El maná de cada día 6.6.18

junio 6, 2018

Miércoles de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

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cielos

Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo



PRIMERA LECTURA: 2 Timoteo 1, 1-3.6-12

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, llamado a anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido; te deseo la gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Doy gracias a Dios, a quien sirvo con pura conciencia, como mis antepasados, porque tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

De este Evangelio me han nombrado heraldo, apóstol y maestro, y ésta es la razón de mi penosa situación presente; pero no me siento derrotado, pues sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio.


SALMO 122

A ti, Señor, levanto mis ojos.

A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores.

Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia.


ALELUYA: Jn 11, 25a. 26

Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el que cree en mi no morirá para siempre.


EVANGELIO: Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»

Jesús les respondió: «Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.»

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Maná y Vivencias Pascuales (49), 19.5.18

mayo 19, 2018

Sábado de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

DÉCIMO Y ÚLTIMO DÍA

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Cristo

Creo, Señor Jesús, que estás vivo y que sigues pasando hoy delante de mí y me llamas. ¡Aquí estoy!

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Hch 1, 14; 1era lectura: Hch 28, 16-20.30-31; Salmo: 10, 5-6.8; Aclamación: Jn 16, 7.13; Evangelio: Jn 21, 20-25; Comunión: Jn 16, 14.

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TEMA CENTRAL: JESÚS ES MI SEÑOR.

ANTÍFONA DE ENTRADA.- Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 28, 16-20.30-31

Cuando entramos en Roma, le permitieron a Pablo alojarse en una casa particular con un soldado que lo vigilara. Tres días después Pablo convocó a los judíos principales.

Una vez reunidos, les dijo: Hermanos, acaban de traerme preso de Jerusalén. He sido entregado a los romanos sin que yo haya ofendido a las autoridades de nuestro pueblo ni las tradiciones de nuestros padres.

Los romanos querían dejarme en libertad después de haberme interrogado, pues no encontraban en mí nada que mereciera la muerte.

Pero los judíos se opusieron y me vi obligado a apelar al César, sin la menor intención de acusar a las autoridades de mi pueblo. Por este motivo yo quise verlos y conversar con ustedes, pues en realidad, por la esperanza de Israel yo llevo estas cadenas.

Pablo, pues, arrendaba esta vivienda privada y permaneció allí dos años enteros. Recibía a todos los que lo venían a ver, proclamaba el Reino de Dios y les enseñaba con mucha seguridad lo referente a Cristo Jesús, el Señor, y nadie le ponía trabas.

 

SALMO 10, 5-6.8

El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo: sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables, y al que ama la violencia., él lo odia. Porque el Señor es justo y ama la justicia, los que son rectos contemplarán su rostro.

 

ACLAMACIÓN Jn 16, 7.13.- Les enviaré el Espíritu Santo de la verdad, dice el Señor, él les comunicará toda la verdad. Aleluya.

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EVANGELIO, Jn 21, 20-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a Pedro: Sígueme.

Pedro entonces, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba (el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te va a entregar?)

Al verlo, Pedro preguntó a Jesús: ¿Y qué va a ser de éste? Jesús le contestó: Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme.

Por esta razón corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que no iba a morir, sino simplemente: Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa?

Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad.

Jesús hizo también otras muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros.

 

COMUNIÓN Jn 16, 14.- El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí lo que les irá comunicando, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA DÉCIMO

Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo con familiaridad y a través de él, al Padre y al Hijo, podemos fijarnos en tres realidades: docilidad, vida de oración, indulgencia para con el prójimo.

El trato con el Paráclito produce en el hombre espiritual la paz y la libertad que Cristo nos ha ganado con su vida, pasión y muerte, y resurrección gloriosa. Es decir, los siete dones del Espíritu: Sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad y temor de Dios.

Más explícitamente y según san Pablo, he aquí las consecuencias, sentimientos y frutos de la presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones.

Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad (Gál 5, 22-23): y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Cor 3,17).

Oh Dios, que con tu Espíritu llenaste la tierra, haz que los hombres construyan un mundo nuevo de justicia y de paz.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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EJERCICIO PASCUAL (2): JESÚS ES MI SEÑOR

Ayer contemplamos que Dios Padre ha tomado la iniciativa para crearnos y después para redimirnos. Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo. El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero.

Más que amar a Dios, nosotros tenemos que dejarnos amar por Dios.

Pues bien, Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo. Todo el que cree en Jesús como enviado del Padre tiene vida eterna.

Por tanto, debemos acoger a Jesús y creer todo cuanto nos diga y nos mande porque sólo él ha bajado del cielo, y sólo a él Dios Padre lo ha acreditado con palabras verdaderas y signos maravillosos.

Jesús, lleno del Espíritu de Dios, pasó por el mundo haciendo el bien. Y sufriendo aprendió a obedecer hasta la muerte y muerte de cruz. Dios Padre lo perfeccionó a base a sufrimientos.

Pero, después de muerto, no lo dejó en el sepulcro sino que lo glorificó. Es decir, le dio un nombre sobre todo nombre y lo constituyó Señor y Salvador. No hay salvación fuera de él.

Por tanto, en este día, estimados hermanos, debemos hacer un acto de fe en Jesús confesándolo como nuestro Señor y Salvador, sometiéndole a él todo nuestro ser, nuestra persona.

Sólo así podemos agradar al Padre y podremos recibir el Espíritu Santificador.

Creer en Jesús significa adherirse vitalmente a él, con toda sinceridad y decisión: Entregándole todo lo que somos y queremos, y a la vez renunciando a todo cuanto no sea conforme a los designios del Padre.

Esta fe ha de comprometer toda nuestra existencia y todos los niveles de nuestra personalidad.

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ORACIÓN A JESÚS EL SEÑOR

Señor Jesús, creo que tú has venido de parte de Dios para revelarnos los designios de su amor.

Te doy gracias por tu disponibilidad, pues tú te ofreciste al Padre diciéndole: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Me has dado un cuerpo; mándame a mí. Yo iré y les mostraré a todos tu gloria.

Gracias, Señor Jesús, por esa solidaridad, esa generosidad y fidelidad. Te admiro, te doy gracias y te acojo en lo más profundo de mi corazón como testigo del amor del Padre.

Tú te has rebajado tanto que te has hecho hermano nuestro, en todo igual a nosotros, menos en el pecado.

Creo en ti, Señor, te amo, y quiero acoger tu palabra: ¿A dónde iría lejos de ti? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

Tú eres mi sabiduría y mi todo. Tú pasaste por el mundo haciendo el bien. Y ahora yo creo que tú estás vivo, y eres capaz de transformar mi vida totalmente.

Sé que te has hecho en todo semejante a nosotros, menos en el pecado: Tú sabes que somos de barro, y nos puedes comprender porque tú asumiste nuestra carne.

Por eso, me inspiras toda la confianza para entregarme a ti y dejarme llevar adonde tú dispongas. Tú eres mi maestro. No quiero saber nada fuera de ti.

Por eso, te consagro mi entendimiento y toda mi persona. Quiero que tú gobiernes mi vida por tu santo Espíritu.

Toma posesión de toda mi persona, de todo mi ser: para que yo tenga tus mismos sentimientos, intereses, deseos y acciones. Que ya no viva yo, sino que tú vivas en mí.

Renuncio a dirigir mi vida al margen de ti o contra la voluntad del Padre. Renuncio al pecado y a todas las acciones, promesas y mentiras del espíritu malo.

Renuncio a mi personalidad pecadora, al hombre viejo. Quiero ser una criatura nueva. Todo lo anterior pasó… y renuncio a ello.

En ti, Señor Jesús, seré una persona completamente nueva, definitivamente diferente. Estoy seguro que eso tú lo puedes hacer porque el Padre te ha hecho Señor y Salvador.

Ayer, Señor Jesús, tu Espíritu me capacitaba para imitar al Padre Dios que hace brillar el sol sobre justos e injustos. Aprendí a perdonar y a olvidar las ofensas hasta renunciar a toda venganza.

Hoy, Señor Jesús, tu Espíritu me sugiere que colabore contigo en la salvación del mundo. Sí, quiero continuar tu obra para llevar muchos hermanos a la gloria, para que la casa del Padre se llene de invitados. Para que tus desposorios, Cristo Jesús, con la humanidad alcancen a todos los hombres.

Finalmente, sé que has tomado en serio esta declaración de fe y de amor hacia ti, Señor Jesús. Querría hacerla con mayor convicción. Pero tú comprendes mi debilidad y sabes valorar mis esfuerzos.

Por eso, te confieso y te proclamo como mi Salvador, mi único Señor, Dueño de mi vida y de todas mis cosas. No quiere ya ser esclavo de nada ni de nadie sino sólo de ti; y por ti y en ti, esclavo de todos.

Lléname de tu Espíritu para realizar las obras que el Padre espera. Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (41), 11.5.18

mayo 11, 2018

Viernes de la 6ª semana de Pascua


DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO (2)

Segundo día (Oraciones, al final de la entrada)

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¿No sentíamos arder el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?

¿No sentíamos arder el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?


Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ap 5, 9-10; 1era lectura: Hch 18, 9-18; Salmo: 46, 2-7; Aleluya: Lc 24, 26; Evangelio: Jn 16, 20-23; Comunión: Rom 4, 25.


ANTIFONA DE ENTRADA Ap 5, 9-10.- Con tu sangre, Señor, has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; has hecho de ellos una dinastía sacerdotal que sirva a Dios. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

¡Oh Dios!, que por la resurrección de tu Hijo nos has hecho renacer a la vida eterna; levanta nuestros corazones hacia el Salvador, que está sentado a tu derecha, a fin de que cuando venga de nuevo, los que hemos renacido en el bautismo seamos revestidos de una inmortalidad gloriosa. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA, Hch 18, 9-18

En aquellos días, estando Pablo en Corinto, durante la noche el Señor le dijo en una visión: No tengas miedo, sigue hablando y no calles, pues en esta ciudad me he reservado un pueblo numeroso. Yo estoy contigo y nadie podrá hacerte daño.

Pablo siguió enseñando entre ellos la Palabra de Dios, y permaneció allí un año y seis meses.

Pero siendo Galión gobernador de Acaya, los judíos acordaron unánimemente hacer una manifestación contra Pablo; lo llevaron ante el tribunal y lo acusaron: Este hombre incita a la gente a que adoren a Dios de una manera que prohíbe nuestra Ley.

Pablo iba a contestar, cuando Galión dijo a los judíos: Judíos, si se tratara de una injusticia o de algún crimen, sería correcto que yo los escuchara. Pero como se trata de discusiones sobre mensajes, poderes superiores y sobre su Ley, arréglense entre ustedes mismos. Yo no quiero ser juez de tales asuntos.

Y los echó del tribunal. Entonces agarraron a Sóstenes, jefe de la sinagoga, y empezaron a golpearlo delante del tribunal. Galión no hizo caso.

Pablo se quedó en Corinto todavía por bastante tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, acompañado por Priscila y Áquila. En Cencreas se afeitó la cabeza, porque había hecho un voto


SALMO 46, 2-7

Aplaudan, pueblos todos, aclamen a Dios con voces de alegría. Porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; él nos escogió por heredad suya: Gloria de Jacob, su amado.

Dios sube entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas: Tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.


ALELUYA Lc 24, 26.- Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya.


EVANGELIO, Jn 16, 20-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo.

La mujer se siente afligida cuando está para dar a luz, porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha nacido la criatura, se olvida de las angustias por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.

Así también ustedes ahora sienten tristeza, pero yo los volveré a ver y su corazón se llenará de alegría, y nadie les podrá arrebatar ese gozo. Cuando llegue ese día ya no tendrán que preguntarme nada.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO (2)

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestrao Señor.

DÍA SEGUNDO

La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea, siempre y en todo, signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios.

Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados.

La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara en el cielo, pero que ya aquí comenzamos a degustar como prenda segura de los bienes definitivos.

Oh Dios, ilumina a todos los hombres con la luz de tu Espíritu y disipa las tinieblas de nuestro mundo, para que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en paz.

ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.


De los sermones de san León Magno, papa.- Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión

Aquellos días, queridos hermanos, que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión no se perdieron ociosamente, sino que durante ellos se confirmaron grandes sacramentos, se revelaron grandes misterios.

En aquellos días se abolió el temor de la horrible muerte, y no sólo se declaró la inmortalidad del alma, sino también la de la carne. Durante estos días, gracias al soplo del Señor, se infundió en todos los apóstoles el Espíritu Santo, y se le confió a san Pedro, después de las llaves del reino, el cuidado del redil del Señor, con autoridad sobre los demás.

Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y los reprendió por su resistencia a creer, a ellos, que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda.

Sus corazones, por él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras.

En la fracción del pan, cuando estaban sentados con él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada.

Por tanto, amadísimos hermanos, durante todo este tiempo que media entre la resurrección del Señor y su ascensión, la providencia de Dios se ocupó en demostrar, insinuándose en los ojos y en el corazón de los suyos, que la resurrección del Señor Jesucristo era tan real como su nacimiento, pasión y muerte (el subrayado es mío).

Por esto, los apóstoles y todos los discípulos, que estaban turbados por su muerte en la cruz y dudaban de su resurrección, fueron fortalecidos de tal modo por la evidencia de la verdad que, cuando el Señor subió al cielo, no sólo no experimentaron tristeza alguna, sino que se llenaron de gran gozo.

Y es que en realidad fue motivo de una inmensa e inefable alegría el hecho de que la naturaleza humana, en presencia de una santa multitud, ascendiera por encima de la dignidad de todas las criaturas celestiales, para ser elevada más allá de todos los ángeles, por encima de los mismos arcángeles, sin que ningún grado de elevación pudiera dar la medida de su exaltación, hasta ser recibida junto al Padre, entronizada y asociada a la gloria de aquel con cuya naturaleza divina se había unido en la persona del Hijo (Sermón 1 sobre la Ascensión del Señor, 2-4: PL 54, 395-396).

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Maná y Vivencias Pascuales (39), 9.5.18

mayo 9, 2018

Miércoles de la 6ª semana de Pascua

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Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 17, 50; 12-23; 1era lectura: Hch 17, 15.22-18, 1; Salmo: 148, 1-2.11-14; Aleluya: Jn 14, 16; Evangelio: Jn 16, 12-15; Comunión: Jn 15, 16.19.

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LECTIO DIVINA: Pasajes para meditar

  • “Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia…”
  • “Muchas cosas me quedan por deciros, pero es demasiado para vosotros por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

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ENTRADA:

Te daré gracias entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por nuestro Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Hch 17, 15.22-18, 1

En aquellos días, los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse con él lo antes posible.

Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo: Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. Porque paseándome por ahí y fijándome en sus monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido.

Pues eso que veneran sin conocerlo yo lo anuncio: El Dios que hizo el mundo y lo que lo contiene. Él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien él, que a todos da la vida y el aliento y todo.

De un solo hombre sacó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios.

Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: somos estirpe suya.

Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.

Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan.

Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto resucitándolo de entre los muertos.

Al oír resurrección de muertos, unos lo tomaban a broma, otros dijeron: De esto te oiremos hablar en otra ocasión.

Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

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SALMO 148, 1-2.11-14

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los cielos, alábenlo en las alturas, alábenlo todos sus ángeles, alábenlo todos sus ejércitos.

Reyes y pueblos del orbe, príncipes y los que gobiernan la tierra, los jóvenes y también las doncellas, los ancianos junto con los niños.

Alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime, Su majestad sobre el cielo y la tierra.

Él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.

ALELUYA: Jn 14, 16

Le pediré al Padre que les dé otro Defensor, que esté siempre con ustedes.

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EVANGELIO: Jn 16, 12-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas me quedan por decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará hasta la verdad plena.

Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir.

Él no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir. Él tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. Todo lo que tiene el Padre es mío.

Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.

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De los sermones de san León Magno, papa

Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión.

Aquellos días, queridos hermanos, que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión no se perdieron ociosamente, sino que durante ellos se confirmaron grandes sacramentos, se revelaron grandes misterios.

En aquellos días se abolió el temor de la horrible muerte, y no sólo se declaró la inmortalidad del alma, sino también la de la carne. Durante estos días, gracias al soplo del Señor, se infundió en todos los apóstoles el Espíritu Santo, y se le confió a san Pedro, después de las llaves del reino, el cuidado del redil del Señor, con autoridad sobre los demás.

Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y los reprendió por su resistencia a creer, a ellos, que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda.

Sus corazones, por él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras.

En la fracción del pan, cuando estaban sentados con él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada.

Por tanto, amadísimos hermanos, durante todo este tiempo que media entre la resurrección del Señor y su ascensión, la providencia de Dios se ocupó en demostrar, insinuándose en los ojos y en el corazón de los suyos, que la resurrección del Señor Jesucristo era tan real como su nacimiento, pasión y muerte (el subrayado es mío).

Por esto, los apóstoles y todos los discípulos, que estaban turbados por su muerte en la cruz y dudaban de su resurrección, fueron fortalecidos de tal modo por la evidencia de la verdad que, cuando el Señor subió al cielo, no sólo no experimentaron tristeza alguna, sino que se llenaron de gran gozo.

Y es que en realidad fue motivo de una inmensa e inefable alegría el hecho de que la naturaleza humana, en presencia de una santa multitud, ascendiera por encima de la dignidad de todas las criaturas celestiales, para ser elevada más allá de todos los ángeles, por encima de los mismos arcángeles, sin que ningún grado de elevación pudiera dar la medida de su exaltación, hasta ser recibida junto al Padre, entronizada y asociada a la gloria de aquel con cuya naturaleza divina se había unido en la persona del Hijo (Sermón 1 sobre la Ascensión del Señor, 2-4: PL 54, 395-396).

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Maná y Vivencias Pascuales (38), 8.5.18

mayo 8, 2018

Martes de la 6ª semana de Pascua

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Si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito



TEXTO ILUMINADOR

Decía Jesús a los discípulos: En verdad les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Paráclito no vendrá a ustedes. En cambio, si me voy, es para enviárselo.

En estas dos últimas semanas de Pascua el tema del Espíritu será recurrente. Constituyen una especie de “adviento” mientras esperamos al Espíritu. Jesús promete a los discípulos que no los dejará huérfanos. Él tiene que volver al Padre pero vendrá otro Consolador.

Desaparece la presencia física de Jesús pero se inaugura otra clase de presencia, la del Espíritu de la verdad: Les enseñará todas las cosas, les dará fuerzas para proclamar a Jesús como Salvador y permanecerá para siempre con los discípulos, con la Iglesia.

En los próximos días comenzaremos en esta página unos ejercicios de preparación para recibir una nueva efusión del Espíritu como colofón de la celebración pascual.

Trataremos de acompañar a la Virgen María y a los discípulos reunidos en el Cenáculo, en la espera de la venida del Espíritu.

Así la fiesta de Pentecostés nos inundará del gozo y de la paz del Resucitado, “completando o coronando la experiencia pascual”, si es que podemos hablar así.

Con la oración sobre las ofrendas, rezamos: Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.


ORACIÓN COLECTA

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu; y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Hch 16, 22-34.

En aquellos días, la gente de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados mandaron arrancarles las ropas y los hicieron apalear. Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel, dando orden al carcelero de vigilarlos con todo cuidado.

Éste, al recibir dicha orden, los metió en el calabozo interior, y les sujetó los pies con cadenas al piso del calabozo.

Hacia la media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban. De repente se produjo un temblor tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas.

Se despertó el carcelero y vio todas las puertas de la cárcel abiertas. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la espada para matarse, pero Pablo le gritó: No te hagas daño, que estamos todos aquí.

El hombre pidió una luz, entró de un salto y, después de encerrar bien a los demás presos, se arrojó temblando a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó fuera y les preguntó: Señores, ¿qué debo hacer para salvarme? Le respondieron: Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.

Así que le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa, y él, sin más demora, les lavó las heridas y se bautizó con todos los suyos, los subió a su casa a aquellas horas de la noche, les preparó la mesa e hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios.


SALMO 137, 1-8

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, pues oíste las palabras de mi boca. Canto para ti en presencia de los ángeles, y me postro ante tu templo santo.

Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, porque tu promesa supera a tu fama. El día en que clamé, me respondiste y aumentaste la fuerza en mi alma.

El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.



Aclamación: Juan 16, 7.13

Les voy a enviar el Espíritu de la verdad, dice el Señor; él les enseñará la verdad plena.

EVANGELIO Juan 16, 5-11

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ¿adónde vas? Se han llenado de tristeza al oír lo que les dije, pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Paráclito no vendrá a ustedes. En cambio, si me voy, es para enviárselo.

Y cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio. ¿Qué pecado? Que no creyeron en mí. ¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre mientras ustedes ya no me verán. ¿Qué juicio? El Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

COMUNIÓN: Lucas 24, 46.26.

Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya.

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Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo,

sobre el evangelio de san Juan

Efusión del Espíritu Santo sobre toda carne

Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden, y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días, se refiere a los del Salvador, derramaré mi Espíritu sobre toda carne.

Y cuando el tiempo de tan gran munificencia y libertad produjo para todos al Unigénito encarnado en el mundo, como hombre nacido de mujer, de acuerdo con la divina Escritura, Dios Padre otorgó a su vez el Espíritu, y Cristo, como primicia de la naturaleza renovada, fue el primero que lo recibió.

Y esto fue lo que atestiguó Juan Bautista cuando dijo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo y se posó sobre él.

Decimos que Cristo, por su parte, recibió el Espíritu, en cuanto se había hecho hombre, y en cuanto convenía que el hombre lo recibiera; y, aunque es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma substancia, incluso antes de la encarnación, más aún, antes de todos los siglos, no se da por ofendido de que el Padre le diga, después que se hizo hombre: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

Dice haber engendrado hoy a quien era Dios, engendrado de él mismo desde antes de los siglos, a fin de recibirnos por su medio como hijos adoptivos; pues en Cristo, en cuanto hombre, se encuentra significada toda la naturaleza; y así también el Padre, que posee su propio Espíritu, se dice que se lo otorga a su Hijo, para que nosotros nos beneficiemos del Espíritu en él.

Por esta causa perteneció a la descendencia de Abrahán, como está escrito, y se asemejó en todo a sus hermanos.

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo, pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad.

Puede, por tanto, entenderse, si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura, que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes (libro 5, cap. 2: PG 73, 751-754).


Maná y Vivencias Pascuales (37), 7.5.18

mayo 7, 2018

Lunes de la 6ª semana de Pascua

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Pentecostés, Greco

Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles. El Greco



ANTIFONA DE ENTRADA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA, Hechos 16, 11-15

En aquellos días nos embarcamos en Troas y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. De allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia romana.

Nos detuvimos allí algunos días, y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que los judíos se reunían para orar.

Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira.

Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. Se bautizó junto con los de su familia, y luego nos suplicó: Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa. Y nos obligó a aceptar.

SALMO 149, 1-2.3-4.5-6 y 9b.

Canten al Señor un canto nuevo: su alabanza en la asamblea de los fieles. Alégrese Israel por su Creador, festejen los hijos de Sión a su Rey.

Su nombre alaben en medio de danzas, el arpa y el tambor toquen para él. Porque el Señor aprecia a su pueblo, concede a los débiles la victoria.

Que los fieles salten de alegría y hasta en sus lechos canten jubilosos: con vivas a Dios en la boca.

ACLAMACIÓN: Juan 15, 26b.27

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, dice el Señor; y también ustedes darán testimonio.

EVANGELIO: Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Consolador, el Espíritu de la Verdad que yo les enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio.

Les digo esto de antemano, para que no se tambalee su fe. Los excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que les dé muerte, pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que yo se lo había dicho.

COMUNIÓN: Juan 20, 19.

Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Aleluya.


El Papa vuelve a defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural

mayo 6, 2018

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El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus en San Pedro: Defiende la vida desde la concepción…

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El Papa vuelve a defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural

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Durante el rezo del Regina Coeli este domingo 6 de mayo en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco hizo una defensa de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

El Santo Padre afirmó que las personas están llamadas a amarse siguiendo el ejemplo de Jesús, lo cual debe llevar a una serie de actitudes como el cuidado de los ancianos, el cuidado de los enfermos o la defensa del no nacido.

“Este amor por los demás no puede estar reservado a momentos excepcionales –explicó el Santo Padre–, sino que debe convertirse en la constante de nuestra existencia”.

“He ahí por qué estamos llamados a custodiar a los ancianos como un tesoro precioso y con amor, incluso si crean problemas económicos y dificultades. He ahí por qué a los enfermos, incluso en la última fase de la enfermedad, debemos ofrecerles toda la asistencia posible. Es por eso por lo que los niños por nacer siempre son bienvenidos. Por qué, en definitiva, la vida siempre debe cuidarse y ser amada desde el momento de la concepción hasta el ocaso natural”.

En su enseñanza, Francisco destacó que “en este tiempo pascual la Palabra de Dios continúa mostrándonos estilos de vida coherentes para pertenecer a la comunidad del Resucitado. Entre ellos, el Evangelio de hoy presenta la consigna de Jesús: ‘Permaneced en mi amor’”.

“Habitar en la corriente del amor de Dios para mantenerse estables es la condición para asegurarse de que nuestro amor no pierda su ardor y su audacia en la calle. También nosotros, como Jesús, debemos acoger con gratitud el amor que viene del Padre y permanecer en ese amor, tratando de no separarnos con el egoísmo y con el pecado. Es un programa difícil pero no imposible”.

El Papa señaló que “es importante tomar conciencia de que el amor de Cristo no es un sentimiento superficial, sino una actitud fundamental del corazón que se manifiesta en el vivir como Él quiere”.

“Jesús, de hecho, afirma: ‘Si observáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor’. El amor se realiza en la vida de cada día, en nuestro comportamiento, en nuestras acciones; de lo contrario, tan solo es algo ilusorio. Jesús nos pide observar sus mandamientos que se resumen en este: ‘amaos los unos a los otros como yo os he amado’”.

En su catequesis se preguntó: “¿Cómo hacer para que este amor que el Señor Resucitado nos entrega pueda compartirse con los demás?”.

“Muchas veces Jesús ha indicado quién es el otro al que amar no con las palabras, sino mediante los actos. Es aquel que encuentro en mi camino y que, con su rostro y su historia, me interpela. Es aquel que, con su misma presencia, me empuja a salir de mis intereses, de mis seguridades. Es aquel que espera mi disponibilidad para escuchar y hacer junto a mí un trozo de mi camino”.

En este sentido, pidió mostrar una “disponibilidad hacia el hermano y la hermana, sea quien sea, y en cualquier situación que encontremos, comenzando por aquel que se encuentra junto a mí, en mi familia, en mi comunidad, en el trabajo, en la escuela… De este modo, si permanezco unido a Jesús, su amor podrá alcanzar al otro y acercarlo a Él, a su amistad”.

El Papa Francisco finalizó: “Nosotros somos amados por Dios en Jesucristo, que nos pide amarnos como Él nos ama. Pero esto no podemos hacerlo si no tenemos en nosotros su mismo corazón. La Eucaristía, a la cual estamos llamados a participar cada domingo, tiene el propósito de formar en nosotros el Corazón de Cristo, de modo que toda nuestra vida sea guiada por su misma actitud generosa”.


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