Nuevo Directorio para la Catequesis rechaza ideología de género: Dios creó varón y mujer

junio 25, 2020

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Imagen referencial. Crédito: Pexels (Pixabay)

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Nuevo Directorio para la Catequesis rechaza ideología de género: Dios creó varón y mujer

Redacción ACI Prensa, actualizada 25 junio 2020

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El nuevo Directorio para la Catequesis presentado en el Vaticano reafirmó la enseñanza de la Iglesia de que Dios creó al ser humano varón y mujer, y en ese sentido rechazó la ideología de género, con el que la persona niega su propia naturaleza.

Este 25 de junio el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización publicó el nuevo Directorio para la Catequesis, aprobado por el Papa Francisco y que sustituye al “Directorio general para la catequesis” de 1997.

El documento de cerca de 300 páginas alienta la evangelización en el mundo digital, anima la pastoral con los migrantes y el trabajo a favor del medio ambiente; y enfatiza el rol de la enseñanza de la Iglesia en la bioética y frente a la ideología de género.

En ese sentido, en el capítulo “Catequesis y algunas cuestiones de bioética”, la Santa Sede advirtió que “una difundida orientación de lo que hoy se presenta bajo la denominación de gender (Ndr: ideología de género), pone en discusión el dato revelado: ‘hombre y mujer los creó’ (Gn 1,27).

“Según tal posición, la identidad de género, ya no sería un dato original que la persona debe acoger y llenar de sentido, sino una construcción social que se decide autónomamente, desvinculada completamente del sexo biológico. El hombre niega la propia naturaleza y decide creársela él mismo”.

“Sin embargo, según el relato bíblico de la creación, el ser humano ha sido creado por Dios como varón y mujer. La Iglesia es bien consciente de la complejidad de las situaciones personales vividas, a veces, de manera conflictiva. Ella no juzga a las personas, sino que invita a acompañarlas siempre, sea cual fuere su situación”.

El documento señala que la Iglesia “es consciente, sin embargo, desde una perspectiva de fe, que la sexualidad no es sólo un dato físico, sino una realidad personal, un valor confiado a la responsabilidad de la persona. De este modo, la identidad sexual y la vivencia existencial deberán ser una respuesta al llamado original de Dios”.

Investigación científica

En este mismo capítulo, el nuevo Directorio para la Catequesis explicó que “los principales temas tratados por la bioética se refieren al inicio de la vida (estatuto del embrión humano, procreación médicamente asistida…), a su fin (definición de muerte, eutanasia, cuidados paliativos), a la salud y a la experimentación sobre la persona (ingeniería genética, biotecnología…)”.

En ese sentido, afirmó que “las cuestiones de bioética interpelan la catequesis y su función formativa”. Por ello, alienta a los agentes pastorales a promover “itinerarios específicos de educación en la fe y en la moral cristiana, en temas como la vida humana en cuanto don de Dios, el respeto y el desarrollo integral de la persona, la ciencia y la técnica ordenadas al bien de la persona”.

“En el ámbito católico, la bioética se mueve sobre el plano racional, inspirándose, sin embargo, en los datos de la Revelación divina, que fundamenta a su vez la antropología cristiana”, afirmó el nuevo documento.

Además, recordó que la investigación científica y sus aplicaciones no son “moralmente neutrales, y los criterios de orientación no se pueden separar de la eficiencia técnica, de su uso o de las ideologías dominantes”.

En ese sentido, indicó que el científico “debe ser consciente de que no todo lo que es técnicamente posible es moralmente admisible” y que “una acción técnicamente eficaz podría estar en contradicción con la dignidad de la persona”.

También señaló que es importante distinguir “entre intervención terapéutica y manipulación. Para corregir las anomalías genéticas, la terapia será lícita si promueve el bien de la persona, sin menoscabar su identidad e integridad, sólo así se defiende la naturaleza humana”.

“La intervención terapéutica sobre las líneas somáticas es conforme a la dignidad de la persona, mientras aquella sobre las líneas germinales, manipulando la identidad de la especie humana es incompatible con el respeto a la persona”, advirtió.

Asimismo, llamó a “prestar mucha atención a los experimentos genéticos, en particular al riesgo de la eugenesia” por ser una práctica discriminatoria; así como a “las posibilidades técnicas de la llamada ingeniería genética”, que “tocan el núcleo mismo de la antropología en la concreta posibilidad de manipularse y autodefinirse, según la filosofía denominada transhumanismo, dando vida a individuos con un patrimonio genético diverso y determinado por el propio querer”.

Finalmente, este capítulo presenta una lista de los grandes criterios de la bioética. “La catequesis –indicó– educa a los catequistas en la formación de una conciencia sobre las preguntas de la vida, poniendo atención especial sobre los desafíos que plantean los desarrollos científicos y tecnológicos y evidenciando los elementos fundamentales para el anuncio de la fe”.

Estos elementos fundamentales son:

– Dios es la referencia inicial y última de la vida, desde su concepción hasta la muerte natural;

– la persona es siempre unidad de cuerpo y espíritu;

– la ciencia está al servicio de la persona;

– la vida se respeta en cualquier situación, ya que está redimida por el misterio pascual de Cristo.

https://www.aciprensa.com/noticias/nuevo-directorio-para-la-catequesis-rechaza-ideologia-de-genero-dios-creo-varon-y-mujer-70951


El padre terreno, reflejo y sacramento del Padre celestial

junio 10, 2020

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Bendición de la mesa en familia. Figura del padre de familia.

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EL PADRE TERRENO, REFLEJO Y SACRAMENTO DEL PADRE CELESTIAL

La Asociación de Madres Cristianas Santa Mónicas, de inspiración agustiniana acomodada a los tiempos actuales, trata de acompañar a las madres cristianas en la trasmisión de la fe a sus hijos y a toda su familia. En principio se  recurre a la madre y esposa como centro del hogar, y se le encomienda rezar por los hijos formando coros de oración con otras madres de familia.

Pero esta práctica original no excluye a los esposos y padres, sino más todo lo contrario. Lo deseable es que los esposos y padres oren juntamente con su esposa y madre por su mutua relación en primer lugar, y también por la educación y formación de los hijos en la fe.

Esta oración se realiza no solo de forma privada, en el propio hogar, sino que en algunas comunidades de “madres mónicas”, como se les conoce también, los varones se han incorporado a las reuniones y prácticas de las esposas y madres. Curiosamente, en Argentina han sido llamados “agustines” y ellos desean participar activamente en la comunidad.

Las madres han acogido con mucha alegría este deseo de sus esposos y han pedido algunas enseñanzas orientadas específicamente para ellos a fin de conocer mejor su función de esposos y padres, y poder cumplirla mejor. Este artículo quiere responder a estas expectativas. Que valga siquiera como inicio de esa formación en la fe para los “agustines” que quieren compartir la espiritualidad de las “madres mónicas”. Bienvenidos.

Como se hizo con motivo del Día de la Madre, vamos a reflexionar sobre el Día del Padre, a fin de iluminar desde nuestra fe católica su significación en la convivencia humana, específicamente en la vida familiar.

Todos los bautizados en Cristo somos hijos de Dios en su bendito Hijo Jesucristo. Somos hijos adoptivos, pero verdaderos hijos porque el Padre nos infundió el Espíritu filial de su Unigénito, que clama en nuestros corazones: Abba, Padre.

Esto quiere decir que podemos glorificar a Dios Padre no solo obedeciéndole según nuestra condición de hijos sino también imitándolo como Padre nuestro, ya que Cristo nos mandó ser santos como es Santo el Padre del cielo.

Concretamente, al padre cristiano se le encarga representarlo en su propia familia, ejerciendo una función “paternal”, de alguna manera análoga a la que es y realiza Dios Padre en la comunidad trinitaria y en la Historia de la salvación.

Por tanto, nosotros, como creyentes encontramos en la Comunidad Trinita­ria la fuente propia, y la más rica de la paternidad humana: Dios Padre, la Paternidad en persona, aquella que origina, realiza, culmina y agota toda paternidad en el cielo y en la tierra.

A continuación describiremos algunos atributos del Padre Celestial, que nos servirán de parámetro al ser y al quehacer del padre terrenal.

 

(1)   DIOS PADRE, CREADOR: El Padre constituye el origen fontal de todas las cosas. Sólo existe lo que Él ha pensado desde siempre. Toda la iniciativa viene de Él. Es la máxima instancia y fundamento de todas las cosas en su origen, y en su consistencia existencial. Es el guardián del ser y de la vida.

Jesús reconoció que su palabra no era suya sino del Padre y que, por tanto, sólo predicaba lo que el Padre le había encomendado. El Padre es antes que el Hijo y mayor que él, pero todo se lo ha dado al Hijo, pues sólo en él se complace.

De manera análoga, el padre cristiano debe reconocer que toda su misión y autoridad le viene de Dios Padre, ante quien dará cuentas algún día. El padre terreno, imitando al Padre Creador y dador de vida, debe ser el responsable de la familia, no para dominar sino para buscar el bien de todos los suyos.

Todo cuanto piense o realice debe hacerlo para bien de los suyos. Nada debe hacer al margen de esta finalidad. Cualquier otra cosa le produciría un desquiciamiento y acarrearía necesariamente sufrimiento a los suyos.

Cuando un hombre asume su compromiso matrimonial de forma libre, solemne y sacramental ante la Iglesia deja atrás la soltería, “sienta cabeza” y comienza a vivir la madurez y la plenitud de su existencia. Es la oportunidad de su vida. No habrá otra alternativa para su felicidad y plenitud humana y cristiana.

Ese estado de vida requiere toda la madurez y valía humana y cristiana de esa persona, entregada definitivamente a la esposa y a la futura prole. Su vida ya no le pertenece. Otros tienen derecho sobre él como esposo y padre. Su propia realización y felicidad consistirá en la entrega incondicional a su esposa y a los hijos. Así alcanzará su mayor plenitud de existencia y de satisfacción personal, de felicidad.

El padre, por tanto, debe ser intrépido, emprendedor y creativo en el Señor. Toma la iniciativa, porque se trata de su felicidad y la de los suyos, los de su propia carne. Con la gracia de Dios puede orientar y recrear constan­temente esa pequeña Iglesia doméstica, donde el Padre Celes­tial encuentre sus complacencias. Él es en su familia el representante de Dios Padre, el Dador de vida por excelencia.

(2)   DIOS PADRE ES PATERNALMENTE GENEROSO: Es un ser cuya constitución o esencia íntima consiste en engendrar a su único Hijo y vivir para él, confiándole todos sus proyectos. Todo lo que es y tiene el Padre Dios, es “ser padre”: todo padre, sólo padre y siempre padre… Pura donación.

Centrado al máximo en su oblatividad, y por eso, infinitamente feliz y exuberante de una plenitud desbordante, divina… Por no guardarse nada para sí, lo tiene todo. El Padre Dios es origen de toda paternidad, a la vez realiza todas las formas de ser padre, y acaba o agota toda paternidad. Por eso es Dios, pues nada deja fuera de sí. 

Y por eso nos entrega a su propio Hijo, haciéndonos en él verdaderos hijos. No nos da algo accidental a su persona, a su vida y a su casa. Todo nos lo dio en su Hijo y nos hizo herederos, con todo derecho. Por eso derrama en nuestros corazones el Espíritu de su propio Hijo, sin medida. ¿Qué más pudo hacer por nosotros que no lo hiciera?

El padre cristiano debe aspirar a eso mismo. Debe ser genero­so. Que día a día se haga más padre: más transparente, necesitando menos para sí mismo; haciéndose menos exigente con los otros y más generoso y feliz contemplando el crecimiento y felicidad de los suyos. Cuanto más desapercibido pase, mejor. Más feliz será. Que ellos sean, se desarrollen, crezcan, sean libres…

A eso se llama olvido de sí, dar la vida, y encon­trar el camino de la verdadera felicidad. No querer tener nada, ni exigir nada… para ser verdaderamente libre y feliz, dador de vida en el amor del Padre, principio de toda familia en el cielo y en la tierra. Ser padre significa hacerse padre todos los días de la vida, asemejándose al Padre celestial, la paternidad en persona, fuente de todo cuanto suene a bondad, amor, perdón, comprensión, paciencia…

(3)  DIOS PADRE, AMIGO DE LA VIDA: El Padre ha creado todo para que exista, y para que nada muera. Ama lo que él mismo creó, haciéndolo todo muy bueno, deseando que llegue a plenitud. Es un Dios de vivos y no de muertos. Se complace en la vida. Él no hizo la muerte, el temor, la envidia, la rigidez, el poder posesivo y receloso… Jesús dijo refiriéndose a su Padre: ¿Por qué me llaman bueno? Sólo Dios es bueno.

El padre terreno se responsabilizará cada día más de los suyos, sintiendo celo por ellos. Son su propia creación, una prolon­gación de sí mismo. Su hogar es su tesoro. Debe guardarlo celosamente, pues en él hallan cobijo su esposa y sus hijos. El padre cristiano tiene que ser positivo, fijándose más en lo bueno que en lo malo.

No se deja dominar por los temores, los celos o las sospechas. Piensa lo mejor. Deja vivir y deja hacer porque confía en los demás, porque se reconoce sólo administrador de su casa, no dueño absoluto de los suyos. Vive su paternidad desde la fe: Dios le ha confiado a la esposa y a los hijos no para los trate como un déspota, sino como colaborador de Dios, pues nadie ama a su familia más que el mismo Dios. Por tanto, debe ejercer su función esponsal y paternal de acuerdo a lo dispuesto por Dios.

San José fue varón justo porque supo reconocer el puesto que Dios le asignó en la sagrada familia. Hizo todo conforme le ordenaba Dios por medio del ángel. San José es modelo de los padres cristianos porque él encarnó la figura paterna de Dios para el niño Jesús. Gracias a esa función, Jesús crecía armónicamente en sabiduría y en gracia, ante Dios y ante los hombres.

(4)   DIOS PADRE, CREADOR DE LIBERTAD: Hizo al hombre a su imagen y semejanza. No fue tacaño al crear. Lo hizo lo mejor que pudo: inteligente y libre, poco inferior a los ángeles. No le importó que con su libertad pudiera rebelarse contra él, y malograr su universo.

Su amor no quedó afectado ni disminuido por el posible abuso del hombre libre. El Padre ahoga el mal a fuerza de bien. Jesús oró ante la tumba de Lázaro: Padre, yo sé que tú siempre me escuchas… siempre tienes una salida.

El padre cristiano debe adoptar sentimientos positivos. No ser ciego e ingenuo, pero tampoco acomplejado de temor o suspicacias. Más bien debe ser posibilitador, facilitador y emprendedor. Debe permitir a los suyos ser ellos mismos. Permitir, como el Padre Dios, que los suyos se puedan equivocar. No puede quererlos más que el Padre Celestial, que nos hizo libres para hacer el bien.

Para el padre terreno esta conducta será un acto de sumisión fiducial: “antes que míos, son tuyos, Señor; tú los debes de querer más que yo; en tus manos los dejo, porque tú los guardarás mejor que yo”. Entonces llegará la paz, la que el mundo no puede dar, ni nadie puede arrebatar. Esa confianza en Dios Padre será el mejor remedio para toda ansiedad y pretensión sobreprotectora.

(5)   EL PADRE CELESTIAL ES PACIENTE: No quiere que nadie se pierda. Jamás dirá no a la vida que él mismo creó. No quiere que el pecador se condene. Hace salir el sol sobre buenos y malos. Ha enviado a su Hijo al mundo, no para condenarlo sino para salvarlo.

Jesús nos dijo que hay mucha alegría en el cielo cuando un pecador se convierte. Dios apenas se fija en la maldad humana, no lleva cuentas del mal rencorosamente, ni recrimina, ni humilla y lastima cuando corrige. Al hijo pródigo apenas le permitió que se confesara o humillara…

El padre cristiano está llamado a imitar al Único Santo que muestra tanta bondad. No puede caer en el juego del mal, devolviendo mal por mal. Ha de aprender a perdonar y olvidar, a ser benevolente, paciente. Le ayudará mucho a no crisparse el pensar que la ofensa de los suyos apenas le afecta a él, que al Padre Celestial le afecta mucho más, y Él calla y perdona una y otra vez.

Al fin y al cabo, comparándose con Dios, ¿qué ha hecho él, como esposo y padre por los suyos? Aprenda a dar a discreción, sin considerar merecimientos. Ser generoso ante Dios que todo lo ve y todo lo recompensará. Es hora de sembrar, no de cosechar.

Que invierta con amor y con alegría en su familia, y lo haga a fondo perdido. Si se lo reconocen, bendito sea Dios. Si no, adelante, nada está perdido. No haga depender su felicidad de la correspondencia de los suyos. Dios todo lo ve, y Él le tiene reservada su recompen­sa, la que no defrauda.

(6)   El PADRE CELESTIAL PERDONA Y OLVIDA: El Padre siempre está dispuesto a rehabilitar a los suyos. Jamás les da las espaldas. Por más bajo que caigamos, Él no se avergüenza de nosotros. Justamente ahí lo necesitamos más que nunca. Para esos momentos precisamente Él es Padre y debe portarse como tal.

Será la máxima actualización de su paternidad divina, su mayor gloria y felicidad. A su hijo Jesús no lo abandonó durante su vida, y al final, lo resucitó y lo hizo el Señor y Salvador de los hombres para siempre. No hay otro Salvador. 

El padre cristiano debe hacerse cada día más padre y compasivo. Debe sentir en propia carne cuanto acontece a los suyos. Al fin y al cabo son su propia carne, para su propia satisfacción y para gloria de Dios. Él debe ser providente, celoso de su propiedad. Su esposa, en este asunto, como en el resto, será de una ayuda invalorable, porque ella como mujer está más pegada a la vida, encarna la ternura y paciencia expectante de Dios. El diálogo como esposos y padres será de gran ayuda para ambos.

El padre terreno, antes que acusar a los suyos y denunciar sus faltas ante los demás, tratará de ocultar sus deficiencias, cargando con ellas como si fueran propias. Amará su propia casa. Como padre, colaborador con Dios, ha de sembrar generosamente en comunión con su esposa en su propia casa, para su propia felicidad y contento de los hijos.

Los padres son procrea­dores de vida en el amor de Dios Padre. Junto con su amor esponsal, sus hijos son el tesoro de los padres: su mejor carta de presentación ante Dios y ante los hombres, su corona, su gloria… Han engendrado y hecho crecer a sus hijos para hacerlos hijos de Dios. Eso no tiene precio. Y solo Dios podrá premiarlo como es debido.

(7)   EL PADRE CELESTIAL ENVÍA A SU HIJO A SALVAR EL MUNDO: No tiene reparo en asumir en su propia casa y familia divina a un ser humano, Jesús el Nazareno, igual en todo a nosotros menos en el pecado. El Padre ha preparado desde toda la eternidad las bodas de su Hijo con la humanidad y quiere que su Casa se llene de comensales.

Todo lo ha preparado con infinito amor y previsión. No ha escatimado ilusiones y gastos. Quiere que todos los hombres se salven, que nadie se pierda. Manda a los criados que salgan a buscar a los invitados por los cruces de los caminos y que los fuercen a entrar al Banquete.

El padre cristiano facilitará la redención de su familia cuando se solidarice con los suyos en todo lo que son y hacen. Nada que no sea asumido será redimido. El padre debe compadecerse de los suyos hasta mezclarse y mancharse con la debilidad y hasta maldad de su esposa y de sus hijos, si llega el caso.

Es solidario en lo bueno y en lo malo. Su fortaleza y estabilidad hace bien a la familia. Con ello el padre aliviará la conciencia culposa de los suyos y posibilitará el gozo de la redención. Así el padre se hace un “sacramento” del Padre Celestial, un signo cercano del amor y del perdón del Único Santo. Su perdón explicita el perdón del Padre para su propia casa. Es como el sacerdote de su propio hogar, en su propia familia.

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Hasta aquí esta enumeración de pautas referenciales para el ser y el que­hacer de nuestros padres de familia. Junto con la madre, ellos constituyen un regalo de Dios a la Iglesia universal y particularmente a la Iglesia doméstica, es decir, a la familia. Están llamados a ser sacramento de Dios en la Iglesia, una señal luminosa y viviente del amor de Dios a los hombres y particularmente a la esposa y a los propios hijos.

Si las madres de familia, escribíamos, hacen visible la ternura de Dios en las familias; los padres de familia encarnan la fidelidad de Dios en la familia: ofrecen a los suyos seguridad frente al futuro; aportan con dolor el pan de cada día para los suyos; los defienden como propios ante los extraños, y los presentan con orgullo ante los demás; representan el orden, la disciplina, la superación personal y familiar.

En fin, los padres inculcan los principios morales y religiosos que deben orientar la vida de los suyos… En una palabra, la figura paterna encarnada en los padres de familia es, para los hijos, la demostración más cercana, directa y palpable de la existencia de Dios, y de su providencia.

De sobra está recalcar que estas orientaciones provienen de la fe y que sólo con el poder de Dios se pueden cumplir. Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. El padre y la madre son primeramente esposos cristianos: forman una pareja feliz, bendecida por Dios para engendrar hijos que consti­tuyan su mayor tesoro y satisfacción ante los hombres y ante Dios; riqueza de la Iglesia y gloria de Dios.

Dichosos ustedes, padres y madres de familia, si, como María y José, constantemente le dicen al Señor: “Hágase en mí, hágase en nosotros, como tú hayas dispuesto. Amén”. Serán felices como pareja y sacramento del Padre Dios en la Iglesia y en el mundo.

 


Novena a Santa Rita de Casia (3), 15.5.20

mayo 15, 2020
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DÍA TERCERO
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RITA, ESPOSA ENAMORADA


1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que Rita se desposó con el joven que le proponían sus padres, bien dispuesto aunque de carácter impulsivo. Rita pasó, sin duda, por un proceso de enamoramiento, a la vez sinceramente humano y libre, y a la vez, profundamente creyente, voluntarioso. En ello buscaba no tanto sus conveniencias egoístas sino la mayor gloria de Dios.

Rita, pues, se fue enamorando de Fernando, consciente y libremente; lo consideraba como un regalo maravilloso de Dios para ella: la prueba más palpable, después de sus padres, de que Dios la amaba, la valoraba, y quería verla feliz. Pues le regalaba un hombre que le perteneciera en exclusiva y de por vida.

Y Rita así aceptaba a Fernando. Por tanto se desposó tiernamente enamorada de Fernando y dando gracias a Dios por ese don inmerecido que le entregaba para siempre. Por su parte, ella se comprometió a quererlo, también para siempre, en el amor del Señor.

Por eso, dicen los biógrafos, que, como esposa, Rita procuraba conocer los deseos y necesidades de su esposo para complacerlo en todo lo que no se opusiera a la ley de Dios.

En este proceso entró el sentimiento y la voluntad debidamente balanceados que garantizan un amor maduro, verdadero: que involucra a toda la persona y para siempre.

Su esposo Pablo Fernando, dicen los biógrafos, era un hombre difícil, de carácter violento; por lo cual, además de hacer sufrir a Rita en el hogar, le acarreaba sin duda conflictos en la vida pública: enredos con malas compañías en diversiones peligrosas y juegos de azar, lo cual levantaba comentarios que comprometían a Rita y a los hijos.

Esta dificultad en la relación con su esposo, mal ejemplo a los hijos y escándalos en la sociedad, lejos de desanimar a Rita, la espoleaban para acoger a su esposo con mayor ternura, tratando de comprenderlo y perdonarlo, devolviendo bien por mal. Trataba además de reconciliar a las partes enemistadas como lo había aprendido de sus padres.

Como la mujer fuerte de la Escritura, no cedía a los lamentos depresivos, ni a la autoconmiseración. También sabía vencer la tentación de mendigar la justicia humana y las falsas compasiones, ya que le había tocado en suerte un mal esposo, le había salido malo…

Por supuesto que Rita tampoco hacía caso de las insinuaciones de la gente para que respondiera devolviendo mal por mal. Aunque le costaba entender y sobre todo practicar el perdón y la misericordia, Rita quería creer que Dios permitía todo aquello para bien. Él le daría fuerzas para llevarlo todo a buen puerto.

Buscaba en Dios, más que nunca, la fortaleza necesaria para devolver bien por mal, para no quejarse, ni acusar, ni maldecir, ni buscar ávidamente compasiones humanas.

Al revés, de su debilidad sacaba fuerzas para consolar y animar a sus hijos, para visitar a los enfermos llevándoles consuelo: ayudaba a los pobres y necesitados cuanto se lo permitían los deberes del hogar.

De esta manera, Rita aprendió a ser y a sentirse plena y feliz, aunque no fuera correspondida por su esposo Fernando. En la oración y en la vida diaria de servicio y fidelidad, Dios le fue enseñando que su felicidad no dependía de la correspondencia de su esposo y de sus hijos.

Si así fuera, debería sentirse fatalmente infeliz para siempre. Así se sentían algunas mujeres que estaban fracasando en su matrimonio y que se compadecían de Rita por los extravíos de su marido, y por su mala suerte en el matrimonio.

¿Pero no sería Dios capaz de hacerla feliz aun en medio de esas circunstancias que ella no podía cambiar ni había buscado?

Si la felicidad de Rita dependía irremediablemente de la correspondencia de su esposo y de sus hijos, Dios sería injusto. La condenaría a ser infeliz y desdichada en su vida. Pero no, Rita entendió que su felicidad dependía sólo de ella y de Dios. Al casarse se había unido a su esposo por amor a Dios, y a Dios le había prometido hacer feliz a su esposo y a llevarlo por el camino del bien. Y eso nadie se lo podía prohibir ni tampoco impedir.

Por otra parte, Dios sería el más interesado en darle esa posibilidad, porque para los hombres es imposible devolver bien por mal y ahogar el mal a fuerza de bien. Y ese amor divino derramado en ella sería fuente de felicidad. Más feliz es el que más ama…

Así, Rita aprendió a tener en Dios al mejor de los esposos y al mejor padre de sus hijos. Y al amar a Dios y por su amor hacer el bien a discreción, Rita se llenaba de felicidad y de satisfacción al sentirse creadora y redentora de los suyos en Dios, colaborando con Dios de manera incondicional como esposa y madre, desarrollando al máximo toda su feminidad y su maternidad, como mujer transformada por el Espíritu.

Pero lo que más le preocupaba a Rita era la conversión de su esposo, y por esta intención oraba sin interrupción. Al fin, Dios le concedió la gracia de la conversión y cambio de su esposo.

Esto le causó una inmensa alegría, que apenas pudo disfrutar, porque al poco tiempo su esposo Pablo Fernando, según dicen las crónicas, murió asesinado en una emboscada que le tendieron de noche cuando regresaba a casa. No sabemos el motivo.

Rita supo encajar este duro golpe de la vida con dignidad y entereza. Le arrebataban lo que más amaba de la vida, después de Dios. Su sufrimiento fue sereno, dando ejemplo a sus hijos, perturbados por la muerte cruel e injusta de su padre.

Lamentablemente, los dos hijos, entre desconcertados y dolidos, son instigados a la venganza y al odio. Rita tendrá que ayudarlos a perdonar, a olvidar y a amar a los asesinos de su propio padre.

5. Lecturas bíblicas y agustinianas

El primer relato bíblico de un matrimonio ritual entre judíos lo encontramos en Génesis 24, 1-53. Del texto se desprende que el matrimonio entre creyentes judíos está en función del cumplimiento de la Promesa. Leamos:

Abraham era ya muy viejo. Yahvé le había favorecido en todo. Abraham dijo a su servidor más antiguo, que era su mayordomo: “Te ruego pongas tu mano bajo mi muslo. Me vas a jurar por Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer entre las hijas de los cananeos que nos rodean. Sino que tú irás a mi país a buscar, entre mi parentela, una mujer para mi hijo Isaac”.

El servidor respondió: “Y si la mujer no quisiera venir conmigo a esta tierra, ¿deberé llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?”

Abraham contestó: “Por ningún motivo llevarás para allá a mi hijo, pues Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que me sacó de la familia de mi padre y del país donde nací, me prometió con juramento que entregará este país a mi descendientes.

Yahvé enviará a su ángel delante de ti y tú tomarás allá una mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, estarás libre de este juramento; pero tú, en ningún caso lleves para allá a mi hijo”.

El mayordomo oró así: “Yahvé, Dios de mi patrón Abraham, haz que me vaya bien hoy y muestra tu benevolencia para con mi patrón Abraham. Voy a quedarme junto a la fuente, ahora que las muchachas de la ciudad vienen a buscar agua.

La joven a quien yo le dijere que incline su cántaro para que yo pueda tomar agua y ella me respondiere: ‘Toma y voy también a dar de beber a tus camellos’, haz que sea ella la que tú has destinado a tu servidor Isaac. Dame a conocer de este modo tu cariño para con mi patrón”.

Y más adelante, en los versículos 50 al 53, leemos:

Labán y Batuel dijeron al mayordomo de Abraham: “Se ve que la mano de Yahvé está en todo esto. No podemos oponernos. Ahí está Rebeca, llévatela y que sea la esposa del hijo de tu patrón como lo ha mandado Yahvé”.

Cuando el servidor de Abraham oyó lo que decían, se echó a tierra para adorar a Yahvé. Luego sacó joyas de oro y plata y vestidos, los que dio a Rebeca. Hizo también buenos regalos a su hermano y a su madre y familiares. Llamaron a Rebeca y le preguntaron: “¿Quieres irte con este hombre?” “Sí, me voy”, contestó.

Entonces dejaron partir a su hermana Rebeca y a su nodriza con el servidor de Abraham y con sus hombres.

En Tobías 7, 9-16, encontramos los detalles ceremoniales de la celebración del matrimonio:

Entonces Ragüel llamó a su hija Sara, le tomó la mano, se la entregó a Tobías, diciendo: “recíbela por esposa, según la ley y lo que está escrito en el libro de Moisés. Llévala a la casa de tu padre. El Dios del cielo los guíe por los caminos de la paz”.

Luego dijo a la madre que trajera una hoja de papiro, en ella escribió el contrato matrimonial, y lo firmaron. Terminado esto, se pusieron a comer y beber. Ragüel llamó a su esposa y le dijo: “Hermana, prepara otro dormitorio para Sara”.

Ella preparó la habitación y llevó a Sara, que se puso a llorar. La madre secó las lágrimas de su hija y le dijo: “Hija mía, ten confianza; que el Señor del Cielo te dé alegría en lugar de tristeza. Confianza, hija”. Y salió.

En el capítulo 8, 1 y siguientes, leemos:

Después de la cena, hablaron de acostarse y acompañaron al joven de la sala donde había comido a su habitación… Mientras tanto, los padres habían salido de la habitación.

Entonces Tobías dijo a Sara: “Levántate, hermana, y oremos para que el Señor tenga piedad de nosotros”. Luego dijo Tobías: “Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu nombre santo y glorioso por los siglos de los siglos; que los cielos y todas las criaturas te bendigan.

Tú creaste a Adán y le diste a Eva su mujer, como ayuda y compañera, para que de los dos naciera la raza humana. Tú dijiste: No está bien que el hombre esté solo, démosle una compañera semejante a él.

Ahora, Señor, tomo a mi hermana con recta intención y no buscando el puro placer. Ten piedad de nosotros y que podamos llegar juntos a nuestra ancianidad”. Ella respondió: “Amén”. Y se acostaron los dos para pasar la noche.

En el Nuevo Testamento encontramos maravillosas exhortaciones que, sin duda, Rita meditó y siguió ejemplarmente. Así, por ejemplo, en Efesios, 5, 22-33:

Que las esposas se sometan a sus maridos como al Señor. En efecto, el marido es cabeza de su esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo Salvador. Y así como la Iglesia se somete a Cristo, así también la esposa debe someterse en todo a su marido.

En otro lugar, el mismo san Pablo insiste: A los casados les ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe de su marido… Lo mismo que el marido no despida a su mujer.

Si alguna mujer tiene un esposo que, sin compartir su fe, está conforme en vivir con ella, no se divorcie, pues el esposo no creyente es santificado por su esposa, y la esposa no creyente es santificada por el marido que tiene fe… y los hijos también están consagrados a Dios (1 Corintios 7, 10-14).

Por su parte, san Pedro completa esta espiritualidad matrimonial: Que las mujeres obedezcan a sus maridos, y con eso seguramente ganarán a aquellos que se resisten a la predicación. Al verlas castas y serias en su conducta, esa misma conducta hará las veces de predicación.

No se preocupen tanto por lucir peinados rebuscados, collares de oro, vestidos lujosos, todas cosas exteriores. Sino que más bien, irradien de lo íntimo del corazón la belleza de un espíritu suave y tranquilo; eso sí que es muy precioso ante Dios (1 Pedro 3, 1-3).

Estas enseñanzas bíblicas sobre la familia se reflejan en la tradición agustiniana, de una manera específica, porque san Agustín tuvo una madre santa, Mónica. Es decir, Agustín forma parte de una familia de santos. Eso marca de manera especial el carisma que trasmite a sus hijos espirituales. La Orden agustiniana no surge de un individuo sino de una comunidad de santos: Agustín y Mónica.

De ahí que la Orden siempre ha presentado a la madre con el hijo, o al hijo con la madre; y así, necesariamente, ha iluminado el misterio de la familia humana. No es casualidad que santa Mónica haya sido presentada siempre en la Iglesia como modelo de esposa y de madre cristiana; y haya sido propuesta de manera especial por los agustinos.

Pues bien, desde niña, santa Rita estuvo en contacto con la espiritualidad agustiniana y debió de abrevarse en sus fuentes. El texto que vamos a reproducir enseguida refleja un paralelo providencial: Mónica y Rita, unidas en una vocación muy parecida, casi idéntica. Designios de Dios… San Agustín nos describe así el ejemplo de su madre:

“No callaré ninguno de los sentimientos que brotan en mi alma, inspirados por aquella sierva tuya que me alumbró en la carne para la vida temporal y me dio a la luz según su corazón para que renaciese a la vida eterna. No diré sus dones, sino tus dones en ella.

Educada en honestidad y templanza, y sujeta más por ti a sus padres que por sus padres a ti, llegada a la pubertad y entregada a su marido, sirvióle como a su señor y se afanó en ganarlo para ti. Hablándole de ti con sus costumbres, con las que la embellecías y hermoseabas haciéndola digna del respeto, del amor y de la admiración de su marido.

Y de tal manera soportó sus infidelidades que nunca tuvo por ello contienda con él; esperaba que tu misericordia descendiese sobre él, dándole al mismo tiempo la fe y la fidelidad.

Por otra parte, él era extremoso en el afecto, pero también fulmíneo en la ira. Pero ella tenía la prudencia de no enfurecerlo cuando estaba enojado, ni con obras, ni con palabras, y así, pasado el desahogo de la cólera y ya quieto y sosegado, aprovechaba ella la primera oportunidad para explicarle lo que había hecho, si él se había desmandado en la cólera…

Las amigas, sabedoras de lo feroz que era el marido de Mónica, se admiraban de cómo podía sobrellevarlo, hasta el punto de que no hubiera el menor indicio de que Patricio le hubiera puesto alguna vez las manos encima y hubiese tenido con ella alguna reyerta doméstica. Así era mi madre, siendo Tú su maestro íntimo en la escuela de su corazón.

Finalmente, ya en lo postrero de su vida temporal, ganó a su marido para ti y en él, fiel ya, no tuvo que llorar lo que había tenido que tolerar cuando era infiel” (Confesiones, Lib. 9, 8-9).

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6. Consideraciones bíblico-teológicas

El relato del Génesis 24, enseña que el matrimonio está en función de la promesa de Dios, pues a Abraham se le prohíbe casar a su hijo con una mujer pagana, no judía, que anularía la realización de la promesa de Dios. Abraham quiere asegurar la descendencia a través de Isaac según la promesa del Señor y busca mujer para su hijo, pero una mujer que no aparte a su hijo de la fe recibida ni de la promesa de Dios.

El matrimonio, pues, no está en primer lugar en función de las conveniencias naturales o egoístas o familiares, sino que está siempre y en primer lugar en función de la gloria de Dios; no en función de los esposos, de sus gustos, realizaciones personales, sino en función de la realización del plan de salvación de Dios sobre los hombres.

Por otro lado, la felicidad de los esposos y la descendencia no sufrirán menoscabo por esa prioridad, sino al revés, quedarán garantizadas y perfeccionadas plenamente esas expectativas. Primero es la fidelidad al plan de Dios. La fe orienta al matrimonio y los hijos: antes que esposos y padres son creyentes.

El Antiguo Testamento ya nos proporciona la consistencia religiosa de la vida familiar. Cristo lo elevará a sacramento de su amor tierno y fiel a su propio Cuerpo, la Iglesia.

Por tanto, la fe entra de lleno en una experiencia tan fundamental en la vida humana como es la convivencia familiar. Los creyentes, por la fe se hacen esposos y padres. La fe constituye el fundamento suficiente y necesario para el matrimonio. Perfecciona cualquier otra motivación o fundamento.

Por tanto, la recepción del sacramento del matrimonio y la vivencia del mismo no constituyen algo opcional, sino algo necesario, para aquellos creyentes que deseen vivir esa experiencia como Dios lo ha dispuesto. El sacramento del matrimonio capacita a los que se casan ante Dios para superar lo que es imposible humanamente y amarse en toda la belleza y felicidad que Dios ha dispuesto sólo para sus hijos.

En la vida familiar, la relación constitutiva y fontal es la esponsal: ser y hacerse constantemente esposos, cada día más enamorados. Es la tarea más estimulante y la más difícil del matrimonio, la más fecunda y santificadora.

En el orden de importancia y de los principios aventaja a la relación de padres. La relación esponsal constituye la fuente de la felicidad de los esposos y padres. Por lo tanto, también para los hijos.

Por otra parte, solamente el amor de Dios puede garantizar la estabilidad y plena realización del matrimonio. En el matrimonio se comprometen tres: los esposos y Dios. La experiencia religiosa garantiza la fidelidad de los esposos, pues la alimenta constantemente.

Si falla una parte, Dios permanece fiel, dispuesto siempre a restaurar la unidad. Él consolará a la parte fiel, la robustecerá espiritualmente y además utilizará su dolor y sacrificio para salvar, tarde o temprano, pero de manera indefectible creemos, a la parte infiel.

Estamos seguros en la fe de que la parte equivocada no se puede perder para siempre, mientras haya fidelidad por la otra parte, pues Dios amontonará ascuas de remordimiento en el corazón del cónyuge infiel.

Y creemos que no se perderá por la misericordia de Dios expresada en la fidelidad de la parte creyente y santa.

El cónyuge fiel es el camino ordinario, poco menos que único, para que Dios actúe en la parte infiel. Porque nadie como él puede entender a su pareja y comprenderla mejor, y, por tanto, perdonar con el amor del Señor. Y ésta será la gran misión del cónyuge fiel: salvar, redimir a su pareja.

Una misión que merece la pena, y que le llenará de satisfacción humana y religiosa. Así sucedió en el caso de santa Mónica y en el caso de santa Rita: lograron la conversión de sus esposos, el primero pagano y el segundo inconsecuente con la fe recibida.

Esos ejemplos son normativos para las familias cristianas si es que se sienten como tales y como tales quieren conducirse.

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7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para el día tercero

9. Oh Dios, que concediste a las santas mujeres de la Biblia, y a Rita en particular, conocer y amar a sus futuros esposos y novios en la fe y el amor a ti,
– concede a los jóvenes que se preparan para el matrimonio poder formar verdaderos hogares cimentados en las afinidades humanas, y sobre todo en la fe y el amor cristianos.

10. Oh Dios, siempre fiel a tu alianza y que no quieres que nadie se pierda,
– bendice a los esposos, santificados por tu gracia, para que se rediman el uno al otro, precisamente en el amor de Cristo y así aumenten con sus hijos tu familia en el mundo.

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Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

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9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Novena a Santa Rita de Casia (1), 13.5.20

mayo 14, 2020

DÍA PRIMERO

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ORÍGENES DE SANTA RITA



1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste.

Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos biográficos o ejemplos de vida

La historia nos dice que los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Eran fervorosos cristianos y esposos ejemplares. Destacaban por estas virtudes: la práctica de la caridad con los más necesitados y el empeño en reconciliar y construir la paz entre sus paisanos.

Por esta cualidad eran reconocidos con el sobrenombre de “pacificadores en el nombre de Cristo”. Finalmente, era notoria su especial devoción a la pasión del Señor.

Dios les regaló una única hija que constituyó su alegría y la de todos sus vecinos. Su nacimiento lo adorna así la tradición: un ángel se le aparece en sueños a Amanda, revelándole que iba a ser madre de una niña, cuya vida ejemplar serviría de modelo a la mujer cristiana en todos los estados de la vida.

Además le revela el nombre de la niña con el que debería bautizarla. La noticia del nacimiento corrió de boca en boca por la aldea y los alrededores, causando admiración y alegría por lo que se presagiaba acerca de la niña.

La tradición destaca otro prodigio del nacimiento: a los pocos días de nacida, un enjambre de abejas blancas apareció junto a la cuna. Las abejas entraban y salían de la boca de Rita mientras ella dormía, y elaboraban un rico panal en los labios de la niña, sin causarle ningún mal.

Indudablemente se veía la mano de Dios en estos hechos milagrosos. Aquella niña sería grande ante Dios y a los ojos de los hombres.

5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Puede elegirse una sola lectura o varias de las propuestas, según las circunstancias. Para las citas bíblicas se ha utilizado la Biblia Latinoamericana, año 1981, XXXVII edición.

En la Biblia, Dios aparece como Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres personas distintas. Un solo Dios que es familia, amor, donación, comunidad. Dios vive en familia y en familia da vida al mundo y a los hombres, primero creándolos y después redimiéndolos.

Así dice san Juan, 1, 1-3: En el principio era el Verbo y el Verbo estaba frente a Dios y el Verbo era Dios. Todo se hizo por Él y sin Él no existe nada de lo que se ha hecho.

San Pablo, exclama emocionado en Efesios 1, 3-6: Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales.

En Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús.

Eso es lo que quiso y más le gustó, para que se alabe su gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el Bien Amado.

En la primera carta de san Juan, 3, 1, leemos: Vean qué amor singular nos ha dado el Padre: que no solamente nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos; y por eso el mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él.

Y en la misma carta, 4, 7-8, san Juan nos amonesta así: Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor…

No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó primero. Lo supimos por Jesús, en Él lo vimos. Nos amamos entre nosotros precisamente por el gran amor que Él nos dio.

Los relatos del nacimiento de Rita se inspiran indudablemente en los evangelios de la infancia. Escogemos como normativo el relato del nacimiento de san Juan Bautista. Escribe Lucas en su evangelio, 1, 6-16:

Zacarías e Isabel eran personas realmente buenas a los ojos de Dios: vivían de acuerdo a todos los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel no podía tener familia, y ambos eran ya de avanzada edad…

Mientras Zacarías estaba sirviendo en el Templo… se le apareció el Ángel del Señor… Zacarías, al verlo, se turbó y tuvo miedo. El ángel le dijo entonces:

“No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, y tu esposa Isabel te dará un hijo al que llamarás Juan. Grande será tu felicidad y muchos se alegrarán con su nacimiento, porque tu hijo ha de ser grande ante el Señor”.

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Dios, amándonos, nos ha dado peso y valor porque nos ha amado mucho más que a ninguna otra criatura; por eso somos personas y valemos más que los animales, las plantas y las cosas.

A las cosas, Dios las amó y las creó en consideración al hombre. Es decir, las hizo para el hombre que es el dueño de la creación. Al hombre, en cambio, Dios lo amó por sí mismo; y por eso llega a ser persona: tiene valor absoluto después de Dios y está por encima de todas las cosas.

No es un objeto más, sino el centro de la creación, el sentido de la misma. Y por encima del hombre, sólo Dios.

El amor de Dios constituye, por tanto, nuestra valía y perfección. Dice san Agustín: “Mi peso es mi amor”; o sea, mi valor está en proporción al amor que estoy recibiendo: de mis padres, de los demás hombres, pero después del de Dios, y de forma accidental, no fundamental.

El amor recibido de Dios, por ser infinito, nos da un valor único: no tenemos un valor relativo, sino absoluto ante los demás seres creados; y no podemos morir para siempre.

Dios, amándonos, nos da la existencia, nos crea y nos da consistencia.

Nosotros, recibiendo su amor, podemos en primer lugar, amarnos a nosotros mismos; valorarnos como imagen y semejanza de Dios, y podemos, a la vez, amar a los demás, respetarlos y valorarlos en Dios; y finalmente, podemos amar a Dios o mejor, podemos, por influjo e inspiración del Espíritu Santo, permitirle a Dios que se ame a sí mismo en nosotros, con nosotros, por nosotros.

Es decir, permitirle a Dios que se glorifique en nosotros. Por supuesto, siempre en Cristo Jesús, el Hijo único de Dios.

Los datos biográficos de santa Rita nos muestran, en primer lugar, que la santidad, como la vida misma, no aparece al azar y por casualidad, sino que se genera en familia, se transmite y se desarrolla sólo en el ambiente adecuado de una vida familiar de fe y santo temor de Dios, y amor sincero a los hombres, nuestros hermanos.

Rita vino a la vida en un hogar bien constituido. Se habla de padres creyentes y ejemplares; es decir, antes de ser padres, son cristianos. No se habla, curiosamente, de la mamá o del papá por separado; señalando así que lo importante es ser pareja, es decir, esposos primero, antes que padres. Ya que la vida nunca la da un solo individuo por sí mismo, sino que la vida se da siempre en comunidad, en la comunidad conyugal.

Consiguientemente, se desarrollará siempre en una comunidad, la comunidad familiar.

De padres santos nacen hijos santos. La santidad se vive en racimo. Nadie da lo que no tiene: los padres santos generan, transmiten y cultivan santidad en sus hijos, como lo más natural.

Los niños son siempre el reflejo de los padres, pues en la vida somos, en gran medida y principalmente, lo que hemos recibido. Si hemos recibido mucho de nuestros padres, somos mucho en la vida. Así descubrimos que los valores morales y las virtudes cristianas que Rita practicará en grado máximo, ya están de alguna forma, y germinalmente, en sus padres.

De ellos aprende Rita a querer y amar a los pobres, a perdonar a los enemigos, a sentir compasión por los dolores de Cristo, en su pasión y crucifixión, en una palabra a vivir en santo temor de Dios.

Lo que era importante para sus padres, también lo será para Rita. Ella será como una prolongación, como una floración de lo que ellos sembraron en su hija.

El hogar, la familia es siempre la primera iglesia, la pequeña iglesia. Se la llama con razón iglesia doméstica. El hogar es también, por supuesto, el primer seminario.

La familia es el valor fundamental en la sociedad y en la Iglesia: es la escuela donde los hombres aprenden a vivir en humanidad y en fe.

El patrimonio humano y espiritual que los padres proporcionan y siembran generosamente en los hijos es determinante en la vida de los mismos; pesará para toda la vida.

Todas estas enseñanzas y vivencias las encontramos de manera ejemplar en la Sagrada Familia de Nazaret, modelo de toda familia: José, “varón justo”, y María, “la llena de gracia”, forman al “más bello de los hombres, en cuyos labios se derramaba la gracia”.

A pesar del silencio de los biógrafos, indudablemente, la Santísima Virgen representó para santa Rita una constante referencia, tanto en el mundo como en el claustro.

María, en efecto, ocupa un lugar central en la espiritualidad agustiniana, como lo demuestran las abundantes advocaciones, sobre todo la de La Consolación, y del Buen Consejo, y los innumerables testimonios de los religiosos ilustres y de los santos de la Orden.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Preces específicas para el día primero

9. Oh Dios, fuente de vida y origen de toda paternidad en el cielo y en la tierra,
– perdónanos por no haber sabido imitarte como dadores de vida, en la familia, en la escuela, en la sociedad.

10. Oh Dios, que nos has dado la vida y la fe a través de nuestros padres y de nuestros hogares,
– te damos gracias y te bendecimos porque tú nos has cuidado por nuestros padres, hermanos, maestros, catequistas y sacerdotes; y te pedimos imitar los ejemplos de los padres de Rita, Antonio y Amanda.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve


Día de la Madre en España, 3 mayo 2020

mayo 3, 2020

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DÍA DE LA MADRE EN ESPAÑA

3 de mayo 2020, domingo del Buen Pastor

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La madre, promotora de la vida y maestra de humanidad

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El día de la madre se celebra en España el primer domingo de mayo. En América, el segundo domingo.

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SALUDO A LAS MADRES EN GENERAL POR SU DÍA

Y EN PARTICULAR

A LAS MADRES CRISTIANAS SANTA MÓNICA DE ESPAÑA

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Estimadas Madres:

En este día especial para vosotras permitid que me junte a vuestros seres queridos, padres e hijos, para agradeceros la entrega incondicional de vuestra vida. Es justo que dediquemos siquiera una jornada al año para reconocer nuestra deuda con todas vosotras.

Pretender pagaros lo que hemos recibido de vosotras y las mil delicadezas que nos regaláis a diario, sería sencillamente algo interminable y por demás imposible. Por eso, reconocemos que no os merecemos, pero que a la vez os necesitamos.

Os deseo, pues, que paséis un día feliz en compañía de las personas más queridas para vosotras, y que más os quieren y admiran. Que esa comunión familiar, en la medida de lo posible, sea signo de la comunión que tenemos con Dios.

Vosotras sois verdaderamente un “sacramento” o señal elocuente de Dios en la familia y en la sociedad. Desde el principio él os hizo muy especiales y os encargó que fuerais encarnación de su ternura y cercanía para los seres humanos más necesitados; maestras de humanidad; protectoras de la vida y del hogar.

Por eso, con vosotras es más fácil llegar hasta Dios y experimentar su amor y providencia para con todos y cada uno de nosotros. A pesar del contratiempo de la pandemia, no queremos dejar pasar esta oportunidad de reconocer vuestro puesto en la familia, en la sociedad y en la Iglesia. Y lo hacemos con gusto no solo a pesar de la pandemia, sino precisamente por ella. 

Permitidme un recuerdo especial para las Madres Cristianas Santa Mónica que desean llevar hasta las últimas consecuencias su maternidad, siendo transmisoras de la fe a la familia y en particular a los hijos.

Os felicito porque además de dar vida a los vuestros queréis darles en todo momento la fe y el conocimiento de Dios, conscientes de que nos movemos en un mundo tentado de olvidarse de Dios, y a la vez necesitado de Dios.

Entendéis que solo llevando a vuestra familia hasta Dios alcanzáis la plena satisfacción de vuestra maternidad. De ahí la necesidad del ejemplo y de la oración de la madre por la fe de los hijos y de su familia. 

Os felicito efusivamente en este día y os animo a seguir en vuestra noble y maravillosa misión de encarnar y personalizar el amor y la ternura de Dios en vuestros hogares, en la sociedad y en la Iglesia. Os necesitamos para seguir edificando la civilización del amor y de la reconciliación.

En realidad, os confesamos que estamos orgullosos de vosotras, y pedimos a Dios que os haga felices repartiendo a discreción el amor que a diario recibís de su bondad infinita. Como lo hizo santa Mónica que no descansó hasta ver a su hijo Agustín convertido y feliz por haber encontrado el amor de Dios. 

Que la Virgen María, vuestro modelo de mujer creyente y de madre, os ayude a seguir llevando mucho fruto para gloria de Dios, para contento y bien de vuestros seres queridos, y para vuestra propia satisfacción y felicidad. Dios os bendiga. ¡Felicidades! Con estima personal, p. Ismael.

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El Papa Francisco envía videomensaje a familias del mundo por Semana Santa y coronavirus

abril 4, 2020

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El Papa Francisco acoge y saluda afectuosamente a una familia en la Plaza San Pedro de Roma.

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El Papa Francisco envía videomensaje a familias del mundo por Semana Santa y coronavirus

Redacción ACI Prensa. 3 de abril de 2020

La fe de que Cristo resucitado venció a la muerte alimenta nuestra esperanza, afirmó el Papa Francisco en un video mensaje dirigido a las familias para esta Semana Santa marcada por la pandemia del coronavirus COVID-19.

“En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche. Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza”, afirma el Pontífice en su video mensaje difundido este viernes 3 por la Santa Sede.

A continuación, el texto completo de las palabras del Papa Francisco:

Queridos amigos, buenas noches,

Esta noche tengo la oportunidad de entrar en vuestras casas de una manera diferente a la habitual. Si me lo permitís, me gustaría hablar con vosotros unos momentos en este período de dificultad y de sufrimientos. Os imagino en medio de vuestras familias, mientras vivís una vida inusual para evitar el contagio.

Pienso en la vivacidad de los niños y los jóvenes, que no pueden salir, ir a la escuela, hacer su vida. Llevo en mi corazón a todas las familias, especialmente a las que tienen algún ser querido enfermo o a las que desgraciadamente están de luto por el coronavirus u otras causas.

En estos días pienso a menudo en las personas solas para las que es más difícil afrontar estos momentos. Sobre todo pienso en los ancianos, a los que quiero tanto.

No puedo olvidar a los que están enfermos a causa del coronavirus, a las personas ingresadas en los hospitales. Tengo presente la generosidad de los que se exponen al peligro para curar esta pandemia o para garantizar los servicios esenciales a la sociedad. ¡Cuántos héroes, de todos los días, a todas las horas!

También recuerdo a los que pasan apuros económicos y están preocupados por el trabajo y el futuro. Pienso además en los presos en las cárceles, a cuyo dolor se suma el miedo a la epidemia, por ellos y por sus seres queridos; pienso en los que carecen de domicilio, que no tienen un hogar que los proteja.

Es un momento difícil para todos. Para muchos, muy difícil. El Papa lo sabe y, con estas palabras, quiere expresar a todos su cercanía y su afecto.

Intentemos, si podemos, aprovechar este tiempo lo mejor posible: seamos generosos; ayudemos a quien lo necesita en nuestro entorno; busquemos, a lo mejor por teléfono o en las redes sociales, a las personas que están más solas; recemos al Señor por los que pasan por esta prueba en Italia y en el mundo.

Aunque estemos aislados, el pensamiento y el espíritu pueden llegar lejos con la creatividad del amor. Es lo que hace falta hoy: la creatividad del amor.

Celebramos la Semana Santa de una manera verdaderamente inusual, que manifiesta y resume el mensaje del Evangelio, el del amor ilimitado de Dios. Y en el silencio de nuestras ciudades, resonará el Evangelio de Pascua. Dice el apóstol Pablo: “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor 5, 15).

En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche.

Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza.

Los unos al lado de los otros, en el amor y la paciencia, podemos preparar en estos días un tiempo mejor. Gracias por dejarme entrar en vuestras casas. Tened un gesto de ternura con los que sufren, con los niños, con los ancianos.

Decidles que el Papa está cerca y reza para que el Señor nos libre pronto del mal a todos. Y vosotros, rezad por mí ¡Buena cena , hasta pronto!

https://www.aciprensa.com/noticias/semana-santa-papa-envia-a-familias-mensaje-de-esperanza-en-medio-del-coronavirus-23572


El Papa pide que las familias que “no pueden salir de casa” creen “relaciones de amor” y “venzan las angustias”

marzo 21, 2020

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El Papa, después de adorar al Santísimo unos diez minutos, bendice con la custodia

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El Papa pide que las familias que “no pueden salir de casa” creen “relaciones de amor” y “venzan las angustias”

“Rezar con el alma desnuda, sin travestirse con la propia virtud. Rezar así con el corazón desnudo, sin taparlo”

“Cuando vamos al Señor un poco seguros de nosotros mismos, ponemos la seguridad en otra parte. Éste no es el camino. El camino es el abajamiento, la realidad”

“Justificarse a uno mismo es soberbia y orgullo, es exaltarse a uno mismo, es travestirse de lo que no soy. Y las miserias permanecen dentro”

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Antes de comenzar la eucaristía diaria del Papa Francisco en Santa Marta, la cámara de la televisión vaticana se detiene en el Cristo que preside la capilla. Al instante sale el Papa. Apenas unas cuantas personas.

En la oración inicial, el Papa pide por las familias encerradas en sus casas, para que, durante el confinamiento, se comuniquen bien, construyan relaciones de amor y “sepan vencer las angustias de este tiempo juntos”.

“Quiero recordar a las familias que no pueden salir de casa. El único horizonte que tienen es el balcón y, dentro, la familia con los padres y los niños. Para que sepan encontrar la forma de comunicarse bien, de construir relaciones de amor en la familia. Que sepan vencer las angustias de este tiempo juntos en la familia. Pidamos por la paz de la familia hoy en esta crisis y por la creatividad”

Lectura del profeta Oseas, leída por una religiosa: “Aprendamos a conocer al Señor. Su venida es segura como la aurora”. En el salmo, un armonio y un cantor intenta poner algo de música en la celebración.

El maestro-capilla lee el pasaje del evangelio de Lucas en la parábola del fariseo y del publicano: “El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.

Homilía del Papa

“La palabra del Señor vuelve y vuelve a invitar a casa: ‘Venid, regresemos al Señor’. Y con esta esperanza, el pueblo comienza el camino de regresar al Señor”

“Una forma de encontrar al Señor es la oración. Recemos al Señor. En el Evangelio, Jesús nos enseña cómo rezar”

“Dos hombres, uno presuntuoso, que va a rezar, pero para decir que es un valiente. Así se dirige a Dios. La presunción. Hacía todo lo que decía la ley. Esto me recuerda a otros dos hombres: el hijo mayor de la parábola del Hijo pródigo: A éste desgraciado le haces fiesta. Presuntuoso. El otro es la historia del rico, incapaz de tener un nombre. Un rico, que no le importaba la miseria de los demás. Los que ponen la seguridad en el dinero, en el poder”

“Está el otro, el publicano, que se queda a distancia. Me hace recordar al hijo pródigo: la humillación. Y me hace recordar a Lázaro a la puerta del rico. Siempre estas duplas en el Evangelio”

“En cualquier caso, el Señor nos enseña cómo acercarnos a él: con humildad. Una bella imagen en el himno de San Juan Bautista: El pueblo se acercaba con el alma desnuda. Rezar con el alma desnuda, sin travestirse con la propia virtud. Rezar así con el corazón desnudo, sin taparlo, sin fiarse ni siquiera en aquello que aprendí de la forma de rezar. Rezar tú y yo, cara a cara, con el alma desnuda”

“Cuando vamos al Señor un poco seguros de nosotros mismos, ponemos la seguridad en otra parte. Éste no es el camino. El camino es el abajamiento, la realidad. El único que captó la realidad fue el publicano: Tú eres Dios y yo, pecador. Y digo que soy pecador no solo de palabra.

“Justificarse a uno mismo es soberbia y orgullo, es exaltarse a uno mismo, es travestirse de lo que no soy. Y las miserias permanecen dentro. El fariseo se justificaba. Confesar los propios pecados, sin justificarlos. Con el alma desnuda. Que el Señor nos enseñe a entender esta actitud, para comenzar la oración. Oración con nuestras seguridades no es oración, es hablar con el espejo”

“Comenzar la oración con la realidad: soy pecador. Que Jesús nos enseñe esto”

Y Francisco concluye la eucaristía con la oración de la comunión espiritual de San Alfonso María de Ligorio:

Fórmula de San Alfonso María de Ligorio

Creo, Jesús mío, que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado,
venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.

(Pausa en silencio para adoración)

Como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno todo a Vos.
No permitáis, Señor, que jamás me separe de Vos. Amén.

Y tras unos diez minutos de oración ante el Santísimo expuesto, el Papa bendice a los presentes con la custodia.


Conoce el grupo de oración de madres que se reúne para orar por sus hijos.

febrero 24, 2020

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Mother’s Prayers es una iniciativa extendida por todo el mundo y cuyo objetivo es simplemente el de rezar específicamente por los hijos de cada una de las mujeres que integran este grupo que es interconfesional. Está presente en 126 países.

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Conoce el grupo de oración de madres que se reúne para orar por sus hijos

Redacción ACI Prensa

Mavi Allende es la responsable en España del grupo de oración Mother’s Prayers, (Oración de las madres); según contó a ACI Prensa, ella conoció esta iniciativa gracias a una amiga francesa que la invitó en Madrid a una charla de la fundadora Verónica Williams.

“Yo fui con una amiga y nos encantó; al día siguiente comenzamos a hacer la oración de madres y así estuvimos dos años y medio. Después volvió Verónica a España y yo organicé una reunión con ella en mi casa. Allí preguntó si alguien quería hacerse cargo de esta iniciativa en España, y como nadie respondió, yo dije que sí”, explicó a ACI Prensa.

Mother’s Prayers es una iniciativa extendida por todo el mundo y cuyo objetivo es simplemente el de rezar específicamente por los hijos de cada una de las mujeres que integran el grupo. Aunque también se reza por los maridos y los nietos y, además, cada integrante “adopta” a un sacerdote para sostenerlo con la oración.

Según explicó Mavi, esta iniciativa nació en 1995 de la mano de Verónica Williams en Inglaterra, que estaba muy preocupada por sus hijos.

“Durante un mes rezó con una amiga meditando especialmente en el misterio de la Encarnación, pidiendo al Espíritu Santo que le hiciera ver qué podía hacer por ellos. Después se unieron dos o tres madres más y tras unos días de oración, Verónica sintió la necesidad de escribir, así que tomó la Biblia pidiendo ayuda al Señor, y la abrió, y salió una oración de Jeremías que dice: ‘Deja de llorar, enjúgate las lágrimas, todo lo que has hecho por tus hijos te será recompensado, volverán de la tierra del enemigo; hay esperanza en tu porvenir, tus hijos volverán al hogar, te lo digo yo que soy el Señor’”, precisó Mavi.

Verónica escribió una serie de oraciones que ahora constituyen un librito que utilizan en las reuniones del grupo Oración de las Madres.

Según explicó Mavi Allende, este grupo de oración se forma con un mínimo de dos madres y un máximo de ocho. “Los grupos nos reunimos en casa, capillas o parroquias, ahora hay muchos párrocos que nos piden ir a sus parroquias. Es impresionante ver cómo ha crecido la obra del Señor”, aseguró.

En estas oraciones, que realizan una vez a la semana, hay algunos elementos que deben estar visibles, como son la cruz, “para recordar a Nuestro Señor Redentor”, una vela “porque el Señor es la luz del mundo”, una Biblia porque “es la Palabra viva”, y un cestito que simboliza “las manos de Dios” y donde depositan las madres asistentes unos papelitos redondos donde cada madre escribe el nombre de sus hijos para rezar por ellos, también si están casados escriben el nombre del cónyuge y de sus nietos si es que los tienen.

Esos papelitos son redondos y simbolizan “que el amor de una madre no tiene ni principio ni fin”.

En ese momento de oración se rezan nueve oraciones en las que se invoca al Espíritu Santo, se le pide protección a Dios, se pide perdón, y se realiza una lectura de la biblia, entre otras.

Después, en un momento determinado, cada madre, de pie o de rodillas, reza ante el Señor por cada uno de sus hijos en voz alta o de manera personal “como ella prefiera”. Además cada madre del grupo reza por su esposo, “adopta a un sacerdote para rezar por él” y si alguna ha perdido un hijo “también pone un papelito con el nombre que le habría dado y reza por él. Esto es algo que les consuela mucho”.

Tan sólo hay dos reglas obligatorias: “La primera es no dar consejos, porque es el Señor el que tiene que hablar a cada una y nosotras solo estamos para apoyar con la oración; y la segunda es la total confidencialidad de la oración que se realice allí, para que cada madre se sienta libre, si quiere, de hacer la oración en voz alta por sus hijos”.

En España Mother’s Prayers está presente en casi todas las provincias del país incluyendo Baleares y Canarias. “Sólo nos falta por estar en Palencia, Zamora, Teruel, Cuenca y Albacete. En todas las demás ciudades tenemos grupos de madres”, asegura.

Este grupo de oración está abierto a todas las madres cristianas que lo deseen, de cualquier confesión. Según explicó Mavi, “cuando en los inicios en Inglaterra, madres de otras confesiones cristianas quisieron unirse para rezar, Verónica lo llevó a la oración y sintió que el Señor le decía que este grupo era para cualquier mujer cristiana con corazón de madre. Quizás el Señor quiere que a través de la oración de las madres se produzca la unidad de los cristianos”.

Actualmente Mother’s Prayers, o la oración de las madres, está presente en 126 países en el mundo. Más información sobre Mother’s Prayers,

La oración de las Madres AQUÍ.https://www.mothersprayers.org/ 

https://www.aciprensa.com/noticias/conoce-el-grupo-de-oracion-de-madres-que-se-reune-para-orar-por-sus-hijos-65065?fbclid=IwAR2WIcuVCHNwhx2l4Blt1T31BotZbRJZGqgWzG3hEon1FP1X35NGgnIn_Ts


El maná de cada día, 23.2.20

febrero 22, 2020

Domingo VII del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen
Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen


Antífona de entrada

Confío, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio. Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Oración colecta

Concédenos, Señor, ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Levítico 19, 1-2. 17-18

El Señor habló a Moisés: «Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: “Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.

No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado.

No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor”»


SALMO 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 3, 16-23

Hermanos:

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: “Él caza a los sabios en su astucia” Y también: “El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos”

Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Aclamación antes del Evangelio: 1 Jn 2, 5

Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.

EVANGELIO: Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia.

Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Antífona de comunión: Jn 11, 27

Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

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SIN LA CARIDAD, TODO ES VANIDAD DE VANIDADES

De los Capítulos de san Máximo Confesor, abad, sobre la caridad

La caridad es aquella buena disposición del ánimo que nada antepone al conocimiento de Dios. Nadie que esté subyugado por las cosas terrenas podrá nunca alcanzar esta virtud del amor a Dios.

El que ama a Dios antepone su conocimiento a todas las cosas por él creadas, y todo su deseo y amor tienden continuamente hacia él.

Como sea que todo lo que existe ha sido creado por Dios y para Dios, y Dios es inmensamente superior a sus criaturas, el que dejando de lado a Dios, incomparable­mente mejor, se adhiere a las cosas inferiores demuestra con ello que tiene en menos a Dios que a las cosas por él creadas.

El que me ama –dice el Señor– guardará mis mandamientos. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros. Por tanto, el que no ama al prójimo no guarda su mandamiento. Y el que no guarda su mandamiento no puede amar a Dios.

Dichoso el hombre que es capaz de amar a todos los hombres por igual.

El que ama a Dios ama también inevitablemente al prójimo; y el que tiene este amor verdadero no puede guardar para sí su dinero, sino que lo reparte según Dios a todos los necesitados.

El que da limosna no hace, a imitación de Dios, discri­minación alguna, en lo que atañe a las necesidades corpo­rales, entre buenos y malos, justos e injustos, sino que reparte a todos por igual, a proporción de las necesidades de cada uno, aunque su buena voluntad le inclina a pre­ferir a los que se esfuerzan en practicar la virtud, más bien que a los malos.

La caridad no se demuestra solamente con la limosna, sino, sobre todo, con el hecho de comunicar a los demás las enseñanzas divinas y prodigarles cuidados corporales.

El que, renunciando sinceramente y de corazón a las cosas de este mundo, se entrega sin fingimiento a la prác­tica de la caridad con el prójimo pronto se ve liberado de toda pasión y vicio, y se hace partícipe del amor y del conocimiento divinos.

El que ha llegado a alcanzar en sí la caridad divina no se cansa ni decae en el seguimiento del Señor, su Dios, según dice el profeta Jeremías, sino que soporta con for­taleza de ánimo todas las fatigas, oprobios e injusticias, sin desear mal a nadie.

No digáis –advierte el profeta Jeremías–: «Somos tem­plo del Señor». Tú no digas tampoco: «La sola y escueta fe en nuestro Señor Jesucristo puede darme la salvación» Ello no es posible si no te esfuerzas en adquirir también la caridad para con Cristo, por medio de tus obras. Por lo que respecta a la fe sola, dice la Escritura: También los demonios creen y tiemblan.

El fruto de la caridad consiste en la beneficencia since­ra y de corazón para con el prójimo, en la liberalidad y la paciencia; y también en el recto uso de las cosas (Centuria 1, cap. 1,4-5.16-17.23-24.26-28.30-40).

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«Mi hijo se ha alejado de Dios». 11 cosas que todo padre necesita entender

enero 17, 2020

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 El hijo, antes de volver, recuerda con cariño la experiencia de su vida como hijo amado. El amor de familia, el recuerdo del hogar son la verdadera herencia del Padre Misericordioso.

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«Mi hijo se ha alejado de Dios». 11 cosas que todo padre necesita entender

Por Andrés D´Angelo

«Niños pequeños, problemas pequeños.
Niños grandes, problemas grandes».
— Refrán popular.

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Cuando te enteras de que tu esposa está embarazada, o cuando te enteras de que te darán un niño en adopción, te cambia la vida para siempre. ¡Tú y tu cónyuge van a ser padres! ¡Y de pronto te vuelves loco de amor!

Te prometes que vas a hacer por esa pequeña personita, que Dios puso en tu camino, todos los sacrificios posibles, todos los esfuerzos imaginables y que siempre vas a ser un padre y una madre presente, paciente, amoroso y genial.

1. Luego los niños comienzan a crecer

Y te das cuenta de que… las cosas no son tan sencillas. Los niños tienen una extraordinaria capacidad de trabajar la paciencia de la gente mayor casi desde el primer día. Por eso, Dios, en su infinita sabiduría, puso un papá y una mamá, para que tomen turnos cuidando al pequeñajo.

Las mamás lo hacen instintivamente, y los papás… no tanto, pero ¡podemos aprender! Cuando logramos hacer un gran equipo, los niños se desarrollan plenos y felices.

2. Y entonces llega la temida adolescencia

No podemos creer que ese pequeño, que era el sol de nuestras vidas, que tantas alegrías nos dio, de pronto se convierta en un ser huraño, protestón, aburrido, peleón y muchas veces tan tonto, que parece que no hay instrumentos para medirlo.

Nos busca, y generalmente nos encuentra, y esos encontronazos no son siempre lindos. La relación se desgasta, nos peleamos, nos amargamos y pensamos: «qué lindo será todo después de la adolescencia, cuando mi hijo o mi hija se comporten como adultos serios y responsables». Pero entonces… ¡Tampoco sucede!

Nos preguntamos: ¿Por qué esta serie de desencuentros entre el hijo ideal que siempre nos imaginamos y la realidad tan dura?

3. ¡Nuestros hijos son libres!

Así es, ¡Porque nuestros hijos son seres libres! Dios no solo los creó libres: ¡los quiere libres! ¿Y por qué Dios querría ese disparate? ¿Por qué no los hizo obedientes, buenos, sencillos, manejables y dulces como siempre los imaginamos?

Porque Dios quiere hijos, y no esclavos. El amor es una decisión libre, y por eso, la libertad es tan importante para Dios. El problema es que nuestros hijos los «tenemos» nosotros, y su libertad muchas veces choca contra nuestra idealización del hijo. Contra nuestras normas de convivencia, y a veces ¡Contra el mismo Dios!

¿Cómo puede ser que ese chiquitín o esa chiquitina que participó en su primera comunión con tanto fervor, de pronto no quiera ir más a Misa? Muchas veces esa revisión de «qué pasó», puede desembocar en una acusación implícita o explícita a nosotros mismos, a nuestra misión como padres.

¿Qué hice, o qué hicimos mal para que este pequeño, que era tan dócil, de pronto se convierta en un rebelde sin causa, que se revuelva contra la autoridad de papá y mamá y quiera «hacer su vida» o que «lo dejemos tranquilo»?

4. ¡No pasó nada, ni hicimos nada mal!

Nuestros hijos están «haciendo» su camino, y para ello deberán dejarnos, por más que muchas veces les duela a ellos y nos duela más a nosotros. Ellos necesitan resolver sus problemas por sí mismos, porque es una herramienta que necesitan para enfrentar la vida por sus propios medios.

Saben instintivamente que no vamos a estar durante toda su vida, y necesitan enfrentar los problemas que generan sus propias conductas en libertad.

Podemos pensar en ellos como en pequeñas plantas que hemos mantenido en un invernadero, y que debemos sacar a las condiciones naturales para que se templen, y desarrollen su propias raíces y follajes.

El invernadero estuvo muy bien mientras fueron frágiles, ahora es tiempo de que prueben (y especialmente que se prueben a sí mismos) en «condiciones reales». De ese modo, cuando vengan las tormentas de la vida, ya tendrán herramientas para enfrentarlas, porque dejamos que desplieguen sus alas y vuelen.

5. ¿Cómo comportarnos ante ese hijo desafiante?

Pero mientras tanto, mientras todavía chocamos, mientras nos desesperan con sus actitudes y desafíos, tendremos que saber cómo comportarnos.

Qué cosas les ayudan en esta exploración, qué cosas podemos hacer para otorgarles confianza, tal vez para hacer más corto este «recorrido divergente» y este crecimiento, y en última instancia, para no perder la paciencia y perjudicarnos mutuamente en esta etapa de su desarrollo.

Para ello me gusta mucho fijarme en la parábola del Hijo Pródigo (o como le gusta llamarla al papa Francisco, la parábola del «Padre Misericordioso»). Viendo la actitud del padre, podremos ver algunas pistas para saber qué hacer en estas circunstancias.

6. Tus hijos te van a «pedir la herencia»

Como vimos, tarde o temprano, tus hijos van a pedirte «que no te metas más en sus vidas», que te hagas a un lado y te apartes, que ellos necesitan «que los dejes en paz». Te lo garantizo, la primera vez que te pase, se te va a partir el corazón en pedazos.

No es fácil, no es lindo y es casi seguro que va a suceder, más temprano que tarde. La tendencia natural sería de decirles «mientras dependas de nosotros, cumplirás nuestras reglas».

Pero el Padre Misericordioso no hace eso. Al contrario, accede al pedido de su hijo y lo deja ir con «su parte de la herencia» y probablemente con los pedazos de su corazón destrozado.

Como te dije en la introducción: ellos necesitan abrirse camino por sus propios medios, necesitan equivocarse y golpearse para poder crecer. Puedes ofrecerle a Dios esos pedazos de tu corazón, para que esa «ruptura» sea fructífera y no tan dolorosa.

7. Tus hijos se van a ir a tierras extrañas

Cuando se vayan de casa, cuando se vayan a estudiar lejos, o cuando comiencen su vida, habrá tiempos en los que no querrán hablar con ustedes, y sentirás que el corazón se te cae de nuevo a pedazos.

¿Cómo puede ser que no nos quieran llamar, que no quieran pasar su cumpleaños con nosotros, que quieran alejarse voluntariamente de la casa que los vio crecer?

Precisamente, porque necesitan ampliar sus horizontes. Conocer gente nueva, experimentar otras formas de ver el mundo, hablar de otros temas, crecer y conocer nuevas experiencias, tal vez algunas que nosotros no nos animamos a su edad… Y también harán algunas cosas que van en contra de nuestras convicciones y creencias.

Van a buscarse en tierras extrañas, con la ilusión de descubrirse y encontrarse, pero también… con el riesgo de perderse. ¿Qué hace el Padre Misericordioso?, ¿va a buscarlo?, ¿va a pedirle que vuelva y que no haga lo que está haciendo? ¡No! El padre se mantiene a una respetuosa distancia.

Respeta la decisión de su hijo, a pesar de que probablemente haya tenido el corazón hecho trizas. Se mantiene apartado, deja que su hijo busque lo que quiera buscar, incluso con riesgo de que se pierda.

8. Puede ser que se equivoquen. Y mucho. Y muy feo

El Hijo Pródigo malgasta su herencia en una vida libertina. Nuestros hijos puede ser, que en esa búsqueda de sí mismos, en esa exploración, se equivoquen. Y esas equivocaciones hasta pueden tener consecuencias graves. La herencia del padre se perdió… aparentemente.

El hijo, a raíz de sus decisiones equivocadas, termina alimentando a cerdos, y deseando comer las bellotas que comen estos animales. Muchas veces, como consecuencia de sus decisiones erróneas, nuestros hijos la van a pasar realmente mal. Nuestra tentación como padres puede ir en dos direcciones, y (en mi opinión) ambas son decisiones equivocadas.

En una primera dirección, podremos resolverles el problema, diciendo: «mi hijo no va a comer bellotas de los cerdos», e intervenir con nuestro dinero, recursos o «poder», para que nuestro hijo «no sufra». La otra decisión equivocada sería enfrentarlo y recriminarle por sus errores. «Te lo advertí», «Te lo mereces».

La actitud correcta es la del padre. Y ya veremos cuál es.

9. Puede ser que pierdan la fe

En el sentido simbólico de la parábola, el derroche de la herencia y la vida con los cerdos significan la pérdida de la fe. En esa búsqueda, puede ser que nuestros hijos también la pierdan, y que dejen de practicar la oración diaria, la misa dominical, la confesión.

¡Nos desesperamos cuando pasa eso! ¿Por qué, si nosotros les enseñamos bien?, ¿por qué si nosotros rezamos constantemente por ellos?, ¿qué hicimos mal?, ¿qué podemos hacer?

Mi querida amiga Silvana Ramos escribió un artículo precioso al respecto, que puedes leer aquí.

Pero te lo resumo rápido: la fe es un don de Dios, y nosotros podremos pedirla para ellos, pero nunca podremos reemplazarla forzándolos a hacer prácticas piadosas, por más que a nosotros nos parezca que es lo que tenemos que hacer. Dios quiere hijos, no esclavos.

Y tal vez, si los forzamos a hacer cosas contra su voluntad, empeoremos la situación. Paz, y ciencia. Es decir: paciencia. Tengamos paz, sepamos que esto puede suceder y recemos al Buen Dios por la fe de nuestros hijos, que Él nunca deja caer una lágrima de madre o padre en vano.

10. El hijo recuerda cómo vivía en la casa de su padre

Una de las claves de la parábola es que el hijo, antes de volver, recuerda con cariño la experiencia de su vida como hijo amado. Ahí es donde tenemos que concentrar nuestras energías. El amor de familia, el recuerdo del hogar son la verdadera herencia del Padre Misericordioso.

Y eso se forja antes, mucho antes de que nuestros hijos decidan seguir su rumbo. Por eso es tan importante que durante su infancia y adolescencia nos enfoquemos en que su experiencia filial sea lo más benéfica posible.

Que sepamos que el amor que les damos durante su infancia y adolescencia va a moldear su carácter, su modo de ver la vida y su modo particular de amar en el futuro a su esposa e hijos, o a sus hijos espirituales en el caso de que Dios suscite la vocación religiosa o sacerdotal en tu hijo.

El amor de los padres es reflejo del amor de Dios, y como tal también moldea la fe de tus hijos. No solo el amor que los padres tienen a los hijos, sino el amor que los padres tienen entre sí. Así que ¡A cuidar a tu cónyuge, para beneficio de tus hijos!

11. El hijo que vuelve

Y un día, el hijo que se rebeló, el que se fue a estudiar lejos, el que no quería saber nada con nosotros, el que incluso nos despreció, vuelve. Me corrijo: no vuelve ese hijo, vuelve una persona renovada, un nuevo hijo. Y generalmente, ese hijo templado por las tormentas de su vida, va a ser extraordinariamente mejor que el que se fue.

Y tenemos que hacer como el Padre Misericordioso: devolverle inmediatamente y sin preguntar nada, la dignidad de hijo. Nuestro hijo sigue siendo nuestro hijo, pero con una ventaja: ya es un adulto probado por la vida, y va a poder acercarse y comprendernos mucho mejor a nosotros como padres.

Ya vamos a poder hablar de igual a igual, de adulto a adulto, de persona fogueada a persona fogueada. Nuestro amor de padres se va a ver engrandecido por lo que nuestro hijo logró por sus propios medios.

«Mi hijo se ha alejado de Dios». 11 cosas que todo padre necesita entender


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