El maná de cada día, 9.11.19

noviembre 9, 2019

Dedicación de la Basílica de Letrán

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Basílica de San Juan de Letrán, en Roma

Basílica de San Juan de Letrán, en Roma

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Antífona de entrada: Ap 21, 2

Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.


Oración colecta

Señor, tú que edificas con piedras vivas y escogidas el templo eterno de tu gloria, derrama sobre tu Iglesia los dones del Espíritu Santo, para que tu pueblo fiel llegue un día a transformarse en la Jerusalén celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Ezequiel 47, 1-2.8-9.12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–.

El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.

Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia.

Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»


SALMO 45, 2-3.5-6.8-9

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra: pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe.


Aclamación antes del Evangelio: 2 Cro 7, 16

Elijo y consagro este templo –dice el Señor– para que esté en él mi nombre eternamente.


EVANGELIO: Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.


Antífona de comunión: 1 Pe 2, 5

Nosotros somos piedras vivas, que sirven para construir el templo espiritual, el pueblo sacerdotal que pertenece a Dios.



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9 de Noviembre

La dedicación de la Basílica de Letrán

Según una tradición que arranca del siglo XII, se celebra el día de hoy el aniversario de la dedicación de la basílica construida por el emperador Constantino en el Laterano. Esta celebración fue primero una fiesta de la ciudad de Roma; más tarde se extendió a toda la Iglesia de rito romano, con el fin de honrar aquella basílica, que es llamada «madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe», en señal de amor y de unidad para con la cátedra de Pedro que, como escribió san Ignacio de Antioquía, «preside a todos los congregados en la caridad».

 

Todos, por el bautismo, hemos sido hechos templos de Dios

De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo

Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios.

Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente.

En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.

Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo, fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo, nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios.

Dios habita no sólo en templos construidos por hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto.

Por esto, dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo.

Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.

Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebra con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios.

Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.

¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos.

Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré y caminaré con ellos.

 


Una Oración por el Papa Francisco, de corazón.

noviembre 7, 2019

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Compadécete de nosotros, Señor, perdona nuestros muchos pecados, y llega hoy con toda tu fuerza y tu majestad al corazón del Papa. Amén. 

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Una Oración por el Papa Francisco, de corazón.

Por Fray Nelson, OP.

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Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, que por amor a nosotros y por nuestra salvación te hiciste partícipe de la raza humana y, a precio de tu Sangre, nos adquiriste para siempre como tu Pueblo y ovejas de tu Rebaño;

Señor Jesucristo, que amaste a la Iglesia y te entregaste por ella, y en tu sabiduría quisiste que el apóstol San Pedro y sus Sucesores, sostenidos por tu propia oración, tuvieran la misión incomparable de confirmarnos en la fe, llevar a tu Rebaño a la plena unidad en ti y contigo, y atraer a todos los pueblos a la obediencia del Evangelio que predicaron con celo y fidelidad tus Santos Apóstoles;

Señor Jesucristo, porque sabemos que es necesario, y porque es nuestro deber y nuestro derecho como bautizados; y porque el mismo Papa Francisco lo ha pedido con humildad repetidas veces, te suplicamos por tu siervo, nuestro Papa Francisco, único y legítimo Papa, en estas horas de particular necesidad en la Santa Iglesia Católica.

Señor Jesucristo, apelando a tu Sagrado Corazón y a la eficaz intercesión de tu Santísima Madre, que ha sido saludada como Madre de la Iglesia, esto te pedimos para el Papa Francisco:

– Que tus Llagas Santas, Jesús, no se aparten de sus ojos; que simplemente no pueda olvidar el precio de amor que has pagado para que el demonio sea derrotado, los ídolos derribados, la muerte vencida, el pecado perdonado, y se abran las puertas de la gloria eterna a quienes creen y confiesan la fe.

– Que sus oídos sientan una alarma fuerte cada vez que las trampas del enemigo quieran persuadirlo de mezclar las aprobaciones del mundo o las presiones de la sociedad con la grandeza y pureza del Mensaje de Salvación que tú le has encomendado como Sucesor de Pedro.

– Que su boca reciba una gracia renovada, de modo que su palabra, apartándose de toda ambigüedad, defienda con claridad la sana doctrina, mientras sigue llamando a todos a la unidad en Cristo, para la gloria de Dios Padre.

– Que sus pies se orienten sin cesar hacia tu gloria, Jesús: buscándote en el silencio del Sagrario; reconociéndote en el testimonio de las Escrituras; predicando tu Evangelio con palabra diáfana y ardiente; y siempre sirviéndote, especialmente en los más pobres, es decir, los que menos saben de ti, Señor, puesto que no hay mayor miseria que ignorar cuál Dios nos ha amado tanto.

– Que su mente reciba una gracia singular del Espíritu Santo para reconocer y discernir, según el carisma propio de San Ignacio de Loyola, cuáles inspiraciones son de Dios, cuáles vienen de los interes puramente humanos y mundanos, y cuáles tienen su raíz en el espíritu de las tinieblas, que ronda buscando a quién devorar.

– Que sus manos realicen cada vez mejor la labor de cuidar el rebaño tuyo, Jesucristo, de modo que sea físicamente incapaz de firmar o apoyar lo que ensucia, confunde, degrada o niega la fe, la que defendieron los mártires, y en cambio tenga pulso firme para guiar el timón y conducir de nuevo la nave de la Iglesia a su ruta propia, más allá de los escollos e intereses de este mundo que pasa.

– Y finalmente, te pedimos, Señor Jesús, que el corazón del Papa sea sumergido en el fuego de tu propio Corazón, de modo que pueda corregirse de sus faltas, ya que todos las tenemos, y pueda predicarnos con fuerza y mucha luz sobre las raíces de nuestros pecados, y de los males que hoy se ciernen sobre la Tierra.

Estas intenciones ponemos sobre tu altar, Jesús.

Estas súplicas repetimos con humildad y constancia porque nos has dado amar tu Evangelio y tu Iglesia, Jesús.

Compadécete de nosotros, Señor, perdona nuestros muchos pecados, y llega hoy con toda tu fuerza y tu majestad al corazón del Papa.

Tú vives, tú reinas, con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


Austen Ivereigh lanza “Pastor Herido”, un completo análisis del pontificado de Francisco

noviembre 3, 2019

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“Mi editorial me pregunta en algún momento: ¿Qué pasó con la reforma? Y este es un intento de describir qué ha pasado en los últimos 6 años”.

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Austen Ivereigh lanza “Pastor Herido”, un completo análisis del pontificado de Francisco

Uno de los mayores expertos sobre el Papa Francisco es el periodista británico Austen Ivereigh.

Su libro “El Gran Reformador” fue uno de los primeros y más completos que se escribieron tras la elección papal. Ahora regresa con un apasionante análisis sobre su pontificado: “Pastor Herido”.

AUSTEN IVEREIGH
Autor, “Pastor Herido”

“Mi editorial me pregunta en algún momento: ¿Qué pasó con la reforma? Y este es un intento de describir qué ha pasado en los últimos 6 años”.

El libro es un relato de la estrategia del Papa Francisco para cambiar la Iglesia y para cambiar el mundo. Lo presenta como un director espiritual que guía sin forzar a las personas.

AUSTEN IVEREIGH
Autor, “Pastor Herido”

“Pastor Herido”, porque yo he llegado a entenderlo más como el director espiritual de una Iglesia muchas veces herida, digamos; pero él está conduciendo un proceso de conversión que comienza con la aceptación de nuestras heridas. Entonces, para mí, la conversión principal que él está llevando a acabo en la Iglesia es una conversión de cultura, de mentalidad, de corazón, y yo creo que los frutos son muy evidentes.

A lo largo de las páginas descubre episodios poco conocidos sobre el día a día en el Vaticano, en los que no falta drama, tensión y humor. Por ejemplo, las resistencias que el Papa se ha encontrado por el camino.

AUSTEN IVEREIGH
Autor, “Pastor Herido”

Hay una resistencia que es muy fuerte y muy vocífera, precisamente porque a lo que él está invitando es a la conversión, es a la misericordia, al amor incondicional de Dios, y esto afecta a gente que quiere adueñarse de la religión

Y puede parecer que ganen porque hacen mucho ruido, pero yo creo que lo que va a durar de este pontificado es lo que estamos viendo, los frutos espirituales, la humildad y sobre todo la dirección misionera y pastoral de la Iglesia y para mí creo que esto continuará más allá de este pontificado.

El libro es también una ventana al futuro de la Iglesia pues Austen Ivereigh ve a Francisco como el primero de una larga serie de pontificados.

Lo describe como un “pastor herido” de una Iglesia humilde que no teme mirar sus propias heridas, que pide perdón, y que lleva misericordia al mundo. Y esa es solo una de las reformas del Papa Francisco.

https://www.romereports.com/2019/11/02/austen-ivereigh-lanza-pastor-herido-un-completo-analisis-del-pontificado-de-francisco/


Homilía del Papa Francisco en la canonización del Cardenal Newman y 4 nuevas santas

octubre 13, 2019

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El Papa Francisco pronuncia su homilía durante la ceremonia de canonización. Crédito: Captura de Youtube

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Homilía del Papa Francisco en la canonización del Cardenal Newman y 4 nuevas santas

Redacción ACI Prensa

Este domingo 13 de octubre el Papa Francisco celebró la canonización del Cardenal John Henry Newman, las religiosas Dulce Lopes Pontes, Giuseppina Vannini y María Teresa Chiramel Mankidiyan, y la laica Marguerite Bays.

A continuación la homilía pronunciada por el Santo Padre:

«Tu fe te ha salvado» (Lc 17,19). Es el punto de llegada del evangelio de hoy, que nos muestra el camino de la fe. En este itinerario de fe vemos tres etapas, señaladas por los leprosos curados, que invocan, caminan y agradecen.

En primer lugar, invocar. Los leprosos se encontraban en una condición terrible, no sólo por sufrir la enfermedad que, incluso en la actualidad, se combate con mucho esfuerzo, sino por la exclusión social. En tiempos de Jesús eran considerados inmundos y en cuanto tales debían estar aislados, al margen (cf. Lv 13,46). De hecho, vemos que, cuando acuden a Jesús, “se detienen a lo lejos” (cf. Lc 17,12).

Pero, aun cuando su situación los deja a un lado, dice el evangelio que invocan a Jesús «a gritos» (v. 13). No se dejan paralizar por las exclusiones de los hombres y gritan a Dios, que no excluye a nadie.

Es así como se acortan las distancias, como se vence la soledad: no encerrándose en sí mismos y en las propias aflicciones, no pensando en los juicios de los otros, sino invocando al Señor, porque el Señor escucha el grito del que está solo.

Como esos leprosos, también nosotros necesitamos ser curados, todos. Necesitamos ser sanados de la falta de confianza en nosotros mismos, en la vida, en el futuro; de tantos miedos; de los vicios que nos esclavizan; de tantas cerrazones, dependencias y apegos: al juego, al dinero, a la televisión, al teléfono, al juicio de los demás.

El Señor libera y cura el corazón, si lo invocamos, si le decimos: “Señor, yo creo que puedes sanarme; cúrame de mis cerrazones, libérame del mal y del miedo, Jesús”. Los leprosos son los primeros, en este evangelio, en invocar el nombre de Jesús. Después lo harán también un ciego y un malhechor en la cruz: gente necesitada invoca el nombre de Jesús, que significa Dios salva.

Llaman a Dios por su nombre, de modo directo, espontáneo. Llamar por el nombre es signo de confianza, y al Señor le gusta. La fe crece así, con la invocación confiada, presentando a Jesús lo que somos, con el corazón abierto, sin esconder nuestras miserias.

Invoquemos con confianza cada día el nombre de Jesús: Dios salva. Repitámoslo; es rezar. La oración es la puerta de la fe, la oración es la medicina del corazón.

La segunda etapa es caminar. En el breve evangelio de hoy aparece una decena de verbos de movimiento. Pero, sobre todo, impacta el hecho de que los leprosos no se curan cuando están delante de Jesús, sino después, al caminar: «Mientras iban de camino, quedaron limpios», dice el texto (v. 14).

Se curan al ir a Jerusalén, es decir, cuando afrontan un camino en subida. Somos purificados en el camino de la vida, un camino que a menudo es en subida, porque conduce hacia lo alto. La fe requiere un camino, una salida, hace milagros si salimos de nuestras certezas acomodadas, si dejamos nuestros puertos seguros, nuestros nidos confortables. La fe aumenta con el don y crece con el riesgo.

La fe avanza cuando vamos equipados de la confianza en Dios. La fe se abre camino a través de pasos humildes y concretos, como humildes y concretos fueron el camino de los leprosos y el baño en el río Jordán de Naamán, en la primera lectura (cf. 2 Re 5,14-17).

También es así para nosotros: avanzamos en la fe con el amor humilde y concreto, con la paciencia cotidiana, invocando a Jesús y siguiendo hacia adelante.

Hay otro aspecto interesante en el camino de los leprosos: avanzan juntos. «Iban» y «quedaron limpios», dice el evangelio (v. 14), siempre en plural: la fe es caminar juntos, nunca solos. Pero, una vez curados, nueve se van y sólo uno vuelve a agradecer. Entonces Jesús expresa toda su amargura: «Los otros nueve, ¿dónde están?» (v. 17).

Casi parece que pide cuenta de los otros nueve al único que regresó. Es verdad, es nuestra tarea —de nosotros que estamos aquí para “celebrar la Eucaristía”, es decir, para agradecer—, es nuestra tarea hacernos cargo del que ha dejado de caminar, de quien ha perdido el rumbo: somos protectores de nuestros hermanos alejados.

Somos intercesores para ellos, somos responsables de ellos, estamos llamados a responder y preocuparnos por ellos. ¿Quieres crecer en la fe? Hazte cargo de un hermano alejado, de una hermana alejada.

Invocar, caminar y agradecer: es la última etapa. Sólo al que agradece Jesús le dice: «Tu fe te ha salvado» (v. 19). No sólo está sano, sino también salvado. Esto nos dice que la meta no es la salud, no es el estar bien, sino el encuentro con Jesús. La salvación no es beber un vaso de agua para estar en forma, es ir a la fuente, que es Jesús. Sólo

Él libra del mal y sana el corazón, sólo el encuentro con Él salva, hace la vida plena y hermosa. Cuando encontramos a Jesús, el “gracias” nace espontáneo, porque se descubre lo más importante de la vida, que no es recibir una gracia o resolver un problema, sino abrazar al Señor de la vida. Y esto es lo más importante de la vida: abrazar al Señor de la vida.

Es hermoso ver que ese hombre sanado, que era un samaritano, expresa la alegría con todo su ser: alaba a Dios a grandes gritos, se postra, agradece (cf. vv. 15-16). El culmen del camino de fe es vivir dando gracias. Podemos preguntarnos: nosotros, que tenemos fe, ¿vivimos la jornada como un peso a soportar o como una alabanza para ofrecer?

¿Permanecemos centrados en nosotros mismos a la espera de pedir la próxima gracia o encontramos nuestra alegría en la acción de gracias? Cuando agradecemos, el Padre se conmueve y derrama sobre nosotros el Espíritu Santo. Agradecer no es cuestión de cortesía, de buenos modales, es cuestión de fe. Un corazón que agradece se mantiene joven.

Decir: “Gracias, Señor” al despertarnos, durante el día, antes de irnos a descansar es el antídoto al envejecimiento del corazón. Así también en la familia, entre los esposos: acordarse de decir gracias. Gracias es la palabra más sencilla y beneficiosa.

Invocar, caminar, agradecer. Hoy damos gracias al Señor por los nuevos santos, que han caminado en la fe y ahora invocamos como intercesores. Tres son religiosas y nos muestran que la vida consagrada es un camino de amor en las periferias existenciales del mundo.

Santa Margarita Bays, en cambio, era una costurera y nos revela qué potente es la oración sencilla, la tolerancia paciente, la entrega silenciosa. A través de estas cosas, el Señor ha hecho revivir en ella el esplendor de la Pascua, en su humildad.

Es la santidad de lo cotidiano, a la que se refiere el santo Cardenal Newman cuando dice: «El cristiano tiene una paz profunda, silenciosa y escondida que el mundo no ve. […] El cristiano es alegre, sencillo, amable, dulce, cortés, sincero, sin pretensiones, […] con tan pocas cosas inusuales o llamativas en su porte que a primera vista fácilmente se diría que es un hombre corriente» (Parochial and Plain Sermons, V,5).

Pidamos ser así, “luces amables” en medio de la oscuridad del mundo. Jesús, «quédate con nosotros y así comenzaremos a brillar como brillas tú; a brillar para servir de luz a los demás» (Meditations on Christian Doctrine, VII, 3). Amén.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-canonizacion-del-cardenal-newman-y-4-nuevas-santas-53852


Protestas en Hong Kong: el factor católico

octubre 10, 2019

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Cardenal John Tong Hon (créditos de imagen: Rock Li – CC BY-SA 3.0)

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Protestas en Hong Kong: el factor católico

El pasado, el presente y el futuro de la Iglesia católica de Hong Kong —y las decisiones que habrá de tomar el Vaticano— tienen un gran peso sobre el destino de la protesta.

Por Massimo Introvigne

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Las protestas en Hong Kong continúan. Algunos creen que pueden convertirse en la nueva Tiananmén. El activista de los derechos humanos especula acerca de cómo Estados Unidos y la actitud del presidente Donald Trump pueden determinar el destino de la protesta o, incluso, alimentar o crear una oposición al presidente Xi Jinping dentro del PCCh (Partido Comunista Chino) mismo.

Sin embargo, algunas personas en Hong Kong creen que las decisiones de un tercer líder mundial, además de Trump y Xi Jinping, pueden pesar fuertemente sobre el futuro de Hong Kong.

Este líder es el papa Francisco. Los católicos en Hong Kong representan únicamente el 5% de la población, pero tienen un poder desmesurado en la política, la cultura y los medios.

La jefa del Ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, cuyas posturas a favor del PCCh encendieron las protestas, es una católica activa, ha sido educada en escuelas católicas y no es ningún secreto que regularmente consulta a obispos católicos acerca de asuntos políticos importantes.

Hong Kong también es un puente tradicional entre el Vaticano y China. De acuerdo con estudiosos de las relaciones entre el Vaticano y China, Hong Kong es el lugar en el que, hasta que el Papa Francisco asumió el cargo en 2013, se organizó y gestionó exitosamente la mayor oposición a cualquier acuerdo del Vaticano con el PCCh que alentara a los sacerdotes y obispos católicos para que se unieran a la Asociación Patriótica Católica China (APCC) controlada por el Gobierno, y desde donde la influencia del cardenal anti-PCCh Joseph Zen (nacido en 1932 y obispo de Hong Kong entre 2002 y 2009) se extendió a Roma.

De acuerdo con los mismos estudiosos, Zen había formado un fantástico equipo con su compañero miembro de la orden salesiana, el arzobispo Savio Hon Tai-fai (nacido en Hong Kong en 1950), el prelado chino más influyente en la Curia romana, donde sirvió desde 2010 como secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; esto es, el departamento del Vaticano directamente responsable de China.

Tanto Zen como Hon tenían influencia sobre el papa Benedicto XVI y, efectivamente, torpedearon cualquier posible acuerdo bajo el cual los sacerdotes y obispos católicos chinos se unirían o debían unirse a la APCC. Fueron apoyados por el padre –y posteriormente, arzobispo– Ettore Balestrero, un importante oficial de asuntos políticos en la Secretaría de Estado del Vaticano y firme oponente al PCCh.

En 2013, el papa Benedicto XVI renunció y el papa Francisco fue electo. Este último indicó que un acuerdo con el Gobierno chino era una de sus prioridades diplomáticas, a costa de solicitar ciertos “sacrificios” por parte de los católicos anti-PCCh que habían sufrido por su (hasta entonces) negativa aprobada por el Vaticano de unirse a la APCC.

Las personas importan, y para lograr un acuerdo con el PCCh algunas personas deben irse. Balestrero era un hombre tan cercano a Benedicto XVI, que, según fuentes del Vaticano, fue enviado como embajador del Vaticano (nuncio) ante Colombia justo antes de que el papa alemán renunciara para protegerlo frente a lo que podía venir bajo un pontificado nuevo y con una inclinación diferente.

Las mismas fuentes afirman que el PCCh expresó su beneplácito al Vaticano por el hecho de que Balestrero dejara Roma, lo cual hizo que algunos vieran el largo brazo de China detrás de un oscuro escándalo que involucraba al hermano del arzobispo, situación que llevó a que en 2018 fuera degradado de rango, de nuncio ante Colombia (un importante país para la Iglesia católica) a nuncio ante el Congo.

Zen terminó su periodo en 2009 y fue reemplazado por el obispo –y, posteriormente, cardenal– John Tong Hon (nacido en 1939). Ciertamente, es menos beligerante hacia el PCCh que Zen, y (a diferencia de su predecesor) no tiene inclinación a criticar al Vaticano en ningún tema.

No obstante, siempre ha sido extremadamente cauteloso en cuestiones que tienen que ver con China continental. Que el Vaticano estuviera moviéndose con gran cuidado en Hong Kong lo confirmó el nombramiento en 2014 de dos obispos auxiliares más jóvenes, uno considerado anti-PCCh, el franciscano Joseph Ha Chi-shing (nacido en 1959) y otro más favorable a un acuerdo con China, Stephen Lee Bun-Sang (nacido en 1956).

Lee es miembro del Opus Dei y es considerado teológicamente conservador, lo cual muestra que ser liberal o conservador no necesariamente está conectado con estar a favor o en contra del pacto entre el Vaticano y China.

Sin embargo, las cosas cambiaron entre 2016 y 2017, cuando probablemente ya se habían tomado en Roma ciertas decisiones acerca del pacto de 2018 entre el Vaticano y China.

El arzobispo Savio Hon Tai-fai fue retirado de la Curia vaticana en 2016 (otro movimiento por el que, de acuerdo con fuentes internas, el PCCh agradeció a la Santa Sede) y fue enviado para hacerse cargo de la atribulada Iglesia católica en Guam, cuyo obispo había renunciado después de haber estado involucrado en un escándalo de abuso sexual. Posteriormente fue enviado a Grecia (un país no precisamente clave para la diplomacia vaticana) como nuncio.

También en 2016, el obispo auxiliar de Hong Kong Lee Bun-Sang fue promovido al cargo de obispo de Macau, presuntamente con la bendición del PCCh.

En 2017 terminó el período del cardenal Tong. Fue reemplazado por el obispo Michael Yeung (1945-2019). Al ser un colaborador cercano de Carrie Lam, es difícil quitar la impresión de que fue nombrado para promover el pacto entre el Vaticano y China que se firmaría en 2018.

Sin embargo, fue demasiado lejos y terminó avergonzando a la Santa Sede, primero, al dar la impresión de que aprobaba la destrucción sistemática de cruces de iglesias protestantes en China por parte del PCCh y, luego, al afirmar que su postura en la materia era que las regulaciones del PCCh debían respetarse.

Probando, una vez más, que se puede ser pro-PCCh y, al mismo tiempo, teológicamente conservador, Yeung también causó asombro en Roma por su actitud militante en contra de los derechos de la comunidad LGBT y por comparar la homosexualidad con la adicción a las drogas, algo que se percibe está en conflicto con la actitud más tolerante del papa Francisco hacia el tema.

El 3 de enero de 2019, Yeung, quien padecía cirrosis hepática, murió antes de que terminara su periodo como obispo de Hong Kong. Todos los ojos voltearon a Roma. Había dos candidatos naturales para la sucesión, y la elección revelaría cómo estaba evaluando el Vaticano el pacto que había firmado con el PCCh unos meses atrás.

Claramente, el PCCh habría estado más contento con la elección del obispo de Macau, Lee Bun-Sang, como el nuevo obispo de Hong Kong y, mucho menos contento, si el papa elegía para el cargo al obispo auxiliar Ha Chi-shing, considerado anti-PCCh.

El papa Francisco sorprendió a todos al no nombrar ni a Lee ni a Ha, sino sacando del retiro al cardenal Tong, quien tenía una postura más moderada y pidiéndole que retomara sus antiguos deberes.

Así, fue Tong el que tuvo que guiar a la Iglesia católica de Hong Kong a través de la tormenta de las protestas. Aconsejó a la jefa del Ejecutivo católica Carrie Lam que no firmara el controversial acuerdo de extradición con China y, junto con otros líderes religiosos, ofreció un apoyo moderado a los manifestantes.

Al mismo tiempo, también hizo saber a los católicos de Hong Kong que él no apoyaba la abierta oposición del cardenal Zen al pacto entre el Vaticano y China. Sin embargo, no impidió que su obispo auxiliar Ha Chi-shing participara activamente en las protestas e, incluso, fuera considerado como uno de sus líderes morales.

El Vaticano ha guardado silencio en relación con las protestas de Hong Kong. No obstante, claramente tarde o temprano deberá expresarse, no con palabras, sino a través de una decisión trascendental. El cardenal Tong tiene 80 años. Dejó claro que aceptaba regresar a su antiguo puesto de manera provisional.

Pronto, el papa deberá nombrar a un nuevo obispo de Hong Kong. Los católicos locales apoyan fuertemente las protestas y no es un secreto que esperan que el obispo Ha sea nombrado. Considerarían el nombramiento del obispo Lee de Macau como una declaración en contra de las protestas y la democracia.

Sin embargo, algunas personas dijeron a Bitter Winter que circulan rumores de que el pacto de 2018 entre el Vaticano y China, cuyo texto sigue siendo secreto, puede incluir una cláusula que conlleve a que la elección del obispo debe acordarse también entre la Santa Sede y el PCCh en Hong Kong.

El tiempo lo dirá, pero, claramente, el nombramiento del obispo Ha sería una señal para el PCCh y para el mundo de que el Vaticano está a favor de la democracia en Hong Kong y que el acuerdo de 2018 no significa que Roma esté preparada para ignorar los temas de derechos humanos.

El nombramiento del obispo Lee sería una señal diferente, aunque algunos advierten que el prelado de Macau del Opus Dei tiene una personalidad compleja y sería un error clasificarlo como un partidario incondicional del PCCh, así como el obispo Ha, que nunca ha apoyado la crítica abierta del cardenal Zen hacia el Vaticano. A menos que el Papa Francisco vuelva a sorprender a todos “inventando” un tercer candidato, de lo cual no hay indicios o rumores hasta ahora.


Homilía del Papa Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de la Amazonía

octubre 6, 2019

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El Papa Francisco durante la Misa. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

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Homilía del Papa Francisco en la Misa de apertura del Sínodo de la Amazonía

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El Papa Francisco presidió este domingo 6 de octubre en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa de apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, conocida también como Sínodo de la Amazonía, y que se desarrollará en el Vaticano hasta el próximo 27 de octubre.

En la Misa, en la que han participado también los 13 nuevos Cardenales creados en el consistorio celebrado ayer sábado 5 de octubre, el Santo Padre contrapuso el fuego de Dios, “que ilumina, calienta y da vida”, al fuego del mundo, “que destruye”.

El Santo Padre destacó la importancia del Sínodo “para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonía, de modo que no se apague el fuego de la misión”. Asimismo, recordó que “muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos”.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:

El apóstol Pablo, el mayor misionero de la historia de la Iglesia, nos ayuda a “hacer Sínodo”, a “caminar juntos”. Lo que escribe a Timoteo parece referido a nosotros, pastores al servicio del Pueblo de Dios.

Ante todo, dice: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1,6). Somos obispos porque hemos recibido un don de Dios. No hemos firmado un acuerdo, no nos han entregado un contrato de trabajo “en propia mano”, sino la imposición de manos sobre la cabeza, para ser también nosotros manos que se alzan para interceder y se extienden hacia los hermanos.

Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos.

Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir. Lo recuerda el Evangelio, que habla de «siervos inútiles» (Lc 17,10).

Es una expresión que también puede significar «siervos sin utilidad». Significa que no nos esforzamos para conseguir algo útil para nosotros, un beneficio, sino que gratuitamente damos porque lo hemos recibido gratis (cf. Mt 10,8).

Toda nuestra alegría será servir porque hemos sido servidos por Dios, que se ha hecho nuestro siervo. Queridos hermanos, sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios.

Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren.

Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo. Pero «la Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de “mantenimiento” para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (BENEDICTO XVI, Exhort. apost. postsin. Verbum Domini, 95).

Porque la Iglesia está siempre en camino, siempre en salida, nunca cerrada en sí misma. Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra.

El fuego que reaviva el don es el Espíritu Santo, dador de los dones. Por eso san Pablo continúa: «Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros (2 Tm 1,14). Y también: «Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de prudencia» (v. 7).

No es un espíritu cobarde, sino de prudencia. Alguno piensa que la prudencia es una aduana, una virtud que lo prepara todo para no equivocarse. No. La prudencia es virtud cristiana, es virtud de vida. También es la virtud del gobierno. Pablo contrapone la prudencia a la cobardía. ¿Qué es entonces esta prudencia del Espíritu?

Como enseña el Catecismo, la prudencia «no se confunde ni con la timidez o el temor», sino que «es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo» (n. 1806). La prudencia no es indecisión, no es una actitud defensiva.

Es la virtud del pastor, que, para servir con sabiduría, sabe discernir, sensible a la novedad del Espíritu. Entonces, reavivar el don en el fuego del Espíritu es lo contrario a dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada. Y ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración.

Que Él, que hace nuevas todas las cosas, nos dé su prudencia audaz, inspire nuestro Sínodo para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia, de modo que no se apague el fuego de la misión.

El fuego de Dios, como en el episodio de la zarza ardiente, arde, pero no se consume (cf. Ex 3,2). Es fuego de amor que ilumina, calienta y da vida, no fuego que se extiende y devora. Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo.

Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos.

El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonia, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad. Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo.

Reavivar el don; acoger la prudencia audaz del Espíritu, fieles a su novedad; san Pablo dirige una última exhortación: «No te avergüences del testimonio […]; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1,8).

Pide testimoniar el Evangelio, sufrir por el Evangelio, en una palabra, vivir por el Evangelio. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia. Es su misión, su identidad. Poco después Pablo escribe: «Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación» (4,6).

Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,22), es amar hasta el martirio. Agradezco a Dios porque en el Colegio Cardenalicio hay algunos hermanos Cardenales mártires, que han experimentado en la vida la Cruz del martirio.

De hecho, subraya el Apóstol, se sirve el Evangelio no con la potencia del mundo, sino con la sola fuerza de Dios: permaneciendo siempre en el amor humilde, creyendo que el único modo para poseer de verdad la vida es perderla por amor.

Queridos hermanos: Miremos juntos a Jesús Crucificado, su corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí, porque desde allí ha brotado el don que nos ha generado; desde allí ha sido infundido el Espíritu Santo que renueva (cf. Jn 19,30). Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida.

Muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Muchos hermanos y hermanas en Amazonía han entregado su vida.

Permitidme que repita las palabras de nuestro amado Cardenal Hummes, cuando llega a las pequeñas ciudades de la Amazonía, acude a los cementerios, a buscar las tumbas de los misioneros. Un gesto de la Iglesia por aquellos que han entregado la vida en la Amazonía. Y luego, con un poco de picardía, dice al Papa: ‘No se olvide de ellos. Se merecen ser canonizados’.

Por ellos, por aquellos que han dado su vida, con ellos, caminemos juntos.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-apertura-del-sinodo-de-la-amazonia-51049?fbclid=IwAR2Yi8ybiLpPC1wg6GeiEtLyRv7J09lmUTmYsYLKomfjwcpKNCOTkxdigAA


Lo que necesita, también, Alemania

septiembre 18, 2019

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El Arzobispo de Múnich y Frisinga (Alemania), Cardenal Reinhard Marx,

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Lo que necesita, también, Alemania

Por José Luis Restán, Director Editorial COPE

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A comienzos de septiembre el Papa Francisco saludaba al Sínodo de los obispos greco-católicos de Ucrania y les advertía sin papeles: «¡el Sínodo no es un Parlamento!… Sínodo no es ponerse de acuerdo como en política: te doy esto, tú me das esto. No, Sínodo no es hacer encuestas sociológicas, como algunos creen… Si no hay Espíritu Santo, no hay Sínodo… todavía más, si no hay Iglesia (la identidad de la Iglesia) no hay Sínodo».

Son palabras fuertes que resuenan ahora sobre el fondo de la tensión surgida a propósito de la dirección que parece tomar el camino sinodal emprendido por los obispos alemanes (no sin reservas y advertencias de algunos de ellos).

Recordemos que la Conferencia Episcopal alemana decidió iniciar dicho camino sinodal para afrontar una crisis que nadie oculta, aunque los diagnósticos difieren entre quienes identifican la raíz en una profunda crisis de fe y quienes reclaman, sobre todo, cambios disciplinares y estructurales, hasta llegar en algún caso a tocar aspectos sustanciales de la doctrina católica.

En efecto, para responder a la crisis algunos proponen replantear la moral sexual, el significado de la autoridad, el lugar de las mujeres, el perfil del ministerio sacerdotal o la disciplina sacramental, buscando una «solución alemana».

El pasado mes de junio el Papa Francisco dirigió una carta al pueblo de Dios en Alemania en la que explicaba algunas líneas maestras a las que debía atenerse el mencionado «camino sinodal».

Francisco subrayaba que ese camino «debe consistir en vivir y sentir con la Iglesia y en la Iglesia» y advertía (citando a Joseph Ratzinger) que «cuando una Iglesia particular se separa del entero cuerpo eclesial se marchita y muere, mientras que la comunión viva y efectiva permite superar el encerramiento en los propios problemas».

Sin dejar de alentar la iniciativa de los obispos alemanes el Papa aclaraba que «tiene que asumir un modo de ser Iglesia donde el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas» (partes).

Varios obispos, entre ellos el cardenal Rainer M. Woelki, de Colonia, Stefan Oster, de Passau, Stephan Ackermann, de Trier, Rudolf Voderholzer, de Ratisbona, han reclamado que estas indicaciones sean bien tenidas en cuenta, porque es de vital interés para el futuro de la Iglesia en Alemania.

El problema no radica en que se afronte con sinceridad la situación y se busquen nuevos modos de presencia misionera (la misión es otra clave que el Papa ha pedido poner en primer plano), en un debate en el que deben participar todas las realidades vivas de la Iglesia en aquel país (no sólo ciertas élites, otra advertencia de Francisco), sino en la referencia obligada de esa reflexión a la comunión con la Iglesia universal presidida por el Sucesor de Pedro.

No se trata de suspicacias sino de algo que ha advertido con toda seriedad el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos. En una carta dirigida al Presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Reinhard Marx, señala que el camino sinodal debe atenerse a lo expresado por el Papa en su carta de junio, y advierte que algunos de los procesos diseñados no están en sintonía con la disciplina de la Iglesia Universal.

Señala también que esta asamblea no puede establecer por su cuenta una especie de «solución alemana» al margen de la unidad de la Iglesia.

No cabe pensar que la misiva del Cardenal Ouellet haya sido enviada al margen de la voluntad de Francisco. Y por ello uno se queda perplejo ante la primera respuesta (más bien displicente) del Cardenal Marx, quien ha reiterado que el proceso sigue adelante sin acoger positivamente ninguna de las indicaciones llegadas de Roma.

Es cierto que Marx ha anunciado su intención de explicar la situación ante las autoridades vaticanas para deshacer posibles malentendidos, pero de momento parece hablar en otro idioma.

Más allá del morbo periodístico ante lo que algunos definen ya como un nuevo desafío a Roma desde Germania, cabe preguntarse si los alemanes de hoy (especialmente los jóvenes) se sienten concernidos por estas alquimias de laboratorio eclesiástico, o si más bien ansían (siquiera secretamente) el encuentro con una verdadera experiencia de fe arraigada en las circunstancias del presente, capaz de hacer cuentas con su incertidumbre, sus miedos y su sed de felicidad y de sentido.

Una experiencia que sólo puede gestarse en el cuerpo vivo de la Iglesia, con todas sus heridas y fatigas, y no como resultado de una estrategia, por muy «alemana» que sea.

https://www.cope.es/religion/mar-adentro/noticias/que-necesita-tambien-alemania-20190918_500522


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