El Papa en Fiesta de la Transfiguración invita a dejar lo mundano y servir al necesitado

agosto 6, 2017

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El Papa Francisco en la audiencia de la Transfiguración

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El Papa en Fiesta de la Transfiguración invita a dejar lo mundano y servir al necesitado

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VATICANO, 06 Ago. 17 / 07:30 am (ACI).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro hoy en el Vaticano, el Papa Francisco aseguró que el evento de la Trasfiguración del Señor invita a reflexionar sobre la importancia de desprenderse de las cosas mundanas y así encontrar a Jesús para estar al servicio de los hermanos necesitados.

“La subida de los discípulos hacia el monte Tabor nos lleva a reflexionar sobre la importancia de desprendernos de las cosas mundanas, para efectuar un camino hacia lo alto y contemplar a Jesús. Nos ofrece un mensaje de esperanza –así seremos nosotros, con Él– nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de los hermanos”, indicó el Pontífice en el marco de la fiesta de la Trasfiguración del Señor.

De lo que se trata, indicó el Papa, es de “disponernos a la escucha atenta y orante del Cristo, el Hijo amado del Padre, buscando momentos íntimos de oración que permitan la acogida dócil y gozosa de la Palabra de Dios”.

Solo de esa manera, señaló el Pontífice, se conseguirá esa “elevación espiritual” y “desprendimiento de las cosas mundanas”, que permita “redescubrir el silencio pacificante y regenerante de la meditación del Evangelio, de la lectura de la Biblia, que conduce hacia una meta rica de belleza, de esplendor y de alegría”.

“Y cuando nosotros nos ponemos así, con la Biblia en la mano, en silencio, comenzamos a sentir esta belleza interior, esta alegría que nos da la Palabra de Dios en nosotros”, aseguró el Santo Padre.

En consecuencia, a imitación de los discípulos que bajaron de la montaña “con los ojos y el corazón transfigurados por el encuentro con el Señor”, el Papa pidió que el redescubrir a Jesús “no es un fin en sí mismo”, sino que nos induce a estar “recargados por la fuerza del Espíritu divino, para decidir nuevos pasos de auténtica conversión y para testimoniar constantemente la caridad, como ley de vida cotidiana”.

“Transformados por la presencia de Cristo y por el ardor de su palabra, seremos signo concreto del amor vivificante de Dios para todos nuestros hermanos, especialmente para quienes sufren, para cuantos se encuentran en la soledad y en el abandono, para los enfermos y para la multitud de hombres y de mujeres que, en diversas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia”, aseguró Santo Padre.

Finalmente, pidió recordar las palabras finales del Padre celestial en este pasaje del Evangelio: “este es mi Hijo amado. Escúchenlo”; y pidió la intercesión de la Virgen María, que “siempre está dispuesta a acoger y custodiar en su corazón cada palabra del Hijo divino”.

“Quiera nuestra Madre y Madre de Dios ayudarnos a entrar en sintonía con la Palabra de Dios, para que Cristo se convierta en luz y guía de toda nuestra vida”, concluyó.


El maná de cada día, 6.8.17

agosto 5, 2017

La Transfiguración del Señor

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Se transfiguró delante de ellos

Se transfiguró delante de ellos



Antífona de entrada: Mt 17, 5

En una nube luminosa se apareció el Espíritu Santo y se oyó la voz del Padre que decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.


Oración colecta

Oh Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Daniel 7, 9-10. 13-14

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas.

Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él.

Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.


SALMO 96, 1-2. 5-6. 9

El Señor reina altísimo sobre toda la tierra.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses.


SEGUNDA LECTURA: 2 Pedro 1, 16-19

Queridos hermanos:

Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.

Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada.

Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 17, 5c

Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.


EVANGELIO: Mateo 17, 1-9

Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».


Antífona de la comunión: 1Jn 3, 2

Cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
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¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!

Del sermón de Anastasio Sinaíta, obispo,
en el día de la Transfiguración del Señor

El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor.

En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les ha anunciado acerca del reino, y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos.

Era como si les dijese: «El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al Hijo del hombre con la gloria del Padre».

Y el evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo.

Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la cumbre de la montaña.

Debemos apresurarnos a ir hacia allí –así me atrevo a decirlo– como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.

Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan.

Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí!

Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz?

Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí!, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar:

Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.


El maná de cada día, 2.8.17

agosto 2, 2017

Miércoles de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

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El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo



PRIMERA LECTURA: Éxodo 34, 29-35

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor.

Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él.

Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló.

Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí.

Y, cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo por la cara.

Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía, comunicaba a los israelitas lo que le habían mandado. Los israelitas veían la piel de su cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo por la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.


SALMO 98

Santo eres, Señor, Dios nuestro.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía.

Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo: Santo es el Señor, nuestro Dios.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 15b

A vosotros os llamo amigos -dice el Señor-, porque todo lo que oído a mi Padre os lo he dado a conocer.


EVANGELIO: Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»


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El maná de cada día, 24.7.17

julio 24, 2017

Lunes de la 16ª semana del Tiempo Ordinario

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Señor, danos un corazón limpio para verte en medio de nuestros días y de nuestros quehaceres

Señor, danos un corazón limpio para verte en medio de nuestros días y de nuestros quehaceres



PRIMERA LECTURA: Éxodo 14, 5-18

En aquellos días, cuando comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había escapado, el Faraón y su corte cambiaron de parecer sobre el pueblo, y se dijeron: «¿Qué hemos hecho? Hemos dejado marchar a nuestros esclavos israelitas.»

Hizo preparar un carro y tomó consigo sus tropas: tomó seiscientos carros escogidos y los demás carros de Egipto con sus correspondientes oficiales.

El Señor hizo que el Faraón se empeñase en perseguir a los israelitas, mientras éstos salían triunfantes. Los egipcios los persiguieron con caballos, carros y jinetes, y les dieron alcance mientras acampaban en Fehirot, frente a Baal Safón.

Se acercaba el Faraón, los israelitas alzaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos y, muertos de miedo, gritaron al Señor.

Y dijeron a Moisés: «¿No había sepulcros en Egipto?, nos has traído a morir en el desierto; ¿qué es lo que nos has hecho sacándonos de Egipto? ¿No te lo decíamos en Egipto: “Déjanos en paz, y serviremos a los egipcios; más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto”?»

Moisés respondió al pueblo: «No tengáis miedo; estad firmes, y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy, no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros; vosotros esperad en silencio.»

El Señor dijo a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.


SALMO: Exodo 15, 1-6

Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria, caballos y carros ha arrojado en el mar. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Él es mi Dios: yo lo alabaré; el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero, su nombre es «El Señor». Los carros del Faraón los lanzó al mar, ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Las olas los cubrieron, bajaron hasta el fondo como piedras. Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible, tu diestra, Señor, tritura al enemigo.


ALELUYA: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO: Mateo 12, 38-42

En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo.»

Él les contestó:

«Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.

Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.

Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.»


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LA FE Y LOS MILAGROS
P. Francisco Fernández Carvajal

Necesidad de buenas disposiciones para recibir el mensaje de Jesús.

Leemos en el Evangelio de la Misa (1) que se acercaron a Jesús algunos escribas y fariseos para pedirle un nuevo milagro que definitivamente les mostrase que Él era el Mesías esperado; querían que Jesús confirmara con espectáculo lo que predicaba con sencillez. Pero el Señor les contesta anunciando el misterio de su muerte y de su Resurrección, sirviéndose de la figura de Jonás: no se dará otro prodigio que el del Profeta Jonás.

Con estas palabras muestra que su Resurrección gloriosa al tercer día (tantos cuantos estuvo el Profeta en el vientre de la ballena) es la prueba decisiva del carácter divino de su Persona, de su misión y de su doctrina (2).

Jonás fue enviado a la ciudad de Nínive, y sus habitantes hicieron penitencia por la predicación del Profeta (3). Jerusalén, sin embargo, no quiere reconocer a Jesús, de quien Jonás era sólo figura e imagen. También nos dice Jesús cómo la reina del mediodía, la reina de Saba, visitó a Salomón (4) y quedó maravillada de la sabiduría que Dios había infundido al rey de Israel.

Jesús está prefigurado también en Salomón, en quien la tradición veía al hombre sabio por excelencia. El reproche de Jesús cobra más fuerza con el ejemplo de estos paganos convertidos, y termina diciendo: aquí hay algo más que Jonás… aquí hay algo más que Salomón.

Ese algo más en realidad es infinitamente más, pero Jesús, quizá pensando en sí mismo y con una cariñosa ironía, prefiere suavizar esa inconmensurable diferencia entre Él y los que lo habían prefigurado, que eran como sombra y signo del que había de venir (5).

Jesús no hará en esta ocasión más milagros y no dará más señales. No están dispuestos a creer, y no creerán por muchas palabras que les hable y por muchas señales que les muestre. A pesar del valor apologético que tienen los milagros, si no hay buenas disposiciones, hasta los mayores prodigios pueden ser mal interpretados.

Lo que se recibe, ad modum recipientis recipitur: las cosas que se reciben toman la forma del recipiente que las contiene, reza el viejo adagio.

San Juan nos dice en su Evangelio que algunos, aunque habían visto muchos milagros, no creían en Él (6). El milagro es sólo una ayuda a la razón humana para creer, pero si faltan buenas disposiciones, si la mente se llena de prejuicios, sólo verá oscuridad, aunque tenga delante la más clara de las luces.

Nosotros pedimos a Jesús en esta oración que nos dé un corazón bueno para verle a Él en medio de nuestros días y de nuestros quehaceres, y una mente sin prejuicios para comprender a nuestros hermanos los hombres, para jamás juzgar mal de ninguno de ellos.

(1) Mt 12, 38-42.- (2) Cfr. SAGRADA BIBLIA, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, in loc.- (3) Jon 3, 6-9.- (4) 1 Rey 10, 1-10.- (5) Cfr. SAGRADA BIBLIA, ibídem.- (6) Jn 12, 37.



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El maná de cada día, 22.7.17

julio 22, 2017

Santa María Magdalena

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«Mujer, ¿por qué lloras?»

«Mujer, ¿por qué lloras?»



Antífona de entrada: Jn 20, 17

Dijo el Señor a María Magdalena: Anda, ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por intercesión y el ejemplo de aquella cuya fiesta celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Cant 3, 1-4

Esto dice la esposa:

«En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo buscaba, y no lo encontraba.

“Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma”.

Lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad. “Habéis visto al amor de mi alma?”.

En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma».


SALMO Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabaran mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabaran jubilosos.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.



ALELUYA

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja.»


EVANGELIO: Juan 20, 1. 11-18

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde habla estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice: «¡María!»

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»


Antífona de comunión: 2 Co 5, 14-15

Nos apremia el amor de Cristo para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
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SANTA MARÍA MAGDALENA

Formó parte de los discípulos de Cristo, estuvo presente en el momento de su muerte y, en la madrugada del día de Pascua, tuvo el privilegio de ser la primera en ver al Redentor resucitado de entre los muertos (Mc 16, 9). Fue sobre todo dura­nte el siglo XII cuando su culto se difundió en la Iglesia occidental.

Ardía en deseos de Cristo,
a quien pensaba que se lo habían llevado

De las homilías de san Gregorio Magno, Papa, sobre los evangelios

María Magdalena, cuando llegó al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho.

Y dice el evangelio acerca de ellos: Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade, a continuación: Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando.

Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado.

Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el final se salvará.

Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación, iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba.

Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría, es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor.

Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Estoy enferma de amor; y también: Mi alma se derrite.

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Se le preg­unta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.

Jesús le dice: «¡María!» Después de haberla llamado con el nombre genérico de «mujer», sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio. Es como si le dijera:

«Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en es­pecial».

María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama: «Rabboni», es decir: «Maestro», ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.



Estética para la Evangelización: La Almudena y Kiko Argüello

julio 17, 2017

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Kiko Argüello, cantautor, fundador del Camino Neocatecumenal

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ESTÉTICA PARA LA EVANGELIZACIÓN:
LA ALMUDENA Y KIKO ARGÜELLO

Por Donato Jiménez, oar

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1.- Kiko (Francisco José Gómez de) Argüello Wirtz (León, 1939), es conocido en el mundo no solo por ser el fundador del Camino Neocatecumenal, movimiento carismático de seguimiento radical de Jesucristo y de fidelidad a la Iglesia. De grandes ideas, es conocido también como muy destacado pintor, arquitecto y músico de gran fuerza, originalidad e inspiración.

Primogénito de cuatro hermanos, de familia acomodada. Estudió Bellas Artes en la Academia San Fernando de Madrid. Profesor de Pintura y Diseño. Hizo teatro. Exposiciones. Premio Nacional Extraordinario (1959) de pintura. También se interesó por la arquitectura moderna.

A pesar de su entorno familiar católico, (su madre iba a misa todos los días, su padre los domingos), no afloraba en casa una convicción profunda, y como que la religión le parecía más una convención cultural y social. “El dios de mi casa era el dinero. Iba a misa: con los otros jóvenes, estábamos allá, al fondo, de pie, tocaban una campanilla, nos poníamos de rodillas, acababa aquello y nos largábamos”. Eso no era practicar la religión. “Una cosa tenía clara: no podía engañarme a mí mismo. No podía ser un cretino: o creía seriamente en Dios o, si no, era mejor dejarlo… y así es como lo dejé todo”.

Sufrió una profunda crisis existencial que le llevó al ateísmo, o como él dice, a la kénosis, la experiencia de bajar al infierno de una existencia sin Dios. Intentó comprenderse y entender el mundo con su existencialismo, pero todo se le volvía cada vez más absurdo: “Mi propia vida se convertía en ceniza”, con expresión de Kiko. Su espíritu se resistía a la indiferencia. O creía seriamente, o dejarlo todo.

El tedio que experimentaba lo sumía en un estado que no le daba ganas ni de pintar. Nada tenía sentido. El premio nacional que tuvo “la desgracia de ganar”, lo lanzó a la fama y al éxito, pero experimentaba igualmente que tampoco esto daba sentido a su holgada vida. Había roto con la Trascendencia. Interiormente había muerto. Mascaba la desesperación.

((Palomeras Altas. Madrid, 1964. Nace el Camino. Chabolas. Descubre el misterio de Cristo tras las huellas de Charles de Foucauld, en Los Monegros, en Farlete (Zaragoza). Gitanos, quinquis, vagabundos, analfabetos, delincuentes… Carmen vivía en una chabola. L’ Abbé Pierre (Traperos de Emaús) con Kiko en las chabolas. Derribaron la chabola de Carmen. Mons. Moncillo vino llamado por Kiko, y se detuvo el derribo. Morcillo entra en la chabola de Kiko y cantan salmos y rezan. Ayuno de tres días en la cueva de S. Caprasio. Fuentes, un pueblo abandonado de Segovia, cuya iglesia usaban para rezar. Luego en Roma y en chabola. En Peña de Francia (Portugal) nació la 1ª. Comunidad de Portugal, 1969). La Curraleira)).

2.- ¿Por qué vives? Kiko se atrevía a preguntar a la gente: “Oye, sabes por qué vives?”. Y no sabían decirle ni por qué ni para qué. Simplemente, vivían. Tampoco él sabía por qué vivir y para qué ganar dinero. Para qué levantarse cada día: “Recuerdo que sentía cono si el cielo estuviese hecho de cemento, y yo me encontrase bajo una gran cloaca”.

Reconoce que le ayudó mucho la lectura de Bergson, el filósofo de la intuición, como método de conocimiento superior a la razón. Fue la chispa. Con la intuición como potencia espiritual y su alma de artista, llegaba a reconocer que las cosas tienen su sentido. “Me di cuenta de que para negar que Dios existe necesitaba tanta fe como para creer que existe”. Un día gritó a Dios: “¡Si existes, ayúdame!”. Este vacío y oscuridad en su vida, eran en el fondo el Abismo de la llamada de Dios que le gritaba desde sí mismo. Alguien le decía en el pecho que sí, que Dios existe y se llama Padre. Y rompió a llorar. Tuvo la certeza de una experiencia honda con el Señor. Sintió que alguien le decía: “Eres libre, gratuitamente libre”.

Atribuye quizás a su sensibilidad y cualidades de artista, el profundo deseo de encontrarse sinceramente con la Belleza, con la Verdad absoluta, con la fidelidad y la coherencia. Es el modo eficaz de caminar hacia la Luz. El método agustiniano.

Exposiciones en Madrid, en Holanda y en la Expo Universal de Arte Sacro en Francia (1960). Como fruto de la crisis existencial se produce su conversión. Un día, a su padre enfadado, le dice: “Mira lo que dice aquí. Él dijo que eso eran cosas de los santos. Entonces le contestó: –”Si la Biblia no sirve para la vida, ya la puedes tirar por la ventana”. Con un grupo de artistas funda Gremio 62, para la investigación y desarrollo del Arte Sacro, un movimiento de renovación del Arte Sagrado para hacer las iglesias más hermosas. Arquitectos, pintores, escultores se pusieron a reconstruir la Iglesia, un poco a lo San Francisco. Pero era necesario recostruirla también en las personas. Ya sabía que ser cristiano era algo muy serio. Hizo el Cursillo de Cristiandad que le llevó a pedir a los demás que le ayudaran a hacerse cristiano.

Siente la llamada de Dios. El Bto. Carlos de Foucauld le enseñó la fórmula para vivir: coge una Biblia, una imagen de S. Francisco, su guitarra y se va a las barracas de Palomeras Altas, en Madrid, con los pobres, a vivir literalmente en una perrera. “Los perros vagabundos venían a darme calor”. Llevaba la vida de los gitanos. Pedía limosna, trabajaba ocasionalmente como obrero. A su perrera llegaban maleantes, excarcelados, buscados por la policía… Y también la policía. Más de 15 personas en mi chabola. Muchos problemas, conflictos increíbles, dos veces intentaron matarlo. “Tenía que hablar y darles razón de mi fe”. Kiko abre su Biblia, toma su guitarra y rompe a cantar.

Tras la noche del ateísmo y comprobando en su mismo entorno el poderoso arrastre del materialismo, concibe la idea de fundar o trazar el Camino Neocatecumenal (1964), que predica el nuntium salutis, el kerigma de la salvación (I Co 1 21), camino laborioso y profundo de conversión que da sentido pleno a la existencia. Hablaba con los gitanos que se reunían en su chabola. El canto Resucitó, sobre la victoria de Cristo, lo compuso en las chabolas ante quienes le decían que nadie había vuelto del cementerio.

Recuerda Kiko que el pasaje de los Hechos sobre Pablo y Festo (25 19 –de quodam Iesu defuncto–) le dio el punto de partida para la predicación del kerigma esencial: “Yo sí conozco a un Hombre que ha resucitado del sepulcro, que ha vencido al mundo y que ha venido a traerme la paz y la vida eterna”.

Con Carmen Hernández y algunos sacerdotes echará a andar esta nueva conciencia de ser Iglesia: el Camino.

3.- El Camino Neocatecumenal está extendido por el mundo en más de 120 países y más de 900 diócesis; unas 6000 parroquias, un millón de miembros en unas 20 000 comunidades (más de 8000 en Europa, más de 7000 en América, más de 800 en Asia, (en 16 naciones y 75 diócesis), más de 600 en África; en Oceanía); centenares de religiosas de clausura; y 69 seminarios Redemptoris Mater. Ya se han ordenado más de mil sacerdotes.

Misioneros, catequistas y familias enteras (ya han partido unas 700 familias), se ofrecen voluntarios para evangelizar al mundo. El estudio de la Palabra, el serio compromiso con la Comunidad y la intensa vivencia de la Liturgia, hacen el trípode para que este movimiento sea sólido Camino para experimentar la conciencia de Iglesia y la pertenencia al Reino.

La renovación pastoral lleva consigo la renovación y recuperación de la estética en todos los planos, desde la arquitectura hasta las vidrieras, desde la música hasta los signos, desde los espacios hasta los ritos y ornamentos.
En Roma ha decorado algunas iglesias con sus murales. El Centro Internacional para la Nueva Evangelización en San Giorgio, cerca de Loreto, se ha levantado según el proyecto de Kiko, lo mismo que las vidrieras. Vidrieras también en los seminarios Redemptoris Mater en Estados Unidos, España, Italia. En Florencia pintó la Corona mistérica (Iglesia de S. Bartolo). Diseñó también el Catecumenium. En Piacenza tiene uno de los murales más grandes del mundo. Representa la Gloria de Cristo Resucitado.

En varias parroquias de Madrid (S. José, El Tránsito, La Paloma, Sta. Catalina Labouré) tiene numerosos iconos y cuadros, corona mistérica, además de planificar varios catecumenios. En Zamora ha pintado el Nacimiento, Bautismo y Resurrección. En Israel, con un grupo de arquitectos, se construyó la Domus Galileae, centro de formación bíblica. En Finlandia (Oulu), una parroquia, donde no tenía presencia la Iglesia. El Redemptoris Mater de Santo Domingo y en otros países de América. Ha cumplido asimismo algunos encargos de iconos para la Santa Sede.

Destaca igualmente como músico por sus copiosas e inspiradas composiciones, muchas de ellas hondas y brillantes a la vez, tomadas de los salmos y otros textos bíblicos, para las celebraciones litúrgicas del Camino Neocatecumenal.

4.- Arte sacro.- Como muchos, el gran periodista Vitorio Messori, se preguntaba por qué, de unas décadas a esta parte, como cristianos, en el templo, salvo excepciones, topamos con tanta mediocridad, cuando no la torpeza y lo chabacano en arquitectura, escultura, pintura y música. Respondemos que, en el fondo subyace una crisis de fe. ¿Dónde está la belleza de los siglos que ha recreado admirablemente la Iglesia y que ha trasmitido tanta luz a la inteligencia, emociones hondas al corazón, suma paz a los espíritus?

Kiko se queja igualmente: Hace años que la Iglesia de Occidente no usa el arte para evangelizar y trasmitir la Nueva de la Salvación. Muchas templos de hoy son vacíos, desnudos, son “contenedores” en donde no hay belleza.
No es verdadero el fácil recurso al “cambio del gusto estético”. Más es el avasallamiento de la superficialidad y de lo trivial. Ante el omnipresente ruido y las “facilidades” al paso que nos asaltan, se ha atrofiado la sensibilidad de muchos, y se va esfumando el Misterio para los más. Kiko había abandonado la pintura como medio de vida a raíz de su conversión, pero volvió a tomarla para devolver el arte y la belleza a la Liturgia y a la Iglesia.

5.- Canto. Lo mismo ha hecho con el canto. Más de 200 composiciones para realzar y sublimar la letra de los salmos, textos litúrgicos, responsorios, himnos. De inspiración recia, y con las voces de toda la asamblea, esos cantos recobran nueva fuerza, comprometen al alma cuyas fibras se impregnan de la luz del misterio y la seguridad de la esperanza que brota de esa inspirada simbiosis de letra, voces y melodía. Lo que muchos seguidores del Camino no logran aún captar de los textos, a través de esos cantos con toda la asamblea, se les vuelve carne viva que camina con ellos en la fe firme de Cristo.

Uno de los cantos más conocidos, Resucitó, la victoria de Cristo sobre la muerte, lo compuso en las chabolas. S. Agustín es muy sabio al invocar a Dios Verdad, Sabiduría y Belleza en quien, de quien y por quien son verdaderas, sabias y bellas todas las cosas que lo son.

Kiko afirma que “en el Camino Neocatecumenal, vemos aparecer hoy un servicio humilde y esencial cual es el del cantor”. Él, en este itinerario de educación de la fe, tiene la misión de ayudar a crear la comunidad litúrgica o, mejor, de recrearla; de convertir tantas veces una pluralidad en una unidad de culto: “A una sola voz, con un solo corazón y con una sola alma”.

Culto espiritual que se expresa en la acción litúrgica de la comunidad: fuente constante, en nuestro caminar histórico, de lo más profundamente inocente: el sentimiento de nuestra maldad iluminado por lo inefable del amor de Alguien que nos ama a Sí, que nos ama aunque hayamos sido sus enemigos; fuente de la conversión, fuente de la fe”.

Autor de canciones tan conocidas como Hacia ti, morada santa o Resucitó, Pequeña María. Empezó su andadura musical en los años sesenta y se afianzó en los setenta cuando miles de personas ya cantaban sus canciones. Sus composiciones se centran fundamentalmente en la fuerza de la palabra y mantiene una marcada línea acústica, al estilo de los cantores del pueblo que surgieron en aquellos años.

Kiko Argüello tiene la capacidad de emocionar y hacer participar a miles de personas con su sola guitarra y voz, algo que está en la raíz de su éxito como autor y cantor. Otro elemento característico es su capacidad de hacer participar del canto. Compone para la asamblea, manteniendo en todos los casos, el esquema de amplias estrofas proclamadas por un solista y estribillos sencillos para coro y asamblea.

Creador multifacético, Kiko Argüello ha desarrollado también otras artes como la arquitectura y la pintura, con obras que pueden contemplarse en diversos países y entre las que destacan las pinturas y vidrieras de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena en Madrid.

Al igual que en la pintura, en la que toma como modelos los iconos bizantinos, en lo que a la evolución musical se refiere, ha ido haciendo propios distintos elementos orientales, tanto en las frases y cadencias como en los arreglos e instrumentación, con una marcada influencia de la tradición judía, y se ha centrado en la musicalización de los textos bíblicos, himnos litúrgicos y oraciones de la tradición de la Iglesia.

Algunos de sus cantos se interpretan en la actualidad en muchas parroquias del mundo y en no pocas ocasiones en presencia de varios Papas. Muchos cantos se acompañan con numerosos instrumentos musicales.

Discografía. Kiko Argüello es autor de algunos discos que la edit. PAX lanzó a la venta entre los años 60 y 70. Entre ellos, Resucitó, cantos al Misterio Pascual, Cantos para las comunidades cristianas; Cantos comunitarios eucarísticos o Abba, Padre. Tras muchos años, en 1992 grabó María, Piccola María, en italiano, que publicó San Paolo (Italia) en casete. En 2009, el disco se ha reditado en CD y continúa con enorme éxito. En 2010, y a petición del Card. Rouco, Arzob. de Madrid, ha editado Paloma incorrupta.

6.- Siempre se ha representado la figura humana. La Iglesia la ha usado prácticamente desde el principio. Y la iconografía cristiana en todas sus variantes fue llamada durante siglos “la Biblia del analfabeto”, “el catecismo de los pobres”. Los griegos dicen que los iconos son para los ojos, como la Palabra para los oídos.

Argüello, como los pintores verdaderos, no ha querido romper con la más auténtica y honda expresión tradicional. Al contrario, ha captado la fuerza y la verdad de su mensaje y lo trae a nuestra sensibilidad bajo aparentes formas antiguas, pero con rasgos, líneas y trazos de auténtica y moderna expresividad. Su pintura es una síntesis entre la tradición artística de la Iglesia Ortodoxa y la modernidad de la pintura occidental.

El icono tiene su exigencia, su espiritualidad, su mística, su teología. Refleja una atmósfera divina y, en cierto modo, materializa el orden divino trasladado a imagen, a icono. El icono posee su lenguaje y su simbología con evocaciones trascendentes y místicas. No solo por la figura (que sería el texto), sino por cada uno de sus colores (que sería su expresión literaria), el icono es como un libro para ser leído.

De hecho, los iconógrafos dicen que más que pintar, escriben iconos. Son una presencia terrena del mundo trascendente, del misterio. En la Iglesia latina llamamos sacramental. Es un objeto litúrgico que contiene y manifiesta el misterio de la cercanía y adaptación de Dios al hombre. Es expresión de la condescendencia divina –sincatábasis– para con el hombre que es equipo de carne, de sentidos, sentimientos, afectos y conceptos que encierra un icono.

Escribir un icono requiere concentración intelectual y religiosa. Ponerse en condiciones espirituales de contemplación y quedar como en trance de ser envuelto por la belleza y la suavidad de Dios. Pedir a Dios unción de mente, corazón y manos para poder entregar el icono de Dios. Uno de los pintores del equipo de Argüello, Juan Pablo Civil, dice igualmente: “Pintar un icono es un ejercicio religioso, una ascesis que debe ser acompañada de oración y ayuno”.

7.- Los colores. La luz es el fondo de todo icono y los colores tienen significado teológico. El dorado representa la luz y gloria de Dios, símbolo de la Luz Increada pues los antiguos veían en el color del sol, único en la naturaleza, un reflejo de la divinidad. Símbolo de la presencia de Dios. El icono es una tabla esplendente de luz. Estará como fondo o marco de todos los iconos. Se orlan de oro los mantos de Cristo y de la Virgen.

El blanco representa la luz que contiene todos los colores. Es la expresión de la “Vida “. Por eso el Resucitado, el Pantocrátor, el nimbo de los santos, va pintado de blanco. Es el color de la pureza y de la trascendencia.
El negro es la ausencia de luz y de color. Símbolo del mal. Quiere significar la muerte, el caos, la nada. Donde no hay luz no puede darse la vida.

El azul es el color de la inmensidad de lo divino. Se relaciona, por tanto, con la pureza y la santidad. Lo inexpresable. El azul es una representación de la trasparencia de Dios.

El rojo es el color de la sangre y representa el amor y el sacrificio hasta la muerte. Es típico color humano, eminentemente terrenal. Lo lucirán los mártires y la túnica de Cristo, Sacerdote y víctima. También representa el poder humano. El fuego del Espíritu es anaranjado y oro. El fuego de la venganza y del infierno, de color rojo.

El púrpura, color reservado al emperador, símbolo del poder regio o imperial. Es utilizado en los mantos y túnicas del Pantocrátor y de la Teotokos. Representa el poder divino de Cristo y, por extensión, de su Madre. Simboliza el Sumo Sacerdocio de Cristo. El púrpura azul era signo del sacerdocio judío. En Bizancio era de púrpura el manto del emperador.

El verde indica la naturaleza y la vida sobre la tierra y de su pujanza que siempre se renueva. Representa la vida espiritual que crece, madura y fructifica. Anuncia siempre nueva vida.

El marrón u ocre es color terroso. Es el color de los rostros, no por afán realista, sino por simbolizar la tierra como origen humano. Importa más plasmar la estética de las realidades espirituales, que la mera belleza externa. El color terroso del hábito del monje le hace de memorial que le recuerda su humilde origen. Otros colores, fuera de estos, carecen iconográficamente de simbología.

8.- La Almudena. Por encargo del Cardenal Rouco, y como el mejor proyecto presentado, Kiko y su equipo de 7 pintores, todos profesionales y profesores de Bellas Artes, con 15 ayudantes, han trabajado durante 4 meses y más de 12 horas diarias, para pintar la Corona Mistérica sobre el ábside de la Catedral de Ntra. Sra. de la Almudena.

Iconográficamente, Kiko se inspira, sobre todo, en Rublev. Oración, música monacal, ortodoxa del monasterio ecuménico de Chevetogne, laudes, polifonía religiosa, responsorios de Victoria, Liturgia, ayuno a pan y agua los viernes, son la ambientación ideal para el trabajo e inspiración de esta singular pléyade de artistas. Se pinta y se reza. Antes, Argüello fue a recibir la bendición personal del Papa. También se requerirán condiciones similares para la correcta “lectura” o contemplación del icono.

Maestros y discípulos, trabajadores y ayudantes seminaristas, todos pertenecen al Camino Neocatecumenal y, por supuesto, todo su trabajo ha sido gratis. En otra circustancia, esta obra hubiera rebasado los dos millones de euros. Alguien comenta: “¡Así son las obras de Dios!”.

Estas pinturas –representación teológica de la fe– son la resonancia del Reino celestial para que vibre y alabe el corazón humano. La Corona Mistérica representa los misterios principales de la fe. Ya el gran apologista del arte cristiano, S. Juan Damasceno, decía: «La belleza y el color de la imágenes estimulan mi oración para dar gloria a Dios. La palabra es al oído lo que la imagen es a la vista».

Las pinturas van coronadas por otras siete vidrieras de orden astracto, radiantes de color; y otra en la parte baja del ábside detrás del altar mayor, según los diseños de Kiko. Están dedicadas a la Palabra, o Verbo de Dios, reproducida en siete idiomas: Dabar, Logos, Verbum… En la vidriera central, “María,” Madre de la Iglesia y titular de la Catedral de Madrid, Ntra. Sra. de la Almudena. (Techos y cúpulas de la Almudena fueron pintados por José L. Galicia (1930, amigo de Picasso).

P. D. Jiménez Sanz, agustino recoleto

 


El maná de cada día, 16.7.17

julio 15, 2017

Domingo XV del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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elsembrador

Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida



Antífona de Entrada: Sal 16, 15

Yo, con mi apelación vengo a tu presencia y al despertar me saciaré de tu semblante.


Oración colecta

Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mí boca:

no volverá a mi vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

SALMO 64, 10. 11. 12-13. 14

La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales.

Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes.

Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría.

Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan.


SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 18-23

Hermanos:

Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.

Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.

Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.


Aclamación antes del Evangelio

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.


EVANGELIO: Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.

El que tenga oídos que oiga.»

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»

Él les contestó:

«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender.

Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.”

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.»


Antífona de la comunión: Sal 83, 4-5

Hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos; tus altares, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.


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SI HUBIERA TEMIDO LA TIERRA MALA,
NO HUBIERA LLEGADO TAMPOCO A LA BUENA

San Agustín, Sermón 101, 3

De aquí recibió Pablo la semilla. Es enviado a la gentilidad y no lo calla, al recordar la gracia recibida de modo principal y especial para esta función. Dice en sus escritos que fue enviado a predicar el evangelio allí donde Cristo aún no había sido anunciado.

Pero como aquella otra siega ya tuvo lugar y los judíos que quedaron eran paja, prestemos atención a la mies que somos nosotros.

Sembraron los apóstoles y los profetas. Sembró el mismo Señor; él estaba, en efecto en los apóstoles, pues también él cosechó; nada hicieron ellos sin él; él sin ellos es perfecto, y a ellos les dice: Sin mí nada podéis hacer (Jn 15, 5).

¿Qué dice Cristo, sembrando entre los gentiles? Ved que salió el sembrador a sembrar (Mt 13, 3). Allí se envían segadores a cosechar; aquí sale a sembrar el sembrador no perezoso.

Pero ¿qué tuvo que ver con esto el que parte cayera en el camino, parte en tierra pedregosa, parte entre las zarzas? Si hubiera temido a esas tierras malas, no hubiera venido tampoco a la tierra buena. Por lo que toca a nosotros, ¿qué nos importa? ¿Qué nos interesa hablar ya de los judíos, de la paja?

Lo único que nos atañe es no ser camino, no ser piedras, no ser espinos, sino tierra buena: ¡Oh Dios!, mi corazón está preparado (Sal 56,8) para dar el treinta, el sesenta, el ciento, el mil por uno. Sea más, sea menos, siempre es trigo.

No sea camino donde el enemigo, cual ave, arrebate la semilla pisada por los transeúntes; ni pedregal donde la escasez de la tierra haga germinar pronto lo que luego no pueda soportar el calor del sol; ni zarzas que son las ambiciones terrenas y los cuidados de una vida viciosa y disoluta.

¿Y qué cosa peor que el que la preocupación por la vida no permita llegar a la vida? ¿Qué cosa más miserable que perder la vida por preocuparse de la vida? ¿Hay algo más desdichado que, por temor a la muerte, caer en la misma muerte? Estírpense las espinas, prepárese el campo, siémbrese la semilla, llegue la hora de la recolección, suspírese por llegar al granero y desaparezca el temor al fuego.


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LA CREACIÓN ESPERA

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

En la segunda lectura, del Apóstol Pablo, leemos: «La creación… fue sometida a la caducidad –no espontáneamente, sino por aquel que la sometió- en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios… La creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto».

Este texto famoso nos habla de una solidaridad, en el bien y en el mal, entre el hombre y la creación. Juntos gimen, juntos esperan; el gemido del hombre es fruto de la corrupción de su libertad, el de la creación es participación en el destino del hombre.

Estamos ante el texto de la Escritura más cercano a lo que hoy se entiende por ecología y protección de la creación, y es este el tema al que queremos dedicar nuestra reflexión, para intentar sacar a la luz el fundamento bíblico.

Hay dos formas de hablar de ecología y de respeto de la creación: una a partir del hombre y otra a partir de Dios.

La primera tiene en el centro al hombre. En este caso, no hay tanta preocupación de las cosas por sí mismas, como en función del hombre: por el daño irreparable que el agotamiento, o la contaminación, del aire, del agua y la desaparición de ciertas especies animales ocasionarían a la vida humana en el planeta. Es un ecologismo que se puede resumir en el lema: «Salvemos la naturaleza y la naturaleza nos salvará a nosotros».

Este ecologismo es bueno, pero muy precario. Los intereses humanos varían, de hecho, de nación en nación, de un hemisferio a otro, y es difícil que se pongan todos de acuerdo.

Se ha visto a propósito del famoso agujero en el ozono. Ahora nos hemos percatado de que ciertos gases perjudican el ozono y querríamos poner un límite a refrigeradores, aerosoles y cosas por el estilo en las que tales gases se emplean. Pero en los países en vías de desarrollo, que sólo ahora llegan a dotarse de estas comodidades, nos responden justamente que es demasiado cómodo exigir de ellos estas renuncias, cuando nosotros desde hace tiempo nos hemos puesto a salvo.

Por esto es necesario encontrar en el ecologismo un fundamento más sólido. Y éste sólo puede ser de naturaleza religiosa.

La fe nos enseña que debemos respetar la creación no sólo por intereses egoístas, para no dañarnos a nosotros mismos, sino porque la creación no es nuestra.

Es verdad que al principio Dios dijo al hombre que «dominara» la tierra, pero en dependencia de él, de su voluntad; como administrador, no como amo absoluto. Él ordena «labrar y cuidar» el jardín (Gn 2,15); el hombre es por lo tanto custodio, no dueño de la tierra. Entre él y las cosas hay más una relación de solidaridad y de fraternidad que de dominio.

Había comprendido bien todo esto San Francisco de Asís que llamaba hermano o hermana a todas las criaturas: el sol, la luna, las flores, la tierra, el agua.

Estamos en pleno verano, tiempo de vacaciones. Lo que estamos diciendo nos puede ayudar a pasar las vacaciones más bellas y más sanas.

El mejor modo de volver a templar el cuerpo y el espíritu no es pasar los días arrimados unos a otros en las playas y luego la noche apretados en locales y discotecas, continuando así, en otro entorno, la misma vida artificial y caótica que se lleva el resto del año.

Debemos más bien buscar el contacto con la naturaleza, momentos en que nos sintamos en sintonía profunda con ella y con las cosas. Es increíble el poder que tiene el contacto con la naturaleza para ayudarnos a reencontrarnos a nosotros mismos y nuestro equilibrio interior.

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

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