El maná de cada día, 14.10.17

octubre 14, 2017

Sábado de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen



PRIMERA LECTURA: Joel 4, 12-21

Así dice el Señor:

«Alerta, vengan las naciones al valle de Josafat: allí me sentaré a juzgar a las naciones vecinas.

Mano a la hoz, madura está la mies; venid y pisad, lleno está el lagar. Rebosan las cubas, porque abunda su maldad.

Turbas y turbas en el valle de la Decisión, se acerca el día del Señor en el valle de la Decisión.

El sol y la luna se oscurecen, las estrellas retiran su resplandor. El Señor ruge desde Sión, desde Jerusalén alza la voz, tiemblan cielo y tierra.

El Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel.

Sabréis que yo soy el Señor, vuestro Dios, que habita en Sión, mi monte santo. Jerusalén será santa, y no pasarán por ella extranjeros.

Aquel día, los montes manarán vino, los collados se desharán en leche, las acequias de Judá irán llenas de agua, brotará un manantial del templo del Señor, y engrosará el torrente de las Acacias.

Egipto será un desierto, Edom se volverá árida estepa, porque oprimieron a los judíos, derramaron sangre inocente en su país.

Pero Judá estará habitada por siempre, Jerusalén, de generación en generación.

Vengaré su sangre, no quedará impune, y el Señor habitará en Sión.»


SALMO 96, 1-2. 5-6. 11-12

Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre.


ALELUYA: Lc 11, 28

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
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ORACIONES A LA MADRE DE JESÚS
P. Francisco Fernández Carvajal

La Virgen nos conduce siempre a su Hijo

Estaba Jesús hablando a la multitud como en tantas ocasiones. Y una mujer del pueblo alzó la voz y gritó: Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron (1).

Jesús se acordaría en aquellos momentos de su Madre y le llegaría muy dentro del Corazón la alabanza de la mujer desconocida. El Señor la debió de mirar complacido y con agradecimiento. «Emocionada en lo más profundo del corazón ante las enseñanzas de Jesús, ante su figura amable, aquella mujer no puede contener su admiración.

En sus palabras reconocemos una muestra genuina de la religiosidad popular siempre viva entre los cristianos a lo largo de la historia» (2). Aquel día comenzó a cumplirse el Magnificat: …me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Una mujer, con la frescura del pueblo, había comenzado lo que no terminará hasta el fin de los tiempos.

Jesús, recogiendo la alabanza, hace aún más profundo el elogio a su Madre: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.

María es bienaventurada, ciertamente, por haber llevado en su seno purísimo al Hijo de Dios y por haberlo alimentado y cuidado, pero lo es aún más por haber acogido con extrema fidelidad la palabra de Dios. «A lo largo de la predicación de Jesús, recogió (María) las palabras con las que su Hijo, situando el Reino más allá de las consideraciones de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados a quienes escuchaban y guardaban la palabra de Dios, como Ella misma lo hacía con fidelidad (cfr. Lc 2, 19; 5 l)» (3).

Este pasaje del Evangelio (4) que se lee en la Misa de hoy nos enseña una excelente forma de alabar y de honrar al Hijo de Dios: venerar y enaltecer a su Madre. A Jesús le llegan muy gratamente los elogios a María. Por eso nos dirigimos muchas veces a Ella con tantas jaculatorias y devociones, con el rezo del Santo Rosario.

«Del mismo modo que aquella mujer del Evangelio –señalaba el Papa Juan Pablo II– lanzó un grito de bienaventuranza y de admiración hacia Jesús y su Madre, así también vosotros, en vuestro afecto y en vuestra devoción, soléis unir siempre a María con Jesús. Comprendéis que la Virgen María nos conduce a su divino Hijo, y que Él escucha siempre las súplicas que se le dirigen a su Madre» (5). La Virgen es la senda más corta para llegar a Cristo y, por Él, a la Trinidad Beatísima.

Honrando a María, siendo de verdad hijos suyos, imitaremos a Cristo y seremos semejantes a Él. «Porque María, habiendo entrado íntimamente en la Historia de la Salvación, une en sí y, en cierta manera, refleja las más grandes exigencias de la fe; mientras es predicada y honrada atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio, y hacia el amor del Padre» (6). Con Ella vamos bien seguros.

1 Lc 11, 27-28. — 2 JUAN PABLO II, Alocución 5-IV-1987. — 3 CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 58. — 4 Lc 11, 27-28. — 5 JUAN PABLO II, loc. cit. — 6 CONC. VAT., II, loc. cit., 65.

 

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El maná de cada día, 12.10.17

octubre 12, 2017

Jueves de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

12 de octubre,

Nuestra Señora del Pilar, Día de la Hispanidad

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¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?



PRIMERA LECTURA: Malaquías 3, 13-20a

«Vuestros discursos son arrogantes contra mí –oráculo del Señor–.
Vosotros objetáis: “¿Cómo es que hablamos arrogantemente?”

Porque decís: “No vale la pena servir al Señor; ¿qué sacamos con guardar sus mandamientos?; ¿para qué andamos enlutados en presencia del Señor de los ejércitos?

Al contrario: nos parecen dichosos los malvados; a los impíos les va bien; tientan a Dios, y quedan impunes.” Entonces los hombres religiosos hablaron entre sí: “El Señor atendió y los escuchó.”

Ante él se escribía un libro de memorias a favor de los hombres religiosos que honran su nombre. Me pertenecen –dice el Señor de los ejércitos– como bien propio, el día que yo preparo. Me compadeceré de ellos, como un padre se compadece del hijo que lo sirve. Entonces veréis la diferencia entre justos e impíos, entre los que sirven a Dios y los que no lo sirven.

Porque mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir –dice el Señor de los ejércitos–, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.»


SALMO 1

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


Aclamación antes del Evangelio: Hch 16, 14b

Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos:

«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.”

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»
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COMENTARIO para facilitar la Lectio Divina, o Lectura orante de la Palabra.

1. Una tentación permanente: ¿De qué me sirve temer a Dios si me va mal en la vida? Otros viven a su antojo, al margen o incluso contra Dios, y no les pasa nada. Hasta parece que les va mejor que a mí.

2. Dios nos ha destinado a la felicidad. Pero la tentación es buscarla sin contar con él, disfrutar de las cosas y de las personas a nuestro antojo, sin que nos pongan condiciones.

3. Hoy me puedo preguntar: Cuando me relaciono con Dios, ¿busco a Dios por él mismo, busco su gloria, o me busco a mí mismo? ¿Hasta dónde mi religión es interesada?

4. Reza muchas veces el salmo primero: ¡Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor! El que busca a Dios en todo momento, el que respeta sus mandamientos. Su gozo es la ley del Señor.

5. El Señor tu Dios te conceda su Espíritu, resumen de todas las bondades que pueden venirte de tu Padre Dios.

6. Si vosotros, que sois limitados e incluso malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre Bueno dará el Espíritu a los que se lo pidan!

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LA VALENTÍA DE LA ORACIÓN

Papa Francisco en Casa Santa Marta
Jueves 10 de octubre de 2013

Nuestra oración debe ser valiente, no tibia, si queremos no sólo obtener las gracias necesarias, sino sobre todo, a través de ella, conocer al Señor. Si lo pedimos, será Él mismo quien nos done su gracia. El Papa Francisco, el 10 de octubre, volvió a hablar de la fuerza y de la valentía de la oración.

A la necesidad de la oración con insistencia si es necesario, pero siempre dejándose involucrar por ella, se remite el pasaje litúrgico del Evangelio de Lucas (11, 5-13) «con esta parábola —explicó el Papa— del amigo que invade, el amigo inoportuno», que de noche cerrada va a pedir a otro amigo pan para dar de comer a un conocido que acaba de llegar a su casa y a quien no tenía nada que ofrecer. «Con esta petición —observó— el amigo debe levantarse del lecho y darle el pan.

Y Jesús en otra ocasión nos habla de esto: en la parábola de la viuda que iba al juez corrupto, quien no la oía, no quería oírla; pero ella era tan inoportuna, molestaba tanto, que al final, para alejarla de manera que no le causara demasiadas molestias, hizo justicia, lo que ella pedía.

Esto nos hace pensar en nuestra oración. ¿Cómo oramos nosotros? ¿Oramos así por costumbre, piadosamente, pero tranquilos, o nos ponemos con valentía ante el Señor para pedir la gracia, para pedir aquello por lo que rogamos?».

La actitud es importante, porque «una oración que no sea valiente —afirmó el Pontífice— no es una verdadera oración». Cuando se reza se necesita «el valor de tener confianza en que el Señor nos escucha, el valor de llamar a la puerta. El Señor lo dice, porque quien pide recibe, y quien busca encuentra, y a quien llama se le abrirá».

¿Pero nuestra oración es así?, se preguntó el Santo Padre. ¿O bien nos limitamos a decir: «Señor, tengo necesidad, dame la gracia»? En una palabra, «¿nos dejamos involucrar en la oración? ¿Sabemos llamar al corazón de Dios?».

Para responder, el Obispo de Roma volvió al pasaje evangélico, al final del cual «Jesús nos dice: ¿qué padre entre vosotros si el hijo le pide un pez le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo le dará un escorpión? Si vosotros sois padres daréis el bien a los hijos. Y luego va adelante: si vosotros que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre del cielo… Y esperamos que prosiga diciendo: os dará cosas buenas a vosotros. En cambio no, no dice eso. Dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan. Y esto es algo grande».

Por ello «cuando oramos valerosamente, el Señor no sólo nos da la gracia, sino que se nos da también Él mismo en la gracia». Porque «el Señor —explicó el Papa con una expresión incisiva— jamás da o envía una gracia por correo: la trae Él, es Él la gracia».

«Hoy —dijo en conclusión—, en la oración colecta, hemos dicho al Señor que nos dé aquello que incluso la oración no se atreve a pedir. ¿Y qué es aquello que nosotros no nos atrevemos a pedir? ¡Él mismo! Nosotros pedimos una gracia, pero no nos atrevemos a decir: ven tú a traérmela. Sabemos que una gracia siempre es traída por Él: es Él quien viene y nos la da. No quedemos mal tomando la gracia y no reconociendo que quien la trae, quien nos la da, es el Señor».

http://www.vatican.va

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HOMILÍA DEL PAPA EN SANTA MARTA, HOY 8 DE OCTUBRE 2015

(RV).- Dios jamás abandona a los justos, mientras quienes siembran el mal son como desconocidos, de los cuales el cielo no recuerda su nombre. Es la enseñanza que el Papa Francisco ofreció en su homilía inspirándose en las lecturas del día de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Una madre coraje, marido, tres hijos, menos de 40 años y un tumor “de esos feos” que la clava a la cama. “¿Por qué?”. Una mujer anciana, persona con la oración en el corazón y con un hijo asesinado por la mafia. “¿Por qué?”.

¿Por qué el bien de los malvados?

La voz del Papa desde el altar de Santa Marta amplifica la gran pregunta que como una cuchilla corta los pensamientos de tanta gente, cuya fe convencida, enraizada, es puesta a dura prueba por los dramas de la vida. ¿Por qué sucede esto, “qué ventaja hemos recibido –fue el grito que Francisco retomó de la lectura del Profeta Malaquías– por haber observado” los mandamientos de Dios, mientras los “soberbios” aun “haciendo el mal, se multiplican y, aun provocando a Dios, permanecen impunes?”:

“¿Cuántas veces vemos esta realidad en gente mala, en gente que hace el mal y que parece que en la vida les va bien: son felices, tienen todo lo que quieren, a ellos no les falta nada? ¿Por qué, Señor? Es uno de los tantos porqués… ¿Por qué a éste que es un descarado al que no le importa nada, ni de Dios ni de los demás, que es una persona injusta, incluso mala, le va bien todo en su vida, tiene todo lo que quiere y nosotros que queremos hacer el bien tenemos tantos problemas?”.

El Señor vela sobre los justos

El Papa ofreció la respuesta con el Salmo del día, que proclama “bienaventurado” al hombre “que no entra en el consejo de los malvados” y que “encuentra su alegría” en la “ley del Señor”. Y explicó:

“Ahora no vemos los frutos de esta gente que sufre, de esta gente que carga la cruz, como de aquel Viernes Santo y de aquel Sábato Santo no se verán los frutos del hijo de Dios Crucificado, de sus sufrimientos. Y todo lo que hará, saldrá bien. ¿Y qué cosa dice el Salmo sobre los malvados, sobre aquellos de quienes pensamos que les va todo bien? ‘No así, no así los malvados, como cascarilla que el viento dispersa. Porque el Señor vela por el camino de los justos, mientras el camino de los malvados cae en ruina’”.

Sólo un adjetivo

Una ruina que Francisco subrayó citando la parábola evangélica de Lázaro, símbolo de una miseria sin salvación, puesto que mientras goza, le negaba las migajas que caían de su mesa:

“Es curioso que de aquel hombre no se dice su nombre. Es sólo un adjetivo: es un rico. De los malvados, en el Libro de la Memoria de Dios, no hay nombre: es un malvado, es un estafador, es un explotador… No tienen nombre, sólo tienen adjetivos. En cambio, todos aquellos que tratan de caminar por la senda del Señor, estarán con su Hijo, que tiene nombre: Jesús Salvador. Pero un nombre difícil de comprender, incluso inexplicable por la prueba de la cruz y por todo aquello que Él ha sufrido por nosotros”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

(from Vatican Radio)



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12 de octubre
Nuestra Señora del Pilar

Virgen del Pilar

Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, Patrona de España, las Américas y Filipinas

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.

EL PILAR, LUGAR PRIVILEGIADO DE ORACIÓN Y DE GRACIA
Elogio de nuestra Señora del Pilar

Según una piadosa y antigua tradición, ya desde los albores de su conversión, los primitivos cristianos levanta­ron una ermita en honor de la Virgen María a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza. La primitiva y pequeña capilla, con el correr de los siglos, se ha convertido hoy en una basílica grandiosa que acoge, como centro vivo y permanente de peregrinaciones, a innumerables fieles que, desde todas las partes del mundo, vienen a rezar a Virgen y a venerar su Pilar.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles: difícilmente podrá encontrarse en el amplio territorio patrio un pueblo que no guarde con amor la pequeña imagen sobre la santa columna. Muchas instituciones la verán también como patrona.

Muy por encima de milagros espectaculares, de manifestaciones clamorosas y de organizaciones masivas, la virgen del Pilar es invocada como refugio de pecadores, consoladora de los afligidos, madre de España. Su quehacer es, sobre todo, espiritual. Y su basílica, en Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de su continente el día doce de octubre, es decir, el mismo día del Pilar. Como prueba de su devoción a la Virgen, los numerosos mantos que cubren la sagrada imagen y las banderas que hacen guardia de honor a la Señora ante su santa capilla testimonian la vinculación fraterna que Iberoamérica tiene, por el Pilar, con la patria española.

Abierta la basílica durante todo el día, jamás faltan fieles que llegan al Pilar en busca de reconciliación, gracia y diálogo con Dios.

 


El maná de cada día, 26.9.17

septiembre 26, 2017

Martes de la 25ª semana de Tiempo Ordinario

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Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte

Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte



PRIMERA LECTURA: Esdras 6, 7-8. 12b. 14-20

En aquellos días, el rey Darío escribió a los gobernantes de Transeufratina:

«Permitid al gobernador y al senado de Judá que trabajen reconstruyendo el templo de Dios en su antiguo sitio. En cuanto al senado de Judá y a la construcción del templo de Dios, os ordeno que se paguen a esos hombres todos los gastos puntualmente y sin interrupción, utilizando los fondos reales de los impuestos de Transeufratina.
La orden es mía, y quiero que se cumpla a la letra. Darío.»

De este modo, el senado de Judá adelantó mucho la construcción, cumpliendo las instrucciones de los profetas Ageo y Zacarías, hijo de Idó, hasta que por fin la terminaron, conforme a lo mandado por el Dios de Israel y por Ciro, Darlo y Artajerjes, reyes de Persia.

El templo se terminó el día tres del mes de Adar, el año sexto del reinado de Darío.

Los israelitas, sacerdotes, levitas y el resto de los deportados, celebraron con júbilo la dedicación del templo, ofreciendo con este motivo cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y doce machos cabrios, uno por tribu, como sacrificio expiatorio por todo Israel.

El culto del templo de Jerusalén se lo encomendaron a los sacerdotes, por grupos, y a los levitas, por clases, como manda la ley de Moisés.

Los deportados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero; como los levitas se habían purificado, junto con los sacerdotes, estaban puros e inmolaron la víctima pascual para todos los deportados, para los sacerdotes, sus hermanos, y para ellos mismos.


SALMO 121, 1-2. 3-4a. 4b-5

Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor,

Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 11, 28

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.

Entonces le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.»

Él les contestó: «Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.»


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EL SILENCIO DE MARÍA

P. Francisco Fernández Carvajal

Silencio de María en los tres años de la vida pública de Jesús.


«La Anunciación representa el momento culminante de la fe de María a la espera de Cristo, pero es además el punto de partida de donde se inicia todo su camino hacia Dios, todo su camino de fe»8.

Esta fe fue creciendo de plenitud en plenitud, pues Nuestra Señora no lo comprendió todo al mismo tiempo en sus múltiples manifestaciones.

Quizá con el paso de los días sonreiría ante el recuerdo de su sorpresa al formular al ángel la pregunta sobre la guarda de su virginidad, o al interrogar a Jesús hallado en el Templo, como si no hubiera tenido sobradas razones para actuar así y no se debiera primero a su Padre… Podía extrañarse ahora de no haber comprendido entonces lo que ya se le manifestaba9.

El recogimiento de María –donde Ella penetra en los misterios divinos acerca de su Hijo– es paralelo al de su discreción, «pues es condición indispensable para que las cosas puedan guardarse en el interior, y ponderarlas luego en el corazón, que haya silencio.

El silencio es el clima que hace posible la profundidad del pensamiento. El mucho hablar disipa el corazón y este pierde cuanto de valioso guarda en su interior; es entonces como un frasco de esencia que, por estar destapado, pierde el perfume, quedando en él solo agua y apenas un tenue aroma que recuerda el precioso contenido que alguna vez tuvo»10.

La Virgen también guardó un discreto silencio durante los tres años de vida pública de Jesús. La marcha de su Hijo, el entusiasmo de las multitudes, los milagros, no cambiaron su actitud. Solo su corazón experimentó la ausencia de Jesús. Incluso cuando los Evangelistas hablan de las mujeres que acompañaban al Maestro y le servían con sus bienes11 nada dicen de María, que con toda probabilidad permaneció en Nazaret.

Parece normal que la Virgen se acercara en alguna ocasión para ver a su Hijo, oírle, hablar con Él… El Evangelio de la Misa12 narra una de estas ocasiones. Vino a verle su Madre y algunos parientes y, al llegar a la puerta de la casa, no pudieron entrar por el gran número de gente que se agolpaba alrededor de su Hijo.

Le avisaron a Jesús que su Madre estaba fuera y que deseaba verle. Entonces, según indica San Mateo, Jesús extendió la mano sobre los discípulos13; San Marcos14 señala que Jesús, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, respondió: Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.

La Virgen no se desconcertó por la respuesta. Ella comprendió que era la mejor alabanza que podía dirigirle su Hijo. Su vida de fe y de oración le llevó a entender que su Hijo se refería muy particularmente a Ella, pues nadie estuvo jamás más unido a Jesús que su Madre. Nadie cumplió con tanto amor la voluntad del Padre.

La Iglesia nos recuerda que la Santísima Virgen «acogió las palabras con las que el Hijo, exaltando el Reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como Ella lo hacía fielmente»15.

María es más amada por Jesús a causa de los lazos creados en ambos por la gracia que en razón de la generación natural, que hizo de Ella su Madre en el orden humano. María también guardó silencio en aquella ocasión, a nadie explicó que las palabras del Maestro estaban especialmente destinadas a Ella. Después, quizá a los pocos minutos, la Madre se encontró con su Hijo y le agradeció tan extraordinaria alabanza.

Jesús se dirige a nosotros de muchas maneras, pero solo entenderemos su lenguaje en un clima habitual de recogimiento, de guarda de los sentidos, de oración, de paciente espera.

Porque el cristiano, como el poeta, el escritor y el artista, ha de saber aquietar «la impaciencia y el temor al paso del tiempo. Aprender –con dolor, quizá– que solamente cuando la semilla escondida en tierra ha germinado y prendido y tiene numerosas raíces, entonces brota una pequeña planta. Y al oír que preguntan sonrientes: ¿y eso es todo?, hay que decir que sí, y estar convencido de que solo si está bien radicada, la planta irá creciendo, hasta que ya árbol muestre con sus ramas –según se creía en antiguas épocas– la extensión de su profundidad»16.

8 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 14. — 9 Cfr. J. Guitton, La Virgen María, Rialp, 2ª ed., Madrid 1964, p. 109. — 10 F. Suárez, o. c., pp. 200-201. — 11 Cfr. Lc 81 2-3. — 12 Lc 8, 19-21. — 13 Mt 12, 49. — 14 Mc 3, 34. — 15 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58. — 16 F. Delclaux, El silencio creador, Rialp, Madrid 1969, p. 15.

Homilética.org


El maná de cada día, 15.9.17

septiembre 15, 2017

Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores


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Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

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Antífona de entrada: Lc 2, 34-35

Simeón dijo a María: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten, y será como un signo de contradicción: y a ti misma una espada te traspasará el alma».

Oración colecta

Oh, Dios, junto a tu Hijo elevado en la cruz quisiste que estuviese la Madre dolorosa; concede a tu Iglesia, que, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar en su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: 1 Tim 1, 1-2. 12-14

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza nuestra, a Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio, a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe; sin embargo, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús.

SALMO 15, 1-2 y 5. 7-8. 11

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.



SECUENCIA

La Madre piadosa estaba junto a la cruz, y lloraba mientras el Hijo pendía cuya alma triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y afligida estaba la Madre herida, de tantos tormentos llena! Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.

¿Y cuál hombre no llorara si a la Madre contemplara de Cristo en tanto dolor? ¿Y quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre. Vio morir al Hijo amado que rindió desamparado el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí. Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo; porque acompañar deseo en la cruz, donde le veo, tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas! Llore yo con ansias tantas que el llanto tan dulce me sea; porque su pasión y muerte tenga en mi alma, de suerte que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio; porque me inflame y encienda, y contigo me defienda en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén; porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria.


Aclamación antes del Evangelio

Feliz la Virgen María, que, sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor.


EVANGELIO: Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»

Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.


Antífona de comunión: 1P 4,13

Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria reboséis de gozo.


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LA MADRE ESTABA JUNTO A LA CRUZ

De los sermones de san Bernardo, abad

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María– una espada te traspasará el alma.

En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma.

En efecto, después que aquel Jesús –que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo– hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya.

Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar.

Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio!

Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero.

¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las en­trañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humil­des servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia.

Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Este murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su co­razón?

Aquélla fue una muerte motivada por un amor su­perior al que pueda tener cualquier otro hombre; ésta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.


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El maná de cada día, 8.9.17

septiembre 8, 2017

La Natividad de la Virgen María

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Dichosa eres, santa Virgen María, y digna de toda alabanza

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Hoy es el cumleaños de la Virgen María.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MARÍA!

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Antífona de Entrada

Celebremos con alegría el Nacimiento de María, la Virgen: de ella salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios.

Oración Colecta

Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Miqueas 5, 1-4a

Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel.

En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz.»


SALMO 12, 6ab.6cd

Desbordo de gozo con el Señor.

Porque yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio.

Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.


Aclamación antes del Evangelio

Dichosa eres, santa Virgen María, y digna de toda alabanza: de ti salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Señor.


EVANGELIO: Mateo 1, 1-16.18-23

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»


Antífona de comunión

La Virgen dará a luz un hijo que salvará a su pueblo de los pecados.


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LO ANTIGUO HA PASADO, LO NUEVO HA COMENZADO

De los sermones de san Andrés de Creta, obispo

Cristo es el fin de la ley: él nos hace pasar de la esclavitud de esta ley a la libertad del espíritu. La ley tendía hacia él como a su complemento; y él, como supremo legislador, da cumplimiento a su misión, transformando en espíritu la letra de la ley. De este modo, hacía que todas las cosas lo tuviesen a él por cabeza.

La gracia es la que da vida a la ley y, por esto, es superior a la misma, y de la unión de ambas resulta un conjunto armonioso, conjunto que no hemos de considerar como una mezcla, en la cual alguno de los dos elementos citados pierda sus características propias, sino como una transmutación divina, según la cual todo lo que había de esclavitud en la ley se cambia en suavidad y libertad, de modo que, como dice el Apóstol, no vivamos ya esclavizados por lo elemental del mundo,ni sujetos al yugo y a la esclavitud de la ley.

Éste es el compendio de todos los beneficios que Cristo nos ha hecho; ésta es la revelación del designio amoroso de Dios: su anonadamiento, su encarnación y la consiguiente divinización del hombre. Convenía, pues, que esta fulgurante y sorprendente venida de Dios a los hombres fuera precedida de algún hecho que nos preparara a re­cibir con gozo el gran don de la salvación.

Y éste es el significado de la fiesta que hoy celebramos, ya que el nacimiento de la Madre de Dios es el exordio de todo este cúmulo de bienes, exordio que hallará su término y complemento en la unión del Verbo con la carne que le estaba destinada.

El día de hoy nació la Virgen; es luego amamantada y se va desarrollando; y es preparada para ser la Madre de Dios, rey de todos los siglos.

Un doble beneficio nos aporta este hecho: nos conduce a la verdad y nos libera de una manera de vivir sujeta a la esclavitud de la letra de la ley.

¿De qué modo tiene lugar esto? Por el hecho de que la sombra se retira ante la llegada de la luz, y la gracia sustituye a la letra de la ley por la libertad del espíritu.

Precisamente la solemnidad de hoy representa el tránsito de un régimen al otro, en cuanto que convierte en realidad lo que no era más que símbolo y figura, sustituyendo lo antiguo por lo nuevo.

Que toda la creación, pues, rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día. Cielo y tierra se aúnen en esta celebración, y que la festeje con gozo todo lo que hay en el mundo y por encima del mundo.

Hoy, en efecto, ha sido construido el santuario creado del Creador de todas las cosas, y la creación, de un modo nuevo y más digno, queda dispuesta para hospedar en sí al supremo Hacedor.

(Nota: La señalización de negrita es mía)

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Oración

Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María consigamos aumen­to de paz en la fiesta de su nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo.

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Natividad de María, su cumpleaños.

Hay que nacer de nuevo

Celebrar nuestro cumpleaños significa celebrar con alegría y agradecimiento ese amor de Dios que está en el origen de nuestra existencia. Existes, pero podrías no existir. Y, si existes, existes sólo para Dios, hacia el que caminan inexorablemente todos tus días y todos tus afanes.

Por eso, celebrar nuestro nacimiento es también celebrar ese otro nacimiento, que el mundo llama ‘muerte y fracaso’, y que Dios llama ‘encuentro definitivo cara a cara con Él’. Tu nacimiento a esta vida es sólo un signo y anticipo de ese otro nacimiento definitivo e irreversible con el que iniciaremos la eternidad sin fin en Dios.

Y esta vida es sólo una gestación en la gracia, sostenida y alimentada en el seno materno de nuestra Iglesia Madre, hasta que nos dé a luz en la vida divina de la gloria.

Pero, hay que nacer cada día a esa vida de Dios. Has de alimentar continuamente en tu alma esa semilla de gloria que recibiste en tu bautismo, si no quieres presentarte un día ante Dios con el rostro avergonzado de una vida entregada al pecado y a la mediocridad.

Dios quiere crecer en tu alma, pero contigo. Tu eternidad en Dios depende también de ti. Cada minuto de tu jornada es una ocasión para nacer un poco más a esa vida de lo alto, que se te entrega a raudales en lo ínfimo y pequeño de los instantes y momentos.

En tu vida cristiana, siempre habrás de estar empezando, siempre habrás de nacer de nuevo, si no quieres instalarte en esa tibieza acomodada de quien no quiere crecer por no cambiar de vida.

Has de vivir tu vida cristiana con corazón de niño, sí, pero con la madurez y responsabilidad de un padre, que vela continuamente por la vida de ese Dios, que late oculto en el centro de tu alma.

 www.mater-dei.es

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Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de la Natividad de María, 2014

https://ismaelojeda.wordpress.com/2014/09/08/homilia-del-papa-francisco-en-la-natividad-de-maria/

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El maná de cada día, 4.9.17

septiembre 4, 2017

Lunes de la 22ª semana de Tiempo Ordinario

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Familia Agustiniana:

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN, PATRONA DE LA ORDEN
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Nuestra Señora, Madre de la Consolación

Nuestra Señora, Madre de la Consolación

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PRIMERA LECTURA: 1 Tesalonicenses 4, 13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.

Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos.

Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

SALMO 95, 1 y 3. 4-5. 11-12a. 12b-13

El Señor llega a regir la tierra.

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo.

Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos.

Aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.



EVANGELIO: Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.

Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.

Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»

Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.


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4 de septiembre

Solemnnidad de Nuestra Señora, Madre de la Consolación
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Nuestra Señora de la Consolación, con san Agustín, san Nicolás de Tolentino, santa Mónica y santa Rita. De Juan Simón Gutiérrez (1645-1724). Agustinas Recoletas de Carmona (Sevilla).

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Primera Lectura: Is 49, 8-11. 13. 15 El Señor consuela a su pueblo.
Salmo 29: Para toda la vida la misericordia del Señor.
Segunda Lectura: 2 Co 1, 3-7 Nos alienta en todas nuestras luchas.
Evangelio: Jn 19, 25-27 Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.

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Oración de las Madres Cristianas Santa Mónica a Nuestra Señora de la Consolación por la fe de los hijos:

Virgen María, Madre de la Consolación, que consolaste a santa Mónica dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos firmes y felices en la práctica de la fe que en sus almas sembramos desde que los concebimos en nuestro ser.

Y si alguno se ha desviado, danos, Madre nuestra, la alegría de verlo retornar a la fe; y así poder gozarnos en la realización plena de nuestra vocación como madres cristianas. Amén.
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Reina y Madre de la Recolección Agustiniana

Nuestra Señora de la Consolación es la principal advocación recoleta de la Virgen. A ella consagró la Orden el beato Vicente Soler en 1926. Su imagen está en todas nuestras iglesias. De ella toma nombre una de las ocho provincias recoletas, así como muchas de sus casas y fraternidades seglares.

Pero no todos conocerán el significado de su nombre, o el de la correa que tanto ella como el Niño tienen en sus manos, o su relación con san Agustín y santa Mónica, que suelen flanquearla.

Todo ello lo explica con sencillez el padre Javier Guerra, ex prior General de la Orden, en una carta circular publicada hace un tiempo:

Con la bula Licet Ecclesiae del papa Alejandro IV, promulgada el 9 de abril de 1256, nacía la Orden de Ermitaños de San Agustín, compuesta por varios grupos. Este acontecimiento es conocido en la historia como la Gran Unión Agustiniana.

Los primeros frailes, al proceder de diversos lugares y costumbres, vestían cada uno a su modo, si bien la mayoría se cubría con el típico sayal pardo con capucha y un ceñidor de cuerda. La bula terminó con estas diferencias y mandó que todos vistieran «hábito de color negro, con exclusión de cualquier otro, para que la uniformidad del vestido manifieste también la uniformidad de vuestra profesión».

En los decenios siguientes y con el fin, quizá inconsciente, de justificar su forma de vivir y vestir, los agustinos fueron perfilando una leyenda, según la cual san Agustín habría vestido primeramente, a raíz de su bautismo, de blanco, según estaba ordenado para los neófitos en la Iglesia primitiva.

Después, por consejo de santa Mónica, san Ambrosio le habría impuesto el hábito negro sobre el blanco.

Según la tradición, santa Mónica, angustiada por la pérdida de su esposo Patricio y el descarrío de su hijo Agustín, habría recurrido a la Virgen pidiéndole ayuda y solicitándole que le revelase cómo vestía Ella después de la muerte de su esposo san José.

La Virgen María la consoló con una aparición, en la que le mostró un vestido de color negro, ceñido con un cinturón de cuero, le entregó su correa y le prometió proteger a todo aquel que vistiese como Ella y se ciñese su correa.

La leyenda se fraguó durante los siglos XIV y XV, y alcanzó su apogeo en los dos siguientes.

Paralelamente los agustinos atribuyeron a la correa valores taumatúrgicos y le dieron un significado místico. La correa pasó a ser símbolo de mortificación, disponibilidad y pureza.

Lógicamente, la leyenda carece de base histórica y nos conduce a un mundo abierto a lo irreal y maravilloso, que ya no es el nuestro.

Pero no es menos cierto que refleja un hecho que, de un modo u otro, tuvo que acaecer en el corazón de Mónica, y funde en una única realidad tres devociones de todo agustino a la Madre de Dios, a San Agustín y a Santa Mónica.

La Consolación recuerda la alegría de Mónica por la conversión de su hijo y aviva en nuestros corazones la esperanza de que María no dejará nunca de velar por nosotros y nuestros seres queridos.

Canta y Camina No. 63

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La Consolación

NUESTRA SEÑORA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN

Patrona de la Orden

La bienaventurada Virgen María es venerada como Madre de Consolación, porque a través de ella “Dios mandó al mundo al Consolador”, Cristo Jesús.

La participación en los dolores de la pasión de su Hijo y en las alegrías de su resurrección la ponen en condición de consolar a sus hijos en cualquier aflicción en que se encuentren.

Después de la ascensión de Jesucristo, en unión con los apóstoles imploró con ardor y esperó con confianza al Espíritu Consolador.

Ahora, elevada al cielo, “brilla ante el pueblo peregrino de Dios como signo de segura esperanza y consolación” (LG 69).

Al menos desde el siglo XVII, “Madre de Consolación” o “Madre de la Correa” es el título principal con que la Orden Agustiniana honra a la Virgen. En 1439 obtuvo la facultad de erigir para los laicos la “Cofradía de la Correa”.

Una piadosa leyenda, nacida en el seno de la Orden, narraba que la Virgen se había aparecido a santa Mónica, afligida por la suerte de Agustín, consolándola y dándole una correa, la misma con que después se ciñeron Agustín y sus frailes.

De ordinario, la iconografía representa a la Virgen y al Niño en el acto de entregar sendas correas, respectivamente, a santa Mónica y a san Agustín.

En 1495 surgió en la iglesia agustiniana de Bolonia la “Cofradía de Santa María de la Consolación. En 1575 ambas cofradías se fusionaron en una única “Archicofradía de la Correa”, a la que la Sede Apostólica enriqueció con abundancia de indulgencias (Tomado de la Liturgia de las Horas de la Orden).
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El maná de cada día, 15.8.17

agosto 15, 2017

La Asunción de la Virgen María

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SEXTO día de la Novena a San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, cuya fiesta se celebra el 19 de éste. La encuentras al final de esta entrada o artículo.

Además de unirnos a todos los devotos de San Ezequiel, le confiamos a Dios por su intercesión todas las peticiones de salud y acciones de gracias que recibimos en este blog, con mucha frecuencia.

Dios se glorifique en esta novena. Hagamos respetuosa presión a nuestro Dios Compasivo por sus hijos preferidos, nuestros hermanos enfermos. De manera especial encomendemos a la misericordia de Dios a los que padecen cáncer o lo han sufrido y a cuantos los atienden y cuidan.

San Ezequiel sufrió cáncer al paladar y fosas nasales siendo obispo de Pasto en Colombia. Viajó a España para tratarse, y fue operado en Madrid sin resultados positivos y sufriendo muchos dolores. Entonces se retiró al convento de Monteagudo en Navarra, donde pasó los últimos días de su vida entregado a Dios y a la Virgen del Camino.  Allá murió y allá reposan sus restos mortales.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros y por nuestros enfermos.
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Elevada a los cielos en cuerpo y alma

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Antífona de entrada: Ap 12, 1

Apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.


Oración Colecta

Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que, aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Apocalipsis 11, 19a;12,1.3-6a.10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.

Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera.

Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.

Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»


SALMO 44, 10bc.11-12ab.16

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor.

Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 15, 20-27a

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.

Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.


Aclamación antes del Evangelio

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.


EVANGELIO: Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.


Antífona de comunión: Lc 1, 48-49

Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.


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TU CUERPO ES SANTO Y SOBREMANERA GLORIOSO

Constitución apostólica Munificentíssimus Deus del papa Pío XII

Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo.

Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente:

«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial.

Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios».

Según el punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:

«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta».

Otro antiquísimo escritor afirma:

«La gloriosísima Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia sí mismo, del modo que él solo conoce».

Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino.

Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles.

Por lo cual, así como la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el último trofeo de esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: Cuando esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria».

Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos (AAS 42, 1950, 760-762.767-769).
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NOVENA A SAN EZEQUIEL MORENO

San Ezequiel Moreno, agustino recoleto




ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena. Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, en particular a los terminales y a los que sufren de cáncer. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.


DÍA 6º.- Una de las cosas más recomendadas por Jesús es la oración. Él nos dio ejemplo y nos invitó a practicarla con perseverancia. El P. Ezequiel dedicaba cada día largas horas a la oración, especialmente ante el Santísimo Sacramento. De ahí brotaban su caridad ardiente, su celo, su austeridad de vida, su sabiduría espiritual y su fortaleza para practicar el bien. (Pausa de reflexión y oración)

Padre nuestro, muéstranos hoy a Jesús enseñándonos a orar y haz que podamos imitarlo con nuestras acciones y nuestros sentimientos. Que siguiendo a Jesús y con la ayuda de san Ezequiel, podamos acercarnos siempre a ti con toda confianza y agradecimiento. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en la novena)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre nuestro: la oración confiada y la certeza de la intercesión de san Ezequiel son para mí un remanso de paz y de consuelo en mis penas y trabajos. Haz que sus ejemplos me estimulen siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección bondadosa.

Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.
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