Rueda de prensa del Papa en el vuelo de retorno de Mozambique, Madagascar y Mauricio

septiembre 12, 2019

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El Papa Francisco en la rueda de prensa de regreso de África. Crédito: Edward Pentin / ACI

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Rueda de prensa del Papa en el vuelo de retorno de Mozambique, Madagascar y Mauricio

Redacción ACI Prensa

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El Papa Francisco concedió este martes 10 una conferencia de prensa en el avión que lo llevó de retorno a Roma, luego de su viaje a los países africanos de Mozambique, Madagascar y Mauricio, donde estuvo del 4 al 10 de septiembre.

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A continuación el texto completo de la rueda de prensa:

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Director de la Sala de Prensa, Matteo Bruni: Buenos días, Santo Padre. En estos días hemos podido encontrar tantos pueblos de estas tierras africanas del océano Índico. Son pueblos con tantos jóvenes, con tantos chicos y niños. Pueblos llenos de coraje y esperanza porque son jóvenes.

Hemos podido ver tantas heridas que usted ha tocado con la mano y en sus discursos. Nosotros los periodistas hemos visitado tantos signos de resurrección y de reconciliación y de paz. Los periodistas, sus compañeros de viaje, han seguido intensamente los eventos de estos días y han llevado al mundo las historias, los rostros y también las temáticas que han encontrado, contribuyendo a poner a Mozambique, África, Madagascar y Mauricio un poco al centro del interés internacional.

Le agradezco por el trabajo hecho con pasión y cansancio y a ustedes les pasaré la palabra para algunas preguntas que deseen hacerle.

Papa Francisco: Antes que todo quiero agradecer la compañía, gracias.

Giulio Mangiate, de Noticia: Gracias por la oportunidad de hablar a nombre de los periodistas de Mozambique. Usted ha podido hablar con el presidente de Mozambique. ¿Qué expectativas tiene después de este encuentro en relación al proceso de paz?

Papa Francisco: Hoy se identifica a Mozambique con el largo proceso de paz que ha tenido sus altos y bajos, hasta aquel abrazo histórico. Espero que esto vaya adelante y rezo por ello. Invito a todos a hacer el esfuerzo de ayudar a que este proceso de paz vaya adelante. Porque todo se pierde con la guerra, todo se gana con la paz, dijo un Papa antes que yo.

Fue un proceso de paz muy largo, porque tuvo una primera etapa, después de una caída, después otra, con el esfuerzo de los jefes de los partidos contrarios, por no decir enemigos, de ir a encontrarse uno con el otro, un esfuerzo también peligroso, arriesgando la vida algunos, pero al final hemos llegado.

Quisiera agradecer todo lo que la gente ha ayudado, desde el inicio, desde el primero que ha comenzado en un café. En un café había gente que hablaba y había un sacerdote de la Comunidad de Sant’Egidio –será hecho cardenal el próximo 5 de octubre–, ha comenzado ahí y después con la ayuda de tanta gente, de la comunidad de Sant’Egidio, hemos llegado a este resultado.

No debemos ser triunfalistas en estas cosas. El triunfo es la paz. No tenemos derecho a ser triunfalistas porque la paz todavía es frágil en tu país, como en el mundo, es frágil y se la debe tratar como se tratan las cosas “a pinceladas”, como hacen los niños, con mucha, mucha ternura, con mucha delicadeza, con mucho perdón, con mucha paciencia para hacerla crecer y que sea robusta; pero la paz es la victoria del país.

Debemos identificarla. Y esto vale para todos los países que se destruyen con la guerra. Las guerras destruyen, hacen perder todo. Yo me extiendo en esto de la paz porque lo llevo en el corazón. Cuando fue la celebración hace unos meses del desembarco de Normandía, recuerdo que estaban los jefes de estado para hacer memoria del inicio del fin de una guerra cruel y de una dictadura antihumana y cruel como el nazismo y el fascismo: pero sobre esa playa quedaron 46 mil soldados, ¡eh!, el precio de la guerra.

Les confieso: cuando fui a Redipuglia he llorado. Por favor, nunca más la guerra. Cuando fui a Anzio me sentí de la misma forma. Debemos trabajar con esta conciencia: las guerras no resuelven nada. Más bien hacen ganar a las personas que no quieren a la humanidad. Debo decir esto delante de un proceso de paz para el cual rezo y que haré de todo para que vaya adelante y espero que permanezca fuerte.

Giulio Mangiate: ¿qué piensa del problema de la educación de los jóvenes en África? ¿De las redes sociales y los jóvenes? Y la xenofobia.

Papa Francisco: Tomo primero el problema de la juventud y luego el de la xenofobia. El problema de la juventud. África es un continente joven, habitan jóvenes. Si hacemos una comparación con Europa, repetiré como dije en Estrasburgo, la madre Europa se ha casi convertido en la abuela Europa, ha envejecido. Estamos viviendo un invierno demográfico gravísimo en Europa.

No sé en cuál país, pero hay una estadística oficial del gobierno de aquel país: en el año 2050 en aquel país habrá más jubilados que gente que trabaja. Es trágico. ¿Cómo se origina este envejecimiento de Europa? Tengo una opinión personal: pienso que el bienestar sea la raíz, adherirse al bienestar.

“Sí, pero estamos bien, yo no tengo hijos porque debo comprar la villa, hacer turismo, una cosa, otra cosa, un hijo es un riesgo, no se sabe nunca”. Bienestar es tranquilidad, pero un bienestar que te lleva a envejecer.

Al contrario, África está llena de vida. Encontré en África un gesto que encontré en Filipinas, en Cartagena, en Colombia: las personas me mostraban a los niños. Decían: este es mi tesoro, esta es mi victoria. El orgullo, ¿no? El tesoro de los pobres, el niño, pero el tesoro de una patria, de un país. El mismo gesto he visto en Europa Oriental con una abuela que hacía ver al niño y decía, este es mi triunfo.

Ustedes tienen el reto de educar a estos jóvenes y hacer las leyes para los jóvenes. La educación en este momento es prioritaria en tu país, es prioritaria. El primer ministro de Mauricio me decía que tiene en mente el desafío de hacer crecer el sistema educativo para todos, la gratuidad del sistema educativo es importante porque hay centros educativos de alto nivel, pero de paga. Los centros educativos gratuitos, hay en todos los países, pero multiplicarlos para que la educación llegue a todos. Las leyes de salud y educación ahí son clave.

La xenofobia. He leído en los diarios de este problema de la xenofobia. Pero no es solo un problema de África, es una enfermedad humana, como el sarampión. Es una enfermedad, te viene, entra en un país, entra en un continente. Y ponemos muros, ¿no? Y los muros dejan solos a los que los fabrican. Sí, dejan fuera a tanta gente, pero los que permanecen dentro de los muros se quedan solos, y al final de la historia derrotados por las invasiones poderosas.

Pero la xenofobia es una enfermedad: una enfermedad “justificable”, entre comillas, no, pero “la pureza de la raza”, por ejemplo, para nombrar una xenofobia del siglo pasado. Las xenofobias tantas veces cabalgan con los considerados populismos políticos. Dije la semana pasada, o la otra, que a veces siento en algunos discursos que se asemejan a los de Hitler en el 34.

Se ve que hay un retorno en Europa, pero también en África. También ustedes en África tienen un problema cultural que deben resolver. Recuerdo que hablé en Kenia, el tribalismo. Ahí se necesita un trabajo de educación, de acercamiento entre las diversas tribus para hacer una nación. Hemos conmemorado el 25 aniversario de la tragedia de Ruanda, hace poco. Un efecto del tribalismo.

Recuerdo en Kenia, en el estadio, cuando pedí a todos levantarse, darse la mano, y decir “no al tribalismo, no al tribalismo”, debemos decir no. Esto también es un cierre y también una xenofobia, una xenofobia doméstica, pero es una xenofobia. Se debe luchar contra esto: sea la xenofobia de un país con otro, sea la xenofobia interna. Y en algunos lugares de África el tribalismo que nos lleva a la tragedia de Ruanda, por ejemplo.

Doctora Ratoarivelo, Madagascar: Su Santidad, usted habló del futuro de los jóvenes en su visita apostólica, Pienso que la fundación de una familia es muy importante para el porvenir. Actualmente en Madagascar muchos jóvenes viven en familias muy complejas.

A causa de la pobreza, los padres están muy ocupados y los jóvenes no tienen una referencia para aprender el valor de la familia. ¿Cómo puede la Iglesia acompañar a los jóvenes, ya que creen que las enseñanzas de la Iglesia están desfasadas, para hacer frente a la crisis familiar y la revolución sexual de hoy? Le agradezco, Santo Padre.

Papa Francisco: Sí, la familia ciertamente es clave en esto. En la educación de los hijos, ¿no? Es tocante la expresión de los jóvenes, en Madagascar lo hemos visto y también lo hemos visto en Mauricio; y también los jóvenes en el acto de Mozambique, los jóvenes interreligiosos por la paz, ¿no? Dar los valores a los jóvenes, ¿no? Hacerlos crecer. En Madagascar está ligado el problema de la familia, está ligado al problema de la pobreza.

La falta de trabajo y también a la explotación, tantas veces en el trabajo, ¿no? Cuántos emprendimientos, ¿no? Por ejemplo en la cantera, la de granito, los que trabajan ganan un dólar y medio al día, ¿no? Las leyes laborales, las leyes que protegen la familia, y esto es fundamental, y también los valores familiares, que hay, hay, pero tantas veces después son destruidos por la pobreza, por… no los valores, sino el poder esencial (18).

La educación de los jóvenes, llevarla adelante, ¿no? En Madagascar hemos visto el trabajo en Akamasoa, el trabajo con los más niños para llevarlos a hacer una familia para que los niños puedan crecer en una familia “artificial”, de verdad, pero es la única posibilidad, ¿no?

Ayer en Mauricio, después de la Misa, cuando fui a encontrar a Mons. Rueda con un policía alto, grande, que tenía en la mano una niña, tenía dos años, más o menos. Se había perdido y lloraba porque no encontraban a sus padres. La policía lo anunció para que viniesen, y en el momento, a la vez, la acariciaban.

Ahí he visto el drama de tantos niños y jóvenes que pierden el lazo familiar, aunque si viven en la familia, pero en un momento lo pierden, esto por un accidente, y también el rol del Estado para mantenerlos, llevarlos adelante, ¿no? El Estado debe tomar el cuidado de la familia. De los jóvenes, esto es un deber del Estado, ¿no? Es un deber llevarlos adelante.

Repito: para una familia tener un hijo es un tesoro y ustedes tienen esta conciencia. Tienen la conciencia del tesoro. Pero ahora es necesario que toda la sociedad tenga la conciencia de hacer crecer este tesoro, para que haga crecer el país, haga crecer la patria, haga crecer los valores que darán soberanía a la patria. No sé si he respondido primero pero… Y una cosa que los niños, me ha golpeado en los tres países, en los tres. Y es que la gente saludaba, ¿no? Pero habían niños así, chiquitos y saludaban, entraban en alegría. Sobre la alegría querría hablar después, gracias.

Mutusami, de Mauricio: Santo Padre, a nombre de mis colegas Martin y Valery que están en este vuelo, quiero agradecerle por venir a la República de Mauricio. Mi pregunta es sobre la situación del pueblo de Chagos. En su mensaje de gracias ayer en el monumento María Reina de la Paz, usted mencionó a ese pueblo. El Primer Ministro le agradeció por mostrar su preocupación por el sufrimiento de nuestros ciudadanos que fueron obligados a salir del archipiélago, por el Reino Unido, luego de retirar ilícitamente de este parte de nuestro territorio, antes de la independencia.

Hoy, una base militar americana está en la isla de Diego García. Santo Padre, los ciudadanos de Chagos han estado en un exilio forzado por 50 años y quieren volver a su tierra. Las administraciones de Estados Unidos y el Reino Unido no permiten que esto pase a pesar de la resolución de las Naciones Unidas de mayo pasado ¿Cómo puede apoyar el pedido de Chagos de volver a casa?

Papa Francisco: Quisiera repetir la doctrina de la Iglesia, las organizaciones internacionales cuando nosotros las reconocemos y les damos la capacidad de juzgar internacionalmente, pensemos por ejemplo en el Tribunal Internacional de La Haya o las Naciones Unidas. Cuando ellos hablan, y si somos una humanidad, debemos obedecer.

Es verdad que no siempre las cosas que parecen justas para toda la humanidad serán justas a nuestros bolsillos, pero se debe obedecer a las instituciones internacionales, para esto fueron creadas las Naciones Unidas y el tribunal internacional. Porque cuando hay una lucha interna o entre los países se va ahí para resolver como hermanos, como civilizados. Después hay otro fenómeno, que no sé –esto lo digo claro–, no sé si es un fenómeno de este caso.

Ahora el caso lo dejo aparte, he dicho lo que me parecía justo, ir a las organizaciones internacionales. Pero hay un fenómeno, cuando llega una liberación de un pueblo, el estado dominante se debe ir, en África hubo tantas liberaciones, de Francia, de Gran Bretaña, de Bélgica, de Italia, que debieron irse, algunas se fueron bien pero siempre en todos está la tentación de llevarse algo en el bolsillo.

“Si doy la liberación a este pueblo, cualquier migaja me la llevo”; por ejemplo, “doy la liberación al país, pero del pavimento hacia arriba, el subsuelo permanece mío”; un ejemplo, no sé si es verdad, pero para darles un ejemplo. Siempre hay esta tentación.

Yo creo que las organizaciones internacionales deben hacer también un proceso de acompañamiento, reconociendo a las potencias dominantes lo que han hecho por aquel país y reconociendo la buena voluntad de irse, y ayudándoles a que se vayan totalmente, con libertad, con fraternidad, pero es un trabajo cultural lento de la humanidad, y en esto las instituciones internacionales nos ayudan tanto y debemos ir hacia adelante, haciendo fuertes las instituciones internacionales, las Naciones Unidas que retomen eso, que la Unión Europea que sea más fuerte, no en el sentido de dominio, sino de justicia, fraternidad y unidad de todos. Esta es una de las cosas importantes.

Hay otra cosa que quisiera aprovechar para decir luego de su intervención. Hoy no hay colonizaciones geográficas, al menos no tantas, pero sí hay colonizaciones ideológicas que quieren entrar en la cultura de los pueblos y cambiar esa cultura y homogeneizar la humanidad. Es la imagen de la globalización como una esfera. Todos iguales, cada punto equidistante del centro.

En vez de eso la verdadera globalización no es una esfera sino un poliedro donde cada pueblo, cada nación conserva la propia identidad pero se une a toda la humanidad. La colonización ideológica por su parte busca cancelar la identidad de los otros para hacerlos iguales. Y te vienen con propuestas ideológicas que van contra la naturaleza de ese pueblo, contra la historia, contra los valores de ese pueblo.

Debemos respetar la identidad de ese pueblo. Esta es una premisa que se debe hacer siempre. Se respeta la identidad de los pueblos y así cortamos todas las colonizaciones.

Antes de darle la palabra a Efe quisiera decir algo más sobre el viaje. En tu país (Mauricio) me ha tocado mucho la capacidad de unidad y de diálogo interreligioso. No se cancela la diferencia de las religiones sino que se subraya que todos somos hermanos y todos debemos hablar, pero esto es una señal de madurez de tu país.

Hablando con el primer ministro ayer me sorprendió cómo han elaborado esta realidad, pero la viven como necesidad de convivencia. Y hay una comisión intercultural. La primera cosa que encontré ayer entrando al Episcopio fue un ramo de flores bellísimo. ¿Quién lo envió? El gran imán, ser hermanos.

La hermandad humana que está en la base, el respeto religioso es importante. Por esto a los misioneros les digo que no hagan proselitismo. El proselitismo vale para la política, para el deporte ‘Ven a mi equipo’, pero no para la fe. Pero, ¿qué cosa significa para ti, Papa, evangelizar? Hay una frase de San Francisco de Asís que me ha iluminado mucho: “Lleva el Evangelio y si fuese necesario también con las palabras”. Es decir que evangelizar es lo que leemos en en libro de los Hechos de los Apóstoles, es decir, testimonio.

Ese testimonio provoca la pregunta: ¿Por qué vives así? ¿Por qué haces esto? Y lo explico: por el Evangelio. El anuncio viene luego del testimonio. Primero vive como cristiano y si te preguntan hablas. El testimonio es el primer paso y el primer paso de la evangelización es el Espíritu Santo que lleva a los cristianos y a los misioneros a dar testimonio. Luego vendrán las preguntas, pero el testimonio de vida es el primer paso.

Es importante para evitar el proselitismo. Cuando ustedes ven propuestas religiosas que van por el camino del proselitismo no son cristianas. Buscan prosélitos, no adoradores de Dios y verdad. Aprovecho para decir esto por vuestra experiencia interreligiosa que es muy bella y también el Primer Ministro me ha dicho que cuando pide ayuda uno les damos lo mismo a todos y nadie se ofende porque se sienten hermanos. Y esto hace la unidad del país. Es muy importante.

También en los encuentros no solo había católicos sino musulmanes, hindúes y de otras religiones, y todos eran hermanos. Lo he visto mucho en Madagascar en el acto por la paz de los jóvenes, en donde jóvenes de diversas religiones han querido expresar cómo quieren vivir la paz. Paz, fraternidad, convivencia interreligiosa, nada de proselitismo. Son cosas que debemos aprender por la convivencia. Estas son cosas que me han tocado de los tres países.

Además, en los tres países, pero tomo uno Madagascar, porque hemos partido de ahí, me ha tocado también que en las calles estaba el pueblo autoconvocado. En la Misa en el estadio bajo la lluvia estaba el pueblo y bailaba bajo la lluvia y eran felices. Y también en la vigilia nocturna y en la Misa, que dicen que han sobrepasado el millón, es el dato oficial. No sé. Digo que eran un poco menos, digamos 800 mil, pero el número no interesa. Interesa el pueblo, la gente que llegó a pie, desde la tarde anterior y que estuvo en vigilia y durmió allí.

He pensado en Río de Janeiro en 2013, cuando dormían en la playa y yo pensaba en el pueblo que quería estar con el Papa. Me he sentido humillado, pequeñísimo, ante esta grandiosidad de la soberanía popular. ¿Y cuál es el signo de que un grupo de gente es pueblo? La alegría.

Había pobres, había gente que no había comido esa tarde para estar allí, pero estaban felices. En cambio, cuando los grupos o personas se alejan de ese sentido popular de la alegría, pierden la alegría. Es una de las primeras señales, la tristeza de los solos, la tristeza de los que han olvidado sus raíces culturales. El pueblo.

Tener consciencia de ser un pueblo y tener consciencia de una identidad, de tener un modo de entender la realidad. Esto reúne a la gente, pero la señal de que estás en el pueblo y no en una élite es la alegría, la alegría común. Esto he querido subrayarlo. Y por esto los niños saludaban así porque los padres les contagiaban con la alegría. Gracias. Esto es lo que quería decir sobre este viaje y luego si se me ocurre alguna otra cosa la diré.

Cristina Cabrejas, de EFE: Gracias, Santo Padre, por la oportunidad. Tengo dos palabras, dos preguntas, una la privilegiada y otra sobre el viaje. Pido perdón a los colegas, quisiera que me respondiera en español. Luego yo traduzco. Antes que nada damos por hecho que uno de sus planes futuros es venir a España, a ver si va a ser posible. Esperamos. La segunda pregunta que le quiero hacer es que hemos preguntado por los 80 años de Efe a diversas personalidades sobre información y periodismo. Entonces la pregunta que le quiero hacer es ¿cómo cree que va a ser la información en el futuro?

Papa Francisco: Necesitaría de una bola de cristal para responderle esto, pero antes que nada iré a España, espero, si vivo, pero la prioridad de los viajes en Europa son los países pequeños, esta es la prioridad, luego los más grandes.

Luego no sé cómo será la comunicación en el futuro, pero pienso como era por ejemplo la comunicación cuando era chico, todavía sin TV. Con la radio, con el diario, incluso con el diario clandestino que era perseguido por el gobierno de turno. Se vendía de noche, lo vendían voluntarios, y también oral. Pero era una comunicación, si hacemos la comparación con esta, era una comparación precaria.

Esta será precaria, tal vez en relación a la del futuro, pero lo que permanece como una cosa constante de la comunicación es la capacidad de transmitir un hecho y distinguirlo del relato. Una de las cosas que, a la comunicación del pasado, a la comunicación del presente y seguro a la comunicación del futuro, daña a la comunicación es el relato.

Hay un estudio muy lindo hecho por SImone Paganini de hace tres años, una estudiosa de lengua de la Universidad de Aquisgrán, que habla sobre la movilidad de la comunicación. Ella toma un escrito, una novela. Entre el autor, el escrito y el lector y cómo después de eso la comunicación se va movilizando, como la comunicación es siempre movilizante, es muy fácil pasar del hecho al relato.

Y esto arruina la comunicación. Es importante que sea el hecho y siempre ajustarse al hecho. Incluso nosotros, en la curia lo veo: Hay un hecho, da la vuelta y después viene adornado, maquillado, cada uno le pone de lo suyo y no con mala intención. Es que es la dinámica.

Entonces la ascesis del comunicador es siempre volver al hecho. El hecho fue este, mi interpretación es esta, me dijeron esto. Entonces distinguir los pasos del relato, porque el relato no está bien, ¿no es cierto? Hace un tiempo me contaron caperucita roja pero desde el relato, y terminaba caperucita roja con su abuela haciendo un puchero con el lobo y comiéndose al lobo. O sea, el relato cambia la cosa e incluso esto es para probar este asunto. Este estudio de Simone Paganini es bastante bueno.

Ese es un punto que va a garantizar que hace al medio de comunicar… la fidelidad. Se dice que. ¿Se puede usar? Sí, se puede usar en comunicación, pero ahí buscar siempre con la metralleta crítica de constatar la objetividad del “se dice que” o si no, “se dice que” no sabemos, pero siempre distinguir el hecho del relato. Es parte de la objetividad, es uno de los valores de la comunicación.

Segunda cosa, la comunicación debe ser siempre humana, totalmente humana. Y al decir humana la identifico como constructiva, es decir que haga crecer al otro. Una comunicación no puede ser usada como instrumento de guerra porque es antihumano, destruye, ¿no es cierto?

Ahí le pasé un artículo que encontré acá en una revista al Padre Rueda sobre los proyectiles venenosos de la lengua, gotitas de arsénico. Es decir, constructiva, humana, que siempre construya a la humanidad, al servicio de la construcción y no de la destrucción.

¿Cuándo la comunicación está al servicio de la destrucción? Cuando defiende, por ejemplo, proyectos no humanos. Pensemos en la propaganda de las dictaduras del siglo pasado. Eran grandes dictaduras que se comunicaban bien. Nosotros en Argentina decíamos: te venden un buzón, te venden el correo central, pero todo bien montado.

No son humanas, fomentan la guerra, fomentan la división, son para la destrucción. Yo no sé técnicamente qué decirte porque no soy apto en la materia pero por eso se me ocurrió subrayar valores que la comunicación, sea del modo que sea, sea aquella de radio que escuchaba de chico o la que vendrá que no sé cuál será, tiene que mantenerse siempre, que son coherencias.

Cristina Cabrejas, de EFE: Uno de los temas de este viaje ha sido la protección del ambiente natural. Usted ha hablado en todos sus discursos, también con los jóvenes, sobre la protección de los árboles, de los incendios de la deforestación. Lo mismo está sucediendo en este momento en la Amazonía.

¿Cree usted que los gobiernos de estas áreas amazónicas están haciendo de todo, como los de aquí en África, para proteger este pulmón del mundo?

Papa Francisco: Gracias. Vuelvo a África. Esto lo he dicho en otro viaje. Hay en el inconsciente colectivo un pensamiento: “África es explotada”. Es una cosa inconsciente, nosotros no pensamos “Europa es explotada”, no por favor. No, África es explotada.

Tenemos que liberar a la humanidad de este inconsciente colectivo. El punto más fuerte de esta explotación, no solo en África sino en todo el mundo, es el ambiente natural. El medio ambiente que… la deforestación, la destrucción de la biodiversidad.

Hace un par de meses recibí a los capellanes del mar. En la audiencia había siete muchachos pescadores que pescaban en una barca que no era más grande que este avión. Pescaban con medios mecánicos como ahora, un poco aventureros. Y me dijeron esto: “Desde hace algunos meses hasta hoy hemos pescado seis toneladas de plástico”.

En el Vaticano hemos prohibido el plástico. Estamos en este trabajo. Seis toneladas de plástico, pero esto es una realidad, solo en los mares. El plástico en los mares está en la intención de oración de este mes del Papa para la protección de los océanos que nos dan también el oxígeno que respiramos.

Luego hay grandes pulmones de la humanidad. Uno en Centroáfrica, uno en Brasil en toda la zona panamazónica y luego, y luego hay uno que no recuerdo bien. Son pequeños pulmones del mismo tipo. Defender la ecología, la biodiversidad que es nuestra vida, defender el oxígeno.

A mí me ilusiona esa lucha grande que es por la biodiversidad. La defensa del medio ambiente la llevan adelante los jóvenes que tienen una gran consciencia porque dicen: “El futuro es nuestro. Ustedes con lo suyo hagan lo que quieran, pero no con lo nuestro”. Comencemos a meditar un poco en esto.

Creo que haber llegado al acuerdo de París ha sido un buen paso adelante. Luego de lo Katowice también fue bueno. Son encuentros que ayudan a tomar consciencia. El año pasado, en el verano, cuando vi esa embarcación que navegaba en el Polo Norte como si nada he sentido angustia.

Y poco tiempo después, hace algunos meses, hemos visto todos la fotografía del acto fúnebre que hicieron creo que en Groenlandia, donde había un glaciar que ya no estaba más. Han hecho un acto fúnebre simbólico para atraer la atención.

Ahora esto va de prisa. Debemos tomar conciencia comenzando por las cosas pequeñas, conciencias pequeñas. Su pregunta: “¿Los gobiernos están haciendo de todo?” Algunos más, algunos menos. Es cierto que… Hay una palabra que debo decirla, que está en la base de la explotación ambiental…

Me conmovió un artículo del (diario italiano) Il Messaggero del 10, el día que hemos partido, en el que Franca no escatimó palabras, ha hablado de maniobras destructivas, de rapacidad. Pero esto no solo en África, también en nuestras ciudades y civilizaciones.

Y la palabra mala, mala es corrupción. Necesito hacer esto, pero para hacerlo debo deforestar eso, eso otro y lo otro. Necesito el permiso del gobierno o de los gobiernos, provinciales, nacionales. Así que voy con el responsable y la pregunta.

Repito literalmente lo que me dijo un emprendedor español. La pregunta que escuchamos cuando queremos que nos aprueben un proyecto es: “¿Y cuánto para mí?” con desfachatez. Esto sucede en África, en América Latina, también en Europa, en todos lados.

Cuando se asume la responsabilidad socio-política, como una ganancia personal, se explotan los valores, se explota la naturaleza, se explota a mucha gente. Pensemos en África que es explotada, pero pensemos en los muchos operarios explotados en nuestras sociedades.

La explotación de jornaleros no la inventaron los africanos. Los tenemos en Europa: la empleada pagada con un tercio de lo que se debe no la inventaron los africanos. Las mujeres engañadas y explotadas para dedicarse a la prostitución en el centro de nuestras ciudades no la inventaron los africanos, también fue por nosotros, todos, incluso por nosotros está la explotación no solo ambiental sino también humana. Y esto es por la corrupción. Cuando la corrupción entra en el corazón, preparémonos porque viene de todo.

Jason Horowitz, The New York Times: Buenos días, Santo Padre. En el vuelo a Maputo usted ha reconocido estar bajo ataque de un sector de la Iglesia estadounidense. Obviamente hay fuertes críticas en la prensa, los sitios web y la televisión; e incluso algunos aliados de los más cercanos han hablado de un complot contra usted.

¿Hay alguna cosa que estos críticos no comprendan de su pontificado o hay alguna cosa que usted haya aprendido de estas críticas de Estados Unidos? Otra cosa, ¿usted teme un cisma en la Iglesia americana y si hay algo que usted podría hacer como un diálogo para ayudar al pontificado?

Papa Francisco: Primero que nada las críticas siempre ayudan, siempre. Cuando uno recibe una crítica rápidamente se debe hacer autocrítica y decir esto es cierto, esto no, o ver hasta qué punto. Yo siempre en las críticas veo ventajas. A veces enojan, pero sí hay ventajas.

Luego, en el viaje de ida a Maputo vino uno de ustedes. ¿Fuiste tú quien me dio el libro? Uno de ustedes me dio ese libro en francés. Sí, tú, en francés, la Iglesia estadounidense ataca al Papa, los americanos. No, el Papa bajo el ataque de los americanos. Ah no, “Cómo los americanos quieren cambiar al Papa”. Ese es el libro del que me dieron un ejemplar. Yo sabía del libro pero no lo he leído.

Las críticas no son solo de los estadounidenses, son un poco de todos lados, también de la curia. Al menos quienes las dicen tienen la ventaja de la honestidad de decirlo y me gusta esto. No me gusta cuando las críticas van debajo de la mesa, te sonríen y te muestran los dientes y luego te dan una puñalada por detrás. Esto no es leal, no es humano.

La crítica es un elemento de construcción y si tu crítica no es certera prepárate a recibir la respuesta y a dialogar, a una discusión y llegar a un punto justo: esta es la dinámica de la verdadera crítica. En cambio, la crítica de las gotas de arsénico de las que hablaba este artículo que le di al Padre Rueda es un poco tirar la piedra y esconder la mano. Esto no sirve, esto no ayuda.

Ayude a los pequeños grupitos cerrados que no quieren escuchar la respuesta a la crítica. Una crítica que no quiere escuchar la respuesta y lanza la piedra y esconde la mano. En cambio, una crítica leal: pienso esto, esto y esto, abierta a la respuesta, es algo que construye y ayuda. Ante el caso del Papa: “Pero esto no me gusta del Papa”. Hago la crítica y espero la respuesta, voy con él y hablo y escribo un artículo y le pido responder.

Esto es leal, esto es amar a la Iglesia. Hacer una crítica sin querer escuchar la respuesta y sin dialogar y no querer a la Iglesia es ir hacia atrás con una idea fija: cambiar de Papa, cambiar el estilo o hacer un cisma. ¿Esto es claro, no? Siempre una crítica leal es bien recibida, al menos por mí.

Segundo, el problema del cisma. En la Iglesia hubo muchos cismas. Luego del (Concilio) Vaticano I, tras la última votación sobre la infalibilidad (papal), un buen grupo se fue, se alejó de la Iglesia y fundó a los vétero católicos para ser honestos a la tradición de la Iglesia. Luego encontraron un desarrollo diferente y ahora ordenan mujeres, pero en ese momento eran rígidos, iban tras una ortodoxia que les hacía pensar que el Concilio se había equivocado. Otro grupo se fue sin votar, calladito sin querer votar.

El Vaticano II ha creado estas cosas. Tal vez el alejamiento más conocido es el de Lefebvre. Siempre está la opción cismática en la Iglesia. Es una de las opciones que el Señor deja siempre a la libertad humana.

No les tengo miedo a los cismas. Rezo para que no haya porque está de por medio la salud espiritual de mucha gente, rezo para que haya diálogo, corrección cuando hay una equivocación; pero el camino del cisma no es cristiano. Pero si pensamos en el inicio de la Iglesia, cómo ha comenzado la Iglesia con tantos cismas, uno tras otro, basta leer la historia de la Iglesia con los arrianos, los gnósticos, los monofisistas, todos estos.

Recuerdo una anécdota que ya he contado algunas veces pero no sé si aquí: ha sido el pueblo de Dios el que ha salvado de los cismas. Los cismáticos siempre tienen una cosa en común: se alejan del pueblo, de la fe del pueblo, de la fe del pueblo de Dios.

Cuando en el Concilio de Éfeso estaba la discusión sobre la maternidad divina de María, el pueblo, y esto es histórico, estaba a la entrada de la Catedral y cuando los obispos entraban para hacer el Concilio, estaban con los bastones y les hacían ver los bastones mientras gritaban: “Madre de Dios, madre de Dios”, como diciendo que si no hacían esto que vieran lo que les esperaba. El pueblo de Dios siempre ajusta y ayuda.

Un cisma es siempre un estado exquisito, de la ideología alejada de la doctrina, una ideología tal vez justa pero que entra en la doctrina y la aleja, y se convierte en doctrina entre comillas, pero por un tiempo. Por esto rezo para que no haya cismas pero no les tengo miedo.

Para ayudar, paro esto que estoy diciendo ahora. No tengan miedo yo respondo a las críticas, todo esto lo hago. Tal vez si alguno piensa algo que debo hacer lo haré para ayudar, pero este es uno de los resultados del Vaticano II. No de este Papa o de otro Papa o de otro. Por ejemplo, las cosas sociales que digo son las mismas que ha dicho Juan Pablo II, yo las copio de él. “Pero el Papa es muy comunista, ¿eh?”. Entran las ideologías en la doctrina y cuando la doctrina resbala con la ideología existe la posibilidad de un cisma.

Y también está la ideología conductual… es decir un conductismo como la primacía de una moral ascética, sobre la moral del pueblo de Dios en el que también los pastores deben conducir a la grey entre la gracia y el pecado. Esta es la moral evangélica. En cambio la moral de la ideología, por llamarla de alguna forma, te lleva a la rigidez y hoy tenemos muchas, muchas escuelas de rigidez dentro de la Iglesia, que no son cisma, pero que con caminos cristianos pseudo-cismáticos que al final terminarán mal.

Cuando vean cristianos, obispos, sacerdotes rígidos, detrás de eso hay problemas. No es la sanidad del Evangelio y por eso debemos ser suaves, suaves con las personas que son tentadas por estos ataques, por estas cosas, porque están pasando por un problema y debemos acompañarlas con suavidad. Gracias.

Aura Miguel, Radio Renacencia

Papa Francisco: ¿Cómo he hablado portugués?

Aura: Muy bien. Se entendía muy bien. Vuelvo a Mozambique solo para preguntar esto. Sabemos que a usted no le gusta visitar países durante las campañas electorales, pero lo ha hecho en Mozambique a un mes de las elecciones, siendo justamente el presidente que lo ha invitado uno de los candidatos.

Papa Francisco: No fue un error, no fue un error. Fue una opción tomada deliberadamente porque la campaña electoral que comienza en estos días pasaba a un segundo plano ante el proceso de paz. Lo importante era visitar para ayudar a consolidar el proceso de paz. Y esto es más importante que una campaña que aún no había comenzado. Comenzaba en los últimos días, al final de mi visita.

Luego pude saludar a los adversarios políticos para subrayar que lo importante era no mostrarme a favor de este presidente, que no conozco y no sé qué piensa, ni sé tampoco cómo piensan los otros. Para mí era más importante subrayar la unidad del país, pero esto que usted ha dicho es cierto: debemos alejarnos un poco de las campañas electorales de los países.

Muchas gracias a ustedes y su trabajo. Reconozco todo lo que hacen. Recen por mí que yo lo hago por ustedes. ¡Buen almuerzo!

https://www.aciprensa.com/noticias/rueda-de-prensa-del-papa-en-el-vuelo-de-retorno-de-mozambique-madagascar-y-mauricio-78177

 


Francisco: “Los Movimientos Populares en el mundo son la palanca de una gran transformación social”

agosto 19, 2019

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Francisco, con los Movimientos Populares. “El antídoto al populismo y a la política-espectáculo está en el protagonismo de los ciudadanos organizados”

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Francisco: “Los Movimientos Populares en el mundo son la palanca de una gran transformación social”

Los pobres no son solamente los destinatarios preferidos de la acción de la Iglesia, los privilegiados de su misión, sino que también son sujetos activos. Ellos anhelan la felicidad del “vivir bien” y no el ideal egoísta de la “buona vida”

La “globalización de la indiferencia” ha generado un “nuevo ídolo”: el del miedo y la seguridad. Es la “edad de la rabia”

Los Movimientos Populares:* pueden representar una fuente de energía moral, para revitalizar nuestras democracias, pueden ser una reserva de “pasión civil”, de “interés gratuito por el otro”, pueden regenerar un renovado sentido de participación, en la construcción de nuevos agregados sociales que afronten la solicitud en cuanto “fuerza del nosotros”, son la respuesta a la “cultura del yo”

En este estado de parálisis y desorientación la participación política de los Movimientos Populares puede vencer a la política de los falsos profetas, que explotan el miedo y la desesperación y que predican un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria.

Está en venta ya en la red un interesante e importante libro sobre el magisterio del Papa Francisco, publicado por Libreria Editora del Vaticano, que ha sido organizado y elaborado por la CAL, Pontifica Comisión para América Latina guiada hasta hace algunos meses por el académico dell’Uruguay prof. Guzmán Carriquirry.

Dos son los principales elementos relevantes del volumen: el tema de los diversos artículos, es decir los Movimientos Populares en diversos continentes y países y la Presentación del libro, escrita y firmada por el Santo Padre Francisco.

Para este volumen han dado una especial y valiosa contribución diversas personas -estudiosos, expertos, periodistas, eclesiásticos- coordinados por G. Carriquirry. Los textos son de Gianni La Bella, padre Michael Czerny, cardenal Peter Turkson, el sociólogo italiano Thomas Leoncini y el mexicano Rodrigo Gerra.
Otros artículos han sido firmados por Juan Grabois, fundador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares, el obispo auxiliar de Buenos Aires, mons. Gustavo Carrara; la Responsable de la edición semanal en español de L’Osservatore Romano Silvina Pérez y los argentinos Hernán Reyes Alcaide y Alberto Molina.

Presentación del Papa Francisco

Estoy particularmente gozoso de dar la salida a este volumen, fruto de la reflexión a más voces, de un grupo de estudiosos de distintas extracciones y competencias, que han hecho una relectura de la experiencia de los llamados “Movimientos Populares”, reconstruyendo la génesis, los eventos, el desarrollo y el significado que este ciclo de encuentros ha tenido. Un evento de verdad inédito en la historia reciente de la Iglesia, sobre el cual es útil volver.
Este archipiélago de grupos, asociaciones, movimientos, trabajadores precarios, familias sin techo, campesinos sin tierra, ambulantes, limpia-vidrios de los semáforos, artesanos de la calle, representantes de un mundo de pobres, de excluidos, de los no considerados, de irrelevantes, que tienen olor “a barrio, a pueblo, a lucha” representan, en el panorama de nuestro mundo contemporáneo, una semilla, un renuevo que como el grano de mostaza dará mucho fruto: la palanca de una gran transformación social.
El futuro de la humanidad “no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio” [1].
Este pueblo de pequeños que he definido como “poetas sociales”, hombres de la periferia, de una vez al centro, como es bien narrado en el volumen, con su propio bagaje de luchas desiguales y de sueños de resistencia, han venido a poner en la presencia de Dios, de la Iglesia y de los pueblos, una realidad muchas veces ignorada, que gracias al protagonismo y la tenacidad de su testimonio, ha salido a la luz.

Pobres que no se han resignado a sufrir en la propia carne de su vida la injusticia y el despojo sino que han escogido, como Jesús, dócil y humilde de corazón, de rebelarse pacíficamente “a manos desnudas” contra ello

Los pobres no son solamente los destinatarios preferidos de la acción de la Iglesia, los privilegiados de su misión, sino que también son sujetos activos.

Por eso tenía la intención de expresar, a nombre de la Iglesia, a esta galaxia de hombres y asociaciones, que anhela la felicidad del “vivir bien” y no de aquel ideal egoísta de la “buona vida”, mi genuina solidaridad. Decidiendo acompañarlos en su caminar autónomo.

Esta red de movimientos transnacionales, transculturales y de diversas culturas religiosas representa una expresión histórica tangible, en el modelo poliédrico [2] donde a la base se encuentra un diverso paradigma social, el de la cultura del encuentro.
Una cultura que tiene que ver con el otro, el diverso a sí. De la lectura de este volumen, que espero que ayude a tantos a comprender en profundidad, a dar mayor luz y significado al valor de estas experiencias, quiero brevemente subrayar algunos aspectos que me parecen importantes, en la esperanza que las palabras que les he dirigido a ellos hayan contribuido a solicitar en las conciencias de quienes rigen los destinos de este mundo, un renovado sentido de humanidad y de justicia, a mitigar las condiciones hostiles en las que los pobres viven en el mundo.

Una gran alternativa social

Los Movimientos Populares, y esto es lo primero que quiero subrayar, en mi opinión representan una gran alternativa social, un grito profundo, un signo de contradicción, una esperanza de que “todo puede cambiar”.
En su deseo de no uniformarse en ese sentido único centrado sobre la tiranía del dinero, mostrando con su vida, con su trabajo, con su testimonio, con su sufrimiento que es posible resistir, actuando con coraje buenas decisiones y a contracorriente.
Me gusta imaginar este archipiélago de “descartados” del sistema, que está comprometiendo al planeta entero, como “centinelas” que —aun en lo oscuro de la noche— escrutan con esperanza un futuro mejor.
El momento que estamos viviendo está caracterizado por un escenario inédito en la historia de la humanidad, que he tratado de describir a través de una expresión sintética: “más que como una época de cambios, como un cambio de época”, que es necesario comprender.
Una de la manifestaciones más evidentes de esta mutación es la crisis transnacional de la democracia liberal, fruto de la transformación humana y antropológica, producto de la “globalización de la indiferencia”, a la que he aludido tantas veces.
Esto ha generado un “nuevo ídolo”: el del miedo y la seguridad, de donde hoy uno de los signos más tangibles es la familiaridad que tantos tienen con las armas y la cultura del desprecio, característica de nuestra época, que un notable histórico de nuestro tiempo ha definido como: “la edad de la rabia”.
El miedo es hoy el medio de manipulación de las civilizaciones, el agente creador de xenofobias y de racismo. Un terror sembrado en las periferias del mundo, con saqueos, opresiones e injusticias, que explota como hemos visto en nuestro pasado reciente también en los centros del mundo Occidental.
Los Movimientos Populares pueden representar una fuente de energía moral, para revitalizar nuestras democracias, cada vez más claudicantes, amenazadas y puestas en mesa de discusión en innumerables factores

Una reserva de “pasión civil”, de “interés gratuito por el otro”, capaz de regenerar un renovado sentido de participación, en la construcción de nuevos agregados sociales que afronten la solicitud, mostrando una conciencia más positiva del otro.

El antídoto al populismo y a la política-espectáculo está en el protagonismo de los ciudadanos organizados, en particular de aquellos que crean -como lo es en el caso de tantas experiencias presentes en los Movimientos- en su cotidianeidad, fragmentos de otros mundos posibles que luchan por sobrevivir a la oscuridad de la exclusión, de donde “crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo” [3].

Los Movimientos Populares expresan cómo la “fuerza del nosotros” sea la respuesta a la “cultura del yo” que mira únicamente a la satisfacción de los propios intereses, cultivando -a pesar de su propia precariedad- el sueño de un mundo distinto y más humano.

El crecimiento de las desigualdades, ahora globalizadas y transversales -y no solamente, económicas, sino sociales, cognitivas, relacionales e intergeneracionales-, es reconocido unánimemente como uno de los más graves desafíos con los cuales la humanidad tendrá que medirse en las próximas décadas.
Fruto de una economía cada vez más separada de la ética, que privilegia el lucro y estimula la competencia, provocando una concentración de poder y de riqueza, que excluye y que pone a la puerta como “al pobre Lázaro” a miles de millones de hombres y mujeres.
El “presente” para millones de personas es hoy una condena, una prisión, marcada por la pobreza, por el despojo, por la falta de trabajo, pero sobre todo por la ausencia de futuro. Un infierno al que debemos ponerle fin.
En este sentido, los Movimientos Populares, -con su “resiliencia”- representan una resistencia activa y popular a este sistema idolátrico, que excluye y que degrada, y con su experiencia cuenta cómo la rivalidad, la envidia y la opresión no son necesariamente agentes de crecimiento, mostrando -por el contrario- que también la concordia, la gratuidad y la igualdad pueden hacer crecer el producto interno bruto.

Las tres T

El derecho a las “tres T”: tierra, techo, trabajo, derechos inalienables y fundamentales, representan los prerrequisitos indispensables de una democracia no solo formal, sino real, en la cual todos los hombres, independientemente de su ingreso o de su posición en la escala social, son protagonistas activos y responsables, actores del propio destino.
Sin participación, como algunos ensayistas contenidos en este libro han argumentado bien, la democracia se atrofia, llega a ser una formalidad porque deja fuera al pueblo de la construcción de su propio destino.
Quiero empeñar una palabra sobre la tercera de estas t, que según la Doctrina social de la Iglesia es un derecho sagrado. En los últimos años el mundo del trabajo ha cambiado vertiginosamente. Las recaídas antropológicas de estas transformaciones son profundas y radicales, y sus efectos no son del todo claros.
Estoy convencido desde hace tiempo que en el mundo postindustrial no hay futuro para una sociedad en la que solamente existe el “dar para tener” o el “dar por deber”. Se trata “de crear una nueva vía de salida a la sofocante alternativa entre las tesis neoliberales y las neoestatales.
Los Movimientos Populares son, en este sentido, un testimonio concreto, tangible, que muestra que es posible contrastar la cultura del descarte, que considera a los hombres, mujeres, infantes y ancianos como excedencias inútiles —y muchas veces dañinas— del proceso productivo, a través de generar nuevas formas de trabajo, centradas en la solidaridad y la dimensión comunitaria, en una economía artesanal y popular.
Por todo esto he decidido unir mi voz y sostener la causa de tantos que realizan los oficios más humildes, las más de las veces, privados del derecho de remuneración digna de la seguridad social y de una cobertura de pensiones.
En este estado de parálisis y desorientación la participación política de los Movimientos Populares puede vencer a la política de los falsos profetas, que explotan el miedo y la desesperación y que predican un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria.
Todo cuanto les he dicho a ellos, como bien demuestra este volumen, está en plena sintonía con la Doctrina social de la Iglesia y con el Magisterio de mis predecesores.
Espero, en este sentido, que la publicación de este libro sea un modo para continuar —aunque sea a la distancia— a reforzar estas experiencias, que anticipan con sus sueños y con sus luchas, la urgencia de un nuevo humanismo, que ponga fin al analfabetismo de compasión y al progresivo eclipse de la cultura y de la noción del bien común.
Francisco.
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[1] Encuentro con los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, 9 de julio de 2015.
[2] Evangelii Gaudium.
[3] Encuentro con los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, 9 de Julio de 2015.

Nueva entrevista a Benedicto XVI: El Papa emérito habla sobre Francisco

julio 17, 2019

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Es la certeza de Benedicto XVI que todos recuerdan: “El Papa es uno, Francisco”

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Nueva entrevista a Benedicto XVI: El Papa emérito habla sobre Francisco

El Papa emérito recuerda en una nueva entrevista, que la historia de la Iglesia siempre ha estado atravesada por luchas internas y habla de Francisco

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El Papa Benedicto XVI ha concedido una entrevista al diario italiano ‘Corriere della Sera’ donde ha reivindicado la unidad en la Iglesia. En el avance de la entrevista que se ha publicado el 27 de junio habla sobre el Papa Francisco.

“La unidad de la Iglesia siempre ha estado en peligro, durante siglos. Lo ha sido por toda su historia. Guerras, conflictos internos, fuerzas centrífugas, amenazas de cismas. Pero al final, siempre ha prevalecido la conciencia de que la Iglesia está y debe permanecer unida. Su unidad siempre ha sido más fuerte que las luchas y las guerras internas “.

Es la certeza de Benedicto XVI que todos recuerdan: “El Papa es uno, Francisco”.

Su preocupación por la unidad de la Iglesia se vuelve aún más fuerte en nuestros tiempos, en los que los cristianos a menudo parecen estar divididos en la plaza pública y se enfrentan entre sí incluso con tonos encendidos, tal vez utilizando el mismo nombre de Ratzinger de una manera absolutamente impropia.

Las palabras de Benedicto estarán publicadas en el Corriere della Sera, que anuncia la próxima publicación de una entrevista con el Papa emérito en su semanario.

Unidad en la diversidad

Estas son palabras que se refieren al gran compromiso de fortalecer la comunión eclesial que caracterizó todo el pontificado de Benedicto XVI, hasta el último día de su ministerio petrino: “Permanezcamos unidos, queridos hermanos”, dijo en su último discurso a los cardenales el 28 de Febrero de 2013.

Permanecer en “esta profunda unidad” donde las diversidades, expresión de la Iglesia universal, siempre contribuyen a la armonía superior y armoniosa, “y” así servimos a la Iglesia y al conjunto de la humanidad”.

Y había asegurado su oración por la elección de su sucesor: “Que el Señor le muestre lo que Él desea. Y entre ustedes, entre el Colegio de Cardenales, también está el futuro Papa a quien ya le prometo mi Reverencia incondicional y obediencia”.

Nueva entrevista

Benedicto XVI insiste en una entrevista con el semanario del diario Italiano ‘Corriere della Sera’ en la unidad de la Iglesia pese a las luchas internas y los cismas. “El Papa es uno, Francisco”, señala.

Según informa Vatican News, la entrevista en el semanario, que se publicará este viernes 27 de junio, el papa emérito insiste en que la unidad siempre debe prevalecer.

“La unidad de la Iglesia siempre ha estado en peligro, durante siglos. Lo ha sido por toda su historia. Guerras, conflictos internos, fuerzas centrífugas, amenazas de cismas. Pero al final, siempre ha prevalecido la conciencia de que la Iglesia está y debe permanecer unida. Su unidad siempre ha sido más fuerte que las luchas y las guerras internas”, asegura.

Una imagen de Benedicto XVI en los Jardines del Vaticano será la portada del semanario para representar el encuentro del papa emérito con el periodista Massimo Franco.

https://www.cope.es/religion/actualidad-religiosa/vaticano/noticias/nueva-entrevista-benedicto-xvi-papa-emerito-habla-sobre-francisco-20190627_446060


Papa Francisco envía esta importante carta a la Iglesia y pueblo de Dios en Alemania

junio 29, 2019

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El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

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Papa Francisco envía esta importante carta a la Iglesia y pueblo de Dios en Alemania

Por Mercedes de la Torre, de ACI Prensa

El Papa Francisco escribió una importante carta dirigida “al pueblo de Dios que peregrina en Alemania” fechada hoy 29 de junio, Solemnidad de San Pedro y San Pablo.

En la extensa misiva dividida en 13 puntos, el Santo Padre confirma su cercanía y asegura que quiere “compartir su preocupación con respecto al futuro de la Iglesia en Alemania”, alerta sobre el “decaimiento de la fe” y anima a no asumir la situación actual con “pasividad o resignación”. También exhorta a intensificar “la oración, la penitencia y la adoración”.

Además, el Santo Padre destaca la necesidad de “recuperar el primado de la evangelización para mirar el futuro con confianza y esperanza porque, evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma”.

“Supone una invitación a tomar contacto con aquello que en nosotros y en nuestras comunidades está necrosado y necesita ser evangelizado y visitado por el Señor. Y esto requiere coraje porque lo que necesitamos es mucho más que un cambio estructural, organizativo o funcional”, afirma el Papa.

Por ello, el Pontífice señala que esta “transformación verdadera responde y reclama también exigencias que nacen de nuestro ser creyente y de la propia dinámica evangelizadora de la Iglesia, reclama la conversión pastoral”.

“Sin esta dimensión teologal, en las diversas innovaciones y propuestas que se realicen, repetiremos aquello mismo que hoy está impidiendo, a la comunidad eclesial, anunciar el amor misericordioso del Señor”, advierte.

A continuación, el texto completo de la carta del Papa Francisco a la Iglesia en Alemania:

Al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania

Queridos hermanos y hermanas,

La meditación de las lecturas del libro de los Hechos de los Apóstoles que se nos propusieron en el tiempo pascual me movió a escribirles esta carta. Allí encontramos a la primera comunidad apostólica impregnada de esa vida nueva que el Espíritu les regaló transformando cada circunstancia en una buena ocasión para el anuncio.

Ellos lo habían perdido todo y en la mañana del primer día de la semana, entre la desolación y la amargura, escucharon de la boca de una mujer que el Señor estaba vivo. Nada ni nadie podía detener la irrupción pascual en sus vidas y ellos no podían callar lo que sus ojos habían contemplado y sus manos tocado (Cfr. 1 Jn. 1, 1).

En este clima y con la convicción de que el Señor «siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad» quiero acercarme y compartir vuestra preocupación con respecto al futuro de la Iglesia en Alemania.

Somos conscientes que no vivimos sólo un tiempo de cambios sino un cambio de tiempos que despierta nuevas y viejas preguntas con las cuales es justo y necesario confrontarse. Situaciones e interrogantes que pude conversar con vuestros pastores en la pasada visita Ad limina y que seguramente siguen resonando en el seno de vuestras comunidades.

Como en esa ocasión quisiera brindarles mi apoyo, estar más cerca de Ustedes para caminar a su lado y fomentar la búsqueda para responder con parresía a la situación presente.

1. Con gratitud miro esa red capilar de comunidades, parroquias, capillas, colegios, hospitales, estructuras sociales que han tejido a lo largo de la historia y son testimonio de la fe viva que los ha sostenido, nutrido y vivificado durante varias generaciones.

Una fe que pasó por momentos de sufrimiento, confrontación y tribulación, pero también de constancia y vitalidad que se demuestra también hoy rica de frutos en tantos testimonios de vida y obras de caridad.

Las comunidades católicas alemanas, en su diversidad y pluralidad, son reconocidas en el mundo entero por su sentido de corresponsabilidad y de una generosidad que ha sabido tender su mano y acompañar la puesta en marcha de procesos de evangelización en regiones bastante sumergidas y carentes de posibilidades.

Tal generosidad no sólo se manifestó en la historia reciente como ayuda económico-material sino también compartiendo, a lo largo de los años, numerosos carismas y personas: sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que han cumplido fiel e incansablemente su servicio y misión en situaciones a menudo difíciles.

Han regalado a la Iglesia Universal grandes santos y santas, teólogos y teólogas, así como pastores y laicos que ayudaron a que el encuentro entre el Evangelio y las culturas pudiera alcanzar nuevas síntesis capaces de despertar lo mejor de ambos y ser ofrecidas a las nuevas generaciones con el mismo ardor de los inicios. Lo cual permitió un notable esfuerzo por individuar respuestas pastorales a la altura de los desafíos que se les presentaban.

Es de señalar el camino ecuménico que realizan y del cual pudimos ver los frutos durante la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma, un camino que permite incentivar las instancias de oración, de intercambio cultural y ejercicio de la caridad capaz de superar los prejuicios y heridas del pasado permitiendo celebrar y testimoniar mejor la alegría del Evangelio.

2. Hoy, sin embargo, coincido con Ustedes en lo doloroso que es constatar la creciente erosión y decaimiento de la fe con todo lo que ello conlleva no sólo a nivel espiritual sino social y cultural.

Situación que se visibiliza y constata, como ya lo supo señalar Benedicto XVI, no sólo «en el Este, donde, como sabemos, la mayoría de la población está sin bautizar y no tiene contacto alguno con la Iglesia y, a menudo, no conoce en absoluto a Cristo» sino también en la así llamada «región de tradición católica [dónde se da] una caída muy fuerte de la participación en la Misa dominical, como de la vida sacramental».

Un deterioro, ciertamente multifacético y de no fácil y rápida solución, que pide un abordaje serio y consciente que nos estimule a volvernos, en el umbral de la historia presente, como aquel mendicante para escuchar las palabras del apóstol: «no tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina» (Hch. 3, 6).

3. Para enfrentar esta situación, vuestros pastores han sugerido un camino sinodal. Qué significa en concreto y cómo se desarrollará es algo que seguramente se está todavía considerando. De mi parte expresé mis reflexiones sobre la sinodalidad de la Iglesia en ocasión de la celebración de los cincuenta años del Sínodo de obispos.

En sustancia se trata de un synodos bajo la guía del Espíritu Santo, es decir, caminar juntos y con toda la Iglesia bajo su luz, guía e irrupción para aprender a escuchar y discernir el horizonte siempre nuevo que nos quiere regalar. Porque la sinodalidad supone y requiere la irrupción del Espíritu Santo.

En la reciente asamblea plenaria de los Obispos italianos tuve la oportunidad de reiterar esta realidad central para la vida de la Iglesia aportando la doble perspectiva que la misma opera: «sinodalidad desde abajo hacia arriba, o sea el deber de cuidar la existencia y el buen funcionamiento de la Diócesis: los consejos, las parroquias, la participación de los laicos… (cfr CIC 469-494), comenzando por la diócesis, pues no se puede hacer un gran sínodo sin ir a la base…; y después la sinodalidad desde arriba hacia abajo» que permite vivir de manera específica y singular la dimensión Colegial del ministerio episcopal y del ser eclesial.

Sólo así podemos alcanzar y tomar decisiones en cuestiones esenciales para la fe y la vida de la Iglesia. Lo cual será efectivamente posible si nos animamos a caminar juntos con paciencia, unción y con la humilde y sana convicción de que nunca podremos responder contemporáneamente a todas las preguntas y problemas.

La Iglesia es y será siempre peregrina en la historia, portadora de un tesoro en vasijas de barro (cfr. 2 Cor. 4, 7). Esto nos recuerda que nunca será perfecta en este mundo y que su vitalidad y hermosura radica en el tesoro del que es constitutivamente portadora.

Los interrogantes presentes, así como las respuestas que demos exigen, para que pueda gestarse una sana actualización, «una larga fermentación de la vida y la colaboración de todo un pueblo por años».

Esto estimula generar y poner en marcha procesos que nos construyan como Pueblo de Dios más que la búsqueda de resultados inmediatos que generen consecuencias rápidas y mediáticas pero efímeras por falta de maduración o porque no responden a la vocación a la que estamos llamados.

4. En este sentido, envueltos en serios e inevitables análisis, se puede caer en sutiles tentaciones a las que considero necesario prestarles especial atención y cuidado, ya que, lejos de ayudarnos a caminar juntos, nos mantendrán aferrados e instalados en recurrentes esquemas y mecanismos que acaben desnaturalizando o limitando nuestra misión; y además con el agravante de que, si no somos conscientes de los mismos, podremos terminar girando en torno a un complicado juego de argumentaciones, disquisiciones y resoluciones que no hacen más que alejarnos del contacto real y cotidiano del pueblo fiel y del Señor.

5. Asumir y sufrir la situación actual no implica pasividad o resignación y menos negligencia, por el contrario supone una invitación a tomar contacto con aquello que en nosotros y en nuestras comunidades está necrosado y necesita ser evangelizado y visitado por el Señor. Y esto requiere coraje porque lo que necesitamos es mucho más que un cambio estructural, organizativo o funcional.

Recuerdo que en el encuentro que mantuve con vuestros pastores en el 2015 les decía que una de las primeras y grandes tentaciones a nivel eclesial era creer que las soluciones a los problemas presentes y futuros vendrían exclusivamente de reformas puramente estructurales, orgánicas o burocráticas pero que, al final del día, no tocarían en nada los núcleos vitales que reclaman atención.

«Se trata de un nuevo pelagianismo, que nos conduce a poner la confianza en las estructuras administrativas y las organizaciones perfectas. Una excesiva centralización que, en vez de ayudarnos, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera (Evangelii Gaudium, 32)».

Lo que está en la base de esta tentación es pensar que, frente a tantos problemas y carencias, la mejor respuesta sería reorganizar las cosas, hacer cambios y especialmente “remiendos” que permitan poner en orden y en sintonía la vida de la Iglesia adaptándola a la lógica presente o la de un grupo particular.

Por este camino pareciera que todo se soluciona y las cosas volverán a su cauce si la vida eclesial entrase en un “determinado” nuevo o antiguo orden que ponga fin a las tensiones propias de nuestro ser humanos y de las que el Evangelio quiere provocar.

Por ese camino la vida eclesial podría eliminar tensiones, estar “en orden y en sintonía” pero sólo provocaría, con el tiempo, adormecer y domesticar el corazón de nuestro pueblo y disminuir y hasta acallar la fuerza vital y evangélica que el Espíritu quiere regalar: «esto sería el pecado más grande de mundanidad y de espíritu mundano anti-evangélico».

Se tendría un buen cuerpo eclesial bien organizado y hasta “modernizado” pero sin alma y novedad evangélica; viviríamos un cristianismo “gaseoso” sin mordedura evangélica. «Hoy estamos llamados a gestionar el desequilibrio. Nosotros no podemos hacer algo bueno, evangélico si le tenemos miedo al desequilibrio».

No podemos olvidar que hay tensiones y desequilibrios que tienen sabor a Evangelio y que son imprescindibles mantener porque son anuncio de vida nueva.

6. Por eso me parece importante no perder de vista lo que «la Iglesia enseñó reiteradas veces: no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa». Sin esta dimensión teologal, en las diversas innovaciones y propuestas que se realicen, repetiremos aquello mismo que hoy está impidiendo, a la comunidad eclesial, anunciar el amor misericordioso del Señor.

La manera que se tenga para asumir la situación actual será determinante de los frutos que posteriormente se desarrollarán. Por eso apelo a que se haga en clave teologal para que el Evangelio de la Gracia con la irrupción del Espíritu Santo sea la luz y guía para enfrentar estos desafíos.

Cada vez que la comunidad eclesial intentó salir sola de sus problemas confiando y focalizándose exclusivamente en sus fuerzas o en sus métodos, su inteligencia, su voluntad o prestigio, terminó por aumentar y perpetuar los males que intentaba resolver.

El perdón y la salvación no es algo que tenemos que comprar «o que tengamos que adquirir con nuestras obras o esfuerzos. El Señor nos perdona y nos libera gratis. Su entrega en la Cruz es algo tan grande que nosotros no podemos ni debemos pagarlo, sólo tenemos que recibirlo con inmensa gratitud y con la alegría de ser tan amados antes aún de que pudiéramos imaginarlo».

El escenario presente no tiene el derecho de hacernos perder de vista que nuestra misión no se sostiene sobre previsiones, cálculos o encuestas ambientales alentadoras o desalentadoras ni a nivel eclesial ni a nivel político como económico o social. Tampoco sobre los resultados exitosos de nuestros planes pastorales. Todas estas cosas es importante valorarlas, escucharlas, reflexionarlas y estar atentos, pero en sí no agotan nuestro ser creyente.

Nuestra misión y razón de ser radica en que «Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna» (Jn. 3, 16). «Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin “fidelidad de la Iglesia a la propia vocación”, cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo».

Por eso, la transformación a operarse no puede responder exclusivamente como reacción a datos o exigencias externas, como podrían ser el fuerte descenso de los nacimientos y el envejecimiento de las comunidades que no permiten visibilizar un recambio generacional. Causas objetivas y válidas pero que vistas aisladamente fuera del misterio eclesial favorecerían y estimularían una actitud reaccionaria (tanto positiva como negativa) ante los problemas.

La transformación verdadera responde y reclama también exigencias que nacen de nuestro ser creyente y de la propia dinámica evangelizadora de la Iglesia, reclama la conversión pastoral.

Se nos pide una actitud que buscando vivir y transparentar el evangelio rompa con «el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad».

La conversión pastoral nos recuerda que la evangelización debe ser nuestro criterio-guía por excelencia sobre el cual discernir todos los movimientos que estamos llamados a dar como comunidad eclesial; la evangelización constituye la misión esencial de la Iglesia.

7. Es necesario, por tanto, como bien lo señalaron vuestros pastores, recuperar el primado de la evangelización para mirar el futuro con confianza y esperanza porque, «evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad creyente, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor».

La evangelización, así vivida, no es una táctica de reposicionamiento eclesial en el mundo de hoy o un acto de conquista, dominio o expansión territorial; tampoco un “retoque” que la adapte al espíritu del tiempo pero que le haga perder su originalidad y profecía; como tampoco es la búsqueda para recuperar hábitos o prácticas que daban sentido en otro contexto cultural. No.

La evangelización es un camino discipular de respuesta y conversión en el amor a Aquel que nos amó primero (Cfr. 1 Jn. 4, 19); un camino que posibilite una fe vivida, experimentada, celebrada y testimoniada con alegría. La evangelización nos lleva a recuperar la alegría del Evangelio, la alegría de ser cristianos.

Es cierto, hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que se adapta, se transforma y siempre permanece, al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo.

La evangelización genera seguridad interior, una serenidad esperanzadora que brinda su satisfacción espiritual incomprensible para los parámetros humanos.

El mal humor, la apatía, la amargura, el derrotismo, así como la tristeza no son buenos signos ni consejeros; es más, hay veces que «la tristeza tiene que ver con la ingratitud, con estar encerrado en sí mismo y uno se vuelve incapaz de reconocer los regalos de Dios».

8. De ahí que nuestra preocupación principal debe rondar en cómo compartir esta alegría abriéndonos y saliendo a encontrar a nuestros hermanos principalmente aquellos que están tirados en el umbral de nuestros templos, en las calles, en cárceles y hospitales, plazas y ciudades.

El Señor fue claro: «busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura» (Mt 6, 33). Salir a ungir con el espíritu de Cristo todas las realidades terrenas, en sus múltiples encrucijadas principalmente allí «donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de las ciudades».

Ayudar a que la Pasión de Cristo toque real y concretamente las múltiples pasiones y situaciones donde su Rostro sigue sufriendo a causa del pecado y la inequidad.

Pasión que pueda desenmascarar las viejas y nuevas esclavitudes que hieren al hombre y la mujer especialmente hoy que vemos rebrotar discursos xenófobos y promueven una cultura basada en la indiferencia, el encierro, así como en el individualismo y la expulsión.

Y, a su vez, sea la Pasión del Señor la que despierte en nuestras comunidades y, especialmente en los más jóvenes, la pasión por su Reino.

Esto nos pide «desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo».

Deberíamos, por tanto, preguntarnos qué cosa el Espíritu dice hoy a la Iglesia (Ap. 2, 7), reconocer los signos de los tiempos, lo cual no es sinónimo de adaptarse simplemente al espíritu del tiempo sin más (Rm. 12, 2).

Todas estas dinámicas de escucha, reflexión y discernimiento tienen como objetivo volver a la Iglesia cada día más fiel, disponible, ágil y transparente para anunciar la alegría del Evangelio, base sobre la cual pueden ir encontrando luz y respuesta todas las cuestiones.

Los desafíos están para ser superados. Debemos ser realistas pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!.

9. El Concilio Vaticano II marcó un importante paso en la toma de conciencia que la Iglesia tiene tanto de sí misma como de su misión en el mundo contemporáneo. Este camino iniciado hace más de cincuenta años nos sigue estimulando en su recepción y desarrollo y todavía no llegó a su fin, sobre todo, en relación a la sinodalidad llamada a operarse en los distintos niveles de la vida eclesial (parroquia, diócesis, en el orden nacional, en la Iglesia universal, como en las diversas congregaciones y comunidades).

Este proceso, especialmente en estos tiempos de fuerte tendencia a la fragmentación y polarización, reclama desarrollar y velar para que el ‘Sensus Ecclesiae’ también viva en cada decisión que tomemos y nutra todos los niveles. Se trata de vivir y de sentir con la Iglesia y en la Iglesia, lo cual, en no pocas situaciones, también nos llevará a sufrir en la Iglesia y con la Iglesia.

La Iglesia Universal vive en y de las Iglesias particulares, así como las Iglesias particulares viven y florecen en y de la Iglesia Universal, y si se encuentran separadas del entero cuerpo eclesial, se debilitan, marchitan y mueren.

De ahí la necesidad de mantener siempre viva y efectiva la comunión con todo el cuerpo de la Iglesia, que nos ayuda a superar la ansiedad que nos encierra en nosotros mismos y en nuestras particularidades a fin de poder mirar a los ojos, escuchar o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino.

A veces esta actitud puede manifestarse en el mínimo gesto, como el del padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad.

Esto no es sinónimo de no caminar, avanzar, cambiar e inclusive no debatir y discrepar, sino es simplemente la consecuencia de sabernos constitutivamente parte de un cuerpo más grande que nos reclama, espera y necesita y que también nosotros reclamamos, esperamos y necesitamos. Es el gusto de sentirnos parte del santo y paciente Pueblo fiel de Dios.

Los desafíos que tenemos entre manos, las diferentes cuestiones e interrogantes a enfrentar no pueden ser ignoradas o disimuladas: han de ser asumidas pero cuidando de no quedar atrapados en ellas, perdiendo perspectiva, limitando el horizonte y fragmentando la realidad. «Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad».

En este sentido el ‘Sensus Ecclesiae’ nos regala ese horizonte amplio de posibilidad desde donde buscar responder a las cuestiones que urgen y además nos recuerda la belleza del rostro pluriforme de la Iglesia.

Rostro pluriforme no sólo desde una perspectiva espacial en sus pueblos, razas, culturas, sino también desde su realidad temporal que nos permite sumergirnos en las fuentes de la más viva y plena Tradición la cual tiene la misión de mantener vivo el fuego más que conservar las cenizas y permite a todas las generaciones volver a encender, con la asistencia del Espíritu Santo, el primer amor.

El ‘Sensus Ecclesiae’ nos libera de particularismos y tendencias ideológicas para hacernos gustar de esa certeza del Concilio Vaticano II, cuando afirmaba que la Unción del Santo (1 Jn. 2, 20 y 27) pertenece a la totalidad de los fieles. La comunión con el santo Pueblo fiel de Dios, portador de la Unción, mantiene viva la esperanza y la certeza de saber que el Señor camina a nuestro a lado y es Él quien sostiene nuestros pasos.

Un sano caminar juntos debe traslucir esta convicción buscando los mecanismos para que todas las voces, especialmente las de los más sencillos y humildes, tengan espacio y visibilidad.

La Unción del Santo que ha sido derramada a todo el cuerpo eclesial «reparte gracias especiales entre los fieles de cualquier estado o condición y distribuye sus dones a cada uno según quiere (1 Cor 12, 11). Con esos dones hace que estén preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia, según aquellas palabras: A cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común (1 Cor. 12, 7)».

Esto nos ayuda a estar atentos a esa antigua y siempre nueva tentación de los promotores del gnosticismo que, queriendo hacerse un nombre proprio y expandir su doctrina y fama, buscaban decir algo siempre nuevo y distinto de lo que la Palabra de Dios les regalaba.

Es lo que san Juan describe con el término proagon, el que se adelanta, el avanzado (2 Jn v. 9) y que pretende ir más allá del nosotros eclesial que preserva de los excesos que atentan a la comunidad.

10. Por tanto, velen y estén atentos ante toda tentación que lleve a reducir el Pueblo de Dios a un grupo ilustrado que no permita ver, saborear y agradecer esa santidad desparramada y que vive «en el pueblo de Dios paciente: en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo… En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Muchas veces la santidad “de la puerta de al lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios».

Esa es la santidad que protege y reguardó siempre a la Iglesia de toda reducción ideológica cientificista y manipuladora. Santidad que evoca, recuerda e invita a desarrollar ese estilo mariano en la actividad misionera de la Iglesia capaz de articular la justicia con la misericordia, la contemplación con la acción, la ternura con la convicción.

«Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes».

En mi tierra natal, existe un sugerente y potente dicho que puede iluminar: «los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera».

Hermanos y hermanas cuidémonos unos a otros y estemos atentos a la tentación del padre de la mentira y la división, al maestro de la separación que, impulsando buscar un aparente bien o respuesta a una situación determinada, termina fragmentando de hecho el cuerpo del santo Pueblo fiel de Dios.

Como cuerpo apostólico caminemos y caminemos juntos, escuchándonos bajo la guía del Espíritu Santo, aunque no pensemos igual, desde la sapiente convicción que «la Iglesia, con el correr de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina hasta que en ella se consuman las palabras de Dios».

11. La perspectiva sinodal no cancela los antagonismos o perplejidades, ni los conflictos quedan supeditados a resoluciones sincretistas de “buen consenso” o resultantes de la elaboración de censos o encuestas sobre tal o cual tema. Eso sería muy reductor.

La sinodalidad, con el trasfondo y centralidad de la evangelización y del ‘Sensus Ecclesiae’ como elementos determinantes de nuestro ADN eclesial, reclama asumir conscientemente un modo de ser Iglesia donde «el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de las partes… Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos… Se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia».

12. Esto requiere en todo el Pueblo de Dios, y especialmente en sus pastores, un estado de vigilia y conversión que permitan mantener vivas y operantes estas realidades. Vigilia y conversión son dones que sólo el Señor nos puede regalar. A nosotros nos basta pedir su gracia por medio de la oración y el ayuno.

Siempre me impresionó cómo durante la vida, especialmente en los momentos de las grandes decisiones, el Señor fue particularmente tentado. La oración y el ayuno tuvieron un lugar especial como determinante de todo su accionar posterior (Cfr. Mt. 4, 1-11).

La sinodalidad tampoco puede escapar a esta lógica, y tiene que ir siempre acompañada de la gracia de la conversión para que nuestro accionar personal y comunitario pueda representar y asemejarse cada vez más al de la kénosis de Cristo (cfr. Fil 2, 1- 11). Hablar, actuar y responder como Cuerpo de Cristo significa también hablar y actuar a la manera de Cristo con sus mismos sentimientos, trato y prioridad.

Por tanto, la gracia de la conversión, siguiendo el ejemplo del Maestro que «se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor» (Fil. 2, 7), nos libra de falsos y estériles protagonismos, nos desinstala de la tentación de permanecer en posiciones protegidas y acomodadas y nos invita a ir a las periferias para encontrarnos y escuchar mejor al Señor.

Esta actitud de kénosis nos permite también experimentar la fuerza creativa y siempre rica de la esperanza que nace de la pobreza evangélica a la que estamos llamados, la cual nos hace libres para evangelizar y testimoniar. Así permitimos al Espíritu refrescar y renovar nuestra vida librándola de esclavitudes, inercias y conveniencias circunstanciales que impiden caminar y especialmente adorar.

Porque al adorar, el hombre cumple su deber supremo y es capaz de vislumbrar la claridad venidera, esa que nos ayuda a saborear la nueva creación.

Sin esta dimensión corremos el riesgo de partir desde nosotros mismos o del afán de autojustificación y autopreservación que nos llevará a realizar cambios y arreglos pero a mitad de camino, los cuales, lejos de solucionar los problemas, terminarán enredándonos en una espiral sin fondo que mata y asfixia el anuncio más hermoso, liberador y promitente que tenemos y que da sentido a nuestra existencia: Jesucristo es el Señor.

Necesitamos oración, penitencia y adoración que nos pongan en situación de decir como el publicano: «¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!» (Lc. 18, 13); no como actitud mojigata, pueril o pusilánime sino con la valentía para abrir la puerta y ver lo que normalmente queda velado por la superficialidad, la cultura del bienestar y la apariencia.

En el fondo, estas actitudes, verdaderas medicinas espirituales (la oración, la penitencia y la adoración) permitirán volver a experimentar que ser cristiano es saberse bienaventurado y, por tanto, portador de bienaventuranza para los demás; ser cristiano es pertenecer a la Iglesia de las bienaventuranzas para los bienaventurados de hoy: los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los odiados, excluidos e insultados (cfr. Lc. 6, 20-23).

No nos olvidemos que «en las bienaventuranzas el Señor nos indica el camino. Caminándolas podemos arribar a la felicidad más auténticamente humana y divina. Las bienaventuranzas, son el espejo en donde mirarnos, lo que nos permite saber si estamos caminando sobre un sendero justo: es un espejo que no miente».

13. Queridos hermanos y hermanas, sé de vuestra constancia y de lo que han sufrido y sufren sin desfallecer por el nombre del Señor; sé también de vuestro deseo y ganas de reavivar eclesialmente el primer amor (cfr. Ap. 2, 1-5) con la fuerza del Espíritu, que no rompe la caña quebrada ni apaga la mecha que arde débilmente (Cfr. Is. 42,3), para que nutra, vivifique y haga florecer lo mejor de vuestro pueblo.

Quiero caminar y caminar a vuestro lado con la certeza de que, si el Señor nos consideró dignos de vivir esta hora, no lo hizo para avergonzarnos o paralizarnos frente a los desafíos sino para dejar que su Palabra vuelva, una vez más, a provocar y hacer arder el corazón como lo hizo con vuestros padres, para que vuestros hijos e hijas tengan visiones y vuestros ancianos vuelvan a tener sueños proféticos (Cfr. Joel 3, 1).

Su amor «nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la Resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!».

Y, por favor, les pido que recen por mí.

Vaticano, 29 de junio de 2019.

FRANCISCO

 


Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo

junio 29, 2019

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El Papa Francisco en la Misa de San Pedro y San Pablo. Foto: Daniel Ibáñez / ACI

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Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo

Redacción ACI Prensa, 29 junio 2019

El Papa Francisco celebró la Misa en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo en la Basílica Vaticana y bendijo los palios que serán entregados a los nuevos Arzobispos metropolitanos nombrados entre el 30 de junio de 2018 al 1 de junio de 2019.

En su homilía, el Santo Padre destacó que “el palio recuerda a la oveja que el pastor está llamado a llevar sobre sus hombros” y que es “signo de que los pastores no viven para sí mismos, sino para las ovejas; es signo de que, para poseer la vida, es necesario perderla, entregarla”.

Además, el Pontífice recordó que en la ceremonia estaba presente la tradicional Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla que es motivo de alegría y a quienes saludó con afecto.

“Su presencia nos recuerda que tampoco podemos ahorrar esfuerzos en el camino hacia la unidad plena entre los creyentes, en una comunión a todos los niveles. Porque juntos, reconciliados por Dios y perdonados mutuamente, estamos llamados a ser testigos de Jesús con nuestra vida”, explicó el Papa.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:

Los apóstoles Pedro y Pablo están ante nosotros como testigos. No se cansaron nunca de anunciar, de vivir en misión, en camino, desde la tierra de Jesús hasta Roma. Aquí dieron testimonio de Él, hasta el final, entregando su vida como mártires. Si vamos a las raíces de su testimonio, los descubrimos como testigos de vida, testigos de perdón y testigos de Jesús.

Testigos de vida. Aun cuando sus vidas no fueron cristalinas y lineales, ambos eran de ánimo muy religioso: Pedro, discípulo de la primera hora (cf. Jn 1,41), Pablo incluso «defensor muy celoso de las tradiciones de los antepasados» (Ga 1,14). Pero cometieron grandes equivocaciones: Pedro llegó a negar al Señor, Pablo persiguió a la Iglesia de Dios.

Ambos fueron puestos al descubierto por las preguntas de Jesús: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» (Jn 21,15); «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?» (Hch 9,4). Pedro se entristeció por las preguntas de Jesús, Pablo quedó ciego por sus palabras. Jesús los llamó por su nombre y cambió sus vidas.

Y después de todos estos sucesos confió en ellos, en dos pecadores arrepentidos. Podríamos preguntarnos: ¿Por qué el Señor no nos dio como testigos a dos personas irreprochables, con un pasado limpio y una vida inmaculada? ¿Por qué Pedro, si estaba en cambio Juan? ¿Por qué Pablo y no Bernabé?

Hay una gran enseñanza en todo esto: el punto de partida de la vida cristiana no está en el ser dignos; con aquellos que se creían buenos, el Señor no pudo hacer mucho. Cuando nos consideramos mejores que los demás, es el principio del fin.

Porque el Señor no hace milagros con quien se cree justo, sino con quien se reconoce necesitado. Él no se siente atraído por nuestra capacidad, no es por esto que nos ama. Él nos ama como somos y busca personas que no sean autosuficientes, sino que estén dispuestas a abrirle sus corazones.

Pedro y Pablo eran así, transparentes ante Dios. Pedro se lo dijo a Jesús de inmediato: «Soy un pecador» (Lc 5,8). Pablo escribió que él era «el menor de los apóstoles, no digno de ser llamado apóstol» (1 Co 15,9).

Mantuvieron durante su vida esta humildad, hasta el final: Pedro crucificado boca abajo, porque no se consideraba digno de imitar a su Señor; Pablo, encariñado con su nombre, que significa “pequeño”, y desapegado del que recibió cuando nació, Saúl, nombre del primer rey de su pueblo.

Comprendieron que la santidad no consiste en enaltecerse, sino en abajarse, no se trata de un ascenso en la clasificación, sino de confiar cada día la propia pobreza al Señor, que hace grandes cosas con los humildes. ¿Cuál fue el secreto que los sostuvo en sus debilidades? El perdón del Señor.

Redescubrámoslos, por tanto, como testigos de perdón. En sus caídas descubrieron el poder de la misericordia del Señor, que los regeneró. En su perdón encontraron una paz y una alegría irreprimibles. Con todo el desastre que habían realizado, habrían podido vivir con sentimientos de culpa: ¡Cuántas veces habrá pensado Pedro en su negación! ¡Cuántos escrúpulos tendría Pablo, por el daño que había hecho a tantas personas inocentes!

Humanamente habían fallado; sin embargo se encontraron con un amor más grande que sus fracasos, con un perdón tan fuerte como para curar sus sentimientos de culpa. Sólo cuando experimentamos el perdón de Dios renacemos de verdad. Es el perdón el que nos permite comenzar de nuevo; allí nos encontramos con nosotros mismos: en la confesión.

Testigos de vida, testigos de perdón, Pedro y Pablo son ante todo testigos de Jesús. En el Evangelio de hoy Él hace esta pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Las respuestas evocan personajes del pasado: «Juan el Bautista, Elías, Jeremías o algunos de los profetas». Personas extraordinarias, pero todas muertas.

Pedro, en cambio, responde: «Tú eres el Cristo» (cf. Mt 16,13.14.16). Cristo, es decir el Mesías. Es una palabra que no se refiere al pasado, sino al futuro: El Mesías es el esperado, la novedad, el que trae al mundo la unción de Dios. Jesús no es el pasado, sino el presente y el futuro. No es un personaje lejano para recordar, sino Aquel a quien Pedro tutea: Tú eres el Cristo.

Para el testigo, Jesús es más que un personaje histórico, es la persona de la vida: es lo nuevo, no lo ya visto; es la novedad del futuro, no un recuerdo del pasado. Por consiguiente, un testigo no es quien conoce la historia de Jesús, sino el que vive una historia de amor con Jesús.

Porque el testigo, después de todo, lo único que anuncia es que Jesús está vivo y es el secreto de la vida. En efecto, vemos que Pedro, después de haber dicho tú eres el Cristo, agrega: «el Hijo de Dios vivo» (v. 16). El testimonio nace del encuentro con Jesús vivo.

También en el centro de la vida de Pablo encontramos la misma palabra que rebosa del corazón de Pedro: Cristo. Pablo repite este nombre una y otra vez, casi cuatrocientas veces en sus cartas. Para él, Cristo no es sólo el modelo, el ejemplo, el punto de referencia, sino la vida.

Escribe: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21). Jesús es su presente y su futuro, hasta el punto de que juzga el pasado como basura ante la sublimidad del conocimiento de Cristo (cf. Flp 3,7-8).

Ante estos testigos, preguntémonos: “¿Renuevo mi encuentro con Jesús todos los días?”. Es posible que seamos personas que tienen curiosidad por Jesús, que nos interesemos por las cosas de la Iglesia o por las noticias religiosas; que abramos páginas de internet y periódicos, y hablemos de cuestiones sagradas.

Pero de esta forma, nos quedamos sólo al nivel de lo que la gente dice, de las encuestas, del pasado. A Jesús esto le interesa poco. Él no quiere “reporteros” del espíritu, mucho menos cristianos de fachada. Él busca testigos, que le digan cada día: “Señor, tú eres mi vida”.

Encontrando a Jesús, experimentando su perdón, los apóstoles fueron testigos de una nueva vida. No pensaron más en sí mismos, sino que se entregaron completamente. No se quedaron satisfechos con medias tintas, sino que se decidieron por la única medida posible para aquellos que siguen a Jesús: la de un amor sin límites. Se «derramaron en libación» (cf. 2 Tm 4,6).

Pidamos la gracia de no ser cristianos tibios, que viven a medias, que dejan enfriar el amor. Encontremos nuestras raíces en la relación diaria con Jesús y en la fuerza de su perdón. Jesús te pregunta también a ti como hizo con Pedro: “¿Quién soy yo para ti?”, “¿Me amas?”.

Dejemos que estas palabras entren en nosotros y enciendan el deseo de no sentirnos nunca satisfechos con lo mínimo, sino de apuntar al máximo, para ser también nosotros testigos vivos de Jesús.

Hoy se bendicen los palios para los arzobispos metropolitanos nombrados durante el último año. El palio recuerda a la oveja que el pastor está llamado a llevar sobre sus hombros; es signo de que los pastores no viven para sí mismos, sino para las ovejas; es signo de que, para poseer la vida, es necesario perderla, entregarla.

Según una hermosa tradición, comparte también con nosotros la alegría de hoy una Delegación del Patriarcado Ecuménico, a la que saludo con afecto. Vuestra presencia nos recuerda que tampoco podemos ahorrar esfuerzos en el camino hacia la unidad plena entre los creyentes, en una comunión a todos los niveles.

Porque juntos, reconciliados por Dios y perdonados mutuamente, estamos llamados a ser testigos de Jesús con nuestra vida.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-69462


Los católicos de China se lamentan del declive de la Iglesia

junio 13, 2019

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La cueva donde vivió el obispo Bai se ha convertido en un lugar de peregrinación para los católicos en China. El fraile dominico se escondió allí huyendo de la dinastía Qing antes de que lo encontraran y ejecutaran en el 1700.

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Los católicos de China se lamentan del declive de la Iglesia

Por Ian Johnson, The New York Times

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Durante casi cuatro siglos, una franja de pueblos campesinos y pescadores en la costa sureste de China ha sobrevivido como un baluarte del catolicismo, a veces floreciente y otras marchito, su destino depende a menudo de las decisiones o conflictos lejanos en Pekín o Europa.

Ahora, un nuevo choque resuena en esta región rural, conocida como Mindong. Esta vez, se centra en las conversaciones entre China y el Vaticano para salvar sus diferencias históricas al definir el asunto más espinoso que los ha dividido: el control de los obispos y sacerdotes que dirigen la Iglesia católica romana en China.

El plan básico le daría al Vaticano un papel formal, e incluso tal vez el poder de veto, sobre la manera en que se designa a los clérigos en China. Esa sería una concesión inusual por parte de Pekín, que se muestra siempre profundamente suspicaz hacia la interferencia extranjera.

A cambio, el Vaticano podría forzar a muchas comunidades locales a aceptar a clérigos designados por las autoridades comunistas chinas en lugar de los líderes de la popular Iglesia “clandestina” que se han resistido al control del Estado durante décadas.

La perspectiva de un arreglo así ha desatado emociones intensas por todo el mundo, con críticos que acusan a la Santa Sede de “traicionar” a los católicos de China. Por su parte, los defensores del Vaticano argumentan que este debe ceder para evitar que los católicos chinos se separen aun más, en especial dado que el gobierno del presidente Xi Jinping endurece el control sobre la religión.

Sin embargo, la gente más afectada por estos cambios propuestos –los residentes de lugares como Mindong– dice que tiene una sensación de impotencia, como si estuviera esperando una tormenta que no puede controlar.

A muchos les preocupan menos las disputas sobre los clérigos que el que se produzca un hueco en la vida católica en el campo chino. Otros dicen que la visión binaria del mundo exterior sobre el catolicismo chino –de miembros leales a la Iglesia clandestina y lacayos gubernamentales– pasa por alto realidades más sutiles en la práctica.

“Eso es algo que decidirán los altos mandos”, dijo Huang Xiaofeng, de 40 años, el encargado de una tienda para los peregrinos que visitan una cueva santa en lo alto de una montaña. “Los creyentes solo vamos a la iglesia y rezamos”.

El Vaticano ya le pidió a Guo Xijin, el obispo clandestino de Mindong, que entregue su dirigencia de un estimado de 70,000 católicos a un clérigo nombrado por el gobierno que tiene el mando de cerca de 10,000 seguidores, lo que constituye una enorme concesión a Pekín.

Guo, de 59 años, que ha sido sacerdote en Mindong desde 1984, dijo en una entrevista que está dispuesto a aceptar si eso ayuda a sanar el largo distanciamiento entre las Iglesias clandestina y gubernamental.

Sin embargo, añadió que no solucionará problemas más grandes que disminuyen el catolicismo en este lugar. “El principal problema es el nivel educativo y los fundamentos espirituales de los creyentes”, dijo. “Tienen fe, pero no es profunda”.

Guo se refería al hecho de que el catolicismo es más fuerte en las partes rurales y más pobres de China, pero el campo se está quedando vacío. Hace unas cuantas décadas, el 80 por ciento de los chinos vivía en zonas rurales. Hoy lo hace solo la mitad.

En áreas como Mindong, eso ha significado un derrumbe en el número de feligreses. Guo calcula que más de un tercio de los católicos locales han dejado Mindong para buscar trabajo en otras partes. Casi todos los jóvenes se han ido y han dejado los pueblos con iglesias que solo usa una decreciente población de ancianos de manera alternada.

Los problemas en Mindong reflejan una tendencia más amplia. De acuerdo con encuestas de las iglesias oficial y clandestina, realizadas por Anthony Lam, un investigador del Centro de Estudios del Espíritu Santo en Hong Kong, la cantidad total de católicos en China llegó a su punto máximo de 12 millones alrededor del 2005, y desde entonces se ha reducido a 10 millones.

Esto convierte al catolicismo en el más pequeño de los principales grupos religiosos en China, y en el único que está reduciéndose, en tanto que otros cultos, sobre todo el budismo y el protestantismo, han crecido rápidamente en medio de un renacimiento religioso nacional.

El origen de los problemas de la Iglesia en China se remontan a mucho tiempo atrás. El emperador Qing prohibió el cristianismo durante aproximadamente un siglo antes de que las potencias occidentales forzaran a la dinastía a permitir de nuevo la llegada de misioneros.

Cuando los comunistas ganaron el control de China, en 1949, el catolicismo recibió un golpe muy fuerte debido a la estridente oposición del Vaticano al comunismo.

El nuevo gobierno también expulsó de China a la mayoría de los extranjeros, decapitando así a la Iglesia católica, que dependía de ellos para operar sus escuelas, orfanatos, seminarios y órdenes religiosas. El catolicismo sobrevivió como una religión rural basada en clanes, sin su antiguo impulso misionero.

En 1957, las autoridades añadieron problemas a la Iglesia cuando establecieron la Asociación Patriótica Católica China para sustituir al Vaticano en el nombramiento de los clérigos y dar a los dirigentes ateos de Pekín el control de la Iglesia.

Muchos devotos se resistieron. Boicotearon a la iglesia gubernamental a favor de iglesias clandestinas dirigidas por miembros del clero que ellos mismos elegían. Con el tiempo, el Vaticano aprobó a la mayoría de estos clérigos nombrados localmente. Eso creó dos linajes católicos en China: los designados por Pekín y los nombrados por el Vaticano.

Esta es la desavenencia en el centro de las negociaciones actuales, pero el panorama es más complicado de lo que parece.

Muchos obispos nombrados por el gobierno, por ejemplo, han recibido en secreto la bendición del Vaticano. En el 2007, el papa Benedicto dijo que los católicos fieles podían asistir a las iglesias chinas aprobadas por el gobierno.

Incluso el término “clandestino” es ahora un nombre poco apropiado. Aunque algunos clérigos han sido arrestados y enfrentan acoso, otros operan mayoritariamente de manera abierta. En muchos lugares, los católicos clandestinos han construido sus propias iglesias, en ocasiones grandes catedrales, sin la interferencia del gobierno.

Guo, por ejemplo, vive en una residencia de siete pisos al lado de una iglesia de doble capitel revestida de azulejos blancos. Mindong está salpicado con decenas de iglesias así, muchas de ellas con capiteles altos, capillas, residencias y conventos, todos ellos técnicamente ilegales.

Muchas de las construcciones obtuvieron permisos de construcción con la ayuda de Zhan Silu, el obispo nombrado por el gobierno al que el Vaticano ha pedido a Guo ceder su puesto.

Zhan se negó a ser entrevistado, pero los católicos locales dicen que autorizó los permisos para acercarse a los creyentes clandestinos.

“Eso muestra que no es para nada clandestino”, dijo Eugenio Menegon, profesor de historia de la Universidad de Boston, quien escribió un libro sobre las profundas raíces del catolicismo en Mindong. Durante el tiempo que pasó en la región, dice que descubrió que el clero no oficial a menudo se lleva muy bien con las autoridades locales.

Las tensiones surgen cuando un bando presiona al otro. Hace poco, la presión provino de Pekín, que ha adoptado nuevas regulaciones destinadas en parte a frenar las iglesias clandestinas.

El deseo del Vaticano de que Guo se haga a un lado a favor de Zhan también preocupa a los residentes. Muchos sienten que se les debería consultar sobre el nombramiento de su líder espiritual, un asunto que podría surgir en otras diócesis chinas donde es incierto el futuro de hasta 30 obispos clandestinos.

Una monja lega cuya orden está muy arraigada en Mindong dijo que Zhan tendría dificultades al dirigir la diócesis, pues la mayoría de los devotos pertenecen a la Iglesia clandestina y apoyan a Guo. Aun así, dijo que si el Vaticano reconoce a Zhan, ella obedecerá.

(Adam Wu colaboró con la investigación).

https://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/article201664064.html


Éstas son las ‘claves pastorales’ que el Papa ofreció a los obispos argentinos

junio 11, 2019

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El Papa con obispos argentinos en Visita ad límina

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Éstas son las ‘claves pastorales’ que el Papa ofreció a los obispos argentinos

“Sean hombres de oración, que sean hombres que tengan siempre la oración como lo principal en sus vidas”

El Papa invitó “profundamente a los obispos a vivir también el trabajo por la cultura del encuentro, tan necesaria en nuestro país”

El encuentro que el papa Francisco mantuvo hace un mes con los obispos argentinos de la región Buenos Aires, que integran el segundo grupo en visita ad límina, se dio en un clima de “fraternidad, diálogo y cercanía” y en el que los prelados pudieron profundizar con su compatriota el Pontífice varios temas que hacen a la realidad pastoral de la Argentina.

En declaraciones a AICA, el director de la Oficina de Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), presbítero Máximo Jurcinovic, detalló los puntos abordados en la audiencia de más de dos horas de los obispos con el Santo Padre.

El portavoz episcopal dijo que por su conocimiento de la arquidiócesis de Buenos Aires, de la que fue pastor antes de su elección pontificia, y de las diócesis de la región metropolitana, Francisco pudo “alentar y acompañar en muchísimos de los desafíos pastorales que los obispos le fueron presentando”.

“Los obispos también le comentaron la importancia de esta visita ad límina, porque en los dicasterios han visto que se ha aceptado mucho la creatividad de la Conferencia Episcopal, al plantearles los distintos caminos pastorales de la Argentina”, puntualizó, y agregó: “Han visto la visita a los dicasterios como un lugar para poder compartir, para poder expresarse, para poder ser fieles a aquello que la Iglesia hoy nos pide”.

La necesidad de profundas cercanías

El sacerdote destacó que el Papa les habló a los obispos porteños y bonaerenses de la necesidad de que haya “profundas cercanías”, y entre otras enumeró: “Cercanía con los curas, cercanía con los pobres, cercanía con los jóvenes”. 

Asimismo, indicó que el Pontífice les pidió a los obispos que “sean hombres de oración, que sean hombres que tengan siempre la oración como lo principal en sus vidas”.

Y añadió: “También les habló de la sinodalidad, de esta necesaria experiencia que tiene que atravesar la Iglesia de hoy, de poder entrar en diálogo para discernir claramente los valores del Evangelio en esta sociedad y poder hacer más eficaz lo que significa la evangelización”.

Los fieles deben sostener a la Iglesia

En otro momento del intercambio, contó el vocero episcopal, Francisco destacó la figura del fallecido monseñor Carmelo Giaquinta, quien fue el primero en impulsar desde el episcopado los trabajos para la reforma económica de la Iglesia a través del Plan Compartir.

En este sentido, precisó, el Papa animó a los obispos a “seguir llevando adelante este trabajo de la reforma económica, para poder crecer en la conciencia de que a la Iglesia la tienen que mantener sus fieles”.

El sacerdote subrayó que al profundizar sobre el tema, el Papa les repitió: “La Iglesia necesita seguir avanzando en este camino de sostenerse por sus propios fieles”.

Laudato si’ y cultura del encuentro

El portavoz episcopal indicó que, en otro momento del encuentro, Francisco hizo hincapié en “el importante desafío de seguir ahondando en el camino y la enseñanza de la encíclica Laudato si’”. “La ecología es una problemática universal que también debe tener su eco en la Iglesia argentina”, les recordó.

El padre Jurcinovic dijo que el Papa invitó “a los obispos a vivir también el trabajo por la cultura del encuentro, tan necesaria en nuestro país. Una cultura del encuentro que abarque todo el país”. En este punto, dijo, el Pontífice “manifestó la necesidad de seguir creciendo en una Argentina cada día más federal y con los obispos siendo servidores de esa cultura del encuentro”.

El ejemplo de Enrique Shaw

“El papa Francisco compartió esta necesidad de seguir buscando ejemplos que pudieran ayudar a vivir una economía social de mercado, y ahí él puso la imagen de Enrique Shaw, como alguien que pudo vivir esta dimensión de buscar una economía que pueda tener los principios del Evangelio”, indicó el sacerdote.

El vocero episcopal consignó, además, que el Papa pidió a los obispos “fortalecer su presencia cercana a las familias, para iluminar y acompañar el camino de la vida de las familias, estar atento y presente en sus necesidades, tanto ellos como los sacerdotes”.

“También compartieron el tema de las vocaciones sacerdotales, y la necesidad de poder seguir acompañando con el testimonio a los jóvenes, para que puedan vivir la fe con alegría y ellos mismos ser los obispos testigos de esta alegría”.


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