La primavera del Papa apuesta por la desclericalización de las órdenes religiosas

junio 20, 2017

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El Papa Francisco con los cuatrro priores generales de la familia franciscana

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El Papa Francisco quiere que los franciscanos elijan hermanos legos a puestos de autoridad

Les ha pedido que inicien el camino de la unidad de todas las ramas franciscanas

El clericalismo es una señal de falta de fe, una falta de confianza: confianza en Dios, en los demás y, en último término, en uno mismo
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(Cameron Doody).- Del clericalismo a la “menoría”. De la “movilidad ascendente” al deseo de ir el último. Este es el proyecto que el Papa Francisco quiere para la totalidad de las órdenes religiosas, empezando con los franciscanos. Y eso después de que los ministros generales de las cuatro ramas de esta familia religiosa pidieran al pontífice una dispensa para que los hermanos no ordenados puedan asumir puestos de autoridad hasta ahora reservados a sacerdotes.

“Le hemos solicitado formalmente una dispensa… (que) permitiría que los hermanos legos (no clérigos) pudiesen ser guardianes de una fraternidad local, provinciales e incluso ministro general. Todos los roles de servicio en la Orden”.

Así es como Michael Perry, ministro general de la orden de los Frailes Menores, resumió la petición que hizo al Papa a principios de abril, junto con los ministros generales de los Conventuales, los Capuchinos y de la Tercera Orden. Una propuesta que entusiasmó completamente al obispo de Roma, añadió Perry, quien “con nosotros está estudiando las posibilidades de llevar este proyecto a cabo”.

Y es que ahora, en una nueva entrevista con CNS, Perry ha dado más detalles sobre qué ha motivado esta petición de los franciscanos, y sobre cuáles serían las implicaciones para el liderazgo, la autoridad y el gobierno en la Iglesia entera en caso de que la propuesta finalmente recibiera el visto bueno.

En su raíz, explicó el padre Perry, la petición parte de una preocupación por saber qué significa el liderazgo entre las comunidades franciscanas. “¿El liderazgo trata de organizar las cosas de tal forma que uno tiene control absoluto sobre todo?”, se preguntó. “¿O acaso se trata de empoderar a la gente para que haya sinergia, una confluencia de todas las fortalezas que tiene una comunidad?”.

Tiene que ser claramente la segunda de estas opciones, matizó, y eso aun preservando la identidad del ministerio ordenado. La propuesta al Papa, aclaró, “no busca retar a la autoridad espiritual o al papel del pastor. Más bien, busca liberar al pastor para que se pueda fijar en las ovejas y no se tenga que preocupar por las puertas y las vallas”.

Se trata, en fin, de realizar el ideal del liderazgo soñado por el propio Poverello de Asís, quien tampoco fue clérigo sino un humilde laico. La propuesta franciscana, relató Perry, es la de realizar entre todos los hermanos, ordenados o no, el ideal de “menoría”: el de no querer “subir”, sino “bajar”. El espíritu de esta “menoría” es opuesto diametralmente al clericalismo, según lo retrató Perry.

El clericalismo, dijo el religioso, “es un impulso hacia arriba como si la movilidad ascendente ofreciera algo: alguna seguridad y garantía de la fidelidad, una manera de controlar a la gente de modo que permanezca fiel a la verdad”. En cambio, “los franciscanos no lo concebimos (el liderazgo) de esta forma”, añadió.

Y es más: según Perry, “el clericalismo es una señal de una falta de fe, una falta de confianza: confianza en Dios, en los demás y, en último término, en uno mismo”. Un modelo que, en fin, no solo “ha pisoteado” la dignidad, dones, habilidades y llamado al servicio de todos los bautizados, sino que, a veces -y lejos de estimular los talentos- “ha premiado la ineptitud”.

Massimo Faggioli, historiador de la Iglesia y profesor de teología en la Universidad de Villanova, subrayó a CNS lo que está en juego en la propuesta de los franciscanos de que los hermanos legos asuman cargos de responsabilidad en las cuatro órdenes.

Si el Papa les concede la dispensa, dijo, “señalaría a la Iglesia entera un cambio, en el sentido de una desclericalización de las órdenes religiosas y una vuelta a la inspiración original de sus fundadores”. El padre Perry coincide en semejante apreciación al considerar que la visión del Poverello constituye un reto para la Iglesia entera.

“San Francisco de Asís llamó a un nuevo modelo”, explicó por último el religioso. “Un modelo que no desafiaría de ninguna de las formas la naturaleza de la Iglesia y los diferentes roles que hay en ella, sino que le recordaría que todos estos están al servicio de algo más alto, algo más grande”, sentenció.

La desclericalización al servicio de la unificación franciscana

Además de servir como modelo para la Iglesia universal, el impulso que la familia franciscana está dando a la desclericalización puede ayudar incluso a unificar a las cuatro ramas que actualmente la compone. Eso es lo que se desprende de los comentarios que realizaron Perry y sus hermanos ministros generales a Radio Vaticana justo después de su audiencia con el Papa a principios de abril.

Por su parte, el responsable de la Tercera Orden Regular, Nicholas Edward Polichnowski, declaró que el Papa les dijo a los cuatro ministros generales que “necesitamos un sentido de unificación. En la familia franciscana ahora estamos haciendo sólo un movimiento en esa dirección”.

Este paso hacia la unidad solo ha resultado posible en este pontificado, añadió, ya que “antes, los frailes menores, los conventuales, los capuchinos y la Tercera Orden, eran independientes entre sí”. Ahora, precisó, “con el Papa Francisco se vive una visión, se vive una atmósfera de unificación, bajo la acción de la misericordia”.

En sus declaraciones el padre Perry especificó en qué han consistido las diversas iniciativas hacia la unificación que Francisco está inspirando a las cuatro órdenes franciscanas.

“En primer lugar, estamos en un proceso de reunificación de la Universidad Franciscana de Roma”, recordó el ministro general de los Frailes Menores. “Luego hay otros proyectos para la comunión en la Tierra Santa y otros lugares”, y el diálogo que los diferentes responsables mantienen “varias veces al año con el fin de fortalecer y hacer hincapié en la dimensión de comunión entre nosotros”.

Tal es el estímulo que el Papa Francisco ha dado a los franciscanos para que trabajen por la unidad que, según el ministro general de los capuchinos, Mauro Johri, los frailes mismos han invitado al Papa a reunirse con ellos este año para la conmemoración de la aprobación de su Regla, el próximo 29 de noviembre.

“Sobre todo porque este año se recuerda la bula Ite vos que buscaba la unificación y provocó la separación”, señaló Johri. “Y nosotros queremos recordar aquel evento haciendo un camino, al contrario, el de la unión”.

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¡Cuídense de los sacerdotes y congregaciones sin sabor!, advierte el Papa Francisco

junio 13, 2017

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¡Cuídense de los sacerdotes y congregaciones sin sabor!, advierte el Papa Francisco a los Dominicos

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¡Cuídense de los sacerdotes y congregaciones sin sabor!, advierte el Papa Francisco

Por Miguel Pérez Pichel

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VATICANO, 21 Ene. 17 / 11:55 am (ACI).- “¡Cuidado con una Iglesia que pierde el sabor! ¡Cuidado con un sacerdote, un consagrado o con una congregación que pierde el sabor! ¡Cuidado con la sal que pierde el sabor!”, advirtió el Papa Francisco durante la Misa por los 800 años de la Orden de Predicadores (dominicos), porque “si la sal pierde su sabor, no sirve para nada”.

El Santo Padre realizó esta advertencia en la homilía de la Misa que celebró en la Basílica de San Jjuan de Letrán, catedral de Roma, con motivo de la clausura del Jubileo de los Dominicos por los 800 años de la confirmación de la Orden de Predicadores, fundada por Santo Domingo de Guzmán, por parte del Papa Honorio III.

En su homilía, el Santo Padre advirtió contra el “carnaval” de la curiosidad mundana. El Pontífice recordó cómo “Pablo advierte a Timoteo que deberá anunciar el Evangelio en medio de un contexto donde la gente busca siempre nuevos ‘maestros’, ‘fábulas’, doctrinas diversas, ideologías”. Ese, explicó, “es el ‘carnaval’ de la curiosidad mundana, de la seducción”.

“La Palabra de Dios nos presenta hoy dos escenarios humanos opuestos –destacó Francisco–: por una parte, el ‘carnaval’ de la curiosidad mundana, por otra, la glorificación del Padre mediante las obras buenas. Y nuestra vida se mueve siempre entre estos dos escenarios”. El Papa explicó que “también Santo Domingo, con sus primeros hermanos, hace ochocientos años, tenía que moverse entre estos dos escenarios”.

“Es interesante ver cómo ya entonces, hace dos milenios, los apóstoles del evangelio se encontraban ante este escenario, que en nuestros días se ha desarrollado mucho y globalizado a causa de la seducción del relativismo subjetivista”.

“La tendencia de la búsqueda de la novedad propia del ser humano encuentra el ambiente ideal en la sociedad del aparentar, del consumo, en el cual, muchas veces, se reciclan cosas viejas, pero lo importante es hacerlas aparecer como nuevas, atractivas, seductoras. También se enmascara la verdad. Nos movemos en la así llamada, ‘sociedad líquida’, sin puntos fijos, desordenada, sin referencias sólidas y estables, en la cultura de lo efímero, del ‘usar y tirar’”, señaló.

“Ante este ‘carnaval’ mundano, destaca el escenario opuesto que encontramos en las palabras de Jesús que hemos escuchado: ‘Glorifiquen al Padre que está en el Cielo’. ¿Y cómo se da este paso de la superficialidad, casi afectuosa, a la glorificación? Se da gracias a las buenas obras de aquellos que se hacen discípulos de Jesús y se han convertido en sal y luz. ‘Así debe brillar ante los ojos de los hombres’, dice Jesús, ‘la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus obras buenas y glorifiquen al Padre que está en el Cielo’”.

“En medio del ‘carnaval’ de ayer y hoy, esta es la respuesta de Jesús y de la Iglesia. Esta es la base sólida en medio del ambiente ‘líquido’, las buenas obras que podemos realizar gracias a Cristo y a su Santo Espíritu, y que hacen nacer en el corazón el agradecimiento a Dios Padre, la alabanza, o al menos la maravilla y la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué esta persona se comporta así? La inquietud del mundo ante el testimonio del Evangelio”.

“Para que este ‘terremoto’ tenga lugar se necesita que la sal no pierda el sabor y la luz no se esconda. Jesús lo dice muy claramente: Si la sal pierde su sabor, no sirve para nada.

“Hoy damos gloria al Padre por la obra que Santo Domingo, lleno de la luz y de la sal de Cristo, realizó hace 800 años. Una obra al servicio del Evangelio, predicada con la palabra y con la vida; una obra que, con la gracia del Espíritu Santo, hizo que muchos hombres y mujeres hayan recibido ayuda para no dispersarse en medio del ‘carnaval’ de la curiosidad mundana”.

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¿CÓMO Y QUÉ ORA UNA JUNIORA Y UN JUNIOR DE NUESTRO TIEMPO?

mayo 25, 2017

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Luis Alberto González, cmf.

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¿CÓMO Y QUÉ ORA UNA JUNIORA Y UN JUNIOR DE NUESTRO TIEMPO?

Por Luis Alberto Gonzalo

Lo primero que a uno le viene a la cabeza es la necesidad de preguntar a quien en sus carnes vive con 20 ó 25 años su camino espiritual en la vida religiosa. Lo segundo releer los planes de formación de nuestras congregaciones y descubrir, una vez más, que «el deber ser», cada vez más, tiene menos que ver con la realidad de nuestro tiempo. Lo tercero es pensar en nuestras comunidades como escuelas de espiritualidad. ¿Qué frescura, qué novedad, qué vida es la que ora y comparte la vida religiosa adulta como pedagoga de las nuevas generaciones?

Hace un tiempo en la revista Vida Religiosa hacíamos una entrevista al Cardenal Lacunza (1), Obispo de David en Panamá. Este agustino recoleto de más de setenta años, nos reconocía que a pesar de tanta renovación, en la vida religiosa seguimos orando como hace 30, 50 ó 70 años. Y además afirmó sin dudarlo que «el joven no se asusta de orar, pero sí de repetir rezos».

Ingenuamente hemos podido pensar que renovando el entorno y las formas, también aprenderíamos a dirigirnos personal y comunitariamente a Dios como hombres y mujeres de nuestro tiempo. La verdad, sin embargo, es que los ritmos oracionales de las comunidades de vanguardia y misión, que somos nosotros, son ritmos y, a veces, contenidos, de ayer.

La persona queda al margen, con su «otra vida». El crecimiento y convencimiento; la adhesión y la fraternidad, entonces, se transforman en funcionalidad. Un momento, la mañana y la noche, que jamás empapa el día.

En las primeras páginas de su libro, Esto no es un diario, Sygmunt Bauman afirma: «Las cosas fluyen demasiado deprisa como para que propicien esperanza alguna de darles alcance. Por eso las cartas no me deparan ya ningún tema nuevo de estudio, ningún objeto original para un análisis en profundidad que le haga verdaderamente justicia. Y no es ni mucho menos porque escaseen los conocimientos disponibles para tal tarea, sino justamente por lo contrario: porque son tantos que superan y desafían todo intento de mi parte por absorberlos y digerirlos (2)».

Comprenderán que si a él  le supera la pluralidad, a nosotros a la hora de pensar y organizar qué ora, y qué expresa un joven o una joven que está en sus primeros años de vida religiosa, no va a ser menor el vértigo.

Por eso, con temor y temblor, nos acercamos a estas generaciones anónimas (cada uno, cada una y su mundo), plurales (interculturales), nuevas (plenamente del siglo XXI), sin padre (de un patrón cultural y religioso abierto) y sin herencia (quieren hacer su historia y no desarrollar lo que se encuentran).

(Nos acercamos a) aquellos que se han encontrado con un Dios concreto que los ha mirado con amor y ha bastado esa mirada para una experiencia antropológica de primera magnitud: El “Dios llamada” los ha hecho nuevos y posibles, no se fijó en sus heridas, sino en su capacidad de amar, y para amar.

Estos jóvenes de tantos lugares recónditos de nuestro planeta no responden siquiera al tradicional punto de encuentro de nuestras congregaciones. Es cierto que nuestras presencias, con el paso de los años, fueron creando también cadenas de entradas… pero muchos no han tenido nada que ver con nosotros ni con nuestras familias. Algunos se han tropezado con la congregación que hoy somos. Es otra manifestación más del milagro vocacional de Dios.

Además, estamos reconociendo en esos jóvenes, llegados a nosotros a «cuenta gotas», una especial capacidad para la intergeneracionalidad. Llegan a carismas y comunidades que encarnamos quienes podríamos ser sus padres o abuelos… y aprenden a llamarnos hermanos. Aunque también percibimos que no siempre lo sienten.

La generación del nuevo milenio

La denominada generación «Y» está integrada por algo menos de ochenta millones de jóvenes en el mundo. Se dice que, en conjunto, son entusiastas y dinámicos. Es de suponer que ni todos entusiastas, ni todos dinámicos. Entre ellos, muy pocos dan el paso hacia la vida religiosa. Los que lo hacen, traen los rasgos que comparten con sus contemporáneos. Esta realidad afecta su modo de orar y la integración del principio espiritual en la construcción de su persona (3).

¿Qué define a nuestros juniores de la, denominada, generación «Y»?

Lo primero que llama la atención es que gozan de mucha energía, lo cual es una virtud que se convierte en desventaja porque tienen dificultades para saber esperar. Los procesos formativos de crecimiento espiritual les resultan lentos y sin novedad. Es, obviamente, un problema para entender esa cadencia silenciosa y lenta mediante la cual Dios se «desvela» como posibilidad real para la propia vida.

Valoran el tiempo y necesitan que se ocupe en «cosas importantes», en aquello que resulta resonante y se convierte en acontecimiento para su vida. No siempre lo que es importante para ellos, lo es para la comunidad muy «madura» con la que conviven.

Una vez más el contraste de estructuras forjadas en «grandes relatos» aparentemente inamovibles, choca con la experiencia personal informada por el «microrrelato» o acontecimiento en el que la juniora o junior, siente que tiene que estar, participar o vivir.

No se conforman con las cosas como están, ni con los ritmos que les ofrecemos. Han nacido ya en contextos de posibilidad y saben que se pueden cambiar las cosas. Este aspecto es muy importante. La vida religiosa es una «sociedad a la que le cuesta cambiar», tiene historia y resultados en la historia.

Esta generación encarna no solo el cambio de paradigma, sino que con sus cuestionamientos, sabe que lo está cambiando. Participan del cambio y además conocen que son la expresión del mismo. Ya nada es seguro, ni firme, ni definitivo.

Este clamor de «cambio» no se hace más fuerte o expresivo fundamentalmente por dos razones. Una, la presencia, casi unipersonal de los jóvenes en los lugares con historia –Europa y algunos lugares de América– y, dos, las promociones numerosas se sitúan, sin embargo, en «zonas jóvenes» de los carismas como son Asia y África.

No se atan ni a un estilo, ni a unas formas, ni a un modo de proceder. Albergan tantas posibilidades como circunstancias cambiantes tiene la vida y estados de ánimo en una jornada.

Forma parte de su ADN las nuevas tecnologías, éstas contribuyen de una manera «desconcertante» a su entramado espiritual y vital. Aquellos principios de crecimiento espiritual que subrayan los proyectos de formación en los cuales se significaba el silencio, la capacidad para la concentración y la ruptura con los espacios y círculos de procedencia, están fuertemente cuestionados.

Hoy, los juniores en la vida religiosa, son jóvenes de sus generaciones fuertemente relacionados y vinculados. Conviven con la comunidad espiritual, con otras comunidades virtuales de pertenencia fuertes en el sentimiento, aunque fragmentadas en la intensidad.

Los conceptos habituales de silencio, concentración «mundo aparte» se han transformado. No se sienten descentrados por los ruidos, interrupciones, interferencias, sonidos… El teléfono móvil con sus vinculaciones en las redes es «una extremidad más» que, según nos dicen, no descentra su atención e incluso es una posibilidad de intercesión.

El concepto de formalidad, orden y apariencia también es nuevo. Trastoca los cánones de estabilidad en los que se encuentran cómodas nuestras instituciones. La estética oracional es importante, pero es otra estética y, además, para ellos muy importante, casi sustancial. No niegan la historia, pero necesitan verla en un hoy en el que se saben protagonistas.

Estos y, sin duda, muchos más rasgos son los que definen a estos hombres y mujeres que están aprendiendo a ser personas, creyentes y consagrados entre nosotros. Se podrían apuntar más, los descritos, sin embargo, creemos que son los que de manera sustancial nos indican qué oran y cómo oran los juniores.

La cordialidad, el misterio y la autobiografía

Cuando le preguntaba a un junior sobre sus razones poco razonables en las que apoyaba su espiritualidad, me dijo que estaba «agradecido a una cierta comunión entre los religiosos jóvenes que buscan una espiritualidad que pone su énfasis en lo cordial, en lo afectivo».

Y lo apoyaba en los puntos de encuentro en los que se ve, con sus conocidos y amigos, reconocido y confortado. Son mociones en las que sitúan su crecimiento personal y espiritual, en el que no hay tanta ruptura o fragmento como proyectamos quienes hablamos sobre ellos.

La cuestión autobiográfica se hace muy presente. Lo que nos dice por un lado que son de esta era y, por otro, que lo que viven es real. No solo quieren que la experiencia de fe recorra su interior, sino que lo haga sanando, curando, comprendiendo y amando.

Es complicado hacer una aproximación general, no siempre encuentran en nuestros itinerarios congregacionales el bálsamo que comprenda e integre aquellas heridas con las que también fueron llamados o llamadas. El paradigma se hace más palpable en Magdalena que en el «discípulo amado» porque en ella –al menos para ellos– es más evidente el gesto de sanación.

Coinciden con sus contemporáneos en el atractivo por el misterio. Lo alternativo, el contrapunto. Necesitan «pisar lugar sagrado» y gustan de hacerlo evidente, sensible y respirable. Eclesiológicamente nos dan una noticia veraz de la circularidad en el seguimiento donde las vocaciones se complementan desde el encuentro y no desde la distancia o diferencia.

Vocacionalmente les viene bien rezar con otros, compartir, escuchar y ofrecer testimonio. Su espiritualidad es de misión compartida, porque su vida también es compartida. Vienen «programados» para otro tipo de presencia en medio de sus contemporáneos, más sensible, abierta y sin necesidad de enseñar.

El anonimato y la originalidad

Son hijos de este tiempo y, por ello, el anonimato y la subjetividad son su tarea fundamental en los primeros años de la vida religiosa. Ambos, anonimato y subjetividad, pueden transformarse en originalidad y, por supuesto, en fidelidad creativa. Necesitan, para ello, acompañamiento y diálogo, aspectos éstos, para los que no vienen tan programados, ni las congregaciones tenemos suficiente arte –léase tiempo, destrezas, personas y paz– para escuchar y acoger.

Todavía pesa demasiado una tendencia industrial en los procesos de acompañamiento espiritual de los jóvenes que se acercan a las congregaciones, cuando, en verdad, estamos hablando de un trabajo artesano, cuidado, único y personal.

Creemos que la acogida de la originalidad de estos jóvenes es la clave de una nueva espiritualidad de toda la familia religiosa. La noticia carismática para este presente de nuestra congregación nos la traen ellos, no se la ofrecemos nosotros.

El por dónde, las raíces que nos identifican y nutren, las descubrimos en cada uno de ellos y cada una de ellas, cuando, con riesgo, dejamos que se encarnen en sus formas, su historia y su particular acento sobre qué es lo sustancial en la congregación para este hoy.

La comunidad, la belleza y la acogida

Está claro que el qué, lo descubrimos dejándonos interpelar por sus signos y silencios. En cuanto al cómo, nos van dejando la noticia de lo que necesitan por sus adhesiones o sus ausencias. Conectan más –y es un valor intercultural– con la fragilidad oriental que con el racionalismo occidental; prefieren estructuras oracionales que se identifiquen con el ritmo de la vida o de la madre tierra, más que aquellas devocionales con carga de historia, que a ellos simplemente les suena a pasado.

Necesitan ser los protagonistas del ritmo, expresan porque lo necesitan más que recitar algo porque toca, corresponde o está mandado. Por más que lo intenten, les asusta lo que se queda en reiteración, todo igual, independientemente de cómo te encuentres, porque para ellos el estado de ánimo es sustancial.

Hace años el Hermano Alois de Taizé comentaba cómo era la propuesta oracional para los jóvenes en la comunidad ecuménica. Decía él que cuidaban, sobre todo, tres aspectos: ofrecer la pluralidad de la comunidad, transformar la liturgia de la Iglesia ofreciendo la belleza de un ritmo accesible, y acoger a cada joven como llega, sin pregunta sobre su historia, para que su historia entre a formar parte de la oración de la comunidad.

Nos parece que estos tres aspectos conectan bien con las necesidades de un junior y juniora de nuestro tiempo a la hora de comprender qué oran y cómo lo hacen. Necesitan encontrarse en el camino plural y complementario de la comunidad. Escuelas muy personales o estilos muy marcados conducen a una suerte de identificación impostada en la que la propia identidad se queda al margen. Necesitan pluralidad de caminos como contienen nuestros carismas. Si no, no se da la sedimentación de una espiritualidad personal.

En segundo lugar, el cuidado de las estructuras y momentos de crecimiento espiritual exige una creatividad y riesgo tan dinámico como son sus vidas. No solo los juniores necesitan una oración comunitaria menos idéntica en sus ritmos, toda la congregación la necesita. Hemos de ser innovadores y abrir espacios en los que se atienda la situación de las personas, se escuche el entorno, se convierta en oración la vida donde está inserta la comunidad.

Tenemos que volver a una pedagogía comunitaria de empezar de nuevo, con nuevas palabras y canciones también nuevas, de manera que se dé la unidad de lenguajes entre la normalidad de la vida y la liturgia. Necesitan los jóvenes poder expresar a Dios lo que en verdad viven y son y oír que también quienes llevamos años en la vida religiosa lo hacemos, y sentir –porque para ellos es sustancial– que Dios circula por sus venas sanando, queriendo y acogiendo.

En tercer lugar, su oración es sincera. Saben que cuando Dios los mira con amor los recrea y les dice «puedes empezar de nuevo». Necesitan oírlo en las celebraciones que con ellos tenemos, en los ritmos de crecimiento y en el cuidado espiritual. Necesitan saber de su congregación que tiene fe y cree en el cambio, que también cree en ellos como son y como fueron.

1 Gonzalo Díez, L. A., Abramos las estructuras… el joven no se asusta de orar, pero sí de repetir rezos en VR (2015) n.3. vol.119.101-106.

2 Bauman, Sygmunt, Esto no es un diario, Paidós, Barcelona 2012.13.

3 He querido tener presente, aunque solo como provocación, lo que se dice de esta generación y lo que algunos de esta generación dicen de sí mismos o sí mismas a la hora de «desvelarnos» las raíces de su espiritualidad. Así, expresamente he escuchado y leído a algunos de nuestros juniores –a quienes agradezco su disponibilidad y sinceridad– y me he acercado a algunos textos, entre ellos, recomiendo: Schawbel, Dan, Yo 2.0, Random House Mondadori, Barcelona 2011. ISBN: 878-84-939145-1-6. [Ed. Digital].

https://vidareligiosa.es/3694-2/

 


Novena a Santa Rita de Casia (6), 18.5.17

mayo 18, 2017

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DÍA SEXTO

RITA, MONJA AGUSTINA DE CLAUSURA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Después de tres negativas y mientras estaba orando durante la noche, se le aparecieron los santos protectores san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino y la transportaron por los aires, dicen las crónicas, hasta introducirla en el convento de Santa María Magdalena.

Al amanecer, la comunidad entera comprobó el hecho milagroso y decidió aceptarla para no oponerse a los designios divinos.

Contaba Rita 36 años de edad; había vivido mucho en poco tiempo; había llenado de Dios todos los momentos y experiencias de su vida en el siglo.

Ahora comenzaba su última etapa: la vida en el claustro como religiosa de clausura, enteramente consagrada y sumisa a Dios como único amor.

Cuenta la historia que tan pronto como Rita vistió el hábito de agustina, se dedicó con todas sus fuerzas a la práctica de las virtudes como esposa de Cristo. Su hábito le recordaba que debía revestirse de los sentimientos de su esposo Jesucristo.

Todo lo mundano, ahora más que nunca, se quedaba atrás. Estaba muerta al mundo: su hábito negro era para ella como una mortaja permanente que le recordaba su condición de religiosa, muerta al mundo pero viva para su Esposo Jesucristo.

Dicen los biógrafos que vivió el año de probación, más que como novicia, como verdadera maestra en la vida espiritual y religiosa. Al final del noviciado, fue admitida a la profesión de los votos: pobreza, castidad y obediencia, para vivir en comunidad.

Se cuenta que ese día tuvo un éxtasis durante el cual vio una escalera que ascendía desde la tierra hasta el cielo; en la cima se hallaba Jesucristo, quien la invitaba a subir hasta el último peldaño de la santidad y la perfección.

Como en los demás estados de su vida, Rita practicó la perfección cristiana, llegando a ser modelo de religiosa. La tradición atribuye a Rita hechos portentosos que demuestran su virtud y santidad.

Así encontramos a Rita regando todos los días y durante años un tronco de vid totalmente seco. Rita obedecía ciegamente las órdenes de la priora hasta que sucedió el milagro: el tronco seco germinó.

Se cree que se trata de la parra antiquísima que aún existe en el convento de Casia. Así, de forma milagrosa, se resalta la santidad, la obediencia y la fe ciega de Rita.

Otro de los prodigios que caracterizan a santa Rita es el de la estigmatización. Ya en el siglo, Rita profesaba un amor entrañable a Cristo en el misterio de su pasión.

Ahora, en el convento, cuentan sus biógrafos que Rita, después de escuchar un sermón sobre los padecimientos de Cristo un viernes santo, quedó tan impresionada que llegó a derramar copiosas lágrimas de compasión y ternura por su adorable Jesús.

Después, se fue al coro bajo del convento, se postró ante una imagen de Cristo crucificado y se puso a considerar el inmenso dolor que sentiría Jesús al ser coronado de espinas y el amor tan grande que nos demostraba en su pasión. Abismada en este ejercicio piadoso, suplicó al Señor se dignase hacerla participante de aquel sufrimiento.

Entonces, se iluminó la corona de espinas del Crucificado y se desprendió de la corona una espina que vino a clavarse en la frente de Rita, produciéndole un dolor tan intenso que se desplomó desvanecida.

Esta herida resultó incurable y además despedía mal olor, causando por tanto repugnancia en la comunidad. Por eso, Rita vivía como recluida de las demás religiosas.

Esta espina acompañó a Rita los últimos quince años de su vida, produciéndole constantes dolores muy agudos, así como marginación y soledad respecto de sus hermanas. Y seguramente también comentarios impertinentes y aun malévolos.

Sólo una vez pidió Rita la curación de su herida, pero no su curación total. Fue para poder viajar a Roma y ganar el jubileo del año santo en el 1450. Pero al regresar al convento le reapareció la llaga que ya nunca curaría.

Cuatro años antes de morir, el Señor la quiso purificar por una enfermedad que la postró en cama hasta su muerte. Fue la culminación de una vida de sufrimiento y de gozo en Dios. En esta postrera enfermedad, Dios la confortó con celestiales deleites y su alma se derretía en el santo amor de Dios y del prójimo.

Rita repetía frecuentemente: “Quiero morir para vivir en Cristo”. Dios la consolaba, y a la vez realizó signos milagrosos para demostrar a todos la santidad de Rita y su predilección por ella.

Cuenta la historia el milagro de las rosas y de los higos que, en pleno invierno, aparecieron milagrosamente en el huerto de Rita en Rocaporena, su pueblo natal.

Tanto las rosas como los dos higos fueron llevados hasta el lecho de Rita que estaba postrada, próxima a la muerte. Rita exclamó: “!Qué bueno es el Señor!”. Pues consideraba el milagro como un gesto de inefable consolación divina.

La rosa se mantuvo largo tiempo fresca despidiendo un intenso perfume que llenaba todo el convento. De ahí viene la costumbre de bendecir las rosas de santa Rita para aplicarlas de diversas maneras a los enfermos.

Por eso, santa Rita es conocida como “la Santa de las rosas”. La bendición de rosas se realiza el día de su fiesta, el 22 de mayo.

Cuenta la tradición que Rita experimentó un éxtasis al ser visitada y consolada por Jesucristo y la Santísima Virgen, poco antes de morir. Después del éxtasis, llamó a la comunidad para despedirse, les pidió perdón por cuanto las hubiera ofendido, y después de recibir los sacramentos les dijo: “Adiós, madre y hermanas mías, quédense en paz”, y expiró.

Era el 22 de mayo del año 1457. Contaba Rita 76 años de edad y 40 de vida religiosa.

Inmediatamente después de su muerte comenzaron a suceder prodigios: las campanas del convento y las de todo el pueblo comenzaron a repicar a gloria sin que nadie las tocara, por sí solas. Un extraordinario resplandor inundaba la habitación donde había muerto Rita. La herida de la espina y todo su cuerpo despedían un suavísimo aroma que se difundía por todo el convento.

Riadas de gentes acudían a presenciar estos signos, y el cuerpo de Rita no presentaba síntomas de descomposición, sino todo lo contrario, se conservaba fresco y flexible, exhalando un aroma muy agradable.

A los tres días comenzaron las curaciones milagrosas de ceguera, parálisis, deformaciones físicas, sordera, mudez, etc. De ello dan fe las actas del proceso de beatificación. Son innumerables los prodigios atribuidos a santa Rita, desde entonces hasta nuestros días.

De ahí que la Iglesia, por medio del papa Urbano VIII, la reconoció como beata, y así mandó venerarla el año 1628. Y el papa León XIII la incluyó entre los santos el año 1900.

La devoción a santa Rita es una de las devociones más extendidas en toda la cristiandad. Su espiritualidad característica es haber santificado todos los estados de la vida humana por los que ella pasó, que prácticamente fueron todos. Practicó, sobre todo en el convento, la obediencia y la penitencia.


5. Lecturas bíblicas

Jesús vivió totalmente consagrado al Padre. Su alimento era cumplir la voluntad del Padre. No tenía otra aspiración sino buscar la gloria del Padre, por eso no tenía dónde reclinar su cabeza. Pasó haciendo el bien a todos, obediente hasta la muerte y muerte de cruz.

Vivió la consagración religiosa como nadie la ha vivido ni la vivirá jamás: pobreza, castidad y obediencia, en medio de sus hermanos.

Cristo, hoy como ayer, llama a jóvenes generosos para que le imiten y sigan:

El joven le dijo: “He guardado todos esos mandamientos, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda a vender todo lo que posees y dáselo a los pobres, así tendrás una riqueza en el cielo, y luego vuelves y me sigues”. Cuando el joven oyó esta respuesta, se fue triste porque era muy rico (Mateo 19, 20-22).

A la vez, Jesús reivindicó la legitimidad del matrimonio cristiano y también la gratuidad de la vida religiosa: Se le acercaron unos fariseos y le preguntaron:

“¿Está permitido al hombre despedir a su esposa por cualquier motivo?” Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador en el principio, los hizo hombre y mujer y dijo: el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán los dos uno solo? De manera que ya no son dos, sino uno solo.

Pues bien, lo que Dios ha unido, el hombre no debe separarlo… Por lo tanto, yo les digo que el que despide a su mujer y se casa con otra, es adúltero, y el que se casa con la divorciada es adúltero también”.

Los discípulos dijeron: “Si ésa es la condición del hombre con la mujer, más vale no casarse”.

Él les contestó: “No todos comprenden lo que acabo de decir, sino solamente los que reciben este don. Hay hombres que nacen incapacitados para casarse. Hay otros que fueron mutilados por los hombres. Hay otros que, por amor al Reino de los cielos, han descartado la posibilidad de casarse. ¡Entienda el que pueda!” (Mateo 19, 3-6.9-13).

Desde el principio, la Iglesia entendió muy bien esta novedad cristiana. Así san Pablo nos dice:

En cuanto a las vírgenes, no tengo ningún mandato especial del Señor, pero les puedo dar consejos y pienso ser, por la misericordia del Señor, digno de confianza. Esto me parece bueno a causa de los tiempos difíciles en que vivimos; me parece bien que el hombre se quede así.

Si estás ligado a una mujer no trates de separarte. Si no estás ligado, no busques mujer. Si te casas, no cometes pecado. Y la joven que se casa tampoco comete pecado.

Sin embargo, los que se casan tendrán serias dificultades que superar, y yo quisiera evitárselas. Lo que quiero decir, hermanos, es esto: el tiempo se hace corto.

Por eso, pues, los que están casados vivan como si no tuvieran esposa; los que lloran como si no lloraran; los que están alegres como si no estuvieran alegres. Que los que compran algo se porten como si no lo hubieran adquirido, y los que gozan la vida presente, como si no la gozaran; porque todo esto pasa y se descompone la figura del mundo.

Yo los quisiera ver libres de preocupaciones. El hombre que se queda sin casarse se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradar al Señor. Al contrario, el que está casado se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposa, y está dividido.

Así también la mujer sin marido y la que no se casa, se preocupa del servicio del Señor, y le consagra su cuerpo y espíritu. Al contrario, la casada se preocupa de las cosas del mundo y tiene que agradar a su esposo.

Esto lo digo para su provecho, no quiero ponerles trampas sino llevarlos a una vida más noble y que estén unidos al Señor enteramente… La mujer está ligada mientras vive su marido. Si éste muere, ella queda libre de casarse con quien desee, siempre que sea un matrimonio cristiano.

Pero será más feliz si permanece sin casar según mis consejos. Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios (1 Corintios 7, 25-40).

6. Consideraciones bíblico-teológicas sobre la vida religiosa

La vocación religiosa es una moción de la gracia divina por la que el cristiano es referido por un título nuevo y peculiar al servicio de la Iglesia y a la gloria de Dios. Esta relación y este título nuevo peculiar son una consagración, mediante la cual el Señor vincula más íntimamente consigo a los llamados a la vida religiosa.

La llamada y consagración comprometen al religioso a la entrega total a Dios, a la imitación y al seguimiento más libre y más radical de Cristo, viviendo más para Él y para su Cuerpo que es la Iglesia.

Esta consagración, que radica íntimamente en la consagración bautismal y la expresa con mayor plenitud, se realiza en la profesión de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia vividos en comunidad.

La profesión de los consejos evangélicos es la respuesta de la persona consagrada al amor de Cristo, virgen, pobre y obediente hasta la muerte. Es un más libre alistamiento en sus filas, y una más plena configuración con Él.

No es obstáculo para el desarrollo de la persona, sino que por su naturaleza favorece en gran manera tanto al individuo como a la sociedad y a todos manifiesta los bienes celestiales, presentes incluso en esta vida.

La vida consagrada es la proclamación visible de la supremacía de los valores espirituales y transcendentes, por la renuncia a ciertas realidades legítimas, pero esencialmente ligadas a la condición pasajera del hombre en este mundo.

Este género de vida proclama que el Reino de Dios merece todos los sacrificios y renuncias y reconoce que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que estamos en marcha hacia la Jerusalén Celestial, la realidad definitiva adonde todos estamos llamados.

Éste es el gran mensaje evangelizador de la consagración religiosa al vivir la radicalidad cristiana o al vivir la radicalidad por el Reino de los Cielos. Los consagrados son signos vivientes del Reino, hacia donde caminan todos los bautizados.

Dentro de la vocación religiosa, lo que más suele llamar la atención es precisamente la virginidad y el celibato por el Reino de los Cielos. La castidad perfecta por el Reino de los Cielos es un don eximio de la gracia. Por la castidad perfecta el religioso ofrece íntegramente el cuerpo y el espíritu, toda la capacidad afectiva y el deseo natural de amar y sentirse amado en unión conyugal.

La castidad es un sacrificio que deja libre el corazón para dedicarlo a las cosas de Dios, hace posible la vida común en el convento y, en consecuencia, da al religioso y a la religiosa, ya sean de vida activa o de vida contemplativa, plena disponibilidad para el servicio y amor al prójimo.

Los religiosos profesan la castidad perfecta y perpetua, no porque menosprecien la dignidad del matrimonio cristiano y el don divino de los hijos, sino porque, movidos por el Espíritu, quieren vivir plenamente la novedad existencial que brota del misterio pascual de Cristo, convirtiéndose en signo de aquellos tiempos en que los hijos de Dios resucitados ya no tendrán mujer ni marido.

Imitando a Cristo virgen que amó a la Iglesia, su virginal esposa, y se entregó por ella, los religiosos crucifican con Cristo su carne y se entregan totalmente con un corazón indiviso a las obras de caridad y de apostolado por el Reino de los Cielos.

La perfecta continencia se convierte así en signo y estímulo de caridad y fuente especial de fecundidad espiritual en el mundo.

Pero recordemos el ojo de agua que da origen al río, el cimiento que sustenta la casa, el foco de luz que todo lo ilumina y embellece… Al fondo está la unión mística con Dios. Eso es lo más importante que Rita fomentó en su corazón y que guardó celosamente como el tesoro escondido. Lo único necesario.

Santa Rita lo contempló en la Cruz, lo adoró en la Eucaristía. Era su Esposo, el Cordero Inmaculado y su Pastor, a quien seguía adonde quiera que fuere.

Reproducimos unos versos que expresan la oración y los sentimientos que embargaron el corazón de Rita, de alguna manera siempre, pero de forma especial, durante los cuarenta años que vivió en el convento de Santa María Magdalena de Casia:

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados.
Pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás, para esperar, los pies clavados?



7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para este día

9. Jesús, manso y humilde de corazón,
– siembra en el corazón de los niños el don de la vocación religiosa.

10. Tú, que nos mandaste pedir obreros para tu mies,
– haz que cuantos sientan tu llamada sean fieles en tu seguimiento y sacrificados en tu servicio.

11. Señor, Tú que llamas a las almas generosas para que te sigan,
– te pedimos por todos los que han escuchado tu invitación y comienzan el camino de su entrega.

12. Señor, que quieres que todos los hombres tengan vida abundante,
– envía ministros y dispensadores de tu gracia a todos los pueblos.

13. Pastor bueno, que te compadeces de todos,
– envíanos abundantes vocaciones para anunciar tu Reino.

14. Dios todopoderoso, que nos diste como modelo de vida religiosa a nuestro padre san Agustín, y como hermana religiosa a santa Rita de Casia,
– infunde en los corazones de los jóvenes, hombres y mujeres, el deseo de seguir sus pasos con generosidad y valentía.

15. Jesús, buen Pastor, que nos conoces y nos amas,
– haz que nazcan y se cultiven en las familias cristianas las vocaciones que la Iglesia necesita.

16. Señor Jesús, que quisiste nacer en el seno de la familia de Nazaret,
– haz que las familias cristianas sepan apreciar y cultivar la vocación religiosa y sacerdotal de sus hijos.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.



8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).



9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.



Fallece sacerdote fundador de La Opción V, promotor de la castidad entre jóvenes

mayo 17, 2017

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El P. Jürgen Daum Vetter SCV, fundador de La Opción V

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Fallece sacerdote fundador de La Opción V, promotor de la castidad entre jóvenes

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LIMA, 17 May. 17 / 03:45 pm (ACI).- Este miércoles 17 de mayo falleció en Lima, Perú, el P. Jürgen Daum Vetter, sacerdote fundador de “La Opción V”, proyecto con el que se dedicó a promover la castidad entre los jóvenes.

El P. Daum falleció esta tarde en su domicilio, tras una dura lucha contra el cáncer que lo afectaba desde hace algún tiempo.

El velorio del sacerdote será esta noche en la parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación en Camacho, Surco; y el entierro será este jueves 18 de mayo en el cementerio Parque del Recuerdo a las 3:30 p.m.

En una entrevista publicada por “La Opción V” en junio de 2013, el sacerdote relató que la inquietud por promover la pureza y la castidad entre los jóvenes surgió en el año 2011 cuando una chica de 13 años le comentó que su enamorado le había pedido tener relaciones sexuales.

“A partir de ahí, empecé a hablar con más insistencia en mis homilías sobre el tema de la castidad”, comentó.

Sus primeras charlas sobre el tema las realizó a finales de enero de 2012. Recordó que “la asistencia fue masiva, de unas 300 chicas, y el impacto fue totalmente inesperado para mí. Recuerdo que una joven de 18 años se me acercó a decirme que le había cambiado totalmente la perspectiva que tenía, y otra me preguntaba cómo podía recuperar su pureza, pues ya no era virgen. El mismo impacto tuvo la charla dirigida a los hombres”.

Con esa experiencia y con la urgencia de tratar el tema, el sacerdote fundó “La Opción V”, que este año cumple 5 años de fructífero apostolado.

El P. Daum define este apostolado como “un proyecto que busca ayudar a los jóvenes a descubrir la importancia de la virtud de la castidad para alcanzar el amor verdadero en sus vidas. Surge como un intento de reunir a todos los jóvenes que quieren hacer la opción de vivir la castidad e ir contracorriente”.

Este proyecto se inició como un espacio en Facebook en el que se ofrece a los jóvenes una comunidad “que los apoye, para que sepan que no están solos en esta lucha”.

La magíster en Matrimonio y Familia, y subdirectora de la Opción V, Giuliana Caccia, dijo a ACI Prensa que “el legado más importante es el haberles dado a las personas, sobre todo a los jóvenes, una opción de vida que la cultura actual no les da: vivir la virtud de la castidad como el camino para encontrar el amor verdadero a través de La Opción V”.

Caccia destacó que el P. Jürgen Daum es “autor de varios libros: ‘Pureza y sexualidad’, ‘Sexualidad y castidad’, y otros cuatro libros póstumos que se publicarán en los próximos meses”.

“Dirigió y condujo el programa La opción V en TV dejando más de 170 programas en redes a disposición de los jóvenes. Estamos seguros que el P. Jürgen ha salvado muchas vidas dándoles la posibilidad de enrumbar el camino. Por ejemplo, durante su enfermedad, cientos de personas le escribían, le mandaban mensajes y rezaban por él”.

El sacerdote, comenta Giuliana Caccia, “siempre vio su enfermedad como una oportunidad de santificación. Siempre ofreció sus malestares al Señor. Y esta actitud la tuvo hasta el último momento de su vida”.

“Para los que estuvimos cerca de él, fue un padre espiritual, un hermano en Cristo y un ejemplo de vida y entrega al sacerdocio y al prójimo”, concluyó.

El P. Daum grabó también una serie para EWTN titulada “Hacia el amor verdadero” en la que trató una serie de importantes temas referentes a la sexualidad como la castidad, “la prueba del amor”, “El sexo ¿una necesidad?”, las caricias íntimas, los besos, la masturbación, entre otros.

El sacerdote del Sodalicio de Vida Cristiana nació el 10 de agosto de 1963 en Lima. De padre alemán y madre peruana, el P. Daum fue criado luterano. El 11 de enero de 1981 hizo su profesión de fe como católico.

Estudió en el colegio Alexander Von Humboldt hasta 1978. Entre los años 1979 y 1982 lo hizo en el ESEP Middendorf. Entre 1984 y 1991 estudió teología.

Hizo su profesión perpetua en el SCV el 1 de enero de 1990 y fue ordenado sacerdote el 27 de junio de 1992.


Hoy es la fiesta de María de San José, primera Beata de Venezuela

mayo 7, 2017

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BeataMadre María de San José

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Hoy es la fiesta de María de San José, primera Beata de Venezuela

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REDACCIÓN CENTRAL, 07 May. 17 / 12:02 am (ACI).- La primera Beata de Venezuela, Madre María de San José, fue una religiosa, cofundadora y primera Superiora General de la Congregación “Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús”, la cual se dedicó a la atención hospitalaria de ancianos pobres, niños abandonados y enfermos de su país.

La religiosa nació el 25 de abril de 1875 en el pueblo de Choroní en Venezuela y fue bautizada en octubre de ese mismo año con el nombre de Laura Evangelista Alvarado Cardozo.

A la edad de 5 se mudó con sus padres a la ciudad de Maracay y a los 13 años recibió la primera comunión, haciendo un voto de virginidad el 8 de diciembre de 1888, día de la Inmaculada Concepción.

En 1893, el sacerdote y párroco de Maracay, Justo Vicente López Aveledo, fundó la Sociedad de las Hijas de María, de la que Laura formaría parte y donde renovaría sus primeros votos de virginidad perpetua.

Ese mismo año López Avelado fundó el primer hospital de su ciudad, el Hospital San José, y la Beata se dedicó al cuidado de los enfermos como hermana hospitalaria. Asimismo, el 22 de enero de 1901 fue consagrada como hermana hospitalaria agustina adoptando el nombre de Sor María de San José.

Cerca de los 24 años, Laura recibió del padre López la dirección y administración del hospital. Al poco tiempo se fundó la congregación “Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús” y en 1903 Laura se convierte en la Superiora de la comunidad adoptando el nombre Madre María de San José.

La actividad de su congregación se caracterizó por la fundación de asilos, orfanatos, casas maternas, hospitales y, colegios. En total se fundaron 35 casas a nivel nacional.

La Beata falleció el 2 de abril 1967 en Maracay. Sus restos reposan en la Capilla de las Hermanas Agustinas Recoletas del Hogar “Inmaculada Concepción” de Maracay donde transcurrió la mayor parte de su vida.

En 1982 ocurrió el milagro por el cual sería beatificada: la curación de la hermana Teresa Silva, que quedó inválida por una penosa enfermedad y a quien la Madre le había profetizado su curación años antes.

El 7 de mayo de 1995 el Papa San Juan Pablo II la declaró oficialmente beata. “La Madre María es una mujer que supo fundir de manera admirable oración y acción (…) consumándose en un amor ilimitado hacia Dios y en la práctica de la más genuina caridad hacia el prójimo”, dijo en aquella oportunidad el Santo Padre.


Jornada Mundial de oración por las vocaciones

mayo 6, 2017

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Misa de ordenación sacerdotal

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Empujados por el Espíritu para la Misión

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Queridos hermanos y hermanas

En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta

Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad.

Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: «La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (Exht. Ap. Evangelium gaudium, 21).

Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.

Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria.

No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros «labios impuros», haciéndonos idóneos para la misión: «Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”. Contesté: “Aquí estoy, mándame”» (Is 6,7-8).

Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a «pasar» en medio de la gente, como Jesús, «curando y haciendo el bien» a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos (cf. Catequesis, 30 enero 2016).

Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido «aquí estoy, mándame». Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24 marzo 2016).

La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44).

Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión?

A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18).

Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.

Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas.

Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado.

Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan.

Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).

Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio.

La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27).

Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.

Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios.

Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio.

Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo.

Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.

María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

Vaticano, 27 de noviembre de 2016

Primer Domingo de Adviento

Francisco