El seminario católico que va a abrir en un punto clave para la evangelización de Asia

julio 30, 2019

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Iglesia de Santo Domingo, en la Diócesis de Macao, en China

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El seminario católico que va a abrir en un punto clave para la evangelización de Asia

El Seminario Internacional de Macao estará terminado para septiembre en un lugar fundamental para la evangelización de Asia: China

Por José Luis Restán, Director Editorial COPE

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El Redemptoris Mater College for Asia estará confiado al Camino Neocatecumenal y abrirá sus puertas en septiembre con un primer grupo de estudiantes de diferentes naciones del mundo.

Asia es un continente muy complejo, cuna de grandes religiones y sensibilidades culturales muy marcadas. Por tanto, el anuncio del Evangelio en Asia requiere de sus propias características, como un conocimiento profundo de diferentes contextos e idiomas.

Este nuevo Colegio dependerá directamente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a diferencia de otros seminarios Redemptoris Mater que dependen de los obispos de las diócesis donde están enclavados. Su objetivo es preparar a futuros sacerdotes para la evangelización de Asia.

De acuerdo con su identidad específica, los estudios estarán orientados a descubrir la dimensión misionera inherente a los diversos temas teológicos, de modo que, también en el plano intelectual, los futuros sacerdotes estén listos para integrarse en la misión universal confiada por Cristo a los apóstoles.

Los sacerdotes formados en el centro podrán ser enviados a las diócesis que lo soliciten en diferentes territorios y países asiáticos, según sus necesidades pastorales.

En esa misión de evangelización, los presbíteros podrán ser acompañados por familias formadas en el Camino Neocatecumenal dispuestas a ser enviadas también.

En cuanto al lugar elegido, Macao, ha representado históricamente la “puerta” o el “puente” para la misión de la Iglesia en Oriente.

En 1576, recién erigida la diócesis, abarcaba, al menos sobre el papel, a China, Japón, el actual Vietnam y el archipiélago malayo, y se convirtió en un gran centro de formación misionera.

Ahora se retoma esta tradición de acuerdo con el obispo local, Stephen Lee Bun, que después de consultar a sus sacerdotes ha confirmado la disponibilidad de la diócesis.

https://www.cope.es/religion/historias/noticias/seminario-catolico-que-abierto-punto-clave-para-evangelizacion-asia-20190730_470211?fbclid=IwAR0HZm927ZcLqecveOIAhqggAbMb3e2sn_euvfjMwgUhBdGKPUKkkoy6nko


Homilía de mons. Julián Barrio en la Solemnidad del Apóstol Santiago

julio 25, 2019

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El amor de Cristo nos urge a trasmitir la alegría del Evangelio “que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Él”, como escribe el papa Francisco.

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Homilía de mons. Julián Barrio en la Solemnidad del Apóstol Santiago

“Los  católicos tenemos que vivir hoy con alegría y gratitud la misión de anunciar el nombre y las promesas de Dios como fuente de vida y de salvación”, convencidos de que, “la propuesta cristiana nunca envejece” (EG 11), y no es un espectáculo sino entrega de la vida en la cruz.

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El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, presidió hoy, Solemnidad del Apóstol Santiago, la Eucaristía en la catedral de Compostela. En su homilía ha recordado la actualidad del testimonio cristiano, tarea heredada del Apóstol: “muchas personas buscan la verdad y esto confirma nuestra misión”.

El prelado compostelano reconoce “el cambio cultural que está generando la descristianización y el deterioro de la vida personal, familiar y social”, pero anima con gran esperanza a “manifestar la identidad cristiana con humildad, coherencia y responsabilidad”, retomando los valores del Evangelio que el Patrón de España asoció a nuestra historia.

Mons. Barrio reconoce la liberación que supone el mensaje cristiano, el cual permite ser “dueño y no esclavo de las cosas de este mundo” y brindarse al “amor y la fraternidad”.

Texto de la Homilía

Excmo. Sr. Delegado Regio
Queridos Sr. Cardenal y Sres. Obispos
Queridos Capitulares
Queridas Autoridades
Queridos sacerdotes, Vida Consagrada y laicos
Miembros de las Órdenes de Santiago
Miembros de la Archicofradía del Apóstol Santiago
Televidentes y Radioyentes
Peregrinos llegados a Santiago

“¡Santo Apóstol Santiago, haz que desde aquí resuene la esperanza!” En esta solemnidad se nos llama a renovar el compromiso de seguir construyendo la ciudad de Dios en medio de la ciudad de los hombres, abriendo nuestro corazón a la alabanza.

El amor de Cristo nos urge a trasmitir la alegría del Evangelio “que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Él”, como escribe el papa Francisco.

En esta misión agradecemos a Dios el don de la fe, “manantial perenne de esperanza y de caridad”, que “nos da la humilde certeza de que la vocación del ser humano a la esperanza no es absurda sino razonable y realizable. Jesucristo resucitado es la razón de nuestra esperanza, realizable por el poder y la gracia de Dios”[1].

Muchas personas buscan la verdad y esto confirma nuestra misión. “La fe siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve” (Benedicto XVI). El apóstol Pablo dirá: “Creí por eso hablé”.

La transmisión de la fe y de los valores cristianos es un desafío “porque vivimos encerrados en un mundo que parece ser del todo obra humana y no nos ayuda a descubrir la presencia y la bondad de Dios Creador y Padre”[2].

Testimoniar nuestra condición de hijos de Dios encuentra dificultad en la mentalidad del hombre que cuando se idolatra a sí mismo, definiendo la vida y el sentido de la misma, se absolutiza, destruyendo o poniendo en peligro la naturaleza y la humanidad.

La descristianización y el deterioro moral de la vida personal, familiar y social, están generando un cambio cultural en el que “nos vemos invadidos por un modo de vida en el que la referencia a Dios es considerada como una deficiencia en la madurez intelectual y en el pleno ejercicio de la libertad“[3].

Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.  “Los  católicos tenemos que vivir hoy con alegría y gratitud la misión de anunciar el nombre y las promesas de Dios como fuente de vida y de salvación”[4], convencidos de que, a pesar de las propias debilidades, “la propuesta cristiana nunca envejece” (EG 11), y no es un espectáculo sino entrega de la vida en la cruz.

El martirio del Apóstol Santiago nos indica que la cruz forma parte de nuestra vida. “Llevamos siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal” (2 Cor 4,10.12).

Testigo de la pasión de Cristo y  partícipe de la gloria que se va revelar” (1 Pe 5,1), la Iglesia peregrina sabiendo que el Señor manifiesta su fuerza precisamente en nuestra fragilidad.

Él es quien construye su Iglesia “que no puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros o amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables”[5]. La fuerza viene de Dios no de las vasijas de barro que somos nosotros.

Al venerar al Patrón de España, que  da contenido a nuestra historia por su misión evangelizadora, recordamos que los valores del Evangelio han informado nuestra cultura, punto de referencia en la construcción de un mayor progreso integral y viva esperanza del hombre.

En medio de la incertidumbre hemos de manifestar nuestra identidad cristiana con humildad, coherencia y responsabilidad, viéndonos necesitados tanto de verdad como de libertad.

“La historia y la realidad actual de nuestra sociedad es muestra de la fecundidad cultural y social del cristianismo”[6], que ha favorecido la concordia, la justicia, y la caridad.

Tal vez la camisa de fuerza de los prejuicios impida reconocer a Dios “que cuida de sus criaturas y hace salir el sol para todos, buenos y malos; el que sale cada día al camino para ver si vuelve el hijo que se ha ido de casa; el que acoge sin resentimiento alguno a quien regresa a Él”[7].

También estos son tiempos de gracia en los que podemos descubrir los valores porque Dios no nos ha retirado su providencia.

En la bondad de Dios encuentra fundamento nuestra dignidad y libertad en toda circunstancia, también en la antesala de la muerte en la que “el valor inmenso de la persona enferma ha de encontrar una respuesta hecha de respeto, comprensión y ternura, porque el valor sagrado de la vida del enfermo no se oscurece nunca sino que brilla con más esplendor precisamente en su sufrimiento y en su desvalimiento”, como dice el papa Francisco.

Los apóstoles daban testimonio de la  resurrección de Cristo “de la que brota una creación nueva, que penetra continuamente en nuestro mundo, lo transforma y lo atrae a sí”[8].

Esta convicción conlleva un estilo de vida significado por el amor y la entrega a los demás, tratando de construir lo propio sin olvidar lo ajeno de quienes  están  cercanos o lejanos, y sabiendo que “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir”.

“La Iglesia no pone nunca su esperanza ni encuentra su apoyo en ninguna institución temporal, pues sería poner en duda el señorío de Jesucristo, su único Señor”[9], y “la esperanza cristiana no favorece un falso espiritualismo ni nos lleva a desinteresarnos de los problemas reales o a menospreciar las cosas de la tierra. La verdad es que el cristiano, liberado para Dios y para su prójimo, está en condiciones de ser dueño y no esclavo de las cosas de este mundo, adquiriendo así una libertad nueva para el amor y la fraternidad. Quien espera de verdad la vida eterna valora las cosas de este mundo a la luz de la vida que espera y trata de irlas conformando constantemente a la vida reconciliada y fraterna que espera más allá de cualquier logro histórico”[10].

Sr. Oferente, con confianza acollo a vosa ofrenda para poñela no Altar. Agradezo moito a súa felicitación no vinte e cinco aniversario da miña ordenación episcopal. Apóstolo Santiago,  pídoche que protexas ao Papa Francisco e á Igrexa que peregrina en España para que nos manteñamos fieis a Cristo.

Encomendo coa túa intercesión os froitos do Sínodo dos Xoves, a todo-los pobos de Hispanoamérica de maneira especial a aqueles que están pasando por grandes dificultades, a os pobos de España, de xeito especial ao pobo galego, tamén ás familias para que vivan a ledicia do amor polo camiño da santidade que é o rostro máis belo da Igrexa, como di el papa Francisco.

Amigo do Señor, lembro con afecto e na oración a quenes outros anos celebraban esta festa connosco, confiando que gocen xa da felicidade eterna. Temos presentes as persoas que perderon a súa vida nas vísperas da túa festa de hai cinco anos na cidade polo accidente ferroviario. Encomendoche tamén a quenes morreron por calquera forma de violencia sempre irracional.

Intercede polos nosos gobernantes para que saiban encontrar, en diálogo sereno e respectuoso coa verdade, solucións aos problemas políticos, sociais e culturais; e por todas aquelas persoas que están ofrecendo os seus mellores esforzos para responder ás esixencias do ben común.

Co teu patrocinio, Santo Apóstolo, pido que o Señor bendiga ás súas Maxestades e á Familia Real, e tamén á Vosa Excelencia, Sr. Oferente, a súa familia e aos seus colaboradores. Amén.

[1] CEE, La fidelidad de Dios durar siempre. Mirada de fe al siglo XX, 1999, 20.

[2] CEE, Orientaciones morales ante la situación actual de España. Instrucción pastoral, 2006, 12.

[3] Ibid., 9.

[4] Ibid., 44.

[5] Aparecida, Documento, nº 11.

[6] Orientaciones morales…, 46.

[7] CEE, Dios es amor. Instrucción pastoral en los umbrales del tercer milenio, 1998, 31.

[8] Ibid.,  34.

[9] CEE, Orientaciones…, 24.

[10] CEE, Testigos del Dios vivo, 1985, 23.

Versión en galego

Homilía de mons. Julián Barrio en la Solemnidad del Apóstol Santiago


Hoy es fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España

julio 25, 2019

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La tradición cuenta que llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es considerada su principal Santuario.

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Hoy es fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España

Redacción ACI Prensa

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El 25 de julio la Iglesia celebra la fiesta de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles elegidos por el Señor y que se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.

San Crisóstomo dirá que él fue el apóstol más atrevido y valiente.

El “hijo del trueno” como le puso Jesús a él y a su hermano San Juan el Evangelista, es patrono de España y de su caballería, así como de los curtidores, veterinarios, equitadores y de varias ciudades en el mundo. Otras ciudades incluso llevan su nombre en países como Chile, República Dominicana, Cuba entre otros.

El nombre de Santiago proviene de las palabras Sant Iacob, del hebreo Jacob. Durante las batallas los españoles solían gritar “Sant Iacob, ayúdenos” y al decirlo rápido repetitivamente sonaba a “Santiago”.

Fue testigo con Juan y Pedro de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor, de la pesca milagrosa y de la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre los pasajes más representativos.

La tradición cuenta que llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es considerada su principal Santuario, a donde peregrinan miles de personas cada año, deseosas de recorrer el Camino de Compostela.

El 9 de noviembre de 1982, cuando San Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos”, porque los otros continentes “te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘lo puedo’”.

“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces”, expresó el santo polaco.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como “Pilar” de la Iglesia.

El Papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.

Para conocer más sobre este apóstol del Señor ingrese a los siguiente enlaces:

https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-catolica-celebra-a-santiago-apostol-el-patrono-de-espana-44756


El maná de cada día, 16.7.19

julio 16, 2019

Martes de la 15ª semana de Tiempo Ordinario

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16 de julio
Nuestra Señora del Carmen
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Se puso a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido



PRIMERA LECTURA: Éxodo 2, 1-15a

En aquellos días, un hombre de la tribu de Leví se casó con una mujer de la misma tribu; ella concibió y dio a luz un niño.

Viendo qué hermoso era, lo tuvo escondido tres meses. No pudiendo tenerlo escondido por más tiempo, tomó una cesta de mimbre, la embadurnó e barro y pez, colocó en ella a la criatura, y la depositó entre los juncos, junto a la orilla del Nilo.

Una hermana del niño observaba a distancia para ver en qué paraba. La hija del Faraón bajó a bañarse en el Nilo, mientras sus criadas la seguían por la orilla. Al descubrir la cesta entre los juncos, mandó la criada a recogerla.

La abrió, miró dentro, y encontró un niño llorando. Conmovida, comentó: «Es un niño de los hebreos.»

Entonces, la hermana del niño dijo a la hija del Faraón: «¿Quieres que vaya a buscarle una nodriza hebrea que críe al niño?»

Respondió la hija del Faraón: «Anda.»

La muchacha fue y llamó a la madre del niño. La hija del Faraón le dijo: «Llévate al niño y críamelo, y yo te pagaré.» La mujer tomó al niño y lo crió.

Cuando creció el muchacho, se lo llevó a la hija del Faraón, que lo adoptó como hijo y lo llamó Moisés, diciendo: «Lo he sacado del agua.»

Pasaron los años, Moisés creció, fue adonde estaban sus hermanos, y los encontró transportando cargas. Y vio cómo un egipcio maltrataba a un hebreo, uno de sus hermanos.

Miró a un lado y a otro, y, viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena. Al día siguiente, salió y encontró a dos hebreos riñendo, y dijo al culpable: «¿Por qué golpeas a tu compañero?»

Él le contestó: «¿Quién te ha nombrado jefe y juez nuestro? ¿Es que pretendes matarme como mataste al egipcio?» Moisés se asustó pensando: «La cosa se ha sabido.»

Cuando el Faraón se enteró del hecho, buscó a Moisés para darle muerte; pero Moisés huyó del Faraón y se refugió en el país de Madián.


SALMO 68, 3. 14. 30-31. 33-34

Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie;he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente.

Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude.

Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias.

Miradlo los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO: Mateo 10, 20-24

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido:

«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.

Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.»

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LA MISIÓN DE CRISTO

S.S. Juan Pablo II. Audiencia general del 8 de junio de 1988

1. Leemos en la Constitución Lumen gentium del Concilio Vaticano II respecto a la misión terrena de Jesucristo: “Vino, por tanto, el Hijo enviado por el Padre, quien nos eligió en El antes de la creación del mundo y nos predestinó a ser hijos adoptivos, porque se complació en restaurar en El todas las cosas (cf. Ef 1, 4-5 y 10). Así, pues, Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio y con su obediencia realizó la redención” (Lumen gentium, 3).

Este texto nos permite considerar de modo sintético todo lo que hemos hablado en las últimas catequesis. En ellas, hemos tratado de poner de relieve los aspectos esenciales de la misión mesiánica de Cristo. Ahora el texto conciliar nos propone de nuevo la verdad sobre la estrecha y profunda conexión que existe entre esta misión y el mismo Enviado: Cristo que, en su cumplimiento, manifiesta sus disposiciones y dotes personales. Se pueden subrayar ciertamente en toda la conducta de Jesús algunas características fundamentales, que tienen también expresión en su predicación y sirven para dar una plena credibilidad a su misión mesiánica.

2. Jesús en su predicación y en su conducta muestra ante todo su profunda unión con el Padre en el pensamiento y en las palabras. Lo que quiere transmitir a sus oyentes (y a toda la humanidad) proviene del Padre, que lo ha “enviado al mundo” (Jn 10, 36). “Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí” (Jn 12, 49-50). “Lo que el Padre me ha enseñado eso es lo que hablo” (Jn 8, 28).

Así leemos en el Evangelio de Juan. Pero también en los Sinópticos se transmite una expresión análoga pronunciada por Jesús: “Todo me ha sido entregado por mi Padre” (Mt 11, 27). Y con este “todo” Jesús se refiere expresamente al contenido de la Revelación traída por El a los hombres (cf. Mt 11, 25-27; análogamente Lc 10, 21-22). En estas palabras de Jesús encontramos la manifestación del Espíritu con el cual realiza su predicación. Él es y permanece como “el testigo fiel” (Ap 1, 5). En este testimonio se incluye y resalta esa especial “obediencia” del Hijo al Padre que en el momento culminante se demostrará como “obediencia hasta la muerte” (cf. Flp 2, 8).

3. En la predicación, Jesús demuestra que su fidelidad absoluta al Padre, como fuente primera y última de “todo” lo que debe revelarse, es el fundamento esencial de su veracidad y credibilidad. “Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado”, dice Jesús, y añade: “El que habla por su cuenta busca su propia gloria, pero el que busca la gloria del que le ha enviado ése es veraz y no hay impostura en él” (Jn 7, 16. 18).

En la boca del Hijo de Dios pueden sorprender estas palabras. Las pronuncia el que es “de la misma naturaleza que el Padre”. Pero no podemos olvidar que El habla también como hombre. Tiene que lograr que sus oyentes no tengan duda alguna sobre un punto fundamental, esto es: que la verdad que El transmite es divina y procede de Dios. Tiene que lograr que los hombres, al escucharle, encuentren en su palabra el acceso a la misma fuente divina de la verdad revelada. Que no se detengan en quien la enseña sino que se dejen fascinar por la “originalidad” y por el “carácter extraordinario” de lo que en esta doctrina procede del mismo Maestro. El Maestro “no busca su propia gloria”. Busca sólo y exclusivamente “la gloria del que le ha enviado”. No habla “en nombre propio”, sino en nombre del Padre.

También es éste un aspecto del “despojo” (kénosis), que según San Pablo (cf. Flp 2, 7), alcanzará su culminación en el misterio de la cruz.

4. Cristo es el “testigo fiel”. Esta fidelidad —en la búsqueda exclusiva de la gloria del Padre, no de la propia— brota del amor que pretende probar: “Ha de saber el mundo que amo al Padre” (Jn 14, 31). Pero su revelación del amor al Padre incluye también su amor a los hombres. Él “pasa haciendo el bien” (cf. Act 10, 38). Toda su misión terrena está colmada de actos de amor hacia los hombres, especialmente hacia los más pequeños y necesitados. “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados y yo os daré descanso” (Mt 11, 28). “Venid”: es una invitación que supera el circulo de los coetáneos que Jesús podía encontrar en los días de su vida y de su sufrimiento sobre la tierra; es una llamada para los pobres de todos los tiempos, siempre actual, también hoy, siempre volviendo a brotar en los labios y en el corazón de la Iglesia.

5. Paralela a esta exhortación hay otra: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt 11, 29). La mansedumbre y humildad de Jesús llegan a ser atractivas para quien es llamado a acceder a su escuela: “Aprended de mí”. Jesús es “el testigo fiel” del amor que Dios nutre para con el hombre. En su testimonio están asociados la verdad divina y el amor divino. Por eso entre la palabra y la acción, entre lo que Él hace y lo que Él enseña hay una profunda cohesión, se diría que casi una homogeneidad. Jesús no sólo enseña el amor como el mandamiento supremo, sino que Él mismo lo cumple del modo más perfecto. No sólo proclama las bienaventuranzas en el sermón de la montaña, sino que ofrece en Sí mismo la encarnación de este sermón durante toda su vida. No sólo plantea la exigencia de amar a los enemigos, sino que Él mismo la cumple, sobre todo en el momento de la crucifixión: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

6. Pero esta “mansedumbre y humildad de corazón” en modo alguno significa debilidad. Al contrario, Jesús es exigente. Su Evangelio es exigente. ¿No ha sido Él quien ha advertido: “El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí?. Y poco después: “El que encuentre su vida la perderá y el que pierda su vida por mí la encontrará” (Mt 10, 38-39). Es una especie de radicalismo no sólo en el lenguaje evangélico, sino en las exigencias reales del seguimiento de Cristo, de las que no duda en reafirmar con frecuencia toda su amplitud: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada” (Mt 10, 34). Es un modo fuerte de decir que el Evangelio es también una fuente de “inquietud” para el hombre.

Jesús quiere hacernos comprender que el Evangelio es exigente y que exigir quiere decir también agitar las conciencias, no permitir que se recuesten en una falsa “paz”, en la cual se hacen cada vez más insensibles y obtusas, en la medida en que en ellas se vacían de valor las realidades espirituales, perdiendo toda resonancia.

Jesús dirá ante Pilato: “Para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). Estas palabras conciernen también a la luz que El proyecta sobre el campo entero de las acciones humanas, borrando la oscuridad de los pensamientos y especialmente de las conciencias para hacer triunfar la verdad en todo hombre. Se trata, pues, de ponerse del lado de la verdad. “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” dirá Jesús (Jn 18, 37). Por ello, Jesús es exigente. No duro o inexorablemente severo: pero fuerte y sin equívocos cuando llama a alguien a vivir en la verdad.

7. De este modo las exigencias del Evangelio de Cristo penetran en el campo de la ley y de la moral. Aquel que es el “testigo fiel” (Ap 1, 5) de la verdad divina, de la verdad del Padre, dice desde el comienzo del sermón de la montaña: “Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el reino de los cielos” (Mt 5, 19). Al exhortar a la conversión, no duda en reprobar a las mismas ciudades donde la gente rechaza creerle: “¡Ay de ti, Corozain! ¡Ay de ti, Betsaida!” (Lc 10, 13). Mientras amonesta a todos y cada uno: “…si no os convertís, todos pereceréis” (Lc 13, 3).

8. Así, el Evangelio de la mansedumbre y de la humildad va al mismo paso que el Evangelio de las exigencias morales y hasta de las severas amenazas a quienes no quieren convertirse. No hay contradicción entre el uno y el otro. Jesús vive de la verdad que anuncia y del amor que revela y es éste un amor exigente como la verdad de la que deriva. Por lo demás, el amor ha planteado las mayores exigencias a Jesús mismo en la hora de Getsemaní, en la hora del Calvario, en la hora de la cruz. Jesús ha aceptado y secundado estas exigencias hasta el fondo, porque, como nos advierte el Evangelista, Él “amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). Se trata de un amor fiel, por lo cual, el día antes de su muerte, podía decir al Padre: “Las palabras que tú me diste se las he dado a ellos” (Jn 17, 8).

9. Como “testigo fiel” Jesús ha cumplido la misión recibida del Padre en la profundidad del misterio trinitario. Era una misión eterna, incluida en el pensamiento del Padre que lo engendraba y predestinaba a cumplirla “en la plenitud de los tiempos” para la salvación del hombre —de todo hombre— y para el bien perfecto de toda la creación. Jesús tenía conciencia de esta misión suya en el centro del plan creador y redentor del Padre; y, por ello, con todo el realismo de la verdad y del amor traídos al mundo, podía decir: “Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32).

http://www.vatican.va
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Virgen del Carmen.

16 de julio
Nuestra Señora del Carmen

Las sagradas Escrituras celebran la belleza del Carmelo, donde el profeta Elías defendió la pureza de la fe de Israel en el Dios vivo. En el siglo XII, algunos eremitas se retiraron a aquel monte, constituyendo más tarde una Orden dedicada a la vida contemplativa, bajo el patrocinio de la Virgen María.

María, antes de concebir corporalmente, concibió en su espíritu
De los sermones de San León Magno, papa

Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporalmente a su prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y, para que no se espantara, ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos cambios inesperados, conoce, por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento.

¿Por qué había de dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba de la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen.

Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que en el principio estaba junto a Dios, por medio del cual se hizo todo, y sin el cual no se hizo nada, se hace hombre para librar al hombre de la muerte eterna; se abaja hasta asumir nuestra pequeñez, sin menguar por ello su majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era y asumiendo lo que no era, une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la que es igual al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable, que ni la gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en nada la divinidad.

Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y unidas ambas en una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan armoniosamente en la única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez morir y resucitar, por la conjunción en él de esta doble condición.

Con razón, pues, este nacimiento salvador había de dejar intacta la virginidad de la madre, ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y alumbramiento de la verdad.

Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior a nosotros por su divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, si no hubiera podido remediar nuestra situación; si no hubiera sido hombre verdadero, no hubiera podido darnos ejemplo.

Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?


El maná de cada día, 21.6.19

junio 21, 2019

Viernes de la 11ª semana de Tiempo Ordinario

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Atesorad tesoros en el cielo

Tesoros, pero en el cielo



PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 11, 18. 21b-30

Hermanos:

Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también yo voy a presumir. Pues, si otros se dan importancia, hablo disparatando, voy a dármela yo también.

¿Que son hebreos?, también yo; ¿que son linaje de Israel?, también yo; ¿que son descendientes de Abrahán?, también yo; ¿que sirven a Cristo?, voy a decir un disparate: mucho más yo.

Les gano en fatigas, les gano en cárceles, no digamos en palizas y en peligros de muerte, muchísimos; los judíos me han azotado cinco veces, con los cuarenta golpes menos uno; tres veces he sido apaleado, una vez me han apedreado, he tenido tres naufragios y pasé una noche y un día en el agua.

Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, con peligros de bandoleros, peligros entre mi gente, peligros entre gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros con los falsos hermanos. Muerto de cansancio, sin dormir muchas noches, con hambre y sed, a menudo en ayunas, con frío y sin ropa.

Y, aparte todo lo demás, la carga de cada día, la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿quién cae sin que a mí me dé fiebre? Si hay que presumir, presumiré de lo que muestra mi debilidad.



SALMO 33, 2-3. 4-5. 6-7

El Señor libra a los justos de sus angustias.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 3

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.



EVANGELIO: Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban.

Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»
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MIRAR AL CIELO

Nos cuesta mucho pensar en el «más allá», quizá porque no vivimos el «más acá» con un verdadero sentido trascendente. Estamos pegados a las cosas, a nuestras ambiciones, a nuestras necesidades, como si fueran la única razón, o la más importante, de nuestra existencia, buscando sustitutivos que nos motiven, aunque sepamos que nunca nos darán la felicidad plena que buscamos.

Muchas veces habla Jesús del Cielo. Incluso levanta los ojos para implorar al Padre, cuando le da gracias, cuando realiza un milagro, cuando busca la intercesión del Todopoderoso para que cuide a esos discípulos que deja en el mundo. Todos esos momentos tienen sentido en ese hogar definitivo que es el Cielo.

Las Bienaventuranzas, por ejemplo, alcanzan su plenitud cuando, después de relatar los innumerables condicionamientos a los que estamos sujetos en esta tierra de sinsabores y limitaciones, anuncia que todo sufrimiento presente se transformará en un derroche de felicidad y una dicha eterna, cuando lleguemos allá, a la patria del consuelo: el Cielo.

Sí, nos cuesta mirar a lo alto. No es una invitación a evadirnos de la desabrida realidad, sino a darle su pleno y verdadero sentido. Nuestra vida ha de levantarse teniendo los pies firmes en el suelo y el corazón abierto, de par en par, a la misericordia de Dios.

Él nos convida a rectificar constantemente nuestra intención, sabiendo que la esperanza, además de virtud cristiana, es el alimento permanente que nos sitúa en lo que somos: hijos de un Dios que busca nuestra salvación eterna.

Has de desear y gustar el Cielo, ya ahora, aun en medio de tus sinsabores y disgustos, pues sólo la Cruz es camino hacia la Gloria. La vida nos ha de ir acostumbrando a esa gloria que nos espera para siempre junto a Dios.

Lañas diarias en www.mater-dei.es


El maná de cada día, 20.6.19

junio 20, 2019

Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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padrenuestro

Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis



PRIMERA LECTURA: 2 Cor 11, 1-11

Hermanos:

¡Ojalá me toleraseis algo de locura!; aunque ya sé que me la toleráis.
Tengo celos de vosotros, los celos de Dios, pues os he desposado con un solo marido, para presentaros a Cristo como una virgen casta.

Pero me temo que, lo mismo que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes, apartándose de la sinceridad y de la pureza debida a Cristo.

Pues, si se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que os he predicado, u os propone recibir un espíritu diferente del que recibisteis, o aceptar un Evangelio diferente del que aceptasteis, lo toleráis tan tranquilos.

No me creo en nada inferior a esos superapóstoles. En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado.

¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios? Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio. Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesitado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mi necesidad.

Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada. Por la verdad de Cristo que hay en mí: nadie en toda Grecia me quitará esta satisfacción. ¿Por qué? ¿Porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así.


SALMO 110, 1-2. 3-4. 7-8

Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre. Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.

Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud.


ALELUYA: Rm 8, 15

Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡“Abba”, Padre!».


EVANGELIO: Mt 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».


Maná y Vivencias Pascuales (25), 15.5.19

mayo 15, 2019

Miércoles de la 4ª semana de Pascua

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Yo sé que el mandato de mi Padre es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo, lo hablo como él me ha encargado

Yo sé que el mandato de mi Padre es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo, lo hablo como él me ha encargado



Antífona de entrada: Salmo 17, 50; 12, 23.

Te daré gracias entre las naciones, Señor, contaré tu fama a mis hermanos. Aleluya.


TEXTO ILUMINADOR

Porque yo no hablo por mi propia cuenta: el Padre que me envió me encargó lo que debo decir y cómo decirlo. Por mi parte, yo sé que su mensaje es vida eterna. Por eso entrego mi mensaje tal como me lo encargó mi Padre (Jn 12, 49-50).

ORACIÓN COLECTA

Señor, tú que eres la vida de los fieles, la gloria de los humildes y la felicidad de los santos, escucha nuestras súplicas y sacia con la abundancia de tus dones a los que tienen sed de tus promesas. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hechos 12, 24- 13, 1-5

En aquellos días, la palabra de Dios iba creciendo y se difundía. Bernabé y Saulo, terminada su misión, volvieron a Jerusalén llevando consigo a Juan por sobrenombre Marcos.

En Antioquía, en la Iglesia que ahí estaba, había profetas y maestros: Bernabé, Simeón llamado el Negro, Lucio el Cireneo, Manahén, que se había criado con el rey Herodes, y Saulo.

Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: “Sepárenme a Bernabé y a Saulo, y envíenlos a realizar la misión a que los he llamado”. Ayunaron, pues, e hicieron oraciones, les pusieron las manos y los enviaron.

Entonces ellos, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí navegaron hasta la isla de Chipre. Llegados a Salamina, anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, teniendo a Juan como ayudante.


SALMO 66, 2-3. 5. 6 y 8

Que Dios nos dé su gracia y nos bendiga y haga brillar su rostro sobre nosotros; conocerán tus sendas en la tierra, tu salvación en todas las naciones.

Que se alegren y canten de júbilo las naciones, porque juzgas rectamente los pueblos y gobiernas las naciones de la tierra. ¡Oh Dios, que te den gracias los pueblos, que todos los pueblos te den gracias!

Que Dios nos bendiga, y que lo teman hasta en los remotos lugares de la tierra.

Aclamación: Juan 8, 12b

“Yo soy la luz del mundo, dice el Señor. El que me sigue tendrá la luz de la vida”

EVANGELIO: Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús: El que cree en mí, no cree en mí sino en aquel que me ha enviado. El que me ve, ve al que me ha enviado. Yo soy la luz y he venido al mundo para que quien crea en mí no permanezca en tinieblas.

Al que escucha mi palabra pero no la obedece, no seré yo quien lo condene, porque yo no he venido a condenar al mundo sino a salvarlo. El que me desprecia y no hace caso de mi palabra, tiene quien lo juzgue y condene: será mi propia palabra; ella lo juzgará el último día.

Porque yo no hablo por mi propia cuenta: el Padre que me envió me encargó lo que debo decir y cómo decirlo. Por mi parte, yo sé que su mensaje es vida eterna. Por eso entrego mi mensaje tal como me lo encargó mi Padre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos, ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo.
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De la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia,

del Concilio Vaticano segundo (Nn. 5-6).

Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, en distintas ocasiones y de muchas maneras habló antiguamente a nuestros padres por los profetas, y, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo, para evangelizar a los pobres, y curar a los contritos de corazón, como médico corporal y espiritual, como Mediador entre Dios y los hombres.

En efecto, su misma humanidad, unida a la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación. Por esto, en Cristo se realizó plenamente nuestra reconciliación, y se nos otorgó la plenitud del culto divino.

Esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, cuyo preludio habían sido las maravillas divinas llevadas a cabo en el pueblo del antiguo Testamento, Cristo la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión.

Por este misterio, muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida. Pues el admirable sacramento de la Iglesia entera brotó del costado de Cristo dormido en la cruz.

Por esta razón, así como Cristo fue enviado por el Padre, él mismo, a su vez, envió a los apóstoles, llenos del Espíritu Santo.

No sólo los envió para que, al predicar el Evangelio a toda criatura, anunciaran que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos libró del poder de Satanás y de la muerte y nos condujo al reino del Padre, sino también a que realizaran la obra de salvación que proclamaban, mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica (subrayado mío).

Así, por el bautismo, los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con él, son sepultados con él y resucitan con él, reciben el espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: “¡Abba!” (Padre), y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca el Padre.

Del mismo modo, cuantas veces comen la cena del Señor proclaman su muerte hasta que vuelva. Por eso precisamente el mismo día de Pentecostés, en que la Iglesia se manifestó al mundo, los que aceptaron las palabras de Pedro se bautizaron. Y eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones, alabando a Dios, y eran bien vistos de todo el pueblo.

Desde entonces, la iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo lo que se refiere a él en toda la Escritura, celebrando la eucaristía, en la cual se hace de nuevo presente la victoria y el triunfo de su muerte, y dando gracias, al mismo tiempo, a Dios, por su don inexpresable en Cristo Jesús, para alabanza de su gloria.

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PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL (1)

Podríamos arriesgarnos a centrar la espiritualidad pascual en esta exclamación de fe: ¡Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

La Pascua es la recreación de todas las cosas en Cristo; la restauración total y definitiva de los planes de Dios sobre la humanidad. Podemos decir que en la Pascua Dios “ha dado la talla”: se ha remangado los brazos para hacer algo nuevo, inaudito y para siempre, definitivo.

En efecto, la Trinidad culmina su obra común de las tres personas divinas: la creación, atribuida sin embargo a Dios Padre; culmina la redención realizada por Cristo, pero con la colaboración del Padre y del Espíritu. Y comienza la obra específica del Espíritu, la santificación o divinización definitiva del hombre en Cristo de acuerdo con los designios inescrutables del Padre; porque a él le pareció bien; es lo que más le gustó.

La Pascua es la manifestación palpable de la Trinidad. El hijo del carpintero ha resultado ser en verdad el Hijo de Dios, igual al Yahvé del Antiguo Testamento.

El Espíritu eterno, del que ha sido revestido Cristo, de manera singular y plena en su glorificación, ha sido derramado sobre los discípulos a manos llenas: ellos han sido bautizados, bañados, anegados… hasta ser tenidos por borrachos; es decir, embriagados del poder de Dios, llevados de acá para allá por una energía poderosa y santa, no caprichosa, loca o arbitraria.

¡Éste es el día en que actuó el Señor! Dios, uno y trino, nos ha mostrado todo su amor poderoso, maravilloso. Nos ha dado el Nuevo Adán, el nuevo Mesías y Salvador. No hay otro.

Los creyentes han recibido sin medida el Espíritu de Cristo, que los capacita para hablar, vivir, sentir y actuar como habló, vivió, sintió y actuó el Señor. Son otros Cristo. Han llegado los últimos tiempos. La hora del Espíritu, creador y renovador, que hace nuevas todas las cosas. Cristo les aseguró: mayores cosas que yo haréis.

Por eso, Jesús había dicho también respecto al Espíritu: Os conviene que me vaya, pues si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu Santo, el Consolador, paráclito, abogado defensor, intérprete. Cuando me vaya os lo enviaré; o le pediré al Padre que lo envíe en mi nombre. Cuando él venga os lo enseñará todo. Y se quedará siempre con vosotros.

Ahora os digo: todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id por todo el mundo, y dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. Son los últimos tiempos. El Reino padece violencia. Sólo los esforzados lo arrebatan.

El Reino no puede esperar más. Buscadlo por encima de todo; y el resto se os dará por añadidura. No tengáis miedo, pues yo he vencido al mundo. Todo me lo ha entregado el Padre.

El Apóstol nos lo recordará: todo es vuestro; vosotros, de Cristo; y Cristo, de Dios. Id, os doy este mandato. No llevéis túnica de repuesto, no os detengáis… El mundo no puede esperar.

Es tiempo de sembrar a discreción. Ha llegado la hora de Dios. El Banquete está preparado. No se puede desairar a Dios; es lo que ha preparado desde toda la eternidad, ha volcado todo lo suyo, lo ha empeñado todo.

La primitiva Iglesia vive estas realidades última con sorpresa, con fe, con alegría, con creatividad y total abandono en manos de Dios Padre, que todo lo dispone para nuestro bien; viven confiados en el poder de Dios y sintiéndose discípulos de Cristo y testigos de su resurrección, de que está vivo y es Señor; se sienten arrebatados e impulsados por el Espíritu para realizar las obras de Dios en Cristo Jesús.

Los apóstoles y los primeros cristianos dan testimonio de Jesús públicamente y con mucha seguridad, convicción y valentía, “parresía”. Todos quedaban admirados… Dios iba agregando a la comunidad a todos los que creían y se bautizaban en el nombre del Señor Jesús.

Tres, podríamos decir, son los protagonistas de la fundación de la Iglesia y de su crecimiento y desarrollo imparable: Los planes de Dios, la comunidad eclesial y los personajes concretos y animadores de la comunidad.

El encarcelamiento de Pedro y Juan y la persecución contra la Iglesia son ocasión para que ésta se ponga en manos de Dios, relea las Escrituras, las interprete en función de las nuevas circunstancias, y experimente el poder de Dios que le envía su Espíritu: retembló la casa, y todos fueron llenos del Espíritu. Estaban alegres y daban gloria a Dios; y el pueblo estaba de su parte.

La persecución contra Esteban provoca la diáspora de los discípulos; éstos se ven obligados a salir de Jerusalén; pero no pueden dejar de anunciar el Evangelio de Cristo a cuantos encuentran en el camino. Muchos se convierten. Van surgiendo personas con nombre y rostro definidos, como el diácono Felipe, como Bernabé, hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe.

El Espíritu está vivo y suelto: los discípulos sienten su acción, perciben claramente que les habla, siguen sus avisos y pasan de una aventura de fe a otra y a otra… La Palabra no está encadenada.

Pedro sale de Jerusalén, visita las comunidades, hace milagros porque vive en sintonía con el celo de Cristo manifestado ahora por el Espíritu. Oro y plata no tengo, pero te doy lo que tengo, la fe en Cristo: en su nombre levántate y anda; se levantó y glorificaba a Dios.

La presencia del Espíritu es tan real y perceptible para la primera comunidad como lo era la humanidad de Cristo cuando caminaba por Palestina. Casi podríamos decir que el Espíritu tiene más influencia, más fuerza persuasiva que el mismo Jesús en carne mortal. El Espíritu es el testigo interior.

Él se junta a nuestro espíritu hasta confundirse. Dirá san Pablo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, es el Espíritu de Cristo quien vive en mí, quien me inspira, me mueve, me consuela, me dirige, me confirma en todo lo que siento y hago, me plenifica, me hace feliz en Dios. Qué bueno es el Seño. Cómo no alabarlo… Es digno de toda bendición.

El Espíritu transforma a los discípulos según el modelo del Maestro. Así, Bernabé, persona acogedora, fiel a Dios, descubre la acción de Dios en la comunidad, incluso en los paganos, y se alegra por ello, acoge a los nuevos convertidos, los acompaña, los impulsa a que se sometan a la acción del Espíritu…

Es lo que hace con Pablo: lo acoge, valora la gracia de Dios en él, lo busca, lo inicia en el seguimiento del Señor, le socorre en la integración en la comunidad y en la proclamación del Evangelio.

Admiramos los planes de Dios sobre la comunidad y sobre cuantos creen en Cristo, pues él no hace acepción de personas. Quiere que todos tengan vida, pues son sus hijos. Y lo dispone todo sobre algunas personas “elegidas” por él para ser sus testigos, como Pablo. Nada es casual. Nada es desperdiciable.

De esta manera, según los Hechos de los Apóstoles, Dios va cumpliendo sus designios de salvación acompañando a los apóstoles, a la primitiva comunidad, a judíos y gentiles para que experimenten el poder de Dios. Han llegado los últimos tiempos. Es la hora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas; ahora todos serán enseñados por el Señor; ellos serán su pueblo, y el Señor será su Dios; y lo verán todas las naciones.

Está brotando el desierto, lo imposible se hace posible. Dichosos los que oyen. Dios está actuando con todo su poder, porque Dios es Dios. Está abriendo nuestra mente para que todos entendamos, por fin. Nos asegura: Yo no soy como los humanos. Yo lo digo y pongo por obra. Está brotando, se siente… ¿Es que no lo notáis?

Ah, Señor, ten paciencia conmigo. Habla, Señor, que tu siervo escucha. No pases de largo. Quédate con nosotros, pues atardece. Alabado seas, Señor, en tus santos designios. Amén.


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