Hay salida para los jóvenes, según Christus vivit

octubre 9, 2019

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No dejes que te roben la esperanza y la alegría. Atrévete a ser más, porque tu ser importa más que cualquier cosa.

 

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Hay salida para los jóvenes, según Christus vivit

 

103. En este capítulo me detuve a mirar la realidad de los jóvenes en el mundo actual. Algunos otros aspectos aparecerán en los siguientes capítulos. Como ya dije, no pretendo ser exhaustivo con este análisis.

Exhorto a las comunidades a realizar con respeto y con seriedad un examen de su propia realidad juvenil más cercana, para poder discernir los caminos pastorales más adecuados. Pero no quiero terminar este capítulo sin dirigir algunas palabras a cada uno.

104. Te recuerdo la buena noticia que nos regaló la mañana de la Resurrección: que en todas las situaciones oscuras o dolorosas que mencionamos hay salida.

Por ejemplo, es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven venerable Carlos Acutis.

105. Él sabía muy bien que esos mecanismos de la comunicación, de la publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo y de las novedades que podemos comprar, obsesionados por el tiempo libre, encerrados en la negatividad.

Pero él fue capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza.

106. No cayó en la trampa. Veía que muchos jóvenes, aunque parecen distintos, en realidad terminan siendo más de lo mismo, corriendo detrás de lo que les imponen los poderosos a través de los mecanismos de consumo y atontamiento. De ese modo, no dejan brotar los dones que el Señor les ha dado, no le ofrecen a este mundo esas capacidades tan personales y únicas que Dios ha sembrado en cada uno.

Así, decía Carlos, ocurre que “todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”. No permitas que eso te ocurra.

107. No dejes que te roben la esperanza y la alegría, que te narcoticen para utilizarte como esclavo de sus intereses. Atrévete a ser más, porque tu ser importa más que cualquier cosa. No te sirve tener o aparecer. Puedes llegar a ser lo que Dios, tu Creador, sabe que eres, si reconoces que estás llamado a mucho.

Invoca al Espíritu Santo y camina con confianza hacia la gran meta: la santidad. Así no serás una fotocopia. Serás plenamente tú mismo.

108. Para eso necesitas reconocer algo fundamental: ser joven no es sólo la búsqueda de placeres pasajeros y de éxitos superficiales. Para que la juventud cumpla la finalidad que tiene en el recorrido de tu vida, debe ser un tiempo de entrega generosa, de ofrenda sincera, de sacrificios que duelen pero que nos vuelven fecundos. Es como decía un gran poeta:

«Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado
» [61].

109. Si eres joven en edad, pero te sientes débil, cansado o desilusionado, pídele a Jesús que te renueve. Con Él no falta la esperanza. Lo mismo puedes hacer si te sientes sumergido en los vicios, las malas costumbres, el egoísmo o la comodidad enfermiza. Jesús, lleno de vida, quiere ayudarte para que ser joven valga la pena. Así no privarás al mundo de ese aporte que sólo tú puedes hacerle, siendo único e irrepetible como eres.

110. Pero quiero recordarte también que «es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados. Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos» [62].

Esto vale especialmente para los jóvenes, porque ustedes unidos tienen una fuerza admirable. Cuando se entusiasman por una vida comunitaria, son capaces de grandes sacrificios por los demás y por la comunidad. En cambio, el aislamiento los debilita y los expone a los peores males de nuestro tiempo.

[61] Francisco Luis Bernárdez, «Soneto», en Cielo de tierra, Buenos Aires 1937.

[62] Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 140.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.html

 


¿Por qué las redes sociales intentan silenciar la fe? 5 puntos a reflexionar

julio 19, 2019

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Comunicación por las redes sociales

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¿Por qué las redes sociales intentan silenciar la fe? 5 puntos a reflexionar

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¿Se trata de una paranoia o en verdad las redes sociales no favorecen los contenidos conservadores? No es una pregunta inocua.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, organizó a inicios de julio en la Casa Blanca una reunión o «cumbre» para denunciar la «deshonestidad» de las redes sociales, que según él son culpables de complot con la izquierda.

Una de las invitadas que dio su testimonio fue Lila Rose que habló de las prácticas discriminatorias de Twitter, Pinterest y Youtube.

«Un gran tema hoy en la White House Social Media Summit será la tremenda deshonestidad, parcialidad, discriminación (…) que practican algunas compañías», escribió Trump en su cuenta de Twitter. También ha insinuado que las compañías podrían estar actuando de forma ilegal y que deberían ser demandadas por las autoridades reguladoras de Estados Unidos.

1. No estamos locos, hay más ejemplos

Dejando a un lado lo controversial de la figura del presidente Trump, veamos que esta afirmación no contiene algo realmente nuevo, se han registrado «sucesos» de este tipo en redes sociales en varias ocasiones.

En abril del 2018 el CEO y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, compareció ante el Senado de Estados Unidos y se disculpó por el «error» de bloquear contenido católico. La noticia completa la puedes leer aquí.

Las cosas se siguen complicando. Zuckerberg, confirmó públicamente que Facebook prohibió las publicidades pro-vida durante el referéndum sobre el aborto en Irlanda en 2018, una votación que llevó a la legalización del aborto en el país tradicionalmente católico. La noticia también la puedes leer en este enlace.

Esta vez el turno le llegó al YouTuber Matt Fradd quien había sido invitado por un grupo de empleados de Google Inc para dar una charla sobre las ventajas de luchar contra la pornografía, charla sin contenido religioso. «Talks at Google» es un espacio que permite que sus empleados propongan estas conferencias a sus compañeros.

La charla se canceló a última hora, según cuenta Matt en un video. Al llegar le comunicaron que no se podría realizar el evento porque un grupo de empleados se había quejado. En el comunicado oficial se hacía referencia a una conversación en Twitter de un año atrás, que según algunos habría sido hiriente con la comunidad LGTBI, violando así los lineamientos generales de Google.

En este artículo no pretendemos levantar el dedo y acusar a las grandes empresas de tecnología simplemente o a los incidentes en redes sociales, se trata de reflexionar y aprender a discernir lo que se encuentra detrás de acciones como estas y buscar no victimizarnos sino por el contrario, tener en claro lo que necesita una sociedad para poder apuntar a la búsqueda del bien, de la verdad y del verdadero sentido de la libertad.

2. Libertad de expresión

Poder expresar lo que uno piensa es fundamental en las sociedades. La libertad de expresión se reconoce como un derecho humano en virtud del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La libertad de expresión comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas sin consideración de fronteras y por cualquier medio de transmisión.

Para poder vivir esta libertad es importante que todos juguemos con las mismas reglas. Los católicos no queremos buscar prerrogativas, pero sí queremos pedir que los medios de comunicación y las redes sociales sean neutrales para poder exponer las ideas con tranquilidad y que la luz de Cristo llegue realmente a muchas personas.

Vale la pena que estemos atentos a cómo sigue desarrollándose este tema, no solo para nosotros sino para todos sin sesgo.

3. Tolerancia

Tal como Matt Fradd, lo explica, hoy en día existe una gran confusión cuando se habla de tolerancia. Se confunde tolerancia con aceptación. Tolerar significa respetar las opiniones de los demás, aunque estas no coincidan con las propias.

El tolerar incluye no estar de acuerdo y respetar esta forma de pensar distinta. Hoy en día por pensar distinto, en automático uno se convierte en intolerante. Más aún si este pensamiento choca con las afirmaciones de la ideología de género o del pensamiento relativo.

4. Las reglas para el bien común

Una sociedad necesita reglas y normas de comportamiento para poder convivir en armonía. Históricamente estas normas tienen que ver con el respeto y la búsqueda del bien común. Salvaguardar el cuidado de sus habitantes y garantizar su libre desarrollo.

Para esto es necesario respetar las individualidades, el libre pensamiento y la libertad de culto. Todo esto dentro de un contexto que no atente contra los demás.

Hoy pareciera que, al confundir tolerancia con aceptación, cualquier comentario puede ser sacado de contexto y señalado de ir en contra de la libertad o considerarlo una ofensa.

No estar de acuerdo no puede ser considerado una ofensa, ni por pensar distinto han de prohibirse u ocultarse este tipo de opiniones. Las reglas para el bien común necesitan ser claras y no escudarse en ambigüedades o falsas afirmaciones.

5. Religión, libertad de pensamiento y felicidad

El año pasado fue especialmente relevante la charla que les dirigió Bishop Barron en el mismo espacio que este año le negaron a Matt Fradd. El tema fue «Religión y la apertura de pensamiento» (Religion and the opening up of the mind).

En esta charla el arzobispo Barron deja claro que el dinamismo natural de la mente humana es saber y querer saber cada vez más. La mente mientras más sabe, más quiere saber. Afirmación de relevante importancia en particular para las personas de las empresas high tech como Google.

*Puedes activar los subtítulos en español en la parte inferior derecha

Esta hambre insaciable de conocimiento se manifiesta en el éxito tan enorme que los motores de búsqueda han alcanzado. Es por esto la importancia de permitir el conocimiento, un conocimiento ordenado, sin sesgos o censuras por tal vez ser considerado hoy en día como políticamente incorrecto. Si quitas oportunidad al conocimiento de la verdad, quitas libertad.

En una extraordinaria disertación y una serie de premisas lógicas y verdaderas, el Arzobispo Barron concluye que detrás de esta hambre de conocimiento lo que el ser humano busca es la felicidad. Felicidad que muchas veces se confunde y se piensa que podría encontrarse en la riqueza, el prestigio, el poder o el placer.

Sin embargo, luego de haber alcanzado todos los anteriores, este anhelo, esta hambre voraz por más, es un deseo de infinito que ningún bien de este mundo puede calmar u ofrecer. Un deseo que solo puede ser saciado por alguien que no es de este mundo, Dios.

Al negar o prohibir la expresión de la doctrina católica, de pensamientos conservadores, del desarrollo de la filosofía, se corta la libertad de esta búsqueda del ser humano. Más bien se lo manipula, para conseguir intereses solo de algunos. Vale la pena poner atención a este asunto.

Artículo elaborado por el Padre Juan Carlos Vásconez.

¿Por qué las redes sociales intentan silenciar la fe? 5 puntos a reflexionar


Christus Vivit: Los jóvenes no quieren una Iglesia silenciosa y tímida

abril 8, 2019

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Presentación de la Exhortación postsinodal Christus Vivit: Los jóvenes no quieren una Iglesia silenciosa y tímida.

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Christus Vivit: Los jóvenes no quieren una Iglesia silenciosa y tímida

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A las 11. 30 se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la Exhortación Apostólica postsinodal del Santo Padre dedicada a los jóvenes “Christus vivit”, fruto de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos con el tema “Los jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional”.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Intervinieron en la Conferencia de Prensa, el cardenal Card. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, Mons.  Fabio Fabene, Sub secretario del Dicasterio, el prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini, la Responsable de la Comunidad de Ghana en Bolonia, Laphidil Oppong Twumasi y el docente de la escuela secundaria de la Diócesis de Roma, Prof. Alessio Piroddi Lorrai.

Cardenal Lorenzo Baldisseri:

El documento que hoy se publica será para la Carta Magna del futuro de la Pastoral juvenil y vocacional en las diversas comunidades eclesiales, todas marcadas por una profunda transformación de la condición juvenil.

De manera que, dijo el purpurado, así como Amoris Laetitia, que escribió Francisco  al concluir el sínodo dedicado a las familias, también Cristhus vivit  se conecta estrechamente al documento final del sínodo al cual agrega ulteriores y valiosos elementos de reflexión.

Como afirmó el Papa en la Exhortación: “Me dejé inspirar de la riqueza de las reflexiones y los diálogos del sínodo del año pasado. No puedo recoger aquí todas las contribuciones que pueden leer en el Documento Final, pero traté de percibir, en el tejido de esta carta, las propuestas que me parecieron muy significativas”.

Después de hablar de la estructura del documento, mencionar los nueve capítulos, compuestos por 299 números, el cardenal se concentró en algunos aspectos de la Exhortación: el mensaje fundamental que el Santo Padre quiere transmitir, a los jóvenes y con ellos a todos nosotros, dijo, es que Jesús no pertenece al pasado, sino que al presente y al futuro, porque Él es el eterno Viviente.

Toda generación de creyentes descubre en Cristo un contemporáneo y un compañero de viaje.

Otro aspecto, dijo el cardenal,  es su característica mariana, bien evidenciada por la elección simbólica del Papa de querer firmar el documento en Loreto, en la casa de María, el pasado 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor.

En esa ocasión, hablando a los fieles presentes en la basílica Lauretana, entre ellos, numerosos jóvenes, el Papa afirmó: “La Santa Casa es la casa de los jóvenes, porque aquí la Virgen María, la joven llena de gracia, sigue hablando hoy a las nuevas generaciones, acompañando a cada uno en la búsqueda de su propia vocación. Por esto quise firmar aquí la Exhortación Apostólica fruto del Sínodo dedicado a los jóvenes”.

Mons. Fabio Fabene:

Esta Exhortación, dijo el prelado, es otra perla que el Papa dona a la Iglesia y, en particular, a los jóvenes cristianos,  este documento se ofrece también para la reflexión de todos los jóvenes del mundo y de cuantos estén interesados en la felicidad de los chicos.

Ha sido algo significativo el hecho que la publicación de esta Exhortación haya sido en el 14 aniversario de la muerte de San Juan Pablo II, el Papa que escribió la primera carta a los Jóvenes del mundo en 1985, en ocasión del año internacional de la Juventud, y además recalcó el prelado, que este documento se ha firmado exactamente hace un año después de la conclusión de la Reunión presinodal, convocada por el Papa.

Además, Mons. Fabene dijo que la Christus Vivit se distingue por una fuerte característica cristológica y la expresión del amor reflejada en cada parte del documento. El Papa recuerda a cada joven que Dios le ama, y que Cristo por amor, se entregó hasta el final por salvarlos. Y que de este amor, Cristo quiere de cada joven primero su amistad, presentándose él mismo como amigo.

La amistad sincera y desinteresada es uno de los valores que la Exhortación propone a los jóvenes para disfrutar la dulzura de la vida. Todo el documento está inspirado por la confianza que el Papa tiene en los chicos y de su repetida invitación que les dirige a que fijen su esperanza en Cristo.

Mons. Fabene dijo por último, que otro elemento del documento característico es que indica que no existe la Iglesia de los jóvenes, y tampoco la Iglesia con los jóvenes o por los jóvenes, existe un único cuerpo, la Iglesia, de la que los jóvenes son miembros vivos y creativos, los cuales contribuyen con su pertenencia en el “vivir bien” de todos, y en la misión del anuncio del Evangelio y de la belleza de la vida en Cristo por parte de toda la comunidad eclesial.

Como lo dijeron en el sínodo, y que se puede leer en el documento final, los jóvenes hablan de una Iglesia joven y no de una Iglesia de jóvenes.

Además, la Exhortación toca el tema de las migraciones, donde están directamente involucrados los jóvenes, denuncia a los traficantes sin escrúpulos, unidos a carteles de la droga y de las armas que explotan las debilidades de los jóvenes. Pero recuerda que la historia de los migrantes son historias de encuentros entre personas y culturas.

Prefecto Paolo Ruffini:

En primer lugar, dijo que para él esta exhortación testimonia la verdad del camino sinodal de la Iglesia. Un camino que sigue, que no se detiene, va adelante porque los más ancianos pueden pasar el testimonio a los más jóvenes.

También recordó el número 37 de la Exhortación, donde explica que la Iglesia puede caer siempre en la tentación de perder el entusiasmo. Pero que son los jóvenes los que la ayudan a no caer en la corrupción, a no detenerse, a no transformarse en una secta, a ser más pobre y capaz de testimoniar, a estar cercana a los últimos y a los descartados, a luchar por la justicia y a dejarse interpelar con humildad.

Y ser verdaderos, dijo Ruffini, es el mejor modo para  comunicar  la verdad de lo que se testimonia.  Esta es la reacción a las dificultades de una Iglesia que se mantiene joven, que se deja interrogar y estimular por la sensibilidad de los jóvenes.

La Exhortación usa palabras muy claras, dijo el Prefecto, al asumir el punto de vista amplio de los jóvenes, que por un lado no quieren una Iglesia silenciosa y tímida, pero tampoco una Iglesia siempre en guerra por dos o tres temas que la obsesionan, y por otro lado piden a su vez ser comprendidos plenamente.

Por último habló del punto del documento que se refiere al ambiente digital que caracteriza la comunicación contemporánea.

“No se trata sólo de usar instrumentos de comunicación, sino de vivir en una cultura ampliamente digitalizada que tiene impactos profundos en las nociones del tiempo y del espacio, en la percepción de sí mismo, de los demás y del mundo, en el modo de comunicar, aprender, informarse, entrar en relación con los demás, dijo Ruffini; el contexto digital alcanza a los jóvenes incluso en iniciativas pastorales, pero es también un territorio de soledad, manipulación, explotación y violencia hasta el extremo del Dark Web.

Estos circuitos cerrados facilitan la difusión de informaciones y noticias falsas fomentando prejuicios y odios. La proliferación de fake news, o noticias falsas, es una expresión de una cultura que ha perdido el sentido de la verdad y dobla los hechos e intereses particulares. La reputación de las personas se pone a riesgo a través de procesos online.

A todo esto, el Papa contrapone una manera diversa de vivir, no sólo en la red, sino en todos los lenguajes. Incluso el del silencio y el de la contemplación. El arte, la música, el deporte, la caridad, el compromiso social, la política, reconectando lo real y lo virtual. Privilegiando el lenguaje de la cercanía, el lenguaje del amor desinteresado, relacional existencial que toca el corazón.

También en el frente de los abusos, la exhortación invita a una comunicación transparente y verdadera, y a los jóvenes a ser vigilantes y ayudar a sus obispos en la lucha contra este flagelo. Insiste en el compromiso para la adopción de medidas rigurosas de prevención que impidan repetir estos crímenes. No se esconde detrás de las culpas de otros, da gracias por aquellos que tuvieron y tienen el coraje de denunciar el mal sufrido.

Laphidil Oppong Twumasi y Alessio Piroddi

Laphidil dijo que al leer la exhortación sintió como si estuviera con alguien cerca, como con un padre que me ofrece consejos y sugerencias. Es fácil de entender, ilumina las diversas realidades de la vida de los jóvenes, no se pierde en arcaísmos, más bien encontré términos como tutorial, zapping, influencer, términos juveniles.

En cambio Alessio, dijo que ante este documento por un lado lo vio como joven, y por otro como profesor en la escuela, catequista en la parroquia, y Christus Vivit, dijo, es de verdad una exhortación, un empuje, un animarme a traducir en la realidad y en el compromiso cotidiano lo que he recibido como joven, llevarlo a mis alumnos y chicos que encuentro en la parroquia.

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2019-04/papa-francisco-exhortacion-christus-vivit-conferencia-prensa.html


“La llamada del Señor no es una intromisión de Dios en nuestra libertad”. Mensaje Jornada Mundial de oración por las vocaciones 2019

marzo 11, 2019

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La vocación es una invitación a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean.

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“La llamada del Señor no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima”

“Es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos”

Por RD/Vatican News

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“La valentía de arriesgar por la promesa de Dios” es el título del Mensaje del Papa hecho público hoy para la 56ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que este año se celebra el domingo 12 de mayo.

En el Mensaje, con fecha  31 de enero, Memoria de San Juan Bosco, Francisco retoma como punto de reflexión lo que compartió con los jóvenes en Panamá en la 34ª Jornada Mundial de la Juventud en el país centroamericano, precisando que este evento junto a la “fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes” del mes de octubre, ayudaron a “que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan”.

Texto completo del mensaje del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber vivido, el pasado octubre, la vivaz y fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes, hemos celebrado recientemente la 34ª Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Dos grandes eventos, que han ayudado a que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan.

Quisiera retomar lo que compartí con los jóvenes en Panamá, para reflexionar en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sobre cómo la llamada del Señor nos hace portadores de una promesa y, al mismo tiempo, nos pide la valentía de arriesgarnos con él y por él.

Me gustaría considerar brevemente estos dos aspectos, la promesa y el riesgo, contemplando con vosotros la escena evangélica de la llamada de los primeros discípulos en el lago de Galilea (Mc 1,16-20).

Dos parejas de hermanos –Simón y Andrés junto a Santiago y Juan–, están haciendo su trabajo diario como pescadores. En este trabajo arduo aprendieron las leyes de la naturaleza y, a veces, tuvieron que desafiarlas cuando los vientos eran contrarios y las olas sacudían las barcas. En ciertos días, la pesca abundante recompensaba el duro esfuerzo, pero otras veces, el trabajo de toda una noche no era suficiente para llenar las redes y regresaban a la orilla cansados y decepcionados.

Estas son las situaciones ordinarias de la vida, en las que cada uno de nosotros ha de confrontarse con los deseos que lleva en su corazón, se esfuerza en actividades que confía en que sean fructíferas, avanza en el “mar” de muchas posibilidades en busca de la ruta adecuada que pueda satisfacer su sed de felicidad.

A veces se obtiene una buena pesca, otras veces, en cambio, hay que armarse de valor para pilotar una barca golpeada por las olas, o hay que lidiar con la frustración de verse con las redes vacías.

Como en la historia de toda llamada, también en este caso se produce un encuentro. Jesús camina, ve a esos pescadores y se acerca… Así sucedió con la persona con la que elegimos compartir la vida en el matrimonio, o cuando sentimos la fascinación de la vida consagrada: experimentamos la sorpresa de un encuentro y, en aquel momento, percibimos la promesa de una alegría capaz de llenar nuestras vidas.

Así, aquel día, junto al lago de Galilea, Jesús fue al encuentro de aquellos pescadores, rompiendo la «parálisis de la normalidad» (Homilía en la 22ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 2 febrero 2018). E inmediatamente les hizo una promesa: «Os haré pescadores de hombres» (Mc 1,17).

La llamada del Señor, por tanto, no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima. Por el contrario, es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos, mostrándonos en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante.

El deseo de Dios es que nuestra vida no acabe siendo prisionera de lo obvio, que no se vea arrastrada por la inercia de los hábitos diarios y no quede inerte frente a esas elecciones que podrían darle sentido. El Señor no quiere que nos resignemos a vivir la jornada pensando que, a fin de cuentas, no hay nada por lo que valga la pena comprometerse con pasión y extinguiendo la inquietud interna de buscar nuevas rutas para nuestra navegación.

Si alguna vez nos hace experimentar una “pesca milagrosa”, es porque quiere que descubramos que cada uno de nosotros está llamado –de diferentes maneras–, a algo grande, y que la vida no debe quedar atrapada en las redes de lo absurdo y de lo que anestesia el corazón.

En definitiva, la vocación es una invitación a no quedarnos en la orilla con las redes en la mano, sino a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean.

Por supuesto, abrazar esta promesa requiere el valor de arriesgarse a decidir. Los primeros discípulos, sintiéndose llamados por él a participar en un sueño más grande, «inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron» (Mc 1,18).

Esto significa que para seguir la llamada del Señor debemos implicarnos con todo nuestro ser y correr el riesgo de enfrentarnos a un desafío desconocido; debemos dejar todo lo que nos puede mantener amarrados a nuestra pequeña barca, impidiéndonos tomar una decisión definitiva; se nos pide esa audacia que nos impulse con fuerza a descubrir el proyecto que Dios tiene para nuestra vida.

En definitiva, cuando estamos ante el vasto mar de la vocación, no podemos quedarnos a reparar nuestras redes, en la barca que nos da seguridad, sino que debemos fiarnos de la promesa del Señor.

Me refiero sobre todo a la llamada a la vida cristiana, que todos recibimos con el bautismo y que nos recuerda que nuestra vida no es fruto del azar, sino el don de ser hijos amados por el Señor, reunidos en la gran familia de la Iglesia.

Precisamente en la comunidad eclesial, la existencia cristiana nace y se desarrolla, sobre todo gracias a la liturgia, que nos introduce en la escucha de la Palabra de Dios y en la gracia de los sacramentos; aquí es donde desde la infancia somos iniciados en el arte de la oración y del compartir fraterno.

La Iglesia es nuestra madre, precisamente porque nos engendra a una nueva vida y nos lleva a Cristo; por lo tanto, también debemos amarla cuando descubramos en su rostro las arrugas de la fragilidad y del pecado, y debemos contribuir a que sea siempre más hermosa y luminosa, para que pueda ser en el mundo testigo del amor de Dios.

La vida cristiana se expresa también en esas elecciones que, al mismo tiempo que dan una dirección precisa a nuestra navegación, contribuyen al crecimiento del Reino de Dios en la sociedad.

Me refiero a la decisión de casarse en Cristo y formar una familia, así como a otras vocaciones vinculadas al mundo del trabajo y de las profesiones, al compromiso en el campo de la caridad y de la solidaridad, a las responsabilidades sociales y políticas, etc.

Son vocaciones que nos hacen portadores de una promesa de bien, de amor y de justicia no solo para nosotros, sino también para los ambientes sociales y culturales en los que vivimos, y que necesitan cristianos valientes y testigos auténticos del Reino de Dios.

En el encuentro con el Señor, alguno puede sentir la fascinación de la llamada a la vida consagrada o al sacerdocio ordenado. Es un descubrimiento que entusiasma y al mismo tiempo asusta, cuando uno se siente llamado a convertirse en “pescador de hombres” en la barca de la Iglesia a través de la donación total de sí mismo y empeñándose en un servicio fiel al Evangelio y a los hermanos.

Esta elección implica el riesgo de dejar todo para seguir al Señor y consagrarse completamente a él, para convertirse en colaboradores de su obra.

Muchas resistencias interiores pueden obstaculizar una decisión semejante, así como en ciertos ambientes muy secularizados, en los que parece que ya no hay espacio para Dios y para el Evangelio, se puede caer en el desaliento y en el «cansancio de la esperanza» (Homilía en la Misa con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos, Panamá, 26 enero 2019).

Y, sin embargo, no hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor. En particular a vosotros, jóvenes, me gustaría deciros: No seáis sordos a la llamada del Señor. Si él os llama por este camino no recojáis los remos en la barca y confiad en él.

No os dejéis contagiar por el miedo, que nos paraliza ante las altas cumbres que el Señor nos propone. Recordad siempre que, a los que dejan las redes y la barca para seguir al Señor, él les promete la alegría de una vida nueva, que llena el corazón y anima el camino.

Queridos amigos, no siempre es fácil discernir la propia vocación y orientar la vida de la manera correcta. Por este motivo, es necesario un compromiso renovado por parte de toda la Iglesia –sacerdotes, religiosos, animadores pastorales, educadores– para que se les ofrezcan, especialmente a los jóvenes, posibilidades de escucha y de discernimiento.

Se necesita una pastoral juvenil y vocacional que ayude al descubrimiento del plan de Dios, especialmente a través de la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la adoración eucarística y el acompañamiento espiritual.

Como se ha hablado varias veces durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, debemos mirar a María. Incluso en la historia de esta joven, la vocación fue al mismo tiempo una promesa y un riesgo. Su misión no fue fácil, sin embargo no permitió que el miedo se apoderara de ella.

Su sí «fue el “sí” de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Y yo les pregunto a cada uno de ustedes. ¿Se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante?

María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”. Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano» (Vigilia con los jóvenes, Panamá, 26 enero 2019).

En esta Jornada, nos unimos en oración pidiéndole al Señor que nos descubra su proyecto de amor para nuestra vida y que nos dé el valor para arriesgarnos en el camino que él ha pensado para nosotros desde la eternidad.

Vaticano, 31 de enero de 2019, Memoria de san Juan Bosco.

FRANCISCO

https://www.religiondigital.org/vaticano/religion-iglesia-vaticano-mensaje-papa-jornada-mundial-vocaciones-francisco-gozo-arriesgar-vida-senor_0_2101889800.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter


El maná de cada día, 13.11.18

noviembre 13, 2018

Martes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

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Confía en el Señor tu Dios y haz el bien

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PRIMERA LECTURA: Tito 2, 1-8.11-14

Habla de lo que es conforme a la sana doctrina. Di a los ancianos que sean sobrios, serios y prudentes; que estén robustos en la fe, en el amor y en la paciencia.

A las ancianas, lo mismo: que sean decentes en el porte, que no sean chismosas ni se envicien con el vino, sino maestras en lo bueno, de modo que inspiren buenas ideas a las jóvenes, enseñándoles a amar a los maridos y a sus hijos, a ser moderadas y púdicas, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a los maridos, para que no se desacredite la palabra de Dios.

A los jóvenes, exhórtalos también a ser prudentes, presentándote en todo como un modelo de buena conducta. En la enseñanza sé íntegro y grave, con un hablar sensato e intachable, para que la parte contraria se abochorne, no pudiendo criticarnos en nada.

Porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.

Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

SALMO 36, 3-4.18.23.27.29

El Señor es quien salva a los justos.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre. El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos.

Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; pero los justos poseen la tierra, la habitarán por siempre jamás.

ALELUYA: Juan 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-, y mi Padre lo amará y vendremos a él.

EVANGELIO: Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, dijo el Señor:

«Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: “En seguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?

Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.”»
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SERVIR A TODOS

Servir exige la necesaria humildad de ponerse por debajo de otros. Has de servir como Cristo sirvió. Contémplale lavando los pies al que había de negarle, al que recostó la cabeza sobre su pecho, al que eligió para ser roca de la Iglesia, a los que se disputaron el primer puesto, al que le vendió por treinta monedas.

Contémplale curando a los más necesitados, consolando a la madre viuda, devolviendo la vista a los ciegos, saciando el hambre de multitudes, predicando a todos el Reino. Pero, ninguno de estos servicios iguala en algo al mayor y supremo servicio de la Cruz.

No te importe dedicarte a tareas aparentemente inútiles o a ocupaciones que no te dan relumbrón ante los demás. No te importe hacer tú aquello que nadie quiere hacer. ¿Que terminan todos aprovechándose –incluso abusando– de tu disponibilidad? ¿Que van buscándote por interés o conveniencia y hasta se sirven de ti y luego te olvidan?

Muchos de aquellos leprosos, ciegos o enfermos, que pidieron al Señor una curación, también se acercaron al Maestro por interés y luego se olvidaron de Él; algunos, incluso, estuvieron mezclados entre aquella turba que gritó crucifixión para el Señor el día de Viernes Santo.

Si tu mayor o menor disponibilidad está, como una veleta, a merced de antipatías y simpatías, de políticas humanas, de la buena o mala opinión que tengan de ti, del beneficio que puedas obtener, entonces tu actitud de servicio no irá nunca más allá de los límites de una miope filantropía que se va haciendo cada vez más egoísta.

La verdadera caridad no se cansa de amar, en Dios y desde Dios. Y no teme servir hasta la humillación de la Cruz, si con eso imita en algo el amor de aquel Dios inclinado a lavar los pies de sus criaturas.

Mater Dei


Sí a la educación sexual, según Amoris laetitia, 280-286, (26)

agosto 17, 2018

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La educación sexual brinda información, pero sin olvidar que los niños y los jóvenes no han alcanzado una madurez plena

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Sí a la educación sexual

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El Concilio Vaticano II planteaba la necesidad de «una positiva y prudente educación sexual» que llegue a los niños y adolescentes «conforme avanza su edad» y «teniendo en cuenta el progreso de la psicología, la pedagogía y la didáctica».

Deberíamos preguntarnos si nuestras instituciones educativas han asumido este desafío. Es difícil pensar la educación sexual en una época en que la sexualidad tiende a banalizarse y a empobrecerse. Sólo podría entenderse en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua. De esa manera, el lenguaje de la sexualidad no se ve tristemente empobrecido, sino iluminado.

El impulso sexual puede ser cultivado en un camino de autoconocimiento y en el desarrollo de una capacidad de autodominio, que pueden ayudar a sacar a la luz capacidades preciosas de gozo y de encuentro amoroso.

La educación sexual brinda información, pero sin olvidar que los niños y los jóvenes no han alcanzado una madurez plena. La información debe llegar en el momento apropiado y de una manera adecuada a la etapa que viven.

No sirve saturarlos de datos sin el desarrollo de un sentido crítico ante una invasión de propuestas, ante la pornografía descontrolada y la sobrecarga de estímulos que pueden mutilar la sexualidad. Los jóvenes deben poder advertir que están bombardeados por mensajes que no buscan su bien y su maduración.

Hace falta ayudarles a reconocer y a buscar las influencias positivas, al mismo tiempo que toman distancia de todo lo que desfigura su capacidad de amar. Igualmente, debemos aceptar que «la necesidad de un lenguaje nuevo y más adecuado se presenta especialmente en el tiempo de presentar a los niños y adolescentes el tema de la sexualidad».

Una educación sexual que cuide un sano pudor tiene un valor inmenso, aunque hoy algunos consideren que es una cuestión de otras épocas. Es una defensa natural de la persona que resguarda su interioridad y evita ser convertida en un puro objeto.

Sin el pudor, podemos reducir el afecto y la sexualidad a obsesiones que nos concentran sólo en la genitalidad, en morbosidades que desfiguran nuestra capacidad de amar y en diversas formas de violencia sexual que nos llevan a ser tratados de modo inhumano o a dañar a otros.

Con frecuencia la educación sexual se concentra en la invitación a «cuidarse», procurando un «sexo seguro». Esta expresión transmite una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse.

Así se promueve la agresividad narcisista en lugar de la acogida. Es irresponsable toda invitación a los adolescentes a que jueguen con sus cuerpos y deseos, como si tuvieran la madurez, los valores, el compromiso mutuo y los objetivos propios del matrimonio. De ese modo se los alienta alegremente a utilizar a otra persona como objeto de búsquedas compensatorias de carencias o de grandes límites.

Es importante más bien enseñarles un camino en torno a las diversas expresiones del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa, a la comunicación rica de sentido. Porque todo eso prepara para un don de sí íntegro y generoso que se expresará, luego de un compromiso público, en la entrega de los cuerpos.

La unión sexual en el matrimonio aparecerá así como signo de un compromiso totalizante, enriquecido por todo el camino previo.

No hay que engañar a los jóvenes llevándoles a confundir los planos: la atracción «crea, por un momento, la ilusión de la “unión”, pero, sin amor, tal unión deja a los desconocidos tan separados como antes». El lenguaje del cuerpo requiere el paciente aprendizaje que permite interpretar y educar los propios deseos para entregarse de verdad.

Cuando se pretende entregar todo de golpe es posible que no se entregue nada. Una cosa es comprender las fragilidades de la edad o sus confusiones, y otra es alentar a los adolescentes a prolongar la inmadurez de su forma de amar.

Pero ¿quién habla hoy de estas cosas? ¿Quién es capaz de tomarse en serio a los jóvenes? ¿Quién les ayuda a prepararse en serio para un amor grande y generoso? Se toma demasiado a la ligera la educación sexual.

La educación sexual debería incluir también el respeto y la valoración de la diferencia, que muestra a cada uno la posibilidad de superar el encierro en los propios límites para abrirse a la aceptación del otro.

Más allá de las comprensibles dificultades que cada uno pueda vivir, hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque «una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación […] También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente».

Sólo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse de la inmanencia del propio ser y del embeleso por sí mismo. La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo, de manera que la persona no pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma».

Tampoco se puede ignorar que en la configuración del propio modo de ser, femenino o masculino, no confluyen sólo factores biológicos o genéticos, sino múltiples elementos que tienen que ver con el temperamento, la historia familiar, la cultura, las experiencias vividas, la formación recibida, las influencias de amigos, familiares y personas admiradas, y otras circunstancias concretas que exigen un esfuerzo de adaptación.

Es verdad que no podemos separar lo que es masculino y femenino de la obra creada por Dios, que es anterior a todas nuestras decisiones y experiencias, donde hay elementos biológicos que es imposible ignorar. Pero también es verdad que lo masculino y lo femenino no son algo rígido.

Por eso es posible, por ejemplo, que el modo de ser masculino del esposo pueda adaptarse de manera flexible a la situación laboral de la esposa. Asumir tareas domésticas o algunos aspectos de la crianza de los hijos no lo vuelven menos masculino ni significan un fracaso, una claudicación o una vergüenza.

Hay que ayudar a los niños a aceptar con normalidad estos sanos «intercambios», que no quitan dignidad alguna a la figura paterna. La rigidez se convierte en una sobreactuación de lo masculino o femenino, y no educa a los niños y jóvenes para la reciprocidad encarnada en las condiciones reales del matrimonio.

Esa rigidez, a su vez, puede impedir el desarrollo de las capacidades de cada uno, hasta el punto de llevar a considerar como poco masculino dedicarse al arte o a la danza y poco femenino desarrollar alguna tarea de conducción.

Esto gracias a Dios ha cambiado, pero en algunos lugares ciertas concepciones inadecuadas siguen condicionando la legítima libertad y mutilando el auténtico desarrollo de la identidad concreta de los hijos o de sus potencialidades.

 


La vida familiar como contexto educativo, según Amoris laetitia, 274-279, (25)

agosto 15, 2018

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La familia es el ámbito de la socialización primaria, porque es el primer lugar donde se aprende a colocarse frente al otro, a escuchar, a compartir, a soportar, a respetar, a ayudar, a convivir.

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La vida familiar como contexto educativo

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La familia es la primera escuela de los valores humanos, en la que se aprende el buen uso de la libertad. Hay inclinaciones desarrolladas en la niñez, que impregnan la intimidad de una persona y permanecen toda la vida como una emotividad favorable hacia un valor o como un rechazo espontáneo de determinados comportamientos.

Muchas personas actúan toda la vida de una determinada manera porque consideran valioso ese modo de actuar que se incorporó en ellos desde la infancia, como por ósmosis: «A mí me enseñaron así»; «eso es lo que me inculcaron».

En el ámbito familiar también se puede aprender a discernir de manera crítica los mensajes de los diversos medios de comunicación. Lamentablemente, muchas veces algunos programas televisivos o ciertas formas de publicidad inciden negativamente y debilitan valores recibidos en la vida familiar.

En este tiempo, en el que reinan la ansiedad y la prisa tecnológica, una tarea importantísima de las familias es educar para la capacidad de esperar.

No se trata de prohibir a los chicos que jueguen con los dispositivos electrónicos, sino de encontrar la forma de generar en ellos la capacidad de diferenciar las diversas lógicas y de no aplicar la velocidad digital a todos los ámbitos de la vida. La postergación no es negar el deseo sino diferir su satisfacción.

Cuando los niños o los adolescentes no son educados para aceptar que algunas cosas deben esperar, se convierten en atropelladores, que someten todo a la satisfacción de sus necesidades inmediatas y crecen con el vicio del «quiero y tengo». Este es un gran engaño que no favorece la libertad, sino que la enferma.

En cambio, cuando se educa para aprender a posponer algunas cosas y para esperar el momento adecuado, se enseña lo que es ser dueño de sí mismo, autónomo ante sus propios impulsos. Así, cuando el niño experimenta que puede hacerse cargo de sí mismo, se enriquece su autoestima. A su vez, esto le enseña a respetar la libertad de los demás.

Por supuesto que esto no implica exigirles a los niños que actúen como adultos, pero tampoco cabe menospreciar su capacidad de crecer en la maduración de una libertad responsable. En una familia sana, este aprendizaje se produce de manera ordinaria por las exigencias de la convivencia.

La familia es el ámbito de la socialización primaria, porque es el primer lugar donde se aprende a colocarse frente al otro, a escuchar, a compartir, a soportar, a respetar, a ayudar, a convivir. La tarea educativa tiene que despertar el sentimiento del mundo y de la sociedad como hogar, es una educación para saber «habitar», más allá de los límites de la propia casa.

En el contexto familiar se enseña a recuperar la vecindad, el cuidado, el saludo. Allí se rompe el primer cerco del mortal egoísmo para reconocer que vivimos junto a otros, con otros, que son dignos de nuestra atención, de nuestra amabilidad, de nuestro afecto.

No hay lazo social sin esta primera dimensión cotidiana, casi microscópica: el estar juntos en la vecindad, cruzándonos en distintos momentos del día, preocupándonos por lo que a todos nos afecta, socorriéndonos mutuamente en las pequeñas cosas cotidianas.

La familia tiene que inventar todos los días nuevas formas de promover el reconocimiento mutuo.

En el hogar también se pueden replantear los hábitos de consumo para cuidar juntos la casa común: «La familia es el sujeto protagonista de una ecología integral, porque es el sujeto social primario, que contiene en su seno los dos principios-base de la civilización humana sobre la tierra: el principio de comunión y el principio de fecundidad».

Igualmente, los momentos difíciles y duros de la vida familiar pueden ser muy educativos.

Es lo que sucede, por ejemplo, cuando llega una enfermedad, porque «ante la enfermedad, incluso en la familia surgen dificultades, a causa de la debilidad humana. Pero, en general, el tiempo de la enfermedad hace crecer la fuerza de los vínculos familiares […] Una educación que deja de lado la sensibilidad por la enfermedad humana, aridece el corazón; y hace que los jóvenes estén “anestesiados” respecto al sufrimiento de los demás, incapaces de confrontarse con el sufrimiento y vivir la experiencia del límite».

El encuentro educativo entre padres e hijos puede ser facilitado o perjudicado por las tecnologías de la comunicación y la distracción, cada vez más sofisticadas. Cuando son bien utilizadas pueden ser útiles para conectar a los miembros de la familia a pesar de la distancia. Los contactos pueden ser frecuentes y ayudar a resolver dificultades.

Pero debe quedar claro que no sustituyen ni reemplazan la necesidad del diálogo más personal y profundo que requiere del contacto físico, o al menos de la voz de la otra persona.

Sabemos que a veces estos recursos alejan en lugar de acercar, como cuando en la hora de la comida cada uno está concentrado en su teléfono móvil, o como cuando uno de los cónyuges se queda dormido esperando al otro, que pasa horas entretenido con algún dispositivo electrónico.

En la familia, también esto debe ser motivo de diálogo y de acuerdos, que permitan dar prioridad al encuentro de sus miembros sin caer en prohibiciones irracionales.

De cualquier modo, no se pueden ignorar los riesgos de las nuevas formas de comunicación para los niños y adolescentes, que a veces los convierten en abúlicos, desconectados del mundo real.

Este «autismo tecnológico» los expone más fácilmente a los manejos de quienes buscan entrar en su intimidad con intereses egoístas.

Tampoco es bueno que los padres se conviertan en seres omnipotentes para sus hijos, que sólo puedan confiar en ellos, porque así impiden un adecuado proceso de socialización y de maduración afectiva.

Para hacer efectiva esa prolongación de la paternidad en una realidad más amplia, «las comunidades cristianas están llamadas a ofrecer su apoyo a la misión educativa de las familias», de manera particular a través de la catequesis de iniciación. Para favorecer una educación integral necesitamos «reavivar la alianza entre la familia y la comunidad cristiana».

El Sínodo ha querido resaltar la importancia de la escuela católica, que «desarrolla una función vital de ayuda a los padres en su deber de educar a los hijos […] Las escuelas católicas deberían ser alentadas en su misión de ayudar a los alumnos a crecer como adultos maduros que pueden ver el mundo a través de la mirada de amor de Jesús y comprender la vida como una llamada a servir a Dios».

Para ello «hay que afirmar decididamente la libertad de la Iglesia de enseñar la propia doctrina y el derecho a la objeción de conciencia por parte de los educadores».


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