El maná de cada día, 26.6.19

junio 26, 2019

Miércoles de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

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arbol-bueno

Un árbol bueno no puede dar frutos malos



PRIMERA LECTURA: Génesis 15, 1-12. 17-18

En aquellos días, Abrán recibió en una visión la palabra del Señor: -«No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante.»

Abrán contestó: -«Señor, ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?»
Y añadió: -«No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará.»

La palabra del Señor le respondió: -«No te heredará ése, sino uno salido de tus entrañas.»
Y el Señor lo sacó afuera y le dijo: -«Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.»
Y añadió: -«Así será tu descendencia.»

Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber.

El Señor le dijo: -«Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.»

Él replicó: -«Señor Dios, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?»
Respondió el Señor: -«Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.»

Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.

Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: -«A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Éufrates.»


SALMO 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 4a. 5b

Permaneced en mí y yo en vosotros -dice el Señor-; el que permanece en mí da fruto abundante.



EVANGELIO: Mateo 7, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.»


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POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

San Agustín. Explicación del Sermón de la Montaña, cap. 24, §80-81

Preguntémonos sobre qué frutos el Señor quiere llamar la atención para reconocer el árbol. Algunos consideran como frutos lo que constituye las vestiduras de las ovejas, así los lobos pueden engañarlos. Quiero indicar aquí los ayunos, las oraciones, las limosnas y todas las obras que pueden ser hechas por los hipócritas. Sin esto Jesús no habría dicho: “Absteneos de hacer justicia delante de los hombres, para llamarles la atención” (Mt 6,1)…

Muchos dan a los pobres por ostentación y no por benevolencia; muchos rezan o más bien parece que rezan, pero no lo hacen por Dios sino más bien por la estima de los hombres; muchos ayunan y fingen una austeridad asombrosa, para atraerse la admiración de los que ven sus obras. Todas estas obras son engaños… El Señor concluye que estos frutos no son suficientes para juzgar el árbol. Las mismas acciones hechas con una intención recta y en verdad constituyen la vestidura de las ovejas auténticas…

El apóstol Pablo nos dice por qué frutos reconoceremos el árbol malo: “Es fácil reconocer las obras de la carne: desenfreno, impureza, obscenidad, idolatría, brujería, odios, disputas, celos, cólera, disensión, sectarismo, rivalidades, borracheras, rencillas y cosas semejantes” (Ga 5,19-20). El mismo apóstol nos dice seguidamente por qué frutos podemos reconocer un árbol bueno: “Pero al contrario los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fe, humildad y control de sí” (v. 22-23).

Hay que saber que la palabra “alegría” se toma aquí en su sentido propio; los hombres malvados en sentido propio ignoran la alegría, pero conocen el placer… Es el sentido propio de la palabra, lo que sólo los buenos conocen; “no hay alegría para los impíos, dice el Señor” (Is 48,22).

Lo mismo ocurre con la fe verdadera. Las virtudes enumeradas pueden ser disimuladas por los malos y los impostores, pero no engañan al ojo limpio y puro capaz de discernirlo.

www.evangeliodeldia.org


El maná de cada día, 19.6.19

junio 19, 2019

Miércoles de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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Siembra de arroz, plantación de arroz



PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 9, 6-11

Hermanos:

El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios.

Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta.»

El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia.

Siempre seréis ricos para ser generosos, y así, por medio nuestro, se dará gracias a Dios.


SALMO 111, 1-2. 3-4. 9

Dichoso quien teme al Señor.

Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia, su caridad es constante, sin falta. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo.

Reparte limosna a los pobres; su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.


EVANGELIO: Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»


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AMAR AL OTRO POR SÍ MISMO

La persona es un absoluto relativo; sólo Dios es el absoluto absoluto. Pero la persona humana, cada persona, tiene un valor único y precioso que sólo Dios ha podido darle por el hecho de haberla creado a imagen suya.

En sí misma considerada, toda persona es un bien tal que sólo puede ser adecuadamente correspondido con el amor. Por tanto, no es digno de ella, y por tanto de Dios, todo aquello que rebaje a un nivel infrapersonal el amor que debemos al otro.

Hay muchas formas descaradas de utilitarismo, de objetualización e instrumentalización del otro que son frontalmente rechazables por lo que suponen de humillación de la persona y deformación del verdadero amor.

Pero, tú y yo estamos llamados a purificar esas otras formas –mucho más disimuladas y sutiles– de instrumentalización y cierto utilitarismo que nos hacen amar al otro sólo por interés, por conveniencia, de forma pasajera, por puro compromiso, mientras me sirve para algo, porque es de los míos o mientras piensa como yo pienso.

No es justificable ninguna forma de utilizar o instrumentalizar al otro ni siquiera en nombre del bien, del apostolado, del servicio a la Iglesia o de la creencia en Dios.

Hemos de amar al otro por sí mismo, no por lo que tiene o hace, y buscando sólo su bien mayor que es Dios.

¿Te imaginas al Señor acercándose a los publicanos, fariseos, prostitutas, enfermos, a sus mismos discípulos y apóstoles, por mero interés proselitista, intentando aprovechar sus influencias, quedando bien con ellos para conseguir los intereses del Reino?

No des a otros el trato que no quieras recibir para ti y ama a todos con la medida con que tú eres amado por Dios.

Lañas diarias www.mater-dei.es


El maná de cada día, 18.6.19

junio 18, 2019

Martes de la 11ª semana de Tiempo Ordinario

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Rogad por los que os persiguen

Rogad por los que os persiguen



PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 8, 1-9

Queremos que conozcáis, hermanos, la gracia que Dios ha dado a las Iglesias de Macedonia: En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad.

Con todas sus fuerzas y aún por encima de sus fuerzas, os lo aseguro, con toda espontaneidad e insistencia nos pidieron como un favor que aceptara su aportación en la colecta a favor de los santos. Y dieron más de lo que esperábamos: se dieron a sí mismos, primero al Señor y luego, como Dios quería, también a nosotros.

En vista de eso, como fue Tito quien empezó la cosa, le hemos pedido que dé el último toque entre vosotros a esta obra de caridad.

Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad.

No es que os lo mande; os hablo del empeño que ponen otros para comprobar si vuestro amor es genuino. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza.


SALMO 145, 2. 5-6. 7. 8-9a

Alaba, alma mía, al Señor.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él; que mantiene su fidelidad perpetuamente.

Que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-: que os améis unos a otros, como yo os he amado.


EVANGELIO: Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?

Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»


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ROGAD POR LOS QUE OS PERSIGUEN

Hay mucho odio y violencia en el mundo. No es algo ajeno a nosotros. En nuestros ambientes cercanos somos testigos de cómo familias y amistades se destruyen a causa de resentimientos que tienen su origen, en la mayoría de las ocasiones, en esa falta de pequeños detalles de cariño y convivencia.

Decimos que el amor se ha enfriado, que ya no hay motivos para querer… y, de ahí, pasamos a construir “fabulosas” excusas para destruir lo que, en un principio, tenía tanto sentido y en lo que habíamos depositado tanta esperanza. Si esto ocurre entre los que supuestamente nos queremos, cuánta mayor distancia con aquellos que nos juzgan, critican nuestra conducta, o, simplemente, nos persiguen.

Hay una bienaventuranza del Señor dedicada a aquellos que nos atenazan porque queremos vivir con fidelidad nuestra vocación y nuestra entrega. Jesús se dirige a cada uno de nosotros no sólo para que recemos por los que nos persiguen, sino para que, incluso, les amemos.

Aquí se encuentra el quicio del cristianismo, el signo distintivo de los que nos llamamos y presumimos de seguir a Jesucristo. A continuación de este mandato, el Señor nos propone ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. ¿Que dónde está esa perfección?

Ama a tus enemigos, no de palabra sino con el mismo corazón de Cristo, y verás la gloria de Dios en tu vida. Entenderás, ya por fin, porque Jesús gritó desde la Cruz: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.

También a ti, como a mí, Dios nos perdona ¡tantas veces!, porque Él es perfecto en el amor.

Lañas diarias /www.mater-dei.es


El maná de cada día, 12.6.19

junio 12, 2019

Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

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Si lo caduco tuvo su resplandor, figuraos cuál será el de lo permanente.

Si lo caduco tuvo su resplandor, figuraos cuál será el de lo permanente



PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 3, 4-11

Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo.

No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; porque la ley escrita mata, el Espíritu da vida.

Aquel ministerio de muerte –letras grabadas en piedra– se inauguró con gloria; tanto que los israelitas no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su rostro, caduco y todo como era. Pues con cuánta mayor razón el ministerio del Espíritu resplandecerá de gloria.

Si el ministerio de la condena se hizo con resplandor, cuánto más resplandecerá el ministerio del perdón. El resplandor aquel ya no es resplandor, eclipsado por esta gloria incomparable. Si lo caduco tuvo su resplandor, figuraos cuál será el de lo permanente.



SALMO 98, 5.6.7.8.9

Santo eres, Señor, Dios nuestro.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía.

Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios de perdón, y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo: Santo es el Señor, nuestro Dios.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 24, 4b. 5a

Enséñame, Dios mío, tus sendas, enderézame en tu verdad.


EVANGELIO: Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

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Homilía del Papa Francisco en la misa celebrada
el 12 de junio de 2013, en la Casa Santa Marta

Andreas SOLARO / AFP

No debemos tener miedo de la libertad que nos da el Espíritu Santo: es lo que ha destacado el Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. El Papa ha destacado que en este momento la Iglesia debe tener cuidado con dos tentaciones: la de volver atrás y la del “progresismo adolescente”.

En la Misa, concelebrada por el cardenal João Braz de Aviz, ha participado un grupo de sacerdotes, religiosos y laicos de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada. Entre los participantes estaba también el cardenal Bernard Agré.

“No penséis que yo he venido para abolir la ley”. El Papa Francisco ha realizado su homilía partiendo de estas palabras que Jesús dirigió a los discípulos observando que esta cita evangélica va justo detrás de las Bienaventuranzas, “expresiones de la nueva ley”, más exigente que la de Moisés. Esta ley, añadió el Papa, “es fruto de la Alianza”, y no se puede entender sin esta.

“Esta Alianza -dijo-, esta ley es sagrada porque llevaba el pueblo hacia Dios”. Comparando la “madurez de esta ley” con el “brote que se abre y se convierte en flor”, Jesús, afirmó, “es la expresión de la madurez de la ley” y añadió que Pablo nos habla de dos tiempos “sin cortar la continuidad” entre la ley de la historia y la ley del Espíritu.

“La hora del cumplimiento de la ley, la hora en que la ley llega a su madurez: es la ley del Espíritu. Este ir hacia delante en este camino es un poco arriesgado pero es el único camino de la madurez para salir de los tiempos en los que no somos maduros. En este camino hacia la madurez de la ley, que viene justamente con la predicación de Jesús, hay siempre un temor, miedo a la libertad que nos da el Espíritu. ¡La ley del Espíritu nos hace libres! Esta libertad nos da miedo porque tememos confundir la libertad del Espíritu con otra libertad humana”.

La ley del Espíritu, dijo de nuevo, “nos lleva hacia un camino de discernimiento continuo para hacer la voluntad de Dios y esto nos da miedo”. Un miedo, advirtió, que “tiene dos tentaciones”. La primera es la “de volver hacia atrás”, de decir hasta aquí podemos llegar y por tanto nos quedamos aquí. Esta, dijo, es la tentación del miedo a la libertad, del miedo al Espíritu Santo”. Un miedo “que nos hace caminar a lo seguro”.

El Papa ha contado que un superior general, en los años 30, había recogido todas las prescripciones “anticarisma” para sus religiosos, “un trabajo de años”. Fue a Roma a reunirse con un abad benedictino que, al escuchar lo que había hecho, le dijo que “había asesinado el carisma de su Congregación”, “había matado la libertad” ya que este “carisma da fruto en la libertad y él lo había detenido”.

Esta tentación de volver atrás acontece porque estamos más ‘seguros’ detrás. Sin embargo, la seguridad plena está en el Espíritu Santo que nos lleva adelante, que nos da esta confianza –como dice Pablo- la confianza en el Espíritu, que es más exigente. Jesús nos dice: ‘En verdad os digo: hasta que no pasen cielo y tierra, no pasará una sola coma de la ley’. ¡Es más exigente! Pero no nos da esta seguridad humana. No podemos controlar el Espíritu Santo: ¡Este es el problema! Esto es una tentación.

Después, dijo, hay otra tentación que es la del “progresismo adolescente”, que nos “hace salir del camino”. Ver una cultura “y no separarse del todo de esta”.

“Tomamos de aquí y de allá, los valores de esta cultura ¿quieren hacer esta ley? Adelante con esta ley. ¿Quieren seguir adelante con lo otro? Hagamos más ancho el camino. Al final, como digo, no es un verdadero progresismo. Es un progresismo adolescente, como los adolescentes que quieren tenerlo todo y ¿al final? Se resbala… Es como cuando la carretera tiene hielo y nos salimos de ella con el coche… ¡Es otra tentación en este momento! Nosotros, en este momento de la historia de la Iglesia, ¡no podemos volver atrás ni salirnos de la carretera!

El camino, dijo, “es el de la libertad en el Espíritu Santo, que nos hace libres, en el discernimiento continuo sobre la voluntad de Dios para seguir adelante en este camino, sin volver atrás ni salirnos de él”. Pidamos al Señor, concluyó, “la gracia que nos da el Espíritu Santo para seguir hacia delante”.


Maná y Vivencias Pascuales (27), 17.5.19

mayo 17, 2019

Viernes de la 4ª semana de Pascua

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¿No sentíamos que nos ardía el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?

¿No sentíamos que nos ardía el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?

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Antífona de entrada: Apocalipsis 5, 9-10

Con tu sangre, Señor, has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; has hecho de ellos una dinastía sacerdotal que sirva a Dios. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, origen de nuestra libertad y de nuestra salvación, escucha las súplicas de quienes te invocamos; y pues nos has salvado por la sangre de tu Hijo, haz que vivamos siempre en ti y en ti encontremos la felicidad eterna. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hechos 13, 26-33

En aquellos días, habiendo llegado Pablo a Antioquía, decía en la sinagoga: Hermanos, hijos y descendientes de Abrahán y también ustedes que temen a Dios: A nosotros nos dirigió Dios este mensaje de salvación.

Bien es cierto que los habitantes de Jerusalén y sus jefes lo desconocieron, como también desoyeron los llamados de los profetas que se leen cada sábado. Condenaron a Jesús y con eso cumplieron las profecías.

Aunque no encontraron en él ningún motivo para condenarlo a muerte, pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar.

Y cuando cumplieron todo lo que sobre él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en el sepulcro.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días se apareció a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén, los que ahora son sus testigos ante el pueblo.

Nosotros les venimos a anunciar lo mismo que Dios prometió a nuestros padres. Dios lo ha cumplido con sus hijos, es decir, con nosotros, al resucitar a Jesús, tal como está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”.


SALMO 2, 6-7. 8-9. 10-11

Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo. Voy a proclamar el decreto del Señor, él me ha dicho: “Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy”

Pídemelo y te daré las naciones en herencia, en propiedad todos los países del mundo. Los romperás con cetro de hierro, los quebrarás como vasija de barro.

Y ahora, reyes, reflexionen, aprendan, gobernantes de la tierra. Sirvan al Señor con temor, denle culto temblando.

Aclamación: Juan 14, 6

Yo soy el camino, y la verdad y la vida, dice el Señor. Nadie va al Padre, sino por mí.
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EVANGELIO: Juan 14, 1-6.- Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio?

Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino”.

Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”.

Antífona de comunión: Romanos 4, 25

Cristo, nuestro Señor Jesús fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra santificación. Aleluya.
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LA TRANSFORMACIÓN DE LOS APÓSTOLES Y DE LOS DISCÍPULOS

A RAÍZ DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE SU MAESTRO

Y DE LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL (3)

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Los días pasados, analizábamos algunas características de la espiritualidad pascual: del modo de pensar y de vivir que experimentaron los discípulos de Jesús a raíz de la muerte y resurrección de su Señor.

¿Qué experimentaron ellos en su vida personal y comunitaria? Pues nos interesa conocerlo, porque creemos que lo que ellos recibieron, nos pertenece también a nosotros.

Y lo resumimos en estos puntos:

1.- Se les concedió un conocimiento verdadero de la persona y de la misión de Jesús, a la luz de la Sagrada Escritura.

Pudieron “releer” la Palabra de Dios e interpretar integralmente todo lo vivido al lado de Jesús. Fueron iluminados por Dios, como nosotros por el santo bautismo. Les quedó todo mucho más claro y cercano y experimentaron una gran alegría interior y seguridad.

“Conocieron” a Dios. Se cumplió la promesa del antiguo Testamento. Fueron enseñados por Dios.

2.- El Espíritu trasformó su corazón dándoles la mente de Cristo y el sentir de Cristo, su mismo corazón y espíritu.

Lograron una plena identificación con los ideales de Cristo. Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, aclara el apóstol Pablo.

El mismo confiesa: Cristo me amó y se entregó por mí; ¡ay de mí, si no evangelizare! He sido alcanzado por el Amor de Cristo. Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir.

3.- El misterio de la persona y de la misión salvífica de Jesús vino a ocupar el centro de su vida.

Experimentaron una pasión por la causa de Jesús. Sólo querían conocer a Cristo y darlo a conocer a todo el mundo. Todo lo demás pasó a segundo lugar. Más todavía: Todo lo que no fuera Cristo lo consideraban pérdida y basura… En fin, despreciable.

4.- Los apóstoles comenzaron a testificar con palabras poderosas.

Experimentan una fuerza extraordinaria que los empujaba a testimoniar con valentía -parresía-, con mucha convicción, seguridad y aplomo que Jesús estaba vivo.

No pueden dejar de hablar de Jesús. Prefieren la gloria de Dios a la de los hombres. No hay quien los pueda acallar.

5.- El pueblo estaba admirado no sólo por las palabras sino también por las obras que las acompañaban: por los milagros que realizaban en nombre de Jesús “el Señor”.

El pueblo se hacía lenguas hablando de los apóstoles y de la comunidad de creyentes.

6.- De esta forma nació la iglesia: la “ecclesía” o reunión de los que son convocados por Dios mismo.

Los que creen, son bautizados en el nombre de Jesús, se les perdonan los pecados y reciben el Espíritu Santo. La nueva vida encontrada constituye el mayor tesoro de los hermanos: Dios mismo. Lo demás es relativizado.

7.- Por eso, muchos hermanos venden lo que tienen y lo depositan ante los responsables de la Iglesia, para que sirva a los necesitados.

Todo lo tenían en común, y nadie pasaba necesidad. Tenían una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios.

En el corazón de la Iglesia nacen los primeros ensayos de vida en comunidad, de hermanos que viven en pobreza y disponibilidad para practicar las bienaventuranzas y predicar el Reino.

Estas formas de vida cristiana después evolucionarán, se organizarán y serán llamadas “vida consagrada” o práctica de los consejos evangélicos.

8.- La Iglesia crecía y se multiplicaba con la aprobación de todo el pueblo.

La gente quedaba gratamente impresionada y ansiaba ingresar a la comunidad eclesial.

Los apóstoles, junto con los discípulos que iban conformando las comunidades por todas partes, glorificaban a Dios siempre y por todo, de tal modo que en la alabanza de Dios encontraban la fuerza para superar todas las dificultades.

Eran en verdad, inexpugnables. La gracia de Dios les bastaba. Se gloriaban en sus debilidades para que así apareciera más claramente que todo se debía al Señor.

9.- Se les dio un Espíritu sin medida en Pentecostés: Dios Padre cumplió su promesa enviándoles a través de Cristo el Espíritu Santo.

El Resucitado los había enviado a predicar por todo el mundo y a realizar las mismas obras que él hacía en su vida mortal, y aun mayores. Pero les advirtió que permanecieran en Jerusalén hasta que fueran revestidos de lo alto, del Espíritu Santo.

Sólo después de recibir la plenitud del Espíritu, salieron a predicar. Daban de manera generosa y gratuita lo que habían recibido gratuitamente de Dios por Cristo el Señor.

Glorificaban a Dios en todo momento por las maravillas realizadas en los que creían, fueran judíos o gentiles, pues Dios no hace distinción de personas.

Los apóstoles comprendieron que los últimos tiempos habían llegado: la hora del Espíritu y de la Iglesia. Por eso, el Espíritu y la esposa dicen: “Ven, Señor Jesús”.

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Estimada hermana, amable hermano: Estas maravillas obradas por Dios en los apóstoles y discípulos del Señor quiere realizarlas también en ti, en cada uno de nosotros.

Por el bautismo se nos dio la salvación: fuimos sepultados con Cristo para resucitar con él a una vida nueva gracias a la acción del Espíritu.

Si tu vida no es tan “esplendorosa” y evangélicamente correcta como la de los apóstoles, todavía te falta algo importante, aún no eres, del todo, gloria de Dios en el mundo.

Pero no te preocupes, a lo largo de esta Pascua el Señor quiere darte la “vida en abundancia”; la que nos prometió Jesús y mereció para nosotros, con su pasión y muerte, con su resurrección.

Por tu parte, vete disponiéndote y créetelo, y así al final de este tiempo pascual recibirás una nueva efusión del Espíritu en Pentecostés que te cambiará notablemente la mente y el corazón, tu personalidad integralmente tomada.

Es cierto que ya tienes el Espíritu Santo, desde el Bautismo. Pero la cuestión es “cómo lo tienes”. Es decir, la manera como te está transformando día a día en otro Cristo. Si está activo y dinámico el Espíritu en ti, o está apagado, ignorado, mortecino.

Eso es lo que vas a pedir y agradecer, ya desde ahora, cada jornada de este tiempo precioso de Pascua: Que tengas vida nueva y en abundancia por la fuerza del Espíritu de Cristo resucitado.

Que Dios te bendiga en todas tus necesidades, según su gran misericordia. ¡Amén!

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Maná y Vivencias Pascuales (5), 25.4.19

abril 25, 2019

Jueves de la Octava de Pascua

 

Para que se cumplieran las Escrituras. Como estaba anunciado. Tal como estaba escrito.

Para que se cumplieran las Escrituras. Como estaba anunciado. Tal como estaba escrito.

 

CREER EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS

Clave de interpretación y gracia de Dios, fundamental para poder creer: “Cumplimiento de las Escrituras” en la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús.

Esta gracia de Dios que abre la mente de los discípulos de Jesús para entender las Escrituras genera la fe personal dentro de una comunidad y en contacto vital con ella. A la vez, y de manera inmediata, Dios crea el nuevo Israel, la Iglesia: un nuevo pueblo de reyes y sacerdotes, de profetas y de hijos de Dios.

La característica fundamental, imprescindible y suficiente, de los miembros del nuevo pueblo de Dios será su condición de testigos. Todos serán enseñados por el Espíritu de Dios, y entre ellos serán hermanos y testigos de una experiencia de Dios, única y total que no podrán dejar de proclamar ante todos los pueblos.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.


Oración colecta

Oh Dios, que has reunido pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede a los que han renacido en la fuente bautismal, una misma fe en su espíritu y una misma caridad en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos 3, 11-26 “Ustedes le dieron muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos”.

En aquellos días, el hombre paralítico que había sanado no se apartaba de Pedro ni de Juan, de manera que todo el pueblo, asombrado, corrió junto a ellos al pórtico llamado de Salomón.

Pedro, al ver la gente reunida, les dijo: “Israelitas, ¿por qué se admiran de esto?, ¿por qué nos miran asombrados? ¿Acaso le hicimos andar por nuestro propio poder o por nuestra santidad?

El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron y a quien negaron ante Pilato, cuando éste quería ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo y pidieron como una gracia la libertad de un asesino, mientras que al Señor de la vida lo hicieron morir.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su Nombre ha sido sanado este hombre que ustedes ven y conocen. Es, pues, la fe la que lo ha restablecido totalmente delante de todos ustedes.

Yo sé, hermanos, que actuaron así por ignorancia al igual que sus jefes. Pero Dios cumplió de esta manera lo que había anunciado por intermedio de todos los profetas: que su Cristo padecería.

Arrepiéntanse entonces y conviértanse, para que todos sus pecados sean borrados. Y así el Señor hará venir los tiempos del alivio enviando al Cristo que les ha sido destinado. Este Cristo es Jesús que ha de permanecer en el cielo, hasta que llegue el momento de la restauración del mundo, de la cual Dios habló por intermedio de sus santos profetas.

Moisés así lo dijo: El Señor Dios les hará surgir un profeta como yo de entre sus hermanos. Escuchen todo lo que él les va a decir. Todo el que no escuche a ese profeta será eliminado del pueblo.

Y todos los profetas que desde Samuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días.

Ustedes son los hijos de los profetas y de los hombres con los cuales Dios pactó la alianza al decir a Abrahán: En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. Para ustedes primeramente, Dios ha resucitado a su Servidor y lo ha enviado para que los bendiga, apartándose cada uno de sus actos malos”.

SALMO 8, 2a.5.6-7.8-9

“¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!”

¡Oh Señor, nuestro Dios, qué glorioso tu nombre por la tierra! ¿Quién es el hombre, para que te acuerdes de él, el hijo de Adán, para que de él cuides?

Apenas inferior a un dios lo hiciste, coronándolo de gloria y grandeza; le entregaste las obras de tus manos, bajo sus pies has puesto cuanto existe.

Ovejas y bueyes todos juntos, como también las fieras salvajes, aves del cielo y peces del mar que andan por las sendas de los mares.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 20, 29

Tomás, tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 24, 35-48 – “Está escrito que Cristo tenía que padecer y tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día”

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos. Les dijo: «Paz a ustedes».

Estaban atónitos y asustados, pensando que veían a algún espíritu. Pero les dijo: «¿Por qué se asustan tanto, y por qué les vienen estas dudas?” Miren mis manos y mis pies; soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo».

Y al mismo tiempo les mostró sus manos y sus pies. Y como en medio de tanta alegría no podían creer y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?».

Ellos le ofrecieron un pedazo de pescado asado, y él lo tomó y comió ante ellos. Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba entre ustedes. Tenía que cumplirse lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos respecto a mí».

Entonces les abrió la mente para que lograran entender las Escrituras, y les dijo: «Esto estaba escrito: los sufrimientos de Cristo, su resurrección de entre los muertos al tercer día, y la predicación que ha de hacerse en su nombre a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, invitándolas a que se conviertan y sean perdonadas de sus pecados. Y ustedes son testigos de todo esto”.


ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Mateo 28, 20

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya
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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:

POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a trasmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?

POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?


Maná y Vivencias Cuaresmales (38), 12.4.19

abril 12, 2019

Viernes de la 5ª semana de Cuaresma

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En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó



Antífona de entrada: Salmo 30, 10. 16.18

Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado; líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. Señor, que no me avergüence de haberte invocado.


Oración colecta

Perdona las culpas de tu pueblo, Señor, y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecado, al que nos ha sometido nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Jeremías 20, 10-13

Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.»

Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.

Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.


SALMO 17, 2-3a.3bc-4.5-6.7

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios. Desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63. 68

Tus palabras, Señor, son Espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.

EVANGELIO: Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»

Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»

Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.

Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.»

Y muchos creyeron en él allí.

Antífona de comunión: 1 Pedro 2, 24

Jesús llevó a la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, fuimos curados.

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VIVENCIAS CUARESMALES

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Os he hecho ver muchas obras buenas, ¿por cuál de ellas me apedreáis?

38. VIERNES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA
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TEMA INSPIRADOR.- Sigue el conflicto. Jesús es el Hijo de Dios consagrado y enviado por el Padre. Falta sólo una semana para entrar en el Triduo Pascual.

Este viernes es conocido como el “viernes de pasión” y también “viernes de concilio”, sobre todo en América, porque en este día tuvieron consejo los jefes de los judíos para ver la manera de acabar con Jesús de una vez por todas y a como diese lugar.

Lo narra el evangelio de la misa de mañana, sábado.

Como norma sería conveniente que al comenzar esta reflexión o tu oración personal, dedicaras un par de minutos a recordar y revivir lo experimentado el día anterior. De esta forma quedaría más grabado en tu interior y en tu vida, y podrías empalmar con lo siguiente.

Si no fluye nada, no te preocupes, pasa adelante: al nuevo día, al nuevo mensaje, a la nueva experiencia que Dios te tiene preparada para la nueva jornada.

En este día viernes recuerda y revive la Eucaristía de ayer o del último domingo. Algo te impactaría seguramente, revívelo y agradécelo. Recuerda que la Misa constituye un mar sin fondo; cualquier esfuerzo que hagas para descubrir ese tesoro será muy bien empleado.

Por otra parte, cuanto más vayas entendiendo y viviendo, eso mismo será un estímulo para seguir buscando incansablemente.

Considera hoy que la alianza con Dios se establece en lo profundo de tu corazón, mediante la fe sincera; pero como la fe debe ser tan manifiesta como profunda, debes sentir y expresar esa alianza con Dios en la existencia diaria, en una conversión permanente que te conduzca a reforzar tu nueva vida en el Espíritu debilitando en ti al hombre viejo con toda su maldad. Recuerda los frutos del buen Espíritu: Gálatas 5, 13-16-25.

A la Misa llevas esa lucha diaria. Con dos finalidades: primero, para confirmar lo bueno, uniéndolo a la gloria que Cristo tributa a su Padre para perfeccionar o completar, si se puede hablar así, la ofrenda de Cristo; y en segundo lugar, para purificarte de todo lo malo que aún te domina, mediante una nueva efusión del poder de Dios en ti, del Espíritu Santo.

La Eucaristía es culmen y fuente. Te sientas y te dispones a escuchar la Palabra y a tomar el Pan de los ángeles para poder tú después preparar algo parecido para Dios mediante una vida santa. Aceptas la invitación de Dios con la intención de poder invitarlo tú después a tu propia mesa. Por eso, toma agradecido el don de Dios y estarás dispuesto a convertirte tú mismo en don para Dios, haciéndote don de Dios para los demás, pan partido para tus hermanos.

Sólo así se puede comulgar dignamente. Si cada Misa no supone el ascender un peldaño en la escala de santidad, no estás comulgando bien. Debes convertirte cada día más y más en lo que recibes: Cuerpo de Cristo, hermano universal para construir el Reino y realizar la obra de Dios.

Analiza todo esto siguiendo, hoy especialmente, más de cerca la celebración de la Misa en el corazón de la misma: en la palabra y la acción del sacerdote durante la plegaria eucarística y la comunión.

Reza de corazón la oración sobre las ofrendas: “Concédenos, Dios de misericordia, servir siempre a tu altar con dignidad y, participando en él frecuentemente, danos la salvación”.

Hoy constatamos en el Evangelio la oposición más radical a Jesús, y a la vez la fe sencilla de otros, que creen en Jesús; muy diferente suerte, que se libra no sólo fuera sino también dentro de nosotros mismos. De ahí que la oración colecta pida que la bondad y amor de Dios “Nos libren del poder del pecado al que nos ha sometido nuestra debilidad”.

Ese poder es muy grande y siempre constatamos su fuerza dentro de nosotros mismos por más que procuramos con sinceridad convertirnos a Dios. Por eso la oración después de la Comunión pide que: “El don de la eucaristía nos proteja siempre y aleje de nosotros todo mal”.

Puedes completar tu oración con la lectura de Jeremías 20, 10-13: Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno”. –Delatadlo, vamos a delatarlo. Mis amigos acechaban mi traspiés: -A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él. Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Salmo 17: En el peligro invoqué al Señor y me escuchó.

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De las instrucciones de san Doroteo, abad
La falsa paz de espíritu

El que se acusa a sí mismo acepta con alegría toda clase de molestias, daños, ultrajes, ignominias y otra aflicción cualquiera que haya de soportar, pues se considera merecedor de todo ello, y en modo alguno pierde la paz. Nada hay más apacible que un hombre de ese temple.

Pero quizá alguien me objetará: “Si un hermano me aflige, y yo, examinándome a mí mismo, no encuentro que le haya dado ocasión alguna, ¿por qué tengo que acusarme?”

En realidad, el que se examina con diligencia y con temor de Dios nunca se hallará del todo inocente, y se dará cuenta de que ha dado alguna ocasión, ya sea de obra, de palabra o con el pensamiento. Y, si en nada de esto se halla culpable, seguro que en otro tiempo habrá sido motivo de aflicción para aquel hermano, por la misma o por diferente causa; o quizá habrá causado molestia a algún otro hermano.

Por esto, sufre ahora en justa compensación, o también por otros pecados que haya podido cometer en muchas otras ocasiones.

Otro preguntará por qué deba acusarse si, estando sentado con toda paz y tranquilidad, viene un hermano y lo molesta con alguna palabra desagradable o ignominiosa y, sintiéndose incapaz de aguantarla, cree que tiene razón en alterarse y enfadarse con su hermano; porque, si éste no hubiese venido a molestarlo, él no hubiera pecado.

Este modo de pensar es, en verdad, ridículo y carente de toda razón. En efecto, no es que al decirle aquella palabra haya puesto en él la pasión de la ira, sino que más bien ha puesto al descubierto la pasión de que se hallaba aquejado; con ello, le ha proporcionado ocasión de enmendarse, si quiere.

Éste tal es semejante a un trigo nítido y brillante que, al ser roto, pone al descubierto la suciedad que contenía.

Así también el que está sentado en paz y tranquilidad según cree, esconde, sin embargo, en su interior una pasión que él no ve. Viene el hermano, le dice alguna palabra molesta y, al momento, aquél echa fuera todo el pus y la suciedad escondidos en su interior.

Por lo cual, si quiere alcanzar misericordia, mire de enmendarse, purifíquese, procure perfeccionarse, y verá que, más que atribuirle una injuria, lo que tenía que haber hecho era dar gracias a aquel hermano, ya que le ha sido motivo de tan gran provecho.

Y, en lo sucesivo, estas pruebas no le causarán tanta aflicción, sino que, cuanto más se vaya perfeccionando, más leves le parecerán. Pues el alma, cuanto más avanza en la perfección, tanto más fuerte y valerosa se vuelve en orden a soportar las penalidades que le puedan sobrevenir (Instr. 7, sobre la acusación de sí mismo, 2-3; PG 88, 1699).

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