Testimonios de enfermos de cáncer bendecidos por intercesión de San Ezequiel Moreno

septiembre 19, 2017

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San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, protector de las personas aquejadas de cáncer.

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Testimonios de enfermos de cáncer bendecidos por intercesión de San Ezequiel Moreno, oar.

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Estimados lectores y seguidores: Me ha parecido conveniente publicar esta entrada para dar cabida en ella a las manifstaciones de fe y de agradecimiento que seguramente muchos devotos de San Ezequiel Moreno tendrán a bien confiar.

Les confieso que las entradas referidas a San Ezequiel, sobre todo la Novena, ocupan con mucha frecuencias los primeros puestos en la preferencia de los usuarios de este blog. Me parece un dato indicativo de las necesidades y preferencias de los lectores.

Así, pues, los invito a participar en esta página con comentarios oportunos que pueden edificar a los demás. Me consta que hay muchas personas que han sentido cómo sus oraciones han sido escuchadas. No siempre han recibido exactamente lo que pedían, pero algo les ha llegado. La fe nos asegura que Dios siempre escucha nuestras oraciones dándonos lo que nos conviene, que no siempre coincide con lo que le pedimos.

La oración siempre nos encamina hacia el cumplimiento de la voluntad de Dios, hacia lo más importante: la salvación eterna. La vida bienaventurada, según San Agustín.

La oración de petición la hacemos por nosotros mismos y por los demás. En este caso, es oración de intercesión. A veces oramos directamente a Dios; otras, a Dios también pero a través de la Virgen María o de los santos. En nuestro caso, a través y por intercesión de San Ezequiel Moreno.

Los santos nos resultan cercanos porque han experimentado en su propia carne sufrimientos y problemas similiares a los nuestros y, a la vez, han llevado una vida ejemplar y plena ante Dios y ante los hombres. Por eso, son modelos para nosotros.

San Ezequiel Moreno padeció cáncer los últimos años de su vida y esa enfermedad le causó la muerte. Dios permitió que padeciera ese mal que no pudo superar a pesar de ser operado. La dolencia del cáncer le proporcionó a San Ezequiel la oportunidad de ejercitar al máximo su amor a Dios y de perfeccionar su vida espiritual abandonándose plácidamente en las manos de Dios.

La Iglesia lo ha declarado “santo” después de comprobar dos curaciones milagrosas de cáncer, pedidas y atribuidas por las interesadas a la intercesión de San Ezequiel. De esta manera la Iglesia propone a nuestro Santo como ejemplo para todos los bautizados, y en particular como “protector” de los enfermos de cáncer.

El P. Ángel Peña, agustino recoleto, narra los dos milagros que Roma aprobó para la beatificación y para la canonización de la siguiente manera:

El milagro aprobado para la beatificación fue la curación instantánea de Carmela Jurado, una señorita de 60 años, de Pasto, Colombia. Tenía un tumor en la nariz desde 1946.

Los doctores que la examinaron la enviaron al Instituto Radium de Bogotá, considerando que era un tumor maligno, un verdadero cáncer. Los exámenes histológicos realizados en Bogotá confirmaron que era un cáncer maligno palatino-nasal como el que había tenido el padre Ezequiel.

Tras pasar dos meses en el Instituto Radium, los médicos aconsejaron a la familia que la llevasen a morir a su casa, pues estaba desahuciada. Pero ella que tenía fe en el padre Morenito, como solían llamar al padre Ezequiel en Pasto, hizo dos novenas con su familia, pidiéndole la curación.

En la noche del 11 al 12 de febrero de 1947 estaba ya agonizando después de recibir la extremaunción, pero a la mañana siguiente amaneció totalmente curada en su propia casa de Pasto.

La historia clínica de Carmela Jurado, que se encontraba en el Instituto Radium de Bogotá, fue importante para que la comisión médica vaticana declarara la curación repentina como inexplicable para la ciencia y aceptada por la Iglesia como verdadero milagro por intercesión del padre Ezequiel.

Fue beatificado el 1 de noviembre de 1975 en Roma, en el Vaticano, en unión de Gaspar Bertoni, fundador de los estigmatinos; de Vicente Grossi, fundador de las Hijas del Oratorio; de Ana Francisca Michelotti, fundadora de las pequeñas siervas del Sagrado Corazón de Jesús para los enfermos pobres; y de María Droste zu Veschering, religiosa de las hermanas de la caridad del Buen Pastor.

El milagro aprobado para la canonización tuvo lugar el 18 de julio de 1986. Una señora de Buesaco, pueblecito cercano a Pasto, Colombia, sufría de un tumor en el seno derecho y estaba al fin de la vida.

Estaba desahuciada por motivo de este cáncer del seno, cuando fue curada repentinamente, después de haber invocado la ayuda del beato Ezequiel Moreno.

El 3 de octubre de 1991 la comisión de médicos del Vaticano examinó el caso y por unanimidad declaró que la curación era científicamente inexplicable. Del mismo parecer fueron los obispos y cardenales de la Congregación ordinaria del 4 de febrero de 1992. El 7 de mayo el Papa Juan Pablo II lo aceptó como milagro en vistas a la canonización.

Fue canonizado el 11 de octubre de 1992 ante gran parte del episcopado latinoamericano, reunido en Santo Domingo, República dominicana, para la celebración del V centenario de la Evangelización de América.

El presidente del CELAM lo presentó ante el Papa como un gran obispo y misionero. Y Juan Pablo II lo ensalzó como un ejemplo de misionero y pastor por su incontenible deseo de anunciar a Cristo.

Dijo: San Ezequiel Moreno con su vida y obra de evangelizador es modelo de pastores, especialmente para los de América Latina, que bajo la guía del Espíritu Santo quieren responder con nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión a los grandes desafíos con que se enfrenta la Iglesia latinoamericana.

San Ezequiel Moreno es considerado por el sentir popular, como el patrono y protector de los enfermos de cáncer. Algunos consideran como patrono de estos enfermos a san Peregrino Laziosi (1260-1345), que fue curado milagrosamente de un cáncer en el pie.

Pero en la actualidad y, dada la popularidad, que aumenta cada día, de la vida y milagros de san Ezequiel Moreno, se le suele considerar a él como el patrono de los enfermos de cáncer, ya que él murió de cáncer y los dos milagros aprobados para su beatificación y canonización han sido curaciones de enfermos de cáncer.

Esta es una razón poderosa, dada por el mismo Dios, para que lo podamos considerar como protector de estos enfermos, especialmente en estos tiempos en que hay tantas personas aquejadas de este mal en todo el mundo.

¡San Ezequiel Moreno, padre “Morenito”, intercede por nosotros ante Dios y danos la salud del cuerpo y del alma. Amén!

http://libroscatolicos.org/index2.htm (P. Ángel Peña, oar.: Un valiente misionero. San Ezequiel Moreno. Lima, 2013)

San Juan Pablo II dijo de él en la canonización: “Su incontenible deseo de anunciar a Cristo guió todos los pasos de su vida. Su inquebrantable fe en Dios, alimentada en todo momento por una intensa vida interior, fue la gran fuerza que le sostuvo en su dedicación al servicio de todos, en particular de los más pobres y abandonados” (Homilía en la Misa del V Centenario de la Evangelización y canonización del Beato Ezequiel Moreno; Santo Domingo, 11 de octubre.1992).

NOVENA A SAN EZEQUIEL:

https://ismaelojeda.wordpress.com/2010/08/10/novena-a-san-ezequiel-moreno/

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El maná de cada día, 7.8.17

agosto 7, 2017

Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

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Solo cinco panes y dos peces

Solo cinco panes y dos peces



PRIMERA LECTURA: Números 11, 4-15

En aquellos días, los israelitas dijeron: «¡Quién pudiera comer carne! Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos.

Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná.»

El maná se parecía a semilla de coriandro con color de bedelio; el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite. Por la noche caía el rocío en el campamento y, encima de él, el maná.

Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor; y disgustado, dijo al Señor: «¿Por qué tratas mal a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo? ¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: “Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres”?

¿De dónde sacaré pan para repartirlo a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: “Danos de comer carne.” Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.»


SALMO 80,12-13.14-15.16-17

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino! En un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios.

Los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada; te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO: Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.

Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»

Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.»

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.

Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
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“MAESTRO, DESPIDE A LA GENTE”

Aquel día había sido agotador. Era tal la cantidad de gente que se agolpaba para oír su predicación, para ser curada de sus enfermedades, que los Apóstoles no llegaban a todo. Así que, aprovechando la hora del atardecer, insistieron prudentemente al Maestro para que fuera ya despidiendo a la gente.

Estaban en un descampado, muchos de ellos tenían que hacer una larga jornada de camino para volver a sus casas, y no habían traído nada para comer. También el Maestro estaba muy cansado y, además, la noche podía caer muy pronto. No era conveniente prolongar más aquello…

Tú y yo, como aquellos cansados Apóstoles, tendemos a un cristianismo suficiente y cumplidor, nada exagerado, acorde con el patrón y la opinión del mundo.

Y todo, quizá, en nombre de la sabia prudencia humana. Por eso, el Señor siempre descoloca nuestros planes y, como aquel día a los Apóstoles, no cesa de invitarnos a más: “No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer”.

Si el Maestro hubiera cedido a las exigencias de la comodidad mediocre y cumplidora de aquellos Apóstoles, no habría podido hacer el milagro grandioso de la multiplicación de los cinco panes y dos peces.

Bastó sólo ese poco de pan, eso poco que en aquel momento podían darle al Señor, para que Él multiplicara con abundancia el esfuerzo de aquellas gentes cansadas.

Todos se saciaron, y no sólo de pan, al ver aquel poder magnífico del Señor inclinándose ante la necesidad y miseria de los hombres.

Mira si tu comodidad, tus excusas, tus intereses egoístas, no están haciendo de tu fe un pan desabrido y seco que ni sacia, ni gusta, ni es capaz de abrirse y acoger la acción de Dios.

Lañas diarias www.mater-dei.es


El maná de cada día, 25.7.17

julio 25, 2017

Santiago Apóstol, patrono de España

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Santiago, apóstol

Santiago El Mayor, apóstol



Antífona de entrada: Mt 4, 18. 21; Mc 3, 17

Pasando Jesús junto al lago de Galilea vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban repasando las redes, y los llamó, y les dio el sobrenombre de Boanerges, que significa Los Truenos.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 4, 33; 5, 12.27-33; 12,2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»

Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.


SALMO 66

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.


SEGUNDA LECTURA: 2 Corintios 4, 7-15

Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.

Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.


Aclamación antes del Evangelio

Astro brillante de España, Apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz; tu gloria pervive entre nosotros.



EVANGELIO: Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»

Contestaron: «Lo somos.»

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»


Antífona de la comunión: Mt 20, 22-23

Bebió el cáliz del Señor y se hizo amigo de Dios.
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FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL, PATRONO DE ESPAÑA

SOLEMNIDAD

Nació en Betsaida; era hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Juan. Estuvo presente en los principales milagros obrados por el Señor. Fue muerto por el rey Herodes alrededor del año 42.

Desde la antigüedad está muy difundida la persuasión de que Santiago había predicado el Evangelio en los confines de Occidente.

Después de la invasión mahometana, el apóstol Santiago aparece venerado como cabeza refulgente de España y patrono de sus reinos cristianos. Éstos proclaman en los siglos siguientes su gratitud por la protección del Apóstol en la defensa de la fe y de la independencia de la patria y por su asistencia en la acción misionera que contribuyó a propagar la Iglesia por todo el mundo.

Su sepulcro en Compostela, a semejanza del sepulcro vacío del Señor en Jerusalén y de la tumba de san Pedro en Roma, atrae, hasta nuestros días, a innumerables peregrinos de toda la cristiandad. Los papas han concedido a su santuario un jubileo frecuente y otras gracias extraordinarias.

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PRECES DE LAUDES

Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque, por medio del apóstol Santiago, nos ha llamado al conocimiento de su verdad, y supliquémosle, diciendo: Salva, Señor, a nuestro pueblo.

Te alabamos, Señor, porque, por medio de los apóstoles, iluminas nuestra vida con tu Evangelio; haznos siempre dóciles a este mensaje.

Te alabamos, Señor, porque has querido que el mensaje apostólico llegase hasta nuestra patria; haz que España siempre sea fiel a la doctrina recibida de tus enviados.

Te alabamos, Señor, porque, por medio de los obispos, continúas la presencia apostólica entre nosotros; haz que nuestros obispos sean totalmente fieles a su misión de servir tu palabra.

Te alabamos, Señor, porque has querido que la predicación apostólica arraigara en nuestro suelo patrio; haz que en España esta fe se dilate y se purifique sin cesar.

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PARTÍCIPES DE LA PASIÓN DE CRISTO

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo,
sobre el evangelio de San Mateo

Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Ordena que se siente uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: «No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís».

Luego añade: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Es como si les dijera: «Vosotros me habláis de honores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. Éste no es tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros».

Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: «¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?», sino que sus palabras son: ¿Sois capaces de beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo he de beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa.

Y a su pasión le da el nombre de «bautismo», para significar, con ello, que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo. Ellos responden: Lo somos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.

¿Qué les dice entonces el Señor? El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: «Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta, y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.

Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas. Pero –como ya dije en otro lugar– si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los apóstoles.

En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio (Homilía 65, 2-4: PG 58, 619-622).


Santiago El Mayor, el apóstol que bebió el cáliz del Señor

Desanimado debió encontrarse el Apóstol Santiago en la ribera del Ebro cuando empezó su evangelización. Según la tradición, llegado de tierras tarraconenses, anunció a Jesucristo a un grupo de lugareños, rudos y de difícil trato, en la zona de Cesaraugusta, la actual Zaragoza. Dejándose llevar del desánimo, quiso abandonar ese lugar y fue entonces cuando la Virgen se le apareció en carne mortal para animarle a seguir anunciando el Evangelio.

Es consolador y tremendamente eficaz el papel de la Virgen junto a los apóstoles de su Hijo. Con su oración, su mediación y su ánimo, empapó de gracias a aquellos que, en nombre de Jesucristo, dieron la vida por ser testigos de la Verdad. Santiago el Mayor, hermano de Juan, llamados «hijos del Trueno», llevaron hasta su fiel cumplimiento esa promesa que hicieron a Jesús: “Seremos capaces de beber el cáliz que tú has de beber”. De hecho, al volver de Hispania, Santiago fue inmediatamente ajusticiado en Jerusalén.

Santiago el Mayor llevó la fe de Cristo hasta lo que entonces era el fin del mundo, Finisterre, la actual Galicia. Y esa misma tradición nos dice que, una vez decapitado en Jerusalén, sus discípulos devolvieron su cuerpo a ese último lugar de la tierra que evangelizó, Compostela (“Campo de Estrellas”), donde reposan ahora sus restos.

Es el premio de los que aman el deseo de anunciar a Dios, tal y como pidió Cristo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. Pedimos al Apóstol, patrono de España, que vivamos también con generosidad, sin miedos y sin respetos humanos, nuestro apostolado, allí donde nos toca estar: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros amigos… Dios siempre bendice al “siervo bueno y fiel”, y nos conducirá a su gloria para siempre.

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¿Cómo llegar a los alejados y desencantados? Tres desafíos y tres oportunidades para esta misión

julio 18, 2017

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¿Cómo llegar a los alejados y desencantados? Tres desafíos y tres oportunidades para esta misión

Por Julián Lozano

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Durante estos días, del 1 al 4 de julio, en Estados Unidos se ha celebrado una convención sin precedentes en Orlando (Florida) organizada por la Conferencia Episcopal de Estados Unidos en la que han participado los principales líderes católicos del país con el objetivo de impulsar la nueva evangelización y formar misioneros que den respuestas a los desafíos actuales atrayendo a los no creyentes.

Uno de los participantes que más relevancia tuvo debido a su experiencia en nueva evangelización fue Robert Barron, obispo auxiliar de Los Angeles, pero sobre todo experto en comunicación, con millones de seguidores en las redes sociales, y en técnicas para atraer a los alejados.

En su intervención en vídeo que recoge National Catholic Register, Barron dio una conferencia titulada “Equipar a los evangelizadores”, el ahora prelado dijo a todos los líderes presentes en Orlando que la forma de evangelizar debe agarrar al mundo por los hombros y sacudirlo de su apatía. Pidió perder el miedo y los complejos utilizando las numerosas armas que posee la Iglesia.

Una pelea que hay que disputar

Para este experto, la evangelización debe ser puesta en primer lugar y como algo “urgente” puesto que los nones (personas que responden en las encuestas no o ninguna sobre la religión que profesan), crecen rápidamente en Estados Unidos y más aún en Europa.

Si no se batalla no se podrá ganar la guerra. “Tenemos una lucha en nuestras manos, pero los grandes santos de nuestra Iglesia siempre han amado una buena pelea, y nosotros también deberíamos”, dijo el auxiliar de Los Ángeles.

Su conferencia la centró en los evangelizadores y las armas que deben tener pero para ello considera imprescindible, primero, conocer a lo que se enfrentan,  y segundo, saber de qué armas disponen para comenzar esta “lucha”. 

Por ello, Barron habló de tres desafíos y tres oportunidades principales con que los evangelizadores y misioneros católicos se enfrentan hoy en día.

Los desafíos son, según él, el cientifismo, la cultura de la apatía y la autodeterminación.

1. El cientifismo

Para Barron el compromiso que hay en estos momentos en el mundo de la cultura con el “cientifismo”, o la creencia de que el único conocimiento  valioso es el científico, es uno de los grandes retos a los que se enfrentan los evangelizadores. Su mensaje siempre se encontrará con un muro ante los que defienden esta concepción.

“Permítanme ser claro: la Iglesia Católica no tiene nada en contra de las ciencias, la Iglesia está con la ciencia en su mejor momento”, dijo. Pero añadía que “a lo que la Iglesia se opone es al cientifismo, o la reducción de todo conocimiento a la forma científica del conocimiento”.

Hablar de Dios en una cultura embargada por este pensamiento es un desafío para los católicos pero considera imprescindible hacerlo. “Cuando nosotros, como cultura, nos aislamos de todas las referencias a lo trascendente, hacemos daño al corazón humano, hacemos daño al espíritu humano”.

2. La cultura del ‘pasotismo’

En su diagnóstico, Barron destacó la “apatía desenfrenada” que existe en la sociedad de hoy, especialmente entre los más jóvenes, que están marcados por no abrazar la verdad, sino que hablan de la posverdad. “Si no hay verdades objetivas y no hay valores objetivos se produce una cultura del ‘meh’ (pasotismo, apatía)”, agregó.

Sin embargo, la verdad y lo que representa son parte fundamental de la misión del católico. Recordó las palabras del beato Newman, quien dijo que un río recibe su energía y fuerza desde su nacimiento. Si al río le quitas los márgenes se convertirá en un “lago grande, perezoso. Plácido, sin energía ni propósito”.

Según el obispo auxiliar de Los Ángeles, “nuestra sociedad hoy es como un gran lago perezoso, donde todos nosotros flotamos, tolerándonos unos a otros, no entrando en el camino del otro, pero sin energía ni propósito”.

Pero la evangelización –añadió- es la antítesis de esta apatía pues “una vez que has sido agarrado por el poder de Dios sabes a dónde ir y lo haces con energía”.

3. Autodeterminación

Robert Barron habló del tercer desafío, la “autodeterminación” basada en un mal entendimiento de la palabra “libertad”. “La creencia central ampliamente aceptada por los jóvenes es que la libertad define la identidad”, aseguró.

“Mi libertad viene primero y luego ya determino la  esencia, quién soy, el significado de mi vida. Todo está basado en mi libertad: mi sexualidad, mi género, el propósito de la vida”. Así definió el obispo el pensamiento de millones de jóvenes hoy.

Sin embargo, el cristianismo ofrece todo lo contrario pues predica que “tu vida no es tuya, no depende de ti”.  Recordando la cita de San Pablo de “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”, Barrón agregaba que cuando has sido atrapado “por el poder de Jesucristo, tu pequeño drama del ego se vuelve bastante menos importante”.

De tres desafíos a tres oportunidades

Tras presentar estos tres grandes desafíos a los que se enfrentan los católicos, el experto ofreció a los presentes tres oportunidades de evangelización basadas en la verdad, la bondad y la belleza.

1. Una verdad inteligente

“Odio el catolicismo rebajado”, dijo de manera contundente, es decir, poner sólo el énfasis “en lo superficial”. “Somos una religión inteligente y cuando no expresamos el catolicismo de una manera inteligente la gente desaparece”, agregó.

Barron instó a catequistas, apologetas y evangelizadores a comprender los grandes argumentos sobre la existencia de Dios pues los jóvenes  a menudo no tienen una comprensión sólida de Dios más allá de una vaga deidad.

El obispo reconoció que su argumento favorito es que la existencia proviene de Dios y que nada se creó a sí mismo. “El Dios del que estoy hablando sostiene el universo entero en todo momento al igual que un cantante crea una canción. La creación continua, ese es el Dios del que la Iglesia habla y el que debemos transmitir a nuestros jóvenes”.

2. Bondad de los cristianos radicales

Barron explicó en este segundo punto que cuando la vida cristiana se abraza de manera completa y radical la bondad destaca en el mundo. Puso como ejemplo a la Madre Teresa, que evangelizó el mundo con su testimonio radical de bondad.

A lo largo de la historia de la Iglesia, dijo, “la bondad y la radicalidad de la vida cristiana atrajeron la atención del mundo” recordando la vida y las obras de los santos Benito, Domingo y Francisco.

“Necesitamos recuperar lo que todas estas grandes figuras encontraron, esta forma espléndidamente radical de la vida cristiana. Cuando se vive así públicamente, se evangeliza”, agregó.

3. La auténtica belleza

La tercera oportunidad de la que habló el obispo auxiliar de Los Ángeles fue de la belleza, indicando que quizás la mejor oportunidad para comenzar la evangelización sea mostrarla al mundo. “Lo objetivamente valioso y bello es algo tan intrínsecamente bueno que nos atrapa, nos detiene en nuestros caminos, en algo llamado como arresto estético”.

Barron consideró que una forma fácil para empezar a evangelizar es tan simple como “mostrar, no decir”.  Dirigiéndose  a los presentes les dijo: “sólo muestra a la gente la belleza del catolicismo: muéstrales catedrales, muéstrales la Capilla Sixtina, muéstrales a las hermanas de la Madre Teresa en el trabajo. No les digas qué pensar y cómo comportarse, muestra la belleza del catolicismo, que tiene un poder evangélico”.

“No hay nada más hermoso que el morir y resucitar de Jesucristo y los apóstoles lo comunican con una urgencia de ‘agarrar por lo hombros’. Éstas son personas atrapadas por algo tan poderoso y tan abrumador que quieren agarrar al mundo por los hombros y hablarles sobre esto”, dijo el obispo.

“Necesitamos estar llenos del mismo entusiasmo por la belleza de nuestra fe”, concluyó.

http://www.religionenlibertad.com/como-llegar-los-alejados-desencantados-tres-desafios-tres-57880.htm


Homilía del Papa Francisco en la Misa de Solemnidad de San Pedro y San Pablo

junio 29, 2017

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Solemnidad de San Pedro y San Pablo, columnas de la Iglesia Católica. El Papa Francisco celebra la Misa.

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TEXTO COMPLETO: Homilía Papa Francisco Misa Solemnidad San Pedro y San Pablo

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VATICANO, 29 Jun. 17 / 03:10 am (ACI).- El Papa Francisco celebró la Misa por la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, patronos de Roma. Estuvo acompañado por los cinco nuevos cardenales creados el día anterior en el Consistorio celebrado en la Basílica de San Pedro. Además, el Papa bendijo los palios destinados a los Arzobispos metropolitanos nombrados a lo largo del año y que les serán impuestos en sus respectivas diócesis.

En su homilía, el Papa dijo: “Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón”.

A continuación, el texto completo de la homilía del Pontífice: 

La liturgia de hoy nos ofrece tres palabras fundamentales para la vida del apóstol: confesión, persecución, oración.

La confesión es la de Pedro en el Evangelio, cuando el Señor pregunta, ya no de manera general, sino particular. Jesús, en efecto, pregunta primero: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» (Mt 16,13). Y de esta «encuesta» se revela de distintas maneras que la gente considera a Jesús un profeta.

Es entonces cuando el Maestro dirige a sus discípulos la pregunta realmente decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 15). A este punto, responde sólo Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Esta es la confesión: reconocer que Jesús es el Mesías esperado, el Dios vivo, el Señor de nuestra vida.

Jesús nos hace también hoy a nosotros esta pregunta esencial, la dirige a todos, pero especialmente a nosotros pastores. Es la pregunta decisiva, ante la que no valen respuestas circunstanciales porque se trata de la vida: y la pregunta sobre la vida exige una respuesta de vida. Pues de poco sirve conocer los artículos de la fe si no se confiesa a Jesús como Señor de la propia vida.

Él nos mira hoy a los ojos y nos pregunta: «¿Quién soy yo para ti?». Es como si dijera: «¿Soy yo todavía el Señor de tu vida, la orientación de tu corazón, la razón de tu esperanza, tu confianza inquebrantable?». Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida. Como Jesús nos hace también hoy a nosotros esta pregunta esencial, la dirige a todos, pero especialmente a nosotros pastores.

Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida como discípulos y apóstoles; pasamos nuevamente de la primera a la segunda pregunta de Jesús para ser «suyos», no sólo de palabra, sino con las obras y con nuestra vida.

Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón.

Quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida; sabe que no puede creer con tibieza, sino que está llamado a «arder» por amor; sabe que en la vida no puede conformarse con «vivir al día» o acomodarse en el bienestar, sino que tiene que correr el riesgo de ir mar adentro, renovando cada día el don de sí mismo.

Quien confiesa a Jesús se comporta como Pedro y Pablo: lo sigue hasta el final; no hasta un cierto punto sino hasta el final, y lo sigue en su camino, no en nuestros caminos. Su camino es el camino de la vida nueva, de la alegría y de la resurrección, el camino que pasa también por la cruz y la persecución.

Y esta es la segunda palabra, persecución. No fueron sólo Pedro y Pablo los que derramaron su sangre por Cristo, sino que desde los comienzos toda la comunidad fue perseguida, como nos lo ha recordado el libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. 12,1).

Incluso hoy en día, en varias partes del mundo, a veces en un clima de silencio —un silencio con frecuencia cómplice—, muchos cristianos son marginados, calumniados, discriminados, víctimas de una violencia incluso mortal, a menudo sin que los que podrían hacer que se respetaran sus sacrosantos derechos hagan nada para impedirlo.

Por otra parte, me gustaría hacer hincapié especialmente en lo que el Apóstol Pablo afirma antes de «ser —como escribe— derramado en libación» (2 Tm 4,6). Para él la vida es Cristo (cf. Flp 1,21), y Cristo crucificado (cf. 1 Co 2,2), que dio su vida por él (cf. Ga 2,20). De este modo, como fiel discípulo, Pablo siguió al Maestro ofreciendo también su propia vida.

Sin la cruz no hay Cristo, pero sin la cruz no puede haber tampoco un cristiano. En efecto, «es propio de la virtud cristiana no sólo hacer el bien, sino también saber soportar los males» (Agustín, Disc. 46.13), como Jesús. Soportar el mal no es sólo tener paciencia y continuar con resignación; soportar es imitar a Jesús: es cargar el peso, cargarlo sobre los hombros por él y por los demás.

Es aceptar la cruz, avanzando con confianza porque no estamos solos: el Señor crucificado y resucitado está con nosotros. Así, como Pablo, también nosotros podemos decir que estamos «atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados» (2 Co 4,8-9).

Soportar es saber vencer con Jesús, a la manera de Jesús, no a la manera del mundo. Por eso Pablo —lo hemos oído— se considera un triunfador que está a punto de recibir la corona (cf. 2 Tm 4,8) y escribe: «He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (v. 7).

Su comportamiento en la noble batalla fue únicamente no vivir para sí mismo, sino para Jesús y para los demás. Vivió «corriendo», es decir, sin escatimar esfuerzos, más bien consumándose.

Una cosa dice que conservó: no la salud, sino la fe, es decir la confesión de Cristo. Por amor a Jesús experimentó las pruebas, las humillaciones y los sufrimientos, que no se deben nunca buscar, sino aceptarse. Y así, en el misterio del sufrimiento ofrecido por amor, en este misterio que muchos hermanos perseguidos, pobres y enfermos encarnan también hoy, brilla el poder salvador de la cruz de Jesús.

La tercera palabra es oración. La vida del apóstol, que brota de la confesión y desemboca en el ofrecimiento, transcurre cada día en la oración. La oración es el agua indispensable que alimenta la esperanza y hace crecer la confianza. La oración nos hace sentir amados y nos permite amar. Nos hace ir adelante en los momentos más oscuros, porque enciende la luz de Dios.

En la Iglesia, la oración es la que nos sostiene a todos y nos ayuda a superar las pruebas. Nos lo recuerda la primera lectura: «Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12,5).

Una Iglesia que reza está protegida por el Señor y camina acompañada por él. Orar es encomendarle el camino, para que nos proteja. La oración es la fuerza que nos une y nos sostiene, es el remedio contra el aislamiento y la autosuficiencia que llevan a la muerte espiritual. Porque el Espíritu de vida no sopla si no se ora y sin oración no se abrirán las cárceles interiores que nos mantienen prisioneros.

Que los santos Apóstoles nos obtengan un corazón como el suyo, cansado y pacificado por la oración: cansado porque pide, toca e intercede, lleno de muchas personas y situaciones para encomendar; pero al mismo tiempo pacificado, porque el Espíritu trae consuelo y fortaleza cuando se ora. Qué urgente es que en la Iglesia haya maestros de oración, pero que sean ante todo hombres y mujeres de oración, que viven la oración.

El Señor interviene cuando oramos, él, que es fiel al amor que le hemos confesado y que nunca nos abandona en las pruebas. Él acompañó el camino de los Apóstoles y os acompañará también a vosotros, queridos hermanos Cardenales, aquí reunidos en la caridad de los Apóstoles que confesaron la fe con su sangre.

Estará también cerca de vosotros, queridos hermanos Arzobispos que, recibiendo el palio, seréis confirmados en vuestro vivir para el rebaño, imitando al Buen Pastor, que os sostiene llevándoos sobre sus hombros. El mismo Señor, que desea ardientemente ver a todo su rebaño reunido, bendiga y custodie también a la Delegación del Patriarcado Ecuménico, y al querido hermano Bartolomé, que la ha enviado como señal de comunión apostólica.

 


“Ir de misiones no es hacer turismo, es ser testigo del Señor”, recuerda el Papa Francisco

junio 25, 2017

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Ángelus: El Papa Francisco, testigo del Señor ante la Iglesia y ante el mundo. 

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“Ir de misiones no es hacer turismo, es ser testigo del Señor”, recuerda el Papa Francisco

Por Miguel Pérez Pichel

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VATICANO, 25 Jun. 17 / 05:21 am (ACI).- Durante el rezo del Ángelus este domingo en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco exhortó a asumir la vocación de todo cristiano a la misión, a dar testimonio de Cristo, pero afirmó: “ir de misiones no es hacer turismo”, y recordó la advertencia que hizo Jesús a sus discípulos: “encontraréis persecuciones”.

No obstante, el Santo Padre también subrayó la insistencia con que Jesús animaba a sus discípulos a no tener miedo: “¡No tengáis miedo!”. “No tengáis miedo –repitió Francisco–, porque somos muy valiosos para Dios y Él nunca nos abandona”.

Además hizo hincapié en que “en el testimonio de la fe no cuentan los éxitos, sino la fidelidad a Cristo”.

“En el Evangelio de hoy, el Señor Jesús, después de haber llamado y enviado a la misión a sus discípulos, los instruye y los prepara para afrontar las pruebas y las persecuciones que deberán afrontar”, comenzó a explicar el Santo Padre.

Francisco advierte que “el envío a la misión por parte de Jesús, no garantiza a los discípulos el éxito, así como no les protege del fracaso y del sufrimiento. Deben contar tanto con el posible rechazo como con la persecución”.

En este sentido, afirmó que “el discípulo está llamado a hacer que su vida confluya con la de Cristo, que fue perseguido por los hombres, conoció el rechazo, el abandono y la muerte en la Cruz”.

“En la misión cristiana –continuó– no existe la bandera de la tranquilidad; las dificultades y tribulaciones forman parte de la obra de evangelización, y nosotros estamos llamados a encontrar en ellas las ocasiones para verificar la autenticidad de nuestra fe, de nuestra relación con Dios”.

Por ello, “debemos considerar estas dificultades como una posibilidad para ser todavía más misioneros y para crecer en la confianza en Dios, nuestro Padre, que no abandona a sus hijos en la hora de la tempestad. En las dificultades del testimonio cristiano en el mundo, no hemos sido nunca olvidados, sino que siempre nos asiste la preocupación amorosa del Padre”.

No obstante, el Pontífice subrayó que la realidad de las persecuciones no es algo del pasado, sino que “también en nuestros días está presente la persecución contra los cristianos. Recemos por nuestros hermanos y hermanas que son perseguidos y demos gracias a Dios porque, a pesar de ello, continúan dando testimonio con valentía y con fidelidad a su fe”.

El ejemplo de estos cristianos perseguidos “nos ayuda a no vacilar a la hora de tomar partido en favor de Cristo, testimoniándolo valientemente en las situaciones de cada día, también en contextos aparentemente tranquilos. En efecto, una forma de prueba puede ser también la existencia de hostilidad y de tribulaciones”.

Destacó que “al igual que ‘ovejas en medio de lobos’, el Señor, también en nuestro tiempo, nos envía como centinelas en medio de gente que no quiere despertar del sueño mundano, que ignora las palabras de Verdad del Evangelio, construyéndose sus propias vidas efímeras”.

Sin embargo, no quiso finalizar su discurso sin antes ofrecer la clave de la esperanza en medio de las persecuciones: “El Señor está con nosotros”; “en medio de todo esto, el Señor continúa diciéndonos , como les decía a los discípulos de su tiempo: ‘¡No tengáis miedo!’. No tengáis miedo de quienes os ridiculicen y os maltraten, no tengáis miedo de quien os ignore”. “Jesús no nos deja solos porque somos muy valiosos para Él”.

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Maná y Vivencias Pascuales (39), 24.5.17

mayo 24, 2017

Miércoles de la 6ª semana de Pascua

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Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 17, 50; 12-23; 1era lectura: Hch 17, 15.22-18, 1; Salmo: 148, 1-2.11-14; Aleluya: Jn 14, 16; Evangelio: Jn 16, 12-15; Comunión: Jn 15, 16.19.

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LECTIO DIVINA: Pasajes para meditar

  • “Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia…”
  • “Muchas cosas me quedan por deciros, pero es demasiado para vosotros por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

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ENTRADA:

Te daré gracias entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por nuestro Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Hch 17, 15.22-18, 1

En aquellos días, los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse con él lo antes posible.

Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo: Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. Porque paseándome por ahí y fijándome en sus monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido.

Pues eso que veneran sin conocerlo yo lo anuncio: El Dios que hizo el mundo y lo que lo contiene. Él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien él, que a todos da la vida y el aliento y todo.

De un solo hombre sacó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios.

Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: somos estirpe suya.

Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.

Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan.

Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto resucitándolo de entre los muertos.

Al oír resurrección de muertos, unos lo tomaban a broma, otros dijeron: De esto te oiremos hablar en otra ocasión.

Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

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SALMO 148, 1-2.11-14

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los cielos, alábenlo en las alturas, alábenlo todos sus ángeles, alábenlo todos sus ejércitos.

Reyes y pueblos del orbe, príncipes y los que gobiernan la tierra, los jóvenes y también las doncellas, los ancianos junto con los niños.

Alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime, Su majestad sobre el cielo y la tierra.

Él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.

ALELUYA: Jn 14, 16

Le pediré al Padre que les dé otro Defensor, que esté siempre con ustedes.

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EVANGELIO: Jn 16, 12-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas me quedan por decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará hasta la verdad plena.

Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir.

Él no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir. Él tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. Todo lo que tiene el Padre es mío.

Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.

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De los sermones de san León Magno, papa

Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión.

Aquellos días, queridos hermanos, que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión no se perdieron ociosamente, sino que durante ellos se confirmaron grandes sacramentos, se revelaron grandes misterios.

En aquellos días se abolió el temor de la horrible muerte, y no sólo se declaró la inmortalidad del alma, sino también la de la carne. Durante estos días, gracias al soplo del Señor, se infundió en todos los apóstoles el Espíritu Santo, y se le confió a san Pedro, después de las llaves del reino, el cuidado del redil del Señor, con autoridad sobre los demás.

Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y los reprendió por su resistencia a creer, a ellos, que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda.

Sus corazones, por él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras.

En la fracción del pan, cuando estaban sentados con él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada.

Por tanto, amadísimos hermanos, durante todo este tiempo que media entre la resurrección del Señor y su ascensión, la providencia de Dios se ocupó en demostrar, insinuándose en los ojos y en el corazón de los suyos, que la resurrección del Señor Jesucristo era tan real como su nacimiento, pasión y muerte (el subrayado es mío).

Por esto, los apóstoles y todos los discípulos, que estaban turbados por su muerte en la cruz y dudaban de su resurrección, fueron fortalecidos de tal modo por la evidencia de la verdad que, cuando el Señor subió al cielo, no sólo no experimentaron tristeza alguna, sino que se llenaron de gran gozo.

Y es que en realidad fue motivo de una inmensa e inefable alegría el hecho de que la naturaleza humana, en presencia de una santa multitud, ascendiera por encima de la dignidad de todas las criaturas celestiales, para ser elevada más allá de todos los ángeles, por encima de los mismos arcángeles, sin que ningún grado de elevación pudiera dar la medida de su exaltación, hasta ser recibida junto al Padre, entronizada y asociada a la gloria de aquel con cuya naturaleza divina se había unido en la persona del Hijo (Sermón 1 sobre la Ascensión del Señor, 2-4: PL 54, 395-396).

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