El maná de cada día, 24.12.19

diciembre 24, 2019

24 de Diciembre. Octava feria mayor de Adviento

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Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo

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Antífona de entrada: Gálatas 4, 4

Ya se cumple el tiempo en el que Dios envió a su Hijo a la tierra.


Oración colecta

Apresúrate, Señor Jesús, y no tardes, para que tu venida consuele y fortalezca a los que esperan todo de tu amor. Tú que vives y reinas.


PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 1-5.8b-12.14a.16

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»

Natán respondió al rey: «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»

Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra.

Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía.

Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»


SALMO 88

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.


Aclamación antes del Evangelio

Sol que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.


EVANGELIO: Lucas 1, 67-79

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo:

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»


Antífona de comunión: Lucas 1, 68

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

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La fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo

De los sermones de San Agustín, obispo
(Sermón 185: PL 38, 997-999)

Despiértate: Dios se ha hecho hombre por ti. Despier­ta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cris­to será tu luz. Por ti precisamente, Dios se ha hecho hom­bre.

Hubieses muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca te hubieses visto libre de la carne del pecado, si él no hubiera aceptado la semejanza de la carne del pecado. Una inacabable miseria se hubiera apoderado ti, si no se hubiera llevado a cabo esta misericordia.

Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no hubiera venido al encuentro de tu muerte. Te hubieras derrumbado, si no te hubiera ayudado. Hubieras perecido, si él no hubiera venido.

Celebremos con alegría el advenimiento de nuestra salvación y redención. Celebremos el día afortunado en el que quien era el inmenso y eterno día, que procedía del inmenso y eterno día, descendió hasta este día nuestro tan breve y temporal.

Este se convirtió para nosotros en justicia, santificación y redención: y así –como dice la Escritura– : El que se gloríe, que se gloríe en el Señor.

Pues la verdad brota de la tierra: Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de una virgen. Y la justicia mira des­de el cielo: puesto que, al creer en el que ha nacido, el hombre no se ha encontrado justificado por sí mismo, sino por Dios.

La verdad brota de la tierra: porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo: porque todo bene­ficio y todo don perfecto viene de arriba. La verdad brota de la tierra: la carne, de María. Y la justicia mira desde el cielo: porque el hombre no puede recibir nada, si no se lo dan desde el cielo.

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, esta­mos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido con la fe el acce­so a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoya­dos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.

No dice: «Nuestra gloria», sino: La gloria de Dios; porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por tanto, el que se gloríe, que se gloríe en el Señor, y no en sí mismo.

Por eso, después que la Virgen dio a luz al Señor, el pregón de las voces angélicas fue así: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. ¿Por qué la paz en la tierra, sino porque la verdad brota de la tierra, o sea, Cristo ha nacido de la carne? Y él es nuestra paz; él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa: para que fuésemos hombres que ama el Señor, unidos suavemente con vínculos de unidad.

Alegrémonos, por tanto, con esta gracia, para que el testimonio de nuestra conciencia constituya nuestra gloria: y no nos gloriemos en nosotros mismos, sino en Dios.

Por eso se ha dicho: Tú eres mi gloria, tú mantienes alto mi cabeza. ¿Pues qué gracia de Dios pudo brillar más intensamente para nosotros que ésta: teniendo un Hijo unigénito, hacerlo hijo del hombre, para, a su vez, hacer al hijo del hombre hijo de Dios?

Busca méritos, busca justicia, busca motivos; y a ver si encuentras algo que no sea gracia.


El maná de cada día, 23.12.19

diciembre 23, 2019

23 de Diciembre. Feria mayor de Adviento

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Os envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí

 

Antífona de la O. ¡Oh Enmanuel !

Y dijo nuestro Dios: “iré con ellos:
pondré sobre mis hombros su destino,
seré su Hermano, Padre y compañero
y haré su corazón igual al mío!”.
Seremos -como esposos- una carne;
en ellos grabaré mi Testamento;
mis venas llevarán la misma sangre:
tendremos en común el aposento.
Yo con vosotros; id, contadlo presto
¡que soy el Enmanuel, hermano vuestro!

El cielo dio su Rocío;
la tierra rompió su entraña
la Virgen espera un Niño:
¡nacer lo veréis mañana!
“Ven, Señor Jesús”.

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Antífona de entrada: Is 9, 6; Sal 71, 17

Un niño nos va a nacer y es su nombre: Dios guerrero, él será la bendición de todos los pueblos.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, al acercarnos a las fiestas de Navidad, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de la Virgen María y quiso vivir entre nosotros, nos haga participes de la abundancia de su misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Malaquías 3, 1-4.23-24

Así dice el Señor: «Mirad, yo os envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–.

¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?

Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.

Mirad: os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra.»


SALMO 24, 4-5ab.8-9.10.14

Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza.



Aclamación antes del Evangelio

Rey de las naciones y piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.


EVANGELIO: Lucas 1, 57-66

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»

Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.»

Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea.

Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.


Antífona de comunión: Ap 3, 20

Estoy a la puerta llamando: si alguien me oye y me abre, entraré y comeremos juntos.



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COMO EN ESPERA DE UN PARTO

Papa Francisco, Casa Santa Marta
Lunes 23 de diciembre de 2013

En Navidad se viven las «percepciones interiores en femenino» propias de la «espera de un parto». Una actitud espiritual que prevé un estilo de «apertura»: por ello no se debe colocar nunca en la puerta de nuestra alma «un educado cartel» con la inscripción: «Se ruega no molestar».

Es una fuerte llamada al significado más auténtico de la Navidad la propuesta del Papa Francisco durante la misa celebrada el lunes 23 de diciembre en la capilla de Santa Marta. «En ésta última semana» que precede a la Navidad —recordó el Pontífice— «la Iglesia repite la oración: ¡Ven, Señor!». Y haciendo así, «llama al Señor con tantos nombres distintos, llenos de un mensaje sobre el Señor» mismo: «Oh sabiduría, oh Dios poderoso, oh raíz de Jesé, oh sol, oh rey de las naciones, oh Emanuel».

La Iglesia hace esto, explicó el Santo Padre, porque «está en espera de un parto». En efecto «también la Iglesia, esta semana, es como María: en espera del parto». En su corazón la Virgen «sentía lo que sienten todas las mujeres en ese momento» tan especial: esas «percepciones interiores en su cuerpo y en su alma» de las cuales comprende que el hijo ya está por nacer. Y «en su corazón decía seguramente» al niño que llevaba en su seno: «Ven, quiero mirarte a la cara porque me han dicho que serás grande».

Es una experiencia espiritual que vivimos también «nosotros como Iglesia», porque «acompañamos a la Virgen en este camino de espera». Y «queremos apresurar este nacimiento del Señor». Éste es el motivo de la oración: «Ven, oh llave de David, oh sol, oh sabiduría, oh Emanuel. ¡Ven!».

Una invocación evocada también en los últimos versículos de la Biblia cuando, al final del libro del Apocalipsis, la Iglesia repite: «Ven, Señor Jesús». Y lo hace con «esa palabra aramea —maranathà— que puede significar un deseo o también una seguridad: el Señor viene».

En realidad, «el Señor viene dos veces». La primera, explicó el Obispo de Roma, es «la que conmemoramos ahora, el nacimiento físico». Luego «vendrá al final, a cerrar la historia». Pero, añadió, «san Bernardo nos dice que hay una tercera venida del Señor: la de cada día».

En efecto «el Señor cada día visita a su Iglesia. Nos visita a cada uno de nosotros. Y también nuestra alma entra en esta semejanza: nuestra alma se asemeja a la Iglesia; nuestra alma se asemeja a María». En esta perspectiva el Papa Francisco recordó que «los padres del desierto dicen que María, la Iglesia y nuestra alma son femeninas». Así «lo que se dice de una, análogamente se puede decir de la otra».

Por lo tanto «nuestra alma está en espera, en espera por la venida del Señor. Un alma abierta que llama: ¡ven, Señor!». Precisamente en estos días, dijo el Pontífice, el Espíritu Santo mueve el corazón de cada uno a «hacer esta oración: ¡ven, ven!».

Por lo demás, «todos los días de Adviento —recordó— hemos dicho en el prefacio que nosotros, la Iglesia, como María, estamos «vigilantes en espera»». Y «la vigilancia es la virtud, es la actitud de los peregrinos. Somos peregrinos». Una condición que sugirió al Papa una pregunta: «¿Estamos en espera o estamos cerrados? ¿Estamos vigilantes o estamos seguros en un albergue en el camino y ya no queremos ir más adelante? ¿Somos peregrinos o somos errantes?».

He aquí por qué la Iglesia nos invita a rezar con este «¡Ven!». Se trata, en definitiva, de «abrir nuestra alma» para que en estos días esté «vigilante en la espera». Es una invitación a comprender «qué sucede» a nuestro alrededor: «si viene el Señor o si no viene; si hay sitio para el Señor o hay sitio para las fiestas, para hacer compras, hacer ruido».

Una reflexión que, según el Pontífice, lleva a otra pregunta dirigida a nosotros mismos: «¿Nuestra alma está abierta, como está abierta la santa madre Iglesia y como estaba abierta la Virgen? ¿O nuestra alma está cerrada y hemos colgado en la puerta un cartel, muy educado, que dice: se ruega no molestar?».

«El mundo no acaba con nosotros», afirmó el Papa, y «nosotros no somos más importantes que el mundo». Así, continuó, «con la Virgen y con la madre Iglesia nos hará bien repetir hoy en oración estas invocaciones: oh sabiduría, oh llave de David, oh rey de las naciones, ven, ven». Y será un bien, insistió, «repetir muchas veces: ¡ven!».

Una oración que se convierte en examen de conciencia, para verificar «cómo es nuestra alma» y hacer que «no sea un alma que diga» a los demás que no le molesten, sino más bien «un alma abierta, un alma grande para recibir al Señor en estos días». Un alma, concluyó el Santo Padre, «que comienza a sentir lo que mañana en la antífona nos dirá la Iglesia: Hoy sabréis que vendrá el Señor, y mañana veréis su gloria».

http://www.vatican.va


San José resume toda la sabiduría cristiana, afirma el Papa Francisco

diciembre 22, 2019

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El Papa Francisco bendice a los fieles en la Plaza de San Pedro. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa. 22 Dic 2019. Cuarto Domingo Adviento

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San José resume toda la sabiduría cristiana, afirma el Papa Francisco

Redacción ACI Prensa

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El Papa Francisco negó que San José sea un personaje evangélico de segundo plano y afirmó que en él se concentra toda la sabiduría cristiana.

Así lo afirmó durante el rezo del Ángelus dominical este 22 de diciembre, cuarto y último domingo de Adviento, desde los apartamentos pontificios del Palacio Apostólico del Vaticano.

“El Evangelio nos guía hacia la Navidad por medio de la experiencia de José, de San José, una figura aparentemente en segundo plano, pero en cuya actitud se concentra toda la sabiduría cristiana”, subrayó Francisco.

Destacó que San José “junto con Juan Bautista y María, es uno de los personajes que la liturgia nos propone para el tiempo de Adviento; y de los tres, es el más modesto.

No predica, no habla, pero trata de cumplir la voluntad de Dios; y la cumple en el estilo del Evangelio y de las Bienaventuranzas: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

El Pontífice señaló que “José es pobre porque vive de lo esencial, trabaja, vive del trabajo, es la pobreza típica de aquellos que son conscientes de depender en todo de Dios y en Él sitúan toda su confianza”.

A continuación, el Papa Francisco explicó el significado del fragmento evangélico de este domingo, en el que San José descubre que María está embarazada y decide repudiarla en secreto para evitar que la juzguen.

“José y María se comprometieron como esposos; no habían vivido juntos, pero ella estaba esperando un Niño por obra de Dios”, expuso Francisco.

“José, ante esta sorpresa, naturalmente se queda turbado, pero, en vez de rechazar de forma impulsiva y acusadora, como se hacía, la ley lo protegía, trata de buscar una solución que respete la dignidad y la integridad de su amada María”.

“Dice el Evangelio: ‘José, su esposo, ya que era un hombre justo y no quería acusarla públicamente, pensó en repudiarla en secreto’. José, de hecho, sabía bien que, si hubiese denunciado a su esposa prometida, la habría expuesto a graves consecuencias, incluso a la muerte. Él tiene plena confianza en María, a la que ha elegido como a su esposa. No comprende, pero busca otra solución”.

Sin embargo, “esa inexplicable circunstancia lo lleva a cuestionarse el vínculo; por lo tanto, con gran sufrimiento, decide desvincularse de María sin crear escándalo. Entonces, el Ángel del Señor interviene para decirle que la solución por él determinada no responde a la Voluntad de Dios. Así, el Señor le abre un camino nuevo de unión, de amor y de felicidad: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu esposa, el niño engendrado en ella viene del Espíritu Santo’”.

Llegado a ese punto, “José se fía totalmente de Dios, obedece las palabras del Ángel y toma consigo a María. Es precisamente esta confianza indestructible en Dios lo que le ha permitido aceptar una situación humanamente difícil y, en cierto sentido, incomprensible. José comprende, en la fe, que el niño engendrado en el seno de María no es su hijo, sino que es Hijo de Dios y él, José, será su custodio asumiendo plenamente la paternidad terrena”.

El Papa Francisco concluyó: “El ejemplo de este hombre dócil y sabio nos exhorta a levantar la mirada y llevarla hacia más allá. Se trata de recuperar la lógica sorprendente de Dios que, alejada de pequeños o grandes cálculos, está hecha de apertura hacia nuevos horizontes, hacia Cristo y su Palabra”.

https://www.aciprensa.com/noticias/san-jose-resume-toda-la-sabiduria-cristiana-afirma-el-papa-francisco-26549


El maná de cada día, 22.12.19

diciembre 21, 2019

Domingo IV de Adviento, Ciclo A

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La virgen está encinta y dará a luz un hijo

 

Antífona de la O: ¡Oh llave de David!

Sagrado Cetro,
en donde Dios ejerce sus poderes:
recibes en herencia los misterios
y entregas sus riquezas al que quieres.
Si cierras Tú, cerrados permanecen,
y quedan manifiestos si los abres:
al hombre sin orgullo entrada ofreces
y ocultas su valor al arrogante.
Desata al pecador de su pecado
y da tu libertad al que es esclavo.

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Antífona de entrada: Is 45,8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación.


Oración colecta

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Is 7,10-14

En aquellos días, dijo el Señor a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».


SALMO 23

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


SEGUNDA LECTURA: Rom 1, 1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios.

Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor.

Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús.

A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 1, 23

Mirad, la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, «Dios-con-nosotros».


EVANGELIO: Mt 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


Antífona de comunión: Is 7, 14

Mirad: La Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros.

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PREGUNTAS AL PAPA FRANCISCO SOBRE LA NAVIDAD

Francisco cuenta a “La Stampa” y a “Vatican Insider” su primera Navidad como Obispo de Roma.

¿Qué significa para usted la Navidad?

Es el encuentro con Jesús. Dios siempre ha buscado a su pueblo, lo ha guiado, lo ha custodiado, ha prometido que le estará siempre cerca. En el Libro del Deuteronomio leemos que Dios camina con nosotros, nos guía de la mano como hace un papá con su hijo. Esto es hermoso.

La Navidad es el encuentro de Dios con su pueblo. Y también es una consolación, un misterio de consolación. Muchas veces, después de la misa de Nochebuena, pasé algunas horas solo, en la capilla, antes de celebrar la misa de la aurora, con un sentimiento de profunda consolación y paz.

Recuerdo una vez aquí en Roma, creo que era la Navidad de 1974, en una noche de oración después de la misa en la residencia del Centro Astalli. Para mí la Navidad siempre ha sido esto: contemplar la visita de Dios a su pueblo.

¿Cuál es el mensaje de la Navidad para las personas de hoy?

Nos habla de la ternura y de la esperanza. Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas.

La primera: tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. Es el papá que nos abre las puertas. Segunda: no tengan miedo de la ternura.

Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura se vuelven una Iglesia fría, que no sabe dónde ir y se enreda en las ideologías, en las actitudes mundanas. Mientras la sencillez de Dios te dice: sigue adelante, yo soy un Padre que te acaricia. Tengo miedo cuando los cristianos pierden la esperanza y la capacidad de abrazar y acariciar.

Tal vez por esto, mirando hacia el futuro, hablo a menudo sobre los niños y los ancianos, es decir los más indefensos. En mi vida como sacerdote, yendo a la parroquia, siempre traté de transmitir esta ternura, sobre todo a los niños y a los ancianos. Me hace bien, y pienso en la ternura que Dios tiene por nosotros.

¿Cómo es posible creer que Dios, considerado por las religiones como infinito y omnipotente, se haga tan pequeño?

Los Padres griegos la llamaban “synkatábasis”, condescendencia divina. Dios que desciende y está con nosotros. Es uno de los misterios de Dios. En Belén, en el 2000, Juan Pablo II dijo que Dios se convirtió en un niño que dependía totalmente de los cuidados de un papá y de una mamá.

Por esto la Navidad nos da tanta alegría. Ya no nos sentimos solos, Dios descendió para estar con nosotros. Jesús se hizo uno de nosotros y sufrió por nosotros el final más terrible en la cruz, el de un criminal.

A menudo se presenta la Navidad como una fábula de ensueño. Pero Dios nace en un mundo en el que también hay mucho sufrimiento y miseria…

Lo que leemos en los Evangelios es un anuncio de alegría. Los evangelistas describen una alegría. No hacen consideraciones sobre el mundo injusto, sobre cómo pudo nacer Dios en un mundo así. Todo esto es fruto de nuestra contemplación: los pobres, el niño que nace en la precariedad.

La Navidad no fue una denuncia de la injusticia social, de la pobreza, sino un anuncio de alegría. Todo lo demás son conclusiones que sacamos nosotros. Algunas correctas, otras menos y otras más ideologizadas. La Navidad es alegría, alegría religiosa, alegría de Dios, interior, de luz, de paz.

Cuando no se tiene la capacidad o se está en una situación humana que no te permite comprender esta alegría, se vive la fiesta con alegría mundana. Pero entre la alegría profunda y la alegría mundana hay mucha diferencia.

Es su primera Navidad como Obispo de Roma, en un mundo lleno de conflictos y guerras…

Dios nunca da un don a quien no es capaz de recibirlo. Si nos ofrece el don de la Navidad es porque todos tenemos la capacidad para comprenderlo y recibirlo. Todos, desde el más santo hasta el más pecador, desde el más limpio hasta el más corrupto. Incluso el corrupto tiene esta capacidad: pobrecito, la tiene un poco oxidada, pero la tiene.

La Navidad en este tiempo de conflictos es un llamado de Dios, que nos da este don. ¿Queremos recibirlo o preferimos otros regalos? Esta Navidad en un mundo afectado por las guerras me hace pensar en la paciencia de Dios.

La principal virtud de Dios, indicada en la Biblia, es que Él es amor. Él nos espera, no se cansa nunca de esperarnos. Él da el don y después nos espera. Esto sucede en la vida de cada uno de nosotros. Hay algunos que lo ignoran. Pero Dios es paciente y la paz, la serenidad de la noche de Navidad, es un reflejo de la paciencia de Dios hacia nosotros.

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Carta Apostólica del Papa Francisco sobre el significado del Pesebre, “Admirabile Signum:

https://ismaelojeda.wordpress.com/2019/12/01/carta-apostolica-admirabile-signum-del-papa-francisco-sobre-el-significado-del-pesebre/


El maná de cada día, 21.12.19

diciembre 21, 2019

21 de Diciembre. Feria de Adviento

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El amor es generoso y servicial

 

Antífona de entrada: Isaías 7, 14; 8, 10

Muy pronto vendrá el Señor que domina los pueblos, y se llamará Emmanuel, porque tendremos a Dios-con-nosotros.


Oración colecta

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, alegre por la venida de tu Hijo en carne mortal, y haz que, cuando vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de sus labios la invitación a poseer el reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Cantar de los Cantares 2, 8-14

¡Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, brincando por los collados! Es mi amado como un gamo, es mi amado un cervatillo.

Mirad: se ha parado detrás de la tapia, atisba por las ventanas, mira por las celosías. Habla mi amado y me dice: «¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí!

Porque ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido, brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda, el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos; apuntan los frutos en la higuera, la viña en flor difunde perfume.

¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí!

Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz, y es hermosa tu figura.»
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SALMO 32, 2-3.11-12.20-21

Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.

Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

El plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.
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Aclamación antes del Evangelio

Emmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.


EVANGELIO: Lucas 1, 39-45

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»


Antífona de comunión: Lucas 1,45

Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
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GENEROSIDAD Y ESPÍRITU DE SERVICIO

P. Francisco Fernández Carvajal

Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel1.

La Virgen se da del todo a lo que Dios le pide. En un momento sus planes personales –los tendría– quedan en un rincón para hacer lo que Dios le propone. No puso excusas. Desde el primer momento, Jesús es el ideal único y grandioso para el que vive.

Nuestra Señora manifestó una generosidad sin límites a lo largo de toda su existencia aquí en la tierra. De los pocos pasajes del Evangelio que se refieren a su vida, dos de ellos nos hablan directamente de su atención a los demás: fue generosa con su tiempo para atender a su prima Santa Isabel hasta que nació Juan2; estuvo preocupada por el bienestar de los demás, como nos muestra su intervención en las bodas de Caná3.

Fueron actitudes habituales en Ella. Mucho tendrían que decirnos sus paisanos de Nazaret de los incontables detalles de María con ellos en la convivencia diaria.

La Virgen no piensa en sí misma, sino en los demás. Trabaja en las faenas de la casa con la mayor sencillez y con mucha alegría; también con gran recogimiento interior, porque sabe que el Señor está en Ella. Todo queda santificado en la casa de Isabel por la presencia de la Virgen y del Niño que va en su seno.

En María comprobamos que la generosidad es la virtud de las almas grandes, que saben encontrar la mejor retribución en el haber dado: habéis recibido gratis, dad gratis4. La persona generosa sabe dar cariño, comprensión, ayudas materiales…, y no exige que la quieran, la comprendan, la ayuden.

Da, y se olvida de que ha dado. Ahí está toda su riqueza. Ha comprendido que es mejor dar que recibir5.

Descubre que amar «es esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar de verdad conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente… Esta desposesión de uno mismo (…) es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad»6.

El dar ensancha el corazón y lo hace más joven, con más capacidad de amar. El egoísmo empobrece, hace el propio horizonte más pequeño. Cuanto más damos, más nos enriquecemos.

A la Virgen le suplicamos hoy que nos enseñe a ser generosos, en primer lugar con Dios, y luego con los demás, con quienes conviven o trabajan junto a nosotros, con quienes nos encontramos en las diversas circunstancias de la vida. Que sepamos darnos en el servicio a los demás, en la vida ordinaria de cada día.

1 Evangelio de la Misa, Lc 1, 39-40. — 2 Lc 1, 31. — 3 Jn 2, 1 ss. — 4 Mt 10, 8. 5 Hech 20, 35. — 6 Juan Pablo II, Alocución, 1-VI-1980.

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El maná de cada día, 19.12.19

diciembre 19, 2019

19 de Diciembre. Feria mayor de Adviento

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Tu ruego ha sido escuchado: Tu mujer Isabel te dará un hijo

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Antífona de la O, día 19 ¡Oh Adonai!

La zarza del Horeb, que en luz y fuego
al siervo Moisés de Dios hablara
se muestra imagen fiel de tu misterio:
de ser calor, espíritu y Palabra.
Voz eres celestial que a todos llama
y fuerza universal que todo eleva
y fuego abrasador que en viva llama
al mundo entero en torno a ti congrega.
Tu voz la nuestra sea, creadora,
y nuestra, la pasión que te devora.

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Antífona de entrada: Hebreos 10, 37

El que viene, llegará sin retraso, y ya no habrá temor en nuestra tierra, porque él es nuestro Salvador.


Oración colecta

Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.


PRIMERA LECTURA: Jueces 13, 2-7.24-25a

En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoj. Su mujer era estéril y no había tenido hijos.

El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: «Eres estéril y no has tenido hijos. Pero concebirás y darás a luz un hijo; ten cuidado de no beber vino ni licor, ni comer nada impuro, porque concebirás y darás a luz un hijo. No pasará la navaja por su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde antes de nacer. Él empezará a salvar a Israel de los filisteos.»

La mujer fue a decirle a su marido: «Me ha visitado un hombre de Dios que, por su aspecto terrible, parecía un mensajero divino; pero no le pregunté de dónde era, ni él me dijo su nombre. Sólo me dijo: “Concebirás y darás a luz un hijo: ten cuidado de no beber vino ni licor, ni comer nada impuro; porque el niño estará consagrado a Dios desde antes de nacer hasta el día de su muerte.”»

La mujer de Manoj dio a luz un hijo y le puso de nombre Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo. Y el espíritu del Señor comenzó a agitarlo.


SALMO 70, 3-4a.5-6ab.16-17

Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria.

Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío, líbrame de la mano perversa.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías.

Contaré tus proezas, Señor mío, narraré tu victoria, tuya entera. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.


Aclamación antes del Evangelio

Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.


EVANGELIO: Lucas 1, 5-25

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacía los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»

Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»

El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»

El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.»


Antífona de comunión: Lucas 1, 78-79

Nos visitará el Sol que nace de lo alto, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
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LA ECONOMÍA DE LA ENCARNACIÓN REDENTORA

Del Tratado de San Ireneo, obispo, contra las herejías.
(Libro 3, 20,2-3)

La gloria del hombre es Dios; el hombre, en cambio, es el receptáculo de la actuación de Dios, de toda su sabiduría y su poder.

De la misma manera que los enfermos demuestran cuál sea el médico, así los hombres manifiestan cuál sea Dios. Por lo cual dice también Pablo: Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos. Esto lo dice del hombre, que desobedeció a Dios y fue privado de la inmortalidad, pero después alcanzó misericordia y, gracias al Hijo de Dios, recibió la filiación que es propia de éste.

Si el hombre acoge sin vanidad ni jactancia la verda­dera gloria procedente de cuanto ha sido creado y de quien lo creó, que no es otro que el poderosísimo Dios que hace que todo exista, y si permanece en el amor, en la sumisión y en la acción de gracias a Dios, recibirá de él aún más gloria, así como un acrecentamiento de su propio ser, hasta hacerse semejante a aquel que murió por él.

Porque el Hijo de Dios se encarnó en una carne pecadora como la nuestra, a fin de condenar al pecado y, una vez condenado, arrojarlo fuera de la carne. Asumió la carne para incitar al hombre a hacerse semejante a él y para proponerle a Dios como modelo a quien imitar. Le impuso la obediencia al Padre para que llegara a ver a Dios, dándole así el poder de alcanzar al Padre. La Palabra de Dios, que habitó en el hombre, se hizo también Hijo del hombre, para habituar al hombre a percibir a Dios, y a Dios a habitar en el hombre, según el beneplácito del Padre.

Por esta razón el mismo Señor nos dio como señal de nuestra salvación al que es Dios-con-nosotros, nacido de la Virgen, ya que era el Señor mismo quien salvaba a aquellos que no tenían posibilidad de salvarse por sí mis­mos; por lo que Pablo, al referirse a la debilidad humana, exclama: Sé que no es bueno eso que habita en mi carne, dando a entender que el bien de nuestra salvación no proviene de nosotros, sino de Dios; y añade: ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muer­te? Después de lo cual se refiere al libertador: la gracia nuestro Señor Jesucristo.

También Isaías dice lo mismo: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los co­bardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis». Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona y os salvará; porque hemos de salvarnos, no por nosotros mis­mos, sino con la ayuda de Dios

 


Oración de la madre gestante. Madres Cristianas Santa Mónica

diciembre 18, 2019

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Virgen Santa María de la Dulce Espera

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ORACIÓN DE LA MADRE GESTANTE. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica. Agustinos Recoletos.

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Señor Dios nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te adoro como comunidad trinitaria y fuente de vida en el cielo y en la tierra.

Te doy gracias, Padre bueno, por haber pensado en mí desde toda la eternidad: tú pronunciaste mi nombre y me creaste mujer. Tanto confiaste en mí, que me has llamado a ser madre, a ser colaboradora tuya en la transmisión de la vida y de la fe.

Gracias, Señor Jesús, porque, siendo Dios, quisiste tener una madre en la tierra para hacerte hombre como nosotros. Tú llenaste del Espíritu a la santísima Virgen María para que cumpliera su especial vocación. Así la hiciste modelo de todas las madres redimidas por ti.

Apoyada en ella, te pido que derrames tu Espíritu sobre mi marido y sobre mí, para que cumplamos los planes del Padre: dar vida a nuestro hijo y transmitirle la fe.

Te doy gracias, Espíritu Santo, señor y dador de vida: ven sobre mí y sobre la criatura que estoy gestando. La confío a tu acción santificadora para que se desarrolle con bien hasta que la dé a luz. Gustosamente acepto los sacrificios del embarazo y las molestias que suponga para mí esta gestación.

Asísteme, Espíritu consolador, y purifícame de todo mal para que pueda trasmitir sólo vida y ternura a nuestro hijo. Te pido que esta criatura sea nuestra alegría como esposos y padres y la de toda la familia.

Gracias, Santísima Trinidad, por llamarme a formar con mi esposo la comunidad conyugal. Gracias por el don de mi marido, el mayor regalo que he recibido.

Con él me siento feliz disfrutando del amor mutuo, y ahora formando con nuestro hijo una verdadera familia a imagen de la comunidad trinitaria. ¡Qué maravillosos son tus designios, Dios mío, y qué insospechadas experiencias reservas para tus fieles! ¡Cómo no alabarte, si me has dado el esposo querido, los hijos y la vida de fe!

Señor Jesucristo, tú nos dejaste a María como madre. A ella me dirijo confiada: Virgen María, tú eres modelo para mí como mujer, y sobre todo ahora como madre gestante. Quiero contemplar la dulzura de tu rostro para poder imitar tu maternidad. Junto a ti también admiro a tu esposo, el fiel José.

Te pido, Virgen María, que con mi esposo sepamos imitar los ejemplos de tu sagrada familia. Tú eres mi consuelo y fortaleza. Enséñame a dar vida contigo a esta criatura que el Señor nos regala.

Te suplico, Madre santa, que todo esto me lo alcances de tu Hijo bendito, por intercesión de santa Mónica, que gestó a sus hijos dándoles a luz en la vida y en la fe. Así sea. Amén.

 

ORACIÓN DE LOS PADRES QUE ESPERAN UN HIJO

 

(Ambos) Señor Dios nuestro, con todo amor nos ponemos en tu presencia como pareja de esposos que tú has bendecido. Te damos gracias por llamarnos a formar una comunidad conyugal abierta a la vida y a la plenitud del amor. En particular te damos gracias, Señor, porque estás bendiciendo nuestro matrimonio dándonos al hijo que esperamos ilusionados.

Las palabras nos resultan cortas para expresar la felicidad que sentimos, y la emoción que embarga nuestros corazones. Resulta maravilloso experimentar que tú nos haces colaboradores tuyos para trasmitir la vida. Nos llena de gozo el saber que somos creadores contigo de esta nueva criatura, nuestra y tuya a la vez, Dios nuestro, fuente de vida.

Conscientes de la grandeza de esta vocación de esposos y padres, queremos ahora purificarnos de todo mal para ser canales limpios por donde pase la vida y la fe a nuestro hijo, a nuestra familia, a la Iglesia, al mundo. Queremos ser signo de tu amor, sacramento de tu misterio de vida y comunión.

Deseamos ser siempre una pareja ejemplar y formar una familia santa para gloria tuya. Como no podemos alcanzar esas metas sino con tu gracia, ahora rezamos el uno por el otro y nos bendecimos mutuamente en tu nombre y en tu amor.

(Marido-padre) Te doy gracias, Señor, por el don de mi esposa. Ella me hace cercano tu amor, tu perdón y tu preocupación por mí. Ella es la prueba de que me amas y me tomas en serio. Por eso, te doy gracias todos los días de mi vida y te pido que me hagas digno de un don tan maravilloso.

Quiero sinceramente ser mejor esposo y padre cada día. A la vez, te pido perdón si no he sabido valorar a mi mujer debidamente, si he sido duro con ella. Perdón por cualquier debilidad con la que le haya defraudado y ofendido.

En adelante prometo, con tu gracia, ser más delicado y responsable en todos mis comportamientos, particularmente ahora durante la gestación. Quiero darle a mi esposa cariño y protección en estos momentos, para que la criatura pueda sentir a través de nosotros el infinito amor que tú le tienes desde siempre.

Que yo sea un sacramento de tu amor providente para mi esposa y para nuestro hijo. Quiero que ellos descubran en mi conducta responsable y fiel tu presencia protectora en nuestro hogar. Amén.

(Esposa-madre) Te doy gracias, Señor, por mi marido, el mayor regalo que me has dado en la vida, junto con esta criatura que se está formando dentro de mí. Me siento feliz de poder cumplir tu voluntad, como lo hizo María, siempre confiada y alegre en tu presencia.

Señor, que se haga también en mí lo que tú dispongas: quiero ser la alegría de mi esposo y de mi hijo, para su satisfacción y para gloria tuya. Perdóname si he causado preocupación a mi marido o si le he defraudado en algo.

Por mi parte, estoy segura de que me darás cuanto necesite como esposa y madre. Creo en ti, Señor, pero aumenta mi fe y mi esperanza.

Santa María, Virgen y Madre, confío en ti; necesito tu ternura y fortaleza. Que esta criatura se parezca lo más posible a tu hijo Jesús. Que nuestro hijo se desarrolle sano de cuerpo y alma hasta que nazca. Así sea. Amén.

(Ambos) Señor Dios nuestro, te damos gracias por esta oración que nos has permitido dirigirte con amor. Que podamos cumplir con alegría y generosidad lo que te hemos prometido. Ten misericordia de nosotros pues somos débiles, pero confiamos en ti. Pues si tú nos regalas esta criatura, tú mismo nos ayudarás a cumplir la misión que nos confías.

Por eso, Padre de bondad, concédenos ser generosos dadores de vida. Señor Jesús, que acariciabas a los niños, bendice a nuestro hijo para que nazca sano y sea nuestra alegría y felicidad. Espíritu divino, ven sobre nosotros y asístenos mientras dure esta gestación, para que nuestro hijo sea lleno de gracia y bendición.

Señor Dios nuestro, reina en nuestra familia. Es tuya, te la consagramos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN POR LA VIDA, de San Juan Pablo II

 

Santa María, aurora del mundo nuevo,

Madre de los vivientes,

a ti confiamos la causa de la vida:

mira, Madre, el número inmenso

de niños a quienes se les impide nacer,

de pobres a quienes se les hace difícil vivir,

de hombres y mujeres víctimas de la violencia inhumana,

de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia

o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar,

con firmeza y amor, a los hombres de nuestro tiempo

el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo

como don siempre nuevo,

la alegría de celebrarlo con gratitud

durante toda su existencia,

y la valentía de testimoniarlo

con solícita constancia, para construir,

junto con todos los hombres de buena voluntad,

la civilización de la verdad y del amor,

para alabanza y gloria de Dios Creador,

y amante de la vida. Amén

 


El maná de cada día, 18.12.19

diciembre 18, 2019

18 de Diciembre. Segunda feria mayor de Adviento



Madrid y Getafe: Nuestra Señora de la Esperanza

Toledo: Solemnidad de Santa María en el Rito Hispano-Mozárabe.

Alegría y asombro embargaban a María los días anteriores al nacimiento de Jesús

 

Antífona de la O

¡Oh raíz de Jesé!
Volvió a reverdecer el trono antiguo;
de su raíz brotó la flor más bella:
gimieron consternados los abismos
y el Cielo despertó legión de estrellas.
Pastor de las naciones y los pueblos,
Enseña fulgurante, Vara enhiesta:
dirige poderoso hacia tu Reino
a cuantos ya se alegran con tu vuelta.
Estrella tuya soy, lucirte quiero
y ser en ti, jugosa Vid, renuevo.

 

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Antífona de entrada de la misa. 

El Mesías que Juan nos anunció como Cordero, vendrá como Rey.


Oración colecta

Concédenos, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 23, 5-8

«Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra.

En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro.

Y lo llamarán con este nombre: “El-Señor-nuestra-justicia”.

Por eso, mirad que llegan días -oráculo del Señor– en que no se dirá: “Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto”, sino que se dirá: “Vive el Señor, que sacó a la raza de Israel del país del Norte y de los países adonde los expulsó, y los trajo para que habitaran en sus campos”.»


SALMO 71, 1-2. 12-13. 18-19

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas; bendito por siempre su nombre glorioso; que su gloria llene la tierra. ¡Amén, amén!


Aclamación antes del Evangelio

Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.


EVANGELIO: Mateo 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

– «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


Antífona de comunión: Mateo 1, 23

Le pondrán por nombre Enmanuel, que significa: Dios-con-nosotros.

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ADVIENTO ES TIEMPO DEL ESPÍRITU

Adviento es el tiempo de la maternidad de María por obra del Espíritu Santo. Tiempo de gestación expectante en el alma ante el próximo nacimiento del Verbo encarnado.

Al compás del amor, brotan en el corazón deseos callados de contemplar asombrados el rostro niño de Dios. Deseos que nacen del Espíritu Santo, Aquel que ora y clama en nosotros pidiendo la venida de Cristo: ¡Ven, Amado! ¡Ven, Nacido! ¡Ven, Esperado!

Y es la Virgen Madre quien acompaña en el seno del Adviento el nacimiento del Verbo, como acompaña en el seno de Pentecostés el nacimiento de la Iglesia. Paralelismos sostenidos por el Espíritu, Aquel por quien toda virginidad se hace fecunda y materna.

Prepara tu alma con aires de hogar para acoger en ella al Verbo que se hace carne de tu carne. Embellécela con más silencio contemplativo, con oración más intensa, para que resuene en ella la voz de ese Espíritu Santo que clama enamorado al Verbo.

Empapa tu Adviento de mucho Espíritu Santo. Pídele que se haga presente en tu vida, en tu actividad, en tu trabajo, en tus afanes y preocupaciones, en todos los momentos y circunstancias de tu día a día; invócalo sobre las personas que te rodean o sobre las que están lejos, en las situaciones difíciles, en los momentos más duros.

Pídele que cubra con su gracia tu persona y tu vida, la Iglesia toda, el mundo entero, como cubrió y fecundó el seno virginal de María, para que en todo y en todos crezca ese cuerpo niño del Verbo que es la Iglesia. Adviento es el tiempo que el Espíritu guía y conduce hacia el Verbo de Belén.

Allí contemplas también a la Virgen, siempre Madre, que se anonada de humildad adorando esa carne de Dios. Ponte quieto junto a Ella, y calla. Adora y calla. No quieras romper ese silencio contenido que, en las frías noches de Belén, envuelve con ecos del Espíritu el resonar de esta Palabra del Padre.

http://www.mater-dei.es
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VIRGEN DE LA “O”, TÍTULO MARIANO

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Por Marciano Santervás Paniagua, agustino recoleto
Publicado el 17-12-2007 en www.agustinosrecoletos.org

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Ayer comenzó la cuenta atrás del Adviento, las ferias mayores que nos llevarán hasta el día de nochebuena. La liturgia se prepara alabando al Mesías con diferentes títulos.

María, la Inmaculada, es el título solemne de adviento y fuente de muchos otros. Pero en la tradición cristiana, según los lugares, en el adviento se ha invocado a María con otras advocaciones: Virgen de la Esperanza, Virgen de la Expectación, Virgen de la O

Virgen de la Esperanza, por ser la madre que trajo la esperanza al mundo, Jesús. Virgen de la Expectación, porque esperó como madre que naciera su hijo Jesús. Virgen de la O, porque, según algunos, grávida de su hijo, los artistas la representaron en óvalo.

Más probable es que esta denominación de María arranque de la exclamación ¡Oh! con que comienza la antífona magnificat del 17 al 23 de diciembre, canto evangélico que el evangelista Lucas pone en boca de María y se reza a diario en las vísperas.

“¡Oh!” Expresa alegría y asombro en la boca y el corazón del creyente que ora o canta estas antífonas que se abren sucesivamente con ¡Oh Sabiduría! ¡Oh raíz de Jesé! ¡Oh Adonai! ¡Oh sol naciente! ¡Oh llave de David! ¡Oh Rey de reyes! ¡Oh Enmanuel!

Y alegría y asombro fueron los sentimientos que embargaban a María los días anteriores al nacimiento de Jesús, por lo que la Iglesia peregrinante en su oración litúrgica intenta asemejarse a María y provocar en los fieles esos sentimientos marianos.

Las exclamaciones anteriores se encuentran todas en los libros proféticos del Antiguo Testamento; cosa razonable, porque antes del nacimiento de Jesús eran los libros veterotestamentarios los que conocían y con los que oraban los fieles judíos que esperaban al Mesías. La Iglesia, que litúrgicamente espera la llegada del Mesías, suplica con vivas fórmulas, ya no sólo judías, sino también cristianas, el nacimiento de Jesús.

Desde aquí se os invita a leer la paráfrasis que a cada una de estas antífonas ha realizado José Antonio Ciordia, agustino recoleto, y profesor de Sagrada Escritura durante más de cuarenta años. Su interpretación de cada una de las “O” está encerrada en el molde de diez versos de rima sencilla que invitan a la contemplación y al asombro esperanzado. En estos versos, la teología se ha hecho oración.

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¡Oh Sabiduría!
Saliste de la boca del Excelso
y engendras a tu voz las cosas todas,
ordenas en belleza el universo
y tejes con amor la humana historia.
Levanta en mi interior jardín de flores
con el calor que irradia tu Palabra:
en orden pon el caos de pasiones
que arrastran mi existencia hacia la nada.
Concédeme, Señor, gustar tu ciencia
y hallar en mí sabrosa tu presencia.

¡Oh raíz de Jesé!
Volvió a reverdecer el trono antiguo;
de su raíz brotó la flor más bella:
gimieron consternados los Abismos
y el cielo despertó legión de estrellas.
Pastor de las naciones y los pueblos
Enseña fulgurante, Vara enhiesta:
dirige poderoso hacia tu Reino
a cuantos ya se alegran con tu vuelta.
Estrella tuya soy, lucirte quiero
y ser en ti, jugosa Vid, renuevo.

¡Oh Adonai!
La zarza del Horeb, que en luz y fuego
al siervo Moisés de Dios hablara
se muestra imagen fiel de tu misterio:
de ser calor, espíritu y Palabra.
Voz eres celestial que a todos llama
y fuerza universal que todo eleva
y fuego abrasador que en viva llama
al mundo entero en torno a ti congrega.
Tu voz la nuestra sea, creadora,
y nuestra, la pasión que te devora.

¡Oh sol naciente!
Tú, Luz de Luz y Sol de eterno brillo,
fulgor ardiente que ciegas las Tinieblas
mantén tu curso fiel en el designio
de convertir en luz la obscura tierra.
Pues somos noche y hálito de barro,
cuán densas son las sombras en el alma
y cuántas las caídas en los pasos
si Tú no vienes pronto ¡y nos salvas!
¡Alumbre el resplandor de tu mirada
las niñas de mis ojos fatigadas!

¡Oh llave de David!
Sagrado Cetro,
en donde Dios ejerce sus poderes:
recibes en herencia los misterios
y entregas sus riquezas al que quieres.
Si cierras Tú, cerrados permanecen,
y quedan manifiestos si los abres:
al hombre sin orgullo entrada ofreces
y ocultas su valor al arrogante.
Desata al pecador de su pecado
y da tu libertad al que es esclavo.

¡Oh Rey de reyes!
Oh Rey de reyes, Fin de las edades;
Sillar fundamental del reino nuevo;
que rompes con tu cetro las ruindades
que hicieron enemigos a los pueblos.
Encanto de profetas y de sabios,
Anhelo de las islas más distantes,
que animas con el Soplo de tus labios
al hombre que del barro modelaste:
Renueva en tu poder al hombre viejo
y trae a tu redil a los dispersos.

¡Oh Enmanuel !
Y dijo nuestro Dios: “iré con ellos:
pondré sobre mis hombros su destino,
seré su Hermano, Padre y compañero
y haré su corazón igual al mío!”.
Seremos -como esposos- una carne;
en ellos grabaré mi Testamento;
mis venas llevarán la misma sangre:
tendremos en común el aposento.
Yo con vosotros; id, contadlo presto
¡que soy el Enmanuel, hermano vuestro!

El cielo dio su Rocío;
la tierra rompió su entraña
la Virgen espera un Niño:
¡nacer lo veréis mañana!
“Ven, Señor Jesús”.


El maná de cada día, 17.12.19

diciembre 17, 2019

 

17 de Diciembre.

Primera feria mayor de Adviento

Hoy comienza la recta final del Adviento, las ferias mayores que nos llevarán hasta el día de nochebuena.

La liturgia, a partir de la vísperas de hoy, se prepara alabando al Mesías con diferentes títulos expresados en las antífonas del Magníficat de cada feria hasta el día 23.

María, la Inmaculada, es el título solemne de adviento y fuente de muchos otros. Pero en la tradición cristiana, según los lugares, en el adviento se ha invocado a María con otras advocaciones: Virgen de la Esperanza, Virgen de la Expectación del parto, Virgen de la O

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Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente

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Antífona de la O: ¡Oh Sabiduría! (Día 17)

Saliste de la boca del Excelso
y engendras a tu voz las cosas todas,
ordenas en belleza el universo
y tejes con amor la humana historia.
Levanta en mi interior jardín de flores
con el calor que irradia tu Palabra:
en orden pon el caos de pasiones
que arrastran mi existencia hacia la nada.
Concédeme, Señor, gustar tu ciencia
y hallar en mí sabrosa tu presencia.

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Antífona de entrada de la misa: Isaías 49, 13

Exulta, cielo; alégrate tierra, porque viene el Señor y se compadecerá de los desamparados.


Oración colecta

Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo, Palabra eterna se encarnase en el seno de María, siempre Virgen; escucha nuestras súplicas, y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se digne hacernos partícipes de su condición divina. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Génesis 49, 1-2. 8-10

En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo:

«Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel: A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre.

Judá es un león agazapado, has vuelto de hacer presa, hijo mío; se agacha y se tumba como león o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?

No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos.»


SALMO 71, 1-2. 3-4ab. 7-8. 17

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz, y los collados justicia; que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre.

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar amar, del Gran Río al confín de la tierra.

Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol; que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.


Aclamación antes del Evangelio:

Sabiduría del Altísimo, que lo ordenas todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la prudencia.


EVANGELIO: Mateo 1, 1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.


Antífona de comunión: Ag 2, 8

Vendrá el deseado de las naciones, y se llenará de gloria el templo del Señor.
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CATORCE GENERACIONES

Mateo sitúa el nacimiento de Cristo al final de una serie de progenitores y ascendientes con los que va describiendo la genealogía de Jesús. “Desde Abraham a David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación de Babilonia, catorce generaciones. Desde la deportación de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones” (Mt 1,17).

Si el evangelista hubiera tenido que contarnos el origen de Cristo al estilo de las antiguas mitologías, hubiera escrito una genealogía llena de generaciones de dioses, héroes y semidioses. No es el caso de Cristo, de quien sabemos que perteneció a la estirpe de David, fue descendiente de Jacob y nació de María, que era la mujer de José.

Para Mateo es importante recalcar que Jesús era el “hijo de David”, porque el parentesco de sangre con David era necesario para que el pueblo de Israel reconociera a Jesús como el Mesías.

Y, sin embargo, igualmente necesarios eran los demás personajes de esa genealogía para que todos reconociéramos en ese Mesías a alguien de nuestro mismo linaje humano. No hay entre sus antecesores dioses, héroes o semidioses y sí prostitutas, traidores y muchos personajes desconocidos de los que la historia sólo nos dice que pertenecieron a la ascendencia de Cristo.

¿Qué sabemos y quiénes fueron Esrón, Arán, Abiá, Asaf, Salatiel, Aliud o Azor? Y, sin embargo, todos entraban en el plan de Dios, quizá sin ellos saberlo. Ni siquiera el pecado de muchos de ellos impidió que el Verbo se hiciera carne y naciera hecho Niño en un pesebre.

Aquel que quiso pertenecer al real linaje de David quiso también nacer en un pobre establo de Belén. Y aquel que era Dios no quiso renunciar a un linaje humano entreverado de miseria y de pecado.

Y tú ¿por qué no te aceptas como eres? ¿Por qué te empeñas en disimular, esconder o tergiversar la verdad de tu condición de pecador, haciendo creer a otros lo que no eres? ¿Te preocupa más lo que los demás piensen de ti que lo que eres ante Dios y para Dios?

Enamórate de este Dios Niño que pone patas arriba nuestros esquemas, medidas y criterios demasiado humanos. Aquello que no cuenta a los ojos de los hombres es lo que Dios elige para cumplir sus planes. Y hasta los detalles más nimios de tu vida o los acontecimientos más intrascendentes cuentan para Dios.

Piensa que si sólo existieras tú en el mundo sólo por ti el Verbo se habría hecho carne y habría llegado a dar su vida en la Cruz. Dios conduce los hilos y personajes de tu historia, aunque tu vida pase desapercibida y seas para muchos un personaje desconocido que nunca pasó a la historia.

Mater Dei

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Hoy comienza la recta final del Adviento, las ferias mayores que nos llevarán hasta el día de nochebuena.

La liturgia, a partir de la vísperas de hoy, se prepara alabando al Mesías con diferentes títulos expresados en las antífonas del Magníficat de cada feria hasta el día 23.

María, la Inmaculada, es el título solemne de adviento y fuente de muchos otros. Pero en la tradición cristiana, según los lugares, en el adviento se ha invocado a María con otras advocaciones: Virgen de la Esperanza, Virgen de la Expectación del parto, Virgen de la O

Virgen de la Esperanza, por ser la madre que trajo la esperanza al mundo, Jesús. Virgen de la Expectación, porque esperó como madre que naciera su hijo Jesús. Virgen de la O, porque, según algunos, grávida de su hijo, los artistas la representaron en óvalo.

Más probable es que esta denominación de María arranque de la exclamación ¡Oh! con que comienza la antífona magnificat del 17 al 23 de diciembre, canto evangélico que el evangelista Lucas pone en boca de María y se reza a diario en las vísperas.

“¡Oh!” Expresa alegría y asombro en la boca y el corazón del creyente que ora o canta estas antífonas que se abren sucesivamente con ¡Oh Sabiduría! ¡Oh raíz de Jesé! ¡Oh Adonai! ¡Oh sol naciente! ¡Oh llave de David! ¡Oh Rey de reyes! ¡Oh Enmanuel!

Y alegría y asombro fueron los sentimientos que embargaban a María los días anteriores al nacimiento de Jesús, por lo que la Iglesia peregrinante en su oración litúrgica intenta asemejarse a María y provocar en los fieles esos sentimientos marianos.

Las exclamaciones anteriores se encuentran todas en los libros proféticos del Antiguo Testamento; cosa razonable, porque antes del nacimiento de Jesús eran los libros veterotestamentarios los que conocían y con los que oraban los fieles judíos que esperaban al Mesías.

La Iglesia, que litúrgicamente espera la llegada del Mesías, suplica con vivas fórmulas, ya no sólo judías, sino también cristianas, el nacimiento de Jesús.

Desde aquí se os invita a leer la paráfrasis que a cada una de estas antífonas ha realizado José Antonio Ciordia, agustino recoleto, y profesor de Sagrada Escritura durante más de cuarenta años. Su interpretación de cada una de las “O” está encerrada en el molde de diez versos de rima sencilla que invitan a la contemplación y al asombro esperanzado. En estos versos, la teología se ha hecho oración.

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1. ¡Oh Sabiduría! (Día 17)
Saliste de la boca del Excelso
y engendras a tu voz las cosas todas,
ordenas en belleza el universo
y tejes con amor la humana historia.
Levanta en mi interior jardín de flores
con el calor que irradia tu Palabra:
en orden pon el caos de pasiones
que arrastran mi existencia hacia la nada.
Concédeme, Señor, gustar tu ciencia
y hallar en mí sabrosa tu presencia.

2. ¡Oh raíz de Jesé! (Día 18)
Volvió a reverdecer el trono antiguo;
de su raíz brotó la flor más bella:
gimieron consternados los Abismos
y el cielo despertó legión de estrellas.
Pastor de las naciones y los pueblos
Enseña fulgurante, Vara enhiesta:
dirige poderoso hacia tu Reino
a cuantos ya se alegran con tu vuelta.
Estrella tuya soy, lucirte quiero
y ser en ti, jugosa Vid, renuevo.

3. ¡Oh Adonai! (Día 19)
La zarza del Horeb, que en luz y fuego
al siervo Moisés de Dios hablara
se muestra imagen fiel de tu misterio:
de ser calor, espíritu y Palabra.
Voz eres celestial que a todos llama
y fuerza universal que todo eleva
y fuego abrasador que en viva llama
al mundo entero en torno a ti congrega.
Tu voz la nuestra sea, creadora,
y nuestra, la pasión que te devora.

4. ¡Oh sol naciente! (Día 20)
Tú, Luz de Luz y Sol de eterno brillo,
fulgor ardiente que ciegas las Tinieblas
mantén tu curso fiel en el designio
de convertir en luz la obscura tierra.
Pues somos noche y hálito de barro,
cuán densas son las sombras en el alma
y cuántas las caídas en los pasos
si Tú no vienes pronto ¡y nos salvas!
¡Alumbre el resplandor de tu mirada
las niñas de mis ojos fatigadas!

5. ¡Oh llave de David! (Día 21)
Sagrado Cetro,
en donde Dios ejerce sus poderes:
recibes en herencia los misterios
y entregas sus riquezas al que quieres.
Si cierras Tú, cerrados permanecen,
y quedan manifiestos si los abres:
al hombre sin orgullo entrada ofreces
y ocultas su valor al arrogante.
Desata al pecador de su pecado
y da tu libertad al que es esclavo.

6. ¡Oh Rey de reyes! (Día 22)
Oh Rey de reyes, Fin de las edades;
Sillar fundamental del reino nuevo;
que rompes con tu cetro las ruindades
que hicieron enemigos a los pueblos.
Encanto de profetas y de sabios,
Anhelo de las islas más distantes,
que animas con el Soplo de tus labios
al hombre que del barro modelaste:
Renueva en tu poder al hombre viejo
y trae a tu redil a los dispersos.

7. ¡Oh Enmanuel! (Día 23)
Y dijo nuestro Dios: “iré con ellos:
pondré sobre mis hombros su destino,
seré su Hermano, Padre y compañero
y haré su corazón igual al mío!”.
Seremos -como esposos- una carne;
en ellos grabaré mi Testamento;
mis venas llevarán la misma sangre:
tendremos en común el aposento.
Yo con vosotros; id, contadlo presto
¡que soy el Enmanuel, hermano vuestro!

El cielo dio su Rocío;
la tierra rompió su entraña
la Virgen espera un Niño:
¡nacer lo veréis mañana!
“Ven, Señor Jesús”.

 

De las cartas de san León Magno, papa (Carta 31, 2-3: PL 54, 791-793)

EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN

De nada sirve reconocer a nuestro Señor como hijo de la bienaventurada Virgen María y como hombre verdadero y perfecto, si no se le cree descendiente de aquella estirpe que en el Evangelio se le atribuye.

Pues dice Mateo: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán; y a continuación viene el orden de su origen humano hasta llegar a José, con quien se hallaba desposada la madre del Señor.

Lucas, por su parte, retrocede por los grados de ascendencia y se remonta hasta el mismo origen del linaje humano, con el fin de poner de relieve que el primer Adán y el último Adán son de la misma naturaleza.

Para enseñar y justificar a los hombres, la omnipotencia del Hijo de Dios podía haber aparecido, por supuesto, del mismo modo que había aparecido ante los patriarcas y los profetas, es decir, bajo apariencia humana: por ejemplo, cuando trabó con ellos un combate o mantuvo una conversación, cuando no rehuyó la hospitalidad que se le ofrecía y comió los alimentos que le presentaban.

Pero aquellas imágenes eran indicios de este hombre; y las significaciones místicas de estos indicios anunciaban que él había de pertenecer en realidad a la estirpe de los padres que le antecedieron.

Y, en consecuencia, ninguna de aquellas figuras era el cumplimiento del misterio de nuestra reconciliación, dispuesto desde la eternidad, porque el Espíritu Santo aún no había descendido a la Virgen ni la virtud del Altísimo la había cubierto con su sombra, para que la Palabra hubiera podido ya hacerse carne dentro de las virginales entrañas, de modo que la Sabiduría se construyera su propia casa; el Creador de los tiempos no había nacido aún en el tiempo, haciendo que la forma de Dios y la de siervo se encontraran en una sola persona; y aquel que había creado todas las cosas no había sido engendrado todavía en medio de ellas.

Pues de no haber sido porque el hombre nuevo, encarnado en una carne pecadora como la nuestra, aceptó nuestra antigua condición y, consustancial como era con el Padre, se dignó a su vez hacerse consustancial con su madre, y, siendo como era el único que se hallaba libre de pecado, unió consigo nuestra naturaleza, la humanidad hubiera seguido para siempre bajo la cautividad del demonio.

Y no hubiésemos podido beneficiarnos de la victoria del triunfador, si su victoria se hubiera logrado al margen de nuestra naturaleza.

Por esta admirable participación ha brillado para nosotros el misterio de la regeneración, de tal manera que, gracias al mismo Espíritu por cuya virtud Cristo fue concebido y nació, hemos nacido de nuevo de un origen espiritual.

Por lo cual, el evangelista dice de los creyentes: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

http://adoratioiesuchristi.blogspot.com/2015/12/de-las-cartas-de-san-leon-magno-papa.html

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El maná de cada día, 16.12.19

diciembre 16, 2019

Lunes de la 3ª semana de Adviento

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P1020517

Señor, instrúyeme en tus sendas

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PRIMERA LECTURA: Números 24, 2-7.15-17a

En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus.

El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo, de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel!

Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella.»

Y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel.»
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SALMO 24, 4-5ab.6-7bc.8-9

Señor, instrúyeme en tus sendas.

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y es recto, enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
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Aclamación antes del Evangelio: Sal 84, 8

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

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EVANGELIO: Mateo 21, 23-27

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»

Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?»

Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?” Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.»

Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»

Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
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Cuando en la Iglesia falta profecía, aparece el clericalismo

Papa Francisco, homilía en Domus Santa Marta – 16.12.2013

Cuando falta la profecía en la Iglesia, falta la vida misma de Dios y predomina el clericalismo: es lo que ha afirmado el Papa Francisco esta mañana en la Misa celebrada en Santa Marta, el tercer lunes de Adviento.

El profeta, afirmó el Papa comentando las lecturas del día, es el que escucha las Palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro.

“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro.

El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro.

El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero, Señor, tú me hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”.

Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen, prosiguió el Papa, cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y no siempre es bien recibido el profeta, muchas veces es rechazado.

El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía, observó de nuevo el Papa, algo falta: ¡falta la vida del Señor!”.

“Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”.

“No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡sólo tenían la autoridad!”.

“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’.

Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven reducidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.

Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía.

Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza.

¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”.

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierra puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”.

http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/papa-francisco-cuando-en-la-iglesia-falta-profecia-aparece-el-clericalismo-5325084600303616

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EL ADVIENTO DE TU DÍA A DÍA

La liturgia del Adviento se va revistiendo de una intensidad única y sobrecogedora a medida que se van acercando los días de la celebración del nacimiento del Verbo.

Es difícil sintonizar interiormente con esta gozosa espera del Adviento cuando seguimos entreteniendo el corazón con las mil bagatelas de ese activismo descontrolado que distrae nuestra vida de lo esencial.

Seguimos enredados una y otra vez en ese ovillo de preocupaciones y afanes de nuestro día a día, sin que acertemos a poner en ellos un poco de ese Dios al que decimos que amamos por encima de todo.

Y así, se nos pasan, quizá, los días de nuestra vida, como flor que se deshoja entre los dedos, sin que hayamos gustado al menos un poco de su más suave aroma.

Decimos que el Adviento es espera de Dios y, en realidad, es el Señor quien nos espera desde siempre en su Adviento eterno. Nuestro Adviento litúrgico nos recuerda ese otro Adviento de Dios, que espera allá en la eternidad, en la otra orilla de la vida, adonde llegaremos vacíos de todas esas cosas y afanes que aquí tanto nos entretienen.

Si la liturgia de estos días clama deseosa ¡Ven, Señor!, qué será el deseo de ese Dios que, porque te espera desde siempre, te dice ¡ven! en cada uno de los instantes del día.

Vive pausado el adviento de cada momento de tu jornada pues, en las cosas y personas que llenan tu día a día, Dios sigue esperándote para encontrarse contigo.

En medio de los trajines que llenen hoy tu jornada, acuérdate de parar el corazón y deja que se escape de él ese ¡Ven, Señor! que anima los ritmos litúrgicos del Adviento.

Vive ese pequeño adviento de tu día a día, avivando en ti la presencia de ese Dios que debe llenar desde dentro todas tus cosas y afanes.

Que cada minuto de este día sea un pequeño adviento en el que abraces a ese Dios que espera de ti ese poco de amor y de intimidad que tú sepas ofrecerle como pesebre.

Mater Dei


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