Maná y Vivencias Cuaresmales (44), 18.4.19 – Jueves Santo, Triduo Pascual

abril 18, 2019

Jueves Santo

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Misa Crismal

Misa Crismal



AMBIENTACIÓN.- En este día se celebran dos misas, una en la mañana y otra en la tarde: la Crismal y la Cena del Señor, en latín “In Coena Dómini”. Es un día sagrado y lleno de misterio: Jesús manifiesta su última voluntad y culmina la entrega de su vida.

En la misa Crismal, el obispo reúne a sus inmediatos colaboradores para celebrar la misericordia de Dios que les encomendó prolongar en el mundo su sacerdocio. En efecto, Jesús en la Última Cena, celebra su primera y única Eucaristía y encarga a los apóstoles “repetirla” en su nombre: “Haced esto en conmemoración mía”.

Durante la Misa, los sacerdotes renuevan, ante su obispo y ante el Pueblo santo de Dios, las promesas que formularon el día de su ordenación. El obispo bendice los óleos de los enfermos y de los catecúmenos y consagra el santo crisma que se usará en los sacramentos del bautismo, confirmación y orden sagrado.

Con la Eucaristía de esta tarde inauguramos el Triduo Pascual, que abarca el Viernes Santo, el Sábado Santo y la Vigilia Pascual del Domingo de Resurrección. En este Triduo celebramos el misterio central de todo el año litúrgico para los cristianos: la Muerte y Resurrección de Jesús, su Pascua, su “paso” a través de la muerte a la nueva existencia. Jesús, antes de ir a la cruz, quiso anticipar sacramentalmente su entrega en la Última Cena. Nosotros iniciamos este Triduo Santo celebrando su donación eucarística.

Hoy celebramos:

La institución de la Eucaristía.
El mandato de la caridad fraterna.
El origen del sacerdocio.



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¡Cuánto he deseado celebrar esta pascua con vosotros antes de morir!



Antífona de entrada: Gálatas 6, 14

Que nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y redimidos.

Oración colecta

Oh Dios, que por la unción del Espíritu Santo constituiste a tu Hijo Mesías y Señor, y a nosotros, miembros de su cuerpo, nos haces partícipes de su misma unción; ayúdanos a ser en el mundo testigos fieles de la redención que ofreces a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Éxodo 12, 1-8.11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel:

“El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer.

Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas.

Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.

La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto.

Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones.”»

SALMO 115, 12-13.15-16bc.17-18

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.

SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 11, 23-26

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que os améis los unos a los otros, como yo os he amado.

EVANGELIO: Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»

Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Antífona de comunión: 1 Corintios 11, 24.25

Éste es mi Cuerpo, que se da por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo bebáis, hacedlo en memoria mía, dice el Señor.



VIVENCIAS CUARESMALES

Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.

44. JUEVES SANTO

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Hoy comienza el Triduo Pascual. Es el corazón del año litúrgico, el centro de toda celebración, el resumen del misterio de Cristo, Dios y Hombre a la vez. El Triduo Pascual es el punto de referencia por antonomasia, culmen y fuente de toda la vida cristiana.

Durante el Triduo Pascual se realiza la gran transformación que afectará a Jesús y a todos los hombres por compartir con él la misma naturaleza humana. Hasta ahora Jesús ha encarnado de forma única e intransferible la salvación preparada por Dios desde toda la eternidad.

Jesús, lleno de la gracia y del poder de Dios, ha pasado por el mundo haciendo el bien. Y a partir de ahora esa novedad de Cristo es confirmada mediante su muerte y resurrección y a la vez, y por eso precisamente, transferida a todos los hombres, mediante el Espíritu Santo.

Jesús se convierte en el Cristo de la salvación. Jesús es constituido como Salvador, se hace Universal por la fuerza del Espíritu Santo: lo que se ha dado en Jesús durante su vida es transferido como maravillosa posibilidad a todos los que crean en él.

Los discípulos que hasta ahora no entendían, que no podían expulsar a los demonios, que negaron a su adorable Maestro a la hora de la pasión, desde ahora serán revestidos del poder de lo alto para realizar las mismas obras que Jesús hacía en su vida mortal y aun mayores, como él mismo dijo.

Todo esto se manifestará y se realizará durante este Triduo; a partir de él se establecerá el Domingo sin ocaso, la victoria definitiva de Cristo y de su Iglesia para siempre sobre todo mal. El Domingo de Pascua es anticipación del Cielo y desembocará en la Jerusalén Celestial.

Durante los cuarenta días de la Cuaresma, nos hemos preparado para celebrar el Triduo Pascual: la Muerte y Resurrección de Cristo. La Iglesia celebra gozosamente la victoria de Cristo durante los cincuenta días de Pascua que culminan en la fiesta de Pentecostés. Son noventa días que constituyen la esencia del año litúrgico: la celebración más completa y nuclear de la vida cristiana.
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De los tratados de san Agustín, obispo,
sobre el Evangelio de San Juan.

La plenitud del amor

El señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista Juan en su carta: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos, amándonos mutuamente como él nos amó, que dio su vida por nosotros.

Es la misma idea que encontramos en el libro de los Proverbios: Sentado a la mesa de un señor, mira bien qué te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante. Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros.

Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar bien lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa lo que ya he dicho antes: que así como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos.

Como dice el Apóstol Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Esto significa preparar algo semejante. Esto es lo que hicieron los mártires llevados por un amor ardiente; si no queremos celebrar en vano su recuerdo, y si nos acercamos a la mesa del Señor para participar del banquete en que ellos se saciaron, es necesario que, tal como ellos hicieron, preparemos luego nosotros algo semejante.

Por esto, al reunirnos junto a la mesa del Señor, no los recordamos del mismo modo que a los demás que descansan en paz, para rogar por ellos, sino más bien para que ellos rueguen por nosotros, a fin de que sigamos su ejemplo ya que ellos pusieron en práctica aquel amor del que dice el Señor que no hay otro más grande.

Ellos mostraron a sus hermanos la manera como hay que preparar algo semejante a lo que también ellos habían tomado de la mesa del Señor.

Lo que hemos dicho no hay que entenderlo como si nosotros pudiéramos igualarnos al Señor, aun en el caso de que lleguemos por él hasta el testimonio de nuestra sangre.

Él era libre para dar su vida y libre para volverla a tomar, nosotros no vivimos todo el tiempo que queremos y morimos aunque no queramos; él, en el momento de morir, mató en sí mismo a la muerte, nosotros somos librados de la muerte por su muerte; su carne no experimentó la corrupción, la nuestra ha de pasar por la corrupción, hasta que al final de este mundo seamos revestidos por él de la incorruptibilidad; él no necesitó de nosotros para salvarnos, nosotros sin él nada podemos hacer; él, a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid, nosotros, separados de él, no podemos tener vida.

Finalmente, aunque los hermanos mueran por sus hermanos, ningún mártir derrama su sangre para el perdón de los pecados de sus hermanos, como hizo él por nosotros, ya que en esto no nos dio un ejemplo que imitar, sino un motivo para congratularnos. Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros (Tratado 84, 1-2: CCL 36, 536-538).


Maná y Vivencias Cuaresmales (41), 15.4.19

abril 15, 2019

Lunes Santo

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María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera



Antífona de entrada: Salmo 34, 1-2

Defiéndeme, Señor, contra los que me atacan, protégeme contra los que me hacen guerra; levántate y ven en mi auxilio, Señor Dios, mi fuerte Salvador.


Oración colecta

Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza, y levanta nuestra débil esperanza con la fuerza de la pasión de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 42, 1-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.»

Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella:

«Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he agarrado de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

SALMO 26, 1.2.3.13-14

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio:

¡Salve, Rey nuestro! Sólo tú te has compadecido de nuestros errores.

EVANGELIO: Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.

Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Antífona de comunión: Salmo 101, 3

No me ocultes tu rostro, Señor, el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame en seguida.



VIVENCIAS CUARESMALES

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41. LUNES SANTO

Y la casa se llenó de la fragancia del perfume

Y la casa se llenó de la fragancia del perfume

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AMBIENTACIÓN.- Oración colecta: Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra débil esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lectura de Isaías 42, 1-7 Primer Cántico del Siervo de Yahvé: “Esto dice el Señor: He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, el preferido de mi corazón. He puesto mi Espíritu sobre él. Él les enseñará el derecho a las naciones.

No clamará, no gritará, ni alzará en las calles su voz. No romperá la caña quebrada ni aplastará la mecha que está por apagarse. Enseñará a las naciones mis juicios sin dejarse quebrar ni aplastar, hasta que reine el derecho en la tierra. Los países lejanos esperan sus ordenanzas. Así habla Yahvé, el que creó los cielos y los estiró, que le puso firmes cimientos a la tierra y produjo todas sus plantas, que dio aliento a sus habitantes y respiración a los seres que se mueven en ella.

Yo, Yahvé, te he llamado para cumplir mi justicia, te he formado y tomado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para todas las naciones. Para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, y del calabozo a los que estaban en la oscuridad”.

En el evangelio, Juan 12, 1-11, aparecen distintos personajes: ¿tú, dónde te sitúas? Identifícate especialmente con María quien tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Considera la parte humana de Jesús: Se refugia en casa de sus amigos que podemos llamar “íntimos”: Lázaro, Marta y María. Aloja en tu corazón a Jesús. Espiritualmente, déjate inundar de la ternura de su Espíritu, acógelo después en los hermanos que hoy sufren algo parecido a lo que soportó Jesús en estos días: Inseguridad, asedio, desprecio, amenaza, secuestro, pánico, terror, desengaños.

El Salmo 26 expresa muy bien los sentimientos de Jesús en estos últimos días de su vida. Acompáñalo. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados, para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

HIMNO

Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño; tú, que hiciste cayado de ese leño, en que tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguir empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres. Espera, pues, y escucha mis cuidados. Pero ¿cómo te digo que me esperes, si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.

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De la primera Apología de San Justino, mártir,
en defensa de los cristianos.

El bautismo del nuevo nacimiento

Vamos a exponer de qué manera, renovados por Cristo nos hemos consagrado a Dios. A quienes aceptan y creen que son verdad las cosas que enseñamos y exponemos y prometen vivir de acuerdo con estas enseñanzas, les instruimos para que oren a Dios con ayunos, y pidan perdón de sus pecados pasados, mientras nosotros, por nuestra parte, oramos y ayunamos también juntamente con ellos.

Luego los conducimos a un lugar donde hay agua, para que sean regenerados del mismo modo que fuimos regenerados nosotros. Entonces reciben el baño del bautismo en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo. Pues Cristo dijo: El que no nazca de nuevo, no podrá entrar en el reino de los cielos. Ahora bien, es evidente para todos que no es posible, una vez nacidos, volver a entrar en el seno de nuestras madres.

También el profeta Isaías nos dice de qué modo pueden librarse de sus pecados quienes pecaron y quieren convertirse: Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda.

Entonces venid y litigaremos, dice el Señor. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.

Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra primera generación, fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte, y por una ley natural y necesaria, por la acción del germen paterno en la unión de nuestros padres y sufrimos la influencia de costumbres malas y de una instrucción desviada.

Mas, para que tengamos también un nacimiento, no ya fruto de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra libre y consciente elección, y lleguemos a obtener el perdón de nuestros pecados pasados, se pronuncia, sobre quienes desean ser regenerados y se convierten de sus pecados, mientras están en el agua, el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, único nombre que invoca el ministro cuando introduce en el agua al que va a ser bautizado.

Nadie, en efecto, es capaz de poner nombre al Dios inefable, y si alguien se atreve a decir que hay un nombre que expresa lo que es Dios es que está rematadamente loco. A este baño lo llamamos “iluminación” para dar a entender que los que son iniciados en esta doctrina quedan iluminados. También se invoca sobre el que ha de ser iluminado el nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilatos, y el nombre del Espíritu Santo que, por medio de los profetas, anunció de antemano todo lo que se refiere a Jesús (Cap. 61: PG 6, 419-422).

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Maná y Vivencias Cuaresmales (40), 14.4.19

abril 13, 2019

Domingo de Ramos, Ciclo C

 

La-entrada-de-Jesus-en-Jeru

Os digo, que si estos callan, gritarán las piedras



RITO DE ENTRADA: Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén.


Antífona de entrada: Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. ¡Hosanna en el cielo!


EVANGELIO: Lucas 19, 28-40

En aquel tiempo, Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos diciéndoles:
–Id a la aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: «¿por qué lo desatáis?», contestadle: «el Señor lo necesita.»

Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron:
–¿Por qué desatáis el borrico?
Ellos contestaron:
–El Señor lo necesita.

Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos, y le ayudaron a montar.
Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos.

Y cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, diciendo:
¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!
Paz en el cielo y gloria en lo alto.

Algunos fariseos de entre la gente le dijeron:
–Maestro reprende a tus discípulos.

El replicó:
–Os digo, que si estos callan, gritarán las piedras.


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Oración colecta:

Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.

El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.


SALMO 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere.»

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel.


SEGUNDA LECTURA: Filipenses 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


Aclamación antes del Evangelio: Flp 2, 8-9

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre–sobre–todo–nombre».


EVANGELIO: Lucas 22,14-23,56

C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:

+ «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»

C. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:

+ «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.»

C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:

+ «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»

C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:

+ «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros. Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero, iay de ése que lo entrega!»

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo:

+ «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve. Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.»

C. Y añadió:

+ «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.»
C. Él le contestó:

S. «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte.»

C. Jesús le replicó:

+ «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.»

C. Y dijo a todos:

+ «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?»

C. Contestaron:

S. «Nada.»

C. Él añadió:

+ «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la al forja; y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: “Fue contado con los malhechores.” Lo que se refiere a mi toca a su fin.»

C. Ellos dijeron:

S. «Señor, aquí hay dos espadas.»

C. Él les contestó:

+ «Basta.»

C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:

+ «Orad, para no caer en la tentación.»

C. Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba, diciendo:

+ «Padre, si quieres, aparta de mi ese cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:

+ «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.»

C. Todavía estaba hablando, cuando aparece gente; y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. Jesús le dijo:

+ «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?»

C. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron:

S. «Señor, ¿herimos con la espada?»

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo:

+ «Dejadlo, basta.»

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:

+ «¿Habéis salido con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas.»

C. Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos. Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:

S. «También éste estaba con él.»

C. Pero él lo negó, diciendo:

S. «No lo conozco, mujer.»

C. Poco después lo vio otro y le dijo:

S. «Tú también eres uno de ellos.»

C. Pedro replicó:

S. «Hombre, no lo soy.»

C. Pasada cosa de una hora, otro insistía:

S. «Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo.»

C. Pedro contestó:

S. «Hombre, no sé de qué me hablas.»

C. Y, estaba todavía hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente. Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, dándole golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban:

S. «Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?»

C. Y proferían contra él otros muchos insultos. Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron:

S. «Si tú eres el Mesías, dínoslo.»

C. Él les contestó:

+ «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder. Desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso.»

C. Dijeron todos:

S. «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?»

C. Él les contestó:

+ «Vosotros lo decís, yo lo soy.»

C. Ellos dijeron:

S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.»

C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:

S. «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.»

C. Pilato preguntó a Jesús:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Él le contestó:

+ «Tú lo dices.»

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre.»

C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.»

C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:

S. «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.»

C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:

S. «¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.»

C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucificalo, crucificalo!»

C. Él les dijo por tercera vez:

S. «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Asi es que le daré un escarmiento y lo soltaré.»

C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban larnentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: “Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado.” Entonces empezarán a decirles a los montes: “Desplomaos sobre nosotros”, y a las colinas: “Sepultadnos”; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?»

C. Conducían también otros malhechores para ajusticiarlos con él. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.. Jesús decía:

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»

C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»

C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»

C. Pero el otro le increpaba:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.»

C. Jesús le respondió:

+ «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»

C. Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.»

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo.»

C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando. Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta, prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.


Antífona de comunión: Mt 26, 42

Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.


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VIVENCIAS CUARESMALES (40)

 

¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!



DOMINGO DE RAMOS CICLO C


RITO DE ENTRADA: Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén.


Evangelio de san Lucas 19, 28-40: La masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, diciendo:

¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo alto!


TEMA CENTRAL.- La entrada de Cristo en Jerusalén para cumplir su misterio Pascual.

En la oración de bendición de ramos se pide el don de la alabanza a Cristo victorioso y el don de la vida nueva ya aquí en la tierra y que crezca hasta conducirnos a la Jerusalén Celestial.

La oración colecta de hoy resume la finalidad del plan de salvación de Dios: Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

San Agustín resumirá en la humildad las enseñanzas de Cristo a los hombres: como él se sometió a la voluntad del Padre y, por amor a Dios, a los hombres, así el cristiano debe someterse en todo a los planes de Dios. Por eso se pide que las enseñanzas de su Pasión nos sirvan.

A ver si consideramos con verdadera devoción la Pasión Salvadora de Cristo y aprendemos sus grandes, misteriosas y definitivas enseñanzas para la humanidad de todos los tiempos.

La primera lectura de Isaías 50, 4-7 resume la valentía de Jesús ante Dios y ante los hombres, que consiste en su actitud noble y transparente que le conduce a la libertad plena. “El Señor Yahvé me ha concedido el poder hablar como su discípulo. Y ha puesto en mi boca las palabras para aconsejar como es debido al que está aburrido. Cada mañana, él me despierta y lo escucho como lo hacen los discípulos. El Señor Yahvé me ha abierto los oídos y yo no me resistí ni me eché atrás. He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a quienes me tiraban de la barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los escupos. El Señor Yahvé viene en mi ayuda y por eso no me molestan las ofensas. Por eso puse mi cara dura como piedra”.

En la segunda lectura, esa transparencia recibe el nombre de anonadamiento: se aniquiló a sí mismo. Ante ese gesto de Jesús, Pablo invita a todos a bendecir a Cristo y a adorarlo como a verdadero Dios, constituido salvador universal y para siempre.

Cristo es el Señor, para gloria de Dios Padre, Filipenses 2, 6-11: “Jesús, que era de condición divina, no se aferró celoso a su igualdad con Dios, sino que se aniquiló a sí mismo tomando la condición de esclavo, y llegó a ser semejante a los hombres. Habiéndose comportado como hombre, se humilló, obedeciendo hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le concedió un nombre que está sobre todo nombre. Para que ante el nombre de Jesús todos se arrodillen en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y que toda lengua proclame que Cristo es el Señor para la gloria de Dios Padre”.

Admira el misterio de Cristo en la pasión. Es el resumen de su vida: conclusivo y magnífico colofón de toda su vida terrena, que es también divina.

Comunión, Mateo 26, 42: Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

De los Sermones de san Andrés de Creta, obispo

Bendito el que viene, como Rey, en nombre del Señor.

Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres.

Porque el que va libremente hacia Jerusalén es el mismo que por nosotros, los hombres, bajó del cielo, para levantar consigo a los que yacíamos en lo más profundo y colocarnos, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido.

Y viene, no como quien busca su gloria por medio de la fastuosidad y de la pompa. No porfiará -dice-, no gritará, no boceará por las calles, sino que será manso y humilde, y se presentará sin espectacularidad alguna.

Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos a captar aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

Alegrémonos, pues, porque se nos ha presentado mansamente el que es manso y que asciende sobre el ocaso de nuestra ínfima vileza, para venir hasta nosotros y convivir con nosotros, de modo que pueda, por su parte, llevarnos hasta la familiaridad con él.

Ya que, si bien se dice que, habiéndose incorporado las primicias de nuestra condición, ascendió, con ese botín, sobre los cielos hacia el oriente, es decir, según me parece hacia su propia gloria y divinidad, no abandonó, con todo, su propensión hacia el género humano hasta haber sublimado al hombre, elevándolo progresivamente desde los más ínfimo de la tierra hasta lo más alto de los cielos.

Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable sino revistiéndonos de su gracia, es decir, de Él mismo, pues los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Así debemos ponernos a sus pies como si fuéramos unas túnicas.

Y si antes, teñidos como estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria.

Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los rayos espirituales del alma: Bendito el que viene, como Rey, en nombre del Señor (Sermón 9 sobre el domingo de Ramos; PG 97, 990-994).


ESTIMADO HERMANO, APRECIADA HERMANA, estamos concluyendo el tiempo cuaresmal y entramos ya en la Semana Santa o Semana de Pasión. Te felicito por seguir con fidelidad este camino cuaresmal, día a día. Hemos procurado ejercitarnos en la oración, el ayuno y la limosna: una mayor atención a la Palabra de Dios, un ejercicio de ascesis para orientar todas nuestras fuerzas hacia el amor de Dios y del prójimo, y finalmente una praxis de la compasión y de la misericordia con uno mismo y con los hermanos.

Pero esto no valdría gran cosa si no estuviera referido a Cristo, nuestro Maestro y único Dueño. Toda la Cuaresma culmina focalizando nuestra mente y nuestros sentimientos en la contemplación de Jesús, hijo del hombre e Hijo de Dios.

En estos próximos días, Jesús llevará a feliz término su gesta salvadora. Morirá en su ley, es decir, como ha vivido: lleno de amor de Dios y apasionado por la salvación de los hombres.

Hermanos, sigamos de cerca sus huellas para hacernos, de alguna manera, dignos de resucitar con él a una vida nueva. Ya lo estás alcanzando, pero merece la pena seguir hasta el final, pues Dios es siempre sorpresivo, siempre quiere más: Mayores cosas verás. Enhorabuena y adelante.


Maná y Vivencias Cuaresmales (1), 6.3.19

marzo 6, 2019

MIÉRCOLES DE CENIZA (Ayuno y abstinencia)

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miércoles de ceniza

Miércoles de Ceniza: Comienza la Cuaresma.



Antífona de entrada: Sabiduría 11, 24-25.27

Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, Señor. Cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; a todos perdonas porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.


Oración colecta

Señor, fortalécenos con tu auxilio al empezar la Cuaresma, para que nos mantengamos en espíritu de conversión; que la austeridad penitencial de estos días nos ayude en el combate cristiano contra las fuerzas del mal. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Joel 2, 12-18

«Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.»

Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo.

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»


SALMO 50, 3-4.5-6a.12-13.14.17

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.


SEGUNDA LECTURA: 2 Corintios 5, 20–6,2

Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.


Aclamación: Salmo 94, 8

Hagámosle caso al Señor que nos dice: “No endurezcáis vuestro corazón”.


EVANGELIO: Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»


Antífona de comunión: Salmo 1, 2-3

El que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto a su tiempo.


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VIVENCIAS CUARESMALES

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1. MIÉRCOLES DE CENIZA

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Mensaje central:

La ceniza simboliza la condición “creatural” del hombre. El Evangelio de hoy pide vivir en autenticidad, en coherencia ante Dios y ante los hombres. En este primer día cuaresmal deseamos renovar lo fundamental de la vida cristiana: Una interioridad llena de Dios y, por tanto, vaciada de toda “mundanidad”. Pues somos “obra de Dios” desde el principio y desde lo más profundo de nuestro ser. Es nuestra vocación original.

I. DIOS, FUENTE DE VIDA Y DE PERDÓN

El texto bíblico de la antífona de entrada a la Misa, Sabiduría Cap. 11, 24-25-27, dice:

“Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, Señor. Cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; a todos perdonas porque son tuyos, Señor, amigo de la vida”.

Consideraciones al respecto:

1. Dios es fuente de vida, de toda forma de vida. Por eso, nunca se cansa de nosotros, no se da por vencido a pesar de nuestras infidelidades; vuelve a llamarnos a la conversión una y otra vez; y de una forma especial, una vez al año, en un tiempo extraordinario, tiempo de gracia: la Cuaresma. Dios siempre da vida, no odia, quiere que todo viva: para eso Él ha creado todas las cosas.

2. Le recordamos a Dios que somos su obra, y, al recordárselo, le provocamos su amor propio, su celo, pues, en verdad somos su propiedad. Dios no puede permanecer indiferente ante nuestra suerte. Está vinculado con nosotros; mejor, nos “religó” para siempre con Él. “Nos hiciste, Señor, para ti”, rezará san Agustín.

3. Dios aparta su vista de nuestros pecados: nadie puede ver a Dios y seguir viviendo, porque la santidad de Dios asusta, trasciende al hombre; así como la indignidad del hombre abruma y mata. Dios es misericordioso, y, como sabe que somos de barro, “mide” al hombre en su capacidad para aguantar la conciencia de su culpabilidad.

Por eso, lo hiere en aquel mínimo suficiente que se necesita para que se arrepienta y tenga vida, sin caer en la desesperación o autocastigo. Como que Dios no nos mostraría toda la gravedad de nuestro desprecio a su bondad y misericordia infinitas, porque no podríamos soportarla, nos destruiría. El Padre quiere que tengamos vida en abundancia… para eso ha hecho pecado a su propio Hijo.


II. SER Y ACTUAR EN LA PRESENCIA DE DIOS: Mt. 6, 1-6. 16-18

Autenticidad: Andar en verdad. El Creador y la creatura.

1. Somos obra de Dios: sólo Él es nuestro amo y señor, nuestro soberano; por tanto, a nadie debemos llamar maestro; no deberíamos considerar a nadie nuestro dueño, ni permitir a otro que se haga maestro nuestro.

2. Por tanto debemos actuar, no ante los hombres, sino ante Dios. No para agradar a los hombres sino a Dios, no para recibir compensaciones humanas, siempre insatisfactorias, sino a Dios mismo. Sólo Él es nuestro origen y nuestro destino.

No podemos contentarnos con menos; eso es lo que él ha dispuesto. San Agustín lo expresa así: “Nos hiciste, Señor, para ti; y por tanto, siempre estaremos inquietos hasta que descansemos en ti”.

3. Los demás pertenecen a Dios, no a nosotros; por tanto, no podemos seducirlos o acapararlos, deslumbrarlos o utilizarlos en nuestro provecho, poniéndoles tropiezos en su camino hacia la verdad, o apartándolos de su única meta, Dios mismo.

Ceniza = Condición humana: La grandeza del hombre y a la vez su fragilidad radical se resumen en su condición de criatura. Es decir, no es Dios.

Por eso, al recibir la ceniza se le recuerda al creyente: Acuérdate de que eres polvo, y en polvo te convertirás. Dios le recuerda al hombre su dignidad radical basada en su vocación divina; y a la vez, reafirma la dignidad del hombre y su fe salvífica.

4. Autenticidad y sinceridad en nuestra relación con Dios. Debe ser la primera condición y base para la convivencia humana. La primera honestidad del hombre con Dios Padre será el fundamento de la honestidad con el hombre en las relaciones interpersonales y sociales, e incluso consigo mismo.

Repasemos el texto del Evangelio: Cuando reces no te vanaglories, no llames la atención; entra en lo secreto de tu corazón, de tu habitación para que tu oración quede en lo secreto y Dios, que ve en lo secreto, te lo premiará. Cuando des limosna, lo mismo; cuando hagas penitencia, lo mismo. Que todo quede en lo secreto para que Dios, que ve en lo secreto, te lo premie.


Oración sugerida

Oh Dios, fuente de toda verdad, Dios verdadero de Dios verdadero, concédeme andar por el camino de la autenticidad. Dame gusto en pensar y actuar con rectitud de intención en todos mis asuntos. Haz que aborrezca el camino de la mentira y de la falsedad. Dame tu santo temor para andar siempre honestamente en tu presencia hasta descansar en tu paz. Por Jesucristo nuestro Señor, el Fiel y verdadero.- Amén.


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De los sermones de san León Magno, papa

Purificación espiritual por el ayuno y la misericordia

Siempre, hermanos; la misericordia del Señor llena la tierra, y la misma creación natural, es para cada fiel, verdadero adoctrinamiento que lo lleva a la adoración de Dios, ya que el cielo y la tierra, el mar y cuanto en ellos hay manifiestan la bondad y omnipotencia de su autor, y la admirable belleza de todos los elementos que le sirven está pidiendo a la criatura inteligente una acción de gracias.

Pero cuando se avecinan estos días, consagrados más especialmente a los misterios de la redención de la humanidad, estos días que preceden a la fiesta pascual, se nos exige, con más urgencia, una preparación y una purificación del espíritu.

Porque es propio de la festividad pascual que toda la Iglesia goce del perdón de los pecados, no sólo aquellos que nacen en el sagrado bautismo, sino también aquellos que, desde hace tiempo, se cuentan ya en el número de los hijos adoptivos.

Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención.

Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo; así viviremos, en santos ayunos, esta Cuaresma de institución apostólica, y precisamente no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobre todo ayunando de nuestros vicios.

Y no hay cosa más útil que unir los ayunos santos y razonables con la limosna, que, bajo la única denominación de misericordia, contiene muchas y laudables acciones de piedad, de modo que, aun en medio de situaciones de fortuna desiguales, puedan ser iguales las disposiciones de ánimo de todos los fieles.

Porque el amor, que debemos tanto a Dios como a los hombres, no se ve nunca impedido hasta tal punto que no pueda querer lo que es bueno.

Pues, de acuerdo con lo que cantaron los ángeles: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor, el que se compadece caritativamente de quienes sufren cualquier calamidad es bienaventurado no sólo en virtud de su benevolencia sino por el bien de la paz.

Las realizaciones del amor pueden ser muy diversas y, así, en razón de esta misma diversidad, todos los buenos cristianos pueden ejercitarse en ellas, no sólo los ricos y pudientes, sino incluso los de posición media y aun los pobres; de este modo, quienes son desiguales por su capacidad de hacer limosna son semejantes en el amor y afecto con que la hacen (Sermón 6 sobre la Cuaresma, 1-2: PL, 54, 285-287).


El maná de cada día, 16.2.19

febrero 16, 2019

Sábado 5ª semana del Tiempo Ordinario

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La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas

La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas



PRIMERA LECTURA: Génesis 3, 9-24

El Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»

Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»

El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»

Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»

El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»

Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.»

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»

A la mujer le dijo: «Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.»

Al hombre le dijo: «Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.»

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo pellizas para el hombre y su mujer, y se las vistió.

Y el Señor Dios dijo: «Mirad, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre.»

Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde lo habían sacado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.


SALMO 89, 2.3-4.5-6.12-13

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes, o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tu reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO: Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.»

Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?»

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»

Ellos contestaron: «Siete.»

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también.

La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil.

Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discipulos y se fue a la región de Dalmanuta.


Le convirtió la belleza del catolicismo, que volvió acogedor el antro donde vivía tras divorciarse

febrero 12, 2019

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Tom pedía que los templos atraigan por su hermosura y el trato cálido y ungido de las personas.

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Le convirtió la belleza del catolicismo, que volvió acogedor el antro donde vivía tras divorciarse

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Si Benedicto XVI insistió tanto en la belleza como camino para encontrar a Dios, es por casos como el de Tom.

Así bautiza Dwight Longenecker, para cubrir su anonimato, a uno de sus feligreses de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Greenville (Carolina del Sur, Estados Unidos), al ofrecer en su blog el testimonio de su conversión.

Una vida en caída libre

“Convertido por la belleza” se titula el post donde, en forma de carta al padre Longenecker (él mismo converso desde el evangelismo y el anglicanismo), Tom explica que llegó a Greenville cuando su vida “era un desastre“:

Mi matrimonio se acababa de romper y acabé en vuestra ciudad. Me había criado en una iglesia pentecostal rural, pero a mi mediana edad eso, sencillamente, ya no funcionaba. Buscaba algo más, un camino para reencontrar a Cristo“.

Pero su perspectiva era algo deprimente. Vivía, explica, en una habitación alquilada en los bajos de un edificio de apartamentos, un cuarto de nueve metros cuadrados con un baño, unido a un cuarto de estar que compartía con la familia de los dos pisos de arriba:

“Tenía un cartel de Silencio que colgaba en la puerta por la noche para que los otros estuviesen callados. Era mejor que nada, pero vivía solo… y en soledad“.

Redecoró su vida… y su cuarto

“Hasta que hizo su entrada la belleza”, continúa Tom, “ese tipo de belleza a la que se refiere el padre Robert Barron” -sacerdote norteamericano que difunde el catolicismo mediante vídeos y nuevas tecnologías- “cuando habla de evangelizar a través de la belleza“.

Tom trabaja en el sector tecnológico y está “orgulloso” de ello, pero los cubículos donde lo hace “no son algo hermoso” y ofrecían “un mundo sórdido y sin futuro”. También su otro hábitat: “Mi habitación era un mundo sórdido y sin futuro“. Un mundo que empezó a resultar agradable a raíz de su conversión.

No ofrece detalles íntimos de ese proceso, aunque sí insiste en que “la puerta de entrada no es siempre amistosa: tienes realmente que querer convertirte en católico para llegar a serlo”.

Sin embargo, en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario sí se encontró a gusto, porque redescubrió la belleza de lo sagrado:

“Una o dos veces por semana dejaba la esterilidad del trabajo y de mi cuartucho para ir a misa en un espacio hermoso, con música hermosa y gente encantadora. Me recibieron con agrado, se interesaron por mí, hice amigos. Durante mi preparación al bautismo, me arrastró la belleza del catolicismo tanto como el estudio de su doctrina”.

Y eso invadió todos sus espacios: “La belleza llegó a mi vida privada. Con el paso del tiempo mi habitación fue embelleciéndose. Una cruz en la mesa. Luego un rosario que  le pedí que bendijese. Y un misal para leer. Y una vela junto con algunas estampas para rezar. Durante años había luchado con la pobreza interior y el dolor, pero la belleza del catolicismo me arrastró y esas heridas empezaron a curarse. Me sentía vinculado a Dios y a su pueblo en una forma profunda y cargada de sentido“.

No en todas partes…

A Tom no le gusta ahondar en su evolución íntima hacia Dios, “una experiencia a la vez dolorosa y bella“: “Es difícil para mí luchar con las emociones al evocarla, pero mi vida nunca volvió a ser la misma”.

Su fe, sin embargo, era sólida. Porque luego se trasladó a vivir a Granton, y allí su primera experiencia como católico “fue, por desgracia, insatisfactoria”: aparte de la escasa empatía de los pocos fieles de su parroquia, allí la belleza de lo sagrado estaba ausente y elementos tan concretos como el agua bendita o los reclinatorios estaban semiocultos o eran impracticables.

“No había arte, ni color, ni espacio, era como el vestíbulo de un hotel o de un centro comercial. Pensé: ¿cómo se supone que voy a sentirme aquí cerca de Dios?“, lamenta: “Ni incienso, ni velas, ni llama ante el sagrario, apenas pude identificar lo que parecía un confesionario, la homilía fue monótona… ¿No se trata acaso de rendir culto al Todopoderoso?“.

También lamenta la falta de relación entre los fieles, y entre éstos y el sacerdote. “Sé que el catolicismo es más que todo esto, pero si esto fuese todo… nunca me habría convertido”, confiesa:

“¿Estoy equivocado al pensar así? Sin nadie acogedor en la puerta, sin música, sin un entorno de contemplación y sacralidad, sin arte, sin belleza… ¿qué me habría retenido aquí?“.

Y advierte de que quizá muchas personas que podrían convertirse no lo hacen porque no encuentran “ni un ápice de belleza que brille en el único lugar donde debería haberla: si el templo no es un templo, ¿para qué acudir a él?”.

Y no sólo se refiere al entorno estético, también a la acogida de unos cristianos a otros en el lugar donde celebran el domingo.

Por fortuna concluye, esa mala experiencia le llegó ya convertido: “Si mi alma hubiese estado entonces en el lugar oscuro donde estaba, en vez del buen lugar donde estoy ahora, ¿cuál habría sido mi experiencia?”.

https://www.religionenlibertad.com/historias_de_conversion/44039/le-convirtio-la-belleza-del-catolicismo-que-volvio-acogedor-el-antro.html


El maná de cada día, 15.1.19

enero 15, 2019

Martes de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

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Stained Glass Jesus Teaching-2

Enseñaba con autoridad



PRIMERA LECTURA: Hebreos 2, 5-12

Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del que estamos hablando; de ello dan fe estas palabras: «¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que mires por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, todo lo sometiste bajo sus pies.»

En efecto, puesto a someterle todo, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que todo le esté sometido. Al que Dios habla hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte.

Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación.

El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.»


SALMO 8, 2a.5.6-7.8-9

Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos.

¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos.

Todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar.


Aclamación antes del Evangelio: 1 Tesalonicenses 2, 13

Acoged la palabra de Dios, no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios.


EVANGELIO: Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió.

Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.



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Tenemos depositada en nosotros una fuerza
que nos capacita para amar

De la Regla monástica mayor de san Basilio Magno, obispo

El amor de Dios no es algo que pueda aprenderse con unas normas y preceptos. Así como nadie nos ha enseñado a gozar de la luz, a amar la vida, a querer a nuestros padres y educadores, así también, y con mayor razón, el amor de Dios no es algo que pueda enseñarse, sino que desde que empieza a existir este ser vivo que llamamos hombre es depositada en él una fuerza espiritual, a manera de semilla, que encierra en sí misma la facultad y la tendencia al amor. Esta fuerza seminal es cultivada dili­gentemente y nutrida sabiamente en la escuela de los divinos preceptos y así, con la ayuda de Dios, llega a su perfección.

Por esto, nosotros, dándonos cuenta de vuestro deseo por llegar a esta perfección, con la ayuda de Dios y de vuestras oraciones, nos esforzaremos, en la medida en que nos lo permita la luz del Espíritu Santo, por avivar la chispa del amor divino escondida en vuestro interior.

Digamos, en primer lugar, que Dios nos ha dado pre­viamente la fuerza necesaria para cumplir todos los man­damientos que él nos ha impuesto, de manera que no hemos de apenarnos como si se nos exigiese algo extraor­dinario, ni hemos de enorgullecernos como si devolviése­mos a cambio más de lo que se nos ha dado. Si usamos recta y adecuadamente de estas energías que se nos han otorgado, entonces llevaremos con amor una vida llena de virtudes; en cambio, si no las usamos debidamente, ha­bremos viciado su finalidad.

En esto consiste precisamente el pecado, en el uso des­viado y contrario a la voluntad de Dios de las facultades que él nos ha dado para practicar el bien; por el contra­rio, la virtud, que es lo que Dios pide de nosotros, con­siste en usar de esas facultades con recta conciencia, de acuerdo con los designios del Señor.

Siendo esto así, lo mismo podemos afirmar de la cari­dad. Habiendo recibido el mandato de amar a Dios, tene­mos depositada en nosotros, desde nuestro origen, una fuerza que nos capacita para amar; y ello no necesita de­mostrarse con argumentos exteriores, ya que cada cual puede comprobarlo por sí mismo y en sí mismo. En efecto, un impulso natural nos inclina a lo bueno y a lo bello, aunque no todos coinciden siempre en lo que es bello y bueno; y, aunque nadie nos lo ha enseñado, amamos a todos los que de algún modo están vinculados muy de cerca a nosotros, y rodeamos de benevolencia, por incli­nación espontánea, a aquellos que nos complacen y nos hacen el bien.

Y ahora yo pregunto, ¿qué hay más admirable que la belleza de Dios? ¿Puede pensarse en algo más dulce y agradable que la magnificencia divina? ¿Puede existir un deseo más fuerte e impetuoso que el que Dios infunde en el alma limpia de todo pecado y que dice con sincero afecto: Desfallezco de amor? El resplandor de la belleza divina es algo absolutamente inefable e inenarrable (Regla mayor, respuesta 2, 1).

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