Fallece sacerdote fundador de La Opción V, promotor de la castidad entre jóvenes

mayo 17, 2017

.

El P. Jürgen Daum Vetter SCV, fundador de La Opción V

.

Fallece sacerdote fundador de La Opción V, promotor de la castidad entre jóvenes

.

LIMA, 17 May. 17 / 03:45 pm (ACI).- Este miércoles 17 de mayo falleció en Lima, Perú, el P. Jürgen Daum Vetter, sacerdote fundador de “La Opción V”, proyecto con el que se dedicó a promover la castidad entre los jóvenes.

El P. Daum falleció esta tarde en su domicilio, tras una dura lucha contra el cáncer que lo afectaba desde hace algún tiempo.

El velorio del sacerdote será esta noche en la parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación en Camacho, Surco; y el entierro será este jueves 18 de mayo en el cementerio Parque del Recuerdo a las 3:30 p.m.

En una entrevista publicada por “La Opción V” en junio de 2013, el sacerdote relató que la inquietud por promover la pureza y la castidad entre los jóvenes surgió en el año 2011 cuando una chica de 13 años le comentó que su enamorado le había pedido tener relaciones sexuales.

“A partir de ahí, empecé a hablar con más insistencia en mis homilías sobre el tema de la castidad”, comentó.

Sus primeras charlas sobre el tema las realizó a finales de enero de 2012. Recordó que “la asistencia fue masiva, de unas 300 chicas, y el impacto fue totalmente inesperado para mí. Recuerdo que una joven de 18 años se me acercó a decirme que le había cambiado totalmente la perspectiva que tenía, y otra me preguntaba cómo podía recuperar su pureza, pues ya no era virgen. El mismo impacto tuvo la charla dirigida a los hombres”.

Con esa experiencia y con la urgencia de tratar el tema, el sacerdote fundó “La Opción V”, que este año cumple 5 años de fructífero apostolado.

El P. Daum define este apostolado como “un proyecto que busca ayudar a los jóvenes a descubrir la importancia de la virtud de la castidad para alcanzar el amor verdadero en sus vidas. Surge como un intento de reunir a todos los jóvenes que quieren hacer la opción de vivir la castidad e ir contracorriente”.

Este proyecto se inició como un espacio en Facebook en el que se ofrece a los jóvenes una comunidad “que los apoye, para que sepan que no están solos en esta lucha”.

La magíster en Matrimonio y Familia, y subdirectora de la Opción V, Giuliana Caccia, dijo a ACI Prensa que “el legado más importante es el haberles dado a las personas, sobre todo a los jóvenes, una opción de vida que la cultura actual no les da: vivir la virtud de la castidad como el camino para encontrar el amor verdadero a través de La Opción V”.

Caccia destacó que el P. Jürgen Daum es “autor de varios libros: ‘Pureza y sexualidad’, ‘Sexualidad y castidad’, y otros cuatro libros póstumos que se publicarán en los próximos meses”.

“Dirigió y condujo el programa La opción V en TV dejando más de 170 programas en redes a disposición de los jóvenes. Estamos seguros que el P. Jürgen ha salvado muchas vidas dándoles la posibilidad de enrumbar el camino. Por ejemplo, durante su enfermedad, cientos de personas le escribían, le mandaban mensajes y rezaban por él”.

El sacerdote, comenta Giuliana Caccia, “siempre vio su enfermedad como una oportunidad de santificación. Siempre ofreció sus malestares al Señor. Y esta actitud la tuvo hasta el último momento de su vida”.

“Para los que estuvimos cerca de él, fue un padre espiritual, un hermano en Cristo y un ejemplo de vida y entrega al sacerdocio y al prójimo”, concluyó.

El P. Daum grabó también una serie para EWTN titulada “Hacia el amor verdadero” en la que trató una serie de importantes temas referentes a la sexualidad como la castidad, “la prueba del amor”, “El sexo ¿una necesidad?”, las caricias íntimas, los besos, la masturbación, entre otros.

El sacerdote del Sodalicio de Vida Cristiana nació el 10 de agosto de 1963 en Lima. De padre alemán y madre peruana, el P. Daum fue criado luterano. El 11 de enero de 1981 hizo su profesión de fe como católico.

Estudió en el colegio Alexander Von Humboldt hasta 1978. Entre los años 1979 y 1982 lo hizo en el ESEP Middendorf. Entre 1984 y 1991 estudió teología.

Hizo su profesión perpetua en el SCV el 1 de enero de 1990 y fue ordenado sacerdote el 27 de junio de 1992.


Novena a Santa Rita de Casia (2), 14.5.17

mayo 14, 2017

.
DÍA SEGUNDO

RITA, NIÑA Y JOVEN


arc_santa_rita


1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que la niña Rita se distinguió por su respeto y especial veneración hacia sus padres. En ellos veía al mismo Dios que le cuidaba y orientaba. Por eso, vivía sumisa a ellos y trataba de agradarles en todo.

A la vez, Rita se distinguía por su piedad religiosa y espíritu de oración. Tanto, que a los doce años consiguió permiso de sus padres para recluirse en un apartado aposento de la casa para orar y hacer memoria de los padecimientos del Señor. A la vez, transmitía a sus amigas y amigos la devoción a la pasión de Cristo.

Además de este apostolado catequístico, ayudaba a las personas necesitadas, compartiendo con ellas su propio alimento y el vestido, en unos gestos de verdadero desprendimiento.

Cuenta la tradición que la niña y adolescente Rita, acariciaba en su interior un gran deseo de consagrar a Dios su virginidad, ingresando al convento de las agustinas de Casia. Pero las intenciones de los padres eran otras: querían que se casara para asegurar su felicidad como hija única.

Rita accede gustosa a cumplir la voluntad de sus padres después de entender que ésa misma era la voluntad de Dios, y lo más conveniente para ella. Paradójicamente, Dios le concederá llevar a cabo sus deseos juveniles, pero después de muchos años y por muy diferentes caminos de los que ella imaginaba.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Lucas 2, 39-52

Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía, se desarrollaba y estaba lleno de sabiduría. Y la gracia de Dios estaba en Él. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y cuando cumplió doce años, fue también con ellos para cumplir con este precepto.

Al terminar los días de la fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo un día y, después, se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos. Pero, como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén.

Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”.

Él les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que estar donde mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente en su corazón todos estos recuerdos. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, tanto para Dios como para los hombres.

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Los padres cristianos y la familia constituyen la primera instancia, y la más segura, que tienen los hijos para encontrarse con Dios. Para conocer su voluntad y agradarle. Es la instancia inmediata y más rica. El hogar es como el principal sacramento que orienta toda la vida.

A la vez, los hijos deben madurar en la familia: es la mejor tierra para cultivar su personalidad humana y cristiana. Si los hijos logran su plena integración en la familia, estarán capacitados para afrontar todos los demás problemas que se les presenten en la vida, y triunfarán fácilmente en todo.

Por el contrario, las dificultades o fracasos en las relaciones familiares se multiplicarán fuera del hogar, y se arrastrarán seguramente de por vida. ¡Pobres los hijos que se avergüencen o renieguen de sus orígenes! Dañarían la consistencia de su propia raíz vital y existencial.

La vida de oración es posible en todas las edades y en todas las circunstancias de la vida. Pero eso sí, de manera distinta. La experiencia religiosa se desarrolla en el marco de la evolución sicológica y afectiva de la persona. En este caso, del niño y adolescente.

Por tanto, los niños deben integrarse en la comunidad eclesial gradual y decididamente, en forma participativa según sus posibilidades.

Los niños constituyen la mayor riqueza de los padres. A la vez representan un reto de permanente renovación para ellos, ya que los padres deben asumir y sentir en carne propia todo aquello que los hijos van experimentando en su crecimiento integral. De esta forma, los hijos garantizan la permanente juventud e ilusión de los padres, aunque pasen los años.

Dios se revela a los padres a través de los propios hijos y los padres deben gozar con los hijos. A los verdaderos padres, sus hijos no los aburren, ni les resultan insoportables y tampoco se resignan a aguantarlos de una forma fatalista. Más bien los hijos constituyen para los verdaderos padres su honra, su gloria, su mejor carta de presentación ante la sociedad y ante Dios.

Así los padres van forjando la personalidad de sus hijos. Van modelándolos de una u otra forma, según quieren, o según pueden. En este sentido hay que decir que, por regla general, los padres tienen a los hijos que se merecen, los que ellos mismos van educando día a día con alegrías y penas.

Los padres tienen, más pronto que tarde, los hijos de los cuales se han hecho dignos. Los hijos que ellos mismos han creado y han conformado, con su amor y sacrificio o también con su cobardía e irresponsabilidad. Sin embargo, también los padres han de aprender a deslindar responsabilidades porque los hijos, conforme van creciendo, van tomando su propio protagonismo.

Para los adolescentes y jóvenes, la determinación de la propia vocación es un asunto relativamente fácil y se va perfilando de manera progresiva y espontánea.

Sin embargo, pueden surgir conflictos, como en el caso de Rita, entre la propia inclinación y las instancias externas, concretamente, los propios padres. Entonces se aconseja el diálogo sincero como instrumento para detectar la voluntad de Dios.

Esta actitud, por supuesto, supone una gran madurez, y a la vez la forja o fortalece. El que obedece adquiere gran madurez humana y cristiana, y se prepara así para cualquier eventualidad de la vida y para triunfar en el estado de vida o profesión que elija.

Esto nos indica que los padres deben forjar personalidades maduras, dueñas de sí mismas; que lleven la felicidad consigo, dentro de sí. Eso es lo importante; lo relativo es lo que profesen o hagan en la vida.

Si creamos personas así, hemos conseguido lo más importante y decisivo. Hagan lo que hagan los hijos, lo harán bien, llevarán la felicidad consigo mismos; además valdrán para todo, en todo triunfarán. Porque para toda profesión o estado de vida, básicamente se necesitan las mismas actitudes personales. Quien tropieza en algún trabajo o con alguna persona, tropezará necesariamente, más pronto que tarde, con todo y con todos, a no ser que cambie él mismo.

El crecimiento de la personalidad de los hijos hay que situarlo dentro de un proceso educativo y vocacional; de obediencia filial y de autonomía personal; de equilibrio entre la fidelidad a los orígenes y la creatividad. La fe y la obediencia jugarán un papel importante en la maduración de la personalidad, superando los conflictos que, necesariamente, deben producirse.

Pensamos que ciertos relatos exageran la nota dramática del matrimonio de Rita. Porque ninguna instancia humana puede imponer un consentimiento matrimonial contra la voluntad del interesado. Sería quebrantar un derecho natural y hacer nulo el matrimonio. El desarrollo de los acontecimientos debió de ser mucho más armónico y espontáneo, sin minimizar la originalidad de la experiencia de fe.

Por eso, parece oportuno describir, brevemente siquiera, las señales que orientan el discernimiento de la propia vocación.

En primer lugar, debe existir en el adolescente o joven una natural inclinación o gusto por cierta profesión o estado de vida. Esta inclinación debe persistir cuando el joven pretende conscientemente buscar la voluntad de Dios sobre él, de una forma desinteresada. Es decir, cuando busca cumplir la voluntad de Dios en función de las necesidades reales de la comunidad o de sus hermanos. La voz interior lo confirma. La comunidad y el bien común se lo reclaman.

Además, los propios padres y las personas que conocen al joven y buscan su bien de forma desinteresada, deben expresar su aprobación y considerar un acierto la elección de aquella profesión o de la persona con que desea formar una familia.

Finalmente, la comunidad de fe, a través de sus representantes, debe poner a prueba y examinar la idoneidad del candidato, por ejemplo para el matrimonio o para el sacerdocio. Por tanto, es necesaria la aprobación de la autoridad legítima para tener vocación. Por más que uno quiera, si no es aceptado, definitivamente no tiene vocación.

Por lo demás, esta elección es progresiva y se realiza sobre el terreno de un compromiso sincero y consecuente. En este sentido, nadie “tiene” vocación para siempre, de manera vitalicia, nadie está obligado o predestinado a nada. Se exige la colaboración. Y la vocación se merece también, se va haciendo día a día. Se va confirmando.

La vocación, por tanto, va deviniendo al ritmo de la fidelidad a Dios y a los hermanos, en obediencia a la Iglesia y dentro de ella. Así, el joven se iría haciendo poco a poco sacerdote; se iría haciendo poco a poco y de forma consciente, esposo y padre por su enamoramiento y el noviazgo.

En el caso de Rita, la contradicción entre sus legítimas aspiraciones y la decisión de sus propios padres fue, desde el punto de vista de la fe, sólo aparente, porque Rita fue creciendo de fe en fe. Ella fue adquiriendo tal madurez humana y cristiana que, hablando de manera absoluta, podría vivir feliz, tanto en la vida religiosa como en el matrimonio, o donde Dios la colocara según conviniera a su mayor gloria.

Lo más grande y decisivo ya estaba edificado: su santidad, su actitud creyente, en radicalidad. Lo otro vendría como añadidura… El amueblamiento de la casa constituiría algo accidental: podría vivir como casada, podría vivir como religiosa… siempre en Dios, por Él y para Él, y después por todos y para todos.

Antes que ser esposo, profesional o religioso uno es creyente: no se pertenece a sí mismo, está llevado por la fuerza del Espíritu, está comprado para servir a la gloria de Dios. No se pertenece a sí mismo. Es una criatura nueva en Cristo. Eso es lo importante y definitivo. Sobre esa base se puede construir cualquier modelo de casa. En ese terreno cualquier semilla germinará y fructificará.


7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones propias para el segundo día

9. Oh Dios, fuente de toda paternidad y siempre fiel,
– concédenos guardar celosamente el patrimonio espiritual recibido de nuestros padres y desarrollarlo con generosidad sintiéndonos orgullosos de nuestras propias raíces vitales.

10. Oh Dios, principio de orden, que das consistencia a todas las cosas,
– concédeles a los esposos y sacerdotes la fidelidad a su compromiso ante la Iglesia y ante ti.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


El maná de cada día, 23.5.16

mayo 23, 2016

Lunes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario


jesus-y-los-ricos

Una cosa te falta, vende lo que tienes y sígueme

PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego-llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo.

No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

SALMO 110, 1-2. 5-6. 9ab y 10c

El Señor recuerda siempre su alianza.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza; mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.

Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza; la alabanza del Señor dura por siempre.

EVANGELIO: Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:

-«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»

Jesús le contestó:

-«¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

Él replicó:

-«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:

-«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

-«¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:

-«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Ellos se espantaron y comentaban:

-«Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo:

-«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

«UNA COSA TE FALTA» (Mc 10, 21)


Diálogo provocador con un joven insatisfecho

Por Mons. Carlos López Hernández, Obispo de Salamanca
18 de mayo de 2012

Obispo: ¿Qué buscas? ¿A qué aspiras en tu vida?

Joven: Yo quiero ser feliz.

O.: Es un buen deseo. ¿Qué haces para conseguirlo?

J.: Estudio en la universidad. Quiero asegurarme un buen futuro profesional.

O.: Lo tienes muy fácil. Cuando acabes la carrera serás feliz.

J.: Si logro encontrar trabajo.

O.: ¡Ah! Entonces, tu felicidad futura ¿no está en tus manos?

J.: ¡Claro!. Y eso es lo que me preocupa. Muchos años de esfuerzo para ir tal vez al paro o ejercer un trabajo que no me gusta.

O.: Hay muchos jóvenes graduados que están en esa situación.

J.: Y están decepcionados, inseguros de su futuro, sin saber qué hacer.

O.: ¿Tu crees que pueden ser felices?

J.: No lo sé. Del todo, no. A medias tal vez.

O.: Tienes una familia que te quiere y te da lo que necesitas; no te falta de nada. Tienes salud, eres físicamente agraciado, te lo pasas bien con tus amigos y amigas. Debes sentirte feliz.

J.: Bueno, no siempre. Yo quiero ser autónomo y mis padres me ponen límites y me exigen responsabilidad.

O.: Será porque quieren lo mejor para ti.

J.: Sí, pero me fastidia que me den normas y me digan lo que tengo que hacer. Ya soy mayor de edad. No quiero depender de nadie.

O.: Pero haces lo que programan tus amigos o lo que le gusta a tu chica, o lo que está de moda.

J.: Sí, porque me proponen lo que saben que me gusta y me apetece.

O.: Pero vas a clase y estudias también cuando no tienes ganas.

J.: Porque hay que aprobar y sacar la carrera. Hay mucha competencia y es necesario tener buen expediente académico.

O.: Estoy seguro que además disfrutas aprendiendo y cumpliendo con tu deber.

J.: Sí, muchas veces, aunque no siempre.

O.: Y seguro que te sientes bien cuando ves el fruto de tu esfuerzo.

J.: Por supuesto.

O.: Y cuando haces felices a tus padres, aunque en principio te fastidie; o cuando compartes tus cosas con tus hermanos, ayudas a tus amigos o eres útil a los demás..

J.: Sí, claro.

O.: Veo que no eres tan egoísta como parecías al principio. Te preocupa la injusticia, el hambre en el mundo, las guerras, la violación de los derechos humanos, la corrupción en la política, la pérdida del estado de bienestar, la situación de los parados, etc.

J.: Sí, y me siento solidario con ellos. Pero no sé que hacer para ayudarlos. Alguna vez he hecho de voluntario en una obra social, pero sólo durante un tiempo.

O.: ¿Y te sentiste feliz al hacerlo?

J.: Sí, bastante.

O.: ¿Por qué no seguiste colaborando?

J.: Porque tenía que estudiar y no me daba tiempo. Además, también necesito hacer otras cosas, como estudiar idiomas. Y quiero también ganar algo en el verano para mis gastos extra y tener un tiempo libre para lo que me gusta hacer.

O.: Perdona, que insista. Si te sientes feliz haciendo una cosa buena, ¿por qué no la haces siempre?

J.: Me parece que no lo sé. Pero no estoy seguro de que me haga siempre feliz lo que me hace sentirme a gusto durante un tiempo. Las circunstancias pueden cambiar y también los gustos. No puedo asegurar lo que me va a apetecer hacer mañana.

O.: Pero te gustaría portarte siempre bien con los demás y que te tengan por buena persona.

J.: Sí, claro está; pero es muy difícil distinguir lo que es conveniente en cada momento, lo que uno tiene derecho a buscar para uno mismo y lo que debe hacer por los demás; cuándo eres bueno y cuándo haces el tonto y abusan de ti.

O.: Veo que, en el fondo, tienes buenos criterios éticos.

J.: En mi familia me han inculcado la enseñanza de Jesús sobre el amor al prójimo y los demás mandamientos.

O.:¿Has seguido esta enseñanza?

J.: A veces sí y a veces no. Y hay mandamientos que no acabo de entender del todo, ni tengo fuerzas para cumplirlos.

O.: ¿Te consideras católico?

J.: Sí, pero poco practicante, aunque pertenezco a una cofradía de Semana Santa. Algunas cosas de la Iglesia me gustan y otras no.

O.: ¿Te parece que la religión es cuestión de gustos?

J.: Sí, tiene que ser libre; a nadie se le puede obligar.

O.: Tienes razón; la fe se propone y no se impone. Pero tú sabes que hay cosas que no gustan de momento y son buenas y necesarias. ¿No te parece que la cuestión es conocer la verdad?

J.: La verdad es relativa, cada uno tiene la suya.

O.: La ley de la gravedad es una verdad común a todos.

J.: Sí, pero eso es una ley física, que se comprueba por la ciencia.

O.: ¿Te has detenido alguna vez a examinar los efectos distintos que produce en la vida de las personas y de la sociedad el amor y el odio, la solidaridad y el egoísmo, la justicia y la injusticia, el dominio de sí y el instinto de placer, la información veraz y la falsa, la fidelidad a la palabra dada y la estrategia, la verdad y la mentira, etc.?

J.: Bueno, bueno, no me quiera comer el coco, que le veo venir. Ya va a decirme que la Iglesia tiene la verdad.

O.: No te lo voy a decir. Sólo quiero invitarte a buscar por ti mismo, con tu cabeza y tu corazón, y a ser sincero contigo mismo y discernir en tu vida lo que te hace sentirte en paz y lo que te deja insatisfecho.

J.: Reconozco que tengo muchos motivos de insatisfacción, por lo que veo en la sociedad y por lo que yo no soy capaz de hacer, aunque me gustaría hacerlo.

O.: Lo que te hace sentirte en paz y satisfecho siempre que lo haces, ¿no será la verdad que te cuesta trabajo reconocer y seguir? ¿No será lo bueno que, en el fondo, quieres poner en práctica?

J.: Todavía no lo he descubierto con claridad. Tengo mucho tiempo por delante para ello. Ahora soy muy joven y…

O.: No me dirás que prefieres seguir insatisfecho, o buscando sólo satisfacciones de repuesto diario.

J.: Tampoco es eso, pero soy un joven de hoy; y, ya sabe, el ambiente me influye. No tengo todo tan claro como para ser distinto, actuar contra corriente y ser señalado como un bicho raro. Tengo tiempo para ir viendo qué pasa.

O.: Ya comprendo. Mientras tanto, para que veas más claro lo que te pasa, te aconsejo tener en cuenta la invitación de Jesús a dos jóvenes inquietos que le preguntaban donde vivía: “Venid y lo veréis. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día” (Jn 1, 39). Y así descubrieron y anunciaron: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1, 41).

J.: Me está diciendo que tengo que leer más el Evangelio.

O.: Tú lo has dicho. Si empiezas a estar con Jesús, podrás llegar un día a comprender su llamada a un joven insatisfecho, que aspiraba a más, pero estaba muy atado a sus riquezas. Jesús le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme” (Mc 10, 21).

J.:¿Cómo respondió aquel joven?

O.: Lo mismo que tú ahora. Dando largas y marchándose triste e insatisfecho por no ser capaz de ser totalmente libre. Como ves, la historia se repite. Pero Jesús puede reiterar la llamada. Y ni tú ni yo sabemos ahora, lo que vas a ser capaz de responder mañana.

www.agenciasic.es


Novena a Santa Rita de Casia (2), 14.5.16

mayo 14, 2016

.
DÍA SEGUNDO

RITA, NIÑA Y JOVEN


arc_santa_rita


1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que la niña Rita se distinguió por su respeto y especial veneración hacia sus padres. En ellos veía al mismo Dios que le cuidaba y orientaba. Por eso, vivía sumisa a ellos y trataba de agradarles en todo.

A la vez, Rita se distinguía por su piedad religiosa y espíritu de oración. Tanto, que a los doce años consiguió permiso de sus padres para recluirse en un apartado aposento de la casa para orar y hacer memoria de los padecimientos del Señor. A la vez, transmitía a sus amigas y amigos la devoción a la pasión de Cristo.

Además de este apostolado catequístico, ayudaba a las personas necesitadas, compartiendo con ellas su propio alimento y el vestido, en unos gestos de verdadero desprendimiento.

Cuenta la tradición que la niña y adolescente Rita, acariciaba en su interior un gran deseo de consagrar a Dios su virginidad, ingresando al convento de las agustinas de Casia. Pero las intenciones de los padres eran otras: querían que se casara para asegurar su felicidad como hija única.

Rita accede gustosa a cumplir la voluntad de sus padres después de entender que ésa misma era la voluntad de Dios, y lo más conveniente para ella. Paradójicamente, Dios le concederá llevar a cabo sus deseos juveniles, pero después de muchos años y por muy diferentes caminos de los que ella imaginaba.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Lucas 2, 39-52

Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía, se desarrollaba y estaba lleno de sabiduría. Y la gracia de Dios estaba en Él. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y cuando cumplió doce años, fue también con ellos para cumplir con este precepto.

Al terminar los días de la fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo un día y, después, se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos. Pero, como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén.

Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”.

Él les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que estar donde mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente en su corazón todos estos recuerdos. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, tanto para Dios como para los hombres.

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Los padres cristianos y la familia constituyen la primera instancia, y la más segura, que tienen los hijos para encontrarse con Dios. Para conocer su voluntad y agradarle. Es la instancia inmediata y más rica. El hogar es como el principal sacramento que orienta toda la vida.

A la vez, los hijos deben madurar en la familia: es la mejor tierra para cultivar su personalidad humana y cristiana. Si los hijos logran su plena integración en la familia, estarán capacitados para afrontar todos los demás problemas que se les presenten en la vida, y triunfarán fácilmente en todo.

Por el contrario, las dificultades o fracasos en las relaciones familiares se multiplicarán fuera del hogar, y se arrastrarán seguramente de por vida. ¡Pobres los hijos que se avergüencen o renieguen de sus orígenes! Dañarían la consistencia de su propia raíz vital y existencial.

La vida de oración es posible en todas las edades y en todas las circunstancias de la vida. Pero eso sí, de manera distinta. La experiencia religiosa se desarrolla en el marco de la evolución sicológica y afectiva de la persona. En este caso, del niño y adolescente.

Por tanto, los niños deben integrarse en la comunidad eclesial gradual y decididamente, en forma participativa según sus posibilidades.

Los niños constituyen la mayor riqueza de los padres. A la vez representan un reto de permanente renovación para ellos, ya que los padres deben asumir y sentir en carne propia todo aquello que los hijos van experimentando en su crecimiento integral. De esta forma, los hijos garantizan la permanente juventud e ilusión de los padres, aunque pasen los años.

Dios se revela a los padres a través de los propios hijos y los padres deben gozar con los hijos. A los verdaderos padres, sus hijos no los aburren, ni les resultan insoportables y tampoco se resignan a aguantarlos de una forma fatalista. Más bien los hijos constituyen para los verdaderos padres su honra, su gloria, su mejor carta de presentación ante la sociedad y ante Dios.

Así los padres van forjando la personalidad de sus hijos. Van modelándolos de una u otra forma, según quieren, o según pueden. En este sentido hay que decir que, por regla general, los padres tienen a los hijos que se merecen, los que ellos mismos van educando día a día con alegrías y penas.

Los padres tienen, más pronto que tarde, los hijos de los cuales se han hecho dignos. Los hijos que ellos mismos han creado y han conformado, con su amor y sacrificio o también con su cobardía e irresponsabilidad. Sin embargo, también los padres han de aprender a deslindar responsabilidades porque los hijos, conforme van creciendo, van tomando su propio protagonismo.

Para los adolescentes y jóvenes, la determinación de la propia vocación es un asunto relativamente fácil y se va perfilando de manera progresiva y espontánea.

Sin embargo, pueden surgir conflictos, como en el caso de Rita, entre la propia inclinación y las instancias externas, concretamente, los propios padres. Entonces se aconseja el diálogo sincero como instrumento para detectar la voluntad de Dios.

Esta actitud, por supuesto, supone una gran madurez, y a la vez la forja o fortalece. El que obedece adquiere gran madurez humana y cristiana, y se prepara así para cualquier eventualidad de la vida y para triunfar en el estado de vida o profesión que elija.

Esto nos indica que los padres deben forjar personalidades maduras, dueñas de sí mismas; que lleven la felicidad consigo, dentro de sí. Eso es lo importante; lo relativo es lo que profesen o hagan en la vida.

Si creamos personas así, hemos conseguido lo más importante y decisivo. Hagan lo que hagan los hijos, lo harán bien, llevarán la felicidad consigo mismos; además valdrán para todo, en todo triunfarán. Porque para toda profesión o estado de vida, básicamente se necesitan las mismas actitudes personales. Quien tropieza en algún trabajo o con alguna persona, tropezará necesariamente, más pronto que tarde, con todo y con todos, a no ser que cambie él mismo.

El crecimiento de la personalidad de los hijos hay que situarlo dentro de un proceso educativo y vocacional; de obediencia filial y de autonomía personal; de equilibrio entre la fidelidad a los orígenes y la creatividad. La fe y la obediencia jugarán un papel importante en la maduración de la personalidad, superando los conflictos que, necesariamente, deben producirse.

Pensamos que ciertos relatos exageran la nota dramática del matrimonio de Rita. Porque ninguna instancia humana puede imponer un consentimiento matrimonial contra la voluntad del interesado. Sería quebrantar un derecho natural y hacer nulo el matrimonio. El desarrollo de los acontecimientos debió de ser mucho más armónico y espontáneo, sin minimizar la originalidad de la experiencia de fe.

Por eso, parece oportuno describir, brevemente siquiera, las señales que orientan el discernimiento de la propia vocación.

En primer lugar, debe existir en el adolescente o joven una natural inclinación o gusto por cierta profesión o estado de vida. Esta inclinación debe persistir cuando el joven pretende conscientemente buscar la voluntad de Dios sobre él, de una forma desinteresada. Es decir, cuando busca cumplir la voluntad de Dios en función de las necesidades reales de la comunidad o de sus hermanos. La voz interior lo confirma. La comunidad y el bien común se lo reclaman.

Además, los propios padres y las personas que conocen al joven y buscan su bien de forma desinteresada, deben expresar su aprobación y considerar un acierto la elección de aquella profesión o de la persona con que desea formar una familia.

Finalmente, la comunidad de fe, a través de sus representantes, debe poner a prueba y examinar la idoneidad del candidato, por ejemplo para el matrimonio o para el sacerdocio. Por tanto, es necesaria la aprobación de la autoridad legítima para tener vocación. Por más que uno quiera, si no es aceptado, definitivamente no tiene vocación.

Por lo demás, esta elección es progresiva y se realiza sobre el terreno de un compromiso sincero y consecuente. En este sentido, nadie “tiene” vocación para siempre, de manera vitalicia, nadie está obligado o predestinado a nada. Se exige la colaboración. Y la vocación se merece también, se va haciendo día a día. Se va confirmando.

La vocación, por tanto, va deviniendo al ritmo de la fidelidad a Dios y a los hermanos, en obediencia a la Iglesia y dentro de ella. Así, el joven se iría haciendo poco a poco sacerdote; se iría haciendo poco a poco y de forma consciente, esposo y padre por su enamoramiento y el noviazgo.

En el caso de Rita, la contradicción entre sus legítimas aspiraciones y la decisión de sus propios padres fue, desde el punto de vista de la fe, sólo aparente, porque Rita fue creciendo de fe en fe. Ella fue adquiriendo tal madurez humana y cristiana que, hablando de manera absoluta, podría vivir feliz, tanto en la vida religiosa como en el matrimonio, o donde Dios la colocara según conviniera a su mayor gloria.

Lo más grande y decisivo ya estaba edificado: su santidad, su actitud creyente, en radicalidad. Lo otro vendría como añadidura… El amueblamiento de la casa constituiría algo accidental: podría vivir como casada, podría vivir como religiosa… siempre en Dios, por Él y para Él, y después por todos y para todos.

Antes que ser esposo, profesional o religioso uno es creyente: no se pertenece a sí mismo, está llevado por la fuerza del Espíritu, está comprado para servir a la gloria de Dios. No se pertenece a sí mismo. Es una criatura nueva en Cristo. Eso es lo importante y definitivo. Sobre esa base se puede construir cualquier modelo de casa. En ese terreno cualquier semilla germinará y fructificará.


7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones propias para el segundo día

9. Oh Dios, fuente de toda paternidad y siempre fiel,
– concédenos guardar celosamente el patrimonio espiritual recibido de nuestros padres y desarrollarlo con generosidad sintiéndonos orgullosos de nuestras propias raíces vitales.

10. Oh Dios, principio de orden, que das consistencia a todas las cosas,
– concédeles a los esposos y sacerdotes la fidelidad a su compromiso ante la Iglesia y ante ti.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 


Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa del Jubileo de los Adolescentes

abril 25, 2016

.

El Papa Francisco

El Papa Francisco saluda a los Adolescentes en la celebración del Jubileo en Roma

.

VATICANO, 24 Abr. 16 / 04:10 am (ACI).- El Papa Francisco celebró en la Plaza de San Pedro el Jubileo de los Adolescentes, uno de los eventos del Jubileo de la Misericordia. En la celebración participaron más de 60.000 jóvenes.

En ella, el Pontífice los invitó a acoger la llamada del Señor a ser discípulos suyos y les ofreció una serie de consejos.

“Vuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es un “app” que se descarga en el teléfono móvil: ni siquiera la versión más reciente podrá ayudaros a ser libres y grandes en el amor”, señaló.

A continuación, la homilía completa:

«La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

Queridos muchachos:

Qué gran responsabilidad nos confía hoy el Señor. Nos dice que la gente conocerá a los discípulos de Jesús por cómo se aman entre ellos. En otras palabras, el amor es el documento de identidad del cristiano, es el único “documento” válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús. Si este documento caduca y no se renueva continuamente, dejamos de ser testigos del Maestro.

Entonces os pregunto: ¿Queréis acoger la invitación de Jesús para ser sus discípulos? ¿Queréis ser sus amigos fieles? El amigo verdadero de Jesús se distingue principalmente por el amor concreto que resplandece en su vida. ¿Queréis vivir este amor que él nos entrega? Entonces, frecuentemos su escuela, que es una escuela de vida para aprender a amar.

Ante todo, amar es bello, es el camino para ser felices. Pero no es fácil, es desafiante, supone esfuerzo. Por ejemplo, pensemos cuando recibimos un regalo: nos hace felices, pero para preparar ese regalo las personas generosas han dedicado tiempo y entrega y, de ese modo, regalándonos algo, nos han dado también algo de ellas mismas, algo de lo que han sabido privarse.

Pensemos también en el regalo que vuestros padres y animadores os han hecho, al dejaros venir a Roma para este Jubileo dedicado a vosotros. Han programado, organizado, preparado todo para vosotros, y esto les daba alegría, aun cuando hayan renunciado a un viaje para ellos.

En efecto, amar quiere decir dar, no sólo algo material, sino algo de uno mismo: el tiempo personal, la propia amistad, las capacidades personales.

Miremos al Señor, que es insuperable en generosidad. Recibimos de él muchos dones, y cada día tendríamos que darle gracias. Quisiera preguntaros: ¿Dais gracias al Señor todos los días? Aun cuando nos olvidemos, él se acuerda de hacernos cada día un regalo especial. No es un regalo material para tener entre las manos y usar, sino un don más grande para la vida. Nos regala su amistad fiel, que no la retirará jamás.

Además, si tú lo decepcionas y te alejas de él, Jesús sigue amándote y estando contigo, creyendo en ti más de lo que tú crees en ti mismo. Y esto es muy importante. Porque la amenaza principal, que impide crecer bien, se da cuando no importas a nadie, cuando te sientes marginado.

En cambio, el Señor está siempre junto a ti y está contento de estar contigo. Como hizo con sus discípulos jóvenes, te mira a los ojos y te llama para seguirlo, para «remar mar a dentro» y «echar las redes» confiando en su palabra; es decir, poner en juego tus talentos en la vida, junto a él, sin miedo. Jesús te espera pacientemente, ansía una respuesta tuya, aguarda tu “sí”.

Queridos chicos y chicas, a vuestra edad surge en vosotros de una manera nueva el deseo de relacionaros y de recibir afecto. Si vais a la escuela del Señor, os enseñará a hacer más hermosos también el afecto y la ternura. Os pondrá en el corazón una intención buena, esa de amar sin poseer: de querer a las personas sin desearlas como algo propio, sino dejándolas libres.

En efecto, siempre existe la tentación de contaminar el afecto con la pretensión instintiva de tomar, de “poseer” aquello que me gusta. Y también, la cultura consumista refuerza esta tendencia. Pero cualquier cosa, cuando se exprime demasiado, se desgasta, se estropea; después se queda uno decepcionado con el vacío dentro.

Si escucháis la voz del Señor, os revelará el secreto de la ternura: interesarse por otra persona quiere decir respetarla, protegerla, esperarla.

En estos años percibís también un gran deseo de libertad. Muchos os dirán que ser libres significa hacer lo que se quiera. Pero en esto se necesita saber decir no. La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros; no es verdad que cuando estoy bien todo vaya bien.

En cambio, la libertad es el don de poder elegir el bien. Es libre quien elige el bien, quien busca aquello que agrada a Dios, aun cuando sea fatigoso. Pero sólo con decisiones valientes y fuertes se realizan los sueños más grandes, esos por los que vale la pena dar la vida.

No os contentéis con la mediocridad, con “ir tirando”, estando cómodos y sentados; no confiéis en quien os distrae de la verdadera riqueza, que sois vosotros, cuando os digan que la vida es bonita sólo si se tienen muchas cosas; desconfiad de quien os quiera hacer creer que sois valiosos cuando os hacéis pasar por fuertes, como los héroes de las películas, o cuando lleváis vestidos a la última moda.

Vuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es un “app” que se descarga en el teléfono móvil: ni siquiera la versión más reciente podrá ayudaros a ser libres y grandes en el amor.

Porque el amor es el don libre de quien tiene el corazón abierto; es una responsabilidad bella que dura toda la vida; es el compromiso cotidiano de quien sabe realizar grandes sueños. El amor se alimenta de confianza, de respeto y de perdón. El amor no surge porque hablemos de él, sino cuando se vive; no es una poesía bonita para aprender de memoria, sino una opción de vida que se ha de poner en práctica.

¿Cómo podemos crecer en el amor? El secreto está en el Señor: Jesús se nos da a sí mismo en la Santa Misa, nos ofrece el perdón y la paz en la Confesión. Allí aprendemos a acoger su amor, hacerlo nuestro, y a difundirlo en el mundo.

Y cuando amar parece algo arduo, cuando es difícil decir no a lo que es falso, mirad la cruz del Señor, abrazadla y no dejéis su mano, que os lleva hacia lo alto y os levanta cuando caéis. En la vida, siempre se cae porque somos pecadores, somos débiles, pero está la mano de Jesús, que nos levanta. ¡Jesús nos quiere en pie! Esa palabra hermosa que Jesús dijo al paralítico: ‘¡Levántate!’.

Dios nos ha creado para estar en pie. Hay una hermosa canción que cantan los alpinistas: ‘en el arte de salir lo importante no es caer, sino no permanecer caídos’. Tener el coraje de levantarse, de dejarse alzar de la mano de Jesús y esa mano muchas veces viene de un amigo, de los padres, de aquellos que nos acompañan en la vida. Dios les quiere en pie, siempre en pie.

Sé que sois capaces de gestos grandes de amistad y bondad. Estáis llamados a construir así el futuro: junto con los otros y por los otros, pero jamás contra alguien. Haréis cosas maravillosas si os preparáis bien ya desde ahora, viviendo plenamente vuestra edad, tan rica de dones, y no temiendo al cansancio.

Haced como los campeones del mundo del deporte, que logran metas altas entrenándose con humildad y todos los días. Que vuestro programa cotidiano sea las obras de misericordia: Entrenaos con entusiasmo en ellas para ser campeones de vida. Así seréis conocidos como discípulos de Jesús. Y vuestra alegría será plena.