Maná y Vivencias Cuaresmales (31), 31.3.17

marzo 31, 2017

Viernes de la 4ª semana de Cuaresma

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flores-moradas-hojas-secas

Quien decide vivir justamente ante Dios debe luchar contracorriente


Antífona de entrada: Salmo 53, 3-4

Señor, sálvame por tu nombre y líbrame con tu poder. Señor, escucha mi plegaria, atiende a las palabras de mi boca.


Oración colecta:

Señor, tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas y manifestarla en nuestra propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Sabiduría 2, 1.12-22

Los malvados dijeron entre sí, discurriendo equivocadamente: “Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados. Presume de que conoce a Dios y se proclama a sí mismo hijo del Señor.

Ha llegado a convertirse en un vivo reproche de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás y su conducta es extraña. Nos considera como monedas falsas y se aparta de nuestro modo de vivir como de las inmundicias. Tiene por dichosa la suerte final de los justos y se gloría de tener por padre a Dios.

Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte. Si el justo es hijo de Dios, Él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos. Sometámoslo a la humillación y a la tortura para conocer su temple y su valor. Condenémoslo a muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él”.

Así discurren los malvados, pero se engañan; su malicia los ciega. No conocen los ocultos designios de Dios, no esperan el premio de la virtud, ni creen en la recompensa de una vida intachable.


SALMO 33, 17-18-19-20.23

El Señor no está lejos de sus fieles.

En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su memoria. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.

El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Muchas tribulaciones pasa el justo, pero de todas ellas Dios lo libra.

Por los huesos del justo vela Dios, sin dejar que ninguno se le quiebre. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en Él esperan.

Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4,4

No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO: Juan 7, 1-2.10.25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también Él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito.

Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Con que me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a Él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de Él y Él me ha enviado”.

Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Antífona de comunión: Efesios 1, 7

Por medio de su Sangre, Cristo nos ha obtenido la redención y el perdón de nuestros pecados. En esto se manifiesta la inmensidad de su gracia.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Hoy comienza la “quincena de la pasión” del Señor

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31. VIERNES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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TEMA ILUMINADOR.- Comienza hoy la “quincena de la pasión” del Señor, que culminará el Viernes Santo. Aparecen sin ambages las palabras “condenar a muerte”, “matar”, “la hora”.

La lectura de sabiduría 2, 12-22 presenta sin reparos la oposición de los malvados contra el justo. “Su sola presencia, dicen, nos cae pesada. Condenémoslo, ya que según él, Dios intervendrá en su favor”. Se atreven con los justos, y provocan al mismo Dios; están ciegos para las cosas de Dios y la suerte de los justos. Analicemos la lectura de Sabiduría:

Persigamos al justo, que nos molesta y se opone a nuestra forma de actuar… Se enorgullece de conocer a Dios. Él es un reproche a nuestra manera de pensar y hasta su sola presencia nos cae pesada. Para él somos gente de malos antecedentes y trata de no juntarse con nosotros, como si fuera pecado.

Comprobemos si lo que dice es verdad. Humillémoslo y atormentémoslo para conocer hasta qué punto se mantendrá firme y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte humillante, ya que, según él, Dios intervendrá en su favor.

Pero el justo permanece fiel y prosigue su camino con valentía y confirmado en su entrega: Entonces Jesús dijo en voz muy alta: “Vosotros decís que me conocéis. Sabed que no vengo por mí mismo. Vengo enviado por el que es la Verdad. Vosotros no lo conocéis”.

Su convicción es insobornable. Dios todo lo permite para nuestro bien. El justo sale robustecido en toda circunstancia y hasta perfeccionado. La presencia de Dios se hace más transparente en el dolor y las dificultades, cuando hacen crisis las seguridades humanas.

Dios permite la prueba para aquilatar nuestro amor y hacer más patente su poder para salvar a los humildes y confundir a los poderosos, que nada pueden hacer contra Dios.

Más bien, Dios utiliza su pecado para glorificarse a cuenta del malvado. Es un instrumento que colabora con Dios en su glorificación. Así utilizó Dios la terquedad del faraón. Según el texto sagrado, Dios mismo endurecía la negativa del faraón a los israelitas para poder realizar los milagros en favor de su pueblo.

Los relatos evangélicos de esta semana pertenecen al Evangelio de san Juan. Al principio de este Evangelio se nos anunciaba que “la luz vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron”. Hasta el mal Dios lo utiliza para bien. En este viernes aparece con más crudeza la oposición a la luz: quieren apresar a Jesús. Escuchemos…

“Jesús andaba por la región de Galilea. No quería volver a Judea porque los judíos estaban decididos a acabar con él. Se acercaba la fiesta de los Tabernáculos o de las Chozas. Solamente después de que sus parientes subieron a Jerusalén para la fiesta, fue él también, pero tratando de que no lo supiera la gente.

Algunos vecinos de Jerusalén se preguntaban: ‘¿No es éste el que andan buscando para matarlo? Y habla en público y nadie le dice nada. ¿Acaso reconocieron los jefes que éste es el Cristo? Sin embargo, de él sabemos de dónde viene; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde viene’.

Entonces Jesús que estaba enseñando en el Templo dijo en voz muy alta: ‘Vosotros decís que me conocéis y que sabéis de dónde vengo. Sabed que no vengo por mí mismo. Vengo enviado por el que es la Verdad. Vosotros no lo conocéis. Yo sí que lo conozco porque soy de él y él me ha enviado’.

Entonces, los judíos quisieron tomarlo preso; pero nadie le echó las manos, porque aún no había llegado su Hora”(Juan 7, 1-2; 10, 25-30).

Dichosos nosotros si la práctica de nuestra fe nos crea algún problema. Si eso hicieron con tu Maestro, ¿qué no harán contigo? Tú no puedes ser una excepción. Él nos advirtió: ¡Ay de vosotros cuando todo el mundo hable bien de vosotros! Eso mismo sucedía con los falsos profetas. ¡Dichosos vosotros cuando os persigan!

Si te cuesta poco ser católico, si tu fe te acarrea pocos problemas, debes preocuparte. La persecución no le arrebata al justo la paz y la seguridad en Dios: Salmo 33, 17-18; 19-20; 21; 23. Toda una lección de amor confiado en Dios.

Los sinvergüenzas no toleran la coherencia de los justos. Su presencia les resulta insoportable. Quien decide vivir justamente ante Dios debe luchar contracorriente.

La oración después de la comunión habla de renovación y también del pecado que envejece nuestro espíritu.

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De los sermones de san León Magno, papa

La cruz de Cristo, fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias.

Que nuestra alma, iluminada por el Espíritu de verdad, reciba con puro y libre corazón la gloria de la cruz, que irradia por cielo y tierra, y trate de penetrar interiormente lo que el Señor quiso significar cuando, hablando de la pasión cercana, dijo: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Y más adelante: Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? Padre, líbrame de esta hora.

Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica a tu Hijo. Y como se oyera la voz del Padre, que decía desde el cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo, dijo Jesús a los que lo rodeaban: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

¡Oh admirable poder de la cruz! ¡Oh inefable gloria de la pasión! En ella podemos admirar el tribunal del Señor, el juicio del mundo y el poder del Crucificado.

Atrajiste a todos hacia ti, Señor, porque la devoción de todas las naciones de la tierra puede celebrar ahora, con sacramentos eficaces y de significado claro, lo que antes sólo podía celebrarse en el templo de Jerusalén y únicamente por medio de símbolos y figuras.

Ahora, efectivamente, brilla con mayor esplendor el orden de los levitas, es mayor la grandeza de los sacerdotes, más santa la unción de los pontífices, porque tu cruz es ahora fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias: por ella, los creyentes encuentran fuerza en la debilidad, gloria en el oprobio, vida en la misma muerte.

Ahora al cesar la multiplicidad de los sacrificios carnales, la sola ofrenda de tu cuerpo y sangre lleva a realidad todos los antiguos sacrificios, porque tú eres el verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo;de esta forma, en ti encuentran su plenitud todas las antiguas figuras, y así como un solo sacrificio suple todas las antiguas víctimas, así un solo reino congrega a todos los hombres.

Confesemos, pues, amadísimos, lo que el bienaventurado maestro de los gentiles, el apóstol Pablo, confesó con gloriosa voz, diciendo:Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

Aquí radica la maravillosa misericordia de Dios para con nosotros: en que Cristo no murió por los justos ni por lo santos, sino por los pecadores y por los impíos; y, como la naturaleza divina no podía sufrir el suplicio de la muerte, tomó de nosotros, al nacer, lo que pudiera ofrecer por nosotros.

Efectivamente, en tiempos antiguos, Dios amenazaba ya a nuestra muerte con el poder de su muerte, profetizando por medio de Oseas: Oh muerte, yo seré tu muerte; yo seré tu ruina, infierno.

En efecto, si Cristo, al morir, tuvo que acatar la ley del sepulcro, al resucitar, en cambio, la derogó, hasta tal punto que echó por tierra la perpetuidad de la muerte y la convirtió de eterna en temporal, ya que si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida (Sermón 8 sobre la pasión del Señor, 6-8: PL 54, 340-342).


Mana y Vivencias Cuaresmales (30), 30.3.17

marzo 30, 2017

Jueves de la 4ª semana de Cuaresma

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Las escrituras dan testimonio de mí



Antífona de entrada: Salmo 104, 3-4

¡Siéntase alegre el corazón de los que buscan al Señor! Recurrid al Señor y a su poder; recurrid al Señor en todo tiempo.


Oración colecta

Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Éxodo 32, 7-14

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.”»

Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.»

Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”?

Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.”»

Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.


SALMO 105, 19-20.21-22.23

Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba.

Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo.

Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

EVANGELIO: Juan 5, 31-47

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí.

Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.

Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.

Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.

Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida!

No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibiréis.

¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?

No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»


Antífona de comunión: Jeremías 31, 33

Esto dice el Señor: Pondré mi ley en lo más profundo de su ser y la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac

Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac

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30. JUEVES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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ILUMINACIÓN.-Moisés intercede por el pueblo: Dios aplaca su ira y se arrepiente de su amenaza contra Israel.

A Cristo lo rechazan sus contemporáneos, y Moisés los acusa por su incredulidad. Cristo será el intercesor último y definitivo.

Ante la incredulidad del pueblo, Dios mismo prepara intercesores que recuerden sus promesas y que provoquen el amor propio de Dios.

“Entonces Moisés suplicó al Señor su Dios: ¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con grande poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir los egipcios: ‘Con mala intención los sacó para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra’?

Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac, a quienes juraste por ti mismo diciendo: ‘Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo’. Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo” (Éxodo, 32, 11-14).

Escuchemos la primera lectura. El Señor dijo a Moisés: “Vuelve y baja, porque tu pueblo ha pecado.” En el evangelio, Jesús se encuentra con la incredulidad de sus propios paisanos. Ellos buscan en las Escrituras salvación pero no aceptan a Cristo, el único salvador enviado por Dios.

No lo aceptan porque prefieren la gloria y el testimonio de los hombres al honor de Dios y al testimonio de las obras milagrosas que hace Cristo.

Comprobémoslo en el Evangelio de hoy. Jesús dijo a los judíos: “Si yo hago de testigo en mi favor, mi testimonio no vale nada.”

Jesús es testificado tanto por Juan Bautista como por su Padre, que lo acredita con los milagros “que nadie puede hacer a no ser que Dios esté con él”, como confesaba el ciego de nacimiento.

Sin embargo, los judíos no creen. Va resaltándose más y más la oposición de los fariseos frente a Jesús. Ellos sólo creen en sí mismos y en lo que les conviene.

Jesús les dice claramente: “No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?” (Jn 5, 45-47).

Frente a esa sinrazón de la pertinaz incredulidad, la antífona de comunión anuncia otra ley: la del Espíritu. La ley externa y fría, escrita en piedra, será eliminada para dar paso a la escrita en el mismo corazón del hombre gracias a la efusión del Espíritu de Dios.

De esta manera, al hombre le será connatural actuar según Dios. “Meteré mi ley en su pecho y la escribiré en sus corazones y todos me conocerán” (Jeremías 31, 33).

En estos días concluyen las obras de Jesús, sus hechos portentosos, los signos, según Juan.

Mañana comienza con toda claridad y solemnidad “la hora de Jesús”, la hora amarga de la persecución. La incredulidad de los impíos va a provocar y causar la muerte de Jesús.

A partir de hoy comienza la “quincena de la muerte de Jesús”. Está acercándose, lenta pero inexorablemente, el poder de las tinieblas.

Jesús es consciente de todo, y entiende que debe ir hasta el final, que debe cumplir toda justicia, todo el plan de su Padre. No sabe exactamente lo que eso le supondrá, pero sí tiene claro que no puede torcerse ni a izquierda ni a derecha, que debe permanecer fiel. Y también sabe que sea lo que sea, el Padre no le negará, no le abandonará.

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De los comentarios de San Agustín, obispo, sobre los salmos

Jesucristo ora por nosotros, ora en nosotros
y es invocado por nosotros.

No pudo Dios hacer a los hombres un don mayor que el de darles por cabeza al que es su Palabra, por quien ha fundado todas las cosas, uniéndolos a él como miembros suyos, de forma que él es Hijo de Dios e Hijo del hombre al mismo tiempo, Dios uno con el Padre y hombre con el hombre, y así, cuando nos dirigimos a Dios con súplicas, no establecemos separación con el Hijo, y cuando es el cuerpo del Hijo quien ora, no se separa de su cabeza, y el mismo salvador del cuerpo, nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es el que ora por nosotros, ora en nosotros y es invocado por nosotros.

Ora por nosotros como sacerdote nuestro, ora en nosotros por ser nuestra cabeza, es invocado por nosotros como Dios nuestro. Reconozcamos, pues, en él nuestras propias voces y reconozcamos también su voz en nosotros.

Por lo cual, cuando se dice algo de nuestro Señor Jesucristo, sobre todo en profecía, que parezca referirse a alguna humillación indigna de Dios, no dudemos en atribuírsela, ya que él tampoco dudó en unirse a nosotros. Todas las criaturas le sirven, puesto que todas las criaturas fueron creadas por él.

Y, así, contemplamos su sublimidad y divinidad, cuando oímos: En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho;

pero, mientras consideramos esta divinidad del Hijo de Dios, que sobrepasa y excede toda la sublimidad de las criaturas, lo oímos también en algún lugar de las Escrituras como si gimiese, orase y confesase su debilidad.

Y entonces dudamos en referir a él estas palabras, porque nuestro pensamiento, que acababa de contemplarlo en su divinidad, retrocede ante la idea de verlo humillado; y, como si fuera injuriarlo el reconocer como hombre a aquel a quien nos dirigíamos como a Dios, la mayor parte de las veces nos detenemos y tratamos de cambiar el sentido:

y no encontramos en la Escritura otra cosa sino que tenemos que recurrir al mismo Dios, pidiéndole que no nos permita errar acerca de él.

Despierte, por tanto, y manténgase vigilante nuestra fe; comprenda que aquel al que poco antes contemplábamos en la condición divina aceptó la condición de esclavo, asemejado en todo a los hombres e identificado en su manera de ser a los humanos, humillado y hecho obediente hasta la muerte;

pensemos que incluso quiso hacer suyas aquellas palabras del salmo, que pronunció colgado de la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Por tanto, es invocado por nosotros como Dios, pero él ruega como siervo; en el primer caso, le vemos como creador, en el otro como criatura; sin sufrir mutación alguna, asumió la naturaleza creada para transformarla y hacer de nosotros con él un solo hombre, cabeza y cuerpo.

Oramos, por tanto, a él, y hablamos junto con él, ya que él habla junto con nosotros (Salmo 85, 1: CCL 39, 1176-1177).



Maná y Vivencias Cuaresmales (29), 29.3.17

marzo 29, 2017

Miércoles de la 4ª semana de Cuaresma


amapolas

Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente



Antífona de entrada: Salmo 68, 14

Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme, Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de sus méritos y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas, tu paz y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 8-15

Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, a los que están en tinieblas: “Venid a la luz.”

Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin.

Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.”

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»


SALMO 144, 8-9.13cd-14.17-18

El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

El Señor es Justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 11, 25-26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.


EVANGELIO: Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»

Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.

Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.

Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Antífona de comunión: Juan 3, 17

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Mi Padre sigue actuando y yo también actúo

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29. MIÉRCOLES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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Por si había alguna duda, el Señor viene en ayuda de nuestra fe porque a veces dudamos de su ternura y de los efectos de su salvación. El Señor pregunta: ¿Puede una madre olvidarse del niño que está criando, o dejar de querer al hijo de sus entrañas?

¿Cabe mayor condescendencia, mayor compasión, paciencia y magnanimidad del Creador para con su criatura? Oremos: Haz, Señor, que crea de todo corazón y perdona mi incredulidad.

Te cantaré, Señor, y no me cansaré de repetir para mí mismo y para los demás: “El Señor es clemente y misericordioso” (Salmo 144, 8-9-13-14-11-18). En la antífona de comunión, Juan 3, 17: Tanto nos ama el Padre que ha enviado a su Hijo al mundo para salvarlo, para que nadie dude más, no para condenar, sino para salvar.

Si crees en Cristo ya eres salvo, si no crees, nadie te condena, ni el Padre, ni el Hijo, sino tú mismo, porque te sales, te apartas de la familia divina a la que fuiste invitado. El Padre y el Hijo mutuamente se dan crédito, se dan confianza y amor en un mismo Espíritu Santo, y los tres quieren tu salvación.

¿Cabe mayor consideración y ternura hacia ti? ¿Podrá olvidarse una madre de la criatura de sus entrañas?

Tú eres criatura de Dios. Eternamente él ha pensado en ti. Dios ha pronunciado tu nombre, eres único para él: desde toda la eternidad. No te cabe en la cabeza pero él te lo asegura una y mil veces para que te lo creas, porque Dios sabe que eres de barro, voluble y olvidadizo.

Dios pide tu fe: es decir, que te comprendas a ti mismo desde la fe, desde el designio y proyecto que Dios tiene sobre tu vida, desde siempre. Él pensó en ti, estás proyectado por él y para él. ¡Nos hiciste, Señor, para ti!, exclamará san Agustín.

Por eso, cuando te olvidas de tus orígenes, pecas. Lo mismo le sucedía al pueblo de Israel, al salir de Egipto cuando caminaba por el desierto: en vez de mirar adelante, hacia la tierra prometida, miraba hacia atrás, añorando la casa de la esclavitud, y pecaban. No te dejes arrebatar la “memoria de Dios”, la impronta original e imborrable que Dios depositó en ti por la creación y por la recreación en Cristo Jesús (“memoria Dei”).

Seguramente alguna vez habrás considerado tu condición de hijo de Dios Padre y habrás meditado en su proyecto sobre ti. Ahora puedes recordarlo, durante la Cuaresma. Encuentras su plan sobre ti, resumido en Efesios 1, 13-14.

Nos llamó a ser sus hijos en su Único Hijo. El Padre ha acreditado a Jesucristo como su Palabra, no tiene otra: quien escuche a Jesús y lo siga, se salvará. Quien lo rechace, se condenará, se autoexcluirá.

Tratemos de descubrir este plan maravilloso de Dios Padre sobre nosotros, en el pasado de Israel, en el presente y en el futuro: él nos sacará de todas las esclavitudes, él nos hará volver de todos los destierros.

Por eso, “exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo, se compadece de los desamparados. Sión decía: ‘Me ha abandonado el Señor, mi dueño se ha olvidado’.

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré, dice el Señor todopoderoso” (Is 49, 13-15).

Jesús ha realizado la salvación prometida por el Padre. Lo estamos viendo estos días en el evangelio de Juan: la curación del ciego de nacimiento, el domingo, ciclo A; el envío del Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo, domingo, ciclo B; la curación del hijo del funcionario de Cafarnaún, el lunes; y la del paralítico de la piscina de Betsaida, el martes, ayer.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos revela su comunión con el Padre. Nos introduce en la vida trinitaria. ¡Gran confidencia! “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo. Os lo aseguro: el Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn 5, 17-30).

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Del comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir,
sobre los salmos

Si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre

Cristo Jesús es nuestro sumo sacerdote, y su precioso cuerpo, que inmoló en el ara de la cruz por la salvación de todos los hombres, es nuestro sacrificio. La sangre que se derramó para nuestra redención no fue la de los becerros y los machos cabríos (como en la ley antigua), sino la del inocentísimo Cordero, Cristo Jesús, nuestro salvador.

El templo en el que nuestro sumo sacerdote ofrecía el sacrificio no era hecho por manos de hombres, sino que había sido levantado por el solo poder de Dios; pues Cristo derramó su sangre a la vista del mundo: un templo ciertamente edificado por la sola mano de Dios. Y ese templo tiene dos partes: una es la tierra, que ahora nosotros habitamos; la otra nos es aún desconocida a nosotros, mortales.

Así, primero, ofreció su sacrificio aquí en la tierra, cuando sufrió la más acerba muerte. Luego, cuando revestido de la nueva vestidura de la inmortalidad entró por su propia sangre en el santuario, o sea, en el cielo, presentó ante el trono del Padre celestial aquella sangre de inmenso valor, que había derramado una vez para siempre en favor de todos los hombres, pecadores.

Este sacrificio resultó tan grato y aceptable a Dios, que así que lo hubo visto, compadecido inmediatamente de nosotros, no pudo menos que otorgar su perdón a todos los verdaderos penitentes.

Es además un sacrificio perenne, de forma que no sólo cada año (como entre los judíos se hacía), sino también cada día, y hasta cada hora y cada instante, sigue ofreciéndose para nuestro consuelo, para que no dejemos de tener la ayuda más imprescindible. Por lo que el Apóstol añade: Consiguiendo la liberación eterna.

De este santo y definitivo sacrificio se hacen partícipes todos aquellos que llegaron a tener verdadera contrición y aceptaron la penitencia por sus crímenes, aquellos que con firmeza decidieron no repetir en adelante sus maldades, sino que perseveran con constancia en el inicial propósito de las virtudes.

Sobre lo cual, san Juan se expresa en estos términos: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero (Salmo 129: opera omnia, edición, p. 1610).


Maná y Vivencias Cuaresmales (28), 28.3.17

marzo 28, 2017

Martes de la 4ª semana de Cuaresma


Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida

Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida



Antífona de entrada: Isaías 55, 1

Todos los que tenéis sed, venid a beber agua; los que no tenéis dinero, venid, y de balde adquirid trigo, y comed; sin pagar nada, adquirid vino y leche.


Oración colecta

Te pedimos, Señor, que las prácticas santas de esta Cuaresma dispongan el corazón de tus fieles para celebrar dignamente el misterio pascual y anunciar a todos los hombres la grandeza de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Ezequiel 47, 1-9.12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–.

El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.

El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas:¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil.

Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear.

Me dijo entonces: «¿Has visto, hijo de Adán?» A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes.

«Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»

SALMO 45, 2-3.5-6.8-9

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra.

Aclamación antes del Evangelio: Salmo 50, 12.14

Crea en mí, Señor, un corazón puro y devuélveme tu salvación, que regocija.

EVANGELIO: Juan 5, 1-3.5-16

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda.

Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?»

El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me adelantado.»
Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»

Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»

Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»

Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»

Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.

Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»

Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Antífona de comunión: Salmo 22, 1-2

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

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VIVENCIAS CUARESMALES

¿Quieres quedar sano?




28.- MARTES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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TEMA.- El baño del Bautismo. Las aguas de la vida brotaban del lado derecho del templo de Dios. Un soldado abrió el costado de Jesús, y al punto salió agua y sangre.

La antífona de entrada nos ayuda a reconocer que esa vida nueva que llega a nosotros por la fe no está dependiendo de nuestros merecimientos. Así se activa más la oración de alabanza porque Dios sabe que esa oración es la que mejor le permite actuar en el hombre, pues le deja a éste más despojado de sí mismo. El hombre viejo queda más relegado y también sus malas obras.

Oíd, sedientos todos, acudid por agua también los que no tenéis dinero (Is 55, 1). No os preocupéis si no tenéis con qué comprar el agua de la vida, venid y tomadla de balde, pues yo la doy gratuitamente.

No pretendáis merecerla, comprarla, porque os haríais despreciables, ya que no tiene precio, sólo se puede agradecer y desear con toda el alma, con todo el vigor de la fe, una fe creadora, que provoca el poder de Dios a favor del hombre.

Oremos: Señor, glorifícate en mi vida y haz en mí, o mejor dicho, haz de mí lo que quieras; sea lo que sea, te doy las gracias. Amén, amén.

Ezequiel 47, 1-9-12: Las aguas que salen del templo son expresión de la vida divina que debe llegar a cada hombre y a todas las áreas de su ser.

Esas aguas forman un estero, un río de agua viva que sanará y vivificará todo lo que alcance, allá adonde llegue el agua habrá peces en abundancia, las riberas del río serán pobladas por árboles frondosos y fecundos, frutales; no se les caerá la hoja ni les faltarán los frutos, sus hojas servirán de medicina y sus frutos de comida.

El agua expresa el poder de Dios que irrumpe en el hombre y le capacita para obrar según Dios, y a la vez le impulsa para dar frutos en abundancia. Esa agua vivificadora para nosotros es el agua del bautismo.

Ahora en la Cuaresma, tratamos de reasumir aquella fuerza de Dios que se nos entregó como germen divino de una vez por todas en el bautismo; ese germen es capaz de transformarnos totalmente, de convertirnos en hijos de Dios, llenos de gracia y santidad.

Sin embargo, nosotros no hemos colaborado con Dios para permitirle inundar de agua viva nuestras vidas. Son muchos los prejuicios y esclavitudes del hombre viejo que nos tienen paralizados y que nos impiden arrojarnos a la piscina sanadora, a Cristo mismo.

Atención, hermano, hermana: En cada Cuaresma, Cristo sigue pasando a tu lado como al lado del enfermo que llevaba postrado treinta y ocho años esperando la curación. Dichoso tú si no lo dejas pasar de largo, si lo reconoces y le clamas curación.

Cristo en cada Cuaresma pasa a nuestro lado, se detiene ante nosotros, siente lástima de nosotros por la situación en que nos encuentra, y nos pregunta a cada uno en particular: ¿Quieres sanar?

Felices nosotros si nos sentimos enfermos, débiles y desdichados, pero no desesperados. Porque él ha venido por los pecadores y los enfermos. Pues los sanos no necesitan médico. ¿Reconoces que estás enfermo? ¿Quieres confesar tu debilidad? ¿Quieres sanar de una vez por todas?

No te excuses ante esa invitación de Cristo. Pues nunca estarás del todo liberado ni sanado. Aún puedes vivir mejor la libertad y la plenitud de vida que te ofrece Cristo. Pídesela y dile que tenga misericordia de ti, que no pase de largo, por favor.

Oremos con todo el sentimiento: “Señor, no tengo a nadie que me meta a la piscina cuando se mueve el agua”.

Escuchemos el milagro realizado por Jesús.- Jesús, al ver al hombre enfermo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: ¿Quieres quedar sano? El enfermo le contestó: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina.

Jesús le dice: Levántate, toma tu camilla y echa a andar. Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.

La piscina de Betsaida estaba dedicada al dios pagano Esculapio. El enfermo judío que acudía a ese lugar estaba cometiendo el pecado de buscar salvación fuera de Israel. Por eso llevaba ya treinta y ocho años, y no tenía a nadie que le ayudara.

Jesús se fue a ese lugar “sospechoso” para todo judío ortodoxo. Fue a buscar al pecador, sin que por ello aprobase lo que la gente creía. Jesús se interesa por el enfermo, y le pregunta. Le da la oportunidad de pronunciarse, de reconocer su impotencia. Además, todo esto Jesús lo hace en sábado, incluida la curación.

Los judíos descansan en sábado y quieren que Dios mismo también descanse y que no salve ese día a los hombres necesitados. Jesús justifica su actuación en sábado porque imita a su Padre que siempre actúa a favor de los hombres, y que, por tanto, también trabaja en día sábado, es decir, que no quiere que nadie se pierda. Y todos los días son apropiados y óptimos para esa liberación.

Su voluntad salvífica está por encima de todas las prescripciones humanas. Jesús se manifiesta en el templo de Dios, su Padre, no en la piscina. Y le invita al judío sanado a que no vuelva a pecar.

Por tu parte, hermano, vuélvete al Señor de tu justicia. No sigas buscando salvación en la curandería, en los horóscopos, en las sectas, en la violencia, en la marginación, en el desenfreno, la droga o el alcohol, en una vida al margen de Dios o contra Dios…

Vuélvete al Señor tu Dios en esta Cuaresma, recupera o revive lo que se te dio con el agua regeneradora del bautismo, y goza de una nueva efusión del Espíritu en ti; y no te eches atrás, no pierdas la libertad que te da Cristo, no sea que te suceda algo peor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN: “Purifícanos, Señor, y renuévanos de tal modo con tus sacramentos que también nuestro cuerpo encuentre medios y fuerzas para la vida presente y el germen de su vida inmortal”.

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De los sermones de san León Magno, papa

Contemplación de la pasión del Señor

El verdadero venerador de la pasión del Señor tiene que contemplar de tal manera, con la mirada del corazón, a Jesús crucificado, que reconozca en él su propia carne.

Toda la tierra ha de estremecerse ante el suplicio del Redentor: las mentes infieles, duras como la piedra, han de romperse, y los que están en los sepulcros, quebradas las losas que los encierran, han de salir de sus moradas mortuorias.

Que se aparezcan también ahora en la ciudad santa, eso es, en la Iglesia de Dios, como un anuncio de la resurrección futura, y lo que un día ha de realizarse en los cuerpos efectúese ya ahora en los corazones.

A ninguno de los pecadores se le niega su parte en la cruz, ni existe nadie a quien no auxilie la oración de Cristo. Si ayudó incluso a sus verdugos, ¿cómo no va a beneficiar a los que se convierten a él?

Se eliminó la ignorancia, se suavizaron las dificultades, y la sangre de Cristo suprimió aquella espada de fuego que impedía la entrada en el paraíso de la vida. La oscuridad de la vieja noche cedió ante la luz verdadera.

Se invita a todo el pueblo cristiano a disfrutar de las riquezas del paraíso, y a todos los bautizados se les abre la posibilidad de regresar a la patria perdida, a no ser que alguien se cierre a sí mismo aquel camino que quedó abierto, incluso, ante la fe del ladrón arrepentido.

No dejemos, por tanto, que las preocupaciones y la soberbia de la vida presente se apoderen de nosotros, de modo que renunciemos al empeño de conformarnos a nuestro Redentor, a través de sus ejemplos, con todo el impulso de nuestro corazón.

Porque no dejó de hacer ni sufrir nada que fuera útil para nuestra salvación, para que la virtud que residía en la cabeza residiera también en el cuerpo.

Y, en primer lugar, el hecho de que Dios acogiera nuestra condición humana cuando la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, ¿a quién excluyó de su misericordia, sino al infiel? ¿Y quién no tiene una naturaleza común con Cristo, con tal de que acoja al que a su vez lo ha asumido a él, puesto que fue regenerado por el mismo Espíritu por el que él fue concebido?

Y además, ¿quién no reconocerá en él sus propias debilidades? ¿Quién dejará de advertir que el hecho de tomar aliento, buscar el descanso y el sueño, experimentar la solicitud de la tristeza y las lágrimas de la compasión es fruto de la condición humana del Señor?

Y como, desde antiguo, la condición humana esperaba ser sanada de sus heridas y purificada de sus pecados, el que era unigénito Hijo de Dios quiso hacerse también hijo de hombre, para que no le faltara ni la realidad de la naturaleza humana ni la plenitud de la naturaleza divina.

Nuestro es lo que, por tres días yació exánime en el sepulcro y, al tercer día resucitó; lo que ascendió sobre todas las alturas de los cielos hasta la diestra de la majestad paterna: para que también nosotros, si caminamos tras sus mandatos y no nos avergonzamos de reconocer lo que, en la humildad del cuerpo, tiene que ver con nuestra salvación, seamos llevados hasta la compañía de su gloria; puesto que habrá de cumplirse lo que manifiestamente proclamó:

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo (Sermón 15 sobre la pasión del Señor, 3-4: PL 54, 366-367).


Entrevista al P. Ismael Ojeda al año y medio de volver a Perú

marzo 27, 2017

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P. Ismael con feligreses de la parroquia Santa Rita de Casia, Miraflores, Lima, Perú.

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Entrevista al P. Ismael Ojeda realizada por Francisco Audije para la revista “Toma y lee” de la Fraternidad Seglar Agustino-recoleta. Mayo 2016.

Por Francisco José Audije Pacheco

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Después de nueve años en España, ha vuelto a Perú, la tierra donde creció como sacerdote y religioso. ¿Cómo se siente?

R.- Me siento bien, podría decir que hasta muy bien, gracias a Dios. Contento. Cierto que en España me sentía a gusto y trabajé con ilusión en lo que me encomendaron. Pero, llegado el momento, los superiores creyeron que era conveniente mi traslado a Perú, y me vine sin dudar, por obediencia. Y aquí estoy, con ganas y con ilusión.

¿Qué diferencias encuentra entre un territorio de misiones, como es América latina, y Europa, que fue la encargada, en tiempos, de anunciar el Evangelio a la mayor parte del mundo?

R.- Evangelizar en España, y seguro en toda Europa, implica ir contra corriente de manera permanente. Según mi apreciación, allá uno tiene que proponerse expresa y valientemente anunciar el Evangelio con mucha imaginación, creatividad y originalidad… pues la gente, por lo general, se mueve de tejas abajo.

A la sociedad del bienestar y laicista no le interesa la sorpresa del Evangelio. Consciente o inconscientemente trata de ignorar al sacerdote y hasta de despojarlo de lo más sagrado y valioso que lleva consigo, por gracia, que es su condición de consagrado, de hombre de Dios y portador de un mensaje de salvación.

Por eso, al sacerdote se le busca como un profesional que presta servicios. No se le pide que sea testigo de Cristo y que evangelice. Por eso, a veces el sacerdote se limita a ejecutar ritos y dar sacramentos. Pero no debe meterse en la vida de la gente, ni pretender cambiarla. Esa praxis pastoral se comprende, pero no se puede justificar.

La realidad latinoamericana, según mi limitada experiencia, es bastante distinta. Hay más receptividad por parte de la gente: esta desea aprender más y hasta nos busca como hombres de Dios. Se valora y por lo general se respeta la misión del sacerdote o religioso. Es mucho más fácil el ejercicio ministerial, y nos resulta gratificante.

El peligro está en vivir de rentas, no prepararse bien y dar catequesis más que Evangelio, doctrinas y enseñanzas más que kerigma y anuncio. Tanto religiosos como sacerdotes deberíamos ejercitarnos con más decisión en una sincera conversión pastoral según el magisterio y la praxis del Papa Francisco.

Dada la situación de Europa, donde el catolicismo se encuentra en franco retroceso, con un laicismo cada vez más feroz y una crisis de vocaciones sin precedentes, ¿cómo le parece que está reaccionando la Iglesia?

R.- Salvadas las limitaciones de mi experiencia, creo que la Iglesia, tanto clero como laicos, cada vez están echando menos la culpa a los de fuera, a la sociedad, a la gente… y se están centrando en una autocrítica y en una sincera revisión de sus actitudes personales, comunitarias e institucionales.

Naturalmente se trata de un proceso lento y heterogéneo, con vaivenes no exentos de extremismos.

Me parece que se está tomando conciencia, serena y purificadora, de que somos una Iglesia perseguida, y a veces injustamente maltratada. Si eso lleva a una experiencia de un Dios misericordioso con todos, que está por encima de tantas discriminaciones y que busca que ninguno se pierda, estaríamos caminando en buena dirección y edificando una Iglesia nueva, que crecería de fe en fe.

Yo, cuando veo que los seminarios y las parroquias en España, se llenan de religiosos y sacerdotes de otros continentes, particularmente de América latina, me pregunto si no nos van a tener que reevangelizar desde aquellas tierras que nosotros fuimos a evangelizar en el Renacimiento. ¿Qué le parece esto?

R.- Indudablemente, en un mundo global la Iglesia tiene la oportunidad de vivir su catolicidad con una autenticidad más evangélica. La Iglesia es misionera por esencia y por praxis, y tiene que salir, estar en salida como dice el Papa Francisco. Necesita salir para valer más, para expresar mejor la primacía de lo único necesario… Para recordar y ejercitarse en su condición de peregrina hacia la Patria verdadera.

Esta condición itinerante cuadra paradigmáticamente a la vida religiosa. Ahí viviría en su hábitat natural.

Bien, pero volviendo a tu pregunta: lo que importa es la motivación con que un religioso, un sacerdote o una familia misionera está, vive y evangeliza fuera de su patria, lejos de su parentela. Eso es lo decisivo y lo específicamente valioso de los agentes de evangelización.

En este sentido quizás queden obsoletas muy pronto las características de raza, lengua, cultura, nación o continente… para pasar a las categorías de corrientes de pensamiento o de espiritualidad, de movimientos de innovación o de estilos de vida, de continentes digitales… que no solamente usan las nuevas tecnologías, sino que hasta viven en esos mundos virtuales e interrelacionados. ¿Qué nos deparará el futuro que se asoma ya…?

¿Cómo está viviendo la Orden el proceso de renovación que está llevando a cabo la Iglesia sobre todo el Papa Francisco con su magisterio y sus gestos proféticos?

R.- En esta, como en otras preguntas, mi respuesta puede resultar una caricatura de la realidad. Pero bueno, aun con ese riesgo, pienso que los superiores de la Orden han hecho un gran esfuerzo por promover la renovación personal y comunitaria de los religiosos y motivar su participación en la preparación del próximo capítulo general.

La revitalización de los religiosos y de las comunidades ni es automática, ni es homogénea, ni rápida. La tentación y la debilidad tanto de los superiores como de los religiosos es quedarnos en los medios, en lo exterior, en lo institucional, en las formalidades… y no llegar al fin, al compromiso personal, a la experiencia de una conversión radical en la comunidad y en la pastoral.

A todos nos haría bien la cercanía, el diálogo y la corrección fraterna en la comunidad y en el apostolado más inmediato. Creo que en esa cancha “doméstica” es donde nos jugamos casi todo. La opción por los pobres y la pobreza siguen teniendo vigencia, pero comenzando por la comunidad local y por los hermanos más próximos.

¿Cree usted, padre Ismael, que la velocidad de las reformas es la adecuada?

R.- Creo que vamos retrasados, lentos. La vida siempre se nos adelanta. Debemos aprender a vivir en la interacción. El mundo, la cultura, las innovaciones nos toman la delantera en todas partes y aquí en América, también.

Uno de los fenómenos que me impresiona permanentemente en esta sociedad y en esta Iglesia es su condición de realidad emergente, pujante, innovadora, juvenil… que pugna por asumir con decisión y valentía todos los retos y que apuesta por la vida y la esperanza. Una realidad también festiva, y en el fondo optimista, y que opta por la vida y la superación, casi por instinto.

En este marco de “Revitalización”, ¿cómo cree que saldrá parada la Fraternidad OAR?

R.- La Fraternidad seglar seguirá de cerca los derroteros de la Orden, de manera más o menos correlativa y lamentablemente un tanto o un mucho dependiente. Los laicos suelen ganarnos a nosotros los religiosos en disponibilidad y deseo de aprender y de renovarse. El clericalismo nos hace mal a la Orden y a la Fraternidad.

Hace cincuenta años o más ya se hablaba de la “hora de los laicos”, pero entre nosotros queda mucho por hacer todavía. Deberíamos examinar en comunión las dificultades y los logros obtenidos.

Debemos recordar todos que los laicos son Iglesia y tienen que ejercer su protagonismo peculiar y secular. La secularidad es su aporte propio y su mayor contribución a la construcción del Reino. Por tanto, los sacerdotes y religiosos no debemos “clericalizarlos” ni convertirlos en nuestros monaguillos.

El Papa Francisco está urgiendo por todas partes la “participación” de los laicos católicos en la vida pública y en la política, de manera especial en América Latina (Cf. CAL).

¿Qué relación encuentra entre santidad y “Revitalización”?

R.- Al religioso se le pide una inserción específica, según el carisma propio, en la vida de la Iglesia. En esa integración eclesial se producirá su mayor aporte a la Iglesia y a la Orden, y de manera casi automática se alcanzarán las mayores cotas de santidad del religioso y también de la comunidad.

Pues no se trata solo de la santidad individual, sino también del signo testimonial de la comunidad como tal. El mundo creerá cuando vea que nos amamos los unos a los otros: carácter profético de la comunidad.

Lamentablemente a veces la vivencia del carisma se enquista en la observancia externa, en la rutina y el individualismo o protagonismo tanto en el claustro como en la misión o ministerio y se le vacía del contenido evangélico de la comunión y la corresponsabilidad.

Nuestra santificación vendría de la mano de una autentificación de nuestra vida religiosa y ministerial. La observancia legalista monacal y el activismo pastoral se cuelan en la vida de los frailes. Y así la conversión sincera y radical es difícil, pues con harta frecuencia los frailes no nos consideramos tan pecadores que necesitemos cambiar mucho.

Hace tiempo se viene señalando que debemos ser testigos y profetas, que hemos de hablar en primera persona, hablar de nuestra propia experiencia. Pero nos resulta difícil y a veces nos contentamos con soltar rollos y dar conferencias que apenas reflejan experiencia de Dios.

Deberíamos convencernos de que, por la gracia de Dios, somos capaces de ir consiguiendo paso a paso con nuestros hermanos de comunidad y del apostolado una experiencia renovada de un Dios misericordioso, cercano y paciente, patrimonio de todos… sobre todo de los más pobres y necesitados o marginados.

Ahí tenemos el programa de santificación.

¿Cree usted, padre Ismael, que el papel de la Fraternidad en nuestra Orden, podría ser más activo, en el sentido de no solo ser ayudada a vivir el carisma de San Agustín, sino de ayudar a frailes y monjas a vivirlo también?

R.- Estoy convencido, porque lo he experimentado, gracias a Dios, que la Fraternidad representa para la Orden una gran oportunidad de conversión y de renovación, en particular para los religiosos asistentes: una de las instancias renovadoras más cercana y poderosa.

Pero, claro, si los frailes la acogemos y estamos dispuestos a dejarnos moldear por ella, y si apostamos por hacer un camino juntos de búsqueda del Dios siempre nuevo, al mismo ritmo y con mucha y mutua benevolencia y paciencia.

Pues la Fraternidad nos ayuda a bajar al llano, a buscar a Dios en la sencillez y en la autenticidad, a descubrirlo y sentirlo en el día a día, sin vivir de rentas, sin privilegios clericales, culturales, o de grados académicos… En fin, algo que nos haría mucho bien. Sencillamente una renovación sin ruido y desde dentro, en casa.

Aprovecho para agradecer a los hermanos fraternos que he tratado en los diversos ministerios lo mucho que me han enriquecido. Mi experiencia ha sido muy positiva. Seguramente ha sido mucho más lo que he recibido de ellos, que lo que les he dado.

Sabemos por las redes sociales que está haciendo un gran trabajo pastoral en su parroquia de Lima. ¿Nos puede comentar un poco?

R.- Sí, cierto, en esta parroquia hay mucha actividad, y esto viene de lejos, pero el que da el incremento es el Señor. Si no, hacer por hacer, puro activismo o fachada. Por eso, intento motivar la participación de los feligreses para que se sientan “nuevos” en cada “repetición” de lo que se hizo otros años.

Ahí está el asunto. En eso estoy trabajando: metiendo inquietud en el consejo parroquial y en los grupos: para que “evangelicen” a sus hermanos alejados y traigan gente nueva a la parroquia.

En segundo lugar, pienso que la parroquia debe realizar convocatorias cada mes a un retiro parroquial abierto a la gente que desee un encuentro personal con el Señor, una renovación integral de su vida personal o familiar. Se imparte en una mañana con resultados satisfactorios.

Y después, a las personas ya movidas, se las orienta para que participen en celebraciones parroquiales de cada mes: como la misa de sanación, noche de alabanza y misericordia, misa de madres mónicas y misa de santa Rita.

Lo último que se está organizando es una Comunidad de Viudas santa Rita: queremos atraer a la comunidad ese colectivo numeroso y también bastante abandonado pastoralmente y con una problemática específica. Está teniendo notable acogida. Profundizarán la espiritualidad de santa Rita y asistirán a la misa mensual todos los 22 de mes.

En tercer lugar, a través del grupo de liturgia hemos tratado de presentar y profundizar con la feligresía una espiritualidad mistérica basada en la vivencia de los tiempos litúrgicos. Deseamos que el hilo conductor de la vivencia parroquial esté y se sienta estrechamente iluminada y alimentada por la celebración litúrgica, sobre todo dominical, del misterio central de Cristo.

¿De dónde saca tanta energía y tanto ánimo para acometer todo este trabajo, a sus 70 años?

R.- Bueno, no es para tanto… Como acabo de expresar, esta parroquia viene funcionando desde hace tiempo de una manera compacta y estable; casi por sí misma, diría.

Como párroco, creo que mi responsabilidad consiste en animar e infundir alma y entusiasmo a las actividades programadas año tras año, y conocer y cuidar personalmente, si llega el caso, a los agentes de pastoral.

Además, pienso que debo fomentar la capacidad de la comunidad parroquial para acomodarse a las nuevas situaciones, responder a los nuevos retos y necesidades de las personas o de los colectivos.

En fin, se trata de asegurar la permanente evangelización: catequesis y proclamación del primer anuncio o kerigma, pluralismo y comunión o integración, corresponsabilidad y celebración gozosa de la salvación sobre todo dominical.

Una de las herramientas que estoy usando para evangelizar y formar a la feligresía en la fe es internet, a través de la página de la parroquia y del blog personal, y a través de las redes sociales sobre todo Facebook. Nos sirve no sólo como medio difusor sino también como parroquia virtual donde viven muchos feligreses con los que deseamos interactuar.

Finalmente, quiero aclarar que esta labor pastoral es compartida con los otros tres hermanos de comunidad que colaboran generosamente en la parroquia y que están al frente del colegio Santa Rita que está formando a unos 800 alumnos.

En el proyecto de vida y misión de la comunidad hemos plasmado aquellos elementos irrenunciables que deben orientar toda nuestra vida personal y comunitaria: la convivencia comunitaria es la primera exigencia de santificación y garantía del auténtico apostolado.

Tanto en la parroquia como en el colegio nos ayudan, según sus posibilidades, los formadores que residen en el Seminario Teologado, contiguo a la parroquia.

Gracias, Fran, por tu aprecio personal y por brindarme la oportunidad de seguir en contacto con la Fraternidad Seglar que me ha proporcionado, en diversos lugares, tan gratas experiencias. Que Dios les pague.

Francisco José Audije Pacheco

(Publicada en la Revista “Toma y lee”, boletín informativo de la Fraternidad Seglar, oar, España, en el número 48, pp. 20-22, y en el número 49, pp. 24-26).

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (27), 27.3.17

marzo 27, 2017

Lunes de la 4ª semana de Cuaresma

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Te ensalzaré, Señor, porque me has librado



Antífona de entrada: Salmo 30, 7-8

Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias.


Oración colecta

Oh Dios, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, concede a tu Iglesia la ayuda de estos auxilios del cielo sin que le falten los necesarios de la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 65, 17-21

Así dice el Señor: «Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear.

Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito.

Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.»

SALMO 29, 2.4.5-6.11-12a.13b

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Aclamación antes del evangelio: Amos 5, 14

Buscad el bien y no el mal, y viviréis; así será verdad lo que decís: que el Señor, el Dios todopoderoso, está con vosotros.

EVANGELIO: Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.» Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría.
Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»

El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.
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Antífona de comunión: Ezequiel 36, 27

Pondré en vosotros mi espíritu y haré que cumpláis mis leyes y decretos.


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VIVENCIAS CUARESMALES

El hombre creyó y se puso en camino



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27. LUNES

CUARTA SEMANA

DE CUARESMA



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TEMA: El poder de la fe produce los milagros de Jesús. “Vete, tu hijo está vivo. El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino” (Jn. 4, 43-54).


La fe es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios. La fe es darle crédito a Dios y hacer lo que él dice, antes que nada y por encima de todo, y no tanto poner nuestra confianza en la experiencia propia o la sabiduría, la imaginación.

El reconocimiento del pecado, no puede dejarnos en la inanición, desesperanza o negativismo, sino todo lo contrario. Reconocemos nuestra impotencia, pero a la vez el poder absoluto de Dios que “dice” y “pone por obra”. Lo que dice Dios es “lo seguro y normativo, lo correcto, lo único y definitivo”.

Su palabra, que se identifica con su voluntad, amor y poder, dice: “Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva”. El hombre que reconoce su pequeñez experimenta en ese mismo grado el poder de Dios que lo hace criatura nueva.

Entonces, todo lo ve con nuevos ojos y sabe que es obra de Dios y no suya, y se llena su boca de alabanzas y se estremece profundamente en su corazón, con un sincero reconocimiento y un anonadamiento ante la infinita misericordia de Dios.

No es una pura emoción, pura sensiblería ante un fantasma irreal; hay realidades incontestables como la alegría, la paz, el perdón, la ilusión; signos inequívocos de la presencia del Espíritu de Dios que es Espíritu de santidad y buen juicio, donde no hay mentira, ni oscuridad, ni temor.

“Mirad mis manos y mis pies, soy yo, el Señor”. La verdadera religión supone un encuentro con un alguien. No es pura autosugestión. Y se reconoce por los hechos.

Escuchemos a Isaías que nos anuncia los milagros de Dios en nuestras vidas: Isaías 65, 17. Creer es fiarse de Dios y dejar todas nuestras seguridades; es abrirse a la alabanza, es disponerse a creer en la vida; es permanecer abierto al advenimiento de la luz en plenitud de existencia; en fin, es obra de Dios y colaboración del hombre.

Darle crédito a Dios es desencadenar el poder de Dios en nosotros que nos transforma de inmediato, lenta y progresivamente, siempre más.

Oigamos ahora el relato evangélico: El hombre creyó, dice el Evangelio, y se puso en camino.

Creer es tratar de ensayar un tipo nuevo de vida, es ponerse en camino como si ya estuviese concedido. Créelo y así será. Cree y da gracias a Dios por ello, por lo que hizo, hace y hará, pero verdaderamente.

“Cuando pidan algo, crean que ya se lo han dado, y así será”.

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De los sermones de san León Magno, papa
Del bien de la caridad

Dice el Señor en el evangelio de Juan: la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros; y en la carta del mismo apóstol se puede leer: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Que los fieles abran de par en par sus mentes y traten de penetrar, con un examen verídico, los afectos de su corazón; si llegan a encontrar alguno de los frutos de la caridad escondido en sus conciencias, no duden que tienen a Dios consigo, y, a fin de hacerse más capaces de acoger a tan excelso huésped, no dejen de multiplicar las obras de una misericordia perseverante. Pues, si Dios es amor, la caridad no puede tener fronteras, ya que la Divinidad no admite verse encerrada por ningún término.

Los presentes días, queridísimos hermanos, son especialmente indicados para ejercitarse en la caridad, por más que no hay tiempo que no sea a propósito para ello; quienes desean celebrar la Pascua del Señor con el cuerpo y el alma santificados deben poner especial empeño en conseguir, sobre todo, esta caridad, porque en ella se halla contenida la suma de todas las virtudes y con ella se cubre la muchedumbre de los pecados.

Por esto al disponernos a celebrar aquel misterio que es el más eminente, con el que la sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, comencemos por preparar ofrendas de misericordia, para conceder por nuestra parte, a quienes pecaron contra nosotros, lo que la bondad de Dios nos concedió a nosotros.

La largueza ha de extenderse ahora, con mayor benignidad, hacia los pobres y los impedidos por diversas debilidades, para que el agradecimiento a Dios brote de muchas bocas, y nuestros ayunos sirvan de sustento a los menesterosos.

La devoción que más agrada a Dios es la de preocuparse de sus pobres, y, cuando Dios contempla el ejercicio de la misericordia, reconoce allí inmediatamente una imagen de su piedad.

No hay por qué temer la disminución de los propios haberes con esas expensas, ya que la benignidad misma es una gran riqueza, ni puede faltar materia para la largueza allí donde Cristo apacienta y es apacentado.

En toda esta faena interviene aquella mano que aumenta el pan cuando lo parte, y lo multiplica cuando lo da.

Quien distribuye limosnas debe sentirse seguro y alegre, porque obtendrá la mayor ganancia cuando se haya quedado con el mínimo, según dice el bienaventurado apóstol Pablo:

El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia en Cristo Jesús, Señor nuestro, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén (Sermón 10 sobre la Cuaresma, 3-5: PL 54, 299-301).



Mujer: compañera, madre y transformadora de la sociedad

marzo 26, 2017

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Mujer, esposa y madre, feliz con su vocación de fiat, como María, la Santa Virgen y Madre

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Mujer: compañera, esposa, madre y transformadora de la sociedad

“Fiat”: El amor en femenino

Por Sheila Morataya-Fleishman

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Decir “sí” a nuestra máxima vocación como mujeres en estos tiempos no es fácil. Por esto es importante contemplar el fiat (hágase) de María cuando se le anunció que iba a ser madre. ¿Cómo fue su respuesta ante el anuncio del Ángel? “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

El fiat de María es el sí más absoluto que podía salir de ella. Manifestaba la grandeza en sí como mujer y la calidad de su corazón así como su compromiso con la sociedad. Dice que se haga, no un “lo pensaré”. Necesitamos volver a Nazaret y contemplar al modelo de mujer que hemos heredado nosotras las cristianas.

Contemplar a la Santa Virgen para muchas mujeres es como contemplar a una mujer más allá de las propias posibilidades. Cuando en realidad, María representa todo lo que nosotras las mujeres modernas de hoy podemos llegar a ser como compañeras, esposas, madres y transformadoras de la sociedad.

Compañeras -y esposas-: que se traduce en sostenimiento y apoyo. Y para poder serlo hay que estar una misma bien asentada; pero esto sólo es posible si interiormente todo está en el orden debido y descansa en equilibrio. No podemos aspirar a ser sostenimiento y apoyo de un esposo si no hay paz interior y armonía en nuestro mundo íntimo.

Por esto es tan importante que volvamos y examinemos si somos mujeres de oración. La oración, como decía la Madre Teresa de Calcuta, es como la gasolina para los automóviles. Sin esta, el carro no funciona, incluso aunque todo su exterior e interior esté perfecto.

Sucede lo mismo en nosotras, la oración es lo que hace que nuestro cuerpo funcione óptimamente. Con una capacidad que sólo puede venir a través de esos minutos a solas conmigo y mi Padre Dios. Prepara todo nuestro sistema nervioso y espiritual para la entrega.

Ser madre: es proteger, custodiar y llevar a su desarrollo la humanidad verdadera. Sí, esto es ser madre, podemos resumirlo en una palabra tomada de Carmen Balmaseda en su libro, La Mujer frente a sí misma que, en definitiva, si soy mamá, “estoy atenta”. ¿Estoy educada para ello? ¿Cuál es mi actitud hacia la persona? ¿Qué es el hombre, el hijo, la sociedad para mí? ¿Cómo es la calidad del amor que brindo?

Realización:

Según la Carta apostólica de san Juan Pablo II La Dignidad de la Mujer, la virginidad y la maternidad son dos dimensiones particulares de la realización de la personalidad femenina.

La mujer encuentra y experimenta una plena realización de su ser al convertirse en potencialmente portadora de la vida. Por esto es que se hace tan necesario volver a la pregunta ¿qué es el hombre, el hijo, la sociedad para mí? ¿Soy consciente de que el hombre es el único ser de la creación que Dios ha amado por sí mismo?

Esto nos hace ver que también yo decido por mí misma y encuentro mi propia plenitud y felicidad en la entrega a los demás. Ser madre es entregarse, es abrirse, es elevarse a otra dimensión. La del fiat, la de la generosidad. Ser esclava, “porque a mí me da la gana” y al hacerlo no sentirme de la época pasada. Es la pura manifestación del amor, y el amor es el área en donde los valores son especialmente realizables.

San Agustín decía: mi amor es mi peso; por él voy adondequiera que voy; amor es gravitación hacia lo amado. ¿Hacia dónde estoy gravitando yo como mujer? ¿Cómo es mi apostolado hacia aquellas mujeres que se cierran hacia el don de la vida? ¿Pienso que no es mi problema? Y si ya soy madre, ¿cómo está siendo mi entrega?

Cada minuto que pasa, cada segundo es una oportunidad en el tiempo que se nos da para brindar lo mejor de nosotros mismos. San José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, escribía en su libro Camino: cumple el pequeño deber de cada momento. Haz lo que debes y está en lo que haces.

Por esto no debemos olvidar que cuando estamos al cuidado de nuestros hijos, estamos escribiendo una novela, una historia personal que quedará grabada en lo más profundo de sus corazones. Si soy madre debo sentirme plenamente realizada y esto se verá en mi apertura para con mis hijos porque realmente “estaré” con ellos y para ellos.

Entrega:

La entrega es tener la valentía de renunciar a ser egoísta y decir sí al amor y los cuidados que vienen de la mano con el hijo. La entrega es estar dispuesta a quedarse en casa y desarrollar los seminarios de relaciones humanas que sabemos serán los más importantes de su vida.

La verdadera entrega te lleva a renunciar a las ganas de brillar; a quedarse con esa criatura o criaturas las 24 horas del día y abrazada a ese trabajo escondido y enseñar lo que es el amor, un término sublime tan maltratado en nuestros días. No se enseña con palabras, mucho menos inscribiendo a nuestros hijos en los mejores colegios. Se enseña con el “sí, el fiat”.

La felicidad es una meta natural en el hombre, pero esta es una consecuencia. La felicidad se encuentra en la atención a otro ser humano. Al tener nuestra atención desde nuestro mismo fondo y desde nuestro corazón, podremos experimentar ese gozo espiritual que se llama alegría.

Es la serenidad silenciosa que descansa en el fondo de cada una al ejecutar con amor total la tarea de cuidar, formar, iluminar el conocimiento y las ventanas del entendimiento hacia la experiencia de ser un ser humano.

Conocedoras de esto, el aburrimiento que viene con la rutina será más fácil de sobrellevar porque sabremos que en todo momento estamos siendo útiles; sembradoras de nuestras propias tierras.

Dios nos hace “ver” claramente que las citas de negocios se convierten en visitas al doctor y se disfrutan lo mismo. Los compromisos de eventos y fiestas se convierten en compromisos de paseos y entretenimientos para la educación intelectual y motriz de los niños y nos llevan a nosotras mismas a un aprendizaje diferente. El traje sastre y los zapatos de tacón vienen a ser sustituidos por camisetas blancas y un par de blue jeans.

¡Qué profesionales somos al quedarnos en casa! !Desarrollando el prestigio más importante y sublime de todos: en donde “la justicia y la paz se abrazan” al pronunciar aquel sí, gracias al cual “la tierra da su fruto”!

Por Sheila Morataya-Fleishman
Fragmento de un artículo publicado originalmente por Encuentra.com

Mujer: compañera, madre y transformadora de la sociedad


Maná y Vivencias Cuaresmales (26), 26.3.17

marzo 25, 2017

Domingo IV de Cuaresma, Ciclo A

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ciego de nacimiento 1

Señor, tú eres mi Salvador y mi Luz



Antífona de entrada: Isaías 66, 10-11

Alégrate, Jerusalén, y todos los que la aman, reúnanse. Regocíjense con ella todos los que participaban de su duelo y quedarán saciados con la abundancia de sus consuelos.


Oración colecta

Señor, que reconcilias contigo a los hombres por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Samuel 16, 1b.6-7.10-13a

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»

Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»

Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.»
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»

Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.


SALMO 22, 1-3a.3b-4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 5, 8-14

En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.

Caminad como hijos de la luz –toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz–, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas.

Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»


Aclamación antes del Evangelio: Juan 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor, el que me sigue tendrá la luz de la vida.


EVANGELIO: Juan 9, 1-41

Yendo de camino vio Jesús a un hombre que había nacido ciego. Los discípulos le preguntaron:
–Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres o por su propio pecado?
Jesús les contestó:
–Ni por su propio pecado ni por el de sus padres, sino para que en él se demuestre el poder de Dios. Mientras es de día tenemos que hacer el trabajo que nos ha encargado el que me envió; luego viene la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en este mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un poco de lodo y untó con él los ojos del ciego. Luego le dijo:
–Ve a lavarte al estanque de Siloé (que significa: “Enviado”).

El ciego fue y se lavó, y al regresar ya veía. Los vecinos y los que otras veces le habían visto pedir limosna se preguntaban:
–¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?
Unos decían:
–Sí, es él.
Y otros:
–No, no es él, aunque se le parece.
Pero él decía:
–Sí, soy yo.

Le preguntaron:
–¿Y cómo es que ahora puedes ver? – Él contestó:
–Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: ‘Ve al estanque de Siloé y lávate.’ Yo fui, me lavé y comencé a ver.
Unos le preguntaron:
–¿Dónde está ese hombre?
Él respondió:
–No lo sé.
El día en que Jesús hizo lodo y dio la vista al ciego, era sábado. Por eso llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, y ellos le preguntaron cómo era que podía ver. Les contestó:
–Me puso lodo sobre los ojos, me lavé y ahora veo.

Algunos fariseos dijeron:
–El que hizo eso no puede ser de Dios, porque no respeta el sábado.
Pero otros decían:
–¿Cómo puede alguien, siendo pecador, hacer esas señales milagrosas?
De manera que estaban divididos. Volvieron a preguntar al que había sido ciego:
–Puesto que te ha dado la vista, ¿qué dices tú de ese hombre?
–Yo digo que es un profeta –contestó.

Pero los judíos no quisieron creer que se trataba del mismo ciego, que ahora podía ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
–¿Es este vuestro hijo? ¿Decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
Sus padres contestaron:
–Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego, pero no sabemos cómo es que ahora ve, ni tampoco sabemos quién le dio la vista. Preguntádselo a él, que ya es mayor de edad y puede responder por sí mismo.
Sus padres dijeron esto por miedo, porque los judíos se habían puesto de acuerdo para expulsar de la sinagoga a cualquiera que reconociese a Jesús como el Mesías. Por eso dijeron sus padres: “Ya es mayor de edad; preguntádselo a él.”

Los judíos volvieron a llamar al que había sido ciego y le dijeron:
–Reconoce la verdad delante de Dios: nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
Él les contestó:
–Yo no sé si es pecador o no. Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo.
Volvieron a preguntarle:
–¿Qué te hizo? ¿Qué hizo para darte la vista?
Les contestó:
–Ya os lo he dicho, pero no me hacéis caso. ¿Para qué queréis que lo repita? ¿Es que también vosotros queréis seguirle?

Entonces le insultaron y le dijeron:
–¡Tú sigues a ese hombre, pero nosotros seguimos a Moisés! Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero ese ni siquiera sabemos de dónde ha salido.
El hombre les contestó:
–¡Qué cosa tan rara, que vosotros no sabéis de dónde ha salido y a mí me ha dado la vista! Bien sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino solamente a quienes le adoran y hacen su voluntad. Nunca se ha oído decir de nadie que diera la vista a un ciego de nacimiento: si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.
Le dijeron entonces:
–Tú, que naciste lleno de pecado, ¿quieres darnos lecciones a nosotros?
Y lo expulsaron de la sinagoga.

Jesús se enteró de que habían expulsado de la sinagoga a aquel ciego. Cuando se encontró con él le preguntó:
–¿Tú crees en el Hijo del hombre?
Él le dijo:
–Señor, dime quién es, para que crea en él.
Le contestó Jesús:
–Ya le has visto. Soy yo, con quien estás hablando.
El hombre le respondió:
–Creo, Señor –y se puso de rodillas delante de él.
Dijo Jesús:
–Yo he venido a este mundo para hacer juicio, para que los ciegos vean y los que ven se vuelvan ciegos.
Al oír esto, algunos fariseos que estaban reunidos con él le preguntaron:
–¿Acaso nosotros también somos ciegos?
Jesús les contestó:
–Si fuerais ciegos, no tendríais la culpa de vuestros pecados; pero como decís que veis, sois culpables.

Antífona de comunión: Juan 9, 11

El Señor me puso lodo sobre los ojos; yo fui a lavarme. Ahora veo y creo en Dios.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Luz que ilumina. Ríos de agua viva.

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26.- CUARTO DOMINGO

DE CUARESMA

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Comienza a proclamarse el Evangelio de Juan.

La fe salva al mundo mediante la iluminación que produce en el creyente acerca del Hijo de Dios. Tercera confesión del ciego: “Creo en ti, Señor; tú eres mi Salvador y mi Luz”. Dios ha enviado a su Hijo al mundo para que todo el que crea en él, tenga vida eterna, tenga la luz de la vida. La condenación consiste en esto: en que vino la luz al mundo, pero algunos no vinieron a la luz porque sus obras eran malas.


ILUMINACIÓN.- La Palabra de Dios recogida en la Biblia es como una persona que nos habla, es la voz del mismo Dios. Quien la acoge en su corazón, comienza a conocer a Dios, entra en comunicación con él y le confía poco a poco todas sus preocupaciones. Comienza la experiencia de la fe. Gracias a ella toda la persona va iluminándose, se produce una purificación y finalmente todo su ser va siendo sanado.


El domingo siempre es un día de fiesta y por tanto de alegría, porque celebramos la resurrección del Señor. “No lloréis ni hagáis luto, porque es un día de fiesta; que el gozo en el Señor sea vuestra fortaleza”.

El domingo consiguientemente es el día más propicio para recordar nuestro bautismo y para revivirlo. Esto, mucho más en tiempo de Cuaresma. En efecto, en este domingo, los catecúmenos, es decir, los adultos que se preparaban para ser bautizados la noche de la Vigilia Pascual, eran examinados acerca de su conocimiento y aprecio de la Biblia, a ver si realmente se dejaban iluminar por la Palabra de Dios y estaban siendo sanados de su ceguera espiritual y existencial.

Por eso, hoy nos presenta la liturgia eucarística el milagro de la curación del ciego de nacimiento obrado por Jesús. En ese relato encontramos una doble actitud ante la palabra de Dios: los fariseos no aceptan sino lo suyo y rechazan todo lo que pueda perturbar sus intereses personales o grupales. Otra actitud muy distinta es la adoptada por el ciego de nacimiento, que experimenta y reconoce su incapacidad para ver y que busca con ansia y rectitud la salvación de Dios.

Pero escuchemos atentos este evangelio tan aleccionador, tan iluminador para cuantos queremos dejarnos interpelar por la voz del Espíritu contenida en la Sagrada Escritura, y más si es proclamada en la asamblea dominical: Jn 9, 1-41.

Según la carta apostólica de Juan Pablo II “Día del Señor” sobre el domingo, éste “fue el día del primer anuncio y de los primeros bautismos: Pedro proclamó a la multitud reunida que Cristo había resucitado y los que acogieron su palabra fueron bautizados” (Hch 2, 41; n. 20). La creación de la luz del primer día de la semana tiene una “singular conexión” con la resurrección del Señor, luz del mundo, acontecida también precisamente el primer día de la semana (n. 24).

El domingo es el día en el cual, más que en ningún otro, el cristiano está llamado a recordar la salvación que, ofrecida en el bautismo, le hace hombre nuevo en Cristo (n. 25). El día del sol de los paganos, se convierte en el día de Cristo-luz. Él es el verdadero “sol” de la humanidad, sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1, 78-79), luz del mundo, luz para alumbrar a las naciones (Lc 2, 32; n. 27).

Para nosotros, es la ocasión de recordar nuestro bautismo. El agua con que fuimos bautizados nos recuerda que el pecado, tanto personal como original, constituye una especie de mancha, de suciedad, que es preciso lavar con agua hasta que desaparezca. Cuando el hombre peca, ensucia el esplendor de la imagen de Dios impresa en él, es decir, la pureza original del hombre, llamado a ser el administrador fiel de todo lo creado y amigo de Dios antes que nada.

Con su desconfianza, rebeldía y pecado de desobediencia, Adán y Eva se apartaron de Dios: tan pronto como pecaron se dieron cuenta de que estaban desnudos, se avergonzaron de su estado y corrieron a cubrir la impureza y la indecencia de todo su ser. Se sintieron “manchados” por el pecado.

En segundo lugar, el pecado tiene algo que ver con una falta de luz, una oscuridad. En un doble sentido: en cuanto que las malas acciones generalmente se cometen en la oscuridad, y una vez cometidas oscurecen al hombre en todo su ser.

El hombre malvado suele aprovechar la oscuridad para cometer el pecado: suele pecar cuando cree que nadie lo ve, a ocultas, o en la noche oscura. Es como una forma de adormecer su conciencia que le advierte del mal. Judas abandonó la mesa de Jesús para traicionarlo. Y Juan observa: “Era de noche”.

En nuestros días, muchas personas eligen la noche para dar rienda suelta a sus vicios y prácticas vergonzosas: consumo de alcohol, borracheras, orgías, sexo, droga, robos, delincuencia, brujería… hasta amanecerse. La oscuridad parecería atenuar su sentido de culpabilidad y como que facilitaría el libertinaje. Como los otros duermen, parecen no sentir su corrección y desaprobación.

¿No habrá una misteriosa sintonía entre la fealdad del pecado y la oscuridad de la noche? A los que eligen la noche para dar rienda suelta a sus tendencias negativas, la luz del nuevo día les molestaría y se retirarían furtivamente a digerir los estragos de sus vicios, la vaciedad y el hastío de sus desórdenes.

Todo pecado produce necesariamente oscuridad en el pecador. Desencadena un desorden que perturba la armonía primera del hombre recién salido de las manos de Dios. La imagen de Dios en el hombre queda empañada. Esa opacidad se manifiesta visiblemente en el mismo rostro del hombre caído, particularmente, en su mirada, pues los ojos son como el espejo del alma.

Por eso los niños que han cometido alguna falta rehuyen la mirada de sus padres, por ejemplo, o no pueden mirar de frente. Quizás temen que sus padres descubran en sus ojos la huella de la falta que han cometido. También entre adultos, cuando sospechamos que alguien nos está mintiendo le exigimos que nos mire a los ojos, que dé la cara.

En el bautismo, el agua limpió la suciedad del pecado y nos devolvió la inocencia de la amistad con Dios, y se nos concedió por gracia la dignidad de los hijos de Dios. Por eso, se nos impuso un paño blanco o un vestido blanco, signo de pureza, belleza y distinción. Con esa señal podemos entrar en el banquete de bodas.

Además, en el bautismo se nos entregó una vela encendida en el cirio pascual, símbolo de Cristo, luz del mundo. Se encargó a nuestros padres y padrinos que cuidaran esa luz inicial y débil en nosotros para que creciera en nuestras vidas iluminando toda nuestra existencia por nuestras buenas obras y por nuestros buenos ejemplos ante los demás.

Vosotros sois luz del mundo, sal de la tierra, se nos dijo, y se nos pidió, como a hijos de la luz, transmitir luz con nuestras palabras y con nuestras obras. Para que los hombres, al ver nuestras buenas obras, den gloria al Padre celestial.

Hermano, ¿cómo estás viviendo la gracia bautismal que recibiste como don de una forma definitiva, pues Dios no se arrepiente; pero que se te dio también como tarea, pues se te encargó acrecentarla todos los días de tu vida? El don de Dios se convierte en bendición para ti si lo conservas celosamente y lo cuidas para que crezca. Pero, lamentable y trágicamente será para ti motivo de condenación si permaneces en la incoherencia y con tus obras disminuyes y hasta ocultas la luz divina depositada en ti.

Anímate a dejarte iluminar por Cristo. Su corrección es suave. Él nos descubre la fealdad de nuestros pecados con la intención de que podamos corregirnos. Ya que él no pretende desanimarnos, como lo hace el diablo que acusa sin compasión, sino al revés levantarnos. Es lo que más desea. Por eso, pedimos que nos convierta para que podamos convertirnos. No te desanimes.

Hoy, el salmista viene en tu ayuda con una oración realmente tierna y confiada donde se expresa la condescendencia de Dios para con nosotros que debe sofocar nuestros sentimientos de pesimismo, angustia, desesperación. Este salmo 22 constituye una especie de medicina espiritual: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”.

Léelo una y otra vez, aunque no sientas gran cosa. Porque irá calando poco a poco dentro de ti, y te irá abriendo a un mundo nuevo de luz y de paz. Déjate iluminar por Cristo, como lo pide la segunda lectura.

“Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas. Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: ‘Despierta tú que duermes, levántante de entre los muertos y Cristo será tu luz’” (Ef. 5, 8-14).

Súplica.- Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

“Cuando el hombre descubre sus pecados, Dios los cubre, cuando los esconde, Dios los descubre, cuando los reconoce, Dios los olvida” (San Agustín).

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De las cartas de San Máximo Confesor, abad

La misericordia de Dios para con los penitentes

Quienes anunciaron la verdad y fueron ministros de la gracia divina, cuantos desde el comienzo hasta nosotros trataron de explicar, en sus respectivos tiempos, la voluntad salvífica de Dios hacia nosotros, dicen que nada hay tan querido ni tan estimado de Dios como el que los hombres, con una verdadera penitencia, se conviertan a él.

Y para manifestarlo de una manera más propia de Dios que todas las otras cosas, la Palabra divina de Dios Padre, el primero y único reflejo insigne de la bondad infinita, sin que haya palabras que puedan explicar su humillación y descenso hasta nuestra realidad, se dignó, mediante su encarnación, convivir con nosotros; y llevó a cabo, padeció y habló todo aquello que parecía conveniente para reconciliarnos con Dios Padre, a nosotros, que éramos sus enemigos; de forma que, extraños como éramos a la vida eterna, de nuevo nos viéramos llamados a ella.

Pues no sólo sanó nuestras enfermedades con la fuerza de los milagros, sino que, habiendo aceptado las debilidades de nuestras pasiones y el suplicio de la muerte -como si él mismo fuera culpable, siendo así que se hallaba inmune de toda culpa-, nos liberó mediante el pago de nuestra deuda, de muchos y tremendos delitos y, en fin, nos aconsejó, con múltiples enseñanzas, que nos hiciéramos semejantes a él, imitándolo con una condescendiente benignidad y una caridad más perfecta hacia los demás.

Por ello clamaba: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Y también: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Por ello añadió que había venido a buscar la oveja que se había perdido, y que, precisamente, había sido enviado a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel. Y, aunque no con tanta claridad, dio a entender lo mismo con la parábola de la dracma perdida: que había venido para restablecer en el hombre la imagen divina empañada con la fealdad de los vicios. Y acaba: Os digo que habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Así también, alivió con vino, aceite y vendas, al que había caído en manos de ladrones y, desprovisto de toda vestidura, había sido abandonado medio muerto a causa de los malos tratos; después de subirlo sobre su cabalgadura, lo dejó en el mesón para que lo cuidaran y, si bien dejó lo que parecía suficiente para su cuidado, prometió pagar a su vuelta lo que hubiera quedado pendiente.

Consideró que era un padre excelente aquel hombre que esperaba el regreso de su hijo pródigo, al que abrazó porque volvía con disposición de penitencia, y al que agasajó con amor paterno, sin pensar en reprocharle nada de todo lo que antes había cometido.

Por la misma razón, después de haber encontrado la ovejilla alejada de las cien ovejas divinas, que erraba por montes y collados, no volvió a conducirla al redil con empujones y amenazas, ni de malas maneras, sino que, lleno de misericordia, la puso sobre sus hombros y la volvió, incólume, junto a las otras.

Por ello dijo también: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Y también: Cargad con mi yugo; es decir, llama “yugo” a los mandamientos, o sea, la vida de acuerdo con el Evangelio; y llama “carga” a la penitencia, que puede parecer a veces algo más pesado y molesto: Porque mi yugo es llevadero -dice- y mi carga ligera.

Y de nuevo, al enseñarnos la justicia y la bondad divina, manda y dice: Sed santos, perfectos, compasivos, como lo es vuestro Padre. Y también: Perdonad y seréis perdonados. Y: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten (Cartas 11: PG 91, 454-455).



Maná y Vivencias Cuaresmales (25), 25.3.17

marzo 25, 2017

Sábado de la 3ª semana de Cuaresma

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Adoración

No se atrevía ni a levantar la vista y rezaba así: ¡Oh Dios, ten compasión de esta pecadora!

Antífona de entrada: Salmo 102, 2-3

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios: Él perdona todas tus culpas.


Oración colecta

Llenos de alegría, al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales, y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Oseas 6, 1-6

Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él.

Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra.

«¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca.

Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.»

SALMO 50, 3-4.18-19.20-21ab

Quiero misericordia, y no sacrificios.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos.

Aclamación antes del Evangelio: Salmo 94, 8

Hagámosle caso al Señor que nos dice: “No endurezcáis vuestro corazón”.

EVANGELIO: Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:

«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.”

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.”

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Antífona de comunión: Lucas 18, 13

El publicano, manteniéndose a distancia, se golpeaba el pecho y decía: Señor, ten piedad de mí porque soy un pecador.

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VIVENCIAS CUARESMALES

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Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

25. SÁBADO

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

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NÚCLEO ILUMINADOR.- Todo hombre que se hace grande será humillado, y el que se humilla será hecho grande (Lc. 18, 14).

Hermano, cuando oras ¿qué presentas a Dios: tu propia exhibición o tus necesidades? ¿Te comunicas con Dios o contigo mismo? ¿Es tu oración un verdadero encuentro con Alguien lejano y cercano a la vez?

Con el recuerdo agradecido de que Dios nos acoge en su bendito Hijo, podemos comenzar esta Misa orando con el salmista: “Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios, él perdona todas tus culpas” (Salmo 102, 2-3).

No queremos olvidar que la misericordia de Dios destruye nuestros pecados. Él nos devuelve bien por mal, su amor ahoga el mal a fuerza de bien. Por eso, es digno de toda bendición; porque él nos amó mucho, le podemos amar mucho nosotros.

Lo queremos recordar adrede, una y otra vez, porque nos cuesta creerlo y convencernos de ello: “Dios perdona tus culpas, y sana todas tus enfermedades”. Somos criaturas nuevas en Cristo para gloria de Dios, por pura gracia, pues así le pareció bien para alabanza de su gloria.

Los mismos sentimientos se prolongan en la oración colecta: Llenos de alegría al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

A pesar de todo este gozo en Dios, persiste nuestra debilidad, persiste el dolor que nos insta a clamar. Si se acaba la aflicción, dirá san Agustín, se acaba la súplica; y si ésta muere, se disuelve la salvación. Él, por tanto, clamará: ¡Oh feliz culpa que nos mereció tal Redentor!

Y aunque nuestro culto sea auténtico en un primer momento, fruto sincero de una verdadera conversión, enseguida degenera y se hace rutinario, desvinculado de los verdaderos sentimientos del corazón y en contradicción con la vida real de pecado y de mentira, sobre todo ante los demás; y así el culto se vuelve mentiroso, inútil para el hombre y ofensivo para Dios.

Por eso Dios se pregunta, medio desconcertado, podríamos decir: “¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra misericordia como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de profetas, os condené con las palabras de mi boca. Porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”(Oseas 6, 1B.6).

La tentación de la rutina, de la claudicación, de la mentira, es muy fuerte en el hombre: éste se tuerce a izquierda o a derecha con facilidad, esquiva el encuentro directo y honesto con un Dios que siempre le pide más y que no le consiente endiosarse ante su propia carne, ante los demás hermanos, esclavizando a su prójimo; al hombre le aburre, le cansa ser misericordioso con su hermano como Dios lo es con él, y pretende vivir de rentas, quiere que le sirvan. Cede como arco falso, en expresión bíblica.

Parafraseando el comentario la Biblia Latinoamericana: El hombre lamenta sus errores, pero su sinceridad no es tan real como para dejar sus pecados del todo, radicalmente.

Piensa contentar a Dios ofreciéndole algunos sacrificios; no sabe alcanzar el amor verdadero que se prueba con la obediencia, con la sumisión total, con la renuncia a la propia suficiencia, con la renuncia sincera a la práctica de una religión “a su manera”.

Preferimos con frecuencia ofrecer sacrificios costosos que nosotros mismos decidimos, en vez de obedecer lo que Dios nos pide de hecho en su Palabra, en las circunstancias de nuestra vida, mediante la purificación “pasiva”: es decir, aquélla que no programamos nosotros, a nuestra medida, sino la que nos impone Dios a través de las mediaciones humanas, de la vida real que nosotros no podemos prevenir ni manejar a nuestro gusto y capricho.

En el Evangelio, Lucas 18, 9-14, encontramos dos conductas contrapuestas: la del fariseo y la del publicano. El fariseo tiene todo bien programado desde él mismo; todo a su medida; puede vanagloriarse de su propia consistencia personal, privada y social; sabe conducirse a sí mismo, todo está controlado, o mejor, bajo control; no necesita de Dios, sino para que ratifique todo lo que se le presente como obra humana.

Por tanto, el fariseo no sale de sí; su religión no le cuesta gran cosa, es un arropamiento personal y vanidoso; su religión no vale porque, aunque le cueste algo, no le exige entregar lo que más vale: su propia vida y autogobierno.

Por otro lado encontramos al publicano que está dispuesto a dejarse cuestionar por Dios. Reconoce que sólo Dios justifica y que sólo él establece las reglas del juego: “Ten compasión, ten piedad de mí que soy un pecador”.

Escuchemos: “Puso además esta comparación por algunos que estaban convencidos de ser justos y que despreciaban a los demás. ‘Dos hombres subieron al Templo a orar, uno fariseo y el otro publicano. El publicano se quedaba atrás y no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador’”.

La justificación, la felicidad que Dios nos regala será proporcional a nuestra capacidad para permitirle a Dios cuestionar nuestra vida. Si le permitimos entrar en nuestro corazón nos librará constantemente de cualquier autoengaño que habite en nuestra mente o en nuestros sentimientos.

El Espíritu nos irá moviendo para que apostemos siempre por la verdad y por la misericordia entrañable para con el hermano, ya que a Dios no le podemos engañar.

Texto bíblico de Santiago 5, 16-19-20: “Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo.

Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados”.

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Del libro de San Teófilo de Antioquía, obispo, a Autólico

Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

Si tú me dices: “muéstrame a tu Dios”, yo te diré a mi vez: “Muéstrame tú al hombre que hay en ti”, y yo te mostraré a mi Dios. Muéstrame, por tanto, si los ojos de tu mente ven, y si oyen los oídos de tu corazón.

Pues de la misma manera que los que ven con los ojos del cuerpo perciben con ellos las realidades de esta vida terrena y advierten las diferencias que se dan entre ellas -por ejemplo-, entre la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo bello, lo proporcionado y lo desproporcionado, lo que está bien formado y lo que no está, lo que es superfluo y lo que es deficiente en las cosas-, y lo mismo se diga de lo que cae bajo el dominio del oído -sonidos agudos, graves o agradables-, eso mismo hay que decir de los oídos del corazón y de los ojos de la mente, en cuanto a su poder para captar a Dios.

En efecto, ven a Dios los que son capaces de mirarlo, porque tienen abiertos los ojos del espíritu. Porque todo el mundo tiene ojos, pero algunos los tienen oscurecidos y no ven la luz del sol. Y no porque los ciegos no vean ha de decirse que el sol ha dejado de lucir, sino que esto hay que atribuírselo a sí mismos y a sus propios ojos.

De la misma manera, tienes tú los ojos de tu alma oscurecidos a causa de tus pecados y malas acciones. El alma del hombre tiene que ser pura como un espejo brillante. Cuando en el espejo se produce el orín, no se puede ver el rostro de una persona; de la misma manera, cuando el pecado está en el hombre, el hombre ya no puede contemplar a Dios.

Pero puedes sanar, si quieres. Ponte en manos del médico y él punzará los ojos de tu alma y tu corazón. ¿Qué médico es éste? Dios, que sana y vivifica mediante su Palabra y su sabiduría. Pues por medio de la Palabra y la sabiduría se hizo todo.

Efectivamente, la Palabradel Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos. Su sabiduría está por encima de todo: Dios, con su sabiduría, puso el fundamento de la tierra; con su inteligencia, preparó los cielos; con su voluntad, rasgó los abismos, y las nubes derramaron su rocío.

Si entiendes todo esto y vives pura, santa y justamente, podrás ver a Dios; pero la fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia de tu corazón, y entonces entenderás todo esto. Cuando te despojes de lo mortal y te revistas de lo inmortal entonces verás a Dios de manera digna.

Dios hará que tu carne sea inmortal junto con el alma, y entonces, convertido en inmortal, verás al que es inmortal, con tal de que ahora creas en él (Libro 1, 2.7: PG 6, 1026-1027.1035).

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Ya no nos dividimos en ricos y pobres…

marzo 24, 2017

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¿Ricos,  pobres o “vulnerables”? Las suerte de la nueva clase media en el mundo y en Latinoamérica.

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Ya no nos dividimos en ricos y pobres…

Ahora somos “vulnerables” o clase media

Por Macky Arenas

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Según datos del Banco Mundial, los llamados “vulnerables” de América Latina están más cerca de la clase media que de la pobreza. Durante la primera década del milenio habría surgido una nueva clase, la de los vulnerables, para identificar a aquellas personas que habían logrado salir de la pobreza pero no lo suficiente para ser considerados clase media. Lo cierto es que la clase media, a estas alturas, representa un 10% más que los pobres.

En el curso de la primera década del milenio, el porcentaje de pobres se recortó a la mitad, los vulnerables crecieron un poco y la clase media creció en más de la mitad. De hecho, nunca habíamos tenido tantos latinoamericanos en la clase media como existen hoy. El caso intriga a los expertos.

América Latina se está desacelerando, la economía cayó un 0,7 por ciento en 2015, apenas creció en 2016 y no se sabe qué pasará en 2017, pero una cosa es segura: es improbable que los vulnerables regresen a la pobreza pues el estar alejados de esa línea les otorga un margen para amortiguar este efecto. Ello sugiere que las tasas de pobreza podrían crecer menos que en anteriores contracciones económicas.

Un reciente informe de las condiciones sociales en América Latina y el Caribe del BID señala que casi se duplicó el tamaño del estrato medio de la población y alcanzó a 186 millones de personas.

El informe muestra también que América Latina y el Caribe tienen todavía un enorme reto pendiente con un segmento representativo de la población, que con ingresos de entre 5 y 12 dólares por día, es –a criterio del BID- vulnerable de recaer en la pobreza.

Hasta cierto punto, es todo un misterio este repunte al margen de si el proceso de ascenso es reversible o no. Los expertos de Cepal han explorado, intentado resolver el dilema, los cambios “objetivos” de la clase media en América Latina entre 1990 y 2007. Analizan los cambios “subjetivos” en valores, aspiraciones e identidades de clase, entre otros.

Lo innegable es el enorme impacto económico. El consumo de la clase media en países de menores ingresos crece al 4% anual y ya equivale a un tercio del total de la economía global. Obviamente, los cambios que está experimentando la clase media tienen importantes consecuencias políticas.

El regreso de modelos que han fracasado en construir economías estables y capaces de generar oportunidades, ha despedido del poder, en varios países de América Latina, a gobiernos y proyectos que no satisfacen las demandas de una emergente clase media para nada dispuesta a arriesgar y menos perder sus conquistas logradas con gran esfuerzo.

Moisés Naim, quien por 14 años estuvo al frente de la revista Foreign Policy  y ha sido Director Ejecutivo del Banco Mundial, escribió hace seis años:

“La principal fuente de los conflictos venideros no van a ser los choques entre civilizaciones, sino las expectativas frustradas de las clases medias que declinan en los países ricos y crecen en los países pobres”.

Su predicción se centraba en la convicción de que “las clases medias en Estados Unidos, Europa y otros países de mayores ingresos verían empeorar su estándar de vida, mientras que en China, Turquía, Colombia y otros países emergentes la situación económica de los más pobres mejoraba”.

Lo que está sucediendo en Asia, América Latina o África es sintomático. “La clase media -dice-, esa que en Europa y EE UU está luchando para no perder su preeminencia económica, social y política está en pleno apogeo en el resto del mundo… la mayoría de la humanidad vivirá, por primera vez en la historia, en hogares de esta categoría”.

“Si bien las clases medias son hoy más numerosas que nunca en países como Nigeria, Senegal, Perú o Chile, su expansión es un fenómeno primordialmente asiático. Se asegura que la abrumadora mayoría (¡el 88%!) de los 1.000 millones de personas que formarán parte de este estrato en los próximos años vivirá en Asia”.

Justamente, el estudio Kharas muestra cómo el apogeo de la clase media en países pobres es la principal revelación de un importante estudio que acaba de ser publicado por Homi Kharas, uno de los más respetados estudiosos de la cuestión. Sus cálculos indican que hoy 3.200 millones de personas forman parte de la clase media en el mundo, es decir el 42% de la población total. O lo que es lo mismo, personas con ingresos diarios de entre 11 y 110 dólares.

Otras cuatro variables importan a la hora de identificarse como clase media: el nivel educativo, la posibilidad de ahorrar, supervisar a alguien en el trabajo y que un miembro de la familia esté empleado.

El ascenso de la clase media en América Latina ocurrido en la última década ha hecho que surja mayor interés sobre su impacto en el crecimiento económico y cambio.

La CAF (Corporación Andina de Fomento) presenta, no obstante, sus acotaciones preventivas: “En América Latina, el auge de la clase media ha sido el segundo caso más relevante de las regiones en desarrollo en el mundo, por detrás de Europa del Este. Uno de cada tres latinoamericanos forma ahora parte de este grupo social, aunque también ha aumentado la población en situación de vulnerabilidad”.

“Esto supone dos grandes retos para la región: en primer lugar, deben redoblarse los esfuerzos para fortalecer las redes de seguridad y apoyo social, impidiendo así que esta población caiga de nuevo en la pobreza. Además, también hay que desarrollar políticas centradas en los casi 200 millones de latinoamericanos que forman parte de la clase media, pues son la base para impulsar el crecimiento de la región”.

Y termina puntualizando la CAF: “El auge de las clases medias en las regiones en desarrollo tendrá sin duda un fuerte impacto político, económico y social, con nuevas problemáticas que se situarán en el centro de la agenda política de estos países”.

El cambio que se viene gestando durante los últimos años y que cada vez es más acelerado demuestra que las clases medias en América Latina están dispuestas a retomar su rol como promotores del cambio social, especialmente en lo que se refiere a valores post-materiales”.

Pero, ojo!, la clase media marcada por la integración al mayor consumo no es sustentable. La verdadera clase media Siglo XXI deberá eliminar las polaridades entre riqueza y pobreza extremas, buscando equilibrios sociales, culturales, económicos como base del verdadero crecimiento y conservación del bienestar general.

Esto plantea desafíos en la región y pondrá a prueba la capacidad de las instituciones para adaptarse a la nueva realidad. Pero, sin duda, será fuente de cambios positivos.

Ya no nos dividimos en ricos y pobres…


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