Rueda de prensa del Papa en el vuelo de retorno de Mozambique, Madagascar y Mauricio

septiembre 12, 2019

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El Papa Francisco en la rueda de prensa de regreso de África. Crédito: Edward Pentin / ACI

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Rueda de prensa del Papa en el vuelo de retorno de Mozambique, Madagascar y Mauricio

Redacción ACI Prensa

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El Papa Francisco concedió este martes 10 una conferencia de prensa en el avión que lo llevó de retorno a Roma, luego de su viaje a los países africanos de Mozambique, Madagascar y Mauricio, donde estuvo del 4 al 10 de septiembre.

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A continuación el texto completo de la rueda de prensa:

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Director de la Sala de Prensa, Matteo Bruni: Buenos días, Santo Padre. En estos días hemos podido encontrar tantos pueblos de estas tierras africanas del océano Índico. Son pueblos con tantos jóvenes, con tantos chicos y niños. Pueblos llenos de coraje y esperanza porque son jóvenes.

Hemos podido ver tantas heridas que usted ha tocado con la mano y en sus discursos. Nosotros los periodistas hemos visitado tantos signos de resurrección y de reconciliación y de paz. Los periodistas, sus compañeros de viaje, han seguido intensamente los eventos de estos días y han llevado al mundo las historias, los rostros y también las temáticas que han encontrado, contribuyendo a poner a Mozambique, África, Madagascar y Mauricio un poco al centro del interés internacional.

Le agradezco por el trabajo hecho con pasión y cansancio y a ustedes les pasaré la palabra para algunas preguntas que deseen hacerle.

Papa Francisco: Antes que todo quiero agradecer la compañía, gracias.

Giulio Mangiate, de Noticia: Gracias por la oportunidad de hablar a nombre de los periodistas de Mozambique. Usted ha podido hablar con el presidente de Mozambique. ¿Qué expectativas tiene después de este encuentro en relación al proceso de paz?

Papa Francisco: Hoy se identifica a Mozambique con el largo proceso de paz que ha tenido sus altos y bajos, hasta aquel abrazo histórico. Espero que esto vaya adelante y rezo por ello. Invito a todos a hacer el esfuerzo de ayudar a que este proceso de paz vaya adelante. Porque todo se pierde con la guerra, todo se gana con la paz, dijo un Papa antes que yo.

Fue un proceso de paz muy largo, porque tuvo una primera etapa, después de una caída, después otra, con el esfuerzo de los jefes de los partidos contrarios, por no decir enemigos, de ir a encontrarse uno con el otro, un esfuerzo también peligroso, arriesgando la vida algunos, pero al final hemos llegado.

Quisiera agradecer todo lo que la gente ha ayudado, desde el inicio, desde el primero que ha comenzado en un café. En un café había gente que hablaba y había un sacerdote de la Comunidad de Sant’Egidio –será hecho cardenal el próximo 5 de octubre–, ha comenzado ahí y después con la ayuda de tanta gente, de la comunidad de Sant’Egidio, hemos llegado a este resultado.

No debemos ser triunfalistas en estas cosas. El triunfo es la paz. No tenemos derecho a ser triunfalistas porque la paz todavía es frágil en tu país, como en el mundo, es frágil y se la debe tratar como se tratan las cosas “a pinceladas”, como hacen los niños, con mucha, mucha ternura, con mucha delicadeza, con mucho perdón, con mucha paciencia para hacerla crecer y que sea robusta; pero la paz es la victoria del país.

Debemos identificarla. Y esto vale para todos los países que se destruyen con la guerra. Las guerras destruyen, hacen perder todo. Yo me extiendo en esto de la paz porque lo llevo en el corazón. Cuando fue la celebración hace unos meses del desembarco de Normandía, recuerdo que estaban los jefes de estado para hacer memoria del inicio del fin de una guerra cruel y de una dictadura antihumana y cruel como el nazismo y el fascismo: pero sobre esa playa quedaron 46 mil soldados, ¡eh!, el precio de la guerra.

Les confieso: cuando fui a Redipuglia he llorado. Por favor, nunca más la guerra. Cuando fui a Anzio me sentí de la misma forma. Debemos trabajar con esta conciencia: las guerras no resuelven nada. Más bien hacen ganar a las personas que no quieren a la humanidad. Debo decir esto delante de un proceso de paz para el cual rezo y que haré de todo para que vaya adelante y espero que permanezca fuerte.

Giulio Mangiate: ¿qué piensa del problema de la educación de los jóvenes en África? ¿De las redes sociales y los jóvenes? Y la xenofobia.

Papa Francisco: Tomo primero el problema de la juventud y luego el de la xenofobia. El problema de la juventud. África es un continente joven, habitan jóvenes. Si hacemos una comparación con Europa, repetiré como dije en Estrasburgo, la madre Europa se ha casi convertido en la abuela Europa, ha envejecido. Estamos viviendo un invierno demográfico gravísimo en Europa.

No sé en cuál país, pero hay una estadística oficial del gobierno de aquel país: en el año 2050 en aquel país habrá más jubilados que gente que trabaja. Es trágico. ¿Cómo se origina este envejecimiento de Europa? Tengo una opinión personal: pienso que el bienestar sea la raíz, adherirse al bienestar.

“Sí, pero estamos bien, yo no tengo hijos porque debo comprar la villa, hacer turismo, una cosa, otra cosa, un hijo es un riesgo, no se sabe nunca”. Bienestar es tranquilidad, pero un bienestar que te lleva a envejecer.

Al contrario, África está llena de vida. Encontré en África un gesto que encontré en Filipinas, en Cartagena, en Colombia: las personas me mostraban a los niños. Decían: este es mi tesoro, esta es mi victoria. El orgullo, ¿no? El tesoro de los pobres, el niño, pero el tesoro de una patria, de un país. El mismo gesto he visto en Europa Oriental con una abuela que hacía ver al niño y decía, este es mi triunfo.

Ustedes tienen el reto de educar a estos jóvenes y hacer las leyes para los jóvenes. La educación en este momento es prioritaria en tu país, es prioritaria. El primer ministro de Mauricio me decía que tiene en mente el desafío de hacer crecer el sistema educativo para todos, la gratuidad del sistema educativo es importante porque hay centros educativos de alto nivel, pero de paga. Los centros educativos gratuitos, hay en todos los países, pero multiplicarlos para que la educación llegue a todos. Las leyes de salud y educación ahí son clave.

La xenofobia. He leído en los diarios de este problema de la xenofobia. Pero no es solo un problema de África, es una enfermedad humana, como el sarampión. Es una enfermedad, te viene, entra en un país, entra en un continente. Y ponemos muros, ¿no? Y los muros dejan solos a los que los fabrican. Sí, dejan fuera a tanta gente, pero los que permanecen dentro de los muros se quedan solos, y al final de la historia derrotados por las invasiones poderosas.

Pero la xenofobia es una enfermedad: una enfermedad “justificable”, entre comillas, no, pero “la pureza de la raza”, por ejemplo, para nombrar una xenofobia del siglo pasado. Las xenofobias tantas veces cabalgan con los considerados populismos políticos. Dije la semana pasada, o la otra, que a veces siento en algunos discursos que se asemejan a los de Hitler en el 34.

Se ve que hay un retorno en Europa, pero también en África. También ustedes en África tienen un problema cultural que deben resolver. Recuerdo que hablé en Kenia, el tribalismo. Ahí se necesita un trabajo de educación, de acercamiento entre las diversas tribus para hacer una nación. Hemos conmemorado el 25 aniversario de la tragedia de Ruanda, hace poco. Un efecto del tribalismo.

Recuerdo en Kenia, en el estadio, cuando pedí a todos levantarse, darse la mano, y decir “no al tribalismo, no al tribalismo”, debemos decir no. Esto también es un cierre y también una xenofobia, una xenofobia doméstica, pero es una xenofobia. Se debe luchar contra esto: sea la xenofobia de un país con otro, sea la xenofobia interna. Y en algunos lugares de África el tribalismo que nos lleva a la tragedia de Ruanda, por ejemplo.

Doctora Ratoarivelo, Madagascar: Su Santidad, usted habló del futuro de los jóvenes en su visita apostólica, Pienso que la fundación de una familia es muy importante para el porvenir. Actualmente en Madagascar muchos jóvenes viven en familias muy complejas.

A causa de la pobreza, los padres están muy ocupados y los jóvenes no tienen una referencia para aprender el valor de la familia. ¿Cómo puede la Iglesia acompañar a los jóvenes, ya que creen que las enseñanzas de la Iglesia están desfasadas, para hacer frente a la crisis familiar y la revolución sexual de hoy? Le agradezco, Santo Padre.

Papa Francisco: Sí, la familia ciertamente es clave en esto. En la educación de los hijos, ¿no? Es tocante la expresión de los jóvenes, en Madagascar lo hemos visto y también lo hemos visto en Mauricio; y también los jóvenes en el acto de Mozambique, los jóvenes interreligiosos por la paz, ¿no? Dar los valores a los jóvenes, ¿no? Hacerlos crecer. En Madagascar está ligado el problema de la familia, está ligado al problema de la pobreza.

La falta de trabajo y también a la explotación, tantas veces en el trabajo, ¿no? Cuántos emprendimientos, ¿no? Por ejemplo en la cantera, la de granito, los que trabajan ganan un dólar y medio al día, ¿no? Las leyes laborales, las leyes que protegen la familia, y esto es fundamental, y también los valores familiares, que hay, hay, pero tantas veces después son destruidos por la pobreza, por… no los valores, sino el poder esencial (18).

La educación de los jóvenes, llevarla adelante, ¿no? En Madagascar hemos visto el trabajo en Akamasoa, el trabajo con los más niños para llevarlos a hacer una familia para que los niños puedan crecer en una familia “artificial”, de verdad, pero es la única posibilidad, ¿no?

Ayer en Mauricio, después de la Misa, cuando fui a encontrar a Mons. Rueda con un policía alto, grande, que tenía en la mano una niña, tenía dos años, más o menos. Se había perdido y lloraba porque no encontraban a sus padres. La policía lo anunció para que viniesen, y en el momento, a la vez, la acariciaban.

Ahí he visto el drama de tantos niños y jóvenes que pierden el lazo familiar, aunque si viven en la familia, pero en un momento lo pierden, esto por un accidente, y también el rol del Estado para mantenerlos, llevarlos adelante, ¿no? El Estado debe tomar el cuidado de la familia. De los jóvenes, esto es un deber del Estado, ¿no? Es un deber llevarlos adelante.

Repito: para una familia tener un hijo es un tesoro y ustedes tienen esta conciencia. Tienen la conciencia del tesoro. Pero ahora es necesario que toda la sociedad tenga la conciencia de hacer crecer este tesoro, para que haga crecer el país, haga crecer la patria, haga crecer los valores que darán soberanía a la patria. No sé si he respondido primero pero… Y una cosa que los niños, me ha golpeado en los tres países, en los tres. Y es que la gente saludaba, ¿no? Pero habían niños así, chiquitos y saludaban, entraban en alegría. Sobre la alegría querría hablar después, gracias.

Mutusami, de Mauricio: Santo Padre, a nombre de mis colegas Martin y Valery que están en este vuelo, quiero agradecerle por venir a la República de Mauricio. Mi pregunta es sobre la situación del pueblo de Chagos. En su mensaje de gracias ayer en el monumento María Reina de la Paz, usted mencionó a ese pueblo. El Primer Ministro le agradeció por mostrar su preocupación por el sufrimiento de nuestros ciudadanos que fueron obligados a salir del archipiélago, por el Reino Unido, luego de retirar ilícitamente de este parte de nuestro territorio, antes de la independencia.

Hoy, una base militar americana está en la isla de Diego García. Santo Padre, los ciudadanos de Chagos han estado en un exilio forzado por 50 años y quieren volver a su tierra. Las administraciones de Estados Unidos y el Reino Unido no permiten que esto pase a pesar de la resolución de las Naciones Unidas de mayo pasado ¿Cómo puede apoyar el pedido de Chagos de volver a casa?

Papa Francisco: Quisiera repetir la doctrina de la Iglesia, las organizaciones internacionales cuando nosotros las reconocemos y les damos la capacidad de juzgar internacionalmente, pensemos por ejemplo en el Tribunal Internacional de La Haya o las Naciones Unidas. Cuando ellos hablan, y si somos una humanidad, debemos obedecer.

Es verdad que no siempre las cosas que parecen justas para toda la humanidad serán justas a nuestros bolsillos, pero se debe obedecer a las instituciones internacionales, para esto fueron creadas las Naciones Unidas y el tribunal internacional. Porque cuando hay una lucha interna o entre los países se va ahí para resolver como hermanos, como civilizados. Después hay otro fenómeno, que no sé –esto lo digo claro–, no sé si es un fenómeno de este caso.

Ahora el caso lo dejo aparte, he dicho lo que me parecía justo, ir a las organizaciones internacionales. Pero hay un fenómeno, cuando llega una liberación de un pueblo, el estado dominante se debe ir, en África hubo tantas liberaciones, de Francia, de Gran Bretaña, de Bélgica, de Italia, que debieron irse, algunas se fueron bien pero siempre en todos está la tentación de llevarse algo en el bolsillo.

“Si doy la liberación a este pueblo, cualquier migaja me la llevo”; por ejemplo, “doy la liberación al país, pero del pavimento hacia arriba, el subsuelo permanece mío”; un ejemplo, no sé si es verdad, pero para darles un ejemplo. Siempre hay esta tentación.

Yo creo que las organizaciones internacionales deben hacer también un proceso de acompañamiento, reconociendo a las potencias dominantes lo que han hecho por aquel país y reconociendo la buena voluntad de irse, y ayudándoles a que se vayan totalmente, con libertad, con fraternidad, pero es un trabajo cultural lento de la humanidad, y en esto las instituciones internacionales nos ayudan tanto y debemos ir hacia adelante, haciendo fuertes las instituciones internacionales, las Naciones Unidas que retomen eso, que la Unión Europea que sea más fuerte, no en el sentido de dominio, sino de justicia, fraternidad y unidad de todos. Esta es una de las cosas importantes.

Hay otra cosa que quisiera aprovechar para decir luego de su intervención. Hoy no hay colonizaciones geográficas, al menos no tantas, pero sí hay colonizaciones ideológicas que quieren entrar en la cultura de los pueblos y cambiar esa cultura y homogeneizar la humanidad. Es la imagen de la globalización como una esfera. Todos iguales, cada punto equidistante del centro.

En vez de eso la verdadera globalización no es una esfera sino un poliedro donde cada pueblo, cada nación conserva la propia identidad pero se une a toda la humanidad. La colonización ideológica por su parte busca cancelar la identidad de los otros para hacerlos iguales. Y te vienen con propuestas ideológicas que van contra la naturaleza de ese pueblo, contra la historia, contra los valores de ese pueblo.

Debemos respetar la identidad de ese pueblo. Esta es una premisa que se debe hacer siempre. Se respeta la identidad de los pueblos y así cortamos todas las colonizaciones.

Antes de darle la palabra a Efe quisiera decir algo más sobre el viaje. En tu país (Mauricio) me ha tocado mucho la capacidad de unidad y de diálogo interreligioso. No se cancela la diferencia de las religiones sino que se subraya que todos somos hermanos y todos debemos hablar, pero esto es una señal de madurez de tu país.

Hablando con el primer ministro ayer me sorprendió cómo han elaborado esta realidad, pero la viven como necesidad de convivencia. Y hay una comisión intercultural. La primera cosa que encontré ayer entrando al Episcopio fue un ramo de flores bellísimo. ¿Quién lo envió? El gran imán, ser hermanos.

La hermandad humana que está en la base, el respeto religioso es importante. Por esto a los misioneros les digo que no hagan proselitismo. El proselitismo vale para la política, para el deporte ‘Ven a mi equipo’, pero no para la fe. Pero, ¿qué cosa significa para ti, Papa, evangelizar? Hay una frase de San Francisco de Asís que me ha iluminado mucho: “Lleva el Evangelio y si fuese necesario también con las palabras”. Es decir que evangelizar es lo que leemos en en libro de los Hechos de los Apóstoles, es decir, testimonio.

Ese testimonio provoca la pregunta: ¿Por qué vives así? ¿Por qué haces esto? Y lo explico: por el Evangelio. El anuncio viene luego del testimonio. Primero vive como cristiano y si te preguntan hablas. El testimonio es el primer paso y el primer paso de la evangelización es el Espíritu Santo que lleva a los cristianos y a los misioneros a dar testimonio. Luego vendrán las preguntas, pero el testimonio de vida es el primer paso.

Es importante para evitar el proselitismo. Cuando ustedes ven propuestas religiosas que van por el camino del proselitismo no son cristianas. Buscan prosélitos, no adoradores de Dios y verdad. Aprovecho para decir esto por vuestra experiencia interreligiosa que es muy bella y también el Primer Ministro me ha dicho que cuando pide ayuda uno les damos lo mismo a todos y nadie se ofende porque se sienten hermanos. Y esto hace la unidad del país. Es muy importante.

También en los encuentros no solo había católicos sino musulmanes, hindúes y de otras religiones, y todos eran hermanos. Lo he visto mucho en Madagascar en el acto por la paz de los jóvenes, en donde jóvenes de diversas religiones han querido expresar cómo quieren vivir la paz. Paz, fraternidad, convivencia interreligiosa, nada de proselitismo. Son cosas que debemos aprender por la convivencia. Estas son cosas que me han tocado de los tres países.

Además, en los tres países, pero tomo uno Madagascar, porque hemos partido de ahí, me ha tocado también que en las calles estaba el pueblo autoconvocado. En la Misa en el estadio bajo la lluvia estaba el pueblo y bailaba bajo la lluvia y eran felices. Y también en la vigilia nocturna y en la Misa, que dicen que han sobrepasado el millón, es el dato oficial. No sé. Digo que eran un poco menos, digamos 800 mil, pero el número no interesa. Interesa el pueblo, la gente que llegó a pie, desde la tarde anterior y que estuvo en vigilia y durmió allí.

He pensado en Río de Janeiro en 2013, cuando dormían en la playa y yo pensaba en el pueblo que quería estar con el Papa. Me he sentido humillado, pequeñísimo, ante esta grandiosidad de la soberanía popular. ¿Y cuál es el signo de que un grupo de gente es pueblo? La alegría.

Había pobres, había gente que no había comido esa tarde para estar allí, pero estaban felices. En cambio, cuando los grupos o personas se alejan de ese sentido popular de la alegría, pierden la alegría. Es una de las primeras señales, la tristeza de los solos, la tristeza de los que han olvidado sus raíces culturales. El pueblo.

Tener consciencia de ser un pueblo y tener consciencia de una identidad, de tener un modo de entender la realidad. Esto reúne a la gente, pero la señal de que estás en el pueblo y no en una élite es la alegría, la alegría común. Esto he querido subrayarlo. Y por esto los niños saludaban así porque los padres les contagiaban con la alegría. Gracias. Esto es lo que quería decir sobre este viaje y luego si se me ocurre alguna otra cosa la diré.

Cristina Cabrejas, de EFE: Gracias, Santo Padre, por la oportunidad. Tengo dos palabras, dos preguntas, una la privilegiada y otra sobre el viaje. Pido perdón a los colegas, quisiera que me respondiera en español. Luego yo traduzco. Antes que nada damos por hecho que uno de sus planes futuros es venir a España, a ver si va a ser posible. Esperamos. La segunda pregunta que le quiero hacer es que hemos preguntado por los 80 años de Efe a diversas personalidades sobre información y periodismo. Entonces la pregunta que le quiero hacer es ¿cómo cree que va a ser la información en el futuro?

Papa Francisco: Necesitaría de una bola de cristal para responderle esto, pero antes que nada iré a España, espero, si vivo, pero la prioridad de los viajes en Europa son los países pequeños, esta es la prioridad, luego los más grandes.

Luego no sé cómo será la comunicación en el futuro, pero pienso como era por ejemplo la comunicación cuando era chico, todavía sin TV. Con la radio, con el diario, incluso con el diario clandestino que era perseguido por el gobierno de turno. Se vendía de noche, lo vendían voluntarios, y también oral. Pero era una comunicación, si hacemos la comparación con esta, era una comparación precaria.

Esta será precaria, tal vez en relación a la del futuro, pero lo que permanece como una cosa constante de la comunicación es la capacidad de transmitir un hecho y distinguirlo del relato. Una de las cosas que, a la comunicación del pasado, a la comunicación del presente y seguro a la comunicación del futuro, daña a la comunicación es el relato.

Hay un estudio muy lindo hecho por SImone Paganini de hace tres años, una estudiosa de lengua de la Universidad de Aquisgrán, que habla sobre la movilidad de la comunicación. Ella toma un escrito, una novela. Entre el autor, el escrito y el lector y cómo después de eso la comunicación se va movilizando, como la comunicación es siempre movilizante, es muy fácil pasar del hecho al relato.

Y esto arruina la comunicación. Es importante que sea el hecho y siempre ajustarse al hecho. Incluso nosotros, en la curia lo veo: Hay un hecho, da la vuelta y después viene adornado, maquillado, cada uno le pone de lo suyo y no con mala intención. Es que es la dinámica.

Entonces la ascesis del comunicador es siempre volver al hecho. El hecho fue este, mi interpretación es esta, me dijeron esto. Entonces distinguir los pasos del relato, porque el relato no está bien, ¿no es cierto? Hace un tiempo me contaron caperucita roja pero desde el relato, y terminaba caperucita roja con su abuela haciendo un puchero con el lobo y comiéndose al lobo. O sea, el relato cambia la cosa e incluso esto es para probar este asunto. Este estudio de Simone Paganini es bastante bueno.

Ese es un punto que va a garantizar que hace al medio de comunicar… la fidelidad. Se dice que. ¿Se puede usar? Sí, se puede usar en comunicación, pero ahí buscar siempre con la metralleta crítica de constatar la objetividad del “se dice que” o si no, “se dice que” no sabemos, pero siempre distinguir el hecho del relato. Es parte de la objetividad, es uno de los valores de la comunicación.

Segunda cosa, la comunicación debe ser siempre humana, totalmente humana. Y al decir humana la identifico como constructiva, es decir que haga crecer al otro. Una comunicación no puede ser usada como instrumento de guerra porque es antihumano, destruye, ¿no es cierto?

Ahí le pasé un artículo que encontré acá en una revista al Padre Rueda sobre los proyectiles venenosos de la lengua, gotitas de arsénico. Es decir, constructiva, humana, que siempre construya a la humanidad, al servicio de la construcción y no de la destrucción.

¿Cuándo la comunicación está al servicio de la destrucción? Cuando defiende, por ejemplo, proyectos no humanos. Pensemos en la propaganda de las dictaduras del siglo pasado. Eran grandes dictaduras que se comunicaban bien. Nosotros en Argentina decíamos: te venden un buzón, te venden el correo central, pero todo bien montado.

No son humanas, fomentan la guerra, fomentan la división, son para la destrucción. Yo no sé técnicamente qué decirte porque no soy apto en la materia pero por eso se me ocurrió subrayar valores que la comunicación, sea del modo que sea, sea aquella de radio que escuchaba de chico o la que vendrá que no sé cuál será, tiene que mantenerse siempre, que son coherencias.

Cristina Cabrejas, de EFE: Uno de los temas de este viaje ha sido la protección del ambiente natural. Usted ha hablado en todos sus discursos, también con los jóvenes, sobre la protección de los árboles, de los incendios de la deforestación. Lo mismo está sucediendo en este momento en la Amazonía.

¿Cree usted que los gobiernos de estas áreas amazónicas están haciendo de todo, como los de aquí en África, para proteger este pulmón del mundo?

Papa Francisco: Gracias. Vuelvo a África. Esto lo he dicho en otro viaje. Hay en el inconsciente colectivo un pensamiento: “África es explotada”. Es una cosa inconsciente, nosotros no pensamos “Europa es explotada”, no por favor. No, África es explotada.

Tenemos que liberar a la humanidad de este inconsciente colectivo. El punto más fuerte de esta explotación, no solo en África sino en todo el mundo, es el ambiente natural. El medio ambiente que… la deforestación, la destrucción de la biodiversidad.

Hace un par de meses recibí a los capellanes del mar. En la audiencia había siete muchachos pescadores que pescaban en una barca que no era más grande que este avión. Pescaban con medios mecánicos como ahora, un poco aventureros. Y me dijeron esto: “Desde hace algunos meses hasta hoy hemos pescado seis toneladas de plástico”.

En el Vaticano hemos prohibido el plástico. Estamos en este trabajo. Seis toneladas de plástico, pero esto es una realidad, solo en los mares. El plástico en los mares está en la intención de oración de este mes del Papa para la protección de los océanos que nos dan también el oxígeno que respiramos.

Luego hay grandes pulmones de la humanidad. Uno en Centroáfrica, uno en Brasil en toda la zona panamazónica y luego, y luego hay uno que no recuerdo bien. Son pequeños pulmones del mismo tipo. Defender la ecología, la biodiversidad que es nuestra vida, defender el oxígeno.

A mí me ilusiona esa lucha grande que es por la biodiversidad. La defensa del medio ambiente la llevan adelante los jóvenes que tienen una gran consciencia porque dicen: “El futuro es nuestro. Ustedes con lo suyo hagan lo que quieran, pero no con lo nuestro”. Comencemos a meditar un poco en esto.

Creo que haber llegado al acuerdo de París ha sido un buen paso adelante. Luego de lo Katowice también fue bueno. Son encuentros que ayudan a tomar consciencia. El año pasado, en el verano, cuando vi esa embarcación que navegaba en el Polo Norte como si nada he sentido angustia.

Y poco tiempo después, hace algunos meses, hemos visto todos la fotografía del acto fúnebre que hicieron creo que en Groenlandia, donde había un glaciar que ya no estaba más. Han hecho un acto fúnebre simbólico para atraer la atención.

Ahora esto va de prisa. Debemos tomar conciencia comenzando por las cosas pequeñas, conciencias pequeñas. Su pregunta: “¿Los gobiernos están haciendo de todo?” Algunos más, algunos menos. Es cierto que… Hay una palabra que debo decirla, que está en la base de la explotación ambiental…

Me conmovió un artículo del (diario italiano) Il Messaggero del 10, el día que hemos partido, en el que Franca no escatimó palabras, ha hablado de maniobras destructivas, de rapacidad. Pero esto no solo en África, también en nuestras ciudades y civilizaciones.

Y la palabra mala, mala es corrupción. Necesito hacer esto, pero para hacerlo debo deforestar eso, eso otro y lo otro. Necesito el permiso del gobierno o de los gobiernos, provinciales, nacionales. Así que voy con el responsable y la pregunta.

Repito literalmente lo que me dijo un emprendedor español. La pregunta que escuchamos cuando queremos que nos aprueben un proyecto es: “¿Y cuánto para mí?” con desfachatez. Esto sucede en África, en América Latina, también en Europa, en todos lados.

Cuando se asume la responsabilidad socio-política, como una ganancia personal, se explotan los valores, se explota la naturaleza, se explota a mucha gente. Pensemos en África que es explotada, pero pensemos en los muchos operarios explotados en nuestras sociedades.

La explotación de jornaleros no la inventaron los africanos. Los tenemos en Europa: la empleada pagada con un tercio de lo que se debe no la inventaron los africanos. Las mujeres engañadas y explotadas para dedicarse a la prostitución en el centro de nuestras ciudades no la inventaron los africanos, también fue por nosotros, todos, incluso por nosotros está la explotación no solo ambiental sino también humana. Y esto es por la corrupción. Cuando la corrupción entra en el corazón, preparémonos porque viene de todo.

Jason Horowitz, The New York Times: Buenos días, Santo Padre. En el vuelo a Maputo usted ha reconocido estar bajo ataque de un sector de la Iglesia estadounidense. Obviamente hay fuertes críticas en la prensa, los sitios web y la televisión; e incluso algunos aliados de los más cercanos han hablado de un complot contra usted.

¿Hay alguna cosa que estos críticos no comprendan de su pontificado o hay alguna cosa que usted haya aprendido de estas críticas de Estados Unidos? Otra cosa, ¿usted teme un cisma en la Iglesia americana y si hay algo que usted podría hacer como un diálogo para ayudar al pontificado?

Papa Francisco: Primero que nada las críticas siempre ayudan, siempre. Cuando uno recibe una crítica rápidamente se debe hacer autocrítica y decir esto es cierto, esto no, o ver hasta qué punto. Yo siempre en las críticas veo ventajas. A veces enojan, pero sí hay ventajas.

Luego, en el viaje de ida a Maputo vino uno de ustedes. ¿Fuiste tú quien me dio el libro? Uno de ustedes me dio ese libro en francés. Sí, tú, en francés, la Iglesia estadounidense ataca al Papa, los americanos. No, el Papa bajo el ataque de los americanos. Ah no, “Cómo los americanos quieren cambiar al Papa”. Ese es el libro del que me dieron un ejemplar. Yo sabía del libro pero no lo he leído.

Las críticas no son solo de los estadounidenses, son un poco de todos lados, también de la curia. Al menos quienes las dicen tienen la ventaja de la honestidad de decirlo y me gusta esto. No me gusta cuando las críticas van debajo de la mesa, te sonríen y te muestran los dientes y luego te dan una puñalada por detrás. Esto no es leal, no es humano.

La crítica es un elemento de construcción y si tu crítica no es certera prepárate a recibir la respuesta y a dialogar, a una discusión y llegar a un punto justo: esta es la dinámica de la verdadera crítica. En cambio, la crítica de las gotas de arsénico de las que hablaba este artículo que le di al Padre Rueda es un poco tirar la piedra y esconder la mano. Esto no sirve, esto no ayuda.

Ayude a los pequeños grupitos cerrados que no quieren escuchar la respuesta a la crítica. Una crítica que no quiere escuchar la respuesta y lanza la piedra y esconde la mano. En cambio, una crítica leal: pienso esto, esto y esto, abierta a la respuesta, es algo que construye y ayuda. Ante el caso del Papa: “Pero esto no me gusta del Papa”. Hago la crítica y espero la respuesta, voy con él y hablo y escribo un artículo y le pido responder.

Esto es leal, esto es amar a la Iglesia. Hacer una crítica sin querer escuchar la respuesta y sin dialogar y no querer a la Iglesia es ir hacia atrás con una idea fija: cambiar de Papa, cambiar el estilo o hacer un cisma. ¿Esto es claro, no? Siempre una crítica leal es bien recibida, al menos por mí.

Segundo, el problema del cisma. En la Iglesia hubo muchos cismas. Luego del (Concilio) Vaticano I, tras la última votación sobre la infalibilidad (papal), un buen grupo se fue, se alejó de la Iglesia y fundó a los vétero católicos para ser honestos a la tradición de la Iglesia. Luego encontraron un desarrollo diferente y ahora ordenan mujeres, pero en ese momento eran rígidos, iban tras una ortodoxia que les hacía pensar que el Concilio se había equivocado. Otro grupo se fue sin votar, calladito sin querer votar.

El Vaticano II ha creado estas cosas. Tal vez el alejamiento más conocido es el de Lefebvre. Siempre está la opción cismática en la Iglesia. Es una de las opciones que el Señor deja siempre a la libertad humana.

No les tengo miedo a los cismas. Rezo para que no haya porque está de por medio la salud espiritual de mucha gente, rezo para que haya diálogo, corrección cuando hay una equivocación; pero el camino del cisma no es cristiano. Pero si pensamos en el inicio de la Iglesia, cómo ha comenzado la Iglesia con tantos cismas, uno tras otro, basta leer la historia de la Iglesia con los arrianos, los gnósticos, los monofisistas, todos estos.

Recuerdo una anécdota que ya he contado algunas veces pero no sé si aquí: ha sido el pueblo de Dios el que ha salvado de los cismas. Los cismáticos siempre tienen una cosa en común: se alejan del pueblo, de la fe del pueblo, de la fe del pueblo de Dios.

Cuando en el Concilio de Éfeso estaba la discusión sobre la maternidad divina de María, el pueblo, y esto es histórico, estaba a la entrada de la Catedral y cuando los obispos entraban para hacer el Concilio, estaban con los bastones y les hacían ver los bastones mientras gritaban: “Madre de Dios, madre de Dios”, como diciendo que si no hacían esto que vieran lo que les esperaba. El pueblo de Dios siempre ajusta y ayuda.

Un cisma es siempre un estado exquisito, de la ideología alejada de la doctrina, una ideología tal vez justa pero que entra en la doctrina y la aleja, y se convierte en doctrina entre comillas, pero por un tiempo. Por esto rezo para que no haya cismas pero no les tengo miedo.

Para ayudar, paro esto que estoy diciendo ahora. No tengan miedo yo respondo a las críticas, todo esto lo hago. Tal vez si alguno piensa algo que debo hacer lo haré para ayudar, pero este es uno de los resultados del Vaticano II. No de este Papa o de otro Papa o de otro. Por ejemplo, las cosas sociales que digo son las mismas que ha dicho Juan Pablo II, yo las copio de él. “Pero el Papa es muy comunista, ¿eh?”. Entran las ideologías en la doctrina y cuando la doctrina resbala con la ideología existe la posibilidad de un cisma.

Y también está la ideología conductual… es decir un conductismo como la primacía de una moral ascética, sobre la moral del pueblo de Dios en el que también los pastores deben conducir a la grey entre la gracia y el pecado. Esta es la moral evangélica. En cambio la moral de la ideología, por llamarla de alguna forma, te lleva a la rigidez y hoy tenemos muchas, muchas escuelas de rigidez dentro de la Iglesia, que no son cisma, pero que con caminos cristianos pseudo-cismáticos que al final terminarán mal.

Cuando vean cristianos, obispos, sacerdotes rígidos, detrás de eso hay problemas. No es la sanidad del Evangelio y por eso debemos ser suaves, suaves con las personas que son tentadas por estos ataques, por estas cosas, porque están pasando por un problema y debemos acompañarlas con suavidad. Gracias.

Aura Miguel, Radio Renacencia

Papa Francisco: ¿Cómo he hablado portugués?

Aura: Muy bien. Se entendía muy bien. Vuelvo a Mozambique solo para preguntar esto. Sabemos que a usted no le gusta visitar países durante las campañas electorales, pero lo ha hecho en Mozambique a un mes de las elecciones, siendo justamente el presidente que lo ha invitado uno de los candidatos.

Papa Francisco: No fue un error, no fue un error. Fue una opción tomada deliberadamente porque la campaña electoral que comienza en estos días pasaba a un segundo plano ante el proceso de paz. Lo importante era visitar para ayudar a consolidar el proceso de paz. Y esto es más importante que una campaña que aún no había comenzado. Comenzaba en los últimos días, al final de mi visita.

Luego pude saludar a los adversarios políticos para subrayar que lo importante era no mostrarme a favor de este presidente, que no conozco y no sé qué piensa, ni sé tampoco cómo piensan los otros. Para mí era más importante subrayar la unidad del país, pero esto que usted ha dicho es cierto: debemos alejarnos un poco de las campañas electorales de los países.

Muchas gracias a ustedes y su trabajo. Reconozco todo lo que hacen. Recen por mí que yo lo hago por ustedes. ¡Buen almuerzo!

https://www.aciprensa.com/noticias/rueda-de-prensa-del-papa-en-el-vuelo-de-retorno-de-mozambique-madagascar-y-mauricio-78177

 


Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

septiembre 9, 2019

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El Papa Francisco bendice a una religiosa anciana. En Madagascar © Vatican Media

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Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

En Antananarivo, capital del país

Por Rosa Die de Alcolea

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(ZENIT – 8 sept. 2019).- “Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios”, Francisco ha bendecido a los miles de consagrados de Madagascar.

El encuentro de los sacerdotes, seminaristas, religiosos y consagrados ha tenido lugar en el Colegio de San Miguel, situado en el barrio de Amparibe, en Antananarivo, capital de Madagascar, a las 17:10 horas (16:10 h. en Roma), después de su visita a la Ciudad de la Amistad Akamasoa y a la Cantera de Mahatazana.

“Pasaje a una vida mejor”

“La persona consagrada –en el amplio sentido de la palabra– es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo”, ha anunciado el Papa, mientras les ha agradecido su testimonio por “querer quedaros ahí” y “no hacer de la vocación un ‘pasaje a una mejor vida’”.

“Vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo”, les ha dicho.

Francisco ha invitado a los consagrados y consagradas a ser “hombres y mujeres de alabanza”, porque “la persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir”, ha explicado el Santo Padre.

“En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo”, ha alentado el Papa. “Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar a una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia”.

Lucha en “nosotros mismos”

“La lucha también la vivimos en nosotros mismos”, ha advertido el Papa. “Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida”.

Por ello, el Pontífice ha exhortado a derrotar al mal espíritu en su propio terreno; “allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión. ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!”, ha exclamado.

Agradecimiento al traductor 

De manera anecdótica el Obispo de Roma ha vuelto a tener un bonito gesto de cercanía: De manera especial, ha agradecido públicamente al sacerdote de Madagascar que ha traducido sus discursos estos días durante su visita al país, de lengua italiana al francés y al malgache.

A continuación, ofrecemos el discurso que el Papa Francisco ha dirigido a los sacerdotes, religiosos, seminaristas, consagrados y diáconos de Madagascar:

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Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco vuestra cálida bienvenida. Quiero que mis primeras palabras estén dirigidas especialmente a todos los sacerdotes, consagradas y consagrados que no pudieron viajar por un problema de salud, el peso de los años o alguna complicación. (Minuto de silencio)

Al terminar mi visita a Madagascar aquí con vosotros, al ver vuestra alegría, pero también recordando todo lo que he vivido en este tan poco tiempo en vuestra isla, me brotan del corazón aquellas palabras de Jesús en el Evangelio de Lucas cuando, estremecido de gozo, dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños» (10,21).

Y este gozo es confirmado por vuestros testimonios porque, aun aquello que vosotros expresáis como problemáticas, son signos de una Iglesia viva, pujante, en búsqueda de ser cada día presencia del Señor. Una Iglesia cercana al pueblo, siempre caminando con el pueblo de Dios.

Esta realidad es una invitación a la memoria agradecida de todos aquellos que no tuvieron miedo y supieron apostar por Jesucristo y su Reino; y vosotros hoy sois parte de su heredad.

Pienso en los lazaristas, los jesuitas, las hermanas de San José de Cluny, los hermanos de las escuelas cristianas, los misioneros de La Salette y todos los demás pioneros, obispos, sacerdotes y consagrados. Pero también de tantos laicos que, en los momentos difíciles de persecución, cuando muchos misioneros y consagrados tuvieron que partir, fueron quienes mantuvieron viva la llama de la fe en estas tierras.

Esto nos invita a recordar nuestro bautismo, como el primer y gran sacramento por el que fuimos sellados como hijos de Dios. Todo el resto es expresión y manifestación de ese amor inicial que siempre estamos invitados a renovar.

La frase del Evangelio a la que me referí es parte de la alabanza del Señor al recibir a los setenta y dos discípulos cuando volvían de la misión.

Ellos, como vosotros, aceptaron el desafío de ser una Iglesia “en salida”, y traen las alforjas llenas para compartir todo lo que han visto y oído. Vosotros os habéis atrevido a salir, y aceptásteis el desafío de llevar la luz del Evangelio a los distintos rincones de esta isla.

Sé que muchos de vosotros vivís situaciones difíciles, donde faltan los servicios esenciales —agua, electricidad, carreteras, medios de comunicación— o la falta de recursos económicos para llevar adelante la vida y la actividad pastoral. Muchos de vosotros sentís sobre vuestros hombros, por no decir sobre vuestra salud, el peso del trabajo apostólico.

Pero vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo. Gracias por esto. Muchas gracias por vuestro testimonio y por querer quedaros ahí y no hacer de la vocación un “pasaje a una mejor vida”.

Y quedaros ahí con esa conciencia, como decía la hermana: “a pesar de nuestras miserias y debilidades, nos comprometemos con todo nuestro ser a la gran misión de la evangelización”. La persona consagrada —en el amplio sentido de la palabra— es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo.

Al recibir y escuchar a sus discípulos volver llenos de gozo, lo primero que Jesús hace es alabar y bendecir a su Padre; y esto nos muestra una parte fundamental de nuestra vocación. Somos hombres y mujeres de alabanza. La persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir.

En la alabanza encontramos nuestra pertenencia e identidad más hermosa porque libra al discípulo de los “habriaqueísmos” y le devuelve el gusto por la misión y por estar con su pueblo; le ayuda a ajustar los “criterios” con los que se mide a sí mismo, mide a los otros y a toda la actividad misionera, para que no tengan algunas veces poco sabor a Evangelio.

Muchas veces podemos caer en la tentación de pasar horas hablando de los “éxitos” o “fracasos”, de la “utilidad” de nuestras acciones, o la “influencia” que podamos tener. Discusiones que terminan ocupando el primer puesto y el centro de toda nuestra atención.

Esto que nos conduce —no pocas veces— a soñar con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, pero propios de generales derrotados que terminan por negar nuestra historia —al igual que la de vuestro pueblo— que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio y la constancia en el trabajo que cansa (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 96).

Al alabar aprendemos la sensibilidad para no “desorientarnos” y hacer de los medios nuestros fines, de lo superfluo lo importante; aprendemos la libertad para poner en marcha procesos más que querer ocupar espacios (cf. ibíd., 223); la gratuidad de fomentar todo lo que haga crecer, madurar y fructificar al Pueblo de Dios antes que orgullecernos por cierto fácil, rápido pero efímero “rédito” pastoral.

En cierta medida, gran parte de nuestra vida, de nuestra alegría y fecundidad misionera se juega en esta invitación de Jesús a la alabanza. Como bien le gustaba señalar a ese hombre sabio y santo, como ha sido Romano Guardini: «El que adora a Dios en sus sentimientos más hondos y también, cuando tiene tiempo, realmente, con actos vivos, se encuentra cobijado en la verdad. Puede equivocarse en muchas cosas; puede quedar abrumado y desconcertado por el peso de sus acciones; pero, en último término, las direcciones y los órdenes de su existencia están seguros» (Pequeña Suma Teológica, Madrid 1963, 29).

Los setenta y dos eran conscientes de que el éxito de la misión dependió de hacerla “en nombre del Señor Jesús”. Eso los maravillaba. No fue por sus virtudes, nombres o títulos, no llevaban boletas de propaganda con sus rostros; no era su fama o proyecto lo que cautivaba y salvaba a la gente.

La alegría de los discípulos nacía de la certeza de hacer las cosas en nombre del Señor, de vivir su proyecto, de compartir su vida; y esta les había enamorado tanto que les llevó también a compartirla con los demás.

Y resulta interesante constatar que Jesús resume la actuación de los suyos hablando de la victoria sobre el poder de Satanás, un poder que desde nosotros solos jamás podremos vencer, pero sí en el nombre de Jesús. Cada uno de nosotros puede dar testimonio de esas batallas, y también de algunas derrotas.

Cuando vosotros mencionáis la infinidad de campos donde realizáis vuestra acción evangelizadora, estáis librando esa lucha en nombre de Jesús. En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo. Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación.

En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar a una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia.

Es un combate ganador el que se lucha contra la ignorancia brindando educación; también es llevar la presencia de Dios cuando alguien ayuda a que se respete, en su orden y perfección propios, todas las criaturas evitando su uso o explotación; y también los signos de su victoria cuando plantáis un árbol, o hacéis llegar el agua potable a una familia.

¡Qué signo del mal derrotado es cuando vosotros os dedicáis a que miles de personas recuperen la salud! ¡Seguid dando estas batallas, pero siempre en la oración y en la alabanza!

La lucha también la vivimos en nosotros mismos. Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite «una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida.

A veces sucede que la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 78) .

Así, más que hombres y mujeres de alabanza, podemos transformarnos en “profesionales de lo sagrado”. Derrotemos al mal espíritu en su propio terreno; allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión (cf. ibíd., 76). ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!

Queridos hermanos y hermanas: Jesús alaba al Padre porque ha revelado estas cosas a los “pequeños”. Somos pequeños porque nuestra alegría, nuestra dicha, es precisamente esta revelación que Él nos ha dado; el sencillo “ve y escucha” lo que ni sabios, ni profetas, ni reyes pueden ver y escuchar: la presencia de Dios en en los pacientes y afligidos, en los que tienen hambre y sed de justicia, en los misericordiosos (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).

Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios.

Transmitidles a vuestras comunidades mi cariño y cercanía, mi oración y bendición. En esta bendición que os daré en nombre del Señor os invito a que penséis en vuestras comunidades, en vuestros lugares de misión, para que el Señor siga “diciendo bien” a todas esas personas, allí donde se encuentren. Que vosotros podáis seguir siendo signo de su presencia viva en medio de nosotros.

Y no os olvidéis de rezar y hacer rezar por mí.

Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”


Religiosas administrarán parroquia en Chile por falta de sacerdotes

septiembre 6, 2019

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Administrador Apostólico de Chillán, P. Sergio Pérez de Arce, entrega las llaves de la Parroquia a la Hna. Marta García, Misionera de Santo Domingo. Crédito: Diócesis de Chillán.

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Religiosas administrarán parroquia en Chile por falta de sacerdotes

Redacción ACI Prensa

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El Administrador Apostólico de Chillán (Chile), P. Sergio Pérez de Arce, encargó a las religiosas Misioneras de Santo Domingo la administración de una parroquia debido a la falta de sacerdotes; sin embargo, contarán con el apoyo de dos presbíteros ancianos para la atención sacramental de los fieles.

El P. Pérez de Arce realizó el traspaso el 28 de agosto durante una Misa celebrada en la capilla San Alberto Magno perteneciente a la parroquia Santo Domingo, de la cual se harán cargo las religiosas.

El Administrador Apostólico tomó esta decisión luego de que la Orden de los Predicadores (Padres Dominicos) presentes en la parroquia desde su fundación en 1928, solicitaron dejar la conducción pastoral por falta de sacerdotes.

No obstante, los dominicos P. Enrique González y el P. Simón Castillo de unos 80 años de edad, vivirán en el convento que está junto a la iglesia y colaborarán en la atención sacramental de la parroquia y en las obras sociales del policlínico, comedor parroquial y el centro de Teología y Biblia. Ambos no pueden asumir la dirección de la parroquia por motivos de edad.

En adelante, la hermana Marta García Gómez será la responsable parroquial con todas las facultades propias de un párroco, salvo las que requieren carácter presbiteral, como la celebración de la Misa y la administración de algunos sacramentos. La hermana Patricia Martínez Contreras y la hermana Paulina también acompañarán la atención parroquial.

El abogado canonista, Alejandro Álvarez, explicó a ACI Prensa que “para ser nombrado párroco se requiere el orden del ministerio”, sin embargo, “ante la escasez de sacerdotes”, el obispo diocesano puede encomendar la “participación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia a un diácono o a otra persona que no tiene el carácter sacerdotal”, describe el canon número 517.

El punto dos de este canon señala que “si, por escasez de sacerdotes, el Obispo diocesano considera que ha de encomendarse una participación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia a un diácono o a otra persona que no tiene el carácter sacerdotal, o a una comunidad, designará a un sacerdote que, dotado de las potestades propias del párroco, dirija la actividad pastoral”.

Esta designación, hizo recordar al abogado la figura del “fiscal”, un laico formado por los sacerdotes en la época del 1600 para la evangelización de las comunidades más alejadas hasta donde no llegaban los sacerdotes, y que hoy se mantiene vigente en zonas como Chiloé (sur de Chile).

“Les deseamos a las hermanas Marta, Patricia y Paula, junto a la comunidad, que puedan vivir este tiempo con alegría y espíritu de servicio apoyadas en el Señor. Hay una necesidad, pero hay que ir buscando nuevas maneras de llevar adelante la tarea pastoral”, dijo el P. Pérez de Arce.

“La Iglesia va cambiando y tenemos que hacer frente a la nueva realidad. Agradecemos a los hermanos dominicos que gracias a Dios seguirán colaborando en la parroquia y agradecemos al padre Miguel Ángel Céspedes quien estuvo todo este tiempo como administrador parroquial”, agregó.

En tanto, la Hna. Marta precisó que “es un desafío grande”, “un compromiso que asumimos las tres hermanas que estamos sirviendo en la parroquia Santo Domingo”, con “espíritu de sencillez, humildad, de querer seguir sembrando la Palabra, compartiendo las alegrías, las penas, la vida. Es una especie de continuidad asumiendo que esto supone un nuevo reto que implica un poco más de responsabilidad”, dijo.

“Las funciones que vamos a llevar a cabo nosotras son las que realiza cualquier párroco, la conducción y animación de los fieles. También podremos hacer bautismos y la liturgia de la Palabra”, precisó la religiosa.

“Vamos a desempeñar este trabajo con harto cariño y pasión. Nos sentimos muy bendecidas en esta comunidad porque hay un compromiso muy fuerte de los laicos, tanto en las obras de solidaridad que se llevan a cabo en el policlínico y en el comedor, como también para múltiples tareas que se desarrollan en la capilla. Ojalá que ese compromiso siga vivo y sigamos caminando todos juntos en comunidad”, sostuvo.

https://www.aciprensa.com/noticias/religiosas-administraran-parroquia-en-chile-por-falta-de-sacerdotes-51459?fbclid=IwAR3elC9sl7tbCoeLy9xDIz1d4Da_vD8mbWmExwH6LuBVlUfox2C97pW-4GM


Carta del Papa Francisco a los sacerdotes en el 160º aniversario de la muerte del Cura de Ars (1 de 2)

agosto 8, 2019

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El Papa Francisco a los sacerdotes: Como hermano mayor y padre quiero agradecerles en nombre del santo Pueblo fiel de Dios todo lo que recibe de Ustedes y, a su vez, animarlos

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Carta del Papa Francisco a los sacerdotes en el 160º aniversario de la muerte del Cura de Ars

A mis hermanos presbíteros.

Queridos hermanos:

Recordamos los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars a quien Pío XI presentó como patrono para todos los párrocos del mundo [1]. En su fiesta quiero escribirles esta carta, no sólo a los párrocos sino también a todos Ustedes hermanos presbíteros que sin hacer ruido “lo dejan todo” para estar empeñados en el día a día de sus comunidades.

A Ustedes que, como el Cura de Ars, trabajan en la “trinchera”, llevan sobre sus espaldas el peso del día y del calor (cf. Mt 20,12) y, expuestos a un sinfín de situaciones, “dan la cara” cotidianamente y sin darse tanta importancia, a fin de que el Pueblo de Dios esté cuidado y acompañado.

Me dirijo a cada uno de Ustedes que, tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal.

Hace un tiempo manifestaba a los obispos italianos la preocupación de que, en no pocas regiones, nuestros sacerdotes se sienten ridiculizados y “culpabilizados” por crímenes que no cometieron y les decía que ellos necesitan encontrar en su obispo la figura del hermano mayor y el padre que los aliente en estos tiempos difíciles, los estimule y sostenga en el camino [2].

Como hermano mayor y padre también quiero estar cerca, en primer lugar para agradecerles en nombre del santo Pueblo fiel de Dios todo lo que recibe de Ustedes y, a su vez, animarlos a renovar esas palabras que el Señor pronunció con tanta ternura el día de nuestra ordenación y constituyen la fuente de nuestra alegría: «Ya no los llamo siervos…, yo los llamo amigos» (Jn 15,15) [3].

DOLOR

«He visto la aflicción de mi pueblo» (Ex 3,7).

En estos últimos tiempos hemos podido oír con mayor claridad el grito, tantas veces silencioso y silenciado, de hermanos nuestros, víctimas de abuso de poder, de conciencia y sexual por parte de ministros ordenados. Sin lugar a dudas es un tiempo de sufrimiento en la vida de las víctimas que padecieron las diferentes formas de abusos; también para sus familias y para todo el Pueblo de Dios.

Como Ustedes saben estamos firmemente comprometidos con la puesta en marcha de las reformas necesarias para impulsar, desde la raíz, una cultura basada en el cuidado pastoral de manera tal que la cultura del abuso no encuentre espacio para desarrollarse y, menos aún, perpetuarse. No es tarea fácil y de corto plazo, reclama el compromiso de todos.

Si en el pasado la omisión pudo transformarse en una forma de respuesta, hoy queremos que la conversión, la transparencia, la sinceridad y solidaridad con las víctimas se convierta en nuestro modo de hacer la historia y nos ayude a estar más atentos ante todo sufrimiento humano [4].

Este dolor no es indiferente tampoco a los presbíteros. Así lo pude constatar en las diferentes visitas pastorales tanto en mi diócesis como en otras donde tuve la oportunidad de mantener encuentros y charlas personales con sacerdotes.

Muchos de ellos me manifestaron su indignación por lo sucedido, y también cierta impotencia, ya que además del «desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza» [5].

Numerosas son las cartas de sacerdotes que comparten este sentir. Por otra parte, consuela encontrar pastores que, al constatar y conocer el dolor sufriente de las víctimas y del Pueblo de Dios, se movilizan, buscan palabras y caminos de esperanza.

Sin negar y repudiar el daño causado por algunos hermanos nuestros sería injusto no reconocer a tantos sacerdotes que, de manera constante y honesta, entregan todo lo que son y tienen por el bien de los demás (cf. 2 Co 12,15) y llevan adelante una paternidad espiritual capaz de llorar con los que lloran; son innumerables los sacerdotes que hacen de su vida una obra de misericordia en regiones o situaciones tantas veces inhóspitas, alejadas o abandonadas incluso a riesgo de la propia vida.

Reconozco y agradezco su valiente y constante ejemplo que, en momentos de turbulencia, vergüenza y dolor, nos manifiesta que Ustedes siguen jugándose con alegría por el Evangelio [6].

Estoy convencido de que, en la medida en que seamos fieles a la voluntad de Dios, los tiempos de purificación eclesial que vivimos nos harán más alegres y sencillos y serán, en un futuro no lejano, muy fecundos.

«¡No nos desanimemos! El señor está purificando a su Esposa y nos está convirtiendo a todos a Sí. Nos permite experimentar la prueba para que entendamos que sin Él somos polvo. Nos está salvando de la hipocresía y de la espiritualidad de las apariencias. Está soplando su Espíritu para devolver la belleza a su Esposa sorprendida en flagrante adulterio. Nos hará bien leer hoy el capítulo 16 de Ezequiel. Esa es la historia de la Iglesia. Esa es mi historia, puede decir alguno de nosotros. Y, al final, a través de tu vergüenza, seguirás siendo un pastor. Nuestro humilde arrepentimiento, que permanece en silencio, en lágrimas ante la monstruosidad del pecado y la insondable grandeza del perdón de Dios, es el comienzo renovado de nuestra santidad» [7].

GRATITUD

«Doy gracias sin cesar por Ustedes» (Ef 1,16).

La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor. Es bueno volver una y otra vez sobre esos pasajes evangélicos donde vemos a Jesús rezar, elegir y llamar «para que estén con Él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14).

Quisiera recordar aquí a un gran maestro de vida sacerdotal de mi país natal, el padre Lucio Gera quien, hablando a un grupo de sacerdotes en tiempos de muchas pruebas en América Latina, les decía: “Siempre, pero sobre todo en las pruebas, debemos volver a esos momentos luminosos en que experimentamos el llamado del Señor a consagrar toda nuestra vida a su servicio”.

Es lo que me gusta llamar “la memoria deuteronómica de la vocación” que nos permite volver «a ese punto incandescente en el que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino y con esa chispa volver a encender el fuego para el hoy, para cada día y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena» [8].

Un día pronunciamos un “sí” que nació y creció en el seno de una comunidad cristiana de la mano de esos santos «de la puerta de al lado» [9] que nos mostraron con fe sencilla que valía la pena entregar todo por el Señor y su Reino. Un “sí” cuyo alcance ha tenido y tendrá una trascendencia impensada, que muchas veces no llegaremos a imaginar todo el bien que fue y es capaz de generar.

¡Qué lindo cuando un cura anciano se ve rodeado y visitado por esos pequeños —ya adultos— que bautizó en sus inicios y, con gratitud, le vienen a presentar la familia! Allí descubrimos que fuimos ungidos para ungir y la unción de Dios nunca defrauda y me hace decir con el Apóstol: «Doy gracias sin cesar por Ustedes» (Ef 1,16) y por todo el bien que han hecho.

En momentos de tribulación, fragilidad, así como en los de debilidad y manifestación de nuestros límites, cuando la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación [10] fragmentando la mirada, el juicio y el corazón, en esos momentos es importante —hasta me animaría a decir crucial— no sólo no perder la memoria agradecida del paso del Señor por nuestra vida, la memoria de su mirada misericordiosa que nos invitó a jugárnosla por Él y por su Pueblo, sino también animarse a ponerla en práctica y con el salmista poder armar nuestro propio canto de alabanza porque «eterna es su misericordia» (Sal 135).

El agradecimiento siempre es un “arma poderosa”. Sólo si somos capaces de contemplar y agradecer concretamente todos los gestos de amor, generosidad, solidaridad y confianza, así como de perdón, paciencia, aguante y compasión con los que fuimos tratados, dejaremos al Espíritu regalarnos ese aire fresco capaz de renovar (y no emparchar) nuestra vida y misión.

Dejemos que, al igual que Pedro en la mañana de la “pesca milagrosa”, el constatar tanto bien recibido nos haga despertar la capacidad de asombro y gratitud que nos lleve a decir: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador» (Lc 5,8) y, escuchemos una vez más de boca del Señor su llamado: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres» (Lc 5,10); porque «eterna es su misericordia».

Hermanos, gracias por su fidelidad a los compromisos contraídos. Es todo un signo que, en una sociedad y una cultura que convirtió “lo gaseoso” en valor, existan personas que apuesten y busquen asumir compromisos que exigen toda la vida.

Sustancialmente estamos diciendo que seguimos creyendo en Dios que jamás ha quebrantado su alianza, inclusive cuando nosotros la hemos quebrantado incontablemente. Esto nos invita a celebrar la fidelidad de Dios que no deja de confiar, creer y apostar a pesar de nuestros límites y pecados, y nos invita a hacer lo mismo.

Conscientes de llevar un tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co4,7), sabemos que el Señor triunfa en la debilidad (cf. 2 Co 12,9), no deja de sostenernos y llamarnos, dándonos el ciento por uno (cf. Mc 10,29-30) porque «eterna es su misericordia».

Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas, mostrando un corazón que con los años luchó y lucha para no volverse estrecho y amargo y ser, por el contrario, cotidianamente ensanchado por el amor a Dios y a su pueblo; un corazón que, como al buen vino, el tiempo no lo ha agriado, sino que le dio una calidad cada vez más exquisita; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por buscar fortalecer los vínculos de fraternidad y amistad en el presbiterio y con su obispo, sosteniéndose mutuamente, cuidando al que está enfermo, buscando al que se aísla, animando y aprendiendo la sabiduría del anciano, compartiendo los bienes, sabiendo reír y llorar juntos, ¡cuán necesarios son estos espacios!

E inclusive siendo constantes y perseverantes cuando tuvieron que asumir alguna misión áspera o impulsar a algún hermano a asumir sus responsabilidades; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por el testimonio de perseverancia y “aguante” (hypomoné) en la entrega pastoral que tantas veces, movidos por la parresía del pastor [11], nos lleva a luchar con el Señor en la oración, como Moisés en aquella valiente y hasta riesgosa intercesión por el pueblo (cf. Nm 14,13-19; Ex 32,30-32; Dt 9,18-21); porque «eterna es su misericordia».

Gracias por celebrar diariamente la Eucaristía y apacentar con misericordia en el sacramento de la reconciliación, sin rigorismos ni laxismos, haciéndose cargo de las personas y acompañándolas en el camino de conversión hacia la vida nueva que el Señor nos regala a todos.

Sabemos que por los escalones de la misericordia podemos llegar hasta lo más bajo de nuestra condición humana —fragilidad y pecados incluidos— y, en el mismo instante, experimentar lo más alto de la perfección divina: «Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso» [12].

Y así ser «capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse» [13]; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por ungir y anunciar a todos, con ardor, “a tiempo y a destiempo” el Evangelio de Jesucristo (cf. 2 Tm 4,2), sondeando el corazón de la propia comunidad «para buscar dónde está vivo y ardiente el deseo de Dios y también dónde ese diálogo, que era amoroso, fue sofocado o no pudo dar fruto» [14]; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas, dando calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el samaritano de la parábola (cf. Lc 10,25-37). Nada urge tanto como esto: proximidad, cercanía, hacernos cercanos a la carne del hermano sufriente. ¡Cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote que se acerca y no les huye a las heridas de sus hermanos! [15].

Reflejo del corazón del pastor que aprendió el gusto espiritual de sentirse uno con su pueblo [16]; que no se olvida que salió de él y que sólo en su servicio encontrará y podrá desplegar su más pura y plena identidad, que le hace desarrollar un estilo de vida austera y sencilla, sin aceptar privilegios que no tienen sabor a Evangelio; porque «eterna es su misericordia».

Gracias demos, también por la santidad del Pueblo fiel de Dios que somos invitados a apacentar y, a través del cual, el Señor también nos apacienta y cuida con el regalo de poder contemplar a ese pueblo en esos «padres que cuidan con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo.

En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante» [17]. Agradezcamos por cada uno de ellos y dejémonos socorrer y estimular por su testimonio; porque «eterna es su misericordia».


[1] Carta ap. Anno Iubilari: AAS 21 (1929), 313.

[2] Conferencia Episcopal Italiana (20 mayo 2019). La paternidad espiritual que impulsa al Obispo a no dejar huérfanos a sus presbíteros, y se puede “palpar” no sólo en la capacidad que estos tengan de tener abiertas sus puertas para todos sus curas sino en ir a buscarlos para cuidar y acompañar.

[3] Cf. S. Juan XXIII, Carta enc. Sacerdotii nostri primordia, en el I centenario del tránsito del santo Cura de Ars (1 agosto 1959).

[4] Cf. Carta al Pueblo de Dios (20 agosto 2018).

[5] Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristasSantiago de Chile (16 enero 2018).

[6] Cf. Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 mayo 2018).

[7] Encuentro con los sacerdotes de la Diócesis de Roma (7 marzo 2019).

[8] Homilía en la Vigilia Pascual (19 abril 2014).

[9] Gaudete et Exsultate, 7.

[10] Cf. J. M. Bergoglio, Las cartas de la tribulación, Herder 2019, p. 21.

[11] Cf. Encuentro con los sacerdotes de la Diócesis de Roma (6 marzo 2014).

[12] Retiro con ocasión del Jubileo de los Sacerdotes, Primera Meditación (2 junio 2016).

[13] A. Spadaro, Intervista a Papa Francesco, “La Civiltà Cattolica” 3918 (19 settembre 2013), 462.

[14] Evangelii Gaudium, 137.

[15] Cf. Encuentro con los sacerdotes de la Diócesis de Roma (6 marzo 2014).

[16] Cf. Evangelii Gaudium, 268.

[17] Gaudete et Exsultate, 7.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2019/documents/papa-francesco_20190804_lettera-presbiteri.html


El maná de cada día, 5.8.19

agosto 5, 2019

Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

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Solo cinco panes y dos peces

Solo cinco panes y dos peces



PRIMERA LECTURA: Números 11, 4-15

En aquellos días, los israelitas dijeron: «¡Quién pudiera comer carne! Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos.

Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná.»

El maná se parecía a semilla de coriandro con color de bedelio; el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite. Por la noche caía el rocío en el campamento y, encima de él, el maná.

Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor; y disgustado, dijo al Señor: «¿Por qué tratas mal a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo? ¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: “Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres”?

¿De dónde sacaré pan para repartirlo a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: “Danos de comer carne.” Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.»


SALMO 80,12-13.14-15.16-17

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino! En un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios.

Los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada; te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO: Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.

Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»

Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.»

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.

Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
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“MAESTRO, DESPIDE A LA GENTE”

Aquel día había sido agotador. Era tal la cantidad de gente que se agolpaba para oír su predicación, para ser curada de sus enfermedades, que los Apóstoles no llegaban a todo. Así que, aprovechando la hora del atardecer, insistieron prudentemente al Maestro para que fuera ya despidiendo a la gente.

Estaban en un descampado, muchos de ellos tenían que hacer una larga jornada de camino para volver a sus casas, y no habían traído nada para comer. También el Maestro estaba muy cansado y, además, la noche podía caer muy pronto. No era conveniente prolongar más aquello…

Tú y yo, como aquellos cansados Apóstoles, tendemos a un cristianismo suficiente y cumplidor, nada exagerado, acorde con el patrón y la opinión del mundo.

Y todo, quizá, en nombre de la sabia prudencia humana. Por eso, el Señor siempre descoloca nuestros planes y, como aquel día a los Apóstoles, no cesa de invitarnos a más: “No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer”.

Si el Maestro hubiera cedido a las exigencias de la comodidad mediocre y cumplidora de aquellos Apóstoles, no habría podido hacer el milagro grandioso de la multiplicación de los cinco panes y dos peces.

Bastó sólo ese poco de pan, eso poco que en aquel momento podían darle al Señor, para que Él multiplicara con abundancia el esfuerzo de aquellas gentes cansadas.

Todos se saciaron, y no sólo de pan, al ver aquel poder magnífico del Señor inclinándose ante la necesidad y miseria de los hombres.

Mira si tu comodidad, tus excusas, tus intereses egoístas, no están haciendo de tu fe un pan desabrido y seco que ni sacia, ni gusta, ni es capaz de abrirse y acoger la acción de Dios.

Lañas diarias www.mater-dei.es


El seminario católico que va a abrir en un punto clave para la evangelización de Asia

julio 30, 2019

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Iglesia de Santo Domingo, en la Diócesis de Macao, en China

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El seminario católico que va a abrir en un punto clave para la evangelización de Asia

El Seminario Internacional de Macao estará terminado para septiembre en un lugar fundamental para la evangelización de Asia: China

Por José Luis Restán, Director Editorial COPE

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El Redemptoris Mater College for Asia estará confiado al Camino Neocatecumenal y abrirá sus puertas en septiembre con un primer grupo de estudiantes de diferentes naciones del mundo.

Asia es un continente muy complejo, cuna de grandes religiones y sensibilidades culturales muy marcadas. Por tanto, el anuncio del Evangelio en Asia requiere de sus propias características, como un conocimiento profundo de diferentes contextos e idiomas.

Este nuevo Colegio dependerá directamente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a diferencia de otros seminarios Redemptoris Mater que dependen de los obispos de las diócesis donde están enclavados. Su objetivo es preparar a futuros sacerdotes para la evangelización de Asia.

De acuerdo con su identidad específica, los estudios estarán orientados a descubrir la dimensión misionera inherente a los diversos temas teológicos, de modo que, también en el plano intelectual, los futuros sacerdotes estén listos para integrarse en la misión universal confiada por Cristo a los apóstoles.

Los sacerdotes formados en el centro podrán ser enviados a las diócesis que lo soliciten en diferentes territorios y países asiáticos, según sus necesidades pastorales.

En esa misión de evangelización, los presbíteros podrán ser acompañados por familias formadas en el Camino Neocatecumenal dispuestas a ser enviadas también.

En cuanto al lugar elegido, Macao, ha representado históricamente la “puerta” o el “puente” para la misión de la Iglesia en Oriente.

En 1576, recién erigida la diócesis, abarcaba, al menos sobre el papel, a China, Japón, el actual Vietnam y el archipiélago malayo, y se convirtió en un gran centro de formación misionera.

Ahora se retoma esta tradición de acuerdo con el obispo local, Stephen Lee Bun, que después de consultar a sus sacerdotes ha confirmado la disponibilidad de la diócesis.

https://www.cope.es/religion/historias/noticias/seminario-catolico-que-abierto-punto-clave-para-evangelizacion-asia-20190730_470211?fbclid=IwAR0HZm927ZcLqecveOIAhqggAbMb3e2sn_euvfjMwgUhBdGKPUKkkoy6nko


Hoy es fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España

julio 25, 2019

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La tradición cuenta que llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es considerada su principal Santuario.

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Hoy es fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España

Redacción ACI Prensa

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El 25 de julio la Iglesia celebra la fiesta de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles elegidos por el Señor y que se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.

San Crisóstomo dirá que él fue el apóstol más atrevido y valiente.

El “hijo del trueno” como le puso Jesús a él y a su hermano San Juan el Evangelista, es patrono de España y de su caballería, así como de los curtidores, veterinarios, equitadores y de varias ciudades en el mundo. Otras ciudades incluso llevan su nombre en países como Chile, República Dominicana, Cuba entre otros.

El nombre de Santiago proviene de las palabras Sant Iacob, del hebreo Jacob. Durante las batallas los españoles solían gritar “Sant Iacob, ayúdenos” y al decirlo rápido repetitivamente sonaba a “Santiago”.

Fue testigo con Juan y Pedro de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor, de la pesca milagrosa y de la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre los pasajes más representativos.

La tradición cuenta que llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es considerada su principal Santuario, a donde peregrinan miles de personas cada año, deseosas de recorrer el Camino de Compostela.

El 9 de noviembre de 1982, cuando San Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos”, porque los otros continentes “te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘lo puedo’”.

“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces”, expresó el santo polaco.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como “Pilar” de la Iglesia.

El Papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.

Para conocer más sobre este apóstol del Señor ingrese a los siguiente enlaces:

https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-catolica-celebra-a-santiago-apostol-el-patrono-de-espana-44756


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