Textos de la Misa de Santa Rita de Casia (Misal agustiniano)

mayo 22, 2019

 

22 DE MAYO 2019

SANTA RITA DE CASIA, RELIGIOSA

MEMORIA, FIESTA Y HASTA SOLEMNIDAD (según los lugares)

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RITA-OVAL2
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Nació en Roccaporrena (Casia) hacia el año 1380. Según la tradición, era hija única y desde su juventud deseó consagrarse a Dios, pero ante la insistencia de sus padres, a la edad de 14 años se casó con un joven de buena voluntad pero de carácter violento. Con su bondad logró limar las asperezas del marido viviendo con él en armonía.

Tras 18 años de matrimonio, su marido fue asesinado. Rita no sólo perdonó a los asesinos, sino que en la oración llegó a confiar al Señor que prefería ver a sus hijos muertos antes que sumidos en el abismo de la venganza. Los dos murieron poco después del asesinato del padre.

Sin obligaciones en esta vida y con el corazón rebosante de amor, Rita se esforzó por llevar a la práctica el deseo de su juventud. Tuvo que luchar para convencer a su familia, a la de su marido y a la del asesino para llegar a una reconciliación pública.

Sólo entonces pudo traspasar las puertas del monasterio agustino de Santa María Magdalena de Casia. En él vivió durante 40 años dedicada a las prácticas de la vida monástica y durante los últimos 15 años llevó en la frente la señal de una espina de la Pasión del Señor.

Murió en la noche de sábado 22 de mayo de 1457 del calendario pisano, equivalente al 1456 del calendario actual. Rasgo peculiar de la santa es su paso por todos los estados de la vida: doncella, esposa, viuda y religiosa; y en todos ellos dio abundantes pruebas de abnegación y generosidad, siendo siempre mensajera de paz y reconciliación.

Su cuerpo se venera en el santuario de Casia, donde continúa atrayendo a multitud de devotos.


RITO INICIALES

ANTÍFONA Y MONICIÓN DE ENTRADA

Celebramos con alegría la fiesta de santa Rita de Casia. Es, sin duda, una de las santas más populares de la Iglesia y su culto se ha extendido por todo el mundo. Nació hacia el año 1380 y murió el 22 de mayo de 1456. Fue esposa, madre, viuda y, finalmente, religiosa después de haber visto morir a sus dos hijos.

Durante cuarenta años vivió en el convento agustiniano de Santa María Magdalena de Casia. En todo tiempo dio pruebas de una generosidad sin límite, siendo siempre mensajera de paz y reconciliación. Su cuerpo se venera en el santuario agustiniano de Casia.

Unidos a nuestra Santa decimos, con el apóstol san Pablo (Ga 6, 14): Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo (T. P. Aleluya).

Al celebrar la fiesta de santa Rita, nos acogemos a su intercesión, para que nos consiga la gracia de ser fieles imitadores de Cristo, como ella lo fue.


ACTO PENITENCIAL

Iniciamos la celebración eucarística pidiendo a Dios nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y aumentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Se dice: GLORIA


ORACIÓN COLECTA

Señor, te rogamos nos concedas la sabiduría y fortaleza de la cruz, con que enriqueciste a santa Rita, para que, compartiendo las tribulaciones con Cristo, podamos asociarnos más íntimamente a su misterio pascual. Él, que vive y reina…
R/. Amén.


LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Rita se esforzaba en enseñar a sus hijos con todas sus fuerzas las buenas costumbres.
(De la vida de Santa Rita, escrita por CAVALLUCCI, cap. 1. Siena, 1610, p. 6.)

Lectura del libro de los Proverbios 2, 1 15

Hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandamientos, prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, entonces tendrás el temor del Señor y la ciencia de Dios encontrarás.

Porque el Señor es el que da la sabiduría, de su bondad nacen la ciencia y la prudencia. Reserva para los rectos el auxilio, que es escudo para quienes proceden con entereza, vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos.

Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud, todos los senderos del bien. Cuando entre la sabiduría en tu corazón y la ciencia sea dulce para tu alma, velará sobre ti la reflexión, y la prudencia te guardará, apartándote del mal camino, del hombre que propone planes perversos, de los que abandonan el recto sendero para ir por caminos tenebrosos, de los que se gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad, cuyos senderos son tortuosos y sus sendas llenas de revueltas.

PALABRA DE DIOS

O bien:

No te dejes vencer por el mal; vence al mal a fuerza de bien

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 12, 9 21

Hermanos: Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu manteneos ardientes.

Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Contribuid en las necesidades del Pueblo de Dios; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.

Con los que ríen estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde. No presumáis de listos. No devolváis mal por mal. Procurad la buena reputación entre la gente.

En cuanto sea posible, por vuestra parte, estad en paz con todo el mundo. Amigos, no os toméis la venganza; dejad lugar al castigo divino; porque está escrito: «La venganza es mía, yo daré lo merecido», dice el Señor.

Más aún si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; y así lo abrasarás de remordimiento. No te dejes vencer por el mal; vence el mal a fuerza de bien.

PALABRA DE DIOS


SALMO RESPONSORIAL Sal 26, 1. 3. 4. 5. 11. 13 (R/. 14a)

R/. ESPERA EN EL SEÑOR, SÉ VALIENTE.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

R/.
Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

R/.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor contemplando tu templo.

R/.
El me protegerá en su tienda el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca.

R/.
Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

R/.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. R/.


ALELUYA 1 Jn 4, 16b

R/. Aleluya, aleluya.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
R/. Aleluya.


EVANGELIO

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 1 14

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto, lo arranca; y a todo el que da fruto, lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera como el sarmiento, y se seca: luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

PALABRA DEL SEÑOR


ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Presentemos ahora al Padre nuestras súplicas y peticiones por medio de santa Rita de Casia intercesora y abogada nuestra.

—Por la santa Iglesia de Dios; para que sus hijos logren la perfección en todos los estados de vida, y, a ejemplo de santa Rita, sean signos de perdón y reconciliación: roguemos al Señor.

—Por las madres de familia; para que desempeñen con entusiasmo su tarea educadora y logren que reine en el hogar el amor y la comprensión: roguemos al Señor.

—Por las viudas que viven en soledad, por los matrimonios separados, por las familias que sufren, por los que viven atribulados por las dificultades de esta vida; para que experimenten la protección de Dios: roguemos al Señor.

—Por nuestros familiares y amigos difuntos; para que gocen de la Pascua eterna: roguemos al Señor.

—Por los que celebramos con gozo la fiesta de santa Rita; para que, siguiendo sus ejemplos, vivamos con autenticidad el Evangelio, amándonos y perdonándonos mutuamente: roguemos al Señor.
(se pueden añadir otras intenciones)

Oh Dios, escucha benignamente las oraciones de los que te suplican y, por intercesión de santa Rita de Casia, extiende sobre nosotros tu mano protectora. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.


LITURGIA EUCARÍSTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Traspasa, Señor, nuestro corazón con la espina de un dolor saludable, para que, libres de todo pecado, podamos ofrecerte con alma pura este sacrificio de alabanza. Por Jesucristo.
R/. Amén.

PREFACIO

El peso de Santa Rita era su amor

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

V/. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque nos has dado en Santa Rita
un modelo insigne de amor a Ti,
y en Ti y por Ti a toda la humanidad.

El amor fue el peso de su vida
y por él fue llevada a través de todos los estados
de su peregrinación por este mundo,
meditando continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo.

Convertida en ejemplo de penitencia y caridad,
Rita experimentó con gozo la exigencia sublime del amor,
que lleva a los hombres por la cruz del sufrimiento
a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

Por eso, con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

R/. Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.


RITO DE LA COMUNIÓN

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 15, 5
El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, dice el Señor, aleluya.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

R/. Alimentados con los sacramentos celestiales, te rogamos suplicantes, Padre, que llevemos impresos en nuestra mente los signos de caridad y pasión de tu Hijo, y gocemos continuamente del fruto de una paz perpetua. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.


RITO DE CONCLUSIÓN

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

R/. Vuelve, Señor, hacia ti el corazón de tu pueblo;
y tú que le concedes tan grandes intercesores
no dejes de orientarle con tu continua protección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

APUNTE BIOGRÁFICO

Pocos santos han calado tanto en la devoción del pueblo como Rita de Casia. Modelo de esposa, madre, viuda y religiosa, nació en Roccaporena (Italia), a pocos kilómetros de Casia, el 22 de mayo del año 1380 ó 1381.

A los dieciséis años se unió en matrimonio con Fernando Manzini y fueron padres de dos hijos varones. Contribuyó de forma decisiva a la conversión de su esposo. El odio generado por las luchas políticas entre grupos, segó la vida de su marido.

Supo perdonar a los asesinos, pero descubrió con dolor que sus hijos preparaban la venganza. Sin dudarlo un instante, manifestó a Dios que prefería verlos muertos a manchados de sangre homicida. Ambos hijos enfermaron y murieron muy jóvenes.

Rita viuda y sin hijos ingresó entonces en el monasterio agustiniano de santa María Magdalena de Casia, donde vivió cuarenta años sirviendo a Dios fielmente y a la comunidad con dedicación y generosidad exquisitas.

“¿Cuál es el mensaje que nos transmite esta santa?”, se preguntaba san Juan Pablo II ante los peregrinos devotos de Santa Rita llegados a Roma el sábado 20 de mayo del año 2000.

El Papa respondía: “La santa de Casia es una de las numerosas mujeres cristianas que ‘han incidido significativamente tanto en la vida de la Iglesia como en la sociedad’ (Mulieris dignitatem, 27). Rita interpretó bien el ‘genio femenino’: lo vivió intensamente, tanto en la maternidad física como espiritual”.

Y, con motivo del VII Centenario del nacimiento de santa Rita, escribía el Papa que Rita es santa “no tanto por la fama de los prodigios que la devoción popular atribuye a la eficacia de su intercesión ante Dios omnipotente, cuanto por su sorprendente ‘normalidad’ en la vida cotidiana, vivida por ella como esposa y madre, después como viuda y, por fin, como monja Agustina”.

Fue beatificada en 1628 por Urbano VIII y proclamada santa por León XIII el 24 de mayo de 1900.

 


Santa Rita de Casia: Vida breve

mayo 21, 2018

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Santa Rita de Casia, mística de la Pasión del Señor. Estigma de la espina.

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INTRODUCCIÓN

La finalidad de esta entrada sobre Santa Rita de Casia

Amable lector, santa Rita es una figura señera en la familia agustiniana. Suele ser conocida como la mujer que pasó por todos los estados de la vida con gran entereza cristiana. Esa particularidad condujo a Rita a vivir de una manera especial la vocación fundamental de todo bautizado: el amor a Dios y al hermano.

Además, en los últimos cuarenta años de su vida cristiana, Rita pudo extraer las últimas consecuencias del bautismo consagrándose a Dios como esposa del Cordero, como monja. De esta manera nos ayuda a comprender las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Y también nos da ejemplo a los que hemos recibido ese don.

Por eso, santa Rita constituye una verdadera joya en la familia agustiniana que nosotros, como agustinos, debemos compartir con toda la Iglesia. De esta forma Rita seguirá luciendo como un ejemplo luminoso para muchísimas personas en nuestros tiempos.

Eso es lo que pretendo precisamente con las entradas que, Dios mediante, iré colgando en esta páginare. Intentaré dar a conocer a todos, pero en particular a las mujeres, la grandeza y santidad de Rita para que les sirva de apoyo y estímulo en las diversas situaciones de la vida.

Como se desprende de lo anterior, la finalidad de esta página es pastoral tanto en la parte biográfica como en la novena. Sobre todo en ésta, trataré de acoger y acompañar el crecimiento espiritual de muchas personas en su vida personal y familiar, a la luz de los ejemplos de santa Rita. Pretendo ayudarles en su carrera hacia la santidad que es la vocación de todo bautizado.

El contenido bíblico y doctrinal de la novena en honor de santa Rita gira en torno a dos polos que son prioridad en la nueva evangelización a la que nos está llamando reiteradamente la Iglesia y que la Orden trata de llevar adelante: la familia, la vida, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones  y las vocaciones, tanto las laicales como las de especial consagración.

Resumo el contenido de la novena y su enfoque diciendo que en ella se ofrecen unos apuntes de evangelización tipo personalista y familiar, más vivenciales que teóricos, con fundamentos bíblicos y agustinianos, trenzados en torno a la figura legendaria de santa Rita de Casia.

Ésta es precisamente la envoltura que la tradición ha elaborado para transmitirnos íntegra la invalorable obra de arte de la gracia de Dios: santa Rita de Casia, nuestra hermana, especial abogada ante Dios en las situaciones difíciles.

Sin excluir a nadie, estas consideraciones las ofrezco de manera especial a las madres y esposas afiliadas a la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta y a la Asociación de Madres Cristianas Santa Mónica. Ojalá que descubran en santa Rita el modelo cercano y seguro que les lleve al Evangelio: a la felicidad de una vocación totalmente lograda.

Quiera el Señor, el único santo, glorificarse en esta pequeña contribución a la tarea eclesial y agustiniana por volver a las fuentes de la santidad. Divulgando y compartiendo los dones específicos del Señor a nuestra familia agustiniana, contribuiremos al embellecimiento de la Iglesia, esposa de Cristo, en los umbrales del tercer milenio.

María, la estrella de la evangelización, interceda por nosotros, ante su Hijo, luz del mundo. Ella, que es Madre de consolación, enjugue las lágrimas de las madres y esposas, y las fortalezca para construir día a día, con todos los suyos, verdaderos hogares cristianos, templos de Dios en el mundo y semilleros de vocaciones a la santidad.

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

NOTA: Los apartados de esta entrada seguirán de cerca los contenidos publicados por Ed. Paulinas, grupo editorial latinoamericano, en Caracas, enero de 2005, con el título Santa Rita de Casia, Vida breve y Novena, del mismo autor. Salvo indicación expresa en otro sentido. Con la debida autorización. Gracias a la Editorial.

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SANTA RITA DE CASIA

Vida breve

Santa Rita es una de las santas más populares de toda la cristiandad. Sus perfiles biográficos e históricos nos han llegado envueltos en los ropajes ampulosos de la literatura hagiográfica y de la épica religiosa.

A la mentalidad crítica histórica le incomoda ese estilo. Pero quizá sea esta característica la que hace más cautivadora la personalidad de nuestra Santa, la sal que mejor conserva la riqueza de su patrimonio espiritual válido para todos los tiempos.

Sin embargo, santa Rita no ha caído del cielo. Emerge de nuestro suelo y crece en nuestra tierra fecundada por el Evangelio. Surge en el seno de un hogar cristiano. Se alimenta de valores cristianos, específicamente agustinianos.

Florece en santidad viviendo los distintos estados de vida en el mundo, y culmina su peregrinación terrena dentro del claustro como religiosa agustina. Recorramos con devoción los hitos biográficos e históricos más importantes de santa Rita de Casia.


1.  Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita


2.  Juventud y matromonio de santa Rita. Viudedad.


3.  Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.


4.  Muerte de santa Rita. Taumaturga


5.  Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita


6.  Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.

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1    Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita.

La vida de santa Rita transcurre entre los siglos XIV y XV, en el ocaso de la Edad Media que da paso al Renacimiento. Los autores colocan su nacimiento en torno al año 1381 y su muerte hacia el 1457. Vivió, por tanto, 76 años.

Se desposó a los 15 años. Habría vivido 18 años de casada, y, después de tres años de viudedad en Rocaporrena, habría entrado al convento de las agustinas de Casia. Tenía 36 años. Al año siguiente hizo la profesión como religiosa y vivió sus últimos 40 años consagrada a Dios.

Los últimos 15 años sufrió el estigma de la espina del Crucificado en la frente, y vivió medio recluida en su celda. Salió del convento para viajar a Roma el año 1450 a fin de ganar el jubileo del año santo. Los últimos cuatro años los pasó en cama, gravemente enferma.

Estos datos se deducen de las fuentes históricas, de la tradición y de las leyendas con las que el pueblo cristiano adornó la existencia de santa Rita. Que nos sirvan esos datos como puntos de referencia para comprender mejor el mensaje espiritual que nos transmite nuestra Santa.

Santa Rita nació el año 1381 en Rocaporrena, aldea perteneciente a Casia, ciudad de la Umbría italiana, situada a unos 150 kilómetros al norte de Roma. En Rocaporrena vivían unas cuarenta familias.

Casia era una ciudad-fortaleza, capital de un pequeño condado que funcionaba como una república relativamente autónoma. Tenía dominio sobre 23 castillos y de ella dependían unas 40 aldeas, entre las que se contaba Rocaporrena, a sólo cinco kilómetros de distancia.

Casia era un centro comercial y político importante, bien comunicada. Se ubicaba en la zona fronteriza entre el reino de Nápoles y los Estados Pontificios. Por eso estaba expuesta a las reyertas entre los güelfos o romanos, partidarios del Papa, y los gibelinos, partidarios del Emperador alemán.

 A Rita, pues, le tocó vivir en tiempos especialmente marcados por convulsiones políticas, sociales y religiosas. En el tiempo, santa Rita es contemporánea de san Bernardino de Siena (1380-1444) y de san Juan Capistrano (1386-1456).

La Iglesia vive, en ese tiempo, momentos difíciles por distintos motivos, entre ellos, el Cisma de Occidente (1378-1417). Eso no impide que se den frutos de santidad como los anotados. Casia pertenece eclesiásticamente a la arquidiócesis de Espoleto.

Ciudades cercanas a Casia y notables por los muchos santos que en ellas nacieron o vivieron son: Asís, Tolentino, Montefalco, Loreto, Perugia, Rieti y Nurcia.

En Casia se respira un ambiente religioso intenso. Hay bastante clero secular y muchas iglesias. Desde hace tiempo se instalaron en Casia los frailes agustinos y los franciscanos. Los agustinos llevan más de un siglo, es decir, desde el comienzo de la Orden, la Gran Unión de 1256.

En sus alrededores había eremitorios agustinos, de hombres y probablemente también de mujeres. Algunas leyendas colocan a Rita en un eremitorio de Rocaporrena.

En Casia los agustinos tenían un convento con una iglesia dedicada a san Agustín. En ella se daba culto además a san Juan Bautista y a san Nicolás de Tolentino, que serán los tres protectores de santa Rita.

Y también había dos monasterios de agustinas: el de Santa Magdalena y el de Santa Lucía.

Los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Son artesanos que viven en la aldea de Rocaporrena. Son gente muy honesta y profundamente religiosa. Pertenecen a familias distinguidas o, al menos, bien situadas y apreciadas en la sociedad.

No tuvieron más que una única hija: Rita. La consideraron un regalo de Dios, ya que según la leyenda eran estériles.

Desempeñan el oficio cívico de “juzgado de paz o de reconciliación” en las disputas y juicios entre los vecinos del pueblo y alrededores. Son llamados “pacificadores de Jesucristo”.

El nacimiento de Rita fue adornado por la literatura hagiográfica de Florecillas con rasgos y curiosidades tomados de los nacimientos milagrosos de Isaac, Sansón, Saúl, y de san Juan Bautista.

Así se dice que santa Rita nace de padres ya ancianos y estériles. Es anunciada a sus padres por un ángel del cielo que les revela el nombre que llevaría. Su nacimiento produce gran alegría en el pueblo.

Al bautizarla, en la Colegiata Santa María de la Plebe de Casia, le pusieron el nombre que había anunciado el ángel: Margarita, que significa “piedra preciosa” o “perla”; pero fue más conocida por su nombre de cariño, “Rita”; y así ha pasado a la posteridad.

Sobre su infancia corrió de boca en boca la leyenda de las abejas. Los padres habían dejado a la niña Rita en la cuna a la sombra de un árbol mientras laboraban en el campo. De pronto vieron revolotear alrededor de la cuna un enjambre de abejas blancas que entraban y salían de la boca de la niña sin causarle ningún daño y elaboraban en sus labios un panal de miel.

Un labriego que intentaba ahuyentar a las abejas fue curado de una herida en la mano. Los padres y el campesino se abrazaron dando gracias a Dios.

Aunque el relato tiene como fondo la aldea de Rocaporrena, en el monasterio de Casia se muestran hasta hoy las llamadas “abejas de santa Rita” que producen ricos panales de miel en las grietas de la pared del convento.

Rita va creciendo en un ambiente familiar muy religioso y aleccionador, pues sus padres hacen de su vida una constante oración, de práctica religiosa, laboriosidad, ejercicio de la reconciliación y de amor a los pobres con los que comparten sus bienes.

En consecuencia, se cuenta que desde muy niña Rita se interesó por la oración y se distinguió por su vida piadosa y caritativa. Particularmente era devota de Jesús Crucificado. Con frecuencia se retiraba a orar en una habitación de la casa donde había construido una especie de ermita.

Rita creció como una muchacha normal del pueblo, ocupada en la casa, sola o con amigas, y acompañando a sus padres en las prácticas religiosas.

Además de su padres, influyeron en la educación de la pequeña Rita, una prima suya mayor que ella, Catherina Antonii Mancini, que se hizo religiosa agustina. Es muy probable que Catherina influyese en la inclinación de Rita a la vida religiosa. De hecho acudía frecuentemente a visitarla.

También se cita a un ermitaño agustino que instruía a la joven Rita. Es casi seguro, pues, que recibiera alguna enseñanza escolar y que aprendiera a leer.

Además de estos indicios, existe otro dato a favor de tal suposición: inmediatamente después de su muerte la pintaron, en su propio ataúd, con un libro abierto en la mano. Sin embargo y a pesar de lo expuesto, no se conserva ni su autógrafo ni una sola letra suya.



2   Juventud y matrimonio de santa Rita. Viudedad.

Rita creció como una muchacha normal: debió de tener una constitución delicada pero sana, de estatura normal para entonces o más bien baja, de acuerdo a los retratos del ataúd y a sus dimensiones, 158 centímetros de largo.

En su juventud pensó hacerse religiosa, probablemente agustina, porque era muy conocido en la comarca el convento de las agustinas de Casia.

Sin duda, Rita habría estado muchas veces en Casia: la primera vez, la llevaron para ser bautizada, después habría acompañado a sus padres para hacer compras o diversas diligencias, para asistir a ceremonias religiosas, procesiones, o para escuchar a famosos predicadores.

Así que debía de conocer a los frailes agustinos y a las monjas agustinas. Además, los agustinos, más que los franciscanos, atendían espiritualmente las aldeas y capillas de los alrededores de Casia, al menos en ciertas celebraciones.

Sin embargo, la vocación religiosa no la pudo seguir de momento, porque los padres creyeron que lo mejor para ella era el matrimonio. En aquel tiempo era costumbre que los padres arreglaran el matrimonio de los hijos, pero no hasta el punto de obligarlos en un sentido o en otro.

Los padres de Rita se preocupaban del futuro de su hija única y buscaron lo mejor para ella. A Rita le salió pronto un pretendiente. Se llamaba Pablo Fernando Manzini, y era hijo de un oficial del Castillo de Collegiacone. Debido a este origen, algunos autores lo califican de soldado o militar.

Los padres de Rita lo consideraron buen partido para su hija y abrigaron la esperanza de que la haría feliz. Cuenta, por otra parte, la tradición que Fernando era un joven impulsivo, temperamental y resentido. Para destacar la paciencia de Rita algunos biógrafos han exagerado los defectos de Fernando.

Sin embargo éste no pudo ser tan conflictivo antes de casarse, pues entonces los padres de Rita no la hubieran animado tanto a casarse con él, sino más bien habrían tratado de disuadirla. Es también probable que, una vez casado, los defectos se agravaran, como suele suceder por lo general.

El caso es que Rita Lotti se desposó con Fernando y lo amó tiernamente formando con él un matrimonio bendecido por el Señor, dándole todo el valor del sacramento cristiano. La bondad de Rita superó las asperezas del marido e hizo posible una vida de paz y de concordia hogareña.

De la unión matrimonial nacieron dos hijos, según algunos autores, gemelos o morochos: Juan Santiago y Pablo María.

Dicen que Fernando llegó a maltratar alguna vez a Rita, pero ésta logró su conversión con paciencia, sacrificio, ternura y oración. Cuando parecía que todo funcionaba mejor en el hogar y cuando Fernando se iba retirando de las malas compañías, inesperadamente, fue asesinado junto al río Corno.

No sabemos exactamente la causa ni los responsables. Hechos así eran relativamente frecuentes en aquellos tiempos y particularmente en la ciudad de Casia y su entorno: bandolerismo, ajuste de cuentas, asaltos, asesinatos, venganzas, intrigas políticas.

Rita, gracias a su educación y a la madurez de su fe, logró perdonar de corazón y casi de inmediato a los asesinos. A los pies del Crucificado había aprendido a perdonar a los demás. Rita oraba por los que le habían arrebatado a su esposo y al padre de sus hijos. Era muy doloroso, pero Dios le concedía la gracia de poder perdonar.

A sus hijos Juan Santiago y Pablo María les resultaba muy difícil comprender lo sucedido y poco menos que imposible perdonar a los asesinos de su padre porque en aquellos tiempos se consideraba, con frecuencia, una obligación ineludible vengar la muerte de un ser querido.

Rita, como madre cristiana, suplicó insistentemente a sus hijos que perdonaran a los asesinos como lo hizo Jesús en la cruz. Con dolor de madre y con no menor fortaleza y abnegación de creyente, expresaba ante Dios sus deseos y pedía la ayuda divina para saberse comportar como madre y como cristiana. Sin embargo, no veía los frutos de su oración por sus hijos que seguían renuentes al perdón.

Llegó a pensar, e incluso a manifestarle a Dios en la oración, que prefería ver muertos a sus dos hijos, antes que verlos vengar la muerte de su padre. No quería verlos apartados de Dios por el odio y la venganza. Es decir, muertos espiritualmente.

Y cuenta la leyenda que Rita pidió a Dios que se los llevara de este mundo, antes de que se perdieran para siempre.

Se dice que por aquellos tiempos, una epidemia invadió Europa y llegó hasta Rocaporrena. Los hijos de Rita enfermaron y murieron víctimas de la peste, al poco tiempo de la muerte violenta de su padre, en el transcurso de un año.

Rita, pues, perdió en muy poco tiempo a toda su familia. Algo muy duro que puso a prueba su madurez espiritual. Entonces ella se queda a solas con su dolor, viuda, y sin los hijos de sus entrañas y de sus lágrimas.

Para la tradición los restos mortales de Fernando y de los dos hijos descansan en la Capilla de San Montano en Rocaporrena, su pueblo natal.

El comportamiento cristiano de Rita que practica el perdón, la oración y el amor a los asesinos de su esposo da la talla de su santidad. Este testimonio cristiano no se limita a su propio hogar.

Inmediatamente después de la muerte de su esposo, se afana con toda prudencia y valentía en lograr la reconciliación entre las dos familias afectadas por aquel asesinato. Las leyes de aquel tiempo exigían una reconciliación pública y un compromiso de paz expresado por los bandos encontrados o enemistados.

Debían recurrir hasta tres veces ante las autoridades o ante los jueces de paz o pacificadores para que así se garantizara la paz y la convivencia en la ciudad, en la sociedad.

Rita participó activa y casi protagónicamente en ese proceso de reconciliación. Así experimentó en su propia carne lo que había visto realizar tantas veces a sus padres en su oficio cívico y cristiano como pacificadores de Jesucristo.

Cumplida con éxito esta tarea de reconciliación, renacen en su corazón, con más fuerza que nunca, los deseos de entregarse totalmente al Señor en la vida religiosa. También es posible que la reconciliación de las familias fuera la condición para ingresar al convento, como veremos enseguida.

Sea lo que fuere, la verdad es que Rita piensa bien las cosas y las coloca en la oración, pidiendo las luces del Espíritu.

Por fin, se decide a golpear las puertas del convento de Santa María Magdalena de agustinas en Casia. La primera vez es rechazada, y la segunda, y la tercera.

Algunos biógrafos creen que era rechazada por su condición de viuda.
Sin embargo, parece que la viudedad no era de por sí un impedimento para ingresar al convento. Más bien, se cree que la dificultad para ser aceptaba radicaba en que era viuda de un marido asesinado, muerto violentamente.

Y mientras las partes implicadas no se reconciliaran, no podía ingresar al convento. Es decir, no podía introducir al convento el odio y la venganza de las familias enemistadas, pues dentro del convento podía haber monjas pertenecientes a uno u otro bando. En este caso, posibles monjas familiares o simpatizantes de los asesinos de Fernando, el esposo de Rita.

Si Rita quería ingresar al convento, antes debía dejarlo todo arreglado en el siglo: la reconciliación de las familias; la distribución de los bienes materiales; la probable dote entregada al convento. Pues en algunas representaciones pictóricas Rita aparece entregando dinero para reparar el convento.

Se supone que en el convento vivirían unas doce monjas. De siete de ellas conocemos los nombres.

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3. Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.

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Sea como fuere, al final logró el ingreso de una forma milagrosa. Primero, el milagro de la reconciliación. Y segundo, el que cuenta la tradición de la siguiente manera.

Una noche estaba Rita en Rocaporrena orando a sus santos protectores, Juan Bautista, Agustín y Nicolás de Tolentino, y pidiéndoles el ingreso al convento de las agustinas. Ya llevaba tres años empeñada en conseguir el ingreso al convento.

Pues bien, cuenta la tradición que Rita fue llevada en vuelo desde “La Roca”, un lugar alto y rocoso de Rocaporrena, por los aires, hasta el coro del convento de las agustinas de Casia, donde las monjas se la encontraron al ir a rezar las oraciones de la mañana.

Ellas consideraron el hecho como un milagro y de inmediato la aceptaron como postulante al noviciado. Corría el año 1417. En el lugar de La Roca, o del Scoglio se levantó una capilla en honor de la Santa que ha llegado hasta nuestros días.

Parece que era un lugar de oración para los lugareños y en especial para Rita. Algunos autores nos la retratan incluso como catequista presidiendo una procesión de rogativas pidiendo lluvia para los campos.

Al entrar en el convento Rita culmina una etapa de su vida que se habría desarrollado en Rocaporrena, en un ambiente familiar, sin protagonismos ni actividades mundanas, cercana a la gente sencilla de su aldea, dedicada íntegramente al servicio de los suyos y de los pobres.

Ella vivió en silencio, entregada a Dios con oraciones frecuentes en la medida en que se lo permitían sus obligaciones familiares y disfrutando constantemente de la presencia y compañía amorosa de Dios en todo momento, sobre todo, en las dificultades y sufrimientos.

En poco tiempo había vivido mucho. Había procurado por encima de todo no defraudar a las personas que Dios le había encomendado: sus padres, su esposo, sus hijos, y a los pobres. Rita se sentía satisfecha. Había merecido la pena sacrificarse por ellos. Se sentía plena y feliz. A todos los había acercado a Dios, de quien estaban ya gozando en el cielo.

Pero aún no había acabado su peregrinar. Dios todavía esperaba más de ella. Y Rita estaba dispuesta a recorrer el camino de la consagración religiosa en el convento, ayudada por los consejos que san Agustín dejó escritos en la Regla.

Cuentan las crónicas que Rita, una vez en el convento, se entregó con todas fuerzas a la observancia religiosa y a la oración, de manera que ya de novicia parecía una religiosa aventajadísima en la vida comunitaria y monástica. Al final del año de noviciado fue aprobada para formular sus votos de consagración: pobreza, castidad y obediencia.

Con ellos se consagraba a Dios para servirle con un corazón indiviso y se convertía en esposa de Cristo. Seguro que Rita vivió muy intensamente ese desposorio en santidad y justicia.

Para expresarlo la tradición narra que, al día siguiente de la profesión, Rita vio una escalera, como cuenta la Biblia del patriarca Job, con muchos peldaños que representaban todas las virtudes. Un extremo de la misma se apoyaba en la tierra y el otro tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles. En lo más alto estaba el Señor.

La visión significaba que Rita, ya en el año de noviciado, había practicado todas las virtudes escalando así las más altas cimas de santidad y de unión mística con Dios.

En el convento, al igual que en su pueblo de Rocaporrena, Rita no consta que desempeñara cargos de responsabilidad, que escribiera o tuviera dones de consejo, profecías, dirección espiritual.

No se conserva ni siquiera su autógrafo, ni una palabra suya. Nada. Lo suyo fue siempre servir a los demás, estar sometida a ellos por amor, y obedecer: primero en su familia, y después en el convento. Es la Santa del silencio, de la oración y del compromiso callado. Sumisa y obediente: primero a Dios y por él y en él a todos los demás.

Parece que en el convento formaba parte del grupo de monjas encargadas del rezo coral, porque en su ataúd la pintaron con un libro abierto en la mano. Las monjas analfabetas se ocupaban en trabajos manuales y no tenían responsabilidades en los rezos corales.

La imaginación popular y la tradición han elaborado algunas anécdotas o leyendas sobre la vida de santa Rita en el convento, no tanto para llenar vacíos, como para expresar de manera plástica la santidad, la práctica de las virtudes y los fenómenos místicos con los que Dios la bendijo.

Así, para resaltar la práctica de la obediencia y docilidad de Rita a Dios y a las hermanas, se cuenta que la madre abadesa le mandó regar un tronco de vid que estaba seco. Era algo absurdo. Pero Rita, dice la tradición, lo regó todos los días durante años, hasta que un buen día aquel tronco reverdeció, le brotaron tallos, creció y dio uvas.

Es una forma de resaltar la obediencia de la Santa. Hoy día se muestra al visitante la parra que luce frondosa y fecunda en el patio del convento.

Ya hemos visto que santa Rita, desde pequeña tuvo una gran devoción a Cristo crucificado. La espiritualidad románica que prefería la contemplación de la divinidad de Cristo, había dado paso a la espiritualidad gótica que adora la humanidad del Señor, y en particular considera con toda piedad y compasión los sufrimientos de su pasión y muerte.

Pues bien, la tradición cuenta que el día de Viernes Santo del año 1442, Rita, después de escuchar la predicación del padre Giacomo de la Marca sobre los sufrimientos de Jesús en la pasión y muerte, quedó tan conmovida que, postrada ante una pintura de Jesús Crucificado, le pidió compartir su dolor redentor.

Y fue tal su amor y compasión hacia el Redentor que, por una gracia especial, una espina de la corona del Crucificado se desprendió milagrosamente y fue a clavarse en la frente de Rita en el marco de un arrebato místico.

La espina le produjo una herida dolorosa y nauseabunda que la obligaba a recluirse en su propia celda por el mal olor que despedía, y le acompañó el resto de su vida. Sólo llegó a cicatrizar durante el tiempo que duró su peregrinación a Roma en el año santo de 1450.

La madre abadesa le había prohibido viajar por causa de la herida. Entonces santa Rita pidió a su Señor que cicatrizara la herida temporalmente. Así sucedió de manera milagrosa. Visto lo cual, la madre le permitió viajar a Roma para ganar el jubileo.

Y así, durante los últimos 15 años de su vida sobrellevó el estigma de una espina de la pasión clavada en la propia carne.

El estigma es un fenómeno no tan infrecuente en la Iglesia y en el tiempo de santa Rita. Tiempo atrás había alcanzado el mismo favor san Francisco de Asís (1182-1226) y poco antes santa Catalina de Siena (1347-1380).

Gracias a un deseo intenso, vehemente, y a un amor apasionado de compasión, Dios le permitió a Rita participar de sus dolores y su-frimientos por la redención de los hombres.

La estigmatización fue la gracia y el signo más admirado por sus coetáneos, dentro y fuera del convento, y el hecho más relevante transmitido por la tradición oral que arranca inmediatamente después de su muerte, y que valoran los devotos como el distintivo de la santidad de Rita y de su poderosa intercesión ante su Señor.

Apoyados en ese hecho no dudan en calificarla como la abogada de los casos desesperados o de imposibles. De ahí que desde el principio fue representada con la herida de la espina en la frente: las pinturas de la caja donde se colocó su cuerpo la reproducen con la herida en la frente.

Aun hoy día, después de seis siglos, puede apreciarse de alguna forma en su cuerpo incorrupto el estigma de la frente, como reconocieron los especialistas al examinar sus restos en 1972.

Entre las bellas leyendas de santa Rita merece destacarse la del rosal florido en pleno invierno. Estando Rita en cama próxima a su muerte fue visitada por uno o por varios parientes y conocidos de Rocaporrena. Anotemos que el convento de Santa María Magdalena no era de clausura estricta.

Pues bien, después de platicar con ellos en su propia celda, con toda probabilidad, al despedirlos alguien le dijo si le podían traer algún presente de Rocaporrena. Entonces ella les encargó que le trajeran una rosa del jardín que había en su casa. Algunos autores añaden que les pidió también dos higos maduros, fruto de la higuera de su jardín.

Cuando regresaron al pueblo, fueron al jardín y encontraron la rosa y los higos maduros que Rita había solicitado, algo totalmente insólito en un tiempo inapropiado y en un rosal y en una higuera casi congelados. Los cortaron y se los llevaron a santa Rita.

Ésta tomó la rosa, la olió y la rosa empezó a despedir tal perfume que la habitación de la enferma y el convento entero se llenaron de suave fragancia, que sorprendió a toda la comunidad. La fragancia procedía precisamente de la celda de Rita que siempre olía mal debido a la herida infectada que le acompañaba.

De este relato se originó la práctica tradicional de la bendición de las “rosas de santa Rita” el día de su fiesta, el 22 de mayo, que los enfermos y devotos suelen tomar en infusión o de otra forma como ayuda espiritual y como remedio milagroso.

El perfume de la rosa contrarrestó la fetidez de la herida incurable y expresaba a las claras el olor de santidad que Rita vivía por la gracia de Dios en beneficio de sus hermanas de hábito y de sus devotos de to-dos los tiempos.

Santa Rita vivió en el convento totalmente entregada a la oración y a la penitencia. De ma-nera especial se ejercitaba en la contemplación de los sufrimientos de su Señor en la pasión y muerte. Su vida era una oración continua. Dicen algunos biógrafos que “no podía estar siquiera un momento sin orar ni meditar sobre la sacratísima pasión”.

Por eso, en la celda tenía pintados en la pared el monte Calvario y el santo Sepulcro, para mantener su atención en el amor del Redentor. Junto con la estigmatización Rita gozó de experiencias místicas, en las que se manifestaban la consolación y la unión propias de los desposorios con su Señor.

Tengo que hacerte, amigo lector, una observación: que no encuentro en la literatura consultada ni recuerdo haber escuchado en charlas o predicaciones referencia alguna a la devoción de santa Rita a la Virgen María. En uno de los retratos de la caja ataúd se la representa con un rosario en la mano mirando la cruz del Señor.

Es impensable que santa Rita no contemplara junto a la cruz a la Madre del Crucificado, a la Dolorosa. Seguro que ella compartía también los dolores de la Madre entregando a su Hijo por nuestra salvación.

Remontándonos a su infancia, es seguro que sus padres, tan religiosos, le inculcaran la devoción a la Santísima Virgen. Como devotos de san Agustín por su asistencia al culto en la iglesia de los agustinos en Casia, los padres le transmitirían la historia de san Agustín y su conversión gracias a las lágrimas de santa Mónica, y la historia de la Virgen de la Correa.

Y se supone que ella, en su experiencia matrimonial, buscaría con avidez el ejemplo de santa Mónica que también oró por la conversión de su esposo y de su hijo Agustín. Se sentiría cercana a Mónica, a quien se le apareció la Virgen de la Correa consolándola por la muerte de su esposo Patricio y los extravíos de su hijo Agustín.

Seguro que escucharía casual o intencionadamente los sermones de los agustinos narrando los episodios familiares de Mónica y Agustín, y que ella estaba experimentando en carne propia…

En fin, no parece del todo descabellado tener por probables esas suposiciones, máxime cuando las vidas de santa Mónica y nuestra Santa tienen tantas similitudes. De hecho algunas predicaciones sobre santa Rita parecen calcadas de las Confesiones de san Agustín.

Pero, repito, no he visto nada reseñado al respecto. Espero que sea por ignorancia propia. ¿Será una laguna más en la historia de santa Rita?

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4. Muerte de santa Rita. Taumaturga

La vida de la Santa se fue consumiendo como una cera en el altar del Señor. Los últimos cuatro años los pasó casi permanentemente en cama, aquejada de una grave enfermedad. A veces le visitaban los familiares y amistades.

Todos admiraban la integridad de su vida, su sencillez, la capacidad de perdón y la paz que le embargaba y que transmitía a los demás. Hubo personas que le pedían rogara por enfermos y necesidades especiales, y de hecho le atribuyeron milagros realizados por Dios en vida de nuestra Santa.

Después se consignarán en el Códex miraculorum o Relación de milagros.

Antes de morir, llamó a las religiosas del convento y les dejó este testamento espiritual: “Ánimo, mis queridas hermanas, ha llegado el momento de mi partida. Permaneced en el amor de Jesús amoroso”. Luego pidió los últimos sacramentos que recibió “con grandísima humildad y devoción”.

Finalmente, exhortó a las hermanas a permanecer fieles a su vocación, les pidió perdón a todas, y las animó a “vivir en paz y en caridad fraterna”.

Santa Rita murió en la noche del 22 de mayo de 1457, a los 76 años de edad y 40 de vida consagrada. Cuenta la tradición que un suave perfume invadió todo el convento y las campanas comenzaron a tocar a gloria por sí solas.

Al funeral acudió muchísima gente, atraída por la fama de santidad de que ya gozaba en vida, aunque no muy exteriorizada.

A raíz de su muerte, se multiplicaron los testimonios de milagros y señales prodigiosas obradas por intercesión de santa Rita, comenzando por la curación del ebanista que, una vez sanado de su parálisis, confeccionó la caja ataúd de la Santa.

Los relatos corrían de boca en boca. Muchos fieles de Casia y sus alrededores visitaban el monasterio de Santa María Magdalena para venerar su sepulcro.

Muy pronto, antes de los cinco años de la muerte, exhumaron su cuerpo que, al encontrarlo incorrupto, lo depositaron en una caja de madera ricamente adornada con pinturas que representan a la Santa.

Estos retratos y el epitafio anexo constituyen testimonios preciosos de la vida y santidad de Rita. Su cuerpo incorrupto se conservó en esta obra de arte desde su muerte hasta el año 1745.

En 1692 el rey de España Carlos II regaló una urna barroca. En ella se depositaron los restos el año 1745 y en ella reposaron hasta 1930.

Desde el 18 de mayo de 1947 su cuerpo incorrupto permanece como expuesto a la veneración de los fieles en una urna de cristal ricamente adornada y colocada detrás del altar mayor de la nueva Basílica de Santa Rita bendecida e inaugurada en la fecha y año reseñados.

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5. Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita

Como se desprende de la exposición anterior, la vida de santa Rita está plagada de tradiciones y leyendas, y son muy pocos los datos históricos comprobados científicamente.

En realidad sólo tenemos cuatro fuentes bien precisas sobre la vida de la Santa, que datan de los años inmediatamente posteriores a su muerte.

En primer lugar, existe un Códex miraculorum o Relación de milagrosescrita por un notario de Casia, de nombre Domingo Angeli, cinco años después de la muerte de Rita, o sea el 1462.

Este notario recoge los milagros atribuidos a santa Rita desde su muerte. A este primer códice siguieron otros tres códices o fascículos escritos por diversos notarios de Casia en tiempos posteriores.

En segundo lugar, contamos con la caja ataúd en la que fue coloca-do el cuerpo de la Santa. Esta Caja solemne está adornada con pinturas y retratos de santa Rita, que constituyen un testimonio invalorable.

En tercer lugar, contamos con un epitafio poético de cinco tercetos adosado a la caja.

Y la cuarta fuente es una tela o manto antiguo guardado como reliquia en Rocaporrena. Cuatro testigos del proceso de beatificación de 1626, hacen alusión a la devoción, existente en su aldea, al Manto de santa Rita, cuya imposición curaba las fiebres de los devotos y ayudaba a las mujeres en el momento de dar a luz.

De estas cuatro fuentes deducimos lo siguiente:

que santa Rita era de estatura más bien pequeña, 157 centímetros según el médico legal que reconoció su cuerpo en 1972; que pertenecía a una familia acomodada, pues el notario la llamaba “señora” y las pinturas de la caja la representan con un libro abierto en la mano, distribuyendo limosnas y contribuyendo a la reparación del monasterio; que vivió 40 años en el monasterio dedicada a una vida de penitencia y oración; que durante 15 años soportó con ánimo esforzado los dolores de la espina; y que su fama taumatúrgica comenzó con su muerte.

A los cinco años, el notario de Casia recordaba “los muchos milagros y prodigios” que Dios operaba por su intercesión. En la tela antiquísima ya aparece rodeada de las abejas y de las figuras de san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino, y, en exvotos un poco más tardíos, “con la disciplina manchada de sangre en su mano izquierda”.

Los otros datos que figuran en la descripción anterior y en otras historias de santa Rita son más inciertos, no tienen mayor sustentación científica: son fruto de la tradición oral, de la predicación y de las vidas hagiográficas edificantes.

Tendrán que pasar unos 150 años de la muerte de la Santa para que un agustino llamado Agustín Cavallucci de Foligno nos escriba la primera biografía de santa Rita, recogiendo y ordenando sistemáticamente todos lo datos que le proporcionaban la tradición oral y el testimonio de las fuentes históricas que conocía.

Fray Agustín Cavallucci redactó la primera vida de nuestra Santa con el fin de divulgar su conocimiento y su culto y así preparar el proceso de beatificación que se abrió de hecho 16 años más tarde, en 1626.

Mientras tanto, la devoción a santa Rita había tomado consistencia en las prácticas devocionales del pueblo de Dios. Primero en Casia y en Rocaporrena.

El monasterio de las agustinas se había convertido en un santuario de peregrinación pues conservaba incorrupto el cuerpo de la Santa.

También fue tomando mucha importancia la fiesta de santa Rita unida a la del Corpus Christi, la principal de la ciudad, cuya procesión era muy nombrada y concurrida. Posteriormente la fiesta se prolongaba por tres días, comprendía una feria y un torneo famoso.

En Rocaporrena se conservaba la casa de santa Rita, señalada por dos prodigios: fue la única casa que no sufrió las consecuencias del terremoto de 1599; además, en el techo había una abertura que era imposible tapar y decían que era la utilizada por el ángel que visitaba a santa Rita.

Después de la beatificación el obispo mandó convertir la casa en capilla dedicada a santa Rita que todavía hoy existe. De esta manera los devotos disponen de dos lugares emblemáticos para sus peregrinaciones: la Capilla de Rocaporrena y el Santuario de Casia.

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6. Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.

Además de Casia y Rocaporrena la devoción a santa Rita se extendió rápidamente por la comarca. Los paisanos y los devotos de santa Rita propagaron su fama por la diócesis de Espoleto y por diversos lugares de Italia, llegando pronto a Roma.

Allá existía una importante colonia de casianos. La Orden agustiniana, sobre todo, y también los franciscanos divulgaron y propagaron la devoción a santa Rita. La fama de gran taumaturga y de abogada de imposibles se iba extendiendo más y más entre el pueblo sencillo.

La oportunidad del reconocimiento oficial de la Iglesia para proclamarla beata llegó cuando un grupo de casianos influyentes residentes en Roma y cercanos a la Curia Pontificia ejercieron sus buenos oficios ante el papa Urbano VIII que había sido arzobispo de Espoleto, a cuya jurisdicción pertenecía Casia.

Por tanto, el papa Barberini conocía bien la personalidad de santa Rita y la devoción que le tenía el pueblo sencillo. Varias personalidades oriundas de Casia y residentes en Roma fueron los promotores de la beatificación.

Pero los que formalmente la solicitaron e iniciaron el proceso fueron el Ayuntamiento de Casia y la Orden de San Agustín. También apoyaron los franciscanos.

Como queda dicho fray Agustín Cavallucci publicó en 1610 la primera biografía de santa Rita. El proceso de beatificación fue abierto el año 1626 por el papa Urbano VIII.

Cumplidos los interrogatorios a los testigos de Rocaporrena y Casia y culminados con éxito los demás trámites canónicos, a los dos años la beatificó el mismo papa Urbano en la Iglesia de San Agustín de Roma, el 16 de julio del año 1628.

De esta manera la Iglesia presentaba a santa Rita como ejemplo de madre y esposa, pero sobre todo modelo de persona consagrada a Dios en el silencio del claustro.

Para la aprobación oficial como santa en la Iglesia habrá que esperar hasta el año 1900, aunque de hecho ya fuera venerada como tal por el Pueblo de Dios. Hubo un intento de canonización promovido por la Orden agustina en 1738, que no prosperó.

Hubo que esperar hasta 1887 cuando el papa León XIII, preocupado por la crisis de la institución familiar y por las amenazas de introducir el divorcio por parte del Estado italiano, reconoció en la beata casiana, bien conocida por él habiendo sido obispo de Perusa, un modelo de fundamentación cristiana de la institución familiar.

Y así la presentó a la Iglesia el papa León XIII y la canonizó el 24 de mayo de 1900, junto con san Juan Bautista de La Salle: una pareja simbólica propuesta a la devoción del siglo que se abría.

Sin exagerar los acentos y sin excluir ningún rasgo en la personalidad de Rita, su figura y su ejemplaridad en la Iglesia, hasta el siglo XIX, se concretó preferentemente en su condición de religiosa, pero después fue revalorizada su condición de madre y mujer, a partir sobre todo de su canonización.

Naturalmente, la ejemplaridad varía según los tiempos, según las personas y otras circunstancias imprevisibles y comprensibles. El caso es que santa Rita constituye un tesoro para la Iglesia y para la familia agustiniana, es la perla de Umbría, una joya en la Iglesia, regalo de Dios para todos.

Nuestra santa Rita bendita, motivo de honor para nosotros, un don y a la vez tarea y compromiso para darla a conocer a todos.

Finalmente, como botón de muestra y sin desmerecer a nadie, voy a señalar dos centros promotores de la devoción a santa Rita, ubicados en Casia y en Monachil.

En primer lugar, destacamos la figura de la madre agustina María Teresa Fasce, profesa en el monasterio de Santa Rita de Casia, y después maestra de novicias y abadesa. Nació en Torriglia, Génova, en 1881.

Promovió con todas sus fuerzas la devoción a santa Rita y sus peregrinaciones. Fundó el boletín “De las abejas a las rosas” que ha llegado hasta nuestros días, y construyó la colmena para niñas huérfanas, la casa de ejercicios y el hospital. Falleció el 18 de enero de 1947 y fue beatificada el día 12 de octubre de 1997.

En segundo lugar, los padres agustinos recoletos del convento de Monachil, Granada, fundaron en el año 1905 la revista “Santa Rita y el pueblo cristiano” y montaron a la vez una imprenta para su impresión. Además de la revista se publica el Calendario Misional de Santa Rita.

Durante un siglo la Comunidad Agustino Recoleta ha promovido la devoción a santa Rita organizando múltiples actividades hasta hacer de Monachil el primer centro de peregrinaciones y publicaciones referentes a Santa Rita en España y en los países de habla hispana.

En mayo del 1999 se hizo realidad un deseo y un sueño de muchos devotos de santa Rita: el Hermanamiento de Monachil y de Casia. De esta forma, en nombre de santa Rita, ambas ciudades se han comprometido a revivir y compartir los mismos valores que vivió la Santa, a quien desean venerar siguiendo sus huellas de santidad. Que todo sea para gloria de Dios.


Novena a Santa Rita de Casia (8), 20.5.18

mayo 21, 2018

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OCTAVO DÍA

RITA, ESPOSA DE JESUCRISTO


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Recordemos en primer lugar que Rita vivió en los siglos XIV y XV, en el Quattrocento, es decir, en la época de la espiritualidad gótico-renacentista, marcada por el descubrimiento de lo humano, de la belleza natural.

En el aspecto religioso, estos siglos se caracterizan por una espiritualidad centrada en la contemplación piadosa de la santa humanidad de Cristo, y no tanto en la divinidad estática e impasible preferida por la espiritualidad bizantina y románica.

En estos tiempos prevalece la veneración de los misterios del nacimiento, bautismo, pasión y muerte del Señor.

Rita recibió del ambiente religioso y cultural esta espiritualidad. Todos sus biógrafos destacan la temprana piedad de Rita todavía niña y adolescente.

Dice la tradición que a los trece años se retiró a una habitación para dedicarse a la penitencia y a las prácticas de piedad, venerando la santa humanidad de Cristo sobre todo en su pasión y muerte.

Rita amó tiernamente a Cristo humanado, el único rostro del Dios invisible. Sintió particular compasión por el Cristo sufriente.

Cuentan, además, las crónicas que pasaba largos ratos en profunda adoración ante Jesús Sacramentado. También lo veneraba en las personas afligidas por la pobreza o la enfermedad.

Los sentimientos de ternura, compasión y amor sincero que profesaba al Cristo adolorido, los proyectaba también hacia los pobres, hacia los más necesitados. Compartía con ellos vestidos y alimentos.

De esta forma, la espiritualidad de Rita era profundamente alegre y humanizadora: entendía que Cristo la había amado hasta entregarse por ella, y que, por tanto, ella debía corresponder a ese amor infinito con todas sus fuerzas y con todas las consecuencias.

Como se lo había demostrado Jesús a Rita y a todos nosotros, hasta el extremo.

Rita contemplaba admirada ese torrente de amor que llegaba hasta ella, lo agradecía ensimismada y se dejaba invadir del Espíritu del Amor Hermoso para poder, consiguientemente, transmitirlo a los hermanos y devolverlo al mismo Dios, multiplicado.

Con san Pablo, Rita exclamaba: ¡Él me amó y se entregó por mí; fui alcanzada por el amor de Dios cuando era pecadora. Él me amó primero!

Aceptaba gozosa los sufrimientos de la vida: en primer lugar, para imitar a Cristo y compartir sus dolores redentores porque “amor con amor se paga”; y, en segundo lugar, los ofrecía por sus propios pecados, por la conversión y la santificación de su prójimo comenzando por su misma familia y después por sus hermanas de comunidad.

Así Rita suplía lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo para llegar hasta sus hermanos. Es decir, prolongaba los sufrimientos redentores de Cristo hasta hacerlos efectivos en favor de sus hermanos, en su familia, en su comunidad conventual.

5. Fuentes bíblicas

Rita respondió tiernamente al requerimiento de Jesús que busca consoladores, según aquel texto de Lamentaciones 1, 12.19.21.16.17:

Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. Llamé a mis amigos, pero me traicionaron. Oye cómo gimo, no hay quien me consuele.

Por eso lloro yo, mis ojos se deshacen en lágrimas porque está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Sión tiende sus manos: no hay quien la consuele.

Rita acompañó y consoló al Siervo sufriente de Isaías:

… Hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento… estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban, y nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado.

Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Fue detenido y enjuiciado injustamente sin que nadie se preocupara por él (Isaías 53, 2-9).

Rita, invadida por los sentimientos más ardientes de caridad y de dolor, pidió al Crucificado con muchas lágrimas: “Oh Jesús, hazme partícipe de tus dolores”, y Cristo le concedió el estigma de la espina.

Así pudo exclamar con san Pablo: Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús (Efesios 6, 17).

Y también: Al presente, me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su Cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1, 24-25).

Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que me toca vivir, lo vivo transformado por la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gálatas 2, 20).

También Rita dijo con su vida lo que escribió san Pablo a los Corintios:

Nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! Él, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado (1 Corintios 1, 23-24).

Me propuse no saber otra cosa entre ustedes sino a Cristo Jesús y a éste crucificado (1 Corintios 2, 2).

Dios me libre –exclamaba también san Pablo– de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Por último, Rita sublimaba todo sufrimiento, porque en verdad lo que sufrimos en la vida presente no se puede ni comparar con la gloria que se manifestará después en nosotros (Romanos 8, 12).

Preguntado Jesús sobre el mandamiento principal, contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Al Señor tu Dios amarás con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

Y después viene éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Marcos 12, 29-31).

 

6. Consideraciones bíblicas y agustinianas

Como buena hija de Agustín, Rita llenó su vida del amor a Dios y al prójimo. Nada más justo y legítimo, porque el amor constituye el núcleo de la espiritualidad agustiniana.

El amor fue el motor de toda la vida de Agustín, la meta siempre perseguida y siempre inalcanzable, hilo conductor de su pensamiento y sus escritos.

La Regla que escribió para los monasterios la encabeza así: “Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado”.

Y al concluirla, resume así su intención: “El Señor os conceda cumplir todo esto por amor, como realmente enamorados de la belleza espiritual; y exhalando el buen perfume de Cristo con vuestra ejemplar convivencia”.

Tratando de acercarnos a la experiencia y enseñanza agustiniana diríamos, en primer lugar, que el plan de Dios y la gracia de Dios llevan al hombre más por la vía afectiva que por la intelectiva. Aceptamos la gracia de Dios en nosotros porque nos proporciona gusto y deleite en las cosas santas.

El hombre está hecho más para gozar que para entender: el imán que más atrae al alma es el amor. El alma humana es particularmente vulnerable al amor; es como la debilidad del hombre.

Por tanto, el hombre, necesaria y libremente, siente, busca y descansa sólo en la fruición del amor y del bien. El hombre busca ser feliz como la meta más añorada, y buscando la felicidad se mueve en todo su pensar y quehacer.

Pero aquí entra el misterio del pecado. ¿Por qué el hombre, si busca la felicidad por encima de todo, escoge el mal, el pecado, su propia perdición?

Porque es engañado: se le presenta un mal bajo apariencia de bien y cae. Elige un bien finito que le agrada de momento, pero que le aparta del bien supremo e infinito. Ese bien finito, se convierte en un mal porque el hombre sólo se saciará con el Bien de Dios, y el bien finito le deja más insatisfecho e infeliz, esclavo de las criaturas.

El hombre se autoengaña por instigación del diablo, que lo enreda en el disfrute de las cosas creadas, al margen de Dios, y aun en contra de Dios.

De esta forma, el hombre no sólo usa, sino que abusa de las cosas, cayendo en la codicia y haciéndose tan vano como las cosas mismas que le tienen atrapado.

Porque somos lo que amamos, dirá san Agustín, parafraseando este texto suyo: “Cada cual es lo que es su amor: amas la tierra, tierra eres; amas a Dios, no me atrevo a decirlo yo, escucha la Escritura: Yo dije: sois dioses e hijos todos del Altísimo”.

Por gracia, Dios nos inspira su amor; por el que podemos, en primer lugar, deleitarnos en sus mandatos y, en segundo lugar, desear y amar lo que nos manda. Así el que ama, no siente el trabajo y, por otra parte, cualquier trabajo resulta pesado para quienes no aman.

Por eso exclamará san Agustín: “Ama, y haz lo que quieras”. Porque de la raíz de la caridad no puede salir sino el bien; así como de la codicia salen todos los males (1 Timoteo 6, 10).

De todo esto se deduce que el camino de la perfección coincide con el camino de la caridad. El progreso en la vida cristiana se medirá por el amor alcanzado a Dios, al prójimo y a uno mismo.

San Agustín dirá: “Caminan los que aman, pues no corremos hacia Dios con nuestros pasos sino con nuestros afectos”.

La perfección cristiana consiste en imitar el amor de Dios o la santidad de Dios, pues son equivalentes: “Sed santos porque Yo soy santo. Sed perfectos como el Padre Celestial es perfecto”, es decir, misericordioso y paciente, que manda la lluvia sobre buenos y malos, que hace brillar el sol sobre justos y pecadores.

Amar a Dios sin medida, por puro amor y sin esperanza de recompensa; y al prójimo como a nosotros mismos, y por amor a Dios: Éste es el camino agustiniano del amor.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos resumen la prioridad del amor en la familia agustiniana: El carisma agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de su Iglesia.

Elemento primordial del patrimonio de san Agustín y de la Orden es la contemplación, que es “vida bajo el amparo de Dios, vida con Dios, vida recibida de Dios, vida que es Dios mismo”; y, también, la entrega total e incondicionada del hombre a Dios.

El agustino recoleto se siente referido a Dios como a fin último y único. El conocimiento y el amor de Dios, sin otra recompensa que el mismo amor, constituyen el ejercicio del “amor casto”, de la contemplación, que es el principal cuidado del religioso en esta vida, y que se convertirá en felicidad perfecta en el reino celestial” (Constituciones, nn. 6, 8 y 9).

A continuación reproduzco una oración usada tradicionalmente para contemplar los sufrimientos y la pasión del Señor y también para expresar los sentimientos de arrepentimiento y dolor de los pecados que han provocado la pasión del Crucificado.

Un dolor no sólo de atrición o afligimiento sino incluso de contrición. La paternidad literaria de la siguiente oración es discutida. Algunos críticos la creen “agustiniana”. Reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones para el octavo día

9. Dios Todopoderoso, que concediste a Rita por medio del Espíritu ser revestida de los sentimientos de Cristo,
– ayúdanos, por intercesión de santa Rita, a practicar la obediencia y el silencio en el seguimiento de tu Hijo en nuestros hogares, y en la vida común.

10. Oh Santo Espíritu, derramado en nuestros corazones,
– concédenos, por intercesión de santa Rita, poder contemplar los sufrimientos de Cristo con tal amor que podamos descubrirlo presente en el dolor de nuestros hermanos a los que tratamos de servir en el hogar y en la comunidad de hermanos.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Novena a Santa Rita de Casia (7), 19.5.18

mayo 19, 2018

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SÉPTIMO DÍA

RITA, MUJER CREYENTE, MUJER ESPIRITUAL


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos históricos

Los biógrafos presentan a Rita como una mujer extraordinaria que pasó por las diferentes situaciones de la vida, dando ejemplo de humildad, de fe y de fortaleza. Rita fue antes que nada una mujer creyente.

La fe le permitió a Rita brillar con luz propia en las circunstancias más difíciles, inesperadas y contradictorias de la vida. Siempre aparece como mujer fuerte y digna, que encuentra dentro de sí una fuente de incalculable energía, humana y espiritual, adornada con delicadeza femenina.

No se desmorona con los embates de la vida, como aquella primera contradicción entre la propia voluntad y la de sus padres, acerca de su vocación al matrimonio o a la vida monástica.

La fe le permite hallar la voluntad de Dios, no la suya. Aprende a obedecer. Aprende sufriendo, negándose a sí misma, desde la fe.

Es una mujer de profunda espiritualidad e interioridad. Cada circunstancia la medita en su corazón, ora, pide luz y así puede digerir las contradicciones de la vida y los conflictos existenciales:

la originalidad de la vocación humana y cristiana inevitablemente revestida de opciones y renuncias definitivas, de por vida; las ofensas de su esposo, la injusticia de una muerte a traición, el deseo de venganza y el resentimiento de los hijos; el misterio del pecado y la obstinación del odio y la venganza, la necesidad de la fidelidad; la perseverancia a toda costa en medio de los vaivenes de la vida; la crueldad de la soledad sobre todo durante la viudedad o en el silencio del convento, la urgencia de sacar fuerzas de la debilidad…

En todas estas circunstancias y experiencias, su personalidad creyente crece y se robustece.

Rita se crece en las dificultades. Aparece firme: mujer creyente que edifica su vida sobre la roca de la voluntad de Dios, la negación de sí misma, la obediencia a Dios.

Desea complacer a Dios antes que a los hombres. Por la negación de sí misma busca la gloria de Dios y su propia libertad interior, siempre en obediencia confiada.

Rita busca siempre la gloria de Dios. Vive de la fe, y progresa avanzando de fe en fe. No resulta nada fácil. Por eso, pasa noches enteras en oración, somete su cuerpo con penitencias y privaciones.

Dios debe crecer y ella disminuir. Trata de considerar todas las cosas del mundo desde Dios, pues “lo que no procede de la fe es pecado”, según san Pablo; es carnal, no aprovecha.

Ella se siente afincada en Dios, lo único necesario, todo lo demás es relativo, no merece la pena tomarlo muy en serio; todo pasa. “Pasa el espectáculo de este mundo. Las penalidades de esta vida no se pueden ni comparar con el premio que nos espera”.

Todo es relativo, sólo Dios basta, con Él nada nos falta. Rita se esfuerza toda su vida en conseguir lo infinito, lo que no se pasa ni se muda.

Gracias a la fe, Rita pudo ver, en medio de paradojas, la disposición de Dios y su plan sobre ella en cada detalle de su vida. Todo estaba bien, Dios lo permitía todo, no era la suerte ni la casualidad, ni la fatalidad de la vida, ni la maldad de los hombres…

Era la Providencia de Dios Padre que todo lo permitía para su bien, y dosificaba las pruebas que le enviaba, para que, absolutamente todo, contribuyera al provecho de Rita, a la gloria de Dios y a la salvación de los hombres. Sus cosas personales apenas importaban…

La fe le permite a Rita desembarazarse de la maraña de las opiniones y miras humanas:

No se queja, no se compara con los demás, no pide cuentas a Dios, no reniega de nadie ni de nada, no echa la culpa a nadie, no acusa, no sueña inútilmente en otra “suerte” para su vida, en otros padres, en otro esposo, en otros hijos, en otros enemigos, en otros conventos, en otras circunstancias, en otra superiora…

Asume sus raíces vitales, su vocación, los planes de Dios y su fidelidad.

Por eso aparece digna y noble, inexpugnable como un peñón, mujer de fe. Por la fe, todo lo ha entregado a Dios en su corazón, ha renunciado a todo por Dios, lo ha sacrificado en su corazón como Abraham sacrificó por la fe a su propio hijo Isaac.

Y, así Rita, como Abraham, podrá recuperarlo todo, pero en Dios; podrá tenerlo todo y poseerlo con provecho: A su esposo, a sus hijos, a sus parientes, al mundo… pero en Dios; por eso, tanto aquí como en la eternidad. Nada está perdido. Todo se llena de bendición.

Además, gracias al sacrificio de la fe, Rita no daña ni destruye nada de lo que toca, pues todo lo ama en Dios y por Dios; no perturba, ni desordena nada; como diría san Agustín, no corrompe nada porque todo lo ama en Dios, con orden, con un “amor ordenado, y, por eso, con paz.

La vida de Rita transcurre en el silencio, en la obediencia, en la servicialidad: En la santidad de los hijos de Dios.

Por eso, Rita fue una mujer feliz, una mujer plena en todos los sentidos de la Palabra. Hizo de Dios su única riqueza. Con el salmista, pudo decir: Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.

En medio de todos los sufrimientos y contratiempos de la vida Rita experimentó los consuelos de Dios y la satisfacción de su propia conciencia. La fe le permitía estar por encima de las contingencias de la maraña de la vida humana.

Comprometida como nadie, pero a la vez libre como nadie, relativizando todo en Dios. Ella siempre vivió enamorada de su Señor. Estaba llena del Espíritu y gozaba constantemente de sus consuelos.

Nadie le pudo arrebatar la paz del Espíritu: El Señor es mi pastor, nada me falta, aunque pase por valles oscuros, nada temo porque el Señor va conmigo… Me ha tocado un lote hermoso. Me encanta mi heredad. El Señor es mi lote perpetuo…

5. Fuentes bíblicas

Abraham es el padre de todos los creyentes. Dios irrumpió en su vida. Dios le exigió dejar un estado de vida para entrar en otro mundo maravilloso, el mundo de la fe. Abraham se puso en camino, no hacia un lugar determinado sino hacia un interlocutor que le hablaba como amigo y le tenía reservadas gracias inimaginables.

Y se puso en camino sin saber hacia dónde. Pues Dios, que le llamaba, no habitaba en ninguna parte, y a la vez estaba en todas partes. Con la convección de que en ninguna parte podría encontrar el descanso definitivo: Sólo en Dios. Pues “hiciste, Señor, para ti…”

En la medida en que prefiriese a Dios por encima de todas las cosas, podría gozar de la intimidad divina.

Leemos en el Génesis 12, 1-5: Yahvé dijo a Abraham: “Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que Yo te mostraré. Haré de ti una nación grande y te bendeciré.

Engrandeceré tu nombre y tú serás una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. En ti serán benditas todas las razas de la tierra”.

Partió, pues, Abraham como se lo había dicho Yahvé, y junto con él fue también Lot.

Abraham tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abraham tomó a Sara, su esposa, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la fortuna que había reunido y el personal que había adquirido en Jarán y salieron para dirigirse a Canaán.

La carta de los Hebreos 11, 1-2.13-16.33-39, nos habla y nos comenta el talante espiritual de los hombres creyentes:

La fe es el esfuerzo por conseguir la manera de tener lo que esperamos; el convencimiento respecto de lo que no vemos. En ella se destacaron nuestros antepasados…

Por la fe, Abraham, llamado por Dios, obedeció la orden de salir para un país que se le daría como herencia, y partió sin saber a dónde iba. Por la fe, vivió como forastero en esa tierra prometida. Allí vivió bajo tiendas de campaña…

La muerte los encontró a todos firmes en la fe. No habían conseguido lo prometido, pero de lejos lo habían visto y contemplado con gusto, reconociendo que eran extraños y viajeros en la tierra.

Los que así hablan, hacen ver claramente que van en busca de una patria, pues, si hubieran añorado la tierra de la que habían salido, tenían la oportunidad de volver a ella. Pero no, aspiraban a una patria mejor, es decir, la del cielo.

Por eso Dios no se avergüenza de ellos ni de llamarse su Dios; pues a ellos les preparó una ciudad.

Ellos, gracias a la fe, sometieron a países, establecieron la justicia, vieron realizarse las promesas de Dios, cerraron las fauces a los leones.

Apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sanaron de sus enfermedades, se mostraron valientes en la guerra, rechazaron a los invasores extranjeros, sin hablar de mujeres cuyos muertos fueron devueltos a la vida.

Otros murieron apaleados y no aceptaron la transacción que los hubiera rescatado, porque preferían alcanzar la resurrección. Otros sufrieron la prueba de las cadenas y de la cárcel.

Fueron apedreados, torturados, aserruchados, murieron a espada, fueron errantes de una a otra parte, sin otro vestido que pieles de cordero y de cabras, faltos de todo, oprimidos, maltratados.

Esos hombres, de los cuales no era digno el mundo, tenían que vagar por los desiertos y las montañas y refugiarse en cuevas y cavernas.

Todas estas personas fueron alabadas por su fe, pero no por eso consiguieron el objeto de la promesa. Es que Dios preparaba algo mejor todavía y no quería que llegaran al término antes que nosotros.

Esta sumisión amorosa y total a Dios justifica al hombre y le alcanza la salvación plena, porque ése es precisamente el primer fruto y consecuencia de la fe: pues todo lo que no hacemos de acuerdo con lo que creemos es pecado (Romanos 14, 23).

La fe sin obras está muerta. Su obra primera es el amor, como enseña el Deuteronomio en 6, 4-5: Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé-único. Y tú amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

En el Nuevo Testamento, 1 Pedro 1, 18-20, se nos recuerda: No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, no con algún rescate material de oro o plata, sino con la sangre preciosa del Cordero sin mancha ni defecto.

En 2, 9 de la misma carta, leemos: Ustedes, al contrario, son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas.

San Pablo completa esta exhortación: Han sido comprados por Dios a gran precio, por eso no se hagan esclavos de hombres (1 Corintios 7, 23).

Sigue exhortando san Pablo: Ahora ustedes han sido lavados en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, y por el Espíritu de nuestro Dios, y están consagrados a Dios y en amistad con Dios (1 Corintios 6, 11).

¿Acaso no saben que sus cuerpos son parte de Cristo? El que se une al Señor, se hace con Él un mismo espíritu. ¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en nosotros y que lo hemos recibido de Dios?

Ustedes ya no se pertenecen a sí mismos. Sabiendo que fueron comprados a un gran precio, procuren que sus cuerpos sirvan para la gloria de Dios (1 Corintios 6, 15-20).

 

6. Consideraciones agustinianas y patrísticas

Para Agustín sólo Dios es la medida del hombre: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en ti”.

El hombre no puede entenderse fuera de Dios: sólo en Dios conoce y es conocido, sólo en Dios encuentra el sentido de su vida. A la vez, sólo en Dios encuentra validez y peso, fundamento. Sin Dios, el hombre no vale, no tiene consistencia, ni siquiera podría existir.

Y una vez creado, si Dios no lo afirmara constantemente con su voluntad y amor creadores, volvería a la nada: sólo en Dios, por tanto, existe, se desarrolla, es bueno moralmente y, por último, puede realizarse y ser feliz aquí y en la eternidad. Nada lo puede satisfacer a fondo fuera de Dios.

La vida en Dios es principio de unión e integración en el ser humano y, a la vez, fuente de toda realización afectiva. De esta manera, san Agustín va señalando los fundamentos ontológicos, sicológicos, éticos y espirituales de nuestra vida como creyentes.

San Agustín fue eminentemente honesto, y buscador infatigable de la verdad. En ese camino no se salió por la tangente, sino que, sin torcerse ni a izquierda ni a derecha, entró por la puerta de la humildad y caminó por la sumisión y la fidelidad: Es el camino de la interioridad agustiniana, interioridad transcendida.

El cristiano, instruido por san Agustín, entra en su propio mundo interior sin miedos, descubre allí las limitaciones humanas y clama a Dios para superarse; renunciando siempre a toda solución imperfecta, superficial o falsa, quiere trascenderse a sí mismo para llegar a la Verdad, a la Bondad suma, al Bien supremo, a la Felicidad plena, a Dios.

Y todo eso, porque él se experimenta pobre, deficiente, limitado, pecador… y busca con toda su alma una solución digna del hombre, buscador infatigable de la verdad y la felicidad.

Lo expresa bellamente san Agustín:

“No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad, y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo; mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma dotada de razón; encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende”.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos recogen de manera sintética esta espiritualidad agustiniana:

“El hombre, por la soberbia, se aparta de Dios; cae en sí mismo y resbala hacia las criaturas, disipándose en la dispersión de las cosas temporales. Sólo con la ayuda de Cristo, mediante la purificación por la humildad, puede el hombre recogerse y entrar otra vez en sí mismo, donde comienza a buscar los valores eternos, reencuentra a Cristo y reconoce a los hermanos. Ésta es la interiorización trascendida agustiniana, principio de toda piedad”.

A continuación señala lo específico de la recolección agustiniana: “Éste es el recogimiento o recolección de la Forma de Vivir, camino que lleva derechamente a la contemplación, a la comunidad y al apostolado. La especial vocación del agustino recoleto es la continua conversación con Cristo, y su cuidado principal es atender todo lo que más de cerca lo pueda encender en su amor.

La recolección es un proceso activo y dinámico por el que el hombre disgregado y desparramado por la herida del pecado, movido por la gracia, entra dentro de sí mismo, donde ya lo está esperando Dios e, iluminado por Cristo, maestro interior sin el cual el Espíritu Santo no instruye ni ilumina a nadie, se trasciende a sí mismo, se renueva según la imagen del hombre nuevo que es Cristo y se pacifica en la contemplación de la Verdad.

Es también espíritu y ejercicio de oración. Es finalmente espíritu de penitencia y de continua conversión, que limpia el corazón para ver a Dios, y es manifestación de ese mismo espíritu en las obras externas por las que aparece lo que hay dentro” (números 11 y 12).

Santa Rita bebió en estas venas de la espiritualidad agustiniana, ya desde niña, y particularmente cuando profesó como religiosa agustina en el convento de Casia.

Es una mujer adornada con los dones y frutos del Espíritu Santo. Como mujer espiritual todo lo probó y se quedó con lo mejor. Ella pasó por los estados de la vida asumiendo todas las situaciones desde la fe y llenándolo todo con el suave perfume de Cristo. Adornada con los dones del Espíritu floreció en todos los campos dando frutos de santidad.

Según narran los hagiógrafos, la vida de Rita fue toda una floración del Espíritu, un derroche de santidad. Las múltiples manifestaciones del Espíritu las narra un autor espiritual del siglo IV de manera magistral en una homilía que vamos a reproducir.

Nosotros aplicamos a Rita ese escrito, y nos imaginamos cómo pudo ser la acción del Espíritu en el alma de nuestra Santa en los distintos momentos de su vida. El escrito dice así:

“Los que han llegado a ser hijos de Dios y han sido hallados dignos de renacer de lo alto por el Espíritu Santo y poseen en sí a Cristo, que los ilumina y los crea de nuevo, son guiados por el Espíritu de varias y diversas maneras, y sus corazones son conducidos de manera invisible y suave por la acción de la gracia.

A veces, lloran y se lamentan por el género humano y ruegan por él con lágrimas y llanto, encendidos de amor espiritual hacia el mismo.
Otras veces, el Espíritu Santo los inflama con una alegría y un amor tan grandes que, si pudieran, abrazarían en su corazón a todos los hombres, sin distinción de buenos o malos.

Otras veces, experimentan un sentimiento de humildad que los hace rebajarse por debajo de todos los demás hombres, teniéndose a sí mismos por los más abyectos y despreciables.

Otras veces, el Espíritu les comunica un gozo inefable.

Otras veces, son como un hombre valeroso que, equipado con toda la armadura regia y lanzándose al combate, pelea con valentía contra sus enemigos y los vence. Así también el hombre espiritual, tomando las armas celestiales del Espíritu, arremete contra el enemigo y lo somete bajo sus pies.

Otras veces, el alma descansa en un gran silencio, tranquilidad y paz, gozando de un excelente optimismo y bienestar espiritual y de un sosiego inefable.

Otras veces, el Espíritu le otorga una inteligencia, una sabiduría y un conocimiento inefables, superiores a todo lo que pueda hablarse o expresarse.

Otras veces, no experimenta nada especial.

De este modo, el alma es conducida por la gracia a través de varios y diversos estados, según la voluntad de Dios que así la favorece, ejercitándola de diversas maneras, con el fin de hacerla íntegra, irreprensible y sin mancha ante el Padre Celestial.

Pidamos también nosotros a Dios, y pidámoslo con gran amor y esperanza, que nos conceda la gracia celestial del don del Espíritu, para que también nosotros seamos gobernados y guiados por el mismo Espíritu, según disponga en cada momento la voluntad divina, y para que él nos reanime con su consuelo multiforme.

Así, con la ayuda de su dirección y ejercitación y de su moción espiritual, podremos llegar a la perfección de la plenitud de Cristo, como dice el Apóstol: Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Cristo”.

 

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Preces específicas para el día séptimo

9. Oh Dios, que nos has dado en tu Hijo Jesucristo todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia,
– haz que no queramos saber otra cosa sino a Jesucristo y Jesucristo crucificado.

10. Oh Dios que nos has dado el Espíritu de tu Hijo,
– concédenos ser dóciles a sus inspiraciones para que podamos crecer a la estatura de Cristo llevando a plenitud todas las cosas en Él, para gloria tuya.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve

 


Novena a Santa Rita de Casia (6), 18.5.18

mayo 18, 2018

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DÍA SEXTO

RITA, MONJA AGUSTINA DE CLAUSURA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Después de tres negativas y mientras estaba orando durante la noche, se le aparecieron los santos protectores san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino y la transportaron por los aires, dicen las crónicas, hasta introducirla en el convento de Santa María Magdalena.

Al amanecer, la comunidad entera comprobó el hecho milagroso y decidió aceptarla para no oponerse a los designios divinos.

Contaba Rita 36 años de edad; había vivido mucho en poco tiempo; había llenado de Dios todos los momentos y experiencias de su vida en el siglo.

Ahora comenzaba su última etapa: la vida en el claustro como religiosa de clausura, enteramente consagrada y sumisa a Dios como único amor.

Cuenta la historia que tan pronto como Rita vistió el hábito de agustina, se dedicó con todas sus fuerzas a la práctica de las virtudes como esposa de Cristo. Su hábito le recordaba que debía revestirse de los sentimientos de su esposo Jesucristo.

Todo lo mundano, ahora más que nunca, se quedaba atrás. Estaba muerta al mundo: su hábito negro era para ella como una mortaja permanente que le recordaba su condición de religiosa, muerta al mundo pero viva para su Esposo Jesucristo.

Dicen los biógrafos que vivió el año de probación, más que como novicia, como verdadera maestra en la vida espiritual y religiosa. Al final del noviciado, fue admitida a la profesión de los votos: pobreza, castidad y obediencia, para vivir en comunidad.

Se cuenta que ese día tuvo un éxtasis durante el cual vio una escalera que ascendía desde la tierra hasta el cielo; en la cima se hallaba Jesucristo, quien la invitaba a subir hasta el último peldaño de la santidad y la perfección.

Como en los demás estados de su vida, Rita practicó la perfección cristiana, llegando a ser modelo de religiosa. La tradición atribuye a Rita hechos portentosos que demuestran su virtud y santidad.

Así encontramos a Rita regando todos los días y durante años un tronco de vid totalmente seco. Rita obedecía ciegamente las órdenes de la priora hasta que sucedió el milagro: el tronco seco germinó.

Se cree que se trata de la parra antiquísima que aún existe en el convento de Casia. Así, de forma milagrosa, se resalta la santidad, la obediencia y la fe ciega de Rita.

Otro de los prodigios que caracterizan a santa Rita es el de la estigmatización. Ya en el siglo, Rita profesaba un amor entrañable a Cristo en el misterio de su pasión.

Ahora, en el convento, cuentan sus biógrafos que Rita, después de escuchar un sermón sobre los padecimientos de Cristo un viernes santo, quedó tan impresionada que llegó a derramar copiosas lágrimas de compasión y ternura por su adorable Jesús.

Después, se fue al coro bajo del convento, se postró ante una imagen de Cristo crucificado y se puso a considerar el inmenso dolor que sentiría Jesús al ser coronado de espinas y el amor tan grande que nos demostraba en su pasión. Abismada en este ejercicio piadoso, suplicó al Señor se dignase hacerla participante de aquel sufrimiento.

Entonces, se iluminó la corona de espinas del Crucificado y se desprendió de la corona una espina que vino a clavarse en la frente de Rita, produciéndole un dolor tan intenso que se desplomó desvanecida.

Esta herida resultó incurable y además despedía mal olor, causando por tanto repugnancia en la comunidad. Por eso, Rita vivía como recluida de las demás religiosas.

Esta espina acompañó a Rita los últimos quince años de su vida, produciéndole constantes dolores muy agudos, así como marginación y soledad respecto de sus hermanas. Y seguramente también comentarios impertinentes y aun malévolos.

Sólo una vez pidió Rita la curación de su herida, pero no su curación total. Fue para poder viajar a Roma y ganar el jubileo del año santo en el 1450. Pero al regresar al convento le reapareció la llaga que ya nunca curaría.

Cuatro años antes de morir, el Señor la quiso purificar por una enfermedad que la postró en cama hasta su muerte. Fue la culminación de una vida de sufrimiento y de gozo en Dios. En esta postrera enfermedad, Dios la confortó con celestiales deleites y su alma se derretía en el santo amor de Dios y del prójimo.

Rita repetía frecuentemente: “Quiero morir para vivir en Cristo”. Dios la consolaba, y a la vez realizó signos milagrosos para demostrar a todos la santidad de Rita y su predilección por ella.

Cuenta la historia el milagro de las rosas y de los higos que, en pleno invierno, aparecieron milagrosamente en el huerto de Rita en Rocaporena, su pueblo natal.

Tanto las rosas como los dos higos fueron llevados hasta el lecho de Rita que estaba postrada, próxima a la muerte. Rita exclamó: “!Qué bueno es el Señor!”. Pues consideraba el milagro como un gesto de inefable consolación divina.

La rosa se mantuvo largo tiempo fresca despidiendo un intenso perfume que llenaba todo el convento. De ahí viene la costumbre de bendecir las rosas de santa Rita para aplicarlas de diversas maneras a los enfermos.

Por eso, santa Rita es conocida como “la Santa de las rosas”. La bendición de rosas se realiza el día de su fiesta, el 22 de mayo.

Cuenta la tradición que Rita experimentó un éxtasis al ser visitada y consolada por Jesucristo y la Santísima Virgen, poco antes de morir. Después del éxtasis, llamó a la comunidad para despedirse, les pidió perdón por cuanto las hubiera ofendido, y después de recibir los sacramentos les dijo: “Adiós, madre y hermanas mías, quédense en paz”, y expiró.

Era el 22 de mayo del año 1457. Contaba Rita 76 años de edad y 40 de vida religiosa.

Inmediatamente después de su muerte comenzaron a suceder prodigios: las campanas del convento y las de todo el pueblo comenzaron a repicar a gloria sin que nadie las tocara, por sí solas. Un extraordinario resplandor inundaba la habitación donde había muerto Rita. La herida de la espina y todo su cuerpo despedían un suavísimo aroma que se difundía por todo el convento.

Riadas de gentes acudían a presenciar estos signos, y el cuerpo de Rita no presentaba síntomas de descomposición, sino todo lo contrario, se conservaba fresco y flexible, exhalando un aroma muy agradable.

A los tres días comenzaron las curaciones milagrosas de ceguera, parálisis, deformaciones físicas, sordera, mudez, etc. De ello dan fe las actas del proceso de beatificación. Son innumerables los prodigios atribuidos a santa Rita, desde entonces hasta nuestros días.

De ahí que la Iglesia, por medio del papa Urbano VIII, la reconoció como beata, y así mandó venerarla el año 1628. Y el papa León XIII la incluyó entre los santos el año 1900.

La devoción a santa Rita es una de las devociones más extendidas en toda la cristiandad. Su espiritualidad característica es haber santificado todos los estados de la vida humana por los que ella pasó, que prácticamente fueron todos. Practicó, sobre todo en el convento, la obediencia y la penitencia.


5. Lecturas bíblicas

Jesús vivió totalmente consagrado al Padre. Su alimento era cumplir la voluntad del Padre. No tenía otra aspiración sino buscar la gloria del Padre, por eso no tenía dónde reclinar su cabeza. Pasó haciendo el bien a todos, obediente hasta la muerte y muerte de cruz.

Vivió la consagración religiosa como nadie la ha vivido ni la vivirá jamás: pobreza, castidad y obediencia, en medio de sus hermanos.

Cristo, hoy como ayer, llama a jóvenes generosos para que le imiten y sigan:

El joven le dijo: “He guardado todos esos mandamientos, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda a vender todo lo que posees y dáselo a los pobres, así tendrás una riqueza en el cielo, y luego vuelves y me sigues”. Cuando el joven oyó esta respuesta, se fue triste porque era muy rico (Mateo 19, 20-22).

A la vez, Jesús reivindicó la legitimidad del matrimonio cristiano y también la gratuidad de la vida religiosa: Se le acercaron unos fariseos y le preguntaron:

“¿Está permitido al hombre despedir a su esposa por cualquier motivo?” Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador en el principio, los hizo hombre y mujer y dijo: el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán los dos uno solo? De manera que ya no son dos, sino uno solo.

Pues bien, lo que Dios ha unido, el hombre no debe separarlo… Por lo tanto, yo les digo que el que despide a su mujer y se casa con otra, es adúltero, y el que se casa con la divorciada es adúltero también”.

Los discípulos dijeron: “Si ésa es la condición del hombre con la mujer, más vale no casarse”.

Él les contestó: “No todos comprenden lo que acabo de decir, sino solamente los que reciben este don. Hay hombres que nacen incapacitados para casarse. Hay otros que fueron mutilados por los hombres. Hay otros que, por amor al Reino de los cielos, han descartado la posibilidad de casarse. ¡Entienda el que pueda!” (Mateo 19, 3-6.9-13).

Desde el principio, la Iglesia entendió muy bien esta novedad cristiana. Así san Pablo nos dice:

En cuanto a las vírgenes, no tengo ningún mandato especial del Señor, pero les puedo dar consejos y pienso ser, por la misericordia del Señor, digno de confianza. Esto me parece bueno a causa de los tiempos difíciles en que vivimos; me parece bien que el hombre se quede así.

Si estás ligado a una mujer no trates de separarte. Si no estás ligado, no busques mujer. Si te casas, no cometes pecado. Y la joven que se casa tampoco comete pecado.

Sin embargo, los que se casan tendrán serias dificultades que superar, y yo quisiera evitárselas. Lo que quiero decir, hermanos, es esto: el tiempo se hace corto.

Por eso, pues, los que están casados vivan como si no tuvieran esposa; los que lloran como si no lloraran; los que están alegres como si no estuvieran alegres. Que los que compran algo se porten como si no lo hubieran adquirido, y los que gozan la vida presente, como si no la gozaran; porque todo esto pasa y se descompone la figura del mundo.

Yo los quisiera ver libres de preocupaciones. El hombre que se queda sin casarse se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradar al Señor. Al contrario, el que está casado se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposa, y está dividido.

Así también la mujer sin marido y la que no se casa, se preocupa del servicio del Señor, y le consagra su cuerpo y espíritu. Al contrario, la casada se preocupa de las cosas del mundo y tiene que agradar a su esposo.

Esto lo digo para su provecho, no quiero ponerles trampas sino llevarlos a una vida más noble y que estén unidos al Señor enteramente… La mujer está ligada mientras vive su marido. Si éste muere, ella queda libre de casarse con quien desee, siempre que sea un matrimonio cristiano.

Pero será más feliz si permanece sin casar según mis consejos. Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios (1 Corintios 7, 25-40).

6. Consideraciones bíblico-teológicas sobre la vida religiosa

La vocación religiosa es una moción de la gracia divina por la que el cristiano es referido por un título nuevo y peculiar al servicio de la Iglesia y a la gloria de Dios. Esta relación y este título nuevo peculiar son una consagración, mediante la cual el Señor vincula más íntimamente consigo a los llamados a la vida religiosa.

La llamada y consagración comprometen al religioso a la entrega total a Dios, a la imitación y al seguimiento más libre y más radical de Cristo, viviendo más para Él y para su Cuerpo que es la Iglesia.

Esta consagración, que radica íntimamente en la consagración bautismal y la expresa con mayor plenitud, se realiza en la profesión de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia vividos en comunidad.

La profesión de los consejos evangélicos es la respuesta de la persona consagrada al amor de Cristo, virgen, pobre y obediente hasta la muerte. Es un más libre alistamiento en sus filas, y una más plena configuración con Él.

No es obstáculo para el desarrollo de la persona, sino que por su naturaleza favorece en gran manera tanto al individuo como a la sociedad y a todos manifiesta los bienes celestiales, presentes incluso en esta vida.

La vida consagrada es la proclamación visible de la supremacía de los valores espirituales y transcendentes, por la renuncia a ciertas realidades legítimas, pero esencialmente ligadas a la condición pasajera del hombre en este mundo.

Este género de vida proclama que el Reino de Dios merece todos los sacrificios y renuncias y reconoce que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que estamos en marcha hacia la Jerusalén Celestial, la realidad definitiva adonde todos estamos llamados.

Éste es el gran mensaje evangelizador de la consagración religiosa al vivir la radicalidad cristiana o al vivir la radicalidad por el Reino de los Cielos. Los consagrados son signos vivientes del Reino, hacia donde caminan todos los bautizados.

Dentro de la vocación religiosa, lo que más suele llamar la atención es precisamente la virginidad y el celibato por el Reino de los Cielos. La castidad perfecta por el Reino de los Cielos es un don eximio de la gracia. Por la castidad perfecta el religioso ofrece íntegramente el cuerpo y el espíritu, toda la capacidad afectiva y el deseo natural de amar y sentirse amado en unión conyugal.

La castidad es un sacrificio que deja libre el corazón para dedicarlo a las cosas de Dios, hace posible la vida común en el convento y, en consecuencia, da al religioso y a la religiosa, ya sean de vida activa o de vida contemplativa, plena disponibilidad para el servicio y amor al prójimo.

Los religiosos profesan la castidad perfecta y perpetua, no porque menosprecien la dignidad del matrimonio cristiano y el don divino de los hijos, sino porque, movidos por el Espíritu, quieren vivir plenamente la novedad existencial que brota del misterio pascual de Cristo, convirtiéndose en signo de aquellos tiempos en que los hijos de Dios resucitados ya no tendrán mujer ni marido.

Imitando a Cristo virgen que amó a la Iglesia, su virginal esposa, y se entregó por ella, los religiosos crucifican con Cristo su carne y se entregan totalmente con un corazón indiviso a las obras de caridad y de apostolado por el Reino de los Cielos.

La perfecta continencia se convierte así en signo y estímulo de caridad y fuente especial de fecundidad espiritual en el mundo.

Pero recordemos el ojo de agua que da origen al río, el cimiento que sustenta la casa, el foco de luz que todo lo ilumina y embellece… Al fondo está la unión mística con Dios. Eso es lo más importante que Rita fomentó en su corazón y que guardó celosamente como el tesoro escondido. Lo único necesario.

Santa Rita lo contempló en la Cruz, lo adoró en la Eucaristía. Era su Esposo, el Cordero Inmaculado y su Pastor, a quien seguía adonde quiera que fuere.

Reproducimos unos versos que expresan la oración y los sentimientos que embargaron el corazón de Rita, de alguna manera siempre, pero de forma especial, durante los cuarenta años que vivió en el convento de Santa María Magdalena de Casia:

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados.
Pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás, para esperar, los pies clavados?



7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para este día

9. Jesús, manso y humilde de corazón,
– siembra en el corazón de los niños el don de la vocación religiosa.

10. Tú, que nos mandaste pedir obreros para tu mies,
– haz que cuantos sientan tu llamada sean fieles en tu seguimiento y sacrificados en tu servicio.

11. Señor, Tú que llamas a las almas generosas para que te sigan,
– te pedimos por todos los que han escuchado tu invitación y comienzan el camino de su entrega.

12. Señor, que quieres que todos los hombres tengan vida abundante,
– envía ministros y dispensadores de tu gracia a todos los pueblos.

13. Pastor bueno, que te compadeces de todos,
– envíanos abundantes vocaciones para anunciar tu Reino.

14. Dios todopoderoso, que nos diste como modelo de vida religiosa a nuestro padre san Agustín, y como hermana religiosa a santa Rita de Casia,
– infunde en los corazones de los jóvenes, hombres y mujeres, el deseo de seguir sus pasos con generosidad y valentía.

15. Jesús, buen Pastor, que nos conoces y nos amas,
– haz que nazcan y se cultiven en las familias cristianas las vocaciones que la Iglesia necesita.

16. Señor Jesús, que quisiste nacer en el seno de la familia de Nazaret,
– haz que las familias cristianas sepan apreciar y cultivar la vocación religiosa y sacerdotal de sus hijos.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.



8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).



9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve

 


Novena a Santa Rita de Casia (1), 13.5.18

mayo 13, 2018

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DÍA PRIMERO

ORÍGENES DE SANTA RITA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste.

Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

La historia nos dice que los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Eran fervorosos cristianos y esposos ejemplares. Destacaban por estas virtudes: la práctica de la caridad con los más necesitados y el empeño en reconciliar y construir la paz entre sus paisanos.

Por esta cualidad eran reconocidos con el sobrenombre de “pacificadores en el nombre de Cristo”. Finalmente, era notoria su especial devoción a la pasión del Señor.

Dios les regaló una única hija que constituyó su alegría y la de todos sus vecinos. Su nacimiento lo adorna así la tradición: un ángel se le aparece en sueños a Amanda, revelándole que iba a ser madre de una niña, cuya vida ejemplar serviría de modelo a la mujer cristiana en todos los estados de la vida.

Además le revela el nombre de la niña con el que debería bautizarla. La noticia del nacimiento corrió de boca en boca por la aldea y los alrededores, causando admiración y alegría por lo que se presagiaba acerca de la niña.

La tradición destaca otro prodigio del nacimiento: a los pocos días de nacida, un enjambre de abejas blancas apareció junto a la cuna. Las abejas entraban y salían de la boca de Rita mientras ella dormía, y elaboraban un rico panal en los labios de la niña, sin causarle ningún mal.

Indudablemente se veía la mano de Dios en estos hechos milagrosos. Aquella niña sería grande ante Dios y a los ojos de los hombres.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Puede elegirse una sola lectura o varias de las propuestas, según las circunstancias. Para las citas bíblicas se ha utilizado la Biblia Latinoamericana, año 1981, XXXVII edición.

En la Biblia, Dios aparece como Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres personas distintas. Un solo Dios que es familia, amor, donación, comunidad. Dios vive en familia y en familia da vida al mundo y a los hombres, primero creándolos y después redimiéndolos.

Así dice san Juan, 1, 1-3: En el principio era el Verbo y el Verbo estaba frente a Dios y el Verbo era Dios. Todo se hizo por Él y sin Él no existe nada de lo que se ha hecho.

San Pablo, exclama emocionado en Efesios 1, 3-6: Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales.

En Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús.

Eso es lo que quiso y más le gustó, para que se alabe su gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el Bien Amado.

En la primera carta de san Juan, 3, 1, leemos: Vean qué amor singular nos ha dado el Padre: que no solamente nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos; y por eso el mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él.

Y en la misma carta, 4, 7-8, san Juan nos amonesta así: Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor…

No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó primero. Lo supimos por Jesús, en Él lo vimos. Nos amamos entre nosotros precisamente por el gran amor que Él nos dio.

Los relatos del nacimiento de Rita se inspiran indudablemente en los evangelios de la infancia. Escogemos como normativo el relato del nacimiento de san Juan Bautista. Escribe Lucas en su evangelio, 1, 6-16:

Zacarías e Isabel eran personas realmente buenas a los ojos de Dios: vivían de acuerdo a todos los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel no podía tener familia, y ambos eran ya de avanzada edad…

Mientras Zacarías estaba sirviendo en el Templo… se le apareció el Ángel del Señor… Zacarías, al verlo, se turbó y tuvo miedo. El ángel le dijo entonces:

“No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, y tu esposa Isabel te dará un hijo al que llamarás Juan. Grande será tu felicidad y muchos se alegrarán con su nacimiento, porque tu hijo ha de ser grande ante el Señor”.


6. Consideraciones bíblico-teológicas

Dios, amándonos, nos ha dado peso y valor porque nos ha amado mucho más que a ninguna otra criatura; por eso somos personas y valemos más que los animales, las plantas y las cosas.

A las cosas, Dios las amó y las creó en consideración al hombre. Es decir, las hizo para el hombre que es el dueño de la creación. Al hombre, en cambio, Dios lo amó por sí mismo; y por eso llega a ser persona: tiene valor absoluto después de Dios y está por encima de todas las cosas.

No es un objeto más, sino el centro de la creación, el sentido de la misma. Y por encima del hombre, sólo Dios.

El amor de Dios constituye, por tanto, nuestra valía y perfección. Dice san Agustín: “Mi peso es mi amor”; o sea, mi valor está en proporción al amor que estoy recibiendo: de mis padres, de los demás hombres, pero después del de Dios, y de forma accidental, no fundamental.

El amor recibido de Dios, por ser infinito, nos da un valor único: no tenemos un valor relativo, sino absoluto ante los demás seres creados; y no podemos morir para siempre.

Dios, amándonos, nos da la existencia, nos crea y nos da consistencia.

Nosotros, recibiendo su amor, podemos en primer lugar, amarnos a nosotros mismos; valorarnos como imagen y semejanza de Dios, y podemos, a la vez, amar a los demás, respetarlos y valorarlos en Dios; y finalmente, podemos amar a Dios o mejor, podemos, por influjo e inspiración del Espíritu Santo, permitirle a Dios que se ame a sí mismo en nosotros, con nosotros, por nosotros.

Es decir, permitirle a Dios que se glorifique en nosotros. Por supuesto, siempre en Cristo Jesús, el Hijo único de Dios.

Los datos biográficos de santa Rita nos muestran, en primer lugar, que la santidad, como la vida misma, no aparece al azar y por casualidad, sino que se genera en familia, se transmite y se desarrolla sólo en el ambiente adecuado de una vida familiar de fe y santo temor de Dios, y amor sincero a los hombres, nuestros hermanos.

Rita vino a la vida en un hogar bien constituido. Se habla de padres creyentes y ejemplares; es decir, antes de ser padres, son cristianos. No se habla, curiosamente, de la mamá o del papá por separado; señalando así que lo importante es ser pareja, es decir, esposos primero, antes que padres. Ya que la vida nunca la da un solo individuo por sí mismo, sino que la vida se da siempre en comunidad, en la comunidad conyugal.

Consiguientemente, se desarrollará siempre en una comunidad, la comunidad familiar.

De padres santos nacen hijos santos. La santidad se vive en racimo. Nadie da lo que no tiene: los padres santos generan, transmiten y cultivan santidad en sus hijos, como lo más natural.

Los niños son siempre el reflejo de los padres, pues en la vida somos, en gran medida y principalmente, lo que hemos recibido. Si hemos recibido mucho de nuestros padres, somos mucho en la vida. Así descubrimos que los valores morales y las virtudes cristianas que Rita practicará en grado máximo, ya están de alguna forma, y germinalmente, en sus padres.

De ellos aprende Rita a querer y amar a los pobres, a perdonar a los enemigos, a sentir compasión por los dolores de Cristo, en su pasión y crucifixión, en una palabra a vivir en santo temor de Dios.

Lo que era importante para sus padres, también lo será para Rita. Ella será como una prolongación, como una floración de lo que ellos sembraron en su hija.

El hogar, la familia es siempre la primera iglesia, la pequeña iglesia. Se la llama con razón iglesia doméstica. El hogar es también, por supuesto, el primer seminario.

La familia es el valor fundamental en la sociedad y en la Iglesia: es la escuela donde los hombres aprenden a vivir en humanidad y en fe.

El patrimonio humano y espiritual que los padres proporcionan y siembran generosamente en los hijos es determinante en la vida de los mismos; pesará para toda la vida.

Todas estas enseñanzas y vivencias las encontramos de manera ejemplar en la Sagrada Familia de Nazaret, modelo de toda familia: José, “varón justo”, y María, “la llena de gracia”, forman al “más bello de los hombres, en cuyos labios se derramaba la gracia”.

A pesar del silencio de los biógrafos, indudablemente, la Santísima Virgen representó para santa Rita una constante referencia, tanto en el mundo como en el claustro.

María, en efecto, ocupa un lugar central en la espiritualidad agustiniana, como lo demuestran las abundantes advocaciones, sobre todo la de La Consolación, y del Buen Consejo, y los innumerables testimonios de los religiosos ilustres y de los santos de la Orden.


7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Preces específicas para el día primero

9. Oh Dios, fuente de vida y origen de toda paternidad en el cielo y en la tierra,
– perdónanos por no haber sabido imitarte como dadores de vida, en la familia, en la escuela, en la sociedad.

10. Oh Dios, que nos has dado la vida y la fe a través de nuestros padres y de nuestros hogares,
– te damos gracias y te bendecimos porque tú nos has cuidado por nuestros padres, hermanos, maestros, catequistas y sacerdotes; y te pedimos imitar los ejemplos de los padres de Rita, Antonio y Amanda.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

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NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve


Aumentan las vocaciones al sacerdocio en España

marzo 12, 2018

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Aumentan las vocaciones al sacerdocio en España. Día del Seminario

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Aumentan las vocaciones al sacerdocio en España

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Con motivo del día del seminario que se celebra el 19 de marzo, la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades ha publicado los datos de los seminaristas mayores y menores del curso 2017-2018.

Según estos datos, actualmente hay 1.263 aspirantes al sacerdocio, 16 más que el año anterior, lo que supone un aumento del 1,3%.

En relación con los ingresos de seminaristas mayores, en este curso ha habido un aumento del 9%, pasando de 275 el año anterior, a 300 en el 2017-2018. Sin embargo, los sacerdotes ordenados durante este año fueron 29 menos.

La Archidiócesis de Madrid está a la cabeza en número de seminaristas en España con 189 aspirantes al sacerdocio. Le sigue la Archidiócesis de Valencia con 70 seminaristas, la Diócesis de Toledo con 65, la Archidiócesis de Sevilla en donde hay 62 aspirantes al sacerdocio.

Siguen las diócesis de Córdoba y Cartagena, ambas con 60; la Diócesis de Alcalá de Henares en donde hay 48, y las diócesis de Cuenca, Granada y Getafe con 42, 32 y 30 respectivamente.

En relación con los seminaristas menores también ha habido un aumento del 10% en relación con el año anterior, actualmente hay 316 nuevos alumnos.

Los datos presentados por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades precisan que también aumentó el número de seminaristas menores que pasan al seminario mayor, de 33 a 51. Lo que supone un incremento del 55%.

Actualmente la Conferencia Episcopal Española a través de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades está trabajando para un nuevo plan de formación de seminaristas españoles.

De hecho, se está redactando la Ratio Nationalis para adecuar la formación en los seminarios a las directrices marcadas por la Congregación para el Clero en la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, “El Don de la vocación presbiterial”.

El Día del Seminario se celebra desde el año 1935 para recordar la importancia de las vocaciones sacerdotales, e invita a rezar por los seminaristas y a colaborar en su preparación para el sacerdocio.

Esta jornada se celebra tradicionalmente el 19 de marzo, solemnidad de San José, y en las comunidades autónomas en las que no es festivo, el domingo más cercano (en este caso, el 18 de marzo). El lema de este año es “Apóstoles para los jóvenes”, ya que la Iglesia se prepara para celebrar en el próximo mes de octubre, el Sínodo de los jóvenes.

https://www.aciprensa.com/noticias/aumentan-las-vocaciones-al-sacerdocio-en-espana-81809


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