río Mississippi, cerca del cual murió.

Francisco Vásquez de Coronado y su gente en 1540 penetraron el Suroeste por Arizona, Nuevo México, Oklahoma y Kansas. Fray Juan de Padilla llegó a Kansas en 1542, donde lo martirizaron. Es el primer mártir en estas tierras.

Mártires también dieron su vida en La Florida, en lo que hoy es Tampa, en 1549 los dominicos Luis de Cáncer, Diego de Peñalosa y el hermano Tortosa. Unos años después, 1566, fue martirizado también en La Florida el jesuita Pedro Martínez. En esta misma época Juan Rodríguez “camina” California de sur a norte.

La ciudad de San Agustín, al norte de La Florida, fue fundada en 1565 por Pedro Menéndez, 55 años antes de los “Pilgrims”. Es la primera ciudad, como ciudad, en Estados Unidos. Es el nacimiento de la civilización occidental en este país y fuente inicial del cristianismo en Estados Unidos.

La capilla donde se celebró la Eucaristía tenía un cuadro de Nuestra Señora de La Leche, María dando de mamar al Niño, que aún se conserva allí. Se le consideró el primer santuario mariano de Norteamérica.

La misión El Paso fue fundada en 1659. Los hispanos estaban en estas tierras 500 años antes, 1515-2019, de quienes ahora los quieren expulsar y matar. Cuando les dicen que se vayan a su país, los hispanos contestan con nobleza, en español y en inglés: “este es nuestro país, bienvenido tú, querido recién llegado”.

La “invasión” fue de Estados Unidos a México. A mediados del siglo XIX, 1841, el Águila estadounidense se anexó más de la mitad del territorio mexicano, del Río Grande hacia el norte, casi llegando a Canadá por el Pacífico y muchos Estados del Centro del país.

A la población le cambiaron de país sin moverse, los invadieron. Fue una invasión militar, que no fue suficiente. Dominaron las tierras, pero no a las personas. Estas seguían siendo como lo eran antes, no se dejaban invadir.

El invasor descubrió que la fortaleza le venía a esta población de tres factores. Pusieron todo su poder para destruirles estos tres factores y así lograr subyugarlos. Iban a ser fácil presa.

Los tres factores eran: su forma familiar nuclear y extendida, su lengua el español con su cultura, y su fe religiosa católica. El ataque en los tres frentes fue implacable.

Le favorecía al invasor el hecho decisivo de que los invadidos habían quedado sin líderes ni religiosos ni sociales. Iban a ser presa fácil. Los detalles de esta lucha son impresionantes. No los alcanzamos a enumerar aquí. Estaban desamparados. Fue una época de dolor.

La sociedad los rechazó con avisos de “ni perros, ni mexicanos”. La justicia los condenaba sin oírlos. Las escuelas les castigaban si hablaban español. Los blancos se burlaban de su calor familiar. La misma Iglesia Católica los dejó de su lado en aquella época cuando tanto la necesitaban.

¿Los tres factores desaparecieron? Era lo obvio y lo in-evitable. Pero el resultado fue todo lo contrario al buscado por el invasor. La familia se arraigó más en su calor nuclear. El idioma español y la cultura se enriquecieron envidiablemente. La fe católica se conservó milagrosamente sin curas y sin templos pues no los dejaban entrar.

Lo sorprendente y hasta milagroso fue quiénes lo lograron. Fueron las personas más débiles de este grupo social: Las abuelitas. Ellas defendieron este tesoro, lo salvaron como esencia constitutiva de su pueblo, lo legaron como herencia sagrada jamás negociable.

Con este tesoro tan especial y tan valioso continúa el Pueblo Hispano Latino “haciendo historia” en la sociedad estadounidense y para el mundo. Construye una “integración-dinámica- creciente”. Así, tiene su propia identidad que se va perfeccionando, porque aporta y recibe, y por lo mismo va contribuyendo en la transformación del resto social.

Rechaza la “asimilación” que le exige destruirse para participar. Supera el “ghetto” que, al encerrar, ahoga y enaniza. Se aleja del “paralelismo cultural” que facilita la competencia destructiva.

Sectores opresores, en su no disimulada incapacidad de construir “integración dinámica”, calumnian al Pueblo Hispano Latino de ser un grupo paralelo, algo totalmente contrario a la realidad.

El Pueblo Hispano Latino en Estados Unidos continúa “haciendo historia”, aun en medio de adversidades y de ataques. Su población pasa ya los 60 millones, siendo la minoría mayor en el país. Ya es mayoría en algunos Estados. Su población es la más joven del país.

Su lengua, el español, hace que Estados Unidos sea ya, por población, el segundo país del mundo que habla español, después de México con 126 millones, y antes de Colombia con 48 millones, España con 46 millones y Argentina con 43 millones.

El español no es una “lengua extranjera” en Estados Unidos. En el tratado “Guadalupe Hidalgo”, 2 de febrero de 1848, como final de la invasión armada, el gobierno admitió como idioma oficial el español a la par que el inglés. El español es el segundo idioma más hablado en la política.

Interesante, ya se pronunció todo un discurso en español en el senado, por el senador Tim Kaine, demócrata por Virginia, el 11 de junio del 2013. El Papa Francisco, en su visita a Estados Unidos, pronunció en español su discurso oficial a los obispos del país.

El español es hablado, como lengua propia, por 500 millones. En esta categoría, es el segundo idioma en el mundo, después del mandarín en China.

En lo económico, los Hispanos Latinos son los propietarios del mayor número de pequeñas industrias y comercios en todo el país. Son una fuerza decisiva en lo económico. Varias universidades lo han averiguado y lo han comprobado. “Un día sin mexicanos” es una trágica película que muestra la desgracia que la ausencia de hispanos latinos acarrearía.

El Pueblo Hispano Latino aporta su valor de familia a toda la sociedad. Su hermandad, fraterna y sororal, es compartida.

Su solidaridad es espontánea ante la necesidad, les vale más la persona que el tiempo, en una cultura donde “el tiempo es dinero.” Los ancianos, las abuelitas, son para este Pueblo su mayor riqueza. En lo comunitario, este Pueblo aporta lo mejor.

El Pueblo Hispano Latino es casi la mayoría en la Iglesia Católica. Esta Iglesia ha tratado de reparar su error histórico de su incomprensible rechazo inicial. En su carta pastoral nacional de 1983, los obispos declararon que “el Pueblo hispano es una bendición de Dios para la Iglesia y para la Sociedad en Estados Unidos”.

El Pueblo Hispano Latino de bautizados y bautizadas, ha crecido mucho en su identidad eclesial. En especial a partir de los 70s, cuando en comunión con la Conferencia Nacional de Obispos, ha venido viviendo como “Iglesia Sinodal”, sin esa palabra pero con esa realidad.

Es un modelo de Iglesia que camina con la base, con decenas de miles de bautizadas y bautizados, en consulta, decisiones y acciones compartidas desde abajo.

Han realizado, durante casi 50 años periódicamente, cinco “Encuentros Hispanos Nacionales de Pastoral” con este modelo de Iglesia. Han sido parte esencial los Obispos. Han participado también teólogas y teólogos hispanos de base, religiosas, sacerdotes, diáconos.

Las abuelitas heroicamente salvaron al Pueblo Hispano Latino en Estados Unidos del exterminio de su identidad. María de Guadalupe, la Mamá morena, las acompañó. Ellas lo han seguido acompañando en su difícil y doloroso caminar. Ellas están presentes ahora cuando se ha iniciado un “terrorismo” contra todo el que es hispano latino.

Pero hay una solidaridad fuerte entre todas las personas de buena voluntad, de todas las razas y culturas. Hay un sano ecumenismo entre los creyentes de diferentes confesiones. Estados Unidos necesita lo mejor.

El pueblo hispano latino continúa en su misión histórica de ser fermento de amor de familia, con el amor con el que este Pueblo sabe amar, para bien de este país y del mundo.

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