Maná y Vivencias Pascuales (36), 1.5.16

abril 30, 2016

Domingo VI de Pascua, Ciclo C

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El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo



Antífona de entrada: Is 48, 20

Con gritos de júbilo anunciadlo y proclamadlo; publicadlo hasta el confín de la tierra. Decid: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.


Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado, y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifieste en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 15, 1-2.22-29

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia. Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé.

Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo. Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras.

Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

SALMO 66,2-3.5.6.8

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.


SEGUNDA LECTURA: Apocalipsis 21, 10-14.21-23

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido.

Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas.

La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero. Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.

La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.


EVANGELIO: Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.

Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»


Antífona de comunión: Jn 14, 15-16

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos -dice el Señor-. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros. Aleluya.



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Dios nos reconcilia en Cristo,
y nos confía el ministerio de la reconciliación

San Cirilo de Alejandría
Comentario a la II carta a los Corintios 5,5 – 6,2

Los que poseen las arras del Espíritu y la esperanza de la resurrección, como si poseyeran ya aquello que esperan, pueden afirmar que desde ahora ya no conocen a nadie según la carne: todos, en efecto, somos espirituales y ajenos a la corrupción de la carne.

Porque, desde el momento en que ha amanecido para nosotros la luz del Unigénito, somos transformados en la misma Palabra que da vida a todas las cosas. Y, si bien es verdad que cuando reinaba el pecado estábamos sujetos por los lazos de la muerte, al introducirse en el mundo la justicia de Cristo quedamos libres de la corrupción.

Por tanto, ya nadie vive en la carne, es decir, ya nadie está sujeto a la debilidad de la carne, a la que ciertamente pertenece la corrupción, entre otras cosas; en este sentido, dice el Apóstol: si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. Es como quien dice: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y, para que nosotros tuviésemos vida, sufrió la muerte según la carne, y así es como conocimos a Cristo; sin embargo, ahora ya no es así como lo conocemos.

Pues, aunque retiene su cuerpo humano, ya que resucitó al tercer día y vive en el cielo junto al Padre, no obstante, su existencia es superior a la meramente carnal, puesto que murió de una vez para siempre y ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.

Si tal es la condición de aquel que se convirtió para nosotros en abanderado y precursor de la vida, es necesario que nosotros, siguiendo sus huellas, formemos parte de los que viven por encima de la carne, y no en la carne. Por eso, dice con toda razón san Pablo: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Hemos sido, en efecto, justificados por la fe en Cristo, y ha cesado el efecto de la maldición, puesto que él ha resucitado para liberarnos, conculcando el poder de la muerte; y, además, hemos conocido al que es por naturaleza propia Dios verdadero, a quien damos culto en espíritu y en verdad, por mediación del Hijo, quien derrama sobre el mundo las bendiciones divinas que proceden del Padre.

Por lo cual, dice acertadamente san Pablo: Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo, ya que el misterio de la encarnación y la renovación consiguiente a la misma se realizaron de acuerdo con el designio del Padre. No hay que olvidar que por Cristo tenemos acceso al Padre, ya que nadie va al Padre, como afirma el mismo Cristo, sino por él. Y, así, todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió y nos encargó el ministerio de la reconciliación.


Maná y Vivencias Pascuales (35), 30.4.16

abril 30, 2016

Sábado de la 5ª semana de Pascua

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Que las palabras que forman nuestra comunicación sean siempre palabras verdaderas

Que las palabras que forman nuestra comunicación sean siempre palabras verdaderas


Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Col 2, 12; 1era lectura: Hch 16, 1-10; Salmo: 99, 2-3.5; Aleluya: Col 3, 1; Evangelio: Jn 15, 18-21; Comunión: Jn 17, 20-21.

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ENTRADA: Col 2, 12

Por el bautismo fueron sepultados con Cristo y en él fueron luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Señor, Dios todopoderoso, que por las aguas del bautismo nos has engendrado a la vida eterna; ya que has querido hacernos capaces de la vida inmortal, no nos niegues ahora tu ayuda para conseguir los bienes eternos. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hch 16, 1-10

En aquellos días, Pablo se dirigió a Derbe, y después a Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía que había abrazado la fe, y de padre griego; los hermanos de Listra e Iconio hablaban muy bien de él.

Pablo quiso llevarlo consigo y de partida lo circuncidó, pensando en los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.

A su paso de ciudad en ciudad, iban entregando las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén y exhortaban a que las observaran. Estas Iglesias se iban fortaleciendo en la fe y reunían cada día más gente.

Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo no les dejó que fueran a predicar la Palabra en Asia. Estando cerca de Misia intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús. Atravesaron entonces Misia y bajaron a Troas.

Por la noche Pablo tuvo una visión. Ante él estaba de pie un macedonio que le suplicaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos» Al despertar nos contó la visión y comprendimos que el Señor nos llamaba para evangelizar Macedonia.

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SALMO 99, 2-3.5

Aclama al Señor, tierra entera, sirvan al Señor con alegría, lleguen a él con cánticos de gozo.

Sepan que el Señor es Dios. Que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.

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EVANGELIO: Jn 15, 18-21

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si el mundo los odia, sepan que antes me odió a mí. No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los elegí de en medio del mundo, y por eso el mundo los odia.

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más que su Señor. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes. ¿Acaso acogieron mi enseñanza? ¿Cómo, pues, acogerían la de ustedes? Les harán todo esto por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.

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COMUNIÓN: Jn 17, 20-21

Padre, por ellos ruego, para que todos sean uno en nosotros y así crea el mundo que tú me has enviado, dice el Señor.

Beato Isaac de Stella, Sermón 42

Primogénito de muchos hermanos

Del mismo modo que, en el hombre, cabeza y cuerpo forman un solo hombre, así el Hijo de la Virgen y sus miembros constituyen también un solo hombre y un solo Hijo del hombre. El Cristo íntegro y total, como se desprende de la Escritura, lo forman la cabeza y el cuerpo.

En efecto, todos los miembros juntos forman aquel único cuerpo que, unido a su cabeza, es el único Hijo del hombre quien, al ser también Hijo de Dios, es el único Hijo de Dios y forma con Dios el Dios único.

Por ello el cuerpo íntegro con su cabeza es Hijo del hombre, Hijo de Dios y Dios. Por eso se dice también: Padre, éste es mi deseo: que sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti.

Así, pues, de acuerdo con el significado de esta célebre afirmación de la Escritura, no hay cuerpo sin cabeza, ni cabeza sin cuerpo, ni Cristo total, cabeza y cuerpo, sin Dios.

Por tanto, todo ello con Dios forma un solo Dios. Pero el Hijo de Dios es Dios, por natu­raleza, y el Hijo del Hombre está unido a Dios personalmente; en cambio, los miembros del cuerpo de su Hijo están unidos con él solo místicamente.

Por esto los miembros fieles y espirituales de Cristo se pueden lla­mar de verdad lo que es él mismo, es decir, Hijo de Dios y Dios.

Pero lo que él es por naturaleza, éstos lo son por comunicación, y lo que él es en plenitud, éstos lo son por parti­cipación; finalmente, él es Hijo de Dios por generación y sus miembros lo son por adop­ción, como está escrito: Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gri­tar «¡Abba!» (Padre).

Y por este mismo Espíritu les da poder para ser hijos de Dios, para que instruidos por aquél, que es el primogénito entre mu­chos hermanos, puedan decir: Padre nues­tro que estás en los cielos. Y en otro lugar afirma: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.

Nosotros renacemos de la fuente bautismal como hijos de Dios y cuerpo suyo en virtud de aquel mismo Espíritu del que nació el Hijo del Hombre, como cabeza nuestra, del seno de la Virgen. Y así como él nació sin pecado, del mismo modo nosotros renacemos para remisión de todos los pecados.

Pues, así como cargó en su cuerpo de carne con todos los pecados del cuerpo entero, y con ellos subió a la cruz, así también, mediante la gracia de la regeneración, hizo que a su cuerpo espiritual no se le imputase pecado alguno, como está escrito: Dichoso el hom­bre a quien el Señor no le apunta el delito.

Este hombre, que es Cristo, es realmente di­choso, ya que, como Cristo-cabeza y Dios, per­dona el pecado, como Cristo-cabeza y hom­bre no necesita ni recibe perdón alguno y, como cabeza de muchos, logra que no se nos apunte el delito.

Justo en sí mismo, se justifica a sí mismo. Único Salvador y único salvado, sufrió en su cuerpo físico lo que limpia de su cuerpo místico por el agua.

Y continúa salvando de nuevo por el madero y el agua, como Cordero de Dios que quita, que carga sobre sí, el pecado del mundo; sacerdote, sacrificio y Dios, que, ofreciéndose a sí mismo, por sí mismo se reconcilió consigo mismo, con el Padre y con el Espíritu Santo.


Maná y Vivencias Pascuales (34), 29.4.16

abril 29, 2016

Viernes de la 5ª semana de Pascua

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Ascensión del Señor...

Ascensión del Señor…

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ap 5,12; 1era lectura: Hch 15, 22-31; Salmo: 56, 8-9.10.12; Aleluya: Jn 15-15b; Evangelio: Jn 15, 12-17; Comunión.


ENTRADA Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Aleluya.


TEMA CENTRAL: LA ALEGRÍA PASCUAL (5)

Uno de los elementos característicos de la espiritualidad pascual es la alegría, el gozo en el Señor. Por una parte, la alegría es el resultado de la celebración pascual y por otra, es origen y disposición para experimentar a Cristo presente en toda nuestra existencia. En realidad, sólo hay una alegría verdadera, la de Cristo.

Por eso, nuestra alegría pascual consiste en recibir la alegría misma de Cristo. Jesús siempre tuvo el corazón en fiesta, pero particularmente en la muerte y en la resurrección, aunque parezca extraño.

Al final de su vida Cristo ha experimentado una plenitud de realización personal y de perfecta obediencia, afectiva y efectiva, en su relación vital con el Padre en el Espíritu.

Es decir, plena felicidad, y satisfacción: Todo está cumplido, dijo en la cruz; ahora el Hijo glorificará al Padre y el Padre glorificará al Hijo con la gloria que tenía antes de la creación del mundo; por eso, todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; ahora el Hijo llevará a una multitud de hermanos a la gloria; con vosotros no tengo secretos porque sois mis amigos; el Padre os ama; me voy a prepararos un lugar para que estéis siempre conmigo y contempléis mi gloria, la que me da el Padre.

Son, pues, muchos los motivos que tiene el Señor para estar satisfecho, alegre y feliz para siempre. Ha dado gloria al Padre cumpliendo perfectamente su voluntad hasta el final, llevando una vida sumisa a la voluntad del Padre. Ha vivido confiado y abandonado en las manos del Padre.

Y ha sido amigo del hombre, solidario y fiel hasta dar la vida por la salvación de los hombres. Ha renunciado a salvarse solo él, a espaldas de sus hermanos, los hombres; no ha querido salvarse sin ellos.

Ahora, él quiere transmitirnos esa misma alegría, ese triunfo suyo, esa vida pletórica que nada estropear ni opacar, para que nuestras alegrías lleguen a plenitud, según los designios del Padre, fuente de todo bien, y gracias al Espíritu santificador y consolador.

Por eso, rezamos con la oración colecta de la misa de hoy:

Danos, Señor, una plena vivencia del misterio pascual, para que la alegría que experimentamos en estas fiestas sea siempre nuestra fuerza y nuestra salvación. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hch 15, 22-31

En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros, con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, Barsabá, y a Silas, miembros eminentes de la comunidad, y les entregaron esta carta:

«Los apóstoles, los presbíteros y los hermanos, saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo. Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, los han inquietado y perturbado con sus palabras.

Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviarlos a ustedes, junto con los queridos hermanos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo.

En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que les referirán de palabra lo que sigue:

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponerles más cargas que las indispensables: que no coman carne sacrificada a los ídolos, ni sangre, ni carne de animales sin desangrar, y que se abstengan de la fornicación. Observen estas normas dejándose guiar por el Espíritu Santo. Adiós».

Los despidieron y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, se alegraron mucho.

SALMO 56, 8-12

Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. Voy a cantar y a tocar: Despierta, gloria mía; despiértense cítara y arpa, despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor, tocaré para ti ante las naciones: Por tu bondad que es más grande que los cielos, por tu fidelidad que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llena la tierra tu gloria.

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Aclamación: Jn 15, 15b

A vosotros os llamo amigos, dice el Señor, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer. Aleluya.

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EVANGELIO: Jn 15, 12-17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si cumplen lo que les mando.

Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su Señor: a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.

Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca.

Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi nombre. Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando.

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HIMNO PASCUAL

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Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!

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En el día primero, tu resurrección alegraba el corazón del Padre.

En el día primero, vio que todas las cosas eran buenas porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra tu resurrección y se alegra con claridad de Pascua.

Se levanta la tierra como un joven discípulo en tu busca, sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana, tu sagrada luz se difunde como una gracia nueva.

Que nosotros vivamos como hijos de luz y no pequemos contra la claridad de tu presencia.

Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!

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SACERDOTES: Ser honestos para con Dios y los hermanos.

“Mal oficio es el de aquel que, en lugar de acercar el hombre a Cristo, lo aleja, porque se ha puesto él mismo como modelo y ‘roba a Cristo los ojos de los cristianos’. Que lo vean a él, no a ti. Por tu parte, nunca te has de hartar de mirar a Cristo. Si uno se mira a sí mismo, surge la desconfianza… Y de esta manera seremos agradables a los ojos de aquel Señor que ha puesto los suyos sobre nosotros… y ganaremos nuestras ánimas y las de muchos; y seremos dignos de este excelente nombre de sacerdotes de Dios” (San Juan de Ávila, patrono del clero español).


Maná y Vivencias Pascuales (33), 28.4.16

abril 28, 2016

Jueves de la 5ª semana de Pascua

 

Espíritu

El Espíritu Santo les mostrará la verdad plena

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ex 15, 1-2; 1era lectura: Hch 15, 7-21; Salmo: 95, 1-3.10; Aleluya: Jn 10, 27; Evangelio: Jn 15, 9-11; Comunión: 2 Cor 5, 15.

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ENTRADA: Ex 15, 1-2

Cantemos al Señor, sublime es su victoria. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos has hecho pasar de la muerte a la vida y de la tristeza al gozo; no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Hch 15, 7-21

En aquellos días, después de una acalorada discusión, Pedro se puso en pie y dijo a los apóstoles y a los ancianos: Hermanos, ustedes saben cómo Dios intervino en medio de ustedes ya en los primeros días, cuando quiso que los paganos escucharan de mi boca el anuncio del Evangelio y abrazaran la fe.

Y Dios, que conoce los corazones, se declaró a favor de ellos, al comunicarles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No ha hecho ninguna distinción entre nosotros y ellos, sino que purificó sus corazones por medio de la fe.

¿Quieren ustedes ahora mandar a Dios? ¿Por qué quieren poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que nuestros padres no fueron capaces de soportar, ni tampoco nosotros? Según nuestra fe, la gracia del Señor Jesús es la que nos salva, del mismo modo que a ellos.

Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Bernabé y a Pablo, que les contaron los signos y prodigios que habían hecho entre los paganos con la ayuda de Dios.

Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: Hermanos, escúchenme: Simón acaba de recordar cómo Dios, desde el primer momento, intervino para formarse con gentes paganas un pueblo para su nombre.

Los profetas hablan el mismo lenguaje, pues está escrito: Después de esto volveré y construiré de nuevo la choza caída de David. Reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar, para que el resto de los hombres busquen al Señor, todas las naciones sobre las cuales ha sido invocado mi nombre. Así lo dice el Señor, que hoy realiza lo que tenía preparado desde siempre.

Por esto pienso que no debemos complicar la vida a los paganos que se convierten a Dios. Digámosles en nuestra carta tan sólo que no se contaminen con la idolatría ni con la fornicación y que no coman sangre ni animales estrangulados.

Porque durante muchas generaciones, en la sinagoga de cada ciudad, han leído a Moisés todos los sábados, y lo han explicado.


SALMO 95, 1-10

Canten al Señor un cántico nuevo, cante al Señor toda la tierra. Canten al Señor, bendigan su nombre.

Proclamen día tras día su victoria. Cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Díganles a los pueblos: “El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente”.

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EVANGELIO: Jn 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así también los he amado yo: Permanezcan en mi amor.

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.


COMUNIÓN: 2 Cor 5, 15.- Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Aleluya.


Del tratado de Tertuliano, presbítero,
sobre la prescripción de los herejes

La predicación apostólica

Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.

Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoc­trinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Los apóstoles –palabra que significa «enviados»–, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doce (apoyad­os para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.

De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina.

Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.

Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras.

En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua frater­nidad y hospitalidad.

Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.

El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron l­os apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.

El Señor había dicho en cierta ocasión: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; pero añadió a continuación: Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.

Con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de la verdad les daría el conocimiento de la verdad plena.

Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos (Caps. 20, 1-9; 21, 3; 22, 8-10: CCL 1, 201-204).

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Las 19 frases más hipsters de Amoris Laetitia

abril 27, 2016

 

Boda

¿Boda en cultura hipster?

 

Las 19 frases más hipsters de Amoris Laetitia

Por Javier Gaxiola

 

Según Wikipedia, la cultura hipster se caracteriza por una sensibilidad variada, alejada de las corrientes culturales predominantes (mainstream) y afín a estilos de vida alternativos.

El Papa Francisco, una vez más, nos ha sorprendido presentando su más reciente documento postsinodal Amoris Laetitia. Primera característica hipster: el título es en una lengua muerta, que nadie habla. Pero no se detiene ahí. Los consejos que da y el lenguaje que usa es sumamente creativo y novedoso. Definitivamente diferente a lo que estábamos acostumbrados a leer en una exhortación postsinodal.

Otro ejemplo de lo hipster que es este documento: en el número 129 cita una frase de una película danesa, filmada en 1987, llamada “El festín de Babette”. Exacto: no la conoces, porque no es “mainstream”. No es Hollywood, y muy probablemente jamás habrías escuchado de ella si no la hubiera citado el Papa.

No estoy 100% seguro, pero creo que es la primera película citada en una exhortación postsinodal. Si quieres curiosear, la puedes ver en youtube:https://www.youtube.com/watch?v=tR5IBodwY-Y

El documento es largo. Iremos comentándolo poco a poco en el blog los siguientes días. Por ahora, me limito a compartirles las 19 frases más hipstersdel documento. Hipsters, por lo alejadas de las corrientes culturales predominantes.

Hipsters, porque presentan un estilo de vida alternativo, en temas como qué hacer cuando se apaga el amor en el matrimonio, o cómo equilibrar en la educación de los hijos disciplina y libertad, o cómo integrar el erotismo en mi relación de pareja o simplemente cómo abordar las crisis producidas por fallos y errores en el amor.

1) “Por eso el amor fecundo llega a ser el símbolo de las realidades íntimas de Dios” (AL 11).

2) El amor es la cura de la soledad: es “el encuentro con un rostro, con un «tú» que refleja el amor divino” (AL 12).

3) “El hijo que nacerá de los dos llevará en sí las dos «carnes», uniéndolas no sólo genéticamente sino también espiritualmente” (cfr. AL 13).

4) “Ver más al matrimonio como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida” (cfr. AL 37).

5) “Jesús al mismo tiempo que proponía un ideal exigente, nunca perdía la cercanía compasiva con los frágiles” (cfr. AL 38).

6) “Quien utiliza a los demás tarde o temprano termina siendo utilizado, manipulado y abandonado con la misma lógica” (AL 39).

7) “Tocar las fibras más íntimas de los jóvenes, allí donde son más capaces de generosidad, de compromiso, de amor e incluso de heroísmo, para invitarles a aceptar con entusiasmo y valentía el desafío del matrimonio” (AL 40).

8) “Una mirada amable permite que no nos detengamos tanto en sus límites, y así podamos tolerarlo y unirnos en un proyecto común, aunque seamos diferentes” (AL 100).

9) “Hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás” (AL 107).

10) “El amor convive con la imperfección, la disculpa, y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado” (AL 113).

11) “…una familia donde reina una básica y cariñosa confianza, y donde siempre se vuelve a confiar a pesar de todo, permite que brote la verdadera identidad de sus miembros, y hace que espontáneamente se rechacen el engaño, la falsedad o la mentira” (AL 115).

12) “Tres palabras: permiso, gracias y perdón” (AL 133).

13) “La madurez llega a una familia cuando la vida emotiva de sus miembros se transforma en una sensibilidad que no domina ni oscurece las grandes opciones y los valores sino que sigue a su libertad, brota de ella, la enriquece, la embellece y la hace más armoniosa para bien de todos” (AL 146).

14) “El más sano erotismo, si bien está unido a una búsqueda de placer, supone la admiración, y por eso puede humanizar los impulsos” (AL 151).

15) “Cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón” (AL 232).

16) “Quizás el cónyuge ya no está apasionado por un deseo sexual intenso que le mueva hacia la otra persona, pero siente el placer de pertenecerle y que le pertenezca, de saber que no está solo, de tener un «cómplice», que conoce todo de su vida y de su historia y que comparte todo” (AL 163).

17) “Alguien se enamora de una persona entera con una identidad propia, no sólo de un cuerpo, aunque ese cuerpo, más allá del desgaste del tiempo, nunca deje de expresar de algún modo esa identidad personal que ha cautivado el corazón” (AL 164).

18) “El vínculo encuentra nuevas modalidades y exige la decisión de volver a amasarlo una y otra vez. Pero no sólo para conservarlo, sino para desarrollarlo” (AL 164).

19) “Hoy, la pastoral familiar debe ser fundamentalmente misionera, en salida, en cercanía, en lugar de reducirse a ser una fábrica de cursos a los que pocos asisten” (AL 230).

*Se puede leer el documento completo en el siguiente enlace: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

Nota: ¿Por qué 19 y no 20? Porque son las frases más “hipsters”. Elegir 20 hubiera sido demasiado “mainstream”.

 

http://lcblog.catholic.net/las-19-frases-mas-hipsters-de-amoris-laetitia/#.VxBtefnhDIU


Maná y Vivencias Pascuales (32), 27.4.16

abril 27, 2016

Miércoles de la 5ª semana de Pascua

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La vid y sus frutos: Cepa, sarmientos y racimos de uva.

La vid y sus frutos: Cepa, sarmientos y racimos de uva.

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ENTRADA: Sal 70, 8-23

Llena estaba mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día. Te aclamarán mis labios, Señor. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

¡Oh Dios!, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido; atrae hacia ti el corazón de tus fieles, para que siempre vivan a la luz de tu verdad los que han sido librados de las tinieblas del error. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hech. 15, 1-6

En aquellos días, unos que bajaron de Judea aleccionaban a los hermanos con estas palabras: Ustedes no pueden salvarse, a no ser que se circunciden como lo manda Moisés. Esto ocasionó bastante perturbación, así como discusiones muy violentas de Pablo y Bernabé con ellos. Al fin se decidió que Pablo y Bernabé junto con algunos de ellos subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles y los presbíteros.

La Iglesia los encaminó, y atravesaron Fenicia y Samaría. Al pasar contaban con todo lujo de detalles la conversión de los paganos, lo que produjo gran alegría en todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia, por los apóstoles y los presbíteros, y les expusieron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos.

Pero se levantaron algunos del grupo de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron: Es necesario circuncidar a los no judíos y pedirles que observen la ley de Moisés. Entonces los apóstoles y los presbíteros se reunieron para tratar este asunto.


SALMO 121, 1-5

¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.

Allá suben las tribus, las tribus del Señor según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. En ella están los tribunales de justicia en el palacio de David.

Aclamación: Jn 15, 4.5b.- Permaneced en mí, y yo en vosotros – dice el Señor-, el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

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EVANGELIO: Jn 15, 1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca; y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios gracias a la palabra que les he anunciado; permanezcan en mí como yo en ustedes. Como el sarmiento no puede producir fruto por sí mismo si no permanece en la vid; tampoco ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí.

Yo soy la vid y ustedes los sarmientos: el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí, no pueden hacer nada. Al que no permanece en mí, lo arrojan fuera como el sarmiento, y se seca: luego los recogen y los echan al fuego y se queman.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán. Con esto recibe gloria mi Padre, con que den fruto abundante; así serán discípulos míos.

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Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos

El Señor, para convencernos de que es necesario que nos adhiramos a él por el amor, ponderó cuán grandes bienes se derivan de nuestra unión con él, comparándose a sí mismo con la vid y afirmando que los que están unidos a él e injertados en su persona, vienen a ser como sus sarmientos y, al participar del Espíritu Santo, comparten su misma naturaleza (pues el Espíritu de Cristo nos une con él).

La adhesión de quienes se vinculan a la vid consiste en una adhesión de voluntad y de deseo; en cambio, la unión de la vid con nosotros es una unión de amor y de inhabitación. Nosotros, en efecto, partimos de un buen deseo y nos adherimos a Cristo por la fe; así llegamos a participar de su propia naturaleza y alcanzamos la dignidad de hijos adoptivos, pues, como afirma san Pablo, el que se une al Señor es un espíritu con él.

De la misma forma que en un lugar de la Escritura se dice de Cristo que es cimiento y fundamento (pues nosotros, se afirma, estamos edificados sobre él y, como piedras vivas y espirituales, entramos en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, cosa que no sería posible si Cristo no fuera fundamento), así, de manera semejante, Cristo se llama a sí mismo vid, como si fuera la madre y nodriza de los sarmientos que proceden de él.

En él y por él hemos sido regenerados en el Espíritu para producir fruto de vida, no de aquella vida caduca y antigua, sino de una vida nueva que se funda en su amor. Y esta vida la conservaremos si perseveramos unidos a él y como injertados en su persona; si seguimos fielmente los mandamientos que nos dio y procuramos conservar los grandes bienes que nos confió, esforzándonos por no contristar, ni en lo más mínimo, al Espíritu que habita en nosotros, pues, por medio de él, Dios mismo tiene su morada en nuestro interior.

De qué modo nosotros estamos en Cristo y Cristo en nosotros nos lo pone en claro el evangelista Juan al decir: En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.

Pues, así como la raíz hace llegar su misma manera de ser a los sarmientos, del mismo modo el Verbo unigénito de Dios Padre comunica a los santos una especie de parentesco consigo mismo y con el Padre, al darles parte en su propia naturaleza, y otorga su Espíritu a los que están unidos con él por la fe: así les comunica una santidad inmensa, los nutre en la piedad y los lleva al conocimiento de la verdad y a la práctica de la virtud (Libro 10, cap. 2: PG 74, 331-334).

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SALUDO PASCUAL A LA VIRGEN MARÍA (4)

La Iglesia tiene dos formas de saludar a la Virgen María durante el año litúrgico: el propio del tiempo pascual, el “Regina Coeli”, y el “Ángelus” para el resto del año. En su momento hicimos un comentario al Ángelus. Ahora vamos a comentar muy brevemente el saludo pascual: ¡Reina del cielo, alégrate! ¡Aleluya!

La Virgen María estuvo particularmente cercana a Jesús en los misterios de su muerte y resurrección, en el nacimiento de la Iglesia y en venida del Espíritu Santo. Cumplida su misión terrena fue llevada al Cielo y coronada de gloria junto a su Hijo, esperando que Cristo recapitule todas las cosas y las entregue al Padre.

María es la perfecta discípula del Señor que colaboró como nadie, y de manera totalmente excepcional, en la obra de la redención: comenzando por el misterio de la Encarnación y culminando su misión participando en la muerte y resurrección de su Hijo.

Recordemos que ella permaneció firme, fiel e íntegra ante el misterio de la muerte y sepultura de su hijo Jesús. Ella, la “mujer”, la nueva Eva, recibe el testamento del Crucificado: “Ahí tienes a tu hijo”.

Ella sabe en fe que Jesús no puede morir. Por eso, la Iglesia siempre ha creído que la Virgen María fue la primera que creyó en la resurrección, la primera que “vio” a Jesús como Resucitado y constituido Señor y Salvador. No le hacían falta apariciones. Ningún evangelista narra esas posibles apariciones.

De ahí que la Virgen María es la que mejor puede iniciarnos en la fe pascual, en la experiencia de la salvación plena en Cristo el Señor. Ella es la Madre del Resucitado. De hecho María, rodeada de otras mujeres testigos de la resurrección, acompañó a los discípulos en el proceso pascual del alumbramiento del nuevo Israel, la Iglesia, hasta recibir la plenitud del Espíritu en Pentecostés, como la verdadera y única madre de los creyentes. Ella es la llena del Espíritu Santo.

Nadie mejor que ella nos puede acompañar en este tiempo pascual hasta que experimentemos la plena salvación en Cristo. Por eso, la Iglesia la saluda con especial devoción, alegría y esperanza durante el tiempo pascual.

REINA DEL CIELO, ALÉGRATE, ALELUYA

Alégrate, María, porque Dios está definitivamente prendado de tu belleza y santidad: Amándote con predilección, va forjando tu personalidad única. Eres su obra maravillosa, la llena de gracia.

Dios Padre bendice y corona a María porque todas las expectativas que proyectaba sobre ella han sido plenamente cumplidas. No le ha defraudado en lo más mínimo. Alégrate, María, aleluya. Y alaba a tu Dios porque ha hecho obras grandes en ti.

PORQUE EL SEÑOR, A QUIEN HAS MERECIDO LLEVAR, ALELUYA

Vive el Señor, a quien has merecido llevar: primero por la fe en tu mente, y después en tu seno, Virgen María. Aleluya.

María ha vivido la intimidad más delicada y tierna con el Hijo de Dios concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.

Una experiencia inimaginable, que ni ojo puede ver, ni oído oír, ni puede venir a mente humana algo parecido.

El Hijo unigénito de Dios ha concedido a María -llena de gracia- la facilidad y el gozo de cumplir la voluntad del Padre creador, de una manera espontánea, querida de corazón, alegre y plena; por ello gratificante, pues colabora con el plan de Dios como si se tratara de algo soñado por ella misma.

Ninguna posibilidad de gracia venida del Padre ha sido despreciada o frustrada en María, gracias a la comunión que se le ha concedido experimentar con el que habita en el seno del Padre “comiendo” su voluntad, con el que es el Rostro de Dios, la Imagen del Padre.

En definitiva, con el que es su propio hijo. Un hijo al que la Virgen María da vida y conforma en su seno, pero a la vez, él conforma a su madre, la modela y perfecciona en una vida totalmente sumisa a la voluntad del Padre.

Por eso, ahora en el cielo, el Hijo de María corona a su Madre como Reina y Señora del universo, de cuanto fue creado y recreado en Cristo.

HA RESUCITADO, SEGÚN SU PALABRA, ALELUYA

La Virgen María ha sido habitada por el Poder de Dios. El Espíritu de Dios ha venido sobre toda su persona, sobre todo su ser hasta hacer su morada en ella.

El Espíritu ha estado guiando sus pensamientos y acciones durante toda su existencia. Gracias al Espíritu María ha colaborado en la obra de la salvación como nadie.

Verdaderamente Dios, por su Espíritu, ha estado grande con ella: ha concebido al Hijo de Dios, y lo ha acompañado en toda la gesta de la salvación, pasando por su muerte y resurrección.

Ella, llena del Espíritu, ha mantenido la fe de los discípulos hasta el día de Pentecostés. Ella es Madre de la Iglesia. Y su misión continúa en el cielo intercediendo por los hijos de la Iglesia.

Así su maternidad llega a plenitud, según los designios de Dios; de un Dios que es comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu. María entra de lleno en la vida íntima de la Trinidad.

Por eso, en verdad, la Virgen María es honrada como Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, y Esposa del Espíritu Santo. ¡Dichosa tú que has creído!

RUEGA AL SEÑOR POR NOSOTROS, ALELUYA

– GOZA Y ALÉGRATE, VIRGEN MARÍA, ALELUYA

– PORQUE VERDADERAMENTE HA RESUCITADO EL SEÑOR, ALELUYA


OREMOS

Oh Dios, que mediante la resurrección de tu Hijo Jesucristo, te has dignado alegrar al mundo; concédenos, por la intercesión de la Virgen María, alcanzar los gozos de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.




Papa Francisco: El clericalismo apaga el fuego profético de la Iglesia, en Latinoamérica

abril 26, 2016

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Religiosidad popular

Religiosidad o piedad popular en Amèrica Latina

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Carta a la Pontificia Comisión para América Latina: Se decía «es la hora de los laicos», pero parece que se paró el reloj.

«No es el pastor el que debe decir al laico lo que tiene que hacer o decir»

Por Iacopo Scaramuzzi

Ciudad del Vaticano

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El clericalismo es «una de las deformaciones más fuertes» que debe afrontar la Iglesia en América Latina.

Lo escribió el Papa Francisco en una carta dirigida al cardenal Marc Ouellet, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina y el Caribe, en la que subrayó que el clericalismo «poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos».

Según el Pontífice argentino «hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe», cuando por el contrario «no es el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles».

«Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar», escribió el Papa en la carta enviada al cardenal Ouellet después de que el pasado 4 de marzo el mismo Pontífice hubiera recibido a los que participaron en la asamblea plenaria de este organismo, dedicada al tema del «indispensable empeño de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos».

Esto «nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades.

Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: “es la hora de los laicos” pero pareciera que el reloj se ha parado. Por lo demás, «a nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar».

Citando el documento «Lumen Gentium» del Concilio Vaticano II el Papa prosigue: «No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar -y a la que les pido una especial atención- el clericalismo.

Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente.

El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarias para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político.

El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos».

El Papa pone como ejemplo positivo de «uno de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo» en América Latina: la «pastoral popular», además, como indicó Pablo VI en la «Evangelio nuntiandi», de la religiosidad popular: «confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su “olfato”, confiemos que el Espíritu Santo actúa en y con ellos, y que este Espíritu no es solo “propiedad” de la jerarquía eclesial».

Como consecuencia, en relación con los laicos que trabajan en la vida pública, sobre todo en un contexto de «cultura del descarte» presente en tantas ciudades, los pastores deben «poder alentar, acompañar y estimular todos los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más abandonados.

Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, soñando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos.

Necesitamos reconocer la ciudad –y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente– desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas…

Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero».

Muchas veces, prosigue Francisco, «sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe.

Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente, tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe.

¡Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás! Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas, especialmente para los habitantes urbanos.

Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual.

Y esto, discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como diría San Ignacio, “según los lugares, tiempos y personas”. Es decir, no uniformizando. No se pueden dar directivas generales para una organización del pueblo de Dios al interno de su vida pública.

La inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentando a la gente a vivir su fe en donde está y con quien está. La inculturación es aprender a descubrir cómo una determinada porción del pueblo de hoy, en el aquí y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe».

Para Francisco, no es correcto «pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual.

La necesaria inculturación de la fe «es un trabajo de artesanos y no una fábrica de producción en serie de procesos que se dedicarían a ‘fabricar mundos o espacios cristianos’».

En particular, según el Papa, es necesario cuidar «dos memorias» en «nuestro pueblo»: la de Jesucristo y la de nuestros antepasados para evitar que un laico se desarraigue de la fe y del «Santo Pueblo fiel de Dios»: «Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos.

Nuestro rol, nuestra alegría, la alegría del pastor está precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres, los verdaderos protagonistas de la historia.

No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos».

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http://www.lastampa.it/2016/04/26/vaticaninsider/es/vaticano/francisco-el-clericalismo-apaga-el-fuego-proftico-de-la-iglesia-BtkwF0bdcu01gX1aJqc63K/pagina.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook