Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

septiembre 9, 2019

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El Papa Francisco bendice a una religiosa anciana. En Madagascar © Vatican Media

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Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

En Antananarivo, capital del país

Por Rosa Die de Alcolea

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(ZENIT – 8 sept. 2019).- “Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios”, Francisco ha bendecido a los miles de consagrados de Madagascar.

El encuentro de los sacerdotes, seminaristas, religiosos y consagrados ha tenido lugar en el Colegio de San Miguel, situado en el barrio de Amparibe, en Antananarivo, capital de Madagascar, a las 17:10 horas (16:10 h. en Roma), después de su visita a la Ciudad de la Amistad Akamasoa y a la Cantera de Mahatazana.

“Pasaje a una vida mejor”

“La persona consagrada –en el amplio sentido de la palabra– es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo”, ha anunciado el Papa, mientras les ha agradecido su testimonio por “querer quedaros ahí” y “no hacer de la vocación un ‘pasaje a una mejor vida’”.

“Vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo”, les ha dicho.

Francisco ha invitado a los consagrados y consagradas a ser “hombres y mujeres de alabanza”, porque “la persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir”, ha explicado el Santo Padre.

“En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo”, ha alentado el Papa. “Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar a una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia”.

Lucha en “nosotros mismos”

“La lucha también la vivimos en nosotros mismos”, ha advertido el Papa. “Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida”.

Por ello, el Pontífice ha exhortado a derrotar al mal espíritu en su propio terreno; “allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión. ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!”, ha exclamado.

Agradecimiento al traductor 

De manera anecdótica el Obispo de Roma ha vuelto a tener un bonito gesto de cercanía: De manera especial, ha agradecido públicamente al sacerdote de Madagascar que ha traducido sus discursos estos días durante su visita al país, de lengua italiana al francés y al malgache.

A continuación, ofrecemos el discurso que el Papa Francisco ha dirigido a los sacerdotes, religiosos, seminaristas, consagrados y diáconos de Madagascar:

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Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco vuestra cálida bienvenida. Quiero que mis primeras palabras estén dirigidas especialmente a todos los sacerdotes, consagradas y consagrados que no pudieron viajar por un problema de salud, el peso de los años o alguna complicación. (Minuto de silencio)

Al terminar mi visita a Madagascar aquí con vosotros, al ver vuestra alegría, pero también recordando todo lo que he vivido en este tan poco tiempo en vuestra isla, me brotan del corazón aquellas palabras de Jesús en el Evangelio de Lucas cuando, estremecido de gozo, dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños» (10,21).

Y este gozo es confirmado por vuestros testimonios porque, aun aquello que vosotros expresáis como problemáticas, son signos de una Iglesia viva, pujante, en búsqueda de ser cada día presencia del Señor. Una Iglesia cercana al pueblo, siempre caminando con el pueblo de Dios.

Esta realidad es una invitación a la memoria agradecida de todos aquellos que no tuvieron miedo y supieron apostar por Jesucristo y su Reino; y vosotros hoy sois parte de su heredad.

Pienso en los lazaristas, los jesuitas, las hermanas de San José de Cluny, los hermanos de las escuelas cristianas, los misioneros de La Salette y todos los demás pioneros, obispos, sacerdotes y consagrados. Pero también de tantos laicos que, en los momentos difíciles de persecución, cuando muchos misioneros y consagrados tuvieron que partir, fueron quienes mantuvieron viva la llama de la fe en estas tierras.

Esto nos invita a recordar nuestro bautismo, como el primer y gran sacramento por el que fuimos sellados como hijos de Dios. Todo el resto es expresión y manifestación de ese amor inicial que siempre estamos invitados a renovar.

La frase del Evangelio a la que me referí es parte de la alabanza del Señor al recibir a los setenta y dos discípulos cuando volvían de la misión.

Ellos, como vosotros, aceptaron el desafío de ser una Iglesia “en salida”, y traen las alforjas llenas para compartir todo lo que han visto y oído. Vosotros os habéis atrevido a salir, y aceptásteis el desafío de llevar la luz del Evangelio a los distintos rincones de esta isla.

Sé que muchos de vosotros vivís situaciones difíciles, donde faltan los servicios esenciales —agua, electricidad, carreteras, medios de comunicación— o la falta de recursos económicos para llevar adelante la vida y la actividad pastoral. Muchos de vosotros sentís sobre vuestros hombros, por no decir sobre vuestra salud, el peso del trabajo apostólico.

Pero vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo. Gracias por esto. Muchas gracias por vuestro testimonio y por querer quedaros ahí y no hacer de la vocación un “pasaje a una mejor vida”.

Y quedaros ahí con esa conciencia, como decía la hermana: “a pesar de nuestras miserias y debilidades, nos comprometemos con todo nuestro ser a la gran misión de la evangelización”. La persona consagrada —en el amplio sentido de la palabra— es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo.

Al recibir y escuchar a sus discípulos volver llenos de gozo, lo primero que Jesús hace es alabar y bendecir a su Padre; y esto nos muestra una parte fundamental de nuestra vocación. Somos hombres y mujeres de alabanza. La persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir.

En la alabanza encontramos nuestra pertenencia e identidad más hermosa porque libra al discípulo de los “habriaqueísmos” y le devuelve el gusto por la misión y por estar con su pueblo; le ayuda a ajustar los “criterios” con los que se mide a sí mismo, mide a los otros y a toda la actividad misionera, para que no tengan algunas veces poco sabor a Evangelio.

Muchas veces podemos caer en la tentación de pasar horas hablando de los “éxitos” o “fracasos”, de la “utilidad” de nuestras acciones, o la “influencia” que podamos tener. Discusiones que terminan ocupando el primer puesto y el centro de toda nuestra atención.

Esto que nos conduce —no pocas veces— a soñar con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, pero propios de generales derrotados que terminan por negar nuestra historia —al igual que la de vuestro pueblo— que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio y la constancia en el trabajo que cansa (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 96).

Al alabar aprendemos la sensibilidad para no “desorientarnos” y hacer de los medios nuestros fines, de lo superfluo lo importante; aprendemos la libertad para poner en marcha procesos más que querer ocupar espacios (cf. ibíd., 223); la gratuidad de fomentar todo lo que haga crecer, madurar y fructificar al Pueblo de Dios antes que orgullecernos por cierto fácil, rápido pero efímero “rédito” pastoral.

En cierta medida, gran parte de nuestra vida, de nuestra alegría y fecundidad misionera se juega en esta invitación de Jesús a la alabanza. Como bien le gustaba señalar a ese hombre sabio y santo, como ha sido Romano Guardini: «El que adora a Dios en sus sentimientos más hondos y también, cuando tiene tiempo, realmente, con actos vivos, se encuentra cobijado en la verdad. Puede equivocarse en muchas cosas; puede quedar abrumado y desconcertado por el peso de sus acciones; pero, en último término, las direcciones y los órdenes de su existencia están seguros» (Pequeña Suma Teológica, Madrid 1963, 29).

Los setenta y dos eran conscientes de que el éxito de la misión dependió de hacerla “en nombre del Señor Jesús”. Eso los maravillaba. No fue por sus virtudes, nombres o títulos, no llevaban boletas de propaganda con sus rostros; no era su fama o proyecto lo que cautivaba y salvaba a la gente.

La alegría de los discípulos nacía de la certeza de hacer las cosas en nombre del Señor, de vivir su proyecto, de compartir su vida; y esta les había enamorado tanto que les llevó también a compartirla con los demás.

Y resulta interesante constatar que Jesús resume la actuación de los suyos hablando de la victoria sobre el poder de Satanás, un poder que desde nosotros solos jamás podremos vencer, pero sí en el nombre de Jesús. Cada uno de nosotros puede dar testimonio de esas batallas, y también de algunas derrotas.

Cuando vosotros mencionáis la infinidad de campos donde realizáis vuestra acción evangelizadora, estáis librando esa lucha en nombre de Jesús. En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo. Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación.

En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar a una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia.

Es un combate ganador el que se lucha contra la ignorancia brindando educación; también es llevar la presencia de Dios cuando alguien ayuda a que se respete, en su orden y perfección propios, todas las criaturas evitando su uso o explotación; y también los signos de su victoria cuando plantáis un árbol, o hacéis llegar el agua potable a una familia.

¡Qué signo del mal derrotado es cuando vosotros os dedicáis a que miles de personas recuperen la salud! ¡Seguid dando estas batallas, pero siempre en la oración y en la alabanza!

La lucha también la vivimos en nosotros mismos. Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite «una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida.

A veces sucede que la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 78) .

Así, más que hombres y mujeres de alabanza, podemos transformarnos en “profesionales de lo sagrado”. Derrotemos al mal espíritu en su propio terreno; allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión (cf. ibíd., 76). ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!

Queridos hermanos y hermanas: Jesús alaba al Padre porque ha revelado estas cosas a los “pequeños”. Somos pequeños porque nuestra alegría, nuestra dicha, es precisamente esta revelación que Él nos ha dado; el sencillo “ve y escucha” lo que ni sabios, ni profetas, ni reyes pueden ver y escuchar: la presencia de Dios en en los pacientes y afligidos, en los que tienen hambre y sed de justicia, en los misericordiosos (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).

Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios.

Transmitidles a vuestras comunidades mi cariño y cercanía, mi oración y bendición. En esta bendición que os daré en nombre del Señor os invito a que penséis en vuestras comunidades, en vuestros lugares de misión, para que el Señor siga “diciendo bien” a todas esas personas, allí donde se encuentren. Que vosotros podáis seguir siendo signo de su presencia viva en medio de nosotros.

Y no os olvidéis de rezar y hacer rezar por mí.

Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”


El Papa: Santa Teresita del Niño Jesús acompaña a este “viejo” en sus “neurosis”

septiembre 7, 2019

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Francisco instruyó a las monjas carmelitas, de clausura, para que pidan ayuda, sepan dialogar y busquen el camino de la santidad.

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El Pontífice asistió a una Hora Media en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas en Madagascar

El Papa: Santa Teresita del Niño Jesús acompaña a este “viejo” en sus “neurosis”  

Por Ary Waldir Ramos Díaz, 7 set. 2019

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En Antananarivo, Madagascar, este sábado 7 de septiembre, el papa Francisco asistió a una Hora Media en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas. En este evento, ha dejado de lado el discurso preparado y dijo que Santa Teresita del Niño Jesús le acompaña para mitigar su “neurosis”. Francisco instruyó a las religiosas de clausura para que pidan ayuda, sepan dialogar y busquen el camino de la santidad.

Advirtió del peligro de pensar que al entrar en el convento han dejado fuera de la puerta al diablo, pues Jesús enseñaba que luego él vuelve como tentador con siete demonios más y no haciendo ruido, sino que se presenta “educado”, sofisticado. 

Para describir las tentaciones del convento, el Papa contó la historia de dos religiosas: una joven novicia y la otra una religiosa mayor neurótica. 

Al final, reveló que la religiosa joven era Santa Teresita del Niño Jesús (2 de enero de 1873, Alenzón, Francia, 30 de septiembre de 1897, Lisieux, Francia) y que la anciana era sor San Pedro que iba aún al coro y al refectorio, y tenía problemas físicos para moverse. Diez minutos antes de las seis, era necesario que una hermana se tomase la molestia de conducirla al refectorio.

Santa Teresita del Niño Jesús le costaba mucho ofrecerse para prestar aquel pequeño servicio, pues sabía que no era cosa fácil contentar a la pobre sor San Pedro, la cual sufría mucho, contó Francisco.

No obstante, la joven novicia no quería perder “aquella hermosa ocasión de ejercitar la caridad”, acordándose de que Jesús había dicho: “Lo que hicieres al más pequeño de los míos, a mí me lo habéis hecho”.

“Esa Teresa, ahora acompaña a un viejo”, dijo el papa Francisco al referirse a sí mismo. “Quiero dar mi testimonio, porque ella me ha acompañado en cada paso, me ha enseñado a dar los pasos necesarios… a veces soy un poco neurótico y le digo que se vaya, como sor San Pedro; a veces la escucho, los dolores no me dejan escucharla bien, pero es una amiga fiel”. 

Ante algunas decenas de religiosas en la capilla principal, el Papa aseguró que no hablaba de teorías, sino de algo que conoce bien, al referirse a las tentaciones de la vida religiosa y comunitaria.

Francisco ha dejado el discurso preparado y habló con el “corazón”. Destacó la valentía de seguir a Dios y de la lucha espiritual que dura toda la vida. “Es verdad que el trabajo más arduo lo hace Dios, pero se necesita valentía para dejarlo obrar”.

El Pontífice invitó a las religiosas de clausura a expresar lo que sienten cuando perciban alguna amenaza a su “serenidad”, incluso si la amenaza proviene de su director espiritual.

Rezar siempre y hablar con la priora, recomendó, “aunque no sea el premio Nobel de la simpatía”. “Por favor, hermana, si sientes algo extraño, habla enseguida… Si Eva hubiera hablado a tiempo: ‘Señor, mira esa serpiente, me propone esto’; Eva no habló, y sucedió un desastre”.

Por eso, indicó, su relación espiritual con Santa Teresita del Niño Jesús, que muestra a los religiosas y religiosas la dirección, hecha de pequeños gestos de amor, para el camino de la santidad. “¡Vayan adelante, valientes!”, se despidió el Papa. 

El Pontífice proseguiría su programa en Madagascar esta tarde con un encuentro con los obispos del país. Del mismo modo, visitará la tumba de la beata Victoire Rasoamanarivo, y también disfrutará de una vigilia con los jóvenes.

El Papa: Santa Teresita del Niño Jesús acompaña a este “viejo” en sus “neurosis”  


Papa Francisco: Un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrado

septiembre 7, 2019

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Papa Francisco – Foto: Vatican Media / ACI Prensa

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Papa Francisco: Un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrado

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El Papa Francisco afirmó que un homosexual no puede ser candidato para el sacerdocio o la vida consagrada, y que los formadores deben ser “exigentes” en este punto.

“La cuestión de la homosexualidad es una cuestión muy seria que hay que discernir adecuadamente desde el comienzo con los candidatos, si es el caso. Hemos de ser exigentes. En nuestras sociedades parece incluso que la homosexualidad está de moda y esa mentalidad, de alguna manera, también influye en la vida de la Iglesia”, señala el Papa en el libro “La fuerza de la vocación”, de Publicaciones Claretianas, que saldrá a la venta el 3 de diciembre.

En un fragmento del libro, adelantado este viernes por Religión Digital, el Santo Padre señala que le preocupa la presencia de personas con tendencia homosexual en el clero y la vida consagrada. “Es algo que me preocupa, porque quizá en un momento no se enfocó bien”, indicó.

Francisco dijo que en los candidatos al sacerdocio o vida religiosa “tenemos que cuidar mucho en la formación la madurez humana y afectiva. Tenemos que discernir con seriedad y escuchar la voz de la experiencia que también tiene la Iglesia. Cuando no se cuida el discernimiento en todo esto, los problemas crecen. Como decía antes, sucede que en el momento quizá no dan la cara, pero después aparecen”.

“La cuestión de la homosexualidad es una cuestión muy seria que hay que discernir adecuadamente desde el comienzo con los candidatos, si es el caso”, reiteró en la entrevista realizada por el P. Fernando Prado, director de la editorial claretiana de Madrid.

Francisco recordó que una vez “tuve aquí a un obispo algo escandalizado que me contó que se había enterado de que en su diócesis, una diócesis muy grande, había varios sacerdotes homosexuales y que había tenido que afrontar todo eso, interviniendo, antes que nada, en la formación, para formar otro clero distinto”.

“Es una realidad que no podemos negar. En la vida consagrada tampoco han faltado casos. Un religioso me contaba que, de visita canónica a una de las provincias de su congregación, se había quedado sorprendido. Él veía que había buenos chicos estudiantes y que incluso algunos religiosos ya profesos eran gays”, relató.

El Papa dijo que el religioso “dudaba de la cuestión y me preguntó si en ello había algo malo. ‘En definitiva -decía él- no es tan grave; es tan solo expresión de un afecto’”.

“Esto es un error –advirtió Francisco–. No es solo expresión de un afecto. En la vida consagrada y en la vida sacerdotal, ese tipo de afectos no tienen cabida. Por eso, la Iglesia recomienda que las personas con esa tendencia arraigada no sean aceptadas al ministerio ni a la vida consagrada. El ministerio o la vida consagrada no es su lugar”.

Luego señaló que “a los curas, religiosos y religiosas homosexuales, hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato y, sobre todo, que sean exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca ni a sus comunidades ni al santo pueblo fiel de Dios viviendo una doble vida. Es mejor que dejen el ministerio o su vida consagrada antes que vivir una doble vida”.

En el libro también se le pregunta al Papa si “hay límites que no se deben tolerar en la formación”.

“Evidente. Cuando hay candidatos con neurosis y desequilibrios fuertes, difíciles de poder encauzar ni con ayuda terapéutica, no hay que aceptarlos ni al sacerdocio ni a la vida consagrada. Hay que ayudarlos a que se encaminen por otro lugar, no hay que abandonarlos. Hay que orientarlos, pero no los debemos admitir. Tengamos en cuenta siempre que son personas que van a vivir al servicio de la Iglesia, de la comunidad cristiana, del pueblo de Dios. No olvidemos ese horizonte. Hemos de cuidar que sean psicológica y afectivamente sanos”, respondió el Papa.

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-un-homosexual-no-puede-ser-sacerdote-ni-consagrado-89755?fbclid=IwAR1f_DLCm4PhG_U1_UHr5vpoBLU_i523V4zAV0efqsEk2FjELOrw5y3YigU


El Papa Francisco aplica la doctrina jesuita para revolucionar la Iglesia

julio 31, 2019

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Papa Francisco: Está siendo fiel al espíritu de San Ignacio de Loyola, siempre en el corazón del Evangelio y de la Iglesia.

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El Papa Francisco aplica la doctrina jesuita para revolucionar la Iglesia

Por Agustín Rivera, Roma (actualizado 2013)
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“¡Francesco, Francesco!”, gritan los fieles. El Mercedes blanco matrícula SCV1 da la primera vuelta a la Plaza de San Pedro. El Papa sonríe, saluda con la mano y ve a un niño con síndrome de Down. El conductor del “obispo de Roma”, como se define Jorge Mario Bergoglio y le gusta que le llamen, se para unos segundos.

Francisco coge y abraza al chico, de unos cinco años. Son las 10.15 horas. Católicos y curiosos arropan, con entusiasmo y alegría incontrolada, el recorrido del ‘Papamóvil’ durante la audiencia de los miércoles.

La ‘Franciscomanía’ se palpa por toda Roma. En las tiendas de souvenires de la Via della Conciliazione, junto a San Pedro; en Santa María del Trastevere, junto a las obras del Coliseo o incluso en un kiosco de Campo de Fiori, la única plaza romana sin signos religiosos.

Se exhiben banderas con su imagen ,que se venden a un euro; también camisetas con el lema “I love Papa Francesco”. Su carisma no para de crecer.

En seis meses de pontificado, Bergoglio ha ofrecido apenas un esbozo, las primeras señales, de la revolución   -tranquila, sin aspavientos- que quiere impulsar en la Iglesia Católica y, antes que nada, en la jerarquía del Vaticano, dominada por cardenales conservadores, acusados de ocultar casos de pederastia de sacerdotes católicos.

Su corazón jesuita resulta clave para entender a este sucesor de Pedro al que muchos comparan con Juan XXIII, el cerebro del Concilio Vaticano II, que será canonizado junto a Juan Pablo II el 27 de abril del próximo año. ¿Le permitirán y dará tiempo a Francisco a poner en marcha todos los cambios que planea?

“Francisco está siendo fiel al espíritu de San Ignacio de Loyola y lo más interesante no es que sea un Papa jesuita, sino cómo la espiritualidad de San Ignacio puede influir en su Pontificado y eso para nosotros es fundamental.

Y lo está haciendo desde el primer minuto”, explica a El Confidencial el historiador Ignacio Narváez, de 27 años, que investiga en archivos de Roma el arte en los colegios jesuitas españoles.

Los miembros de la Compañía de Jesús, que regentan cinco de las 6.000 iglesias existentes en Roma, valoran cómo el Papa ha intentado desligarse del aparato de la riqueza y materializa los cambios poco a poco, “siempre con mano izquierda, utilizando mucho los gestos, los símbolos y hablando claro: eso lo hemos visto siempre en la Compañía, lo vemos en el Papa y para nosotros es una gozada”, señala Narváez que estudió primaria, ESO y Bachillerato en un centro jesuita.

La Iglesia del Gesù, situada frente a la sede principal del histórico partido de la Democracia Cristiana, la mandó construir San Ignacio de Loyola. A las 17.30 horas, hay un espectáculo de luz y música barroca. En uno de los laterales, detrás de un cuadro, hay una escultura en plata del fundador de la compañía.

Por pudor de no exhibir riqueza, la reproducción sólo se muestra diez minutos al día. La tumba de San Ignacio, adornada con el mayor fragmento de lapislázuli del planeta, y el brazo derecho de San Francisco Javier (Xabieru), el jesuita que cristianizó Japón, están también en el Gesù.

Arrupe y las dos visitas al Gesù de Roma

Francisco ha visitado dos veces este templo. Una vez el pasado 31 de julio, el aniversario de la muerte del fundador de la Compañía de Jesús. También hace dos semanas, cuando acudió al centro Astalli, que entrega comida a los inmigrantes, situado en la espalda de la iglesia.

En ambas ocasiones el Papa oró al lado de la tumba del español Pedro Arrupe, general de los jesuitas entre 1965 y 1983, cuyos restos mortales también reposan en el Gesù. Y eso que Bergoglio no se llevaba bien con Arrupe…

Juan Pablo II, que arrinconó a los jesuitas durante su Pontificado, lo sabía y nombró cardenal al que era obispo de Buenos Aires y provincial de la orden religiosa. La decisión no fue bien recibida en la cúpula de la Compañía de Jesús. Es más, cuando visitaba Roma no se alojaba en casas de jesuitas, sino en residencias diocesanas.

Las declaraciones sobre el respeto a la homosexualidad sirvieron para asentar la imagen de que Francisco es distinto, un aire fresco en medio de una trama presuntamente corrupta que rodeó a los dos anteriores Papas en el Vaticano.

La tensión entre la jerarquía jesuita y Bergoglio era más que evidente. Entre los jesuitas no era conocido el actual Papa como una persona progresista, pero ya desde el balcón de San Pedro sorprendió con la frase “Obispo y pueblo” y con lo de “recen por mí”.

Ahí se empezó a conocer a Bergoglio. Algunos detalles humanos ya los relató a este diario Benita Moreno, su excocinera en Argentina.

Las declaraciones sobre el respeto a la homosexualidad que hizo a los periodistas en el avión de vuelta a Roma desde Río de Janeiro, donde en julio se celebró la Jornada Mundial de la Juventud, sirvieron para asentar la imagen de que Francisco es distinto, un aire fresco en medio de una trama presuntamente corrupta que rodeó a los dos anteriores Papas en el Vaticano.

La decisión de vivir en la residencia Santa Marta, en vez de hacerlo en las lujosas estancias vaticanas, desplazarse por Roma a bordo de un automóvil modesto -un Renault 4 “cuatro latas” de 1984-, o visitar a los trabajadores de los talleres del Vaticano (el primer Papa que lo hace) expresan gestos de pobreza y humildad, características esenciales de la doctrina jesuita en las que profundizó Arrupe, autor del libro Yo viví la bomba atómica -fue testigo en agosto de 1945 de la explosión sobre Hiroshima-.

“Alejaos de los ropajes de oro”

Los últimos años del generalato de Arrupe coinciden con la expansión de la Teología de la Liberación, que aplicó el marxismo en zonas de Latinoamérica y uno de cuyos máximos ideólogos fue Ignacio Ellacuría, asesinado en noviembre de 1989 en San Salvador.

¿Es próximo Bergoglio a esta teología? De ninguna manera en la utilización del marxismo, ni de ninguna otra ideología; y sí en la idea de vivir lejos de la opulencia, más cerca del Nuevo Testamento, y en la crítica al sistema económico neoliberal que genera “injusticia”, como criticó el pasado domingo en Cerdeña.

Una frase concreta del Papa también aconseja a los sacerdotes: “Cuidad mucho la liturgia, pero alejaos de los ropajes de oro”.

Francisco no tiene una ideología particular, se guía por el corazón del Evangelio, lo que hizo Jesús”, explica Vicenzo Anselmo, napolitano de 34 años, que será ordenado sacerdote jesuita en la primavera de 2014, en la sacristía del Gesù.

“Yo le veo como un hombre lleno de humanidad, un sueño de esperanza para toda la Iglesia”, apunta Anselmo tras la misa del pasado miércoles, mientras se apagan las luces de la iglesia. “Se siente profundamente jesuita y eso se nota en su espiritualidad”, añade.

La jerarquía del Vaticano sufre el handicap de ser observada como un régimen político y, aunque se trata de un Estado dentro de Roma e Italia, tiene un ritmo ejecutivo diferente, preso de la tradición. El informe sobre la reforma de la curia, previsto para el mes de octubre, será un momento clave para saber hasta qué punto Francisco es capaz de ejecutar un Plan Renove interno en el catolicismo.

“No hace falta un Concilio Vaticano III, con aplicar lo que decía el II, ya estará muy bien”, apunta el historiador Narváez, que señala: “Con Juan Pablo II perdimos décadas, se retrocedió en todo lo avanzado antes”. Algunos señalan a Francisco como el renovador definitivo del catolicismo que podría haber sido Juan Pablo I.

“No soy de derechas”

Francisco no rehúye el debate y, aunque mide las palabras, opina con libertad. En la entrevista de seis horas concedida a la revista La Civiltà Cattolica, órgano oficioso del Vaticano controlado por los jesuitas, Bergoglio dejó claro que él nunca había sido “de derechas”.

El término podría ser equívoco. En Argentina no ser “de derechas” significa no haber sido simpatizante de la dictadura militar. En España equivaldría a no ser franquista, en ningún caso si pertenece o no al Ala Este de la ideología.

Melina Duesi, de 71 años, y María Rosa Sarasino, de 60 años, son argentinas y escuchan al Papa en la Plaza de San Pedro. “En Buenos Aires estuvo siempre al lado de la gente que necesitó, ni de los militares, ni de los otros políticos. Allá era pobre, muy humilde, si iba a la cárcel tomaba de vuelta el colectivo [autobús]”, narra Duesi.

“Yo estoy contenta porque parece que va a revolucionar el mundo entero; siempre recalca que la Iglesia es una para todos”, precisa Mónica Maragliano, de 55 años, otra argentina natural de Rosario que ha viajado con una amiga a Roma para ver a su compatriota.

Alba Montero, de Córdoba (Argentina), de 33 años, recuerda cómo el Papa trabajaba en los barrios. “Con él siento mucha paz”, relata. “Es muy cercano y se le entiende muy bien”, comenta María Isabel Palomino, residente en Madrid.

Contra la vanidad y el “chisme”

En San Pedro, en la Plaza de Pío XII y en la Via della Conciliazione hay monjas del Congo, como Judith o indias, como Sor Rina y Sor Magdalena, ahora en conventos italianos, y sacerdotes diocesanos, como los mexicanos Oswaldo Ávalos, Jesús Barragán y Gregorio García que acaban de escuchar el mensaje del Papa de la humildad frente a la vanidad y el chisme: “Antes de hablar mal del otro, un cristiano debe morderse la lengua”, remarca Bergoglio.

“Francisco le ha dado un giro, un vuelco, una nueva página a la Iglesia para rescatar los valores de la sencillez y la alegría de servir a los demás”, cuenta a este diario Jesús Barragán, de 31 años, con gafas de sol y gorra con el nombre de Italia.

En la audiencia, el Papa, con fondo de música de órgano, una veintena de altavoces y varias pantallas gigantes para que nadie se pierda sus palabras, se refiere a las 3.000 diócesis del mundo, a la importancia de la fe (es el Año de la Fe) y arremete contra los que privatizan la Iglesia “para su propia comunidad o país”.

Estos mensajes, igual que el de los chismes, podrían explicarse en clave interna contra algunos cardenales que se resisten a los cambios.

Un nuevo rol de la mujer

De Francisco se espera “un cambio de rol de la mujer en el Gobierno de la Iglesia”, vaticina Anselmo, de la iglesia del Gesù, aunque todavía parece muy lejos que las mujeres puedan convertirse en sacerdotes. También se vaticina una doctrina menos centrada en la sexualidad y más en el ser una buena persona y ayudar a los demás, con máximas como la tolerancia y la aplicación del Evangelio en la vida diaria.

El Pontífice ya se ha referido en varias ocasiones a que la salvación no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino también de los agnósticos y ateos, como en la carta que envió al periodista Eugenio Scalfari, fundador del diario La Reppublica.

El mensaje de Francisco está vivo, sólo lleva seis meses en la jefatura del Vaticano, pero el Papa no quiere convertirse en un celebrity sin contenido. Ha prometido renovar la Iglesia.

Su edad (nació en 1936) y la resistencia interna en el Vaticano son sus principales obstáculos de este jesuita que aún sueña con perderse un día por las calles de Roma, entremezclándose con los turistas, como en la película Habemus Papam de Nanni Moretti y visitar el Gesù a solas, sin focos.
https://www.elconfidencial.com/sociedad/2013-09-29/el-papa-francisco-aplica-la-doctrina-jesuita-para-revolucionar-la-iglesia_33654/

La vida en comunidad o el derecho a ser feliz

junio 4, 2019

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Gonzalo Díez, cmf. 

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La vida en comunidad o el derecho a ser feliz

Por Gonzalo Díez

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Hay una constatación que me invita a reflexionar sobre los derechos y deberes de quien vive en comunidad: la comunidad no está en crisis, algunas formas comunitarias, por supuesto.

Nuestro tiempo es el de los derechos. No está mal. Es un signo de progreso. Si lo pensamos bien, disfrutar de derechos permite que todos y todas los tengan. Lo que quieres y necesitas para ti, lo reconoces como necesidad para otros, lo cual permite que aparezca lo mejor de la propia vida cuando la piensas compartida.

Los capítulos interminables de obligaciones no encuentran hueco en una sociedad abierta como la actual. Quien quiere se afilia y se desafilia a algo según voluntad o necesidad. Forma parte de los principios de libertad irrenunciables de la persona.

Así las cosas, los principios de obligatoriedad aparecen cuando uno, libremente, los asume y entiende integrados en el propio itinerario de vida.

Se me ocurre, sin embargo, que todo puede cambiar si somos capaces de descubrir qué principios comunitarios son los que provocan emoción compartida. Qué derechos son tan fundamentales que configuran la existencia para transformarla capacitada para ser signo de comunión.

De momento, este principio de libertad está silenciado. Abrir un diálogo al respecto nos preocupa a quienes sentimos seguridad con que todo esté «atado y bien atado», aunque, de hecho, no tenga vida.

El primer derecho, por supuesto, es la vida. Y ésta no pensada desde las necesidades básicas. Me reconocerán que reducir la comunidad religiosa a un lugar donde se te proporciona comida, salud y descanso no es argumento suficiente para entregar la existencia por el Reino.

A veces, me llego a preguntar si en algunas situaciones hay algo más que una cuidada atención de las necesidades básicas. Son estas las que conducen a la vida consagrada a una expresiva soltería de colectivos reunidos en torno a principios piadosos, que digan algo o no, es preferible mantenerlos que cuestionarlos.

El derecho a la vida incluye el derecho a permitir que la vida sea vida, proceso y proyecto, se desarrolle y luzca como don de Dios. Es el reconocimiento de la pluralidad como signo de riqueza y la integración de la diferencia como posibilidad más que como impedimento.

El segundo derecho es el de la fe. Ser descubiertos por Dios como hijos, nos proporciona la búsqueda del otro u otra como hermano. La fe es el pulso del crecimiento y la maduración, va creciendo con el desarrollo de la vida, pero lejos de lo que se pudo pensar, crece a fuerza de amor y no de contradicción.

La fe se hace posible en ámbitos donde se ha descubierto la fraternidad aunque, claro está, aparezcan las dificultades, debilidades o infidelidades.

El tercero es la comunión. Aparece este derecho sin necesidad de pactos o cuidados. Aparece en aquellos y aquellas que están llamados a compartir vida. No hay constatación más triste que la comprobación, bastante extendida, de personas intentando vivir en comunión sin estar llamados a ella.

La vida comunitaria no es una cruzada contra el individualismo. Cuando se vive en clave de cruzada se indica que la comunión no es para ti. La comunidad es la manifestación expresiva de que algunas personas, pocas, son capaces de vivir compartiéndolo todo: presente y porvenir.

Ese todo exige todo, sin pactos y sin explicaciones. Ese todo incluye, por supuesto, las parcelas de la propia vida que no hemos sido capaces, todavía, de integrar o reconocer.

El tercero es el carisma. Es un derecho. Un don del Espíritu, tan original y versátil que se hace único en cada persona. Una pregunta inquietante para nuestro tiempo es «¿qué hemos hecho con el carisma?».

Tantas veces sujeto a interpretaciones parciales o a asambleas sin Espíritu. Tantas veces envuelto en los vaivenes emocionales del momento o las modas filosóficas en boga. La limpieza carismática nos descubre con posibilidades nuevas, inéditas y llenas de vida cuando se saben entender y acoger como derecho.

Y esto, desde el punto de vista comunitario porque imprime una fuerza misteriosa en los sueños compartidos de Reino y se manifiesta en Misión; y desde el punto de vista personal, porque te devuelve a una vida con sentido, asumida y querida por Dios.

Es tan sesgado pensar que el Espíritu nos impulsa a todos a lo mismo por pertenecer a la misma congregación o comunidad, como creer que hay estilos personales que son carismáticos y otros caprichosos o visiones parciales. El encuentro del carisma como don y derecho pasa por el ejercicio noble del discernimiento y este por la escucha. La escucha, por supuesto, por la fe. Y la fe por la conciencia de pertenecer a Dios.

El cuarto es el amor. El sentimiento más noble del ser humano. La comunidad es el lugar del amor. Sin éste, se reduce a relaciones pactadas, a itinerarios cíclicos, a neurosis compartidas o espacios muertos. Algunas formas comunitarias están más abocadas a la muerte que a la transformación. No solo no están abiertas a un discernimiento desde el amor, sino que temen la sola pronunciación del mismo.

Quien ha descubierto un camino de aparente fidelidad sin preguntas inquietantes sobre la capacidad para querer y dejarse querer, jamás desarrollará una vida teologal. La gran crisis de nuestro tiempo es traicionar el amor, con la consiguiente debilidad en la realización de la persona.

La crisis de algunas formas de vida comunitaria no radica solo en su falta de signo, cansancio, reiteración o que no estén bien ubicadas o que carezcan de quien las anime convenientemente… aspectos que, por supuesto, se hacen presentes. La crisis es de amor y de vacío humanitario. La crisis es la ausencia de personas que alguna vez hayan reído, sufrido, abrazado por pura gratuidad, por puro amor.

La gran crisis, me temo, es haber renunciado al derecho de querer y ser querido, convencidos de que la vida es un continuo examen, transacción o mercado, en el cual eres «bueno» si solo aspiras a cumplir bien deberes y que se te reconozca.

Por todo ello, quien se sepa llamado a la vida compartida que se pregunte con paz cómo anda su derecho a ser feliz.

LA VIDA EN COMUNIDAD O EL DERECHO A SER FELIZ


Novena a Santa Rita de Casia (8), 20.5.19

mayo 20, 2019

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OCTAVO DÍA

RITA, ESPOSA DE JESUCRISTO


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Recordemos en primer lugar que Rita vivió en los siglos XIV y XV, en el Quattrocento, es decir, en la época de la espiritualidad gótico-renacentista, marcada por el descubrimiento de lo humano, de la belleza natural.

En el aspecto religioso, estos siglos se caracterizan por una espiritualidad centrada en la contemplación piadosa de la santa humanidad de Cristo, y no tanto en la divinidad estática e impasible preferida por la espiritualidad bizantina y románica.

En estos tiempos prevalece la veneración de los misterios del nacimiento, bautismo, pasión y muerte del Señor.

Rita recibió del ambiente religioso y cultural esta espiritualidad. Todos sus biógrafos destacan la temprana piedad de Rita todavía niña y adolescente.

Dice la tradición que a los trece años se retiró a una habitación para dedicarse a la penitencia y a las prácticas de piedad, venerando la santa humanidad de Cristo sobre todo en su pasión y muerte.

Rita amó tiernamente a Cristo humanado, el único rostro del Dios invisible. Sintió particular compasión por el Cristo sufriente.

Cuentan, además, las crónicas que pasaba largos ratos en profunda adoración ante Jesús Sacramentado. También lo veneraba en las personas afligidas por la pobreza o la enfermedad.

Los sentimientos de ternura, compasión y amor sincero que profesaba al Cristo adolorido, los proyectaba también hacia los pobres, hacia los más necesitados. Compartía con ellos vestidos y alimentos.

De esta forma, la espiritualidad de Rita era profundamente alegre y humanizadora: entendía que Cristo la había amado hasta entregarse por ella, y que, por tanto, ella debía corresponder a ese amor infinito con todas sus fuerzas y con todas las consecuencias.

Como se lo había demostrado Jesús a Rita y a todos nosotros, hasta el extremo.

Rita contemplaba admirada ese torrente de amor que llegaba hasta ella, lo agradecía ensimismada y se dejaba invadir del Espíritu del Amor Hermoso para poder, consiguientemente, transmitirlo a los hermanos y devolverlo al mismo Dios, multiplicado.

Con san Pablo, Rita exclamaba: ¡Él me amó y se entregó por mí; fui alcanzada por el amor de Dios cuando era pecadora. Él me amó primero!

Aceptaba gozosa los sufrimientos de la vida: en primer lugar, para imitar a Cristo y compartir sus dolores redentores porque “amor con amor se paga”; y, en segundo lugar, los ofrecía por sus propios pecados, por la conversión y la santificación de su prójimo comenzando por su misma familia y después por sus hermanas de comunidad.

Así Rita suplía lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo para llegar hasta sus hermanos. Es decir, prolongaba los sufrimientos redentores de Cristo hasta hacerlos efectivos en favor de sus hermanos, en su familia, en su comunidad conventual.

5. Fuentes bíblicas

Rita respondió tiernamente al requerimiento de Jesús que busca consoladores, según aquel texto de Lamentaciones 1, 12.19.21.16.17:

Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. Llamé a mis amigos, pero me traicionaron. Oye cómo gimo, no hay quien me consuele.

Por eso lloro yo, mis ojos se deshacen en lágrimas porque está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Sión tiende sus manos: no hay quien la consuele.

Rita acompañó y consoló al Siervo sufriente de Isaías:

… Hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento… estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban, y nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado.

Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Fue detenido y enjuiciado injustamente sin que nadie se preocupara por él (Isaías 53, 2-9).

Rita, invadida por los sentimientos más ardientes de caridad y de dolor, pidió al Crucificado con muchas lágrimas: “Oh Jesús, hazme partícipe de tus dolores”, y Cristo le concedió el estigma de la espina.

Así pudo exclamar con san Pablo: Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús (Efesios 6, 17).

Y también: Al presente, me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su Cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1, 24-25).

Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que me toca vivir, lo vivo transformado por la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gálatas 2, 20).

También Rita dijo con su vida lo que escribió san Pablo a los Corintios:

Nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! Él, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado (1 Corintios 1, 23-24).

Me propuse no saber otra cosa entre ustedes sino a Cristo Jesús y a éste crucificado (1 Corintios 2, 2).

Dios me libre –exclamaba también san Pablo– de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Por último, Rita sublimaba todo sufrimiento, porque en verdad lo que sufrimos en la vida presente no se puede ni comparar con la gloria que se manifestará después en nosotros (Romanos 8, 12).

Preguntado Jesús sobre el mandamiento principal, contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Al Señor tu Dios amarás con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

Y después viene éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Marcos 12, 29-31).

 

6. Consideraciones bíblicas y agustinianas

Como buena hija de Agustín, Rita llenó su vida del amor a Dios y al prójimo. Nada más justo y legítimo, porque el amor constituye el núcleo de la espiritualidad agustiniana.

El amor fue el motor de toda la vida de Agustín, la meta siempre perseguida y siempre inalcanzable, hilo conductor de su pensamiento y sus escritos.

La Regla que escribió para los monasterios la encabeza así: “Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado”.

Y al concluirla, resume así su intención: “El Señor os conceda cumplir todo esto por amor, como realmente enamorados de la belleza espiritual; y exhalando el buen perfume de Cristo con vuestra ejemplar convivencia”.

Tratando de acercarnos a la experiencia y enseñanza agustiniana diríamos, en primer lugar, que el plan de Dios y la gracia de Dios llevan al hombre más por la vía afectiva que por la intelectiva. Aceptamos la gracia de Dios en nosotros porque nos proporciona gusto y deleite en las cosas santas.

El hombre está hecho más para gozar que para entender: el imán que más atrae al alma es el amor. El alma humana es particularmente vulnerable al amor; es como la debilidad del hombre.

Por tanto, el hombre, necesaria y libremente, siente, busca y descansa sólo en la fruición del amor y del bien. El hombre busca ser feliz como la meta más añorada, y buscando la felicidad se mueve en todo su pensar y quehacer.

Pero aquí entra el misterio del pecado. ¿Por qué el hombre, si busca la felicidad por encima de todo, escoge el mal, el pecado, su propia perdición?

Porque es engañado: se le presenta un mal bajo apariencia de bien y cae. Elige un bien finito que le agrada de momento, pero que le aparta del bien supremo e infinito. Ese bien finito, se convierte en un mal porque el hombre sólo se saciará con el Bien de Dios, y el bien finito le deja más insatisfecho e infeliz, esclavo de las criaturas.

El hombre se autoengaña por instigación del diablo, que lo enreda en el disfrute de las cosas creadas, al margen de Dios, y aun en contra de Dios.

De esta forma, el hombre no sólo usa, sino que abusa de las cosas, cayendo en la codicia y haciéndose tan vano como las cosas mismas que le tienen atrapado.

Porque somos lo que amamos, dirá san Agustín, parafraseando este texto suyo: “Cada cual es lo que es su amor: amas la tierra, tierra eres; amas a Dios, no me atrevo a decirlo yo, escucha la Escritura: Yo dije: sois dioses e hijos todos del Altísimo”.

Por gracia, Dios nos inspira su amor; por el que podemos, en primer lugar, deleitarnos en sus mandatos y, en segundo lugar, desear y amar lo que nos manda. Así el que ama, no siente el trabajo y, por otra parte, cualquier trabajo resulta pesado para quienes no aman.

Por eso exclamará san Agustín: “Ama, y haz lo que quieras”. Porque de la raíz de la caridad no puede salir sino el bien; así como de la codicia salen todos los males (1 Timoteo 6, 10).

De todo esto se deduce que el camino de la perfección coincide con el camino de la caridad. El progreso en la vida cristiana se medirá por el amor alcanzado a Dios, al prójimo y a uno mismo.

San Agustín dirá: “Caminan los que aman, pues no corremos hacia Dios con nuestros pasos sino con nuestros afectos”.

La perfección cristiana consiste en imitar el amor de Dios o la santidad de Dios, pues son equivalentes: “Sed santos porque Yo soy santo. Sed perfectos como el Padre Celestial es perfecto”, es decir, misericordioso y paciente, que manda la lluvia sobre buenos y malos, que hace brillar el sol sobre justos y pecadores.

Amar a Dios sin medida, por puro amor y sin esperanza de recompensa; y al prójimo como a nosotros mismos, y por amor a Dios: Éste es el camino agustiniano del amor.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos resumen la prioridad del amor en la familia agustiniana: El carisma agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de su Iglesia.

Elemento primordial del patrimonio de san Agustín y de la Orden es la contemplación, que es “vida bajo el amparo de Dios, vida con Dios, vida recibida de Dios, vida que es Dios mismo”; y, también, la entrega total e incondicionada del hombre a Dios.

El agustino recoleto se siente referido a Dios como a fin último y único. El conocimiento y el amor de Dios, sin otra recompensa que el mismo amor, constituyen el ejercicio del “amor casto”, de la contemplación, que es el principal cuidado del religioso en esta vida, y que se convertirá en felicidad perfecta en el reino celestial” (Constituciones, nn. 6, 8 y 9).

A continuación reproduzco una oración usada tradicionalmente para contemplar los sufrimientos y la pasión del Señor y también para expresar los sentimientos de arrepentimiento y dolor de los pecados que han provocado la pasión del Crucificado.

Un dolor no sólo de atrición o afligimiento sino incluso de contrición. La paternidad literaria de la siguiente oración es discutida. Algunos críticos la creen “agustiniana”. Reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones para el octavo día

9. Dios Todopoderoso, que concediste a Rita por medio del Espíritu ser revestida de los sentimientos de Cristo,
– ayúdanos, por intercesión de santa Rita, a practicar la obediencia y el silencio en el seguimiento de tu Hijo en nuestros hogares, y en la vida común.

10. Oh Santo Espíritu, derramado en nuestros corazones,
– concédenos, por intercesión de santa Rita, poder contemplar los sufrimientos de Cristo con tal amor que podamos descubrirlo presente en el dolor de nuestros hermanos a los que tratamos de servir en el hogar y en la comunidad de hermanos.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Aquilino Bocos: “La reforma de la Iglesia es mucho más que los cambios en la Curia romana”

mayo 6, 2019

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Panorámica de la 48 Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, ITVR, Madrid 2019

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“Quizá hemos cultivado una imagen de la Iglesia demasiado idealizada. Sin mancha y sin arruga y, sin embargo, a la vez, es infiel y pecadora”, cuestionó el cardenal claretiano

“El Papa quisiera meter a toda la Iglesia a hacer ejercicios espirituales”

“Bergoglio tiene clara la vía a seguir: caminar juntos (sinodalidad), y una categoría medular, usada en Aparecida, la ‘conversión pastoral’”

“La reforma de la Iglesia es un proceso espiritual y misionero”, recalcó Bocos, quien abundó en que “la reforma, para él (Francisco), es un proceso de crecimiento y, sobre todo, de conversión”

El Papa es uno de los que construyen molinos en medio de un mundo en cambio y en una Iglesia en permanente salida para anunciar la gozosa alegría del Evangelio (…). La opción es por generar procesos y no por ocupar espacios”

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Sólo se construye desde la diferencia, y abriéndose a la universalidad. Es lo que está haciendo el Papa Francisco”. ¿Cuáles son las raíces de la propuesta de reforma del Papa para la Iglesia? ¿Cuáles sus claves?

El cardenal Aquilino Bocos trazó algunas de ellas en una vibrante conferencia que sirvió como cierre a la mañana del viernes en la 48 Semana Nacional para Institutos de Vida Religiosa del ITVR.

En un aula Ángel Herrera abarrotada, el purpurado claretiano colocó Aparecida y el Concilio Vaticano II entre los ejes, sin olvidar que “lo más importante es que es jesuita. Es como si quisiera meter a toda la Iglesia a hacer ejercicios espirituales”, glosó.

¿Por qué es relevante esta reforma? Porque “quizá hemos cultivado una imagen de la Iglesia demasiado idealizada. Sin mancha y sin arruga y, sin embargo, a la vez, es infiel y pecadora”. Y es que, añadió Bocos, “la Iglesia está llamada a una reforma continua porque quienes la integramos y caminamos por este mundo somos limitados y pecadores”.

Caminar juntos, convertirnos juntos

“El Papa Francisco habla de reforma tratando de afrontar los desafíos que experimenta la Iglesia como sujeto evangelizador en un mundo convulsionado por la crisis antropológica, ética, estructural, política y cultural”, así comenzó el padre Aquilino, quien insistió en que Bergoglio “tiene clara la vía a seguir: caminar juntos (sinodalidad), y una categoría medular, usada en Aparecida, la ‘conversión pastoral’”.

“La reforma de la Iglesia es un proceso espiritual y misionero”, recalcó Bocos, quien abundó en que “la reforma, para él (Francisco), es un proceso de crecimiento y, sobre todo, de conversión”. Porque “lo que hay que temer no son las arrugas, sino las manchas”.

Para comprender a Francisco hay que remontarse a Bergoglio, el jesuita, el argentino, el lector de autores como Lucio Gera, Alberto Methol Ferré, Juan Carlos Scannone, o europeos, como Henri de Lubac, Yves M. Congar, Gaston Fossard, Michel Certeau, Hans Urs Von Balthasar y Romano Guardini.

Armonía de las diferencias

Sinodalidad, Concilio, Latinoamérica, alegría, misericordia, conversión, periferias… “La reforma ya se está poniendo en marcha”, declaró Bocos, quien insistió en la necesidad de comulgar con la “armonía de las diferencias”

La creación del Grupo de los 9, en la nueva forma de llevar los Sínodos Eclesiales… la Iglesia ya está “en dinámica de la reforma”. Una reforma en la que el Papa “apuesta por los procesos”.

“El Papa es uno de los que construyen molinos en medio de un mundo en cambio y en una Iglesia en permanente salida para anunciar la gozosa alegría del Evangelio (…). La opción es por generar procesos y no por ocupar espacios”. Esta es la clave de bóveda, junto a la sinodalidad.

Meter a Cristo dentro de la Iglesia

No tanto reformar porque sí, sino “meter a Cristo siempre más dentro de la Iglesia”, y hacer operativos los cuatro principios de ésta: 1) El tiempo es superior al espacio. 2) La unidad prevalece sobre el conflicto. 3) La realidad es más importante que la idea. 4) El todo es superior a la parte.

Sobre estos principios se ha escrito abundante y ampliamente, aplicándolos a la reforma de la Iglesia.

¿Cuál es el papel de la vida religiosa en esta reforma? Involucrarse, ser “levadura en la masa, la de la sal que saborea, la de la aurora que se adelanta al alba y, de pronto, amanece. Sólo quien esté vigilante desde la fe, apreciará que es novedad silenciosa”.

Autorreferencialidad

Como afirma el lema de estas jornadas, “la reforma nos pide ser vino nuevo y odres nuevos”, señaló Bocos. Por ello, es preciso “reconciliarnos con la realidad, que es emergente”, sin “narcisismos y sin caer en la auto-referencialidad”.

“Hemos de ver en cada persona, en cada comunidad, en cada uno de los institutos, el derroche de gracia que el Espíritu ha derramado. Hemos de apreciar el dinamismo misionero que se puede comprobar en los cinco continentes”, subrayó el purpurado claretiano.

Una reforma que “nos urge a priorizar”, a “ensanchar el horizonte, hacer camino y evitar toda tentación a dejarse arrastrar por la cultura del consumismo”.

Una reforma en la que “los religiosos debemos dar prioridad al Evangelio y al Espíritu frente a nuestras cavilaciones; a las personas antes que a las estructuras; a lo carismático más que a lo institucional; al testimonio frente a la irrelevancia; a lo comunitario más que a lo individual; a la calidad por encima de la cantidad; a la profecía frente a la indiferencia; a los procesos antes que al inmovilismo, y al liderazgo de servicio, participativo y misericordioso por encima del gobierno directivo, regulador y eficacista”

Opción por los pobres, vuelta a los raíces

Y, sin duda, una “opción inequívoca e irreemplazable por los pobres”, porque “aludir a la pobreza es señalar el dinamismo más eficaz de la reforma en la Iglesia y en la vida consagrada. Es un punto sobre el que nos sobran palabras y nos faltan hechos”.

“La vuelta a las raíces es lo más revolucionario”, incidió Bocos. “Vivir en las raíces no es remitirse al pasado, sino al núcleo interior donde el presente se proyecta hacia el futuro”.

¿Cuáles son los sueños del Papa sobre la Iglesia? Muchos, según el purpurado, “pero comenzó a caminar, a edificar y a confesar”. Y ahí “tienen un puesto los consagrados con los que cuenta para edificar la Iglesia, para colaborar en el ‘hospital de campaña’ y para que a nadie le falte la luz del Evangelio”.

No sólo una élite

“Quiere ensanchar la tienda porque en ella han de caber todos los hombres y no sólo una élite. Nos necesita capaces de conjugar la profecía, la proximidad y la esperanza en medio del Pueblo peregrino”, resaltó.

“Solemos argumentar: si el Papa pide una Iglesia en salida, los consagrados, en tanto que miembros de la Iglesia, debemos secundar esta invitación. Más que secundar, hemos de adelantarnos”, insistió. “El Papa nos previene de la tentación de la supervivencia, que nos hace reaccionarios y miedosos”.

Las preguntas claves, recalcó Bocos, que nos pide esta reforma siguen siendo: “¿Estamos donde no debíamos estar y sobramos? ¿No tendríamos que estar allí donde las necesidades son más apremiantes y, por lo mismo, lanzarnos en su ayuda?”

Entre todos hacemos la Iglesia

“El Papa nos quiere ver en las periferias no sólo geográficas, sino existenciales”, como hizo Jesús. “En su ministerio no perdió la cercanía con el pueblo, con las multitudes, y con cada persona. Esta es nuestra referencia y nuestra pauta de comportamiento”.

“Entre todos hacemos la Iglesia. Cada uno aporta su diferencia y creamos la polifonía y el poliedro”, subrayó el cardenal, quien recordó que “formamos la Iglesia hombres y mujeres; con distintos carismas y ministerios; Pertenecemos a distintos pueblos y hablamos lenguas diferentes. La diversidad, el pluralismo, no entorpece la armonía. La integración puede resplandecer y hacer gozosa la comunión”.

Liderar la reforma

Para concluir, el padre Bocos animó a la vida consagrada a “liderar la reforma”. “Los procesos que reforman nuestra vida consagrada necesitan líderes que tengan un corazón, como Jesús, pobre, humilde y que se entreguen totalmente a los demás; que se pongan a lavar los pies a sus hermanos y ejerzan de buenos samaritanos. Así será creíble y dará seguridad de que se puede contar con él”.

“La reforma de la Iglesia que plantea el Papa nos lleva a una nueva “evangélica testificatio”. Que la vida consagrada sea un signo que atrae y remueve, un signo que alumbra y guía; un ejemplo de entrega a los demás”.

“Cuidemos el don que se nos ha dado y hagámoslo fructificar para ser: Testimonio de gratuidad y de gratitud; testimonio de fraternidad y de solidaridad y testimonio de anuncio alegre del Evangelio. Se nos ha dado un don para rejuvenecer la Iglesia y para que ésta sea la casa de todos los hombres; donde los pobres se encuentran a gusto; donde asombra la armonía y se goza la comunión y donde se respira la alegría del Evangelio”.

https://www.religiondigital.org/vida-religiosa/Aquilino-Bocos-reforma-Iglesia-cambios-religion-iglesia-reformas-itvr-cardenal-francisco-papa-curia_0_2116288372.html


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