El maná de cada día, 3.7.20

julio 3, 2020

Santo Tomás, apóstol

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¡Señor mío y Dios mío!
¡Señor mío y Dios mío!

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Antífona de entrada: Sal 117, 28

Tú eres mi Dios; te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo. Te alabo, porque tú eres mi salvación.

Oración colecta

Dios todopoderoso, concédenos celebrar con alegría la fiesta de tu apóstol santo Tomás; que él nos ayude con su protección para que tengamos en nosotros vida abundante por la fe en Jesucristo, tu Hijo, a quien tu apóstol reconoció como su Señor y su Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Efesios 2, 19-22

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.

Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.

Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

SALMO 116

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

Porque me has visto, Tomás, has creído –dice el Señor. Dichosos los que creen sin haber visto.

EVANGELIO: Juan 20, 24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.

Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Antífona de comunión: Jn 20, 27

Trae tu mano y toca la señal de los clavos; y no seas incrédulo, sino creyente.

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SANTO TOMAS, APÓSTOL

Tomás es conocido entre los demás apóstoles por su increduli­dad, que se desvaneció en presencia de Cristo resucitado; él proclamó la fe pascual de la Iglesia con estas palabras: «¡Señor mío y Dios mío!» Nada sabemos con certeza acerca de su vida, aparte de los indicios que nos suministra el Evangelio. Se dice que evangelizó la India. Desde el siglo VI se celebra el día 3 de julio el traslado de su cuerpo a Edesa.

¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!

De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Sólo este discípulo estaba ausente y, al volver y escuchar lo que había sucedido, no quiso creer lo que le contaban. Se presenta de nuevo el Señor y ofrece al discípulo incrédulo su costado para que lo palpe, le muestra sus manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad.

¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?

Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad.

Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.

Palpó y exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?» Como sea, el apóstol Pablo dice: La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: Porque me has visto creído? Pero es que lo que creyó superaba a lo que vio.

En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto, lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! Él, pues, creyó, con todo y que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.

Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que crean sin haber visto. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe.

Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Hacen profesión de conocer a Dios, pero con sus acciones lo desmienten. Y Santiago dice: La fe sin obras es un cadáver.


El maná de cada día, 29.6.20

junio 29, 2020

San Pedro y san Pablo, apóstoles

Solemnidad

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Lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.

 

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Antífona de entrada

Estos son los que mientras estuvieron en la tierra, con su sangre plantaron la Iglesia: bebieron el cáliz del Señor y lograron ser amigos de Dios.

Oración colecta

Señor, tú que nos llenas de santa alegría en la celebración de la fiesta de san Pedro y san Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua.

Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate.»

Las cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias.»

Obedeció y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme.»

Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel.

Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.»

SALMO 33, 2-3.4-5.6-7.8-9

El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.

SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 4, 6-8.17-18

Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente.

He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no solo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 16, 18

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

EVANGELIO: Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Antífona de Comunión: Mt 16, 16. 18

Pedro dijo a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

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ESTOS MÁRTIRES, EN SU PREDICACIÓN, DABAN TESTIMONIO DE LO QUE HABÍAN VISTO

De los sermones de San Agustín, obispo

El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.

San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas.

Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».

El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes.

Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única.

De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos.

Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles.

No te entristezcas, apóstol; responde una vez, respon­de dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor.

A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.

En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos Primero lo fue Pedro, luego Pablo.

Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstole­s. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.


El maná de cada día, 20.6.20

junio 20, 2020

Sábado de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Inmaculado Corazón de María

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Oracion al Inmaculado Corazon de Maria para sanacion
María conservaba todas estas cosas en su corazón,


Antífona de entrada: Sal 12, 6

Alegra mi corazón con tu auxilio y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Oración colecta

Oh Dios, tú que has preparado en el Corazón de la Virgen María una digna morada al Espíritu Santo, haz que nosotros, por intercesión de la Virgen, lleguemos a ser templos dignos de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: 2 Crón 24, 17-25

Después de la muerte de Joadá, los jefes de Judá fueron a rendir homenaje al rey, que les hizo caso. Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus padres, y sirvieron a los cipos y a los ídolos. Por este pecado la cólera estalló contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos al Señor, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.

Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joadá, que, erguido ante el pueblo, les dijo: «Así dice Dios: “¿Por qué quebrantáis los mandamientos del Señor? ¡No tendréis éxito! Por haber abandonado al Señor, él os abandonará”».

Pero conspiraron contra él y, por mandato del rey, lo apedrearon en el atrio del templo del Señor. El rey Joás, olvidándose del amor que le profesaba Joadá, mató al hijo de este, que murió diciendo: «Que lo vea el Señor y lo demande».

Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, invadió Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria contaba con poca gente, el Señor le entregó un ejército enorme, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se hizo justicia con Joás.

Al marcharse los sirios, dejándolo con múltiples dolencias, sus servidores conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Joadá. Hirieron a Joás en la cama y murió. Fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el panteón real.


SALMO 88, 4-5. 29-30. 31-32. 33-34 

Le mantendré eternamente mi favor.

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.

Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. Le daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo..

Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos, si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos.

Castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas. Pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 2, 19

Dichosa es la Virgen María que conservaba la palabra de Dios, meditándola en su corazón.

EVANGELIO: Lucas 2, 41-51

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Antífona de comunión: Lc 2, 19

María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

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María conservaba todas estas cosas en su corazón

De los sermones de san Lorenzo Justiniano, obispo.
Sermón X, en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María

María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente.

Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios, y la hacían perseverar en su propia humildad.

Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor.

Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios. Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe.

Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María Santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.

Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras obras.

Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras, hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie.

Este es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón, en el que Cristo, el Señor, entra de buen grado.


Qué cambiar en la comunidad cristiana parroquial después del covid-19

junio 17, 2020

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Álvaro Ginel Vielda, sdb. Presidente de la Asociación Española de Catequetas (AECA)

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QUÉ CAMBIAR EN LA COMUNIDAD CRISTIANA PARROQUIAL DESPUÉS DEL COVID-19

Algunas reflexiones y propuestas – PENTECOSTÉS 2020

Por Álvaro GINEL  sdb

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La realidad de la calle

Si uno pregunta a la gente: “Oye, ¿qué te sugiere la palabra Iglesia?”. Lo primero de todo es que a la persona probablemente le dé lo mismo que la palabra esté escrita con minúscula: “iglesia” (= edificio)  o con mayúscula: “Iglesia” (=conjunto de creyentes). Ya comenzamos reconociendo que la cultura religiosa llega hasta donde llega. Exigir a la gente, en general, muchos matices sobre cuestiones religiosas no es práctico.

Dejando a un lado este aspecto, lo normal es que podamos escuchar cosas como:

  • Ni sé dónde hay una iglesia, ni me interesa (referencia clara a iglesia de ladrillos);
  • “¡Ya!”, los obispos, curas, monjas y “derivados”…
  • ¡La riqueza de la Iglesia! ¡Ya podía vender sus tesoros o regalarlos para la sanidad en estos momentos!
  • ¡No me hables: es un nido de pederastas…!
  • Prefiero no hablar de curas (desconfianza en la “clase” clerical = hartura de clérigos que dicen y no hacen, que mandan, que aprisionan conciencias, que no son libres y crean ataduras a la gente, que no son testimonio, etc.).
  • ¡Creo que hice la primera comunión! He vuelto a la iglesia por compromisos en entierros y en una boda (¡que les dio por casarse en la iglesia!). No ha cambiado nada. Siguen igual.
  • ¡Cosas de otros tiempos! ¡Hoy no tiene sentido!
  • Como no cambie, no va a quedar uno que quiera ir a misa…
  • ¡Así no se puede tratar a la gente…! ¡Encima que vas a misa te echan una bronca!
  • Algo del “pasado”, sin novedad hoy.
  • De temas de religión prefiero no hablar.

Las iglesias, las nuestras, se han ido vaciando poco a poco. No nos asustaba, aunque nos dábamos cuenta, porque todavía contábamos con un resto que venía. Ocurría todo tan poco a poco que nos habíamos acostumbrado a que el “personal” de las misas fuera mayoritariamente personas de edad.

Pero de pronto, lo que estaba pasando, el lento vaciamiento, se hizo realidad generalizada cuando las iglesias (como los restaurantes, los museos, los cines…) se clausuraron por motivos de “salud pública”. En el caso de las iglesias fue más llamativo dado el momento en que ocurrió: el final de la Cuaresma y el inicio de la Semana Santa, los días más significativos del Año Litúrgico cristiano, el Triduo Pascual.

Una parte del clero se movilizó rápidamente para que llegara a los hogares lo que no podían ir a celebrar en la iglesia: “los oficios o celebraciones de los días Santos”. Los medios técnicos permitieron “el milagro” metiendo en las casas las celebraciones de Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual.

Ver las iglesias vacías por decreto gubernativo ante un mal mayor, la pandemia, nos ha abierto los ojos a lo que ya estaba ocurriendo, pero nuestros ojos tenían como escamas (Hch 9,18) y no nos dábamos cuenta, o no queríamos darnos cuenta de que se estaban vaciando y algunas ya estaban vacías [1].

Hay que reconocer que las iglesias han estado abiertas físicamente, aunque no se permitieran reuniones ni celebraciones. Y, es de reconocer que siempre, a cualquier hora del día, hombres y mujeres (¿creyentes  o no?), en las horas más impensadas, dentro de los estrechos márgenes permitidos de salir a la calle, había personas que se daban una vuelta por la iglesia que le venía de paso para hacer “una visita” al Señor sacramentado, o para tomarse un tiempo de respiro, de silencio, de estar tranquilos.

Y la que sí que ha estado abierta siempre ha sido la Iglesia: hombres, mujeres, niños, jóvenes, sacerdotes, religiosos y religiosas, movimientos, parroquias que “han salido” adonde estaban los necesitados y han acogido a los que tenían dolor, hambre, necesidad, sin pedir “identificación” de ningún tipo.

Circula por todas las partes la expresión: “Esta pandemia va a traer muchos cambios”. Es un genérico. ¿Qué cambios? Esta es la pregunta que me hago en el ámbito de la comunidad territorial eclesial llamada parroquia, lugar concreto de visibilización de la Iglesia Universal.

Tenemos que atrevernos a señalar, a nombrar, a soñar… la tendencia de algunos cambios. Porque también es posible que “no suceda nada” y, dentro de poco, creamos que todo fue una pesadilla que pasó sin que de verdad haya cambiado algo. Lo único que aconteció es que “todo pasó”, y hemos regresado “a la normalidad de antes”.

Pero, ¿no decimos que iban a cambiar muchas cosas? ¿Para qué han servido tantas horas de silencio, de humillación del engreimiento humano, y de comprobar que los piropos de que presumíamos tenemos la mejor sanidad del mundo eran palabras huecas?

  1. A Dios lo que es de Dios

La primera realidad que tiene que cambiar tras el acontecimiento de la pandemia es “rescatar la originalidad de Dios”: a Dios lo que es de Dios. Me refiero al hecho de redescubrir la originalidad de Dios para no achacarle “culpas que no tiene”. 

Muchos creyentes y no creyentes se han hecho la pregunta: “¿Cómo es posible que Dios de quien decimos que es todopoderoso y a quien definimos como amor permita un sufrimiento tan grande y extendido?”.

Una primera  aclaración: es lógico que se formule la pregunta sobre Dios ante la epidemia que hemos padecido (y aún padecemos), pero permítasenos una sugerencia. El mal, el dolor, la muerte y  la extorsión de los sencillos existen por todas partes y existían antes de la pandemia y  nos quedábamos tan “calladitos”.

Solo cuando nos “ha tocado a nosotros en propia carne” nos hemos planteado la pregunta. No deja de ser una pregunta interesada (el coronavirus nos tocaba a nosotros de cerca) y miope porque no ve la realidad del mal que continuamente, en muchas partes, y a muchos hombres y mujeres y niños está afectando de manera sangrante.

Se han dado muchas respuestas [2]Tomo aquí las palabras de Mons. M. Pelchat, obispo auxiliar de Quebec: ¿Por qué Dios permite el dolor? “El dolor de los humanos es siempre una prueba para la imagen de Dios” (Bruno Chenu). Dios no quiere el sufrimiento y, ante el dolor, nos llama a resistir y a luchar. Un pastor escribió un día que el Dios de la Biblia es “el Dios poderosamente débil” (Étienne Babut). El poder de Dios no puede ser otro que el amor y jamás Dios atropella nuestra libertad de hombres y de mujeres. La vida sigue su curso, las leyes de la naturaleza… En medio de esta historia que avanza desde la noche de los tiempos, es verdad que parece que Dios con frecuencia calla, guarda silencio, como Jesús cuando dormía en la barca durante la tempestad. Dios mantiene un enorme respeto por la libertad humana y envuelve al universo entero creado con sus cuidados tanto por su silencio como por su palabra que es “como una brisa ligera”. Porque Dios es también Palabra a través de la Historia” [3].

La pregunta que quiere saber qué hace Dios ante el sufrimiento o si está cruzado de brazos, se vuelve pregunta para quien la formula: “¿Cómo estás (estamos) escuchando a Dios en la “brisa ligera” que está pronunciando, en el susurro de esta historia que vivimos y nos envuelve totalmente?

Los cristianos y las cristianas estamos invitados a prestar atención a estos “signos de los tiempos”, es decir, a estas llamadas de Dios para abrirnos al servicio a los demás, a mostrar la compasión hacia los menesterosos, los enfermos, los necesitados de cuidados psicológicos, en resumen, a vivir la fraternidad humana, la solidaridad social. Tener relación personal con un Dios misericordioso nos lleva a ser misericordiosos.

Ahí está, en Dios, la fuente de alimentación constante del creyente. En medio de los cadáveres que se amontonaban en las morgues, en medio del abandono y del dolor en que muchas personas morían, la pregunta es normal: “¡Dios! ¿Dónde estás?”.

Es la pregunta que un día Dios hizo a Adán (Gén 3,9) cuando se escondió. Es la pregunta que los “adanes” de todos los tiempos hacemos a Dios, cuando calla y se esconde. Y la respuesta es siempre la misma: “Estoy en el mismo sitio donde tú me haces la pregunta, pero no de la forma que tú esperas encontrarme. Aquí te estoy solicitando”.

Y así, quien pregunta, se vuelve buscador de un Dios que no nos permite convertirle en el dios que nosotros imaginábamos. Así Dios nos purifica y nos lleva siempre más allá, hasta el abandono total y la confianza total. Cuando llegamos ahí, al abandono y confianza total, abrimos los ojos y descubrimos que Dios está solicitándonos para que lo descubramos en el sufrimiento del otro y echemos una mano.

  1. La parroquia: de lugar de operaciones a lugar de referencia

Cuando hablamos de la parroquia como lugar de referencia y no lugar de operaciones (cuartel general) estamos entendiendo que el lugar de actuación “in situ” no es la parroquia, sino que los primeros y principales lugares de “operación o de acción de los bautizados” son aquellos donde el creyente se encuentra con hombres y mujeres que tienen la vida en juego: en angustia, en dolor, en marginación, en explotación, en olvido, en patera…

La expresión “la Iglesia, hospital de campaña [4]” la ha empleado el papa Francisco muchas veces. Es la concreción de lo que en Evangelii gaudium escribía: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz, y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin  una comunidad de fe que los mantenga, sin un horizonte de sentido y de vida” (49).

La iglesia, con sus instalaciones, es el lugar de referencia donde los bautizados se reúnen y aprenden a salir. No se sale a la calle para “hacer algo porque hay que hacer algo”, sino porque hemos conocido el amor de Dios (1 Jn 4,16-18), porque hemos sentido que Él nos ama, porque hemos comprendido que el segundo mandamiento es semejante al primero (Mt 22,34).

En este sentido, la Iglesia, “hospital de campaña”, al menos en la mayoría de los sitios, ha dado la talla durante la pandemia, y se ha convertido en “lugar de referencia” de los pobres, donde encuentran comida y una palabra de consuelo pronunciada por creyentes que dan y se dan. Aún no somos capaces de imaginar los heridos y las heridas nuevas que van a llegar al hospital de campaña que es la comunidad cristiana.

  1. La parroquia: de lugar de sacramentalización al lugar de la reunión de la comunidad

Tenemos muchos testimonios de que los primeros cristianos se reunían el “día del Señor”, el primer día de la semana (Jn 20,1). La Didajé dice: “Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro” (XIV).

San Justino es también muy explícito: “El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues es de saber que le crucificaron el día antes del día de Saturno, y al siguiente al día de Saturno, que es el día del sol, se apareció a sus apóstoles (cf. Mt 28,9) y discípulos, enseñándoles estas mismas doctrinas que nosotros les exponemos para su examen” (Apología 1,69).

Si miramos lo que anuncian en sus tablones de información muchas parroquias, nos damos cuenta de que, por lo general, resalta el horario de misas, generalmente con muchas posibilidades los días festivos (aunque cada vez haya menos personas en misa, pero mantenemos las misas con la excusa de que hay que prestar servicio y dar facilidades para que vengan, razones que estaría bien analizar un poco más detalladamente).

No falta, además, el horario de confesiones (aunque después no se cumpla: no encuentras al sacerdote cuando vas, si bien en ocasiones te informan de que llames a tal timbre o teléfono…, algo que pocos suelen hacer); lo que se busca es que haya alguien esperando como el padre de la parábola (Lc 15,20).

Es decir, las parroquias anuncian  horarios de sacramentos de manera principal. Toda esta programación sacramental se nos fue a pique en tiempos de pandemia. Lo más anunciado fue lo primero en desaparecer. ¿Será tan central lo que estamos anunciando que ofrecemos?

En este hecho, yo veo una invitación grande a redescubrir el sentido de la celebración de los sacramentos y sobre todo del sacramento de la Eucaristía. Afirmo claramente que sin Eucaristía no podemos vivir como cristianos. Pero lo que está en juego no es la Eucaristía en sí, sino cómo la celebramos la Eucaristía.

Los documentos más arriba mencionados, y otros, hablan de la reunión y de la fracción del pan. Mi pregunta es: ¿No hemos suprimido en nuestra praxis el sentido más humano y de la reunión acentuando, o reduciendo todo, a la fracción del pan, el sacramento? ¿No hemos perdido el sentido de la importancia de reunirse, de estar juntos, de charlar, de perder el anonimato, de sentirnos alentados con la presencia de otros que confiesan y viven la misma fe en Jesús, el Señor?

Si echamos una mirada a lo que son territorios de misión nos daremos cuenta de que muchas comunidades cristianas, de hecho, viven sin Eucaristía semanal, por imperativo de las circunstancias, pero no viven sin reunirse, sin comentar la Palabra, sin orar, sin organizar el servicio de atención a los necesitados. Celebrar la Eucaristía, en estos territorios, no es un rutina. Es un acontecimiento que se gusta y regusta cuando se puede

Durante el confinamiento, muchos responsables de comunidades han intentado, con éxito, hay que reconocerlo, “llevar el sacramento de la Eucaristía” y otras celebraciones, a los hogares. Y está muy bien, sobre todo para personas de edad avanzada.

Hemos descubierto además que cada creyente o familia de creyentes era capaz de “montar” su altar, su espacio celebrativo de la Palabra de Dios, de la oración, de la alabanza. Lo que no sé si hemos descubierto es que nos faltaba “la reunión”. Y más aún, nos falta un adiestramiento práctico para ser celebrativos, para construir como familia nuestras celebraciones sin que nos lo tengan que dar todo hecho [5]

Creo que de esta situación de pandemia, sacamos una lección que tenemos pendiente: el sentido de reunión cristiana. Redescubrimos, al mismo tiempo, que la vida cristiana sacramental tiene que potenciar la dimensión comunitaria, festiva de la reunión de los dispersos que llegan para proclamar la acción de Dios a favor nuestro.

Posiblemente esto nos pueda llevar a “ofrecer” menos misa los días festivos, pero con horarios bien pensados y lo más cómodos posible al mayor número de personas.  Aburre más la rutina, la celebración “sin alma” que lo bien hecho y celebrado. Cuando nos sentimos envueltos en lo que participamos, el tiempo se nos va que vuela. Hemos pedido a los presidentes de la celebración “que fueran breves” porque enseguida venía “otra misa”.

Lo que les tendremos que exigir es que se prepararen mejor las homilías, que sean momentos que iluminen la vida, que toquen los corazones, que ayuden a vivir con alegría la fe, que los participantes puedan concluir: “Es verdad, hoy se cumple esta Escritura entre nosotros” (Lc 4,21).

No podemos estar, como en varias parroquias hoy, pendientes del reloj para que los que vienen a misa de 12 no tengan que esperar mucho a los que salen de la misa de 11, ya que se alargó mucho no sé qué parte… Sí, tendremos que reinventar qué significa “la reunión del día primero de la semana”. Ahora, con “una misa” ya la reunión cristiana “estaba hecha”.

¿Es posible enriquecer el contenido de la reunión de cristianos tanto cuando hay celebración sacramental como cuando no la hay? Esto nos llevará a plantear de otra manera nuestra celebración dominical y redescubrir el sentido de la reunión y a modificar horarios.

  1. La parroquia: lugar de irradiación

Los lugares geográficos son siempre elementos importantes tanto en la antropología personal como en las religiones. Antropológicamente, la mayor parte de las personas conserva en su memoria “lugares” que podemos denominar “sagrados”, es decir,  lugares donde “aconteció algo importante en su vida, en su historia, en su libertad, en sus opciones”. Estos lugares no se olvidan.

Suscitan una tendencia a volver a ellos, a visitarlos de nuevo para recordar, revivir, hacer presente el pasado: “Aquí, a los once años…”; “aquí fue donde pasé mi infancia…”; “aquí fue donde me encontré con…”; “aquí tuve un momento que cambió toda mi vida y mi pensamiento…”; “en esta piedra estaba sentado cuando…”, etc.

Las religiones también tienen lugares “sagrados” en los que aconteció una revelación, un hecho realizado por Dios a favor nuestro. Basta pensar en lo que es para los cristianos el lago de Galilea, o Jerusalén… Un lugar no es importante en sí, ni por la geografía donde se sitúa, ni por los ladrillos. Un lugar se convierte en significativo porque allí “aconteció y hoy rememoro y vuelve a acontecer” algo que me cambia la vida, o la orienta, le da sentido nuevo para emprender caminos.

Cuando una persona vive en un lugar algo significativo, ese lugar se convierte en lugar “sagrado” o lugar de “irradiación” de vida y de fuerza y de acción: ir, entrar, visitar “tal lugar” (la parroquia en nuestro caso) se convierte en alimento para mi vida porque es donde encuentro paz, personas con las que emprender algo interesante…

En este sentido creo que lo vivido nos lleva a dar un nuevo sentido a la parroquia como “lugar sagrado donde somos convocados y desde donde somos enviados y dispersados”, como en un nuevo Pentecostés o Ascensión.

¿Qué irradia la parroquia? Para poder irradiar, la parroquia tiene que ser, con sus reuniones y celebraciones, con su solicitud por acompañar la fe de sus miembros, un lugar de experiencia del Resucitado; un lugar donde regar la fe y favorecer que “el creyente viva una experiencia de fe”.

Después ya será lugar de irradiación o de lanzamiento o de aceptación de compromisos de todo tipo, según el don y la vocación que el Espíritu suscita en cada uno. Muchos cristianos se han visto obligados a “inventar” en estos días un servicio multicolor: en los balcones, en los hospitales, en los centros de acogida, en instituciones no directamente vinculadas a la parroquia, en tantos sitios…

Se es cristiano allí donde se está y se trabaja. No se es cristiano por venir a la parroquia, sino por “salir” de la parroquia con el alma caliente, los ojos abiertos, el espíritu encendido, las manos listas para atender al samaritano…

Algunos creyentes se lamentaban: “No puedo ir a la Iglesia a hacer mis prácticas piadosas”. Para hacer prácticas piadosas vale cualquier lugar del mundo mundial. Pero ninguna práctica piadosa mejor que las “obras de misericordia”, aquellas por las que de verdad seremos reconocidos como “buenos seguidores de Jesús”: “Tuve hambre y me disteis de comer….” (Mt 25).

Tenemos que revisar nuestra vida cristiana diaria. Parece que es cristiano “lo que rezamos en nuestra intimidad”. Es cierto que sin oración y sin “trato con el Señor, el Resucitado” hay peligro de caer en pura acción. Pero el Señor nos lleva a la acción, a ser levadura en la masa.

El Papa habla así de la parroquia: “La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad… La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión” (EG 29).

  1. La parroquia: lugar de encuentro y relación

Me impresionó sobre manera cuando leí en el Documento final del Sínodo 2018 esta expresión: “No basta con tener estructuras si en ellas no se desarrollan relaciones auténticas; de hecho, lo que evangeliza es la calidad de tales relaciones” (128).

Y más adelante, en el mismo documento se explicita: “La parroquia está necesariamente involucrada en este proceso, para asumir la forma de una comunidad más generativa, un ambiente desde el que se irradia la misión hacia los últimos. En esta particular coyuntura histórica diversos signos testimonian que la parroquia, en distintos casos, no logra responder a las necesidades espirituales de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo debido a algunos factores que han modificado profundamente los estilos de vida de las personas. En efecto, vivimos en una cultura “sin fronteras”, marcada por una nueva relación espacio-temporal debida a la comunicación digital y caracterizada por la continua movilidad. En este contexto, una visión de la acción parroquial delimitada por los meros confines territoriales e incapaz de atraer con propuestas diversificadas la atención de los fieles —y en particular de los jóvenes— recluirían a la parroquia en una inmovilidad inaceptable y en una repetitividad pastoral preocupante. Es necesaria, por tanto, una reflexión sobre la pastoral de la parroquia, en una lógica de corresponsabilidad eclesial y de impulso misionero, desplegando sinergias en el territorio. Solo así podrá parecer un ambiente significativo en la vida de los jóvenes” (129).

Lo que esperamos y nos llena en la vida ordinaria es cómo somos tratados por el médico al que vamos, por el dependiente del comercio donde hacemos las compras. Aconsejamos a los amigos: “No vayas allí, que tratan muy mal”. “En tal sitio te tratan divinamente; vete”. Unas estructuras y un trato que no transmitan el Evangelio no son significativas. ¿Habremos aprendido esto en estos días de confinamiento?

– Relación con Dios: Es todo aquello que lleva a la persona a encontrarse consigo misma y con Dios en procesos largos de maduración cristiana. Todo lo que alude al “encuentro con Dios” exige tiempos largos. No puede haber buena relación con Dios si no maduramos y si el deseo de Dios no nos lleva a descubrir nuestra necesidad de salvación, nuestra original pobreza.

Una religiosidad que “tapona” nuestra menesterosidad o sirve para disimular nuestra falta de madurez, no es sana. Me gusta recordar siempre el texto del Éxodo 13,17-18: “Cuando el faraón dejó marchar al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque es el más corto, pues dijo: «No sea que, al verse atacado, el pueblo se arrepienta y se vuelva a Egipto». Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el desierto hacia el mar Rojo. Pero los hijos de Israel habían salido de Egipto pertrechados”. 

En el camino largo, como los israelitas, perdemos todas las seguridades hasta darnos cuenta de que nuestra seguridad es Dios. Mientras nos apoyamos en nosotros mismos, espiritualmente queda una dimensión pendiente de maduración: el protagonismo de Dios en la relación que con él mantenemos.

Dios quiere “interlocutores” que se sientan pecadores, barro en sanación, que quieran dejarse curar, que deseen experimentar que él es el Salvador. Tener experiencia de Dios exige experiencia de trato con Dios. Sin trato no hay intimidad ni maduración. El “trato” es lo más difícil, (¡cómo lo han palpado hombres y mujeres en estos días de confinamiento de manera muy especial!). El trato con Dios es el que nos da “experiencia de Dios”.

– Relación con las personas: si a algo se nos llama a los que nos sentimos creyentes es a ser misericordiosos como el Padre es misericordioso. Lo que más abre a la acogida de Dios es la buena acogida del que se presenta como “seguidor y confesante” de Dios.  La gente necesita comprensión, cariño, escucha…

Unas parroquias se pueden convertir en comedores, otras en salas de atención y de escucha, donde la gente pueda llorar delante de alguien, derramar lágrimas de dolor… Otras tendrán que acoger a buscadores, a gente que está “de vuelta” y descubre que su vida está vacía, sin sentido, perdida, equivocada (“me he equivocado en la vida”, “he fracasado”), otras personas han hecho tantos experimentos, o han dado tantos tumbos que tienen “nostalgia de Dios”, de un Dios que les acoja como son y están y que les dé responsabilidad, sentido, perdón y libertad.

Venimos de situaciones de muchas esclavitudes a la que llamamos “sociedad de bienestar y del dinero”, pero en el fondo es sociedad de hacer “esclavos”, “personas dependientes” de modas, de lucir “cuerpo”, de tener un nivel de vida… Podemos decir esto “como teoría”, pero si una parroquia lo quiere poner en práctica, lo cambia todo. Y no es cuestión solo del párroco, sino de todos.

Nuestras parroquias son más conocidas por las “catequesis que organizan” que por la relación y encuentro personal que dispensan. ¡Algo tiene que cambiar! Hace poco escuchaba a un obispo auxiliar que decía a un presbítero: “Tú, con tal de que organices bien la catequesis, ya está”.

Habría que explicitar qué hay detrás de la expresión “organizar bien la catequesis”. Quizás el bien apunta a todas estas cosas de relación y encuentro con los adultos mencionadas más arriba. Si no fuera así, la frase es mejorable…

  1. Caminar juntos: conversión sinodal

La expresión “sinodal” está entrando (no sin dificultad) en el vocabulario ordinario de la Iglesia católica a partir del Sínodo de los jóvenes (2018). Desde siempre existió el término “sínodo” en su léxico y en su praxis. Pero no con la comprensión y praxis a las que hoy se apunta y que esperamos concretice más el Sínodo del 2022 [6].

Recordemos la etimología de sínodo, palabra que viene del griego: “sin” es “con”, y “odos” es “camino”. O sea, caminar con; caminar juntos. La Iglesia no es sinodal porque convoca “sínodos” o reuniones, sino porque vive y camina con Jesús, porque juntos –todos los bautizados- caminamos con Jesús.

En la Exhortación pastoral Evangelii gaudium, que tiene un sentido programático, se habla de la conversión pastoral y misionera que “no puede dejar las cosas como están. Ya no sirve una simple administración” (25). No se alude a “cambios pastorales” o “cambios en la pastoral”.

Se explicita: “conversión pastoral y misionera”. Conversión no coincide con “mover algo de un sitio a otro”, “suprimir unas cosas y poner otras en su lugar”. La conversión apunta al corazón mismo de las personas, no a cambios de cosas. Si estos se producen, serán consecuencia de lo que ha pasado por el corazón.

“El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo: «Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación […] Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad».

Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente, las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga. Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin «fidelidad de la Iglesia a la propia vocación», cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo (EG 26).

Quizá podamos aprender de la situación de confinamiento que la victoria sobre el virus requería el esfuerzo y la colaboración de todos. Ha sido una lección que hemos tenido que aprender con esfuerzo, sacrificio, renuncia y obediencia a unas normas rígidas. Solo la colaboración de todos podía aislar la transmisión del coronavirus.

Es una experiencia que nos favorecerá la comprensión de lo que significa “sinodalidad” en una parroquia, en la diócesis, en la Iglesia universal. Llevamos tantos siglos funcionando de una determinada manera (hemos vivido dejando de lado la sinodalidad) que no tenemos referencias cercanas a las que acudir.

Necesitaremos ensayos, ir a tientas, darnos “tiempo de prácticas”, humildad, búsqueda y reflexión e invocación al Espíritu para poner en marcha una Iglesia que sea sinodalidad sin copiar de los partidos políticos. Nuestro centro de referencia última no son unos estatutos que nos hemos dado y aprobado, sino un mensaje evangélico que hemos recibido de una Tradición viva, oral y escrita.

Contamos con la promesa del Señor: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del tiempo” (Mt 28,20), contamos con el Espíritu de verdad, “que nos guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,13), contamos con el don que cada creyente ha recibido para la edificación común (1 Cor 12,3-13).

Es la hora de caminar juntos haciendo experiencia de la presencia del Señor en medio de nosotros y, por nosotros, en medio del mundo. 

Una conclusión

El coronavirus nos ha parado en seco a medio mundo o a todo el mundo. Pero nos ha parado para que  reiniciemos la “rentrée” “de manera nueva” porque “nos ha hecho pensar” y tocar con nuestras manos la fragilidad de tantas cosas “sistematizadas” según un esquema que se transmite de generación en generación y que se quebró de golpe.

Ahora que se nos obliga a lavarnos las manos una y otra vez al entrar y salir de casa, al comer y al tocar los productos en el mercado, entendemos bien los versículos de Marcos: 1 Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; 2 y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. 3 (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, 4 y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 5 Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 6 Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7 El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. 8 Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (Mc 7,1-8).

Si de verdad ha pasado algo, no podemos ser como antes. Estamos invitados a discernir el vacío que nos habita y que disimulamos como podemos; a separar el grano de la paja, lo que es tradición rutinaria o simple precepto humano y lo que es mandamiento y querer del Señor. “Hemos aprendido mucho”, se dice. Pero de verdad, ¿qué hemos aprendido? ¿En qué acción pastoral se notará?

Aprender, en cristiano, creo que significa: “Hemos escuchado lo que Dios está gritando a las comunidades cristianas” que caminan en este momento de la historia. En cristiano, y con el  Evangelio en la mano, el único que da lecciones, el único que nos recuerda la verdad, el único que nos ilumina el camino y nos muestras caminos novedosos es el Espíritu.

“Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros. El Espíritu de la verdad” (Jn 14,16). Sin Espíritu no somos nada o somos “programación humana”, no expresión de la voluntad y del querer de Dios en nuestros días.

Hay mucho que pensar y repensar. No podemos volver solo a lo que nos tranquiliza y da seguridad porque lo conocemos “de pe a pa”, porque es “la vieja rutina”.  No podemos seguir manteniendo una Iglesia sobre la base del clericalismo. Estamos invitados a sentirnos pueblo de Dios, responsables todos según el don recibido ya sea por el bautismo o por el sacramento del orden.

Es la hora de preparar los odres nuevos para el vino nuevo. Es la hora de revisar lo que es caduco y lo que permanece. Dios nos llama a ampliar el horizonte de miras. Dios puede estar donde pensamos que no está. Dios no es “encerrable” en espacios, en muros, en costumbres, en tradiciones, en esquemas.

Igual que una noche rompió la piedra del sepulcro que lo retenía muerto, hoy ha hecho saltar por los aires piedras y ataduras en que, sin querer, por comodidad nada más, intentábamos encerrarlo.

Estoy terminando esta reflexión en los días que preceden a Pentescotés. Dios ES pentecostés. Debajo del estruendo de la pandemia, con Pedro queremos escuchar: 12 Estaban todos estupefactos y desconcertados, diciéndose unos a otros: «¿Qué será esto?». 13 Otros, en cambio, decían en son de burla: «Están borrachos». 

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró ante ellos: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. 15 No es, como vosotros suponéis, que estos estén borrachos, pues es solo la hora de tercia, 16 sino que ocurre lo que había dicho el profeta Joel: 17 Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; 18 y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán (Hch 2,12-18).

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[1] T. Halik, “Aún así, no puedo evitar preguntarme si el tiempo de las iglesias vacías y cerradas no es una especie de advertencia sobre lo que podría suceder en un futuro no muy lejano: eso es lo que podría ocurrir en pocos años en una gran parte de nuestro mundo. ¿No hemos sido advertidos de lo que está sucediendo en muchos países, donde cada vez más iglesias, monasterios y seminarios se están vaciando y cerrando sus puertas? ¿Por qué durante tanto tiempo hemos atribuido este desarrollo a las influencias externas (“el tsunami secular”) en lugar de entender que un capítulo en la historia del cristianismo está llegando a su fin y que es hora de prepararse para esto? ¿qué viene? Esta era de vacío en los edificios de las iglesias puede revelar simbólicamente a las iglesias su vacío oculto y el futuro que les puede esperar, si no hacen un esfuerzo serio por mostrar al mundo una cara completamente diferente del cristianismo”. Cfr. https://parroquialosangeles.org/images/Parroquia/ActividadParroquial/19_20/Coronavirus/La_cristiandad.pdf

[2] Á. Ginel, Jesús señala una forma de convivir con el mal y de descubrir la gloria de Dios en el mal,  cfr: https://aeca-catequetas.es/wp-content/uploads/2020/04/CATEQUESIS-BÍBLICAS-PARA-VIVIR-COMO-CRISTIANOS-EN-TIEMPOS-DE-PANDEMIA.pdf; Thomas Halik, La cristiandad en la hora de la enfermedadhttps://parroquialosangeles.org/images/Parroquia/ActividadParroquial/19_20/Coronavirus/La_cristiandad.pdf A. Torres Queiruga, Seguimos hiriendo con nuestras palabras la ternura infinita de Dios Padre (Madre), https://www.religiondigital.org/opinion/Andres-Torres-Queiruga-Seguimos-Padre-palabras-oracion-peticion-queja-teologia-coronavirus-francisco_0_2222177792.html

[3] M. Pelchat, https://www.ecdq.org/dieu-nenvoie-pas-le-malheur/

[4] Cfr. Proyecto Hospital de campaña, Madrid PPC.

[5] Álvaro Ginel, Celebrar en familia, ¿de qué estamos hablando?, cfr. https://aeca-catequetas.es/index.php/2020/05/01/celebrar-en-familia-de-que-estamos-hablando/

[6] Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Este es el tema de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos convocada por el Papa Francisco para el otoño del 2022. El Santo Padre ha mencionado repetidamente que la sinodalidad es un camino principal en la vida de la Iglesia. Con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015, pronunció estas palabras: “Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra Sínodo. Caminar juntos –laicos, pastores, obispo de Roma– es un concepto fácil de expresar, pero no tan fácil de poner en práctica”.

 

Presentación de la Asociación

 


El maná de cada día, 17.6.20

junio 17, 2020

Miércoles de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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Dios ve los corazones, no las apariencias
Dios ve los corazones, no las apariencias


PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 2, 1.6-14

Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en el torbellino, Elías y Eliseo se marcharon de Guilgal.

Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Eliseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía solo hasta el Jordán.»

Eliseo respondió: «¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré.»

Y los dos siguieron caminando. También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas y se pararon frente a ellos, a cierta distancia. Los dos se detuvieron junto al Jordán; Elías cogió su manto, lo enrolló, golpeó el agua, y el agua se dividió por medio, y así pasaron ambos a pie enjuto.

Mientras pasaban el río, dijo Elías a Eliseo: «Pídeme lo que quieras antes de que me aparten de tu lado.»

Eliseo pidió: «Déjame en herencia dos tercios de tu espíritu.»

Elías comentó: «¡No pides nada! Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás; si no me ves, no lo tendrás.»

Mientras ellos seguían conversando por el camino, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en el torbellino.

Eliseo lo miraba y gritaba: «¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel!»

Y ya no lo vio más. Entonces agarró su túnica y la rasgó en dos; luego recogió el manto que se le había caído a Elías, se volvió y se detuvo a la orilla del Jordán; y agarrando el manto de Elías, golpeó el agua diciendo: «¿Dónde está el Dios de Elías, dónde?»

Golpeó el agua, el agua se dividió por medio, y Eliseo cruzó.

SALMO 30, 20.21.24

Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.

En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras.

Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

EVANGELIO: Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

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La mano izquierda y la mano derecha (Mt 6,3)

Cuánto nos cuesta que no valoren y reconozcan nuestra generosidad. Nos acostumbramos fácilmente a medir nuestra entrega con el metro de la cortesía y la corrección social, más que con la medida del Evangelio.

Somos quizá generosos con nuestro tiempo, cualidades o bienes, y decimos que todo eso lo hacemos sin esperar nada a cambio; pero cuando, efectivamente, no hay nada a cambio, vamos acumulando pequeños rencores que entibian nuestra entrega y van empequeñeciendo nuestro corazón.

En el fondo, nos gusta dar con la mano derecha mientras hacemos todo lo posible para que nuestra mano izquierda sepa quién ha dado, lo que hemos dado y qué ejemplar ha sido nuestra acción.

Cuando damos para quedar bien, para que no digan, por si luego necesito pedir favores, por mera apariencia de Evangelio, estamos disfrazando nuestra fe con esa careta de la hipocresía que, tarde o temprano, decepciona a los demás y los aparta del Evangelio.

El Señor no hizo depender su predicación, sus curaciones, su entrega al Padre en la Cruz, del reconocimiento humano, de la buena opinión de los hombres o de la recompensa que podía esperar a cambio.

Cuántas intenciones egoístas y vanidosas, disfrazadas de apariencia de bien, se ocultan agazapadas en tantos actos que realizamos en nombre de Dios y de la virtud cristiana.

Cuánto afán de crecer a los ojos de los demás, cuánta ambición de poder y de reconocimiento, cuánto egocentrismo sutil y engañoso, escondemos en la mano izquierda, mientras con la derecha mostramos abiertamente nuestra dádiva más generosa.

Contempla a Cristo en la Cruz y dejarás de buscar compensaciones y reconocimientos humanos que agostan tu alma y la van encerrando en la caracola de tu soberbia.

Basta que Dios conozca tus manos, si tú quieres conocer también las suyas.

http://www.mater-dei.es


José Cobo lanza siete propuestas para la reconstrucción social

junio 16, 2020

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El obispo auxiliar de Madrid hace una concreción pastoral del Plan para resucitar del Papa Francisco.

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José Cobo lanza siete propuestas para la reconstrucción social

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El obispo auxiliar de Madrid publica un artículo en la revista Noticias Obreras en el que hace una concreción pastoral del Plan para resucitar del Papa Francisco

Caminos de resurrección desde el plan del Papa Francisco. Así se titula el artículo que el obispo auxiliar de Madrid, José Cobo, publica en la revista Noticias Obreras, editada por la HOAC. En ella hace una reflexión al hilo del texto que el Papa Francisco publicó en Vida Nueva, y una serie de concreciones pastorales.

«El plan se hará desde los más vulnerables y contando con ellos. Si en esta nueva etapa, de nuevo son descartados, perderemos la posibilidad de poner la dignidad humana en el centro de nuestra salida de una crisis mundial», escribe.

Desde este punto de partida, el prelado lanza siete propuestas sobre el papel de la Iglesia en estos momentos. Son las siguientes:

1. El impulso de reflexiones en todos los estamentos eclesiales para tomar conciencia de la oportunidad de conversión ecológica y humanista que afrontamos. Una conversión necesita tiempo y medios. Tendremos que desplegar cauces para leer la realidad desde los ojos de la fe.

2. Sobre los planes de salida y de respuesta en la sociedad en el nivel político, económico y cultural y social, necesitamos generar equipos de reflexión trasversales, de trabajo por proyectos, no solo por los departamentos.

Estos proyectos nos tendrían que ofrecer la posibilidad de afrontar y revisar cómo, en cada espacio de la Iglesia, acogemos este cambio bajo el estandarte que se nos da del cuidado, el curar y el compartir.

La salida no será solo dar cosas. Tendremos que revisar cómo estamos ejerciendo el desarrollo humano en cada espacio de la vida eclesial. Preguntarnos cómo podemos curar, cuidar y vivir la solidaridad, desde la liturgia, desde la catequesis, desde la forma de organizarnos, predicar o lanzar campañas de sensibilización.

3. Otra línea pastoral será ofrecer lugares concretos en los que sembrar la justicia social. El Papa nos ofrece a los trabajadores como primera realidad a enfocar. Se propone ayudar a las fuerzas sociales a, desde el horizonte del bien común, acordar mecanismos para consolidar el salario universal que dignifique a las personas y a sus familias.

4. Otro reto será el preguntarnos cómo afrontamos en la vida de la Iglesia el tema del trabajo digno. No se trata solo si se «cumplen» las campañas, sino si su dolor se ha fijado en nuestro corazón y si luchamos en cada espacio eclesial (es el verbo que utiliza el Papa) por que tengan el puesto digno que merecen.

5. Otra consecuencia será afrontar líneas de reflexión para trabajar sobre las posibilidades de condonar la deuda externa de los países, relajando los cobros y dando posibilidades de liquidez a los mismos. Por nuestra parte el iniciar procesos de sensibilización es prioritario.

6. Respecto a las migraciones, se pone esta realidad en el tapete de salida de esta pandemia global. La pandemia recrudece los conflictos abiertos y la virulencia de los flujos migratorios.

7. Por último, se nos coloca como seres creados en esta «casa común» que es nuestro planeta. Eso se concreta ahora lanzándonos a conocer y explicitar en cada espacio los acuerdos sobre el cambio climático. No es una acción marginal sino prioritaria a incorporar en este primer plan de incorporarnos en la resurrección de Cristo.

Alfa y Omega

Fecha de Publicación: 12 de Junio de 2020
https://alfayomega.es/207055/jose-cobo-lanza-siete-propuestas-para-la-reconstruccion-social

Los partidos del Gobierno de coalición de España, los que más atacan la libertad religiosa en 2019

junio 13, 2020

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Pintada en la puerta de la iglesia de la Trinidad de Córdoba – ABC

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Los partidos del Gobierno de coalición, los que más atacan la libertad religiosa

PSOE, Podemos e IU son las formaciones más laicistas con la mitad de las agresiones a la Iglesia en 2019, según un informe

Pese a ser un derecho fundamental de los ciudadanos, los partidos que conforman el Gobierno de coalición fueron los que más atacaron la libertad religiosa en 2019.

De los 88 agresiones que protagonizaron el año pasado las formaciones políticas contra las distintas confesiones religiosas presentes en nuestro país, PSOE, Podemos e Izquierda Unida fueron responsables de más de la mitad (47). 

En la mayoría de los casos, el blanco de ese ataque fue la Iglesia católica. Así se desprende del informe del Observatorio de Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC), al que ha tenido acceso ABC y que será presentado esta semana. Según este estudio, en el podio de partidos más laicistas se encuentra Podemos, implicado en 19 agresiones; le sigue el PSOE de Pedro Sánchez, con 14, e Izquierda Unida (IU) con otras 14.

«Es inaceptable que los partidos confundan la aconfesionalidad del Estado, como prescribe la Constitución, con marginación de la religión del espacio público. El respeto a la libertad religiosa no beneficia únicamente a los creyentes, sino que favorece a toda la sociedad al promover la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Esta realidad es fundamental y se aleja de los planteamientos ideológicos o políticos», señala María García, presidenta de OLRC, una organización civil creada en 2006 para defender el derecho de los ciudadanos a participar en la vida pública sin ser discriminados por sus convicciones religiosas.

De acuerdo a este estudio, los partidos políticos, sobre todo los de la izquierda radical y los nacionalistas, son los que más atacan la libertad religiosa en España.

De los 175 casos que se contabilizaron en 2019, 88 tuvieron como responsables a las distintas formaciones políticas. Solo PSOE, Podemos e Izquieda Unida concentraron más de la mitad de todas esas agresiones (47).

Para García se trata de «una situación preocupante», ya que «la agresividad del laicismo beligerante manifestado por estas formaciones se manifiesta luego en las calles con profanaciones, pintadas y demás actos vandálicos».

Más ataques a templos

Pese a estos datos inquietantes, el informe revela que los ataques a la libertad religiosa disminuyeron un 12,5 por ciento con respecto al año anterior. De 200 agresiones en 2018 se pasó a 175 en 2019. Sin embargo, el año pasado aumentaron considerablemente los ataques contra los creyentes y a los lugares de culto.

«Es lamentable que cada año se dañen más templos. De ocho en 2014 hemos pasado a 55 tan solo en cinco años», subraya María García.

La mayoría de los atentados que se produjeron en 2019 fueron episodios de marginación de la religión de la vida pública (73 casos), seguido de ataques a los lugares de culto (55) y escarnio a la religión (29).

De estos tres tipos de agresiones la que más bajó fue el laicismo beligerante que pasó de 90 a 73 en solo un año. García atribuye este descenso a «la menor actividad parlamentaria» debido a que en 2019 el Gobierno de Sánchez estuvo la mayor parte del año en funciones.

La Iglesia católica siguió siendo el blanco de la mayoría de los ataques (80%), seguida muy de lejos por la religión islámica (4,6%) y judía (1,7%).

Además, 24 ataques (13,7% de los casos) pueden considerarse contrarios a todas las religiones «al querer imponer un laicismo radical que intenta eliminar del espacio público todas las confesiones, así como a sus representantes y seguidores», detalla la presidenta del OLRC.

El informe del Observatorio documenta estos incidentes caso por caso. Entre ellos, destaca el laicismo beligerante de los programas electorales de PSOE y Podemos para las elecciones generales de noviembre del año pasado.

En dichas propuestas, tanto PSOE como Podemos proclaman «denunciar los acuerdos entre España y la Santa Sede de 1979» para «cumplir con el precepto constitucional que establece la aconfesionalidad del Estado».

Mezquita de Córdoba

También se proponen recuperar «los bienes matriculados indebidamente por la Iglesia», y llevar a cabo «una revisión de las operaciones que se han basado en el privilegio de inscribir en el Registro de la Propiedad bienes a partir de simples declaraciones de sus propios miembros».

Podemos va más allá y acusa de «robo» a la Iglesia católica al «inscribir a su nombre bienes que —como se sabe— son de toda la ciudadanía, como la mezquita de Córdoba».

La lista de acoso y derribo contra la confesión mayoritaria es larga. El informe también recoge la persecución a la asignatura de Religión. Entre ellos resalta la cruzada de la ministra de Educación Isabel Celaá contra esta materia con la aprobación de la Lomloe (Ley Orgánica de modificación de la LOE).

Dicha reforma busca eliminar los artículos que clasifican la asignatura de Religión como una «materia específica» de los dos cursos de Bachillerato y suprime el artículo que permite que Religión compute para la nota media del alumno; además de dejar a la Religión por primera vez sin alternativa.

La conocida como Ley Celaá también busca asfixiar a la Educación concertada, en su mayoría católica, al eliminar el criterio de «demanda social» para la apertura de nuevas aulas.

Por noveno año consecutivo, el informe del OLCR da cuenta de todas las noticias aparecidas durante 2019 en los medios de comunicación, así como la información que proporciona el Congreso, el Senado y los Parlamentos autonómicos en relación a este tipo de ataques.

https://www.abc.es/sociedad/abci-partidos-gobierno-coalicion-mas-atacan-libertad-religiosa-202006080223_noticia.html


El maná de cada día, 14.6.20 – Corpus Christi

junio 13, 2020

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Ciclo A

Solemnidad, 14 de junio 2020

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Este es el pan que ha bajado del cielo
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Antífona de Entrada: Sal 80, 17

El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre.

Oración colecta

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas.

PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 8, 2-3. l4b-l6a

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no.

Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios.

No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

SALMO 147, 12-13. 14-15. 19-20

Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.

SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 10, 16-17

Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 6, 51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-; el que coma de este pan vivirá para siempre.

EVANGELIO: Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Antífona de la comunión: Jn 6, 57

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.

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CORPUS CHRISTI – LA SANTÍSIMA TRINIDAD

DIOS PADRE:

Él ha tomado la iniciativa, nos ama desde siempre. Eternamente te he soñado, he pronunciado tu nombre. Eres único para mí. Cada uno somos un tesoro para Dios Padre. Porque nos ama con pasión e incondicionalmente, quiere lo mejor para nosotros. Por eso, nos ha entregado lo mejor que tiene, y nos lo ha dado todo entero y para siempre: Su propio Hijo. 

Nos lo aseguró el mismo Jesús: Mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo, el único satisfará todas sus necesidades, en el tiempo y en la eternidad. No será como el que comieron sus padres, que al final murieron. El Padre quiere que no nos falte nada a sus hijos, que estemos felices y contentos.

El Padre quiere que su Hijo sea para nosotros el reflejo fiel de su bondad paternal y la prueba más palpable y más plena de su infinito amor por nosotros. Desea que viéndole a Jesús, podamos percibir más allá de sus gestos al mismo Padre que todo amor, bondad, misericordia, ternura…

Es lo que más le gustó al Padre cuando pensó en nosotros para que su Hijo esté feliz por la misión que le ha confiado el Padre: el cuidado de su obra maestra, pues somos su hechura, su familia, su propiedad. Y así su Hijo se sienta feliz porque tiene muchos hermanos que también conocen al Padre y lo aman y quieren entrar con él al banquete de bodas para contento del Padre Dios. 

DIOS HIJO: 

Jesús es el Pan del cielo que nos da el Padre para que tengamos vida en abundancia. Nos lo ha entregado y ha dispuesto que se encarne en el seno de la Virgen por obra del Espíritu Santo. El Hijo mismo se ha ofrecido también: Aquí estoy para hacer tu voluntad, dame un cuerpo y yo iré… 

De esta manera entra en acción toda la Santísima Trinidad, las tres divinas personas: El Padre dispone con plena benevolencia, el Hijo viene, se ofrece, se abaja, y el Espíritu realiza el milagro en la Virgen Madre por el Poder y la santidad de Dios. El Espíritu hace fecunda a María y desencadena la celebración del Misterio de los desposorio de Dios Uno y Trino con la humanidad. 

Así Dios Hijo asume la naturaleza humana, y el Niño Jesús crece en estatura, en edad y gracia ante Dios y ante los hombres. Antes de salir a predicar el Reino, recibe el espaldarazo del Padre y del Espíritu en el bautismo. Lleno del poder de Dios, anuncia la conversión y la llegada del Reino: Habla con autoridad, echa fuera los demonios, libera a los hombres, cura a los enfermos y perdona los pecados. 

Todo lo hace bien… Al final, culmina su obra en la última cena celebrando el misterio completo de su vida de obediencia al Padre y de entrega a sus hermanos. Instituye el sacerdocio y manda realizar el misterio de su muerte y resurrección en su nombre. Y con esto, llega la hora de pasar de este mundo al Padre. Pero no dejará huérfanos a sus discípulos: anuncia la venida del Espíritu al que encarga la continuación de su obra en favor de los hombres. 

ESPÍRITU SANTO:

El Padre Dios resucita a su Hijo muerto en la cruz y lo glorifica dándole el Espíritu eterno. Es decir, la  naturaleza humana de Cristo es glorificada y con ello todos los hombres que crean en Cristo reciben el mismo Espíritu de hijos. El Espíritu pasa de Cristo a sus discípulos, les ayuda a creer que Cristo vive y que sus pecados quedan perdonados y, recibiendo la vida en abundancia, forman el nuevo Israel, la Iglesia.

Esta es convocada para celebrar la salvación, la Eucaristía: El Padre sigue atrayendo a todos hacia Cristo; este sigue hablando en la liturgia de la Palabra; el Espíritu interpreta para cada uno el Evangelio de la vida y los hace crecer a la estatura de Cristo. Hace arder los corazones mientras se proclama la Palabra. 

El Espíritu es invocado sobre los dones para que sean transformados en cuerpo y sangre del Señor, y también sobre los fieles, sobre la asamblea santa para que participe activamente en la muerte y resurrección de su Señor, y sea confirmada en su configuración con Cristo. 

Al tomar la santa comunión los fieles reciben, no lo que eran antes de la acción del Espíritu por la Palabra y el Sacramento, sino lo que el Espíritu ha ido despertando y suscitando en el desarrollo de la celebración según la novedad que nos pertenece en Cristo. De esta manera cada eucaristía conlleva un crecimiento de cada creyente y de la asamblea como tal en referencia a la plenitud que tenemos en Cristo. 

La iglesia, la comunidad, hace la eucaristía, pero también la eucaristía hace la iglesia: pues la acoge, la reconoce, la constituye en su legítima identidad, la confirma en lo bueno y la empuja con el poder del Espíritu de Cristo para que progrese en el conocimiento y la plenitud de la vida nueva en Cristo; según la promesa de Jesús: el Espíritu los guiará a la verdad plena.

Por eso la Iglesia necesita la eucaristía como algo vital para su peregrinar por este mundo. La necesita para expresarse, para reconocerse y crecer, renovar su identidad y para recibir de una forma progresiva y renovada la acción inconfundible y gratificante del Espíritu. En la eucaristía, el cielo baja a la tierra, y esta sube hasta el cielo. Así la Iglesia peregrina alegre, segura y jubilosa hacia la ciudad futura, gustando lo bueno que es vivir los hermanos unidos. 

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LECTIO DIVINA

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Ciclo A


Busca un lugar tranquilo y céntrate en escuchar al Señor.

Paso 1. Disponerse: María es la mujer que mejor acogió a Jesús. Junto a ella invoca al Espíritu Santo y déjate alimentar por la Palabra.

Después, haz por leer siguiendo estos pasos:

Jn 6,51-58

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Paso 2. Leer: Lee las veces que sea necesario. Prueba a leer en voz alta y escuchar a Jesús. Te puede ayudar el comenzar a leer un poco antes, desde el verso 24. Deja que la lectura te sorprenda, que te sea nueva.

Paso 3. Escuchar: Jesús se presenta como el “pan de vida”. ¿Dónde sacias tu hambre? ¿Cómo queda tu corazón tras leer este texto? Escucha su eco, deja que hable a tu vida.

Paso 4. Orar: Hoy en este paso lo mejor es orar en silencio. Ante el Misterio, no cabe más que postrarse, adorar y alabar.

Paso 5. Vivir: Jesús es verdadero alimento, que sacia tu hambre de vida eterna. Al dar su sangre por ti, se derrama, se da. Y tú ¿das la vida en favor de otros?

http://semillas-edit.es/

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EL HOMBRE LLEVA EN SÍ UN HAMBRE QUE NO PUEDE SER SACIADA CON EL ALIMENTO ORDINARIO

Papa Francisco en la Solemnidad de Corpus Christi 2014


«El Señor, tu Dios… te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían.» (Dt 8,2-3).

Estas palabras del Deuteronomio hicieron referencia a la historia de Israel, que Dios los hizo salir de Egipto, de la condición de esclavos, y por cuarenta años los ha guiado en el desierto hacia la tierra prometida.

Una vez establecidos en la tierra, el pueblo elegido logra una cierta autonomía, un cierto bienestar, y corre el riesgo de olvidarse de los tristes acontecimientos del pasado, superados gracias a la intervención de Dios y a su infinita bondad.

Las Escrituras exhortan a recordar, a hacer memoria de todo el camino hecho en el desierto, en el tiempo de la necesidad, de la angustia.

La invitación es aquella de retornar a lo esencial, a la experiencia de la total dependencia de Dios, cuando la sobrevivencia fue confiada a su mano, para que el hombre comprendiera que “no vive sólo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios” (Dt 8, 3).

Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre, un hambre que no puede ser saciada con el alimento ordinario. Es el hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad.

Y el signo del maná –como toda la experiencia del éxodo– contenía en sí también esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esta hambre profunda que hay en el hombre. Jesús nos dona este alimento, es más, es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo (Cfr. Jn 6, 51).

Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el cual saciamos nuestros cuerpos, como el maná.

El Cuerpo de Cristo es el Pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor.

En la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: un amor tan grande que nos nutre con Sí mismo; un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar sus propias fuerzas.

Vivir la experiencia de la fe significa dejarse nutrir por el Señor y construir la propia existencia no sus bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.

Si nos miramos en torno, nos damos cuenta que hay tantos ofrecimientos de alimentos que no vienen del Señor y que aparentemente satisfacen más. Algunos se nutren con el dinero, otros con el éxito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo.

¡Pero el alimento que nos nutre realmente y que sacia es solamente el que nos da el Señor!

El alimento que nos ofrece el Señor es diferente de los otros, y quizás no parece así tan gustoso como ciertas comidas que nos ofrece el mundo. Y así, soñamos otras comidas, como los hebreos en el desierto, que añoraban la carne y las cebollas que comían en Egipto, pero olvidaban que aquellas comidas las comían en la mesa de la esclavitud.

Ellos, en esos momentos de tentación, tenían memoria, pero una memoria enferma, una memoria selectiva, una memoria esclava, no libre.

Cada uno de nosotros, hoy puede preguntarse, ¿Y yo? ¿Dónde quiero comer? ¿En torno a qué mesa me quiero nutrir? ¿En la mesa del Señor? ¿O sueño con comer alimentos gustosos, pero en la esclavitud? ¿Cuál es mi memoria? ¿Aquella del Señor que me salva?, ¿O aquella del ajo y de las cebollas de la esclavitud? ¿Con cuál memoria yo sacio mi alma?

El Padre nos dice: “Te he nutrido con maná que tú no conocías”. Recuperemos la memoria. Ésta es la tarea: ¡Recuperemos la memoria!, y aprendamos a reconocer el pan falso que nos ilusiona y corrompe, porque es fruto del egoísmo, de la autosuficiencia y del pecado.

Dentro de poco, en la procesión, seguiremos a Jesús, realmente presente en la Eucaristía. La Hostia es nuestro maná, mediante el cual el Señor se nos dona a sí mismo. A Él nos dirigimos con fe:

Jesús, defiéndenos de las tentaciones del alimento mundano que nos hace esclavos, purifica nuestra memoria, para que no quede prisionera en la selectividad egoísta y mundana, pero sea memoria viva de tu presencia por toda la historia de tu pueblo, memoria que se hace “memorial” de tu gesto de amor redentor. Amén

Radio Vaticano

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¡Oh banquete precioso y admirable!

Santo Tomás de Aquino.
Opúsculo 57, en la fiesta del Cuerpo de Cristo 1-4

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipe de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuan tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fie­les, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saluda­ble y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las vir­tudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiri­tual en su misma fuente y celebramos la memoria del in­menso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.


El maná de cada día, 11.6.20

junio 11, 2020

San Bernabé, apóstol

Patrón de la ciudad de Logroño, La Rioja, España
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San Bernabé, apóstol
San Bernabé, apóstol
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Antífona de entrada: Hch 11, 24

Dichoso este santo que mereció ser contado entre los apóstoles, pues era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe.

Oración colecta

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 11, 21b-26;13,1-3

En aquellos días, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor.

Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos.

Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos. En la Iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, apodado el Moreno, Lucio el Cireneo, Manahén, hermano de leche del virrey Herodes, y Saulo.

Un día que ayunaban y daban culto al Señor, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado.» Volvieron a ayunar y a orar, les impusieron las manos y los despidieron.

SALMO 97, 1.2-3ab.3c-4.5-6

El Señor revela a las naciones su justicia.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 36a. 29B

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

EVANGELIO: Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

Antífona de comunión: Jn 15, 15

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

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San Bernabé, apóstol

Nacido en la isla de Chipre, fue uno de los primeros fieles de Jerusalén, predicó en Antioquía y acompañó a Pablo en su primer viaje. Intervino en el Concilio de Jerusalén. Volvió a su patria, predicó el Evangelio y allí murió.

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VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO
De los tratados de san Cromacio, obispo, sobre el evangelio de san Mateo

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. El Señor llamó a sus discípulos sal de la tierra, porque habían de condimentar con la sabiduría del cielo los corazones de los hombres, insípidos por obra del diablo.

Ahora les llama también luz del mundo, porque, después de haber sido iluminados por el Señor, que es la luz verdadera y eterna, se han convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas.

Siendo él el sol de justicia, llama con razón a sus discípulos luz del mundo; a través de ellos, como brillantes rayos, difunde por el mundo entero la luz de su conocimiento. En efecto, los apóstoles, manifestando la luz de la verdad, alejaron del corazón de los hombres las tinieblas del error.

Iluminados por éstos, también nosotros nos hemos convertido en luz, según dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

Con razón dice san Juan en su carta: Dios es luz, y quien permanece en Dios está en la luz, como él está en la luz. Nuestra alegría de vernos libres de las tinieblas del error debe llevarnos a caminar como hijos de la luz.

Por eso dice el Apóstol: Brilláis como lumbrera del mundo, ­mostrando una razón para vivir. Si no obramos así, es como si, con nuestra infidelidad, pusiéramos un velo que tapa y oscurece esta luz tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los demás. Ya sabemos que aquel que recibió un talento y prefirió esconderlo antes que negociar con él, para conseguir la vida del cielo, sufrió el castigo justo.

Por eso la esplendorosa luz que se encendió para nuestra salvación debe lucir constantemente en nosotros. Tenemos la lámpara del mandato celeste y de la gracia espiritual, de la que dice David: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. De ella dice también Salomón: El precepto de la ley es una lámpara.

Esta lámpara de la ley y de la fe no debe nunca ocultar­se, sino que debe siempre colocarse sobre el candelero de la Iglesia para la salvación de muchos; así podremos alegrarnos con la luz de su verdad y todos los creyentes serán iluminados.

Oración

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, ­que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

 


Jornada Pro Orantibus

junio 7, 2020

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El lema para la Jornada Pro Orantibus: «Con María en el corazón de la Iglesia»

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Jornada Pro Orantibus

En el calendario litúrgico de este año —afectados por la crisis del «coronavirus» y sus consecuencias— la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad el próximo domingo 7 de junio. Es la festividad escogida para la Jornada Pro Orantibus.

Bajo el lema «Con María en el corazón de la Iglesia», los obispos españoles oran por quienes continuamente lo hacen por nosotros: las personas consagradas contemplativas, hombres y mujeres. Con este motivo, agradecen a Dios esta forma de consagración que necesita la Iglesia.

La Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha publicado los datos de su departamento a cierre de 2019.

Cabe mencionar que también hay otros contemplativos: los ermitaños y ermitañas. De este colectivo no hay datos oficiales disponibles.

Jornada Pro Orantibus


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