Maná y Vivencias Cuaresmales (4), 17.2.18

febrero 17, 2018

Sábado después de Ceniza

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Familia con hijos

Familia, sé lo que eres, que ya es bastante

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Antífona de entrada: Salmo 68, 17

Escúchanos, Señor, pues eres bueno y míranos conforme a tu bondad infinita.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre nosotros tu mano poderosa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 58,9b-14

Así dice el Señor Dios: «Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña; reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.

Si detienes tus pies el sábado y no traficas en mi día santo, si llamas al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor, si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus asuntos, entonces el Señor será tu delicia.

Te asentaré sobre mis montañas, te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob.» Ha hablado la boca del Señor.


SALMO 85, 1-2.3-4.5-6

Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.

Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.


Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 33, 11

No quiero la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva, dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros.

Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»

Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»


Antífona de comunión: Mateo 9, 13

Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
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VIVENCIAS CUARESMALES

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4. SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA

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TEMA: Santificación del Sábado.

Sumisión a Dios, amor ordenado hacia el hermano.

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La vida feliz en el amor a Dios y al prójimo, necesita un tiempo fuerte de revisión, de celebración y afirmación personal y comunitaria. Ese tiempo sagrado es el Día del Señor, el Domingo.

En el Antiguo Testamento se nos prescribe el descanso sabático: “Si detienes tus pies el sábado, y no traficas en mi día santo; si llamas al sábado tu delicia, y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus asuntos, entonces el Señor será tu delicia” (Is 58, 13-14).

En otras palabras y abundando en lo mismo:

Seis días tendrás para tus trabajos y ocupaciones, pero el séptimo día, no trabajarás, no lucrarás, pues no te pertenece; es del Señor. Por tanto, descansarás y lo santificarás. ¿Cómo?

Dando culto a tu Dios, por una parte, y, por otra, entregándote a los hermanos, sobre todo a tu propia familia. Ellos, además del pan de cada día, necesitan tu cariño, tu cercanía, tu amor sincero.

También te acordarás de los pobres: Darás limosna de lo que el Señor te ha regalado en tu trabajo durante la semana. Si tienes fe darás hasta el diezmo de todo cuanto el Señor te da, porque tu confianza está en el Señor, no en tus fuerzas ni en tus previsiones, ni en tus provisiones o seguridades.

Ese día es sagrado, reservado para Dios; no le pertenece al hombre, es de Dios, y el hombre debe respetarlo haciendo lo que Dios prescribe.

Lo expresa la primera lectura: es preciso renovar el amor al hermano practicando una convivencia verdaderamente fraterna, en primer lugar en el hogar, que es la iglesia doméstica; y en segundo lugar, participando en la eucaristía, en la familia eclesial como cuerpo místico de Cristo, llevando al altar la ofrenda, compartiendo los bienes con el hermano necesitado.

En el Domingo, todos los bautizados celebran la mayor riqueza que tienen en común: la salvación en Cristo. Si comparten lo más valioso, con más razón compartirás lo que vale menos, lo material.

Por tanto, los hermanos deben igualarse o nivelarse en la posesión y en el uso de los bienes materiales; es decir, tienen que hacer limosna.

En el domingo debe anticiparse aquella unidad que tendremos en la Jerusalén celestial. Los santos padres son muy exigentes en la construcción del reino de Dios sobre la justicia, la limosna y la intercomunión o comunicación de los bienes materiales.

La común herencia de los bienes eternos debe relativizar y orientar la posesión y el uso de los bienes temporales y pasajeros.

La caridad y la justicia para con todos los hombres, especialmente para con los más necesitados, acarreará al cristiano la plenitud de vida y la máxima capacidad de trasmitir vida, empezando por su propia casa:

“Brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña, reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán tapiador de brechas, restaurador de casas en ruinas.

Si detienes tus pies el sábado, y no traficas en mi día santo; si llamas al sábado tu delicia, y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de realizar tus negocios, entonces el Señor será tu delicia.

Te asentaré sobre mis montañas, te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob –ha hablado la boca del Señor– “ (Is 58, 9-14).

Como se trata de algo tan importante, Dios no lo deja a la improvisación sino que “manda” santificar el Sábado, para nosotros el Día del Señor, el Domingo.

Dios sabe que el hombre necesita dedicar un día íntegro cada semana, para renovar los fundamentos de su existencia, para mantener y aun hacer crecer su bienestar integral: su relación con Dios y su relación con el hermano, comenzando por la familia; y hasta para salvaguardar su propia salud física, psicológica y emocional.

La Iglesia prescribe este descanso dominical para todos sus hijos bajo conciencia de pecado grave, porque se trata de algo transcendental en la vida cristiana.

Efectivamente, quien no santifica el Día del Señor estaría dañando gravemente su vida espiritual: su relación vital con Dios y su relación afectuosa con los hermanos. Ese tal lastimaría gravemente su bienestar integral como persona creyente.

En fin, no estaría capacitado para vivir como el Señor espera de él: siendo sal de la tierra y luz del mundo.

El Día del Señor es un día de fiesta para renovar la vida familiar: reconciliación y diálogo entre los esposos y renovación de la relación con los hijos; el domingo pueden rezar juntos y, si se puede, acudir en familia al templo para escuchar la palabra de Dios, darle gracias por la salud, el trabajo, la fe… y renovar la verdadera comunión entre todos los miembros de la familia en el seno de la comunidad eclesial.

Con el precepto dominical, Dios y la Iglesia salen al encuentro de la debilidad del hombre, procurándole una vida feliz.

Con la observancia obsequiosa del Domingo, nosotros le permitimos a Dios extender su mano misericordiosa cada semana sobre nosotros para sanar nuestras dolencias, darnos ánimo para seguir caminando por la vida con esperanza y fortaleza hasta llegar a la Patria definitiva.

Cada domingo, reconocemos que estamos enfermos, y acudimos esperanzados al Señor; y él se va glorificando en nuestra debilidad y adelantando su Reino en nuestra persona, en nuestra familia, en la Iglesia.

“Éste -el día domingo- es un día que constituye el centro mismo de la vida cristiana… El descubrimiento de este día es una gracia que se ha de pedir, no sólo para vivir en plenitud las exigencias propias de la fe, sino también para dar una respuesta concreta a los anhelos íntimos y auténticos de cada ser humano” (Dies Domini, 7).

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La belleza única de la mujer en la Iglesia Católica, con velo o sin velo (1 de 2)

enero 14, 2018

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Procesión del Señor de los Milagros en su paso por la Plaza de Armas de Lima.

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La belleza única de la mujer en la Iglesia Católica, con velo o sin velo

¿Vuelve el uso del velo entre las mujeres católicas?

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¿No habrá llegado el momento de redescubrir el significado del velo o de la mantilla entre las mujeres católicas? ¿Qué nos dicen los signos de los tiempos en la Iglesia y en el mundo sobre la mujer? ¿Tendrá el velo suficiente entidad como para promover una renovación de la función de la mujer en la Iglesia? ¿Qué capacidad significativa puede tener el velo en las mujeres?

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Hace tiempo me ronda en la cabeza la idea de escribir algo sobre uno de los símbolos religiosos de la tradición judeocristiana: El velo o mantilla usados por las mujeres en las celebraciones religiosas.

Comienzo por recordar que hasta el Concilio Vaticano II estaba generalizado el uso del velo entre las mujeres en la Iglesia. El Concilio no lo prohibió pero tampoco lo mandó ni lo promovió. Sencillamente dejó libertad para usarlo o no, a criterio personal.

El resultado fue que en pocos años desapareció esa práctica en toda la Iglesia, sobre todo romana. Hoy solo se usa el velo o mantilla de manera protocolar en las visitas o encuentros oficiales con el Santo Padre; también lo usan las novias y las religiosas.

Como expresión de religiosidad popular peruana, reseño que en la procesión del Señor de los Milagros de Lima, las señoras que visten hábito morado y queman incienso, también llevan velo blanco.

Actualmente son muy escasas las mujeres que usan el velo o mantilla durante la misa, adoración del Santísimo o en otras celebraciones. Por lo general, estas personas visten el velo con mucha reverencia y convicción porque les ayuda grandemente en su oración.

No suelen provocar rechazo en los demás y las mujeres que las ven, por lo general, se muestran interesadas en conocer los motivos que tienen para usar el velo sobre todo durante la misa.

1. El velo es un signo religioso

¿Qué podemos decir sobre el velo o mantilla? Es un atuendo femenino que, usado en las celebraciones religiosas, se convierte en signo que expresa y facilita la relación con Dios, sobre todo en la oración personal y en el culto litúrgico. El velo bendecido se convierte en “sacramental”: Es decir, adquiere una carga significativa tanto para el que lo porta o usa como para los demás.

Tanto el velo, como el hábito religioso, una medalla, el aro matrimonial… son sacramentales que recuerdan al que los lleva el compromiso contraído de manera privada o pública, pero siempre personal. En ellos expresa el creyente su intención y su relación particular con Dios: su consagración testimonial.

A través de ellos la vivencia interior del creyente se robustece al hacerse pública, y a la vez esos signos ayudan al creyente a evitar los olvidos y las eventuales incoherencias prácticas. Es decir, le ayudan a mantener y hacer crecer su intención primigenia, su experiencia fundante o su consagración original.

Para los demás, esos signos son un testimonio, llaman la atención y les muestran las intenciones de la persona que los lleva. Ofrecen a todos un conocimiento de la persona en su experiencia religiosa, que puede conducir a los demás a valorar, respetar, admirar y hasta imitar a esas personas que manifiestan públicamente su fe. En fin, se fomenta el sentido de Iglesia.

2. Significado específico del velo en la mujer orante

Lo primero que se debe resaltar es que el velo siempre se consideró en la tradición cristiana como una prenda de vestir propia y específica de las mujeres, un atuendo femenino, no de los varones. Tiene referencia no sólo al cabello de las mujeres, sino a su mismo sentido de belleza y de presentación femenina en las oraciones públicas o privadas.

Quizás no sería exagerado ni atrevido afirmar de entrada que el velo tendría algo que ver con el ser y hacer de la mujer en la Iglesia, según los planes de Dios. Aparte de las connotaciones socioculturales, pareciera que el velo en sí “diría bien” con la función esencial y específica de la mujer en la Iglesia y concretamente en las oraciones y en la liturgia. El hecho de llevar velo ayudaría a la mujer en su identidad creyente y en su testimonio ante la comunidad eclesial y ante el mundo.

La Palabra nos dice que Dios los creó desde el principio hombre y mujer. Los hizo a su imagen y semejanza, iguales en su dignidad y en su vocación fundamental, pero distintos en su condición de seres sexuados, hechos el uno para el otro, es decir, esencialmente complementarios.

La sexualidad es mucho más que la genitalidad, pues abarca todos los aspectos del ser humano: autoconciencia, inteligencia, sensibilidad, capacidad de acoger y dar afecto, resistencia al dolor y al sufrimiento, aprecio de la vida, optimismo, religiosidad, etc. Hombres y mujeres somos diferentes; muy diferentes. Pero complementarios, hechos para vivir relacionados en la sociedad y particularmente en el matrimonio.

Se podría sostener que esta condición sexuada del ser humano refleja mejor, o al menos más explícitamente, la esencia de Dios; es expresión de la perfección infinita de Dios, que es Comunión trinitaria, unión en la diversidad, pluralidad en la unidad.

Es decir, la condición sexuada hace más comprensible a los humanos el misterio de Dios Uno y Trino a la vez, Único Dios en tres personas distintas. Además, le facilitaría experimentar la riqueza de la diversidad de los humanos, la belleza de la convivencia humana y las bondades de la complementariedad. Le abriría finalmente a la capacidad de la procreación, a la fecundidad del amor entre dos personas sexualmente diferentes y complementarias.

En la Historia de la Salvación Dios mismo se ha encargado de asumir y de santificar la condición sexuada del ser humano, mediante la Encarnación del Verbo y la Maternidad divina de la Virgen María.

Al encarnarse, Dios asume la condición humana en su totalidad y existencialmente sexuada: De hecho, necesitó una madre, la Santísima Virgen María, mujer y no varón; y en Jesús de Nazaret el Verbo de Dios asumió la condición humana como varón, no como mujer. Jesús no fue mujer. De María asumió Jesús la esencia del hombre y existencialmente fue varón, el hijo de José el carpintero.

Ahora ellos dos, Jesús y María, solamente ellos están resucitados y glorificados en el Cielo, los dos únicos seres humanos, hombre y mujer. Cada uno cumple la voluntad de Dios y sirve a la salvación de los hombres, según el plan único e inescrutable de Dios.

Ante estas consideraciones elementales de nuestra fe, ¡qué desenfocadas resultan ciertas apreciaciones en referencia a Jesús o a María! Así, algunas mujeres recriminan a Jesús que no hiciera apóstol y sacerdotisa a su madre María. Sería falta de amor. A otras les parece una discriminación que la Iglesia no permita a las mujeres acceder al sacerdocio.

3. En las cosas de Dios no hay autoservicio: todo se recibe, nada se toma por propia iniciativa

Lo primero que se desprende de lo expuesto es que Dios en la historia de salvación programa, dispensa y distribuye sus dones como a él le parece: En función del bien de todos y para su gloria. Nadie toma nada por su cuenta, todo se recibe y se agradece. Dios sabe poner a cada uno en el mejor lugar, con las mejores cualidades. Él provee a cada uno con largueza, y sin perjudicar a nadie.

Por tanto, la reivindicación no cabe en la Iglesia. Tampoco la emancipación. Nadie debe buscar su propio bien, su propio interés. Cada uno es un don para los demás. La caridad, que no busca lo propio, se entiende como la búsqueda del bien de los demás. Y la perfección del cristiano consiste en anteponer el bien común al propio.

Al razonar con estos criterios, qué lejos estaríamos del espíritu que, por lo general, ha inspirado la liberación de la mujer, la revolución sexual, el feminismo radical: contrarrestar la tradicional opresión sociocultural del varón y luchar por la conquista del poder de las mujeres sobre los hombres. Que las mujeres se rebelen y luchen por oprimir a los varones, aun a costa de renunciar a su condición de mujeres.

4. Dios sabe lo que hace: La mujer, reflejo y sacramento de la ternura, belleza y amor de Dios.

El Papa Francisco insiste una y otra vez en la necesidad de que la mujer vaya ocupando en la Iglesia el sitio que le pertenece. Porque algo resulta evidente: de hecho en la actualidad no está viviendo plena y específicamente la misión que le corresponde según el plan de Dios y en favor de la Iglesia. Es una tarea pendiente y urgente.

Para reconocer la dignidad y la sublimidad de la vocación propia de la mujer en la Iglesia y en la sociedad hay que rastrear con atención los planes de Dios manifestados en la historia de salvación: Hechos y palabras. No hay que inventar cosas ni pensar mucho.

En la Palabra, al principio, dijo Dios: No está bien que el hombre esté solo. Hagámosle una ayuda semejante a él, un ser “apropiado y proporcionado” para él. Y así Dios creó a la mujer, igual al varón. Ambos llamados a vivir en comunión, a complementarse como un don mutuo en el amor de Dios.

La mujer es un don de Dios deseado por el hombre, necesario y conveniente para él. Sin ella el hombre no es completo, no puede sentirse realizado plenamente.

El hombre y la mujer, por separado, son imagen de Dios y semejanza de Dios, sí, pero de manera imperfecta: Porque el hombre, a pesar de ser dueño de todas las cosas creadas, no hallaba en ellas un ser de su misma dignidad, un ser con el que pudiera entenderse, encontrarse, ayudarse, planificar juntos, gozar juntos…

Para establecer esta comunión conyugal, el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer… y los dos serán una sola carne. Tanto el varón como la mujer sienten una atracción mutua para encontrarse, conocerse, dialogar, vivir en comunión, unirse maritalmente y procrear seres semejantes a ellos…

En una palabra, el varón y la mujer están llamados a reproducir en este mundo la comunión de las tres divinas personas. Y les dijo Dios: Crezcan, multiplíquense, llenen de hijos la tierra.

La vida humana surge en el seno de una comunidad y sólo en ella crece y llega a plenitud. Un individuo no puede engendrar vida ni puede garantizar su crecimiento y madurez. En esa comunidad conyugal, el papel de la mujer tiene unas características únicas.

Toda mujer está llamada a encarnar y hacer visible la ternura de Dios, su belleza, su cercanía providente, su capacidad de acogida y de comunión y su apuesta por la vida. Está llamada a ser esposa y así hacerse madre. En la generación de la vida, en su gestación y en la educación del nuevo ser humano, el papel de la mujer, esposa y madre es único, e intransferible.

5. La mujer, primera transmisora del don de la vida y de la fe, iniciadora de humanidad

La mujer es el sagrario de la vida, pues la fecundación acontece en sus entrañas y la implantación vital del embrión humano se realiza en el seno materno. Éste garantiza la permanente y segura acogida del nuevo ser, y con ello su incorporación a la familia humana.

Los esposos y padres, pero específicamente la madre, son los transmisores de la vida y de la experiencia religiosa. A este embrión es infundida el alma inmortal creada directamente por Dios para completar las condiciones vitales del nuevo ser, según los planes de Dios.

Así la esposa y madre se convierte en el primer recinto sagrado donde se desarrollará el nuevo ser humano. Ella será la primera trasmisora del reconocimiento de los padres y del mundo exterior hacia el nuevo ser humano: acogida, valoración, afirmación, seguridad, supervivencia, desarrollo vital, absorción de los valores humanos y de la experiencia religiosa.

La mujer, esposa y madre, comparte las vivencias y experiencias de la Santísima Virgen María. Con ella pronuncia el “fiat”: Hágase en mí, como tú digas. Con María, como mujer y madre, comparte su respuesta “personal” y en cierta soledad, pero no desamparo.

Es la sumisión obsequiosa de la fe a Dios, no al varón, ni al destino, ni a la visión cultural o moda social. Ella se siente feliz como criatura del Señor, vivencialmente como mujer, semejante a María, que es bendita entre todas las mujeres por su particular y personal obediencia a Dios.

“Ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino que es también una elección de vida. La elección de vida de una madre es la elección de dar vida. Y esto es grande, esto es bello. Sin las madres, no sólo no habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo. No somos huérfanos, somos hijos de la Iglesia, somos hijos de la Virgen y somos hijos de nuestras madres” (Papa Francisco).

Puede interesar:

https://youtu.be/LWu_RFHBZmQ

http://adelantelafe.com/uso-del-velo-en-la-mujer-en-la-santa-misa/


El maná de cada día, 31.12.17

diciembre 30, 2017

Domingo Octava de Navidad

La Sagrada Familia: Jesús, María y José

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Lo primero que santificó Jesús con su presencia fue un hogar

Lo primero que santificó Jesús con su presencia fue un hogar


Antífona de entrada: Lucas 2, 16

Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en un pesebre.


Oración colecta

Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole.

El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.

Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas.

La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.


SALMO 127, 1-2. 3. 4-5

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.


SEGUNDA LECTURA: Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.

Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor . Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.


Aclamación antes del Evangelio

Abre, Señor, nuestro corazón para que entendamos las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Lucas 2,22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. (De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”), y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.


Antífona de comunión: Baruc 3, 38

Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres.
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LA FAMILIA DE NAZARET

— Jesús quiso comenzar la Redención del mundo enraizado en una familia.

— La misión de los padres. Ejemplo de María y de José.

— La Sagrada Familia, ejemplo para todas las familias.

I. Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él1.

El Mesías quiso comenzar su tarea redentora en el seno de una familia sencilla, normal. Lo primero que santificó Jesús con su presencia fue un hogar. Nada ocurre de extraordinario en estos años de Nazaret, donde Jesús pasa la mayor parte de su vida.

José era el cabeza de familia; como padre legal, él era quien sostenía a Jesús y a María con su trabajo. Es él quien recibe el mensaje del nombre que ha de poner al Niño: Le pondrás por nombre Jesús; y los que tienen como fin la protección del Hijo: Levántate, toma al Niño y huye a Egipto. Levántate, toma al Niño y vuelve a la patria. No vayas a Belén, sino a Nazaret. De él aprendió Jesús su propio oficio, el medio de ganarse la vida. Jesús le manifestaría muchas veces su admiración y su cariño.

De María, Jesús aprendió formas de hablar, dichos populares llenos de sabiduría, que más tarde empleará en su predicación. Vio cómo Ella guardaba un poco de masa de un día para otro, para que se hiciera levadura; le echaba agua y la mezclaba con la nueva masa, dejándola fermentar bien arropada con un paño limpio.

Cuando la Madre remendaba la ropa, el Niño la observaba. Si un vestido tenía una rasgadura buscaba Ella un pedazo de paño que se acomodase al remiendo. Jesús, con la curiosidad propia de los niños, le preguntaba por qué no empleaba una tela nueva; la Virgen le explicaba que los retazos nuevos cuando se mojan tiran del paño anterior y lo rasgan; por eso había que hacer el remiendo con un paño viejo…

Los vestidos mejores, los de fiesta, solían guardarse en un arca. María ponía gran cuidado en meter también determinadas plantas olorosas para evitar que la polilla los destrozara. Años más tarde, esos sucesos aparecerán en la predicación de Jesús.

No podemos olvidar esta enseñanza fundamental para nuestra vida corriente: «la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar.

María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor a Dios!»2.

Entre José y María había cariño santo, espíritu de servicio, comprensión y deseos de hacerse la vida feliz mutuamente. Así es la familia de Jesús: sagrada, santa, ejemplar, modelo de virtudes humanas, dispuesta a cumplir con exactitud la voluntad de Dios. El hogar cristiano debe ser imitación del de Nazaret: un lugar donde quepa Dios y pueda estar en el centro del amor que todos se tienen.

¿Es así nuestro hogar? ¿Le dedicamos el tiempo y la atención que merece? ¿Es Jesús el centro? ¿Nos desvivimos por los demás? Son preguntas que pueden ser oportunas en nuestra oración de hoy, mientras contemplamos a Jesús, a María y a José en la fiesta que les dedica la Iglesia.

II. En la familia, «los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores de la fe, mediante la Palabra y el ejemplo»3. Esto se cumplió de manera singularísima en el caso de la Sagrada Familia. Jesús aprendió de sus padres el significado de las cosas que le rodeaban.

La Sagrada Familia recitaría con devoción las oraciones tradicionales que se rezaban en todos los hogares israelitas, pero en aquella casa todo lo que se refería a Dios particularmente tenía un sentido y un contenido nuevo. ¡Con qué prontitud, fervor y recogimiento repetiría Jesús los versículos de la Sagrada Escritura que los niños hebreos tenían que aprender!4. Recitaría muchas veces estas oraciones aprendidas de labios de sus padres.

Al meditar estas escenas, los padres han de considerar con frecuencia las palabras del Papa Pablo VI recordadas por Juan Pablo II: «¿Enseñáis a vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis, de acuerdo con los sacerdotes, a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad: confesión, comunión, confirmación? ¿Los acostumbráis, si están enfermos, a pensar en Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? ¿Rezáis el Rosario en familia? (…)

¿Sabéis rezar con vuestros hijos, con toda la comunidad doméstica, al menos alguna vez? Vuestro ejemplo en la rectitud del pensamiento y de la acción, apoyado por alguna oración común, vale una lección de vida, vale un acto de culto de mérito singular; lleváis de este modo la paz al interior de los muros domésticos: Pax huic domui. Recordad: así edificáis la Iglesia»5.

Los hogares cristianos, si imitan el que formó la Sagrada Familia de Nazaret, serán «hogares luminosos y alegres»6, porque cada miembro de la familia se esforzará en primer lugar en su trato con el Señor, y con espíritu de sacrificio procurará una convivencia cada día más amable.

La familia es escuela de virtudes y el lugar ordinario donde hemos de encontrar a Dios. «La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber.

La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria.

»Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría…»7.

Esta virtudes fortalecerán la unidad que la Iglesia nos enseña a pedir: Tú, que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos familiares, haz que las familias vean crecer la unidad8.

III. Una familia unida a Cristo es un miembro de su Cuerpo místico y ha sido llamada «iglesia doméstica»9.

Esa comunidad de fe y de amor se ha de manifestar en cada circunstancia, como la Iglesia misma, como testimonio vivo de Cristo. «La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino, como la esperanza de la vida bienaventurada»10.

La fidelidad de los esposos a su vocación matrimonial les llevará incluso a pedir la vocación de sus hijos para dedicarse con abnegación al servicio del Señor.

En la Sagrada Familia cada hogar cristiano tiene su ejemplo más acabado; en ella, la familia cristiana puede descubrir lo que debe hacer y el modo de comportarse, para la santificación y la plenitud humana de cada uno de sus miembros.

«Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida»11.

La familia es la forma básica y más sencilla de la sociedad. Es la principal «escuela de todas las virtudes sociales». Es el semillero de la vida social, pues es en la familia donde se ejercita la obediencia, la preocupación por los demás, el sentido de responsabilidad, la comprensión y ayuda, la coordinación amorosa entre las diversas maneras de ser.

Esto se realiza especialmente en las familias numerosas, siempre alabadas por la Iglesia12. De hecho, se ha comprobado que la salud de una sociedad se mide por la salud de las familias.

De aquí que los ataques directos a la familia (como es el caso de la introducción del divorcio en la legislación) sean ataques directos a la sociedad misma, cuyos resultados no se hacen esperar.

«Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, sea también Madre de la “Iglesia doméstica”, y, gracias a su ayuda materna, cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una pequeña Iglesia de Cristo.

Sea ella, Esclava del Señor, ejemplo de acogida humilde y generosa de la voluntad de Dios; sea ella, Madre Dolorosa a los pies de la Cruz, la que alivie los sufrimientos y enjugue las lágrimas de cuantos sufren por las dificultades de sus familias.

»Que Cristo Señor, Rey del universo, Rey de las familias, esté presente, como en Caná, en cada hogar cristiano para dar luz, alegría, serenidad y fortaleza»13.

De modo muy especial le pedimos hoy a la Sagrada Familia por cada uno de los miembros de nuestra familia, por el más necesitado.

1 Lc 2, 39-40. — 2 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 148. 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 11. — 4 Cfr. Sal 55, 18; Dan 6, 11; Sal 119. — 5 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 60. — 6 Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 22. — 7 Ibídem, 23. — 8 Preces. II Vísperas del día 1 de enero. — 9 Conc. Vat. II, Const.Lumen gentium, 11. — 10 Ibídem, 35. 11 Pablo VI, Aloc. Nazaret, 5-I-1964. — 12 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 52. 13 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 86.

http://www.homiletica.org


Las Confesiones de san Agustín. I, 7.11

diciembre 13, 2017

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Agustín confiesa los pecados de la infancia (Conf. I, 7.11)

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11. Escúchame, ¡Oh Dios! ¡Ay de los pecados de los hombres! Y esto lo dice un hombre, y tú te compadeces de él por haberlo hecho, aunque no el pecado que hay en él24.

¿Quién me recordará el pecado de mi infancia, ya que nadie está delante de ti limpio de pecado, ni aun el niño cuya vida es de un solo día sobre la tierra?25 ¿Quién me lo recordará? ¿Acaso cualquier chiquito o párvulo de hoy, en quien veo lo que no recuerdo de mí? ¿Y qué era en lo que yo entonces pecaba? ¿Acaso en desear con ansia el pecho llorando?

Porque si ahora hiciera yo esto, no con el pecho, sino con la comida propia de mis años, deseándola con tal ansia, justamente fuera mofado y reprendido. Luego dignas eran de reprensión las cosas que hacía yo entonces; mas como no podía entender a quien me reprendiera, ni la costumbre ni la razón sufrían que se me reprendiese.

La prueba de ello es que, según vamos creciendo, extirpamos y arrojamos estas cosas de nosotros26, y jamás he visto a un hombre cuerdo que al tratar de limpiar una cosa arroje lo bueno de ella.

¿Acaso, aun para aquel tiempo, era bueno pedir llorando lo que no se podía conceder sin daño, indignarse acremente con las personas libres que no se sometían y aun con las mayores y hasta con mis propios progenitores y con muchísimos otros, que, más prudentes, no accedían a las señales de mis caprichos, esforzándome yo por hacerles daño con mis golpes, en cuanto podía, por no obedecer a mis órdenes, a las que hubiera sido pernicioso obedecer?

¿De aquí se sigue que lo que es inocente en los niños es la debilidad de los miembros infantiles, no el alma de los mismos?

Vi yo y hube de experimentar cierta vez a un niño celoso. Todavía no hablaba y ya miraba pálido y con cara amargada a un hermano suyo de leche. ¿Quién hay que ignore esto? Dicen que las madres y nodrizas pueden conjurar estas cosas con no sé qué remedios.

Yo no sé que se pueda tener por inocencia no sufrir por compañero en la fuente de leche que mana copiosa y abundante al que está necesitadísimo del mismo socorro y que con sólo aquel alimento sostiene la vida. Pero se tolera indulgentemente con estas faltas, no porque sean nulas o pequeñas, sino porque se espera que con el tiempo han de desaparecer.

Por lo cual, aunque lo apruebes, si tales cosas las hallamos en alguno entrado en años, apenas si las podemos llevar con paciencia.

http://www.augustinus.it/spagnolo/confessioni/index.htm


Papa Francisco: Ideología de género busca borrar diferencias entre hombre y mujer

octubre 5, 2017

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El Papa Francisco durante el encuentro en el Vaticano con la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia por la Vida

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Papa Francisco: Ideología de género busca borrar diferencias entre hombre y mujer

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 05 Oct. 17 / 09:37 am (ACI).- El Papa criticó la llamada ideología de género al denunciar que se ha reabierto “el camino por la dignidad de la persona neutralizando radicalmente la diferencia sexual y, por tanto, la comprensión del hombre y de la mujer, no es justa”.

“En lugar de contrastar las interpretaciones negativas de la diferencia sexual, que mortifican su valor irreducible para la dignidad humana, se quiere eliminar de hecho tales diferencias, proponiendo técnicas y prácticas que las hacen irrelevantes para el desarrollo de la persona y para las relaciones humanas”.

En un encuentro en el Vaticano con la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia por la Vida que preside Mons. Vincenzo Paglia, el Papa hizo una entusiasta defensa de la vida y alertó contra movimientos que intentan cambiar su realidad.

Francisco criticó que la “utopía de lo ‘neutro’” desde hace un tiempo está borrando “tanto la dignidad humana de la constitución sexualmente diferente como en la calidad personal de la transmisión generativa de la vida”.

“La manipulación biológica y psíquica de la diferencia sexual, que la tecnología biomédica deja entrever como completamente disponible a la elección de la libertad –¡mientras no lo es!–, arriesga a que se desmantele la fuente de energía que alimenta la alianza del hombre y de la mujer y la hace creativa y fecunda”.

El Obispo de Roma dejó también claro que cuando se recibe la vida como un don, esta “nos regenera” porque “nos enriquece” y advirtió de que si se rechaza esta realidad “nuestra historia no será renovada”.

También pidió cuidar las diversas etapas de la vida, en especial los niños y los ancianos. “Una sociedad en la que esto solo puede ser comprado o vendido, burocráticamente regulado y técnicamente predispuesto, es una sociedad que ya ha perdido el sentido de la vida”.

Y en su opinión, por eso “se edifican ciudades cada vez más hostiles a los niños, y comunidades más inhóspitas para los ancianos, con muros sin puertas y ventanas” que en lugar de “proteger, en realidad sofocan”.

Fractura generacional

Por otro lado, el Obispo de Roma reflexionó sobre las nuevas tecnologías y su relación con la vida, y habló de la “potencia” de las biotecnologías, “que ya ahora consiente manipulaciones de la vida que hasta hoy eran impensables”.

“Es urgente intensificar el estudio y comparar los efectos de tal evolución de la sociedad en sentido tecnológico para articular una síntesis antropológica que esté a la altura de ese desafío epocal”.

“La inspiración de conductas coherentes con la dignidad de la persona humana tiene relación con la teoría y la práctica de la ciencia y de la técnica en su enfoque general de la vida, el significado y el valor”.

Francisco denunció que el hombre parece encontrarse “en el rápido difundir de una cultura obsesivamente centrada en la soberanía del hombre respecto a la realidad”.

A su vez denunció la “egolatría”, es decir, “el verdadero culto al yo”. “Esta perspectiva no es inicua, sino que se plasma en un sujeto que se mira continuamente al espejo” y le hace ser “incapaz de dirigir los ojos hacia los otros y el mundo”.

También denunció el “materialismo tecnocrático” del que son víctimas hombres, mujeres y niños de todo el mundo y reafirmó la idea de que “un auténtico progreso científico y tecnológico debería inspirar políticas más humanas”.

Ante esta situación, “el mundo necesita creyentes que, con seriedad y alegría, sea creativos y propositivos, humildes y valientes, determinados a recomponer la fractura entre las generaciones”.

“La condición adulta es una vida capaz de responsabilidad y amor, sea hacia la generación futura, sea hacia la pasada. La vida de los padres y de las madres en edad avanzada espera ser honrada por aquello que generosamente ha dado, no ser descartada por aquello que no tiene más”.

Teologia de la creación

Francisco subrayó la importancia de una teología de la creación y de la redención que “sepa traducir en palabras y gestos el amor por cada vida y para toda la vida”.

Para ello recordó que el relato bíblico de la creación debe ser “releído de nuevo” para así “apreciar toda la amplitud y profundidad del gesto del amor de Dios que confía en la alianza del hombre y de la mujer en la creación”.

“Esta alianza es ciertamente sellada por la unión de amor, personal y fecunda, que marca el camino de la transmisión de la vida a través del matrimonio y la familia”.

El Papa también afirmó que “el hombre y la mujer no están llamados solo a hablarse de amor, sino a hablarse, con amor, de aquello que deben hacer para que la convivencia humana se realice a la luz del amor de Dios por cada criatura”.

“Juntos han sido creados, en su diferencia bendecida; juntos han pecado, por su presunción de sustituir a Dios; juntos, con la gracia de Cristo, vuelven a la presencia de Dios, para honrar el cuidado del mundo y de la historia que Él ha confiado”.

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Lanzan sitio web para solteros católicos en América Latina

septiembre 15, 2017

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Solteros católicos en busca de la persona ideal para soñar con un proyecto matrimonial

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Lanzan sitio web para solteros católicos en América Latina

Por María Ximena Rondón

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REDACCIÓN CENTRAL, 14 Sep. 17 / 10:18 pm (ACI).- Recientemente se lanzó un nuevo sitio web en español llamado CathClick que busca permitir que los solteros católicos de América Latina encuentren una pareja para casarse y brindar un espacio de formación sobre temas como el matrimonio, la castidad y la familia.

Esta edición en español se lanzó el pasado 6 de septiembre en Colombia. En declaraciones a ACI Prensa, el director ejecutivo de CathClick para Latinoamérica, Juan Camilo Ramírez, indicó que hasta la fecha se han inscrito más de 350 personas y precisó que aunque este sitio web se lanzó en Colombia, se puede inscribir cualquier persona de habla hispana.

Agregó que esta plataforma también tiene el propósito de evangelizar a sus miembros a través de reuniones mensuales donde se celebrará una Misa y habrá una charla sobre un tema relacionado a la castidad, el amor, la familia, el matrimonio y la Doctrina Social de la Iglesia Católica.

Señaló que por ahora estos encuentros presenciales solo se desarrollarán en Colombia hasta que otros países deseen replicarlos.

Por otro lado, Ramírez aseguró que CathClick cuenta con el respaldo y la asesoría del Director del Departamento de Promoción y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal de Colombia, P. Daniel Bustamante.

Al respecto, el P. Bustamante expresó en un mensaje, publicado en la página de Facebook de CathClick, que “en el mundo actual no es tan frecuente como uno quisiera, encontrar parejas que viven su relación en el amor de Cristo. Es digno de apoyar una iniciativa que utiliza las plataformas tecnológicas actuales para promover de una manera novedosa las enseñanzas de nuestra Iglesia en las uniones entre personas de fe”.

Los interesados deben ser mayores de 18 años y cuando se inscriban tienen que llenar un formulario donde responderán algunas preguntas sobre su vida cotidiana y su vida espiritual.

Ramírez precisó que “esta plataforma ofrece una herramienta única de afinidad que ha sido desarrollada mediante algoritmos para definir la compatibilidad entre las personas que uno quiere contactar”.

El sitio web CathClick fue fundado en 2005 en Austria y está presente en más de 12 países. Ramírez explicó que debido al origen europeo de este sitio web, el costo de membresía se paga en euros.

El precio para el plan anual es cinco euros (seis dólares), para el plan trimestral es ocho euros (diez dólares) y para el plan mensual es diez euros (doce dólares).

https://www.aciprensa.com/noticias/lanzan-sitio-web-para-solteros-catolicos-en-america-latina-18897


El maná de cada día, 27.8.17

agosto 27, 2017

Fiesta de Santa Mónica, madre de san Agustín



¡Felicidades a todas las Madres, en especial a las Madres Cristianas Santa Mónica o “Madres Mónicas”!

Las felicito efusivamente porque Dios las ama de una manera tan particular y preferente que las ha llamado a convertirse en la encarnación esplendorosa de su ternura y misericordia en cada familia, en la Iglesia y en el mundo.

Ustedes son sacramento del amor de Dios, mediante el seguimiento de Jesús y la imitación de la Virgen María y de Santa Mónica.

No las merecemos, pero las necesitamos. Feliz día. Con estima personal.

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Santa Mónica

Santa Mónica, esposa y madre cristiana cabal



Mónica nació en Tagaste, actual Souk Ahras, Argelia, en el año 331 o en el 332, en una familia cristiana de buena condición social.

Era todavía una adolescente cuando fue dada como esposa a Patricio, quien aún no había recibido el bautismo.

Ganó para Cristo a su marido y después consiguió la conversión de Agustín, “el hijo de tantas lágrimas”. Con inmenso gozo asistió a su bautismo en la Pascua del año 387, en Milán.

Cuando regresaba a África con Agustín y sus amigos, murió en Ostia Tiberina, a las puertas de Roma, en el otoño del año 387, antes del 13 de noviembre. Tenía 56 años.

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HIMNO

Escuela de domésticas virtudes, que los deberes del hogar exigen,

Mónica, eres ejemplo que nos muestra cómo se alcanza santidad sublime.

Esposa que en servicio de su casa se consagra al amor de su marido;

la madre, que no tiene otro tesoro que modelar el corazón del hijo.

¡Ah! La madre que llora, que trabaja, que rehúsa descanso a sus fatigas,

porque comprende que en los hijos tiene el profundo sentido de su vida.

Dios hizo de las madres un misterio de amor y de esperanza y de ternura,

y al perfumar con ellas nuestra historia, dejó en el mundo una sonrisa suya.

Camino de humildad es el secreto de las almas que aspiran a ser grandes,

¡Oh, Mónica, es así como consigues ser modelo de esposas y de madres!

(El subrayado es mío)

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Oración colecta eclesial

Oh Dios, consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por intercesión de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración colecta agustiniana

Señor, Dios nuestro, misericordia de los que en ti esperan, que adornaste a tu sierva Mónica con el don inestimable de ganar para ti, por su oración y ejemplo, a su esposo e hijos, concédenos, por su intercesión, ser mensajeros de tu amor para con nosotros y llevar a ti los corazones de los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 26, 1-4.13-16

Dichoso el marido de una mujer buena; se doblarán los años de su vida.

La mujer hacendosa hace prosperar al marido, él cumplirá sus días en paz.

Mujer buena es buen partido que recibe el que teme al Señor; sea rico o pobre, estará contento y tendrá cara alegre en toda sazón.

Mujer hermosa deleita al marido, mujer prudente lo robustece; mujer discreta es don del Señor: no se paga un ánimo instruido; mujer modesta duplica su encanto: no hay belleza que pague un ánimo casto.

El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella, en su casa bien arreglada.


SALMO 130, 1.2.3

Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad.

Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.


EVANGELIO: Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»

Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.»

La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.


Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las vocaciones a la vida contemplativa, sobre todo entre las monjas agustinas recoletas, y por la fidelidad de cuantas viven este santo propósito por amor a Dios. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

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PREFACIO DE LA MISA DE SANTA MÓNICA, Misal agustiniano

En verdad es justo y necesario darte gracias, Señor Padre Santo:

En la festividad de santa Mónica, es necesario celebrar tus dones en ella, pues , vivificada en Cristo, vivió de tal manera que fuese alabado tu nombre en su fe y en sus costumbres, y en su corazón se sintiese tu presencia.

Ganó a su marido para ti al final de sus días. Formó a los hijos, dándolos a luz tantas veces cuantas veía que se desviaban de ti; ante sus lágrimas, diarias y sinceras, le concediste que su hijo Agustín no pereciese.

Por eso, Señor, con todos los ángeles te alabamos diciendo con humilde fe: Santo, Santo, Santo es el Señor…

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Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

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ALCANCEMOS LA SABIDURÍA ETERNA

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

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Cuando ya se acercaba el día de su muerte –día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos–, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos.

Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar.

Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.

Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas –y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres–, ella dijo:

«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara ¬por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»

No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo.

Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:

«¿Dónde estaba?»

Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:

«Enterrad aquí a vuestra madre».

Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:

«Mira lo que dice».

Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:

«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lu¬gar donde estéis».

Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.

Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.

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NOTA.- Es muy probable que muchas madres devotas, sobre todo durante la novena a santa Mónica, hayan experimentado alguna gracia especial de Dios concedida a ellas personalmente o bien a sus esposos o hijos.

Con esta nota quiero invitarlas a dar testimonio, en su ámbito familiar o comunitario, de esos favores divinos para que muchas personas den gracias a Dios por santa Mónica, y muchos hogares sean bendecidos. Les agradezco por anticipado.

Que Dios siga estando con ustedes, gracias al favor de santa Mónica. Amén.

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