Santos que vivieron la extrema pobreza [VIDEO]

noviembre 16, 2018

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Santa Teresa de Calcuta, religiosa entregada a los pobres

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7 santos que vivieron la extrema pobreza [VIDEO]

San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, San Juan de Dios, Santa Bernardette, Santo Domingo Savio, San José Cupertino y San Diego de Alcalá.

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En el año 2017 el Papa Francisco instituyó la Jornada Mundial de los Pobres que este año se celebrará el domingo 18 de noviembre. Los santos también padecieron la pobreza y ahora te presentamos a siete de ellos que la vivieron de modo extremo.

1.- San Francisco de Asís

Es tal vez el más famoso de los santos pobres que lo dejó todo para seguir al Señor.

Nació en una familia acomodada pero decidió vender todo lo que tenía para dárselo a los pobres y vivir la pobreza, la humildad y la compasión.

En 1210 escribió la regla de los franciscanos con la pobreza como el fundamento de su Orden, que se manifestaba en la manera de vestirse, los utensilios que empleaban y sus acciones. A pesar de todo, siempre se les veía alegres.

2.- San Juan de Dios

Este santo de origen portugués lo dejó todo e incluso simulaba que estaba loco para expiar así sus pecados.

Fue llevado a un manicomio y sufrió varias golpizas, porque esa era la forma de tratar a los locos en aquel tiempo. Eso le permitió descubrir que para curar a los enfermos primero debía curarse el alma.

Fundó un hospital para los pobre donde trabajó incansablemente por diez años. Murió en 1550 dejando como legado la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

3.- San Ignacio de Loyola

El fundador de los jesuitas o la Compañía de Jesús era el menor de los hijos de una acomodada familia española.

Cuando se reencontró con el Señor, decidió vivir la pobreza y la penitencia. Se vistió como pordiosero y vivió de la providencia.

Su espíritu lo compartieron sus primeros compañeros como San Francisco Javier, San Pedro Fabro, entre otros.

4.- Santa Bernardette Subirous

La vidente de la Virgen de Lourdes en Francia nació en el seno de una familia que padeció la más absoluta pobreza. En ocasiones no tenían ni alimentos.

Las deudas forzaron a los Soubirous a dejar el molino donde vivían y buscar una casa que tenía un solo cuarto, donde se alojó toda la familia conformada por los padres y los cuatro hijos.

Para conseguir un poco de pan para sus hijos, los padres Francisco y Luisa tomaban todo trabajo que podían encontrar.

5.- Santo Domingo Savio

Era el mayor de los cinco hijos de Ángel Savio, un mecánico muy pobre, y de Brígida, una mujer que aportaba al hogar haciendo costuras para sus vecinas.

A los 12 años Domingo se encontró por primera vez con San Juan Bosco y le pidió que lo admitiera gratuitamente en el colegio que el Santo tenía para niños pobres.

El día de su Primera Comunión redactó el famoso propósito que dice: “Prefiero morir antes que pecar”.

Falleció cuando tenía solo 14 años.

6.- San José Cupertino

El llamado “santo volador”, por sus muchas levitaciones probadas, vino al mundo en un pobre cobertizo ubicado junto a su casa porque el papá, un humilde carpintero, no había podido pagar las cuotas que debía de la vivienda y se la habían embargado.

A los 17 años pidió ser admitido en la Orden franciscana pero no fue aceptado. Pidió que lo recibieran en los capuchinos y fue aceptado como hermano lego, pero después de ocho meses fue expulsado porque era en extremo distraído.

José buscó entonces refugio en casa de un familiar que era rico, pero este decía que el joven “no era bueno para nada” y lo echó a la calle. Se vio entonces obligado a volver a la miseria y al desprecio de su casa.

La mamá le rogó insistentemente a un pariente que era franciscano para que recibieran al muchacho como mandadero en el convento de los frailes. Allí fue donde comenzó su impresionante vida de santidad.

7.- San Diego de Alcalá

Este hermano franciscano, conocido por los muchos milagros que se obraron por su intercesión en vida, nació en una familia muy pobre en San Nicolás del Puerto, en Sevilla, (España).

Toda su vida la vivió pobre y entre los pobres a quienes sirvió con especial dedicación. Murió en Alcalá de Henares donde fue portero y jardinero en un convento durante siete años.

 

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Seis preguntas, y respuestas, sobre la unión de provincias de Agustinos Recoletos

mayo 10, 2018

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Los escudos de las cuatro provincias de la Orden de Agustinos Recoletos

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Seis preguntas, y respuestas, sobre la unión de provincias de Agustinos Recoletos

Desde el Capítulo general 2010, la Orden de Agustinos Recoletos lleva planteando el proceso de unión de provincias. A pocos días de que comience a hacerse efectivo, este artículo pretende responder las dudas sobre la reestructuración

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El próximo lunes dará comienzo en Marcilla (Navarra, España) el Capítulo provincial de San Nicolás de Tolentino y San Agustín. Será las dos primeras provincias que llevarán a cabo su unión.

Posteriormente le seguirán las provincias de Ntra. Sra. de la Candelaria y Ntra. Sra. de la Consolación; y las de Santo Tomás de Villanueva, San José y Santa Rita.

Culminará con la celebración de los Capítulos provinciales conjuntos un complejo proceso que se viene gestando desde 2010. En seis preguntas, y sus correspondientes respuestas, te lo explicamos de forma clara y sencilla.

¿Qué provincias se unirán?

Las provincias que se unirán serán la Provincia San Agustín a la de San Nicolás de Tolentino; la Provincias San José y Santa Rita, a la de Santo Tomás de Villanueva; y la Provincia Ntra. Sra. de la Consolación, a la de Ntra. Sra. de la Candelaria.

¿Por qué se unen las provincias de la OAR?

El proceso de unión de provincias que se está desarrollando a lo largo del 2018 es la culminación de una etapa de discernimiento en la Orden que comenzó hace años, en el Capítulo general de 2010, a partir de un deseo de revitalización y de una necesidad de reestructuración de la familia.

Tiene por objetivo buscar una mejor forma de vivir la vocación y la misión que los Agustinos Recoletos tienen en la Iglesia. El proceso de revitalización interna de la Orden lleva consigo la reorganización de sus estructuras externas, atendiendo a las nuevas circunstancias y contextos de nuestro mundo.

Con la unión de provincias y la reorganización de ministerios, los Agustinos Recoletos buscan potenciar la evangelización, la pastoral juvenil y vocacional, la vida comunitaria de los religiosos y las obras sociales con los pobres. En definitiva, se pretende una actualización de la recolección agustiniana.

¿Quién ha decidido esta unión de provincias?

Fue en el Capítulo general de 2016 donde, tras un proceso de discernimiento, se plantearon las diversas opciones de reestructuración de las provincias. Previo al Capítulo general, se realizaron múltiples consultas a los más de 1.000 religiosos agustinos recoletos a partir de informes elaborados por las provincias y la Curia general.

El Capítulo general estableció una comisión que organizara de forma concreta el proceso de unión. Finalmente, el Capítulo general consideró que la más oportuna era el modelo de unión de provincias manteniendo algunas de ellas; en este caso, San Nicolás de Tolentino, Ntra. Sra. de la Candelaria y Santo Tomás de Villanueva.

La Provincia San Ezequiel Moreno, la de más reciente creación, no se une a otra provincia, pero sí tiene el compromiso de expandirse por la zona asiática para internacionalizar su presencia.

¿Qué proceso se ha realizado para llevar a cabo esta unión?

Durante el año 2017 y parte del 2018 se han estado reuniendo comisiones y subcomisiones de provincias que han estudiado los diferentes aspectos del proyecto de vida y misión.

El objetivo ha sido presentar en los capítulos provinciales que tendrán lugar en 2018 un proyecto de revitalización y restructuración de las provincias unidas. Será al comienzo de los capítulos provinciales cuando se promulgue el decreto que hace efectiva la unión de las provincias.

Para ello previamente la Santa Sede ha autorizado esta unificación.

¿Qué pasará con las parroquias, colegios y casas de la OAR?

Se entiende que el proceso de unión de provincias dará comienzo en los capítulos provinciales de 2018 pero necesitará de tiempo y dedicación hasta que se normalice la nueva situación. Durante un tiempo será necesario que el ritmo en parroquias, colegios y comunidades continúe de forma ordinaria, pero poco a poco se van viendo pasos de colaboración.

Por ejemplo, ya hay noviciados y teologados comunes en América y Europa; se están dando pasos para establecer redes educativas y de centros de espiritualidad agustino recoleta; se están promoviendo las experiencias de religiosos provenientes de otros países, etc.

¿De qué forma afectará esto a la labor pastoral y social de la OAR?

El objetivo fundamental es que todo este proceso tenga frutos en el interior de las comunidades, reforzando la identidad carismática y la vivencia de la vocación agustino recoleta, logrando comunidades más evangelizadoras. Esto deberá tener frutos también en la labor pastoral y social de la Orden, potenciando los proyectos en común y ampliando nuevos horizontes.

La búsqueda de nuevas misiones de frontera, el impulso en la vida espiritual, en la pastoral vocacional, en la vitalidad y atención en las parroquias, en la dedicación a la formación de nuevos religiosos, la apuesta por la educación como plataforma evangelizadora, la apuesta por los jóvenes, el compromiso con los laicos, etc.

Son algunos signos que hace ver que este proceso tiene vida y da vida.

http://www.agustinosrecoletos.com/preguntas-respuestas-union-de-provincias/

 


La doctrina de la tribulación

mayo 3, 2018

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La doctrina de la tribulación

 

La doctrina de la tribulación

Por Jorge Mario Bergoglio S.I.

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¿Por qué volver a proponer hoy un texto del entonces P. Jorge Mario Bergoglio que tiene como fecha la Navidad de 1987? Antes de responder a esta pregunta es necesario comprender el contexto en el cual fue escrito aquel texto.

El P. Bergoglio firma un breve prólogo a una colección de 8 cartas de dos padres generales de la Compañía de Jesús (Las cartas de la Tribulación, Buenos Aires, Diego de Torres, 1988). Siete son del padre general Lorenzo Ricci, escritas entre 1758 y 1773, y una del padre general Jan Roothaan, de 1831.

En ellas se habla de una gran tribulación: la supresión de la Compañía de Jesús. Con el breve apostólico Dominus ac Redemptor (21 de julio de 1773, el papa Clemente XIV decidió suprimir la Orden como resultado de una serie de medidas políticas. Posteriormente, en agosto de 1814, en la capilla de la congregación de los nobles en Roma, el papa Pío VII hizo leer la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum, con la cual la Compañía de Jesús fue restaurada plenamente.

El entonces P. Bergoglio, en 1986 –terminado su período como provincial y, después, de rector del colegio Máximo y párroco en San Miguel–, fue a Alemania para un año de estudio. Una vez que regresó a Buenos Aires, continuó sus estudios y enseñó Teología Pastoral.

En ese tiempo, la Compañía de Jesús preparaba la LXVI Congregación de Procuradores, que tuvo lugar del 27 de setiembre al 5 de octubre de 1987. La provincia argentina eligió a Bergoglio como «procurador», enviándolo a Roma con la tarea de informar sobre el estado de la provincia, discutir con los otros procuradores elegidos de las distintas provincias sobre el estado de la Compañía y de votar acerca de la oportunidad de convocar una congregación general de la Orden.

Fue en este contexto que Bergoglio decidió meditar y presentar nuevamente aquellas cartas de los padres Ricci y Roothaan, porque, a su juicio, eran relevantes y de actualidad para la Compañía. Y para ello escribió un texto a manera de prólogo, que firmó tres meses después, de poco más de 2000 palabras, la mitad de las cuales eran notas.

Hoy La Civiltà Cattolica publica este texto, difícil de encontrar actualmente. Al leerlo se siente la falta de las cartas a las cuales se refiere el texto de Bergoglio. Pronto proveeremos a su publicación. Aun así, el texto es claro en su significado. Junto con él presentamos en este fascículo una reflexión del P. Diego Fares que explica más profundamente el significado que Bergoglio da a estas cartas.

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Presentamos Las cartas de la Tribulación porque, en estos años, el papa no ha perdido oportunidad de citarlas. Estas cartas, y las reflexiones del P. Bergoglio de 1987, fueron la espina dorsal de su homilía en la celebración de las vísperas en la iglesia del Gesù, en el 2014, con ocasión del 200º aniversario de la restitución de la Compañía de Jesús.

La ocasión más reciente fue la charla con los jesuitas del Perú (Papa Francisco, «“¿Dónde es que nuestro pueblo ha sido creativo?”. Conversaciones con los jesuitas de Chile y Perú», en La Civiltà Cattolica Iberoamericana (2018) n. 14, 7-23), donde afirmó que estas cartas «son una maravilla de criterios de discernimiento, de criterios de acción para no dejarse chupar por la desolación institucional» (p. 18).

Hizo también referencia explícita a ellas cuando habló a los sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados y seminaristas en Santiago de Chile, el 16 de enero de 2018. En esa ocasión invitó a encontrar el camino a seguir «en los momentos en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etc., es levantada por los acontecimientos culturales e históricos» y la tentación es la de «quedarse rumiando allí la desolación».

Claramente, Francisco quería decir a la Iglesia de Chile una palabra en tiempo de desolación y de «vorágine de conflictos».

Del mismo modo como —haciendo siempre referencia a esas cartas— habló de Pedro. Con la pregunta: «Me amas?», Jesús quería liberar a Pedro de «no aceptar con serenidad las contradicciones y las críticas. Quería liberarlo de la tristeza y especialmente del malhumor. Con aquella pregunta, Jesús invitaba a Pedro a escuchar su propio corazón y a aprender a discernir». En síntesis, Jesús quería evitar que Pedro se convirtiera en un destructor, en un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado. Jesús insiste hasta que Pedro le da una respuesta realista: «Señor, tú conoces todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21, 17). Así Jesús lo confirma en la misión. Y de este modo lo hace convertirse definitivamente en su apóstol.

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De este modo podemos comprender que estas cartas y las reflexiones que la acompañan son relevantes para entender cómo siente Bergoglio que debe obrar como sucesor de Pedro, es decir como Francisco. Son palabras que él dice hoy a la Iglesia, repitiéndoselas antes que nada a sí mismo. Y sobre todo son palabras que el papa Francisco considera fundamentales hoy para que la iglesia esté en condiciones de afrontar tiempos de desolación, de turbación, de polémicas falsas y antievangélicas.

Ha sido este breve escrito de hace 31 años el que ha generado, por ejemplo, un texto importantísimo del pontificado como es la Carta a los obispos de Chile, luego del «informe» que le entregó Mons. Charles J. Scicluna el 8 de abril de 2018, que, a su modo, se puede considerar muy bien como una nueva «Carta de la tribulación».

Releer hoy el prólogo de Bergoglio significa entrar en el corazón del pontificado que ha generado la exhortación Gaudete et exsultate como fruto maduro.

(Antonio Spadaro S.I.)

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Los escritos que siguen tienen por autor a dos padres generales de la Compañía de Jesús: el P. Lorenzo Ricci (elegido general en 1758) y el P. Juan Roothaan (elegido en 1829). Ambos han debido conducir la Compañía en tiempos difíciles, de persecuciones. Durante el generalato del P. Ricci se llevó a cabo la supresión de la Compañía por el Papa Clemente XIV. Desde hacía mucho tiempo las cortes borbónicas venían «exigiendo» esta medida. El Papa Clemente XIII confirmó el Instituto fundado por San Ignacio, sin embargo, los embates borbónicos no cejaron hasta la publicación del Breve Dominus ac Redemptor, de 1773, en el cual la Compañía de Jesús quedaba suprimida.[1]

También al P. Roothaan le tocaron tiempos difíciles: el liberalismo y toda la corriente de la Ilustración que desembocaba en la «modernidad». En ambos casos, en el del P. Ricci y en el del P. Roothaan, la Compañía era atacada principalmente por su devoción a la Sede Apostólica: se trataba de «un tiro por elevación». No faltaban, con todo, deficiencias dentro de las filas jesuitas.

No es el caso aquí detallar más los hechos históricos. Baste lo dicho para encuadrar la época de los dos padres generales. Lo importante es tener en cuenta que, en ambos casos, la Compañía de Jesús sufría tribulación; y las cartas que siguen son la doctrina sobre la tribulación que ambos superiores recuerdan a sus súbditos. Constituyen un tratado acerca de la tribulación y el modo de sobrellevarla.

En momentos de turbación, en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etc., es levantada por los acontecimientos culturales e históricos, no es fácil atinar con el camino a seguir. Hay varias tentaciones propias de ese tiempo: discutir las ideas, no darle la debida importancia al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores y quedarse rumiando allí la desolación, etc…

En las cartas que siguen vemos cómo ambos padres generales salen al paso de tales tentaciones, y proponen a los jesuitas la doctrina que los fragua en la propia espiritualidad[2] y fortalece su pertenencia al cuerpo de la Compañía, la cual pertenencia «es primaria y debe prevalecer en relación a todas las otras (a instituciones de todo orden, sean de la Compañía o sean exteriores a ella). Ella debe caracterizar cualquier otro compromiso que, por ella, es transformado en “misión”…».[3]

Detrás de las posturas culturales y sociopolíticas de esa época subyacía una ideología: la Ilustración, el liberalismo, el absolutismo, el regalismo, etc. Sin embargo, llama la atención cómo ambos padres generales —en sus cartas— no se ponen a «discutir» con ellas. Saben de sobra que —en tales posturas— hay error, mentira, ignorancia… sin embargo, dejan de lado estas cosas y —al dirigirse al cuerpo de la Compañía— centran su reflexión en la confusión que tales ideas (y las consecuencias culturales y políticas) producen en el corazón de los jesuitas.

Parecería como si temieran que el problema fuera mal enfocado. Es verdad que hay lucha de ideas, pero ellos prefieren ir a la vida, a la situacionalidad que tales ideas provocan. Las ideas se discuten, la situación se discierne.

Estas cartas pretenden dar elementos de discernimiento a los jesuitas en tribulación. De ahí que, en su planteo, prefieran —más que hablar de error, ignorancia o mentira— referirse a la confusión. La confusión anida en el corazón: es el vaivén de los diversos espíritus.

La verdad o la mentira, en abstracto, no es objeto de discernimiento. En cambio, la confusión sí. Las cartas que siguen son un tratado de discernimiento en época de confusión y tribulación. Más que argumentar sobre ideas, estas cartas recuerdan la doctrina, y —‍por medio de ella— conducen a los jesuitas a hacerse cargo de su propia vocación.

Frente a la gravedad de esos tiempos, a lo ambiguo de las situaciones creadas, el jesuita debía discernir, debía recomponerse en su propia pertenencia. No le era lícito optar por alguna de las soluciones que negara la polaridad contraria y real. Debía «buscar para hallar» la voluntad de Dios, y no «buscar para tener» una salida que lo dejara tranquilo.

El signo de que había discernido bien lo tendría en la paz, don de Dios, y no en la aparente tranquilidad de un equilibrio humano o de una opción por alguno de los elementos en contraposición.

En concreto: no era de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas. Para evitar convertirse en un veraz destructor o en un caritativo mentiroso o en un perplejo paralizado, debía discernir. Y es propio del superior ayudar al discernimiento.

Este es el sentido más hondo de las cartas que siguen: un esfuerzo de la cabeza de la Compañía para ayudar al cuerpo a tomar una actitud de discernimiento. Tal actitud paternal rescata al cuerpo del desamparo y del desarraigo espiritual.

Finalmente, una cosa más acerca del método. El recurso a las verdades fundamentales que dan sentido a nuestra pertenencia parece ser el único camino para enfocar rectamente un discernimiento. San Ignacio lo recuerda frente a cualquier elección: «el ojo de nuestra intención debe ser simple, solamente mirando para lo que soy criado…».[4]

Además, no es de extrañarse por el recurso que, en estas cartas, hacen los padres generales a los pecados propios de los jesuitas, los cuales —en un enfoque meramente discursivo y no de discernimiento— parecería que nada tendrían que ver con la situación externa de confusión provocada por las persecuciones. Lo que sucede no es casual: subyace aquí una dialéctica propia de la situacionalidad del discernimiento: buscar —dentro de sí mismo— un estado parecido al de fuera.

Es este caso, un mirarse solamente perseguido podría engendrar el mal espíritu de «sentirse víctima», objeto de injusticia, etc. Fuera, por la persecución, hay confusión… Al considerar los pecados propios el jesuita pide —para sí— «vergüenza y confusión de mí mismo».[5] No es la misma cosa, pero se parecen; y —de esta manera— se está en mejor disposición de hacer el discernimiento.

Las cartas que siguen fueron traducidas de su original latino[6] por el R.P. Ernesto Dann Obregón S.J., quien de esta manera pone en manos de tantos lectores esta joya de nuestra espiritualidad.

25 de diciembre de 1987

 

[1] Las interpretaciones históricas sobre la conducta del Papa Clemente XIV son variadas. El punto de vista de cada una de ellas parte siempre de alguna realidad objetiva. Pienso que no siempre es acertado el hecho de absolutizar esa verdad transformándola en la única clave interpretativa. Un buen compendio sobre el tema se puede encontrar en G. Martina. La Iglesia de Lutero a nuestros días, 4 vols., Madrid, Cristiandad, 1974; vol. II, pp. 271-287. Igualmente aporta abundante bibliografía.

El juicio que de Clemente XIV hace Pastor en su Historia de los papas (vol. XXXVII) es sumamente duro. P. ej.: «la debilidad de carácter de Clemente XIV da la clave para entender su táctica de ceder en todo lo posible a las exigencias de las cortes borbónicas y de restablecer la paz por este medio…» (p. 90). «La cualidad más fatal del nuevo papa: la debilidad y la timidez, con las cuales andaban parejas su doblez y su lentitud» (p. 82). «A Clemente XIV le falta valor y firmeza; en todas sus resoluciones es lento hasta un extremo increíble. Cautiva a la gente con bellas palabras y promesas, la engaña y la fascina. Al principio promete cielo y tierra, mas luego pone dificultades y difiere la solución, según costumbre romana, quedando al fin triunfante. De esta suerte todos terminan por quedar prendidos de sus redes. Se da traza admirable para eludir toda decisión en sus contestaciones a los embajadores; los despide con buenas palabras y halagüeñas esperanzas que luego no se realizan. Quien pretenda conseguir una gracia ha de procurar lograrla en la primera audiencia. Por lo demás, un embajador perspicaz puede descubrir su doble juego, porque es muy propenso a hablar» (pp. 82-83).

Estos son juicios que Pastor toma de documentaciones de la época, y si bien su opinión sobre el Papa Ganganelli termina siendo negativa, lo es mucho más la que sostiene sobre su secretario, Fray Bontempi, también fraile menor conventual, a quien «carga» prácticamente gran parte de la responsabilidad de los errores de Ganganelli. Bontempi —según Pastor— trató simoníacamente con el embajador español la supresión de la Compañía. Logró que Clemente XIV lo nombrara cardenal in pectore, pero fracasó cuando le exigió, en el lecho de muerte, la publicación del cardenalato. Pastor lo presenta como un sujeto ambicioso, sin escrúpulos, que se mueve entre bambalinas, y que procura «quedar bien»; de tal modo que prepara así su futuro.

[2] El P. José de Guibert, S.J., en su obra La Espiritualidad de la Compañía de Jesús (Santander, Sal Terrae, 1955, 486 págs.) afirma: «En consonancia con esto [se refiere al Decreto 11 de la Congregación General XIX, que eligió al P. Ricci como General] se halla la emocionante serie de cartas dirigidas por el nuevo general a sus religiosos a medida que las pruebas se acumulan y los peligros van en aumento.

El 8 de diciembre de 1759, al siguiente día de los decretos de Pombal destruyendo las provincias portuguesas, invita a la oración para pedir por el pronto spiritum bonum, el verdadero espíritu sobrenatural de la vocación, la perfecta docilidad a la gracia divina. De nuevo el 30 de noviembre de 1761, en el momento en que Francia es a su vez alcanzada por la tempestad, lo que pide es poner del todo la confianza en Dios, aprovecharse de las pruebas para la purificación de las almas, recordar que nos allegan más a Dios, y sirven también para la mayor gloria de Dios. El 13 de noviembre de 1763 insiste también en la necesidad de orar y de hacer más eficaz la oración con la santidad de la vida, recomendando ante todo la humildad, el espíritu de pobreza y la perfecta obediencia pedida por san Ignacio. El 16 de junio de 1769, después de la expulsión de los jesuitas españoles, nueva llamada a la oración, al celo para purificarse de los menores defectos.

En fin, el 21 de febrero de 1773, seis meses antes de la firma del Breve Dominus ac redemptor, en la falta de todo socorro humano quiere ver un efecto de la misericordia de Dios que invita a los que prueba a no confiar más que en Él; exhorta también a la oración, pero para pedir únicamente la conservación de una Compañía fiel al espíritu de su vocación: «Si, lo que Dios no permita, había de perder ese espíritu poco importaría que fuese suprimida, ya que se habría hecho inútil para el fin para que había sido fundada». Y termina con una cálida exhortación para mantener en su plenitud el espíritu de caridad, de unión, de obediencia, de paciencia, y de sencillez evangélica.

Tales son las palabras con que la Divina Providencia quiso que se cerrase la historia espiritual de la Compañía en el momento de la prueba suprema del sacrificio total que se le iba a exigir. Cordara, y otros después de él, han censurado en Ricci una pasividad excesiva frente a los ataques de que su orden era objeto, una falta de energía y de habilidad para valerse de todos los medios a su disposición para frustrar los ataques; no es este el lugar de discutir si semejante crítica es fundada, pero lo cierto que es preferible oír, más bien que invitaciones a recurrir a habilidades humanas, legítimas, pero sin duda del todo inútiles, las reiteradas llamadas a la fidelidad sobrenatural, a la santidad de la vida, a la unción con Dios en la oración, como a cosas esenciales en aquellas últimas horas de la orden, en vísperas de morir» (pp. 318-319).

«Apenas hay necesidad de recordar la protesta que el P. Ricci moribundo cuidó de leer, en el momento de recibir el viático en su prisión del Castillo de Sant Angelo, el 19 de noviembre de 1775: en el momento de comparecer ante el tribunal de la infalible verdad, era deber suyo protestar que la Compañía destruida no había dado ningún motivo para su supresión; lo declaraba y atestiguaba con la certeza que puede moralmente tener un superior bien informado del estado de su orden; luego, que él mismo no había dado motivo alguno, por ligero que fuese, para su prisión» (ibíd., nota 71).

[3] CG XXXII, IV, 66.

[4] Cf. EE. 169.

[5] Cf. EE. 48.

[6] Epistolae Praepositorumm Generalium ad Patres et Fratres Societatis Iesu, 4 vol., Rollarii, Iulii De Meester, 1909, pp. 257-307 y 332-346.

http://blogs.herdereditorial.com/la-civilta-cattolica-iberoamericana/la-doctrina-de-la-tribulacion/


San José, esposo de la Virgen María

marzo 18, 2018

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San José, varón justo, 

Esposo de la Virgen María, Protector y custodio fiel

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san jose murillo

Su linaje será perpetuo

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¡Felicidades al Papa Francisco y a toda la Iglesia por el comienzo de su pontificado o servicio petrino! Un día grande para bendecir a Dios, rico en misericordia. Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos, y en Iglesia militante. Amén. Feliz día de san José.

¡Felicidades a los padres de familia; a los que llevan el nombre de José; a las personas consagradas que lo tienen como modelo de vida contemplativa; a las instituciones que lo veneran como titular y patrón! San José bendito, ruega por nosotros. Amén.

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Antífona de entrada: Lucas 12, 42

El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?


Oración colecta:

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José; haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 4-5a.12-14a.16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David:

“Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»


SALMO 88, 2-3.4-5.27.29

Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 4, 13.16-18

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.


Aclamación antes del Evangelio: Salmo 83, 5

Dichosos los que viven en tu casa; siempre, Señor, te alabarán.

EVANGELIO: Mateo 1, 16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Antífona de comunión: Mateo 25, 21

Alégrate siervo bueno y fiel. Entra a compartir el gozo de tu Señor.



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FIEL CUIDADOR Y GUARDIÁN

De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero

La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede ¬todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles. José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.

Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿¬no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos? Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.

No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.

Por eso, también con razón, se dice más adelante: Pasa al banquete de tu Señor. Aun cuando el gozo santificado por este banquete es el que entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: Pasa al banquete, a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


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DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén

San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén

La piedad tradicional ha tributado a san José una especial devoción. Él ha sido considerado un ejemplo extraordinario de fe y santidad para todas las generaciones.

Podemos fácilmente intuir en la rica y excepcional personalidad redimida de san José la experiencia cuaresmal y la pascual; de dolor y gozo.

El ejercicio piadoso conocido como “Los Dolores y Gozos de san José” nos pueden ayudar a percibir la hondura de su experiencia de fe en dos dimensiones fundamentales: la del dolor y la prueba, Cuaresma, y la del gozo y la gloria, Pascua.

PRIMER DOLOR Y GOZO

¡Glorioso san José! Comprendemos tu angustia al no entender el misterio de la Encarnación. Pero el Señor quitó tu pena cuando te lo reveló claramente a través del ángel que se le apareció en sueños.

Por este dolor y este gozo concédenos la discreción, el silencio y la caridad sincera, en todo momento.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


SEGUNDO DOLOR Y GOZO

El nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre llenó de lágrimas los ojos de san José. Pero el cántico de los ángeles colmó de alegría su corazón.

Por este dolor y este gozo concédenos una vida austera y sencilla en la presencia de Dios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

TERCER DOLOR Y GOZO

En la circuncisión vio san José deslizarse gotas de sangre por el cuerpo del Hijo de Dios. Pero la imposición del nombre de Jesús, que significa Salvador, inundó de gozo su corazón.

Por este dolor y este gozo haz, bendito san José, que en nuestra vida se haga fecunda la sangre del Redentor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

CUARTO DOLOR Y GOZO

El anciano Simeón anuncia la muerte pero también el triunfo de Jesús sobre todo mal trayendo la luz y la paz a todas las naciones.

Concédenos, glorioso san José, que no defraudemos las esperanzas que Dios tiene puestas en cada uno de nosotros, de acuerdo con nuestra vocación.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

QUINTO DOLOR Y GOZO

La Sagrada Familia, camino de Egipto, formaba parte de los desplazados de su patria. En un país desconocido José, junto con María y el Niño, vivió la soledad y la pobreza. Pero también sintió la alegría de la paz y de la seguridad de su propia familia.

Por este dolor y este gozo te pedimos nos concedas caminar por la vida con paso seguro hacia la eternidad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SEXTO DOLOR Y GOZO

Arquelao, aquel mal rey judío, entristeció las noches de san José. Pero un ángel le indica la tranquila casa de Nazaret como lugar seguro para habitar en paz.

Glorioso san José, santifica nuestra comunidad y haz que nuestros hogares se parezcan a la familia de Nazaret.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


SÉPTIMO DOLOR Y GOZO

San José y su santa esposa María, con el corazón angustiado, buscan a su hijo, el pequeño Niño Dios. Pero su encuentro les mereció una inmensa satisfacción y consuelo.

En cada instante y sobre todo en el momento de nuestra muerte, danos, santo José, la presencia amorosa de Jesús que nos introduzca en la vida eterna del cielo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Lo nombró administrador de su casa.

R. Y señor de todas sus posesiones.



OREMOS

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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El Papa pide a Sant’Egidio hacer realidad “una globalización de la solidaridad y del espíritu”

marzo 11, 2018

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“Continuad abriendo nuevos corredores humanitarios para los refugiados de la guerra y el hambre”

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El Papa pide a Sant’Egidio hacer realidad “una globalización de la solidaridad y del espíritu”

Los emplaza a “recoser el tejido humano de las periferias” desgarrado por la violencia.

Por Cameron Doody

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“Una nueva audacia para el Evangelio”. Esto es lo que el Papa ha pedido esta tarde a los miembros de la Comunidad de Sant’Egidio, a quienes Francisco ha visitado en la Basílica de Santa María en Trastevere con ocasión del 50 aniversario de su fundación.

“Todos están llamados a cambiar su corazón, adquiriendo ojos misericordiosos para mirar a los demás, convirtiéndose en artesanos de la paz y profetas de la misericordia”, les ha recordado el Papa en su discurso.

Algunas frases del discurso del Papa:

¡Gracias por vuestra bienvenida! Me complace estar aquí con vosotros por el 50 aniversario de la Comunidad de Sant’Egidio

Desde esta plaza, frente a la basílica de Santa Maria in Trastevere, el corazón de vuestra oración diaria, deseo abrazar a todas vuestras comunidades repartidas por el mundo.

Os saludo a todos, especialmente al profesor Andrea Riccardi, cuya inspirada intuición inició este camino.

No quisisteis hacer de este día una mera celebración del pasado, sino, sobre todo, una expresión alegre de responsabilidad por el futuro.

Esto recuerda a la parábola evangélica de los talentos:

A cada uno de vosotros, también, cualquiera que sea vuestra edad, se os otorga al menos un talento. En este talento está inscrito el carisma de esta Comunidad, que sinteticé con estas palabras cuando vine aquí en 2014: oración, pobreza y paz.

Oración, pobreza y paz: este es el talento de la Comunidad, que ha madurado más de cincuenta años. Con alegría lo recibís de nuevo hoy.

El mundo de hoy a menudo está habitado por el miedo. Es una enfermedad antigua: el llamamiento a no tener miedo a menudo se repite en la Biblia.

Nuestro tiempo experimenta un gran temor al enfrentarse a las enormes dimensiones de la globalización. Y el miedo a menudo se vuelve contra las personas que son extranjeras, diferentes, pobres, como si fueran enemigos.

La atmósfera de miedo también puede contagiar a aquellos cristianos que ocultan el don que han recibido, como el esclavo en la parábola.

Cuando estamos solos, somos fácilmente víctimas del miedo. Pero vuestro camino os dirige a mirar al futuro juntos, no solos.

Vuestra Comunidad, nacida a finales de los años sesenta, es hija del Concilio Vaticano II, de su mensaje y de su espíritu.

El futuro del mundo parece incierto. ¡Mirad cuántas guerras abiertas hay! Soy consciente de que oráis y trabajáis por la paz.

Pensemos en las penas del pueblo sirio, cuyos refugiados habéis acogido en Europa a través de los “corredores humanitarios”. ¿Cómo es posible, después de las tragedias del siglo XX, volver a caer en el mismo esquema alocado?

La Palabra de Dios os ha protegido en el pasado de las tentaciones de la ideología, y hoy os libera de la intimidación del miedo. Por esta razón, os exhorto a amar la Biblia y pasar cada vez más tiempo con ella.

Desde que nació vuestra Comunidad, el mundo se ha vuelto “global”: la economía y las comunicaciones se han, por así decirlo, “unificado”. Pero para muchas personas, especialmente los pobres, se han levantado nuevos muros.

La diversidad se ha vuelto una ocasión para la animosidad y el conflicto; una globalización de la solidaridad y del espíritu aún está por construir.

El futuro del mundo global es la convivencia: este ideal exige el compromiso de construir puentes, mantener el diálogo abierto, continuar reuniéndose unos con otros.

Todos están llamados a cambiar su corazón, adquiriendo ojos misericordiosos para mirar a los demás, convirtiéndose en artesanos de la paz y profetas de la misericordia.

Los cristianos, por su propia vocación, son hermanos y hermanas de todas las personas, especialmente los pobres, aunque una persona sea su enemiga. Nunca digas “No tengo nada que ver con esto”.

Los ojos misericordiosos nos comprometen a vivir la audacia creativa del amor, ¡y hay tanta necesidad de ello!

Somos hermanos y hermanas de todos, y por esta razón somos profetas de un mundo nuevo.

La Iglesia es un signo de la unidad de la raza humana, entre naciones, familias y culturas.

Deseo que este aniversario sea un aniversario cristiano.

No es un momento para evaluar los resultados o las dificultades; no es un tiempo de hacer balances, sino un momento en el que se le reta a nuestra fe a convertirse en una nueva audacia para el Evangelio.

La audacia… es una misión para unir pacientemente de nuevo el tejido humano de las periferias que la violencia y el empobrecimiento han desgarrado… Es la misión de cruzar fronteras y muros, para unirnos.

Hoy, más que nunca, continuad audazmente en este camino. Continuad al lado de los niños de las periferias, con las Escuelas de Paz que he visitado; seguid al lado de los ancianos: a veces se descartan, pero para vosotros son amigos.

Continuad abriendo nuevos corredores humanitarios para los refugiados de la guerra y el hambre. ¡Los pobres son vuestro tesoro!

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/03/11/religion-iglesia-vaticano-papa-francisco-visita-sant-egidio-globalizacion-solidaridad-espiritu-basilica-santa-maria-trastevere.shtml?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

Fundación de la primera comunidad de agustinos recoletos en Cuba: Testimonios.

febrero 26, 2018

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Los cuatro religiosos integrantes de la comunidad, de izquierda a derecha: Ismael, Noé, Joel y Jairo

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Se ofrecieron voluntarios para formar parte de la primera misión de los Agustinos Recoletos en Cuba.

Por distintos motivos, han sentido que Dios les llamaba para ayudar a la Iglesia y a la Orden en esta labor. He aquí su motivación y testimonio.

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En agosto de 2017, el Prior General de Agustinos Recoletos, Miguel Miró, anunció que la Orden comenzaría una misión interprovincial en Cuba y pidió frailes voluntarios para formar parte de la primera comunidad de agustinos recoletos en el país. Tras recibir el ofrecimiento de una veintena de agustinos recoletos, el Prior General anunció los cuatro miembros que comenzarían la andadura de la Orden en la isla.

Jairo Gordillo, Joel Naranja, Ismael Xuruc y Noé Servín fueron los designados por Miguel Miró para la expansión de los Agustinos Recoletos en Cuba. Los cuatros tienen diferentes historias y distintos motivos por los cuales decidieron ofrecerse para viajar a Cuba. Todos coinciden en su deseo de responder a Dios ayudando a la Iglesia y a la Orden en esta labor.

“Qué orgullo poder servir a Dios ahora que más lo necesita”

A Jairo Gordillo, colombiano y agustino recoleto desde 1991, le gusta “asumir retos con la confianza de que es Dios quien los inspira y los sostiene”. Se considera una persona serena, tranquila e introvertido. Ha recorrido la mayoría de los ministerios de la Orden. El último de ellos: fue consejero general de pastoral ministerial y misional desde 2011 hasta el Capítulo General de 2016.

“Esa visión panorámica de la Orden me ayudó a querer cada vez más a mi familia agustino recoleta, a admirar la vida y obra de tantos hermanos nuestros”, afirma. Cuando recibió el mensaje del Prior General pidiendo voluntarios para la misión de Cuba, Jairo Gordillo se planteó: “¿cómo no apoyar semejante proyecto de revitalización en una país sediento de Dios”.

Ahora, pretende entregarse plenamente a la labor: “Voy dispuesto a acompañar muy de cerca a esos fieles cristianos, a entregar una porción de mi vida a esa nueva misión encomendada a mi familia agustino-recoleta”. “Qué orgullo poder servirle ahora que más lo necesita”, sentencia.

“Vamos a Cuba por la Orden, por la Iglesia y por Dios”

Para Joel Naranja, filipino, el reto de acudir a Cuba es aún más grande si cabe. “Hablo un español muy pobre y el país está muy lejos de Filipinas”. Por eso pensó que ofrecerse voluntario para formar parte de esta misión no era la mejor idea. No obstante, fue el Prior provincial de San Ezequiel Moreno, Dionisio Selma, quien le invitó a ofrecerse al Prior General.

“El 5 de diciembre, día de la Orden, el Prior provincial me llamó y me dijo que me lo pensara”, indica. Sintió entonces que la Iglesia y la Orden le estaban llamando. “Tenía que ser generoso con esa llamada”, cuenta.

Ante el reto, Joel tiene su visión: “Empezar una nueva misión significa estar siempre abiertos a las realidades de cada situación y a la inspiración del Espíritu Santo pero siempre conservando quiénes somos”. Su ofrecimiento y su viaje a Cuba tiene una motivación: “Hacemos esto por la Orden, por la Iglesia y por Dios”.

“Quiero ser agustino recoleto donde Dios quiera”

Ismael Xuruc siempre busca dar lo mejor de sí mismo en todo lo que hace, según se define. Nacido en Totonicapán (Guatemala), se alejó de la Iglesia y dejó de estudiar durante su juventud. “Nada me daba la felicidad ni el sentido de mi vida, por lo que decidí volver”, confiesa. Se planteó una pregunta: ¿Qué voy a hacer con mi vida? Así, respondió con otra pregunta dirigida hacia Dios: ¿Qué quieres de mí?

Así se hizo agustino recoleto en 2004. Desde entonces, afirma que siempre ha querido ser misionero. “Siempre he escuchado con agrado y anhelo a los misioneros cuando relatan su experiencia”, dice. Por eso, cuando el Prior General pidió voluntarios para Cuba, no se lo pensó. “Sentía por dentro que podría hacerlo, que podía dar más, que Dios me pedía más”, expone.

En ese momento y hasta ahora, Ismael dirigió a Dios su promesa: “Quiero ser agustino recoleto donde tú quieras y me necesites, junto a mis hermanos que amamos el carisma que nos has regalado para seguir a tu Hijo y anunciar tu Reino siendo cada vez más santos”.

“Voy siguiendo la voz que me llama y me pide una respuesta”

Noé Servín nació en el estado mexicano de Guanajuato. Su familia realizó un gran esfuerzo para que pudiera estudiar en la universidad. Una vez que concluyó su titulación, ingresó en el postulantado San Agustín de la Ciudad de México. Así se hizo agustino recoleto.

Tras haber realizado la labor pastoral en la Ciudad de los Niños de Costa Rica, decidió responder al llamamiento del Prior General con el objetivo de “colaborar en el proceso de evangelización de un pueblo que tal vez ha estado golpeado por las circunstancias”. “Como religioso -explica-, siento que debo anunciar que Dios está presente a lo largo de la historia de todos los pueblos. Voy siguiendo la voz que me llama y me pide una respuesta”.

Sus expectativas están puestas en “anunciar el Evangelio y buscar una vivencia de vida agustino-recoleta en un ambiente que exige compromiso, oración y confianza en Dios”. “Voy a una tierra que no conozco pero que Él sí conoce y sé que me llama a amarla como Él la ama”.

http://www.agustinosrecoletos.com/testimonio-primera-comunidad-agustinos-recoletos-cuba/


El Papa confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales

febrero 16, 2018

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El Papa Francisco con los jesuitas de la Provincia del Perú, en la Iglesia de San Pedro de Lima.

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El Papa confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales

“¿Los blogs que me llaman hereje? Sé quiénes son, pero no los leo, por mi salud mental”

Los casos de pederastia “son la desolación más grande que la Iglesia está sufriendo”  

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Por Jesús Bastante

Los casos de pederastia “son la desolación más grande que la Iglesia está sufriendo“. El Papa Francisco se sinceró con los jesuitas de Chile y Perú durante su último viaje, en sendos encuentros (16 y 19 de enero), cuyo contenido publica íntegramente La Civilta Cattolica.

En los mismos, Bergoglio confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales.

“A veces se sabe, y otras veces no”, apunta el Papa sobre estas reuniones, donde escucha, consuela y llora con las víctimas. “Es horrible. Hay que escuchar lo que prueba un abusado o abusada (…) Su proceso es durísimo. Se quedan destrozados, destrozados“, recalca Francisco.

Para el Papa, cualquier caso de pederastia “es una gran humillación para la Iglesia”, pues “muestra no sólo nuestra fragilidad, sino también, digámoslo claramente, nuestro nivel de hipocresía“.

“Es curioso que el fenómeno de los abusos ha tocado algunas de nuestras congregaciones nuevas y prósperas. Allí los abusos están siempre vinculados al poder“, añadió Francisco, quien recordó un momento de vergüenza que sintió cuando, siendo arzobispo de Buenos Aires, se acercó a la Plaza de Mayo mientras se recordaba a los desaparecidos.

“Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení… Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y… ¡qué vergüenza!”, recordó el Pontífice.

En su diálogo con los jesuitas peruanos, el Papa es especialmente duro con aquellos que dicen “como recurso consuelo” que, mirando las estadísticas puede haber más pedófilos en la familia o la escuela que en la Iglesia.

“La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto…. ¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada”.

En este punto, el Papa denunció que “el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas”, y que, en estos casos, “es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas“.

“Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos”, lamentó.

“Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza… Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos”, reflexionó el Pontífice.

En la conversación, el Papa también desveló que conoce aquellos blogs que “me acusan de hereje”, pero que no los lee “por mi salud mental”. “Sé quienes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por mi salud mental. Si hay algo serio, me informan para que lo sepa. Es un disgusto, pero hay que seguir adelante”, constata.

Según resume Spadaro, Francisco también reflexonó sobre las grandes alegrías y dolores de su pontificado, apuntando que, desde el momento en que se dio cuenta que iba a ser elegido Papa, sintió mucha paz. Una paz que no se le ha ido hasta la actualidad y que siente como un regalo puro.

También expresó que “no se puede hablar de resistencias durante su pontificado”, sino de “reacciones que nacen de malentendidos y que le enseñan a examinar mejor el significado de las disputas”.

Al tiempo, añade Spadaro, Bergoglio “habló de la importancia de acercar la Iglesia a la gente, de crear vínculos cercanos a las personas y del peligro de la mundanidad, el peor mal que le puede suceder a la Iglesia, así como de la importancia de aprender a descubrir los engaños del mundo”.

Éste es el diálogo íntegro, transcrito por Antonio Spadaro, sj:

El martes 16 de enero de 2018, al final del primer día pleno de su viaje apostólico a Chile y Perú, el papa Francisco tuvo un encuentro con 90 jesuitas chilenos en el Centro Hurtado de Santiago sobre las 19.00 horas.

Al llegar al lugar pudo ver la reproducción de la camioneta verde, marca Ford, con la que san Alberto llevaba ayuda a los pobres de la ciudad: un verdadero símbolo de pasión apostólica. El Papa fue acompañado por el Provincial, P. Cristian del Campo, a la capilla en la que se conservan los restos del jesuita san Alberto Hurtado.[1]

Inaugurado en 1995, el santuario custodia la tumba del santo, un sarcófago en piedra que contiene terrones originarios de cada región de Chile que simbolizan el abrazo de todos los fieles del país.

El P. Provincial saludó al Papa en nombre de todos los jesuitas -entre los cuales se hacían notar muchos jóvenes- y le preguntó cómo se encontraba en Chile y cómo había percibido la acogida en el país. El encuentro se hizo inmediatamente muy familiar y cálido. El P. Del Campo le presentó al Papa a los pp. Carlos y José Aldunate, dos hermanos de 101 y 100 años, respectivamente.

Sigue el texto de la conversación transcrito y aprobado en esta forma para su publicación por el mismo Pontífice.

Antonio Spadaro S.J.

Francisco comenzó con estas palabras:

¡Me alegra ver al padre Carlos! Fue mi director espiritual en el año 1960 durante mi juniorado. José era el maestro de novicios en aquella época, después lo hicieron provincial… Carlos era bedel y era… el rey del sentido común. Aconsejaba espiritualmente con mucho sentido común.

Una vez, me acuerdo que fui a verlo porque estaba con mucha rabia contra una persona. Quería decirle cuatro frescas, decirle esto no va, vos sos esto y esto… Él me dijo: «Tranquilo… No conviene romper armas de entrada. Busque otros caminos…».

Ese consejo no lo olvidé nunca y le agradezco ahora por esto. Sí. En Chile me sentí bien enseguida. Llegué ayer. Durante el día de hoy he sido muy bien recibido. He visto muchos gestos de gran afecto. Ahora, pregunten lo que quieran.

Se adelanta un jesuita: «Quisiera preguntarle cuáles han sido las grandes alegrías y los grandes dolores que ha tenido Ud. durante su pontificado».

Ha sido un tiempo tranquilo este del pontificado. Desde el momento en que en el Cónclave me di cuenta de lo que se venía -una cosa de golpe, sorpresiva para mí-, sentí mucha paz. Y esa paz no me dejó hasta el día de hoy. Es un don del Señor que le agradezco. Y de verdad espero que no me lo saque. Es una paz que siento como regalo puro, un regalo puro.

Las cosas que no me quitan la paz, pero sí me dan pena, son los chismes. A mí los chismes me duelen, me ponen triste. Sucede a menudo en los mundos cerrados.

Cuando esto se da en un contexto de sacerdotes o religiosos me viene preguntar a las personas: ¿pero cómo es posible? Vos que dejaste todo, decidiste no tener al lado a una mujer, no te casaste, no tuviste hijos, ¿querés terminar como un solterón chismoso? ¡Qué vida triste, Dios mío!

Un jesuita de la Provincia argentino-uruguaya pregunta: «¿Qué resistencias has encontrado durante tu pontificado y cómo las has vivido y discernido?»

Nunca, frente a la dificultad nunca digo que es una «resistencia». Eso sería faltar al deber de discernir. Es fácil decir «es resistencia» y no darse cuenta de que en esa disputa puede haber aunque sea un poquito así de verdad. Y yo me hago ayudar con eso. A menudo pregunto a una persona: «¿qué piensa de esto?».

Esto me ayuda también a relativizar muchas cosas que, a primera vista parecen resistencia, pero que en realidad son una reacción que nace de un malentendido, del hecho de que algunas cosas hay que repetirlas, explicarlas mejor…

Puede ser un defecto mío el hecho de que a veces doy por sentadas algunas cosas o pego un salto lógico sin explicar bien el proceso porque estoy convencido de que el otro entendió al vuelo el razonamiento que hago. Me doy cuenta que si vuelvo atrás y explico mejor entonces ahí el otro dice: «Ah, sí, está bien…»

O sea, me ayuda mucho examinar bien el significado de las disputas. Ahora, cuando me doy cuenta de que hay verdadera resistencia, la sufro. Algunos me dicen que es normal que haya resistencias cuando alguno quiere hacer cambios. El famoso «siempre se hizo así» reina en todas partes: «Si siempre se hizo así, para qué vamos a cambiar? Si las cosas son así, si siempre se hizo así para qué hacerlas de manera diversa?».

Esta es una tentación grande que todos hemos vivido. Por ejemplo, todos las vivimos en el posconcilio. Las resistencias después del Concilio Vaticano II, que todavía están presentes, y llevan a relativizar el Concilio, aguar el Concilio.

Y me duele más todavía cuando alguno se enrola en una campaña de resistencia. Lamentablemente veo esto también. Vos me preguntaste por las resistencias, y no puedo negar que están. Las veo y las conozco.

Después están las resistencias doctrinales, que ustedes las conocen mejor que yo. Por salud mental yo no leo los sitios de internet de esta así llamada «resistencia». Sé quiénes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por salud mental. Si hay algo muy serio, me lo avisan para que yo sepa.

Ustedes los conocen… Es una pena, pero creo que hay que seguir adelante. Los historiadores dicen que para que un concilio arraigue hace falta un siglo. Estamos a mitad de camino.

A veces uno se pregunta: pero este hombre, esta mujer, ¿leyó el Concilio? Y hay gente que no leyó el Concilio. Y si lo leyó, no lo entendió. ¡Cincuenta años después! Nosotros estudiamos filosofía antes del Concilio, pero tuvimos la ventaja de estudiar teología después. Vivimos el cambio de perspectiva, y ya estaban los documentos conciliares.

Cuando percibo resistencias, trato de dialogar, cuando el diálogo es posible, pero algunas resistencias vienen de personas que creen poseer la vera doctrina y te acusan de hereje. Cuando en estas personas, por lo que dicen o escriben, no encuentro bondad espiritual, yo simplemente rezo por ellos. Siento pena, pero no me detengo en este sentimiento por salud mental.

Sigue la pregunta de un novicio: «Muchos están de acuerdo en identificar la Iglesia con los obispos y los sacerdotes, y son muy críticos con algunos de ellos por cómo viven la pobreza, por la restricción a la participación de las mujeres y el espacio limitado que se da a las minorías… Frente a esta opinión ¿qué nos propone para acercar a la iglesia jerárquica, de la cual somos parte, a la gente común y corriente?»

Lo que yo pienso respecto de la relación entre obispo y pueblo de Dios, se la acabo de decir a los obispos. Así que lo que pienso yo acerca de los obispos está en ese discurso, muy breve, ya que tuvimos dos encuentros largos el año pasado en la visita ad límina.

El daño más grande que pueda sufrir hoy en día la Iglesia en América Latina es el clericalismo, es decir no caer en la cuenta de que la Iglesia es todo el santo pueblo fiel de Dios, que es infalible in credendo, todos juntos. Hablo de América Latina porque es lo que conozco mejor. Hace un tiempo escribí una carta a la Pontificia Comisión para América Latina, y hoy volví sobre el tema.

Hay que caer en la cuenta de que la gracia de la misionariedad tiene que ver con el bautismo, no con el orden sagrado ni con los votos religiosos.

Consuela ver que hay muchos sacerdotes, religiosos, religiosas, que se juegan enteros con la opción conciliar de ponerse al servicio del pueblo de Dios. Y eso hay que tenerlo en cuenta. Pero en algunos todavía están vigentes comportamientos de tipo principesco. Se debe dar al pueblo de Dios el lugar que le corresponde.

Y podemos pensar lo mismo respecto del tema de la mujer. Tuve una experiencia particular como obispo de una diócesis: había que tratar cierto tema, y se hacía una consulta -por supuesto solo entre curas y obispos- y habíamos hecho una reflexión que nos llevaba a una serie de puntos sobre los que había que tomar una decisión.

La misma cosa, tratada en una reunión conjunta de hombres y mujeres, llevó a conclusiones mucho más ricas, mucho más viables, mucho más fecundas. Es una simple experiencia que me viene ahora a la mente y que me hace reflexionar.

La mujer debe dar a la Iglesia toda aquella riqueza que von Balthasar llamaba «la dimensión mariana». Sin esta dimensión la Iglesia queda renga o tiene que usar muletas y entonces camina mal. Creo que en esto hay mucho que andar. Y repito, como les dije hoy a los obispos: «desprincipiar», estar cercanos a la gente…

El padre Juan Díaz toma la palabra y el Papa lo reconoce…

¡Juanito!

Después de un saludo afectuoso el P. Díaz prosigue: «Francisco, en varias ocasiones y en Evangelii gaudium, nos ha puesto en guardia frente al peligro de la mundanidad. ¿En qué aspectos de nuestra vida como jesuitas debiéramos estar más atentos para no caer en esta tentación de la mundanidad?»

A mí la alarma sobre la mundanidad me la despertó el último capítulo de las Meditaciones sobre la Iglesia, de Henri de Lubac. Él cita ahí al benedictino dom Ascar Vonier, que habla de la mundanidad como del peor mal que le puede suceder a la Iglesia. Eso me despertó el deseo de comprender qué es la mundanidad.

Claro que san Ignacio habla de ella en los Ejercicios, en el tercer ejercicio de la primera semana, allí donde pide descubrir los engaños del mundo. El tema de la mundanidad está en nuestra espiritualidad jesuítica.

Las tres gracias que pedimos en esa meditación son el arrepentimiento de los pecados, es decir el dolor de los pecados, la vergüenza y el conocimiento del mundo, del demonio y de sus cosas. Por tanto, en nuestra espiritualidad la mundanidad entra como algo a tener en cuenta y a considerar como una tentación.

Sería superficial afirmar que la mundanidad es llevar una vida demasiado relajada y frívola. Estas son solamente consecuencias. Mundanidad es usar los criterios del mundo y seguir los criterios del mundo y elegir según los criterios del mundo. Significa hacer discernimiento y preferir los criterios del mundo.

Por tanto, lo que nos tenemos que preguntar es cuáles son estos criterios del mundo… Y eso es lo que san Ignacio hace pedir en ese tercer ejercicio. Y nos hace hacer las tres peticiones: al Padre, al Señor y a la Virgen. ¡Que nos ayuden a descubrir esos criterios!

Cada uno, por tanto, tiene que ir buscando qué cosa es mundana en su propia vida. No basta una respuesta simple y en general. ¿En qué soy mundano yo? Esta es la verdadera pregunta.

Por ejemplo, no sé, un profesor de teología se puede hacer mundano si anda a la pesca de la última cosa que se dice para estar siempre en la moda: esto es mundano. Pero los ejemplos pueden ser miles. Y hay que pedir al Señor no ser engañados tratando de discernir cuál es nuestra propia mundanidad.

Sigue otra pregunta: «Santo Padre, usted ha sido un hombre de reformas. ¿En qué reformas, aparte de la de la curia y de la Iglesia, nosotros como jesuitas, podemos apoyarle mejor?»

Creo que una de las cosas que la Iglesia más necesita hoy, y esto está muy claro en las perspectivas y en los objetivos pastorales de Amoris Laetitia, es el discernimiento. Nosotros estamos acostumbrados al «se puede o no se puede». La moral usada en Amoris laetitia es la más clásica moral tomista, la de santo Tomás, no del tomismo decadente como ese con el que algunos han estudiado.

También yo recibí en mi formación esta manera de pensar «se puede o no se puede, hasta aquí se puede, hasta aquí no se puede». No sé si vos te acordás (y aquí el Papa mira a uno de los presentes) de aquel jesuita colombiano que nos vino a dar moral al Colegio Máximo, cuando tocó hablar del sexto mandamiento: uno se atrevió a hacer la pregunta: «los novios pueden besarse?».

¡Si podían besarse! ¿Comprenden? Y él dijo: «Sí, sí, si… ¡No hay problema! Basta que pongan un pañuelo en el medio». Esta es una forma mentis de hacer teología en general. Una forma mentis basada en el límite. Y seguimos arrastrando las consecuencias.

Si ustedes dan una ojeada al panorama de las reacciones que suscitó Amoris Laetitia, van a ver que las críticas más fuertes contra la Exhortación son sobre el capítulo octavo: un divorciado ¿«puede o no puede tomar la comunión?».

Y Amoris Laetitia, en cambio, va por otro lado totalmente distinto, no entra en estas distinciones y pone el problema del discernimiento. Que ya estaba en base en la moral tomista clásica, grande, verdadera.

Entonces el aporte que querría de la Compañía es el de ayudar a la Iglesia a crecer en el discernimiento. Hoy la iglesia necesita crecer en discernimiento. Y a nosotros el Señor nos ha dado esta gracia de familia de discernir.

No sé si ustedes sabrán, pero hay una cosa que ya dije en otras reuniones como esta con jesuitas: al fin del generalato de Ledóchowski, la obra culmen de la espiritualidad de la Compañía fue el Epítome. Allí estaba regulado todo lo que tenías que hacer, en una mezcolanza enorme entre Fórmula del Instituto, Constituciones y reglas. Estaban incluso las reglas del cocinero. Y estaba todo mezclado, sin jerarquización.

Ledóchowski era muy amigo del abad general de los benedictinos y, una vez que fue a visitarlo, le llevó aquel escrito. Poco tiempo después, el abad se comunicó con él y le dijo: «Padre General, con esto usted mató la Compañía de Jesús». Y tenía razón, porque el Epítome quitaba cualquier capacidad de discernimiento.

Después viene la guerra. El padre Jansens, tuvo que guiar la Compañía en la posguerra, y lo hizo bien, como podía, porque no era fácil. Y después vino la gracia del generalato de Arrupe. Pedro Arrupe con el Centro Ignaciano de Espiritualidad, la revista Christus y el impulso dado a los Ejercicios Espirituales, renovó esta gracia de familia que es el discernimiento.

Superó el Epítome y volvió a las lecciones de los padres, a Fabro, a Ignacio. En esto hay que reconocer el rol de la vida de la revista Christus en aquel tiempo. Y después, también el rol del padre Luis González con su centro de espiritualidad: recorrió toda la Compañía dando ejercicios espirituales. Iban abriendo puertas, refrescando este aspecto que hoy día vemos que ha crecido mucho en la Compañía.

Lo que yo te diría, recordando esta historia de familia, es que hubo un momento en que habíamos perdido -o no sé si lo habíamos perdido, pero digamos que no se usaba mucho- el sentido del discernimiento. Hoy día, dénselo -¡démoslo!- a la Iglesia, que lo necesita tanto.

La última pregunta es de un teólogo de la provincia de Perú: «Una pregunta sobre la colaboración: ¿Qué ayuda le está dando la Compañía durante su pontificado? ¿De qué manera se ha dado la colaboración? ¿Cómo ha sido su relación con la Compañía?».

¡Desde el segundo día después de mi elección! Adolfo Nicolás vino a mi pieza en Santa Marta… Ahí empezó la colaboración. Él vino a saludarme, yo todavía estaba en la piecita que me tocó durante el Conclave, en Santa Marta, no en la que tengo ahora, y allí charlamos ahí un rato… Y los generales, los dos, Adolfo y ahora Arturo, los dos apostaron fuerte a esto. Creo que sobre este punto… está el padre Spadaro aquí…

Spadaro: Aquí estoy

Está en la popular… Creo que él fue testigo desde el primer momento de esta relación con la Compañía. La disponibilidad es total. Y además con inteligencia, como por ejemplo sobre la doctrina de la fe: realmente mucho apoyo.

Pero nadie puede acusar de «jesuitismo» al pontificado actual. Lo digo y creo que soy sincero al decirlo. Se trata de una colaboración eclesial, dentro del espíritu eclesial. Es un sentir con la Iglesia y en la Iglesia en el respeto del carisma de la Compañía.

Los documentos de la última Congregación General no necesitaron aprobación pontificia. Yo no lo consideré necesario porque la Compañía es adulta. Y si mete la pata… ya vendrá la queja y después se verá. Creo que esta es la manera de colaborar.

Bueno les agradezco tanto… y quiero decirles aún una cosa importantísima, una recomendación: ¡la cuenta de conciencia! Para los jesuitas es una joya, una gracia de familia… Por favor: ¡no la dejen!

El encuentro privado se abrió naturalmente en la explanada del santuario donde estaba presente un grupo de personas que se benefician con los programas de solidaridad de la Iglesia, representantes de trabajadores, estudiantes, ancianos, personas en situación de calle y migrantes.

En su saludo, el capellán general del Hogar de Cristo, el jesuita P. Pablo Walker, dijo: «Querido papa Francisco, la mesa está lista y te damos una calurosa bienvenida. Años atrás te habíamos invitado a beber con nosotros y hoy ha llegado el día».

Recordando que «comer es un milagro», el capellán pidió al Papa que bendijera las «sopaipillas» preparadas por la señora Sonia Castro y por su hija Isabel Reinal.

El Papa pronunció la oración de bendición: «El Señor bendiga estos alimentos que estamos compartiendo, que han sido hechos por ustedes mismos, bendice las manos que los han preparado, las manos que los distribuyen y las manos que los reciben. Que el Señor bendiga los corazones de todos nosotros y que esta compartida nos enseñe a compartir el camino, a compartir la vida y, un día, a compartir el paraíso. Amén».

Después de haber recibido como regalo una Biblia del Pueblo de Dios y haber ofrecido al santuario un cuadro de Jesús Misericordioso pintado por Terezia Sedlakova, todos los participantes rezaron el Padre Nuestro. Luego el Pontífice impartió su bendición.

***

Al fin de su primer día en Perú, el 19 de enero de 2018, después de la visita de cortesía al presidente Pablo Kuczynski, el Papa se dirigió a la iglesia de San Pedro, dirigida por los padres jesuitas.

La iglesia fue edificada a partir del siglo XVI por la Compañía de Jesús y es considerada como uno de los más importantes complejos religiosos del centro histórico de Lima. Es también el Santuario Nacional del Sagrado Corazón de Jesús. La planta evoca a la de la Iglesia del Gesù en Roma. La fachada es de estilo neoclásico y tiene tres puertas de acceso. Imponentes los campanarios neoclásicos. El interior está ricamente decorado en estilo barroco y bien iluminado por la luz del sol. Sobre las tres naves se asoman diez capillas. San Pedro es considerada una de las iglesias más bellas del Perú.

Francisco fue recibido por el Provincial, P. Juan Carlos Morante, y por el Superior local, P. José Enrique Rodríguez, en la entrada de la Capilla de la Penitenciaría. Atravesando la nave izquierda de la Iglesia, el Papa llegó a la sacristía, donde estaban reunidos alrededor de cien jesuitas.

El padre Morante agradeció a Francisco por su visita y habló del compromiso de la Compañía en la evangelización de los pueblos originarios y en la educación citando a los padres Alonso de Barzana (1528-1598), Francisco del Castillo (1615-1673), Antonio Ruiz de Montoya (1585-1652), y otros.

Habló de las nuevas perspectivas a partir del Concilio Vaticano II y de los nuevos desafíos: la opción preferencial por los pobres, los ejercicios espirituales, la colaboración con los laicos y los nuevos desafíos apostólicos que exigen un nuevo discernimiento apostólico.

Luego tomó la palabra el Papa. El texto de la conversación aquí transcrita ha sido aprobado en esta forma por el Pontífice para su publicación.

Francisco saludó a los presentes de esta manera:

Buenas tardes… Gracias. Vamos a empezar a conversar para no perder tiempo. Tienen preparadas algunas preguntas… Con toda libertad…

La primera pregunta: «Los jesuitas del Perú, desde siempre, especialmente en este tiempo estamos comprometidos, con los temas de la reconciliación y la justicia. Ahora parece que las fuerzas políticas han alcanzado imprevistamente un acuerdo, y la reconciliación aparece como un llamado a todos. Se nos propone una reconciliación sin que haya habido un proceso. Mi pregunta es: ¿con qué actitud vivir, qué elementos tomar en cuenta cuando queremos una reconciliación? Sentimos que la palabra “reconciliación” está manipulada, y sentimos que se propone una justicia que no ha sido bien elaborado. ¿Usted qué piensa?».

Gracias. La palabra «reconciliación» no solo está manipulada: está quemada. Hoy día -no solo acá sino también en otros países de América Latina- se ha depotenciado la palabra reconciliación. Cuando san Pablo describe la reconciliación de todos nosotros con Dios, en Cristo, pretende usar una palabra fuerte.

Hoy, en cambio, «reconciliación» se ha convertido en una palabra de cartón. La depotenciaron. La depotenciaron no solo en su contenido religioso sino en su contenido humano, ese que se comparte cuando uno se mira a los ojos. Hoy se negocia debajo de la mesa.

Yo diría que no hay que jugar al circo, pero tampoco patear en contra. Hay que decir a los que la usan depotenciada: úsenla ustedes, nosotros no vamos a usar una palabra que hoy está quemada. Pero hay que seguir trabajando, procurando reconciliar gente.

Desde abajo, desde los costados, con una buena palabra, con una visita, con un curso que ayude a comprender, con el arma de la oración, que es la que nos va a dar la fuerza y va a hacer milagros, pero sobre todo con el arma humana de la persuasión, que es humilde. La persuasión actúa así: con humildad.

Yo propongo esto: ir al encuentro del adversario, ponerse frente al otro si se da la oportunidad… ¡La persuasión! Sobre la reconciliación que hoy día se plantea -no quiero tocar a fondo y en detalle el problema peruano porque no lo conozco, pero me fío de tus palabras, y dado que, como te decía, este fenómeno se da también en otros países de América Latina-, puedo decirte que no se trata de una verdadera reconciliación, profunda, sino de un negociado.

Y está bien: el arte de la conducción política supone también la capacidad de negociar. El problema está en qué se negocia cuando se negocia. Si entre el montón de cosas que llevás a negociar están tus intereses personales, entonces ya está… No podemos hablar ni siquiera de un negociado. Es otra cosa…

Entonces, en lugar de hablar de reconciliación es mejor hablar de «esperanza». Busquen una palabra que no sea un caballito de batalla mezquino, usado sin su pleno significado. Quiero repetirlo, no conozco en detalle la situación del Perú, me fío de tus palabras, pero es un fenómeno de varios países de América Latina, por eso puedo hablar así.

Sigue esta pregunta: «Santo Padre, nuestra Provincia ha ido disminuyendo en número, hay gente que está creciendo en edad, hay jóvenes que van asumiendo nuevas responsabilidades… Llevamos todavía muchas instituciones. La situación no es la más fácil… ¿Cómo nos animaría Usted? ¿Cómo nos invitaría a seguir fortaleciendo nuestra vocación de seguir a Jesús, de vivir en la Compañía de Jesús en medio de estas circunstancias que a veces puede parecer que nos desaniman? ¿Cómo hacer para no amargarnos, para no resentirnos, sino para tratar de vivir estas cosas con alegría? ¿Qué decir a aquellos que van creciendo en años y van viendo que los que vienen detrás son menos, que podrán seguir llevando con las mismas fuerzas lo anterior? ¿Qué decir a los más jóvenes que han encontrado situaciones de dificultad a su alrededor?».

Vos dijiste que tenemos bastantes «instituciones». Me atrevo a corregirte la palabra: tenemos bastantes «obras». Y hay que distinguir entre obras e instituciones. El aspecto institucional es esencial en la Compañía. Pero no todas las obras son instituciones. Quizás lo fueron, pero el tiempo hizo que dejaran de ser instituciones.

Hay que discernir entre lo que es hoy día institución «que convoca, que te da fuerza, que promete, que es profética, y lo que es una obra, que sí, fue institución en un momento, pero que ahora parece que dejó de serlo. Y ahí hacer lo de siempre: un discernimiento pastoral y comunitario.

El padre Arrupe insistía en esto. Hay que hacer la selección de obras con este criterio: que sean instituciones, en el sentido ignaciano de la palabra, es decir que convoquen personas, que den respuesta a las exigencias de hoy. Y esto requiere que la comunidad se ponga en estado de discernimiento. Y ese quizás sea el reto que ustedes tienen…

Considerando esta disminución de jóvenes y de fuerzas se podría entrar en desolación institucional. No, eso no se lo pueden permitir. La Compañía pasó un momento de desolación institucional durante el generalato del padre Ricci, que terminó preso en el Castillo Sant’Angelo [2].

Las cartas que escribió el padre Ricci a la Compañía en ese tiempo son una maravilla de criterios de discernimiento, de criterios de acción para no dejarse chupar por la desolación institucional. La desolación te tira abajo, es una frazada mojada que te tiran encima y a ver cómo salís, y te lleva a la amargura, a la desilusión…

Es el discurso postriunfalista de Emaús: «nosotros esperábamos…» que decimos también nosotros, por ejemplo, cuando usamos expresiones como «la gloriosa Compañía era otra cosa», «la caballería ligera de la Iglesia… ahora en cambio…». Y otras cosas como estas.

El Espíritu de desolación marca profundamente. Les aconsejo que lean las cartas del padre Ricci. Más tarde el padre Roothan [3] atravesó otro período de desolación de la Compañía con motivo de la masonería, pero no tan fuerte como la de Ricci, que terminó en la supresión. Hubo algunos otros períodos así en la historia de la Compañía.

Por otro lado, hay que buscar a los padres, a los padres de la institucionalización de la Compañía: por supuesto Ignacio, Fabro. Aquí podemos hablar del padre Barzana [4].

A mí Barzana me sedujo: cuando estuvo en Santiago del Estero, en Argentina, manejaba doce lenguas indígenas. Lo llamaban el Francisco Javier de las Indias Occidentales. Y ese hombre, ahí, en el desierto, sembró la fe, fundó la fe. Dicen que era de origen hebreo y que su apellido era Bar Shana.

Hace bien mirar a esos hombres que fueron capaces de institucionalizar, y que no se dejaron desolar. Yo me pregunto si Javier, ante el fracaso de mirar China y no poder entrar, estaba desolado. No, yo imagino que Javier se dirige al Señor diciendo: «Vos no lo querés, entonces chau, está bien así». Optó por seguir el camino que se le proponía, ¡y en aquel caso era la muerte!… ¡pero está bien!

La desolación: no debemos dejar que entre en juego. Al contrario, debemos buscar a los jesuitas consolados. No sé, no quiero dar un consejo, pero… busquen siempre la consolación. Búsquenla siempre. Como piedra de toque del estado espiritual de ustedes.

Como Javier en las puertas de China, miren siempre adelante… ¡Dios sabe! Pero que la sonrisa del corazón no se embarre. No sé, no se me ocurre darte recetas. Hace falta el discernimiento de los ministerios y de lo institucional en un clima de consolación.

Lean, por tanto, las cartas del padre Lorenzo Ricci. Es una maravilla cómo quiso siempre elegir la consolación en el momento de mayor desolación que haya tenido la Compañía, cuando sabía que las cortes europeas estaban por dar el golpe de gracia a la Compañía.

Quisiera que nos pudiera decir unas palabras sobre un tema que nos genera mucha desolación en la Iglesia y en especial entre los religiosos y en el clero: es el tema de los abusos sexuales. Estamos muy marcados por estos escándalos. ¿Qué nos puede decir al respecto? Una palabra de aliento.

Ayer hablé de esto a los sacerdotes, religiosos y religiosas chilenos en la catedral de Santiago. Es la desolación más grande que está pasando la Iglesia.

Y esto nos lleva a pasar vergüenza, pero hay que recordar que la vergüenza es también una gracia muy ignaciana, algo que San Ignacio nos hace pedir en los tres coloquios de la primera semana. Así que tomémoslo como gracia y avergoncémonos profundamente. Debemos amar una Iglesia con llagas. Muchas llagas…

Te cuento un hecho. El 24 de marzo en Argentina es la memoria del golpe de estado militar, de la dictadura, de los desaparecidos… Y todos los 24 de marzo la Plaza de Mayo se llena recordando eso. En uno de estos 24 de marzo salí del Arzobispado y fui a confesar a las monjas carmelitas. Cuando volvía tomé el subterráneo y bajé no en Plaza de Mayo sino seis cuadras antes. Estaba llena la plaza… y caminé esas cuadras para entrar por el costado.

Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení… Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y… ¡qué vergüenza!

A veces se dicen cosas como «recurso consuelo» y alguno llega a decir: «Bueno, mirá las estadísticas… el… no sé… 70 % de los pedófilos son del entorno familiar, vecinal. Después en los clubes, en los natatorios. La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto…».

¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada.

Los viernes, a veces se sabe y a veces no se sabe, me encuentro habitualmente con algunos de ellos. En Chile tuve un encuentro. Como su proceso es tan duro, quedan destrozados. Quedan destrozados.

Para la Iglesia es una gran humillación. Muestra no solamente nuestra fragilidad, sino también -digámoslo claramente- nuestro nivel de hipocresía.

Sobre los casos de corrupción en el sentido del abuso más de tipo institucional, es singular el hecho de que haya varias congregaciones, relativamente nuevas, cuyos fundadores cayeron en estos abusos. Son públicos los casos. El papa Benedicto tuvo que suprimir una congregación de varones numerosa. El fundador había sembrado estas costumbres.

Era una congregación que tenía también su rama femenina y también la fundadora había sembrado estas costumbres. Él abusaba de religiosos jóvenes e inmaduros. Benedicto comenzó el proceso de la rama femenina. A mí me tocó suprimirla. Ustedes acá tienen muchos casos dolorosos. Pero lo curioso es que el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas.

El abuso en estas congregaciones es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas. Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos.

Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza… Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos.

Perdonando la falta de humildad, te sugeriría leer lo que dije a los chilenos, que está más pensado y más rumiado que lo que me puede salir ahora espontáneamente.

«Ayúdenos en este proceso de discernimiento, que es de la Compañía universal. El padre Sosa nos llama a pensar por dónde tiene que ir la Compañía en estos tiempos, considerando nuestras debilidades y fortalezas. Usted tiene una visión universal, nos conoce bien, sabe lo que podríamos aportar a la iglesia universal. Nos podría ayudar diciendo, por ejemplo, cómo usted va viendo que el Espíritu mueve a la iglesia ahora hacia el futuro, hacia el porvenir. Por dónde tendríamos que seguir las sendas del Espíritu, como jesuitas, allí donde estemos -y no solo en la provincia del Perú-, para seguir en su servicio. Algunas líneas que podrían convertirse en parte de nuestro programa…»

Gracias. Te respondo con una sola palabra. Parecerá que no digo nada y en cambio digo todo. Y esta palabra es «Concilio». Tomen el Concilio Vaticano II. Relean la Lumen Gentium. Ayer con los obispos chilenos -o anteayer, ya no sé qué día es hoy- los exhortaba a la desclericalización.

Si hay una cosa muy clara es la conciencia del santo pueblo fiel de Dios, infalible in credendo, como nos enseña el Concilio. El pueblo de Dios es quien lleva adelante la Iglesia. La gracia de la misionariedad y del anuncio de Jesucristo nos lo da el bautismo. De allí podemos ir adelante.

No hay que olvidar que la evangelización la hace la Iglesia como pueblo de Dios. El Señor quiere una Iglesia evangelizadora, lo veo claro. Es lo que me salió decir de corazón y con sencillez, en los pocos minutos que hablé en las congregaciones generales previas al cónclave. Una iglesia que va afuera, una iglesia que sale a anunciar a Jesucristo. Después o en el mismo momento en que lo adora y se llena de Él.

Uso siempre un ejemplo ligado al Apocalipsis donde leemos: «Estoy a la puerta y llamo. Si alguno me abre voy a entrar». El Señor está afuera y quiere entrar. A veces, sin embargo, el Señor está adentro ¡y golpea para que lo dejemos salir! A nosotros, el Señor nos está pidiendo que seamos Iglesia afuera, Iglesia en salida. Iglesia afuera. Iglesia hospital de campo… ¡Ah, las heridas del pueblo de Dios!

A veces el pueblo de Dios está herido por una catequesis rígida, moralista, del «se puede o no se puede», o por una falta de testimonio. ¡Una Iglesia pobre y para los pobres! Los pobres no son una fórmula teórica del partido comunista. Los pobres son el centro del Evangelio. ¡Son el centro del Evangelio! No podemos predicar el Evangelio sin los pobres.

Entonces te digo: es en esta línea que siento que el Espíritu nos está llevando. Y las resistencias para no hacerlo son fuertes. Pero debo decir también que para mí el hecho de que nazcan resistencias es un buen signo. Es el signo de que se va por buen camino, de que ese es el camino. Si no fuera así, el demonio no se molestaría en hacer resistencia.

Te diría que estos son los criterios: la pobreza, la misionariedad, la conciencia de pueblo fiel de Dios…

En América Latina en particular deberían preguntarse: «Pero, ¿dónde es que nuestro pueblo ha sido creativo?». Con algunas desviaciones, sí, pero ha sido creativo en la piedad popular. ¿Y por qué nuestro pueblo fue capaz de ser tan creativo en la piedad popular? Porque no les interesaba a los curas y entonces dejaban que hiciera… Y el pueblo iba adelante…

Y después, sí, lo que la Iglesia hoy pide a la Compañía -esto ya lo dije en todos lados, y Spadaro que publica esas cosas ya está cansado de escribirlo-, es enseñar con humildad a discernir. Sí, esto se lo pido oficialmente como Pontífice. En general, sobre todo, nosotros que pertenecemos a la vida religiosa, sacerdotes, obispos, a veces demostramos poca capacidad de discernimiento, no sabemos hacerlo, porque fuimos educados en otra teología quizás más formalista.

Nos detenemos en el «se puede o no se puede», como les decía también a los jesuitas chilenos a propósito de las resistencias a Amoris Laetitia. Algunos reducen todo el resultado de dos Sínodos, todo el trabajo hecho, al «se puede o no se puede».

Ayúdennos pues a discernir. Claro, no puede enseñar a discernir quien no sabe discernir. Y para discernir uno debe entrar en Ejercicios, hace falta examinarse. Hace falta comenzar siempre por uno mismo.

El encuentro concluye así. El rector de la iglesia le explica al Papa el significado de la silla que le prepararon. Dice que en 1992 hubo un atentado de Sendero Luminoso [5] y que una parte de la iglesia quedó dañada. En la restauración se reforzaron las paredes y se extrajo un arquitrave de madera de 1672, con el cual se hizo la silla tallada en el estilo barroco de Lima para esta visita. El Papa agradece sonriendo y bromea: «Estoy sentado en 1672. Jugaré este número a la lotería!».

Al final el Provincial agradece al Papa antes de pedir una foto de grupo. El Papa responde al agradecimiento con estas palabras:

Les agradezco mucho. ¡Recen por mí! Les comparto una gracia muy grande. Desde el momento en que me di cuenta de que iba a ser elegido Papa sentí mucha paz y no se me fue hasta el día de hoy. ¡Pidan para que el Señor me la mantenga!

Al final del encuentro el Papa regaló a los jesuitas una cruz de plata realizada en 1981 por el orfebre italiano Antonio Vedele, que en su interior representa las estaciones del Vía Crucis. Las estaciones no son catorce sino quince, porque el artista ha querido incluir en el centro de los brazos la representación de la Resurrección de Cristo. Vedele es el orfebre que diseñó la cruz pectoral del Papa Francisco, que luego, en 1998, fue realizada en plata por su discípulo Giuseppe Albrizzi, autor también del Pectoral usado por el entonces Cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio.

Por último el Papa posó para una foto de grupo. Luego atravesó la iglesia de San Pedro y antes de salir por la puerta principal se detuvo ante la tumba del Venerable padre Francisco de Castillo, apóstol de Lima.

Notas

[1] San Alberto Hurtado (1901-1952) fue un hombre profundamente espiritual, infatigable en su trabajo con los jóvenes y obreros, y versátil escritor. Gran parte de su formación como jesuita la recibió en Europa, consiguiendo en Lovaina el doctorado en psicología y pedagogía. A su regreso a Chile en enero de 1936, se dedicó a los jóvenes como profesor de Religión y director espiritual del Colegio de Santiago. Al mismo tiempo enseñaba Pedagogía en la Universidad Católica. Muy ligado a los ejercicios espirituales, fundó una casa de ejercicios, promoviendo cursos que suscitaron muchas vocaciones para toda la iglesia. En 1940 su primer libro titulado ¿Es Chile un país católico? hizo un análisis sociológico de la Iglesia en Chile que provocó una tormenta de reacciones sacudiendo la conciencia de los católicos chilenos. Trabajando en la capital lo conmovió la situación de las personas sin hogar y habló de ello en un retiro. Así nació la obra por la cual es más conocido: el Hogar de Cristo, una casa donde los pobres pueden encontrar comida y acogida y nuevas posibilidades de vida. Además, los más jóvenes reciben allí formación básica y aprenden un oficio. Fundó también la Asociación sindical chilena para formar líderes en este campo. Murió a los 51 años y fue beatificado por Juan Pablo II el 14 de octubre de 1994 y canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005.

[2] Superior General padre Lorenzo Ricci (1703-1775), ejerció este rol en un momento delicado de la historia de la Compañía de Jesús, a causa de las tensiones con los gobiernos europeos. Durante su gobierno, la orden fue expulsada primero de algunos países como Portugal, Francia y España. Con Clemente XIV, la Compañía fue suprimida y, mientras los jesuitas fueron integrados al clero diocesano y religioso, el padre Ricci fue encarcelado en el Castillo Sant’Angelo. Allí vivió hasta su muerte, dos años después, solo y víctima de humillaciones de todo tipo, sosteniendo hasta el último momento que la Compañía no había dado motivo para ser suprimida.

[3] Joannes Philippe Roothaan (Amsterdam, 23 de noviembre 1783 o 1785-Roma, 8 de mayo de 1853) fue un jesuita holandés, Prepósito General de la orden (el segundo después de la restauración) del 9 de julio de 1829 hasta su muerte. Su trabajo como Prepósito general fue muy fructífero para la orden recientemente restaurada. Su primera atención fue preservar y reforzar el espíritu de la Compañía. A este fin dedicó nueve de sus once cartas generales. Incrementó el trabajo en las misiones. La Orden redobló el número de sus miembros, llegando a 5000 profesos. La Compañía tuvo que sufrir, sin embargo, también la expulsión de muchos países, especialmente durante el año de la Revolución, en 1848.

[4] P. Alonso de Barzana (Cuenca, 1530 – Cuzco, 1597), fue enviado a la misión de Juli, sobre la ribera del Lago Titicaca, hoy al sud-este de Perú. Permaneció en la zona central de la actual Bolivia durante once años, hasta que fue enviado a Tucumán. Continuó su trabajo misionero entre los indígenas del valle Calchaquí y luego en el Gran Chaco hasta 1593. Prosiguió su tabajo entre las numerosas tribus de aquella región y también en la del Paraguay hasta 1589. Conocía muchas lenguas indígenas y escribió gramáticas, vocabularios y catecismos en muchas de estas lenguas.

[5] El «Partido Comunista del Perú sobre el sendero luminoso de Mariátegui» es una organización guerrillera peruana de inspiración maoísta fundada entre 1969 y 1970 por Abimael Guzmán, como consecuencia de una división del Partido Comunista del Perú – Bandera Roja (PCP-BR). Sendero Luminoso se propone subvertir el sistema político peruano e instaurar el socialismo a través de la lucha armada.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/02/15/el-papa-confiesa-que-cada-viernes-se-reune-con-victimas-de-abusos-sexuales-religion-iglesia-pederastia-herejes-jesuitas-peru-chile-civiltta-cattolica-spadaro-francisco.shtml


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