¿Cómo llegar a los alejados y desencantados? Tres desafíos y tres oportunidades para esta misión

julio 18, 2017

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¿Cómo llegar a los alejados y desencantados? Tres desafíos y tres oportunidades para esta misión

Por Julián Lozano

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Durante estos días, del 1 al 4 de julio, en Estados Unidos se ha celebrado una convención sin precedentes en Orlando (Florida) organizada por la Conferencia Episcopal de Estados Unidos en la que han participado los principales líderes católicos del país con el objetivo de impulsar la nueva evangelización y formar misioneros que den respuestas a los desafíos actuales atrayendo a los no creyentes.

Uno de los participantes que más relevancia tuvo debido a su experiencia en nueva evangelización fue Robert Barron, obispo auxiliar de Los Angeles, pero sobre todo experto en comunicación, con millones de seguidores en las redes sociales, y en técnicas para atraer a los alejados.

En su intervención en vídeo que recoge National Catholic Register, Barron dio una conferencia titulada “Equipar a los evangelizadores”, el ahora prelado dijo a todos los líderes presentes en Orlando que la forma de evangelizar debe agarrar al mundo por los hombros y sacudirlo de su apatía. Pidió perder el miedo y los complejos utilizando las numerosas armas que posee la Iglesia.

Una pelea que hay que disputar

Para este experto, la evangelización debe ser puesta en primer lugar y como algo “urgente” puesto que los nones (personas que responden en las encuestas no o ninguna sobre la religión que profesan), crecen rápidamente en Estados Unidos y más aún en Europa.

Si no se batalla no se podrá ganar la guerra. “Tenemos una lucha en nuestras manos, pero los grandes santos de nuestra Iglesia siempre han amado una buena pelea, y nosotros también deberíamos”, dijo el auxiliar de Los Ángeles.

Su conferencia la centró en los evangelizadores y las armas que deben tener pero para ello considera imprescindible, primero, conocer a lo que se enfrentan,  y segundo, saber de qué armas disponen para comenzar esta “lucha”. 

Por ello, Barron habló de tres desafíos y tres oportunidades principales con que los evangelizadores y misioneros católicos se enfrentan hoy en día.

Los desafíos son, según él, el cientifismo, la cultura de la apatía y la autodeterminación.

1. El cientifismo

Para Barron el compromiso que hay en estos momentos en el mundo de la cultura con el “cientifismo”, o la creencia de que el único conocimiento  valioso es el científico, es uno de los grandes retos a los que se enfrentan los evangelizadores. Su mensaje siempre se encontrará con un muro ante los que defienden esta concepción.

“Permítanme ser claro: la Iglesia Católica no tiene nada en contra de las ciencias, la Iglesia está con la ciencia en su mejor momento”, dijo. Pero añadía que “a lo que la Iglesia se opone es al cientifismo, o la reducción de todo conocimiento a la forma científica del conocimiento”.

Hablar de Dios en una cultura embargada por este pensamiento es un desafío para los católicos pero considera imprescindible hacerlo. “Cuando nosotros, como cultura, nos aislamos de todas las referencias a lo trascendente, hacemos daño al corazón humano, hacemos daño al espíritu humano”.

2. La cultura del ‘pasotismo’

En su diagnóstico, Barron destacó la “apatía desenfrenada” que existe en la sociedad de hoy, especialmente entre los más jóvenes, que están marcados por no abrazar la verdad, sino que hablan de la posverdad. “Si no hay verdades objetivas y no hay valores objetivos se produce una cultura del ‘meh’ (pasotismo, apatía)”, agregó.

Sin embargo, la verdad y lo que representa son parte fundamental de la misión del católico. Recordó las palabras del beato Newman, quien dijo que un río recibe su energía y fuerza desde su nacimiento. Si al río le quitas los márgenes se convertirá en un “lago grande, perezoso. Plácido, sin energía ni propósito”.

Según el obispo auxiliar de Los Ángeles, “nuestra sociedad hoy es como un gran lago perezoso, donde todos nosotros flotamos, tolerándonos unos a otros, no entrando en el camino del otro, pero sin energía ni propósito”.

Pero la evangelización –añadió- es la antítesis de esta apatía pues “una vez que has sido agarrado por el poder de Dios sabes a dónde ir y lo haces con energía”.

3. Autodeterminación

Robert Barron habló del tercer desafío, la “autodeterminación” basada en un mal entendimiento de la palabra “libertad”. “La creencia central ampliamente aceptada por los jóvenes es que la libertad define la identidad”, aseguró.

“Mi libertad viene primero y luego ya determino la  esencia, quién soy, el significado de mi vida. Todo está basado en mi libertad: mi sexualidad, mi género, el propósito de la vida”. Así definió el obispo el pensamiento de millones de jóvenes hoy.

Sin embargo, el cristianismo ofrece todo lo contrario pues predica que “tu vida no es tuya, no depende de ti”.  Recordando la cita de San Pablo de “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”, Barrón agregaba que cuando has sido atrapado “por el poder de Jesucristo, tu pequeño drama del ego se vuelve bastante menos importante”.

De tres desafíos a tres oportunidades

Tras presentar estos tres grandes desafíos a los que se enfrentan los católicos, el experto ofreció a los presentes tres oportunidades de evangelización basadas en la verdad, la bondad y la belleza.

1. Una verdad inteligente

“Odio el catolicismo rebajado”, dijo de manera contundente, es decir, poner sólo el énfasis “en lo superficial”. “Somos una religión inteligente y cuando no expresamos el catolicismo de una manera inteligente la gente desaparece”, agregó.

Barron instó a catequistas, apologetas y evangelizadores a comprender los grandes argumentos sobre la existencia de Dios pues los jóvenes  a menudo no tienen una comprensión sólida de Dios más allá de una vaga deidad.

El obispo reconoció que su argumento favorito es que la existencia proviene de Dios y que nada se creó a sí mismo. “El Dios del que estoy hablando sostiene el universo entero en todo momento al igual que un cantante crea una canción. La creación continua, ese es el Dios del que la Iglesia habla y el que debemos transmitir a nuestros jóvenes”.

2. Bondad de los cristianos radicales

Barron explicó en este segundo punto que cuando la vida cristiana se abraza de manera completa y radical la bondad destaca en el mundo. Puso como ejemplo a la Madre Teresa, que evangelizó el mundo con su testimonio radical de bondad.

A lo largo de la historia de la Iglesia, dijo, “la bondad y la radicalidad de la vida cristiana atrajeron la atención del mundo” recordando la vida y las obras de los santos Benito, Domingo y Francisco.

“Necesitamos recuperar lo que todas estas grandes figuras encontraron, esta forma espléndidamente radical de la vida cristiana. Cuando se vive así públicamente, se evangeliza”, agregó.

3. La auténtica belleza

La tercera oportunidad de la que habló el obispo auxiliar de Los Ángeles fue de la belleza, indicando que quizás la mejor oportunidad para comenzar la evangelización sea mostrarla al mundo. “Lo objetivamente valioso y bello es algo tan intrínsecamente bueno que nos atrapa, nos detiene en nuestros caminos, en algo llamado como arresto estético”.

Barron consideró que una forma fácil para empezar a evangelizar es tan simple como “mostrar, no decir”.  Dirigiéndose  a los presentes les dijo: “sólo muestra a la gente la belleza del catolicismo: muéstrales catedrales, muéstrales la Capilla Sixtina, muéstrales a las hermanas de la Madre Teresa en el trabajo. No les digas qué pensar y cómo comportarse, muestra la belleza del catolicismo, que tiene un poder evangélico”.

“No hay nada más hermoso que el morir y resucitar de Jesucristo y los apóstoles lo comunican con una urgencia de ‘agarrar por lo hombros’. Éstas son personas atrapadas por algo tan poderoso y tan abrumador que quieren agarrar al mundo por los hombros y hablarles sobre esto”, dijo el obispo.

“Necesitamos estar llenos del mismo entusiasmo por la belleza de nuestra fe”, concluyó.

http://www.religionenlibertad.com/como-llegar-los-alejados-desencantados-tres-desafios-tres-57880.htm


Homilía del Papa Francisco en la Misa de Solemnidad de San Pedro y San Pablo

junio 29, 2017

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Solemnidad de San Pedro y San Pablo, columnas de la Iglesia Católica. El Papa Francisco celebra la Misa.

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TEXTO COMPLETO: Homilía Papa Francisco Misa Solemnidad San Pedro y San Pablo

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VATICANO, 29 Jun. 17 / 03:10 am (ACI).- El Papa Francisco celebró la Misa por la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, patronos de Roma. Estuvo acompañado por los cinco nuevos cardenales creados el día anterior en el Consistorio celebrado en la Basílica de San Pedro. Además, el Papa bendijo los palios destinados a los Arzobispos metropolitanos nombrados a lo largo del año y que les serán impuestos en sus respectivas diócesis.

En su homilía, el Papa dijo: “Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón”.

A continuación, el texto completo de la homilía del Pontífice: 

La liturgia de hoy nos ofrece tres palabras fundamentales para la vida del apóstol: confesión, persecución, oración.

La confesión es la de Pedro en el Evangelio, cuando el Señor pregunta, ya no de manera general, sino particular. Jesús, en efecto, pregunta primero: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» (Mt 16,13). Y de esta «encuesta» se revela de distintas maneras que la gente considera a Jesús un profeta.

Es entonces cuando el Maestro dirige a sus discípulos la pregunta realmente decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 15). A este punto, responde sólo Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Esta es la confesión: reconocer que Jesús es el Mesías esperado, el Dios vivo, el Señor de nuestra vida.

Jesús nos hace también hoy a nosotros esta pregunta esencial, la dirige a todos, pero especialmente a nosotros pastores. Es la pregunta decisiva, ante la que no valen respuestas circunstanciales porque se trata de la vida: y la pregunta sobre la vida exige una respuesta de vida. Pues de poco sirve conocer los artículos de la fe si no se confiesa a Jesús como Señor de la propia vida.

Él nos mira hoy a los ojos y nos pregunta: «¿Quién soy yo para ti?». Es como si dijera: «¿Soy yo todavía el Señor de tu vida, la orientación de tu corazón, la razón de tu esperanza, tu confianza inquebrantable?». Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida. Como Jesús nos hace también hoy a nosotros esta pregunta esencial, la dirige a todos, pero especialmente a nosotros pastores.

Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida como discípulos y apóstoles; pasamos nuevamente de la primera a la segunda pregunta de Jesús para ser «suyos», no sólo de palabra, sino con las obras y con nuestra vida.

Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón.

Quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida; sabe que no puede creer con tibieza, sino que está llamado a «arder» por amor; sabe que en la vida no puede conformarse con «vivir al día» o acomodarse en el bienestar, sino que tiene que correr el riesgo de ir mar adentro, renovando cada día el don de sí mismo.

Quien confiesa a Jesús se comporta como Pedro y Pablo: lo sigue hasta el final; no hasta un cierto punto sino hasta el final, y lo sigue en su camino, no en nuestros caminos. Su camino es el camino de la vida nueva, de la alegría y de la resurrección, el camino que pasa también por la cruz y la persecución.

Y esta es la segunda palabra, persecución. No fueron sólo Pedro y Pablo los que derramaron su sangre por Cristo, sino que desde los comienzos toda la comunidad fue perseguida, como nos lo ha recordado el libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. 12,1).

Incluso hoy en día, en varias partes del mundo, a veces en un clima de silencio —un silencio con frecuencia cómplice—, muchos cristianos son marginados, calumniados, discriminados, víctimas de una violencia incluso mortal, a menudo sin que los que podrían hacer que se respetaran sus sacrosantos derechos hagan nada para impedirlo.

Por otra parte, me gustaría hacer hincapié especialmente en lo que el Apóstol Pablo afirma antes de «ser —como escribe— derramado en libación» (2 Tm 4,6). Para él la vida es Cristo (cf. Flp 1,21), y Cristo crucificado (cf. 1 Co 2,2), que dio su vida por él (cf. Ga 2,20). De este modo, como fiel discípulo, Pablo siguió al Maestro ofreciendo también su propia vida.

Sin la cruz no hay Cristo, pero sin la cruz no puede haber tampoco un cristiano. En efecto, «es propio de la virtud cristiana no sólo hacer el bien, sino también saber soportar los males» (Agustín, Disc. 46.13), como Jesús. Soportar el mal no es sólo tener paciencia y continuar con resignación; soportar es imitar a Jesús: es cargar el peso, cargarlo sobre los hombros por él y por los demás.

Es aceptar la cruz, avanzando con confianza porque no estamos solos: el Señor crucificado y resucitado está con nosotros. Así, como Pablo, también nosotros podemos decir que estamos «atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados» (2 Co 4,8-9).

Soportar es saber vencer con Jesús, a la manera de Jesús, no a la manera del mundo. Por eso Pablo —lo hemos oído— se considera un triunfador que está a punto de recibir la corona (cf. 2 Tm 4,8) y escribe: «He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (v. 7).

Su comportamiento en la noble batalla fue únicamente no vivir para sí mismo, sino para Jesús y para los demás. Vivió «corriendo», es decir, sin escatimar esfuerzos, más bien consumándose.

Una cosa dice que conservó: no la salud, sino la fe, es decir la confesión de Cristo. Por amor a Jesús experimentó las pruebas, las humillaciones y los sufrimientos, que no se deben nunca buscar, sino aceptarse. Y así, en el misterio del sufrimiento ofrecido por amor, en este misterio que muchos hermanos perseguidos, pobres y enfermos encarnan también hoy, brilla el poder salvador de la cruz de Jesús.

La tercera palabra es oración. La vida del apóstol, que brota de la confesión y desemboca en el ofrecimiento, transcurre cada día en la oración. La oración es el agua indispensable que alimenta la esperanza y hace crecer la confianza. La oración nos hace sentir amados y nos permite amar. Nos hace ir adelante en los momentos más oscuros, porque enciende la luz de Dios.

En la Iglesia, la oración es la que nos sostiene a todos y nos ayuda a superar las pruebas. Nos lo recuerda la primera lectura: «Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12,5).

Una Iglesia que reza está protegida por el Señor y camina acompañada por él. Orar es encomendarle el camino, para que nos proteja. La oración es la fuerza que nos une y nos sostiene, es el remedio contra el aislamiento y la autosuficiencia que llevan a la muerte espiritual. Porque el Espíritu de vida no sopla si no se ora y sin oración no se abrirán las cárceles interiores que nos mantienen prisioneros.

Que los santos Apóstoles nos obtengan un corazón como el suyo, cansado y pacificado por la oración: cansado porque pide, toca e intercede, lleno de muchas personas y situaciones para encomendar; pero al mismo tiempo pacificado, porque el Espíritu trae consuelo y fortaleza cuando se ora. Qué urgente es que en la Iglesia haya maestros de oración, pero que sean ante todo hombres y mujeres de oración, que viven la oración.

El Señor interviene cuando oramos, él, que es fiel al amor que le hemos confesado y que nunca nos abandona en las pruebas. Él acompañó el camino de los Apóstoles y os acompañará también a vosotros, queridos hermanos Cardenales, aquí reunidos en la caridad de los Apóstoles que confesaron la fe con su sangre.

Estará también cerca de vosotros, queridos hermanos Arzobispos que, recibiendo el palio, seréis confirmados en vuestro vivir para el rebaño, imitando al Buen Pastor, que os sostiene llevándoos sobre sus hombros. El mismo Señor, que desea ardientemente ver a todo su rebaño reunido, bendiga y custodie también a la Delegación del Patriarcado Ecuménico, y al querido hermano Bartolomé, que la ha enviado como señal de comunión apostólica.

 


“Ir de misiones no es hacer turismo, es ser testigo del Señor”, recuerda el Papa Francisco

junio 25, 2017

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Ángelus: El Papa Francisco, testigo del Señor ante la Iglesia y ante el mundo. 

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“Ir de misiones no es hacer turismo, es ser testigo del Señor”, recuerda el Papa Francisco

Por Miguel Pérez Pichel

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VATICANO, 25 Jun. 17 / 05:21 am (ACI).- Durante el rezo del Ángelus este domingo en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco exhortó a asumir la vocación de todo cristiano a la misión, a dar testimonio de Cristo, pero afirmó: “ir de misiones no es hacer turismo”, y recordó la advertencia que hizo Jesús a sus discípulos: “encontraréis persecuciones”.

No obstante, el Santo Padre también subrayó la insistencia con que Jesús animaba a sus discípulos a no tener miedo: “¡No tengáis miedo!”. “No tengáis miedo –repitió Francisco–, porque somos muy valiosos para Dios y Él nunca nos abandona”.

Además hizo hincapié en que “en el testimonio de la fe no cuentan los éxitos, sino la fidelidad a Cristo”.

“En el Evangelio de hoy, el Señor Jesús, después de haber llamado y enviado a la misión a sus discípulos, los instruye y los prepara para afrontar las pruebas y las persecuciones que deberán afrontar”, comenzó a explicar el Santo Padre.

Francisco advierte que “el envío a la misión por parte de Jesús, no garantiza a los discípulos el éxito, así como no les protege del fracaso y del sufrimiento. Deben contar tanto con el posible rechazo como con la persecución”.

En este sentido, afirmó que “el discípulo está llamado a hacer que su vida confluya con la de Cristo, que fue perseguido por los hombres, conoció el rechazo, el abandono y la muerte en la Cruz”.

“En la misión cristiana –continuó– no existe la bandera de la tranquilidad; las dificultades y tribulaciones forman parte de la obra de evangelización, y nosotros estamos llamados a encontrar en ellas las ocasiones para verificar la autenticidad de nuestra fe, de nuestra relación con Dios”.

Por ello, “debemos considerar estas dificultades como una posibilidad para ser todavía más misioneros y para crecer en la confianza en Dios, nuestro Padre, que no abandona a sus hijos en la hora de la tempestad. En las dificultades del testimonio cristiano en el mundo, no hemos sido nunca olvidados, sino que siempre nos asiste la preocupación amorosa del Padre”.

No obstante, el Pontífice subrayó que la realidad de las persecuciones no es algo del pasado, sino que “también en nuestros días está presente la persecución contra los cristianos. Recemos por nuestros hermanos y hermanas que son perseguidos y demos gracias a Dios porque, a pesar de ello, continúan dando testimonio con valentía y con fidelidad a su fe”.

El ejemplo de estos cristianos perseguidos “nos ayuda a no vacilar a la hora de tomar partido en favor de Cristo, testimoniándolo valientemente en las situaciones de cada día, también en contextos aparentemente tranquilos. En efecto, una forma de prueba puede ser también la existencia de hostilidad y de tribulaciones”.

Destacó que “al igual que ‘ovejas en medio de lobos’, el Señor, también en nuestro tiempo, nos envía como centinelas en medio de gente que no quiere despertar del sueño mundano, que ignora las palabras de Verdad del Evangelio, construyéndose sus propias vidas efímeras”.

Sin embargo, no quiso finalizar su discurso sin antes ofrecer la clave de la esperanza en medio de las persecuciones: “El Señor está con nosotros”; “en medio de todo esto, el Señor continúa diciéndonos , como les decía a los discípulos de su tiempo: ‘¡No tengáis miedo!’. No tengáis miedo de quienes os ridiculicen y os maltraten, no tengáis miedo de quien os ignore”. “Jesús no nos deja solos porque somos muy valiosos para Él”.

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Papa Francisco: No nos es lícito privar al mundo de la Buena Noticia de la Resurrección http://bit.ly/2t6lt0K 

Maná y Vivencias Pascuales (39), 24.5.17

mayo 24, 2017

Miércoles de la 6ª semana de Pascua

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Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 17, 50; 12-23; 1era lectura: Hch 17, 15.22-18, 1; Salmo: 148, 1-2.11-14; Aleluya: Jn 14, 16; Evangelio: Jn 16, 12-15; Comunión: Jn 15, 16.19.

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LECTIO DIVINA: Pasajes para meditar

  • “Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia…”
  • “Muchas cosas me quedan por deciros, pero es demasiado para vosotros por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

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ENTRADA:

Te daré gracias entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por nuestro Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Hch 17, 15.22-18, 1

En aquellos días, los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse con él lo antes posible.

Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo: Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. Porque paseándome por ahí y fijándome en sus monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido.

Pues eso que veneran sin conocerlo yo lo anuncio: El Dios que hizo el mundo y lo que lo contiene. Él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien él, que a todos da la vida y el aliento y todo.

De un solo hombre sacó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios.

Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: somos estirpe suya.

Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.

Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan.

Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto resucitándolo de entre los muertos.

Al oír resurrección de muertos, unos lo tomaban a broma, otros dijeron: De esto te oiremos hablar en otra ocasión.

Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

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SALMO 148, 1-2.11-14

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los cielos, alábenlo en las alturas, alábenlo todos sus ángeles, alábenlo todos sus ejércitos.

Reyes y pueblos del orbe, príncipes y los que gobiernan la tierra, los jóvenes y también las doncellas, los ancianos junto con los niños.

Alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime, Su majestad sobre el cielo y la tierra.

Él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.

ALELUYA: Jn 14, 16

Le pediré al Padre que les dé otro Defensor, que esté siempre con ustedes.

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EVANGELIO: Jn 16, 12-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas me quedan por decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará hasta la verdad plena.

Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir.

Él no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir. Él tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. Todo lo que tiene el Padre es mío.

Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.

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De los sermones de san León Magno, papa

Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión.

Aquellos días, queridos hermanos, que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión no se perdieron ociosamente, sino que durante ellos se confirmaron grandes sacramentos, se revelaron grandes misterios.

En aquellos días se abolió el temor de la horrible muerte, y no sólo se declaró la inmortalidad del alma, sino también la de la carne. Durante estos días, gracias al soplo del Señor, se infundió en todos los apóstoles el Espíritu Santo, y se le confió a san Pedro, después de las llaves del reino, el cuidado del redil del Señor, con autoridad sobre los demás.

Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y los reprendió por su resistencia a creer, a ellos, que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda.

Sus corazones, por él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras.

En la fracción del pan, cuando estaban sentados con él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada.

Por tanto, amadísimos hermanos, durante todo este tiempo que media entre la resurrección del Señor y su ascensión, la providencia de Dios se ocupó en demostrar, insinuándose en los ojos y en el corazón de los suyos, que la resurrección del Señor Jesucristo era tan real como su nacimiento, pasión y muerte (el subrayado es mío).

Por esto, los apóstoles y todos los discípulos, que estaban turbados por su muerte en la cruz y dudaban de su resurrección, fueron fortalecidos de tal modo por la evidencia de la verdad que, cuando el Señor subió al cielo, no sólo no experimentaron tristeza alguna, sino que se llenaron de gran gozo.

Y es que en realidad fue motivo de una inmensa e inefable alegría el hecho de que la naturaleza humana, en presencia de una santa multitud, ascendiera por encima de la dignidad de todas las criaturas celestiales, para ser elevada más allá de todos los ángeles, por encima de los mismos arcángeles, sin que ningún grado de elevación pudiera dar la medida de su exaltación, hasta ser recibida junto al Padre, entronizada y asociada a la gloria de aquel con cuya naturaleza divina se había unido en la persona del Hijo (Sermón 1 sobre la Ascensión del Señor, 2-4: PL 54, 395-396).

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Papa Francisco: Hay que pasar de un estilo de vida tibio al anuncio gozoso de Jesús

mayo 23, 2017

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El Papa Francisco celebra en Santa Marta: Hay que pasar de un estilo de vida tibio al anuncio gozoso de Jesús

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Papa Francisco: Hay que pasar de un estilo de vida tibio al anuncio gozoso de Jesús

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 23 May. 17 / 05:56 am (ACI).- El Papa Francisco invitó en la Misa matutina en Santa Marta a pasar de una vida tibia a una vida plena en la que se anuncie el Evangelio con alegría.

Francisco explicó que en la Biblia cuando un pueblo servía a la mundanidad Dios les mandaba profetas que eran perseguidos porque “incomodaban”, como lo fue San Pablo.

“En la Iglesia, cuando alguno denuncia tantos modos de mundanidad es mirado con malos ojos y esto no va, mejor que se alejen. Recuerdo que en mi tierra muchos, muchos hombres y mujeres, consagrados y buenos, no ideológicos, decían: ‘No, la Iglesia de Jesús es así…’. ¡Estos comunistas fuera!’, y los echaban. Los perseguían.

Pensemos en el beato Romero. Lo que le ocurrió por decir la verdad. Y a muchos, muchos en la historia de la Iglesia, también aquí en Europa. Porque el espíritu malvado prefiere una Iglesia tranquila sin riesgos, una Iglesia de los negocios, una Iglesia cómoda en la comodidad del calor, tibia”.

 

 

“Cuando la Iglesia es tibia, está tranquila, toda organizada, no hay problemas, mirad dónde están los negocios”, advirtió.

Pero además del “dinero” el Papa habló de la “alegría”. “Este es el camino de nuestra conversión diaria: pasar de un estado de vida mundano, tranquilo y sin riesgos, católico, sí, pero así, tibio, a un estado de vida del verdadero anuncio de Jesucristo, a la alegría del anuncio de Cristo”.

“Pasar de una religiosidad que mira demasiado a las ganancias a otra que mire a la fe y proclame que Jesús es el Señor”, pidió.

El Pontífice también aseguró que “una Iglesia sin mártires no da confianza”. “Una Iglesia que no se arriesga da desconfianza; una Iglesia que tiene miedo de anunciar a Jesucristo y echar a los demonios, a los ídolos, a los otros señores que son el dinero y que no es la Iglesia de Jesús”.

“En la oración hemos pedido la gracia y también hemos dado gracias al Señor por la renovada juventud que nos da con Jesús y hemos pedido la gracia de que Él conserve esta renovada juventud. Esta Iglesia de los Filipenses fue renovada y se convirtió en una Iglesia joven.

Que todos nosotros tengamos esto: una juventud renovada, una conversión de un modo de vivir tibio al anuncio gozoso de que Jesús es el Señor”, concluyó.

 


Maná y Vivencias Pascuales (38), 23.5.17

mayo 23, 2017

Martes de la 6ª semana de Pascua

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Si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito



TEXTO ILUMINADOR

Decía Jesús a los discípulos: En verdad les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Paráclito no vendrá a ustedes. En cambio, si me voy, es para enviárselo.

En estas dos últimas semanas de Pascua el tema del Espíritu será recurrente. Constituyen una especie de “adviento” mientras esperamos al Espíritu. Jesús promete a los discípulos que no los dejará huérfanos. Él tiene que volver al Padre pero vendrá otro Consolador.

Desaparece la presencia física de Jesús pero se inaugura otra clase de presencia, la del Espíritu de la verdad: Les enseñará todas las cosas, les dará fuerzas para proclamar a Jesús como Salvador y permanecerá para siempre con los discípulos, con la Iglesia.

En los próximos días comenzaremos en esta página unos ejercicios de preparación para recibir una nueva efusión del Espíritu como colofón de la celebración pascual.

Trataremos de acompañar a la Virgen María y a los discípulos reunidos en el Cenáculo, en la espera de la venida del Espíritu.

Así la fiesta de Pentecostés nos inundará del gozo y de la paz del Resucitado, “completando o coronando la experiencia pascual”, si es que podemos hablar así.

Con la oración sobre las ofrendas, rezamos: Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.


ORACIÓN COLECTA

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu; y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Hch 16, 22-34.

En aquellos días, la gente de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados mandaron arrancarles las ropas y los hicieron apalear. Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel, dando orden al carcelero de vigilarlos con todo cuidado.

Éste, al recibir dicha orden, los metió en el calabozo interior, y les sujetó los pies con cadenas al piso del calabozo.

Hacia la media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban. De repente se produjo un temblor tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas.

Se despertó el carcelero y vio todas las puertas de la cárcel abiertas. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la espada para matarse, pero Pablo le gritó: No te hagas daño, que estamos todos aquí.

El hombre pidió una luz, entró de un salto y, después de encerrar bien a los demás presos, se arrojó temblando a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó fuera y les preguntó: Señores, ¿qué debo hacer para salvarme? Le respondieron: Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.

Así que le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa, y él, sin más demora, les lavó las heridas y se bautizó con todos los suyos, los subió a su casa a aquellas horas de la noche, les preparó la mesa e hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios.


SALMO 137, 1-8

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, pues oíste las palabras de mi boca. Canto para ti en presencia de los ángeles, y me postro ante tu templo santo.

Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, porque tu promesa supera a tu fama. El día en que clamé, me respondiste y aumentaste la fuerza en mi alma.

El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.



Aclamación: Juan 16, 7.13

Les voy a enviar el Espíritu de la verdad, dice el Señor; él les enseñará la verdad plena.

EVANGELIO Juan 16, 5-11

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ¿adónde vas? Se han llenado de tristeza al oír lo que les dije, pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Paráclito no vendrá a ustedes. En cambio, si me voy, es para enviárselo.

Y cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio. ¿Qué pecado? Que no creyeron en mí. ¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre mientras ustedes ya no me verán. ¿Qué juicio? El Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

COMUNIÓN: Lucas 24, 46.26.

Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya.

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Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo,

sobre el evangelio de san Juan

Efusión del Espíritu Santo sobre toda carne

Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden, y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días, se refiere a los del Salvador, derramaré mi Espíritu sobre toda carne.

Y cuando el tiempo de tan gran munificencia y libertad produjo para todos al Unigénito encarnado en el mundo, como hombre nacido de mujer, de acuerdo con la divina Escritura, Dios Padre otorgó a su vez el Espíritu, y Cristo, como primicia de la naturaleza renovada, fue el primero que lo recibió.

Y esto fue lo que atestiguó Juan Bautista cuando dijo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo y se posó sobre él.

Decimos que Cristo, por su parte, recibió el Espíritu, en cuanto se había hecho hombre, y en cuanto convenía que el hombre lo recibiera; y, aunque es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma substancia, incluso antes de la encarnación, más aún, antes de todos los siglos, no se da por ofendido de que el Padre le diga, después que se hizo hombre: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

Dice haber engendrado hoy a quien era Dios, engendrado de él mismo desde antes de los siglos, a fin de recibirnos por su medio como hijos adoptivos; pues en Cristo, en cuanto hombre, se encuentra significada toda la naturaleza; y así también el Padre, que posee su propio Espíritu, se dice que se lo otorga a su Hijo, para que nosotros nos beneficiemos del Espíritu en él.

Por esta causa perteneció a la descendencia de Abrahán, como está escrito, y se asemejó en todo a sus hermanos.

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo, pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad.

Puede, por tanto, entenderse, si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura, que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes (libro 5, cap. 2: PG 73, 751-754).


Maná y Vivencias Pascuales (37), 22.5.17

mayo 22, 2017

Lunes de la 6ª semana de Pascua

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Pentecostés, Greco

Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles. El Greco



ANTIFONA DE ENTRADA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA, Hechos 16, 11-15

En aquellos días nos embarcamos en Troas y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. De allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia romana.

Nos detuvimos allí algunos días, y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que los judíos se reunían para orar.

Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira.

Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. Se bautizó junto con los de su familia, y luego nos suplicó: Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa. Y nos obligó a aceptar.

SALMO 149, 1-2.3-4.5-6 y 9b.

Canten al Señor un canto nuevo: su alabanza en la asamblea de los fieles. Alégrese Israel por su Creador, festejen los hijos de Sión a su Rey.

Su nombre alaben en medio de danzas, el arpa y el tambor toquen para él. Porque el Señor aprecia a su pueblo, concede a los débiles la victoria.

Que los fieles salten de alegría y hasta en sus lechos canten jubilosos: con vivas a Dios en la boca.

ACLAMACIÓN: Juan 15, 26b.27

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, dice el Señor; y también ustedes darán testimonio.

EVANGELIO: Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Consolador, el Espíritu de la Verdad que yo les enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio.

Les digo esto de antemano, para que no se tambalee su fe. Los excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que les dé muerte, pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que yo se lo había dicho.

COMUNIÓN: Juan 20, 19.

Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Aleluya.