Parolin reclama “sensatez” a los firmantes del manifiesto ‘anti Bergoglio’

octubre 1, 2017

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El Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin

Parolin reclama “sensatez” a los firmantes del manifiesto ‘anti Bergoglio’

“En esos asuntos uno debe razonar y encontrar formas de entendernos mutuamente”

Bruño Forte: “Es una operación contra el Papa y contra la Iglesia”

Por Cameron Doody

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“Es importante el diálogo, incluso dentro de la Iglesia”. Con estas palabras, el cardenal Secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, ha llamado a la sensatez en el debate sobre la exhortación apostólica Amoris laetitia, que este fin de semana llegó a un punto álgido tras la publicación de la llamada “corrección filial” al Papa Francisco.

De acuerdo con lo relatado por la agencia ANSA, este jueves el “número dos” del Vaticano se convirtió en la primera figura de la jerarquía en referirse a esta “corrección filial” firmada por medio centenar de teólogos y académicos. A través de una carta, estos ultraconservadores acusaron al pontífice de propagar en su escrito, y en sus “actos, palabras y omisiones” subsiguientes, siete posturas heréticas sobre el matrimonio, la moral y la recepción de los sacramentos.

Hablando en Roma al margen de una conferencia sobre la persecución que sufren los cristianos iraquíes, el cardenal Parolin afirmó que quienes no estén de acuerdo con el Papa son libres de expresarse, “pero en esos asuntos uno debe razonar y encontrar formas de entendernos mutuamente”.

Aunque ninguno de los firmantes de la “corrección filial” sea ni cardenal ni más ‘obispo’ que el líder del grupo tradicionalista de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, o “lefebvrianos”, Bernard Fellay, la publicación de dicho escrito este fin de semana ha desatado una oleada de titulares que auguran un “cisma” potencial en la Iglesia.

La “corrección filial” también ha reavivado el debate sobre los ‘dubia’ de los cuatro cardenales acerca de Amoris laetitia presentados al Papa el año pasado, aunque los responsables de la nueva “corrección filial” han decidido, en esta ocasión, que sea “una iniciativa independiente” no impulsada -al menos directamente- por el cardenal Raymond Burke, ‘líder de la oposición’ a Francisco en la Curia.

Por su parte, y en declaraciones al Avvenire, el teólogo y secretario especial del Sínodo de la Familia, Bruno Forte, se refirió al documento ‘anti Bergolio’ como “una operación contra el Papa y contra la Iglesia”.

En opinión de Forte, la ‘Amoris Laetitia’ “responde a una pregunta pastoral -si los divorciados vueltos a casar pueden comulgar- perfectamente legítima y evangélica, basada en la caridad”. Por ello, considera tanto los ‘dubia’ como la ‘corrección’ como un “ataque grave e instrumentalizado”.

Asimismo, el prelado indica que se trata de “la expresión de un grupo absolutamente minoritario que no ha captado el mensaje de fondo de ‘Amoris laetitia'”. Y que cierran la puerta al “espíritu del Concilio Vaticano II que Francisco está encarnando”.

Y aunque el cardenal Parolin llame al diálogo sobre la apertura a los sacramentos que propone Amoris laetitia a los católicos divorciados y vueltos a casar, cabe recordar que este mismo jueves La Civiltà Cattolica publicó las más extensas reflexiones del Papa Francisco sobre el debate de las que se ha tenido constancia hasta la fecha.

“Escucho muchos comentarios -respetables porque los dicen hijos de Dios, pero equivocados- sobre la Exhortación apostólica postsinodal”, admitió el Papa a un grupo de jesuitas con que se reunió durante su reciente visita a Colombia. Pero “para entender Amoris Laetitia hay que leerla de principio a fin. Empezar con el primer capítulo, continuar por el segundo… y así siguiendo… y reflexionar”, continuó.

“Una segunda cosa”, prosiguió Francisco en este encuentro en Cartagena de Indias: “Algunos sostienen que la moral que está a la base de Amoris Laetitiano es una moral católica o, al menos, que no es una moral segura. Ante esto quiero reafirmar con claridad que la moral de Amoris laetitia es tomista, la del gran Tomás. Pueden hablar de esto con un gran teólogo, entre los mejores de hoy y entre los más maduros, el cardenal Schönborn”.

“Esto lo quiero decir”, zanjó el pontífice, “para que ayuden a la gente que cree que la moral es pura casuística. Ayúdenlos a darse cuenta de que el gran Tomás tiene una riqueza muy grande, capaz también hoy de inspirarnos. Pero de rodillas, siempre de rodillas…”

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/09/29/religion-iglesia-vaticano-cardenal-pietro-parolin-insta-al-dialogo-en-medio-de-la-polemica-sobre-amoris-laetitia-suscitada-por-los-ultras-papa-francisco-correccion-filial.shtml#.Wc5qyFVm0s0.facebook

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El Papa Francisco afirma que la reforma litúrgica es irreversible

agosto 24, 2017

 

 

El Papa Francisco: Después de este magisterio y largo camino, podemos afirmar que la reforma litúrgica es irreversible

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El Papa Francisco afirma que la reforma litúrgica es irreversible

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VATICANO, 24 Ago. 17 / 06:28 am (ACI).- El Papa Francisco afirmó que, después de 50 años desde el Concilio Vaticano II, “la reforma litúrgica es irreversible” y animó a profundizar más en ella.

El Santo Padre señaló que “todavía hay trabajo que hacer”, “para redescubrir los motivos de las decisiones tomadas respecto a la reforma litúrgica, superando lecturas infundadas y superficiales, recepciones parciales y prácticas que la desfiguran”.

“No se trata de repensar la reforma revisando las decisiones, sino de conocer mejor las razones subyacentes, tanto por medio de la documentación histórica como de la interiorización de los principios que la inspiraron, y de observar la disciplina que la regula”.

Para el Papa Francisco, “después de este magisterio y largo camino, podemos afirmar que la reforma litúrgica es irreversible”.

En un discurso pronunciado en el Aula Pablo VI del Vaticano con motivo de la Semana Litúrgica Nacional que se celebra para conmemorar los 70 años del nacimiento del Centro de Acción Litúrgica, Francisco recordó que el Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica “son dos eventos estrechamente relacionados” y que la aplicación práctica de la reforma litúrgica aún está en proceso “porque no basta con reformar los libros litúrgicos para renovar la mentalidad”.

El Santo padre recordó que “la responsabilidad de promover y custodiar la liturgia está confiada al derecho de la Sede Apostólica y a los Obispos diocesanos”.

El Santo padre reflexionó sobre algunos aspectos relacionados con el tema de la Semana Litúrgica: “Una Liturgia viva para una Iglesia viva”.

“La liturgia –señaló Francisco– está viva por la presencia viva de Aquel que muriendo destruyó la muerte, y resucitando nos ha dado la vida. Sin la presencia real del misterio de Cristo no hay vitalidad litúrgica. Al igual que sin latido cardíaco no hay vida humana, sin el corazón latiente de Cristo no existe acción litúrgica”.

El Pontífice explicó que “aquello que define la liturgia es la actuación, mediante los santos signos, de Jesucristo por medio del sacerdote, es decir, el ofrecimiento de su vida hasta extender los brazos en la cruz, con un sacerdocio constantemente presente por medio de los ritos y oraciones, principalmente en su Cuerpo y en su Sangre, pero también en la persona del mismo sacerdote, en la proclamación de la Palabra de Dios, en la asamblea reunida en su nombre”.

De entre los diferentes signos de la liturgia, el Santo Padre destacó la importancia del altar, “signo de Cristo piedra viva descartada por los hombres, pero convertida en piedra angular del edificio espiritual en el cual se ofrece al Dios vivo el culto en espíritu y verdad”.

“Por ello, el altar, lugar en el que en nuestras iglesias converge la atención, se realiza la ofrenda, se unge con el crisma, se inciensa, se besa y se venera. Hacia el altar se orienta la mirada de los orantes, del sacerdote y de los fieles, convocados para la santa asamblea a su alrededor. Sobre el altar si sitúa la ofrenda de la Iglesia que el Espíritu consagra sacramento del sacrificio de Cristo. Sobre el altar se ofrece el pan de la vida y el cáliz de la salvación”, subrayó.

El Obispo de Roma identificó la liturgia como patrimonio de todo el pueblo de Dios, ya que “la liturgia la vive el pueblo de la Iglesia al completo. Por su naturaleza, la liturgia es popular, no clerical, exigiendo una acción por el pueblo, pero también del pueblo”.

En la liturgia “se invoca a los pequeños y a los grandes, a los ricos y a los pobres, a los jóvenes y a los ancianos, a los sanos y a los enfermos, a los justos y a los pecadores. A imagen de la multitud inmensa que celebra la liturgia en el santuario del cielo, la asamblea litúrgica supera, en Cristo, cada frontera de edad, raza, lengua y nación”.

“La liturgia –continuó– es vida, y no una idea para entender. Nos lleva, de hecho, a vivir una experiencia iniciática, es decir, transformadora del modo de pensar, de comportarse, y no a enriquecer la propia bolsa de ideas sobre Dios”.

El Papa finalizó su discurso señalando que “no podemos olvidar que la riqueza de la Iglesia en oración, en cuanto que católica, va más allá del Rito Romano que, si bien es el más extendido, no es el único. La armonía de las tradiciones rituales de oriente y de Occidente, por la inspiración del mismo Espíritu, da voz a la única Iglesia orante por Cristo, con Cristo y en Cristo, para gloria del Padre y para la salvación del mundo”.


Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal Peruana por la Visita del Papa Francisco al Perú

agosto 19, 2017

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Visita del Papa Francisco al Perú – Enero 2018

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C A R T A   P A S T O R A L de la CEP – VISITA PAPAL

 Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…

Lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos

y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos (Mt 16, 18-20).

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A todos los fieles y personas de buena voluntad

Queridos hermanos: Paz en el Señor.

Les escribimos esta carta con ocasión de la próxima visita apostólica que va a realizar el Papa Francisco al Perú los días 18 al 21 de enero del próximo año 2018. Y lo hacemos con el propósito de orientar a todos sobre su sentido y el espíritu con que debemos prepararnos para recibir al Santo Padre y acoger el testimonio de fe y esperanza que nos trae en nombre del Señor Jesús.

El anuncio de la visita nos llena de alegría al pueblo cristiano y es motivo de esperanza para todo el Perú. El gozo que sentimos nos compromete a prepararnos adecuadamente para que esos días sean de gracia y bendición y ocasión de siembra generosa, llamada a dar frutos de renovación en nuestra vida cristiana y de fortalecimiento de los valores de convivencia cívicos, de los que estamos tan urgidos en el momento presente.

  1. “Vayan y hagan discípulos a todas las gentes… y enséñenles a guardar todo lo que yo les he mandado (Mt 28, 19-20)

¿Por qué viene el Papa al Perú? ¿A qué obedece esta decisión suya?

La visita del Papa Francisco la entendemos a la luz del testamento de Jesús a los apóstoles. Este mandato misionero es un imperativo siempre actual y debe estar permanentemente presente en la vida de la Iglesia. “Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”, en feliz expresión del beato Pablo VI (En 14). Así ha sido a lo largo de los siglos y lo es en la actualidad. En esta clave hemos de entender toda la actividad de la Iglesia y la de cada uno de nosotros.

La responsabilidad del anuncio del evangelio compete en primer lugar a todos los obispos unidos al Papa. Este, como sucesor de Pedro y piedra sobre la que Cristo edifica su Iglesia, cumple su deber de muchas maneras; una de ellas son las visitas apostólicas que realiza a los diversos países. En estas procura que el encuentro con los distintos grupos de personas favorezca el encuentro de los creyentes con Jesucristo vivo y la transmisión de la fe a cuantos no lo conocen o se han alejado de Él.

Con las visitas el Papa siempre busca la cercanía con los fieles y personas de buena voluntad, para llevarlos al encuentro con Jesucristo vivo y hacer posible la transmisión de la fe a cuantos no lo conocen o se han alejado de Él. Igualmente promueve la unión de todos los cristianos, el respeto entre todos los grupos de creyentes, la convivencia entre los pueblos y el cuidado responsable de la creación. Con su cercanía, su anuncio gozoso de Jesús Salvador, su humilde servicio de evangelizador y el aroma evangélico que desprende su persona atrae a todos al encuentro con Jesús.

  1. “Confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32)

¿Para qué viene el Papa?

Sabiendo Jesús que el apóstol Pedro le negaría por tres veces, le dice: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no flaquee, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos en la fe” (Lc 22, 32). A esto viene el Papa al Perú. El Pedro de hoy viene a confirmarnos en la fe en Cristo para que seamos testimonio de unidad y coherencia.

La fe de los creyentes siempre necesita ser fortalecida, porque el pecado presente en la sociedad y en la vida de los cristianos, incluidos aquellos de quienes debiera esperarse siempre un testimonio más claro de coherencia, pone en peligro la fe de los más débiles.

Tenemos la firme esperanza de que la presencia del Papa, su mensaje claro y estimulante de puro sabor evangélico, su testimonio de vida, su cercanía, especialmente con los últimos de la sociedad, su lenguaje franco y directo… contribuirán a que la fe de nuestro pueblo sea sacudida por el viento fuerte del Espíritu Santo, de suerte que a todos nos impulse a una renovada y más rica vivencia de la misma.

  1. ¡Ay de mí, si no anuncio el evangelio! (1 Cor 9, 16) 

La urgencia evangelizadora que experimentó el apóstol Pablo nos empuja a una renovada vivencia de fe, que nos anime a hacer el camino de cada día en la humilde escucha y fiel seguimiento de la Palabra del Señor, en unión de todos los hermanos. Esta actitud nos tiene que impulsar a hacer llegar la Palabra de salvación a todas las personas, ambientes, grupos humanos… a los que todavía no ha llegado o adonde ha dejado de ser escuchada.

Hoy ya no es suficiente un cristianismo recibido principalmente por tradición o herencia. Nadie nace cristiano, nos hacemos cristianos por una decisión personal. El que ha optado por seguir a Jesús ha de tener muy presente que “la evangelización es tarea de la Iglesia”, y que todo el pueblo cristiano es sujeto de evangelización (Cf Eg 111). De ahí deriva la necesidad de ser testigos del Señor Jesús, que se ha hecho hombre y ha muerto y resucitado para que en Él tengamos vida, ahora y en la eternidad.

Conclusión

Una vez recibido con gran alegría el anuncio de la llegada del Papa, la Iglesia en el Perú hemos comenzado a orar por los frutos espirituales y la renovada convivencia entre todo nuestro pueblo. Encomendamos a la intercesión de la Virgen María, Estrella de la evangelización, a los beatos mártires de Chimbote y a nuestros santos: Toribio, Rosa, Martín, Francisco Solano, Juan Macías… los frutos espirituales de esta visita apostólica del Papa Francisco a nuestra querida Patria, el Perú.

Con nuestro afecto y bendición.

Agosto 2017.

Los Obispos del Perú

 


Doce claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad

junio 11, 2017

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Doce claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad

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REDACCIÓN CENTRAL, 10 Jun. 17 / 10:09 am (ACI).- Este domingo la Iglesia celebra la solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe cristiana. Aquí te presentamos 12 datos importantes que debes saber al respecto:

1. La palabra Trinidad nace del latín

Proviene de la palabra latina “trinitas”, que significa “tres” y “triada”. El equivalente en griego es “triados”.

2. Fue utilizada por primera vez por Teófilo de Antioquía

El primer uso reconocido del término fue el dado por Teófilo de Antioquía alrededor del año 170 para expresar la unión de las tres divinas personas en Dios.

En los tres primeros días que preceden a la creación del sol y de la luna, el Obispo ve imágenes de la Trinidad: “Los tres días que preceden a la creación de los cuerpos luminosos son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría”. (Para Autólicus 2:15)

3. Trinidad significa un solo Dios y tres personas distintas

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (CCIC) lo explica así: “La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo”. (CCIC, 48)

4. La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana

Sí, y el Compendio lo explica de esta forma: “El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (CCIC, 44)

5. La Iglesia definió de forma infalible el dogma de la Santísima Trinidad

El dogma de la Trinidad se definió en dos etapas, en el primer Concilio de Nicea (325 D.C.) y el primer Concilio de Constantinopla (381 D.C.).

En el Concilio de Nicea se definió la divinidad del Hijo y se escribió la parte del Credo que se ocupa de Él. Este concilio fue convocado para hacer frente a la herejía arriana, que afirmaba que el Hijo era un ser sobrenatural pero no Dios.

En el Concilio de Constantinopla se definió la divinidad del Espíritu Santo. Este concilio combatió una herejía conocida como macedonianismo (porque sus defensores eran de Macedonia), que negaba la divinidad del Espíritu Santo.

6. La Trinidad se sustenta en la revelación divina dejada por Cristo

La Trinidad solo puede probarse a través de la revelación divina que Jesús nos trajo. No se puede demostrar por la razón natural o únicamente desde el Antiguo Testamento. El CCIC explica:

“Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios” (CCIC, 45).

Aunque el vocabulario utilizado para expresar la doctrina de la Trinidad tomó tiempo para desarrollarse, se pueden demostrar los distintos aspectos de esta doctrina con las Sagradas Escrituras.

7. La Biblia enseña que existe un solo Dios

El hecho de que solo hay un Dios se puso de manifiesto en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice: “Ustedes son mis testigos, dice Yahvé, y son mi servidor, que he elegido; sépanlo, pues, y crean en mí, y comprendan que Yo Soy. Ningún Dios fue formado antes de mí, y ningún otro existirá después” (Is. 43:10).

“Así habla el rey de Israel y su redentor, Yahvé de los Ejércitos: ‘Yo soy el primero y el último; no hay otro Dios fuera de mí’ (Is. 44: 6).

8. El Padre es proclamado como Dios numerosas veces en el Nuevo Testamento

Por ejemplo, en las epístolas de San Pablo se narra lo siguiente: “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación (…)” (II Cor. 1: 3).

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos (Ef. 4: 5-6).

9. La Biblia también demuestra que el Hijo es Dios

Esto es proclamado en varias partes del Nuevo Testamento, incluyendo al comienzo del Evangelio de San Juan:

“En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad” (Jn. 1: 1, 14).

También: “Después dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree’. Tomás exclamó: ‘Tú eres mi Señor y mi Dios’” (Jn. 20: 27-28).

10. El Espíritu Santo es Dios y así lo afirman las Escrituras

En el libro de Hechos, el Espíritu Santo es retratado como una persona divina que habla y a la que no se le puede mentir:

“Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: ‘Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado’” (Hechos 13: 2).

“Pedro le dijo: ‘Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios’” (Hechos 5: 3-4).

11. La distinción de tres Personas divinas se demuestra con la Biblia

La distinción de las Personas se puede demostrar, por ejemplo, en el hecho de que Jesús habla a su Padre. Esto no tendría sentido si fueran una y la misma persona.

“En aquella ocasión Jesús exclamó: ‘Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer” (Mt. 11: 25-27).

El hecho de que Jesús no es la misma persona que el Espíritu Santo se revela cuando Jesús -que ha estado funcionando como Paráclito (en griego, Parakletos) de los discípulos- dice que va a orar al Padre y el Padre les dará “otro Paráclito”, que es el Espíritu Santo. Esto demuestra la distinción de las tres Personas: Jesús que ora; el Padre que envía; y el Espíritu que viene:

“y yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito, para que esté con ustedes por siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes lo conocen, porque mora en ustedes” (Jn. 14: 16-17).

12. El Hijo procede del Padre y el Espíritu procede del Padre y del Hijo

“Es ciertamente de fe que el Hijo procede del Padre por una verdadera generación. Según el Credo Niceno-Constantinopolitano, Él es “engendrado antes de todos los siglos”. Pero la procesión de una Persona Divina, como el término del acto por el cual Dios conoce su propia naturaleza, es propiamente llamada generación” (Enciclopedia Católica).

El hecho de que el Hijo es generado por el Padre está indicado por los nombres de esas Personas. La segunda persona de la Trinidad no sería un Hijo si no hubiera sido generado por la primera persona de la Trinidad.

El hecho de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo se refleja en otra declaración de Jesús: “Cuando venga el Paráclito que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí” (Jn. 15: 26).

Esto representa al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo (“que yo os enviaré”). Las funciones exteriores de las Personas de la Trinidad reflejan sus relaciones mutuas entre sí. También puede decirse que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

https://www.aciprensa.com/noticias/12-claves-para-comprender-el-dogma-de-la-santisima-trinidad-54580/


El maná de cada día, 22.2.17

febrero 22, 2017

La Cátedra del apóstol san Pedro

22 de febrero de 2017

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Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia



Antífona de entrada: Lc 22, 32

El Señor dice a Simón Pedro: Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.


Oración colecta

Dios todopoderoso, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto:

Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño.

Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.


SALMO 22, 1-3.4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara, mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 16, 18

Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré a mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.


EVANGELIO: Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»


Antífona de comunión: Mt 16, 16. 18

Pedro dijo a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
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Basílica de San Pedro, Roma

Basílica de San Pedro, Roma

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LA IGLESIA DE CRISTO SE LEVANTA SOBRE LA FIRMEZA DE LA FE DE PEDRO

De los sermones de san León Magno, papa

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De todos se elige a Pedro, a quien se pone al frente de la misión universal de la Iglesia, de todos los apóstoles y los Padres de la Iglesia; y, aunque en el pueblo de Dios hay muchos sacerdotes y muchos pastores, a todos los gobierna Pedro, aunque todos son regidos eminentemente ­por Cristo.

La bondad divina ha concedido a este hombre una excelsa y admirable participación de su poder, y todo lo que tienen de común con Pedro los otros jerarcas, les es concedido por medio de Pedro.

El Señor pregunta a sus apóstoles qué es lo que los hombres opinan de él, y en tanto coinciden sus respuestas en cuanto reflejan la ambigüedad de la ignorancia humana.

Pero, cuando urge qué es lo que piensan los mismos discípulos, es el primero en confesar al Señor aquel que es primero en la dignidad apostólica. A las palabras de Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, le responde el Señor: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Es decir: «Eres verdaderamente dichoso porque es mi Padre quien te lo ha revelado; la humana opinión no te ha inducido a error, sino que la revelación del cielo te ha iluminado, y no ha sido nadie de carne y hueso, sino que te lo ha enseñado aquel de quien soy el Hijo único».

Y añade: Ahora te digo yo, esto es: «Del mismo modo que mi Padre te ha revelado mi divinidad, igualmente yo ahora te doy a conocer tu dignidad: Tú eres Pedro, que soy la piedra inviolable, la piedra angular que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, yo, que soy el fundamento, fuera del cual nadie puede edificar, te digo a ti, Pedro, que eres también piedra, porque serás fortalecido por mi poder de tal forma que lo que me pertenece por propio poder sea común a ambos por tu participación conmigo».

Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. «Sobre esta fortaleza –quiere decir– construiré el templo eterno y la sublimidad de mi Iglesia, que alcanzará el cielo y se levantará sobre la firmeza de la fe de Pedro».

El poder del infierno no podrá con esta profesión de fe ni la encadenarán los lazos de la muerte, pues estas palabras son palabras de vida. Y del mismo modo que lleva al cielo a los confesores de la fe, igualmente arroja al infierno a los que la niegan.

Por esto dice al bienaventurado Pedro: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

La prerrogativa de este poder se comunica también a los otros apóstoles y se transmite a todos los obispos de la Iglesia, pero no en vano se encomienda a uno o que se ordena a todos; de una forma especial se otorga esto a Pedro, porque la figura de Pedro se pone al frente de todos los pastores de la Iglesia.

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50 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

diciembre 29, 2016

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Papa con la Paloma

El Papa Francisco suelta la paloma de la paz en la Plaza de San Pedro 

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 
50 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2017

 

«La no violencia: un estilo de política para la paz»

  1. Al comienzo de este nuevo año formulo mis más sinceros deseos de paz para los pueblos y para las naciones del mundo, para los Jefes de Estado y de Gobierno, así como para los responsables de las comunidades religiosas y de los diversos sectores de la sociedad civil. Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. Especialmente en las situaciones de conflicto, respetemos su «dignidad más profunda» [1] y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida.

Este es el Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz. En el primero, el beato Papa Pablo VI se dirigió, no sólo a los católicos sino a todos los pueblos, con palabras inequívocas: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)».

Advirtió del «peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas».

Por el contrario, citando Pacem in terris de su predecesor san Juan XXIII, exaltaba «el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor» [2]. Impresiona la actualidad de estas palabras, que hoy son igualmente importantes y urgentes como hace cincuenta años.

En esta ocasión deseo reflexionar sobre la no violencia como un estilo de política para la paz, y pido a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos. Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales.

Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz.

Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.

Un mundo fragmentado

  1. El siglo pasado fue devastado por dos horribles guerras mundiales, conoció la amenaza de la guerra nuclear y un gran número de nuevos conflictos, pero hoy lamentablemente estamos ante una terrible guerra mundial por partes. No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento de lo que fue en el pasado, ni si los modernos medios de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hace más conscientes de la violencia o más habituados a ella.

En cualquier caso, esta violencia que se comete «por partes», en modos y niveles diversos, provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente.

¿Con qué fin? La violencia, ¿permite alcanzar objetivos de valor duradero? Todo lo que obtiene, ¿no se reduce a desencadenar represalias y espirales de conflictos letales que benefician sólo a algunos «señores de la guerra»?

La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos.

La Buena Noticia

  1. También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39). Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones» [3].

Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia. Esta —como ha afirmado mi predecesor Benedicto XVI— «es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “plus” viene de Dios»[4].

Y añadía con fuerza: «para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”»[5].

Precisamente, el evangelio del amad a vuestros enemigos (cf. Lc 6,27) es considerado como «la charta magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia»[6].

Más fuerte que la violencia

  1. Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo»[7]. Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos»[8]. En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos»[9]. Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas.

La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes. No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia.

No podemos olvidar el decenio crucial que se concluyó con la caída de los regímenes comunistas en Europa. Las comunidades cristianas han contribuido con su oración insistente y su acción valiente. Ha tenido una influencia especial el ministerio y el magisterio de san Juan Pablo II. En la encíclica Centesimus annus (1991), mi predecesor, reflexionando sobre los sucesos de 1989, puso en evidencia que un cambio crucial en la vida de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza «a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia»[10].

Este itinerario de transición política hacia la paz ha sido posible, en parte, «por el compromiso no violento de hombres que, resistiéndose siempre a ceder al poder de la fuerza, han sabido encontrar, una y otra vez, formas eficaces para dar testimonio de la verdad». Y concluía: «Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia sin violencia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales»[11].

La Iglesia se ha comprometido en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países, implicando incluso a los actores más violentos en un mayor esfuerzo para construir una paz justa y duradera.

Este compromiso en favor de las víctimas de la injusticia y de la violencia no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que «la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida»[12].

Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista»[13]. La violencia es una profanación del nombre de Dios[14]. No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra»[15].

La raíz doméstica de una política no violenta

  1. Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia. Es parte de aquella alegría que presenté, en marzo pasado, en la Exhortación apostólica Amoris laetitiacomo conclusión de los dos años de reflexión de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón[16]. Desde el seno de la familia, la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad[17]. Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero. En este sentido, hago un llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares: la disuasión nuclear y la amenaza cierta de la destrucción recíproca, no pueden servir de base a este tipo de ética[18]. Con la misma urgencia suplico que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños.

El Jubileo de la Misericordia, concluido el pasado mes de noviembre, nos ha invitado a mirar dentro de nuestro corazón y a dejar que entre en él la misericordia de Dios. El año jubilar nos ha hecho tomar conciencia del gran número y variedad de personas y de grupos sociales que son tratados con indiferencia, que son víctimas de injusticia y sufren violencia. Ellos forman parte de nuestra «familia», son nuestros hermanos y hermanas.

Por esto, las políticas de no violencia deben comenzar dentro de los muros de casa para después extenderse a toda la familia humana. «El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo»[19].

Mi llamamiento

  1. La construcción de la paz mediante la no violencia activa es un elemento necesario y coherente del continuo esfuerzo de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales, a través de su participación en las instituciones internacionales y gracias también a la aportación competente de tantos cristianos en la elaboración de normativas a todos los niveles. Jesús mismo nos ofrece un «manual» de esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.

Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades.

Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso»[20].

Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social. La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado[21].

Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»[22].

La Iglesia Católica acompañará todo tentativo de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa. El 1 de enero de 2017 comenzará su andadura el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura»[23].

En conclusión

  1. Como es tradición, firmo este Mensaje el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. María es Reina de la Paz. En el Nacimiento de su Hijo, los ángeles glorificaban a Dios deseando paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad (cf. Lc 2,14). Pidamos a la Virgen que sea ella quien nos guíe.

«Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla»[24].

En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz»[25].

Vaticano, 8 de diciembre de 2016

Francisco

 

[1] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.

[2] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1968.

[3] «Leyenda de los tres compañeros»: Fonti Francescane, n. 1469.

[4] Angelus (18 febrero 2007).

[5] Ibíd.

[6] Ibíd.

[7] Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz (11 diciembre 1979).

[8] Homilía en Santa Marta«El camino de la paz» (19 noviembre 2015).

[9] Homilía en la canonización de la beata Madre Teresa de Calcuta (4 septiembre 2016).

[10] N. 23.

[11] Ibíd.

[12] Discurso, Audiencia interreligiosa (3 noviembre 2016).

[13] Discurso a los participantes al tercer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares (5 noviembre 2016).

[14] Cf. Discurso en el Encuentro interreligioso con el Jeque de los musulmanes del Cáucaso y con representantes de las demás comunidades religiosas del país, Bakú (2 octubre 2016).

[15] Discurso, Asís (20 septiembre 2016).

[16] Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 90-130.

[17] Ibíd., 133.194.234.

[18] Cf. Mensaje con ocasión de la Conferencia sobre el impacto humanitario de las armas atómicas (7 diciembre 2014).

[19] Carta Enc. Laudato si’, 230.

[20] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 227.

[21] Cf. Carta Enc. Laudato si’16.117.138.

[22] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.

[23] Carta apostólica en forma de «Motu Proprio» con la que se instituye el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (17 agosto 2016).

[24] Regina Coeli, Belén (25 mayo 2014).

[25] Llamamiento, Asís (20 septiembre 2016).

 

 


Fernando Sebastián: “Decir que Amoris Laetitia no es magisterio papal es casi insultante”

diciembre 16, 2016

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Fernando

El Sr. Cardenal, Fernando Sebastián, durante su intervención

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Fernando Sebastián: “Decir que Amoris Laetitia no es magisterio papal es casi insultante”

“No puede haber una solución universal para todos los casos, porque las situaciones son diferentes”

Tiene el aval de la providencia y la intervención de Jesús en favor de su Iglesia. El Papa, como sucesor de Pedro, está respaldado por la oración de Jesús.
Por Jesús Bastante

A sus 87 años (los cumplió el pasado miércoles), el cardenal Fernando Sebastián sigue manteniendo un torrente de voz y de energía. El primer purpurado español nombrado por Francisco (algunos afirman que se trata de uno de sus consejeros), disertó anoche en el Instituto de Vida Religiosa de los Claretianos sobre la “polémica” exhortación Amoris Laetitia y sus implicaciones en el futuro de la familia. Una conferencia que contó con la presencia, a última hora, del cardenal Osoro, que quiso acompañar al purpurado claretiano en su disertación.

La voz de Sebastián es autorizada, no en vano acaba de publicar “Diez cosas que el Papa Francisco quiere que sepas sobre la familia” (Publicaciones Claretianas), que ayer presentó como “diez núcleos que el Papa quiere que todos los fieles conozcamos y tengamos en cuenta sobre el matrimonio y la familia”.

¿Por qué este creciente interés de la Iglesia en el cuidado de la familia? Para Sebastián, “la familia hace la persona y también hace la sociedad, que construimos entre todos, no sólo los políticos y los parlamentos”. En opinión del cardenal, “la crisis de la familia afecta también a la sociedad, y a la Iglesia“. Del mismo modo, denunció “el grave deterioro que sufre la familia en estos momentos”.

“La sociedad española ha explotado el concepto tradicional de familia cristiana, que configuraba profundamente nuestra sociedad”, hasta el punto de que “el concepto cristiano de familia es uno entre tantos, pues ya se habla de ‘modelos de familia’. No está mal que se hable de ellos con realismo, lo peor es que se equiparan unos con otros; da igual, cada uno organiza su vida familiar como le parece”, advirtió.

Y si la familia es importante, y está en proceso de grave deterioro, “la Iglesia debe reaccionar”. De ahí la relevancia que el Papa ha dado al tema, convocando dos Sínodos (uno extraordinario y otro ordinario), consultando a la feligresía y alentando el debate y el diálogo. Amoris Laetitia es la conclusión de todo este proceso, “es la respuesta”.

Mal que les pese a unos pocos rigoristas… “Algunos han llegado a decir que no es magisterio papal, sino opiniones del Papa. Esto es casi insultante. Esta exhortación postsinodal tiene el mismo valor que las demás, es magisterio pontificio ordinario, que tiene el aval de dos sínodos, cuya reflexión el Papa recoge abundantemente”, recalcó el cardenal Sebastián.

Y que, además, “tiene el aval de la providencia y la intervención de Jesús en favor de su Iglesia. El Papa, como sucesor de Pedro, está respaldado por la oración de Jesús”.

Sebastián resumió varios puntos que subrayan la novedad de AL, que sirve para “encontrar respuestas a las nuevas preguntas que vienen de la Humanidad, que es un ser vivo donde surgen riesgos y posibilidades nuevas”.

La novedad radical es que la exhortación “trató de enfrentarse, cara a cara, con el problema del matrimonio y la familia en la cultura actual, analizando las causas y buscando soluciones”, en un escenario que Sebastián tildó de “alarmante”.

“De las parejas actuales en España, el 30% son uniones de hecho. Del 70% restante, los matrimonios civiles son dos tercios, y sólo un 30% de ellos son sacramentales”.

Sebastián reconoció “cierta deserción de la Iglesia” que calificó de “crisis urgente, apremiante”. En su opinión, “la cuestión más acuciante no es la de los divorciados vueltos a casar, sino la autenticidad religiosa de los matrimonios que se celebran ahora y más adelante. Esa es nuestra primera responsabilidad”.

Por ello, el cardenal destacó otra de las novedades, que es la de “plantear el matrimonio no como un contrato, sino como una alianza de vida fundada en un amor irrevocable”. Sebastián insistió en la importancia de la preparación al matrimonio, y de una “visión positiva de la indisolubilidad”, pues “el amor llega hasta los umbrales de Dios”.

“No se puede decir ‘te quiero con toda mi alma hasta el año que viene’. El amor es total, o no es veraz, sobre todo el amor en el nombre de Jesús.”, declaró

A su vez, reclamó no olvidar a los matrimonios una vez que se celebra el sacramento. “Debemos tener una planificación espiritual para las familias, basada en la fe, la esperanza y la caridad. No hay un plan específico de salvación para los casados y otro para los solteros… El modelo para todos está en Jesús. Pero requiere matices diferentes: ¿cómo se vive familiarmente la caridad cristiana?”.

El punto más polémico de la exhortación, y el que ha desatado la polémica es: ¿Cómo ayudar a los que han fracasado en su proyecto familiar?

Primero: no condenar, no juzgar. Es un mandamiento evangélico. Nadie sabe cómo estas personas han llegado a la situación en la que están”, arrancó Sebastián.

En segundo lugar, “ayudar sinceramente. Son hermanos nuestros, la postura de la Iglesia no tiene que ser excluir, sino incluir”, pues “en todas las personas hay cosas buenas; en vez de ver lo que les falta, veamos también lo que tienen”.

Hay que convocar a estas personas que viven en situaciones irregulares, o insuficientes. Sobre todo, no empezar por exigirles una conducta correcta en todo, sino interés por vivificar su fe. La vida cristiana comienza por la fe, por el conocimiento de Jesús, por la aceptación de Jesús como salvador de nuestra vida”, matizó el cardenal, quien reconoció que la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar “ha podido escandalizar a algunos porque piensan que el Papa deroga o desconoce o arriesga o pone en peligro la doctrina de la Iglesia”.

En este punto, el cardenal dejó claro que “el Papa mantiene la indisolubilidad de todo matrimonio válido. Pero también que puede haber personas que se han divorciado, que han vivido una serie de años en una segunda unión y que en un momento dado quieren recomponer su vida y volver a la Iglesia”… y van al confesor.

“Y entonces empieza el problema… para el confesor”, bromeó el purpurado, quien recalcó que “el Papa dice que no puede haber una solución universal para todos los casos, porque las situaciones son diferentes. Hay que hacer un discernimiento”.

No es verdad que el Papa haya dicho alguna vez que los divorciados vueltos a casar pueden comulgar tranquilamente el día que se les ocurra. El análisis de la situación es para el caso concreto de un divorciado vuelto a casar que quiere reconciliarse con la Iglesia, y está viviendo un verdadero arrepentimiento”, añadió, apuntando que la gran novedad de AL en este punto es “explicitar las circunstancias atenuantes o eximentes a esta situación en concreto”.

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