Maná y Vivencias Cuaresmales (42), 7.4.20

abril 7, 2020

Martes Santo

.

Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. El Hijo del hombre tiene que irse. Pero al que lo entrega más le valdría no haber nacido.

.

Apreciado amigo, estimada amiga, hoy te ofrezco una corta oración para empezar la jornada. Feliz día.

Oración para consagrar el día:

Buenos días, Dios y Padre nuestro. Gracias por este nuevo día, gracias por la vida y por la fe. Porque tú eres Dios, digno de toda bendición. Me pongo en tus manos. Sólo soy un proyecto de tu amor y benevolencia. ¿Cómo responderte, Dios mío? Permíteme invocar a tu Hijo para que él responda por mí, ante ti.

Señor Jesús, ten compasión de mí. Acompáñame en este día. Dame el Santo Espíritu para que toda esta jornada sea una bendición para mí y para cuantos me encuentre en este día.

De manera especial te pido, Espíritu divino, que me ayudes a sintonizar con los sentimientos de Cristo en estos días santos de su pasión. Que su muerte y resurrección los viva este año como nunca antes. Amén.

.

Antífona de entrada: Salmo 26, 12

No me entregues al odio de mis adversarios, porque se levantan contra mí testigos falsos que respiran violencia.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor, que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 1-6

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.»

Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.

Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–:

«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

SALMO 70, 1-2.3-4a.5-6ab.15.17

Mi boca contará tu salvación, Señor.

A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío, líbrame de la mano perversa.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías.

Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.

Aclamación antes del Evangelio:

Salve, Rey nuestro, obediente al Padre; fuiste llevado a la crucifixión, como un manso cordero a la matanza.

EVANGELIO: Juan 13, 21-33.36-38

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»

Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.»
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás.

Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: “Donde yo voy, vosotros no podéis ir.”»

Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»

Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.»
Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Antífona de comunión: Romanos 8, 32

Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros.

.

VIVENCIAS CUARESMALES

.

42. MARTES SANTO
.

Mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Abba, Padre, no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.


TEMA.- Una certeza definitiva: en medio de las vicisitudes el Padre lleva adelante su salvación.

Lo más nuclear de nuestro pecado nos resulta muy difícil percibirlo, por eso no solemos pedir perdón. Pues bien, la Oración Colecta de hoy se expresa así: Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor, que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo.

Es decir, el perdón de nuestro pecado por haber rechazado al enviado de Dios y haberle dado muerte cruel, no sólo en el pasado, sino cada día, con nuestros pecados personales y sociales. Cristo fue entregado por un discípulo, que Jesús mismo eligió; fue traicionado por su propio amigo, quien lo entregó con un beso.

Con san Pedro nosotros le porfiamos a Jesús que nunca cometeremos tal desfachatez, pero Jesús nos advierte y nos pregunta para aquilatar nuestra decisión y nuestra querencia: ¿Tú, dar la vida por mí?

Escuchemos el relato evangélico. Cuando salió Judas, Jesús se sintió un tanto liberado. Cada hecho, cada acontecimiento, por más inusitado y perverso que parezca es un paso hacia el pleno cumplimiento del plan de Dios. Déjalo, aún no ha llegado mi hora. El Padre sigue actuando.

Son admirables las palabras de Cristo conmovido, emocionado, confirmado en su fe, decidido a seguir adelante hasta el fin, creciendo de fe en fe, sacando fuerzas de su debilidad: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él; pronto lo glorificará”.

Permítele, estimado hermano/a al Padre glorificar a su Hijo en ti. Trata de aceptar agradecido su perdón y dile que, con temor y temblor, quieres cumplir su voluntad. Pide la valentía, la fortaleza, el poder de la alabanza.

Reza con la mayor sinceridad y agradecimiento la oración sobre las ofrendas:

Mira, Señor, con bondad las ofrendas de esta familia tuya a la que invitas a tomar parte en tus sacramentos; concédele alcanzar la plenitud de lo que ellos significan y contienen. Por Jesucristo nuestro Señor.

Confírmate en la vivencia del sacramento siempre igual y siempre nuevo. Puede servirte la oración de la poscomunión:

Señor, tú que nos has alimentado con el cuerpo y la sangre de tu Hijo, concédenos que este mismo sacramento que sostiene nuestra vida temporal, nos lleve a participar de la vida eterna. Por Jesucristo.

Escuchemos: La primera lectura nos abre a los planes de Dios en medio de las borrascas de la existencia terrena; todo está bien, todo funciona bien, nada está perdido.

Existe un Dios que lo ve todo, lo trasciende todo. En él todo es luz y vida, aunque estemos rodeados de problemas, aunque nos sintamos en un túnel; pero pasando por él.

Dale, hermano, hermana, un voto de confianza a la esperanza, a Jesús que cargó con tus pecados. En sus heridas hemos sido sanados. Su debilidad nos conforta y nos salva. El justo sigue viviendo de la fe, avanza de fe en fe, como Jesús. Por la Cruz a la Victoria. Dios no se muda. Ánimo.
.
.

De los sermones de san Agustín, obispo

Gloriémonos también nosotros en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

La pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es una prenda de gloria y una enseñanza de paciencia. Pues ¿qué dejará de esperar de la gracia de Dios el corazón de los fieles, si por ellos el Hijo único de Dios, coeterno con el Padre, no se contentó con nacer como un hombre entre los hombres, sino que quiso incluso morir por manos de los hombres, que él mismo había creado?

Grande es lo que el Señor nos promete para el futuro, pero es mucho mayor aún aquello que celebramos recordando lo que ya ha hecho por nosotros. ¿Dónde estaban o quiénes eran los impíos cuando por ellos murió Cristo? ¿Quién dudará que a los santos pueda dejar el Señor de darles su vida, si él mismo les entregó su muerte? ¿Por qué vacila todavía la fragilidad humana en creer que un día será realidad el que los hombres vivan con Dios?

Lo que ya se ha realizado es mucho más increíble: Dios ha muerto por los hombres.

Porque ¿quién es Cristo, sino aquel de quien dice la Escritura: En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios? Esta Palabra de Dios se hizo carne y acampó entre en nosotros. Porque no habría poseído lo que era necesario para morir por nosotros, si no hubiera tomado de nosotros una carne mortal.

Así el inmortal pudo morir, así pudo dar su vida a los mortales; y hará que más tarde tengan parte en su vida aquellos de cuya condición él primero se había hecho partícipe. Pues nosotros, por nuestra naturaleza no teníamos posibilidad de vivir, ni él, por la suya, posibilidad de morir.

Él hizo, pues, con nosotros este admirable intercambio: tomó de nuestra naturaleza la condición mortal, y nos dio de la suya la posibilidad de vivir.

Por tanto, no sólo no debemos avergonzarnos de la muerte de nuestro Dios y Señor, sino que hemos de confiar en ella con todas nuestras fuerzas y gloriarnos en ella por encima de todo: pues al tomar de nosotros la muerte, que en nosotros encontró, nos prometió, con toda su fidelidad, que nos daría en sí mismo la vida que nosotros no podemos llegar a poseer por nosotros mismos.

Y si aquel que no tiene pecado nos amó hasta tal punto que por nosotros, pecadores, sufrió lo que habían merecido nuestros pecados, ¿cómo, después de habernos justificado, dejará de darnos lo que es justo?

Él, que promete con verdad, ¿cómo no va a darnos los premios de los santos, si soportó, sin cometer iniquidad, el castigo que los inicuos le infligieron?

Confesemos, por tanto, intrépidamente, hermanos, y declaremos bien a las claras que Cristo fue crucificado por nosotros: y hagámoslo no con miedo, sino con júbilo, no con vergüenza, sino con orgullo.

El Apóstol Pablo, que cayó en la cuenta de este misterio lo proclamó como un título de gloria. Y, siendo así que podía recordar muchos aspectos grandiosos y divinos de Cristo, no dijo que se gloriaba de estas maravillas -que hubiese creado el mundo, cuando, como Dios que era, se hallaba junto al Padre, y que hubiese imperado sobre el mundo, cuando era hombre como nosotros-, sino que dijo:

Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo (Sermón Güelferbitano 3: PLS 2, 545-546).


Maná y Vivencias Cuaresmales (41), 6.4.20

abril 6, 2020

Lunes Santo

.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera.


Antífona de entrada: Salmo 34, 1-2

Defiéndeme, Señor, contra los que me atacan, protégeme contra los que me hacen guerra; levántate y ven en mi auxilio, Señor Dios, mi fuerte Salvador.

Oración colecta

Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza, y levanta nuestra débil esperanza con la fuerza de la pasión de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 42, 1-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.»

Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella:

«Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he agarrado de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

SALMO 26, 1.2.3.13-14

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio:

¡Salve, Rey nuestro! Sólo tú te has compadecido de nuestros errores.

EVANGELIO: Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.

Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Antífona de comunión: Salmo 101, 3

No me ocultes tu rostro, Señor, el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame en seguida.

.

VIVENCIAS CUARESMALES

.

41. LUNES SANTO

Y la casa se llenó de la fragancia del perfume
Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

.

AMBIENTACIÓN.- Oración colecta: Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra débil esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lectura de Isaías 42, 1-7 Primer Cántico del Siervo de Yahvé: “Esto dice el Señor: He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, el preferido de mi corazón. He puesto mi Espíritu sobre él. Él les enseñará el derecho a las naciones.

No clamará, no gritará, ni alzará en las calles su voz. No romperá la caña quebrada ni aplastará la mecha que está por apagarse. Enseñará a las naciones mis juicios sin dejarse quebrar ni aplastar, hasta que reine el derecho en la tierra. Los países lejanos esperan sus ordenanzas. Así habla Yahvé, el que creó los cielos y los estiró, que le puso firmes cimientos a la tierra y produjo todas sus plantas, que dio aliento a sus habitantes y respiración a los seres que se mueven en ella.

Yo, Yahvé, te he llamado para cumplir mi justicia, te he formado y tomado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para todas las naciones. Para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, y del calabozo a los que estaban en la oscuridad”.

En el evangelio, Juan 12, 1-11, aparecen distintos personajes: ¿tú, dónde te sitúas? Identifícate especialmente con María quien tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Considera la parte humana de Jesús: Se refugia en casa de sus amigos que podemos llamar “íntimos”: Lázaro, Marta y María. Aloja en tu corazón a Jesús. Espiritualmente, déjate inundar de la ternura de su Espíritu, acógelo después en los hermanos que hoy sufren algo parecido a lo que soportó Jesús en estos días: Inseguridad, asedio, desprecio, amenaza, secuestro, pánico, terror, decepción y desengaños.

El Salmo 26 expresa muy bien los sentimientos de Jesús en estos últimos días de su vida. Acompáñalo. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados, para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

HIMNO

Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño; tú, que hiciste cayado de ese leño, en que tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguir empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres. Espera, pues, y escucha mis cuidados. Pero ¿cómo te digo que me esperes, si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.

.

De la primera Apología de San Justino, mártir,
en defensa de los cristianos.

El bautismo del nuevo nacimiento

Vamos a exponer de qué manera, renovados por Cristo nos hemos consagrado a Dios. A quienes aceptan y creen que son verdad las cosas que enseñamos y exponemos y prometen vivir de acuerdo con estas enseñanzas, les instruimos para que oren a Dios con ayunos, y pidan perdón de sus pecados pasados, mientras nosotros, por nuestra parte, oramos y ayunamos también juntamente con ellos.

Luego los conducimos a un lugar donde hay agua, para que sean regenerados del mismo modo que fuimos regenerados nosotros. Entonces reciben el baño del bautismo en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo. Pues Cristo dijo: El que no nazca de nuevo, no podrá entrar en el reino de los cielos. Ahora bien, es evidente para todos que no es posible, una vez nacidos, volver a entrar en el seno de nuestras madres.

También el profeta Isaías nos dice de qué modo pueden librarse de sus pecados quienes pecaron y quieren convertirse: Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda.

Entonces venid y litigaremos, dice el Señor. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.

Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra primera generación, fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte, y por una ley natural y necesaria, por la acción del germen paterno en la unión de nuestros padres y sufrimos la influencia de costumbres malas y de una instrucción desviada.

Mas, para que tengamos también un nacimiento, no ya fruto de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra libre y consciente elección, y lleguemos a obtener el perdón de nuestros pecados pasados, se pronuncia, sobre quienes desean ser regenerados y se convierten de sus pecados, mientras están en el agua, el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, único nombre que invoca el ministro cuando introduce en el agua al que va a ser bautizado.

Nadie, en efecto, es capaz de poner nombre al Dios inefable, y si alguien se atreve a decir que hay un nombre que expresa lo que es Dios es que está rematadamente loco. A este baño lo llamamos “iluminación” para dar a entender que los que son iniciados en esta doctrina quedan iluminados. También se invoca sobre el que ha de ser iluminado el nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y el nombre del Espíritu Santo que, por medio de los profetas, anunció de antemano todo lo que se refiere a Jesús (Cap. 61: PG 6, 419-422).

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (36), 1.4.20

abril 1, 2020

Miércoles de la 5ª semana de Cuaresma

.

Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos

.

Antífona de entrada: Salmo 17, 48-49

Tú, Señor, me liberas de mis enemigos, me haces triunfar de mis agresores y me libras del hombre violento.

Oración colecta

Ilumina, Señor, el corazón de tus fieles purificado por las penitencias de Cuaresma, y tú, que nos infundes el piadoso deseo de servirte, escucha paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Daniel 3, 14-20.91-92.95

En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: «¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido?

Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la citara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?»

Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: «Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.»

Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.

El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: «¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?»

Le respondieron: «Así es, majestad.»

Preguntó: «¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino.»

Nabucodonosor entonces dijo: «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo.»

SALMO: Daniel 3, 52.53.54.55.56

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.

Bendito eres sobre el trono de tu reino.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos.

Bendito eres en la bóveda del cielo.

Aclamación antes del Evangelio: Lucas 8, 15

Felices los que retienen la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia.

EVANGELIO: Juan 8, 31-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»

Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”.»

Jesús les contestó: «Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre.»

Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán.»

Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre.»

Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios.»

Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.»

Antífona de comunión: Colosenses 1, 13-14

Nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados.

.

VIVENCIAS CUARESMALES

.

Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos

.

36. MIÉRCOLES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA
.

TEMA.- Cristo nos da la libertad que nada ni nadie nos podrá arrebatar.

La experiencia remarcada en esta misa es la libertad interior del creyente en todo momento. Aunque esté rodeado de llamas ardientes, aunque le cerquen los enemigos confabulados, él permanece confiado en el Señor.

El Salmista nos invita a bendecir siempre a Dios. Aun en medio de las austeridades cuaresmales, debemos alabar a Dios en todo y por todo, pues él todo lo dispone para nuestro bien. Es nuestra certeza, y la alabanza a Dios constituye ya nuestra fortaleza.

Leer el texto de los tres jóvenes arrojados al horno de fuego: Daniel 3, 14-20-91-92. Nabucodonosor exclamó: Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, etc. Las alabanzas de los creyentes, Daniel 3, 52-54-55-56, no sólo los edifican a ellos y los fortalecen estando en medio de las llamas, sino que provocan la conversión del pecador y la confesión de la gloria de Dios.

En el evangelio, Cristo nos invita a guardar su Palabra para que nos pueda conducir a la libertad interior que nada ni nadie nos podrá arrebatar. Esa libertad en Cristo, constituye una tarea permanente para todos nosotros. Escuchemos el relato evangélico: “Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

Por eso la oración después de la comunión pide que el Sacramento que acabamos de recibir sea medicina para nuestra debilidad, sane las enfermedades de nuestro espíritu y nos asegure su constante protección.

De los sermones de san Agustín, obispo

Cantemos al Señor el cántico del amor

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se nos ha exhortado a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. Cantar es expresión de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de amor. De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico nuevo.

De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida nueva. El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo, porque pertenece al Testamento nuevo.

Todo hombre ama; nadie hay que no ame; pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a que elijamos lo que hemos de amar. ¿Pero, cómo vamos a elegir si no somos primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero? Oíd al apóstol Juan: Nosotros amamos a Dios, porque Él nos amó primero.

Trata de averiguar de dónde le viene al hombre poder amar a Dios, y no encuentras otra razón sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle.

Escuchad al apóstol Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de Dios, dice, ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues ¿de quién? Del Espíritu Santo que se nos ha dado.

Por tanto, teniendo una gran confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado. Oíd a Juan que dice más claramente aún: Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. No basta con decir: El amor es de Dios. ¿Quién de vosotros sería capaz de decir: Dios es amor? Y lo dijo quien sabía lo que se traía entre manos.

Dios se nos ofrece como objeto total y nos dice: “Amadme, y me poseeréis, porque no os será posible amarme si antes no me poseéis”. ¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los regenerados y nacidos en Cristo!

Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico nuevo. “Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí cantáis. Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta.

Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Preguntáis qué es lo que vais a cantar de aquel a quién amáis? Porque sin duda queréis cantar en honor de aquel a quien amáis; preguntáis qué alabanzas vais a cantar de él.

Ya lo habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Preguntáis qué alabanzas debéis cantar? Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. La alabanza del canto reside en el mismo cantor.

¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente (Sermón 34, 1-3, 5-6: CCL 41, 424-426).


Maná y Vivencias Cuaresmales (29), 25.3.20

marzo 25, 2020

Miércoles de la 4ª semana de Cuaresma

NOTA: En este año 2020 este miércoles es 25 y se celebra la Solemnidad de la Anunciación, cuyos textos litúrgicos ya están publicados. Pero en atención a las personas que siguen día a día la espiritualidad cuaresmal, publicamos además esta entrada del tiempo cuaresmal. 

.

amapolas
Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente


Antífona de entrada: Salmo 68, 14

Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme, Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de sus méritos y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas, tu paz y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 8-15

Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, a los que están en tinieblas: “Venid a la luz.”

Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin.

Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.”

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»

SALMO 144, 8-9.13cd-14.17-18

El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

El Señor es Justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 11, 25-26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.

EVANGELIO: Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»

Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino que también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.

Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.

Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Antífona de comunión: Juan 3, 17

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

.

VIVENCIAS CUARESMALES

Mi Padre sigue actuando y yo también actúo

.
.
29. MIÉRCOLES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

.
Por si había alguna duda, el Señor viene en ayuda de nuestra fe porque a veces dudamos de su ternura y de los efectos de su salvación. El Señor pregunta: ¿Puede una madre olvidarse del niño que está criando, o dejar de querer al hijo de sus entrañas?

¿Cabe mayor condescendencia, mayor compasión, paciencia y magnanimidad del Creador para con su criatura? Oremos: Haz, Señor, que crea de todo corazón y perdona mi incredulidad.

Te cantaré, Señor, y no me cansaré de repetir para mí mismo y para los demás: “El Señor es clemente y misericordioso” (Salmo 144, 8-9-13-14-11-18). En la antífona de comunión, Juan 3, 17: Tanto nos ama el Padre que ha enviado a su Hijo al mundo para salvarlo, para que nadie dude más, no para condenar, sino para salvar.

Si crees en Cristo ya eres salvo, si no crees, nadie te condena, ni el Padre, ni el Hijo, sino tú mismo, porque te sales, te apartas de la familia divina a la que fuiste invitado. El Padre y el Hijo mutuamente se dan crédito, se dan confianza y amor en un mismo Espíritu Santo, y los tres quieren tu salvación.

¿Cabe mayor consideración y ternura hacia ti? ¿Podrá olvidarse una madre de la criatura de sus entrañas?

Tú eres criatura de Dios. Eternamente él ha pensado en ti. Dios ha pronunciado tu nombre, eres único para él: desde toda la eternidad. No te cabe en la cabeza pero él te lo asegura una y mil veces para que te lo creas, porque Dios sabe que eres de barro, voluble y olvidadizo.

Dios pide tu fe: es decir, que te comprendas a ti mismo desde la fe, desde el designio y proyecto que Dios tiene sobre tu vida, desde siempre. Él pensó en ti, estás proyectado por él y para él. ¡Nos hiciste, Señor, para ti!, exclamará san Agustín.

Por eso, cuando te olvidas de tus orígenes, pecas. Lo mismo le sucedía al pueblo de Israel, al salir de Egipto cuando caminaba por el desierto: en vez de mirar adelante, hacia la tierra prometida, miraba hacia atrás, añorando la casa de la esclavitud, y pecaban. No te dejes arrebatar la “memoria de Dios”, la impronta original e imborrable que Dios depositó en ti por la creación y por la recreación en Cristo Jesús (“memoria Dei”).

Seguramente alguna vez habrás considerado tu condición de hijo de Dios Padre y habrás meditado en su proyecto sobre ti. Ahora puedes recordarlo, durante la Cuaresma. Encuentras su plan sobre ti, resumido en Efesios 1, 13-14.

Nos llamó a ser sus hijos en su Único Hijo. El Padre ha acreditado a Jesucristo como su Palabra, no tiene otra: quien escuche a Jesús y lo siga, se salvará. Quien lo rechace, se condenará, se autoexcluirá.

Tratemos de descubrir este plan maravilloso de Dios Padre sobre nosotros, en el pasado de Israel, en el presente y en el futuro: él nos sacará de todas las esclavitudes, él nos hará volver de todos los destierros.

Por eso, “exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo, se compadece de los desamparados. Sión decía: ‘Me ha abandonado el Señor, mi dueño se ha olvidado’.

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidare, yo no te olvidaré, dice el Señor todopoderoso” (Is 49, 13-15).

Jesús ha realizado la salvación prometida por el Padre. Lo estamos viendo estos días en el evangelio de Juan: la curación del ciego de nacimiento, el domingo, ciclo A; el envío del Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo, domingo, ciclo B; la curación del hijo del funcionario de Cafarnaún, el lunes; y la del paralítico de la piscina de Betsaida, el martes, ayer.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos revela su comunión con el Padre. Nos introduce en la vida trinitaria. ¡Gran confidencia! “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo. Os lo aseguro: el Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn 5, 17-30).

.

Del comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir,
sobre los salmos

Si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre

Cristo Jesús es nuestro sumo sacerdote, y su precioso cuerpo, que inmoló en el ara de la cruz por la salvación de todos los hombres, es nuestro sacrificio. La sangre que se derramó para nuestra redención no fue la de los becerros y los machos cabríos (como en la ley antigua), sino la del inocentísimo Cordero, Cristo Jesús, nuestro salvador.

El templo en el que nuestro sumo sacerdote ofrecía el sacrificio no era hecho por manos de hombres, sino que había sido levantado por el solo poder de Dios; pues Cristo derramó su sangre a la vista del mundo: un templo ciertamente edificado por la sola mano de Dios. Y ese templo tiene dos partes: una es la tierra, que ahora nosotros habitamos; la otra nos es aún desconocida a nosotros, mortales.

Así, primero, ofreció su sacrificio aquí en la tierra, cuando sufrió la más acerba muerte. Luego, cuando revestido de la nueva vestidura de la inmortalidad entró por su propia sangre en el santuario, o sea, en el cielo, presentó ante el trono del Padre celestial aquella sangre de inmenso valor, que había derramado una vez para siempre en favor de todos los hombres, pecadores.

Este sacrificio resultó tan grato y aceptable a Dios, que así que lo hubo visto, compadecido inmediatamente de nosotros, no pudo menos que otorgar su perdón a todos los verdaderos penitentes.

Es además un sacrificio perenne, de forma que no sólo cada año (como entre los judíos se hacía), sino también cada día, y hasta cada hora y cada instante, sigue ofreciéndose para nuestro consuelo, para que no dejemos de tener la ayuda más imprescindible. Por lo que el Apóstol añade: Consiguiendo la liberación eterna.

De este santo y definitivo sacrificio se hacen partícipes todos aquellos que llegaron a tener verdadera contrición y aceptaron la penitencia por sus crímenes, aquellos que con firmeza decidieron no repetir en adelante sus maldades, sino que perseveran con constancia en el inicial propósito de las virtudes.

Sobre lo cual, san Juan se expresa en estos términos: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero (Salmo 129: opera omnia, edición, p. 1610).


Maná y Vivencias Cuaresmales (12), 8.3.20

marzo 7, 2020

Domingo II de Cuaresma, Ciclo A

.

Desde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadle”
Desde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo”

.
Antífona de entrada: Sal 24, 6. 3. 22

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas. Que no triunfen de nosotros nuestros enemigos. Sálvanos, Dios de Israel, de todos nuestros peligros.

Oración colecta

Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu palabra; así con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Génesis 12, 1-4a

En aquellos días, el Señor dijo a Abran:

«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.»

Abran marchó, como le había dicho el Señor.

SALMO 32, 4-5.18-19.20.22

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 1, 8b-10

Querido hermano:

Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

Aclamación antes del Evangelio

En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo, el amado; escuchadlo.»

EVANGELIO: Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Antífona de comunión: Mt 17, 5

Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle.


.

VIVENCIAS CUARESMALES

La Transfiguración del Señor

.

12. SEGUNDO DOMINGO

DE CUARESMA CICLO A

.

.

TEXTO ILUMINADOR: Una voz desde la nube decía: “Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo”.

Dios nos llamó para destinarnos a ser santos, no en consideración a lo bueno que hubiéramos hecho nosotros, sino porque ese fue su propósito.

Esa fue la gracia de Dios que nos concedió en Cristo Jesús desde la eternidad y que llevó a efecto con la aparición de Jesucristo, nuestro Salvador. Él destruyó la muerte e hizo resplandecer la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

.

ORACIÓN COLECTA:
Señor, Padre Santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu Palabra; así, con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro.

Esta oración se inspira en el relato evangélico de hoy: El Padre nos manda escuchar a su Hijo, la Palabra en persona. Por tanto, en la Cuaresma hay que escuchar más asiduamente la palabra de Dios, alimentar nuestro espíritu, dejando otras lecturas y distracciones que frecuentamos.

La palabra de Dios limpia el ojo interior, inspira buenas ideas, inclina hacia el bien, ahoga el mal, nos hace arder el corazón en deseos del bien, despierta y renueva dentro de nosotros lo mejor que Dios ha sembrado…

Nos hace semejantes al Verbo, fuente de la sabiduría, y limpia nuestros ojos para contemplar el rostro de Dios.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que habéis escuchado… El que me ve a mí, ve al Padre.

La fe de Abrahán en el Dios veraz le impulsa a salir de la tierra, a ponerse en camino “hacia donde no sabía”; no hay un lugar concreto a donde ir, pues, la fe es dependencia absoluta y permanente respecto de Dios; caminar siempre sin llegar nunca a un lugar para “estar bien”, para descansar; pues nuestro descanso no puede situarse en nada que no sea Dios mismo.

El Dios de la alianza le promete a Abrahán descendencia, le da “el hijo de la promesa” y luego se lo pide, le manda que se lo sacrifique. Humanamente, es una contradicción, algo absurdo. Abrahán debe preferir la lógica de la fe. Dios sabrá lo que hace. Dios “provee”.

Abrahán lo pierde todo, menos su absoluta confianza en Dios, el único bueno y fiel. Renuncia a todo, y por ese desprendimiento lo consigue todo. Dios le devuelve al hijo y con él todas las bendiciones.

Aplicación a nuestra vida, moraleja: en realidad, sólo tenemos seguro aquello que hemos entregado a Dios. Sólo tenemos y poseemos aquello que tenemos depositado en Dios. Es decir, lo que amamos en Dios y por Dios, y tal como él lo ama.

El Padre nos manda una sola cosa: escuchar a Jesús, imitar su vida. Por la negación de sí mismo a la gloria perfecta, por la pasión a la resurrección. Pero, desde otra perspectiva, Cristo ya pagó por nosotros. Su victoria nos pertenece.

Ahora todos nosotros podemos pedir al Dios compasivo, con la confianza de hijos amados, todo tipo de curaciones y milagros. Podemos pedirle que nos libre del dolor y de la enfermedad, si nos conviene y es para su gloria.

Tenemos absoluta confianza en Dios por medio de su Hijo que nos ha dado un espíritu filial. Todo es posible para Dios. Lo único necesario es la gloria de Dios, que sea glorificado en nuestra existencia, sea en vida, sea en muerte.

Sólo importa la gloria de Dios, que sea bendecido. Si eso se realiza a través de milagros y portentos, que así sea, aunque me cueste creerlo.

Porque resulta curioso que la gloria de Dios consiste en que el hombre viva plenamente: en que todo hombre experimente aquello mismo que hizo exclamar a Pedro “¡Qué bien se está aquí!”.

Para ser anegado del esplendor de Cristo hace falta traspasar las apariencias del Jesús histórico, para entendernos. Es decir, hay que pasar al Cristo de la fe. Y eso sólo se puede realizar plenamente con la resurrección del Señor.

Por eso Jesús les advierte que no hablen de esa experiencia hasta que él haya resucitado de entre los muertos. Cuando sea constituido Señor y Salvador podrá enviar a raudales el Espíritu sobre los apóstoles conduciéndolos a la verdad plena.

Pero para todo bautizado ya está todo realizado en Cristo de manera perfecta y ejemplar. La Cuaresma y la Pascua se implican mutuamente, pues no se pueden separar la Muerte y la Resurrección del Señor.

Por eso, todos nosotros debemos experimentar lo mismo que Pedro, aun en medio de la Cuaresma: Lo creo, Señor, pero aumenta mi fe. Antes te conocía de oídas, pero ahora te están viendo mis ojos, te estoy sintiendo en mi corazón.

La transfiguración es una experiencia que capacita pedagógicamente a los discípulos para afrontar el dolor y la pasión con valentía y con gozo, de manera plenamente salvífica. Pero no hay que determinar de manera matemática el antes y el después del dolor y de los consuelos divinos, pues lo que Dios da lo da para siempre.

La experiencia de Pedro persiste aunque baje de la montaña. La experiencia de Dios permanece en nosotros aunque salgamos del templo, aunque dejemos la oración contemplativa, aunque nos invadan las pruebas y la oscuridad o viscosidad de la propia existencia.

La paz del Señor, que el mundo no puede dar, nos acompaña siempre.

Para conseguir esa vida nueva, gozosa y permanente, hay que morir a la ley del merecimiento, de lo debido… para pasar al amor, a la libertad, a la gratuidad, al compartir el gozo, no caprichoso ni arbitrario, pero sí maravilloso y nupcial de Dios desposado con la humanidad, con cada uno de nosotros, sus hijos.

Mirad que hago nuevas todas las cosas. Lo anterior pasó, llegaron los últimos tiempos, los del Esposo. El desierto está brotando. ¿Es que no lo notáis?”.

.

Oración sugerida: Señor, ten paciencia conmigo y enséñame; da gloria a tu nombre y transfigúrame. Es preciso que tú crezcas y que yo disminuya. ¿Adónde iría, Señor, lejos de ti? Estoy dispuesto a todo. Mi vida será gozarme en ti. Pues tú eres digno de toda bendición. Amén.

.

Para tu reflexión y oración reproduzco el texto de Filipenses. Pablo exhorta a los hermanos a que se mantengan firmes en el Señor:

“Pues como ya os advertí muchas veces, y ahora tengo que recordároslo con lágrimas en los ojos, muchos de los que están entre vosotros son enemigos de la cruz de Cristo. Su paradero es la perdición; su dios, el vientre; se enorgullecen de lo que debería avergonzarlos y sólo piensan en las cosas de la tierra.

Nosotros, en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos, de donde esperamos como salvador a Jesucristo, el Señor. Él transformará nuestro mísero cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter todas las cosas” (Flp 3, 18-21).

.

Himno de espiritualidad cuaresmal

Llorando los pecados tu pueblo está, Señor. Vuélvenos tu mirada y danos el perdón.

La Cuaresma es combate; las armas: oración, limosnas y vigilias por el reino de Dios.

“Convertid vuestra vida, volved a vuestro Dios, y volveré a vosotros”, esto dice el Señor.

Tus palabras de vida nos llevan hacia ti. Los días cuaresmales nos las hacen sentir. Amén.

.

Durante toda la Cuaresma, pero hoy de manera especial por ser el Día del Señor, podemos y debemos exclamar con Pedro: ¡Qué bien se está aquí! Pues si tenemos a Dios, ¿qué nos falta?

Comenzamos a decirlo con verdad aquí en la tierra, como peregrinos. Y resultará beneficioso y gratificante ejercitarnos en esa percepción de fe y experiencia del amor de Dios, ya desde ahora, aquí en esta peregrinación terrena camino del Cielo, de la Patria definitiva.

Un día esperamos decirlo con gozo y para siempre, en la gloria, en la Patria en la Casa del Padre con nuestros hermanos, con los ángeles y con los santos: ¡Qué bien se está aquí!

.


Papa Francisco: “Con el diablo no se dialoga nunca”

marzo 1, 2020

.

El Papa durante el rezo del Ángelus. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

.

Papa Francisco: “Con el diablo no se dialoga nunca”

Redacción ACI Prensa

“Jesús nos enseña que con el diablo no se dialoga”. Así se expresó el Papa Francisco durante el rezo del Ángelus este domingo 1 de marzo en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

En su reflexión previa, el Pontífice comentó el episodio evangélico en el que se narra cómo Jesús, después de ser bautizado en el río Jordán, se retira a ayunar durante cuarenta días al desierto, en los cuales sufre la tentación del diablo.

Ante esas tentaciones, Jesús no dialoga, sino que “responde al diablo con la palabra de Dios, no con su palabra”.

Francisco lamentó que, ante las tentaciones, “nosotros muchas veces comenzamos a dialogar con la tentación, a dialogar con el diablo: ‘Sí, puedo hacer esto, y luego me confieso, y esto y lo otro…’”.

Sin embargo, “no hay que dialogar nunca con el diablo. Jesús hace dos cosas con el diablo: o lo expulsa o le responde con la palabra de Dios. Nunca dialoguéis con las tentaciones, nunca dialoguéis con el diablo”.

Al igual que el diablo irrumpió durante el retiro de Jesús en el desierto, “también hoy Satanás irrumpe en la vida de las personas para tentarlas con sus propuestas, mezclando su voz con las muchas voces que tratan de domesticar la conciencia. De diversas partes llegan mensajes que nos invitan a dejarnos tentar para experimentar la emoción de la transgresión”.

En ese sentido, “la experiencia de Jesús nos enseña que la tentación es el intento de recorrer caminos alternativos a los de Dios, caminos que nos dan una sensación de autosuficiencia, de disfrute de la vida por uno mismo”.

No obstante, “todo ello es una ilusión: bien pronto nos damos cuenta de que cuanto más nos alejamos de Dios, más nos sentimos indefensos e inermes ante los grandes problemas de la existencia”.

El Papa Francisco se detuvo en la narración del Evangelio de las tentaciones del diablo a Jesús. “La primera tentación parte del hecho de que Jesús siente hambre y le sugiere: ‘Si tú eres Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes’. Pero la respuesta de Jesús es rotunda: ‘Está escrito: No solo de pan vivirá el hombre, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios’”.

En el segundo intento, “el diablo se vuelve más astuto, citando también él la Sagrada Escritura. La estrategia es clara: si tú tienes confianza en el poder de Dios, entonces experiméntala. De hecho, la misma Escritura afirma que será socorrido por los ángeles. Pero en este caso, Jesús no se deja confundir, porque quien cree sabe que a Dios no se le somete a prueba, sino que se fía de su bondad”.

Por ello, “a las palabras de la Biblia, instrumentalmente interpretadas por Satanás, Jesús responde con otra cita: ‘También está escrito: No someterás a prueba al Señor tu Dios’”.

Finalmente, “en el tercer intento se revela el verdadero pensamiento del diablo: debido a que la venida del Reino de los cielos marca el inicio de su derrota, el maligno quiere que Jesús desista de llevar a cumplimiento su misión ofreciéndole una perspectiva de mesianismo político”.

“Pero Jesús rechaza la idolatría del poder y de la gloria humana y, al final, aparta al tentador diciéndole: ‘¡Apártate, Satanás! Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a Él darás culto’. Es en ese punto cuando a Jesús, fieles al mandato del Padre, se le acercan los ángeles para servirlo”.

El Papa Francisco finalizó su reflexión previa al rezo del Ángelus pidiendo “que la Virgen María, la Madre de Aquel que golpeó la cabeza a la serpiente, nos ayude en este tiempo de Cuaresma a estar vigilantes ante las tentaciones, a no someternos a ningún ídolo de este mundo, a seguir a Jesús en la lucha contra el mal”.

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-con-el-diablo-no-se-dialoga-nunca-89199


Maná y Vivencias Cuaresmales (5), 1.3.20

febrero 29, 2020

Domingo I de Cuaresma, Ciclo A

.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás

.
Antífona de entrada: Sal 90, 15-16

Me invocará y lo escucharé; lo defenderé, lo glorificaré; lo saciaré de largos días.

Oración colecta

Al celebrar un año más la santa Cuaresma, concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.

El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»

La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.”»

La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal. »

La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.

Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

SALMO 50, 3-4.5-6a.12-13.14.17

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 5, 12-19

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.

Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuánto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.

En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida.

Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4b

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO: Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»

Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”»

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”»

Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”»

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”»

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Antífona de comunión: Sal 90, 4

El Señor te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás.

.
.

VIVENCIAS CUARESMALES

San Agustín, padre de la Iglesia.

.

5. PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
.
.
Observación general:

Los mensajes bíblicos de los Domingos cuaresmales correspondientes a los tres ciclos giran en torno a estos temas y realidades:

1era. y 2da. Lectura: Historia de la salvación

Evangelios: Catequesis prebautismal.

La oración colecta de la misa de hoy resume lo que pedimos y lo que deseamos alcanzar durante la Cuaresma:

“Al celebrar un año más la santa Cuaresma
concédenos, Señor Todopoderoso,
avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo
y vivirlo en su plenitud”.

Las tres tentaciones que Cristo venció son ”resumen“ de todas las tentaciones que puede sufrir o padecer el hombre en el mundo. Con el ejemplo y la gracia de Cristo, nosotros podemos también vencer toda tentación hasta con facilidad, si ponemos los medios pertinentes.

Reducimos las tentaciones a tres clases:

1. Comodidad y avaricia, hasta utilizar a Dios para transformar las piedras en pan (egocentrismo, egolatría). Sucumbir a las apetencias corporales.

Domina o vence la caridad frente al egoísmo: Jesús vive para los demás y no utiliza los dones de Dios en su propio provecho sino en función de los demás.

Por eso, ahora no hace el milagro que le sugiere el diablo. Lo hará a favor de la multitud hambrienta, pensando en los demás; pues la voluntad del Padre es que alimente a la multitud.

2. Honor sobre los demás (soberbia, endiosamiento, empoderamiento). Ceder a las apetencias espirituales hasta provocar una intervención milagrosa de Dios enviando ángeles que auxilien a Jesús, y así lograr fama, admiración  y veneración de la gente.

Domina o vence la esperanza sobre la acomodación a las ofertas fáciles e inmediatas de una felicidad ficticia… Ir por el recto camino.

3. Honor sobre Dios (dominio, poder… adoración): “Todo esto te lo daré, si te postras”. Endiosamiento, empoderamiento, (claudicar ante el mal).

Domina o vence la fe frente a la egolatría o adoración de otros dioses. Jesús defiende la fe en su Padre y no se deja llevar por falsos dioses.
.
La oración después de la comunión nos recuerda que la eucaristía fortalece la vida teologal: la fe, la esperanza y la caridad. La tentación pone a prueba nuestra unión con Dios sustentada en esas tres virtudes.
Reza así:

Después de recibir el pan del cielo
que alimenta la fe,
consolida la esperanza
y fortalece en el amor,

te rogamos, Dios nuestro,
que nos hagas sentir hambre de Cristo,
pan vivo y verdadero,
y nos enseñes a vivir constantemente
de toda palabra que sale de tu boca. Por Jesucristo.
.
.
.
De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos

En Cristo fuimos tentados, en él vencimos al diablo

Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica. ¿Quién es el que habla? Parece que sea uno solo. Pero veamos si es uno solo: Te invoco desde los confines de la tierra con el corazón abatido. Por lo tanto, si invoca desde los confines de la tierra, no es uno solo; y, sin embargo, es uno solo, porque Cristo es uno solo, y todos nosotros somos sus miembros.

¿Y quién es ese único hombre que clama desde los confines de la tierra? Los que invocan desde los confines de la tierra son los llamados a aquella herencia, a propósito de la cual se dijo al mismo Hijo: Pídemelo; te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra.

De manera que quien clama desde los confines de la tierra es el cuerpo de Cristo, la heredad de Cristo, la única Iglesia de Cristo, esta unidad que formamos todos nosotros.

Y ¿qué es lo que pide? Lo que he dicho antes: Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica; te invoco desde los confines de la tierra. O sea: “Esto que pido, lo pido desde los confines de la tierra”, es decir, desde todas partes.

Pero, ¿por qué ha invocado así? Porque tenía el corazón abatido. Con ello da a entender que el Señor se halla presente en todos los pueblos y en los hombres del orbe entero no con gran gloria, sino con graves tentaciones.

Pues nuestra vida en medio de esta peregrinación no puede estar sin tentaciones, ya que nuestro progreso se realiza precisamente a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones.

Éste que invoca desde los confines de la tierra está angustiado, pero no se encuentra abandonado. Porque a nosotros mismos, esto es, a su cuerpo, quiso prefigurarnos también en aquel cuerpo suyo en el que ya murió, resucitó y ascendió al cielo, a fin de que sus miembros no desesperen de llegar adonde su cabeza los precedió.

De forma que nos incluyó en sí mismo cuando quiso verse tentado por Satanás. Nos acaban de leer que Jesucristo, nuestro Señor, se dejó tentar por el diablo. ¡Nada menos que Cristo tentado por el diablo!

Pero en Cristo estabas siendo tentado tú, porque Cristo tenía de ti la carne, y de él procedía para ti la salvación; de ti procedía la muerte para él, y de él para ti la vida; de ti para él los ultrajes, y de él para ti los honores; en definitiva, de ti para él la tentación, y de él para ti la victoria cierta y definitiva.

Si hemos sido tentados en él, también en él vencemos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también vencedor en él. Podía haber evitado al diablo; pero, si no hubiese sido tentado, no te habría aleccionado para la victoria cuando tú fueras tentado (Salmo 60, 2-3: CCL, 39, 766).

.

“Di a esta piedra que se convierta en pan” (Lc 4,3)

Las piedras son minerales cuyo valor está a merced del criterio arbitrario de los hombres. Una piedra que a nosotros nos resulta preciosa, o que dicen que es útil para la construcción, quizá no tiene tanto valor fuera de ese pequeño mundo en donde es tan apreciada, porque ha de medirse con objetos de una valía mucho más elevada y noble que la que aporta el simple valor material.

Cuántas veces nos resulta agobiante y pesado nuestro día a día porque nos empeñamos en vivirlo cargando a las espaldas con un fardo repleto de piedras y piedras que, en nuestro pequeño mundo, tienen un valor casi absoluto.

Las piedras de tantas obligaciones y compromisos que asumimos sólo por quedar bien ante los demás, la losa pesada de esos deberes laborales que cumplimos sin responsabilidad ni dedicación, o nuestro cristianismo cumplidor y mediocre que convertimos en un duro y desabrido pedernal.

La tentación está en querer convertir todas esas rocas en ese poco de pan tierno y sabroso que el mundo valora y con el que sacia, sólo momentáneamente, las hambres más profundas del alma.

Querer un cristianismo de mínimos, correcto y cumplidor, capaz de saciar al hombre sin el esfuerzo y fracaso de la cruz, es vivir en la constante tentación de la mediocridad acomodaticia que pone una vela a Dios y otra al diablo.

No pretendas vivir tu vida cristiana alimentada sólo con el pan de tus criterios, ambiciones y egoísmos, porque nunca verás plenamente saciada tu hambre de felicidad. Tampoco llenes tu alma de piedras inútiles y pesadas que te hacen caer bajo el peso de tantos activismos estériles y de agobios inútiles o de conveniencia.

Has de aprender a llevar en tu vida esa misma carga ligera que llevó Cristo hasta la Cruz: el pecado de tu vida y de la vida de todos los hombres sobrellevado por el amor infinito hacia el Padre.

En el saco vacío de nuestra oración han de caber sólo tantas y tantas inquietudes, agobios y preocupaciones que pesan sobre la vida de nuestros hermanos, los hombres.

Suscríbete a las Lañas diarias en http://www.mater-dei.es


A %d blogueros les gusta esto: