Reig Pla: «Hermanos obispos, están dañando a nuestros hijos, a los COF, y no lo podemos consentir»

abril 9, 2019

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Reig Pla explicó a los feligreses de Alcalá cómo animó a los obispos a defender la libertad de la Iglesia y a sus hijos, los que acuden a los COF

Reig Pla explicó a los feligreses de Alcalá cómo animó a los obispos a defender la libertad de la Iglesia y a sus hijos, los que acuden a los COF

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Reig Pla: «Hermanos obispos, están dañando a nuestros hijos, a los COF, y no lo podemos consentir»

Este sábado 6 de abril, el obispo de Alcalá de Henares se dirigió a cientos de fieles que le acompañaban en la catedral complutense para expresarle su apoyo y para participar con él en el rezo del Rosario y en la Santa Misa.

El obispo Juan Antonio Reig Pla explicó a los fieles lo que había comentado el jueves 4 de abril a los obispos de toda España reunidos en asamblea plenaria, en Madrid, analizando la campaña del digital ElDiario.es contra el Centro de Orientación Familiar (COF) de Alcalá y el acompañamiento que hace a personas que están a disgusto con sus sentimientos de atracción por el mismo sexo.

Como hace con frecuencia, el obispo de Alcalá, proclamó su homilía improvisando sin papeles ni texto escrito.

“Están dañando a nuestros hijos, esto no lo podemos consentir”

“Empecé diciéndoles: queridos hermanos obispos, no pido nada para mi persona, rezo con vosotros los Salmos, digo ‘solo en Dios descansa mi alma’, no en la Conferencia Episcopal. Mi descanso es Dios. Pero están dañando a nuestros hijos. Están dañando una misión de la iglesia, como son los Centros de Orientación Familiar, y esto no lo podemos consentir”, denunció.

“No se trata en ningún momento de ir contra nadie. Pero sí de salvaguardar la libertad de la Iglesia, de salvaguardar la libertad religiosa, y de empeñarnos, si es necesario, hasta el martirio, por servir a aquellos que sufren y esperan una palabra de esperanza de nosotros los pastores de la Iglesia. No los podemos abandonar”, añadió.

“¿Qué hacemos en el Centro de Orientación Familiar? Atendemos a los que libremente vienen a buscar ayuda, sea personal, sea matrimonial, sea familiar, y cualquier tipo de situación que necesite una palabra de consuelo, de ayuda, pastoral, espiritualmente, seguir el acompañamiento, esté en la situación que esté”.

Dos milagros: uno con obispos, otro con los jóvenes atendidos

“Esto de los obispos es un milagro” -dijo Reig Pla, refiriéndose, parece, al pronunciamiento episcopal de apoyo del día siguiente, viernes- “que ha hecho la Virgen de Fátima, porque estábamos rezando el rosario de la Virgen de Fátima”.

“Y ha habido un segundo milagro: que los jóvenes atendidos en nuestro Centro de Orientación Familiar han salido a manifestar su testimonio, y eso en España es una novedad absoluta. Porque el tema de la educación en la afectividad, en la masculinidad, en la feminidad, es un tabú en España. Que haya jóvenes y adultos valientes  que salgan a dar testimonio del bien que la Iglesia les hace al ayudarles en madurar su masculinidad, feminidad y vocación al amor es algo nuevo. Como decía el profeta Isaías: nuestro Dios abre caminos en el mar”.

“Hoy, mañana y siempre, este obispo reclamará una única cosa: la libertad religiosa para predicar la Buena Noticia de que el Señor está con nosotros, que abre caminos en el mar”, ha añadido.

Dios y el perdón, para cambiar corazones

Dios es el único que puede restaurar el corazón, ni siquiera los profesionales de la salud”, ha comentado también.

“El Centro de Orientación Familiar trabaja con muchas claves: una de ellas es el perdón, también para aquel que te ha causado heridas realmente fuertes, que quizá fue tu padre, o un hermano, o que hayan abusado de ti en la infancia… Aunque sea auxiliado con las ciencias humanas, si no es con el poder de Dios que crea un corazón nuevo, las cosas no terminan de arreglarse”, ha proseguido.

Frente a una sociedad que no perdona, el obispo ha puesto el ejemplo del perdón transformador de Jesús.

“Los demás te dicen ‘hay que apedrearla por adúltera’. […] Pero Jesús mira a la pecadora y no le dice ‘no pasa nada, no te preocupes’. La miró, su mirada atraviesa el alma. Y le dice: ¿’mujer, nadie te ha condenado?, vete y no peques más’. ¿Qué tiene la mirada de Jesucristo que transforma el corazón de las personas? También nosotros perdonamos a los que nos persiguen, a los que nos acosan, porque no saben lo que hacen, no conocen bien lo que hacemos en la Iglesia y en el Centro de Orientación Familiar”.

Libertad de espíritu para hacer cosas grandes

A veces la gente me dice: “¿usted no sufre con estas cosas? Pues como toda persona, yo no soy de granito, no soy una roca que no se pueda conmover. Pero el Señor es toda mi esperanza. Y cuando uno vive así, ya tiene la libertad de espíritu para hacer cosas grandes”.

También ha especificado que el encuentro de oración no fue iniciativa suya, sino de los fieles de la diócesis.

A los seminaristas les ha dicho: “no abandonéis nunca al rebaño, estad dispuestos a sufrir por él, a dar la vida por ellos”.

Y ha concluido diciendo: “Vosotros sois las entrañas de vuestro pastor”. Tenéis que rezar para que vuestro obispo esté dispuesto hasta el martirio a dar la vida por vosotros”.

Lea también, sobre estos temas: 

¿Dejar la vida gay? 10 testimonios de homosexuales que lo hicieron: ganaron en felicidad y paz (aquí)

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https://www.religionenlibertad.com/espana/291843695/Reig-Pla-Hermanos-obispos-estan-danando-a-nuestros-hijos-a-los-COF-y-no-lo-podemos-consentir.html


San José, esposo de la Virgen María

marzo 19, 2019

Solemnidad de San José

Esposo de la Virgen María, Protector y custodio fiel

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Su linaje será perpetuo

Su linaje será perpetuo

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¡Felicidades a los padres de familia, maestros y carpinteros; a los que llevan el nombre de José o Josefa, Josefina; a las personas consagradas que lo tienen como modelo de vida contemplativa; a las instituciones que lo veneran como titular y patrón!

San José bendito, ruega por nosotros. Amén.

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Antífona de entrada: Lucas 12, 42

Éste es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.


Oración colecta:

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José; haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 4-5a.12-14a.16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David:

“Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.

Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»


SALMO 88, 2-3.4-5.27.29

Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 4, 13.16-18

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»

Por lo cual le valió la justificación.


Aclamación antes del Evangelio: Salmo 83, 5

Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándote siempre.

EVANGELIO: Mateo 1, 16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Antífona de comunión: Mateo 25, 21

Siervo fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu Señor.



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FIEL CUIDADOR Y GUARDIÁN

De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero

La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede ¬todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles.

José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.

Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿¬no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos?

Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.

No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.

Por eso, también con razón, se dice más adelante: Pasa al banquete de tu Señor.

Aun cuando el gozo santificado por este banquete es el que entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: Pasa al banquete, a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


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DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén

San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén

La piedad tradicional ha tributado a san José una especial devoción. Él ha sido considerado un ejemplo extraordinario de fe y santidad para todas las generaciones.

Podemos fácilmente intuir en la rica y excepcional personalidad redimida de san José la experiencia cuaresmal y la pascual; de dolor y gozo.

El ejercicio piadoso conocido como “Los Dolores y Gozos de san José” nos pueden ayudar a percibir la hondura de su experiencia de fe en dos dimensiones fundamentales: la del dolor y la prueba, Cuaresma, y la del gozo y la gloria, Pascua.

PRIMER DOLOR Y GOZO

¡Glorioso san José! Comprendemos tu angustia al no entender el misterio de la Encarnación. Pero el Señor quitó tu pena cuando te lo reveló claramente a través del ángel que se le apareció en sueños.

Por este dolor y este gozo concédenos la discreción, el silencio y la caridad sincera, en todo momento.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


SEGUNDO DOLOR Y GOZO

El nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre llenó de lágrimas los ojos de san José. Pero el cántico de los ángeles colmó de alegría su corazón.

Por este dolor y este gozo concédenos una vida austera y sencilla en la presencia de Dios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

TERCER DOLOR Y GOZO

En la circuncisión vio san José deslizarse gotas de sangre por el cuerpo del Hijo de Dios. Pero la imposición del nombre de Jesús, que significa Salvador, inundó de gozo su corazón.

Por este dolor y este gozo haz, bendito san José, que en nuestra vida se haga fecunda la sangre del Redentor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

CUARTO DOLOR Y GOZO

El anciano Simeón anuncia la muerte pero también el triunfo de Jesús sobre todo mal trayendo la luz y la paz a todas las naciones.

Concédenos, glorioso san José, que no defraudemos las esperanzas que Dios tiene puestas en cada uno de nosotros, de acuerdo con nuestra vocación.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

QUINTO DOLOR Y GOZO

La Sagrada Familia, camino de Egipto, formaba parte de los desplazados de su patria. En un país desconocido José, junto con María y el Niño, vivió la soledad y la pobreza. Pero también sintió la alegría de la paz y de la seguridad de su propia familia.

Por este dolor y este gozo te pedimos nos concedas caminar por la vida con paso seguro hacia la eternidad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SEXTO DOLOR Y GOZO

Arquelao, aquel mal rey judío, entristeció las noches de san José. Pero un ángel le indica la tranquila casa de Nazaret como lugar seguro para habitar en paz.

Glorioso san José, santifica nuestra comunidad y haz que nuestros hogares se parezcan a la familia de Nazaret.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


SÉPTIMO DOLOR Y GOZO

San José y su santa esposa María, con el corazón angustiado, buscan a su hijo, el pequeño Niño Dios. Pero su encuentro les mereció una inmensa satisfacción y consuelo.

En cada instante y sobre todo en el momento de nuestra muerte, danos, santo José, la presencia amorosa de Jesús que nos introduzca en la vida eterna del cielo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Lo nombró administrador de su casa.

R. Y señor de todas sus posesiones.



OREMOS

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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La genial carta de una mujer a los hombres por el 8M: “Qué orgullosas estamos de vosotros”

marzo 8, 2019

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Esta carta que homenajea al hombre que ha superado el machismo, llegó a las redes el 8 de marzo de 2018. Pero con motivo del día de la mujer, ha vuelto a circular.

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La genial carta de una mujer a los hombres por el 8M: “Qué orgullosas estamos de vosotros”

El blog ‘Mujeres teníamos que ser’ publicó por el día de la mujer este post que dedican a todos los hombres que sí que han ‘sido buenos’

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“Mis queridos hombres, herederos del cazador de mamuts que volvía a casa solo para entregar la presa y que hoy sois tan parte del hogar como vuestra santa…” Es una de las geniales frases de este texto publicado en el blog ‘Mujeres teníamos que ser’. Esta carta que homenajea al hombre que ha superado el machismo, llegó a las redes el 8 de marzo de 2018. Pero con motivo del día de la mujer, ha vuelto a circular.

“Mis queridos hombres…” está escrito por Mar Velasco, profesora universitaria, filóloga y periodista. En su perfil del blog se describe con una creatividad totalmente natural -igual que en sus textos-: “Pierdo el sentido en una iglesia románica, la cabeza por un rincón de Galicia y la dignidad ante un plato de jamón ibérico. Y solo le pido a Dios que no me falte el sueldo, la salud, el amor, el humor.”

La carta dice así:

“Mis queridos hombres, varones de bien que en estos tiempos de ruido andáis, como canta el tango, solos, fané y descangallados; señalados, juzgados, cuestionados, vulnerables, desnortados, sin saber muy bien dónde pisar sin oír un ay; mis queridos hombres, herederos de aquellos que no cambiaron un pañal en su vida y que hoy tenéis un máster en marcas, precios y texturas; que no solo no aguardáis fumando en la sala de espera sino que pedís hacer el piel con piel mientras ella se recupera de la cesárea; que gastáis amor del mayúsculo tratando de comprender y que pasáis con humildad al segundo o tercer plano sin despeinaros más que por dentro.

“Mis queridos hombres que nos enseñáis que no hay un único modo innegociable de hacer las cosas”

Mis queridos hombres, herederos del cazador de mamuts que volvía a casa solo para entregar la presa y que hoy sois tan parte del hogar como vuestra santa, que ponéis lavadoras con la misma naturalidad que redactáis un informe, que bañáis a la prole casi con el mismo mimo que laváis el coche, que lo mismo plancháis un huevo que freís una camisa, que entendéis y respetáis que hoy no nos apetezca y aceptáis un cariñoso bufido por respuesta.

Mis queridos hombres que nos enseñáis que no hay un único modo innegociable de hacer las cosas, que no todo ha de estar siempre perfecto, que tenéis la valentía de hacernos ver que nuestra brutal autoexigencia muchas veces termina convertida en una soberbia incapacidad de delegar.

Hombres queridos que tomáis la iniciativa y conocéis tan bien como nosotras el trabajo invisible que sustenta un hogar: las citas del médico, los cumpleaños, las facturas del banco, las actividades extraescolares, las terapias, los partidos de fútbol, la cartilla de vacunas o la lista de la compra.

Hombres que, por las circunstancias que sean, lleváis solos el peso del hogar o la crianza de los hijos; que sabéis que se acabó la leche, que hay que comprar jabón del lavaplatos, que no abriga tanto el denim como la pana y que miráis atentamente el menú del colegio para programar las cenas.

“Que reconocéis a vuestras empleadas por su valía y recibís con agrado la noticia de un embarazo “

Mis queridos hombres, empresarios de pro, que reconocéis a vuestras empleadas por su valía y recibís con agrado la noticia de un embarazo porque sabéis que la maternidad es, entre otras cosas, el mayor bien con el que puede contar la economía de un país (por no hablar de la garantía de las pensiones de vuestros hijos); estimados médicos que todavía conocéis la palabra delicadeza y no construís frases tipo “Hágase la amnio que aún estamos a tiempo” o “Me imagino que querrá usted aprovechar la cesárea para ligarse las trompas”…

Mis queridos hombres, apreciados maestros que educáis en el respeto a nuestros hijos y queridos hombres jóvenes y adolescentes que quizá no habéis oído decir que el amor consiste en buscar el bien del otro antes que el vuestro pero lo intuís y lo ponéis en práctica; queridos abuelos, viudos y jubilados que pasasteis haciendo el bien y seguís haciéndolo a diario; maravillosos educadores de nietos, abuelos nodriza, cuidadores veinticuatro horas de abuelas con alzheimer, demencia o enfermedades degenerativas,  que os alimentáis de frases como “ella no sabe quién soy yo, pero yo sí sé quién es ella”.

Mis queridos hombres, inmensa mayoría silenciosa, padres, esposos, novios, compañeros, amigos, hermanos, que en un par de tardes habéis visto cambiar el cuento más que en varios siglos de literatura y que en un par de generaciones os habéis tenido que reeducar a base de esfuerzo, que habéis logrado lo impensable y que contempláis con serena y consciente responsabilidad el camino que queda por andar: qué orgullosas estamos de vosotros.”

Un mensaje completamente distinto al que estamos acostumbrados a escuchar en la actualidad sobre un problema real. En el apartado ‘Nosotras’ de este blog se describen con la misma creatividad que la autora de este genial post: “Mujeres corrientes. Mujeres atípicas. Mujeres agotadas, enérgicas, eficaces, distintas. Mujeres apasionadas, responsables, locas, geniales.” Un blog que apuesta por la familia, la maternidad y en este caso también por el amor y la complamentariedad entre hombres y mujeres.

https://www.cope.es/religion/historias/noticias/genial-carta-una-mujer-los-hombres-por-que-orgullosas-estamos-vosotros-20190306_367890


“Hijos de sacerdotes, el criterio a seguir es el bien de los niños”

febrero 27, 2019

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El Papa Francisco y el Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero (Vatican Media)

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“Hijos de sacerdotes, el criterio a seguir es el bien de los niños”

El Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación del Clero, explica las directrices del Dicasterio aplicadas en los casos de sacerdotes de rito latino que tienen descendencia

Por Andrea Tornielli – Ciudad del Vaticano

El tema de los “hijos de los sacerdotes” ha permanecido tabú durante mucho tiempo, con la consecuencia a menudo, especialmente en el pasado, de que estos niños crecían sin tener un padre conocido y reconocido. Se trata  en todo caso de un problema distinto del enfrentado la semana pasada en el Vaticano, centrado en los abusos cometidos contra menores.

En los últimos días, el psicoterapeuta Vincent Doyle, hijo de un sacerdote católico irlandés y fundador de “Coping International” (www.copinginternational.com), una asociación para la defensa de los derechos de los hijos de sacerdotes católicos de todo el mundo, ha estado presente en Roma.

Doyle quiere “salir del anonimato” y ayudar psicológicamente a “las muchas personas nacidas de una relación entre una mujer y un sacerdote” en varias partes del mundo. El psicoterapeuta irlandés, en entrevistas recientes en varios medios de comunicación, ha hablado de un documento de la Congregación para el Clero -de hecho, para uso interno, llamado indebidamente “secreto”- sobre la actitud que debe adoptarse en estos casos.

La existencia de estas directrices internas, conocidas por el mismo Doyle desde 2017, y el criterio general relativo a la protección de los niños, han sido confirmados por el director interino de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti.

Lo hablamos  con el Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero, el Dicasterio que se ocupa de este aspecto de la vida de los sacerdotes.

Eminencia, ¿cuáles son los criterios que guían las decisiones a tomar en el caso de sacerdotes con hijos?

“El Dicasterio ha seguido una praxis desde la época en que el Cardenal Claudio Hummes era Prefecto –desde hace unos diez años– quien  fue el primero en llevar a la atención del Santo Padre, en ese momento Benedicto XVI, los casos de sacerdotes menores de 40 años con descendencia, proponiéndoles que obtuvieran la dispensa sin esperar el cuadragésimo año, según lo estipulado por las normas de la época.

Tal decisión tenía y tiene como objetivo principal salvaguardar el bien de la descendencia, es decir, el derecho de los hijos a tener a su lado un padre además de una madre.

También el Papa Francisco, que ya se había expresado en este sentido como cardenal arzobispo de Buenos Aires durante un diálogo con el rabino Abraham Skorka publicado en el libro “El cielo y la tierra”, fue categórico: la atención prioritaria por parte del sacerdote debe ser hacia la descendencia”.

¿Qué quiere decir con “atención”?

“Por supuesto, no se trata solo del sustento económico necesario. Lo que debe acompañar el crecimiento de un niño es sobre todo el afecto de los padres, una educación adecuada, de hecho todo lo que implica un ejercicio efectivo y responsable de la paternidad, especialmente en los primeros años de vida”.

¿Puede decirnos en qué consiste el documento interno del que se ha hablado?

Se trata de un texto titulado “Nota relativa a la praxis de la Congregación para el Clero en relación a los clérigos con hijos”, que recoge y sistematiza la práctica vigente desde hace años en el Dicasterio. Como se ha explicado, se trata de una herramienta de trabajo a la que hay que remitirse cuando se produce tal situación, un texto “técnico” para los colaboradores del Dicasterio, por el cual hacerse guiar.

Sólo por esta razón no se ha publicado. Consta también que el Sr. Doyle pudo leerlo hace dos años. Este texto suele ser presentado y comentado por la Congregación a las Conferencias Episcopales y a los Obispos, que se ocupan del tema y preguntan cómo proceder.

¿Puede explicar cómo se está comportando hoy el Dicasterio que usted  preside ante estos casos?

“La presencia de los niños en los expedientes relativos a las dispensas sacerdotales ha sido tratada, de hecho, como una causa prácticamente “automática” para una rápida presentación del caso al Santo Padre con el fin de conceder la dispensa misma.

Por lo tanto, se están haciendo esfuerzos para que la dispensa de las obligaciones del estado clerical se obtenga en el menor tiempo posible -un par de meses- para que el sacerdote pueda estar disponible junto a su madre en el seguimiento de la prole. Una situación de este tipo se considera “irreversible” y exige que el sacerdote abandone el estado clerical aunque se considere apto para el ministerio.

Un cálculo aproximado de las solicitudes de dispensa muestra que alrededor del 80 por ciento de ellas implican la presencia de prole, aunque a menudo concebida tras el abandono del mismo ministerio”.

¿Esta regla se aplica siempre y en todo caso? ¿Se aplica también si los sacerdotes con hijos no quieren pedir la dispensa del ministerio?

“A veces sucede que los Obispos y los Superiores Religiosos presentan la situación de los sacerdotes que no tienen la intención de pedir la dispensa, incluso en presencia de hijos, sobre todo cuando la relación afectiva con la madre ha cesado. En tales casos, desgraciadamente, hay Obispos y Superiores que piensan que, después de haber ayudado económicamente a la descendencia, o después de haber trasladado al sacerdote, el clérigo puede continuar ejerciendo el ministerio.

Las incertidumbres en este asunto, por lo tanto, surgen de la resistencia de los sacerdotes a pedir la dispensa, de la ausencia de una relación afectiva con la mujer y a veces del deseo de algunos Ordinarios de ofrecer al sacerdote arrepentido una nueva oportunidad ministerial. Cuando, según la evaluación del obispo o del superior responsable, la situación exige que el sacerdote asuma las responsabilidades derivadas de la paternidad, pero no quiere pedir la dispensa, el caso se presenta a la Congregación para la dimisión del clérigo del estado clerical.

Obviamente, un hijo es siempre un regalo de Dios, no importa cómo haya nacido. La pérdida del estado clerical se da porque la responsabilidad parental crea una serie de obligaciones permanentes que en la legislación de la Iglesia latina no prevén el ejercicio del ministerio sacerdotal”.

¿Esta regla es general y siempre válida o cada caso se trata de manera diferente?

“Obviamente, cada caso debe ser examinado en el mérito y especificidad. Las excepciones son realmente muy raras. Por ejemplo, está el caso de un niño recién nacido, el hijo de un sacerdote, que por determinadas situaciones pasa a formar parte de una familia ya consolidada, en la que otro padre asume con respecto a él el papel de padre. O cuando se trata de sacerdotes con hijos que ya son “maduros”, de 20 a 30 años.

Sacerdotes que en su juventud tuvieron acontecimientos afectivos dolorosos y que proporcionaron a sus hijos un acompañamiento económico, moral y espiritual, y que hoy ejercen su ministerio con celo y compromiso, después de haber superado las debilidades afectivas anteriores.

En estas situaciones, el Dicasterio no obliga a los Obispos a invitar a los sacerdotes a pedir una dispensa. Estos son, me parece, casos en los que el Dicasterio aconseja un discernimiento más flexible dentro de una práctica y de líneas guías rigorosas para la Congregación”.

¿Qué puede responder a quienes afirman que la presencia de hijos de sacerdotes es un tema para la introducción del celibato opcional para los sacerdotes de la Iglesia latina?

“El hecho de que algunos sacerdotes hayan vivido relaciones y dado a luz a hijos no toca el tema del celibato sacerdotal, que representa un don precioso para la Iglesia latina, sobre cuyo valor siempre actual se han expresado los últimos Papas, desde San Pablo VI hasta el Papa Francisco. Así como la existencia de casos de abandono del techo conyugal y de la prole no toca obviamente el valor siempre actual del matrimonio cristiano.

Lo importante es que el sacerdote ante esta realidad sea capaz de comprender cuál es su responsabilidad hacia al hijo: su bien y su cuidado deben estar en el centro de la atención de la Iglesia para que a la  prole no le falte no sólo lo necesario para vivir, sino sobre todo el papel educativo y el afecto de un padre.

https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2019-02/hijos-de-sacerdotes-el-criterio-a-seguir-es-el-bien-de-los-ninos.html


Los tres ingredientes para una noche de amor perfecta

febrero 14, 2019

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«Las dos horas más hermosas de nuestro matrimonio, una experiencia de amor que deseo a cualquier ser humano»: así comienza el testimonio que ha compartido la iniciativa 10 minutos con Jesús para este día de San Valentín.

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Los tres ingredientes para una noche de amor perfecta

«Las dos horas más hermosas de nuestro matrimonio, una experiencia de amor que deseo a cualquier ser humano»: así comienza el testimonio que ha compartido la iniciativa 10 minutos con Jesús para este día de San Valentín.

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Marta y Juanjo no pasaron la mejor noche de amor de su vida «ni en una casa rural, ni en un spa, ni en un hotel, sino en un hospital, esperando el nacimiento de su hijo Ignacio»: es el testimonio que ha compartido el sacerdote Javier Sánchez Cervera, de la iniciativa 10 minutos con Jesús, para el día de San Valentín, en el que ofrece «los elementos del amor y de una noche perfecta».

Al poco de completarse el parto, una noticia lo cambió todo en la vida de este matrimonio: «Es Down», le dijo el médico a Juanjo.

«Sentí la gracia de Dios en ese preciso momento, que no es otra cosa que sentir el amor –confiesa el padre–. Me giré a mi mujer y le dije que era Down, y mientras la miraba percibí el inmenso cariño que siento por ella. Vi todos los planes que se había hecho con este niño y que las cosas iban a ser diferentes».

Y entonces «me acerqué, la abracé y la besé, y le dije: “Cariño, este hijo nos va a dar la felicidad plena a toda la familia para el resto de nuestras vidas”», dice Juanjo.

El ginecólogo se acercó a decirles que hacía más de tres años que no asistía al parto de ningún niño con síndrome de Down.

«Es un regalo de Dios, un regalo precioso de Dios», repetía Juanjo, quien recuerda que «entonces disfrutamos de las dos horas más hermosas de nuestro matrimonio. Una experiencia que deseo a cualquier persona. Nos quedamos solos en la habitación mientras a Ignacio lo llevaban a la incubadora. Fue precioso experimentar el uno con el otro nuestra gran sorpresa. La gracia de Dios nos empezó a llenar de una forma increíble. Nos dimos cuenta de que Dios había elegido nuestro hogar y nuestra familia como el mejor sitio para que Ignacio -Ignacio, el quinto hijo de Marta y Juanjo- viviera y fuera amado y cuidado. Fue de una belleza inenarrable».

Esta experiencia la utiliza Sánchez Cervera para señalar los tres ingredientes para una noche perfecta de amor, también en San Valentín.

El primero, que sea «una noche de amor verdadero, de quien entrega su vida definitivamente a otra persona, en las duras y en las maduras. Dar la vida por amor, por amor de verdad», como estos padres.

El segundo es «darse completamente con generosidad, con olvido de uno mismo, pensando en cómo está el otro, buscando no mi bien sino el suyo». Y el último ingrediente es «la aceptación rendida y confiada de la voluntad de Dios, como estos padres que abrazaron y amaron la voluntad de Dios cuando nació su hijo Ignacio».

Todo esto constituye «un amor perfecto para una noche perfecta, para una vida perfecta, llena de imperfecciones pero llena de la perfección del amor de Jesús».

Para escuchar esta meditación y apuntarse a la oración diaria:

https://www.10minutosconjesus.es/

http://www.alfayomega.es/176903/los-tres-ingredientes-para-una-noche-de-amor-perfecta


El maná de cada día, 29.1.19

enero 29, 2019

Martes de la 3ª semana de Tiempo Ordinario

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flor.blanca.cielo

Cumplir la voluntad de Dios para ser verdaderos hermanos de Jesús

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PRIMERA LECTURA: Hebreos 10, 1-10

Hermanos:

La Ley, que presenta sólo una sombra de los bienes definitivos y no la imagen auténtica de la realidad, siempre, con los mismos sacrificios, año tras año, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan a ofrecerlos.

Si no fuera así, habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados una vez, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia.

Pero en estos mismos sacrificios se recuerdan los pecados año tras año.

Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite las pecados.

Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: “Tú no quiere sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no acepta: holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.”

Primero dice: No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias, que se ofrecen según la ley.

Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.

Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación de cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

SALMO 39, 2 y 4ab. 7-8a. 10. 11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; Él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: Aquí estoy.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.


Aclamación: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


EVANGELIO: Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dijo: “Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.”

Les contestó: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”

Y, paseando la mirada por el corro, dijo: “ Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre. “

 

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LA VOLUNTAD DE DIOS

P. Francisco Fernández Carvajal

Santa María y el cumplimiento de la voluntad de Dios. La “nueva familia” de Jesús.

San Marcos nos dice en el Evangelio de la Misa (1) que se presentó la Madre de Jesús con algunos parientes preguntando por Él, mientras hablaba a un gran número de personas. María, quizá a causa de la multitud que debía de abarrotar la casa, se quedó fuera, y pasó aviso a su Hijo. Entonces, Jesús respondió al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Pues todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Es la nueva familia de Cristo, con lazos más fuertes que los de la sangre, y a la que pertenece María en primer término, pues nadie cumplió jamás la voluntad divina con más amor y más hondura que Ella.

Santa María está unida a Jesús por un doble vínculo. En primer lugar porque, al aceptar el mensaje del Ángel, se unió íntimamente, de un modo que nosotros apenas podemos comprender, a la voluntad de Dios, adquiriendo una maternidad espiritual sobre el Hijo que concibe, perteneciendo ya a esta familia, de vínculos más fuertes, que Jesucristo proclama ahora delante de sus discípulos. “De poco hubiera servido a María la maternidad corporal -señala San Agustín- si no hubiese concebido primero a Cristo, de manera más dichosa, en su corazón, y sólo después en su cuerpo” (2).

María es Madre de Jesús al concebirlo en su seno, al cuidarlo, alimentarlo y protegerlo, como toda madre con su hijo. Pero Jesús vino a formar la gran familia de los hijos de Dios, y “con benignidad incluyó en ella a la misma María, pues ella hacía la voluntad del Padre (…), y al aludir ante sus discípulos a esa parentela celestial, mostró que la Virgen María estaba unida a Él en un nuevo linaje de familia” (3); María es Madre de Jesús según la carne, y es también la “primera” entre todos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen con plenitud (4).

Nosotros tenemos la inmensa alegría de poder pertenecer, con lazos más fuertes que los de la sangre, a la familia de Jesús en la medida en que cumplimos la voluntad divina. Por eso el discípulo de Cristo debe decir, como su Maestro: mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado (5), aun cuando para ello tenga que sacrificar -poner en su sitio- los sentimientos naturales de la familia.

Santo Tomás explica, a su vez, esta declaración de Jesús en la que antepone el vínculo de la gracia al del orden familiar, diciendo que Él tenía una generación eterna y otra temporal, y antepone la eterna a la temporal. Y todo fiel que hace la voluntad divina es hermano de Cristo, porque se hace semejante a Él, que hizo siempre la voluntad del Padre (6).

En la oración de hoy podemos examinar si deseamos cumplir siempre lo que Dios quiere de nosotros, en lo grande y en lo pequeño, en lo que es grato y en lo que nos desagrada, y pedir a Nuestra Madre Santa María que nos enseñe a amar esta santa voluntad en todos los acontecimientos, también en aquellos que nos cuesta entender o interpretar adecuadamente. Así somos de la familia de Jesús.

(1) Mc 3, 31-35.- (2) SAN AGUSTIN, Sobre la virginidad, 3.- (3) IDEM, Carta 243, 9-10.- (4) Cfr. JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 20-21.- (5) Jn 4, 34.- (6) Cfr. SANTO TOMAS, Comentario sobre San Mateo, 14, 49-50.

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El maná de cada día, 20.1.19

enero 19, 2019

Domingo II del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

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Antífona de entrada: Salmo 65, 4

Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que todos canten himnos en tu honor y alabanzas a tu nombre.

Oración colecta:

Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas los cielos y la tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



PRIMERA LECTURA: Isaías 62, 1-5

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.


SALMO 95, 1-2a.2b-3.7-8a.9-10a.c

Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.

Proclamad día tras día su victoria, contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente.»


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 12, 4-11

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.

Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas.

El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.


Aclamación: 2 Tesalonicenses 2, 14

Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.


EVANGELIO: Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»

Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»

Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.


Antífona de comunión: 1 Juan 4, 16

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

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En el mismo grado en que alguien ama a la Iglesia,
en ese mismo grado posee el Espíritu Santo

San Agustín, Comentarios sobre el evangelio de san Juan 32, 8

También nosotros recibimos el Espíritu Santo si amamos a la Iglesia, si estamos unidos por la caridad y si nos gozamos en la fe y nombre católicos. Creámoslo así, hermanos. En el mismo grado en que alguien ama a la Iglesia, en ese mismo grado posee el Espíritu Santo. El Espíritu Santo se dio -como dice el Apóstol- con vistas a una manifestación (1 Cor 12,7).

¿De qué manifestación se trata? Lo indica el mismo Apóstol: Por el Espíritu a uno se le dan palabras de sabiduría; a otro, según el mismo Espíritu, palabras de ciencia; a otro la fe, en el mismo Espíritu; a otro el don de curaciones, en virtud del único Espíritu y a otro el obrar milagros en el mismo Espíritu (1 Cor 12,7-10).

Se dan muchos dones a fin de que se manifiesten; pero tal vez tú no tienes ninguno de ellos. Si amas no estás sin nada; si amas la unidad, cualquier cosa que tenga otro en ella la tiene también para ti. Elimina la envidia y será tuyo lo que yo poseo; elimina la envidia y será mío lo que posees. La envidia divide, la salud une.

El ojo es el único que ve en el cuerpo; pero ¿acaso ve para sí solo? Ve también para la mano, para el ojo y para los restantes miembros; de hecho, si el pie tropieza de alguna manera, el ojo no mira a otro lado para evitar el tomar precauciones. De igual manera sólo la mano obra en el cuerpo; pero ¿acaso obra para sí sola? También obra para el ojo; en efecto, si algo golpea no la mano sino el rostro, ¿dice acaso la mano: «No me muevo, pues el golpe no llega a mí?». De igual manera, cuando el pie camina, milita en favor de todos los miembros. Los restantes miembros callan, pero la lengua habla por todos.

Así, pues, tenemos el Espíritu Santo si amamos la Iglesia; la amamos si permanecemos en su unidad y caridad. El mismo Apóstol, después de hablar de los diferentes dones que se distribuyen a los distintos hombres, como funciones de cada uno de los miembros añade: Voy a mostraros todavía un camino mucho más excelente (1 Cor 12,31), y comienza a hablar de la caridad.

La antepuso al hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; la antepuso a los milagros de la fe; la antepuso a la ciencia y a la profecía; la antepuso también a aquella gran obra de misericordia de distribuir a los pobres todo lo que se posee; y, por último, la antepuso incluso a sufrir la pasión en el cuerpo. Antepuso la caridad a todas estas cosas tan excelentes. Tenla a ella y lo tendrás todo, puesto que sin ella de nada te servirá todo lo demás que poseas.

Y como el Espíritu Santo es el autor de la caridad de que se está hablando (es precisamente el tema del Espíritu Santo el que se trata ahora en el evangelio), oye al Apóstol, que dice: La caridad de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5,5).


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INVITARON A JESÚS A LAS BODAS
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

El Evangelio del II Domingo del Tiempo Ordinario es el episodio de las bodas de Caná. ¿Qué ha querido decirnos Jesús aceptando participar en una fiesta nupcial? Sobre todo, de esta manera honró, de hecho, las bodas entre el hombre y la mujer, recalcando, implícitamente, que es algo bello, querido por el Creador y por Él bendecido. Pero quiso enseñarnos también otra cosa. Con su venida, se realizaba en el mundo ese desposorio místico entre Dios y la humanidad que había sido prometido a través de los profetas, bajo el nombre de «nueva y eterna alianza». En Caná, símbolo y realidad se encuentran: las bodas humanas de dos jóvenes son la ocasión para hablarnos de otro desposorio, aquél entre Cristo y la Iglesia que se cumplirá en «su hora», en la cruz.

Si deseamos descubrir cómo deberían ser, según la Biblia, las relaciones entre el hombre y la mujer en el matrimonio, debemos mirar cómo son entre Cristo y la Iglesia. Intentemos hacerlo, siguiendo el pensamiento de San Pablo sobre el tema, como está expresado en Efesios, 5, 25-33. En el origen y centro de todo matrimonio, siguiendo esta perspectiva, debe estar el amor: «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella».

Esta afirmación –que el matrimonio se funda en el amor- parece hoy darse por descontado. En cambio sólo desde hace poco más de un siglo se llegó al reconocimiento de ello, y todavía no en todas partes. Durante siglos y milenios, el matrimonio era una transacción entre familias, un modo de proveer a la conservación del patrimonio o a la mano de obra para el trabajo de los jefes, o una obligación social. Los padres y las familias eran los protagonistas, no los esposos, quienes frecuentemente se conocían sólo el día de la boda.

Jesús, sigue diciendo Pablo en el texto de los Efesios, se entregó «a fin de presentarse a sí mismo su Iglesia resplandeciente, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida». ¿Es posible, para un marido humano, imitar, también en este aspecto, al esposo Cristo? ¿Puede quitar las arrugas a su propia esposa? ¡Claro que puede! Hay arrugas producidas por el desamor, por haber sido dejados en soledad. Quien se siente aún importante para el cónyuge no tiene arrugas, o si las tiene son arrugas distintas, que acrecientan, no disminuyen la belleza.

Y las esposas, ¿qué pueden aprender de su modelo, que es la Iglesia? La Iglesia se embellece únicamente para su esposo, no por agradar a otros. Está orgullosa y es entusiasta de su esposo Cristo y no se cansa de tejerle alabanzas. Traducido al plano humano, esto recuerda a las novias y a las esposas que su estima y admiración es algo importantísimo para el novio o el marido.

A veces, para ellos es lo que más cuenta en el mundo. Sería grave que les faltara recibir jamás una palabra de aprecio por su trabajo, por su capacidad organizativa, por su valor, por la dedicación a la familia; por lo que dice, si es un hombre político; por lo que escribe, si es un escritor; por lo que crea, si es un artista. El amor se alimenta de estima y muere sin ella.

Pero existe una cosa que el modelo divino recuerda sobre todo a los esposos: la fidelidad. Dios es fiel, siempre, a pesar de todo. Hoy, esto de la fidelidad se ha convertido en un discurso escabroso que ya nadie se atreve a hacer. Sin embargo el factor principal del desmembramiento de muchos matrimonios está precisamente aquí, en la infidelidad. Hay quien lo niega, diciendo que el adulterio es el efecto, no la causa, de las crisis matrimoniales. Se traiciona, en otras palabras, porque no existe ya nada con el propio cónyuge.

A veces esto será incluso cierto; pero muy frecuentemente se trata de un círculo vicioso. Se traiciona porque el matrimonio está muerto, pero el matrimonio está muerto precisamente porque se ha empezado a traicionar, tal vez en un primer tiempo sólo con el corazón. Lo más odioso es que a menudo es el que traiciona quien hace recaer en el otro la culpa de todo y se hace la víctima.

Pero volvamos al episodio del Evangelio, porque contiene una esperanza para todos los matrimonios humanos, hasta los mejores. Sucede en todo matrimonio lo que ocurrió en las bodas de Caná. Comienza en el entusiasmo y en la alegría (de ello es símbolo el vino); pero este entusiasmo inicial, como el vino en Caná, con el paso del tempo se consume y llega a faltar. Entonces se hacen las cosas ya no por amor y con alegría, sino por costumbre. Cae sobre la familia, si no se presta atención, como una nube de monotonía y de tedio. También de estos esposos se debe decir: «¡No les queda vino!».

El relato del Evangelio indica a los cónyuges una vía para no caer en esta situación o salir de ella si ya se está dentro: ¡invitar a Jesús a las propias bodas! Si Él está presente, siempre se le puede pedir que repita el milagro de Caná: transformar el agua en vino. El agua del acostumbramiento, de la rutina, de la frialdad, en el vino de un amor y de una alegría mejor que la inicial, como era el vino multiplicado en Caná. «Invitar a Jesús a las propias bodas» significa honrar el Evangelio en la propia casa, orar juntos, acercarse a los sacramentos, tomar parte en la vida de la Iglesia.

No siempre los dos cónyuges están, en sentido religioso, en la misma línea. Tal vez uno de los dos es creyente y el otro no, o al menos no de la misma forma. En este caso, que invite a Jesús a las bodas aquél de los dos que le conozca, y lo haga de manera –con su gentileza, el respeto por el otro, el amor y la coherencia de vida- que se convierta pronto en el amigo de ambos. ¡Un «amigo de familia»!

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