Card. Marc Ouellet: ‘La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia’

abril 3, 2018

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Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL), marzo 2018

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Card. Marc Ouellet: ‘La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia’

Discurso en la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina

Por Card Marc Ouellet

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(ZENIT – 16 marzo 2018).- Del 6 al 9 de marzo, tuvo lugar en el Palacio Apostólico del Vaticano la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) dedicada al tema “La mujer, un pilar en la construcción de la Iglesia y de la sociedad en América Latina”.

Publicamos a continuación el discurso pronunciado durante los trabajos por S.E. el  cardenal Marc Ouellet, PSS, Prefecto de la Congregación de los Obispos y Presidente de la Comisión Pontificia para América Latina.

También pueden leer aquí el discurso que expuso el Profesor Guzmán M. Carraquirry, Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina.

Discurso del Cardenal Mons. Marc Ouellet

La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia

Actualmente se admite de buen grado la necesidad de un reconocimiento teológico y práctico más concreto de la mujer en la Iglesia y en nuestra sociedad[1]. El Papa Francisco lo ha reiterado en numerosas ocasiones siguiendo a sus predecesores, pero la ejecución de prácticas eclesiales más abiertas a su presencia e influencia[2] tarda en realizarse por razones que no son solamente de orden histórico y cultural.

Dejo a otros el análisis sociológico e histórico del problema para concentrarme en la investigación teológica que debe hacer su parte en este tema, con el fin de eliminar cuanto obstaculiza la promoción de la mujer y valorizar su dignidad a partir de las fuentes de la revelación cristiana.

De hecho, siguiendo las brechas abiertas por la exégesis contemporánea y las intuiciones del santo Papa Juan Pablo II, es posible profundizar el “misterio y los ministerios de la mujer”[3] en el designio de Dios, a partir de la persona del Espíritu Santo como Amor recíproco del Padre y del Hijo en la Trinidad, y así fundamentar mejor su dignidad y su papel tanto en la Iglesia como en la sociedad.

La cuestión debatida de la ordenación sacerdotal reservada a los varones ha hecho correr ríos de tinta y continúa suscitando la crítica de los adeptos a una concepción absolutamente paritaria de la igualdad entre el hombre y la mujer, desde el punto de vista de los roles que se les asignan en los diferentes ámbitos culturales.

No discutiré aquí la cuestión concreta del ministerio ordenado para la mujer, para concentrarme en el fundamento teológico del “misterio” de la mujer a la luz de la Trinidad y de la relación nupcial de Cristo y la Iglesia.

De entrada me inclino entonces por un método teológico que parte de la revelación de la Trinidad en Jesucristo, para comprender a la mujer, creada a imagen y semejanza de Dios, con la ayuda de la exégesis contemporánea acerca la Imago Deila cual restaura la legitimidad y el valor de la analogía entre la Trinidad y la familia[4], no obstante una fuerte tradición contraria.

Concedo sin embargo a esta analogía una importancia relativa en relación con el conocimiento de Dios que nos viene fundamentalmente de la Persona de Jesucristo en su misterio de la encarnación redentora. La analogía familiar aporta un complemento nada despreciable a la inteligencia del misterio trinitario, pero su valor estriba más en su significado antropológico.

El Papa Francisco se refiere a esto numerosas veces en su Exhortación Apostólica Amoris laetitia: «El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo vivo. Las palabras de san Juan Pablo II nos iluminan: ‘Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que él lleva en sí mismo la paternidad, la filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo’[5].

La familia, de hecho, no es ajena a la esencia divina misma. Este aspecto trinitario de la pareja encuentra una nueva imagen en la teología paulina cuando el Apóstol la pone en relación con el «misterio » de la unión entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 21-33)»[6].

Añado una última premisa que me parece importante para indicar el centro y el corazón de nuestra reflexión, a saber, el fundamento arquetípico de la mujer en la Trinidad, que es imposible de determinar sin una teología de la Alianza que abarque el entero designio de Dios sobre la humanidad y el cosmos.

A menudo este marco global hace falta en la reflexión teológica. Hans Urs von Balthasar insiste en este punto en su estética teológica, donde describe la manifestación de Dios al hombre en Jesucristo como misterio nupcial: «Hay una relación última esponsal y de alianza entre Dios y el mundo en cuanto tal (cf. la alianza de Noé) y la hay desde el principio en virtud del Logos que media en la obra de la creación, del Espíritu que se cierne sobre las “aguas”, y del Padre que hace al hombre, en la reciprocidad de macho y hembra, a imagen y semejanza de Dios, de un Dios que en su eterno misterio trinitario está ya configurado de un modo esponsal»[7].

Esta última afirmación, bastante audaz e innovadora respecto a la Tradición, representa un desafío para el pensamiento teológico en general y para la teología de la mujer en particular, porque plantea ya indirectamente la cuestión teológica del fundamento trinitario de la diferencia sexual.

¿Qué significa entonces esta relación nupcial interna a la Trinidad? ¿Habría un arquetipo de la mujer en el misterio íntimo de Dios? ¿Podemos apoyarnos en la teología de la Imago Dei para afirmarlo? ¿Cómo no caer entonces en el grosero antropomorfismo, típico de ciertas religiones, que consiste en proyectar en Dios la sexualidad humana?

Estas preguntas son hoy en día más relevantes que nunca y tienen graves implicaciones para el significado de la sexualidad, los valores del amor, la apertura a la fecundidad, el respeto a la vida, la educación y la vida en sociedad.

Porque el ámbito de la sexualidad, a pesar de los avances del conocimiento científico, parece más confuso que nunca y el tabú permanece, más o menos tácito, y se relaciona con Dios solamente desde el punto de vista moral. Razón de más para volver a poner sobre la mesa las cuestiones candentes de la actualidad: la mujer, la diferencia sexual, la familia, la fecundidad, el futuro del cristianismo, en un mundo cada vez más secularizado y antropológicamente incierto y confuso.

La Iglesia católica se ha preocupado intensamente de esto desde el Concilio Vaticano II, consciente de tener que superar algunos retrasos, pero también de servir a un Evangelio profético destinado al mundo.

I. La exégesis contemporánea de la Imago Dei y sus implicaciones para la inteligencia del misterio trinitario y de la dignidad de la mujer

Comencemos por hacer un resumen sobre la doctrina de la Imago Dei, replanteada en nuestra época gracias a los progresos de la exégesis.

El status quaestionis se encuentra bien resumido por Blanca Castilla de Cortázar, quien recurre al pensamiento liberador del papa Juan Pablo II frente a las interpretaciones históricas y culturales de la imagen de Dios en el hombre: «Haciendo un poco de historia, en la tradición judía se consideró que solo el varón era imagen de Dios, mientras que la mujer era derivada. Esto ha justificado la situación subordinada de la mujer en el mundo judío y musulmán en los que (sobre todo en este último) aun hoy se encuentra encerrada»[8].

El cristianismo aportó una liberación de principio a esta subordinación de la mujer, gracias a la actitud innovadora de Jesucristo respecto a las mujeres y a su impacto sobre su papel activo en la Iglesia de los orígenes, como lo atestigua el Nuevo Testamento[9].

Basta mencionar las escenas de la Samaritana, la mujer adúltera, la prostituta en lágrimas a sus pies, la unción de Betania, la primera aparición a María Magdalena, etc., para simbolizar la apertura de una nueva era en el reconocimiento de la dignidad de la mujer y de su igualdad con el hombre.

Los siglos posteriores asimilaron lentamente, y no sin notables resistencias culturales, la revolución de Jesús respecto a la mujer. En el capítulo que trata precisamente de la interpretación de la imagen de Dios, la Carta de Pablo a los Corintios, por ejemplo, permanece condicionada por la cultura circundante, que subordinaba la mujer al hombre: “El hombre… es la imagen y el reflejo de Dios, mientras que la mujer es el reflejo del hombre” (1Cor 11, 7).

De ahí las instrucciones de Pablo para que las mujeres se cubrieran con el velo y permanecieran calladas en la asamblea.

Se superarán poco a poco las influencias culturales que afectan al reconocimiento de la igualdad del hombre y de la mujer, si se desarrolla la idea de que la imagen de Dios está en el alma únicamente cuando se la considera asexuada, en razón de las facultades espirituales de conocimiento y amor, de inteligencia y voluntad, comunes a los dos.

Esto hará progresar la afirmación de que el hombre y la mujer, como miembros de la especie humana, son ambos igualmente imágenes de Dios, pero separadamente e independientemente de su sexo. Habrá que esperar al Siglo XX para que la pareja humana, con la diferencia hombre-mujer, sea incluida en la imagen de Dios.

Juan Pablo II dará a este aspecto un desarrollo magisterial decisivo en sus catequesis sobre la “teología del cuerpo” y en su Encíclica Mulieris Dignitatem, donde habla de la imagen de Dios en el hombre como Imago Trinitatis, “la unidad de dos” siendo contemplada a la luz de “la unidad de tres” de la comunión trinitaria[10]. De esta manera, él dio un impulso fundamental para una teología de la familia.

Al término de su status quaestionis, Castilla de Cortázar señala algunas cuestiones pertinentes para la profundización de la teología de la mujer a la luz de la Trinidad. Ella se pregunta cómo identificar el arquetipo trinitario, no solamente de la mujer, sino más específicamente de su cualidad de esposa y de madre.

Juan Pablo II dio un gran paso adelante, precisando la analogía entre la familia y la Trinidad en términos de communio personarum, pero no especificó, sin embargo, la relación entre las personas divinas y la distinción hombre-mujer. No obstante, él indicó la relación íntima entre el Espíritu Santo como amor que da vida, y la mujer que da la vida.

La obra está entonces abierta a nuevos desarrollos, pero la tarea no es fácil, dado el peso de la tradición y la tendencia, aún fuerte en el mismo Louis Bouyer[11], a descartar toda dimensión nupcial en la Trinidad por temor al antropomorfismo y por respeto a la absoluta trascendencia de Dios.

Superar este temor exige una exégesis rigurosa del texto del Génesis, acompañada por una teología del designio de Dios como misterio de Alianza que compromete la comunión de las Personas trinitarias en la relación nupcial de Cristo y de la Iglesia.

Sobre esta base aún por desarrollar positiva y especulativamente, anticipo un sí sin reserva a la cuestión del arquetipo de la diferencia sexual en Dios mismo, y por lo mismo, a la cuestión del fundamento trinitario de la dignidad de la mujer. La nocion de nupcialidad que guía mi reflexion estriba en tres conceptos que expresan lo esencial del amor: don, reciprocidad, fecundidad.

Esta noción se aplica analógicamente a diversos ordenes de realidad: a la pareja hombre-mujer, a la relación Cristo-Iglesia, y a las Personas divinas[12].

Así se prolonga la visión del santo papa de la familia, que dando un nuevo frescor a la analogía trinitaria de la familia, interpreta la Imago Dei como Imago Trinitatis, completando con ello, de manera feliz y fecunda, la doctrina tradicional de la imagen de Dios.

Hasta el momento, en efecto, esta se limitaba a la semejanza entre la naturaleza racional del hombre con sus facultades espirituales, y la naturaleza divina, eminentemente espiritual por una parte y, por otra, con las procesiones trinitarias: el Hijo procediendo del Padre como Verbo, y el Espíritu Santo procediendo del Padre y del Hijo como Amor.

Evidentemente hablar de analogía no significa hablar de univocidad; por consiguiente la semejanza evocada es matizada por la más grande desemejanza que se impone siempre en toda comparación entre el Creador y su criatura (DS 806)[13].

La cuestión es entonces compleja y delicada e invita a integrar las perspectivas complementarias más que a oponerlas[14]. Consideremos sobretodo que los avances contemporáneos ofrecen perspectivas amplias y fecundas para repensar la persona, la relación hombre-mujer y el misterio de Dios a partir del Amor como Don[15].

Algunas indicaciones exegéticas

Más allá de las interpretaciones clásicas de Gen 1,26-27[16], una mayoría de exégetas ve la semejanza en el hecho «que Adán es el representante real de Dios mismo, encarnando y ejerciendo su autoridad sobre la tierra y sobre todo lo que vive»[17]. Otro grupo sostiene con Claude Westermann que «la imagen de Dios debe encontrarse en la capacidad de relación con Dios que el hombre recibe de él»[18].

Bien comprendida en su contexto, la narración de la creación del hombre expresaría la voluntad de Dios de darse un compañero capaz de dialogar con él. Lo más interesante para nuestro propósito es constatar que la exégesis de Gen 1,26-27, según la tradición sacerdotal, traza los puntos en el sentido de una integración de la relación hombre-mujer al interior de la imagen-semejanza.

En efecto, si en lugar de separar ambos relatos de la creación, se ilumina el primero con el segundo, Gen 2,18-24[19], y con Gen 5,3, se tiene que la reciprocidad varón-hembra, a imagen-semejanza de Dios, le permite al hombre representarlo sobre la tierra e imitarlo, participando de su poder creador.

La insistencia de la tradición sacerdotal sobre la diferencia corporal de los sexos pretende así expresar el carácter fundamentalmente relacional del ser humano, sobre el plano horizontal de la relación entre el hombre y la mujer, así como sobre el plano vertical de la relación con Dios.

Régine Hinschberber llega a la conclusión de que Gen 1,26 sugiere «una relación de semejanza entre Dios que crea y el hombre, varón y hembra, que, bendecido por él, procrea»[20]. Así la expresión “Dios hizo al hombre a su semejanza” significaría que Él lo hizo «para ser fecundo como él»[21].

Está claro que el Génesis no explicita esta analogía en cuanto a la correspondencia de los miembros de la familia en relación con las Personas de la Trinidad. La exégesis de la imagen-semejanza pone solamente en relación dialogal una pareja fecunda y un “nosotros” divino (“Hagamos al hombre…”) indeterminado, manifestando su poder creador en la unión procreativa.

Esta perspectiva dinámica de la imagen que actualiza su semejanza por la vía de la unión procreadora, encaja por otro lado muy bien con la idea de alianza, de la cual la historia de Israel es la expresión privilegiada. El mensaje del Génesis consiste entonces en que esta estructura de alianza se inscribe ya en la complementariedad hombre-mujer, cuya reciprocidad fecunda se asemeja y corresponde al don del Creador.

Cuando Eva dio a luz a su primer hijo, exclamó: «Procreé un hombre con el Señor» (Gen4,1), destacando la intervención creadora de Dios en el don de la vida. Tomada en toda su amplitud, esta historia de alianza, ya inscrita en la creación de Adán y Eva, culmina en Cristo, el nuevo Adán, del cual el primero es la figura.

En efecto, él es por excelencia «la imagen de Dios» (2Cor 4,4), «la imagen del Dios invisible» (Col 1,15). Es entonces en él que la analogía familiar de la Trinidad alcanza su apogeo, y encuentra al mismo tiempo su superación hacia una analogía más profunda, fundada no solamente sobre la acción creadora de Dios, sino sobre el don de la Gracia y de la virginidad, una forma más alta de nupcialidad.

Esbozo de reflexión teológica

En el plano especulativo, si tomamos como punto de partida el Amor como revelación suprema de Dios en Jesucristo, podemos tratar de comprender este Amor a partir de las Personas divinas como «relaciones subsistentes» (Tomás de Aquino), porque coincide con ellas, y no tiene otra realidad aparte de su absoluta y asimétrica reciprocidad.

Tradicionalmente, las Personas divinas se comprenden distinguiéndose por el orden de las procesiones, y por la oposición de relaciones recíprocas en el Amor, según tres formas totalmente distintas en Dios.

Dios es Amor en cuanto Padre que engendra al Hijo consubstancial; es también el Amor engendrado que responde al Padre según su propio modo filial, reconociendo en Él su fuente y su término; es finalmente el Amor que procede de la reciprocidad del Padre y del Hijo, como Tercero que es Amor-comunión, la hipóstasis distinta de la reciprocidad en cuanto tal; no otro hijo o hija en la modalidad de los otros dos, sino un “nosotros” que incluye a los dos, mientras que se distinguen absolutamente.

De ahí los tres modos de amar en la Trinidad que expresan tres Personas completamente distintas y correlativas: el Amor paternal, el Amor filial, y me atrevo a calificar el tercero de Amor nupcial, a partir del hecho de que no es solo una reciprocidad entre dos sino entre tres, siendo el Espíritu un Tercero distinto que procede por modo de fecundidad de la reciprocidad, lo que le da esencial y personalmente derecho de ciudadanía en la triple y divina correlación del Amor.

En la experiencia humana, el niño, como hipóstasis de la reciprocidad de amor, es el fruto del amor conyugal, que es también una reciprocidad de tres ya que, si se hace abstracción del carácter fortuito de la generación y del factor temporal de su desarrollo, el niño pertenece intrínsecamente a la naturaleza misma de la donación mutua de los cónyuges (Balthasar).

Él es un tercero en el intercambio de amor nupcial-conyugal en el seno de una misma naturaleza, lo que no es el caso en ninguna otra relación afectiva. Ni la relación paternal-filial, ni la relación filial-maternal, ni las relaciones fraternales o de amistad hacen nacer un tercero carnal de igual naturaleza.

En cierto modo, el niño es un co-principio del amor de los esposos como fin intrínseco de su entrega mutua, aunque subjetivamente se puedan unir sin la intención explícita de la fecundidad.

Hemos nombrado antes al Espíritu Santo como el arquetipo del amor nupcial en Dios ya que Él es el «Nosotros» distinto en el Amor recíproco del Padre y del Hijo.

Un Nosotros en Quien el Padre y el Hijo se aman con un Amor paternal y filial conforme a su propiedad personal, pero también se aman con un “exceso” (surplus) de Amor que viene del Tercero, que enriquece por consiguiente sus relaciones, y nos permite calificar su fecundidad en Él como Amor nupcial.

La dimensión nupcial, a primera vista ajena a la relación Padre-Hijo, es debida exclusivamente al Espíritu y no puede proceder más que de Él como hipóstasis propia de la reciprocidad. Además de la hipóstasis del don generador y de la hipóstasis de la reciprocidad fecunda, existe la hipóstasis de la reciprocidad-comunión.

Es por esto que podemos decir que la Persona del Espíritu produce (engendra) en cierto modo un exceso de Amor en Dios, que sobre-califica las relaciones Padre-Hijo con otra nueva fecundidad que les es intrínseca, pero que les es irreductible debido a la propiedad personal del Espíritu.

Considero pues perfectamente justificado designar al Espíritu Santo como el Amor nupcial en Dios, retomando y profundizando la intuición de Agustín sobre el Espíritu como amor mutuo. Porque el Espíritu Santo es Amor de una manera que le es única, personal, en Dios que no es más que Amor.

Su papel de «vínculo» de amor entre el Padre y el Hijo, íntimo pero distinto, los enriquece de tal manera que se debe reconocer la fecundidad que le es propia caracterizándola de «nupcial» y «maternal».

En resumen, para concluir, esta manera de distinguir los tres tipos de hipóstasis en Dios a partir del Amor, me parece que va en armonía con su Nombre propio de «Espíritu de Verdad», porque la Verdad es el Amor consubstancial de las Tres Personas divinas que Él confirma en Sí mismo en su calidad de sigilo de la Unidad divina como Amor.

II. La Economía del Misterio nupcial trinitario como misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia

La hipótesis de partida de un arquetipo de la diferencia sexual en Dios supone, habíamos dicho, una teología de la Alianza donde Dios predestina la humanidad en Cristo a llegar a ser «partícipe de la naturaleza divina», que es el Amor eterno de las Personas trinitarias.

Este designio divino se cumple perfectamente en Cristo como «misterio nupcial», porque toda su trayectoria terrestre de encarnación es un connubium entre la divinidad y la humanidad.

Su misión redentora hasta el sacrificio supremo revela en efecto el Amor del Padre hacia la humanidad, y su resurrección de entre los muertos confirma el Amor del Padre hacia su propio Hijo, ascendido a su derecha, y hacia la humanidad reconciliada y santificada, por el Don y efusión del Santo Espíritu.

La resurrección de Cristo y el don del Espíritu son la prueba del éxito del proyecto de Dios como misterio de Alianza; pero la pregunta queda, a saber: ¿Cómo podemos inferir de esto que exista un misterio nupcial interno a la Trinidad?

Podemos lograrlo releyendo en términos más explícitamente nupciales las relaciones intra-trinitarias que se desarrollan en la economía de la salvación.

En efecto, el misterio de la encarnación consiste en la generación del Hijo en la carne por la mediación del Espíritu Santo; esta generacion se expresa de parte del Hijo como obediencia de amor al Padre hasta la muerte de Cruz, de donde Cristo resurge de los infiernos en virtud del Beso de Resurrección que recibe del Espíritu del Padre, como Amor nupcial confirmando su Filiación divina en su carne resucitada (Rom 1,4) y haciéndola capaz de difundir el Espíritu de vida sobre toda carne.

El momento de la procesión del Espíritu en la Trinidad inmanente corresponde al momento de la resurrección en la economía de la salvación: Cristo resucitado es el Esposo humano-divino que sale victorioso de la alcoba nupcial; ya que la generación del Hijo en la carne llega allí a su término, en la fecundidad recíproca del Padre y del Hijo que co-espira el Espíritu de Amor en la economía de la salvación; primero en la carne de Cristo Resucitado y, a través de él, en toda la humanidad redimida, convertida en Él y por Él, en interlocutor fecundo del misterio de la Alianza.

En otras palabras, el acontecimiento de la encarnación como misterio de Alianza es la traducción perfecta, en la economía, del misterio nupcial de la Trinidad inmanente. El orden de las procesiones trinitarias es respetado en el sentido que la generación del Hijo precede y hace posible la procesión del Espíritu, que precisamente se realiza como sello nupcial en el connubium histórico y escatológico de ambas naturalezas de Cristo en su vida-muerte-resurrección.

Esta efusión íntima y fecunda del Amor trinitario en la encarnación del Hijo culmina en la Eucaristía, misterio nupcial por excelencia de Cristo y de la Iglesia.

Después de esta visión general del plan divino, debemos detenernos en la figura del Espíritu que se convierte en el gran protagonista de la encarnación del Amor trinitario después de la resurrección de Cristo, pero de acuerdo con su propio modo de ser que es de comunión. Por eso Él es el gran actor y animador de la respuesta de la Iglesia Cuerpo y Esposa de Cristo al don de la comunión trinitaria.

Como en la Trinidad inmanente, su acción en la economía es comunional y más precisamente nupcial y maternal. Él da la Vida divina, comenzando con la maternidad divina de la Virgen María que acompaña prolongándola en su maternidad espiritual en la Cruz y en Pentecostés[22].

El Espíritu dona también la estructura jerárquica de la Iglesia como la representación de Cristo Cabeza y Esposo al servicio de la comunión del pueblo de Dios, que él enriquece aún con múltiples dones y carismas. Al hacerlo, el Espíritu se manifiesta como Aquel que da la vida divina, uniendo y distinguiendo, salvaguardando siempre las diferencias para que la unión sea de comunión y no de uniformidad.

Como en la Santísima Trinidad donde la Persona del Espíritu corona la unidad divina, la Tri-Unidad, consagrando la diferencia absoluta de las Tres Personas trinitarias. Cada una es Persona según su modo propio pero siempre consubstancial con los Demás en el Amor absoluto.

No hay tres Personas idénticas y uniformes en la Santísima Trinidad, sino tres Personas cuya propiedad personal realiza una manera de ser Amor en Dios completamente diferente, pero en la unidad de la misma naturaleza: el Amor paternal, el Amor filial, y el Amor nupcial.

Detengámonos ahora en el arquetipo de la maternidad en Dios que la Tradición tiende a situar también en el Espíritu Santo. En efecto, Él es confesado en el Credo como aquel que «da la vida», y es descrito en la Santa Escritura como cercano a la Mujer, sea de la Virgen María en todo su misterio, desde la Anunciación hasta Pentecostés y la Asunción, sea de la Esposa del Apocalipsis con la cual aspira el regreso del Señor Jesús (Ap 22,17).

Esta proximidad del Espíritu y de la Mujer no es como la de un Esposo, sino es aún más íntima, como el “Nosotros” en Quien se cumple el misterio nupcial, a pesar de la inadecuada opinión medieval del Espíritu como el Esposo de la Virgen. El Espíritu no es el que desposa, Él es Aquel en Quien y por (para) Quien los esponsales del Verbo de Dios y de la humanidad se realizan en el seno de la Virgen María.

El Espíritu mediatiza estos esponsales en cuanto amor nupcial y maternal que vehicula la semilla del Padre, y que conjuga las dos naturalezas del Verbo encarnado en el seno virginal de María, gratificándola al mismo tiempo de su SÍ inmaculado y sin reservas a la Palabra divina.

Por lo tanto, el Espíritu cumple activamente el misterio de la encarnación como Persona-comunión que actúa al servicio del Padre y del Hijo y persigue esta mediación nupcial a lo largo de la encarnación del Verbo hasta su misterio pascual.

Es maravilloso contemplar esta mediación nupcial del Espíritu que inspira y acompaña, en paralelo asimétrico, la obediencia de Jesús a su Padre y la disponibilidad ilimitada de María a la Palabra de Dios. Esta comunión perfecta en la obediencia de amor se consuma al pie de la Cruz, cuando el Hijo y la madre sufren al unísono la pasión de amor del sacrificio redentor.

Al recoger el último aliento de su Hijo crucificado -preludio de la efusión del Espíritu- la Virgen Inmaculada es elevada por el Espíritu a la dignidad de Esposa del Cordero inmolado y Madre de la Iglesia. Su nueva maternidad eclesial en el Espíritu trasciende entonces la relación Madre-Hijo según la carne, así como en Dios la fecundidad nupcial del Espíritu trasciende la relación Padre-hijo y le confiere una nueva dimensión.

El Espíritu Santo fecunda continuamente esta maternidad de María-Iglesia a través de la economía sacramental, especialmente en la celebración del misterio pascual donde él procede a la efusión eucarística del Verbo encarnado que, acogida en la fe de la Iglesia, la constituye como Cuerpo y Esposa de Cristo. De ahí la denominación Ecclesia Mater que está vinculada a su participación íntima a la propiedad nupcial-maternal del Espíritu del Padre y del Hijo.

Volvamos sin embargo al Espíritu en la Trinidad inmanente para identificar más de cerca esta dimensión materna de su persona y de su acción ad intra y ad extra.

Estando el “Nosotros” constituido por la reciprocidad asimétrica, pero perfectamente consubstancial del Padre y del Hijo, el Espíritu deja entrever su dimensión maternal por el reflujo de Amor nupcial que enriquece activamente a las otras dos Personas (Espiración activa–pasiva), pero en modo subordinado a causa de la primacía de las Otras dos (el orden de las procesiones), lo que no afecta de ninguna manera la igualdad perfecta de los Tres fundada sobre su triple consustancialidad.

De aquí, en el plano del lenguaje, la preposición “en” que habitualmente acompaña la mención del Espíritu Santo, ya sea en la oración litúrgica de la Iglesia o en la expresión teológica de su misterio. De hecho, el Dios Uno y Trino es Amor que declina así su misterio: Amor tri-personal que procede del Padre por el Hijo en el Espíritu, una Vida eterna en perpetuo intercambio cuyo flujo y reflujo constituyen su misterio infinito como Deus semper maior.

Este acontecimiento de Amor paternal, filial y nupcial que es la Trinidad inmanente se puede vislumbrar en la economía de la salvación, donde las Personas divinas revelan su misterio nupcial íntimo en sus relaciones de alianza en Cristo y María-Eclesia, con cada persona humana y con la humanidad en su conjunto.

Esto es así porque el Espíritu Santo posee en Sí mismo la Vida que procede del Padre a través del Hijo. Él la posee como recibida pasivamente-activamente de los otros dos y agregando a eso por su propiedad personal, una nueva fecundidad nupcial y materna que es de comunión, de vida nueva, de libertad cada vez más grande en el Amor.

Esta es la razón por la cual el papel del Espíritu ad intra y su actividad ad extra en la Iglesia y el mundo llevan el signo de la armonía, de la unidad en la diversidad, de la libertad y de la gratuidad, de la fecundidad que merece su título de Gloria como Amor nupcial y maternal. San Ireneo escribe: «Allí dónde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y dónde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y todo tipo de gracias»[23].

Por lo tanto también la obra de santificación y de glorificación que opera en la economía de la salvación aparece en perfecta conformidad con su personalidad trinitaria. De ahí la belleza de la Iglesia-Comunión que procede de la kénosis eucaristica del Verbo encarnado, como personalidad femenina animada por el Espíritu, y su figura de Esposa y madre.

De ahí no resulta que el Espíritu Santo sea su hipóstasis exclusiva, porque él es el “Nosotros” que contiene en sí el Amor del Padre y del Hijo, constituyendo pues juntos, la Iglesia como Sacramentum Trinitatis.

El Espíritu Santo trinitario, kenótico como las otras dos Personas de las que procede, se esconde personalmente en el corazón del misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia, y garantiza que la unidad de la Iglesia esté constituida por la unidad trinitaria del Padre, del Hijo y del Santo Espíritu, como lo expresa acertadamente el Concilio Vaticano II (LG 4)[24].

III. La figura trinitaria de la mujer y sus implicaciones en cuanto a su dignidad y su papel en la Iglesia y la sociedad.

Las anteriores reflexiones han intentado integrar la herencia de Agustín sobre el Espíritu como Amor mutuo y la de Ricardo de San Víctor sobre el condilectus, recurriendo a la analogía nupcial y familiar que se encuentra en Gregorio Nacianceno y Buenaventura, al igual que a la exégesis contemporánea sobre la Imago trinitatis.

La originalidad de nuestra posición se centra sobre esta especificación nupcial que permite a la vez salvaguardar la unidad divina como Amor, y valorizar la imagen de Dios en el hombre y la mujer como don de amor recíproco fecundo en la familia y la sociedad.

En esta perspectiva, la dignidad y el papel de la mujer reaparecen notablemente fortalecidos, a la luz de su fundamento relacional en la Santa Trinidad. Este fundamento está bien establecido, me parece, en la procesión del Espíritu Santo (espiración activa–pasiva) que se manifiesta como Amor nupcial irreductible a la fecundidad propia del Amor paternal y filial.

La novedad del Espíritu de Amor refluye como hemos dicho sobre la fecundidad paternal y filial y le confiere una nueva dimensión que justifica el recurso a la simbología nupcial y familiar para dar cuenta de las riquezas inconmensurables de las relaciones trinitarias, y afirmar en consecuencia la verdad del fundamento arquetípico de la mujer en el Espíritu Santo en su juego de relaciones con el Padre y el Hijo.

Si lo propio de la mujer es dar recibiendo (esposa) para ser activamente fecunda (madre) en la misma medida en que ella recibe, ¿no es ella la imagen y, de cierto modo, la participación, y del Hijo que espira el Espíritu en la recepción de lo que él es del Padre y el don que él le da, y del Espíritu Santo que también “vive y enriquece” este movimiento triple de recepción, regalo, fecundidad?

La manera de amar de la Virgen María, tan íntimamente vinculada al Espíritu, se manifiesta en su disponibilidad inmaculada hacia el Padre (esposa) y en el servicio incondicional al Hijo (madre) al que el Espíritu Santo concibe en su seno virginal y que lo acompaña en todo su trayecto de encarnación[25].

El arquetipo de la mujer como esposa y madre en el Espíritu Santo se fundamenta así en estas relaciones trinitarias recíprocas que conocemos por el misterio de la encarnación. Esta conclusión se basa como hemos visto en la exégesis contemporánea de la imagen de Dios como Imago Trinitatis, y en el designio de Dios como misterio de Alianza interpretado con la simbología nupcial, que es la más evidente y adecuada con la Biblia.

Repercusiones

¿Cuál es la importancia de estos logros para la dignidad de la mujer y para las consecuencias eclesiales y sociales concretas que legítimamente se deberían sacar?

Primero, la identificación del arquetipo relacional de la mujer en la Trinidad confirma de inmediato su dignidad de imagen de Dios como persona, mujer, esposa y madre. Esto también confirma los valores del amor, del matrimonio y de la familia, así como las vocaciones virginales sobrenaturales que reciben un apoyo fuerte teológico y espiritual.

En segundo lugar, su vínculo privilegiado con el Espíritu Santo, y en el Espíritu con el Hijo eterno y encarnado, configura su originalidad relacional y su manera de amar como mujer que acoge, consiente, responde y sorprende por su respuesta doblemente fecunda, natural y sobrenatural, asimétrica, original, procreadora, irreductible a cualquier otro modelo que no sea su modalidad personal de amar como Dios ama.

En tercer lugar, la mujer se confirma poderosamente en su papel de esposa y de madre, sin limitarse a estos roles, ya que su feminidad abierta florece en diversos niveles y tonalidades que sobrepasan el núcleo familiar hacia todos los ámbitos de actividad e influencia, particularmente en el campo de la vida consagrada.

De aquí su aportación única e irreemplazable al mundo del trabajo, de la salud, la actividad social, caritativa y política, en la ciencia, las artes y la filosofía, la teología, la profecía y la mística, etc., donde su personalidad y sus múltiples carismas naturales y sobrenaturales pueden desarrollarse y contribuir al Reino de Dios y al bien común de la sociedad y de la Iglesia.

En cuarto lugar, no hace falta decir que a partir de esta base teológica y señalando la falta de integración de la mujer según su vocación propia y sus potencialidades, a nivel social y eclesial así como a nivel pastoral y misionero, se hace necesaria una vigorosa promoción de la mujer en todos los niveles (incluyendo la confirmación de su vocación de esposa y de madre!) y se requiere una lucha paciente y perseverante para favorecer su libertad de actuar y de vivir según sus carismas, su vocación y su misión, que son irreductibles a los esquemas culturales patriarcales o matriarcales vehiculados en las diferentes sociedades.

En quinto lugar, la teología en general, y la teología de la mujer en particular, requieren una escucha atenta y sin prejuicios de la teología de las mujeres, una contribución desconocida pero ya disponible en la Tradición, que la Iglesia reconoce simbólicamente mediante la declaración de algunas de ellas como “doctoras de la Iglesia[26], con la esperanza de que estos gestos simbólicos fomenten la participación de las mujeres en todos los niveles de la producción filosófica, teológica y mistica.

Por una civilización del amor

En definitiva, la manera de ser y de amar de la mujer comporta cualidades indispensables para el progreso de la Iglesia y de la sociedad. En efecto, su persona se desarrolla de manera ejemplar y fecunda por su disponibilidad nativa a la voluntad del Padre y al servicio de la Palabra de Dios en el Espíritu.

La mujer se pone y se reconoce del lado del Verbo que es segundo, proferido, engendrado, y fecundo a cambio de su amor consubstancial al Padre, que es “más” que filial en virtud del Espíritu que él espira en dependencia del Padre.

De ahí, por consiguiente, la participación de la mujer en la dimensión nupcial y maternal del Verbo y del Espíritu, que se manifiesta en su manera de amar, recibida y “auxiliatrix”, pero igual en dignidad y doblemente fecunda.

Su forma de amar, tierna, compasiva, envolvente y fecunda, es irreductible al modelo masculino del amor, más intrusivo y puntual, esporádico y planificado, así como a la psicología masculina más univoca, particularmente en el modo de administrar las relaciones sociales y la influencia cultural, política o espiritual.

La diferencia femenina no tiene que ser borrada por el modelo masculino, que necesita ser complementado por las cualidades indispensables de la feminidad, de la maternidad y de la fecundidad múltiple y diversificada de la mujer, so pena de caer en una dominación injusta que provoca el antagonismo del hombre y de la mujer mientras que son llamados a la comunión.

Finalmente, a la luz de la Sagrada Familia, imagen por excelencia del misterio de la Trinidad y de la Iglesia, la figura de la mujer accede en María a una realización sin igual de perfección humana y sobrenatural, en virtud de su verdadero matrimonio, vivido en relaciones humanas auténticas y virginales, pero no asexuadas, con Jesús y José.

Esta superación de la sexualidad conyugal natural en ella no implica ningún desprecio de su valor, sino solo su prolongación al nivel superior de la fertilidad sobrenatural de los sexos en el seno de relaciones virginales[27].

José no fue disminuido en su sexualidad por el hecho de no haber engendrado a Jesús, al contrario fue enriquecido y fortificado en su paternidad putativa natural-sobrenatural por una calidad incomparable de relaciones virginales, en humilde correspondencia con el misterio de Jesús y de su madre.

En este sentido, ¿quién no ve la importancia de estas consideraciones para la promoción de la vida consagrada bajo todas sus formas en la Iglesia? Porque las vocaciones sacerdotales y religiosas expresan la fecundidad propia del Espiritu Santo en la Iglesia Esposa dotada por Él de carismas variados al servicio de la comunión y de la misión.

Estas vocaciones gratuitas y virginales vividas en comunión con el Esposo eucarístico, demuestran por su fidelidad y su fecundidad virginal, junto con la familia, iglesia doméstica, que el Evangelio de Dios Amor responde en plenitud a todas las aspiraciones del corazón humano desde el centro de gravedad “sacramental-escatologico” del misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia.

¿No habría en esta profundización teológica un recurso precioso para superar la controversia alrededor del ministerio ordenado reservado a los varones?

Y para reanimar la llama en el corazón de tantas mujeres en busca de una vocación, donde la respuesta no sea solo un servicio social o profesional, una carrera cualquiera, o incluso un servicio desinteresado a los más pobres, sino la fascinación del Amor divino simplemente, un Amor filial, nupcial y maternal, que llene el corazón, el alma y el espíritu de alegría y de pasión para la evangelización del mundo.

Conclusión

¿Qué más podemos añadir como conclusión a estas reflexiones teológicas para remarcar la importancia del “misterio” de la mujer y de su contribución indispensable para la vida social y eclesial?

Dada la cercanía del Espíritu y de la mujer en el designio divino de la creación y de la encarnación de la gracia; dada la participación íntima e insuperable de la Virgen María en las relaciones trinitarias recíprocas del Verbo y del Espíritu, ¿no deberíamos reconocer este “misterio” de la mujer calificando de “ministerios sagrados”, sin connotaciones clericales de ningún tipo, sus múltiples funciones y papeles femeninos en la sociedad y la Iglesia: esposa y madre, inspiradora y mediadora, redentora y reconciliadora, ayuda y compañía indispensable para el hombre en cualquier tarea y responsabilidad social y eclesiástica.

Que sobresalga la escucha, la apertura, la reparación de injusticias y la valoración de los carismas femeninos de parte de todos y de todas, y en particular por parte de las autoridades civiles y religiosas, para que se reconozca e integre más y mejor la diferencia femenina!

Es comprensible entonces que la Iglesia católica, desde la inmensa gracia del Concilio Vaticano II, haya librado una lucha decisiva y permanente por el respeto de la diferencia de los sexos en todas partes y en todos los niveles, ya sea en el ámbito del trabajo, del matrimonio y la familia o en el del ministerio ordenado, y continúa haciéndolo, incluso en solitario, contra toda “colonización ideológica” (Papa Francisco) que pretenda anular la diferencia sexual en la cultura, y por lo tanto la figura original de la mujer, en nombre de una antropología libre de todo vínculo trascendente.

El tema de la mujer es de tal importancia hoy en día que requiere que la Iglesia y la sociedad realicen una inversión colosal de pensamiento y de acción, para iluminar correctamente las elecciones de la sociedad y para permitir que la imagen de Dios en el hombre y la mujer, en dolor y deseo de comunión, alcance la divina semejanza del Amor sin la cual no hay ni felicidad posible para la humanidad ni sociedad digna de este nombre.

[1] Cf. Ruolo delle donne nella Chiesa. Actas del simposio promovido por la Congregación para la Doctrina dela Fe, Roma 26-28 septiembre 2016, LEV.

[2] Papa Francisco: «Estoy convencido de la urgencia de ofrecer espacios a las mujeres en la vida de la Iglesia y de acogerlas, teniendo en cuenta las específicas y cambiadas sensibilidades culturales y sociales. Por lo tanto, es de desear una presencia femenina más amplia e influyente en las comunidades, para que podamos ver a muchas mujeres partícipes en las responsabilidades pastorales, en el acompañamiento de personas, familias y grupos, así como en la reflexión teológica» (Discurso a los participantes en la Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, 7 de febrero de 2015).

[3] Cf. Louis Bouyer, Mystère et ministères de la femme, Aubier Montaigne, 1976 (Trad. esp.: Misterio y ministerios de la mujer, Fundación Maior, 2014). De considerarse como un ensayo de justificación teológica de la posición de la Iglesia sobre la cuestión del ministerio ordenado reservado al hombre, previo a la declaración Inter Insigniores de 1976.

[4] Cf. Marc Ouellet, Divine ressemblance. Le mariage et la famille dans la mission de l’Église, Ed. Anne Sigier, 2006, p. 35-58.

[5] Homilía en la Eucaristía celebrada en Puebla de los Ángeles (28 de enero de 1979): AAS 71, (1979), p.184.

[6] Papa Francisco, Exhortación Apostólica Amoris laetitia, n. 11; ver también, n. 71.

[7] Hans Urs von Balthasar, La Gloire et la Croix. I. Apparition, Aubier 1965, p. 488 (Trad. esp. Gloria. Una estética teológica ILa percepción de la forma, Ed. Encuentro, 1985, p.513). Cf. también Adriana von Speyr, Teología de los sexos, Ed. San Juan, 2018.

[8] Blanca Castilla de Cortázar, «Mujer y teología: la cuestión de la imagen de Dios»en Arbor, vol. 192, n. 778, 2016.

[9] Cf. Mary Healy, Women in Sacred Scriptures: New insights from exegesis, en Ruolo delle donne nella Chiesa, op. cit., 43-54: «The New Testament thus provides abundant evidence that both in the ministry of Jesus and in the early church women were present not only as disciples but also as initiators and leaders who actively participated in the ministry of the gospel in a variety of ways» p. 53.

[10] Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica Mulieris dignitatemn. 6-8. «El ser persona significa tender a su realización, cosa que no puede llevar a cabo si no es “en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. El modelo de esta interpretación de la persona es Dios mismo como Trinidad, como comunión de Personas. Decir que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de este Dios quiere decir también que el hombre está llamado a existir “para” los demás, a convertirse en un don»: n. 7.

[11] L. Bouyer, Mystère et ministères de la femme, op. cit. p. 41-42.

[12] Cf. mi libro Dans la Joie du Christ et de l’Église. Au cœur d’Amoris laetitia : intégrer la fragilité. Parole et Silence, 2018, 119s.

[13] El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa en términos que enfatizan los límites de la analogía: «Dios no es, en modo alguno, a imagen del hombre. No es ni hombre ni mujer. Dios es espíritu puro, en el cual no hay lugar para la diferencia de sexos. Pero las “perfecciones” del hombre y de la mujer reflejan algo de la infinita perfección de Dios: las de una madre (cf. Is 49,14-15; 66,13; Sal 131,2-3) y las de un padre y esposo (cf. Os 11,1-4; Jr 3,4-19)», n. 370.

[14] Ver el excursus «Image et ressemblance de Dieu», en Hans Urs von Balthasar, La Dramatique divineLes personnes du drame. 1. L’homme en Dieu, Lethielleux, 275-290; et 318-334 ; 355-359 (Trad. esp.: «Imagen y semejanza de Dios. Excursus 3», en Teodramática 2. Las personas del drama: El hombre en Dios. Ed. Encuentro, 1992).

[15] Cf. M. Ouellet, Divine ressemblance, op. cit., p. 56-58.

[16] Dijo Dios : «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó».

[17] Francis Martin, «Male and Female He Created Them: A Summary of the Teaching of Genesis Chapter One» en Communio International Review, 20 (1993), 247.

[18] Ib., 258. Ver también: Claus Westermann, Genesis I-II, A Comentary, Minneápolis, Augsburg Publishing House, 1984, p. 147-161 y especialmente p. 157-158.

[19] Y el Señor Dios formó de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán. Adán dijo : «Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre sera ‘mujer’, porque ha salido del varón» (Gn 2, 22-23)

[20] Régine Hinschberber, «Image et ressemblance dans la tradition sacerdotale», en RSR 59 (1985), p. 192.

[21] Para un desarrollo más amplio, cf. M. Ouellet, Divine ressemblance op.cit., p. 43-48.

[22] De aquí la superioridad del “principio mariano” sobre el “principio petrino” en la comunión de la Iglesia que Balthasar desarrolla en: Le Complexe antiromain, Apostolat des éditions, 191-235 (Trad. esp.: El complejo antirromano, BAC, 1971). La estructura ministerial, por importante que sea, se funda sobre la institución por Cristo, y sobre el Amor envolvente de la Madre que constituye, en el Espíritu Santo, la identidad fundamental de la Iglesia como Esposa, en la que se inscribe la representación ministerial-petrina del Esposo, en dependencia y al servicio del “ministerio” más fundamental del amor, que la Virgen Madre y toda mujer encarna en su propia persona.

[23] S. Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, III, 24. 1.

[24] De notar el aspecto inaferrable y kenótico del Espíritu que la Escritura expresa mediante los símbolos universales del agua, el fuego y el viento, lo mismo que por los símbolos sacramentales de la unción, y de la transubstanciación del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de Cristo (epíclesis)Este carácter “fluído” de su Persona parece contrastar con el carácter más definido y preciso del Amor paternal y filial, pero de hecho él lleva a su plenitud la expresión del Amor trinitario común a las Tres Personas como des-asimiento de sí, efusión bienaventurada de sí, como Amor cuya felicidad radica en no ser para sí.

[25] Nos remitimos aquí a cuanto se decía más arriba sobre el misterio de María, madre del Verbo encarnado, que el Espíritu Santo fecunda desde el interior y acompaña hasta elevarla a la dignidad de la Esposa del Cordero inmolado, llegando a ser por él y con él, en su total dependencia, co-espiradora del Espíritu sobre toda la posteridad eclesial y, por lo tanto, Madre de la Iglesia. Lo que la piedad popular expresa en este sentido a través de María, mediadora de todas las gracias, se fundamenta precisamente en este misterio trinitario-nupcial dado en participación.

[26] Pablo VI dio el primer paso declarando en 1970 doctora de la Iglesia a Catalina de Siena y Teresa de Ávila. Luego han seguido Teresa del Niño Jesús (1997) e Hildegarda de Bingen (2012).

[27] Cf. H.U. von Balthasar, La Dramatique divine II. op. cit., p. 361-2.

© Librería Editorial Vaticano

https://es.zenit.org/articles/card-marc-ouellet-la-mujer-a-la-luz-de-la-trinidad-y-de-maria-iglesia/

Ver resumen: https://ismaelojeda.wordpress.com/2018/04/02/mujer-a-imagen-y-semejanza-de-dios/

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El Papa confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales

febrero 16, 2018

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El Papa Francisco con los jesuitas de la Provincia del Perú, en la Iglesia de San Pedro de Lima.

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El Papa confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales

“¿Los blogs que me llaman hereje? Sé quiénes son, pero no los leo, por mi salud mental”

Los casos de pederastia “son la desolación más grande que la Iglesia está sufriendo”  

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Por Jesús Bastante

Los casos de pederastia “son la desolación más grande que la Iglesia está sufriendo“. El Papa Francisco se sinceró con los jesuitas de Chile y Perú durante su último viaje, en sendos encuentros (16 y 19 de enero), cuyo contenido publica íntegramente La Civilta Cattolica.

En los mismos, Bergoglio confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales.

“A veces se sabe, y otras veces no”, apunta el Papa sobre estas reuniones, donde escucha, consuela y llora con las víctimas. “Es horrible. Hay que escuchar lo que prueba un abusado o abusada (…) Su proceso es durísimo. Se quedan destrozados, destrozados“, recalca Francisco.

Para el Papa, cualquier caso de pederastia “es una gran humillación para la Iglesia”, pues “muestra no sólo nuestra fragilidad, sino también, digámoslo claramente, nuestro nivel de hipocresía“.

“Es curioso que el fenómeno de los abusos ha tocado algunas de nuestras congregaciones nuevas y prósperas. Allí los abusos están siempre vinculados al poder“, añadió Francisco, quien recordó un momento de vergüenza que sintió cuando, siendo arzobispo de Buenos Aires, se acercó a la Plaza de Mayo mientras se recordaba a los desaparecidos.

“Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení… Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y… ¡qué vergüenza!”, recordó el Pontífice.

En su diálogo con los jesuitas peruanos, el Papa es especialmente duro con aquellos que dicen “como recurso consuelo” que, mirando las estadísticas puede haber más pedófilos en la familia o la escuela que en la Iglesia.

“La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto…. ¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada”.

En este punto, el Papa denunció que “el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas”, y que, en estos casos, “es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas“.

“Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos”, lamentó.

“Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza… Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos”, reflexionó el Pontífice.

En la conversación, el Papa también desveló que conoce aquellos blogs que “me acusan de hereje”, pero que no los lee “por mi salud mental”. “Sé quienes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por mi salud mental. Si hay algo serio, me informan para que lo sepa. Es un disgusto, pero hay que seguir adelante”, constata.

Según resume Spadaro, Francisco también reflexonó sobre las grandes alegrías y dolores de su pontificado, apuntando que, desde el momento en que se dio cuenta que iba a ser elegido Papa, sintió mucha paz. Una paz que no se le ha ido hasta la actualidad y que siente como un regalo puro.

También expresó que “no se puede hablar de resistencias durante su pontificado”, sino de “reacciones que nacen de malentendidos y que le enseñan a examinar mejor el significado de las disputas”.

Al tiempo, añade Spadaro, Bergoglio “habló de la importancia de acercar la Iglesia a la gente, de crear vínculos cercanos a las personas y del peligro de la mundanidad, el peor mal que le puede suceder a la Iglesia, así como de la importancia de aprender a descubrir los engaños del mundo”.

Éste es el diálogo íntegro, transcrito por Antonio Spadaro, sj:

El martes 16 de enero de 2018, al final del primer día pleno de su viaje apostólico a Chile y Perú, el papa Francisco tuvo un encuentro con 90 jesuitas chilenos en el Centro Hurtado de Santiago sobre las 19.00 horas.

Al llegar al lugar pudo ver la reproducción de la camioneta verde, marca Ford, con la que san Alberto llevaba ayuda a los pobres de la ciudad: un verdadero símbolo de pasión apostólica. El Papa fue acompañado por el Provincial, P. Cristian del Campo, a la capilla en la que se conservan los restos del jesuita san Alberto Hurtado.[1]

Inaugurado en 1995, el santuario custodia la tumba del santo, un sarcófago en piedra que contiene terrones originarios de cada región de Chile que simbolizan el abrazo de todos los fieles del país.

El P. Provincial saludó al Papa en nombre de todos los jesuitas -entre los cuales se hacían notar muchos jóvenes- y le preguntó cómo se encontraba en Chile y cómo había percibido la acogida en el país. El encuentro se hizo inmediatamente muy familiar y cálido. El P. Del Campo le presentó al Papa a los pp. Carlos y José Aldunate, dos hermanos de 101 y 100 años, respectivamente.

Sigue el texto de la conversación transcrito y aprobado en esta forma para su publicación por el mismo Pontífice.

Antonio Spadaro S.J.

Francisco comenzó con estas palabras:

¡Me alegra ver al padre Carlos! Fue mi director espiritual en el año 1960 durante mi juniorado. José era el maestro de novicios en aquella época, después lo hicieron provincial… Carlos era bedel y era… el rey del sentido común. Aconsejaba espiritualmente con mucho sentido común.

Una vez, me acuerdo que fui a verlo porque estaba con mucha rabia contra una persona. Quería decirle cuatro frescas, decirle esto no va, vos sos esto y esto… Él me dijo: «Tranquilo… No conviene romper armas de entrada. Busque otros caminos…».

Ese consejo no lo olvidé nunca y le agradezco ahora por esto. Sí. En Chile me sentí bien enseguida. Llegué ayer. Durante el día de hoy he sido muy bien recibido. He visto muchos gestos de gran afecto. Ahora, pregunten lo que quieran.

Se adelanta un jesuita: «Quisiera preguntarle cuáles han sido las grandes alegrías y los grandes dolores que ha tenido Ud. durante su pontificado».

Ha sido un tiempo tranquilo este del pontificado. Desde el momento en que en el Cónclave me di cuenta de lo que se venía -una cosa de golpe, sorpresiva para mí-, sentí mucha paz. Y esa paz no me dejó hasta el día de hoy. Es un don del Señor que le agradezco. Y de verdad espero que no me lo saque. Es una paz que siento como regalo puro, un regalo puro.

Las cosas que no me quitan la paz, pero sí me dan pena, son los chismes. A mí los chismes me duelen, me ponen triste. Sucede a menudo en los mundos cerrados.

Cuando esto se da en un contexto de sacerdotes o religiosos me viene preguntar a las personas: ¿pero cómo es posible? Vos que dejaste todo, decidiste no tener al lado a una mujer, no te casaste, no tuviste hijos, ¿querés terminar como un solterón chismoso? ¡Qué vida triste, Dios mío!

Un jesuita de la Provincia argentino-uruguaya pregunta: «¿Qué resistencias has encontrado durante tu pontificado y cómo las has vivido y discernido?»

Nunca, frente a la dificultad nunca digo que es una «resistencia». Eso sería faltar al deber de discernir. Es fácil decir «es resistencia» y no darse cuenta de que en esa disputa puede haber aunque sea un poquito así de verdad. Y yo me hago ayudar con eso. A menudo pregunto a una persona: «¿qué piensa de esto?».

Esto me ayuda también a relativizar muchas cosas que, a primera vista parecen resistencia, pero que en realidad son una reacción que nace de un malentendido, del hecho de que algunas cosas hay que repetirlas, explicarlas mejor…

Puede ser un defecto mío el hecho de que a veces doy por sentadas algunas cosas o pego un salto lógico sin explicar bien el proceso porque estoy convencido de que el otro entendió al vuelo el razonamiento que hago. Me doy cuenta que si vuelvo atrás y explico mejor entonces ahí el otro dice: «Ah, sí, está bien…»

O sea, me ayuda mucho examinar bien el significado de las disputas. Ahora, cuando me doy cuenta de que hay verdadera resistencia, la sufro. Algunos me dicen que es normal que haya resistencias cuando alguno quiere hacer cambios. El famoso «siempre se hizo así» reina en todas partes: «Si siempre se hizo así, para qué vamos a cambiar? Si las cosas son así, si siempre se hizo así para qué hacerlas de manera diversa?».

Esta es una tentación grande que todos hemos vivido. Por ejemplo, todos las vivimos en el posconcilio. Las resistencias después del Concilio Vaticano II, que todavía están presentes, y llevan a relativizar el Concilio, aguar el Concilio.

Y me duele más todavía cuando alguno se enrola en una campaña de resistencia. Lamentablemente veo esto también. Vos me preguntaste por las resistencias, y no puedo negar que están. Las veo y las conozco.

Después están las resistencias doctrinales, que ustedes las conocen mejor que yo. Por salud mental yo no leo los sitios de internet de esta así llamada «resistencia». Sé quiénes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por salud mental. Si hay algo muy serio, me lo avisan para que yo sepa.

Ustedes los conocen… Es una pena, pero creo que hay que seguir adelante. Los historiadores dicen que para que un concilio arraigue hace falta un siglo. Estamos a mitad de camino.

A veces uno se pregunta: pero este hombre, esta mujer, ¿leyó el Concilio? Y hay gente que no leyó el Concilio. Y si lo leyó, no lo entendió. ¡Cincuenta años después! Nosotros estudiamos filosofía antes del Concilio, pero tuvimos la ventaja de estudiar teología después. Vivimos el cambio de perspectiva, y ya estaban los documentos conciliares.

Cuando percibo resistencias, trato de dialogar, cuando el diálogo es posible, pero algunas resistencias vienen de personas que creen poseer la vera doctrina y te acusan de hereje. Cuando en estas personas, por lo que dicen o escriben, no encuentro bondad espiritual, yo simplemente rezo por ellos. Siento pena, pero no me detengo en este sentimiento por salud mental.

Sigue la pregunta de un novicio: «Muchos están de acuerdo en identificar la Iglesia con los obispos y los sacerdotes, y son muy críticos con algunos de ellos por cómo viven la pobreza, por la restricción a la participación de las mujeres y el espacio limitado que se da a las minorías… Frente a esta opinión ¿qué nos propone para acercar a la iglesia jerárquica, de la cual somos parte, a la gente común y corriente?»

Lo que yo pienso respecto de la relación entre obispo y pueblo de Dios, se la acabo de decir a los obispos. Así que lo que pienso yo acerca de los obispos está en ese discurso, muy breve, ya que tuvimos dos encuentros largos el año pasado en la visita ad límina.

El daño más grande que pueda sufrir hoy en día la Iglesia en América Latina es el clericalismo, es decir no caer en la cuenta de que la Iglesia es todo el santo pueblo fiel de Dios, que es infalible in credendo, todos juntos. Hablo de América Latina porque es lo que conozco mejor. Hace un tiempo escribí una carta a la Pontificia Comisión para América Latina, y hoy volví sobre el tema.

Hay que caer en la cuenta de que la gracia de la misionariedad tiene que ver con el bautismo, no con el orden sagrado ni con los votos religiosos.

Consuela ver que hay muchos sacerdotes, religiosos, religiosas, que se juegan enteros con la opción conciliar de ponerse al servicio del pueblo de Dios. Y eso hay que tenerlo en cuenta. Pero en algunos todavía están vigentes comportamientos de tipo principesco. Se debe dar al pueblo de Dios el lugar que le corresponde.

Y podemos pensar lo mismo respecto del tema de la mujer. Tuve una experiencia particular como obispo de una diócesis: había que tratar cierto tema, y se hacía una consulta -por supuesto solo entre curas y obispos- y habíamos hecho una reflexión que nos llevaba a una serie de puntos sobre los que había que tomar una decisión.

La misma cosa, tratada en una reunión conjunta de hombres y mujeres, llevó a conclusiones mucho más ricas, mucho más viables, mucho más fecundas. Es una simple experiencia que me viene ahora a la mente y que me hace reflexionar.

La mujer debe dar a la Iglesia toda aquella riqueza que von Balthasar llamaba «la dimensión mariana». Sin esta dimensión la Iglesia queda renga o tiene que usar muletas y entonces camina mal. Creo que en esto hay mucho que andar. Y repito, como les dije hoy a los obispos: «desprincipiar», estar cercanos a la gente…

El padre Juan Díaz toma la palabra y el Papa lo reconoce…

¡Juanito!

Después de un saludo afectuoso el P. Díaz prosigue: «Francisco, en varias ocasiones y en Evangelii gaudium, nos ha puesto en guardia frente al peligro de la mundanidad. ¿En qué aspectos de nuestra vida como jesuitas debiéramos estar más atentos para no caer en esta tentación de la mundanidad?»

A mí la alarma sobre la mundanidad me la despertó el último capítulo de las Meditaciones sobre la Iglesia, de Henri de Lubac. Él cita ahí al benedictino dom Ascar Vonier, que habla de la mundanidad como del peor mal que le puede suceder a la Iglesia. Eso me despertó el deseo de comprender qué es la mundanidad.

Claro que san Ignacio habla de ella en los Ejercicios, en el tercer ejercicio de la primera semana, allí donde pide descubrir los engaños del mundo. El tema de la mundanidad está en nuestra espiritualidad jesuítica.

Las tres gracias que pedimos en esa meditación son el arrepentimiento de los pecados, es decir el dolor de los pecados, la vergüenza y el conocimiento del mundo, del demonio y de sus cosas. Por tanto, en nuestra espiritualidad la mundanidad entra como algo a tener en cuenta y a considerar como una tentación.

Sería superficial afirmar que la mundanidad es llevar una vida demasiado relajada y frívola. Estas son solamente consecuencias. Mundanidad es usar los criterios del mundo y seguir los criterios del mundo y elegir según los criterios del mundo. Significa hacer discernimiento y preferir los criterios del mundo.

Por tanto, lo que nos tenemos que preguntar es cuáles son estos criterios del mundo… Y eso es lo que san Ignacio hace pedir en ese tercer ejercicio. Y nos hace hacer las tres peticiones: al Padre, al Señor y a la Virgen. ¡Que nos ayuden a descubrir esos criterios!

Cada uno, por tanto, tiene que ir buscando qué cosa es mundana en su propia vida. No basta una respuesta simple y en general. ¿En qué soy mundano yo? Esta es la verdadera pregunta.

Por ejemplo, no sé, un profesor de teología se puede hacer mundano si anda a la pesca de la última cosa que se dice para estar siempre en la moda: esto es mundano. Pero los ejemplos pueden ser miles. Y hay que pedir al Señor no ser engañados tratando de discernir cuál es nuestra propia mundanidad.

Sigue otra pregunta: «Santo Padre, usted ha sido un hombre de reformas. ¿En qué reformas, aparte de la de la curia y de la Iglesia, nosotros como jesuitas, podemos apoyarle mejor?»

Creo que una de las cosas que la Iglesia más necesita hoy, y esto está muy claro en las perspectivas y en los objetivos pastorales de Amoris Laetitia, es el discernimiento. Nosotros estamos acostumbrados al «se puede o no se puede». La moral usada en Amoris laetitia es la más clásica moral tomista, la de santo Tomás, no del tomismo decadente como ese con el que algunos han estudiado.

También yo recibí en mi formación esta manera de pensar «se puede o no se puede, hasta aquí se puede, hasta aquí no se puede». No sé si vos te acordás (y aquí el Papa mira a uno de los presentes) de aquel jesuita colombiano que nos vino a dar moral al Colegio Máximo, cuando tocó hablar del sexto mandamiento: uno se atrevió a hacer la pregunta: «los novios pueden besarse?».

¡Si podían besarse! ¿Comprenden? Y él dijo: «Sí, sí, si… ¡No hay problema! Basta que pongan un pañuelo en el medio». Esta es una forma mentis de hacer teología en general. Una forma mentis basada en el límite. Y seguimos arrastrando las consecuencias.

Si ustedes dan una ojeada al panorama de las reacciones que suscitó Amoris Laetitia, van a ver que las críticas más fuertes contra la Exhortación son sobre el capítulo octavo: un divorciado ¿«puede o no puede tomar la comunión?».

Y Amoris Laetitia, en cambio, va por otro lado totalmente distinto, no entra en estas distinciones y pone el problema del discernimiento. Que ya estaba en base en la moral tomista clásica, grande, verdadera.

Entonces el aporte que querría de la Compañía es el de ayudar a la Iglesia a crecer en el discernimiento. Hoy la iglesia necesita crecer en discernimiento. Y a nosotros el Señor nos ha dado esta gracia de familia de discernir.

No sé si ustedes sabrán, pero hay una cosa que ya dije en otras reuniones como esta con jesuitas: al fin del generalato de Ledóchowski, la obra culmen de la espiritualidad de la Compañía fue el Epítome. Allí estaba regulado todo lo que tenías que hacer, en una mezcolanza enorme entre Fórmula del Instituto, Constituciones y reglas. Estaban incluso las reglas del cocinero. Y estaba todo mezclado, sin jerarquización.

Ledóchowski era muy amigo del abad general de los benedictinos y, una vez que fue a visitarlo, le llevó aquel escrito. Poco tiempo después, el abad se comunicó con él y le dijo: «Padre General, con esto usted mató la Compañía de Jesús». Y tenía razón, porque el Epítome quitaba cualquier capacidad de discernimiento.

Después viene la guerra. El padre Jansens, tuvo que guiar la Compañía en la posguerra, y lo hizo bien, como podía, porque no era fácil. Y después vino la gracia del generalato de Arrupe. Pedro Arrupe con el Centro Ignaciano de Espiritualidad, la revista Christus y el impulso dado a los Ejercicios Espirituales, renovó esta gracia de familia que es el discernimiento.

Superó el Epítome y volvió a las lecciones de los padres, a Fabro, a Ignacio. En esto hay que reconocer el rol de la vida de la revista Christus en aquel tiempo. Y después, también el rol del padre Luis González con su centro de espiritualidad: recorrió toda la Compañía dando ejercicios espirituales. Iban abriendo puertas, refrescando este aspecto que hoy día vemos que ha crecido mucho en la Compañía.

Lo que yo te diría, recordando esta historia de familia, es que hubo un momento en que habíamos perdido -o no sé si lo habíamos perdido, pero digamos que no se usaba mucho- el sentido del discernimiento. Hoy día, dénselo -¡démoslo!- a la Iglesia, que lo necesita tanto.

La última pregunta es de un teólogo de la provincia de Perú: «Una pregunta sobre la colaboración: ¿Qué ayuda le está dando la Compañía durante su pontificado? ¿De qué manera se ha dado la colaboración? ¿Cómo ha sido su relación con la Compañía?».

¡Desde el segundo día después de mi elección! Adolfo Nicolás vino a mi pieza en Santa Marta… Ahí empezó la colaboración. Él vino a saludarme, yo todavía estaba en la piecita que me tocó durante el Conclave, en Santa Marta, no en la que tengo ahora, y allí charlamos ahí un rato… Y los generales, los dos, Adolfo y ahora Arturo, los dos apostaron fuerte a esto. Creo que sobre este punto… está el padre Spadaro aquí…

Spadaro: Aquí estoy

Está en la popular… Creo que él fue testigo desde el primer momento de esta relación con la Compañía. La disponibilidad es total. Y además con inteligencia, como por ejemplo sobre la doctrina de la fe: realmente mucho apoyo.

Pero nadie puede acusar de «jesuitismo» al pontificado actual. Lo digo y creo que soy sincero al decirlo. Se trata de una colaboración eclesial, dentro del espíritu eclesial. Es un sentir con la Iglesia y en la Iglesia en el respeto del carisma de la Compañía.

Los documentos de la última Congregación General no necesitaron aprobación pontificia. Yo no lo consideré necesario porque la Compañía es adulta. Y si mete la pata… ya vendrá la queja y después se verá. Creo que esta es la manera de colaborar.

Bueno les agradezco tanto… y quiero decirles aún una cosa importantísima, una recomendación: ¡la cuenta de conciencia! Para los jesuitas es una joya, una gracia de familia… Por favor: ¡no la dejen!

El encuentro privado se abrió naturalmente en la explanada del santuario donde estaba presente un grupo de personas que se benefician con los programas de solidaridad de la Iglesia, representantes de trabajadores, estudiantes, ancianos, personas en situación de calle y migrantes.

En su saludo, el capellán general del Hogar de Cristo, el jesuita P. Pablo Walker, dijo: «Querido papa Francisco, la mesa está lista y te damos una calurosa bienvenida. Años atrás te habíamos invitado a beber con nosotros y hoy ha llegado el día».

Recordando que «comer es un milagro», el capellán pidió al Papa que bendijera las «sopaipillas» preparadas por la señora Sonia Castro y por su hija Isabel Reinal.

El Papa pronunció la oración de bendición: «El Señor bendiga estos alimentos que estamos compartiendo, que han sido hechos por ustedes mismos, bendice las manos que los han preparado, las manos que los distribuyen y las manos que los reciben. Que el Señor bendiga los corazones de todos nosotros y que esta compartida nos enseñe a compartir el camino, a compartir la vida y, un día, a compartir el paraíso. Amén».

Después de haber recibido como regalo una Biblia del Pueblo de Dios y haber ofrecido al santuario un cuadro de Jesús Misericordioso pintado por Terezia Sedlakova, todos los participantes rezaron el Padre Nuestro. Luego el Pontífice impartió su bendición.

***

Al fin de su primer día en Perú, el 19 de enero de 2018, después de la visita de cortesía al presidente Pablo Kuczynski, el Papa se dirigió a la iglesia de San Pedro, dirigida por los padres jesuitas.

La iglesia fue edificada a partir del siglo XVI por la Compañía de Jesús y es considerada como uno de los más importantes complejos religiosos del centro histórico de Lima. Es también el Santuario Nacional del Sagrado Corazón de Jesús. La planta evoca a la de la Iglesia del Gesù en Roma. La fachada es de estilo neoclásico y tiene tres puertas de acceso. Imponentes los campanarios neoclásicos. El interior está ricamente decorado en estilo barroco y bien iluminado por la luz del sol. Sobre las tres naves se asoman diez capillas. San Pedro es considerada una de las iglesias más bellas del Perú.

Francisco fue recibido por el Provincial, P. Juan Carlos Morante, y por el Superior local, P. José Enrique Rodríguez, en la entrada de la Capilla de la Penitenciaría. Atravesando la nave izquierda de la Iglesia, el Papa llegó a la sacristía, donde estaban reunidos alrededor de cien jesuitas.

El padre Morante agradeció a Francisco por su visita y habló del compromiso de la Compañía en la evangelización de los pueblos originarios y en la educación citando a los padres Alonso de Barzana (1528-1598), Francisco del Castillo (1615-1673), Antonio Ruiz de Montoya (1585-1652), y otros.

Habló de las nuevas perspectivas a partir del Concilio Vaticano II y de los nuevos desafíos: la opción preferencial por los pobres, los ejercicios espirituales, la colaboración con los laicos y los nuevos desafíos apostólicos que exigen un nuevo discernimiento apostólico.

Luego tomó la palabra el Papa. El texto de la conversación aquí transcrita ha sido aprobado en esta forma por el Pontífice para su publicación.

Francisco saludó a los presentes de esta manera:

Buenas tardes… Gracias. Vamos a empezar a conversar para no perder tiempo. Tienen preparadas algunas preguntas… Con toda libertad…

La primera pregunta: «Los jesuitas del Perú, desde siempre, especialmente en este tiempo estamos comprometidos, con los temas de la reconciliación y la justicia. Ahora parece que las fuerzas políticas han alcanzado imprevistamente un acuerdo, y la reconciliación aparece como un llamado a todos. Se nos propone una reconciliación sin que haya habido un proceso. Mi pregunta es: ¿con qué actitud vivir, qué elementos tomar en cuenta cuando queremos una reconciliación? Sentimos que la palabra “reconciliación” está manipulada, y sentimos que se propone una justicia que no ha sido bien elaborado. ¿Usted qué piensa?».

Gracias. La palabra «reconciliación» no solo está manipulada: está quemada. Hoy día -no solo acá sino también en otros países de América Latina- se ha depotenciado la palabra reconciliación. Cuando san Pablo describe la reconciliación de todos nosotros con Dios, en Cristo, pretende usar una palabra fuerte.

Hoy, en cambio, «reconciliación» se ha convertido en una palabra de cartón. La depotenciaron. La depotenciaron no solo en su contenido religioso sino en su contenido humano, ese que se comparte cuando uno se mira a los ojos. Hoy se negocia debajo de la mesa.

Yo diría que no hay que jugar al circo, pero tampoco patear en contra. Hay que decir a los que la usan depotenciada: úsenla ustedes, nosotros no vamos a usar una palabra que hoy está quemada. Pero hay que seguir trabajando, procurando reconciliar gente.

Desde abajo, desde los costados, con una buena palabra, con una visita, con un curso que ayude a comprender, con el arma de la oración, que es la que nos va a dar la fuerza y va a hacer milagros, pero sobre todo con el arma humana de la persuasión, que es humilde. La persuasión actúa así: con humildad.

Yo propongo esto: ir al encuentro del adversario, ponerse frente al otro si se da la oportunidad… ¡La persuasión! Sobre la reconciliación que hoy día se plantea -no quiero tocar a fondo y en detalle el problema peruano porque no lo conozco, pero me fío de tus palabras, y dado que, como te decía, este fenómeno se da también en otros países de América Latina-, puedo decirte que no se trata de una verdadera reconciliación, profunda, sino de un negociado.

Y está bien: el arte de la conducción política supone también la capacidad de negociar. El problema está en qué se negocia cuando se negocia. Si entre el montón de cosas que llevás a negociar están tus intereses personales, entonces ya está… No podemos hablar ni siquiera de un negociado. Es otra cosa…

Entonces, en lugar de hablar de reconciliación es mejor hablar de «esperanza». Busquen una palabra que no sea un caballito de batalla mezquino, usado sin su pleno significado. Quiero repetirlo, no conozco en detalle la situación del Perú, me fío de tus palabras, pero es un fenómeno de varios países de América Latina, por eso puedo hablar así.

Sigue esta pregunta: «Santo Padre, nuestra Provincia ha ido disminuyendo en número, hay gente que está creciendo en edad, hay jóvenes que van asumiendo nuevas responsabilidades… Llevamos todavía muchas instituciones. La situación no es la más fácil… ¿Cómo nos animaría Usted? ¿Cómo nos invitaría a seguir fortaleciendo nuestra vocación de seguir a Jesús, de vivir en la Compañía de Jesús en medio de estas circunstancias que a veces puede parecer que nos desaniman? ¿Cómo hacer para no amargarnos, para no resentirnos, sino para tratar de vivir estas cosas con alegría? ¿Qué decir a aquellos que van creciendo en años y van viendo que los que vienen detrás son menos, que podrán seguir llevando con las mismas fuerzas lo anterior? ¿Qué decir a los más jóvenes que han encontrado situaciones de dificultad a su alrededor?».

Vos dijiste que tenemos bastantes «instituciones». Me atrevo a corregirte la palabra: tenemos bastantes «obras». Y hay que distinguir entre obras e instituciones. El aspecto institucional es esencial en la Compañía. Pero no todas las obras son instituciones. Quizás lo fueron, pero el tiempo hizo que dejaran de ser instituciones.

Hay que discernir entre lo que es hoy día institución «que convoca, que te da fuerza, que promete, que es profética, y lo que es una obra, que sí, fue institución en un momento, pero que ahora parece que dejó de serlo. Y ahí hacer lo de siempre: un discernimiento pastoral y comunitario.

El padre Arrupe insistía en esto. Hay que hacer la selección de obras con este criterio: que sean instituciones, en el sentido ignaciano de la palabra, es decir que convoquen personas, que den respuesta a las exigencias de hoy. Y esto requiere que la comunidad se ponga en estado de discernimiento. Y ese quizás sea el reto que ustedes tienen…

Considerando esta disminución de jóvenes y de fuerzas se podría entrar en desolación institucional. No, eso no se lo pueden permitir. La Compañía pasó un momento de desolación institucional durante el generalato del padre Ricci, que terminó preso en el Castillo Sant’Angelo [2].

Las cartas que escribió el padre Ricci a la Compañía en ese tiempo son una maravilla de criterios de discernimiento, de criterios de acción para no dejarse chupar por la desolación institucional. La desolación te tira abajo, es una frazada mojada que te tiran encima y a ver cómo salís, y te lleva a la amargura, a la desilusión…

Es el discurso postriunfalista de Emaús: «nosotros esperábamos…» que decimos también nosotros, por ejemplo, cuando usamos expresiones como «la gloriosa Compañía era otra cosa», «la caballería ligera de la Iglesia… ahora en cambio…». Y otras cosas como estas.

El Espíritu de desolación marca profundamente. Les aconsejo que lean las cartas del padre Ricci. Más tarde el padre Roothan [3] atravesó otro período de desolación de la Compañía con motivo de la masonería, pero no tan fuerte como la de Ricci, que terminó en la supresión. Hubo algunos otros períodos así en la historia de la Compañía.

Por otro lado, hay que buscar a los padres, a los padres de la institucionalización de la Compañía: por supuesto Ignacio, Fabro. Aquí podemos hablar del padre Barzana [4].

A mí Barzana me sedujo: cuando estuvo en Santiago del Estero, en Argentina, manejaba doce lenguas indígenas. Lo llamaban el Francisco Javier de las Indias Occidentales. Y ese hombre, ahí, en el desierto, sembró la fe, fundó la fe. Dicen que era de origen hebreo y que su apellido era Bar Shana.

Hace bien mirar a esos hombres que fueron capaces de institucionalizar, y que no se dejaron desolar. Yo me pregunto si Javier, ante el fracaso de mirar China y no poder entrar, estaba desolado. No, yo imagino que Javier se dirige al Señor diciendo: «Vos no lo querés, entonces chau, está bien así». Optó por seguir el camino que se le proponía, ¡y en aquel caso era la muerte!… ¡pero está bien!

La desolación: no debemos dejar que entre en juego. Al contrario, debemos buscar a los jesuitas consolados. No sé, no quiero dar un consejo, pero… busquen siempre la consolación. Búsquenla siempre. Como piedra de toque del estado espiritual de ustedes.

Como Javier en las puertas de China, miren siempre adelante… ¡Dios sabe! Pero que la sonrisa del corazón no se embarre. No sé, no se me ocurre darte recetas. Hace falta el discernimiento de los ministerios y de lo institucional en un clima de consolación.

Lean, por tanto, las cartas del padre Lorenzo Ricci. Es una maravilla cómo quiso siempre elegir la consolación en el momento de mayor desolación que haya tenido la Compañía, cuando sabía que las cortes europeas estaban por dar el golpe de gracia a la Compañía.

Quisiera que nos pudiera decir unas palabras sobre un tema que nos genera mucha desolación en la Iglesia y en especial entre los religiosos y en el clero: es el tema de los abusos sexuales. Estamos muy marcados por estos escándalos. ¿Qué nos puede decir al respecto? Una palabra de aliento.

Ayer hablé de esto a los sacerdotes, religiosos y religiosas chilenos en la catedral de Santiago. Es la desolación más grande que está pasando la Iglesia.

Y esto nos lleva a pasar vergüenza, pero hay que recordar que la vergüenza es también una gracia muy ignaciana, algo que San Ignacio nos hace pedir en los tres coloquios de la primera semana. Así que tomémoslo como gracia y avergoncémonos profundamente. Debemos amar una Iglesia con llagas. Muchas llagas…

Te cuento un hecho. El 24 de marzo en Argentina es la memoria del golpe de estado militar, de la dictadura, de los desaparecidos… Y todos los 24 de marzo la Plaza de Mayo se llena recordando eso. En uno de estos 24 de marzo salí del Arzobispado y fui a confesar a las monjas carmelitas. Cuando volvía tomé el subterráneo y bajé no en Plaza de Mayo sino seis cuadras antes. Estaba llena la plaza… y caminé esas cuadras para entrar por el costado.

Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení… Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y… ¡qué vergüenza!

A veces se dicen cosas como «recurso consuelo» y alguno llega a decir: «Bueno, mirá las estadísticas… el… no sé… 70 % de los pedófilos son del entorno familiar, vecinal. Después en los clubes, en los natatorios. La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto…».

¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada.

Los viernes, a veces se sabe y a veces no se sabe, me encuentro habitualmente con algunos de ellos. En Chile tuve un encuentro. Como su proceso es tan duro, quedan destrozados. Quedan destrozados.

Para la Iglesia es una gran humillación. Muestra no solamente nuestra fragilidad, sino también -digámoslo claramente- nuestro nivel de hipocresía.

Sobre los casos de corrupción en el sentido del abuso más de tipo institucional, es singular el hecho de que haya varias congregaciones, relativamente nuevas, cuyos fundadores cayeron en estos abusos. Son públicos los casos. El papa Benedicto tuvo que suprimir una congregación de varones numerosa. El fundador había sembrado estas costumbres.

Era una congregación que tenía también su rama femenina y también la fundadora había sembrado estas costumbres. Él abusaba de religiosos jóvenes e inmaduros. Benedicto comenzó el proceso de la rama femenina. A mí me tocó suprimirla. Ustedes acá tienen muchos casos dolorosos. Pero lo curioso es que el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas.

El abuso en estas congregaciones es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas. Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos.

Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza… Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos.

Perdonando la falta de humildad, te sugeriría leer lo que dije a los chilenos, que está más pensado y más rumiado que lo que me puede salir ahora espontáneamente.

«Ayúdenos en este proceso de discernimiento, que es de la Compañía universal. El padre Sosa nos llama a pensar por dónde tiene que ir la Compañía en estos tiempos, considerando nuestras debilidades y fortalezas. Usted tiene una visión universal, nos conoce bien, sabe lo que podríamos aportar a la iglesia universal. Nos podría ayudar diciendo, por ejemplo, cómo usted va viendo que el Espíritu mueve a la iglesia ahora hacia el futuro, hacia el porvenir. Por dónde tendríamos que seguir las sendas del Espíritu, como jesuitas, allí donde estemos -y no solo en la provincia del Perú-, para seguir en su servicio. Algunas líneas que podrían convertirse en parte de nuestro programa…»

Gracias. Te respondo con una sola palabra. Parecerá que no digo nada y en cambio digo todo. Y esta palabra es «Concilio». Tomen el Concilio Vaticano II. Relean la Lumen Gentium. Ayer con los obispos chilenos -o anteayer, ya no sé qué día es hoy- los exhortaba a la desclericalización.

Si hay una cosa muy clara es la conciencia del santo pueblo fiel de Dios, infalible in credendo, como nos enseña el Concilio. El pueblo de Dios es quien lleva adelante la Iglesia. La gracia de la misionariedad y del anuncio de Jesucristo nos lo da el bautismo. De allí podemos ir adelante.

No hay que olvidar que la evangelización la hace la Iglesia como pueblo de Dios. El Señor quiere una Iglesia evangelizadora, lo veo claro. Es lo que me salió decir de corazón y con sencillez, en los pocos minutos que hablé en las congregaciones generales previas al cónclave. Una iglesia que va afuera, una iglesia que sale a anunciar a Jesucristo. Después o en el mismo momento en que lo adora y se llena de Él.

Uso siempre un ejemplo ligado al Apocalipsis donde leemos: «Estoy a la puerta y llamo. Si alguno me abre voy a entrar». El Señor está afuera y quiere entrar. A veces, sin embargo, el Señor está adentro ¡y golpea para que lo dejemos salir! A nosotros, el Señor nos está pidiendo que seamos Iglesia afuera, Iglesia en salida. Iglesia afuera. Iglesia hospital de campo… ¡Ah, las heridas del pueblo de Dios!

A veces el pueblo de Dios está herido por una catequesis rígida, moralista, del «se puede o no se puede», o por una falta de testimonio. ¡Una Iglesia pobre y para los pobres! Los pobres no son una fórmula teórica del partido comunista. Los pobres son el centro del Evangelio. ¡Son el centro del Evangelio! No podemos predicar el Evangelio sin los pobres.

Entonces te digo: es en esta línea que siento que el Espíritu nos está llevando. Y las resistencias para no hacerlo son fuertes. Pero debo decir también que para mí el hecho de que nazcan resistencias es un buen signo. Es el signo de que se va por buen camino, de que ese es el camino. Si no fuera así, el demonio no se molestaría en hacer resistencia.

Te diría que estos son los criterios: la pobreza, la misionariedad, la conciencia de pueblo fiel de Dios…

En América Latina en particular deberían preguntarse: «Pero, ¿dónde es que nuestro pueblo ha sido creativo?». Con algunas desviaciones, sí, pero ha sido creativo en la piedad popular. ¿Y por qué nuestro pueblo fue capaz de ser tan creativo en la piedad popular? Porque no les interesaba a los curas y entonces dejaban que hiciera… Y el pueblo iba adelante…

Y después, sí, lo que la Iglesia hoy pide a la Compañía -esto ya lo dije en todos lados, y Spadaro que publica esas cosas ya está cansado de escribirlo-, es enseñar con humildad a discernir. Sí, esto se lo pido oficialmente como Pontífice. En general, sobre todo, nosotros que pertenecemos a la vida religiosa, sacerdotes, obispos, a veces demostramos poca capacidad de discernimiento, no sabemos hacerlo, porque fuimos educados en otra teología quizás más formalista.

Nos detenemos en el «se puede o no se puede», como les decía también a los jesuitas chilenos a propósito de las resistencias a Amoris Laetitia. Algunos reducen todo el resultado de dos Sínodos, todo el trabajo hecho, al «se puede o no se puede».

Ayúdennos pues a discernir. Claro, no puede enseñar a discernir quien no sabe discernir. Y para discernir uno debe entrar en Ejercicios, hace falta examinarse. Hace falta comenzar siempre por uno mismo.

El encuentro concluye así. El rector de la iglesia le explica al Papa el significado de la silla que le prepararon. Dice que en 1992 hubo un atentado de Sendero Luminoso [5] y que una parte de la iglesia quedó dañada. En la restauración se reforzaron las paredes y se extrajo un arquitrave de madera de 1672, con el cual se hizo la silla tallada en el estilo barroco de Lima para esta visita. El Papa agradece sonriendo y bromea: «Estoy sentado en 1672. Jugaré este número a la lotería!».

Al final el Provincial agradece al Papa antes de pedir una foto de grupo. El Papa responde al agradecimiento con estas palabras:

Les agradezco mucho. ¡Recen por mí! Les comparto una gracia muy grande. Desde el momento en que me di cuenta de que iba a ser elegido Papa sentí mucha paz y no se me fue hasta el día de hoy. ¡Pidan para que el Señor me la mantenga!

Al final del encuentro el Papa regaló a los jesuitas una cruz de plata realizada en 1981 por el orfebre italiano Antonio Vedele, que en su interior representa las estaciones del Vía Crucis. Las estaciones no son catorce sino quince, porque el artista ha querido incluir en el centro de los brazos la representación de la Resurrección de Cristo. Vedele es el orfebre que diseñó la cruz pectoral del Papa Francisco, que luego, en 1998, fue realizada en plata por su discípulo Giuseppe Albrizzi, autor también del Pectoral usado por el entonces Cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio.

Por último el Papa posó para una foto de grupo. Luego atravesó la iglesia de San Pedro y antes de salir por la puerta principal se detuvo ante la tumba del Venerable padre Francisco de Castillo, apóstol de Lima.

Notas

[1] San Alberto Hurtado (1901-1952) fue un hombre profundamente espiritual, infatigable en su trabajo con los jóvenes y obreros, y versátil escritor. Gran parte de su formación como jesuita la recibió en Europa, consiguiendo en Lovaina el doctorado en psicología y pedagogía. A su regreso a Chile en enero de 1936, se dedicó a los jóvenes como profesor de Religión y director espiritual del Colegio de Santiago. Al mismo tiempo enseñaba Pedagogía en la Universidad Católica. Muy ligado a los ejercicios espirituales, fundó una casa de ejercicios, promoviendo cursos que suscitaron muchas vocaciones para toda la iglesia. En 1940 su primer libro titulado ¿Es Chile un país católico? hizo un análisis sociológico de la Iglesia en Chile que provocó una tormenta de reacciones sacudiendo la conciencia de los católicos chilenos. Trabajando en la capital lo conmovió la situación de las personas sin hogar y habló de ello en un retiro. Así nació la obra por la cual es más conocido: el Hogar de Cristo, una casa donde los pobres pueden encontrar comida y acogida y nuevas posibilidades de vida. Además, los más jóvenes reciben allí formación básica y aprenden un oficio. Fundó también la Asociación sindical chilena para formar líderes en este campo. Murió a los 51 años y fue beatificado por Juan Pablo II el 14 de octubre de 1994 y canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005.

[2] Superior General padre Lorenzo Ricci (1703-1775), ejerció este rol en un momento delicado de la historia de la Compañía de Jesús, a causa de las tensiones con los gobiernos europeos. Durante su gobierno, la orden fue expulsada primero de algunos países como Portugal, Francia y España. Con Clemente XIV, la Compañía fue suprimida y, mientras los jesuitas fueron integrados al clero diocesano y religioso, el padre Ricci fue encarcelado en el Castillo Sant’Angelo. Allí vivió hasta su muerte, dos años después, solo y víctima de humillaciones de todo tipo, sosteniendo hasta el último momento que la Compañía no había dado motivo para ser suprimida.

[3] Joannes Philippe Roothaan (Amsterdam, 23 de noviembre 1783 o 1785-Roma, 8 de mayo de 1853) fue un jesuita holandés, Prepósito General de la orden (el segundo después de la restauración) del 9 de julio de 1829 hasta su muerte. Su trabajo como Prepósito general fue muy fructífero para la orden recientemente restaurada. Su primera atención fue preservar y reforzar el espíritu de la Compañía. A este fin dedicó nueve de sus once cartas generales. Incrementó el trabajo en las misiones. La Orden redobló el número de sus miembros, llegando a 5000 profesos. La Compañía tuvo que sufrir, sin embargo, también la expulsión de muchos países, especialmente durante el año de la Revolución, en 1848.

[4] P. Alonso de Barzana (Cuenca, 1530 – Cuzco, 1597), fue enviado a la misión de Juli, sobre la ribera del Lago Titicaca, hoy al sud-este de Perú. Permaneció en la zona central de la actual Bolivia durante once años, hasta que fue enviado a Tucumán. Continuó su trabajo misionero entre los indígenas del valle Calchaquí y luego en el Gran Chaco hasta 1593. Prosiguió su tabajo entre las numerosas tribus de aquella región y también en la del Paraguay hasta 1589. Conocía muchas lenguas indígenas y escribió gramáticas, vocabularios y catecismos en muchas de estas lenguas.

[5] El «Partido Comunista del Perú sobre el sendero luminoso de Mariátegui» es una organización guerrillera peruana de inspiración maoísta fundada entre 1969 y 1970 por Abimael Guzmán, como consecuencia de una división del Partido Comunista del Perú – Bandera Roja (PCP-BR). Sendero Luminoso se propone subvertir el sistema político peruano e instaurar el socialismo a través de la lucha armada.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/02/15/el-papa-confiesa-que-cada-viernes-se-reune-con-victimas-de-abusos-sexuales-religion-iglesia-pederastia-herejes-jesuitas-peru-chile-civiltta-cattolica-spadaro-francisco.shtml


Catequesis del Papa Francisco sobre su viaje a Chile y Perú

enero 26, 2018

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El Papa Francisco en Puerto Maldonado, durante su viaje apostólico a Chile y Perú. Encuentro con pueblos nativos de Perú, Bolivia y Brasil. 

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Catequesis del Papa Francisco sobre su viaje a Chile y Perú

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(ACI).- El Papa Francisco dedicó su catequesis en la Audiencia General de este miércoles 24 de enero a hacer un balance sobre su viaje a Chile y Perú realizado del 15 al 21 de enero.

A continuación el texto completo de la catequesis del Santo Padre:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Esta catequesis se desarrolla en dos lugares conectados: vosotros aquí, en la Plaza y un grupo de niños, algo enfermos, que están en el Aula. Ellos os verán y vosotros los veréis; así estamos conectados. Saludemos a los niños que están en el Aula: era mejor que no se resfriasen, y por eso están allí.

Hace dos días regresé del viaje apostólico a Chile y Perú. ¡Un aplauso para Chile y Perú! Dos pueblos buenos, buenos… Doy gracias al Señor porque todo ha salido bien: pude encontrar al Pueblo de Dios en camino por esas tierras, también a los que no están en camino, están algo parados… pero son buena gente, y alentar el desarrollo social de esos países.

Renuevo mi gratitud a las autoridades civiles y a los obispos, que me recibieron con tanto cariño y generosidad; así como a todos los colaboradores y voluntarios. Pensad que en cada uno de los dos países había más de 20.000 voluntarios: 20.000 y algunos más en Chile, 20.000 en Perú. Gente buena, la mayoría jóvenes.

Mi llegada a Chile estuvo precedida por varias manifestaciones de protesta por varios motivos, como habéis leído en los periódicos Y esto hizo que el lema de mi visita fuera aún más actual y vivo: “Mi paz os doy”.

Son las palabras que Jesús dirigió a los discípulos, que repetimos en cada Misa: el don de la paz, que solo Jesús muerto y resucitado puede dar a quienes se confían a él. No solamente cada uno de nosotros necesita la paz, también el mundo hoy, en esta tercera guerra mundial a trozos… ¡Por favor, recemos por la paz!

En el encuentro con las autoridades políticas y civiles del país, alenté el camino de la democracia chilena, como un espacio de encuentro solidario y capaz de incluir la diversidad; para ese fin indiqué como método el camino de la escucha: en particular la escucha de los pobres, de los jóvenes y de los ancianos, de los inmigrantes, y también la escucha de la tierra.

En la primera eucaristía, celebrada por la paz y la justicia, resonaron las Bienaventuranzas, especialmente “Bienaventurados los que trabajan por la paz , porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). Una bendición para testimoniar con el estilo de la proximidad, de la cercanía, del compartir, reforzando así, con la gracia de Cristo, el tejido de la comunidad eclesial y de toda la sociedad.

En este estilo de proximidad cuentan más los gestos que las palabras, y un gesto importante que pude hacer fue visitar el penitenciario femenino en Santiago: los rostros de esas mujeres, muchas de ellas madres jóvenes, con sus pequeños en brazos, expresaban, a pesar de todo, tanta esperanza. Las animé a exigir, de ellas mismas y de las instituciones, un serio camino de preparación para la reinserción, como un horizonte que da sentido a la pena diaria.

No podemos imaginar una cárcel, cualquier cárcel, sin esta dimensión de la reinserción, porque sin esta esperanza de reinserción social la cárcel es una tortura infinita. En cambio, cuando se trabaja para la reinserción –también los condenados a cadena perpetua pueden reinsertarse- mediante el trabajo de la cárcel a la sociedad, se abre un diálogo. Pero siempre una cárcel debe tener esta dimensión de la reinserción, siempre.

Con los sacerdotes y personas consagradas y con los obispos de Chile, viví dos encuentros muy intensos, todavía más fecundos por el sufrimiento compartido de algunas heridas que afligen a la Iglesia en ese país.

En particular, confirmé a mis hermanos en el rechazo de cualquier compromiso con el abuso sexual de menores, y al mismo tiempo en la confianza en Dios, que a través de esta dura prueba purifica y renueva a sus ministros.

Las otras dos misas en Chile se celebraron una en el sur y otra en el norte. La del sur, en Araucanía, la tierra donde viven los indios mapuches, transformó en alegría los dramas y las fatigas de este pueblo, lanzando un llamamiento a una paz que sea armonía de la diversidad y al repudio de toda violencia.

La del norte, en Iquique, entre el océano y el desierto, fue un himno al encuentro entre los pueblos, que se expresa de manera singular en la religiosidad popular.

Los encuentros con los jóvenes y con la Universidad Católica de Chile respondieron al desafío crucial de ofrecer un sentido grande a la vida de las nuevas generaciones. Dejé la palabra programática de San Alberto Hurtado a los jóvenes: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.

Y en la Universidad propuse un modelo de formación integral, que traduce la identidad católica en la capacidad de participar en la construcción de sociedades unidas y plurales, donde los conflictos no se ocultan sino que se gestionan con el diálogo. Siempre hay conflictos: también en casa, siempre los hay. Pero, tratar mal los conflictos es todavía peor.

No hay que esconder los conflictos debajo de la cama: los conflictos que salen a la luz, se enfrentan y se resuelven con el diálogo. Pensad en los pequeños conflictos que hay seguramente en vuestra casa: no hay que esconderlos, sino enfrentarlos. Buscad la ocasión y se habla: el conflicto se resuelve así, con el diálogo.

En Perú, el lema de la visita fue: “Unidos por la esperanza”. Unidos no en una uniformidad estéril, todos iguales: esa no es unión; sino en toda la riqueza de las diferencias que heredamos de la historia y la cultura.

Un testimonio emblemático de ello fue el encuentro con los pueblos de la Amazonía peruana, que también puso en marcha el itinerario del Sínodo Pan-Amazónico convocado para octubre de 2019, como también lo atestiguan los momentos vividos con la gente de Puerto Maldonado y con los niños del Hogar “El Principito”. Juntos dijimos “no” a la colonización económica y a la colonización ideológica.

Hablando a las autoridades políticas y civiles de Perú, manifesté mi aprecio por el patrimonio ambiental, cultural y espiritual de ese país y me centré en las dos realidades que más lo amenazan: la degradación ecológico-social y la corrupción. No sé si vosotros habéis oído hablar de corrupción… no lo sé.

No existe solamente allí. Aquí también y es más peligrosa que la gripe. Se mezcla y arruina los corazones. La corrupción arruina los corazones. Por favor, no a la corrupción. Subrayé que nadie está exento de responsabilidad frente a estas dos plagas y que el compromiso de contrarrestarlas concierne a todos.

Celebré la primera misa pública en Perú en la orilla del océano, cerca de la ciudad de Trujillo, donde la tormenta llamada “Niño costero” golpeó duramente a la población el año pasado.

Por eso la alenté a reaccionar frente a ella, pero también ante otras tormentas como el hampa, la falta de educación, de trabajo y vivienda segura. Además en Trujillo también conocí a los sacerdotes y consagrados del norte del Perú, compartiendo con ellos la alegría de la llamada y de la misión, y la responsabilidad de la comunión en la Iglesia.

Les exhorté a ser ricos de memoria y fieles a sus raíces. Y entre estas raíces está la devoción popular a la Virgen María. Siempre en Trujillo tuvo lugar la celebración mariana en la que coroné a la Virgen de la Puerta, proclamándola “Madre de la Misericordia y la Esperanza”.

El último día del viaje, el domingo pasado, se desarrolló en Lima, con un fuerte acento espiritual y eclesial. En el santuario más famoso de Perú, donde se venera el cuadro de la Crucifixión llamado “Señor de los Milagros”, encontré a unas 500 religiosas de clausura, de vida contemplativa: un verdadero “pulmón” de fe y oración para la Iglesia y para toda la sociedad.

En la catedral recé una oración especial por la intercesión de los santos peruanos, a la que siguió el encuentro con los obispos del país, a quienes propuse la figura ejemplar de San Toribio de Mogrovejo.

Asimismo señalé a los jóvenes peruanos a los santos como hombres y mujeres que no perdieron el tiempo en “maquillar” su propia imagen, sino que siguieron a Cristo, que los miró con esperanza. Como siempre, la palabra de Jesús le da pleno significado a todo y así también el Evangelio de la última celebración eucarística resumió el mensaje de Dios a su pueblo en Chile y Perú: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1:15). ).

Así -parecía decir el Señor-: recibiréis la paz que os doy y estaréis unidos en mi esperanza. Este es, más o menos, el resumen de este viaje. Oremos por estas dos naciones hermanas, Chile y Perú, para que el Señor las bendiga.

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El Papa Francisco hace balance de su viaje a Chile y Perú: “Todo ha ido bien”

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Cuba: Sacerdotes piden a Raúl Castro elecciones libres

enero 25, 2018

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Se trata de exigir el “derecho” de “elegir en libertad”, porque “en Cuba hay votaciones, no elecciones”.

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Cuba: Sacerdotes piden a Raúl Castro elecciones libres

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(ACI).- Tres sacerdotes católicos enviaron este miércoles una carta al presidente cubano Raúl Castro con el propósito de pedir el “derecho” de “elegir en libertad”, porque “en Cuba hay votaciones, no elecciones”.

Los firmantes son el P. Castor José Álvarez de Devesa, sacerdote del Modelo, en Camagüey; el P. José Conrado Rodríguez Alegre, párroco de San Francisco de Paula, en Cienfuegos; y el P. Roque Nelvis Morales Fonseca, párroco de Cueto, en Holguín.

Los sacerdotes enviaron la carta a Castro al cumplirse este miércoles, 20 años de la Misa que San Juan Pablo II celebró en Santiago de Cuba.

“Urgen elecciones donde podamos decidir no sólo nuestro futuro, sino también nuestro presente. Ahora se nos invita a ‘votar’, a decir ‘sí’ a lo que ya existe y no hay voluntad de cambiar. Elegir implica, de por sí, opciones diferentes, elegir implica la posibilidad de tomar varios caminos”, señalaron.

En abril de este año deberían realizarse las elecciones para la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual elige al Consejo de Estado y designa al Presidente del país. En 2015 Castro anunció que dejaría el cargo en el 2018.

En la misiva los sacerdotes también recordaron que el 1º de enero se cumplieron 59 años del triunfo de la revolución que derrocó al régimen de Fulgencio Batista, donde muchos cubanos lucharon y “murieron por dar a sus hijos una Cuba donde se pudiera vivir en libertad, en paz y prosperidad”.

Sin embargo, “casi seis décadas después, tenemos argumentos suficientes para evaluar qué hemos vivido en nuestra tierra”.

Los sacerdotes denunciaron el “estilo totalitario” del Partido Comunista, único partido político autorizado para existir. No se permite al pueblo “alzar una voz diferente”. “Antes bien, toda voz diferente que ha intentado hacerse oír ha sido silenciada”, señalaron.

“Tenemos una legalidad supeditada a un poder, la ausencia de un ‘Estado de Derecho’. Se hace imprescindible la clara distinción e independencia de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial”, expresaron.

A esto “se suma la falta de libertad religiosa. La Iglesia es tolerada, pero no deja de ser vigilada y controlada. Se reduce la plena libertad religiosa con una controlada libertad de permisos de culto. Los cristianos pueden reunirse a compartir su fe, pero no les es permitido construir un templo”.

Los sacerdotes indicaron que “la Iglesia puede hacer procesiones e incluso misas públicas, pero siempre a condición de un permiso expreso de las autoridades que, de no otorgarlo, no permite apelación ni da explicación”.

“La Iglesia puede alzar su voz en los templos, pero no tiene acceso libre a los medios masivos de comunicación y, en los escasos momentos en que esto ocurre, es siempre bajo censura. Los laicos son censurados cuando intentan aplicar a la práctica política y social su fe”, señalaron.

Además está el control de los medios de comunicación social y la inexistencia de una educación alternativa. Los niños cubanos asisten “a un solo modelo de escuela, a una sola ideología, a la enseñanza de un único modo de pensar”. “Los cubanos tienen el derecho a tener alternativas educacionales y opciones para la educación del pensamiento, los padres cubanos tienen el derecho a elegir qué tipo de educación desean para sus hijos”, recordaron.

Asimismo están las carencias materiales, producto del “desamparo económico que vive este pueblo, obligado por las circunstancias a mendigar la ayuda de familiares que lograron marchar al extranjero o a los extranjeros que nos visitan”.

“¿Por qué se invita a que vengan extranjeros a invertir con su dinero y no se permite invertir a los cubanos en igualdad de oportunidades? Los cubanos tienen derecho a participar como inversores en la economía y en las negociaciones de nuestra patria”, expresaron.

“Esta dinámica social que ha resultado en Cuba –denunciaron–, ha olvidado a la persona, su dignidad de hijo de Dios y sus derechos inalienables; casi 60 años después de que este pueblo creyera en un ideal que siempre se pospone y nunca se realiza. Cuando alguien cuestiona, cuando alguien alza la voz, sólo encuentra vulnerabilidad y exclusión”.

Los sacerdotes afirmaron que los cubanos quieren un país “donde se respete más la vida desde su concepción hasta la muerte natural”, donde se fortalezca la familia, “se cuide el matrimonio entre un hombre y una mujer”; y se garanticen los ingresos económicos que permitan a la población vivir dignamente.

“Nuestro pueblo está desanimado y cansado, existe un estancamiento que se resume en dos palabras: sobrevivir o escapar. Los cubanos necesitan vivir la alegría de “pensar y hablar sin hipocresía” con distintos criterios políticos. Estamos cansados de esperar, cansados de huir, cansados de escondernos. Queremos vivir nuestra propia vida”, añadieron.

Los sacerdotes dijeron a Castro que “si escribimos esta carta es para evitar que un día, por alguna circunstancia, Cuba se sumerja en cambios violentos que sólo añadirían más sufrimiento inútil”. “Todavía tenemos tiempo de hacer un proceso progresivo hacia una pluralidad de opciones que permita un cambio favorable para todos. Pero el tiempo se acaba, apremia abrir la puerta”, advirtieron.

“De nada sirve ocultar la verdad. De nada sirve fingir que no pasa nada. De nada sirve aferrarse al poder. Nuestro Maestro Jesucristo nos dice a los cubanos hoy: ‘¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?’. Estamos a tiempo de construir una realidad diferente. Estamos a tiempo de hacer una Cuba como la deseaba Martí: ‘con todos y para el bien de todos’”.

“A la intercesión de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, nos encomendamos. Ella, Madre de todos los cubanos, interceda ante el Señor de la historia que, como dijo en Cuba, Su Santidad Benedicto XVI: ‘Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla’, para que podamos elegir siempre el bien mayor para todos”, culmina la carta.

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Rueda de prensa del Papa Francisco en el vuelo de regreso de Chile y Perú

enero 22, 2018

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El Papa Francisco durante la rueda de prensa en el vuelo de regreso a Roma desde Perú

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Rueda de prensa del Papa Francisco en el vuelo de regreso de Chile y Perú

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(ACI).- El Papa Francisco concedió este lunes una rueda de prensa en el avión que lo trajo de regreso a Roma, luego de realizar una visita apostólica a Chile y Perú.

Durante la conferencia, el Santo Padre respondió preguntas sobre la corrupción, las acusaciones contra el Obispo Juan Barros, el Sodalicio de Vida Cristiana, sus palabras sobre los abusos sexuales, las impresiones que tiene sobre la fe en ambos países, así como la boda que celebró durante uno de sus vuelos.

A continuación el texto completo de la rueda de prensa:

Director de la Sala de Prensa del Vaticano, Greg Burke: Gracias, gracias por el tiempo que nos da esta tarde después del largo viaje, por momentos caluroso y húmedo, pero un viaje rico, donde ha tocado el corazón de la gente, el santo pueblo fiel de Dios, con un mensaje de esperanza, pero en el que ha hecho también referencia a los desafíos de las iglesias locales y de la gente.

Papa Francisco: Buenas tardes, gracias por su trabajo, fue un viaje, no sé cómo se dice en italiano, pero en español se dice ‘pasteurizado’, como con la leche, se pasa del frío al calor, del calor al frío, nosotros hemos pasado del sur de Chile, fresco, con un paisaje hermosísimo, al desierto, a la selva de (Puerto) Maldonado, luego a Trujillo, el mar, y luego Lima. Todas las temperaturas, todos los climas. Y esto cansa.

Empezamos con las preguntas del viaje. Cuando terminemos esto, si queda algo del viaje, lo digo yo, y después las otras preguntas si hay.

Pregunta: Quería agradecerle el momento de habernos permitido acompañarlo en este viaje. Usted dijo en el vuelo de ida que no conocía bien el Perú, y en estos días ha tenido la oportunidad de recorrer tres ciudades. Quería preguntarle por este viaje en el que la gente se ha volcado a verlo, incluso ha llegado a decirle cariñosamente ‘Panchito, no te vayas’. ¿Qué se lleva del viaje el Santo Padre?, ¿qué se lleva, del viaje al Perú?

Papa Francisco: Me llevo la impresión de un pueblo creyente, un pueblo que pasa muchas dificultades y las pasó históricamente, ¿no? Pero una fe que me impresiona, no solo la fe en Trujillo, donde la piedad popular es muy rica y muy fuerte, sino la fe de las calles. ¿Ustedes vieron lo que eran las calles? Y no solo en Lima, evidentemente, sino también en Trujillo, también en Puerto Maldonado, donde yo pensaba tener el acto en un lugar como este y era una plaza llena y cuando iba de un lado para otro, también. O sea, un pueblo que salió a expresar su alegría y su fe, ¿no?

Es verdad que ustedes tienen, como dije… hoy al mediodía: ustedes son una tierra ‘ensantada’. Son el pueblo latinoamericano que tiene más santos, y santos de alto nivel, ¿no? Toribio, Rosa, Martín, Juan. De alto nivel. Creo que la fe la tienen muy calada dentro. Yo me llevo de Perú una impresión de alegría, de fe, de esperanza, de volver a andar y, sobre todo, muchos chicos. O sea, volví a ver esa imagen que vi en Filipinas y vi en Colombia: los papás y las mamás a mi paso levantando a los chicos, y eso dice ‘futuro’, eso dice ‘esperanza’, porque nadie trae hijos al mundo si no tiene esperanza.

Lo único que les pido es que cuiden la riqueza. No solo la que tienen las iglesias y los museos, que las obras de arte son geniales, no solo las de la historia de la santidad y de los sufrimientos que los han enriquecido mucho, sino esta riqueza de estos días que yo vi.

Pregunta: Su Santidad, en el Perú la clase política ha defraudado al pueblo con actos de corrupción e indultos negociados, pero también lo han hecho algunos miembros de la Iglesia, basta ver a las víctimas como del Sodalicio de Vida Cristiana esperando justicia. ¿Qué respuesta da usted a ambos casos?

Papa Francisco: Primero el problema de la corrupción. Yo no sabría responderte históricamente el progreso de la corrupción o históricamente en otros sectores del mundo, ¿no? Yo sé que en algunos países de Europa hay mucha corrupción, en algunos. Sí, en Latinoamérica hay muchos focos de corrupción. Ahora está de moda hablar de Odebrecht, por ejemplo, pero eso es un botón de muestra.

El origen de la corrupción es, yo diría es, tengo que decir que es el pecado original que te lleva … Escribí un librito una vez, muy pequeño, que se llama pecado original que te lleva… yo leí un librito una vez, muy pequeño, que se llama “Pecado y Corrupción”. Y el lema que saco de ese libro es ‘pecador sí, corrupto no’. Todos somos pecadores, pero yo sé que todos nosotros, los que estamos acá, al menos yo hago la voluntad de mi parte, y pienso que ustedes lo hacen cuando se encuentran en ‘off side’, en un pecado fuerte. ‘Bueno, esto está mal. Acá me porté mal con un amigo, o robé, o hice esto, o me drogué’, y entonces me freno y trato de no hacerlo.

Bueno, pero está el perdón de Dios sobre todo eso. Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, porque la corrupción ya te va viciando el alma y el cuerpo, y un corrupto está tan seguro de sí mismo que no puede volver atrás. O sea, la corrupción es como esos pantanos chupadizos que vos pisás y querés salir, y das un paso y te vas más adentro, y más adentro y te chupó. Es una ciénaga. Sí, es la destrucción de la persona humana. Yo no sé si quieres preguntar algo más sobre la corrupción. Después paso al Sodalicio, ¿eh?

Claro, el político tiene mucho poder. También el empresario tiene mucho poder. El empresario que le paga la mitad a sus obreros es un corrupto. Y un ama de casa que está acostumbrada y cree que es lo más normal explotar a las mucamas sea con el sueldo o sea con el modo de tratar, es una corrupta, porque ya lo toma como normal.

Recuerdo una conversación que tuve con una persona, un profesional, sí, de cómo llevaba la cosa, joven, tendría 30 años, y él me decía que trataba al personal doméstico de una manera nada noble. Me decía las cosas que hacía con las personas y yo le dije: ‘pero usted no puede hacer eso, eso es pecado’. ‘Padre’, me dice, ‘no vamos a comparar a esa gente conmigo, esa gente está para eso’. Y es lo que piensa el tratante sexual, el tratante de trabajo esclavo, los corruptos.

¿Y en la Iglesia hay corrupción? ¡Sí! Hay casos de corrupción en la Iglesia, en la historia de la Iglesia siempre los hubo. Siempre los hubo y… porque hombres y mujeres de Iglesia entraron en el juego de la corrupción. Y esto me sirve de puente para lo del Sodalicio.

Lo del Sodalicio empezó con un caso de una persona que parecía muy…  de mucha virtud, murió, e investigando la vida se descubrió que tenía doble vida. Es el primer caso del Sodalicio que yo conozco, ¿eh? Pero de esto hace 20-25 años atrás. Y después una denuncia de abuso, no solo sexual, sino de abuso de manipulación de conciencia para con el fundador. El proceso del fundador entró en la Santa Sede, se le dio una condena. No se lo expulsó del Sodalicio, sino vive solo. Una persona lo atiende. Él se declara inocente de las pruebas que hubo en el juicio y apeló a la Signatura Apostólica, que es la Suprema Corte de Justicia del Vaticano.

La causa está en apelación. Por los datos que tengo saldrá en menos de un mes. Lleva un año el proceso, pero en menos de un mes saldrá. ¿Pero que sucedió ahora? Ese juicio fue gatillo para que otras víctimas de esa persona hicieran juicios civil y eclesiástico. Entonces, si la Signatura Apostólica pone fin a este juicio, primero, sea a favor o en contra, ya no tiene sentido porque este hombre, ahora sí, hay cosas mucho más graves que dirá la justicia, pero son varios casos graves e intervino la justicia civil, lo cual en estos casos de abuso siempre es conveniente, siempre es conveniente porque es un derecho y creo por lo que sé, pero no estoy muy al tanto, que la cosa es bastante desfavorable al fundador.

Por otro lado, no era una situación personal solamente, había cosas ahí no del todo claras. Hace casi dos años, yo mandé un visitador al Sodalicio, en la persona del Cardenal Tobin, Obispo de Newark. El Cardenal Tobin hace la visita, descubre cosas que no entiende o que no están claras, nombra dos veedores económicos; y este es el tercer abuso, que también rozaba el fundador: manejo económico. Y después de un estudio recomienda comisariar el Sodalicio. Llegó la carta de él hace 4 semanas, se estudió el caso y hace dos semanas se nombró un comisario.

O sea, hoy día el Sodalicio está comisariado por la Santa Sede por todo esto. Un caso parecido, diría en los procedimientos, no en las acusaciones, al de los Legionarios, que ya fue resuelto en su momento por el Papa Benedicto XVI. Que en eso estuvo muy firme y muy fuerte. Benedicto no toleraba esas cosas, y yo aprendí de él a no tolerarlas también. No sé si te respondí. El estado jurídico hoy día del Sodalicio es comisariamiento, y a la vez sigue la visita apostólica.

Pregunta: Muchas gracias por esta oportunidad de plantearle algunas preguntas sobre el viaje. Yo quería preguntarle, a propósito de su primer mensaje en Chile que fue muy duro contra los abusos… que habló de vergüenza, de comprender el dolor de las víctimas, pero el último día en las declaraciones que hizo sobre el Obispo Barros hubo también una declaración en la que finalmente también intentó de mentir o de calumniar a las víctimas. ¿Por qué cree más al testimonio del Obispo Barros que al de las víctimas? ¿No se traiciona un poco esa confianza hacia las víctimas que usted mismo planteó en Chile?

Papa Francisco: Comprendo la pregunta, perfecto. Sobre Barros hice una sola declaración. Yo hablé en Chile, y eso fue en Iquique, al final. Hablé en Chile dos veces sobre los abusos, con mucha fuerza, delante del gobierno, que era hablar delante de la patria, y en la Catedral con los sacerdotes. El discurso que dije a los sacerdotes es lo que yo siento más profundamente respecto a este caso. Ustedes saben que empezó el Papa Benedicto con tolerancia cero. Yo seguí con tolerancia cero, y después de casi 5 años de pontificado, no he firmado un pedido de gracia.

Los procesos son así: entran en la Congregación de la Doctrina de la Fe y la Congregación da la sentencia -en los casos de quite del estado clerical, es definitiva la sentencia en primera instancia-. La persona que es condenada tiene derecho a apelar, hay un tribunal de apelación de segunda instancia. El tribunal de apelación sabe que si hay pruebas claras de abuso, no hay lugar para la apelación, eso no se apela. Lo que sí puede apelarse son los procedimientos, falla de procedimientos, irregularidades… entonces ahí tiene que hacer revisión del proceso… como en todo juzgado.

Si la segunda instancia confirma la primera, solamente le queda una salida a la persona, y es apelar al Papa como gracia. Yo en cinco años habré recibido, no sé el número, 20-25 casos de gracia que se animaron a pedir, no firmé ninguno. Solamente en un caso, que no fue gracia ni nada, fue una discusión de sentencia jurídica, en mi primer año de Pontificado, y me encontré con dos sentencias: una muy seria que venía de la diócesis, y otra que dio la Doctrina de la Fe. La de Doctrina de la Fe era la más dura. La que venía de la diócesis era muy seria, con mucha cautela y muy condicionada.

O sea, con estas condiciones hay que esperar un tiempo y ver que… o sea, no cerraba el caso. Como hay que hacer en buena jurisprudencia, siempre a favor del reo. Opté por la más leve con las condiciones. A los dos años se evaluó que las condiciones no se cumplieron y entonces dejé funcionar la otra. Ha sido el único caso del que dudé pero porque eran dos sentencias y había un principio jurídico ‘in dubbio por reo’ y entonces por eso opté por eso. Esa es mi postura.

Ahora, el caso del Obispo Barros. Es un caso que lo hice estudiar, lo hice investigar, lo hice trabajar mucho y realmente no hay evidencia, uso la palabra ‘evidencia’ porque después voy a hablar sobre las pruebas. No hay evidencia de culpabilidad, más bien parece que no se van a encontrar porque hay una coherencia en otro sentido. En base a ese no haber evidencias, yo espero alguna, una evidencia para cambiar de postura, si no aplico el principio jurídico básico en todo tribunal ninguno es malo hasta que se pruebe.

Y ahí está la palabra ‘prueba’ que creo que es la que me jugó a mí la mala pasada. Yo dije, en español, por lo que recuerdo, estaba entrando, y una periodista de Iquique me pregunta: ‘nosotros en Chile tenemos el gran problema del obispo Barros, ¿qué piensa usted?’ y creo que las palabras que dije fueron estas. Primero pensé respondo o no respondo. Y dije: ‘sí’, porque Barros había sido Obispo de Iquique, y una feligresa de él me lo preguntaba y tiene derecho. Y dije. ‘el día que tenga una prueba, voy a hablar. Creo que dije ‘no tengo pruebas’. Creo, pero no me acuerdo, pero está registrado, lo puedes encontrar.

La respuesta fue dada, el día que yo tenga una prueba hablaré. La palabra ‘prueba’ es la que me ha traicionado y generó confusión. Yo hablaría de evidencias. Y claro, entonces yo sé que hay mucha gente abusada y que no puede traer una prueba, no la tiene. Y que no puede, o a veces la tiene pero tiene vergüenza, que lo tapa y sufre en silencio. El drama de los abusados es tremendo, es tremendo. A mí me tocó atender, hace dos meses, a una mujer abusada hace 40 años. Casada, con tres hijos. Esa mujer no recibía la comunión desde esa época, porque en la mano del cura veía la mano del abusador. No podía acercarse. Y era creyente, era católica. No podía. Perdón que continúe en español, pero quiero ser preciso con los chilenos.

La palabra ‘prueba’ no era la mejor para acercarme a un corazón dolorido. Yo diría ‘evidencias’. El caso de Barros se estudió, se reestudió, y no hay evidencias. Es lo que quise decir. No tengo evidencias para condenar. Y ahí si yo condenara sin evidencias o sin certeza moral, cometería yo un delito de mal juez.

Hay otra cosa más que quiero decir. Y esto lo explico en italiano. Uno de ustedes se me acercó y me dijo: ‘vio la carta que salió, y me hizo ver una carta que yo escribí hace 2 años, cuando comenzaba el problema de Barros. Esa carta la tengo que explicar, porque es incluso una carta en favor de la prudencia de cómo ha estado gestionado el problema Barros. Esa carta no es la narración de un hecho puntual, es la narración de más o menos 10-12 meses.

Cuando explotó el escándalo Karadima, un hombre… todos conocemos cuál es su escándalo, se empezó a ver cuántos sacerdotes que fueron formados por Karadima fueron abusados o fueron abusadores. Hay en Chile 4 obispos a los cuales Karadima envió al seminario. Una persona de la Conferencia Episcopal sugirió que estos obispos, tres, porque el cuarto estaba muy enfermo, y no estaba a cargo de una diócesis, pero tres estaban a cargo de una diócesis. Si quizás era mejor que estos obispos renunciaran, diesen su dimisión, se tomaran un año sabático, y después, pasada la tormenta, para evitar acusaciones, porque son buenos obispos, bravos.

Y como Barros llevaba ya 20 años de obispo, estaba por terminar el obispado militar… primero fue auxiliar de Valparaíso, después Obispo de Iquique, después Obispo militar por casi 10 años. Tiene casi 20 años de obispo. Pidamos la dimisión a él quizás, y generosamente la dio. Vino a Roma, y dije ‘no’, así no se juega porque esto es admitir culpabilidad previa. Y en cada caso, si son culpables, se investiga. Y yo lo freno.

Cuando fue nombrado y siguió adelante todo este movimiento de protesta, él me dio la renuncia por segunda vez, y le dije ‘no’, tú vas. He hablado largo rato con él. Otros hablaron largo rato con él. Y vas. Y vosotros sabéis lo que pasó el día de la toma de posesión y todo eso. Se continuó a investigar sobre Barros, no vienen las evidencias. Y esto es lo que quise decir: no puedo condenarlo, porque no tengo las evidencias, aunque yo estoy convencido de que es inocente.

Paso a un tercer punto, ¿qué sienten los abusados? Y con esto debo pedir disculpas, porque la palabra ‘prueba’ ha herido, ha herido a muchos abusados: ‘ah, ¿yo tengo que ir a buscar la evidencia de esto?’. No. Es una palabra de traducción del principio legal, es herida…. Y les pido perdón si les he herido sin darme cuenta. Es una herida sin quererlo. Y a mí esto me causa tanto dolor porque les recibo a ellos… en Chile, los he recibido… dos se saben, y hubo otros más escondidos. En Perú no. En cada viaje siempre hay alguna posibilidad. Han sido publicadas las de Filadelfia, y otras tres fueron publicadas. Otros casos no. Sé cuánto sufren. Sentir que el Papa les dice en la cara ‘denme una carta con la prueba’, es un ‘schiafo’.

Ahora yo me doy cuenta de que mi expresión no fue feliz, porque no pensé en eso. Y entiendo, como dice el apóstol Pedro en una de sus cartas, un incendio que se ha provocado. Y esto es lo que yo puedo decirte con sinceridad. Barros quedará ahí si yo no encuentro el modo de condenarlo. Yo no puedo condenarlo si no tengo evidencias. Y hay muchos modos de hacer llegar una evidencia.

Me dicen que después de la turbulencia de Barros y del Sodalicio tenemos una meteorológica. Yo me quedaría aquí. En el caso de Barros no hay evidencias. Empezó quizás con esa mala decisión de la renuncia y se lo empezó a acusar. Pero de abuso no hay evidencias.

Pregunta: ¿De encubrir un abuso?

Papa Francisco: Sí, sí, pero es un abuso también, ¿no? Encubrir abusos es un abuso. No, no hay evidencia. Por eso, lo mejor es que el que cree que es así, que aporten evidencias rápido. Si honestamente creen que es así. Yo en este momento no creo que sea así, porque no las hay. Pero tengo el corazón abierto a recibirlas.

Y lo otro de Chile es un cuento chino, ¿eh? Yo de Chile me vine contento, no esperaba tanta gente en la calle. Y eso, no pagamos la entrada. O sea, esa gente no fue pagada ni llevada en colectivo. La espontaneidad de la expresión chilena fue muy fuerte. Incluso en Iquique, que yo pensé que iba a ser una cosa muy poquita porque Iquique es desierto y ustedes vieron lo que fue la gente.

En el sur lo mismo. Y en Santiago las calles de Santiago hablaban por sí mismo. En eso creo que la responsabilidad del informador es ir a los hechos concretos. Acá hubo esto, hubo esto, y esto. Y lo del pueblo dividido no sé dónde sale, es la primera vez que lo oigo. Quizás este caso de Barros es lo que lo ha creado, pero ubicándolo en su realidad puede ser por eso. Pero a mí la impresión que me dio es que lo de Chile fue muy gratificante y muy fuerte. Yo después quisiera volver en uno de los momentos que más me conmovió de Chile antes de pasar a otros temas si tenemos tiempo.

Pregunta: Santidad, quería hablarle de lo que ha dicho el otro día en la Amazonía. En su discurso había un elemento se puede decir que nuevo. No solo la amenaza de los grupos económicos, sino también la perversión de algunas políticas ambientalistas que sofocan la vida de las personas. ¿Existe un ambientalismo que está contra el hombre?

Papa Francisco: Sí. Y en esa zona, no puedo en este momento describir bien. Pero por proteger la selva, para salvar a algunas tribus que quedaron fuera y la selva se acabó por explotación. Pero el caso más concreto de este caso está en las estadísticas de las zonas. Encontrarás seguramente los datos precisos. Es un fenómeno de custodiar el ambiente y después de aislar. Han quedado aislados de un progreso real. Es un fenómeno que se ha dado aquí en esta zona. En las informaciones que me enviaron para preparar el viaje yo lo he estudiado.

Pregunta: Mi pregunta es sobre la celebración del matrimonio en el avión. De ahora en adelante, ¿qué les diría a los párrocos, obispos, cuando los novios piden casarse en la playa, en los parques, en los barcos…?

Papa Francisco: Se imagina cruceros con matrimonios, esto sería… Uno de ustedes me dijo que yo estoy loco por hacer estas cosas. Pero fue sencillo. El señor, el hombre, estaba en el primer vuelo. Ella no estaba. Hablamos… luego me di cuenta que me había sondeado. Hablamos de la vida, de qué pensaba yo de la vida de la familia. En verdad, una hermosa conversación. El día después estaban ambos. Cuando nos hicimos las fotos me dijeron que estaban por casarse por la Iglesia, se casaron por civil, porque el día anterior (se ve que eran de una ciudad pequeña) la iglesia se destruyó en el terremoto. No hubo boda.

De esto hace 8 ó 10 años. ‘Que sí, que mañana lo hacemos, después la vida, llega una hija, después la otra hija… pero nosotros siempre hemos tenido esto en el corazón, pero no nos hemos casado’. Los interrogué un poco, y las respuestas eran claras: para toda la vida. ‘¿Y cómo sabéis estas cosas? ¿Tenéis buena memoria del catecismo?’. ‘No, no, no. Nosotros hemos hecho los cursos prematrimoniales’. Estaban preparados. A los párrocos les digo que estaban preparados y yo he juzgado que estaban preparados.

Me lo pidieron. Los sacramentos son para las personas, y vi que las condiciones eran claras y por qué no hacer hoy lo que se puede hacer hoy, ¿no?; para qué mandarlo a mañana, porque mañana quizás hubiesen sido 8 años más. Esta es la respuesta. Porque yo he juzgado que estaban preparados y que sabían lo que hacían. También uno de ellos se ha preparado delante del Señor con el sacramento de la penitencia, y los casé. Y cuando llegaron aquí todo estaba acabado y se han casado.

Me dijeron que le habían dicho a alguno: ‘vamos al Papa, que nos case’. No sé si era verdad o no esa intención. Así ha sido la cosa. Pero decidles a los párrocos que el Papa los interrogó bien, y después cuando me dijeron que habían hecho el curso… Pero eran conscientes de que estaban en una situación irregular.

Pregunta: Ayer el Cardenal O’Malley hizo una declaración sobre sus palabras, sobre el Obispo Barros y han dicho que palabras como esas eran dolorosas para las víctimas, que se han sentido abandonadas y desacreditadas. Usted ha dicho que se sentía mal. Imagino, me pregunto si fueron las palabras del Cardenal O’Malley las que le han dolido. Y luego una pregunta relacionada con esto: la Comisión para la Protección de Menores, del Cardenal O’Malley, acabó su mandato el mes pasado de sus primeros miembros. Hay personas que en esta caducidad se preguntan si esto es una señal de una no prioridad de la proteccion de menores.

Papa Francisco: He visto la declaración del Cardenal O’Malley. También dijo que ‘el Papa siempre ha defendido esto… tolerancia cero… Con esta manifestación no feliz me ha hecho pensar que la palabra ‘prueba’, calumnia… Uno que insiste, sin tener la evidencia, que este ha hecho aquello, es calumnia. Digo que si hay robo, sin evidencia, le estoy calumniando. Yo no he escuchado a ninguna víctima de Barros. No vinieron, no dieron las evidencias para el juicio. Es algo que no se puede tomar. Usted me dice con buena voluntad que existen las víctimas. Pero yo no las he visto, no se han presentado.

Es verdad que Barros estaba en el grupo de jóvenes allí, ha entrado en el seminario hace no sé cuánto, por hoy hace 24 años de obispo, o 23. Habrá tenido 15 de sacerdote. Hace tantos años y era jovencísimo. Él dice que no vio nada. Era del grupo, pero después siguió otro camino. En esto tenemos que ser claros. Uno que acusa sin evidencias, con insistencia, es calumnia. Pero si viene una persona y me da la evidencia yo seré el primero en escucharle. Tenemos que ser justos.

Yo he pensado en lo del Cardenal O’Malley. Agradezco al Cardenal O’Malley su declaración, porque ha sido muy justa. Ha dicho todo lo que yo he hecho y hago y que hace la Iglesia y luego habló del dolor de las víctimas, porque como he dicho al inicio, hay muchas víctimas que no son capaces, por vergüenza o por lo que sea, de llevar un documento o un testimonio de esto.

La segunda pregunta que usted me hacía era la Comisión. La Comisión, el nombramiento era por tres años creo, y ha vencido. Se estudió la nueva Comisión, y ellos, la Comisión misma, decidió renovar a una parte y nombrar nuevos. El martes antes de la salida para este viaje llegó la lista de la Comisión definitiva y ahora sigue el trámite normal de la curia. Había algunas observaciones sobre alguno que se tienen que aclarar, porque de las personas nuevas se estudian el curriculum. Había observaciones que debían aclararse. Pero sobre esto el Cardenal O’Malley ha trabajado bien, como se debe. Por favor, no pensar que… los tiempos son los tiempos normales para un nombramiento del género. Buscando gente de primera.

Pregunta: Una de las tareas de la Iglesia es luchar contra la pobreza. Chile, en 20 años ha bajado el índice de pobreza del 40% al 11%. Según usted, ¿es el resultado de una política liberal? ¿Existe el bien del liberalismo según usted? Y otra pequeña pregunta sobre el Cardenal Maradiaga, ¿qué piensa usted sobre las noticia del dinero? Gracias.

Papa Francisco: Del Cardenal Maradiaga no es del viaje pero respondo. Él hizo una declaración filmada, en video, yo digo eso que dijo él.

Lo del liberalismo, diré que tenemos que estudiar bien los casos de las políticas liberales. Hay otros países de Latinoamérica con políticas liberales que llevaron al país a una mayor pobreza. No sabré qué responder porque no soy técnico en esto: pero en general, una política liberal que no incluye a todo el pueblo, es selectiva, lleva para abajo. Pero no hay una regla general. El caso de Chile no lo conozco para responder, pero vemos en que otros países de Latinoamérica la cosa va para abajo.

Sobre el viaje querría hablar de algo que me conmovió mucho. La cárcel de mujeres. Yo tenía el corazón ahí… siempre soy muy sensible a las cárceles y los encarcelados, y siempre me pregunto por qué ellos y no yo. Y ver a estas mujeres. Ver la creatividad de estas mujeres, la capacidad de querer cambiar su vida, de reinsertarse en la sociedad con la fuerza del Evangelio…. Uno de ustedes me ha dicho: ‘he visto la alegría del Evangelio’. Quedé muy conmovido. De verdad, muy conmovido de ese encuentro. Fue una de las cosas mas hermosas del viaje.

En Puerto Maldonado, el encuentro con los aborígenes, es obvio, fue emocionante, un signo al mundo. Ese día fue la primera reunión de la comisión sinodal del Sínodo para la Amazonía que será en 2019. Pero me conmoví en el Hogar “El Principito”, de ver a estos niños, la mayoría abandonados. Esos niños y esas niñas que con la educación consiguieron salir adelante, que son profesionales. Esto me ha conmovido mucho. La obra de llevar a una persona arriba. Así como estas cosas de las que hemos hablado antes llevan a la persona arriba. Esto me ha conmovido mucho del viaje allí.

Y la gente, el calor de la gente. Era de no creer lo que vimos hoy. De no creer. El calor de la gente. Yo digo: este pueblo tiene fe. Esta fe me la contagia a mí y le doy las gracias a Dios por eso. Y a vosotros os agradezco el trabajo que les espera para hacer los artículos y las noticias que debéis hacer. Gracias por la paciencia y gracias por hacer las preguntas precisas.


En sexta visita a Latinoamérica, papa Francisco llega a Chile y Perú

enero 16, 2018

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En sexta visita a Latinoamérica, el papa Francisco llega a Chile y Perú

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En sexta visita a Latinoamérica, papa Francisco llega a Chile y Perú

Por Darío Menor

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Cuando el pasado junio el Vaticano anunció que el papa Francisco visitaría Chile y Perú del 15 al 22 de enero, todo indicaba que iba a ser un viaje tranquilo, centrado en la religión, la defensa del medio ambiente y los derechos de los indígenas.

Sin embargo, los cambios y la inestabilidad política vividos en ambos países estas últimas semanas, al igual que las protestas de las víctimas de abusos sexuales cometidos por eclesiásticos han ido construyendo en cambio un ambiente totalmente diferente, con escenarios que incluso denotan abierto odio a la Iglesia.

Papa Francisco, las próximas bombas serán en tu sotana’, podía leerse en un panfleto dejado en una de las tres parroquias atacadas el viernes con artefactos explosivos en Santiago de Chile.

Estos incidentes son una expresión radical del poco apego a la figura del obispo de Roma que tiene parte de la población de Chile, la nación latinoamericana en donde menos ha prendido el ‘efecto Francisco’, según el último Latinobarómetro.

Este estudio señala que ese es el país de la región con menor porcentaje de católicos y en donde menos se confía en la Iglesia. Ante esta realidad, no extraña que el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, reconozca las dificultades que plantea la visita.

En una entrevista con ‘Vatican News’ dijo que no iba a ser “un viaje sencillo, pero será de verdad apasionante”. Parolin aprovechó para adelantar que el pontífice hablará de “la corrupción que impide el desarrollo”.

El sumo pontífice arriba este lunes a Chile, un país que conoce bien, pues vivió allí durante sus años de estudio en el noviciado de los jesuitas. Y llega en un momento político particular, ya que lo recibirá la presidenta socialista Michelle Bachelet, con un pie fuera del Palacio de la Moneda.

A partir del 11 de marzo la sucederá el conservador Sebastián Piñera, ganador en la segunda vuelta de las elecciones celebradas el pasado diciembre.

El Papa se reunirá con Bachelet, saludará a Piñera y aprovechará para rendir un homenaje a las víctimas de la dictadura militar. Será al término de la misa campal que presidirá en Iquique, donde se verá con dos sobrevivientes de la represión del régimen militar de Augusto Pinochet.

“La Iglesia católica defendió y salvó a muchas personas perseguidas y reconoce la contribución que siguen aportando a la sociedad de hoy. Recordemos que las primeras estructuras a favor de los derechos humanos en aquellos años fueron creadas por eclesiásticos”, explica el franciscano chileno Jorge Horta, decano de la facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Antonianum, de Roma.

Más complicada será la situación en Perú, adonde el Papa llegará el jueves, debido a la crisis política abierta luego del indulto al expresidente Alberto Fujimori, decidido por el presidente Pedro Pablo Kuczynski el día de Nochebuena.

El mandatario decidió sacar de la cárcel a Fujimori, quien cumplía desde 2009 una condena a 25 años de reclusión por crímenes de lesa humanidad, después de salvar la destitución en el Congreso gracias a la abstención de diez legisladores del partido fujimorista.

Kuczynski se jugaba el cargo al haberse visto salpicado por la trama de corrupción de la compañía brasileña Odebrecht.

El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima y primado de Perú, trató de apaciguar las protestas de las últimas semanas apoyando el indulto a Fujimori. “No podemos quedarnos encerrados en una memoria de hace 20 años”, dijo, invitando a “perdonar entre todos”.

Escándalos sexuales

Los escándalos sexuales que sacudieron las Iglesias de Chile y Perú constituyen el otro punto espinoso de la visita. Se trata de los casos del sacerdote Fernando Karadima, condenado por abusos contra menores, pero protegido por el obispo de Osorno (Chile), y del Sodalicio de Vida Cristiana, una institución católica peruana intervenida el miércoles pasado por el Vaticano.

La decisión de Roma llegó después de que la Fiscalía acusó a su fundador, Luis Fernando Figari, de presuntos delitos de asociación para delinquir, secuestro y lesiones psicológicas graves. Además, los miembros del Sodalicio están siendo investigados por supuestos abusos sexuales.

Las víctimas de estos dos escándalos piden al pontífice argentino más dureza contra los abusadores dentro de la Iglesia y prometen nuevas protestas durante su estancia en Chile y Perú. Aunque no está previsto en la agenda del Papa, es posible que Francisco reciba en algún momento del viaje a víctimas de eclesiásticos pederastas.

El tercer gran tema del viaje será la defensa del medio ambiente y de los derechos de los indígenas. Bergoglio se reunirá el miércoles con un grupo de mapuches en Temuco, en la región meridional chilena de la Araucanía, reivindicado por este pueblo originario.

Además, el viernes visitará la localidad peruana de Puerto Maldonado, donde mantendrá un encuentro con 2.000 representantes de los pueblos de la Amazonia. Será un preludio del Sínodo de los Obispos convocado por el Papa para octubre de 2019 con el fin de debatir sobre los problemas y la conservación de esta región.

Con esta visita a Chile y Perú, será la sexta vez que Francisco viaja a Latinoamérica sin tocar, hasta ahora, su Argentina natal. “Es doloroso que pase por arriba nuestro y aterrice en otro lado”, reconoce Jorge Oesterhel, vocero del episcopado argentino.

El franciscano Horta, por su parte, apunta que “la prudencia” y el miedo a “ser utilizado políticamente por algún partido” ha llevado a Bergoglio a no querer volver a su país de origen.

Sus compatriotas acudirán en masa a verlo en Chile. Se espera que sean más de 100.000, por lo que las autoridades argentinas han tenido que crear dos consulados itinerantes, que se añaden a los cinco ya existentes en Chile.

DARÍO MENOR
Para EL TIEMPO
ROMA


Irma termina su existencia dejando muerte, destrucción y enseñanza

septiembre 13, 2017

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La fuerza de la naturaleza no distingue entre ricos y pobres

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Irma termina su existencia dejando muerte, destrucción y enseñanza

La fuerza de la naturaleza no distingue entre ricos y pobres

Por Jaime Septién

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Entre hoy miércoles y mañana jueves terminará su vida uno de los huracanes del Atlántico más peligrosos de la historia –al menos el más peligroso de la historia reciente— y que, a su paso por El Caribe y el sureste de Estados Unidos, dejó más de cincuenta personas muertas (quizá sean muchas más, pero no se sabrá nunca), daños por miles de millones de dólares y una enseñanza: que la fuerza de la naturaleza no distingue entre ricos y pobres y que si el mundo quiere enfrentar este tipo de catástrofes (muchos científicos apuntan al sobre calentamiento de las aguas del Atlántico como “combustible” de un ciclón tan violento como Irma o como Harvey), lo tendrá que hacer ya, y de forma conjunta.

Irma, rebajada a tormenta tropical pero con muchísima agua, se adentra en Estados Unidos, provocando inundaciones, además de en el norte de Florida, en los estados de Georgia, Alabama, Misisipi, Tennessee y Kentucky, de acuerdo con la última previsión del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos.

La mirada de este centro –y de millones de seres humanos—está ahora puesta en José, quien avanza hacia el este, y se mueve lento, a 7 kilómetros por hora, y produce vientos de 120 kilómetros por hora. Puede que se pierda en el Atlántico. O puede que no. Lo cierto es que no seguirá la trayectoria de Irma, según han dicho los científicos.

Uno de los países que tocó fuertemente –aún en categoría 4 de la escala Saffir-Simpson— fue Cuba, golpeado por Irma el domingo pasado. El Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil de Cuba informó el lunes que al menos 10 personas habían muerto en las provincias de La Habana, Matanzas y Ciego de Ávila por el derrumbamiento de sus viviendas, inundaciones o la caída del tendido eléctrico, personas que se sumarían a los 35 muertos que dejó en Antigua, Barbuda y Puerto Rico, así como a la destrucción de islas y paraísos turísticos como San Martín o la zona de los cayos, en la Florida.

De nuevo, ricos y pobres: si en Barbuda se cargó al 90 por ciento de la infraestructura, en Estados Unidos, “la devastación que ha dejado el huracán Irma es mucho mayor, al menos en algunos lugares, de lo que nadie pensó”, escribió ayer martes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su cuenta de Twitter.

Entre los datos significativos que dejó el paso de Irma por las Antillas fue el hecho de que muchos europeos supieran que sus países (Francia, Holanda, Inglaterra, principalmente) tienen posesiones por ahí. Emmanuel Macron, presidente de Francia, llegó el martes a los territorios del Caribe francés azotados por el huracán y pudo comprobar los daños del meteoro.

“He visto la guerra y he visto desastres naturales, pero nunca nada como esto”, dijo por su parte el rey Guillermo de Holanda en su visita a San Martín. De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud, cerca de 17.000 personas en el Caribe necesitan refugio inmediato.

Además, “las islas que sufrieron los mayores daños necesitan urgentemente nuevo personal médico para reemplazar a los que trabajan 24 horas al día desde el paso de Irma”, dice el informe.

La ciudad de Miami –que ordenó la mayor evacuación de su historia: casi 700.000 personas— vuelve poco a poco a la normalidad, aunque 5.5 millones de hogares en el Estado de Florida, principalmente en la costa oeste de la entidad, Fort Myers, Naples y Tampa, siguen sin luz eléctrica y en la zona de los cayos unas 10.000 personas que no pudieron ser evacuadas a tiempo, se están quedando sin alimentos ni gasolina para trasladarse.

Miami salió de la tragedia total porque Irma giró en su tránsito de Cuba hacia el noroeste, de lo contrario, los 100.000 millones de dólares que costaría, según firmas de seguros y de evaluación de daños, la reconstrucción de las áreas afectadas por Irma en Estados Unidos, serían el doble.

Por lo demás, los principales aeropuertos de Florida han reanudado el tráfico aéreo ayer martes después de tener que cerrar operaciones desde el viernes de la semana pasada, cancelando 12,500 vuelos. Tanto así que los residentes de Miami evacuados por el huracán Irma podrán regresar a sus hogares hoy miércoles a las ocho de la mañana, hora local, según informó un medio local (WLRN Public Media) en su cuenta de Twitter.

Las rutas y los puentes serán reabiertos y funcionará el tranvía de Miami Beach. Así mismo, el aeropuerto internacional José Martí de La Habana volvió ayer martes a normalizar sus operaciones después de permanecer tres días cerrado.

Según informa El País, Cáritas en el Caribe ha puesto en marcha una campaña intensa de solidaridad y ayuda a los damnificados por Irma. “En el caso de Cuba, La Española (Haití y República Dominicana) y Puerto Rico, la respuesta por parte de Cáritas de esos países comenzó a ponerse en marcha a principios de la semana pasada cuando, ante la inminente llegada del huracán Irma, se activaron, en estrecha coordinación con las autoridades de cada país, los dispositivos de prevención de daños y evacuación de la población civil de las zonas más expuestas”, dice el rotativo español.

Y agrega: “Los responsables de la red Cáritas en la región han señalado que las pérdidas de vida y los daños personales han sido mucho menores de lo previsto debido al buen funcionamiento de los planes de prevención”.

Nadie podría echar las campanas a vuelo. Todavía faltan dos meses para que concluya esta temporada de huracanes 2017. José merodea el Atlántico. Y vendrán varios más que podrían agravar las dificultades que pasan pueblos muy necesitados como los de Haití o los de las provincias de Camagüey y Ciego de Ávila, en el norte de Cuba.

Lo mismo que poblaciones tan ricas como la que se asienta en el condado de Miami-Dade, en Florida. Necesaria reflexión al final de la vida de Irma: todos necesitamos de todos. Y no hay muros que puedan dividir a los ricos de los pobres en una huracán como este.


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