Vena profética

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Ocho cualidades del Evangelizador

julio 2, 2014

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Jóvenes soñadores

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La tarea inacabada: Ponerle rostro a la Nueva Evangelización

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Ahora se hace necesario que todos y cada uno de nosotros, sacerdotes y laicos, jóvenes y viejos, respondamos al llamado de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a todos los hombres.

El mundo necesita apóstoles de la nueva evangelización de todas las edades, razas, nacionalidades y oficios, que promulguen con su propia vida, en todos los ambientes, que el cristianismo es el camino a la salvación y que puede vivirse plenamente en todas las realidades terrenas.

Un apóstol de la nueva evangelización debe poseer ciertas características:

Militante. La tarea de transformar al hombre no es una labor fácil ni hay fórmulas mágicas para lograrlo. El apóstol de la nueva evangelización concibe su vida como una lucha constante contra las fuerzas del mal.

Magnánimo. El apóstol sabe que ha sido elegido para cosas grandes y que no tiene tiempo de detenerse en pequeñeces o lamentaciones. Tiene un corazón grande en el que cabe todo el mundo, pues a todo el mundo está enviado a predicar.

En su corazón caben todas las necesidades, miserias, dolores y alegrías de los hombres. Siente la Iglesia y el mundo como tierra fecunda de su trabajo. Sus aspiraciones son grandes, así como grandes son sus deseos de lucha, su capacidad de amar y de entregarse.

Tenaz, fuerte y perseverante. La lucha será continua. La victoria no se logra en un día, ni en una semana, ni en un año: habrá que luchar toda la vida.

Por ello, se necesitan apóstoles convencidos para que no desistan, para que combatan sin desmayo, para que no se dejen vencer por la pereza, la cobardía, la falsa prudencia o la lamentación.

Realista. El apóstol debe construir sobre roca, conocerse a sí mismo con todas sus cualidades y limitaciones, y conocer el campo donde tiene que evangelizar y las dificultades a las que se va a enfrentar.

De esta manera podrá hacer planes y programas que vayan directamente a la raíz de los problemas. El apóstol no puede vivir de sueños, debe luchar en la realidad.

Eficaz en su labor. El apóstol de la nueva evangelización pone todo lo que está de su parte en la tarea de evangelizar. No se detiene ante costos ni sacrificios. Busca siempre nuevos caminos para lograr lo que se le ha encomendado.

Organizado. Trabaja de manera sistemática, de acuerdo con un programa que él mismo ha trazado. Sabe que sin orden no puede haber eficacia.

Reflexiona antes de actuar, traza objetivos, analiza dificultades, planea estrategias, propone soluciones, las pone en acción y evalúa los resultados.

Atento a las oportunidades. Sabe que a todas horas se presentan oportunidades de evangelizar.

Sobrenatural en sus aspiraciones. Sus criterios no son los de este mundo. Por eso, es capaz de emprender obras de envergadura con la confianza de que Dios suplirá sus limitaciones y le concederá la gracia para llevarla a buen término.

Sabe que el protagonista de la misión es Dios y él es sólo un instrumento dócil en las manos de Dios.

 

Fragmento de un artículo de Tiempos Nuevos publicado por Catholic.net

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Rvdo. P. Cristo Rey Paredes, ofm

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“OS CONVIENE QUE YO ME VAYA”: o ¿resistencia anti-Pentecostés?

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Escrito por José Cristo Rey G. Paredes.

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Celebrar Pentecostés puede y debe ser más revolucionario de lo que pensamos. No es solo una fiesta litúrgica. Abrir las puertas al Espíritu es muy desestabilizador.

En Pentecostés siempre ocurre algo para quienes son sensibles a los movimientos del Espíritu Santo.

Pentecostés es terremoto, viento fuerte, llamaradas de fuego, sonido ensordecedor. No es un ritual de bendición del “statu quo”.

Pentecostés se anticipó cuando Benedicto XVI reconoció humildemente “os conviene que yo me vaya” y dejó espacio para una nueva actuación del Espíritu Santo.

Pentecostés se anticipa cuando en unas elecciones europeas se hace más evidente la lucha entre quienes dicen: ”os conviene que sigamos gobernando” o las alternativas políticas que luchan por una Europa de las no-exclusiones, de la comunión de los diferentes.

Tanto en el ámbito político, como eclesial, como religioso, vemos personas que se mantienen en sus cargos de poder -estirando al máximo las normas del derecho- y bloquean la venida del Espíritu renovador.

Son los siniestros personajes del anti-Pentecostés, aunque probablemente ”no sepan lo que hacen”, aunque estén haciendo muy dura la vida en este planeta, en esta nación, en esta iglesia, o en esta congregación.

El humilde Jesús

Jesús no dijo “os conviene que yo me quede”, ni tampoco “me conviene irme”. El humilde Jesús dejó su “ego” de lado. Era consciente de haber cumplido su servicio y que había llegado el momento de crear espacio para el siguiente, es decir, para el Espíritu Santo.

Jesús no dijo “os conviene que yo me vaya para que venga mi vicario, Pedro”, o “… para que mi Iglesia continúe mi misión”.

Jesús presenta el futuro inmediato como el futuro del Espíritu Santo. De la misión del Espíritu surgirá la Iglesia y cada uno de sus carismas y ministerios.

Por otra parte, Jesús no dijo las palabras “conviene que yo me vaya” para evitar problemas, para recluirse en un pacífico retiro; su último servicio consistió en entregar su Cuerpo y su Sangre por todos.

La última fase de su misión no consistió en esperar para recibir “medallas”, actos de reconocimiento y agradecimiento por la obra realizada, sino que ”fue crucificado entre dos ladrones”.

Cuando Jesús nos entregó su Espíritu, éste penetró en el corazón y el cuerpo de quienes esperaban en oración el cumplimiento de la Promesa. Jesús sabía que su misión no necesitaba reconocimientos, sino penetrar profundamente en el mundo y en el corazón de la gente.

Y esto sería posible si su Espíritu se derramaba sobre mujeres y hombres, ancianos y jóvenes, sobre toda carne.

“Os conviene que siga por más tiempo”

La Iglesia necesita más movilidad interior, más alternativas, más libertad de pensamiento.

Hemos de acabar con las teologías que justifican la permanencia excesiva en puestos de mando o poder, que justifican repetir con un cierto fundamentalismo el pasado para responder a las nuevas preguntas del presente y, por tanto, mantienen a quienes esto enseñan y evitan el cambio de paradigma que el Espíritu nos pide.

Hay quienes se muestran muy humildes cuando reciben un cargo e incluso se confiesan “indignos”, pero cuando llega el momento de retirarse retuercen su humildad diciendo “os conviene que yo siga todavía más tiempo… asumiré esta cruz hasta el final”.

Sin darse cuenta, tal vez, cierran las puertas al Espíritu para que pueda elegir a otra persona “indigna” como ocurrió con ellos o ellas para continuar con nuevo impulso su renovación del mundo.

El Papa Francisco acaba de hablar de que así como hay tantos obispos eméritos, pueda también haber “papas eméritos”. Lo mismo se dirá de “párrocos eméritos”, de “superiores/as generales eméritos”.

El Espíritu Santo no se somete a la dictadura de las fechas. Aunque nuestras normas digan que un cargo ha de durar seis años y pueda ser prolongado por otros seis, eso no quiere decir que haya que recompensar a quien lo ha hecho bien en los primeros seis años con otros seis, ni siquiera que haya que cumplir, por lo menos seis años.

Apenas habían pasado tres años y Jesús ya dijo “os conviene que yo me vaya” y, además, el evangelista nos dice que la tristeza se apoderó de los discípulos. Jesús confiaba totalmente en el Abbá y en la misión del Espíritu Santo.

Cuando los poderes se perpetúan en las manos de determinadas personas y de sus clanes de amigos o amigas, cuando se crean lobbies de poder para dominar a “los otros”, la corrupción emerge, los malos espíritus rigen a los grupos.

Ya sabemos que los malos espíritus siempre aparecen como “ángeles de luz” y es muy difícil discernir que lo son. Mucha gente los confunde. Cuando llegan los verdaderos ángeles, entonces reconocen el error.

Hacer posibles nuevos Pentecostés

No habrá Pentecostés en las Iglesias locales, en los movimientos eclesiales, en los institutos religiosos o de vida consagrada, si se le impide al Espíritu venir, aparecer, soplar como quiera, donde quiera y por el tiempo que quiera.

Necesitamos todos entrar en serios procesos de discernimiento de espíritus, discernimientos comunitarios, que nos lleven a descubrir “la verdad del otro”, a adorar en el otro, el diferente, “el Dios que me falta a mí”.

Hay personas que se han vuelto sordas a la voz de Dios que nos habla en los diferentes, ciegas ante la luz que el Espíritu desprende a través de quienes no son como yo. Sin discernimiento de espíritus y del Espíritu bloqueamos todos los caminos de futuro.

El Papa Francisco nos dice frecuentemente que pidamos y oremos mucho por él. Yo creo que llega el momento en que “hemos de dar muchas gracias por él”. Está siendo dócil al Espíritu y, por eso, los dóciles a otros espíritus se encuentran tan descolocados.

También hemos de dar gracias por quienes en la sociedad luchan contra las castas que de una u otra forma se imponen a las comunidades humanas y las esclavizan, por quienes confían en que puede cambiar la realidad social y política.

Y hemos de dar gracias por esas personas ejemplares dentro de la Iglesia que se atienen a los plazos del Espíritu y después se diluyen como la buena sal, como la luz. Esas personas sí que son “sal de la tierra” y “luz del mundo”.

Llega Pentecostés y de seguro que algo ocurrirá. El Espíritu Santo es mucho más poderoso de lo que imaginamos. La cuestión es, ¿dónde y para quiénes esto acontecerá?

Con María y la comunidad del cenáculo oremos y dejémonos sorprender.

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http://www.vidareligiosa.es/index.php?option=com_content&view=article&id=765%3Aos-conviene-que-yo-me-vaya-o-iresistencia-anti-pentecostes&catid=2%3Aarticulos&Itemid=3

 

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Papa Francisco: Cristianos anestesiados por la pereza y el formalismo

 

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El Papa Francisco con el Evangeliario, donde está Cristo

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Pereza y formalismo en tantos cristianos cierran la puerta a la salvación, dijo el Papa en su homilía

2014-04-01 Radio Vaticana

(RV).- (actualizado con audio y video)

 

“Los cristianos anestesiados no hacen bien a la Iglesia”

Lo subrayó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco reafirmó que no es necesario detenerse en los formalismos, sino “implicarse”, vencer la pereza espiritual y correr el riesgo en primera persona para anunciar el Evangelio.

El Papa desarrolló su homilía deteniéndose en el pasaje del Evangelio que relata el encuentro entre Jesús y el paralítico quien, enfermo desde hacía 38 años, se encontraba debajo de los pórticos de la piscina, esperando la curación.

Este hombre se lamentaba porque no lograba sumergirse, porque siempre lo precedía otra persona. Pero Jesús le ordena que se levante, que vaya. Un milagro que provoca las críticas de los fariseos, porque era sábado y decían que ese día no se podía hacer algo semejante.

El Santo Padre observó que en este relato encontramos dos enfermedades fuertes, espirituales. Dos enfermedades sobre las cuales, dijo, “nos hará bien reflexionar”. Ante todo, explicó Francisco, la resignación del enfermo, que se siente amargado y se lamenta:

“Yo pienso en tantos cristianos, tantos católicos: ¡Sí, son católicos, pero sin entusiasmo, e incluso amargados! ‘Sí, es la vida, es así, pero la Iglesia… Yo voy a Misa todos los domingos, pero mejor no implicarse, tengo fe para mi salud, no siento la necesidad de ir a darla a otro…’.

Cada uno en su casa, tranquilos por la vida… Si tú haces algo, después te reprochan: ‘No, es mejor así, no correr riesgos…’”. Es la enfermedad de la pereza, de la pereza de los cristianos. Esta actitud que paraliza el celo apostólico, que hace de los cristianos personas quietas, tranquilas, pero no en el buen sentido de la palabra: ¡que no se preocupan por salir para anunciar el Evangelio! Personas anestesiadas”.

“Y la anestesia, añadió el Papa, es una experiencia negativa”. Ese no implicarse que se convierte en “pereza espiritual”. Es “la pereza –dijo–, es una tristeza”: estos cristianos son tristes, “no son personas luminosas, son personas negativas. Y ésta es una enfermedad nuestra, de los cristianos”.

Vamos a Misa “todos los domingos, pero –decimos– por favor no molestar”. Estos cristianos “sin celo apostólico”, advirtió Francisco, “no sirven, no hacen bien a la Iglesia.

Y cuántos cristianos son así –afirmó el Papa con aflicción– egoístas, para sí mismos”. Éste es el pecado de la pereza –dijo– que va contra el celo apostólico, contra las ganas de dar la novedad de Jesús a los demás, esta novedad que a mí me ha sido dada gratuitamente”.

Pero en este pasaje del Evangelio –añadió el Papa– encontramos también otro pecado cuando vemos que Jesús es criticado por haber curado a un enfermo un sábado. El pecado del formalismo. “Cristianos –dijo el Obispo de Roma– que no dejan lugar a la gracia de Dios.

Y la vida cristiana, la vida de esta gente es tener todos los documentos en regla, todos los certificados”:

“Cristianos hipócritas, como estos. A ellos sólo les interesaban las formalidades. ¿Era sábado? No, no se pueden hacer milagros el sábado, la gracia de Dios no puede actuar el sábado. ¡Cierran la puerta a la gracia de Dios! ¡Tenemos tantos en la Iglesia, tenemos tantos!

Es otro pecado. Los primeros, los que cometen el pecado de la pereza, no son capaces de ir adelante con el celo apostólico, porque han decidido detenerse en sí mismos, en sus tristezas, en sus resentimientos, en todo eso. Éstos no son capaces de llevar la salvación porque cierran la puerta a la salvación”.

Para ellos –dijo el Papa– cuentan “sólo las formalidades”. “No se puede: es la palabra que más usan”. Y a esta gente la encontramos también nosotros –añadió Francisco– y también nosotros “tantas veces hemos tenido pereza, o hemos sido hipócritas como los fariseos”.

Y añadió que se trata de tentaciones que vienen, pero que “debemos conocerlas para defendernos”. A la vez que recordó que ante estas dos tentaciones, ante “ese hospital de campaña, allí, está el símbolo de la Iglesia”, ante “tanta gente herida”, Jesús se acerca y les pregunta: “¿Quieren curarse?” y “les da la gracia. La gracia hace todo”.

Y después, cuando se encuentra nuevamente con el paralítico, le dice que “no peque más”:

“Las dos palabras cristianas: ¿quieres curarte? No pecar más. Pero primero lo cura. Primero lo curó, después ‘no pecar más’. Palabras dichas con ternura, con amor. Y éste es el camino cristiano, el camino del celo apostólico: acercarse a tantas personas, heridas en este hospital de campaña, y también tantas veces heridas por los hombres y las mujeres de la Iglesia.

Es una palabra de hermano y de hermana: ¿quieres curarte? Y después, cuando va adelante: ‘¡Ah, no peques más, que no hace bien!’. Es mucho mejor esto: las dos palabras de Jesús son más bellas que la actitud de la pereza o la actitud de la hipocresía”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

http://www.news.va/es/news/pereza-y-formalismo-en-tantos-cristianos-cierran-l

 

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Papa Francisco

Papa Francisco, mirándose a sí mismo en medio del mundo, en el espejo del mundo

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EEUU: el Congreso invita al papa Francisco a dar un discurso

El presidente de la Cámara de Representantes reconoce que el mensaje del Santo Padre llega a personas de todas las creencias, ideologías y partidos políticos

Por Iván de Vargas

MADRID, 14 de marzo de 2014 (Zenit.org) – El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, John Boehner, ha cursado una invitación al papa Francisco para que pronuncie un discurso ante el Congreso norteamericano.

“Con admiración y reverencia he invitado al papa Francisco, como jefe de Estado de la Santa Sede y el primer papa de las Américas, a dirigirse ante una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos”, ha anunciado ayer la oficina del congresista de Ohio en un comunicado.

Boehner, que es católico, ha asegurado que el mensaje del Santo Padre llega a “personas de todas las creencias, ideologías y partidos políticos” tanto de Estados Unidos como del resto del mundo. Por este motivo, ha considerado que la presencia del Pontífice argentino en el Capitolio constituiría una “excelente oportunidad para que el pueblo estadounidense y las naciones de todo el mundo puedan escuchar entero su mensaje”.

Según el político republicano, “el Papa Francisco ha inspirado a millones de estadounidenses con su estilo pastoral y su liderazgo de servicio, desafiando a todas las personas a llevar una vida de misericordia, perdón, solidaridad y de servicio humilde”.

Si Francisco acepta la invitación, se convertirá en el primer papa en hablar en el Congreso de Estados Unidos, un país donde se calcula que hay algo más de 77 millones de católicos, aproximadamente una cuarta parte de la población.

La ocasión para el discurso papal podría llegar en 2015, con motivo del Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Filadelfia. Boehner ha reservado ya un lugar en la agenda para dichas fechas.

La última visita de un pontífice a Estados Unidos tuvo lugar en abril de 2008, cuando Benedicto XVI se desplazó a Washington y Nueva York y fue recibido por el entonces presidente George Bush.

El próximo 27 de marzo, el presidente norteamericano, Barack Obama, tiene previsto reunirse con el papa Francisco en el Vaticano en el marco de una gira por Europa.

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Sobre ruedas y con el motor del Espíritu, con su viento ¿hacia dónde?

Sobre ruedas y con el motor del Espíritu, con su viento a favor… ¿hacia dónde?

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¿Hacia dónde va la Iglesia?

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Por Víctor Codina, sj. (agosto de 2013)
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La Iglesia, una anciana que viene de lejos

Antes de preguntarnos hacia dónde va la Iglesia hemos de responder a la cuestión ¿de dónde viene la Iglesia? Y aunque nos resulte extraño, escritores de los primeros siglos y algunos Padres de la Iglesia, como Agustín, responden a esta pregunta afirmando que la Iglesia es una anciana, es la Iglesia prefigurada desde el origen del mundo, es la Iglesia de Adán y del inocente Abel, la Iglesia que forma parte del designio salvífico del Padre que quiere constituir una humanidad fraterna y filial, que participe de la vida y de la comunión trinitaria.

La Iglesia forma parte del proyecto trinitario de Dios, que se va realizando en la historia de salvación en diversas etapas (LG 2) y del que ella misma es sacramento, semilla y germen (LG 5).

Este proyecto de Dios en la plenitud de los tiempos se manifiesta en Cristo y en la efusión del Espíritu. Frente a la postura tradicional que afirma que el Jesús histórico funda la Iglesia como una institución religiosa con sus dogmas, leyes y ritos, una teología más crítica considera hoy a la Iglesia como un proceso que viene desde el Antiguo Testamento, comienza con el movimiento de Jesús, pero que no culmina hasta el acontecimiento pascual: la Iglesia surge por el misterio de la muerte y resurrección de Jesús y el don del Espíritu. Jesús es el fundamento de la Iglesia más que su fundador y, en todo caso, el Espíritu es co-fundador de la Iglesia.

La Iglesia primitiva al formular su fe, sitúa a la Iglesia no en el segundo artículo del credo sobre la fe en Jesucristo sino en el tercer artículo de la fe en el Espíritu. Esto tiene gran trascendencia no sólo teológica sino pastoral: el Espíritu habita en la Iglesia, la santifica y guía hacia la verdad, la enriquece con diversos dones y carismas, la rejuvenece y la renueva constantemente (LG 4).

La Iglesia no es ni un club, ni una empresa multinacional, ni una ONG piadosa, ni un partido político al cual uno se apunta o desapunta según la conveniencia: es Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu, incluso en momentos de noche oscura, de eclipse, de crisis y de tormentas.

La cúpula de San Pedro

En el interior de la bellísima cúpula de San Pedro de Roma está escrito en latín y griego el versículo de Mateo 16, 18 en el que Jesús afirma que Pedro es piedra y que sobre esta piedra edificará su Iglesia, contra la cual no prevalecerán las fuerzas del mal y de la muerte. Pero faltaría completar este versículo con lo que Mateo añade poco después en el versículo 23: que Pedro es piedra de tropiezo, piedra de escándalo y Satanás.

El hecho de que Pedro sea pecador y santo, preanuncia ya que la Iglesia es a la vez santa y pecadora, casta y prostituta, según los Padres de la Iglesia. Esto nos libra de todo triunfalismo idealista y espiritualista, nos hace comprender que la Iglesia es humana y divina, que no se le puede entender al margen de su historia concreta, de su peregrinar en medio de debilidades, persecuciones y consuelos de Dios (LG 8).

La historia forma parte de la eclesiología, de modo análogo al hecho de que el Jesús histórico forma parte de la cristología.

Y en la historia de la eclesiología podemos distinguir diferentes momentos. El primer milenio lo constituye una Iglesia que, aun en medio de sus tensiones y problemas, vive fuertemente la dimensión de comunidad y comunión, en cambio en el segundo milenio prevalece una eclesiología de poder y verticalidad, clerical, triunfalista y juridicista, la llamada Iglesia de cristiandad, que alcanza su expresión última en los siglos XIX y XX, en la llamada época “piana”, desde Pío IX a Pío XII.

No se pueden olvidar todos los aspectos positivos de evangelización y santidad de este largo período de la Iglesia de cristiandad, la Iglesia de las catedrales y de las sumas teológicas, pero que es también la Iglesia de los Estados Pontificios, de las cruzadas, de las divisiones internas, de la Inquisición, de las guerras de religión, del antisemitismo, de una evangelización muchas veces ligada a los imperios coloniales… De los pecados de esta Iglesia del segundo milenio pidió perdón públicamente el Papa Juan Pablo II en el jubileo del año 2000.

Al alumbrarse el tercer milenio surge un nuevo período eclesiológico, diferente del segundo milenio de cristiandad y en muchos aspectos semejante a las intuiciones de la Iglesia de comunión del primer milenio, pero abierta a los tiempos modernos.

La ventana abierta

Juan XXIII, un hombre enviado por Dios, un campesino sencillo pero intuitivo con la sabiduría del corazón, convoca el Concilio Vaticano II: una ventana abierta al Espíritu que sacude y limpia el polvo acumulado desde los tiempos de Constantino. Se inicia un tercer milenio eclesiológico con cambios profundos en la Iglesia: de Iglesia clerical se pasa a una Iglesia Pueblo de Dios de todos los bautizados, de una Iglesia triunfalista se pasa a una Iglesia peregrina que camina con el pueblo hacia el Reino, de una Iglesia juridicista se pasa a una Iglesia misterio y sacramento de la unión con Dios y con la humanidad (LG 1; 9; 48), de la anatema se pasa al diálogo.

A la muerte de Juan XXIII, Pablo VI prosigue el Concilio y lo lleva a término con sabiduría y eficacia. Es una auténtica primavera eclesial la que se experimenta en la Iglesia en estos años, un verdadero Pentecostés, como había soñado y pedido Juan XXIII. Sin el Vaticano II, afirma el cardenal König de Viena, la Iglesia hubiera sido una auténtica catástrofe.

En América Latina el Concilio fue recibido de forma creativa en Medellín: surge “la opción por los pobres”, que representa la realización del sueño inclumplido de Juan XXIII –de que la Iglesia fuese sobre todo una Iglesia de los pobres–; aparecen obispos cercanos al pueblo, verdaderos Santos Padres profetas de la Iglesia de los pobres como Proaño, Helder Cámara, Méndez Arceo, Samuel Ruiz; surgen las comunidades eclesiales de base, la lectura popular de la Biblia, la vida religiosa inserta en medios populares, el compromiso social y eclesial de los laicos, la Teología de la Liberación y una impresionante floración de mártires asesinados por la fe y la justicia, desde obispos como Romero y Angelleli a teólogos como Ellacuría y religiosas como la hermana Dorothy y un sin número de gente del pueblo sencillo, verdaderos santos inocentes masacrados por gobiernos dictatoriales que se proclamaban católicos.

La ventana se cierra

El Vaticano II, después de tantos siglos de cerrazón eclesial, produjo reacciones extremas. Por un lado, Mons. Lefèvbre y sus seguidores acusaron al Concilio de modernista y protestante. Por otro lado, algunos grupos progresistas exageraron en su aplicación.

Por todo ello en Roma cundió el pánico a las divisiones internas, se atribuyó al Concilio todo lo negativo que sucedía en la Iglesia. Pablo VI, que había escrito una admirable encíclica sobre el diálogo (Ecclesiam suam), acabó imponiendo su parecer sobre el celibato y el control de natalidad (Humanae vitae).

Los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI fueron sin duda un ejemplo de testimonio personal y evangélico, y un modelo de dedicación pastoral al servicio de la Iglesia: Juan Pablo II con su fuerte personalidad carismática polaca, misionero incansable que reunía a grandes concentraciones, condujo a la Iglesia con mano firme hasta el tercer milenio; Benedicto XVI, un gran intelectual alemán, enriqueció a la Iglesia con un profundo magisterio teológico centrado en el núcleo esencial de la fe cristiana, reprimió los escándalos sexuales y sorprendió a todo el mundo con el gesto sencillo y humilde de su renuncia al papado…

No obstante, en el transcurso de ambos papados, sea por el miedo a divisiones en la Iglesia, sea por presiones de la curia vaticana, se comienza a propiciar una hermenéutica del Vaticano II más centrada en la continuidad que en la novedad del aggiornamento conciliar. Es significativo a este respecto que Juan XXIII fuese beatificado juntamente con Pío IX, el Papa del Vaticano I.

El gran historiador del Vaticano II, G. Alberigo, afirma que pareciera que poco a poco la minoría que en el Vaticano II había quedado de algún modo marginada ahora volviese a enarbolar las banderas de la tradición antimodernista, antiliberal y anticomunista.

La ventana abierta por Juan XXIII lentamente se vuelve a cerrar con los gobiernos de Juan Pablo II y Benedicto XVI: recentralización del gobierno, debilitamiento de la colegialidad episcopal, gran preocupación por la ortodoxia y miedo al relativismo, cesiones a los grupos lefrebvristas y en cambio censura a los teólogos más abiertos, miedo a los ministerios laicales, freno al ecumenismo, nombramiento de obispos más seguros que proféticos, conflictos con congregaciones religiosas abiertas, promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica –cuando los padres conciliares se habían opuesto a ello–, auge de movimientos eclesiales y carismáticos de tipo espiritual que reciben fuerte apoyo del Vaticano, etc.

Se pasa de la primavera al invierno eclesial, la Iglesia tiende a encerrarse en un gueto (K.Rahner), se vuelve a la gran disciplina (J.B. Libanio), es una noche oscura eclesial (J. I. González Faus), comienza una involución: a la revista Concilium sigue ahora la revista Communio, al teólogo conciliar Karl Rahner le sucede ahora el teólogo posconciliar Von Balthasar; hay un cisma silencioso de muchos que abandonan la Iglesia. Si añadimos a lo anterior los escándalos sexuales de personas eclesiásticas significativas, los escándalos financieros y luchas internas de la curia vaticana, se comprenderá el clima de desolación que ha dominado últimanente en la Iglesia.

“Francisco, repara mi Iglesia”

La admirable renuncia al pontificado de Benedicto XVI, abrumado por la edad y por los escándalos sexuales y financieros y la elección del Papa argentino jesuita Jorge Mario Begoglio, parece abrir un nuevo horizonte para la Iglesia.

Los primeros signos del papado de Francisco son muy positivos y han despertado esperanza en la Iglesia y en la humanidad: su sencillez y humildad de pedir la oración y bendición del pueblo al que llama hermanos y no hijos, el presentarse simplemente como obispo de Roma, el deseo de una Iglesia pobre y de los pobres, la acentuación de la misericordia y de la ternura, el pedir a los pastores que vayan a la periferia y “huelan a oveja”, su permanencia momentánea fuera del palacio vaticano, sus gestos de acogida a niños y discapacitados y sobre todo el asumir el nombre de Francisco, el poverello que recibió la llamada a reparar la Iglesia, amansó al lobo, abrazó al leproso, entonó el cántico de la creación y se configuró con el Crucificado…

Algunos recuerdan la figura de Juan XXIII, sienten que la Iglesia comienza a salir de la desolación de años pasados, en los que la barca de la Iglesia parecía zozobrar por las turbulencias huracanadas de fuera pero también por las resquebrajaduras internas.

Sin duda es todavía muy pronto para valorar la futura línea pastoral del nuevo Papa Francisco, hay que esperar y mantener la esperanza, pero el súbito y radical cambio de la atmósfera eclesial que se ha producido en muy poco tiempo son un signo no solo positivo y alentador sino también un signo claro del profundo deseo de cambios significativos que se respiraba en la Iglesia.

Las tareas pendientes que esperan al nuevo obispo de Roma y que el pueblo reclama son inmensas: volver al Concilio y a la Iglesia de los pobres, descentralización eclesial, participación del pueblo en la elección de los obispos y reforma del método vigente de elección papal, que los sínodos episcopales sean deliberativos y no meramente consultivos, cambios en los ministerios ordenados (celibato no obligatorio para el clero latino, ordenación de hombres casados, acceso de la mujer a los ministerios), repensar la moral sexual y matrimonial, revisión de la pastoral de los divorciados, diálogo con las ciencias y con la biogenética, apertura a la problemática ecológica, acercamiento ecuménico entre las Iglesias, diálogo inter-religioso, mayor consideración a los teólogos, reforma de la curia vaticana y un largo etcétera…

Pero ¿no será esta tarea excesiva para un solo hombre, por más inteligente, capaz, enérgico y evangélico que éste sea? ¿No será una misión imposible?

Desde abajo

En grandes sectores de la Iglesia suele haber una formación eclesial pobre y muchas veces errónea. Se identifica la Iglesia con la jerarquía, la jerarquía con el Papa, el Papa con la curia vaticana; se sobredimensiona la figura papal al que se considera el representante de Dios en la tierra, la Cabeza de la Iglesia, cuando el Papa es simplemente el obispo de Roma, el que preside en la caridad a todas las Iglesias, el que sucede a Pedro en la misión de mantener la fe y la unidad eclesial.

Se olvida con frecuencia que la Iglesia la formamos todos los bautizados, que todos somos el Pueblo de Dios, el Cuerpo de Cristo y el Templo del Espíritu, que todos poseemos la unción y los dones del Espíritu (LG 12), que son muchos los que quieren una profunda renovación eclesial. En América Latina son muchos los que desean volver a Medellín y a Puebla, no hacer marcha atrás, no olvidar a los mártires jesuánicos, creer que otra Iglesia es posible, una Iglesia no simplemente de bautizados, sino de discípulos y misioneros de Jesús, como proclama Aparecida.

No hemos de esperar a que las reformas vengan solamente desde arriba. Hemos de comenzar cada uno desde nuestro lugar eclesial a reparar la Iglesia, a proseguir el Vaticano II, a volver al Evangelio, a generar comunidades vivas, a defender la vida amenazada.

El Espíritu ordinariamente actúa desde abajo, desde la periferia, desde los no implicados en el sistema social y eclesial, desde los laicos, desde los jóvenes, desde las mujeres, desde los pobres, desde los indígenas, desde los excluidos de la historia que eran los predilectos de Jesús. Desde ellos el Espíritu clama hoy con gemidos inenarrables pidiendo una vuelta al Evangelio, está llamando a toda la Iglesia a volver a Jesús de Nazaret, pues fuera de Nazaret no hay salvación…

El Papa no está solo en su misión y hallará un gran respaldo eclesial si, por ejemplo, se aleja de la jefatura del Estado vaticano y de toda la parafernalia de banderas, himnos, banca vaticana, guardia suiza, nuncios embajadores y una corte renacentista y barroca… que están muy lejos del mundo moderno de hoy y mucho más del Evangelio y de los pobres de la tierra.

No podemos ser ingenuos, nunca los cambios son rápidos, hay resistencias y debilidades humanas, hay pecado en la Iglesia y en sus estructuras, pero hemos de confiar en la fuerza del Espíritu que continuamente impulsa la Iglesia hacia el Reino, hacia la fraternidad de hermanos y hermanas, de hijos e hijas del Padre, hacia el proyecto de Dios, al sueño trinitario de los orígenes de la creación, a la anciana Iglesia de Adán, de Abel y de los justos de todos los tiempos.

La Iglesia, movida por el Espíritu de Jesús, va hacia el Reino de Dios, del que ella es ya semilla y germen en la historia. No extingamos el Espíritu.

Acerca del autor

Víctor Codina es sacerdote jesuita y teólogo latinoamericano. Nacido en España, desde 1982 vive en Bolivia. Actualmente es profesor emérito de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba, a la vez que mantiene contacto pastoral con comunidades de base y sectores populares.
Sus últimos libros son No extingáis el Espíritu (Sal terrae, Santander 2008), Una Iglesia Nazarena (Sal terrae, Santander 2010) y Diario de un teólogo del posconcilio (San Pablo, Bogotá 2013).

http://www.redescristianas.net/2013/08/15/hacia-donde-va-la-iglesiavictor-codina-sj/

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CUESTIÓN DE CALMA
Se puso a enseñarles con calma, sin prisas

Se puso a enseñarles con calma, sin prisas. Y le daban lástima porque andaban como ovejas sin pastor

Escrito
por Fran Caballero
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Solo sabemos que el 2015 es el año de la Vida Consagrada en la Iglesia. Antes de que nos demos cuenta numerosos documentos, estudios sesudos y reflexiones de despacho estarán inundando anaqueles, diciendo y cantando las proezas de nuestra “raza”.

En este tiempo en el que todo el mundo parece saber en qué situación se encuentra la vida religiosa, sus males y remedios; cuando a borbotones nacen consejos, palmadas en la espalda y alguna que otra zancadilla… resulta que, será nuestro año. La pregunta del millón es ¿para qué? Y hacia dónde…

La vida religiosa necesita detenerse y pensar, discernir y encontrar el agua del pozo que calma la sed. La urgencia no es llenar los noviciados, sino llenar la vida de los que ya estamos y de vida nuestras comunidades y presencias.

Por desgracia no es lo más frecuente poder visibilizar religiosos o religiosas serenos, que estén viviendo el momento presente como tiempo de gracia. Sigue siendo un clamor, por el contrario, la cantidad de religiosos que se desfondan y que incluso, tiran la toalla.

Como si la misión fuese un ente que absorbe y vacía, que aliena y desposee al ser humano de su deseo de plenitud y felicidad. Como si estuviésemos llamados a conjugar un equilibrio imposible entre palabras como misión, oración, descanso, ocio, formación, pastoral… y el hombre y la mujer de hoy que se consagra estuviese incapacitado para vivir todo de una manera armónica, sosegada, integradora o incluso, por qué no, profética.

¿Qué está pasando cuando un religioso para descansar necesita salir de su comunidad? ¿Cuando para hacer oración tiene que marchar? ¿Cuando para encontrar relaciones auténticas y pacificadoras necesita despedirse unos días de sus hermanos? O dicho sin rodeos ¿qué está pasando con nuestra vida fraterna?

A Dios gracias los hay que están ofreciendo lo mejor de su vida y sus capacidades, que están masticando y digiriendo el dolor de la soledad intergeneracional o generacional e, incluso, la incomprensión de la autoridad, y todo ello lo están haciendo por el Reino.

La vida religiosa no necesita soltar más palomas, ni compararse con grandezas pasadas. Tan insultante es presentar un futuro demoledor como edulcorado. El presente es nuestro y, aquí y ahora, es donde necesitamos autenticidad transformativamente evangélica.

Son muchos los anclajes, las rémoras, las estructuras y costumbres que impiden vivir algo nuevo. Pero, estoy seguro de que a pesar y gracias a todo ello, sacaremos el agua del pozo, porque el Espíritu ya está brindando novedad y frescura en una multitud de personas entregadas, muchas veces calladas, que viven completamente para el Otro, porque lo han descubierto en los otros. Que la misión no les resta ni desgasta sino que les suma y convierte en más discípulos, más personas, más…

Se abre una rendija a la esperanza. La convocatoria del Papa no nos dejará indiferentes. Esperamos con paz pero también con deseo de renovación efectiva y afectiva este año de la vida consagrada. Como nos tiene acostumbrados con gestos, con alegría y con firmeza que muestren la bondad, la belleza y la verdad de la vida de consagración.

Solo una clave. Dice la Escritura que cuando Jesús percibió la necesidad en el pueblo, se puso a enseñar con calma. La vida religiosa del siglo XXI, la que celebra su año en el 2015, necesita calma para llenar de vida lo que hoy son intuiciones y buenos propósitos.

http://www.vidareligiosa.es/index.php?option=com_content&view=article&id=688:cuestion-de-calma&catid=2:articulos&Itemid=3

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El Papa Francisco habla sobre la profecía en la Iglesia

El Papa Francisco habla sobre la profecía en la Iglesia

Papa Francisco: cuando en la Iglesia falta profecía, aparece el clericalismo

Homilía hoy en la Domus Santa Marta:

Radio Vaticano. Zenit

16.12.2013 //

Cuando falta la profecía en la Iglesia, falta la vida misma de Dios y predomina el clericalismo: es lo que ha afirmado el Papa Francisco esta mañana en la Misa celebrada en Santa Marta, el tercer lunes de Adviento.

El profeta, afirmó el Papa comentando las lecturas del día, es el que escucha las Palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro.

“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro.

El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero, Señor, tú me hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”.

Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen, prosiguió el Papa, cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y no siempre es bien recibido el profeta, muchas veces es rechazado. El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía, observó de nuevo el Papa, algo falta: ¡falta la vida del Señor!”.

“Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”. “No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡solo tenían la autoridad!”.

“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven reducidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.

Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía. Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza. ¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”.

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierran puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”.

http://www.zenit.org/?utm_campaign=diariohtml&utm_medium=email&utm_source=dispatch

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Veta profética en la Iglesia, y, por tanto, en la religiosa

Vena profética en la Iglesia, y, por tanto, en la vida consagrada

.¿Que

implica la

reforma de

la Iglesia?.

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Un decálogo de la reforma de  la lglesia (por extensión, de la Vida Religiosa)

Escrito por Jesús Garmilla

Lo que es y lo que no es. Algo así:

La reforma de la Iglesia nunca es un reto aislado para cristianos solitarios, románticos o utópicos. La reforma eclesial es también -insoslayablemente- “cosa” del Espíritu Santo.

La reforma de la Iglesia no se afronta a golpe de decretos, comunicados motu proprio, encíclicas, sínodos de obispos, encuestas que descansan en la bandeja de los asuntos pendientes de algunos despachos episcopales. Se cuece desde la oración, desde el silencio y la contemplación.

La reforma de la Iglesia no se consigue (solamente) con cambios (instituciones o supresiones) de curias, IORes, G-8, comisiones ad hoc, nombres propios o traslados de sede (que también).

La reforma eclesial es una atmósfera, un aliento, una vocación, un estilo, una preocupación, una tarea prioritaria y privilegiada, una deuda histórica…

La reforma de la Iglesia no se conforma con barnices, palabras edulcorantes, buenas intenciones de última hora, renovación del decorado, nuevo disfraz con olor a oveja, tortícolis dirección Vaticano o cambio de dirección de veleta según soplen los nuevos vientos.

La reforma de la Iglesia pasa necesariamente por la conversión personal. Es conversión al Evangelio. Y es honda, densa, compleja, difícil, dolorosa y desgarradora, arriesgada, “kairótica y kenótica”… No olvida a los menesterosos, cuenta con ellos; apuesta por las víctimas; porque sabe que “fuera de los pobres no hay salvación”.

La reforma de la Iglesia no es un encargo de los cardenales de marzo, ni de un papa argentino que danza al ritmo acompasado pero imprevisible del tango, no es un capricho que nos sorprende cada mañana (alguien dijo…)

La reforma de la Iglesia es un mandato del Señor, una “nota” distintiva de sí misma, una parte constitutiva e inherente a su propia esencia de sacramentum y servicio al pueblo. Un acorde siempre presente en el concierto del “mea culpa”, entonado desde la responsabilidad asumida, y suspendido tantas veces por falta de quórum.

La reforma de la Iglesia no es puntual, ni tangencial, ni pasajera, ni propia del momento que vivimos, o de tiempos invernales. La reforma de la Iglesia es constante, perenne, terca, siempre inacabada; “semper reformanda”.

La reforma de la Iglesia no se refiere (solamente) a la moral de divorciados y vueltos a casar y su “derecho” o no a comulgar, ni (solamente) al ministerio más amplio o menos de la mujer en la comunidad, ni (solamente) a su postura ante el hecho homosexual, ni (solamente) a la vieja pelea primado/sinodalidad, ni…

La reforma de la Iglesia es “de amplio espectro”; como fue el Evangelio: trastocador, trastornador, transformador. Tiene muchos frentes abiertos, como la misma polivalencia del ser humano.

La reforma de la Iglesia no se fija en el pequeño Estado Vaticano, no es “vaticano-céntrica”, ni euro-céntrica; tampoco latino-céntrica. La reforma de la Iglesia es tan universal como ella misma; por eso requiere una cuidada y continuada inculturación del Evangelio en las diversas culturas; como hicieron Pablo, Cirilo y Metodio, Bartolomé de las Casas, Ricci, Nobili, Romero, Hélder Cámara y otros muchos que caminaban con luz larga.

La reforma de la Iglesia no la comenzó Francisco, ni la terminará Francisco, ni es una novedad sospechosa, inusitada, imprevisible, sin partitura a seguir, hecha al tuntún de caprichos u ocurrencias.

La reforma de la Iglesia cuenta con el guión original del Evangelio, y la han alentado muchas mujeres y hombres, a veces desde el silencio (o desde el fracaso): Catalina, Hildegarda, Joaquín de Fiore, Francisco, Clara y Domingo, Teresa, Juan de la Cruz y Juan de Ávila, Erasmo, Rosmini, Newman, Maritain, Edith Stein, Foucauld, los teólogos del Vaticano II, Juan XXIII… ¡y tantos otros, anónimos y/u olvidados…!

10º La reforma de la Iglesia no admite mirar a nadie, seguir a nadie, guiarse de nadie, obedecer a nadie… A nadie que no sea Nuestro Señor Jesucristo. Es la última nota, que puede ser la primera y que está imbricada en todas las demás.

Sólo Jesús, “el inabarcable”, es la referencia; la única referencia; el único a quien mirar a la hora (todas son horas) de emprender, continuar, y nunca concluir la reforma eclesial. Que es mi reforma, nuestra reforma. Por eso nos cuesta tanto y es (¿seguirá siendo?), también con Francisco, una reforma diferida con riesgos de aparcamiento de larga duración

http://www.vidareligiosa.es/index.php?option=com_content&view=article&id=672%3Aun-decalogo-para-la-reforma&catid=2%3Aarticulos&Itemid=3

(Nota: Los remarcados con negrita o cursiva son míos; San Millán, noviembre 2013).

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Pepe Alonso escribe en Facebook:
Desde Bogotá, Colombia, nos visita Fray Nelson, un sacerdote que ha desarrollado un extenso ministerio de predicación cuya palabra ha recorrido diversos lugares y aun continentes. Sus programas de audio, su página web- www.fraynelson.com (la cual se ha constituido en un portal católico que cuenta con numerosas homilías y prédicas)–, un boletín electrónico gratuito–”Alimento del Alma,”–se han convertido en un vehículo ágil de comunicación que llega a miles de personas diariamente. Además su presencia en las redes sociales también han sido escenario de difusión de la Palabra. Señal en vivo por Internet: http://www.ewtn.com/spanish/audiovideo/index.asp Estados Unidos–6PM Miami | Latinoamérica–5PM México, 6PM Bogotá, 12AM Madrid | feenvivo@ewtn.com
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Néstor Medina

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En español, el ángelus del Papa Francisco, domingo 18 agosto 2013:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días: en la Liturgia de hoy escuchamos estas palabras de la Carta a los Hebreos: « Corramos con perseverancia al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús» (Heb 12,1-2).

Es una expresión que debemos subrayar de forma particular en este Año de la fe. También nosotros, durante todo este año, tenemos la mirada fija en Jesús, porque la fe, que es nuestro “sí” a la relación filial con Dios, viene de Él; viene de Jesús: es Él el único mediador de esta relación entre nosotros y nuestro Padre que está en el cielo.

Jesús es el Hijo, y nosotros somos hijos en Él. Pero la Palabra de Dios de este domingo contiene también una palabra de Jesús que nos pone en crisis, y que debe ser explicada para no generar mal entendidos.

Jesús dice a los discípulos: «¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división» (Lc 12,51). ¿Qué cosa significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión. Como si fuera una torta que se la decora con la crema ¡No! La fe no es eso.

La fe comporta elegir a Dios como criterio-base de la vida, y Dios no es vacío, no es neutro, Dios es siempre positivo, Dios es ¡amor! Y el amor es positivo. Después que Jesús vino al mundo, no se puede hacer como si no conociésemos a Dios. Como si fuera una cosa abstracta, vacía, puramente nominal. No.

Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros. Por esto Jesús dice: he venido a traer división; no es que Jesús quiera dividir entre ellos a los hombres, al contrario: Jesús es nuestra paz, ¡es reconciliación! Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad. Jesús no trae neutralidad.

Esta paz no es un acuerdo a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y escoger el bien, la verdad, la justicia, también cuando ello requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí divide, lo sabemos, divide también los lazos más estrechos.

Pero atención: ¡No es Jesús el que divide! Él pone el criterio: vivir para sí mismo, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es “signo de contradicción” (Lc 2,34).

Por lo tanto, esta palabra del Evangelio no autoriza de hecho el uso de la fuerza para difundir la fe. Es precisamente al contrario: la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia. Fe y violencia son incompatibles.

¡Fe y violencia son incompatibles! En cambio fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento pero es fuerte y ¿con qué fortaleza? con aquella de la mansedumbre; la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.

Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio (cfr Mc 3,20-21). Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, teniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio.

Y al final, gracias también a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana (cfr Hch 1,14). Pidamos a María que también nos ayude a nosotros a tener la mirada bien fija en Jesús y a seguirlo siempre, también cuando cuesta.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera-Radio Vaticano)

Los Hermanos Musulmanes incendian y dañan siete iglesias

efe
Un símbolo de unión entre musulmanes y cristianos en una protesta contra Mursi en la plaza Tahrir

El primer ministro egipcio, Hazem al Beblaui, condenó este jueves las «acciones criminales» que sufrieron ayer varias iglesias en el país, informó la agencia estatal de noticias Mena. El jefe de Gobierno expresó, además, por teléfono al patriarca de la iglesia ortodoxa copta, Teodoro II, su solidaridad y pésame por los actos de violencia e incendio de iglesias en varias provincias del país.

«La unidad de musulmanes y cristianos es una línea roja y las fuerzas de la oscuridad y el terrorismo no lograrán afectar o debilitarla», destacó Al Beblaui. Asimismo, advirtió de que su Ejecutivo afrontará con firmeza cualquier intento de agredir los lugares de culto y los ataques a cristianos.

Por su parte, el jefe del Ejército egipcio y ministro de Defensa, general Abdel Fatah al Sisi, ordenó este jueves al departamento de Ingeniería Militar reconstruir y reparar rápidamente todas las iglesias atacadas. Según Mena, la decisión de Al Sisi fue adoptada “en respuesta al papel patriótico que desempeñan los cristianos en Egipto”.

El Ministerio del Interior egipcio anunció que un total de siete iglesias fueron incendiadas o dañadas ayer por los seguidores de los Hermanos Musulmanes. Los ataques se produjeron en el Norte del Sinaí, en el noreste del país, y en las provincias de Asiut, Minya y Sohag, ubicadas al sur de El Cairo.

Por otra parte, cientos de seguidores de los Hermanos Musulmanes han atacado este jueves un edificio gubernamental en El Cairo, en el que han incendiado uno de los accesos, según han informado la cadena de televisión estatal y varios testigos. Los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los seguidores del expresidente Mohamed Mursi por el desalojo de dos campamentos de protesta en El Cairo han causado más de 525 víctimas, según el balance ofrecido por el Gobierno interino.

Las autoridades decretaron ayer el estado de emergencia durante un mes y el toque de queda por la noche tras la violencia que se extendió por todo el país. Después del inicio de la operación policial contra las acampadas islamistas, los Hermanos Musulmanes hicieron llamamientos a sus partidarios para que salieran a las calles de Egipto, lo que degeneró en choques con las fuerzas del orden y opositores al depuesto mandatario.

ROMA, 08 Nov. 11 / 08:35 am (ACI/EWTN Noticias)

El Venerable Papa Pío XII no solo ayudó a salvar a casi 900 mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial sino que también él mismo y en persona ayudó a varios de ellos en la ciudad de Roma, según afirma un experto historiador judío.

Hace poco Gary Krupp conoció el relato de una judía cuya familia fue rescatada gracias a la intervención directa del Vaticano. “Hay una carta inusual, escrita por una mujer que aún vive en el norte de Italia, quien dijo que participó con su madre, su tía y otros parientes en una audiencia con Pío XII en 1947”.

Junto a Pío XII estaba su Secretario de Estado, el entonces Mons. Giovanni Montini, que sería luego el Papa Pablo VI.

“Su tía miró al Papa y dijo: ‘usted estaba vestido como franciscano’, y miró a Montini quien estaba a su costado y le dijo ‘y usted como un sacerdote común. Me sacaron del gueto y me llevaron al Vaticano’. Montini le dijo inmediatamente: ‘silencio, no repitan esta historia”.

Krupp cree que estas afirmaciones son ciertas porque están en la línea del carácter de Pío XII quien “necesitaba ver con sus propios ojos cómo eran las cosas”.

“Solía salir en su carro a zonas bombardeadas de Roma, y ciertamente no tenía miedo. De la misma forma lo puedo ver entrando al gueto para ver lo que estaba sucediendo”, afirma el experto historiador.

Krupp y su esposa Meredith son los fundadores de la Pave the Way Foundation iniciada en 2002 para “identificar y eliminar los obstáculos no teológicos entre las religiones”. En 2006 líderes católicos y judíos le solicitaron investigar el “escollo” de la reputación del Papa Pío XII durante la guerra. Con este descubrimiento, Wall, un neoyorkino de 64 años cree que finalmente ha logrado un gran avance.

“Somos judíos. Crecimos odiando el nombre de Pío XII. Creíamos que era antisemita, creíamos que era un colaborador de los nazis, todas las cosas que se dicen de él, las creíamos”.

Krupp está de acuerdo con las conclusiones de otro historiador judío y diplomático israelí, Pinchas Lapide, quien afirma que las acciones del Papa Pío XII y del Vaticano permitieron salvar a aproximadamente 897 mil judíos durante la guerra.

Pave the Way tiene unas 46 mil páginas de documentación histórica que sostiene esta afirmación, que ahora ofrecen en su sitio web junto a numerosas entrevistas con testigos presenciales e historiadores.

“Creo que es una responsabilidad moral, esto no tiene nada que ver con la Iglesia Católica. Sólo tiene que ver con la responsabilidad judía de reconocer a un hombre que en realidad salvó a un enorme número de judíos en todo el mundo mientras estaba rodeado de fuerzas hostiles, infiltrado por espías y bajo amenaza de muerte”.

Krupp explicó que una de las formas de esta ayuda se dio a través de la red de nunciaturas apostólicas en todo el mundo con las que se sacaba a los judíos perseguidos en Europa. Por ejemplo, entre 1939 y 1945 el Vaticano solicitó 800 visas para entrar a la República Dominicana. Esta acción y otras similares permitieron salvar a más de 11 mil judíos solo de esa forma.

Pave the Way también tiene evidencia que demuestra que la reputación que manejan los enemigos de la Iglesia sobre el Papa Pío XII nace como una conspiración de la KGB rusa. Un exoficial de esta institución, Ion Mihai Pacepa, precisa que todo fue complot soviético.

Krupp precisa que los comunistas querían “desacreditar al Papa luego de su muerte, para destruir la reputación de la Iglesia Católica y, más importante para nosotros, para aislar a los judíos de los católicos. Tuvieron éxito en esas tres áreas”.

En su opinión todo esto está cambiando ahora. Cuando lo escuchan hablar, dice Krupp, “muchos judíos han estado extremadamente agradecidos. ‘Me siento feliz de escuchar eso. Nunca quise creer esto de él (Pío XII), especialmente los que lo conocimos”.

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