El Papa pone en valor el papel de la mujer: A menudo es víctima de una violencia ciega

junio 9, 2017

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Una madre emocionada presenta a su bebé al Papa Francisco

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El Papa pone en valor el papel de la mujer: A menudo es víctima de una violencia ciega

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 09 Jun. 17 / 06:12 am (ACI).- El Papa Francisco puso de relieve el papel de la mujer en los diversos ámbitos de la vida, pero sobre todo en el de la educación, recordó cómo es habitual que sean ellas las que se ocupen de los más desfavorecidos y destacó que son a menudo víctimas de la violencia.

“Las mujeres, poseyendo características peculiares, pueden ofrecer un importante aporte al diálogo con su capacidad de escuchar, de acoger y de abrirse generosamente a los otros”, dijo el Papa.

Francisco expresó esta idea al recibir a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso que se ha celebrado en Roma bajo el tema “El papel de la mujer en la educación a la fraternidad universal”.

“Por desgracia, vemos cómo hoy la figura de la mujer en cuanto educadora a la fraternidad universal se ha oscurecido y a menudo no es reconocida a causa de tantos males que afligen a este mundo y que, en particular, afectan a las mujeres en su dignidad y en su papel”.

“Las mujeres, así como los niños, se encuentran entre las víctimas más habituales de una ciega violencia”, aseguró el Papa. “Allá donde el odio y la violencia toman el relevo, se hiere a las familias y a la sociedad, impidiendo a la mujer desarrollar, en comunión con las intenciones y la acción del hombre, su misión educadora de modo sereno y eficaz”.

Francisco se detuvo es hablar brevemente del valor de la mujer, de la educación en la fraternidad y del diálogo.

Valorizar el papel de la mujer

El Santo Padre aseguró que “hay necesidad de un mayor reconocimiento de la capacidad de la mujer para educar en la fraternidad universal”. En su opinión, “las mujeres tienen pleno derecho de participar activamente en todos los ámbitos y ese derecho debe ser protegido y reafirmado por instrumentos legales”.

Educar a la fraternidad

“Las mujeres, en cuanto educadoras, tienen una particular vocación, capaz de hacer nacer y crecer nuevas modalidades de acogida y estima recíproca”.

Francisco añadió que “la educación comporta una riqueza de implicaciones tanto para la mujer misma, por su modo de ser, tanto como por sus relaciones”.

“Las mujeres, unidas íntimamente al misterio de la vida, pueden hacer mucho por promover el espíritu de fraternidad, con el cuidado por preservar la vida y con la convicción de que el amor es la fuerza que puede hacer el mundo habitable para todos”.

“Las mujeres se ocupan ellas solas en acompañar a los demás, sobre todo a aquellos que son más débiles en la familia y en la sociedad, las víctimas de conflictos y a todos los que deben afrontar los desafíos de cada día”.

Por eso, “gracias a su contribución, la educación a la fraternidad puede superar la cultura del descarte”, subrayó.

Dialogar

Por último, el Pontífice manifestó la importancia de “construir lazos de amistad y de respeto”. “Las mujeres están comprometidas, a menudo más que los hombres, a nivel de ‘diálogo de la vida’ en el ámbito interreligioso, y así contribuyen a una mejor comprensión de los desafíos característicos de una realidad multicultural.

El diálogo es un camino que la mujer y el hombre deben realizar siempre, pero “hoy más que nunca es necesario que las mujeres estén presentes”.

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Diez tipos de hombre con los que las mujeres cristianas no deberían casarse: mejor esperar más

junio 8, 2017

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Los hombres iracundos dañan a las mujeres, a veces verbalmente, otras físicamente. Busca y elige un hombre gentil.

Diez tipos de hombre con los que las mujeres cristianas no deberían casarse: mejor esperar más

¿Están escondidos los buenos chicos cristianos, maduros, capaces de casarse? Las mujeres dicen que les cuesta encontrarlos y están tentadas de ir con otros peores.

P. J. Ginés

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J. Lee Grady es articulista y antiguo editor de la revista protestante “Charisma Magazine”, la más leída en Estados Unidos por lectores pentecostales y protestantes carismáticos.

Al acercarse la fiesta de San Valentín (hace unas semanas) publicó un artículo titulado “10 Men Christian Women Should Never Marry” (“Diez hombres con los que las mujeres cristianas jamás deberían casarse”). El resultado asombró a los responsables de la revista porque el artículo se hizo viral en Internet: lo leyeron más de 2 millones de personas, y de hecho 1,5 millones lo reenviaron o compartieron en la red.

Steve Strang, el fundador y responsable final de la revista, comenta que cuando el artículo llevaba tan “sólo” 300.000 reenvíos, uno de los editores le dijo que probablemente se había difundido no sólo en Facebook sino también en agregadores de noticias “mundanas”, quizá con comentarios jocosos. Pero no había forma de demostrarlo.

Sin embargo, en la web de “Charisma Magazine” se escribieron 1.200 comentarios sobre el artículo, y no eran de gente sin fe ni bromistas o burlones. Casi todos eran de personas cristianas seriamente preocupadas por la importancia del matrimonio.

Y el articulista cuenta que al difundirse su artículo recibió “toneladas de mensajes privados, la mayoría de mujeres buscando consejo porque se habían casado con alguno de los tipos de hombre con los que yo avisaba que no debían casarse. Ningún bromista mundano me contactó”.

Así que Strang saca una conclusión: “Es como si hubiese un deseo profundo entre los cristianos, decepcionados por tantas personas debido a adicciones, divorcio, estándares rebajados… que resuena cuando una figura paternal como Lee dice a las mujeres cosas que su padre o su pastor les debería haber dicho”.

J. Lee Grady empieza su artículo señalando que en su casa han criado cuatro hijas de las que tres se han casado, y que quiere a sus yernos, “que obviamente Dios escogió para que encajasen en los temperamentos y personalidad de cada una de ellas”.

Pero la experiencia de Lee es que muchas jóvenes cristianas que quieren casarse no encuentran al hombre adecuado y se impacientan, incluso si buscan sólo en ambientes cristianos. “Se preguntan si queda algún chico cristiano decente en algún lugar. Empiezan a plantearse si deben ponerse menos exigentes para encontrar pareja”.

Lee da su consejo: “¡No aceptes nada por debajo de lo que Dios pide! Estás mejor soltera que con el tipo equivocado”.

Y a continuación da una lista de 10 tipos equivocados “que deberías evitar al buscar un marido”.

  1. El no creyente

“Escribe 2 Corintios 6,14 en un post-it junto a tu ordenador en el trabajo. Dice: “No os atéis a los no creyentes, porque ¿qué tienen en común la justicia y la impiedad, qué compañerismo hay entre la luz y la oscuridad?” Esta no es una norma religiosa caducada, es la Palabra de Dios para ti hoy.

Lee es muy exigente: según él, no basta con que el candidato se ofrezca a acompañar a la chica a la iglesia. Y las “citas misioneras”, dice, “nunca son buena estrategia”.

Más aún, Lee especifica que “si el hombre no es un cristiano nacido de nuevo, táchalo de tu lista. No es bueno para ti. Todavía no he encontrado a una mujer cristiana que no se arrepintiese de haberse casado con un no creyente”.

  1. El mentiroso

“Si descubres que el hombre con el que estás saliendo te ha mentido acerca de su pasado, o que siempre está borrando su rastro para esconderte secretos, corre hacia la salida más próxima. El matrimonio debe construirse sobre el cimiento de la confianza”.

  1. El playboy

“Me gustaría poderte decir que si encuentras a un tipo majo en la iglesia puedes considerar que vive la pureza sexual. Pero no es el caso hoy. He oído historias de horror de solteros que apoyan el equipo de adoración del domingo, pero son Casanovas el resto de la semana. Si te casas con un tipo que iba de cama en cama antes de la boda, ten por seguro que irá de cama en cama tras la boda”.

  1. El que no cuida su familia anterior

Lee afirma que “hay muchos cristianos firmes que vivieron en su pasado un fracaso matrimonial. Desde su divorcio han experimentado cómo el Espíritu Santo les restauraba y ahora quieren volverse a casar. Los segundos matrimonios pueden ser muy felices”.

[Desde un punto de vista católico, esto podría aplicarse a viudos, a hombres en uniones civiles no sacramentales y a quienes tuvieron una unión matrimonial nula; los católicos -al contrario que los protestantes- no admiten que se vuelva a casar un hombre que ante Dios está unido a otra mujer en una unión que Cristo decreta como indisoluble].

Aquí la precaución viene de cómo ha tratado este hombre a su familia anterior, a sus hijos con otras mujeres. “Si descubres que el hombre con el que sales no ha cuidado a sus hijos de relaciones anteriores, has descubierto un fallo fatal. Un hombre que no paga sus errores ni apoya a sus hijos anteriores no te va a tratar responsablemente”, dice el articulista.

  1. El adicto

“Los hombres que van a la iglesia y tienen adicción al alcohol o las drogas han aprendido a esconder sus problemas, pero no deberías esperar a la luna de miel para descubrir que es un borracho. Nunca te cases con un hombre que se niega a recibir ayuda contra su adicción. Insístele en que busque ayuda profesional y aléjate de él. Y no caigas en una relación codependiente, en la que él dice que te necesita para estar sobrio. Tú no puedes cambiarlo.”

Es importante que conozcas los hábitos de la persona con la que sales, si notas que todos los fines de semana necesita salir a beber con sus amigos, que no concibe una salida sin mezclar el alcohol o alguna otra sustancia estimulante, si siempre consigue una buena excusa para tomarse un trago, debes tomarlo como señales de alerta que te permitan tomar una decisión y alejarte a tiempo, tu no puedes cambiarlo.

  1. El gandul

Una amiga de Lee descubrió, después de casarse, que su nuevo marido no tenía ninguna gana de encontrar un trabajo serio y que su plan consistía en estar en casa jugando a videojuegos mientras su esposa trabajaba y pagaba las facturas. Un hombre que no está dispuesto a trabajar no merece una esposa cristiana. Lee recuerda 2 Tesalonicenses 3,10: “Quien no está dispuesto a trabajar, que no coma”.

  1. El narcisista

“Deseo sinceramente que encuentres un chico que sea apuesto. Pero cuidado: si tu novio pasa 6 horas al día en el gimnasio y publica con regularidad fotos de sus biceps en Facebook tienes un problema”.

“Puede que sea ´mono´, pero un hombre tan centrado en su apariencia y sus propias necesidades nunca podrá amarte sacrificialmente, como Cristo ama a la Iglesia [Efesios 5,25]. El hombre que siempre se busca a sí mismo en el espejo no se fijará en ti”.

  1. El abusador

“Los hombres con tendencias abusadoras no pueden controlar la ira cuando hierve en su interior. Si el hombre con el que sales tiene tendencia a levantar la mano sobre ti o sobre otros no te sientas tentada de racionalizar o excusar su comportamiento. Él tiene un problema, y si te casas con él tendrás que navegar en ese campo minado evitando detonar más explosiones. Los hombres iracundos dañan a las mujeres, a veces verbalmente, otras físicamente. Encuentra un hombre gentil”.

  1. El infantil

Lee previene contra “un tipo que aún vive con sus padres a los 35 años. Si su madre aún le hace la comida, la limpieza y le plancha la ropa, puedes estar segura de que está atascado en un bucle temporal emocional. Te buscas problemas si crees que puedes ser esposa de un chico que no ha crecido. Retrocede y, como amiga, anímale a que encuentre un mentor que le ayude a madurar”.

(No sabemos si Lee diría esto mismo si viviese en España, donde el 56% de los adultos entre 30 y 34 años están en paro, por lo que muchos han vuelto a vivir con sus padres. Con la crisis económica y de vivienda en España la edad de independización de los jóvenes está en los 30 años. Muchos que viven con sus padres por razones económicas pueden ser perfectamente maduros).

  1. El maniático del control

“Hay algunos hombres cristianos que creen en la superioridad masculina, que citan las Escrituras y suenan muy espirituales, pero tras su fachada de autoridad marital esconden una inseguridad profunda y un orgullo que puede convertirse en abuso espiritual. En 1 Pedro 3,7 se pide a los maridos tratar a sus esposas como iguales”.

[La cita, que tomamos de la nueva Biblia de la Conferencia Episcopal Española, dice: ´Los maridos en la convivencia con la mujer, sabiendo que ella es más delicada, demuestren estima hacia ella como coheredera que es también de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo´].

“Si el hombre con el que sales te habla despectivamente, hace comentarios insultantes contra las mujeres y desprecia tus dones espirituales, márchate ya. Él sólo busca poder. Las mujeres que se casan con maniáticos del control religioso acaban a menudo en una pesadilla de depresión”.

Conclusión final

El artículo que se ha reenviado una y otra vez por Internet finaliza con un consejo: “Si eres una mujer de Dios, no entregues tus derechos de nacimiento espirituales casándote con un tipo que no te merece. Tu decisión más inteligente en la vida es esperar a un hombre que realmente esté entregado en Jesús”.

Un tema de debate podría ser hasta qué punto esta clasificación y estos consejos pueden aplicarse también en ámbitos católicos y en países de lengua española. Animar a las mujeres a “esperar” suena distinto en Estados Unidos, donde la media de edad a la que se casan las mujeres es a los 27 años, mientras que en España las chicas se casan, como media, a los 33 años. Y los hombres españoles, a los 36.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=34690

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Papa Francisco: La familia es un tesoro precioso y no “una pieza de museo”

junio 2, 2017

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El Papa Francisco con las familias europeas durante la Audiencia

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Papa Francisco: La familia es un tesoro precioso y no “una pieza de museo”

Durante el Encuentro sobre la Familia promovido por la Federación Europea de las Asociaciones Familiares Católicas.

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VATICANO, 01 Jun. 17 / 10:44 am (ACI).- Las familias no son “piezas de museo”, resaltó el Papa Francisco, sino que en realidad son un “tesoro precioso” por el que todos debemos tener gran estima.

El Santo Padre hizo esta valoración durante la audiencia que concedió, en el Vaticano, a los participantes en el encuentro promovido por la Federación Europea de las Asociaciones Familiares Católicas.

El Pontífice aseguró que la familia es “un tesoro precioso”. En este sentido, afirmó que “la imagen del ‘tesoro’ es una imagen que refleja muy bien la estima que todos debemos tener por la familia”.

“En efecto, las familias no son piezas de museo, sino que por medio de ellas se concreta la capacidad de darse, el compromiso recíproco y la apertura generosa a los demás, así como el servicio a la sociedad”.

El Papa destacó que la familia es “la célula fundamental de la sociedad”. Explicó que “en Amoris laetitia quise poner en evidencia cómo a partir de la familia podemos concretar la capacidad de entregarse a los demás por medio de la belleza y de la alegría del amor recíproco”.

Por ello, pidió un mayor peso de la familia en la sociedad y que su voz sea escuchada. “No hay mejor aliado para el progreso integral de la sociedad que favorecer la presencia de la familia en el contexto social”.

“De hecho, se sigue admitiendo que la familia es la base de la sociedad y que continúa siendo la estructura más adecuada para asegurar a las personas el bien integral necesario para su desarrollo permanente”.

El Obispo de Roma puso en valor los beneficios que, tanto para la persona como para el conjunto de la sociedad, tiene la unidad de la familia: “Quiero evidenciar cómo la unidad de todos los miembros de la familia y el compromiso solidario de toda la sociedad hacia ella, son aliados del bien común y de la paz”.

“La familia es la relación interpersonal por excelencia en cuanto que es una comunión de personas”, subrayó. “Conyugalidad, paternidad, maternidad, filiación, fraternidad hacen posible que la persona sea introducida en la familia humana”.

“El modo de vivir estas relaciones –continuó– se dicta en comunión, motor de la verdadera humanización y de la evangelización. Por ello, hoy más que nunca, resulta necesaria la cultura del encuentro, en la cual se revaloriza la unidad en la diferencia, la reciprocidad, la solidaridad entre generaciones. Este ‘capital familiar’ está llamado a impregnar las relaciones económicas, sociales y políticas del continente europeo”.

La familia no puede quedarse aislada, advirtió Francisco, “necesita salir de sí misma, necesita dialogar y encontrarse con los otros para dar vida a una unidad que no sea uniformidad, y que genere el progreso y el bien común”.

También recordó lo mucho que las familias deben a los que les precedieron, a los antepasados, que “son la memoria permanente que nos debe motivar a poner la sabiduría del corazón, y no solo la técnica, en la creación de iniciativas sobre la familia y para la familia. Ellos son la memoria, y las nuevas generaciones son la responsabilidad que tenemos ante nosotros”.

“El servicio a la sacralidad de la vida se concreta en la alianza entre generaciones; se concreta en el servicio a todos, especialmente a los más necesitados, a las personas con discapacidades, a los huérfanos”.

Se concreta, también, “en la solidaridad con los migrantes; en el paciente arte de educar que ve a cada joven como un sujeto digno de todo el amor familiar; en el derecho a la vida del nasciturus que todavía no tiene voz; y en condiciones de vida dignas para los ancianos”.

El Santo Padre también animó a “desarrollar con creatividad nuevos métodos y estrategias con el fin de que la familia pueda ejercitar, tanto en el ámbito eclesial como en el civil, la triple misión de sostenimiento de las nuevas generaciones, de acompañamiento en el camino, tantas veces accidentado, de la vida, y de guía que muestra las referencias de los valores y del significado en el camino de cada día”.

Por último, el Papa analizó la situación de crisis social por la que atraviesa Europa. “En la actualidad, Europa está afrontando crisis de muy diversa índole, incluyendo la situación familiar. Pero las crisis son motivaciones para trabajar mejor con fe y esperanza”.

“En especial, Europa atraviesa en este momento por cuatro crisis: la demográfica, la migratoria, la laboral y la educativa”.

“Estas crisis podrían encontrar horizontes positivos en la misma cultura del encuentro, donde diferentes actores sociales, económicos y políticos se unen para designar políticas en favor de la familia”, subrayó.

 


El Papa alienta a Obispos del Perú a estar más cerca de la gente y de Dios

mayo 28, 2017

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El Papa Francisco con el Cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima y Primado del Perú

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El Papa alienta a Obispos del Perú a estar más cerca de la gente y de Dios

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LIMA, 28 May. 17 / 04:01 pm (ACI).- El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani, destacó recientemente el llamado que les hizo el Papa Francisco a los obispos peruanos a estar más cerca de la gente y de Dios.

Los Obispos del Perú realizaron su visita Ad Limina en el Vaticano del 15 al 20 de mayo, y se reunieron en dos ocasiones con el Santo Padre.

“Yo saco como un resumen de muchas cosas: quiere que seamos pastores. ¿Qué significa ser pastor? Estar más cerca de la gente. Y estar más cerca es casi siempre escuchar, visitar, comprender, conocer. Y ese estar más cerca de la gente, no como un entusiasta o como un líder, estar más cerca de la gente siendo Cristo que pasa”, explicó el Cardenal Cipriani en el programa Diálogo de Fe del sábado 27 de mayo, por la cadena RPP.

Además, el Purpurado recordó que el Santo Padre les dijo que para estar más cerca de la gente “hay que estar más cerca de Dios”.

“Insistió mucho en la necesidad de pasar esos momentos de oración personal, en los que Dios, Jesús me interpela y me dice: ‘Juan Luis, ¿qué pasa con esto?’. Y yo le digo ‘Ayúdame con lo otro’. Esa intimidad con el Señor es la que tenemos que llevar a la gente. Llevar a Jesús teniendo de alguna manera los sentimientos de la gente”, agregó.

El Cardenal Cipriani reiteró el deseo del Papa Francisco de visitar Perú en 2018, y narró que en el encuentro se mantuvo un “diálogo informal de unos hijos con su padre, de enorme confianza, espontáneo”.

“Ahí cada uno iba comentando dificultades, comentando anécdotas de su trabajo, explicando o preguntándole al Papa cómo puede mejorar o cambiar o plantear algo mejor. Una conversación enormemente familiar”, detalló.

Por otra parte, el Primado del Perú dijo que el Santo Padre les puso como ejemplo a Santo Toribio de Mogrovejo, “sobre todo por esa tarea impresionante de un hombre que se pasó la vida visitando las parroquias, visitando a la gente”.

El Cardenal recordó que el Papa señaló a los obispos peruanos que “el sacerdote que no imita a Santo Toribio no es peruano”.

“La verdad, yo regreso, y creo que todos, con una ilusión nueva, con un agradecimiento muy grande y con esa esperanza de que pronto podamos saber cuándo nos visita”, dijo el Cardenal.

En ese sentido, exhortó a todos los peruanos a rezar para tener nuevas noticias de la visita del Santo Padre al Perú. “No puedo asegurarlo, pero diríamos que prácticamente seguro tendremos al Papa acá y podemos empezar a rezar para que esa visita dé mucho fruto, porque no solamente será la alegría de verlo, sino el mensaje que nos trae, el ejemplo de los lugares que visitará”.

“Va a ser toda una renovación para el país, no solamente en el campo religioso, sino en el campo social y económico. Tengo mucha ilusión y mucha esperanza y como siempre les pido oraciones por el Papa, que es lo que él nos ha pedido”, añadió.

Finalmente, el Cardenal pidió al pueblo peruano “volver la mirada a Dios” y dirigir “la mirada con respeto a nuestros padres y a nuestros hijos”.

“Dejemos de destruir la familia con una ideología. Dejemos esos cenáculos realmente negativos como pueden ser las Naciones Unidas o el Banco Mundial, entidades que estaban puestas para generar paz y unidad en las naciones; y hoy día son portadoras de ideologías contrarias a las personas, a la familia, fuentes de abuso; y desde ahí se marca el gran cerebro mundial”, exhortó.

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Novena a Santa Rita de Casia (3), 15.5.17

mayo 15, 2017

DÍA TERCERO
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RITA, ESPOSA ENAMORADA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que Rita se desposó con el joven que le proponían sus padres, bien dispuesto aunque de carácter impulsivo. Rita pasó, sin duda, por un proceso de enamoramiento, a la vez sinceramente humano y libre, y a la vez, profundamente creyente, voluntarioso. En ello buscaba no tanto sus conveniencias egoístas sino la mayor gloria de Dios.

Rita, pues, se fue enamorando de Fernando, consciente y libremente; lo consideraba como un regalo maravilloso de Dios para ella: la prueba más palpable, después de sus padres, de que Dios la amaba, la valoraba, y quería verla feliz. Pues le regalaba un hombre que le perteneciera en exclusiva y de por vida.

Y Rita así aceptaba a Fernando. Por tanto se desposó tiernamente enamorada de Fernando y dando gracias a Dios por ese don inmerecido que le entregaba para siempre. Por su parte, ella se comprometió a quererlo, también para siempre, en el amor del Señor.

Por eso, dicen los biógrafos, que, como esposa, Rita procuraba conocer los deseos y necesidades de su esposo para complacerlo en todo lo que no se opusiera a la ley de Dios.

En este proceso entró el sentimiento y la voluntad debidamente balanceados que garantizan un amor maduro, verdadero: que involucra a toda la persona y para siempre.

Su esposo Pablo Fernando, dicen los biógrafos, era un hombre difícil, de carácter violento; por lo cual, además de hacer sufrir a Rita en el hogar, le acarreaba sin duda conflictos en la vida pública: enredos con malas compañías en diversiones peligrosas y juegos de azar, lo cual levantaba comentarios que comprometían a Rita y a los hijos.

Esta dificultad en la relación con su esposo, mal ejemplo a los hijos y escándalos en la sociedad, lejos de desanimar a Rita, la espoleaban para acoger a su esposo con mayor ternura, tratando de comprenderlo y perdonarlo, devolviendo bien por mal. Trataba además de reconciliar a las partes enemistadas como lo había aprendido de sus padres.

Como la mujer fuerte de la Escritura, no cedía a los lamentos depresivos, ni a la autoconmiseración. También sabía vencer la tentación de mendigar la justicia humana y las falsas compasiones, ya que le había tocado en suerte un mal esposo, le había salido malo…

Por supuesto que Rita tampoco hacía caso de las insinuaciones de la gente para que respondiera devolviendo mal por mal. Aunque le costaba entender y sobre todo practicar el perdón y la misericordia, Rita quería creer que Dios permitía todo aquello para bien. Él le daría fuerzas para llevarlo todo a buen puerto.

Buscaba en Dios, más que nunca, la fortaleza necesaria para devolver bien por mal, para no quejarse, ni acusar, ni maldecir, ni buscar ávidamente compasiones humanas.

Al revés, de su debilidad sacaba fuerzas para consolar y animar a sus hijos, para visitar a los enfermos llevándoles consuelo: ayudaba a los pobres y necesitados cuanto se lo permitían los deberes del hogar.

De esta manera, Rita aprendió a ser y a sentirse plena y feliz, aunque no fuera correspondida por su esposo Fernando. En la oración y en la vida diaria de servicio y fidelidad, Dios le fue enseñando que su felicidad no dependía de la correspondencia de su esposo y de sus hijos.

Si así fuera, debería sentirse fatalmente infeliz para siempre. Así se sentían algunas mujeres que estaban fracasando en su matrimonio y que se compadecían de Rita por los extravíos de su marido, y por su mala suerte en el matrimonio.

¿Pero no sería Dios capaz de hacerla feliz aun en medio de esas circunstancias que ella no podía cambiar ni había buscado?

Si la felicidad de Rita dependía irremediablemente de la correspondencia de su esposo y de sus hijos, Dios sería injusto. La condenaría a ser infeliz y desdichada en su vida. Pero no, Rita entendió que su felicidad dependía sólo de ella y de Dios. Al casarse se había unido a su esposo por amor a Dios, y a Dios le había prometido hacer feliz a su esposo y a llevarlo por el camino del bien. Y eso nadie se lo podía prohibir ni tampoco impedir.

Por otra parte, Dios sería el más interesado en darle esa posibilidad, porque para los hombres es imposible devolver bien por mal y ahogar el mal a fuerza de bien. Y ese amor divino derramado en ella sería fuente de felicidad. Más feliz es el que más ama…

Así, Rita aprendió a tener en Dios al mejor de los esposos y al mejor padre de sus hijos. Y al amar a Dios y por su amor hacer el bien a discreción, Rita se llenaba de felicidad y de satisfacción al sentirse creadora y redentora de los suyos en Dios, colaborando con Dios de manera incondicional como esposa y madre, desarrollando al máximo toda su feminidad y su maternidad, como mujer transformada por el Espíritu.

Pero lo que más le preocupaba a Rita era la conversión de su esposo, y por esta intención oraba sin interrupción. Al fin, Dios le concedió la gracia de la conversión y cambio de su esposo.

Esto le causó una inmensa alegría, que apenas pudo disfrutar, porque al poco tiempo su esposo Pablo Fernando, según dicen las crónicas, murió asesinado en una emboscada que le tendieron de noche cuando regresaba a casa. No sabemos el motivo.

Rita supo encajar este duro golpe de la vida con dignidad y entereza. Le arrebataban lo que más amaba de la vida, después de Dios. Su sufrimiento fue sereno, dando ejemplo a sus hijos, perturbados por la muerte cruel e injusta de su padre.

Lamentablemente, los dos hijos, entre desconcertados y dolidos, son instigados a la venganza y al odio. Rita tendrá que ayudarlos a perdonar, a olvidar y a amar a los asesinos de su propio padre.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

El primer relato bíblico de un matrimonio ritual entre judíos lo encontramos en Génesis 24, 1-53. Del texto se desprende que el matrimonio entre creyentes judíos está en función del cumplimiento de la Promesa. Leamos:

Abraham era ya muy viejo. Yahvé le había favorecido en todo. Abraham dijo a su servidor más antiguo, que era su mayordomo: “Te ruego pongas tu mano bajo mi muslo. Me vas a jurar por Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer entre las hijas de los cananeos que nos rodean. Sino que tú irás a mi país a buscar, entre mi parentela, una mujer para mi hijo Isaac”.

El servidor respondió: “Y si la mujer no quisiera venir conmigo a esta tierra, ¿deberé llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?”

Abraham contestó: “Por ningún motivo llevarás para allá a mi hijo, pues Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que me sacó de la familia de mi padre y del país donde nací, me prometió con juramento que entregará este país a mi descendientes.

Yahvé enviará a su ángel delante de ti y tú tomarás allá una mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, estarás libre de este juramento; pero tú, en ningún caso lleves para allá a mi hijo”.

El mayordomo oró así: “Yahvé, Dios de mi patrón Abraham, haz que me vaya bien hoy y muestra tu benevolencia para con mi patrón Abraham. Voy a quedarme junto a la fuente, ahora que las muchachas de la ciudad vienen a buscar agua.

La joven a quien yo le dijere que incline su cántaro para que yo pueda tomar agua y ella me respondiere: ‘Toma y voy también a dar de beber a tus camellos’, haz que sea ella la que tú has destinado a tu servidor Isaac. Dame a conocer de este modo tu cariño para con mi patrón”.

Y más adelante, en los versículos 50 al 53, leemos:

Labán y Batuel dijeron al mayordomo de Abraham: “Se ve que la mano de Yahvé está en todo esto. No podemos oponernos. Ahí está Rebeca, llévatela y que sea la esposa del hijo de tu patrón como lo ha mandado Yahvé”.

Cuando el servidor de Abraham oyó lo que decían, se echó a tierra para adorar a Yahvé. Luego sacó joyas de oro y plata y vestidos, los que dio a Rebeca. Hizo también buenos regalos a su hermano y a su madre y familiares. Llamaron a Rebeca y le preguntaron: “¿Quieres irte con este hombre?” “Sí, me voy”, contestó.

Entonces dejaron partir a su hermana Rebeca y a su nodriza con el servidor de Abraham y con sus hombres.

En Tobías 7, 9-16, encontramos los detalles ceremoniales de la celebración del matrimonio:

Entonces Ragüel llamó a su hija Sara, le tomó la mano, se la entregó a Tobías, diciendo: “recíbela por esposa, según la ley y lo que está escrito en el libro de Moisés. Llévala a la casa de tu padre. El Dios del cielo los guíe por los caminos de la paz”.

Luego dijo a la madre que trajera una hoja de papiro, en ella escribió el contrato matrimonial, y lo firmaron. Terminado esto, se pusieron a comer y beber. Ragüel llamó a su esposa y le dijo: “Hermana, prepara otro dormitorio para Sara”.

Ella preparó la habitación y llevó a Sara, que se puso a llorar. La madre secó las lágrimas de su hija y le dijo: “Hija mía, ten confianza; que el Señor del Cielo te dé alegría en lugar de tristeza. Confianza, hija”. Y salió.

En el capítulo 8, 1 y siguientes, leemos:

Después de la cena, hablaron de acostarse y acompañaron al joven de la sala donde había comido a su habitación… Mientras tanto, los padres habían salido de la habitación.

Entonces Tobías dijo a Sara: “Levántate, hermana, y oremos para que el Señor tenga piedad de nosotros”. Luego dijo Tobías: “Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu nombre santo y glorioso por los siglos de los siglos; que los cielos y todas las criaturas te bendigan.

Tú creaste a Adán y le diste a Eva su mujer, como ayuda y compañera, para que de los dos naciera la raza humana. Tú dijiste: No está bien que el hombre esté solo, démosle una compañera semejante a él.

Ahora, Señor, tomo a mi hermana con recta intención y no buscando el puro placer. Ten piedad de nosotros y que podamos llegar juntos a nuestra ancianidad”. Ella respondió: “Amén”. Y se acostaron los dos para pasar la noche.

En el Nuevo Testamento encontramos maravillosas exhortaciones que, sin duda, Rita meditó y siguió ejemplarmente. Así, por ejemplo, en Efesios, 5, 22-33:

Que las esposas se sometan a sus maridos como al Señor. En efecto, el marido es cabeza de su esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo Salvador. Y así como la Iglesia se somete a Cristo, así también la esposa debe someterse en todo a su marido.

En otro lugar, el mismo san Pablo insiste: A los casados les ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe de su marido… Lo mismo que el marido no despida a su mujer.

Si alguna mujer tiene un esposo que, sin compartir su fe, está conforme en vivir con ella, no se divorcie, pues el esposo no creyente es santificado por su esposa, y la esposa no creyente es santificada por el marido que tiene fe… y los hijos también están consagrados a Dios (1 Corintios 7, 10-14).

Por su parte, san Pedro completa esta espiritualidad matrimonial: Que las mujeres obedezcan a sus maridos, y con eso seguramente ganarán a aquellos que se resisten a la predicación. Al verlas castas y serias en su conducta, esa misma conducta hará las veces de predicación.

No se preocupen tanto por lucir peinados rebuscados, collares de oro, vestidos lujosos, todas cosas exteriores. Sino que más bien, irradien de lo íntimo del corazón la belleza de un espíritu suave y tranquilo; eso sí que es muy precioso ante Dios (1 Pedro 3, 1-3).

Estas enseñanzas bíblicas sobre la familia se reflejan en la tradición agustiniana, de una manera específica, porque san Agustín tuvo una madre santa, Mónica. Es decir, Agustín forma parte de una familia de santos. Eso marca de manera especial el carisma que trasmite a sus hijos espirituales. La Orden agustiniana no surge de un individuo sino de una comunidad de santos: Agustín y Mónica.

De ahí que la Orden siempre ha presentado a la madre con el hijo, o al hijo con la madre; y así, necesariamente, ha iluminado el misterio de la familia humana. No es casualidad que santa Mónica haya sido presentada siempre en la Iglesia como modelo de esposa y de madre cristiana; y haya sido propuesta de manera especial por los agustinos.

Pues bien, desde niña, santa Rita estuvo en contacto con la espiritualidad agustiniana y debió de abrevarse en sus fuentes. El texto que vamos a reproducir enseguida refleja un paralelo providencial: Mónica y Rita, unidas en una vocación muy parecida, casi idéntica. Designios de Dios… San Agustín nos describe así el ejemplo de su madre:

“No callaré ninguno de los sentimientos que brotan en mi alma, inspirados por aquella sierva tuya que me alumbró en la carne para la vida temporal y me dio a la luz según su corazón para que renaciese a la vida eterna. No diré sus dones, sino tus dones en ella.

Educada en honestidad y templanza, y sujeta más por ti a sus padres que por sus padres a ti, llegada a la pubertad y entregada a su marido, sirvióle como a su señor y se afanó en ganarlo para ti. Hablándole de ti con sus costumbres, con las que la embellecías y hermoseabas haciéndola digna del respeto, del amor y de la admiración de su marido.

Y de tal manera soportó sus infidelidades que nunca tuvo por ello contienda con él; esperaba que tu misericordia descendiese sobre él, dándole al mismo tiempo la fe y la fidelidad.

Por otra parte, él era extremoso en el afecto, pero también fulmíneo en la ira. Pero ella tenía la prudencia de no enfurecerlo cuando estaba enojado, ni con obras, ni con palabras, y así, pasado el desahogo de la cólera y ya quieto y sosegado, aprovechaba ella la primera oportunidad para explicarle lo que había hecho, si él se había desmandado en la cólera…

Las amigas, sabedoras de lo feroz que era el marido de Mónica, se admiraban de cómo podía sobrellevarlo, hasta el punto de que no hubiera el menor indicio de que Patricio le hubiera puesto alguna vez las manos encima y hubiese tenido con ella alguna reyerta doméstica. Así era mi madre, siendo Tú su maestro íntimo en la escuela de su corazón.

Finalmente, ya en lo postrero de su vida temporal, ganó a su marido para ti y en él, fiel ya, no tuvo que llorar lo que había tenido que tolerar cuando era infiel” (Confesiones, Lib. 9, 8-9).

6. Consideraciones bíblico-teológicas

El relato del Génesis 24, enseña que el matrimonio está en función de la promesa de Dios, pues a Abraham se le prohíbe casar a su hijo con una mujer pagana, no judía, que anularía la realización de la promesa de Dios. Abraham quiere asegurar la descendencia a través de Isaac según la promesa del Señor y busca mujer para su hijo, pero una mujer que no aparte a su hijo de la fe recibida ni de la promesa de Dios.

El matrimonio, pues, no está en primer lugar en función de las conveniencias naturales o egoístas o familiares, sino que está siempre y en primer lugar en función de la gloria de Dios; no en función de los esposos, de sus gustos, realizaciones personales, sino en función de la realización del plan de salvación de Dios sobre los hombres.

Por otro lado, la felicidad de los esposos y la descendencia no sufrirán menoscabo por esa prioridad, sino al revés, quedarán garantizadas y perfeccionadas plenamente esas expectativas. Primero es la fidelidad al plan de Dios. La fe orienta al matrimonio y los hijos: antes que esposos y padres son creyentes.

El Antiguo Testamento ya nos proporciona la consistencia religiosa de la vida familiar. Cristo lo elevará a sacramento de su amor tierno y fiel a su propio Cuerpo, la Iglesia.

Por tanto, la fe entra de lleno en una experiencia tan fundamental en la vida humana como es la convivencia familiar. Los creyentes, por la fe se hacen esposos y padres. La fe constituye el fundamento suficiente y necesario para el matrimonio. Perfecciona cualquier otra motivación o fundamento.

Por tanto, la recepción del sacramento del matrimonio y la vivencia del mismo no constituyen algo opcional, sino algo necesario, para aquellos creyentes que deseen vivir esa experiencia como Dios lo ha dispuesto. El sacramento del matrimonio capacita a los que se casan ante Dios para superar lo que es imposible humanamente y amarse en toda la belleza y felicidad que Dios ha dispuesto sólo para sus hijos.

En la vida familiar, la relación constitutiva y fontal es la esponsal: ser y hacerse constantemente esposos, cada día más enamorados. Es la tarea más estimulante y la más difícil del matrimonio, la más fecunda y santificadora.

En el orden de importancia y de los principios aventaja a la relación de padres. La relación esponsal constituye la fuente de la felicidad de los esposos y padres. Por lo tanto, también para los hijos.

Por otra parte, solamente el amor de Dios puede garantizar la estabilidad y plena realización del matrimonio. En el matrimonio se comprometen tres: los esposos y Dios. La experiencia religiosa garantiza la fidelidad de los esposos, pues la alimenta constantemente.

Si falla una parte, Dios permanece fiel, dispuesto siempre a restaurar la unidad. Él consolará a la parte fiel, la robustecerá espiritualmente y además utilizará su dolor y sacrificio para salvar, tarde o temprano, pero de manera indefectible creemos, a la parte infiel.

Estamos seguros en la fe de que la parte equivocada no se puede perder para siempre, mientras haya fidelidad por la otra parte, pues Dios amontonará ascuas de remordimiento en el corazón del cónyuge infiel.

Y creemos que no se perderá por la misericordia de Dios expresada en la fidelidad de la parte creyente y santa.

El cónyuge fiel es el camino ordinario, poco menos que único, para que Dios actúe en la parte infiel. Porque nadie como él puede entender a su pareja y comprenderla mejor, y, por tanto, perdonar con el amor del Señor. Y ésta será la gran misión del cónyuge fiel: salvar, redimir a su pareja.

Una misión que merece la pena, y que le llenará de satisfacción humana y religiosa. Así sucedió en el caso de santa Mónica y en el caso de santa Rita: lograron la conversión de sus esposos, el primero pagano y el segundo inconsecuente con la fe recibida.

Esos ejemplos son normativos para las familias cristianas si es que se sienten como tales y como tales quieren conducirse.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para el día tercero

9. Oh Dios, que concediste a las santas mujeres de la Biblia, y a Rita en particular, conocer y amar a sus futuros esposos y novios en la fe y el amor a ti,
– concede a los jóvenes que se preparan para el matrimonio poder formar verdaderos hogares cimentados en las afinidades humanas, y sobre todo en la fe y el amor cristianos.

10. Oh Dios, siempre fiel a tu alianza y que no quieres que nadie se pierda,
– bendice a los esposos, santificados por tu gracia, para que se rediman el uno al otro, precisamente en el amor de Cristo y así aumenten con sus hijos tu familia en el mundo.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Mujer: compañera, madre y transformadora de la sociedad

marzo 26, 2017

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Mujer, esposa y madre, feliz con su vocación de fiat, como María, la Santa Virgen y Madre

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Mujer: compañera, esposa, madre y transformadora de la sociedad

“Fiat”: El amor en femenino

Por Sheila Morataya-Fleishman

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Decir “sí” a nuestra máxima vocación como mujeres en estos tiempos no es fácil. Por esto es importante contemplar el fiat (hágase) de María cuando se le anunció que iba a ser madre. ¿Cómo fue su respuesta ante el anuncio del Ángel? “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

El fiat de María es el sí más absoluto que podía salir de ella. Manifestaba la grandeza en sí como mujer y la calidad de su corazón así como su compromiso con la sociedad. Dice que se haga, no un “lo pensaré”. Necesitamos volver a Nazaret y contemplar al modelo de mujer que hemos heredado nosotras las cristianas.

Contemplar a la Santa Virgen para muchas mujeres es como contemplar a una mujer más allá de las propias posibilidades. Cuando en realidad, María representa todo lo que nosotras las mujeres modernas de hoy podemos llegar a ser como compañeras, esposas, madres y transformadoras de la sociedad.

Compañeras -y esposas-: que se traduce en sostenimiento y apoyo. Y para poder serlo hay que estar una misma bien asentada; pero esto sólo es posible si interiormente todo está en el orden debido y descansa en equilibrio. No podemos aspirar a ser sostenimiento y apoyo de un esposo si no hay paz interior y armonía en nuestro mundo íntimo.

Por esto es tan importante que volvamos y examinemos si somos mujeres de oración. La oración, como decía la Madre Teresa de Calcuta, es como la gasolina para los automóviles. Sin esta, el carro no funciona, incluso aunque todo su exterior e interior esté perfecto.

Sucede lo mismo en nosotras, la oración es lo que hace que nuestro cuerpo funcione óptimamente. Con una capacidad que sólo puede venir a través de esos minutos a solas conmigo y mi Padre Dios. Prepara todo nuestro sistema nervioso y espiritual para la entrega.

Ser madre: es proteger, custodiar y llevar a su desarrollo la humanidad verdadera. Sí, esto es ser madre, podemos resumirlo en una palabra tomada de Carmen Balmaseda en su libro, La Mujer frente a sí misma que, en definitiva, si soy mamá, “estoy atenta”. ¿Estoy educada para ello? ¿Cuál es mi actitud hacia la persona? ¿Qué es el hombre, el hijo, la sociedad para mí? ¿Cómo es la calidad del amor que brindo?

Realización:

Según la Carta apostólica de san Juan Pablo II La Dignidad de la Mujer, la virginidad y la maternidad son dos dimensiones particulares de la realización de la personalidad femenina.

La mujer encuentra y experimenta una plena realización de su ser al convertirse en potencialmente portadora de la vida. Por esto es que se hace tan necesario volver a la pregunta ¿qué es el hombre, el hijo, la sociedad para mí? ¿Soy consciente de que el hombre es el único ser de la creación que Dios ha amado por sí mismo?

Esto nos hace ver que también yo decido por mí misma y encuentro mi propia plenitud y felicidad en la entrega a los demás. Ser madre es entregarse, es abrirse, es elevarse a otra dimensión. La del fiat, la de la generosidad. Ser esclava, “porque a mí me da la gana” y al hacerlo no sentirme de la época pasada. Es la pura manifestación del amor, y el amor es el área en donde los valores son especialmente realizables.

San Agustín decía: mi amor es mi peso; por él voy adondequiera que voy; amor es gravitación hacia lo amado. ¿Hacia dónde estoy gravitando yo como mujer? ¿Cómo es mi apostolado hacia aquellas mujeres que se cierran hacia el don de la vida? ¿Pienso que no es mi problema? Y si ya soy madre, ¿cómo está siendo mi entrega?

Cada minuto que pasa, cada segundo es una oportunidad en el tiempo que se nos da para brindar lo mejor de nosotros mismos. San José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, escribía en su libro Camino: cumple el pequeño deber de cada momento. Haz lo que debes y está en lo que haces.

Por esto no debemos olvidar que cuando estamos al cuidado de nuestros hijos, estamos escribiendo una novela, una historia personal que quedará grabada en lo más profundo de sus corazones. Si soy madre debo sentirme plenamente realizada y esto se verá en mi apertura para con mis hijos porque realmente “estaré” con ellos y para ellos.

Entrega:

La entrega es tener la valentía de renunciar a ser egoísta y decir sí al amor y los cuidados que vienen de la mano con el hijo. La entrega es estar dispuesta a quedarse en casa y desarrollar los seminarios de relaciones humanas que sabemos serán los más importantes de su vida.

La verdadera entrega te lleva a renunciar a las ganas de brillar; a quedarse con esa criatura o criaturas las 24 horas del día y abrazada a ese trabajo escondido y enseñar lo que es el amor, un término sublime tan maltratado en nuestros días. No se enseña con palabras, mucho menos inscribiendo a nuestros hijos en los mejores colegios. Se enseña con el “sí, el fiat”.

La felicidad es una meta natural en el hombre, pero esta es una consecuencia. La felicidad se encuentra en la atención a otro ser humano. Al tener nuestra atención desde nuestro mismo fondo y desde nuestro corazón, podremos experimentar ese gozo espiritual que se llama alegría.

Es la serenidad silenciosa que descansa en el fondo de cada una al ejecutar con amor total la tarea de cuidar, formar, iluminar el conocimiento y las ventanas del entendimiento hacia la experiencia de ser un ser humano.

Conocedoras de esto, el aburrimiento que viene con la rutina será más fácil de sobrellevar porque sabremos que en todo momento estamos siendo útiles; sembradoras de nuestras propias tierras.

Dios nos hace “ver” claramente que las citas de negocios se convierten en visitas al doctor y se disfrutan lo mismo. Los compromisos de eventos y fiestas se convierten en compromisos de paseos y entretenimientos para la educación intelectual y motriz de los niños y nos llevan a nosotras mismas a un aprendizaje diferente. El traje sastre y los zapatos de tacón vienen a ser sustituidos por camisetas blancas y un par de blue jeans.

¡Qué profesionales somos al quedarnos en casa! !Desarrollando el prestigio más importante y sublime de todos: en donde “la justicia y la paz se abrazan” al pronunciar aquel sí, gracias al cual “la tierra da su fruto”!

Por Sheila Morataya-Fleishman
Fragmento de un artículo publicado originalmente por Encuentra.com

Mujer: compañera, madre y transformadora de la sociedad


Maná y Vivencias Cuaresmales (4), 4.3.17

marzo 4, 2017

Sábado después de Ceniza

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Familia con hijos

Familia, sé lo que eres, que ya es bastante

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Antífona de entrada: Salmo 68, 17

Escúchanos, Señor, pues eres bueno y míranos conforme a tu bondad infinita.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre nosotros tu mano poderosa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 58,9b-14

Así dice el Señor Dios: «Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña; reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.

Si detienes tus pies el sábado y no traficas en mi día santo, si llamas al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor, si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus asuntos, entonces el Señor será tu delicia.

Te asentaré sobre mis montañas, te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob.» Ha hablado la boca del Señor.


SALMO 85, 1-2.3-4.5-6

Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.

Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.


Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 33, 11

No quiero la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva, dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros.

Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»

Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»


Antífona de comunión: Mateo 9, 13

Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
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VIVENCIAS CUARESMALES

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4. SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA

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TEMA: Santificación del Sábado.

Sumisión a Dios, amor ordenado hacia el hermano.

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La vida feliz en el amor a Dios y al prójimo, necesita un tiempo fuerte de revisión, de celebración y afirmación personal y comunitaria. Ese tiempo sagrado es el Día del Señor, el Domingo.

En el Antiguo Testamento se nos prescribe el descanso sabático: “Si detienes tus pies el sábado, y no traficas en mi día santo; si llamas al sábado tu delicia, y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus asuntos, entonces el Señor será tu delicia” (Is 58, 13-14).

En otras palabras y abundando en lo mismo:

Seis días tendrás para tus trabajos y ocupaciones, pero el séptimo día, no trabajarás, no lucrarás, pues no te pertenece; es del Señor. Por tanto, descansarás y lo santificarás. ¿Cómo?

Dando culto a tu Dios, por una parte, y, por otra, entregándote a los hermanos, sobre todo a tu propia familia. Ellos, además del pan de cada día, necesitan tu cariño, tu cercanía, tu amor sincero.

También te acordarás de los pobres: Darás limosna de lo que el Señor te ha regalado en tu trabajo durante la semana. Si tienes fe darás hasta el diezmo de todo cuanto el Señor te da, porque tu confianza está en el Señor, no en tus fuerzas ni en tus previsiones, ni en tus provisiones o seguridades.

Ese día es sagrado, reservado para Dios; no le pertenece al hombre, es de Dios, y el hombre debe respetarlo haciendo lo que Dios prescribe.

Lo expresa la primera lectura: es preciso renovar el amor al hermano practicando una convivencia verdaderamente fraterna, en primer lugar en el hogar, que es la iglesia doméstica; y en segundo lugar, participando en la eucaristía, en la familia eclesial como cuerpo místico de Cristo, llevando al altar la ofrenda, compartiendo los bienes con el hermano necesitado.

En el Domingo, todos los bautizados celebran la mayor riqueza que tienen en común: la salvación en Cristo. Si comparten lo más valioso, con más razón compartirás lo que vale menos, lo material.

Por tanto, los hermanos deben igualarse o nivelarse en la posesión y en el uso de los bienes materiales; es decir, tienen que hacer limosna.

En el domingo debe anticiparse aquella unidad que tendremos en la Jerusalén celestial. Los santos padres son muy exigentes en la construcción del reino de Dios sobre la justicia, la limosna y la intercomunión o comunicación de los bienes materiales.

La común herencia de los bienes eternos debe relativizar y orientar la posesión y el uso de los bienes temporales y pasajeros.

La caridad y la justicia para con todos los hombres, especialmente para con los más necesitados, acarreará al cristiano la plenitud de vida y la máxima capacidad de trasmitir vida, empezando por su propia casa:

“Brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña, reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán tapiador de brechas, restaurador de casas en ruinas.

Si detienes tus pies el sábado, y no traficas en mi día santo; si llamas al sábado tu delicia, y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de realizar tus negocios, entonces el Señor será tu delicia.

Te asentaré sobre mis montañas, te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob –ha hablado la boca del Señor– “ (Is 58, 9-14).

Como se trata de algo tan importante, Dios no lo deja a la improvisación sino que “manda” santificar el Sábado, para nosotros el Día del Señor, el Domingo.

Dios sabe que el hombre necesita dedicar un día íntegro cada semana, para renovar los fundamentos de su existencia, para mantener y aun hacer crecer su bienestar integral: su relación con Dios y su relación con el hermano, comenzando por la familia; y hasta para salvaguardar su propia salud física, psicológica y emocional.

La Iglesia prescribe este descanso dominical para todos sus hijos bajo conciencia de pecado grave, porque se trata de algo transcendental en la vida cristiana.

Efectivamente, quien no santifica el Día del Señor estaría dañando gravemente su vida espiritual: su relación vital con Dios y su relación afectuosa con los hermanos. Ese tal lastimaría gravemente su bienestar integral como persona creyente.

En fin, no estaría capacitado para vivir como el Señor espera de él: siendo sal de la tierra y luz del mundo.

El Día del Señor es un día de fiesta para renovar la vida familiar: reconciliación y diálogo entre los esposos y renovación de la relación con los hijos; el domingo pueden rezar juntos y, si se puede, acudir en familia al templo para escuchar la palabra de Dios, darle gracias por la salud, el trabajo, la fe… y renovar la verdadera comunión entre todos los miembros de la familia en el seno de la comunidad eclesial.

Con el precepto dominical, Dios y la Iglesia salen al encuentro de la debilidad del hombre, procurándole una vida feliz.

Con la observancia obsequiosa del Domingo, nosotros le permitimos a Dios extender su mano misericordiosa cada semana sobre nosotros para sanar nuestras dolencias, darnos ánimo para seguir caminando por la vida con esperanza y fortaleza hasta llegar a la Patria definitiva.

Cada domingo, reconocemos que estamos enfermos, y acudimos esperanzados al Señor; y él se va glorificando en nuestra debilidad y adelantando su Reino en nuestra persona, en nuestra familia, en la Iglesia.

“Éste -el día domingo- es un día que constituye el centro mismo de la vida cristiana… El descubrimiento de este día es una gracia que se ha de pedir, no sólo para vivir en plenitud las exigencias propias de la fe, sino también para dar una respuesta concreta a los anhelos íntimos y auténticos de cada ser humano” (Dies Domini, 7).

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