El Papa pone en valor el papel de la mujer: A menudo es víctima de una violencia ciega

junio 9, 2017

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Una madre emocionada presenta a su bebé al Papa Francisco

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El Papa pone en valor el papel de la mujer: A menudo es víctima de una violencia ciega

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 09 Jun. 17 / 06:12 am (ACI).- El Papa Francisco puso de relieve el papel de la mujer en los diversos ámbitos de la vida, pero sobre todo en el de la educación, recordó cómo es habitual que sean ellas las que se ocupen de los más desfavorecidos y destacó que son a menudo víctimas de la violencia.

“Las mujeres, poseyendo características peculiares, pueden ofrecer un importante aporte al diálogo con su capacidad de escuchar, de acoger y de abrirse generosamente a los otros”, dijo el Papa.

Francisco expresó esta idea al recibir a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso que se ha celebrado en Roma bajo el tema “El papel de la mujer en la educación a la fraternidad universal”.

“Por desgracia, vemos cómo hoy la figura de la mujer en cuanto educadora a la fraternidad universal se ha oscurecido y a menudo no es reconocida a causa de tantos males que afligen a este mundo y que, en particular, afectan a las mujeres en su dignidad y en su papel”.

“Las mujeres, así como los niños, se encuentran entre las víctimas más habituales de una ciega violencia”, aseguró el Papa. “Allá donde el odio y la violencia toman el relevo, se hiere a las familias y a la sociedad, impidiendo a la mujer desarrollar, en comunión con las intenciones y la acción del hombre, su misión educadora de modo sereno y eficaz”.

Francisco se detuvo es hablar brevemente del valor de la mujer, de la educación en la fraternidad y del diálogo.

Valorizar el papel de la mujer

El Santo Padre aseguró que “hay necesidad de un mayor reconocimiento de la capacidad de la mujer para educar en la fraternidad universal”. En su opinión, “las mujeres tienen pleno derecho de participar activamente en todos los ámbitos y ese derecho debe ser protegido y reafirmado por instrumentos legales”.

Educar a la fraternidad

“Las mujeres, en cuanto educadoras, tienen una particular vocación, capaz de hacer nacer y crecer nuevas modalidades de acogida y estima recíproca”.

Francisco añadió que “la educación comporta una riqueza de implicaciones tanto para la mujer misma, por su modo de ser, tanto como por sus relaciones”.

“Las mujeres, unidas íntimamente al misterio de la vida, pueden hacer mucho por promover el espíritu de fraternidad, con el cuidado por preservar la vida y con la convicción de que el amor es la fuerza que puede hacer el mundo habitable para todos”.

“Las mujeres se ocupan ellas solas en acompañar a los demás, sobre todo a aquellos que son más débiles en la familia y en la sociedad, las víctimas de conflictos y a todos los que deben afrontar los desafíos de cada día”.

Por eso, “gracias a su contribución, la educación a la fraternidad puede superar la cultura del descarte”, subrayó.

Dialogar

Por último, el Pontífice manifestó la importancia de “construir lazos de amistad y de respeto”. “Las mujeres están comprometidas, a menudo más que los hombres, a nivel de ‘diálogo de la vida’ en el ámbito interreligioso, y así contribuyen a una mejor comprensión de los desafíos característicos de una realidad multicultural.

El diálogo es un camino que la mujer y el hombre deben realizar siempre, pero “hoy más que nunca es necesario que las mujeres estén presentes”.

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Papa Francisco: La mujer es la que da armonía al mundo, no está para lavar platos http://bit.ly/2kW8muM


Ocho tipos de mujeres con las que los hombres cristianos no deberían casarse si no cambian

junio 8, 2017

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Mujer acusa a su pareja: La falta de perdón en una mujer, el carácter pendenciero, una mentalidad controladora… todo eso desanima particularmente al hombre.

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Ocho tipos de mujeres con las que los hombres cristianos nos deberían casarse si no cambian

La falta de perdón en una mujer, el carácter pendenciero, una mentalidad controladora… todo eso desanima particularmente al hombre.

P. J. Ginés

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Como ya explicamos en ReL, la revista “Charisma Magazine”, la más leída en Estados Unidos por lectores pentecostales y protestantes carismáticos, publicó un decálogo sobre10 tipos de hombres con los que las mujeres cristianas no deberían casarse nunca”, que se hizo viral en Internet: lo leyeron más de 2 millones de personas y 1,5 millones lo reenviaron en la red.

Cuando llevaba ya 1,2 millones de reenvíos, el autor del artículo, J. Lee Grady, antiguo editor de la revista, publicó una segunda parte enfocada en el otro sexo: “8 mujeres con las que los hombres cristianos nunca deberían casarse”.

Los lectores (y lectoras) se la pedían con insistencia. Si bien mantiene el “nunca” en el título, a lo largo del artículo admite que, con ayuda, algunos de estos defectos pueden mejorarse, la persona puede cambiar… pero debería hacerlo antes del matrimonio.

Aunque no logró tantas visitas y lecturas (las mujeres son más dadas a compartir estas cosas con sus amigas y parientes), rápidamente el listado “para hombres” superó los 300.000 impactos.

“Soy el mentor de varios hombres jóvenes y he visto a unos cuantos de ellos casarse con éxito a lo largo de los años, por lo que no es difícil elaborar esta lista”, escribe Grady. “Estas son las mujeres que pido a mis hijos espirituales que eviten”.

1. La no creyente

Grady considera que la Biblia deja “absolutamente claro” que los cristianos no deberían casarse con no creyentes, y para ello cita 2 Corintios 6, 14: “No os atéis con no creyentes” o bien “No os unzáis en yugo desigual con los infieles”.

Grady afirma: “Necesitáis una esposa que ame a Jesús más aún de lo que os ama a vosotros. Poned la madurez espiritual en lo alto de la lista de cualidades que queréis en una esposa”.

Sin embargo, no está tan “absolutamente claro” que la Biblia prohiba taxativamente el matrimonio con no cristianos, aunque pueda ser humanamente recomendable para muchas parejas.

En 1 Corintios 7,14, San Pablo explica qué sucede en los matrimonios donde un cónyuge no es cristiano y queda claro que no se opone completamente a esos matrimonios: “El marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente”, una cita que recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica en su párrafo 1637.

El Catecismo añade: “Es un gran gozo para el cónyuge cristiano y para la Iglesia el que esta santificación conduzca a la conversión libre del otro cónyuge a la fe cristiana. El amor conyugal sincero, la práctica humilde y paciente de las virtudes familiares, y la oración perseverante pueden preparar al cónyuge no creyente a recibir la gracia de la conversión”.

Estadísticamente, la principal causa de conversión al catolicismo por parte de adultos en países de Occidente es que su cónyuge o novio/a pertenece ya a la Iglesia Católica y desean compartir su fe. Pero muchos podrían considerar que lo prudente es que la pareja se bautice o se convierta en la fase de noviazgo y se casen cuando esta fe haya madurado un poco.

2. La chica materialista

“Un amigo mío estaba prometido a una chica de familia rica. Él ahorró durante meses para comprar un anillo a la chica, pero cuando se declaró ella le dijo que debía volver a la joyería y comprar un diamante más grande. Ella le empujó a endeudarse por un anillo que cumpliese sus expectativas. La chica quería un estilo de vida Tiffany con el sueldo Wal-Mart de él. Dije a mi amigo que se estaba metiendo en problemas. A menos que queráis vivir endeudados el resto de la vida, no os caséis con una chica que tiene signos de dólar en sus ojos y 8 tarjetas de crédito en su bolso Gucci”.

3. La diva

Para Grady, la diva es la versión femenina del macho que se cree superior a las mujeres. “Piensan que el mundo gira a su alrededor y no se lo piensan dos veces si han de herir a alguien para demostrarlo. Sus palabras son tajantes y sus exigencias chasqueando dedos no son razonables.

Algunas de estas mujeres podrían llegar a tener un cargo de responsabilidad en la iglesia, pero no os dejéis engañar por su charla superespiritual. Los verdaderos líderes son humildes. Si no veis humildad cristiana en la chica con la que salís, retroceded y seguid buscando en otra parte”.

4. La Dalila

“¿Os acordáis de Sansón? Fue ungido por Dios con fuerza sobrenatural, pero perdió su poder cuando una mujer seductora averiguó su secreto y le hizo el corte de pelo más famoso de la historia. Como Dalila, una mujer que no ha entregado su sexualidad a Dios te cegará con sus encantos, romperá tu corazón y te robará la unción”.

“Si la mujer ‘cristiana’ con la que quedas en la iglesia viste provocativamente, flirtea con otros chicos, hace comentarios sexualmente inapropiados en Facebook y te dice que está bien el sexo antes del matrimonio, escápate de esa relación antes de que te atrape”.

5. La mujer pendenciera

Mejor vivir en rincón de azotea que en palacio con mujer pendenciera”, se lee en Proverbios 21,9. Para Grady, se trata sobre todo de mujeres que arrastran heridas o agravios antiguos, quizá de una vida anterior, y que no “pasan página”. Puede ser un síntoma de que no están dispuestas a perdonar.

“Si la mujer con la que sales está repleta de ira y de falta de perdón, las discusiones, portazos y dramas arruinarán vuestra vida juntos. Insiste en que busque ayuda, asesoramiento y oración”.

6. La controladora

“El matrimonio es una empresa conjunta al 50 por ciento y la única forma de que funcione es que ambos, esposo y esposa, practiquen la sumisión mutua según Efesios 5, 21”, escribe Grady (la cita es: “sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo”).

“Igual que hay algunos chicos que piensan que pueden dirigir un matrimonio como una dictadura, hay mujeres que intentan manipular las decisiones para conseguir lo que quieren. Por eso el asesoramiento premarital es tan importante. No querrás esperar a que lleves dos semanas casado para descubrir que tu esposa no confía en ti y quiere controlarlo todo”.

7. La niña de mamá

“Es normal que una esposa novata llame a su mamá con regularidad buscando apoyo y consejo. No es normal que la llame 5 veces al día para comentar cada detalle de su matrimonio, incluyendo su vida sexual. Eso es estrambótico.

He tratado con chicos cuyas esposas permitían a sus madres -¡o padres!- un control total de su matrimonio. Genesis 2,24 dice que el hombre dejará a sus padres y se unirá a su mujer. Los padres deberían quedar muy en la retaguardia del matrimonio de sus hijos. Si tu novia no ha cortado los hilos, vete con cuidado”.

8. La adicta

“Hay mucha gente en la Iglesia hoy que no ha sido discipulada adecuadamente. Muchos aún sufren por varios tipos de adicciones: alcohol, drogas ilegales, medicinas, pornografía; o bien porque no confrontamos estos pecados desde el púlpito o porque no apoyamos lo suficiente a estas personas.

Jesús puede liberar completamente a una persona de estos hábitos, pero tú no deberías esperar a estar casado para descubrir que tu esposa no se mantiene sobria. Quizás aún estés llamado a casarte con ella, pero no es sabio llevarla al altar mientras tu novia no haya afrontado en serio sus problemas”.

El consejo final de Grady es “mirar más allá de las cualidades externas que el mundo dice que son importantes y mirar al corazón”. Y aporta una cita del final del libro de Proverbios (31,30): “Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la mujer que teme al Señor merece alabanza”.

http://www.religionenlibertad.com/8-tipos-de-mujeres-con-los-que-los-hombres-cristianos-no-34787.htm#

Repase la versión “para chicas” de este tema: 10 tipos de hombres con los que las mujeres cristianas no deberían casarse nunca


Diez tipos de hombre con los que las mujeres cristianas no deberían casarse: mejor esperar más

junio 8, 2017

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Los hombres iracundos dañan a las mujeres, a veces verbalmente, otras físicamente. Busca y elige un hombre gentil.

Diez tipos de hombre con los que las mujeres cristianas no deberían casarse: mejor esperar más

¿Están escondidos los buenos chicos cristianos, maduros, capaces de casarse? Las mujeres dicen que les cuesta encontrarlos y están tentadas de ir con otros peores.

P. J. Ginés

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J. Lee Grady es articulista y antiguo editor de la revista protestante “Charisma Magazine”, la más leída en Estados Unidos por lectores pentecostales y protestantes carismáticos.

Al acercarse la fiesta de San Valentín (hace unas semanas) publicó un artículo titulado “10 Men Christian Women Should Never Marry” (“Diez hombres con los que las mujeres cristianas jamás deberían casarse”). El resultado asombró a los responsables de la revista porque el artículo se hizo viral en Internet: lo leyeron más de 2 millones de personas, y de hecho 1,5 millones lo reenviaron o compartieron en la red.

Steve Strang, el fundador y responsable final de la revista, comenta que cuando el artículo llevaba tan “sólo” 300.000 reenvíos, uno de los editores le dijo que probablemente se había difundido no sólo en Facebook sino también en agregadores de noticias “mundanas”, quizá con comentarios jocosos. Pero no había forma de demostrarlo.

Sin embargo, en la web de “Charisma Magazine” se escribieron 1.200 comentarios sobre el artículo, y no eran de gente sin fe ni bromistas o burlones. Casi todos eran de personas cristianas seriamente preocupadas por la importancia del matrimonio.

Y el articulista cuenta que al difundirse su artículo recibió “toneladas de mensajes privados, la mayoría de mujeres buscando consejo porque se habían casado con alguno de los tipos de hombre con los que yo avisaba que no debían casarse. Ningún bromista mundano me contactó”.

Así que Strang saca una conclusión: “Es como si hubiese un deseo profundo entre los cristianos, decepcionados por tantas personas debido a adicciones, divorcio, estándares rebajados… que resuena cuando una figura paternal como Lee dice a las mujeres cosas que su padre o su pastor les debería haber dicho”.

J. Lee Grady empieza su artículo señalando que en su casa han criado cuatro hijas de las que tres se han casado, y que quiere a sus yernos, “que obviamente Dios escogió para que encajasen en los temperamentos y personalidad de cada una de ellas”.

Pero la experiencia de Lee es que muchas jóvenes cristianas que quieren casarse no encuentran al hombre adecuado y se impacientan, incluso si buscan sólo en ambientes cristianos. “Se preguntan si queda algún chico cristiano decente en algún lugar. Empiezan a plantearse si deben ponerse menos exigentes para encontrar pareja”.

Lee da su consejo: “¡No aceptes nada por debajo de lo que Dios pide! Estás mejor soltera que con el tipo equivocado”.

Y a continuación da una lista de 10 tipos equivocados “que deberías evitar al buscar un marido”.

  1. El no creyente

“Escribe 2 Corintios 6,14 en un post-it junto a tu ordenador en el trabajo. Dice: “No os atéis a los no creyentes, porque ¿qué tienen en común la justicia y la impiedad, qué compañerismo hay entre la luz y la oscuridad?” Esta no es una norma religiosa caducada, es la Palabra de Dios para ti hoy.

Lee es muy exigente: según él, no basta con que el candidato se ofrezca a acompañar a la chica a la iglesia. Y las “citas misioneras”, dice, “nunca son buena estrategia”.

Más aún, Lee especifica que “si el hombre no es un cristiano nacido de nuevo, táchalo de tu lista. No es bueno para ti. Todavía no he encontrado a una mujer cristiana que no se arrepintiese de haberse casado con un no creyente”.

  1. El mentiroso

“Si descubres que el hombre con el que estás saliendo te ha mentido acerca de su pasado, o que siempre está borrando su rastro para esconderte secretos, corre hacia la salida más próxima. El matrimonio debe construirse sobre el cimiento de la confianza”.

  1. El playboy

“Me gustaría poderte decir que si encuentras a un tipo majo en la iglesia puedes considerar que vive la pureza sexual. Pero no es el caso hoy. He oído historias de horror de solteros que apoyan el equipo de adoración del domingo, pero son Casanovas el resto de la semana. Si te casas con un tipo que iba de cama en cama antes de la boda, ten por seguro que irá de cama en cama tras la boda”.

  1. El que no cuida su familia anterior

Lee afirma que “hay muchos cristianos firmes que vivieron en su pasado un fracaso matrimonial. Desde su divorcio han experimentado cómo el Espíritu Santo les restauraba y ahora quieren volverse a casar. Los segundos matrimonios pueden ser muy felices”.

[Desde un punto de vista católico, esto podría aplicarse a viudos, a hombres en uniones civiles no sacramentales y a quienes tuvieron una unión matrimonial nula; los católicos -al contrario que los protestantes- no admiten que se vuelva a casar un hombre que ante Dios está unido a otra mujer en una unión que Cristo decreta como indisoluble].

Aquí la precaución viene de cómo ha tratado este hombre a su familia anterior, a sus hijos con otras mujeres. “Si descubres que el hombre con el que sales no ha cuidado a sus hijos de relaciones anteriores, has descubierto un fallo fatal. Un hombre que no paga sus errores ni apoya a sus hijos anteriores no te va a tratar responsablemente”, dice el articulista.

  1. El adicto

“Los hombres que van a la iglesia y tienen adicción al alcohol o las drogas han aprendido a esconder sus problemas, pero no deberías esperar a la luna de miel para descubrir que es un borracho. Nunca te cases con un hombre que se niega a recibir ayuda contra su adicción. Insístele en que busque ayuda profesional y aléjate de él. Y no caigas en una relación codependiente, en la que él dice que te necesita para estar sobrio. Tú no puedes cambiarlo.”

Es importante que conozcas los hábitos de la persona con la que sales, si notas que todos los fines de semana necesita salir a beber con sus amigos, que no concibe una salida sin mezclar el alcohol o alguna otra sustancia estimulante, si siempre consigue una buena excusa para tomarse un trago, debes tomarlo como señales de alerta que te permitan tomar una decisión y alejarte a tiempo, tu no puedes cambiarlo.

  1. El gandul

Una amiga de Lee descubrió, después de casarse, que su nuevo marido no tenía ninguna gana de encontrar un trabajo serio y que su plan consistía en estar en casa jugando a videojuegos mientras su esposa trabajaba y pagaba las facturas. Un hombre que no está dispuesto a trabajar no merece una esposa cristiana. Lee recuerda 2 Tesalonicenses 3,10: “Quien no está dispuesto a trabajar, que no coma”.

  1. El narcisista

“Deseo sinceramente que encuentres un chico que sea apuesto. Pero cuidado: si tu novio pasa 6 horas al día en el gimnasio y publica con regularidad fotos de sus biceps en Facebook tienes un problema”.

“Puede que sea ´mono´, pero un hombre tan centrado en su apariencia y sus propias necesidades nunca podrá amarte sacrificialmente, como Cristo ama a la Iglesia [Efesios 5,25]. El hombre que siempre se busca a sí mismo en el espejo no se fijará en ti”.

  1. El abusador

“Los hombres con tendencias abusadoras no pueden controlar la ira cuando hierve en su interior. Si el hombre con el que sales tiene tendencia a levantar la mano sobre ti o sobre otros no te sientas tentada de racionalizar o excusar su comportamiento. Él tiene un problema, y si te casas con él tendrás que navegar en ese campo minado evitando detonar más explosiones. Los hombres iracundos dañan a las mujeres, a veces verbalmente, otras físicamente. Encuentra un hombre gentil”.

  1. El infantil

Lee previene contra “un tipo que aún vive con sus padres a los 35 años. Si su madre aún le hace la comida, la limpieza y le plancha la ropa, puedes estar segura de que está atascado en un bucle temporal emocional. Te buscas problemas si crees que puedes ser esposa de un chico que no ha crecido. Retrocede y, como amiga, anímale a que encuentre un mentor que le ayude a madurar”.

(No sabemos si Lee diría esto mismo si viviese en España, donde el 56% de los adultos entre 30 y 34 años están en paro, por lo que muchos han vuelto a vivir con sus padres. Con la crisis económica y de vivienda en España la edad de independización de los jóvenes está en los 30 años. Muchos que viven con sus padres por razones económicas pueden ser perfectamente maduros).

  1. El maniático del control

“Hay algunos hombres cristianos que creen en la superioridad masculina, que citan las Escrituras y suenan muy espirituales, pero tras su fachada de autoridad marital esconden una inseguridad profunda y un orgullo que puede convertirse en abuso espiritual. En 1 Pedro 3,7 se pide a los maridos tratar a sus esposas como iguales”.

[La cita, que tomamos de la nueva Biblia de la Conferencia Episcopal Española, dice: ´Los maridos en la convivencia con la mujer, sabiendo que ella es más delicada, demuestren estima hacia ella como coheredera que es también de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo´].

“Si el hombre con el que sales te habla despectivamente, hace comentarios insultantes contra las mujeres y desprecia tus dones espirituales, márchate ya. Él sólo busca poder. Las mujeres que se casan con maniáticos del control religioso acaban a menudo en una pesadilla de depresión”.

Conclusión final

El artículo que se ha reenviado una y otra vez por Internet finaliza con un consejo: “Si eres una mujer de Dios, no entregues tus derechos de nacimiento espirituales casándote con un tipo que no te merece. Tu decisión más inteligente en la vida es esperar a un hombre que realmente esté entregado en Jesús”.

Un tema de debate podría ser hasta qué punto esta clasificación y estos consejos pueden aplicarse también en ámbitos católicos y en países de lengua española. Animar a las mujeres a “esperar” suena distinto en Estados Unidos, donde la media de edad a la que se casan las mujeres es a los 27 años, mientras que en España las chicas se casan, como media, a los 33 años. Y los hombres españoles, a los 36.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=34690

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Novena a Santa Rita de Casia (7), 19.5.17

mayo 19, 2017

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SÉPTIMO DÍA

RITA, MUJER CREYENTE, MUJER ESPIRITUAL


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos históricos

Los biógrafos presentan a Rita como una mujer extraordinaria que pasó por las diferentes situaciones de la vida, dando ejemplo de humildad, de fe y de fortaleza. Rita fue antes que nada una mujer creyente.

La fe le permitió a Rita brillar con luz propia en las circunstancias más difíciles, inesperadas y contradictorias de la vida. Siempre aparece como mujer fuerte y digna, que encuentra dentro de sí una fuente de incalculable energía, humana y espiritual, adornada con delicadeza femenina.

No se desmorona con los embates de la vida, como aquella primera contradicción entre la propia voluntad y la de sus padres, acerca de su vocación al matrimonio o a la vida monástica.

La fe le permite hallar la voluntad de Dios, no la suya. Aprende a obedecer. Aprende sufriendo, negándose a sí misma, desde la fe.

Es una mujer de profunda espiritualidad e interioridad. Cada circunstancia la medita en su corazón, ora, pide luz y así puede digerir las contradicciones de la vida y los conflictos existenciales:

la originalidad de la vocación humana y cristiana inevitablemente revestida de opciones y renuncias definitivas, de por vida; las ofensas de su esposo, la injusticia de una muerte a traición, el deseo de venganza y el resentimiento de los hijos; el misterio del pecado y la obstinación del odio y la venganza, la necesidad de la fidelidad; la perseverancia a toda costa en medio de los vaivenes de la vida; la crueldad de la soledad sobre todo durante la viudedad o en el silencio del convento, la urgencia de sacar fuerzas de la debilidad…

En todas estas circunstancias y experiencias, su personalidad creyente crece y se robustece.

Rita se crece en las dificultades. Aparece firme: mujer creyente que edifica su vida sobre la roca de la voluntad de Dios, la negación de sí misma, la obediencia a Dios.

Desea complacer a Dios antes que a los hombres. Por la negación de sí misma busca la gloria de Dios y su propia libertad interior, siempre en obediencia confiada.

Rita busca siempre la gloria de Dios. Vive de la fe, y progresa avanzando de fe en fe. No resulta nada fácil. Por eso, pasa noches enteras en oración, somete su cuerpo con penitencias y privaciones.

Dios debe crecer y ella disminuir. Trata de considerar todas las cosas del mundo desde Dios, pues “lo que no procede de la fe es pecado”, según san Pablo; es carnal, no aprovecha.

Ella se siente afincada en Dios, lo único necesario, todo lo demás es relativo, no merece la pena tomarlo muy en serio; todo pasa. “Pasa el espectáculo de este mundo. Las penalidades de esta vida no se pueden ni comparar con el premio que nos espera”.

Todo es relativo, sólo Dios basta, con Él nada nos falta. Rita se esfuerza toda su vida en conseguir lo infinito, lo que no se pasa ni se muda.

Gracias a la fe, Rita pudo ver, en medio de paradojas, la disposición de Dios y su plan sobre ella en cada detalle de su vida. Todo estaba bien, Dios lo permitía todo, no era la suerte ni la casualidad, ni la fatalidad de la vida, ni la maldad de los hombres…

Era la Providencia de Dios Padre que todo lo permitía para su bien, y dosificaba las pruebas que le enviaba, para que, absolutamente todo, contribuyera al provecho de Rita, a la gloria de Dios y a la salvación de los hombres. Sus cosas personales apenas importaban…

La fe le permite a Rita desembarazarse de la maraña de las opiniones y miras humanas:

No se queja, no se compara con los demás, no pide cuentas a Dios, no reniega de nadie ni de nada, no echa la culpa a nadie, no acusa, no sueña inútilmente en otra “suerte” para su vida, en otros padres, en otro esposo, en otros hijos, en otros enemigos, en otros conventos, en otras circunstancias, en otra superiora…

Asume sus raíces vitales, su vocación, los planes de Dios y su fidelidad.

Por eso aparece digna y noble, inexpugnable como un peñón, mujer de fe. Por la fe, todo lo ha entregado a Dios en su corazón, ha renunciado a todo por Dios, lo ha sacrificado en su corazón como Abraham sacrificó por la fe a su propio hijo Isaac.

Y, así Rita, como Abraham, podrá recuperarlo todo, pero en Dios; podrá tenerlo todo y poseerlo con provecho: A su esposo, a sus hijos, a sus parientes, al mundo… pero en Dios; por eso, tanto aquí como en la eternidad. Nada está perdido. Todo se llena de bendición.

Además, gracias al sacrificio de la fe, Rita no daña ni destruye nada de lo que toca, pues todo lo ama en Dios y por Dios; no perturba, ni desordena nada; como diría san Agustín, no corrompe nada porque todo lo ama en Dios, con orden, con un “amor ordenado, y, por eso, con paz.

La vida de Rita transcurre en el silencio, en la obediencia, en la servicialidad: En la santidad de los hijos de Dios.

Por eso, Rita fue una mujer feliz, una mujer plena en todos los sentidos de la Palabra. Hizo de Dios su única riqueza. Con el salmista, pudo decir: Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.

En medio de todos los sufrimientos y contratiempos de la vida Rita experimentó los consuelos de Dios y la satisfacción de su propia conciencia. La fe le permitía estar por encima de las contingencias de la maraña de la vida humana.

Comprometida como nadie, pero a la vez libre como nadie, relativizando todo en Dios. Ella siempre vivió enamorada de su Señor. Estaba llena del Espíritu y gozaba constantemente de sus consuelos.

Nadie le pudo arrebatar la paz del Espíritu: El Señor es mi pastor, nada me falta, aunque pase por valles oscuros, nada temo porque el Señor va conmigo… Me ha tocado un lote hermoso. Me encanta mi heredad. El Señor es mi lote perpetuo…

5. Fuentes bíblicas

Abraham es el padre de todos los creyentes. Dios irrumpió en su vida. Dios le exigió dejar un estado de vida para entrar en otro mundo maravilloso, el mundo de la fe. Abraham se puso en camino, no hacia un lugar determinado sino hacia un interlocutor que le hablaba como amigo y le tenía reservadas gracias inimaginables.

Y se puso en camino sin saber hacia dónde. Pues Dios, que le llamaba, no habitaba en ninguna parte, y a la vez estaba en todas partes. Con la convección de que en ninguna parte podría encontrar el descanso definitivo: Sólo en Dios. Pues “hiciste, Señor, para ti…”

En la medida en que prefiriese a Dios por encima de todas las cosas, podría gozar de la intimidad divina.

Leemos en el Génesis 12, 1-5: Yahvé dijo a Abraham: “Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que Yo te mostraré. Haré de ti una nación grande y te bendeciré.

Engrandeceré tu nombre y tú serás una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. En ti serán benditas todas las razas de la tierra”.

Partió, pues, Abraham como se lo había dicho Yahvé, y junto con él fue también Lot.

Abraham tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abraham tomó a Sara, su esposa, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la fortuna que había reunido y el personal que había adquirido en Jarán y salieron para dirigirse a Canaán.

La carta de los Hebreos 11, 1-2.13-16.33-39, nos habla y nos comenta el talante espiritual de los hombres creyentes:

La fe es el esfuerzo por conseguir la manera de tener lo que esperamos; el convencimiento respecto de lo que no vemos. En ella se destacaron nuestros antepasados…

Por la fe, Abraham, llamado por Dios, obedeció la orden de salir para un país que se le daría como herencia, y partió sin saber a dónde iba. Por la fe, vivió como forastero en esa tierra prometida. Allí vivió bajo tiendas de campaña…

La muerte los encontró a todos firmes en la fe. No habían conseguido lo prometido, pero de lejos lo habían visto y contemplado con gusto, reconociendo que eran extraños y viajeros en la tierra.

Los que así hablan, hacen ver claramente que van en busca de una patria, pues, si hubieran añorado la tierra de la que habían salido, tenían la oportunidad de volver a ella. Pero no, aspiraban a una patria mejor, es decir, la del cielo.

Por eso Dios no se avergüenza de ellos ni de llamarse su Dios; pues a ellos les preparó una ciudad.

Ellos, gracias a la fe, sometieron a países, establecieron la justicia, vieron realizarse las promesas de Dios, cerraron las fauces a los leones.

Apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sanaron de sus enfermedades, se mostraron valientes en la guerra, rechazaron a los invasores extranjeros, sin hablar de mujeres cuyos muertos fueron devueltos a la vida.

Otros murieron apaleados y no aceptaron la transacción que los hubiera rescatado, porque preferían alcanzar la resurrección. Otros sufrieron la prueba de las cadenas y de la cárcel.

Fueron apedreados, torturados, aserruchados, murieron a espada, fueron errantes de una a otra parte, sin otro vestido que pieles de cordero y de cabras, faltos de todo, oprimidos, maltratados.

Esos hombres, de los cuales no era digno el mundo, tenían que vagar por los desiertos y las montañas y refugiarse en cuevas y cavernas.

Todas estas personas fueron alabadas por su fe, pero no por eso consiguieron el objeto de la promesa. Es que Dios preparaba algo mejor todavía y no quería que llegaran al término antes que nosotros.

Esta sumisión amorosa y total a Dios justifica al hombre y le alcanza la salvación plena, porque ése es precisamente el primer fruto y consecuencia de la fe: pues todo lo que no hacemos de acuerdo con lo que creemos es pecado (Romanos 14, 23).

La fe sin obras está muerta. Su obra primera es el amor, como enseña el Deuteronomio en 6, 4-5: Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé-único. Y tú amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

En el Nuevo Testamento, 1 Pedro 1, 18-20, se nos recuerda: No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, no con algún rescate material de oro o plata, sino con la sangre preciosa del Cordero sin mancha ni defecto.

En 2, 9 de la misma carta, leemos: Ustedes, al contrario, son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas.

San Pablo completa esta exhortación: Han sido comprados por Dios a gran precio, por eso no se hagan esclavos de hombres (1 Corintios 7, 23).

Sigue exhortando san Pablo: Ahora ustedes han sido lavados en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, y por el Espíritu de nuestro Dios, y están consagrados a Dios y en amistad con Dios (1 Corintios 6, 11).

¿Acaso no saben que sus cuerpos son parte de Cristo? El que se une al Señor, se hace con Él un mismo espíritu. ¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en nosotros y que lo hemos recibido de Dios?

Ustedes ya no se pertenecen a sí mismos. Sabiendo que fueron comprados a un gran precio, procuren que sus cuerpos sirvan para la gloria de Dios (1 Corintios 6, 15-20).


6. Consideraciones agustinianas y patrísticas

Para Agustín sólo Dios es la medida del hombre: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en ti”.

El hombre no puede entenderse fuera de Dios: sólo en Dios conoce y es conocido, sólo en Dios encuentra el sentido de su vida. A la vez, sólo en Dios encuentra validez y peso, fundamento. Sin Dios, el hombre no vale, no tiene consistencia, ni siquiera podría existir.

Y una vez creado, si Dios no lo afirmara constantemente con su voluntad y amor creadores, volvería a la nada: sólo en Dios, por tanto, existe, se desarrolla, es bueno moralmente y, por último, puede realizarse y ser feliz aquí y en la eternidad. Nada lo puede satisfacer a fondo fuera de Dios.

La vida en Dios es principio de unión e integración en el ser humano y, a la vez, fuente de toda realización afectiva. De esta manera, san Agustín va señalando los fundamentos ontológicos, sicológicos, éticos y espirituales de nuestra vida como creyentes.

San Agustín fue eminentemente honesto, y buscador infatigable de la verdad. En ese camino no se salió por la tangente, sino que, sin torcerse ni a izquierda ni a derecha, entró por la puerta de la humildad y caminó por la sumisión y la fidelidad: Es el camino de la interioridad agustiniana, interioridad transcendida.

El cristiano, instruido por san Agustín, entra en su propio mundo interior sin miedos, descubre allí las limitaciones humanas y clama a Dios para superarse; renunciando siempre a toda solución imperfecta, superficial o falsa, quiere trascenderse a sí mismo para llegar a la Verdad, a la Bondad suma, al Bien supremo, a la Felicidad plena, a Dios.

Y todo eso, porque él se experimenta pobre, deficiente, limitado, pecador… y busca con toda su alma una solución digna del hombre, buscador infatigable de la verdad y la felicidad.

Lo expresa bellamente san Agustín:

“No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad, y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo; mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma dotada de razón; encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende”.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos recogen de manera sintética esta espiritualidad agustiniana:

“El hombre, por la soberbia, se aparta de Dios; cae en sí mismo y resbala hacia las criaturas, disipándose en la dispersión de las cosas temporales. Sólo con la ayuda de Cristo, mediante la purificación por la humildad, puede el hombre recogerse y entrar otra vez en sí mismo, donde comienza a buscar los valores eternos, reencuentra a Cristo y reconoce a los hermanos. Ésta es la interiorización trascendida agustiniana, principio de toda piedad”.

A continuación señala lo específico de la recolección agustiniana: “Éste es el recogimiento o recolección de la Forma de Vivir, camino que lleva derechamente a la contemplación, a la comunidad y al apostolado. La especial vocación del agustino recoleto es la continua conversación con Cristo, y su cuidado principal es atender todo lo que más de cerca lo pueda encender en su amor.

La recolección es un proceso activo y dinámico por el que el hombre disgregado y desparramado por la herida del pecado, movido por la gracia, entra dentro de sí mismo, donde ya lo está esperando Dios e, iluminado por Cristo, maestro interior sin el cual el Espíritu Santo no instruye ni ilumina a nadie, se trasciende a sí mismo, se renueva según la imagen del hombre nuevo que es Cristo y se pacifica en la contemplación de la Verdad.

Es también espíritu y ejercicio de oración. Es finalmente espíritu de penitencia y de continua conversión, que limpia el corazón para ver a Dios, y es manifestación de ese mismo espíritu en las obras externas por las que aparece lo que hay dentro” (números 11 y 12).

Santa Rita bebió en estas venas de la espiritualidad agustiniana, ya desde niña, y particularmente cuando profesó como religiosa agustina en el convento de Casia.

Es una mujer adornada con los dones y frutos del Espíritu Santo. Como mujer espiritual todo lo probó y se quedó con lo mejor. Ella pasó por los estados de la vida asumiendo todas las situaciones desde la fe y llenándolo todo con el suave perfume de Cristo. Adornada con los dones del Espíritu floreció en todos los campos dando frutos de santidad.

Según narran los hagiógrafos, la vida de Rita fue toda una floración del Espíritu, un derroche de santidad. Las múltiples manifestaciones del Espíritu las narra un autor espiritual del siglo IV de manera magistral en una homilía que vamos a reproducir.

Nosotros aplicamos a Rita ese escrito, y nos imaginamos cómo pudo ser la acción del Espíritu en el alma de nuestra Santa en los distintos momentos de su vida. El escrito dice así:

“Los que han llegado a ser hijos de Dios y han sido hallados dignos de renacer de lo alto por el Espíritu Santo y poseen en sí a Cristo, que los ilumina y los crea de nuevo, son guiados por el Espíritu de varias y diversas maneras, y sus corazones son conducidos de manera invisible y suave por la acción de la gracia.

A veces, lloran y se lamentan por el género humano y ruegan por él con lágrimas y llanto, encendidos de amor espiritual hacia el mismo.
Otras veces, el Espíritu Santo los inflama con una alegría y un amor tan grandes que, si pudieran, abrazarían en su corazón a todos los hombres, sin distinción de buenos o malos.

Otras veces, experimentan un sentimiento de humildad que los hace rebajarse por debajo de todos los demás hombres, teniéndose a sí mismos por los más abyectos y despreciables.

Otras veces, el Espíritu les comunica un gozo inefable.

Otras veces, son como un hombre valeroso que, equipado con toda la armadura regia y lanzándose al combate, pelea con valentía contra sus enemigos y los vence. Así también el hombre espiritual, tomando las armas celestiales del Espíritu, arremete contra el enemigo y lo somete bajo sus pies.

Otras veces, el alma descansa en un gran silencio, tranquilidad y paz, gozando de un excelente optimismo y bienestar espiritual y de un sosiego inefable.

Otras veces, el Espíritu le otorga una inteligencia, una sabiduría y un conocimiento inefables, superiores a todo lo que pueda hablarse o expresarse.

Otras veces, no experimenta nada especial.

De este modo, el alma es conducida por la gracia a través de varios y diversos estados, según la voluntad de Dios que así la favorece, ejercitándola de diversas maneras, con el fin de hacerla íntegra, irreprensible y sin mancha ante el Padre Celestial.

Pidamos también nosotros a Dios, y pidámoslo con gran amor y esperanza, que nos conceda la gracia celestial del don del Espíritu, para que también nosotros seamos gobernados y guiados por el mismo Espíritu, según disponga en cada momento la voluntad divina, y para que él nos reanime con su consuelo multiforme.

Así, con la ayuda de su dirección y ejercitación y de su moción espiritual, podremos llegar a la perfección de la plenitud de Cristo, como dice el Apóstol: Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Cristo”.


7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Preces específicas para el día séptimo

9. Oh Dios, que nos has dado en tu Hijo Jesucristo todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia,
– haz que no queramos saber otra cosa sino a Jesucristo y Jesucristo crucificado.

10. Oh Dios que nos has dado el Espíritu de tu Hijo,
– concédenos ser dóciles a sus inspiraciones para que podamos crecer a la estatura de Cristo llevando a plenitud todas las cosas en Él, para gloria tuya.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.



Novena a Santa Rita de Casia (4), 16.5.17

mayo 16, 2017

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DÍA CUARTO

RITA, MADRE ABNEGADA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste.

Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Son muchas las virtudes domésticas que la tradición atribuye a santa Rita. Como esposa buscaba con todo esmero complacer a su marido y llevarlo a Dios.

El amor hacia el esposo alcanzaba a los hijos en ternura y generosidad. Por ser esposa perfecta, llegó también a la perfección como madre cristiana.

Con su mansedumbre, ternura y fortaleza se constituía en el centro de la familia: principio de unidad, de armonía, de perdón y de seguridad hogareña.

A partir del nacimiento del primer hijo, Juan Santiago, su esposo fue cambiando en sus modales. A los dos años nació el segundo hijo, Pablo María. El ejemplo de Rita y la inocencia de los hijos provocaron el cambio casi total de Pablo Fernando. La dureza y altivez dejaron paso a la mansedumbre y responsabilidad hogareñas que exige la fe sincera.

Rita valoraba los esfuerzos de su esposo. Le animaba en la superación de sus debilidades. Asistía gozosa al nacimiento doloroso de un hombre nuevo…

Rita amaba a los suyos con todas sus fuerzas después de Dios. Los veía como el don del Señor que debía cuidar celosamente, pero no les quería de forma egoísta o posesiva, sino en la fe.

Por eso, la pérdida violenta de su esposo no la destruyó, sino que la consolidó en la fe y en el amor incondicional a sus hijos. Rita supo perdonar a los asesinos de su esposo, dando ejemplo a sus hijos.

Éstos no comprendían la injusticia y la desgracia de quedar huérfanos, y no acertaban a perdonar como su madre, sino que día a día aumentaba en su corazón el rencor y el deseo de vengar la muerte de su padre.

Rita oraba por la pacificación de sus hijos. Comprendía sus sentimientos, pero no podía justificar sus impulsos e intenciones vengativas.

Dice la tradición que, en medio de la tormenta interior entre sentimientos encontrados propios de una madre y de una madre cristiana, llegó a ofrecer su propia vida para que sus hijos no se perdieran eternamente. Pero nada sucedía.

Entonces, la generosidad heroica de la madre llegó a ofrecer la vida de sus dos hijos pidiendo a Dios que los sacara de este mundo, una vez reconciliados con Él, para que se salvaran eternamente. Prefería verlos muertos para el mundo, pero vivos para Dios. No importaba su dolor, viudez y soledad, frente a la salvación de sus hijos y la gloria de Dios.

Y Dios escuchó su oración: en menos de dos meses, sus dos hijos, dicen las crónicas, fallecieron víctimas de la peste negra que azotaba Europa.


5. Lecturas bíblicas

El bienestar integral de la pareja y la procreación de los hijos, los dos fines del matrimonio profundamente implicados entre sí, los encontramos en las primeras páginas de la Biblia:

De la costilla que Yahvé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada “varona” porque del varón ha sido tomada.

Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y son los dos una sola carne (Génesis 2, 22-24).

La tradición sacerdotal completa: Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios los creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva en la tierra” (Génesis 1, 27-28).

En la Biblia los hijos son siempre considerados como un don de Dios, y una familia numerosa como una bendición extraordinaria de Dios. La familia numerosa actualiza la realización de la promesa divina, hecha al patriarca Abraham: “Te haré padre de muchos pueblos”.

Los hijos se reciben de Dios y a Dios se le devuelven, como se evidencia en el siguiente texto.

En el segundo libro de los Macabeos 7, 20-29, encontramos un ejemplo similar al de Rita: una madre judía prefiere el martirio de sus siete hijos, antes que verlos apostatar. Leemos:

Nadie más admirable y digno de recuerdo que la madre viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día. Lo soportó con entereza, esperando en el Señor con noble actitud. Uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno y les decía en su lengua:

“Yo no sé cómo aparecieron; yo no les di el aliento, ni la vida, ni formé con los elementos su organismo; fue el Creador del universo el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él con su misericordia les devolverá el aliento y la vida si ahora se sacrifican por su ley”.

Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba y sospechó que lo estaba insultando.

Todavía quedaba el más pequeño y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones, lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo, le daría algún cargo; pero, como el muchacho no hacía el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien.

Tanto le insistió que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacía él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma: “Hijo mío, ten piedad de mí; te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven.

Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contiene y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo, ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte; así por la misericordia de Dios te recobraré junto con ellos”.

Mencionamos dos Salmos que cantan las excelencias de la vida familiar. Así en el Salmo 127, 3-5:

Son los hijos regalo del Señor y es el fruto del vientre premio suyo; como flechas en manos del guerrero son los hijos tenidos cuando joven. Feliz el hombre que con tales flechas ha llenado su caja, cuando vaya a la plaza a litigar no podrán humillarlo sus contrarios.

Asimismo en el Salmo 128, 1-6, leemos:

Felices los que temen al Señor y siguen su camino.
Comerás del trabajo de tus manos;
¡que la suerte y la dicha te acompañen!

Tu esposa será como vid fecunda en medio de tu casa.
Tus hijos serán como olivos nuevos en torno de tu mesa.
Miren cómo será bendito el hombre que respeta al Señor.

¡Que te bendiga Dios desde Sión mientras dure tu vida!
¡Y puedas tú ver a Jerusalén, gozando en su grandeza,
y también a los hijos de tus hijos!
¡Tenga paz Israel!

El amor a los hijos ha de ser cariñoso y tierno, pero a la vez firme; incluye la corrección, no puramente emocional o reactiva, sino “en el Señor”. Así en Colosenses 3, 21, leemos: Padres, no sean demasiado exigentes con sus hijos, no sea que se desanimen.

Asimismo en Proverbios 29, 17: Corrige a tu hijo, te ahorrarás inquietudes y hará la felicidad de tu alma.

En Mateo 10, 37-39, leemos: No es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí; el que procure salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí la hallará.

Por otra parte Jesús valora al máximo los lazos familiares; y por eso mismo los relativiza frente a lo único necesario. Veamos Marcos 3, 32-35:

Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: “Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti”. Él les contestó: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Y mirando a los que estaban sentados en torno a Él, dijo.

“Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Finalmente, en Proverbios 31, 10-31, encontramos la descripción de la mujer perfecta. Extractamos algunos versículos:

Una mujer perfecta, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las joyas. En ella se confía su marido, no le falta nada. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.

Es como un barco mercante, que de lejos trae sus alimentos. Se levanta cuando aún es de noche, da de comer a los de su casa y dirige a su servidumbre. Está llena de fortaleza y vigoriza sus brazos. Tiende su mano al desamparado y al pobre. Su marido es estimado en toda la ciudad, cuando se sienta con los ancianos del país.

Aparece fuerte y digna y mira confiadamente el porvenir. Habla con sabiduría y enseña la piedad. Está atenta a la marcha de su casa y nunca ociosa. Sus hijos se levantan y la llaman dichosa, su marido la elogia diciéndole: ‘Muchas mujeres han obrado maravillas, pero tú las superas a todas’.

Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que tiene la sabiduría, ésa será la alabada. Que pueda gozar del fruto de su trabajo y que por sus obras todas la celebren.


6. Consideraciones bíblico-teológicas

El bienestar integral de la pareja se prolonga en los hijos. Los esposos, unidos en Dios, se dan vida mutuamente en el amor de Dios. Inmediatamente, el amor difusivo alcanza a un tercero, a la prole.

Los esposos se sienten colaboradores de Dios, creador de la vida, y actualizan en el mundo su amor creativo, trayendo hijos al mundo con responsabilidad y generosidad. El ejercicio de esta paternidad responsable, mucho más que un calculado control de natalidad, supone una digna tarea.

Magnífica aventura de procrear con Dios hijos que nunca morirán y que serán verdaderamente hijos suyos, aunque pertenezcan a Dios primero. Por fe se hacen padres; por amor dan vida. Es su misión específica en la Iglesia.

Con generosidad ejercen su paternidad fiados en Dios, el único Padre que de todos cuida; y traen responsablemente hijos al mundo, para gloria de Dios. Con ello demuestran su amor a Dios.

Para eso se han casado: para ser felices en la mutua fidelidad y para traer hijos al mundo. En esa tarea se santificarán y llegarán a plenitud.

Para Dios lo mejor, porque Dios ama a quien da con alegría y con generosidad. A Dios están respondiendo, porque Él confió en ellos y los llamó y capacitó por el sacramento para esa maravillosa vocación.

Así, los padres construyen el santuario de Dios en su propio hogar, “iglesia doméstica” y “primer seminario”, fundamento de una sociedad nueva y de una Iglesia renovada.

Los padres cumplirán bien su misión en la medida en que sean buenos esposos. Los hijos deben ser la sobreabundancia de felicidad de los padres. Son una prolongación de lo mejor de sus padres. Son reflejo de sus padres.

Por eso los hijos constituyen una exigencia de permanente conversión para sus padres, y les impiden el estancamiento en la vida humana y cristiana. Los hijos proporcionan constantemente a los padres el sentido de sus vidas.

Así resulta verdadero el dicho: “Cada uno tiene los hijos que se merece”; es decir, aquellos que los padres van forjando o “haciendo” y conformando con sus actitudes positivas o negativas. Los hijos se traen a la vida por fe y se les educa con paciencia y dedicación, a veces, ciertamente heroicas.

Y esta crianza es el mejor fruto de la fe y compromiso cristiano de los padres; es el programa de santificación que Dios les pone a su alcance: propio y suficiente. Los otros compromisos como el laboral, profesional, político, etc., no serán sino la concretización del primero, el familiar.

Serán medios para cumplir con lo principal: la familia. Quien se compromete en su familia cumple a cabalidad con todo lo demás. La familia es el primer compromiso, es la concretización de la comunidad de fe, la prolongación de la parroquia, la iglesia doméstica.

Los padres son los sacerdotes del hogar, los representantes de Dios. Ellos gobiernan a los suyos, no imponiendo el temor o la prepotencia, sino sirviendo a los suyos en humildad y santo temor de Dios, bajo la autoridad del único Padre y Maestro.

Por eso, a los hijos se les quiere en Dios y por Dios. Y esto no significa rebajarlos en nada, sino darles su máximo valor. Así evitaremos fomentar en los padres falsas expectativas que les producirían, más pronto que tarde, amargos desengaños.

Por tanto, los padres aman a sus hijos en Dios, sabiendo que antes que suyos son hijos de Dios, que Él los ama más que ellos, que Él sufre por ellos y se preocupa, más que ellos mismos, por sus propios hijos.

Por eso, no hay lugar para el amor posesivo o puramente sentimental que genera paternalismo ansioso, miedo, sobreprotección, decepciones, resentimientos, amenazas, porque Dios lleva cuenta de los desvelos de los padres y nada está perdido.

Dios los recompensará abundante y cumplidamente, aunque los hijos fueran ingratos o injustos, real o supuestamente.

El amor paternal debe hacerse cada vez más generoso y puro. Los padres deben aceptar la ley de la vida: morir como el grano de trigo para poder germinar, dar tallo, espiga y fruto. La vida humana no surge al azar, ni crece sin pagar un precio por ella, sin sacrificio.

La vida cuesta, debe ser afirmada. Lo que vale, cuesta. La grandeza de los hijos suele estar en proporción directa al sacrificio y entrega que han adelantado y sembrado los padres. No hay regalos, ni atajos en este camino. Lo que vale, indudablemente cuesta.

En la familia cristiana el evangelio se traduce así: Que crezcan los hijos, que mengüen los padres. Que los padres gocen con los hijos, que disfruten viéndoles crecer ante Dios y ante los hombres. No importa que ellos no figuren, que vayan desapareciendo poco a poco de escena.

La caridad se alegra del bien del otro, y con ello se contenta. El que crece en caridad se va contentando cada vez con menos, cada vez reclama menos para sí.

Ojalá que ellos sepan asumir gozosamente ese ocaso lleno de paz, poblado de bondad y misericordia, de serenidad; lleno del premio de Aquél que no tiene ocaso. El único Padre. Así necesitan siempre los hijos a sus padres, generosos.

Porque nunca dejan de ser padres, nunca pueden dejar de amar a sus propios hijos, y a los hijos de sus hijos. Pues el amor es difusivo y, como el vino, cuanto más añejo, mejor; más exquisito, más gratuito, más parecido al de Dios, y más unido a él. En el amor paternal y maternal no hay marcha atrás.

Pero para esa plenitud necesitan calmar su sed constantemente en la fuente de agua viva que proporciona una práctica cristiana fiel y madura. Su vocación es fundirse con Dios Amor, dador de vida, plenitud de comunión trinitaria. Fuente de toda familia en el cielo y en la tierra.


7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas del cuarto día

9. Oh Dios, Espíritu Santo, que eres el amor entre el Padre y el Hijo, principio de toda comunidad,
– asiste a las esposas y madres cristianas para que, a ejemplo de santa Rita, sean el alma del hogar por la ternura, el perdón y el amor.

10. Oh Dios, Espíritu Santo, que fecundaste las entrañas de María Santísima, Madre del Redentor,
– consuela y fortalece a las madres cristianas para que, como Rita, conduzcan a toda su familia hasta el Señor.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Novena a Santa Rita de Casia (3), 15.5.17

mayo 15, 2017

DÍA TERCERO
.
RITA, ESPOSA ENAMORADA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que Rita se desposó con el joven que le proponían sus padres, bien dispuesto aunque de carácter impulsivo. Rita pasó, sin duda, por un proceso de enamoramiento, a la vez sinceramente humano y libre, y a la vez, profundamente creyente, voluntarioso. En ello buscaba no tanto sus conveniencias egoístas sino la mayor gloria de Dios.

Rita, pues, se fue enamorando de Fernando, consciente y libremente; lo consideraba como un regalo maravilloso de Dios para ella: la prueba más palpable, después de sus padres, de que Dios la amaba, la valoraba, y quería verla feliz. Pues le regalaba un hombre que le perteneciera en exclusiva y de por vida.

Y Rita así aceptaba a Fernando. Por tanto se desposó tiernamente enamorada de Fernando y dando gracias a Dios por ese don inmerecido que le entregaba para siempre. Por su parte, ella se comprometió a quererlo, también para siempre, en el amor del Señor.

Por eso, dicen los biógrafos, que, como esposa, Rita procuraba conocer los deseos y necesidades de su esposo para complacerlo en todo lo que no se opusiera a la ley de Dios.

En este proceso entró el sentimiento y la voluntad debidamente balanceados que garantizan un amor maduro, verdadero: que involucra a toda la persona y para siempre.

Su esposo Pablo Fernando, dicen los biógrafos, era un hombre difícil, de carácter violento; por lo cual, además de hacer sufrir a Rita en el hogar, le acarreaba sin duda conflictos en la vida pública: enredos con malas compañías en diversiones peligrosas y juegos de azar, lo cual levantaba comentarios que comprometían a Rita y a los hijos.

Esta dificultad en la relación con su esposo, mal ejemplo a los hijos y escándalos en la sociedad, lejos de desanimar a Rita, la espoleaban para acoger a su esposo con mayor ternura, tratando de comprenderlo y perdonarlo, devolviendo bien por mal. Trataba además de reconciliar a las partes enemistadas como lo había aprendido de sus padres.

Como la mujer fuerte de la Escritura, no cedía a los lamentos depresivos, ni a la autoconmiseración. También sabía vencer la tentación de mendigar la justicia humana y las falsas compasiones, ya que le había tocado en suerte un mal esposo, le había salido malo…

Por supuesto que Rita tampoco hacía caso de las insinuaciones de la gente para que respondiera devolviendo mal por mal. Aunque le costaba entender y sobre todo practicar el perdón y la misericordia, Rita quería creer que Dios permitía todo aquello para bien. Él le daría fuerzas para llevarlo todo a buen puerto.

Buscaba en Dios, más que nunca, la fortaleza necesaria para devolver bien por mal, para no quejarse, ni acusar, ni maldecir, ni buscar ávidamente compasiones humanas.

Al revés, de su debilidad sacaba fuerzas para consolar y animar a sus hijos, para visitar a los enfermos llevándoles consuelo: ayudaba a los pobres y necesitados cuanto se lo permitían los deberes del hogar.

De esta manera, Rita aprendió a ser y a sentirse plena y feliz, aunque no fuera correspondida por su esposo Fernando. En la oración y en la vida diaria de servicio y fidelidad, Dios le fue enseñando que su felicidad no dependía de la correspondencia de su esposo y de sus hijos.

Si así fuera, debería sentirse fatalmente infeliz para siempre. Así se sentían algunas mujeres que estaban fracasando en su matrimonio y que se compadecían de Rita por los extravíos de su marido, y por su mala suerte en el matrimonio.

¿Pero no sería Dios capaz de hacerla feliz aun en medio de esas circunstancias que ella no podía cambiar ni había buscado?

Si la felicidad de Rita dependía irremediablemente de la correspondencia de su esposo y de sus hijos, Dios sería injusto. La condenaría a ser infeliz y desdichada en su vida. Pero no, Rita entendió que su felicidad dependía sólo de ella y de Dios. Al casarse se había unido a su esposo por amor a Dios, y a Dios le había prometido hacer feliz a su esposo y a llevarlo por el camino del bien. Y eso nadie se lo podía prohibir ni tampoco impedir.

Por otra parte, Dios sería el más interesado en darle esa posibilidad, porque para los hombres es imposible devolver bien por mal y ahogar el mal a fuerza de bien. Y ese amor divino derramado en ella sería fuente de felicidad. Más feliz es el que más ama…

Así, Rita aprendió a tener en Dios al mejor de los esposos y al mejor padre de sus hijos. Y al amar a Dios y por su amor hacer el bien a discreción, Rita se llenaba de felicidad y de satisfacción al sentirse creadora y redentora de los suyos en Dios, colaborando con Dios de manera incondicional como esposa y madre, desarrollando al máximo toda su feminidad y su maternidad, como mujer transformada por el Espíritu.

Pero lo que más le preocupaba a Rita era la conversión de su esposo, y por esta intención oraba sin interrupción. Al fin, Dios le concedió la gracia de la conversión y cambio de su esposo.

Esto le causó una inmensa alegría, que apenas pudo disfrutar, porque al poco tiempo su esposo Pablo Fernando, según dicen las crónicas, murió asesinado en una emboscada que le tendieron de noche cuando regresaba a casa. No sabemos el motivo.

Rita supo encajar este duro golpe de la vida con dignidad y entereza. Le arrebataban lo que más amaba de la vida, después de Dios. Su sufrimiento fue sereno, dando ejemplo a sus hijos, perturbados por la muerte cruel e injusta de su padre.

Lamentablemente, los dos hijos, entre desconcertados y dolidos, son instigados a la venganza y al odio. Rita tendrá que ayudarlos a perdonar, a olvidar y a amar a los asesinos de su propio padre.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

El primer relato bíblico de un matrimonio ritual entre judíos lo encontramos en Génesis 24, 1-53. Del texto se desprende que el matrimonio entre creyentes judíos está en función del cumplimiento de la Promesa. Leamos:

Abraham era ya muy viejo. Yahvé le había favorecido en todo. Abraham dijo a su servidor más antiguo, que era su mayordomo: “Te ruego pongas tu mano bajo mi muslo. Me vas a jurar por Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer entre las hijas de los cananeos que nos rodean. Sino que tú irás a mi país a buscar, entre mi parentela, una mujer para mi hijo Isaac”.

El servidor respondió: “Y si la mujer no quisiera venir conmigo a esta tierra, ¿deberé llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?”

Abraham contestó: “Por ningún motivo llevarás para allá a mi hijo, pues Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que me sacó de la familia de mi padre y del país donde nací, me prometió con juramento que entregará este país a mi descendientes.

Yahvé enviará a su ángel delante de ti y tú tomarás allá una mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, estarás libre de este juramento; pero tú, en ningún caso lleves para allá a mi hijo”.

El mayordomo oró así: “Yahvé, Dios de mi patrón Abraham, haz que me vaya bien hoy y muestra tu benevolencia para con mi patrón Abraham. Voy a quedarme junto a la fuente, ahora que las muchachas de la ciudad vienen a buscar agua.

La joven a quien yo le dijere que incline su cántaro para que yo pueda tomar agua y ella me respondiere: ‘Toma y voy también a dar de beber a tus camellos’, haz que sea ella la que tú has destinado a tu servidor Isaac. Dame a conocer de este modo tu cariño para con mi patrón”.

Y más adelante, en los versículos 50 al 53, leemos:

Labán y Batuel dijeron al mayordomo de Abraham: “Se ve que la mano de Yahvé está en todo esto. No podemos oponernos. Ahí está Rebeca, llévatela y que sea la esposa del hijo de tu patrón como lo ha mandado Yahvé”.

Cuando el servidor de Abraham oyó lo que decían, se echó a tierra para adorar a Yahvé. Luego sacó joyas de oro y plata y vestidos, los que dio a Rebeca. Hizo también buenos regalos a su hermano y a su madre y familiares. Llamaron a Rebeca y le preguntaron: “¿Quieres irte con este hombre?” “Sí, me voy”, contestó.

Entonces dejaron partir a su hermana Rebeca y a su nodriza con el servidor de Abraham y con sus hombres.

En Tobías 7, 9-16, encontramos los detalles ceremoniales de la celebración del matrimonio:

Entonces Ragüel llamó a su hija Sara, le tomó la mano, se la entregó a Tobías, diciendo: “recíbela por esposa, según la ley y lo que está escrito en el libro de Moisés. Llévala a la casa de tu padre. El Dios del cielo los guíe por los caminos de la paz”.

Luego dijo a la madre que trajera una hoja de papiro, en ella escribió el contrato matrimonial, y lo firmaron. Terminado esto, se pusieron a comer y beber. Ragüel llamó a su esposa y le dijo: “Hermana, prepara otro dormitorio para Sara”.

Ella preparó la habitación y llevó a Sara, que se puso a llorar. La madre secó las lágrimas de su hija y le dijo: “Hija mía, ten confianza; que el Señor del Cielo te dé alegría en lugar de tristeza. Confianza, hija”. Y salió.

En el capítulo 8, 1 y siguientes, leemos:

Después de la cena, hablaron de acostarse y acompañaron al joven de la sala donde había comido a su habitación… Mientras tanto, los padres habían salido de la habitación.

Entonces Tobías dijo a Sara: “Levántate, hermana, y oremos para que el Señor tenga piedad de nosotros”. Luego dijo Tobías: “Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu nombre santo y glorioso por los siglos de los siglos; que los cielos y todas las criaturas te bendigan.

Tú creaste a Adán y le diste a Eva su mujer, como ayuda y compañera, para que de los dos naciera la raza humana. Tú dijiste: No está bien que el hombre esté solo, démosle una compañera semejante a él.

Ahora, Señor, tomo a mi hermana con recta intención y no buscando el puro placer. Ten piedad de nosotros y que podamos llegar juntos a nuestra ancianidad”. Ella respondió: “Amén”. Y se acostaron los dos para pasar la noche.

En el Nuevo Testamento encontramos maravillosas exhortaciones que, sin duda, Rita meditó y siguió ejemplarmente. Así, por ejemplo, en Efesios, 5, 22-33:

Que las esposas se sometan a sus maridos como al Señor. En efecto, el marido es cabeza de su esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo Salvador. Y así como la Iglesia se somete a Cristo, así también la esposa debe someterse en todo a su marido.

En otro lugar, el mismo san Pablo insiste: A los casados les ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe de su marido… Lo mismo que el marido no despida a su mujer.

Si alguna mujer tiene un esposo que, sin compartir su fe, está conforme en vivir con ella, no se divorcie, pues el esposo no creyente es santificado por su esposa, y la esposa no creyente es santificada por el marido que tiene fe… y los hijos también están consagrados a Dios (1 Corintios 7, 10-14).

Por su parte, san Pedro completa esta espiritualidad matrimonial: Que las mujeres obedezcan a sus maridos, y con eso seguramente ganarán a aquellos que se resisten a la predicación. Al verlas castas y serias en su conducta, esa misma conducta hará las veces de predicación.

No se preocupen tanto por lucir peinados rebuscados, collares de oro, vestidos lujosos, todas cosas exteriores. Sino que más bien, irradien de lo íntimo del corazón la belleza de un espíritu suave y tranquilo; eso sí que es muy precioso ante Dios (1 Pedro 3, 1-3).

Estas enseñanzas bíblicas sobre la familia se reflejan en la tradición agustiniana, de una manera específica, porque san Agustín tuvo una madre santa, Mónica. Es decir, Agustín forma parte de una familia de santos. Eso marca de manera especial el carisma que trasmite a sus hijos espirituales. La Orden agustiniana no surge de un individuo sino de una comunidad de santos: Agustín y Mónica.

De ahí que la Orden siempre ha presentado a la madre con el hijo, o al hijo con la madre; y así, necesariamente, ha iluminado el misterio de la familia humana. No es casualidad que santa Mónica haya sido presentada siempre en la Iglesia como modelo de esposa y de madre cristiana; y haya sido propuesta de manera especial por los agustinos.

Pues bien, desde niña, santa Rita estuvo en contacto con la espiritualidad agustiniana y debió de abrevarse en sus fuentes. El texto que vamos a reproducir enseguida refleja un paralelo providencial: Mónica y Rita, unidas en una vocación muy parecida, casi idéntica. Designios de Dios… San Agustín nos describe así el ejemplo de su madre:

“No callaré ninguno de los sentimientos que brotan en mi alma, inspirados por aquella sierva tuya que me alumbró en la carne para la vida temporal y me dio a la luz según su corazón para que renaciese a la vida eterna. No diré sus dones, sino tus dones en ella.

Educada en honestidad y templanza, y sujeta más por ti a sus padres que por sus padres a ti, llegada a la pubertad y entregada a su marido, sirvióle como a su señor y se afanó en ganarlo para ti. Hablándole de ti con sus costumbres, con las que la embellecías y hermoseabas haciéndola digna del respeto, del amor y de la admiración de su marido.

Y de tal manera soportó sus infidelidades que nunca tuvo por ello contienda con él; esperaba que tu misericordia descendiese sobre él, dándole al mismo tiempo la fe y la fidelidad.

Por otra parte, él era extremoso en el afecto, pero también fulmíneo en la ira. Pero ella tenía la prudencia de no enfurecerlo cuando estaba enojado, ni con obras, ni con palabras, y así, pasado el desahogo de la cólera y ya quieto y sosegado, aprovechaba ella la primera oportunidad para explicarle lo que había hecho, si él se había desmandado en la cólera…

Las amigas, sabedoras de lo feroz que era el marido de Mónica, se admiraban de cómo podía sobrellevarlo, hasta el punto de que no hubiera el menor indicio de que Patricio le hubiera puesto alguna vez las manos encima y hubiese tenido con ella alguna reyerta doméstica. Así era mi madre, siendo Tú su maestro íntimo en la escuela de su corazón.

Finalmente, ya en lo postrero de su vida temporal, ganó a su marido para ti y en él, fiel ya, no tuvo que llorar lo que había tenido que tolerar cuando era infiel” (Confesiones, Lib. 9, 8-9).

6. Consideraciones bíblico-teológicas

El relato del Génesis 24, enseña que el matrimonio está en función de la promesa de Dios, pues a Abraham se le prohíbe casar a su hijo con una mujer pagana, no judía, que anularía la realización de la promesa de Dios. Abraham quiere asegurar la descendencia a través de Isaac según la promesa del Señor y busca mujer para su hijo, pero una mujer que no aparte a su hijo de la fe recibida ni de la promesa de Dios.

El matrimonio, pues, no está en primer lugar en función de las conveniencias naturales o egoístas o familiares, sino que está siempre y en primer lugar en función de la gloria de Dios; no en función de los esposos, de sus gustos, realizaciones personales, sino en función de la realización del plan de salvación de Dios sobre los hombres.

Por otro lado, la felicidad de los esposos y la descendencia no sufrirán menoscabo por esa prioridad, sino al revés, quedarán garantizadas y perfeccionadas plenamente esas expectativas. Primero es la fidelidad al plan de Dios. La fe orienta al matrimonio y los hijos: antes que esposos y padres son creyentes.

El Antiguo Testamento ya nos proporciona la consistencia religiosa de la vida familiar. Cristo lo elevará a sacramento de su amor tierno y fiel a su propio Cuerpo, la Iglesia.

Por tanto, la fe entra de lleno en una experiencia tan fundamental en la vida humana como es la convivencia familiar. Los creyentes, por la fe se hacen esposos y padres. La fe constituye el fundamento suficiente y necesario para el matrimonio. Perfecciona cualquier otra motivación o fundamento.

Por tanto, la recepción del sacramento del matrimonio y la vivencia del mismo no constituyen algo opcional, sino algo necesario, para aquellos creyentes que deseen vivir esa experiencia como Dios lo ha dispuesto. El sacramento del matrimonio capacita a los que se casan ante Dios para superar lo que es imposible humanamente y amarse en toda la belleza y felicidad que Dios ha dispuesto sólo para sus hijos.

En la vida familiar, la relación constitutiva y fontal es la esponsal: ser y hacerse constantemente esposos, cada día más enamorados. Es la tarea más estimulante y la más difícil del matrimonio, la más fecunda y santificadora.

En el orden de importancia y de los principios aventaja a la relación de padres. La relación esponsal constituye la fuente de la felicidad de los esposos y padres. Por lo tanto, también para los hijos.

Por otra parte, solamente el amor de Dios puede garantizar la estabilidad y plena realización del matrimonio. En el matrimonio se comprometen tres: los esposos y Dios. La experiencia religiosa garantiza la fidelidad de los esposos, pues la alimenta constantemente.

Si falla una parte, Dios permanece fiel, dispuesto siempre a restaurar la unidad. Él consolará a la parte fiel, la robustecerá espiritualmente y además utilizará su dolor y sacrificio para salvar, tarde o temprano, pero de manera indefectible creemos, a la parte infiel.

Estamos seguros en la fe de que la parte equivocada no se puede perder para siempre, mientras haya fidelidad por la otra parte, pues Dios amontonará ascuas de remordimiento en el corazón del cónyuge infiel.

Y creemos que no se perderá por la misericordia de Dios expresada en la fidelidad de la parte creyente y santa.

El cónyuge fiel es el camino ordinario, poco menos que único, para que Dios actúe en la parte infiel. Porque nadie como él puede entender a su pareja y comprenderla mejor, y, por tanto, perdonar con el amor del Señor. Y ésta será la gran misión del cónyuge fiel: salvar, redimir a su pareja.

Una misión que merece la pena, y que le llenará de satisfacción humana y religiosa. Así sucedió en el caso de santa Mónica y en el caso de santa Rita: lograron la conversión de sus esposos, el primero pagano y el segundo inconsecuente con la fe recibida.

Esos ejemplos son normativos para las familias cristianas si es que se sienten como tales y como tales quieren conducirse.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para el día tercero

9. Oh Dios, que concediste a las santas mujeres de la Biblia, y a Rita en particular, conocer y amar a sus futuros esposos y novios en la fe y el amor a ti,
– concede a los jóvenes que se preparan para el matrimonio poder formar verdaderos hogares cimentados en las afinidades humanas, y sobre todo en la fe y el amor cristianos.

10. Oh Dios, siempre fiel a tu alianza y que no quieres que nadie se pierda,
– bendice a los esposos, santificados por tu gracia, para que se rediman el uno al otro, precisamente en el amor de Cristo y así aumenten con sus hijos tu familia en el mundo.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Maná y Vivencias Cuaresmales (41), 10.4.17

abril 10, 2017

Lunes Santo

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María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera



Antífona de entrada: Salmo 34, 1-2

Defiéndeme, Señor, contra los que me atacan, protégeme contra los que me hacen guerra; levántate y ven en mi auxilio, Señor Dios, mi fuerte Salvador.


Oración colecta

Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza, y levanta nuestra débil esperanza con la fuerza de la pasión de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 42, 1-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.»

Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella:

«Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

SALMO 26, 1.2.3.13-14

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio:

¡Salve, Rey nuestro! Sólo tú te has compadecido de nuestros errores.

EVANGELIO: Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?»
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.

Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Antífona de comunión: Salmo 101, 3

No me ocultes tu rostro, Señor, el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame en seguida.



VIVENCIAS CUARESMALES

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41. LUNES SANTO

Y la casa se llenó de la fragancia del perfume

Y la casa se llenó de la fragancia del perfume

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AMBIENTACIÓN.- Oración colecta: Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra débil esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lectura de Isaías 42, 1-7 Primer Cántico del Siervo de Yahvé: “Esto dice el Señor: He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, el preferido de mi corazón. He puesto mi Espíritu sobre él. Él les enseñará el derecho a las naciones.

No clamará, no gritará, ni alzará en las calles su voz. No romperá la caña quebrada ni aplastará la mecha que está por apagarse. Enseñará a las naciones mis juicios sin dejarse quebrar ni aplastar, hasta que reine el derecho en la tierra. Los países lejanos esperan sus ordenanzas. Así habla Yahvé, el que creó los cielos y los estiró, que le puso firmes cimientos a la tierra y produjo todas sus plantas, que dio aliento a sus habitantes y respiración a los seres que se mueven en ella.

Yo, Yahvé, te he llamado para cumplir mi justicia, te he formado y tomado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para todas las naciones. Para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, y del calabozo a los que estaban en la oscuridad”.

En el evangelio, Juan 12, 1-11, aparecen distintos personajes: ¿tú, dónde te sitúas? Identifícate especialmente con María quien tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Considera la parte humana de Jesús: Se refugia en casa de sus amigos que podemos llamar “íntimos”: Lázaro, Marta y María. Aloja en tu corazón a Jesús. Espiritualmente, déjate inundar de la ternura de su Espiritu, acógelo después en los hermanos que hoy sufren algo parecido a lo que soportó Jesús en estos días: Inseguridad, asedio, desprecio, amenaza, secuestro, pánico, terror, desengaños.

El Salmo 26 expresa muy bien los sentimientos de Jesús en estos últimos días de su vida. Acompáñalo. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados, para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

HIMNO

Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño; tú, que hiciste cayado de ese leño, en que tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguir empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres. Espera, pues, y escucha mis cuidados. Pero ¿cómo te digo que me esperes, si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.

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De la primera Apología de San Justino, mártir,
en defensa de los cristianos.

El bautismo del nuevo nacimiento

Vamos a exponer de qué manera, renovados por Cristo nos hemos consagrado a Dios. A quienes aceptan y creen que son verdad las cosas que enseñamos y exponemos y prometen vivir de acuerdo con estas enseñanzas, les instruimos para que oren a Dios con ayunos, y pidan perdón de sus pecados pasados, mientras nosotros, por nuestra parte, oramos y ayunamos también juntamente con ellos.

Luego los conducimos a un lugar donde hay agua, para que sean regenerados del mismo modo que fuimos regenerados nosotros. Entonces reciben el baño del bautismo en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo. Pues Cristo dijo: El que no nazca de nuevo, no podrá entrar en el reino de los cielos. Ahora bien, es evidente para todos que no es posible, una vez nacidos, volver a entrar en el seno de nuestras madres.

También el profeta Isaías nos dice de qué modo pueden librarse de sus pecados quienes pecaron y quieren convertirse: Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda.

Entonces venid y litigaremos, dice el Señor. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.

Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra primera generación, fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte, y por una ley natural y necesaria, por la acción del germen paterno en la unión de nuestros padres y sufrimos la influencia de costumbres malas y de una instrucción desviada.

Mas, para que tengamos también un nacimiento, no ya fruto de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra libre y consciente elección, y lleguemos a obtener el perdón de nuestros pecados pasados, se pronuncia, sobre quienes desean ser regenerados y se convierten de sus pecados, mientras están en el agua, el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, único nombre que invoca el ministro cuando introduce en el agua al que va a ser bautizado.

Nadie, en efecto, es capaz de poner nombre al Dios inefable, y si alguien se atreve a decir que hay un nombre que expresa lo que es Dios es que está rematadamente loco. A este baño lo llamamos “iluminación” para dar a entender que los que son iniciados en esta doctrina quedan iluminados. También se invoca sobre el que ha de ser iluminado el nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilatos, y el nombre del Espíritu Santo que, por medio de los profetas, anunció de antemano todo lo que se refiere a Jesús (Cap. 61: PG 6, 419-422).

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