El maná de cada día, 17.6.18

junio 16, 2018

XI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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La semilla germina y crece

La semilla germina y crece



Antífona de Entrada: Sal 26, 7. 9

Escúchame, Señor, que te llamo. Tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.


Oración colecta

Oh, Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha con bondad nuestras súplicas y, pues sin ti nada puede la fragilidad de nuestra naturaleza, concédenos siempre la ayuda de tu gracia, para que, al poner en práctica tus mandamientos, te agrademos con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Ezequiel 17, 22-24

Esto dice el Señor Dios: Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel; para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas.

Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.


SALMO 91, 2-3. 13-14. 15-16

Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad.

El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios.

En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad.


SEGUNDA LECTURA: 2 Corintios 5, 6-10

Hermanos:

Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.


ALELUYA

La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra vive para siempre.


EVANGELIO: Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.


Antífona de comunión: Sal 26, 4

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.
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LA FIDELIDAD A LA GRACIA

P. Francisco Fernández Carvajal

La gracia de Dios da siempre sus frutos si nosotros no le ponemos obstáculos.

El Evangelio de la Misa (1) nos presenta una pequeña parábola, que recoge sólo San Marcos. Nos habla en ella el Señor del crecimiento de la semilla echada en la tierra; una vez sembrada crece con independencia de que el dueño del campo duerma o vele, y sin que sepa cómo se produce.

Así es la semilla de la gracia que cae en las almas; si no se le ponen obstáculos, si se le permite crecer, da su fruto sin falta, no dependiendo de quien siembra o de quien riega, sino de Dios que da el incremento (2).

Nos da gran confianza en el apostolado considerar frecuentemente que «la doctrina, el mensaje que hemos de propagar, tiene una fecundidad propia e infinita, que no es nuestra, sino de Cristo» (3).

En la propia vida interior también nos llena de esperanza saber que la gracia de Dios, si nosotros no lo impedimos, realiza silenciosamente en el alma una honda transformación, mientras dormimos o velamos, en todo tiempo, haciendo brotar en nuestro interior –quizá ahora mismo, en la oración- resoluciones de fidelidad, de entrega y de correspondencia.

El Señor nos ofrece constantemente su gracia para ayudarnos a ser fieles, cumpliendo el pequeño deber de cada momento, en el que se nos manifiesta su voluntad y en el que está nuestra santificación. De nuestra parte queda aceptar esas ayudas y cooperar con generosidad y docilidad.

Sucede al alma algo parecido a lo que le ocurre al cuerpo: los pulmones necesitan aspirar oxígeno continuamente para renovar la sangre. Quien no respira, acaba por morir de asfixia; quien no recibe con docilidad la gracia que Dios da continuamente, termina por morir de asfixia espiritual (4).

Recibir la gracia con docilidad es empeñarnos en llevar a cabo aquello que el Espíritu Santo nos sugiere en la intimidad de nuestro corazón: cumplir cabalmente nuestros deberes –en primer lugar todo lo que se refiere a nuestros compromisos con Dios-; empeñarnos con decisión en alcanzar una meta en una determinada virtud; llevar con garbo sobrenatural y sencillez una contrariedad que quizá se prolonga y nos resulta costosa…

Dios que nos mueve interiormente, recordándonos a menudo las orientaciones recibidas en la dirección espiritual, y cuanto mayor es la fidelidad a esas gracias, mejor nos disponemos para recibir otras, más facilidad encontramos para realizar obras buenas, mayor alegría hay en nuestra vida, porque la alegría siempre está muy relacionada con la correspondencia a la gracia.

(1) Mc 4, 26-32. – (2) Cfr. 1 Cor 3, 5-9. – (3) J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 159. – (4) Cfr. R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, vol. I, p. 104.

http://www.mercaba.org

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El maná de cada día, 27.5.18

mayo 26, 2018

Solemnidad de la Santísima Trinidad, Ciclo B

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Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!»

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!»

 

Antífona de Entrada

Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros.

Oración colecta

Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio; concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»


SALMO 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió con heredad.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 14-17

Hermanos:

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.

Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritan «¡Abba!» (Padre).

Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.


Aclamación antes del Evangelio: Ap 1, 8

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.

EVANGELIO: Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les habla indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»


Antífona de comunión: Ga 4, 6

Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá! Padre.


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ANTE TI ESTÁ MI CIENCIA Y MI IGNORANCIA

San Agustín (La Trinidad XV, 28, 51)

Señor y Dios mío, en ti creo, Padre, Hijo y Espíritu Santo. No diría la Verdad: Id, bautizad a todos los pueblos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 19), si no fueras Trinidad. Y no mandarías a tus siervos ser bautizados, mi Dios y Señor, en el nombre de quien no es Dios y Señor. Y si tú, Señor, no fueras al mismo tiempo Trinidad y un solo Dios y Señor, no diría la Palabra divina: Escucha, Israel: el Señor tu Dios es un Dios único (Dt 6, 4).

Y si tú mismo fueras Dios Padre y fueras también Hijo, tu palabra Jesucristo, y el Espíritu fuera vuestro Don, no leeríamos en las Escrituras canónicas: Envió Dios a su Hijo (Gál 4, 4; Jn 3, 17); ni tú, ¡oh Unigénito!, dirías del Espíritu Santo: Que el Padre enviará en mi nombre (Jn 14,26), y que yo os enviaré de parte del Padre (Jn 15, 26).

Fijé mi atención en esta regla de fe; te he buscado según mis fuerzas y en la medida en que tú me hiciste poder, y anhelé ver con mi inteligencia lo que creía mi fe, y disputé y me afané en demasía. Señor y Dios mío, mi única esperanza, óyeme para que no sucumba al desaliento y deje de buscarte; ansíe siempre tu rostro con ardor. Dame fuerzas para la búsqueda, tú que hiciste que te encontrara y me has dado esperanzas de un conocimiento más perfecto.

Ante ti está mi firmeza y mi debilidad; sana ésta, conserva aquélla. Ante ti está mi ciencia y mi ignorancia; si me abres, recibe al que entra; si me cierras, abre al que llama. Haz que me acuerde de ti, te comprenda y te ame. Acrecienta en mí estos dones hasta la reforma completa.

Sé que está escrito: En las muchas palabras no estás exento de pecado (Prov 10, 19). ¡Ojalá sólo abriera mis labios para predicar tu palabra y cantar tus alabanzas! Evitaría así el pecado y adquiriría abundancia de méritos, aun en la muchedumbre de mis palabras. Aquel varón amado de ti no habrá ciertamente aconsejado el pecado a su verdadero hijo en la fe, cuando le escribe: predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo (2 Tim 4, 2).

¿Acaso se podrá decir que no habló mucho el que no callaba tu palabra ni a tiempo ni a destiempo? No, no era mucho, pues todo era necesario. Líbrame, Dios mío, de la muchedumbre de palabras que padezco en mi interior, en mi alma, mísera en tu presencia y acogida a tu misericordia.

Cuando callan mis labios, no guardan silencio mis pensamientos. Y si sólo pensara en las cosas que son de tu agrado, no te rogaría que me librases de la abundancia de mis palabras. Pero son muchos mis pensamientos; tú los conoces: son pensamientos humanos, pues son vanos. Otórgame no consentir en ellos, sino haz que pueda rechazarlos cuando siento su caricia; nunca permitas que me detenga adormecido en sus halagos. Jamás ejerzan sobre mí su poderío ni pesen en mis acciones. Con tu ayuda protectora sea mi juicio seguro y mi conciencia esté al abrigo de su influjo.

Hablando el sabio de ti en su libro, hoy conocido con el nombre de Eclesiástico, dice: Muchas cosas decimos, sin acabar nunca; sea la conclusión de nuestro discurso él mismo (43,29).

Cuando arribemos a tu presencia, cesarán estas muchas cosas que ahora hablamos sin entenderlas, y tú permanecerás todo en todos, y entonces modularemos un cántico eterno, loándote a un tiempo todos unidos en ti.

Señor, Dios uno y Dios Trinidad, cuanto queda dicho en estos mis libros porque tú me lo has inspirado, conózcanlo los tuyos; si algo hay en ellos de mi cosecha, perdónalo tú, Señor, y perdónenme los tuyos. Así sea.


Santa Rita de Casia: Vida breve

mayo 21, 2018

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Santa Rita de Casia, mística de la Pasión del Señor. Estigma de la espina.

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INTRODUCCIÓN

La finalidad de esta entrada sobre Santa Rita de Casia

Amable lector, santa Rita es una figura señera en la familia agustiniana. Suele ser conocida como la mujer que pasó por todos los estados de la vida con gran entereza cristiana. Esa particularidad condujo a Rita a vivir de una manera especial la vocación fundamental de todo bautizado: el amor a Dios y al hermano.

Además, en los últimos cuarenta años de su vida cristiana, Rita pudo extraer las últimas consecuencias del bautismo consagrándose a Dios como esposa del Cordero, como monja. De esta manera nos ayuda a comprender las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Y también nos da ejemplo a los que hemos recibido ese don.

Por eso, santa Rita constituye una verdadera joya en la familia agustiniana que nosotros, como agustinos, debemos compartir con toda la Iglesia. De esta forma Rita seguirá luciendo como un ejemplo luminoso para muchísimas personas en nuestros tiempos.

Eso es lo que pretendo precisamente con las entradas que, Dios mediante, iré colgando en esta páginare. Intentaré dar a conocer a todos, pero en particular a las mujeres, la grandeza y santidad de Rita para que les sirva de apoyo y estímulo en las diversas situaciones de la vida.

Como se desprende de lo anterior, la finalidad de esta página es pastoral tanto en la parte biográfica como en la novena. Sobre todo en ésta, trataré de acoger y acompañar el crecimiento espiritual de muchas personas en su vida personal y familiar, a la luz de los ejemplos de santa Rita. Pretendo ayudarles en su carrera hacia la santidad que es la vocación de todo bautizado.

El contenido bíblico y doctrinal de la novena en honor de santa Rita gira en torno a dos polos que son prioridad en la nueva evangelización a la que nos está llamando reiteradamente la Iglesia y que la Orden trata de llevar adelante: la familia, la vida, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones  y las vocaciones, tanto las laicales como las de especial consagración.

Resumo el contenido de la novena y su enfoque diciendo que en ella se ofrecen unos apuntes de evangelización tipo personalista y familiar, más vivenciales que teóricos, con fundamentos bíblicos y agustinianos, trenzados en torno a la figura legendaria de santa Rita de Casia.

Ésta es precisamente la envoltura que la tradición ha elaborado para transmitirnos íntegra la invalorable obra de arte de la gracia de Dios: santa Rita de Casia, nuestra hermana, especial abogada ante Dios en las situaciones difíciles.

Sin excluir a nadie, estas consideraciones las ofrezco de manera especial a las madres y esposas afiliadas a la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta y a la Asociación de Madres Cristianas Santa Mónica. Ojalá que descubran en santa Rita el modelo cercano y seguro que les lleve al Evangelio: a la felicidad de una vocación totalmente lograda.

Quiera el Señor, el único santo, glorificarse en esta pequeña contribución a la tarea eclesial y agustiniana por volver a las fuentes de la santidad. Divulgando y compartiendo los dones específicos del Señor a nuestra familia agustiniana, contribuiremos al embellecimiento de la Iglesia, esposa de Cristo, en los umbrales del tercer milenio.

María, la estrella de la evangelización, interceda por nosotros, ante su Hijo, luz del mundo. Ella, que es Madre de consolación, enjugue las lágrimas de las madres y esposas, y las fortalezca para construir día a día, con todos los suyos, verdaderos hogares cristianos, templos de Dios en el mundo y semilleros de vocaciones a la santidad.

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

NOTA: Los apartados de esta entrada seguirán de cerca los contenidos publicados por Ed. Paulinas, grupo editorial latinoamericano, en Caracas, enero de 2005, con el título Santa Rita de Casia, Vida breve y Novena, del mismo autor. Salvo indicación expresa en otro sentido. Con la debida autorización. Gracias a la Editorial.

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SANTA RITA DE CASIA

Vida breve

Santa Rita es una de las santas más populares de toda la cristiandad. Sus perfiles biográficos e históricos nos han llegado envueltos en los ropajes ampulosos de la literatura hagiográfica y de la épica religiosa.

A la mentalidad crítica histórica le incomoda ese estilo. Pero quizá sea esta característica la que hace más cautivadora la personalidad de nuestra Santa, la sal que mejor conserva la riqueza de su patrimonio espiritual válido para todos los tiempos.

Sin embargo, santa Rita no ha caído del cielo. Emerge de nuestro suelo y crece en nuestra tierra fecundada por el Evangelio. Surge en el seno de un hogar cristiano. Se alimenta de valores cristianos, específicamente agustinianos.

Florece en santidad viviendo los distintos estados de vida en el mundo, y culmina su peregrinación terrena dentro del claustro como religiosa agustina. Recorramos con devoción los hitos biográficos e históricos más importantes de santa Rita de Casia.


1.  Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita


2.  Juventud y matromonio de santa Rita. Viudedad.


3.  Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.


4.  Muerte de santa Rita. Taumaturga


5.  Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita


6.  Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.

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1    Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita.

La vida de santa Rita transcurre entre los siglos XIV y XV, en el ocaso de la Edad Media que da paso al Renacimiento. Los autores colocan su nacimiento en torno al año 1381 y su muerte hacia el 1457. Vivió, por tanto, 76 años.

Se desposó a los 15 años. Habría vivido 18 años de casada, y, después de tres años de viudedad en Rocaporrena, habría entrado al convento de las agustinas de Casia. Tenía 36 años. Al año siguiente hizo la profesión como religiosa y vivió sus últimos 40 años consagrada a Dios.

Los últimos 15 años sufrió el estigma de la espina del Crucificado en la frente, y vivió medio recluida en su celda. Salió del convento para viajar a Roma el año 1450 a fin de ganar el jubileo del año santo. Los últimos cuatro años los pasó en cama, gravemente enferma.

Estos datos se deducen de las fuentes históricas, de la tradición y de las leyendas con las que el pueblo cristiano adornó la existencia de santa Rita. Que nos sirvan esos datos como puntos de referencia para comprender mejor el mensaje espiritual que nos transmite nuestra Santa.

Santa Rita nació el año 1381 en Rocaporrena, aldea perteneciente a Casia, ciudad de la Umbría italiana, situada a unos 150 kilómetros al norte de Roma. En Rocaporrena vivían unas cuarenta familias.

Casia era una ciudad-fortaleza, capital de un pequeño condado que funcionaba como una república relativamente autónoma. Tenía dominio sobre 23 castillos y de ella dependían unas 40 aldeas, entre las que se contaba Rocaporrena, a sólo cinco kilómetros de distancia.

Casia era un centro comercial y político importante, bien comunicada. Se ubicaba en la zona fronteriza entre el reino de Nápoles y los Estados Pontificios. Por eso estaba expuesta a las reyertas entre los güelfos o romanos, partidarios del Papa, y los gibelinos, partidarios del Emperador alemán.

 A Rita, pues, le tocó vivir en tiempos especialmente marcados por convulsiones políticas, sociales y religiosas. En el tiempo, santa Rita es contemporánea de san Bernardino de Siena (1380-1444) y de san Juan Capistrano (1386-1456).

La Iglesia vive, en ese tiempo, momentos difíciles por distintos motivos, entre ellos, el Cisma de Occidente (1378-1417). Eso no impide que se den frutos de santidad como los anotados. Casia pertenece eclesiásticamente a la arquidiócesis de Espoleto.

Ciudades cercanas a Casia y notables por los muchos santos que en ellas nacieron o vivieron son: Asís, Tolentino, Montefalco, Loreto, Perugia, Rieti y Nurcia.

En Casia se respira un ambiente religioso intenso. Hay bastante clero secular y muchas iglesias. Desde hace tiempo se instalaron en Casia los frailes agustinos y los franciscanos. Los agustinos llevan más de un siglo, es decir, desde el comienzo de la Orden, la Gran Unión de 1256.

En sus alrededores había eremitorios agustinos, de hombres y probablemente también de mujeres. Algunas leyendas colocan a Rita en un eremitorio de Rocaporrena.

En Casia los agustinos tenían un convento con una iglesia dedicada a san Agustín. En ella se daba culto además a san Juan Bautista y a san Nicolás de Tolentino, que serán los tres protectores de santa Rita.

Y también había dos monasterios de agustinas: el de Santa Magdalena y el de Santa Lucía.

Los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Son artesanos que viven en la aldea de Rocaporrena. Son gente muy honesta y profundamente religiosa. Pertenecen a familias distinguidas o, al menos, bien situadas y apreciadas en la sociedad.

No tuvieron más que una única hija: Rita. La consideraron un regalo de Dios, ya que según la leyenda eran estériles.

Desempeñan el oficio cívico de “juzgado de paz o de reconciliación” en las disputas y juicios entre los vecinos del pueblo y alrededores. Son llamados “pacificadores de Jesucristo”.

El nacimiento de Rita fue adornado por la literatura hagiográfica de Florecillas con rasgos y curiosidades tomados de los nacimientos milagrosos de Isaac, Sansón, Saúl, y de san Juan Bautista.

Así se dice que santa Rita nace de padres ya ancianos y estériles. Es anunciada a sus padres por un ángel del cielo que les revela el nombre que llevaría. Su nacimiento produce gran alegría en el pueblo.

Al bautizarla, en la Colegiata Santa María de la Plebe de Casia, le pusieron el nombre que había anunciado el ángel: Margarita, que significa “piedra preciosa” o “perla”; pero fue más conocida por su nombre de cariño, “Rita”; y así ha pasado a la posteridad.

Sobre su infancia corrió de boca en boca la leyenda de las abejas. Los padres habían dejado a la niña Rita en la cuna a la sombra de un árbol mientras laboraban en el campo. De pronto vieron revolotear alrededor de la cuna un enjambre de abejas blancas que entraban y salían de la boca de la niña sin causarle ningún daño y elaboraban en sus labios un panal de miel.

Un labriego que intentaba ahuyentar a las abejas fue curado de una herida en la mano. Los padres y el campesino se abrazaron dando gracias a Dios.

Aunque el relato tiene como fondo la aldea de Rocaporrena, en el monasterio de Casia se muestran hasta hoy las llamadas “abejas de santa Rita” que producen ricos panales de miel en las grietas de la pared del convento.

Rita va creciendo en un ambiente familiar muy religioso y aleccionador, pues sus padres hacen de su vida una constante oración, de práctica religiosa, laboriosidad, ejercicio de la reconciliación y de amor a los pobres con los que comparten sus bienes.

En consecuencia, se cuenta que desde muy niña Rita se interesó por la oración y se distinguió por su vida piadosa y caritativa. Particularmente era devota de Jesús Crucificado. Con frecuencia se retiraba a orar en una habitación de la casa donde había construido una especie de ermita.

Rita creció como una muchacha normal del pueblo, ocupada en la casa, sola o con amigas, y acompañando a sus padres en las prácticas religiosas.

Además de su padres, influyeron en la educación de la pequeña Rita, una prima suya mayor que ella, Catherina Antonii Mancini, que se hizo religiosa agustina. Es muy probable que Catherina influyese en la inclinación de Rita a la vida religiosa. De hecho acudía frecuentemente a visitarla.

También se cita a un ermitaño agustino que instruía a la joven Rita. Es casi seguro, pues, que recibiera alguna enseñanza escolar y que aprendiera a leer.

Además de estos indicios, existe otro dato a favor de tal suposición: inmediatamente después de su muerte la pintaron, en su propio ataúd, con un libro abierto en la mano. Sin embargo y a pesar de lo expuesto, no se conserva ni su autógrafo ni una sola letra suya.



2   Juventud y matrimonio de santa Rita. Viudedad.

Rita creció como una muchacha normal: debió de tener una constitución delicada pero sana, de estatura normal para entonces o más bien baja, de acuerdo a los retratos del ataúd y a sus dimensiones, 158 centímetros de largo.

En su juventud pensó hacerse religiosa, probablemente agustina, porque era muy conocido en la comarca el convento de las agustinas de Casia.

Sin duda, Rita habría estado muchas veces en Casia: la primera vez, la llevaron para ser bautizada, después habría acompañado a sus padres para hacer compras o diversas diligencias, para asistir a ceremonias religiosas, procesiones, o para escuchar a famosos predicadores.

Así que debía de conocer a los frailes agustinos y a las monjas agustinas. Además, los agustinos, más que los franciscanos, atendían espiritualmente las aldeas y capillas de los alrededores de Casia, al menos en ciertas celebraciones.

Sin embargo, la vocación religiosa no la pudo seguir de momento, porque los padres creyeron que lo mejor para ella era el matrimonio. En aquel tiempo era costumbre que los padres arreglaran el matrimonio de los hijos, pero no hasta el punto de obligarlos en un sentido o en otro.

Los padres de Rita se preocupaban del futuro de su hija única y buscaron lo mejor para ella. A Rita le salió pronto un pretendiente. Se llamaba Pablo Fernando Manzini, y era hijo de un oficial del Castillo de Collegiacone. Debido a este origen, algunos autores lo califican de soldado o militar.

Los padres de Rita lo consideraron buen partido para su hija y abrigaron la esperanza de que la haría feliz. Cuenta, por otra parte, la tradición que Fernando era un joven impulsivo, temperamental y resentido. Para destacar la paciencia de Rita algunos biógrafos han exagerado los defectos de Fernando.

Sin embargo éste no pudo ser tan conflictivo antes de casarse, pues entonces los padres de Rita no la hubieran animado tanto a casarse con él, sino más bien habrían tratado de disuadirla. Es también probable que, una vez casado, los defectos se agravaran, como suele suceder por lo general.

El caso es que Rita Lotti se desposó con Fernando y lo amó tiernamente formando con él un matrimonio bendecido por el Señor, dándole todo el valor del sacramento cristiano. La bondad de Rita superó las asperezas del marido e hizo posible una vida de paz y de concordia hogareña.

De la unión matrimonial nacieron dos hijos, según algunos autores, gemelos o morochos: Juan Santiago y Pablo María.

Dicen que Fernando llegó a maltratar alguna vez a Rita, pero ésta logró su conversión con paciencia, sacrificio, ternura y oración. Cuando parecía que todo funcionaba mejor en el hogar y cuando Fernando se iba retirando de las malas compañías, inesperadamente, fue asesinado junto al río Corno.

No sabemos exactamente la causa ni los responsables. Hechos así eran relativamente frecuentes en aquellos tiempos y particularmente en la ciudad de Casia y su entorno: bandolerismo, ajuste de cuentas, asaltos, asesinatos, venganzas, intrigas políticas.

Rita, gracias a su educación y a la madurez de su fe, logró perdonar de corazón y casi de inmediato a los asesinos. A los pies del Crucificado había aprendido a perdonar a los demás. Rita oraba por los que le habían arrebatado a su esposo y al padre de sus hijos. Era muy doloroso, pero Dios le concedía la gracia de poder perdonar.

A sus hijos Juan Santiago y Pablo María les resultaba muy difícil comprender lo sucedido y poco menos que imposible perdonar a los asesinos de su padre porque en aquellos tiempos se consideraba, con frecuencia, una obligación ineludible vengar la muerte de un ser querido.

Rita, como madre cristiana, suplicó insistentemente a sus hijos que perdonaran a los asesinos como lo hizo Jesús en la cruz. Con dolor de madre y con no menor fortaleza y abnegación de creyente, expresaba ante Dios sus deseos y pedía la ayuda divina para saberse comportar como madre y como cristiana. Sin embargo, no veía los frutos de su oración por sus hijos que seguían renuentes al perdón.

Llegó a pensar, e incluso a manifestarle a Dios en la oración, que prefería ver muertos a sus dos hijos, antes que verlos vengar la muerte de su padre. No quería verlos apartados de Dios por el odio y la venganza. Es decir, muertos espiritualmente.

Y cuenta la leyenda que Rita pidió a Dios que se los llevara de este mundo, antes de que se perdieran para siempre.

Se dice que por aquellos tiempos, una epidemia invadió Europa y llegó hasta Rocaporrena. Los hijos de Rita enfermaron y murieron víctimas de la peste, al poco tiempo de la muerte violenta de su padre, en el transcurso de un año.

Rita, pues, perdió en muy poco tiempo a toda su familia. Algo muy duro que puso a prueba su madurez espiritual. Entonces ella se queda a solas con su dolor, viuda, y sin los hijos de sus entrañas y de sus lágrimas.

Para la tradición los restos mortales de Fernando y de los dos hijos descansan en la Capilla de San Montano en Rocaporrena, su pueblo natal.

El comportamiento cristiano de Rita que practica el perdón, la oración y el amor a los asesinos de su esposo da la talla de su santidad. Este testimonio cristiano no se limita a su propio hogar.

Inmediatamente después de la muerte de su esposo, se afana con toda prudencia y valentía en lograr la reconciliación entre las dos familias afectadas por aquel asesinato. Las leyes de aquel tiempo exigían una reconciliación pública y un compromiso de paz expresado por los bandos encontrados o enemistados.

Debían recurrir hasta tres veces ante las autoridades o ante los jueces de paz o pacificadores para que así se garantizara la paz y la convivencia en la ciudad, en la sociedad.

Rita participó activa y casi protagónicamente en ese proceso de reconciliación. Así experimentó en su propia carne lo que había visto realizar tantas veces a sus padres en su oficio cívico y cristiano como pacificadores de Jesucristo.

Cumplida con éxito esta tarea de reconciliación, renacen en su corazón, con más fuerza que nunca, los deseos de entregarse totalmente al Señor en la vida religiosa. También es posible que la reconciliación de las familias fuera la condición para ingresar al convento, como veremos enseguida.

Sea lo que fuere, la verdad es que Rita piensa bien las cosas y las coloca en la oración, pidiendo las luces del Espíritu.

Por fin, se decide a golpear las puertas del convento de Santa María Magdalena de agustinas en Casia. La primera vez es rechazada, y la segunda, y la tercera.

Algunos biógrafos creen que era rechazada por su condición de viuda.
Sin embargo, parece que la viudedad no era de por sí un impedimento para ingresar al convento. Más bien, se cree que la dificultad para ser aceptaba radicaba en que era viuda de un marido asesinado, muerto violentamente.

Y mientras las partes implicadas no se reconciliaran, no podía ingresar al convento. Es decir, no podía introducir al convento el odio y la venganza de las familias enemistadas, pues dentro del convento podía haber monjas pertenecientes a uno u otro bando. En este caso, posibles monjas familiares o simpatizantes de los asesinos de Fernando, el esposo de Rita.

Si Rita quería ingresar al convento, antes debía dejarlo todo arreglado en el siglo: la reconciliación de las familias; la distribución de los bienes materiales; la probable dote entregada al convento. Pues en algunas representaciones pictóricas Rita aparece entregando dinero para reparar el convento.

Se supone que en el convento vivirían unas doce monjas. De siete de ellas conocemos los nombres.

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3. Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.

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Sea como fuere, al final logró el ingreso de una forma milagrosa. Primero, el milagro de la reconciliación. Y segundo, el que cuenta la tradición de la siguiente manera.

Una noche estaba Rita en Rocaporrena orando a sus santos protectores, Juan Bautista, Agustín y Nicolás de Tolentino, y pidiéndoles el ingreso al convento de las agustinas. Ya llevaba tres años empeñada en conseguir el ingreso al convento.

Pues bien, cuenta la tradición que Rita fue llevada en vuelo desde “La Roca”, un lugar alto y rocoso de Rocaporrena, por los aires, hasta el coro del convento de las agustinas de Casia, donde las monjas se la encontraron al ir a rezar las oraciones de la mañana.

Ellas consideraron el hecho como un milagro y de inmediato la aceptaron como postulante al noviciado. Corría el año 1417. En el lugar de La Roca, o del Scoglio se levantó una capilla en honor de la Santa que ha llegado hasta nuestros días.

Parece que era un lugar de oración para los lugareños y en especial para Rita. Algunos autores nos la retratan incluso como catequista presidiendo una procesión de rogativas pidiendo lluvia para los campos.

Al entrar en el convento Rita culmina una etapa de su vida que se habría desarrollado en Rocaporrena, en un ambiente familiar, sin protagonismos ni actividades mundanas, cercana a la gente sencilla de su aldea, dedicada íntegramente al servicio de los suyos y de los pobres.

Ella vivió en silencio, entregada a Dios con oraciones frecuentes en la medida en que se lo permitían sus obligaciones familiares y disfrutando constantemente de la presencia y compañía amorosa de Dios en todo momento, sobre todo, en las dificultades y sufrimientos.

En poco tiempo había vivido mucho. Había procurado por encima de todo no defraudar a las personas que Dios le había encomendado: sus padres, su esposo, sus hijos, y a los pobres. Rita se sentía satisfecha. Había merecido la pena sacrificarse por ellos. Se sentía plena y feliz. A todos los había acercado a Dios, de quien estaban ya gozando en el cielo.

Pero aún no había acabado su peregrinar. Dios todavía esperaba más de ella. Y Rita estaba dispuesta a recorrer el camino de la consagración religiosa en el convento, ayudada por los consejos que san Agustín dejó escritos en la Regla.

Cuentan las crónicas que Rita, una vez en el convento, se entregó con todas fuerzas a la observancia religiosa y a la oración, de manera que ya de novicia parecía una religiosa aventajadísima en la vida comunitaria y monástica. Al final del año de noviciado fue aprobada para formular sus votos de consagración: pobreza, castidad y obediencia.

Con ellos se consagraba a Dios para servirle con un corazón indiviso y se convertía en esposa de Cristo. Seguro que Rita vivió muy intensamente ese desposorio en santidad y justicia.

Para expresarlo la tradición narra que, al día siguiente de la profesión, Rita vio una escalera, como cuenta la Biblia del patriarca Job, con muchos peldaños que representaban todas las virtudes. Un extremo de la misma se apoyaba en la tierra y el otro tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles. En lo más alto estaba el Señor.

La visión significaba que Rita, ya en el año de noviciado, había practicado todas las virtudes escalando así las más altas cimas de santidad y de unión mística con Dios.

En el convento, al igual que en su pueblo de Rocaporrena, Rita no consta que desempeñara cargos de responsabilidad, que escribiera o tuviera dones de consejo, profecías, dirección espiritual.

No se conserva ni siquiera su autógrafo, ni una palabra suya. Nada. Lo suyo fue siempre servir a los demás, estar sometida a ellos por amor, y obedecer: primero en su familia, y después en el convento. Es la Santa del silencio, de la oración y del compromiso callado. Sumisa y obediente: primero a Dios y por él y en él a todos los demás.

Parece que en el convento formaba parte del grupo de monjas encargadas del rezo coral, porque en su ataúd la pintaron con un libro abierto en la mano. Las monjas analfabetas se ocupaban en trabajos manuales y no tenían responsabilidades en los rezos corales.

La imaginación popular y la tradición han elaborado algunas anécdotas o leyendas sobre la vida de santa Rita en el convento, no tanto para llenar vacíos, como para expresar de manera plástica la santidad, la práctica de las virtudes y los fenómenos místicos con los que Dios la bendijo.

Así, para resaltar la práctica de la obediencia y docilidad de Rita a Dios y a las hermanas, se cuenta que la madre abadesa le mandó regar un tronco de vid que estaba seco. Era algo absurdo. Pero Rita, dice la tradición, lo regó todos los días durante años, hasta que un buen día aquel tronco reverdeció, le brotaron tallos, creció y dio uvas.

Es una forma de resaltar la obediencia de la Santa. Hoy día se muestra al visitante la parra que luce frondosa y fecunda en el patio del convento.

Ya hemos visto que santa Rita, desde pequeña tuvo una gran devoción a Cristo crucificado. La espiritualidad románica que prefería la contemplación de la divinidad de Cristo, había dado paso a la espiritualidad gótica que adora la humanidad del Señor, y en particular considera con toda piedad y compasión los sufrimientos de su pasión y muerte.

Pues bien, la tradición cuenta que el día de Viernes Santo del año 1442, Rita, después de escuchar la predicación del padre Giacomo de la Marca sobre los sufrimientos de Jesús en la pasión y muerte, quedó tan conmovida que, postrada ante una pintura de Jesús Crucificado, le pidió compartir su dolor redentor.

Y fue tal su amor y compasión hacia el Redentor que, por una gracia especial, una espina de la corona del Crucificado se desprendió milagrosamente y fue a clavarse en la frente de Rita en el marco de un arrebato místico.

La espina le produjo una herida dolorosa y nauseabunda que la obligaba a recluirse en su propia celda por el mal olor que despedía, y le acompañó el resto de su vida. Sólo llegó a cicatrizar durante el tiempo que duró su peregrinación a Roma en el año santo de 1450.

La madre abadesa le había prohibido viajar por causa de la herida. Entonces santa Rita pidió a su Señor que cicatrizara la herida temporalmente. Así sucedió de manera milagrosa. Visto lo cual, la madre le permitió viajar a Roma para ganar el jubileo.

Y así, durante los últimos 15 años de su vida sobrellevó el estigma de una espina de la pasión clavada en la propia carne.

El estigma es un fenómeno no tan infrecuente en la Iglesia y en el tiempo de santa Rita. Tiempo atrás había alcanzado el mismo favor san Francisco de Asís (1182-1226) y poco antes santa Catalina de Siena (1347-1380).

Gracias a un deseo intenso, vehemente, y a un amor apasionado de compasión, Dios le permitió a Rita participar de sus dolores y su-frimientos por la redención de los hombres.

La estigmatización fue la gracia y el signo más admirado por sus coetáneos, dentro y fuera del convento, y el hecho más relevante transmitido por la tradición oral que arranca inmediatamente después de su muerte, y que valoran los devotos como el distintivo de la santidad de Rita y de su poderosa intercesión ante su Señor.

Apoyados en ese hecho no dudan en calificarla como la abogada de los casos desesperados o de imposibles. De ahí que desde el principio fue representada con la herida de la espina en la frente: las pinturas de la caja donde se colocó su cuerpo la reproducen con la herida en la frente.

Aun hoy día, después de seis siglos, puede apreciarse de alguna forma en su cuerpo incorrupto el estigma de la frente, como reconocieron los especialistas al examinar sus restos en 1972.

Entre las bellas leyendas de santa Rita merece destacarse la del rosal florido en pleno invierno. Estando Rita en cama próxima a su muerte fue visitada por uno o por varios parientes y conocidos de Rocaporrena. Anotemos que el convento de Santa María Magdalena no era de clausura estricta.

Pues bien, después de platicar con ellos en su propia celda, con toda probabilidad, al despedirlos alguien le dijo si le podían traer algún presente de Rocaporrena. Entonces ella les encargó que le trajeran una rosa del jardín que había en su casa. Algunos autores añaden que les pidió también dos higos maduros, fruto de la higuera de su jardín.

Cuando regresaron al pueblo, fueron al jardín y encontraron la rosa y los higos maduros que Rita había solicitado, algo totalmente insólito en un tiempo inapropiado y en un rosal y en una higuera casi congelados. Los cortaron y se los llevaron a santa Rita.

Ésta tomó la rosa, la olió y la rosa empezó a despedir tal perfume que la habitación de la enferma y el convento entero se llenaron de suave fragancia, que sorprendió a toda la comunidad. La fragancia procedía precisamente de la celda de Rita que siempre olía mal debido a la herida infectada que le acompañaba.

De este relato se originó la práctica tradicional de la bendición de las “rosas de santa Rita” el día de su fiesta, el 22 de mayo, que los enfermos y devotos suelen tomar en infusión o de otra forma como ayuda espiritual y como remedio milagroso.

El perfume de la rosa contrarrestó la fetidez de la herida incurable y expresaba a las claras el olor de santidad que Rita vivía por la gracia de Dios en beneficio de sus hermanas de hábito y de sus devotos de to-dos los tiempos.

Santa Rita vivió en el convento totalmente entregada a la oración y a la penitencia. De ma-nera especial se ejercitaba en la contemplación de los sufrimientos de su Señor en la pasión y muerte. Su vida era una oración continua. Dicen algunos biógrafos que “no podía estar siquiera un momento sin orar ni meditar sobre la sacratísima pasión”.

Por eso, en la celda tenía pintados en la pared el monte Calvario y el santo Sepulcro, para mantener su atención en el amor del Redentor. Junto con la estigmatización Rita gozó de experiencias místicas, en las que se manifestaban la consolación y la unión propias de los desposorios con su Señor.

Tengo que hacerte, amigo lector, una observación: que no encuentro en la literatura consultada ni recuerdo haber escuchado en charlas o predicaciones referencia alguna a la devoción de santa Rita a la Virgen María. En uno de los retratos de la caja ataúd se la representa con un rosario en la mano mirando la cruz del Señor.

Es impensable que santa Rita no contemplara junto a la cruz a la Madre del Crucificado, a la Dolorosa. Seguro que ella compartía también los dolores de la Madre entregando a su Hijo por nuestra salvación.

Remontándonos a su infancia, es seguro que sus padres, tan religiosos, le inculcaran la devoción a la Santísima Virgen. Como devotos de san Agustín por su asistencia al culto en la iglesia de los agustinos en Casia, los padres le transmitirían la historia de san Agustín y su conversión gracias a las lágrimas de santa Mónica, y la historia de la Virgen de la Correa.

Y se supone que ella, en su experiencia matrimonial, buscaría con avidez el ejemplo de santa Mónica que también oró por la conversión de su esposo y de su hijo Agustín. Se sentiría cercana a Mónica, a quien se le apareció la Virgen de la Correa consolándola por la muerte de su esposo Patricio y los extravíos de su hijo Agustín.

Seguro que escucharía casual o intencionadamente los sermones de los agustinos narrando los episodios familiares de Mónica y Agustín, y que ella estaba experimentando en carne propia…

En fin, no parece del todo descabellado tener por probables esas suposiciones, máxime cuando las vidas de santa Mónica y nuestra Santa tienen tantas similitudes. De hecho algunas predicaciones sobre santa Rita parecen calcadas de las Confesiones de san Agustín.

Pero, repito, no he visto nada reseñado al respecto. Espero que sea por ignorancia propia. ¿Será una laguna más en la historia de santa Rita?

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4. Muerte de santa Rita. Taumaturga

La vida de la Santa se fue consumiendo como una cera en el altar del Señor. Los últimos cuatro años los pasó casi permanentemente en cama, aquejada de una grave enfermedad. A veces le visitaban los familiares y amistades.

Todos admiraban la integridad de su vida, su sencillez, la capacidad de perdón y la paz que le embargaba y que transmitía a los demás. Hubo personas que le pedían rogara por enfermos y necesidades especiales, y de hecho le atribuyeron milagros realizados por Dios en vida de nuestra Santa.

Después se consignarán en el Códex miraculorum o Relación de milagros.

Antes de morir, llamó a las religiosas del convento y les dejó este testamento espiritual: “Ánimo, mis queridas hermanas, ha llegado el momento de mi partida. Permaneced en el amor de Jesús amoroso”. Luego pidió los últimos sacramentos que recibió “con grandísima humildad y devoción”.

Finalmente, exhortó a las hermanas a permanecer fieles a su vocación, les pidió perdón a todas, y las animó a “vivir en paz y en caridad fraterna”.

Santa Rita murió en la noche del 22 de mayo de 1457, a los 76 años de edad y 40 de vida consagrada. Cuenta la tradición que un suave perfume invadió todo el convento y las campanas comenzaron a tocar a gloria por sí solas.

Al funeral acudió muchísima gente, atraída por la fama de santidad de que ya gozaba en vida, aunque no muy exteriorizada.

A raíz de su muerte, se multiplicaron los testimonios de milagros y señales prodigiosas obradas por intercesión de santa Rita, comenzando por la curación del ebanista que, una vez sanado de su parálisis, confeccionó la caja ataúd de la Santa.

Los relatos corrían de boca en boca. Muchos fieles de Casia y sus alrededores visitaban el monasterio de Santa María Magdalena para venerar su sepulcro.

Muy pronto, antes de los cinco años de la muerte, exhumaron su cuerpo que, al encontrarlo incorrupto, lo depositaron en una caja de madera ricamente adornada con pinturas que representan a la Santa.

Estos retratos y el epitafio anexo constituyen testimonios preciosos de la vida y santidad de Rita. Su cuerpo incorrupto se conservó en esta obra de arte desde su muerte hasta el año 1745.

En 1692 el rey de España Carlos II regaló una urna barroca. En ella se depositaron los restos el año 1745 y en ella reposaron hasta 1930.

Desde el 18 de mayo de 1947 su cuerpo incorrupto permanece como expuesto a la veneración de los fieles en una urna de cristal ricamente adornada y colocada detrás del altar mayor de la nueva Basílica de Santa Rita bendecida e inaugurada en la fecha y año reseñados.

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5. Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita

Como se desprende de la exposición anterior, la vida de santa Rita está plagada de tradiciones y leyendas, y son muy pocos los datos históricos comprobados científicamente.

En realidad sólo tenemos cuatro fuentes bien precisas sobre la vida de la Santa, que datan de los años inmediatamente posteriores a su muerte.

En primer lugar, existe un Códex miraculorum o Relación de milagrosescrita por un notario de Casia, de nombre Domingo Angeli, cinco años después de la muerte de Rita, o sea el 1462.

Este notario recoge los milagros atribuidos a santa Rita desde su muerte. A este primer códice siguieron otros tres códices o fascículos escritos por diversos notarios de Casia en tiempos posteriores.

En segundo lugar, contamos con la caja ataúd en la que fue coloca-do el cuerpo de la Santa. Esta Caja solemne está adornada con pinturas y retratos de santa Rita, que constituyen un testimonio invalorable.

En tercer lugar, contamos con un epitafio poético de cinco tercetos adosado a la caja.

Y la cuarta fuente es una tela o manto antiguo guardado como reliquia en Rocaporrena. Cuatro testigos del proceso de beatificación de 1626, hacen alusión a la devoción, existente en su aldea, al Manto de santa Rita, cuya imposición curaba las fiebres de los devotos y ayudaba a las mujeres en el momento de dar a luz.

De estas cuatro fuentes deducimos lo siguiente:

que santa Rita era de estatura más bien pequeña, 157 centímetros según el médico legal que reconoció su cuerpo en 1972; que pertenecía a una familia acomodada, pues el notario la llamaba “señora” y las pinturas de la caja la representan con un libro abierto en la mano, distribuyendo limosnas y contribuyendo a la reparación del monasterio; que vivió 40 años en el monasterio dedicada a una vida de penitencia y oración; que durante 15 años soportó con ánimo esforzado los dolores de la espina; y que su fama taumatúrgica comenzó con su muerte.

A los cinco años, el notario de Casia recordaba “los muchos milagros y prodigios” que Dios operaba por su intercesión. En la tela antiquísima ya aparece rodeada de las abejas y de las figuras de san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino, y, en exvotos un poco más tardíos, “con la disciplina manchada de sangre en su mano izquierda”.

Los otros datos que figuran en la descripción anterior y en otras historias de santa Rita son más inciertos, no tienen mayor sustentación científica: son fruto de la tradición oral, de la predicación y de las vidas hagiográficas edificantes.

Tendrán que pasar unos 150 años de la muerte de la Santa para que un agustino llamado Agustín Cavallucci de Foligno nos escriba la primera biografía de santa Rita, recogiendo y ordenando sistemáticamente todos lo datos que le proporcionaban la tradición oral y el testimonio de las fuentes históricas que conocía.

Fray Agustín Cavallucci redactó la primera vida de nuestra Santa con el fin de divulgar su conocimiento y su culto y así preparar el proceso de beatificación que se abrió de hecho 16 años más tarde, en 1626.

Mientras tanto, la devoción a santa Rita había tomado consistencia en las prácticas devocionales del pueblo de Dios. Primero en Casia y en Rocaporrena.

El monasterio de las agustinas se había convertido en un santuario de peregrinación pues conservaba incorrupto el cuerpo de la Santa.

También fue tomando mucha importancia la fiesta de santa Rita unida a la del Corpus Christi, la principal de la ciudad, cuya procesión era muy nombrada y concurrida. Posteriormente la fiesta se prolongaba por tres días, comprendía una feria y un torneo famoso.

En Rocaporrena se conservaba la casa de santa Rita, señalada por dos prodigios: fue la única casa que no sufrió las consecuencias del terremoto de 1599; además, en el techo había una abertura que era imposible tapar y decían que era la utilizada por el ángel que visitaba a santa Rita.

Después de la beatificación el obispo mandó convertir la casa en capilla dedicada a santa Rita que todavía hoy existe. De esta manera los devotos disponen de dos lugares emblemáticos para sus peregrinaciones: la Capilla de Rocaporrena y el Santuario de Casia.

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6. Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.

Además de Casia y Rocaporrena la devoción a santa Rita se extendió rápidamente por la comarca. Los paisanos y los devotos de santa Rita propagaron su fama por la diócesis de Espoleto y por diversos lugares de Italia, llegando pronto a Roma.

Allá existía una importante colonia de casianos. La Orden agustiniana, sobre todo, y también los franciscanos divulgaron y propagaron la devoción a santa Rita. La fama de gran taumaturga y de abogada de imposibles se iba extendiendo más y más entre el pueblo sencillo.

La oportunidad del reconocimiento oficial de la Iglesia para proclamarla beata llegó cuando un grupo de casianos influyentes residentes en Roma y cercanos a la Curia Pontificia ejercieron sus buenos oficios ante el papa Urbano VIII que había sido arzobispo de Espoleto, a cuya jurisdicción pertenecía Casia.

Por tanto, el papa Barberini conocía bien la personalidad de santa Rita y la devoción que le tenía el pueblo sencillo. Varias personalidades oriundas de Casia y residentes en Roma fueron los promotores de la beatificación.

Pero los que formalmente la solicitaron e iniciaron el proceso fueron el Ayuntamiento de Casia y la Orden de San Agustín. También apoyaron los franciscanos.

Como queda dicho fray Agustín Cavallucci publicó en 1610 la primera biografía de santa Rita. El proceso de beatificación fue abierto el año 1626 por el papa Urbano VIII.

Cumplidos los interrogatorios a los testigos de Rocaporrena y Casia y culminados con éxito los demás trámites canónicos, a los dos años la beatificó el mismo papa Urbano en la Iglesia de San Agustín de Roma, el 16 de julio del año 1628.

De esta manera la Iglesia presentaba a santa Rita como ejemplo de madre y esposa, pero sobre todo modelo de persona consagrada a Dios en el silencio del claustro.

Para la aprobación oficial como santa en la Iglesia habrá que esperar hasta el año 1900, aunque de hecho ya fuera venerada como tal por el Pueblo de Dios. Hubo un intento de canonización promovido por la Orden agustina en 1738, que no prosperó.

Hubo que esperar hasta 1887 cuando el papa León XIII, preocupado por la crisis de la institución familiar y por las amenazas de introducir el divorcio por parte del Estado italiano, reconoció en la beata casiana, bien conocida por él habiendo sido obispo de Perusa, un modelo de fundamentación cristiana de la institución familiar.

Y así la presentó a la Iglesia el papa León XIII y la canonizó el 24 de mayo de 1900, junto con san Juan Bautista de La Salle: una pareja simbólica propuesta a la devoción del siglo que se abría.

Sin exagerar los acentos y sin excluir ningún rasgo en la personalidad de Rita, su figura y su ejemplaridad en la Iglesia, hasta el siglo XIX, se concretó preferentemente en su condición de religiosa, pero después fue revalorizada su condición de madre y mujer, a partir sobre todo de su canonización.

Naturalmente, la ejemplaridad varía según los tiempos, según las personas y otras circunstancias imprevisibles y comprensibles. El caso es que santa Rita constituye un tesoro para la Iglesia y para la familia agustiniana, es la perla de Umbría, una joya en la Iglesia, regalo de Dios para todos.

Nuestra santa Rita bendita, motivo de honor para nosotros, un don y a la vez tarea y compromiso para darla a conocer a todos.

Finalmente, como botón de muestra y sin desmerecer a nadie, voy a señalar dos centros promotores de la devoción a santa Rita, ubicados en Casia y en Monachil.

En primer lugar, destacamos la figura de la madre agustina María Teresa Fasce, profesa en el monasterio de Santa Rita de Casia, y después maestra de novicias y abadesa. Nació en Torriglia, Génova, en 1881.

Promovió con todas sus fuerzas la devoción a santa Rita y sus peregrinaciones. Fundó el boletín “De las abejas a las rosas” que ha llegado hasta nuestros días, y construyó la colmena para niñas huérfanas, la casa de ejercicios y el hospital. Falleció el 18 de enero de 1947 y fue beatificada el día 12 de octubre de 1997.

En segundo lugar, los padres agustinos recoletos del convento de Monachil, Granada, fundaron en el año 1905 la revista “Santa Rita y el pueblo cristiano” y montaron a la vez una imprenta para su impresión. Además de la revista se publica el Calendario Misional de Santa Rita.

Durante un siglo la Comunidad Agustino Recoleta ha promovido la devoción a santa Rita organizando múltiples actividades hasta hacer de Monachil el primer centro de peregrinaciones y publicaciones referentes a Santa Rita en España y en los países de habla hispana.

En mayo del 1999 se hizo realidad un deseo y un sueño de muchos devotos de santa Rita: el Hermanamiento de Monachil y de Casia. De esta forma, en nombre de santa Rita, ambas ciudades se han comprometido a revivir y compartir los mismos valores que vivió la Santa, a quien desean venerar siguiendo sus huellas de santidad. Que todo sea para gloria de Dios.


Novena a Santa Rita de Casia (8), 20.5.18

mayo 21, 2018

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OCTAVO DÍA

RITA, ESPOSA DE JESUCRISTO


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Recordemos en primer lugar que Rita vivió en los siglos XIV y XV, en el Quattrocento, es decir, en la época de la espiritualidad gótico-renacentista, marcada por el descubrimiento de lo humano, de la belleza natural.

En el aspecto religioso, estos siglos se caracterizan por una espiritualidad centrada en la contemplación piadosa de la santa humanidad de Cristo, y no tanto en la divinidad estática e impasible preferida por la espiritualidad bizantina y románica.

En estos tiempos prevalece la veneración de los misterios del nacimiento, bautismo, pasión y muerte del Señor.

Rita recibió del ambiente religioso y cultural esta espiritualidad. Todos sus biógrafos destacan la temprana piedad de Rita todavía niña y adolescente.

Dice la tradición que a los trece años se retiró a una habitación para dedicarse a la penitencia y a las prácticas de piedad, venerando la santa humanidad de Cristo sobre todo en su pasión y muerte.

Rita amó tiernamente a Cristo humanado, el único rostro del Dios invisible. Sintió particular compasión por el Cristo sufriente.

Cuentan, además, las crónicas que pasaba largos ratos en profunda adoración ante Jesús Sacramentado. También lo veneraba en las personas afligidas por la pobreza o la enfermedad.

Los sentimientos de ternura, compasión y amor sincero que profesaba al Cristo adolorido, los proyectaba también hacia los pobres, hacia los más necesitados. Compartía con ellos vestidos y alimentos.

De esta forma, la espiritualidad de Rita era profundamente alegre y humanizadora: entendía que Cristo la había amado hasta entregarse por ella, y que, por tanto, ella debía corresponder a ese amor infinito con todas sus fuerzas y con todas las consecuencias.

Como se lo había demostrado Jesús a Rita y a todos nosotros, hasta el extremo.

Rita contemplaba admirada ese torrente de amor que llegaba hasta ella, lo agradecía ensimismada y se dejaba invadir del Espíritu del Amor Hermoso para poder, consiguientemente, transmitirlo a los hermanos y devolverlo al mismo Dios, multiplicado.

Con san Pablo, Rita exclamaba: ¡Él me amó y se entregó por mí; fui alcanzada por el amor de Dios cuando era pecadora. Él me amó primero!

Aceptaba gozosa los sufrimientos de la vida: en primer lugar, para imitar a Cristo y compartir sus dolores redentores porque “amor con amor se paga”; y, en segundo lugar, los ofrecía por sus propios pecados, por la conversión y la santificación de su prójimo comenzando por su misma familia y después por sus hermanas de comunidad.

Así Rita suplía lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo para llegar hasta sus hermanos. Es decir, prolongaba los sufrimientos redentores de Cristo hasta hacerlos efectivos en favor de sus hermanos, en su familia, en su comunidad conventual.

5. Fuentes bíblicas

Rita respondió tiernamente al requerimiento de Jesús que busca consoladores, según aquel texto de Lamentaciones 1, 12.19.21.16.17:

Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. Llamé a mis amigos, pero me traicionaron. Oye cómo gimo, no hay quien me consuele.

Por eso lloro yo, mis ojos se deshacen en lágrimas porque está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Sión tiende sus manos: no hay quien la consuele.

Rita acompañó y consoló al Siervo sufriente de Isaías:

… Hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento… estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban, y nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado.

Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Fue detenido y enjuiciado injustamente sin que nadie se preocupara por él (Isaías 53, 2-9).

Rita, invadida por los sentimientos más ardientes de caridad y de dolor, pidió al Crucificado con muchas lágrimas: “Oh Jesús, hazme partícipe de tus dolores”, y Cristo le concedió el estigma de la espina.

Así pudo exclamar con san Pablo: Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús (Efesios 6, 17).

Y también: Al presente, me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su Cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1, 24-25).

Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que me toca vivir, lo vivo transformado por la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gálatas 2, 20).

También Rita dijo con su vida lo que escribió san Pablo a los Corintios:

Nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! Él, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado (1 Corintios 1, 23-24).

Me propuse no saber otra cosa entre ustedes sino a Cristo Jesús y a éste crucificado (1 Corintios 2, 2).

Dios me libre –exclamaba también san Pablo– de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Por último, Rita sublimaba todo sufrimiento, porque en verdad lo que sufrimos en la vida presente no se puede ni comparar con la gloria que se manifestará después en nosotros (Romanos 8, 12).

Preguntado Jesús sobre el mandamiento principal, contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Al Señor tu Dios amarás con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

Y después viene éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Marcos 12, 29-31).

 

6. Consideraciones bíblicas y agustinianas

Como buena hija de Agustín, Rita llenó su vida del amor a Dios y al prójimo. Nada más justo y legítimo, porque el amor constituye el núcleo de la espiritualidad agustiniana.

El amor fue el motor de toda la vida de Agustín, la meta siempre perseguida y siempre inalcanzable, hilo conductor de su pensamiento y sus escritos.

La Regla que escribió para los monasterios la encabeza así: “Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado”.

Y al concluirla, resume así su intención: “El Señor os conceda cumplir todo esto por amor, como realmente enamorados de la belleza espiritual; y exhalando el buen perfume de Cristo con vuestra ejemplar convivencia”.

Tratando de acercarnos a la experiencia y enseñanza agustiniana diríamos, en primer lugar, que el plan de Dios y la gracia de Dios llevan al hombre más por la vía afectiva que por la intelectiva. Aceptamos la gracia de Dios en nosotros porque nos proporciona gusto y deleite en las cosas santas.

El hombre está hecho más para gozar que para entender: el imán que más atrae al alma es el amor. El alma humana es particularmente vulnerable al amor; es como la debilidad del hombre.

Por tanto, el hombre, necesaria y libremente, siente, busca y descansa sólo en la fruición del amor y del bien. El hombre busca ser feliz como la meta más añorada, y buscando la felicidad se mueve en todo su pensar y quehacer.

Pero aquí entra el misterio del pecado. ¿Por qué el hombre, si busca la felicidad por encima de todo, escoge el mal, el pecado, su propia perdición?

Porque es engañado: se le presenta un mal bajo apariencia de bien y cae. Elige un bien finito que le agrada de momento, pero que le aparta del bien supremo e infinito. Ese bien finito, se convierte en un mal porque el hombre sólo se saciará con el Bien de Dios, y el bien finito le deja más insatisfecho e infeliz, esclavo de las criaturas.

El hombre se autoengaña por instigación del diablo, que lo enreda en el disfrute de las cosas creadas, al margen de Dios, y aun en contra de Dios.

De esta forma, el hombre no sólo usa, sino que abusa de las cosas, cayendo en la codicia y haciéndose tan vano como las cosas mismas que le tienen atrapado.

Porque somos lo que amamos, dirá san Agustín, parafraseando este texto suyo: “Cada cual es lo que es su amor: amas la tierra, tierra eres; amas a Dios, no me atrevo a decirlo yo, escucha la Escritura: Yo dije: sois dioses e hijos todos del Altísimo”.

Por gracia, Dios nos inspira su amor; por el que podemos, en primer lugar, deleitarnos en sus mandatos y, en segundo lugar, desear y amar lo que nos manda. Así el que ama, no siente el trabajo y, por otra parte, cualquier trabajo resulta pesado para quienes no aman.

Por eso exclamará san Agustín: “Ama, y haz lo que quieras”. Porque de la raíz de la caridad no puede salir sino el bien; así como de la codicia salen todos los males (1 Timoteo 6, 10).

De todo esto se deduce que el camino de la perfección coincide con el camino de la caridad. El progreso en la vida cristiana se medirá por el amor alcanzado a Dios, al prójimo y a uno mismo.

San Agustín dirá: “Caminan los que aman, pues no corremos hacia Dios con nuestros pasos sino con nuestros afectos”.

La perfección cristiana consiste en imitar el amor de Dios o la santidad de Dios, pues son equivalentes: “Sed santos porque Yo soy santo. Sed perfectos como el Padre Celestial es perfecto”, es decir, misericordioso y paciente, que manda la lluvia sobre buenos y malos, que hace brillar el sol sobre justos y pecadores.

Amar a Dios sin medida, por puro amor y sin esperanza de recompensa; y al prójimo como a nosotros mismos, y por amor a Dios: Éste es el camino agustiniano del amor.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos resumen la prioridad del amor en la familia agustiniana: El carisma agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de su Iglesia.

Elemento primordial del patrimonio de san Agustín y de la Orden es la contemplación, que es “vida bajo el amparo de Dios, vida con Dios, vida recibida de Dios, vida que es Dios mismo”; y, también, la entrega total e incondicionada del hombre a Dios.

El agustino recoleto se siente referido a Dios como a fin último y único. El conocimiento y el amor de Dios, sin otra recompensa que el mismo amor, constituyen el ejercicio del “amor casto”, de la contemplación, que es el principal cuidado del religioso en esta vida, y que se convertirá en felicidad perfecta en el reino celestial” (Constituciones, nn. 6, 8 y 9).

A continuación reproduzco una oración usada tradicionalmente para contemplar los sufrimientos y la pasión del Señor y también para expresar los sentimientos de arrepentimiento y dolor de los pecados que han provocado la pasión del Crucificado.

Un dolor no sólo de atrición o afligimiento sino incluso de contrición. La paternidad literaria de la siguiente oración es discutida. Algunos críticos la creen “agustiniana”. Reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones para el octavo día

9. Dios Todopoderoso, que concediste a Rita por medio del Espíritu ser revestida de los sentimientos de Cristo,
– ayúdanos, por intercesión de santa Rita, a practicar la obediencia y el silencio en el seguimiento de tu Hijo en nuestros hogares, y en la vida común.

10. Oh Santo Espíritu, derramado en nuestros corazones,
– concédenos, por intercesión de santa Rita, poder contemplar los sufrimientos de Cristo con tal amor que podamos descubrirlo presente en el dolor de nuestros hermanos a los que tratamos de servir en el hogar y en la comunidad de hermanos.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

 

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Maná y Vivencias Pascuales (29), 29.4.18

abril 28, 2018

Domingo V de Pascua, Ciclo B

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El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

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Antífona de entrada: Salmo 97, 1-2

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; revela a las naciones su justicia. Aleluya


Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos 9,26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo.

Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.

La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

SALMO 21, 26b-27.28.30.31-32

El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.

SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.

Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.

Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 15, 4.5

Permaneced en mí, y yo en vosotros –dice el Señor–; el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Antífona de comunión: Juan 15, 1.5

Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos -dice el Señor-; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. Aleluya.

De los sermones de san Máximo de Turín, obispo

Cristo, día sin ocaso

La resurrección de Cristo destruye el poder del abismo, los recién bautizados renuevan la tierra, el Espíritu Santo abre las puertas del cielo. Porque el abismo, al ver sus puer­tas destruidas, devuelve los muertos, la tierra, renovada, germina resucitados y el cielo, abier­to, acoge a los que ascienden.

El ladrón es admitido en el paraíso, los cuer­pos de los santos entran en la ciudad santa y los muertos vuelven a tener su morada en­tre los vivos. Así, como si la resurrección de Cristo fuera germinando en el mundo, todos los elementos de la creación se ven arrebata­dos a lo alto.

El abismo devuelve sus cautivos al paraíso, la tierra envía al cielo a los que estaban se­pultados en su seno, y el cielo presenta al Señor a los que han subido desde la tierra: así, con un solo y único acto, la pasión del Salvador nos extrae del abismo, nos eleva por encima de lo terreno y nos coloca en lo más alto de los cielos.

La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos. Por esto el salmista invita a toda la creación a celebrar la resurrección de Cristo, al decir que hay que alegrarse y llenarse de gozo en este día en que actuó el Señor.

La luz de Cristo es día sin noche, día sin ocaso. Escucha al Apóstol que nos dice lo que sea este día: La noche está avanzada, el día se echa encima. La noche está avanzando, dice, porque no volverá más. Entiéndelo bien: una vez que ha amanecido la luz de Cristo, huyen las tinieblas del diablo y desaparece la ne­grura del pecado, porque el resplandor de Cristo destruye la tenebrosidad de las culpas pasadas.

Porque Cristo es aquel Día a quien el Día, su Padre, comunica el íntimo ser de la divi­nidad. Él es aquel Día, que dice por boca de Salomón: Yo hice nacer en el cielo una luz inextinguible.

Así como no hay noche que siga al día ce­leste, del mismo modo las tinieblas no pueden seguir la santidad de Cristo. El día ce­leste resplandece, brilla, fulgura sin cesar y no hay oscuridad que pueda con él. La luz de Cristo luce, ilumina, destella continuamente y las tinieblas del pecado no pueden recibirla: por ello dice el evangelista Juan: La luz brilló en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Por ello, hermanos, hemos de alegrarnos en este día santo. Que nadie se sustraiga del gozo común a causa de la conciencia de sus peca­dos, que nadie deje de participar en la oración del pueblo de Dios, a causa del peso de sus faltas. Que nadie, por pecador que se sienta, deje de esperar el perdón en un día tan santo. Porque si el ladrón obtuvo el paraíso, ¿cómo no va a obtener el perdón el cristiano? (Sermón 53, 1-2).

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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA EN ESTE DOMINGO,

EN EL DÍA DE LA RESURRECIÓN DEL SEÑOR:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, consagrado al culto de Dios y a la familia, a vivir en comunidad de hermanos en la familia, en la parroquia, en la sociedad?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Cómo quiero vivir hoy la Eucaristía, encuentro con Dios y los hermanos? ¿Cómo compartir la fe y la experiencia de Dios en este domingo?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando, comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día domingo? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa podría cultivar hoy: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?

6) ¿Cómo hacer hoy más felices a mi cónyuge y a mis hijos? ¿Podría visitar a algún familiar o a algún enfermo, o dar una limosna significativa para algún necesitado?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

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PALABRA DEL PAPA EN EL ÁNGELUS DE HOY

Queridos hermanos y hermanas:El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en la Última Cena, en el momento en el cual sabe que la muerte está cerca. Es ahora su “hora”. Por última vez, él está con sus discípulos, y quiere impresionar bien en sus mentes una verdad fundamental: aun cuando él ya no estará físicamente entre ellos, ellos podrán mantenerse unidos con él en un modo nuevo, y así dar mucho fruto. Si al contrario alguno perdiera la comunión con Él, se convertiría en estéril, es decir, dañino para la comunidad.
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Y para expresar esta realidad Jesús utiliza la imagen de la vid y los sarmientos: “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos “(Jn 15, 4-5).
Jesús es la vid, y a través de Él -como la savia en el árbol- pasa a las ramas el amor de Dios, el Espíritu Santo. He aquí, nosotros somos las ramas, y a través de esta parábola Jesús quiere que entendamos la importancia de permanecer unidos a Él.
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Las ramas no son autosuficientes, dependen totalmente de la vid, que es la fuente de su vida. De la misma manera es para nosotros los cristianos. Injertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva; y gracias a la Iglesia podemos permanecer en comunión vital con Cristo.
Debemos permanecer fieles al bautismo, y crecer en la intimidad con el Señor mediante la oración, la escucha y la obediencia a su Palabra, la participación en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación.
Si uno está íntimamente unido a Jesús, disfruta de los dones del Espíritu Santo, que -como nos dice San Pablo- son “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí mismo” (Gálatas 5:22 ); y por consecuencia hace tanto bien al prójimo y a la sociedad como verdadero cristiano.

Por estas actitudes se reconoce que uno es cristiano, como de los frutos se reconoce el árbol. Los frutos de esta profunda unión con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona viene transformada por la gracia del Espíritu, alma, inteligencia, voluntad, afectos, e incluso el cuerpo, porque somos una sola unidad de espíritu y el cuerpo.

Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se convierte en nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. En consecuencia, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y los que sufren, con su corazón y llevar así en el mundo frutos de bondad, de caridad y de paz.

Cada uno de nosotros es una rama de la única vid; y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de esta pertenencia común a Cristo y a la Iglesia. Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que seamos ramas de vida en la Iglesia y testimonios coherentes de nuestra fe, conscientes de que todos, según nuestras vocaciones particulares, participamos a la única misión salvífica de Jesucristo, el Señor.

Queridos hermanos y hermanas provenientes de Italia y de muchas partes del mundo, a todos dirijo un cordial saludo!

Ayer en Turín fue proclamado Beato Luigi Bordino, laico consagrado de la Congregación de los Hermanos de San José Benito Cottolengo. Él ha dedicado su vida a los enfermos y dolientes, y se ha dedicado sin descanso a favor de los más pobres, medicando y lavando sus heridas. Damos gracias al Señor por su discípulo humilde y generoso.

Un saludo especial va hoy Asociación Meter, en el Día de los niños víctimas de la violencia. Les doy las gracias por su compromiso para tratar de prevenir estos crímenes. Todos debemos trabajar para asegurar que cada persona humana, especialmente los niños, estén siempre defendidos y protegidos.

Saludo con afecto a los peregrinos presentes, ¡demasiados para nombrar cada grupo! Saludo a aquellos provenientes de Amsterdam, Zagreb, Litija (Eslovenia), Madrid y Lugo, también en España. Doy la bienvenida con alegría a tantísimos italianos: las parroquias, las asociaciones y las escuelas. Un pensamiento especial para los niños y niñas que han recibido o van a recibir la Confirmación.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor no se olviden de rezar por mí. ¡Buena almuerzo y adiós!

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Maná y Vivencias Pascuales (12), 12.4.18

abril 12, 2018

Jueves de la 2ª semana de Pascua

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No he venido a abolir la Ley o los Profetas sino a dar plenitud. El que viene del cielo es superior a todos.

No he venido a abolir la Ley o los Profetas sino a dar plenitud. El que viene del cielo es superior a todos.

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TEMA, VIVENCIA: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, pues el Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús y lo ha constituido Jefe y Salvador para dar la conversión y el perdón de los pecados a todo el que crea.

ORACIÓN COLECTA: Te pedimos, Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 5, 27-33.

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín. El jefe de los sacerdotes los interrogó y declaró: “Les prohibimos estrictamente enseñar en ese nombre y, sin embargo, ustedes han difundido por toda Jerusalén su doctrina y quieren hacernos culpables de la sangre de ese hombre”.

Pedro y los apóstoles respondieron: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de un madero. Dios lo ha puesto en el cielo a su derecha, haciéndolo Jefe y Salvador para dar a Israel la conversión y el perdón de los pecados.

De esto nosotros somos testigos y también es testigo el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen”.

Cuando oyeron esto se indignaron y querían matarlos.

SALMO 33, 2 y 9. 17-18. 19-20.

Bendigo al Señor en todo momento.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.

El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca de los que sufren y salva a los que están desconsolados. Muchas son las desgracias del justo, pero de todas lo libra el Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 20, 29

Jesús le dijo: “Tú crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto”. Aleluya.

Evangelio: Juan 3, 31-36.

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: El que viene de lo alto es superior a todos. Si alguien viene de la tierra, no es más que hombre terrenal y sus palabras también vienen de la tierra.

Mas el que viene del cielo es más grande que cualquiera, y puede hablar de lo que allá ha visto y oído. Sin embargo, nadie hace caso de lo que dice. Pero quien recibe su mensaje hace suya la verdad misma de Dios.

Este fue enviado por Dios y dice las palabras de Dios que le comunica su Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y pone todas las cosas en sus manos. El que cree al Hijo tiene la Vida; pero el que no quiere creerle no conocerá la vida, sino que pesa sobre él la cólera de Dios”.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Mateo 28, 20

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

Comentario a Juan 3, 1-36

Hoy concluye la proclamación del capítulo tercero del evangelio de san Juan. Como se ha podido observar, el autor pretende confrontar a Jesús con el Antiguo Testamento que viene representado por dos personajes contrapuestos: Nicodemo y Juan Bautista.

Nicodemo busca “de noche” a Jesús porque lo reconoce como un verdadero profeta, un hombre de Dios. Sus milagros así lo prueban sin dejar lugar a duda. Nicodemo dialoga con Jesús y le pregunta, pero lamentablemente viene con prejuicios y seguridades incuestionables, que le impedirán a la larga el salto cualitativo de la fe. Al fin, Nicodemo no podrá confesar a Jesús como Hijo de Dios.

El otro personaje es Juan Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento. En contraposición a Nicodemo, Juan Bautista, apoyado en lo más granado del Antiguo Testamento, sobre todo en los profetas que prometen la nueva alianza del Espíritu, va más allá de “las cosas de la tierra” y acepta “las cosas que vienen del cielo, de lo alto”.

Es decir, acoge la novedad de Jesús como Hijo de Dios porque su doctrina y testimonio vital no contradicen ni a la Ley ni a los Profetas, sino más bien los completan y llevan a plenitud.

Sólo Jesús ha bajado del cielo. Él habla de lo que ha visto y oído. Por eso tiene autoridad y la acreditación del Padre ratificada por los signos y prodigios. A Jesús, pues, hay que creerle, por encima de todo.

Así, Juan Bautista se reconoce como el amigo del Novio, y su alegría es colmada. Confiesa con honestidad y con gozo: Él tiene que crecer y yo tengo que menguar, y se contenta con oír la voz del Novio, a quien pertenece la novia.

Diríamos que Nicodemo ha ideologizado la revelación del Antiguo Testamento considerándolo como un sistema cerrado en sí mismo y perfecto: ritualismo en las expresiones religiosas y legalismo en el comportamiento moral.

En fin, el Dios creador y dador de vida, siempre nuevo, ha quedado reducido a un “objeto”, a una “cosa” manejable: ritos, normas morales, cultura y teorías “religiosas”, tradiciones rabínicas que no pueden salvar.

Nosotros debemos imitar a Juan Bautista superando las mediaciones para llegar al verdadero Dios, a las verdaderas nupcias realizadas en Cristo. La falta de “experiencia” de Dios es una grave carencia, la fundamental seguramente, de nuestra Iglesia, también hoy.

Es la tentación más peligrosa que afrontamos, todos sin excepción: ideologizar y domesticar a Dios para recortarlo a nuestra medida. Hacer una caricatura de Dios para utilizarla según nuestros intereses.

Pero, reiteremos la advertencia, en la vida espiritual nadie puede vivir de rentas. El Amor verdadero exige frescura, relación y comunicación permanentes. Como sucede entre amigos verdaderos y enamorados. Eso no cansa.

Por eso, todos los días hay que procurar el encuentro directo y gozoso con Dios. Todos los días necesitamos, el Espíritu exige renovar la vocación, nuestra condición de llamados pues Dios no se repite. La vocación esencialmente es dinámica y viva como Dios mismo, no estática. Es preciso ir a la Luz verdadera y dejarse iluminar por el que ha bajado del cielo. Eso es el descanso y la fruición en el Amor de Dios.


Pide, hermano, al Señor Jesús te conceda nacer de arriba, de lo alto. Ser una persona nueva, tal como el Padre ha soñado hacerte, de acuerdo con el modelo que es su propio Hijo mediante la acción del Espíritu creador que hace nuevas todas las cosas.


La santidad, el rostro más bello de la Iglesia

abril 9, 2018

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Dios te saluda, María, porque eres la llena de gracia, y la bendita entre todas las mujeres: “La toda bella”

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La santidad, el rostro más bello de la Iglesia

Por Martin Gelabert, op

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“Alegría” es una palabra recurrente en los documentos del Papa Francisco. También aparece en el título de la exhortación apostólica que hoy mismo se ha hecho pública sobre la llamada a la santidad en el mundo actual, titulada: “Alegraos y regocijaos”. Aquí sólo puedo ofrecer algunas pinceladas que inviten a la lectura completa del texto.

Uno de los capítulos recuerda un reciente documento de la Congregación para la doctrina de la fe. Se trata del capítulo en el que habla de los dos enemigos actuales de la santidad, a saber: 1) una fe y una espiritualidad desencarnada, encerrada en el propio subjetivismo, que reduce el cristianismo a una doctrina, y olvida que la caridad es lo fundamental de la vida cristiana; y 2) el confiar sólo en las propias fuerzas, sintiéndose superior a los otros por cumplir determinadas normas, viviendo obsesionados por la ley o por los ritos, ignorando que la vida es frágil y sólo puede ser sanada por la gracia.

En otro capítulo el Papa hace un precioso comentario a las bienaventuranzas, en las que Jesús explica en qué consiste ser santos, aunque sea viviendo a contracorriente: felices los pobres, pues las riquezas no te aseguran nada, nada esencial al menos. Felices los mansos, en un mundo donde cada uno se cree con derecho a alzarse por encima de los otros. Felices los que lloran, en un mundo que mira hacia otra parte cuando hay problemas de enfermedad o de sufrimiento. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, en un mundo donde muchos optan por subirse al carro del vencedor.

Felices los misericordiosos, que saben dar y perdonar, reflejando así la perfección de Dios. Felices los limpios de corazón, un corazón sencillo que sabe amar. Felices los que trabajan por la paz, la paz evangélica que no excluye a nadie. Felices los perseguidos por causa de la justicia, por haber vivido sus compromisos con Dios y con los demás. Las persecuciones no son cosa del pasado: calumnias, falsedades, desfiguraciones de la fe, burlas por ser cristiano.

Hay algunas perlas en el texto que vale la pena notar: cuando dice que la santidad es el rostro más bello de la Iglesia, o que no te hace menos humano. O cuando dice que una de las notas de la santidad en el mundo actual es la alegría y el sentido del humor. O cuando recuerda la pregunta que se hacía santo Tomás de Aquino sobre cuáles son las obras externas que mejor manifiestan nuestro amor a Dios. Él respondió sin dudar que son las obras de misericordia con el prójimo, más que los actos de culto.

Una última perla: “me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo”.

http://nihilobstat.dominicos.org/articulos/la-santidad-el-rostro-mas-bello-de-la-iglesia/


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