Un astrofísico sobre el bosón: ¿Quién ha creado las leyes de la naturaleza que la ciencia descubre?

julio 16, 2012

Javier Igea, sacerdote y doctor en astrofísica por la Universidad de Nueva York


¿Es el bosón de Higgs la partícula de Dios? ¿Tiene algo que ver este descubrimiento con la religión? ¿Identificar a Dios con una partícula subatómica?

“Las implicaciones religiosas de este descubrimiento no son tales. Reina una cierta confusión porque el bosón de Higgs ha sido llamado la partícula de Dios. Ésta es una mala traducción del título inglés de la obra de divulgación sobre el bosón de Higgs The God Particle escrita por el premio Nobel Leon Lederman”. Con estas esclarecedoras manifestaciones, Javier Igea, sacerdote de la Archidiócesis de Madrid y doctor en Astrofísica por la Universidad de Nueva York, salía al paso, en el diario El Mundo, sobre el famoso bosón de Higgs y su relación con la religión.

Con el sugestivo título de ¿Es el bosón de Higgs la partícula de Dios?, Javier Igea señalaba en su artículo de opinión que “identificar a Dios con una partícula subatómica es una salvajada filosófica que nos llevaría al más radical panteísmo”.

Igea considera que “la negación de Dios a partir de la ciencia solo se podría dar en el caso imposible de que la ciencia estuviese acabada y diese una explicación última de todo”.

Por último, el sacerdote experto en Astrofísica lanza una interpelación: “Después de Gödel, hay una pregunta que la ciencia no puede responder: ¿quién ha creado las leyes de la naturaleza que la ciencia descubre? La ciencia no puede explicarse a sí misma”.

A continuación, el artículo íntegro publicado ayer lunes en el diario El Mundo, y que llevaba por título ¿Es el bosón de Higgs la partícula de Dios?:

«Han pasado sólo unos días desde el anuncio del descubrimiento del bosón de Higgs, la mal llamada partícula de Dios. Las reacciones de los medios han sido de lo más variopintas. Antonio Lucas cree que por haberse descubierto el bosón de Higgs, la religión ha sufrido un duro golpe: «Dos milenios de guerras religiosas para nada». Ruiz de Elvira afirma sin lugar a dudas que la Iglesia se llena de gozo por el descubrimiento del bosón de Higgs; supongo que habrá oído varias homilías al respecto. Yo, que soy sacerdote y doctor en astrofísica, especializado en la ionización de discos protoplanetarios por rayos X, me he alegrado por este descubrimiento, pero no creo que haya sido por las razones que da Ruiz de Elvira. Tampoco he considerado que sea un tema para hablar en las homilías.

»El hombre siempre ha buscado saber de qué esta hecho el cosmos. Nos va la vida en ello, y además tiene implicaciones para la vida moral de las personas y de la sociedad. Es en esta búsqueda donde debemos enmarcar este descubrimiento. En el mundo antiguo había una respuesta que no agotaba la realidad, sino que estimulaba una búsqueda mayor: el mundo estaría formado por los cuatro elementos de Empédocles: tierra, fuego, agua y aire, y sus combinaciones lo explicarían todo.

Mendeleyev, en el siglo XIX dio otra respuesta al formular el sistema periódico de los elementos. En la segunda mitad del siglo pasado, se descubrieron en los aceleradores de partículas una maraña de partículas subatómicas que necesitaba una clasificación y un modelo matemático que explicase sus propiedades. Surgió así el modelo estándar (algo así como el primer sistema periódico) y la teoría cuántica de campos como explicación matemática de las partículas subatómicas descubiertas en los aceleradores.

»El descubrimiento del bosón de Higgs es muy importante porque confirma predicciones del modelo estándar de las partículas elementales y permitirá, cuando los datos estén analizados, decidir sobre algunas implementaciones de este modelo. Simplificando, podemos decir que el modelo estándar explica, entre otras cosas, que tanto los protones como los neutrones, que son los constitutivos del núcleo de los átomos, tienen una estructura interna y están a su vez formados por el confinamiento de otras partículas elementales que son los quarks. Esto es, es una explicación de la realidad material como una combinación de determinadas piezas con determinadas propiedades, algunas de ellas, por cierto, un poco exóticas.

»Estas piezas –las partículas elementales– serían los constitutivos de la materia, algo así como los ladrillos que conforman todo lo material. Este modelo clasifica las partículas elementales en quarks (existen seis tipos), leptones (seis tipos, entre ellos los electrones y los neutrinos) y las partículas mediadoras de fuerza (ente ellas el fotón y el gluón, encargado de mantener a los quarks juntos, y por ende, responsable de la estabilidad de núcleo atómico). Otro mérito del modelo estándar es explicar las relaciones que hay entre tres de las cuatro fuerzas que existen en la naturaleza: la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil. Estas serían como tres manifestaciones distintas de un mismo fenómeno.

»Para entender qué es el bosón de Higgs hay que considerar que las partículas elementales se clasifican en bosones y fermiones, de acuerdo a una propiedad intrínseca que es el espín. Entender esta propiedad no es fácil, pues no tiene contrapartida en nuestro mundo macroscópico. El espín es el impulso angular intrínseco que tienen las partículas elementales. A nivel macroscópico, el impulso angular es como una medida de la inercia que tiene una masa que rota. A nivel cuántico las partículas elementales tienen una propiedad llamada espín, que es un impulso angular, y que está cuantizado. Puede tener valores enteros (0, ±1, …) o fraccionarios (±½, ±3/2, ….) y de acuerdo a esto, las partículas se clasifican como bosones o fermiones respectivamente. Los segundos obedecen el principio de exclusión, mientras que los primeros, no.

El mundo sería radicalmente distinto sin la existencia de esta propiedad de la materia. Así, el modelo estándar predice la existencia de una partícula, llamada el bosón de Higgs, que tendría una propiedad muy interesante, que es que la masa de las demás partículas elementales depende de él. Se postuló la existencia de esta partícula para explicar una anomalía en la masa (medida) del bosón Wdel modelo estándar. Para intentar entender el mecanismo, hemos de considerar que las partículas tienen campos cuánticos asociados, y el campo de Higgs sería el responsable de la masa del bosónW. La interacción de este bosón con el campo de Higgs daría origen a la masa de este bosón. Podemos explicarlo con una analogía: la masa es como la resistencia que experimenta una canica al moverse en una superficie untada de miel.

»De este modo el modelo estándar puede explicar la masa de las partículas elementales. Pero quedan sin explicar los campos cuánticos, todo un problema ontológico. El experimento permite un mayor conocimiento del universo material por tener una mejor comprensión de la física en los momentos inmediatamente posteriores al big bang. El universo, al expandirse tras el big bang experimentó un enfriamiento, al disminuir la energía cinética de las partículas que lo componen. Esta disminución de la violencia de los choques de las partículas elementales hizo que el universo pasase por diversas fases en su expansión hasta llegar a su estado actual.

»Podemos pensar para entenderlo mejor en lo que pasaría si calentásemos cada vez una roca cualquiera de nuestra tierra. Se derretiría, sus moléculas se evaporarían, después el gas se disociaría en átomos, los átomos se ionizarían y tendríamos plasma opaco (el interior de las estrellas) opaco, y si seguimos calentando, los núcleos empezarían a partirse (condiciones del núcleo del sol), y si siguiéramos calentando llegaríamos a lo que ocurrió en los momentos inmediatamente posteriores al big bang. Esto es lo que ha hecho el experimento del CERN. Por esto, el bosón de Higgs permite conocer mejor por qué el universo es como es. De no haber existido, quizá no hubiera habido masa, y el universo no sería como lo conocemos; claro, que tampoco estaríamos aquí para contarlo.

»Las implicaciones religiosas de este descubrimiento no son tales. Reina una cierta confusión porque el bosón de Higgs ha sido llamado la partícula de Dios. Ésta es una mala traducción del título inglés de la obra de divulgación sobre el bosón de Higgs The God Particle escrita por el premio Nobel Leon Lederman. Es imposible expresar en español el sentido que en inglés tiene el título del libro sin hacer una paráfrasis. Una traducción más exacta es: la partícula dios. Sin duda se trata de una metáfora. Este nombre, dado a una partícula subatómica por el editor de un libro, no gusta a la comunidad científica y debe ser evitado, tanto por motivos científicos, como por motivos religiosos.

La ciencia no trata directamente de Dios, pues éste no pertenece al mundo sensible, experimentable, aun cuando los creyentes pensamos que su acción en la historia puede ser detectada. Además, identificar a Dios con una partícula subatómica es una salvajada filosófica que nos llevaría al más radical panteísmo.

»Ahora bien, la trascendencia mediática y científica que ha tenido este descubrimientos sirve para plantear una vez más las preguntas fundamentales que el hombre se hace sobre si mismo y sobre lo que le rodea. Detrás de cada científico hay un hombre que busca saber, y en las preguntas que hace a la naturaleza hay una pregunta implícita sobre sí mismo y sobre Dios. La negación de Dios a partir de la ciencia solo se podría dar en el caso imposible de que la ciencia estuviese acabada y diese una explicación última de todo. Pero, después de Gödel, hay una pregunta que la ciencia no puede responder: ¿quién ha creado las leyes de la naturaleza que la ciencia descubre? La ciencia no puede explicarse a sí misma».

Javier Igea es sacerdote y doctor en Astrofísica por la Universidad de Nueva York

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El maná de cada día, 16.7.12

julio 16, 2012

Lunes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario

16 de julio de 2012

Nuestra Señora del Carmen

Felicidades a todas las personas devotas de la Virgen del Carmen, y a todas las que llevan el nombre de María del Carmen, Carmen, Carmela, Carmelo. ¡Virgen del Carmen, ruega por nosotros!

Ama a tu padre y a tu madre, pero no por encima de Dios, que te creó


PRIMERA LECTURA: Isaías 1, 10-17

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios?

No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.»


SALMO 49

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.»

«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?»

«Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.»

EVANGELIO: Mateo 10, 34–11,1

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.


DEDUCE DEL AMOR QUE SIENTES POR TUS PADRES
CUÁNTO HAS DE AMAR A DIOS Y A LA IGLESIA

San Agustín (Sermón 344,

1-2)

En esta vida toda tentación es una lucha entre dos amores: el amor del mundo y el amor de Dios; el que vence de los dos atrae hacia sí, como por gravedad, a su amante. A Dios llegamos con el afecto, no con alas o con los pies. Y, al contrario, nos atan a la tierra los afectos contrarios, no nudos o cadena alguna corporal. Cristo vino a transformar el amor y a hacer de un amante de la tierra un amante de la vida celestial; por nosotros se hizo hombre quien nos hizo hombres: Dios asumió al hombre para hacer de los hombres dioses. He aquí el combate que tenemos delante: la lucha contra la carne, contra el diablo, contra el mundo. Pero tenemos confianza, porque quien concertó el combate es espectador que aporta su ayuda y nos exhorta a que no presumamos de nuestras fuerzas.

En efecto, quien presume de ellas, en cuanto hombre que es, presume de las fuerzas de un hombre y maldito todo el que pone su esperanza en el hombre (Jr 17,5). Los mártires, inflamados en la llama de este piadoso y santo amor, hicieron arder el heno de su carne con el roble de su mente, pero llegaron íntegros en su espíritu hasta aquel que les había prendido fuego. En la resurrección de los cuerpos se otorgará el debido honor a la carne que ha despreciado esas mismas cosas. Así, por tanto, fue sembrada en la ignominia, para resucitar en la gloria.

Ardiendo en este amor o, mejor, para que ardamos en él, dice: Quien ama a su padre o a su madre más que a no es digno de mí, y quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí (Mt 10,37-38). No ha eliminado el amor a los padres, a la esposa, a los hijos, sino que lo ha colocado en el lugar que le corresponde. No dijo: «Quien ama», sino: Quien ama más que a mí. Es lo que dice la Iglesia en el Cantar de los Cantares: Ordenó en mí el amor (Cant 2,4).

Ama a tu padre, pero no más que al Señor; ama a quien te ha engendrado, pero no más que a quien te ha creado. Tu padre te ha engendrado, pero no fue él quien te dio forma, pues al hacerlo ignoraba quién o cómo ibas a nacer. Tu padre te alimentó, pero no sacó de sí el pan para saciarte. Por último, sea lo que sea lo que tu padre te reserva en la tierra, él muere para que tú le sucedas, y con su muerte te hace sitio en la vida.

En cambio, Dios es Padre y lo que reserva, lo reserva juntamente consigo, para que poseas la herencia juntamente con el mismo Padre y no tengas que esperar a que él muera para sucederle, sino que, permaneciendo siempre en él, te adhieras a quien permanece siempre. Ama, pues, a tu padre, pero no por encima de Dios; ama a tu madre, pero no por encima de la Iglesia, que te engendró para la vida eterna.

Finalmente, deduce del amor que sientes por tus padres cuánto debes amar a Dios y a la Iglesia. Pues si tanto ha de amarse a quienes te engendraron para la muerte, ¡con qué amor han de ser amados quienes te engendraron para que llegues a la vida eterna y permanezcas por la eternidad? Ama a tu esposa, ama a tus hijos según Dios, inculcándoles que adoren contigo a Dios. Una vez que te hayas unido a él, no has de temer separación alguna.

Por tanto, no debes amar más que a Dios a quienes con toda certeza amas mal, si descuidas el llevarlos a Dios contigo. Llegará la hora de la prueba. Quieres confesar a Cristo. Quizá te sobrevenga, por confesarlo, un tormento temporal; quizá la muerte. Tu padre o tu esposa o tu hijo te halagarán para que no vayas a la muerte, y con sus halagos te procurarán la muerte. Para que no suceda eso ha de venirte a la mente: Quien ama al padre o a la madre o a la esposa más que a mí, no es digno de mí.


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