El Papa inaugura el Pre-sínodo de los jóvenes: Aquí, la vergüenza se deja fuera de la puerta

marzo 19, 2018

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El Papa inaugura el Pre-sínodo de los jóvenes: Aquí, la vergüenza se deja fuera de la puerta

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El Papa inaugura el Pre-sínodo de los jóvenes: Aquí, la vergüenza se deja fuera de la puerta

Francisco tuvo palabras de cariño hacia los jóvenes del mundo congregados en Roma para participar en la XV Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos (19-24 de marzo 2018)

Por Ary Waldir Ramos Díaz

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El papa Francisco inauguró este lunes 19 de marzo en la mañana el pre-sínodo dedicado a los jóvenes en la sede del Pontificio Consejo Internacional Maria Mater Ecclesiae en Roma y que concluirá el 24 de marzo.

Instó a los jóvenes a sacar todo lo que hay en el corazón: “Hablar con valentía […] ’Que tengo vergüenza ¡No! Aquí, la vergüenza se deja fuera de la puerta. Se habla con valentía. Lo que siento lo digo. Y si alguien se siente ofendido, pido perdón y sigo adelante (risas). ¡Pero, ustedes saben hablar así!”. 

Les invitó a “escuchar con humildad; si habla aquel que no me gusta debo escucharlo mucho más. Cada uno  tiene el derecho de ser escuchado, como cada uno tiene el derecho de hablar. Gracias por aceptar la invitación de haber venido hasta aquí, algunos de ustedes hicieron un largo viaje”, expresó Francisco.

Sobre la variedad de voces presentes en la Asamblea, insistió: “Ustedes no son todos cristianos, ni católicos, ni siquiera todos son creyentes. Pero, seguramente están animados por el deseo de dar lo mejor de ustedes. Y no tengo duda de esto”.

El Papa subrayó que este encuentro no es de “jueces” cristianos para indicar que los jóvenes con su frescura y su dinamismo deben ser francos al decir lo que sienten y para dar un aporte indispensable. 

Trescientos, 300, jóvenes llegados de los cinco continentes se encuentran reunidos en la ciudad eterna para ofrecer su voz, sus criticas a la Iglesia sobre la fe, el discernimiento vocacional.

Monseñor Lorenzo Baldissieri, Secretario General del Sínodo de los Obispos reafirmó el agradecimiento al Pontífice por querer escuchar a los jóvenes antes del Sínodo de octubre. Rememoró que con la contribución de los jóvenes se redactará un documento que servirá a los ‘padres sinodales’.

Esta mañana, el Papa entró en la sala en medio de aplausos y sonrisas. Los jóvenes de distintos credos y culturas fueron calurosos con el Pontífice, quien al inicio les invitó a rezar “cada uno en su propia religión”.

Al inicio de los trabajos, un grupo de jóvenes del movimiento de los Focolares prepararon una oración, casi un clamor juvenil que evocó la presencia de Dios en la vida de todos los días.

Hubo un mensaje personalizado bajo la silla para cada participante, incluido para ‘Su Santidad Francisco’: Era una tarjeta: “Dios te ama inmensamente”.

Asimismo, 15.000 jóvenes se conectaron en diferido y replicarán la señal a otros más. El Papa los saludó así: “Los 15.340, esperamos que mañana sean más”. Igualmente destacó el esfuerzo de seguir la Asamblea incluso de noche debido a los horarios de sus países.

Monseñor Lorenzo Baldissieri reiteró las palabras del Papa sobre los objetivos de la convocatoria  de la XV Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos (19-24 de marzo 2018): “La Iglesia quiere escuchar la voz, la sensibilidad, de la fe y también las dudas de los jóvenes y de las críticas de los jóvenes”.

Jóvenes, enséñennos a llorar 

“Nosotros los adultos, tantas veces, hemos olvidado la capacidad de llorar. Estamos acostumbrados a decir: ‘El mundo es así, que se las arreglen’. Por eso, yo exhorto, por favor, sean valientes estos días: Di todo lo que tengas en la boca”, expresó Francisco.

Dejarse interpelar por los jóvenes 

“Frecuentemente se habla de los jóvenes, sin dejarse interpelar por ellos. Cuando alguien quiere hacer una campaña elogia a los jóvenes, pero no permite a los jóvenes que le interpelen. Elogiar es una manera de contentar a la gente. Pero no, la gente no es tonta, la gente entiende… Elogia al tonto y lo verás trabajar’, se dice en español”, expresó Francisco entre aplausos. “Ustedes no son tontos”.

No Informes, mejor rostros 

El Papa indicó que ningún informe sobre los problemas juveniles sustituye el confronto cara a cara. “La juventud no existe. Existen los jóvenes, rostros, historias, ilusiones”.  Francisco fue crítico sobre las abstracciones que provienen de los datos estadísticos e indicó la importancia de dialogar con ellos.

No distancias de seguridad

Entretanto, lamentó que a veces se piense a los jóvenes para poner una distancia de seguridad entre ellos y los adultos para evitar las provocaciones. “No es suficiente intercambiar algún mensajito (en redes sociales) y alguna foto simpática… No van tomados en serio”.

Idolatría de la juventud sin escucha

El Obispo de Roma lamentó la idolatría de la juventud para que no pase jamás, pero sin escuchar a la juventud, “excluyendo tantos jóvenes de ser protagonistas”. Gente que esconde su edad y que llamó: “la filosofía del maquillaje”.

Jóvenes mendigando oportunidades

Igualmente denunció que los jóvenes hoy en varios contextos deban mendigar una oportunidad de empleo que siendo mal pagado no les garantice una vida mejor. Citó los datos del desempleo en Italia 35% desocupación juvenil y 45% en varias zonas de Europa.

“Es curioso que las estadísticas de suicidio juvenil sean maquilladas”, así lamentó que por la falta de sentido en sus vidas, haya jóvenes que se suicidan o son seducidos y reclutados por grupos como el ISIS o terroristas que les prometen ser útiles a una causa; “un sentido de vida, y un sueldo mensual”.

Jóvenes profetas 

El Papa indicó que Dios en la Biblia ha querido hablar al mundo a través de los jóvenes y citó a los personajes Samuel, David y a Daniel. “Tengo confianza que en estos días, (Dios) hablará a través de ustedes”. “Si faltan ustedes, nos falta a nosotros (adultos) una parte del acceso a Dios”. Además, evocó el pacto generacional. “Los jóvenes son profetas”, solo a pacto que sueñen con los ancianos.

El corazón de la Iglesia es joven

El Sucesor de Pedro aseguró que el corazón de la Iglesia es joven porque sigue la renovación constante del Evangelio y los jóvenes pueden colaborar en “esta fecundidad” y dar “vida” también en este camino sinodal. “Necesitamos  apropiarnos de nuevo del entusiasmo” y “nuevos horizontes”, aunque con “el riesgo”.   “Una institución que no asume riesgos se queda infantil”.

El Papa inaugura el Pre-sínodo de los jóvenes: Aquí, la vergüenza se deja fuera de la puerta

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Cinco años con Francisco entre las sorpresas del Espíritu

marzo 13, 2018

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Primer saludo del Papa Francisco a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro poco después de su elección, 13 marzo 2013

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Cinco años con Francisco entre las sorpresas del Espíritu

El Pontificado de Francisco cumple cinco años. Su programa va adelante: pide una Iglesia misionera, con las puertas abiertas que sepa anunciar la alegría del Evangelio

Por Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano

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Hace cinco años, el 13 de marzo del 2013, era elegido el Papa Francisco.

Dos Encíclicas (Lumen fidei, sobre la fe, que continúa lo escrito por Benedicto XVI, y Laudato sí, sobre el cuidado de la casa común, cuidar la Creación no es de los verdes sino de los cristianos), dos Exhortaciones apostólicas (Evangelii gaudium, texto programático del Pontificado para una Iglesia “en salida”, misionera, y Amoris Laetitia sobre el amor en la familia),

23 Motu Propios (reforma de la Curia Romana, gestión y transparencia económica, reforma del proceso de nulidad matrimonial, traducción de textos litúrgicos, con indicaciones para un mayor descentramiento y más poderes a las Conferencias Episcopales),

Dos Sínodos sobre la familia, un Jubileo dedicado a la Misericordia, 22 viajes internacionales con más de 30 países visitados y 17 visitas pastorales en Italia, 8 ciclos de catequesis en la audiencia general de los miércoles (Profesión de fe, Sacramentos, Dones del Espíritu Santo, la Iglesia, la familia, la misericordia, la esperanza cristiana, la Santa Misa).

Y casi 600 homilías espontáneas en las misas en Santa Marta, más de 46 millones de seguidores en Twiter y más de 5 millones en Instagram. Sin contar los innumerables discursos, mensajes y cartas y los millones de hombres, mujeres y niños de todo el mundo encontrados, abrazados, acariciados.

La Iglesia de puertas abiertas de Francisco

Francisco es el primer Papa jesuita, primero procedente de América latina, primero con el nombre del Pobrecito de Asís, 265 Sucesor de Pedro, que desea una Iglesia de puertas abiertas que anuncia a todos la alegría y la frescura del Evangelio.

Una Iglesia acogedora, “donde hay lugar para cada uno con su vida difícil”, no una aduana que controle la gracia en cambio de facilitarla. Una Iglesia que se arriesgue a ser “accidentada, herida y sucia” con tal de alcanzar y estar en medio de la gente, más bien que una “Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de agarrarse a las propias seguridades”.

Francisco pide que se abandone un estilo defensivo y negativo, de pura condena, para proponer la belleza de la fe, que es encontrar a Dios.

El Espíritu Santo trastorna

La suya es una invitación a dejarse sorprender por el Espíritu Santo, el verdadero protagonista de la Iglesia, que continúa a hablar y a decirnos cosas nuevas.

El Espíritu Santo “desbarajusta” porque “agita, hace caminar, empuja la Iglesia a ir adelante,” mientras es mucho más fácil y seguro “acomodarse en las propias posiciones estáticas e inmutables”, decía Francisco en Estambul en noviembre del 2014.

Es mucho más tranquilizador creer que la verdad sea “poseer” un paquete de doctrinas bien confeccionado, que podemos administrar bien, más bien que pertenecer nosotros mismos a la Verdad: es el Espíritu que nos guía a la verdad toda entera.

El cristiano tiene todavía tanto que aprender porque Dios se revela siempre más. Es así que Francisco puede decir que tiene tantas dudas, “en sentido positivo” –asegura– “son un signo de que queremos conocer mejor a Jesús y el misterio de su amor hacia nosotros”.

“Estas dudas hacen crecer”, decía en la audiencia general del 23 de noviembre de 2016. También Pedro ante los paganos ha podido decir: “Estoy dándome cuenta de que Dios no hace preferencias entre las personas, sino que quien le teme y pone en práctica la justicia, independientemente del pueblo al que pertenezca, es aceptado por él”. Aumenta la inteligencia de la fe.

¿Es un Papa de derecha o de izquierda?

Inicialmente todos o casi todos hablaban bien de Francisco. Sin embargo, poco a poco comenzaron a llegar las críticas. Se trata de una buena noticia teniendo en cuenta lo que dijo Jesús: “Ay de ustedes cuando todos hablen bien de ustedes”.

Desde la derecha se acusa al Papa de ser comunista, porque ataca el actual sistema económico liberal: “Es injusto desde la raíz”, “esta economía mata”, hace prevalecer la “ley del más fuerte” que “se come al más débil”.  Y habla demasiado de los migrantes y de los pobres: hoy “los excluidos no son explotados, sino desechos, sobras”.

Desde la izquierda se acusa al Papa de estar detenido en las cuestiones éticas: defiende con fuerza la vida, contra el aborto y la eutanasia: “No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”, dice.

Defiende la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, condena la ideología de género, “equivocación de la mente humana”, la dictadura del pensamiento único y las colonizaciones ideológicas, incluso en las escuelas, que hacen que se corra el riesgo de convertirse en campos de reeducación.

Advierte ante estos temas acerca de la disminución del derecho a la objeción de conciencia. Observa la proliferación de los derechos individuales, “individualistas” dice, pero sin preocuparnos por los deberes, y mientras se habla de nuevos derechos –afirma– está quien padece aún el hambre.

Críticas internas

También aumentaron las críticas dentro de la Iglesia. Hay quien incluso califica al Papa de “hereje”, quien dice que rompe con la tradición secular de la Iglesia, quien se enfada porque “aporrea” a los cercanos y acaricia a los alejados, quien lo contrapone a los Papas precedentes.

Y sin embargo, Benedicto XVI ya había invitado a reflexionar sobre el discernimiento en la cuestión de la Comunión a los divorciados vueltos a casar en ciertos casos especiales. También Juan Pablo II ya había respondido a Monseñor Lefebvre –hace cuarenta años– explicando el verdadero significado de la Tradición que “encuentra su origen en los Apóstoles y progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo”.

En efecto, “la comprensión, tanto de las cosas cuanto de las palabras transmitidas, crece (…) con la reflexión y el estudio de los creyentes”. Pero es “sobre todo contradictoria” –afirmaba San Juan Pablo II– “una noción de Tradición que se opone al Magisterio universal de la Iglesia, de la que es poseedor el Obispo de Roma y el Cuerpo de los Obispos.

No se puede permanecer fieles a la Tradición rompiendo el vínculo eclesial con aquel al que el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, ha encomendado el ministerio de la unidad en su Iglesia”. “La autodestrucción o el fuego de los conmilitones –afirma el Papa Francisco–  es el peligro más solapado. Es el mal que perjudica desde dentro; y, como dice Cristo, todo reino dividido en sí mismo cae en ruinas”.

El Papa Francisco cita con frecuencia al diablo: Es el que trata de destruir a la Iglesia. La suya “es una guerra sucia” y “nosotros, ingenuos, estamos a su juego”.

Obras abiertas

Dos acciones que Francisco ha aprobado con fuerza están aún en camino: la primera es la reforma de la Curia, por la complejidad de reorganizar una institución secular (“hacer reformas en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes –dijo el Papa citando a Monseñor de Mérode–. Y también los escándalos, como “Vatileaks2”, no detienen al Papa Bergoglio.

La segunda acción es la lucha contra los abusos sexuales en la Iglesia. De la Pontificia Comisión para la tutela de los menores,  –creada por Francisco– han renunciado algunos miembros, denunciando resistencias y retrasos. Pero el Papa reafirma la “tolerancia cero” porque “no hay lugar en el ministerio para aquellos que abusan de los menores”. Y Francisco va adelante.

Diplomacia de la paz

Francisco promueve la cultura del encuentro en ámbito ecuménico, interreligioso, social y político, sin olvidar la dimensión humana. Se mueve hacia la unidad, pero sin borrar las diferencias y las identidades. Es importante su rol en el deshielo entre Estados Unidos y Cuba y en el proceso de paz en Colombia y en la República Centroafricana.

Ataca a los que fabrican y venden armas. Al mismo tiempo, denuncia con firmeza las persecuciones contra los cristianos, quizás hoy más graves que ayer, en el «silencio cómplice de tantas potencias», que pueden detenerlas. Lanza llamamientos contra la trata de seres humanos «nueva forma de esclavitud».

Tiempo de la misericordia, pero hasta cierto punto

Sin duda, la palabra central de este Pontificado es «misericordia»: es el sentido de la Encarnación del Verbo. Es una palabra que escandaliza. Francisco se da cuenta. Dios es excesivo en su amor a sus criaturas.

Sin embargo, hay un límite: la corrupción. El corrupto es el que no sabe que lo es, el que rechaza la misericordia divina. Y Dios no se impone. Hay un juicio final.

Por ello, el Papa propone siempre el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo: «Tuve hambre y me disteis de comer…». En el ocaso de la vida seremos juzgados sobre el amor.

Menos clericalismo en la Iglesia, más espacio a laicos, mujeres y jóvenes

Francisco se opone al clericalismo, porque el pastor debe «servir» y tener «olor a oveja». Afirma que los laicos deben descubrir cada vez más su propia identidad en la Iglesia: no deben permanecer al margen de las decisiones. Basta ya de «obispos pilotos».

Relanza el rol de la mujer, pero mirando su misterio, no su funcionalidad: no se trata de una lucha por el poder o de reivindicaciones imposibles, como el sacerdocio. Se trata de reflexionar sobre la hermenéutica de la mujer porque –reitera– María es más importante que los Apóstoles.

Invita a los jóvenes a tener mayor protagonismo y a incomodar a los pastores con su creatividad.

Evangelizadores con Espíritu

El Papa pide a todos los cristianos que sean «evangelizadores con Espíritu» para «anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, también a contracorriente», tocando «la carne de los que sufren», dando «razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que apuntan con el dedo y condenan».

«Si logro ayudar a una persona a vivir mejor –afirma Francisco– con eso es suficiente para justificar el don de mi vida».


Laicos en las curias diocesanas: «Trabajo para mi familia: la Iglesia»

marzo 4, 2018

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La canciller de Barcelona, Mariòn Roca, con el cardenal Omella.

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Laicos en las curias diocesanas: «Trabajo para mi familia: la Iglesia»

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
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«Yo pensaba que me iba a resultar muy difícil, pero son los sacerdotes y el obispo los que me lo han puesto muy fácil», dice Maribel del Real, nueva responsable de finanzas de la diócesis de Getafe desde el pasado enero.

Maribel no lleva ni un año trabajando en la curia diocesana y tiene claro que «la forma de trabajar es distinta a la de cualquier otra empresa que conozca. La Iglesia no es una empresa al uso. En otros sitios lo que impera es la productividad, los beneficios, los objetivos, quedar bien en el ranking de empresas, pero en la Iglesia importa sobre todo la persona.

¡Claro que la Iglesia no tiene que perder dinero y tiene que cuadrar los presupuestos, y yo estoy aquí para eso! Pero aquí no existe el agobio que hay en otras organizaciones que solo miran el euro. La visión es otra y el objetivo es otro, y el dinero es solo un medio para llegar a ese objetivo. Eso me ha resultado sorprendente y maravilloso. Es lo que más me ha chocado al trabajar aquí. Y es para mí una bendición y un privilegio», asegura.

La experiencia de Maribel no es única entre los laicos que tienen responsabilidades diocesanas. Francisco Albalá y Toñi Caro son los responsables del área de Matrimonio y Familia en Bilbao desde hace siete años, y allí «nos han acogido muy bien, pero lo teníamos muy fácil ya que en nuestra diócesis los curas están muy acostumbrados a trabajar con laicos, y al revés. Esa transición la hicimos aquí hace 30 años, y es algo ya normalizado. Para nosotros es una relación en un doble sentido: te pones a su servicio y al mismo tiempo demandas de ellos su trabajo y sus capacidades».

Complementariedad

En realidad, la colaboración entre sacerdotes y laicos es un fenómeno cada vez más normalizado dentro de las curias diocesanas. Mariòn Roca, la secretaria general canciller del Arzobispado de Barcelona desde el mes de septiembre, confirma que el trabajo común se desarrolla «con toda normalidad, con un trato agradable y natural. Me he sentido acogida en seguida y a gusto. Además, el señor cardenal es una persona afable, que confía en los demás, y eso ayuda mucho».

Mariòn destaca que sacerdotes y laicos «trabajamos bien, ¡y trabajamos mucho!, con el deseo de formar parte de un equipo e intentar agilizar los trámites tanto como sea posible», y resume en una palabra –«complementariedad»–, la relación entre curas y laicos:

«Siendo mujer y laica podría entenderse que el encaje es complejo entre tantos sacerdotes, pero no es así en absoluto. La complementariedad de las personas, con la empatía y generosidad de cada una, la familiaridad de trato, la confianza mutua… es algo fundamental, como en todos los ámbitos de la vida. Todos somos Iglesia y trabajamos por y para ella, cada uno desde su cargo y responsabilidades y con su propia personalidad».

«Les digo lo que deberían hacer»

«Curas y laicos encajamos muy bien. Es algo muy bonito», añade Teresa Valero, delegada de Nueva Evangelización en la diócesis de Solsona. En su caso, esta colaboración con el clero va más allá porque en ocasiones se encuentra dando para ellos sesiones de formación en toda España.

«Ahora estoy dando un curso de liderazgo para la conversión pastoral al que están asistiendo varios sacerdotes y un obispo. En realidad les estoy diciendo qué es lo que tienen que hacer en una parroquia para que pueda crecer. Es muy bonito porque ellos son unos expertos en este tema pero están abiertos a lo que se está haciendo en otras partes en el campo de la renovación de las parroquias, y ahí no tienen ningún problema en escuchar las aportaciones de los laicos», afirma.

Para Teresa, su labor pastoral es una tarea «conjunta y de comunión, de trabajar codo a codo y de igual a igual, cada uno desde su carisma».

Francisco coincide con ella en que «juntos estamos construyendo el reino de Dios, y es un regalo constatar que cuentan contigo para ello». Los delegados de Familia de Bilbao subrayan una palabra en este sentido: naturalidad.

«Es muy importante para ellos la aportación de los laicos. Todos contribuimos y ofrecemos visiones distintas, pero siempre complementarias. Somos distintos pero iguales de cara a la pastoral. A nosotros nos enriquece mucho su formación, todo lo que han estudiado. Te sientes muy bien acompañado entre ellos, no te sientes raro, hay mucha normalidad. Creo que es lo mejor que puede pasar en un ámbito en el que estamos llamados a  colaborar».

Intuición femenina

«Mi trabajo al final es el mismo, y daría igual si lo hiciera una u otra persona –reconoce Maribel– pero los laicos podemos aportar una visión propia, quizá porque estamos más en contacto con la gente de fuera, o porque venimos de otros trabajos en los que hemos estado trabajando de otra manera. Y en mi caso creo que aporto también una sensibilidad propia de las mujeres. Siempre me acuerdo de un día en que me crucé con don Joaquín, nuestro anterior obispo, y me dijo: “Me agrada mucho que siempre tengas una sonrisa en la cara”. Pues eso es lo que quiero, poder regalar esa sonrisa a cuantos se acerquen a mi mesa de trabajo».

Teresa subraya también «la especial aportación de la intuición femenina», además de que los laicos en general «pueden ofrecer una normalidad en la relación con la gente. De hecho, en el ámbito de la nueva evangelización, la figura del laico parece que llega mejor en un primer momento a las personas que están más alejadas, quizá porque se pueden ver más reflejadas y les acerca otro lenguaje y otra forma de presentarse que no conocían».

Mariòn añade que «además de mi experiencia personal y profesional», ofrece al trabajo común «una visión práctica del día a día, que se intenta adaptar a la realidad laboral de la curia, tan llena de particularidades. Me gustaría creer que mi labor no sólo responde al deseo de ser profesional y ejercer el cargo dignamente sino que también esa labor es fruto de un compromiso cristiano».

Hombres de Dios

Por otro lado, el contacto con tantos sacerdotes «me ayuda y me aporta mucho –dice la canciller de Barcelona–. Tomo notas constantes en mi interior. Algunos sacerdotes han sido y son grandes ejemplos para mí. Son sacerdotes referentes en mi vida, que aprecio y de los que he aprendido y aprendo mucho. En determinadas circunstancias su ejemplo ha renovado mi fe. Forma parte de vivir más cerca de Dios cada día y con más naturalidad».

Para Maribel, «los curas te ofrecen otra visión de las cosas, porque ellos están más volcados en lo pastoral. A mí personalmente me aportan paz, muchísima paz, y confianza, porque son hombres de Dios y lo demuestran todos los días. El contacto con ellos me ha hecho crecer en la fe. No sé qué más puedo pedir».

A Teresa, la figura del sacerdote «me infunde mucho respeto, son unas personas muy queridas para mí, hasta los más mayores que a lo mejor les cuesta más entrar en esta visión de la nueva evangelización. Son personas que han dedicado toda la vida a la Iglesia y se merecen mucho respeto. Estoy muy agradecida de verdad de poder trabajar codo a codo con ellos».

Por eso, formar parte de un equipo que se dedica a hacer crecer la Iglesia y llevar a otros la fe es para la delgada de nueva evangelización de Solsona «una suerte, y una vocación, la de tratar de hacer que otros descubran a Dios y a su Iglesia. En realidad es trabajar para lo que más quiero: mi familia de la Iglesia».


La Cuaresma: Empeñarse en la vivencia de la “dimensión mariana” de la Iglesia

febrero 21, 2018

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¿Qué nos dicen los signos de los tiempos en la Iglesia y en el mundo sobre la mujer?

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Una aproximación a la mejor comprensión de la función de la mujer en la Iglesia. Pasos hacia el reforzamiento de la “dimensión mariana” de la Iglesia. La belleza única de la mujer en la Iglesia Católica.

A cuenta de ello: ¿No habrá llegado el momento de redescubrir el significado del velo o de la mantilla entre las mujeres católicas? ¿Qué nos dicen los signos de los tiempos en la Iglesia y en el mundo sobre la mujer? ¿Tendrá el velo suficiente entidad como para promover una renovación de la función de la mujer en la Iglesia? 

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Hace tiempo me ronda en la cabeza la idea de escribir algo sobre uno de los símbolos religiosos de la tradición judeocristiana: El velo o mantilla usados por las mujeres en las celebraciones religiosas. El artículo que reproduzco ya lo publiqué en este sitio con dos entregas o entradas.

Ahora lo saco de nuevo, única entrada, con motivo de la Cuaresma porque pienso que puede ser un tiempo apropiado para su uso y significación eclesial. Y además, porque todos sin excepción podemos ejercitarnos en comprender y vivir mejor la “dimensión mariana” de la Iglesia de la mano de la “mujer”, icono de la compasión y ternura de Dios y de la belleza de María, madre de la Iglesia. 

Comienzo por recordar que hasta el Concilio Vaticano II estaba generalizado el uso del velo entre las mujeres en la Iglesia. Mejor dicho: Estaba mandado. El Concilio no lo prohibió pero tampoco lo promovió. Simplemente suspendió la obligación de llevarlo. Dejó libertad para usarlo o no, a criterio personal.

El resultado fue que en pocos años desapareció esa práctica en toda la Iglesia, sobre todo romana. Hoy solo se usa el velo o mantilla de manera protocolar en las visitas o encuentros oficiales con el Santo Padre; también lo usan las novias y las religiosas.

Como expresión de religiosidad popular peruana, señalo que en la procesión del Señor de los Milagros de Lima, las señoras que visten hábito morado y queman incienso, también llevan velo blanco.

Actualmente son muy escasas las mujeres que usan el velo o mantilla durante la misa, adoración del Santísimo o en otras celebraciones. Por lo general, estas personas visten el velo con mucha reverencia y convicción porque les ayuda grandemente en su oración.

No suelen provocar rechazo en los demás y las mujeres que las ven, por lo general, se muestran interesadas en conocer los motivos que tienen para usar el velo sobre todo durante la misa.

 

El velo es un signo religioso

¿Qué podemos decir sobre el velo o mantilla? Es un atuendo femenino que, usado en las celebraciones religiosas, se convierte en signo que expresa y facilita la relación con Dios, sobre todo en la oración personal y en el culto litúrgico. El velo bendecido se convierte en “sacramental”: Es decir, adquiere una carga significativa tanto para el que lo porta o usa como para los demás.

Tanto el velo, como el hábito religioso, una medalla, el aro matrimonial… son sacramentales que recuerdan al que los lleva el compromiso contraído de manera privada o pública, pero siempre personal. En ellos expresa el creyente su intención y su relación particular con Dios: su consagración testimonial.

A través de ellos la vivencia interior del creyente se robustece al hacerse pública, y a la vez esos signos ayudan al creyente a evitar los olvidos y las eventuales incoherencias prácticas. Es decir, le ayudan a mantener y hacer crecer su intención primigenia, su experiencia fundante o su consagración original.

Para los demás, esos signos son un testimonio, llaman la atención y les muestran las intenciones de la persona que los lleva. Ofrecen a todos un conocimiento de la persona en su experiencia religiosa, que puede conducir a los demás a valorar, respetar, admirar y hasta imitar a esas personas que manifiestan públicamente su fe. En fin, se fomenta el sentido de Iglesia.

 

Significado específico del velo en la mujer orante

Lo primero que se debe resaltar es que el velo siempre se consideró en la tradición cristiana como una prenda de vestir propia y específica de las mujeres, un atuendo femenino, no de los varones. Tiene referencia no sólo al cabello de las mujeres, sino a su mismo sentido de belleza y de presentación femenina en las oraciones públicas o privadas.

Quizás no sería exagerado ni atrevido afirmar de entrada que el velo tendría algo que ver con el ser y hacer de la mujer en la Iglesia, según los planes de Dios, sobre todo en el culto y las oraciones.

Aparte de las connotaciones socioculturales, pareciera que el velo en sí “diría bien” con la función esencial y específica de la mujer en la Iglesia y concretamente en las oraciones y en la liturgia. El hecho de llevar velo ayudaría a la mujer en su identidad creyente y en su testimonio ante la comunidad eclesial y ante el mundo.

La Palabra nos dice que Dios los creó desde el principio hombre y mujer. Los hizo a su imagen y semejanza, iguales en su dignidad y en su vocación fundamental, pero distintos en su condición de seres sexuados, hechos el uno para el otro, es decir, esencialmente complementarios.

La sexualidad es mucho más que la genitalidad, pues abarca todos los aspectos del ser humano: autoconciencia, inteligencia, sensibilidad, capacidad de acoger y dar afecto, resistencia al dolor y al sufrimiento, aprecio de la vida, optimismo, religiosidad, etc.

Hombres y mujeres somos diferentes; muy diferentes. Pero complementarios, hechos para vivir relacionados en la sociedad y particularmente en el matrimonio.

Se podría sostener que esta condición sexuada del ser humano refleja mejor, o al menos más explícitamente, la esencia de Dios; es expresión de la perfección infinita de Dios, que es Comunión trinitaria, unión en la diversidad, pluralidad en la unidad.

Es decir, la condición sexuada hace más comprensible a los humanos el misterio de Dios Uno y Trino a la vez, Único Dios en tres personas distintas. Además, le facilitaría experimentar la riqueza de la diversidad de los humanos, la belleza de la convivencia humana y las bondades de la complementariedad.

Le abriría finalmente a la capacidad de la procreación, a la fecundidad del amor entre dos personas sexualmente diferentes y complementarias.

En la Historia de la Salvación Dios mismo se ha encargado de asumir y de santificar la condición sexuada del ser humano, mediante la Encarnación del Verbo y la Maternidad divina de la Virgen María.

Al encarnarse, Dios asume la condición humana en su totalidad y existencialmente sexuada: De hecho, necesitó una madre, la Santísima Virgen María, mujer y no varón; y en Jesús de Nazaret el Verbo de Dios asumió la condición humana como varón, no como mujer. Jesús no fue mujer. De María su madre asumió Jesús la esencia del hombre y existencialmente fue varón, el hijo de José el carpintero.

Ahora ellos dos, Jesús y María, solamente ellos están resucitados y glorificados en el Cielo, los dos únicos seres humanos, hombre y mujer. Cada uno cumple la voluntad de Dios y sirve a la salvación de los hombres, según el plan único e inescrutable de Dios.

Ante estas consideraciones elementales de nuestra fe, ¡qué desenfocadas resultan ciertas apreciaciones en referencia a Jesús o a María! Así, algunas mujeres recriminan a Jesús que no hiciera apóstol y sacerdotisa a su madre María. Sería falta de amor. A otras les parece una discriminación que la Iglesia no permita a las mujeres acceder al sacerdocio.

 

En las cosas de Dios no hay autoservicio: todo se recibe, nada se toma por propia iniciativa

Lo primero que se desprende de lo expuesto es que Dios en la historia de salvación programa, dispensa y distribuye sus dones como a él le parece: En función del bien de todos y para su gloria.

Nadie toma nada por su cuenta, todo se recibe y se agradece. Dios sabe poner a cada uno en el mejor lugar, con las mejores cualidades. Él provee a cada uno con largueza, y sin perjudicar a nadie.

Por tanto, la reivindicación no cabe en la Iglesia. Tampoco la emancipación. Nadie debe buscar su propio bien, su propio interés. Cada uno es un don para los demás. La caridad, que no busca lo propio, se entiende como la búsqueda del bien de los demás. Y la perfección del cristiano consiste en anteponer el bien común al propio.

Al razonar con estos criterios, qué lejos estaríamos del espíritu que, por lo general, ha inspirado la liberación de la mujer, la revolución sexual, el feminismo radical: contrarrestar la tradicional opresión sociocultural del varón y luchar por la conquista del poder de las mujeres sobre los hombres. Que las mujeres se rebelen y luchen por oprimir a los varones, aun a costa de renunciar a su condición de mujeres.

Esta manera de razonar y de actuar socaba los fundamentos de la maternidad, de la familia y de la sociedad como tal. Al fondo descubrimos un egocentrismo si no egoísmo nefasto que lleva a la esterilidad, a la infecundidad. El Papa Francisco atribuye al Diablo la esterilidad. La anticultura de la muerte -contracepción, aborto, homosexualidad y la ideología de género- está llevando a la destrucción de la comunidad humana, sobre todo en ciertos países, los más secularizados.

Esta transformación ideológica, moral y sociorreligiosa, lleva consigo la cosificación de la mujer, reduciéndola a un objeto de placer para el hombre, cebo de publicidad y comercialización de productos.

Por tanto, la salvación de la familia, de la sociedad y de la Iglesia, si se nos permite, pasará necesariamente por la reivindicación de la mujer en todo el esplendor de su vocación como “genio femenino”, esposa y madre, icono de la vida, la verdad y la belleza de Dios.

 

Dios sabe lo que hace: La mujer, reflejo de la ternura, belleza y amor de Dios.

El Papa Francisco insiste una y otra vez en la necesidad de que la mujer vaya ocupando en la Iglesia el sitio que le pertenece. Porque algo resulta evidente: de hecho en la actualidad no está viviendo plena y específicamente la misión que le corresponde según el plan de Dios y en favor de la Iglesia. Es una tarea pendiente y urgente.

Y esta es la cuestión más importante y casi única que pretendo abordar en estas líneas, un tanto prolijas si se quiere: Tenemos que estudiar, profundizar, dialogar, compartir nuestros sueños, frustraciones y esperanzas respecto de la función de la mujer en la Iglesia y en el mundo. Tal objetivo legitimaría suficientemente nuestro discurso.

Para reconocer la dignidad y la sublimidad de la vocación propia de la mujer en la Iglesia y en la sociedad hay que rastrear con atención los planes de Dios manifestados en la historia de la salvación: Hechos y palabras. No hay que inventar cosas ni pensar mucho.

En la Palabra, al principio, dijo Dios: No está bien que el hombre esté solo. Hagámosle una ayuda semejante a él, un ser “apropiado y proporcionado” para él. Y así Dios creó a la mujer, igual al varón. Ambos llamados a vivir en comunión, a complementarse como un don mutuo en el amor de Dios.

La mujer es un don de Dios deseado por el hombre, necesario y conveniente para él. Sin ella el hombre no es completo, no puede sentirse realizado plenamente.

El hombre y la mujer, por separado, son imagen de Dios y semejanza de Dios, sí, pero de manera imperfecta: Porque el hombre, a pesar de ser dueño de todas las cosas creadas, no hallaba en ellas un ser de su misma dignidad, un ser con el que pudiera entenderse, encontrarse, ayudarse, planificar juntos, gozar juntos…

Para establecer esta comunión conyugal, el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer… y los dos serán una sola carne. Tanto el varón como la mujer sienten una atracción mutua para encontrarse, conocerse, dialogar, vivir en comunión, unirse maritalmente y procrear seres semejantes a ellos…

En una palabra, el varón y la mujer están llamados a reproducir en este mundo la comunión de las tres divinas personas. Y les dijo Dios: Crezcan, multiplíquense, llenen de hijos la tierra.

La vida humana surge en el seno de una comunidad y sólo en ella crece y llega a plenitud. Un individuo no puede engendrar vida ni puede garantizar su crecimiento y madurez. En esa comunidad conyugal, el papel de la mujer tiene unas características únicas.

Toda mujer está llamada a encarnar y hacer visible la ternura de Dios, su belleza, su cercanía providente, su capacidad de acogida y de comunión y su apuesta por la vida. Está llamada a ser esposa y así hacerse madre. En la generación de la vida, en su gestación y en la educación del nuevo ser humano, el papel de la mujer, esposa y madre es único, e intransferible.

 

La mujer, primera transmisora del don de la vida y de la fe, iniciadora de auténtica humanidad

La mujer es el sagrario de la vida, pues la fecundación acontece en sus entrañas y la implantación vital del embrión humano se realiza en el seno materno. Éste garantiza la permanente y segura acogida del nuevo ser, y con ello su incorporación a la familia humana.

Los esposos y padres, pero específicamente la madre, son los transmisores de la vida y de la experiencia religiosa. A este embrión es infundida el alma inmortal creada directamente por Dios para completar las condiciones vitales del nuevo ser, según los planes de Dios.

Así la esposa y madre se convierte en el primer recinto sagrado donde se desarrollará el nuevo ser humano. Ella será la primera trasmisora del reconocimiento de los padres y del mundo exterior hacia el nuevo ser humano: acogida, valoración, afirmación, seguridad, supervivencia, desarrollo vital, absorción de los valores humanos y de la experiencia religiosa.

La mujer, esposa y madre, comparte las vivencias y experiencias de la Santísima Virgen María. Con ella pronuncia el “fiat”: Hágase en mí, como tú digas. Con María, como mujer y madre, comparte su respuesta “personal” y en cierta soledad, pero no desamparo.

Es la sumisión obsequiosa de la fe a Dios, no al varón, ni al destino, ni a la visión cultural o moda social. Ella se siente feliz como criatura del Señor, vivencialmente como mujer, semejante a María, que es bendita entre todas las mujeres por su particular y personal obediencia a Dios.

“Ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino que también es una elección de vida. La elección de vida de una madre es la elección de dar vida. Y esto es grande, esto es bello. Sin las madres, no sólo no habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo. No somos huérfanos, somos hijos de la Iglesia, somos hijos de la Virgen y somos hijos de nuestras madres” (Papa Francisco).

 

La belleza polifacética de la mujer en la Iglesia

La mujer es icono de la ternura y belleza de Dios en el mundo, en la sociedad. En la Iglesia es icono de la nueva Eva, de María, la llena de gracia y bendita entre todas las mujeres. Representa a la Iglesia como la Esposa de Cristo. En fin, goza de un espectro magnífico y esplendoroso de gracia y belleza espiritual.

Por estas y otras mil razones, la mujer, en el orden de la gracia, en la Iglesia, en la familia, en la sociedad, en el mundo… posee una riqueza real y significativa casi infinita, según los planes de Dios. La grandiosidad de María nos es accesible en cada mujer, sobre todo en la propia madre, gracias a la cual hemos venido al mundo todos los seres humanos y hemos experimentado las vivencias más originales y fundantes.

En fin, es tan grande la mujer cristiana en los planes de Dios que ignorarla equivaldría a privar a la Iglesia y a la humanidad de una riqueza inimaginable y polifacética. Equivaldrá a un reduccionismo empobrecedor de la creación de Dios. Casi le quitaría el alma, la alegría.

Es mucho en efecto lo que Dios ha dispuesto depositar en María y en la mujer como don para la humanidad, para la sociedad y para la Iglesia, como un mar sin fondo en el que siempre podremos bucear para sacar más y más tesoros de gracia y bendición en Cristo.

Por eso, la mujer en la Iglesia debería ser considerada como una perla preciosa digna de todo respeto y veneración. En ella, Dios ha depositado bienes admirables e inefables para bendición de la Iglesia y de la humanidad entera.

En analogía con la vida religiosa que no es jerarquía, la mujer pertenecería al corazón de la Iglesia. Por tanto, estarían justificadas en ella todas las formas de vestir y de presentación que expresen ternura, belleza, recato, pureza, castidad, prudencia, humildad, servicio, disponibilidad, sobriedad, cercanía, acogida, perdón, reconciliación, paz…

Y todo ello para contento y admiración del varón que la contempla y respeta como el mayor don recibido de Dios, como “la ayuda apropiada y a medida” que Dios mismo le ha proporcionado con infinito amor y deferencia para bien de la humanidad y para su gloria, que al y al cabo, es lo mismo.

 

La mujer hace posible y exige una cultura del encuentro en nuestros tiempos, una evangelización de la ternura

Aquí, gracias a la consideración de la mujer en la grandeza de su vocación, nos topamos con un filón que debe ser descubierto con alegría, trabajado con denuedo y puesto a valer cultural y religiosamente para progreso y edificación del mundo entero.

Se ha dicho, no sin razón, que la cultura actual ha sido forjada más por el espíritu y talante del varón que de la mujer.

Consecuencia de este protagonismo y a veces imposición del varón, y también por el poder del pecado, nuestra cultura se caracteriza por la ley del más fuerte, la confrontación, la eficacia y el bienestar, la no sostenibilidad de una sociedad próspera, pacífica, inclusiva; la guerra, la muerte necesaria de un individuo o de un colectivo para que sobreviva el otro…

Pues no hay alimentos para todos; no hay tierra para todos; no hay prosperidad para todos; no cabemos todos en el mundo… Algunos tienen que morir necesariamente, desaparecer, o emigrar, o sufrir, o resignarse…

Frente a estas realidades, muchas personas abogan por ir creando, soñando y forjando, incluso ensayando una cultura hecha más según la inspiración de la mujer, según su sentir, sus necesidades, sus parámetros, sus ideales, su intuición y experiencia religiosa.

Según esto, habría que pensar en primer lugar en una cultura del diálogo, del encuentro, de la reconciliación y del perdón, de la opción por la vida como valor supremo y de la inclusión, no del desencuentro, de la guerra, del descarte. No, pues todos cabemos en el mundo, hay alimentos para todos, nadie debe morir, no hay que sacrificar a ningún ser vivo y menos a los hombres…

Es posible un mundo distinto, una sociedad de la acogida, de la convivencia pacífica, de la inclusión incondicional del otro, del respeto sagrado hacia todo ser humano más allá de su credo, cultura, raza, posición social, salud personal física o psíquica, por encima del bienestar material…

La forma de pensar, de sentir y de actuar de la mujer le conecta con un ser superior y con Dios, de una forma, diríamos “connatural” y afectuosa: Dios debe de ser algo así como una “mujer”, especialmente si ha llegado a ser esposa y madre; debe de sentir algo así como siente una mujer al varón, a la vida, al mundo, a los niños, a los hijos, a los ancianos, a sí misma…

Por tanto, Dios no debe de estar muy lejano de la vida de los hombres y de la sociedad, y no debe de alegrarse con la muerte de nadie, no debe ser promotor de guerras y de rivalidades, ni esclavo de la ambición, de la avaricia, del poder dominador… Es muy difícil creer y justificar que, en nombre de Dios, se pueda matar, se pueda declarar la guerra y promover conflictos, violencia o terrorismo…

La verdadera religión y el culto a Dios han de incluir y promover todo lo que significa reconciliación, compasión, perdón, diálogo, respeto e incluso ternura en las relaciones humanas entre las personas, las comunidades y los pueblos. La humanidad, antes que nada, tiene que ser una familia de hermanos que viven en paz y armonía y se sienten solidarios en la abundancia y en la escasez.

La mujer nos recuerda a los cristianos la necesidad de no olvidar jamás la “dimensión mariana” de la Iglesia. Ella es constitutiva de la Iglesia y anterior a la función petrina: esposa, madre, evangelizadora.

Todo intento de combatir la cultura de la muerte, la destrucción de la familia y de la sociedad necesariamente tendrá que pasar por la restauración y promoción de la dignidad de la mujer, garantía de la vida y de la familia.

 

El velo “dice bien” con la mujer que representa la feminidad en la Iglesia y la nupcialidad

En la tradición de la Iglesia ha existido hasta nuestros días la costumbre y la delicadeza de cubrir los objetos bendecidos o consagrados dedicados al culto, como son el tabernáculo o sagrario donde se reserva el Santísimo Sacramento.

Los altares están cubiertos con manteles y adornados porque representan a Cristo. Son la “mesa” donde se preparan los dones que serán consagrados. Los vasos sagrados, copones y cálices, son adornados y también cubiertos artísticamente.

La Iglesia como tal es la “perla preciosa”, la nueva creación en gracia y santidad, la novia que representa a todas las naciones. Todos los laicos toman parte en la naturaleza femenina de la Iglesia, pero las mujeres simbolizan a la Iglesia como la novia.

Las mujeres recuerdan a los varones que la esencia de la Iglesia es su condición de “desposada” con Dios: Ha sido sacada de las tinieblas y del pecado y ha sido adornada como novia para su Esposo. Toda mujer bautizada es un icono de esa vocación de toda la Iglesia. Ésta no puede olvidarse de ese primer amor, fundante y definitivo.

Por eso, toda mujer en la Iglesia es digna de una veneración especial, de respeto, de estima y de cariño. Una comunidad cristiana madura debería reservar para toda mujer un sitial de honor por consideración a la Nueva Eva, la Santísima Virgen María, Madre de Dios, y en atención a la función humana y salvífica con la que Dios le ha distinguido y embellecido, no para su autocomplacencia y vanidad, sino para gloria de Dios y bien de la humanidad y de la Iglesia.

Esta disposición de Dios respecto de la mujer es sagrada y única, digna de todo respeto por parte del varón. Los laicos varones en la Iglesia representan a Cristo, el novio. De ahí que algunos varones accedan al sacerdocio ministerial de Cristo, para bien de la Iglesia, no para su propio interés y poder.

La función y la dignidad jerárquicas no debe generar en el clero actitudes de suficiencia, autoritarismo y discriminación respecto de las mujeres, sino más bien todo lo contrario: un ministerio sacerdotal y pastoral inspirado por la caridad y la atención personal según las necesidades de cada uno. Los clérigos deben imitar la humildad y delicadeza con que Jesús trataba a las mujeres de su tiempo.

El Papa Francisco ha denunciado los daños que causa el clericalismo en la Iglesia. Los pastores deberían ser especialmente cuidadosos en el trato y consideración de la mujer en la Iglesia, sus más acérrimos defensores y promotores. Siempre será la mujer una prioridad pastoral. A veces ellas constituyen, de hecho, la verdadera opción por los pobres y marginados, o descartados.

Lamentablemente, la mujer suele ser víctima de la violencia, la marginación, el abuso, la soledad, la insolidaridad, el egoísmo cruel… Las “viudas” de la Sagrada Escritura son la personificación de los más abandonados en la sociedad y en la comunidad religiosa. Y Dios aparece frecuentemente como el “defensor de las viudas”.

Las palabras que el ángel dirigió a san José también se aplican a los clérigos: José, no tengas reparo en llevarte a María tu mujer. Ellos no deben tener ningún reparo en acoger todo lo que Dios ha depositado y realiza en ellas para enriquecer a la Iglesia y a la humanidad entera. Como José a María en su día, deben dar legitimidad y plena integración de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, como una bendición de Dios. “Le pondrás por nombre Jesús, que significa Salvador”.

El Papa Francisco aconsejaba no hace mucho a los jesuitas de Perú superar la vanidad y elitismo clerical y adoptar gestos y conductas cercanas al pueblo y más en concreto a las mujeres: “La mujer debe dar a la Iglesia toda aquella riqueza que von Balthasar llamaba «la dimensión mariana». Sin esta dimensión la Iglesia queda renga o tiene que usar muletas y entonces camina mal. Creo que en esto hay mucho que andar. Y repito, como les dije hoy a los obispos: «desprincipiar», estar cercanos a la gente…” (https://ismaelojeda.wordpress.com/2018/02/16/46026/).

 

Al final, ¿usar velo, por qué, y para qué?

A estas alturas, la mujer consciente de lo dicho hasta aquí se preguntaría qué añade llevar velo o qué se pierde si deja de llevarlo. Quizás lo más acertado y valioso sea la voluntad y la libertad de cada mujer en la Iglesia. Lo más valioso de lo expuesto quizás sea el haber dado vueltas a un tema y a una experiencia que interesa a todos, para gloria de Dios, bien de la humanidad y crecimiento y belleza de la Iglesia.

Ante esta ambiciosa apuesta, el uso de un atuendo femenino en sí mismo puede parecer insignificante y hasta ridículo. Sin embargo, no despreciable. El valor de este gesto a los ojos de Dios será infinito y de capital importancia para la madurez, belleza y fecundidad de la Iglesia en nuestro mundo.

En efecto, una mujer que usa el velo, con motivación religiosa, muestra a todas luces una gran reverencia ante Dios y ante la Iglesia, y fomenta su propio recogimiento para la oración; se honra a sí misma ante los demás valorando su pertenencia a Dios. Simboliza también a toda la Iglesia en cuanto que es la esposa de Cristo.

San Pablo pide a las mujeres que se sometan a sus maridos por amor a Dios; análogamente la Iglesia debe someterse a Cristo; y Cristo llevó una vida sumisa a los designios del Padre. Por eso, Cristo amó a la Iglesia hasta el punto de sufrir y morir por ella. Los maridos imitando a Cristo amarán a sus esposas como a su propio cuerpo. Y este es un gran misterio, confesará san Pablo, y “yo lo refiero a Cristo y a su Iglesia”.

El velo es una prenda de vestir que la mujer utiliza para orar, para comunicarse con Dios por lo general en asamblea litúrgica. Las mujeres tienen naturalmente un cabello hermoso, y el velo acentúa esa belleza. Pero con la intención de agradar a Dios no a los hombres. Por tanto, con velo o sin velo, la mujer expresará siempre ante su Esposo y Señor sentimientos de humildad, delicadeza, amor apasionado y nupcial, recato, modestia, recogimiento, piedad y, en fin, contemplación.

El Papa Francisco comenta la forma peculiar de sentir y de orar de María que guardaba todas estas cosas en su corazón: “Contemplando a la Madre nos sentimos animados a soltar tantos pesos inútiles y a encontrar lo que verdaderamente cuenta. El don de la Madre, el don de toda madre y de toda mujer es muy valioso para la Iglesia, que es madre y mujer”.

Prosigue el Papa con una referencia muy sugerente acerca de la manera peculiar de sentir, actuar y orar de san José y de todo varón: “Y mientras el hombre frecuentemente abstrae, afirma e impone ideas; la mujer, la madre, sabe custodiar, unir en el corazón, vivificar. Para que la fe no se reduzca sólo a una idea o doctrina, todos necesitamos de un corazón de madre, que sepa custodiar la ternura de Dios y escuchar los latidos del hombre. Que la Madre, que es el sello especial de Dios sobre la humanidad, custodie este año y traiga la paz de su Hijo al corazón de todos los hombres y al mundo entero” (https://www.aciprensa.com/noticias/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-12676).

 

A modo de conclusión

¿Por qué usar velo? Porque quieres: Porque a Dios le encantó hacerte mujer, como María, con una misión única e intransferible. Quiso hacerte libre y le gusta verte libre y creativa, llena de amor y feliz como él, que Amante de la vida. Porque estás orgullosa de ser mujer, porque te gustas en él, porque es tu respuesta entusiasta a Dios que te hizo mujer como María, y sabes por fe, estás segura de que eso es lo mejor para ti, para todos.

¿Y para qué usar velo? Para aprender a cumplir la voluntad de Dios, para aprender la fidelidad a tu vocación única y original de mujer como María… Para disponerte a ser esposa, a ser madre… Para colaborar de la mejor manera posible con los designios de Dios y salvar a todos los hombres, para amar a discreción, como María… bendita entre todas las mujeres. Y para llevar el Fruto bendito de su vientre a todas las naciones, para gloria y alabanza de Dios Padre, Hijo y Espíritu. Amén.

Por si puede interesar: 

http://www.academia.edu/34679861/DIMENSI%C3%93N_MARIANA_DE_LA_IGLESIA_Y_MISERICORDIAhttp://www.academia.edu/34679861/DIMENSI%C3%93N_MARIANA_DE_LA_IGLESIA_Y_MISERICORDIA

http://nihilobstat.dominicos.org/articulos/una-iglesia-mariana/

https://youtu.be/LWu_RFHBZmQ

http://adelantelafe.com/uso-del-velo-en-la-mujer-en-la-santa-misa/

http://www.padremiguel.info/mujer-como-te-vistes-delante-de-dios/

 


Papa: reforma de las universidades católicas para una Iglesia “en salida”

enero 29, 2018

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“Jesús impulsa a la Iglesia para que en su misión testimonie y anuncie siempre esta alegría con renovado entusiasmo”

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Papa: reforma de las universidades católicas para una Iglesia “en salida”

Publicada la Constitución Apostólica “Veritatis gaudium” del Papa Francisco sobre las Universidades y Facultades eclesiásticas que promulga la nueva normativa sobre los Institutos de estudio eclesiásticos.

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“La alegría de la verdad –Veritatis gaudium– manifiesta el deseo vehemente que deja inquieto el corazón del hombre hasta que encuentre, habite y comparta con todos la Luz de Dios”: Con estas  palabras de San Agustín el Papa Francisco inicia el Proemio de su nueva Constitución Apostólica sobre las Universidades y las Facultades eclesiásticas, hecha pública hoy.

“La verdad, de hecho, no es una idea abstracta, sino que es Jesús, el Verbo de Dios en quien está la Vida que es la Luz de los hombres” afirma el Papa y añade: “Jesús impulsa a la Iglesia para que en su misión testimonie y anuncie siempre esta alegría con renovado entusiasmo”.

Renovación de los institutos eclesiásticos

En el “nuevo contexto socio-cultural a escala global”, caracterizado por una crisis antropológica y socio-ambiental, el Santo Padre define “urgente” una “renovación sabia y valiente” de los estudios eclesiásticos, “en vistas de una misión más incisiva en esta nueva época de la historia” como ha propuesto en la Evangelii gaudium.

Universidades católicas para una Iglesia en salida

Partiendo de la exigencia prioritaria de la transformación misionera de una Iglesia “en salida” que debe involucrar a todo el Pueblo de Dios, el Papa afirma que  también hoy los estudios eclesiásticos “están llamados a dotarse de centros especializados que profundicen en el diálogo con los diversos ámbitos científicos.

La investigación compartida y convergente entre especialistas de diversas disciplinas constituye un servicio cualificado al Pueblo de Dios y, en particular, al Magisterio, así como un apoyo a la misión de la Iglesia que está llamada a anunciar la Buena Nueva de Cristo a todos, dialogando con las diferentes ciencias al servicio de una cada vez más profunda penetración y aplicación de la verdad en la vida personal y social.

Revolución cultural a la luz de la tradición

Se trata de una “enorme e impostergable tarea” que requiere, señala Francisco, “en el ámbito cultural de la formación académica y de la investigación científica, el compromiso generoso y convergente que lleve hacia un cambio radical de paradigma”, más aún  -agrega- hacia’ una valiente revolución cultural’.

En este empeño, la red mundial de las Universidades y Facultades eclesiásticas está llamada a llevar la aportación decisiva de la levadura, de la sal y de la luz del Evangelio de Jesucristo y de la Tradición viva de la Iglesia, que está siempre abierta a nuevos escenarios y a nuevas propuestas.

Necesaria hermenéutica evangélica

El Obispo de Roma indica asimismo la necesidad siempre más evidente de “una auténtica hermenéutica evangélica para comprender mejor la vida, el mundo, los hombres, no de una síntesis sino de una atmósfera espiritual de búsqueda y certeza basada en las verdades de razón y de fe”.

“La filosofía y la teología permiten adquirir las convicciones que estructuran y fortalecen la inteligencia e iluminan la voluntad –agrega el Papa– pero todo esto es fecundo sólo si se hace con la mente abierta y de rodillas. El teólogo que se complace en su pensamiento completo y acabado es un mediocre. El buen teólogo y filósofo tiene un pensamiento abierto, es decir, incompleto, siempre abierto al maius de Dios y de la verdad, siempre en desarrollo”.

Dios está presente en cada hombre

Francisco menciona los 4 criterios fundamentales para una renovación de la contribución de los estudios eclesiásticos, e indica, en primer lugar que “el criterio prioritario y permanente es la contemplación y la introducción espiritual, intelectual y existencial en el corazón del kerygma, es decir, la siempre nueva y fascinante buena noticia del Evangelio de Jesús , ‘que se va haciendo carne cada vez más y mejor’ en la vida de la Iglesia y de la humanidad”.

De aquí nace aquella fraternidad universal que “sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno”.

Y señala el imperativo de “escuchar en el corazón y de hacer resonar en la mente el grito de los pobres y de la tierra” porque “Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres”.

Diálogo a todos los niveles

El segundo punto indicado por el Santo Padre es aquel del “diálogo a todos los niveles, con creyentes y no creyentes, “no como una mera actitud táctica”, sino como una “verdadera cultura del encuentro entre todas las culturas auténticas y vitales, gracias al intercambio recíproco de sus propios dones en el espacio de luz que ha sido abierto por el amor de Dios para todas sus criaturas”.

Unidad del saber de frente a panorama fragmentado

El tercer criterio fundamental que recuerda el Papa es “la inter y la trans-disciplinariedad ejercidas con sabiduría y creatividad a la luz de la Revelación. El principio vital e intelectual de la unidad del saber en la diversidad y en el respeto de sus expresiones múltiples, conexas y convergentes es lo que califica la propuesta académica, formativa y de investigación del sistema de los estudios eclesiásticos, ya sea en cuanto al contenido como en el método”.

“Este principio teológico y antropológico, existencial y epistémico, -señala- tiene un significado especial y está llamado a mostrar toda su eficacia no sólo dentro del sistema de los estudios eclesiásticos, garantizándole cohesión y flexibilidad, organicidad y dinamismo, sino también en relación con el panorama actual, fragmentado y no pocas veces desintegrado, de los estudios universitarios y con el pluralismo ambiguo, conflictivo o relativista de las convicciones y de las opciones culturales”.

Necesidad urgente de crear redes

“Un cuarto y último criterio se refiere a la necesidad urgente de ‘crear redes’ entre las distintas instituciones que, en cualquier parte del mundo, cultiven y promuevan los estudios eclesiásticos, y activar con decisión las oportunas sinergias también con las instituciones académicas de los distintos países y con las que se inspiran en las diferentes tradiciones culturales y religiosas; al mismo tiempo, establecer centros especializados de investigación que promuevan el estudio de los problemas de alcance histórico que repercuten en la humanidad de hoy, y propongan pistas de resolución apropiadas y objetivas”.

Nuevo impulso a la investigación

El Pontífice señala además “la viva necesidad de dar un nuevo impulso a la investigación científica llevada a cabo en nuestras Universidades y Facultades eclesiásticas”.

“Los estudios eclesiásticos no pueden limitarse a transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, deseosos de crecer en su conciencia cristiana, conocimientos, competencias, experiencias -insiste Francisco- sino que deben adquirir la tarea urgente de elaborar herramientas intelectuales que puedan proponerse como paradigmas de acción y de pensamiento, y que sean útiles para el anuncio en un mundo marcado por el pluralismo ético-religioso”.

http://www.vaticannews.va/es/papa/news/2018-01/papa-francisco-constitucion-apostolica-veritatis-gaudium–instit.html


‘Iglesia Soy’, la app que ofrecerá desde gestión de sacramentos hasta consejería

diciembre 26, 2017

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La app contribuirá a disminuir la deserción, ya que a través de ella se podrán mantener en línea con sacerdotes, monjas o colaboradores de la Iglesia.

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Por Ignacio Fernández González

(El Universal, Colombia).-Sus doce años en el ejercicio sacerdotal y la responsabilidad de la pastoral de comunicaciones de la Arquidiócesis de Montería, llevaron al padre Uriel Pimienta a buscar una alternativa para mantener a sus fieles cerca de la Iglesia.

Según relata el párroco de la iglesia de La Sagrada Familia, en el barrio La Unión de Montería, a partir de las preguntas y las necesidades de los fieles, surgió la idea de crear ‘Iglesia Soy’. El propósito de este emprendimiento es hacer más cercana la experiencia del servicio pastoral, porque la Iglesia debe ser ejemplo de servicio a los fieles.

“Hay dos cosas que siempre me han impactado: las personas que están en situación de duelo y las que tienen una enfermedad. Ellos siempre quieren encontrar un sacerdote y cuando no lo logran, se desilusionan. Esta herramienta va a facilitar que yo pueda tener una respuesta en tiempo real, la comunidad va a sentir que vale la pena y que en la palma de su mano tendrá a su parroquia siempre cerca”, explica el sacerdote.

El padre Uriel asumió como una responsabilidad dejar huella en su paso por la experiencia pastoral. Está seguro que ‘Iglesia Soy’ marcará un hito en el servicio porque es una iniciativa propia de Montería.

La plataforma web y el aplicativo móvil contribuirán a disminuir la deserción de los fieles, ya que a través de ‘Iglesia Soy’ podrán mantener contacto en línea con sacerdotes, monjas o colaboradores de la Iglesia para solicitar información o consejerías espirituales.

“Con la geolocalización, al llegar a una ciudad que no se conoce, cualquier persona podrá encontrar al sacerdote más cercano disponible. Es un modelo de aplicación con unos pantallazos muy visuales y de fácil acceso para los fieles de todas las edades. Además, hay un espacio para que sacerdotes y fieles puedan compartir reflexiones, salmos y pasajes bíblicos, con interacción directa”, resalta Andrés Vélez, ingeniero de sistemas y desarrollador de la aplicación.

Tanto en la plataforma web como en la aplicación móvil, habrá información disponible sobre los eventos y actividades de las diferentes parroquias. Así mismo, se podrán gestionar los sacramentos, consultando horarios, estipendios y ubicación de documentos.

“Hemos encontrado en Apps.co la ayuda necesaria para impulsar este proyecto. Creo que no hubiera sido posible sin todas las exigencias y todos los espacios que nos han brindado de crecimiento.

Para mí también ha sido un ejercicio muy interesante de crecimiento, de afianzarme también en este medio que siempre me ha gustado”, resaltó el padre Uriel Pimienta, quien encontró en la iniciativa de MinTIC la posibilidad de complementar su servicio pastoral con su faceta como emprendedor digital.

‘Iglesia Soy’ acabó de culminar la fase de Descubrimiento de Negocios, con el acompañamiento de los mentores del Ministerio TIC y de su aliado Innomake para el sector Caribe 1, que comprende las ciudades de Barranquilla, Cartagena, Montería, Sincelejo y San Andrés. Ahora seguirá en una segunda fase de consolidación durante 12 semanas.

Apps.co ha creado una nueva generación de empresarios digitales del país. Con esta iniciativa, MinTIC ha acompañado a más de 2.111 emprendimientos en las fases de Descubrimiento de Negocios y Crecimiento y Consolidación. Actualmente cubre 29 ciudades, con el fin de llevar las oportunidades a más regiones de Colombia.

http://www.riial.org/iglesia-la-app-ofrecera-desde-gestion-sacramentos-consejeria/

 

 


María José González: “Ecclesiared es la mejor ayuda para párrocos y Diócesis”

diciembre 26, 2017

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María José González: “Ecclesiared es la mejor ayuda para párrocos y Diócesis”

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“Somos una herramienta al servicio de la Iglesia, trabajamos cada día para nuestros párrocos”

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Por María José Gonzalez

(Religión Digital).- La Controller de Ecclesiared, el programa de gestión parroquial que ha revolucionado en los últimos años la administración, la comunicación y la pastoral de las parroquias y Diócesis de todo el mundo, atiende hoy a Religión Digital para hablar de cómo la tecnología está ayudando a la Iglesia ofreciendo su mano a miles de párrocos y consejos parroquiales.

En primer lugar, ¿cómo ayuda Ecclesiared a los párrocos?

Ecclesiared es un programa de gestión parroquial online que ayuda a los párrocos y consejos parroquiales a disponer de una plataforma con la que llevar informatizada sus bases de datos, permitiéndoles así poder imprimir certificados eclesiásticos en apenas 10 segundos, poder llevar al día el Libro de Misas, la comunicación con sus feligreses, la contabilidad y muchas cosas más.

Para aquellas parroquias o Diócesis que aún no emplean Ecclesiared, ¿qué les dirías?

Lo primero, que vean Ecclesiared. Tenemos un amplio equipo que se dedica desde el primer día que un párroco se pone en contacto con nosotros a través de nuestra web www.ecclesiared.es a enseñarle la herramienta. No tenemos que convencer a nadie, la herramienta habla por sí sola y cuando un párroco la ve, sabe que es precisamente lo que necesita en su día a día. Ecclesiared es la mejor ayuda para párrocos y Diócesis sin lugar a dudas.

¿Cuál es la principal ventaja de Ecclesiared?

Ecclesiared es un programa de gestión parroquial online lo que permite a cualquier párroco acceder a sus datos desde cualquier dispositivo electrónico, esté donde esté. Además, el programa fue realizado por informáticos y sacerdotes, es decir, es un traje a medida para cualquier párroco del siglo XXI.

¿En cuántos países estáis trabajando en la actualidad?

Seguimos ampliando nuestros horizontes. En la actualidad trabajamos además de España, en países como Chile, México, Colombia, Perú, Panamá, Puerto Rico, El Salvador, Ecuador, Venezuela y algún país más que me dejo seguro.

Y entiendo que cada Diócesis, tendrá sus peculiaridades…

Así es. Ecclesiared tiene un botón de asistencia el cual permite a los párrocos y consejos estar atendidos en todo momento por nuestro equipo de informáticos de Soporte Técnico. Recientemente por ejemplo, la Diócesis de Colón Kuna Yala de Panamá nos pidió algunas adaptaciones y así las hicimos para todas las parroquias de su Diócesis.

O sea que Ecclesiared es un programa vivo en ese sentido…

Sí, claro. Somos una herramienta al servicio de la Iglesia y eso nos obliga a introducir cada día mejoras para nuestros párrocos. Una de las últimas realizadas hace unos meses, la adaptación de todos los documentos del programa al catalán para aquellas parroquias de Catalunya que así lo deseaban.

Y… ¿qué objetivo os marcáis en el equipo para este 2018?

El principal para mí y todo nuestro equipo es seguir ayudando a la Iglesia y a los párrocos descubriéndoles que la tecnología está a su disposición para tenderles la mano y obtener mejores resultados en sus labores de evangelización.

 

http://www.riial.org/maria-jose-gonzalez-ecclesiared-la-mejor-ayuda-parrocos-diocesis/