El maná de cada día, 24.10.17

octubre 24, 2017

Martes de la 29ª semana del Ordinario

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Estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda

Estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas llegue y llame



PRIMERA LECTURA: Romanos 5, 12. 15b. 17-19. 20b-21

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.

En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida.

Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.


SALMO 39,7-8a.8b-9.10.17

Aquí estoy, Señor, para hacer tú voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.»

«–Como está escrito en mi libro– para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 21, 36

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para manteneros en pie ante el Hijo del hombre.


EVANGELIO: Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»
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ORDENA TU VIDA

El orden –o el desorden– dice mucho de ti y de Dios. El orden externo ayuda al orden interno. Ordena tu tiempo, tus cosas, tus actividades, tu trabajo, tus relaciones, y ordenarás también tus afectos, tu vida, tu relación con Dios, tu vida espiritual. No improvises, no salgas del paso, pero tampoco vivas con rigidez interior los imprevistos y circunstancias inesperadas.

Comienza por cuidar el orden de las cosas materiales que utilizas a diario en casa o en el trabajo. Cuida también el orden en tu imagen personal: el vestir, el hablar, el comer…

Ordena el horario de tu jornada poniendo en primer plano las cosas de Dios y el tiempo que, en justicia, debes dedicarle.

Ordena tus relaciones con los demás dando prioridad a los que Dios te ha encomendado directamente en tu propia familia, en tu apostolado, en la amistad… Ordena tu trabajo, comenzando por aquello que más te cuesta, por lo que menos te gusta, por lo más difícil.

Ordena, sobre todo, tu relación con Dios: tu Eucaristía diaria, tu confesión frecuente, tu oración cotidiana, tu apostolado, tu dirección espiritual, tu examen de conciencia al terminar cada jornada…

Pon a Dios en su sitio, por encima de todo, y verás que todo se hace más suave y llevadero, que el tiempo parece que cunde más, que las cosas se viven más serenamente, que el corazón logra esponjarse en todo y con todos. El orden es belleza y la belleza lleva a Dios.

www.mater-dei.es


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El maná de cada día, 21.10.17

octubre 21, 2017

Sábado de la 28ª Semana del Tiempo Ordinario

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El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.


PRIMERA LECTURA: Romanos 4, 13, 16-18

Hermanos:
No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo.

Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: “Te hago padre de muchos pueblos”.

Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: “Así será tu descendencia”.


SALMO 104, 6-7, 8-9, 42-43

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.

Porque se acordaba de la palabra sagrada que había dado a su siervo Abrahán, sacó a su pueblo con alegría, a sus escogidos con gritos de triunfo.



ALELUYA: Jn 15, 26b. 27a

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí -dice el Señor-; y también vosotros daréis testimonio.


EVANGELIO: Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios.

Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»



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El pecado contra el Espíritu Santo

JUAN PABLO II. Dominum et Vivificantem

46. ¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable? ¿Cómo se entiende esta blasfemia? Responde Santo Tomás de Aquino que se trata de un pecado « irremisible según su naturaleza, en cuanto excluye aquellos elementos, gracias a los cuales se da la remisión de los pecados ».183

Según esta exégesis la « blasfemia » no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, por el contrario, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo, que actúa en virtud del sacrificio de la Cruz. Si el hombre rechaza aquel « convencer sobre el pecado », que proviene del Espíritu Santo y tiene un carácter salvífico, rechaza a la vez la « venida » del Paráclito aquella « venida » que se ha realizado en el misterio pascual, en la unidad mediante la fuerza redentora de la Sangre de Cristo. La Sangre que « purifica de las obras muertas nuestra conciencia ».

Sabemos que un fruto de esta purificación es la remisión de los pecados. Por tanto, el que rechaza el Espíritu y la Sangre permanece en las « obras muertas », o sea en el pecado. Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste precisamente en el rechazo radical de aceptar esta remisión, de la que el mismo Espíritu es el íntimo dispensador y que presupone la verdadera conversión obrada por él en la conciencia.

Si Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura, es porque esta « no-remisión » está unida, como causa suya, a la « no-penitencia », es decir al rechazo radical del convertirse. Lo que significa el rechazo de acudir a las fuentes de la Redención, las cuales, sin embargo, quedan « siempre » abiertas en la economía de la salvación, en la que se realiza la misión del Espíritu Santo. El Paráclito tiene el poder infinito de sacar de estas fuentes: « recibirá de lo mío », dijo Jesús. De este modo el Espíritu completa en las almas la obra de la Redención realizada por Cristo, distribuyendo sus frutos.

Ahora bien la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre, que reivindica un pretendido « derecho de perseverar en el mal » en cualquier pecado— y rechaza así la Redención: El hombre encerrado en el pecado, haciendo imposible por su parte la conversión y, por consiguiente, también la remisión de sus pecados, que considera no esencial o sin importancia para su vida. Esta es una condición de ruina espiritual, dado que la blasfemia contra el Espíritu Santo no permite al hombre salir de su autoprisión y abrirse a las fuentes divinas de la purificación de las conciencias y remisión de los pecados.

La acción del Espíritu de la verdad, que tiende al salvífico « convencer en lo referente al pecado », encuentra en el hombre que se halla en esta condición una resistencia interior, como una impermeabilidad de la conciencia, un estado de ánimo que podría decirse consolidado en razón de una libre elección: es lo que la Sagrada Escritura suele llamar « dureza de corazón ».184 En nuestro tiempo a esta actitud de mente y corazón corresponde quizás la pérdida del sentido del pecado, a la que dedica muchas páginas la Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia.185 

Anteriormente el Papa Pío XII había afirmado que « el pecado de nuestro siglo es la pérdida del sentido del pecado » 186  y esta pérdida está acompañada por la « pérdida del sentido de Dios ». En la citada Exhortación leemos: « En realidad, Dios es la raíz y el fin supremo del hombre y éste lleva en sí un germen divino. Por ello, es la realidad de Dios la que descubre e ilumina el misterio del hombre. Es vano, por lo tanto, esperar que tenga consistencia un sentido del pecado respecto al hombre y a los valores humanos, si falta el sentido de la ofensa cometida contra Dios, o sea, el verdadero sentido del pecado ». 187 

La Iglesia, por consiguiente, no cesa de implorar a Dios la gracia de que no disminuya la rectitud en las conciencias humanas, que no se atenúe su sana sensibilidad ante el bien y el mal. Esta rectitud y sensibilidad están profundamente unidas a la acción íntima del Espíritu de la verdad. Con esta luz adquieren un significado particular las exhortaciones del Apóstol: « No extingáis el Espíritu », « no entristezcáis al Espíritu Santo ». 188

Pero la Iglesia, sobre todo, no cesa de suplicar con gran fervor que no aumente en el mundo aquel pecado llamado por el Evangelio blasfemia contra el Espíritu Santo; antes bien que retroceda en las almas de los hombres y también en los mismos ambientes y en las distintas formas de la sociedad, dando lugar a la apertura de las conciencias, necesaria para la acción salvífica del Espíritu Santo. La Iglesia ruega que el peligroso pecado contra el Espíritu deje lugar a una santa disponibilidad a aceptar su misión de Paráclito, cuando viene para « convencer al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio ».

48. Jesús en su discurso de despedida ha unido estos tres ámbitos del «convencer » como componentes de la misión del Paráclito: el pecado, la justicia y el juicio. Ellos señalan la dimensión de aquel misterio de la piedad, que en la historia del hombre se opone al pecado, es decir al misterio de la impiedad.189Por un lado, como se expresa San Agustín, existe el « amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios »; por el otro, existe el « amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo ».190 La Iglesia eleva sin cesar su oración y ejerce su ministerio para que la historia de las conciencias y la historia de las sociedades en la gran familia humana no se abajen al polo del pecado con el rechazo de los mandamientos de Dios « hasta el desprecio de Dios », sino que, por el contrario, se eleven hacia el amor en el que se manifiesta el Espíritu que da la vida.

Los que se dejan « convencer en lo referente al pecado » por el Espíritu Santo, se dejan convencer también en lo referente a « la justicia y al juicio ». El Espíritu de la verdad que ayuda a los hombres, a las conciencias humanas, a conocer la verdad del pecado, a la vez hace que conozcan la verdad de aquella justicia que entró en la historia del hombre con Jesucristo. De este modo, los que « convencidos en lo referente al pecado » se convierten bajo la acción del Paráclito, son conducidos, en cierto modo, fuera del ámbito del « juicio »: de aquel « juicio » mediante el cual « el Príncipe de este mundo está juzgado ».191

La conversión, en la profundidad de su misterio divino-humano, significa la ruptura de todo vínculo mediante el cual el pecado ata al hombre en el conjunto del misterio de la impiedad. Los que se convierten, pues, son conducidos por el Espíritu Santo fuera del ámbito del « juicio » e introducidos en aquella justicia, que está en Cristo Jesús, porque la « recibe » del Padre,192 como un reflejo de la santidad trinitaria.

Esta es la justicia del Evangelio y de la Redención, la justicia del Sermón de la montaña y de la Cruz, que realiza la purificación de la conciencia por medio de la Sangre del Cordero. Es la justicia que el Padre da al Hijo y a todos aquellos, que se han unido a él en la verdad y en el amor.

En esta justicia el Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, que « convence al mundo en lo referente al pecado » se manifiesta y se hace presente al hombre como Espíritu de vida eterna.


El maná de cada día, 15.10.17

octubre 14, 2017

Domingo la 28ª semana de Tiempo Ordinario

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¿Qué es importante?

¿Qué es lo más importante, lo único esencial, frente a lo urgente o contingente? ¿Sé priorizar?



Antífona de entrada: Sal 129, 3-4

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, Dios de Israel.


Oración colecta

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 25, 6-10a

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos.

Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre.

El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»


SALMO 22, 1-6

Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


SEGUNDA LECTURA: Filipenses 4, 12-14. 19 20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación.

Todo lo puedo en aquel que me conforta.

En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Aclamación antes del Evangelio: Ef 1, 17-18

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.


EVANGELIO: Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.”

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.”

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»


Antífona de comunión: Sal 33, 11

Los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada.


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¿QUÉ ES IMPORTANTE?

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Es instructivo observar cuáles son los motivos por los que los invitados de la parábola rechazan participar en el banquete. El evangelista Mateo dice que ellos «no hicieron caso» de la invitación y «se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio».

El Evangelio de Lucas, sobre este punto, es más detallado y presenta así las motivaciones del rechazo: «He comprado un campo y tengo que ir a verlo… He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas… Me he casado, y por eso no puedo ir» (Lc 14,18-20).

¿Qué tienen en común estos personajes? Los tres tienen algo urgente que hacer, algo que no puede esperar, que reclama inmediatamente su presencia.

¿Y qué representa el banquete nupcial? Éste indica los bienes mesiánicos, la participación en la salvación traída por Cristo, por lo tanto la posibilidad de vivir eternamente.

El banquete representa pues lo importante en la vida, más aún, lo único esencial. Está claro entonces en qué consiste el error cometido por los invitados; ¡está en dejar lo importante por lo urgente, lo esencial por lo contingente!

Esto es un riesgo tan difundido e insidioso, no sólo en el plano religioso, sino también en el puramente humano, que vale la pena reflexionar sobre ello un poco. Ante todo, en el plano religioso.

Dejar lo importante por lo urgente significa aplazar el cumplimiento de los deberes religiosos porque cada vez se presenta algo urgente que hacer.

Es domingo y es hora de ir a Misa, pero hay que hacer aquella visita, aquel trabajo en el jardín, y hay que preparar la comida. La liturgia dominical puede esperar, la comida no; entonces se aplaza la Misa y uno se reúne en torno a la olla.

He dicho que el peligro de omitir lo importante por lo urgente está presente igualmente en el ámbito humano, en la vida de todos los días, y querría aludir también a esto.

Para un hombre es ciertamente importante dedicar tiempo a la familia, estar con los hijos, dialogar con ellos si son mayores, jugar con ellos si son pequeños. Pero en el último momento se presentan siempre cosas urgentes que despachar en la oficina, extras que hacer en el trabajo, y se pospone para otra ocasión, acabando por regresar a casa demasiado tarde y demasiado cansado para pensar en otra cosa.

Para un hombre y una mujer es una obligación moral ir cada tanto a visitar al anciano progenitor que vive solo en casa o en una residencia. Para alguno es importante visitar a un conocido enfermo para mostrarle el propio apoyo y tal vez hacerle algún servicio práctico. Pero no es urgente, si se pospone aparentemente no se cae el mundo, a lo mejor nadie se da cuenta. Y así se aplaza.

Lo mismo se hace en el cuidado de la propia salud, que también está entre las cosas importantes. El médico, o sencillamente el físico, advierte que hay que cuidarse, tomar un período de descanso, evitar aquel tipo de estrés… Se responde: sí, sí, lo haré sin falta, en cuanto haya terminado ese trabajo, cuando haya arreglado la casa, cuando haya liquidado todas las deudas… Hasta que uno se percata de que es demasiado tarde.

He aquí dónde está la insidia: se pasa la vida persiguiendo los mil pequeños quehaceres que hay que despachar y no se encuentra tiempo para las cosas que inciden de verdad en las relaciones humanas y que pueden dar la verdadera alegría (y si se descuidan, la verdadera tristeza) en la vida.

Así, vemos cómo el Evangelio, indirectamente, es también escuela de vida; nos enseña a establecer prioridades, a tender a lo esencial. En una palabra: a no perder lo importante por lo urgente, como sucedió a los invitados de nuestra parábola.

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El maná de cada día, 14.10.17

octubre 14, 2017

Sábado de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen



PRIMERA LECTURA: Joel 4, 12-21

Así dice el Señor:

«Alerta, vengan las naciones al valle de Josafat: allí me sentaré a juzgar a las naciones vecinas.

Mano a la hoz, madura está la mies; venid y pisad, lleno está el lagar. Rebosan las cubas, porque abunda su maldad.

Turbas y turbas en el valle de la Decisión, se acerca el día del Señor en el valle de la Decisión.

El sol y la luna se oscurecen, las estrellas retiran su resplandor. El Señor ruge desde Sión, desde Jerusalén alza la voz, tiemblan cielo y tierra.

El Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel.

Sabréis que yo soy el Señor, vuestro Dios, que habita en Sión, mi monte santo. Jerusalén será santa, y no pasarán por ella extranjeros.

Aquel día, los montes manarán vino, los collados se desharán en leche, las acequias de Judá irán llenas de agua, brotará un manantial del templo del Señor, y engrosará el torrente de las Acacias.

Egipto será un desierto, Edom se volverá árida estepa, porque oprimieron a los judíos, derramaron sangre inocente en su país.

Pero Judá estará habitada por siempre, Jerusalén, de generación en generación.

Vengaré su sangre, no quedará impune, y el Señor habitará en Sión.»


SALMO 96, 1-2. 5-6. 11-12

Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre.


ALELUYA: Lc 11, 28

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
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ORACIONES A LA MADRE DE JESÚS
P. Francisco Fernández Carvajal

La Virgen nos conduce siempre a su Hijo

Estaba Jesús hablando a la multitud como en tantas ocasiones. Y una mujer del pueblo alzó la voz y gritó: Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron (1).

Jesús se acordaría en aquellos momentos de su Madre y le llegaría muy dentro del Corazón la alabanza de la mujer desconocida. El Señor la debió de mirar complacido y con agradecimiento. «Emocionada en lo más profundo del corazón ante las enseñanzas de Jesús, ante su figura amable, aquella mujer no puede contener su admiración.

En sus palabras reconocemos una muestra genuina de la religiosidad popular siempre viva entre los cristianos a lo largo de la historia» (2). Aquel día comenzó a cumplirse el Magnificat: …me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Una mujer, con la frescura del pueblo, había comenzado lo que no terminará hasta el fin de los tiempos.

Jesús, recogiendo la alabanza, hace aún más profundo el elogio a su Madre: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.

María es bienaventurada, ciertamente, por haber llevado en su seno purísimo al Hijo de Dios y por haberlo alimentado y cuidado, pero lo es aún más por haber acogido con extrema fidelidad la palabra de Dios. «A lo largo de la predicación de Jesús, recogió (María) las palabras con las que su Hijo, situando el Reino más allá de las consideraciones de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados a quienes escuchaban y guardaban la palabra de Dios, como Ella misma lo hacía con fidelidad (cfr. Lc 2, 19; 5 l)» (3).

Este pasaje del Evangelio (4) que se lee en la Misa de hoy nos enseña una excelente forma de alabar y de honrar al Hijo de Dios: venerar y enaltecer a su Madre. A Jesús le llegan muy gratamente los elogios a María. Por eso nos dirigimos muchas veces a Ella con tantas jaculatorias y devociones, con el rezo del Santo Rosario.

«Del mismo modo que aquella mujer del Evangelio –señalaba el Papa Juan Pablo II– lanzó un grito de bienaventuranza y de admiración hacia Jesús y su Madre, así también vosotros, en vuestro afecto y en vuestra devoción, soléis unir siempre a María con Jesús. Comprendéis que la Virgen María nos conduce a su divino Hijo, y que Él escucha siempre las súplicas que se le dirigen a su Madre» (5). La Virgen es la senda más corta para llegar a Cristo y, por Él, a la Trinidad Beatísima.

Honrando a María, siendo de verdad hijos suyos, imitaremos a Cristo y seremos semejantes a Él. «Porque María, habiendo entrado íntimamente en la Historia de la Salvación, une en sí y, en cierta manera, refleja las más grandes exigencias de la fe; mientras es predicada y honrada atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio, y hacia el amor del Padre» (6). Con Ella vamos bien seguros.

1 Lc 11, 27-28. — 2 JUAN PABLO II, Alocución 5-IV-1987. — 3 CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 58. — 4 Lc 11, 27-28. — 5 JUAN PABLO II, loc. cit. — 6 CONC. VAT., II, loc. cit., 65.

 


El maná de cada día, 8.10.17

octubre 7, 2017

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Por último les mandó a su hijo

Por último les mandó a su hijo



Antífona de entrada

En tu poder, Señor, está todo: nadie puede resistir a tu decisión. Tú creaste el cielo y la tierra y las maravillas todas que hay bajo el cielo. Tú eres dueño del universo.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.

Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.

Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?

Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.


SALMO 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó. y que tú hiciste vigorosa.

No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.


SEGUNDA LECTURA: Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 16

Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure –dice el Señor-.


EVANGELIO: Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.”

Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.”

Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»


Antífona de la comunión: Lm 3, 25

Bueno es el Señor para el que espera en él, para el alma que le busca.
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S.S. Benedicto XVI. Ángelus del domingo 2 de octubre de 2011

El Evangelio de este domingo concluye con una amonestación de Jesús, particularmente severa, dirigida a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos» (Mt 21, 43).

Son palabras que hacen pensar en la gran responsabilidad de quien en cada época, está llamado a trabajar en la viña del Señor, especialmente con función de autoridad, e impulsan a renovar la plena fidelidad a Cristo. Él es «la piedra que desecharon los constructores», (cf. Mt 21, 42), porque lo consideraron enemigo de la ley y peligroso para el orden público, pero él mismo, rechazado y crucificado, resucitó, convirtiéndose en la «piedra angular» en la que se pueden apoyar con absoluta seguridad los fundamentos de toda existencia humana y del mundo entero.

De esta verdad habla la parábola de los viñadores infieles, a los que un hombre confió su viña para que la cultivaran y recogieran los frutos. El propietario de la viña representa a Dios mismo, mientras que la viña simboliza a su pueblo, así como la vida que él nos da para que, con su gracia y nuestro compromiso, hagamos el bien.

San Agustín comenta que «Dios nos cultiva como un campo para hacernos mejores» (Sermo 87, 1, 2: PL 38, 531). Dios tiene un proyecto para sus amigos, pero por desgracia la respuesta del hombre a menudo se orienta a la infidelidad, que se traduce en rechazo.

El orgullo y el egoísmo impiden reconocer y acoger incluso el don más valioso de Dios: su Hijo unigénito. En efecto, cuando «les mandó a su hijo —escribe el evangelista Mateo— … [los labradores] agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron» (Mt 21, 37.39).

Dios se pone en nuestras manos, acepta hacerse misterio insondable de debilidad y manifiesta su omnipotencia en la fidelidad a un designio de amor, que al final prevé también el justo castigo para los malvados (cf. Mt 21, 41).

Firmemente anclados en la fe en la piedra angular que es Cristo, permanezcamos en él como el sarmiento que no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid.

Solamente en él, por él y con él se edifica la Iglesia, pueblo de la nueva Alianza. Al respecto escribió el siervo de Dios Pablo VI: «El primer fruto de la conciencia profundizada de la Iglesia sobre sí misma es el renovado descubrimiento de su relación vital con Cristo. Cosa conocidísima, pero fundamental, indispensable y nunca bastante sabida, meditada y exaltada». (Enc. Ecclesiam suam, 6 de agosto de 1964: AAS 56 [1964], 622).

Queridos amigos, el Señor está siempre cercano y actúa en la historia de la humanidad, y nos acompaña también con la singular presencia de sus ángeles, que hoy la Iglesia venera como «custodios», es decir, ministros de la divina solicitud por cada hombre.

Desde el inicio hasta la hora de la muerte, la vida humana está rodeada de su incesante protección. Y los ángeles forman una corona en torno a la augusta Reina de las Victorias, la santísima Virgen María del Rosario, que en el primer domingo de octubre, precisamente a esta hora, desde el santuario de Pompeya y desde el mundo entero, acoge la súplica ferviente para que sea derrotado el mal y se revele, en plenitud, la bondad de Dios.

http://www.vatican.va

(Nota: Lo resaltado es de un servidor).


El maná de cada día, 3.10.17

octubre 3, 2017

Martes de la 26ª Semana del Tiempo Ordinario

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El Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.


PRIMERA LECTURA: Zacarías 8, 20-23

Así dice el Señor de los Ejércitos: Todavía vendrán pueblos y habitantes de grandes ciudades, y los de una ciudad irán a otra diciendo:

«Vayamos a implorar al Señor, a consultar al Señor de los Ejércitos. – Yo también voy contigo.»

Y vendrán pueblos incontables y numerosas naciones a consultar al Señor de los Ejércitos en Jerusalén y a implorar su protección.

Así dice el Señor de los Ejércitos:

Aquel día diez hombres de cada lengua extranjera agarrarán a un judío por la orla del manto, diciendo:

«Queremos ir con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros.»


SALMO 86, 1-3.4-5.6-7

Dios está con nosotros.

Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.» Se dirá de Sión: «Uno, por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos: «Éste ha nacido allí.» Y cantarán mientras danzan: «Todas mis fuentes están en ti.»


Aclamación antes del Evangelio: Mc 10, 45

El Hijo del hombre ha venido para servir y a dar su vida en rescate por todos.


EVANGELIO: Lucas 9, 51-56

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»

Él se volvió y les regañó y dijo: «No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.»

Y se marcharon a otra aldea.

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Del orgullo de imponer mi criterio, líbrame, Jesús

Nuestro egoísmo y nuestro «yo» soberbio nos hacen vivir en la tiranía de nuestro propio criterio. Imponemos nuestra forma de ver las cosas, nuestra opinión, nuestros planes, sólo porque necesitamos reafirmar ante los demás eso que, en el fondo, sabemos que no somos.

A veces, incluso, ayudamos a imponer el criterio que más nos conviene o interesa, según la lógica de las componendas humanas, sólo porque así no nos arriesgamos a quedar mal ante nadie.

Cuántas veces escondemos la verdad de las cosas o de las personas, incluso en nombre del Evangelio, por conseguir esos intereses personales que tanto nos benefician ante los hombres, o por entrar en el juego de las políticas humanas.

Nos cuesta mucho escuchar a otros, contrastar con ellos esa idea, o ese parecer, que, por ser mío, siempre me parecerá el mejor y el que ha de imponerse a otros.

Entre las cosas que más nos enamoran de Cristo está su deseo de agradar siempre al Padre, viviendo sólo para hacer su voluntad. Siendo Dios, no impuso la Verdad sino con la fuerza del amor, humillando su propio criterio y voluntad hasta el extremo de la Cruz.

No llegarás muy lejos, ni en las cosas de los hombres, ni en las cosas de Dios, si haces de tu propio juicio el pedestal sobre el que asentar tu propio monumento.

Entras en la lógica de la insatisfacción y la infelicidad cuando haces de tu soberbio «yo» el bastón sobre el que apoyar tus pasos.

Quizá los demás terminen haciendo lo que tú digas, te alaben por tus brillantes ideas, o se inclinen contentos ante tus insuperables ocurrencias, porque también a ellos les beneficia tu parecer; pero, corres el riesgo de quedarte solo, acompañado sólo por la ponzoña de tu egoísmo altivo, cuando ellos encuentren a otro que les ofrezca halagos mejores y mayores.

Lañas diarias en www.mater-dei.es

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En septiembre de 2013 se publicó una larga entrevista al Papa Francisco. Entresaco estas frases dirigidas particularmente a los responsables de la animación y renovación de la Iglesia.  Creo que no tienen desperdicio para nosotros sacerdotes y religiosos.

“¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo.

Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes.

Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse.

El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’. Los obispos, especialmente, han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los pasos de Dios en su pueblo, de modo que nadie quede atrás, así como de acompañar al rebaño, con su olfato para encontrar veredas nuevas” (Papa Francisco).

 


El maná de cada día, 24.9.17

septiembre 23, 2017

Domingo XXV del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Venid a trabajar a mi viña

Vayan también ustedes a trabajar a mi viña



Antífona de entrada

Yo soy la salvación del pueblo -dice el Señor-. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé, y seré para siempre su Señor.


Oración colecta

Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes.


SALMO 144, 2-3. 8-9. 17-18

Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré, Dios mío, y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor y merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.


SEGUNDA LECTURA: Filipenses 1, 20c-24.27a

Hermanos:

Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.


Aclamación antes del Evangelio: Hch 16, 14b

Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.”

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.”

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.

Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»


Antífona de comunión: Sal 118, 4-5

Tú, Señor, promulgas tus decretos para que se observen exactamente; ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas.


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ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

La parábola de los trabajadores enviados a trabajar en la viña en horas distintas del día ha creado siempre grandes dificultades a los lectores del Evangelio.

¿Es aceptable la manera de actuar del dueño, que da la misma paga a quienes han trabajado una hora y a quienes han trabajado una jornada entera? ¿No viola el principio de la justa recompensa? Los sindicatos hoy se sublevarían a quien se comportara como ese patrón.

La dificultad nace de un equívoco. Se considera el problema de la recompensa en abstracto y en general, o en referencia a la recompensa eterna en el cielo. Visto así, se daría efectivamente una contradicción con el principio según el cual Dios “da a cada uno según sus obras” (Rm 2, 6).

Pero Jesús se refiere aquí a una situación concreta, a un caso bien preciso: el único denario que se les da a todos es el Reino de los Cielos que Jesús ha traído a la tierra; es la posibilidad de entrar a formar parte de la salvación mesiánica. La parábola comienza diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana…”

El problema es, una vez más, el de la postura de los judíos y de los paganos, o de los justos y los pecadores, de cara a la salvación anunciada por Jesús. Aunque los paganos (respectivamente, los pecadores, los publicanos, las prostitutas, etc.) sólo ante la predicación de Jesús se han decidido por Dios, mientras que antes estaban alejados (“ociosos”), no por ello ocuparán en el reino un lugar distinto e inferior.

Ellos también se sentarán a la misma mesa y gozarán de la plenitud de los bienes mesiánicos. Es más, como ellos se han mostrado más dispuestos a acoger el Evangelio, que no los llamados “justos”, se realiza lo que Jesús dice para concluir la parábola de hoy: “los últimos serán primeros y los primeros, últimos”.

Una vez conocido el Reino, es decir, una vez abrazada la fe, entonces sí que hay lugar para la diversificación. Entonces ya no es idéntica la suerte de quienes sirven a Dios durante toda la vida, haciendo rendir al máximo sus talentos, respecto a quien da a Dios solo las sobras de su vida, con una confesión remediada, de alguna forma, en el último momento.

La parábola contiene también una enseñanza de orden espiritual de la máxima importancia: Dios llama a todos y llama en todas las horas. El problema, en suma, es la llamada, y no tanto la recompensa. Esta es la forma con que nuestra parábola fue utilizada en la exhortación de Juan Pablo II sobre “vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo”(Christifideles laici).

“Los fieles pertenecen a ese pueblo de Dios que está prefigurado por los obreros de la viña… Id también vosotros a mi viña. La llamada no se dirige solo a los pastores, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, sino que se extiende a todos. También los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor” (nr.1-2).

Quisiera llamar la atención sobre un aspecto que quizás sea marginal en la parábola, pero que es muy sentido y vital en la sociedad moderna: el problema del desempleo. A la pregunta del propietario: “¿Por qué estáis aquí todo el día parados?”, los trabajadores contestan: “Es que nadie nos ha contratado”. Esta respuesta podría ser dada hoy por millones de desempleados.

Jesús no era insensible a este problema. Si describe tan bien la escena es porque muchas veces su mirada se había posado con compasión sobre aquellos corros de hombres sentados en el suelo, o apoyados en una tapia, con un pie contra la pared, en espera de ser “fichados”.

Ese propietario sabe que los obreros de la última hora tienen las mismas necesidades que los otros, también ellos tienen niños a los que alimentar, como los tienen los de la primera hora. Dando a todos la misma paga, el propietario muestra no tener sólo en cuenta el mérito, sino también la necesidad.

Nuestras sociedades capitalistas basan la recompensa únicamente en el mérito (a menudo más nominal que real) y en la antigüedad en el servicio, y no en las necesidades de la persona. En el momento en que un joven obrero o un profesional tiene más necesidad de ganar para hacerse una casa y una familia, su paga resulta la más baja, mientras que al final de la carrera, cuando uno ya tiene menos necesidades, la recompensa (especialmente en ciertas categorías sociales) llega a las nubes.

La parábola de los obreros de la viña nos invita a encontrar un equilibrio más justo entre las dos exigencias del mérito y de la necesidad.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]

www.homiletica.org

La conversión pastoral

A todos los bautizados, pero sobre todo a los obispos y sacerdotes, se nos está pidiendo continuamente una “conversión pastoral“.

La pregunta fundamental para ello es: ¿Cómo estoy en la viña del Señor? Podemos estar “aguantando y soportando el peso del día y el bochorno de la jornada” (esto genera resentimiento, envidia, celos, quejas… siempre esperando la recompensa de Dios, o lo que es peor, de sus capataces, llámense obispos, superiores, dirigentes, hermanos, amigos, feligreses…).

El Señor nos invita hoy a convertirnos y a disfrutar de estar en su viña de su acogida y también de la compañía de los hermanos. El trabajo no es una carga, es un don. Nos ha llamado a trabajar en su viña, en su Reino. Y a vivir en plena comunión con Dios desde su gratuidad. El Señor ha sido generoso con nosotros. Ha estado grande con nosotros y por eso estamos alegres.

Nos alegramos en el Señor de que haya sido generoso no solo con nosotros sino con muchísima gente, y gozamos con Dios por esa salvación dada gratuitamente a todos los que quieran ir a la viña. El Señor solo nos exige nuestra voluntad, nuestro deseo de ser felices con él y así alcanzar la vida eterna. Por eso, con gusto dejamos a Dios ser Dios, como a él le plazca, no pretendemos corregirle o limitar su generosidad a nosotros solos.

Desde la gratuidad de Dios aceptamos con gusto ser sus discípulos y también sus misioneros para anunciar su Reino a los sencillos y pobres. Sintonizamos con la voluntad del Padre que desea que todos se salven y tengan vida en abundancia. Esta misión no la sentimos como una carga pesada sino como un regalo y deferencia del Espíritu. ¡Disfrútalo!

Feliz domingo, Día del Señor.