El maná de cada día, 22.2.21

febrero 22, 2021

La Cátedra del apóstol san Pedro

22 de febrero de 2021

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Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.


Antífona de entrada: Lc 22, 32

El Señor dice a Simón Pedro: Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y

tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

Oración colecta

Dios todopoderoso, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto:

Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño.

Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

SALMO 22, 1-3.4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara, mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

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Aclamación antes del Evangelio: Mt 16, 18

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

EVANGELIO: Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Antífona de comunión: Mt 16, 16. 18

Pedro dijo a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

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Basílica de San Pedro, Roma
Basílica de San Pedro, Roma

LA IGLESIA DE CRISTO SE LEVANTA

SOBRE LA FIRMEZA DE LA FE DE PEDRO

De los sermones de san León Magno, papa

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De todos se elige a Pedro, a quien se pone al frente de la misión universal de la Iglesia, de todos los apóstoles y los Padres de la Iglesia; y, aunque en el pueblo de Dios hay muchos sacerdotes y muchos pastores, a todos los gobierna Pedro, aunque todos son regidos eminentemente ­por Cristo.

La bondad divina ha concedido a este hombre una excelsa y admirable participación de su poder, y todo lo que tienen de común con Pedro los otros jerarcas, les es concedido por medio de Pedro.

El Señor pregunta a sus apóstoles qué es lo que los hombres opinan de él, y en tanto coinciden sus respuestas en cuanto reflejan la ambigüedad de la ignorancia humana.

Pero, cuando urge qué es lo que piensan los mismos discípulos, es el primero en confesar al Señor aquel que es primero en la dignidad apostólica. A las palabras de Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, le responde el Señor: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Es decir: «Eres verdaderamente dichoso porque es mi Padre quien te lo ha revelado; la humana opinión no te ha inducido a error, sino que la revelación del cielo te ha iluminado, y no ha sido nadie de carne y hueso, sino que te lo ha enseñado aquel de quien soy el Hijo único».

Y añade: Ahora te digo yo, esto es: «Del mismo modo que mi Padre te ha revelado mi divinidad, igualmente yo ahora te doy a conocer tu dignidad: Tú eres Pedro, que soy la piedra inviolable, la piedra angular que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, yo, que soy el fundamento, fuera del cual nadie puede edificar, te digo a ti, Pedro, que eres también piedra, porque serás fortalecido por mi poder de tal forma que lo que me pertenece por propio poder sea común a ambos por tu participación conmigo».

Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. «Sobre esta fortaleza –quiere decir– construiré el templo eterno y la sublimidad de mi Iglesia, que alcanzará el cielo y se levantará sobre la firmeza de la fe de Pedro».

El poder del infierno no podrá con esta profesión de fe ni la encadenarán los lazos de la muerte, pues estas palabras son palabras de vida. Y del mismo modo que lleva al cielo a los confesores de la fe, igualmente arroja al infierno a los que la niegan.

Por esto dice al bienaventurado Pedro: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

La prerrogativa de este poder se comunica también a los otros apóstoles y se transmite a todos los obispos de la Iglesia, pero no en vano se encomienda a uno lo que se ordena a todos; de una forma especial se otorga esto a Pedro, porque la figura de Pedro se pone al frente de todos los pastores de la Iglesia.


Obispos de EEUU a Biden: Lo ayudaremos pero sin renunciar a defender la vida y la familia

enero 22, 2021

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Joe Biden. Crédito: European Parliament/Pietro Naj-Oleari (CC BY-NC-ND 2.0)

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Obispos de EEUU a Biden: Lo ayudaremos pero sin renunciar a defender la vida y la familia

Redacción ACI Prensa

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Los obispos de Estados Unidos dijeron en un mensaje a Joe Biden, el segundo presidente “católico” de Estados Unidos, que están dispuestos a colaborar como lo hacen con todas las administraciones, pero sin renunciar a defender valores fundamentales como la vida y la familia, teniendo en cuenta la posición pro aborto expresada por el nuevo mandatario.

Así lo manifestó la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), en un comunicado con ocasión de la toma de posesión de Joseph R. Biden como presidente de Estados Unidos al mediodía (hora del Este) de hoy 20 de enero.

Biden, que postuló por el Partido Demócrata, lleva como vicepresidenta a la abortista Kamala Harris. Además, nominó a Samantha Power, defensora del aborto y ex embajadora estadounidense ante la ONU, como administradora de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

“Para los obispos de la nación, la continua injusticia del aborto sigue siendo la ‘prioridad preeminente’. Aunque preeminente no significa ‘única’. Tenemos una profunda preocupación por las muchas amenazas a la vida y la dignidad humanas en nuestra sociedad. Pero, como enseña el Papa Francisco, no podemos quedarnos en silencio cuando casi un millón de vidas por nacer son terminadas anualmente en nuestro país a través del aborto”, señala el comunicado firmado por el presidente de la USCCB, Mons. José Gómez.

Por ello, escribió, “en lugar de imponer más expansiones del aborto y la anticoncepción, como ha prometido, tengo la esperanza de que el nuevo presidente y su administración trabajarán con la Iglesia y otras personas de buena voluntad. Mi esperanza es que podamos iniciar un diálogo para tratar los complicados factores culturales y económicos que motivan el aborto y desaniman a las familias”.

En su comunicado, el presidente de la USCCB dijo que los obispos esperan poder “trabajar con el presidente Biden, su administración y con el nuevo Congreso”.

“Como ocurre con todas las administraciones, habrá áreas en las que estaremos de acuerdo y en las que trabajaremos juntos con estrecha colaboración, pero también habrá áreas en las que tendremos desacuerdos de principios y una fuerte oposición”, señaló.

Mons. Gómez recordó que Biden “será nuestro primer presidente en 60 años que profesa la fe católica. En una época de creciente y agresivo secularismo en la cultura estadounidense, cuando los creyentes religiosos enfrentan muchos desafíos, será refrescante interactuar con un presidente que evidentemente comprende, profunda y personalmente, la importancia de la fe y las instituciones religiosas”.

“Observo con mucha esperanza y motivación la experiencia personal y piedad del Señor Biden, su conmovedor testimonio de cómo su fe le ha traído consuelo en tiempos difíciles y trágicos y su compromiso de mucho tiempo con la prioridad que establece el Evangelio para los pobres”, escribió.

Sin embargo, recordó que “nuestro nuevo presidente se ha comprometido a seguir ciertas políticas que promoverían los males morales y amenazarían la vida y la dignidad humanas, más seriamente en las áreas del aborto, la anticoncepción, el matrimonio y el género. Es motivo de profunda preocupación la libertad de la Iglesia y la libertad de los creyentes para vivir de acuerdo con sus conciencias”.

Analistas consideran que entre las primeras decisiones de Biden, una vez asumida la presidencia, serían la derogación de la Protect Life Rule (Regla para la Protección de la Vida) y de la ampliación de la Política de Ciudad de México.

La Protect Life Rule evita que las organizaciones que realizan o refieren abortos reciban fondos del “Programa de Planificación Familiar del Title X”. De hecho, esto hizo que Planned Parenthood dejara de recibir aproximadamente 60 millones de dólares anuales en fondos federales.

La Política de la Ciudad de México prohíbe el financiamiento federal de organizaciones no gubernamentales internacionales que promueven el aborto como método de planificación familiar.

Mons. Gómez señaló que “el aborto es un ataque directo a la vida que también lastima a la mujer y socava a la familia. No es sólo un asunto privado, ello genera problemáticas situaciones en aspectos fundamentales como la fraternidad, la solidaridad y la inclusión en la comunidad humana. También es una cuestión de justicia social”.

“No podemos ignorar la realidad de que las tasas de aborto son mucho más altas entre los pobres y minorías, y que el procedimiento se usa regularmente para eliminar a los niños que nacerían con discapacidades”, expresó.

“Mi esperanza es igualmente que trabajemos juntos para poner finalmente en práctica una política familiar coherente en este país que reconozca la importancia crucial de los matrimonios y crianza sólidos para el bienestar de los niños y la estabilidad de las comunidades. Si el presidente, con pleno respeto por la libertad religiosa de la Iglesia, participara en esta conversación, sería de gran ayuda para restaurar el equilibrio civil y curar las necesidades de nuestro país”, afirmó.

El presidente de la USCCB señaló que los obispos católicos no son actores partidistas activos sino pastores “responsables de las almas de millones de estadounidenses y defensores de las necesidades de todos nuestros vecinos”; y cuando hablan sobre problemas de la vida pública estadounidense tratan de formar conciencia y aportar principios basados en el Evangelio y enseñanzas sociales de la Iglesia.

“Jesucristo reveló el plan de amor de Dios por la creación y la verdad sobre la persona humana, que fue creada a su imagen y semejanza, dotada de la dignidad, los derechos y las responsabilidades dadas por Dios y llamada a un destino trascendente”, indicó.

Estas realidades, añadió, “se reflejan en la Declaración de la Independencia y la Declaración de los Derechos”.

“Trabajamos con todos los presidentes y todos los congresos. En algunos temas nos ubicamos más del lado de los demócratas, mientras que en otros nos encontramos más del lado de los republicanos. Nuestras prioridades nunca son partidistas. Somos católicos en primer lugar, y solo buscamos seguir fielmente a Jesucristo y promover su visión de la fraternidad y la comunidad humanas”, escribió el presidente de la USCCB.

Mons. Gómez, que pidió a Dios que dé a Biden “sabiduría y valor” para liderar el país, dijo que el llamado del nuevo presidente “por una reconciliación nacional y unidad es bienvenido a todos los niveles. Es algo que se necesita urgentemente mientras enfrentamos el trauma en nuestro país causado por la pandemia del coronavirus y el aislamiento social, que sólo han agravado las intensas y largas divisiones entre nuestros conciudadanos”.

“Como creyentes, entendemos que la sanidad es un regalo que sólo podemos recibir de la mano de Dios. Sabemos también que la reconciliación real requiere escuchar con paciencia a quienes no están de acuerdo con nosotros y la voluntad de perdonar y superar los deseos de represalia. El amor cristiano nos llama a amar a nuestros enemigos y a bendecir a los que se oponen a nosotros, y a tratar a los demás con la misma compasión que queremos para nosotros”, escribió el también Arzobispo de Los Ángeles.

“Estamos todos bajo la atenta mirada de Dios, quien es el único que puede juzgar las intenciones de nuestros corazones. Oro para que Dios le dé a nuestro nuevo presidente, y a todos nosotros, la gracia de buscar el bien común con toda sinceridad”.

“Encomiendo todas nuestras esperanzas y ansiedades en este nuevo momento al tierno corazón de la Santísima Virgen María, madre de Cristo y patrona de esta nación excepcional. Que ella nos guíe por los caminos de la paz y nos ofrezca la sabiduría y la gracia de un verdadero patriotismo y amor por la patria”, culminó el presidente de la USCCB.

https://www.aciprensa.com/noticias/obispos-de-eeuu-a-biden-lo-ayudaremos-pero-sin-renunciar-a-defender-la-vida-y-la-familia-74508?fbclid=IwAR2m_7ApWh7f9wX8agJyrNQRqNDUp2-ui_NiH8gfawi-Y-ZHfieTVe_y4W8


San Edmundo Campion: El anglicano que dio su vida por el Rey

enero 14, 2021

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Condenado a muerte, el 1 de diciembre de 1581 fue ahorcado un inglés que se negó a dar a la reina lo que era del Rey.

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San Edmundo Campion: El anglicano que dio su vida por el Rey

Brillante profesor de Oxford, este diácono anglicano se convirtió a la fe católica de la mano de los padres de la Iglesia. Con él volvió la Eucaristía a Londres, motivo por el que fue torturado y ahorcado en 1581

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo 

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Si nunca ha habido un tiempo idóneo para ser santos, pues toda época tiene sus turbulencias, el que le tocó vivir a san Edmundo Campion fue especialmente difícil.

Nació pocos años después del cisma anglicano que provocó Enrique VIII y que intentó revertir sin éxito su hija María I de Inglaterra. Vio la luz en una familia católica que preparó para él un brillante futuro en Oxford, donde enseguida se convirtió en uno de sus alumnos más prometedores.

Ya como profesor, arrastraba tras de sí a una legión de seguidores que se hacían llamar campionistas. Desarrolló su carrera en un entorno cada vez más anticatólico y, empujado por la marea, incluso empezó a asistir a los servicios protestantes de la universidad.

En 1564 juró el Acta de Supremacía, reconociendo así al monarca como cabeza de la Iglesia en Inglaterra. En esta misma Iglesia llegó a recibir tres años después la ordenación diaconal. A estas alturas era ya vicecanciller de Oxford y estaba en boca de todos que llegaría a ser el futuro arzobispo de Canterbury, primado de la Iglesia Anglicana.

Todo cuadraba para que Campion pudiera convertirse en uno de los hombres más exitosos en la historia de Inglaterra.

Vuelta al catolicismo en Dublín

Sin embargo, esta vertiginosa carrera escondía una tormenta en el interior de Edmundo. Por un lado, le tentaba la promesa de una carrera más que prometedora, pero por otro, su conciencia le planteaba serias dudas.

Fueron años difíciles, pues se vio obligado a recibir la ordenación sacerdotal en la nueva Iglesia si deseaba seguir su carrera académica. Sin estar totalmente seguro, se resistió a dar ese paso y fue retrasando cada vez más la fecha de la celebración.

Evelyn Waugh, en su biografía sobre Campion, describe cómo son los Padres de la Iglesia los que le rescatan en medio de su tempestad para para volver al credo católico y rechazar así la aventura anglicana.

«No podía encontrar probable que la verdad, oculta al mundo por 15 siglos, se le hubiera revelado de súbito en los últimos años a un grupo de ingleses importantes», escribe Waugh, converso él mismo a la fe de Roma.

Finalmente, la conciencia de Campion le hizo renunciar a la vida en Inglaterra para encontrar algo de paz. Huyó a Dublín y allí retomó el contacto con la fe en la que nació. Cuando el 25 de febrero de 1570 el Papa Pío V dicta la bula Regnans in excelsis y excomulga a la reina Isabel, vio peligrar su vida y escapó de nuevo.

Tras varios intentos de abandonar las islas, Campion recaló en el colegio inglés de Douai, en la Flandes de entonces. Allí se encontró con una auténtica comunidad católica –muchos de sus compañeros eran antiguos alumnos suyos– en la que llegó a recibir de nuevo los sacramentos de los que se privó durante diez años.

En 1573 realizó una peregrinación a pie hasta Roma y se unió a la Compañía de Jesús, en el seno de la cual recibió la ordenación sacerdotal cinco años más tarde. Los jesuitas de toda Europa se rifaban a un compañero con semejante currículo, pero él tenía los ojos puestos en su patria y en los católicos que allí quedaban.

En 1580, con la bendición del Papa, partió con otros doce sacerdotes ingleses hacia la isla que les vio nacer. Campion no tenía dudas: «He realizado la libre oblación de mí mismo a Dios, para la vida y para la muerte, y confío que me concederá la gracia y la fuerza de ser fiel. Es todo lo que deseo», afirmó.

Clandestino en su tierra

Entró en su país de manera clandestina y allí se dedicó a celebrar la Misa en secreto. Con él volvió la Eucaristía a Londres, y también el sacramento de la Confesión. La comunidad católica, proscrita y perseguida, revivió con Campion, pero, por seguridad, ni siquiera podía dormir una noche seguida en el mismo lugar. Su presencia en la capital inglesa era toda una provocación.

El 17 de julio de 1581 fue delatado y detenido, y en la Torre de Londres se le torturó de manera despiadada. Intentaron hacerle renegar de su fe y que prestase juramento a la reina de Inglaterra, pero sin éxito. Condenado a muerte, el 1 de diciembre de 1581 fue ahorcado un inglés que se negó a dar a la reina lo que era del Rey.

San Edmundo Campion: El anglicano que dio su vida por el Rey

  • 1540: Nace en Londres
  • 1553: Comienza a estudiar en Oxford
  • 1564: Jura el Acta de Supremacía de la Iglesia anglicana
  • 1567: Es ordenado diácono en la Iglesia anglicana
  • 1569: Huye a Dublín
  • 1571: Recala en el colegio inglés de Douai
  • 1573: Entra en la Compañía de Jesús
  • 1578: Recibe el sacramento del sacerdocio
  • 1580: Vuelve a Londres
  • 1581. Muere mártir en la horca
  • 1970: Es canonizado por Pablo VI

Acceso de las mujeres al ministerio instituido del lectorado y acolitado (Carta apostólica “Spiritus Domini”)

enero 11, 2021

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Un grupo de mujeres saluda al Papa Francisco expresándole su aprecio y amor.

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Acceso de las mujeres al ministerio instituido del lectorado y acolitado (Carta apostólica “Spiritus Domini”)

Texto de la Carta apostólica “Spiritus Domini” en forma de “Motu Proprio” sobre la modificación del canon 230 $ 1 del Código de Derecho Canónico acerca del acceso de las mujeres al ministerio instituido del lectorado y acolitado, 11.01.2021.

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El Espíritu del Señor Jesús, fuente perenne de la vida y misión de la Iglesia, distribuye a los miembros del Pueblo de Dios los dones que permiten a cada uno, de manera diferente, contribuir a la edificación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio.

Estos carismas, llamados ministerios por ser reconocidos públicamente e instituidos por la Iglesia, se ponen a disposición de la comunidad y su misión de forma estable.

En algunos casos esta contribución ministerial tiene su origen en un sacramento específico, el Orden Sagrado. Otras tareas, a lo largo de la historia, han sido instituidas en la Iglesia y confiadas a través de un rito litúrgico no sacramental a los fieles, en virtud de una forma peculiar de ejercicio del sacerdocio bautismal, y en ayuda del ministerio específico de los obispos, sacerdotes y diáconos.

Siguiendo una venerable tradición, la recepción de los “ministerios laicales”, que san Pablo VI reguló en el Motu Proprio Ministeria quaedam (17 de agosto de 1972), precedía como preparación a la recepción del Sacramento del Orden, aunque tales ministerios se conferían a otros fieles idóneos de sexo masculino.

Algunas asambleas del Sínodo de los Obispos han evidenciado la necesidad de profundizar doctrinalmente en el tema, para que responda a la naturaleza de dichos carismas y a las necesidades de los tiempos, y ofrezca un apoyo oportuno al papel de la evangelización que atañe a la comunidad eclesial.

Aceptando estas recomendaciones, se ha llegado en los últimos años a una elaboración doctrinal que ha puesto de relieve cómo determinados ministerios instituidos por la Iglesia tengan como fundamento la condición común de ser bautizados y el sacerdocio real recibido en el sacramento del Bautismo; éstos son esencialmente distintos del ministerio ordenado recibido en el sacramento del Orden.

En efecto, una práctica consolidada en la Iglesia latina ha confirmado también que estos ministerios laicos, al estar basados en el sacramento del Bautismo, pueden ser confiados a todos los fieles idóneos, sean de sexo masculino o femenino, según lo que ya está previsto implícitamente en el canon 230 § 2.

En consecuencia, después de haber escuchado el parecer de los Dicasterios competentes, he decidido proceder a la modificación del canon 230 § 1 del Código de Derecho Canónico. Por lo tanto, decreto que el canón 230 § 1 del Código de Derecho Canónico tenga en el futuro la siguiente redacción:

“Los laicos que tengan la edad y los dones determinados por decreto de la Conferencia Episcopal podrán ser asumidos establemente, mediante el rito litúrgico establecido, en los ministerios de lectores y acólitos; sin embargo, tal atribución no les da derecho al sustento ni a la remuneración por parte de la Iglesia”.

Dispongo también la modificación de los otros elementos, con fuerza de ley, que se refieren a este canon.

Lo deliberado por esta Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, ordeno que tenga vigencia firme y estable, no obstante cualquier cosa contraria, aunque sea digna de mención especial, y que se promulgue mediante su publicación en L’Osservatore Romano, entrando en vigor el mismo día, y luego se publique en el comentario oficial de las Acta Apostolicae Sedis.

Dado en Roma, en San Pedro, el 10 de enero del año 2021, fiesta del Bautismo del Señor, octavo de mi pontificado.

Francisco

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2021/01/11/carta.html


El Papa Francisco da acceso a las mujeres a los oficios de Lector y Acólito

enero 11, 2021

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El Papa Francisco durante la Misa de Epifanía. Foto: Vatican Media.

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El Papa Francisco da acceso a las mujeres a los oficios de Lector y Acólito

Redacción ACI Prensa, 11 enero 2021

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El Papa Francisco abrió a las mujeres los oficios del Lector y del Acólito, dos ministerios reservados a los varones en virtud de lo establecido en el Código de Derecho Canónico (CIC) pero que en la Iglesia latina ya se había dado acceso a las mujeres en virtud de otro canon del CIC.

Esta nueva disposición se ha establecido mediante la aprobación el 10 de enero, por parte del Santo Padre, del Motu Proprio Spiritus Domini que modifica el canon 230 § 1 del Código de Derecho Canónico sobre el acceso de las mujeres al ministerio instituido del lectorado y acolitado.

Hasta ahora, el canon 230 § 1 establecía que “los varones laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia”.

De ahora en adelante, de acuerdo con el Motu Proprio Spiritus Domini, el canon 230 § 1 quedará redactado del siguiente modo: “Los laicos que tengan la edad y los dones determinados por decreto de la Conferencia Episcopal podrán ser asumidos establemente, mediante el rito litúrgico establecido, en los ministerios de lectores y acólitos; sin embargo, tal atribución no les da derecho al sustento ni a la remuneración por parte de la Iglesia”.

Es decir, se elimina la referencia a “los varones laicos” abriendo el lectorado y acolitado a todos los bautizados, incluidas las mujeres.

En cualquier caso, recuerda el Papa, se trata de una práctica ya consolidada en la Iglesia latina en virtud de lo establecido en el canon 230 § 2: “Por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la función de lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo, todos los laicos pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras, a tenor de la norma del derecho”.

Esta decisión, según afirma el mismo Pontífice en el Motu Proprio, se produce tras escuchar las recomendaciones de “algunas Asambleas del Sínodo de los Obispos”.

Tradicionalmente, señala el Papa, “la recepción de los ministerios laicales precedía a la recepción del Sacramento del Orden a modo de preparación, aunque dichos ministerios se les concediera a otros fieles idóneos de sexo masculino”.

Esa práctica quedó regulada en virtud del Motu Proprio Ministeria quaedam del 17 de agosto de 1972 durante el Pontificado de San Pablo VI.

Sin embargo, continúa el Santo Padre, “algunas Asambleas del Sínodo de los Obispos han evidenciado la necesidad de profundizar doctrinalmente en el tema, de forma que responda a la naturaleza de dichos carismas y a las exigencias de los tiempos”.

En su argumentación con la que abre el Motu Proprio, el Papa diferencia entre los ministerios que responden al Orden sagrado, como el sacerdocio, de los ministerios laicales, que no se instituyen en virtud de un sacramento.

Francisco explica que el Espíritu Santo “distribuye a los miembros del pueblo de Dios los dones que permiten a cada uno, de forma diferente, contribuir a la edificación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio”. Esos dones, recuerda el Pontífice, reciben el medio de “ministerios”.

Los ministerios pueden ser de dos tipos. El primero es el que se refiere al Orden sagrado: “En algunos casos, dicha contribución ministerial tiene su origen en un sacramento específico, el Orden sagrado”.

El segundo se refiere a otras funciones que a lo largo de la historia “se han instituido en la Iglesia y confiados mediante un rito litúrgico no sacramental a personas individuales en virtud de una particular forma de ejercicio del sacerdocio bautismal y en ayuda del ministerio específico de obispos, presbíteros y diáconos”.

De hecho, hace hincapié en que “en los últimos años se ha llegado a una elaboración doctrinal que ha puesto de relieve cómo determinados ministerios instituidos por la Iglesia tengan como fundamento la condición común de ser bautizados y el sacerdocio real recibido en el sacramento del Bautismo”.

Esos ministerios “son esencialmente distintos del ministerio ordenado recibido en el sacramento del Orden”.

Funciones del Lector y del Acólito

Según el Motu Proprio Ministeria quaedam, del 17 de agosto de 1972, firmado por el Papa San Pablo VI, el ministerio del Lector tiene como función “leer la palabra de Dios en la asamblea litúrgica”.

El lector “proclamará las lecturas de la Sagrada Escritura, pero no el Evangelio, en la Misa y en las demás celebraciones sagradas; faltando el salmista, recitará el Salmo interleccional; proclamará las intenciones de la Oración Universal de los fieles, cuando no haya a disposición diácono o cantor; dirigirá el canto y la participación del pueblo fiel; instruirá a los fieles para recibir dignamente los Sacramentos”.

Por su parte, el Acólito, según lo establecido en dicho Motu Proprio de San Pablo VI, “queda instituido para ayudar al diácono y prestar su servicio al sacerdote”.

Lea el Motu Proprio Spiritus Domini AQUÍ.

https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-da-acceso-a-las-mujeres-a-los-oficios-de-lector-y-acolito-84141


Hace 2021 años que nació el Mesías… ¿y qué ha pasado?

enero 8, 2021

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Esta es el agua unida al Espíritu con la que Cristo fue bautizado, sobre la que descendió el Espíritu Santo y se escuchó una voz: Este es mi Hijo.

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Hace 2021 años que nació el Mesías… ¿y qué ha pasado?

“Después de dos mil años de cristianismo, la evangelización se halla todavía en sus comienzos” (Redemptoris missio, 30).

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Estamos culminando la celebración del nacimiento del Mesías, la Navidad, y ¿qué ha pasado en cada uno de nosotros? Da pena que se acabe tan pronto, pues la hemos sentido como una experiencia única: Casi no hemos tenido tiempo de saborear cada detalle de la celebración del Misterio. Sin agotar una perspectiva del Acontecimiento, ya teníamos encima otra “manifestación” del Misterio, que, por cierto, nos ha resulta inabarcable…

A pesar de todo, seguiremos, con el buen gusto de boca, a la expectativa de lo que la Madre Iglesia nos vaya deparando en la Liturgia… Pero no pasaremos página sin aprovechar algunas perlas que nos ofrece la espiritualidad de la Navidad y la contemplación del Misterio de la Encarnación, de los desposorios de Dios con la Humanidad, del regalo inconmensurable de la filiación divina ofrecida a todos los hombres de buena voluntad.

Apreciados lectores, os comparto unas preces y un extracto de un sermón de la Epifanía, tomados de la Liturgia de las Horas de estos días. Que alimenten vuestra debilidad y satisfagan vuestra sed de Dios. Además, añadiré dos textos del Magisterio de san Juan Pablo II.

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El agua y el Espíritu

Jesús fue a donde Juan y recibió de él el bautismo. Cosa realmente admirable. La corriente inextinguible que alegra la ciudad de Dios es lavada con un poco de agua. La fuente inalcanzable, que hace germinar la vida para todos los hombres y que nunca se agosta, se sumerge en unas aguas pequeñas y temporales.

El que se halla presente en todas partes y jamás se ausenta, el que es incomprensible para los ángeles y está lejos de las miradas de los hombres, se acercó al bautismo cuando él quiso. Se abrió el cielo, y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto».

El amado produce amor, y la luz inmaterial genera una luz inaccesible: «Este es el que se llamó hijo de José, es mi Unigénito según la esencia divina».

Este es mi Hijo, el amado: aquel que pasó hambre, y dio de comer a innumerables multitudes; que trabajaba, y confortaba a los que trabajaban; que no tenía dónde reclinar su cabeza, y lo había creado todo con su mano; que padeció, y curaba todos los padecimientos; que recibió bofetadas, y dio al mundo la libertad; que fue herido en el costado, y curó el costado de Adán.

Pero prestadme cuidadosamente atención: quiero acudir a la fuente de la vida, quiero contemplar esa fuente medicinal.

El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Hijo, Palabra inmortal, que vino a los hombres para lavarlos con el agua y el Espíritu: y, para regenerarnos con la incorruptibilidad del alma y del cuerpo, insufló en nosotros el espíritu de vida y nos vistió con una armadura incorruptible.

Si, pues, el hombre ha sido hecho inmortal, también será dios. Y si se ve hecho dios por la regeneración del baño del bautismo, en virtud del agua y del Espíritu Santo, resulta también que después de la resurrección de entre los muertos será coheredero de Cristo.

Por lo cual, grito con voz de pregonero: Venid, las tribus todas de las gentes, al bautismo de la inmortalidad. Ésta es el agua unida con el Espíritu, con la que se riega el paraíso, se fecunda la tierra, las plantas crecen, los animales se multiplican; y, en definitiva, el agua por la que el hombre regenerado se vivifica, con la que Cristo fue bautizado, sobre la que descendió el Espíritu Santo en forma de paloma.

Y el que desciende con fe a este baño de regeneración renuncia al diablo y se entrega a Cristo, reniega del enemigo y confiesa que Cristo es Dios, se libra de la esclavitud y se reviste de la adopción, y vuelve del bautismo tan espléndido como el sol, fulgurante de rayos de justicia; y, lo que es el máximo don, se convierte en hijo de Dios y coheredero de Cristo.

A él la gloria y el poder, junto con el Espíritu Santo, bueno y vivificante, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

https://www.corazones.org/biblia_y_liturgia/oficio_lectura/fechas/enero_8.htm

Preces

Celebremos la misericordia de Cristo, que ha venido al mundo para que la creación se viera liberada de la esclavitud de la corrupción y pudiera entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios; seguros, pues, de este amor que Dios nos tiene, digamos:

Por tu nacimiento, líbranos, Señor, de todo mal.

Tú, Señor, que existiendo, desde siempre has querido asumir una vida nueva al hacerte hombre, renuévanos a nosotros por el misterio de tu nacimiento.

Tú que, sin dejar de ser Dios como el Padre, quisiste hacerte hombre como nosotros, haz que nuestra vida alcance su plenitud por la participación en tu vida divina.

Tú que al venir al mundo has querido ser luz de los paganos y maestro de todos los
hombres, haz que tu palabra sea antorcha para nuestros pasos.

Palabra de Dios, que te hiciste carne en el seno de María Virgen y viniste al mundo, dígnate habitar siempre por la fe en nuestros corazones.

Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.

Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres y que su amor se extienda por toda la tierra, pidamos al Padre que su reino venga a nosotros:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal.

Oremos:

Señor, Dios nuestro, cuyo Hijo se manifestó en la realidad de nuestra carne, concédenos poder transformarnos interiormente a imagen de aquel que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.- Amén.

https://www.liturgiadelashoras.info/hoy/rezar-laudes.html

Y concluyo con dos textos del Magisterio de san Juan Pablo II que nos abren el horizonte de la Iglesia y de la Humanidad que esperan todavía la salvación del Niño Dios que acabamos de adorar y de contemplar con gozo y alabanzas a Dios.

Pueblos todos, abrid las puertas a Cristo! Su Evangelio no resta nada a la libertad humana, al debido respeto de las culturas, a cuanto hay de bueno en cada religión. Al acoger a Cristo, os abrís a la Palabra definitiva de Dios, a aquel en quien Dios se ha dado a conocer plenamente y a quien el mismo Dios nos ha indicado como camino para llegar hasta él.

El número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión.

Por otra parte, nuestra época ofrece en este campo nuevas ocasiones a la Iglesia: la caída de ideologías y sistemas políticos opresores; la apertura de fronteras y la configuración de un mundo más unido, merced al incremento de los medios de comunicación; el afianzarse en los pueblos los valores evangélicos que Jesús encarnó en su vida (paz, justicia, fraternidad, dedicación a los más necesitados); un tipo de desarrollo económico y técnico falto de alma que, no obstante, apremia a buscar la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre el sentido de la vida.

Dios abre a la Iglesia horizontes de una humanidad más preparada para la siembra evangélica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos. (Redemptoris Missio, n. 3).

La actividad misionera está aún en sus comienzos

Nuestra época, con la humanidad en movimiento y búsqueda, exige un nuevo impulso en la actividad misionera de la Iglesia. Los horizontes y las posibilidades de la misión se ensanchan, y nosotros los cristianos estamos llamados a la valentía apostólica, basada en la confianza en el Espíritu ¡El es el protagonista de la misión!

En la historia de la humanidad son numerosos los cambios periódicos que favorecen el dinamismo misionero. La Iglesia, guiada por el Espíritu, ha respondido siempre a ellos con generosidad y previsión.

Los frutos no han faltado. Hace poco se ha celebrado el milenario de la evangelización de la Rusia y de los pueblos eslavos y se está acercando la celebración del V Centenario de la evangelización de América. Asimismo se han conmemorado recientemente los centenarios de las primeras misiones en diversos Países de Asia, África y Oceanía.

Hoy la Iglesia debe afrontar otros desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión ad gentes, como en la nueva evangelización de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo.

Hoy se pide a todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal la misma valentía que movió a los misioneros del pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del Espíritu (Redemptoris Missio, n. 30).



 


Mensaje del Papa Francisco: Jornada Mundial de la Paz 2021

diciembre 31, 2020

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La paz, la aspiración de los seres humanos…

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 54 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2021

La cultura del cuidado como camino de paz

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1. En el umbral del Año Nuevo, deseo presentar mi más respetuoso saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los responsables de las organizaciones internacionales, a los líderes espirituales y a los fieles de diversas religiones, y a los hombres y mujeres de buena voluntad.

A todos les hago llegar mis mejores deseos para que la humanidad pueda progresar en este año por el camino de la fraternidad, la justicia y la paz entre las personas, las comunidades, los pueblos y los Estados.

El año 2020 se caracterizó por la gran crisis sanitaria de COVID-19, que se ha convertido en un fenómeno multisectorial y mundial, que agrava las crisis fuertemente interrelacionadas, como la climática, alimentaria, económica y migratoria, y causa grandes sufrimientos y penurias.

Pienso en primer lugar en los que han perdido a un familiar o un ser querido, pero también en los que se han quedado sin trabajo. Recuerdo especialmente a los médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de los hospitales y centros de salud, que se han esforzado y siguen haciéndolo, con gran dedicación y sacrificio, hasta el punto de que algunos de ellos han fallecido procurando estar cerca de los enfermos, aliviar su sufrimiento o salvar sus vidas.

Al rendir homenaje a estas personas, renuevo mi llamamiento a los responsables políticos y al sector privado para que adopten las medidas adecuadas a fin de garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para prestar asistencia a los enfermos y a los más pobres y frágiles [1].

Es doloroso constatar que, lamentablemente, junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad, están cobrando un nuevo impulso diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción.

Estos y otros eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el último año, nos enseñan la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad.

Por eso he elegido como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz. Cultura del cuidado para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que suele prevalecer hoy en día.

2. Dios Creador, origen de la vocación humana al cuidado

En muchas tradiciones religiosas, hay narraciones que se refieren al origen del hombre, a su relación con el Creador, con la naturaleza y con sus semejantes. En la Biblia, el Libro del Génesis revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por la humanidad, poniendo en evidencia la relación entre el hombre (’adam) y la tierra (’adamah), y entre los hermanos.

En el relato bíblico de la creación, Dios confía el jardín “plantado en el Edén” (cf. Gn 2,8) a las manos de Adán con la tarea de “cultivarlo y cuidarlo” (cf. Gn 2,15). Esto significa, por un lado, hacer que la tierra sea productiva y, por otro, protegerla y hacer que mantenga su capacidad para sostener la vida [2].

Los verbos “cultivar” y “cuidar” describen la relación de Adán con su casa-jardín e indican también la confianza que Dios deposita en él al constituirlo señor y guardián de toda la creación.

El nacimiento de Caín y Abel dio origen a una historia de hermanos, cuya relación sería interpretada —negativamente— por Caín en términos de protección o custodia. Caín, después de matar a su hermano Abel, respondió así a la pregunta de Dios: «¿Acaso yo soy guardián de mi hermano?» (Gn 4,9) [3].

Sí, ciertamente. Caín era el “guardián” de su hermano. «En estos relatos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás» [4].

3. Dios Creador, modelo del cuidado

La Sagrada Escritura presenta a Dios no sólo como Creador, sino también como Aquel que cuida de sus criaturas, especialmente de Adán, de Eva y de sus hijos. El mismo Caín, aunque cayera sobre él el peso de la maldición por el crimen que cometió, recibió como don del Creador una señal de protección para que su vida fuera salvaguardada (cf. Gn 4,15).

Este hecho, si bien confirma la dignidad inviolable de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, también manifiesta el plan divino de preservar la armonía de la creación, porque «la paz y la violencia no pueden habitar juntas» [5].

Precisamente el cuidado de la creación está en la base de la institución del Shabbat que, además de regular el culto divino, tenía como objetivo restablecer el orden social y el cuidado de los pobres (cf. Gn 1,1-3; Lv 25,4).

La celebración del Jubileo, con ocasión del séptimo año sabático, permitía una tregua a la tierra, a los esclavos y a los endeudados. En ese año de gracia, se protegía a los más débiles, ofreciéndoles una nueva perspectiva de la vida, para que no hubiera personas necesitadas en la comunidad (cf. Dt 15,4).

También es digna de mención la tradición profética, donde la cumbre de la comprensión bíblica de la justicia se manifestaba en la forma en que una comunidad trataba a los más débiles que estaban en ella. Por eso Amós (2,6-8; 8) e Isaías (58), en particular, hacían oír continuamente su voz en favor de la justicia para los pobres, quienes, por su vulnerabilidad y falta de poder, eran escuchados sólo por Dios, que los cuidaba (cf. Sal 34,7; 113,7-8).

4. El cuidado en el ministerio de Jesús

La vida y el ministerio de Jesús encarnan el punto culminante de la revelación del amor del Padre por la humanidad (cf. Jn 3,16). En la sinagoga de Nazaret, Jesús se manifestó como Aquel a quien el Señor ungió «para anunciar la buena noticia a los pobres, ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos» (Lc 4,18).

Estas acciones mesiánicas, típicas de los jubileos, constituyen el testimonio más elocuente de la misión que le confió el Padre. En su compasión, Cristo se acercaba a los enfermos del cuerpo y del espíritu y los curaba; perdonaba a los pecadores y les daba una vida nueva.

Jesús era el Buen Pastor que cuidaba de las ovejas (cf. Jn 10,11-18; Ez 34,1-31); era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de él (cf. Lc 10,30-37).

En la cúspide de su misión, Jesús selló su cuidado hacia nosotros ofreciéndose a sí mismo en la cruz y liberándonos de la esclavitud del pecado y de la muerte. Así, con el don de su vida y su sacrificio, nos abrió el camino del amor y dice a cada uno: “Sígueme y haz lo mismo” (cf. Lc 10,37).

5. La cultura del cuidado en la vida de los seguidores de Jesús

Las obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el núcleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva. Los cristianos de la primera generación compartían lo que tenían para que nadie entre ellos pasara necesidad (cf. Hch 4,34-35) y se esforzaban por hacer de la comunidad un hogar acogedor, abierto a todas las situaciones humanas, listo para hacerse cargo de los más frágiles.

Así, se hizo costumbre realizar ofrendas voluntarias para dar de comer a los pobres, enterrar a los muertos y sustentar a los huérfanos, a los ancianos y a las víctimas de desastres, como los náufragos. Y cuando, en períodos posteriores, la generosidad de los cristianos perdió un poco de dinamismo, algunos Padres de la Iglesia insistieron en que la propiedad es querida por Dios para el bien común.

Ambrosio sostenía que «la naturaleza ha vertido todas las cosas para el bien común. […] Por lo tanto, la naturaleza ha producido un derecho común para todos, pero la codicia lo ha convertido en un derecho para unos pocos» [6]. Habiendo superado las persecuciones de los primeros siglos, la Iglesia aprovechó la libertad para inspirar a la sociedad y su cultura.

«Las necesidades de la época exigían nuevos compromisos al servicio de la caridad cristiana. Las crónicas de la historia reportan innumerables ejemplos de obras de misericordia. De esos esfuerzos concertados han surgido numerosas instituciones para el alivio de todas las necesidades humanas: hospitales, hospicios para los pobres, orfanatos, hogares para niños, refugios para peregrinos, entre otras» [7].

6. Los principios de la doctrina social de la Iglesia como fundamento de la cultura del cuidado

La diakonia de los orígenes, enriquecida por la reflexión de los Padres y animada, a lo largo de los siglos, por la caridad activa de tantos testigos elocuentes de la fe, se ha convertido en el corazón palpitante de la doctrina social de la Iglesia, ofreciéndose a todos los hombres de buena voluntad como un rico patrimonio de principios, criterios e indicaciones, del que extraer la “gramática” del cuidado: la promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación.

* El cuidado como promoción de la dignidad y de los derechos de la persona.

«El concepto de persona, nacido y madurado en el cristianismo, ayuda a perseguir un desarrollo plenamente humano. Porque persona significa siempre relación, no individualismo, afirma la inclusión y no la exclusión, la dignidad única e inviolable y no la explotación» [8].

Cada persona humana es un fin en sí misma, nunca un simple instrumento que se aprecia sólo por su utilidad, y ha sido creada para convivir en la familia, en la comunidad, en la sociedad, donde todos los miembros tienen la misma dignidad.

De esta dignidad derivan los derechos humanos, así como los deberes, que recuerdan, por ejemplo, la responsabilidad de acoger y ayudar a los pobres, a los enfermos, a los marginados, a cada uno de nuestros «prójimos, cercanos o lejanos en el tiempo o en el espacio» [9].

* El cuidado del bien común.

Cada aspecto de la vida social, política y económica encuentra su realización cuando está al servicio del bien común, es decir, del «conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección» [10].

Por lo tanto, nuestros planes y esfuerzos siempre deben tener en cuenta sus efectos sobre toda la familia humana, sopesando las consecuencias para el momento presente y para las generaciones futuras. La pandemia de Covid-19 nos muestra cuán cierto y actual es esto, puesto que «nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos»[11], porque «nadie se salva solo»[12] y ningún Estado nacional aislado puede asegurar el bien común de la propia población [13].

* El cuidado mediante la solidaridad.

La solidaridad expresa concretamente el amor por el otro, no como un sentimiento vago, sino como «determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos» [14].

La solidaridad nos ayuda a ver al otro —entendido como persona o, en sentido más amplio, como pueblo o nación— no como una estadística, o un medio para ser explotado y luego desechado cuando ya no es útil, sino como nuestro prójimo, compañero de camino, llamado a participar, como nosotros, en el banquete de la vida al que todos están invitados igualmente por Dios.

* El cuidado y la protección de la creación.

La encíclica Laudato si’ constata plenamente la interconexión de toda la realidad creada y destaca la necesidad de escuchar al mismo tiempo el clamor de los necesitados y el de la creación. De esta escucha atenta y constante puede surgir un cuidado eficaz de la tierra, nuestra casa común, y de los pobres.

A este respecto, deseo reafirmar que «no puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos» [15].

«Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo» [16].

7. La brújula para un rumbo común

En una época dominada por la cultura del descarte, frente al agravamiento de las desigualdades dentro de las naciones y entre ellas [17], quisiera por tanto invitar a los responsables de las organizaciones internacionales y de los gobiernos, del sector económico y del científico, de la comunicación social y de las instituciones educativas a tomar en mano la “brújula” de los principios anteriormente mencionados, para dar un rumbo común al proceso de globalización, «un rumbo realmente humano» [18].

Esta permitiría apreciar el valor y la dignidad de cada persona, actuar juntos y en solidaridad por el bien común, aliviando a los que sufren a causa de la pobreza, la enfermedad, la esclavitud, la discriminación y los conflictos.

A través de esta brújula, animo a todos a convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales. Y esto será posible sólo con un fuerte y amplio protagonismo de las mujeres, en la familia y en todos los ámbitos sociales, políticos e institucionales.

La brújula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es también indicativa para las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional.

A este respecto, debe reafirmarse la protección y la promoción de los derechos humanos fundamentales, que son inalienables, universales e indivisibles [19].

También cabe mencionar el respeto del derecho humanitario, especialmente en este tiempo en que los conflictos y las guerras se suceden sin interrupción. Lamentablemente, muchas regiones y comunidades ya no recuerdan una época en la que vivían en paz y seguridad.

Muchas ciudades se han convertido en epicentros de inseguridad: sus habitantes luchan por mantener sus ritmos normales porque son atacados y bombardeados indiscriminadamente por explosivos, artillería y armas ligeras.

Los niños no pueden estudiar. Los hombres y las mujeres no pueden trabajar para mantener a sus familias. La hambruna echa raíces donde antes era desconocida. Las personas se ven obligadas a huir, dejando atrás no sólo sus hogares, sino también la historia familiar y las raíces culturales.

Las causas del conflicto son muchas, pero el resultado es siempre el mismo: destrucción y crisis humanitaria. Debemos detenernos y preguntarnos: ¿qué ha llevado a la normalización de los conflictos en el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo podemos convertir nuestro corazón y cambiar nuestra mentalidad para buscar verdaderamente la paz en solidaridad y fraternidad?

Cuánto derroche de recursos hay para las armas, en particular para las nucleares [20], recursos que podrían utilizarse para prioridades más importantes a fin de garantizar la seguridad de las personas, como la promoción de la paz y del desarrollo humano integral, la lucha contra la pobreza y la satisfacción de las necesidades de salud.

Además, esto se manifiesta a causa de los problemas mundiales como la actual pandemia de Covid-19 y el cambio climático. Qué valiente decisión sería «constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares “un Fondo mundial” para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres» [21].

8. Para educar a la cultura del cuidado

La promoción de la cultura del cuidado requiere un proceso educativo y la brújula de los principios sociales se plantea con esta finalidad, como un instrumento fiable para diferentes contextos relacionados entre sí. Me gustaría ofrecer algunos ejemplos al respecto.

— La educación para el cuidado nace en la familia, núcleo natural y fundamental de la sociedad, donde se aprende a vivir en relación y en respeto mutuo. Sin embargo, es necesario poner a la familia en condiciones de cumplir esta tarea vital e indispensable.

— Siempre en colaboración con la familia, otros sujetos encargados de la educación son la escuela y la universidad y, de igual manera, en ciertos aspectos, los agentes de la comunicación social [22].

Dichos sujetos están llamados a transmitir un sistema de valores basado en el reconocimiento de la dignidad de cada persona, de cada comunidad lingüística, étnica y religiosa, de cada pueblo y de los derechos fundamentales que derivan de estos. La educación constituye uno de los pilares más justos y solidarios de la sociedad.

— Las religiones en general, y los líderes religiosos en particular, pueden desempeñar un papel insustituible en la transmisión a los fieles y a la sociedad de los valores de la solidaridad, el respeto a las diferencias, la acogida y el cuidado de los hermanos y hermanas más frágiles.

A este respecto, recuerdo las palabras del Papa Pablo VI dirigidas al Parlamento ugandés en 1969: «No temáis a la Iglesia. Ella os honra, os forma ciudadanos honrados y leales, no fomenta rivalidades ni divisiones, trata de promover la sana libertad, la justicia social, la paz; si tiene alguna preferencia es para los pobres, para la educación de los pequeños y del pueblo, para la asistencia a los abandonados y a cuantos sufren» [23].

— A todos los que están comprometidos al servicio de las poblaciones, en las organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, que desempeñan una misión educativa, y a todos los que, de diversas maneras, trabajan en el campo de la educación y la investigación, los animo nuevamente, para que se logre el objetivo de una educación «más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión» [24].

Espero que esta invitación, hecha en el contexto del Pacto educativo global, reciba un amplio y renovado apoyo.

9. No hay paz sin la cultura del cuidado

La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz.

«En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia» [25].

En este tiempo, en el que la barca de la humanidad, sacudida por la tempestad de la crisis, avanza con dificultad en busca de un horizonte más tranquilo y sereno, el timón de la dignidad de la persona humana y la “brújula” de los principios sociales fundamentales pueden permitirnos navegar con un rumbo seguro y común.

Como cristianos, fijemos nuestra mirada en la Virgen María, Estrella del Mar y Madre de la Esperanza. Trabajemos todos juntos para avanzar hacia un nuevo horizonte de amor y paz, de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida.

No cedamos a la tentación de desinteresarnos de los demás, especialmente de los más débiles; no nos acostumbremos a desviar la mirada [26], sino comprometámonos cada día concretamente para «formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros» [27].

Vaticano, 8 de diciembre de 2020

Francisco

 


[1] Cf. Videomensaje con motivo de la 75.ª Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 25 septiembre 2020.

[2] Cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 67.

[3] Cf. La fraternidad, fundamento y camino para la paz”. Mensaje para la celebración de la 47.a Jornada Mundial de la Paz1 enero 2014 (8 diciembre 2013), 2.

[4] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 70.

[5] Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 488.

[6] De officiis, 1, 28, 132: PL 16, 67.

[7] K. Bihlmeyer – H. Tüchle, Church History, vol.1, Westminster, The Newman Press, 1958, pp. 373-374.

[8] Discurso a los participantes en el Congreso organizado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral en el 50.o aniversario de la Carta encíclica “Populorum progressio (4 abril 2017).

[9] Mensaje a la 22.ª Sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP22), 10 noviembre 2016. Cf. Grupo de Trabajo interdicasterial de la Santa Sede sobre la Ecología Integral, En camino para el cuidado de la casa común. A cinco años de la Laudato si’, LEV, 31 mayo 2020.

[10] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 26.

[11] Momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia, 27 marzo 2020.

[12] Ibíd.

[13] Cf. Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 8153.

[14] S. Juan Pablo II, Carta. enc. Sollicitudo rei socialis (30 diciembre 1987), 38.

[15] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 91.

[16] Conferencia del Episcopado Dominicano, Carta pastoral Sobre la relación del hombre con la naturaleza (21 enero 1987); cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 92.

[17] Cf. Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 125.

[18] Ibíd., 29.

[19] Cf. Mensaje a los participantes en la Conferencia internacional “Los derechos humanos en el mundo contemporáneo: conquistas, omisiones, negaciones”, Roma, 10-11 diciembre 2018.

[20] Cf. Mensaje a la Conferencia de la ONU para la negociación de un instrumento jurídicamente vinculante sobre la prohibición de las armas nucleares que conduzca a su total eliminación, 23 marzo 2017.

[21] Videomensaje para la Jornada Mundial de la Alimentación, 16 octubre 2020.

[22] Cf. Benedicto XVI, “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”. Mensaje para la celebración de la 45.a Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 2012 (8 diciembre 2011), 2; “Vence la indiferencia y conquista la paz”. Mensaje para la celebración de la 49.a Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 2016 (8 diciembre 2015), 6.

[23] Discurso a los Diputados y Senadores de UgandaKampala, 1 agosto 1969.

[24] Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo, 12 septiembre 2019.

[25]  Carta. enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 225.

[26]Cf. Ibíd., 64.

[27] Ibíd., 96; cf. “La fraternidad, fundamento y camino para la paz”. Mensaje para la 47.ª Jornada Mundial de la Paz1 enero 2014 (8 diciembre 2013), 1.

http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20201208_messaggio-54giornatamondiale-pace2021.html


“Vacunas para todos, especialmente para los más vulnerables”, clamor de Francisco en la bendición Urbi et Orbi

diciembre 25, 2020

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“Vacunas para todos, especialmente para los más vulnerables”, clamor de Francisco en la bendición Urbi et Orbi.

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“Vacunas para todos, especialmente para los más vulnerables”, clamor de Francisco en la bendición Urbi et Orbi.

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En un mensaje que, como su última encícilica Fratelli tutti tuvo eje en la “fraternidad”; el papa Francisco pidió hoy “que todos tengan garantizado el acceso a las vacunas” contra el coronavirus, al dar su mensaje navideño en el que mostró su preocupación por varios conflictos mundiales y convocó a naciones y pueblos a “encontrar al otro” para superar conflictos.

“En este momento de la historia, marcado por la crisis ecológica y por los graves desequilibrios económicos y sociales, agravados por la pandemia del coronavirus, necesitamos más que nunca la fraternidad”, planteó el pontífice en el mensaje que dirigió desde el Aula de las Bendiciones del Vaticano.

“Y Dios nos la ofrece dándonos a su Hijo Jesús: no una fraternidad hecha de bellas palabras, de ideales abstractos, de sentimientos vagos… No. Una fraternidad basada en el amor real, capaz de encontrar al otro que es diferente a mí, de compadecerse de su sufrimiento, de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi familia, de mi etnia, de mi religión; es diferente a mí pero es mi hermano, es mi hermana”.

“Y esto es válido también para las relaciones entre los pueblos y las naciones“,  agregó el Papa, que para evitar aglomeraciones de fieles en la Plaza San Pedro cambió el tradicional saludo desde el balcón central de la Basílica vaticana por el aula ubicada en el interior del Palacio Apostólico y construida en 1612.

“Hoy, en este tiempo de oscuridad e incertezas por la pandemia, aparecen diversas luces de esperanza, como el descubrimiento de las vacunas, pero para que puedan iluminar al mundo entero deben estar a disposición de todos, no podemos dejar que los nacionalismos cerrados nos impidan vivir como la verdadera familia humana que somos, ni dejar que el virus del individualismo radical venza y nos haga indiferentes al sufrimiento de hermanos y hermanos”, improvisó el Papa.

“No puedo meterme a mí mismo antes que los otros, metiendo a las leyes del mercado y de la invención sobre las leyes de la salud y el amor de la humanidad”, añadió.

“Pido a todos, responsables del Estado, empresas, organismos internacionales, promover la colaboración y no la competencia, y buscar una solución para todos, vacunas para todos, especialmente para los más vulnerables y necesitados de todas las regiones del planeta”.

“Ante un desafío que no conoce fronteras, no se pueden erigir barreras. Estamos todos en la misma barca”, ahondó, recordando su histórico discurso del 27 de marzo en la Plaza San Pedro.

El alto precio de la guerra

A la hora de recorrer sus preocupaciones mundiales, el Papa no evitó referirse a su Latinoamérica natal, y rezó para “que la Palabra eterna del Padre sea fuente de esperanza para el continente americano, particularmente afectado por el coronavirus, que ha exacerbado los numerosos sufrimientos que lo oprimen, a menudo agravados por las consecuencias de la corrupción y el narcotráfico”.

“Que ayude a superar las recientes tensiones sociales en Chile y a poner fin al sufrimiento del pueblo venezolano”, agregó el primer Papa latinoamericano de la historia en esa dirección.

Como de costumbre, el Papa aprovechó el mensaje para mostrar su preocupación por varios conflictos a nivel mundial, entre los que destacó que en “Siria, Irak y Yemen, están pagando todavía el alto precio de la guerra”.

“Que este sea el momento propicio para disolver las tensiones en todo Oriente Medio y en el Mediterráneo oriental”, agregó en esa dirección, antes de referirse al “amado pueblo de Siria”, que “desde hace ya un decenio está exhausto por la guerra y sus consecuencias, agravadas aún más por la pandemia”.

“Que los israelíes y los palestinos puedan recuperar la confianza mutua para buscar una paz justa y duradera a través del diálogo directo, capaz de acabar con la violencia y superar los resentimientos endémicos, para dar testimonio al mundo de la belleza de la fraternidad”, pidió luego Jorge Bergoglio, en su octavo mensaje navideño como Papa.

Geografía de un mundo que sufre

En ese marco, tras referirse a las situaciones de Libia y Líbano, convocó a las partes a “mantener el cese del fuego en el Alto Karabaj”, tras los enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyán, “como también en las regiones orientales de Ucrania, y a favorecer el diálogo como única vía que conduce a la paz y a la reconciliación”.

El Papa se refirió también a la situación de varios países africanos y lamentó los “extremismos y conflictos armados”; que golpean a  Burkina Faso, Malí y Níger, reclamó el fin de la violencia en Etiopía, y rezó por “los habitantes de la región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique, víctimas de la violencia del terrorismo internacional”. También pidió por el “camino de diálogo” para Sudán del Sur, Nigeria y Camerún.

Durante el mensaje, televisado por los canales de streaming de la Santa Sede, el Papa pidió también soluciones para los pueblos golpeados por desastres naturales en el sudeste asiático y deseó “esperanza”, para el pueblo rohingya, la etnia musulmana que debió escapar desde Myanmar a Bangladesh.

https://www.religiondigital.org/corresponsal_en_el_vaticano-_hernan_reyes_alcaide/Navidad-Francisco-concreta-fraternidad-relaciones-bendicion-urbi-orbi-papa-vaticano-chile-sudan-venezuela-irak-ucrania-israel-palestina-vacuna-paz-coronavirus_7_2299040081.html

 


El cardenal Omella ofrece diálogo al Gobierno, y lamenta “el espectáculo del enfrentamiento casi continuo de los líderes políticos”

noviembre 16, 2020

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Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (En pandemia, 16 de nov. de 2020)

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El cardenal Omella ofrece diálogo al Gobierno, y lamenta “el espectáculo del enfrentamiento casi continuo de los líderes políticos”

“Ante la situación de emergencia nacional y mundial (…) deberíamos evitar tensionar más la sociedad política con cuestiones que no sean prioritarias o que requieran de un debate sereno y profundo (…). Necesitamos salir de esta crisis juntos, unidos y cohesionado”

“Nos solidarizamos y comprometemos con los que están padeciendo las consecuencias económicas, sociales y laborales provocadas por esta pandemia. Hacemos nuestro el sufrimiento y la angustia de tantas personas, hermanos y hermanas nuestros, que se ven afectados por tanto desempleo y destrucción de los negocios y lugares de trabajo”

“Esta pandemia no ha hecho sino visibilizar y agudizar el desproporcionado estado de las desigualdades económicas y sanitarias, las gravísimas consecuencias de la destrucción de los ecosistemas, el interés egoísta y polarizador de los populismos irresponsables y, sobre todo, nos hace ver lo lejos que estamos de sentir y comportarnos como una única familia humana”

“Es muy importante que la pandemia siga abriendo nuestros ojos y nuestros corazones a las personas sin hogar, a quienes sufren soledad, a los inmigrantes y refugiados varados en las fronteras, a las mujeres víctimas de trata y prostituidas, a las personas que están en prisión, en alojamientos colectivos…”

“No podemos ocultar nuestro dolor ante la imposibilidad de atender a muchos pacientes durante la enfermedad y, particularmente, en los últimos momentos de su vida, por la escasez de material de protección (…). El derecho a recibir una atención espiritual es un derecho humano que no se puede vulnerar”

“El que se ha equivocado, que pida perdón. El que ha caído en la corrupción que devuelva lo robado. En nuestro país debe haber espacio y tiempo para el arrepentimiento y para el perdón. Recordemos que el juicio de cada uno solo corresponde a Dios”

“No es momento de divisiones, no es momento para dejar que los brotes populistas irresponsables e ideológicos traten de colarse. Es el momento de la cohesión, de la cordialidad, de trabajar unidos, de mirar a largo plazo liberándonos del cortoplacismo de las elecciones o de la bolsa”

“Fuimos capaces de perdonarnos, de reconciliarnos, de programar unidos la España del futuro. Hagamos pues ahora lo mismo. No caigamos en el virus de una polarización que haga imposible tender la mano, e incluso dialogar con el que piensa diferente”

Sobre la Ley Celáa: “Lamentamos profundamente todos los obstáculos y trabas que se quieren imponer a la acción de las instituciones católicas concertadas”

“La vacuna contra la tristeza, el dolor, la soledad y el vacío existencial de las personas enfermas no puede ser única y exclusivamente la eutanasia. Esta medida no sería ni la más justa, ni la más humana, ni la más fraterna”

“El que se ha equivocado, que pida perdón. El que ha caído en la corrupción que devuelva lo robado. En nuestro país debe haber espacio y tiempo para el arrepentimiento y para el perdón. Recordemos que el juicio de cada uno solo corresponde a Dios”

“Ahora deberíamos centrarnos a encontrar soluciones que ayuden a salir a flote a las familias que se están hundiendo, a los empresarios que no tienen más remedio que cerrar sus negocios. Por tanto, es conveniente evitar distracciones inútiles y polarizadoras que no conducen a la solución de la grave crisis que nos afecta”.

‘Renacer entre todos‘, es el título del primer discurso de monseñor Omella, ante una Plenaria semivacía (pandemia obliga), con apenas un tercio de sus miembros. El resto, a través de youtube, desde sus casas o palacios episcopales.

Un título inclusivo, que encierra un texto denso (cuarenta páginas de contenido) en el que, sin dejar de lado las ‘líneas rojas’ episcopales (clase de Religión, escuela concertada, libertad religiosa, defensa de la vida), el líder de la Iglesia española ofrece diálogo, colaboración y contribución para construir, en primera persona del plural, la sociedad post-coronavirus.

“Esta segunda crisis nos está enseñando que para salir de ella necesitamos hacerlo juntos, unidos y cohesionados, tanto a nivel nacional como internacional”, culminó Omella su primera intervención en la sala de la Plenaria como presidente de la CEE, después de su elección en la anterior asamblea, pocos días antes del confinamiento.

Precisamente, la pandemia fue -como no podía ser de otro modo- el principal eje de la intervención del cardenal de Barcelona.

“Querríamos, en primer lugar, manifestar a los familiares de todos los difuntos durante el tiempo que llevamos de pandemia nuestro pésame y esperanza”, arrancó Omella, quien abogó por “estar cerca de los que sufren y rezar por ellos. Asimismo, nos solidarizamos y comprometemos con los que están padeciendo las consecuencias económicas, sociales y laborales provocadas por esta pandemia. Hacemos nuestro el sufrimiento y la angustia de tantas personas, hermanos y hermanas nuestros, que se ven afectados por tanto desempleo y destrucción de los negocios y lugares de trabajo”.

Un momento crucial

“Nos reunimos en un momento crucial para nuestro país y, sin un ápice de exageración, para la civilización global”, asume el presidente de la CEE, quien ha recordado la histórica vigilia de oración del Papa en una vacía plaza de San Pedro, así como la nueva encíclica Fratelli tutti, que “viene a ofrecernos las claves para superar integralmente esta crisis sanitaria que hiere a nuestro mundo y a contribuir al renacimiento de la humanidad”.

Porque, tal y como apunta el cardenal de Barcelona, “el marco de nuestra civilización mundial está dañado. Ya hacía tiempo que el mundo estaba desajustado y esta pandemia no ha hecho sino visibilizar y agudizar el desproporcionado estado de las desigualdades económicas y sanitarias, las gravísimas consecuencias de la destrucción de los ecosistemas, el interés egoísta y polarizador de los populismos irresponsables y, sobre todo, nos hace ver lo lejos que estamos de sentir y comportarnos como una única familia humana”.

Y es que el coronavirus “no es la enfermedad que más mata del planeta ni el mal moralmente más destructivo, pero es un fenómeno con la potencia para crear una discontinuidad en la conciencia de la humanidad”.

“La pandemia es global, rápida, disruptiva, trastorna tanto los pequeños detalles de la vida cotidiana como las más amplias operaciones internacionales, afecta a cada barrio y al mundo en su conjunto”.

Una situación que hace que “nuestra sociedad tenga que ser operada a corazón abierto, utilizando una imagen quirúrgica; por ello, requiere toda nuestra atención, nuestros mayores esfuerzos y el empleo activo de todas nuestras capacidades para no dejar que el virus infecte nuestras almas con el egoísmo y la tentación del “sálvese quien pueda””.

“La COVID-19 nos ha conmovido especialmente con las heridas y esquinas que permanecen oscuras en nuestra sociedad”, propone Omella, quien insiste en que “es muy importante que la pandemia siga abriendo nuestros ojos y nuestros corazones a las personas sin hogar, a quienes sufren soledad, a los inmigrantes y refugiados varados en las fronteras, a las mujeres víctimas de trata y prostituidas, a las personas que están en prisión, en alojamientos colectivos… Por muy intenso que esté siendo el dolor en nuestro país, deseamos seguir atentos y comprometidos con los lugares de la Tierra donde más se está sufriendo esta y otras pandemias como la violencia, el hambre, el racismo o la destrucción forestal de la Amazonía”.

La Iglesia, en primera fila

Repasando “el gran esfuerzo y buena voluntad de todas las instituciones que han trabajado incansablemente por el bien de todos los ciudadanos.”, el purpurado quiso reivindicar la labor de la Iglesia católica, que “ha cooperado y sigue cooperando con las instituciones públicas y privadas en todo lo que se nos ha solicitado y en lo que estaba en nuestras manos dar y hacer”, tanto en lo físico como en lo espiritual.

“La actividad sacramental y espiritual de la gente ha quedado físicamente afectada por las normas de confinamiento”, admitió Omella, quien quiso agradecer la “respuesta tan creativa y vital” para mantener la fe viva en tiempos de pandemia, y lanzar un dardo a las dificultades encontradas durante el Estado de Alarma.

“No podemos ocultar nuestro dolor ante la imposibilidad de atender a muchos pacientes durante la enfermedad y, particularmente, en los últimos momentos de su vida, por la escasez de material de protección. Confiamos en que se haya aprendido de la situación y, de ahora en adelante, se reconozca la importancia del acompañamiento o asistencia espiritual durante la enfermedad. Sabemos que no se puede imponer, pero creemos que no se puede impedir. El derecho a recibir una atención espiritual es un derecho humano que no se puede vulnerar”.

Espectáculo del enfrentamiento político

De cara a la segunda ola, “se agudizan todos los problemas”, especialmente en el ámbito político.

“Es de tal envergadura el trauma que está impactando sobre todos nosotros y tal el espectáculo del enfrentamiento casi continuo de los líderes políticos, que corremos el riesgo de dar pábulo a la desesperanza, alimentar una mirada excesivamente negativa sobre nosotros como país, hundir nuestra autoestima colectiva, dejarnos vencer por el pesimismo e incluso caer en la depresión cultural, hasta el punto de creer que somos incapaces de superar esta crisis y vernos como una sociedad sin futuro”.

Frente a ello, Omella clama porque “el que se ha equivocado, que pida perdón. El que ha caído en la corrupción que devuelva lo robado. En nuestro país debe haber espacio y tiempo para el arrepentimiento y para el perdón. Recordemos que el juicio de cada uno solo corresponde a Dios”.

Las tensiones son, y serán, muchas. “Los tiempos son recios y aún es previsible que tengamos que luchar contra muchas pérdidas más”, apuntó el presidente de la CEE, quien insistió en que la situación “está sometiendo a la sociedad a un intenso estrés que agudiza las diferencias entre unos y otros”.

Unidad y buena política

“Ante el riesgo de que aflore el resentimiento y la división, debemos potenciar la comunión para vencer este desafío que no es solo sanitario, sino también económico, social, político y espiritual”, declaró Omella, haciendo suyo el improvisado discurso de Francisco ante Pedro Sánchez.

“No es momento de divisiones, no es momento para dejar que los brotes populistas irresponsables e ideológicos traten de colarse. Es el momento de la cohesión, de la cordialidad, de trabajar unidos, de mirar a largo plazo liberándonos del cortoplacismo de las elecciones o de la bolsa”.

Es el momento de la unidad y de la buena política, aquella que vela por el respeto a la persona humana y trabaja incansablemente por el bien común”, proclama Omella, quien, ante “la situación de emergencia nacional y mundial”, sostiene que “deberíamos evitar tensionar más la sociedad política con cuestiones que no sean prioritarias o que requieran de un debate sereno y profundo”.

Transición, democracia y monarquía

“Ahora deberíamos centrarnos a encontrar soluciones que ayuden a salir a flote a las familias que se están hundiendo, a los empresarios que no tienen más remedio que cerrar sus negocios. Por tanto, es conveniente evitar distracciones inútiles y polarizadoras que no conducen a la solución de la grave crisis que nos afecta”, insistió Omella, volviendo a recordar “el gran esfuerzo colectivo de nuestra sociedad que, movida por un espíritu de concordia y de proyecto a largo plazo para nuestro país, fue capaz de alcanzar el gran pacto nacional de la Transición que cristalizó en nuestro actual sistema político definido en la Constitución de 1978 y que hemos de preservar y fortalecer”.

“La mejora de nuestras instituciones no pasa por el «borrón y cuenta nueva», ni por el romper radicalmente el consenso, sino por trabajar unidos para mejorar y potenciar el actual sistema democrático”, aboga Omella, quien lamenta “las propuestas de deslegitimar y poner en peligro las instituciones básicas que han mantenido durante estas décadas aquel gran acuerdo nacional y han dado a nuestro país prosperidad y convivencia en la diversidad de sus pueblos”.

Sin citar a la Monarquía, apuntó que “se trata de acoger todo lo bueno que hay en ellas y mejorar o corregir todos sus fallos y limitaciones”.

“Recuperar el espíritu de concordia”

“Tenemos que recuperar el espíritu de concordia que hizo posible que, tras una durísima guerra entre hermanos y el largo periodo del régimen franquista, nuestros mayores, haciendo política del bien común, fueran capaces de llegar a acuerdos que exigieron sacrificios, generosidad y confianza mutua”, sostiene el purpurado, quien recuerda que “fuimos capaces de perdonarnos, de reconciliarnos, de programar unidos la España del futuro”.

“Hagamos pues ahora lo mismo. No caigamos en el virus de una polarización que haga imposible tender la mano, e incluso dialogar con el que piensa diferente”.

Y es que, para Omella, “hoy es una urgencia generar espacios y actitudes de reencuentro”, que apuesten por “reducir la crispación y de promover la cultura del encuentro”. “No debemos dar al mal más alas, sino que debemos dar continuamente oportunidades a la concordia y a la reconciliación”.

Un mercado laboral digno

Uno de los grandes afectados por las crisis es “nuestro mercado laboral”, que “arrastra una excesiva precariedad, por lo que urge promover la diversificación de nuestra estructura productiva, la inversión en investigación y desarrollo, la colaboración entre los agentes sociales, el desarrollo de la formación profesional, la promoción de la acción creativa de los emprendedores y la cooperación entre todos los sectores, por citar algunos temas capitales”.

“En su conjunto, necesitamos, por un lado, promover un mercado laboral digno que permita conciliar la vida familiar con la vida laboral” y, por otro lado, “debemos apostar por una economía que, mirando a largo plazo, tenga el horizonte puesto en la prosperidad inclusiva y sostenible, donde se pueda dar el desarrollo humano integral”, sin dejar de lado a los más vulnerables.

“Ante la peor recesión económica desde la II guerra mundial, la reacción de la Iglesia ha sido y es salir al rescate con todos los medios a su alcance, redoblando todos sus esfuerzos y empleando todos los recursos disponibles”, mientras “el cierre de los templos y las restricciones de aforo han provocado que las colectas hayan menguado” de modo que a muchas parroquias “les está costando llegar a fin de mes y las diócesis están saliendo al paso con planes de emergencia”.

“Por todo ello, urge replantearse cómo implicar a los católicos y a la ciudadanía en general en esta misión en un momento en que los cepillos se están quedando vacíos. La caridad eclesial no puede ni debe detenerse. La creatividad y el uso de nuevas tecnologías pueden impulsar nuevas formas de respaldo. Es el momento de estimular el compromiso de todos a través de cuotas periódicas que permitan abordar proyectos a medio y largo plazo”.

Pacto Educativo y defensa de la concertada

Uno de los ejes del discurso del cardenal Omella está en la necesaria colaboración entre administración pública y sociedad civil. “Solo la concordia, el consenso y la cooperación nos hacen crecer como país”, apunta el purpurado, que invita a “todos los poderes públicos” a “contribuir a mejorar la cultura política en un momento clave para nuestro país. Necesitamos más que nunca de su liderazgo y de su testimonio”.

“Finalmente, hacemos un llamamiento a superar las posiciones tendentes a enfrentar sector público y privado, iniciativa pública e iniciativa privada”, entre la que se encuentra la Iglesia. “Todos trabajamos por el bien de la sociedad y queremos edificar la patria entre todos”.

Hablando de la cuestión educativa, Omella reivindicó la “relevante” labor de la Iglesia en este campo, subrayando “el clamor de la inmensa mayoría de la sociedad por un Pacto educativo en España”.

“Sería conveniente que de este pacto educativo pudiera concretarse una ley sólida que no sea objeto de debate con cada cambio de color político en el Gobierno”, apuntó, en referencia a la Ley Celáa. “Por eso -añadió- lamentamos profundamente todos los obstáculos y trabas que se quieren imponer a la acción de las instituciones católicas concertadas”.

Clase de Religión y eutanasia

“La fórmula de la concertación pública como mecanismo de financiación de la educación general sigue siendo plenamente válida y útil para que se dé la participación plural, la diversidad que enriquece a la sociedad y la implicación de la ciudadanía en la consecución del bien común”, subrayó Omella, quien insistió en que “no se debe quitar de la escuela la formación moral en valores y la clase de religión. Defendemos, pues, la presencia de la asignatura de religión. De hecho, en una sociedad tecnocrática en la que un pequeño virus nos ha desbordado, se hace más que nunca necesaria la enseñanza y el cultivo de la filosofía, de la teología y de la espiritualidad”.

La muerte de tantos ancianos durante la pandemia hace “imprescindible tomar las medidas necesarias para que esta situación no se vuelva a repetir. Han sido también muy dolorosas las consecuencias de la pandemia en las residencias de ancianos y discapacitados, deberíamos hacer todo lo posible para que esta situación no se vuelva a dar (…). Hacemos un llamamiento a nuestras autoridades a tener muy presentes las necesidades humanas, relacionales y espirituales de nuestros mayores en el caso de futuros confinamientos”.

“Es absolutamente necesario que tengamos un sistema sanitario, residencial, de medicina del dolor y de curas paliativas que cubra todo nuestro país y del que nadie quede excluido. Todas las personas merecen un trato humano y fraterno por parte del resto de la sociedad”, señala Omella, quien observa cómo, “ante el sufrimiento que derriba a las personas, algunos proponen la eutanasia como solución”.

“No dejaremos nunca de repetir que no hay enfermos “incuidables” aunque sean incurables. La vacuna contra la tristeza, el dolor, la soledad y el vacío existencial de las personas enfermas no puede ser única y exclusivamente la eutanasia. Esta medida no sería ni la más justa, ni la más humana, ni la más fraterna”, añade Omella.

“Las antiguas propuestas eutanásicas que aún siguen tratando de imponerse en este siglo XXI no siguen la lógica del cuidado al final de la vida, sino de la anticipación de la muerte fomentando el suicidio asistido (…).  Así se produce una derrota del ser humano y una victoria de la «cultura del descarte»”.

“Hacemos una llamada a los legisladores y al conjunto de la sociedad a comprender que debemos ser mucho más hondos y respetuosos al pensar esas situaciones de sufrimiento humano. Una sociedad que no cuida a sus mayores y a sus enfermos es una sociedad que se va muriendo lentamente”, sostuvo el cardenal de Barcelona, quien renovó el compromiso de la Iglesia “con la defensa de la dignidad incondicional de cada ser humano desde el momento de su concepción y con un morir digno en que la vida sea plenamente humana y pacífica hasta el final, excluyendo tanto la anticipación de la muerte como su retraso mediante el ensañamiento terapéutico”.

Discurso Inaugural de La CXVI Asamblea Plenaria by Jesús Bastante on Scribd

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Más que una receta

noviembre 3, 2020

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El Papa Francisco con Austen Ivereigh, su biógrafo y periodista.

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Más que una receta

Tanto los críticos del Papa de la derecha como los comentaristas liberales cayeron en la misma equivocación de creer que el Papa había “cambiado la doctrina” sobre el matrimonio, cuando lo que hizo fue ir más allá. 

POR  Austen Ivereigh  – 29 octubre 2020
Periodista y biógrafo del Papa Francisco
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Cuando celebró Misa al lado del aeropuerto de Medellín (Colombia) en septiembre de 2017, el Papa Francisco expuso en su homilía algo sorprendente en la actuación de Jesús ante sus discípulos.

Observó Jesús cómo los «preceptos, prohibiciones y mandatos» hacían sentir seguros a sus primeros seguidores, tanto que «los dispensaba de una inquietud, la inquietud de preguntarse: “¿Qué es lo que le agrada a nuestro Dios?”». Arrinconados y acomodados dentro de sus certezas, dejaron de discernir.

Por eso Jesús tuvo que ponerlos frente a leprosos, paralíticos, y pecadores, cuyas realidades «demandaban mucho más que una receta o una norma establecida».

Sus declaraciones me vinieron a la mente cuando vi el torbellino de noticias provocado por las palabras del Papa sobre los homosexuales en el nuevo documental Francesco –procedentes en realidad de una entrevista de Televisa del año pasado–.

Tanto los críticos del Papa de la derecha conservadora como los comentaristas liberales de nuestros medios mainstream cayeron en la misma equivocación de creer que el Papa había «cambiado la doctrina» de la Iglesia, cuando en realidad lo que hizo Francisco fue ir más allá de la doctrina, abriendo –de modo muy suave y delicado, como él suele hacer– un espacio donde muchos prefirieron no ir.

«Las personas homosexuales tienen derecho a estar en una familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia», dice en los cortes incluidos en el documental del director ruso (naturalizado americano) Evgeny Afineevsky. «Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil, tienen derecho a estar cubiertos legalmente», aseveró.

¿El Papa a favor del matrimonio gay? De ninguna manera. Para Francisco, el único matrimonio posible es una unión estable y comprometida entre un varón y una mujer abierta a comunicar vida, una unión que ofrece la posibilidad –no siempre realizada, pero prevista en la naturaleza de la institución– de criar a hijos naturales de esa unión.

¿El Papa por lo menos abierto a la posibilidad de relaciones homosexuales? Tampoco. Una de las citas de la entrevista de Televisa que Francesco no incluye fue lo que agregó: «Lo que dije es que tienen derecho a una familia y eso no quiere decir aprobar los actos homosexuales».

Como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el entonces arzobispo de Buenos Aires se opuso tenazmente al intento de redefinir legalmente el matrimonio por el entonces presidente, Néstor Kirchner.

Pero tampoco quería herir la dignidad de nadie, ni oponerse a que las relaciones no matrimoniales estables de largo plazo tuvieran el respaldo y la protección de la ley.

Reconoció que, sin llamarlo matrimonio, de hecho existen uniones muy estrechas entre personas del mismo sexo: comparten el mismo techo, se cuidan, se sacrifican el uno por el otro. Dos viudas que deciden vivir juntas, o dos hermanos, o quien sea, tienen derecho a ser reconocidos como familia si uno fuera trasladado al hospital, y a heredar, etc.

Claro, las parejas del mismo sexo en una relación sexual también podrían acceder a esos mismos derechos. Pero no sería, en ese caso, una unión civil restringida a las parejas gay, sino más amplia.

En vez de ser un matrimonio de segunda categoría –como han sido, por lo general, las uniones civiles del mismo sexo introducidas por los países europeos–, sería una institución abierta a todo tipo de convivencia estable y comprometida.

Ante el proyecto de ley de Kirchner, el cardenal Bergoglio buscó persuadir a los otros obispos a no quedarse atrincherados en la negativa tajante al matrimonio del mismo sexo, sino a ofrecer esta alternativa que reflejara los valores del Evangelio: es decir, que reconociera la dignidad de todos los hijos de Dios y su derecho a estar «en familia», en una comunidad de vínculos de confianza y de amor.

Pero perdió, porque la mayoría de obispos pensaban que tal propuesta se confundiría con el matrimonio. Algunos citaron el documento del Vaticano de 2003 oponiéndose a todo reconocimiento legal de las uniones gay.

Pasó lo inevitable: el Gobierno logró polarizar el debate, poniendo a la Iglesia en el campo opositor a la igualdad, a los homosexuales, a los derechos civiles, y al amor. Perdió la Iglesia no solo la batalla legal, sino muchos corazones, sobre todo de los jóvenes.

La tentación de aferrarse a una posición de pureza y resistencia dispensaba a los obispos de la necesidad de discernir, de preguntarse: «¿Qué quiere Dios para tantas parejas que no pueden acceder al matrimonio?, ¿cuál debe ser la postura del Estado ante esas uniones?».

Bergoglio, que pasaba mucho tiempo con los leprosos porteños  –los trans, los gay, los descartados de todo tipo–, sabía que necesitaban mucho más que una norma o una receta. Buscaban amor, aceptación, compromiso, maneras de servir a otros. Buscaban la vida de familia.

Cuando Francisco habla, pues, de una ley de convivencia civil creo que ha escogido bien sus palabras.  Consultado en 2017 por Dominique Wolton sobre la posibilidad de matrimonio para parejas del mismo sexo, el Papa contestó: «Llamémoslas uniones civiles, no hagamos bromas con la verdad».

Por eso, en Francesco, habla de una ley de convivencia civil. No quiere que la Iglesia se refugie en la receta «matrimonio es entre un hombre y una mujer» sin ir más allá.

El hecho de que el matrimonio sea único, insustituible, y claramente distinto de toda otra institución no es una excusa para discriminar contra los que nunca pueden acceder a ella.

Sí, la Iglesia puede hacer las dos cosas a la vez. Puede defender y promover el matrimonio, pero al mismo tiempo promover el derecho de todos a la estabilidad, el compromiso y el amor.

Como se ha demostrado en la reacción de furia y de decepción a las palabras del Papa, esto no es terreno fácil. Pero es el terreno de Jesús.

En diciembre se publica Papa Francisco. Soñemos juntos. El Camino a un futuro mejor. Conversaciones con Austen Ivereigh (Plaza y Janés)

Más que una receta


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