La Anunciación del Señor, solemnidad

marzo 25, 2019

La Anunciación del Señor, solemnidad

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He aquí la esclava del Señor

He aquí la esclava del Señor: Hágase en mí, de mí…



Antífona de entrada: Hb 10, 5. 7

Cuando el Señor entró en el mundo dijo: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.


Oración colecta

Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 7, 10-14;8,10

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»

Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»

Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»


SALMO 39,7-8a.8b-9.10.11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.»

«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.


SEGUNDA LECTURA: Hebreos 10, 4-10

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.”»

Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»

Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 1, 14ab

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.


EVANGELIO: Lucas 1, 26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.


Antífona de comunión: Is 7, 14

Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros.


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25 de Marzo
La Anunciación del Señor

La Anunciación del Plan Salvífico y Encarnación del Verbo en la Virgen María: Comienzo de la salvación.

La Anunciación del Plan Salvífico de Dios Trinidad y Encarnación del Verbo en el seno de la Virgen María: Comienzo de la salvación

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EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN
De las cartas de san León Magno, papa

La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invul­nerable se une a la naturaleza pasible; de este modo, como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez mortal e inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.

El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza huma­na, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.

Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre ­se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nues­tros pecados.

Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo –por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales– fue una dignación de su misericor­dia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, perman­eciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición ­de esclavo.

Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.

En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.

El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.

Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.

En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así como la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.

La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque en el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.</


“Hijos de sacerdotes, el criterio a seguir es el bien de los niños”

febrero 27, 2019

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El Papa Francisco y el Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero (Vatican Media)

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“Hijos de sacerdotes, el criterio a seguir es el bien de los niños”

El Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación del Clero, explica las directrices del Dicasterio aplicadas en los casos de sacerdotes de rito latino que tienen descendencia

Por Andrea Tornielli – Ciudad del Vaticano

El tema de los “hijos de los sacerdotes” ha permanecido tabú durante mucho tiempo, con la consecuencia a menudo, especialmente en el pasado, de que estos niños crecían sin tener un padre conocido y reconocido. Se trata  en todo caso de un problema distinto del enfrentado la semana pasada en el Vaticano, centrado en los abusos cometidos contra menores.

En los últimos días, el psicoterapeuta Vincent Doyle, hijo de un sacerdote católico irlandés y fundador de “Coping International” (www.copinginternational.com), una asociación para la defensa de los derechos de los hijos de sacerdotes católicos de todo el mundo, ha estado presente en Roma.

Doyle quiere “salir del anonimato” y ayudar psicológicamente a “las muchas personas nacidas de una relación entre una mujer y un sacerdote” en varias partes del mundo. El psicoterapeuta irlandés, en entrevistas recientes en varios medios de comunicación, ha hablado de un documento de la Congregación para el Clero -de hecho, para uso interno, llamado indebidamente “secreto”- sobre la actitud que debe adoptarse en estos casos.

La existencia de estas directrices internas, conocidas por el mismo Doyle desde 2017, y el criterio general relativo a la protección de los niños, han sido confirmados por el director interino de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti.

Lo hablamos  con el Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero, el Dicasterio que se ocupa de este aspecto de la vida de los sacerdotes.

Eminencia, ¿cuáles son los criterios que guían las decisiones a tomar en el caso de sacerdotes con hijos?

“El Dicasterio ha seguido una praxis desde la época en que el Cardenal Claudio Hummes era Prefecto –desde hace unos diez años– quien  fue el primero en llevar a la atención del Santo Padre, en ese momento Benedicto XVI, los casos de sacerdotes menores de 40 años con descendencia, proponiéndoles que obtuvieran la dispensa sin esperar el cuadragésimo año, según lo estipulado por las normas de la época.

Tal decisión tenía y tiene como objetivo principal salvaguardar el bien de la descendencia, es decir, el derecho de los hijos a tener a su lado un padre además de una madre.

También el Papa Francisco, que ya se había expresado en este sentido como cardenal arzobispo de Buenos Aires durante un diálogo con el rabino Abraham Skorka publicado en el libro “El cielo y la tierra”, fue categórico: la atención prioritaria por parte del sacerdote debe ser hacia la descendencia”.

¿Qué quiere decir con “atención”?

“Por supuesto, no se trata solo del sustento económico necesario. Lo que debe acompañar el crecimiento de un niño es sobre todo el afecto de los padres, una educación adecuada, de hecho todo lo que implica un ejercicio efectivo y responsable de la paternidad, especialmente en los primeros años de vida”.

¿Puede decirnos en qué consiste el documento interno del que se ha hablado?

Se trata de un texto titulado “Nota relativa a la praxis de la Congregación para el Clero en relación a los clérigos con hijos”, que recoge y sistematiza la práctica vigente desde hace años en el Dicasterio. Como se ha explicado, se trata de una herramienta de trabajo a la que hay que remitirse cuando se produce tal situación, un texto “técnico” para los colaboradores del Dicasterio, por el cual hacerse guiar.

Sólo por esta razón no se ha publicado. Consta también que el Sr. Doyle pudo leerlo hace dos años. Este texto suele ser presentado y comentado por la Congregación a las Conferencias Episcopales y a los Obispos, que se ocupan del tema y preguntan cómo proceder.

¿Puede explicar cómo se está comportando hoy el Dicasterio que usted  preside ante estos casos?

“La presencia de los niños en los expedientes relativos a las dispensas sacerdotales ha sido tratada, de hecho, como una causa prácticamente “automática” para una rápida presentación del caso al Santo Padre con el fin de conceder la dispensa misma.

Por lo tanto, se están haciendo esfuerzos para que la dispensa de las obligaciones del estado clerical se obtenga en el menor tiempo posible -un par de meses- para que el sacerdote pueda estar disponible junto a su madre en el seguimiento de la prole. Una situación de este tipo se considera “irreversible” y exige que el sacerdote abandone el estado clerical aunque se considere apto para el ministerio.

Un cálculo aproximado de las solicitudes de dispensa muestra que alrededor del 80 por ciento de ellas implican la presencia de prole, aunque a menudo concebida tras el abandono del mismo ministerio”.

¿Esta regla se aplica siempre y en todo caso? ¿Se aplica también si los sacerdotes con hijos no quieren pedir la dispensa del ministerio?

“A veces sucede que los Obispos y los Superiores Religiosos presentan la situación de los sacerdotes que no tienen la intención de pedir la dispensa, incluso en presencia de hijos, sobre todo cuando la relación afectiva con la madre ha cesado. En tales casos, desgraciadamente, hay Obispos y Superiores que piensan que, después de haber ayudado económicamente a la descendencia, o después de haber trasladado al sacerdote, el clérigo puede continuar ejerciendo el ministerio.

Las incertidumbres en este asunto, por lo tanto, surgen de la resistencia de los sacerdotes a pedir la dispensa, de la ausencia de una relación afectiva con la mujer y a veces del deseo de algunos Ordinarios de ofrecer al sacerdote arrepentido una nueva oportunidad ministerial. Cuando, según la evaluación del obispo o del superior responsable, la situación exige que el sacerdote asuma las responsabilidades derivadas de la paternidad, pero no quiere pedir la dispensa, el caso se presenta a la Congregación para la dimisión del clérigo del estado clerical.

Obviamente, un hijo es siempre un regalo de Dios, no importa cómo haya nacido. La pérdida del estado clerical se da porque la responsabilidad parental crea una serie de obligaciones permanentes que en la legislación de la Iglesia latina no prevén el ejercicio del ministerio sacerdotal”.

¿Esta regla es general y siempre válida o cada caso se trata de manera diferente?

“Obviamente, cada caso debe ser examinado en el mérito y especificidad. Las excepciones son realmente muy raras. Por ejemplo, está el caso de un niño recién nacido, el hijo de un sacerdote, que por determinadas situaciones pasa a formar parte de una familia ya consolidada, en la que otro padre asume con respecto a él el papel de padre. O cuando se trata de sacerdotes con hijos que ya son “maduros”, de 20 a 30 años.

Sacerdotes que en su juventud tuvieron acontecimientos afectivos dolorosos y que proporcionaron a sus hijos un acompañamiento económico, moral y espiritual, y que hoy ejercen su ministerio con celo y compromiso, después de haber superado las debilidades afectivas anteriores.

En estas situaciones, el Dicasterio no obliga a los Obispos a invitar a los sacerdotes a pedir una dispensa. Estos son, me parece, casos en los que el Dicasterio aconseja un discernimiento más flexible dentro de una práctica y de líneas guías rigorosas para la Congregación”.

¿Qué puede responder a quienes afirman que la presencia de hijos de sacerdotes es un tema para la introducción del celibato opcional para los sacerdotes de la Iglesia latina?

“El hecho de que algunos sacerdotes hayan vivido relaciones y dado a luz a hijos no toca el tema del celibato sacerdotal, que representa un don precioso para la Iglesia latina, sobre cuyo valor siempre actual se han expresado los últimos Papas, desde San Pablo VI hasta el Papa Francisco. Así como la existencia de casos de abandono del techo conyugal y de la prole no toca obviamente el valor siempre actual del matrimonio cristiano.

Lo importante es que el sacerdote ante esta realidad sea capaz de comprender cuál es su responsabilidad hacia al hijo: su bien y su cuidado deben estar en el centro de la atención de la Iglesia para que a la  prole no le falte no sólo lo necesario para vivir, sino sobre todo el papel educativo y el afecto de un padre.

https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2019-02/hijos-de-sacerdotes-el-criterio-a-seguir-es-el-bien-de-los-ninos.html


El maná de cada día, 11.2.19

febrero 11, 2019

Lunes de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Nuestra Señora de Lourdes

Jornada Mundial del enfermo
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Nuestra Señora de Lourdes

Nuestra Señora de Lourdes



Antífona de entrada: Judit 13, 23. 25

El Señor Dios te ha bendecido, Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra; ha glorificado de tal modo, que tu alabanza está siempre en la boca de todos.


Oración colecta

Dios de misericordia, remedia con el amparo del cielo nuestro desvalimiento, para que, cuantos celebramos la memoria de la inmaculada Virgen María, Madre de Dios, podamos, por su intercesión, vernos libres de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Génesis 1, 1-19

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

Y dijo Dios: «Que exista la luz.»

Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

Y dijo Dios: «Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.»

E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda «Cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.

Y dijo Dios: «Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.»

Y así fue. Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar». Y vio Dios que era bueno.

Y dijo Dios: «Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.»

Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

Y dijo Dios: «Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.»

Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.


SALMO 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 24 y 35c

Goce el Señor con sus obras.

Bendice, alma mía, al Señor, ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas.

De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto.

Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor!


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 23

Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo.


EVANGELIO: Marcos 6, 53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron.

Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas.

En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.


Antífona de la comunión: Lc 1, 48

Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava.


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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XXVII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2019

«Gratis habéis recibido; dad gratis» (Mt 10,8)

Queridos hermanos y hermanas:

«Gratis habéis recibido; dad gratis» (Mt 10,8). Estas son las palabras pronunciadas por Jesús cuando envió a los apóstoles a difundir el Evangelio, para que su Reino se propagase a través de gestos de amor gratuito.

Con ocasión de la XXVII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará solemnemente en Calcuta, India, el 11 de febrero de 2019, la Iglesia, como Madre de todos sus hijos, sobre todo los enfermos, recuerda que los gestos gratuitos de donación, como los del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización.

El cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.

La vida es un don de Dios —y como advierte san Pablo—: «¿Tienes algo que no hayas recibido?» (1 Co 4,7). Precisamente porque es un don, la existencia no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida” (cf. Gn 3,24).

Frente a la cultura del descarte y de la indiferencia, deseo afirmar que el don se sitúa como el paradigma capaz de desafiar el individualismo y la contemporánea fragmentación social, para impulsar nuevos vínculos y diversas formas de cooperación humana entre pueblos y culturas.

El diálogo, que es una premisa para el don, abre espacios de relación para el crecimiento y el desarrollo humano, capaces de romper los rígidos esquemas del ejercicio del poder en la sociedad. La acción de donar no se identifica con la de regalar, porque se define solo como un darse a sí mismo, no se puede reducir a una simple transferencia de una propiedad o de un objeto.

Se diferencia de la acción de regalar precisamente porque contiene el don de sí y supone el deseo de establecer un vínculo. El don es ante todo reconocimiento recíproco, que es el carácter indispensable del vínculo social. En el don se refleja el amor de Dios, que culmina en la encarnación del Hijo, Jesús, y en la efusión del Espíritu Santo.

Cada hombre es pobre, necesitado e indigente. Cuando nacemos, necesitamos para vivir los cuidados de nuestros padres, y así en cada fase y etapa de la vida, nunca podremos liberarnos completamente de la necesidad y de la ayuda de los demás, nunca podremos arrancarnos del límite de la impotencia ante alguien o algo.

También esta es una condición que caracteriza nuestro ser “criaturas”. El justo reconocimiento de esta verdad nos invita a permanecer humildes y a practicar con decisión la solidaridad, en cuanto virtud indispensable de la existencia.

Esta conciencia nos impulsa a actuar con responsabilidad y a responsabilizar a otros, en vista de un bien que es indisolublemente personal y común. Solo cuando el hombre se concibe a sí mismo, no como un mundo aparte, sino como alguien que, por naturaleza, está ligado a todos los demás, a los que originariamente siente como “hermanos”, es posible una praxis social solidaria orientada al bien común.

No hemos de temer reconocernos como necesitados e incapaces de procurarnos todo lo que nos hace falta, porque solos y con nuestras fuerzas no podemos superar todos los límites. No temamos reconocer esto, porque Dios mismo, en Jesús, se ha inclinado (cf. Flp 2,8) y se inclina sobre nosotros y sobre nuestra pobreza para ayudarnos y regalarnos aquellos bienes que por nosotros mismos nunca podríamos tener.

En esta circunstancia de la solemne celebración en la India, quiero recordar con alegría y admiración la figura de la santa Madre Teresa de Calcuta, un modelo de caridad que hizo visible el amor de Dios por los pobres y los enfermos.

Como dije con motivo de su canonización, «Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. […] Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes […] de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la “sal” que daba sabor a cada obra suya, y la “luz” que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento. Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres» (Homilía, 4 septiembre 2016).

Santa Madre Teresa nos ayuda a comprender que el único criterio de acción debe ser el amor gratuito a todos, sin distinción de lengua, cultura, etnia o religión. Su ejemplo sigue guiándonos para que abramos horizontes de alegría y de esperanza a la humanidad necesitada de comprensión y de ternura, sobre todo a quienes sufren.

La gratuidad humana es la levadura de la acción de los voluntarios, que son tan importantes en el sector socio-sanitario y que viven de manera elocuente la espiritualidad del Buen Samaritano. Agradezco y animo a todas las asociaciones de voluntariado que se ocupan del transporte y de la asistencia de los pacientes, aquellas que proveen las donaciones de sangre, de tejidos y de órganos.

Un ámbito especial en el que vuestra presencia manifiesta la atención de la Iglesia es el de la tutela de los derechos de los enfermos, sobre todo de quienes padecen enfermedades que requieren cuidados especiales, sin olvidar el campo de la sensibilización social y la prevención. Vuestros servicios de voluntariado en las estructuras sanitarias y a domicilio, que van desde la asistencia sanitaria hasta el apoyo espiritual, son muy importantes. De ellos se benefician muchas personas enfermas, solas, ancianas, con fragilidades psíquicas y de movilidad. Os exhorto a seguir siendo un signo de la presencia de la Iglesia en el mundo secularizado.

El voluntario es un amigo desinteresado con quien se puede compartir pensamientos y emociones; a través de la escucha, es capaz de crear las condiciones para que el enfermo, de objeto pasivo de cuidados, se convierta en un sujeto activo y protagonista de una relación de reciprocidad, que recupere la esperanza, y mejor dispuesto para aceptar las terapias. El voluntariado comunica valores, comportamientos y estilos de vida que tienen en su centro el fermento de la donación. Así es como se realiza también la humanización de los cuidados.

La dimensión de la gratuidad debería animar, sobre todo, las estructuras sanitarias católicas, porque es la lógica del Evangelio la que cualifica su labor, tanto en las zonas más avanzadas como en las más desfavorecidas del mundo. Las estructuras católicas están llamadas a expresar el sentido del don, de la gratuidad y de la solidaridad, en respuesta a la lógica del beneficio a toda costa, del dar para recibir, de la explotación que no mira a las personas.

Os exhorto a todos, en los diversos ámbitos, a que promováis la cultura de la gratuidad y del don, indispensable para superar la cultura del beneficio y del descarte. Las instituciones de salud católicas no deberían caer en la trampa de anteponer los intereses de empresa, sino más bien en proteger el cuidado de la persona en lugar del beneficio. Sabemos que la salud es relacional, depende de la interacción con los demás y necesita confianza, amistad y solidaridad, es un bien que se puede disfrutar “plenamente” solo si se comparte. La alegría del don gratuito es el indicador de la salud del cristiano.

Os encomiendo a todos a María, Salus infirmorum. Que ella nos ayude a compartir los dones recibidos con espíritu de diálogo y de acogida recíproca, a vivir como hermanos y hermanas atentos a las necesidades de los demás, a saber dar con un corazón generoso, a aprender la alegría del servicio desinteresado. Con afecto aseguro a todos mi cercanía en la oración y os envío de corazón mi Bendición Apostólica.

Vaticano, 25 de noviembre de 2018
Solemnidad de N. S. Jesucristo Rey del Universo

Francisco

http://www.vatican.va


El maná de cada día, 9.2.19

febrero 9, 2019

Sábado de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

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El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta



PRIMERA LECTURA: Hebreos 13, 15-17.20-21

Por medio de Jesús, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre.

No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios.

Obedeced con docilidad a vuestros dirigentes, pues ellos se desvelan por vuestro bien, sabiéndose responsables; así lo harán con alegría y sin lamentarse, con lo que salís ganando.

Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna, os ponga a punto en todo bien, para que cumpláis su voluntad. Él realizará en nosotros lo que es de su agrado, por medio de Jesucristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.



SALMO 22

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


Aclamación: Jn 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen.


EVANGELIO: Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.»

Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.


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“NO LES QUEDABA TIEMPO NI PARA COMER”

El detalle que anota el evangelista nos da idea de la intensa actividad que tenían el Maestro y sus discípulos. Marcos lo recoge explicando con ello el por qué de la invitación del Maestro a sus apóstoles a apartarse a un lugar solitario a descansar: “Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer”.

A día de hoy, cualquiera de nosotros podríamos decir lo mismo. Cuántas veces acabamos nuestras jornadas con la impresión de haberlas pasado echando agua por un colador. Cuántos ratos diarios de oración, cuántas Eucaristías diarias a las que no hemos asistido, cuántas oportunidades para hacer el bien, cuántos plantones hemos dado a Dios y a los demás dejado pasar ocasiones y justificando nuestra omisión con el activismo desordenado y estéril que nos provoca el trabajo o las obligaciones que nos buscamos. Con frecuencia solemos dejar para después las cosas de Dios, que aparentemente son las menos urgentes, con el riesgo de convertirse en “para mañana” o “para nunca” lo que empezó siendo un “para después”.

Tenemos el peligro de hacer de la carcoma del activismo desordenado, las prisas o la dispersión no ya un defecto puntual y transitorio sino todo un estilo de vida, incluso justificado y hasta exigido en nombre del servicio al Evangelio. La diferencia entre nuestro activismo y el de los apóstoles es que a ellos no les impedía estar con el Señor; es más, toda su intensa actividad tenía como centro y modelo al Señor. Pero, incluso en un activismo lleno de Dios, se hace también necesaria la respuesta a la invitación del Señor para descansar con El en algún lugar solitario y apartado.

Has de aprender a ordenar tu tiempo, tu horario, tus actividades del día a día en función de tu único centro de gravedad que ha de ser tu Eucaristía diaria y tu oración. Has de comer del verdadero pan y alimentarte de intimidad con Dios si quieres encontrar en el amor a Dios el verdadero descanso de todos tus trabajos.

www.mater-dei.es


El maná de cada día, 8.2.19

febrero 8, 2019

Viernes de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

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El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación



PRIMERA LECTURA: Hebreos 13, 1-8

Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles.

Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne.

Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille, porque a los libertinos y adúlteros Dios los juzgará.

Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir: «El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?»

Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.


SALMO 26

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca.

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches.


Aclamación: Lc 8, 15

Dichosos los que con un corazón noble y generoso guardan la palabra de Dios y dan fruto perseverando.


EVANGELIO: Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado, y por eso los poderes actúan en él.» Otros decían: «Es Elías.» Otros: «Es un profeta como los antiguos.»

Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.»

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.

La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.

El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»

Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»

La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»

Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»

El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.


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FORTALEZA EN LA VIDA ORDINARIA
P. Francisco Fernández Carvajal

El ejemplo de los mártires. Nuestro testimonio de cristianos corrientes. La virtud de la fortaleza.

El Evangelio de la Misa de hoy nos relata el martirio de Juan el Bautista (1), que fue fiel, hasta dar la vida, a la misión recibida de Dios. Si en los momentos difíciles hubiera callado o se hubiera mantenido al margen de los acontecimientos, no habría muerto degollado en la cárcel de Herodes.

Pero Juan no era como caña que se mueve con cualquier viento. Fue coherente hasta el final con su vocación y con los principios que daban sentido a su existencia.

La sangre que derramó Juan, junto a la de los mártires de todos los tiempos, se uniría a la Sangre redentora de Cristo para darnos un ejemplo de amor y de firmeza en la fe, de valentía y de fecundidad. El martirio es la mayor expresión de la virtud de la fortaleza y el testimonio supremo de una verdad que se confiesa hasta dar la vida por ella.

El ejemplo del mártir “nos trae a la memoria que a la fe se debe un testimonio (…) personal, preciso, y -si llega el caso- costoso, intrépido; y nos recuerda, en fin, que el mártir de Cristo no es un héroe extraño, sino que es para nosotros, es nuestro” (2): nos enseña que todo cristiano debe estar dispuesto a entregar su propia vida, si fuera necesario, en testimonio de su fe.

Los mártires no son sólo un ejemplo incomparable del pasado; nuestra época actual es también tiempo de mártires, de persecución, incluso sangrienta.

“Las persecuciones por la fe son hoy muchas veces semejantes a las que el martirologio de la Iglesia ha registrado ya durante los siglos pasados. Ellas asumen formas diversas de discriminación de los creyentes, y de toda la comunidad de la Iglesia (…).

“Hoy hay centenares y centenares de miles de testigos de la fe, muy frecuentemente desconocidos u olvidados por la opinión pública, cuya atención está absorbida por otros hechos; frecuentemente sólo Dios los conoce. Ellos soportan privaciones diarias, en las más diversas regiones de cada uno de los continentes.

“Se trata de creyentes obligados a reunirse clandestinamente porque su comunidad religiosa no está ya autorizada. Se trata de obispos, de sacerdotes, de religiosos a los que les está prohibido ejercer el santo ministerio en sus iglesias o en sus reuniones públicas (…).

“Se trata de jóvenes generosos, a los que se impide entrar en un seminario o en un lugar de formación religiosa para realizar allí su propia vocación (…). Se trata de padres a los que se niega la posibilidad de asegurar a sus hijos una educación inspirada en la propia fe.

“Se trata de hombres y mujeres, trabajadores manuales, intelectuales y de todas las profesiones, los cuales, por el simple hecho de profesar su fe, afrontan el riesgo de verse privados de un porvenir brillante para sus carreras o sus estudios” (3).

Sin embargo, el Señor no pide a la mayor parte de los cristianos que derramen su sangre en testimonio de la fe que confiesan.

Pero reclama de todos una firmeza heroica para proclamar la verdad con la vida y la palabra en ambientes quizá difíciles y hostiles a las enseñanzas de Cristo, y para vivir con plenitud las virtudes cristianas en medio del mundo, en las circunstancias en las que nos ha colocado la vida: es la senda que deberán recorrer la mayoría de los cristianos, que han de santificarse siendo heroicos en los deberes y circunstancias de cada día.

El cristiano de hoy tiene necesidad de modo particular de la virtud de la fortaleza, que, además de ser humanamente tan atractiva, resulta imprescindible dada la mentalidad materialista de muchos, la comodidad, el horror a todo lo que suponga mortificación, renuncia o sacrificio…: todo acto de virtud incluye un acto de valentía, de fortaleza; sin ella no se puede ser fiel a Dios.

Enseña Santo Tomás (4) que esta virtud se manifiesta en dos tipos de actos: acometer el bien sin detenerse ante las dificultades y peligros que pueda comportar, y resistir los males y dificultades de modo que no nos lleven a la tristeza. En el primer caso encuentran su campo propio de actuación la valentía y la audacia; en el segundo, la paciencia y la perseverancia.

Todos los días se nos presentan muchas ocasiones para vivir estas virtudes: para superar los estados de ánimo, para evitar las quejas inútiles, para perseverar en el trabajo cuando comienza el cansancio, para sonreír cuando nos encontramos con menos facilidad de hacerlo, para corregir lo que sea necesario, para comenzar cada labor en su momento, para ser constante en el apostolado con nuestros familiares y amigos…

(1) Mc 6, 14-29.- (2) PABLO VI, Alocución 3-XI-1965.- (3) JUAN PABLO II, Meditación-plegaria, Lourdes, 14-VIII-1983.- (4) SANTO TOMAS, Suma Teológica, 2-2, q. 123, a. 6.

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El maná de cada día, 5.2.19

febrero 5, 2019

Martes de la 4ª semana de Tiempo Ordinario

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Contigo hablo, niña, levántate

Contigo hablo, niña, levántate

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PRIMERA LECTURA: Hebreos 12, 1-4

Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.


SALMO 21, 26b-27.28.30.31-32

Te alabarán, Señor, los que te buscan.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 8, 17

Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.


EVANGELIO: Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado.

Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»

Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”»

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.

Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.

Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
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Reflexión del Papa Francisco en Casa Santa Marta:
«¿Cómo encontrar la esperanza? Menos telenovelas y más Evangelio»

Jesús transmite mucho más que pensamientos positivos: transmite «la esperanza». Pero hay que estucharlo mediante el Evangelio, en lugar de perder el tiempo con «telenovelas» o los «chismes de los vecinos». Son las indicaciones que dio Papa Francisco en la homilía de esta mañana de la Misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana.

Solo la contemplación cotidiana de la Palabra de Dios ayuda a tener la «verdadera» esperanza. El Pontífice nuevamente invitó a leer el Evangelio cada día, incluso 10 minutos, para dialogar con el Señor, en lugar de ver la tele o de perder el tiempo con los chismes del vecino.

Pero, ¿cuál es el centro de la esperanza?, se preguntó Francisco. Tener «fija la mirada sobre Jesús», fue su respuesta. El Pontífice argentino desarrolló su homilía de hoy a partir del pasaje de la Carta a los Hebreos que se detiene precisamente sobre la esperanza. Y subrayó que sin escuchar al Señor tal vez podamos igualmente «tener optimismo y ser positivos», pero la esperanza «se aprende mirando a Jesús».

Refiriéndose a la oración «de contemplación», el Pontífice observó que «es bueno rezar el Rosario todos los días», hablar «con el Señor, cuando tengo una dificultad, o con la Virgen o con los Santos…».

Pero, añadió, es importante realizar la «oración de contemplación» y ésta sólo se puede hacer «con el Evangelio en la mano»: «¿Cómo realizo la contemplación con el Evangelio de hoy? Veo que Jesús estaba en medio de la muchedumbre, que en torno a él había mucha gente. Cinco veces dice este pasaje la palabra ‘muchedumbre’.

Pero yo puedo pensar: ¿Jesús, no descansaba?… Siempre con la muchedumbre. Pero la mayor parte de la vida de Jesús la ha pasado en la calle, con la muchedumbre. ¿Pero no descansaba?; Sí, una vez: dice el Evangelio, que dormía en la barca. Pero llegó la tempestad y los discípulos lo despertaron. Jesús estaba continuamente entre la gente. Y se mira a Jesús así, contemplo a Jesús así, me imagino a Jesús así. Y le digo a Jesús lo que me viene a la mente».

El Papa también dijo, comentando el Evangelio del día, que Jesús se da cuenta de que había una mujer enferma en medio de aquella muchedumbre que lo tocaba. Jesús, explicó Francisco, «no sólo entiende a la muchedumbre, siente a la muchedumbre», «siente el latido del corazón de cada uno de nosotros, de cada uno. ¡Siempre se ocupa de todos y de cada uno!».

Lo mismo sucede, explicó, cuando el jefe de la sinagoga va «a contarle de su hijita gravemente enferma: y Él deja todo y se ocupa de esto».

Francisco continuó imaginando lo que habría sucedido en aquellos momentos: Jesús llega a esa casa, las mujeres lloran porque la niña ha muerto, pero el Señor les dice que estén tranquilas y la gente se burla de él. Aquí, dijo el Papa, se ve «la paciencia de Jesús».

Y después de la resurrección de la niña, en lugar de decirles «¡Fuerza de Dios!», les dice: «Por favor denle de comer». «Jesús –notó el Pontífice– tiene siempre pequeños detalles».

«Lo que yo he hecho con este Evangelio dijo también Francisco– es precisamente la oración de contemplación: tomar el Evangelio, leer e imaginarme dentro de la escena, imaginarme qué cosa sucede y hablar con Jesús, como me salga del corazón.

Y con esto nosotros hacemos crecer la esperanza, porque tenemos fija la mirada sobre Jesús. Hagan esta oración de contemplación. ‘¡Pero tengo tanto que hacer!’; ‘pero en tu casa, 15 minutos, toma el Evangelio, un pasaje pequeño, imagina qué cosa ha sucedido y habla con Jesús de aquello. Así tu mirada estará fija sobre Jesús, y no tanto sobre la telenovela, por ejemplo; tu oído estará fijo sobre las palabras de Jesús, y no tanto en los chismes del vecino, de la vecina…».

«Y así –insistió el Papa– la oración de contemplación nos ayuda en la esperanza. Vivir de la sustancia del Evangelio. ¡Rezar siempre!».

Francisco invitó a «rezar las oraciones, a rezar el Rosario, a hablar con el Señor, pero también a hacer esta oración de contemplación para tener nuestra mirada fija sobre Jesús».

De esta oración, añadió, «viene la esperanza». Y así «nuestra vida cristiana se mueve en ese marco, entre memoria y esperanza»: «Memoria de todo el camino pasado, memoria de tantas gracias recibidas del Señor; y esperanza, mirando al Señor, que es el único que puede darme la esperanza.

Y para mirar al Señor, para conocer al Señor tomemos el Evangelio y hagamos esta oración de contemplación. Hoy, por ejemplo, aparten diez minutos, no más de quince, lean el Evangelio, imaginen y digan algo a Jesús. Y nada más.

Y así su conocimiento de Jesús será más grande y su esperanza crecerá. No se olviden, teniendo fija la mirada sobre Jesús. Y para esto la oración de contemplación».

Vatican Insider

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1.891 mártires asesinados por odio a la fe en España durante la Guerra Civil están ya en los altares

noviembre 6, 2018

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Miles de españoles llenaron la Plaza de San Pedro durante la enorme ceremonia beatificación que se produjo en 2007

 

1.891 mártires asesinados por odio a la fe en España durante la Guerra Civil están ya en los altares

Por Javier Lozano

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Este martes 6 de noviembre la Iglesia celebra la memoria litúrgica de los mártires españoles de la persecución religiosa del siglo XX, asesinados durante la Guerra Civil  por “odio a la fe”.  Las cifras hablan de más de 10.000 católicos asesinados en este proceso de los que 1.891 ya están en los altares.

En esta lista se incluyen ya los mártires que serán beatificados el próximo sábado 10 de noviembre en Barcelona, en una ceremonia en la basílica de la Sagrada Familia en la que se beatificará a 16 personas que fueron asesinadas entre 1936 y 1937.

En concreto se trata de 9 religiosos de la Congregación de San Pedro ad Víncula, 3 religiosas de la Congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, 1 religiosa de la Congregación de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones y 3 laicos protectores de los religiosos de San Pedro ad Víncula.

Sacerdotes, obreros, padres de familia…

El grupo incluye sacerdotes, personas consagradas y laicos; jóvenes y mayores; hermanos estudiantes y superiores; obreros, padres de familia y educadores: todos ellos servidores, por el Evangelio y el amor a Dios, hasta el momento de su entrega martirial. Todos ellos estaban en Cataluña.

Precisamente, Cataluña fue un claro ejemplo de la gran persecución contra los católicos en este corto pero sangriento periodo histórico. El arzobispo de Barcelona, el auxiliar de Tarragona y el obispo de Lérida fueron ejecutados por anarquistas, comunistas y otros grupos extremistas en los primeros meses de la guerra. Ya al final de la contienda, y siendo prisionero, en Gerona también fue fusilado el obispo de Teruel.

Algunos datos clarificadores

El historiador Vicente Cárcel Ortí ofrece algunos datos sobre el asesinato de sacerdotes en estas diócesis catalanas que ejemplifican la gravedad de lo que allí ocurrió:

– Lérida: 270 sacerdotes asesinados (67% del total).

– Tortosa: 316 asesinados (62% del total del clero).

– Vic: 177 asesinados (27% del clero).

– Barcelona: 279 asesinados (22% del total)

– Gerona: 194 sacerdotes muertos (20% del total)

– Urgel: 109 asesinados (20%)

– Solsona: 60 sacerdotes asesinados (13%).

Otras diócesis también perdieron un porcentaje importante de su clero. Por ejemplo, en Málaga mataron a prácticamente la mitad de los sacerdotes, lo mismo que ocurrió en la sede primada de Toledo o en Menorca. En Segorbe incluso fue más del 50%. En otras como Madrid fusilaron a 334 sacerdotes (30% del total) o 327 en Valencia (27%).

El caso de Barbastro

Sin embargo, fue la pequeña diócesis aragonesa de Barbastro en la que la brutalidad se convirtió en una limpieza de católicos. Grupos anarquistas y comunistas asesinaron al 88% del clero así como a todos los seminaristas. Tampoco el obispo se salvó, que sufrió todo tipo de torturas y vejaciones antes de ser fusilado.

Este obispo fue uno de los 13 que murieron en estos años. 12 de ellos en los primeros meses de la guerra civil y uno, el de Teruel, ya cuando concluía.

Los historiadores hablan de una cifra de víctimas por odio a la fe de más de 10.000 personas. Además de los obispos, fueron asesinados en España 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas. El número de seglares asciende a 3.000 aunque la cifra podría ser bastante mayor.

De todos ellos, 1.891 han sido ya beatificados, incluyendo los del próximo sábado en Barcelona, desde que en 1987 San Juan Pablo II declarara beatos por primera vez a tres mártires de esta persecución, carmelitas descalzas de Guadalajara.

Durante el pontificado de San Juan Pablo II se beatificaron 471 mártires asesinados en el periodo 1931-1939 en España. 530 lo fueron durante el pontificado de Benedicto XVI, y con Francisco la cifra asciende a 890.

De los 1.891 mártires ya beatificados 9 eran obispos, 274 sacerdotes seculares o diocesanos, 1.499 religiosos (incluidos religiosos sacerdotes, no sacerdotes y religiosas), un diácono, un subdiácono y 107 seglares, incluidos cuatro seminaristas. Once de ellos son ya santos.

La revista Ecclesia publica en esta lista todas las beatificaciones de este periodo promulgadas por los tres últimos Papas de los españoles asesinados por odio a la fe en el siglo XX:

Beatos mártires con Juan Pablo II

La relación de las beatificaciones ya efectuadas por san Juan Pablo, siempre en Roma, es la siguiente:

29-3-1987: Tres carmelitas descalzas de Guadalajara, martirizadas el 24 de julio de 1936 en Guadalajara. Sus nombres eran sor María Pilar, sor María Ángeles y sor Teresa del Niño Jesús.

1-10-1989: 26 religiosos pasionistas de la comunidad de Daimiel (Ciudad Real), martirizados entre julio y octubre de 1936.

29-4-1990: 8 hermanos de las Escuelas Cristianas y un padre pasionista (Mártires de Turón, octubre 1934); otro hermano de las Escuelas Cristianas, Tarragona, 1937; y una religiosa de la Compañía de Santa Teresa, Barcelona 1936.

25-10-1992: 71 hermanos hospitalarios de San Juan de Dios y 51 claretianos de Barbastro (Huesca), asesinados en distintos grupos a lo largo de 1936.

10-10-1993: 9 mártires de Almería (los obispos de Guadix, Manuel Medina, y de Almería, Diego Ventaja, y 7 hermanos de la Salle) y dos de la Institución Teresiana (Pedro Poveda y María Victoria Díez), todos ellos asesinados en el verano de 1936, en distintos momentos.

1-10-1995:

– Anselmo Polanco, obispo de Teruel, y su vicario general, Felipe Ripoll, asesinados en la provincia de Gerona el 7 de febrero de 1939.

– Pedro Ruiz de los Paños y otros ocho sacerdotes operarios diocesanos, martirizados en Toledo el 23 de julio de 1936.

– Ángela de San José Lloret Martí y 16 compañeras de la Doctrina Cristiana, martirizadas el 20 de noviembre de 1936 en el picadero de Paterna (Valencia)

– Carlos Eraña Gurruceta y dos compañeros marianistas, asesinados en Alarcos (Ciudad Real) el 18 de septiembre de 1936.

– Trece religiosos escolapios, martirizados en distintos momentos en 1936.

– Vicente Vilar, laico valenciano, ingeniero industrial, martirizado en Manises (Valencia) el 1 de febrero de 1937

4-5-1997:

– Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro.

– Ceferino Giménez Malla, gitano.

10-5-1998:

– Carmelita descalza de Madrid María Sagrario Mogas.

– Dos hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón Rita Dolores Pujalte y Francisca Aldea Araujo.

– Siete monjas salesas de la Visitación de Madrid.

7-3-1999:

– Vicente Soler y otros seis compañeros agustinos recoletos

– Manuel Martín Sierra, sacerdote diocesano de Granada

11-3-2001: 233 mártires:

– José Aparicio Sanz y otros 36 sacerdotes diocesanos de Valencia.

– Manuel Albert Ginés y otros dos sacerdotes diocesanos de Zaragoza. (Uno de ellos va también en el grupo de los dominicos)

– Amalia Abad Casampere y otras 18 mujeres de la Acción Católica de Valencia.

– Rafael Alonso Gutiérrez y otros 17 hombres y jóvenes de la Acción Católica de Valencia.

– Jacinto Serrano López y otros 17 compañeros dominicos. (Uno de ellos era sacerdote diocesano de Zaragoza)

– Pascual Fortunato Almela y otros 4 compañeros franciscanos.

– Modesto Vegas Vegas y otros 5 compañeros franciscanos conventuales.

– Aurelio de Vinalesa y otros 11 compañeros capuchinos.

– Tomás Sitjar Fortiá y otros 10 compañeros jesuitas.

– José Calasanz Marqués y otros 28 compañeros salesianos.

– Vicente Cabanes Badenas y otros 18 compañeros terciarios capuchinos de la Virgen de los Dolores.

– Juan Mariano García Méndez, sacerdote dehoniano.

– Leonardo Olivera Buera y otros 4 compañeros hermanos de las Escuelas Cristinas.

– Elvira Torrenteallé Paraire y otras 23 carmelitas de la caridad.

– María Jesús Masiá Ferragud y otras 4 clarisas capuchinas.

– María Francisca Ricartolmos, religiosa Servita.

– María Josefa Masiá Ferragud, agustina recoleta.

– María Baldillou Bullit y otras 6 compañeras escolapias.

– Josefa Ruano García y Dolores Puig Bonany, hermanitas de los ancianos desamparados.

– Petra María Quintana Argos y otras dos compañeras de las terciarias capuchinas de la Sagrada Familia.

– Carmen García Moyón, seglar nacida en Nantes (Francia) y martirizada en Torrente (Valencia).

– Francisco Castelló Aleu, laico de la diócesis de Lérida.

Beatos mártires con Benedicto XVI

La relación de las beatificaciones ya efectuadas por Benedicto XVI, solo en Roma en dos ocasiones (29 de octubre de 2005 y 28 de octubre de 2007) y sin que el Papa presidiera la celebración, y las otras dos veces, una en Mataró y otra en Madrid, es la siguiente:

29-10-2005:

– José Tapiés Sirvant y seis compañeros sacerdotes de Urgell.

– María de los Ángeles Ginard Martí, religiosa celadora del Culto Eucarístico.

28-10-2007:

– 2 obispos (Cruz Laplana Laguna y Narciso Esténaga Echevarría, obispos de Cuenca y de Ciudad Real, respectivamente).

– 24 sacerdotes diocesanos, 1 diácono y 1 subdiácono.

– 8 seglares (Uno era seminarista)

– 464 religiosos (98 agustinos, 62 dominicos, 59 salesianos, 58 hermanos de La Salle, 47 maristas, 31 carmelitas, 29 franciscanos, 23 adoratrices 16 carmelitas, 9 dominicas, 9 trinitarios, 4 carmelitas misioneras, 4 misioneros de los Sagrados Corazones, 3 misioneras Hijas del Corazón de María, 2 franciscanas Hijas de la Misericordia, 1 dominica contemplativa, 1 carmelita de la caridad, 1 trinitaria de clausura y 1 carmelita).

23-1-2010:

– Josep Samsó Elías, sacerdote diocesano de Barcelona. Fue beatificado en Mataró.

17-12-2011:

—En la catedral de la Almudena de Madrid son beatificados 22 religiosos oblatos y un laico: Juan Antonio Pérez Mayo, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Juan Pedro Cotillo Fernández, Pascual Aláez Medina, Francisco Polvorinos Gómez, Justo González Lorente, Cándido Castán San José (laico), José Vega Riaño, Serviliano Riaño Herrero, Francisco Esteban Lacal, Vicente Blanco Guadilla, Gregorio Escobar García, Juan José Caballero Rodríguez, Publio Rodríguez Moslares, Justo Gil Pardo, Ángel Francisco Bocos Hernández, Marcelino Sánchez Fernández, José Guerra Andrés, Daniel Gómez Lucas, Justo Fernández González, Clemente Rodríguez Tejerina y Eleuterio Prado Villarroel.

Beatos mártires con Francisco

Todas las beatificaciones han continuado en el ministerio de Francisco siendo en las diócesis tal como instituyó su antecesor. Estas son las beatificaciones de mártires del siglo XX en España llevadas a cabo en distintas ciudades de nuestra nación:

– 13-10-2013: Tarragona (antigua universidad laboral), 522 mártires del siglo XX en España: 3 obispos, 97 sacerdotes diocesanos, 3 seminaristas, 412 consagrados y 7 laicos.

– 01-11-2014: Vitoria (catedral nueva), Pedro de Asúa y Mendía.

– 5-9-2015: Catedral de Gerona, Fidela Oller Angelats, Josefa Monrabal Montaner y Facunda Margenat Roura (mártires de las Religiosas de San José de Gerona).

– 3-10-2015: Catedral de Santander, Pío Heredia y 15 compañeros mártires cistercienses y dos monjas cistercienses.

– 21-11-2015: Catedral de Barcelona, Frederic de Berga y 25 compañeros capuchinos mártires.

– 23-4-2016: Catedral de Burgos, Valentín Palencia (sacerdote diocesano) y 4 compañeros discípulos suyos jóvenes laicos (Donato Rodríguez, Germán García, Emilio Huidobro y Zacarías Cuesta).

– 8-10-2016: Catedral de Oviedo, Genaro Fueyo Castañón (sacerdote), y los laicos Antonio González Alonso, Isidro Fernández Cordero y Segundo Alonso González.

– 29-10-2016: Catedral de Madrid, José Antón Gómez, Antolín Pablos Villanueva, Rafael Alcocer Martínez y Luis Vidaurrázaga González, monjes benedictinos y sacerdotes.

– 25-3-2017: Palacio de Congresos de Aguadulce-Roquetas de Mar (Almería), 115 mártires (95 sacerdotes —José Álvarez-Benavides, deán de la catedral de Almería y 94 compañeros, incluidos un religioso franciscano y dos sacerdotes operarios diocesanos,— y 20 laicos —18 hombres y 2 mujeres, entre ellos, la primera mujer gitana beata, Emilia Fernández, la «canastera»—).

– 6-5-2017: Catedral de Gerona, 7 jóvenes misioneros del Sagrado Corazón mártires (Antonio Arribas Hortigüela, Abundio Martín Rodríguez, José Vergara Echevarría, Josep Oriol Isern Massó, Gumersindo Gómez Rodrigo, Jesús Moreno Ruiz y José del Amo del Amo) en Serinyà (Girona).

– 21-10-2017: Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, 109 misioneros claretianos (sacerdote Mateu Casals, el estudiante Teófilo Casajús, y el hermano Ferran Saperas y otros 106 compañeros mártires.

– 11-11-2017: Palacio Vistaalegre de Madrid, 60 mártires de la Familia Vicenciana (24 sacerdotes misioneros paúles, 5 sacerdotes diocesanos de Cartagena, 16 hermanos paúles, 2 hijas de la caridad y 13 laicos de asociaciones vicencianas).

– 10-11-2018: Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, 16 mártires del siglo XX en España (9 religiosos de la Congregación de San Pedro ad Víncula, 3 religiosas de la Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, 1 religiosa de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones y 3 laicos protectores de los religiosos de San Pedro ad Víncula).

https://www.religionenlibertad.com/espana/322657499/1.1-martires-asesinados-por-odio-a-la-fe-en-Espana-durante-la-Guerra-Civil-estan-ya-en-los-altares.html


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