Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central

febrero 16, 2019

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Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central. Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.

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Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central

Papa Francisco

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A las 15.45 del 26 de enero de 2019 el papa Francisco se encontró en la Nunciatura de Panamá con 30 jesuitas de la provincia centroamericana, que comprende los territorios de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala. Estaban presentes el provincial, P. Rolando Enrique Alvarado López, el maestro de novicios, P. Silvio Avilez, y 18 jóvenes novicios.

Apenas entró Francisco en la sala del encuentro, los jesuitas entonaron el canto En todo amar y servir, muy conocido en la Compañía de Jesús. Luego el Papa saludó a todos, uno por uno, antes de sentarse e iniciar la conversación.

Por Antonio Spadaro S.I.

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Gracias por su visita. A mí me gusta en mis viajes encontrarme con «los nuestros», como se decía en mi época.[1] Lo que sí quería es decirles una cosa: a las provincias de la Compañía que se lamentan de que no tenemos novicios… Tú, provincial, ¡pásales la receta!

Ustedes pregunten lo que les parezca, lo que les pueda interesar, lo que tengan curiosidad de saber… Y en base a eso armamos el diálogo. Yo no tengo nada preparado. Vean ustedes…

En la homilía que tuvo con los Obispos, después de hablar de Monseñor Romero, citó al padre jesuita Rutilio Grande. Cómo va la causa de beatificación de Rutilio.

Yo a Rutilio lo quiero mucho.[2] En la entrada de mi cuarto tengo un marco que contiene un pedazo de tela ensangrentada de Romero y los apuntes de una catequesis de Rutilio. A Rutilio le tomé mucha devoción antes incluso de conocer bien la figura de Romero.

Cuando estaba en Argentina su vida me llegó, su muerte me tocó. Según las últimas noticias que tengo de personas informadas, la declaración de martirio está yendo muy bien. Y es una honra… Hombres de este tipo… Rutilio, además, ha sido el profeta. El que «convirtió» a Romero.

Aquí hay una visión: la dimensión de profecía, la de aquel que es profeta por el testimonio de su vida y no solamente de palabra, como aquellos que lo son porque dan clase y andan por ahí hablando.

Rutilio es un profeta de testimonio. Decía también todo lo que tenía que decir, pero fue su testimonio, el testimonio martirial, lo que al fin movió a Romero. Esa fue la gracia. Así que pídanles a ellos en sus oraciones.

Usted fue maestro de novicios, ¿verdad? ¿En qué años?

Comencé en febrero o marzo, no recuerdo bien, de 1972. Y fui maestro hasta el día de san Ignacio de 1973, en que asumí como provincial. Un año y medio.

A Usted, que ha sido maestro de novicios, le hago una pregunta de maestro. Hoy, en los primeros decenios del siglo XXI, las situaciones son muy distintas de las de aquellos convulsionados años setenta en América Latina. Pero en qué les insistía Usted a sus novicios que, según Usted, deberíamos seguir insistiendo a los novicios de ahora?

De las cosas de aquel momento que habría que trasladar a hoy, que permanecen actuales, remarcaría una actitud: la claridad de conciencia. Para los que son solapados no hay lugar: no sirven para la Compañía. Cuando tú lees las cartas de Javier, lo que quería él es que se supieran las cosas: lo que Jesús hace en el alma de cada uno, y también cómo el diablo tienta y cómo el mundo seduce.

Este espíritu supone una gran confianza. Por eso el maestro de novicios no tiene que ser una persona pusilánime. Tiene que ser abierto, muy abierto, que no se asuste de nada ni le tenga miedo a nada; en cambio, debe ser agudo, capaz de decir: «Ten cuidado con esto, mira, esto que me dices es peligroso; esto es una gracia, dale para adelante por acá». Debe saber discernir. Un hombre que no se asusta, un hombre de discernimiento.

La claridad de conciencia, por tanto. Cuando estoy con novicios yo les digo: miren, si ustedes no se acostumbran desde ahora a ser transparentes, mejor que se vayan. Porque eso va a crecer mal. Alejarse de la transparencia por una cosa quizás pequeña es algo que puede pasar en todo proceso de crecimiento.

Pero estén atentos porque, si no se remedia rápido, llegará un momento en que la Compañía no va a saber qué hacer con esa persona, porque se rompió el lazo de fraternidad, el ser compañeros en el Señor. Entonces esa persona empieza a ir adelante a fuerza de trampas, excusas, enfermedades. Con mil cosas que le permiten hacer lo que ella quiere.

Los que actúan así puede que vayan al cielo, seguramente. Pero qué vida inútil, Dios mío, ¡qué vida superficial! Mejor salir, casarse, ojalá, tener hijos y estar en paz. Pero vivir así, sin claridad de conciencia, es quedarse en la cáscara de la Compañía, no entrar adentro.

Yo insistiría mucho en esto. Claro que es una cosa delicada. Porque implica en el maestro una capacidad de respeto, de no asustarse, de escuchar, de animar. De ser más exigente.

Esto vale también para los superiores. A veces a ti te debe pasar que hubieras deseado que tal persona no hubiera sido claro de conciencia, porque tiene un problema que no sabes cómo resolver. Pero es la claridad de conciencia lo que nos hace jesuitas. Además, el jesuita tiene que saber que el superior lo quiere bien y que el diálogo es en Dios.

En el libro entrevista sobre la vida consagrada que recién ha salido,[3] cuento una anécdota. Es acerca de un superior. Un joven, un maestrillo,[4] estaba en un cierto colegio de España, y su madre tenía un cáncer terminal. Y en la ciudad en que vivía su madre había otro colegio de la Compañía. Y un día, cuando el provincial hacía su visita, entre otras cosas el joven le dice:

«Mire, mi madre está mal. Tendrá menos de un año de vida. Sé que tienen que mandar un maestrillo a ese colegio. Le quisiera pedir que me mandara a mí; así estaré en la ciudad de mi mamá y la podré acompañar en su último tramo». El provincial lo escuchó con mucha atención y le dijo: «Lo voy a discernir, debo pensarlo». Y el muchacho se quedó en paz.

Esto pasó hacia el mediodía. El provincial se iba tempranito a la mañana siguiente. El muchacho hizo sus cosas normalmente a la tarde y a la noche se quedó rezando en la capilla, por su mamá, para que saliera todo bien… Se quedó hasta tarde y, cuando llegó a su pieza encontró un sobre de parte del provincial. Lo abrió…

Era una carta con fecha del día siguiente, en la que el provincial le decía: «Después de haberlo considerado ante el Señor y buscando su divina voluntad [y otras afirmaciones por el estilo], y después de haber celebrado la Eucaristía [¡la del día siguiente!] pienso que te tienes que quedar en este colegio».

¿Qué había sucedido? El Provincial tenía que irse temprano y había adelantado el trabajo, había escrito y dejado todas las cartas al ministro,[5] para que las entregara al día siguiente. Pero el ministro, viendo que era tarde y ya estaban todos durmiendo, las entregó esa misma noche. Ese jesuita no salió de la Compañía, pero hubiera tenido todos los motivos para hacerlo.

Por tanto, es verdad que a veces la claridad de conciencia termina en un antitestimonio de este tipo, ¡en una hipocresía! ¡Además, se juega con el discernimiento, con la Misa, con todo…! Aquel superior no tenía escrúpulos. Era de ese tipo de superiores que juegan siempre al equilibrio. Superiores mundanos, con espíritu del mundo.

Y entonces también los superiores no ayudan a tener claridad de conciencia, y son responsables de que no la haya. El superior tiene que ser muy humilde, muy hermano, y saber que el día de mañana será él el que tenga que abrir su conciencia a otro superior. Insisto en esto: la transparencia.

Ustedes métanselo en la cabeza, apuesten a esto. Si no, van a fracasar. Van a ser jesuitas «chirles» (inconsistentes). Para eso mejor que se vayan, mejor ser buenos padres de familia. No estoy haciendo algo trágico de esto, pero es una de las cosas medulares de la Compañía, lo que garantiza el amor a Cristo, el seguir a Cristo. He sido formado así.

¿Como visualiza Usted, hoy en día, la vocación de hermano?

Las vocaciones en la Compañía son tres: de profeso, de coadjutor y de hermano.[6] En 1974, en tiempos de la Congregación XXXII, que comenzó el 3 de diciembre, había mucha efervescencia por la igualdad. Se pensaba que la diferencia entre profeso y coadjutor espiritual era una injusticia social.

Había habido cierta infiltración ideológica en esto. De hecho, después hubo una racha de dar la profesión a todo el mundo así, según algunos, serían todos iguales. El padre Arrupe tuvo que reaccionar. Si se hubiera dado esto se habría perdido algo de la Compañía. Saltó otra visión en aquella época, también ideológica: que el servicio propio de los hermanos en la Compañía era una especie de injusticia social.

Se hacía de eso una cuestión «de nivel social». Como si el hermano Antonio García, el custodio del museo de los mártires en Nagasaki, fuera un «sirviente», en el sentido clásico y sociológico de la palabra. ¡Y en cambio él era más sabio que todos nosotros aquí juntos! Era él el que ayuda a tantos con su consejo. El hermano es el que tiene el carisma más puro de la Compañía: servir, servir, servir.

Al comienzo ustedes cantaban En todo amar y servir. El hermano es así. Concreto. Entre los hermanos que yo he conocido, algunos eran pintorescos, tenían sus defectos… Algunos han luchado tanto, han luchado por su vida religiosa, como héroes, y no han sido suficientemente ayudados en sus luchas y dificultades.

Me recuerdo de uno, claro de conciencia, pero un poco «donjuán». Este pobre hermano se enamoraba continuamente. Y venía con humildad y decía: «Ah padre, yo me la paso buscando novia siempre». ¡Quién sabe, quizás no tendrían que haber entrado en la Compañía!

Pero eran hombres transparentes, y con buen ojo para valorar las situaciones. Hay ahí una vocación al servicio de un modo diverso: en la misma fraternidad, con la misma dignidad religiosa, no simplemente sociológica, como se quería en un tiempo.

Algunos hacían comparaciones y decían «el hermano es la madre». No, no, no. Eso no va. La madre es la Compañía y con una nos basta. Pero el hermano es aquel que está en lo concreto, que mira a lo concreto, que sabe moverse en lo concreto, haga lo que haga. Sea enfermero, cocinero, portero, profesor. Tiene otra dimensión. Valorar el hermano según criterios sociológicos no es jesuita. Esto es sacar de contexto el servicio que le es propio.

Entre los hermanos que teníamos en la Argentina, algunos tenían sus defectillos, es verdad, pero eran hombres de este calibre. Yo recuerdo uno, un santo varón. Era croata. Había escapado de su patria y había terminado trabajando de minero en Bélgica, en Charleroi. Siempre conservó la piedad. Quería ser religioso. No sabía dónde.

Emigró a la Argentina y allí entró en la Compañía. Era un hombre muy sencillo. Se encargaba de todos los trabajos de cerrajería y herrería. Y para decirlo en términos de cerrajería, tenía la llave de toda la realidad, de todo lo que pasaba, pero no hablaba si no le preguntaba el superior.

He conocido tantos como él: robles. Muchos eran españoles que venían a la Argentina. La provincia de Loyola era una fábrica de hermanos. Los vascos que vinieron a nuestra tierra eran hombres de una sola pieza, hablo de los que conocí yo.

¿Por qué digo todos estos ejemplos? Para decirte que la vocación de hermano no hay que considerarla desde un punto de vista sociológico, sino del punto de vista de lo que los hermanos son en realidad en su vocación específica, como san Ignacio los ha querido en la Compañía.

No quiero exagerar, pero cuando era provincial, los informes más simples y a la vez más acertados para las ordenaciones me los daban los hermanos. Decían: «Sí, ta…, ta… Pero cuidado con este problema!». O «Esta persona tiene algunos defectos, sí. Pero tiene también esta virtud…». En síntesis: no se les escapaba una. Tenían un ojo especial.

En la Compañía el hermano influye mucho sobre el cuerpo colectivo y sobre la comunidad. Se lo debe promover, como a cualquier jesuita, para que dé lo mejor de sí. Pero la promoción no debe estar fundada sobre una motivación sociológica o ideológica, como si el hermano tuviera necesidad de una promoción para sentirse persona. Si no se siente persona como hermano, debe replantearse su vocación. El hermano no tiene necesidad de maquillaje. Esta vocación no debe desaparecer. No sé si te contesté.

Estamos en el contexto de la JMJ y hay encuentros diversos de jóvenes en torno a esto. El día de la bienvenida en la Cinta costera, Usted habló sobre la cultura del encuentro. Usted está convencido de que el encuentro es un tema fuerte para nuestros jóvenes, invadidos con tanta cultura informática. Parece que el encuentro a veces se ve truncado y que la cercanía está mediada por la red informática.

Mira, el mundo virtual es especialista en hacer contactos pero no encuentros. A veces fabrica encuentros seduciéndote con los contactos. El que vio bien esto bajo el aspecto filosófico fue Bauman. Escribió su último libro con su ayudante italiano y murió mientras trabajaba en el último capítulo. La viuda se lo dio al ayudante: «Termínelo usted y publíquelo, ponga también el nombre de mi marido, porque usted era discípulo suyo y lo conocía bien». Y lo publicó en italiano.[7] Se titula Nacidos líquidos, o sea inconsistentes. Pero en la traducción alemana el título es Die Entwurzelten, desarraigados. En la mentalidad alemana, los que nacen líquidos no tienen raíces. Perfecto. Es así.

¿Qué hace el mundo puramente virtual si está aislado en sí mismo? Te da satisfacciones, una consolación artificial, pero no te mantiene unido a tus raíces. Te pone en órbita. Te quita lo concreto. El mundo virtual corre el riesgo de ser un mundo de contactos —se lo dije a los obispos—, pero no es un mundo de encuentros.

Y esto es un peligro, un peligro muy grave. Respecto a esto los jóvenes necesitan tener una dirección muy seria que no los haga sentirse despojados, sino enriquecidos. Aquellos de ustedes que trabajan con los jóvenes, por ejemplo en los colegios, tienen la tarea de ayudarlos al encuentro.

¿En qué consiste la actual crisis del encuentro? Es una crisis de raíces.

La generación intermedia —al menos en Europa y en mi patria—, o sea los padres de los jóvenes, no tienen la fuerza suficiente para transmitir raíces. Porque son personas tironeadas. A menudo en competencia con los hijos. Las raíces las dan los abuelos. Todavía están a tiempo de hacerlo. Las raíces las dan los viejos. Cuando digo que los jóvenes deben encontrarse con los viejos, no expreso una idea romántica. Háganlos hablar.

Al principio los jóvenes dicen que se hartan, que se aburren y se quedan callados. He tenido experiencia de jóvenes y de grupos juveniles a los que se les proponía ir a tocar la guitarra a los abuelos de una casa de reposo. Respondían: «No, son viejos». Pero después, cuando iban a visitarlos, no se querían volver.

Una canción, después otra. «¿Por qué no me canta esta?», y «En mi época…», y así: los viejos se despiertan… Yo me refiero al capítulo 3 del libro de Joel: los viejos soñarán y los jóvenes profetizarán. Los viejos empiezan a soñar, a contar, y los jóvenes se ponen a profetizar: no lo que les dijeron los viejos, sino lo que los sueños de los viejos despiertan en ellos.

Eso es encuentro. Eso es realidad. Pero es importante ir a las raíces. Lo que la cultura virtual nos propone es algo líquido, gaseoso, sin raíces, sin tronco, sin nada. Es lo mismo que pasa con la economía y las finanzas. En estos días leía una noticia proveniente del encuentro de Davos, que la deuda de los países en general es mucho mayor que el producto bruto de todos juntos.

Es como la estafa de la cadena de san Antonio: las cifras se van inflando, por millones y trillones, pero debajo no hay otra cosa que humo, todo es líquido, gaseoso, y tarde o temprano, eso se va a venir abajo.

La virtud que hoy se nos pide a todos, y más a un jesuita, es concreción. Como aquel confesor que teníamos en el Máximo, que confesaba a la noche. Era muy viejito. Mientras hacíamos el examen de conciencia, algunos iban a confesarse, y siempre había una cola delante de su puerta. El confesaba rápido, decía pocas palabras. Pero un compañero nuestro, que era un ángel, muy espiritual, nos contó que una vez había ido a confesarse con él y no volvería más. «Me maltrató, me retó», decía.

Y claro, sentimos curiosidad… ¿Qué habría dicho este ángel para que el otro le gritara así? Y él nos lo contó: «Yo le empecé a decir mis dificultades. Y él me dijo: largá el gordo, largá el gordo!». Claro, estaba acostumbrado a escuchar cosas gordas y entonces cuando este le vino con cosas angélicas, tan líquidas, no le creyó nada y entonces lo animaba a que largara todo. ¡Concreción! Nada de andar con la cabeza por las nubes.

Ahora, cómo hacer que los chicos tengan concreción. Yo pienso en el padre La Manna, que ahora está en el instituto Máximo de Roma. Este hombre logró hacer concreción en su colegio, uno de los más chic de Roma; logró crear con los chicos un espíritu social impresionante. Concreción. Nada de cositas etéreas. La vida espiritual concreta. El compromiso, concreto. La vida de amistad, concreta. Concreción.

Es con esto que salvaremos al hombre. Pero vuelvo sobre el diálogo con los viejos. Por favor, háganlo antes de que sea demasiado tarde. Porque es un ancla que puede salvar a nuestra juventud.

Viendo el testimonio que ha caracterizado a la Compañía de Jesús en Centroamérica, ¿qué piensa que podemos aportar a la Iglesia universal?

En América ustedes fueron pioneros en los años de las luchas sociales cristianas. Ustedes fueron pioneros. Si el padre Arrupe escribió la Carta sobre los cristianos y el «análisis marxista» para hablar de la realidad en la teología de la liberación, fue porque había algún jesuita que por ahí se confundía un poco. No por mala intención pero se confundía, y entonces el padre tuvo que poner las cosas en su sitio. En el foco.

En aquel entonces el que condenaba la teología de la liberación, condenaba a todos los jesuitas de Centroamérica. Yo he escuchado condenas terribles. Y el que la aceptaba, aceptaba todo sin distinguir. De todas maneras, la historia ayudó a discernir y a purificar. Son procesos de purificación. Pero si no me equivoco, ustedes fueron pioneros, con sus propios pecados, con sus propios errores, pero pioneros al fin.

En aquel tiempo, un día tomé el avión para ir a una reunión. Salía de Buenos Aires, pero, como el boleto era más barato, hice escala en Madrid, para después ir a Roma. En Madrid subió un obispo de Centroamérica. Lo saludé, me saludó; nos sentamos juntos y empezamos a hablar. Yo le pregunté por la causa de Romero, y él me dijo: «Ni hablar. Ni hablar. Sería canonizar el marxismo».

Ese fue el introito. Después siguió. Dentro del mismo episcopado había visiones diferentes, incluso condenatorias de la línea de la Compañía. De hecho aquel obispo pasó de criticar a Romero a criticar a los jesuitas de Centroamérica. Pero no era el único que pensaba así. En aquella época, otros miembros de la jerarquía eran muy cercanos a los regímenes de entonces, se respaldaban en ellos.

En una reunión en Roma me encontré con un provincial que estaba tachado de izquierdista. Yo le pregunté sobre la teología de la liberación, y él me dio un panorama muy objetivo, incluso crítico con algunos jesuitas, pero haciendo ver cuál era la dirección positiva; a quien veía todo esto desde afuera, en cambio, todo le parecía muy, muy difícil de aceptar.

La idea era que canonizar a Romero era imposible porque ese hombre no era ni siquiera cristiano, ¡era marxista! Y por lo tanto lo atacaban. Pero en aquella tempestad había también un germen bueno. Que algunos exageraron, sí, pero después volvieron. Siempre ha habido exageraciones.

Hubo alguno que dijo cosas más fuertes que otros, es verdad, pero lo sustancial era distinto. Ustedes estuvieron de lleno en medio del zafarrancho. Y sería lindo que releyeran la historia de esos hombres. Había personas como Rutilio, que nunca se bandeó e hizo todo lo que tenía que hacer. Ideológicamente Rutilio no se bandeó nunca, y en cambio hubo algún otro que por ahí un poco se bandeaba, porque estaba enamorado de la filosofía de tal autor y con esa base releía e inspiraba los hechos. Pero son cosas humanas, comprensibles en coyunturas humanas difíciles.

Las dictaduras que tuvieron ustedes en Centroamérica fueron de terror. Lo importante es no dejarse ganar por la ideología ni de un lado ni de otro, y menos de la peor de todas, que es la ideología aséptica. «No te metas»: esta es la ideología peor. Era la actitud de aquel obispo que encontré en el avión, que era un aséptico.

Arrupe sobre esto era muy claro en el discernimiento que hacía. Los defendía a todos, pero después le ajustaba en privado a cada uno lo que le tenía que ajustar, si le tenía que ajustar algo. Eso es típico del superior, defender a todos… Y por eso es importante la cuenta de conciencia, porque allí se ajustan los tornillos donde se tienen que ajustar. Esta es mi opinión.

Y hoy, nosotros los viejos nos reímos cuando vemos las preocupaciones que tuvimos con la teología de la liberación. Lo que por ahí fallaba era la comunicación hacia afuera de cómo estaban las cosas en verdad. Había muchas maneras de interpretarla. Es verdad que algunos cayeron en el análisis marxista.

Pero les cuento algo divertido: el gran perseguido, Gustavo Gutiérrez, el peruano, concelebró la Misa conmigo y con el que era entonces prefecto de la Doctrina de la Fe, el Cardenal Müller. Esto fue porque Müller me lo trajo como amigo suyo a concelebrar. Si alguno en aquella época hubiera dicho que el prefecto para la Doctrina de la Fe habría llevado a Gutiérrez a concelebrar con el Papa, habrían dicho «este tomó de más».

La historia es maestra de la vida. Uno va aprendiendo. Una de las cosas que a mí me hizo mucho bien en una época de mi vida, fue leer la Historia de los Papas de Ludwig von Pastor… un poco larguita, ¡37 tomos! Ahí descubrí sobre todo la época de la expulsión de la Compañía… pero no solo eso. La historia nos enseña.

Sin ir tan lejos, les recomiendo que lean los cuatro tomitos de Giacomo Martina, gran profesor de la Gregoriana, sobre la historia de la Iglesia de Lutero a nuestros días. Se leen bien, porque tiene una linda prosa. Los va a ubicar en los problemas del modernismo… Ir a la historia para entender las situaciones. Sin condenar personas y sin santificarlas antes de tiempo. No sé si te respondí…

Dentro de poco algunos de nosotros profesaremos nuestros votos. ¿Qué nos puede decir?

¡Que los votos son perpetuos! No son perpetuos para el superior que los recibe, pero para ustedes que los pronuncian, sí.[8] Y con eso no se embroma. Si alguno no se siente bien con esto, que no los haga, que se tome más tiempo. ¿Voy a probar? No, de ninguna manera. De parte tuya, son perpetuos, para toda la vida.

Jugarse la vida: es una de las cosas en las que más se corre peligro hoy día. Porque estamos en una época en que lo provisorio prima sobre lo definitivo. En todo. Por ejemplo, se dice: «Yo me caso por toda la vida… mientras dure el amor». Es igual que decir: «Me caso por tres o cuatro años, luego, al primer conflicto, al primer enfriamiento del amor, me busco otra pareja».

Me contaba un obispo, en una de las visitas, que un joven abogado, apenas recibido, 23 años, un apóstol, comprometido en uno de los grupos, le dijo: «Yo quiero ser cura, ¡pero por diez años!». ¡Lo provisorio! Hay un libro de José Comblin, de hace cuarenta o cincuenta años, agotado, que se llama O provisorio e o definitivo, y habla de la filosofía de la cultura que está aflorando hoy: la cultura de lo provisorio. Todo sí, mientras dure. Mientras dure la consolación, mientras me traten bien…

Y a veces la vida no te trata bien, te trata como a un delincuente. Y si tú amas a Aquel que fue tratado como un delincuente, no te queda otra que aguantar. Es lo definitivo, con todo lo que supone la tercera semana de los Ejercicios espirituales.[9] Con todo lo que supone el coloquio de las «Dos banderas»,[10] que no es una cosa caballeresca de Ignacio, sino su experiencia.

Lo cual supone pedir ser humillado, pasar humillaciones, por amor a Cristo, sin dar motivo para ello. Los votos son perpetuos, con un estilo de vida. Son perpetuos con un estilo de vida que tiene que ser el de los Ejercicios, según los cuales te pueden mandar a hacer cualquier trabajo, cualquier cosa: desde enseñar religión a los chicos hasta enseñar en la universidad, o a hacer, qué sé yo… de equilibrista en un circo…

La Compañía puede mandarte a hacer cualquier cosa. Es esto lo que entiendo por definitivo. El tiempo, definitivo; el estilo, el de los Ejercicios; la disponibilidad, para lo que sea. Para amar y servir, como cantaban ustedes al comienzo. No decían para tener simpatía y dar una mano. Amar y servir es medular. ¡No se asusten! ¡Coraje!

Tengo una pregunta sobre la inculturación en cuanto a los pueblos de nuestra América. Yo hablo en primera persona, ya que pertenezco a la cultura maya. ¿Qué opina Usted de aquellos curas y obispos diocesanos que buscan homologar a los jóvenes desde los primeros momentos de la formación? En la práctica, lamentablemente, formar se convierte en opacar, se tapa la identidad. ¿Qué piensa Usted de esos curas que ya no están en sintonía con el pueblo del que han salido?

Mi abuela insistía mucho con la catequesis. Nos explicaba que en la vida teníamos que ser humildes y no olvidarnos que habíamos nacido en una familia humilde. Ella era del norte de Italia, nos contaba de una familia que había mandado a un hijo a estudiar en la universidad. Decía que era un hecho que había pasado realmente. Se trataba de una familia de campesinos. El hijo no volvió hasta que se recibió. No había tenido la posibilidad de volver.

Y cuando volvió a casa empezó a preguntar al padre: «¿Cómo se llama esa herramienta? ¿Y cómo se llama esa otra?». «Esta es la pala, hijo mío». «Ah! La pala. Y aquella otra herramienta cómo se llama?». «El martillo». «Ah! El martillo». Se había criado ahí, toda la vida, pero no recordaba nada. «Y esa otra herramienta, cómo se llama?» Y el papá le decía. Había ahí un rastrillo. Y el hijo, distraídamente… había un rastrillo (sin darse cuenta de que había un rastrillo), lo pisó. El rastrillo se alzó y le pegó en la cabeza. Y él exclamó: «¡Rastrillo de porquería!». [Aquí el Papa imita el gesto provocando la risa general].

¡Al que se olvida de su cultura le hace falta un rastrillazo en la cara! Es tremendo cuando la consagración a Dios nos hace esnob, nos hace subir de categoría social hacia una que parece más educada que la nuestra. Cada uno tiene que conservar la cultura de la que viene, porque la santidad que quiere alcanzar tiene que ser en base a esa cultura, no a otra. Tú que vienes de esas culturas, no almidones tu alma, por favor. Sé maya hasta el final. Jesuita y maya.

El otro día el P. Lombardi me decía que estaba trabajando en la causa de beatificación de Mateo Ricci, y me hablaba de la importancia de su amistad con Xu Guangqi,[11] el laico chino que lo acompañaba y que siguió siendo laico y chino, y a santificarse como chino, no como italiano, como Ricci. Esto es mantener la propia cultura.

Hoy almorcé con los jóvenes. Venían de todos lados: de Burkina Faso, de la India, de Estados Unidos, de Australia, de España. Fue muy lindo. Y había una chica centroamericana, indígena, que quiso maquillarse según sus tradiciones. Una persona «ilustrada», viéndola así, habría quizás podido decir con ironía: ¡ahí está «la indiecita», toda pintarrajeada! Cuando «la indiecita» habló, le dio una linda paliza a los que no respetan la madre tierra.

Aquella joven habló desde su cultura con tal capacidad intelectual que al final, cuando los de la Oficina de Prensa me preguntaron a quién podían llevar para las entrevistas, les respondí: a los que quieran, pero a ella llévenla sí o sí, porque va a decir cosas que ningún otro dirá. Esa chica, militante, católica, creo que es de profesión docente, no había perdido su cultura, ¡la había hecho crecer! Esto es, pues, lo que quiero decir: debemos inculturarnos hasta el final.

En el año 1985, en nuestra facultad de Teología de San Miguel, hicimos un Congreso sobre «La evangelización de la cultura y la inculturación de la fe».[12] Eran los años de Puebla. Ahí hubo algunas intervenciones que a algunos les parecieron escandalosas. Recuerdo que una vez fui a Roma por un asunto y visité la Congregación para el Culto Divino.

Uno de los peritos que trabajaban allí, hablando de la inculturación, me dijo: «Estamos avanzando bastante. Ahora les hemos permitido a los japoneses hacer una reverencia al altar, en vez de besarlo. Porque a ellos besarlo no les dice nada». ¿Era esa la gran inculturación de una oficina de la curia? ¡Eso no sirve para nada! Son ustedes los que tienen que decir qué es la inculturación a partir de su experiencia. Pero tú, por favor, no cambies de cultura. Acuérdate del rastrillo.

¿Como encuentra Usted esta región centroamericana y qué podríamos hacer nosotros?

Ustedes son muy «coloridos»… En el mejor sentido, lo digo. Esta es una tierra de colores. Pienso en la cultura brasileña, afrobrasileña, como una tierra de sonidos, de danzas, de fiesta. Ustedes en cambio son una tierra de colores… Lo siento así. Es tierra de colores. Es la primera vez que pongo pie en Panamá, y hablaba de esto con el nuncio, que me ayudó a encontrar la palabra justa, porque él pensaba lo mismo: aquí hay «nobleza».

Es una tierra de nobleza. Panamá lo es. Esto me tocó. Ustedes son un condensado de colores, en el sentido más rico y más simbólico de la palabra. Lo percibo así. Y, claro, para un maestro de novicios discernir aquí puede ser más dificultoso, sobre todo a la hora de la inculturación, de la expresión colorida de su pueblo. Pero es lindo.

Luego de una hora de encuentro los responsables del viaje le avisan al Papa que es tiempo de partir. El Papa dice que hay tiempo para otras dos breves preguntas. La primera fue: como jesuitas ¿qué postura debemos tener ante la política?

Hoy en el almuerzo me hizo la misma pregunta una chica de Nicaragua. La doctrina social de la Iglesia es clara y se ha vuelto siempre más explícita a través de diversos pontificados. En esto la Evangelii gaudium es clarísima. Además, también el Evangelio es una expresión política, porque tiende a la polis, a la sociedad, a cada persona y a la sociedad, a cada persona en cuanto pertenece a la sociedad.

Es verdad que la palabra «política» está a veces incluso despreciada y se la entiende solo como lógica de partes, sectarismo político, con todo lo que esto comporta en América Latina en cuanto a corrupción política, sicarismo político y todo eso.

El compromiso político para un religioso no significa militar en un partido político. Claro que hay que expresarse con el propio voto, pero la tarea es estar sobre las partes. No en el sentido de quien se lava las manos, sino como uno que acompaña las partes para que lleguen a una madurez, aportando el punto de vista de la doctrina cristiana. En América latina no siempre ha habido madurez política.

Aprovecho la pregunta para mencionar algunos problemas que para mí tienen relevancia política. El primero es el de la nueva colonización. La colonización no es solo la que se dio cuando vinieron los españoles y los portugueses y tomaron posesión de estas tierras. Este es un tipo de colonización física. Hoy están de moda las colonizaciones ideológicas y culturales, son estas las que están dominando el mundo. En política ustedes deben analizar bien cuáles son hoy las colonizaciones a las que se ven sometidos nuestros pueblos.

El segundo problema es el de nuestra crueldad. Se lo dije a un político europeo que me respondió: «Padre, la humanidad ha sido siempre así, solo que ahora con los medios nos enteramos más». Puede ser que tenga razón. Pero la crueldad es terrible. Se inventan incluso las torturas más refinadas, se degrada lo humano. Nos estamos habituando a la crueldad.

Lo tercero tiene que ver con la justicia y es el castigo o la pena sin esperanza. Ayer salí feliz del Instituto de menores, porque he visto todo el trabajo que hacen allí para reconstruir la vida de las personas, chicos, chicas, muy deteriorados por el delito, para reinsertarlos. Pero la cultura de la justicia abierta a la esperanza no está bien radicada todavía.

Al fin del encuentro se acerca un jesuita de Nicaragua y le entrega al Santo Padre una carta de parte de un joven que está ahora en la cárcel, diciendo: «Ha sido monaguillo desde cuando tenía nueve años y su gran deseo era venir a la Jornada Mundial de la Juventud».

Luego se acercaron otros jesuitas con regalos. El primero fue lo que en Panamá llaman un «cocobolo», un objeto hecho de madera dura tropical de América central, que representa el monograma IHS propio de la Compañía de Jesús, con el pedido de ponerlo en el lugar donde reza a la mañana. El Papa riendo, dice: «¿Y si rezo a la tarde?». Todos ríen.

El provincial avisa que se volverá de color más oscuro con el paso del tiempo. Luego le regalan una tela realizada con tejidos propios de varios países de Centroamérica. También se le entrega al Papa una bandera de «Magis», institución ignaciana que convoca jóvenes de entre 18 y 30 años, traída por voluntarios del Colegio Javier de Panamá a la JMJ. Le piden al Papa si puede poner su firma en la bandera. Seguidamente le ofrecen otros regalos personales. El encuentro, que ha durado alrededor de una hora y 10 minutos, se concluye con una foto y con el rezo de un Ave María.

 

[1] «Los nuestros» es una expresión tradicional de los jesuitas para nombrarse a sí mismos. Las «provincias» son los territorios en los que la Compañía se subdivide en el mundo. Los «novicios» son los jóvenes religiosos en su etapa de formación inicial.

[2] Cfr. J.M. Tojeira, «Il martirio di Rutilio Grande» en Civiltà Cattolica, 2015, II, pp.393-406.

[3] Cfr. Papa Francisco, La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una conversación con Fernando Prado, Madrid, Publicaciones Claretianas, 2018.

[4] El «magisterio» es una etapa de formación del jesuita entre los estudios de filosofía y los de teología. Está dedicado al trabajo apostólico.

[5] El «ministro» en las casas de la Compañía es el que se ocupa de la vida concreta de la comunidad religiosa, como responsable de la casa.

[6] El cuerpo de la Compañía contempla tres vocaciones. La de los sacerdotes profesos, formada por aquellos que han pronunciado los tres votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y han hecho un voto especial de obediencia al Papa. La segunda, está formada por sacerdotes «coadjutores espirituales», que pronuncian votos simples. La tercera es la de los hermanos, que son religiosos no sacerdotes y pronuncian los tres votos simples. La elección entre el sacerdocio y la vida de religiosos no sacerdotes la hace generalmente la persona en el momento de su ingreso en la Compañía. En algunos casos se entra «indiferente», y la elección se hace después de un discernimiento durante el tiempo de noviciado.

[7] Z. Bauman y T. Leoncini, Tiempos líquidos, Barcelona, Tusquets, 2007.

[8] Los «primeros votos» de los jesuitas, que se hacen al fin del noviciado, son considerados perpetuos para el que los pronuncia. Por tanto, no se los «renueva» cada tres años, como se hace en otros Institutos religiosos. Son en cambio «recordados» anualmente hasta que no se pronuncian los «últimos votos» como profeso, coadjutor espiritual o hermano, al fin de la formación, y para los sacerdotes, después de la ordenación. Sin embargo, los primeros votos pueden ser revocados simplemente por el superior provincial.

[9] Se trata de la tercera etapa de los Ejercicios Espirituales en la cual se contempla el misterio de la Pasión del Señor.

[10] Se trata de una meditación de la «segunda semana» de los Ejercicios, antes de pasar a la elección de estado de vida. Ignacio hace meditar acerca de «cómo Cristo llama y quiere a todos bajo su bandera y Lucifer, al contrario, bajo la suya», «viendo el lugar», es decir imaginando la «región de Jerusalén como un gran campo, donde el sumo capitán de los buenos es Cristo nuestro Señor; y en la región de Babilonia como es el otro campo, donde el jefe de los enemigos es Lucifer». El objetivo es el de «pedir conocimiento de los engaños del mal caudillo y ayuda para guardarme de ellos; y conocimiento de la vida verdadera que ofrece el Sumo y Verdadero Capitán y gracia para imitarlo».

[11] Xu Guangqi (1562-1633), de Shangái, conoció a Mateo Ricci y colaboró con él. Recibió el bautismo a la edad de 41 años y estudió profundamente la doctrina cristiana. Cfr A. Jin Luxian, «Xu Guangqi. Il compagno cinese di Matteo Ricci», en Civiltà Cattolica, I, 2016, pp. 282-297.

[12] El P. Bergoglio pronunció entonces el discurso inaugural e hizo el saludo final (cfr. J.M. Bergoglio, «Fe en Cristo y humanismo», en Civiltà Cattolica, 2015, IV, pp. 311-316). En su reflexión resaltaba el hecho de que las diversas culturas, fruto de la sabiduría de los pueblos, son el reflejo de la Sabiduría de Dios. La sabiduría humana es contemplación que tiene su origen en el corazón y en la memoria de los pueblos. Ella es el lugar privilegiado de la mediación entre el Evangelio y los hombres, y es el fruto del trabajo colectivo en el transcurso de la historia. De aquí surge, en la misión de evangelizar las culturas y de inculturar el Evangelio, por una parte, la necesidad de una «contemplación sapiencial de las culturas» y, por otra, de una «santidad que no le teme al conflicto y es capaz de constancia y paciencia» apostólica, venciendo con parresía todo temor y todo «extremismo de centro».

https://jesuitas.lat/es/noticias/1185-jugarse-la-vida

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Era una joven atea y punk hasta que un día Dios la tocó, ahora es una ardiente monja evangelizadora

febrero 11, 2019

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La hermana Theresa (segunda por la derecha) junto a otras religiosas de las Hijas de San Pablo

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Era una joven atea y punk hasta que un día Dios la tocó, ahora es una ardiente monja evangelizadora

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Theresa Aletheia Noble hoy es religiosa y una conocida bloguera pero no siempre fue así. Si ahora es una ardiente evangelizadora desde el convento, antes fue también una ardiente activista atea.

En su vida fue vegetariana, punk y animalista hasta que un día se encontró con Dios. Ahora es una religiosa paulina que desde el convento de su congregación dice que “reza, evangeliza y hornea” pan.

Su testimonio resulta muy interesante puesto que afirma no avergonzarse de su pasado pues sin él ahora no estaría donde está. Y este aspecto puede ayudar a mucha gente. Es por ello que ella misma cuenta en Aleteia su proceso de conversión realizando una interesante reflexión:

De rockera punk a religiosa católica

Cuando era pequeña, me gustaba leer novelas de aventura, tocar el violín y escribir cuentos de hadas. Después me volví rockera punk y atea. Enseguida, decidí adoptar el estilo de vida vegetariano y participar como activista de los derechos de los animales.

Cuando terminé la universidad, di clases en barrios pobres. Luego, trabajé en una granja. Después de eso –milagro– comencé a creer en Dios, en Jesús, y me volví católica. Finalmente, para sorpresa de todos (incluso mía), me volví religiosa.

Ahora cuando voy por las calles vistiendo el hábito de monja, algunos me ven como una representación de la Iglesia–institución; otros como alguien que vive al margen de la sociedad; otros aún, como una excéntrica; y otros, finalmente, miran el amor.

En cierta manera, yo soy todo eso

Es como si mi pasado y mi presente no se hubieran fusionado completamente. Algunos aspectos de mi vida se fusionaron, sí, pero otros no. Y, al final, el resultado es un bello mosaico vivo.

Yo me pregunto, de vez en cuando, si mi lugar está en el grupo que yo llamo de “acostumbrados” de la Iglesia. ¿Será que terminaré volviéndome una farisea? ¿Será que ya soy un poco así?

Continuaré luchando con honestidad por mi fe, encarando mis dudas, ¿o huiré de esta confrontación sincera, prefiriendo buscar el confort, el conformismo, la rutina, la felicidad y una sensación (falsa) de bienestar?

¿Será que me ajusto más al comportamiento de las personas que están a mi alrededor o al comportamiento de Cristo? Después de renunciar a la vida “mundana”, ¿será que me volveré una religiosa “mediocre”?

Yo no tiré mi pasado a la basura

Yo me considero una “ex atea”, pero las cosas no son así de simples. De cierta forma, estoy siempre en sintonía con las varias facetas que mi personalidad tiene, y espero que eso no cambie. 

La mayoría de las personas espera que yo sienta vergüenza de mi pasado. Pero lo único que me avergüenza es el modo que tenía de no amar a Dios y a mi prójimo.

No me avergüenzan mis cuestionamientos, mis luchas internas, mi búsqueda por lo absoluto. No me avergüenza tener un lado excéntrico y haberme partido la cabeza en esa búsqueda, de ser un poco extraña y rebelde. Yo no tiré mi pasado a la basura.

El ejemplo de San Pablo

Yo pienso que es importante que veamos nuestro pecado de la forma como Dios lo ve. Él conoce con precisión los defectos que nos llevaron a pecar, pero que, trabajados con abnegación, también se vuelven las cualidades que nos santificarán.

San Pablo, por ejemplo, fue un fariseo de los más fervorosos, un perseguidor violento, un hombre que observaba las reglas externas de forma rigurosa. Esas características, que lo llevaron a cometer muchos pecados en nombre de Cristo, son también los que lo llevaron hacia el camino de la santidad.

Cada uno de nosotros tiene dones únicos para hacer fructificar junto a los demás, en el seno de la Iglesia… Y, con frecuencia, es a partir de los aspectos más sorprendentes de nuestra personalidad que Dios hace brillar esos talentos.

Yo enardecí, el otro día, haciendo esta oración un tanto extraña:

“Señor, yo antes quería que me ayudaras a luchar contra mi naturaleza escéptica. Ahora, quiero otra cosa: conservar este escepticismo. No quiero una fe fácil y simplista. Haz que mi fe sea audaz, impetuosa, plenamente asumida, pero también haz que logre entender a aquellos que dudan. Quiero, a toda costa, mantenerme cerca de aquellos que viven al margen de la Iglesia, de aquellos que no entienden de ninguna forma, de aquellos que no pertenecen al círculo de los “habituales”, de aquellos que dudan, buscan, de los excéntricos, de los que no encajan en la sociedad. Líbrame, Señor, de una Iglesia-club, de una iglesia de “acostumbrados”, que cómodamente están acomodados en sus certezas de rutina”.


El maná de cada día, 2.2.19

febrero 2, 2019

Presentación del Señor

Jornada Mundial de la Vida Consagrada
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Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel

Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel



Antífona de entrada: Salmo 47, 10-11

Oh Dios, hemos recibido tu misericordia en medio de tu templo. Como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra esta llena de justicia.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentados delante de ti con el alma limpia. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Malaquías 3, 1-4

Así dice el Señor: «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis.

Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?

Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido.

Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»


SALMO 23

El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.



SEGUNDA LECTURA: Hebreos 2, 14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.

Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.


Aclamación: Lucas 2, 32

Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.


EVANGELIO: Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.


Antífona de comunión: Lucas 2, 30-31

Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.

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Homilía del Papa Francisco
en la Fiesta de la Presentación del Señor 2014
XVIII Jornada de la Vida Consagrada

La fiesta de la Presentación de Jesús en el templo es llamada también fiesta del encuentro: en la liturgia, se dice al inicio que Jesús va al encuentro de su pueblo, es el encuentro entre Jesús y su pueblo; cuando María y José llevaron a su niño al Templo de Jerusalén, tuvo lugar el primer encuentro entre Jesús y su pueblo, representado por los dos ancianos Simeón y Ana.

Ese fue un encuentro en el seno de la historia del pueblo, un encuentro entre los jóvenes y los ancianos: los jóvenes eran María y José, con su recién nacido; y los ancianos eran Simeón y Ana, dos personajes que frecuentaban siempre el Templo.

Observemos lo que el evangelista Lucas nos dice de ellos, cómo les describe. De la Virgen y san José repite cuatro veces que querían cumplir lo que estaba prescrito por la Ley del Señor (cf. Lc 2, 22.23.24.27). Se entiende, casi se percibe, que los padres de Jesús tienen la alegría de observar los preceptos de Dios, sí, la alegría de caminar en la Ley del Señor.

Son dos recién casados, apenas han tenido a su niño, y están totalmente animados por el deseo de realizar lo que está prescrito. Esto no es un hecho exterior, no es para sentirse bien, ¡no! Es un deseo fuerte, profundo, lleno de alegría. Es lo que dice el Salmo: «Mi alegría es el camino de tus preceptos… Tu ley será mi delicia (119, 14.77).

¿Y qué dice san Lucas de los ancianos? Destaca más de una vez que eran conducidos por el Espíritu Santo. De Simeón afirma que era un hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel, y que «el Espíritu Santo estaba con él» (2, 25); dice que «el Espíritu Santo le había revelado» que antes de morir vería al Cristo, al Mesías (v. 26); y por último que fue al Templo «impulsado por el Espíritu» (v. 27).

De Ana dice luego que era una «profetisa» (v. 36), es decir, inspirada por Dios; y que estaba siempre en el Templo «sirviendo a Dios con ayunos y oraciones» (v. 37). En definitiva, estos dos ancianos están llenos de vida. Están llenos de vida porque están animados por el Espíritu Santo, dóciles a su acción, sensibles a sus peticiones…

He aquí el encuentro entre la Sagrada Familia y estos dos representantes del pueblo santo de Dios. En el centro está Jesús. Es Él quien mueve a todos, quien atrae a unos y a otros al Templo, que es la casa de su Padre.

Es un encuentro entre los jóvenes llenos de alegría al cumplir la Ley del Señor y los ancianos llenos de alegría por la acción del Espíritu Santo.

Es un singular encuentro entre observancia y profecía, donde los jóvenes son los observantes y los ancianos son los proféticos. En realidad, si reflexionamos bien, la observancia de la Ley está animada por el Espíritu mismo, y la profecía se mueve por la senda trazada por la Ley. ¿Quién está más lleno del Espíritu Santo que María? ¿Quién es más dócil que ella a su acción?

A la luz de esta escena evangélica miremos a la vida consagrada como un encuentro con Cristo: es Él quien viene a nosotros, traído por María y José, y somos nosotros quienes vamos hacia Él, conducidos por el Espíritu Santo. Pero en el centro está Él. Él lo mueve todo, Él nos atrae al Templo, a la Iglesia, donde podemos encontrarle, reconocerle, acogerle y abrazarle.

Jesús viene a nuestro encuentro en la Iglesia a través del carisma fundacional de un Instituto: ¡es hermoso pensar así nuestra vocación! Nuestro encuentro con Cristo tomó su forma en la Iglesia mediante el carisma de un testigo suyo, de una testigo suya. Esto siempre nos asombra y nos lleva a dar gracias.

Y también en la vida consagrada se vive el encuentro entre los jóvenes y los ancianos, entre observancia y profecía. No lo veamos como dos realidades contrarias. Dejemos más bien que el Espíritu Santo anime a ambas, y el signo de ello es la alegría: la alegría de observar, de caminar en la regla de vida; y la alegría de ser conducidos por el Espíritu, nunca rígidos, nunca cerrados, siempre abiertos a la voz de Dios que habla, que abre, que conduce, que nos invita a ir hacia el horizonte.

Hace bien a los ancianos comunicar la sabiduría a los jóvenes; y hace bien a los jóvenes recoger este patrimonio de experiencia y de sabiduría, y llevarlo adelante, no para custodiarlo en un museo, sino para llevarlo adelante afrontando los desafíos que la vida nos presenta, llevarlo adelante por el bien de las respectivas familias religiosas y de toda la Iglesia.

Que la gracia de este misterio, el misterio del encuentro, nos ilumine y nos consuele en nuestro camino. Amén.

http://www.vatican.va


¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?

enero 4, 2019

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Franciscanos en Tierra Santa: Una misión que se remonta a los tiempos de las Cruzadas y que han seguido con fidelidad hasta hoy.

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¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?

Una misión que se remonta a los tiempos de las Cruzadas y que han seguido con fidelidad hasta hoy

Por Inma Álvarez

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¿Has ido a la Basilica de la Agonía, en el Huerto de los Olivos? Entonces, quizás te haya sorprendido, en un país tan lejano, conocer al padre Artemio Vitores, un franciscano español, y charlar amistosamente con él. Como él hay otros españoles, pero también franceses, americanos, italianos… Una comunidad religiosa muy singular, procedente de todos los rincones del mundo, que custodian los lugares en los que Cristo vivió.

Para cualquier peregrino a Tierra Santa, la Custodia Franciscana constituye un punto de referencia ineludible: los franciscanos están ligados a los Santos Lugares desde la época de las Cruzadas, ininterrumpidamente hasta hoy.

Poseen en propiedad muchos de los lugares donde transcurrió la vida terrena de Jesucristo, otros los comparten con miembros de otras confesiones, garantizando la presencia y el culto católicos. Pero ¿por qué ellos y no otros? 

El Custodio de Tierra Santa Pierbattista Pizzaballa es el autor de un folleto en el que explica la naturaleza de esta misión de la Orden franciscana.

Una misión que se remonta al propio Francisco de Asís, quien, como es sabido, peregrinó a la Tierra Santa entre 1219 y 1220, en tiempos de las Cruzadas. En este viaje se produjo su famoso encuentro con el sultán Melek el-Kamel, el enemigo acérrimo de los cristianos.

En realidad, la provincia franciscana de Tierra Santa había nacido dos años antes, y era una muestra del inmenso amor que Francisco sentía por Jesucristo y su enorme deseo de peregrinar a los lugares donde transcurrió su vida terrena.

Con este mismo espíritu, después de la muerte de Francisco, la Orden siguió alentando su presencia allí, concibiéndola como una auténtica misión después de la derrota y retirada cristianas.
 
Cuando los Santos Lugares volvieron a manos musulmanas, mantener la presencia cristiana en ellos se convirtió en una auténtica aventura.

Y los franciscanos, apoyados por los diferentes Papas (es de reseñar la Bula de Clemente VI, que sancionó el estatus de la Custodia), permanecieron presentes contra viento y marea desde entonces. Y, muchas veces, solos.

Durante siglos, compraron algunos de los lugares, manteniendo a duras penas los edificios, atendieron a los cristianos locales, bajo el dominio turco, bajo el otomano, en guerras y carestías.

Los franciscanos, en casi 700 años, fueron la única cara de la cristiandad visible en Tierra Santa, cuando todas las demás habían desaparecido. En 1847, la Santa Sede restableció el Patriarcado Latino de Jerusalén.

Un estatus especial

La provincia franciscana de Tierra Santa es la única en el mundo con un carácter internacional: los franciscanos que pertenecen a ella proceden de todo el mundo, y lo hacen voluntariamente, bien de forma permanente, eligiendo prestar sus servicios allí durante una temporada. Actualmente son unos 300 frailes.

Su presencia es especialmente importante en Jerusalén, donde mantienen una presencia en el Santo Sepulcro junto con los greco-ortodoxos y los armenios, y sobre todo custodian la Basílica de la Agonía (Getsemaní). Los otros dos lugares son Belén (Basílica de la Natividad) y Nazaret, en la Basílica de la Anunciación.

Además, la Custodia lleva a cabo trabajo pastoral en 29 parroquias de toda Tierra Santa, donde atienden a los cristianos locales de rito latino.

Mantienen además escuelas cristianas y obras sociales (viviendas, etc.) con las que ayudar a la minoría cristiana, extremamente necesitada a raíz del conflicto palestino.

Otra misión actualísima de los franciscanos es la animación cultural y el diálogo interreligioso. Baste decir que la Orden mantiene una importante actividad de difusión de los hallazgos arqueológicos relacionados con los Santos Lugares.

Para los expertos en el mundo bíblico, el Studium Biblicum Franciscanum no necesita cartas de presentación.

Como dice, a modo de conclusión, el padre Pizzaballa, los franciscanos han sido, durante siglos, un “puente” providencial entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, y una avanzadilla del diálogo interreligioso, así como una fuente de esperanza para los cristianos de Oriente Medio.

“En Tierra Santa, los frailes se encuentran en el corazón de la Iglesia y del mundo”. Y es verdad.

¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?


Fernando Prado: “Al libro de James Martin sobre homosexualidad le falta algo más de teología”

diciembre 12, 2018

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Fernando Prado muestra su libro “La fuerza de la vocación” al Papa Francisco.

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Fernando Prado: “Al libro de James Martin sobre homosexualidad le falta algo más de teología”

El claretiano, autor del libro “La fuerza de la vocación” afirma que el Papa es claro sobre la cultura gay: “A ciertos lobbies y sectores no les han gustado las declaraciones de Francisco”

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El libro escrito por el claretiano Fernando Prado “La fuerza de la vocación” ha producido un tsunami, todo un maremoto. Y es que el Papa Francisco, aunque habla claro de muchos aspectos, el que ha causado más polémica ha sido su dictamen sobre la homosexualidad y la ordenación de sacerdotes. 

“Francisco es tradicional y católico, pero tiene que dialogar con el mundo. A unos cuantos sectores sociales y a determinados lobbies, no les han gustado sus afirmaciones”, explica el sacerdote claretiano a Religión Confidencial. 

El libro se presentó en Madrid el pasado 3 de diciembre y se ha agotado en Italia y Francia y una de las razones es la polémica que encierra. Se trata de un largo y vivo encuentro mantenido entre el director de la editorial claretiana de Madrid, padre Fernando Prado y el Papa Francisco.

Durante más de cuatro horas, el Santo Padre contestó a más de sesenta preguntas y cuestiones que aparecen plasmadas en el libro, de 120 páginas, todo realizado en las estancias papales de la casa Santa Marta.

Candidatos al sacerdocio 

Cuestiones como la selección de candidatos al ministerio ordenado y a la vida consagrada, la formación en los seminarios y en las casas de formación de los religiosos y religiosas; el clericalismo, la homosexualidad del clero y de las personas consagradas, así como muchas otras cuestiones de viva actualidad, son abordadas con claridad y valentía por Francisco.

El Papa es claro sobre los candidatos al sacerdocio y la vida consagrada homosexuales: “El ministerio o la vida consagrada no es su lugar”, afirma en el libro.

También señala que “a los curas, religiosos o religiosas homosexuales hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato o que sean exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca. Es mejor que dejen el ministerio o su vida consagrada antes que vivir una doble vida”.

Aún así, el claretiano advierte que algunos clérigos homosexuales están viviendo el celibato perfectamente, y otros no, así como que hay religiosos heterosexuales que están también viviendo una doble vida. “No podemos afirmar que un clérigo homosexual no pueda vivir el celibato, porque no sería cierto”, aclara.

Sobre los abusos sexuales, aunque si bien es cierto que la mayoría se han producido de sacerdotes a niños varones, Fernando Prado aclara que no se puede achacar este problema tan terrible de la Iglesia solo a curas homosexuales.

Sobre el jesuíta James Martín 

En “La Fuerza de la vocación”, el Papa indica a Fernando Prado que en nuestras sociedades parece que la homosexualidad está de moda y esa mentalidad también influye en la vida de la Iglesia.

Asimismo, alerta de que en los seminarios y noviciados hay que “cuidar mucho la madurez humana afectiva”, porque de lo contrario, los problemas “en el momento quizá no dan la cara, pero después aparecen”. En esta línea repite que “este tipo de afecto” no cabe en la vida consagrada o sacerdotal.

Sectores de la Iglesia han interpretado estas palabras como contrarias a las que proclama el jesuita nortemericano, James Martín en su libro “Tender un puente. Cómo la Iglesia Católica y la comunidad LGBTI pueden entablar una relación de respeto, compasión y sensibilidad”.

El claretiano explica que el libro del P. James Martín, que es de gran compasión, está escrito fundamentalmente en clave pastoral pero “me hubiera gustado que el padre James hubiera profundizado más en los aspectos teológicos“, señala Fernando Prado a RC.

En su opinión, el libro del jesuita “cojea” en varias cosas. Primera, que como ha mencionado, echa de menos más profundización teológica sobre la creación y la antropología cristiana y quizás “le faltan matices importantes más allá del sentimiento”.

En segundo lugar, para Fernando Prado, que confiesa en una iglesia cercana al madrileño barrio de Chueca y que conoce a muchos homosexuales y transexuales “hay que diferenciar entre unos y otros. No tienen los mismos problemas un gay que un transexual. La mayoría de los gays hacen vida normal, mientras que el 98% de los transexuales viven en la prostitución y eso requiere una ayuda urgente y especial de la Iglesia y de las instituciones públicas”.

Y en tercer lugar, para el claretiano, el P. Martín hace afirmaciones sin el matiz suficiente sobre la santidad de cientos o miles de sacerdotes gays. “Se trata de una generalización que no se ajusta a la realidad y convendría matizar. Es cierto que muchos curas quieren vivir su vida de una forma correcta y en santidad, pero hay otros muchos que, por desgracia, viven una doble vida. La santidad de una vida no la proclama la Iglesia, si es el caso, no nosotros con nuestras afirmaciones”, subraya.

El Papa, claro y tradicional 

En este sentido, subraya que la Iglesia, además de ofrecer compasión y respeto también debe ayudar. En cualquier caso, asegura que ni el jesuita, ni él, son la voz de la Iglesia en este tema. “El Papa es claro y tradicional en este asunto”, remarca. Y esta claridad del Papa, “parece que no ha gustado a ciertos sectores sociales y ciertos lobbies”.

“Muchos de estos sectores quieren dividir a la Iglesia, tanto en el tema de la homosexualidad como en otros. Y vuelvo a repetir, el Papa habla claro”, subraya Fernando Prado.

La editorial está sorprendida por el interés que ha adquirido la obra, que será traducida incluso al chino. A fecha de hoy, comunica la editorial claretiana, “son al menos catorce sellos editoriales de diferentes países los que han adquirido los derechos de traducción y publicación”.

Sobre el Papa Francisco, Fernando Prado ha dicho que “es un hombre con un sano sentido del humor”. En el transcurso de la conversación, no obstante, “Francisco no rehusó abordar algunas cuestiones candentes y quizá algo incómodas que le fui planteando”. Según Fernando Prado, la conversación tiene un estilo muy vivo y cree que suscitará interés en el lector.

El libro presenta también una serie de consejos para los religiosos a quienes les da una clave fundamental: vivir alegres la propia consagración. “Cuando un joven ve esa alegría, se apunta. Francisco nos quiere alegres a los religiosos, pero también que vivamos nuestra vocación con exigencia”, remarca.

https://religion.elconfidencialdigital.com/articulo/catolicos/fernando-prado-libro-p-james-homosexualidad-falta-teologia/20181211174755026696.html


La revitalización de la Recolección: el reto de los Agustinos Recoletos, 430 años después

diciembre 5, 2018

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La Recolección Agustiniana en los colajes de Fray Esteban Peña

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La revitalización de la Recolección: el reto de los Agustinos Recoletos, 430 años después

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Los Agustinos Recoletos celebran su 430 aniversario inmersos en el proceso de revitalización de su carisma y reestructuración de su organización, pasando de ocho a cuatro provincias. Como en sus inicios, los religiosos agustinos recoletos siguen deseando vivir su carisma de forma intensa

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El 5 de diciembre de 1588 comenzaba en Toledo el histórico capítulo de la Provincia de Castilla de la Orden de San Agustín. Meses atrás, un nutrido grupo de religiosos agustinos había sentido la inquietud de vivir el carisma agustiniano de una forma más intensa. Deseaban vivir su vocación con más autenticidad y radicalidad, desde la interioridad y una mayor cercanía a los pobres y necesitados.

El capítulo agustino delegó en Fray Luis de León para la creación de las reglas propias de estos religiosos, que comenzarían a llamarse Recoletos y cuyo renovado carisma comenzó pronto a expandirse por Sudamérica y Asia.

Como entonces, la Orden de Agustinos Recoletos celebra su 430 aniversario inmersa en el proceso de revitalización de su carisma y reestructuración de su organización. Llamados por el Espíritu Santo, los religiosos agustinos recoletos entendieron en 2010 y ratificaron en 2016 que era necesaria una renovación del ser agustino recoletos y una reorganización de su estructura, con el objetivo de no perder su identidad y seguir viviendo, como en sus inicios, el carisma surgido de la Recolección agustiniana de 1588.

Así, en 2010 comenzó a gestarse un proceso que tomó forma definitivamente en el Capítulo general de 2016 celebrado en Roma. ¿Por qué era necesaria una revitalización? El Proyecto de Vida y Misión de los Agustinos Recoletos tiene la respuesta: “Para lograr una auténtica vivencia agustino recoleta, impulsar la vida fraterna en comunidad, realizar la misión que la Iglesia nos encomienda y estar donde seamos más necesarios”.

Como mencionó el Prior general, Miguel Miró, este proceso “nos ofrece nuevas posibilidades, pero no es el objetivo final; es el comienzo de una nueva etapa, exigente y esperanzadora, en la que habrá que establecer prioridades y estar abiertos a nuevas iniciativas para reavivar el carisma y la misión de la Orden”.

Entendieron los religiosos agustinos recoletos que, 430 años después, continúan siendo profetas del mundo actual, evangelizadores de la sociedad a través de la forma de vida de San Agustín. Por ello, era necesario construir comunidades fraternas e interiores, capaces de ser “creadores de comunión” en su vida cotidiana, en el estudio y en la labor pastoral con el pueblo.

De ocho a cuatro provincias

Fruto de este proceso de revitalización, los agustinos recoletos –cerca de 1.000 en todo el mundo– pasaron de organizarse de ocho a cuatro provincias. La histórica Provincia San Nicolás de Tolentino quedó unida con la de San Agustín; la de Santo Tomás de Villanueva a la de Santa Rita y San José, y la Provincia Nuestra Señora de la Candelaria con la de Nuestra Señora de la Consolación.

Así, la Orden celebra en 2018 un nuevo aniversario de la Recolección con cuatro renovadas provincias: San Nicolás de Tolentino, Santo Tomás de Villanueva, Nuestra Señora de la Candelaria y San Ezequiel Moreno.

Aunque con menos religiosos, los Agustinos Recoletos tienen una meta clara: ser más fieles a la llamada que les hace el Señor. Para ello, este proceso no se refiere solo a una cuestión organizativa sino también interior de cada fraile agustino recoleto y de la forma de evangelizar de la Orden.

Es por eso que esta revitalización ha renovado el Itinerario Formativo Agustino Recoleto (IFAR), el Itinerario Vocacional Agustino Recoleto (IVAR), así como impulsado la vida comunitaria y de oración.

Renovación de la misión en el mundo

La misión sigue siendo un pilar básico del carisma agustino recoleto. Cuba e Indonesia han sido los dos nuevos países a los que la Recolección agustiniana llegó en 2018. El objetivo es continuar consolidando y expandiendo el carisma,  evangelizando a través de la Palabra de Dios y las enseñanzas de San Agustín.

La revitalización del carisma incluye también la labor solidaria y educativa de la Orden de Agustinos Recoletos. Desde hace un año, con la idea de trabajar más unidos y fortalecidos, la familia agustino recoleta se unió en red para trabajar por la solidaridad y la educación a través de ARCORES –Red Solidaria Internacional Agustino Recoleta– y EDUCAR –Red Educativa Internacional Agustino Recoleta–.

Como en 1588, la Orden de Agustinos Recoletos atraviesa un proceso esperanzador, ungidos por el Espíritu Santo, para seguir llevando a cabo su misión en la Iglesia.

http://www.agustinosrecoletos.com/revitalizacion-recoleccion-agustinos-recoletos-430-anos/


Fernando Prado: “El Papa es un hombre con sentido de humor que gana más todavía en las distancias cortas”

noviembre 23, 2018

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El Papa Francisco es un hombre con sentido del humor que gana más todavía en las distancias cortas.

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Fernando Prado: “El Papa es un hombre con sentido de humor que gana más todavía en las distancias cortas”

EL NUEVO LIBRO-ENTREVISTA DEL CLARETIANO CON EL SANTO PADRE VERÁ LA LUZ EL 3 DE DICIEMBRE

“No rehusó abordar algunas cuestiones candentes y quizá algo incómodas que le fui planteando”

Por Publicaciones Claretianas

 

‘Papa Francisco. La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una conversación con Fernando Prado‘, Publicaciones Claretianas, es el título del nuevo libro-entrevista con el papa Francisco que verá la luz, en lanzamiento internacional simultáneo, el día 3 del próximo mes de diciembre. En España, el libro será presentado ese día a la prensa por la mañana y por la tarde al público.

El libro, que consta de 120 páginas, es el fruto de un largo y vivo encuentro mantenido entre el director de la editorial claretiana de Madrid, padre Fernando Prado y el Papa Francisco.

Un encuentro que, según confesaba el entrevistador en la cadena COPE hace unas semanas, tuvo lugar en las estancias papales de la casa Santa Marta la tarde del pasado día 9 de agosto y “se prolongó por más de cuatro horas”, tiempo suficiente para abordar con el Papa las más de sesenta preguntas y cuestiones que aparecen plasmadas en el libro.

La entrevista, aunque centrada fundamentalmente en cuestiones sobre la vida consagrada, aborda temas candentes que van más allá de ella y afectan, sin duda, a la actualidad de la vida de toda la Iglesia. La conversación, afirma el claretiano, “transcurrió en un clima de libertad, confianza y cordialidad”.

El entrevistador cree que esto se debe, sin duda, “al buen carácter de Francisco”. El Santo Padre “es un hombre con un sano sentido del humor, que gana más todavía en las distancias cortas”. En el transcurso de la conversación, no obstante, “Francisco no rehusó abordar algunas cuestiones candentes y quizá algo incómodas que le fui planteando”.

Según Fernando Prado, la conversación tiene un estilo muy vivo y cree que suscitará interés en el lector. En el transcurso de la conversación, “el Santo Padre habla muchas veces desde sus recuerdos, compartiendo historias concretas reales que él ha vivido y que sirven para ilustrar las cuestiones y los temas que ahí se abordan. Sin duda, el Papa es un gran comunicador que responde incluso a las cuestiones más espinosas con una sabiduría, mesura y claridad admirables”.

Cuestiones como la selección de candidatos al ministerio ordenado y a la vida consagrada, la formación en los seminarios y en las casas de formación de los religiosos y religiosas; el clericalismo, la homosexualidad del clero y de las personas consagradas, así como muchas otras cuestiones de viva actualidad, son abordadas con claridad y valentía por el papa Francisco.

El clericalismo, ha declarado Francisco, es “una de las cuestiones que, junto con la autorreferencialidad, más me preocupan de la Iglesia”. Igualmente, en la conversación aparece una vez más la preocupación del Papa por el diálogo entre los jóvenes y los ancianos y la importancia de las raíces para que las jóvenes generaciones construyan un nuevo futuro. Una entrevista que, a juicio del entrevistador, “no dejará indiferente a quien la lea”.

Impacto internacional

El libro-entrevista fue presentado a diferentes editores internacionales a comienzos del mes de octubre, con motivo de la Feria Internacional del Libro de Frankfurt.

La editorial está sorprendida por el interés que ha adquirido la obra, que será traducida incluso al chino. A fecha de hoy, comunica la editorial, “son al menos catorce sellos editoriales de diferentes países los que han adquirido los derechos de traducción y publicación”.

El libro saldrá a la luz, al menos, en diez lenguas diferentes, algunas de ellas en distintas versiones, según áreas geográficas, como son los casos del español, el inglés y el portugués.

“Las diferentes editoriales están haciendo un gran esfuerzo -señala la editorial claretiana- por tener preparadas sus traducciones y poder realizar de forma simultánea el lanzamiento internacional el próximo día 3 de diciembre. Esperamos que, de esta forma, el impacto de la entrevista tenga un carácter global”.

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