El maná de cada día, 12.12.19

diciembre 12, 2019

Jueves de la 2ª semana de Adviento

 

12 de diciembre, Fiesta de la Virgen de Guadalupe, Patrona de México y de toda América Latina:

“La aparición de la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego fue un signo profético de un abrazo, el abrazo de María a todos los habitantes de las vastas tierras americanas, a los que ya estaban allí y a los que llegarían después” (Papa Francisco, 11 dic. 2013)

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No temas, yo mismo te auxilio

No temas, yo mismo te auxilio



PRIMERA LECTURA: Isaías 41, 13-20

Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.» No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio –oráculo del Señor–.

Tu redentor es el Santo de Israel.

Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.

Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.

Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos.

Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.


SALMO 144, 1.9.10-11.12-13ab

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas;

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.


ACLAMACIÓN: Isaías 45, 8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo. Ábrase la tierra y brote la salvación.


EVANGELIO: Mateo 11, 11-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo.

Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos, que escuche.»
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NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

P. Francisco Fernández Carvajal
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Nuestra Señora de Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe

— La aparición de la Virgen a Juan Diego.
— Nuestra Señora precede a todo apostolado y prepara las almas.
— La nueva evangelización. El Señor cuenta con nosotros. No desaprovechar las ocasiones.


I. La devoción a la Virgen de Guadalupe en México tiene su origen en los comienzos de su evangelización, cuando los creyentes eran aún muy pocos. Nuestra Señora se apareció en aquellos primeros años a un indio campesino, Juan Diego, y lo envió al Obispo del lugar para manifestarle el deseo de tener un templo dedicado a Ella en una colina próxima, llamada Tepeyac.

Le dijo la Virgen en la primera aparición: «en este santuario le daré a las gentes todo mi amor personal, mi mirada compasiva, mi auxilio, mi salvación: porque Yo, en verdad, soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos los hombres… Allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores»1.

El Obispo del lugar, antes de acceder a esta petición, pidió una señal. Y Juan Diego, por encargo de la Señora de los Cielos, fue a cortar un ramo de rosas, en el mes de diciembre, sobre la árida colina, a más de dos mil metros de altura. Habiendo encontrado, con la consiguiente sorpresa, las rosas, las llevó al Obispo.

Juan Diego extendió su blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores. Y cuando cayeron en el suelo «apareció de repente la Amada Imagen de la Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura que ahora se encuentra»2. Esa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe quedó impresa en la rústica tilma del indio, tejida con fibras vegetales. Representa a la Virgen como una joven mujer de rostro moreno, rodeada por una luz radiante.

María dijo a Juan Diego, y lo repite a todos los cristianos: «¿No estoy Yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás por ventura en mi regazo?». ¿Por qué hemos de temer, si Ella es Madre de Jesús y Madre de los hombres?

Con la aparición de María en el cerro del Tepeyac comenzó en todo el antiguo territorio azteca un movimiento excepcional de conversiones, que se extendió a toda América Centro-Meridional y llegó hasta el lejano archipiélago de Filipinas.

«La Virgen de Guadalupe sigue siendo aún hoy el gran signo de la cercanía de Cristo, al invitar a todos los hombres a entrar en comunión con Él, para tener acceso al Padre. Al mismo tiempo, María es la voz que invita a los hombres a la comunión entre ellos…»3.

La Virgen ha ido siempre por delante en la evangelización de los pueblos. No se entiende el apostolado sin María. Por eso, cuando el Papa, Vicario de Cristo en la tierra, pide a los fieles la recristianización de Europa y del mundo acudimos a Ella para que «indique a la Iglesia los caminos mejores que hay que recorrer para realizar una nueva evangelización.

Le imploramos la gracia de servir a esta causa sublime con renovado espíritu misionero»4. Le suplicamos que nos señale a nosotros el modo de acercar a nuestros amigos a Dios y que Ella misma prepare sus almas para recibir la gracia.


II. «Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas… mira cuán grande es la mies, e intercede junto al Señor para que infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios…»5, que los fieles «caminen por los senderos de una intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas»6. Solo así –con una intensa vida cristiana, con amor y deseos de servir– podremos llevar a cabo esa nueva evangelización en todo el mundo, empezando por los más cercanos.

¡Cuánta mies sin brazos que la recojan!, gentes hambrientas de la verdad que no tienen quienes se la enseñen, personas de todo tipo y condición que desearían acercarse a Dios y no encuentran el camino. Cada uno de nosotros debe ser un indicador claro que señale, con el ejemplo y con la palabra, el camino derecho que, a través de María, termina en Cristo.

De Europa partió la primera llamarada que encendió la fe en el continente americano. ¡Cuántos hombres y mujeres, de razas tan diversas, han encontrado la puerta del Cielo, por la fe heroica y sacrificada de aquellos primeros evangelizadores! La Virgen les fue abriendo camino y, a pesar de las dificultades, con tesón, paciencia y sentido sobrenatural enseñaron por todas partes los misterios más profundos de la fe.

«Ahora nos encontramos en una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral con la disgregación de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y movimientos»7.

De estos países que fueron profundamente cristianos, algunos dan la impresión de estar en camino de volver al paganismo del que fueron sacados, muchas veces con la sangre del martirio y siempre con la ayuda eficaz de la Virgen.

Toda una civilización cimentada sobre ideas cristianas parece encontrarse sin recursos para reaccionar. Y desde estas naciones, de donde salió en otros tiempos la luz de la fe para propalarse por todo el mundo, desgraciadamente «se envía al mundo entero la cizaña de un nuevo paganismo»8.

Los cristianos seguimos siendo fermento en medio del mundo. La fuerza de la levadura no ha perdido su vigor en estos veinte siglos, porque es sobrenatural y es siempre joven, nueva y eficaz. Por eso nosotros no nos quedaremos parados, como si nada pudiéramos hacer o como si las dimensiones del mal pudieran ahogar la pequeña simiente que somos cada uno de los que queremos seguir a Cristo.

Si los primeros que llevaron la fe a tantos lugares se hubieran quedado paralizados ante la tarea ingente que se les presentaba, si solo hubieran confiado en sus fuerzas humanas, nada habrían llevado a cabo. El Señor nos alienta continuamente a no quedar rezagados en esta labor, que se presenta «fascinadora desde el punto sobrenatural y humano»9.

Pensemos hoy ante Nuestra Señora de Guadalupe, una vez más, qué estamos haciendo a nuestro alrededor: el interés por acercar a Cristo a nuestros familiares y amigos, si aprovechamos todas las ocasiones, sin dejar ninguna, para hablar con valentía de la fe que llevamos en el corazón, si nos tomamos en serio nuestra propia formación, de la que depende la formación de otros, si prestamos nuestro tiempo, siempre escaso, en catequesis o en otras obras buenas, si colaboramos también económicamente en el sostenimiento de alguna tarea que tenga como fin la mejora sobrenatural y humana de las personas.

No nos debe detener el pensar que en ocasiones es poco lo que tenemos a nuestro alcance, en medio de un trabajo profesional que llena el día y aún le faltan horas. Dios multiplica ese poco; y, además, muchos pocos cambian un país entero.


III. Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a todas las criaturas10. Estas palabras del Señor son actuales en cada época y en todo tiempo, y no excluyen a ningún pueblo o civilización, a ninguna persona. Los Apóstoles recibieron este mandato de Jesucristo, y ahora lo recibimos nosotros.

En un mundo que muchas veces se muestra como pagano en sus costumbres y modos de pensar, «se impone a los cristianos la dulcísima obligación de trabajar para que el mensaje divino de la revelación sea conocido por todos los hombres de cualquier lugar de la tierra»11.

Contamos con la asistencia siempre eficaz del Señor: Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos12.

Dios actúa directamente en el alma de cada persona por medio de la gracia, pero es voluntad del Señor, afirmada en muchos pasajes del Evangelio, que los hombres sean instrumento o vehículo de salvación para los demás hombres. Id, pues, a los caminos, y a cuantos encontréis llamadlos a las bodas13.

Y comenta San Juan Crisóstomo: «Son caminos también todos los conocimientos humanos, como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: id a la salida de todos los caminos, para que llamen a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición»14.

Los mismos viajes, de negocios o de descanso, son ocasiones que Dios pone muchas veces a nuestro alcance para dar a conocer a Cristo15. También los lazos familiares, la enfermedad, una visita de cortesía a casa de unos amigos, una felicitación de Navidad, una carta a un periódico…

«Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación»16.

Nosotros, cada uno, tendríamos que decir con Santa Teresa de Lisieux: «No podré descansar hasta el fin del mundo mientras haya almas que salvar»17. ¿Y cómo vamos a descansar, si además esas almas están en el mismo hogar, en el mismo trabajo, en la misma Facultad, en el vecindario?

Hemos de pedir a la Virgen el deseo vivo y eficaz de ser almas valientes, audaces, atrevidas para sembrar el bien, procurando, sin respetos humanos, que no haya rincones de la sociedad en los que no se conozca a Cristo18.

Es preciso desterrar el pesimismo de pensar que no se puede hacer nada, como si hubiera una predeterminación hacia el mal. Con la gracia del Señor, seremos como la piedra caída en el lago, que produce una onda, y esta otra más grande19, y no para hasta el fin de los tiempos. El Señor da una eficacia sobrenatural a nuestras palabras y obras que nosotros desconocemos la mayor parte de las veces.

Hoy pedimos a Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe que se muestre como Madre compasiva con nosotros, que nos haga anunciadores del Evangelio, que sepamos comprender a todos, participando de sus gozos y esperanzas, de todo lo que inquieta su vida, para que, siendo muy humanos, podamos elevar a nuestros amigos al plano sobrenatural de la fe.

«¡Reina de los Apóstoles! Acepta nuestra prontitud para servir sin reserva a la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos»20.

1 Nican Mopohua, según la traducción de M. Rojas, México 1981, nn. 28-32. — 2 Ibídem, nn. 181-183. — 3 Juan Pablo II, Ángelus 13-XII-1987. — 4 Ibídem. — 5 Cfr. ídem, Oración a la Virgen de Guadalupe, México 27-I-1979. — 6 Ibídem. —7 ídem, Discurso 6-XI-1981. — 8 A. del Portillo, Carta pastoral 25-XII-1985. — 9 Ibídem. — 10 Mc 16, 1. — 11 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 3. — 12 Mt 28, 18. — 13 Mt 22. 9. — 14 San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p. 63. — 15 Cfr. Conc. Vat. II, loc. cit., 14. — 16 Ibídem, 6. — 17 Santa Teresa de Lisieux, Novissima verba, en Obras completas, Monte Carmelo, 5ª ed., Burgos 1980. — 18 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 716. — 19 Cfr. ídem, Camino, n. 831. — 20 Juan Pablo II, Homilía en Guadalupe, 27-I-1979.

http://www.homiletica.org

 


Arrecia la campaña para hacer del inglés única lengua oficial de EE.UU.

diciembre 10, 2019

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Donald Trump prueba suerte hablando en español, con poca convicción.

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Arrecia la campaña para hacer del inglés única lengua oficial de EE.UU.

Trump prometía en campaña ese objetivo y eliminó la versión castellana de la web de la Casa Blanca, aunque se ha vuelto más cauto desde entonces

Por David Alandete, Corresponsal en Washington

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Era una oportunidad de oro para el español en la Casa Blanca. El mítico jugador de béisbol Mariano Rivera era el primer hispano al que Donald Trump le concedía la codiciada Medalla Presidencial de la Libertad, la condecoración civil más alta en Estados Unidos.

Pero el mejor lanzador de todos los tiempos, legendario cerrador de los Yankees, apodado, en español, «apaga y vámonos», no quiso homenajes en su lengua materna. Preguntado por Trump sobre qué momentos de su vida le hinchan de orgullo, Rivera respondió: «Aprender inglés».

«Cuando emigré en 1990 no hablaba inglés. En mi equipo había muchos jugadores que hablaban español, así que me acomodé y no intenté aprender el idioma», dijo Rivera hace tres meses en la Casa Blanca.

Finalmente, exigió a sus compañeros de equipo que se dirigieran a él únicamente en inglés. «Vengo de un pueblo pequeño de un país hermoso que se llama Panamá, pero vivo aquí ahora y por fin comprendo el idioma, lo que me hace sentirme orgulloso de ser, por fin, americano».

Destierro del español

Rivera es sólo uno más entre los muchos hispanos de EE.UU. en campos tan diversos como la literatura, el arte o el deporte que asimilan integración con hablar inglés, y que destierran el español de sus vidas cotidianas.

Lo mismo sucede con el dominicano Juan Soto, rutilante estrella de los Nationals de Washington, que este año ganaron por primera vez la Serie Mundial. Al mudarse a la capital de EE.UU. hace cuatro años, Soto también exigió a sus compañeros y a los empleados del club, incluidos los que como él son hispanos, que le hablaran sólo en inglés. Las entrevistas las concede única y exclusivamente en ese otro idioma.

Estas decisiones suelen ser gasolina para una gran campaña centrada en un único objetivo: que el inglés sea por fin el idioma oficial de EE.UU. Durante 15 años, algunos republicanos en las dos cámaras del Capitolio han presentado proyectos de ley que, como mucho, han logrado un apoyo modesto.

El proyecto de ley 997, titulado «Unidad de la Lengua Inglesa», logró en la pasada legislatura apenas 73 «síes» entre los 435 escaños de la Cámara de Representantes. En el Senado, su equivalente no superó los siete votos, de 100 posibles.

Tras esas leyes se halla un movimiento bautizado como ProEnglish, uno de cuyos impulsores, Stephen Guschov mantiene que hacer del inglés la lengua oficial del Estado «permitirá ahorrar miles de millones de dólares en programas obligatorios de traducción e interpretación y facilitará la asimilación cultural y lingüística de los inmigrados recién llegados a la nación».

La asociación ProEnglish ha felicitado públicamente a Rivera, Soto y otros deportistas por renunciar a comunicarse en español, y anima a todos los extranjeros a hacer lo propio.

La Constitución

La Constitución norteamericana, de 1789, no reconoce lengua oficial alguna. En 2000, a apenas unos meses de dejar la Casa Blanca, Bill Clinton emitió un decreto por el que hizo obligatorio atender a todos los ciudadanos e inmigrantes en su lengua madre, por minoritaria que fuera.

Según una auditoría pública que se hizo años después, el coste para el erario público de intérpretes y traductores supera los 2.000 millones de dólares (1.800 millones de euros), una buena parte de los cuales se dedican a atender a quienes hablan español.

En campaña electoral, Trump defendió la necesidad de hacer del inglés la lengua oficial de EE.UU. En 2016 dijo: «Para integrarse en este país, los inmigrantes deben hablar en inglés. En este país se habla inglés, no español».

Según el censo, 40 millones de personas hablan habitualmente español en EE.UU. En dos décadas, esa cifra ha crecido un 133%. La mitad de esos hispanohablantes son completamente bilingües, es decir, cambian de un idioma a otro sin problema y a veces sin darse cuenta.

Ya en la presidencia, Trump ha sido más cauto. Es cierto que ha eliminado la página oficial de la Casa Blanca en español, pero aunque podría haber invalidado el decreto de Clinton para acabar con la atención pública al ciudadano en idiomas que no son el inglés, de momento no lo ha hecho.

Es cierto que los activistas a favor de la primacía del inglés se lo han pedido con insistencia, y uno de sus diarios de cabecera, el conservador «The Washington Times» llegó a publicar una tribuna en la que afirmaba, sin ofrecer argumentos sólidos para ello, que así «ahorraría hasta 30.000 millones en traducciones obligatorias».

Primacía blanca

Las campañas a favor del inglés, defendidas por las asociaciones ProEnglish y EnglishUSA, es la obra de un oftalmólogo de nombre John Tanton que murió en julio de 2019 y que en vida fue un paladín en la defensa de la primacía de la raza blanca, el credo protestante y la lengua inglesa en EE.UU.

En sus últimos años de vida emergieron varios memorandos que escribió hace décadas en los que lamentaba «la creciente marginación del hombre blanco».

Una de las razones que Tanton y sus lobbys dieron para oponerse a la lengua y cultura hispanas es que «si a través de la emigración masiva, la cultura nacional se trasplanta de América Latina a California, acabaremos viendo en California el mismo nivel de éxito de las instituciones sociales y gubernamentales que hoy hay en América Latina».

Varias agrupaciones de defensa de las minorías en EE.UU., como el grupo Southern Poverty Law Center (SPLC) han denunciado que esas ideas, que tildan de racistas, han llegado a la Casa Blanca de forma indirecta, influyendo a una serie de funcionarios en activo o retirados, como Steve Bannon o Stephen Miller.

En 2018, dos de los actuales directivos de ProEnglish visitaron la Casa Blanca, según dijeron, «para acelerar el reconocimiento oficial del inglés».

Según Steven Piggot, de SPLC, «esta visita a la Casa Blanca es una prueba de cómo los grupos supremacistas están beneficiándose de la victoria del presidente Trump en las elecciones».

Puede que el reconocimiento oficial del inglés sea un objetivo todavía lejano, sobre todo dado el creciente número de hispanos en el Capitolio (36 de 435 en la Cámara Baja y cuatro de 100 en la Alta).

Pero a estos grupos les da esperanza que 36 de los 50 estados de la Unión tengan ya en sus leyes regionales algún tipo de reconocimiento oficial al inglés, incluidos algunos con gran peso de los latinos, como Florida o Arizona.


Homilía del Papa Francisco en la Misa de clausura del Sínodo de la Amazonía

octubre 27, 2019

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El Papa Francisco en la Misa de clausura del Sínodo de la Amazonía. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

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Homilía del Papa Francisco en la Misa de clausura del Sínodo de la Amazonía

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El Papa Francisco celebró la Misa Solemne de clausura del Sínodo de los Obispos para la Amazonía este domingo 27 de octubre en la Basílica de San Pedro.

Durante su homilía, el Santo Padre reflexionó en tres tipos de oración que se describen en la Biblia: la oración del fariseo, la oración del publicano y la oración del pobre.

“Recemos para pedir la gracia de no considerarnos superiores, de creer que tenemos todo en orden, de no convertirnos en cínicos y burlones. Pidamos a Jesús que nos cure de hablar mal y lamentarnos de los demás, de despreciar a alguien: son cosas que no agradan a Dios”, invitó el Pontífice.

A continuación, el texto de la homilía completa del Papa Francisco:

La Palabra de Dios nos ayuda hoy a rezar mediante tres personajes: en la parábola de Jesús rezan el fariseo y el publicano, en la primera lectura se habla de la oración del pobre.

1. La oración del fariseo comienza así: ‘Oh Dios, te agradezco’. Es un buen inicio, porque la mejor oración es la de acción de gracias y alabanza. Pero enseguida vemos el motivo de ese agradecimiento: ‘porque no soy como los demás hombres’ (Lc 18,11).

Y, además, explica el motivo: porque ayuna dos veces a la semana, cuando entonces la obligación era una vez al año; paga el diezmo de todo lo que tiene, cuando lo establecido era solo en base a los productos más importantes (cf. Dt 14,22 ss.).

En definitiva, presume porque cumple unos preceptos particulares de manera óptima. Pero olvida el más grande: amar a Dios y al prójimo (cf. Mt 22,36-40).

Satisfecho de su propia seguridad, de su propia capacidad de observar los mandamientos, de los propios méritos y de las propias virtudes, sólo está centrado en sí mismo. El drama de este hombre es que es sin amor. También las cosas mejores sin amor, no sirven de nada.

Pero, como dice san Pablo, (cf. 1 Co 13). Y sin amor, ¿cuál es el resultado? Que al final, más que rezar, se elogia a sí mismo. De hecho, no le pide nada al Señor, porque no siente que tiene necesidad o que debe algo, sino que, más bien, se le debe a él. Está en el templo de Dios, pero practica la religión del yo. Y tantos grupos ilustrados, cristianos, catolicos van por este camino.

Y además de olvidar a Dios, olvida al prójimo, es más, lo desprecia. Es decir, para él no tiene un precio, no tiene un valor. Se considera mejor que los demás, a quienes llama, literalmente, ‘los demás, el resto’ (‘loipoi’, Lc 18,11). Son ‘el resto’, los descartados de quienes hay que mantenerse a distancia.

¡Cuántas veces vemos que se cumple esta dinámica en la vida y en la historia! Cuántas veces quien está delante, como el fariseo respecto al publicano, levanta muros para aumentar las distancias, haciendo que los demás estén más descartados aún. O también considerándolos inferiores y de poco valor, desprecia sus tradiciones, borra su historia, ocupa sus territorios, usurpa sus bienes.

¡Cuánta presunta superioridad que, también hoy se convierte en opresión y explotación! También hoy lo hemos visto, en el Sínodo, cuando hablábamos sobre la explotación de la creación, de la gente, de los habitantes de la Amazonía, sobre la trata de las personas, sobre el comercio de las personas.

Los errores del pasado no han bastado para dejar de expoliar y causar heridas a nuestros hermanos y a nuestra hermana tierra: lo hemos visto en el rostro desfigurado de la Amazonia.

La religión del yo sigue, hipócrita con sus ritos y ‘oraciones’, pero tantos son católicos, se confiesan católicos, han olvidado ser cristianos, ser humanos. Olvidan que el verdadero culto a Dios pasa a través del amor al prójimo. También los cristianos que rezan y van a Misa el domingo están sujetos a esta religión del yo. Podemos mirarnos dentro y ver si también nosotros consideramos a alguien inferior, descartable, aunque solo sea con palabras.

Recemos para pedir la gracia de no considerarnos superiores, de no creer que tenemos todo en orden, de no convertirnos en cínicos y burlones. Pidamos a Jesús que nos cure de hablar mal y lamentarnos de los demás, de despreciar a alguien: son cosas que no agradan a Dios.

Providencialmente hoy nos acompañan en esta Misa, no solo los aborígenes de la Amazonía, también los más pobres de la sociedad desarrollada, los hermanos y hermanas enfermos de la Comunidad del Arca. Están con nosotros, en el primer lugar.

2. Pasamos a la otra oración. La oración del publicano, en cambio, nos ayuda a comprender qué es lo que agrada a Dios. Él no comienza por sus méritos, sino por sus faltas; ni por sus riquezas, sino por su pobreza. No se trata de una pobreza económica —los publicanos eran ricos e incluso ganaban injustamente, a costa de sus connacionales— sino de una pobreza de vida, porque en el pecado nunca se vive bien.

Ese hombre que explota a los otros, se reconoce pobre ante Dios y el Señor escucha su oración, hecha solo de siete palabras, pero también de actitudes verdaderas.

En efecto, mientras el fariseo está delante en pie (cf. v. 11), el publicano permanece a distancia y ‘no se atreve ni a levantar los ojos al cielo’, porque cree que el cielo existe y es grande, mientras que él se siente pequeño. Y ‘se golpea el pecho’ (cf. v. 13), porque en el pecho está el corazón.

Su oración nace del corazón, es transparente; pone delante de Dios el corazón, no las apariencias. Rezar es dejar que Dios nos mire por dentro, es Dios que me mira cuando rezo, rezar es dejarse mirar dentro por Dios, sin fingimientos, sin excusas, sin justificaciones.

Muchas veces nos hacen reír los arrepentimientos llenos de justificaciones. Más que arrepentimiento parece una ‘auto causa de canonización’. Porque del diablo vienen la opacidad y la falsedad, estas son las justificaciones. De Dios viene la luz y la verdad, la transparencia de mi corazón.

Ha sido hermoso y les estoy agradecido, queridos padres y hermanos sinodales: por haber dialogado durante estas semanas con el corazón, con sinceridad y franqueza, exponiendo ante Dios y los hermanos las dificultades y las esperanzas.

Hoy, mirando al publicano, descubrimos de nuevo de dónde tenemos que volver a partir: del sentirnos necesitados de salvación, todos. Es el primer paso de la religión de Dios, que es misericordia hacia quien se reconoce miserable.

En cambio, la raíz de todo error espiritual, como enseñaban los monjes antiguos, es creerse justos. Considerarse justos es dejar a Dios, el único justo, fuera de casa.

Es tan importante esta actitud de partida que Jesús nos lo muestra con una comparación paradójica, poniendo juntos en la parábola a la persona más piadosa y devota de aquel tiempo, el fariseo, y al pecador público por excelencia, el publicano. Y el juicio se invierte: el que es bueno pero presuntuoso fracasa; a quien es desastroso pero humilde Dios lo exalta.

Si nos miramos por dentro con sinceridad, vemos en nosotros a los dos, a los dos, al publicano y al fariseo. Somos un poco publicanos, por pecadores, y un poco fariseos, por presuntuosos, capaces de justificarnos a nosotros mismos, campeones en justificarnos deliberadamente. Con los demás, a menudo funciona, pero con Dios no. Con Dios el truco no funciona.

Recemos para pedir la gracia de sentirnos necesitados de misericordia, necesitados de misericordia, pobres interiormente. También para eso nos hace bien estar a menudo con los pobres, para recordarnos que somos pobres, para recordarnos que solo en un clima de pobreza interior actúa la salvación de Dios.

3. Llegamos así a la oración del pobre, de la primera lectura, esta, dice el Eclesiástico, ‘atraviesa las nubes’ (35,17). Mientras la oración de quien presume ser justo se queda en la tierra, aplastada por la fuerza de gravedad del egoísmo, la del pobre sube directamente hacia Dios.

El sentido de la fe del Pueblo de Dios ha visto en los pobres ‘los porteros del cielo’. Aquel ‘sensus fidei’ que faltaba en la declaración final.

Ellos son los que nos abrirán, o no, las puertas de la vida eterna; ellos que no se han considerado como dueños en esta vida, que no se han puesto a sí mismos antes que a los demás, que han puesto solo en Dios su propia riqueza. Ellos son iconos vivos de la profecía cristiana.

En este Sínodo hemos tenido la gracia de escuchar las voces de los pobres y de reflexionar sobre la precariedad de sus vidas, amenazadas por modelos de desarrollo depredadores.

Y, sin embargo, aun en esta situación, muchos nos han testimoniado que es posible mirar la realidad de otro modo, acogiéndola con las manos abiertas como un don, habitando la creación no como un medio para explotar sino como una casa que se debe proteger, confiando en Dios. Él es Padre y, dice también el Eclesiástico, ‘escucha la oración del oprimido’ (v. 16).

Cuántas veces, también en la Iglesia, las voces de los pobres no se escuchan, e incluso son objeto de burlas o son silenciadas por incómodas.

Recemos para pedir la gracia de saber escuchar el grito de los pobres: es el grito de esperanza de la Iglesia. El grito de los pobres es el grito de esperanza de la Iglesia. Haciendo nuestro su grito, también nuestra oración -estemos seguros- atravesará las nubes.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-clausura-del-sinodo-de-la-amazonia-89471


Obispo Mario Moronta en Carta a Maduro: escuche el clamor del Pueblo

febrero 18, 2019

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Obispo Mario Moronta en Carta a Maduro: escuche el clamor del Pueblo. “Dé el paso”.

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Obispo Mario Moronta en Carta a Maduro: escuche el clamor del Pueblo

“Muchas familias no comen lo necesario para poder alimentarse”

Por Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

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Una carta abierta, abierta y pública, el reclamo de un pastor, una voz clamorosa que se alza en la zona fronteriza con Cúcuta, fruto de un encuentro y cercanía constante con el pueblo que sufre en Venezuela, también en la frontera y fuera del país: es la carta de Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal y Primer Vicepresidente de la CEV dirigiéndose a Nicolás Maduro, este lunes 18 de febrero.

Muchas familias no comen lo necesario para poder alimentarse

“No es ningún secreto que hoy atravesamos la más grave crisis política, económica, social y moral que azota al país. Negarlo es querer tapar el sol con un dedo o demostrar que se está encerrado en una cúpula de cristal. Sé que le disgusta a Usted y sus seguidores que se les hable de ‘crisis o emergencia humanitaria’. Pero ¿cómo caracterizar la situación que golpea a la inmensa mayoría de nuestros hermanos?”.

Con la pregunta expuesta, el Obispo Moronta dirigió al líder político una invitación a una reflexión, afirmando que en esta situación no es posible “negar el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos”, pues “hay hambre” y “muchas familias no comen lo necesario para poder alimentarse”.

Hay guerra económica, pero es contra el pueblo

A la vez que pasa lista a las numerosas dificultades del pueblo, como la pobreza crítica, los altísimos índices de desnutrición, la salud “desguarnecida” en todos los sentidos, Monseñor Moronta en un llamado directo a la persona de Maduro –la carta en efecto es pública pero dirigida explícitamente a él– alude a la referencia continua de este último a la “guerra económica” como “causa de los problemas del país”, constatando que, de hecho, “es verdad, existe una ‘guerra económica’”, pero ésta no es “contra el Gobierno ni las instituciones del Estado, sino contra el pueblo”; y menciona aquella de la corrupción “que ha enriquecido a muchos que se denominan dirigentes y servidores de la nación”, o como la del saqueo del arco minero que, “amén de destruir la ‘Casa común de la Creación’, ha permitido que no pocos se llenen de las ganancias de la minería ilegal.

Contrabando de combustible escandaloso

Mons. Moronta señala la situación en la región tachirense, en donde los vehículos necesitan hasta 48 horas para llenar su tanque, y habla del “escandaloso contrabando de combustible”, -que en el país cuesta menos de un centavo de dólar- .  Se trata de un hecho que el obispo denuncia como “irreversible”, “porque quienes tienen la misión de velar por la protección del pueblo o se hacen de la vista gorda o, sencillamente, tienen parte en el negocio”.

SEBIN no persiga a quienes piensan diferente, trabaje para objetivos válidos

Refiriéndose a la presencia de grupos irregulares en el país, a los “negociados de muchos dirigentes y autoridades, así como de civiles, en torno a lo que es el contrabando de gasolina y otros insumos necesarios”, como también a “los responsables y miembros de las mafias que trafican con personas y llevan a muchos jóvenes y adolescentes venezolanos a la prostitución en otros países, como si se tratara de una mercancía apetitosa”, indica que “sería bueno que el SEBIN, en vez de andar persiguiendo a quienes piensan diferente al Gobierno, se dedicaran a hacer labores de auténtica inteligencia”.

“La gente del pueblo está cansada, porque sigue siendo menospreciada. Hay represión de diverso tipo. Aunque no guste, la inmensa mayoría del pueblo, sufre una crisis de carácter humanitario. Se lo puedo atestiguar”, afirma. “No soy de los que está encerrado en oficinas, sino que camino por las comunidades, me encuentro con todos sin distinción” […] “No hay que tenerle miedo al pueblo si de verdad uno forma parte de él”, asegura.

Para que el diálogo sea verdadero hay que escuchar de verdad 

Al hablar del diálogo pedido por Maduro, Monseñor Moronta señala que el mismo “requiere del encuentro, del reconocimiento del otro y de la corresponsabilidad en los acuerdos y soluciones que se presenten”, y le recuerda:

“Usted ha acudido nuevamente al Papa para que se garantice el diálogo. Además de no haberse cumplido con anteriores acuerdos, según lo indicaba el Cardenal Pietro Parolin en la misiva del  2 de diciembre del 2016, no vemos disposición para el auténtico diálogo. Y no me refiero al del entablado o al que se quiere volver intentar, con las élites políticas del oficialismo y de la oposición. Hace muchos años hay un protagonista necesario del diálogo que ha quedado por fuera. Para que haya diálogo verdadero, hay que escuchar de verdad, con sinceridad, al mismo pueblo. Y eso ni se ha dado ni parece darse”.

Permita ingreso de ayudas humanitarias

Seguidamente menciona pedidos del pueblo que han encontrado “oídos sordos”; y reclama: “El pueblo le pide que escuche el clamor que proviene de sus sufrimientos”; “atrévase a escuchar a ese pueblo que quiere ser tratado con dignidad y justicia, pero en paz y sin revanchismos”.

“Pedir y recibir la ayuda de ese tipo (humanitaria ndr.) no es ninguna traición a la patria, sino un deber moral a favor de la dignidad de las personas que no tienen medicamentos, alimentos y otros insumos necesarios”.

Venezuela está siendo expoliada de sus bienes naturales

Con el corazón en los “numerosos hermanos” que deben emigrar para tratar de conseguir una mejor calidad de vida o para sostener a sus familias, resalta que Venezuela es una nación rica y “puede ser capaz de crear condiciones de vida que permitan a los ciudadanos ser gente honesta, progresista y constructora de futuro”, pero “está siendo expoliada por quienes explotan irracional e inhumanamente las minas y otros rubros de la economía del país”.

Permita elecciones libres

“Debe escuchar al pueblo que está pidiéndole un cambio de orientación política. Le está pidiendo que se dé la posibilidad de una nueva dirección. ¿Por qué no se arriesga a convocar a unas elecciones libres, con un nuevo CNE (constituido por representantes de todos los partidos políticos y por instituciones nacionales que tienen que ver con la academia, la economía, los obreros) y con la posibilidad de otros candidatos? Abra la puerta y póngase a un lado. La inmensa mayoría de los venezolanos está pidiendo que ya no siga al frente del Poder Ejecutivo. Es bueno recordar, al haber celebrado este 15 de febrero pasado 200 años del Congreso de Angostura, lo dicho por  Simón Bolívar en su discurso: “El sistema de gobierno más perfecto es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”, expresa.

No asustar al pueblo, evitar derramamiento de sangre

En la extensa carta el obispo de San Cristóbal cuestiona además algunas medidas tomadas por el gobierno de Maduro, como los piquetes militares para impedir la entrada de ayuda humanitaria, y cuestiona: “¿Es que acaso esos militares no son pueblo? Ellos están para defender a los hombres y mujeres de Venezuela y no para reprimirlos. ¿Sus asesores e informantes no le han dicho que la gente está resteada? Evite el derramamiento de sangre; deje a un lado la persecución a los disidentes; escuche y sienta el padecimiento de un pueblo que quiere libertad y justicia, pero con dignidad y sin opresión”.

Sí a la independencia y autonomía, no a las ideologías que destruyen la grandeza de la sociedad

Ya casi en la conclusión de la misiva el prelado recuerda las diversas referencias de Maduro a las influencias del “imperio”, y especifica: “Soy de los que creen que debemos reafirmar continuamente nuestra independencia y autonomía. Pero eso es válido también para aquellos países que quieren imponer en Venezuela una ideología que rompe con la integración latinoamericana, desvaloriza a la persona humana y destruye la grandeza de una sociedad”.

«Dé el paso»

Por último, la solicitud del Obispo de San Cristóbal a Nicolás Maduro es a que cuando los allegados de este último manifiesten sus desacuerdos con lo que ha dicho “ni ofendan ni descalifiquen”. Haciendo presente que esta carta es de su propia responsabilidad, pide “que no se tomen represalias, ni persecuciones, ni nada que atente contra la seguridad física, psíquica e integral de mi familia, de mis amigos allegados, de los sacerdotes ni de las comunidades que sirvo como pastor de la Iglesia”, y ofrece una oración para que el Dios de la Vida “le dé la sabiduría y la luz del Espíritu para que tome la decisión más conveniente para Usted y para todo el pueblo venezolano”. “Ya se lo hemos señalado. Dé el paso”, concluyó.

 


Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central

febrero 16, 2019

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Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central. Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.

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Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central

Papa Francisco

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A las 15.45 del 26 de enero de 2019 el papa Francisco se encontró en la Nunciatura de Panamá con 30 jesuitas de la provincia centroamericana, que comprende los territorios de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala. Estaban presentes el provincial, P. Rolando Enrique Alvarado López, el maestro de novicios, P. Silvio Avilez, y 18 jóvenes novicios.

Apenas entró Francisco en la sala del encuentro, los jesuitas entonaron el canto En todo amar y servir, muy conocido en la Compañía de Jesús. Luego el Papa saludó a todos, uno por uno, antes de sentarse e iniciar la conversación.

Por Antonio Spadaro S.I.

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Gracias por su visita. A mí me gusta en mis viajes encontrarme con «los nuestros», como se decía en mi época.[1] Lo que sí quería es decirles una cosa: a las provincias de la Compañía que se lamentan de que no tenemos novicios… Tú, provincial, ¡pásales la receta!

Ustedes pregunten lo que les parezca, lo que les pueda interesar, lo que tengan curiosidad de saber… Y en base a eso armamos el diálogo. Yo no tengo nada preparado. Vean ustedes…

En la homilía que tuvo con los Obispos, después de hablar de Monseñor Romero, citó al padre jesuita Rutilio Grande. Cómo va la causa de beatificación de Rutilio.

Yo a Rutilio lo quiero mucho.[2] En la entrada de mi cuarto tengo un marco que contiene un pedazo de tela ensangrentada de Romero y los apuntes de una catequesis de Rutilio. A Rutilio le tomé mucha devoción antes incluso de conocer bien la figura de Romero.

Cuando estaba en Argentina su vida me llegó, su muerte me tocó. Según las últimas noticias que tengo de personas informadas, la declaración de martirio está yendo muy bien. Y es una honra… Hombres de este tipo… Rutilio, además, ha sido el profeta. El que «convirtió» a Romero.

Aquí hay una visión: la dimensión de profecía, la de aquel que es profeta por el testimonio de su vida y no solamente de palabra, como aquellos que lo son porque dan clase y andan por ahí hablando.

Rutilio es un profeta de testimonio. Decía también todo lo que tenía que decir, pero fue su testimonio, el testimonio martirial, lo que al fin movió a Romero. Esa fue la gracia. Así que pídanles a ellos en sus oraciones.

Usted fue maestro de novicios, ¿verdad? ¿En qué años?

Comencé en febrero o marzo, no recuerdo bien, de 1972. Y fui maestro hasta el día de san Ignacio de 1973, en que asumí como provincial. Un año y medio.

A Usted, que ha sido maestro de novicios, le hago una pregunta de maestro. Hoy, en los primeros decenios del siglo XXI, las situaciones son muy distintas de las de aquellos convulsionados años setenta en América Latina. Pero en qué les insistía Usted a sus novicios que, según Usted, deberíamos seguir insistiendo a los novicios de ahora?

De las cosas de aquel momento que habría que trasladar a hoy, que permanecen actuales, remarcaría una actitud: la claridad de conciencia. Para los que son solapados no hay lugar: no sirven para la Compañía. Cuando tú lees las cartas de Javier, lo que quería él es que se supieran las cosas: lo que Jesús hace en el alma de cada uno, y también cómo el diablo tienta y cómo el mundo seduce.

Este espíritu supone una gran confianza. Por eso el maestro de novicios no tiene que ser una persona pusilánime. Tiene que ser abierto, muy abierto, que no se asuste de nada ni le tenga miedo a nada; en cambio, debe ser agudo, capaz de decir: «Ten cuidado con esto, mira, esto que me dices es peligroso; esto es una gracia, dale para adelante por acá». Debe saber discernir. Un hombre que no se asusta, un hombre de discernimiento.

La claridad de conciencia, por tanto. Cuando estoy con novicios yo les digo: miren, si ustedes no se acostumbran desde ahora a ser transparentes, mejor que se vayan. Porque eso va a crecer mal. Alejarse de la transparencia por una cosa quizás pequeña es algo que puede pasar en todo proceso de crecimiento.

Pero estén atentos porque, si no se remedia rápido, llegará un momento en que la Compañía no va a saber qué hacer con esa persona, porque se rompió el lazo de fraternidad, el ser compañeros en el Señor. Entonces esa persona empieza a ir adelante a fuerza de trampas, excusas, enfermedades. Con mil cosas que le permiten hacer lo que ella quiere.

Los que actúan así puede que vayan al cielo, seguramente. Pero qué vida inútil, Dios mío, ¡qué vida superficial! Mejor salir, casarse, ojalá, tener hijos y estar en paz. Pero vivir así, sin claridad de conciencia, es quedarse en la cáscara de la Compañía, no entrar adentro.

Yo insistiría mucho en esto. Claro que es una cosa delicada. Porque implica en el maestro una capacidad de respeto, de no asustarse, de escuchar, de animar. De ser más exigente.

Esto vale también para los superiores. A veces a ti te debe pasar que hubieras deseado que tal persona no hubiera sido claro de conciencia, porque tiene un problema que no sabes cómo resolver. Pero es la claridad de conciencia lo que nos hace jesuitas. Además, el jesuita tiene que saber que el superior lo quiere bien y que el diálogo es en Dios.

En el libro entrevista sobre la vida consagrada que recién ha salido,[3] cuento una anécdota. Es acerca de un superior. Un joven, un maestrillo,[4] estaba en un cierto colegio de España, y su madre tenía un cáncer terminal. Y en la ciudad en que vivía su madre había otro colegio de la Compañía. Y un día, cuando el provincial hacía su visita, entre otras cosas el joven le dice:

«Mire, mi madre está mal. Tendrá menos de un año de vida. Sé que tienen que mandar un maestrillo a ese colegio. Le quisiera pedir que me mandara a mí; así estaré en la ciudad de mi mamá y la podré acompañar en su último tramo». El provincial lo escuchó con mucha atención y le dijo: «Lo voy a discernir, debo pensarlo». Y el muchacho se quedó en paz.

Esto pasó hacia el mediodía. El provincial se iba tempranito a la mañana siguiente. El muchacho hizo sus cosas normalmente a la tarde y a la noche se quedó rezando en la capilla, por su mamá, para que saliera todo bien… Se quedó hasta tarde y, cuando llegó a su pieza encontró un sobre de parte del provincial. Lo abrió…

Era una carta con fecha del día siguiente, en la que el provincial le decía: «Después de haberlo considerado ante el Señor y buscando su divina voluntad [y otras afirmaciones por el estilo], y después de haber celebrado la Eucaristía [¡la del día siguiente!] pienso que te tienes que quedar en este colegio».

¿Qué había sucedido? El Provincial tenía que irse temprano y había adelantado el trabajo, había escrito y dejado todas las cartas al ministro,[5] para que las entregara al día siguiente. Pero el ministro, viendo que era tarde y ya estaban todos durmiendo, las entregó esa misma noche. Ese jesuita no salió de la Compañía, pero hubiera tenido todos los motivos para hacerlo.

Por tanto, es verdad que a veces la claridad de conciencia termina en un antitestimonio de este tipo, ¡en una hipocresía! ¡Además, se juega con el discernimiento, con la Misa, con todo…! Aquel superior no tenía escrúpulos. Era de ese tipo de superiores que juegan siempre al equilibrio. Superiores mundanos, con espíritu del mundo.

Y entonces también los superiores no ayudan a tener claridad de conciencia, y son responsables de que no la haya. El superior tiene que ser muy humilde, muy hermano, y saber que el día de mañana será él el que tenga que abrir su conciencia a otro superior. Insisto en esto: la transparencia.

Ustedes métanselo en la cabeza, apuesten a esto. Si no, van a fracasar. Van a ser jesuitas «chirles» (inconsistentes). Para eso mejor que se vayan, mejor ser buenos padres de familia. No estoy haciendo algo trágico de esto, pero es una de las cosas medulares de la Compañía, lo que garantiza el amor a Cristo, el seguir a Cristo. He sido formado así.

¿Como visualiza Usted, hoy en día, la vocación de hermano?

Las vocaciones en la Compañía son tres: de profeso, de coadjutor y de hermano.[6] En 1974, en tiempos de la Congregación XXXII, que comenzó el 3 de diciembre, había mucha efervescencia por la igualdad. Se pensaba que la diferencia entre profeso y coadjutor espiritual era una injusticia social.

Había habido cierta infiltración ideológica en esto. De hecho, después hubo una racha de dar la profesión a todo el mundo así, según algunos, serían todos iguales. El padre Arrupe tuvo que reaccionar. Si se hubiera dado esto se habría perdido algo de la Compañía. Saltó otra visión en aquella época, también ideológica: que el servicio propio de los hermanos en la Compañía era una especie de injusticia social.

Se hacía de eso una cuestión «de nivel social». Como si el hermano Antonio García, el custodio del museo de los mártires en Nagasaki, fuera un «sirviente», en el sentido clásico y sociológico de la palabra. ¡Y en cambio él era más sabio que todos nosotros aquí juntos! Era él el que ayuda a tantos con su consejo. El hermano es el que tiene el carisma más puro de la Compañía: servir, servir, servir.

Al comienzo ustedes cantaban En todo amar y servir. El hermano es así. Concreto. Entre los hermanos que yo he conocido, algunos eran pintorescos, tenían sus defectos… Algunos han luchado tanto, han luchado por su vida religiosa, como héroes, y no han sido suficientemente ayudados en sus luchas y dificultades.

Me recuerdo de uno, claro de conciencia, pero un poco «donjuán». Este pobre hermano se enamoraba continuamente. Y venía con humildad y decía: «Ah padre, yo me la paso buscando novia siempre». ¡Quién sabe, quizás no tendrían que haber entrado en la Compañía!

Pero eran hombres transparentes, y con buen ojo para valorar las situaciones. Hay ahí una vocación al servicio de un modo diverso: en la misma fraternidad, con la misma dignidad religiosa, no simplemente sociológica, como se quería en un tiempo.

Algunos hacían comparaciones y decían «el hermano es la madre». No, no, no. Eso no va. La madre es la Compañía y con una nos basta. Pero el hermano es aquel que está en lo concreto, que mira a lo concreto, que sabe moverse en lo concreto, haga lo que haga. Sea enfermero, cocinero, portero, profesor. Tiene otra dimensión. Valorar el hermano según criterios sociológicos no es jesuita. Esto es sacar de contexto el servicio que le es propio.

Entre los hermanos que teníamos en la Argentina, algunos tenían sus defectillos, es verdad, pero eran hombres de este calibre. Yo recuerdo uno, un santo varón. Era croata. Había escapado de su patria y había terminado trabajando de minero en Bélgica, en Charleroi. Siempre conservó la piedad. Quería ser religioso. No sabía dónde.

Emigró a la Argentina y allí entró en la Compañía. Era un hombre muy sencillo. Se encargaba de todos los trabajos de cerrajería y herrería. Y para decirlo en términos de cerrajería, tenía la llave de toda la realidad, de todo lo que pasaba, pero no hablaba si no le preguntaba el superior.

He conocido tantos como él: robles. Muchos eran españoles que venían a la Argentina. La provincia de Loyola era una fábrica de hermanos. Los vascos que vinieron a nuestra tierra eran hombres de una sola pieza, hablo de los que conocí yo.

¿Por qué digo todos estos ejemplos? Para decirte que la vocación de hermano no hay que considerarla desde un punto de vista sociológico, sino del punto de vista de lo que los hermanos son en realidad en su vocación específica, como san Ignacio los ha querido en la Compañía.

No quiero exagerar, pero cuando era provincial, los informes más simples y a la vez más acertados para las ordenaciones me los daban los hermanos. Decían: «Sí, ta…, ta… Pero cuidado con este problema!». O «Esta persona tiene algunos defectos, sí. Pero tiene también esta virtud…». En síntesis: no se les escapaba una. Tenían un ojo especial.

En la Compañía el hermano influye mucho sobre el cuerpo colectivo y sobre la comunidad. Se lo debe promover, como a cualquier jesuita, para que dé lo mejor de sí. Pero la promoción no debe estar fundada sobre una motivación sociológica o ideológica, como si el hermano tuviera necesidad de una promoción para sentirse persona. Si no se siente persona como hermano, debe replantearse su vocación. El hermano no tiene necesidad de maquillaje. Esta vocación no debe desaparecer. No sé si te contesté.

Estamos en el contexto de la JMJ y hay encuentros diversos de jóvenes en torno a esto. El día de la bienvenida en la Cinta costera, Usted habló sobre la cultura del encuentro. Usted está convencido de que el encuentro es un tema fuerte para nuestros jóvenes, invadidos con tanta cultura informática. Parece que el encuentro a veces se ve truncado y que la cercanía está mediada por la red informática.

Mira, el mundo virtual es especialista en hacer contactos pero no encuentros. A veces fabrica encuentros seduciéndote con los contactos. El que vio bien esto bajo el aspecto filosófico fue Bauman. Escribió su último libro con su ayudante italiano y murió mientras trabajaba en el último capítulo. La viuda se lo dio al ayudante: «Termínelo usted y publíquelo, ponga también el nombre de mi marido, porque usted era discípulo suyo y lo conocía bien». Y lo publicó en italiano.[7] Se titula Nacidos líquidos, o sea inconsistentes. Pero en la traducción alemana el título es Die Entwurzelten, desarraigados. En la mentalidad alemana, los que nacen líquidos no tienen raíces. Perfecto. Es así.

¿Qué hace el mundo puramente virtual si está aislado en sí mismo? Te da satisfacciones, una consolación artificial, pero no te mantiene unido a tus raíces. Te pone en órbita. Te quita lo concreto. El mundo virtual corre el riesgo de ser un mundo de contactos —se lo dije a los obispos—, pero no es un mundo de encuentros.

Y esto es un peligro, un peligro muy grave. Respecto a esto los jóvenes necesitan tener una dirección muy seria que no los haga sentirse despojados, sino enriquecidos. Aquellos de ustedes que trabajan con los jóvenes, por ejemplo en los colegios, tienen la tarea de ayudarlos al encuentro.

¿En qué consiste la actual crisis del encuentro? Es una crisis de raíces.

La generación intermedia —al menos en Europa y en mi patria—, o sea los padres de los jóvenes, no tienen la fuerza suficiente para transmitir raíces. Porque son personas tironeadas. A menudo en competencia con los hijos. Las raíces las dan los abuelos. Todavía están a tiempo de hacerlo. Las raíces las dan los viejos. Cuando digo que los jóvenes deben encontrarse con los viejos, no expreso una idea romántica. Háganlos hablar.

Al principio los jóvenes dicen que se hartan, que se aburren y se quedan callados. He tenido experiencia de jóvenes y de grupos juveniles a los que se les proponía ir a tocar la guitarra a los abuelos de una casa de reposo. Respondían: «No, son viejos». Pero después, cuando iban a visitarlos, no se querían volver.

Una canción, después otra. «¿Por qué no me canta esta?», y «En mi época…», y así: los viejos se despiertan… Yo me refiero al capítulo 3 del libro de Joel: los viejos soñarán y los jóvenes profetizarán. Los viejos empiezan a soñar, a contar, y los jóvenes se ponen a profetizar: no lo que les dijeron los viejos, sino lo que los sueños de los viejos despiertan en ellos.

Eso es encuentro. Eso es realidad. Pero es importante ir a las raíces. Lo que la cultura virtual nos propone es algo líquido, gaseoso, sin raíces, sin tronco, sin nada. Es lo mismo que pasa con la economía y las finanzas. En estos días leía una noticia proveniente del encuentro de Davos, que la deuda de los países en general es mucho mayor que el producto bruto de todos juntos.

Es como la estafa de la cadena de san Antonio: las cifras se van inflando, por millones y trillones, pero debajo no hay otra cosa que humo, todo es líquido, gaseoso, y tarde o temprano, eso se va a venir abajo.

La virtud que hoy se nos pide a todos, y más a un jesuita, es concreción. Como aquel confesor que teníamos en el Máximo, que confesaba a la noche. Era muy viejito. Mientras hacíamos el examen de conciencia, algunos iban a confesarse, y siempre había una cola delante de su puerta. El confesaba rápido, decía pocas palabras. Pero un compañero nuestro, que era un ángel, muy espiritual, nos contó que una vez había ido a confesarse con él y no volvería más. «Me maltrató, me retó», decía.

Y claro, sentimos curiosidad… ¿Qué habría dicho este ángel para que el otro le gritara así? Y él nos lo contó: «Yo le empecé a decir mis dificultades. Y él me dijo: largá el gordo, largá el gordo!». Claro, estaba acostumbrado a escuchar cosas gordas y entonces cuando este le vino con cosas angélicas, tan líquidas, no le creyó nada y entonces lo animaba a que largara todo. ¡Concreción! Nada de andar con la cabeza por las nubes.

Ahora, cómo hacer que los chicos tengan concreción. Yo pienso en el padre La Manna, que ahora está en el instituto Máximo de Roma. Este hombre logró hacer concreción en su colegio, uno de los más chic de Roma; logró crear con los chicos un espíritu social impresionante. Concreción. Nada de cositas etéreas. La vida espiritual concreta. El compromiso, concreto. La vida de amistad, concreta. Concreción.

Es con esto que salvaremos al hombre. Pero vuelvo sobre el diálogo con los viejos. Por favor, háganlo antes de que sea demasiado tarde. Porque es un ancla que puede salvar a nuestra juventud.

Viendo el testimonio que ha caracterizado a la Compañía de Jesús en Centroamérica, ¿qué piensa que podemos aportar a la Iglesia universal?

En América ustedes fueron pioneros en los años de las luchas sociales cristianas. Ustedes fueron pioneros. Si el padre Arrupe escribió la Carta sobre los cristianos y el «análisis marxista» para hablar de la realidad en la teología de la liberación, fue porque había algún jesuita que por ahí se confundía un poco. No por mala intención pero se confundía, y entonces el padre tuvo que poner las cosas en su sitio. En el foco.

En aquel entonces el que condenaba la teología de la liberación, condenaba a todos los jesuitas de Centroamérica. Yo he escuchado condenas terribles. Y el que la aceptaba, aceptaba todo sin distinguir. De todas maneras, la historia ayudó a discernir y a purificar. Son procesos de purificación. Pero si no me equivoco, ustedes fueron pioneros, con sus propios pecados, con sus propios errores, pero pioneros al fin.

En aquel tiempo, un día tomé el avión para ir a una reunión. Salía de Buenos Aires, pero, como el boleto era más barato, hice escala en Madrid, para después ir a Roma. En Madrid subió un obispo de Centroamérica. Lo saludé, me saludó; nos sentamos juntos y empezamos a hablar. Yo le pregunté por la causa de Romero, y él me dijo: «Ni hablar. Ni hablar. Sería canonizar el marxismo».

Ese fue el introito. Después siguió. Dentro del mismo episcopado había visiones diferentes, incluso condenatorias de la línea de la Compañía. De hecho aquel obispo pasó de criticar a Romero a criticar a los jesuitas de Centroamérica. Pero no era el único que pensaba así. En aquella época, otros miembros de la jerarquía eran muy cercanos a los regímenes de entonces, se respaldaban en ellos.

En una reunión en Roma me encontré con un provincial que estaba tachado de izquierdista. Yo le pregunté sobre la teología de la liberación, y él me dio un panorama muy objetivo, incluso crítico con algunos jesuitas, pero haciendo ver cuál era la dirección positiva; a quien veía todo esto desde afuera, en cambio, todo le parecía muy, muy difícil de aceptar.

La idea era que canonizar a Romero era imposible porque ese hombre no era ni siquiera cristiano, ¡era marxista! Y por lo tanto lo atacaban. Pero en aquella tempestad había también un germen bueno. Que algunos exageraron, sí, pero después volvieron. Siempre ha habido exageraciones.

Hubo alguno que dijo cosas más fuertes que otros, es verdad, pero lo sustancial era distinto. Ustedes estuvieron de lleno en medio del zafarrancho. Y sería lindo que releyeran la historia de esos hombres. Había personas como Rutilio, que nunca se bandeó e hizo todo lo que tenía que hacer. Ideológicamente Rutilio no se bandeó nunca, y en cambio hubo algún otro que por ahí un poco se bandeaba, porque estaba enamorado de la filosofía de tal autor y con esa base releía e inspiraba los hechos. Pero son cosas humanas, comprensibles en coyunturas humanas difíciles.

Las dictaduras que tuvieron ustedes en Centroamérica fueron de terror. Lo importante es no dejarse ganar por la ideología ni de un lado ni de otro, y menos de la peor de todas, que es la ideología aséptica. «No te metas»: esta es la ideología peor. Era la actitud de aquel obispo que encontré en el avión, que era un aséptico.

Arrupe sobre esto era muy claro en el discernimiento que hacía. Los defendía a todos, pero después le ajustaba en privado a cada uno lo que le tenía que ajustar, si le tenía que ajustar algo. Eso es típico del superior, defender a todos… Y por eso es importante la cuenta de conciencia, porque allí se ajustan los tornillos donde se tienen que ajustar. Esta es mi opinión.

Y hoy, nosotros los viejos nos reímos cuando vemos las preocupaciones que tuvimos con la teología de la liberación. Lo que por ahí fallaba era la comunicación hacia afuera de cómo estaban las cosas en verdad. Había muchas maneras de interpretarla. Es verdad que algunos cayeron en el análisis marxista.

Pero les cuento algo divertido: el gran perseguido, Gustavo Gutiérrez, el peruano, concelebró la Misa conmigo y con el que era entonces prefecto de la Doctrina de la Fe, el Cardenal Müller. Esto fue porque Müller me lo trajo como amigo suyo a concelebrar. Si alguno en aquella época hubiera dicho que el prefecto para la Doctrina de la Fe habría llevado a Gutiérrez a concelebrar con el Papa, habrían dicho «este tomó de más».

La historia es maestra de la vida. Uno va aprendiendo. Una de las cosas que a mí me hizo mucho bien en una época de mi vida, fue leer la Historia de los Papas de Ludwig von Pastor… un poco larguita, ¡37 tomos! Ahí descubrí sobre todo la época de la expulsión de la Compañía… pero no solo eso. La historia nos enseña.

Sin ir tan lejos, les recomiendo que lean los cuatro tomitos de Giacomo Martina, gran profesor de la Gregoriana, sobre la historia de la Iglesia de Lutero a nuestros días. Se leen bien, porque tiene una linda prosa. Los va a ubicar en los problemas del modernismo… Ir a la historia para entender las situaciones. Sin condenar personas y sin santificarlas antes de tiempo. No sé si te respondí…

Dentro de poco algunos de nosotros profesaremos nuestros votos. ¿Qué nos puede decir?

¡Que los votos son perpetuos! No son perpetuos para el superior que los recibe, pero para ustedes que los pronuncian, sí.[8] Y con eso no se embroma. Si alguno no se siente bien con esto, que no los haga, que se tome más tiempo. ¿Voy a probar? No, de ninguna manera. De parte tuya, son perpetuos, para toda la vida.

Jugarse la vida: es una de las cosas en las que más se corre peligro hoy día. Porque estamos en una época en que lo provisorio prima sobre lo definitivo. En todo. Por ejemplo, se dice: «Yo me caso por toda la vida… mientras dure el amor». Es igual que decir: «Me caso por tres o cuatro años, luego, al primer conflicto, al primer enfriamiento del amor, me busco otra pareja».

Me contaba un obispo, en una de las visitas, que un joven abogado, apenas recibido, 23 años, un apóstol, comprometido en uno de los grupos, le dijo: «Yo quiero ser cura, ¡pero por diez años!». ¡Lo provisorio! Hay un libro de José Comblin, de hace cuarenta o cincuenta años, agotado, que se llama O provisorio e o definitivo, y habla de la filosofía de la cultura que está aflorando hoy: la cultura de lo provisorio. Todo sí, mientras dure. Mientras dure la consolación, mientras me traten bien…

Y a veces la vida no te trata bien, te trata como a un delincuente. Y si tú amas a Aquel que fue tratado como un delincuente, no te queda otra que aguantar. Es lo definitivo, con todo lo que supone la tercera semana de los Ejercicios espirituales.[9] Con todo lo que supone el coloquio de las «Dos banderas»,[10] que no es una cosa caballeresca de Ignacio, sino su experiencia.

Lo cual supone pedir ser humillado, pasar humillaciones, por amor a Cristo, sin dar motivo para ello. Los votos son perpetuos, con un estilo de vida. Son perpetuos con un estilo de vida que tiene que ser el de los Ejercicios, según los cuales te pueden mandar a hacer cualquier trabajo, cualquier cosa: desde enseñar religión a los chicos hasta enseñar en la universidad, o a hacer, qué sé yo… de equilibrista en un circo…

La Compañía puede mandarte a hacer cualquier cosa. Es esto lo que entiendo por definitivo. El tiempo, definitivo; el estilo, el de los Ejercicios; la disponibilidad, para lo que sea. Para amar y servir, como cantaban ustedes al comienzo. No decían para tener simpatía y dar una mano. Amar y servir es medular. ¡No se asusten! ¡Coraje!

Tengo una pregunta sobre la inculturación en cuanto a los pueblos de nuestra América. Yo hablo en primera persona, ya que pertenezco a la cultura maya. ¿Qué opina Usted de aquellos curas y obispos diocesanos que buscan homologar a los jóvenes desde los primeros momentos de la formación? En la práctica, lamentablemente, formar se convierte en opacar, se tapa la identidad. ¿Qué piensa Usted de esos curas que ya no están en sintonía con el pueblo del que han salido?

Mi abuela insistía mucho con la catequesis. Nos explicaba que en la vida teníamos que ser humildes y no olvidarnos que habíamos nacido en una familia humilde. Ella era del norte de Italia, nos contaba de una familia que había mandado a un hijo a estudiar en la universidad. Decía que era un hecho que había pasado realmente. Se trataba de una familia de campesinos. El hijo no volvió hasta que se recibió. No había tenido la posibilidad de volver.

Y cuando volvió a casa empezó a preguntar al padre: «¿Cómo se llama esa herramienta? ¿Y cómo se llama esa otra?». «Esta es la pala, hijo mío». «Ah! La pala. Y aquella otra herramienta cómo se llama?». «El martillo». «Ah! El martillo». Se había criado ahí, toda la vida, pero no recordaba nada. «Y esa otra herramienta, cómo se llama?» Y el papá le decía. Había ahí un rastrillo. Y el hijo, distraídamente… había un rastrillo (sin darse cuenta de que había un rastrillo), lo pisó. El rastrillo se alzó y le pegó en la cabeza. Y él exclamó: «¡Rastrillo de porquería!». [Aquí el Papa imita el gesto provocando la risa general].

¡Al que se olvida de su cultura le hace falta un rastrillazo en la cara! Es tremendo cuando la consagración a Dios nos hace esnob, nos hace subir de categoría social hacia una que parece más educada que la nuestra. Cada uno tiene que conservar la cultura de la que viene, porque la santidad que quiere alcanzar tiene que ser en base a esa cultura, no a otra. Tú que vienes de esas culturas, no almidones tu alma, por favor. Sé maya hasta el final. Jesuita y maya.

El otro día el P. Lombardi me decía que estaba trabajando en la causa de beatificación de Mateo Ricci, y me hablaba de la importancia de su amistad con Xu Guangqi,[11] el laico chino que lo acompañaba y que siguió siendo laico y chino, y a santificarse como chino, no como italiano, como Ricci. Esto es mantener la propia cultura.

Hoy almorcé con los jóvenes. Venían de todos lados: de Burkina Faso, de la India, de Estados Unidos, de Australia, de España. Fue muy lindo. Y había una chica centroamericana, indígena, que quiso maquillarse según sus tradiciones. Una persona «ilustrada», viéndola así, habría quizás podido decir con ironía: ¡ahí está «la indiecita», toda pintarrajeada! Cuando «la indiecita» habló, le dio una linda paliza a los que no respetan la madre tierra.

Aquella joven habló desde su cultura con tal capacidad intelectual que al final, cuando los de la Oficina de Prensa me preguntaron a quién podían llevar para las entrevistas, les respondí: a los que quieran, pero a ella llévenla sí o sí, porque va a decir cosas que ningún otro dirá. Esa chica, militante, católica, creo que es de profesión docente, no había perdido su cultura, ¡la había hecho crecer! Esto es, pues, lo que quiero decir: debemos inculturarnos hasta el final.

En el año 1985, en nuestra facultad de Teología de San Miguel, hicimos un Congreso sobre «La evangelización de la cultura y la inculturación de la fe».[12] Eran los años de Puebla. Ahí hubo algunas intervenciones que a algunos les parecieron escandalosas. Recuerdo que una vez fui a Roma por un asunto y visité la Congregación para el Culto Divino.

Uno de los peritos que trabajaban allí, hablando de la inculturación, me dijo: «Estamos avanzando bastante. Ahora les hemos permitido a los japoneses hacer una reverencia al altar, en vez de besarlo. Porque a ellos besarlo no les dice nada». ¿Era esa la gran inculturación de una oficina de la curia? ¡Eso no sirve para nada! Son ustedes los que tienen que decir qué es la inculturación a partir de su experiencia. Pero tú, por favor, no cambies de cultura. Acuérdate del rastrillo.

¿Como encuentra Usted esta región centroamericana y qué podríamos hacer nosotros?

Ustedes son muy «coloridos»… En el mejor sentido, lo digo. Esta es una tierra de colores. Pienso en la cultura brasileña, afrobrasileña, como una tierra de sonidos, de danzas, de fiesta. Ustedes en cambio son una tierra de colores… Lo siento así. Es tierra de colores. Es la primera vez que pongo pie en Panamá, y hablaba de esto con el nuncio, que me ayudó a encontrar la palabra justa, porque él pensaba lo mismo: aquí hay «nobleza».

Es una tierra de nobleza. Panamá lo es. Esto me tocó. Ustedes son un condensado de colores, en el sentido más rico y más simbólico de la palabra. Lo percibo así. Y, claro, para un maestro de novicios discernir aquí puede ser más dificultoso, sobre todo a la hora de la inculturación, de la expresión colorida de su pueblo. Pero es lindo.

Luego de una hora de encuentro los responsables del viaje le avisan al Papa que es tiempo de partir. El Papa dice que hay tiempo para otras dos breves preguntas. La primera fue: como jesuitas ¿qué postura debemos tener ante la política?

Hoy en el almuerzo me hizo la misma pregunta una chica de Nicaragua. La doctrina social de la Iglesia es clara y se ha vuelto siempre más explícita a través de diversos pontificados. En esto la Evangelii gaudium es clarísima. Además, también el Evangelio es una expresión política, porque tiende a la polis, a la sociedad, a cada persona y a la sociedad, a cada persona en cuanto pertenece a la sociedad.

Es verdad que la palabra «política» está a veces incluso despreciada y se la entiende solo como lógica de partes, sectarismo político, con todo lo que esto comporta en América Latina en cuanto a corrupción política, sicarismo político y todo eso.

El compromiso político para un religioso no significa militar en un partido político. Claro que hay que expresarse con el propio voto, pero la tarea es estar sobre las partes. No en el sentido de quien se lava las manos, sino como uno que acompaña las partes para que lleguen a una madurez, aportando el punto de vista de la doctrina cristiana. En América latina no siempre ha habido madurez política.

Aprovecho la pregunta para mencionar algunos problemas que para mí tienen relevancia política. El primero es el de la nueva colonización. La colonización no es solo la que se dio cuando vinieron los españoles y los portugueses y tomaron posesión de estas tierras. Este es un tipo de colonización física. Hoy están de moda las colonizaciones ideológicas y culturales, son estas las que están dominando el mundo. En política ustedes deben analizar bien cuáles son hoy las colonizaciones a las que se ven sometidos nuestros pueblos.

El segundo problema es el de nuestra crueldad. Se lo dije a un político europeo que me respondió: «Padre, la humanidad ha sido siempre así, solo que ahora con los medios nos enteramos más». Puede ser que tenga razón. Pero la crueldad es terrible. Se inventan incluso las torturas más refinadas, se degrada lo humano. Nos estamos habituando a la crueldad.

Lo tercero tiene que ver con la justicia y es el castigo o la pena sin esperanza. Ayer salí feliz del Instituto de menores, porque he visto todo el trabajo que hacen allí para reconstruir la vida de las personas, chicos, chicas, muy deteriorados por el delito, para reinsertarlos. Pero la cultura de la justicia abierta a la esperanza no está bien radicada todavía.

Al fin del encuentro se acerca un jesuita de Nicaragua y le entrega al Santo Padre una carta de parte de un joven que está ahora en la cárcel, diciendo: «Ha sido monaguillo desde cuando tenía nueve años y su gran deseo era venir a la Jornada Mundial de la Juventud».

Luego se acercaron otros jesuitas con regalos. El primero fue lo que en Panamá llaman un «cocobolo», un objeto hecho de madera dura tropical de América central, que representa el monograma IHS propio de la Compañía de Jesús, con el pedido de ponerlo en el lugar donde reza a la mañana. El Papa riendo, dice: «¿Y si rezo a la tarde?». Todos ríen.

El provincial avisa que se volverá de color más oscuro con el paso del tiempo. Luego le regalan una tela realizada con tejidos propios de varios países de Centroamérica. También se le entrega al Papa una bandera de «Magis», institución ignaciana que convoca jóvenes de entre 18 y 30 años, traída por voluntarios del Colegio Javier de Panamá a la JMJ. Le piden al Papa si puede poner su firma en la bandera. Seguidamente le ofrecen otros regalos personales. El encuentro, que ha durado alrededor de una hora y 10 minutos, se concluye con una foto y con el rezo de un Ave María.

 

[1] «Los nuestros» es una expresión tradicional de los jesuitas para nombrarse a sí mismos. Las «provincias» son los territorios en los que la Compañía se subdivide en el mundo. Los «novicios» son los jóvenes religiosos en su etapa de formación inicial.

[2] Cfr. J.M. Tojeira, «Il martirio di Rutilio Grande» en Civiltà Cattolica, 2015, II, pp.393-406.

[3] Cfr. Papa Francisco, La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una conversación con Fernando Prado, Madrid, Publicaciones Claretianas, 2018.

[4] El «magisterio» es una etapa de formación del jesuita entre los estudios de filosofía y los de teología. Está dedicado al trabajo apostólico.

[5] El «ministro» en las casas de la Compañía es el que se ocupa de la vida concreta de la comunidad religiosa, como responsable de la casa.

[6] El cuerpo de la Compañía contempla tres vocaciones. La de los sacerdotes profesos, formada por aquellos que han pronunciado los tres votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y han hecho un voto especial de obediencia al Papa. La segunda, está formada por sacerdotes «coadjutores espirituales», que pronuncian votos simples. La tercera es la de los hermanos, que son religiosos no sacerdotes y pronuncian los tres votos simples. La elección entre el sacerdocio y la vida de religiosos no sacerdotes la hace generalmente la persona en el momento de su ingreso en la Compañía. En algunos casos se entra «indiferente», y la elección se hace después de un discernimiento durante el tiempo de noviciado.

[7] Z. Bauman y T. Leoncini, Tiempos líquidos, Barcelona, Tusquets, 2007.

[8] Los «primeros votos» de los jesuitas, que se hacen al fin del noviciado, son considerados perpetuos para el que los pronuncia. Por tanto, no se los «renueva» cada tres años, como se hace en otros Institutos religiosos. Son en cambio «recordados» anualmente hasta que no se pronuncian los «últimos votos» como profeso, coadjutor espiritual o hermano, al fin de la formación, y para los sacerdotes, después de la ordenación. Sin embargo, los primeros votos pueden ser revocados simplemente por el superior provincial.

[9] Se trata de la tercera etapa de los Ejercicios Espirituales en la cual se contempla el misterio de la Pasión del Señor.

[10] Se trata de una meditación de la «segunda semana» de los Ejercicios, antes de pasar a la elección de estado de vida. Ignacio hace meditar acerca de «cómo Cristo llama y quiere a todos bajo su bandera y Lucifer, al contrario, bajo la suya», «viendo el lugar», es decir imaginando la «región de Jerusalén como un gran campo, donde el sumo capitán de los buenos es Cristo nuestro Señor; y en la región de Babilonia como es el otro campo, donde el jefe de los enemigos es Lucifer». El objetivo es el de «pedir conocimiento de los engaños del mal caudillo y ayuda para guardarme de ellos; y conocimiento de la vida verdadera que ofrece el Sumo y Verdadero Capitán y gracia para imitarlo».

[11] Xu Guangqi (1562-1633), de Shangái, conoció a Mateo Ricci y colaboró con él. Recibió el bautismo a la edad de 41 años y estudió profundamente la doctrina cristiana. Cfr A. Jin Luxian, «Xu Guangqi. Il compagno cinese di Matteo Ricci», en Civiltà Cattolica, I, 2016, pp. 282-297.

[12] El P. Bergoglio pronunció entonces el discurso inaugural e hizo el saludo final (cfr. J.M. Bergoglio, «Fe en Cristo y humanismo», en Civiltà Cattolica, 2015, IV, pp. 311-316). En su reflexión resaltaba el hecho de que las diversas culturas, fruto de la sabiduría de los pueblos, son el reflejo de la Sabiduría de Dios. La sabiduría humana es contemplación que tiene su origen en el corazón y en la memoria de los pueblos. Ella es el lugar privilegiado de la mediación entre el Evangelio y los hombres, y es el fruto del trabajo colectivo en el transcurso de la historia. De aquí surge, en la misión de evangelizar las culturas y de inculturar el Evangelio, por una parte, la necesidad de una «contemplación sapiencial de las culturas» y, por otra, de una «santidad que no le teme al conflicto y es capaz de constancia y paciencia» apostólica, venciendo con parresía todo temor y todo «extremismo de centro».

https://jesuitas.lat/es/noticias/1185-jugarse-la-vida


Rueda de prensa del Papa Francisco en el vuelo de regreso desde Panamá

enero 28, 2019

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El Papa Francisco durante la rueda de prensa en el vuelo de regreso de Panamá – Foto: Mercedes De la Torre (ACI Prensa)

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Rueda de prensa del Papa Francisco en el vuelo de regreso desde Panamá

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Durante el vuelo de regreso a Roma, luego de haber participado en la Jornada Mundial de la Juventud realizada en Panamá, el Papa Francisco concedió una rueda de prensa en la que respondió preguntas sobre Venezuela, los migrantes, el encuentro de febrero con los presidentes de los episcopados para tratar los casos de abusos sexuales, entre otros temas.

A continuación el texto completo de la rueda de prensa:

Alessandro Gisotti, Director Interino de la Sala de Prensa de la Santa Sede:

Buenas noches, Santo Padre tenemos todavía en el oído el grito “la juventud del Papa”, la juventud de Jesucristo, que decía Mons. Ulloa, esta alegría grande, días intensos que han dado tanta energía y lo hemos visto en su rostro, la alegría de este encuentro, así como también en la alegría de los jóvenes.

He traído algo que muchos de los periodistas, casi todos, conocen, no será un documento que entra en el magisterio del Papa, pero que a usted le gusta mucho. Esta canción en contra del bullismo, elemento presente del dolor; así como la alegría que vimos en muchas ocasiones… Una imagen que me ha tocado mucho: cuando pasaba con el papamóvil los jóvenes se abrazaban, compartir la alegría, lección para nosotros los adultos, cuando los jóvenes son felices comparten la alegría, no se la guardan.

Usted ha tenido también, entre las muchas sorpresas que ha tenido en estos días, un encuentro con UNICEF precisamente en los momentos antes de la despedida en la Nunciatura. No sé si antes de dar la palabra a los periodistas quiere dar alguna palabra de saludo.

Papa Francisco:

Buenas tardes, y después, buen descanso, porque seguro que todos están cansados después de este viaje así de fuerte. Gracias por su trabajo. También para mí fueron cosas que no imaginaba. Sorpresas.

Como esta chica, que comentó Gisotti, de esta chica de 16 años de Honduras, víctima del bullying, que ha cantado con una voz bellísima y ha escrito ella esta canción, y también el encuentro antes de salir de la Nunciatura con gente de UNICEF de Centroamérica, con el testimonio de dos chicas y de aquellos que trabajan con ellos. Escuché cosas que tocan el corazón. Ha sido un viaje fuerte, la palabra a ustedes.

Gisotti:

Un viaje que tiene tantos viajes dentro. Les pido permanecer en el tema de este gran viaje que ha representado a todo el mundo por medio de los jóvenes que estaban presentes. La primera palabra va a la prensa local, a Panamá. Edwin Cabrera Uribe de Radio Panamá hace dos preguntas a nombre de todo el grupo de periodistas panameños.

Edwin Cabrera Uribe – Radio Panamá:

Santo Padre, primero lo primero, muchas gracias. En nombre de mis seis compañeros y el mío como panameños lo que usted nos ha regalado a los panameños es muy grande.

La pregunta, Santo Padre:

Usted habló hoy a los voluntarios sobre que han de vivir una misión. Usted les dijo hoy: ustedes ahora saben cómo palpita el corazón cuando se vive una misión. La pregunta es: ¿Y la misión del Papa Francisco en Panamá? ¿Qué le impactó? ¿Qué le movió? ¿Cumplió el Papa Francisco la misión en la JMJ centroamericana? Porque fue en Panamá, pero desde Polonia se dijo que era centroamericana. Y en el camino Santo Padre tenemos una misión pendiente con Nicaragua, me da la impresión.

Papa Francisco:

Mi misión en una Jornada de la Juventud es la misión de Pedro, confirmar en la fe. Y eso no con mandatos fríos, o preceptivos, sino dejándome tocar el corazón y respondiendo lo que ahí venía. Yo no concibo, porque en mí lo vivo así, me cuesta pensar que alguien pueda cumplir una misión solo con la cabeza. O sea, para cumplir una misión hay que sentir. Y cuando sentís, te golpean.

Te golpea la vida, te golpean los problemas. Estaba en el aeropuerto despidiéndome del presidente, y trajeron a un chico, un negrito simpático, azabache. Chiquito así. Y me dijo: este chico estaba pasando la frontera de Colombia. La madre muerta, quedó solo. No sé, qué tendría, 5 años. Es de África, pero no sabemos de qué país, porque no habla ni el inglés, ni el portugués, ni el francés…, bueno habla la lengua tribal.

Y lo adoptamos un poco nosotros, me dice. Y el chico muy fresco, se movía muy bien. Pero el drama de un chico abandonado por la vida, porque su mamá murió ahí. Y un policía lo entregó a las autoridades para que se hicieran cargo. Eso te abofetea, y eso hace que la misión empiece a tener color. Que vos podrás decir algo, acariciarlo…, no es una razón.

La misión siempre te involucra. Al menos a mí me involucra. Será porque soy tano, y me sale de adentro. Me involucra. Les digo siempre a los jóvenes: ustedes lo que tienen que hacer en la vida, lo tienen que hacer caminando y con los tres lenguajes: el de la cabeza, el del corazón y el de la mano. Y los tres lenguajes armónicos. De tal manera que piensan lo que sienten y lo que hagan, sientan lo que piensan y lo que hacen, hagan lo que sientan y piensan, etc.

Yo no sé hacer un balance de la misión. Yo con todo esto siempre voy a la oración, y me quedo allí, delante del Señor. A veces me duermo delante del Señor, pero llevando todas estas cosas que he vivido en la misión. Y le pido que Él confirme en la fe a través de mí. Esto es cómo confirmo la misión del Papa, y cómo la vivo yo. Hubo casos, por ejemplo, que se plantearon algunas dificultades de tipo dogmática. Y a mí no me sale contestarle sólo la razón, me sale actuar de otra manera.

Edwin Cabrera Uribe – Radio Panamá:

¿La JMJ panameña llenó sus expectativas?

Papa Francisco:

Sí, evidentemente. El termómetro de si un viaje llena las expectativas es el cansancio. Y estoy “refiltrado”.

Edwin Cabrera Uribe – Radio Panamá:

Y finalmente, Santo Padre, hay un problema que es común en todo Centroamérica incluyendo Panamá y buena parte de Latinoamérica. Embarazos de niñas, de jóvenes. Embarazos precoces… Solamente en Panamá hubo 10 mil y tantos el año pasado, y en Centroamérica no ha sido diferente. Los detractores de la Iglesia Católica responsabilizan a la Iglesia porque se oponen a que se dé educación sexual… La Iglesia Católica tiene muchas escuelas en Latinoamérica y universidades. Me gustaría conocer la opinión del Papa Francisco sobre la educación sexual.

Papa Francisco:

Yo creo que en las escuelas hay que dar educación sexual. El sexo es un don de Dios. No es el cuco. Es el don de Dios para amar. Que algunos te lo usan para ganar plata, para explotar a otros, es otro problema. Pero hay que dar educación sexual. Objetiva, como es sin colonizaciones ideológicas. Porque si de entrada le das una educación sexual llena de colonizaciones ideológicas destruís a la persona. El sexo como don de Dios necesita ser educado. No con rigidez.

Educar es sacar lo mejor de la persona, acompañarlo en el camino. El problema es en los responsables de la educación, ya a nivel nacional, provincial o de cada unidad escolar, qué maestros escogen para esto o qué libros de texto, etcétera. Yo vi cualquier verdura de estos. Hay cosas realmente que maduran, y cosas que hacen daño. Pero creo que eso…, no sé si es objetivo o no que no haya educación sexual en Panamá.

Yo digo esto sin meterme en el problema político en Panamá: tiene que haber educación sexual en los chicos. Lo ideal es que empiecen en la casa, con los padres. No siempre es posible por tantas situaciones en las familias, o porque no saben cómo hacerlo. Entonces es la escuela que suple eso, porque si no, se crea un vacío que lo va a llenar cualquier ideología.

Gisotti:

Santo Padre, le dirige ahora la pregunta Javier Martínez Brocal, de Rome Reports.

Javier Martínez Brocal – Rome Reports:

Santo Padre, quería darle primero la enhorabuena porque ha marcado un récord, en cuatro días se ha hecho panameño. Han bastado sólo cuatro días para llevarse el corazón de Panamá. Quería hacerle una pregunta. Usted estos días ha hablado con muchas personas, con muchos chicos. Seguramente también ha hablado con jóvenes que se han alejado de la Iglesia o que se encuentran en dificultades. Según usted, ¿cuál es la dificultad que encuentran los jóvenes? ¿Cuáles son los motivos que los alejan de la Iglesia? Gracias.

Papa Francisco:

Son tantos … Algunos son personales. Pero el más general, creo que el primero, es la falta de testimonio de los cristianos, de los sacerdotes, de los obispos, no digo de los papas porque es demasiado (ríe)… Pero también. La falta de testimonio. Si un pastor es empresario o es organizador de un plan pastoral, si un pastor no es cercano a la gente, este pastor no da testimonio de pastor. El pastor debe estar con la gente. Pastor de la grey, digámoslo con este término.

El pastor debe estar adelante de la grey, para marcar el camino, en medio de la grey para sentir el olor de la gente y entender qué siente, qué necesita, cómo siente, y detrás de la grey para custodiar la retaguardia.

Pero si un pastor no vive con pasión, la gente se siente abandonada, o con cierto sentido de desprecio, se siente huérfana. Y donde hay orfandad…, creo que he subrayado los pastores, pero también a los cristianos, los católicos, hipócritas, católicos hipócritas, que van todos los domingos a Misa pero no pagan lo que corresponde, pagan en negro, explotan a la gente, y después se van al Caribe…, no solo a los papeles, sino de vacaciones, con la explotación de la gente.

“No, yo soy católico, voy todos los domingos a Misa pero”…, si tú haces esto, tú das un contratestimonio. Y esto, según mi opinión, es lo que más aleja a las personas de la Iglesia.

También los laicos, todos. No digas que eres católico si no das testimonio. Di que tienes educación católica, pero eres tibio, mundano. “Pido disculpa, pero no me miren a mí como ejemplo”, esto se podría decir. Yo tengo miedo de los católicos así, que se creen perfectos. Pero la historia se repite, el mismo Jesús con los doctores de la ley: “Te agradezco, Señor, porque no soy como estos, pobre pecador”, no vale.

Esta es la falta de testimonio. Hay otros, dificultades personales, discusiones a veces, pero el más general es ese.

Gisotti:

Santo Padre, le dirige ahora una pregunta Caroline Pigozzi de Paris Match

Papa Francisco:

Antes de nada, quiero darle las gracias, localicé al Padre Benoist de Sinety, ha concelebrado conmigo, un gran hombre, y también los 200 jóvenes de París. Gracias por darme aquel libro.

Caroline Pigozzi – Paris Match:

Santo Padre hemos visto por cuatro días a todos estos jóvenes rezar con mucha intensidad, se puede imaginar que todos estos jóvenes algunos quieran entrar a la vida religiosa, se puede también pensar que algunos tengan vocación, quizá alguno está dudando, pensando que es un camino difícil sin poder casarse ¿es posible pensar que en la Iglesia Católica, siguiendo el rito oriental, usted permitirá a hombres casados ser sacerdotes?

Papa Francisco:

La Iglesia Católica en el rito oriental pueden hacerlo. Se hace la opción al celibato o a casarse antes del diaconado.

Caroline Pigozzi – Paris Match:

¿Se puede hacer en el rito latino?

Papa Francisco:

En el rito latino, me viene a la mente una frase de San Pablo VI: “Prefiero dar la vida antes de cambiar la ley del celibato”. En este momento esto me ha venido a la mente y quiero decirlo porque es una frase valiente y lo dijo en una época más difícil que esta. En el 68, 70.

Personalmente, pienso que el celibato es un don para la iglesia.

Segundo, yo no estoy de acuerdo con permitir el celibato opcional. No. Solamente, quedaría alguna posibilidad en los puestos lejanísimos, pienso las islas del Pacífico, pero algo es pensar cuando hay necesidad pastoral, ahí el pastor debe pensar en los fieles.

Hay un libro del padre Lobinger. Él es interesante, esto es una cosa en discusión entre teólogos, no es una decisión mía. Mi decisión es el celibato. El celibato opcional antes del diaconado, no. Cuestión mía, personal. Yo no lo haré. Esto queda claro. Soy cerrado, quizás. No me siento para ponerme frente a Dios con esta decisión.

Después, el padre Lobinger dice: la Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía la hace la Iglesia. Pero donde no hay Eucaristía ni comunidad. Piensa en las islas del Pacífico,

Caroline Pigozzi – Paris Match:

¿También la Amazonía?

Papa Francisco:

En tantos lugares dice Lobinger, ¿quien hace la Eucaristía? Esas comunidades, los organizadores de la comunidad son diáconos, religiosas o laicos. ¿Se podría ordenar a un anciano casado? Es la tesis de él ¿Se podría ordenar a un anciano casado? Pero que solo ejercite el munus (misión) santificante: es decir, que celebre la Misa, que administre el Sacramento de la  Reconciliación y dé la Unción de los Enfermos.

La ordenación sacerdotal da tres formas de tareas: el regendi, lo que manda el pastor, el docendi, lo que enseña; y el santificante, todo esto viene con el orden. Pero el Obispo da la licencia solo para santificante. Esta es la tesis. El libro es interesante.

Quizá esto puede ayudar a pensar el problema. Yo creo que el problema tiene que ser abierto en este sentido. Donde hay problema pastoral por la falta de sacerdote, no digo que se deba hacer, porque no he reflexionado, no he rezado lo suficiente sobre esto, pero los teólogos deben estudiar. Por ejemplo, el P. Lobinger, él es un fidei donum en Sudáfrica. Uso este ejemplo para significar los puntos donde se debe hacer.

Hablaba con un oficial de la Secretaría de Estado, un obispo que tuvo que trabajar en un país comunista al inicio de la revolución, cuando vieron cómo venía la revolución, en los años 50 más o menos: los obispos ordenaron a escondidas campesinos. Buenos, religiosos.

Después, pasada la crisis, 30 años después, la cosa se resolvió, y él me decía la emoción que tuvo cuando en una concelebración veía a estos hermanos campesinos con las manos de campesinos revestirse con el alba para concelebrar con los obispos. En la historia de la Iglesia, esto se dio. Es algo para pensar y para rezar.

Caroline Pigozzi – Paris Match:

¿Pero hay también sacerdotes protestantes casados que se han convertido en católicos?

Papa Francisco:

Me pregunta sobre lo que el Papa Benedicto XVI hizo. Preguntaré, yo había olvidado eso. Anglicanorum coetibus: Sacerdotes anglicanos que se hicieron católicos y mantienen la vida como si fueran orientales. Recuerdo en una audiencia del miércoles, vi tantos con el cuello, y mujeres y niños, y me explicaron cómo era la cosa. Es verdad. Gracias por recordarme esto.

Lena Klimkeit – DPA

Santo Padre, durante el Vía Crucis el viernes, un joven dijo unas palabras muy fuertes sobre el aborto. Le quiero repetir una parte: “Hay una tumba que clama al cielo, y denuncia la terrible crueldad de la humanidad, es la tumba que se abre en el vientre de las madres y arranca la vida inocente, Dios nos conceda humanizarnos de verdad y defender con firmeza la vida, hacer que las leyes que matan la vida inocente se borren para siempre”.

Esta posición es muy radical en mi opinión, le quisiera preguntar: si esta posición respeta también el sufrimiento de las mujeres en estas situaciones y si corresponde con su mensaje de la misericordia.

Papa Francisco:

El mensaje de la misericordia es para todos, también para la persona humana en gestación. Es para todos. Después de haber hecho este fracaso, hay misericordia también. Una misericordia difícil porque el problema no está en dar el perdón, el problema está en acompañar a una mujer que ha tomado conciencia de haber abortado. Son dramas terribles.

Una vez escuché a una doctora que hablaba de una teoría, no recuerdo bien, que una célula del feto apenas concebido va a la médula de la madre y allí hay una memoria física. Es una teoría, pero sirve para decir que una mujer, cuando piensa en aquello que ha hecho, yo te digo la verdad, hace falta estar en el confesionario, y ahí dar consuelo no puedo decir nada, por eso he abierto la potestad de absolver el aborto por misericordia porque muchas veces deben encontrarse con el hijo.

Yo aconsejo muchas veces, cuando lloran y tienen esta angustia. Yo les digo que su hijo esté en el cielo, habla con él, cántale la canción que no pudiste cantarle. Y ahí se da una reconciliación de la madre con el hijo, con Dios, ya ha perdonado. Dios perdona siempre. La misericordia es algo que ella elabore esto.

El drama del aborto, para entenderlo bien, hace falta estar en un confesionario. Es terrible.

Valentina Alazraki – Televisa:

Papa Francisco, usted ha dicho en estos días aquí en Panamá que estaba muy cerca de Venezuela, que se sentía muy cerca de los venezolanos, y hoy ha pedido una solución justa, pacífica, en el respeto de los derechos humanos de todos. Los venezolanos quisieran entender qué significa esto.

Quieren saber si esta solución pasa por el reconocimiento de Juan Guaidó, que ha sido respaldado por muchos países, otros piden elecciones a corto plazo, elecciones libres para que la gente pueda votar. Sienten que usted es un Papa latinoamericano y quieren sentir su apoyo, su ayuda y su consejo.

Papa Francisco:

Yo apoyo en este momento a todo el pueblo venezolano porque es un pueblo que está sufriendo. Incluso los que están de una parte y de otra. Todo el pueblo sufre. Y si yo entrara a decir “háganles caso a estos países, háganles caso a estos otros que dicen esto”, me metería en un rol que no conozco. Sería una imprudencia pastoral de mi parte y haría daño.

Las palabras las pensé, las repensé, y creo que con esto expresé mi cercanía, lo que siento. Yo sufro por lo que está pasando en Venezuela en este momento. Y por eso deseo que se pongan de acuerdo, no sé, tampoco decir ponerse de acuerdo está bien. Una solución justa y pacífica. ¿Qué es lo que me asusta? El derramamiento de sangre. Y ahí también pido grandeza para ayudar a los que pueden ayudar a resolver el problema.

El problema de la violencia, a mí me aterra. Después de todo el esfuerzo hecho en Colombia, lo que pasó en la escuela de cadetes el otro día fue terrorífico. No es solución la sangre. Por eso tengo que ser… no me gusta la palabra, “equilibrado”. Tengo que ser pastor, todos, a ver. Y si necesitan ayuda, de común acuerdo, la pidan. Eso creo. Gracias.

Juno Arrocho – Catholic News Service:

Durante su almuerzo con un grupo de jóvenes peregrinos, una joven estadounidense nos dijo que le había hablado del dolor de tantos católicos, particularmente en Estados Unidos, por la crisis de los abusos. Tantos católicos estadounidenses rezan por la Iglesia, pero muchos se sienten traicionados, abatidos ante las recientes noticias de abusos y encubrimiento de parte de algunos obispos y han perdido la confianza en los obispos.

Santidad, ¿cuáles son sus expectativas o esperanzas para el encuentro de febrero para que la Iglesia pueda reconstruir la confianza entre los fieles y sus obispos?

Papa Francisco:

Este es “furbo”… Empezó por la JMJ y después terminó allí… felicidades. Gracias por la pregunta.

La idea de esto nació en el G9. Nosotros ahí veíamos que algunos obispos no entendían bien o no sabían qué hacer o hacían una cosa buena y otra equivocada.

Sentimos la responsabilidad de dar una catequesis sobre este problema a las conferencias episcopales, y por eso se llama a los presidentes. Una catequesis que en primer lugar, se tome conciencia del drama.

¿Qué es un niño abusado? Yo recibo con regularidad a gente abusada. Recuerdo a uno, de 40 años que no podía rezar. Es terrible el sufrimiento. Primero, que sean conscientes de esto.

Segundo, que sepan qué se debe hacer, el procedimiento. Porque a veces el Obispo no sabe qué hacer, es algo que creció muy fuerte pero no llegó a todos los ángulos, digamos así. Y después, que se hagan programas generales pero que lleguen a todas las conferencias episcopales.

Qué tiene que hacer el obispo, qué cosa tiene que hacer el arzobispo, el metropolitano, qué cosa debe hacer el presidente de la conferencia, pero que sea claro. De tal manera que haya protocolos que sean claros. Esto es lo principal.

Pero antes del qué se debe hacer, es lo que he dicho antes, ser conscientes. Allí se hará oración, habrá algún testimonio para ayudar a tomar consciencia, y luego alguna liturgia penitencial para pedir perdón por toda la Iglesia. Están trabajando bien en la preparación de esto.

Yo me permito decir que he percibido un poco una expectativa inflada. Hace falta desinflar las expectativas a estos puntos que digo, porque el problema de los abusos continuará. Es un problema humano. Humano en todos lados. Leí estadísticas el otro día, de aquellas estadísticas que dicen que el 50% es denunciado, el 20% escuchado y disminuye. Y terminaba así: el 5% es condenado. Es terrible. Terrible.

Es un drama humano del que tenemos que tomar consciencia. Incluso nosotros, resolviendo el problema en la iglesia, pero tomando conciencia ayudaremos a resolverlo en la sociedad, en las familias. Donde la vergüenza hace encubrir todo y la víctima, y tantas otras cosas, no sé. Pero primero debemos tomar conciencia, tener los protocolos, y seguir adelante.

Manuella Tulli – ANSA:

Usted durante esta JMJ ha dicho que es absurdo e irresponsable considerar a los migrantes los portadores de males sociales. En Italia, las nuevas políticas sobre los migrantes han llevado a cerrar Cara de Castelnuovo di Porto, que usted conoce bien.

Era una experiencia donde se veían semilla de integración. Los niños iban a la escuela, y ahora estas personas están en riesgo de ser desraizadas. Usted escogió celebrar con ellos el Jueves Santo del 2016. ¿Qué siente ante esta decisión de cerrar el Cara de Castelnuovo?

Papa Francisco:

Yo sentí rumores de lo que pasaba en Italia, pero estaba sumergido en esto (la JMJ). Precisamente no conozco bien este asunto, pero me lo imagino. Es verdad que el problema de los migrantes es muy complejo, muy complejo.

Es un problema que requiere memoria, preguntarse si mi patria estuvo hecha de migrantes. Nosotros, los argentinos, todos migrantes. Estados Unidos, todos migrantes. Memoria. Un obispo o cardenal no recuerdo, escribió un artículo bellísimo, “Un problema de falta de memoria”, se llamaba.

Este es un punto. Después, las palabras que yo uso: “recibir”. El corazón abierto para recibir, acoger, acompañar, hacer crecer, e integrar. Y también digo: el gobernante tiene que usar la prudencia, porque la prudencia es la virtud del gobernante. Esto lo he dicho aquí en el último vuelo.

Es una ecuación difícil. Me viene a la mente el ejemplo sueco que en los años 70, con las dictaduras, el operativo Cóndor, en América Latina ha recibido tantos, tantos, pero todos integrados. También veo qué hace San Egidio, por ejemplo: integra inmediatamente. Los suecos dijeron “esperen, porque no podemos terminar el camino”. Esta es la prudencia del gobernante.

Es un tema de caridad, de amor, de solidaridad. Y yo reitero que las naciones más generosas, en recibir, en lo otro no todas pueden, han sido Italia y Grecia, y un poco Turquía. Pero Grecia, fue muy generosa, e Italia también.

Cuando fui a Lampedusa era el inicio. Pero es verdad que se debe pensar realísticamente. Después hay otra cosa importante para tener en cuenta: un modo de resolver el problema de la migración es ayudar a los países de donde vienen. Los migrantes vienen por hambre o por guerra. Invertir donde hay hambre. Europa es capaz de hacerlo, es un modo de ayudar a crecer. Ayudar a crecer.

Pero hablando del África, siempre está en el imaginario colectivo que tenemos en la conciencia: África es explotada. Esto es histórico y esto hace mal.

Los migrantes de Medio Oriente encontraron otras vías para salir. El Líbano es una maravilla de generosidad: tiene más de un millón de sirios. Lo mismo Jordania, abierta, hacen lo que pueden. Y también Turquía ha recibido algunos. Y en Italia también hemos recibido. Es un problema complejo del cual se debe hablar sin prejuicios. Todas estas cosas me vienen en mente.

Les agradezco mucho por su trabajo, solo quiero decir una cosa sobre Panamá. Sentí un sentimiento nuevo, yo conozco América Latina, pero no Panamá. Y me vino esta palabra: Panamá es una nación noble. Yo encontré nobleza. Esto quiero decir. Y otra cosa que dije volviendo de Colombia, hablando de Cartagena y otras ciudades. Una cosa que en Europa no vemos. Cuál es el orgullo de los panameños: alzar a los hijos y dicen esta es mi victoria, mi futuro, mi orgullo. Este en el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa, en Italia, bajo cero, nos debe hacer pensar. ¿Cuál es mi orgullo? ¿El turismo, la villa, el cachorro, o alzar un hijo?

Recen por mí, lo necesito.

https://www.aciprensa.com/noticias/rueda-de-prensa-del-papa-francisco-en-el-vuelo-de-regreso-desde-panama-49873


Discurso del Papa Francisco en la ceremonia de acogida y apertura de la JMJ Panamá 2019

enero 25, 2019

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Jóvenes peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019 – Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)

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Discurso del Papa Francisco en la ceremonia de acogida y apertura de la JMJ Panamá 2019

El Papa Francisco preside la ceremonia de acogida y apertura de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019.

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Ante miles de jóvenes presentes en el Campo Santa María la Antigua, ubicado en la zona conocida como la Cinta Costera, el Santo Padre pronunció el siguiente discurso:

Queridos jóvenes, ¡buenas tardes!

¡Qué bueno volver a encontrarnos y hacerlo en esta tierra que nos recibe con tanto color y calor! Juntos en Panamá, la Jornada Mundial de la Juventud es otra vez una fiesta de alegría, una fiesta de esperanza para la Iglesia toda y, para el mundo, un enorme testimonio de fe.

Me acuerdo que en Cracovia algunos me preguntaron si iba a estar en Panamá y les contesté: “Yo no sé, pero Pedro seguro va a estar. Pedro va a estar”. Hoy me alegra decirles: Pedro está con ustedes para celebrar y renovar la fe y la esperanza. Pedro y la Iglesia caminan con ustedes y queremos decirles que no tengan miedo, que vayan adelante con esa energía renovadora y esa inquietud constante que nos ayuda y moviliza a ser más alegres y más disponibles, más “testigos del Evangelio”.

Ir adelante no para crear una Iglesia paralela un poco más “divertida” o “cool” en un evento para jóvenes, con alguno que otro elemento decorativo, como si a ustedes eso los dejara felices. Ustedes no piensan eso, porque pensar así sería no respetarlos y no respetar todo lo que el Espíritu a través de ustedes nos está diciendo.

¡Al contrario! Queremos reencontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia abriéndonos siempre a esa gracia del Espíritu Santo que hace siempre un nuevo Pentecostés (cf. SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES, Doc. final, 60).

Eso solo es posible, como lo acabamos de vivir en el Sínodo, si nos animamos a caminar escuchándonos y a escuchar complementándonos, si nos animamos a testimoniar anunciando al Señor en el servicio a nuestros hermanos que siempre es un servicio concreto. No es un servicio de figuritas.

Pienso en ustedes empezando a caminar primero en esta jornada, los jóvenes de la juventud indígena. Fueron los primeros en América y los primeros en caminar en este encuentro. Un aplauso grande. Y también los jóvenes de la juventud descendiente de africanos que también hicieron su encuentro y nos ganaron la mano.

Sé que llegar hasta aquí no ha sido nada fácil. Conozco el esfuerzo, el sacrificio que realizaron para poder participar en esta Jornada. Muchos días de trabajo y dedicación, encuentros de reflexión y oración hacen que el camino sea en gran medida la recompensa. El discípulo no es solamente el que llega a un lugar sino el que empieza con decisión, el que no tiene miedo de arriesgar y ponerse a caminar. Si uno empieza a caminar ya no tiene miedo.

Esa es su mayor alegría, estar en camino. Ustedes no tuvieron miedo de arriesgar y caminar. Hoy podemos “estar de rumba”, porque esta rumba comenzó hace ya mucho tiempo en cada comunidad.

Escuchamos decir en la presentación con las banderas que venimos de culturas y pueblos diferentes, hablamos lenguas diferentes, usamos ropas diferentes. Cada uno de nuestros pueblos ha vivido historias y circunstancias diferentes. ¡Cuántas cosas nos pueden diferenciar!, pero nada de eso impidió poder encontrarnos, tantas diferencias no impidieron poder encontrarnos y divertirnos juntos. Ninguna diferencia nos paró.

Eso es posible porque sabemos que hay algo que nos une, hay Alguien que nos hermana. Ustedes, queridos amigos, han hecho muchos sacrificios para poder encontrarse y así se transforman en verdaderos maestros y artesanos de la cultura del encuentro. Ustedes en esto se transforman en maestros y artesanos de la cultura del encuentro que no es “hola, qué tal, chau”; sino que nos hace caminar juntos.

Con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que “no son como nosotros”. Como en varios países de América decimos, no son GCU: gente como uno. Todos somos gente como uno, todos con nuestras diferencias.

Y esto porque tienen ese olfato que sabe intuir que «el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior». ¿Saben quién dice eso? El Papa Benedicto XVI, que está mirando y lo vamos a aplaudir. ¡Le mandamos un saludo! Desde acá. Él nos está mirando por la televisión. Un saludos, todos, con la mano al Papa Benedicto.

Por el contrario, sabemos que el padre de la mentira, el demonio, siempre prefiere un pueblo dividido y peleado, a un pueblo que aprende a trabajar juntos. Y este es un criterio para distinguir a la gente, los constructores de puentes y de muros, esos constructores de muros que dividen a la gente. ¿Ustedes qué quieren ser? ¡Constructores de puentes! (responden los jóvenes).

Ustedes nos enseñan que encontrarse no significa mimetizarse, ni pensar todos lo mismo o vivir todos iguales haciendo y repitiendo las mismas cosas, eso lo hacen los loros y los papagayos. Encontrarse es un llamado e invitación a atreverse a mantener vivo un sueño en común.

Tenemos muchas diferencias, nos vestimos diferente, pero podemos tener un sueño común. Sí, un sueño grande y capaz de cobijar a todos. Ese sueño por el que Jesús dio la vida en la cruz y el Espíritu Santo se desparramó y tatuó a fuego el día de Pentecostés en el corazón de cada hombre y cada mujer, en el corazón de cada uno, en el tuyo y en el mío, a la espera de que encuentre espacio para crecer y para desarrollarse.

Un sueño llamado Jesús sembrado por el Padre, Dios como Él, enviado por el Padre, con la confianza de que crecerá y vivirá en cada corazón. Un sueño concreto que es una persona y que corre por nuestras venas, estremece el corazón y lo hace bailar cada vez que lo escuchamos: «Ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,34- 35).

¿Cómo se llama el sueño nuestro? ¡Jesús! (responden los jóvenes)

A un santo de estas tierras, escuchen esto, le gustaba decir: «El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones. Así el cristianismo resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor. El cristianismo es Cristo» ¿Lo decimos todos juntos? El cristianismo es Cristo. (cf. S. OSCAR ROMERO, Homilía, 6 noviembre 1977).

Es desarrollar el sueño por el que dio la vida: amar con el mismo amor que nos ha amado. No nos amó hasta la mitad, no nos amó un cachito, nos amó totalmente. Nos llenó de amor, dio su vida.

Nos preguntamos: ¿Qué nos mantiene unidos? ¿Por qué estamos unidos? ¿Qué nos mueve a encontrarnos? ¿Saben lo que es? La seguridad de saber que hemos sido amados con un amor entrañable que no queremos y no podemos callar, un amor que nos desafía a responder de la misma manera: con amor. Es el amor de Cristo que nos apremia (cf. 2 Co 5,14).

Fíjense que el amor que nos une es un amor que no “patotea” ni aplasta, un amor que no margina, que no se calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que sana y levanta.

Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado. Es el amor silencioso de la mano tendida en el servicio y la entrega. Es el amor que no se pavonea, que no la juega de pavo real, que se da a los humildes. Ese es el amor que nos une a nosotros.

Te pregunto: ¿Creés en este amor? Te pregunto otra cosa: ¿Creés que este amor vale la pena?

Jesús una vez preguntó a uno lo mismo y le dijo que vaya y haga lo mismo. En nombre de Jesús yo les digo que hagan lo mismo. No tengan miedo de ese amor que gasta la vida.

Fue la misma pregunta e invitación que recibió María. El ángel le preguntó si quería llevar este sueño en sus entrañas y hacerlo vida, hacerlo carne.

María tenía la edad de tantos de ustedes y María dijo: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Cerremos los ojos todos y pensemos en María. No era tonta, sabía lo que sentía su corazón, sabía lo que era el amor y respondió “He aquí la Sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

En este momentito de silencio, Jesús le dice a cada uno, a vos, a vos y vos: ¿Te animas? ¿Querés? Pensá en María y contesta: quiero servir al Señor, que se haga en mí según tu palabra.

María se animó a decir “sí”. Se animó a darle vida al sueño de Dios. Y esto es lo mismo que el ángel te quiere preguntar a vos, a vos, a mí: ¿querés que este sueño tenga vida? ¿Querés darle carne con tus manos, con tus pies, con tu mirada, con tu corazón? ¿Querés que sea el amor del Padre el que te abra nuevos horizontes y te lleve por caminos jamás imaginados y pensados, soñados o esperados que alegren y hagan cantar y bailar al corazón?

¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? No contesten acá. Contesten en el corazón. Hay preguntas que solo se responden en silencio.

Queridos jóvenes: Lo más esperanzador de esta Jornada no va a ser un documento final, una carta consensuada o un programa para ejecutar. No, eso no va a ser. Lo más esperanzador de este encuentro serán vuestros rostros y una oración. Eso dará esperanza. Con la cara con la cual vuelvan a sus casas, con la oración que aprendieron a decir con el corazón cambiado.

Cada uno volverá a casa con la fuerza nueva que se genera cada vez que nos encontramos con los otros y con el Señor, llenos del Espíritu Santo para recordar y mantener vivo ese sueño que nos hace hermanos y que estamos invitados a no dejar que se congele en el corazón del mundo: allí donde nos encontremos, haciendo lo que estamos haciendo, siempre podremos levantar la mirada y decir: Señor, enséñame a amar como tú nos has amado —¿se animan a repetirlo conmigo?—.

Señor, enséñame a amar como tú nos has amado. Más fuerte, están roncos: Señor, enséñame a amar como tú nos has amado.

Y como queremos ser buenos y educados, no podemos terminar este primer encuentro sin agradecer. Gracias a todos los que han preparado con mucha ilusión esta Jornada Mundial de la Juventud. Todo esto, gracias, fuerte. Gracias por animarse a construir y hospedar, por decirle “sí” al sueño de Dios de ver a sus hijos reunidos.

Gracias, Mons. Ulloa y todo su equipo, por ayudar a que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de Dios siga encontrando cauces para crecer, multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la tierra.

Amigos y amigas, que Jesús los bendiga. Lo deseo de todo corazón. Que Santa María la Antigua los acompañe siempre, para que todos seamos capaces de decir sin miedo, como ella: «Aquí estoy. Hágase». Gracias.

https://www.aciprensa.com/noticias/ceremonia-de-acogida-y-apertura-de-la-jmjen-el-campo-santa-maria-la-antigua-24189


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