Mana y Vivencias Cuaresmales (14), 19.3.19

marzo 19, 2019

Martes de la 2ª semana de Cuaresma

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NOTA: Este día cuaresmal con sus lecturas y comentarios ha sido sustituido por la liturgia propia de la Solemnidad de san José, 19 de marzo, en algunos lugares. Pero, en atención a las personas que quieran meditar la espiritualidad del martes de la segunda semana, reproducimos lo propio de este día.
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Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

 

Antífona de entrada: Salmo 12, 4-5

Ilumina mis ojos, para que no caiga en el sueño de la muerte, para que mi enemigo no pueda decir: “lo he vencido”.


Oración colecta

Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia y, pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 1,10.16-20

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.

Entonces, venid y litigaremos –dice el Señor–. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.

Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.»

SALMO 49, 8-9.16bc-17.21.23

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.

¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?

Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú; El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.»


Aclamación antes del Evangelio:

“Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, dice el Señor.»

EVANGELIO: Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Antífona de comunión: Salmo 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Sea el Señor tu delicia



14. MARTES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

 

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TEXTO ILUMINADOR: Practicad el bien y buscad la justicia.

Texto bíblico, Isaías 1, 10-16. Dios sigue exigiéndonos sinceridad y mucha honestidad para poder llegar a él. Pues él es Luz sin tiniebla alguna. Lavaos, purificaos: nada de maldad. Sólo haciendo el bien, el hombre alcanza su centro, su plenitud.

Dios es el más interesado en que sea así. Ayuda, lo más que puede, al hombre mediante la gracia preveniente, acompañante o concomitante, y, claro, siempre suficiente; pero no puede suplantar al hombre. Pues lo ha hecho libre, capaz de lo mejor. Dueño de su vida y constructor de su propia historia.

Dios que lo ha hecho libre, respeta su voluntad, y quiere que se ejercite como verdadero agente de bien y de solidaridad; y que así disfrute sintiéndose útil a los demás y realizado en sus posibilidades, casi infinitas. Pues Dios lo hizo poco inferior a los ángeles.

Dios, que es de vivos y no de muertos, no es celoso del crecimiento del hombre, sino todo lo contrario: goza con verlo feliz y realizado; es lo que más le gusta. En eso consiste su gloria, en que el hombre viva y llegue a plenitud.

“Ten en cuenta que hoy yo pongo ante ti el bien y la vida por una parte, y por otra el mal y la muerte. Si escuchas los mandamientos de tu Dios que yo te prescribo, vivirás y te multiplicarás. Yahvé te bendecirá en la tierra que vas a poseer. Escoge, pues, la vida…

Pongo hoy por testigo ante vosotros al cielo y a la tierra, te pongo delante la vida y la muerte, la bendición o la maldición: escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia. En eso está tu vida y la duración de tus días…” (Deuteronomio 30, 15-20).

De ahí el Salmo 49: “Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios”. ¿Por qué recitas mi ley, y no la cumples? ¿Puedo aceptar un culto falso, que olvida las obras de misericordia con el prójimo? ¿Crees que soy como tú, un arco falso que se dobla?

Dios es luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, en él no hay ni pizca de oscuridad.

“Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. No te reprocho tus sacrificios; pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. ¿Por qué recitas mis preceptos, y tienes en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza, y te echas a la espalda mis mandatos?

Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios” (Salmo 49, 8-9-16-17-21-23).

De nuevo el tema de la honestidad para con Dios y con el prójimo. Y vuelta con la responsabilidad del hombre y el poder de su decisión que radica en el interior: El reino de Dios no está aquí o allá; está en tu interior, dentro de tu corazón. No es inalcanzable ni tampoco depende de fuerzas fatalistas o arbitrarias.

Cuidado con aficionarnos a poner en factores exógenos la razón y la causa de nuestras desdichas: los demás, los políticos, el gobierno, la crisis económica, la historia, la mala suerte, el orden internacional…

En realidad, seremos lo que queramos, lo que decidamos libre y responsablemente. El hombre será lo que quiera ser. El Evangelio nos recomienda: no temáis a los que pueden haceros daño en el cuerpo. Temed sobre todo a los que pueden haceros daño en el alma, en el espíritu.

Sigue el texto sagrado en el mismo sentido, desmantelando subterfugios: No permitáis que os llamen “padre”, “maestro”, que os endiosen y os adulen. No lo consintáis. No viváis a cuenta del engaño de los demás, o a expensas de su adulación.

Es preciso vivir en la verdad, en la autenticidad. Cuidado con aficionarse a vivir de rentas y del engaño ajeno. Cuidado con la falsedad existencial y la claudicación de la conciencia personal.

No fomentéis la mentira de ninguna manera, y no os acostumbréis a vivir en falsedad. Con prudencia y delicadeza defended la verdad, y con firmeza rechazad toda mentira, toda apariencia, toda actitud falsa o dolosa.

He aquí la verdadera libertad y rectitud que nos recompensa con la tranquilidad de conciencia y la satisfacción personal.

Y no llaméis a otro padre, maestro, no aduléis, no busquéis favoritismos y ventajas sobre los demás, no busquéis dioses a vuestra medida. Jesús dice: Haced lo que os dicen pero no los imitéis, porque dicen y hasta se atreven a enseñar a los demás, pero no practican lo que predican.

En ese colectivo se incluyen muchos doctores, padres de familia, profesores, sacerdotes, políticos, comunicadores, consejeros y formadores, acompañantes… ¿Quién estará libre?

Pero ahora, en la Cuaresma todos son invitados a “sanear” su vida personal y a purificar las motivaciones de su conducta. Nadie está excluido de la oportunidad que Dios ofrece en este tiempo de salvación. Ellos, dice el texto evangélico, colocan cargas pesadas sobre los hombros de los otros, y Cristo dice: Mi carga es ligera.

¿La carga pesada de los falsos profetas hay que tomarla materialmente y a la letra, o sólo tomamos lo que viene de Dios? ¿Podremos constituirnos en jueces de nuestra propia causa? Seríamos malos jueces, parciales seguramente.

De todas maneras, sabemos muy bien que sólo Dios nos pastorea; de él dependemos y a él nos sometemos y él nos da fuerzas para todo. Podemos ser los mejores ciudadanos, los mejores cumplidores de las leyes humanas, porque nuestra vida no depende del cumplimiento de leyes sino del Señor dador de todo bien. En el Señor toda carga es llevadera.

Por tanto, si somos buenas ovejas siempre encontraremos la enseñanza y la dirección de Dios, a pesar de todos los pesares. Él se valdrá de todo y de todos para llegar a sus hijos, siempre y oportunamente. Dios siempre llega a quien lo busca sinceramente porque su amor es lo absoluto y lo definitivo.

Y eso no depende sino de él. Es lo que más le gusta, y esa parte nadie se la quitará. Nosotros nos cobijamos a la sombra de sus alas y gozamos de su protección. “Gustad y ved qué bueno es el Señor”.

Al final, concluiremos que nuestra felicidad sólo depende de Dios y de nosotros mismos. Nadie puede interferirse. Nada ni nadie nos puede arrebatar la paz que el Señor nos da.

No podemos decir: “si nos dejan”, cuando aspiramos a la felicidad; o “que nos dejen en paz”, cuando nos corrigen. En el interior del hombre habita la Verdad.

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ORACIÓN DEL SALMISTA PARA “TU HOY”

No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal: Se secarán pronto, como la hierba, como el césped verde se agostarán.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará: Hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía.

Descansa en el Señor y espera en él, no te exasperes por el hombre que triunfa empleando la intriga: cohíbe la ira, reprime el coraje, no te exasperes, no sea que obres mal; porque los que obran mal son excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre (Salmo 36).

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De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia.

Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente.

El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno.

Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica.

Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a él. Es un indigno suplicante quien pide para sí lo que niega a otro.

Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.

En consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.

Recobremos con ayunos lo que perdimos por el desprecio; inmolemos nuestras almas con ayunos, porque no hay nada mejor que podamos ofrecer a Dios, de acuerdo con lo que el profeta dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

Hombre, ofrece a Dios tu alma, y ofrece la oblación del ayuno, para que sea una hostia pura, un sacrificio santo, una víctima viviente, provechosa para ti y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios no tendrá excusa, porque no hay nadie que no se posea a sí mismo para darse.

Mas, para que estas ofrendas sean aceptadas, tiene que venir después la misericordia; el ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza: lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno.

Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno.

Tú que ayunas, piensa que tu campo queda en ayunas si ayuna tu misericordia; lo que siembras en misericordia, eso mismo rebosará en tu granero.

Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir, al dar al pobre, te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro no lo tendrás tampoco para ti.

(Sermón 43: PL 52, 320, 322)

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HIMNO

Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte. Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede, que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo, ¡tantos me dicen que estás muerto! Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo. Amén

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El maná de cada día, 9.1.19

enero 9, 2019

Miércoles 9 de enero. Feria después de Epifanía

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Hemos conocido el amor que Dios nos tiene

Hemos conocido el amor que Dios nos tiene



PRIMERA LECTURA: 1 Juan 4, 11-18

Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca.

Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.


SALMO 71,1-2.10-11.12-13

Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.


Aclamación antes del Evangelio: 1 Tm 3, 1. 6

Gloria a ti, Cristo, proclamado a las naciones; Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.


EVANGELIO: Marcos 6, 45-52

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo.

Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado.

Pero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.»

Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.
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Espíritu Santo, Amor substancial del Padre y del Hijo

“Nadie tiene mayor amor…” (Jn 15,13). Porque amaba, el Hijo se entregó hasta derramar la última gota de su humanidad. Y el Padre, que conocía semejante donación, se complació en el amor que le fue devuelto.

Cuando se trata de amar, los empeños por corresponder al amado parecen pocos, porque el amor lleva a superarse, día tras día, en detalles y muestras de cariño.

Y, en ese darse cotidiano, descubrimos que la caridad que empezó un día por interrogarnos, se va transformando en un “querer queriendo”, y en un abandono, sin voluntarismos ciegos, ya para siempre, y sin obstáculos. Todo es gracia, don de Dios, fruto del Espíritu Santo, para aquel que persevera en el amor.

La Caridad es el fruto del Espíritu Santo que nos da la posesión de Dios.

Es lo que más se parece al Espíritu, pues Él es el amor personal del Padre y del Hijo.

Por eso, nos vamos asemejando a Dios en la medida en que vivimos la caridad, que nos infunde el Espíritu Santo.

La caridad de Dios nos acerca a Él, en cuanto fuente de nuestra verdadera y duradera felicidad, ya aquí en este mundo. Es, además, fuente de paz, porque el alma que ama como Dios ama no es vencida por las turbaciones, temores, inquietudes y mil preocupaciones que encuentra a su paso por este mundo.

Examina cómo es tu caridad y sabrás cómo es la vida del Espíritu Santo en ti. Mira si actúas según la ley del miedo y del temor, o de la ley del amor. La clave de tu santidad está en tu vida de caridad, que no consigues a base de puños y buenos propósitos nunca cumplidos.

Pídele al Espíritu su plenitud, para que su caridad, el amor de Dios, inspire, sostenga y acompañe todas tus acciones. Verás, entonces, que llegarás al amor extremo que se nos reveló en la entrega de la Cruz.

Mater Dei


El maná de cada día, 2.1.19

enero 2, 2019

San Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno,

obispos y doctores de la Iglesia

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22250A

San Basilio y san Gregorio 

 

Antífona de entrada: Isaías 9, 2

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras y una luz les brilló.


Oración colecta

Señor Dios, que te dignaste instruir a tu Iglesia con la vida y doctrina de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, haz que busquemos humildemente tu verdad y la vivamos fielmente en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 2, 22-28

¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre.

En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna.

Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó, permanecéis en él.

Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.


SALMO 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.


Aclamación antes del Evangelio: Hebreos 1, 1-2

En distintas ocasiones habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.


EVANGELIO: Juan 1, 19-28

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»

Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»

Él dijo: «No lo soy.»

«¿Eres tú el Profeta?»

Respondió: «No.»

Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»

Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.»

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»

Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.


Antífona de comunión: 1 Juan 1, 2

La vida, que estaba con el Padre, se hizo visible y se nos manifestó.



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COMENTARIO

La espiritualidad de Navidad consiste en experimentar más y mejor la filiación divina:

Que somos verdaderos hijos de Dios en el Hijo unigénito, pues al encarnarse ha asumido nuestra naturaleza y por eso, en la humanidad de Jesús está comprometida la nuestra.

Y si aquella humanidad fue llena del Espíritu del Hijo de Dios, también la nuestra, después de la Resurrección y del envío del Espíritu, por el bautismo, puede y debe ser llena del Espíritu de Cristo.

Pidamos al Padre que se haga realidad todo lo que ha pretendido hacer con nosotros al amarnos tanto que ha enviado a su Hijo al mundo: que se cumplan sus designios de paz y bendición en nosotros, que no se quede a medias su la relización de su proyecto inefable… Que nos envíe la plenitud del Espíritu.

Por nuestra parte debemos ratificar nuestra entrega a Dios renunciando a todo pecado, perdonando a discreción las ofensas que hayamos recibido de los demás, dejando atrás el hombre viejo y lanzándonos hacia adelante para ser nuevas creaturas en Cristo.

Navidad significa vivir en plenitud, estrenar un optimismo nuevo basado en el milagro de la encarnación: Fundada esa vivencia en el desposorio de Dios con la humanidad, de tu Dios contigo, de manera personal, misteriosa, irreversible y definitiva.

Ahora es cuando se hace realidad aquella afirmación categórica de la Palabra de Dios: Eternamente te he amado, desde siempre he pronunciado tu nombre; tú eres única para mí, mi hija; tú eres valioso, único para mí; porque yo soy un Dios de vida y me gozo en la verdad.

Y todo este misterio de vida y plenitud lo expresamos, lo creemos y lo queremos vivir, precisamente, cuando el poder de las tinieblas parece invencible, cuando la noche se impone sobre el día, en el equinocio de invierno del hemisferio norte, abriéndose paso la victoria neta, progresiva y firme de la luz: Los días se van alargando insensible pero regularmente hasta reducir la noche a su mínima expresión como sucederá en el equinocio de verano…

En fin, todo nos invita a dejarnos transformar por la Luz de Dios que ha puesto su tienda en medio de nosotros, en medio de la oscuridad… Una Luz que debe crecer hasta hacer nuevas todas las cosas en Cristo, hasta recapitular todo en Cristo. Amén.

San Pablo nos lo resume: No tengan miedo; todo es de ustedes, ustedes de Cristo, y Cristo de Dios. Amén.  .

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De quien ya no vive de acuerdo con la carne, sino que actúa en virtud del Espíritu de Dios, se llama hijo de Dios y se ha vuelto conforme a la imagen del Hijo de Dios, se dice que es hombre espiritual. Y así como la capacidad de ver es propia de un ojo sano, así también la actuación del Espíritu es propia del alma purificada.

Así mismo, como reside la palabra en el alma, unas veces como algo pensado en el corazón, otras veces con algo que se profiere con la lengua, así también acontece con el Espíritu Santo, cuando atestigua a nuestro espíritu y exclama en nuestros corazones: Abba (Padre), o habla en nuestro lugar, según lo que se dijo: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Ahora bien, así como entendemos el todo distribuido en sus partes, así también comprendemos el Espíritu según la distribución de sus dones. Ya que todos somos efectivamente miembros unos de otros, pero con dones que son diversos, de acuerdo con la gracia de Dios que nos sido concedida.

Por ello precisamente, el ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Sino que todos los miembros completan a la vez el cuerpo de Cristo, en la unidad del Espíritu; y de acuerdo con las capacidades recibidas se distribuyen unos a otros los servicios que necesitan.

Dios fue quien puso en el cuerpo los miembros, cada uno de ellos como quiso. Y los miembros sienten la misma solicitud unos por otros, en virtud de la comunica­ción espiritual del mutuo afecto que les es propia. Esa es la razón de que cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.

Del mismo modo, cada uno de nosotros estamos en el Espíritu, como las partes en el todo, ya que hemos sido bautizados en un solo cuerpo, en nombre y virtud de un mismo Espíritu.

Y como al Padre se le contempla en el Hijo, al Hijo se le contempla en el Espíritu. La adoración, si se lleva a cabo en el Espíritu, presenta la actuación de nuestra alma como realizada en plena luz, cosa que puede deducirse de las palabras que fueron dichas a la samaritana. Pues como ella, llevada a error por la costumbre de su región, pensase que la adoración había de hacerse en un lugar, el Señor la hizo cambiar de manera de pensar, al decirle que había que adorar en Espíritu y verdad; al mismo tiempo, se designaba a sí mismo como la verdad.

De la misma manera que decimos que la adoración tie­ne que hacerse en el Hijo, ya que es la imagen de Dios Padre, decimos que tiene que hacerse también en el Espí­ritu, puesto que el Espíritu expresa en sí mismo la divinidad del Señor.

Así pues, de modo propio y congruente contemplamos el esplendor de la gloria de Dios mediante la iluminación del Espíritu; y su huella nos conduce hacia aquel de quien es huella y sello, sin dejar de compartir el mismo ser.


Mensaje del Santo Padre Francisco para la LII Jornada Mundial de la Paz 2019: La buena política está al servicio de la paz

diciembre 30, 2018

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La buena política está al servicio de la paz

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Mensaje del Santo Padre Francisco para la celebración de la LII Jornada Mundial de la Paz

Publicamos a continuación el texto del mensaje del Santo Padre Francisco para la LII Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 1 de enero de 2019 y cuyo tema este año es: La buena política está al servicio de la paz. 

La buena política está al servicio de la paz

  1. “Paz a esta casa”

Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc 10,5-6).

Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana.[1]

La “casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

Por tanto, este es también mi deseo al comienzo del nuevo año: “Paz a esta casa”.

  1.  El desafío de una buena política

La paz es como la esperanza de la que habla el poeta Charles Péguy; [2] es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia.

La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.

Dice Jesús: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Como subrayaba el Papa san Pablo VI: «Tomar en serio la política en sus diversos niveles ―local, regional, nacional y mundial― es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad».[3]

En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo.

La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.

  1. Caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz

El Papa Benedicto XVI recordaba que «todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. […] La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana».[4]

Es un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.

A este respecto, merece la pena recordar las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, fallecido en el año 2002, y que fue un fiel testigo del Evangelio:

Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.

Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.

Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.

Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.

Bienaventurado el político que realiza la unidad.

Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.

Bienaventurado el político que sabe escuchar.

Bienaventurado el político que no tiene miedo.[5]

Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho.

Estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud.

  1. Los vicios de la política

En la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella.

Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

  1. La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro.

En cambio, cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común. La política favorece la paz si se realiza, por lo tanto, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona.

«¿Hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate (cf. Gn 4,1ss) o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo».[6]

Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales.

Una confianza de ese tipo nunca es fácil de realizar porque las relaciones humanas son complejas. En particular, vivimos en estos tiempos en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y, lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado.

Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana.

  1. No a la guerra ni a la estrategia del miedo

Cien años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y con el recuerdo de los jóvenes caídos durante aquellos combates y las poblaciones civiles devastadas, conocemos mejor que nunca la terrible enseñanza de las guerras fratricidas, es decir que la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo.

Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia.

El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza.

En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas.

Asimismo, nuestro pensamiento se dirige de modo particular a los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos. En el mundo, uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados.

El testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños es sumamente precioso para el futuro de la humanidad.

  1. Un gran proyecto de paz

Celebramos en estos días los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada después del segundo conflicto mundial.

Recordamos a este respecto la observación del Papa san Juan XXIII: «Cuando en un hombre surge la conciencia de los propios derechos, es necesario que aflore también la de las propias obligaciones; de forma que aquel que posee determinados derechos tiene asimismo, como expresión de su dignidad, la obligación de exigirlos, mientras los demás tienen el deber de reconocerlos y respetarlos».[7]

La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:

–          la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;

–          la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;

–          la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.

La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

Vaticano, 8 de diciembre de 2018

FRANCISCO

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 [1] Cf. Lc 2,14: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

[2] Cf. Le Porche du mystère de la deuxième vertu, París 1986.

[3] Carta ap. Octogesima adveniens (14 mayo 1971), 46.

[4] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 7.

[5] Cf. Discurso en la exposición-congreso “Civitas” de Padua: “30giorni” (2002), 5.

[6] Benedicto XVI, Discurso a las Autoridades de Benín (Cotonou, 19 noviembre 2011).

[7] Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 44.

 


El maná de cada día, 27.12.18

diciembre 27, 2018

San Juan. Apóstol y evangelista

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Antífona de entrada

Este es el apóstol Juan, que durante la cena reclinó su cabeza en el pecho del Señor. Este es el apóstol que conoció los secretos divinos y difundió la palabra de vida por toda la tierra.


Oración colecta

Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol san Juan el misterio de tu Palabra hecha carne; concédenos, te rogamos, llegar a comprender y amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 1, 1-4

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.

Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.


SALMO 96, 1-2.5-6.11-12

Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre.


Aclamación antes del Evangelio

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles.


EVANGELIO: Juan 20, 2-8

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
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Antífona de comunión: Juan 1, 14. 16

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. De su plenitud todos hemos recibido.
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La misma vida se ha manifestado en la carne

De los tratados de san Agustín, obispo,
sobre la primera carta de san Juan

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida. ¿Quién es el que puede tocar con sus manos a la Palabra, si no es porque la Palabra se hizo carne y acam­pó entre nosotros?

Esta Palabra, que se hizo carne, para que pudiera ser tocada con las manos, comenzó siendo carne cuando se­ encarnó en el seno de la Virgen María; pero no en ese momento comenzó a existir la Palabra, porque el mismo san Juan dice que existía desde el principio. Ved cómo concuerdan su carta y su evangelio, en el que hace poco oísteis: En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios.

Quizá alguno entienda la expresión «la Palabra de la vida» como referida a la persona de Cristo y no al mismo cuerpo de Cristo, que fue tocado con las manos. Fijaos en lo que sigue: Pues la vida se hizo visible. Así, pues, Cristo es la Palabra de la vida.

¿Y cómo se hizo visible? Existía desde el principio, pero no se había manifestado a los hombres, pero sí a los ángeles, que la contemplaban y se alimentaban de ella, como de su pan. Pero, ¿qué dice la Escritura? El hombre comió pan de ángeles.

Así, pues, la Vida misma se ha manifestado en la carne, para que, en esta manifestación, aquello que sólo podía ser visto con el corazón fuera también visto con los ojos, y de esta forma sanase los corazones. Pues la Palabra se ve sólo con el corazón, pero la carne se ve también con los ojos corporales.

Éramos capaces de ver la carne, pero no lo éramos de ver la Palabra. La Palabra se hizo carne, a la cual podemos ver, para sanar en nosotros aquello que nos hace capaces de ver la Palabra.

Os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó, es decir, se ha manifestado entre nosotros, y, para decirlo aún más claramente, se manifestó en nosotros.

Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Que vuestra caridad preste atención: Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Ellos vieron al mismo Señor pre­sente en la carne, oyeron las palabras de su boca y lo han anunciado a nosotros. Por tanto, nosotros hemos oído, pero no hemos visto.

Y por ello, ¿somos menos afortunados que aquellos que vieron y oyeron? ¿Y cómo es que añade: Para que estéis unidos con nosotros? Aquéllos vieron, nosotros no; y, sin embargo, estamos en comunión, pues poseemos una misma fe.

En esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa. La alegría completa es la que se encuentra en la misma comunión, la misma caridad, la misma unidad.

Oración

Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol san Juan el misterio de tu Palabra hecha carne, concédenos, te rogamos, llegar a comprender y a amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer. Por nuestro Señor Jesucristo.


¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?

diciembre 26, 2018

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¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?

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¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?

¿Por que la justificamos diciendo que este sector crea puestos de trabajo?

Por César Nebot

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¿Consideramos aceptable no acabar con un grupo terrorista simplemente porque su constante amenaza genera demanda de servicios de seguridad y, por lo tanto, desde el punto de vista económico, puestos de trabajo? ¿Qué pensaríamos si además quien vendiera armas argumentara que es armamento de precisión? Indignados clamaríamos por los derechos humanos y nos repugnarían los pretexto peregrinos.

Pero claro, si las muertes que provocan no son cercanas y pueden no ser televisadas entonces nos quedan lejos. Si el comprador es Arabia Saudí y los muertos son yemeníes, ya es harina de otro costal. Caemos rápidamente en el conformismo y miramos a otro lado.

“Es un contrato de bombas asépticas que apenas matan; es bueno para luchar contra el desempleo”, nos repetimos como Gollum de “El Señor de los Anillos”, para adormilar conciencias, batallando en su ambivalencia. Con tal de aceptar lo que sea, nos aferramos a lo que nos tranquilice y permita pervivir exentos de responsabilidad. 

Siempre me saltan todas las alarmas cuando pretenden venderme como bueno algo aludiendo a que pretenden luchar contra el desempleo. Es el comodín estrella que suele esconder otra realidad. Una vez usado nadie cuestiona, nadie protesta.

Curiosamente, quienes defienden a capa y espada la movilidad y readaptación laboral a nuevos sectores, cuando se trata del sector de la venta de armas, suelen olvidar la reconversión en este caso. Esa incoherencia compromete la supuesta honestidad en su lucha contra el desempleo. 

Como el bienestar proviene de lo que disponemos y la conciencia de lo que conocemos, tenemos tendencia a ignorar ciertas realidades y a adquirir argumentos anestésicos para adormilarnos. 

Preferimos vendarnos los ojos y seguir con nuestra película, observando conflictos y muerte por televisión mientras olvidamos que parte de nuestro bienestar depende de vender armamento.

La inquietante intro de la película “El Señor de la Guerra” muestra el recorrido de una bala desde su fabricación hasta que atraviesa la cabeza de un niño en el tercer mundo. Las rentas de ese negocio recorren el camino contrario engrosando nuestro bienestar civilizado, azotea desde la que indignarnos exentos de culpabilidad y responsabilidad. Nos exculpamos desde una torre de superioridad moral exenta de redención.

Lo primero que deberíamos hacer es aceptar la realidad desnuda. De igual manera que para poder resucitar se precisa aceptar la cruz, aceptar nuestra realidad social es el primer paso para permitir su transformación.

La cruda realidad es que unos pocos obtienen suculentas comisiones de este negocio y fomentan argumentos clorofórmicos (pues admitir abiertamente que el objeto último y principal es su acumulación de riqueza) que socialmente aceptamos.

Como perros en torno a una mesa de la que caen las migajas, el resto nos beneficiamos vía impuestos, empleo o consumo del suculento y cruento negocio. No disparar nos exime de culpa pero no de responsabilidad. En consecuencia, es necesario que demos respuesta no de compasión o caridad, sino de justicia. 

Un amigo misionero, procurando civilizadamente sembrar paz en el deprimido norte de Uganda, se quedó desarmado de argumentos cuando su ayudante indígena extrajo una bala Made in Spain del cadáver de un niño de cinco años.

Aunque en nuestro mundo nos creamos en una perfecta burbuja moral, desde fuera nada genera mayor descrédito que nuestra hipocresía.

Individualmente, como pequeños Davides, es difícil que podamos hacer nada contra los Goliath pero, tal vez, si el político necesita esconder las vergüenzas, podemos negarnos a aceptar adormilar nuestras conciencias ante la obstinada declaración de nuestros políticos que pretenden desviar la atención. 

¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?


El éxodo de 8 millones de venezolanos, por Andrés Oppenheimer

diciembre 17, 2018

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“¿Qué pasaría si el éxodo venezolano crece a 8 millones, como lo pronostica el estudio de Brookings?” (Ilustración: Giovanni Tazza)

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El éxodo de 8 millones de venezolanos, por Andrés Oppenheimer

“Sería el mayor éxodo masivo del mundo en los últimos tiempos y podría desestabilizar la región”.

Por Andrés Oppenheimer 

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Un nuevo estudio de Brookings Institution según el cual el número de refugiados venezolanos se disparará a 8 millones debería estar causando alarma en Estados Unidos y América Latina. Sería el mayor éxodo masivo del mundo en los últimos tiempos, más grande que la crisis de refugiados sirios, y podría desestabilizar la región.

El estudio del economista venezolano-israelí de Brookings, Dany Bahar, y del investigador Douglas Barrios, dice que la proyección de 8 millones incluye a los 3 millones de venezolanos que, según las Naciones Unidas, ya han abandonado su país debido a la crisis humanitaria. La mayoría de los refugiados ha huido a Colombia.

El estudio no especifica el marco de tiempo en que se llegaría a la cifra de 8 millones, por lo que llamé a Bahar y le pedí que fuera más específico. ¿Estamos hablando de una década o de dos o tres décadas?, le pregunté. “No, estamos hablando de un período de tiempo mucho más corto, de unos dos o tres años”, me dijo Bahar.

El estudio toma en cuenta la tasa de pobreza del 87% de Venezuela, el colapso económico del país, los pronósticos mundiales de precios del petróleo y también las remesas familiares de los venezolanos que ya están enviando dinero desde el exterior.

Cuando le pregunté si la cifra de 8 millones de refugiados es el escenario más optimista o pesimista de su estudio, Bahar me respondió que “es un escenario con suposiciones bastante realistas. Si erra, erra para el lado conservador”.

Si el estudio es correcto, es difícil prever cómo Estados Unidos y América Latina podrían lidiar con este éxodo masivo. Colombia ya está pidiendo ayuda internacional, pero está recibiendo mucho menos de lo que necesita.

Cuando recientemente le pregunté a la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez, si su país podría aceptar a un millón adicional de inmigrantes venezolanos en el 2019, como lo ha proyectado la Oficina de Migración de su país, me dijo: “No, no podríamos realmente”.

De hecho, las ciudades colombianas en la frontera con Venezuela ya están desbordadas. Sus escuelas y hospitales están repletos y difícilmente podrían recibir más inmigrantes.

Y el presidente Trump, a pesar de su retórica de línea dura contra la dictadura de Venezuela, no ha sido muy bondadoso con los inmigrantes venezolanos, probablemente porque tenderles una mano a los refugiados venezolanos socavaría su falsa demagogia de que Estados Unidos tiene una crisis inmigratoria.

De hecho, el número de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos ha disminuido significativamente en los últimos diez años, según el Centro de Investigación Pew.

La semana pasada se presentó en el Senado un proyecto de ley bipartidista para otorgar el estatus de protección temporal (TPS, por sus siglas en inglés) a los refugiados venezolanos, pero el esfuerzo fue liderado por un demócrata, el senador Bob Menéndez.

Entonces, ¿qué pasaría si el éxodo venezolano crece a 8 millones, como lo pronostica el estudio de Brookings?

Algunos especulan que el presidente electo ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro lideraría una intervención militar respaldada por Estados Unidos para derrocar al dictador venezolano Nicolás Maduro.

Quienes creen en ese escenario señalan que Bolsonaro ya se ha comprometido a ser un aliado cercano de Trump, y que la última vez que Brasil y Estados Unidos fueron aliados cercanos, en la década de 1960, las fuerzas brasileñas y estadounidenses invadieron la República Dominicana.

Pero Bolsonaro va a estar demasiado concentrado en tratar de resucitar la economía de Brasil para gastar su capital político en una intervención extranjera.

Y lo más probable es que Trump esté demasiado ocupado tratando de defenderse de cargos cada vez más serios de que habría cometido varios delitos antes y durante su campaña electoral del 2016. Aunque también es cierto que Trump –acorralado por sus propios errores– también podría iniciar una guerra para desviar la atención pública de sus problemas domésticos.

En cualquier caso, este nuevo estudio de Brookings debería tomarse muy en serio.

La comunidad internacional debería escalar sus sanciones diplomáticas a Maduro antes de que asuma el cargo el 10 de enero por un nuevo período de seis años. Si el mundo mira hacia otro lado, pronto estaremos ante una crisis regional mucho más grave.

© El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Content Agency, LLC

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/exodo-8-millones-venezolanos-andres-oppenheimer-noticia-588469


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