Cumpleaños de la Renovación Carismática: Testimonio de Chus Villarroel, op.

marzo 19, 2017

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El P. Chus Villarroel, op.

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Cumpleaños de la Renovación Carismática Católica: Testimonio del P. Chus Villarroel, op.

Por Chus Villarroel, op. 

(Comentario del P. Ismael: El P. Chus descubrió el agua viva del Evangelio en la Renovación Carismática. Encontró el don del Espíritu que le llenó de alegría y dio brillo a todo lo que vivía y hacía como religioso dominico. He aquí su testimonio que me llegó por correo electrónico. Agradezco esta primicia. Que sea para la mayor gloria de Dios. Me parece oportuno el testimonio del P. Chus en este domingo del Evangelio del encuentro de Jesús con la Samaritana. Nos ayuda. Padre Chus, que Dios siga glorificándose en su vida. Un abrazo desde Lima). 

 

En este año 2017 cumple la Renovación carismática católica cincuenta años de existencia. El día de Pentecostés se celebrará solemnemente esta efeméride en presencia de decenas de miles de miembros de dicha Renovación en la Plaza de San Pedro en Roma, auspiciada por el propio Santo Padre Francisco.

Estamos todos invitados, incluidos los simpatizantes y todos aquellos que sientan la acción del Espíritu como algo real en sus vidas, ejerzan donde sea esta llamada. La obra de Dios es gratuita y le pertenece, por tanto, a todo el mundo.

Yo llevo cuarenta años largos perteneciendo y trabajando activamente en esta corriente de gracia. Como suele decirse, es de lo mejor que me ha pasado en la vida y reboso de agradecimiento por ello. La Renovación no es otra cosa que una corriente de gracia o un soplo del Espíritu que, como estas imágenes sugieren, no está destinada a perpetuarse ni a ser una cosa más dentro de la Iglesia.

El día que cumpla su misión, según el criterio del Espíritu Santo, dejará de existir. La podemos considerar como sal y fermento que una vez hecha su labor se identificará con el todo que habrá quedado sazonado. A los carismáticos no les va a costar desaparecer en un determinado momento porque su interinidad la llevan inscrita en su ADN más profundo.

Entré en la Renovación cuando tenía unos cuarenta años más o menos. Esta entrada nunca me produjo menoscabo ni choque con mi espiritualidad dominicana. La razón es que la Renovación carismática no entra en competencia con ningún carisma porque va a la base de todos ellos vitalizando su ejercicio. La Renovación no es una espiritualidad nueva, su único objetivo es renovar el bautismo y descubrir todas las riquezas que en él recibimos y que no han tenido un adecuado desarrollo a lo largo de nuestra vida.

Si tu carisma o el de tu congregación es cuidar enfermos la Renovación no te los va a disputar ni hay peligro de que se vaya a apropiar de ellos porque no ha nacido para eso, pero sí notarás su influencia en el modo, la intensidad y los resultados al ejercerlo.

Santo Domingo de Guzmán no fundó su Orden para renovar el bautismo de sus frailes sino para ejercer un carisma en la Iglesia que aquellos tiempos necesitaban, que era el de la predicación. La fe en aquel tiempo no estaba muerta ni peligraba, como la de muchos ahora, pero era urgente formarla doctrinalmente.

De ahí que el Espíritu Santo ahora tenga que llevarnos a la base, es decir, a la renovación del propio bautismo, como lo hace con la Renovación carismática, ya que actualmente no basta con formar la fe, que en muchos ya no existe, sino que hay que suscitarla. Al renovar el bautismo resplandecen de nuevo todos los carismas, de ahí el apellido de carismática.

Por eso la predicación, que es el carisma dominicano, aunque antes era una predicación doctrinal ahora, en una cultura progresivamente laica y atea como la nuestra, debe alternar con una predicación kerigmática que no trate de convencer sino de quebrantar los corazones.

En este artículo, sin embargo, no quiero definir cosas ni hablar de temas abstractos; estamos de cumpleaños y este hecho me empuja al agradecimiento y a recordar cuál ha sido el sentido y el recorrido de la Renovación y, a la par, de mi vida. Alguien me dijo hace unos días, pero tú ¿cómo eres tan fiel si te han escupido tantas veces en los ojos?

Es una frase fea, sin embargo, es lo que oí. Respondí diciendo que una fidelidad así, tiene más valor y brilla mucho más. Es más, mi alegría al cumplir años, es mucho más gratificante. Me suena más a gracia, a regalo, a algo que se me ha dado, que ha sucedido en mí y que yo no he merecido pero que forma parte de mi trayectoria vital.

El día 18 de febrero, fecha exacta del nacimiento de la Renovación católica, me desperté soñando con unas palabras que había oído al Papa no hace mucho. Son palabras o categorías con las que la teología moderna trata de comprender la historia de la salvación: “memoria y promesa”. La Renovación además del cometido que le asigne el Espíritu para la Iglesia en general, es también una historia de salvación para los que perseveren en ella. Pensando en mi propia historia contemplaba la parte de memoria vivida en estos años pasados.

Creo que mi memoria está llena de fecundidad: He experimentado al Espíritu Santo y lo he vivido como en un nuevo Pentecostés. Él me ha llevado a Jesucristo, al hombre Jesús, muerto y resucitado, que nos salvó gratuitamente en su cuerpo de carne y en cuya gratuidad hemos disfrutado de una paz muy profunda en el corazón. Daba gracias a Dios por los cincuenta años, por los millones de personas que han participado de esta corriente espiritual, por los dones, la sabiduría, y el conocimiento que me han regalado.

Si algunos me han escupido en los ojos, ese hecho no me impide valorar el gran cariño, respeto e intimidad que me han ofrecido miles de personas o bien personalmente o escuchando mi predicación. No puedo menos de decir que me he sentido y me siento realizado por esta pertenencia.

La vitalidad de la memoria se prueba en la nostalgia de la promesa. Después de tantos años todo me parece muy vivo. En los varios seminarios que doy cada año encuentro mucha gente que sigue recibiendo al Espíritu Santo, que goza con su novedad, que nota su vida cambiada. El amor primero de los nuevos sigue dando actualidad a lo que comenzó hace cincuenta años. Si en la Renovación no entraran muchos nuevos cada año sería preocupante.

La gratuidad del don sigue limpia ya que ninguno podemos hacer nada por trasmitirlo. No nos hemos podido apoderar de él. El Señor se lo sigue dando a quien quiere, como quiere y cuando quiere. Esta obra sigue siendo totalmente suya. Es cierto que muchos son los llamados y no todos son escogidos, lo cual es un misterio que tampoco nos pertenece.

Sentía aquella mañana que lo mejor de la Renovación está en el futuro, en lo que aún no hemos experimentado. Estamos en una historia de salvación porque esta salvación se realiza en la historia. Nada se consuma del todo hasta que no llega a su fin. El caminar es esencial. Los más probados y fieles en la Renovación han aprendido a caminar al “lugar que yo te indicaré”. No sabemos adónde vamos, lo cual desde la fe no es un absurdo sino precisamente su esencia.

Lo que sí sabemos y de lo cual no podemos abdicar es que la lleva el Señor. Yo personalmente me identifico con la Renovación tal como está; no quiero inventarme una nueva ni me culpabilizo por el pecado que ha habido en la vieja. No quiero que me la cambien, pero, si me la cambian, estoy seguro que el Señor me lo iluminará y podré discernir si es cosa de hombres o suya.

La promesa en la Renovación hace referencia a la Iglesia porque la veo como el gran instrumento de una nueva evangelización. Esta tendrá alguna consistencia cuando se haga efectiva la proclamación de Jesús resucitado como Señor y Juez de la Historia. Esta evangelización no va a consistir en hacer un mundo mejor o en cambiar las estructuras sociales ni en vivir los llamados valores cristianos sino en creer y proclamar que Jesús vive y es el Señor de la historia y de cada uno de nosotros.

No se trata, por lo tanto, de cambiar el mundo sino de ser cambiados nosotros, que es exactamente lo que sucede en la Renovación. Todo lo demás vendrá por añadidura y, sin duda, es bueno que venga. Para mí personalmente el final de este camino lo veré cuando sienta que la promesa se me está cambiando en esperanza. Entonces dejará de ser expectativa que no me defraudará.

La Renovación que yo aprendí y en la que he crecido desde hace cuarenta años es la que se vive en el grupo de Maranatha de Madrid y otros grupos afines en diversos puntos de España. Ahí aprendí a amar a la comunidad y, sobre todo, ahí aprendí a amar a Jesucristo por el enorme don de su salvación gratuita.

La gratuidad es el gran compromiso que asumo para crecer en santidad. No me ha impuesto tampoco más tareas. Me ha abrillantado mi carisma de predicación, que lo tengo por ser dominico, y a cada uno nos ha ayudado a ser mejor lo que somos pero sin hacernos una nueva realidad dentro de la Iglesia. Somos pura corriente de gracia. Si alguno no lo entiende que procure hacerse carismático porque esto no es algo cerebral.

Debido a esta mentalidad nos definimos como pueblo más que como comunidad. Un pueblo que camina. La noción de comunidad es más estática por lo que la memoria y la promesa resaltan menos en ella. Se nota en la espiritualidad. Los que tienden a vivir en comunidad son más proclives a estancarse, a permanecer en el oasis. No se sienten llevados hacia ninguna parte sino al cielo de una manera vertical desde la pureza, no desde el compromiso histórico.

El pueblo, por el contrario, debe recorrer muchas etapas y en ese itinerario va emergiendo el designio final al que está llamado. No se puede comprender a Jesús fuera de un pueblo.

Ahora en estos años, en que ya experimento la decrepitud, la promesa que hasta ahora tenía mucho de expectativa, se va trasformando en esperanza, pero ya teologal. Ya me veo cercano a Dios y quiero que mi tránsito sea lo más ungido posible. La experiencia de la unción, gran regalo que me ha hecho la Renovación, es la prueba de la presencia del Espíritu Santo.

La promesa en cada persona tiene que hacerse esperanza de los bienes de arriba, una esperanza que no defrauda porque está fundada no en nuestras fuerzas sino en el amor de Dios que hemos recibido por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. La esperanza es algo más que optimismo; es deseo de Dios con Cristo.

Febrero 2017

Chus Villarroel, OP.

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Padre Cantalamessa: La sobria ebriedad del Espíritu

diciembre 22, 2016

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El Padre Raniero Cantalamessa predicando al Papa y a sus colaboradores

El Padre Raniero Cantalamessa predicando al Papa y a sus colaboradores

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Texto completo de la tercera predicación de Adviento del padre Raniero Cantalamessa.

Las vías del Espíritu Santo: El Bautismo en el Espíritu. La sobria ebriedad del Espíritu.

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(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- La tercera predicación de Adviento ha sido realizada este viernes en la capilla Redemptoris Mater en el palacio apostólico Vaticano, por el religioso capuchino Raniero Cantalamessa, ante la presencia del santo padre Francisco, cardenales y otros miembros de la Curia Romana.

A continuación el texto completo:

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap
Tercera predicación de Adviento 2016

LA SOBRIA EBRIEDAD DEL ESPÍRITU

1. Dos tipos de ebriedad

El lunes después de Pentecostés de 1975, en ocasión de la clausura del Primer Congreso mundial de la Renovación Carismática Católica, el beato Pablo VI dirigió a los diez mil participantes reunidos en la basílica de San Pedro un discurso en el que la definió como “una oportunidad para la Iglesia”.

Una vez concluida la lectura del discurso oficial el Papa añadió, improvisando, las siguientes palabras:

En el himno que leemos esta mañana en el breviario y que se remonta a san Ambrosio, en el IV siglo, se encuentra esta frase difícil de traducir aunque sea muy simple: Laeti, que significa con alegría; bibamus, que significa bebamos; sobriam, que significa bien definida y moderada; profusionem Spiritus, o sea la abundancia del Espíritu. ‘Laeti bibamus sobriam profusionem Spiritus’. Podría ser el lema de vuestro movimiento: un programa y un reconocimiento del movimiento mismo”.

La cosa importante que debemos notar enseguida es que aquellas palabras del himno no fueron escritas en el origen para la Renovación carismática. Ellas siempre fueron parte de la liturgia de las horas de la Iglesia universal; son por lo tanto una exhortación dirigida a todos los cristianos y como tal quiero nuevamente proponerla, en estas meditaciones dedicadas a la presencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia.

En verdad en el texto original de san Ambrosio, en el lugar de “profusionem Spiritus”, la abundancia del Espíritu, está “ebrietatem Spiritus”, o sea la ebriedad del Espíritu1.

La tradición sucesiva había considerado a esta última expresión demasiado audaz y la había sustituido con una más blanda y aceptable. Entretanto, de esta manera se había perdido el sentido de una metáfora antigua como el mismo cristianismo. Justamente por lo tanto, en la traducción italiana del breviario se ha recuperado el sentido original de la frase ambrosiana. Una estrofa del himno de Laudes, de la cuarta semana del salterio, en idioma italiano de hecho dice:

Sea Cristo nuestro alimento,
sea Cristo el agua viva:
en Él probamos sobrios
la ebriedad del Espíritu.

Lo que empujó a los Padres a retomar el tema de la “sobria ebriedad”, ya desarrollado por Filone Alessandrino2, fue el texto en el cual el Apóstol exhorta a los cristianos de Éfeso diciendo:

No se emborrachen de vino, el cual produce desenfreno, sino sean colmados por el Espíritu, entreteniéndose juntos con salmos, himnos, cantos espirituales, cantando y alabando al Señor con todo vuestro corazón” (Ef 5, 18-19).

A partir de Orígenes son incontables los textos de los Padres que ilustran este tema, jugando a veces sobre la analogía, otras sobre la contradicción entre la ebriedad material y la ebriedad espiritual. La analogía consiste en el hecho de que ambas ebriedades infunden alegría, hacen olvidar los esfuerzos y hacen salir de uno mismo.

La contraposición consiste en el hecho de que mientras la ebriedad material (alcohol, droga, sexo, éxito) vuelve vacilantes e inseguros, la espiritual nos vuelve estables en el bien; la primera hace salir de sí mismos para vivir por debajo del propio nivel racional, la segunda hace salir de sí mismos para vivir por encima de la propia razón. Para ambas se usa la palabra “éxtasis” (¡nombre dado recientemente a una droga terrible!), pero uno es un éxtasis hacia lo bajo y lo otro un éxtasis hacia lo alto.

Aquellos que en Pentecostés confundieron a los apóstoles por ebrios tenían razón, escribe san Cirilo de Jerusalén; se equivocaban solamente en atribuir la ebriedad al vino ordinario, cuando en cambio se trataba del “vino nuevo”, elaborado de la “viña verdadera” que es Cristo; los apóstoles estaban sí ebrios, pero de aquella sobria ebriedad que da la muerte al pecado y da vida al corazón 3.

Tomando inspiración en el episodio del agua que fluye de la roca en el desierto (Es 17, 1-7), y del comentario que hace san Pablo en la Carta a los Corintios (“Todos bebieron de la misma bebida espiritual… Todos hemos bebido de un solo Espíritu). (1 Cor 10, 4; 12, 13), el mismo san Ambrosio escribía:

El Señor Jesús hace surgir agua de la roca y todos bebieron de ella. Los que la bebieron en la figura quedaron saciados; aquellos que la bebieron en la verdad quedaron incluso ebrios. Buena es la ebriedad que infunde alegría. Buena es la ebriedad que afirma los pasos de la mente sobria… Bebe a Cristo que es la vid; bebe a Cristo que es la roca de la cual brota el agua; bebe a Cristo para beber su sus palabras… La Escritura divina se bebe, la Escritura divina se devora cuando lo central de la palabra eterna baja en las venas de la mente y en las energías del alma”. 4

2. De la ebriedad a la sobriedad

¿Qué nos dice hoy a nosotros este sugestivo oxímoron de la sobria ebriedad del Espíritu? Una primera enseñanza es esta. Existen dos modos diversos de actuar para el cristiano, un modo humano y otro modo divino, un modo natural y un modo sobrenatural. Un modo en el cual el protagonista es el hombre con su racionalidad, también sí iluminada por la fe, y un modo en el cual el protagonista, el “agente principal” es el Espíritu Santo.

Este segundo modo es el que san Pablo llama “dejarse conducir por el Espíritu” (cfr. Gal 5, 18), o actuar “en el Espíritu”. Aunque los efectos sean diversos de acuerdo a si se actúa únicamente “en sabiduría”, o sea siguiendo la prudencia, el buen sentido, la experiencia, la organización, la diplomacia, o si a todo esto se añade “la manifestación del Espíritu y su potencia”(cfr. 1 Cor 2, 4).

¿Cómo hacer para retomar este ideal de la sobria ebriedad y encarnarlo en la actual situación histórica y eclesiástica? ¿Dónde está escrito que un modo así “fuerte” de sentir al Espíritu era una exclusividad de los Padres y de los tiempos de la Iglesia, pero que no lo es más para nosotros? El don de Cristo no se limita a una época particular, sino que se ofrece en cada época.

Hay bastante para todos en el tesoro de su redención. Es justamente el rol del Espíritu el que vuelve universal la redención de Cristo, disponible para cada persona, en cada punto del tiempo y del espacio. En el pasado el orden que se inculcaba era, generalmente, el que va de la sobriedad a la ebriedad.

En otras palabras, el camino para obtener la ebriedad espiritual o el fervor, se pensaba, es la sobriedad, o sea la abstinencia de las cosas de la carne, el ayunar del mundo y de sí mismo, en una palabra la mortificación. En este sentido el concepto de sobriedad ha sido profundizado en particular por la espiritualidad monástica ortodoxa, relacionada con la llamada ‘oración de Jesús’.

En esa la sobriedad indica “un método espiritual” hecho de “vigilante atención” para librarse de los pensamientos pasionales y de las palabras malas, substrayendo a la mente cualquier satisfacción carnal y dejándole, como única actividad la compunción por el pecado y la oración.5

Con nombres distintos (desvestirse, purificación, mortificación), es la misma doctrina ascética que se encuentra en los santos y en los maestros latinos. San Juan de la Cruz habla de un “despojarse y desnudarse por el Señor de todo lo que no es del Señor”6.

Estamos en los períodos de la vida espiritual llamados purgativo e iluminativo. En estos el alma se libera con fatiga de sus hábitos naturales, para prepararse a la unión con Dios y a sus comunicaciones de gracia. Estas cosas caracterizan el tercer nivel, la “vida unitiva” que los autores griegos llaman “divinización”.

Nosotros somos herederos de una espiritualidad que concebía el camino de perfección de acuerdo a esta sucesión: antes es necesario vivir largo tiempo en el nivel purgativo, antes de acceder a aquel unitivo; es necesario ejercitarse largamente en la sobriedad, antes de sentir la ebriedad. Cada fervor que se manifestara antes de aquel momento había que considerarlo sospechoso.

La ebriedad espiritual, con todo lo que eso significa, está colocada por lo tanto al final, reservada a los “perfectos”. Los otros, “los proficientes”, tienen que ocuparse sobre todo de la mortificación, sin pretender, porque están lejos aún con los propios defectos, de tener una experiencia fuerte y directa de Dios y de su Espíritu.

Hay una gran sabiduría y experiencia en la base de todo esto, y pobre de aquel que considere estas cosas como superadas. Es necesario entretanto decir que un esquema así de rígido indica también un lento y progresivo desplazamiento del acento de la gracia al esfuerzo del hombre, de la fe a las obras, hasta resentir a veces de pelagianismo.

De acuerdo al Nuevo Testamento, hay una circularidad y una simultaneidad entre las dos cosas: la sobriedad es necesaria para llegar a la ebriedad del Espíritu, y la ebriedad del Espíritu es necesaria para llegar a practicar la sobriedad.

Una ascesis tomada sin un fuerte empuje del Espíritu sería esfuerzo muerto y no produciría otra cosa que “vanidad de la carne”. Para san Pablo es “con la ayuda del Espíritu” que nosotros debemos “hacer morir las obras de la carne” (cfr. Rm 8, 13). El Espíritu nos ha sido dado para que estemos en grado de mortificarnos, antes aún que como premio para ser mortificados.

Una vida cristiana llena de esfuerzos acéticos y de mortificación, pero sin el toque vivificante del Espíritu, se asemejaría -decía un antiguo Padre- a una misa en la que se leyeran tantas lecturas, se cumplieran todos los ritos y se llevaran tantas ofrendas, pero en la cual no se realizara la consagración de las especies por parte del sacerdote. Todo quedaría en aquello que era antes: pan y vino.

Así –concluía aquel Padre– sucede también con el cristiano. Aunque él haya cumplido perfectamente el ayuno y la vigilia, la salmodia y toda la ascesis y cada virtud, pero no se ha cumplido por la gracia, en el altar de su corazón la mística operación del Espíritu Santo, todo este proceso ascético está inconcluso y es casi vano, porque él no tiene la exultación del Espíritu místicamente operante en el corazón”. 7

Esta segunda vía –que va de la ebriedad a la sobriedad– fue la que Jesús les hizo seguir a sus apóstoles. Y si bien tuvieron como maestro y director espiritual al mismo Jesús, antes de Pentecostés ellos no fueron capaces de poner en práctica casi ninguno de los preceptos evangélicos. Pero cuando en Pentecostés fueron bautizados con el Espíritu Santo, entonces se los ve transformados, con la capacidad de soportar por Cristo molestias de todo tipo y hasta el mismo martirio. El Espíritu Santo fue la causa de su fervor, más que el efecto de ese.

Hay otro motivo que nos lleva a redescubrir este camino que va de la ebriedad a la sobriedad. La vida cristiana no es solamente una cuestión de crecimiento personal en la santidad; es también ministerio, servicio, anuncio, y para cumplir estas tareas tenemos necesidad de la “potencia que viene desde lo alto”, de los carismas; en una palabra, de una experiencia fuerte, pentecostal, del Espíritu Santo.

Nosotros tenemos necesidad de la sobria ebriedad del Espíritu, más aún de lo que tuvieron los Padres. El mundo se ha vuelto refractario al Evangelio, tan seguro de sí que solo el “vino fuerte” del Espíritu puede prevalecer a su incredulidad y quitarlo fuera de su sobriedad toda humana y racionalista que se hace pasar por “objetividad científica”.

Solamente las armas espirituales, dice el Apóstol, “tienen de Dios la potencia para abatir las fortalezas, destruyendo los raciocinios y toda arrogancia que se levanta contra el conocimiento de Dios, y sometiendo cada intelecto a la obediencia de Cristo (2 Cor 10, 4-5).

3. El bautismo en el Espíritu

¿Cuáles son los “lugares en donde el Espíritu actúa hoy de este modo pentecostal?

Escuchemos nuevamente la voz de san Ambrosio que fue el cantor por excelencia, entre los Padres latinos, de la sobria ebriedad del Espíritu. Después de haber recordado los dos “lugares” clásicos en donde encontrar el Espíritu -la Eucaristía y las Escrituras-, él indica una tercera posibilidad. Dice:

Hay también otra ebriedad que se realiza a través de aquella penetrante lluvia del Espíritu Santo. Fue así que en los Actos de los Apóstoles, aquellos que hablaban en idiomas diversos aparecían a los oyentes como si estuvieran llenos de vino”. 8

Después de haber recordado los medios “ordinarios” san Ambrosio, con estas palabras indica un medio diverso, “extraordinario”, en el sentido de que no ha sido fijado antes y no es algo instituido. Consiste en revivir la experiencia que los apóstoles hicieron el día de Pentecostés. Ambrosio no quería seguramente señalar esta tercera posibilidad para decir al público que esta estaba excluida para ellos, siendo reservada solamente a los apóstoles y a la primera generación de los cristianos. Al contrario, él quería animar a sus fieles a hacer como la primera generación de los cristianos. Él anima a sus fieles a hacer experiencia de aquella “lluvia penetrante del Espíritu” que se verificó en Pentecostés.

Queda por lo tanto abierta también para nosotros la posibilidad de contactar al Espíritu por esta vía nueva, personal, independiente, que depende únicamente de la soberana y libre iniciativa de Dios. No debemos caer en el error de los fariseos y de los escribas que a Jesús le decían: “Existen nada menos que seis días para trabajar, ¿por qué actuar fuera de ellos, de esta manera nueva e inusitada?”.

El teólogo Yves Congar en su informe al Congreso Internacional de Penumatología que se realizó en 1981 en el Vaticano, en ocasión del XVI centenario del Concilio Ecuménico de Constantinopla, hablando de los signos del despertar del Espíritu Santo en nuestra época dijo:

¿Cómo no situar aquí la corriente carismática, mejor llamada Renovación en el Espíritu? Esto se ha difundido como fuego que corre sobre los pajares. Es algo muy diverso de una moda… Por un aspecto, sobre todo, esto se asemeja a un movimiento de despertar: por el carácter público y verificable de su acción que cambia la vida de las personas… Y como una juventud, una frescura y nuevas posibilidades en el seno de la vieja Iglesia, nuestra madre. Salvo excepciones muy raras, Renovación se coloca en la Iglesia y lejos de poner en discusión las instituciones clásicas, las reanima” 9.

Es verdad que esta como otras análogas realidades nuevas de la Iglesia de hoy, presenta a veces problemáticas, excesos, divisiones, pecados. Esto fue también para mí al inicio una piedra de escándalo. Pero esto sucede con todos los dones de Dios, apenas caen en las manos de los hombres. ¿Acaso la autoridad ha sido siempre ejercida en la Iglesia como la entiende el Evangelio, sin manchas humanas de autoritarismo o búsqueda de poder?

Y a pesar de ello nadie sueña en querer eliminar este carisma de la vida de la Iglesia. No fueron exentas de desórdenes y defectos ni siquiera las primeras comunidades carismáticas cristianas, como la de Corinto. El Espíritu no vuelve, ni a todos, ni inmediatamente, santos. Actúa en grado diverso y de acuerdo a la correspondencia que encuentra.

El instrumento principal con el cual la Renovación en el Espíritu “cambia la vida de las personas es el bautismo en el Espíritu. Hablo sobre ello sin ninguna intención de proselitismo, sino solamente porque pienso sea justo que se conozca en el corazón de la Iglesia una realidad que involucra a millones de católicos.

Se trata de un rito que no tiene nada de esotérico, sino que es hecho más bien de gestos de gran simplicidad, calma y alegría, acompañados por actitudes de humildad, de arrepentimiento, de disponibilidad, de volverse niños, que es la condición para entrar en el Reino.

Es una renovación y una actualización no solo del bautismo y de la confirmación, sino de toda la vida cristiana: para los casados, del sacramento del matrimonio, para los sacerdotes, de su ordenación, para los consagrados, de su profesión religiosa.

El interesado se preparará, además de con una buena confesión, participando en encuentros de catequesis en los cuales viene puesto en un contacto vivo y alegre con las principales verdades y realidades de la fe: el amor de Dios, el pecado, la salvación, la vida nueva, la transformación en Cristo, los carismas, los frutos del Espíritu.

Una década después que llegó la Renovación carismática en la Iglesia católica, Karl Rahner escribía:

No podemos refutar que el hombre pueda hacer aquí abajo experiencias de gracia, que le dan un sentido de liberación, le abren horizontes enteramente nuevos, se imprimen profundamente en él, lo transforman, plasmando también por largo tiempo su actitud cristiana más íntima. Nada prohibe llamar a tales experiencias bautismo del Espíritu”10.

¿Es justo esperar a que todos pasen por esta experiencia? ¿Es este el único modo posible para sentir la gracia de Pentecostés?

Si por bautismo en el Espíritu entendemos un cierto rito, en un determinado contexto, debemos responder no; no es el único modo para tener una experiencia fuerte en el Espíritu. Hubo y hay incontables cristianos que han hecho una experiencia análoga, sin saber nada del bautismo en el Espíritu, recibiendo una efusión espontánea del Espíritu, a continuación de un retiro, de un encuentro, de una lectura, de un toque de la gracia.

Es necesario decir entretanto que el “bautismo en el Espíritu” se ha revelado un medio simple y potente para renovar la vida de millones de creyentes en todas las Iglesias cristianas y sería necesario pensarlo bien antes de decir que no está hecho para nosotros, si el Señor nos pone en el corazón el deseo y nos ofrece la ocasión.

También un curso de ejercicios espirituales puede muy bien concluirse con una especial invocación del Espíritu Santo, si quien lo guía ha hecho experiencia y los participantes lo desean.

He tenido una experiencia el año pasado. El obispo de una diócesis del sur de Londres convocó, por iniciativa suya, a un retiro carismático abierto también al clero de otras diócesis. Estaban presentes un centenar entre sacerdotes y diáconos permanentes y al final todos pidieron recibir y recibieron la efusión del Espíritu, con el apoyo de un grupo de laicos de la Renovación que vinieron para la ocasión. Si los frutos del Espíritu son “amor, alegría y paz”, al final estos se podían tocar con las manos, entre los presentes.

No se trata de adherirse a uno más bien que a otros movimientos actuales en la Iglesia. No se trata ni siquiera, propiamente hablando de un movimiento, sino de una “corriente de gracia” abierta a todos, destinada a perderse en la Iglesia como una descarga eléctrica que se dispersa en la masa, para después desaparecer una vez que se cumplió esta tarea.

Concluimos con las palabras del himno litúrgico recordado en el inicio:

Sea Cristo nuestro alimento,
sea Cristo el agua viva:
en él saboreamos sobrios
la ebriedad del Espíritu.

 

Notas:

1 S. Ambrosio, himno “Splendor paternae gloriae”, en Sancti Ambrosii, Opera, 22: Hymni, Inscriptiones, Fragmenta, Milano, Roma 1994, p. 38.
2 Filone Alejandrino, Legum allegoriae, I, 84 (ed. Claude Mondesert, Paris, u Cerf 1962, p. 88 (methē nefalios).
3 S. Cirillo de G., Cat. XVII, 18-19 (PG 33, 989).
4 S. Ambrosio, Comm. al Sal 1, 33.
5 Cfr. Esichio, Carta a Teodulo, in Filocalia, I, Torino 1982, p. 230ss).
6 S. Juan de la Cruz, La subida del monte Carmelo 5, 7; en Opere, Roma 1979, p. 82)
7 Macario Egipcio, in Filocalia, 3, Torino 1985, p. 325).
8 S. Ambrosio, Comm. al Sal 35, 19.
9 Y. Congar, Actualité de la Pneumatologie, in Credo in Spiritum Sanctum, Libreria Editrice Vaticana, 1983, I, p. 17ss.
10K. Rahner, Erfahrung des Geistes. Meditation auf Pfingsten, Herder, Friburgo i. Br. 1977.

https://es.zenit.org/articles/texto-completo-de-la-tercera-predicacion-de-adviento-del-padre-raniero-cantalamessa/


Las asombrosas teorías de un “periodista católico” español

abril 24, 2015

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Periodista José Manuel Vidal (captura de video)

Periodista José Manuel Vidal (Foto: Captura de video You Tube)

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Las asombrosas teorías de un “periodista católico” español

 por Alejandro Bermúdez

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No es con gusto ni con frecuencia que pongo comillas a términos como periodista o católico. Pero luego de leer el “reportaje” publicado por el ex sacerdote José Manuel Vidal abordando la supuesta “realidad” de la Iglesia en el Perú; uno no sabe si asumir que el autor padece de ignorancia insuperable o ha caído en la mentira patológica.

Las opiniones de Vidal, reflejo de un proyecto de Iglesia en total decadencia, sin seguidores, sin energía y sin futuro, nunca han sido de mi interés. Pero en este caso, Vidal no solo opina de Perú, mi país natal, sino que dice hacerlo después de haberlo visitado.

Dice haber estado una semana en mi país y asegura haber llegado a una conclusión: el único problema de la Iglesia en el Perú se llama el Cardenal Juan Luis Cipriani, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, que según una reciente encuesta –que Vidal no menciona- cuenta con una popularidad sorprendente a pesar de los ataques que recibe diariamente.

Si España fuera dueña de una nave espacial que orbita la tierra, yo habría asumido que fue desde esa nave, sin gravedad y sin contacto, que Vidal visitó el Perú. Pero me temo que, a menos que mienta también sobre esto, efectivamente puso pie en mi país. Pero el pie y no mucho más.

Vidal asegura en su “noticia”, que se ha reunido en Lima con “eclesiásticos de las diversas sensibilidades”. He consultado a personas de “diversas sensibilidades” que no pertenecen al reducido y elitista cogollo que los peruanos conocemos como los “caviares”, y no sólo no han visto a Vidal, sino que ni siquiera saben quién es.

Los emperadores del planetoide caviar en el Perú son los directivos de la ex Pontificia Universidad Católica del Perú (ex PUCP), con su rector Marcial Rubio a la cabeza. La defensa de Vidal a Rubio y sus co-admiradores de las “hueveras de esturión” evidencia que han sido ellos quienes lo han convencido de lo absurdo: de que en Perú hasta los católicos “más moderados” rechazan al Arzobispo de Lima.

Vidal se comió, con muchas ganas y a lo largo del circuito culinario con el que fue agasajado, mentiras que aclaro a continuación:

  1. El Papa Francisco nunca ha querido remover al Cardenal Juan Luis Cipriani, con quien tiene una excelente relación. Que le pregunte Vidal al Arzobispo jesuita de Huancayo, Mons. Pedro Barreto, si es que se puede afirmar que el Papa quiere defenestrar al Cardenal. Un medio peruano así lo anunció, ACI Prensa entrevistó a Mons. Barreto y él negó haber dicho u oído del Papa tal cosa.
  2. El conflicto con la ex PUCP no es una “obsesión” del Cardenal Cipriani. El Papa mismo ha apoyado la visita de la nueva comisión que, puedo anticipar, concluirá lo mismo que concluyó la anterior: La ex PUCP NO ES católica ni quiere serlo.
  3. Es absolutamente falso que le hayan pedido la renuncia al Cardenal Cipriani y éste no haya aceptado “por soberbio”. Desafío a Vidal a decir quién le pidió la supuesta renuncia.
  4. Vidal dice que para que salga de la Arquidiócesis de Lima le habrían ofrecido al Cardenal Cipriani ser Prelado del Opus Dei. Esta teoría no sólo es falsa, sino absolutamente ridícula e intragable, simplemente porque va contra el protocolo de la Iglesia. Un Arzobispo que es Cardenal no sería nombrado Vicario del Opus Dei, que tiene rango de Obispo/Prelado.
  5. Las supuestas tensiones entre Bergoglio y Cipriani durante la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida son falsas. Vidal no estuvo en las sesiones de Aparecida ni en la sala de prensa. Yo sí estuve en Aparecida con tres periodistas más de ACI Prensa. Todos vimos la excelente relación entre ambos.
  6. Vidal dice que el rector de la ex PUCP recibe insultos y amenazas telefónicas y en las calles. Sin embargo, son las huestes de la ex PUCP las que insultan sistemáticamente al Cardenal, y nadie insultaría a Rubio aún queriéndolo. Ni yo reconocería a Rubio por la calle… porque fuera del circuito caviar, no es una figura tan conocida.
  7. Pero pocas mentiras son más patéticas e infundadas que la que aduce que el Papa Francisco en su próximo viaje a América del Sur en julio –en que irá a Ecuador, Paraguay y Bolivia– está evitando el Perú para mandar un supuesto “mensaje” al Cardenal Cipriani. Si así fuera… ¿Por qué el Papa no visita otra diócesis peruana evitando Lima, para que así su mensaje fuera “claro”? Vidal no puede reclamarse periodista y no saber que el Papa ha expresado –al Cardenal Cipriani precisamente– su deseo de viajar a Perú, probablemente en 2016.

Cuando un profesional comete errores graves, algo sucede: va a juicio, pierde el trabajo o paga una multa. ¿Qué consecuencias piensa pagar Vidal, aunque sea por decencia, cuando el Vaticano declare a la ExPUCP en falta y el Papa viaje a Perú y se dé un abrazo con su amigo el Primado peruano?

https://www.aciprensa.com/blog/las-asombrosas-teorias-de-un-periodista-catolico-espanol/#.VTpV0SHtmkq

 


El Papa Francisco, criticado por viejos vaticanistas y vaticanólogos

enero 14, 2015
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Vaticano. Plaza de San Pedro

Vaticano. Plaza de San Pedro

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Lo que ha cambiado Bergoglio es el modo de gobernar la Iglesia

Salvador Aragonés
Blog “El Ojo crítico”

El papa Francisco ha recibido, en estas fiestas navideñas, críticas por parte de periodistas vaticanistas y vaticanólogos que no acaban de entender a este Papa y por ello manifiestan sus dudas y perplejidades sobre su actuación.

No entienden ni su espontaneidad, ni su transparencia, ni su afán reformista-administrativo, ni su apertura a todos los hombres y organizaciones sean del color que sean.

¿Qué es lo que sorprende tanto del Papa Francisco? A unos les sorprende que diga las cosas como las piensa sin subterfugios diplomáticos, a otros les duele que sea amigo de periodistas latinoamericanos y judíos dejando a un lado a los italianos vaticanistas “de toda la vida”, a otros les molesta que hable tanto de los pobres de modo que se acerque al comunismo (esto es para nota), a otros que utilice una liturgia tan simple que contrasta con la solemnidad que tenía Benedicto XVI (siempre hay comparaciones) y finalmente hay a quienes les molesta que el Papa abrace a todo el mundo: protestantes, judíos, musulmanes y ahora lo hizo con el líder de los yizadíes, los iraquíes perseguidos por el Estado Islámico (EI).

En este breve artículo no pretendo salir en defensa de un Papa muy querido en todo el mundo, que ha abierto horizontes en todos los campos y que va precisamente a las “fronteras” del cristianismo para dar a conocer la Buena Nueva del Evangelio, empujando al mismo tiempo a los católicos a que salgan de su comodidad y vayan a las “periferias”.

Está desapareciendo en la Curia Romana este morboso secretismo del que se nutrían bastantes periodistas vaticanistas, especialmente los italianos, que son los que más critican al Papa por lo que ha hecho y dicho de la Curia Romana y su modo “extraño” -dicen- de gobernar, nombrando a cardenales que “no toca”, pues este Papa no es previsible y se sale de todas las coordenadas tradicionales romanas.

Lo mismo le pasó a san Juan Pablo II, que era polaco y venía de “un país lejano”.

Dicen estos periodistas que hay “algunos cardenales” que se han arrepentido de haber votado a Bergoglio. Y si eso fuera así, entonces estos cardenales no fueron dóciles al Espíritu Santo en el pasado Cónclave.

Los cardenales sí que conocían al cardenal Bergoglio, pues aunque no menudeaba por Roma eran conocidísimas sus intervenciones en Argentina y su modo de actuar, desplazándose en autobús o en metro.

El Papa Francisco ha dicho en numerosas ocasiones que él no es un teólogo ni un filósofo -aunque está bien dotado intelectualmente- y que no ha venido a cambiar nada de la doctrina.

Lo que ha cambiado Bergoglio es el modo de gobernar la Iglesia, lejos de los usos romanos seculares en la Curia y con una mentalidad de ejecutivo propia de un jesuita. Todo eso lo sabían los cardenales que, dóciles al Espíritu Santo, eligieron como Papa al arzobispo de Buenos Aires.

Por otro lado, algunos pensadores, ya un poco mayores, no han entendido que el Papa Bergoglio viene de América Latina, un continente alejado de Europa no sólo en su mentalidad, sino en las ideas y en el modo de hacer las cosas.

Es un Papa que, de acuerdo con los cardenales electores, visualizó la necesidad de descentralizar la Curia, pues la Iglesia no puede ser “romanocéntrica” y por eso nombró al Consejo de ocho cardenales que siguen pensando en reformar la Curia desde fuera de Roma. El Papa dijo que “el poder de un Papa está en servir”.

¿Qué más les preocupa del Papa? El papa Bergoglio tiene un modo de gobernar la Iglesia bastante distinto de los anteriores papas. Su doctrina es diáfana: baste leer su única encíclica Evangelii Gaudium, donde anuncia ya toda su pastoral como Obispo de Roma, y como tal, sucesor de Pedro y cabeza de toda la Iglesia.

Todos los papas, como todos los gobernantes, tienen su modo de gobernar, que podrá ser más o menos eficaz, o más o menos agradable, pero para eso son elegidos.

El Papado en Europa tiene un significado más profundo -por la larga historia cristiana europea- que en América Latina, o que en África, o que en Asia. En estos continentes tienen una visión más sencilla del Papado aun sin recortar lo más mínimo su autoridad en materia de fe.

Por otro lado, hay que entender que el Papa Francisco es un amante de la polémica, que le gusta el debate, como sucedió en el anterior Sínodo Extraordinario de los Obispos sobre la familia, porque después del debate sereno la doctrina sale más purificada racionalmente. Que trabaje la fe con la razón, como dijo san Juan Pablo II.

Es, podríamos decir, un Papa provocador. ¿Demasiado públicas las discusiones? Son decisiones de gobierno, y como tales opinables. No hay que confundir la doctrina con la acción de gobierno.

¿Qué es lo que preocupa detrás de estas críticas? No preocupa el descontento de algunos, pues la Iglesia es plural, sino el maniqueísmo que parece estar detrás de algunas críticas, que inciden en la división maniquea de la Iglesia -como se ha hecho desde el Concilio Vaticano II- entre progresistas y conservadores.

Los progresistas son los que ahora apoyarían al Papa. Hay algunos apoyos al Papa que causan hilaridad por cuanto ellos siempre habían hablado mal del Papado como institución.

El Papa, hay que decirlo otra vez, representa el signo de unidad de la Iglesia y es -junto a los obispos que están en comunión con el Papa- quien debe custodiar el depósito de la fe recibido por Dios en la Revelación. Por lo tanto cuando se habla del Papa hay una dimensión que puede afectar también a la fe.

http://www.aleteia.org/es/sociedad/articulo/el-papa-francisco-criticado-por-viejos-vaticanistas-y-vaticanologos-5828419392634880


El Foro Católico-Musulmán condena la violencia fundamentalista

noviembre 14, 2014

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Diálogo interreligioso

Diálogo interreligioso

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Los delegados proponen, entre otras cuestiones, que cristianos y musulmanes multipliquen las oportunidades de encuentro y cooperación en proyectos conjuntos

Por Redacción

ROMA, 13 de noviembre de 2014 (Zenit.org) – Este jueves concluyó en Roma el tercer Seminario del Foro Católico-Musulmán, que en los últimos tres días ha abordado el tema “Trabajando juntos para servir a los demás”.

Los delegados en la declaración final condenaron unánimemente “los actos de terrorismo, la opresión, la violencia contra personas inocentes, la persecución, la profanación de los lugares sagrados, y la destrucción del patrimonio cultural”.

Añadieron que “Nunca es aceptable utilizar la religión para justificar tales actos o asociarlos con la religión” y reafirmaron “la importancia de la cultura del diálogo interreligioso para la profundización de la comprensión mutua.

El papa Francisco recibió ayer en audiencia a todos los participantes, animándolos a perseverar en el camino del diálogo entre cristianos y musulmanes, y manifestó su agrado por el compromiso compartido en el servicio desinteresado a la sociedad.

La delegación católica estuvo presidida por el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. La delegación musulmana fue presidida por Seyyed Hossein Nasr, profesor de Estudios Islámicos en la Universidad George Washington de Estados Unidos.

Durante la reunión, los delegados presentaron numerosos ejemplos de la activa colaboración existente entre los católicos y los musulmanes en todo el mundo. Principalmente, en el ámbito educativo, caritativo y asistencial.

Al finalizar las ponencias y los debates, desarrollados en un ambiente cordial y fraterno, los participantes acordaron los siguientes puntos:

1. Los delegados reconocieron que su reunión tuvo lugar “en un momento de gran tensión y conflictos en el mundo” y reiteraron “la vital importancia de mejorar el servicio y la cooperación mutua”.

En este contexto, los delegados condenaron unánimemente “los actos de terrorismo, la opresión, la violencia contra personas inocentes, la persecución, la profanación de los lugares sagrados, y la destrucción del patrimonio cultural. Nunca es aceptable utilizar la religión para justificar tales actos o asociarlos con la religión”.

2. “La educación de los jóvenes, ya sea en la familia, escuela, universidad, iglesia o mezquita, es de suma importancia para la promoción de una identidad sólida basada en el respeto a los demás”.

Con este fin, “los planes de estudio y libros de texto deben presentar una imagen objetiva y respetuosa del otro”.

3. Los participantes reafirmaron “la importancia de la cultura del diálogo interreligioso para la profundización de la comprensión mutua.

Es algo necesario para superar los prejuicios, las distorsiones, las sospechas, y las generalizaciones inadecuadas que perjudican las relaciones pacíficas que todos buscamos”.

4. Se consideró que “el diálogo debería llevar a la acción, en particular entre los jóvenes”.

Los participantes alentaron a cristianos y musulmanes a “multiplicar las oportunidades de encuentro y cooperación en proyectos conjuntos para el bien común”.

Por último, los delegados expresaron su satisfacción por este fructífero encuentro y se emplazaron a una próxima reunión del Foro.


Sínodo reconoce “contribución insustituible” de laicos a evangelización de la familia

octubre 9, 2014

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Aros matrimoniales: sacramental del matrimonio

Aros de las nupcias: sacramental del matrimonio

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El Sínodo reconoce la “contribución insustituible” de los laicos a la evangelización de la familia

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VATICANO, 08 Oct. 14 / 12:17 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Sínodo Extraordinario sobre la Familia destacó hoy, en su quinta congregación, la “contribución insustituible” que realizan los fieles laicos en la evangelización de la familia, de forma particular los jóvenes, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades.

Según informó hoy la Oficina de Prensa de la Santa Sede, los Obispos destacaron que “los jóvenes, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades desempeñan un servicio de importancia vital, llevando a cabo una misión profética y contracorriente en la época actual”.

“Escuchar a los laicos y creer más en ellos es, por lo tanto, esencial, porque es en ellos y con ellos, donde la Iglesia puede encontrar respuestas a los problemas de las familias”.

El Sínodo dialogó hoy sobre la Iglesia en Medio Oriente y África del Norte, zonas que “viven en contextos políticos, económicos y religiosos difíciles que tienen graves repercusiones en las familias”.

“Allí donde las leyes impiden , de hecho, la reunificación familiar y la pobreza conduce a la migración, donde hay fundamentalismo religioso y los cristianos no tienen los mismos derechos que los ciudadanos musulmanes, se plantean a menudo problemas difíciles para las familias que surgen de los matrimonios mixtos”.

Los Obispos señalaron que el desafío de la Iglesia en estos casos “es entender qué catequesis ofrecer a los niños nacidos de esas uniones y cómo responder a la incógnita de los católicos que, unidos en un matrimonio mixto, quieren seguir practicando su fe”.

Estas parejas, indicaron, “no pueden dejarse de lado y la Iglesia debe seguir ocupándose de ellas”.

“Un reto posterior es el de los cristianos que se convierten al Islam para casarse. También, en este caso, es necesaria una adecuada reflexión”.

El Sínodo indicó que también existen casos “en que si un católico que ha contraído matrimonio canónico no logra obtener la declaración de nulidad, se pasa a otra confesión cristiana, volviendo a casarse en una iglesia que lo permita. En cualquier caso, y sin perjuicio del patrimonio común de la fe, se subrayó la necesidad de tomar el camino de la misericordia para las situaciones difíciles”.

Sobre los divorciados en nueva unión, los Obispos señalaron que “el Sínodo deberá ocuparse ciertamente de ella en su recorrido , con la prudencia que requieren las grandes causas, pero también conjugando la objetividad de la verdad con la misericordia por la persona y su sufrimiento”.

Los Obispos reiteraron el compromiso de la Santa Sede por hacer escuchar su voz “en defensa de la familia en todos los niveles -internacional, nacional y regional- con el objetivo de resaltar su dignidad y de llamar la atención sobre sus derechos y deberes, señalando siempre, como afirmaba Benedicto XVI, que sus ‘no’ son, en realidad, los ‘sí’ a la vida”.

“La Iglesia debe combatir el silencio de las familias en la educación y en la religión porque no hay lugar para la vacilación. Hace falta un compromiso más fuerte en el testimonio del Evangelio y siempre es necesaria la creatividad en la pastoral”.

Los Prelados también abordaron el problema de la precariedad laboral y el desempleo, destacando que “la angustia por la falta de un trabajo seguro crea dificultad en las familias, así como la pobreza económica, que a menudo hace que sea imposible tener un hogar”.

Es necesario, subrayaron, “insistir en que el dinero debe servir y no gobernar”.

Cerca del final de la congregación, los Obispos reiteraron “la necesidad de una mayor preparación para el matrimonio, prestando también una atención específica a la educación afectiva y sexual, para fomentar una verdadera mística familiar de la sexualidad”.

Recordaron además la importancia de la “contribución de los abuelos en la transmisión de la fe en la familia”.

Los Padres Sinodales destacaron la necesidad “de que el núcleo familiar acoja, con solidaridad, cuidado y ternura, a las personas de la tercera edad. La misma importancia debe darse a los enfermos, para acabar con esa ‘cultura del descarte’, de la que a menudo nos pone en guardia el Papa Francisco”.


De familia no creyente a fundar una comunidad: Josué Fonseca revela 6 rasgos del liderazgo cristiano

julio 18, 2014

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Josué Fonseca lleva muchos años viviendo la evangelización de jóvenes y alejados - propone líderes, discipulado y comunidades

Josué Fonseca lleva muchos años viviendo la evangelización de jóvenes y alejados: propone líderes, discipulado y comunidades

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Josué Fonseca, fundador “porque ya no quedaba más remedio” de la comunidad Fe y Vida (www.feyvida.com) , coorganizadora del Encuentro de Nueva Evangelización 2014 del pasado fin de semana en Valladolid:

Habló sobre todo del liderazgo cristiano y de la comunidad cristiana, partiendo de su experiencia personal, y con la perspectiva que da ser historiador especializado en comportamiento religioso, ser profesor de instituto y universidad, haber sido “salvado en una comunidad” y haber fundado otra.

Un chico le invitó a una oración

“Yo era de familia no creyente, de izquierdas, un ambiente alejado de la fe y me sentía muy perdido a los 17 años, cuando un chaval me invitó a una oración… Con ese chico y otros más conocí la fe.

Ese grupo me escuchó y me dio ánimos en los momentos duros y me acompañó durante 4 años con paciencia. Esa comunidad me salvó la vida… y con el tiempo, trabajando con jóvenes, entendí que eso era lo que tenía que hacer yo también”, explicó en el ENE.

“Fundas una comunidad porque no queda más remedio”

Josué, que ha viajado por Francia conociendo a los fundadores de otras comunidades católicas, cita a uno de ellos: “la comunidad es una vivencia venida de otra parte”.

En parte, significa que un fundador crea una comunidad a partir de lo que él ya ha vivido. En parte, significa también que la crea porque se lo impone la realidad o la necesidad.

“Igual que lo normal y sano para un niño es ser engendrado y criado por un padre y una madre en una familia –hay otras formas pero no es lo mismo- lo normal para ser engendrados en la fe y crecer en ella es estar en una comunidad.

Creo que es necesario para el cristiano tener una comunidad. Animo a todos a tener una: ¡busca unos hermanos que te levanten cuando estás mal, que tú les ayudes a ellos, un grupo que pueda enseñar y evangelizar y esté ligado a la Iglesia a través del obispo!”

Dicho esto, advierte que “en realidad nadie puede fundar por iniciativa propia una comunidad; es Dios quien te lleva ahí, la fundas porque no queda más remedio”.

En su caso, sucedió así.

Los jóvenes que querían rezar

“Yo hablaba de Dios y la oración, y daba mi testimonio a unos 30 jóvenes del instituto público. Me dijeron: hagamos una oración aquí, como eso que cuentas. Pero era un centro público, así que me los llevé a una oración en el campo, en un sitio aislado, con vacas…

Eran jóvenes normales católicos, es decir, de los que no iban a misa desde la primera comunión. Nunca había visto nada como esa oración: ellos lloraban y se arrepentían. Telefoneé a un cura de otro pueblo: ‘toma el coche y ven que hay que confesar a muchos chicos’. Y se confesaron.”

“Luego me reuní con ellos una vez a la semana, a orar juntos. Y me llamaban a todas horas, se quedaban a dormir en casa… Y al año siguiente otra hornada de chavales, y al siguiente lo mismo. El grupo crecía.

Yo estaba recién casado y siempre había chicos de estos por mi casa. Venían chicas con su pijama a casa, se metían en la cama con mi mujer a contarle sus problemas, y yo me tenía que ir a dormir a otro sitio.

Era bastante surrealista pero era necesario acoger a esos chicos. Una vez hicimos una nochevieja de 40 personas en un piso de 30 metros”.

“Finalmente, cuando ya tenía unos 50 de estos, fui a mi obispo y le dije: ‘señor obispo, yo no soy párroco ni padre de estos chicos, pero a sus parroquias no los puedo mandar porque ni ellos van a ir ni en ellas los van a entender

Un cura de hecho les ha regañado diciendo que qué hacen orando dos horas seguidas, que si no tienen nada mejor que hacer’. El obispo me dijo: ‘yo estaré contigo, sigue con ellos’. Vino a una reunión, conoció la situación. Y años después nos aprobó canónicamente como asociación”.

Así nació Fe y Vida. Unos 15 de aquellos chicos estaban en el ENE -ya como padres de familia- en diversos cargos de servicio y responsabilidad: sin ellos, el encuentro no se habría podido realizar.

Ponencia de Josué Fonseca en el ENE 2014 sobre la importancia de las comunidades cristianas



Qué es y qué no es comunidad

Josué considera que la diferencia entre un movimiento y una comunidad es que “el movimiento insiste más en la metodología, y tiende a usarla igual en todos los países, mientras que la comunidad insiste más en la relación entre las personas, y tiende a ser más pequeña”.

Lo que está claro es que no basta con ser una comunidad “canónicamente” para funcionar como una comunidad real.

Mi parroquia es un pueblo de Cantabria, donde en misa estamos mi esposa, mis hijos, 22 señoras y yo. Soy el rey, como el gallo en el gallinero: las señoras me quieren mucho, leo las lecturas, etc…”, bromea Josué.

“Resulta que muchas señoras están peleadas entre ellas. Hay dos en concreto que no se hablan con nadie del pueblo porque con los años se han ido peleando con todos. Pero van a comulgar, ¡eh!, porque ¡qué tendrá que ver una cosa con la otra, buena cristiana sí que soy! Aunque jurídica y teológicamente eso sea una comunidad, en la realidad no lo es”.

Y da una base bíblica para enmarcar qué es una comunidad: Hechos 2, 42-47. Una comunidad hace eso.

1- Comparte la enseñanza de los apóstoles,
2- acude a la fracción del pan,
3- la oración conjunta,
4- comparten bienes y posesiones,
5- acuden al templo –especifica el texto- con corazón sincero, no sólo como ritual;
6- además da testimonio, evangeliza
7- y eso le hace crecer: “Dios agregaba al número de los que se salvan“.

Eso es una comunidad.

Criar un cristiano adulto cuesta 10 años

Respecto a la Nueva Evangelización, Josué ve que tras el “primer anuncio” y una primera experiencia de encuentro con Cristo, el cristiano necesita crecer en la fe, ser “discípulo”.

“Criar un cristiano adulto cuesta 10 años de trabajo, yo lo he vivido con docenas de jóvenes”, advierte. “Te llaman con sus problemas, te cuentan que les cuesta rezar, o problemas con la castidad, u otros temas… ¿Qué vamos a crear los cristianos para sostener a la gente en la fe? Un amigo cura se pasó horas confesando jóvenes en la JMJ de Madrid y me dijo: ‘esos chicos están muy perdidos’. Vale, ¿quién les va a ayudar, dónde vamos a meterlos para que sean discípulos; ¿cómo acompañar a esas personas que se convierten o al menos muestran interés?”

Al final, para evangelizar, sea con métodos de primer anuncio o acogiendo en grupos y comunidades, se necesitan “líderes”, no refiriéndose solo a obispos ni a párrocos (aunque deberían ejercer como tal) sino a muchas otras personas. Ese fue el tema del taller de Josué en el ENE.

¿Qué es un líder?

Él dio su propia definición: “Liderazgo es la capacidad de motivar, coordinar y dirigir eficazmente a un grupo de personas hacia un objetivo común”.

-Motivación: indispensable, porque “lo es todo, fijémenos en la selección española en el Mundial, buen equipo y jugadores, pero sin motivación porque ya lo habían ganado todo; y a Brasil, una vez le marcan dos goles, se hunde su motivación… y le meten 7 en casa. Un líder sabe motivar”.

-Coordinación: que consiste en reconocer los talentos de las personas y ponerlos al servicio del objetivo común

-Objetivo común: consiste en “saber dónde vas; si el líder no sabe adónde va, todo será un desastre”.

Bill Haydels, pastor en Willow Creek, Chicago, megaiglesia de 20.000 personas con mayoría de jóvenes, un gran teórico del liderazgo “que tiene más de 60 años y ya dice lo que le da la gana, como un obispo emérito”, dice: “Un líder lleva a la gente de la situación A a la B… y ¡consigue mantenerla allí!”.

Un cura de pueblo explicó a Josué que “a mí siempre me ha ido bien porque siempre lo he explicado todo a mis feligreses”. El buen líder dedica tiempo a explicar las cosas.

Los norteamericanos dedicaron recursos y al cineasta John Ford para filmar documentales durante la Segunda Guerra Mundial con el tema: “por qué luchamos”; lo explicaron al pueblo, y ganaron. La guerra de Vietnam no supieron explicarla, y perdieron, señala Josué.

“Si no convences, no te siguen. En nuestra época, ya no convencen ni el deber, ni la autoridad ni el sentido de la responsabilidad… para convencer hay que apelar hoy al entendimiento y al corazón”, asegura Josué.

Aunque Josué reconoce que hay líderes lícitos pero tóxicos, recomienda no enfrentarlos –al menos en contextos cristianos- y dedicarse a servir de otra manera.

“Saúl era un líder que llegó a ser tóxico y David, que era un líder natural no levantó la mano contra él, porque era ungido del Señor; David se fue a otros asuntos, aunque al final los jefes de las tribus le irán a buscar y lo reconocerán”, señala.

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El obispo Rafael Zornoza de Cádiz presenta a Josué
Fonseca a la nueva escuela de discipulado gaditana

Los 5 aspectos propios del liderazgo cristiano eficaz

Según Josué Fonseca:

1 – Uno sólo debería ser líder tras un proceso de discipulado
No puedes dar lo que no has recibido, recuerda. Es muy difícil discipular si antes no has sido discipulado, no puedes mandar si no aprendiste a obedecer. En muchos ambientes de iglesia hay enfados personales en gente inmadura, a la que han colocado en posiciones de liderazgo.

No se puede colocar a bebés espirituales (o personas muy inmaduras) en posiciones de liderazgo porque “es que son los que se apuntaron” o “los que se ofrecieron”.

El líder debe poder discipular, y sólo podrá si ha sido discipulado antes.

2- El líder cristiano debe rendir cuentas a alguien

Quien tiene alguien a su cargo ha de responder ante un superior. O al menos un igual.

“Yo soy el Fundador de Fe y Vida pero si el consejo de Fe y Vida me dice que no a una cosa, me aguanto. Si no tienes a quién someterte, puedes acabar muy mal.

Hice 1.700 kms. para conocer al fundador de la comunidad de Las Bienaventuranzas en una ermita… y tiempo después me enteré de escándalos en esa comunidad, líderes adúlteros… Eso pasa cuando un líder no rinde cuentas a nadie.

El fundador de la comunidad Camino Nuevo y dos líderes más de comunidades francesas de derecho pontificio quedan cada dos meses en un encuentro conjunto con Jean Vanier, de la Comunidad del Arca, para contarse sus miserias, tensiones y errores. El líder ha de tener con quién confesarse y con quién compartir dudas”.

3- El líder cristiano respeta el campo de otros líderes cristianos

Para inspirar lealtad, los líderes tienen que haber sido leales a su vez a sus líderes, viviendo un contexto de lealtad y honor. Excepto en casos de clarísima injusticia, un líder cristiano no debe dejar solo a su superior, sólo porque se equivoque.

El principio de honor implica respetar el campo de actuación de otro líder. No hay respeto cuando hay confesores que interfieren en la dirección de líderes laicos lícitos. O cuando un párroco no respeta el espacio de otro párroco.

4- El líder cristiano busca el crecimiento del Reino, no de su grupito

Un líder cristiano busca hacer crecer el Reino de Dios, no su grupo, sus manías, su movimiento… El líder sirve a la Iglesia, busca predicar a Cristo, no a su movimiento.

5- El líder cristiano sabe que lo primero son las personas, no los objetivos.

“Una misión al espacio es exitosa cuando la tripulación vuelve sana a casa”, dice Gene Krantz, el director de la misión del Apolo XIII. A un líder no le importa que se hunda la parroquia, la estructura, el movimiento… si así consigue salvar a la persona.

6- El líder cristiano sabe que pagará un precio

El liderazgo cristiano, que implica servir a los demás, significa perder cosas. Un líder laico, por ejemplo, perderá tiempo para su familia, promoción en su trabajo, verá disminuir o desaparecer su tiempo libre… Un líder lo está haciendo bien si el día que le retiran el liderazgo dice: “¡bien, qué alivio!”

Líderes y Nueva Evangelización

La Iglesia está descubriendo o rediseñando buenos y nuevos métodos para evangelizar que funcionan bastante bien, y siempre se pueden ir mejorando.

El punto débil no son los métodos sino las personas: es un fallo dar liderazgo a quien no puede liderar.

En 2 Timoteo 2,2 el apóstol dice a Timoteo, obispo joven: “Lo que te he enseñado enséñalo a otros capaces de enseñar a otros”.

Evangelizar es, hoy, formar cristianos, hacerlos madurar y prepararlos como evangelizadores. “Si engendras ‘hijos en la fe’, nuevos cristianos, pero no los educas y haces madurar, eres como un play boy que engendra hijos en la fe y los abandona. Necesitan comunidad y discipulado”, insiste Josué.

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