El maná de cada día, 27.6.20

junio 27, 2020

Sábado de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

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Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído

 

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PRIMERA LECTURA: Lamentaciones 2, 2.10-14.18-19

El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá; derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza.

Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas; se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo; muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad. Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.

¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.

Grita con toda el alma al Señor, laméntate, Sión; derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche; no te concedas reposo, no descansen tus ojos. Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.

SALMO 73

No olvides sin remedio la vida de tus pobres.

¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados, y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión donde pusiste tu morada.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario. Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes.

En la entrada superior abatieron a hachazos el entramado; después, con martillos y mazas, destrozaron todas las esculturas. Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias. Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre.

ALELUYA: Mt 8, 17b

Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

EVANGELIO: Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»

Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»

Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles.

Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»


José Rodríguez Carballo, ofm: “La vida contemplativa es tal vez hoy más necesaria que nunca, por lo que de profecía comporta”

junio 20, 2020

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“Corremos el riesgo de convertir a los contemplativos en custodios de museos, particularmente en España… Este sería el peor servicio que podríamos prestar a la vida contemplativa”

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José Rodríguez Carballo, ofm: “La vida contemplativa es tal vez hoy más necesaria que nunca, por lo que de profecía comporta”

“En esta sociedad dominada por la lógica del poder, de la economía y del consumo, los contemplativos/as a través de sus vidas de entrega total, marcados por la oración y la ofrenda, a través de su vocación escondida, hacen tesoro de la Palabra de Dios guardándola en sus corazones”

“Los creyentes hemos de orar por los contemplativos para que no cedan a la tentación de la autorreferencialidad”

“La oración si es auténtica es siempre eficaz o, si se prefiere, fecunda. Pero su eficacia o fecundidad solo puede entenderse con los ojos de la fe”

“Cuando la humanidad vive sumergida en su impotencia, como la que estamos viviendo por el Covid-19, es cuando la oración de los contemplativos/as y, por supuesto de todos los creyentes, puede tener más sentido”

“Los contemplativos son sostén de los miembros vacilantes de la Iglesia”

José Manuel Vidal, 7 junio 2020

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Fr. José Rodríguez Carballo, ofm., arzobispo Secretario de la CIVCSVA, analiza en esta entrevista la situación de la vida contemplativa, en España y en el mundo. Defendiéndola como una realidad de interioridad, pero también de servicio, alegría e integridad.

“La oración pide a quien la hace ser consecuente con su fe”, dice. Y asegura que “los contemplativos son sostén de los miembros vacilantes de la Iglesia”.

¿Qué se quiere subrayar con el lema de este año para la Jornada pro orantibus: ‘Con María en el corazón de la Iglesia’?

La Iglesia en España celebra el día 7 de junio, la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Jornada pro orantibus. Con ello queremos celebrar, con inmensa gratitud al Padre de las Misericordias, el don de la vida contemplativa a la Iglesia y al mundo.

Una vocación que, “radicada en el silencio del claustro”, ha generado y continua generando en la Iglesia “preciosos frutos de gracia y misericordia” (Papa Francisco, Const. Apost. Vultum Dei quaerere = VDq, 5).

Una vocación con la que cuenta la Iglesia misma “para llevar la Buena Noticia del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. Una vocación, tal vez hoy más necesaria que nunca, por lo que de profecía comporta.

En esta sociedad dominada por la lógica del poder, de la economía y del consumo, los contemplativos/as a través de sus vidas de entrega total, marcados por la oración y la ofrenda, a través de su vocación escondida, son faros, para los de cerca y los de lejos, antorchas que acompañan el camino de los hombres y mujeres en la noche oscura de los tiempos, centinelas de la aurora que anuncian la salida del sol, aun en medio de la tempestad.

Y con su testimonio de vida centrada en Dios y en la búsqueda de su rostro, son sostén de los miembros vacilantes de la Iglesia.

Por todo ello la Iglesia, siempre, pero principalmente en este día dedicado de manera especial a ellos, al mismo tiempo que les agradece su testimonio de vida, les pide que mantengan viva la profecía de su existencia entregada, mostrándole al único Señor que ofrece plenitud a nuestra existencia, a Aquel que es camino, verdad y vida (cf. Jn 14, 6), recordándoles que “La Iglesia os necesita” (VDq, 5).

Monjas contemplativas: Este año el lema para esta Jornada es “Con María en el corazón de la Iglesia”. Con este lema, la Iglesia, desea, en primer lugar, presentar a María como modelo y signo de la vida contemplativa.

María, mujer de fe (cf. Lc 1, 38), se presenta a todos los consagrados como modelo de consagración al Señor y, siendo como es la summa contemplatrix (cf. VDq, 10), para los contemplativos se presenta como modelo de contemplación del Misterio que la habita.

A ejemplo de María, los contemplativos están llamados a centrarse en Dios como el único necesario (cf. Lc 10, 42); a hacer tesoro de la Palabra de Dios guardándola en sus corazones (cf. Lc 2, 19); a permanecer fieles en los momentos gozosos, como en Caná de Galilea (cf. Jn 2, 1-11), y también en los momentos de prueba, al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25-27), presentándose como icono de fidelidad perseverante.

Por otra parte, el lema de este año quiere recordarnos que la vida contemplativa no es marginal en la Iglesia, sino que está en su mismo corazón, en cuanto presencia orante en la Iglesia, por la Iglesia y por el mundo. La vida contemplativa, como la vida consagrada en general, es uno de los elementos constitutivos de la Iglesia.

Por otra parte, a la vida contemplativa se le aplica lo que a toda la vida consagrada: nace en la Iglesia, crece en la Iglesia y da frutos en y como Iglesia.

La Iglesia necesita de la vida contemplativa, pero la vida contemplativa necesita de la Iglesia, necesita sentir con la Iglesia y como Iglesia. Sin esta perspectiva fácilmente la vida contemplativa correría el riesgo de la deriva sectaria.

¿Hay que rezar por los que rezan continuamente por todos nosotros?

En el Padre nuestro, oración por excelencia del cristiano, oramos para no caer en la tentación: “No nos dejes caer en la tentación” (Mt 6, 13), y en Getsemaní Jesús pide a sus discípulos que oren “para no caer en la tentación” (Lc 22, 40). Nadie está libre de la tentación, tampoco los contemplativos.

Por ello, a la oración que ellos mismos hacen para que el Señor no los abandone a la tentación, ha de unirse nuestra oración para que no se dejen sucumbir ante ella.

Los creyentes hemos de orar por los contemplativos para que no cedan a la tentación de la autorreferencialidad, que les lleva a aislarse; a la tentación de la mundanidad espiritual de creerse los mejores; a la tentación de la rutina que les llevaría a perder en sus vidas el sabor y la frescura que provienen del Evangelio; a la tentación de luchar por la sobrevivencia en lugar de trabajar sin descanso para tener una vida en plenitud.

Ya en positivo, los creyentes hemos de orar por los contemplativos para que no pierdan su capacidad de ser signos que “indiquen un camino, una búsqueda, recordando al pueblo de Dios el sentido primero y último” de sus vidas (cf. VDq, 4); para que sean “signo y profecía de la Iglesia virgen, esposa y madre, signo vivo y memoria de la fidelidad con que Dios sigue sosteniendo a su pueblo a través de los eventos de la historia” (VDq, 4); para que sigan siendo, “en la Iglesia y para la Iglesia, el corazón orante, guardián de gratuidad y rica de fecundidad apostólica y testimonio visible de una misteriosa y multiforme santidad” (VDq 5); para que vivan el gozo de la vida evangélica según el propio carisma (Cf. VDq, 6).

El mundo necesita de la oración de los contemplativos, y estos de la oración de todos los creyentes. La Jornada pro orantibus es una buena ocasión para reforzar nuestro compromiso de orar por ellos y ellas. Será una forma de agradecerles todo el bien que hacen en la Iglesia y en el mundo.

Por cierto, ¿está siendo eficaz la oración de las/los contemplativas en estos momentos tan dolorosos de muerte y desolación por la pandemia?

La oración si es auténtica es siempre eficaz o, si se prefiere, fecunda. Pero su eficacia o fecundidad solo puede entenderse con los ojos de la fe, porque el Espíritu que habita en los contemplativos por el Bautismo y de un modo todavía más íntimo gracias a la especial consagración, “intercede por los creyentes según el designio de Dios” (Rom 8, 27), que a menudo no son los designios de los hombres (cf. Is 55, 8).

Los contemplativos que, según una intuición genial de san Francisco de Asís, tienen una sintonía particular con el Espíritu Santo, intuyen sus gemidos. De este modo su oración es ya una oración purificada por esta relación íntima con la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que es el alma de la oración cristiana.

Y Dios responde siempre a la oración hecha con fe y pureza de intención, como nos consta por el mismo Evangelio (cf. Lc 7, 1-10), pero responde realizando el verdadero bien de la persona o de la situación que se le presenta.

Por este motivo, Perfectae caritatis en el n. 7 habla de una “misteriosa fecundidad apostólica” en referencia a la vida contemplativa; una eficacia que avanza por la vía del Espíritu; vía que muchas veces es secreta, misteriosa, evidente solo para quien sabe leer la realidad con las mismas categorías espirituales.

La primera manifestación de la eficacia de la oración de los contemplativos es para ellos mismos. También la oración de intercesión, que no consiste tanto en recordar a Dios las necesidades de los hombres, pues él sabe de lo que tenemos necesidad (cf. Mt 6, 32), sino que lleva a quien la hace a abrirse a las necesidades de los demás, haciéndose memoria (en el sentido bíblico del término) delante de Dios y recibiendo nuevamente el otro de parte de Dios.

La oración crea una estrecha relación del orante con Dios y con los demás. La oración de intercesión y petición, sin excluir la de alabanza y acción de gracias, la que hacen día y noche las almas contemplativas, no consiste tanto en palabras pronunciadas delante de Dios, sino un vivir delante de Dios en la posición del Crucificado, con los brazos abiertos, en la fidelidad a Dios y en la solidaridad y comunión con la humanidad, particularmente con la humanidad sufriente.

A este punto está claro que la oración de intercesión de los contemplativos no es una función, una obligación, un trabajo, sino la esencia misma de una vida devorada por el amor a Dios y el amor a los hombres, por la pasión por Dios y la pasión por la humanidad, que diariamente experimentan los contemplativos.

Esto es lo que hace que para el cristiano y máxime para los contemplativos la oración es la acción por excelencia, la obra a realizar, la praxis, la acción eficaz en la historia.

Cuando la humanidad vive sumergida en su impotencia, como la que estamos viviendo por el Covid-19, es cuando la oración de los contemplativos/as y, por supuesto de todos los creyentes, puede tener más sentido, no para invocar soluciones mágicas, ni para evadir compromisos o responsabilidades en la búsqueda de soluciones, ni para sentirnos exentos de la historia, sino porque su fe en el Señor de la historia le lleva a interceder, lo que significa “hacer un paso entre” dos realidades, entrar de lleno en una situación negativa que se está viviendo y se presenta al Señor para aportar elementos que la puedan cambiar, cada uno según su vocación.

En este caso, la oración de intercesión lleva a los contemplativos a convertirse en solidarios con quienes están en necesidad, a cumplir la voluntad de Dios que es siempre voluntad de vida y vida en plenitud (cf. Jn 10, 10).

No se puede olvidar que la oración de intercesión y de petición no es para que Dios haga nuestra voluntad, sino para que nosotros hagamos la voluntad del Señor (cf. Mt 6, 10). Entonces la oración, también la de los contemplativos, es eficaz en la historia en cuanto recoge el grito de los necesitados, se hace voz de quien sufre, invocando justicia y misericordia.

No se olvide, tampoco, que la oración pide a quien la hace ser consecuente con su fe, de estar en la historia con las armas que le son propias; le pide contribuir a cambiar situaciones que nada tienen que ver con el proyecto de Dios sobre sus hijos e hijas, de tal modo que responda a dicho proyecto.

Sin oración no hay fe auténtica, sino solo ideología; no hay esperanza, sino solo autosuficiencia; no hay caridad, sino solo protagonismo filantrópico. Aunque las apariencias puedan llevarnos a pensar lo contrario, solo la oración, también la oración de los contemplativos, cargada de gratuidad y de ofrenda, salvará el mundo.

Cierto: esto, como ya indiqué antes, solo se puede entender desde la fe y no desde una visión funcional de la misma vida consagrada que cada vez se difunda más, a veces también dentro de la misma Iglesia y del mundo de los consagrados. Esto lo saben bien los contemplativos/as.

¿La vida contemplativa en el mundo goza de buena salud? ¿Cómo están en números y en presencias?

Sí, la vida contemplativa, como la vida consagrada en general, goza de buena salud. No lo piensan así los profetas de desventuras dentro y fuera de la vida consagrada que no saben ver más allá de lo que se ve a simple vista y contra los cuales ya nos ponía en guardia Benedicto XVI (cf. Homilía del 2 del 02 de 2013).

Cierto que también la vida contemplativa está marcada por la presencia del pecado, como la misma Iglesia. Pero no se puede ceder a la tentación de fijarnos solo en el árbol que cae, sino que hemos de poner la mirada en el bosque que silenciosamente crece (cf. Benedicto XVI).

La reforma promovida por el Concilio, a la cual los profetas antes aludidos achacan todos los males de la Iglesia y de la vida consagrada y contemplativa, ha traído mucho aire fresco a la vida consagrada, también a la vida contemplativa.

No todo, como ya reconocía Vita consecrata, ha sido positivo en esa reforma (cf. VC 13) pero somos muchos los que pensamos que la revisitación de la vida consagrada y monástica era necesaria y se llevó y se está llevando con mucha seriedad por todos aquellos que acogen el Concilio y el Magisterio postconciliar como la brújula de la Iglesia y de la vida consagrada del siglo XXI, y por todos aquellos que ponen la formación permanente e inicial como el primer elemento a cuidar, si queremos una vida consagrada y monástica actual y no pieza de museo, como ama repetir el Papa Francisco.

Hay muchos nostálgicos de un pasado que ya no volverá, pero hay muchos más que viviendo el presente como un kairos y con pasión, abrazan el futuro con esperanza.

Los números en la vida contemplativa ciertamente han bajado. Basta pensar que cuando se publicó la Constitución apostólica Sponsa Christi de Pío XII, solo las contemplativas (sin contar los monjes) con votos solemnes eran 55.834. A estas habría que añadir 3.819 de votos simples y 2.426 novicias. En total sumaban 62.079, aproximadamente.

Hoy, sumando profesas solemnes, profesas simples y novicias son, siempre aproximadamente, unas 40.000. Y las previsiones no parece que van a cambiar esta tendencia a la baja, a pesar de que en África y Asia el número de contemplativas está creciendo.

Esta disminución de vocaciones hace que también las presencias monásticas hayan disminuido situándose por debajo de 4.000. Aunque durante el año 2019 hemos aprobado 28 nuevas presencias de contemplativas, entre erección de monasterios y fundaciones, sin embargo hay que constatar que se han suprimido 40 presencias.

De todos modos los números y las presencias no lo son todo. Hay que buscar la calidad de vida evangélica y hay que tener presente que la vida consagrada es minoritaria en la Iglesia y la vida contemplativa es minoritaria dentro de la vida consagrada. Siempre fue así y seguirá siendo.

Lo importante es que la vida consagrada y contemplativa sigan siendo significativas evangélicamente hablando. Y esto se puede ver y es motivo de gran esperanza, en muchas comunidades que no dudo en calificar como comunidades proféticas.

Mirando a estas presencias no dudo en reafirmar que la vida contemplativa goza de buena salud, aun teniendo en cuenta que en el 2019 había 15 monasterios comisariados, se han nombrado 4 Asistentes apostólicos y la Congregación ha tenido que nombrar directamente el gobierno de 23 monasterios.

Estas últimas intervenciones de la Congregación se deben fundamentalmente al reducido número de hermanas que componen las comunidades y a su edad avanzada.

España sigue siendo el primer país en número de contemplativas, y sin embargo se siguen cerrando conventos y monasterios.

Sí, España es el país, todavía hoy, con mayor número de presencias de contemplativos/as. Solo monasterios femeninos en España hay más de 800 monasterios. Le siguen Italia con unos 520, Francia con unos 230 y Alemania con unos 110.

Hay diócesis en España con cerca de 40 presencias de contemplativas y más bien son raras aquellas que no tienen ninguna de estas presencias. Es verdad que llama la atención el número de cierres que se están llevando a cabo y que –no hace falta ser profetas- se seguirán produciendo.

Estamos hablando de una España vaciada, una España envejecida, una España profundamente secularizada. En un ambiente así no es fácil que haya vocaciones que puedan reemplazar las defunciones, ni para el clero diocesano, ni para la vida consagrada, ni para la vida contemplativa.

Sé que hay resistencias a cerrar, y lo entiendo perfectamente, pero lo que no se puede es sacrificar la vida, en su significatividad evangélica, por mantener presencias agonizantes, presencias que presencias no son, al menos presencias contemplativas.

Los contemplativos, como los demás consagrados, están llamados a “despertar el mundo e iluminar el futuro” (Papa Francisco, Encuentro con la USG el 29 de septiembre de 2013), pero, ¿cómo se puede hablar de vida contemplativa si no hay un número mínimo de hermanos/as, siempre que la mayoría no sea de edad avanzada; la necesaria vitalidad a la hora de vivir y transmitir el carisma; la capacidad real de formación y de gobierno; la dignidad y calidad de la vida litúrgica, fraterna y espiritual; el significado y la inserción en la Iglesia local; la posibilidad de subsistencia; una conveniente estructura del edificio monástico?” (VDQ, art. 8, 1).

Si no se lleva a cabo un discernimiento serio sobre las presencias de vida consagrada en general y monástica en particular, con criterios que hablen de significatividad evangélica, corremos el riesgo de convertir a los contemplativos en custodios de museos, particularmente en España donde hay tanto patrimonio. Este sería el peor servicio que podríamos prestar a la vida contemplativa.

¿Se han fusionado o federado muchos monasterios desde la publicación de la Constitución Apostólica del 2016?

Por los datos que poseemos en nuestra Congregación, en el 2019 se han afiliado a otros monasterios 23 monasterios y a la Federación 15 más. Por otra parte se han erigido 21 nuevas Federaciones o Asociaciones y 6 nuevas Congregaciones monásticas.

En este contexto he de señalar que la nueva legislación para la vida contemplativa femenina, Vultum Dei quaerere, Cor orans, y El arte de la búsqueda del Rostro de Dios, que está siendo valorada muy positivamente por la gran mayoría de las contemplativas, ha ayudado mucho.

Más allá de las resistencias que supone una fusión y para algunos monasterios el federarse o afiliarse, hemos de constatar que en este período han sido bastantes los monasterios que se han fusionado o afiliado, y que la gran mayoría de los monasterios que hasta el momento no estaban federados lo han hecho o están en proceso para llevarla a cabo.

La afiliación se ve como una solución para salir al paso de una situación marcada por la precariedad de personal y que si no se interviene lleva necesariamente al cierre. La afiliación tiene el doble objetivo de revitalizar la presencia del monasterio más débil o el de encaminarse a un cierre progresivo y sin traumas.

A veces la afiliación, generalmente pedida por los monasterios en dificultad, resulta fácil, pues se trata de monasterios que ya se conocen y que de un modo u otro ya colaboraban entre ellos.

En estos años me han llegado muchos testimonios de hermanas que vencidos los miedos iniciales y que son bien comprensibles, luego confiesan que están muy contentas y agradecen la intervención de la Iglesia, tanto si se trata de afiliaciones como de supresiones.

En esto, como en otras cosas, mucho depende de las personas que aconsejan. Me cuesta pensar que haya algunos/as que siguen desaconsejando que algunos monasterios no se federen, metiéndoles miedo a las hermanas que si lo hacen pierden la autonomía. Lo cual es sencillamente falso ya que la Federación, contrariamente a la Congregación monástica, es una simple estructura de comunión que permite seguir con la autonomía de los monasterios sui iuris.

A veces me viene la tentación de pensar que hay otros intereses de por medio, que nada tienen que ver con los intereses de una vida contemplativa significativa, y que no siempre son confesables.

También me cuesta pensar que haya consejeros o consejeras que inciten a las hermanas a resistirse al cierre del monasterio, cuando saben muy bien que no hay futuro alguno para esas presencias y, lo que es peor, que las condiciones en las que viven las hermanas no son dignas humanamente hablando.

¿Qué hacer para dar a conocer mejor la vida contemplativa y que el pueblo de Dios la valore más?

Lo primero es que la Iglesia aprecie realmente esta forma de seguir a Cristo, a comenzar por los Pastores. Ello significa que hemos de ir más allá de la estética de la vida contemplativa, particularmente femenina.

Esto significa que los Pastores han de acompañar la vida contemplativa, preocupándose de su vida, particularmente de la formación y de la vida fraterna en comunidad, lo que se traduce también en el nombramiento de Vicarios o Delegados que conozcan de cerca la vida contemplativa, a ser posible que sean religiosos.

Un papel importante en dar a conocer la vida contemplativa lo pueden jugar los sacerdotes y religiosos de vida apostólica, particularmente aquellos que tienen relación con grupos juveniles o que se dedican a la confesión o a la dirección espiritual.

No podemos olvidarnos de presentar la vida contemplativa como una parte de la vida de la Iglesia y presentarla en toda su belleza. Hay que tener el valor de presentar esta forma de seguimiento de Cristo a los jóvenes como posible opción para sus vidas. La Jornada pro orantibus puede ser una buena ocasión para presentar esta vocación a todo el Pueblo de Dios.

Los mismos contemplativos tienen un gran papel en todo ello. La mejor propaganda vocacional y el mejor modo de presentarla y de valorizarla es viviendo ellos y ellas con alegría su consagración en la vida contemplativa. La alegría atrae, la tristeza aleja posibles nuevas vocaciones.

¿Cómo explicar a la gente de hoy que la vida oculta de los/las contemplativas es fecunda?

Como ya dije, en una sociedad como la nuestra marcada por la eficiencia y la eficacia no es fácil que la gente entienda que la vida oculta de los/las contemplativas es fecunda. Para salir al paso de esta dificultad, es fundamental que la gente no vea a los contemplativos como “extraños” a sus alegrías y esperanzas, a sus sufrimientos y penas.

Si los ven próximos, la gente irá espontáneamente a los contemplativos. Me consta que esta es la experiencia de muchos monasterios, especialmente femeninos, durante la pandemia del coronavirus. Han sido muchas personas las que se acercaron a las contemplativas a través de los medios de comunicación para pedirles oraciones.

Hablando con una contemplativa me decía al respecto: “Mi experiencia me dice que las personas entienden nuestra vida cuando se encuentran delante de situaciones que humanamente no tienen solución: lutos, tensiones familiares que no se resuelven, personas que optan por caminos equivocados y no se convencen de su error… Cuando no hay solución, humanamente hablando, entonces piden oraciones a aquellas/os que hacen de la oración el primer servicio”.

Desde mi experiencia puedo decir que la gente aprecia mucho algunas iniciativas de los monasterios abiertas a todos, como puede ser la adoración del Santísimo Sacramento y la Lectio divina.

Dos medios que están al alcance de todo monasterio, aun de los más pobres y que ayudan a acercar la vida contemplativa a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es importante que los pobres sean siempre acogidos con sencillez, pero con amor. Los contemplativos, como todos nosotros, no podemos olvidar que los pobres “son la carne de Cristo”.

También me consta que son muchos/as los que se acercan a los monasterios para oír hablar de Dios. La gente siente hambre de Dios y buscan saciarla en aquellos que hablan de lo que han escuchado en el silencio de la contemplación. Me consta que más que maestros buscan testigos, o maestros que sean testigos.

Todos estos son medios para que la gente valore la vida contemplativa en su verdadero significado. Éste es un gran desafío para los mismos contemplativos al cual están llamados a dar una respuesta adecuada.

https://www.religiondigital.org/vida-religiosa/Jose-Rodriguez-Carballo-contemplativa-necesaria-vida-iglesia-vocacion-alegria-formacion-cifras-espana-mundo-jornada-pro-orantibus_0_2238076215.html

 

 


El maná de cada día, 18.6.20

junio 18, 2020

Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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Woman Sitting in Pew
No uséis muchas palabras


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 48, 1-15

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria?

Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinaí amenazas y sentencias vengadoras en Horeb.

Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel.

Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.

SALMO 96, 1-2.3-4.5-6.7

Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego, abrasando en torno a los enemigos; sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan, los que ponen su orgullo en los ídolos; ante él se postran todos los dioses.

Aclamación antes del Evangelio: Rm 8, 15bc

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!, Padre.»

EVANGELIO: Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis.

Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.”

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»


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NO USÉIS MUCHAS PALABRAS

El Padre nos lo ha dicho todo en el Hijo. Palabra callada que, a veces, habla más por la belleza de sus silencios que por el atractivo de sus predicaciones.

Por eso, el silencio es la oración más adecuada para hablar con Dios. Silencio fecundo y materno, que acoge en sí, como María, esos acentos sonoros que el amor de Dios susurra suavemente, allí, en el centro del alma. Amor que nunca calla, cuando lo saboreas desde el lenguaje silencioso de la contemplación.

Pero, tú y yo andamos tan llenos de ruidos que queremos que Dios nos entienda con el lenguaje del mundo y de los hombres. Por eso, Jesús tuvo que enseñar a sus discípulos un nuevo modo de orar: “Cuando recéis no uséis muchas palabras como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso”.

Oras más cuando callas que cuando hablas. Oras mejor cuando amas que cuando hablas. Porque, ese Dios al que hablas es el Amor que siempre escucha.

Y el amor sabe expresar toda su finura en las filigranas del silencio. Ya sabe Él, mejor que tú, cuánto llevas y ansías en ese corazón, que se pone en su presencia.

Mira que tu oración no sea como la de los paganos, llena del ruido del mundo, de ambiciones, de disimulos, de mentiras, de esas cosas tuyas que tanto te inquietan y en las que nunca cabe Dios.

Gusta de esos silencios en los que Dios parece callar, porque en ese vacío interior tan oscuro resuena más íntimamente el lenguaje divino del amor.

Aprende también a callar, aunque los demás pongan en sus pobres y huecas palabrerías tantas expectativas mundanas y esperanzas fugaces.

Quizá tus silencios nunca sean escuchados por la gente, ni entendidos por los sabios de este mundo. Pero, los escucha tu Padre del cielo, que tanto sabe de silencios ocultos y escondidos.

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El padre terreno, reflejo y sacramento del Padre celestial

junio 10, 2020

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Bendición de la mesa en familia. Figura del padre de familia.

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EL PADRE TERRENO, REFLEJO Y SACRAMENTO DEL PADRE CELESTIAL

La Asociación de Madres Cristianas Santa Mónicas, de inspiración agustiniana acomodada a los tiempos actuales, trata de acompañar a las madres cristianas en la trasmisión de la fe a sus hijos y a toda su familia. En principio se  recurre a la madre y esposa como centro del hogar, y se le encomienda rezar por los hijos formando coros de oración con otras madres de familia.

Pero esta práctica original no excluye a los esposos y padres, sino más todo lo contrario. Lo deseable es que los esposos y padres oren juntamente con su esposa y madre por su mutua relación en primer lugar, y también por la educación y formación de los hijos en la fe.

Esta oración se realiza no solo de forma privada, en el propio hogar, sino que en algunas comunidades de “madres mónicas”, como se les conoce también, los varones se han incorporado a las reuniones y prácticas de las esposas y madres. Curiosamente, en Argentina han sido llamados “agustines” y ellos desean participar activamente en la comunidad.

Las madres han acogido con mucha alegría este deseo de sus esposos y han pedido algunas enseñanzas orientadas específicamente para ellos a fin de conocer mejor su función de esposos y padres, y poder cumplirla mejor. Este artículo quiere responder a estas expectativas. Que valga siquiera como inicio de esa formación en la fe para los “agustines” que quieren compartir la espiritualidad de las “madres mónicas”. Bienvenidos.

Como se hizo con motivo del Día de la Madre, vamos a reflexionar sobre el Día del Padre, a fin de iluminar desde nuestra fe católica su significación en la convivencia humana, específicamente en la vida familiar.

Todos los bautizados en Cristo somos hijos de Dios en su bendito Hijo Jesucristo. Somos hijos adoptivos, pero verdaderos hijos porque el Padre nos infundió el Espíritu filial de su Unigénito, que clama en nuestros corazones: Abba, Padre.

Esto quiere decir que podemos glorificar a Dios Padre no solo obedeciéndole según nuestra condición de hijos sino también imitándolo como Padre nuestro, ya que Cristo nos mandó ser santos como es Santo el Padre del cielo.

Concretamente, al padre cristiano se le encarga representarlo en su propia familia, ejerciendo una función “paternal”, de alguna manera análoga a la que es y realiza Dios Padre en la comunidad trinitaria y en la Historia de la salvación.

Por tanto, nosotros, como creyentes encontramos en la Comunidad Trinita­ria la fuente propia, y la más rica de la paternidad humana: Dios Padre, la Paternidad en persona, aquella que origina, realiza, culmina y agota toda paternidad en el cielo y en la tierra.

A continuación describiremos algunos atributos del Padre Celestial, que nos servirán de parámetro al ser y al quehacer del padre terrenal.

 

(1)   DIOS PADRE, CREADOR: El Padre constituye el origen fontal de todas las cosas. Sólo existe lo que Él ha pensado desde siempre. Toda la iniciativa viene de Él. Es la máxima instancia y fundamento de todas las cosas en su origen, y en su consistencia existencial. Es el guardián del ser y de la vida.

Jesús reconoció que su palabra no era suya sino del Padre y que, por tanto, sólo predicaba lo que el Padre le había encomendado. El Padre es antes que el Hijo y mayor que él, pero todo se lo ha dado al Hijo, pues sólo en él se complace.

De manera análoga, el padre cristiano debe reconocer que toda su misión y autoridad le viene de Dios Padre, ante quien dará cuentas algún día. El padre terreno, imitando al Padre Creador y dador de vida, debe ser el responsable de la familia, no para dominar sino para buscar el bien de todos los suyos.

Todo cuanto piense o realice debe hacerlo para bien de los suyos. Nada debe hacer al margen de esta finalidad. Cualquier otra cosa le produciría un desquiciamiento y acarrearía necesariamente sufrimiento a los suyos.

Cuando un hombre asume su compromiso matrimonial de forma libre, solemne y sacramental ante la Iglesia deja atrás la soltería, “sienta cabeza” y comienza a vivir la madurez y la plenitud de su existencia. Es la oportunidad de su vida. No habrá otra alternativa para su felicidad y plenitud humana y cristiana.

Ese estado de vida requiere toda la madurez y valía humana y cristiana de esa persona, entregada definitivamente a la esposa y a la futura prole. Su vida ya no le pertenece. Otros tienen derecho sobre él como esposo y padre. Su propia realización y felicidad consistirá en la entrega incondicional a su esposa y a los hijos. Así alcanzará su mayor plenitud de existencia y de satisfacción personal, de felicidad.

El padre, por tanto, debe ser intrépido, emprendedor y creativo en el Señor. Toma la iniciativa, porque se trata de su felicidad y la de los suyos, los de su propia carne. Con la gracia de Dios puede orientar y recrear constan­temente esa pequeña Iglesia doméstica, donde el Padre Celes­tial encuentre sus complacencias. Él es en su familia el representante de Dios Padre, el Dador de vida por excelencia.

(2)   DIOS PADRE ES PATERNALMENTE GENEROSO: Es un ser cuya constitución o esencia íntima consiste en engendrar a su único Hijo y vivir para él, confiándole todos sus proyectos. Todo lo que es y tiene el Padre Dios, es “ser padre”: todo padre, sólo padre y siempre padre… Pura donación.

Centrado al máximo en su oblatividad, y por eso, infinitamente feliz y exuberante de una plenitud desbordante, divina… Por no guardarse nada para sí, lo tiene todo. El Padre Dios es origen de toda paternidad, a la vez realiza todas las formas de ser padre, y acaba o agota toda paternidad. Por eso es Dios, pues nada deja fuera de sí. 

Y por eso nos entrega a su propio Hijo, haciéndonos en él verdaderos hijos. No nos da algo accidental a su persona, a su vida y a su casa. Todo nos lo dio en su Hijo y nos hizo herederos, con todo derecho. Por eso derrama en nuestros corazones el Espíritu de su propio Hijo, sin medida. ¿Qué más pudo hacer por nosotros que no lo hiciera?

El padre cristiano debe aspirar a eso mismo. Debe ser genero­so. Que día a día se haga más padre: más transparente, necesitando menos para sí mismo; haciéndose menos exigente con los otros y más generoso y feliz contemplando el crecimiento y felicidad de los suyos. Cuanto más desapercibido pase, mejor. Más feliz será. Que ellos sean, se desarrollen, crezcan, sean libres…

A eso se llama olvido de sí, dar la vida, y encon­trar el camino de la verdadera felicidad. No querer tener nada, ni exigir nada… para ser verdaderamente libre y feliz, dador de vida en el amor del Padre, principio de toda familia en el cielo y en la tierra. Ser padre significa hacerse padre todos los días de la vida, asemejándose al Padre celestial, la paternidad en persona, fuente de todo cuanto suene a bondad, amor, perdón, comprensión, paciencia…

(3)  DIOS PADRE, AMIGO DE LA VIDA: El Padre ha creado todo para que exista, y para que nada muera. Ama lo que él mismo creó, haciéndolo todo muy bueno, deseando que llegue a plenitud. Es un Dios de vivos y no de muertos. Se complace en la vida. Él no hizo la muerte, el temor, la envidia, la rigidez, el poder posesivo y receloso… Jesús dijo refiriéndose a su Padre: ¿Por qué me llaman bueno? Sólo Dios es bueno.

El padre terreno se responsabilizará cada día más de los suyos, sintiendo celo por ellos. Son su propia creación, una prolon­gación de sí mismo. Su hogar es su tesoro. Debe guardarlo celosamente, pues en él hallan cobijo su esposa y sus hijos. El padre cristiano tiene que ser positivo, fijándose más en lo bueno que en lo malo.

No se deja dominar por los temores, los celos o las sospechas. Piensa lo mejor. Deja vivir y deja hacer porque confía en los demás, porque se reconoce sólo administrador de su casa, no dueño absoluto de los suyos. Vive su paternidad desde la fe: Dios le ha confiado a la esposa y a los hijos no para los trate como un déspota, sino como colaborador de Dios, pues nadie ama a su familia más que el mismo Dios. Por tanto, debe ejercer su función esponsal y paternal de acuerdo a lo dispuesto por Dios.

San José fue varón justo porque supo reconocer el puesto que Dios le asignó en la sagrada familia. Hizo todo conforme le ordenaba Dios por medio del ángel. San José es modelo de los padres cristianos porque él encarnó la figura paterna de Dios para el niño Jesús. Gracias a esa función, Jesús crecía armónicamente en sabiduría y en gracia, ante Dios y ante los hombres.

(4)   DIOS PADRE, CREADOR DE LIBERTAD: Hizo al hombre a su imagen y semejanza. No fue tacaño al crear. Lo hizo lo mejor que pudo: inteligente y libre, poco inferior a los ángeles. No le importó que con su libertad pudiera rebelarse contra él, y malograr su universo.

Su amor no quedó afectado ni disminuido por el posible abuso del hombre libre. El Padre ahoga el mal a fuerza de bien. Jesús oró ante la tumba de Lázaro: Padre, yo sé que tú siempre me escuchas… siempre tienes una salida.

El padre cristiano debe adoptar sentimientos positivos. No ser ciego e ingenuo, pero tampoco acomplejado de temor o suspicacias. Más bien debe ser posibilitador, facilitador y emprendedor. Debe permitir a los suyos ser ellos mismos. Permitir, como el Padre Dios, que los suyos se puedan equivocar. No puede quererlos más que el Padre Celestial, que nos hizo libres para hacer el bien.

Para el padre terreno esta conducta será un acto de sumisión fiducial: “antes que míos, son tuyos, Señor; tú los debes de querer más que yo; en tus manos los dejo, porque tú los guardarás mejor que yo”. Entonces llegará la paz, la que el mundo no puede dar, ni nadie puede arrebatar. Esa confianza en Dios Padre será el mejor remedio para toda ansiedad y pretensión sobreprotectora.

(5)   EL PADRE CELESTIAL ES PACIENTE: No quiere que nadie se pierda. Jamás dirá no a la vida que él mismo creó. No quiere que el pecador se condene. Hace salir el sol sobre buenos y malos. Ha enviado a su Hijo al mundo, no para condenarlo sino para salvarlo.

Jesús nos dijo que hay mucha alegría en el cielo cuando un pecador se convierte. Dios apenas se fija en la maldad humana, no lleva cuentas del mal rencorosamente, ni recrimina, ni humilla y lastima cuando corrige. Al hijo pródigo apenas le permitió que se confesara o humillara…

El padre cristiano está llamado a imitar al Único Santo que muestra tanta bondad. No puede caer en el juego del mal, devolviendo mal por mal. Ha de aprender a perdonar y olvidar, a ser benevolente, paciente. Le ayudará mucho a no crisparse el pensar que la ofensa de los suyos apenas le afecta a él, que al Padre Celestial le afecta mucho más, y Él calla y perdona una y otra vez.

Al fin y al cabo, comparándose con Dios, ¿qué ha hecho él, como esposo y padre por los suyos? Aprenda a dar a discreción, sin considerar merecimientos. Ser generoso ante Dios que todo lo ve y todo lo recompensará. Es hora de sembrar, no de cosechar.

Que invierta con amor y con alegría en su familia, y lo haga a fondo perdido. Si se lo reconocen, bendito sea Dios. Si no, adelante, nada está perdido. No haga depender su felicidad de la correspondencia de los suyos. Dios todo lo ve, y Él le tiene reservada su recompen­sa, la que no defrauda.

(6)   El PADRE CELESTIAL PERDONA Y OLVIDA: El Padre siempre está dispuesto a rehabilitar a los suyos. Jamás les da las espaldas. Por más bajo que caigamos, Él no se avergüenza de nosotros. Justamente ahí lo necesitamos más que nunca. Para esos momentos precisamente Él es Padre y debe portarse como tal.

Será la máxima actualización de su paternidad divina, su mayor gloria y felicidad. A su hijo Jesús no lo abandonó durante su vida, y al final, lo resucitó y lo hizo el Señor y Salvador de los hombres para siempre. No hay otro Salvador. 

El padre cristiano debe hacerse cada día más padre y compasivo. Debe sentir en propia carne cuanto acontece a los suyos. Al fin y al cabo son su propia carne, para su propia satisfacción y para gloria de Dios. Él debe ser providente, celoso de su propiedad. Su esposa, en este asunto, como en el resto, será de una ayuda invalorable, porque ella como mujer está más pegada a la vida, encarna la ternura y paciencia expectante de Dios. El diálogo como esposos y padres será de gran ayuda para ambos.

El padre terreno, antes que acusar a los suyos y denunciar sus faltas ante los demás, tratará de ocultar sus deficiencias, cargando con ellas como si fueran propias. Amará su propia casa. Como padre, colaborador con Dios, ha de sembrar generosamente en comunión con su esposa en su propia casa, para su propia felicidad y contento de los hijos.

Los padres son procrea­dores de vida en el amor de Dios Padre. Junto con su amor esponsal, sus hijos son el tesoro de los padres: su mejor carta de presentación ante Dios y ante los hombres, su corona, su gloria… Han engendrado y hecho crecer a sus hijos para hacerlos hijos de Dios. Eso no tiene precio. Y solo Dios podrá premiarlo como es debido.

(7)   EL PADRE CELESTIAL ENVÍA A SU HIJO A SALVAR EL MUNDO: No tiene reparo en asumir en su propia casa y familia divina a un ser humano, Jesús el Nazareno, igual en todo a nosotros menos en el pecado. El Padre ha preparado desde toda la eternidad las bodas de su Hijo con la humanidad y quiere que su Casa se llene de comensales.

Todo lo ha preparado con infinito amor y previsión. No ha escatimado ilusiones y gastos. Quiere que todos los hombres se salven, que nadie se pierda. Manda a los criados que salgan a buscar a los invitados por los cruces de los caminos y que los fuercen a entrar al Banquete.

El padre cristiano facilitará la redención de su familia cuando se solidarice con los suyos en todo lo que son y hacen. Nada que no sea asumido será redimido. El padre debe compadecerse de los suyos hasta mezclarse y mancharse con la debilidad y hasta maldad de su esposa y de sus hijos, si llega el caso.

Es solidario en lo bueno y en lo malo. Su fortaleza y estabilidad hace bien a la familia. Con ello el padre aliviará la conciencia culposa de los suyos y posibilitará el gozo de la redención. Así el padre se hace un “sacramento” del Padre Celestial, un signo cercano del amor y del perdón del Único Santo. Su perdón explicita el perdón del Padre para su propia casa. Es como el sacerdote de su propio hogar, en su propia familia.

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Hasta aquí esta enumeración de pautas referenciales para el ser y el que­hacer de nuestros padres de familia. Junto con la madre, ellos constituyen un regalo de Dios a la Iglesia universal y particularmente a la Iglesia doméstica, es decir, a la familia. Están llamados a ser sacramento de Dios en la Iglesia, una señal luminosa y viviente del amor de Dios a los hombres y particularmente a la esposa y a los propios hijos.

Si las madres de familia, escribíamos, hacen visible la ternura de Dios en las familias; los padres de familia encarnan la fidelidad de Dios en la familia: ofrecen a los suyos seguridad frente al futuro; aportan con dolor el pan de cada día para los suyos; los defienden como propios ante los extraños, y los presentan con orgullo ante los demás; representan el orden, la disciplina, la superación personal y familiar.

En fin, los padres inculcan los principios morales y religiosos que deben orientar la vida de los suyos… En una palabra, la figura paterna encarnada en los padres de familia es, para los hijos, la demostración más cercana, directa y palpable de la existencia de Dios, y de su providencia.

De sobra está recalcar que estas orientaciones provienen de la fe y que sólo con el poder de Dios se pueden cumplir. Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. El padre y la madre son primeramente esposos cristianos: forman una pareja feliz, bendecida por Dios para engendrar hijos que consti­tuyan su mayor tesoro y satisfacción ante los hombres y ante Dios; riqueza de la Iglesia y gloria de Dios.

Dichosos ustedes, padres y madres de familia, si, como María y José, constantemente le dicen al Señor: “Hágase en mí, hágase en nosotros, como tú hayas dispuesto. Amén”. Serán felices como pareja y sacramento del Padre Dios en la Iglesia y en el mundo.

 


Jornada Pro Orantibus

junio 7, 2020

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El lema para la Jornada Pro Orantibus: «Con María en el corazón de la Iglesia»

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Jornada Pro Orantibus

En el calendario litúrgico de este año —afectados por la crisis del «coronavirus» y sus consecuencias— la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad el próximo domingo 7 de junio. Es la festividad escogida para la Jornada Pro Orantibus.

Bajo el lema «Con María en el corazón de la Iglesia», los obispos españoles oran por quienes continuamente lo hacen por nosotros: las personas consagradas contemplativas, hombres y mujeres. Con este motivo, agradecen a Dios esta forma de consagración que necesita la Iglesia.

La Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha publicado los datos de su departamento a cierre de 2019.

Cabe mencionar que también hay otros contemplativos: los ermitaños y ermitañas. De este colectivo no hay datos oficiales disponibles.

Jornada Pro Orantibus


Maná y Vivencias Pascuales (47), 28.5.20

mayo 28, 2020

Jueves de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

Octavo día

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Pascua y Pentecostés: Ahora Cristo, sentado a la derecha de Dios, asegura la perenne efusión del Espíritu sobre sus hermanos
Pascua y Pentecostés: Ahora Cristo, sentado a la derecha de Dios, asegura la perenne efusión del Espíritu sobre sus hermanos.

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Heb 4, 16; 1era lectura: Hch 22, 30; 23, 6-11; Salmo: 15, 1-2.5-11; Aclamación, Jn 17, 21; Evangelio: Jn 17, 20-26; Comunión 16, 7.

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ANTÍFONA DE ENTRADA.- Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia en el tiempo oportuno. Aleluya.

TEXTO ILUMINADOR

Cristo Jesús, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.

ORACIÓN COLECTA

Que tu Espíritu, Señor, nos penetre con tu fuerza, para que nuestro pensar te sea grato y nuestra obra concuerde con tu voluntad. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué lo acusaban -a Pablo- los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Consejo en pleno, bajó a Pablo y se lo presentó a ellos.

Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos, y gritó: Hermanos, yo soy fariseo e hijo de fariseos. Y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos.

Apenas hizo esta declaración, se originó una gran discusión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. (Los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto).

Se armó un griterío, y algunos letrados del partido de los fariseos se pusieron en pie, afirmando: Nosotros no hallamos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?

La discusión se hizo tan violenta que el capitán tuvo miedo de que despedazaran a Pablo, y ordenó, entonces, que vinieran los soldados, sacaran a Pablo de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza.

La noche siguiente el Señor se acercó a Pablo y le dijo: ¡Ánimo! Así como has dado testimonio de mí aquí en Jerusalén, tendrás que darlo también en Roma.

SALMO 15, 1-2.5-11

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena: Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

ACALAMACIÓN Jn 17, 21.- Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, para que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.

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EVANGELIO, Jn 17, 20-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró diciendo: Padre Santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.

Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy y que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.

Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos.

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COMUNIÓN Jn 16, 7.- Lo que les digo es la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA OCTAVO

Amemos a la tercera persona de la Trinidad beatísima, el Espíritu Santo. Escuchemos en la intimidad de nuestro ser las mociones divinas, esos alientos o esos suaves reproches.

Caminemos por la tierra dentro de la luz derramada en nuestras almas, y el Dios de la esperanza nos colmará de toda suerte de paz. Así la esperanza crecerá en nosotros siempre más y más, por la virtud del Espíritu Santo.

Vivir según el Espíritu equivale a vivir de fe, de esperanza, y de caridad: dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones para hacerlos a su medida. Se trata de la inhabitación de la santísima Trinidad en nosotros, comienzo de la vida eterna ya en este mundo.

Señor Jesús, que prometiste enviarnos el Espíritu de la verdad para que diera testimonio de ti, envíanos este Espíritu para que nos haga tus fieles testigos.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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PREFACIO PARA DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN

En verdad es justo y necesario que todas las criaturas… se unan en tu alabanza, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo.

El cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, ahora intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.

Por este misterio de santificación y de amor… cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

 


Maná y Vivencias Pascuales (41), 22.5.20

mayo 22, 2020

Viernes de la 6ª semana de Pascua

DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO (2)

Segundo día (Oraciones, al final de la entrada)

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¿No sentíamos arder el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?
¿No sentíamos arder el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?
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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ap 5, 9-10; 1era lectura: Hch 18, 9-18; Salmo: 46, 2-7; Aleluya: Lc 24, 26; Evangelio: Jn 16, 20-23; Comunión: Rom 4, 25.

ANTIFONA DE ENTRADA Ap 5, 9-10.- Con tu sangre, Señor, has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; has hecho de ellos una dinastía sacerdotal que sirva a Dios. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

¡Oh Dios!, que por la resurrección de tu Hijo nos has hecho renacer a la vida eterna; levanta nuestros corazones hacia el Salvador, que está sentado a tu derecha, a fin de que cuando venga de nuevo, los que hemos renacido en el bautismo seamos revestidos de una inmortalidad gloriosa. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA, Hch 18, 9-18

En aquellos días, estando Pablo en Corinto, durante la noche el Señor le dijo en una visión: No tengas miedo, sigue hablando y no calles, pues en esta ciudad me he reservado un pueblo numeroso. Yo estoy contigo y nadie podrá hacerte daño.

Pablo siguió enseñando entre ellos la Palabra de Dios, y permaneció allí un año y seis meses.

Pero siendo Galión gobernador de Acaya, los judíos acordaron unánimemente hacer una manifestación contra Pablo; lo llevaron ante el tribunal y lo acusaron: Este hombre incita a la gente a que adoren a Dios de una manera que prohíbe nuestra Ley.

Pablo iba a contestar, cuando Galión dijo a los judíos: Judíos, si se tratara de una injusticia o de algún crimen, sería correcto que yo los escuchara. Pero como se trata de discusiones sobre mensajes, poderes superiores y sobre su Ley, arréglense entre ustedes mismos. Yo no quiero ser juez de tales asuntos.

Y los echó del tribunal. Entonces agarraron a Sóstenes, jefe de la sinagoga, y empezaron a golpearlo delante del tribunal. Galión no hizo caso.

Pablo se quedó en Corinto todavía por bastante tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, acompañado por Priscila y Áquila. En Cencreas se afeitó la cabeza, porque había hecho un voto.

SALMO 46, 2-7

Aplaudan, pueblos todos, aclamen a Dios con voces de alegría. Porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; él nos escogió por heredad suya: Gloria de Jacob, su amado.

Dios sube entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas: Tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.

ALELUYA Lc 24, 26.- Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya.

EVANGELIO, Jn 16, 20-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo.

La mujer se siente afligida cuando está para dar a luz, porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha nacido la criatura, se olvida de las angustias por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.

Así también ustedes ahora sienten tristeza, pero yo los volveré a ver y su corazón se llenará de alegría, y nadie les podrá arrebatar ese gozo. Cuando llegue ese día ya no tendrán que preguntarme nada.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO (2)

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestrao Señor.

DÍA SEGUNDO

La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea, siempre y en todo, signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios.

Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados.

La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara en el cielo, pero que ya aquí comenzamos a degustar como prenda segura de los bienes definitivos.

Oh Dios, ilumina a todos los hombres con la luz de tu Espíritu y disipa las tinieblas de nuestro mundo, para que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en paz.

ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

De los sermones de san León Magno, papa.- Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión

Aquellos días, queridos hermanos, que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión no se perdieron ociosamente, sino que durante ellos se confirmaron grandes sacramentos, se revelaron grandes misterios.

En aquellos días se abolió el temor de la horrible muerte, y no sólo se declaró la inmortalidad del alma, sino también la de la carne. Durante estos días, gracias al soplo del Señor, se infundió en todos los apóstoles el Espíritu Santo, y se le confió a san Pedro, después de las llaves del reino, el cuidado del redil del Señor, con autoridad sobre los demás.

Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y los reprendió por su resistencia a creer, a ellos, que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda.

Sus corazones, por él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras.

En la fracción del pan, cuando estaban sentados con él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada.

Por tanto, amadísimos hermanos, durante todo este tiempo que media entre la resurrección del Señor y su ascensión, la providencia de Dios se ocupó en demostrar, insinuándose en los ojos y en el corazón de los suyos, que la resurrección del Señor Jesucristo era tan real como su nacimiento, pasión y muerte (el subrayado es mío).

Por esto, los apóstoles y todos los discípulos, que estaban turbados por su muerte en la cruz y dudaban de su resurrección, fueron fortalecidos de tal modo por la evidencia de la verdad que, cuando el Señor subió al cielo, no sólo no experimentaron tristeza alguna, sino que se llenaron de gran gozo.

Y es que en realidad fue motivo de una inmensa e inefable alegría el hecho de que la naturaleza humana, en presencia de una santa multitud, ascendiera por encima de la dignidad de todas las criaturas celestiales, para ser elevada más allá de todos los ángeles, por encima de los mismos arcángeles, sin que ningún grado de elevación pudiera dar la medida de su exaltación, hasta ser recibida junto al Padre, entronizada y asociada a la gloria de aquel con cuya naturaleza divina se había unido en la persona del Hijo (Sermón 1 sobre la Ascensión del Señor, 2-4: PL 54, 395-396).

 


Novena a Santa Rita de Casia (5), 17.5.20

mayo 17, 2020

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DÍA QUINTO

RITA, VIUDA CRISTIANA

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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Rita queda sola en el mundo sin padres, sin esposo y sin hijos. En la más completa soledad, santa Rita no sólo afronta con entereza y alegría estos reveses de la vida sino que, apareciendo digna y segura, se dedica celosamente a reconciliar a los bandos rivales suscitados por la muerte de su esposo.

Sus hijos no eran los únicos que no podían perdonar. Rita tuvo que pacificar a sus parientes y amigos de Fernando que guardaban rencor y hasta deseaban vengarse de los asesinos. Además en Rocaporena y en Casia eran frecuentes, casi endémicas, las peleas, rivalidades, venganzas entre familias y clases sociales.

Su esposo había muerto víctima de estos conflictos. Rita logró poner armonía entre enemigos, a fuerza de paciencia, oración, humildad y perseverancia.

Libre de los deberes hogareños, se dedicó con mayor entrega e intensidad a las prácticas religiosas de amor a Dios, recluyéndose en una ermita cercana a su casa. Allá pasaba mucho tiempo en oraciones y penitencias, a veces noches enteras, a imitación de Cristo, y siguiendo los consejos de san Pablo a las viudas cristianas.

Por el día se dedicaba a la práctica de las obras de misericordia: visitar a los enfermos, auxiliar a los pobres, reconciliar a los enemistados, enseñar la religión a los niños, acoger a los necesitados, aconsejar a madres y viudas con problemas familiares.

Durante esta experiencia de viudedad, resurge en Rita el deseo de su adolescencia: ingresar al convento para vivir totalmente dedicada al Señor. Dice la historia que por tres veces solicitó a las madres agustinas del convento de Santa María Magdalena de Casia ingresar a la comunidad, y por tres veces fue rechazada su solicitud.

Rita no pierde la paz por esta contrariedad. Sencillamente, sigue encomendando al Señor todo cuanto le sucede en la vida. Busca en todo cumplir su voluntad y entender sus caminos: vive sumisa y obediente, en silencio.

Así se lo pedía al Señor una noche de vigilia orando sin interrupción, cuando recibió la respuesta del cielo de una forma milagrosa: sus santos patrones, san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás, la transportaron al convento dejándola dentro de su recinto, en el coro; la comunidad, ante el hecho milagroso, acepta a Rita como postulante a la vida religiosa.

5. Lecturas bíblicas y agustinianas

En el Antiguo Testamento, la viuda aparece como la preferida del Señor, juntamente con el huérfano y el pobre.

Frecuentemente Dios aparece como el defensor de la viuda y de los huérfanos, su protector. La viuda personifica el ser más indigente y a la vez el más explotado o injustamente tratado por los humanos.

Por eso la Ley manda: No harán daño a la viuda, ni al huérfano. Si ustedes lo hacen, ellos clamarán a mí y yo escucharé su clamor, se despertará mi enojo y a ustedes los mataré a espada; viudas quedarán sus esposas, y huérfanos sus hijos (Éxodo 22, 22-24).

Dice Deuteronomio 10, 17-18: Yahvé es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, el Dios fuerte y temible. Cuando juzga, da un trato igual a todos, no se deja comprar con regalos. Hace justicia al huérfano y a la viuda y ama al forastero, dándole pan y vestido.

Y el Salmo 146, 9: El Señor da protección al forastero y mantiene a los huérfanos y viudas.

En la historia sagrada Dios se vale frecuentemente de las viudas para llevar a cabo su plan de salvación. Así, en el primer libro de los Reyes, 17, 8-16: “Levántate, anda a Sarepta, pueblo que pertenece a los sidonios y permanece allí, porque he ordenado a una viuda que te dé comida”. Se levantó, pues, y se fue a Sarepta.

Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que recogía leña. Elías la llamó y le dijo: “Tráeme, por favor, un poco de agua en tu cántaro para beber”. Cuando ella iba a traérselo, la llamó desde atrás: “Tráeme también un pedazo de pan”.

Ella le respondió: “Por Yahvé, tu Dios, no tengo ni una torta; no me queda nada de pan, sólo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en un cántaro. Estoy recogiendo un par de palos para el fuego e irme a casa a preparar esto para mí y mi hijo. Cuando lo hayamos comido, no nos quedará más que esperar la muerte”.

Elías le dijo: “No temas, anda a tu casa a hacer lo que dijiste. Pero primero hazme un panecito a mí y tráemelo y después te lo haces para ti y tu hijo. Porque así dice Yahvé, Dios de Israel: No se terminará la harina de la tinaja y no se agotará el aceite del cántaro hasta el día en que Yahvé mande lluvia a la tierra”.

Ella se fue hizo lo que Elías le había dicho y tuvieron comida, ella, Elías y el hijo. La harina de la tinaja no se agotó, ni disminuyó el aceite del cántaro, según lo que había prometido Yahvé por medio de Elías.

La viuda, al quedar libre de compromisos humanos, se consagra al Señor y desea vivir en su santo Templo, como leemos en el Salmo 23, 1.4-6:

El Señor es mi pastor, nada me falta. Aunque pase por quebradas muy oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo, tu bastón y tu vara me protegen. Me acompaña tu bondad y tu favor mientras dura mi vida; mi mansión será la Casa del Señor por largo, largo tiempo.

En el Salmo 84, 2-6.11.13, leemos:

¡Qué amable es tu morada, oh Señor de los cielos! Mi alma suspira y sufre por estar en tus atrios. Mi corazón y mi carne lanzan gritos con anhelo de ver al Dios viviente. Aun el pajarillo encuentra casa, y la alondra su nido para sus pequeñitos: tus altares, Dios de los ejércitos, mi Rey y mi Dios.

Felices los que habitan en tu casa y te alaban sin cesar. Dichosos los que en ti encuentran sus fuerzas y les gusta subir hasta tu templo. Vale por mil un día en tus portales; por eso yo prefiero el umbral de la casa de mi Dios antes que la morada del impío. Señor, Dios de los cielos, feliz el que en ti pone su confianza.

La profetisa Ana, viuda, empalma la espiritualidad del Antiguo Testamento con la del Nuevo, y confiesa al Mesías:

Había también una mujer de edad muy avanzada, llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Tenía ochenta y cuatro años. Después de siete años de casada, había perdido muy joven a su marido y, siendo viuda, no se apartaba del Templo, sirviendo día y noche al Señor, con ayuno y oraciones.

Ella también tenía don de profecía. Llegando en ese mismo momento, comenzó a alabar a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén (Lucas 36, 38).

Según san Lucas, Cristo valora el sacrificio de la viuda, comprendiendo su dolor y exaltando su perseverancia:

Jesús estaba observando y vio cómo los ricos depositaban sus ofrendas para el templo; vio también a una viuda pobrísima que echaba dos moneditas.

Y dijo Jesús: “Créanme que esta pobre viuda depositó más que todos ellos. Porque todos dan a Dios de lo que les sobra. Ella, en cambio, tan indigente, echó todo lo que tenía para vivir” (Lucas 21, 1-4).

Otro pasaje evangélico aleccionador: Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar a un hijo único, cuya madre era viuda. Una buena parte de la población seguía el funeral.

Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Después se acercó hasta la camilla. Los que la llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: “Joven, te lo mando: levántate”. Y el muerto se sentó y se puso a hablar.

Y Jesús se lo devolvió a su madre (Lucas 7, 12-19).

La viuda, que no es tenida en cuenta: En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba nadie. En esa misma ciudad había una viuda que venía donde él a decirle: “Hágame justicia contra mi adversario”.

El juez no le hizo caso durante un buen tiempo. Pero al final pensó: “Aunque no temo a Dios y no me importa nadie, esta viuda me molesta tanto que le voy a hacer justicia; así, ya no volverá a romperme la cabeza”.

Y el Señor dijo: “¿Se han fijado en las palabras del juez malo? Ahora bien, ¿Dios no les hará justicia a sus elegidos si claman a Él día y noche, mientras Él demora en escucharlos?

Todo lo contrario, pues les aseguro que Dios hará justicia en favor de ellos y la hará pronto. ¿Pero cuando venga el Hijo del Hombre, hallará fe en la tierra?” (Lucas 18, 2).

En el capítulo 5 de la primera carta a Timoteo, san Pablo da sabias recomendaciones acerca de la viudez. Sólo reproducimos el versículo 5:

La verdadera viuda, que realmente queda sola, pone en Dios su esperanza, dedicando sus días y sus noches a la oración y a las súplicas.

En otro lugar, se permite san Pablo recomendar a la viuda que no se case de nuevo: La mujer está ligada mientras vive su marido. Si éste muere, ella queda libre de casarse con quien desee, siempre que sea un matrimonio cristiano.

Pero será más feliz si permanece sin casar según mis consejos. Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios (1 Corintios 7, 25-40).

San Agustín reconoce la obra de Dios en su madre, santa Mónica: “Todos los que la conocían la alababan, y a todos nosotros nos cuidó como si a todos nos hubiese engendrado y nos sirvió como si de todos fuera hija”.

A continuación narra san Agustín el éxtasis de Ostia y concluye: “En el curso de nuestra plática dijo ella:

‘Hijo, por lo que atañe a mí, ninguna cosa me deleita en este mundo; no sé qué más haré yo aquí, ni por qué estoy aquí todavía, consumada toda esperanza de este siglo. Una sola cosa había por la que yo deseaba detenerme en la vida y era la de verte cristiano católico antes que muriese. Con creces ha realizado Dios mi deseo.

Si ya te veo siervo suyo con desdén de la felicidad terrena, ¿qué hago yo aquí?’ Después de unos cinco días no más, cayó enferma de fiebre y al noveno día de su enfermedad, a los 56 de su edad y a más de 33 de la mía, aquella alma religiosa y buena fue separada de su cuerpo” (Confesiones, Lib. 9, 9-11).

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Parece claro el paralelismo entre Mónica y Rita. Mónica, culminada su peregrinación en el mundo, se va al cielo. Rita, habiendo concluido sus deberes familiares en este mundo, no se va al cielo pero sí muere al mundo y entra en el convento, y se transforma en señal viviente del Reino de Dios, presente ya en este mundo.

Las viudas son la personificación de la debilidad humana. Por eso, han de ser las preferidas y privilegiadas en la atención pastoral de la Iglesia. Ellas, por su parte, necesitan como nadie de la fe y el consuelo de Dios. Su vida será un constante milagro del poder de Dios.

Son personas especialmente llamadas a la santidad, pues sólo con Dios podrán afrontar los reveses de la vida. Dios será para ellas su refugio y su fuerza, la razón de su vida; Dios será para ellas como un esposo y el padre de sus hijos; por eso están llamadas a la máxima creatividad y madurez humana y cristiana.

Ciertamente que pueden casarse de nuevo, pero “en el Señor”. En muchos casos puede parecer hasta recomendable y por tanto querida por Dios esta nueva unión. A veces las viudas, por experiencias negativas en su vida matrimonial anterior, por miedo y hasta por egoísmo, rechazan de plano la idea de contraer nuevo matrimonio.

Es comprensible su reacción, pero también es preciso ayudarlas a buscar sinceramente la voluntad de Dios, pensando en su bien integral, en su futuro, y en el bien de los hijos, a los que podrían ofrecer otro verdadero padre.

Parece oportuno abrirles nuevos horizontes, a fin de que entiendan que podrían vivir otra experiencia matrimonial, siempre por fe y en el amor del Señor; experiencia más feliz, incluso que la primera, y hasta más fecunda… en el Señor.

Pero también es justo que la viuda, incluso por fidelidad a su esposo difunto, se consagre al Señor buscando en Él su fortaleza. Dios sería para ella mucho más que cualquier esposo y ella sería su esposa, padre y madre para sus hijos.

Con tal estilo de vida, la viuda cristiana se constituye en un signo elocuente del Reino. En medio de la Iglesia, su consagración a Dios, y por Él a su hogar, se parece a la consagración de los religiosos.

Efectivamente, la viuda cristiana expresa el quebrantamiento de la sabiduría del mundo, la de aquellos que creen de todo punto necesario el matrimonio, la vida conyugal, la realización afectiva y sexual.

La viuda opta por lo único necesario, haciendo del Señor su herencia y su contento, y así el estado de viudedad recuerda a los creyentes, a toda la Iglesia, el carácter relativo de las legítimas ventajas de la vida matrimonial, de la compensación afectiva, etc. Todo es relativo frente a lo absoluto del Reino.

Las viudas, consagradas a Dios y a sus deberes familiares, nos recuerdan a todos los cristianos que debemos poner nuestro contento en el Señor y no en las cosas del mundo por más justas y razonables que sean, y por más que parezcan recomendadas por los humanos, aun por pretendidas razones científicas o de experiencia. Todo es medio para alcanzar lo único necesario.

De ahí que nuestra vida en este mundo se justifica como peregrinación hacia el Reino. No importa gran cosa estar casado o soltero, o viudo; no importa vivir mucho o poco tiempo, estar sano o enfermo. Lo que importa es que sirvamos a Dios buscando en todo su gloria y el servicio de los hermanos.

Eso es lo que debe motivarnos como creyentes para seguir viviendo en este mundo. Cuando hayamos cumplido con los nuestros, llevándolos a Dios, podremos exclamar con santa Mónica: “¿Qué hago yo aquí en este mundo, para qué voy a permanecer todavía aquí?”

San Pablo nos lo recuerda bien claramente: Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor. Y tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor (Romanos 14, 8).

San Martín de Tours mostraba así su abnegación pastoral: “Si todavía soy útil a vosotros, no rehúso el esfuerzo de seguir viviendo”.

San Pablo nos confiesa sus sentimientos al respecto: Sinceramente para mí, Cristo es mi vida, y morir es una ventaja. Estoy apretado por los dos lados: por una parte, desearía partir y estar con Cristo, lo que sería, sin duda, mucho mejor; pero a ustedes les es más provechoso que yo permanezca en esta vida; esto me convence: seguramente quedaré y permaneceré con todos ustedes para que puedan progresar y alegrarse en su fe (Filipenses 21, 25).

Por tanto, el creyente se experimenta como propiedad de Dios, vive liberado de sí mismo. Ágil para cumplir la voluntad de Dios, siempre en camino hacia “todo aquello que Dios disponga”, sea lo que fuere. Vive, por tanto, en este mundo pero sin ser del mundo; habita permanentemente en el templo de Dios, como la profetisa Ana, Mónica o Rita.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para este día

9. Oh Dios, bien supremo y lo único necesario,
– concédenos buscarte siempre y en todo, relativizando todas las demás cosas.

10. Oh Dios, defensor y consolador de viudas, protector de huérfanos,
– mira benevolente a todos los hogares humanamente incompletos y permíteles gozar de tus paternales cuidados.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces)

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

.

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Novena a Santa Rita de Casia (2), 14.5.19

mayo 14, 2020


DÍA SEGUNDO

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RITA, NIÑA Y JOVEN



1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que la niña Rita se distinguió por su respeto y especial veneración hacia sus padres. En ellos veía al mismo Dios que le cuidaba y orientaba. Por eso, vivía sumisa a ellos y trataba de agradarles en todo.

A la vez, Rita se distinguía por su piedad religiosa y espíritu de oración. Tanto, que a los doce años consiguió permiso de sus padres para recluirse en un apartado aposento de la casa para orar y hacer memoria de los padecimientos del Señor. A la vez, transmitía a sus amigas y amigos la devoción a la pasión de Cristo.

Además de este apostolado catequístico, ayudaba a las personas necesitadas, compartiendo con ellas su propio alimento y el vestido, en unos gestos de verdadero desprendimiento.

Cuenta la tradición que la niña y adolescente Rita, acariciaba en su interior un gran deseo de consagrar a Dios su virginidad, ingresando al convento de las agustinas de Casia. Pero las intenciones de los padres eran otras: querían que se casara para asegurar su felicidad como hija única.

Rita accede gustosa a cumplir la voluntad de sus padres después de entender que ésa misma era la voluntad de Dios, y lo más conveniente para ella. Paradójicamente, Dios le concederá llevar a cabo sus deseos juveniles, pero después de muchos años y por muy diferentes caminos de los que ella imaginaba.

5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Lucas 2, 39-52

Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía, se desarrollaba y estaba lleno de sabiduría. Y la gracia de Dios estaba en Él. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y cuando cumplió doce años, fue también con ellos para cumplir con este precepto.

Al terminar los días de la fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo un día y, después, se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos. Pero, como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén.

Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”.

Él les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que estar donde mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente en su corazón todos estos recuerdos. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, tanto para Dios como para los hombres.

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Los padres cristianos y la familia constituyen la primera instancia, y la más segura, que tienen los hijos para encontrarse con Dios. Para conocer su voluntad y agradarle. Es la instancia inmediata y más rica. El hogar es como el principal sacramento que orienta toda la vida.

A la vez, los hijos deben madurar en la familia: es la mejor tierra para cultivar su personalidad humana y cristiana. Si los hijos logran su plena integración en la familia, estarán capacitados para afrontar todos los demás problemas que se les presenten en la vida, y triunfarán fácilmente en todo.

Por el contrario, las dificultades o fracasos en las relaciones familiares se multiplicarán fuera del hogar, y se arrastrarán seguramente de por vida. ¡Pobres los hijos que se avergüencen o renieguen de sus orígenes! Dañarían la consistencia de su propia raíz vital y existencial.

La vida de oración es posible en todas las edades y en todas las circunstancias de la vida. Pero eso sí, de manera distinta. La experiencia religiosa se desarrolla en el marco de la evolución sicológica y afectiva de la persona. En este caso, del niño y adolescente.

Por tanto, los niños deben integrarse en la comunidad eclesial gradual y decididamente, en forma participativa según sus posibilidades.

Los niños constituyen la mayor riqueza de los padres. A la vez representan un reto de permanente renovación para ellos, ya que los padres deben asumir y sentir en carne propia todo aquello que los hijos van experimentando en su crecimiento integral. De esta forma, los hijos garantizan la permanente juventud e ilusión de los padres, aunque pasen los años.

Dios se revela a los padres a través de los propios hijos y los padres deben gozar con los hijos. A los verdaderos padres, sus hijos no los aburren, ni les resultan insoportables y tampoco se resignan a aguantarlos de una forma fatalista. Más bien los hijos constituyen para los verdaderos padres su honra, su gloria, su mejor carta de presentación ante la sociedad y ante Dios.

Así los padres van forjando la personalidad de sus hijos. Van modelándolos de una u otra forma, según quieren, o según pueden. En este sentido hay que decir que, por regla general, los padres tienen a los hijos que se merecen, los que ellos mismos van educando día a día con alegrías y penas.

Los padres tienen, más pronto que tarde, los hijos de los cuales se han hecho dignos. Los hijos que ellos mismos han creado y han conformado, con su amor y sacrificio o también con su cobardía e irresponsabilidad. Sin embargo, también los padres han de aprender a deslindar responsabilidades porque los hijos, conforme van creciendo, van tomando su propio protagonismo.

Para los adolescentes y jóvenes, la determinación de la propia vocación es un asunto relativamente fácil y se va perfilando de manera progresiva y espontánea.

Sin embargo, pueden surgir conflictos, como en el caso de Rita, entre la propia inclinación y las instancias externas, concretamente, los propios padres. Entonces se aconseja el diálogo sincero como instrumento para detectar la voluntad de Dios.

Esta actitud, por supuesto, supone una gran madurez, y a la vez la forja o fortalece. El que obedece adquiere gran madurez humana y cristiana, y se prepara así para cualquier eventualidad de la vida y para triunfar en el estado de vida o profesión que elija.

Esto nos indica que los padres deben forjar personalidades maduras, dueñas de sí mismas; que lleven la felicidad consigo, dentro de sí. Eso es lo importante; lo relativo es lo que profesen o hagan en la vida.

Si creamos personas así, hemos conseguido lo más importante y decisivo. Hagan lo que hagan los hijos, lo harán bien, llevarán la felicidad consigo mismos; además valdrán para todo, en todo triunfarán. Porque para toda profesión o estado de vida, básicamente se necesitan las mismas actitudes personales. Quien tropieza en algún trabajo o con alguna persona, tropezará necesariamente, más pronto que tarde, con todo y con todos, a no ser que cambie él mismo.

El crecimiento de la personalidad de los hijos hay que situarlo dentro de un proceso educativo y vocacional; de obediencia filial y de autonomía personal; de equilibrio entre la fidelidad a los orígenes y la creatividad. La fe y la obediencia jugarán un papel importante en la maduración de la personalidad, superando los conflictos que, necesariamente, deben producirse.

Pensamos que ciertos relatos exageran la nota dramática del matrimonio de Rita. Porque ninguna instancia humana puede imponer un consentimiento matrimonial contra la voluntad del interesado. Sería quebrantar un derecho natural y hacer nulo el matrimonio. El desarrollo de los acontecimientos debió de ser mucho más armónico y espontáneo, sin minimizar la originalidad de la experiencia de fe.

Por eso, parece oportuno describir, brevemente siquiera, las señales que orientan el discernimiento de la propia vocación.

En primer lugar, debe existir en el adolescente o joven una natural inclinación o gusto por cierta profesión o estado de vida. Esta inclinación debe persistir cuando el joven pretende conscientemente buscar la voluntad de Dios sobre él, de una forma desinteresada. Es decir, cuando busca cumplir la voluntad de Dios en función de las necesidades reales de la comunidad o de sus hermanos. La voz interior lo confirma. La comunidad y el bien común se lo reclaman.

Además, los propios padres y las personas que conocen al joven y buscan su bien de forma desinteresada, deben expresar su aprobación y considerar un acierto la elección de aquella profesión o de la persona con que desea formar una familia.

Finalmente, la comunidad de fe, a través de sus representantes, debe poner a prueba y examinar la idoneidad del candidato, por ejemplo para el matrimonio o para el sacerdocio. Por tanto, es necesaria la aprobación de la autoridad legítima para tener vocación. Por más que uno quiera, si no es aceptado, definitivamente no tiene vocación.

Por lo demás, esta elección es progresiva y se realiza sobre el terreno de un compromiso sincero y consecuente. En este sentido, nadie “tiene” vocación para siempre, de manera vitalicia, nadie está obligado o predestinado a nada. Se exige la colaboración. Y la vocación se merece también, se va haciendo día a día. Se va confirmando.

La vocación, por tanto, va deviniendo al ritmo de la fidelidad a Dios y a los hermanos, en obediencia a la Iglesia y dentro de ella. Así, el joven se iría haciendo poco a poco sacerdote; se iría haciendo poco a poco y de forma consciente, esposo y padre por su enamoramiento y el noviazgo.

En el caso de Rita, la contradicción entre sus legítimas aspiraciones y la decisión de sus propios padres fue, desde el punto de vista de la fe, sólo aparente, porque Rita fue creciendo de fe en fe. Ella fue adquiriendo tal madurez humana y cristiana que, hablando de manera absoluta, podría vivir feliz, tanto en la vida religiosa como en el matrimonio, o donde Dios la colocara según conviniera a su mayor gloria.

Lo más grande y decisivo ya estaba edificado: su santidad, su actitud creyente, en radicalidad. Lo otro vendría como añadidura… El amueblamiento de la casa constituiría algo accidental: podría vivir como casada, podría vivir como religiosa… siempre en Dios, por Él y para Él, y después por todos y para todos.

Antes que ser esposo, profesional o religioso uno es creyente: no se pertenece a sí mismo, está llevado por la fuerza del Espíritu, está comprado para servir a la gloria de Dios. No se pertenece a sí mismo. Es una criatura nueva en Cristo. Eso es lo importante y definitivo. Sobre esa base se puede construir cualquier modelo de casa. En ese terreno cualquier semilla germinará y fructificará.

7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones propias para el segundo día

9. Oh Dios, fuente de toda paternidad y siempre fiel,
– concédenos guardar celosamente el patrimonio espiritual recibido de nuestros padres y desarrollarlo con generosidad sintiéndonos orgullosos de nuestras propias raíces vitales.

10. Oh Dios, principio de orden, que das consistencia a todas las cosas,
– concédeles a los esposos y sacerdotes la fidelidad a su compromiso ante la Iglesia y ante ti.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


Novena a Santa Rita de Casia (1), 13.5.20

mayo 14, 2020

DÍA PRIMERO

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ORÍGENES DE SANTA RITA



1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste.

Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos biográficos o ejemplos de vida

La historia nos dice que los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Eran fervorosos cristianos y esposos ejemplares. Destacaban por estas virtudes: la práctica de la caridad con los más necesitados y el empeño en reconciliar y construir la paz entre sus paisanos.

Por esta cualidad eran reconocidos con el sobrenombre de “pacificadores en el nombre de Cristo”. Finalmente, era notoria su especial devoción a la pasión del Señor.

Dios les regaló una única hija que constituyó su alegría y la de todos sus vecinos. Su nacimiento lo adorna así la tradición: un ángel se le aparece en sueños a Amanda, revelándole que iba a ser madre de una niña, cuya vida ejemplar serviría de modelo a la mujer cristiana en todos los estados de la vida.

Además le revela el nombre de la niña con el que debería bautizarla. La noticia del nacimiento corrió de boca en boca por la aldea y los alrededores, causando admiración y alegría por lo que se presagiaba acerca de la niña.

La tradición destaca otro prodigio del nacimiento: a los pocos días de nacida, un enjambre de abejas blancas apareció junto a la cuna. Las abejas entraban y salían de la boca de Rita mientras ella dormía, y elaboraban un rico panal en los labios de la niña, sin causarle ningún mal.

Indudablemente se veía la mano de Dios en estos hechos milagrosos. Aquella niña sería grande ante Dios y a los ojos de los hombres.

5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Puede elegirse una sola lectura o varias de las propuestas, según las circunstancias. Para las citas bíblicas se ha utilizado la Biblia Latinoamericana, año 1981, XXXVII edición.

En la Biblia, Dios aparece como Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres personas distintas. Un solo Dios que es familia, amor, donación, comunidad. Dios vive en familia y en familia da vida al mundo y a los hombres, primero creándolos y después redimiéndolos.

Así dice san Juan, 1, 1-3: En el principio era el Verbo y el Verbo estaba frente a Dios y el Verbo era Dios. Todo se hizo por Él y sin Él no existe nada de lo que se ha hecho.

San Pablo, exclama emocionado en Efesios 1, 3-6: Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales.

En Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús.

Eso es lo que quiso y más le gustó, para que se alabe su gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el Bien Amado.

En la primera carta de san Juan, 3, 1, leemos: Vean qué amor singular nos ha dado el Padre: que no solamente nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos; y por eso el mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él.

Y en la misma carta, 4, 7-8, san Juan nos amonesta así: Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor…

No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó primero. Lo supimos por Jesús, en Él lo vimos. Nos amamos entre nosotros precisamente por el gran amor que Él nos dio.

Los relatos del nacimiento de Rita se inspiran indudablemente en los evangelios de la infancia. Escogemos como normativo el relato del nacimiento de san Juan Bautista. Escribe Lucas en su evangelio, 1, 6-16:

Zacarías e Isabel eran personas realmente buenas a los ojos de Dios: vivían de acuerdo a todos los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel no podía tener familia, y ambos eran ya de avanzada edad…

Mientras Zacarías estaba sirviendo en el Templo… se le apareció el Ángel del Señor… Zacarías, al verlo, se turbó y tuvo miedo. El ángel le dijo entonces:

“No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, y tu esposa Isabel te dará un hijo al que llamarás Juan. Grande será tu felicidad y muchos se alegrarán con su nacimiento, porque tu hijo ha de ser grande ante el Señor”.

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Dios, amándonos, nos ha dado peso y valor porque nos ha amado mucho más que a ninguna otra criatura; por eso somos personas y valemos más que los animales, las plantas y las cosas.

A las cosas, Dios las amó y las creó en consideración al hombre. Es decir, las hizo para el hombre que es el dueño de la creación. Al hombre, en cambio, Dios lo amó por sí mismo; y por eso llega a ser persona: tiene valor absoluto después de Dios y está por encima de todas las cosas.

No es un objeto más, sino el centro de la creación, el sentido de la misma. Y por encima del hombre, sólo Dios.

El amor de Dios constituye, por tanto, nuestra valía y perfección. Dice san Agustín: “Mi peso es mi amor”; o sea, mi valor está en proporción al amor que estoy recibiendo: de mis padres, de los demás hombres, pero después del de Dios, y de forma accidental, no fundamental.

El amor recibido de Dios, por ser infinito, nos da un valor único: no tenemos un valor relativo, sino absoluto ante los demás seres creados; y no podemos morir para siempre.

Dios, amándonos, nos da la existencia, nos crea y nos da consistencia.

Nosotros, recibiendo su amor, podemos en primer lugar, amarnos a nosotros mismos; valorarnos como imagen y semejanza de Dios, y podemos, a la vez, amar a los demás, respetarlos y valorarlos en Dios; y finalmente, podemos amar a Dios o mejor, podemos, por influjo e inspiración del Espíritu Santo, permitirle a Dios que se ame a sí mismo en nosotros, con nosotros, por nosotros.

Es decir, permitirle a Dios que se glorifique en nosotros. Por supuesto, siempre en Cristo Jesús, el Hijo único de Dios.

Los datos biográficos de santa Rita nos muestran, en primer lugar, que la santidad, como la vida misma, no aparece al azar y por casualidad, sino que se genera en familia, se transmite y se desarrolla sólo en el ambiente adecuado de una vida familiar de fe y santo temor de Dios, y amor sincero a los hombres, nuestros hermanos.

Rita vino a la vida en un hogar bien constituido. Se habla de padres creyentes y ejemplares; es decir, antes de ser padres, son cristianos. No se habla, curiosamente, de la mamá o del papá por separado; señalando así que lo importante es ser pareja, es decir, esposos primero, antes que padres. Ya que la vida nunca la da un solo individuo por sí mismo, sino que la vida se da siempre en comunidad, en la comunidad conyugal.

Consiguientemente, se desarrollará siempre en una comunidad, la comunidad familiar.

De padres santos nacen hijos santos. La santidad se vive en racimo. Nadie da lo que no tiene: los padres santos generan, transmiten y cultivan santidad en sus hijos, como lo más natural.

Los niños son siempre el reflejo de los padres, pues en la vida somos, en gran medida y principalmente, lo que hemos recibido. Si hemos recibido mucho de nuestros padres, somos mucho en la vida. Así descubrimos que los valores morales y las virtudes cristianas que Rita practicará en grado máximo, ya están de alguna forma, y germinalmente, en sus padres.

De ellos aprende Rita a querer y amar a los pobres, a perdonar a los enemigos, a sentir compasión por los dolores de Cristo, en su pasión y crucifixión, en una palabra a vivir en santo temor de Dios.

Lo que era importante para sus padres, también lo será para Rita. Ella será como una prolongación, como una floración de lo que ellos sembraron en su hija.

El hogar, la familia es siempre la primera iglesia, la pequeña iglesia. Se la llama con razón iglesia doméstica. El hogar es también, por supuesto, el primer seminario.

La familia es el valor fundamental en la sociedad y en la Iglesia: es la escuela donde los hombres aprenden a vivir en humanidad y en fe.

El patrimonio humano y espiritual que los padres proporcionan y siembran generosamente en los hijos es determinante en la vida de los mismos; pesará para toda la vida.

Todas estas enseñanzas y vivencias las encontramos de manera ejemplar en la Sagrada Familia de Nazaret, modelo de toda familia: José, “varón justo”, y María, “la llena de gracia”, forman al “más bello de los hombres, en cuyos labios se derramaba la gracia”.

A pesar del silencio de los biógrafos, indudablemente, la Santísima Virgen representó para santa Rita una constante referencia, tanto en el mundo como en el claustro.

María, en efecto, ocupa un lugar central en la espiritualidad agustiniana, como lo demuestran las abundantes advocaciones, sobre todo la de La Consolación, y del Buen Consejo, y los innumerables testimonios de los religiosos ilustres y de los santos de la Orden.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Preces específicas para el día primero

9. Oh Dios, fuente de vida y origen de toda paternidad en el cielo y en la tierra,
– perdónanos por no haber sabido imitarte como dadores de vida, en la familia, en la escuela, en la sociedad.

10. Oh Dios, que nos has dado la vida y la fe a través de nuestros padres y de nuestros hogares,
– te damos gracias y te bendecimos porque tú nos has cuidado por nuestros padres, hermanos, maestros, catequistas y sacerdotes; y te pedimos imitar los ejemplos de los padres de Rita, Antonio y Amanda.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve


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