Oración de la Madre gestante. Oración de los padres que esperan prole. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

septiembre 6, 2019

.

Padres esperando el segundo hijo

.

Oración de la Madre gestante. Oración de los padres que esperan prole. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

.

A la oración de la Madre y a la de los Padres por la fe de los hijos, añadimos la Oración de la Madre gestante y la de los Padres que esperan prole.

Con estas dos oraciones queremos acercarnos a los esposos y padres que esperan un hijo para acompañarlos en esa experiencia tan particular, tan entrañablemente única. Los esposos se convierten en padres, es decir, cocreadores con Dios: dadores de vida humana y de vida cristiana, a la vez.

La bendición de madres gestantes ha sido una práctica tradicional en la historia de la Iglesia. Aunque la nueva criatura es fruto del amor de los esposos, indudablemente la función de la madre en la generación, gestación y conformación de la nueva persona humana es única: Por su cercanía física, emocional y religiosa. El modelo acabado de maternidad es la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra en la fe.

Es justo que toda la Iglesia acompañe, sienta y celebre el nacimiento de un hijo, que alegra la familia humana y aumenta la familia de Dios por el bautismo. De ahí que la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica se une a la alegría de la familia y celebra con toda la Iglesia esta bendición de Dios: el nacimiento de un hijo nuestro al que queremos hacer hijo de Dios para siempre.

Oración de la Madre gestante.

Señor Dios nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te adoro como comunidad trinitaria y fuente de vida en el cielo y en la tierra.

Te doy gracias, Padre bueno, por haber pensado en mí desde toda la eternidad: tú pronunciaste mi nombre y me creaste mujer. Tanto confiaste en mí, que me has llamado a ser madre, a ser colaboradora tuya en la transmisión de la vida y de la fe.

Gracias, Señor Jesús, porque, siendo Dios, quisiste tener una madre en la tierra para hacerte hombre como nosotros. Tú llenaste del Espíritu a la santísima Virgen María para que cumpliera su especial vocación. Así la hiciste modelo de todas las madres redimidas por ti. Apoyada en ella, te pido que derrames tu Espíritu sobre mi marido y sobre mí, para que cumplamos los planes del Padre: dar vida a nuestro hijo y transmitirle la fe.

Te doy gracias, Espíritu Santo, señor y dador de vida: ven sobre mí y sobre la criatura que estoy gestando. La confío a tu acción santificadora para que se desarrolle con bien hasta que la dé a luz. Gustosamente acepto los sacrificios del embarazo y las molestias que suponga para mí esta gestación.

Asísteme, Espíritu consolador, y purifícame de todo mal para que pueda trasmitir sólo vida y ternura a nuestro hijo. Te pido que esta criatura sea nuestra alegría como esposos y padres y la de toda la familia.

Gracias, Santísima Trinidad, por llamarme a formar con mi esposo la comunidad conyugal. Gracias por el don de mi marido, el mayor regalo que he recibido.

Con él me siento feliz disfrutando del amor mutuo, y ahora formando con nuestro hijo una verdadera familia a imagen de la comunidad trinitaria. ¡Qué maravillosos son tus designios, Dios mío, y qué insospechadas experiencias reservas para tus fieles! ¡Cómo no alabarte, si me has dado el esposo querido, los hijos y la vida de fe!

Señor Jesucristo, tú nos dejaste a María como madre. A ella me dirijo confiada: Virgen María, tú eres modelo para mí como mujer, y sobre todo ahora como madre gestante. Quiero contemplar la dulzura de tu rostro para poder imitar tu maternidad. Junto a ti también admiro a tu esposo, el fiel José.

Te pido, Virgen María, que con mi esposo sepamos imitar los ejemplos de tu sagrada familia. Tú eres mi consuelo y fortaleza. Enséñame a dar vida contigo a esta criatura que el Señor nos regala.

Te suplico, Madre santa, que todo esto me lo alcances de tu Hijo bendito, por intercesión de santa Mónica, que gestó a sus hijos dándoles a luz en la vida y en la fe. Así sea. Amén.

 Oración de los Padres que esperan un hijo

(Ambos) Señor Dios nuestro, con todo amor nos ponemos en tu presencia como pareja de esposos que tú has bendecido. Te damos gracias por llamarnos a formar una comunidad conyugal abierta a la vida y a la plenitud del amor. En particular te damos gracias, Señor, porque estás bendiciendo nuestro matrimonio dándonos al hijo que esperamos ilusionados.

Las palabras nos resultan cortas para expresar la felicidad que sentimos, y la emoción que embarga nuestros corazones. Resulta maravilloso experimentar que tú nos haces colaboradores tuyos para trasmitir la vida. Nos llena de gozo el saber que somos creadores contigo de esta nueva criatura, nuestra y tuya a la vez, Dios nuestro, fuente de vida.

Conscientes de la grandeza de esta vocación de esposos y padres, queremos ahora purificarnos de todo mal para ser canales limpios por donde pase la vida y la fe a nuestro hijo, a nuestra familia, a la Iglesia, al mundo. Queremos ser signo de tu amor, sacramento de tu misterio de vida y comunión.

Deseamos ser siempre una pareja ejemplar y formar una familia santa para gloria tuya. Como no podemos alcanzar esas metas sino con tu gracia, ahora rezamos el uno por el otro y nos bendecimos mutuamente en tu nombre y en tu amor.

 (Marido-padre) Te doy gracias, Señor, por el don de mi esposa. Ella me hace cercano tu amor, tu perdón y tu preocupación por mí. Ella es la prueba de que me amas y me tomas en serio. Por eso, te doy gracias todos los días de mi vida y te pido que me hagas digno de un don tan maravilloso.

Quiero sinceramente ser mejor esposo y padre cada día. A la vez, te pido perdón si no he sabido valorar a mi mujer debidamente, si he sido duro con ella. Perdón por cualquier debilidad con la que le haya defraudado y ofendido.

En adelante prometo, con tu gracia, ser más delicado y responsable en todos mis comportamientos, particularmente ahora durante la gestación. Quiero darle a mi esposa cariño y protección en estos momentos, para que la criatura pueda sentir a través de nosotros el infinito amor que tú le tienes desde siempre.

Que yo sea un sacramento de tu amor providente para mi esposa y para nuestro hijo. Quiero que ellos descubran en mi conducta responsable y fiel tu presencia protectora en nuestro hogar. Amén.

 (Esposa-madre) Te doy gracias, Señor, por mi marido, el mayor regalo que me has dado en la vida, junto con esta criatura que se está formando dentro de mí. Me siento feliz de poder cumplir tu voluntad, como lo hizo María, siempre confiada y alegre en tu presencia. Señor, que se haga también en mí lo que tú dispongas: quiero ser la alegría de mi esposo y de mi hijo, para su satisfacción y para gloria tuya.

Perdóname si he causado preocupación a mi marido o si le he defraudado en algo. Por mi parte, estoy segura de que me darás cuanto necesite como esposa y madre. Creo en ti, Señor, pero aumenta mi fe y mi esperanza.

Santa María, Virgen y Madre, confío en ti; necesito tu ternura y fortaleza. Que esta criatura se parezca lo más posible a tu hijo Jesús. Que nuestro hijo se desarrolle sano de cuerpo y alma hasta que nazca. Así sea. Amén.

(Ambos) Señor Dios nuestro, te damos gracias por esta oración que nos has permitido dirigirte con amor. Que podamos cumplir con alegría y generosidad lo que te hemos prometido. Ten misericordia de nosotros pues somos débiles, pero confiamos en ti. Pues si tú nos regalas esta criatura, tú mismo nos ayudarás a cumplir la misión que nos confías.

Por eso, Padre de bondad, concédenos ser generosos dadores de vida. Señor Jesús, que acariciabas a los niños, bendice a nuestro hijo para que nazca sano y sea nuestra alegría y felicidad. Espíritu divino, ven sobre nosotros y asístenos mientras dure esta gestación, para que nuestro hijo sea lleno de gracia y bendición. Señor Dios nuestro, reina en nuestra familia. Es tuya, te la consagramos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN POR LA VIDA. Juan Pablo II

Santa María, aurora del mundo nuevo,

Madre de los vivientes,

a ti confiamos la causa de la vida:

mira, Madre, el número inmenso

de niños a quienes se les impide nacer,

de pobres a quienes se les hace difícil vivir,

de hombres y mujeres víctimas de la violencia inhumana,

de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia

o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar,

con firmeza y amor, a los hombres de nuestro tiempo

el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo

como don siempre nuevo,

la alegría de celebrarlo con gratitud

durante toda su existencia,

y la valentía de testimoniarlo

con solícita constancia, para construir,

junto con todos los hombres de buena voluntad,

la civilización de la verdad y del amor,

para alabanza y gloria de Dios Creador,

y amante de la vida. Amén

Asociación Madres Cristianas Santa Mónica. Agustinos Recoletos. Provincia Santo Tomás de Villanueva

ismaelojeda.wordpress.comhttps://www.facebook.com/ismael.ojedalozanowww.agustinosrecoletos.com

P. Ismael Ojeda Lozano


Oración de los Padres por la fe de los hijos. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

agosto 25, 2019

.

La oración es la comunicación integral del hombre con Dios: involucra alma y cuerpo; afectos, sentimientos; memoria, entendimiento, voluntad, expresión corporal… Todo.

.

Oración de los Padres por la fe de los hijos. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

.

Aunque la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica expresamente responde a la inquietud de las madres cristianas, preocupadas por la trasmisión de la fe a los hijos, no relega, sin embargo, a los padres y esposos ni mucho menos pretende lastimar de alguna manera la integridad y la santidad del matrimonio.

Por eso, una vez conocida la Oración de las Madres, https://ismaelojeda.wordpress.com/2019/08/23/oracion-de-la-madre-por-la-fe-de-los-hijos-asociacion-madres-cristianas-sta-monica/, les ofrecemos a continuación el texto completo de la Oración de los Padres por la fe de los hijos.

No cabe duda que las madres y esposas que rezan por los hijos también lo hacen por sus esposos, y una de sus alegrías más profundas será ver y sentir junto a ellas a sus esposos dando gracias a Dios por su matrimonio y orando por sus hijos para que siempre estén consagrados a Dios tal como ellos mismos se lo inculcaron.

De este modo los esposos y padres expresan el ideal agustiniano que la misma madre Mónica inculcó a su esposo e hijos y trató de vivir siempre: Tener una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios.

Ella tenía como meta llevar a su esposo e hijos a Dios. Sólo así alcanzaría la santidad y la vida plena como madre y esposa cristiana. Estaba convencida de que la práctica religiosa y el santo temor de Dios eran la mejor garantía de la armonía y la felicidad en el hogar.

De hecho, en algunos lugares, y concretamente en Argentina, han  surgido los “agustines”, hombres que viven con alegría su vocación de esposos y padres cristianos, que se sienten felices acompañando a sus esposas y madres de sus hijos, a las que se les llama de cariño “madres mónicas”. Pues nada, si así les gusta que sean mónicas y agustines, para gloria de Dios, su propio contento y edificación de sus hijos. Y pasamos al texto de la oración.

Oración de los Padres por la fe de los hijos (pueden rezarla al unísono o alternando).

Padre y Señor nuestro, fuente de toda familia, somos esposos y padres cristianos. Como esposos, formamos una comunidad conyugal gracias al Espíritu de comunión derramado en nuestros corazones por el sacramento del matrimonio. En virtud de tu llamada, nos sentimos padres dadores de vida. En esta oración compartida te rogamos, Dios nuestro, que la fe cristiana oriente toda nuestra vida, individual y familiar.

Con tu bendición hemos engendrado a nuestros hijos para la vida temporal. Pero nuestra vocación nos pide colaborar con tu gracia para formarlos también en orden a la vida eterna. Ya que de ti los hemos recibido como un don precioso, confiamos que nos concederás cuanto necesitemos para hacerlos hijos tuyos en el seno de la Iglesia. Sólo así lograremos ser padres en plenitud, y nos sentiremos felices cumpliendo nuestra vocación de esposos y padres cristianos.

Para lograrlo, hemos escogido como patrona y modelo a santa Mónica. Ella alcanzó la felicidad entregándose a su esposo de todo corazón y formando en la fe a los hijos, en especial a su hijo Agustín. Como esposa y madre, Mónica perseveró en la súplica constante por la salvación de los suyos hasta convertirlos a ti plenamente. Siguiendo su ejemplo, también nosotros te pedimos por nuestra familia, y repetimos en sincera comunión de fe y de sentimientos esta súplica: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que miremos siempre a la Sagrada Familia de Nazaret como modelo de nuestro hogar, e imitemos sus virtudes domésticas. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que durante toda nuestra vida sepamos colaborar contigo en la generación y educación de nuestros hijos con responsabilidad y amor. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que seamos dóciles a la acción del Espíritu Santo derramado sobre nuestros hijos en el bautismo, y los hagamos crecer sanos en cuerpo y alma como auténticos hijos de Dios. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que nuestros hijos vivan felices en el seno de un hogar lleno de fe y de ternura que tratamos de construir día a día. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que ambos colaboremos activamente en la preparación de la primera comunión de nuestros hijos, y los guiemos hacia la confirmación de su fe personal y adulta. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que logremos que nuestros hijos aprecien los sacramentos de la penitencia y eucaristía, y junto con nosotros vivan la fe, sobre todo los domingos y días festivos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como santa Mónica, tratemos bien a nuestros hijos; y si hubiera que reprenderlos, lo hagamos con serenidad, autoridad y amor. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o hijas el germen de una vocación religiosa o sacerdotal, sepamos colaborar contigo para agradecerla y consolidarla. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que si alguno de nuestros hijos vacila en la fe o se desvía de ella, nosotros sepamos ayudarlo mediante consejos y oraciones, hasta que retorne a la fe. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que acompañemos a nuestros hijos y nietos en la compleja y apasionante vocación de formar verdaderos hogares cristianos y de perseverar en su noble misión. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, al tratar a otros padres, avivemos en ellos su preocupación por el porvenir y bienestar integral de sus hijos, y logremos acercarlos a la vida de la Iglesia. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, dulce Madre de La Consolación, que consolaste a santa Mónica, dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo trasformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín dándole la fe cristiana; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos avanzar con paso firme por el camino de esta vida, iluminados por la fe cristiana y católica. Así, confiados en tu protección, esperamos alcanzar nuestro ideal de esposos y de padres cristianos, y tener a los hijos junto a nosotros en la gloria, para siempre. Amén. 

Oración a san Agustín

Bienaventurado padre san Agustín, tú llegaste a la fe por la oración de tu bendita madre santa Mónica. Tú pensabas, y así lo enseñabas, que una esposa y madre cristiana sólo culmina su misión cuando logra poner a su familia en las manos de Dios y en el seno de la Iglesia. Te pedimos atiendas nuestras súplicas por nuestros hijos y nietos, para que les ayudemos a vivir en la verdad. Y, si llegan a desviarse de nuestra fe, los hagamos volver al buen camino.

Glorioso san Agustín, que una vez convertido te consagraste al servicio divino como monje, y al servicio de la Iglesia como sacerdote y obispo; alcánzanos de nuestro Padre Dios que, si alguno de nuestros hijos o hijas sintiera la vocación sacerdotal o religiosa, nosotros le ayudemos en su respuesta generosa y en su fidelidad a la llamada. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

.

Asociación Madres Cristianas Santa Mónica. Agustinos Recoletos. Provincia Santo Tomás de Villanueva

ismaelojeda.wordpress.com; https://www.facebook.com/ismael.ojedalozano; www.agustinosrecoletos.com

P. Ismael Ojeda Lozano


El maná de cada día, 23.8.19

agosto 23, 2019

Viernes de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Sexto día de la novena a Santa Mónica

 

Alaba alma mía al Señor

Alaba, alma mía, al Señor



PRIMERA LECTURA: Rut 1, 1.3-6.14b-16.22

En tiempo de los jueces, hubo hambre en el país, y un hombre emigró, con su mujer Noemí y sus dos hijos, desde Belén de Judá a la campiña de Moab. Elimelec, el marido de Noemí, murió, y quedaron con ella sus dos hijos, que se casaron con dos mujeres moabitas: una se llamaba Orfá y la otra Rut.

Pero, al cabo de diez años de residir allí, murieron también los dos hijos, y la mujer se quedó sin marido y sin hijos.

Al enterarse de que el Señor había atendido a su pueblo dándole pan, Noemí, con sus dos nueras, emprendió el camino de vuelta desde la campiña de Moab. Orfá se despidió de su suegra y volvió a su pueblo, mientras que Rut se quedó con Noemí.

Noemí le dijo: «Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con ella.»

Pero Rut contestó: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.»

Así fue como Noemí, con su nuera Rut, la moabita, volvió de la campiña de Moab. Empezaba la siega de la cebada cuando llegaron a Belén.



SALMO 145, 5-6ab.6c-7.8-9a.9be-10

Alaba, alma mía, al Señor.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 24, 4b. 5a

Dios mío, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad.


EVANGELIO: Mateo 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Él le dijo: «”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

.
.


NOVENA A SANTA MÓNICA (6)

Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

.

NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén.

.

.

Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el sexto día

Santa Mónica en Milán, siguiendo a su hijo Agustín

1.- Textos bíblicos para la misa

• 1ª Corintios, 9, 16-19.22-23. Me he hecho todo para todos.

• Salmo 118, 1.27.29-30.35.32. M. Ag. pág. 55.

• Lucas, 7, 11-17. Resucita al hijo de una viuda en Naín.

2.- Textos agustinianos

“Había llegado y se hallaba conmigo mi madre, siguiéndome por tierra y por mar, con su piedad llena de bríos, segura de ti en todos los peligros. Y esto, hasta tal punto que hasta en las borrascas del mar había infundido ánimo a la tripulación, cuando lo corriente es que sea ésta la que anime a los navegantes poco experimentados en medio del nerviosismo y del desconcierto. Les aseguró que llegarían sanos y salvos, porque tú se lo habías prometido en una visión.

A mí me encontró en una situación realmente crítica, cuando ya desesperaba de dar con la verdad. Sin embargo, cuando le comuniqué que ya no era maniqueo, aunque tampoco católico cristiano, no exteriorizó su alegría, como si la noticia no constituyera novedad alguna; como si ya estuviera segura de que iba a ocurrir así.

Desde hacía tiempo estaba tranquila respecto a este punto de mis desventuras, que le hacía llorarme en tu presencia (Dios mío), como a un muerto, pero como un muerto que iba a resucitar. Me presentaba a ti en las andas de tu pensamiento para que tú le dijeras al hijo de la viuda: ‘Joven, a ti te lo digo, levántate’, y él reviviera y comenzase a hablar, y tú se lo devolvieras a su afligida madre.

Estaba segura de que también le ibas a conceder todo lo demás; puesto que le habías prometido todo, me respondió, con toda la tranquilidad del mundo y con el pecho inundado de confianza, que estaba segura en Cristo de que antes de salir de esta vida iba a verme católico bautizado.

Ésa fue la respuesta que me dio a mí. Pero por otro lado, frente a ti, fuente de misericordias, intensificó sus oraciones y sus lágrimas, para que aceleraras tu ayuda y alumbraras mis tinieblas” (Confesiones 6, 1-2).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por los predicadores del Evangelio, para que estén al servico de los hermanos que buscan con sinceridad la fe. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.

V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

.


El maná de cada día, 26.7.19

julio 26, 2019

Viernes de la 16ª semana del Tiempo Ordinario

.

Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo

La ley del Señor es perfecta



PRIMERA LECTURA: Éxodo 20, 1-17

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras:

«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra.

No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificado.

Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades.

Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No darás testimonio falso contra tu prójimo.

No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»



SALMO 18, 8. 9. 10. 11

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila.


ALELUYA: 8, 15

Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.


EVANGELIO: Mateo 13, 18-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril.

Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.»


.

La unidad del Decálogo y la ley natural
Catecismo de la Iglesia Católica (2069-2071)

El Decálogo forma un todo indisociable. Cada una de las “diez palabras” remite a cada una de las demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.

Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la “ley natural”:

«Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo, el cual, si alguien no lo guarda, no tendrá la salvación, y no les exigió nada más» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 15, 1).

Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación:

«En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad» (San Buenaventura, In quattuor libros Sententiarum, 3, 37, 1, 3).

Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la con ciencia moral.


.
26 de julio
San Joaquín y Santa Ana
Padres de la Virgen María

Una antigua tradición, que arranca del siglo II, atribuye estos nombres a los padres de la Santísima Virgen María. El culto a santa Ana se introdujo ya en la Iglesia oriental en el siglo VI, y pasó a la occidental en el siglo X; el culto a san Joaquín es más reciente.

vitral-maria-san-joaquin-santa-ana


Por sus frutos los conoceréis
De los sermones de san Juan Damasceno, obispo

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz, cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del gran de designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

Oración

Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo.


El maná de cada día, 23.7.19

julio 23, 2019

Martes de la 16ª semana del Tiempo Ordinario

.

Fraternidad: equilibrio entre libertad y justicia, entre responsabilidad personal y solidaridad, entre el bien de los individuos y el bien común.

El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano



PRIMERA LECTURA: Éxodo 14, 21-15, 1

En aquellos días, Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas.

Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.

Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente.

Y dijo Egipto: «Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.»

Dijo el Señor a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.»

Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar.

Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.

Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.

Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron un cántico al Señor.


SALMO: Ex 15,8-9.10.12.17

Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas, las corrientes se alzaron como un dique, las olas se cuajaron en el mar. Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré, repartiré el botín, se saciará mi codicia, empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar, se hundieron como plomo en las aguas formidables. Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra.

Introduces a tu pueblo y lo plantas en el monte de tu heredad, lugar del que hiciste tu trono, Señor; santuario, Señor, que fundaron tus manos.


ALELUYA: Jn 14, 23

El que me ama cumplirá mi palabra, y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.


EVANGELIO: Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. »

Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»

Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.»


.

LA NUEVA FAMILIA DE JESÚS
P. Francisco Fernández Carvajal

Los lazos que se originan de seguir al Señor en un mismo camino son más estrechos que los de la sangre.

El Evangelio de la Misa (1) nos muestra a Jesús predicando una vez más. Se halla en una casa tan abarrotada de gente que su Madre y otros parientes no pueden llegar hasta Él, y le envían un recado. Alguien le dijo entonces: Mira que tu madre y tus hermanos están fuera intentando hablarte.

Y Él, extendiendo las manos hacia sus discípulos, les dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Pues todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

En otra ocasión, una mujer del pueblo, al ver las palabras llenas de vida de Jesús, exclamó en una alabanza a María: Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Pero el Señor dio la impresión de querer rechazar el requiebro de aquella mujer, y contestó: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan (2).

El Papa Juan Pablo II relaciona estas dos escenas con aquella respuesta que Jesús dio a María y a José cuando lo encontraron en Jerusalén, a la edad de doce años, después de una búsqueda afanosa durante tres días. Allí les dijo Jesús, con un amor sin límites y con una claridad total: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que Yo esté en las cosas de mi Padre? (3).

Desde el comienzo, Jesús estuvo dedicado a las cosas de su Padre. Anunciaba el Reino de Dios y a su paso todas las cosas alcanzaban un sentido nuevo, también el parentesco. En esta dimensión nueva, un vínculo como el de la “fraternidad” significa también una cosa distinta de la “fraternidad según la carne”, que deriva del origen común de los mismos padres. Y aun la “maternidad” (…) adquiere un significado diverso (4), más profundo y más íntimo.

Nos enseña repetidamente el Señor que por encima de cualquier vínculo y autoridad humana, incluso la familiar, está el deber de cumplir la voluntad de Dios, la propia vocación. Nos dice que seguirle de cerca, en la propia vocación, la que Él ha dado a cada hombre y a cada mujer, nos lleva a compartir su vida hasta tal punto de intimidad que constituye un vínculo más fuerte que el familiar (5).

Santo Tomás lo explica diciendo que todo fiel que hace la voluntad del Padre, esto es, que le obedece, es hermano de Cristo, porque es semejante a Aquel que cumplió la voluntad del Padre. Pero, quien no sólo obedece, sino que convierte a otros, engendra a Cristo en ellos, y de esta manera llega a ser como la Madre de Cristo (6).

Es muy fuerte el vínculo que nace de llevar la misma sangre, pero lo es aún más el que se origina del seguir a Cristo en el mismo camino. No hay ninguna relación humana, por estrecha que sea, que se asemeje a nuestra unión con Jesús y con quienes siguen a Jesús.

(1) Mt 12, 46-50.- (2) Lc 11, 27-28.- (3) Lc 2, 49.- (4) JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 20.- (5) Cfr. SAGRADA BIBLIA, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Mc 4, 31-35.- (6) SANTO TOMAS, Comentario sobre el Evangelio de San Mateo, 12, 49-50.-

http://www.homiletica.org


Carlos Osoro: Acompañados por María y José para defender la vida

mayo 27, 2019

Cardenal Carlos Osoro con obispos auxiliares

Carlos Osoro: Acompañados por María y José para defender la vida

.

Hay momentos en los que el Señor te hace entrar de lleno y con suma claridad en ciertas páginas del Evangelio, que fraguan e iluminan nuestro vivir y hacer. La Anunciación es una de esas páginas. Hace unos 20 días, me fui al Museo del Prado para contemplar una Anunciación del Greco, estuve mucho tiempo. Leía el relato de la Anunciación despacio mientras miraba el cuadro.

Me hice más consciente de la grandeza y hondura que tiene, de lo que ha supuesto en la historia humana la estancia de Dios con nosotros, de las perspectivas en las que nos pone y del horizonte que nos da… En estos momentos de la historia en los que la vida misma se pone en discusión, esa página del Evangelio (cfr. Lc 1, 26-38) nos sigue dando una luz especial.

Os invito a que la leáis y meditéis todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los que buscáis la verdad, los que deseáis dar a esta humanidad la luz que necesita para sustentarse siempre buscando la vida. Todo ser humano tiene que saber escuchar y acoger lo que en el fondo de su vida hay. La escucha se hace en el silencio, no en el ruido; se hace no queriendo defender a ultranza posiciones personales que responden a la ideología que cada uno tenga.

En silencio, escuchando en lo profundo de la vida, se descubre que la conciencia llama siempre a defender la vida, desde su inicio hasta el final. Es más, cualquier ser humano siente la llamada a vivir y no a morir, y percibe que esto es lo que él, con sus fuerzas si no quiere contar con otras más fuertes, es lo que tiene que buscar: esa verdad que se escucha en lo más hondo de la conciencia.

Esta página nos ayuda a entrar en lo profundo de la vida: la que viene de Dios y se nos ofrece para entregar a todos los hombres. Dos personas protagonizan la defensa de la vida: santa María y san José. La Virgen está en Nazaret, ha vivido los desposorios con José.

Y aparece en la Anunciación como la mujer que escucha a Dios, discierne lo que escucha y decide sobre la propuesta de Dios con todas las consecuencias. De la misma manera le pasa a san José.

Él era justo, no quería jugar con la vida y, en el momento de tomar una decisión, Dios se hace presente: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Con una fe absoluta en Dios, lo escucha, discierne y decide: «Hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer» (cfr. Mt 1, 18-24).

Para ser defensores de la vida necesitamos encontrar las palabras, las motivaciones y los testimonios que nos ayuden a tocar el corazón de todos los hombres hoy, para que acojan la fuerza sanadora de la gracia y la luz del Evangelio; teniendo cuidado siempre de no convertirlo en piedra que lanzamos contra los demás y que, en lugar de sanar y convertir, duele, nos distancia y no promueve entrar en otros horizontes donde la defensa de la vida se hace tan evidente, se convierte en alegría, llena el corazón, nos libera de la tristeza, del vacío y de todo aislamiento.

¿Cómo decir hoy a los hombres dónde está el futuro de una sociedad, de la humanidad entera? En la defensa de la vida. Y la familia es uno de los tesoros más importantes, es patrimonio de la humanidad. Si asume su ser y su misión, se convierte en la defensa más lograda de la vida. Nos lo ha enseñado la familia de Nazaret.

La familia sigue siendo el nido de la vida. Allí donde un hombre y una mujer se aman, se genera la vida y se manifiesta al Dios creador y salvador. Se revela la realidad íntima de Dios. También se manifiesta en el amor fecundo, en el amor de un hombre y una mujer fruto del cual traen vida a este mundo.

Un amor que se fragua en los límites, en los desafíos e imperfecciones, en la escucha y llamada a crecer juntos, cultivando la solidez de la unión pase lo que pase, sin cerrarse en sí mismos, abiertos a la fecundidad.

Os invito a vivir tres realidades que nos hacen celebrar más profundamente la defensa de la vida:

1. Escucha al Señor en el silencio de tu corazón. Te habla, alcanza tu corazón, te pregunta y pide permiso para entrar en tu vida. Todo ser humano verá que nos llama a amar con todas las consecuencias. Y que cada uno ha de buscar dónde Dios lo llama a vivir desde el amor para engendrar vida. Quienes habéis sido llamados al matrimonio descubriréis, precisamente desde la alianza de amor, la necesidad de engendrar vida, que se despliega en la paternidad y en la maternidad, en la filiación y en la fraternidad, en el compromiso por una sociedad mejor.

2. Discierne lo que escuchas de Jesucristo. Dejémonos iluminar por Él. El discernimiento es un proceso abierto, es un viaje en el que Dios da a conocer la meta y la ayuda para moverse. Hagámoslo sabiendo que el tiempo es superior al espacio; es importante iniciar procesos más que poseer espacios, se trata de llegar a convicciones claras y hacerlo con tenacidad.

3. Decide según lo que nos pide Jesucristo. En estos momentos nos está pidiendo que la familia sea querida, valorada, respetada y que asumamos la preocupación por ella como uno de los ejes fundamentales de la acción evangelizadora de la Iglesia. Necesitamos implementar en todos los lugares, y muy especialmente en nuestras comunidades parroquiales, una pastoral familiar intensa y vigorosa, donde se proclame con fuerza el evangelio de la familia, se promueva la cultura de la vida y se trabaje por los derechos de la familia para que sean reconocidos y respetados, estableciendo relaciones que hagan cada día más conscientes a los legisladores y profesionales de la dignidad de la vida humana y de la fuerza de la familia.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Cardenal Osoro, arzobispo de Madrid

https://www.archimadrid.org/index.php/arzobispo/cartas/303-cartas/9031416-acompanados-por-maria-y-jose-para-defender-la-vida?fbclid=IwAR2dkNKaXksn4dlQ_u7Uvc-9olPj9yJua2R88k52YJnrNVn3qVQ293QnO3U


Novena a Santa Rita de Casia (4), 16.5.19

mayo 16, 2019

.
DÍA CUARTO

RITA, MADRE ABNEGADA


arc_santa_rita


1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste.

Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Son muchas las virtudes domésticas que la tradición atribuye a santa Rita. Como esposa buscaba con todo esmero complacer a su marido y llevarlo a Dios.

El amor hacia el esposo alcanzaba a los hijos en ternura y generosidad. Por ser esposa perfecta, llegó también a la perfección como madre cristiana.

Con su mansedumbre, ternura y fortaleza se constituía en el centro de la familia: principio de unidad, de armonía, de perdón y de seguridad hogareña.

A partir del nacimiento del primer hijo, Juan Santiago, su esposo fue cambiando en sus modales. A los dos años nació el segundo hijo, Pablo María. El ejemplo de Rita y la inocencia de los hijos provocaron el cambio casi total de Pablo Fernando. La dureza y altivez dejaron paso a la mansedumbre y responsabilidad hogareñas que exige la fe sincera.

Rita valoraba los esfuerzos de su esposo. Le animaba en la superación de sus debilidades. Asistía gozosa al nacimiento doloroso de un hombre nuevo…

Rita amaba a los suyos con todas sus fuerzas después de Dios. Los veía como el don del Señor que debía cuidar celosamente, pero no les quería de forma egoísta o posesiva, sino en la fe.

Por eso, la pérdida violenta de su esposo no la destruyó, sino que la consolidó en la fe y en el amor incondicional a sus hijos. Rita supo perdonar a los asesinos de su esposo, dando ejemplo a sus hijos.

Éstos no comprendían la injusticia y la desgracia de quedar huérfanos, y no acertaban a perdonar como su madre, sino que día a día aumentaba en su corazón el rencor y el deseo de vengar la muerte de su padre.

Rita oraba por la pacificación de sus hijos. Comprendía sus sentimientos, pero no podía justificar sus impulsos e intenciones vengativas.

Dice la tradición que, en medio de la tormenta interior entre sentimientos encontrados propios de una madre y de una madre cristiana, llegó a ofrecer su propia vida para que sus hijos no se perdieran eternamente. Pero nada sucedía.

Entonces, la generosidad heroica de la madre llegó a ofrecer la vida de sus dos hijos pidiendo a Dios que los sacara de este mundo, una vez reconciliados con Él, para que se salvaran eternamente. Prefería verlos muertos para el mundo, pero vivos para Dios. No importaba su dolor, viudez y soledad, frente a la salvación de sus hijos y la gloria de Dios.

Y Dios escuchó su oración: en menos de dos meses, sus dos hijos, dicen las crónicas, fallecieron víctimas de la peste negra que azotaba Europa.


5. Lecturas bíblicas

El bienestar integral de la pareja y la procreación de los hijos, los dos fines del matrimonio profundamente implicados entre sí, los encontramos en las primeras páginas de la Biblia:

De la costilla que Yahvé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada “varona” porque del varón ha sido tomada.

Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y son los dos una sola carne (Génesis 2, 22-24).

La tradición sacerdotal completa: Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios los creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva en la tierra” (Génesis 1, 27-28).

En la Biblia los hijos son siempre considerados como un don de Dios, y una familia numerosa como una bendición extraordinaria de Dios. La familia numerosa actualiza la realización de la promesa divina, hecha al patriarca Abraham: “Te haré padre de muchos pueblos”.

Los hijos se reciben de Dios y a Dios se le devuelven, como se evidencia en el siguiente texto.

En el segundo libro de los Macabeos 7, 20-29, encontramos un ejemplo similar al de Rita: una madre judía prefiere el martirio de sus siete hijos, antes que verlos apostatar. Leemos:

Nadie más admirable y digno de recuerdo que la madre viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día. Lo soportó con entereza, esperando en el Señor con noble actitud. Uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno y les decía en su lengua:

“Yo no sé cómo aparecieron; yo no les di el aliento, ni la vida, ni formé con los elementos su organismo; fue el Creador del universo el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él con su misericordia les devolverá el aliento y la vida si ahora se sacrifican por su ley”.

Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba y sospechó que lo estaba insultando.

Todavía quedaba el más pequeño y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones, lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo, le daría algún cargo; pero, como el muchacho no hacía el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien.

Tanto le insistió que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacía él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma: “Hijo mío, ten piedad de mí; te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven.

Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contiene y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo, ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte; así por la misericordia de Dios te recobraré junto con ellos”.

Mencionamos dos Salmos que cantan las excelencias de la vida familiar. Así en el Salmo 127, 3-5:

Son los hijos regalo del Señor y es el fruto del vientre premio suyo; como flechas en manos del guerrero son los hijos tenidos cuando joven. Feliz el hombre que con tales flechas ha llenado su caja, cuando vaya a la plaza a litigar no podrán humillarlo sus contrarios.

Asimismo en el Salmo 128, 1-6, leemos:

Felices los que temen al Señor y siguen su camino.
Comerás del trabajo de tus manos;
¡que la suerte y la dicha te acompañen!

Tu esposa será como vid fecunda en medio de tu casa.
Tus hijos serán como olivos nuevos en torno de tu mesa.
Miren cómo será bendito el hombre que respeta al Señor.

¡Que te bendiga Dios desde Sión mientras dure tu vida!
¡Y puedas tú ver a Jerusalén, gozando en su grandeza,
y también a los hijos de tus hijos!
¡Tenga paz Israel!

El amor a los hijos ha de ser cariñoso y tierno, pero a la vez firme; incluye la corrección, no puramente emocional o reactiva, sino “en el Señor”. Así en Colosenses 3, 21, leemos: Padres, no sean demasiado exigentes con sus hijos, no sea que se desanimen.

Asimismo en Proverbios 29, 17: Corrige a tu hijo, te ahorrarás inquietudes y hará la felicidad de tu alma.

En Mateo 10, 37-39, leemos: No es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí; el que procure salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí la hallará.

Por otra parte Jesús valora al máximo los lazos familiares; y por eso mismo los relativiza frente a lo único necesario. Veamos Marcos 3, 32-35:

Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: “Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti”. Él les contestó: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Y mirando a los que estaban sentados en torno a Él, dijo.

“Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Finalmente, en Proverbios 31, 10-31, encontramos la descripción de la mujer perfecta. Extractamos algunos versículos:

Una mujer perfecta, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las joyas. En ella se confía su marido, no le falta nada. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.

Es como un barco mercante, que de lejos trae sus alimentos. Se levanta cuando aún es de noche, da de comer a los de su casa y dirige a su servidumbre. Está llena de fortaleza y vigoriza sus brazos. Tiende su mano al desamparado y al pobre. Su marido es estimado en toda la ciudad, cuando se sienta con los ancianos del país.

Aparece fuerte y digna y mira confiadamente el porvenir. Habla con sabiduría y enseña la piedad. Está atenta a la marcha de su casa y nunca ociosa. Sus hijos se levantan y la llaman dichosa, su marido la elogia diciéndole: ‘Muchas mujeres han obrado maravillas, pero tú las superas a todas’.

Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que tiene la sabiduría, ésa será la alabada. Que pueda gozar del fruto de su trabajo y que por sus obras todas la celebren.


6. Consideraciones bíblico-teológicas

El bienestar integral de la pareja se prolonga en los hijos. Los esposos, unidos en Dios, se dan vida mutuamente en el amor de Dios. Inmediatamente, el amor difusivo alcanza a un tercero, a la prole.

Los esposos se sienten colaboradores de Dios, creador de la vida, y actualizan en el mundo su amor creativo, trayendo hijos al mundo con responsabilidad y generosidad. El ejercicio de esta paternidad responsable, mucho más que un calculado control de natalidad, supone una digna tarea.

Magnífica aventura de procrear con Dios hijos que nunca morirán y que serán verdaderamente hijos suyos, aunque pertenezcan a Dios primero. Por fe se hacen padres; por amor dan vida. Es su misión específica en la Iglesia.

Con generosidad ejercen su paternidad fiados en Dios, el único Padre que de todos cuida; y traen responsablemente hijos al mundo, para gloria de Dios. Con ello demuestran su amor a Dios.

Para eso se han casado: para ser felices en la mutua fidelidad y para traer hijos al mundo. En esa tarea se santificarán y llegarán a plenitud.

Para Dios lo mejor, porque Dios ama a quien da con alegría y con generosidad. A Dios están respondiendo, porque Él confió en ellos y los llamó y capacitó por el sacramento para esa maravillosa vocación.

Así, los padres construyen el santuario de Dios en su propio hogar, “iglesia doméstica” y “primer seminario”, fundamento de una sociedad nueva y de una Iglesia renovada.

Los padres cumplirán bien su misión en la medida en que sean buenos esposos. Los hijos deben ser la sobreabundancia de felicidad de los padres. Son una prolongación de lo mejor de sus padres. Son reflejo de sus padres.

Por eso los hijos constituyen una exigencia de permanente conversión para sus padres, y les impiden el estancamiento en la vida humana y cristiana. Los hijos proporcionan constantemente a los padres el sentido de sus vidas.

Así resulta verdadero el dicho: “Cada uno tiene los hijos que se merece”; es decir, aquellos que los padres van forjando o “haciendo” y conformando con sus actitudes positivas o negativas. Los hijos se traen a la vida por fe y se les educa con paciencia y dedicación, a veces, ciertamente heroicas.

Y esta crianza es el mejor fruto de la fe y compromiso cristiano de los padres; es el programa de santificación que Dios les pone a su alcance: propio y suficiente. Los otros compromisos como el laboral, profesional, político, etc., no serán sino la concretización del primero, el familiar.

Serán medios para cumplir con lo principal: la familia. Quien se compromete en su familia cumple a cabalidad con todo lo demás. La familia es el primer compromiso, es la concretización de la comunidad de fe, la prolongación de la parroquia, la iglesia doméstica.

Los padres son los sacerdotes del hogar, los representantes de Dios. Ellos gobiernan a los suyos, no imponiendo el temor o la prepotencia, sino sirviendo a los suyos en humildad y santo temor de Dios, bajo la autoridad del único Padre y Maestro.

Por eso, a los hijos se les quiere en Dios y por Dios. Y esto no significa rebajarlos en nada, sino darles su máximo valor. Así evitaremos fomentar en los padres falsas expectativas que les producirían, más pronto que tarde, amargos desengaños.

Por tanto, los padres aman a sus hijos en Dios, sabiendo que antes que suyos son hijos de Dios, que Él los ama más que ellos, que Él sufre por ellos y se preocupa, más que ellos mismos, por sus propios hijos.

Por eso, no hay lugar para el amor posesivo o puramente sentimental que genera paternalismo ansioso, miedo, sobreprotección, decepciones, resentimientos, amenazas, porque Dios lleva cuenta de los desvelos de los padres y nada está perdido.

Dios los recompensará abundante y cumplidamente, aunque los hijos fueran ingratos o injustos, real o supuestamente.

El amor paternal debe hacerse cada vez más generoso y puro. Los padres deben aceptar la ley de la vida: morir como el grano de trigo para poder germinar, dar tallo, espiga y fruto. La vida humana no surge al azar, ni crece sin pagar un precio por ella, sin sacrificio.

La vida cuesta, debe ser afirmada. Lo que vale, cuesta. La grandeza de los hijos suele estar en proporción directa al sacrificio y entrega que han adelantado y sembrado los padres. No hay regalos, ni atajos en este camino. Lo que vale, indudablemente cuesta.

En la familia cristiana el evangelio se traduce así: Que crezcan los hijos, que mengüen los padres. Que los padres gocen con los hijos, que disfruten viéndoles crecer ante Dios y ante los hombres. No importa que ellos no figuren, que vayan desapareciendo poco a poco de escena.

La caridad se alegra del bien del otro, y con ello se contenta. El que crece en caridad se va contentando cada vez con menos, cada vez reclama menos para sí.

Ojalá que ellos sepan asumir gozosamente ese ocaso lleno de paz, poblado de bondad y misericordia, de serenidad; lleno del premio de Aquél que no tiene ocaso. El único Padre. Así necesitan siempre los hijos a sus padres, generosos.

Porque nunca dejan de ser padres, nunca pueden dejar de amar a sus propios hijos, y a los hijos de sus hijos. Pues el amor es difusivo y, como el vino, cuanto más añejo, mejor; más exquisito, más gratuito, más parecido al de Dios, y más unido a él. En el amor paternal y maternal no hay marcha atrás.

Pero para esa plenitud necesitan calmar su sed constantemente en la fuente de agua viva que proporciona una práctica cristiana fiel y madura. Su vocación es fundirse con Dios Amor, dador de vida, plenitud de comunión trinitaria. Fuente de toda familia en el cielo y en la tierra.


7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas del cuarto día

9. Oh Dios, Espíritu Santo, que eres el amor entre el Padre y el Hijo, principio de toda comunidad,
– asiste a las esposas y madres cristianas para que, a ejemplo de santa Rita, sean el alma del hogar por la ternura, el perdón y el amor.

10. Oh Dios, Espíritu Santo, que fecundaste las entrañas de María Santísima, Madre del Redentor,
– consuela y fortalece a las madres cristianas para que, como Rita, conduzcan a toda su familia hasta el Señor.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


A %d blogueros les gusta esto: