Francisco: “Los Movimientos Populares en el mundo son la palanca de una gran transformación social”

agosto 19, 2019

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Francisco, con los Movimientos Populares. “El antídoto al populismo y a la política-espectáculo está en el protagonismo de los ciudadanos organizados”

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Francisco: “Los Movimientos Populares en el mundo son la palanca de una gran transformación social”

Los pobres no son solamente los destinatarios preferidos de la acción de la Iglesia, los privilegiados de su misión, sino que también son sujetos activos. Ellos anhelan la felicidad del “vivir bien” y no el ideal egoísta de la “buona vida”

La “globalización de la indiferencia” ha generado un “nuevo ídolo”: el del miedo y la seguridad. Es la “edad de la rabia”

Los Movimientos Populares:* pueden representar una fuente de energía moral, para revitalizar nuestras democracias, pueden ser una reserva de “pasión civil”, de “interés gratuito por el otro”, pueden regenerar un renovado sentido de participación, en la construcción de nuevos agregados sociales que afronten la solicitud en cuanto “fuerza del nosotros”, son la respuesta a la “cultura del yo”

En este estado de parálisis y desorientación la participación política de los Movimientos Populares puede vencer a la política de los falsos profetas, que explotan el miedo y la desesperación y que predican un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria.

Está en venta ya en la red un interesante e importante libro sobre el magisterio del Papa Francisco, publicado por Libreria Editora del Vaticano, que ha sido organizado y elaborado por la CAL, Pontifica Comisión para América Latina guiada hasta hace algunos meses por el académico dell’Uruguay prof. Guzmán Carriquirry.

Dos son los principales elementos relevantes del volumen: el tema de los diversos artículos, es decir los Movimientos Populares en diversos continentes y países y la Presentación del libro, escrita y firmada por el Santo Padre Francisco.

Para este volumen han dado una especial y valiosa contribución diversas personas -estudiosos, expertos, periodistas, eclesiásticos- coordinados por G. Carriquirry. Los textos son de Gianni La Bella, padre Michael Czerny, cardenal Peter Turkson, el sociólogo italiano Thomas Leoncini y el mexicano Rodrigo Gerra.
Otros artículos han sido firmados por Juan Grabois, fundador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares, el obispo auxiliar de Buenos Aires, mons. Gustavo Carrara; la Responsable de la edición semanal en español de L’Osservatore Romano Silvina Pérez y los argentinos Hernán Reyes Alcaide y Alberto Molina.

Presentación del Papa Francisco

Estoy particularmente gozoso de dar la salida a este volumen, fruto de la reflexión a más voces, de un grupo de estudiosos de distintas extracciones y competencias, que han hecho una relectura de la experiencia de los llamados “Movimientos Populares”, reconstruyendo la génesis, los eventos, el desarrollo y el significado que este ciclo de encuentros ha tenido. Un evento de verdad inédito en la historia reciente de la Iglesia, sobre el cual es útil volver.
Este archipiélago de grupos, asociaciones, movimientos, trabajadores precarios, familias sin techo, campesinos sin tierra, ambulantes, limpia-vidrios de los semáforos, artesanos de la calle, representantes de un mundo de pobres, de excluidos, de los no considerados, de irrelevantes, que tienen olor “a barrio, a pueblo, a lucha” representan, en el panorama de nuestro mundo contemporáneo, una semilla, un renuevo que como el grano de mostaza dará mucho fruto: la palanca de una gran transformación social.
El futuro de la humanidad “no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio” [1].
Este pueblo de pequeños que he definido como “poetas sociales”, hombres de la periferia, de una vez al centro, como es bien narrado en el volumen, con su propio bagaje de luchas desiguales y de sueños de resistencia, han venido a poner en la presencia de Dios, de la Iglesia y de los pueblos, una realidad muchas veces ignorada, que gracias al protagonismo y la tenacidad de su testimonio, ha salido a la luz.

Pobres que no se han resignado a sufrir en la propia carne de su vida la injusticia y el despojo sino que han escogido, como Jesús, dócil y humilde de corazón, de rebelarse pacíficamente “a manos desnudas” contra ello

Los pobres no son solamente los destinatarios preferidos de la acción de la Iglesia, los privilegiados de su misión, sino que también son sujetos activos.

Por eso tenía la intención de expresar, a nombre de la Iglesia, a esta galaxia de hombres y asociaciones, que anhela la felicidad del “vivir bien” y no de aquel ideal egoísta de la “buona vida”, mi genuina solidaridad. Decidiendo acompañarlos en su caminar autónomo.

Esta red de movimientos transnacionales, transculturales y de diversas culturas religiosas representa una expresión histórica tangible, en el modelo poliédrico [2] donde a la base se encuentra un diverso paradigma social, el de la cultura del encuentro.
Una cultura que tiene que ver con el otro, el diverso a sí. De la lectura de este volumen, que espero que ayude a tantos a comprender en profundidad, a dar mayor luz y significado al valor de estas experiencias, quiero brevemente subrayar algunos aspectos que me parecen importantes, en la esperanza que las palabras que les he dirigido a ellos hayan contribuido a solicitar en las conciencias de quienes rigen los destinos de este mundo, un renovado sentido de humanidad y de justicia, a mitigar las condiciones hostiles en las que los pobres viven en el mundo.

Una gran alternativa social

Los Movimientos Populares, y esto es lo primero que quiero subrayar, en mi opinión representan una gran alternativa social, un grito profundo, un signo de contradicción, una esperanza de que “todo puede cambiar”.
En su deseo de no uniformarse en ese sentido único centrado sobre la tiranía del dinero, mostrando con su vida, con su trabajo, con su testimonio, con su sufrimiento que es posible resistir, actuando con coraje buenas decisiones y a contracorriente.
Me gusta imaginar este archipiélago de “descartados” del sistema, que está comprometiendo al planeta entero, como “centinelas” que —aun en lo oscuro de la noche— escrutan con esperanza un futuro mejor.
El momento que estamos viviendo está caracterizado por un escenario inédito en la historia de la humanidad, que he tratado de describir a través de una expresión sintética: “más que como una época de cambios, como un cambio de época”, que es necesario comprender.
Una de la manifestaciones más evidentes de esta mutación es la crisis transnacional de la democracia liberal, fruto de la transformación humana y antropológica, producto de la “globalización de la indiferencia”, a la que he aludido tantas veces.
Esto ha generado un “nuevo ídolo”: el del miedo y la seguridad, de donde hoy uno de los signos más tangibles es la familiaridad que tantos tienen con las armas y la cultura del desprecio, característica de nuestra época, que un notable histórico de nuestro tiempo ha definido como: “la edad de la rabia”.
El miedo es hoy el medio de manipulación de las civilizaciones, el agente creador de xenofobias y de racismo. Un terror sembrado en las periferias del mundo, con saqueos, opresiones e injusticias, que explota como hemos visto en nuestro pasado reciente también en los centros del mundo Occidental.
Los Movimientos Populares pueden representar una fuente de energía moral, para revitalizar nuestras democracias, cada vez más claudicantes, amenazadas y puestas en mesa de discusión en innumerables factores

Una reserva de “pasión civil”, de “interés gratuito por el otro”, capaz de regenerar un renovado sentido de participación, en la construcción de nuevos agregados sociales que afronten la solicitud, mostrando una conciencia más positiva del otro.

El antídoto al populismo y a la política-espectáculo está en el protagonismo de los ciudadanos organizados, en particular de aquellos que crean -como lo es en el caso de tantas experiencias presentes en los Movimientos- en su cotidianeidad, fragmentos de otros mundos posibles que luchan por sobrevivir a la oscuridad de la exclusión, de donde “crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo” [3].

Los Movimientos Populares expresan cómo la “fuerza del nosotros” sea la respuesta a la “cultura del yo” que mira únicamente a la satisfacción de los propios intereses, cultivando -a pesar de su propia precariedad- el sueño de un mundo distinto y más humano.

El crecimiento de las desigualdades, ahora globalizadas y transversales -y no solamente, económicas, sino sociales, cognitivas, relacionales e intergeneracionales-, es reconocido unánimemente como uno de los más graves desafíos con los cuales la humanidad tendrá que medirse en las próximas décadas.
Fruto de una economía cada vez más separada de la ética, que privilegia el lucro y estimula la competencia, provocando una concentración de poder y de riqueza, que excluye y que pone a la puerta como “al pobre Lázaro” a miles de millones de hombres y mujeres.
El “presente” para millones de personas es hoy una condena, una prisión, marcada por la pobreza, por el despojo, por la falta de trabajo, pero sobre todo por la ausencia de futuro. Un infierno al que debemos ponerle fin.
En este sentido, los Movimientos Populares, -con su “resiliencia”- representan una resistencia activa y popular a este sistema idolátrico, que excluye y que degrada, y con su experiencia cuenta cómo la rivalidad, la envidia y la opresión no son necesariamente agentes de crecimiento, mostrando -por el contrario- que también la concordia, la gratuidad y la igualdad pueden hacer crecer el producto interno bruto.

Las tres T

El derecho a las “tres T”: tierra, techo, trabajo, derechos inalienables y fundamentales, representan los prerrequisitos indispensables de una democracia no solo formal, sino real, en la cual todos los hombres, independientemente de su ingreso o de su posición en la escala social, son protagonistas activos y responsables, actores del propio destino.
Sin participación, como algunos ensayistas contenidos en este libro han argumentado bien, la democracia se atrofia, llega a ser una formalidad porque deja fuera al pueblo de la construcción de su propio destino.
Quiero empeñar una palabra sobre la tercera de estas t, que según la Doctrina social de la Iglesia es un derecho sagrado. En los últimos años el mundo del trabajo ha cambiado vertiginosamente. Las recaídas antropológicas de estas transformaciones son profundas y radicales, y sus efectos no son del todo claros.
Estoy convencido desde hace tiempo que en el mundo postindustrial no hay futuro para una sociedad en la que solamente existe el “dar para tener” o el “dar por deber”. Se trata “de crear una nueva vía de salida a la sofocante alternativa entre las tesis neoliberales y las neoestatales.
Los Movimientos Populares son, en este sentido, un testimonio concreto, tangible, que muestra que es posible contrastar la cultura del descarte, que considera a los hombres, mujeres, infantes y ancianos como excedencias inútiles —y muchas veces dañinas— del proceso productivo, a través de generar nuevas formas de trabajo, centradas en la solidaridad y la dimensión comunitaria, en una economía artesanal y popular.
Por todo esto he decidido unir mi voz y sostener la causa de tantos que realizan los oficios más humildes, las más de las veces, privados del derecho de remuneración digna de la seguridad social y de una cobertura de pensiones.
En este estado de parálisis y desorientación la participación política de los Movimientos Populares puede vencer a la política de los falsos profetas, que explotan el miedo y la desesperación y que predican un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria.
Todo cuanto les he dicho a ellos, como bien demuestra este volumen, está en plena sintonía con la Doctrina social de la Iglesia y con el Magisterio de mis predecesores.
Espero, en este sentido, que la publicación de este libro sea un modo para continuar —aunque sea a la distancia— a reforzar estas experiencias, que anticipan con sus sueños y con sus luchas, la urgencia de un nuevo humanismo, que ponga fin al analfabetismo de compasión y al progresivo eclipse de la cultura y de la noción del bien común.
Francisco.
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[1] Encuentro con los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, 9 de julio de 2015.
[2] Evangelii Gaudium.
[3] Encuentro con los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, 9 de Julio de 2015.

«Emigraré a Canadá porque Hong Kong perderá libertad y será como China»

agosto 18, 2019

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A pesar de vivir en una de las sociedades más desarrolladas del planeta, asegura una joven que también emigrará porque «Hong Kong no será libre bajo China».

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«Emigraré a Canadá porque Hong Kong perderá libertad y será como China»

Aumenta la emigración por miedo al régimen de Pekín en medio de las protestas contra su creciente autoritarismo

Por Pablo M. Díez, enviado especial

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Antes de la devolución de Hong Kong a China por parte del Reino Unido, hubo un éxodo masivo por los miedos que despertaba el régimen del Partido Comunista en esta ciudad, probablemente la más capitalista del mundo.

Por las facilidades que daba su Gobierno y la ventaja de compartir el inglés, esta emigración en masa se dirigió a Canadá, donde se calcula que se asentaron más de 300.000 hongkoneses entre 1980 y 1997, el año del traspaso.

Uno de ellos fue Matthew L., quien entonces tenía unos 40 años y trabajaba como representante de una empresa de maquinaria industrial. Junto a su mujer, sus dos hijos y su suegra, se mudó a Vancouver, una agradable ciudad en la costa del Pacífico con un alto nivel de vida donde reside una abundante comunidad tanto hongkonesa como de China continental.

Pero la aburrida tranquilidad de Vancouver y la implantación del modelo «Un país, dos sistemas», que respetaba el capitalismo y las mayores libertades de Hong Kong, convencieron pronto a Matthew L. para emprender el camino de regreso.

Con su experiencia profesional y su dominio del mandarín, cantonés e inglés, podía ganarse la vida mucho mejor trabajando para el gigantesco mercado chino, cuya apertura ofrecía infinitas posibilidades.

Demostrando el carácter previsor de los hongkoneses, su suegra se quedó en Vancouver, disfrutando de su jubilación y con un pasaporte canadiense por si acaso la familia tenía que volver en el futuro.

Tras vender maquinaria pesada en las faraónicas infraestructuras que empezaban a cambiar el país, como la presa de las Tres Gargantas, Matthew L. pasó a ser contable de uno de los muchos fondos de inversión que operan en Hong Kong.

Como capital financiera de Asia, la antigua colonia británica es el destino para la mayoría de las grandes fortunas que se han amasado en China gracias a su frenético crecimiento de las últimas décadas. Con una veintena de clientes, Matthew L. gestiona una cartera de unos 50 millones de dólares (45 millones de euros) que le permite una vida cómoda.

Pero ha decidido emigrar de nuevo a Canadá por miedo a la ley de extradición a China, que ha sido suspendida pero no retirada.

La familia se separa

En su caso, le impulsan motivos ideológicos y también legales. «Todo el mundo sabe que los negocios en China se han hecho al amparo de la corrupción reinante y ahora hay cada vez más controles», explica a ABC en un restaurante cantonés en torno a una mesa del delicioso «dim sum».

«Si mis clientes caen en una purga anticorrupción porque no están en la rama correcta del régimen, a mí podrían perseguirme legalmente en caso de que Hong Kong tuviera un acuerdo de extradición con China», razona sus temores para oponerse al controvertido proyecto de ley.

Pase lo que pase de aquí a 2047, cuando en teoría expira el principio de «Un país, dos sistemas», Matthew L. ya ha tomado su decisión porque no se fía del Partido Comunista. «Emigraré a Canadá porque Hong Kong perderá libertad y será como China, que quiere asimilarnos y convertirnos en una ciudad más», asegura con resignación.

Con una edad próxima a la jubilación, ya es demasiado mayor para acogerse al cupo de emigrantes por motivos profesionales. Pero confía en que pueda hacerlo su hijo, que tiene unos 35 años y dirige una empresa de ventas por internet, y así tire de él por reagrupación familiar junto a la suegra que vive en Vancouver.

«Mi esposa quiere emigrar, pero mi hija, que es maestra, prefiere quedarse. A mí me dará mucha pena porque la familia se separará y perderé a mis amigos de aquí», se lamenta por una decisión que cambiará sus vidas para siempre.

Tras la devolución a China, muchos hongkoneses que habían emigrado regresaron a la ciudad por sus mayores oportunidades laborales y con el seguro de tener un pasaporte de otro país.

A tenor del periódico «South China Morning Post», se calcula que hay 300.000 residentes con pasaporte canadiense en Hong Kong, pero las autoridades solo contabilizan 16.500 porque no reconocen la doble nacionalidad.

Pérdida de libertades

Rompiendo la tendencia de los años anteriores, el flujo volvió a cambiar de sentido entre 2011 y 2016, cuando 8.000 emigrantes hongkoneses de ida y vuelta se marcharon otra vez a Canadá.

Además de buscar una mayor calidad de vida y huir de la carestía de la vivienda en esta superpoblada ciudad, entre sus motivos destacan el miedo a la inestabilidad política y la pérdida de libertades bajo el régimen chino.

Esa preocupación incluye el temor a una «educación patriótica» como la que ha vuelto a recomendar Pekín para acabar con las protestas de los jóvenes, que tienen revolucionada a la ciudad desde hace más de dos meses y derivan cada fin de semana en una «guerrilla urbana» contra la Policía.

«Ahora somos libres y no queremos una censura como la que hay en China ni que nos laven el cerebro con la propaganda», argumenta en medio de una barricada Stephanie, una estudiante de 16 años que forma parte de esa «generación rebelde» que ha crecido en esta ciudad hasta ahora tan pragmática y enfocada a los negocios.

A pesar de vivir en una de las sociedades más desarrolladas del planeta, asegura que también emigrará porque «Hong Kong no será libre bajo China».


El maná de cada día, 13.7.19

julio 13, 2019

Sábado de la 14ª semana de Tiempo Ordinario

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Y los consoló, hablándoles al corazón

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PRIMERA LECTURA: Génesis 49, 29-32; 50, 15-26

En aquellos días, Jacob dio las siguientes instrucciones a sus hijos: « Cuando me reúna con los míos, enterradme con mis padres en la cueva del campo de Efrón, el hitita, la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, en Canaán, la que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como sepulcro en propiedad. Allí enterraron a Abrahán y a Sara, su mujer; allí enterraron a Isaac y a Rebeca, su mujer; allí enterré yo a Lía. El campo y la cueva fueron comprados a los hititas. »

Cuando Jacob terminó de dar instrucciones a sus hijos, recogió los pies en la cama, expiró y se reunió con los suyos.

Al ver los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: «A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos el mal que le hicimos.»

Y mandaron decirle: «Antes de morir tu padre nos encargó: “Esto diréis a José: Perdona a tus hermanos su crimen y su pecado y el mal que te hicieron”. Por tanto, perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre.»

José, al oírlo, se echó a llorar.

Entonces vinieron los hermanos, se echaron al suelo ante él, y le dijeron: «Aquí nos tienes, somos tus siervos.»

Pero José les respondió: «No tengáis miedo; ¿soy yo acaso Dios? Vosotros intentasteis hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos. Por tanto, no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros hijos. »

Y los consoló, hablándoles al corazón.

José vivió en Egipto con la familia de su padre y cumplió ciento diez años; llegó a conocer a los hijos de Efraín, hasta la tercera generación, y también a los hijos de Maquir, hijo de Manasés; los llevó en las rodillas.

José dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir. Dios cuidará de vosotros y os llevará de esta tierra a la tierra que prometió a Abrahán, Isaac y Jacob.»

Y los hizo jurar: «Cuando Dios cuide de vosotros, llevaréis mis huesos de aquí. »

José murió a los ciento diez años de edad.



SALMO 104, 1-2. 3-4. 6-7

Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.


Aclamación antes del Evangelio: 1P 4, 14

Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.


EVANGELIO: Mateo 10, 24-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!

No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»
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LA PERSECUCIÓN DE LOS BUENOS

Piensa que cuanto más se parezca tu vida a la de Cristo más gustarás, como Él, la incomprensión y la maledicencia. La virtud siempre incomoda y, a veces, es mejor comprendida y recibida por aquellos que se dicen no creyentes que por aquellos que dicen ser de los tuyos.

¿Ha habido en la historia mayor injusticia que la que cometieron con Nuestro Señor en la Cruz los “buenos” de su época, aquellos fariseos venerados por todos como los maestros de la Ley, que fundaban en su propia virtud y en su vida ejemplar toda la seguridad espiritual de su salvación? Y, sin embargo, sin que quizá ellos fueran del todo conscientes, con la persecución de aquel Justo estaban dando cumplimiento a los misteriosos planes de Dios.

El silencio de Cristo en su pasión debe enseñarte a callar y a amar, con el amor del silencio, a esos “enemigos” que te persiguen, con la palabra, la murmuración, la crítica, la maledicencia y hasta con las obras, y todo –dicen– en nombre de Dios, de la virtud, de la santidad, de la justicia con Dios, del bien espiritual de muchos o de la sana prudencia.

No interpretes todo eso con los pobres criterios del mundo y de los hombres, con los que nunca podremos medir la acción misteriosa de Dios. Piensa que en esa persecución de los buenos, de los tuyos, Nuestro Señor vuelve a crucificarse en ti, para que puedas así completar en tu carne lo que falta a la pasión de Cristo.

Lañas diarias www.mater-dei.es


Kast: “Abascal es un líder carismático que está generando una derecha basada en el sentido común”

junio 26, 2019

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José Antonio Kast con Santiago Abascal y dirigentes de Vox, en su gira por Europa

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Kast: “Abascal es un líder carismático que está generando una derecha basada en el sentido común”

José Antonio Kast, fundador el Partido Republicano de Chile, se reúne con el líder de Vox. “El marxismo cultural crece en la medida que genera conflictos”, asegura el político

Por Goyo G. Maestro

José Antonio Kast (Santiago de Chile, 1966) ha iniciado en España una gira por varios países europeos para conocer de cerca el crecimiento de partidos de lo que él llama la «derecha del sentido común», en la que incluye a líderes como Jair Bolsonaro, Viktor Orban y Santiago Abascal, con el que se reunió ayer en Madrid, donde también mantuvo un encuentro con Esperanza Aguirre.

Kast abandonó el partido conservador Unión Demócrata Independiente después de 16 años como diputado y en 2017 inscribió su candidatura independiente a la Presidencia de la República de Chile. Obtuvo un 8%.

Hace una semana fundó el Partido Republicano -después de poner en marcha un centro de pensamiento y un movimiento social- con el que aspira a ganar las próximas presidenciales de Chile.

-¿Qué vínculos tiene con otros movimientos y partidos políticos conservadores internacionales?

-Nosotros ya teníamos relaciones con movimientos latinoamericanos. Existe un vínculo con el PSL del presidente de Brasil, con gente de Colombia, Paraguay, con argentinos, con cubanos en el exilio. Hemos ido generando una red para conocer cuáles son las similitudes de los fenómenos políticos latinoamericanos.

Y al observar lo que estaba ocurriendo en España con Vox hemos visto que tiene algunas cosas similares a lo que estamos haciendo nosotros en Chile, un conocimiento de los problemas reales y un avance en la calle virtual.

-¿A qué se refiere con la calle virtual?

-Hemos vivido una hegemonía de la izquierda en la calle física, en las manifestaciones, y también una hegemonía de la calle virtual, que son las redes sociales. En redes sociales tanto nosotros en Chile como Bolsonaro en Brasil, como Trump en Estados Unidos y Vox en España hemos ido marcando una tendencia.

Las redes sociales fueron tomadas por la izquierda más ideologizada que empezó a silenciar a las personas que planteábamos temas de sentido común: defensa de la familia, de la propiedad privada, la legítima defensa en caso de asalto, la defensa de la vida. Fuimos generando un espacio que antes no estaba.

Ante estas similitudes queríamos ver lo que está pasando en Europa, por eso vamos a visitar también Bélgica e Italia. Hay un fenómeno mundial que va desnudando a esa izquierda que planteaba que todas las soluciones tenían que venir del Estado y que ha creado nuevos temas basados en conflictos tras la caída del muro de Berlín.

Conflictos hombre-mujer, heterosexual-homosexual, negros y blancos… Ellos crecen en la medida que generan conflicto. Y nosotros buscamos desenmascarar eso y decirles a las personas que la sociedad no tiene por qué vivir en conflicto.

-¿Qué impresión le ha transmitido Santiago Abascal?

-No lo conocía. Es un líder carismático, que enfrenta la política como lo estamos haciendo nosotros en Chile, directo a los ojos y diciendo las cosas por su nombre y generando un nuevo eje en la derecha basada en el sentido común.

Al igual que a nosotros en Chile, aquí se les señala como un partido que está más a la derecha. Queremos romper el esquema antiguo con el que se califica desde la izquierda de “extremos” a aquellos que están situados desde el centro hasta la derecha.

Al final, la izquierda que ha tomado posiciones en las redes sociales y en los medios de comunicación es la que va diciendo quién es quién. Cuando me pregunta un periodista si somos la extrema derecha le pregunto al periodista quién es la extrema izquierda.

En Chile, como veo que pasa en España, nadie habla de la extrema izquierda. Y es tan real que las agresiones verbales y físicas que uno ve vienen de la extrema izquierda.

-¿Le molesta cuando le dicen que es de extrema derecha?

-Lo tomo según de quién viene. Y viene, generalmente, de alguien que tiene una concepción de la política determinada. A mí lo que me interesa es que las personas, que muchas veces no son activas en la política, reconozcan en nosotros a alguien que plantea cosas de sentido común.

-¿Qué problemas de Chile son los que le preocupan?

-Problemas derivados de tener un Estado muy grande. Problemas graves de atención de salud a la gente más humilde. Hemos pasado por años de gobiernos de izquierda y la desigualdad sigue igual. El país no ha crecido ni ha mejorado los índices de desarrollo humano durante esos gobiernos. Cuanto más altos son los impuestos menos crece la economía.

-¿Por qué es usted crítico con el Gobierno conservador de Sebastián Piñera?

-Le criticamos porque no ha cumplido su programa de gobierno. Si hay algo que cansa a la ciudadanía son dos cosas: las promesas incumplidas y los abusos. Un Estado grande solo genera más abusos.

Piñera no bajó los impuestos, no resguardó el sistema de pensiones chileno -que es junto con el noruego y el danés uno de los más exitosos a nivel mundial- y legisló a favor de la identidad de género.

Son tres temas que no estaban en el programa de Piñera y sí en el programa del candidato Alejandro Guillier, que es el representante de la izquierda en Chile. En temas como educación, salud y migración sí hemos respaldado las políticas de Sebastián Piñera porque se ha ceñido al programa.

-¿Cuáles son los grandes problemas de América Latina?

-En América Latina hay tres fenómenos muy fuertes. Uno es la violencia, que puede estar asociada a la delincuencia, al narcotráfico y al terrorismo. Hay un país como Venezuela que reúne las tres características. Para nosotros es una narcodictadura.

El segundo es la corrupción desatada y el tercero, la pobreza. Los países con mayores grados de pobreza son los que han sido gobernados por esa izquierda corrupta que ha creado un estado asistencialista donde la gente acaba siendo esclavizada por el Estado.

Y ahí es donde tenemos un espacio enorme para revertir la instalación del marxismo cultural. El comunismo, tras la caída del muro de Berlín, ha evolucionado. Ya no plantea un conflicto entre ricos y pobres sino entre padres e hijos, blancos y negros, heterosexuales y homosexuales…

El marxismo cultural crece en la medida que genera conflictos. Sin embargo, no tiene en cuenta las urgencias sociales. El ciudadano está preocupado por vivir en una sociedad libre y segura, por enviar a sus hijos a una escuela donde les enseñen, y que no los adoctrinen.

-¿Cree que la figura de Trump ha sido clave a la hora de inspirar a líderes y partidos nacionalistas en muchos países?

-Lo que ha logrado Trump es instalar a EEUU como una potencia económica, bajando los impuestos. También ha señalado el doble discurso de la izquierda, que critica a EEUU pero no los fondos que aporta a las organizaciones internacionales. Trump ha dicho que no va a financiar a alguien que le critica todo el día.

Esos organismos dictan normas jurídicas que atentan contra la soberanía internacional. Yo sí creo en la identidad nacional, pero dentro de un contexto global. Entiendo y respaldo relaciones comerciales y culturales entre países pero respetando la identidad nacional.

Nos están tratando de colonizar desde los organismos internacionales y eso requiere una manifestación fuerte y clara a nivel nacional. No es que uno se convierta en un nacionalista que quiera cerrar las fronteras, sino que queremos que se resguarde nuestra soberanía.

-¿Cómo se podría avanzar hacia una solución en la grave crisis de Venezuela?

-El socialismo logró quebrar al país más rico de Latinoamérica. Que el país se quedara sin insumos médicos, sin electricidad durante muchos días y sin abastecimiento era algo inimaginable hace tiempo que lo logró el socialismo de Chávez y la dictadura de Maduro.

Con sus recursos, influyeron directamente en movimientos de izquierda en distintos países de la región. Hoy ya no tienen esa cantidad de recursos. El peligro ahora es que esos recursos vengan del narcotráfico. Tendría que haber una reacción del mundo mucho más fuerte.

-¿Defiende una intervención exterior en Venezuela?

-Lo que hay que hacer es exigir a organismos como la ONU y la OEA que sancionen a Venezuela y que la aíslen diplomáticamente. Eso requiere una voluntad clara y expresa de los partidos de izquierdas, que no han sido tajantes con la violación de derechos humanos.

-¿Cómo se aborda desde la sociedad en Chile la dictadura de Pinochet?

-Lamentablemente sigue siendo un tema 46 años después del golpe militar. Hay un sector político que siempre mira hacia el pasado a pesar de que en Chile hay varias leyes de reparación a las víctimas de los derechos humanos, y de que hay más de 120 personas cumpliendo condena por violar los derechos humanos.

Es un tema que la sociedad abordó, pero para la izquierda internacional parece que no se ha hecho nada. Hay que mirar hacia el futuro, pero cada vez que la izquierda tiene un problema de corrupción recurre al salvavidas de siempre, Pinochet.

-¿Qué perspectiva tiene de cara a las elecciones presidenciales en Chile?

-Creo que las va a volver a ganar la derecha porque la izquierda no ha podido explicar el desastre en que dejó al país. No tiene líderes ni una cohesión interna que les permita levantar una alternativa presidencial. El gran debate se va a dar sobre la mayoría parlamentaria.

No podemos repetir el escenario de tener un Gobierno de derecha y un parlamento de izquierda, obstruccionista. Eso es muy duro para un país porque en los proyectos de ley no se refleja lo que la gente manifestó en la elección presidencial.

https://www.larazon.es/internacional/kast-abascal-es-un-lider-carismatico-que-esta-generando-una-derecha-basada-en-el-sentido-comun-FJ23915752


Éstas son las ‘claves pastorales’ que el Papa ofreció a los obispos argentinos

junio 11, 2019

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El Papa con obispos argentinos en Visita ad límina

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Éstas son las ‘claves pastorales’ que el Papa ofreció a los obispos argentinos

“Sean hombres de oración, que sean hombres que tengan siempre la oración como lo principal en sus vidas”

El Papa invitó “profundamente a los obispos a vivir también el trabajo por la cultura del encuentro, tan necesaria en nuestro país”

El encuentro que el papa Francisco mantuvo hace un mes con los obispos argentinos de la región Buenos Aires, que integran el segundo grupo en visita ad límina, se dio en un clima de “fraternidad, diálogo y cercanía” y en el que los prelados pudieron profundizar con su compatriota el Pontífice varios temas que hacen a la realidad pastoral de la Argentina.

En declaraciones a AICA, el director de la Oficina de Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), presbítero Máximo Jurcinovic, detalló los puntos abordados en la audiencia de más de dos horas de los obispos con el Santo Padre.

El portavoz episcopal dijo que por su conocimiento de la arquidiócesis de Buenos Aires, de la que fue pastor antes de su elección pontificia, y de las diócesis de la región metropolitana, Francisco pudo “alentar y acompañar en muchísimos de los desafíos pastorales que los obispos le fueron presentando”.

“Los obispos también le comentaron la importancia de esta visita ad límina, porque en los dicasterios han visto que se ha aceptado mucho la creatividad de la Conferencia Episcopal, al plantearles los distintos caminos pastorales de la Argentina”, puntualizó, y agregó: “Han visto la visita a los dicasterios como un lugar para poder compartir, para poder expresarse, para poder ser fieles a aquello que la Iglesia hoy nos pide”.

La necesidad de profundas cercanías

El sacerdote destacó que el Papa les habló a los obispos porteños y bonaerenses de la necesidad de que haya “profundas cercanías”, y entre otras enumeró: “Cercanía con los curas, cercanía con los pobres, cercanía con los jóvenes”. 

Asimismo, indicó que el Pontífice les pidió a los obispos que “sean hombres de oración, que sean hombres que tengan siempre la oración como lo principal en sus vidas”.

Y añadió: “También les habló de la sinodalidad, de esta necesaria experiencia que tiene que atravesar la Iglesia de hoy, de poder entrar en diálogo para discernir claramente los valores del Evangelio en esta sociedad y poder hacer más eficaz lo que significa la evangelización”.

Los fieles deben sostener a la Iglesia

En otro momento del intercambio, contó el vocero episcopal, Francisco destacó la figura del fallecido monseñor Carmelo Giaquinta, quien fue el primero en impulsar desde el episcopado los trabajos para la reforma económica de la Iglesia a través del Plan Compartir.

En este sentido, precisó, el Papa animó a los obispos a “seguir llevando adelante este trabajo de la reforma económica, para poder crecer en la conciencia de que a la Iglesia la tienen que mantener sus fieles”.

El sacerdote subrayó que al profundizar sobre el tema, el Papa les repitió: “La Iglesia necesita seguir avanzando en este camino de sostenerse por sus propios fieles”.

Laudato si’ y cultura del encuentro

El portavoz episcopal indicó que, en otro momento del encuentro, Francisco hizo hincapié en “el importante desafío de seguir ahondando en el camino y la enseñanza de la encíclica Laudato si’”. “La ecología es una problemática universal que también debe tener su eco en la Iglesia argentina”, les recordó.

El padre Jurcinovic dijo que el Papa invitó “a los obispos a vivir también el trabajo por la cultura del encuentro, tan necesaria en nuestro país. Una cultura del encuentro que abarque todo el país”. En este punto, dijo, el Pontífice “manifestó la necesidad de seguir creciendo en una Argentina cada día más federal y con los obispos siendo servidores de esa cultura del encuentro”.

El ejemplo de Enrique Shaw

“El papa Francisco compartió esta necesidad de seguir buscando ejemplos que pudieran ayudar a vivir una economía social de mercado, y ahí él puso la imagen de Enrique Shaw, como alguien que pudo vivir esta dimensión de buscar una economía que pueda tener los principios del Evangelio”, indicó el sacerdote.

El vocero episcopal consignó, además, que el Papa pidió a los obispos “fortalecer su presencia cercana a las familias, para iluminar y acompañar el camino de la vida de las familias, estar atento y presente en sus necesidades, tanto ellos como los sacerdotes”.

“También compartieron el tema de las vocaciones sacerdotales, y la necesidad de poder seguir acompañando con el testimonio a los jóvenes, para que puedan vivir la fe con alegría y ellos mismos ser los obispos testigos de esta alegría”.


La vida en comunidad o el derecho a ser feliz

junio 4, 2019

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Gonzalo Díez, cmf. 

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La vida en comunidad o el derecho a ser feliz

Por Gonzalo Díez

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Hay una constatación que me invita a reflexionar sobre los derechos y deberes de quien vive en comunidad: la comunidad no está en crisis, algunas formas comunitarias, por supuesto.

Nuestro tiempo es el de los derechos. No está mal. Es un signo de progreso. Si lo pensamos bien, disfrutar de derechos permite que todos y todas los tengan. Lo que quieres y necesitas para ti, lo reconoces como necesidad para otros, lo cual permite que aparezca lo mejor de la propia vida cuando la piensas compartida.

Los capítulos interminables de obligaciones no encuentran hueco en una sociedad abierta como la actual. Quien quiere se afilia y se desafilia a algo según voluntad o necesidad. Forma parte de los principios de libertad irrenunciables de la persona.

Así las cosas, los principios de obligatoriedad aparecen cuando uno, libremente, los asume y entiende integrados en el propio itinerario de vida.

Se me ocurre, sin embargo, que todo puede cambiar si somos capaces de descubrir qué principios comunitarios son los que provocan emoción compartida. Qué derechos son tan fundamentales que configuran la existencia para transformarla capacitada para ser signo de comunión.

De momento, este principio de libertad está silenciado. Abrir un diálogo al respecto nos preocupa a quienes sentimos seguridad con que todo esté «atado y bien atado», aunque, de hecho, no tenga vida.

El primer derecho, por supuesto, es la vida. Y ésta no pensada desde las necesidades básicas. Me reconocerán que reducir la comunidad religiosa a un lugar donde se te proporciona comida, salud y descanso no es argumento suficiente para entregar la existencia por el Reino.

A veces, me llego a preguntar si en algunas situaciones hay algo más que una cuidada atención de las necesidades básicas. Son estas las que conducen a la vida consagrada a una expresiva soltería de colectivos reunidos en torno a principios piadosos, que digan algo o no, es preferible mantenerlos que cuestionarlos.

El derecho a la vida incluye el derecho a permitir que la vida sea vida, proceso y proyecto, se desarrolle y luzca como don de Dios. Es el reconocimiento de la pluralidad como signo de riqueza y la integración de la diferencia como posibilidad más que como impedimento.

El segundo derecho es el de la fe. Ser descubiertos por Dios como hijos, nos proporciona la búsqueda del otro u otra como hermano. La fe es el pulso del crecimiento y la maduración, va creciendo con el desarrollo de la vida, pero lejos de lo que se pudo pensar, crece a fuerza de amor y no de contradicción.

La fe se hace posible en ámbitos donde se ha descubierto la fraternidad aunque, claro está, aparezcan las dificultades, debilidades o infidelidades.

El tercero es la comunión. Aparece este derecho sin necesidad de pactos o cuidados. Aparece en aquellos y aquellas que están llamados a compartir vida. No hay constatación más triste que la comprobación, bastante extendida, de personas intentando vivir en comunión sin estar llamados a ella.

La vida comunitaria no es una cruzada contra el individualismo. Cuando se vive en clave de cruzada se indica que la comunión no es para ti. La comunidad es la manifestación expresiva de que algunas personas, pocas, son capaces de vivir compartiéndolo todo: presente y porvenir.

Ese todo exige todo, sin pactos y sin explicaciones. Ese todo incluye, por supuesto, las parcelas de la propia vida que no hemos sido capaces, todavía, de integrar o reconocer.

El tercero es el carisma. Es un derecho. Un don del Espíritu, tan original y versátil que se hace único en cada persona. Una pregunta inquietante para nuestro tiempo es «¿qué hemos hecho con el carisma?».

Tantas veces sujeto a interpretaciones parciales o a asambleas sin Espíritu. Tantas veces envuelto en los vaivenes emocionales del momento o las modas filosóficas en boga. La limpieza carismática nos descubre con posibilidades nuevas, inéditas y llenas de vida cuando se saben entender y acoger como derecho.

Y esto, desde el punto de vista comunitario porque imprime una fuerza misteriosa en los sueños compartidos de Reino y se manifiesta en Misión; y desde el punto de vista personal, porque te devuelve a una vida con sentido, asumida y querida por Dios.

Es tan sesgado pensar que el Espíritu nos impulsa a todos a lo mismo por pertenecer a la misma congregación o comunidad, como creer que hay estilos personales que son carismáticos y otros caprichosos o visiones parciales. El encuentro del carisma como don y derecho pasa por el ejercicio noble del discernimiento y este por la escucha. La escucha, por supuesto, por la fe. Y la fe por la conciencia de pertenecer a Dios.

El cuarto es el amor. El sentimiento más noble del ser humano. La comunidad es el lugar del amor. Sin éste, se reduce a relaciones pactadas, a itinerarios cíclicos, a neurosis compartidas o espacios muertos. Algunas formas comunitarias están más abocadas a la muerte que a la transformación. No solo no están abiertas a un discernimiento desde el amor, sino que temen la sola pronunciación del mismo.

Quien ha descubierto un camino de aparente fidelidad sin preguntas inquietantes sobre la capacidad para querer y dejarse querer, jamás desarrollará una vida teologal. La gran crisis de nuestro tiempo es traicionar el amor, con la consiguiente debilidad en la realización de la persona.

La crisis de algunas formas de vida comunitaria no radica solo en su falta de signo, cansancio, reiteración o que no estén bien ubicadas o que carezcan de quien las anime convenientemente… aspectos que, por supuesto, se hacen presentes. La crisis es de amor y de vacío humanitario. La crisis es la ausencia de personas que alguna vez hayan reído, sufrido, abrazado por pura gratuidad, por puro amor.

La gran crisis, me temo, es haber renunciado al derecho de querer y ser querido, convencidos de que la vida es un continuo examen, transacción o mercado, en el cual eres «bueno» si solo aspiras a cumplir bien deberes y que se te reconozca.

Por todo ello, quien se sepa llamado a la vida compartida que se pregunte con paz cómo anda su derecho a ser feliz.

LA VIDA EN COMUNIDAD O EL DERECHO A SER FELIZ


Mensaje del Santo Padre Francisco para la 53 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

junio 4, 2019

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El fenómeno de las redes sociales y la vocación del hombre a vivir en comunión

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 53 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

« “Somos miembros unos de otros” (Ef 4, 25).
De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana »

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Queridos hermanos y hermanas:

Desde que internet ha estado disponible, la Iglesia siempre ha intentado promover su uso al servicio del encuentro entre las personas y de la solidaridad entre todos.

Con este Mensaje, quisiera invitarles una vez más a reflexionar sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación; y a redescubrir, en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad.

Las metáforas de la “red” y de la “comunidad”

El ambiente mediático es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana. La red es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable.

Sin embargo, a causa de las profundas transformaciones que la tecnología ha impreso en las lógicas de producción, circulación y disfrute de los contenidos, numerosos expertos han subrayado los riesgos que amenazan la búsqueda y la posibilidad de compartir una información auténtica a escala global.

Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito.

Hay que reconocer que, por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos.

Entre los más jóvenes, las estadísticas revelan que uno de cada cuatro chicos se ha visto envuelto en episodios de acoso cibernético [1].

Ante la complejidad de este escenario, puede ser útil volver a reflexionar sobre la metáfora de la red que fue propuesta al principio como fundamento de internet, para redescubrir sus potencialidades positivas.

La figura de la red nos invita a reflexionar sobre la multiplicidad de recorridos y nudos que aseguran su resistencia sin que haya un centro, una estructura de tipo jerárquico, una organización de tipo vertical. La red funciona gracias a la coparticipación de todos los elementos.

La metáfora de la red, trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la comunidad.

Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje.

Es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad.

En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles.

Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros).

Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo.

La red constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa.

Los jóvenes son los más expuestos a la ilusión de pensar que las redes sociales satisfacen completamente en el plano relacional; se llega así al peligroso fenómeno de los jóvenes que se convierten en “ermitaños sociales”, con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad.

Esta dramática dinámica pone de manifiesto un grave desgarro en el tejido relacional de la sociedad, una laceración que no podemos ignorar.

Esta realidad multiforme e insidiosa plantea diversas cuestiones de carácter ético, social, jurídico, político y económico; e interpela también a la Iglesia. Mientras los gobiernos buscan vías de reglamentación legal para salvar la visión original de una red libre, abierta y segura, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de favorecer su uso positivo.

Está claro que no basta con multiplicar las conexiones para que aumente la comprensión recíproca. ¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?

“Somos miembros unos de otros”

Se puede esbozar una posible respuesta a partir de una tercera metáfora, la del cuerpo y los miembros, que san Pablo usa para hablar de la relación de reciprocidad entre las personas, fundada en un organismo que las une. «Por lo tanto, dejaos de mentiras, y hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros» (Ef 4, 25).

El ser miembros unos de otros es la motivación profunda con la que el Apóstol exhorta a abandonar la mentira y a decir la verdad: la obligación de custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión.

De hecho, la verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo.

La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad. Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas.

Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse, porque la mirada de inclusión que aprendemos de Cristo nos hace descubrir la alteridad de un modo nuevo, como parte integrante y condición de la relación y de la proximidad.

Esta capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas humanas tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro.

Para comunicar con nosotros y para comunicarse a nosotros, Dios se adapta a nuestro lenguaje, estableciendo en la historia un verdadero diálogo con la humanidad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 2).

En virtud de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, que es comunión y comunicación-de-sí, llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad.

«Nada es tan específico de nuestra naturaleza –afirma san Basilio– como el entrar en relación unos con otros, el tener necesidad unos de otros» [2].

El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad. Los cristianos estamos llamados con mayor razón, a manifestar esa comunión que define nuestra identidad de creyentes.

Efectivamente, la fe misma es una relación, un encuentro; y mediante el impulso del amor de Dios podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.

La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás.

El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal.

El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje.

Del “like” al “amén”

La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro.

Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión. Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso.

Si una comunidad eclesial coordina sus actividades a través de la red, para luego celebrar la Eucaristía juntos, entonces es un recurso.

Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso.

Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia… Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres.

La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los “like” sino sobre la verdad, sobre el “amén” con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás.

Vaticano, 24 de enero de 2019, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus


[1] Para reaccionar ante este fenómeno, se instituirá un Observador internacional sobre el acoso cibernético con sede en el Vaticano.

[2] Regole ampie, III, 1: PG 31, 917; cf. Benedicto XVI, Mensaje para la 43 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (2009).


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