“Fuera la guerra del mundo y de la historia; no a líderes políticos arrogantes”

diciembre 3, 2018

.

“Fuera la guerra del mundo y de la historia; no a líderes políticos arrogantes”. Que triunfe la humildad y el diálogo. 

.

“Fuera la guerra del mundo y de la historia; no a líderes políticos arrogantes”

El Papa recibió a los miembros de la asociación “Golondrinas – Ciudadela de la Paz”: «muchos jóvenes bloqueados por culturas envenenadas por el dolor y por el odio», hay que ayudarlos a «derribar los muros»

Por Salvatore Cernuzio, Ciudad del Vaticano

.

«Debemos cancelar definitivamente la guerra del planeta y de la historia de la humanidad». Ese que parece un desafío imposible, para el Papa Francisco es un objetivo posible si se lleva a cabo «con el esfuerzo de todos». Sobre todo de los jóvenes, a menudo «bloqueados en culturas envenenadas por el dolor y por el odio», que saben ser ayudados para que superen estos muros de enemistad aparentemente indestructibles.

En este sentido la organización “Golondrinas – Ciudadela de la Paz” (que nació en 1988 siguiendo la inspiración de Banco Vaccari) ofrece una gran aportación, con su compromiso en desafíos globales como el de la reducción de los conflictos armados que dañan al planeta. Lo hacen partiendo “desde abajo”, es decir con las personas como individuos (principalmente con los jóvenes), a las que se les explica que creer que el otro sea un enemigo no es más que un «engaño».

En este vigésimo aniversario, los miembros de la asociación (que se reunieron con el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y con el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede) fueron recibidos hoy por la mañana en el Vaticano por el Papa Francisco. Iban acompañados por el cardenal Gualterio Bassetti, presidente de la Conferencia Episcopal de Italia, que siempre ha estado muy cerca de estas realidades, en las que, como recordó Vaccari, ha reconocido «el perfume de Giorgio La Pira».

Participaron en la audiencia de hoy en la sala Clementina algunos chicos de «países que son escenario de conflictos que han degenerado en varias formas de violencia y guerra» que viven con las Golondrinas la experiencia de los estudios en el extranjero, pero también estaban un joven israelí y una joven palestina que intervinieron para dar inicio a la campaña “Leader for Peace”, que pretende promover el llamado que el próximo 10 de diciembre los socios de Golondrinas llevarán a la sede de las Naciones Unidas de Nueva York, en ocasión del 70 aniversario de la Declaración universal de los derechos del hombre.

Una iniciativa que pretende ilustrar la experiencia que la asociación ha desarrollado en estos veinte años de actividad (el llamado “método Golondrinas”, que ha sido también estudiado a nivel académico) en la promoción del diálogo y en la transformación creativa de los conflictos.

Jorge Mario Bergoglio aseguró su absoluto apoyo al proyecto: «Escuchar a una joven palestina y a un joven israelí que juntos piden que los gobiernos del mundo den un paso para que pueda volver a abrir el futuro, pasando el costo de un arma del presupuesto de la defensa al presupuesto de la educación para formar un líder de paz, ¡es algo raro y luminoso!», exclamó.

«¿Cómo se podría no estar de acuerdo? Pero nosotros, los adultos, no podemos salir del paso solo con un “¡Muy bien, chicos!”. Siento el deber de dar todo mi apoyo, mi simpatía y mi bendición».

Francisco también elogió la obra de la asociación que ofrece alojamiento a jóvenes que, «en diferentes partes del mundo, viven bloqueados en culturas envenenadas por el dolor y por el odio, y ofrecerles un audaz desafío: verificar personalmente si el otro, aquel o aquella que está más allá de una frontera cerrada, de una valla o de muros insuperables, es de verdad eso que todos dicen: un enemigo».

Con el método afinado en estas dos décadas, muchos jóvenes han sido arrancados de «este engaño» y han sido entregados de nuevo «a su pueblo» para un «pleno desarrollo espiritual, moral, cultural y civil». «Jóvenes generosos que, sin culpas, nacieron con el peso de los fracasos de las generaciones anteriores», anotó el Papa.

Francisco también se refirió en su discurso a las «dos grandes raíces espirituales» en las que se basa la asociación: san Francisco de Asís y san Romualdo, fundador de Camaldoli. «¡Escogieron bien! También yo, cuando escogí el nombre de Francisco, estaba pensando en los pobres y en la paz», recordó.

Después el Papa lanzó una dura denuncia: «La pobreza (en sentido negativo) y la guerra están vinculadas en un círculo vicioso que mata a las personas, alimenta sufrimientos indecibles y esparce un odio que no se detiene».

Al dedicarse a los jóvenes, Golondrinas se compromete en el combate contra «la pobreza» y en la construcción de la «paz, como obra de justicia y de amor. Una acción —subrayó Francisco— que alimenta la esperanza y pone la confianza en el hombre, sobre todo en los jóvenes».

Una acción que va de la mano con el mensaje que el Papa presentará el próximo primero de enero de 2019, para la próxima Jornada Mundial de la Paz, sobre el tema “La buena política está al servicio de la paz”.

En él, reveló Bergoglio, «insisto en que la responsabilidad política pertenece a cada ciudadano, en particular a quien recibió el mandato de proteger y gobernar. Esta misión consiste en salvaguardar el derecho y en animar el diálogo entre los actores de la sociedad, entre las generaciones y las culturas», y también «entre las partes en conflicto», porque «solamente en el diálogo se crea la confianza».

El Papa Francisco citó la “Pacem in Terris” de San Juan XXIII, para afirmar que «cuando el ser humano es respetado en sus derechos fundamentales germina en él el sentido del deber de respetar los derechos ajenos. Los derechos y los deberes aumentan la conciencia de pertenecer a una misma comunidad, con los demás y con Dios».

Por lo tanto, todos estamos llamados «a llevar y anunciar la paz como la buena noticia de un futuro en el que cada ser vivo sea considerado en su dignidad y en sus derechos».

El Papa, al final, se dirigió a los jóvenes de la asociación: «Decidieron encontrarse cuando todo a su alrededor y dentro de ustedes decía: ¿Por qué? ¿Para qué sirve? ¿Será correcto? Y, después de dos años de formación en Golondrinas, derramaron sus sentimientos, sus pensamientos, hicieron que naciera la confianza recíproca y ahora están listos para tener responsabilidades profesionales, civiles y políticas por el bien de sus pueblos. ¡Ustedes ya son esos jóvenes líderes que en el Llamado piden que los Estados y los pueblos se comprometan a formar juntos!».

«Nos pedirán que nos sumemos a su Llamado. Por mi parte, lo haré», aseguró Bergoglio, y pidió que «los jefes de Estado y de gobierno hagan lo mismo». Que la voz de los jóvenes de Golondrinas, «débil, pero fuerte con la esperanza y con la valentía de la juventud», pidió Bergoglio, sea escuchada «el próximo 10 de diciembre en las Naciones Unidas. Se necesitan líderes con una nueva mentalidad. No son líderes de paz esos políticos que no saben dialogar: un líder que no se esfuerza para ir al encuentro del “enemigo”, para sentarse con él en la mesa como hacen ustedes, no puede conducir al propio pueblo hacia la paz».

Para hacer esto se necesita «humildad y no arrogancia», insistió el Papa Francisco. Requisitos exigidos a todos los líderes que gobiernan y también a los ciudadanos. «La paz, efectivamente, es responsabilidad de cada uno», recodó, y «con los esfuerzos de todos debemos cancelar definitivamente la guerra del planeta y de la historia de la humanidad».

Y antes de despedirse, el Papa aconsejó: «Ustedes han superado las barreras más duras, las que están dentro de ustedes mismos, disolviendo el engaño del enemigo, y se han sorprendido de ustedes mismos cuando volvieron a abrir las fronteras bloqueadas por las guerras. Nunca pierdan la sorpresa ni la humildad».

https://www.lastampa.it/2018/12/03/vaticaninsider/fuera-la-guerra-del-mundo-y-de-la-historia-no-a-lderes-polticos-arrogantes-5XTFKMEikIRikY9F5HA3LJ/pagina.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

 

Anuncios

El maná de cada día, 30.11.18

noviembre 30, 2018

San Andrés, apóstol

Segundo día de la novena a la Inmaculada Concepción

san-andres-apostol
San Andrés, apóstol

 


Antífona de entrada: Mt 4, 18-19

El Señor, junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Pedro y Andrés, y los llamó: Veníos conmigo y los haré pescadores de hombres.

Oración colecta

Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Romanos 10, 9-18

Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura: «Nadie que cree en él quedará defraudado.»

Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.»

Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían? Lo dice la Escritura: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!»

Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías: «Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?» Así pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo.

Pero yo pregunto: «¿Es que no lo han oído?» Todo lo contrario: «A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje.»

SALMO 18, 2-3.4-5

A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 19

Venid y seguidme -dice el Señor- y os haré pescadores de hombres.

EVANGELIO: Mateo 4, 18-22

En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Antífona de comunión: Jn 1, 41-42

Dijo Andrés a su hermano Simón: Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús.
.

San Andrés,  Apóstol

Andrés, nacido en Betsaida, fue primeramente discípulo de Juan Bautista, siguió después a Cristo y le presentó también a su hermano Pedro. Él y Felipe son los que llevaron ante Jesús a unos griegos, y el propio Andrés fue el que hizo saber a Cristo que había un muchacho que tenía unos panes y unos peces. Según la tradición, después de Pentecostés predicó el Evangelio en muchas regiones y fue crucificado en Acaya.

HEMOS ENCONTRADO AL MESÍAS

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo,
sobre el evangelio de san Juan

Andrés, después de permanecer con Jesús y de aprender de él muchas cosas, no escondió el tesoro para sí solo, sino que corrió presuroso en busca de su hermano, para hacerle partícipe de su descubrimiento. Fíjate en lo que dice a su hermano: Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo. ¿Ves de qué manera manifiesta todo lo que había aprendido en tan breve espacio de tiempo?

Pues, por una parte, manifiesta el poder del Maestro, que les ha convencido de esto mismo, y, por otra, el interés y la aplicación de los discípulos, quienes ya desde el principio se preocupaban de estas cosas.

Son las palabras de un alma que desea ardientemente la venida del Señor, que espera al que vendrá del cielo, que exulta de gozo cuando se ha manifestado y que se apresura a comunicar a los demás tan excelsa noticia.

Comunicarse mutuamente las cosas espirituales es señal de amor fraterno, de entrañable parentesco y de sincero afecto.

Pero advierte también, y ya desde el principio, la actitud dócil y sencilla de Pedro. Acude sin tardanza: Y lo llevó a Jesús, afirma el evangelio. Pero que nadie lo acuse de ligereza por aceptar el anuncio sin una detenida consideración. Lo más probable es que su hermano le contase más cosas detalladamente, pues los evangelistas resumen muchas veces los hechos, por razones de brevedad.

Además, no afirma que Pedro creyera al momento, sino que lo llevó a Jesús, y a él se lo confió, para que del mismo Jesús aprendiera todas las cosas. Pues había también otro discípulo que tenía los mismos sentimientos.

Si Juan Bautista, cuando afirma: Éste es el Cordero, y: Bautiza con Espíritu Santo, deja que sea Cristo mismo quien exponga con mayor claridad estas verdades, mucho más hizo Andrés, quien, no juzgándose capaz para explicarlo todo, condujo a su hermano a la misma fuente de la luz, tan contento y presuroso, que su hermano no dudó ni un instante en acudir a ella.



NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

milagrosa


DÍA SEGUNDO

El deseo de virginidad de María

María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? (Lucas 1, 34)

Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Reflexión

Mucho antes de que el Ángel Gabriel diera a María el mensaje de que Dios la había elegido para ser la madre de su Hijo, ella había decidido entregarse entera y exclusivamente a través del don de la virginidad perpetua. María sabía que Dios había establecido una Alianza –un lazo familiar- con el Pueblo de Israel en el Monte Sinaí. El Señor se había mantenido fiel a las promesas de la Alianza, pero Israel había violado esa fidelidad. Con sus repetidas desobediencias a los Mandamientos de Dios, Israel demostró ser una esposa adúltera. María, consciente de la historia de su pueblo y dolida por las infidelidades narradas por los Profetas, anhelaba vivir amando a Dios como su esposa fiel para reparar los pecados de su pueblo.

A continuación, la descripción del Papa Juan Pablo II del deseo de María de permanecer virgen toda su vida:

Ella misma deseaba encarnar en sí la imagen de la esposa completamente fiel y plenamente entregada al Espíritu divino y, por eso, se convierte en el comienzo del nuevo Israel, es decir, del pueblo querido por el Dios de la alianza en su corazón de esposo. María no usa, ni en el diálogo ni en el cántico, términos de la analogía nupcial, pero hace mucho más: confirma y consolida una consagración que ya está viviendo y que resulta su condición habitual de vida. En efecto, replica al Ángel de la anunciación: «No conozco varón» (Lc 1, 34). Es como si dijera: soy virgen consagrada a Dios y no quiero abandonar a este Esposo, porque creo que no lo quiere él, tan celoso de Israel, tan severo con quien lo ha traicionado, tan insistente en su misericordiosa llamada a la reconciliación. María es consciente de la infidelidad de su pueblo y quiere ser una esposa fiel al Esposo divino, tan amado.

Dios envió al Ángel Gabriel a la ciudad de Nazaret a decirle a María que había aceptado su deseo de pertenecerle exclusivamente a él y que, de hecho, él había puesto en ella ese deseo. El deseo de María de permanecer virgen era, en realidad, una respuesta al amor fiel de Dios hacia ella. El Ángel le anuncia a María que ella concebiría al hijo de Dios en su virginidad a través del poder del Espíritu Santo que vendría sobre ella y la cubriría con su sombra. Ella se convierte entonces en virgen, esposa y madre simultáneamente. La elección libre de María de permanecer virgen fue lo que posibilitó su pertenencia completa a Cristo como su madre y a cada uno de nosotros como nuestra madre amorosa. La Santísima Virgen María fue testigo de que el precioso valor de la virginidad existe siempre en orden al amor esponsal y la maternidad.

Oración

Dios Todopoderoso y Eterno, María se entregó a Ti sin reserva a través del don de su virginidad. Así como amó a Jesús con todo el corazón, sigue amando y sirviendo a todos sus hijos en la tierra. Por medio de su ejemplo, infunde en todos los miembros de tu Iglesia un aprecio más profundo del valor de la virginidad. Ayúdanos a comprender que la virginidad es el regalo perfecto que los esposos se entregan el uno al otro el día de su boda. Inspira a muchos jóvenes para que abracen una vida consagrada célibe o virgen en el sacerdocio o la vida religiosa. Enséñanos el significado de las palabras de tu Hijo: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8). Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

V. Oh María, sin pecado concebida.
R. Ruega por nosotros que recurrimos a Ti.


Jor­na­da de los Po­bres: “Dios y el pró­ji­mo, los au­tén­ti­cos te­so­ros de la vida”

noviembre 25, 2018

.

Mi­re­mos qué hacemos: en­tre tan­tas co­sas, ¿ha­ce­mos algo gra­tui­to, al­gu­na cosa para los que no tie­nen cómo co­rres­pon­der? Esa será nues­tra mano ex­ten­di­da, nues­tra ver­da­de­ra ri­que­za en el cie­lo”.

.

Jor­na­da de los Po­bres: “Dios y el pró­ji­mo, los au­tén­ti­cos te­so­ros de la vida”

Por Renato Martínez

.

Ho­mi­lía del San­to Pa­dre en la Misa en oca­sión de la II Jor­na­da Mun­dial de los po­bres, ce­le­bra­da en la Ba­sí­li­ca de San Pe­dro, este 18 de no­viem­bre, en la que in­vi­tó a ir: “Ha­cia Dios, re­zan­do, y ha­cia los ne­ce­si­ta­dos, aman­do. Son los au­tén­ti­cos te­so­ros de la vida: Dios y el pró­ji­mo”.

La in­jus­ti­cia es la raíz per­ver­sa de la po­bre­za. El gri­to de los po­bres es cada día más fuer­te pero tam­bién me­nos es­cu­cha­do, so­fo­ca­do por el es­truen­do de unos po­cos ri­cos, que son cada vez me­nos pero más ri­cos”, lo dijo el Papa Fran­cis­co en su ho­mi­lía en la San­ta Misa en oca­sión de la II Jor­na­da Mun­dial de los po­bres, ce­le­bra­da en la Ba­sí­li­ca de San Pe­dro, este 18 de no­viem­bre, día tam­bién en el que la Igle­sia ce­le­bra la De­di­ca­ción de las Ba­sí­li­cas de San Pe­dro y San Pa­blo.

Tres ac­cio­nes de Je­sús: “deja, alien­ta y ex­tien­de su mano”

Co­men­tan­do las lec­tu­ras bí­bli­cas del XX­XIII Do­min­go del Tiem­po Or­di­na­rio, el San­to Pa­dre dijo que, Je­sús rea­li­za tres ac­cio­nes en el Evan­ge­lio.

Je­sús va con­tra­co­rrien­te, deja el éxi­to, lue­go la tran­qui­li­dad

La pri­me­ra ac­ción, se­ña­ló el Pon­tí­fi­ce, Je­sús lo rea­li­za en pleno día, deja: deja a la mul­ti­tud en el mo­men­to del éxi­to, cuan­do lo acla­ma­ban por ha­ber mul­ti­pli­ca­do los pa­nes. “En todo –afir­mó el Papa– Je­sús va con­tra­co­rrien­te: pri­me­ro deja el éxi­to, lue­go la tran­qui­li­dad. Nos en­se­ña el va­lor de de­jar: de­jar el éxi­to que hin­cha el co­ra­zón y la tran­qui­li­dad que ador­me­ce el alma”.

Je­sús deja el éxi­to, sub­ra­yó el Papa Fran­cis­co para ir ha­cia Dios, re­zan­do, y ha­cia los ne­ce­si­ta­dos, aman­do. Son los au­tén­ti­cos te­so­ros de la vida: Dios y el pró­ji­mo. “Subir ha­cia Dios y ba­jar ha­cia los her­ma­nos, aquí está la ruta que Je­sús nos se­ña­la –pun­tua­li­zó el Pon­tí­fi­ce– Él nos apar­ta del re­crear­nos sin com­pli­ca­cio­nes en las có­mo­das lla­nu­ras de la vida, del ir ti­ran­do ocio­sa­men­te en me­dio de las pe­que­ñas sa­tis­fac­cio­nes co­ti­dia­nas.

Los dis­cí­pu­los de Je­sús no es­tán he­chos para la pre­de­ci­ble tran­qui­li­dad de una vida nor­mal. Al igual que su Se­ñor, vi­ven en ca­mino, li­ge­ros, pron­tos para de­jar la glo­ria del mo­men­to, vi­gi­lan­tes para no ape­gar­se a los bie­nes que pa­san. El cris­tiano sabe que su pa­tria está en otra par­te, sabe que ya aho­ra es con­ciu­da­dano de los san­tos, y miem­bro de la fa­mi­lia de Dios.

“Des­piér­ta­nos, Se­ñor, de la cal­ma ocio­sa, de la tran­qui­la quie­tud de nues­tros puer­tos se­gu­ros. Desáta­nos de los ama­rres de la au­to­rre­fe­ren­cia­li­dad que las­tran la vida; li­bé­ra­nos de la bús­que­da de nues­tros éxi­tos. En­sé­ña­nos a sa­ber de­jar, para orien­tar nues­tra vida en la mis­ma di­rec­ción que la tuya: ha­cia Dios y ha­cia el pró­ji­mo”

Je­sús hoy nos dice: «Ánimo, soy yo, no ten­gan mie­do»

La se­gun­da ac­ción, se­ña­ló el Papa Fran­cis­co, Je­sús la rea­li­za en ple­na no­che, alien­ta. El Maes­tro se di­ri­ge ha­cia los su­yos, in­mer­sos en la os­cu­ri­dad, ca­mi­nan­do «so­bre el mar». “Je­sús, en otras pa­la­bras, va ha­cia los su­yos pi­so­tean­do a los ma­lig­nos enemi­gos del hom­bre.

Aquí está el sig­ni­fi­ca­do de este signo –pre­ci­só el Pon­tí­fi­ce– no es una ma­ni­fes­ta­ción en la que se ce­le­bra el po­der, sino la re­ve­la­ción para no­so­tros de la cer­te­za tran­qui­li­za­do­ra de que Je­sús, solo Je­sús, ven­ce a nues­tros gran­des enemi­gos: el dia­blo, el pe­ca­do, la muer­te, el mie­do, la mun­da­ni­dad.

“La bar­ca de nues­tra vida a me­nu­do se ve za­ran­dea­da por las olas y sa­cu­di­da por el vien­to, y cuan­do las aguas es­tán en cal­ma, pron­to vuel­ven a agi­tar­se. En­ton­ces la em­pren­de­mos con las tor­men­tas del mo­men­to, que pa­re­cen ser nues­tros úni­cos pro­ble­mas.

Pero el pro­ble­ma no es la tor­men­ta del mo­men­to –se­ña­ló el San­to Pa­dre– sino cómo na­ve­gar en la vida. El se­cre­to de na­ve­gar bien está en in­vi­tar a Je­sús a bor­do. Hay que dar­le a Él el ti­món de la vida para que sea él quien lle­ve la ruta. Solo Él da vida en la muer­te, y es­pe­ran­za en el do­lor; solo Él sana el co­ra­zón con el per­dón, y li­bra del mie­do con la con­fian­za”.

“Hay una gran ne­ce­si­dad de per­so­nas que se­pan con­so­lar, pero no con pa­la­bras va­cías, sino con pa­la­bras de vida. En el nom­bre de Je­sús, se da un au­tén­ti­co con­sue­lo. Solo la pre­sen­cia de Je­sús de­vuel­ve las fuer­zas, no las pa­la­bras de áni­mo for­ma­les y obli­ga­das. Alién­ta­nos, Se­ñor: con­for­ta­dos por ti, con­for­ta­re­mos ver­da­de­ra­men­te a los de­más”

Je­sús ex­tien­de su mano para que nos sa­que del mal

La ter­ce­ra ac­ción, ex­pli­có el Papa Fran­cis­co, Je­sús la rea­li­za, en me­dio de la tor­men­ta, ex­tien­de su mano. Aga­rra a Pe­dro que, te­me­ro­so, du­da­ba y, hun­dién­do­se, gri­ta­ba: «Se­ñor, sál­va­me». “Po­de­mos po­ner­nos en la piel de Pe­dro –in­vi­tó el Papa– so­mos gen­te de poca fe y es­ta­mos aquí men­di­gan­do la sal­va­ción. So­mos po­bres de vida au­tén­ti­ca y ne­ce­si­ta­mos la mano ex­ten­di­da del Se­ñor, que nos sa­que del mal.

Este es el co­mien­zo de la fe: va­ciar­nos de la or­gu­llo­sa con­vic­ción de creer­nos bue­nos, ca­pa­ces, au­tó­no­mos y re­co­no­cer que ne­ce­si­ta­mos la sal­va­ción. La fe cre­ce en este cli­ma, un cli­ma al que nos adap­ta­mos es­tan­do con quie­nes no se suben al pe­des­tal, sino que tie­nen ne­ce­si­dad y pi­den ayu­da”.

Por esta ra­zón, ex­pli­có el San­to Pa­dre, vi­vir la fe en con­tac­to con los ne­ce­si­ta­dos es im­por­tan­te para to­dos no­so­tros. No es una op­ción so­cio­ló­gi­ca, no es la moda de un pon­ti­fi­ca­do, es una exi­gen­cia teo­ló­gi­ca. Es re­co­no­cer­se como men­di­gos de la sal­va­ción, her­ma­nos y her­ma­nas de to­dos, pero es­pe­cial­men­te de los po­bres, pre­di­lec­tos del Se­ñor.

“Pi­da­mos la gra­cia de es­cu­char el gri­to de los que vi­ven en aguas tur­bu­len­tas. El gri­to de los po­bres. El gri­to de los po­bres es cada día más fuer­te pero tam­bién me­nos es­cu­cha­do, so­fo­ca­do por el es­truen­do de unos po­cos ri­cos, que son cada vez me­nos pero más ri­cos”

Pi­da­mos la gra­cia de es­cu­char el gri­to de los po­bres

Je­sús es­cu­chó el gri­to de Pe­dro, con­clu­yó el Papa Fran­cis­co y a par­tir de ello, pi­da­mos la gra­cia de es­cu­char el gri­to de los que vi­ven en aguas tur­bu­len­tas.

“El gri­to de los po­bres: es el gri­to aho­ga­do de los ni­ños que no pue­den ve­nir a la luz, de los pe­que­ños que su­fren ham­bre, de chi­cos acos­tum­bra­dos al es­truen­do de las bom­bas en lu­gar del ale­gre al­bo­ro­to de los jue­gos.

Es el gri­to de los an­cia­nos des­car­ta­dos y aban­do­na­dos. Es el gri­to de quie­nes se en­fren­tan a las tor­men­tas de la vida sin una pre­sen­cia ami­ga. Es el gri­to de quie­nes de­ben huir, de­jan­do la casa y la tie­rra sin la cer­te­za de un lu­gar de lle­ga­da.

Es el gri­to de po­bla­cio­nes en­te­ras, pri­va­das tam­bién de los enor­mes re­cur­sos na­tu­ra­les de que dis­po­nen. Es el gri­to de tan­tos Lá­za­ros que llo­ran, mien­tras que unos po­cos epu­lo­nes ban­que­tean con lo que en jus­ti­cia co­rres­pon­de a to­dos. La in­jus­ti­cia es la raíz per­ver­sa de la po­bre­za.

El gri­to de los po­bres es cada día más fuer­te pero tam­bién me­nos es­cu­cha­do, so­fo­ca­do por el es­truen­do de unos po­cos ri­cos, que son cada vez me­nos pero más ri­cos”.

El cre­yen­te ex­tien­de su mano, como lo hace Je­sús con él

Fi­nal­men­te, el Papa Fran­cis­co dijo que, ante la dig­ni­dad hu­ma­na pi­so­tea­da, a me­nu­do uno per­ma­ne­ce con los bra­zos cru­za­dos o con los bra­zos caí­dos, im­po­ten­tes ante la fuer­za os­cu­ra del mal. Pero el cris­tiano no pue­de es­tar con los bra­zos cru­za­dos, in­di­fe­ren­te, o con los bra­zos caí­dos, fa­ta­lis­ta; no.

El cre­yen­te –pun­tua­li­zó el Papa– ex­tien­de su mano, como lo hace Je­sús con él. El gri­to de los po­bres es es­cu­cha­do por Dios, ¿pero, y no­so­tros? ¿Te­ne­mos ojos para ver, oí­dos para es­cu­char, ma­nos ex­ten­di­das para ayu­dar?

«Es el pro­pio Cris­to quien en los po­bres le­van­ta su voz para des­per­tar la ca­ri­dad de sus dis­cí­pu­los» (ibíd.). Nos pide que lo re­co­noz­ca­mos en el que tie­ne ham­bre y sed, en el ex­tran­je­ro y des­po­ja­do de su dig­ni­dad, en el en­fer­mo y el en­car­ce­la­do.

“El Se­ñor ex­tien­de su mano: es un ges­to gra­tui­to, no obli­ga­do. Así es como se hace. No es­ta­mos lla­ma­dos a ha­cer el bien solo a los que nos aman –con­clu­yó el San­to Pa­dre– co­rres­pon­der es nor­mal, pero Je­sús pide ir más le­jos, dar a los que no tie­nen cómo de­vol­ver, es de­cir, amar gra­tui­ta­men­te.

Mi­re­mos lo que su­ce­de en cada una de nues­tras jor­na­das: en­tre tan­tas co­sas, ¿ha­ce­mos algo gra­tui­to, al­gu­na cosa para los que no tie­nen cómo co­rres­pon­der? Esa será nues­tra mano ex­ten­di­da, nues­tra ver­da­de­ra ri­que­za en el cie­lo”.

“Ex­tien­de tu mano ha­cia no­so­tros, Se­ñor, y agá­rra­nos. Ayú­da­nos a amar como tú amas. En­sé­ña­nos a de­jar lo que pasa, a alen­tar al que te­ne­mos a nues­tro lado, a dar gra­tui­ta­men­te a quien está ne­ce­si­ta­do. Amén”

(Re­na­to Mar­ti­nez – Ciu­dad del Va­ti­cano, va­ti­can­news.va)

https://www.agenciasic.es/2018/11/19/jornada-de-los-pobres-dios-y-el-projimo-los-autenticos-tesoros-de-la-vida/?fbclid=IwAR3KvQO61EvBpXlAURJd91zrYLKLnE8r8euVZK6jpwJtDNkCO634ijwYmEw


Audacia y fervor, según Gaudete et exsultate, 129-139, (10)

noviembre 23, 2018

.

El Amor del Padre siempre es novedad en Jesús por la acción del Espíritu, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Jesús va más allá de nuestros esquemas y no les teme a las periferias porque él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8; Jn 1,14).

.

.

Audacia y fervor

.

Al mismo tiempo, la santidad es parresía: es audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo. Para que sea posible, el mismo Jesús viene a nuestro encuentro y nos repite con serenidad y firmeza: «No tengáis miedo» (Mc 6,50). «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20).

Estas palabras nos permiten caminar y servir con esa actitud llena de coraje que suscitaba el Espíritu Santo en los Apóstoles y los llevaba a anunciar a Jesucristo.

Audacia, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, todo eso se incluye en el vocablo parresía, palabra con la que la Biblia expresa también la libertad de una existencia que está abierta, porque se encuentra disponible para Dios y para los demás (cf. Hch 4,29; 9,28; 28,31; 2 Co 3,12; Ef 3,12; Hb 3,6; 10,19).

El beato Pablo VI mencionaba, entre los obstáculos de la evangelización, precisamente la carencia de parresía: «La falta de fervor, tanto más grave cuanto que viene de dentro».

¡Cuántas veces nos sentimos tironeados a quedarnos en la comodidad de la orilla! Pero el Señor nos llama para navegar mar adentro y arrojar las redes en aguas más profundas (cf. Lc 5,4).

Nos invita a gastar nuestra vida en su servicio. Aferrados a él nos animamos a poner todos nuestros carismas al servicio de los otros. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor (cf. 2 Co 5,14) y podamos decir con san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16).

Miremos a Jesús: su compasión entrañable no era algo que lo ensimismara, no era una compasión paralizante, tímida o avergonzada como muchas veces nos sucede a nosotros, sino todo lo contrario. Era una compasión que lo movía a salir de sí con fuerza para anunciar, para enviar en misión, para enviar a sanar y a liberar.

Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión. Somos frágiles, pero portadores de un tesoro que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban. La audacia y el coraje apostólico son constitutivos de la misión.

La parresía es sello del Espíritu, testimonio de la autenticidad del anuncio. Es feliz seguridad que nos lleva a gloriarnos del Evangelio que anunciamos, es confianza inquebrantable en la fidelidad del Testigo fiel, que nos da la seguridad de que nada «podrá separarnos del amor de Dios» (Rm 8,39).

Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros. Recordemos que lo que está cerrado termina oliendo a humedad y enfermándonos.

Cuando los Apóstoles sintieron la tentación de dejarse paralizar por los temores y peligros, se pusieron a orar juntos pidiendo la parresía:

«Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía» (Hch 4,29). Y la respuesta fue que «al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios» (Hch 4,31).

Como el profeta Jonás, siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable.

Sin embargo, las dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás, o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de hacernos volver a ese Dios que es ternura y que quiere llevarnos a una itinerancia constante y renovadora.

Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida.

¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no les teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8; Jn 1,14).

Por eso, si nos atrevemos a llegar a las periferias, allí lo encontraremos, él ya estará allí. Jesús nos primerea en el corazón de aquel hermano, en su carne herida, en su vida oprimida, en su alma oscurecida. Él ya está allí.

Es verdad que hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20). Pero a veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir.

En el Evangelio vemos cómo Jesús «iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios» (Lc 8,1).

También después de la resurrección, cuando los discípulos salieron a predicar por todas partes, «el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban» (Mc 16,20). Esa es la dinámica que brota del verdadero encuentro.

La costumbre nos seduce y nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas «sean lo que son», o lo que algunos han decidido que sean.

Pero dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado.

Nos moviliza el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que se dedican a anunciar y a servir con gran fidelidad, muchas veces arriesgando sus vidas y ciertamente a costa de su comodidad. Su testimonio nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida.

Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante.

Pidamos al Señor la gracia de no vacilar cuando el Espíritu nos reclame que demos un paso adelante, pidamos el valor apostólico de comunicar el Evangelio a los demás y de renunciar a hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos.

En todo caso, dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en la clave de Jesús resucitado. De ese modo la Iglesia, en lugar de estancarse, podrá seguir adelante acogiendo las sorpresas del Señor.

 


El maná de cada día, 20.11.18

noviembre 20, 2018

Martes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

.

rostro_Cristo_quien-me-ve-ha-visto-al-padre

El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

.

PRIMERA LECTURA: Apocalipsis 3, 1-6.14-22

Yo, Juan, oí cómo el Señor me decía:

«Al ángel de la Iglesia de Sardes escribe así:

“Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de mi Dios.

Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi palabra: guárdala y arrepiéntete. Porque, si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Ahí en Sardes tienes unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos irán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen.

El que salga vencedor se vestirá todo de blanco, y no borraré su nombre de] libro de la vida, pues ante mi Padre y ante sus ángeles reconoceré su nombre. Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu las Iglesias.”

Al ángel de la Iglesia de Laodicea escribe así:

“Habla el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca. Tú dices: ‘Soy rico, tengo reservas y nada me falta’. Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro refinado en el fuego, y así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez; y colirio para untártelo en los ojos y ver.

A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.

Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él. Quien tenga oídos, oiga lo que el Espíritu a las Iglesias.” »

SALMO 14, 2-3ab.3cd-4ab.5

Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí.

El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor.

El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.
.

Aclamación antes del Evangelio: 1 Juan 4, 10b

Dios nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de propiciación por nuestros pecados.

EVANGELIO: Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

.

COMENTARIO BÍBLICO, Apocalipsis 3, 1-6.14-22

Las lecturas de esta última penúltima semana del año litúrgico son un recordatorio de las postrimerías del hombre: Muerte, juicio, infierno y gloria.

Son éstas unas realidades “duras y crudas” para el oído del hombre, siempre frágil y perezoso para el bien. Por eso, estas lecturas, sobre todo las del Apocalipsis, constituyen un aldabonazo para el cristiano que desea sinceramente cimentar su existencia sobre la roca firme de la Palabra.

En efecto, el Espíritu dice a las Iglesias y nos dice a cada uno: Despierta, vela, mira que estoy a la puerta, te conozco y tengo algo contra ti, aún tienes algo pendiente, arregla tus cuentas mientras vas de camino…

Si este mensaje vale para todo tiempo, particularmente parece providencial para estos tiempos de la Nueva Evangelización, y para este Año de la Fe.

La lectura de hoy me hace pensar en las conclusiones de ciertos analistas de la realidad actual eclesial: Hoy día, afirman, muchas pastorales de la Iglesia fracasan porque intentan alimentar a un cadáver cuando en realidad deberían comenzar por darle vida o resucitarlo.

La Palabra de hoy dice: “Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto”. La Nueva Evangelización trata de evangelizar a los bautizados. Tienen el nombre de cristiano, están bautizados en Cristo, pero están muertos o gravemente aquejados en su salud espiritual.

¿Por qué? Porque se han apartado de la práctica sacramental; llevan una religión a su manera, una manera cómoda; han cortado el Evangelio haciéndose un traje a su medida; van por libre; piden sacramentos según les convenga; no están dispuestos a dejar sus costumbres, a cambiar; apenas conocen a Dios ni tienen experiencia de él, ni siguen a Cristo como discípulos, porque su dios son los comportamientos o actitudes que ellos consideran intocables y absolutos, a los que no están dispuestos a renunciar por nada… Son enfermos graves, están en peligro de muerte definitiva.

¿Que hacer ante estas personas, ante este pueblo de Dios, ante estas nuestras feligresías que en gran medida están gravemente enfermas o simplemente muertas en el espíritu? Sencillamente hay que cuidarlas para que recobren la salud o incluso resuciten. Eso es lo primero. No podemos seguir repartiendo sin más la comunión a gente que no se confiesa en años o cuya vida pública no es ejemplar, bendiciendo parejas que llevan años conviviendo, dando la eucaristía a niños y la confirmación a jóvenes que apenas ofrecen alguna garantía de perseverancia, o bautizando a niños cuya educación y formación en la fe por parte de padres y padrinos queda muy en entredicho…

¿Seguiremos colocando y dando alimentos, cosas sagradas y perlas preciosas como son los sacramentos ante un cadáver, ante cristianos bautizados sí, pero que viven como paganos, como si Dios no existiera? Primero habrá que sanar al enfermo, o incluso resucitar el cadáver del muerto espiritualmente. Si no, estaríamos perdiendo el tiempo y provocando una gran confusión en el Pueblo de Dios, fuente de malentendidos y sufrimientos.

¿Qué hacer ante esa realidad? Solución: La Nueva Evangelización. ¿Qué prioridades pastorales se señalan por diversos medios en la Iglesia? ¿Por dónde empezar? Predicándoles de nuevo la Palabra, proclamando de nuevo el Kerigma, anunciándoles a un Cristo vivo. Acompañándolos en el reconocimiento de sus errores, de su equivocación y muerte espiritual. Invitándolos, por tanto, a una conversión sincera y radical hasta que estén dispuestos a dejarlo todo por Cristo. Finalmente, celebrando gozosos la vuelta del hijo pródigo, y buscando la integración de los neoconversos en comunidades vivas y cuidadas pastoralmente con esmero.

La Iglesia y sus ministros tendremos que tomar muy en serio este kairós, esta gran oportunidad para renovar las viejas comunidades cristianas, comenzando por nosotros mismos, pues nadie da lo que no tiene. Nadie puede ser médico si no se ha sentido enfermo. Nadie puede enseñar el camino de Dios si él mismo no lo ha recorrido. ¿Cómo hablar uno de Dios con pasión si no ha experimentado el encuentro con él, si no lo conoce?

Lamentablemente puede haber gente de iglesia que ha perdido su primer amor, que apenas “sienten y expresan con pasión” la experiencia de Dios. No se juzga del interior, pero sí vemos y escuchamos a gente, incluso sacerdotes, que hablan de Dios como de memoria, por libro, para cumplir el expediente recurriendo a teorías y artilugios literarios. Y eso se nota.

Se nota porque la santidad pertenece a todo bautizado y porque el hombre espiritual lo ve todo, lo juzga todo, y se queda con lo mejor. Y el Espíritu está en el Pueblo de Dios, sobre todo en los más sencillos, como un don. Por eso, la Nueva Evangelización es tarea de todos, y la realizamos todos los días cuando escuchamos bien despiertos la Palabra: “Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto”.

Y ahora viene la recomendación: “Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de Dios. Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi Palabra: Guárdala y arrepiéntete. Porque si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti”.

Pues nada, Dios te dice: “A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete”. Dichoso tú si no echas en saco roto esta Palabra de vida. Pon en orden tu casa, y reza por tus hermanos, porque hay muchos cuyas obras no son perfectas a los ojos de Dios. Al menos, eso es lo que parece por fuera, y todas las precauciones son pocas para alcanzar la felicidad que nunca se acabará.

Ánimo, estimado hermano, querida hermana. Dios te acompañe con su Espíritu.

.

Comentario al pasaje evangélico de Zaqueo, por Alessandro Pronzato

Especialmente útil a las personas que ocupan cargos, ejercen la autoridad, o la han ejercido

.

Zaqueo, tú que has experimentado que Jesús es aquel que corta sin miramientos las ramas de tus falsas seguridades, suelta de una vez y para siempre las amarras que te ligan interiormente, y ayúdame a comprender que no son tan importantes las subidas como las bajadas.

Que un puesto se ocupa sólo provisionalmente y que, de todos modos, es más heroico dejarlo todo que conquistarlo. Que la vida cristiana es un abajamiento continuo. Que el progreso se mide por los escalones recorridos hacia abajo.

Zaqueo, méteme bien en la cabeza que en aquellas alturas se permite estar solamente un rato. Justo el tiempo necesario para verle pasar a Jesús, captar una chispa de entendimiento en sus ojos, escuchar su palabra y valorar su invitación… Después es necesario precipitarse hacia abajo.

.

.


El maná de cada día, 19.11.18

noviembre 19, 2018

Lunes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

.

cielo

Recuerda de dónde has caído y arrepiéntete

.

PRIMERA LECTURA: Apocalipsis 1, 1-4;2, 1-5a

Ésta es la revelación que Dios ha entregado a Jesucristo, para que muestre a sus siervos lo que tiene que suceder pronto. Dio la señal enviando su ángel a su siervo Juan. Éste, narrando lo que ha visto, se hace testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo.

Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de esta profecía y tienen presente lo que en ella está escrito, porque el momento está cerca.

Juan, a las siete Iglesias de Asia: Gracia y paz a vosotros de parte del que es y era y viene, de parte de los siete espíritus que están ante su trono. Oí cómo el Señor me decía:

«Al ángel de la Iglesia de Éfeso escribe así: “Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y anda entre los siete candelabros de oro: Conozco tus obras, tu fatiga y tu aguante; sé que no puedes soportar a los malvados, que pusiste a prueba a los que se llamaban apóstoles sin serlo y descubriste que eran unos embusteros. Eres tenaz, has sufrido por mí y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes.”»

SALMO 1, 1-2.3.4.6

Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol, plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 8, 12b

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

EVANGELIO: Lucas 18, 35-43

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.

Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: «Pasa Jesús Nazareno.»

Entonces gritó: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»

Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»

Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»

Él dijo: «Señor, que vea otra vez.»

Jesús le contestó: «Recobra la vista, tu fe te ha curado.»

En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

.

COMENTARIO BÍBLICO, Apocalipsis 1-3, 22

Las lecturas de esta última penúltima semana del año litúrgico son un recordatorio de las postrimerías del hombre: Muerte, juicio, infierno y gloria.

Son éstas unas realidades “duras y crudas” para el oído del hombre, siempre frágil y perezoso para el bien. Por eso, estas lecturas, sobre todo las del Apocalipsis, constituyen un aldabonazo para el cristiano que desea sinceramente cimentar su existencia sobre la roca firme de la Palabra.

En efecto, el Espíritu dice a las Iglesias y nos dice a cada uno: Despierta, vela, mira que estoy a la puerta, te conozco y tengo algo contra ti, aún tienes algo pendiente, arregla tus cuentas mientras vas de camino…

Si este mensaje vale para todo tiempo, particularmente parece providencial para estos tiempos de la Nueva Evangelización.

La lectura de hoy me hace pensar en las conclusiones de ciertos analistas de la realidad actual eclesial: Hoy día, afirman, muchas pastorales de la Iglesia fracasan porque intentan alimentar a un cadáver cuando en realidad deberían comenzar por darle vida o resucitarlo.

La Palabra de hoy dice: “Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto”. La Nueva Evangelización trata de evangelizar a los bautizados. Tienen el nombre de cristiano, están bautizados en Cristo, pero están muertos o gravemente aquejados en su salud espiritual.

¿Por qué? Porque se han apartado de la práctica sacramental; llevan una religión a su manera, una manera cómoda; han cortado el Evangelio haciéndose un traje a su medida; van por libre; piden sacramentos según les convenga; no están dispuestos a dejar sus costumbres, a cambiar; apenas conocen a Dios ni tienen experiencia de él, ni siguen a Cristo como discípulos, porque su dios son los comportamientos o actitudes que ellos consideran intocables y absolutos, a los que no están dispuestos a renunciar por nada… Son enfermos graves, están en peligro de muerte definitiva.

¿Que hacer ante estas personas, ante este pueblo de Dios, ante estas nuestras feligresías que en gran medida están gravemente enfermas o simplemente muertas en el espíritu? Sencillamente hay que cuidarlas para que recobren la salud o incluso resuciten. Eso es lo primero.

No podemos seguir repartiendo sin más la comunión a gente que no se confiesa en años o cuya vida pública no es ejemplar, bendiciendo, sin más, parejas que llevan años conviviendo, dando la eucaristía a niños y la confirmación a jóvenes que apenas ofrecen alguna garantía de perseverancia, o bautizando a niños cuya educación y formación en la fe por parte de padres y padrinos queda muy en entredicho…

¿Seguiremos colocando y dando alimentos, cosas sagradas y perlas preciosas como son los sacramentos a un cadáver, a cristianos bautizados sí, pero que viven como paganos, como si Dios no existiera?

Primero habrá que sanar al enfermo, o incluso resucitar el cadáver del muerto espiritualmente. Si no, estaríamos perdiendo el tiempo y provocando una gran confusión en el Pueblo de Dios, fuente de malentendidos y sufrimientos.

¿Qué hacer ante esa realidad? Solución: La Nueva Evangelización. ¿Qué prioridades pastorales se señalan por diversos medios en la Iglesia? ¿Por dónde empezar? Predicándoles de nuevo la Palabra, proclamando de nuevo el Kerigma, anunciándoles a un Cristo vivo. Acompañándolos en el reconocimiento de sus errores, de su equivocación y muerte espiritual.

Invitándolos, por tanto, a una conversión sincera y radical hasta que estén dispuestos a dejarlo todo por Cristo. Finalmente, celebrando gozosos la vuelta del hijo pródigo, y buscando la integración de los neoconversos en comunidades vivas y cuidadas pastoralmente con esmero.

La Iglesia y sus ministros tendremos que tomar muy en serio este kairós, esta gran oportunidad para renovar las viejas comunidades cristianas, comenzando por nosotros mismos, pues nadie da lo que no tiene. Nadie puede ser médico si no se ha sentido enfermo. Nadie puede enseñar el camino de Dios si él mismo no lo ha recorrido.

¿Cómo hablar uno de Dios con pasión si no ha experimentado el encuentro con él, si no lo conoce?

Lamentablemente puede haber gente de iglesia que ha perdido su primer amor, que apenas “sienten y expresan con pasión” la experiencia de Dios. No se juzga del interior, pero sí vemos y escuchamos a gente, incluso sacerdotes, que hablan de Dios como de memoria, por libro, para cumplir el expediente recurriendo a teorías y artilugios literarios. Y eso se nota.

Se nota porque la santidad pertenece a todo bautizado y porque el hombre espiritual lo ve todo, lo juzga todo, y se queda con lo mejor. Y el Espíritu está en todos, sobre todo en los más sencillos, como un don.

Por eso, la Nueva Evangelización es tarea de todos, y la realizamos todos los días cuando escuchamos bien despiertos la Palabra: “Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto”.

Y ahora viene la recomendación: “Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de Dios.

Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi Palabra: Guárdala y arrepiéntete. Porque si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti”.

Pues nada, Dios te dice: “A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete”. Dichoso tú si no echas en saco roto esta Palabra de vida. Pon en orden tu casa, y reza por tus hermanos, porque hay muchos cuyas obras no son perfectas a los ojos de Dios.

Al menos, eso es lo que parece por fuera, y todas las precauciones son pocas para alcanzar la felicidad que nunca se acabará.

Ánimo, estimado hermano, querida hermana. Dios te acompañe con su Espíritu.


El maná de cada día, 8.11.18

noviembre 8, 2018

Jueves de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

.

Deja las noventa y nueve y va tras la descarriada

Deja las noventa y nueve y va tras la descarriada



PRIMERA LECTURA: Fílipenses 3, 3-8a

Los circuncisos somos nosotros, que damos culto con el Espíritu de Dios, y que ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne.

Aunque, lo que es yo, ciertamente tendría motivos para confiar en la carne, y si algún otro piensa que puede hacerlo, yo mucho más, circuncidado a los ocho días de nacer, israelita de nación, de la tribu de Benjamín, hebreo por los cuatro costados y, por lo que toca a la ley, fariseo; si se trata de intransigencia, fui perseguidor de la Iglesia, si de ser justo por la ley, era irreprochable.

Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo.


SALMO 104, 2-3.4-5.6-7

Que se alegren los que buscan al Señor.

Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.


ALELUYA: Mateo 11, 28

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré, dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo.

Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.”

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.”

Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
.

Jesucristo sale muchas veces a buscarnos

P. Francisco Fernández Carvajal

Y cuando la encuentra, la carga sobre los hombros muy contento…

Jesucristo sale muchas veces a buscarnos. Él, que puede medir en toda su hondura la maldad y la esencia de la ofensa a Dios, se nos acerca; Él conoce bien la fealdad del pecado y su malicia, y sin embargo «no llega iracundo: el Justo nos ofrece la imagen más conmovedora de la misericordia (…). A la Samaritana, a la mujer con seis maridos, le dice sencillamente a ella y a todos los pecadores: Dame de beber (Jn 3, 4-7).

Cristo ve lo que ese alma puede ser, cuánta belleza –la imagen de Dios allí mismo–, qué posibilidades, incluso qué “resto de bondad” en la vida de pecado, como una huella inefable, pero realísima, de lo que Dios quiere de ella»22.

Jesucristo se acerca al pecador con respeto, con delicadeza. Sus palabras son siempre expresión de su amor por cada alma. Vete y no peques más23, advertirá solamente a la mujer adúltera que iba a ser apedreada. Hijo mío, ten confianza, tus pecados te son perdonados24, dirá al paralítico que, tras incontables esfuerzos, había sido llevado por sus amigos hasta la presencia de Jesús.

A punto de morir, hablará así al Buen Ladrón: En verdad, en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso25. Son palabras de perdón, de alegría y de recompensa. ¡Si supiéramos con qué amor nos espera Cristo en cada Confesión! ¡Si pudiéramos comprender su interés en que volvamos!

Es tanta la impaciencia del Buen Pastor que no espera a ver si la oveja descarriada vuelve al redil por su cuenta, sino que sale él mismo a buscarla. Una vez hallada, ninguna otra recibirá tantas atenciones como esta que se había perdido, pues tendrá el honor de ir a hombros del pastor.

Vuelta al redil y «pasada la sorpresa, es real ese más de calor que trae al rebaño, ese bien ganado descanso del pastor, hasta la calma del perro guardián, que solo alguna vez, en sueños, se sobresalta y certifica, despierto, que la oveja duerme más acurrucada aún, si cabe, entre las otras»26. Los cuidados y atenciones de la misericordia divina sobre el pecador arrepentido son abrumadores.

Su perdón no consiste solo en perdonar y olvidar para siempre nuestros pecados. Esto sería mucho; con la remisión de las culpas renace además el alma a una vida nueva, o crece y se fortalece la que ya existía. Lo que era muerte se convierte en fuente de vida; lo que fue tierra dura es ahora un vergel de frutos imperecederos.

Nos muestra el Señor en este pasaje del Evangelio el valor que para Él tiene una sola alma, pues está dispuesto a poner tantos medios para que no se pierda, y su alegría cuando alguno vuelve de nuevo a su amistad y a su cobijo. Y este interés es el que hemos de tener para que los demás no se extravíen y, si están lejos de Dios, para que vuelvan.

22 F. Sopeña, La Confesión, pp. 28-29. — 23 Jn 8, 11. — 24 Mt 9, 2. — 25 Lc 24, 43. — 26 F. Sopeña, o. c. p. 36.

www.homiletica.org

.


A %d blogueros les gusta esto: