Novena a Santa Rita de Casia (8), 20.5.17

mayo 20, 2017

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OCTAVO DÍA

RITA, ESPOSA DE JESUCRISTO


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Recordemos en primer lugar que Rita vivió en los siglos XIV y XV, en el Quattrocento, es decir, en la época de la espiritualidad gótico-renacentista, marcada por el descubrimiento de lo humano, de la belleza natural.

En el aspecto religioso, estos siglos se caracterizan por una espiritualidad centrada en la contemplación piadosa de la santa humanidad de Cristo, y no tanto en la divinidad estática e impasible preferida por la espiritualidad bizantina y románica.

En estos tiempos prevalece la veneración de los misterios del nacimiento, bautismo, pasión y muerte del Señor.

Rita recibió del ambiente religioso y cultural esta espiritualidad. Todos sus biógrafos destacan la temprana piedad de Rita todavía niña y adolescente.

Dice la tradición que a los trece años se retiró a una habitación para dedicarse a la penitencia y a las prácticas de piedad, venerando la santa humanidad de Cristo sobre todo en su pasión y muerte.

Rita amó tiernamente a Cristo humanado, el único rostro del Dios invisible. Sintió particular compasión por el Cristo sufriente.

Cuentan, además, las crónicas que pasaba largos ratos en profunda adoración ante Jesús Sacramentado. También lo veneraba en las personas afligidas por la pobreza o la enfermedad.

Los sentimientos de ternura, compasión y amor sincero que profesaba al Cristo adolorido, los proyectaba también hacia los pobres, hacia los más necesitados. Compartía con ellos vestidos y alimentos.

De esta forma, la espiritualidad de Rita era profundamente alegre y humanizadora: entendía que Cristo la había amado hasta entregarse por ella, y que, por tanto, ella debía corresponder a ese amor infinito con todas sus fuerzas y con todas las consecuencias.

Como se lo había demostrado Jesús a Rita y a todos nosotros, hasta el extremo.

Rita contemplaba admirada ese torrente de amor que llegaba hasta ella, lo agradecía ensimismada y se dejaba invadir del Espíritu del Amor Hermoso para poder, consiguientemente, transmitirlo a los hermanos y devolverlo al mismo Dios, multiplicado.

Con san Pablo, Rita exclamaba: ¡Él me amó y se entregó por mí; fui alcanzada por el amor de Dios cuando era pecadora. Él me amó primero!

Aceptaba gozosa los sufrimientos de la vida: en primer lugar, para imitar a Cristo y compartir sus dolores redentores porque “amor con amor se paga”; y, en segundo lugar, los ofrecía por sus propios pecados, por la conversión y la santificación de su prójimo comenzando por su misma familia y después por sus hermanas de comunidad.

Así Rita suplía lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo para llegar hasta sus hermanos. Es decir, prolongaba los sufrimientos redentores de Cristo hasta hacerlos efectivos en favor de sus hermanos, en su familia, en su comunidad conventual.

5. Fuentes bíblicas

Rita respondió tiernamente al requerimiento de Jesús que busca consoladores, según aquel texto de Lamentaciones 1, 12.19.21.16.17:

Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. Llamé a mis amigos, pero me traicionaron. Oye cómo gimo, no hay quien me consuele.

Por eso lloro yo, mis ojos se deshacen en lágrimas porque está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Sión tiende sus manos: no hay quien la consuele.

Rita acompañó y consoló al Siervo sufriente de Isaías:

… Hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento… estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban, y nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado.

Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Fue detenido y enjuiciado injustamente sin que nadie se preocupara por él (Isaías 53, 2-9).

Rita, invadida por los sentimientos más ardientes de caridad y de dolor, pidió al Crucificado con muchas lágrimas: “Oh Jesús, hazme partícipe de tus dolores”, y Cristo le concedió el estigma de la espina.

Así pudo exclamar con san Pablo: Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús (Efesios 6, 17).

Y también: Al presente, me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su Cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1, 24-25).

Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que me toca vivir, lo vivo transformado por la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gálatas 2, 20).

También Rita dijo con su vida lo que escribió san Pablo a los Corintios:

Nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! Él, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado (1 Corintios 1, 23-24).

Me propuse no saber otra cosa entre ustedes sino a Cristo Jesús y a éste crucificado (1 Corintios 2, 2).

Dios me libre –exclamaba también san Pablo– de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Por último, Rita sublimaba todo sufrimiento, porque en verdad lo que sufrimos en la vida presente no se puede ni comparar con la gloria que se manifestará después en nosotros (Romanos 8, 12).

Preguntado Jesús sobre el mandamiento principal, contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Al Señor tu Dios amarás con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

Y después viene éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Marcos 12, 29-31).


6. Consideraciones bíblicas y agustinianas

Como buena hija de Agustín, Rita llenó su vida del amor a Dios y al prójimo. Nada más justo y legítimo, porque el amor constituye el núcleo de la espiritualidad agustiniana.

El amor fue el motor de toda la vida de Agustín, la meta siempre perseguida y siempre inalcanzable, hilo conductor de su pensamiento y sus escritos.

La Regla que escribió para los monasterios la encabeza así: “Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado”.

Y al concluirla, resume así su intención: “El Señor os conceda cumplir todo esto por amor, como realmente enamorados de la belleza espiritual; y exhalando el buen perfume de Cristo con vuestra ejemplar convivencia”.

Tratando de acercarnos a la experiencia y enseñanza agustiniana diríamos, en primer lugar, que el plan de Dios y la gracia de Dios llevan al hombre más por la vía afectiva que por la intelectiva. Aceptamos la gracia de Dios en nosotros porque nos proporciona gusto y deleite en las cosas santas.

El hombre está hecho más para gozar que para entender: el imán que más atrae al alma es el amor. El alma humana es particularmente vulnerable al amor; es como la debilidad del hombre.

Por tanto, el hombre, necesaria y libremente, siente, busca y descansa sólo en la fruición del amor y del bien. El hombre busca ser feliz como la meta más añorada, y buscando la felicidad se mueve en todo su pensar y quehacer.

Pero aquí entra el misterio del pecado. ¿Por qué el hombre, si busca la felicidad por encima de todo, escoge el mal, el pecado, su propia perdición?

Porque es engañado: se le presenta un mal bajo apariencia de bien y cae. Elige un bien finito que le agrada de momento, pero que le aparta del bien supremo e infinito. Ese bien finito, se convierte en un mal porque el hombre sólo se saciará con el Bien de Dios, y el bien finito le deja más insatisfecho e infeliz, esclavo de las criaturas.

El hombre se autoengaña por instigación del diablo, que lo enreda en el disfrute de las cosas creadas, al margen de Dios, y aun en contra de Dios.

De esta forma, el hombre no sólo usa, sino que abusa de las cosas, cayendo en la codicia y haciéndose tan vano como las cosas mismas que le tienen atrapado.

Porque somos lo que amamos, dirá san Agustín, parafraseando este texto suyo: “Cada cual es lo que es su amor: amas la tierra, tierra eres; amas a Dios, no me atrevo a decirlo yo, escucha la Escritura: Yo dije: sois dioses e hijos todos del Altísimo”.

Por gracia, Dios nos inspira su amor; por el que podemos, en primer lugar, deleitarnos en sus mandatos y, en segundo lugar, desear y amar lo que nos manda. Así el que ama, no siente el trabajo y, por otra parte, cualquier trabajo resulta pesado para quienes no aman.

Por eso exclamará san Agustín: “Ama, y haz lo que quieras”. Porque de la raíz de la caridad no puede salir sino el bien; así como de la codicia salen todos los males (1 Timoteo 6, 10).

De todo esto se deduce que el camino de la perfección coincide con el camino de la caridad. El progreso en la vida cristiana se medirá por el amor alcanzado a Dios, al prójimo y a uno mismo.

San Agustín dirá: “Caminan los que aman, pues no corremos hacia Dios con nuestros pasos sino con nuestros afectos”.

La perfección cristiana consiste en imitar el amor de Dios o la santidad de Dios, pues son equivalentes: “Sed santos porque Yo soy santo. Sed perfectos como el Padre Celestial es perfecto”, es decir, misericordioso y paciente, que manda la lluvia sobre buenos y malos, que hace brillar el sol sobre justos y pecadores.

Amar a Dios sin medida, por puro amor y sin esperanza de recompensa; y al prójimo como a nosotros mismos, y por amor a Dios: Éste es el camino agustiniano del amor.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos resumen la prioridad del amor en la familia agustiniana: El carisma agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de su Iglesia.

Elemento primordial del patrimonio de san Agustín y de la Orden es la contemplación, que es “vida bajo el amparo de Dios, vida con Dios, vida recibida de Dios, vida que es Dios mismo”; y, también, la entrega total e incondicionada del hombre a Dios.

El agustino recoleto se siente referido a Dios como a fin último y único. El conocimiento y el amor de Dios, sin otra recompensa que el mismo amor, constituyen el ejercicio del “amor casto”, de la contemplación, que es el principal cuidado del religioso en esta vida, y que se convertirá en felicidad perfecta en el reino celestial” (Constituciones, nn. 6, 8 y 9).

A continuación reproduzco una oración usada tradicionalmente para contemplar los sufrimientos y la pasión del Señor y también para expresar los sentimientos de arrepentimiento y dolor de los pecados que han provocado la pasión del Crucificado.

Un dolor no sólo de atrición o afligimiento sino incluso de contrición. La paternidad literaria de la siguiente oración es discutida. Algunos críticos la creen “agustiniana”. Reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones para el octavo día

9. Dios Todopoderoso, que concediste a Rita por medio del Espíritu ser revestida de los sentimientos de Cristo,
– ayúdanos, por intercesión de santa Rita, a practicar la obediencia y el silencio en el seguimiento de tu Hijo en nuestros hogares, y en la vida común.

10. Oh Santo Espíritu, derramado en nuestros corazones,
– concédenos, por intercesión de santa Rita, poder contemplar los sufrimientos de Cristo con tal amor que podamos descubrirlo presente en el dolor de nuestros hermanos a los que tratamos de servir en el hogar y en la comunidad de hermanos.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Novena a Santa Rita de Casia (6), 18.5.17

mayo 18, 2017

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DÍA SEXTO

RITA, MONJA AGUSTINA DE CLAUSURA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Después de tres negativas y mientras estaba orando durante la noche, se le aparecieron los santos protectores san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino y la transportaron por los aires, dicen las crónicas, hasta introducirla en el convento de Santa María Magdalena.

Al amanecer, la comunidad entera comprobó el hecho milagroso y decidió aceptarla para no oponerse a los designios divinos.

Contaba Rita 36 años de edad; había vivido mucho en poco tiempo; había llenado de Dios todos los momentos y experiencias de su vida en el siglo.

Ahora comenzaba su última etapa: la vida en el claustro como religiosa de clausura, enteramente consagrada y sumisa a Dios como único amor.

Cuenta la historia que tan pronto como Rita vistió el hábito de agustina, se dedicó con todas sus fuerzas a la práctica de las virtudes como esposa de Cristo. Su hábito le recordaba que debía revestirse de los sentimientos de su esposo Jesucristo.

Todo lo mundano, ahora más que nunca, se quedaba atrás. Estaba muerta al mundo: su hábito negro era para ella como una mortaja permanente que le recordaba su condición de religiosa, muerta al mundo pero viva para su Esposo Jesucristo.

Dicen los biógrafos que vivió el año de probación, más que como novicia, como verdadera maestra en la vida espiritual y religiosa. Al final del noviciado, fue admitida a la profesión de los votos: pobreza, castidad y obediencia, para vivir en comunidad.

Se cuenta que ese día tuvo un éxtasis durante el cual vio una escalera que ascendía desde la tierra hasta el cielo; en la cima se hallaba Jesucristo, quien la invitaba a subir hasta el último peldaño de la santidad y la perfección.

Como en los demás estados de su vida, Rita practicó la perfección cristiana, llegando a ser modelo de religiosa. La tradición atribuye a Rita hechos portentosos que demuestran su virtud y santidad.

Así encontramos a Rita regando todos los días y durante años un tronco de vid totalmente seco. Rita obedecía ciegamente las órdenes de la priora hasta que sucedió el milagro: el tronco seco germinó.

Se cree que se trata de la parra antiquísima que aún existe en el convento de Casia. Así, de forma milagrosa, se resalta la santidad, la obediencia y la fe ciega de Rita.

Otro de los prodigios que caracterizan a santa Rita es el de la estigmatización. Ya en el siglo, Rita profesaba un amor entrañable a Cristo en el misterio de su pasión.

Ahora, en el convento, cuentan sus biógrafos que Rita, después de escuchar un sermón sobre los padecimientos de Cristo un viernes santo, quedó tan impresionada que llegó a derramar copiosas lágrimas de compasión y ternura por su adorable Jesús.

Después, se fue al coro bajo del convento, se postró ante una imagen de Cristo crucificado y se puso a considerar el inmenso dolor que sentiría Jesús al ser coronado de espinas y el amor tan grande que nos demostraba en su pasión. Abismada en este ejercicio piadoso, suplicó al Señor se dignase hacerla participante de aquel sufrimiento.

Entonces, se iluminó la corona de espinas del Crucificado y se desprendió de la corona una espina que vino a clavarse en la frente de Rita, produciéndole un dolor tan intenso que se desplomó desvanecida.

Esta herida resultó incurable y además despedía mal olor, causando por tanto repugnancia en la comunidad. Por eso, Rita vivía como recluida de las demás religiosas.

Esta espina acompañó a Rita los últimos quince años de su vida, produciéndole constantes dolores muy agudos, así como marginación y soledad respecto de sus hermanas. Y seguramente también comentarios impertinentes y aun malévolos.

Sólo una vez pidió Rita la curación de su herida, pero no su curación total. Fue para poder viajar a Roma y ganar el jubileo del año santo en el 1450. Pero al regresar al convento le reapareció la llaga que ya nunca curaría.

Cuatro años antes de morir, el Señor la quiso purificar por una enfermedad que la postró en cama hasta su muerte. Fue la culminación de una vida de sufrimiento y de gozo en Dios. En esta postrera enfermedad, Dios la confortó con celestiales deleites y su alma se derretía en el santo amor de Dios y del prójimo.

Rita repetía frecuentemente: “Quiero morir para vivir en Cristo”. Dios la consolaba, y a la vez realizó signos milagrosos para demostrar a todos la santidad de Rita y su predilección por ella.

Cuenta la historia el milagro de las rosas y de los higos que, en pleno invierno, aparecieron milagrosamente en el huerto de Rita en Rocaporena, su pueblo natal.

Tanto las rosas como los dos higos fueron llevados hasta el lecho de Rita que estaba postrada, próxima a la muerte. Rita exclamó: “!Qué bueno es el Señor!”. Pues consideraba el milagro como un gesto de inefable consolación divina.

La rosa se mantuvo largo tiempo fresca despidiendo un intenso perfume que llenaba todo el convento. De ahí viene la costumbre de bendecir las rosas de santa Rita para aplicarlas de diversas maneras a los enfermos.

Por eso, santa Rita es conocida como “la Santa de las rosas”. La bendición de rosas se realiza el día de su fiesta, el 22 de mayo.

Cuenta la tradición que Rita experimentó un éxtasis al ser visitada y consolada por Jesucristo y la Santísima Virgen, poco antes de morir. Después del éxtasis, llamó a la comunidad para despedirse, les pidió perdón por cuanto las hubiera ofendido, y después de recibir los sacramentos les dijo: “Adiós, madre y hermanas mías, quédense en paz”, y expiró.

Era el 22 de mayo del año 1457. Contaba Rita 76 años de edad y 40 de vida religiosa.

Inmediatamente después de su muerte comenzaron a suceder prodigios: las campanas del convento y las de todo el pueblo comenzaron a repicar a gloria sin que nadie las tocara, por sí solas. Un extraordinario resplandor inundaba la habitación donde había muerto Rita. La herida de la espina y todo su cuerpo despedían un suavísimo aroma que se difundía por todo el convento.

Riadas de gentes acudían a presenciar estos signos, y el cuerpo de Rita no presentaba síntomas de descomposición, sino todo lo contrario, se conservaba fresco y flexible, exhalando un aroma muy agradable.

A los tres días comenzaron las curaciones milagrosas de ceguera, parálisis, deformaciones físicas, sordera, mudez, etc. De ello dan fe las actas del proceso de beatificación. Son innumerables los prodigios atribuidos a santa Rita, desde entonces hasta nuestros días.

De ahí que la Iglesia, por medio del papa Urbano VIII, la reconoció como beata, y así mandó venerarla el año 1628. Y el papa León XIII la incluyó entre los santos el año 1900.

La devoción a santa Rita es una de las devociones más extendidas en toda la cristiandad. Su espiritualidad característica es haber santificado todos los estados de la vida humana por los que ella pasó, que prácticamente fueron todos. Practicó, sobre todo en el convento, la obediencia y la penitencia.


5. Lecturas bíblicas

Jesús vivió totalmente consagrado al Padre. Su alimento era cumplir la voluntad del Padre. No tenía otra aspiración sino buscar la gloria del Padre, por eso no tenía dónde reclinar su cabeza. Pasó haciendo el bien a todos, obediente hasta la muerte y muerte de cruz.

Vivió la consagración religiosa como nadie la ha vivido ni la vivirá jamás: pobreza, castidad y obediencia, en medio de sus hermanos.

Cristo, hoy como ayer, llama a jóvenes generosos para que le imiten y sigan:

El joven le dijo: “He guardado todos esos mandamientos, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda a vender todo lo que posees y dáselo a los pobres, así tendrás una riqueza en el cielo, y luego vuelves y me sigues”. Cuando el joven oyó esta respuesta, se fue triste porque era muy rico (Mateo 19, 20-22).

A la vez, Jesús reivindicó la legitimidad del matrimonio cristiano y también la gratuidad de la vida religiosa: Se le acercaron unos fariseos y le preguntaron:

“¿Está permitido al hombre despedir a su esposa por cualquier motivo?” Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador en el principio, los hizo hombre y mujer y dijo: el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán los dos uno solo? De manera que ya no son dos, sino uno solo.

Pues bien, lo que Dios ha unido, el hombre no debe separarlo… Por lo tanto, yo les digo que el que despide a su mujer y se casa con otra, es adúltero, y el que se casa con la divorciada es adúltero también”.

Los discípulos dijeron: “Si ésa es la condición del hombre con la mujer, más vale no casarse”.

Él les contestó: “No todos comprenden lo que acabo de decir, sino solamente los que reciben este don. Hay hombres que nacen incapacitados para casarse. Hay otros que fueron mutilados por los hombres. Hay otros que, por amor al Reino de los cielos, han descartado la posibilidad de casarse. ¡Entienda el que pueda!” (Mateo 19, 3-6.9-13).

Desde el principio, la Iglesia entendió muy bien esta novedad cristiana. Así san Pablo nos dice:

En cuanto a las vírgenes, no tengo ningún mandato especial del Señor, pero les puedo dar consejos y pienso ser, por la misericordia del Señor, digno de confianza. Esto me parece bueno a causa de los tiempos difíciles en que vivimos; me parece bien que el hombre se quede así.

Si estás ligado a una mujer no trates de separarte. Si no estás ligado, no busques mujer. Si te casas, no cometes pecado. Y la joven que se casa tampoco comete pecado.

Sin embargo, los que se casan tendrán serias dificultades que superar, y yo quisiera evitárselas. Lo que quiero decir, hermanos, es esto: el tiempo se hace corto.

Por eso, pues, los que están casados vivan como si no tuvieran esposa; los que lloran como si no lloraran; los que están alegres como si no estuvieran alegres. Que los que compran algo se porten como si no lo hubieran adquirido, y los que gozan la vida presente, como si no la gozaran; porque todo esto pasa y se descompone la figura del mundo.

Yo los quisiera ver libres de preocupaciones. El hombre que se queda sin casarse se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradar al Señor. Al contrario, el que está casado se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposa, y está dividido.

Así también la mujer sin marido y la que no se casa, se preocupa del servicio del Señor, y le consagra su cuerpo y espíritu. Al contrario, la casada se preocupa de las cosas del mundo y tiene que agradar a su esposo.

Esto lo digo para su provecho, no quiero ponerles trampas sino llevarlos a una vida más noble y que estén unidos al Señor enteramente… La mujer está ligada mientras vive su marido. Si éste muere, ella queda libre de casarse con quien desee, siempre que sea un matrimonio cristiano.

Pero será más feliz si permanece sin casar según mis consejos. Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios (1 Corintios 7, 25-40).

6. Consideraciones bíblico-teológicas sobre la vida religiosa

La vocación religiosa es una moción de la gracia divina por la que el cristiano es referido por un título nuevo y peculiar al servicio de la Iglesia y a la gloria de Dios. Esta relación y este título nuevo peculiar son una consagración, mediante la cual el Señor vincula más íntimamente consigo a los llamados a la vida religiosa.

La llamada y consagración comprometen al religioso a la entrega total a Dios, a la imitación y al seguimiento más libre y más radical de Cristo, viviendo más para Él y para su Cuerpo que es la Iglesia.

Esta consagración, que radica íntimamente en la consagración bautismal y la expresa con mayor plenitud, se realiza en la profesión de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia vividos en comunidad.

La profesión de los consejos evangélicos es la respuesta de la persona consagrada al amor de Cristo, virgen, pobre y obediente hasta la muerte. Es un más libre alistamiento en sus filas, y una más plena configuración con Él.

No es obstáculo para el desarrollo de la persona, sino que por su naturaleza favorece en gran manera tanto al individuo como a la sociedad y a todos manifiesta los bienes celestiales, presentes incluso en esta vida.

La vida consagrada es la proclamación visible de la supremacía de los valores espirituales y transcendentes, por la renuncia a ciertas realidades legítimas, pero esencialmente ligadas a la condición pasajera del hombre en este mundo.

Este género de vida proclama que el Reino de Dios merece todos los sacrificios y renuncias y reconoce que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que estamos en marcha hacia la Jerusalén Celestial, la realidad definitiva adonde todos estamos llamados.

Éste es el gran mensaje evangelizador de la consagración religiosa al vivir la radicalidad cristiana o al vivir la radicalidad por el Reino de los Cielos. Los consagrados son signos vivientes del Reino, hacia donde caminan todos los bautizados.

Dentro de la vocación religiosa, lo que más suele llamar la atención es precisamente la virginidad y el celibato por el Reino de los Cielos. La castidad perfecta por el Reino de los Cielos es un don eximio de la gracia. Por la castidad perfecta el religioso ofrece íntegramente el cuerpo y el espíritu, toda la capacidad afectiva y el deseo natural de amar y sentirse amado en unión conyugal.

La castidad es un sacrificio que deja libre el corazón para dedicarlo a las cosas de Dios, hace posible la vida común en el convento y, en consecuencia, da al religioso y a la religiosa, ya sean de vida activa o de vida contemplativa, plena disponibilidad para el servicio y amor al prójimo.

Los religiosos profesan la castidad perfecta y perpetua, no porque menosprecien la dignidad del matrimonio cristiano y el don divino de los hijos, sino porque, movidos por el Espíritu, quieren vivir plenamente la novedad existencial que brota del misterio pascual de Cristo, convirtiéndose en signo de aquellos tiempos en que los hijos de Dios resucitados ya no tendrán mujer ni marido.

Imitando a Cristo virgen que amó a la Iglesia, su virginal esposa, y se entregó por ella, los religiosos crucifican con Cristo su carne y se entregan totalmente con un corazón indiviso a las obras de caridad y de apostolado por el Reino de los Cielos.

La perfecta continencia se convierte así en signo y estímulo de caridad y fuente especial de fecundidad espiritual en el mundo.

Pero recordemos el ojo de agua que da origen al río, el cimiento que sustenta la casa, el foco de luz que todo lo ilumina y embellece… Al fondo está la unión mística con Dios. Eso es lo más importante que Rita fomentó en su corazón y que guardó celosamente como el tesoro escondido. Lo único necesario.

Santa Rita lo contempló en la Cruz, lo adoró en la Eucaristía. Era su Esposo, el Cordero Inmaculado y su Pastor, a quien seguía adonde quiera que fuere.

Reproducimos unos versos que expresan la oración y los sentimientos que embargaron el corazón de Rita, de alguna manera siempre, pero de forma especial, durante los cuarenta años que vivió en el convento de Santa María Magdalena de Casia:

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados.
Pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás, para esperar, los pies clavados?



7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para este día

9. Jesús, manso y humilde de corazón,
– siembra en el corazón de los niños el don de la vocación religiosa.

10. Tú, que nos mandaste pedir obreros para tu mies,
– haz que cuantos sientan tu llamada sean fieles en tu seguimiento y sacrificados en tu servicio.

11. Señor, Tú que llamas a las almas generosas para que te sigan,
– te pedimos por todos los que han escuchado tu invitación y comienzan el camino de su entrega.

12. Señor, que quieres que todos los hombres tengan vida abundante,
– envía ministros y dispensadores de tu gracia a todos los pueblos.

13. Pastor bueno, que te compadeces de todos,
– envíanos abundantes vocaciones para anunciar tu Reino.

14. Dios todopoderoso, que nos diste como modelo de vida religiosa a nuestro padre san Agustín, y como hermana religiosa a santa Rita de Casia,
– infunde en los corazones de los jóvenes, hombres y mujeres, el deseo de seguir sus pasos con generosidad y valentía.

15. Jesús, buen Pastor, que nos conoces y nos amas,
– haz que nazcan y se cultiven en las familias cristianas las vocaciones que la Iglesia necesita.

16. Señor Jesús, que quisiste nacer en el seno de la familia de Nazaret,
– haz que las familias cristianas sepan apreciar y cultivar la vocación religiosa y sacerdotal de sus hijos.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.



8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).



9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.



Síntesis de la Constitución Apostólica Vultum Dei quarere

julio 26, 2016

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Comunidad de Monjas de clausura

Comunidad de Monjas Agustinas Recoletas, Orón, Burgos, España. 

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Síntesis de Vultum Dei quarere 

"La búsqueda del rostro de Dios", (VDQ)

Premisa

La promoción de una  formación adecuada, la centralidad de la lectio divina,  los criterios específicos para la autonomía de las comunidades contemplativas,  la pertenencia de los monasterios a una federación: estos son algunos puntos de la Constitución Apostólica “Vultum Dei quaerereLa búsqueda del rostro de Dios”, (VDQ) firmada por Francisco el 29 de junio y dedicada a la vida contemplativa femenina.

Los motivos del documento, explica el Pontífice, son el camino recorrido por la Iglesia y “el rápido avance de la historia humana” en  los cincuenta años transcurridos desde el Concilio Vaticano II. De ahí la necesidad de entablar un diálogo con la sociedad contemporánea, salvaguardando al mismo tiempo “los valores fundamentales” de la vida contemplativa, cuyas características -el silencio, la escucha, la estabilidad- “pueden y deben constituir un desafío para la mentalidad de hoy”.

Introducido por una amplia reflexión sobre la importancia de las  monjas y de las contemplativas  para la Iglesia y para el mundo, el documento indica 12 temas de reflexión y discernimiento para la vida consagrada en general y concluye con 14 artículos dispositivos.

 

Monjas que rezan en comunidad

Monjas que rezan en comunidad

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La importancia de la vida contemplativa

En un mundo que busca a Dios, aunque no siempre de manera consciente -escribe el Papa-, las personas consagradas están llamadas a ser “sapientes interlocutores” para “reconocer los interrogantes que Dios y la humanidad nos plantean”. Por eso,  su búsqueda de Dios nunca debe detenerse.

Francisco expresa su aprecio a las “hermanas contemplativas”, haciendo hincapié en que “la Iglesia las necesita” para llevar “la buena noticia del Evangelio” a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y no se trata de una misión fácil, dada la realidad actual “que obedece a lógicas de poder, de economía y de consumo”.

Sin embargo, el reto que el Pontífice propone a las contemplativas es ser “faros y antorchas” que guían y acompañan el camino de la humanidad, “centinelas de la aurora” que indican al mundo Cristo “camino, verdad y vida”. “Don inestimable e irrenunciable” para la Iglesia -dice VDQ-, “la vida consagrada es una historia de amor apasionado por el Señor y por la humanidad que se despliega a través de “la apasionada búsqueda del rostro de Dios” ante el cual “todo cobra su verdadero sentido”, porque se mira con “ojos espirituales” que permiten contemplar “el mundo y las personas con la mirada de Dios”.

Y frente a las “tentaciones”, el Papa insta a las contemplativas a sostener con valentía “la lucha espiritual”, venciendo con tenacidad, en particular, “la tentación que desemboca en la apatía, en la rutina, en la desmotivación, en la desidia paralizadora”.

Los 12 temas de reflexión y discernimiento

Formación y oración: Por lo tanto, el Papa invita a “reflexionar y discernir sobre los siguientes doce temas de la vida consagrada en general y, en particular, de la tradición monástica”, para “ayudar a las contemplativas a alcanzar el fin propio de su específica vocación.”

El primer tema es la formación: itinerario “que debe llevar a la configuración con el Señor Jesús”, y que supone un  proceso que no termina nunca y por ello “pide la continua conversión a Dios.” De aquí, la llamada del Papa a los monasterios para que “presten mucha atención al discernimiento vocacional y espiritual, sin dejarse llevar por la tentación del número y de la eficiencia. Asimismo, el Papa recuerda que la formación requiere “un amplio espacio de tiempo”, entre los nueve y los doce años.

El segundo tema indicado es la oración: “meollo de la vida consagrada”, que no debe vivirse como “un repliegue” de la vida monástica en sí misma, sino como un “ensanchar el corazón para abrazar a toda la humanidad”, en particular a los que sufren, como  los presos, los emigrantes, los refugiados y perseguidos, las tantas familias heridas, las personas en paro, los pobres, los enfermos, las víctimas de dependencias.

“Rezáis e intercedeis” por las “suertes de la humanidad”, escribe el Papa a las contemplativas. Así las comunidades llegarán a ser “verdaderas escuelas de oración”, alimentada por la “belleza escandalosa de la Cruz.”

Palabra de Dios,  Eucaristía y  Reconciliación: Como tercer tema de reflexión Francesco indica la centralidad de la Palabra de Dios: “fuente primera de toda espiritualidad y principio de comunión para las comunidades”, que se explicita en la lectio divina, que ayuda a dar el paso “del texto bíblico a la vida”, a “llenar la distancia entre espiritualidad y cotidianeidad”, llevando “de la escucha al conocimiento y del conocimiento al amor “.

La palabra de Dios, por lo tanto -es la recomendación del Papa- debe ritmar la jornada “personal y comunitaria” de las contemplativas, ayudándolas, gracias a “una especie de instinto sobrenatural”, a “discernir lo que viene de Dios y lo que, por el contrario, puede llevar lejos de él”.

Por último, Francisco recuerda que la lectio divina debe transformarse en actio, es decir, convertirse en “don para los demás por la caridad.” Sucesivamente, como cuarto punto, la VDQ recuerda la importancia de los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, sugiriendo, en particular, “prolongar la celebración con la adoración eucarística” y vivir la práctica de la penitencia como una “ocasión privilegiada para contemplar el rostro misericordioso del Padre”.

De hecho, experimentando el perdón de Dios, se puede “ser profetas y ministros de misericordia e instrumentos de reconciliación, perdón y paz” que tanto necesita hoy nuestro mundo.

Vida fraterna y  autonomía de los monasterios: El quinto tema indicado en  la Constitución Apostólica es la vida fraterna en comunidad, entendida como “reflejo del modo de ser de Dios y de su entrega” y “primera forma de evangelización.”

Por ese motivo, el Papa subraya la necesidad de “un proceso continuo de crecimiento de la vida comunitaria” que lleve a vivir una “auténtica comunión fraterna”. “Una comunidad existe porque nace y se edifica con el aporte de todos,”, escribe el Papa, cultivando una “fuerte espiritualidad de comunión” y de “mutua pertenencia”.

Se trata de un  testimonio muy  necesario en una “sociedad marcada por divisiones y desigualdades”. “Es posible y bello vivir juntos –se lee en el documento- a pesar de las diferencias generacionales, de formación y, a veces, culturales.”

Por el contrario, estas diferencias no obstaculizan el camino fraternal, simo que “lo enriquecen” porque “unidad y comunión no significan uniformidad.” Al mismo tiempo, se recuerda la importancia de “venerar a los ancianos y amar a los jóvenes” armonizando “la memoria y el futuro” de las comunidades.

El sexto tema atañe a  la autonomía de los monasterios. En propósito Francisco señala que si, por una parte, la autonomía favorece la estabilidad, la unidad y la contemplación de una comunidad, no debe sin embargo “significar independencia o aislamiento”. En este sentido, se invita a las contemplativas a preservarse “de la enfermedad de la autoreferencialidad”

Federaciones y clausura: Estrechamente vinculado al anterior está el séptimo tema en que el Papa reitera la importancia de las Federaciones como “estructura de comunión entre los monasterios que comparten el mismo carisma”.

Destinadas a promover la vida contemplativa en los monasterios y a garantizar la ayuda en la formación, como también en las necesidades concretas, las Federaciones, según indica el Pontífice, “tendrán que favorecerse y multiplicarse”.

El octavo tema, se refiere a  la clausura. Es “signo de la unión exclusiva de la Iglesia-esposa con su Señor”, y se codifica en diversas formas, desde  la “papal” que “excluye colaboración en los distintos ministerios pastorales” a la “común”, que es, en cambio “menos cerrada.”

No obstante, esa  pluralidad en una misma Orden ha de considerarse “como una riqueza y no como un impedimento para la comunión”.

Trabajo y silencio: Como noveno punto, el  Papa Francesco indica el trabajo. Recordando el lema benedictino “ora et labora”, se exhorta a las contemplativas a trabajar “con devoción y fidelidad, sin dejarse condicionar por la mentalidad de la eficiencia y del activismo de la cultura contemporánea” que podría “apagar el espíritu de contemplación “.

El trabajo, por tanto, debe interpretarse como un “contribuir en la obra de la creación”, un “servir a la humanidad” y  un ser “solidarias con los pobres” para mantener “una relación equilibrada entre la tensión hacia el Absoluto y el compromiso en las responsabilidades cotidianas”.

El décimo tema tocado por la VDQ es el silencio, entendido como espacio “de escucha y de ruminatio de la Palabra”, “vacío de sí para dejar espacio a la acogida”, silencio para “escuchar a Dios y el clamor de la humanidad.” Modelo de todo ello -escribe el Papa- es María que “pudo acoger la Palabra porque era mujer de silencio”, un silencio “rico de caridad”.

Los medios de comunicación y la ascesis: Consciente, pues , de los cambios de la sociedad y de la “cultura digital” que “influye de manera decisiva en la formación del pensamiento y en la manera de relacionarse con el mundo”, Francisco  propone como undécimo tema los medios de comunicación.

“Instrumentos útiles para la formación y la comunicación”, los define el  Papa, exhortando, sin embargo, a las contemplativas a un “prudente discernimiento” para que “no sean ocasión para la distracción y la evasión de la vida fraterna en comunidad, ni sean nocivos para vuestra vocación o se conviertan en obstáculo para vuestra vida enteramente dedicada a la contemplación”.

El último y duodécimo tema está dedicado a la ascesis, hecha de “sobriedad, desprendimiento de las cosas, entrega de sí en la obediencia, transparencia en las relaciones” comunitarias.

Al  haber elegido  una vida de estabilidad, la ascesis se convierte en “signo elocuente de fidelidad” para nuestro mundo globalizado y sin raíces, y también en ejemplo para “la humanidad de hoy, marcada y a veces rota por tantas divisiones”, de cómo “permanecer” al lado del prójimo, incluso frente a las diversidades, las  tensiones, los  conflictos y las fragilidades.

La ascesis no es una huída del mundo “por miedo” -subraya Francesco- porque las monjas “siguen estando en el mundo, sin ser del mundo”. Su profecía será, pues, la de “interceder constantemente por la humanidad” ante  el Señor, escuchando “el clamor” de los que son “víctimas de la  cultura del descarte”.

Así, en “profunda comunión con la Iglesia”, las  contemplativas serán la “escalera” por la que Dios baja para encontrar al hombre y el hombre sube para encontrar a Dios.

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Personas consagradas  de distintas congregaciones

Personas consagradas de distintas congregaciones

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Los 14 artículos dispositivos

La Conclusión dispositiva de la VDQ se divide en 14 artículos que, de hecho, definen en términos jurídicos lo expresado anteriormente por el Pontífice. En particular:

– El artículo 3, dedicado a la formación permanente y el discernimiento vocacional, establece que las contemplativas pueden participar en cursos específicos de formación “aunque sea fuera de su monasterio, manteniendo un clima adecuado y coherente con las exigencias del carisma” y que “hay que evitar en modo absoluto el reclutamiento de candidatas de otros Países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del monasterio”.

– El artículo 7 exhorta a las  contemplativas que ejercen “el ministerio de la autoridad” a “favorecer un clima gozoso de libertad y de responsabilidad” para “promover la comunicación en la verdad”.

– El artículo 8 enumera los requisitos necesarios para la  autonomía jurídica de la comunidad, entre los cuales están la capacidad real de formación y de gobierno, la inserción en la Iglesia local y la posibilidad de subsistencia.

Cuando no subsistan estos requisitos la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica “estudiará la oportunidad de constituir una comisión ad hoc” para “revitalizar el monasterio, o para encaminarlo hacia el cierre”.

– El artículo 9 hace hincapié en que, “en principio, todos los monasterios han de formar parte de una federación”, que podrá configurarse no tanto y no sólo según un criterio geográfico, sino de afinidades de espíritu y tradiciones. Si un monasterio no pudiera ser federado la VDQ reitera que tendrá que pedir permiso a la Santa Sede, a la que corresponde realizar “el oportuno discernimiento”.

– Por último, el artículo 14 establece que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica promulgue instrucciones para la aplicación de los doce temas indicados anteriormente, de acuerdo con los carismas de las diversas familias monásticas. Dichas instrucciones tendrán que someterse a la aprobación de la Santa Sede.

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/07/22/vux.html

 


¿Vale la pena ser monja de clausura?

julio 25, 2016

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Monjas de clausura

Monjas de clausura: Testigos del cielo en la tierra; recordatorio de lo Absoluto del Reino; sólo por amor a Jesús. 

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¿Vale la pena ser monja de clausura?

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MEXICO DF, 12 Nov. 14 / 02:07 am (ACI/EWTN Noticias).- En la Arquidiócesis de México, recientemente diez jóvenes realizaron sus votos perpetuos como religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús y escogieron vivir hasta el final de sus vidas en un convento. Pero, en la actualidad, ¿son necesarias las monjas de clausura?

Muchas veces cuando se piensa en este estilo de vida, las personas se imaginan a mujeres encerradas, alejadas del mundo, con problemas para relacionarse, frustradas o con alguna decepción amorosa, gente misteriosa que no hace nada productivo y que sólo se dedican a rezar.

El Papa Francisco, en su mensaje a las Monjas de Clausura que dio en su Visita Pastoral a Asís en el 2013, explicó que “la normalidad de nuestro pensamiento diría que esta religiosa está aislada, sola con el Absoluto, sola con Dios; es una vida ascética, penitente”.

“Pero este no es el camino de una religiosa de clausura católica, ni siquiera cristiana. El camino pasa por Jesucristo, siempre… Las religiosas de clausura están llamadas a tener una gran humanidad… ser personas que saben comprender los problemas humanos, saben perdonar, saben pedir al Señor por las personas”, enfatizó el Pontífice.

Este llamado del Santo Padre parece tenerlo muy presente la Coordinadora de la Unión de Contemplativas de la Arquidiócesis de México, Madre Guadalupe Labarthe, cuando en sus declaraciones a SIAME destacó que “la vocación a la vida contemplativa es un regalo de Dios a una persona que quiere centrar toda su vida en Jesús”.

“Es una llamada al amor por el Amor en sí mismo; se trata de una vida sumamente sencilla, pero que está centrada en Jesús”, explicó.

Es por ello que las religiosas contemplativas se dedican a orar “por las situaciones complejas de las familias, por los que no tienen trabajo, los enfermos, los drogadictos, los jóvenes, por el dolor moral de tantas personas, para que a todos les lleguen sus bendiciones y ayuda”, señaló la Madre Guadalupe.

Dependiendo de cada orden religiosa con su carisma, hay las que se dedican las 24 horas del día a la adoración al Santísimo, con religiosas que se alternan por turnos. Así como las que se centran en la oración personal, desde sus celdas (cuartos) o con la celebración de la Liturgia de las Horas, que también se puede rezar en comunidad.

Su misión es hacer presente ante Jesús las penas y pesares de la humanidad y de las personas que les hacen llegar sus intenciones por teléfono, internet, de manera personal, etc.

“Oramos por las situaciones complejas de las familias, por los que no tienen trabajo, los enfermos, los drogadictos, los jóvenes, por el dolor moral de tantas personas, para que a todos les lleguen sus bendiciones y ayuda”, describió la Madre Guadalupe.

El ambiente de silencio y oración, no evita que tengan espacios de convivencia y de trabajo para la elaboración de ornamentos, hostias, galletas, dulces y otros alimentos que le permitan obtener ingresos para subsistir.

Aunque algunos piensen que este tipo de vida “ha pasado de moda”, lo cierto es que ahora más que nunca no pierde su sentido porque las oraciones son necesarias para contrarrestar la injusticia, el odio, la violencia, la corrupción, la carencia de valores y la pérdida de la fe, entre otros.

El ejemplo de estas 10 jóvenes que hicieron sus votos perpetuos y los 39 conventos de distintas órdenes religiosas en la Arquidiócesis de México muestran que el dejarlo completamente todo para entregar la vida a Dios en un monasterio también lleva a la plena felicidad.

“Dejamos todo por amor a Él, pero no te separa del mundo, porque Jesús vino al mundo a salvarnos a todos; al contrario, nosotras somos como un puente para interceder por todo lo que la humanidad necesita, como una voz silenciosa en la Iglesia”.

Para terminar, es importante recordar lo que San Juan Pablo II dijo en una ocasión sobre esta vocación:

“La vida contemplativa ha ocupado y seguirá ocupando un puesto de honor en la Iglesia. Dedicada a la plegaria y al silencio, a la adoración y a la penitencia desde el claustro”, porque “la Iglesia sabe bien que su vida silenciosa y apartada, en la soledad exterior del claustro, es fermento de renovación y de presencia del Espíritu de Cristo en el mundo”.

Más información en: http://www.siame.mx/apps/info/p/?a=12477&z=32

Mensaje del Papa Francisco a las Monjas de Clausura en Asís: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2013/october/documents/papa-francesco_20131004_monache-assisi.html


Vaticano presenta nuevo documento del Papa sobre religiosas de clausura

julio 24, 2016

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La vida contemplativa en la Iglesia

La vida contemplativa en la Iglesia; monjas; clausura. 

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Vaticano presenta nuevo documento del Papa sobre religiosas de clausura

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VATICANO, 22 Jul. 16 / 02:10 pm (ACI).- La Santa Sede presentó este viernes 22 de julio la Constitución Apostólica Vultum Dei quaerere, sobre la vida contemplativa femenina, elaborada por el Papa Francisco y que reemplazará al documento Sponsa Christi de Pío XII publicado en 1950.

Durante la presentación, el Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Mons. José Rodríguez Carballo, dijo que la nueva Constitución llena un vacío de los años postconciliares del que ya se empezaban a sentir las consecuencias, pues actualmente la vida contemplativa se rige por un documento elaborado antes del Concilio Vaticano II.

Indicó que por ello se originaba la preocupación y decisión del Papa de “dar un nuevo documento a cuantos en la Iglesia ‘hombres y mujeres, llamados por Dios y enamorados de él, han vivido su existencia totalmente orientados hacia la búsqueda de su rostro, deseosos de encontrar y contemplar a Dios en el corazón del mundo’”.

El Prelado explicó que en el documento el Papa da indicaciones precisas con respecto a los elementos fundamentales de una vida de contemplación que, si bien no es prerrogativa exclusiva de las mujeres, es en su mayoría femenina.

“Por eso a la hora de establecer sus elementos esenciales hay referencias explícitas a las mujeres contemplativas, a las que se propone el ícono de María como summa contemplatrix, aquella ‘virgen, esposa y madre, que acoge y guarda la Palabra para devolverla al mundo, contribuyendo así a que Cristo nazca y crezca en el corazón de los hombres sedientos’”.

Destacó que entre los puntos claves de la nueva Constitución Apostólica está la formación de las religiosas y propone además la colaboración entre los monasterios.

“El Santo Padre, mientras recuerda que el lugar habitual de formación para una comunidad contemplativa debe ser el monasterio, también augura la colaboración entre varios monasterios de diversas maneras: el intercambio de material, el uso prudente de los medios digitales, las casas comunes de formación inicial, la disponibilidad de las hermanas preparadas para ayudar a los monasterios con menos recursos, etc.”, indicó.

En Vultum Dei quaerere, Francisco también dedica un espacio a la vida de oración en los claustros.

“Si el deseo profundo del corazón de Francisco es tener una ‘Iglesia en salida’ –afirmó– esto también es válido para las llamadas a transcurrir su existencia entre los muros de un claustro: la atención del corazón, en su solicitud maternal, debe dilatar continuamente los confines de la oración, para que no solo suba a las alturas para contemplar el rostro santo de Dios, sino que baje también a las profundidades, para encontrar el dolor del hombre más solo y excluido”.

Además, dijo, el documento aborda la autonomía, a la que se vincula el papel de las federaciones, y la clausura. Explicó que todos los monasterios, excepto en casos especiales, a juicio de la Santa Sede, han de estar federados.

Indicó que es interesante la posibilidad de que las federaciones se configuren no sólo sobre una base geográfica, sino también en afinidades de espíritu y tradiciones. Asimismo se espera la asociación, también jurídica, de los monasterios con la Orden masculina correspondiente y la formación de Confederaciones y Comisiones internacionales de varias Órdenes, señaló.

En cuanto a la clausura, indicó el Arzobispo, se redefinen los tres tipos de clausura, ya especificados en Vita Consecrata: la clausura papal, constitucional y monástica; permitiendo a los monasterios un cuidadoso discernimiento que respete su derecho de solicitar eventualmente a la Santa Sede abrazar una forma de clausura diferente de la vigente.

En ese sentido, concluyó, “con esta constitución apostólica tenemos su pensamiento traducido en directrices claras, que se entregan a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica que ahora tiene la tarea de redactar un nuevo documento que sustituya al vigente Verbi sponsa y que contiene la legislación que regulará la formación, la autonomía y la clausura de los monasterios de vida contemplativa o íntegramente contemplativa”.

En el mundo hay cerca de 4.000 monasterios de vida contemplativa. La mayoría se encuentran en España e Italia. El texto completo se puede leer: http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/07/22/cos.html

 


Novena a Santa Rita de Casia ( y 9), 21.5.16

mayo 21, 2016

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NOVENO DÍA

RITA, MAESTRA EN EL ARTE DEL PERDÓN Y DE LA PAZ


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos

Humanamente, Rita tenía más que motivos para vivir resentida y violenta o agresiva.

Parecería que la “mala” suerte se ensañó con ella: no le dejaron seguir sus primeras inclinaciones a la vida religiosa; le tocó un esposo difícil; se lo mataron y seguramente no le hicieron justicia; se queda viuda tempranamente; pierde a sus hijos; queda indefensa en el mundo; por un tiempo fue rechazada en su deseo de ingresar al convento; en el claustro sufrió soledad; no faltarían comentarios insulsos y hasta maliciosos tanto fuera como dentro del convento sobre su comportamiento, sus éxtasis, el estigma de la espina…

Y Dios callaba, no respondía a sus oraciones y penitencias. Su existencia fue un continuo calvario, hablando de tejas abajo. Ella no se merecía esa suerte. Todo le salía mal. ¿A quién ofendió ella? ¿Qué mal hacía para que Dios le diera ese trato?

Resulta tan incomprensible el dolor de Rita que muchas personas temen acercarse a ella o hacerse devotos suyos porque piensan que tal devoción les traería pruebas y sufrimientos.

Es una reacción comprensible; pero debemos considerar la otra parte de la moneda: la felicidad que Rita gozó ya aquí en la tierra, la paz interior que nada ni nadie le pudo arrebatar, y que se prolonga en el cielo, y que repercute en sus fieles devotos de todos los tiempos.

Parecía razonable y aun justo que Rita estuviera en conflicto con sus propios orígenes.

Podríamos pensar en una niña rebelde, inquieta y caprichosa por ser hija única, con padres ancianos que difícilmente la entendían, sin hermanitos de su edad como complemento, compañía, punto de referencia, etc.; con unos padres “excesivamente religiosos y sobreprotectores”, que de todas formas interfieren o coartan el desarrollo de la personalidad de Rita, que no le dejan seguir sus inclinaciones por consagrarse a Dios y casi le obligan a casarse con un joven noble e importante, pero difícil de carácter que le hizo sufrir mucho.

Podría haberse rebelado, o sentirse víctima de un atropello, o aprovecharse para suscitar lástima en los demás o justificación para seguir sus caprichos.

Sin embargo, la historia apenas insinúa esa posible rebeldía conflictiva de Rita; más bien todo es armonía, silencio, obediencia, espontaneidad. No hay fricciones: la niña crece y se desarrolla en total sintonía con sus padres, con sus valores culturales y religiosos.

Sumisa a las orientaciones que recibe: crece íntegramente en cuerpo y alma, siendo la admiración de sus parientes y orgullo de sus padres. Asume con espontaneidad y alegría todas las expectativas de sus padres y de la sociedad sobre ella. Es confiada, no está a la defensiva ni recela.

En principio no tiene prejuicios sobre nadie ni sobre nada. Es receptiva, respetuosa. Quiere aprender, porque es consciente de que no sabe todo. No ve mala intención en los demás, comenzando por sus propios padres.

También en el aspecto religioso, de acuerdo a su crecimiento, experimenta la presencia de Dios. Por su inocencia y el ambiente que le rodea avanza rápidamente en el amor del Señor; le subyuga la mansedumbre del Divino Redentor muerto en la cruz, y de su corazón infantil brotan ríos de ternura y compasión.

Tanto que todo el tiempo le parece poco para acompañar al Cristo despreciado en la Cruz o escondido en la Eucaristía. Aquí debió de encontrar una escuela de oración que le transportaba hasta el cielo y que le iba forjando como una persona feliz, segura de sí misma, y sobre todo, segura de Dios y del amor de sus padres, el primer sacramento del amor incondicional de Dios hacia ella.

Indudablemente, aquí, como en casi todos los relatos de su vida, constatamos la idealización que montó la literatura hagiográfica y preciosista en torno a la figura de santa Rita. Sin embargo, en ese ropaje literario, descubrimos la obra portentosa de la gracia, secundada por la disponibilidad del creyente.

Quizás adrede esa literatura deja vacíos para que el alma creyente de cada uno de nosotros los vaya llenando de evangelio y vaya como recreando lo que pudo ser y lo que fue de hecho la andadura de Rita, o la guía de Dios en la vida de Rita. En todo ello descubriremos también lo que puede ser de hecho en cada uno de nosotros. No está bien que se nos diga todo. El Espíritu alienta nuestra imaginación para ir recreando todo de acuerdo a nuestros deseos de Dios y a nuestra generosidad…

Pero volvamos a Rita. En su desarrollo de niña y adolescente, todo parecía prometedor; sentir incluso la vocación religiosa era algo maravilloso, aunque nada estaba determinado, predestinado. Lo importante era gustar el amor de Dios, lo único necesario. Sentirse en sus manos y moverse en su santa Providencia.

Pues bien, en ese momento precisamente se interpone la voluntad y decisión de sus padres: es preciso casarla cuanto antes asegurando su futuro; ellos van avanzando en la vida y Rita no tiene hermanos.

La adolescente y joven Rita pudo rebelarse por este “aparente atropello”. Pudo quejarse contra Dios que así respondía a su incipiente consagración religiosa y a sus intenciones más nobles y generosas. ¿No parecía un desaire de parte de Dios, e incluso un rechazo? ¿Qué había hecho ella? ¿Eran acaso interesadas sus intenciones? ¿Por qué le hacía Dios consentir en algo imposible? ¿Estaría Dios jugando con sus sentimientos?

La joven Rita pudo buscar aliados en su familia, pudo resentirse porque nadie tomó en serio sus ideales, su originalidad e iniciativa personal; no la tomaron en serio hasta sacar la cara por ella. Finalmente pudo rechazar al hombre que le imponían sus padres; al fin y al cabo, ella era la que se casaba; se trataba de su propio futuro, eran cosas muy personales y, por tanto, sagradas. Estaba de por medio su dignidad, diríamos hoy. ¿Y en qué consiste esa dignidad? Bien, sigamos.

Nuestra Santa no asume esas reacciones defensivas, reivindicativas. Nada de eso. Con serenidad, con abnegación de su propia voluntad rastrea los caminos de Dios en medio de la sorpresa, del dolor, de la confusión, pero siempre en actitud humilde y esperanzada. Y la luz se fue abriendo paso en el horizonte oscuro… y resultó que todo estaba bien, que todo era razonable. Nada se perdería. Dios era el mismo, no se mudaba.

Rita fue creciendo y madurando, llena de hermosura y aplomo ante Dios y ante los hombres, no sin abnegaciones personales, a veces en silencio casi insoportable, y aprendiendo a sufrir obedeciendo, aprendiendo la verdadera libertad. Así, Rita se enamoró del marido que le proponían o le imponían. Quiso enamorarse, y lo amó de verdad, en el amor de Dios.

Ella ponía todo de su parte, gracias a su obediencia y oración continua, tratando de asumirlo todo, tal como Dios lo permitía y lo disponía. El matrimonio le acarreó mucho sufrimiento por la escasa correspondencia de su esposo. Irresponsable y violento llegó hasta el maltrato, según cuenta la historia.

Mientras tanto, Rita no devolvía mal por mal; disculpaba, no contaba a los demás su calvario interior buscando compasión o preocupando inútilmente a otros; se refugiaba en Dios. Ella había querido siempre ser fiel a los designios de Dios, manifestados en las circunstancias humanas.

Rita no juzga el comportamiento de su esposo Fernando. Ella trata de comprender su violencia; no está en paz consigo mismo y por eso, la proyecta afuera. Quizás él mismo sufrió violencia en algún tiempo y ahora se estaba defendiendo, protegiéndose. Seguramente él sufre por ser así, por reaccionar de esa manera. Le gustaría ser diferente, llevar de otra manera su hogar, hacerse digno de tal esposa y de los hijos que Dios le confía.

Rita, en vez de acusar o despreciar, trata de sentir tierna compasión por Fernando que sufre en su interior este drama doloroso. Rita ansía que Fernando pueda confiarle su intimidad. De una y mil formas, Rita intenta ganarse la confianza de su esposo; no desespera. El amor le inspira en cada momento lo más oportuno, lo demás no depende de ella.

Podría haber renegado también de tantas rivalidades y problemas entre sus propios parientes o paisanos; podría haber soñado en vivir en otras circunstancias menos conflictivas, con otro esposo, en otra familia; habría sido distinto… Ahí no se podía hacer nada… Pudo haber huido de aquel infierno, pues no era justo que lo tuviera que sufrir, no se lo merecía…

Cuando todo parecía arreglarse, le arrebatan violentamente al esposo; ya estaba dando señales de conversión y acercamiento a Dios. Ahora ni siquiera está cierta de su salvación eterna… Podría haberle permitido Dios algo más de vida para que se confirmara en la fe…

¿Hasta cuándo, Señor? ¿Por qué me pasan a mí estas cosas? ¿Por qué me castiga Dios de esta manera? ¿Y qué va a ser de mí, condenada a ser padre y madre para mis hijos, sin medios y sin trabajo remunerado? ¿Por qué tienen que ver todo esto mis hijos, ellos son inocentes? ¿Por qué tienen que sufrir también ellos? Que me lo carguen a mí, para que ellos no sufran, que no los toquen… ¿Qué va a ser de ellos sin padre? Ya basta, ya no puedo más, no doy más. ¿Hasta cuándo?

Por otra parte, parece que nadie me toma en serio, ya están acostumbrados a verme sufrir, desvalida… “Ése es su destino”, dicen algunos.

Rita podría haberse acabado la vida pensando en los asesinos de su esposo, en su maldad, lamentándose por no haber sabido prevenir o intuir el peligro que corría. Podría haber martillado su cabeza lamentándose por su torpeza, maldiciendo su suerte o soñando en vengarlo. Nada de eso. Sólo busca el perdón de Dios para todos y la obediencia a Dios en todo lo que él permite. Pues al fin y al cabo, Él gobierna como le place, todo lo permite. Es el único justo y sabio. Todo lo hace bien.

Sus hijos arden con deseos de venganza. Rita no reniega, no cae en depresión, no se abandona y se hunde, causando el caos en el hogar, sino que, como la mujer fuerte de Proverbios, se olvida de su propia pena, saca fuerzas de su debilidad para pensar en los demás, en sus hijos sobre todo, y no preocuparlos ni culpabilizarlos, comprende a sus hijos, acoge, arropa, ora ininterrumpidamente, y deja que Dios disponga y abra caminos.

Sus hijos son suyos ciertamente; pero no le pertenecen de manera exclusiva. Antes que suyos, son de Dios. Él también los ama y se preocupa de ellos, más que ella incluso. Al fin y al cabo es problema de Dios, más que de ella. Él verá…

Y queda viuda. Sin embargo, cada vez es menor la confusión, menor la lucha: la corriente de amor, de perdón y de paz es más poderosa cada vez en su vida. Es un río ancho en medio de la selva tropical: no sabe uno hasta dónde llegan sus aguas, no sabe uno dónde están sus riberas; avanza sereno hacia el mar, imperturbable.

Y así, los horizontes son cada vez más luminosos en la vida de Rita. El poder de Dios encuentra menos obstáculos. Su gloria refulge galanamente en la debilidad humana. También en el convento hay pecado. La espina despide un olor fétido, casi insoportable; las hermanas no siempre aciertan a disimular su repulsa. Son humanas. El hábito no hace al monje.

Rita se ve obligada a recluirse en una celda apartada; quizás oye comentarios acerca de los motivos de su ingreso, de la oportunidad de su admisión, de su dudosa idoneidad para la vida religiosa; quizás algunas personas, incluso, religiosas, dudan acerca del origen divino de su llaga. Quizás es un castigo de Dios… Cuando pide la gracia del jubileo para irse a Roma, le exigen la cura inmediata. Rita no reclama nada, platica solamente con su Amo y Señor.

Así Rita se consume en el amor y el perdón. Se apaga una existencia feliz y fecunda en la tierra para brillar y amanecer eternamente en la gloria de Dios, al servicio de los hombres, sobre todo de sus devotos de todos los tiempos. Rita abarca ambas riberas, por la gracia de Dios, para su bien y el de la Iglesia.

5. Fuentes bíblicas

Rita aprendió de sus padres a ser pacificadora, conforme a la exhortación de san Pedro en su primera carta:

Finalmente, tengan todos un mismo sentir; compartan las preocupaciones de los demás con amor fraternal; sean compasivos y humildes, no devuelvan mal por mal, no contesten el insulto con el insulto; al contrario, bendigan, ya que fueron llamados a bendecir, y a alcanzar ustedes mismos, por ese medio, las bendiciones de Dios. Porque el que de veras busca gozar de la vida y quiere vivir días felices, cuide que su lengua no hable mal, y que de su boca no salga el engaño. Aléjese del mal y haga el bien, busque la paz y corra tras ella…

¿Y quién les podrá hacer daño si ustedes se afanan en hacer el bien? Por lo demás, felices ustedes cuando sufran por la justicia: no teman las amenazas, ni se turben… Es mejor sufrir por hacer el bien, si tal es la voluntad de Dios, que por hacer el mal (1 Pedro 3, 8-11.13-14.17).

Indudablemente, Rita aprendió del Crucificado el perdón a los enemigos: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. Rita resume las características de los hijos de Dios.

Ustedes saben que se dijo: Ama a tu prójimo y guarda rencor a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores. Así serán hijos de su Padre que está en los cielos. Él hace brillar el sol sobre malos y buenos y caer la lluvia sobre justos y pecadores.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué premio merecen? ¿No obran así también los pecadores? ¿Qué hay de nuevo si saludan sólo a sus amigos? ¿No lo hacen también los que no conocen a Dios? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto su Padre que está en el cielo (Mateo 5, 43-48).

Parábola del siervo malvado:

El reino de los Cielos es semejante a un rey que resolvió arreglar cuentas con sus empleados. Cuando estaba empezando a hacerlo, le trajeron a uno que debía diez millones de monedas de oro. Como el hombre no tenía para pagar, el rey dispuso que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todas sus cosas, para pagarse de la deuda.

El empleado se arrojó a los pies del rey, suplicándole: “Ten paciencia conmigo y yo te pagaré todo”. El rey se compadeció y no sólo lo dejó libre, sino que además le perdonó la deuda.

Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas; lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: “Paga lo que me debes”. El compañero se echó a sus pies y le rogaba: “Ten un poco de paciencia conmigo y yo te pagaré todo”. Pero el otro no lo aceptó. Al contrario, lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda.

Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contarle todo a su patrón. Entonces el patrón lo hizo llamar y le dijo: “Siervo malo, todo lo que me debías te lo perdoné en cuanto me suplicaste. ¿No debías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí de ti?” Y estaba tan enojado el patrón que lo entregó a la justicia, hasta que pagara toda su deuda.

Y Jesús terminó con estas palabras: “Así hará mi Padre Celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos” (Mateo 18, 23-35).

Rita practicó los sabios consejos de san Pablo:

Que el amor sea sincero. Aborrezcan el mal y cuiden todo lo bueno. En el amor entre hermanos, demuéstrense cariño unos a otros. En el respeto, estimen a los otros como más dignos. En el cumplimiento del deber, no sean flojos. En el espíritu, sean fervorosos y sirvan al Señor.

Tengan esperanza y estén alegres. En las pruebas, sean pacientes. Oren en todo tiempo. Con los creyentes necesitados, compartan con ellos. Con los que están de paso, sean solícitos para recibirlos en su casa. Bendigan a quienes los persiguen, bendigan y no maldigan. Alégrense con los que están alegres, lloren con los que lloren. Vivan en armonía unos con otros.

No busquen las grandezas, sino que vayan a lo humilde. No se tomen por unos sabios. No devuelvan a nadie mal por mal; procuren ganarse el aprecio de todos los hombres. Hagan todo lo posible, en cuanto de ustedes dependa, para vivir en paz con todos. No se hagan justicia por ustedes mismos, queridos hermanos; dejen que Dios sea el que castigue.

Ya la Escritura lo dice: “Yo castigaré, yo daré lo que corresponde”. Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, haciendo eso amontonarás brasas sobre tu cabeza. No te dejes vencer por lo malo; más bien vence el mal a fuerza del bien (Romanos 12, 9-21).


6. Consideraciones bíblicas, sicológicas y espirituales: la sanación por el perdón

La falta del perdón constituye quizás el mayor mal de la humanidad. El perdón es una de las manifestaciones más inmediatas e importantes del amor. Así como el amor es la señal indicativa de que hemos pasado de la muerte a la vida, de igual forma el perdón confiere vida al creyente y transmite vida a los demás.

Por eso el hombre necesita estar en paz y poder perdonar. Quien no perdona; está muerto: vive inquieto, violento. Por lo demás, el que odia es un homicida.

De ahí, que Dios quiere que perdonemos. Hemos de reconocer, para empezar bien, que humanamente hablando, es imposible perdonar y olvidar. Pues, por naturaleza, somos susceptibles, resentidos, vengativos; y sin embargo, Dios no sólo quiere que perdonemos; nos manda perdonar.

Nos manda imitarle: “Sean santos como Yo soy santo. No juzguen, no devuelvan mal por mal… así serán hijos del Padre Celestial que hace salir el sol sobre buenos y sobre malos”.

El perdón se aplica a tres niveles de realidad: uno mismo, los demás y Dios.

Mucha gente no se perdona a sí misma; se lamentan constantemente de sus faltas pasadas, maldicen su suerte, sus propios orígenes, tienen un concepto muy miserable de sí mismos, les falta autoaprecio y compasión o ternura para consigo mismos. Por tanto, estas personas deben aprender a recibir el amor de Dios; pues para Dios son valiosos. Él espera mucho de ellos. Él tiene un plan muy especial para ellos.

En un segundo nivel, encontramos a muchas personas que no perdonan a los demás, no pueden perdonar a sus enemigos, ni olvidar las ofensas; recuerdan el daño que les causaron y lo siguen sintiendo como en carne viva, a flor de piel; es algo que no pueden sacarse de encima; esperan poderse vengar algún día, reivindicar sus derechos; sueñan con el día en que, por fin, se les haga justicia y todo quede aclarado, y todo el mundo les dé la razón, y sea reconstruida su dignidad.

Finalmente, hay gente que se ofende con Dios porque “les quitó un ser querido, porque les va mal en la vida, porque parecería que Dios los castiga sin motivo alguno; pues no se merecen tales males; al revés, son honestos, cumplen con Dios y con los hombres, según su conciencia.

Los tres niveles están implicados. Cuando se vive honestamente la relación con uno mismo, por ejemplo, se mejora la relación con Dios y con los demás. Por otra parte, perdonarse a sí mismo, perdonar a los demás y perdonar a Dios, supone un proceso; no es un momento instantáneo; se aprende a perdonar.

Es un arte, el arte de perdonar. Supone aprendizaje. Nadie está exento de este ejercicio que supone esfuerzo. No hay privilegiados por más que tengan un carácter afable o un temperamento pacífico. ¿Qué pasos dar hacia el perdón?


* El primer paso consiste en romper el tifón que nos domina y nos hace recordar obsesivamente el mal que nos causaron. Se martiriza uno a sí mismo: la obsesión martillea la mente, causando dolor de cabeza, presión alta, alucinamiento o hipertensión y a veces amago o principio de locura, incluso.

La persona está como fuera de sí, no vive, no descansa; es preciso desviar la atención de “mi” herida que aún sangra, salir de uno mismo para considerar a la persona que nos ha ofendido, salir para ver la realidad, objetiva y un poco más imparcialmente. Es bueno distraerse, quitar la atención, renunciar a la obsesión.


* En segundo lugar, es preciso renovar la memoria para considerar todo lo bueno que esa persona enemiga nos proporcionó en el pasado. El demonio hacía pecar constantemente al Pueblo de Israel en su éxodo de Egipto, porque les arrebataba la memoria de los portentos que Dios había hecho con ellos; les borraba el recuerdo de lo bueno, y les mostraba con exageración las dificultades del momento.

Por tanto, debemos ser más justos considerando en conjunto la relación con esa persona que nos hirió o nos está hiriendo, real o supuestamente; o la relación con Dios. Ampliar la visión. Ser más justos.


* Un tercer paso hacia el perdón total consiste en tratar de comprender; o sea, considerar a la persona integralmente, en todo su ser consciente e inconsciente. Pues no conocemos sino la periferia de las personas; ignoramos sus múltiples limitaciones en su conciencia, en su voluntad y, por tanto, en su capacidad de decisión y de responsabilidad en lo que hacen.

Debemos admitir que nadie es malo sin motivo, gratuitamente; en principio, no hay personas malvadas o completamente perversas; ellas seguramente son las que más sufren por su incapacidad o maldad. ¡Qué más querrían ellas que ser distintas, no haber cometido tales errores, reaccionar mejor con sus propios familiares, etc.! Pero no pueden, no saben, no aciertan.

Escribe así el padre Larrañaga:

“Él parece orgulloso, no es orgulloso. Es timidez. Parece un tipo obstinado, no es obstinación. Es un mecanismo de autoafirmación. Su conducta parece agresiva contigo; no es agresividad, es autodefensa, un modo de darse seguridad; no te está atacando, se está defendiendo. Y tú estás suponiendo perversidades en su corazón. ¿Quién es el injusto y el equivocado?

Ciertamente, él es difícil para ti; más difícil es para sí mismo. Con su modo de ser sufres tú, es verdad; más sufre él mismo. Si hay alguien interesado en este mundo en no ser así, no eres tú, es él mismo. Le gustaría agradar a todos, no puede… Le gustaría vivir en paz con todos, no puede… Le gustaría ser encantador…

¿Tendrá él tanta culpa como tú propones? En fin de cuentas, ¿no serás tú, con tus suposiciones y repulsas, más injusto con él? Si supieras comprender, no haría falta perdonar” (Encuentro, pág. 132).


* En cuarto lugar, es preciso suspender el juicio sobre nuestros enemigos. Por dos razones: primero, porque no podemos sopesar la culpabilidad, y, segundo, porque el juicio pertenece a Dios. Nuestro hermano no nos pertenece. Su conducta debería dolernos, no tanto por lo que nos ofende a nosotros mismos, sino por lo que se ofende y perjudica a sí mismo, y ofende sobre todo a Dios, que lo creó y lo redimió. A Dios pertenece. Dios ha hecho infinitamente más que nadie por él, por eso, a él le ofende infinitamente más que a nosotros. Al fin y al cabo, ¿qué nos debe a nosotros…?

Hasta cierto punto, que nuestro prójimo se pierda o se salve, es problema más de Dios que nuestro; más le afecta a Él que a nosotros. Es preciso, por tanto, respetar los derechos de Dios; a Él le compete juzgar, pues Él lo ve todo. Él juzgará con justicia, verdad y misericordia.

Dios es celoso de su derecho: sólo Él es juez por ser el dueño. Ni siquiera juzga el Hijo, sólo el Padre. A nosotros nos desborda esa tarea. No nos pertenece. No sabemos apenas nada, ni siquiera nos entendemos a nosotros mismos… Además, la ofensa inferida a nosotros es ridícula comparada con la inferida o causada a Dios.


* En quinto lugar, no podemos saber si somos mejores que los demás, porque no sabemos las gracias que han recibido de Dios. Pues “mucho se le exigirá a quien mucho se le confió”. Quizás tú, en el caso de tu hermano, habrías hecho cosas peores. Por otra parte, él no debe responder ante ti, sino ante Dios.

¿Quién sabe si, ante Dios, tiene más méritos que tú? Si todo lo has recibido de Dios, ¿de qué te glorías? Si tu hermano hubiera recibido lo que has recibido tú… quizás estaría respondiendo a Dios mejor que tú. Dice san Pablo: “¿Por qué te comparas o desprecias a tu hermano?”. Por tanto, como no sabemos, san Pablo nos sugiere la manera de evitarnos mil enredos: “juzguen a los demás como más dignos”. Y se acabó el pleito.


* Por consiguiente, en sexto lugar, no podemos ser muy exigentes con los demás, no sea que desesperemos al pecador y lo empujemos al abismo. Sólo Dios puede exigir. Nuestra responsabilidad es bien concreta: acoger siempre, disculpar siempre, pensar lo mejor. Y así nunca pecaremos.

Se suele decir: “piensa mal y acertarás”. Nosotros decimos: “piensa bien y nunca pecarás”. Piensa bien –aunque a veces te equivoques, pero sólo en un primer momento– y empujarás siempre al pecador a superarse, porque el amor es creativo, rehabilita a la persona, la estimula a ser otra; no le consiente quedarse en el pecado.

El amor todo lo perdona, cree y confía sin límites. Empuja a la persona amada hacia lo que Dios quiere de ella, la estimula y la transforma en algo que está siempre más allá, la eleva. En fin, la recrea o rehace.


* En séptimo lugar, excusar siempre a los demás y acusarse uno a sí mismo. No se trata de compararse para ver quién tiene más culpa o merecimiento; se trata de aprender en todo, crecer a porfía, reconocer que Dios mismo es quien nos pastorea en todo y por todo cuanto sucede.

Hay que ser, eso sí, ovejas de su redil que escuchan su voz; por tanto, excusar siempre a los demás y acusarse uno mismo para ver en qué puedo corregirme o en qué puedo crecer aun más para complacer a Dios, no tanto los hombres. A Él tenemos que rendir cuentas y Él lleva nota de todo. No hay privilegiados ante Dios. A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá, y a quien tiene se le dará aún más, y tendrá en abundancia, de sobra. Nos envía para que llevemos mucho fruto.


* Un paso más, el octavo: verlo todo desde la fe; nadie nos ha ofendido, sino que Dios lo ha permitido para nuestro bien. No nos enredemos en consideraciones humanas de causas segundas; no ha sido la casualidad, ni la mala suerte, ni la maldad humana, ni la necesidad fatalista… Es Dios quien ha permitido todo lo que nos pasa, los demás no pueden hacer nada que Dios previamente no autorice.

Porque sólo Él es Dios: “Dios es fiel, y no permitirá que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas”. Dios, por supuesto, no quiere el mal, pero es capaz de transformar el mal en bien, no para todos sino para aquellos que perseveran en la oración humilde y también imitan el ejemplo de Jesucristo. Dice san Pablo que “todo contribuye para el bien de los que Dios ama o que aman a Dios”.

Por consiguiente, nada ni nadie puede arrebatar la paz al creyente; él se siente en manos de su Padre y permanece impasible e inexpugnable. Nada ni nadie puede empañar la felicidad de los elegidos de Dios, los verdaderos hijos de Dios. Su felicidad no depende de las circunstancias externas, ni de la correspondencia de los humanos, ni siquiera del propio cónyuge o de los hijos.

En fin, la felicidad depende de uno mismo y de Dios, básica y principalmente. Si mi felicidad dependiera de algo exterior a mí, Dios sería injusto porque yo no sería libre, no sería persona, ni Cristo sería el Señor.


* En noveno lugar, es preciso renunciar a llevar la razón o reivindicar mis derechos. Renunciar a que me hagan justicia los humanos algún día. Renunciar lo más decididamente posible, borrar esa posibilidad como condición para comenzar a vivir en paz. Entregar a Dios mis derechos: que Él haga justicia, que los asuntos de Dios sean más importantes que los míos… al fin y al cabo, ¿quién soy yo? ¿Qué me he creído?

Renunciar quiere decir también perdonar, entregarlo a Dios todo y olvidar, poder respirar hondo y sacarse de encima ese peso que oprimía; sentirse liberado de esa maraña asfixiante. Entregarlo todo, desatar a mi hermano, dejarlo libre ante Dios, y olvidar para siempre esa pesadilla que no nos dejaba vivir, pues teníamos que estar custodiando a nuestro hermano maniatado y encarcelado por nuestro resentimiento y venganza.

Más aun, rezar por la persona que nos ofendió, pedir lo mejor para ella. Al rezar estamos ejercitando el amor hacia ese hermano. Ahora tratamos incluso de bendecir a Dios por todo lo que pasó ya que fue para nuestro bien y para su gloria. Bendecimos a Dios, no por el mal, sino porque su amor es infinito hacia nosotros y hacia el hermano; y saca bien siempre aunque sea de lo malo, porque Él no se mueve por las apariencias, ni según el criterio humano, sino según su gran misericordia.

Ya no se ve con malos ojos que Dios sea bueno con el hermano, y que haga lo que quiera con él. Tiene derecho a hacerlo; nosotros no tenemos al Esposo, oímos su voz y nos alegramos, y esto es bastante y suficiente; es nuestra herencia perpetua y nuestra medida rebosante que recibimos siempre del Señor. ¡Gloria al Señor, Padre de todos! ¿Por qué íbamos a ver con malos ojos que Dios sea bueno? ¿No es Él el único Dios?


Para concluir, podríamos ejercitarnos en la práctica del perdón, fomentando sentimientos de compasión, interés y sobreabundancia de cariño, siempre y por sistema, respecto de todos nuestros hermanos, sin excepción, sea cual fuere su situación social, religiosa, familiar, moral, política, etnológica, cultural. De esta forma entraríamos en el mundo ancho y maravilloso del amor infinito de Dios que nos hace realmente hijos suyos.

Estas actitudes cristianas son especialmente hoy necesarias, pues la globalización hace que nos lleguen las noticias buenas, pero también y con mayor frecuencia las malas. Y ante las injusticias y el poder del mal en el mundo, estamos tentados de desesperanza, de reniego, de radicalismos que no son evangélicos.

Permanecer en el amor y la compasión, inocentes como palomas y prudentes como serpientes… viene a ser hoy como un milagro para nosotros… Permanecer en la misericordia incondicional hacia todo ser humano es nuestra tarea más urgente, quizás, y nuestro mayor testimonio frente a tanto radicalismo y violencia de los que no conocen a Dios. Pues por sus obras los conocerán…

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones para el noveno día

9. Dios Todopoderoso, que gobiernas el mundo con sabiduría y amor y que juzgas a cada uno según sus obras con justicia y misericordia,
– ayúdanos, por intercesión de santa Rita, a no juzgar a nadie, para ser libres de todo mal, y servirte con verdad y tranquilidad.

10. Oh Dios, el único Santo, que nos mandas perdonar siempre para llegar a ser verdaderos hijos tuyos,
– concédenos, por intercesión de santa Rita, poder perdonar con sinceridad a nuestros enemigos y gozar de tu paz abundante.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve


Novena a Santa Rita de Casia (8), 20.5.16

mayo 20, 2016

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OCTAVO DÍA

RITA, ESPOSA DE JESUCRISTO


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Recordemos en primer lugar que Rita vivió en los siglos XIV y XV, en el Quattrocento, es decir, en la época de la espiritualidad gótico-renacentista, marcada por el descubrimiento de lo humano, de la belleza natural.

En el aspecto religioso, estos siglos se caracterizan por una espiritualidad centrada en la contemplación piadosa de la santa humanidad de Cristo, y no tanto en la divinidad estática e impasible preferida por la espiritualidad bizantina y románica.

En estos tiempos prevalece la veneración de los misterios del nacimiento, bautismo, pasión y muerte del Señor.

Rita recibió del ambiente religioso y cultural esta espiritualidad. Todos sus biógrafos destacan la temprana piedad de Rita todavía niña y adolescente.

Dice la tradición que a los trece años se retiró a una habitación para dedicarse a la penitencia y a las prácticas de piedad, venerando la santa humanidad de Cristo sobre todo en su pasión y muerte.

Rita amó tiernamente a Cristo humanado, el único rostro del Dios invisible. Sintió particular compasión por el Cristo sufriente.

Cuentan, además, las crónicas que pasaba largos ratos en profunda adoración ante Jesús Sacramentado. También lo veneraba en las personas afligidas por la pobreza o la enfermedad.

Los sentimientos de ternura, compasión y amor sincero que profesaba al Cristo adolorido, los proyectaba también hacia los pobres, hacia los más necesitados. Compartía con ellos vestidos y alimentos.

De esta forma, la espiritualidad de Rita era profundamente alegre y humanizadora: entendía que Cristo la había amado hasta entregarse por ella, y que, por tanto, ella debía corresponder a ese amor infinito con todas sus fuerzas y con todas las consecuencias.

Como se lo había demostrado Jesús a Rita y a todos nosotros, hasta el extremo.

Rita contemplaba admirada ese torrente de amor que llegaba hasta ella, lo agradecía ensimismada y se dejaba invadir del Espíritu del Amor Hermoso para poder, consiguientemente, transmitirlo a los hermanos y devolverlo al mismo Dios, multiplicado.

Con san Pablo, Rita exclamaba: ¡Él me amó y se entregó por mí; fui alcanzada por el amor de Dios cuando era pecadora. Él me amó primero!

Aceptaba gozosa los sufrimientos de la vida: en primer lugar, para imitar a Cristo y compartir sus dolores redentores porque “amor con amor se paga”; y, en segundo lugar, los ofrecía por sus propios pecados, por la conversión y la santificación de su prójimo comenzando por su misma familia y después por sus hermanas de comunidad.

Así Rita suplía lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo para llegar hasta sus hermanos. Es decir, prolongaba los sufrimientos redentores de Cristo hasta hacerlos efectivos en favor de sus hermanos, en su familia, en su comunidad conventual.

5. Fuentes bíblicas

Rita respondió tiernamente al requerimiento de Jesús que busca consoladores, según aquel texto de Lamentaciones 1, 12.19.21.16.17:

Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. Llamé a mis amigos, pero me traicionaron. Oye cómo gimo, no hay quien me consuele.

Por eso lloro yo, mis ojos se deshacen en lágrimas porque está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Sión tiende sus manos: no hay quien la consuele.

Rita acompañó y consoló al Siervo sufriente de Isaías:

… Hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento… estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban, y nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado.

Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Fue detenido y enjuiciado injustamente sin que nadie se preocupara por él (Isaías 53, 2-9).

Rita, invadida por los sentimientos más ardientes de caridad y de dolor, pidió al Crucificado con muchas lágrimas: “Oh Jesús, hazme partícipe de tus dolores”, y Cristo le concedió el estigma de la espina.

Así pudo exclamar con san Pablo: Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús (Efesios 6, 17).

Y también: Al presente, me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su Cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1, 24-25).

Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que me toca vivir, lo vivo transformado por la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gálatas 2, 20).

También Rita dijo con su vida lo que escribió san Pablo a los Corintios:

Nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! Él, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado (1 Corintios 1, 23-24).

Me propuse no saber otra cosa entre ustedes sino a Cristo Jesús y a éste crucificado (1 Corintios 2, 2).

Dios me libre –exclamaba también san Pablo– de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Por último, Rita sublimaba todo sufrimiento, porque en verdad lo que sufrimos en la vida presente no se puede ni comparar con la gloria que se manifestará después en nosotros (Romanos 8, 12).

Preguntado Jesús sobre el mandamiento principal, contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Al Señor tu Dios amarás con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

Y después viene éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Marcos 12, 29-31).


6. Consideraciones bíblicas y agustinianas

Como buena hija de Agustín, Rita llenó su vida del amor a Dios y al prójimo. Nada más justo y legítimo, porque el amor constituye el núcleo de la espiritualidad agustiniana.

El amor fue el motor de toda la vida de Agustín, la meta siempre perseguida y siempre inalcanzable, hilo conductor de su pensamiento y sus escritos.

La Regla que escribió para los monasterios la encabeza así: “Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado”.

Y al concluirla, resume así su intención: “El Señor os conceda cumplir todo esto por amor, como realmente enamorados de la belleza espiritual; y exhalando el buen perfume de Cristo con vuestra ejemplar convivencia”.

Tratando de acercarnos a la experiencia y enseñanza agustiniana diríamos, en primer lugar, que el plan de Dios y la gracia de Dios llevan al hombre más por la vía afectiva que por la intelectiva. Aceptamos la gracia de Dios en nosotros porque nos proporciona gusto y deleite en las cosas santas.

El hombre está hecho más para gozar que para entender: el imán que más atrae al alma es el amor. El alma humana es particularmente vulnerable al amor; es como la debilidad del hombre.

Por tanto, el hombre, necesaria y libremente, siente, busca y descansa sólo en la fruición del amor y del bien. El hombre busca ser feliz como la meta más añorada, y buscando la felicidad se mueve en todo su pensar y quehacer.

Pero aquí entra el misterio del pecado. ¿Por qué el hombre, si busca la felicidad por encima de todo, escoge el mal, el pecado, su propia perdición?

Porque es engañado: se le presenta un mal bajo apariencia de bien y cae. Elige un bien finito que le agrada de momento, pero que le aparta del bien supremo e infinito. Ese bien finito, se convierte en un mal porque el hombre sólo se saciará con el Bien de Dios, y el bien finito le deja más insatisfecho e infeliz, esclavo de las criaturas.

El hombre se autoengaña por instigación del diablo, que lo enreda en el disfrute de las cosas creadas, al margen de Dios, y aun en contra de Dios.

De esta forma, el hombre no sólo usa, sino que abusa de las cosas, cayendo en la codicia y haciéndose tan vano como las cosas mismas que le tienen atrapado.

Porque somos lo que amamos, dirá san Agustín, parafraseando este texto suyo: “Cada cual es lo que es su amor: amas la tierra, tierra eres; amas a Dios, no me atrevo a decirlo yo, escucha la Escritura: Yo dije: sois dioses e hijos todos del Altísimo”.

Por gracia, Dios nos inspira su amor; por el que podemos, en primer lugar, deleitarnos en sus mandatos y, en segundo lugar, desear y amar lo que nos manda. Así el que ama, no siente el trabajo y, por otra parte, cualquier trabajo resulta pesado para quienes no aman.

Por eso exclamará san Agustín: “Ama, y haz lo que quieras”. Porque de la raíz de la caridad no puede salir sino el bien; así como de la codicia salen todos los males (1 Timoteo 6, 10).

De todo esto se deduce que el camino de la perfección coincide con el camino de la caridad. El progreso en la vida cristiana se medirá por el amor alcanzado a Dios, al prójimo y a uno mismo.

San Agustín dirá: “Caminan los que aman, pues no corremos hacia Dios con nuestros pasos sino con nuestros afectos”.

La perfección cristiana consiste en imitar el amor de Dios o la santidad de Dios, pues son equivalentes: “Sed santos porque Yo soy santo. Sed perfectos como el Padre Celestial es perfecto”, es decir, misericordioso y paciente, que manda la lluvia sobre buenos y malos, que hace brillar el sol sobre justos y pecadores.

Amar a Dios sin medida, por puro amor y sin esperanza de recompensa; y al prójimo como a nosotros mismos, y por amor a Dios: Éste es el camino agustiniano del amor.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos resumen la prioridad del amor en la familia agustiniana: El carisma agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de su Iglesia.

Elemento primordial del patrimonio de san Agustín y de la Orden es la contemplación, que es “vida bajo el amparo de Dios, vida con Dios, vida recibida de Dios, vida que es Dios mismo”; y, también, la entrega total e incondicionada del hombre a Dios.

El agustino recoleto se siente referido a Dios como a fin último y único. El conocimiento y el amor de Dios, sin otra recompensa que el mismo amor, constituyen el ejercicio del “amor casto”, de la contemplación, que es el principal cuidado del religioso en esta vida, y que se convertirá en felicidad perfecta en el reino celestial” (Constituciones, nn. 6, 8 y 9).

A continuación reproduzco una oración usada tradicionalmente para contemplar los sufrimientos y la pasión del Señor y también para expresar los sentimientos de arrepentimiento y dolor de los pecados que han provocado la pasión del Crucificado.

Un dolor no sólo de atrición o afligimiento sino incluso de contrición. La paternidad literaria de la siguiente oración es discutida. Algunos críticos la creen “agustiniana”. Reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones para el octavo día

9. Dios Todopoderoso, que concediste a Rita por medio del Espíritu ser revestida de los sentimientos de Cristo,
– ayúdanos, por intercesión de santa Rita, a practicar la obediencia y el silencio en el seguimiento de tu Hijo en nuestros hogares, y en la vida común.

10. Oh Santo Espíritu, derramado en nuestros corazones,
– concédenos, por intercesión de santa Rita, poder contemplar los sufrimientos de Cristo con tal amor que podamos descubrirlo presente en el dolor de nuestros hermanos a los que tratamos de servir en el hogar y en la comunidad de hermanos.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve