El maná de cada día, 3.7.20

julio 3, 2020

Santo Tomás, apóstol

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¡Señor mío y Dios mío!
¡Señor mío y Dios mío!

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Antífona de entrada: Sal 117, 28

Tú eres mi Dios; te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo. Te alabo, porque tú eres mi salvación.

Oración colecta

Dios todopoderoso, concédenos celebrar con alegría la fiesta de tu apóstol santo Tomás; que él nos ayude con su protección para que tengamos en nosotros vida abundante por la fe en Jesucristo, tu Hijo, a quien tu apóstol reconoció como su Señor y su Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Efesios 2, 19-22

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.

Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.

Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

SALMO 116

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

Porque me has visto, Tomás, has creído –dice el Señor. Dichosos los que creen sin haber visto.

EVANGELIO: Juan 20, 24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.

Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Antífona de comunión: Jn 20, 27

Trae tu mano y toca la señal de los clavos; y no seas incrédulo, sino creyente.

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SANTO TOMAS, APÓSTOL

Tomás es conocido entre los demás apóstoles por su increduli­dad, que se desvaneció en presencia de Cristo resucitado; él proclamó la fe pascual de la Iglesia con estas palabras: «¡Señor mío y Dios mío!» Nada sabemos con certeza acerca de su vida, aparte de los indicios que nos suministra el Evangelio. Se dice que evangelizó la India. Desde el siglo VI se celebra el día 3 de julio el traslado de su cuerpo a Edesa.

¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!

De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Sólo este discípulo estaba ausente y, al volver y escuchar lo que había sucedido, no quiso creer lo que le contaban. Se presenta de nuevo el Señor y ofrece al discípulo incrédulo su costado para que lo palpe, le muestra sus manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad.

¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?

Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad.

Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.

Palpó y exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?» Como sea, el apóstol Pablo dice: La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: Porque me has visto creído? Pero es que lo que creyó superaba a lo que vio.

En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto, lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! Él, pues, creyó, con todo y que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.

Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que crean sin haber visto. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe.

Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Hacen profesión de conocer a Dios, pero con sus acciones lo desmienten. Y Santiago dice: La fe sin obras es un cadáver.


El maná de cada día, 11.6.20

junio 11, 2020

San Bernabé, apóstol

Patrón de la ciudad de Logroño, La Rioja, España
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San Bernabé, apóstol
San Bernabé, apóstol
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Antífona de entrada: Hch 11, 24

Dichoso este santo que mereció ser contado entre los apóstoles, pues era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe.

Oración colecta

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 11, 21b-26;13,1-3

En aquellos días, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor.

Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos.

Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos. En la Iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, apodado el Moreno, Lucio el Cireneo, Manahén, hermano de leche del virrey Herodes, y Saulo.

Un día que ayunaban y daban culto al Señor, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado.» Volvieron a ayunar y a orar, les impusieron las manos y los despidieron.

SALMO 97, 1.2-3ab.3c-4.5-6

El Señor revela a las naciones su justicia.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 36a. 29B

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

EVANGELIO: Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

Antífona de comunión: Jn 15, 15

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

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San Bernabé, apóstol

Nacido en la isla de Chipre, fue uno de los primeros fieles de Jerusalén, predicó en Antioquía y acompañó a Pablo en su primer viaje. Intervino en el Concilio de Jerusalén. Volvió a su patria, predicó el Evangelio y allí murió.

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VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO
De los tratados de san Cromacio, obispo, sobre el evangelio de san Mateo

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. El Señor llamó a sus discípulos sal de la tierra, porque habían de condimentar con la sabiduría del cielo los corazones de los hombres, insípidos por obra del diablo.

Ahora les llama también luz del mundo, porque, después de haber sido iluminados por el Señor, que es la luz verdadera y eterna, se han convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas.

Siendo él el sol de justicia, llama con razón a sus discípulos luz del mundo; a través de ellos, como brillantes rayos, difunde por el mundo entero la luz de su conocimiento. En efecto, los apóstoles, manifestando la luz de la verdad, alejaron del corazón de los hombres las tinieblas del error.

Iluminados por éstos, también nosotros nos hemos convertido en luz, según dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

Con razón dice san Juan en su carta: Dios es luz, y quien permanece en Dios está en la luz, como él está en la luz. Nuestra alegría de vernos libres de las tinieblas del error debe llevarnos a caminar como hijos de la luz.

Por eso dice el Apóstol: Brilláis como lumbrera del mundo, ­mostrando una razón para vivir. Si no obramos así, es como si, con nuestra infidelidad, pusiéramos un velo que tapa y oscurece esta luz tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los demás. Ya sabemos que aquel que recibió un talento y prefirió esconderlo antes que negociar con él, para conseguir la vida del cielo, sufrió el castigo justo.

Por eso la esplendorosa luz que se encendió para nuestra salvación debe lucir constantemente en nosotros. Tenemos la lámpara del mandato celeste y de la gracia espiritual, de la que dice David: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. De ella dice también Salomón: El precepto de la ley es una lámpara.

Esta lámpara de la ley y de la fe no debe nunca ocultar­se, sino que debe siempre colocarse sobre el candelero de la Iglesia para la salvación de muchos; así podremos alegrarnos con la luz de su verdad y todos los creyentes serán iluminados.

Oración

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, ­que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

 


Maná y Vivencias Pascuales (44), 25.5.20

mayo 25, 2020

Lunes de la 7ª semana de Pascua

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DENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

QUINTO DÍA

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¿Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, en soledad y llanto?
¿Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, en soledad y llanto?

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Hch 1, 8; 1era lectura: Hch 19, 1-8; Salmo: 67, 2-7; Aleluya: Col 3, 1; Evangelio: Jn 16, 29-33; Comunión: 14, 18; 16, 22.

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ANTÍFONA DE ENTRADA.- Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos en Jerusalén y hasta los confines del mundo. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Derrama, Señor, sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos cumplir fielmente tu voluntad y demos testimonio de ti con nuestras obras. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hch 19, 1-8

En aquellos días, mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó a Éfeso atravesando las regiones altas. Encontró allí a unos discípulos y les preguntó: ¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe?

Le contestaron: Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo. Pablo les replicó: Entonces, ¿qué bautismo han recibido? Respondieron: El bautismo de Juan.

Pablo les explicó: Si bien Juan bautizaba con miras a un cambio de vida, pedía al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús.

Al oír esto se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús, y al imponerles Pablo las manos, el Espíritu Santo bajó sobre ellos y empezaron a hablar lenguas y a profetizar. Eran unos doce hombres.

Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses habló en público del Reino de Dios, tratando de persuadirlos.

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SALMO 67, 2-7

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian; como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios.

En cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebozando de alegría. Cantad a Dios, tocad en su honor; su nombre es el Señor.

Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece.

ACLAMACIÓN: Col 3, 1.- Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.

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EVANGELIO: Jn 16, 29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: Ahora sí que hablas con claridad, sin usar parábolas. Ahora vemos que lo sabes todo y no hay por qué hacerte preguntas. Ahora creemos que saliste de Dios.

Jesús les respondió: ¿Ustedes dicen que creen? Está llegando la hora, y ya ha llegado, en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Aunque no estoy solo, pues el Padre está conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo.

COMUNIÓN, Jn 14, 18; 16, 22.- No los dejaré desamparados, volveré, dice el Señor, y se alegrarán sus corazones. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO (5)

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA QUINTO

Los cristianos llevamos los grandes tesoros de la gracia en vasos de barro. Dios ha confiado sus dones a la frágil y débil libertad humana y, aunque la fuerza del Señor ciertamente nos asiste, nuestra concupiscencia, nuestra comodidad y nuestro orgullo la rechazan a veces y nos llevan a caer en pecado.

Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos a los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros.

Es decir, Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria.

Señor Jesús, que, glorificado por la diestra de Dios, derramaste sobre tus discípulos el Espíritu, derrama este mismo Espíritu sobre todos los hombres para que puedan forjar un mundo nuevo.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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De los sermones de san Agustín, obispo

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo

Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón as­cienda también con él.

Escuchemos al Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido.

Él fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los traba­jos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos.

De lo que dio testimonio cuando exclamó: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Así como: tuve hambre, y me disteis de comer.

¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la espe­ranza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nos­otros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí.

Él realiza aquello con su divinidad, su poder y su amor; noso­tros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él con la divinidad, sí que pode­mos por el amor hacia él.

No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

Esto lo dice en razón de la unidad, ya que es nues­tra cabeza, y nosotros su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.

En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: «Así es Cristo», sino: Así es también Cristo.

Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros.

Bajó, pues, del cielo por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia.

Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la dignidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza (Sermón Mai 98, sobre la Ascensión del Señor, 1-2: PLS 2, 494-495).

 


Maná y Vivencias Pascuales (37), 18.5.20

mayo 18, 2020

Lunes de la 6ª semana de Pascua

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Pentecostés, Greco
Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles. El Greco

 

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ANTÍFONA DE ENTRADA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA, Hechos 16, 11-15

En aquellos días nos embarcamos en Troas y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. De allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia romana.

Nos detuvimos allí algunos días, y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que los judíos se reunían para orar.

Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira.

Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. Se bautizó junto con los de su familia, y luego nos suplicó: Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa. Y nos obligó a aceptar.

SALMO 149, 1-2.3-4.5-6 y 9b.

Canten al Señor un canto nuevo: su alabanza en la asamblea de los fieles. Alégrese Israel por su Creador, festejen los hijos de Sión a su Rey.

Su nombre alaben en medio de danzas, el arpa y el tambor toquen para él. Porque el Señor aprecia a su pueblo, concede a los débiles la victoria.

Que los fieles salten de alegría y hasta en sus lechos canten jubilosos: con vivas a Dios en la boca.

ACLAMACIÓN: Juan 15, 26b.27

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, dice el Señor; y también ustedes darán testimonio.

EVANGELIO: Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Consolador, el Espíritu de la Verdad que yo les enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio.

Les digo esto de antemano, para que no se tambalee su fe. Los excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que les dé muerte, pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que yo se lo había dicho.

COMUNIÓN: Juan 20, 19.

Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Aleluya.

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PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL (1 de 4)

Podríamos arriesgarnos a centrar la espiritualidad pascual en esta exclamación de fe: ¡Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

La Pascua es la recreación de todas las cosas en Cristo; la restauración total y definitiva de los planes de Dios sobre la humanidad. Podemos decir que en la Pascua Dios “ha dado la talla”: se ha remangado los brazos para hacer algo nuevo, inaudito y para siempre, definitivo.

En efecto, la Trinidad culmina su obra común de las tres personas divinas: la creación, atribuida sin embargo a Dios Padre; culmina la redención realizada por Cristo, pero con la colaboración del Padre y del Espíritu. Y comienza la obra específica del Espíritu, la santificación o divinización definitiva del hombre en Cristo de acuerdo con los designios inescrutables del Padre; porque a él le pareció bien; es lo que más le gustó.

La Pascua es la manifestación palpable de la Trinidad. El hijo del carpintero ha resultado ser en verdad el Hijo de Dios, igual al Yahvé del Antiguo Testamento.

El Espíritu eterno, del que ha sido revestido Cristo, de manera singular y plena en su glorificación, ha sido derramado sobre los discípulos a manos llenas: ellos han sido bautizados, bañados, anegados… hasta ser tenidos por borrachos; es decir, embriagados del poder de Dios, llevados de acá para allá por una energía poderosa y santa, no caprichosa, loca o arbitraria.

¡Éste es el día en que actuó el Señor! Dios, uno y trino, nos ha mostrado todo su amor poderoso, maravilloso. Nos ha dado el Nuevo Adán, el nuevo Mesías y Salvador. No hay otro.

Los creyentes han recibido sin medida el Espíritu de Cristo, que los capacita para hablar, vivir, sentir y actuar como habló, vivió, sintió y actuó el Señor. Son otros Cristo. Han llegado los últimos tiempos. La hora del Espíritu, creador y renovador, que hace nuevas todas las cosas. Cristo les aseguró: mayores cosas que yo haréis.

Por eso, Jesús había dicho también respecto al Espíritu: Os conviene que me vaya, pues si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu Santo, el Consolador, paráclito, abogado defensor, intérprete. Cuando me vaya os lo enviaré; o le pediré al Padre que lo envíe en mi nombre. Cuando él venga os lo enseñará todo. Y se quedará siempre con vosotros.

Ahora os digo: todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id por todo el mundo, y dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. Son los últimos tiempos. El Reino padece violencia. Sólo los esforzados lo arrebatan.

El Reino no puede esperar más. Buscadlo por encima de todo; y el resto se os dará por añadidura. No tengáis miedo, pues yo he vencido al mundo. Todo me lo ha entregado el Padre.

El Apóstol nos lo recordará: todo es vuestro; vosotros, de Cristo; y Cristo, de Dios. Id, os doy este mandato. No llevéis túnica de repuesto, no os detengáis… El mundo no puede esperar.

Es tiempo de sembrar a discreción. Ha llegado la hora de Dios. El Banquete está preparado. No se puede desairar a Dios; es lo que ha preparado desde toda la eternidad, ha volcado todo lo suyo, lo ha empeñado todo.

La primitiva Iglesia vive estas realidades última con sorpresa, con fe, con alegría, con creatividad y total abandono en manos de Dios Padre, que todo lo dispone para nuestro bien; viven confiados en el poder de Dios y sintiéndose discípulos de Cristo y testigos de su resurrección, de que está vivo y es Señor; se sienten arrebatados e impulsados por el Espíritu para realizar las obras de Dios en Cristo Jesús.

Los apóstoles y los primeros cristianos dan testimonio de Jesús públicamente y con mucha seguridad, convicción y valentía, “parresía”. Todos quedaban admirados… Dios iba agregando a la comunidad a todos los que creían y se bautizaban en el nombre del Señor Jesús.

Tres, podríamos decir, son los protagonistas de la fundación de la Iglesia y de su crecimiento y desarrollo imparable: Los planes de Dios, la comunidad eclesial y los personajes concretos y animadores de la comunidad.

El encarcelamiento de Pedro y Juan y la persecución contra la Iglesia son ocasión para que ésta se ponga en manos de Dios, relea las Escrituras, las interprete en función de las nuevas circunstancias, y experimente el poder de Dios que le envía su Espíritu: retembló la casa, y todos fueron llenos del Espíritu. Estaban alegres y daban gloria a Dios; y el pueblo estaba de su parte.

La persecución contra Esteban provoca la diáspora de los discípulos; éstos se ven obligados a salir de Jerusalén; pero no pueden dejar de anunciar el Evangelio de Cristo a cuantos encuentran en el camino. Muchos se convierten. Van surgiendo personas con nombre y rostro definidos, como el diácono Felipe, como Bernabé, hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe.

El Espíritu está vivo y suelto: los discípulos sienten su acción, perciben claramente que les habla, siguen sus avisos y pasan de una aventura de fe a otra y a otra… La Palabra no está encadenada.

Pedro sale de Jerusalén, visita las comunidades, hace milagros porque vive en sintonía con el celo de Cristo manifestado ahora por el Espíritu. Oro y plata no tengo, pero te doy lo que tengo, la fe en Cristo: en su nombre levántate y anda; se levantó y glorificaba a Dios.

La presencia del Espíritu es tan real y perceptible para la primera comunidad como lo era la humanidad de Cristo cuando caminaba por Palestina. Casi podríamos decir que el Espíritu tiene más influencia, más fuerza persuasiva que el mismo Jesús en carne mortal. El Espíritu es el testigo interior.

Él se junta a nuestro espíritu hasta confundirse. Dirá san Pablo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, es el Espíritu de Cristo quien vive en mí, quien me inspira, me mueve, me consuela, me dirige, me confirma en todo lo que siento y hago, me plenifica, me hace feliz en Dios. Qué bueno es el Seño. Cómo no alabarlo… Es digno de toda bendición.

El Espíritu transforma a los discípulos según el modelo del Maestro. Así, Bernabé, persona acogedora, fiel a Dios, descubre la acción de Dios en la comunidad, incluso en los paganos, y se alegra por ello, acoge a los nuevos convertidos, los acompaña, los impulsa a que se sometan a la acción del Espíritu…

Es lo que hace con Pablo: lo acoge, valora la gracia de Dios en él, lo busca, lo inicia en el seguimiento del Señor, le socorre en la integración en la comunidad y en la proclamación del Evangelio.

Admiramos los planes de Dios sobre la comunidad y sobre cuantos creen en Cristo, pues él no hace acepción de personas. Quiere que todos tengan vida, pues son sus hijos. Y lo dispone todo sobre algunas personas “elegidas” por él para ser sus testigos, como Pablo. Nada es casual. Nada es desperdiciable.

De esta manera, según los Hechos de los Apóstoles, Dios va cumpliendo sus designios de salvación acompañando a los apóstoles, a la primitiva comunidad, a judíos y gentiles para que experimenten el poder de Dios. Han llegado los últimos tiempos. Es la hora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas; ahora todos serán enseñados por el Señor; ellos serán su pueblo, y el Señor será su Dios; y lo verán todas las naciones.

Está brotando el desierto, lo imposible se hace posible. Dichosos los que oyen. Dios está actuando con todo su poder, porque Dios es Dios. Está abriendo nuestra mente para que todos entendamos, por fin. Nos asegura: Yo no soy como los humanos. Yo lo digo y pongo por obra. Está brotando, se siente… ¿Es que no lo notáis?

Ah, Señor, ten paciencia conmigo. Habla, Señor, que tu siervo escucha. No pases de largo. Quédate con nosotros, pues atardece. Alabado seas, Señor, en tus santos designios. Amén.


Maná y Vivencias Pascuales (33), 14.5.20

mayo 14, 2020

Jueves de la 5ª semana de Pascua

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Espíritu

 

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ENTRADA: Ex 15, 1-2

Cantemos al Señor, sublime es su victoria. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos has hecho pasar de la muerte a la vida y de la tristeza al gozo; no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hch 15, 7-21

En aquellos días, después de una acalorada discusión, Pedro se puso en pie y dijo a los apóstoles y a los ancianos: Hermanos, ustedes saben cómo Dios intervino en medio de ustedes ya en los primeros días, cuando quiso que los paganos escucharan de mi boca el anuncio del Evangelio y abrazaran la fe.

Y Dios, que conoce los corazones, se declaró a favor de ellos, al comunicarles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No ha hecho ninguna distinción entre nosotros y ellos, sino que purificó sus corazones por medio de la fe.

¿Quieren ustedes ahora mandar a Dios? ¿Por qué quieren poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que nuestros padres no fueron capaces de soportar, ni tampoco nosotros? Según nuestra fe, la gracia del Señor Jesús es la que nos salva, del mismo modo que a ellos.

Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Bernabé y a Pablo, que les contaron los signos y prodigios que habían hecho entre los paganos con la ayuda de Dios.

Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: Hermanos, escúchenme: Simón acaba de recordar cómo Dios, desde el primer momento, intervino para formarse con gentes paganas un pueblo para su nombre.

Los profetas hablan el mismo lenguaje, pues está escrito: Después de esto volveré y construiré de nuevo la choza caída de David. Reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar, para que el resto de los hombres busquen al Señor, todas las naciones sobre las cuales ha sido invocado mi nombre. Así lo dice el Señor, que hoy realiza lo que tenía preparado desde siempre.

Por esto pienso que no debemos complicar la vida a los paganos que se convierten a Dios. Digámosles en nuestra carta tan sólo que no se contaminen con la idolatría ni con la fornicación y que no coman sangre ni animales estrangulados.

Porque durante muchas generaciones, en la sinagoga de cada ciudad, han leído a Moisés todos los sábados, y lo han explicado.

SALMO 95, 1-10

Canten al Señor un cántico nuevo, cante al Señor toda la tierra. Canten al Señor, bendigan su nombre.

Proclamen día tras día su victoria. Cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Díganles a los pueblos: “El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente”.

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ALELUYA: Jn 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen.

EVANGELIO: Jn 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así también los he amado yo: Permanezcan en mi amor.

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.

COMUNIÓN: 2 Cor 5, 15.- Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

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Del tratado de Tertuliano, presbítero, sobre la prescripción de los herejes

La predicación apostólica

Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.

Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoc­trinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Los apóstoles –palabra que significa «enviados»–, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doce (apoyad­os para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.

De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina.

Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.

Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras.

En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua frater­nidad y hospitalidad.

Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.

El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron l­os apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.

El Señor había dicho en cierta ocasión: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; pero añadió a continuación: Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.

Con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de la verdad les daría el conocimiento de la verdad plena.

Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos (Caps. 20, 1-9; 21, 3; 22, 8-10: CCL 1, 201-204).

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Maná y Vivencias Pascuales (30), 11.5.20

mayo 11, 2020

Lunes de la 5ª semana de Pascua

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Vendremos al él y haremos morada en él
Vendremos a él y haremos morada en él.

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Antífona de entrada

Ha resucitado el buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya.

Oración colecta

¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hechos 14, 5-17

En aquellos días, al producirse en Iconio conatos de parte de los paganos y de los judíos, a sabiendas de las autoridades, empezaron a moverse con intención de maltratar y apedrear a Pablo y Bernabé; ellos se dieron cuenta de la situación y se escaparon a Licaonia, a las ciudades de Listra, Derbe y alrededores, donde predicaron el Evangelio.

Había en Listra un hombre lisiado y cojo de nacimiento, que nunca había podido andar y estaba siempre sentado. Escuchaba las palabras de Pablo, y Pablo viendo que tenía una fe capaz de curarlo, le gritó mirándolo: «Levántate, ponte derecho» El hombre dio un salto y echó a andar.

Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos». A Bernabé lo llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar.

El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad, trajo a las puertas toros adornados con guirnaldas, y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.

Al darse cuenta los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío gritando: Hombres, ¿qué hacen? Nosotros somos mortales como ustedes, les predicamos la Buena Noticia para que dejen los dioses falsos y se conviertan al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contiene.

En el pasado dejó que cada pueblo siguiera su camino; aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandando la lluvia y las cosechas a su tiempo, dándoles comida y alegría en abundancia.

Con estas palabras disuadieron al gentío, aunque a duras penas, de que les ofrecieran sacrificios.

SALMO: 113

No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria.

No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria: Por tu amor, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones: “Dónde está, pues, su Dios”?

Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas.

Benditos sean del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 14, 26

El Espíritu Santo será quien les enseñará todo y les recordará lo que yo les he dicho.

EVANGELIO: Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que sabe mis mandamientos y los guarda, ése me ama: y al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me mostraré a él. Le dijo Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué ha sucedido para que te muestres a nosotros y no al mundo?

Respondió Jesús y les dijo: El que me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho.

Antífona de comunión: Jn 14, 27

La paz os dejo, mi paz os doy; No os la doy como la da el mundo -dice el Señor-. Aleluya.

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COMENTARIO A LA PRIMERA LECTURA

Es admirable la capacidad de san Pablo para proclamar el Evangelio partiendo de las experiencias de sus destinatarios: básicamente judíos y paganos.

Cuando se dirige a los judíos parte de la historia de Israel, de los patriarcas o los profetas, y trata de presentar a Jesús como el cumplimiento de las promesas del antiguo Testamento.

Cuando se dirige a los paganos, como sucede en el pasaje anterior, parte del Dios creador presente en el mundo y providente para con los hombres.

En ambos casos se valoran las experiencias religiosas y humanas de los oyentes para llevarlos hacia la plena manifestación de Dios.

Aprendamos a evangelizar desde los valores y experiencias de nuestros interlocutores. ¿Cuáles son los valores o las experiencias que hacen vibrar a nuestros contemporáneos?

¿Cómo llevarlos hasta el Dios verdadero que de alguna forma están buscando, aunque sea a tientas y a oscuras?

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COMENTARIO AL EVANGELIO

En el discurso de despedida, Jesús va presentando cada vez con mayor claridad su vinculación con el Padre y con el Espíritu Santo. Así nos va introduciendo en la comprensión y también en la comunión con las tres divinas personas.

La comunidad cristiana aparece como una proyección de la comunión que existe en la Trinidad. El Padre y el Hijo son uno. El Padre actúa en el Hijo, y éste hace la voluntad del Padre. El Hijo es un reflejo del Padre. Poco a poco Jesús habla con más claridad también del Espíritu Santo.

En primer lugar, Jesús confiesa que el Espíritu será como una prolongación de su persona. Les dice que él tiene que irse, pero que no los dejará huérfanos, pues les enviará “otro” consolador que estará siempre con ellos; otro abogado, o defensor.

Sin embargo, no les traerá novedades ni nada extraño, sino que tomará de lo dicho por Jesús y se lo hará comprender: será su intérprete. Les recordará todo lo experimentado con Jesús. Será la memoria de Jesús. Será el maestro interior que los conducirá hasta la verdad plena.

De esta manera, las tres personas divinas viven y se manifiestan totalmente relacionadas entre sí y viviendo la una para la otra, o mejor para las otras dos. Andan a porfía buscando el bien de los demás. Es la intercomunión trinitaria: modelo para toda persona y para toda comunidad.

Vayamos, por tanto, aprendiendo a vivir en comunión con estas divinas personas de la mano de Jesús, pues sólo él se ha manifestado en la debilidad de nuestra carne, y nos lo ha enseñado todo.

Porque Jesús vivía en constante comunión con Dios, sabemos que existe el Padre Dios. Porque Jesús se sentía llevado por el Poder de Dios en sus obras y palabras, sabemos que existe el Espíritu Santo. Lo sabemos, y podemos hacer lo que hacía Jesús porque nos ha dado su mismo Espíritu. Aleluya.


Maná y Vivencias Pascuales (24), 5.5.20

mayo 5, 2020

Martes de la 4ª Semana de Pascua

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Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen, y yo les doy la vida eterna


Antífona de entrada: Apocalipsis 19, 7.6

Con alegría y regocijo demos gloria a Dios, porque ha establecido su reinado el Señor. Aleluya.

TEXTOS ILUMINADORES.- Mis ovejas conocen mi voz y yo las conozco a ellas. Ellas me siguen y yo les doy vida eterna: nunca morirán. Nadie me las puede quitar porque mi Padre que me las ha dado es mayor que todos, y nadie se las puede quitar a él. Yo y mi Padre somos uno” (Jn 10, 27-30).

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Antes erais “no pueblo”, ahora sois “pueblo de Dios”; antes erais “no compadecidos”, ahora sois “compadecidos” (1 P 2, 9-10).

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor todopoderoso, que la celebración de las fiestas de Cristo resucitado aumente en nosotros la alegría de sabernos salvados. Por nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Hechos 11, 19-26

En aquellos días, los que se habían dispersado a raíz de la persecución que siguió a la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, la isla de Chipre y la ciudad de Antioquía, aunque sólo predicaban a los judíos.

Sin embargo, había entre ellos algunos hombres de Chipre y de Cirene que al llegar a Antioquía predicaron también a los griegos y les anunciaron la buena nueva del Señor Jesús. La mano del Señor estaba con ellos, y fueron numerosos los que creyeron y siguieron al Señor.

Esta noticia llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y mandaron a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se alegró y los animó a permanecer fieles al Señor con firme corazón, pues era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Así una enorme multitud conoció al Señor.

Bernabé entonces salió para Tarso en busca de Saulo, y apenas lo halló, lo llevó consigo a Antioquía. En esta Iglesia convivieron todo un año y enseñaron la doctrina cristiana a mucha gente. En Antioquía fue donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”.

SALMO 86, 1-3. 4-5. 6-7

Alabad al Señor, todas las naciones.

Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.» Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos: «Éste ha nacido allí.» Y cantarán mientras danzan: «Todas mis fuentes están en ti.»

Aclamación antes del Evangelio: Juan 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor, y yo las conozco y ellas me siguen. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 10, 22-30.- Yo y el Padre somos uno.

En aquel tiempo se celebraba en Jerusalén la fiesta conmemorativa de la Dedicación del Templo. Era invierno y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón cuando los judíos lo rodearon y le dijeron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si eres el Cristo, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho, pero ustedes no quieren creer. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre declaran quién soy yo. Pero ustedes no creen porque no son de mis ovejas.

Mis ovejas conocen mi voz y yo las conozco a ellas. Ellas me siguen y yo les doy vida eterna: nunca morirán. Nadie me las puede quitar porque mi Padre que me las ha dado es mayor que todos, y nadie se las puede quitar a él. Yo y mi Padre somos uno”.

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Antífona de Comunión: Colosenses 3,17

Todo lo que de palabra o de obra realicéis sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la acción de gracias a Dios. Aleluya.

De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

Sé tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios.

Os exhorto, por la misericordia de Dios, nos dice san Pablo. Él nos exhorta, o mejor dicho, Dios nos exhorta, por medio de él. El Señor se presenta como quien ruega, porque prefiere ser amado que temido, y le agrada más mostrarse como Padre que aparecer como Señor. Dios, pues, suplica por misericordia para no tener que castigar con rigor.

Escucha cómo suplica el Señor: «Mirad y contemplad en mí vuestro mismo cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si ante lo que es propio de Dios teméis, ¿por qué no amáis al contemplar lo que es de vuestra misma naturaleza? Si teméis a Dios como Señor, ¿por qué no acudís a él como Padre?

Pero quizá sea la inmensidad de mi Pasión, cuyos responsables fuisteis vosotros, lo que os confunde. No temáis. Esta cruz no es mi aguijón, sino el aguijón de la muerte. Estos clavos no me infligen dolor, lo que hacen es acrecentar en mí el amor por vosotros. Estas llagas no provocan mis gemidos, lo que hacen es introduciros más en mis entrañas. Mi cuerpo al ser extendido en la cruz os acoge con un seno más dilatado, pero no aumenta mi sufrimiento. Mi sangre no es para mí una pérdida, sino el pago de vuestro precio.

Venid, pues, retornad y comprobaréis que soy un padre, que devuelvo bien por mal, amor por injurias, inmensa caridad como paga de las muchas heridas».

Pero escuchemos ya lo que nos dice el Apóstol: Os exhorto –dice– a presentar vuestros cuerpos. Al rogar así el Apóstol eleva a todos los hombres a la dignidad del sacerdocio: a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

¡Oh inaudita riqueza del sacerdocio cristiano: el hombre es, a la vez, sacerdote y víctima! El cristiano ya no tiene que buscar fuera de sí la ofrenda que debe inmolar a Dios: lleva consigo y en sí mismo lo que va a sacrificar a Dios. Tanto la víctima como el sacerdote permanecen intactos: la víctima sacrificada sigue viviendo, y el sacerdote que presenta el sacrificio no podría matar esta víctima.

Misterioso sacrificio en que el cuerpo es ofrecido sin inmolación del cuerpo, y la sangre se ofrece sin derramamiento de sangre. Os exhorto, por la misericordia de Dios –dice–, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Este sacrificio, hermanos, es como una imagen del de Cristo que, permaneciendo vivo, inmoló su cuerpo por la vida del mundo: él hizo efectivamente de su cuerpo una hostia viva, porque a pesar de haber sido muerto, continúa viviendo. En un sacrificio como éste, la muerte tuvo su parte, pero la víctima permaneció viva; la muerte resultó castigada; la víctima, en cambio, no perdió la vida.

Así también, para los mártires, la muerte fue un nacimiento: su fin, un principio; al ajusticiarlos encontraron la vida y, cuando, en la tierra, los hombres pensaban que habían muerto, empezaron a brillar resplandecientes en el cielo.

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como una hostia viva. Es lo mismo que ya había dicho el profeta: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.

Hombre, procura, pues, ser tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios. No desprecies lo que el poder de Dios te ha dado y concedido.

Revístete con la túnica de la santidad, que la castidad sea tu ceñidor, que Cristo sea el casco de tu cabeza, que la cruz defienda tu frente, que en tu pecho more el conocimiento de los misterios de Dios, que tu oración arda continuamente, como perfume de incienso: toma en tus manos la espada del Espíritu: haz de tu corazón un altar, y así, afianzado en Dios, presenta tu cuerpo al Señor como sacrificio.

Dios te pide la fe, no desea tu muerte; tiene sed de tu entrega, no de tu sangre; se aplaca, no con tu muerte, sino con tu buena voluntad (Sermón 108: PL 52, 499-500).


Maná y Vivencias Pascuales (22), 3.5.20

mayo 2, 2020

Domingo IV de Pascua, Ciclo A


DOMINGO DEL BUEN PASTOR

Jornada mundial de Oración por las vocaciones consagradas

CATHOLICVS-Jesucristo-Buen-Pastor-Jesus-Christ-Good-Shepherd
Yo y el Padre somos uno. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño


TEXTO ILUMINADOR.- El Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

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ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo; concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Por nuestro Señor.
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PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 2, 14a.36-41

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: «Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».

Pedro les contestó: «Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos».

Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: «Escapad de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.
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Salmo Responsorial: 22

El Señor es mi pastor, nada me faltará. Aleluya.

El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.

Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.

Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.

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SEGUNDA LECTURA: 1 Pedro: 2, 20-25

Queridos hermanos:

Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.

Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente.

Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado.

Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

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Aclamación: Jn 10, 14

Aleluya, aleluya. Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, conozco a mis ovejas y ellas me conocen. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.

Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.

Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»


Antífona de comunión

Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya.

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COMENTARIO

Conforme vamos avanzando en el camino pascual, la Iglesia nos recuerda los pasos de la primitiva comunidad de los discípulos de Jesús.

Ellos experimentaron un proceso de crecimiento en la fe que posibilitaba el triunfo real de Jesús Resucitado en todos los ámbitos de la vida: en lo personal, comunitario y social; tanto en el mundo judío, como en el pagano.

Estamos en los últimos tiempos y la voluntad salvífica del Padre tiene que hacerse efectiva porque Cristo ha llevado a plenitud la salvación en su propia persona y ha dejado su Espíritu para que los discípulos puedan hacer las mismas obras que su Maestro.

Pedro y los apóstoles hacen milagros y signos que suscitan la admiración de la gente y la fe. La Palabra es proclamada con poder, la Iglesia se edifica y robustece, los que creen quedan llenos del gozo del Espíritu.

El Resucitado lleva a plenitud el pastoreo que ejerció durante su vida terrena gracias a la acción del Espíritu. Al despedirse, Jesús les dijo claramente: Me quedan muchas cosas por deciros, pero por ahora no podéis cargar con ellas; cuando venga el Espíritu, os enseñará todo.

Gracias al Espíritu que les ha insuflado el Resucitado, los discípulos pueden escuchar mejor la voz inconfundible de su Señor, el Buen Pastor, y lo siguen con mayor convicción y valentía, con esperanza.

Los sostiene el Espíritu derramado en sus corazones que les atestigua que Cristo está vivo y que el Padre los ama y les ha entregado definitivamente el Reino.

Por eso, celebramos hoy a Cristo el Buen Pastor. Él sigue vivo reuniendo a sus hermanos de entre todos los pueblos. La Palabra no está encadenada y debe ser predicada hasta los confines de la tierra. Aunque apresen a los predicadores de la Palabra, esta no está encadenada. 

Y como la mies que le ha dado el Padre es abundante, Cristo sigue buscando colaboradores para llevar a cabo la obra que el Padre le ha encomendado, a fin de que nadie se pierda. Para tan ingente tarea faltan brazos, faltan proclamadores de la Palabra.

Hoy la Iglesia, extendida por todo el mundo, pide al Dueño que envíe obreros a su mies.

Además de orar, nuestro compromiso debe llegar hasta la promoción e incluso la propuesta de la vocación a ciertas personas que conocemos.

En estos días los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan la conversión de san Pablo y su llamada a predicar el Evangelio a todas las gentes. ¿Proponer la vocación y llamar a un perseguidor de la Iglesia? ¡A quién se le ocurre!

Así son los designios de Dios. Para él todo es posible. Él quiere seguir llamando porque nadie debería perderse. ¿Le prestarás tu voz para proponer a tu hermano, cercano o lejano, el seguimiento de Jesús?

A lo mejor, tú mismo podrías ofrecer tu voz y tus dotes para proclamar que Cristo está vivo, ya que la mies sigue siendo en nuestros días abundante y los obreros pocos.

Piénsalo ante Cristo el Buen Pastor, cuyo corazón es consumido por el celo de la gloria de Dios.

Con esta intención vocacional y de testimonio elevamos nuestra súplica agustiniana en comunión con toda la Iglesia.
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SEÑOR, DIOS NUESTRO: HAZ QUE EL CLAMOR DE TU VOZ LLEGUE A MUCHOS; QUE SE LEVANTEN Y VIVAN UNIDOS EN TI.

PREPARA SUS CORAZONES CON TU PALABRA, DE MODO QUE SE DISPONGAN A EVANGELIZAR A LOS POBRES, Y A CUIDAR DE TU MIES ABUNDANTE.

SEÑOR, QUE TODOS LOS LLAMADOS A LA VIDA AGUSTINA RECOLETA ESCUCHEN TU VOZ Y PUEDAN CUMPLIR TU VOLUNTAD.- AMÉN.

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Maná y Vivencias Pascuales (18), 29.4.20

abril 29, 2020

Miércoles de la 3ª semana de Pascua

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Todo lo que me da el Padre vendrá a mí y al que venga a mí no lo echaré fuera, dice el Señor
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí y al que venga a mí no lo echaré fuera, dice el Señor.

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TEXTO ILUMINADOR.- “La voluntad de mi Padre es que todo hombre que ve al Hijo y cree en él tenga la vida eterna: y yo lo resucitaré en el último día”.

El don de la fe Dios lo ofrece a todo hombre de buena voluntad. Pero todos y cada uno debemos disponernos para acogerlo, cada día.

Pide al Señor que te conceda “ir” a Jesús, “venir” a él, “creer” en él. Confiesa a Jesús como a tu Señor y Salvador: ¿Adónde iríamos, Señor, fuera de ti? Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Amén.

La oración colecta expresa la espiritualidad de la jornada en forma de petición y agradecimiento. Reza varias veces al día, si puedes, la siguiente oración, agradeciendo y pidiendo la fe, como el don primordial.

Antífona de entrada: Salmo 70, 8.23

Mi boca está llena de tu alabanza y canta tu gloria el día entero. Y te celebrarán mis labios, mi alma que redimiste.

ORACIÓN COLECTA.- Ven, Señor, en ayuda de tu familia, y a cuantos hemos recibido el don de la fe concédenos tener parte en la herencia eterna de tu Hijo resucitado. Él, que vive y reina contigo.

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PRIMERA LECTURA: Hechos 8, 1b-8

Aquel día se desencadenó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron por él gran duelo.

Mientras tanto, Saulo hacía destrozos en la Iglesia, entraba en las casas, llevaba a la fuerza hombres y mujeres y los metía en la cárcel.

Al mismo tiempo, los que se habían dispersado iban de un lugar a otro anunciando la Palabra. Felipe por su cuenta fue a una ciudad de Samaria, donde empezó a predicar a Cristo.

Toda la gente se interesó por la predicación de Felipe. Iban a oírlo y a ver los prodigios que realizaba: pues de muchos endemoniados salían los espíritus malos dando gritos, y numerosos paralíticos y cojos quedaron sanos, de tal modo que hubo una gran alegría en aquella ciudad.

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Comentario.- Esta tercera y violenta persecución desatada contra la Iglesia podría parecernos el principio del fin. Sin embargo, contribuyó al crecimiento de la Iglesia. Según los planes de Dios fue ocasión para que muchos escucharan la Palabra y creyeran en Cristo.

La historia de la Iglesia nos enseña que Dios escribe recto con líneas torcidas. Todo contribuye para bien.

Debemos aprender a tener suma confianza en toda circunstancia, por adversa que se presente. El Evangelio nos exhorta: Buscad primero el Reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura.

En Pascua se hace más palpable la victoria de Cristo. No tengáis miedo, nos dice, yo he vencido al mundo. Y también: yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Lo que importa, pues, es que Cristo sea anunciado.

SALMO 65, 1-3a.4-5.6-7a

Aclamen al Señor en todo el mundo, canten salmos a su glorioso nombre, ríndanle honores con sus alabanzas. Digan: “Qué formidable eres, oh Dios”. Todos los habitantes de la tierra se inclinan ante ti, y te cantan, y cantan a tu nombre.

Vengan a ver las obras del Señor, que a los hombres espanta con lo que hace: Dejó seco el fondo del mar rojo, por el río pasaron caminando; por lo tanto, alegrémonos en él. Con su poder domina para siempre.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 40

La voluntad de mi Padre es que todo hombre que ve al Hijo y cree en él tenga la vida eterna: y yo lo resucitaré en el último día”.

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EVANGELIO: Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed. Sin embargo, como ya lo he dicho, ustedes se niegan a creer, aun después de haber visto.

Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre es que todo hombre que ve al Hijo y cree en él tenga la vida eterna: y yo lo resucitaré en el último día.

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Comentario.-En la primera parte del discurso de Cafarnaún, Jesús afirma que él es el Pan de vida para todos los hombres. De esta forma pide la fe de los discípulos en él, como Mesías e Hijo de Dios, enviado por el Padre. Inmediatamente después nos hablará del Pan eucarístico que él nos dará.

Primero, es preciso creer en Jesús, venir a él, aceptar su testimonio, admirar sus signos; y después comerlo como pan que alimenta y robustece. En la Eucaristía encontramos ambas mesas: la de la Palabra y la de la Eucaristía, tan estrechamente unidas entre sí que forman un único acto de culto, según el Concilio Vaticano II (SC 7).

Hermano, hermana, la Pascua es un tiempo ideal para profundizar en la comprensión de la celebración eucarística y para extraer de la Eucaristía las inmensas riquezas que contiene de cara a la propia edificación y a la de toda la comunidad.

Ojalá el Señor te conceda vivir mejor la Eucaristía en esta Pascua. Todo esfuerzo que hagas para conseguir ese objetivo estará bien empleado.

Por si te sirve, te reseño un folleto del Autor publicado en Caracas por la editorial Hijas de San Pablo, año 2005: Para vivir la Eucaristía y participar en ella paso a paso. Guía práctica.

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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA HOY

POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, que no es uno más, sino único para Dios en su amor que es siempre nuevo?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Cómo quiero vivir hoy la Eucaristía o hacer mi oración personal, encuentro con Dios y con los hermanos?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando, comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía, sea diaria o dominical? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa dominical podría cultivar hoy: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?

POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.


San Marcos, evangelista

abril 25, 2020

25 de abril

San Marcos, evangelista

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San Marcos

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Antífona de entrada: Mc 16, 15

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. Aleluya.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos fielmente las huellas de Cristo. Él, que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 5, 5b-14

Queridos hermanos:
Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.

Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén.

Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella.

Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno.

Paz a todos vosotros, los cristianos.

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SALMO 88, 2-3. 6-7. 16-17

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad»

El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles. ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.

Aclamación antes del Evangelio: 1Co 1, 23-24

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

EVANGELIO: Marcos 16, 15-20 – “Proclamad el Evangelio a toda la creación”

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:

-«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos»

Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Antífona de comunión: Mt 28, 20

Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo -dice el Señor-. Aleluya.

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SAN MARCOS, EVANGELISTA

Primo de Bernabé, acompañó a san Pablo en su primer viaje; también le acompañó en Roma. Fue discípulo de san Pedro e intérprete del mismo en su evangelio. Se le atribuye la fundación de la Iglesia de Alejandría.

LA PREDICACIÓN DE LA VERDAD
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre todopoderoso, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen; y en un solo Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó por nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, que por los profeta­s anunció los planes de Dios, el advenimiento de Cristo, su nacimiento de la Virgen, su pasión, su resurrección de entre los muertos, su ascensión corporal a los cielos, su venida de los cielos, en la gloria del Padre, para recapitu­lar todas las cosas y resucitar a todo el linaje humano, ­a fin de que ante Cristo Jesús, nuestro Señor, Dios y Salvador y Rey, por voluntad del Padre invisible, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame a quien hará justo juicio en todas las cosas.

La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Pues, aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.

Las Iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los iberos o de los celtas, de Oriente, Egipto o Libia o del centro del mundo. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren llegar al conocimiento de la verdad.

En las Iglesias no dirán cosas distintas los que son buenos oradores, entre los dirigentes de la comunidad (pues nadie está por encima del Maestro), ni la escasa oratoria de otros debilitará la fuerza de la tradición, pues siendo la fe una y la misma, ni la amplía el que habla mucho ni la disminuye el que habla poco.


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