El maná de cada día, 16.12.19

diciembre 16, 2019

Lunes de la 3ª semana de Adviento

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Señor, instrúyeme en tus sendas

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PRIMERA LECTURA: Números 24, 2-7.15-17a

En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus.

El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo, de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel!

Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella.»

Y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel.»
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SALMO 24, 4-5ab.6-7bc.8-9

Señor, instrúyeme en tus sendas.

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y es recto, enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
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Aclamación antes del Evangelio: Sal 84, 8

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

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EVANGELIO: Mateo 21, 23-27

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»

Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?»

Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?” Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.»

Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»

Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
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Cuando en la Iglesia falta profecía, aparece el clericalismo

Papa Francisco, homilía en Domus Santa Marta – 16.12.2013

Cuando falta la profecía en la Iglesia, falta la vida misma de Dios y predomina el clericalismo: es lo que ha afirmado el Papa Francisco esta mañana en la Misa celebrada en Santa Marta, el tercer lunes de Adviento.

El profeta, afirmó el Papa comentando las lecturas del día, es el que escucha las Palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro.

“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro.

El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro.

El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero, Señor, tú me hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”.

Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen, prosiguió el Papa, cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y no siempre es bien recibido el profeta, muchas veces es rechazado.

El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía, observó de nuevo el Papa, algo falta: ¡falta la vida del Señor!”.

“Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”.

“No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡sólo tenían la autoridad!”.

“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’.

Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven reducidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.

Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía.

Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza.

¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”.

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierra puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”.

http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/papa-francisco-cuando-en-la-iglesia-falta-profecia-aparece-el-clericalismo-5325084600303616

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EL ADVIENTO DE TU DÍA A DÍA

La liturgia del Adviento se va revistiendo de una intensidad única y sobrecogedora a medida que se van acercando los días de la celebración del nacimiento del Verbo.

Es difícil sintonizar interiormente con esta gozosa espera del Adviento cuando seguimos entreteniendo el corazón con las mil bagatelas de ese activismo descontrolado que distrae nuestra vida de lo esencial.

Seguimos enredados una y otra vez en ese ovillo de preocupaciones y afanes de nuestro día a día, sin que acertemos a poner en ellos un poco de ese Dios al que decimos que amamos por encima de todo.

Y así, se nos pasan, quizá, los días de nuestra vida, como flor que se deshoja entre los dedos, sin que hayamos gustado al menos un poco de su más suave aroma.

Decimos que el Adviento es espera de Dios y, en realidad, es el Señor quien nos espera desde siempre en su Adviento eterno. Nuestro Adviento litúrgico nos recuerda ese otro Adviento de Dios, que espera allá en la eternidad, en la otra orilla de la vida, adonde llegaremos vacíos de todas esas cosas y afanes que aquí tanto nos entretienen.

Si la liturgia de estos días clama deseosa ¡Ven, Señor!, qué será el deseo de ese Dios que, porque te espera desde siempre, te dice ¡ven! en cada uno de los instantes del día.

Vive pausado el adviento de cada momento de tu jornada pues, en las cosas y personas que llenan tu día a día, Dios sigue esperándote para encontrarse contigo.

En medio de los trajines que llenen hoy tu jornada, acuérdate de parar el corazón y deja que se escape de él ese ¡Ven, Señor! que anima los ritmos litúrgicos del Adviento.

Vive ese pequeño adviento de tu día a día, avivando en ti la presencia de ese Dios que debe llenar desde dentro todas tus cosas y afanes.

Que cada minuto de este día sea un pequeño adviento en el que abraces a ese Dios que espera de ti ese poco de amor y de intimidad que tú sepas ofrecerle como pesebre.

Mater Dei


Ángelus: “¡Ánimo, no tengas miedo! Aquí está tu Dios”

diciembre 15, 2019

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El Papa Saluda Desde La Ventana Del Palacio Apostólico © Vatican Media

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Ángelus: “¡Ánimo, no tengas miedo! Aquí está tu Dios”

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(ZENIT – 15 diciembre 2019).- En este tercer domingo de Adviento el Papa en su reflexión dominical sobre el Evangelio, antes de la oración mariana, nos invita a la alegría del profeta Isaías: “Que el desierto y la tierra seca se alegren, que la estepa florezca y se regocije” (35,1) y  junto con María vivamos este tiempo de Adviento como un tiempo de gracia.

A continuación, ofrecemos las palabras del Papa antes de la oración del Ángelus

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este tercer domingo de Adviento, llamado domingo de la “alegría”, la Palabra de Dios nos invita por un lado a la alegría, y por otro a la conciencia de que la existencia también incluye momentos de duda  en los que es difícil creer. Alegría y duda son experiencias que forman parte de nuestra vida.

A la invitación explícita a la alegría del profeta Isaías: “Que el desierto y la tierra seca se alegren, que la estepa florezca y se regocije” (35,1), la duda de Juan el Bautista se opone en el Evangelio: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Mt 11,3).

En efecto, el profeta ve más allá de la situación: tiene delante de él a personas desanimadas: manos débiles, rodillas temblorosas, corazones perdidos (ver 35,3-4). Es la misma realidad que pone a prueba la fe en todo momento.

Pero el hombre de Dios mira más allá, porque el Espíritu Santo hace que su corazón sienta el poder de su promesa, y anuncia la Salvación: “¡Ánimo, no tengas miedo! Aquí está tu Dios, […] Él viene a salvarte” (v. 4).

Y luego, todo se transforma: el desierto florece, el consuelo y la alegría se apoderan de los perdidos de corazón, el cojo, el ciego, el mudo son sanados (cf. vv. 5-6). Esto es lo que se realiza con Jesús: “los ciegos” recuperan la vista, los cojos caminan, los leprosos se purifican, los sordos oyen, los muertos resucitan, el Evangelio es anunciado a los pobres” (Mt 11,5).

Esta descripción nos muestra que la salvación envuelve al hombre por completo y lo regenera. Pero este nuevo nacimiento, con la alegría que lo acompaña, presupone siempre una muerte para nosotros y para el pecado que está en nosotros.

De ahí la llamada a la conversión, que es la base de la predicación tanto del Bautista como de Jesús. En particular, se trata de convertir la idea que tenemos de Jesús. Y el tiempo de Adviento nos anima a hacerlo precisamente preguntándole a Jesús lo mismo que el Bautista le preguntó: “¿eres tú el que tiene que venir o debemos esperar a otro?” (Mt 11,3).

Pensemos: durante toda la vida que Juan ha estado esperando al Mesías; su estilo de vida, su cuerpo en sí mismo está moldeado por esta espera. También por esta razón Jesús lo alaba con estas palabras: nadie es más grande que él, entre los nacidos de mujer (cf. Mt 11,11).

Y sin embargo, él también ha tenido que convertirse a Jesús. Como Juan, también nosotros estamos llamados a reconocer el rostro que Dios ha elegido asumir en Jesucristo, humilde y misericordioso.

El Adviento, tiempo de gracia, nos dice que no basta con creer en Dios: es necesario purificar nuestra fe todos los días. Se trata de prepararnos para acoger no a un personaje de cuento de hadas, sino al Dios que nos llama, nos involucra y ante el cual se impone una elección.

El niño que yace en el pesebre tiene el rostro de nuestros hermanos y hermanas más necesitados, de los pobres que “son los privilegiados de este misterio y, a menudo, los más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros” (Carta Apostólica Admirable signum, 6).

Que la Virgen María nos ayude para que a medida que nos acercamos a la Navidad, no nos dejemos distraer por las cosas externas, sino que hagamos espacio en nuestro corazón para Aquel que ya ha venido y quiere venir de nuevo a curar nuestras enfermedades y darnos su alegría.

https://es.zenit.org/articles/angelus-animo-no-tengas-miedo-aqui-esta-tu-dios/?fbclid=IwAR2TE_D0TQ_fCJqr2WoaZD6nVaSuZbUqJPy5T5YPPkq88Urj2ui9VpEaFWo

Papa Francisco: La alegría cristiana es un don y no simple diversión pasajera

diciembre 15, 2019

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Misa en la Casa Santa Marta / Foto: L’Osservatore Romano

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Papa Francisco: La alegría cristiana es un don y no simple diversión pasajera

Por Álvaro de Juana. ACI Prensa/EWTN Noticias

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Una comunidad sin la alegría que da Jesús puede ser divertida, pero “enferma de mundanidad”, advirtió el Papa Francisco durante la Misa en la Casa Santa Marta, donde explicó que la alegría cristiana es un don y no una diversión pasajera; y llamó a los fieles a pedir “la gracia del coraje” para que el miedo no los paralice y les impida llevar el mensaje del Señor.

“También una comunidad sin alegría es una comunidad enferma”, señaló el Papa. Indicó que tal vez sea una “comunidad divertida”, pero “enferma de mundanidad. Porque no tiene la alegría de Jesucristo”. De modo que “cuando la Iglesia es miedosa y cuando la Iglesia no recibe la alegría del Espíritu Santo, la Iglesia se enferma, las comunidades se enferman, los fieles se enferman”.

Asimismo, advirtió que “un cristiano sin alegría no es cristiano. Un cristiano que continuamente vive en la tristeza, no es cristiano. Y a un cristiano que en el momento de las pruebas, de las enfermedades o de tantas dificultades, pierde la paz, le falta algo”.

El Santo Padre resaltó que “la alegría cristiana no es una simple diversión, no es una alegría pasajera; la alegría cristiana es un don, es un don del Espíritu Santo. Es tener el corazón siempre alegre porque el Señor ha vencido, el Señor reina, el Señor está a la derecha del Padre, el Señor me ha mirado y me ha enviado, y me ha dado su gracia y me ha hecho hijo del Padre… Esa es la alegría cristiana. Un cristiano vive en la alegría”.

El Papa explicó que en las lecturas de la liturgia de este día hay dos palabras fundamentales: “miedo” y “alegría”. Sobre la primera destacó que es “una actitud que hace mal” puesto que “nos debilita”, nos “achica” y también nos “paraliza”. Por eso, alguien que tiene miedo “no hace nada, no sabe qué hacer”.

El miedo te lleva a un egocentrismo egoísta y te paraliza”. Por eso, “un cristiano temeroso es una persona que no ha entendido cuál es el mensaje de Jesús”.

“Por esto Jesús dice a Pablo: ‘No tengas miedo. Sigue hablando’. El miedo no es una actitud cristiana. Es la actitud –podemos decir– de un alma encarcelada, sin libertad, que no tiene la libertad de mirar hacia adelante, de crear algo, de hacer el bien… no, siempre: ‘No, pero está este peligro, está aquel otro, aquel otro…’. Y esto es un vicio. Y el miedo hace mal”.

“No tener miedo es pedir la gracia del coraje, del valor que nos envía el Espíritu Santo”, dijo a los fieles que participaban en la Misa.

En este punto, el Papa aseguró que “hay comunidades temerosas, que van siempre a lo seguro: ‘No, no, no hacemos esto, no, no, esto no se puede, esto no se puede…’. Parece que sobre la puerta de entrada hemos escrito ‘prohibido’: todo está prohibido por el miedo.

Y tú entras en esta comunidad y el aire está viciado, porque es una comunidad enferma. El miedo enferma a una comunidad. La falta de coraje enferma a una comunidad”.

Por eso hizo una distinción entre el miedo y el “temor de Dios”, que “es santo, es el temor de la adoración ante el Señor, y el temor de Dios es una virtud. Pero el temor de Dios no achica, no debilita, no paraliza: lleva hacia adelante, hacia la misión que el Señor da”.

Sobre la “alegría” también resaltó que “en los momentos más tristes, en los momentos del dolor”, la alegría “se convierte en paz”. “En cambio, una diversión en el momento del dolor se vuelve oscuridad, se hace oscura”.

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-la-alegria-cristiana-es-un-don-y-no-simple-diversion-pasajera-68549


El maná de cada día, 15.12.19

diciembre 14, 2019

Domingo III de Adviento, Ciclo A

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Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan



Antífona de entrada: Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca.


Oración colecta

Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 35, 1-6a. 10

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.

Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis» Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.

Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor. Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua, siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.


SALMO 145

Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.


SEGUNDA LECTURA: Santiago 5, 7-10

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía.

Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.

No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.


EVANGELIO: Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿0 qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».


Antífona de comunión: Is 35,4

Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis» Mirad a nuestro Dios que va a venir a salvarnos.

 

LECTIO DIVINA, DOMINGO 3º de ADVIENTO, CICLO A

Antes de abrir tu Biblia, abre tu corazón a la acción del Espíritu Santo

Paso 1. Disponerse: Párate un rato, dale tiempo al amor de Dios. Repite con fe varias veces: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Déjate hacer.

Mt 11, 2-11

Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios.

Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Paso 2. Leer: Observa cómo se buscan y se entienden Juan y Jesús. Mira que Jesús habla de Juan como alguien excepcional. Juan, en la cárcel, quiere saber de Jesús.

Paso 3. Escuchar: ¿Qué mensaje deja esta lectura en tu corazón? Párate en la pregunta de Juan: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Hazla tuya. Haz que resuene en tu interior. ¿Qué escuchas?

Paso 4. Orar: Habla con el Señor de lo que has escuchado en la lectura orante y creyente de este texto. ¿A qué te lleva esta lectura? ¿Qué sentimientos se avivan en tu corazón?

Paso 5. Vivir: ¿Cómo llega esta lectura a tu vida? ¿Es vida para tu vida? ¿En qué lo notas? ¿Qué cambia? ¿Vives ya como alguien salvado y redimido por el Señor?


http://semillas-edit.es/

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ESTAD ALEGRES, EL SEÑOR ESTÁ CERCA

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Comencemos, en nuestra reflexión, por la frase con la que Jesús, en el Evangelio, tranquiliza a los discípulos de Juan el Bautista acerca del propio mesianismo: «Se anuncia a los pobres la Buena Nueva».

El Evangelio es un mensaje de gozo: esto proclama la liturgia del tercer domingo de Adviento, que, por las palabras de Pablo en la antífona de ingreso, ha tomado el nombre de domingo «Gaudete», «estad siempre alegres», o sea, domingo de la alegría:

«Que el desierto y el sequedal se alegren… Se alegrarán con gozo y alegría… en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán».

Todos quieren ser felices. Si pudiéramos representar visiblemente a toda la humanidad, en su movimiento más profundo, veríamos una inmensa multitud erguirse en torno a un árbol frutal sobre la punta de los pies y tender desesperadamente las manos, en el esfuerzo de tomar un fruto que en cambio se escapa.

La felicidad, dijo Dante, es ese dulce fruto que el hombre busca entre las ramas de la vida.

Pero si todos buscamos la felicidad, ¿por qué tan pocos son verdaderamente felices y hasta los que lo son permanecen así por tiempo tan escaso?

Creo que la razón principal es que, en la escalada a la cumbre de la felicidad, erramos de vertiente; elegimos la que no lleva a la cima.

La revelación dice: «Dios es amor»; el hombre ha creído que puede dar la vuelta a la frase y decir: «¡El amor es Dios!» (la afirmación es de Feuerbach). La revelación dice: «Dios es felicidad»; el hombre invierte de nuevo el orden y dice: «¡La felicidad es Dios!».

¿Y qué sucede así? No conocemos en la tierra la felicidad en estado puro, como no conocemos el amor absoluto; conocemos sólo fragmentos de felicidad que se reducen con frecuencia a ebriedades pasajeras de los sentidos.

Cuando por eso decimos: «¡La felicidad es Dios!», divinizamos nuestras pequeñas experiencias; llamamos «Dios» a la obra de nuestras manos o de nuestra mente. Hacemos, de la felicidad, un ídolo.

Esto explica por qué quien busca a Dios encuentra siempre la alegría, mientras que quien busca la alegría no siempre encuentra a Dios.

El hombre se reduce a buscar la felicidad en razón de cantidad: siguiendo placeres y emociones cada vez más intensos, o añadiendo placer a placer. Como el drogadicto que necesita dosis cada vez mayores para lograr el mismo grado de placer.

Sólo Dios es feliz y hace felices. Por eso un salmo exhorta: «Ten tu alegría en el Señor, y escuchará lo que pida tu corazón» (Sal 37,4). Con Él también los gozos de la vida presente conservan su dulce sabor y no se transforman en angustias.

No sólo los gozos espirituales, sino toda alegría humana honesta: la alegría de ver crecer a los propios hijos, del trabajo felizmente llevado a término, de la amistad, de la salud recuperada, de la creatividad, del arte, del esparcimiento en contacto con la naturaleza.

Sólo Dios ha podido arrancar de los labios de un santo el grito: «Basta, Señor, de alegría; ¡mi corazón ya no puede contener más!».

En Dios se encuentra todo lo que el hombre acostumbra a asociar a la palabra felicidad e infinitamente más, pues «ni ojo vio, ni oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1 Co 2,9).

Es hora de empezar a proclamar con más valor la «Buena Nueva» de que Dios es felicidad, que la felicidad -no el sufrimiento, la privación, la cruz– tendrá la última palabra. Que el sufrimiento sirve sólo para quitar el obstáculo a la alegría, para dilatar el alma, para que un día pueda acoger la mayor medida posible.

Homilética.org


El maná de cada día, 14.12.19

diciembre 14, 2019

Sábado de la 2ª semana de Adviento

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Los discípulos entendieron que se refería a Juan el Bautista

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PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 48, 1-4.9-11

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido.

Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego.

¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo.

Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel.

Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.


SALMO: 79

Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.

Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.


Aclamación antes del Evangelio: Lucas 3, 4. 6

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Todos verán la salvación de Dios.


EVANGELIO: Mateo 17, 10-13

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»

Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»

Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

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Las promesas de Dios se nos conceden por su Hijo

San Agustín. Comentario sobre los salmos 109, 1-3

Dios estableció el tiempo de sus promesas y el momento de su cumplimiento.

El período de las promesas se extiende desde los profe­tas hasta Juan Bautista. El del cumplimiento, desde éste hasta el fin de los tiempos.

Fiel es Dios, que se ha constituido en deudor nuestro, no porque haya recibido nada de nosotros, sino por lo mucho que nos ha prometido. La promesa le pareció poco, incluso; por eso, quiso obligarse mediante escritura, ha­ciéndonos, por decirlo así, un documento de sus promesas para que, cuando empezara a cumplir lo que prometió, viésemos en el escrito el orden sucesivo de su cumplimiento. El tiempo profético era, como he dicho muchas veces, el del anuncio de las promesas.

Prometió la salud eterna, la vida bienaventurada en la compañía eterna de los ángeles, la herencia inmar­cesible, la gloria eterna, la dulzura de su rostro, la casa de su santidad en los cielos y la liberación del miedo a la muerte, gracias a la resurrección de los muertos. Esta última es como su promesa final, a la cual se enderezan todos nuestros esfuerzos y que, una vez alcanzada, hará que no deseemos ni busquemos ya cosa alguna. Pero tam­poco silenció en qué orden va a suceder todo lo relativo al final, sino que lo ha anunciado y prometido.

Prometió a los hombres la divinidad, a los mortales la inmortalidad, a los pecadores la justificación, a los mise­rables la glorificación.

Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecía increíble lo prometido por Dios –a saber, que los hombres habían de igualarse a los ángeles de Dios, saliendo de esta mortalidad, corrupción, bajeza, debilidad, polvo y ceni­za–, no sólo entregó la escritura a los hombres para que creyesen, sino que también puso un mediador de su fide­lidad. Y no a cualquier príncipe, o a un ángel o arcángel sino a su Hijo único. Por medio de éste había de mostrarnos y ofrecernos el camino por donde nos llevaría al fin prometido.

Poco hubiera sido para Dios haber hecho a su Hijo manifestador del camino. Por eso, le hizo camino, para que, bajo su guía, pudieras caminar por él.

Debía, pues, ser anunciado el unigénito Hijo de Dios en todos sus detalles: en que había de venir a los hombres y asumir lo humano, y, por lo asumido, ser hombre, morir y resucitar, subir al cielo, sentarse a la derecha del Padre y cumplir entre las gentes lo que prometió. Y, después del cumplimiento de sus promesas, también cumpliría su anuncio de una segunda venida, para pedir cuentas de sus dones, discernir los vasos de ira de los de misericordia, y dar a los impíos las penas con que amenazó, y a los justos los premios que ofreció.

Todo esto debió ser profetizado, anunciado, encomia­do como venidero, para que no asustase si acontecía de repente, sino que fuera esperado porque primero fue creído.


El maná de cada día, 13.12.19

diciembre 13, 2019

Viernes de la 2ª semana de Adviento

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El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida



PRIMERA LECTURA: Isaías 48, 17-19

Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues.

Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»


SALMO 1, 1-2.3.4.6

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


Aclamación antes del Evangelio

El Señor llega, salid a su encuentro; él es el Príncipe de la paz.


EVANGELIO: Mateo 11, 16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.”

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»


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NO OS CANSÉIS DE HACER EL BIEN

Es difícil no hacer el bien cuando sabemos que, en el fondo, algo conseguiremos a cambio. Aunque sean unas migajas de reconocimiento, de valoración personal, de subir puestos o de caer bien a los demás.

Pero, las personas somos tan volubles en nuestros sentimientos y estados de ánimo que, al final, ese buen actuar puede quedar a merced de la simpatía o antipatía que tengamos hacia los demás.

No, un bien así, apoyado en motivaciones humanas tan frágiles, a la larga no se sostiene.

Sólo la gracia es capaz de sostener, hasta lo inimaginable, esa caridad que debe impregnar tus gestos, palabras, actitudes, criterios, todo el entramado de tu día a día.

Y sólo la gracia es capaz de animar infatigablemente ese afán de hacer el bien en el que el alma encuentra su verdadero descanso.

Hace falta un corazón muy puro y desprendido, muy empapado de amor a Dios, para buscar siempre el bien y hacerlo sin cálculos ni reservas, sin reparar en si me dijo o no me dijo, si me hizo una vez o no me hizo, si me lo sabrá agradecer o no…

¿Crees que el Señor se dedicó en aquella oración de Getsemaní a sopesar y valorar si le convenía o no, si le compensaba o no abrazar la Cruz? ¿Crees que el Señor se dejó crucificar sólo porque tú y yo le caímos bien o íbamos a corresponder a su entrega?

Has de pedirle muchas veces al Señor que te sostenga en el bien. No te canses de repartirlo a manos llenas, aunque caiga, como aquella semilla, a lo largo del camino, en terreno pedregoso o entre abrojos.

http://www.mater-dei.es



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Admirabile signum: 10 datos de la carta del Papa sobre el valor del pesebre en Navidad

diciembre 12, 2019

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Pesebre. Crédito: Pixabay (Dominio Público)

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Admirabile signum: 10 datos de la carta del Papa sobre el valor del pesebre en Navidad

Redacción ACI Prensa

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Ayer 1 de diciembre el Papa Francisco firmó durante su visita a Greccio (Italia) la carta apostólica Admirabile signum sobre el significado y el valor del belén en Navidad, una tradición con cerca de ocho siglos de antigüedad que ayuda, de una manera “dulce y exigente”, a transmitir la fe de padres a hijos.

La carta ha sido firmada el día en que comienza el tiempo de Adviento como una invitación del Santo Padre a alentar esta hermosa tradición iniciada por San Francisco de Asís en la Navidad de 1223 en Greccio.

“Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”, alentó el Papa.

En ese sentido, para acoger la invitación del Papa Francisco a apreciar el valor del pesebre, te presentamos diez puntos para comprender la carta apostólica Admirabile signum:

1. El pesebre es como un Evangelio vivo: El Papa Francisco recuerda que la escenificación del nacimiento de Jesús “surge de las páginas de la Sagrada Escritura” para invitar a los hombres a ponerse en camino atraídos por Cristo, que se “ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”.

El evangelista Lucas narra que María “dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”.

2. San Francisco quería “contemplar” la fragilidad del Niño Jesús: Quince días antes de la Navidad de 1223, el santo le expresó a un hombre de nombre Juan que deseaba “celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno”.

El hombre cumplió con el deseo del santo y el 25 de diciembre, junto a frailes y personas de distintos lugares, San Francisco encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Las personas “mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado”.

“Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes”.

3. En 1223 uno de los presentes “vio” a Jesús en el pesebre: El Papa recuerda en su carta que “el primer biógrafo de San Francisco, Tomás de Celano, recuerda que esa noche, se añadió a la escena simple y conmovedora el don de una visión maravillosa: uno de los presentes vio acostado en el pesebre al mismo Niño Jesús.

De aquel belén de la Navidad de 1223, ‘todos regresaron a sus casas colmados de alegría’”.

4. El pesebre manifiesta la ternura de Dios: “¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve?”, pregunta el Papa en su carta. Y señala que es porque “manifiesta la ternura de Dios”, que siendo Creador del universo, “se abaja a nuestra pequeñez”.

Además, el belén “es desde su origen franciscano una invitación a ‘sentir’, a ‘tocar’ la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación” y “una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados”.

5. En el belén la creación participa en la fiesta de la venida de Jesús: En Admirabile signum, el Papa Francisco repasa los elementos que componen el nacimiento que se arma en los hogares, como el cielo estrellado, los paisajes, los animales y los pastores.

Ellos, afirmó, recuerdan lo que habían anunciado los profetas, “que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías”.

Además, “los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor”; asimismo, “los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece”.

6. María es la madre que contempla a su hijo: Al llegar a la Virgen María, el Papa destaca que en el pesebre su figura la muestra como la madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo.

“Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica”, afirma Francisco.

7. Representa a San José como custodio de la familia: Luego, el Pontífice afirma que “junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está San José”, representado con el bastón en la mano y, a veces, sosteniendo una lámpara.

“Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia” y que no duda en ponerse en camino ante la amenaza de Herodes. Fue el primer educador de Jesús niño y adolescente; “y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica”.

8. ¿Y las otras figuras del pesebre?: En su carta, el Papa también se refiere a la costumbre de colocar “en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón”, pero que “están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto”.

Pero también están otras figuras “que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos”. Sin embargo, “esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura.

Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan…, todo esto representa la santidad cotidiana”.

9. Nos pone ante el gran misterio de la vida: Francisco asegura en Admirabile signum que cuando en Navidad colocamos la figura del Niño Jesús “el corazón del pesebre comienza a palpitar”.

“Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos”. Dios Creador esconde su poder “en la debilidad y en la fragilidad” de un niño cuyo nacimiento “suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida”.

“Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas”, afirma el Papa.

10. Los Reyes Magos nos recuerdan nuestra misión evangelizadora: El Papa también recuerda que cuando llega la fiesta de la Epifanía está la costumbre de colocar las tres figuras de los Reyes Magos que llegan de Oriente para contemplar al Niño y ofrecerle los dones de oro, incienso y mirra.

Esta escena llama “a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador”. Además, los Magos, hombres sedientos de lo infinito, “enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo”.

Además “no se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo”; y cuando retornan a sus países, “habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes”.

El Papa Francisco invita en su carta apostólica a recordar cuando se era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construir el belén.

“Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia”, aseguró.

“No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición”, expresa el Santo Padre en Admirabile Signum.

La carta completa puede leerse AQUÍ.

https://www.aciprensa.com/noticias/admirabile-signum-10-datos-de-la-carta-del-papa-sobre-el-valor-del-pesebre-en-navidad-26663


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