Las Confesiones de san Agustín. I, 17.27

febrero 28, 2018

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Uno de los ejercicios escolares más frecuentes (Conf. I, 17.27)

27. Permíteme, Señor, que diga también algo de mi ingenio, don tuyo, y de los delirios en que lo empleaba. Se me proponía como asunto —cosa muy inquietante para mi alma, así por el premio de la alabanza o deshonra como por el temor a los azotes— que dijese las palabras de la diosa Juno, airada y dolorida por no poder «alejar de Italia al rey de los Teucros», que jamás había oído yo que Juno las dijera.

Pero se nos obligaba a seguir los pasos errados de las ficciones poéticas y a decir algo en prosa de lo que el poeta había dicho en verso, diciéndolo más elogiosamente aquel que, conforme a la dignidad de la persona representada, sabía pintar con más viveza y similitud y revestir con palabras más apropiadas los afectos de ira o dolor de aquélla.

Pero de qué me servía, ¡oh vida verdadera, Dios mío!, ¿de qué me servía que yo fuera aplaudido más que todos mis coetáneos y condiscípulos? ¿No era todo aquello humo y viento? ¿Acaso no había otra cosa en que ejercitar mi ingenio y mi lengua?

Tus alabanzas, Señor, tus alabanzas, contenidas en tus Escrituras, debieran haber suspendido el pámpano de mi corazón, y no hubiera sido arrebatado por la vanidad de unas bagatelas, víctima de las aves. Porque no es de un solo modo como se sacrifica a los ángeles transgresores.

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Maná y Vivencias Cuaresmales (15), 28.2.18

febrero 28, 2018

Miércoles de la 2ª semana de Cuaresma


cruz-vitral

El que quiera ser el primero, que sea el servidor de los demás


Antífona de entrada: Salmo 37, 22-23

Los que el Señor bendice, poseerán la tierra, y los que él maldice, serán exterminados. El Señor asegura los pasos del hombre en cuyo camino se complace.


Oración colecta

Señor, guarda, a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste, y haz que protegida por tu mano en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 18, 18-20

Dijeron: «Venid, maquinemos contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta; venid, lo heriremos con su propia lengua y no haremos caso de sus oráculos.»

Señor, hazme caso, oye cómo me acusan. ¿Es que se paga el bien con mal, que han cavado una fosa para mí? Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en su favor, para apartar de ellos tu enojo.


SALMO 30, 5-6.14.15-16

Sálvame, Señor, por tu misericordia

Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.

Oigo el cuchicheo de la gente, y todo me da miedo; se conjuran contra mí y traman quitarme la vida.

Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen.


Aclamación antes del Evangelio: Juan 8, 12

«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida».


EVANGELIO: Mateo 20, 17-28

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»

Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó: «¿Qué deseas?»

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»

Contestaron: «Lo somos.»

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.

No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»


Antífona de comunión: Mateo 20, 28

Hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos.
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VIVENCIAS CUARESMALES

No será así entre vosotros

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15. MIÉRCOLES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

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TEXTO ILUMINADOR:

La Cuaresma es caminar con Jesús hacia Jerusalén, hacia la cruz. Él es víctima de la maldad de los impíos.

Apostar por la verdad implica estar dispuesto a soportar la persecución. Las tinieblas lucharán contra la luz porque la soberbia exige doblegar a todos, pero al creyente fiel nunca le faltará la serenidad interior y el descanso en Dios, la tranquilidad de conciencia. No puede devolver mal por mal y menos mal por bien como hacen ellos.

“Atiéndeme, Yahvé, mira lo que dice mi adversario: ¿Acaso se paga mal por bien, y cómo es que ellos están haciendo un hoyo para mí? ¿Así me pagan la defensa que hice ante ti en su favor? Recuerda cómo me presenté ante ti para hablarte en su favor y apartar de ellos tu ira” (Jer 18, 18-20).

Para no poner a prueba nuestra paciencia en medio de la adversidad, la oración colecta pide bienes materiales:

“Guarda a tu familia en el camino del bien, guárdala para que no se tuerza ni a izquierda ni a derecha, dosifica el sufrimiento que permites por maldad o ignorancia de los malvados o por la penuria material.

Protege con tu mano a tu propia familia en los bienes materiales que parecen depender más directamente de ti, Señor providente, pródigo en toda tu creación; así podremos aspirar con menos sobresaltos y fatigas, con más libertad, hacia los bienes eternos.

¡Qué bondad, qué delicadeza en la espiritualidad de la Iglesia de todos los tiempos! ¿Cuándo agradeceremos a Dios suficientemente por tanta riqueza?”

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EVANGELIO DE MATEO, 20, 17-20

Jesús acaba de anunciar a los discípulos, tomados aparte, que está subiendo a Jerusalén donde será condenado a muerte. Frente a la gravedad del asunto y frente a los sentimientos que podían embargar a Jesús, no deja de asombrarnos la inconsciencia de los discípulos que siguen preocupados de sus cosas, al margen de los intereses de su Maestro. La madre de los Cebedeos le dice a Jesús: “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.

“Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: ‘Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos’”.

Cuando no amamos en el orden divino, producimos necesariamente violencia o conflicto en las relaciones humanas: pretendemos que nos llamen maestros o endiosamos a otros. La madre de Santiago y Juan ama a sus hijos desordenadamente, no con el amor de Dios. Éstos, conscientes, colocados por encima de los demás ignoran a los otros condiscípulos, y al mismo Jesús, su Maestro. Los demás apóstoles se sublevan, pues les duele ser postergados. No analizan el plan de Dios, ni sobre ellos, ni sobre los Cebedeos. Cada uno busca su propio bien pensando en sí mismo.

Por eso se crea un conflicto, un caos: todos contra todos, todos insatisfechos, porque todos buscan su propio interés, al margen de Dios o contra Dios. Jesús, con paciencia, los llama al orden y los invita a contestar: ¿Cómo se comportan los poderosos? ¿Y cómo se comporta él en medio de ellos? “Entre vosotros no será así”. Tajante. Tienen que vivir a imitación del Hijo del hombre que vino a servir, y no a ser servido. En eso no hay disculpas y excusas que valgan.

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PREFACIOS DE CUARESMA: Damos gracias a Dios en este tiempo de Cuaresma por varios motivos:

1. Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en santidad a nosotros tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, vivamos las realidades temporales como primicias de las realidades eternas.

2. Porque con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer y agradecer tus dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes con los necesitados, imitando así tu generosidad.

3. Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro espíritu, nos das fuerza y recompensa, por Cristo, Señor nuestro.

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Papa Francisco: La misericordia puede curar las heridas y cambiar la historia del hombre

Audiencia de hoy, miércoles, 24 de febrero de 2016

Por Álvaro de Juana

VATICANO, 24 Feb. 16 / 05:01 am (ACI).- El Papa Francisco habló de nuevo esta mañana en el Vaticano de la misericordia con motivo del Año Santo y pidió: “¡Abre tu corazón a la misericordia!” porque “la misericordia divina es más fuerte que el pecado de los hombres!”.

El Obispo de Roma aseguró que “la misericordia enseña también en este caso la vía maestra que se debe seguir” y subrayó que “la misericordia puede curar las heridas y puede cambiar la historia”.

De nuevo, la catequesis de la Audiencia General de este miércoles estuvo dedicada a la misericordia y aseguró que el poder de Jesús es totalmente distinto al de los poderosos de hoy en día. “Si se pierde la dimensión de servicio, el poder se transforma en arrogancia y se convierte en dominio y profanación”, manifestó Francisco.

“Jesucristo es el verdadero rey, pero su poder es completamente distinto. Su trono es la cruz. Él no es un rey que asesina, al contrario, da la vida. Su ir hacia todos, sobre todo hacia los más débiles, derrota la soledad y el destino de muerte al que conduce el pecado”.

“Jesucristo con su cercanía y ternura lleva a los pecadores al espacio de la gracia y del perdón”, añadió.

Francisco comenzó hablando de cómo en la Escritura se habla de “los potentes, los reyes, los hombres que están ‘en lo alto’ y de su arrogancia y sus abusos”.

“La riqueza y el poder son realidades que pueden ser buenas y útiles al bien común, si se ponen al servicio de los pobres y de todos, con justicia y caridad”, explicó.

Sin embargo, “como sucede demasiado a menudo, son vividas como privilegio, con egoísmo y prepotencia, y se transforman en instrumentos de corrupción y de muerte”, aseguró.

A continuación, recordó el Primer Libro de los Reyes, en la Biblia, en el que se habla de la “Viña de Nabot”. Aquí se cuenta que Ajab, rey de Israel, quiere comprar la viña de un hombre llamado Nabot, porque esta viña está junto al palacio real. “La propuesta parece legítima, además de generosa, pero en Israel las propiedades terrenas eran consideradas inalienables”.

“La tierra es sagrada porque es un don del Señor, que como tal es cuidada y conservada, en cuanto signo de la bendición divina que pasa de generación en generación y garantía de dignidad para todos”. Por esto, Nabot le da una negativa al rey y éste se siente ofendido.

Es el momento en el que su mujer, “una reina pagana que había incrementado los cultos idolátricos y hacía asesinar a los profetas del Señor, decide intervenir”.

“Ella pone el acento sobre el prestigio y sobre el poder del rey, que, según su modo de ver, es puesto en discusión por el rechazo de Nabot”. Se trata de “un poder que ella considera absoluto y por el cual cada deseo, por ser del rey todopoderoso, es una orden”.

En este episodio de la Biblia ocurre así, puesto que la mujer del rey decide eliminar a Nabot, quien es asesinado.

“Esta no es una historia de otros tiempos, es una historia actual, de los poderosos que para tener más dinero explotan a los pobres, a la gente; la historia de la trata de personas, del trabajo esclavo, de la gente pobre que trabaja en negro con lo mínimo, es la historia de los políticos corruptos que quieren siempre más y más y más”.

Francisco aseguró que es aquí donde se observa adónde lleva “ejercer una autoridad sin respeto por la vida, sin justicia, sin misericordia”, así como “la sed de poder”.

El Santo Padre puso otro ejemplo que refleja bien esta realidad y se encuentra en el Libro del Profeta Isaías: “¡Ay de los que acumulan una casa tras otra y anexionan un campo a otro, hasta no dejar más espacio y habitar ustedes solos en medio del país!”. “¡Y el profeta Isaías no era comunista!”, exclamó el Papa.

Dios es más grande que la maldad de los malvados y de los juegos sucios hechos por los seres humanos” y “en su misericordia envía al profeta Elías para ayudar a Ajab a convertirse”.

“Dios ha visto este crimen, pero llama al corazón de Ajab” y “el rey, ante su pecado, entiende, se humilla y pide perdón”, explicó el Pontífice.

“Qué bonito sería que los poderosos explotadores de hoy hicieran lo mismo. El Señor acepta su arrepentimiento; sin embargo, un inocente había sido asesinado, y la culpa cometida tendrá inevitables consecuencias. El mal cometido en efecto deja sus huellas dolorosas y la historia de los hombres lleva las heridas”.

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Las Confesiones de san Agustín. I, 16.25-26

febrero 27, 2018

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Reprueba ciertos métodos de enseñar las letras humanas (Conf. I, 16.25-26)

25. Mas ¡ay de ti, oh río de la costumbre humana! ¿Quién hay que te pondrá dique? ¿Cuándo no te secarás? ¿Hasta cuándo dejarás de arrastrar a los hijos de Eva a ese mar inmenso y espantoso que apenas logran pasar los que subieren sobre el leño? 36

¿Acaso no fue en ti donde yo leí la fábula de Júpiter tonante y adulterante? Cierto es que no pudo hacer ambas cosas; pero así se fingió para autorizar la imitación de un verdadero adulterio con el engaño de un falso trueno.

Con todo, ¿quién es de los maestros que llevan «pénula» el que oye con oído sano a uno de su misma profesión que dogmatiza clamando: «Fingía estas cosas Homero y trasladaba las cosas humanas a los dioses, pero yo más quisiera que hubiera pasado las divinas a nosotros»?

Aunque más verdadero sería decir que fingió estas cosas aquél, atribuyendo las divinas a hombres corrompidos, para que los vicios no fuesen tenidos por vicios y cualquiera que los cometiese pareciese que imitaba a dioses celestiales, no a hombres perdidos.

26. Y, sin embargo, ¡oh río infernal!, en tus aguas se precipitan los hijos de los hombres incluso pagando honorarios por aprender tales perversiones. Y se tiene por gran espectáculo poder hacer esto en el foro público al amparo de las leyes, que determinan, a más de los honorarios, los salarios que se han de dar a los actores.

Y golpeas tus cantos y gritas diciendo: «Aquí se aprende vocabulario; aquí se adquiere elocuencia, sumamente necesaria para persuadir y exponer el propio pensamiento».

Como si no pudiéramos aprender estos vocablos: lluvia, dorado, regazo, disfraz, bóveda celeste y otras más que se hallan escritas en dicho lugar, si Terencio no nos introdujese a un joven perdido que se propone a Júpiter como modelo de estupro, al contemplar una pintura mural «en la que se representaba al mismo Júpiter en el momento en que, según dicen, envió una lluvia de oro sobre el regazo de Dánae, engañando con semejante truco a la pobre mujer».

Y ved cómo se excitaba a la lujuria a vista de tan celestial maestro:

—¡Y qué dios! —dice.

¡Nada menos que el que hace retumbar la bóveda del cielo con enorme trueno!

—Y yo, hombrecillo, ¿no iba a hacer lo mismo?

—Pues lo hice, sí, y con mucho gusto.

De ningún modo, de ningún modo con semejante torpeza se aprenden mejor aquellas palabras, sino que con tales palabras se perpetra más atrevidamente semejante torpeza.

No condeno yo las palabras, que son como vasos selectos y preciosos, sino el vino del error que maestros ebrios nos propinaban en ellos, y del que si no bebíamos éramos azotados, sin que se nos permitiese apelar a otro juez sobrio.

Y, no obstante, Dios mío, en cuya presencia ya no ofrece peligro este mi recuerdo, confieso que aprendí estas cosas con gusto y en ellas me deleité, miserable, siendo por esto llamado «niño de grandes esperanzas».

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Mana y Vivencias Cuaresmales (14), 27.2.18

febrero 27, 2018

Martes de la 2ª semana de Cuaresma

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Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios


Antífona de entrada: Salmo 12, 4-5

Ilumina mis ojos, para que no caiga en el sueño de la muerte, para que mi enemigo no pueda decir: “lo he vencido”.


Oración colecta

Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia y, pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 1,10.16-20

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.

Entonces, venid y litigaremos –dice el Señor–. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.

Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.»

SALMO 49, 8-9.16bc-17.21.23

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.

¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?

Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú; El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.»


Aclamación antes del Evangelio:

“Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, dice el Señor.»

EVANGELIO: Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Antífona de comunión: Salmo 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Sea el Señor tu delicia



14. MARTES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA


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TEXTO ILUMINADOR: Practicad el bien y buscad la justicia.

Texto bíblico, Isaías 1, 10-16. Dios sigue exigiéndonos sinceridad y mucha honestidad para poder llegar a él. Pues él es Luz sin tiniebla alguna. Lavaos, purificaos: nada de maldad. Sólo haciendo el bien, el hombre alcanza su centro, su plenitud.

Dios es el más interesado en que sea así. Ayuda, lo más que puede, al hombre mediante la gracia preveniente, acompañante o concomitante, y, claro, siempre suficiente; pero no puede suplantar al hombre. Pues lo ha hecho libre, capaz de lo mejor. Dueño de su vida y constructor de su propia historia.

Dios que lo ha hecho libre, respeta su voluntad, y quiere que se ejercite como verdadero agente de bien y de solidaridad; y que así disfrute sintiéndose útil a los demás y realizado en sus posibilidades, casi infinitas. Pues Dios lo hizo poco inferior a los ángeles.

Dios, que es de vivos y no de muertos, no es celoso del crecimiento del hombre, sino todo lo contrario: goza con verlo feliz y realizado; es lo que más le gusta. En eso consiste su gloria, en que el hombre viva y llegue a plenitud.

“Ten en cuenta que hoy yo pongo ante ti el bien y la vida por una parte, y por otra el mal y la muerte. Si escuchas los mandamientos de tu Dios que yo te prescribo, vivirás y te multiplicarás. Yahvé te bendecirá en la tierra que vas a poseer. Escoge, pues, la vida…

Pongo hoy por testigo ante vosotros al cielo y a la tierra, te pongo delante la vida y la muerte, la bendición o la maldición: escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia. En eso está tu vida y la duración de tus días…” (Deuteronomio 30, 15-20).

De ahí el Salmo 49: “Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios”. ¿Por qué recitas mi ley, y no la cumples? ¿Puedo aceptar un culto falso, que olvida las obras de misericordia con el prójimo? ¿Crees que soy como tú, un arco falso que se dobla?

Dios es luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, en él no hay ni pizca de oscuridad.

“Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. No te reprocho tus sacrificios; pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. ¿Por qué recitas mis preceptos, y tienes en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza, y te echas a la espalda mis mandatos?

Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios” (Salmo 49, 8-9-16-17-21-23).

De nuevo el tema de la honestidad para con Dios y con el prójimo. Y vuelta con la responsabilidad del hombre y el poder de su decisión que radica en el interior: El reino de Dios no está aquí o allá; está en tu interior, dentro de tu corazón. No es inalcanzable ni tampoco depende de fuerzas fatalistas o arbitrarias.

Cuidado con aficionarnos a poner en factores exógenos la razón y la causa de nuestras desdichas: los demás, los políticos, el gobierno, la crisis económica, la historia, la mala suerte, el orden internacional…

En realidad, seremos lo que queramos, lo que decidamos libre y responsablemente. El hombre será lo que quiera ser. El Evangelio nos recomienda: no temáis a los que pueden haceros daño en el cuerpo. Temed sobre todo a los que pueden haceros daño en el alma, en el espíritu.

Sigue el texto sagrado en el mismo sentido, desmantelando subterfugios: No permitáis que os llamen “padre”, “maestro”, que os endiosen y os adulen. No lo consintáis. No viváis a cuenta del engaño de los demás, o a expensas de su adulación.

Es preciso vivir en la verdad, en la autenticidad. Cuidado con aficionarse a vivir de rentas y del engaño ajeno. Cuidado con la falsedad existencial y la claudicación de la conciencia personal.

No fomentéis la mentira de ninguna manera, y no os acostumbréis a vivir en falsedad. Con prudencia y delicadeza defended la verdad, y con firmeza rechazad toda mentira, toda apariencia, toda actitud falsa o dolosa.

He aquí la verdadera libertad y rectitud que nos recompensa con la tranquilidad de conciencia y la satisfacción personal.

Y no llaméis a otro padre, maestro, no aduléis, no busquéis favoritismos y ventajas sobre los demás, no busquéis dioses a vuestra medida. Jesús dice: Haced lo que os dicen pero no los imitéis, porque dicen y hasta se atreven a enseñar a los demás, pero no practican lo que predican.

En ese colectivo se incluyen muchos doctores, padres de familia, profesores, sacerdotes, políticos, comunicadores, consejeros y formadores, acompañantes… ¿Quién estará libre?

Pero ahora, en la Cuaresma todos son invitados a “sanear” su vida personal y a purificar las motivaciones de su conducta. Nadie está excluido de la oportunidad que Dios ofrece en este tiempo de salvación. Ellos, dice el texto evangélico, colocan cargas pesadas sobre los hombros de los otros, y Cristo dice: Mi carga es ligera.

¿La carga pesada de los falsos profetas hay que tomarla materialmente y a la letra, o sólo tomamos lo que viene de Dios? ¿Podremos constituirnos en jueces de nuestra propia causa? Seríamos malos jueces, parciales seguramente.

De todas maneras, sabemos muy bien que sólo Dios nos pastorea; de él dependemos y a él nos sometemos y él nos da fuerzas para todo. Podemos ser los mejores ciudadanos, los mejores cumplidores de las leyes humanas, porque nuestra vida no depende del cumplimiento de leyes sino del Señor dador de todo bien. En el Señor toda carga es llevadera.

Por tanto, si somos buenas ovejas siempre encontraremos la enseñanza y la dirección de Dios, a pesar de todos los pesares. Él se valdrá de todo y de todos para llegar a sus hijos, siempre y oportunamente. Dios siempre llega a quien lo busca sinceramente porque su amor es lo absoluto y lo definitivo.

Y eso no depende sino de él. Es lo que más le gusta, y esa parte nadie se la quitará. Nosotros nos cobijamos a la sombra de sus alas y gozamos de su protección. “Gustad y ved qué bueno es el Señor”.

Al final, concluiremos que nuestra felicidad sólo depende de Dios y de nosotros mismos. Nadie puede interferirse. Nada ni nadie nos puede arrebatar la paz que el Señor nos da.

No podemos decir: “si nos dejan”, cuando aspiramos a la felicidad; o “que nos dejen en paz”, cuando nos corrigen. En el interior del hombre habita la Verdad.

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ORACIÓN DEL SALMISTA PARA “TU HOY”

No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal: Se secarán pronto, como la hierba, como el césped verde se agostarán.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará: Hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía.

Descansa en el Señor y espera en él, no te exasperes por el hombre que triunfa empleando la intriga: cohíbe la ira, reprime el coraje, no te exasperes, no sea que obres mal; porque los que obran mal son excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre (Salmo 36).

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De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia.

Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente.

El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno.

Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica.

Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a él. Es un indigno suplicante quien pide para sí lo que niega a otro.

Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.

En consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.

Recobremos con ayunos lo que perdimos por el desprecio; inmolemos nuestras almas con ayunos, porque no hay nada mejor que podamos ofrecer a Dios, de acuerdo con lo que el profeta dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

Hombre, ofrece a Dios tu alma, y ofrece la oblación del ayuno, para que sea una hostia pura, un sacrificio santo, una víctima viviente, provechosa para ti y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios no tendrá excusa, porque no hay nadie que no se posea a sí mismo para darse.

Mas, para que estas ofrendas sean aceptadas, tiene que venir después la misericordia; el ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza: lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno.

Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno.

Tú que ayunas, piensa que tu campo queda en ayunas si ayuna tu misericordia; lo que siembras en misericordia, eso mismo rebosará en tu granero.

Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir, al dar al pobre, te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro no lo tendrás tampoco para ti.

(Sermón 43: PL 52, 320, 322)

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HIMNO

Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte. Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede, que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo, ¡tantos me dicen que estás muerto! Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo. Amén

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Fundación de la primera comunidad de agustinos recoletos en Cuba: Testimonios.

febrero 26, 2018

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Los cuatro religiosos integrantes de la comunidad, de izquierda a derecha: Ismael, Noé, Joel y Jairo

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Se ofrecieron voluntarios para formar parte de la primera misión de los Agustinos Recoletos en Cuba.

Por distintos motivos, han sentido que Dios les llamaba para ayudar a la Iglesia y a la Orden en esta labor. He aquí su motivación y testimonio.

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En agosto de 2017, el Prior General de Agustinos Recoletos, Miguel Miró, anunció que la Orden comenzaría una misión interprovincial en Cuba y pidió frailes voluntarios para formar parte de la primera comunidad de agustinos recoletos en el país. Tras recibir el ofrecimiento de una veintena de agustinos recoletos, el Prior General anunció los cuatro miembros que comenzarían la andadura de la Orden en la isla.

Jairo Gordillo, Joel Naranja, Ismael Xuruc y Noé Servín fueron los designados por Miguel Miró para la expansión de los Agustinos Recoletos en Cuba. Los cuatros tienen diferentes historias y distintos motivos por los cuales decidieron ofrecerse para viajar a Cuba. Todos coinciden en su deseo de responder a Dios ayudando a la Iglesia y a la Orden en esta labor.

“Qué orgullo poder servir a Dios ahora que más lo necesita”

A Jairo Gordillo, colombiano y agustino recoleto desde 1991, le gusta “asumir retos con la confianza de que es Dios quien los inspira y los sostiene”. Se considera una persona serena, tranquila e introvertido. Ha recorrido la mayoría de los ministerios de la Orden. El último de ellos: fue consejero general de pastoral ministerial y misional desde 2011 hasta el Capítulo General de 2016.

“Esa visión panorámica de la Orden me ayudó a querer cada vez más a mi familia agustino recoleta, a admirar la vida y obra de tantos hermanos nuestros”, afirma. Cuando recibió el mensaje del Prior General pidiendo voluntarios para la misión de Cuba, Jairo Gordillo se planteó: “¿cómo no apoyar semejante proyecto de revitalización en una país sediento de Dios”.

Ahora, pretende entregarse plenamente a la labor: “Voy dispuesto a acompañar muy de cerca a esos fieles cristianos, a entregar una porción de mi vida a esa nueva misión encomendada a mi familia agustino-recoleta”. “Qué orgullo poder servirle ahora que más lo necesita”, sentencia.

“Vamos a Cuba por la Orden, por la Iglesia y por Dios”

Para Joel Naranja, filipino, el reto de acudir a Cuba es aún más grande si cabe. “Hablo un español muy pobre y el país está muy lejos de Filipinas”. Por eso pensó que ofrecerse voluntario para formar parte de esta misión no era la mejor idea. No obstante, fue el Prior provincial de San Ezequiel Moreno, Dionisio Selma, quien le invitó a ofrecerse al Prior General.

“El 5 de diciembre, día de la Orden, el Prior provincial me llamó y me dijo que me lo pensara”, indica. Sintió entonces que la Iglesia y la Orden le estaban llamando. “Tenía que ser generoso con esa llamada”, cuenta.

Ante el reto, Joel tiene su visión: “Empezar una nueva misión significa estar siempre abiertos a las realidades de cada situación y a la inspiración del Espíritu Santo pero siempre conservando quiénes somos”. Su ofrecimiento y su viaje a Cuba tiene una motivación: “Hacemos esto por la Orden, por la Iglesia y por Dios”.

“Quiero ser agustino recoleto donde Dios quiera”

Ismael Xuruc siempre busca dar lo mejor de sí mismo en todo lo que hace, según se define. Nacido en Totonicapán (Guatemala), se alejó de la Iglesia y dejó de estudiar durante su juventud. “Nada me daba la felicidad ni el sentido de mi vida, por lo que decidí volver”, confiesa. Se planteó una pregunta: ¿Qué voy a hacer con mi vida? Así, respondió con otra pregunta dirigida hacia Dios: ¿Qué quieres de mí?

Así se hizo agustino recoleto en 2004. Desde entonces, afirma que siempre ha querido ser misionero. “Siempre he escuchado con agrado y anhelo a los misioneros cuando relatan su experiencia”, dice. Por eso, cuando el Prior General pidió voluntarios para Cuba, no se lo pensó. “Sentía por dentro que podría hacerlo, que podía dar más, que Dios me pedía más”, expone.

En ese momento y hasta ahora, Ismael dirigió a Dios su promesa: “Quiero ser agustino recoleto donde tú quieras y me necesites, junto a mis hermanos que amamos el carisma que nos has regalado para seguir a tu Hijo y anunciar tu Reino siendo cada vez más santos”.

“Voy siguiendo la voz que me llama y me pide una respuesta”

Noé Servín nació en el estado mexicano de Guanajuato. Su familia realizó un gran esfuerzo para que pudiera estudiar en la universidad. Una vez que concluyó su titulación, ingresó en el postulantado San Agustín de la Ciudad de México. Así se hizo agustino recoleto.

Tras haber realizado la labor pastoral en la Ciudad de los Niños de Costa Rica, decidió responder al llamamiento del Prior General con el objetivo de “colaborar en el proceso de evangelización de un pueblo que tal vez ha estado golpeado por las circunstancias”. “Como religioso -explica-, siento que debo anunciar que Dios está presente a lo largo de la historia de todos los pueblos. Voy siguiendo la voz que me llama y me pide una respuesta”.

Sus expectativas están puestas en “anunciar el Evangelio y buscar una vivencia de vida agustino-recoleta en un ambiente que exige compromiso, oración y confianza en Dios”. “Voy a una tierra que no conozco pero que Él sí conoce y sé que me llama a amarla como Él la ama”.

http://www.agustinosrecoletos.com/testimonio-primera-comunidad-agustinos-recoletos-cuba/


Maná y Vivencias Cuaresmales (13), 26.2.18

febrero 26, 2018

Lunes de la 2ª semana de Cuaresma

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Señor, no nos trates, como merecen nuestros pecados

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Antífona de entrada: Salmo 25, 11-12

Líbrame, Señor, y concédeme tu gracia. Mis pies están firmes sobre el camino llano, y en la asamblea bendeciré al Señor.


Oración colecta

Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Daniel 9, 4b-10

Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos. Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes.

Tú, Señor, tienes razón, a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los habitantes de Jerusalén, a judíos e israelitas, cercanos y lejanos, en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.

Pero, aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por sus siervos, los profetas.

SALMO 78, 8.9.11.13

Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63. 68

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna.

EVANGELIO: Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Antífona de Comunión: Lucas 6, 36

Dice el Señor: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Ante Dios en espíritu y verdad

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13. LUNES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

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TEXTO ILUMINADOR: Señor, para ti la justicia, para nosotros, la cara llena de vergüenza.

La finalidad de la penitencia y de las privaciones corporales es educar el espíritu para buscar a Dios y disciplinarlo para que actúe más ágilmente en la procura del bien; con mayor presteza y decisión. Por eso hoy, en la oración colecta, pedimos: Ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley.

El mal nos atrae y hasta llega a seducirnos porque se nos presenta bajo la apariencia de bien y como algo gratificante. Por lo general, en la tentación se nos propone una doble mentira existencial: la simulación de lo que no somos, y la disimulación de lo que realmente somos, tanto ante Dios como ante los hombres. El diablo, padre de la mentira, nos invita a imitarle en su desobediencia y elección del camino fácil y placentero.

De hecho, desde niño el hombre se siente inclinado al mal y le fascina la curiosidad por probarlo todo, en especial lo prohibido. Desea casi de manera irresistible ser adulto, no depender de nadie para indagar libremente y curiosear cuanto le apetezca, al margen de la ley, e incluso a espaldas de Dios o contra sus mandamientos.

Por eso, en la oración colecta, pedimos el cumplimiento filial de la santa ley de Dios. Cumplimiento no servil, sino en libertad y amor como corresponde a los hijos de Dios. La ley de Dios es santa y sagrada: porque expresa el infinito amor de Dios hacia nosotros, pensada desde toda la eternidad, manifestada ahora en la plenitud de los tiempos por Cristo mismo y cumplida en forma perfecta y suficiente por él.

Justamente la primera lectura de hoy expresa la gran sinceridad que la Cuaresma exige de nosotros. Debemos cultivar la honestidad para con Dios. Nada de actitudes turbias o ambiguas. A nosotros, limitados y pecadores, nos corresponde la ignorancia, la vergüenza, el pecado, la fragilidad. A Dios le corresponde la sabiduría, la santidad, la justicia y el poder.

Medita esta magnífica página de la Escritura, tomada del capítulo 9 del libro de Daniel:

“Señor, Dios grande y terrible, que mantienes la alianza y eres fiel con aquellos que te aman y cumplen tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, somos reos de incontables delitos; hemos sido perversos y rebeldes y nos hemos apartado de tus mandatos y preceptos. No hemos hecho caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros antepasados y a todo nuestro pueblo. Tú, Señor, eres justo; nosotros, en cambio, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, nos sentimos hoy avergonzados… porque hemos pecado contra ti. Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y clemente”.

Al final, Daniel resume su oración así: “¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Atiende, Señor, y actúa sin tardanza! Hazlo en defensa de tu honor, pues tu ciudad y tu pueblo están consagrados a tu nombre” (9, 19).

Pedimos perdón a Dios por no usar con los demás, la medida que él usa con nosotros. Se nos cae la cara de vergüenza, pero Dios comprende, pues sabe que somos de barro. Por eso nos atrevemos a pedirle que tenga paciencia con nosotros y nos dé capacidad para comprender, generosidad para excusar, compasión para no juzgar, incluso para orar por los enemigos y bendecirlos sinceramente.

Comprender al hermano débil y pecador, excusarlo y perdonarlo: odiando el pecado que hace, pero amándolo como imagen de Dios que es, y por tanto capaz de convertirse y de corresponder a la gracia divina.

Hay que odiar los comportamientos pecaminosos pero sin identificar al pecador con sus propias debilidades. Condenar equivale a juntar al pecador con su pecado sin darle la oportunidad de separarse de él, de cambiar y de arrepentirse. Ahí radica la maldad.

Por tanto, no deberíamos decir que una persona “es” mala, sino que “tiene” comportamientos malos. Es decir, nos resistimos a pensar que está totalmente empecatada o pervertida, y a la vez queremos creer que, más o menos habitualmente, se comporta de manera defectuosa, pero sin sentirse identificada con ese mal que ciertamente hace o realiza, pero que en el fondo no lo quiere, lo rechaza.

En muchos casos, la persona que peca lamenta profundamente lo que hace, pero apenas se siente con fuerza para obrar de manera distinta. Por lo general, ¡qué más querría uno no haber cometido tal falta, tal error; qué más querría uno que ser o sentirse diferente, pero no puede, no acierta, no sabe! Él quizás es el que más sufre por actuar así, el que más lamenta lo sucedido.

Por eso, aprendamos, sobre todo en la Cuaresma, a ser muy indulgentes con los demás, y un poco más exigentes con nosotros mismos. Por ahí vamos caminando hacia la perfección: Acusarse a sí mismo y excusar a los demás.

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PREFACIO DE CUARESMA I

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.

Por él concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

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RECORDATORIO

Permítanme recordarles, estimados hermanos y hermanas, que estas Vivencias Cuaresmales pretenden ayudar a las personas interesadas en su crecimiento espiritual a que hagan durante la Cuaresma litúrgica una especie de retiro espiritual dedicando un tiempo, día a día, a la oración personal, a la lectura de la Palabra, al diálogo y dirección espiritual, y a la práctica sacramental y de las buenas obras, según el estado de vida de cada persona.

Esa es nuestra intención y deseo sincero, y también nuestra sentida y perseverante oración. Porque el Señor dice: ¿Acaso quiero yo la muerte del pecador? Que el Señor se nos muestre con toda su misercordia. Amén.

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Maná y Vivencias Cuaresmales (12), 25.2.18

febrero 24, 2018

Domingo II de Cuaresma, Ciclo B

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Desde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”

Desde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”

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Antífona de Entrada: Salmo 26, 8.9

Mi corazón sabe que dijiste: buscad mi rostro. Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.


Oración colecta

Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestra espíritu con tu palabra; así con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Génesis 22, 1-2.9-13.15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: «¡Abrahán!»

Él respondió: «Aquí me tienes.»

Dios le dijo: «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña.

Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo «¡Abrahán, Abrahán!»

Él contestó: «Aquí me tienes.»

El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.»

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: «Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»


SALMO 115, 10.15.16-17.18-19

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Tenía fe, aun cuando dije: «¡Qué desgraciado soy!» Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.


SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 31b-34

Hermanos:

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?


Aclamación antes del Evangelio: Mateo 17, 15

Desde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”.


EVANGELIO: Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».


Antífona de comunión: Mateo 17, 5

Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle.


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VIVENCIAS CUARESMALES

La Transfiguración del Señor



12. SEGUNDO DOMINGO

DE CUARESMA CICLO B

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TEXTO ILUMINADOR: Una voz desde la nube decía: “Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo”.

Dios nos llamó para destinarnos a ser santos, no en consideración a lo bueno que hubiéramos hecho nosotros, sino porque ese fue su propósito. Esa fue la gracia de Dios que nos concedió en Cristo Jesús desde la eternidad y que llevó a efecto con la aparición de Jesucristo, nuestro Salvador. Él destruyó la muerte e hizo resplandecer la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

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ORACIÓN COLECTA:
Señor, Padre Santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu Palabra; así, con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro.

Esta oración se inspira en el relato evangélico de hoy: El Padre nos manda escuchar a su Hijo, la Palabra en persona. Por tanto, en la Cuaresma hay que escuchar más asiduamente la palabra de Dios, alimentar nuestro espíritu, dejando otras lecturas y distracciones que frecuentamos. La palabra de Dios limpia el ojo interior, inspira buenas ideas, inclina hacia el bien, ahoga el mal, nos hace arder el corazón en deseos del bien, despierta y renueva dentro de nosotros lo mejor que Dios ha sembrado… Nos hace semejantes al Verbo, fuente de la sabiduría, y limpia nuestros ojos para contemplar el rostro de Dios.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que habéis escuchado… El que me ve a mí, ve al Padre. La fe de Abrahán en el Dios veraz le impulsa a salir de la tierra, a ponerse en camino “hacia donde no sabía”; no hay un lugar concreto a donde ir, pues, la fe es dependencia absoluta y permanente respecto de Dios; caminar siempre sin llegar nunca a un lugar para estar, para descansar; pues nuestro descanso no puede situarse en nada que no sea Dios mismo.

El Dios de la alianza le promete a Abrahán descendencia, le da “el hijo de la promesa” y luego se lo pide, le manda que se lo sacrifique. Humanamente, es una contradicción, algo absurdo. Abrahán debe preferir la lógica de la fe. Dios sabrá lo que hace. Dios “provee”. Abrahán lo pierde todo, menos su absoluta confianza en Dios, el único bueno y fiel. Renuncia a todo, y por ese desprendimiento lo consigue todo. Dios le devuelve al hijo y con él todas las bendiciones.

Aplicación a nuestra vida, moraleja: en realidad, sólo tenemos seguro aquello que hemos entregado a Dios. Sólo tenemos y poseemos aquello que tenemos depositado en Dios. Es decir, lo que amamos en Dios y por Dios, y tal como él lo ama.

El Padre nos manda una sola cosa: escuchar a Jesús, imitar su vida. Por la negación de sí mismo a la gloria perfecta, por la pasión a la resurrección. Pero, desde otra perspectiva, Cristo ya pagó por nosotros. Su victoria nos pertenece. Ahora todos nosotros podemos pedir al Dios compasivo, con la confianza de hijos amados, todo tipo de curaciones y milagros. Podemos pedirle que nos libre del dolor y de la enfermedad, si nos conviene y es para su gloria.

Tenemos absoluta confianza en Dios por medio de su Hijo que nos dado un espíritu filial. Todo es posible para Dios. Lo único necesario es la gloria de Dios, que sea glorificado en nuestra existencia, sea en vida, sea en muerte. Sólo importa la gloria de Dios, que sea bendecido. Si eso se realiza a través de milagros y portentos, que así sea, aunque me cueste creerlo.

Porque resulta curioso que la gloria de Dios consiste en que el hombre viva plenamente: en que todo hombre experimente aquello mismo que hizo exclamar a Pedro “¡Qué bien se está aquí!”.

Para ser anegado del esplendor de Cristo hace falta traspasar las apariencias del Jesús histórico, para entendernos. Es decir, hay que pasar al Cristo de la fe. Y eso sólo se puede realizar plenamente con la resurrección del Señor. Por eso Jesús les advierte que no hablen de esa experiencia hasta que él haya resucitado de entre los muertos. Cuando sea constituido Señor y Salvador podrá enviar a raudales el Espíritu sobre los apóstoles conduciéndolos a la verdad plena.

Pero para todo bautizado ya está todo realizado en Cristo de manera perfecta y ejemplar. La Cuaresma y la Pascua se implican mutuamente, pues no se pueden separar la Muerte y la Resurrección del Señor.

Por eso, todos nosotros debemos experimentar lo mismo que Pedro, aun en medio de la Cuaresma: Lo creo, Señor, pero aumenta mi fe. Antes te conocía de oídas, pero ahora te están viendo mis ojos, te estoy sintiendo en mi corazón.

La transfiguración es una experiencia que capacita pedagógicamente a los discípulos para afrontar el dolor y la pasión con valentía y con gozo, de manera plenamente salvífica. Pero no hay que determinar de manera matemática el antes y el después del dolor y de los consuelos divinos, pues lo que Dios da lo da para siempre. La experiencia de Pedro persiste aunque baje de la montaña. La experiencia de Dios permanece en nosotros aunque salgamos del templo, aunque dejemos la oración contemplativa, aunque nos invadan las pruebas y la oscuridad o viscosidad de la propia existencia. La paz del Señor, que el mundo no puede dar, nos acompaña siempre.

Para conseguir esa vida nueva, gozosa y permanente, hay que morir a la ley del merecimiento, de lo debido… para pasar al amor, a la libertad, a la gratuidad, al compartir el gozo, no caprichoso ni arbitrario, pero sí maravilloso y nupcial de Dios desposado con la humanidad, con cada uno de nosotros, sus hijos.

Mirad que hago nuevas todas las cosas. Lo anterior pasó, llegaron los últimos tiempos, los del Esposo. El desierto está brotando. ¿Es que no lo notan?”.

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Oración sugerida: Señor, ten paciencia conmigo y enséñame; da gloria a tu nombre y transfigúrame. Es preciso que tú crezcas y que yo disminuya. ¿Adónde iría, Señor, lejos de ti? Estoy dispuesto a todo. Mi vida será gozarme en ti. Pues tú eres digno de toda bendición. Amén.

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Para tu reflexión y oración reproduzco el texto de Filipenses. Pablo exhorta a los hermanos a que se mantengan firmes en el Señor:

“Pues como ya os advertí muchas veces, y ahora tengo que recordároslo con lágrimas en los ojos, muchos de los que están entre vosotros son enemigos de la cruz de Cristo. Su paradero es la perdición; su dios, el vientre; se enorgullecen de lo que debería avergonzarlos y sólo piensan en las cosas de la tierra. Nosotros, en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos, de donde esperamos como salvador a Jesucristo, el Señor. Él transformará nuestro mísero cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter todas las cosas” (Flp 3, 18-21).

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Himno de espiritualidad cuaresmal

Llorando los pecados tu pueblo está, Señor. Vuélvenos tu mirada y danos el perdón.

La Cuaresma es combate; las armas: oración, limosnas y vigilias por el reino de Dios.

“Convertid vuestra vida, volved a vuestro Dios, y volveré a vosotros”, esto dice el Señor.

Tus palabras de vida nos llevan hacia ti. Los días cuaresmales nos las hacen sentir. Amén.

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Durante toda la Cuaresma, pero hoy de manera especial por ser el Día del Señor, podemos y debemos exclamar con Pedro: ¡Qué bien se está aquí! Pues si tenemos a Dios, ¿qué nos falta? Comenzamos a decirlo con verdad aquí en la tierra, como peregrinos. Y resultará beneficioso y gratificante ejercitarnos en esa percepción de fe y experiencia del amor de Dios. Un día esperamos decirlo con gozo y para siempre, en la gloria, con nuestros hermanos, con los ángeles y con los santos: ¡Qué bien se está aquí!

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Maná y Vivencias Cuaresmales (11), 24.2.18

febrero 24, 2018

Sábado de la 1ª semana de Cuaresma

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Si amáis sólo a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis?

Si amáis sólo a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis?

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Antífona de entrada: Salmo 18, 8

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple.


Oración colecta

Dios, Padre eterno, vuelve hacia ti nuestros corazones, para que, consagrados a tu servicio, no busquemos sino a ti, lo único necesario, y nos entreguemos a la práctica de las obras de misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.



PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 26, 16-19

Moisés habló al pueblo diciendo: Hoy el Señor, tu Dios, te ordena practicar estos preceptos y estas leyes. Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy tú le has hecho declarar al Señor que él será tu Dios, y que tú, por tu parte, seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus leyes, y escucharás su voz.

Y el Señor hoy te ha hecho declarar que tú serás el pueblo de su propiedad exclusiva, como él te lo ha prometido, y que tú observarás todos sus mandamientos; que te hará superior –en estima, en renombre y en gloria– a todas las naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor, tu Dios, como él te lo ha prometido.


SALMO 118, 1-2. 4-5. 7-8

¡Felices los que siguen la ley del Señor!

Felices los que van por un camino intachable, los que siguen la ley del Señor. Felices los que cumplen sus prescripciones y lo buscan de todo corazón.

Tú promulgaste tus mandamientos para que se cumplieran íntegramente. ¡Ojalá yo me mantenga firme en la observancia de tus preceptos!

Te alabaré con un corazón recto, cuando aprenda tus justas decisiones. Quiero cumplir fielmente tus preceptos: no me abandones del todo.


Aclamación antes del Evangelio: Amós 5, 14

Buscad el bien, y no el mal, para que tengáis vida; y así el Señor de los ejércitos estará con vosotros como lo decís.


EVANGELIO: Mateo 5, 43-48

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”.


Antífona de comunión: Mateo 5, 48

Dice el Señor: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en los Cielos”.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Tocar a los hermanos para comprender y amar

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11. SÁBADO

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

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TEXTO ILUMINADOR: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen.

En el Antiguo Testamento, Dios hace alianza con su pueblo: “Yo te protegeré, seré tu Dios, y tú serás mi pueblo, mi pueblo fiel que cumple mis mandatos”. Esos mandatos se resumen en imitar a Dios mismo: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Esa perfección es el amor sin límites, sin dejarse vencer por el mal, amando incluso al enemigo. Practicar un amor así constituye como el distintivo de los hijos de Dios.

Esta práctica no sólo es difícil sino que es imposible para el hombre, abandonado a sus propias fuerzas. Es imposible sin la gracia de Dios, pero Dios da esa gracia a todos porque así es él, y a nadie reconoce como hijo a no ser que se le parezca a él por la práctica del amor y del perdón.

Sólo el amor libera y salva, sólo el amor permanece porque Dios es amor, como enseña san Juan.

En la oración colecta de la misa de hoy pedimos que “nos entreguemos a la práctica de las obras de misericordia”. El amor verdadero, es decir el amor que recibimos de Dios mismo, se manifiesta necesariamente en el perdón y la misericordia hacia los hermanos. En eso se le reconoce que procede de Dios y no de nosotros mismos o del mal espíritu.

Aunque el perdón es principalmente don de Dios, también es un aprendizaje en el que debemos ejercitarnos siempre, pero especialmente en el tiempo de Cuaresma, secundando la gracia de Dios, por supuesto.

Por eso, vamos a ofrecer en este día unas consideraciones sobre el perdón. Entendemos que perdonar y vivir reconciliados no es tanto el resultado de un acto voluntarista y casual, cuanto fruto de un esfuerzo procesual y progresivo. Perdonar supone un proceso, una secuencia existencial y espiritual.

A continuación voy a describir ese proceso. Señalaré unos pasos progresivos para alcanzar el más completo perdón hacia las personas que nos han ofendido.

La meta será poder amarlas de verdad, como Dios las ama. Ojalá podamos incluso dar gloria a Dios por todo lo que él permitió que nos sucediera. En el proceso del perdón distinguimos hasta diez pasos graduales, que describo a continuación:

El primer paso consiste en romper el tifón que nos domina y nos hace recordar obsesivamente el mal que nos han causado. Es preciso desviar la atención de “mi” herida, para mirar hacia fuera y salir. Debo pensar: mi problema no es lo más importante del mundo. No tengo por qué recordar, revivir y menos contar a otros lo que pasó. ¿Para qué martirizarme con ello?

En segundo lugar, es preciso renovar la memoria para fijar nuestra atención, no ya en el mal que me han ocasionado, sino en todo lo bueno que esa persona, ahora enemiga, nos proporcionó en el pasado o en el presente no tan inmediato. Hay que ser más objetivos, más justos. Tratar de ver o de descubrir la otra parte… la parte buena. En fin, valorar las obras buenas.

Un paso más, tercero: consiste en tratar de comprender o entender al que nos ofendió. Acercarnos a las motivaciones reales de aquel que nos ofendió. Solemos reconocer que apenas nos conocemos a nosotros mismos, y ¿pretendemos conocer el mundo interno de los demás? ¿Qué grado de libertad y, por tanto de culpabilidad, tendrán los demás en sus comportamientos?

Seguro que tu hermano, a quien ves ahora como enemigo o por lo menos adversario, no es tan malvado como tú piensas: nadie es malo gratuitamente, sin motivo.

A lo mejor con su comportamiento pretendía defenderse, autoafirmarse, realizarse en la vida… Quizás es él, precisamente, el que más sufre por ser así o haberse portado así contigo. Quizás se equivocó, no se dio cuenta… ¿Qué no daría por borrar totalmente lo que hizo o pensó hacer? Si consiguiéramos comprender al otro, quizás no tendríamos que perdonarlo.

En cuarto lugar, es preciso suspender todo juicio condenatorio. Primero, porque no podemos calibrar bien su culpabilidad; y segundo, porque el juicio pertenece a Dios. Él es el único dueño de nuestro prójimo y por tanto el más ofendido.

Nosotros ¿qué derechos tenemos sobre él? ¿Qué hemos hecho por él, qué nos debe, qué nos cuesta su vida? Si nuestro hermano no es nuestro, tampoco nos pertenece el juicio. Éste le corresponde a Dios.

Quinto: Debemos ser muy prudentes y respetuosos en las relaciones con los demás, porque no podemos saber si somos mejores o peores que los otros. Pues no sabemos lo que ellos han recibido.

Quizás, en su caso, tú hubieras hecho lo mismo que tu prójimo. Si él hubiera recibido lo que has recibido tú, ¿qué habría sido en la vida, cuáles serían sus comportamientos?

Por consiguiente, en sexto lugar, no podemos ser muy exigentes con los demás, pues podríamos ser injustos exigiéndoles demasiado, y provocando en ellos el desánimo y hasta la desesperación.

Es mejor echarlo todo a la mejor parte, por principio y de manera sistemática. Piensa bien de tu prójimo, y aun lo mejor, y así, al menos no pecarás. No parece que sea muy evangélico el dicho: Piensa mal y acertarás, ojo. Podríamos ensayar otra actitud: Piensa bien, y al menos no pecarás.

No tenemos que llevar cuenta de los demás. Menos mal. Eso pertenece a Dios. Ya tenemos bastante con llevar cuenta de nosotros mismos, con tratar de aprender en todo, con atender al propio crecimiento espiritual.

Séptimo: Hay que pasar del “acusar” a los demás al “acusarse” a sí mismo: y del “excusarse” a sí mismo al “excusar siempre” a los demás. Esta práctica nos llevará por el camino de la verdad, de la plenitud y de la felicidad. Esto no significa indiferencia, sino dejar a Dios ser Dios, y amar, en verdad y de verdad, al hermano: es decir, amarlo en Dios su Hacedor y su Dueño.

En octavo lugar, tratar de verlo todo desde la fe: nadie nos ha ofendido, sino que Dios lo ha permitido para nuestro bien. El último responsable es él. Por supuesto que Dios no quiere que nos ofendan, pero permite que el hombre, que es libre, cometa el mal.

Sin embargo, no nos deja solos ante el mal, sino que Dios está siempre dispuesto a ayudarnos para que saquemos bien hasta del mal. Ahí está su grandeza.

Por otro lado, la trampa en la que caemos con suma frecuencia es ver las cosas, únicamente, de tejas abajo: quedarnos en las mediaciones como si fueran causas únicas y definitivas; y comenzamos a buscar culpables y a defendernos.

En eso nos equivocamos y nos enredamos, pues nada ni nadie manda en nuestra vida de manera absoluta, en todo caso influyen. Nada ni nadie nos gobierna, todo es providencia de Dios. Él gobierna el mundo. El hombre espiritual recurre siempre a Dios preguntándole acerca de todo cuanto acontece, y esperando sus explicaciones.

Porque Dios es nuestro único dueño. Pues ni el azar ni la casualidad cuentan, ni siquiera la malevolencia humana puede dañarnos. Nada ni nadie nos pueden hacer infelices. Nuestra felicidad depende sólo de Dios y de nosotros. De lo contrario seríamos marionetas, no seríamos libres.

Por tanto, nadie puede quitarnos la felicidad ni la paz. Como creyentes creemos que Dios lo ordena y dispone todo para nuestro bien y aprovechamiento, incluso las ofensas que recibimos de los demás y las injusticias. Por eso, en todo debemos salir airosos. Pues ¿quién nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?

Por tanto, noveno, debemos intentar renunciar de una vez por todas a que nos hagan justicia los humanos, a que se aclaren las cosas, a que reconozcan nuestra inocencia, a que nos devuelvan el aprecio y el honor…

Es decir, debemos tratar de no condicionar nuestra felicidad personal a que los otros cambien. Eso no depende de nosotros. Renunciar de una vez por todas a cambiar a los demás como condición para alcanzar nosotros la felicidad; renunciar, y respirar hondo, liberarse de esa pesadilla, de una vez por todas, y dejarlo todo en manos de Dios.

De inmediato darle gracias a Dios que nos permite poder perdonar, o, por lo menos, desearlo de corazón… dando nuestro brazo a torcer, doblegando nuestra cerviz, sometiendo nuestro amor propio y afán de venganza… para que triunfe la voluntad de Dios que nos manda perdonar. Y nos lo manda por nuestro bien. Sólo así le permitimos a él darnos su perdón y la felicidad eterna.

Finalmente, décimo, bendecir a Dios porque permitió que todo eso sucediera, y porque nos ha ayudado a transformar el mal en bien. Rezar por la persona que nos ofendió y pedirle a Dios que la comprenda, que no le tenga en cuenta su pecado, que la bendiga y le conceda todo lo que le pueda hacer feliz.

Más todavía: dejarle a Dios ser Dios, y que se porte con ella conforme a su gran misericordia, siendo con ella más misericordioso, incluso más generoso que como lo hace con nosotros mismos, si es que nos podemos expresar así. Alegrarnos de que Dios se alegre por el perdón y la felicidad derrochados con el hijo pródigo.

En fin, no ver con malos ojos que Dios sea bueno y hasta ingenuo, según nuestras apreciaciones, con el pecador. Intentar comprender los comportamientos misericordiosos de Dios. Él sí se fía de verdad, porque él es Dios no hombre: sus pensamientos son infinitamente superiores a los nuestros.

Es decir, dejarnos inundar del amor infinito de Dios para gustar de la presencia de Dios que todo lo abarca llenándolo de vida y de bendición para sus hijos amados en su bendito Hijo Jesús, el primogénito entre muchos hermanos.

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Texto iluminador

Ustedes deben rezar así: Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Porque si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, el Padre tampoco los perdonará a ustedes (Mt. 6, 8-15).

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Estimado hermano, hermana: Ahora puedes hacer algún ejercicio de perdón, valiéndote de los puntos anteriormente expuestos. Merece la pena intentarlo en Cuaresma.

Puedes pensar en alguna persona que te haya ofendido en la vida. Puedes recordar cómo te has sentido despreciado por otras personas, sobre todo, familiares o amigos. Anímate a perdonar y a olvidar para siempre, renunciando a guardar la ofensa dentro de ti.

Dios te conceda poder respirar a pleno pulmón, dejando libre a tu ofensor, y abandonando en manos del Señor tus recuerdos dolorosos. Que te permita vivir más reconciliado durante esta Cuaresma.

Como es gracia de Dios, permanecemos orando para que él se apiade de nosotros y nos conceda vida en abundancia: la reconciliación con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Es decir, la paz del corazón. La plenitud de vida. Nada es imposible para Dios. Y todo es posible para el que cree.

Ánimo, hermano, hermana, pon algo de tu parte, y experimentarás cuán bueno es el Señor que desea lo mejor para ti. Feliz día y feliz Cuaresma. Dios te bendiga. Amén.

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Maná y Vivencias Cuaresmales (10), 23.2.18

febrero 23, 2018

Viernes de la 1ª semana de Cuaresma


perdon

La misericordia y el perdón vienen de Dios



Antífona de entrada: Salmo 24, 17-18

Sálvame, Señor, de todas mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados.


PRIMERA LECTURA: Ezequiel 18,21-28

Así dice el Señor Dios:

«Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá.

¿Acaso quiero yo la muerte del malvado –oráculo del Señor–, y no que se convierta de su conducta y que viva?

Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá.

Comentáis: “No es justo el proceder del Señor.” Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.

Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»


SALMO 129, 1-2.3-4.5-7a.7bc-8

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.


Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 18, 31

Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.


EVANGELIO: Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»


Antífona de comunión: Ezequiel 33, 11

Tan cierto como que vivo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.


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VIVENCIAS CUARESMALES

La Santísima Trinidad y la Pasión y Muerte del Señor

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10. VIERNES

PRIMERA SEMANA DE CUAREMA

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TEXTO ILUMINADOR:
Dios quiere que el pecador se convierta y viva.

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TEMA: Reconciliación con Dios y con el hermano.

Dios es amor y no puede negarse a sí mismo. Él hizo todo para que exista y es principio de vida, de toda vida. Nosotros recibimos la bendición de Dios, cuando su Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos bien amados del Padre e hijos coherederos en el Hijo.

Todo es gracia, no merecimiento propio. La única paga que se nos pide por ello es imitar la liberalidad de Dios, portándonos con los demás como Dios se portó con nosotros, perdonándonos mutuamente como Dios nos perdonó en Cristo.

Es la única condición que pone Dios, no caprichosamente sino como ley de vida y fidelidad a su propio ser. Lo contrario sería negarse a sí mismo.

El texto bíblico es Mt. 5, 20-26: “Por eso cuando presentes una ofrenda ante el altar, si recuerdas que tu hermano tiene una queja contra ti, deja allí tu ofrenda junto al altar, anda primero a hacer las paces con tu hermano y entonces vuelve a presentarla”.

Por eso la conversión de la Cuaresma no puede concluir sin haber hecho una sincera y sentida confesión sacramental que se prolongue en un talante de vida reconciliada.

Vivir reconciliado implica: recibir el amor de Dios y transmitirlo a toda la creación, amando a discreción a todos, dando vida y festejando todo lo bueno, olvidando todo lo malo, ahogando el mal a fuerza de bien.

El que ama, ora necesariamente por el hermano; y la oración del hermano reconciliado o justo tiene mucho poder delante de Dios porque eleva las manos limpias de sangre, y sólo los limpios de corazón pueden ver a Dios.

Nada impuro puede ver a Dios, porque el que no perdona camina en tinieblas, vive en la oscuridad y permanece maniatado en la cárcel.

“No saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo”. Hasta que tú mismo quieras salir aceptando el amor de Dios y su perdón para ti, en primer lugar; y así, capacitándote para darlo en consecuencia a los demás…

A la hora de pedir perdón, no debemos mirar quién comenzó, quién ofendió primero para que sea él quien se adelante a pedir perdón. El que más ama es el que se adelanta a pedir perdón porque la enemistad daña al reino de Dios, venga de donde viniere. Todos somos solidarios en el bien y en el mal.

Por tu parte, que no quede el pedir perdón, pues el reino está cerca; si no te escucha tu hermano o se endurece en su aversión, sigue perdonando y devolviendo bien por mal; así amontonarás ascuas sobre su cabeza y su conciencia hasta que le llegue la hora del perdón y de la paz.

Por eso, hermano, junto con el vivir reconciliado, pide por la conversión de los pecadores.

En la Cuaresma, toda la Iglesia, como madre próvida, sufre por sus hijos que se han olvidado de su bautismo y caminan en la confusión y el pecado.

La Iglesia clama, hasta con lágrimas, día y noche para que los pecadores se conviertan del mal camino. Ellos se han apartado de la familia de la fe, sufren y hacen sufrir necesariamente a los demás, y se pueden perder para siempre si no cambian.

Estimado hermano, en este viernes de Cuaresma te ofrezco una consideración de la pasión del Señor. Muchos fieles acostumbran rezar el Via Crucis todos los viernes de Cuaresma.

Es un ejercicio muy conveniente para acompañar a Cristo en los misterios de su pasión y muerte. Cada uno es libre para manifestar su amor al Señor y a los hermanos. Pero es verdad que en este tiempo debemos hacer algo especial. Pues amor con amor se paga. Feliz día. Dios te bendiga.

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Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad

Debemos practicar la caridad fraterna
según el ejemplo de Cristo

Nada nos anima tanto al amor de los enemigos, en el que consiste la perfección de la caridad fraterna, como la grata consideración de

aquella admirable paciencia con la que aquél que era el más bello de los hombres entregó su atractivo rostro a las afrentas de los impíos, y sometió sus ojos, cuya mirada rige todas las cosas, a ser velados por los inicuos;

aquella paciencia con la que presentó su espalda a la flagelación, y su cabeza, temible para los principados y potestades, a la aspereza de las espinas;

aquella paciencia con la que se sometió a los oprobios y malos tratos, y con la que, en fin, admitió pacientemente la cruz, los clavos, la lanza, la hiel y el vinagre, sin dejar de mantenerse en todo momento suave, manso y tranquilo.

En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

¿Habrá alguien que, al escuchar aquella frase admirable, llena de dulzura, de caridad, de inmutable serenidad: “Padre, perdónalos”, no se apresure a abrazar con toda su alma a sus enemigos? Padre -dijo-, perdónalos. ¿Quedaba algo más de mansedumbre o de caridad que pudiera añadirse a esta petición?

Sin embargo, se lo añadió. Era poco interceder por los enemigos; quiso también excusarlos. “Padre -dijo-, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Son, desde luego, grandes pecadores, pero muy poco perspicaces; por tanto, Padre, perdónalos.

Crucifican; pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran sabido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Piensan que se trata de un prevaricador de la ley, de alguien que se cree presuntuosamente Dios, de un seductor del pueblo.

Pero yo les había escondido mi rostro, y no pudieron conocer mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

En consecuencia, para que el hombre se ame rectamente a sí mismo, procure no dejarse corromper por ningún atractivo mundano. Y para no sucumbir ante semejantes inclinaciones, trate de orientar todos sus afectos hacia la suavidad de la naturaleza humana del Señor.

Luego, para sentirse serenado más perfecta y suavemente con los atractivos de la caridad fraterna, trate de abrazar también a sus enemigos con un verdadero amor.

Y para que este fuego divino no se debilite ante las injurias, considere siempre con los ojos de la mente la serena paciencia de su amado Señor y Salvador (Libro 3, 5: PL 195, 582).

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Consideración de la humanidad de Cristo:

1. Para compadecerlo como víctima de nuestros pecados. (También nosotros somos con frecuencia víctimas de los pecados y agravios de los demás).

2. Para imitarlo en su paciencia y perdón. (Si Él, siendo inocente, sufrió, perdonó y tuvo paciencia infinita… quiénes somos nosotros para quejarnos).

3. Para comprender y acompañar a los demás cuando sufren por cualquier motivo. (El que más da, más puede seguir dando; al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; el cristiano es una persona que crece en madurez, saca fuerzas de su debilidad, hasta devuelve bien por mal, ahogando el mal a fuerza de bien. Las madres cristianas están llamadas a esta madurez y fortaleza en Cristo).

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¿Qué son los sacramentales en la vida cristiana? Conoce algunos de ellos

febrero 22, 2018

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La Medalla Milagrosa bendecida (sacramental)

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¿Qué son los sacramentales en la vida cristiana? Conoce algunos de ellos

Redacción ACI Prensa

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La bloguera católica Jenny Uebbing escribió un reciente artículo en el que explica el sentido y el uso de los llamados sacramentales en la vida cotidiana del cristiano.

En el blog “Mama needs coffee” de CNA -agencia en inglés del Grupo ACI- Uebbing explica que la palabra “sacramental” es “utilizada por la teología para designar aquellos artículos aparentemente normales a los que tenemos acceso durante nuestra batalla contra el mal a lo largo de nuestra vida”.

Según el Catecismo, los sacramentales “son signos sagrados creados según el modelo de los sacramentos, por medio de los cuales se significan efectos, sobre todo de carácter espiritual, obtenidos por la intercesión de la Iglesia”.

“Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”.

Uebbing explicó que “si bien la fe de la Iglesia impregna en estos elementos comunes (agua, sal, cruces, iconos, medallas, etc.) una bendición que es eficaz en sí misma, esta solo se concreta plenamente cuando se combina con la fe personal y una vida recta y ordenada”.

Haciendo referencia al Evangelio de San Juan sobre el pasaje de Jesús en el que aplica barro en los ojos a un hombre para que recupere la vista, Uebbing indicó que este milagro “no ocurrió por una superstición o por cualidades inherentes de la materia, sino por una reacción primordial entre la gracia de Cristo y la fe del hombre”.

Aquí algunos ejemplos de sacramentales propuestos por la bloguera católica:

1. Crucifijos

Uebbing aseguró que “con un crucifijo en cada habitación, se tiene un poderoso recordatorio para todos los que viven, trabajan y duermen bajo el mismo techo, de que es a Cristo a quien le pertenece el hogar”.

“No, el crucifijo no es Jesús, sino que es su imagen, representada con amor y destacada prominentemente”, precisó.

2. Agua bendita

La bloguera detalló que “cada parroquia debe tener (la mayoría lo hacen) una fuente de agua bendita por cada puerta y una fuente principal para el bautismo”.

“Mantenemos agua bendita en nuestra casa en todo momento, y la usamos todos los días para bendecir a nuestros hijos, sus habitaciones y nuestra casa, sobre todo si alguien está enfermo o tuvo un mal sueño, o después de una gran fiesta o cuando muchas personas han estado entrando y saliendo”.

Jenny aseguró que “vivimos en una falsa dicotomía entre lo espiritual y el mundo material en este siglo, sin embargo, el Dios que viene a nosotros en una oblea de pan no duda en conferir la gracia sacramental a través del agua”.

3. Sal bendita

La autora manifestó que la sal es buena “para bendecir las puertas y rociar a lo largo del perímetro de la casa como una barrera entre la familia y el mundo”.

Señaló que esto también es “un acto de fe el reclamar la tierra, la habitación y todo espacio” para Cristo.

4. Medallas

“Tanto la Medalla Milagrosa o el escapulario son poderosos devocionales a la Virgen, y la Iglesia enseña que, usados con fe y en concordancia con una vida de virtud, llevarán promesas poderosas unidas a ellos”, detalló.

Finalmente, Jenny Uebbing aseguró que “María intercederá por nosotros particularmente en el momento de la muerte. Puesto que Jesús no negará a su querida madre todo lo que ella pide”.

Para leer el artículo completo en su idioma original puede ingresar AQUÍ.

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