Movimiento Juvenil “Anuncio”

septiembre 30, 2013

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Señor, quiero traerte a muchos jóvenes para que te conozcan y te amen

Señor, ayúdame: Quiero traerte a muchos jóvenes para que te conozcan y te amen

 

Actualizado 29 agosto 2013  

P. J. Ginés / ReL                 

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Estos días, por cuarto año consecutivo, jóvenes evangelizadores recorren playas españolas presentando el evangelio e invitando a  la oración. Se ha consolidado en España la metodología del movimiento juvenil “Anuncio”, de origen francés.

Jóvenes españoles, y algunos franceses, recorren playas y “chiringuitos” costeros en San Sebastián, Ibiza y Jávea (Alicante) con camisetas llamativas, invitando a las personas a visitar la parroquia, o incluso una carpa-capilla en la playa misma, donde pueden encontrar el Santísimo.

La adoración eucarística es un elemento importante para los misioneros de Anuncio.

La vida espiritual del veraneante

A veces, atraen a la gente con música, o con un partido de voleibol, con representaciones sobre la arena, etc. Siempre hay veraneantes con tiempo y ganas de charlar y hablar de su vida espiritual (o ausencia de ella), de sus inquietudes.

Muchas personas alejadas de la fe prefieren hablar con jóvenes en bañador y camiseta que acercarse a consultar a un sacerdote en una parroquia, un lugar que muchas personas no visitan y sienten muy ajeno a su experiencia.

Un método para parroquias y movimientos

Los jóvenes misioneros de Anuncio proceden de distintas parroquias, movimientos y realidades eclesiales: es una metodología transversal.

Han pasado dos o tres días en Marsella, en oración y recibiendo la formación mínima para la “evangelización playera y callejera”: qué decir, qué no decir, cómo ser abiertos pero no invasivos, cómo suscitar el diálogo, cómo ofrecer a Dios los momentos de desilusión, desánimo o rechazo.

Después dedican una semana a evangelizar en las ciudades asignadas, y finalmente se reunirán todos en París, en un gran evento musical y evangelizador ante la Basílica del Sagrado Corazón.

Confesores y reliquias

Tanto en este gran evento como en los días previos de preparación, abunda la presencia de sacerdotes confesores, religiosos dedicados a la evangelización callejera y suele haber reliquias de santos (a menudo Teresa de Lisieux o Teresa de Calcuta, patronas de la iniciativa), que son un modelo para los jóvenes misioneros.

Seis años de playa en playa

El Festival Anuncio nació en Francia en agosto 2008 por iniciativa de jóvenes laicos católicos coordinados por el arquitecto Raphaël Cornu-Thénard, un promotor de campamentos de evangelización.

La primera edición contó con 150 jóvenes que evangelizaron en 4 ciudades de veraneo en Francia. Al año siguiente, ya eran 250 jóvenes en 7 ciudades en agosto, con el apoyo de obispos como Dominique Rey, de Toulon, o el cardenal Barbarin, de Lyon.

En 2010 ya eran 300 los jóvenes misioneros en 10 ciudades, incluyendo San Sebastián, donde el obispo José Ignacio Munilla acogió con agrado la iniciativa.

Inspirando grupos en España

En 2011 Anuncio abrió una casa de jóvenes misioneros en Madrid, con motivo de la JMJ, y se dio a conocer en más diócesis: la “evangelización playera” se consolidó, y llegó a más ciudades españolas.

Anuncio inspiró parte de la metodología de nuevos grupos evangelizadores callejeros como “Totus Tuus” en Madrid o “Kerigma-Arde Complutum” en Alcalá de Henares.

Más sobre Anuncio, en español, aquí. http://www.anuncio.fr/festival-anuncio/?lang=es

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=30852

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El maná de cada día, 30.9.13

septiembre 30, 2013

Lunes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

El más pequeño de vosotros es el más importante.

El más pequeño de vosotros es el más importante.



PRIMERA LECTURA: Zacarías 8, 1-8

En aquellos días, vino la palabra del Señor de los ejércitos: «Así dice el Señor de los ejércitos: Siento gran celo por Sión, gran cólera en favor de ella.

Así dice el Señor: Volveré a Sión y habitaré en medio de Jerusalén.

Jerusalén se llamará Ciudad Fiel, y el monte del Señor de los ejércitos, Monte Santo.

Así dice el Señor de los ejércitos: De nuevo se sentarán en las calles de Jerusalén ancianos y ancianas, hombres que, de viejos, se apoyan en bastones.

Las calles de Jerusalén se llenarán de muchachos y muchachas que jugarán en la calle. Así dice el Señor de los ejércitos: Si el resto del pueblo lo encuentra imposible aquel día, ¿será también imposible a mis ojos? –oráculo del Señor de los ejércitos–.

Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios con verdad y con justicia.»


SALMO 101, 16-18.19-21.29.22-23

El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.

Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.

Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia, para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 10, 45

El Hijo del hombre ha venido para servir y a dar su vida en rescate por todos.


EVANGELIO: Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.

Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»

Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»

Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»
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SERVIR A TODOS

Servir exige la necesaria humildad de ponerse por debajo de otros. ¿Cómo tienes que servir? Como Cristo sirvió.

Contémplale lavando los pies a sus discípulos: al que había de negarle, al que recostó la cabeza sobre su pecho, al que eligió para ser roca de la Iglesia, a los que se disputaron el primer puesto, al que le vendió por treinta monedas.

Contémplale curando a los más necesitados, consolando a la madre viuda, devolviendo la vista a tantos ciegos, saciando el hambre de multitudes, predicando a todos las cosas del Reino.

Pues bien, ninguno de estos servicios podrá jamás igualar en algo al mayor y supremo servicio de la Cruz.

No te importe dedicarte a tareas aparentemente inútiles o a ocupaciones que no te dan relumbrón ante los demás. No te importe hacer tú aquello que nadie quiere hacer. ¿Que terminan todos aprovechándose –incluso abusando– de tu disponibilidad? ¿Que van buscándote por interés o conveniencia y hasta se sirven de ti y luego te olvidan?

Muchos de aquellos leprosos, ciegos, enfermos, que pidieron al Señor una curación también se acercaron al Maestro por puro interés y luego se olvidaron de El; algunos, incluso, estuvieron mezclados entre aquella turba que gritó crucifixión para el Señor el día de Viernes Santo.

Si tu mayor o menor disponibilidad está, como una veleta, a merced de antipatías y simpatías, de políticas humanas, de la buena o mala opinión que te pueda proporcionar, del beneficio propio que puedas obtener, entonces tu actitud de servicio no irá nunca más allá de los límites de una miope filantropía que se va haciendo cada vez más egoísta.

La verdadera caridad no se cansa de amar, en Dios y desde Dios. Y no teme servir hasta la humillación de la Cruz, si con eso imita en algo el amor de aquel Dios inclinado a lavar los pies de sus criaturas.

Lañas diarias www.mater-dei.es


El kerigma en las redes social: ¿Cómo y con qué fuerza?

septiembre 29, 2013

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Como gotas de aceite sobre el agua

¿Como gotas de aceite sobre la superficie del agua?

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Martes, 19 de febrero de 2013

El Kerigma en las redes sociales. El símil de una gota de aceite

Néstor Mora

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Pensemos qué sucede cuando ponemos una gota de aceite sobre la superficie del agua. Algo similar sucede con la evangelización en las redes sociales.

Cuando formamos grupos y comunidades virtuales, tendemos a crear un espacio cerrado donde nos sentimos cómodos y seguros.

En este espacio compartimos enlaces, materiales, comentamos, aprendemos, enseñamos e incluso colaboramos, pero ¿existe una evangelización plena dentro de estos mini universos sociales?

El Arzobispo Ángelo Amato, siendo secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nos indicó con certeza a qué nos referimos al hablar de evangelizar: “evangelizar significa no solamente enseñar una doctrina sino anunciar al Señor Jesús con palabras y acciones, es decir, hacerse instrumento de su presencia y de su acción en el mundo”.

“Es tarea prioritaria de la Iglesia conducir a los seres humanos a la amistad con Jesucristo en la libertad y el respeto de la conciencia ajena”

Evangelizar, por lo tanto, tiene tres dimensiones:

1.            Anuncio (Kerigma)

2.            Formación (Catequesis)

3.            Compromiso (Diakonia)

Podemos pensar si estas tres dimensiones aparecen dentro de nuestra acción como cristianos en las redes sociales.

El Kerigma se difunde a quienes no creen o tienen dudas. Es una llamada a conocer a Cristo y empatizar con su Persona y Mensaje. El Kerigma no es fácil de lanzar hoy en día, ya que la sociedad está “vacunada” para rechazar el cristianismo a través de prejuicios muy bien cimentados.

El Kerigma se compone de elementos emotivo-sociales que buscan impactar sobre nuestra realidad humana y darle sentido.

Actúa como un martillo que rompe la muralla de prejuicios y establece una vía de comunicación por la que posteriormente podremos ir profundizando en la Persona de Cristo y su Mensaje

La Catequesis, necesita de personas que ya hayan aceptado el Kerigma y deseen penetrar en el Misterio presente en el cristianismo. Esta dimensión de la evangelización necesita de paciencia y continuidad.

En las redes es sencillo realizar una labor catequética, ya que los lazos creados nos permiten compartir, aprender y enseñar.

El Compromiso es tan importante como el Kerigma y la Catequesis. Si no damos testimonio creíble con nuestra vida y acciones ¿quién nos creerá? ¿Qué compromiso podemos fomentar en las redes?

Podemos fomentar que nos convirtamos en nudos de evangelización activa, podemos fomentar la oración común y vida sacramental, proyectos comunes, causas humanitarias, etc.

Volvamos a la pregunta inicial: ¿Existe una evangelización plena dentro de estos mini universos sociales en los que nos movemos?

La respuesta es “depende y según”. Normalmente tendemos a crear gotas sociales de aceite que flotan sin mezclarse con agua. En todas las comunidades virtuales aparecen límites que nos impiden llegar fácilmente más allá de quienes nos siguen y seguimos.

Dentro de estas gotas de aceite se puede hacer un desarrollo catequético interesante, se pueden promover acciones de ayuda y compromiso, pero difícilmente podemos lanzar el Kerigma sin salir de la cómoda burbuja donde nos alojamos.

Ahora ¿cómo salir de la burbuja? No nos queda más que salir a la plaza pública digital (Areópagos), es decir, acceder a foros o grupos abiertos donde se traten temas más o menos afines con nuestra Fe.

Para acceder a estos  Areópagos hay que tener en cuenta que:

1.            Aunque haya muchos lectores, habrá pocos participantes activos. De los participantes, la mayoría de los participantes activos nos recibirá mal o a lo sumo, se nos tolerará. No pasa nada, que esto sea así es bueno, ya que la polémica atrae a muchas personas, y malo, si esta pugna nos hace olvidar nuestro verdadero objetivo.

2.            Cuando intervengamos tenemos que pensar en la mayoría silenciosa que parece que no existe. Esta mayoría silenciosa espera ver qué decimos y cómo actuamos.

3.            Los temas que tratemos no pueden ser doctrinales o demasiado profundos. Hay que centrarse en lo que nos une a todos los humanos, sobre todo el sentido de la vida y el sufrimiento. Debemos mostrar que existen respuestas para esos anhelos que todos llevamos dentro y que, sobre todo, estas respuestas nos hacen equilibrados, honestos, pacientes, respetuosos y cercanos unos a otros.

4.            No entremos en guerra ni en guerrillas que nos resten tiempo, motivación y sobre todo, oculten el testimonio que venimos a traer.

5.            Busquemos estar presentes con constancia y con propuestas interesantes que hagan protagonistas a los demás. Considerémonos más animadores que protagonistas.

6.            A la hora de comunicar con quienes tienen prejuicios, siempre es mejor hacer preguntas que fustigar con constantes anatemas.

7.            No estemos presentes en más de dos o tres de estos foros. Mejor tener uno y conocer a quienes participan en él, que participar en 10 foros y parecer que siempre llegas tarde.

Si somos pacientes, habrá personas que se irán sumando a nuestras amistades e irán penetrando en espacios de catequesis y compromiso que hayamos creado. Pensemos que nosotros somos simples distribuidores de la semilla. Que germine y dé fruto, depende de quien la recibe y de Dios mismo.

Espero que estos consejos les sean útiles

(http://eclesiastic.blogspot.com.es/2013/02/el-kerigma-en-las-redes-sociales-el.html)


El maná de cada día, 29.9.13

septiembre 28, 2013

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario, Ciclo C

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino

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Antífona de entrada: Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42

Lo que has hecho con nosotros, Señor, es un castigo merecido, porque hemos pecado contra ti y no pusimos por obra lo que nos habías mandado; pero da gloria a tu nombre y trátanos según tu abundante misericordia.


Oración colecta

Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia, derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Amós 6, 1a.4-7

Así dice el Señor todopoderoso: «¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaría!

Os acostáis en lechos de marfil; arrellenados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José.

Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos.»



SALMO 145, 7.8-9a.9bc-10

Alaba, alma mía, al Señor.

Él mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.


SEGUNDA LECTURA: Timoteo 6, 11-16

Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos.

En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión:

te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.

A él honor e imperio eterno. Amén.


Aclamación antes del Evangelio: 2 Co 8, 9

Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza.


EVANGELIO: Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.”

Pero Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.”

El rico insistió: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.”

Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.”

El rico contestó: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.”

Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»


Antífona de comunión: Sal 118, 49-50

Recuerda la palabra que diste a tu siervo, Señor, de la que hiciste mi esperanza. Este es mi consuelo en la aflicción.


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Un hombre rico vestía de púrpura y lino

P. Raniero Cantalamessa/Homilética.org

El tema principal que hay que sacar a la luz, a propósito de la parábola del rico epulón que se lee en el Evangelio del próximo domingo, es su actualidad, esto es, cómo la situación se repite hoy, entre nosotros, tanto a nivel mundial como a nivel local.

A nivel mundial los dos personajes son los dos hemisferios: el rico epulón representa el hemisferio norte (Europa occidental, América, Japón); el pobre Lázaro, con pocas excepciones, el hemisferio sur. Dos personajes, dos mundos: el primer mundo y el «tercer mundo».

Dos mundos de desigual tamaño: el que llamamos «tercer mundo» representa de hecho «dos tercios del mundo». Se está afirmando la costumbre de llamarlo precisamente así: no «tercer mundo» (third world), sino «dos tercios del mundo» (two-third world).

El mismo contraste entre el rico epulón y el pobre Lázaro se repite dentro de cada una de las dos agrupaciones.

Hay ricos epulones que viven codo a codo con pobres Lázaros en los países del tercer mundo (aquí, de hecho, su lujo solitario resulta todavía más estridente en medio de la miseria general de las masas), y hay pobres Lázaros que viven codo a codo con ricos epulones en los países del primer mundo.

En todas las sociedades llamadas «del bienestar» algunas personas del espectáculo, del deporte, del sector financiero, de la industria, del comercio, cuentan sus ingresos y sus contratos de trabajo sólo en miles de millones (hoy en millones de euros), y todo esto ante la mirada de millones de personas que no saben cómo llegar con su escuálido sueldo o subsidio de desempleo a pagar el alquiler, las medicinas, los estudios de sus hijos.

La cosa más odiosa, en la historia relatada por Jesús, es la ostentación del rico, que éste haga alarde de su riqueza sin miramiento hacia el pobre. Su lujo se manifestaba sobre todo en dos ámbitos, la comida y la ropa: el rico celebraba opíparos banquetes y vestía de púrpura y lino, que eran, en aquel tiempo, telas de rey.

El contraste no existe sólo entre quien revienta de comida y quien muere de hambre, sino también entre quien cambia de ropa a diario y quien no tiene un harapo que ponerse. Aquí, en un desfile de modas, se presentó una vez un vestido hecho de láminas de oro; costaba mil millones de las antiguas liras.

Tenemos que decirlo sin reticencias: el éxito mundial de la moda italiana y el negocio que determina nos han afectado; ya no prestamos atención a nada. Todo lo que se hace en este sector, también los excesos más evidentes, gozan de una especie de trato especial.

Los desfiles de moda que en ciertos períodos llenan los telediarios vespertinos a costa de noticias mucho más importantes, son como representaciones escénicas de la parábola del rico epulón.

Pero hasta aquí no hay, en el fondo, nada de nuevo. La novedad y aspecto único de la denuncia evangélica depende del todo desde el punto de vista de observación del suceso.

Todo, en la parábola del rico epulón, se contempla retrospectivamente, desde el epílogo de la historia: «Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado».

Si se quisiera llevar la historia a la pantalla, bien se podría partir (como se hace frecuentemente en las películas) de este final de ultratumba y mostrar toda la historia en flashback.

Se han hecho muchas denuncias similares de la riqueza y del lujo a lo largo de los siglos, pero hoy todas suenan retóricas o superficiales, pietistas o anacrónicas. Esta denuncia, después de dos mil años, conserva intacta su carga negativa.

El motivo es que quien la pronuncia no es un hombre que esté de parte de ricos o pobres, sino uno que está por encima de las partes y se preocupa tanto de los ricos como de los pobres, incluso tal vez más de los primeros que de los segundos (¡a estos les sabe menos expuestos al peligro!).

La parábola del rico epulón no se sugiere por el hastío hacia los ricos o por el deseo de ocupar su lugar, como tantas denuncias humanas, sino por una preocupación sincera de su salvación. Dios quiere salvar a los ricos de su riqueza.


El maná de cada día, 28.9.13

septiembre 28, 2013

Sábado de la 25ª semana del Tiempo Ordinario


El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

PRIMERA LECTURA: Zacarías 2, 5-9.14-15a

Alcé la vista y vi a un hombre con un cordel de medir. Pregunté: «¿Adónde vas?» Me contestó: «A medir Jerusalén, para comprobar su anchura y longitud.»

Entonces se adelantó el ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro, diciéndole: «Corre a decirle a aquel muchacho: “Por la multitud de hombres y ganado que habrá, Jerusalén será ciudad abierta; yo la rodearé como muralla de fuego y mi gloria estará en medio de ella –oráculo del Señor–.”»

«Alégrate y goza, hija de Sión, que yo vengo a habitar dentro de ti –oráculo del Señor–. Aquel día se unirán al Señor muchos pueblos, y serán pueblo mío, y habitaré en medio de ti.»


SALMO: Jr 31, 10.11-12ab.13

El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño.»

«Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte.» Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.


Aclamación antes del Evangelio: 2 Tm 1, 10

Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio.


Evangelio: Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.


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¿TE ASUSTA LA CRUZ?

Si te asusta, quizá es porque en tu oración no la contemplas lo suficiente. ¿Crees, acaso, que un cristianismo sin cruz es posible? La Cruz siempre será un escándalo para un mundo que busca denodadamente una salvación sin Dios, hecha a la pequeña medida humana.

Eso que te cuesta, las renuncias y molestias de cada día, los imprevistos, tus luchas y caídas, las humillaciones e incomprensiones, las dificultades y trabajos, los dolores, fracasos, enfermedades, todo, todo puede ser semilla de una gran fecundidad apostólica si sabes vivirlo no con simple resignación, ni siquiera con serena aceptación, sino como aquel que quiere clavarse con Cristo en su misma cruz.

Pídele, sin miedo, que te conceda el gozo de la Cruz y no quieras dejar atrás ninguna puerta abierta a la entrega mediocre y a los fáciles consuelos humanos.

Abraza la Cruz de tu día a día, esa que Dios ha hecho a tu medida, y verás que en ella serás abrazado, consolado por el Cristo que sufre contigo y se crucifica en ti.

Algo faltará siempre a la cruz de Cristo mientras tu sigas empeñado en buscar una entrega a medias, acomodada, sin oscuridades ni pruebas.

Allí, en el Gólgota, muchos abandonaron al Maestro crucificado por el escándalo de la cruz. ¿Y tu? ¿Huirás también, como ellos?

No te asuste permanecer firme al pie de la Cruz, como María, y con María, aunque, como Ella, no entiendas por qué el camino de la redención haya de ser camino de cruz.

Lañas diarias www.mater-dei.es


Catequesis del Papa Francisco: Una madre enseña a caminar en la vida

septiembre 27, 2013

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Audiencia General del miércoles 18 de septiembre de 2013

(He aquí, queridas madres “mónicas”, unas consideraciones bellísimas sobre vuestra misión en la familia y en la Iglesia: Apropiadas y oportunas; vamos, como anillo al dedo. Un regalo del Papa Francisco, y de Dios mismo, para vosotras en particular. Que lo saboreéis y lo disfrutéis. Con cariño y con oración).

La Iglesia hace lo mismo

La Iglesia hace lo mismo



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy vuelvo de nuevo sobre la imagen de la Iglesia como madre. Me gusta mucho esta imagen de la Iglesia como madre.

Por esto he querido volver sobre ello, porque esta imagen me parece que nos dice no sólo cómo es la Iglesia, sino también qué rostro debería tener cada vez más la Iglesia, ésta, nuestra Madre Iglesia.

Desearía subrayar tres cosas, siempre mirando a nuestras mamás, todo lo que hacen, viven, sufren por los propios hijos, continuando con lo que dije el miércoles pasado. Me pregunto: ¿qué hace una mamá?

Ante todo enseña a caminar en la vida, enseña a andar bien en la vida, sabe cómo orientar a los hijos, busca siempre indicar el camino justo en la vida para crecer y convertirse en adultos.

Y lo hace con ternura, con afecto, con amor, siempre también cuando busca enderezar nuestro camino porque bandeamos un poco en la vida o tomamos vías que conducen a un precipicio.

Una mamá sabe qué es importante para que un hijo camine bien en la vida y no lo ha aprendido en los libros, sino que lo ha aprendido del propio corazón. ¡La universidad de las mamás es su corazón! Ahí aprenden cómo llevar adelante a sus hijos.

La Iglesia hace lo mismo: orienta nuestra vida, nos da las enseñanzas para caminar bien. Pensemos en los diez Mandamientos: nos indican un camino a recorrer para madurar, para tener puntos firmes en nuestro modo de comportarnos.

Y son fruto de la ternura, del amor mismo de Dios que nos los ha dado. Vosotros podríais decirme: ¡pero son mandatos! ¡Son un conjunto de «no»! Desearía invitaros a leerlos —tal vez los habéis olvidado un poco— y después pensarlos en positivo.

Veréis que se refieren a nuestro modo de comportarnos hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia los demás, precisamente lo que nos enseña una mamá para vivir bien. Nos invitan a no hacernos ídolos materiales que después nos hacen esclavos, a acordarnos de Dios, a tener respeto a los padres, a ser honestos, a respetar al otro…

Intentad verlos así y consideradlos como si fueran las palabras, las enseñanzas que da la mamá para ir bien en la vida. Una mamá no enseña nunca lo que está mal, quiere sólo el bien de los hijos, y así hace la Iglesia.

Desearía deciros una segunda cosa: cuando un hijo crece, se hace adulto, toma su camino, asume sus responsabilidades, va por su propio pie, hace lo que quiere, y a veces ocurre también que se sale del camino, ocurre algún accidente.

La mamá siempre, en toda situación, tiene la paciencia de continuar acompañando a los hijos. Lo que le impulsa es la fuerza del amor; una mamá sabe seguir con discreción, con ternura el camino de los hijos y también cuando se equivocan encuentra siempre el modo de comprender, de estar cerca, de ayudar.

Nosotros —en mi tierra— decimos que una mamá sabe «dar la cara». ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que una mamá sabe «poner la cara» por los propios hijos, o sea, está impulsada a defenderlos, siempre.

Pienso en las mamás que sufren por los hijos en la cárcel o en situaciones difíciles: no se preguntan si son culpables o no, siguen amándolos y a menudo sufren humillaciones, pero no tienen miedo, no dejan de donarse.

La Iglesia es así, es una mamá misericordiosa, que comprende, que busca siempre ayudar, alentar también ante sus hijos que se han equivocado y que se equivocan, no cierra jamás las puertas de la Casa; no juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a retomar el camino también a aquellos de sus hijos que han caído en un abismo profundo; la Iglesia no tiene miedo de entrar en sus noches para dar esperanza; la Iglesia no tiene miedo de entrar en nuestra noche cuando estamos en la oscuridad del alma y de la conciencia, para darnos esperanza. ¡Porque la Iglesia es madre!

Un último pensamiento. Una mamá sabe también pedir, llamar a cada puerta por los propios hijos, sin calcular, lo hace con amor. ¡Y pienso en cómo las mamás saben llamar también y sobre todo a la puerta del corazón de Dios!

Las mamás ruegan mucho por sus hijos, especialmente por los más débiles, por los que lo necesitan más, por los que en la vida han tomado caminos peligrosos o equivocados.

Hace pocas semanas celebré en la iglesia de San Agustín, aquí, en Roma, donde se conservan las reliquias de la madre, santa Mónica. ¡Cuántas oraciones elevó a Dios aquella santa mamá por su hijo, y cuántas lágrimas derramó!

Pienso en vosotras, queridas mamás: ¡cuánto oráis por vuestros hijos, sin cansaros de ello! Seguid orando, encomendando a vuestros hijos a Dios; Él tiene un corazón grande.

Llamad a la puerta del corazón de Dios con la oración por los hijos.

Y así hace también la Iglesia: pone en las manos del Señor, con la oración, todas las situaciones de sus hijos. Confiemos en la fuerza de la oración de la Madre Iglesia: el Señor no permanece insensible.

Sabe siempre sorprendernos cuando no nos lo esperamos. La Madre Iglesia lo sabe.

Pues bien, estos eran los pensamientos que quería deciros hoy: veamos en la Iglesia a una buena mamá que nos indica el camino a recorrer en la vida, que sabe ser siempre paciente, misericordiosa, comprensiva, y que sabe ponernos en las manos de Dios.


El maná de cada día, 27.9.13

septiembre 27, 2013

Viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Y tú, ¿quién dices que soy yo?



PRIMERA LECTURA: Ageo 2, 1-9

El año segundo del reinado de Darío, el día veintiuno del séptimo mes, vino la palabra del Señor por medio del profeta Ageo:

«Di a Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judea, y a Josué, hijo de Josadak, sumo sacerdote, y al resto del pueblo:

“¿Quién entre vosotros vive todavía, de los que vieron este templo en su esplendor primitivo? ¿Y qué veis vosotros ahora? ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos?

¡Ánimo!, Zorobabel –oráculo del Señor–, ¡Ánimo!, Josué, hijo de Josadak, sumo sacerdote; ¡Ánimo!, pueblo entero –oráculo del Señor–, a la obra, que yo estoy con vosotros –oráculo del Señor de los ejércitos–. La palabra pactada con vosotros cuando salíais de Egipto, y mi espíritu habitan con vosotros: no temáis.

Así dice el Señor de los ejércitos: Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes. Pondré en movimiento los pueblos; vendrán las riquezas de todo el mundo, y llenaré de gloria este templo –dice el Señor de los ejércitos–. Mía es la plata y mío es el oro –dice el Señor de los ejércitos–.

La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero –dice el Señor de los ejércitos–; y en este sitio daré la paz –oráculo del Señor de los ejércitos-.”»


SALMO: 42, 1.2.3.4

Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío»

Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector, ¿por qué me rechazas?, ¿por qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 10, 45

El Hijo del hombre ha venido para servir y a dar su vida en rescate por todos.


EVANGELIO: Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»


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VER EL AMOR

Cuentan que un monje copto, allá en los primeros siglos del cristianismo, fue a ver a otro monje para preguntarle por una duda que le asaltaba en su interior: “¿Por qué hay muchos candidatos a ser eremitas? Ya se ve que empiezan muchos, y se quedan luego en muy pocos”.

El monje interpelado, que ya era mayor y tenía toda la sabiduría aprendida del Señor, le puso un ejemplo. “Es como un perro que divisa una liebre y sale corriendo y ladrando tras ella, y al oírlo ladrar y correr se le unen otros perros, pero al cabo del tiempo los que se unieron al ruido se cansan y sólo queda el que vio la liebre, y es ése el que no se desanima, porque la vio y sabe el motivo de su correr y ladrar, y continúa persiguiéndola hasta darle alcance”.

Nosotros también hemos percibido el amor. Las cosas son como las vimos, como las vivimos con la gracia de Dios. No podemos olvidar que en la vida pasan muchas cosas y situaciones.

Ocurre como con el amor humano, aunque al principio se dicen sí, luego llega el desengaño. Uno se deja llevar por el desaliento, por el pensar ya no me quiere, por el espíritu de la sospecha, y viene el desamor… También ocurre en nuestra vida, sentimos el desengaño, y que somos menos de lo que pensábamos.

Olvidamos que cada uno, tú y yo, somos un gran proyecto de Dios. Es preciso no bajar la mirada de ese rostro de Dios que un día salió a mi encuentro. No podemos dudar de lo que Dios me ha dicho, y de lo que ha hecho por mi.

¡Que no nos conformemos con la inercia de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”! Muchas cosas nos pueden distraer: nuestras miserias, desengaños, desánimos… Pero nada, absolutamente nada, nos puede distraer de Ti, Señor.

Que siempre acudamos, en esos momentos de duda y frustración, a Santa María, y que, al igual que ella, quedemos anclados en esa clave de amor, el que un día Dios nos regaló con su mirada, que es la llave maestra de nuestra vocación.

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