Lo que mueve al mundo

julio 31, 2012

Mons. Angelo Moreschi con un grupo de niños

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José Luis Restán/Páginas Digital
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Una colega me espetaba hace pocos días: “no nos engañemos, es el poder lo que mueve el mundo, no el amor”. Había una mezcla de rabia y desengaño en su aserto, que por otra parte tantos harían suyo aunque no lo reconozcan públicamente.

En un momento como el que atravesamos la cuestión es algo más que retórica, cuando tanta gente se siente al borde del precipicio y piensa que todo depende de la conjunción de poderes anónimos, o quizás de un golpe de suerte.

Por supuesto, al mundo lo mueven muchas cosas y no todas son precisamente buenas. Sería algo más que estúpido no reconocer que la codicia, el egoísmo y la violencia condicionan la vida de las personas y de los pueblos. Y aun así, el más crudo realismo no puede impedir reconocer que existe algo más. Negarlo sería ceder a un cinismo autodestructivo.

De nuevo la epopeya benedictina tiene aquí un papel ejemplar. Cuando las soberbias construcciones del mundo antiguo se desmoronaban hasta quedar reducidas a cascotes, también caló entre la población el sentimiento de que a fin de cuentas el caos conduce la historia y sólo queda como salida el “sálvese quien pueda”.

Y sin embargo unos extraños hombres se reunieron para rezar y trabajar en el campo o en el bosque, excavando y construyendo, mientras que otros estaban sentados en el frío del claustro, cansando sus ojos y concentrando sus mentes en copiar penosamente los manuscritos que se habían salvado de la quema.

“Ninguno de ellos protestaba (¿será posible?) y poco a poco los bosques pantanosos se fueron convirtiendo en ermita, casa religiosa, granja, abadía, pueblo, seminario, escuela y por último en ciudad”. Y así se fue tejiendo la urdimbre que ha sostenido la historia de Europa. La descripción vibrante de aquel momento nos la ha legado el beato John Henry Newman.

El mal siguió ejerciendo su poder, claro está, pero una fuerza de bien que no estaba en los planes de nadie, supo edificar pacientemente, supo crear comunidades y transmitir el tesoro de la tradición. En definitiva movió el mundo para bien. Y la historia reflejada ejemplarmente en el caso benedictino se ha repetido y se repite por doquier.

Esta mañana, antes de escribir, leía una crónica (apenas un apunte) de lo que sucede en un rincón olvidado del mundo, Gambella, en el sudoeste de Etiopía. Allí el obispo Angelo Moreschi es acogido por los niños cuando llega en su jeep al grito de ¡Abba Angelo! Y hasta los soldados se cuadran y saludan. Y no por el “poder” del obispo según los cánones al uso, sino por la fuerza de bien que su presencia representa. “Donde está la Iglesia todo se vuelve fértil, dicen los campesinos, incluso el agua se torna más pura”.

En la zona pulula la guerrilla y aumentan los refugiados procedentes de Sudán, el hambre muerde cada mañana y la sequía parece acorchar todas las esperanzas. Pero allí trabaja Abba Angelo, sus curas, sus catequistas y sus monjas, y esa presencia mueve el mundo de los pobres campesinos de un poblado innombrable aunque las grandes cabeceras de prensa no lo reflejen.

Pero aquí en Madrid podemos encontrar ahora historias semejantes, donde la “caritas”, la libertad que se mueve para afirmar el bien del otro, construye historia, genera sociedad, mantiene la esperanza, confunde a los cínicos. Nuestras ciudades pueden ser hoy como los campos medievales, en los que hombres y mujeres movidos por el encuentro con Cristo generan espacios donde se custodia lo humano en medio del vendaval. La historia se repite, el bien construye a despecho de los cínicos.

En un momento de su entrevista “Luz del mundo”, Peter Seewald evoca una intervención de Benedicto XVI en Fátima, en la que el Papa pedía que “estos siete años que nos separan del centenario de las Apariciones impulsen el anunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María”… y le pregunta si es que con su ministerio profético prevé en los próximos tiempos un “triunfo” clamoroso del amor y del bien.

Me parece intuir una sonrisa del Papa al reconocer que “soy tal vez demasiado racionalista” para esperar un gran giro, un acontecimiento clamoroso. “Se trata más bien de que, siempre de nuevo, el poder del mal sea detenido… La Iglesia está siempre llamada a hacer aquello que fue objeto de la petición de Abrahán, que haya justos suficientes para contener el mal y la destrucción. Que crezcan nuevamente las fuerzas del bien”.

En ese sentido, sentencia el Papa, los triunfos de Dios son silenciosos pero reales.


El maná de cada día, 31.7.12

julio 31, 2012

Martes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

La buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del Maligno

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PRIMERA LECTURA: Jeremías 14, 17-22

Mis ojos se deshacen en lágrimas, día y noche no cesan: por la terrible desgracia de la Doncella de mi pueblo, una herida de fuertes dolores. Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad: desfallecidos de hambre; tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país.

«¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿Tiene asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación. Señor, reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso; recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

¿Existe entre los ídolos de los gentiles quien dé la lluvia? ¿Soltarán los cielos aguas torrenciales? ¿No eres, Señor Dios nuestro, nuestra esperanza, porque tú lo hiciste todo?»


SALMO 78

Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu nombre.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación.

 

EVANGELIO: Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema: así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»


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SAN AGUSTÍN (Enarr. Ps. 25,5: PL 36,190-191)

En este tiempo, la Iglesia es como una era, en la que se hallan a la vez la paja y el trigo. Que nadie tenga la pretensión de eliminar toda la paja antes que llegue la hora de aventar. Que nadie abandone la era antes de esta hora, aunque sea con el pretexto de evitar el daño que le pueden hacer los pecadores…

Si uno mira la era desde lejos, uno diría que no hay en ella más que paja. Hay que revolverla con la mano y soplar con la boca para echar fuera el tamo y descubrir el grano. Si no es así, el grano no se ve. Y a veces aun a los mismos granos les sucede algo de este género: se encuentran separados unos de otros y sin contacto entre sí, y puede incluso llegar a pensar cada uno que está enteramente solo”.


LA  ADOLESCENCIA Y LA JUVENTUD ACTUALES

pueden considerarse un campo donde podemos colaborar con Dios para sembrar la buena semilla y también el campo donde crecen el trigo y la cizaña. La Iglesia no se cansa de recordarnos que no debemos abandonar la escuela, la educación de las nuevas generaciones. He aquí un ejemplo de cómo puede concretarse la apuesta por la formación de las futuras generaciones. Nos lo da la Compañía de Jesús.

Empezó la primera reunión de la Red Mundial de colegios jesuitas de secundaria

Con la participación de 370 personas de 61 países

MADRID, Lunes 30 julio 2012 (ZENIT.org – http://www.zenit.org/article-42902?l=spanish).- Por primera vez en la historia de la Compañía de Jesús, los líderes de la red global de colegios se reunen en un Coloquio Internacional de la Educación Secundaria Jesuita (ICJSE), que bajo el lema “El mundo es nuestra casa”, se celebra desde el 29 de julio en el colegio Boston College High School, y cuya duración está prevista hasta el 2 de agosto.

En el evento participan más de 370 personas, de 61 países de los 5 continentes, que unidos hablan más de 25 idiomas. Para la organización se cuenta con más de 70 voluntarios y 14 escuelas patrocinadoras, dando vida así a una gran red de educación que se reúne por primera vez.

Durante la última Congregación General de la Compañía de Jesús, la C.G. 35 instaba a los jesuitas sobre la necesidad de trabajar en redes globales por lo que, según los organizadores, “el ICJSE permitirá lograr que ese potencial se convierta en realidad”. Los objetivos del encuentro son, entre otros: incrementar y fortalecer la red global de escuelas secundarias Jesuitas y celebrar y resaltar la Misión Jesuita, su influencia y el cómo influye particularmente en los sistemas de escuelas secundarias en la sociedad moderna de hoy en día

El Padre General de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, en una carta a los organizadores del mismo, decía: “Espero que este Coloquio pueda conducir a las escuelas jesuitas del mundo entero a profundizar aún más en el servicio de fe, la promoción de la justicia y el cuidado del medio ambiente. Las iniciativas que fortalezcan programas en estos ámbitos pueden infundir más eficacia a nuestro apostolado en la educación secundaria, al dar a los estudiantes las herramientas que necesitan para hacer del mundo una morada digna para el pueblo de Dios”.

Las sesiones plenarias del Coloquio abordarán temas como: Comunidades mundiales; Identidad; Tecnología; Misión; Red global y colaboración. Entre los conferenciantes principales se encuentran:  Federico Lombardi, SJ, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede; José Alberto Mesa, SJ, Doctor en Filosofía y secretario para la Educación Secundaria y pre-secundaria de la Compañía de Jesús; Daniel Patrick Huang, SJ, Doctor en Filosofía y consejero general y asistente regional para Asia-Pacífico de la Compañía de Jesús, así como el escritor y conferenciante, Chris Lowney. Además, habrá mesas redondas, más de 40 talleres y debates grupales; liturgias diarias y se contará con la presencia del Cardenal Sean O’Malley,de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, en la celebración de la Fiesta de San Ignacio del 31 de julio.

Mayor información, en: http://www.icjse.org/es/


El nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Arzobispo Gerhard Müller: “Es importante superar los choques ideológicos en la Iglesia”

julio 30, 2012

Mons. Gerhard Müller

“No se puede citar la tradición de la Iglesia y aceptar solo algunas partes”

“Hay que distinguir entre una teología de la liberación equivocada y otra correcta”

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(L’Osservatore).- “La fe se caracteriza por la máxima apertura. Es una relación personal con Dios, que lleva en sí todos los tesoros de la sabiduría. Por esto nuestra razón finita está siempre en movimiento hacia el Dios infinito. Podemos aprender siempre algo nuevo y comprender con profundidad cada vez mayor la riqueza de la Revelación. Jamás podremos agotarla”.

Así lo afirma el nuevo prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, en un largo coloquio con quien escribe y con el director de nuestro periódico.

Durante el encuentro en el antiguo palacio del Santo Oficio monseñor Müller ha hablado también de su llegada al dicasterio de la Curia romana, de su determinación de hacerse sacerdote, del tiempo pasado como profesor de teología y como obispo, de sus repetidas estancias en América Latina. Y ha explicado que aprendió a conocer y a apreciar a Joseph Ratzinger desde su “Introducción al cristianismo”, que ya en 1968 fue un best-seller.

Desaliento que se debe superar

“Estoy agradecido al Santo Padre por haberme otorgado confianza y encomendarme esta tarea. Los problemas que se presentan son muy grandes si contemplamos la Iglesia universal, con los muchos desafíos que es necesario afrontar y ante un cierto desaliento que se está difundiendo en algunos ambientes, pero que debemos superar”.

Derechas e izquierdas en la Iglesia

“Tenemos también el problema de grupos -de derecha o de izquierda, como se suele decir- que ocupan mucho de nuestro tiempo y de nuestra atención. Aquí nace fácilmente el peligro de perder un poco de vista nuestra tarea principal, que es la de anunciar el Evangelio y exponer en modo concreto la doctrina de la Iglesia. Estamos convencidos de que no existe alternativa a la revelación de Dios en Jesucristo. La Revelación responde a los grandes interrogantes de los hombres de todo tiempo”.

El ex Santo Oficio

“La Iglesia es, sobre todo, una comunidad de fe; luego la fe es el bien más importante, que debemos transmitir, anunciar y custodiar. Jesús confió a Pedro y a sus sucesores el magisterio universal, y es a éste que el dicasterio debe servir… El Papa Pablo VI quería que el aspecto positivo estuviera en primer plano: la Congregación debe, sobre todo, promover y hacer comprensible la fe, y este es el factor decisivo.

Se añade, además, el hecho de que la fe debe ser defendida de errores y envilecimientos. Justamente en el tiempo presente, necesitamos esperanza y señales para volver a empezar. Si vemos el mundo, sobre todo nuestros países europeos, que naturalmente son los que conozco mejor, vemos a muchos políticos y economistas que hacen cosas extraordinarias, pero no son los primeros a los que hay que dirigirse cuando se trata de transmitir esperanza y confianza”.

Latinoamérica

“He ido a menudo a América Latina, a Perú, pero también a otros países. En 1988 me enviaron para participar en un seminario con Gustavo Gutiérrez. Fui con algunas reservas, como teólogo alemán, incluso porque conocía las dos declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la teología de la liberación publicadas en 1984 y en 1986.

Sin embargo, pude constatar que hay que distinguir entre una teología de la liberación equivocada y otra correcta. Considero que cualquier teología buena tiene que ver con la libertad y la gloria de los hijos de Dios. Aunque, claramente, una mezcla de la doctrina de una autorredención marxista con la salvación de Dios hay que rechazarla”.

“Por otra parte, debemos preguntarnos sinceramente: ¿cómo podemos hablar del amor y de la misericordia de Dios ante el sufrimiento de tantas personas que no tienen comida, agua, asistencia sanitaria, que no saben cómo ofrecer un futuro a sus hijos, en el que falta verdaderamente la dignidad humana, en donde los derechos humanos son ignorados por los poderosos?”

“En última instancia esto es posible sólo si se está dispuesto a estar con las personas, a aceptarlas como hermanos y hermanas, sin paternalismo del otro. Si nos consideramos a nosotros mismos como familia de Dios, entonces podemos contribuir a hacer que estas situaciones indignas del hombre sean cambiadas y mejoradas”.

En Europa, luego de la Segunda Guerra Mundial y las dictaduras, hemos construido una nueva sociedad democrática también gracias a la doctrina social católica. Como cristianos debemos subrayar que es del cristianismo que los valores de justicia, solidaridad y dignidad de la personas han sido introducidos en nuestras Constituciones.

Yo mismo vengo de Mainz. Allí, al inicio del siglo XIX, hubo un gran Obispo, el barón Wilhelm Emmanuel von Ketteler, que está al inicio de la doctrina y de las encíclicas sociales. Un niño católico de Mainz tiene la pasión social en la sangre y por eso me siento orgulloso.

Ha sido ciertamente este el horizonte del cual he venido a los países de América Latina. Durante 15 años he transcurrido siempre dos o tres meses al año, viviendo en condiciones muy sencillas. Al inicio para un ciudadano de la Europa central esto implica un gran esfuerzo. Pero cuando se aprende a conocer a la gente en persona y se ve cómo vive, entonces se puede aceptar. He estado también en Sudáfrica con nuestros Domspatzen, el famoso coro que el hermano del Papa ha dirigido por 30 años.

He podido tener conferencias en diversos seminarios y universidades, no sólo de América Latina, sino también de Europa y en América del Norte. Y esto es lo que he podido experimentar: se está en casa en cualquier lugar, donde hay un altar, Cristo está presente, donde quiera que estés, sé parte de la gran familia de Dios.

Lefebvrianos

“Por el futuro de la Iglesia es importante superar los choques ideológicos de donde provengan. Existe una única revelación de Dios en Jesucristo, que fue confiada a toda la Iglesia. Por ello no hay negociaciones sobre la Palabra de Dios y no se puede creer y al mismo tiempo no creer. No se pueden pronunciar los tres votos religiosos y después no tomarlos en serio. No puedo citar la tradición de la Iglesia y después aceptar tan solo algunas de sus partes. La vía de la Iglesia impulsa y todos están invitados a no encerrarse en una mentalidad autorreferencial, sino a aceptar la vida plena y la fe plena de la Iglesia”.

La mujer en la Iglesia

“Para la Iglesia católica es completamente evidente que el hombre y la mujer tienen el mismo valor: lo dice la narración de la Creación y lo confirma el orden de la Salvación. El ser humano no necesita emanciparse, o bien crearse o inventarse solo. Es liberado y emancipado a través de la Gracia de Dios. Muchas declaraciones sobre la admisión de las mujeres al sacramento del Orden ignoran un aspecto importante del ministerio sacerdotal.

Ser sacerdote no significa conquistar una posición. No se puede considerar el ministerio sacerdotal como una especie de posición de poder terrenal y creer que la emancipación se da cuando todos pueden ocuparla. La fe católica sabe que no somos nosotros los que dictamos las condiciones para la admisión al ministerio sacerdotal y que detrás del ser sacerdote siempre están la voluntad y la llamada de Cristo.

Invito a renunciar a las polémicas y a la ideología y a sumergirse en la doctrina de la Iglesia. Justamente en Estados Unidos, las religiosas y los religiosos han hecho cosas extraordinarias para la Iglesia, para la educación y la formación de los jóvenes. Cristo necesita jóvenes que prosigan este camino y que se identifiquen con la propia elección fundamental.

El Concilio Vaticano II afirma cosas maravillosas para la renovación de la vida religiosa, como también sobre la vocación común a la santidad. Es importante reforzar la confianza recíproca, más que trabajar unos contra otros”.

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El maná de cada día, 30.7.12

julio 30, 2012

Lunes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

La levadura paulatinamente va inyectando su virtualidad a toda la masa



PRIMERA LECTURA: Jeremías 13, 1-11

Así me dijo el Señor: «Vete y cómprate un cinturón de lino, y rodéate con él la cintura; pero que no toque el agua.»
Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.

Me volvió a hablar el Señor: «Torna el cinturón que has comprado y llevas ceñido, levántate y ve al río Éufrates, y escóndelo allí, entre las hendiduras de las piedras.»
Fui y lo escondí en el Éufrates, según me había mandado el Señor.

Pasados muchos días, me dijo el Señor: «Levántate, vete al río Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí.»
Fui al Éufrates, cavé, y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido: estaba estropeado, no servía para nada.

Entonces me vino la siguiente palabra del Señor: «Así dice el Señor: De este modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén. Este pueblo malvado que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros, para rendirles culto y adoración, será como ese cinturón, que ya no sirve para nada. Como se adhiere el cinturón a la cintura del hombre, así me adherí la casa de Judá y la casa de Israel –oráculo del Señor–, para que ellas fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, mi ornamento; pero no me escucharon.»


SALMO: Deuteronomio  32, 18-19.20.21

Despreciaste a la Roca que te engendró.

Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz. Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas.

Pensando: «Les esconderé mi rostro y veré en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos desleales.»

«Ellos me han dado celos con un dios ilusorio, me han irritado con ídolos vacíos; pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio, los irritaré con una nación fatua.»


EVANGELIO: Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»


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LO MISMO QUE LA LEVADURA HACE FERMENTAR TODA LA MASA,
ASÍ VOSOTROS CONVERTIRÉIS EL MUNDO ENTERO

San Juan Crisóstomo – Homilía 46 sobre el evangelio de san Mateo

El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Lo mismo que la levadura hace fermentar toda la masa, así vosotros convertiréis el mundo entero. Y no me digas: ¿Qué podemos hacer doce hombres perdidos entre una tan gran muchedumbre?

Pues precisamente el mero hecho de que no rehuyáis mezclaros con las multitudes hace inmensamente más espléndida vuestra eficacia. Y lo mismo que la levadura hace fermentar la masa cuando se la aproxima a la harina -y no cuando tan sólo se la aproxima, sino cuando se la aproxima tanto que se mezcla con ella, pues no dijo simplemente puso, sino amasó-, así también vosotros, aglutinados y unidos con vuestros impugnadores, acabaréis por superarlos.

Y lo mismo que la levadura queda envuelta en la masa, pero no perdida en ella, sino que paulatinamente va inyectando su virtualidad a toda la masa, exactamente igual sucederá en la predicación. Así pues, no tenéis por qué temer si os he predicho muchas tribulaciones: de esta forma resaltará más vuestro temple y acabaréis superándolo todo.

Pues es Cristo el que da a la levadura esa virtud. Por eso a los que creían en él los mezcló con la multitud, para que comuniquemos a los demás nuestra comprensión. Que nadie se queje, pues, de su pequeñez, pues el dinamismo de la predicación es enorme, y lo que una vez ha fermentado, se convierte en fermento para los demás.

Y así como una chispa que cae sobre la leña prende en ella y la convierte en llamas, que a su vez prenden fuego a otros troncos, exactamente ocurre con la predicación. Sin embargo, Jesús no habló de fuego, sino de levadura. ¿Por qué? Pues porque en el primer caso no todo procede del fuego, sino también de la leña que arde; en cambio, en el segundo ejemplo la levadura lo hace todo por su misma virtualidad.

Ahora bien, si doce hombres hicieron fermentar toda la tierra, piensa cuán grande no será nuestra maldad, pues siendo tan numerosos, no conseguimos convertir a los que todavía quedan, siendo así que debiéramos estar en situación de hacer fermentar a mil mundos.

Pero ellos -me dirás- eran apóstoles. ¿Y eso qué significa? ¿Es que ellos no participaban de tu misma condición? ¿No vivían en las ciudades? ¿Es que disfrutaron de las mismas cosas que tú? ¿No ejercieron sus oficios? ¿Eran acaso ángeles? ¿Acaso bajaron del cielo? Pero me replicarás: ellos hicieron milagros. ¿Hasta cuándo echaremos mano del pretexto de los milagros para encubrir nuestra apatía? ¿Qué milagros hizo Juan que tuvo pendientes de sí a tantas ciudades? Ninguno, como atestigua el evangelista: Juan no hizo ningún milagro.

Y el mismo Cristo, ¿qué es lo que decía al dar normas a sus discípulos? ¿Haced milagros para que los hombres los vean? En absoluto. Entonces, ¿qué es lo que les decía? Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestra Padre que está en el cielo. ¿Ves cómo es necesario en todas partes que la vida sea buena y esté llena de buenas obras? Pues por sus frutos -dice- los conoceréis.


Rita Irasema: «Los re-conversos somos muy felices porque hemos conocido el lado oscuro»

julio 29, 2012

Rita Irasema

Carmelo López-Arias / ReL

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No es bueno que Dios esté solo, el programa de Gonzalo Altozano en Intereconomía TV, se abrió este domingo con una imagen entrañable: Rita Irasema y Emilio Aragón padre (Miliki) lanzando a la audiencia una pregunta que ha marcado a varias generaciones de españoles, el inolvidable “¿Cómo están ustedes?” de Los Payasos de la Tele.

La protagonista del programa era Rita. Nació en La Habana en 1954, en una familia de hasta ocho generaciones de artistas, diez si contamos a sus hijos Manuel, Néstor y Emilio Feijoo, y a dos nietos que ya hacen sus pinitos.

Retirada del espectáculo hace años, ahora se ocupa de su familia y de la Escuela de Música Nuestra Señora de Fuente del Fresno: “Pero es la Virgen quien la lleva, yo sólo trabajo allí. Yo le pido lo que necesito, y ella me lo concede”.

Siete años de desierto

De hecho, le concedió lo más importante: la conversión, tras un desierto espiritual de siete años. “Sufrí muchísimo”, explica: “En un momento dado, me pareció que no podía seguir a Jesús. Empecé a no sentir a Dios, a no sentir amor, y aquello no tenía fin. No sabía lo que me estaba pasando, ni se lo contaba a nadie.

Hasta que un día, como aquello no tenía cura, entré en una iglesia y me dije: ´Adelante, caminante´. Y fue la Madre la que con un gesto especial” -Rita no da detalles porque aclara que no quiere entrar en intimidades- “me dijo ´Sígueme´. Y empecé a rezar el rosario. Y a ir a misa todos los días. Me aferré a eso, me plantaba ante el sagrario y decía: aquí estoy”.

Rita insiste en lo importante que es la perseverancia: “Yo ya no abandono al Señor, proque a Él le gusta mucho estar con nosotros. Y el enemigo sigue estando ahí. Así que, en cuanto me hace falta, me confieso. No me pierdo la confesión semanal. La confesión es un milagro de tanta misericordia, es tan necesario, que no sé cómo he podido vivir sin confesión”.

Entregarse a Dios simplifica la vida

Ese  ´enemigo´ es, por supuesto, el demonio: “Satanás existe. Y si no quieres creer en él, ten cuidado: el infierno está lleno de quienes tampoco creían”.

En la devoción de Rita son muy importantes Santa Faustina Kowalska (1905-1938) y las apariciones de Medjugorje. Allí fue y, confiesa, entendió lo que debía ser su vida. En cuanto a la religiosa polaca, apóstol de la Divina Misericordia, canonizada por Juan Pablo II en el año 2000, dice que sus Diarios son su “libro de instrucciones”, y que los lee todos los días.

“El Señor simplifica tu vida”, continúa, para transmitir lo que Dios es para ella: “Te quita obstáculos, te da paz y seguridad. No sabes qué bien se vive dejando que sea Él quien mande. Nosotros no podemos con todo esto. Lo primero que sientes cuando te abandonas al Señor es quién eres y por qué estás aquí”.

El lado oscuro es muy oscuro

Ese Dios es Jesús (y “la relación que tengamos con Jesús aquí es la que tendremos en la vida eterna”) y se nos entrega en la comunión: “No quiero estar un solo día sin recibirla”.

“Hay que pedir mucho, es lo que quiere Jesucristo: ´Pedidme mucho´, nos dice. Está loco porque le digamos ´sí´ y darnos todas sus gracias. Y lo esencial es amar a Dios, a los sacramentos, a la Iglesia, y orar mucho. Orar mucho por los sacerdotes”, insiste Rita: “Porque sin sacerdotes no hay misa, no hay comunión, no hay sacramentos”.

Ya para terminar, Gonzalo Altozano le pregunta si es una conversa:  “¿Conversa? ¡Re-conversa!”, neologiza Rita.

“¿Y por qué los re-conversos sois tan entusiastas?”, insiste su interlocutor. “Somos muy felices porque hemos conocido el lado oscuro… y es muy oscuro, es triste y horroroso. Pero ya lo dice la Virgen: con el rosario en la mano, el demonio no puede haceros nada, porque me pertenecéis. Y en eso estamos”.

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El maná de cada día, 29.7.12 – Domingo XVII, Ciclo B

julio 28, 2012

Domingo XVII del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Así dice el Señor: Comerán y sobrará



PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 4, 42-44

En aquellos días, uno de Baal-Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja.

Eliseo dijo: «Dáselos a la gente, que coman.»
El criado replicó: «¿Qué hago yo con esto para cien personas?»

Eliseo insistió: «Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará.»
Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor.

SALMO 144, 10-11.15-16.17-18

Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos, cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 4, 1-6

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

EVANGELIO: Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.»

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.

La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.


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UNA ACCIÓN DE LA PALABRA ES PALABRA PARA NOSOTROS

San Agustín  (Comentario al evangelio de San Juan 24,1-3)

Los milagros que realizó nuestro Señor Jesucristo son, en verdad, obras divinas que invitan a la mente humana a elevarse a la inteligencia de Dios por el espectáculo de las cosas visibles. Dios no es un ser que pueda ser visto con los ojos. Y los milagros con los que rige el mundo y gobierna toda criatura han perdido su valor por su repetición continua, hasta el punto de que nadie mira con atención las maravillosas y estupendas obras de Dios en el grano de una semilla cualquiera.

Por eso se reservó en su misericordia el realizar algunas en un momento oportuno, fuera del curso habitual y leyes de la naturaleza, con el fin de que viendo, no obras mayores, sino nuevas, se asombrasen quienes no se sienten impresionados ya por las de cada día. Porque mayor milagro es el gobierno del mundo que la acción de saciar a cinco mil hombres con cinco panes.

No obstante, en aquél nadie se fija, ni nadie lo admira; en esto último, en cambio, se fijan todos con admiración, no porque sea algo mayor, sino porque es más raro, porque es insólito.

¿Quién alimenta también ahora al mundo sino el mismo que hace que de pocos granos broten mieses abundantes? Dios, pues se comportó como Dios. Del mismo modo que con pocos granos multiplica las mieses, así multiplicó en sus manos los cinco panes. El poder estaba en las manos de Cristo; aquellos cinco panes eran como semillas que sin ser sembradas en la tierra eran multiplicadas por quien hizo la tierra.

Esto se ha presentado a los sentidos para levantar nuestro espíritu y se ha mostrado a los ojos para ejercitar nuestra inteligencia, para que de esta manera admiremos al Dios invisible a través de las obras visibles; y así, elevados hasta la fe y purificados por la misma fe, lleguemos a desear ver invisiblemente al mismo Invisible, a quien ya conocíamos por las cosas visibles.

Sin embargo, no basta con considerar este aspecto en los milagros de Cristo. Preguntemos a los mismos milagros qué nos dicen de Cristo. Si se les comprende, ellos tienen su propio lenguaje. Dado que Cristo es la Palabra de Dios, una acción de la Palabra es palabra para nosotros. Por tanto, después de haber oído la grandeza del milagro, investiguemos también su profundidad. No nos deleitemos solamente con lo que aparece en la superficie, penetremos también en su profundidad.

Esto mismo que exteriormente nos produce admiración, encierra algo dentro. Hemos visto, hemos contemplado algo grande, excelso, algo enteramente divino que sólo Dios puede realizar; y la obra nos ha hecho romper en alabanzas al Creador.

Supongamos que vemos un códice escrito con letras muy bien dibujadas. No nos satisfaría sólo el alabar la perfección de la mano del escritor que las hizo tan parecidas, iguales y hermosas, si no llegamos, mediante la lectura, a entender lo que con ellas nos quiso decir. Lo mismo sucede aquí: quienes contemplan el hecho exteriormente, se deleitan con su belleza hasta admirar al artífice; mas quien lo entiende es como si lo leyese.

Una pintura se ve de manera distinta que un escrito. Cuando ves una pintura, te basta ver para alabar; pero cuando ves un escrito, no te basta ver, pues te está invitando a que lo leas. Incluso tú mismo, cuando ves un escrito que quizá no sabes leer, te expresas así: «¿Qué estará escrito aquí?» Después de haber visto el escrito, te preguntas por lo allí contenido.

Aquel a quien pides la explicación de lo que has visto, te mostrará otra cosa. Él tiene unos ojos y tú tienes otros. ¿No veis los dos igualmente el escrito? Sí, pero no conocéis igualmente los signos. Tú ves y alabas; el otro ve y alaba, lee y entiende. Puesto que lo hemos visto y lo hemos alabado, leámoslo y entendámoslo.

El Señor está en una montaña. Vaya más allá nuestra inteligencia: el Señor en la montaña es la Palabra que está en lo alto. Lo que aconteció en la montaña, no es por tanto cosa sin importancia ni se ha de pasar por alto, sino que se debe considerar con atención. Vio las turbas; se dio cuenta de que tenían hambre, y misericordiosamente les dio de comer hasta saciarlas, no sólo con su bondad, sino también con su poder.

¿De qué sirve la bondad sola cuando falta el pan con que alimentar a la turba hambrienta? La bondad sin el poder hubiera dejado en ayunas y hambrienta a aquella multitud inmensa.

También los discípulos que estaban con el Señor se dieron cuenta del hambre de la multitud y querían alimentarla para que no desfalleciese; pero no tenían con qué. El Señor pregunta dónde se podría comprar pan para darle de comer. La Escritura añade: Hablaba así para probarle. Se refiere al discípulo Felipe a quien había hecho la pregunta. Porque él sabía bien lo que iba a hacer. ¿Por qué lo ponía a prueba, sino para mostrar la ignorancia del discípulo? Y quizá también quiso indicar algo al descubrir su ignorancia.

Aparecerá luego, cuando comience a revelarnos el misterio y significado de los cinco panes. Entonces se verá por qué el Señor quiso mostrar en este hecho la ignorancia del discípulo, al preguntar lo que él tan bien sabía. A veces se pregunta lo que no se sabe con la intención de oírlo, para saberlo; y otras se pregunta lo que se sabe para averiguar si lo sabe aquel a quien se hace la pregunta.

El Señor sabía las dos cosas: sabía lo que preguntaba, porque sabía bien lo que iba a hacer, y sabía igualmente que Felipe lo ignoraba. ¿Por qué le pregunta, sino para poner de manifiesto su ignorancia? Como ya dije, luego sabremos por qué obró así.


El maná de cada día, 28.7.12

julio 28, 2012

Sábado de la 16ª semana del Tiempo Ordinario

Dejadlos crecer juntos hasta la siega

 

PRIMERA LECTURA: Jeremías 7, 1-11

Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Ponte a la puerta del templo, y grita allí esta palabra: “¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por esas puertas para adorar al Señor!

Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré con vosotros en este lugar. No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: ‘Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.’

Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo, si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre.

Mirad: Vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven de nada. ¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos, y después entráis a presentaros ante mí en este templo, que lleva mi nombre, y os decís: ‘Estamos salvos’, para seguir cometiendo esas abominaciones?

¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo que lleva mi nombre? Atención, que yo lo he visto.”» Oráculo del Señor.


SALMO 83, 3.4.5-6a.8a.11

¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa; y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; caminan de baluarte en baluarte.

Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.


EVANGELIO: Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.

Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”

Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»


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SI SIEMPRE FUISTE BUENO, TEN MISERICORDIA;
SI ALGUNA VEZ FUISTE MALO, NO LO OLVIDES

San Agustín (Sermón 47, 6)

Y vosotras, ovejas mías -dijo- esto dice el Señor Dios: He aquí que yo juzgo entre oveja y oveja, y entre los carneros y los machos cabríos (Ez 34,17). ¿Qué hacen los machos cabríos aquí, en el rebaño de Dios? Están en los mismos pastos, en las mismas fuentes; esos machos cabríos, destinados a estar a la izquierda, están con las ovejas destinadas a la derecha; pero luego serán separados los que hasta entonces habían sido tolerados.

De este modo se ejercita la paciencia de las ovejas, igual que la paciencia de Dios. Llegará el momento en que él haga la separación: los unos a la izquierda; los otros a la derecha. Ahora él calla, mientras tú quieres hablar. ¿Por qué quieres hablar? Porque él calla. Tú alegas la venganza del juicio, no la palabra de corrección. Él aún no separa y tú ya quieres hacerlo. El que sembró tolera la amalgama. Si quieres que el trigo esté limpio antes de la bielda, mal lo aventarás, si lo haces con tu viento.

Hubiese sido lícito a los siervos decir: ¿Quieres que vayamos y arranquemos la cizaña? Se les revolvió el estómago al ver la cizaña y lamentaron hallarla mezclada con tan buena cosecha. Dijeron: ¿No sembraste buena semilla? ¿A qué se debe el que haya aparecido la cizaña? Él les explicó de dónde procedía. Sin embargo, no permitió que la arrancasen antes de tiempo.

Aunque los siervos mismos estaban airados contra la cizaña, con todo pidieron el consejo y la orden del dueño. Les disgustaba el ver la cizaña entre el trigo; pero veían que si hacían algo por su propia cuenta aun en el arrancar la cizaña, ellos mismos iban a ser contados entre la cizaña. Esperaron que el dueño se lo mandase; esperaron la orden del rey: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Él respondió: No, y les dio la razón: No sea que, al querer arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo.

Tranquilizó su indignación y no los dejó en el dolor. A los siervos les parecía cosa grave el que hubiese cizaña entre el trigo, y lo era en verdad. Pero una es la condición del campo y otra la tranquilidad que reina en el granero. Tolera, para eso has nacido. Tolera, pues tal vez eres tolerado tú.

Si siempre fuiste bueno, ten misericordia; si alguna vez fuiste malo, no lo olvides. ¿Y quién es siempre bueno? Si Dios te examinara atentamente, más fácilmente descubriría una maldad presente que esa bondad perenne que te atribuyes. Por lo tanto, ha de tolerarse la cizaña en medio del trigo, los machos cabríos en medio de las ovejas.

¿Qué dice acerca del trigo? En el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, atadla en haces para quemarla; mi trigo, en cambio, guardadlo en el granero. Pasará la promiscuidad del campo; vendrá la separación de la mies.

El Señor exige ahora de nosotros, la paciencia que presenta en sí mismo, al decirte: «Si yo quisiera juzgar ahora, ¿sería injusto mi juicio? Si yo quisiera juzgar ahora, ¿podría equivocarme, acaso? Si, pues, yo que siempre juzgo rectamente y no puedo equivocarme, retardo mi juicio, ¿te atreves a juzgar antes de tiempo, tú que ignoras cómo serás juzgado?».

Ved, hermanos, cómo el dueño no permitió a aquellos siervos que querían arrancar la cizaña antes de tiempo que lo hicieran ni siquiera en la siega. Dice, en efecto: En el tiempo de la siega diré a los segadores: No dice: «Os diré a vosotros». Pero, ¿qué ocurrirá, si los mismos siervos han de ser los segadores? No. Expuso todo detalladamente y dijo: Los segadores son los ángeles (Mt 13, 24-30; 37-43). Tú, hombre limitado por la carne, que llevas la carne, o que, tal vez, no eres más que carne, es decir, carne en el cuerpo y carne en el espíritu, ¿te atreves a usurpar antes de tiempo un oficio ajeno, que ni siquiera en la siega será tuyo? 

Esto respecto a la separación de la cizaña. ¿Qué dice de los machos cabríos? Cuando venga el Hijo del hombre y todos los ángeles de Dios con él, se sentará en el trono de su gloria, congregará en su presentía a todos los pueblos y los separará como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos (Mt 25, 31-32). Vendrá y los separará. Llegará la siega y ellos serán separados. Ahora, pues, no es el tiempo de la separación, sino el de la tolerancia.

Y no decimos esto, hermanos, para que dormite el afán de corregir. Al contrario, para no llegar como incautos a aquel juicio, o como ciegos que descuidaron su ceguera; para que no nos encontremos repentinamente a la izquierda: con esta finalidad, impóngase la disciplina, pero no se anticipe el juicio.