10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia

julio 8, 2020

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Shutterstock | Da-Antipina

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10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia

Por Cecilia Zinicola | Jul 07, 2020

Detrás de los hechos, hay valiosos mensajes que llegan a nosotros y podemos tener en cuenta de ahora en adelante

QUEDARSE EN CASA: VOLVER A LA INTIMIDAD DEL HOGAR

Bajo el lema “yo me quedo en casa» hemos recuperado el valor de mirar hacia adentro, de compartir más con nuestros seres queridos y vivir el sacrificio de ser parte como familia de un bien mayor.

El quedarnos en casa nos ha ayudado a entender que existe todo un universo por descubrir en la intimidad de nuestros hogares y dentro de nosotros mismos, un universo que podríamos ignorar fácilmente por nuestra rutinas fugaces cotidianas.

Se han abierto oportunidades reales de crear esos lazos que perduran en el tiempo y que permiten superar las adversidades. Volver a los principios y valores más profundos para poder trabajar la búsqueda de un balance que recupera las costumbres como resultado de pasar más tiempo juntos y manifestar muestras de cariño fortaleciendo los vínculos cercanos.

MASCARILLAS: APRENDER A HACER SILENCIO

El entorno nos motiva a hablar más, pero los tapabocas y mascarillas se han instalado para hacernos callar. En vez de soltar palabras con prisa por querer expresarnos, interrumpir o ignorar a los demás fingiendo que escuchamos al responder rápido o no queriendo verdaderamente entender a los demás, aprendimos a llenarnos con un poco de silencio.

Al callarnos tenemos la oportunidad de encontrarnos con el mundo del otro y poder comprenderlo desde su punto de vista. Afinar el oído nos aleja de nuestro propio ego para dejar entrar los corazones y las mentes de los demás.

SITIOS TRANSFORMADOS EN HOSPITALES: HACER LUGAR PARA TODOS

Este tiempo ha sido un tiempo de modificaciones en favor de objetivos comunes. Edificios como escuelas y hoteles que se han transformado en hospitales poniendo a disposición espacios para ayudar a los demás. Aprendimos que necesitamos cultivar la ayuda mutua y a poner en práctica la solidaridad para cuidarnos entre todos y asumir más responsabilidades.

Nos ha ayudado en cierto modo a ver que la soledad es inhumana y destructiva y que no formamos un conjunto de individualidades, sino que el pensar como sociedad nos recuerda que el bien personal es inseparable del bien común y que no podemos progresar de verdad si cada uno busca soluciones a espaldas de la comunidad entera.

CALLES Y LUGARES FAMOSOS DESIERTOS: DEJAR DE LADO LO SUPERFICIAL

El virus ha derrumbado muchos de nuestros planes, programas y agendas. Cuando nos creíamos dueños del tiempo y constructores de la realidad, hemos abandonado algunos placeres a los que estábamos acostumbrados, a la comodidad, lugares y espacios con los que llenamos nuestras vidas, pero que al final nos nos ofrecían nada sustentable.

El encierro obligatorio ha sido una ocasión para abandonar la idolatría de armar planes como fines en sí mismos y liberarnos del «hacer por hacer» sin encontrar el verdadero sentido de las cosas. Nos ha alejado de las distracciones para poner nuevamente el foco en lo que de verdad importa y acercarnos a entender la razón y el valor de las cosas.

SIN TRANSPORTE: MOMENTO DE PAUSA EN EL CAMINO

El tiempo de cuarentena parece habernos enseñado que cuando nos detenemos un momento en el viaje de la vida, eso nos puede servir como impulso o renovación para el futuro, que existen beneficios también en las pausas. El medioambiente se limpia, se respira mejor aire, las aguas se tornan cristalinas y reaparecen animales que antes no se veían.

La sabiduría no depende de la cantidad de sellos que uno puede recolectar en un pasaporte. De nada sirve recorrer ciudades, tomar un millar de fotos y traer algún imán para la nevera si regresamos con el mismo vacío con el que nos fuimos. Ahora que no podemos movernos podemos reflexionar hacia dónde queremos ir y cuál queremos que sea nuestro motor.

LAVARSE LAS MANOS: MANTENER HÁBITOS DE HIGIENE PERSONAL

Hay una mayor conciencia sobre la importancia de incorporar con más frecuencia pequeños actos cotidianos como mantener las manos limpias para evitar enfermedades. Estos hábitos de limpieza han llenado nuestra rutina protegiéndonos no solo del COVID19 sino también de muchos otros gérmenes.

Mantener los hábitos de cuidado personal es lo que nos prepara para afrontar cada día. De hecho, hasta que no haya una vacuna esta es hoy una de las pocas formas de acción eficaces con las que realmente contamos en la lucha contra la enfermedad.

ESTANTES VACÍOS: RECUPERAR LO ESENCIAL

Con una mirada a las tiendas en general, la pandemia nos ha mostrado que no hace falta tener mucho, sino aquellas cosas que son esenciales. Hemos tomado más conciencia de que la existencia se torna más saludable y gozosa desde la simplicidad de quien renuncia a la frenética búsqueda del bienestar material, del consumo desmedido y de la vida hedónica.

Muchos nos hemos replanteado las cosas que tenemos o queremos, nos hemos amigado con la capacidad al desapego y la búsqueda de lo importante priorizando y aprendiendo a tener que dar, compartir o incluso dejar cosas de lado que antes pensábamos eran indispensables para vincularnos con la realidad de una manera más genuina.

APLAUSOS: RECONOCER LA DEFENSA DE LA VIDA

Un punto común ha sido el reconocimiento de las personas que trabajan por defender la vida. Los trabajadores de la salud, médicos, enfermeros y voluntarios, fueron aplaudidos en todo el mundo por luchar contra el COVID-19. Han sido homenajes muchas veces emocionantes donde la humanidad se hace palpable y nos deja ver parte de su grandeza.

Los reconocimientos globales a estos trabajadores desde las ventanas y los balcones se transformaron en un fenómeno en donde al final del día se sentía el aliento de las personas para seguir luchando. También hemos aprendido que no hay una única forma de hacerlo: aplausos, cantos populares, gente tocando instrumentos o agitando banderas.

POBLACIÓN DE RIESGO: VALOR Y RESPETO A NUESTROS MAYORES

La parte de la población más afectada y que ha sido atacada de forma directa por el virus ha sido la de las personas mayores. Hemos aprendido la importancia de valorarlos y respetarlos para que nos les falte alguien que les acompañe, alguien que les tome la mano en el momento de la partida y que les dé una sepultura digna.

Cuántas normas como la eutanasia o la discriminación o el simple olvido se nos presentan como opciones razonables, muchas veces disfrazadas como “normales”, cuando en realidad los ancianos también tienen un papel decisivo en el aporte que hacen en nuestra sociedad y que merecen nuestros cuidados. 

DIBUJOS DE ARCOÍRIS EN LAS VENTANAS: LA ESPERANZA PARA SEGUIR ADELANTE

Aprender a renunciar a querer controlarlo todo es aceptar que no podemos predecir ni evitar que cosas que no queremos, nos pasen. Hay circunstancias que no dependen de nosotros y el coronavirus nos ha mostrado que la incertidumbre es una norma y no una excepción. Es esa cuota de incertidumbre muchas veces la que nos permite descubrir nuestro futuro.

Nuestros principios, sueños y fuerza para levantarnos, son las que toman protagonismo y nos invitan a vivir la nueva realidad más real que antes cuando hay esperanza. Aunque podemos prever algunas cosas, no podremos anticiparlas todas y la única certeza que tenemos es la de un corazón que confía y espera en el amor: el amor de los amigos y los que amamos.

10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia


EE.UU. sin la historia de España

junio 23, 2020

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Medítese si existen razón y justicia para derribar las estatuas españolas, sus símbolos, sus calles y el resto de su legado en los Estados Unidos. ¿Se justifica esa perversa alianza de la ignorancia con la ingratitud, además de confusas motivaciones ideológicas?

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EE.UU. sin la historia de España

«Lo que se está produciendo es una perversa alianza de la ignorancia con la ingratitud, además de confusas motivaciones ideológicas. En este breve resumen, cuentan las autoridades españolas y los norteamericanos de buena fe con munición suficiente para contrarrestar tan ignominioso movimiento»

Por Borja Cardelús, Presidente de la Fundación Civilización Hispánica. Actualizado:

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Ahora que se encuentra sometida a un proceso de destrucción salvaje la herencia de España en Estados Unidos, conviene pasar revista a lo que la nación americana sería sin ella, bastando para ello con el rastreo de sus vestigios.

El primero, y acaso el menos importante, la toponimia. Estados Unidos se halla plagado de nombres españoles, y los exhiben estados como Florida, California, Texas, Arizona o Colorado, así como ciudades como San Francisco, Los Ángeles, San Diego o San Antonio, además del incontable número de pueblos, calles y plazas que lucen nombres españoles, como Cabo Cañaveral.

Es significativa la relación de monumentos, fuertes, iglesias y misiones españolas que jalonan el territorio de los Estados Unidos, como el formidable castillo de San Marcos en San Agustín, o la admirable cadena de misiones de California, así como los cascos históricos de las ciudades fundadas por España, como Santa Fe o Albuquerque, todas ellas de diseño y arquitectura españoles.

Tampoco habría ocurrido la epopeya de las exploraciones españolas en Norteamérica, desde Ponce de León, el primer europeo en pisar su suelo; Cabeza de Vaca no hubiera culminado el más fabuloso viaje a pie de la historia, recorrer de parte a parte el sur de los Estados Unidos realizando curaciones milagrosas; Hernando de Soto no habría explorado el Este ni avistado el Misisipi, ni Vázquez de Coronado Texas y Nuevo México, y Juan de Oñate no hubiera culminado el definitivo asentamiento de España en toda la región del Suroeste.

Más relevante es que, sin España, hoy no habría indios en Estados Unidos. Esos que están derribando las estatuas de Colón, y no digamos de Junípero Serra o Juan de Oñate, son descendientes de aquellos indios que fueron salvados gracias al esfuerzo de España, de sus misioneros y sus colonizadores.

Las Leyes de Indias los protegieron y respetaron sus tierras, y las misiones fundadas de costa a costa los incorporaron a la civilización occidental grecorromana, adiestrándolos en oficios, técnicas, religión, lengua y cultura. Cuando España abandonó el territorio y penetraron los angloamericanos, los indios fueron despojados de sus tierras, como sucedió en el Este, donde por ello se extinguieron del todo los nativos.

Pero en las áreas españolas pudieron sobrevivir, gracias a que ya eran carpinteros, albañiles, campesinos, ganaderos y otros oficios, que habían aprendido en las cientos de misiones fundadas por Junípero Serra y tantos otros frailes desde California a Florida.

Hoy, los tribunales de justicia norteamericanos están devolviendo las tierras que les fueron arrebatadas tras la salida de España, y lo hacen al amparo de las Leyes de Indias, el Código de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, y las concesiones otorgadas por el Rey de España, y son afortunadas las tribus que conservan esos títulos, tan antiguos como valiosos.

El western, divulgado por Hollywood como gran seña de identidad de los Estados Unidos, no hubiera existido. Porque el mundo del cow boy, con el vestuario vaquero, la vaca, el caballo, la montura, las espuelas, el sombrero, el rancho y el manejo ganadero, es una réplica exacta del modelo ecuestre y ganadero de las Marismas del Guadalquivir, trasplantado al Oeste y popularizado por el cine.

En puridad, John Wayne es un vaquero de las marismas con un par de pistolas, y ese modelo es radicalmente distinto al de granjero a pie y recogida de heno que trasladaron los pioneros ingleses al Este.

Tampoco Texas o Nuevo México hubieran alcanzado su pujanza ganadera de no ser por las vacas, ovejas y caballos importados desde España. Y California no sería la potencia vinícola que es gracias a las uvas misioneras, que introdujeron los frailes españoles en las misiones.

La lengua española no sería la segunda más hablada en Estados Unidos, ni tampoco la población hispana ascendería a los 55 millones actuales, de no ser por los núcleos españoles iniciales de Florida, Luisiana y el Suroeste, el genuino embrión hispano de Estados Unidos, con el cortejo cultural inherente de religión, lengua, carácter, filosofía de vida, fiestas, sentido familiar, solidaridad y generosidad, los rasgos generales del modo de ser hispano.

Los esclavos negros de las plantaciones inglesas de Carolina y Georgia no hubieran contado con la luz de libertad que para su penosa vida significó la proximidad de la Florida española.

Anhelaban evadirse y penetrar en ella, porque la monarquía española les otorgaba el status de hombres libres, e incluso les construyó un fuerte para alojarse, el fuerte Mosé, refugio de los que lograban escapar de las garras inglesas de la esclavitud, y todo un símbolo porque es el primer asentamiento de negros libres en los Estados Unidos.

Los Estados Unidos no hubieran podido independizarse de Inglaterra en 1783, como reconoció el comandante de las fuerzas secesionistas, George Washington, cuando expresó que sin el concurso de España la independencia sería imposible.

España ayudó primero a Washington con armas, pólvora, ropa militar y dinero, y luego con ayuda militar directa, cuando el joven Bernardo de Gálvez expulsó a los ingleses del Misisipi y el golfo de México, y puso ambos territorios a disposición de los rebeldes norteamericanos.

Hoy California sería territorio soberano de Rusia, y no de Estados Unidos, porque España penetró en California precisamente para frenar la expansión rusa. Carlos III dio la orden de ocupar California, lo que se logró en una brillante acción, y España se asentó y desplazó a los rusos, que venían descendiendo desde el Norte.

Y cuando España se marchó de California y la heredó México, a los Estados Unidos les costó poco trabajo expulsar a los mexicanos, pero no hubieran podido hacerlo con la potente Rusia, y hoy en California no se hablaría inglés.

Medítese ahora si existen razón y justicia para derribar las estatuas españolas, sus símbolos, sus calles y el resto de su legado en los Estados Unidos. Lo que se está produciendo es una perversa alianza de la ignorancia con la ingratitud, además de confusas motivaciones ideológicas.

En este breve resumen, cuentan las autoridades españolas y los norteamericanos de buena fe con munición suficiente para contrarrestar tan ignominioso movimiento.

https://www.abc.es/opinion/abci-borja-cardelus-eeuu-sin-historia-espana-202006212307_noticia.html

 


Cae fray Junípero: el odio a lo hispano arrecia en Estados Unidos

junio 22, 2020

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La estatua de Fray Junípero, derribada – Joe Rivano Barras.

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Cae fray Junípero: el odio a lo hispano arrecia en Estados Unidos

El fundador las misiones californianas, vandalizado en el parque Golden Gate de San Francisco. Se teme que el siguiente objetivo sea el mural de Colón en el Capitolio o la estatua de Isabel la Católica. La fiebre iconoclasta confunde con medido interés el esclavismo anglo con legado español

Por David Alandete, corresponsal en Washington

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En un lugar central bajo la imponente cúpula del Capitolio de Washington, en el corazón físico y simbólico del poder legislativo de la primera gran democracia moderna, se halla un valioso lienzo pintado en 1836 que ahora está en la mira de la masa enardecida que ya ha echado a rodar una decena de estatuas de Cristóbal Colón, Isabel la Católica, Juan de Oñate y hasta fray Junípero Serra.

El lienzo en cuestión, obra del maestro neoclásico John Vanderlyn muestra a Colón y los miembros de su tripulación poniendo pie en la isla que sería bautizada como San Salvador, el 12 de octubre de 1492. Al fondo, la Santa María y el pendón real de Castilla.

Los poderosos demócratas de California, que controlan la Cámara Baja o de Representantes, han puesto sus miras en este lienzo, después de haber logrado la retirada de una estatua de mármol del propio Colón y la reina Isabel que llevaba en el Capitolio de Sacramento desde 1883.

La gran protesta racial tras la muerte bajo custodia policial del afroamericano George Floyd, al que un agente le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, dio paso a un gran movimiento para tirar estatuas de generales y políticos confederados, aquellos que en 1861 se levantaron en armas contra el Gobierno de los Estados Unidos para defender la esclavitud.

Pronto, la furia contra las esculturas encontró un nuevo objetivo: Colón y el legado español en Norteamérica. El sábado, amaneció derribada la escultura en bronce en un parque de San Francisco de Fray Junípero Serra, el franciscano español que abrió nueve misiones en California.

Cambio demográfico

«No me sorprendería que ese lienzo de Colón en el Capitolio sea el siguiente objetivo», afirma Hugo Cerón-Anaya, profesor de Sociología y Antropología en la universidad de Leigh, que ha analizado profundamente la cultura hispana en EE.UU.

Él cree que estos ataques a las estatuas no tienen nada que ver con el legado español en sí mismo, sino con la insatisfacción de las minorías raciales con su situación económica y los abusos policiales.

«Estamos viendo una transformación demográfica tras la cual en el 2047 la población blanca va a volverse la minoría, a pesar de ser el principal grupo étnico. Todos los demás grupos étnicos juntos se volverán mayoría. Este cambio demográfico es también un cambio generacional. Y estas nuevas generaciones y esas minorías no protestan contra el legado iberoamericano o España, protestan contra lo que perciben como símbolos de la blancura o de ser blanco», añade.

Con la retirada de la estatua de la reina Isabel y Colón del Capitolio de Sacramento, esa batalla ha pasado de las calles, donde se derriban estatuas por la fuerza, a las instituciones, donde se quitan por ley.

De hecho, la demócrata más poderosa de la nación, la diputada de California y presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ya ha ordenado quitar del Capitolio los retratos de cuatro predecesores suyos porque sirvieron a la Confederación rebelde y esclavista: Robert Hunter, de Virginia; Howell Cobb y Charles Crisp, de Georgia, y James Orr, de Carolina del Sur.

Cierto es que Pelosi debe obrar con cautela: ella misma es italoamericana, y en EE.UU. ha sido esa comunidad la que ha abanderado la defensa de Colón, dado que el navegante nació en Génova.

Si a Colón lo defienden los italianos, fray Junípero Serra no tiene de momento quien lo defienda en EE.UU. El derribo de su estatua en un parque de San Francisco es prueba de ello.

El papa Francisco ya evitó ‹in extremis› en 2015 que retiraran una estatua del franciscano que llevaba en el Capitolio de Washington desde 1931, al rezar ante ella durante su visita a la capital estadounidense en 2015.

Fueron de nuevo los demócratas de California quienes habían presentado una moción para sustituir la estatua del religioso español por la de Sally Ride, la primer mujer astronauta de EE.UU. en volar al espacio. Esa moción fracasó por la visita del pontífice.

Visita a las misiones

También tuvo que ver en la salvación de la escultura que el Rey Felipe, recientemente coronado, fuera al Capitolio en persona durante su visita oficial en 2015, durante la cual tuvo el gesto, además, de acercarse a tomarse una fotografía con el retrato del español Bernardo de Gálvez que recientemente había sido colgado en una de las salas del Senado por iniciativa de Teresa Valcarce.

En una anterior visita en 2013, cuando aún era Príncipe, Felipe VI, acompañado por el entonces presidente de Baleares, José Ramón Bauzá, rindió homenaje a Junípero en una visita a una de las misiones que fundó, en Monterrey.

«Hay sin duda un esfuerzo para atacar el legado de Fray Junípero Serra, que no es nuevo», afirma Roger Niello, que fue diputado republicano en California entre 2004 y 2010 y ha defendido la necesidad de respetar todo el legado histórico de ese estado.

«El legado español en California es muy importante, aun cuando se pueden tener en cuenta las cosas malas que se hicieron en las misiones en aquella época. Pero no podemos dejar que esos errores borren el resto de contribuciones buenas de los españoles en este estado», añade.

Según dijo ayer The Hispanic Council, una organización independiente que tiene como misión difundir la herencia cultural hispana de EE.UU., «este franciscano español, lejos de ser un genocida o un racista, representó a lo largo de su vida todo lo contrario».

Añade el ‹think tank› en un comunicado que «este nuevo ataque a su figura carece de rigor histórico. Es también un ataque al legado hispano de EE.UU. y de California, que se debe cuidar y respetar, como el propio Junípero enseñó en su tiempo de dedicación y servicio a la población nativa».

El lunes, en la ciudad de Albuquerque, en Nuevo México, un grupo de manifestantes derribó una estatua de Juan de Oñate, un conquistador español que también tiene su propia escultura ante el aeropuerto de El Paso, ciudad fronteriza con México, que él mismo fundó. Esta última escultura amaneció el 12 de octubre con una pintada que decía, en español: «Tu Dios no es mi dios».

Protestó la cónsul honoraria de España en El Paso, Martha Vera, quien dijo que las pintadas suponían «una profanación de la historia». «Si Juan de Oñate no hubiera venido hasta aquí, no habría hispanos, ni católicos aquí. Quién sabe si El Paso existiría».

Cierto es que a Oñate los historiadores le atribuyen una masacre de al menos 800 integrantes del poblado nativo de los Acoma, pero ¿qué hizo Miguel de Cervantes, el autor de El Quijote? Un busto suyo, donado por el escultor uruguayo José Jacinto Mora a la ciudad San Francisco en 1916 fue pintado el viernes con la palabra «bastardo», sus ojos rociados de spray rojo.

Preguntada por estas agresiones, incluidas la del escritor español más universal, la embajada española en Washington dijo ayer:

«Lamentamos profundamente el derribo de la estatua de Fray Junípero Serra en San Francisco y queremos recordar hoy su gran labor en favor de las comunidades indígenas. Lamentamos asimismo los daños causados al busto de Miguel de Cervantes, él mismo esclavo durante cinco años en Argel, y cuya obra es un canto a la libertad y a la igualdad. Seguiremos defendiendo nuestro legado, prioridad de nuestra política exterior en Estados Unidos, continuando e intensificando nuestra labor didáctica para que se conozca mejor la realidad de nuestra historia compartida; también mediante cartas y contactos con autoridades federales, estatales y locales para mostrar nuestra gran preocupación ante estos ataques y para pedir que se proteja la memoria de nuestra rica historia común, tal y como estamos haciendo en estos momentos. Todo ello siempre desde el respeto a los profundos debates que se están produciendo actualmente».

Estatua de Colón

Cierto es que este revisionismo artístico ha ido echando raíces en años recientes. En 2018, el gobierno local de Los Ángeles autorizó que se quitara una estatua de Colón de un parque. Al año siguiente, la universidad católica de Notre Dame aceptó tapar unos ricos murales del siglo XIX de su rectorado porque mostraban la vida del navegante.

Después, un concejal demócrata de Washington, capital de la nación, Kenyan R. McDuffie, propuso borrar el nombre de Columbus Circle, donde hay también una estatua de Colón, a unos metros del Capitolio. Si lo lograra, el siguiente objetivo sería el nombre oficial de la capital: Distrito de Columbia, en honor también del virrey de la Corona de Castilla.

Ante la sede histórica de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cerca de la Casa Blanca, hay también una estatua de la reina Isabel de Castilla, esculpida en bronce por José Luis Sánchez y donada por el Gobierno español en 1966.

Durante los primeros días de protestas raciales y saqueos en Washington hace tres semanas su pedestal de mármol apareció también pintado con el nombre de George Floyd, el hombre afroamericano que falleció bajo custodia policial en Mineápolis el 25 de junio. La OEA, donde España es país observador, la limpió en cuestión de horas.

En la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha sido crítico con la iniciativa contra los monumentos confederados, llegando a decir que «quien no recuerda la historia puede repetirla».

De momento, y aunque ABC ha preguntado a sus portavoces, la presidencia no se manifiesta sobre el ataque al legado español y a la figura de Colón, más allá de algunos mensajes críticos de otros usuarios de Twitter que el presidente ha compartido.


José Cobo lanza siete propuestas para la reconstrucción social

junio 16, 2020

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El obispo auxiliar de Madrid hace una concreción pastoral del Plan para resucitar del Papa Francisco.

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José Cobo lanza siete propuestas para la reconstrucción social

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El obispo auxiliar de Madrid publica un artículo en la revista Noticias Obreras en el que hace una concreción pastoral del Plan para resucitar del Papa Francisco

Caminos de resurrección desde el plan del Papa Francisco. Así se titula el artículo que el obispo auxiliar de Madrid, José Cobo, publica en la revista Noticias Obreras, editada por la HOAC. En ella hace una reflexión al hilo del texto que el Papa Francisco publicó en Vida Nueva, y una serie de concreciones pastorales.

«El plan se hará desde los más vulnerables y contando con ellos. Si en esta nueva etapa, de nuevo son descartados, perderemos la posibilidad de poner la dignidad humana en el centro de nuestra salida de una crisis mundial», escribe.

Desde este punto de partida, el prelado lanza siete propuestas sobre el papel de la Iglesia en estos momentos. Son las siguientes:

1. El impulso de reflexiones en todos los estamentos eclesiales para tomar conciencia de la oportunidad de conversión ecológica y humanista que afrontamos. Una conversión necesita tiempo y medios. Tendremos que desplegar cauces para leer la realidad desde los ojos de la fe.

2. Sobre los planes de salida y de respuesta en la sociedad en el nivel político, económico y cultural y social, necesitamos generar equipos de reflexión trasversales, de trabajo por proyectos, no solo por los departamentos.

Estos proyectos nos tendrían que ofrecer la posibilidad de afrontar y revisar cómo, en cada espacio de la Iglesia, acogemos este cambio bajo el estandarte que se nos da del cuidado, el curar y el compartir.

La salida no será solo dar cosas. Tendremos que revisar cómo estamos ejerciendo el desarrollo humano en cada espacio de la vida eclesial. Preguntarnos cómo podemos curar, cuidar y vivir la solidaridad, desde la liturgia, desde la catequesis, desde la forma de organizarnos, predicar o lanzar campañas de sensibilización.

3. Otra línea pastoral será ofrecer lugares concretos en los que sembrar la justicia social. El Papa nos ofrece a los trabajadores como primera realidad a enfocar. Se propone ayudar a las fuerzas sociales a, desde el horizonte del bien común, acordar mecanismos para consolidar el salario universal que dignifique a las personas y a sus familias.

4. Otro reto será el preguntarnos cómo afrontamos en la vida de la Iglesia el tema del trabajo digno. No se trata solo si se «cumplen» las campañas, sino si su dolor se ha fijado en nuestro corazón y si luchamos en cada espacio eclesial (es el verbo que utiliza el Papa) por que tengan el puesto digno que merecen.

5. Otra consecuencia será afrontar líneas de reflexión para trabajar sobre las posibilidades de condonar la deuda externa de los países, relajando los cobros y dando posibilidades de liquidez a los mismos. Por nuestra parte el iniciar procesos de sensibilización es prioritario.

6. Respecto a las migraciones, se pone esta realidad en el tapete de salida de esta pandemia global. La pandemia recrudece los conflictos abiertos y la virulencia de los flujos migratorios.

7. Por último, se nos coloca como seres creados en esta «casa común» que es nuestro planeta. Eso se concreta ahora lanzándonos a conocer y explicitar en cada espacio los acuerdos sobre el cambio climático. No es una acción marginal sino prioritaria a incorporar en este primer plan de incorporarnos en la resurrección de Cristo.

Alfa y Omega

Fecha de Publicación: 12 de Junio de 2020
https://alfayomega.es/207055/jose-cobo-lanza-siete-propuestas-para-la-reconstruccion-social

Mensaje papal de la 54 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2020

mayo 24, 2020

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Mensaje Papal: Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) La vida se hace historia

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)
La vida se hace historia

Quiero dedicar el Mensaje de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos.

En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.

1. Tejer historias

El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello.

A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.

El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos.

Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor.

Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.

El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.

2. No todas las historias son buenas

«El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás…”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado storytelling con fines instrumentales.

Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos.

A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia.

Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.

Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida.

En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados.

Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.

3. La Historia de las historias

La Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf. Gn 1).

A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él.

En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque son admirables tus obras […], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra» (139,13-15).

No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.

En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios.

El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.

El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo.

De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (Ex 2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios.

Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (Ex 10,2).

La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.

El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.

No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “performan” [1] a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18).

He usado el término “contado” porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias.

4. Una historia que se renueva

La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina.

En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.

Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. Re-cordar significa efectivamente llevar al corazón, “escribir” en el corazón.

Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesiones de Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios, como Los Hermanos Karamazov.

Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.

5. Una historia que nos renueva

En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios.

Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador.

Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarle al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás.

A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!

Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar.

Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.

No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas.

Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:

Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia.

Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.

Roma, junto a San Juan de Letrán, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus


[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».

http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20200124_messaggio-comunicazioni-sociali.html


Augusto Zampini: “La pandemia cambiará el orden y el sistema mundial, nuestra tarea es intentar que sea para mejor”

mayo 6, 2020

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Augusto Zampini, secretario adjunto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y miembro de la comisión interdicasterial para hacer frente al Covid.

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Augusto Zampini: “La pandemia cambiará el orden y el sistema mundial, nuestra tarea es intentar que sea para mejor”

Entrevistamos al secretario adjunto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y miembro de la comisión interdicasterial para hacer frente al Covid. “Esta es una oportunidad para que la Iglesia se haga más presente y acompañe al mundo en medio de tanto sufrimiento”

“Antes del estallido de la crisis, ya se advertía un escenario mundial complejo, contrario al multilateralismo y favorable a los nacionalismos, más muros y menos puentes; el riesgo es que éstos se agudicen”

“La fuerza del amor siempre es más fuerte que la del odio. Y el amor y la solidaridad son contagiosos también”

“Hoy contamos con el liderazgo de Francisco, que es muy importante, tanto que mucha gente, dentro y fuera de la Iglesia, quiere colaborar y apoyar para crear una economía que sirve y no mata”

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La pandemia de coronavirus nos da la oportunidad de ver a “la Iglesia que sale, que se arremanga y se embarra, para dar esperanza, abrazando a todos, especialmente a los más pobres”.

Ese es el deseo de Augusto Zampini, miembro de la comisión creada por el Papa para estudiar el “día después” de la pandemia, quien en entrevista con RD convoca a “poner todas nuestras fuerzas en un nuevo mundo más justo, solidario y sostenible”.

¿Cómo ha reaccionado el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral a esta pandemia?

AZ: Bajo el auspicio del Santo Padre y el liderazgo del Cardenal Turkson, el Dicasterio ha creado la Comisión Vaticana COVID-19 para responder, desde nuestra fe y tradición social a la pandemia, y también para anticipar las consecuencias socio-económicas y político-culturales.

La comisión, que es multidisciplinar y en la cual trabajan distintos organismos de la Santa Sede, está compuesta por cinco grupos de trabajo.

El primer grupo, en colaboración con Caritas Internationalis, interactúa con las iglesias locales para entender cómo están reaccionando y cuáles son sus necesidades más urgentes, proporcionando algún gesto simbólico de caridad en nombre de la Santa Sede.

El Grupo de Trabajo 2 se ocupa del análisis sobre el mundo post-Covid-19, teniendo en cuenta la dimensión ecológica, económica (particularmente el trabajo), los sistemas de salud, y la seguridad (nacional, cibernética y alimentaria), y alimenta a los demás grupos con su reflexión y líneas de acción concretas.

Este grupo colabora con las Academias Pontificias para la Vida y para las Ciencias junto con diversas organizaciones y expertos que ya cooperan con el Dicasterio.

El tercer grupo, coordinado por el Dicasterio para la Comunicación, se ocupa de informar sobre la labor de la comisión.

El cuarto grupo, coordinado por la Secretaría de Estado, se ocupa de las relaciones con los países y los organismos internacionales.

El quinto grupo se encarga de buscar financiación para apoyar el trabajo de la Comisión y la ayuda a las iglesias locales.

Estamos trabajando contra reloj en el estudio y elaboración de propuestas concretas para ayudar a mitigar las consecuencias más urgentes de la pandemia y a configurar el post-COVID, futuro que se inicia ahora y estará condicionado por las decisiones que tomemos hoy.

Queremos ayudar a todos los que toman decisiones, para poder juntos construir un mundo más sano, con gente sana, instituciones sanas y un planeta sano.

¿Cree que es una oportunidad global para poner en práctica esa “Iglesia en salida” que reclama el papa Francisco?

AZ: Sí, esta es una oportunidad para que la Iglesia se haga más presente y acompañe al mundo en medio de tanto sufrimiento. Es la Iglesia que sale, que se arremanga y se embarra, para dar esperanza, abrazando a todos, especialmente a los más pobres.

Tal como afirma el Santo Padre en Querida Amazonia, la Iglesia no debe recluirse dentro de su propia identidad ni temerle a la interacción intercultural y religiosa o a la conversión eclesial que éstas puedan producir.

Hoy queremos ayudar a afrontar y superar esta multiplicidad de crisis, la sanitaria, la económico-social y la político-cultural, con nuestra fe y lo mejor de nuestra tradición, pero junto a la ciencia, a movimientos sociales y organismos públicos de todo el mundo.

La pandemia es terrible, pero trae consigo una oportunidad para construir una sociedad más inclusiva, pacífica y sostenible.

Más allá de las consecuencias tremendas en términos sanitarios, el mundo del trabajo sufrirá también consecuencias que, en forma momentánea, la OIT estimó en el equivalente a la pérdida de 195 millones de puestos de trabajo en el mundo. ¿Cuáles son las líneas de acción que puede asumir el Dicasterio en esa dirección?

AZ: Las líneas que propone la Comisión en estudios y análisis serios, y van desde sugerencias a organismos internacionales o naciones, hasta pautas de acción para la Iglesia, siempre considerando las particularidades de cada región del planeta. El grupo de economía actualmente está trabajando sobre la temática del trabajo, analizándolo desde diversos ángulos.

Partimos de quiénes son los grupos más vulnerables y afectados por la crisis del Coronavirus, y entonces estudiamos qué herramientas –en materia financiera y provisión de servicios, por ejemplo- se pueden poner a su disposición para superar la pandemia, como la reducción o condonación de deudas o algún mecanismo de salario básico universal.

Pero el grupo también trabaja sobre el problema sistémico de la economía actual, como la desigualdad, o una economía basada en valoraciones financieras alejadas de valores sociales, o una economía que fomenta un crecimiento irresponsablemente dañino para el medio ambiente, hipotecando el futuro de todos.

La recuperación de la pandemia debe incluir la generación de empleo, por supuesto, pero es tiempo que generemos empleo que sea “generativo” de vida, de vida digna para quienes trabajan, de vida sana para el resto y para la creación. Y se puede. Nada de dejarnos vencer por la tentación de creer que esto es utópico.

Estudios científicos, económicos, y socio-políticos demuestran que se puede. Hay además iniciativas concretas. Sólo se requiere juntar fuerzas para despertarnos de esta pesadilla del coronavirus y poner todas nuestras fuerzas en un nuevo mundo más justo, solidario y sostenible

En el mundo afloran tanto reacciones de solidaridad entre países, con envíos de ayuda humanitaria a veces de un continente a otro, con otras posturas más del estilo “sálvese quien pueda”. Según su opinión, ¿tenemos que pensar en que la post-pandemia producirá más reacciones de solidaridad o fomentará la construcción de más puentes que muros?

AZ: Indudablemente, la pandemia del COVID-19 cambiará el orden y el sistema mundial. Nuestra tarea es intentar que sea para mejor.  Antes del estallido de la crisis, ya se advertía un escenario mundial complejo, contrario al multilateralismo y favorable a los nacionalismos, más muros y menos puentes; el riesgo es que éstos se agudicen.

Es cierto que en una crisis siempre sale lo peor y lo mejor de nosotros. Estamos siendo testigos de muchísimos gestos de solidaridad, tanto de personas como de organizaciones y países. Mucha gente, con la distancia social, está descubriendo cuánto necesitamos de nuestras relaciones.

La gente está más pendiente de sus vecinos que viven solos, de los ancianos que no pueden ir a hacer sus compras, de aquellos que trabajan por nosotros para mantener nuestra sociedad funcionando, especialmente los trabajadores de la salud.

Muchos otros están redescubriendo el valor de la naturaleza, aun los que viven en grandes ciudades -escuchamos los cantos de los pájaros, respiramos aire más puro, vemos pequeños animales retornar sin miedo. Países enteros han preferido priorizar la salud de sus ciudadanos por sobre otros valores, algo muy noble.

Todos estos gestos nos dan esperanza, no hay que menospreciarlos. La fuerza del amor siempre es más fuerte que la del odio. Y el amor y la solidaridad son contagiosos también.

Como dijo el Papa en su mensaje de Pascua, este no es el momento para la indiferencia, la división, el egoísmo o el olvido, porque el mundo entero está sufriendo y debemos mantenernos unidos para poder afrontar esta crisis. De aquí no salimos si no es juntos.

La pandemia de coronavirus encuentra al Dicasterio en medio de una importante producción teórica, acumulada tras las experiencias en Davos y otros foros, y de cara al encuentro sobre “Economía de Francisco” que se iba a realizar en Asís en marzo. En relación también con la pregunta anterior, ¿piensa que la pandemia generará una oportunidad de pensar en concretizar algunos de esos planteos?

AZ: Claro, la pandemia ha revelado las debilidades y desigualdades inherentes en nuestras estructuras sociales y económicas de las cuales se ha hablado reiteradamente en foros como los mencionados, lo cual aumenta nuestra urgencia para erradicarlos.

Como dijo el Papa en su mensaje del 27 de marzo, “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades”.

En Davos 2020 se habló mucho del paso de una economía de “shareholders” (accionistas en busca de dividendos) a una de “stakeholders” (un crecimiento que tenga en cuenta a todos los agentes afectados por una actividad económica determinada).

Se habló mucho de la transición energética, de una economía basada en combustibles fósiles a una basada en energía renovable. Ahora es tiempo de ayudar a que estos “pasos” o transiciones ocurran. Es tiempo de más acción y menos discusiones; es tiempo de iniciar esta década de cambio sistémico y radical, para el bien de la humanidad y de las generaciones que nos siguen.

Los jóvenes que iban a venir a la Economía de Francisco están trabajando a full en estos temas, aportando sus ideas y su pasión para una economía inclusiva y respetuosa de la Casa Común.

A raíz del liderazgo moral que ejerce el papa Francisco en el mundo, reforzado en estos momentos según la mayoría de los analistas a partir del silencio de muchos organismos multilaterales y de bloques regionales, ¿cree que es el Vaticano un actor empoderado para sentarse a hablar ‘de igual a igual’ con los poderes fácticos económicos (privados, estatales o empresariales) para tratar de impulsar la “economía para servir”?

Históricamente, la Iglesia ha sido propulsora de cooperación internacional y ha ejercido cierto liderazgo moral en el mundo. Por ejemplo, el rol de la Iglesia ha ayudado a prevenir guerras (e.g. la de Argentina y Chile en los 70s), o a defender a los trabajadores explotados en la primera revolución industrial.

Hoy contamos con el liderazgo de Francisco, que es muy importante, tanto que mucha gente, dentro y fuera de la Iglesia, quiere colaborar y apoyar para crear una economía que sirve y no mata. La lucha contra el virus nos ayuda a valorar la vida, y por lo tanto nuestras actitudes, instituciones y sistemas (incluyendo el económico) deben –y pueden- enfocarse en privilegiar el valor de la vida.

La Comisión Vaticana para el Covid-19 ciertamente tratará de generar sinergias entre diversos actores sociales alrededor del mundo para promover el bien común.

La pandemia, y la de algún modo “reconstrucción” que podría generar en algunas relaciones a nivel global, parece ser también una oportunidad para incorporar a todo el debate económico que vendrá, de una vez por todas, la faceta ambiental, siguiendo la línea de la “integralidad” que marca el Santo Padre desde Laudato si’. ¿Cree que es el momento de incorporar esa visión?  

AZ: El tiempo que vivimos se nos presenta como una oportunidad para promover la “ecología integral” explicada en Laudato Si’, es decir, para abordar integralmente lo que está unido, los temas sociales y ambientales. La actual no es solamente una crisis de salud, sino también una crisis económica, ecológica, de seguridad -alimentaria, ciberseguridad-, y política.

Y por ser una crisis integral no hay una simple solución. El único modo de abordarla es reconociendo su complejidad y por lo tanto hacerlo de manera integral. Si la respuesta al COVID no emerge desde una metodología y perspectiva integral, seguramente nos esperan más crisis similares a esta hasta que aprendamos a cuidarnos y a cuidar nuestra Casa Común. Hay esperanza.

La gente está comprendiendo que se puede vivir simplemente, y que los cambios radicales son posibles, tanto que países enteros han cerrado. También estamos comprendiendo que nuestro destino depende de la salud del ecosistema global.

Una familia global sana requiere de un planeta sano. Y gente sana en un planeta sano puede diseñar o moldear instituciones sanas. A problemas nuevos, soluciones nuevas: vino nuevo, odres nuevos, dice la Biblia. La ecología integral es uno de esos odres nuevos.

https://www.religiondigital.org/corresponsal_en_el_vaticano-_hernan_reyes_alcaide/Augusto-Zampini-pandemia-cambiara-intentar_7_2228547124.html


Maná y Triduo Pascual, 11.4.20 – Sábado Santo

abril 11, 2020

Sábado Santo

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María, la nueva Eva, la Madre de los que viven
María, la nueva Eva, la Madre de los que viven

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AMBIENTACIÓN.- Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando, consternada, su pasión y muerte.

En este acto de piedad y santo temor de Dios, la Madre Iglesia vuelve los ojos a María, la Mujer creyente y hoy la Madre Dolorosa.

Como siempre la Mujer Fuerte nos enseña muchas cosas con el recogimiento adolorido y la soledad serena de la Madre más tierna.

María, la mujer curtida en el dolor y sostenida por el Espíritu del Amor y del Perdón, hoy sábado santo, se constituye en modelo y promotora de la cultura del encuentro y de la reconciliación.

¿Por qué? Pues porque hoy la Iglesia permanece boquiabierta contemplando, en el cuerpo muerto de Jesús y en la rigidez y frialdad del sepulcro de Jesús, las consecuencias fatales y dolorosas del enfrentamiento entre los hombres: La división, las rencillas, el odio, la crueldad, la lucha por la supervivencia, las venganzas, la soberbia y la tiranía, la insaciable hambre de poder…

Hoy los hombres experimentan cada vez con más fuerza el deseo de una pacificación de la humanidad: Ya basta de enfrentamientos, guerras, luchas, venganzas… con la lógica de que “tú debes morir para que yo viva, tú debes permanecer sometido para que yo esté por encima de ti, tú debes caer para que yo sobresalga…”

María resplandece como la posibilitadora de la reconciliación. Ya basta de una cultura hecha por el “varón” fuerte con la necesaria exclusión de la “mujer” débil. Una forma de sentir y de actuar basada en la ley de la supervivencia, de la lucha y de la ley del más fuerte. En una palabra: cultura del desencuentro y el descarte, del recelo y la explotación de los débiles.

Hoy la Iglesia contempla a María para aprender a fomentar la cultura del encuentro del mundo de Dios y del mundo de los hombres, el encuentro entre los hombres que se sienten hermanos: Una Iglesia del encuentro, de la reconciliación, de la compasión, de la ternura, de la sinceridad con uno mismo y del reconocimiento de la verdadera grandeza del hombre que se arrodilla ante Dios y tiende la mano a todos los hombres y los considera hermanos, no adversario y menos enemigos. 

Santa María, Madre de Dios y de los hombres, abrázanos para que podamos abrazar. Amén.

Nuestra fe católica nos invita a reflexionar sobre aquel “descenso a los infiernos”, al lugar de los muertos, que confesamos en el Credo.

Ese descenso, por una parte, prolonga la humillación de la cruz, y, por otra, manifiesta claramente el realismo de la muerte de Jesús, cuya alma conoció en verdad la separación del cuerpo, para entendernos, y se unió a las restantes almas de los justos.

Pero el descenso al reino de la muerte es también el primer movimiento de la victoria de Cristo sobre la misma, como lo expresa magníficamente un autor desconocido de los primeros tiempos de la Iglesia, en la lectura elegida para este día en la Liturgia de las Horas.

Hoy no se celebra el sacrificio de la Misa ni se recibe la comunión, a no ser en caso de viático, aunque se reza la Liturgia de las Horas. El altar permanece, por todo ello, desnudo, hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

En la profesión de la fe afirmamos que Jesús crucificado, muerto y sepultado “descendió a los infiernos”. Y en esta frase se encuentra una enseñanza importante. “Los Infiernos” a que se refiere el Credo no representan el lugar de los condenados, sino el lugar de los muertos.

En efecto, los judíos del Antiguo Testamento creían que todo aquel que moría iba a un lugar de oscuridad, silencio e incertidumbre. Por eso, Jesús, muerto en la cruz, también va a este lugar de oscuridad. Con esto se enseña que la muerte de Jesús es una muerte real y verdadera, como la de todo ser humano.

Pero esa afirmación fundamental de la muerte real y humana de Jesús, muy pronto dio pie, en la reflexión cristiana, a una nueva afirmación: Jesús, solidario en la muerte con todos los hombres, se encuentra, en el lugar de los muertos, con toda la humanidad que espera. Allí la toma de la mano y la conduce a la vida definitiva.

Por tanto, hermano, hermana, te invito a leer y saborear esta lectura patrística del descenso del Señor a los infiernos para liberar a los justos que esperaban la victoria de su Resurrección.

Jesús desciende a los infiernos y toma de la mano a Adán y se lo lleva con él: “porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona”.

Adán y Eva. Es decir, toda la humanidad. Todos los hombres que no se nieguen a tomar la mano de Jesús, que no se nieguen a prenderse de la mano del Resucitado, primicia de los que duermen, y que serán despertados a una resurrección gloriosa. Todos ellos serán llevados por Cristo como trofeo de victoria a la presencia del Padre Celestial.

Ora, medita, estimado hermano, apreciada hermana, y aprende a poblar tu vida de la presencia de Dios. Precisamente tú, que vives en una sociedad ruidosa, extrovertida y superficial. El silencio del sábado santo junto al sepulcro: todo un signo profético para nuestro tiempo.

De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado
El descenso del Señor al abismo

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: “Mi Señor esté con todos”. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: “Y con tu espíritu”.

Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz. Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: “Salid”, y a los que se encuentran en las tinieblas: “Iluminaos”, y a los que duermen: “Levantaos”.

A ti te mando: Despierta tú que duermes, porque no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los Judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí comer del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad”.

LA MADRE DOLOROSA

Dame tu mano, María, la de las tocas moradas; clávame tus siete espadas en esta carne baldía. Quiero ir contigo en la impía tarde negra y amarilla. Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata esa lividez de plata, esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel, desde el marco del dintel, te saludó: “Ave, María”? Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí. Déjame hacer junto a ti ese augusto itinerario. Para ir al monte Calvario, cítame en Getsemaní.

Déjame que te restañe ese llanto cristalino, y a la vera del camino permite que te acompañe. Deja que en lágrimas bañe la orla negra de tu manto a los pies del árbol santo, donde tu fruto se mustia. Capitana de la angustia: no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna y tus gozos de Belén: “No, mi Niño, no. No hay quien de mis brazos te desuna”. Y rayos tibios de luna, entre las pajas de miel, le acariciaban la piel sin despertarle. ¡Qué larga es la distancia y qué amarga de Jesús muerto a Emmanuel!

A ti, doncella graciosa, hoy maestra de dolores, playa de los pecadores, nido en que el alma reposa, a ti, ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía. A ti, Madre, a quien quería cumplir mi humilde promesa. A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María.- Amén

 


El Papa Francisco, en ABC: «Resérvense para mejores tiempos porque entonces recordar esta crisis nos ayudará»

abril 9, 2020

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¿Cómo vivo el confinamiento? Rezo más, porque creo que debo hacerlo, y pienso en la gente. Es algo que me preocupa: la gente.

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El Papa Francisco, en ABC: «Resérvense para mejores tiempos porque entonces recordar esta crisis nos ayudará»

El Santo Padre concede su primera entrevista sobre la crisis mundial causada por el coronavirus al escritor y periodista británico Austen Ivereigh. La entrevista, dirigida al mundo, se publica en cuatro medios: «The Tablet» (Londres), «Commonweal» (Nueva York) y «La Civiltà Cattolica» (Roma). ABC ofrece la conversación original que el periodista envía por escrito y el Pontífice contesta en español.

Austen Ivereigh. Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco ha concedido su primera entrevista extensa sobre la crisis mundial causada por la pandemia de coronavirus al escritor y periodista británico Austen Ivereigh, autor de la biografía de referencia, «El Gran Reformador» (Ediciones B, Madrid, 2015), y del mejor libro sobre el pontificado, «Wounded Sepherd («Pastor herido» (Holt, Nueva York, 2019).

La entrevista, dirigida al mundo anglosajón, se publica hoy -ayer- simultáneamente en «The Tablet» (Londres) y «Commonweal» (Nueva York). Por gentileza de Austen Ivereigh y del Papa FranciscoABC ofrece en exclusiva el texto original en español.

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Hacia finales de marzo le sugerí al Papa Francisco que quizá era un buen momento para dirigirse al mundo. La pandemia que tanto había afectado a Italia y España llegaba también al Reino Unido, Estados Unidos y Australia.
Sin prometer nada, me pidió que le enviara las preguntas. Elegí seis temas: cada uno incluía una serie de preguntas que él podía contestar (o no) como le pareciera mejor. Después de una semana recibí una comunicación de que había grabado unas reflexiones en torno a mis preguntas. La entrevista fue en español.

Santo Padre, ¿cómo está viviendo la pandemia y encierro, tanto en la Casa Santa Marta como el Vaticano en general, en lo práctico y en lo espiritual?

La Curia trata de sacar adelante el trabajo, de vivir normalmente, organizándose por turnos para que no toda la gente esté junta en el mismo momento. Una cosa bien pensada. Mantenemos las medidas establecidas por las autoridades sanitarias.

Aquí en Casa Santa Marta se han hecho dos turnos de comida, que ayudan bastante a aliviar el impacto. Cada uno trabaja en su oficina o desde su habitación con medios digitales. Todo el mundo está trabajando; aquí no hay ociosos.

¿Cómo lo vivo yo espiritualmente? Rezo más, porque creo que debo hacerlo, y pienso en la gente. Es algo que me preocupa: la gente. Pensar en la gente a mí me unge, me hace bien, me saca del egoísmo. Por supuesto tengo mis egoísmos: el martes viene el confesor, o sea que ahí arreglo las otras cosas.

Pienso en mis responsabilidades de ahora y ya para el después. ¿Cuál va a ser mi servicio como obispo de Roma, como cabeza de la Iglesia, en el después?

Este después ya empezó a mostrar que va a ser un después trágico, un después doloroso, por eso conviene pensar desde ahora. Se ha organizado a través del Dicasterio del Desarrollo Humano Integral una comisión que trabaja en esto y se reúne conmigo.

La gran preocupación mía –al menos la que siento en la oración– es cómo acompañar al pueblo de Dios y estar más cercano a él.

Este es el significado de la misa de las siete de la mañana en «streaming» (o retransmitida en directo), que mucha gente sigue y se siente acompañada; de algunas intervenciones mías, y del acto del 27 de marzo en la plaza de San Pedro.

Y de un trabajo bastante intenso a través de la Limosnería Apostólica, de presencia para acompañar las situaciones de hambre y enfermedad. Estoy viviendo este momento con mucha incertidumbre. Es un momento de mucha inventiva, de creatividad.

Hay una novela italiana del siglo XIX muy querida por usted, que ha mencionado varias veces recientemente: «I Promessi Sposi» («Los novios») de Alessandro Manzoni.

El drama de la novela se centra en la peste de Milán de 1630. Hay varios personajes del clero: el cura cobarde Don Abundio, el santo cardenal arzobispo Borromeo, y los frailes capuchinos que sirven en el «lazareto», una especie de hospital de campaña donde los contagiados son rigurosamente separados de los sanos.

A la luz de la novela, ¿cómo ve el Papa la misión de la Iglesia en el contexto de la enfermedad Covid-19?

El cardenal Federico Borromeo realmente es un héroe de esa peste de Milán. Pero en uno de los capítulos se dice que pasó a saludar a un pueblo pero con la ventanilla del carruaje cerrada, quizá para protegerse. A la gente no le cayó muy bien. El pueblo de Dios necesita que el pastor esté cerca, que no se cuide demasiado.

Hoy el pueblo de Dios necesita el pastor muy cerca, con la abnegación que tenían los capuchinos, que estaban cerca. La creatividad del cristiano se tiene que manifestar en abrir horizontes nuevos, en abrir ventanas, abrir transcendencia hacia Dios y hacia los hombres, y redimensionarse en la casa.

No es fácil estar encerrado en casa. Me viene a la mente un verso de la Eneida en medio de la derrota: el consejo de no bajar los brazos. Resérvense para mejores tiempos, porque en esos tiempos recordar esto que ha pasado nos ayudará. Cuídense para un futuro que va a venir.

Y cuando llegue ese futuro, recordar lo que ha pasado les va a hacer bien. Cuidar el ahora, pero para el mañana. Todo esto con la creatividad. Una creatividad sencilla, que todos los días inventa. Dentro del hogar no es difícil descubrirla. Pero no huir, escaparse en alienaciones, que en este momento no sirven.

En relación a las políticas del estado en respuesta a la crisis, mientras la cuarentena masiva ha sido una señal de que algunos gobiernos están dispuestos a sacrificar el bienestar económico para beneficio de los más vulnerables, igualmente pone al descubierto el nivel de exclusión que antes se consideraba normal y aceptable.

Es cierto, algunos gobiernos han tomado medidas ejemplares con prioridades bien señaladas para defender a la población. Pero nos vamos dando cuenta de que todo nuestro pensamiento, nos guste o no nos guste, está estructurado en torno a la economía. En el mundo de las finanzas parece que es normal sacrificar. Una política de la cultura del descarte. Desde el principio al fin.

Pienso, por ejemplo, en la selectividad prenatal. Hoy día es muy difícil encontrar personas con síndrome de Down por la calle. Cuando la tomografía los ve, los mandan al remitente. Una cultura de la eutanasia, legal o encubierta, en que al anciano se le dan las medicinas hasta un cierto punto.

Me viene a la mente la encíclica del Papa Pablo VI, la Humanae Vitae. La gran queja de los pastoralistas de la época se centraba en la píldora. Y no se dieron cuenta de la fuerza profética de esa encíclica, que era adelantarse al neomaltusianismo que se venía preparando para todo el mundo. Es una alerta de Pablo VI ante esa onda de neomaltusianismo.

Lo vemos en la selección de la gente según la posibilidad de producir, de ser útil: la cultura del descarte. Los sin techo siguen siendo sin techo. Salió una fotografía el otro día de Las Vegas donde eran puestos en cuarentena en una plaza de estacionamiento. Y los hoteles estaban vacíos. Pero un sin techo no puede ir a un hotel. Ahí se ve ya en funcionamiento la teoría del descarte.

¿Se puede entender la crisis y su impacto económico como una oportunidad de una conversión ecológica, de revisar prioridades y nuestros modos de vivir? ¿Ve posibilidad de una sociedad y economía menos líquidas y más humanas?

Hay un dicho español: Dios perdona siempre, nosotros de vez en cuando, la naturaleza nunca. Las catástrofes parciales no fueron atendidas. Hoy día, ¿quién habla de los incendios de Australia? ¿De que hace un año y medio un barco cruzó el Polo Norte porque se podía navegar porque se habían disuelto los glaciares? ¿Quién habla de inundaciones? No sé si es la venganza, pero es la respuesta de la naturaleza.

Tenemos una memoria selectiva. Sobre esto quisiera insistir. Me impresionó cuando se celebró el 70 aniversario del desembarco en Normandía. Había gente de primer nivel de la política y la cultura internacional. Y festejaban. Es verdad que fue el comienzo del fin de la dictadura, pero ninguno se acordaba de los 10.000 muchachos que quedaron en esa playa.

Cuando fui a Redipuglia en el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial se veía un bonito monumento y nombres en la piedra, nada más. Yo lloré pensando en Benedicto XV (que se refirió a la Primera Guerra Mundial como «una matanza inútil») y lo mismo en Anzio el día de los difuntos; en todos los soldados norteamericanos allí sepultados. Cada uno tenía una familia, cada uno podía ser yo.

Hoy aquí en Europa cuando se comienza a escuchar discursos populistas o decisiones políticas de ese tipo selectivo no es difícil recordar los discursos de Hitler de 1933, que eran más o menos lo mismo que los discursos de algún político europeo de hoy.

Me viene otra vez a la mente un verso de Virgilio: «Meminisce iuvavit». Recuperar la memoria, porque la memoria nos va a ayudar. Este es un tiempo para recuperar memoria. No es la primera peste de la humanidad. Las otras pasaron a ser anécdotas. Debemos recuperar la memoria de las raíces, de la tradición, que es memoriosa.

En los Ejercicios de San Ignacio, la primera semana, y la contemplación para alcanzar el amor en la cuarta semana, están totalmente signadas por la memoria. Es una conversión con la memoria.

Esta crisis nos afecta a todos: a ricos y a pobres. Es una llamada de atención contra la hipocresía. A mí me preocupa la hipocresía de ciertos personajes políticos que hablan de sumarse a la crisis, que hablan del hambre en el mundo, y mientras hablan de eso fabrican armas.

Es el momento de convertirnos de esa hipocresía funcional. Este es un tiempo de coherencia. O somos coherentes o perdimos todo.

Usted me pregunta sobre la conversión. Toda crisis es un peligro pero también una oportunidad. Y es la oportunidad de salir del peligro. Hoy creo que tenemos que desacelerar un determinado ritmo de consumo y de producción (Laudato si, 191) y aprender a comprender y a contemplar la naturaleza.

Y reconectarnos con nuestro entorno real. Esta es una oportunidad de conversión. Sí, veo signos iniciales de conversión a una economía menos líquida, más humana. Pero que no perdamos la memoria una vez que pasó esto, no archivarlo y volver a donde estábamos.

Este es el momento de dar el paso. Es pasar del uso y el mal uso de la naturaleza, a la contemplación. Los hombres hemos perdido la dimensión de la contemplación; tenemos que recuperarla.

El momento del pobre

Y hablando de contemplación, quisiera detenerme en un punto: es el momento de ver al pobre. Jesús nos dice que «a los pobres los tendréis siempre con vosotros». Y es verdad. Es una realidad, no podemos negarlo. Están ocultos, porque la pobreza es pudorosa.

En Roma, en medio de esta cuarentena, un policía le dijo a un hombre: «No puede estar en la calle, tiene que ir a su casa». La respuesta fue: «No tengo casa. Yo vivo en la calle».

Descubrir esa cantidad de gente que se margina… y como la pobreza es pudorosa, no la vemos. Están ahí, pasamos al lado pero no los vemos. Son parte del paisaje, son cosas. Santa Teresa de Calcuta los vio y se animó a empezar un camino de conversión.

Ver a los pobres significa devolverles la humanidad. No son cosas, no son descarte, son personas. No podemos hacer una política asistencialista como hacemos con los animales abandonados. Y muchas veces se trata a los pobres como animales abandonados. No podemos hacer una política asistencialista parcial.

Me atrevo a dar un consejo. Es la hora de descender al subsuelo. Es conocida la novela corta de Dostoievski, «Memorias del subsuelo». En otro relato más breve, «Memorias de la casa muerta», los guardias de un hospital carcelario trataban a los presos pobres como cosas. Y viendo cómo trataban a uno que acababa de morir, otro de los presos les dijo: «¡Basta! ¡Ese hombre también tenía madre!».

Decirnos muchas veces: ese pobre tuvo una madre que lo crió con amor. Después, en la vida no sabemos lo que pasó. Pero pensar en ese amor que recibió, en la ilusión de una madre, ayuda. Nosotros a los pobres no les damos derecho a soñar con su madre. No saben lo que es cariño, muchos viven drogados.

Y ver eso nos puede ayudar a descubrir la piedad, la pietas que es una dimensión hacia Dios y hacia el prójimo. Descender al subsuelo, y pasar de la sociedad hipervirtualizada, sin carne, a la carne sufriente del pobre. Es una conversión que tenemos que hacer. Y si no empezamos por ahí, la conversión no va a andar.

Servidores esenciales

Pienso en los santos de la puerta de al lado en este momento difícil. ¡Son héroes! Médicos, religiosas, sacerdotes, operarios que cumplen con los deberes para que la sociedad funcione. ¡Cuántos médicos y enfermeros han muerto! ¡Cuántos sacerdotes, cuántas religiosas han muerto! Sirviendo.

Me viene a la mente una frase que decía el sastre, a mi juicio una de las personas mas simples pero coherentes de «I promessi sposi». Decía: «Non ho mai trovato que il Signore abbia cominciato un miracolo senza finirlo bene» («No he visto nunca que Dios comience un milagro y no lo termine bien»).

Si reconocemos este milagro de los santos de al lado, de estos hombres y mujeres héroes, si sabemos seguir estas huellas, este milagro terminará bien, para bien de todos. Dios no deja las cosas a mitad de camino. Somos nosotros los que las dejamos y nos vamos.

Es un lugar de metanoia (conversión) lo que estamos viviendo, y es la oportunidad de hacerlo. Hagámonos cargo y sigamos adelante.

¿Veremos una Iglesia aferrada a las instituciones, más «home Church», como se dice en el mundo anglosajón?

¿Menos aferrada a las instituciones? Yo diría a los esquemas. Porque la Iglesia es institución. La tentación consiste en soñar en una Iglesia desinstitucionalizada, por ejemplo, una Iglesia gnóstica sin instituciones, o sujeta a instituciones fijas, que la protejan, que es una Iglesia pelagiana.

Quien hace la Iglesia institución es el Espíritu Santo. Que no es ni gnóstico ni pelagiano. Él institucionaliza la Iglesia. Es una dinámica alternativa y complementaria, porque el Espíritu Santo provoca desorden con los carismas, pero en ese desorden crea armonía.

Iglesia libre no quiere decir una Iglesia anárquica, porque la libertad es don de Dios. Iglesia institucionalizada quiere decir Iglesia institucionalizada por el Espíritu Santo. Una tensión entre desorden y armonía: esa es la Iglesia que debe salir de la crisis. Tenemos que aprender a vivir en una Iglesia tensionante entre el desorden y la armonía que provoca el Espíritu Santo.

Si usted me pregunta qué libro de teología más le puede ayudar a entender esto son los Hechos de los Apóstoles. Ahí va a encontrar la manera en que el Espíritu Santo desinstitucionaliza lo que ya no sirve e institucionaliza el futuro de la Iglesia. Esta es la Iglesia que debe salir de la crisis.

Absolvió a todos

Me llamó por teléfono hace una semana un obispo italiano un poco angustiado que me decía que estaba recorriendo todos los hospitales queriendo dar la absolución a todos los que están adentro, desde el vestíbulo del hospital, pero había llamado a unos canonistas que le dijeron que no, que la absolución sólo se permite en un contacto directo.

—«¿Qué me dice usted, padre?», me preguntó el obispo.

—Le dije: «Monseñor, cumpla su deber sacerdotal».

—Y el obispo me dice: «Grazie, ho capito» («Gracias, he entendido»). Después supe que repartía absoluciones por todos lados.

O sea, es la libertad del Espíritu en ese momento frente a una crisis, y no una Iglesia cerrada en instituciones. Eso no quiere decir que no sea útil el derecho canónico: sí sirve, ayuda, y por favor usémoslo bien, que nos hace bien. Pero el último canon dice que todo el derecho canónico tiene sentido para la salvación de las almas.

Usted me pregunta sobre la «home Church». Tenemos que enfrentar el encierro con toda nuestra creatividad. O nos deprimimos, o nos alienamos –por ejemplo, con medios de comunicación que nos pueden llevar a realidades que nos sacan del momento–, o creamos.

En casa necesitamos creatividad apostólica, creatividad purificada de tantas cosas inútiles, pero con añoranza de poder expresar la fe en comunidad y como pueblo de Dios. O sea: encierro con añoranza, esa memoria que hace añoranza y provoca la esperanza nos tiene que ayudar a salir del encierro nuestro.

¿Cómo es vivir esta Cuaresma y Pascua tan extraordinarias? ¿Tiene algún mensaje particular para los ancianos aislados, los jóvenes encerrados, y los empobrecidos por la crisis?

Usted me habla de ancianos aislados. Soledad y distancia. ¡Cuántos ancianos hay a los que los hijos no los van a ver en tiempos normales! Recuerdo que en Buenos Aires cuando visitaba los geriátricos yo les preguntaba: ¿Y qué tal la familia? «Ah, sí, muy bien, muy bien». «¿Vienen?» «Sí, ¡vienen siempre!».

Luego la enfermera me decía que hacía seis meses que no iban los hijos a verlos. La soledad y el abandono, la distancia. Sin embargo los ancianos siguen siendo raíces. Y deben hablar con los jóvenes. Esa tensión entre viejos y jóvenes tiene que resolverse siempre en el encuentro.

Porque el joven es brote, follaje, pero necesita la raíz; si no, no puede dar fruto. El anciano es como raíz. Yo les diría a los ancianos de hoy: «Sé que sienten la muerte cerca y tienen miedo, pero miren para otro lado, recuerden a los nietos, y no dejen de soñar». Es lo que Dios les pide: soñar (Joel,3,1).

¿Qué les digo a los jóvenes? Anímense a mirar más adelante y sean profetas. Que el sueño de los ancianos corresponda a la profecía de ustedes. También Joel 3,1.

Los empobrecidos por la crisis son los despojados de hoy, que se suman a tantos despojados de siempre, hombres y mujeres cuyo estado civil es «despojado». Lo han perdido todo o van a perder todo. ¿Qué sentido tiene hoy el despojo para mí a la luz del Evangelio?

Entrar en el mundo de los despojados, entender que aquel que tenía, hoy ya no tiene. Lo que pido a la gente es que se hagan cargo de los ancianos y los jóvenes. Que se hagan cargo de la historia y de los despojados.

Y me viene a la mente otro verso de Virgilio cuando Eneas, derrotado en Troya, había perdido todo, y le quedaban dos caminos. O quedarse allí a llorar y terminar su vida, o aquello que tenía en el corazón de ir más adelante, subir al monte para salir de la guerra.

Es un verso precioso: «Cessi, et sublato montem genitore petivi». «Cedí a la resistencia, y cargando a mi papá a la espalda, subí al monte». Eso es lo que tenemos que hacer hoy en día: tomar las raíces de nuestras tradiciones y subir al monte.


El Papa Francisco envía videomensaje a familias del mundo por Semana Santa y coronavirus

abril 4, 2020

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El Papa Francisco acoge y saluda afectuosamente a una familia en la Plaza San Pedro de Roma.

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El Papa Francisco envía videomensaje a familias del mundo por Semana Santa y coronavirus

Redacción ACI Prensa. 3 de abril de 2020

La fe de que Cristo resucitado venció a la muerte alimenta nuestra esperanza, afirmó el Papa Francisco en un video mensaje dirigido a las familias para esta Semana Santa marcada por la pandemia del coronavirus COVID-19.

“En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche. Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza”, afirma el Pontífice en su video mensaje difundido este viernes 3 por la Santa Sede.

A continuación, el texto completo de las palabras del Papa Francisco:

Queridos amigos, buenas noches,

Esta noche tengo la oportunidad de entrar en vuestras casas de una manera diferente a la habitual. Si me lo permitís, me gustaría hablar con vosotros unos momentos en este período de dificultad y de sufrimientos. Os imagino en medio de vuestras familias, mientras vivís una vida inusual para evitar el contagio.

Pienso en la vivacidad de los niños y los jóvenes, que no pueden salir, ir a la escuela, hacer su vida. Llevo en mi corazón a todas las familias, especialmente a las que tienen algún ser querido enfermo o a las que desgraciadamente están de luto por el coronavirus u otras causas.

En estos días pienso a menudo en las personas solas para las que es más difícil afrontar estos momentos. Sobre todo pienso en los ancianos, a los que quiero tanto.

No puedo olvidar a los que están enfermos a causa del coronavirus, a las personas ingresadas en los hospitales. Tengo presente la generosidad de los que se exponen al peligro para curar esta pandemia o para garantizar los servicios esenciales a la sociedad. ¡Cuántos héroes, de todos los días, a todas las horas!

También recuerdo a los que pasan apuros económicos y están preocupados por el trabajo y el futuro. Pienso además en los presos en las cárceles, a cuyo dolor se suma el miedo a la epidemia, por ellos y por sus seres queridos; pienso en los que carecen de domicilio, que no tienen un hogar que los proteja.

Es un momento difícil para todos. Para muchos, muy difícil. El Papa lo sabe y, con estas palabras, quiere expresar a todos su cercanía y su afecto.

Intentemos, si podemos, aprovechar este tiempo lo mejor posible: seamos generosos; ayudemos a quien lo necesita en nuestro entorno; busquemos, a lo mejor por teléfono o en las redes sociales, a las personas que están más solas; recemos al Señor por los que pasan por esta prueba en Italia y en el mundo.

Aunque estemos aislados, el pensamiento y el espíritu pueden llegar lejos con la creatividad del amor. Es lo que hace falta hoy: la creatividad del amor.

Celebramos la Semana Santa de una manera verdaderamente inusual, que manifiesta y resume el mensaje del Evangelio, el del amor ilimitado de Dios. Y en el silencio de nuestras ciudades, resonará el Evangelio de Pascua. Dice el apóstol Pablo: “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor 5, 15).

En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche.

Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza.

Los unos al lado de los otros, en el amor y la paciencia, podemos preparar en estos días un tiempo mejor. Gracias por dejarme entrar en vuestras casas. Tened un gesto de ternura con los que sufren, con los niños, con los ancianos.

Decidles que el Papa está cerca y reza para que el Señor nos libre pronto del mal a todos. Y vosotros, rezad por mí ¡Buena cena , hasta pronto!

https://www.aciprensa.com/noticias/semana-santa-papa-envia-a-familias-mensaje-de-esperanza-en-medio-del-coronavirus-23572


El maná de cada día, 5.1.20

enero 4, 2020

Domingo II de Navidad

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Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros



Antífona de entrada: Sb 18, 14-15

Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, luz de los que en ti creen, que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el esplendor de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría se alaba a sí misma, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. En medio de su pueblo será ensalzada, y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos.

El Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: -«Habita en Jacob, sea Israel tu heredad». Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás.

En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto, y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.


SALMO 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: Jn 1, 14)

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.


Aclamación antes del Evangelio: 1Tm 3, 16

Gloria a ti, Cristo, proclamado a los paganos. Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.


EVANGELIO: Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.


Antífona de la comunión: Jn 1, 12

A cuantos lo recibieron les da poder para ser hijos de Dios.


Y LA PALABRA SE HIZO CARNE

Card. Joseph Ratzinger (después, Benedicto XVI)
EL ROSTRO DE DIOS, Ed. Sígueme. Salamanca 1983

En el evangelio de la tercera misa de navidad (Jn 1, 1-18) parece que todo lo que nos es amable y familiar del nacimiento de Jesucristo en el establo se ha alejado a la extraña dimensión del misterio. Aquí no se habla ya del niño ni de la madre, no se dice nada de pastores y de sus ovejas, nada del cántico de los ángeles, que anuncian al hombre la paz partiendo de la gloria de Dios.

Sin embargo, hay algo en común con todo eso: también el evangelio de hoy habla de una luz que ilumina en las tinieblas; habla de la gloria de Dios que nosotros podemos contemplar, como gracia, en la Palabra hecha carne, y habla del Señor que no fue aceptado en su propiedad o en los que eran los suyos (1).

Pero en medio de estas grandilocuentes palabras de misterio, aparece de repente el establo en el que el hijo de David debía nacer, puesto que no había lugar para él en la ciudad.

Así, si se examinan con profundidad las cosas, se reconoce sin duda que el evangelio del día no habla de otra cosa que de lo que hablan los evangelios de las misas de la nochebuena. Sólo que parten de distintos puntos de vista.

Lucas y, de un modo semejante, Mateo cuentan la historia terrena y nos descubren, a partir de ahí, el acceso a la actuación misteriosa de Dios. Juan, el águila, contempla todo a partir del misterio de Dios y muestra cómo llega ese misterio hasta el establo, hasta la carne y la sangre del hombre. Así, pues, ¿de qué se trata propiamente?

¿Qué es lo que pretende decirnos la iglesia para el día de navidad y, partiendo de ahí, para todo el año, y, en fin de cuentas, para nuestra vida, al presentarnos este texto tan solemne y serio donde nosotros deberíamos esperar las palabras cálidas del relato del nacimiento?

I.

Este evangelio corresponde, desde los tiempos más antiguos, a la liturgia de la navidad, porque contiene la frase que nos ofrece la causa y el motivo de nuestra alegría, el contenido propio de la fiesta: el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14).

En la navidad no celebramos el día natalicio de un hombre grande cualquiera, como los hay muchos. Tampoco celebramos simplemente el misterio de la infancia o de la condición de niño.

Ciertamente que lo puro y lo abierto del niño nos hace esperar, nos proporciona esperanza. Nos da ánimos para contar con nuevas posibilidades del hombre. Pero si nosotros nos aferramos demasiado a eso solo, al nuevo comienzo de la vida que se da en el niño, entonces lo único que podría quedar en definitiva sería la tristeza: porque también esto «nuevo» acaba por hacerse algo viejo y usado.

También el niño entrará en el campo de concurrencia y de rivalidad de la vida, participará en sus compromisos y en sus humillaciones, y, como remate de todo, acabará siendo, igual que todos, presa y botín de la muerte.

Si nosotros no tuviéramos otra cosa que celebrar que sólo el idilio del nacimiento de un ser humano y de la infancia, entonces en último extremo no quedaría nada de tal idilio. Entonces nada tendríamos que contemplar más que el morir y el volver a ser; entonces cabría preguntarse si el nacer no es algo triste, puesto que sólo lleva a la muerte. Por eso es tan importante observar que aquí ha ocurrido algo más: el Verbo se hizo carne.

«Este niño es hijo de Dios», nos dice uno de nuestros villancicos navideños más antiguos. Aquí sucedió lo tremendo, lo impensable y, sin embargo, también lo siempre esperado: Dios vino a habitar entre nosotros.

Él se unió tan inseparablemente con el hombre, que este hombre es en efecto Dios de Dios, luz de luz y a la vez sigue siendo verdadero hombre.

Así vino a nosotros efectivamente el eterno sentido (2) del mundo de tal forma que se le puede contemplar e incluso tocar (cf. 1 Jn 1,1). Pues lo que Juan denomina «la Palabra» o «el Verbo», significa en griego al mismo tiempo algo así como “el sentido”. Según eso, podemos también traducir nosotros: el sentido se ha hecho carne.

Pero este sentido no es simplemente una idea corriente que penetra en el mundo. El sentido se ha aplicado a nosotros y ha vuelto a nosotros. El sentido es una palabra, una alocución que se nos dirige.

El sentido nos conoce, nos llama, nos conduce. El sentido no es una ley común, en la que nosotros desempeñamos algún papel. Está pensado para cada uno de una manera totalmente personal. Él mismo es una persona: el Hijo del Dios vivo, que nació en el establo de Belén.

A muchos hombres, tal vez nos parece esto demasiado hermoso para que sea verdadero. Aquí se nos dice: sí, existe un sentido. Y el sentido no es una protesta impotente contra lo que carece de sentido. El sentido tiene poder. Es Dios. Y Dios es bueno.

Dios no es un ser sublime y alejado, al cual nunca se puede llegar. Se halla totalmente próximo, al alcance de la voz, y se le puede alcanzar siempre. Él tiene tiempo para mí, tanto tiempo que hubo de yacer en un portal y que permanece siempre como hombre.

Pero nos volvemos a preguntar: ¿puede ser esto verdad? ¿se amolda efectivamente a Dios el ser o hacerse niño? No queremos creer que la verdad es hermosa; según nuestra experiencia, la verdad es, en fin de cuentas, por lo general cruel y sucia: y cuando alguna vez parece que no lo es, entonces horadamos y cavamos en torno a ella hasta confirmar nuevamente nuestra sospecha.

Del arte se dijo una vez que servía a lo bello y que esta belleza era, a su vez, splendor veritatis, el esplendor o el brillo de la verdad, su resplandor interior. Pero hoy día, el arte cree que su misión o tarea más alta consiste en desenmascarar al hombre como algo sucio y repugnante.

Si nosotros pensamos en los dramas de B. Brecht, toda la genialidad del poeta se aplica también aquí al descubrimiento de la verdad, pero no ya para mostrar sus luces, sino para demostrar que la verdad es sucia y que la suciedad es la verdad. El encuentro con la verdad no ennoblece, sino que envilece. De ahí que surja la mofa contra la navidad y la burla contra nuestra alegría.

Pero, de hecho, si no hay Dios, entonces no hay ninguna luz, sino que sólo nos queda la sucia tierra. Ahí radica la realmente trágica verdad de tal «Poesía».

II.

«Los suyos no lo recibieron» (Jn 1, 11). En fin de cuentas, nosotros preferimos nuestra terca desesperación a la bondad de Dios, la cual, partiendo de Belén, podría tocar a nuestro corazón. En fin de cuentas, somos demasiado soberbios para dejarnos salvar y redimir.

«Los suyos no lo recibieron»; el abismo de esta frase no se agota con la historia de la búsqueda de alojamiento, que nuestros nacimientos representan y actualizan con tanto amor. Tampoco se agota con el llamamiento moral a pensar en los que no tienen techo en todo lo ancho de la tierra y también aquí en nuestras ciudades, por muy importante que sea esa llamada.

Esta frase apunta y afecta a algo más profundo de nosotros, a la causa más profunda de que la tierra no ofrezca a muchos ningún cobijo o techo: nuestra soberbia cierra las puertas a Dios y de esa manera también a los hombres.

Nosotros somos demasiado orgullosos para ver a Dios. Nos ocurre lo que a Herodes y a sus especialistas en teología: en esa categoría o en ese grado, no se escucha el canto de los ángeles. En esa categoría, uno no se siente ni amenazado ni molestado por Dios. En esa categoría, no se quiere ya ser «su propiedad» (3) -propiedad de Dios-, sino simplemente pertenecer cada uno a sí mismo.

Por eso no queremos recibir a Aquél que viene a su propiedad porque entonces tendríamos que transformarnos y reconocerlo a él como nuestro dueño.

Él vino como niño para quebrar nuestra soberbia. Tal vez nosotros capitularíamos antes frente al poder o a la sabiduría. Pero él no busca nuestra capitulación, sino nuestro amor. Él quiere librarnos de nuestra soberbia y así hacernos efectivamente libres.

Dejemos, pues, que la alegría tranquila de este día penetre en nuestra alma. Ella no es una ilusión. Es la verdad. Pues la verdad, la última, la auténtica, es hermosa. Y, al mismo tiempo, es buena. El encontrarse con ella hace bueno al hombre. Ella habla a partir del niño, el cual, sin embargo, es el propio hijo de Dios.

III.

Nuestro evangelio desemboca en la frase: «Y vimos su gloria…» (1,14). Estas podían ser las palabras de los pastores, al regresar del establo y resumir sus vivencias. Podrían ser las palabras con las que José y María trataran de describir los recuerdos de aquella noche de Belén. Pero no. Son como la mirada retrospectiva del discípulo que expresa lo que le ocurrió en su encuentro con Cristo.

Y así podríamos decir todos nosotros como cristianos: hemos visto su gloria. Sí, precisamente partiendo de eso, se podría explicar lo que es creer: ver o contemplar su gloria en medio de este mundo.

El que cree, ve. ¿Pero hemos visto nosotros? ¿No estamos todavía ciegos? ¿No vemos siempre únicamente a nosotros mismos y nuestra imagen que se refleja en un espejo? Cada uno puede ver fuera solamente algo que corresponde a lo que hay en él.

Dejemos que nuestros ojos sean abiertos por el misterio de este día y así podamos ver. Y así podremos vivir como «videntes» o como personas que ven. La colecta de Adveniat (4) podría ser una pequeña respuesta a la llamada de la navidad. Un signo de que nosotros hemos oído y visto, de que nosotros reconocemos a Dios como el verdadero dueño de todo lo que nos es propio.

Así podremos también nosotros ser portadores de la luz que procede de Belén y luego pedir, llenos de confianza: Adveniat regnum tuum. Que venga tu reino. Que venga tu luz. Que venga tu alegría. Amén.

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  1. Entre los alemanes es frecuente traducir: «vino a su propiedad» (in sein Eigentum kam.), lo que entre nosotros se traduce corrientemente: «vino a los suyos». Con todo, el texto latino dice «in propria venit» y el griego «eis ta idía elce = vino a lo que le era propio o a las cosas propias» (N. del T.).
  2. El autor traduce en este caso la palabra griega «Logos» por «Sinn», es decir, «sentido» o «significado». Conviene que lo tengan en cuenta los que no estén habituados a esta interpretación, para comprender todo lo que sigue (N. del T.)
  3. Cf. nota 1.
  4. Conviene saber que Adveniat es una organización caritativa alemana, de rango nacional, cuyas aportaciones al tercer mundo, etc., suelen ser cuantiosísimas. Quien no sepa que Adveniat es eso, y que precisamente su colecta más importante se verifica en tiempo de navidad, no comprenderá el texto (N. del T.).

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