Maná y Vivencias Cuaresmales (38), 12.4.19

abril 12, 2019

Viernes de la 5ª semana de Cuaresma

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En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó



Antífona de entrada: Salmo 30, 10. 16.18

Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado; líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. Señor, que no me avergüence de haberte invocado.


Oración colecta

Perdona las culpas de tu pueblo, Señor, y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecado, al que nos ha sometido nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Jeremías 20, 10-13

Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.»

Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.

Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.


SALMO 17, 2-3a.3bc-4.5-6.7

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios. Desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63. 68

Tus palabras, Señor, son Espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.

EVANGELIO: Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»

Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»

Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.

Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.»

Y muchos creyeron en él allí.

Antífona de comunión: 1 Pedro 2, 24

Jesús llevó a la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, fuimos curados.

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VIVENCIAS CUARESMALES

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Os he hecho ver muchas obras buenas, ¿por cuál de ellas me apedreáis?

38. VIERNES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA
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TEMA INSPIRADOR.- Sigue el conflicto. Jesús es el Hijo de Dios consagrado y enviado por el Padre. Falta sólo una semana para entrar en el Triduo Pascual.

Este viernes es conocido como el “viernes de pasión” y también “viernes de concilio”, sobre todo en América, porque en este día tuvieron consejo los jefes de los judíos para ver la manera de acabar con Jesús de una vez por todas y a como diese lugar.

Lo narra el evangelio de la misa de mañana, sábado.

Como norma sería conveniente que al comenzar esta reflexión o tu oración personal, dedicaras un par de minutos a recordar y revivir lo experimentado el día anterior. De esta forma quedaría más grabado en tu interior y en tu vida, y podrías empalmar con lo siguiente.

Si no fluye nada, no te preocupes, pasa adelante: al nuevo día, al nuevo mensaje, a la nueva experiencia que Dios te tiene preparada para la nueva jornada.

En este día viernes recuerda y revive la Eucaristía de ayer o del último domingo. Algo te impactaría seguramente, revívelo y agradécelo. Recuerda que la Misa constituye un mar sin fondo; cualquier esfuerzo que hagas para descubrir ese tesoro será muy bien empleado.

Por otra parte, cuanto más vayas entendiendo y viviendo, eso mismo será un estímulo para seguir buscando incansablemente.

Considera hoy que la alianza con Dios se establece en lo profundo de tu corazón, mediante la fe sincera; pero como la fe debe ser tan manifiesta como profunda, debes sentir y expresar esa alianza con Dios en la existencia diaria, en una conversión permanente que te conduzca a reforzar tu nueva vida en el Espíritu debilitando en ti al hombre viejo con toda su maldad. Recuerda los frutos del buen Espíritu: Gálatas 5, 13-16-25.

A la Misa llevas esa lucha diaria. Con dos finalidades: primero, para confirmar lo bueno, uniéndolo a la gloria que Cristo tributa a su Padre para perfeccionar o completar, si se puede hablar así, la ofrenda de Cristo; y en segundo lugar, para purificarte de todo lo malo que aún te domina, mediante una nueva efusión del poder de Dios en ti, del Espíritu Santo.

La Eucaristía es culmen y fuente. Te sientas y te dispones a escuchar la Palabra y a tomar el Pan de los ángeles para poder tú después preparar algo parecido para Dios mediante una vida santa. Aceptas la invitación de Dios con la intención de poder invitarlo tú después a tu propia mesa. Por eso, toma agradecido el don de Dios y estarás dispuesto a convertirte tú mismo en don para Dios, haciéndote don de Dios para los demás, pan partido para tus hermanos.

Sólo así se puede comulgar dignamente. Si cada Misa no supone el ascender un peldaño en la escala de santidad, no estás comulgando bien. Debes convertirte cada día más y más en lo que recibes: Cuerpo de Cristo, hermano universal para construir el Reino y realizar la obra de Dios.

Analiza todo esto siguiendo, hoy especialmente, más de cerca la celebración de la Misa en el corazón de la misma: en la palabra y la acción del sacerdote durante la plegaria eucarística y la comunión.

Reza de corazón la oración sobre las ofrendas: “Concédenos, Dios de misericordia, servir siempre a tu altar con dignidad y, participando en él frecuentemente, danos la salvación”.

Hoy constatamos en el Evangelio la oposición más radical a Jesús, y a la vez la fe sencilla de otros, que creen en Jesús; muy diferente suerte, que se libra no sólo fuera sino también dentro de nosotros mismos. De ahí que la oración colecta pida que la bondad y amor de Dios “Nos libren del poder del pecado al que nos ha sometido nuestra debilidad”.

Ese poder es muy grande y siempre constatamos su fuerza dentro de nosotros mismos por más que procuramos con sinceridad convertirnos a Dios. Por eso la oración después de la Comunión pide que: “El don de la eucaristía nos proteja siempre y aleje de nosotros todo mal”.

Puedes completar tu oración con la lectura de Jeremías 20, 10-13: Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno”. –Delatadlo, vamos a delatarlo. Mis amigos acechaban mi traspiés: -A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él. Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Salmo 17: En el peligro invoqué al Señor y me escuchó.

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De las instrucciones de san Doroteo, abad
La falsa paz de espíritu

El que se acusa a sí mismo acepta con alegría toda clase de molestias, daños, ultrajes, ignominias y otra aflicción cualquiera que haya de soportar, pues se considera merecedor de todo ello, y en modo alguno pierde la paz. Nada hay más apacible que un hombre de ese temple.

Pero quizá alguien me objetará: “Si un hermano me aflige, y yo, examinándome a mí mismo, no encuentro que le haya dado ocasión alguna, ¿por qué tengo que acusarme?”

En realidad, el que se examina con diligencia y con temor de Dios nunca se hallará del todo inocente, y se dará cuenta de que ha dado alguna ocasión, ya sea de obra, de palabra o con el pensamiento. Y, si en nada de esto se halla culpable, seguro que en otro tiempo habrá sido motivo de aflicción para aquel hermano, por la misma o por diferente causa; o quizá habrá causado molestia a algún otro hermano.

Por esto, sufre ahora en justa compensación, o también por otros pecados que haya podido cometer en muchas otras ocasiones.

Otro preguntará por qué deba acusarse si, estando sentado con toda paz y tranquilidad, viene un hermano y lo molesta con alguna palabra desagradable o ignominiosa y, sintiéndose incapaz de aguantarla, cree que tiene razón en alterarse y enfadarse con su hermano; porque, si éste no hubiese venido a molestarlo, él no hubiera pecado.

Este modo de pensar es, en verdad, ridículo y carente de toda razón. En efecto, no es que al decirle aquella palabra haya puesto en él la pasión de la ira, sino que más bien ha puesto al descubierto la pasión de que se hallaba aquejado; con ello, le ha proporcionado ocasión de enmendarse, si quiere.

Éste tal es semejante a un trigo nítido y brillante que, al ser roto, pone al descubierto la suciedad que contenía.

Así también el que está sentado en paz y tranquilidad según cree, esconde, sin embargo, en su interior una pasión que él no ve. Viene el hermano, le dice alguna palabra molesta y, al momento, aquél echa fuera todo el pus y la suciedad escondidos en su interior.

Por lo cual, si quiere alcanzar misericordia, mire de enmendarse, purifíquese, procure perfeccionarse, y verá que, más que atribuirle una injuria, lo que tenía que haber hecho era dar gracias a aquel hermano, ya que le ha sido motivo de tan gran provecho.

Y, en lo sucesivo, estas pruebas no le causarán tanta aflicción, sino que, cuanto más se vaya perfeccionando, más leves le parecerán. Pues el alma, cuanto más avanza en la perfección, tanto más fuerte y valerosa se vuelve en orden a soportar las penalidades que le puedan sobrevenir (Instr. 7, sobre la acusación de sí mismo, 2-3; PG 88, 1699).

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Reig Pla: «Hermanos obispos, están dañando a nuestros hijos, a los COF, y no lo podemos consentir»

abril 9, 2019

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Reig Pla explicó a los feligreses de Alcalá cómo animó a los obispos a defender la libertad de la Iglesia y a sus hijos, los que acuden a los COF

Reig Pla explicó a los feligreses de Alcalá cómo animó a los obispos a defender la libertad de la Iglesia y a sus hijos, los que acuden a los COF

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Reig Pla: «Hermanos obispos, están dañando a nuestros hijos, a los COF, y no lo podemos consentir»

Este sábado 6 de abril, el obispo de Alcalá de Henares se dirigió a cientos de fieles que le acompañaban en la catedral complutense para expresarle su apoyo y para participar con él en el rezo del Rosario y en la Santa Misa.

El obispo Juan Antonio Reig Pla explicó a los fieles lo que había comentado el jueves 4 de abril a los obispos de toda España reunidos en asamblea plenaria, en Madrid, analizando la campaña del digital ElDiario.es contra el Centro de Orientación Familiar (COF) de Alcalá y el acompañamiento que hace a personas que están a disgusto con sus sentimientos de atracción por el mismo sexo.

Como hace con frecuencia, el obispo de Alcalá, proclamó su homilía improvisando sin papeles ni texto escrito.

“Están dañando a nuestros hijos, esto no lo podemos consentir”

“Empecé diciéndoles: queridos hermanos obispos, no pido nada para mi persona, rezo con vosotros los Salmos, digo ‘solo en Dios descansa mi alma’, no en la Conferencia Episcopal. Mi descanso es Dios. Pero están dañando a nuestros hijos. Están dañando una misión de la iglesia, como son los Centros de Orientación Familiar, y esto no lo podemos consentir”, denunció.

“No se trata en ningún momento de ir contra nadie. Pero sí de salvaguardar la libertad de la Iglesia, de salvaguardar la libertad religiosa, y de empeñarnos, si es necesario, hasta el martirio, por servir a aquellos que sufren y esperan una palabra de esperanza de nosotros los pastores de la Iglesia. No los podemos abandonar”, añadió.

“¿Qué hacemos en el Centro de Orientación Familiar? Atendemos a los que libremente vienen a buscar ayuda, sea personal, sea matrimonial, sea familiar, y cualquier tipo de situación que necesite una palabra de consuelo, de ayuda, pastoral, espiritualmente, seguir el acompañamiento, esté en la situación que esté”.

Dos milagros: uno con obispos, otro con los jóvenes atendidos

“Esto de los obispos es un milagro” -dijo Reig Pla, refiriéndose, parece, al pronunciamiento episcopal de apoyo del día siguiente, viernes- “que ha hecho la Virgen de Fátima, porque estábamos rezando el rosario de la Virgen de Fátima”.

“Y ha habido un segundo milagro: que los jóvenes atendidos en nuestro Centro de Orientación Familiar han salido a manifestar su testimonio, y eso en España es una novedad absoluta. Porque el tema de la educación en la afectividad, en la masculinidad, en la feminidad, es un tabú en España. Que haya jóvenes y adultos valientes  que salgan a dar testimonio del bien que la Iglesia les hace al ayudarles en madurar su masculinidad, feminidad y vocación al amor es algo nuevo. Como decía el profeta Isaías: nuestro Dios abre caminos en el mar”.

“Hoy, mañana y siempre, este obispo reclamará una única cosa: la libertad religiosa para predicar la Buena Noticia de que el Señor está con nosotros, que abre caminos en el mar”, ha añadido.

Dios y el perdón, para cambiar corazones

Dios es el único que puede restaurar el corazón, ni siquiera los profesionales de la salud”, ha comentado también.

“El Centro de Orientación Familiar trabaja con muchas claves: una de ellas es el perdón, también para aquel que te ha causado heridas realmente fuertes, que quizá fue tu padre, o un hermano, o que hayan abusado de ti en la infancia… Aunque sea auxiliado con las ciencias humanas, si no es con el poder de Dios que crea un corazón nuevo, las cosas no terminan de arreglarse”, ha proseguido.

Frente a una sociedad que no perdona, el obispo ha puesto el ejemplo del perdón transformador de Jesús.

“Los demás te dicen ‘hay que apedrearla por adúltera’. […] Pero Jesús mira a la pecadora y no le dice ‘no pasa nada, no te preocupes’. La miró, su mirada atraviesa el alma. Y le dice: ¿’mujer, nadie te ha condenado?, vete y no peques más’. ¿Qué tiene la mirada de Jesucristo que transforma el corazón de las personas? También nosotros perdonamos a los que nos persiguen, a los que nos acosan, porque no saben lo que hacen, no conocen bien lo que hacemos en la Iglesia y en el Centro de Orientación Familiar”.

Libertad de espíritu para hacer cosas grandes

A veces la gente me dice: “¿usted no sufre con estas cosas? Pues como toda persona, yo no soy de granito, no soy una roca que no se pueda conmover. Pero el Señor es toda mi esperanza. Y cuando uno vive así, ya tiene la libertad de espíritu para hacer cosas grandes”.

También ha especificado que el encuentro de oración no fue iniciativa suya, sino de los fieles de la diócesis.

A los seminaristas les ha dicho: “no abandonéis nunca al rebaño, estad dispuestos a sufrir por él, a dar la vida por ellos”.

Y ha concluido diciendo: “Vosotros sois las entrañas de vuestro pastor”. Tenéis que rezar para que vuestro obispo esté dispuesto hasta el martirio a dar la vida por vosotros”.

Lea también, sobre estos temas: 

¿Dejar la vida gay? 10 testimonios de homosexuales que lo hicieron: ganaron en felicidad y paz (aquí)

Sin orgullo LGTB: 10 mujeres que dejaron la vida lesbiana y encontraron más paz y equilibrio (aquí)

Luca di Tolve era gay y dejó de serlo: el testimonio de su dura vida y retorno a Dios impresiona (aquí)

https://www.religionenlibertad.com/espana/291843695/Reig-Pla-Hermanos-obispos-estan-danando-a-nuestros-hijos-a-los-COF-y-no-lo-podemos-consentir.html


Maná y Vivencias Cuaresmales (27), 1.4.19

abril 1, 2019

Lunes de la 4ª semana de Cuaresma

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Te ensalzaré, Señor, porque me has librado



Antífona de entrada: Salmo 30, 7-8

Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias.


Oración colecta

Oh Dios, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, concede a tu Iglesia la ayuda de estos auxilios del cielo sin que le falten los necesarios de la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 65, 17-21

Así dice el Señor: «Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear.

Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito.

Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.»

SALMO 29, 2.4.5-6.11-12a.13b

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Aclamación antes del evangelio: Amos 5, 14

Buscad el bien y no el mal, y viviréis; así será verdad lo que decís: que el Señor, el Dios todopoderoso, está con vosotros.

EVANGELIO: Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.» Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría.
Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»

El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.
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Antífona de comunión: Ezequiel 36, 27

Pondré en vosotros mi espíritu y haré que cumpláis mis leyes y decretos.


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VIVENCIAS CUARESMALES

El hombre creyó y se puso en camino



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27. LUNES

CUARTA SEMANA

DE CUARESMA



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TEMA: El poder de la fe produce los milagros de Jesús. “Vete, tu hijo está vivo. El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino” (Jn. 4, 43-54).


La fe es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios. La fe es darle crédito a Dios y hacer lo que él dice, antes que nada y por encima de todo, y no tanto poner nuestra confianza en la experiencia propia o la sabiduría, la imaginación.

El reconocimiento del pecado, no puede dejarnos en la inanición, desesperanza o negativismo, sino todo lo contrario. Reconocemos nuestra impotencia, pero a la vez el poder absoluto de Dios que “dice” y “pone por obra”. Lo que dice Dios es “lo seguro y normativo, lo correcto, lo único y definitivo”.

Su palabra, que se identifica con su voluntad, amor y poder, dice: “Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva”. El hombre que reconoce su pequeñez experimenta en ese mismo grado el poder de Dios que lo hace criatura nueva.

Entonces, todo lo ve con nuevos ojos y sabe que es obra de Dios y no suya, y se llena su boca de alabanzas y se estremece profundamente en su corazón, con un sincero reconocimiento y un anonadamiento ante la infinita misericordia de Dios.

No es una pura emoción, pura sensiblería ante un fantasma irreal; hay realidades incontestables como la alegría, la paz, el perdón, la ilusión; signos inequívocos de la presencia del Espíritu de Dios que es Espíritu de santidad y buen juicio, donde no hay mentira, ni oscuridad, ni temor.

“Mirad mis manos y mis pies, soy yo, el Señor”. La verdadera religión supone un encuentro con un alguien. No es pura autosugestión. Y se reconoce por los hechos.

Escuchemos a Isaías que nos anuncia los milagros de Dios en nuestras vidas: Isaías 65, 17. Creer es fiarse de Dios y dejar todas nuestras seguridades; es abrirse a la alabanza, es disponerse a creer en la vida; es permanecer abierto al advenimiento de la luz en plenitud de existencia; en fin, es obra de Dios y colaboración del hombre.

Darle crédito a Dios es desencadenar el poder de Dios en nosotros que nos transforma de inmediato, lenta y progresivamente, siempre más.

Oigamos ahora el relato evangélico: El hombre creyó, dice el Evangelio, y se puso en camino.

Creer es tratar de ensayar un tipo nuevo de vida, es ponerse en camino como si ya estuviese concedido. Créelo y así será. Cree y da gracias a Dios por ello, por lo que hizo, hace y hará, pero verdaderamente.

“Cuando pidan algo, crean que ya se lo han dado, y así será”.

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De los sermones de san León Magno, papa
Del bien de la caridad

Dice el Señor en el evangelio de Juan: la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros; y en la carta del mismo apóstol se puede leer: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Que los fieles abran de par en par sus mentes y traten de penetrar, con un examen verídico, los afectos de su corazón; si llegan a encontrar alguno de los frutos de la caridad escondido en sus conciencias, no duden que tienen a Dios consigo, y, a fin de hacerse más capaces de acoger a tan excelso huésped, no dejen de multiplicar las obras de una misericordia perseverante. Pues, si Dios es amor, la caridad no puede tener fronteras, ya que la Divinidad no admite verse encerrada por ningún término.

Los presentes días, queridísimos hermanos, son especialmente indicados para ejercitarse en la caridad, por más que no hay tiempo que no sea a propósito para ello; quienes desean celebrar la Pascua del Señor con el cuerpo y el alma santificados deben poner especial empeño en conseguir, sobre todo, esta caridad, porque en ella se halla contenida la suma de todas las virtudes y con ella se cubre la muchedumbre de los pecados.

Por esto al disponernos a celebrar aquel misterio que es el más eminente, con el que la sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, comencemos por preparar ofrendas de misericordia, para conceder por nuestra parte, a quienes pecaron contra nosotros, lo que la bondad de Dios nos concedió a nosotros.

La largueza ha de extenderse ahora, con mayor benignidad, hacia los pobres y los impedidos por diversas debilidades, para que el agradecimiento a Dios brote de muchas bocas, y nuestros ayunos sirvan de sustento a los menesterosos.

La devoción que más agrada a Dios es la de preocuparse de sus pobres, y, cuando Dios contempla el ejercicio de la misericordia, reconoce allí inmediatamente una imagen de su piedad.

No hay por qué temer la disminución de los propios haberes con esas expensas, ya que la benignidad misma es una gran riqueza, ni puede faltar materia para la largueza allí donde Cristo apacienta y es apacentado.

En toda esta faena interviene aquella mano que aumenta el pan cuando lo parte, y lo multiplica cuando lo da.

Quien distribuye limosnas debe sentirse seguro y alegre, porque obtendrá la mayor ganancia cuando se haya quedado con el mínimo, según dice el bienaventurado apóstol Pablo:

El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia en Cristo Jesús, Señor nuestro, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén (Sermón 10 sobre la Cuaresma, 3-5: PL 54, 299-301).

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (13), 18.3.19

marzo 18, 2019

Lunes de la 2ª semana de Cuaresma

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Señor, no nos trates, como merecen nuestros pecados

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Antífona de entrada: Salmo 25, 11-12

Líbrame, Señor, y concédeme tu gracia. Mis pies están firmes sobre el camino llano, y en la asamblea bendeciré al Señor.


Oración colecta

Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Daniel 9, 4b-10

Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos. Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes.

Tú, Señor, tienes razón, a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los habitantes de Jerusalén, a judíos e israelitas, cercanos y lejanos, en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.

Pero, aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por sus siervos, los profetas.

SALMO 78, 8.9.11.13

Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63. 68

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna.

EVANGELIO: Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Antífona de Comunión: Lucas 6, 36

Dice el Señor: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Ante Dios en espíritu y verdad

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13. LUNES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

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TEXTO ILUMINADOR: Señor, para ti la justicia, para nosotros, la cara llena de vergüenza.

La finalidad de la penitencia y de las privaciones corporales es educar el espíritu para buscar a Dios y disciplinarlo para que actúe más ágilmente en la procura del bien; con mayor presteza y decisión. Por eso hoy, en la oración colecta, pedimos: Ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley.

El mal nos atrae y hasta llega a seducirnos porque se nos presenta bajo la apariencia de bien y como algo gratificante. Por lo general, en la tentación se nos propone una doble mentira existencial: la simulación de lo que no somos, y la disimulación de lo que realmente somos, tanto ante Dios como ante los hombres. El diablo, padre de la mentira, nos invita a imitarle en su desobediencia y elección del camino fácil y placentero.

De hecho, desde niño el hombre se siente inclinado al mal y le fascina la curiosidad por probarlo todo, en especial lo prohibido. Desea casi de manera irresistible ser adulto, no depender de nadie para indagar libremente y curiosear cuanto le apetezca, al margen de la ley, e incluso a espaldas de Dios o contra sus mandamientos.

Por eso, en la oración colecta, pedimos el cumplimiento filial de la santa ley de Dios. Cumplimiento no servil, sino en libertad y amor como corresponde a los hijos de Dios. La ley de Dios es santa y sagrada: porque expresa el infinito amor de Dios hacia nosotros, pensada desde toda la eternidad, manifestada ahora en la plenitud de los tiempos por Cristo mismo y cumplida en forma perfecta y suficiente por él.

Justamente la primera lectura de hoy expresa la gran sinceridad que la Cuaresma exige de nosotros. Debemos cultivar la honestidad para con Dios. Nada de actitudes turbias o ambiguas. A nosotros, limitados y pecadores, nos corresponde la ignorancia, la vergüenza, el pecado, la fragilidad. A Dios le corresponde la sabiduría, la santidad, la justicia y el poder.

Medita esta magnífica página de la Escritura, tomada del capítulo 9 del libro de Daniel:

“Señor, Dios grande y terrible, que mantienes la alianza y eres fiel con aquellos que te aman y cumplen tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, somos reos de incontables delitos; hemos sido perversos y rebeldes y nos hemos apartado de tus mandatos y preceptos. No hemos hecho caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros antepasados y a todo nuestro pueblo. Tú, Señor, eres justo; nosotros, en cambio, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, nos sentimos hoy avergonzados… porque hemos pecado contra ti. Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y clemente”.

Al final, Daniel resume su oración así: “¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Atiende, Señor, y actúa sin tardanza! Hazlo en defensa de tu honor, pues tu ciudad y tu pueblo están consagrados a tu nombre” (9, 19).

Pedimos perdón a Dios por no usar con los demás, la medida que él usa con nosotros. Se nos cae la cara de vergüenza, pero Dios comprende, pues sabe que somos de barro. Por eso nos atrevemos a pedirle que tenga paciencia con nosotros y nos dé capacidad para comprender, generosidad para excusar, compasión para no juzgar, incluso para orar por los enemigos y bendecirlos sinceramente.

Comprender al hermano débil y pecador, excusarlo y perdonarlo: odiando el pecado que hace, pero amándolo como imagen de Dios que es, y por tanto capaz de convertirse y de corresponder a la gracia divina.

Hay que odiar los comportamientos pecaminosos pero sin identificar al pecador con sus propias debilidades. Condenar equivale a juntar al pecador con su pecado sin darle la oportunidad de separarse de él, de cambiar y de arrepentirse. Ahí radica la maldad.

Por tanto, no deberíamos decir que una persona “es” mala, sino que “tiene” comportamientos malos. Es decir, nos resistimos a pensar que está totalmente empecatada o pervertida, y a la vez queremos creer que, más o menos habitualmente, se comporta de manera defectuosa, pero sin sentirse identificada con ese mal que ciertamente hace o realiza, pero que en el fondo no lo quiere, lo rechaza.

En muchos casos, la persona que peca lamenta profundamente lo que hace, pero apenas se siente con fuerza para obrar de manera distinta. Por lo general, ¡qué más querría uno no haber cometido tal falta, tal error; qué más querría uno que ser o sentirse diferente, pero no puede, no acierta, no sabe! Él quizás es el que más sufre por actuar así, el que más lamenta lo sucedido.

Por eso, aprendamos, sobre todo en la Cuaresma, a ser muy indulgentes con los demás, y un poco más exigentes con nosotros mismos. Por ahí vamos caminando hacia la perfección: Acusarse a sí mismo y excusar a los demás.

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PREFACIO DE CUARESMA I

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.

Por él concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

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RECORDATORIO

Permítanme recordarles, estimados hermanos y hermanas, que estas Vivencias Cuaresmales pretenden ayudar a las personas interesadas en su crecimiento espiritual a que hagan durante la Cuaresma litúrgica una especie de retiro espiritual dedicando un tiempo, día a día, a la oración personal, a la lectura de la Palabra, al diálogo y dirección espiritual, y a la práctica sacramental y de las buenas obras, según el estado de vida de cada persona.

Esa es nuestra intención y deseo sincero, y también nuestra sentida y perseverante oración. Porque el Señor dice: ¿Acaso quiero yo la muerte del pecador? Que el Señor se nos muestre con toda su misericordia. Amén.

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Maná y Vivencias Cuaresmales (11), 16.3.19

marzo 16, 2019

Sábado de la 1ª semana de Cuaresma

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Si amáis sólo a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis?

Si amáis sólo a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis?

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Antífona de entrada: Salmo 18, 8

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple.


Oración colecta

Dios, Padre eterno, vuelve hacia ti nuestros corazones, para que, consagrados a tu servicio, no busquemos sino a ti, lo único necesario, y nos entreguemos a la práctica de las obras de misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.



PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 26, 16-19

Moisés habló al pueblo diciendo: Hoy el Señor, tu Dios, te ordena practicar estos preceptos y estas leyes. Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy tú le has hecho declarar al Señor que él será tu Dios, y que tú, por tu parte, seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus leyes, y escucharás su voz.

Y el Señor hoy te ha hecho declarar que tú serás el pueblo de su propiedad exclusiva, como él te lo ha prometido, y que tú observarás todos sus mandamientos; que te hará superior –en estima, en renombre y en gloria– a todas las naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor, tu Dios, como él te lo ha prometido.


SALMO 118, 1-2. 4-5. 7-8

¡Felices los que siguen la ley del Señor!

Felices los que van por un camino intachable, los que siguen la ley del Señor. Felices los que cumplen sus prescripciones y lo buscan de todo corazón.

Tú promulgaste tus mandamientos para que se cumplieran íntegramente. ¡Ojalá yo me mantenga firme en la observancia de tus preceptos!

Te alabaré con un corazón recto, cuando aprenda tus justas decisiones. Quiero cumplir fielmente tus preceptos: no me abandones del todo.


Aclamación antes del Evangelio: Amós 5, 14

Buscad el bien, y no el mal, para que tengáis vida; y así el Señor de los ejércitos estará con vosotros como lo decís.


EVANGELIO: Mateo 5, 43-48

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”.


Antífona de comunión: Mateo 5, 48

Dice el Señor: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en los Cielos”.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Tocar a los hermanos para comprender y amar

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11. SÁBADO

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

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TEXTO ILUMINADOR: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen.

En el Antiguo Testamento, Dios hace alianza con su pueblo: “Yo te protegeré, seré tu Dios, y tú serás mi pueblo, mi pueblo fiel que cumple mis mandatos”. Esos mandatos se resumen en imitar a Dios mismo: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Esa perfección es el amor sin límites, sin dejarse vencer por el mal, amando incluso al enemigo. Practicar un amor así constituye como el distintivo de los hijos de Dios.

Esta práctica no sólo es difícil sino que es imposible para el hombre, abandonado a sus propias fuerzas. Es imposible sin la gracia de Dios, pero Dios da esa gracia a todos porque así es él, y a nadie reconoce como hijo a no ser que se le parezca a él por la práctica del amor y del perdón.

Sólo el amor libera y salva, sólo el amor permanece porque Dios es amor, como enseña san Juan.

En la oración colecta de la misa de hoy pedimos que “nos entreguemos a la práctica de las obras de misericordia”. El amor verdadero, es decir el amor que recibimos de Dios mismo, se manifiesta necesariamente en el perdón y la misericordia hacia los hermanos. En eso se le reconoce que procede de Dios y no de nosotros mismos o del mal espíritu.

Aunque el perdón es principalmente don de Dios, también es un aprendizaje en el que debemos ejercitarnos siempre, pero especialmente en el tiempo de Cuaresma, secundando la gracia de Dios, por supuesto.

Por eso, vamos a ofrecer en este día unas consideraciones sobre el perdón. Entendemos que perdonar y vivir reconciliados no es tanto el resultado de un acto voluntarista y casual, cuanto fruto de un esfuerzo procesual y progresivo. Perdonar supone un proceso, una secuencia existencial y espiritual.

A continuación voy a describir ese proceso. Señalaré unos pasos progresivos para alcanzar el más completo perdón hacia las personas que nos han ofendido.

La meta será poder amarlas de verdad, como Dios las ama. Ojalá podamos incluso dar gloria a Dios por todo lo que él permitió que nos sucediera. En el proceso del perdón distinguimos hasta diez pasos graduales, que describo a continuación:

El primer paso consiste en romper el tifón que nos domina y nos hace recordar obsesivamente el mal que nos han causado. Es preciso desviar la atención de “mi” herida, para mirar hacia fuera y salir. Debo pensar: mi problema no es lo más importante del mundo. No tengo por qué recordar, revivir y menos contar a otros lo que pasó. ¿Para qué martirizarme con ello?

En segundo lugar, es preciso renovar la memoria para fijar nuestra atención, no ya en el mal que me han ocasionado, sino en todo lo bueno que esa persona, ahora enemiga, nos proporcionó en el pasado o en el presente no tan inmediato. Hay que ser más objetivos, más justos. Tratar de ver o de descubrir la otra parte… la parte buena. En fin, valorar las obras buenas.

Un paso más, tercero: consiste en tratar de comprender o entender al que nos ofendió. Acercarnos a las motivaciones reales de aquel que nos ofendió. Solemos reconocer que apenas nos conocemos a nosotros mismos, y ¿pretendemos conocer el mundo interno de los demás? ¿Qué grado de libertad y, por tanto de culpabilidad, tendrán los demás en sus comportamientos?

Seguro que tu hermano, a quien ves ahora como enemigo o por lo menos adversario, no es tan malvado como tú piensas: nadie es malo gratuitamente, sin motivo.

A lo mejor con su comportamiento pretendía defenderse, autoafirmarse, realizarse en la vida… Quizás es él, precisamente, el que más sufre por ser así o haberse portado así contigo. Quizás se equivocó, no se dio cuenta… ¿Qué no daría por borrar totalmente lo que hizo o pensó hacer? Si consiguiéramos comprender al otro, quizás no tendríamos que perdonarlo.

En cuarto lugar, es preciso suspender todo juicio condenatorio. Primero, porque no podemos calibrar bien su culpabilidad; y segundo, porque el juicio pertenece a Dios. Él es el único dueño de nuestro prójimo y por tanto el más ofendido.

Nosotros ¿qué derechos tenemos sobre él? ¿Qué hemos hecho por él, qué nos debe, qué nos cuesta su vida? Si nuestro hermano no es nuestro, tampoco nos pertenece el juicio. Éste le corresponde a Dios.

Quinto: Debemos ser muy prudentes y respetuosos en las relaciones con los demás, porque no podemos saber si somos mejores o peores que los otros. Pues no sabemos lo que ellos han recibido.

Quizás, en su caso, tú hubieras hecho lo mismo que tu prójimo. Si él hubiera recibido lo que has recibido tú, ¿qué habría sido en la vida, cuáles serían sus comportamientos?

Por consiguiente, en sexto lugar, no podemos ser muy exigentes con los demás, pues podríamos ser injustos exigiéndoles demasiado, y provocando en ellos el desánimo y hasta la desesperación.

Es mejor echarlo todo a la mejor parte, por principio y de manera sistemática. Piensa bien de tu prójimo, y aun lo mejor, y así, al menos no pecarás. No parece que sea muy evangélico el dicho: Piensa mal y acertarás, ojo. Podríamos ensayar otra actitud: Piensa bien, y al menos no pecarás.

No tenemos que llevar cuenta de los demás. Menos mal. Eso pertenece a Dios. Ya tenemos bastante con llevar cuenta de nosotros mismos, con tratar de aprender en todo, con atender al propio crecimiento espiritual.

Séptimo: Hay que pasar del “acusar” a los demás al “acusarse” a sí mismo: y del “excusarse” a sí mismo al “excusar siempre” a los demás. Esta práctica nos llevará por el camino de la verdad, de la plenitud y de la felicidad. Esto no significa indiferencia, sino dejar a Dios ser Dios, y amar, en verdad y de verdad, al hermano: es decir, amarlo en Dios su Hacedor y su Dueño.

En octavo lugar, tratar de verlo todo desde la fe: nadie nos ha ofendido, sino que Dios lo ha permitido para nuestro bien. El último responsable es él. Por supuesto que Dios no quiere que nos ofendan, pero permite que el hombre, que es libre, cometa el mal.

Sin embargo, no nos deja solos ante el mal, sino que Dios está siempre dispuesto a ayudarnos para que saquemos bien hasta del mal. Ahí está su grandeza.

Por otro lado, la trampa en la que caemos con suma frecuencia es ver las cosas, únicamente, de tejas abajo: quedarnos en las mediaciones como si fueran causas únicas y definitivas; y comenzamos a buscar culpables y a defendernos.

En eso nos equivocamos y nos enredamos, pues nada ni nadie manda en nuestra vida de manera absoluta, en todo caso influyen. Nada ni nadie nos gobierna, todo es providencia de Dios. Él gobierna el mundo. El hombre espiritual recurre siempre a Dios preguntándole acerca de todo cuanto acontece, y esperando sus explicaciones.

Porque Dios es nuestro único dueño. Pues ni el azar ni la casualidad cuentan, ni siquiera la malevolencia humana puede dañarnos. Nada ni nadie nos pueden hacer infelices. Nuestra felicidad depende sólo de Dios y de nosotros. De lo contrario seríamos marionetas, no seríamos libres.

Por tanto, nadie puede quitarnos la felicidad ni la paz. Como creyentes creemos que Dios lo ordena y dispone todo para nuestro bien y aprovechamiento, incluso las ofensas que recibimos de los demás y las injusticias. Por eso, en todo debemos salir airosos. Pues ¿quién nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?

Por tanto, noveno, debemos intentar renunciar de una vez por todas a que nos hagan justicia los humanos, a que se aclaren las cosas, a que reconozcan nuestra inocencia, a que nos devuelvan el aprecio y el honor…

Es decir, debemos tratar de no condicionar nuestra felicidad personal a que los otros cambien. Eso no depende de nosotros. Renunciar de una vez por todas a cambiar a los demás como condición para alcanzar nosotros la felicidad; renunciar, y respirar hondo, liberarse de esa pesadilla, de una vez por todas, y dejarlo todo en manos de Dios.

De inmediato darle gracias a Dios que nos permite poder perdonar, o, por lo menos, desearlo de corazón… dando nuestro brazo a torcer, doblegando nuestra cerviz, sometiendo nuestro amor propio y afán de venganza… para que triunfe la voluntad de Dios que nos manda perdonar. Y nos lo manda por nuestro bien. Sólo así le permitimos a él darnos su perdón y la felicidad eterna.

Finalmente, décimo, bendecir a Dios porque permitió que todo eso sucediera, y porque nos ha ayudado a transformar el mal en bien. Rezar por la persona que nos ofendió y pedirle a Dios que la comprenda, que no le tenga en cuenta su pecado, que la bendiga y le conceda todo lo que le pueda hacer feliz.

Más todavía: dejarle a Dios ser Dios, y que se porte con ella conforme a su gran misericordia, siendo con ella más misericordioso, incluso más generoso que como lo hace con nosotros mismos, si es que nos podemos expresar así. Alegrarnos de que Dios se alegre por el perdón y la felicidad derrochados con el hijo pródigo.

En fin, no ver con malos ojos que Dios sea bueno y hasta ingenuo, según nuestras apreciaciones, con el pecador. Intentar comprender los comportamientos misericordiosos de Dios. Él sí se fía de verdad, porque él es Dios no hombre: sus pensamientos son infinitamente superiores a los nuestros.

Es decir, dejarnos inundar del amor infinito de Dios para gustar de la presencia de Dios que todo lo abarca llenándolo de vida y de bendición para sus hijos amados en su bendito Hijo Jesús, el primogénito entre muchos hermanos.

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Texto iluminador

Ustedes deben rezar así: Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Porque si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, el Padre tampoco los perdonará a ustedes (Mt. 6, 8-15).

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Estimado hermano, hermana: Ahora puedes hacer algún ejercicio de perdón, valiéndote de los puntos anteriormente expuestos. Merece la pena intentarlo en Cuaresma.

Puedes pensar en alguna persona que te haya ofendido en la vida. Puedes recordar cómo te has sentido despreciado por otras personas, sobre todo, familiares o amigos. Anímate a perdonar y a olvidar para siempre, renunciando a guardar la ofensa dentro de ti.

Dios te conceda poder respirar a pleno pulmón, dejando libre a tu ofensor, y abandonando en manos del Señor tus recuerdos dolorosos. Que te permita vivir más reconciliado durante esta Cuaresma.

Como es gracia de Dios, permanecemos orando para que él se apiade de nosotros y nos conceda vida en abundancia: la reconciliación con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Es decir, la paz del corazón. La plenitud de vida. Nada es imposible para Dios. Y todo es posible para el que cree.

Ánimo, hermano, hermana, pon algo de tu parte, y experimentarás cuán bueno es el Señor que desea lo mejor para ti. Feliz día y feliz Cuaresma. Dios te bendiga. Amén.

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Maná y Vivencias Cuaresmales (10), 15.3.19

marzo 15, 2019

Viernes de la 1ª semana de Cuaresma

 

perdon

La misericordia y el perdón vienen de Dios



Antífona de entrada: Salmo 24, 17-18

Sálvame, Señor, de todas mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados.


PRIMERA LECTURA: Ezequiel 18, 21-28

Así dice el Señor Dios:

«Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá.

¿Acaso quiero yo la muerte del malvado –oráculo del Señor–, y no que se convierta de su conducta y que viva?

Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá.

Comentáis: “No es justo el proceder del Señor.” Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.

Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»


SALMO 129, 1-2.3-4.5-7a.7bc-8

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.


Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 18, 31

Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.


EVANGELIO: Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»


Antífona de comunión: Ezequiel 33, 11

Tan cierto como que vivo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.


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VIVENCIAS CUARESMALES

La Santísima Trinidad y la Pasión y Muerte del Señor

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10. VIERNES

PRIMERA SEMANA DE CUAREMA

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TEXTO ILUMINADOR:
Dios quiere que el pecador se convierta y viva.

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TEMA: Reconciliación con Dios y con el hermano.

Dios es amor y no puede negarse a sí mismo. Él hizo todo para que exista y es principio de vida, de toda vida. Nosotros recibimos la bendición de Dios, cuando su Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos bien amados del Padre e hijos coherederos en el Hijo.

Todo es gracia, no merecimiento propio. La única paga que se nos pide por ello es imitar la liberalidad de Dios, portándonos con los demás como Dios se portó con nosotros, perdonándonos mutuamente como Dios nos perdonó en Cristo.

Es la única condición que pone Dios, no caprichosamente sino como ley de vida y fidelidad a su propio ser. Lo contrario sería negarse a sí mismo.

El texto bíblico es Mt. 5, 20-26: “Por eso cuando presentes una ofrenda ante el altar, si recuerdas que tu hermano tiene una queja contra ti, deja allí tu ofrenda junto al altar, anda primero a hacer las paces con tu hermano y entonces vuelve a presentarla”.

Por eso la conversión de la Cuaresma no puede concluir sin haber hecho una sincera y sentida confesión sacramental que se prolongue en un talante de vida reconciliada.

Vivir reconciliado implica: recibir el amor de Dios y transmitirlo a toda la creación, amando a discreción a todos, dando vida y festejando todo lo bueno, olvidando todo lo malo, ahogando el mal a fuerza de bien.

El que ama, ora necesariamente por el hermano; y la oración del hermano reconciliado o justo tiene mucho poder delante de Dios porque eleva las manos limpias de sangre, y sólo los limpios de corazón pueden ver a Dios.

Nada impuro puede ver a Dios, porque el que no perdona camina en tinieblas, vive en la oscuridad y permanece maniatado en la cárcel.

“No saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo”. Hasta que tú mismo quieras salir aceptando el amor de Dios y su perdón para ti, en primer lugar; y así, capacitándote para darlo en consecuencia a los demás…

A la hora de pedir perdón, no debemos mirar quién comenzó, quién ofendió primero para que sea él quien se adelante a pedir perdón. El que más ama es el que se adelanta a pedir perdón porque la enemistad daña al reino de Dios, venga de donde viniere. Todos somos solidarios en el bien y en el mal.

Por tu parte, que no quede el pedir perdón, pues el reino está cerca; si no te escucha tu hermano o se endurece en su aversión, sigue perdonando y devolviendo bien por mal; así amontonarás ascuas sobre su cabeza y su conciencia hasta que le llegue la hora del perdón y de la paz.

Por eso, hermano, junto con el vivir reconciliado, pide por la conversión de los pecadores.

En la Cuaresma, toda la Iglesia, como madre próvida, sufre por sus hijos que se han olvidado de su bautismo y caminan en la confusión y el pecado.

La Iglesia clama, hasta con lágrimas, día y noche para que los pecadores se conviertan del mal camino. Ellos se han apartado de la familia de la fe, sufren y hacen sufrir necesariamente a los demás, y se pueden perder para siempre si no cambian.

Estimado hermano, en este viernes de Cuaresma te ofrezco una consideración de la pasión del Señor. Muchos fieles acostumbran rezar el Via Crucis todos los viernes de Cuaresma.

Es un ejercicio muy conveniente para acompañar a Cristo en los misterios de su pasión y muerte. Cada uno es libre para manifestar su amor al Señor y a los hermanos. Pero es verdad que en este tiempo debemos hacer algo especial. Pues amor con amor se paga. Feliz día. Dios te bendiga.

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Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad

Debemos practicar la caridad fraterna
según el ejemplo de Cristo

Nada nos anima tanto al amor de los enemigos, en el que consiste la perfección de la caridad fraterna, como la grata consideración de

aquella admirable paciencia con la que aquél que era el más bello de los hombres entregó su atractivo rostro a las afrentas de los impíos, y sometió sus ojos, cuya mirada rige todas las cosas, a ser velados por los inicuos;

aquella paciencia con la que presentó su espalda a la flagelación, y su cabeza, temible para los principados y potestades, a la aspereza de las espinas;

aquella paciencia con la que se sometió a los oprobios y malos tratos, y con la que, en fin, admitió pacientemente la cruz, los clavos, la lanza, la hiel y el vinagre, sin dejar de mantenerse en todo momento suave, manso y tranquilo.

En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

¿Habrá alguien que, al escuchar aquella frase admirable, llena de dulzura, de caridad, de inmutable serenidad: “Padre, perdónalos”, no se apresure a abrazar con toda su alma a sus enemigos? Padre -dijo-, perdónalos. ¿Quedaba algo más de mansedumbre o de caridad que pudiera añadirse a esta petición?

Sin embargo, se lo añadió. Era poco interceder por los enemigos; quiso también excusarlos. “Padre -dijo-, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Son, desde luego, grandes pecadores, pero muy poco perspicaces; por tanto, Padre, perdónalos.

Crucifican; pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran sabido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Piensan que se trata de un prevaricador de la ley, de alguien que se cree presuntuosamente Dios, de un seductor del pueblo.

Pero yo les había escondido mi rostro, y no pudieron conocer mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

En consecuencia, para que el hombre se ame rectamente a sí mismo, procure no dejarse corromper por ningún atractivo mundano. Y para no sucumbir ante semejantes inclinaciones, trate de orientar todos sus afectos hacia la suavidad de la naturaleza humana del Señor.

Luego, para sentirse serenado más perfecta y suavemente con los atractivos de la caridad fraterna, trate de abrazar también a sus enemigos con un verdadero amor.

Y para que este fuego divino no se debilite ante las injurias, considere siempre con los ojos de la mente la serena paciencia de su amado Señor y Salvador (Libro 3, 5: PL 195, 582).

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Consideración de la humanidad de Cristo:

1. Para compadecerlo como víctima de nuestros pecados. (También nosotros somos con frecuencia víctimas de los pecados y agravios de los demás).

2. Para imitarlo en su paciencia y perdón. (Si Él, siendo inocente, sufrió, perdonó y tuvo paciencia infinita… quiénes somos nosotros para quejarnos).

3. Para comprender y acompañar a los demás cuando sufren por cualquier motivo. (El que más da, más puede seguir dando; al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; el cristiano es una persona que crece en madurez, saca fuerzas de su debilidad, hasta devuelve bien por mal, ahogando el mal a fuerza de bien. Las madres cristianas están llamadas a esta madurez y fortaleza en Cristo).

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Francisco: “El Reino de Dios no se instaura en el mundo con la violencia”

marzo 6, 2019

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El Papa Francisco reza por una mujer que muestra su necesidad: “Tengo un cáncer terminal y he venido desde Brasil para recibir tu bendición”.

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Francisco: “El Reino de Dios no se instaura en el mundo con la violencia”

“Su estilo de propagación es la mansedumbre” 

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Lo dijo el Papa en la audiencia general que ha tenido lugar esta mañana en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre, prosiguiendo el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en el tema “Venga a nosotros tu reino” (Pasaje bíblico: Evangelio de San Mateo  13, 31-32).

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Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando rezamos el “Padre nuestro”, la segunda invocación con la que nos dirigimos a Dios es “venga a nosotros tu Reino” (Mt 6, 10). Después de rezar para que su nombre sea santificado, el creyente expresa el deseo de que se acelere la venida de su Reino.

Este deseo brotó, por así decirlo, desde el corazón mismo de Cristo, que comenzó su predicación en Galilea proclamando: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva “(Mc 1,15). Estas palabras no son en absoluto una amenaza, al contrario, son un anuncio feliz, un mensaje de alegría.

Jesús no quiere empujar a la gente a que se convierta sembrando el temor del juicio inminente de Dios o el sentimiento de culpa por el mal cometido. Jesús no hace proselitismo: simplemente anuncia. Al contrario, lo que Él trae es la Buena Nueva de la salvación, y a partir de ella llama a convertirse.

Todos están invitados a creer en el “evangelio”: el señorío de Dios se ha acercado a sus hijos. Esto es el Evangelio: el señorío de Dios se ha acercado a sus hijos. Y Jesús anuncia esta maravilla, esta gracia: Dios, el Padre, nos ama, está cerca de nosotros y nos enseña a caminar por el camino de la santidad.

Los signos de la venida de este Reino son múltiples, y todos son positivos. Jesús comienza su ministerio cuidando a los enfermos, tanto en el cuerpo como en el espíritu, de aquellos que vivían una exclusión social, -por ejemplo, los leprosos- de los pecadores mirados con desprecio por todos, también por los que eran más pecadores que ellos, pero se hacían pasar por justos.

Y  Jesús ¿cómo les llama? “Hipócritas”. El mismo Jesús indica estos signos, los signos del Reino de Dios: “Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la Buena Nueva ” (Mt 11, 5).

“¡Venga a nosotros tu Reino!”, repite con insistencia el cristiano cuando reza el “Padre nuestro”. Jesús ha venido. Pero el mundo todavía está marcado por el pecado, poblado por tanta gente que sufre, por personas que no se reconcilian y no perdonan, por guerras y por tantas formas de explotación; pensemos en la trata de niños, por ejemplo. Todos estos hechos son una prueba de que la victoria de Cristo aún no se actuado completamente: muchos hombres y mujeres todavía viven con el corazón cerrado.

Es sobre todo en estas situaciones que la segunda invocación del “Padre Nuestro” brota de los labios del cristiano: “¡Venga a nosotros tu Reino!”. Que es como decir: “¡Padre, te necesitamos!, ¡Jesús, te necesitamos! ¡Necesitamos que en todas partes y para siempre seas Señor entre nosotros!”. “Venga a nosotros tu Reino, ven en medio de nosotros”.

A veces nos preguntamos: ¿por qué este Reino se instaura tan lentamente? Jesús ama hablar de su victoria con el lenguaje de las parábolas. Por ejemplo, dice que el Reino de Dios se asemeja a un campo donde el trigo bueno y la cizaña crecen juntos: el peor error sería querer intervenir inmediatamente extirpando del mundo las que nos parecen malas hierbas. Dios no es como nosotros, Dios tiene paciencia. El Reino de Dios no se instaura en el mundo con la violencia: su estilo de propagación es la mansedumbre (cf. Mt 13, 24-30).

El Reino de Dios es ciertamente una gran fuerza, la más grande que existe, pero no de acuerdo con los criterios del mundo. Por eso nunca parece tener mayoría absoluta. Es como la levadura que se amasa en la harina: aparentemente desaparece, pero es precisamente la que fermenta la masa (cf. Mt 13, 33).

O es como un grano de mostaza, tan pequeño, casi invisible, pero lleva dentro la fuerza explosiva de la naturaleza, y una vez que crece, se convierte en el más grande de todos los árboles del jardín (cf. Mt 13, 31-32).

En este “destino” del Reino de Dios podemos intuir la trama de la vida de Jesús: él también era un signo débil para sus contemporáneos, un evento casi desconocido para los historiadores oficiales de la época. Él mismo se definió como un “grano de trigo” que muere en la tierra, pero solo de esta manera puede dar “mucho fruto” (cf. Jn 12,24).

El símbolo de la semilla es elocuente: un día el campesino la hunde en la tierra (un gesto que parece un entierro), y luego, “duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él mismo sepa cómo “(Mc 4:27). Una semilla que brota es más obra de Dios que del hombre que la ha sembrado (cf. Mc 4, 27).

Dios siempre nos precede, Dios siempre nos sorprende. Gracias a él después de la noche del Viernes Santo, hay un alba de Resurrección capaz de iluminar de esperanza al mundo entero.

“¡Venga a nosotros tu Reino!”. Sembremos esta palabra en medio de nuestros pecados y fracasos. Regalémosla a las personas que están derrotadas y dobladas por la vida, a los que han saboreado más odio que amor, a los que han vivido días inútiles sin haber entendido nunca por qué.

Regalémosla  a los que han luchado por la justicia, a todos los mártires de la historia, a los que han llegado a la conclusión de que han luchado por nada y de que el mal domina este mundo.

Escucharemos entonces que la oración del “Padre Nuestro” responde. Repetirá por enésima vez esas palabras de esperanza, las mismas que el Espíritu ha puesto como sello de todas las Sagradas Escrituras: ”¡Sí, vengo pronto!“. Amén. Ven, Señor Jesús. Que la gracia del Señor Jesús sea con todos “(Ap 22:20).

Saludos en español

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española provenientes de España y América Latina. En particular saludo a los participantes en el “Encuentro Mundial de Transportistas y Empresarios, sobre Cambio climático, Tráfico humano, Tecnología y Transporte”, organizado por la Academia Pontificia de las Ciencias sociales. Que el estudio de Laudato si’ los ayude a dar pasos significativos de justicia y solidaridad.

Y a todos les deseo un feliz comienzo de Cuaresma, tiempo de conversión y de misericordia: que la oración, la limosna y el ayuno nos ayuden a renovar nuestra vida cristiana, participando en la Pascua del Señor. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

https://infovaticana.com/2019/03/06/francisco-el-reino-de-dios-no-se-instaura-en-el-mundo-con-la-violencia/


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