1.891 mártires asesinados por odio a la fe en España durante la Guerra Civil están ya en los altares

noviembre 6, 2018

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Miles de españoles llenaron la Plaza de San Pedro durante la enorme ceremonia beatificación que se produjo en 2007

 

1.891 mártires asesinados por odio a la fe en España durante la Guerra Civil están ya en los altares

Por Javier Lozano

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Este martes 6 de noviembre la Iglesia celebra la memoria litúrgica de los mártires españoles de la persecución religiosa del siglo XX, asesinados durante la Guerra Civil  por “odio a la fe”.  Las cifras hablan de más de 10.000 católicos asesinados en este proceso de los que 1.891 ya están en los altares.

En esta lista se incluyen ya los mártires que serán beatificados el próximo sábado 10 de noviembre en Barcelona, en una ceremonia en la basílica de la Sagrada Familia en la que se beatificará a 16 personas que fueron asesinadas entre 1936 y 1937.

En concreto se trata de 9 religiosos de la Congregación de San Pedro ad Víncula, 3 religiosas de la Congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, 1 religiosa de la Congregación de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones y 3 laicos protectores de los religiosos de San Pedro ad Víncula.

Sacerdotes, obreros, padres de familia…

El grupo incluye sacerdotes, personas consagradas y laicos; jóvenes y mayores; hermanos estudiantes y superiores; obreros, padres de familia y educadores: todos ellos servidores, por el Evangelio y el amor a Dios, hasta el momento de su entrega martirial. Todos ellos estaban en Cataluña.

Precisamente, Cataluña fue un claro ejemplo de la gran persecución contra los católicos en este corto pero sangriento periodo histórico. El arzobispo de Barcelona, el auxiliar de Tarragona y el obispo de Lérida fueron ejecutados por anarquistas, comunistas y otros grupos extremistas en los primeros meses de la guerra. Ya al final de la contienda, y siendo prisionero, en Gerona también fue fusilado el obispo de Teruel.

Algunos datos clarificadores

El historiador Vicente Cárcel Ortí ofrece algunos datos sobre el asesinato de sacerdotes en estas diócesis catalanas que ejemplifican la gravedad de lo que allí ocurrió:

– Lérida: 270 sacerdotes asesinados (67% del total).

– Tortosa: 316 asesinados (62% del total del clero).

– Vic: 177 asesinados (27% del clero).

– Barcelona: 279 asesinados (22% del total)

– Gerona: 194 sacerdotes muertos (20% del total)

– Urgel: 109 asesinados (20%)

– Solsona: 60 sacerdotes asesinados (13%).

Otras diócesis también perdieron un porcentaje importante de su clero. Por ejemplo, en Málaga mataron a prácticamente la mitad de los sacerdotes, lo mismo que ocurrió en la sede primada de Toledo o en Menorca. En Segorbe incluso fue más del 50%. En otras como Madrid fusilaron a 334 sacerdotes (30% del total) o 327 en Valencia (27%).

El caso de Barbastro

Sin embargo, fue la pequeña diócesis aragonesa de Barbastro en la que la brutalidad se convirtió en una limpieza de católicos. Grupos anarquistas y comunistas asesinaron al 88% del clero así como a todos los seminaristas. Tampoco el obispo se salvó, que sufrió todo tipo de torturas y vejaciones antes de ser fusilado.

Este obispo fue uno de los 13 que murieron en estos años. 12 de ellos en los primeros meses de la guerra civil y uno, el de Teruel, ya cuando concluía.

Los historiadores hablan de una cifra de víctimas por odio a la fe de más de 10.000 personas. Además de los obispos, fueron asesinados en España 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas. El número de seglares asciende a 3.000 aunque la cifra podría ser bastante mayor.

De todos ellos, 1.891 han sido ya beatificados, incluyendo los del próximo sábado en Barcelona, desde que en 1987 San Juan Pablo II declarara beatos por primera vez a tres mártires de esta persecución, carmelitas descalzas de Guadalajara.

Durante el pontificado de San Juan Pablo II se beatificaron 471 mártires asesinados en el periodo 1931-1939 en España. 530 lo fueron durante el pontificado de Benedicto XVI, y con Francisco la cifra asciende a 890.

De los 1.891 mártires ya beatificados 9 eran obispos, 274 sacerdotes seculares o diocesanos, 1.499 religiosos (incluidos religiosos sacerdotes, no sacerdotes y religiosas), un diácono, un subdiácono y 107 seglares, incluidos cuatro seminaristas. Once de ellos son ya santos.

La revista Ecclesia publica en esta lista todas las beatificaciones de este periodo promulgadas por los tres últimos Papas de los españoles asesinados por odio a la fe en el siglo XX:

Beatos mártires con Juan Pablo II

La relación de las beatificaciones ya efectuadas por san Juan Pablo, siempre en Roma, es la siguiente:

29-3-1987: Tres carmelitas descalzas de Guadalajara, martirizadas el 24 de julio de 1936 en Guadalajara. Sus nombres eran sor María Pilar, sor María Ángeles y sor Teresa del Niño Jesús.

1-10-1989: 26 religiosos pasionistas de la comunidad de Daimiel (Ciudad Real), martirizados entre julio y octubre de 1936.

29-4-1990: 8 hermanos de las Escuelas Cristianas y un padre pasionista (Mártires de Turón, octubre 1934); otro hermano de las Escuelas Cristianas, Tarragona, 1937; y una religiosa de la Compañía de Santa Teresa, Barcelona 1936.

25-10-1992: 71 hermanos hospitalarios de San Juan de Dios y 51 claretianos de Barbastro (Huesca), asesinados en distintos grupos a lo largo de 1936.

10-10-1993: 9 mártires de Almería (los obispos de Guadix, Manuel Medina, y de Almería, Diego Ventaja, y 7 hermanos de la Salle) y dos de la Institución Teresiana (Pedro Poveda y María Victoria Díez), todos ellos asesinados en el verano de 1936, en distintos momentos.

1-10-1995:

– Anselmo Polanco, obispo de Teruel, y su vicario general, Felipe Ripoll, asesinados en la provincia de Gerona el 7 de febrero de 1939.

– Pedro Ruiz de los Paños y otros ocho sacerdotes operarios diocesanos, martirizados en Toledo el 23 de julio de 1936.

– Ángela de San José Lloret Martí y 16 compañeras de la Doctrina Cristiana, martirizadas el 20 de noviembre de 1936 en el picadero de Paterna (Valencia)

– Carlos Eraña Gurruceta y dos compañeros marianistas, asesinados en Alarcos (Ciudad Real) el 18 de septiembre de 1936.

– Trece religiosos escolapios, martirizados en distintos momentos en 1936.

– Vicente Vilar, laico valenciano, ingeniero industrial, martirizado en Manises (Valencia) el 1 de febrero de 1937

4-5-1997:

– Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro.

– Ceferino Giménez Malla, gitano.

10-5-1998:

– Carmelita descalza de Madrid María Sagrario Mogas.

– Dos hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón Rita Dolores Pujalte y Francisca Aldea Araujo.

– Siete monjas salesas de la Visitación de Madrid.

7-3-1999:

– Vicente Soler y otros seis compañeros agustinos recoletos

– Manuel Martín Sierra, sacerdote diocesano de Granada

11-3-2001: 233 mártires:

– José Aparicio Sanz y otros 36 sacerdotes diocesanos de Valencia.

– Manuel Albert Ginés y otros dos sacerdotes diocesanos de Zaragoza. (Uno de ellos va también en el grupo de los dominicos)

– Amalia Abad Casampere y otras 18 mujeres de la Acción Católica de Valencia.

– Rafael Alonso Gutiérrez y otros 17 hombres y jóvenes de la Acción Católica de Valencia.

– Jacinto Serrano López y otros 17 compañeros dominicos. (Uno de ellos era sacerdote diocesano de Zaragoza)

– Pascual Fortunato Almela y otros 4 compañeros franciscanos.

– Modesto Vegas Vegas y otros 5 compañeros franciscanos conventuales.

– Aurelio de Vinalesa y otros 11 compañeros capuchinos.

– Tomás Sitjar Fortiá y otros 10 compañeros jesuitas.

– José Calasanz Marqués y otros 28 compañeros salesianos.

– Vicente Cabanes Badenas y otros 18 compañeros terciarios capuchinos de la Virgen de los Dolores.

– Juan Mariano García Méndez, sacerdote dehoniano.

– Leonardo Olivera Buera y otros 4 compañeros hermanos de las Escuelas Cristinas.

– Elvira Torrenteallé Paraire y otras 23 carmelitas de la caridad.

– María Jesús Masiá Ferragud y otras 4 clarisas capuchinas.

– María Francisca Ricartolmos, religiosa Servita.

– María Josefa Masiá Ferragud, agustina recoleta.

– María Baldillou Bullit y otras 6 compañeras escolapias.

– Josefa Ruano García y Dolores Puig Bonany, hermanitas de los ancianos desamparados.

– Petra María Quintana Argos y otras dos compañeras de las terciarias capuchinas de la Sagrada Familia.

– Carmen García Moyón, seglar nacida en Nantes (Francia) y martirizada en Torrente (Valencia).

– Francisco Castelló Aleu, laico de la diócesis de Lérida.

Beatos mártires con Benedicto XVI

La relación de las beatificaciones ya efectuadas por Benedicto XVI, solo en Roma en dos ocasiones (29 de octubre de 2005 y 28 de octubre de 2007) y sin que el Papa presidiera la celebración, y las otras dos veces, una en Mataró y otra en Madrid, es la siguiente:

29-10-2005:

– José Tapiés Sirvant y seis compañeros sacerdotes de Urgell.

– María de los Ángeles Ginard Martí, religiosa celadora del Culto Eucarístico.

28-10-2007:

– 2 obispos (Cruz Laplana Laguna y Narciso Esténaga Echevarría, obispos de Cuenca y de Ciudad Real, respectivamente).

– 24 sacerdotes diocesanos, 1 diácono y 1 subdiácono.

– 8 seglares (Uno era seminarista)

– 464 religiosos (98 agustinos, 62 dominicos, 59 salesianos, 58 hermanos de La Salle, 47 maristas, 31 carmelitas, 29 franciscanos, 23 adoratrices 16 carmelitas, 9 dominicas, 9 trinitarios, 4 carmelitas misioneras, 4 misioneros de los Sagrados Corazones, 3 misioneras Hijas del Corazón de María, 2 franciscanas Hijas de la Misericordia, 1 dominica contemplativa, 1 carmelita de la caridad, 1 trinitaria de clausura y 1 carmelita).

23-1-2010:

– Josep Samsó Elías, sacerdote diocesano de Barcelona. Fue beatificado en Mataró.

17-12-2011:

—En la catedral de la Almudena de Madrid son beatificados 22 religiosos oblatos y un laico: Juan Antonio Pérez Mayo, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Juan Pedro Cotillo Fernández, Pascual Aláez Medina, Francisco Polvorinos Gómez, Justo González Lorente, Cándido Castán San José (laico), José Vega Riaño, Serviliano Riaño Herrero, Francisco Esteban Lacal, Vicente Blanco Guadilla, Gregorio Escobar García, Juan José Caballero Rodríguez, Publio Rodríguez Moslares, Justo Gil Pardo, Ángel Francisco Bocos Hernández, Marcelino Sánchez Fernández, José Guerra Andrés, Daniel Gómez Lucas, Justo Fernández González, Clemente Rodríguez Tejerina y Eleuterio Prado Villarroel.

Beatos mártires con Francisco

Todas las beatificaciones han continuado en el ministerio de Francisco siendo en las diócesis tal como instituyó su antecesor. Estas son las beatificaciones de mártires del siglo XX en España llevadas a cabo en distintas ciudades de nuestra nación:

– 13-10-2013: Tarragona (antigua universidad laboral), 522 mártires del siglo XX en España: 3 obispos, 97 sacerdotes diocesanos, 3 seminaristas, 412 consagrados y 7 laicos.

– 01-11-2014: Vitoria (catedral nueva), Pedro de Asúa y Mendía.

– 5-9-2015: Catedral de Gerona, Fidela Oller Angelats, Josefa Monrabal Montaner y Facunda Margenat Roura (mártires de las Religiosas de San José de Gerona).

– 3-10-2015: Catedral de Santander, Pío Heredia y 15 compañeros mártires cistercienses y dos monjas cistercienses.

– 21-11-2015: Catedral de Barcelona, Frederic de Berga y 25 compañeros capuchinos mártires.

– 23-4-2016: Catedral de Burgos, Valentín Palencia (sacerdote diocesano) y 4 compañeros discípulos suyos jóvenes laicos (Donato Rodríguez, Germán García, Emilio Huidobro y Zacarías Cuesta).

– 8-10-2016: Catedral de Oviedo, Genaro Fueyo Castañón (sacerdote), y los laicos Antonio González Alonso, Isidro Fernández Cordero y Segundo Alonso González.

– 29-10-2016: Catedral de Madrid, José Antón Gómez, Antolín Pablos Villanueva, Rafael Alcocer Martínez y Luis Vidaurrázaga González, monjes benedictinos y sacerdotes.

– 25-3-2017: Palacio de Congresos de Aguadulce-Roquetas de Mar (Almería), 115 mártires (95 sacerdotes —José Álvarez-Benavides, deán de la catedral de Almería y 94 compañeros, incluidos un religioso franciscano y dos sacerdotes operarios diocesanos,— y 20 laicos —18 hombres y 2 mujeres, entre ellos, la primera mujer gitana beata, Emilia Fernández, la «canastera»—).

– 6-5-2017: Catedral de Gerona, 7 jóvenes misioneros del Sagrado Corazón mártires (Antonio Arribas Hortigüela, Abundio Martín Rodríguez, José Vergara Echevarría, Josep Oriol Isern Massó, Gumersindo Gómez Rodrigo, Jesús Moreno Ruiz y José del Amo del Amo) en Serinyà (Girona).

– 21-10-2017: Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, 109 misioneros claretianos (sacerdote Mateu Casals, el estudiante Teófilo Casajús, y el hermano Ferran Saperas y otros 106 compañeros mártires.

– 11-11-2017: Palacio Vistaalegre de Madrid, 60 mártires de la Familia Vicenciana (24 sacerdotes misioneros paúles, 5 sacerdotes diocesanos de Cartagena, 16 hermanos paúles, 2 hijas de la caridad y 13 laicos de asociaciones vicencianas).

– 10-11-2018: Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, 16 mártires del siglo XX en España (9 religiosos de la Congregación de San Pedro ad Víncula, 3 religiosas de la Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, 1 religiosa de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones y 3 laicos protectores de los religiosos de San Pedro ad Víncula).

https://www.religionenlibertad.com/espana/322657499/1.1-martires-asesinados-por-odio-a-la-fe-en-Espana-durante-la-Guerra-Civil-estan-ya-en-los-altares.html

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El maná de cada día, 28.10.18

octubre 27, 2018

Domingo XXX del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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¿Qué quieres que haga por ti?



Antífona de entrada: Sal 104, 3-4

Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad, y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 31, 7-9

Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra.

Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.»


SALMO 125, 1-2ab.2cd-3.4-5.6

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.


SEGUNDA LECTURA: Hebreos 5, 1-6

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.

Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»


ALELUYA: 2 Timoteo 1, 10

Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio.


EVANGELIO: Marcos 10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna.

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.»

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»

Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.»

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.


Antífona de comunión: Sal 19, 6

Que podamos celebrar tu victoria y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes.


(Los subrayados son míos)


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Amad a Cristo; desead la luz que es Cristo

San Agustín, Sermón 349, 5-6

Amad a Dios, puesto que nada encontraréis mejor que él. Amáis la plata porque es mejor que el hierro y el bronce; amáis el oro más todavía, porque es mejor que la plata; amáis aún más las piedras preciosas, porque superan incluso el precio del oro; amáis, por último esta luz que teme perder todo hombre que teme la muerte; amáis, repito, esta luz igual que la deseaba con gran amor quien gritaba detrás de Jesús: Ten compasión de mí, hijo de David.

Gritaba el ciego cuando pasaba Jesús. Temía que pasara y no lo curara. ¿Cómo gritaba? Hasta el punto de no callar, aunque se lo ordenaba la muchedumbre. Venció, oponiéndose a ella, y obtuvo al Salvador. Al vocear la muchedumbre y prohibirle gritar, se paró Jesús, lo llamó y le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Señor -le dijo- que vea. Mira, tu fe te ha salvado (Lc 18,38-42).

Amad a Cristo, desead la luz que es Cristo. Si aquél deseó la luz corporal, ¡cuánto más debéis desear vosotros la del corazón! Gritemos ante él, no con la voz, sino con las costumbres. Vivamos santamente, despreciemos el mundo; consideremos como nulo todo lo que pasa. Si vivimos así nos reprenderán, como si lo hicieran por amor nuestro, los hombres mundanos, amantes de la tierra, saboreadores del polvo, que nada traen del cielo, que no tienen más aliento vital que el que respiran por la nariz, sin otro en el corazón.

Sin duda, cuando nos vean despreciar estas cosas humanas y terrenas, nos han de recriminar y decir: «¿Por qué sufres? ¿Te has vuelto loco?». Es la muchedumbre que trata de impedir que el ciego grite. Y hasta son cristianos algunos de los que impiden vivir cristianamente; en efecto, también aquella turba caminaba al lado de Cristo y ponía obstáculos al hombre que vociferaba junto a Cristo y deseaba su luz como regalo del mismo Cristo. Hay cristianos así; pero venzámoslos, vivamos santamente; sea nuestra vida nuestro grito a Cristo. Él se parará, puesto que ya está parado.

También aquí se encierra un gran misterio. Pasaba él cuando el ciego gritaba; para sanarlo se paró. El pasar de Cristo ha de mantenernos atentos para gritar. ¿Cuál es el pasar de Cristo? Todo lo que sufrió por nosotros es su pasar. Nació: pasó; ¿acaso nace todavía? Creció: pasó; ¿acaso crece todavía? Tomó el pecho: ¿acaso lo toma todavía? Cansado se durmió, ¿acaso duerme todavía? Comió y bebió: ¿lo hace todavía? Finalmente fue apresado, encadenado, azotado, coronado de espinas, abofeteado, cubierto de esputos, colgado del madero, muerto, herido con la lanza y, sepultado, resucitó: todavía pasa. Subió al cielo, está sentado a la derecha del Padre: se paró.

Grita cuanto puedas, que ahora te otorga la visión. En efecto, cuando era la Palabra junto a Dios estaba parado ciertamente, porque no sufría mutación alguna. Y la Palabra era Dios y la Palabra se hizo carne (Jn 1,1.14). La Palabra hizo muchas cosas al pasar y también las sufrió, mas la Palabra se mantuvo parada. La misma Palabra es la que ilumina el corazón, puesto que la carne que recibió recibe su honor de la Palabra.

Elimina la Palabra, ¿qué es su carne? Lo mismo que la tuya. Para que la carne de Cristo fuese honrada, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Gritemos, pues, y vivamos santamente.

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Domingo XXX del tiempo ordinario  Ciclo “B”

28 de octubre del 2012

Comentario homilético, por el P. José Jubera, oar.

La ceguera es más frecuente en los hombres, mucho más de lo que aparentan a primera vista. Además, normalmente, es una ceguera selectiva sobre lo que nos conviene o no, sobre todo en referencia a los demás. Son como los que se oponen a que el ciego de nacimiento llegue a Jesús. Por eso mismo dice Jesús: No hay peor ciego que el que no quiere ver. ¿Qué impide ver? Sus actitudes de autosuficiencia, de inmovilismo, de desprecios o predilecciones.

Desde la fe

La sociedad se fundamenta en la fe. Necesitamos creer, y lo hacemos  en todo momento. Desde el niño que confía en lo que dicen sus padres, del alumno que pone fe en lo que enseña el profesor… hasta el obrero que sale temprano de su casa confiado  -teniendo fe– en que el autobús va a pasar por la esquina de su casa para llegar a tiempo al trabajo…

Es este mundo, que practica el dicho tan conocido: Yo, ver para creer, como santo Tomás, pero que está demostrando creer en todo y por todo, le falla el creer en lo espiritual, en Dios Creador, Padre y Salvador.

El Dios que nos salva

Ha sido hermoso escuchar al profeta Jeremías dándonos ánimos:  ¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel! (Jr 31, 79). Y son salvados los que no cuentan para los éxitos del mundo: ciegos, cojos, mujeres en estado…   personas que andan por la vida con dificultades y no pueden valerse en muchas cosas por sí mismas… y  no sólo no reciben ayuda, sino que, como al ciego del evangelio, quieren marginarlos de la marcha del progreso, del camino de la liberación, de la realidad del amor.

El rechazo y la acogida a Bartimeo

Hay un ciego que ha escuchado hablar de Jesús y se entera que está pasando cerca y pide ayuda. Es una persona que la comunidad en la que escribe Marcos conoce, es Bartimeo, el hijo de Timeo. Sus limitaciones le impiden acercarse y grita pidiendo ayuda. Y entonces aparecen los que quieren monopolizar al Maestro, seguros de su verdad, distinta a la de los otros: Muchos le increpaban para que se callara (Mc 10, 48).

En la vida encontramos oposición a seguir el camino del bien. Dice un dicho castellano: Piensa el ladrón que todos son de su condición,  y del cual hago yo la siguiente glosa: Quiere el malo que todos sean malos.

Es lo que intentan realizar con el profeta: Ellos dijeron: “Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará  la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos” (Jr 18, 18).

Decisión y valentía como Bartimeo

El ciego Bartimeo no se deja amedrentar cuando le increpan que se calle. Él no hizo caso y empezó a gritar: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”  (Mc 10, 48). Su grito llega al Maestro que le hace llamar y le pide que le exponga su necesidad y él le dice: Maestro, que vea. Escucha las palabras de Jesús: Anda, tu fe te ha salvado. Y al momento recuperó la vista y le seguía por el camino (Mc 10, 51-52).

Bartimeo recibe la iluminación externa, ve, y también, lo que de verdad quiere recalcar el evangelista, la iluminación interior que lo lleva  a seguir a Jesús, a hacerse su discípulo… pero después de soltar el manto, la mundanidad.

Nuestra actitud

Como Bartimeo desde la humildad reconocemos nuestras debilidades que las manifestamos –rompiendo miedos e increpaciones de otros– a Jesús. Y eso nos lleva a la fe, a la verdad trascendente… porque la fe nos da todo.

Jesús es quien nos llama, nos da confianza para pedirle lo que necesitamos… Con el salmo rezamos: Yo sé que el Señor hace justicia al afligido y defiende el derecho del pobre (140 (139, 13).

 


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Ciegos que ven y videntes ciegos

Comentario al evangelio del Domingo 30º del T.O./B

ROMA, viernes 26 octubre 2012 (ZENIT.org).-Ofrecemos el comentario al evangelio del próximo domingo de nuestro colaborador padre Jesús Álvarez, paulino.

Por Jesús Álvarez, SSP

La ceguera en tiempos de Jesús –y también hoy en muchos casos–, condena a los pacientes a una vida dura, pobre y marginada. Y en los países pobres no tienen otra salida que mendigar o morir de hambre en la angustia de sus tinieblas.

Sin embargo, también se dan muchos casos de ciegos que saben aprovechar su deficiencia visual como ocasión para aumentar su visión mental y espiritual, e incluso ganarse la vida con su trabajo. En ese sentido me decía un amigo que en un accidente perdió la vista y a su esposa, el encanto de sus ojos: “Desde que estoy ciego, veo mucho mejor”.

Como hay una ceguera física, así hay una ceguera mental por falta de formación, cultura, información, comunicación, inercia. Hay una ceguera espiritual, que consiste en el desconocimiento de Dios y del destino eterno de la vida: incapacidad para ver más allá de lo material e inmediato. Es la peor ceguera y miseria.

La multitud que seguía a Jesús iba buscando luz y sentido eterno para su vida. Sin embargo, entre los que entonces se juntaban con él y entre los que hoy aparentan seguir a Jesús, hay quienes ven la esperanza de su vida en lo destinado a perecer. El Hijo de Dios y su plan de salvación no entran en sus mezquinos planes egoístas. Asisten a celebraciones religiosas, y luego ignoran a Cristo vivo presente en la Eucaristía, en la Biblia, en la creación, en los que sufren y en la propia vida. Se “ciegan” ante el amor de Dios y el amor al prójimo, y por tanto se cierran a la salvación.

A casi nadie de los que acompañaban a Jesús le interesaba el horrible sufrimiento del pobre ciego. Solo Jesús sintió compasión e interés por él. ¿No sucede hoy lo mismo con tantos que se profesan cristianos, católicos, pero pasan indiferentes y cierran los ojos del rostro y del corazón ante el sufrimiento de multitud de hermanos? Incluso de hermanos con los que conviven cada día. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Sólo quien se reconoce ciego y pobre, puede desear, pedir y recibir la curación de su ceguera. Creer en Jesús no es cuestión solo de palabras, doctrinas, ideas y rezos o ritos, sino fundamentalmente de hechos, de adhesión amorosa a Él allí donde se manifiesta: Eucaristía, Biblia, prójimo, naturaleza…

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El maná de cada día, 6.10.18

octubre 6, 2018

Sábado de la 26ª semana de Tiempo Ordinario

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Muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron



PRIMERA LECTURA: Job 42, 1-3. 5-6. 12-16

Job respondió al Señor:

«Reconozco que lo puedes todo, y ningún plan es irrealizable para ti, yo, el que te empaño tus designios con palabras sin sentido; hablé de grandezas que no entendía, de maravillas que superan mi comprensión. Te conocía sólo de oídas, ahora te han visto mis ojos; por eso, me retracto y me arrepiento, echándome polvo y ceniza.»

El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio; sus posesiones fueron catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas.

Tuvo siete hijos y tres hijas: la primera se llamaba Paloma, la segunda Acacia, la tercera Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les repartió heredades como a sus hermanos.

Después Job vivió cuarenta años, y conoció a sus hijos y a sus nietos y a sus biznietos. Y Job murió anciano y satisfecho.


SALMO 118, 66. 71. 75. 91. 125. 130

Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Enséñame a gustar y a comprender, porque me fío de tus mandatos.

Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus mandamientos.

Reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos, que con razón me hiciste sufrir.

Por tu mandamiento subsisten hasta hoy, porque todo está a tu servicio.

Yo soy tu siervo: dame inteligencia, y conoceré tus preceptos.

La explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


EVANGELIO: Lucas 10, 17-24

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»

Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»

En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»


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El maná de cada día, 31.8.18

agosto 31, 2018

Viernes de la 21ª semana de Tiempo Ordinario

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parabola_10_virgenes

Velad, porque no sabéis el día ni la hora

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PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 1, 17-25

No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios.

Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?

Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes.

Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo, judíos o griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.


SALMO 32

La misericordia del Señor llena la tierra

Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos, pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad.


ALELUYA: Lc 21, 36

Estad despiertos en todo tiempo, pidiendo manteneros en pie ante el Hijo del hombre.


EVANGELIO: Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.” Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.”

Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos.” Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco.”

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»


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LA VIRGINIDAD DEL CUERPO LA POSEEN POCOS;
LA DEL CORAZÓN HAN DE POSEERLA TODOS

San Agustín, Comentario al salmo 147, 10-11

Aquellas vírgenes simbolizan a las almas. En realidad no eran sólo cinco, pues eran símbolo de millares de ellas. Además, ese número cinco comprende tanto varones como mujeres, pues ambos sexos están representados por una mujer, es decir, por la Iglesia. Y a ambos sexos, estos es, a la Iglesia, se la llama virgen: Os he desposado con un único varón para presentaron a Cristo cual virgen casta (2 Cor 11, 2).

Pocos poseen la virginidad de la carne, pero todos deben poseer la del corazón. La virginidad de la carne consiste en la pureza del cuerpo; la del corazón en la incorruptibilidad de la fe. A la Iglesia entera, pues, se la denomina virgen y, con nombre masculino, pueblo de Dios; uno y otro sexo es pueblo de Dios, un solo pueblo, el único pueblo; y una única Iglesia, una única paloma.

Y en esta virginidad se incluyen muchos miles de santos. Luego las cinco vírgenes simbolizan a todas las almas que han de entrar en el reino de Dios.

Y no carece de motivo el que se haya elegido el número cinco, porque cinco son los sentidos del cuerpo conocidísimos de todos. Cinco son las puertas por las que las cosas entran al alma mediante el cuerpo: o por los ojos, o por el oído, o por el olfato, o por el gusto, o por el tacto; por uno de ellos entra cualquier cosa que apetezcas desordenadamente. Quien no admita corrupción alguna por ninguna de estas puertas ha de ser contado entre las vírgenes.

Se da paso a la corrupción también por los deseos ilícitos. Qué sea lícito y qué ilícito, aparece en cada página de los libros de las Escrituras. Es preciso, pues, que te encuentres dentro de aquellas cinco vírgenes. Entonces no temerás las palabras: «Que nadie entre».

Así se dirá y se hará, pero una vez que hayas entrado tú. Nadie cerrará la puerta ante tus narices; mas cuando hayas entrado, se cerrarán las puertas de Jerusalén y se asegurarán sus cerrojos. Pero si tú quieres o bien no ser virgen, o bien virgen necia, quedarás fuera y en vano llamarás.

¿Quiénes son las vírgenes necias? También ellas son cinco. Son las almas que conservan la continencia de la carne, evitando toda corrupción, procedente de los sentidos, que acabo de mencionar. Evitan ciertamente la corrupción, venga de donde venga, pero no presentan el bien que hacen a los ojos de Dios en la propia conciencia, sino que intentan agradar con él a los hombres, siguiendo el parecer ajeno.

Van a la caza de los favores del populacho y, por lo mismo, se hacen viles, cuando no les basta su conciencia y buscan ser estimadas por quienes las contemplan. Evidentemente no llevan el aceite consigo, aceite que es el hecho de gloriarse, en cuanto que procura brillo y esplendor.

Pero ¿qué dice el Apóstol? Observa a las vírgenes prudentes que llevan consigo el aceite: Cada uno examine su obra, y entonces hallará el motivo de gloria en sí mismo, no en otro (Gál 6, 4). Éstas son las vírgenes prudentes.

Las necias encienden ciertamente sus lámparas; parece que lucen sus obras, pero decaen en su llama y se apagan, porque no se alimentan con el aceite interior. Como el esposo se retrase, quedan dormidas todas, en cuanto que todos los hombres, de una y otra categoría, se duermen en el momento de la muerte.

Al retrasarse la venida del Señor sobreviene, tanto a las necias como a las sabias, la muerte de la vida corporal y visible, a la que la Escritura llama sueño, como saben todos los cristianos. Hablando de ciertos enfermos, dice el Apóstol: Porque hay entre vosotros muchos débiles y enfermos y muchos duermen. Dice duermen, en lugar de «mueren».

Mas he aquí que el esposo ha de venir; todas se levantarán, pero no todas han de entrar. Faltarán las obras a las vírgenes necias, por no tener el aceite de la conciencia, y no encontrarán a quién comprar lo que solían venderles los aduladores. Las palabras: Id a comprarlo para vosotras las pronuncia una boca burlona, no un corazón envidioso.

Las vírgenes necias se lo habían pedido a las prudentes, diciéndoles: Dadnos aceite, pues nuestras lámparas se apagan. qué les dijeron las vírgenes prudentes? Id más bien a quienes lo venden y compradlo para vosotras, no sea que no haya bastante para nosotras y vosotras.

Era como decirles: ¿De qué os sirven ahora todos aquellos a quienes solíais comprar la adulación? Y mientras ellas fueron a comprarlo, entraron las prudentes y se cerró la puerta (Mt 25, 1-13).

Cuando se alejan con el corazón, cuando piensan en tales cosas, cuando dejan de mirar a la meta y volviéndose atrás recuerdan sus méritos pasados, es como si fueran a los vendedores; pero entonces ya no encuentran a los protectores, ya no encuentran a quienes las alababan entonces y las estimulaban a hacer el bien, no por la fortaleza de la buena conciencia, sino por el estímulo de la lengua ajena.


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agosto 29, 2018

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Trinidad León Martín, de Órgiva (Alpujarras de Granada), escritora, teóloga, autora de una propuesta de “iglesias de mujeres”, acaba de morir en Granada, dejando una estela de luz en su partida:

‒ Ingresó en la Congregación de Mercedarias de la Caridad, por comunión faterna (sororidad) y por compromiso cristiano de servicio liberador.

‒ Fue “misionera” ocho años en Perú y dos en Argentina, realizando una obra social de encarnación y presencia animadora radical, entre mujeres.

‒ Volvió para “formarse” mejor, y algunos le dijimos que quizá su vocación podía pasar por la teología. Yo tuve la audacia amistosa de decirle que escogiera el tema de fondo más fuerte (la antropología integral de X. Zubiri), ofreciéndole materiales entonces inéditos. Presentó la mejor tesis de ese tema en la Gregoriana y de inmediato le ofrecieron una cátedra (Dios Uno, Mariología) en la Facultad de Teología de Granada

‒ Ha escrito muchas obras de narrativa literaria y social, pero sobre todo un libro de memoria y utopía eclesial titulado “La Comunidad de Magdala” EFETA-Arcibel, Sevilla, 2007, en la que propone una visión muy sugerente y rompedora sobre el origen esencia femenina de la iglesia, con una tesis de fondo que ella me quiso resumir de esta manera:

‒ O el conjunto de la Iglesia acepta y despliega el principio femenino del evangelio, en todos sus planos (espiritual y social, organizativo y ministerial), con sus exigencias, dones y tares… o esta iglesia actual (con su estructura dominante) dejará pronto de existir, por agotamiento interno…

‒ Morirá esta iglesia clerical de jerarquía por vieja y poco evangélica, pero nacerá por obra de mujeres, herederas de María de Magdala, una iglesia más cercana a lo que quiso y puso en marcha Jesús.

Algo así lo ha dicho y dice mucha gente… Pero no es fácil encontrar personas que lo digan y escriban con la autoridad de Trini León, de la Facultad de Teología de Granada, que nurió ayer a la mañana (28-7-17) tras una larga enfermedad, vivida con envidiable y santa entereza. Descansa Trini querida. Mabel se siente cerca de ti y te “reza”, yo estoy conmocionado, pero quiero escribir algo de tu vida y obra.

LA COMUNIDAD DE MAGDALA


Empiezo por el libro más significativo. Trini León lo escribió siendo profesora de Dios en la Universidad de los Jesuitas de Granada, con un seudónimo, que por otra parte resulta transparente. Ella es “Dolores” (por familia), y Lemar por las primeras sílabas de sus apellidos: Le-ón y Mar-tín.

Escribe con pseudónimo, porque no quiso hurgar en la herida de la facultad de teología donde acababan de “juzgar” y “expulsar” a dos de sus colegas (Castillo y Estrada), y porque no quería plantear el tema de frente (a lo duro), desde una Congregación Religiosa de mujeres, vigiladas por la Jerarquía masculina, sino que lo hace manera más sutil, y en el fondo más intensa.

Así buscó un pseudónimo y escribió, como saber hacer ella, autora de algunos de los libros más hermosos publicados en España para adolescentes, una mujer que conoce bien los tema de la mujer y de vida, desde su tierra de las Alpujarras, desde su Congregación mercedaria, desde América Latina, donde ha animado a las mujeres del altiplano en su deseo de libertad, dignidad y autonomía social y religiosa.

Y todo eso lo piensa y escribe como profesora de unas de las facultades de teología más prestigiosas de España y de todo el mundo, bajo la dirección de sus amigos jesuitas, empeñados en una búsqueda fuerte de verdad evangélica… Escribe tras haber estudiado y comentado la más honda antropología filosófico/teológica del mundo hispano, la que inspiró la obra y compromiso de hombres como Ignacio Ellacuría.

La obra se titula, como he dicho, La comunidad de Magdala, y se mueve entre la historia del siglo I d.C., la ficción y la utopía liberadora, relacionada con las mujeres, con su papel de agentes indiscutibles, silenciadas e invisibles, dentro de las culturas y las religiones (y en especial en el entorno de la Iglesia Católica). La obra tiene dos protagonistas:

‒ La primera es María de Magdala, discípula y apóstol de Jesús de Nazaret; ella es como “papa” de una iglesia animada por mujeres que han entendido mejor a Jesús; y a ella le sigue otra mujer, Raquel de Al-Laban, y después un buen grupo de mujeres, y algunos hombres, miembros de una Comunidad muy importante y casi ignorada de cristianos antiguos. Esas mujeres (que forman laComunidad de Magdala), fueron al principio marginadas, luego perseguidas y, finalmente, olvidadas y desconocidas, logrando sobrevivir a pesar de ello hasta el día de hoy, en espacios que parecen marginales (¡pero no lo son!) dentro la Gran Iglesia.

‒ La segunda protagonista es Elvira Valero Acosta, una mujer de nuestro tiempo, andaluza por más señas, que entre el siglo XX y XXI recibe el encargo de tomar el relevo en la dirección de esa Iglesia de Mujeres, que han vivido hasta ahora en ocultamiento (¡el silencio nos hace fuertes!), para redescubrir un elemento fundamental de la palabra y mensaje de Jesús que había permanecido latente, para introducirlo de nuevo en la Gran Iglesia, que sólo así alcanzará su verdad.

Se trata, pues, de retomar el impulso de la comunidad de Magdala (=Magdalia) en las nuevas condiciones de la historia de la Iglesia, animada en esa línea, hoy (año 2018), por el Papa Francisco, algo que casi no podía ni soñarse el año 2007, cuando D. Lemar escribió su propuesta (=su apuesta de Iglesia).

a. D. Lemar (=Trini León) ha presentado un programa de actualización de la Iglesia, desde María Magdalena. No se trata de crear una nueva jerarquía (de ordenar a las mujeres sacerdotes al estilo actual, compitiendo en ese plano con los varones ordenados), sino de cambiar desde María de Magdala (con el Discípulo amado) el tipo de estructura y misión de la Iglesia actual.

b. D. Lemar (=Trini León) ha querido abrir su “programa” a otras muchas mujeres y varones que se sienten implicados en la tarea de renovación de la Iglesia, no sólo para mujeres, sino para todos, varones y mujeres, aunque apoyándose ahora, en este momento, por situación económica y social, de un modo más intenso en las mujeres.

Un libro del que me siento de algún modo responsable

No sólo yo, seguro que hay otros… pero yo de un modo especial, porque le di algunas ideas con mis libros anteriores, y porque tuvimos ocasión de conversar sobre algunas ideas de fondo, aunque ella, como brillante narradora, supo tejerlas después de un modo sorprendente.

Ella estaba contenta con la forma en que había salido su libro, pero quería también relanzarlo, en plano literario y “teológico” (de organización de Iglesia). Confiaba en que Mabel, mi mujer, correctora de estilo, le ayudara a precisar algunos rasgos narrativos de la obra… Quería también (y así me dijo varias veces) que algunos teólogos como yo (con oficio algo más largo, pero menos creador que el suyo) pudiéramos valorar y quizá presentar en otro plano las ideas de fondo del libro, respondiendo a preguntas como las que siguen (para aclararlas y precisarlas, me decía…):

a. ¿Existe en la iglesia una tradición propia de mujeres, que ha sido marginada, manipulada y en el fondo ocultada por las iglesias oficiales? ¿Cómo se puede lograr que esa tradición de mujer salga a luz de un modo creador, sin acritud, pero con decisión?

b. ¿Quiénes pueden y deben actualizar y recrear esa tradición de mujeres…? ¿Qué significa eso en un plano orante y caritativo/social, en un plano de transformación/negación de la jerarquía actual?

Yo le solía decir que no sé si existe hay una tradición “propia” y exclusiva de mujeres, que la tradición y tarea de fondo es la misma para hombres y mujeres… pero no lo sé, ni sé si estoy convencido de ello, aunque el tema me viene ocupando desde hace al menos veinte años.

Me he sentido muy unido a Trini, y sé que ella me ha estimado también…, pero en los últimos años de su dura enfermedad nos habíamos comunicado menos, aunque Mabel y yo hemos ido a verla algunas veces a Granada (muchas menos que las que ellas merecía), nos hemos llamado alguna vez, pero menos también de lo que hubiera sido conveniente.

Pero ahora que acaba de morir he prometido a nuestro Dios, al de Trini, al de Mabel, al mío… que seguiré pensando en lo que ella me había pedido: ¡reformular desde mi perspectiva las ideas de fondo de su libro! Esa es ciertamente una tarea de mujeres, del grupo de Mujeres y Teología al que ella ha pertenecido … Pero estoy convencido de que no es sólo cosas de mujeres, sino de cristianos, de todos los cristianos.


OTRAS OBRAS DE TRINI LEÓN

‒Donde quiero estar. El amor que libera (Ediciones Claretianas, Madrid 2012, 294 págs).

Es un libro ejemplarmente escrito, la narración de la vida una mujer que va descubriendo el camino de la vida religiosa (en las mercedarias de la caridad), y penetrando en ella, de un modo vital, descubriendo y asumiendo las diversas tareas de la Congregación, al servicio de la pobres y excluidos, en varios lugares del mundo, en España, América y África.

a) En línea de narración. Trinidad León va presentando la vida de una muchacha que se decide a ser mercedarias, pasando por las varias etapas de formación e inserción en el carisma y en la vida de la Congregación, en diversas comunidades, con servicios varios, en clave de caridad redentora.

b) En línea de reflexión encuentro En la segunda parte de cada capítulo, el libro va evocando los temas básicos de reflexión que definen el sentido de la vida religiosa (mercedaria) para unas mujeres que creen en Dios, viven en comunidad porque se aman, y despliegan su amor al servicio de los pobres.

Entre sus obras de creación, en varias editoriales como PPC-SM y BRUÑO:

— Un amigo por un par de tomates (Madrid 2006);
— Esta noche me escapo de casa: la aventura de Clara de Asís (Jerez y Pamplona 2001);
— La estirpe del Cóndor Blanco (Madrid 1997).

Entre sus producciones más teológica:

Escribe en revistas como –teología y mundo actual-; Ephemerides Mariologiac; Caminos de Liberación; Vida religiosa; Antena Misionera

Ha colaborado en varios diccionarios como: “Nuevo Diccionario de Pastoral” y “Nuevo Diccionario de Teología”
Además:
Orar desde Las Relaciones Humanas (ed. de I. Gómez Acebo, Bilbao 2002);
Muerte y teología en perspectiva de mujeres (ed. de M. Navarro, Madrid 2005);
Dios, presencia ineludible: Proyeccion 196 (2000) 3-18;
Silencios “incómodos” y lugares “inadecuados” para María: Ephemerides Mariologicae 57 (2007) 219-238.

Pensar y nombrar Dios en perspectiva feminista: Proyección 236 (2010) 25-40; cf. Selecciones de teología, 196 (2010) 243-254

“Experiencias de Dios” en la vida cotidiana, Proyección,217, 2005, 159-173 y Selecciones de teología, 181, 2007, 3-11

El primado evangélico: una reflexión acerca de la memoria olvidada,
Proyección 219, 2005, . 371-387

María, arquetipo de lo femenino en la iglesia, Proyección: 210, 2003, 275-288; Selecciones de teología, 170, 2004, págs. 150-160

La “inclusión” antropológica de los dogmas marianos: una mirada dentro de nuestro entorno teológico, Proyección 2002, 311-322

Dios, presencia ineludible, Proyección 196, 2000,-18 y en Selecciones de teología, I 2001,. 21-32

Sobre sus últimas colaboraciones:

Presentación del libro “Donde quiero estar” por J. Larraga, Hermana General de las Mercedarias de la Caridad

Cf. también:

Trinidad León Martín: https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=136345
www. Asociación de teólogas.org/blog (primera semblanza tras su muerte, día 28. 7. 18)


Transmitir la fe, según Amoris laetitia, 287-290, (27)

agosto 18, 2018

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El hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo.

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Transmitir la fe

La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe, que se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir. Sin embargo, el hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo.

Esto comienza en el bautismo, donde, como decía san Agustín, las madres que llevan a sus hijos «cooperan con el parto santo». Después comienza el camino del crecimiento de esa vida nueva. La fe es don de Dios, recibido en el bautismo, y no es el resultado de una acción humana, pero los padres son instrumentos de Dios para su maduración y desarrollo.

Entonces «es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración».

La transmisión de la fe supone que los padres vivan la experiencia real de confiar en Dios, de buscarlo, de necesitarlo, porque sólo de ese modo «una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas» (Sal 144,4) y «el padre enseña a sus hijos tu fidelidad» (Is 38,19).

Esto requiere que imploremos la acción de Dios en los corazones, allí donde no podemos llegar. El grano de mostaza, tan pequeña semilla, se convierte en un gran arbusto (cf. Mt 13,31-32), y así reconocemos la desproporción entre la acción y su efecto.

Entonces sabemos que no somos dueños del don sino sus administradores cuidadosos. Pero nuestro empeño creativo es una ofrenda que nos permite colaborar con la iniciativa de Dios.

Por ello, «han de ser valorados los cónyuges, madres y padres, como sujetos activos de la catequesis […] Es de gran ayuda la catequesis familiar, como método eficaz para formar a los jóvenes padres de familia y hacer que tomen conciencia de su misión de evangelizadores de su propia familia».

La educación en la fe sabe adaptarse a cada hijo, porque los recursos aprendidos o las recetas a veces no funcionan. Los niños necesitan símbolos, gestos, narraciones. Los adolescentes suelen entrar en crisis con la autoridad y con las normas, por lo cual conviene estimular sus propias experiencias de fe y ofrecerles testimonios luminosos que se impongan por su sola belleza.

Los padres que quieren acompañar la fe de sus hijos están atentos a sus cambios, porque saben que la experiencia espiritual no se impone sino que se propone a su libertad. Es fundamental que los hijos vean de una manera concreta que para sus padres la oración es realmente importante.

Por eso los momentos de oración en familia y las expresiones de la piedad popular pueden tener mayor fuerza evangelizadora que todas las catequesis y que todos los discursos.

Quiero expresar especialmente mi gratitud a todas las madres que oran incesantemente, como lo hacía Santa Mónica, por los hijos que se han alejado de Cristo.

El ejercicio de transmitir a los hijos la fe, en el sentido de facilitar su expresión y crecimiento, ayuda a que la familia se vuelva evangelizadora, y espontáneamente empiece a transmitirla a todos los que se acercan a ella y aun fuera del propio ámbito familiar.

Los hijos que crecen en familias misioneras a menudo se vuelven misioneros, si los padres saben vivir esta tarea de tal modo que los demás les sientan cercanos y amigables, de manera que los hijos crezcan en ese modo de relacionarse con el mundo, sin renunciar a su fe y a sus convicciones.

Recordemos que el mismo Jesús comía y bebía con los pecadores (cf. Mc 2,16; Mt 11,19), podía detenerse a conversar con la samaritana (cf. Jn 4,7-26), y recibir de noche a Nicodemo (cf. Jn 3,1-21), se dejaba ungir sus pies por una mujer prostituta (cf. Lc 7,36-50), y se detenía a tocar a los enfermos (cf. Mc 1,40-45; 7,33). 

Lo mismo hacían sus apóstoles, que no despreciaban a los demás, no estaban recluidos en pequeños grupos de selectos, aislados de la vida de su gente. Mientras las autoridades los acosaban, ellos gozaban de la simpatía «de todo el pueblo» (Hch 2,47; cf. 4,21.33; 5,13).

«La familia se convierte en sujeto de la acción pastoral mediante el anuncio explícito del Evangelio y el legado de múltiples formas de testimonio, entre las cuales: la solidaridad con los pobres, la apertura a la diversidad de las personas, la custodia de la creación, la solidaridad moral y material hacia las otras familias, sobre todo hacia las más necesitadas, el compromiso con la promoción del bien común, incluso mediante la transformación de las estructuras sociales injustas, a partir del territorio en el cual la familia vive, practicando las obras de misericordia corporal y espiritual».

Esto debe situarse en el marco de la convicción más preciosa de los cristianos: el amor del Padre que nos sostiene y nos promueve, manifestado en la entrega total de Jesucristo, vivo entre nosotros, que nos hace capaces de afrontar juntos todas las tormentas y todas las etapas de la vida.

También en el corazón de cada familia hay que hacer resonar el kerygma, a tiempo y a destiempo, para que ilumine el camino. Todos deberíamos ser capaces de decir, a partir de lo vivido en nuestras familias: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene» (1 Jn 4,16).

Sólo a partir de esta experiencia, la pastoral familiar podrá lograr que las familias sean a la vez iglesias domésticas y fermento evangelizador en la sociedad.


El maná de cada día, 21.7.18

julio 21, 2018

Sábado de la 15ª semana del Tiempo Ordinario

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Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto

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PRIMERA LECTURA: Miqueas 2, 1-5

¡Ay de los que meditan maldades, traman iniquidades en sus camas; al amanecer las cumplen, porque tienen el poder! Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones.

Por eso, dice el Señor: «Mirad, yo medito una desgracia contra esa familia. No lograréis apartar el cuello de ella, no podréis caminar erguidos, porque será un tiempo calamitoso.

Aquel día entonarán contra vosotros una sátira, cantarán una elegía: “Han acabado con nosotros, venden la heredad de mi pueblo; nadie lo impedía, reparten a extraños nuestra tierra.” Nadie os sortea los lotes en la asamblea del Señor.»


SALMO 9, 22-23.24-25.28-29.35

No te olvides de los humildes, Señor.

¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te escondes en el momento del aprieto? La soberbia del impío oprime al infeliz y lo enreda en las intrigas que ha tramado.

El malvado se gloría de su ambición, el codicioso blasfema y desprecia al Señor. El malvado dice con insolencia: «No hay Dios que me pida cuentas.»

Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de fraudes; su lengua encubre maldad y opresión; en el zaguán se sienta al acecho para matar a escondidas al inocente.

Pero tú ves las penas y los trabajos, tú miras y los tomas en tus manos. A ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano.


Aclamación antes del Evangelio: 2Co 5, 19

Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.


EVANGELIO: Mateo 12, 14-21

En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron.

Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»


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APRENDED DE MÍ QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

Beata Teresa de Calcuta (El amor más grande)

Para ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseñó el modo de orar y también nos dijo que aprendiéramos de Él a ser mansos y humildes de corazón. Pero no llegaremos a ser nada de eso a menos que conozcamos lo que es el silencio.

La humildad y la oración se desarrollan de un oído, de una mente y de una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla Él.

Impongámonos realmente el trabajo de aprender la lección de la santidad de Jesús, cuyo corazón era manso y humilde. La primera lección de ese corazón es un examen de conciencia; el resto, el amor y el servicio, lo siguen inmediatamente.

El examen no es un trabajo que hacemos solos, sino en compañía de Jesús. No debemos perder el tiempo dando inútiles miradas a nuestras miserias sino emplearlo en elevar nuestros corazones a Dios para dejar que su luz nos ilumine.

Si la persona es humilde nada la perturbará, ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce, sabe quién es. Si la acusan no se desalentará; si alguien la llama santa no se pondrá sobre un pedestal.

Si eres santo dale gracias a Dios; si eres pecador, no sigas siéndolo.

Cristo nos dice que aspiremos muy alto, no para ser como Abraham o David ni ninguno de los santos, sino para ser como nuestro padre celestial. No me elegisteis vosotros a Mí, fui Yo quien os eligió a vosotros… (Juan 15:16)



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