El maná de cada día, 9.8.17

agosto 9, 2017

Miércoles de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

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Mujer, qué grande es tu fe

Mujer, qué grande es tu fe



PRIMERA LECTURA: Números 13, 1-2. 25-14, 1. 26-30. 34-35

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés en el desierto de Farán: «Envía gente a explorar el país de Canaán, que yo voy a entregar a los israelitas: envía uno de cada tribu, y que todos sean jefes.»

Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país; y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cadés.

Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país. Y les contaron: «Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tenéis sus frutos. Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas (hemos visto allí hijos de Anac). Amalec vive en la región del desierto, los hititas, jebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán.»

Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés y dijo: «Tenemos que subir y apoderamos de esa tierra, porque podemos con ella.»

Pero los que habían subido con él replicaron: «No podemos atacar al pueblo, porque es más fuerte que nosotros.»

Y desacreditaban la tierra que habían explorado delante de los israelitas: «La tierra que hemos cruzado y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. Hemos visto allí gigantes, hijos de Anac: parecíamos saltamontes a su lado, y así nos veían ellos.»

Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche.

El Señor dijo a Moisés y Aarón:

«¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada protestando contra mí? He oído a los israelitas protestar de mí. Pues diles: “Por mi vida -oráculo del Señor-, que os haré lo que me habéis dicho en la cara; en este desierto caerán vuestros cadáveres, y de todo vuestro censo, contando de veinte años para arriba, los que protestasteis contra mí no entraréis en la tierra donde juré que os establecería. Sólo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné.

Contando los días que explorasteis la tierra, cuarenta días, cargaréis con vuestra culpa un año por cada día, cuarenta años. Para que sepáis lo que es desobedecerme. Yo, el Señor, juro que trataré así a esa comunidad perversa que se ha amotinado contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán.»


SALMO 105,6-7a.13-14.21-22.23

Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas.

Bien pronto olvidaron sus obras, y no se fiaron de sus planes: ardían de avidez en el desierto y tentaron a Dios en la estepa.

Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo.

Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 7, 16

Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.


EVANGELIO: Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»

Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»

Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

En aquel momento quedó curada su hija.



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UNA MUJER CANANEA SE PUSO A GRITAR

P. Raniero Cantalamessa

Si Jesús hubiera escuchado a la mujer cananea a la primera petición, sólo habría conseguido la liberación de la hija. Habría pasado la vida con menos problemas. Pero todo hubiera acabado en eso y al final madre e hija morirían sin dejar huella de sí.

Sin embargo, de este modo su fe creció, se purificó, hasta arrancar de Jesús ese grito final de entusiasmo: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”.

Desde aquel instante, constata el Evangelio, su hija quedó curada. Pero, ¿qué le sucedió durante su encuentro con Jesús? Un milagro mucho más grande que el de la curación de la hija.

Aquella mujer se convirtió en una “creyente”, una de las primeras creyentes procedentes del paganismo. Una pionera de la fe cristiana. Nuestra predecesora.

¡Cuánto nos enseña esta sencilla historia evangélica! Una de las causas más profundas de sufrimiento para un creyente son las oraciones no escuchadas.

Hemos rezado por algo durante semanas, meses y quizá años. Pero nada. Dios parecía sordo. La mujer Cananea se presenta siempre como maestra de perseverancia y oración.

Quien observara el comportamiento y las palabras que Jesús dirigió a aquella pobre mujer que sufría, podía pensar que se trataba de insensibilidad y dureza de corazón. ¿Cómo se puede tratar así a una madre afligida?

Pero ahora sabemos lo que había en el corazón de Jesús y que le hacía actuar así. Sufría al presentar sus rechazos, trepidaba ante el riesgo de que ella se cansara y desistiera. Sabía que la cuerda, si se estira demasiado, puede romperse.

De hecho, para Dios también existe la incógnita de la libertad humana, que hace nacer en él la esperanza. Jesús esperó; por eso, al final, manifiesta tanta alegría. Es como si hubiera vencido junto a la otra persona.

Dios, por tanto, escucha incluso cuando… no escucha. En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de los pequeño a lo grande.

De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento.

Con frecuencia, cuando nos ponemos en oración, nos parecemos a ese campesino del que habla un antiguo autor espiritual. Ha recibido la noticia de que será recibido en persona por el rey. Es la oportunidad de su vida: podrá presentarle con sus mismas palabras su petición, pedirle lo que quiere, seguro de que le será concedido.

Llega el día, y el buen hombre, emocionadísimo, llega ante la presencia del rey y, ¿qué le pide? ¡Un quintal de estiércol para sus campos! Era lo máximo en que había logrado pensar.

A veces nosotros nos comportamos con Dios de la misma manera. Lo que le pedimos comparado a lo que podríamos pedirle no es más que un quintal de estiércol, nimiedades que sirven de muy poco, es más, que a veces incluso pueden volverse contra nosotros.

San Agustín era un gran admirador de la Cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica.

También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor.

En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá”, y termina diciendo: “Así hizo la Cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió”. Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá.

Homilética.org


El maná de cada día, 23.7.17

julio 22, 2017

Domingo XVI del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Dejadlos crecer juntos hasta la siega

Dejadlos crecer juntos hasta la siega



Antífona de Entrada: Sal 53, 6. 8

Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario dando gracias a tu nombre, que es bueno.


Oración colecta

Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos los dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia.

Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos.

Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen.

Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres.

Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

SALMO 85, 5-6. 9-10. 15-16a

Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia, con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende la voz de mi súplica.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios.»

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.


SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 26-27

Hermanos:

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


EVANGELIO: Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.

Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”

Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.”

Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores:
‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'”»

Les propuso esta otra parábola:

«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola:

«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: “Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo”.

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó:

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre.

El que tenga oídos, que oiga.»


Antífona de la comunión: Ap 3, 20

Estoy a la puerta llamando -dice el Señor-: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.

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Comentario del Papa Francisco: Solo Dios, en el Juicio Final, podrá separar el bien del mal

VATICANO, 23 Jul. 17 / 05:22 am (ACI).- El Papa Francisco, durante el rezo del Ángelus este domingo en la plaza de San Pedro en el Vaticano, exhortó a los cristianos a no desanimarse en el ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal, y recordó que, en nuestra vida, ambas realidades conviven y que sólo Dios podrá separarlas en el Juicio Final.

Para explicarlo, el Santo Padre se refirió a la parábola del trigo y la cizaña de la lectura evangélica del día. “La narración se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos. Por una parte, está el patrón del campo, una figura de Dios, que esparce la buena semilla de trigo. De otro lado, tenemos el enemigo, que representa a Satanás, y que esparce la mala hierba”.

“Con el paso del tiempo, en medio del trigo crece también la cizaña y, ante esto, el patrón y sus siervos tienen diferentes opiniones. Los siervos quieren intervenir arrancando la cizaña. Sin embargo, el patrón, preocupado sobre todo por salvar el trigo, se opone diciendo: ‘No sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo’”.

De esta manera, el Pontífice señaló que “Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están entrelazados, que es imposible separarlos y extirpar todo el mal. Solo Dios puede hacer eso, y lo hará en el juicio final”.

Por ello, animó a los cristianos a desempeñar un adecuado ejercicio de la libertad, “en la cual se lleva a cabo el difícil ejercicio del discernimiento”.

“Se trata –explicó– de compaginar, con gran fe en Dios y en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias: la decisión y la paciencia. La decisión es aquella que consiste en querer ser una buena semilla, con todas sus propias fuerzas, y entonces alejarse del maligno y de sus seducciones”.

Por su parte, “la paciencia significa preferir una Iglesia que sea fermento, que no tema mancharse las manos lavando el pan de sus hijos, antes que una Iglesia de los ‘puros’ que pretenda decidir antes de tiempo quién está en el Reino de Dios y quién no”.

En ese ejercicio de discernimiento, “el Señor, que es la Sabiduría encarnada, hoy nos ayuda a comprender que el bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos o determinados grupos humanos”.

“Él nos dice que la línea que separa el bien y el mal se encuentra en el corazón de cada persona. Somos todos pecadores. Jesucristo, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado, y nos da la gracia de caminar en una vida nueva, pero con el Bautismo nos ha dado también la Confesión porque siempre tenemos necesidad de ser perdonados de nuestros pecados. Mirar siempre el mal que está fuera de nosotros, significa no querer reconocer el pecado que también está en mí”.

Por último, el Papa destacó la paciencia de Dios con los hombres: “¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno puede decir esto: ¡Cuánta paciencia tiene Dios conmigo!”.

Comentario personal en clave trinitaria: 

En la oración colecta pedimos renovar la relación con Dios Trinidad mediante la fe, la esperanza y la caridad. Mediante esas virtudes teologales entramos en comunión con Dios Padre por la caridad, con Dios Verbo encarnado por la fe, y con Dios Espíritu Santo por la esperanza.

El Amor del Padre que debemos recibimos como lo más específico de nuestra filiación nos es mostrado en la primera lectura: Dios Padre gobierna el mundo, con sabiduría y misericordia, con justicia. Todo está bien, nada está perdido… El Padre es paciente con todos. Así nos enseña el acceso al perdón mediante el arrepentimiento. Todos tenemos remedio gracias a su amor y providencia. Nos enseña a ser humanos, indulgentes como lo es él con nosotros. El Padre Dios sustenta y rige todas las cosas. Es el Dueño del mundo.

En el evangelio del día se nos muestra al Hijo, al Verbo, a la Palabra que no sólo ha hablado sino que también ha cumplido como nadie esa misma Palabra. Él es la respuesta a la voluntad del Padre, que quiere que todos sus hijos se salven, y la respuesta del hombre al mensaje de salvación. Jesús es el sembrador que esparce generosamente la palabra divina, y es la semilla que ha producido el ciento por uno, el trigo limpio; la levadura que hace fermentar la materia humana del mundo. Jesús respeta la paciencia del Padre y nos invita a examinar qué espíritu es el que nos mueve en nuestros deseos y decisiones…

El Espíritu lo encontramos en la segunda lectura como la gracia y la fuerza divina que eleva al hombre para que pueda comprender el amor del Padre y del Hijo, y así poder orar según Dios, como conviene, y vivir en plenitud de vida y de verdad, de amor.

Si no habláramos de esa relación personal con Dios Trinidad mediante las virtudes teologales, estaríamos armando un trenzado de preceptos, imperativos morales, consejos y normas que no dan vida: pura ideología estéril. Nuestro Dios es un Dios de vida y no de muerte; espíritu y vida, no letra muerta y discurso impersonal.
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EL TRIGO Y LA CIZAÑA

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Con tres parábolas, Jesús presenta en el Evangelio la situación de la Iglesia en el mundo. La parábola del grano de mostaza que se convierte en un árbol indica el crecimiento del Reino, no tanto en extensión, sino en intensidad; indica la fuerza transformadora del Evangelio que “levanta” la masa y la prepara para convertirse en pan.

Los discípulos comprendieron fácilmente estas dos parábolas; pero esto no sucedió con la tercera, la del trigo y la cizaña, y Jesús tuvo que explicársela a parte.

El sembrador, dijo, era él mismo; la buena semilla, los hijos del Reino; la cizaña, los hijos del maligno; el campo, el mundo; y la siega, el fin del mundo.

Esta parábola de Jesús, en la antigüedad, fue objeto de una memorable disputa que es muy importante tener presente también hoy. Había espíritus sectarios, donatistas, que resolvían la cuestión de manera simplista: por una parte, está la Iglesia (¡su iglesia!) constituida sólo por personas perfectas; por otra, el mundo lleno de hijos del maligno, sin esperanza de salvación.

A estos se les opuso san Agustín: el campo, explicaba, ciertamente es el mundo, pero también en la Iglesia; lugar en el que viven codo a codo santos y pecadores y en el que hay lugar para crecer y convertirse. “Los malos –decía– están en el mundo o para convertirse o para que por medio de ellos los buenos ejerzan la paciencia”.

Los escándalos que de vez en cuando sacuden a la Iglesia, por tanto, nos deben entristecer, pero no sorprender. La Iglesia se compone de personas humanas, no sólo de santos. Además, hay cizaña también dentro de cada uno de nosotros, no sólo en el mundo y en la Iglesia, y esto debería quitarnos la propensión a señalar con el dedo a los demás.

Erasmo de Roterdam, respondió a Lutero, quien le reprochaba su permanencia en la Iglesia católica a pesar de su corrupción: “Soporto a esta Iglesia con la esperanza de que sea mejor, pues ella también está obligada a soportarme en espera de que yo sea mejor”.

Pero quizá el tema principal de la parábola no es el trigo ni la cizaña, sino la paciencia de Dios. La liturgia lo subraya con la elección de la primera lectura, que es un himno a la fuerza de Dios, que se manifiesta bajo la forma de paciencia e indulgencia. Dios no tiene simple paciencia, es decir, no espera al día del juicio para después castigar más severamente. Se trata de magnanimidad, misericordia, voluntad de salvar.

La parábola del trigo y de la cizaña permite una reflexión de mayor alcance. Uno de los mayores motivos de malestar para los creyentes y de rechazo de Dios para los no creyentes ha sido siempre el “desorden” que hay en el mundo.

El libro bíblico de Qoelet (Eclesiastés), que tantas veces se hace portavoz de las razones de los que dudan y de los escépticos, escribía: “Todo le sucede igual al justo y al impío… Bajo el sol, en lugar del derecho, está la iniquidad, y en lugar de la justicia la impiedad” (Qoelet 3, 16; 9,2).

En todos los tiempos se ha visto que la iniquidad triunfa y que la inocencia queda humillada. “Pero –como decía el gran orador Bossuet– para que no se crea que en el mundo hay algo fijo y seguro, en ocasiones se ve lo contrario, es decir, la inocencia en el trono y la iniquidad en el patíbulo”.

La respuesta a este escándalo ya la había encontrado el autor de Qoelet: “Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada cosa y para toda obra” (Qoelet 3, 17). Es lo que Jesús llama en la parábola “el tiempo de la siega”. Se trata, en otras palabras, de encontrar el punto de observación adecuado ante la realidad, de ver las cosas a la luz de la eternidad.

Es lo que pasa con algunos cuadros modernos que, si se ven de cerca, parecen una mezcla de colores sin orden ni sentido, pero si se observan desde la distancia adecuada, se convierten en una imagen precisa y poderosa.

No se trata de quedar con los bazos cruzados ante el mal y la injusticia, sino de luchar con todos los medios lícitos para promover la justicia y reprimir la injusticia y la violencia. A este esfuerzo, que realizan todos los hombres de buena voluntad, la fe añade una ayuda y un apoyo de valor inestimable: la certeza de que la victoria final no será de la injusticia, ni de la prepotencia, sino de la inocencia.

Al hombre moderno le resulta difícil aceptar la idea de un juicio final de Dios sobre el mundo y la historia, pero de este modo se contradice, pues él mismo se rebela a la idea de que la injusticia tenga la última palabra.

En muchos milenios de vida sobre la tierra, el hombre se ha acostumbrado a todo; se ha adaptado a todo clima, inmunizado a muchas enfermedades. Hay algo a lo que nunca se ha acostumbrado: a la injusticia. Sigue experimentándola como intolerable. Y a esta sed de justicia responderá el juicio.

Ya no sólo será querido por Dios, sino también por los hombres y, paradójicamente, también por los impíos. “En el día del juicio universal –dice el poeta Paul Claudel–, no sólo bajará del cielo el Juez, sino que se precipitará a su alrededor toda la tierra”.

¡Cómo cambian las vicisitudes humanas cuando se ven desde este punto de vista, incluidas las que tienen lugar en el mundo de hoy! Tomemos el ejemplo que tanto nos humilla y entristece a nosotros, los italianos, el crimen organizado, la mafia la ‘ndrangheta, la camorra…, y que con otros nombres está presente en muchos países.

Recientemente el libro “Gomorra” de Roberto Saviano y la película que se ha hecho sobre él han documentado el nivel de odio y de desprecio alcanzado por los jefes de estas organizaciones, así como el sentimiento de impotencia y casi de resignación de la sociedad ante este fenómeno.

En el pasado, hemos visto personas de la mafia que han sido acusadas de crímenes horrorosos defenderse con una sonrisa en los labios, poner en jaque a jueces y tribunales, reírse ante la falta de pruebas. Como si, librándose de los jueces humanos, habrían resuelto todo.

Si pudiera dirigirme a ellos, les diría: ¡no os hagáis ilusiones, pobres desgraciados; no habéis logrado nada! El verdadero juicio todavía debe comenzar. Aunque acabéis vuestros días en libertad, temidos, honrados, e incluso con un espléndido funeral religioso, después de haber dado grandes ofertas a obras pías, no habréis logrado nada.

El verdadero Juez os espera detrás de la puerta, y no se le puede engañar. Dios no se deja corromper.

Debería ser, por tanto, motivo de consuelo para las víctimas y de saludable susto para los violentos lo que dice Jesús al concluir su explicación sobre la parábola de la cizaña:

“De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre”.

http://www.homiletica.org


El maná de cada día, 22.7.17

julio 22, 2017

Santa María Magdalena

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«Mujer, ¿por qué lloras?»

«Mujer, ¿por qué lloras?»



Antífona de entrada: Jn 20, 17

Dijo el Señor a María Magdalena: Anda, ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por intercesión y el ejemplo de aquella cuya fiesta celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Cant 3, 1-4

Esto dice la esposa:

«En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo buscaba, y no lo encontraba.

“Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma”.

Lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad. “Habéis visto al amor de mi alma?”.

En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma».


SALMO Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabaran mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabaran jubilosos.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.



ALELUYA

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja.»


EVANGELIO: Juan 20, 1. 11-18

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde habla estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice: «¡María!»

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»


Antífona de comunión: 2 Co 5, 14-15

Nos apremia el amor de Cristo para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
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SANTA MARÍA MAGDALENA

Formó parte de los discípulos de Cristo, estuvo presente en el momento de su muerte y, en la madrugada del día de Pascua, tuvo el privilegio de ser la primera en ver al Redentor resucitado de entre los muertos (Mc 16, 9). Fue sobre todo dura­nte el siglo XII cuando su culto se difundió en la Iglesia occidental.

Ardía en deseos de Cristo,
a quien pensaba que se lo habían llevado

De las homilías de san Gregorio Magno, Papa, sobre los evangelios

María Magdalena, cuando llegó al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho.

Y dice el evangelio acerca de ellos: Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade, a continuación: Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando.

Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado.

Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el final se salvará.

Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación, iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba.

Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría, es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor.

Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Estoy enferma de amor; y también: Mi alma se derrite.

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Se le preg­unta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.

Jesús le dice: «¡María!» Después de haberla llamado con el nombre genérico de «mujer», sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio. Es como si le dijera:

«Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en es­pecial».

María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama: «Rabboni», es decir: «Maestro», ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.



Estética para la Evangelización: La Almudena y Kiko Argüello

julio 17, 2017

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Kiko Argüello, cantautor, fundador del Camino Neocatecumenal

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ESTÉTICA PARA LA EVANGELIZACIÓN:
LA ALMUDENA Y KIKO ARGÜELLO

Por Donato Jiménez, oar

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1.- Kiko (Francisco José Gómez de) Argüello Wirtz (León, 1939), es conocido en el mundo no solo por ser el fundador del Camino Neocatecumenal, movimiento carismático de seguimiento radical de Jesucristo y de fidelidad a la Iglesia. De grandes ideas, es conocido también como muy destacado pintor, arquitecto y músico de gran fuerza, originalidad e inspiración.

Primogénito de cuatro hermanos, de familia acomodada. Estudió Bellas Artes en la Academia San Fernando de Madrid. Profesor de Pintura y Diseño. Hizo teatro. Exposiciones. Premio Nacional Extraordinario (1959) de pintura. También se interesó por la arquitectura moderna.

A pesar de su entorno familiar católico, (su madre iba a misa todos los días, su padre los domingos), no afloraba en casa una convicción profunda, y como que la religión le parecía más una convención cultural y social. “El dios de mi casa era el dinero. Iba a misa: con los otros jóvenes, estábamos allá, al fondo, de pie, tocaban una campanilla, nos poníamos de rodillas, acababa aquello y nos largábamos”. Eso no era practicar la religión. “Una cosa tenía clara: no podía engañarme a mí mismo. No podía ser un cretino: o creía seriamente en Dios o, si no, era mejor dejarlo… y así es como lo dejé todo”.

Sufrió una profunda crisis existencial que le llevó al ateísmo, o como él dice, a la kénosis, la experiencia de bajar al infierno de una existencia sin Dios. Intentó comprenderse y entender el mundo con su existencialismo, pero todo se le volvía cada vez más absurdo: “Mi propia vida se convertía en ceniza”, con expresión de Kiko. Su espíritu se resistía a la indiferencia. O creía seriamente, o dejarlo todo.

El tedio que experimentaba lo sumía en un estado que no le daba ganas ni de pintar. Nada tenía sentido. El premio nacional que tuvo “la desgracia de ganar”, lo lanzó a la fama y al éxito, pero experimentaba igualmente que tampoco esto daba sentido a su holgada vida. Había roto con la Trascendencia. Interiormente había muerto. Mascaba la desesperación.

((Palomeras Altas. Madrid, 1964. Nace el Camino. Chabolas. Descubre el misterio de Cristo tras las huellas de Charles de Foucauld, en Los Monegros, en Farlete (Zaragoza). Gitanos, quinquis, vagabundos, analfabetos, delincuentes… Carmen vivía en una chabola. L’ Abbé Pierre (Traperos de Emaús) con Kiko en las chabolas. Derribaron la chabola de Carmen. Mons. Moncillo vino llamado por Kiko, y se detuvo el derribo. Morcillo entra en la chabola de Kiko y cantan salmos y rezan. Ayuno de tres días en la cueva de S. Caprasio. Fuentes, un pueblo abandonado de Segovia, cuya iglesia usaban para rezar. Luego en Roma y en chabola. En Peña de Francia (Portugal) nació la 1ª. Comunidad de Portugal, 1969). La Curraleira)).

2.- ¿Por qué vives? Kiko se atrevía a preguntar a la gente: “Oye, sabes por qué vives?”. Y no sabían decirle ni por qué ni para qué. Simplemente, vivían. Tampoco él sabía por qué vivir y para qué ganar dinero. Para qué levantarse cada día: “Recuerdo que sentía cono si el cielo estuviese hecho de cemento, y yo me encontrase bajo una gran cloaca”.

Reconoce que le ayudó mucho la lectura de Bergson, el filósofo de la intuición, como método de conocimiento superior a la razón. Fue la chispa. Con la intuición como potencia espiritual y su alma de artista, llegaba a reconocer que las cosas tienen su sentido. “Me di cuenta de que para negar que Dios existe necesitaba tanta fe como para creer que existe”. Un día gritó a Dios: “¡Si existes, ayúdame!”. Este vacío y oscuridad en su vida, eran en el fondo el Abismo de la llamada de Dios que le gritaba desde sí mismo. Alguien le decía en el pecho que sí, que Dios existe y se llama Padre. Y rompió a llorar. Tuvo la certeza de una experiencia honda con el Señor. Sintió que alguien le decía: “Eres libre, gratuitamente libre”.

Atribuye quizás a su sensibilidad y cualidades de artista, el profundo deseo de encontrarse sinceramente con la Belleza, con la Verdad absoluta, con la fidelidad y la coherencia. Es el modo eficaz de caminar hacia la Luz. El método agustiniano.

Exposiciones en Madrid, en Holanda y en la Expo Universal de Arte Sacro en Francia (1960). Como fruto de la crisis existencial se produce su conversión. Un día, a su padre enfadado, le dice: “Mira lo que dice aquí. Él dijo que eso eran cosas de los santos. Entonces le contestó: –”Si la Biblia no sirve para la vida, ya la puedes tirar por la ventana”. Con un grupo de artistas funda Gremio 62, para la investigación y desarrollo del Arte Sacro, un movimiento de renovación del Arte Sagrado para hacer las iglesias más hermosas. Arquitectos, pintores, escultores se pusieron a reconstruir la Iglesia, un poco a lo San Francisco. Pero era necesario recostruirla también en las personas. Ya sabía que ser cristiano era algo muy serio. Hizo el Cursillo de Cristiandad que le llevó a pedir a los demás que le ayudaran a hacerse cristiano.

Siente la llamada de Dios. El Bto. Carlos de Foucauld le enseñó la fórmula para vivir: coge una Biblia, una imagen de S. Francisco, su guitarra y se va a las barracas de Palomeras Altas, en Madrid, con los pobres, a vivir literalmente en una perrera. “Los perros vagabundos venían a darme calor”. Llevaba la vida de los gitanos. Pedía limosna, trabajaba ocasionalmente como obrero. A su perrera llegaban maleantes, excarcelados, buscados por la policía… Y también la policía. Más de 15 personas en mi chabola. Muchos problemas, conflictos increíbles, dos veces intentaron matarlo. “Tenía que hablar y darles razón de mi fe”. Kiko abre su Biblia, toma su guitarra y rompe a cantar.

Tras la noche del ateísmo y comprobando en su mismo entorno el poderoso arrastre del materialismo, concibe la idea de fundar o trazar el Camino Neocatecumenal (1964), que predica el nuntium salutis, el kerigma de la salvación (I Co 1 21), camino laborioso y profundo de conversión que da sentido pleno a la existencia. Hablaba con los gitanos que se reunían en su chabola. El canto Resucitó, sobre la victoria de Cristo, lo compuso en las chabolas ante quienes le decían que nadie había vuelto del cementerio.

Recuerda Kiko que el pasaje de los Hechos sobre Pablo y Festo (25 19 –de quodam Iesu defuncto–) le dio el punto de partida para la predicación del kerigma esencial: “Yo sí conozco a un Hombre que ha resucitado del sepulcro, que ha vencido al mundo y que ha venido a traerme la paz y la vida eterna”.

Con Carmen Hernández y algunos sacerdotes echará a andar esta nueva conciencia de ser Iglesia: el Camino.

3.- El Camino Neocatecumenal está extendido por el mundo en más de 120 países y más de 900 diócesis; unas 6000 parroquias, un millón de miembros en unas 20 000 comunidades (más de 8000 en Europa, más de 7000 en América, más de 800 en Asia, (en 16 naciones y 75 diócesis), más de 600 en África; en Oceanía); centenares de religiosas de clausura; y 69 seminarios Redemptoris Mater. Ya se han ordenado más de mil sacerdotes.

Misioneros, catequistas y familias enteras (ya han partido unas 700 familias), se ofrecen voluntarios para evangelizar al mundo. El estudio de la Palabra, el serio compromiso con la Comunidad y la intensa vivencia de la Liturgia, hacen el trípode para que este movimiento sea sólido Camino para experimentar la conciencia de Iglesia y la pertenencia al Reino.

La renovación pastoral lleva consigo la renovación y recuperación de la estética en todos los planos, desde la arquitectura hasta las vidrieras, desde la música hasta los signos, desde los espacios hasta los ritos y ornamentos.
En Roma ha decorado algunas iglesias con sus murales. El Centro Internacional para la Nueva Evangelización en San Giorgio, cerca de Loreto, se ha levantado según el proyecto de Kiko, lo mismo que las vidrieras. Vidrieras también en los seminarios Redemptoris Mater en Estados Unidos, España, Italia. En Florencia pintó la Corona mistérica (Iglesia de S. Bartolo). Diseñó también el Catecumenium. En Piacenza tiene uno de los murales más grandes del mundo. Representa la Gloria de Cristo Resucitado.

En varias parroquias de Madrid (S. José, El Tránsito, La Paloma, Sta. Catalina Labouré) tiene numerosos iconos y cuadros, corona mistérica, además de planificar varios catecumenios. En Zamora ha pintado el Nacimiento, Bautismo y Resurrección. En Israel, con un grupo de arquitectos, se construyó la Domus Galileae, centro de formación bíblica. En Finlandia (Oulu), una parroquia, donde no tenía presencia la Iglesia. El Redemptoris Mater de Santo Domingo y en otros países de América. Ha cumplido asimismo algunos encargos de iconos para la Santa Sede.

Destaca igualmente como músico por sus copiosas e inspiradas composiciones, muchas de ellas hondas y brillantes a la vez, tomadas de los salmos y otros textos bíblicos, para las celebraciones litúrgicas del Camino Neocatecumenal.

4.- Arte sacro.- Como muchos, el gran periodista Vitorio Messori, se preguntaba por qué, de unas décadas a esta parte, como cristianos, en el templo, salvo excepciones, topamos con tanta mediocridad, cuando no la torpeza y lo chabacano en arquitectura, escultura, pintura y música. Respondemos que, en el fondo subyace una crisis de fe. ¿Dónde está la belleza de los siglos que ha recreado admirablemente la Iglesia y que ha trasmitido tanta luz a la inteligencia, emociones hondas al corazón, suma paz a los espíritus?

Kiko se queja igualmente: Hace años que la Iglesia de Occidente no usa el arte para evangelizar y trasmitir la Nueva de la Salvación. Muchas templos de hoy son vacíos, desnudos, son “contenedores” en donde no hay belleza.
No es verdadero el fácil recurso al “cambio del gusto estético”. Más es el avasallamiento de la superficialidad y de lo trivial. Ante el omnipresente ruido y las “facilidades” al paso que nos asaltan, se ha atrofiado la sensibilidad de muchos, y se va esfumando el Misterio para los más. Kiko había abandonado la pintura como medio de vida a raíz de su conversión, pero volvió a tomarla para devolver el arte y la belleza a la Liturgia y a la Iglesia.

5.- Canto. Lo mismo ha hecho con el canto. Más de 200 composiciones para realzar y sublimar la letra de los salmos, textos litúrgicos, responsorios, himnos. De inspiración recia, y con las voces de toda la asamblea, esos cantos recobran nueva fuerza, comprometen al alma cuyas fibras se impregnan de la luz del misterio y la seguridad de la esperanza que brota de esa inspirada simbiosis de letra, voces y melodía. Lo que muchos seguidores del Camino no logran aún captar de los textos, a través de esos cantos con toda la asamblea, se les vuelve carne viva que camina con ellos en la fe firme de Cristo.

Uno de los cantos más conocidos, Resucitó, la victoria de Cristo sobre la muerte, lo compuso en las chabolas. S. Agustín es muy sabio al invocar a Dios Verdad, Sabiduría y Belleza en quien, de quien y por quien son verdaderas, sabias y bellas todas las cosas que lo son.

Kiko afirma que “en el Camino Neocatecumenal, vemos aparecer hoy un servicio humilde y esencial cual es el del cantor”. Él, en este itinerario de educación de la fe, tiene la misión de ayudar a crear la comunidad litúrgica o, mejor, de recrearla; de convertir tantas veces una pluralidad en una unidad de culto: “A una sola voz, con un solo corazón y con una sola alma”.

Culto espiritual que se expresa en la acción litúrgica de la comunidad: fuente constante, en nuestro caminar histórico, de lo más profundamente inocente: el sentimiento de nuestra maldad iluminado por lo inefable del amor de Alguien que nos ama a Sí, que nos ama aunque hayamos sido sus enemigos; fuente de la conversión, fuente de la fe”.

Autor de canciones tan conocidas como Hacia ti, morada santa o Resucitó, Pequeña María. Empezó su andadura musical en los años sesenta y se afianzó en los setenta cuando miles de personas ya cantaban sus canciones. Sus composiciones se centran fundamentalmente en la fuerza de la palabra y mantiene una marcada línea acústica, al estilo de los cantores del pueblo que surgieron en aquellos años.

Kiko Argüello tiene la capacidad de emocionar y hacer participar a miles de personas con su sola guitarra y voz, algo que está en la raíz de su éxito como autor y cantor. Otro elemento característico es su capacidad de hacer participar del canto. Compone para la asamblea, manteniendo en todos los casos, el esquema de amplias estrofas proclamadas por un solista y estribillos sencillos para coro y asamblea.

Creador multifacético, Kiko Argüello ha desarrollado también otras artes como la arquitectura y la pintura, con obras que pueden contemplarse en diversos países y entre las que destacan las pinturas y vidrieras de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena en Madrid.

Al igual que en la pintura, en la que toma como modelos los iconos bizantinos, en lo que a la evolución musical se refiere, ha ido haciendo propios distintos elementos orientales, tanto en las frases y cadencias como en los arreglos e instrumentación, con una marcada influencia de la tradición judía, y se ha centrado en la musicalización de los textos bíblicos, himnos litúrgicos y oraciones de la tradición de la Iglesia.

Algunos de sus cantos se interpretan en la actualidad en muchas parroquias del mundo y en no pocas ocasiones en presencia de varios Papas. Muchos cantos se acompañan con numerosos instrumentos musicales.

Discografía. Kiko Argüello es autor de algunos discos que la edit. PAX lanzó a la venta entre los años 60 y 70. Entre ellos, Resucitó, cantos al Misterio Pascual, Cantos para las comunidades cristianas; Cantos comunitarios eucarísticos o Abba, Padre. Tras muchos años, en 1992 grabó María, Piccola María, en italiano, que publicó San Paolo (Italia) en casete. En 2009, el disco se ha reditado en CD y continúa con enorme éxito. En 2010, y a petición del Card. Rouco, Arzob. de Madrid, ha editado Paloma incorrupta.

6.- Siempre se ha representado la figura humana. La Iglesia la ha usado prácticamente desde el principio. Y la iconografía cristiana en todas sus variantes fue llamada durante siglos “la Biblia del analfabeto”, “el catecismo de los pobres”. Los griegos dicen que los iconos son para los ojos, como la Palabra para los oídos.

Argüello, como los pintores verdaderos, no ha querido romper con la más auténtica y honda expresión tradicional. Al contrario, ha captado la fuerza y la verdad de su mensaje y lo trae a nuestra sensibilidad bajo aparentes formas antiguas, pero con rasgos, líneas y trazos de auténtica y moderna expresividad. Su pintura es una síntesis entre la tradición artística de la Iglesia Ortodoxa y la modernidad de la pintura occidental.

El icono tiene su exigencia, su espiritualidad, su mística, su teología. Refleja una atmósfera divina y, en cierto modo, materializa el orden divino trasladado a imagen, a icono. El icono posee su lenguaje y su simbología con evocaciones trascendentes y místicas. No solo por la figura (que sería el texto), sino por cada uno de sus colores (que sería su expresión literaria), el icono es como un libro para ser leído.

De hecho, los iconógrafos dicen que más que pintar, escriben iconos. Son una presencia terrena del mundo trascendente, del misterio. En la Iglesia latina llamamos sacramental. Es un objeto litúrgico que contiene y manifiesta el misterio de la cercanía y adaptación de Dios al hombre. Es expresión de la condescendencia divina –sincatábasis– para con el hombre que es equipo de carne, de sentidos, sentimientos, afectos y conceptos que encierra un icono.

Escribir un icono requiere concentración intelectual y religiosa. Ponerse en condiciones espirituales de contemplación y quedar como en trance de ser envuelto por la belleza y la suavidad de Dios. Pedir a Dios unción de mente, corazón y manos para poder entregar el icono de Dios. Uno de los pintores del equipo de Argüello, Juan Pablo Civil, dice igualmente: “Pintar un icono es un ejercicio religioso, una ascesis que debe ser acompañada de oración y ayuno”.

7.- Los colores. La luz es el fondo de todo icono y los colores tienen significado teológico. El dorado representa la luz y gloria de Dios, símbolo de la Luz Increada pues los antiguos veían en el color del sol, único en la naturaleza, un reflejo de la divinidad. Símbolo de la presencia de Dios. El icono es una tabla esplendente de luz. Estará como fondo o marco de todos los iconos. Se orlan de oro los mantos de Cristo y de la Virgen.

El blanco representa la luz que contiene todos los colores. Es la expresión de la “Vida “. Por eso el Resucitado, el Pantocrátor, el nimbo de los santos, va pintado de blanco. Es el color de la pureza y de la trascendencia.
El negro es la ausencia de luz y de color. Símbolo del mal. Quiere significar la muerte, el caos, la nada. Donde no hay luz no puede darse la vida.

El azul es el color de la inmensidad de lo divino. Se relaciona, por tanto, con la pureza y la santidad. Lo inexpresable. El azul es una representación de la trasparencia de Dios.

El rojo es el color de la sangre y representa el amor y el sacrificio hasta la muerte. Es típico color humano, eminentemente terrenal. Lo lucirán los mártires y la túnica de Cristo, Sacerdote y víctima. También representa el poder humano. El fuego del Espíritu es anaranjado y oro. El fuego de la venganza y del infierno, de color rojo.

El púrpura, color reservado al emperador, símbolo del poder regio o imperial. Es utilizado en los mantos y túnicas del Pantocrátor y de la Teotokos. Representa el poder divino de Cristo y, por extensión, de su Madre. Simboliza el Sumo Sacerdocio de Cristo. El púrpura azul era signo del sacerdocio judío. En Bizancio era de púrpura el manto del emperador.

El verde indica la naturaleza y la vida sobre la tierra y de su pujanza que siempre se renueva. Representa la vida espiritual que crece, madura y fructifica. Anuncia siempre nueva vida.

El marrón u ocre es color terroso. Es el color de los rostros, no por afán realista, sino por simbolizar la tierra como origen humano. Importa más plasmar la estética de las realidades espirituales, que la mera belleza externa. El color terroso del hábito del monje le hace de memorial que le recuerda su humilde origen. Otros colores, fuera de estos, carecen iconográficamente de simbología.

8.- La Almudena. Por encargo del Cardenal Rouco, y como el mejor proyecto presentado, Kiko y su equipo de 7 pintores, todos profesionales y profesores de Bellas Artes, con 15 ayudantes, han trabajado durante 4 meses y más de 12 horas diarias, para pintar la Corona Mistérica sobre el ábside de la Catedral de Ntra. Sra. de la Almudena.

Iconográficamente, Kiko se inspira, sobre todo, en Rublev. Oración, música monacal, ortodoxa del monasterio ecuménico de Chevetogne, laudes, polifonía religiosa, responsorios de Victoria, Liturgia, ayuno a pan y agua los viernes, son la ambientación ideal para el trabajo e inspiración de esta singular pléyade de artistas. Se pinta y se reza. Antes, Argüello fue a recibir la bendición personal del Papa. También se requerirán condiciones similares para la correcta “lectura” o contemplación del icono.

Maestros y discípulos, trabajadores y ayudantes seminaristas, todos pertenecen al Camino Neocatecumenal y, por supuesto, todo su trabajo ha sido gratis. En otra circustancia, esta obra hubiera rebasado los dos millones de euros. Alguien comenta: “¡Así son las obras de Dios!”.

Estas pinturas –representación teológica de la fe– son la resonancia del Reino celestial para que vibre y alabe el corazón humano. La Corona Mistérica representa los misterios principales de la fe. Ya el gran apologista del arte cristiano, S. Juan Damasceno, decía: «La belleza y el color de la imágenes estimulan mi oración para dar gloria a Dios. La palabra es al oído lo que la imagen es a la vista».

Las pinturas van coronadas por otras siete vidrieras de orden astracto, radiantes de color; y otra en la parte baja del ábside detrás del altar mayor, según los diseños de Kiko. Están dedicadas a la Palabra, o Verbo de Dios, reproducida en siete idiomas: Dabar, Logos, Verbum… En la vidriera central, “María,” Madre de la Iglesia y titular de la Catedral de Madrid, Ntra. Sra. de la Almudena. (Techos y cúpulas de la Almudena fueron pintados por José L. Galicia (1930, amigo de Picasso).

P. D. Jiménez Sanz, agustino recoleto

 


Papa Francisco: Si alguno tiene una zona oscura en su vida, que acuda a Jesús

julio 9, 2017

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El Papa Francisco durante el Ángelus en la Plaza San Pedro

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Papa Francisco: Si alguno tiene una zona oscura en su vida, que acuda a Jesús

Por Miguel Pérez Pichel

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VATICANO, 09 Jul. 17 / 05:34 am (ACI).- Durante el rezo del Ángelus este domingo 9 de julio en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco animó a aquellos que tienen un peso en su conciencia, “una zona oscura en su vida”, que acudan a Jesús, que acudan “a un misionero de la misericordia, o junto a un sacerdote”.

El Santo Padre recordó las palabras del Evangelio del día en las que Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, que yo os daré consuelo”.

“El Señor no se reserva esta frase para alguno de sus amigos –explicó Francisco–, sino que la dirige a ‘todos’ aquellos que están cansados y oprimidos por la vida. ¿Y quién puede sentirse excluido de esta invitación?”.

El Pontífice recordó que “el Señor sabe cómo de dura puede llegar a ser la vida. Sabe que hay muchas cosas que causan fatiga en el corazón: desilusiones y heridas del pasado, pesos que hay que cargar y males que hay que soportar en el presente, incertezas y preocupaciones por el futuro”.

“Ante esto, la primera palabra de Jesús es una invitación a reaccionar, a moverse: ‘Venid’”. Sin embargo, lo natural en los hombres es caer en el error de la inmovilidad: “El error, cuando las cosas van mal, es quedarse donde se está. Parece evidente, pero ¡qué difícil es reaccionar y abrirse! No es fácil”.

El Papa mostró comprensión sobre esa reacción humana, pero también advirtió del peligro de no tratar de sobreponerse a ella: “En los momentos oscuros surge de forma natural el encerrarse en uno mismo, dar vueltas sobre lo injusta que es la vida, sobre la ingratitud de los demás o sobre lo malo que es el mundo”.

“Todos nosotros alguna vez hemos sufrido esta fea experiencia. Así, cerrados dentro de nosotros, lo vemos todo negro. Y entonces uno termina familiarizándose con la tristeza, que se vuelve como de casa. Esa tristeza te postra. ¡Qué cosa fea es esta tristeza!”.

Por el contrario, “Jesús quiere sacarnos de esas ‘arenas movedizas’, y por eso nos dice: ‘¡Venid! ¡Tú! ¡Tú! ¡Tú!’. El camino para salir de uno mismo radica en el relacionarse, en el tender la mano, en el alzar la mirada hacia aquel que nos llama de verdad”.

Incluso, el Obispo de Roma animó a ir más allá, ya que, “de hecho, no basta con salir de uno mismo, es necesario saber hacia dónde queremos ir. Porque muchas metas son ilusorias: prometen un poco de distracción y alivio, aseguran paz y diversión para luego dejarnos en la misma soledad de antes. Son ‘fuegos artificiales’”.

Asimismo, subrayó que el mismo Jesús marcó el camino que se debe seguir, Él “nos indica hacia dónde debemos ir: ‘Venid a mí’”.

“En muchas ocasiones, ante un peso de la vida, una situación que nos duele, intentamos hablar con alguien que nos escuche, con un amigo, un experto… Se trata de algo bueno, pero no nos olvidemos de Jesús. No nos olvidemos de abrirnos a Él y de contarle nuestra vida, de confiarle a nuestras personas y nuestras situaciones. Tal vez existan zonas de nuestra vida que le podamos abrir a Él y que permanecían oscuras porque no habían visto nunca la luz del Señor”.

El Papa concluyó insistiendo en que Jesús “os espera, no para resolver mágicamente los problemas, sino para darnos fuerzas ante nuestros problemas. Jesús no nos quita los pesos de la vida, sino las angustias del corazón, no nos quita la cruz, sino que la lleva junto con nosotros. Y con Él, cada peso resulta ligero, porque Él es el Resucitado en el que creemos. Cuando Jesús entra en la vida, llega la paz, esa paz que permanece incluso en las pruebas”.

“Vayamos junto a Jesús, ofrezcámosle nuestro tiempo, encontrémonos con Él cada día en la oración, en un diálogo confiado y personal, familiaricémonos con su Palabra, redescubramos sin miedo su perdón, alimentémonos de su Pan de vida: nos sentiremos queridos y consolados por Él”, concluyó.


El maná de cada día, 29.6.17

junio 28, 2017

San Pedro y san Pablo, apóstoles. Solemnidad

Misa del día

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San Pedro y San Pablo (El Greco)



Antífona de entrada

Estos son los que mientras estuvieron en la tierra, con su sangre plantaron la Iglesia: bebieron el cáliz del Señor y lograron ser amigos de Dios.


Oración colecta

Señor, tú que nos llenas de santa alegría en la celebración de la fiesta de san Pedro y san Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua.

Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate.»

Las cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias.»

Obedeció y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme.»

Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel.

Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.»

SALMO 33, 2-3.4-5.6-7.8-9

El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.


SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 4, 6-8.17-18

Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente.

He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 16, 18

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.


EVANGELIO: Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»


Antífona de Comunión: Mt 16, 16. 18

Pedro dijo a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

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ESTOS MÁRTIRES, EN SU PREDICACIÓN, DABAN TESTIMONIO DE LO QUE HABÍAN VISTO

De los sermones de San Agustín, obispo

El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.

San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas.

Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».

El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única.

De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles.

No te entristezcas, apóstol; responde una vez, respon­de dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor.

A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.

En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstole­s. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.


El maná de cada día, 28.6.17

junio 28, 2017

Miércoles de la 12ª semana del Tiempo Ordinario


arbol-bueno

Un árbol bueno no puede dar frutos malos



PRIMERA LECTURA: Génesis 15, 1-12. 17-18

En aquellos días, Abrán recibió en una visión la palabra del Señor: «No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante.»

Abrán contestó: «Señor, ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?»

Y añadió: «No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará.»

La palabra del Señor le respondió: «No te heredará ése, sino uno salido de tus entrañas.»

Y el Señor lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.» Y añadió: «Así será tu descendencia.»

Abran creyó al Señor, y se le contó en su haber.

El Señor le dijo: «Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.»

Él replicó: «Señor Dios, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?»

Respondió el Señor: «Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.»

Abran los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba.

Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.

Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: «A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Eufrates.»


SALMO 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 4a. 5b

Permaneced en mí y yo en vosotros -dice el Señor-; el que permanece en mí da fruto abundante.



EVANGELIO: Mateo 7, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?

Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos.

El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.»


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POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

San Agustín. Explicación del Sermón de la Montaña, cap. 24, §80-81

Preguntémosnos sobre qué frutos el Señor quiere llamar la atención para reconocer el árbol. Algunos consideran como frutos lo que constituye las vestiduras de las ovejas, así los lobos pueden engañarlos. Quiero indicar aquí los ayunos, las oraciones, las limosnas y todas las obras que pueden ser hechas por los hipócritas. Sin esto Jesús no habría dicho: “Absteneos de hacer justicia delante de los hombres, para llamarles la atención ” (Mt 6,1)…

Muchos dan a los pobres por ostentación y no por benevolencia; muchos rezan o más bien parece que rezan, pero no lo hacen por Dios sino más bien por la estima de los hombres; muchos ayunan y fingen una austeridad asombrosa, para atraerse la admiración de los que ven sus obras. Todas estas obras son engaños… El Señor concluye que estos frutos no son suficientes para juzgar el árbol. Las mismas acciones hechas con una intención recta y en verdad constituyen la vestidura de las ovejas auténticas…

El apóstol Pablo nos dice por qué frutos reconoceremos el árbol malo: “Es fácil reconocer las obras de la carne: desenfreno, impureza, obscenidad, idolatría, brujería, odios, disputas, celos, cólera, disensión, sectarismo, rivalidades, borracheras, rencillas y cosas semejantes ” (Ga 5,19-20). El mismo apóstol nos dice seguidamente por qué frutos podemos reconocer un árbol bueno: “Pero al contrario los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fe, humildad y control de sí” (v. 22-23).

Hay que saber que la palabra “alegría” se toma aquí en su sentido propio; los hombres malvados en sentido propio ignoran la alegría, pero conocen el placer… Es el sentido propio de la palabra, lo que sólo los buenos conocen; “no hay alegría para los impíos, dice el Señor” (Is 48,22). Lo mismo ocurre con la fe verdadera. Las virtudes enumeradas pueden ser disimuladas por los malos y los impostores, pero no engañan al ojo límpio y puro capaz de discernirlo.

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