Si las mujeres no pueden ser curas, ¿cuál es su papel?

enero 31, 2016

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Si se mira la Iglesia desde afuera, la impresión que recibimos de cada ceremonia vaticana, cualquier reunión de alto nivel que se ocupa del futuro, cualquier momento de comunicación con el exterior, es que estamos frente a un mundo rigurosamente masculino, en el que no existe colaboración con las mujeres.

Las mujeres –y se sabe bien que son muchas e indispensables en la vida de la Iglesia– no aparecen, no se oye su voz, y por lo tanto a menudo se deduce un poco apresuradamente que obedecen en silencio.

Afortunadamente, en cambio, no es así: no sólo en los años más recientes, sino en toda la historia milenaria de la Iglesia, la colaboración entre mujeres y hombres ha sido importante y fructífera.

Santa Paula, por ejemplo, puede jactarse de una historia de colaboración con Jerónimo precisamente en los albores de la vida cristiana: de su esfuerzo común nació la Vulgata, es decir, la traducción latina de la Biblia sobre la que ha sido fundada durante siglos la tradición escritural.

La página teológica de L’Osservatore Romano se abre este año a una nueva serie –las figuras femeninas en el Antiguo Testamento– que nos cuenta grandes acontecimientos de colaboración entre matriarcas y patriarcas, solidaria y a veces también conflictiva.

Recientemente, la creciente autonomía alcanzada por las mujeres en la vida social ha favorecido el nacimiento de nuevas e interesantes formas de colaboración.

Pensamos por ejemplo en la estrecha relación entre Hans Urs Balthasar y Adrienne von Speyr, médico y mística, de la cual nacieron importantes e innovadores escritos teológicos.

Y no podemos olvidar a la fundadora del movimiento de los Focolares, Chiara Lubich que, además de ser la primera y hasta ahora única mujer que fundó un movimiento eclesial, ha enfocado toda su organización en la colaboración entre mujeres y hombres, negándose a través de los años con gran creatividad en muchos sectores.

La propuesta de Lubich es claramente la de una Iglesia que sea fundada en la colaboración entre mujeres y hombres, una Iglesia que haga de la diferencia entre los sexos su fuente de riqueza, y el movimiento que fundó se propone como ejemplo profético.

En el último número del periódico vaticano se presentan otras experiencias vivas que hoy están en creciente colaboración entre los sexos, pero también historias del pasado, importantes porque revelan las raíces antiguas de este trabajo conjunto, en la Iglesia y para la Iglesia.

Actuar es muy importante, porque es el primer paso para pensar en una Iglesia más viva y cálida, una Iglesia que no se limite a defender la diferencia, sino que la descubra por dentro, y decida finalmente vivirla en todas sus formas vitales.

Por Lucetta Scaraffia

http://es.aleteia.org/2016/01/07/si-las-mujeres-no-pueden-ser-curas-cual-es-su-papel/

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¿Cómo es un buen confesor?

enero 31, 2016

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Penitente confesándose

Penitente confesándose por la rejilla

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¿Cómo es un buen confesor?

Hablamos con uno de los Misioneros de la Misericordia nombrados por el Santo Padre

Por Jorge Graña

El P. Roberto Mena S.T. es un Siervo Misionero de la Santísima Trinidad, originario de Guatemala, Centroamérica, y realiza un intenso y fecundo apostolado a través de los medios de comunicación. 

Es el Director Hispano de Comunicaciones de la congragación en Silver Spring, Maryland y Pastor Asistente en la Parroquia San Bernardo de Riverdale Park. 

El padre Roberto colabora semanalmente en programas de radio y ocasionalmente es entrevistado en  la televisión. Además mantiene una presencia muy activa en las redes sociales.

Padre Roberto Mena ST, usted  ha sido elegido por el papa Francisco como siervo misionero de la misericordia durante este año del Jubileo Extraordinario  de la Misericordia. ¿Qué sintió al enterarse de la noticia y cómo cree usted que se relaciona este llamado del Papa con el carisma particular de su congregación?

Pues siendo yo un Siervo Misionero de la Santísima Trinidad este Jubileo de la Misericordia está directamente relacionado con el carisma de mi congregación, que es  preservar la fe católica y animar a los laicos en su apostolado.

El nombre de Dios es misericordia, como se titula el último libro del Papa, es la esencia del nombre divino, ya que Él se presenta siempre como misericordioso en su relación con el ser humano a lo largo de la historia de salvación.

Al enterarme de la noticia me alegré mucho porque de alguna manera representaremos al Papa Francisco en los países donde vivimos y seremos el rostro del Padre Misericordioso para muchas personas, pero sobre todo a los que sienten más alejados de la Iglesia y que necesitan la misericordia de Dios.

Mi fundador el Padre Tomas Agustín Judge usaba la confesión para animar a los católicos a ser buenos apóstoles y misioneros y eso es lo que he realizado desde el día de mi ordenación.

El Miércoles de Ceniza los Misioneros de la Misericordia recibiremos el mandato del Santo Padre para serpredicadores de la misericordia y confesores llenos de misericordia.

Recibiremos del Santo Padre el poder de perdonar los pecados reservados a la Sede Apostólica y seremos el signo de la cercanía de Dios y del perdón de Dios para todos.

Me permito subrayar que los Misioneros de la Misericordiasomos nombrados exclusivamente por el Papa. 

Todos los sacramentos de la Iglesia católica son manifestaciones de la misericordia de Dios; pero pienso que en el sacramento de la Reconciliación es donde todos podemos experimentar, de un modo particular, esa misericordia divina que nos redime. Según Francisco, no se debe confundir este sacramento ni con una “tintorería” ni con un salón de “torturas”. ¿Qué piensa el P. Roberto de esto? ¿Cuáles considera usted que deben ser las cualidades de un buen confesor?

Un buen confesor debe ser un hombre sabio y santo a la vez, como dice santa Teresa. Para mí la reconciliación es el sacramento que me identifica más como sacerdote así como celebrar la santa Eucaristía.

Un confesor debe ser también un hombre de oración, que tenga devoción a los santos y que ore el santo Rosario también.

Es lindo poder representar el amor de Dios misericordioso al dar la absolución. Pero es necesario preparar al pueblo de Dios con un buen examen de conciencia antes de la confesión.

El mismo papa Francisco dice en  los  números 18 y 19 de laMisericordiae Vultus que los Misioneros de la Misericordia seremos un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el pueblo de Dios y anunciadores de la gracia del perdón divino para renovar la gracia bautismal.

El Papa siempre se ha reconocido como un pecador, se ha confesado en público y ha dicho que “cuando reconozcamos que somos pecadores, sabremos que Jesús vino por nosotros”. ¿Siente el padre Roberto la necesidad de confesarse?  ¿Qué consejos puede darnos para realizar una buena confesión?

Yo trato de confesarme cada mes. Tengo mi confesor y mi director espiritual que me ayudan cada día a ser mejor misionero y sacerdote.

Son importantes las condiciones para una buena confesión: dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al sacerdote y cumplir la penitencia que fuera impuesta.

Hay una objetividad especial cuando yo me arrodillo delante de un sacerdote y experimento la misericordia divina. Siento a Jesús mismo que está dispuesto a acogerme y perdonarmecomo lo presentan las parábolas de la misericordia de Lucas 15 especialmente la del Padre misericordioso.

El pecado es una herida que debe sanarse por los sacramentos especialmente la Confesión y la Eucaristía.

El confesor es una representación del Padre Misericordioso por lo que cumplimos este papel como nos lo indica Juan 20,19-21 con la fuerza y el poder del Espíritu Santo para absolver y retener los pecados.

Dios está presente de una manera especial en cada confesión y en cada confesionario y cada sacerdote experimenta el poder de Jesús que perdona,  que sale a través de sus manos al impartir la absolución.

Usted es el Director de Comunicaciones de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad. En el mensaje escrito por Francisco para la 50 Jornada Mundial de las comunicaciones titulado: “Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo”, el Papa dice: “cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho”. Usted que es un comunicador que utiliza todos los medios a su alcance para evangelizar,  ¿qué opina de estas palabras?

Creo que son una realidad porque el Papa Francisco busca que la Iglesia promueva siempre una cultura del encuentro para poder ser buenos comunicadores.

Nunca debemos imponer nuestras ideas. Tenemos que  aprender a escuchar al Pueblo de Dios y luego comunicarle  la Buena Nueva del Evangelio de una manera que nos puedan entender.

Francisco recuerda la importancia de la escucha porque“comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. (…) La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores”.

Por otro lado, considero que debemos usar todos los medios de comunicación a nuestro alcance para evangelizar incluyendo las redes sociales.

Un buen sacerdote es siempre un buen comunicador como lo era el Cura de Ars en todos sus sermones y los grandes santos como santo Domingo, san Juan Bosco,  san Francisco de Sales y muchos otros.

Finalmente padre Roberto, todos estamos llamados a ser misioneros de la misericordia. En la bula Misericordiae Vultus, el Papa nos invita a “despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, para entrar todavía más en el corazón del Evangelio”. ¿Cómo cree que lo podemos lograr?

Poniendo en práctica las obras corporales y espirituales de misericordia, para lo cual se puede leer el número 2447 del Catecismo de la Iglesia Católica.  También buscando la oveja perdida, siendo pastores con olor a oveja.

Pero todos tenemos que cumplir lo que dice Mateo 25, 31-46 que considero el centro  del evangelio y aprender siempre de los más pobres. Ser la voz de los que no tienen voz.  Buscar asemejarnos al Corazón misericordioso de Dios y serle fieles a las inspiraciones del Espíritu Santo en nuestra vida.

 


El maná de cada día, 31.1.16

enero 30, 2016

Domingo IV del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Ambicionad los carismas mejores

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Antífona de entrada: Salmo 105, 17

Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre los gentiles: daremos gracias a tu santo nombre, y alabarte será nuestra gloria.

Oración colecta:

Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 1, 4-5.17-19

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

«Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.

Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.

Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.»


SALMO 70, 1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17

Mi boca contará tu salvación, Señor.

A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa.

Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 12, 31–13,13

Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional.

Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.

Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin limites, cree sin limites, espera sin limites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.

¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara.

Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.


Aclamación: Lucas 4, 18

El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad.


EVANGELIO: Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»

Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.


Antífona de comunión: Salmo 30, 17-18

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia, Señor, que no me avergüence de haberte invocado.

El Papa dice que no vale ‘negociar’ con Dios

porque el cristiano se abandona en sus manos

Por Álvaro de Juana
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VATICANO, 31 Ene. 16 / 07:35 am (ACI).- El Papa Francisco aseguró hoy al presidir el rezo del ángelus que todo creyente está expuesto a una tentación: “considerar la religión como una inversión humana y, en consecuencia, ponerse a ‘negociar’ con Dios buscando el propio interés”.

El Pontífice explicó que, en cambio “en la verdadera religión se trata de acoger la revelación de un Dios que es Padre y que se preocupa de cada una de sus criaturas, también de aquellas más pequeñas e insignificantes a los ojos de los hombres”.

Y en esto consiste el ministerio de Jesús: “en anunciar que ninguna condición humana pueda constituir motivo de exclusión -¡ninguna condición humana puede ser motivo de exclusión!- del corazón del Padre, y que el único privilegio a los ojos de Dios es aquel de no tener privilegios”.

“El único privilegio a los ojos de Dios es aquel de no tener privilegios, de no tener padrinos, de abandonarse en sus manos”, añadió.

Francisco comentó el Evangelio de la liturgia del día en el que Jesús se encuentra en la Sinagoga de Nazaret y sus paisanos primero se sorprenden de sus palabras y luego murmuran de él. “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra”, les responde Jesús.

“A este punto los presentes se sienten ofendidos, se levantan indignados, echan a Jesús fuera del pueblo y quisieron arrojarlo por el precipicio”, explicó el Santo Padre.

Según Francisco, este pasaje recuerda que Dios ha venido al mundo para salvar a los hombres, “Dios viene al encuentro de los hombres y las mujeres de todos los tiempos y lugares en las situaciones concretas en las cuales estos estén”.

“También viene  a nuestro encuentro. Es siempre Él quien da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados; viene a extendernos la mano para hacernos alzar del abismo en el que nos ha hecho caer nuestro orgullo, y nos invita a acoger la consoladora verdad del Evangelio y a caminar por las sendas del bien. Siempre viene Él a encontrarnos, a buscarnos”.

El Papa dedicó sus últimas palabras de la breve catequesis a la Virgen María puesto que “ciertamente aquel día, en la sinagoga de Nazaret, también estaba María allí, la Madre”.

“Podemos imaginar los latidos de su corazón, una pequeña anticipación de aquello que sufrirá debajo de la Cruz, viendo a Jesús, allí en la sinagoga, primero admirado, luego desafiado, después insultado, después amenazado de muerte”.

“En su corazón, lleno de fe, ella guardaba cada cosa. Que ella nos ayude a convertirnos de un dios de los milagros al milagro de Dios, que es Jesucristo”, concluyó.

SI NO TENGO AMOR…

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Dedicamos nuestra reflexión a la segunda lectura, donde encontramos un mensaje importantísimo. Se trata del célebre himno de San Pablo a la caridad. Caridad es el término religioso para decir amor. Por lo tanto se trata de un himno al amor, tal vez el más célebre y sublime que jamás se haya escrito.

Cuando apareció en el ámbito del mundo el cristianismo, el amor había tenido ya diversos cantores. El más ilustre había sido Platón, quien había escrito sobre él un tratado entero. El nombre común del amor era entones eros (de ahí los términos actuales erótico y erotismo). El cristianismo percibió que este amor pasional de búsqueda y de deseo no bastaba para expresar la novedad del concepto bíblico.

Por ello evitó completamente el término eros y le sustituyó el de agape, que se debería traducir por dilección o caridad, si este término no hubiera adquirido ya un sentido demasiado restringido (hacer caridad, obras de caridad).

La diferencia principal entre los dos amores es ésta. El amor de deseo, o erótico, es exclusivo; se consuma entre dos personas; la intromisión de una tercera persona significaría su final, la traición. A veces hasta la llegada de un hijo puede poner en crisis este tipo de amor. El amor de donación, o agape, al contrario, abraza a todos, no puede excluir a nadie, ni siquiera al enemigo.

La fórmula clásica del primer amor es la que oímos en labios de Violeta en la Traviata de Verdi: «Ámame, Alfredo, ámame cuanto yo te amo». La fórmula clásica de la caridad es aquella de Jesús que dice: «Como yo os he amado, amaos así los unos a los otros». Éste es un amor hecho para circular, para expandirse.

Otra diferencia es ésta. El amor erótico, en la forma más típica, que es el enamoramiento, por su naturaleza no dura mucho tiempo, o dura sólo cambiando de objeto, esto es, enamorándose sucesivamente de varias personas. De la caridad San Pablo dice en cambio que «permanece», es más, es lo único que permanece eternamente, incluso después de que hayan cesado la fe y la esperanza.

Entre los dos amores sin embargo –el de búsqueda y el de donación- no existe separación clara ni contraposición, sino más bien desarrollo, crecimiento. El primero, el eros, es para nosotros el punto de partida; el segundo, la caridad, el punto de llegada. Entre ambos existe todo el espacio para una educación al amor y un crecimiento en él.

Tomemos el caso más común, que es el amor de pareja. En el amor entre esposos, al principio prevalecerá el eros, la atracción, el deseo recíproco, la conquista del otro, y por lo tanto un cierto egoísmo. Si este amor no se esfuerza por enriquecerse, poco a poco, de una dimensión nueva, hecha de gratuidad, de ternura recíproca, de capacidad de olvidarse por el otro y de proyectarse en los hijos, todos sabemos cómo acabará.

El mensaje de Pablo es de gran actualidad. El mundo del espectáculo y de la publicidad parece hoy empeñado en inculcar a los jóvenes que el amor se reduce al eros y el eros al sexo. Que la vida es un idilio continuo en un mundo donde todo es bello, joven, saludable; donde no existe vejez, enfermedad y todos pueden gastar cuanto quieran.

Pero ésta es una colosal falsedad que genera expectativas desproporcionadas, que desilusiona provocando frustraciones, rebelión contra la familia y la sociedad, y abre a menudo la puerta al delito. La Palabra de Dios nos ayuda a que no se apague del todo en la gente el sentido crítico frente a lo que diariamente se le propina.

http://www.homiletica.org


El maná de cada día, 30.1.16

enero 30, 2016

Sábado de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

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tempestad

Se levantó un fuerte huracán

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PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 12, 1-7a.10-17

En aquellos días, el Señor envió a Natán a David.

Entró Natán ante el rey y le dijo: «Había dos hombres en un pueblo, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico, y no queriendo perder una oveja o un buey, para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped.»

David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: «Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte. No quiso respetar lo del otro; pues pagará cuatro veces el valor de la cordera.»

Natán dijo a David: «¡Eres tú! Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías, el hitita, y matándolo a él con la espada amonita. Asi dice el Señor: “Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres y ante tus ojos se las daré a otro, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra. Tú lo hiciste a escondidas, yo lo haré ante todo Israel, en pleno día.”»

David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!»

Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás. Pero, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá.»

Natán marchó a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo. David pidió a Dios por el niño, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa intentaron levantarlo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.


SALMO 50, 12-13.14-15.16-17

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único; todos los que creen en él tienen vida eterna.


EVANGELIO: Marcos 4, 35-41

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.»

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.

Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!»

El viento cesó y vino una gran calma.

Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»

Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»



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Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Aquel día, al atardecer, los apóstoles, una vez más, se dispusieron a atravesar el lago para llegar a la otra orilla. Nadie sospechaba que una espectacular tormenta iba a sorprenderles lejos de la orilla y bien entrados en alta mar.

A pesar de la agitación, de las voces de los marineros, de los tumbos que daba la barca entre las olas encrespadas, del afán por mantenerse a flote, de los trabajos por achicar el agua de la barca, el Señor lograba dormir, allá, en la popa del barco, recostado serenamente sobre una especie de almohadón.

El enfado de los apóstoles debió ser mayúsculo, más que por el aprieto de la situación por ver que el Maestro seguía dormido y, aparentemente, sin preocuparse lo más mínimo por las dificultades de los apóstoles y por el peligro de naufragar.

Sólo cuando el susto y el enfado se hicieron insoportables, los apóstoles despertaron al Maestro reprochándole su inacción y su desinterés. Le habían visto hacer tantos milagros, en situaciones aparentemente menos urgentes, que no podían entender cómo a ellos, a los suyos, no les sacaba de aquel apuro.

Debió desconcertarles la calma y la serena autoridad con que el Señor increpó a los vientos e hizo calmar las aguas. Y debió desconcertarles aún más el reproche que salió de sus labios: ¡hombres de poca fe! ¿por qué tenéis miedo?

El Señor no reprochó a aquellos expertos marineros sus enfados o su torpe pericia para salvarse de aquella tormenta. Tampoco les ahorró los trabajos y fatigas con los que intentaban salvar la barca del naufragio. Sólo cuándo los apóstoles dejaron de confiar sólo en sus propias fuerzas y recursos el Señor pudo hacer un milagro portentoso.

No fue el sueño y la inacción del Señor lo que les condujo a una situación límite; fueron los apóstoles los que, fiados de sí mismos, llegaron ellos solos a una situación límite, en la que no les quedó más remedio que rendirse y doblegar su autosuficiencia ante la omnipotencia de Dios.

Cuándo comprenderemos que es nuestra orgullosa autosuficiencia y nuestra ceguera para ver al Señor dentro de nuestra barca lo que retrasa y dificulta el poder y la acción de Dios.

http://www.mater-dei.es


El maná de cada día, 29.1.16

enero 29, 2016

Viernes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

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La semilla germina y va creciendo

La semilla germina y va creciendo



PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 11, 1-4a.5-10a.13-17

Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá.

David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella.

David mandó preguntar por la mujer, y le dijeron: «Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita.»

David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: «Estoy encinta.»

Entonces David mandó esta orden a Joab: «Mándame a Urías, el hitita.»

Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra.

Luego le dijo: «Anda a casa a lavarte los pies.»

Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa.

Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa.

A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: «Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera.»

Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab, y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.


SALMO 50, 3-4.5-6a.6bc-7.10-11

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente. Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


EVANGELIO: Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

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LOS MÁRTIRES DE NUESTROS PECADOS

Papa Francisco en Casa Santa Marta
Viernes 31 de enero de 2014

Liberarse del peligro de ser cristianos «demasiado seguros», de perder el «sentido del pecado», seducidos por «una visión antropológica superpotente» y mundana capaz de impulsar al hombre a considerar que puede hacer todo por sí mismo. Esta es la exhortación que el Papa Francisco hizo durante la misa del viernes 31 de enero, refiriéndose al episodio bíblico de la tentación de David, quien, enamorado de Betsabé, esposa de su fiel soldado Urías, la tomó consigo y mandó a su marido a combatir, provocándole la muerte.

La pérdida del sentido del pecado, dijo el Pontífice, es signo de cómo disminuye el significado del reino de Dios. Hace olvidar que la salvación viene de él «y no de la astucia» de los hombres.

Partiendo de la liturgia del día, el Papa centró su homilía en el reino de Dios. El pasaje de Marcos (4, 26-34), dijo el Pontífice, «nos habla del reino de Dios», de cómo crece. En realidad, se lee en el Evangelio, «ni siquiera el sembrador sabe» cómo sucede esto. Pero en otro pasaje, explicó, Jesús dice que es precisamente Dios quien hace crecer su reino en nosotros. «Y este crecimiento —precisó— es un don de Dios que debemos pedir». Y lo pedimos cada día cuando rezamos «el Padrenuestro: venga tu reino». Es una invocación, observó, que «quiere decir: que crezca tu reino dentro de nosotros, en la sociedad. Que crezca el reino de Dios».

Pero «así como el reino de Dios crece —advirtió—, así también puede disminuir». Y «de esto nos habla la primera lectura», tomada del segundo libro de Samuel (11, 1-4a. 5-10a. 13-17), que narra la tentación de David.

Para explicar el pasaje, el Papa Francisco se remitió a las lecturas del día anterior, en particular a la «hermosa oración de David al Señor: la oración por su pueblo». «El rey reza por su pueblo, es la oración de un santo».

Pero al año siguiente, destacó, «sucedió lo que acabamos de escuchar» en el segundo libro de Samuel: precisamente la tentación de David. Y esto fue lo que alteró a un reino que, a fin de cuentas, era tranquilo a pesar de pequeñas guerras por el control de los confines. También «David estaba tranquilo», llevaba «una vida normal». Pero un día, «después del almuerzo, durmió la siesta, se levantó, dio un paseo y se le presentó una tentación. Y David cayó en tentación» al ver a Betsabé, la esposa de Urías.

«A todos nosotros —comentó el Papa— nos puede suceder lo mismo», porque «todos somos pecadores y todos somos tentados. Y la tentación es el pan nuestro de cada día». Hasta tal punto que, observó, «si alguno de nosotros dijera: jamás he tenido tentaciones», la respuesta justa sería: «o eres un ángel o eres un tonto». En efecto, «es normal la lucha en la vida: el diablo no está tranquilo, y quiere su victoria».

En realidad, «el problema más grave de este pasaje —precisó— no es tanto la tentación o el pecado contra el noveno mandamiento, sino más bien cómo actuó David». En efecto, en aquella circunstancia perdió la conciencia del pecado y habló sencillamente de «un problema» por resolver. Y su actitud «era un signo», porque «cuando el reino de Dios disminuye, uno de los signos es la pérdida del sentido del pecado».

David, explicó el Papa, cometió «un grave pecado» y, sin embargo, «no lo sintió» como tal. Para él era sólo un «problema». Por eso, «no pensó en pedir perdón». Solo se preocupó por resolver un problema —después de su relación con Betsabé, la mujer quedó embarazada—, y se preguntó: «¿Cómo hago para cubrir el adulterio?».

Así, elaboró una estrategia y la aplicó de modo tal que indujo a Urías a pensar que el hijo que esperaba su mujer era efectivamente suyo. Urías, explicó el Pontífice, «era un buen israelita, pensaba en sus compañeros y no quería festejar mientras el ejército de Israel luchaba».

Pero David, tras inútilmente intentar convencerlo «con un banquete, con vino», como «hombre resuelto, hombre de gobierno, tomó una decisión»: escribió una carta a Joab, el capitán del ejército, ordenándole que mandara a Urías al lugar más reñido de la batalla, para que muriera. «Y así sucedió. Urías pereció. Y pereció porque lo pusieron precisamente allí para que muriera»: se trató de «un homicidio».

Sin embargo, «cuando el rey David supo cómo había terminado la historia, permaneció tranquilo y continuó su vida». ¿La razón? David «había perdido el sentido del pecado, y en aquel momento el reino de Dios comenzaba a disminuir» en su horizonte. Lo demuestra el hecho de que David no «hizo referencia a Dios», no dijo: «Señor, mira qué hice: ¿cómo hacemos?». En él, en cambio, predominó «esta visión antropológica superpotente: ¡yo puedo hacer todo!». Es la actitud de la «mundanidad».

El Pontífice dijo que lo mismo «puede sucedernos a nosotros cuando perdemos el sentido del reino de Dios y, en consecuencia, el sentido del pecado». Al respecto, recordó las palabras de Pío XII: «en la pérdida del sentido del pecado consiste el mal de esta civilización: se puede todo, resolvemos todo. La potencia del hombre en lugar de la gloria de Dios».

Este modo de pensar, afirmó el Papa, «es el pan de cada día». De ahí nuestra «oración de todos los días a Dios: venga tu reino, crezca tu reino». Porque «la salvación no vendrá de nuestra habilidad, de nuestra astucia, de nuestra inteligencia en hacer negocios». No, «la salvación vendrá por la gracia de Dios y del ejercicio diario que hacemos de esta gracia», es decir, «la vida cristiana».

El Papa Francisco enumeró luego «los numerosos personajes» nombrados en el pasaje bíblico: David, Betsabé, Joab, pero también a «los cortesanos», que estaban alrededor de David y «sabían todo: un verdadero escándalo, pero no se escandalizaban», porque también ellos habían «perdido el sentido del pecado». Y estaba «el pobre Urías, quien pagó la cuenta del banquete».

Precisamente la figura de Urías suscitó la reflexión conclusiva del Santo Padre: «Os confieso que cuando veo estas injusticias, esta soberbia humana», o «cuando advierto el peligro, que yo mismo» puedo correr «de perder el sentido del pecado —admitió—, creo que hace bien pensar en los numerosos Urías de la historia, en los numerosos Urías que también hoy sufren nuestra mediocridad cristiana». Una mediocridad cristiana que predomina cuando «perdemos el sentido del pecado y dejamos que el reino de Dios caiga».

Las personas como Urías, dijo, «son los mártires no reconocidos de nuestros pecados». Así, añadió el Papa, «nos hará bien hoy rezar por nosotros, para que el Señor nos dé siempre la gracia de no perder el sentido del pecado y para que el reino no disminuya en nosotros». Y concluyó invitando «también a llevar una flor espiritual a la tumba de esos Urías contemporáneos que pagan la cuenta del banquete de los seguros, de los cristianos que se sienten seguros y que, sin querer o queriendo, matan al prójimo».

http://www.vatican.va

‘Pecadores sí, corruptos nunca’

Papa Francisco en Casa Santa Marta, viernes 29 de enero de 2016

El Santo Padre advierte sobre el momento en el que el pecado deja de “ser pecado” y se convierte en “corrupción”

El papa Francisco ha invitado a rezar a Dios para que la debilidad que nos lleva a pecar no se transforme nunca en corrupción. Este ha sido el tema que ha abordado esta mañana durante su homilía en la misa celebrada en Santa Marta.

De este modo, reflexionando sobre la lectura del día que cuenta la historia de David y Betsabé, ha subrayado cómo el demonio induce a los corruptos a no sentir, a diferencia de otros pecadores, la necesidad del perdón de Dios.

En esta línea, el Pontífice ha explicado que se puede pecar de muchas maneras y por todo se puede pedir sinceramente perdón a Dios y sin ninguna duda saber que ese perdón será obtenido. El problema nace con los corruptos. La cosa pésima de un corrupto es que no necesita pedir perdón porque le basta el poder sobre el que apoya su corrupción, ha advertido.

Y este es el comportamiento que el rey David asume cuando se enamora de Betsabé, mujer de un oficial suyo, Urías, que está combatiendo lejos. Así, el Papa ha relatado que después de seducir a la mujer y saber que estaba embarazada, David crea un plan para cubrir el adulterio.

Llama del frente a Urías y le ofrece volver a casa a descansar. Urías, hombre leal, no se siente capaz de volver con su mujer y que sus hombres mueran mientras en la batalla.  Entonces David intenta emborracharle, pero ni siquiera esta “idea” le funciona.

Y tal como ha explicado Francisco, finalmente David escribe una carta para que pongan a Urías como capitán en el frente de la batalla más dura y que después se retiren para que así sea golpeado y muera. “La condena a muerte. Este hombre, fiel, fiel a la ley, fiel a su pueblo, fiel a su rey, lleva consigo la condena a muerte”, ha advertido.

De esta manera, el Pontífice ha precisado que David es un santo pero también un pecador. Cae en la lujuria y aun así Dios le quería mucho. Incluso “el grande, el noble David” se siente tan “seguro porque el reino era fuerte” que después de haber cometido el adulterio mueve todas las herramientas a su disposición para arreglarlo, aunque sea mintiendo, hasta ordenar el asesinato de un hombre leal, haciéndolo pasar todo como una desgracia de guerra.

“Este es un momento en la vida de David que nos hace ver una situación por la cual todos nosotros podemos pasar en nuestra vida: es el paso del pecado a la corrupción. Aquí David comienza, da el primer paso hacia la corrupción. Tiene el poder, tiene la fuerza, sea poder eclesiástico, como religioso, económico, político… Porque el diablo nos hace sentirnos seguros: ‘Yo puedo’”, ha subrayado el Papa.

A propósito, el Santo Padre ha explicado que la corrupción –de la que después por gracia de Dios David saldrá– ha tocado el corazón de ese ‘chico valiente’ que había enfrentado al filisteo con la honda y cinco piedras.

Así, ha precisado que hay “un momento donde la costumbre del pecado o un momento donde nuestra situación es tan segura y estamos bien vistos y tenemos tanto poder” que el pecado deja de “ser pecado” y se convierte en “corrupción”.

Finalmente, ha recordado que el Señor siempre perdona “pero una de las cosas más feas que tiene la corrupción es que el corrupto no necesita pedir perdón, no siente la necesidad”. Por ello, el Santo Padre ha invitado a hacer una oración por la Iglesia, comenzando por nosotros, por el Papa, por los obispos, por los sacerdotes, por los consagrados, por los fieles, por los laicos: ‘Señor, sálvanos, sálvanos de la corrupción. ¡Pecadores sí. Señor, todos lo somos, pero corruptos nunca!’

El Papa en Sta. Marta: ‘Pecadores sí, corruptos nunca’

 


El maná de cada día, 28.1.16

enero 28, 2016

Jueves de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

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Lámpara es tu palabra para mis pasos



PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 18-19.24-29

Después que Natán habló a David, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo:

«¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y, por si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor!

Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, pues, Señor Dios, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: “¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!” Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia.

Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has hecho a tu siervo esta revelación: “Te edificaré una casa”; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo.

Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo.»


SALMO 131, 1-2.3-5.11.12.13-14

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.

Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes: cómo juró al Señor e hizo voto al Fuerte de Jacob.

«No entraré bajo el techo de mi casa, no subiré al lecho de mi descanso, no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob.»

El Señor ha jurado a David una promesa que no retractara: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.»

«Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo.»


Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 105

Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.


EVANGELIO: Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará con creces hasta lo que tiene.»


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CRECER EN VIDA INTERIOR

P. Francisco Fernández Carvajal

La vida interior está destinada a crecer. Corresponder a las gracias recibidas.

Jesús llama unas veces la atención de los Apóstoles para que escuchen su doctrina; otras, los convoca para explicarles de nuevo, a solas, una parábola o para que no dejen de observar algún suceso del que deben retener una enseñanza, pues reciben un tesoro para toda la Iglesia del que luego deberán dar cuenta.

Prestad atención, les dice en cierta ocasión. Y les da esta enseñanza: Al que tiene se le dará; y al que no tiene, incluso lo que parece tener se le quitará (1).

Y comenta San Juan Crisóstomo: “Al que es diligente y fervoroso, se le dará toda la ayuda que depende de Dios: pero al que no tiene amor ni fervor ni hace lo que de él depende, tampoco se le dará lo de Dios. Porque aun lo que parece tener -dice el Señor- lo perderá; no porque Dios se lo quite, sino porque se incapacita para nuevas gracias” (2).

Al que tiene se le dará… Es una enseñanza fundamental para la vida interior de cada cristiano. A quien corresponde a la gracia se le dará más gracia todavía y tendrá aún más; pero el que no hace fructificar las inspiraciones, mociones y ayudas del Espíritu Santo, quedará cada vez más empobrecido.

Aquellos que negociaron con los talentos en depósito, recibieron una fortuna más cuantiosa; pero el que enterró el suyo, lo perdió (3). La vida interior, como el amor, está destinada a crecer: “Si dices: basta, ya has muerto” (4); exige siempre un progreso, corresponder, estar abierto a nuevas gracias. Cuando no se avanza, se retrocede.

El Señor nos ha prometido que tendremos siempre las ayudas necesarias. En cada instante podremos decir con el Salmista: el Señor anda solícito por mí (5).

Las dificultades, las tentaciones, los obstáculos internos o externos son motivo para crecer; cuanto más fuerte es la dificultad, mayor es la gracia; y si fueran muy grandes las tentaciones o las contradicciones, más serían las ayudas del Señor para convertir lo que parecía entorpecer o imposibilitar la santidad en motivo de progreso espiritual y de eficacia en el apostolado.

Sólo el desamor, la tibieza, hace enfermar o morir la vida del alma. Sólo la mala voluntad, la falta de generosidad con Dios, retrasa o impide la unión con Él. “Según la capacidad que el vaso de la fe lleve a una fuente, así es lo que recibe” (6).

Jesucristo es una fuente inagotable de ayuda, de amor, de comprensión: ¿con qué capacidad -con qué deseos- nos acercamos a Él? ¡Señor, le decimos en nuestra oración, danos más y más sed de Ti, que te deseemos con más intensidad que el pobre que anda perdido en el desierto, a punto de morir por falta de agua!

(1) Mc 4, 24-25.- (2) SAN JUAN CRISOSTOMO, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 45, 1.- (3) Cfr. Mt 25, 14-30.- (4) SAN AGUSTIN, Sermón 51, 3.- (5) Sal 39, 19.- (6) SAN AGUSTIN, Tratado sobre el evangelio de San Juan, 17.-

http://www.homilética.org


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28 de enero
Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

Nació alrededor del año 1225, de la familia de los condes de Aquino. Estudió primero en el monasterio de Montecasino, luego en Nápoles; más tarde ingresó en la Orden de Predicadores, y completó sus estudios en París y en Colonia, donde tuvo por maestro a san Alberto Magno. Escribió muchas obras llenas de erudición y ejerció también el profesorado, contribuyendo en gran manera al incremento de la filosofía y de la teología. Murió cerca de Terracina el día 7 de marzo de 1274. Su memoria se celebra el día 28 de enero, por razón de que en esa fecha tuvo lugar, el año 1369, el traslado de su cuerpo a Tolosa del Languedoc.

En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes
De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero

¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.

Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia.

Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Si por la desobediencia de uno –es decir, de Adán– todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.

No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se repartieron mis ropas; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

Oración

Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas, concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


El maná de cada día, 27.1.16

enero 27, 2016

Miércoles de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

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El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno

El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano



PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 4-17

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:

«Ve y dile a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy, no he habitado en una casa, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas, ¿encargué acaso a algún juez de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me construyese una casa de cedro?”

Pues bien, di esto a mi siervo David: “Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel.

Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza.

Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»

Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras.

SALMO 88,4-5.27-28.29-30

Le mantendré eternamente mi favor.

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

«Él me invocará: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora”; y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra.»

«Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable; le daré una prosperidad perpetua y un trono duradero como el cielo.»



Aclamación antes del Evangelio

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.


EVANGELIO: Marcos 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla.

Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar:

«Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»

Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.

Él les dijo: «A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que, por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen.”»

Y añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben.

Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril.

Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»