10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia

julio 8, 2020

.

Shutterstock | Da-Antipina

.

10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia

Por Cecilia Zinicola | Jul 07, 2020

Detrás de los hechos, hay valiosos mensajes que llegan a nosotros y podemos tener en cuenta de ahora en adelante

QUEDARSE EN CASA: VOLVER A LA INTIMIDAD DEL HOGAR

Bajo el lema “yo me quedo en casa» hemos recuperado el valor de mirar hacia adentro, de compartir más con nuestros seres queridos y vivir el sacrificio de ser parte como familia de un bien mayor.

El quedarnos en casa nos ha ayudado a entender que existe todo un universo por descubrir en la intimidad de nuestros hogares y dentro de nosotros mismos, un universo que podríamos ignorar fácilmente por nuestra rutinas fugaces cotidianas.

Se han abierto oportunidades reales de crear esos lazos que perduran en el tiempo y que permiten superar las adversidades. Volver a los principios y valores más profundos para poder trabajar la búsqueda de un balance que recupera las costumbres como resultado de pasar más tiempo juntos y manifestar muestras de cariño fortaleciendo los vínculos cercanos.

MASCARILLAS: APRENDER A HACER SILENCIO

El entorno nos motiva a hablar más, pero los tapabocas y mascarillas se han instalado para hacernos callar. En vez de soltar palabras con prisa por querer expresarnos, interrumpir o ignorar a los demás fingiendo que escuchamos al responder rápido o no queriendo verdaderamente entender a los demás, aprendimos a llenarnos con un poco de silencio.

Al callarnos tenemos la oportunidad de encontrarnos con el mundo del otro y poder comprenderlo desde su punto de vista. Afinar el oído nos aleja de nuestro propio ego para dejar entrar los corazones y las mentes de los demás.

SITIOS TRANSFORMADOS EN HOSPITALES: HACER LUGAR PARA TODOS

Este tiempo ha sido un tiempo de modificaciones en favor de objetivos comunes. Edificios como escuelas y hoteles que se han transformado en hospitales poniendo a disposición espacios para ayudar a los demás. Aprendimos que necesitamos cultivar la ayuda mutua y a poner en práctica la solidaridad para cuidarnos entre todos y asumir más responsabilidades.

Nos ha ayudado en cierto modo a ver que la soledad es inhumana y destructiva y que no formamos un conjunto de individualidades, sino que el pensar como sociedad nos recuerda que el bien personal es inseparable del bien común y que no podemos progresar de verdad si cada uno busca soluciones a espaldas de la comunidad entera.

CALLES Y LUGARES FAMOSOS DESIERTOS: DEJAR DE LADO LO SUPERFICIAL

El virus ha derrumbado muchos de nuestros planes, programas y agendas. Cuando nos creíamos dueños del tiempo y constructores de la realidad, hemos abandonado algunos placeres a los que estábamos acostumbrados, a la comodidad, lugares y espacios con los que llenamos nuestras vidas, pero que al final nos nos ofrecían nada sustentable.

El encierro obligatorio ha sido una ocasión para abandonar la idolatría de armar planes como fines en sí mismos y liberarnos del «hacer por hacer» sin encontrar el verdadero sentido de las cosas. Nos ha alejado de las distracciones para poner nuevamente el foco en lo que de verdad importa y acercarnos a entender la razón y el valor de las cosas.

SIN TRANSPORTE: MOMENTO DE PAUSA EN EL CAMINO

El tiempo de cuarentena parece habernos enseñado que cuando nos detenemos un momento en el viaje de la vida, eso nos puede servir como impulso o renovación para el futuro, que existen beneficios también en las pausas. El medioambiente se limpia, se respira mejor aire, las aguas se tornan cristalinas y reaparecen animales que antes no se veían.

La sabiduría no depende de la cantidad de sellos que uno puede recolectar en un pasaporte. De nada sirve recorrer ciudades, tomar un millar de fotos y traer algún imán para la nevera si regresamos con el mismo vacío con el que nos fuimos. Ahora que no podemos movernos podemos reflexionar hacia dónde queremos ir y cuál queremos que sea nuestro motor.

LAVARSE LAS MANOS: MANTENER HÁBITOS DE HIGIENE PERSONAL

Hay una mayor conciencia sobre la importancia de incorporar con más frecuencia pequeños actos cotidianos como mantener las manos limpias para evitar enfermedades. Estos hábitos de limpieza han llenado nuestra rutina protegiéndonos no solo del COVID19 sino también de muchos otros gérmenes.

Mantener los hábitos de cuidado personal es lo que nos prepara para afrontar cada día. De hecho, hasta que no haya una vacuna esta es hoy una de las pocas formas de acción eficaces con las que realmente contamos en la lucha contra la enfermedad.

ESTANTES VACÍOS: RECUPERAR LO ESENCIAL

Con una mirada a las tiendas en general, la pandemia nos ha mostrado que no hace falta tener mucho, sino aquellas cosas que son esenciales. Hemos tomado más conciencia de que la existencia se torna más saludable y gozosa desde la simplicidad de quien renuncia a la frenética búsqueda del bienestar material, del consumo desmedido y de la vida hedónica.

Muchos nos hemos replanteado las cosas que tenemos o queremos, nos hemos amigado con la capacidad al desapego y la búsqueda de lo importante priorizando y aprendiendo a tener que dar, compartir o incluso dejar cosas de lado que antes pensábamos eran indispensables para vincularnos con la realidad de una manera más genuina.

APLAUSOS: RECONOCER LA DEFENSA DE LA VIDA

Un punto común ha sido el reconocimiento de las personas que trabajan por defender la vida. Los trabajadores de la salud, médicos, enfermeros y voluntarios, fueron aplaudidos en todo el mundo por luchar contra el COVID-19. Han sido homenajes muchas veces emocionantes donde la humanidad se hace palpable y nos deja ver parte de su grandeza.

Los reconocimientos globales a estos trabajadores desde las ventanas y los balcones se transformaron en un fenómeno en donde al final del día se sentía el aliento de las personas para seguir luchando. También hemos aprendido que no hay una única forma de hacerlo: aplausos, cantos populares, gente tocando instrumentos o agitando banderas.

POBLACIÓN DE RIESGO: VALOR Y RESPETO A NUESTROS MAYORES

La parte de la población más afectada y que ha sido atacada de forma directa por el virus ha sido la de las personas mayores. Hemos aprendido la importancia de valorarlos y respetarlos para que nos les falte alguien que les acompañe, alguien que les tome la mano en el momento de la partida y que les dé una sepultura digna.

Cuántas normas como la eutanasia o la discriminación o el simple olvido se nos presentan como opciones razonables, muchas veces disfrazadas como “normales”, cuando en realidad los ancianos también tienen un papel decisivo en el aporte que hacen en nuestra sociedad y que merecen nuestros cuidados. 

DIBUJOS DE ARCOÍRIS EN LAS VENTANAS: LA ESPERANZA PARA SEGUIR ADELANTE

Aprender a renunciar a querer controlarlo todo es aceptar que no podemos predecir ni evitar que cosas que no queremos, nos pasen. Hay circunstancias que no dependen de nosotros y el coronavirus nos ha mostrado que la incertidumbre es una norma y no una excepción. Es esa cuota de incertidumbre muchas veces la que nos permite descubrir nuestro futuro.

Nuestros principios, sueños y fuerza para levantarnos, son las que toman protagonismo y nos invitan a vivir la nueva realidad más real que antes cuando hay esperanza. Aunque podemos prever algunas cosas, no podremos anticiparlas todas y la única certeza que tenemos es la de un corazón que confía y espera en el amor: el amor de los amigos y los que amamos.

10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia


El maná de cada día, 3.7.20

julio 3, 2020

Santo Tomás, apóstol

.

¡Señor mío y Dios mío!
¡Señor mío y Dios mío!

.

Antífona de entrada: Sal 117, 28

Tú eres mi Dios; te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo. Te alabo, porque tú eres mi salvación.

Oración colecta

Dios todopoderoso, concédenos celebrar con alegría la fiesta de tu apóstol santo Tomás; que él nos ayude con su protección para que tengamos en nosotros vida abundante por la fe en Jesucristo, tu Hijo, a quien tu apóstol reconoció como su Señor y su Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Efesios 2, 19-22

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.

Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.

Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

SALMO 116

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

Porque me has visto, Tomás, has creído –dice el Señor. Dichosos los que creen sin haber visto.

EVANGELIO: Juan 20, 24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.

Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Antífona de comunión: Jn 20, 27

Trae tu mano y toca la señal de los clavos; y no seas incrédulo, sino creyente.

.
SANTO TOMAS, APÓSTOL

Tomás es conocido entre los demás apóstoles por su increduli­dad, que se desvaneció en presencia de Cristo resucitado; él proclamó la fe pascual de la Iglesia con estas palabras: «¡Señor mío y Dios mío!» Nada sabemos con certeza acerca de su vida, aparte de los indicios que nos suministra el Evangelio. Se dice que evangelizó la India. Desde el siglo VI se celebra el día 3 de julio el traslado de su cuerpo a Edesa.

¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!

De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Sólo este discípulo estaba ausente y, al volver y escuchar lo que había sucedido, no quiso creer lo que le contaban. Se presenta de nuevo el Señor y ofrece al discípulo incrédulo su costado para que lo palpe, le muestra sus manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad.

¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?

Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad.

Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.

Palpó y exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?» Como sea, el apóstol Pablo dice: La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: Porque me has visto creído? Pero es que lo que creyó superaba a lo que vio.

En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto, lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! Él, pues, creyó, con todo y que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.

Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que crean sin haber visto. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe.

Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Hacen profesión de conocer a Dios, pero con sus acciones lo desmienten. Y Santiago dice: La fe sin obras es un cadáver.


Pandemia del coronavirus: ¿La oportunidad perdida?

julio 2, 2020

.

El endemoniado gadareno o geraseno ante Jesús.

.

Pandemia del coronavirus: ¿La oportunidad perdida?

.

Apreciado lector, ayer la liturgia de la Eucaristía contenía un pasaje evangélico que, sin mayores esfuerzos, todos y cada uno podemos aplicar a nuestra vida con mucho provecho. Me parece que merece la pena que lo traigamos de nuevo a nuestra consideración.

Porque todos, quién más quién menos, con la pandemia del coronavirus, después de un momento de sorpresa, hemos comenzado un proceso de cambio, de reflexión y de descubrimiento de algo importante que teníamos aparcado. Algo brilló de nuevo, fuimos como iluminados y nos sedujo algo que movió nuestra imaginación… 

Pero quizás estamos desistiendo de seguir adelante. Nos da pereza. Es complicado. Supone muchos cambios en nuestras costumbres… Quizás no vamos a poder. Entonces, la tentación nos va dominando… Y caemos: Mejor volver al pasado, y olvidarse de aquella ilusión…

El pueblo del evangelio le pidió a Jesús que se alejara de su territorio, que los dejara como estaban… Porque era difícil y hasta podría resultar peligroso más adelante.

Echemos ahora una leída reposada al texto evangélico y después consideremos la interpretación que nos ofrece el P. Francisco Fernández Carvajal.

.

EVANGELIO: Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.

Y le dijeron a gritos: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?»

Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara.»

Jesús les dijo: «Id.»

Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.

Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

.

LA OPORTUNIDAD PERDIDA

P. Francisco Fernández Carvajal 

1.– El Señor se presenta, en ocasiones, de manera distinta a como nosotros le esperábamos.

2.– Desprendimiento para ver a Jesús y para hacer su voluntad cuando no coincide con la nuestra.

3.– Mirar con fe las circunstancias humanamente desfavorables, y descubrir en ellas al Señor.

.

I. Llegó Jesús a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos, en tierra de gentiles (1); quizá busca un sitio retirado para descansar con sus discípulos. Allí curó el Señor a dos endemoniados que le salieron al encuentro.

Cerca del lugar había una piara de cerdos; los demonios le rogaron que, si los expulsaba de estos hombres atormentados, los enviara a la piara. Y el Señor se lo permitió. Y ellos salieron y entraron en los cerdos.

Entonces toda la piara corrió con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua. Los porqueros huyeron y al llegar a la ciudad contaron todo, en particular lo de los endemoniados. Ante esto, toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verle, le rogaron que se alejara de su región.

Le rogaron que se alejara de aquel lugar. Fue la gran oportunidad perdida por estas gentes; tuvieron a Dios mismo entre ellos, y no supieron verlo. Quizá nunca más pasó por aquellas tierras. ¡Lo tuvieron tan cerca! ¡y le rogaron que se alejara! ¡A Aquel que llevaba consigo todos los bienes! ¡Qué poco hospitalario es a veces el mundo para con su Señor!

Con frecuencia, para muchos, son los bienes materiales lo que cuenta, y no es raro ver cómo se intenta construir una sociedad en la que el Señor no está presente, no le dejan sitio, “como si Dios no mereciera ningún interés en el ámbito del proyecto operativo y asociativo del hombre” (2).

El que da sentido a todo es excluido. El Señor ilumina el dolor, la alegría, la vida, la muerte, el trabajo… Y sin Él nada vale la pena.

“Exclusión de Dios, ruptura con Dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es bajo formas diversas el pecado, que puede llegar hasta la negación de Dios y de su existencia, hasta el ateísmo” (3).

En el fondo de muchas actitudes que rechazan o excluyen la verdad sobrenatural se encuentra un radical materialismo práctico, el aprecio a los bienes materiales por encima de todo, que impide ver la acción del Señor en lo que nos rodea.

Nosotros decimos a Jesús que queremos ponerlo en la cima de todas las tareas humanas, a través de un trabajo profesional hecho a conciencia; que queremos que entre de lleno en nuestra vida, en la familia, que dé sentido a lo que somos y a lo que poseemos: a nuestra inteligencia, a nuestro corazón, a la amistad, a los amores limpios de cada uno según su peculiar vocación.

Le decimos que queremos estar vigilantes, como el centinela, para darle entrada en el alma, también cuando se presente de una manera distinta a como le esperábamos.

II. Aquellos gentiles, a pesar del milagro relatado por los porqueros y de ver libres y sanos a los dos endemoniados, no quisieron recibir a Jesús. ¡Cómo se hubieran llenado de bienes sus casas y, sobre todo, sus almas!; pero estaban ciegos para los bienes espirituales.

Como ocurre hoy a tantos; muchos tienen sus proyectos para ser felices, y demasiado a menudo miran a Dios simplemente como alguien que les ayudará a llevarlos a cabo.

“El estado verdadero de las cosas es completamente al contrario. Dios tiene sus planes para nuestra felicidad, y está esperando que le ayudemos a realizarlos. Y quede bien claro que nosotros no podemos mejorar los planes de Dios” (4).

Algunos cristianos, por estar excesivamente apegados a sus ideas y caprichos, le dicen a Jesús que se retire de su vida, precisamente cuando más cerca estaba y cuando más le necesitaban: al llegar la enfermedad, la contradicción…, cuando se han perdido unos bienes materiales que probablemente era necesario perder para recibir al Bien supremo, que llega, en bastantes ocasiones, por caminos distintos a los que ellos deseaban.

Quizá le esperaban en el triunfo, y se presenta en la ruina o en el fracaso; no en el fracaso producido por la desidia, por no haber puesto los medios o el estudio necesario, que debe llevar en todo caso a un acto de contrición y a recomenzar con un propósito firme, sino al fracaso que llega cuando, a nuestro entender, se habían puesto todos los medios humanos y sobrenaturales para salir a flote.

Él llega en ocasiones por caminos diferentes a aquellos por los que le estábamos esperando. ¡Cuántas veces la lógica de Dios no coincide con la lógica de los hombres! Es el momento de abrazarse a su santa voluntad: “¿Lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!” (5).

¡Cuántas veces, ante la contradicción que no esperábamos, hemos hecho nuestra esta oración, de mil modos repetida! Se ha dicho que “el plan de Dios es de una pieza”.

Quizá la conversión de aquellos gentiles habría comenzado por la pérdida de estos cerdos, por el desprendimiento que esto suponía; quizá habrían sido los primeros gentiles en recibir el Bautismo después de la dispersión producida con motivo de la primera persecución en Judea.

Al final de la vida, a veces mucho antes, veremos cómo encajan esas piezas que parecían sueltas y sin sentido: todas las cosas concurren para el bien de los que aman a Dios (6).

Para descubrir la voluntad del Señor en todos los acontecimientos de la vida, también en los menos gratos, en los que nos han ocasionado perjuicios y molestias, para seguir de cerca a Cristo en toda circunstancia, “hemos de estar seriamente desprendidos de nosotros mismos: de los dones de la inteligencia, de la salud, de la honra, de las ambiciones nobles, de los triunfos, de los éxitos.

“Me refiero también (…) a esas ilusiones limpias, con las que buscamos exclusivamente dar toda la gloria a Dios y alabarle, ajustando nuestra voluntad a esta norma clara y precisa: Señor, quiero esto o aquello sólo si a ti te agrada, porque si no, a mí, ¿para qué me interesa?

Asestamos así un golpe mortal al egoísmo y a la vanidad, que serpean en todas las conciencias; de paso que alcanzamos la verdadera paz en nuestras almas, con un desasimiento que acaba en la posesión de Dios, cada vez más íntima y más intensa” (7).

Es necesario purificar el corazón de amores desordenados (con frecuencia el amor desordenado de uno mismo, el excesivo apegamiento a los bienes que posee o a los que desearía tener, a las propias ideas y opiniones, a los proyectos que uno se ha hecho acerca de su propia felicidad…) para confiar más en nuestro Padre Dios.

Entonces podremos ver con claridad y podremos interpretar acertadamente los acontecimientos, descubriendo siempre a Jesús en ellos.

III. Si no hubiera tenido lugar aquella hecatombe de los cerdos, los porqueros probablemente no habrían bajado al pueblo y sus habitantes no se habrían enterado de que Jesús estaba allí, tan cerca.

Si la mujer que encontró al Maestro en Cafarnaún no hubiera estado tantos años enferma y malgastado sus bienes en médicos, no se hubiera quizá acercado al Maestro para tocar la orla de su vestido y no habría oído nunca aquellas palabras consoladoras de Jesús, las más importantes de su vida, que bien valían todos los sufrimientos y los gastos inútiles…

Lo que a nosotros nos parece un mal, quizá no lo es tanto; sólo el pecado es un mal absoluto, y de él -con amor, con humildad y contrición- se puede sacar el sabrosísimo fruto de un encuentro nuevo con Cristo (8), en el que el alma sale rejuvenecida.

Detrás de esos males aparentes (enfermedad, cansancio, dolor, ruina…) encontramos siempre a Jesús que nos sonríe y nos da la mano para sobrellevar esa situación y crecer por dentro. ¡Cómo daría gracias aquel leproso por el mal terrible de su enfermedad, pues fue lo que le llevó a Cristo!

Los males de esta vida son una continua llamada a nuestro corazón, que nos dice: ¡el Maestro está aquí y te llama! (9).

Pero si estamos más apegados a nuestros proyectos, a la salud, a la vida… que a la voluntad de Dios -a veces misteriosa e incomprensible al principio para nosotros-, sólo veremos en la desgracia la pérdida de un bien que, siendo relativo y parcial, quizá nosotros hemos convertido en absoluto y definitivo.

¡Qué error tan grande si no supiéramos ver en esos momentos a Jesús que nos visita! Con una lógica distinta a la nuestra, el Señor va disponiendo los acontecimientos para que, con dolor unas veces y con gusto otras, nos vayamos desprendiendo de todo para que él llene nuestra existencia entera.

Muchas veces hemos de pensar en la acción íntima de Dios en nosotros, pues él dispone hasta la más pequeña circunstancia para que seamos felices, para facilitar el desprendimiento de nosotros mismos, de nuestros proyectos…, para que seamos santos.

A los ojos de Dios “una sola alma tiene más valor que todo el universo, y las maravillas que Dios opera en lo secreto de nuestras vidas son, con mucho, más extraordinarias que todos los esplendores del cosmos material” (10).

Si estos gentiles hubieran comprendido quién estaba delante de ellos, si hubieran captado el prodigio obrado en aquellos dos hombres que fueron redimidos del demonio, ¿qué hubiera importado la desgracia económica, si por ella habían conocido a Jesús?

Habrían dado gracias por ella, invitarían a Jesús y habrían organizado una buena fiesta porque el Maestro estaba con ellos y porque habían recuperado a dos hombres de los suyos.

Si miramos con fe las pequeñas o las grandes desgracias de la vida, terminaremos siempre dando gracias por ellas: por aquella enfermedad, por la humillación que sufrimos por parte de quien menos la esperábamos, por el hambre, por la sed, por la pérdida de un empleo…

¡Gracias, Señor -le diremos en la intimidad del corazón-, porque te has presentado, aunque haya sido por donde menos te esperaba! Pidámosle a la Virgen, ¡que tanto supo de contradicciones, de zozobras y de dolor!, que nos enseñe a no perder esas oportunidades de encontrar a Jesús en medio de esas circunstancias humanamente más desfavorables.

(1) Mt 8, 28-34.-

(2) JUAN PABLO II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 14.-

(3) Ibídem.-

(4) E. BOYLAN, El amor supremo, Rialp, Madrid 1954, vol. II, p. 46.-

(5) Cfr. J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 762.-

(6) Rom 8, 28.-

(7) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, Rialp, 2ª ed., Madrid 1977, 114.-

(8) Cfr. SAN BERNARDO, Sobre la falacia y brevedad de la vida, 6.-

(9) Jn 11, 28.-

(10) M. M. PHILIPON, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 249.

http://mercaba.org/


El maná de cada día, 24.6.20

junio 24, 2020

Natividad de San Juan Bautista, Solemnidad

.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo

 

.
Antífona de entrada: Jn 1, 6-7; Lc 1, 17

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan, este venía para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo dispuesto a recibirlo.

Oración colecta

Oh Dios, que suscitaste a san Juan Bautista para que preparase a Cristo, el Señor, un pueblo bien dispuesto, concede a tu familia el don de la alegría espiritual y dirige la voluntad de tus hijos por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 1-6

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.»

Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.

Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza:

«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

SALMO 138, 1-3. 13-14. 15

Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma.

No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.

SEGUNDA LECTURA: Hechos de los apóstoles 13, 22-26

En aquellos días, dijo Pablo:

«Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús.

Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.”

Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

Aclamación antes del Evangelio: Lc 1, 76

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.

EVANGELIO: Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡ No! Se va a llamar Juan. »

Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?»

Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Antífona de comunión: Lc 1, 78

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el Sol que nace de lo alto.
.

LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO

De los sermones de san Agustín, obispo

La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sa­grado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; ­celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo.

Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo­, y sacar provecho de él.

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una joven v­irgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimie­nto de Cristo y lo concibe por la fe.

Esto es, en resume­n, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este mis­terio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido he­chos templo.

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo.

Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre.

Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez.

Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado.

Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz.

Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto.

Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la palabra eterna desde el principio.


El maná de cada día, 22.6.20

junio 22, 2020

Lunes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

balanza
La medida que usen con los demás, esa misma la usarán con ustedes…

 

.
PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 17, 5-8.13-15a.

En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiria, invadió el país y asedió a Samaria durante tres años.

El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media.

Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos.

El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: «Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas.»

Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

SALMO 59, 3.4-5.12-13

Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.

Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas; estabas airado, pero restáuranos.

Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo.

Tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas. Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos.

Aclamación antes del Evangelio: Hb 4, 12

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.

EVANGELIO: Mateo 7, 1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?

Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»
.
.
A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA HOY

POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, que no es uno más, sino único para Dios porque su amor es siempre nuevo?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Qué me está pidiendo su Palabra en este día?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando; comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía, sea diaria o dominical? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa dominical podría cultivar durante la semana y hoy de manera especial: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?

POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

5) Mañana, con la gracia de Dios, estrenaré un nuevo día para el Señor y mis hermanos.

.

LA MEDIDA QUE USÉIS

Cuánto nos cuesta liberarnos del “ojo por ojo y diente por diente”. La teoría sobre el perdón cristiano nos la sabemos bien, pero, a la hora de la verdad, entendemos ese perdón con esquemas demasiado humanos y justicieros.

Nos cuesta olvidar las ofensas y volver a mirar al que nos ha hecho mal como si nada hubiera pasado. Nos cuesta perdonar porque, en el fondo, pasar por alto esa injusticia nos hace creer que somos los tontos y los débiles según el mundo.

Los malos siempre son los demás; nosotros, en cambio, solemos ponernos siempre en el puesto de las víctimas e inocentes.

El perdón específicamente cristiano no es ingenuidad y simpleza sino magnanimidad de alma para acoger tus miserias y las de los demás con la misericordia misma de Dios, no con la misericordia que suelen usar los hombres.

Tu medida con los demás ha de ser grande, muy grande, la misma que usa Dios contigo, la misma que usó Cristo en la cruz. Y no siete veces, sino setenta veces siete, es decir, siempre.

Usa tú la medida de la misericordia de Cristo con todos, porque esa misma medida es la que usa y usará el Señor contigo. Si no te atreves a perdonar según la medida de Cristo es que poco has entendido de la Cruz.

No te canses de ensanchar el alma, cada vez más, porque ahí reside la fuerza de tu testimonio cristiano.

No te canses de contemplar el silencio de Cristo en su pasión, si quieres llegar a gustar esa paz de alma de quien vence las incomprensiones, críticas, injusticias, ofensas y menosprecios con el amor apasionado a Cristo.

Mater Dei


El maná de cada día, 16.6.20

junio 16, 2020

Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

.

F
Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen.

.

PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 21, 17-29

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión.

Dile: “Así dice el Señor: ‘¿Has asesinado, y encima robas?’ Por eso, así dice el Señor: ‘En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.»

Ajab dijo a Elías: «¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?»

Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel.

También ha hablado el Señor contra Jezabel: “Los perros la devorarán en el campo de Yezrael.” A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.»

Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Señor reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas.

En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.

El Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.»

SALMO 50, 3-4.5-6a.11.16

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo, dice el Señor: que os améis unos a otros, como yo os he amado.

EVANGELIO: Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

.

Espíritu Santo, que nos haces participar de la benignidad de Dios

“¡Dad gracias a Dios, porque es bueno!” (1 Cr 16,34). La bondad es un atributo que corresponde, en primer lugar, a Dios. Se identifica con su amor y, por tanto, con lo más íntimo de su esencia. Sólo Él se da enteramente, sin reservas ni límites de tiempo.

Sin embargo, desde nuestra corta perspectiva humana, solemos identificar lo bueno con los instantes de felicidad. Como no nos podemos asegurar una felicidad para siempre, la buscamos en las cosas, ambientes o personas, sin darnos cuenta de que sólo en Dios podemos prolongar hasta lo eterno esos instantes de felicidad.

La benignidad mira al bien del prójimo. Es la inclinación a ocuparse del bien de los demás, bajo la moción del Espíritu Santo. Por tanto, no podemos entender el bien desde los parámetros humanos de la mera filantropía.

Lo difícil es hacer el bien con verdadera rectitud de intención, sin buscar compensaciones ni intereses propios. Comenzando en nuestro ambiente más cercano, con los amigos que saben de nuestros defectos, compañeros con los que compartimos las monotonías diarias, con aquellos que nos juzgan o que no son afines a nuestros criterios.

Así de radical es el Evangelio: “Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos” (Lc 6,35).

El mal no tiene consistencia propia; es sólo la ausencia del bien. Existe el mal allí donde no hay bien.

No está en nuestras manos alcanzar, en este mundo, un bienestar material y afectivo absolutos, sino que nuestra esperanza está en Dios.

Y, si todo lo creado es bueno, ¿por qué, entonces, existe el mal en el mundo? Porque aún falta lo bueno que tú has de hacer.

http://www.mater-dei.es


El maná de cada día, 15.6.20

junio 15, 2020

Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

.

Al que quiera quitarte la túnica, dale también la capa
Al que quiera quitarte la túnica, dale también la capa


PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 21, 1-16

Por aquel tiempo, Nabot, el de Yezrael, tenía una viña pegando al palacio de Ajab, rey de Samaria.

Ajab le propuso: «Dame la viña para hacerme yo una huerta, porque está al lado, pegando a mi casa; yo te daré en cambio una viña mejor o, si prefieres, te pago en dinero.»

Nabot respondió: «¡Dios me libre de cederte la heredad de mis padres!»

Ajab marchó a casa malhumorado y enfurecido por la respuesta de Nabot, el de Yezrael, aquello de: «No te cederé la heredad de mis padres.»

Se tumbó en la cama, volvió la cara y no quiso probar alimento.

Su esposa Jezabel se le acercó y le dijo: «¿Por qué estás de mal humor y no quieres probar alimento?»

Él contestó: «Es que hablé a Nabot, el de Yezrael, y le propuse: “Véndeme la viña o, si prefieres, te la cambio por otra.” Y me dice: “No te doy mi viña.”»

Entonces Jezabel dijo: «¿Y eres tú el que manda en Israel? ¡Arriba! A comer, que te sentará bien. ¡Yo te daré la viña de Nabot, el de Yezrael!»

Escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y notables de la ciudad, paisanos de Nabot. Las cartas decían: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot en primera fila. Sentad en frente a dos canallas que declaren contra él: “Has maldecido a Dios y al rey.” Lo sacáis afuera y lo apedreáis hasta que muera.»

Los paisanos de Nabot, los ancianos y notables que vivían en la ciudad, hicieron tal como les decía Jezabel, según estaba escrito en las cartas que habían recibido.

Proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot en primera fila; llegaron dos canallas, se le sentaron enfrente y testificaron contra Nabot públicamente: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey.»

Lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió.

Entonces informaron a Jezabel: «Nabot ha muerto apedreado.»

En cuanto oyó Jezabel que Nabot había muerto apedreado, dijo a Ajab: «Hala, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, que no quiso vendértela. Nabot ya no vive, ha muerto.»

En cuanto oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a tomar posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael.

SALMO 5,2-3.5-6.7

Atiende a mis gemidos, Señor.

Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío.

Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 105

Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.


EVANGELIO: Mateo 5,38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

.

SER BUENOS Y HACER EL BIEN

La expresión «todo el mundo es bueno» es cierta si pensamos que somos hijos de Dios. Y lo increíble de esa filiación divina es el respeto escrupuloso de Dios hacia nuestra libertad, que es lo que propiamente nos asemeja a Él. Pero, ¿por qué nos desviamos tan fácilmente de nuestra propia responsabilidad, dejando de participar así de esa bondad que Dios nos ha dado?

En el ejercicio de nuestra libertad radica el misterio del comportamiento humano. La educación, el ambiente familiar o el entorno social nos influyen mucho. Pero, no nos eximen de la responsabilidad de poner en acto la bondad de Dios, que reside en nosotros como hijos suyos. Lo contrario, no reconocer esa filiación, nos impide participar de la bondad divina y nos mueve a elecciones que no nos ayudan a conseguir el verdadero fin de nuestra vida.

Así pues, no es tanto un estado (la bondad), sino un actuar (hacer cosas buenas), lo que nos define como hombres y mujeres que buscan a Dios sinceramente. San Pablo decía que “una fe sin obras, es una fe muerta”.

Adecuar nuestros deseos con la voluntad de Dios nos exige, ciertamente, esfuerzo y renuncia. Descubrir el plan de la Providencia en mi vida siempre nos supondrá un examen permanente de lo que nos dicen nuestros razonamientos y de cómo ponemos por obra aquello que es objeto de nuestra conciencia. He ahí la verdadera madurez humana.

Cuánto nos cuesta vivir ese precepto del amor de Dios, que nos pide amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. Se trata de realizar el bien, no según mis criterios, mis gustos o intereses, sino rectificando la intención para renunciar a nuestros egoísmos. Esto es unir la fe y la vida en las obras concretas, para hacer realidad, en las obras buenas, la bondad de los hijos de Dios.

www.mater-dei.es
.


Maná y Vivencias Pascuales (37), 18.5.20

mayo 18, 2020

Lunes de la 6ª semana de Pascua

.

Pentecostés, Greco
Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles. El Greco

 

.
ANTÍFONA DE ENTRADA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA, Hechos 16, 11-15

En aquellos días nos embarcamos en Troas y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. De allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia romana.

Nos detuvimos allí algunos días, y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que los judíos se reunían para orar.

Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira.

Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. Se bautizó junto con los de su familia, y luego nos suplicó: Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa. Y nos obligó a aceptar.

SALMO 149, 1-2.3-4.5-6 y 9b.

Canten al Señor un canto nuevo: su alabanza en la asamblea de los fieles. Alégrese Israel por su Creador, festejen los hijos de Sión a su Rey.

Su nombre alaben en medio de danzas, el arpa y el tambor toquen para él. Porque el Señor aprecia a su pueblo, concede a los débiles la victoria.

Que los fieles salten de alegría y hasta en sus lechos canten jubilosos: con vivas a Dios en la boca.

ACLAMACIÓN: Juan 15, 26b.27

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, dice el Señor; y también ustedes darán testimonio.

EVANGELIO: Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Consolador, el Espíritu de la Verdad que yo les enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio.

Les digo esto de antemano, para que no se tambalee su fe. Los excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que les dé muerte, pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que yo se lo había dicho.

COMUNIÓN: Juan 20, 19.

Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Aleluya.

.

PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL (1 de 4)

Podríamos arriesgarnos a centrar la espiritualidad pascual en esta exclamación de fe: ¡Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

La Pascua es la recreación de todas las cosas en Cristo; la restauración total y definitiva de los planes de Dios sobre la humanidad. Podemos decir que en la Pascua Dios “ha dado la talla”: se ha remangado los brazos para hacer algo nuevo, inaudito y para siempre, definitivo.

En efecto, la Trinidad culmina su obra común de las tres personas divinas: la creación, atribuida sin embargo a Dios Padre; culmina la redención realizada por Cristo, pero con la colaboración del Padre y del Espíritu. Y comienza la obra específica del Espíritu, la santificación o divinización definitiva del hombre en Cristo de acuerdo con los designios inescrutables del Padre; porque a él le pareció bien; es lo que más le gustó.

La Pascua es la manifestación palpable de la Trinidad. El hijo del carpintero ha resultado ser en verdad el Hijo de Dios, igual al Yahvé del Antiguo Testamento.

El Espíritu eterno, del que ha sido revestido Cristo, de manera singular y plena en su glorificación, ha sido derramado sobre los discípulos a manos llenas: ellos han sido bautizados, bañados, anegados… hasta ser tenidos por borrachos; es decir, embriagados del poder de Dios, llevados de acá para allá por una energía poderosa y santa, no caprichosa, loca o arbitraria.

¡Éste es el día en que actuó el Señor! Dios, uno y trino, nos ha mostrado todo su amor poderoso, maravilloso. Nos ha dado el Nuevo Adán, el nuevo Mesías y Salvador. No hay otro.

Los creyentes han recibido sin medida el Espíritu de Cristo, que los capacita para hablar, vivir, sentir y actuar como habló, vivió, sintió y actuó el Señor. Son otros Cristo. Han llegado los últimos tiempos. La hora del Espíritu, creador y renovador, que hace nuevas todas las cosas. Cristo les aseguró: mayores cosas que yo haréis.

Por eso, Jesús había dicho también respecto al Espíritu: Os conviene que me vaya, pues si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu Santo, el Consolador, paráclito, abogado defensor, intérprete. Cuando me vaya os lo enviaré; o le pediré al Padre que lo envíe en mi nombre. Cuando él venga os lo enseñará todo. Y se quedará siempre con vosotros.

Ahora os digo: todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id por todo el mundo, y dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. Son los últimos tiempos. El Reino padece violencia. Sólo los esforzados lo arrebatan.

El Reino no puede esperar más. Buscadlo por encima de todo; y el resto se os dará por añadidura. No tengáis miedo, pues yo he vencido al mundo. Todo me lo ha entregado el Padre.

El Apóstol nos lo recordará: todo es vuestro; vosotros, de Cristo; y Cristo, de Dios. Id, os doy este mandato. No llevéis túnica de repuesto, no os detengáis… El mundo no puede esperar.

Es tiempo de sembrar a discreción. Ha llegado la hora de Dios. El Banquete está preparado. No se puede desairar a Dios; es lo que ha preparado desde toda la eternidad, ha volcado todo lo suyo, lo ha empeñado todo.

La primitiva Iglesia vive estas realidades última con sorpresa, con fe, con alegría, con creatividad y total abandono en manos de Dios Padre, que todo lo dispone para nuestro bien; viven confiados en el poder de Dios y sintiéndose discípulos de Cristo y testigos de su resurrección, de que está vivo y es Señor; se sienten arrebatados e impulsados por el Espíritu para realizar las obras de Dios en Cristo Jesús.

Los apóstoles y los primeros cristianos dan testimonio de Jesús públicamente y con mucha seguridad, convicción y valentía, “parresía”. Todos quedaban admirados… Dios iba agregando a la comunidad a todos los que creían y se bautizaban en el nombre del Señor Jesús.

Tres, podríamos decir, son los protagonistas de la fundación de la Iglesia y de su crecimiento y desarrollo imparable: Los planes de Dios, la comunidad eclesial y los personajes concretos y animadores de la comunidad.

El encarcelamiento de Pedro y Juan y la persecución contra la Iglesia son ocasión para que ésta se ponga en manos de Dios, relea las Escrituras, las interprete en función de las nuevas circunstancias, y experimente el poder de Dios que le envía su Espíritu: retembló la casa, y todos fueron llenos del Espíritu. Estaban alegres y daban gloria a Dios; y el pueblo estaba de su parte.

La persecución contra Esteban provoca la diáspora de los discípulos; éstos se ven obligados a salir de Jerusalén; pero no pueden dejar de anunciar el Evangelio de Cristo a cuantos encuentran en el camino. Muchos se convierten. Van surgiendo personas con nombre y rostro definidos, como el diácono Felipe, como Bernabé, hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe.

El Espíritu está vivo y suelto: los discípulos sienten su acción, perciben claramente que les habla, siguen sus avisos y pasan de una aventura de fe a otra y a otra… La Palabra no está encadenada.

Pedro sale de Jerusalén, visita las comunidades, hace milagros porque vive en sintonía con el celo de Cristo manifestado ahora por el Espíritu. Oro y plata no tengo, pero te doy lo que tengo, la fe en Cristo: en su nombre levántate y anda; se levantó y glorificaba a Dios.

La presencia del Espíritu es tan real y perceptible para la primera comunidad como lo era la humanidad de Cristo cuando caminaba por Palestina. Casi podríamos decir que el Espíritu tiene más influencia, más fuerza persuasiva que el mismo Jesús en carne mortal. El Espíritu es el testigo interior.

Él se junta a nuestro espíritu hasta confundirse. Dirá san Pablo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, es el Espíritu de Cristo quien vive en mí, quien me inspira, me mueve, me consuela, me dirige, me confirma en todo lo que siento y hago, me plenifica, me hace feliz en Dios. Qué bueno es el Seño. Cómo no alabarlo… Es digno de toda bendición.

El Espíritu transforma a los discípulos según el modelo del Maestro. Así, Bernabé, persona acogedora, fiel a Dios, descubre la acción de Dios en la comunidad, incluso en los paganos, y se alegra por ello, acoge a los nuevos convertidos, los acompaña, los impulsa a que se sometan a la acción del Espíritu…

Es lo que hace con Pablo: lo acoge, valora la gracia de Dios en él, lo busca, lo inicia en el seguimiento del Señor, le socorre en la integración en la comunidad y en la proclamación del Evangelio.

Admiramos los planes de Dios sobre la comunidad y sobre cuantos creen en Cristo, pues él no hace acepción de personas. Quiere que todos tengan vida, pues son sus hijos. Y lo dispone todo sobre algunas personas “elegidas” por él para ser sus testigos, como Pablo. Nada es casual. Nada es desperdiciable.

De esta manera, según los Hechos de los Apóstoles, Dios va cumpliendo sus designios de salvación acompañando a los apóstoles, a la primitiva comunidad, a judíos y gentiles para que experimenten el poder de Dios. Han llegado los últimos tiempos. Es la hora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas; ahora todos serán enseñados por el Señor; ellos serán su pueblo, y el Señor será su Dios; y lo verán todas las naciones.

Está brotando el desierto, lo imposible se hace posible. Dichosos los que oyen. Dios está actuando con todo su poder, porque Dios es Dios. Está abriendo nuestra mente para que todos entendamos, por fin. Nos asegura: Yo no soy como los humanos. Yo lo digo y pongo por obra. Está brotando, se siente… ¿Es que no lo notáis?

Ah, Señor, ten paciencia conmigo. Habla, Señor, que tu siervo escucha. No pases de largo. Quédate con nosotros, pues atardece. Alabado seas, Señor, en tus santos designios. Amén.


“Donde hay rigidez no hay Espíritu Santo”

mayo 17, 2020

.

El Papa Francisco pronuncia la homilía en Santa Marta

.

“Donde hay rigidez no hay Espíritu Santo”

.

(zenit – 15 mayo 2020).- El Papa Francisco presidió la Misa en la Casa Santa Marta de hoy, 15 de mayo de 2020, viernes de la quinta semana de Pascua. En la introducción de la misma dirigió sus pensamientos a las familias, informa Vatican News.

“Hoy es el Día Mundial de la Familia: oremos por las familias para que el Espíritu del Señor, el espíritu de amor, respeto y libertad, crezca en las familias”, dijo el Papa.

Después, en su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre el pasaje de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 15:22-31) en el que Pablo y Bernabé son enviados a los paganos convertidos de Antioquía, escandalizados y perturbados por los discursos de algunos que no tenían ningún cargo.

Tiempos de agitación

Los apóstoles traen una carta que anima y alegra a los nuevos discípulos, explicándoles cómo no están obligados a la circuncisión según la Ley de Moisés, como exigían algunos fariseos convertidos en cristianos.

“En el Libro de los Hechos de los Apóstoles vemos que, en la Iglesia, al principio, hubo tiempos de paz”, explica Francisco, pero “también hubo tiempos de persecución” y “tiempos de agitación”.

Y este es el tema de la primera lectura de hoy, “un tiempo de agitación”, indicó. Los cristianos que venían del paganismo “habían creído en Jesucristo y recibido el bautismo, y eran felices: habían recibido el Espíritu Santo. Del paganismo al cristianismo, sin ninguna etapa intermedia”.

¿Cristianos de segunda clase?

No obstante, prosiguió el Papa, había cristianos “judaizantes” que “argumentaban que esto no podía hacerse”. Si uno era pagano, primero “debía convertirse en judío, un buen judío, y luego en cristiano”.

Los cristianos convertidos del paganismo, contó, no entendieron esto: “¿Pero cómo, somos cristianos de segunda clase? ¿No se puede pasar del paganismo directamente al cristianismo?”. Y se cuestionaron si la Resurrección de Cristo había conducido o no a la antigua ley a una mayor plenitud. Estaban preocupados, desconcertados, hubo mucha discusión entre ellos.

Los “judaizantes”, apuntó el Pontífice apoyaron su tesis “con argumentos pastorales, teológicos, incluso algunos morales” y “esto cuestionaba la libertad del Espíritu Santo, incluso la gratuidad de la Resurrección de Cristo y de la gracia”.

“Eran metódicos. Y también rígidos”, y Jesús ya había reprochado a estos doctores de la Ley por hacer a los prosélitos peores que ellos. “Estas personas que eran ideológicas”, más que dogmáticas, describió, habían “reducido la Ley, el dogma a una ideología”, a “una religión de prescripciones, y con ello quitaron la libertad del Espíritu”.

La rigidez no es del buen Espíritu

Según ellos, “la perfección del camino para seguir a Jesús era la rigidez”. “Estos doctores manipularon las conciencias de los fieles, las convirtieron en rígidas o se fueron”, dijo el Obispo de Roma.

Así, Francisco reiteró: “La rigidez no es del buen Espíritu, porque pone en tela de juicio la gratuidad de la redención, la gratuidad de la resurrección de Cristo” y “durante la historia de la Iglesia, esto se ha repetido. Pensemos en los pelagianos”, “rígidos famosos”.

“Y aun en nuestros tiempos hemos visto algunas organizaciones apostólicas que parecían muy bien organizadas, que funcionaban bien… pero todas rígidas, todas iguales entre sí, y entonces nos enteramos de la corrupción que había dentro, incluso en los fundadores”, remarcó.

“Donde hay rigidez no hay Espíritu de Dios, porque el Espíritu de Dios es libertad”, insistió. Y esta gente se llevó “la libertad del Espíritu de Dios y la gratuidad de la Redención”. Pero “la justificación es gratuita. La muerte y la resurrección de Cristo es gratuita. No se paga, no se compra: es un don”, subrayó el Santo Padre.

Concilio

En esta situación, relató, los apóstoles se reunieron en el concilio y al final escribieron una carta que comenzaba así: “Parecía bien, de hecho, al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna otra obligación”, y “pusieron estas obligaciones más morales, de sentido común: no confundir el cristianismo con el paganismo”.

De este modo, “al final, cuando estos cristianos turbados, reunidos en asamblea, recibieron la carta” se “alegraron por el aliento que les daba. De la tristeza a la alegría. El espíritu de la rigidez siempre te lleva al turbamiento: ‘¿Pero he hecho esto bien? ¿No lo hice bien? El escrúpulo’».

Gratuidad evangélica

En cambio, aclaró el Papa Francisco, el espíritu de libertad evangélica lleva al gozo, “porque eso es precisamente lo que Jesús hizo con su Resurrección: el gozo”. La relación con Dios no lleva a decir: ‘Yo hago esto y tú me das esto’, una ‘relación comercial’: ¡no!. Es gratis, así como la relación de Jesús con los discípulos es gratuita: ‘Sois mis amigos’. No los llamo sirvientes, los llamo amigos. No me has elegido a mí: yo te he elegido a ti: esto es la gratuidad”.

Finalmente,  de acuerdo al medio vaticano, pidió al Señor “que nos ayude a discernir los frutos de la gratuidad evangélica de los frutos de la rigidez no evangélica, y que nos libere de toda perturbación de los que ponen la fe, la vida de fe bajo prescripciones casuísticas, prescripciones que no tienen sentido. Me refiero a estas prescripciones que no tienen sentido, no a los mandamientos. Que nos libere de este espíritu de rigidez que te quita la libertad”.

Santa Marta: El Papa ora para que “el espíritu de amor” crezca en las familias

 


China debe responder… pero no así.

mayo 8, 2020

.

La Luz vino al mundo para dar testimonio de la Verdad. Y enseñó: “La verdad los hará libres”.
.

.

China debe responder… pero no así.

El miedo de Pekín a que se conozca la verdad del Covid-19 es una burla al sufrimiento de media humanidad.

Francisco de Andrés. Actualizado

.

El horror a la transparencia del régimen comunista chino –con el pretexto que sea– puede tener efectos catastróficos, porque impide que la investigación de la cura y de la vacuna para el Covid-19 avancen al ritmo que exige la salud de toda la población mundial.

No son los políticos sino los virólogos los que coinciden en que conocer el origen del coronavirus es capital para poder prevenir en el futuro otra pandemia similar.

Negar la mayor o, lo que es lo mismo, tratar de callar que el primer foco de infección se localizó en China es ponerse por montera meses de sufrimiento en todo el planeta.

Por eso, la decisión de los representantes diplomáticos europeos en Pekín de denunciar la censura de un artículo es un paso en la buena dirección. Europa no debe amedrentarse ante las amenazas veladas de Pekín, y hace bien en presionar –como lo hace EE.UU.– en favor de que investigadores independientes entren en Wuhan.

Afortunadamente, no se ha repetido en esta ocasión el papelón de la representación diplomática de la UE, que hace una semana se plegó a las amenazas chinas, y autocensuró un documento comunitario en el que se denunciaba la propaganda del régimen de Pekín, para ocultar su responsabilidad en el origen de la pandemia.

Tal como denunciaron entonces los dos principales diarios norteamericanos –el New York Times y el Washington Post, nada sospechos de ser pro-Trump–, la decisión de censurar el documento para evitar la ira china partió del propio Alto Representante diplomático de la UE, Josep Borrell.

Su autoproclamada política del «pragmatismo» es en realidad sectaria, como demuestran sus mensajes de simpatía hacia el régimen de Putin, el cubano o el venezolano. Si Maduro no quiere irse, ha venido a decir Borrell, convivamos con él, «no repitamos el error de las sanciones a Cuba».

El problema de ese «realismo» diplomático con sistemas matones como el chino que llevan hasta la autocensura es que siempre –es matemático– hacen sentirse más fuerte al que intimida.

Francisco de AndrésFrancisco de Andrés – RedactorFrancisco de Andrés

A %d blogueros les gusta esto: