La canción del carpintero. Feliz Navidad

diciembre 27, 2009
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¡FELIZ NAVIDAD!

diciembre 25, 2009

La Navidad

 

 

 Nos ha amanecido un día sagrado:

venid, naciones, adorad al Señor,

porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas.

Aclama al Señor, tierra entera,

gritad, vitoread, tocad.

 

El misterio de vivir

 

 

 

 ¡OREMOS! 

¡Oh Dios!,  que de modo admirable

has creado al hombre a tu imagen y semejanza

y de un modo más admirable todavía

elevaste su condición por Jesucristo;

concédenos compartir la vida divina de aquel

que hoy se ha dignado compartir con el hombre

la condición humana.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por lo siglos de los siglos. Amén.

 

ESTIMADOS LECTORES INTERNAUTAS, RECIBID MI MÁS SINCERA FELICITACIÓN NAVIDEÑA. OS LO EXPRESO CON ESTAS SENTIDAS PALABRAS DE SAN LEÓN MAGNO QUE REPRODUZCA A CONTINUACIÓN. QUE SEÁIS FELICES. DIOS OS BENDIGA. ¡FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO AÑO NUEVO! A VUESTRA DISPOSICIÓN, P. Ismael 

 

  ¡Reconoce, cristiano, tu dignidad!

Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos.  No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.

Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo: porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos.  Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida.

Pues el Hijo de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos, establecidos por los inescrutables y supremos designios divinos, asumió la naturaleza del género humano para reconciliarla con su Creador, de modo que el demonio, autor de la muerte, se viera vencido por la misma naturaleza gracias a la cual había vencido.

Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.  Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?

Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo, puesto que se apiadó de nosotros a causa de la inmensa misericordia con que nos amó; estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a él fuésemos una nueva creatura, una nueva creación.

Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que hemos recibido la participación de la generación de Cristo, renunciemos a las obras de la carne.

Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas.  Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios.

Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio; porque tu precio es la sangre de Cristo.

(San León Magno, papa;

Sermón 1 en la Natividad del Señor, 1-3)


RETIRO DE ADVIENTO

diciembre 23, 2009

Corona de Adviento

FRATERNIDADES AGUSTINO-RECOLETAS DE MADRID

En las fraternidades agustino-recoletas de Madrid se acostumbra organizar, en torno a la celebración de la Recolección, un retiro con motivo del Adviento. Este año fueron convocados los hermanos para el sábado 19 de diciembre en la Parroquia de Santa Mónica. La cita era a las diez y media de la mañana.

El objetivo del retiro consistió en retomar las conclusiones del encuentro de las fraternidades de España celebrado en Pozuelo de Alarcón los días siete y ocho de noviembre.

Sobreponiéndose a las gélidas temperaturas, acudieron los hermanos desde las cinco fraternidades de Madrid: nueve de Getafe, dos de La Elipa, uno de Santa Rita, seis de Santa Florentina y trece de Santa Mónica. Asistieron también tres asistentes espirituales de las fraternidades: los PP. Javier Pipaón, Tomás Pérez e Ismael Ojeda.

Los religiosos de la comunidad Santa Mónica nos recibieron con alegría y el presidente de la fraternidad, Jesús María González y los demás hermanos nos esperaban con un café bien caliente y con mucho cariño. Desde el primer momento se respiró un ambiente distendido y fraterno.

Después del saludo inicial se presentaron los hermanos por fraternidades. A continuación el P. Ismael motivó y dirigió un ejercicio de “lectio divina” sobre el evangelio del día y los hermanos compartieron las apreciaciones personales.

Seguidamente los asistentes fueron distribuidos en tres grupos para analizar, sirviéndose de unas preguntas previamente formuladas, las conclusiones del encuentro de Pozuelo. De esta manera, todos los hermanos tomaron conciencia del plan de formación que todas las fraternidades deben seguir durante los próximos tres años.

Las conclusiones quedaron formuladas así:

  1. Leer la Biblia no literalmente, sino en clave de oración, dejándonos trabajar por Dios.
  2. Hacer la lectura de la Palabra de Dios que la Iglesia nos propone en los diferentes tiempos litúrgicos.
  3. Leer la Biblia diariamente aplicando la lectura a nuestra vida.

Los comentarios fueron recogidos por los secretarios y se comunicarán a las fraternidades de Madrid para enriquecimiento de todos los hermanos.

Concluyendo el trabajo de grupos, la fraternidad Santa Mónica invitó a todos los asistentes a compartir unos bocaditos, dulces y bebidas preparados con todo esmero.

Finalmente, los hermanos se dispusieron con tiempo para la celebración de la eucaristía en el templo parroquial, a la una de la tarde. Presidió el P. Ismael y concelebraron los PP. Javier y Tomás. Los hermanos animaron la celebración y renovaron las promesas.

Antes de volver a sus casas, los hermanos se felicitaron la Navidad y mostraron espontáneamente su satisfacción y contento por haber participado en el retiro. Algunos manifestaban que se les había pasado muy rápida la mañana y que deberíamos repetir con mayor frecuencia este tipo de experiencias de comunión y de espiritualidad. Los hermanos valoran muchísimo este tipo de encuentros porque los hacen crecer en su sentido de identidad como agustinos recoletos y crea lazos de verdadera estima y amistad.


VIRGEN FIEL Y MADRE FECUNDA

diciembre 20, 2009

 

Paloma del Espíritu Santo

VIRGEN SANTA,

TODOS ESPERAMOS TU CONSENTIMIENTO

En estos días, toda la Iglesia dirige su mirada a la Virgen, la llena de gracia. En la Visitación el Ángel del Señor le anunció los proyectos de Dios sobre ella. Unos planes que comprometían el destino de toda la humanidad. María tiene la palabra. Ella respondió positivamente a la propuesta de Dios: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí…  Entonces descendió sobre María el poder del Altísimo y concibió por obra del Espíritu Santo.

Esta decisión no puede reducirse a un momento puntual, sino que se fue desarrollando dentro de un proceso en el que María fue creciendo de fe en fe, conforme el Señor se le iba manifestando, aunque lo esencial ya estaba determinado. María guardaba celosamente en su corazón todo lo que le decía el Señor y lo meditaba para llevarlo a la práctica con alegría y generosidad. Así, pronto entendió María que debía visitar a su prima llevándole oportuna y generosamente la bendición de Dios para Isabel y su criatura. Durante meses y meses de gestación María ha retomado aquella primera decisión y permanece fiel hasta dar a luz al Salvador.  

En estos ocho días que preceden a la Navidad, la Iglesia nos invita a contemplar a María  en su expectación del parto. Ella revive al final de su embarazo, con mayor intensidad si cabe, su voluntad de cumplir la voluntad de Dios y colaborar en la salvación de los hombres. Nosotros, con respeto y veneración aceptamos asomarnos a su corazón inmaculado para sentir algo de lo que guardaba y acariciaba en su corazón de virgen y de madre: consagrada a Dios hasta ser habitada por él, y madre de Jesús, que es la luz y salvación de todos los hombres.

A continuación te ofrezco una excelente predicación de San Bernardo que nos trae la liturgia de Adviento. Él fue un devoto admirador de María que habló y predicó como pocos santos sobre ella. Espero que te sirva para sentir con María y crecer en su devoción y en la imitación de su fidelidad a Dios.

La Expectación del Parto

 

Todo el mundo espera

la respuesta de María

 

            Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia.

            Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida.

            Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos antecesores tuyos, que están detenidos en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo, postrado a tus pies.

            Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.

            Da pronto tu respuesta. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.

            ¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aquí de la prudencia. En este asunto no temas, Virgen prudente, la presunción; porque, aunque es buena la modestia en el silencio, más necesaria es ahora la piedad en las palabras.

            Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.

            Aquí está –dice la Virgen la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

 

(De las homilías de san Bernardo, abad, sobre las excelencias de la Virgen Madre; Homilía 4, 8-9)


Fiesta “Nuestra Señora de la Esperanza”

diciembre 13, 2009

FIESTA “NUESTRA SEÑORA DE LA EXPECTACIÓN DEL PARTO

Madres Cristianas Santa Mónica

  • Oración de la madre gestante
  • Oración de los padres que esperan familia

La Asociación Madres Cristianas Santa Mónica, promovida por los Agustinos Recoletos, opta decididamente por la cultura de la vida. Trata de ayudar a las madres cristianas en el desempeño de su vocación. Para ello les propone como ejemplo a santa Mónica que dio a luz a sus hijos tantas veces cuantas veía que se desviaban de Dios. Ella procuró con todas sus fuerzas que el nombre de Dios fuera alabado en su fe y en sus costumbres. Así consiguió que los demás sintieran la presencia divina en su convivencia familiar. Es decir, sencillamente encarnó el amor y la ternura de Dios en su propia casa.

El principal objetivo del apostolado de la Asociación consiste en organizar coros de oración con las madres. Cada coro agrupa a siete madres a fin de que cada una de ellas rece un día de la semana la “oración por la fe de los hijos”. La Asociación está extendida por muchos países. De alguna manera dirijo su organización en Perú y en Venezuela. Personalmente la promuevo en España, donde funcionan actualmente alrededor de un centenar de coros con sede en Barcelona, Granada, Tenerife, Madrid, Burgos y La Rioja.

Un problema grave en nuestra Iglesia es la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Hoy día las madres cristianas sufren porque sus hijos suelen abandonar la fe recibida en el hogar o descuidan su práctica. Muchas madres y abuelas lamentan con dolor este hecho. En la Asociación las invitamos a rezar de manera insistente y en cadena por esta necesidad. Para ello disponemos de tres formularios de “la oración por la fe de los hijos”: cuando reza la madre sola; cuando reza con su esposo; y finalmente cuando la madre es viuda. Además, hemos elaborado una oración de la madre gestante, y la de los esposos que esperan familia.

En esta oportunidad quiero invitar a las madres afiliadas a la Asociación, sin excluir a ninguna madre cristiana comprometida, a que en estos días próximos a la Navidad acompañen a las madres gestantes y parejas que esperan familia para que vivan con más fe su maternidad y paternidad. Las fechas son propicias porque el próximo día 17, con el rezo de las vísperas, la Iglesia vuelve los ojos a María que está próxima a dar a luz y durante los próximos siete días todos nos preparamos para recibir al Niño de Belén. En esos días se entonan solemnemente las antífonas llamadas de la “O” por ser ésta la primera palabra latina de las mismas. Se refieren al Niño Dios, llamado Sabiduría, Adonai o Pastor de la casa de Israel, Renuevo del tronco de Jesé, Llave de David, Sol que nace de lo alto, Rey de las naciones, y finalmente Emmanuel.

Por eso, el día 18 se celebra en muchas partes, siguiendo el rito mozárabe, la fiesta de la maternidad divina de María. Conocida también como la fiesta de Nuestra Señora de la Esperanza, de la Expectación, de la O. A María se la nombra asimismo como Virgen de la Esperanza, Virgen de la Expectación del parto, Virgen de la O.

La advocación “Nuestra Señora de la Esperanza”, nació en el X Concilio de Toledo en el año 656, por petición de San Ildefonso, Obispo de Toledo. El Santo quería honrar de un modo especial la maternidad virginal de Santa Maria: Nuestra Señora de la Encarnación, de la dulce Espera, Virgen de la Expectación del parto o de la O.

A lo largo de los siglos, y en toda la Iglesia, las madres cristianas “en estado de buena esperanza“ se han acogido al amparo de Santa María, madre de la Vida, bendita entre todas las mujeres. La madre gestante sintoniza fácilmente con los sentimientos que embargarían el corazón de la Virgen de la Expectación del parto. ¿Quién mejor que María le puede ayudar a la madre a vivir en plenitud su maternidad, como dadora de vida y de fe? María quiere visitar a todas las mujeres gestantes, como lo hizo un día con su prima santa Isabel, para llevarles la bendición del Salvador, y así hacerlas felices como esposas y madres.

Porque ser madre es la primera vocación inscrita por la misma naturaleza en el cuerpo y en la personalidad de la mujer, que necesita para realizarla de la colaboración amorosa y responsable del varón, hecho naturalmente para ser padre. Dios Padre todopoderoso somete su omnipotencia creadora a esta colaboración libre y generosa del hombre y de la mujer, para continuar su acción vivificadora en el mundo y en su Iglesia.

De acuerdo con lo expuesto, invito a toda madre cristiana, pero en particular a las afiliadas a la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica, a que evangelicen a las madres gestantes. Esta invitación conecta con el deseo de la conferencia episcopal española que ha declarado este año como “año de oración por la vida”. Todas las iniciativas que favorezcan la vida y la familia, y promuevan la dignidad de la mujer, integralmente tomada, serán bien venidas y máxime en estos días navideños. Pues la Navidad es la fiesta de los desposorios de Dios con la humanidad y el fruto de esa unión es la Vida en persona, Cristo el Señor. Amén.

Por mi parte, propongo que oremos por las madres gestantes que conozcamos, que las llevemos a la eucaristía o a una reunión donde reciban, a ser posible junto con sus esposos, la bendición del sacerdote, o finalmente, que les regalemos la oración que consignamos a continuación.

ORACIÓN DE LA MADRE GESTANTE

Señor Dios nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te adoro como comunidad trinitaria y fuente de vida en el cielo y en la tierra.

Te doy gracias, Padre bueno, por haber pensado en mí desde toda la eternidad: tú pronunciaste mi nombre y me creaste mujer. Tanto confiaste en mí, que me has llamado a ser madre, a ser colaboradora tuya en la transmisión de la vida y de la fe.

Gracias, Señor Jesús, porque, siendo Dios, quisiste tener una madre en la tierra para hacerte hombre como nosotros. Tú llenaste del Espíritu a la santísima Virgen María para que cumpliera su especial vocación. Así la hiciste modelo de todas las madres redimidas por ti. Apoyada en ella, te pido que derrames tu Espíritu sobre mi marido y sobre mí, para que cumplamos los planes del Padre: dar vida a nuestro hijo y transmitirle la fe.

Te doy gracias, Espíritu Santo, señor y dador de vida: ven sobre mí y sobre la criatura que estoy gestando. La confío a tu acción santificadora para que se desarrolle con bien hasta que la dé a luz. Gustosamente acepto los sacrificios del embarazo y las molestias que suponga para mí esta gestación. Asísteme, Espíritu consolador, y purifícame de todo mal para que pueda transmitir sólo vida y ternura a nuestro hijo. Te pido que esta criatura sea la alegría de mi marido y de toda la familia.

Gracias, Santísima Trinidad, por llamarme a formar con mi esposo la comunidad conyugal. Gracias por el don de mi marido, el mayor regalo que he recibido.

Con él me siento feliz disfrutando del amor mutuo, y ahora formando con nuestro hijo una verdadera familia a imagen de la comunidad trinitaria. ¡Qué maravillosos son tus designios, Dios mío, y qué insospechadas experiencias reservas para tus fieles! ¡Cómo no alabarte, si me has dado el esposo querido, los hijos y la vida de fe!

Señor Jesucristo, tú nos dejaste a María como madre. A ella me dirijo confiada: Virgen María, tú eres modelo para mí como mujer, y sobre todo ahora como madre gestante. Quiero contemplar la dulzura de tu rostro para poder imitar tu maternidad. Junto a ti también admiro a tu esposo, el fiel José. Te pido, Virgen María, que con mi esposo sepamos imitar los ejemplos de tu sagrada familia. Tú eres mi consuelo y fortaleza. Enséñame a dar vida contigo a esta criatura que el Señor nos regala.

Te suplico, Madre santa, que todo esto me lo alcances de tu Hijo bendito, por intercesión de santa Mónica, que gestó a sus hijos dándoles a luz en la vida y en la fe. Así sea. Amén.

Sabemos que la vida viene de Dios que es familia, Trinidad. Dios hizo al hombre a su imagen, hombre y mujer los creó. Les dijo: creced, multiplicaos y llenad la tierra. Por eso, la vida humana se origina en el seno de una comunión conyugal, de una comunidad. Un individuo por sí mismo no puede generar vida. Y sólo en el seno de una comunidad el ser concebido puede crecer digna y sanamente y llegar a plenitud su existencia.

Por eso, es muy recomendable que los padres sientan que ambos dan vida y hasta cierto punto “gestan” al ser engendrado por ellos, y ambos lo dan a luz. Los dos lo afirman desde el primer momento de su nacimiento, lo presentan a los demás como el fruto de su amor, su mayor tesoro que exige su unión y generosidad como padres, y se comprometen a criarlo con esmero y responsabilidad.

Esta oración que ofrecemos a continuación puede servir para expresar y confirmar las vivencias y sentimientos de la pareja en el proceso de convertirse en padres dadores de vida y de fe cristiana.

ORACIÓN DE LOS PADRES QUE ESPERAN UN HIJO

Señor Dios nuestro, con todo amor nos ponemos en tu presencia como pareja de esposos que tú has bendecido. Te damos gracias por llamarnos a formar una comunidad conyugal abierta a la vida y a la plenitud del amor. En particular te damos gracias, Señor, porque estás bendiciendo nuestro matrimonio dándonos al hijo que esperamos ilusionados.

Las palabras nos resultan cortas para expresar la felicidad que sentimos, y la emoción que embarga nuestros corazones. Resulta maravilloso experimentar que tú nos haces colaboradores tuyos para trasmitir la vida. Nos llena de gozo el saber que somos creadores contigo de esta nueva criatura, nuestra y tuya a la vez, Dios nuestro, fuente de vida.

Conscientes de la grandeza de esta vocación de esposos y padres, queremos ahora purificarnos de todo mal para ser canales limpios por donde pase la vida y la fe a nuestro hijo, a nuestra familia, a la Iglesia, al mundo. Queremos ser signo de tu amor, sacramento de tu misterio de vida y comunión.

Deseamos ser siempre una pareja ejemplar y formar una familia santa para gloria tuya. Como no podemos alcanzar esas metas sino con tu gracia, ahora rezamos el uno por el otro y nos bendecimos mutuamente en tu nombre y en tu amor.

(Marido-padre) Te doy gracias, Señor, por el don de mi esposa. Ella me hace cercano tu amor, tu perdón y tu preocupación por mí. Ella es la prueba de que me amas y me tomas en serio. Por eso, te doy gracias todos los días de mi vida y te pido que me hagas digno de un don tan maravilloso. Quiero sinceramente ser mejor esposo y padre cada día. A la vez, te pido perdón si no he sabido valorar a mi mujer debidamente, si he sido duro con ella. Perdón por cualquier debilidad con la que le haya defraudado y ofendido. En adelante prometo, con tu gracia, ser más delicado y responsable en todos mis comportamientos, particularmente ahora durante la gestación. Quiero darle a mi esposa cariño y protección en estos momentos, para que la criatura pueda sentir a través de nosotros el infinito amor que tú le tienes desde siempre.

Que yo sea un sacramento de tu amor providente para mi esposa y para nuestro hijo. Quiero que ellos descubran en mi conducta responsable y fiel tu presencia protectora en nuestro hogar. Amén.

(Esposa-madre) Te doy gracias, Señor, por mi marido, el mayor regalo que me has dado en la vida, junto con esta criatura que se está formando dentro de mí. Me siento feliz de poder cumplir tu voluntad, como lo hizo María, siempre confiada y alegre en tu presencia. Señor, que se haga también en mí lo que tú dispongas: quiero ser la alegría de mi esposo y de mi hijo, para su satisfacción y para gloria tuya. Perdóname si he causado preocupación a mi marido o si le he defraudado en algo. Por mi parte, estoy segura de que me darás cuanto necesite como esposa y madre. Creo en ti, Señor, pero aumenta mi fe y mi esperanza.

Santa María, Virgen y Madre, confío en ti; necesito tu ternura y fortaleza. Que esta criatura se parezca lo más posible a tu hijo Jesús. Que nuestro hijo se desarrolle sano de cuerpo y alma hasta que nazca. Así sea. Amén.

Señor Dios nuestro, te damos gracias por esta oración que nos has permitido dirigirte con amor. Que podamos cumplir con alegría y generosidad lo que te hemos prometido. Ten misericordia de nosotros pues somos débiles, pero confiamos en ti. Pues si tú nos regalas esta criatura, tú mismo nos ayudarás a cumplir la misión que nos confías.

Por eso, Padre de bondad, concédenos ser generosos dadores de vida. Señor Jesús, que acariciabas a los niños, bendice a nuestro hijo para que nazca sano y sea nuestra alegría y felicidad. Espíritu divino, ven sobre nosotros y asístenos mientras dure esta gestación, para que nuestro hijo sea lleno de gracia y bendición. Señor Dios nuestro, reina en nuestra familia. Es tuya, te la consagramos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

Madrid, diciembre de 2009


Viernes II Adviento

diciembre 11, 2009

     

Juan Bautista

Juan Bautista

  

     

Viernes II semana de Adviento

Mt 11, 16-19    

“¿A quién se parece esta generación?”    

He aquí, la pregunta de Jesús, admirado de la incredulidad del pueblo judío, en particular de sus dirigentes. Dios, siempre fiel, se manifiesta en El Bautista y se revela en Jesús. No pierde la ocasión de expresar su amor y sus designios de paz y bendición. Para Dios no hay tiempos muertos. Es un Dios de vivos. Él habla y actúa de distintas maneras, ciertamente. Pero tanto Juan como Jesús son rechazados por igual, con distinto pretexto: De Juan dicen que está endemoniado, y de Jesús que es un comilón y un borracho. Es decir, Juan rechazado por conservador y fundamentalista; Jesús, por progresista, liberal y revolucionario. ¿Y qué decimos hoy… nosotros, tú y yo?    

Apliquémonos el cuento. ¿Dios sigue hablando hoy a la sociedad, a esta generación? Ciertamente. Porque Dios es puro amor: y no puede negarse a sí mismo. El Padre siempre actúa, decía Jesús. La fe nos asegura que Dios todo lo dispone para nuestro bien. ¿Nos habla a cada uno? Indudablemente, pues somos los preferidos para él. Creemos que todo cuanto sucede es un gesto de Dios hacia nosotros. Cada persona tiene un mensaje para nosotros. Todo nos tendría que hablar de Dios, necesariamente, pues todo lo ha creado para nosotros… “Todo”, hasta lo malo que Dios permite en el mundo, en los demás, y dentro de nosotros. Nada está perdido.    

Pero, ¡cómo patinamos cuando se trata de ver a Dios! ¡qué atrevidos somos, qué ligeros para juzgar! Usamos y abusamos del mundo sin reconocer que todo nos viene de Dios. Todo nos parece debido. La sociedad del bienestar y nosotros mismos estamos perdiendo la capacidad de sorpresa, de agradecimiento. Como los niños caprichosos del evangelio rechazamos las innumerables y reiteradas manifestaciones de Dios, cada día. No vemos el sentido de la vida, no palpamos la cercanía de Dios. El Adviento es para aprender a ver en profundidad. Pues corremos el riesgo de mirar al Niño de Belén y no “ver ni sentir” la ternura de Dios. Hay que ver y sentir. “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. Señor, “te conocía de oídas, ahora te están viendo mis ojos”.    

Adviento es el tiempo propicio para levantar nuestros ojos, para contemplar la cercanía de Dios: él estaba en Juan, hablaba y actuaba en Jesús. Él sigue hablando y actuando en nuestro mundo, a nuestro lado, en los amigos y en los adversarios, dentro y fuera de nosotros mismos.    

Por la fe descubrimos a Dios presente y actuante en todo lo que sucede; las obras de Dios llenan el mundo; su sabiduría todo lo invade: todo está bien. Nuestro mundo, por más que lo dañemos, no está perdido, porque la última palabra la tiene Dios; él gobierna el mundo; estamos en sus manos. Por tanto, descarguemos en él nuestras preocupaciones. Lo nuestro es alegrarnos en el Señor, esperando que él haga su obra con nosotros y a veces como a pesar nuestro, y en nosotros. La alegría en el Señor será nuestra fortaleza; él vendrá, en este mundo, y en el otro: es Adviento, es Navidad. Él vendrá, no lo dudemos ni un momento…    

A ver si contemplamos la gloria de Dios; entonces sabremos que todo funciona bien porque tú funcionas bien pues has visto el poder de Dios. Si te abandonas en Dios y le permites que él te conduzca… verás a Dios y descansarás en él. Por fin. ¿Por qué no dejas de buscar tu felicidad a escondidas o al margen de Dios, para dejarte iluminar por su gloria, la gloria del Niño de Belén? Ensaya otra manera de sentir y de creer, y entonces reconocerás que Dios tenía razón cuando envió a Juan a bautizar y cuando envió a Jesús y lo hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Indudablemente, la sabiduría de Dios ha quedado acreditada por sus obras. Todo está bien pues Dios todo lo ve, todo lo cuida. Él sabe todas las cosas. Su sabiduría no tiene medida. Amén.    

El salmista nos ayuda en la oración:   

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo…  

Tus acciones, Señor, son mi alegría; y mi júbilo, las obras de tus manos. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor; ¡qué profundos tus designios! El ignorante no los entiende, ni el necio se da cuenta…  

El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano… para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad.  

 (Salmo 91)   

   

     

Tiempo de Adviento para contemplar y escuchar la Palabra


Solemnidad de la Inmaculada Concepción

diciembre 8, 2009

 

LA GRANDEZA DE MARÍA según san Anselmo.

            ¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia, cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo, por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura!        

            Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual a él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y el mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.

            Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada susbsiste.

            ¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!

 (Sermón 52 de san Anselmo, obispo; Lit. de las Horas, solemnidad de la Inmaculada Concepción).