Papa Francisco: La posesión demoníaca existe. Tres criterios para reconocerla

diciembre 15, 2017

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El Papa Francisco habla y predica sobre la existencia y la posesión del demonio

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Papa Francisco: La posesión demoníaca existe. Tres criterios para reconocerla

La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia acaba también con la presencia del demonio y la victoria de Dios

Homilía en Santa Marta, 10 de Octubre de 2013. Iinformación de Radio Vaticana

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Jesús expulsa a los demonios, y alguien empieza a dar explicaciones para disminuir la fuerza del Señor. El Papa Francisco realizó su reflexión, tomando el Evangelio, sobre la tentación de disminuir la figura de Jesús como si fuese como mucho un curador, pero sin tomarle del todo en serio. Una actitud que ha llegado hasta nuestros días.

El demonio ¡sí existe!

Hay algunos sacerdotes que cuando leen este pasaje del Evangelio, este y otros (sobre expulsión de demonios), dicen: “Jesús curó a una persona de una enfermedad psíquica.” No se lee esto aquí, ¿no?

Es verdad que en aquel tiempo se podía confundir una epilepsia con la posesión del demonio; ¡pero es también cierto que existía el demonio! Y no tenemos derecho a simplificar tanto las cosas, diciendo: “Todos estos no estaban endemoniados; eran enfermos psíquicos”. ¡No!

La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia acaba también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio.

No debemos ser ingenuos.

El Señor nos da algunos criterios para discernir la presencia del mal y para ir por el camino cristiano cuando hay tentaciones.

1er. criterio

Jesús vino a destruir al demonio, a darnos la liberación de la esclavitud del diablo sobre nosotros. Y, no se puede decir que así exageramos. En este punto no hay medias tintas. Hay una lucha, y una lucha en la que se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna de todos nosotros.

2do. criterio

“No seguir la victoria de Jesús sobre el mal solo a medias.” O estás conmigo, dice el Señor, o estás contra mí.

3er. criterio

“Estar vigilantes”. Debemos ser vigilantes siempre, vigilar contra el engaño, contra la seducción del maligno. Y podemos preguntarnos: ¿Yo me vigilo a mí, mi corazón, mis sentimientos, mis pensamientos? ¿Guardo el tesoro de la gracia? ¿Guardo la presencia del Espíritu Santo en mí? ¿O lo dejo estar, seguro, creo que voy bien? Si tú no guardas, viene el que es más fuerte que tú.

Pero si llega uno más fuerte que él y le gana, le quita las armas en las que confiaba y se reparte el botín. ¡La vigilancia!

Tres criterios, ¡eh! No confundir la verdad.

Resumiendo: Jesús lucha contra el diablo: primer criterio. Segundo criterio: quien no está con Jesús, está contra Jesús. No hay enseñanzas a medias. Tercer criterio: la vigilancia de nuestro corazón, porque el demonio es astuto. ¡Nunca se le expulsa para siempre! Sólo lo será el último día.

Mantenerse en constante vigilancia

Recordemos algo que nos dice el Evangelio: “Cuando el espíritu impuro sale del hombre, vaga por lugares desiertos, buscando alivio, y al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa, de donde he salido. Y cuando la encuentra barrida y en orden, entonces va, toma a otros siete espíritus peores que él, vienen y moran en ella. Y así, la última situación de ese hombre se vuele peor que la primera”.

La vigilancia, porque su estrategia es esa: Tú te has hecho cristiano, sigue adelante en tu fe, yo te dejo, te dejo tranquilo. Pero después, cuando te has acostumbrado y no vigilas tanto y te sientes seguro, yo vuelvo.

El Evangelio comienza con el demonio expulsado y termina con el demonio que vuelve.

San Pedro lo decía: “Es como un león feroz, que gira a nuestro alrededor“. Es así. “¡Pero, Padre, usted está un poco anticuado! Nos asusta con estas cosas …”. No, ¡yo no! ¡Es el Evangelio! Y esto no son mentiras: ¡es la Palabra del Señor! Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. ¡Él ha vencido al demonio! ¡Por favor, no hagamos tratos con el demonio! Él busca volver a casa, tomarnos en posesión…  ¡No relativizar, vigilar! ¡Y siempre con Jesús!

Papa Francisco. Homilía en Santa Marta, 10 de Octubre de 2013. Iinformación de Radio Vaticana

https://www.pildorasdefe.net/noticias/La-posesion-demoniaca-existe-y-algunos-la-tildan-de-enfermedades-mentales-Papa-Francisco

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“Las pequeñas iglesias, que crecen en los suburbios, tienen algo que enseñar a toda la Iglesia”

diciembre 14, 2017

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El Papa Francisco con algunos jesuitas en su visita a Myanmar y Bangladesh

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Papa Francisco: “Las pequeñas iglesias, que crecen en los suburbios, tienen algo que enseñar a toda la Iglesia”

“El pueblo de Dios es un pueblo pobre, humilde, sediento de Dios. Los pastores debemos aprender de la gente”

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Por Jesús Bastante

“Las pequeñas iglesias que crecen en los suburbios y no tienen tradiciones católicas antiguas hoy deben hablar a la Iglesia universal, a toda la Iglesia. Claramente siento que tienen algo que enseñarnos”.

Como en otros viajes, el Papa Francisco mantuvo dos encuentros con las comunidades jesuitas de Myanmar y Bangladesh. Actos que ahora ha recogido Antonio Spadaro sj., en La Civiltá Cattolica.

En los mismos, el Papa habla sobre la Iglesia y los fundamentalismos, la misión de la Compañía de Jesús y la pobreza, y denunció la cerrazón de algunos ante el drama de los refugiados. “Lamentablemente, en Europa hay países que han elegido cerrar las fronteras. Lo más doloroso es que para tomar esta decisión tuvieron que cerrar sus corazones”

“Gracias por venir. Veo muchas caras jóvenes, y me alegro. Es algo bueno, porque es una promesa. Los jóvenes tienen futuro, si tienen raíces. Si no tienen raíces, van a donde sopla el viento”, comienza el diálogo del Papa en Myanmar. Una conversación que giró en torno al ser jesuita.

El jesuita es alguien que siempre debe acercarse, cuando se acerca a la Palabra hecha carne. Mira, escucha sin prejuicios, pero con mística. Mira sin miedo y místicamente: esto es fundamental para la forma en que vemos la realidad”, respondió el Papa. Una mirada de “inculturación”, que “es la misma esencia de la Palabra que se hizo carne, que tomó nuestra cultura, nuestro lenguaje, nuestra carne, nuestra vida, y murió”.

¿Cómo deben ser los jesuitas hoy? Francisco responde con palabras de Pablo VI: “Id a la encrucijada”. Y, “para ir a la encrucijada de la historia, mis queridos, ¡debemos rezar! ¡Necesitamos ser hombres de oración en la encrucijada de la historia!”.

Siendo, además, pastores cercanos y serviciales, no “pastores que se aprovechan de su pueblo, que viven detrás de su pueblo”, como alerta el profeta Ezequiel. Malos pastores que “viven para chupar la leche, toman la leche de las ovejas y cortan la lana (…). Un pastor que se acostumbra a la riqueza y la vanidad termina, como dice San Ignacio, con gran orgullo”. Por ello, “a un buen pastor le sienta bien la pobreza, que como decía san Ignacio, es la madre y el muro de la vida religiosa“.

Y también del cristiano. “El pueblo de Dios es un pueblo pobre, un pueblo humilde, un pueblo sediento de Dios. Los pastores debemos aprender de la gente”.

Muchos de los jesuitas del país trabajan con refugiados. Una tarea difícil e ingrata. En este sentido, el Papa recordó sus visitas a los campos de Lampedusa o Lesbos, “verdaderos campos de concentración, prisiones“, donde las personas malviven, y llegan con heridas indelebles.

Francisco recordó a un refugiado con el que habló: “Me ​​dijo que tardó tres años en llegar desde su casa a Lampedusa. Y en esos tres años fue vendido cinco veces”. Más aún: “Un sacerdote anciano me dijo irónicamente que no estaba seguro de si había más sacerdotes en Roma o mujeres más jóvenes esclavizadas. Y son niñas secuestradas, engañadas, llevadas de un lugar a otro”.

“Lamentablemente, en Europa hay países que han elegido cerrar las fronteras. Lo más doloroso es que para tomar esta decisión tuvieron que cerrar sus corazones”, denunció Francisco, quien recordó su visita con el patriarca Bartolomé, y el testimonio de un hombre musulmán: “‘Mi esposa era cristiana. Nos amamos mucho. Los terroristas vinieron un día. Vieron su cruz. Le dijeron que se la quitara. Ella dijo que no y fue masacrada frente a mí. Sigo amando a mi esposa y a mis hijos‘.

Estas cosas deben ser vistas y deben ser contadas. Estas cosas no llegan a los salones de nuestras grandes ciudades. Estamos obligados a denunciar y hacer públicas estas tragedias humanas que tratamos de silenciar“.

Volviendo a la labor de los religiosos en la Iglesia, el Papa les pidió “acercarse más, acompañar. Mantente cerca, y el Espíritu inspirará lo que puede hacer o decir”. Estar cerca, también, de la jerarquía.

Y si no estoy de acuerdo con lo que dice el obispo, debo tener la parresía para ir y hablar con él con valor y diálogo. Y finalmente obedecer”. Porque “uno no puede pensar en la Compañía de Jesús como una Iglesia paralela. Todos pertenecemos a la Iglesia santa y pecadora, en alegría y en tristeza”.

“Tenemos ejemplos de grandes jesuitas que se sintieron crucificados por la Iglesia de su tiempo y mantuvieron la boca cerrada”, reconoció el Papa. “Pensemos en el cardenal De Lubac, por nombrar uno. Y a muchos otros. Yo diría: fueron hombres de la Iglesia. Cuando la Sociedad entra en la órbita de la autosuficiencia, deja de ser la Compañía de Jesús”.

Preguntado por los fundamentalistas religiosos, el Papa quiso ser claro: “Mira, hay fundamentalismos en todas partes. Y nosotros los católicos tenemos ‘el honor’ de contar con fundamentalistas entre los bautizados“.

El primero de diciembre, tras el encuentro con los rohingyas, el Papa mantuvo un coloquio con 13 jesuitas. Y comenzó reconociendo que “Jesucristo hoy se llama Rohingya. Usted habla de ellos como hermanos y hermanas: lo son”, y reivindicando la lucha por la dignidad de los más pobres. “El problema es la salvación de los bancos. Pero, ¿quién salva la dignidad de hombres y mujeres hoy?”

“Ya nadie se preocupa por la gente en ruinas. El diablo se las arregla para actuar así en el mundo de hoy. Si tuviéramos un pequeño sentido de la realidad, esto debería escandalizarnos. Frente a todo esto debemos pedir una gracia: llorar. El mundo ha perdido el don de las lágrimas”.

Finalmente, confesó que en sus recientes nombramientos cardenalicios, “traté de ver las iglesias pequeñas, las que crecen en los suburbios. No para consolar a esas Iglesias, sino para lanzar un mensaje claro: las pequeñas iglesias que crecen en los suburbios y no tienen tradiciones católicas antiguas hoy deben hablar a la Iglesia universal, a toda la Iglesia. Claramente siento que tienen algo que enseñarnos”.

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2017/12/14/francisco-las-pequenas-iglesias-que-crecen-en-los-suburbios-tienen-algo-que-ensenar-a-toda-la-iglesia-religion-iglesia-vaticano-jesuitas-myanmar-bangladesh.shtml


Catequesis del Papa Francisco sobre la importancia de la Misa del domingo

diciembre 14, 2017

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El Papa Francisco bendice a una mujer enferma tras la Audiencia. Enfermos

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TEXTO COMPLETO Catequesis del Papa Francisco sobre la importancia de la Misa del domingo

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VATICANO, 13 Dic. 17 / 06:09 am (ACI).- El Papa Francisco reflexionó sobre la importancia de la Misa dominical durante la catequesis de la Audiencia General que tuvo lugar en el Aula Pablo VI del Vaticano este miércoles 13 de diciembre.

El Santo Padre recordó que “los cristianos vamos a Misa el domingo para encontrar al Señor resucitado, o mejor, para dejarse encontrar por Él, escuchar su palabra, alimentarse en su mesa, y así hacerse Iglesia, es decir, hacerse parte del Cuerpo místico viviente hoy en el mundo”.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Retomando el camino de catequesis sobre la Misa, hoy nos preguntamos: ¿Por qué ir a Misa el domingo?

La celebración dominical de la Eucaristía está al centro de la vida de la Iglesia (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2177). Nosotros los cristianos vamos a Misa el domingo para encontrar al Señor resucitado, o mejor dicho para dejarnos encontrar por Él, escuchar su palabra, nutrirnos en su mesa, y así hacernos Iglesia, es decir, su Cuerpo místico viviente en el mundo.

Lo han comprendido, desde el primer momento, los discípulos de Jesús, los cuales han celebrado el encuentro eucarístico con el Señor en el día de la semana que los judíos llamaban “el primero de la semana” y los romanos “día del sol”, porque ese día Jesús había resucitado de entre los muertos y se había aparecido a los discípulos, hablando con ellos, comiendo con ellos, donándoles a ellos el Espíritu Santo (Cfr. Mt 28,1; Mc 16,9.14; Lc 24,1.13; Jn 20,1.19), como hemos escuchado en la Lectura bíblica.

Incluso la gran efusión del Espíritu en Pentecostés sucede el domingo, el quincuagésimo día después de la resurrección de Jesús.

Por estas razones, el domingo es un día santo para nosotros, santificado por la celebración eucarística, presencia viva del Señor entre nosotros y para nosotros. ¡Es la Misa, pues, lo que hace al domingo cristiano! El domingo cristiano gira alrededor de la Misa. ¿Qué domingo es, para un cristiano, aquel en el cual falta el encuentro con el Señor?

Existen comunidades cristianas que, lamentablemente, no pueden gozar de la Misa cada domingo; sin embargo ellas, en este santo día, están llamadas a recogerse en oración en el nombre del Señor, escuchando la Palabra de Dios y teniendo vivo el deseo de la Eucaristía.

Algunas sociedades secularizadas han perdido el sentido cristiano del domingo iluminado por la Eucaristía. Es un pecado, esto. En este contexto es necesario reavivar esta conciencia para recuperar el significado de la fiesta –no perder el sentido de la fiesta–, el significado de la alegría, de la comunidad parroquial, de la solidaridad, del descanso que repone el alma y el cuerpo (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2177-2188).

De todos estos valores nos es maestra la Eucaristía, domingo tras domingo. Por esto el Concilio Vaticano II ha querido reafirmar que «el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo» (Const. Sacrosanctum Concilium, 106).

La abstención dominical del trabajo no existía en los primeros siglos: es un aporte específico del cristianismo. Por tradición bíblica los judíos descansan el sábado, mientras en la sociedad romana no estaba previsto un día semanal de abstención de los trabajos serviles. Fue el sentido cristiano del vivir como hijos y no como esclavos, animado por la Eucaristía, lo que hizo del domingo –casi universalmente– el día de descanso.

Sin Cristo somos condenados a ser dominados por el cansancio de lo cotidiano, con sus preocupaciones, y del temor del mañana. El encuentro dominical con el Señor nos da la fuerza de vivir el hoy con confianza y valentía e ir adelante con esperanza. Por esto los cristianos vamos a encontrar al Señor el domingo, en la celebración eucarística.

La Comunión eucarística con Jesús, Resucitado y Vivo en lo eterno, anticipa el domingo sin ocaso, cuando no existirá más fatiga ni dolor ni luto ni lágrimas, sino sólo la alegría de vivir plenamente y por siempre con el Señor. También de este beato descanso nos habla la Misa del domingo, enseñándonos, en el fluir de la semana, a encomendarnos en las manos del Padre que está en los cielos.

¿Qué cosa podemos responder a quien dice que no sirve ir a Misa, ni siquiera el domingo, porque lo importante es vivir bien, amar al prójimo? Es verdad que la calidad de la vida cristiana se mide por la capacidad de amar, como ha dicho Jesús: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35); pero, ¿Cómo podemos practicar el Evangelio sin tomar la energía necesaria para hacerlo, un domingo detrás del otro, de la fuente inagotable de la Eucaristía?

No vamos a Misa para dar algo a Dios, sino para recibir de Él lo que de verdad necesitamos. Lo recuerda la oración de la Iglesia, que así se dirige a Dios: «Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación» (Misal Romano, Prefacio Común IV).

En conclusión, ¿por qué ir a Misa el domingo? No es suficiente responder que es un precepto de la Iglesia; esto ayuda a cuidar el valor, pero esto sólo no es suficiente. Nosotros los cristianos tenemos necesidad de participar en la Misa dominical porque sólo con la gracia de Jesús, con su presencia viva en nosotros y entre nosotros, podemos poner en práctica su mandamiento, y así ser sus testigos creíbles. Gracias.


Homilía del Papa Francisco en la Misa por la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

diciembre 12, 2017

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El Papa Francisco durante la Misa por la Fiesta de la Virgen de Guadalupe

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.TEXTO: Homilía del Papa Francisco en la Misa por la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

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VATICANO, 12 Dic. 17 / 12:57 pm (ACI).- Como cada año, el Papa Francisco presidió una solemne Misa en la Basílica de San Pedro con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, en la que participaron miles de fieles latinoamericanos y concelebraron unos 750 sacerdotes.

En su homilía, el Pontífice pidió a América Latina defender “a nuestros pueblos de una colonización ideológica que cancela lo más rico de ellos, sean indígenas, afroamericanos, mestizos, campesinos, o suburbanos”.

A continuación, el texto completo de la homilía:

El Evangelio que acaba de ser proclamado es el prefacio de dos grandes cánticos: el cántico de María conocido como el «Magníficat» y el cántico de Zacarías, el «Benedictus», y me gusta llamarlo «el cántico de Isabel o de la fecundidad».

Miles de cristianos a lo largo y ancho de todo el mundo comienzan el día cantando: «Bendito sea el Señor» y terminan la jornada «proclamando su grandeza porque ha mirado con bondad la pequeñez de los suyos». De esta forma, los creyentes de diversos pueblos, día a día, buscan hacer memoria; recordar que de generación en generación la misericordia de Dios se extiende sobre todo el pueblo como lo había prometido a nuestros padres.

Y en este contexto de memoria agradecida brota el canto de Isabel en forma de pregunta: «¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?». A Isabel, la mujer marcada por el signo de la esterilidad, la encontramos cantando bajo el signo de la fecundidad y del asombro.

Quisiera subrayar estos dos aspectos. Isabel, la mujer bajo el signo de la esterilidad y bajo el signo de la fecundidad.

1.   Isabel la mujer estéril, con todo lo que esto implicaba para la mentalidad religiosa de su época, que consideraba la esterilidad como un castigo divino fruto del propio pecado o el del esposo. Un signo de vergüenza llevado en la propia carne o por considerarse culpable de un pecado que no cometió o por sentirse poca cosa al no estar a la altura de lo que se esperaba de ella.

Imaginemos, por un instante, las miradas de sus familiares, de sus vecinos, de sí misma… esterilidad que cala hondo y termina paralizando toda la vida. Esterilidad que puede tomar muchos nombres y formas cada vez que una persona siente en su carne la vergüenza al verse estigmatizada o sentirse poca cosa.

Así podemos vislumbrarlo en el indiecito Juan Diego cuando le dice a María «yo en verdad no valgo nada, soy mecapal, soy cacaxtle, soy cola, soy ala, sometido a hombros y a cargo ajeno, no es mi paradero ni mi paso allá donde te dignas enviarme»[1].

Así también este sentimiento  puede estar —como bien nos hacían ver los obispos Latinoamericanos— en nuestras comunidades «indígenas y afroamericanas, que, en muchas ocasiones, no son tratadas con dignidad e igualdad de condiciones; o en muchas mujeres, que son excluidas en razón de su sexo, raza o situación socioeconómica; jóvenes, que reciben una educación de baja calidad y no tienen oportunidades de progresar en sus estudios ni de entrar en el mercado del trabajo para desarrollarse y constituir una familia; muchos pobres, desempleados, migrantes, desplazados, campesinos sin tierra, quienes buscan sobrevivir en la economía informal; niños y niñas sometidos a la prostitución infantil, ligada muchas veces al turismo sexual»[2].

2.   Y junto a Isabel, la mujer estéril, contemplamos a Isabel la mujer fecunda-asombrada. Es ella la primera en reconocer y bendecir a María. Es ella la que en la vejez experimentó en su propia vida, en su carne, el cumplimiento de la promesa hecha por Dios. La que no podía tener hijos llevó en su seno al precursor de la salvación.

En ella, entendemos que el sueño de Dios no es ni será la esterilidad ni estigmatizar o llenar de vergüenza a sus hijos, sino hacer brotar en ellos y de ellos un canto de bendición.

De igual manera lo vemos en Juan Diego. Fue precisamente él, y no otro, quien lleva en su tilma la imagen de la Virgen: la Virgen de piel morena y rostro mestizo, sostenida por un ángel con alas de quetzal, pelícano y guacamayo; la madre capaz de tomar los rasgos de sus hijos para hacerlos sentir parte de su bendición.

Pareciera que una y otra vez Dios se empecina en mostrarnos que la piedra que desecharon los constructores se vuelve la piedra angular (cf. Sal 117,22).

Queridos hermanos, en medio de esta dialéctica de fecundidad–esterilidad miremos la riqueza y la diversidad cultural de nuestros pueblos de América Latina y el Caribe, ella es signo de la gran riqueza que somos invitados no sólo a cultivar sino, especialmente en nuestro tiempo, a defender valientemente de todo intento homogeneizador que termina imponiendo —bajo slogans atrayentes— una única manera de pensar, de ser, de sentir, de vivir, que termina haciendo inválido o estéril todo lo heredado de nuestros mayores; que termina haciendo sentir, especialmente a nuestros jóvenes, poca cosa por pertenecer a tal o cual cultura.

En definitiva, nuestra fecundidad nos exige defender a nuestros pueblos de una colonización ideológica que cancela lo más rico de ellos, sean indígenas, afroamericanos, mestizos, campesinos, o suburbanos.

La Madre de Dios es figura de la Iglesia (Lumen Gentium, 63) y de ella queremos aprender a ser Iglesia con rostro mestizo, con rostro indígena, afroamericano, rostro campesino, rostro cola, ala, cacaxtle. Rostro pobre, de desempleado, de niño y niña, anciano y joven para que nadie se sienta estéril ni infecundo, para que nadie se sienta avergonzado o poca cosa.

Sino, al contrario, para que cada uno al igual que Isabel y Juan Diego pueda sentirse portador de una promesa, de una esperanza y pueda decir desde sus entrañas: «¡Abba!, es decir, ¡Padre!» (Ga 4,6) desde el misterio de esa filiación que, sin cancelar los rasgos de cada uno, nos universaliza constituyéndonos pueblo.

Hermanos, en este clima de memoria agradecida por nuestro ser latinoamericanos, cantemos en nuestro corazón el cántico de Isabel, el canto de la fecundidad, y digámoslo junto a nuestros pueblos que no se cansan de repetirlo: Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.


Papa: Dejarse consolar por el Señor, no a quejas ni rencores

diciembre 12, 2017

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El Papa Francisco celebra en Santa Marta la Eucaristía de Adviento: Dejarse consolar por el Señor, no a quejas ni rencores ni tristezas

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El Papa Francisco: Es más fácil consolar que dejarse consolar por el Señor

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María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Dejarse consolar por el Señor en lugar de preferir las quejas y los rencores. Es el núcleo de la invitación que hizo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el segundo lunes de diciembre. El Santo Padre reflexionó sobre la Primera Lectura tomada del Profeta Isaías (Is 35, 1-10) en la que el Señor promete a su pueblo la consolación.

El Señor ha venido a consolarnos

“El Señor ha venido a consolarnos”, reafirmó el Papa. El mismo San Ignacio “nos dice que es bueno contemplar el oficio de consolador de Cristo” parangonándolo al modo con que algunos amigos consuelan a los demás. Y, después, basta pensar en la mañana de la Resurrección en el Evangelio de Lucas cuando Jesús se aparece a los apóstoles y era tanta la alegría que no podían creerlo. “Muchas veces –afirmó Francisco–  el consuelo del Señor nos parece una maravilla”.

“Pero no es fácil dejarse consolar; es más fácil consolar a los demás que dejarse consolar. Porque tantas veces nosotros estamos apegados a lo negativo, estamos apegados a la herida del pecado dentro de nosotros y, muchas veces, preferimos permanecer allí, solos, o sea en la cama, como aquel del Evangelio, aislados, allí, y no levantarnos. “Levántate” es la palabra de Jesús, siempre: “Levántate”.

El problema –explicó el Papa Bergoglio– es que en lo “negativo somos patrones”, porque tenemos dentro la herida del pecado mientras “en lo positivo somos mendicantes” y no nos gusta mendigar el consuelo.

Jonás: Premio Nobel de las quejas

Para explicar esto el Pontífice puso dos ejemplos: cuando se prefiere “el rencor” y “cocinamos nuestros sentimientos” en el caldo del resentimiento, cuando hay “un corazón amargo”, cuando nuestro tesoro es nuestra amargura.

Su pensamiento fue al paralítico de la piscina de Siloé: 38 años con su amargura diciendo que cuando se movían las aguas, nadie lo ayudaba. “Para estos corazones es mejor lo amargo que lo dulce”.

Tanta gente lo prefiere, notó Francisco: “Raíz amarga”, “que nos lleva con la memoria al pecado original. Y éste es precisamente un modo para no dejarse consolar.

También en las quejas hay cosas contradictorias

Después está la amargura que “siempre nos conduce a expresiones de quejas”: los hombres que se quejan ante Dios en lugar de alabarlo: quejas como música que acompaña la vida. El pensamiento del Papa se centró en Santa Teresa que decía: “Atención a la monja que dice: ‘Me han hecho una injusticia, me han hecho una cosa no razonable’”.

Y después, aludió al profeta Jonás, a quien el Papa Francisco definió: “Premio Nobel de las quejas”. Huyó de Dios porque se lamentaba de que Dios le habría hecho algo. Después terminó ahogado y engullido por el pez y después volvió a la misión. Y en lugar de alegrarse por la conversión de la gente, se lamentaba porque Dios la salvaba.

“También en las quejas hay cosas contradictorias”, añadió el Pontífice antes de relatar que había conocido a un buen sacerdote, pero que se quejaba de todo: “Tenía la característica de encontrar la mosca en la leche”:

“Era un buen sacerdote. Decían que en el confesionario era tan misericordioso, ya era anciano y sus compañeros de presbiterio decían cómo habría sido su muerte y cuándo habría ido al cielo. Decían: “Lo primero que dirá a San Pedro, en lugar de saludarlo, es: ‘¿Dónde está el infierno?’. Siempre lo negativo. Y que San Pedro le mostraría el infierno. Y una vez visto…: ‘¿Pero cuántos condenados hay? – ‘Sólo uno’- ‘Ah, qué desastre la redención’…

Siempre… sucede esto. Y ante la amargura, el rencor, las quejas, la palabra de la Iglesia de hoy es ‘coraje’, ‘coraje’”.

En efecto, Isaías invita al coraje porque Dios –recordó Francisco– “viene a salvarnos”. De manera que el pensamiento del Papa se dirigió al Evangelio del día (Lc 5, 17-26): cuando algunas personas van sobre el techo -porque había mucha gente– y bajan al paralítico para ponerlo delante de Jesús. No pensaron que estaban los escribas u otros, sino que sólo querían la curación de aquel hombre.

Dejarse consolar por el Señor

El Papa Francisco concluyó su homilía afirmando que el mensaje de la Liturgia del día es el de “dejarse consolar por el Señor”.

“Y no es fácil porque para dejarse consolar por el Señor debemos despojarnos de nuestros egoísmos, de aquellas cosas que son el propio tesoro, ya sea la amargura, o las quejas, o tantas cosas. Nos hará bien hoy, a cada uno de nosotros, hacer un examen de conciencia: ¿cómo es mi corazón? ¿Tengo alguna amargura allí? ¿Tengo alguna tristeza? ¿Cómo es mi lenguaje? ¿Es de alabanza a Dios, de belleza, o siempre de quejas? Y pedir al Señor la gracia del coraje, porque en el coraje Él viene a consolarnos. Y decir: Señor, ven a consolarnos”.

http://es.radiovaticana.va/news/2017/12/11/papa_francisco_%E2%80%93_homil%C3%ADa_%E2%80%93_santa_marta_%E2%80%93_misa/1354086

 


Francisco exige a Donald Trump “respetar el status quo” de Jerusalén

diciembre 6, 2017

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“EL FUTURO DE ASIA SE CONSTRUIRÁ NO CON LAS ARMAS, SINO CON LA FRATERNIDAD”, RECUERDA EL PAPA FRANCISCO

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Francisco exige a Donald Trump “respetar el status quo” de Jerusalén

Pide “perdón por nuestro silencio ante la minoría rohingyá” y anima a “proteger a todos los grupos perseguidos “

Por Jesús Bastante

Ante la sacudida que Donald Trump quiere dar a Tierra Santa declarando Jerusalén como capital de Israel, el Papa Francisco ha alzado la voz para exigir “respetar el status quo de la ciudad, en conformidad con las pertinentes resoluciones de Naciones Unidas”.

En su saludo en italiano tras la Audiencia de los miércoles, el Pontífice pidió que esta identidad “sea reservada y reforzada”, y que prevalezca “la prudencia para evitar nuevos elementos de tensión en un panorama mundial ya convulso y surcado por tantos crueles conflictos”.

Toda una bofetada al presidente de Estados Unidos, que con su decisión de trasladar la embajada de su país a la Ciudad Santa puede hacer estallar el polvorín de Tierra Santa. El Papa, que habló ayer con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, confesó que “mi pensamiento hoy está en Jerusalén”.

“No puedo dejar de mostrar mi preocupación por la situación creada en los últimos días”, denunció Francisco, quien no citó expresamente a Trump, aunque sí apeló a que “sea empeño de todos respetar el status quo” de la ciudad.

“Jerusalén es una ciudad única, sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, con una vocación especial para la paz. Rezo para que tal identidad sea preservada y reforzada, para beneficio de Tierra Santa, Oriente Medio y el mundo entero”, clamó Bergoglio.

Atrapado ante una maraña de abrazos.

La llegada del Papa Francisco al Aula Pablo VI, donde hoy se celebró la audiencia de los miércoles, estuvo cargada de efusividad. Manotazos, besos, abrazos de los que no sueltan… Domenico Gianni tuvo que hacer gala de toda su diplomacia para ‘separar’ a Bergoglio de varias personas que no querían soltarlo. El Papa sonrió, tendió la mano, repartió besos… aunque no pudo evitar cierto agobio.

Una audiencia muy musical, con canciones evocadoras a la naturaleza o el poder del pueblo. ‘Viva la gente’ o ‘De qué color es la piel de Dios’ sonaban mientras Francisco recorría los pasillos del aula hacia el estrado principal, en el que reflexionó sobre el pasaje de San Mateo en el que Jesús habla de sus discípulos como “la luz del mundo”.

Las primeras filas, como siempre, reservadas a los enfermos y discapacitados, la luz de este mundo y de este pontificado. Al lado, el belén y el árbol de Navidad, que ya se muestran en la sala.

Francisco quiso dedicar su catequesis a repasar el reciente viaje a Myanmar y Bangladesh. Unos jóvenes de este país jalearon el discurso, mostrando banderas del país y un gran cartel con un “¡Gracias!”, que el Papa cumplimentó con una sonrisa y un saludo.

Bergoglio quiso agradecer “a las autoridades y obispos de los dos países, por todo el trabajo de preparación y acogida”. También, a los fieles de ambos estados, “que me han demostrado tanto afecto y cariño”.

“Un sucesor de Pedro visitaba por primera vez Myanmar”, recordó Francisco, quien destacó “la cercanía de Cristo y de la Iglesia a un pueblo que ha sufrido a causa de la violencia y la represión, y que ahora está caminando, lentamente, hacia un futuro de paz”.

El Papa reconoció la fuerza de la religión budista en el país, y apuntó cómo “los cristianos son una pequeña grey del rebaño del pueblo de Dios. Una iglesia, viva y fervorosa”, que ha sufrido “la persecución a causa de la fe en Jesús”.

El futuro de Asia se construirá no con las armas, sino con la fraternidad”, recalcó Francisco, quien recordó que “nadie debe ser excluido en la tarea de cooperar en el proceso de reconciliación, con el respeto preciso a todos”.

El Papa también recordó su encuentro con el Supremo Consejo de monjes budistas, y apuntó que “cristianos y budistas pueden ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando toda violencia y cambiando el mal por bien”.

Tras el repaso a sus días en Myamar, Bergoglio habló de su llegada a Bangladesh, un país de mayoría musulmana, y donde vivió “un paso en favor del respeto y el diálogo entre el Cristianismo y el Islam”. En este sentido, recordó cómo “la Santa Sede ha sostenido la voluntad del pueblo bengalí de constituirse como nación independiente”, donde siempre “sea tutelada la libertad religiosa”.

En particular, el Papa quiso agradecer a Bangladesh “su solidaridad en el empeño de socorrer a los prófugos rohingyá, que llegan en masa a su territorio, la densidad de población es la más alta del mundo”.

Bergoglio vivió estos días como “un fuerte momento de diálogo interreligioso”, que permitirá “abrir los corazones como base de la cultura del encuentro”, y recordó especialmente la visita a la casa Madre Teresa, donde la santa se alojaba cuando iba a la ciudad, “y que acoge a muchos huérfanos y personas con discapacidad”.

“Recuerdo de las monjas su sonrisa -improvisó el Papa-. Son hermanas que oran tanto, que trabajan por los que más sufren, y siempre con una sonrisa. Son un gran testimonio, que les agradezco”.

“El último evento fue con los jóvenes bengalíes… ¡Cómo bailan de bien estos bengalíes! Una fiesta que ha manifestado la alegría del Evangelio, una alegría fecundada por el sacrificio de tantos misioneros y catequistas, culminó el Papa, quien recordó cómo en el encuentro “había jóvenes musulmanes, y de otras religiones, lo que supone un signo de esperanza para Bangladesh, para Asia y para el mundo entero“.

En su saludo en árabe, el Papa volvió a recordar expresamente a los rohingyá, pidiendo “perdón por nuestro silencio ante la minoría rohingya“, animando a “proteger a todos los grupos perseguidos en el mundo”.

Saludo en castellano:

Queridos hermanos y hermanas: Hoy quiero compartir con ustedes y dar gracias a Dios por el viaje apostólico que he realizado a Myanmar y Bangladesh.

Mi visita a Myanmar ha sido la primera de un Papa a aquel país; una nación que a pesar de haber sufrido mucho, se encamina hacia una nueva realidad de paz y libertad. Allí la comunidad cristiana es un pequeño fermento del Reino de Dios, que ha sabido dar testimonio de la fe y que cuenta con una juventud llena de esperanza y de alegría. Al encontrarme con el Consejo Supremo de los monjes budistas, he querido manifestar mi deseo de que trabajemos unidos para ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando todo tipo de violencia.

Después he realizado mi visita a Bangladesh, siguiendo las huellas del beato Pablo VI y de san Juan Pablo II. Ha sido un paso más en favor del respeto y del diálogo entre el islam y el cristianismo. Allí he querido expresar también mi solidaridad con Bangladesh en su compromiso por socorrer a los prófugos Rohingya.

Dos momentos de particular alegría han sido: la ordenación de 16 sacerdotes y el encuentro con los jóvenes, quienes con sus cantos y danzas manifestaron la alegría del Evangelio. Fue muy significativo que estuvieran también presentes jóvenes musulmanes y de otras religiones, siendo un signo éste de esperanza para Bangladesh, para Asia y para el mundo entero.
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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.

En este tiempo de Adviento los animo a fortalecer su vida cristiana con la oración, la escucha de la Palabra de Dios y las obras de caridad, y, siguiendo el ejemplo de la Inmaculada Virgen María, cuya solemnidad celebraremos pasado mañana, preparen su corazón para recibir al Señor que ya viene. Muchas gracias.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy quisiera hablar del Viaje Apostólico que he realizado en los días pasados a Myanmar y Bangladés. Ha sido un gran de Dios, y por eso le agradezco a Él por cada cosa, especialmente por los encuentros que he podido tener. Renuevo la expresión de mi gratitud a las Autoridades de los dos Países y a los respectivos Obispos, por todo el trabajo de preparación y por la acogida reservada a mí y a mis colaboradores. Un “gracias” sincero quiero dirigir a la gente birmana y aquella bangladesí, que me han demostrado tanta fe y tanto afecto: ¡gracias!

Por primera vez un sucesor de Pedro visitaba Myanmar, y esto ha sucedido poco después que se han establecido las relaciones diplomáticas entre este País y la Santa Sede. He querido, también en este caso, expresar la cercanía de Cristo y de la Iglesia a un pueblo que ha sufrido a causa de conflictos y represiones, y que ahora está lentamente caminando hacia una nueva condición de libertad y de paz. Un pueblo en el que la religión budista está fuertemente enraizada, con sus principios espirituales y éticos, y donde los cristianos están presentes como una pequeña grey y levadura del Reino de Dios.

A esta Iglesia, viva y fervorosa, he tenido la alegría de confirmar en la fe y en la comunión, en el encuentro con los Obispos de los países y en las dos celebraciones eucarísticas. La primera ha sido en la gran área deportiva en el centro de Rangún, y el Evangelio de ese día ha recordado que las persecuciones a causa de la fe en Jesús son normales para sus discípulos, como ocasión de testimonio, pero “ni siquiera un cabello se les caerá” (Cfr. Lc 21,12-19).

La segunda Misa, último acto de la visita a Myanmar, estuvo dedicada a los jóvenes: un signo de esperanza y un regalo especial de la Virgen María, en la catedral que lleva su nombre. En los rostros de esos jóvenes, llenos de alegría, he visto el futuro de Asia: un futuro que será no de quien construye armas, sino de quien siembra fraternidad. Y siempre en el signo de esperanza he bendecido las primeras piedras de dieciséis iglesias, del seminario y de la nunciatura, dieciocho.

Además de la Comunidad católica, he podido encontrar a las Autoridades de Myanmar, animando los esfuerzos de pacificación del País y deseando que todos los diversos componentes de la nación, ninguna excluida, puedan cooperar en este proceso en el respeto recíproco. En este espíritu, he querido encontrar a los representantes de las diversas comunidades religiosas presentes en el País. En particular, al Supremo Consejo de monjes budistas he manifestado la estima de la Iglesia por su antigua tradición espiritual, y la confianza que cristianos y budistas puedan juntos ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando toda violencia y oponiéndose al mal con el bien.

Dejando Myanmar, me he dirigido a Bangladés, donde en primer lugar he rendido homenaje a los mártires de la lucha por la independencia y al “Padre de la Nación”. La población de Bangladés es en grandísima parte de religión musulmana, y por ello mi visita -siguiendo las huellas del Beato Pablo VI y de San Juan Pablo II- ha marcado un paso más en favor del respeto y del diálogo entre cristianismo e islam.

A las Autoridades del País he recordado que la Santa Sede ha sostenido desde el inicio la voluntad del pueblo bangladesí de constituirse como nación independiente, como también la exigencia que en ella sea siempre tutelada la libertad religiosa. En particular, he querido expresar solidaridad a Bangladés en su empeño de socorrer a los prófugos Rohingya llegados en masa a su territorio, donde la densidad de población está ya entre las más altas del mundo.

La Misa celebrada en un histórico parque de Daca fue enriquecida por la Ordenación de dieciséis sacerdotes, y esto ha sido uno de los eventos más significativos y gozosos del viaje. De hecho, sea en Bangladés como en Myanmar y en los otros países del sureste asiático, gracias a Dios las vocaciones no faltan, signo de comunidades vivas, donde resuena la voz del Señor que llama a seguirlo.

He compartido esta alegría con los Obispos de Bangladés, y los he animado en su generoso trabajo por las familias, por los pobres, por la educación, por el diálogo y la paz social. Y he compartido esta alegría con tantos sacerdotes, consagradas y consagrados del país, como también con los seminaristas, las novicias y novicios, en quienes he visto los brotes de la Iglesia en aquella tierra.

En Daca hemos vivido un momento fuerte de diálogo interreligioso y ecuménico, que me ha dado la ocasión de subrayar la apertura del corazón como base de la cultura del encuentro, de la armonía y de la paz.

Además he visitado la “Casa Madre Teresa”, donde la santa se hospedaba cuando se encontraba en esta ciudad, y que acoge a muchísimos huérfanos y personas con discapacidad. Allí, según su carisma, las religiosas viven cada día la oración de adoración y el servicio a Cristo pobre y sufriente. Y jamás -jamás- se pierde de sus labios la sonrisa: religiosas que oran tanto, que sirven a los que sufren continuamente con la sonrisa. Es un bonito testimonio. Agradezco mucho a estas religiosas.

El último evento ha sido con los jóvenes bangladesí, rico de testimonios, cantos y danzas. ¿Y qué bien danzaban, estos bangladesí? ¡Saben danzar bien! Una fiesta que ha manifestado la alegría del Evangelio acogido por esta cultura; una alegría fecundada por los sacrificios de tantos misioneros, de tantos catequistas y padres cristianos. En el encuentro estaban presentes también jóvenes musulmanes y de otras religiones: un signo de esperanza para Bangladés, para Asia y para el mundo entero. Gracias.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/12/06/religion-iglesia-vaticano-papa-francisco-donald-trump-jerusalen-capital-israel-palestina-tierra-santa-rohingya-bangladesh-myanmar.shtml


Papa Francisco: «Con los rohingya he llorado, y ellos también»

diciembre 3, 2017

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En el encuentro con los periodistas durante el vuelo de regreso de Dacca a Roma, el Papa Francisco ha confesado que «con los rohingya he llorado, y ellos también».

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En la reunión a puerta cerrada con el general birmano, «mi mensaje le ha llegado»

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En el encuentro con los periodistas durante el vuelo de regreso de Dacca a Roma, el Papa Francisco ha confesado que «con los rohingya he llorado, y ellos también». Al término de un viaje a Birmania y Bangladés que tenía entre sus grandes objetivos ayudar a «la minoría religiosa más perseguida del mundo», el Santo Padre estaba seguro de que habrá resultados.

Francisco ha revelado que los 16 refugiados (12 hombres, dos mujeres y dos niñas) venidos de Cox’s Bazar, al principio «tenían miedo», porque no sabían lo que iba a pasar. Eran miembros de tres familias que probablemente seguirán llevando el miedo en el cuerpo durante mucho tiempo después de ver cómo el ejército birmano asesinaba a sus parientes y vecinos y a tantas personas desarmadas el pasado mes de agosto.

El Papa ha confesado que le hubiera gustado «ir a los campos de refugiados, pero no era posible», y optó por llamar a algunos de los que estaban en Cox’s Bazar, seleccionados por el gobierno y organizaciones humanitarias.

La reunión tuvo lugar el viernes, en el marco de un encuentro interreligioso que Francisco concluyó con una oración improvisada en la que pedía perdón a los rohingya -que tenía a su lado- por el mal que les había hecho el ejército birmano y «por la indiferencia del mundo».

El Papa ha revelado que, cuando terminaron de hablar con él, «les querían hacer bajar rápido del escenario. Ahí me enojé y dije muchas veces ‘respeto, basta’, y ellos se quedaron ahí. Y después de escucharles, sentí cosas adentro, y pensé ‘yo no puedo dejarles irse sin decir algo’. Pedí el micrófono y empecé a hablar. No recuerdo qué dije, creo que pedí perdón. En un momento yo lloraba, pero intentaba que no se viera. Y ellos también lloraban».

En todo caso, el encuentro le supo a poco pues «me hubiese gustado ir a los campos, pero no era posible» por falta de tiempo y dificultades logísticas en Cox’s Bazar.

El Papa está al corriente de las críticas a la consejera de Estado de Birmania, Aung San Suu Kyi por su aparente indiferencia ante el abuso de los militares -que ella no controla- contra los rohingya, pero advierte que «en Myanmar es difícil evaluar una crítica sin preguntarse si algo es posible, o de qué modo es posible».

Hay que tener en cuenta que la premio Nobel de la Paz se mueve en un terreno muy difícil bajo la amenaza continua de los militares, y que Birmania «se encuentra en una transición política, y las cosas se deben valorar en ese contexto».

«Siempre es bueno dialogar»

Francisco ha revelado que el encuentro privado con el general Min Aung Hlaing, comandante en jefe del ejército, el lunes nada más llegar a Rangún, tuvo lugar a petición del «hombre fuerte» que ha ordenado las matanzas y expulsiones.

Aunque algunos le aconsejaron que no lo recibiera, el Santo Padre opina que «siempre es bueno dialogar». Sin entrar en detalles del encuentro, ha revelado que «ha sido una buena conversación, y el mensaje ha llegado a su destino».

Después de haber utilizado en público la palabra «rohingya» en los últimos tres años, y denunciar enérgicamente su persecución, prefirió no hacerlo en el discurso oficial en Birmania «porque hubiera sido como dar con la puerta en las narices» a los militares y buena parte de la población birmana, perjudicando las posibilidades de interceder por los refugiados. Naturalmente, volvió a utilizar la palabra «rohingya» en Bangladés, justo en el encuentro con los refugiados.

Al cabo de una semana de viaje a Birmania y Bangladés, el Papa regresaba a Roma contento y esperanzado, pero sabiendo también que en terrenos tan complicados como este «es difícil dar pasos adelante», pero también «también es difícil dar pasos atrás, por la conciencia de la humanidad».

http://www.abc.es/sociedad/abci-papa-francisco-rohingya-llorado-y-ellos-tambien-201712031140_noticia.html