Fallece el obispo José María Setién a los 90 años

julio 11, 2018

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Monseñor José María Setién

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EL EMÉRITO DE SAN SEBASTIÁN SUFRIÓ UN ICTUS EL PASADO DOMINGO

Fallece el obispo José María Setién a los 90 años

Acusado de ser “un abertzale con sotana”, buscaba a su manera la paz en el País Vasco

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El obispo emérito de San Sebastián José María Setién ha fallecido esta madrugada en San Sebastián, tras haber sufrido un ictus el pasado domingo.

Setién, de 90 años y cuyo funeral tendrá lugar este miércoles a mediodía en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, fue ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Donostia en estado muy grave tras sufrir el ictus el domingo por la mañana.

Nacido en Hernani (Gipuzkoa) en 1928, José María Setién Alberro fue obispo de San Sebastián entre 1979 y principios de 2000, cuando fue sustituido por Juan María Uriarte y éste, en el año 2010, por José Ignacio Munilla, actual prelado de la diócesis donostiarra.

Acusado de ser “un abertzale con sotana” o un “cura de ETA”, el obispo que estuvo durante 28 años al frente de la Iglesia vasca publicó en 2007 el libro ‘Un obispo vasco ante ETA’. Ahí repasaba su trabajo pastoral al frente de la diócesis y explicaba la génesis de la banda armada y su relación con el PNV.

Analizaba la lucha contra ETA, el papel del Estado, la represión, las víctimas y la situación de los presos etarras, pero también escribía sobre la importancia de llegar a la paz en el País Vasco a través del diálogo.

Un obispo controvertido por sus opiniones políticas

José María Setién fue obispo de San Sebastián durante los años más duros de ETA. Se erigió en una controvertida figura por sus opiniones afines al nacionalismo, en las que muchos vieron una cierta comprensión hacia los miembros de la banda terrorista a la que siempre pidió que dejara de matar.

Setién, tomó posesión como obispo de la diócesis de San Sebastián al día siguiente de haber cumplido 51 años. Le esperaban por delante dos largas décadas como prelado en las que se convirtió en un hacedor de titulares con sus polémicas declaraciones, pastorales y homilías.

Sus posiciones a favor del derecho de autodeterminación y de la negociación entre el Gobierno y ETA fueron muchas veces cuestionadas, así como sus críticas a algunas acciones policiales y su denuncia de las supuestas torturas infligidas a integrantes de ETA.

Fue calificado de equidistante desde las posiciones alejadas del nacionalismo, cuando no de amigo de ETA, pero nada de ello impidió que a lo largo de su ejercicio siguiera hablando del problema de la violencia en el País Vasco desde un punto de vista político. Y “ético”, según solía subrayar.

Los víctimas de ETA sintieron casi siempre lejano a Setién

“Queremos hacer una revisión de nuestras actitudes, ante la paz no podemos contentarnos con decir que la culpa de la falta de paz la tienen solo los otros”, aseguró en febrero de 1994 este religioso, una persona considerada de trato frío, al que gran parte de las víctimas de ETA sintieron casi siempre muy lejano.

Lamentó las muertes ocasionadas por la violencia terrorista y también las de los propios terroristas, como las de las víctimas del atentado contra el cuartel de Vic (Barcelona) en junio de 1991, y la de dos miembros de ETA en un posterior enfrentamiento con la Guardia Civil.

En una pastoral de finales de 1997, dijo que ni los atentados de ETA ni las acciones policiales “deben paralizar los esfuerzos orientados a buscar otros caminos más humanos de pacificación”. En septiembre ya había reclamado la apertura de un diálogo para lograr la paz y el año anterior había reiterado la disposición de la Iglesia vasca a “un servicio de mediación” entre el Gobierno y ETA.

En enero de 2000, unos días antes de su renuncia al cargo, volvió a hacer un nuevo pronunciamiento polémico. Afirmó que la paz tenía un precio y que el acuerdo al que debía llegarse es “qué precio se está dispuesto a pagar”.

Como pensador, ha dejado una obra prolífica, recogida a principios de este siglo en los tomos de sus “Obras Completas”, y que incluye títulos como ‘Conflicto cultural y comunidad cristiana’, ‘Pueblo vasco y soberanía. Aproximación histórica y reflexión ética’ y el anteriormente citado ‘Un obispo vasco ante ETA’.

Pidió “flexibilidad” al Gobierno y a la banda terrorista durante la tregua permanente

Los dos últimos se encuentran entre los que publicó a partir de 2000 y, aunque ya como obispo emérito, sus presentaciones y su participación en cursos o conferencias volvieron a ser fuente de titulares de prensa.

En 2006, durante la llamada tregua “permanente” de ETA, manifestó en un curso de verano de la Universidad del País Vasco, que el proceso de paz “difícilmente” avanzaría si no se producía una “flexibilidad” en los “planteamientos doctrinales” del Gobierno y de la banda terrorista, que hiciera posible que las “exigencias más radicales” cedieran en favor de “un acuerdo” que habría que “construir”.

Ese año recibió el galardón a “la trayectoria de todo una vida” de la Fundación Sabino Arana. Contaba ya con la Medalla de Oro de la Diputación de Gipuzkoa, otorgada en 2003

Las apariciones públicas de Setién han sido escasas en la segunda década de este siglo. Una de ellas fue su visita al tanatorio donde se encontraban los restos mortales del abogado y político vasco Juan María Bandrés en octubre de 2011.

18 años retirado

Han transcurrido 18 años entre su retirada, motivada en parte por razones de salud, y su fallecimiento, y casi 30 de su cese como miembro de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal, de la que fue también integrante de su comisión permanente.

Un ictus ha acabado con la vida de este religioso guipuzcoano, del que se construyó, a juicio de sus colaboradores, un personaje que no correspondía con la realidad.

“Ese estereotipo es el que ha servido para ‘demonizarle’ y también para que muchos tertulianos se desahogaran hablando de él, porque para algunos monseñor Setién ha sido una continua obsesión”, aseguraba el delegado de Medios de Comunicación del Obispado de San Sebastián, Jon Etxabe, tras la renuncia del prelado en 2000, una noticia que en su opinión había tenido una repercusión mediática “desmesurada”.

http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2018/07/10/religion-iglesia-espana-diocesis-fallece-obispo-emerito-san-sebastian-jose-maria-setien-ictus-paz-eta-pais-vasco.shtml

(RD/Efe)

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El Papa alerta del control informativo por parte de gobiernos sin escrúpulos

junio 18, 2018

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Hay muchas personas, muchos países destruidos por dictaduras malvadas y calumniadoras

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El Papa alerta del control informativo por parte de gobiernos sin escrúpulos

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El Papa Francisco denunció el control hegemónico de los medios de comunicación por parte de “gobiernos sin escrúpulos” para calumniar y destruir a los rivales: “así avanzan las dictaduras”, aseguró.

Una vez que los medios de comunicación han sido neutralizados, “se comienza a juzgar a las instituciones que han sido debilitadas, se destruye a las personas, se las condena, y así avanza la dictadura. Las dictaduras, todas, han comenzado así, adulterando la comunicación, poniendo la información en manos de una persona sin escrúpulos, de un gobierno sin escrúpulos”.

El Santo Padre señaló que en muchos países se emplea el método de “destruir la comunicación libre” mediante la derogación de “la ley de medios de comunicación para entregar todo el aparato de la comunicación a una empresa, a una institución que calumnia, que dice falsedades, que debilita la vida democrática”.

En este sentido, el Pontífice indicó que esta actitud también existe en el ámbito de las relaciones personales cuando se calumnia o se difunden escándalos de otras personas. “Comunicar escándalos es algo que tiene una seducción enorme. Se seduce con escándalos, las buenas noticias no seducen”, lamentó.

Entonces, “la comunicación de ese escándalo se extiende y esa persona, esa institución, ese país termina en ruinas. No se juzga a la persona, se juzga a las ruinas de la persona y de las instituciones para que no puedan defenderse”.

Para explicar la maldad existente en la calumnia y cómo los poderes se sirven de ella para lograr sus objetivos, el Santo Padre explicó la Primera Lectura del día, un fragmento del Libro Primero de los Reyes en el que se narra cómo la mujer de Ajab, rey de Israel, se valió de la calumnia para matar a Nabot y robarle su terreno, que ambicionaba el rey.

“El rey Acab deseaba la viña de Nabot y le ofrece dinero. Pero aquel terreno formaba parte de la herencia de sus padres, por lo que Nabot rechaza la oferta. Entonces Acab, que era un caprichoso, hace como los niños cuando no consiguen lo que quieren: llora. Después, siguiendo el consejo de su mujer, la cruel Jezabel, lo hace acusar falsamente, lo mata y toma posesión de su viña”, resumió Francisco.

“Nabot, por lo tanto, es un mártir de la fidelidad a la herencia que recibió de sus padres, una herencia que iba más allá de la viña, una herencia del corazón”, explicó.

En este sentido, explicó que el martirio de Nabot es un antecedente del sacrificio de Jesús en la Cruz, o del martirio de San Esteban y de todos los mártires condenados con falsas acusaciones y calumnias.

La calumnia de Acab hacia Nabot es, según el parecer del Papa, paradigmática del modo de proceder de mucha gente, “de muchos Jefes de Estado y de gobierno. Se comienza con una mentira y, tras haber destruido ya sea a una persona, o a una institución, se le juzga y condena”.

“Hay muchas personas, muchos países destruidos por dictaduras malvadas y calumniadoras. Pensemos, por ejemplo, en las dictaduras del pasado siglo. Pensemos en las persecuciones contra los hebreos, por ejemplo. Una comunicación calumniosa contra los hebreos que los llevó a Auschwitz porque no merecían vivir.

Es un horror, pero un horror que continúa sucediendo hoy: en las pequeñas sociedades, en las personas de muchos países. El primer paso es apropiarse de la comunicación y, luego, la destrucción, el juicio y la muerte”, concluyó.

Lectura comentada por el Papa Francisco:

I Reyes 21:1-16

1 Después de estos sucesos ocurrió que Nabot, de Yizreel, tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaría,

2 y Ajab habló a Nabot diciendo: «Dame tu viña para que me sirva de huerto para hortalizas, pues está pegando a mi casa, y yo te daré por ella una viña mejor que está, o si parece bien a tus ojos te daré su precio en dinero.»

3 Respondió Nabot a Ajab: «Líbreme Yahveh de darte la herencia de mis padres.»

4 Se fue Ajab a su casa triste e irritado por la palabra que le dijo Nabot de Yizreel: «No te daré la heredad de mis padres»; se acostó en su lecho, volvió su rostro y no quiso comer.

5 Vino a donde él su mujer Jezabel, y le habló: «¿Por qué está triste tu espíritu y por qué no quieres comer?»

6 Él le respondió: «Porque he hablado con Nabot de Yizreel y le he dicho: “Dame tu viña por dinero o, si lo prefieres, te daré una viña a cambio”, y me dijo: “No te daré mi viña.”»

7 Su mujer Jezabel le dijo: «¿Y eres tú el que ejerces la realeza en Israel? Levántate, come y que se alegre tu corazón. Yo te daré la viña de Nabot de Yizreel.»

8 Escribió cartas en nombre de Ajab y las selló con su sello, y envió las cartas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot.

9 En las cartas había escrito: «Proclamad un ayuno y haced sentar a Nabot a la cabeza del pueblo.

10 Haced que se sienten frente a él dos malvados que le acusarán diciendo: “Has maldecido a Dios y al rey” y le sacaréis y le apedrearéis para que muera.»

11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron lo que Jezabel les había mandado, de acuerdo con lo escrito en las cartas que les había remitido.

12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot a la cabeza del pueblo.

13 Llegaron los dos malvados, se sentaron frente a él y acusaron los malvados a Nabot delante del pueblo diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey»; le sacaron fuera de la ciudad, le apedrearon y murió.

14 Enviaron a decir a Jezabel: «Nabot ha sido apedreado y ha muerto.»

15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Ajab: «Levántate, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yizreel, el que se negó a dártela por dinero, pues Nabot ya no vive, ha muerto.»

16 Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yizreel, para tomar posesión de ella.

https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-alerta-del-control-informativo-por-parte-de-gobiernos-sin-escrupulos-12479


El maná de cada día, 5.6.18

junio 5, 2018

Martes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

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monedacesar

«Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.»



PRIMERA LECTURA: 2 Pedro 3, 12-15a.17-18

Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia.

Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación.

Así, pues, queridos hermanos, vosotros estáis prevenidos; estad en guardia para que no os arrastre el error de esos hombres sin principios, y perdáis pie. Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien sea la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.


SALMO 89

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.

Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Que tus siervos vean tu acción, y sus hijos tu gloria.


ALELUYA: Ef 1, 17-18

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.


EVANGELIO: Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, enviaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en lo que la gente sea, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?»

Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: «¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.» Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta cara y esta inscripción?»
Le contestaron: «Del César.»

Les replicó: «Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.»

Se quedaron admirados.


Trasmisión de la vida y educación de los hijos, según Amoris laetitia, 80-85 (3)

junio 1, 2018

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La educación integral de los hijos es «obligación gravísima», a la vez que «derecho primario» de los padres.

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Trasmisión de la vida y educación de los hijos

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El matrimonio es en primer lugar una «íntima comunidad conyugal de vida y amor», que constituye un bien para los mismos esposos, y la sexualidad «está ordenada al amor conyugal del hombre y la mujer». Por eso, también «los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente».

No obstante, esta unión está ordenada a la generación «por su propio carácter natural». El niño que llega «no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y cumplimiento». No aparece como el final de un proceso, sino que está presente desde el inicio del amor como una característica esencial que no puede ser negada sin mutilar al mismo amor.

Desde el comienzo, el amor rechaza todo impulso de cerrarse en sí mismo, y se abre a una fecundidad que lo prolonga más allá de su propia existencia. Entonces, ningún acto genital de los esposos puede negar este significado, aunque por diversas razones no siempre pueda de hecho engendrar una nueva vida.

El hijo reclama nacer de ese amor, y no de cualquier manera, ya que él «no es un derecho sino un don», que es «el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres». Porque «según el orden de la creación, el amor conyugal entre un hombre y una mujer y la trasmisión de la vida están ordenados recíprocamente (cf.Gn 1,27-28).

De esta manera, el Creador hizo al hombre y a la mujer partícipes de la obra de su creación y, al mismo tiempo, los hizo instrumentos de su amor, confiando a su responsabilidad el futuro de la humanidad a través de la trasmisión de la vida humana».

Los Padres sinodales han mencionado que «no es difícil constatar que se está difundiendo una mentalidad que reduce la generación de la vida a una variable de los proyectos individuales o de los cónyuges». La enseñanza de la Iglesia «ayuda a vivir de manera armoniosa y consciente la comunión entre los cónyuges, en todas sus dimensiones, junto a la responsabilidad generativa.

Es preciso redescubrir el mensaje de la Encíclica Humanae vitaede Pablo VI, que hace hincapié en la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la valoración moral de los métodos de regulación de la natalidad […] La opción de la adopción y de la acogida expresa una fecundidad particular de la experiencia conyugal».

Con particular gratitud, la Iglesia «sostiene a las familias que acogen, educan y rodean con su afecto a los hijos diversamente hábiles».

En este contexto, no puedo dejar de decir que, si la familia es el santuario de la vida, el lugar donde la vida es engendrada y cuidada, constituye una contradicción lacerante que se convierta en el lugar donde la vida es negada y destrozada.

Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano. La familia protege la vida en todas sus etapas y también en su ocaso.

Por eso, «a quienes trabajan en las estructuras sanitarias se les recuerda la obligación moral de la objeción de conciencia. Del mismo modo, la Iglesia no sólo siente la urgencia de afirmar el derecho a la muerte natural, evitando el ensañamiento terapéutico y la eutanasia», sino también «rechaza con firmeza la pena de muerte».

Los Padres quisieron enfatizar también que «uno de los desafíos fundamentales frente al que se encuentran las familias de hoy es seguramente el desafío educativo, todavía más arduo y complejo a causa de la realidad cultural actual y de la gran influencia de los medios de comunicación».

«La Iglesia desempeña un rol precioso de apoyo a las familias, partiendo de la iniciación cristiana, a través de comunidades acogedoras». Pero me parece muy importante recordar que la educación integral de los hijos es «obligación gravísima», a la vez que «derecho primario» de los padres.

No es sólo una carga o un peso, sino también un derecho esencial e insustituible que están llamados a defender y que nadie debería pretender quitarles. El Estado ofrece un servicio educativo de manera subsidiaria, acompañando la función indelegable de los padres, que tienen derecho a poder elegir con libertad el tipo de educación —accesible y de calidad— que quieran dar a sus hijos según sus convicciones. La escuela no sustituye a los padres sino que los complementa.

Este es un principio básico: «Cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consenso y, en cierta medida, incluso por encargo suyo». Pero «se ha abierto una brecha entre familia y sociedad, entre familia y escuela, el pacto educativo hoy se ha roto; y así, la alianza educativa de la sociedad con la familia ha entrado en crisis».

La Iglesia está llamada a colaborar, con una acción pastoral adecuada, para que los propios padres puedan cumplir con su misión educativa. Siempre debe hacerlo ayudándoles a valorar su propia función, y a reconocer que quienes han recibido el sacramento del matrimonio se convierten en verdaderos ministros educativos, porque cuando forman a sus hijos edifican la Iglesia, y al hacerlo aceptan una vocación que Dios les propone.


Nicolás Maduro y la banalidad del mal

mayo 6, 2018

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Los presidentes Maduro y Putin, en Teherán

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Nicolás Maduro y la banalidad del mal

Este artículo desmonta, una a una, las afirmaciones que el presidente de Venezuela defendió en una tribuna reciente publicada en este periódico

Por Moisés Naím

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Que la maldad puede ser banal ya nos lo explicó Hannah Arendt. Después de asistir al juicio contra Adolf Eichmann en 1961, Arendt escribió que su principal sorpresa fue descubrir lo anodino que era ese monstruoso ser humano. Este oficial de las SS fue uno de los principales organizadores del Holocausto, en el que fueron asesinados más de seis millones de niños, mujeres y hombres.

Arendt cuenta que Eichmann no era muy inteligente; no pudo completar los estudios secundarios o la escuela vocacional y solo encontró empleo como vendedor itinerante gracias a los contactos de su familia. Según Arendt, Eichmann se refugiaba en “frases hechas, clichés y el lenguaje oficial”. Uno de los sicólogos que lo examinó reportó que “su única característica inusual era ser más normal en sus hábitos y en su lenguaje que el promedio de la gente”.

Por supuesto que hay grandes diferencias entre Adolf Eichmann y Nicolás Maduro. Pero también similitudes. A Maduro tampoco le fue muy bien en los estudios o en su vida laboral y sus tropiezos gramaticales siguen haciendo las delicias de quienes lo siguen en redes sociales. Las “frases hechas, clichés y el lenguaje oficial” saturan su vocabulario. Su banalidad es ya legendaria.

El presidente de Venezuela acaba de publicar un muy revelador artículo de opinión en EL PAÍS. En él documenta su mendacidad, confirma su banalidad y despliega su inmensa crueldad.

Comienza afirmando: “Nuestra democracia es distinta a todas. Porque todas las demás… son democracias formadas por y para las élites”. Resulta que la opulenta élite creada por Hugo Chávez, y perpetuada por Nicolás Maduro, lleva dos décadas enriqueciéndose ilícitamente y ejerciendo el poder de manera nada democrática.

Su control sobre todas las instancias es absoluto. Un ejemplo: entre 2004 y 2013, el Tribunal Supremo de Justicia dictó 45.474 sentencias. ¿Cuántas de estas fallaron en contra del Gobierno? Ninguna.

Maduro continúa: “La revolución cambió y se volvió feminista. Y entre todos y todas decidimos remover la violencia machista de nuestro sistema de salud y empoderar a las mujeres a través del programa nacional de parto humanizado”.

Según la prestigiosa revista médica The Lancet, la mortalidad de las madres en Venezuela en los últimos años ha aumentado un 65% y la mortalidad infantil, en un 30%. ¿Parto humanizado y feminista?

El año pasado, el 64% de la población perdió, en promedio, 11 kilos de peso por falta de comida

Pero Nicolás Maduro no solo se preocupa por las madres. También lo angustian los jóvenes: “Hace 20 años, antes de nuestra revolución bolivariana, era normal echar la culpa de la cesantía de los jóvenes a los propios jóvenes… que por flojos merecían una salud paupérrima, sueldos de hambre y vivir sin techo. Pero con nosotros en el Gobierno la cosa cambió…”.

En esto el presidente tiene razón, la cosa cambió: ahora el poder de compra del salario mínimo es un 94,4% más bajo de lo que era en 1998. En la práctica, el salario mínimo “en la calle” es de poco más de tres dólares al mes (2,5 euros). Un mes de salario mínimo “oficial” solo alcanza para comprar dos kilos de pollo. Y ni siquiera todos lo alcanzan.

Una enfermera que trabaja por su cuenta, por ejemplo, gana el equivalente de seis centavos de dólar al día. Pero hay más: los jóvenes que tanto preocupan al presidente son las víctimas más frecuentes del desenfreno criminal que sacude al país. Venezuela sufre uno de los más altos índices de asesinatos del mundo. ¿Qué ha hecho Maduro al respecto? Nada.

Naturalmente, la prioridad del presidente es el pueblo: “… Es esencial que la economía esté al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio de la economía… La economía es el corazón de nuestro proyecto revolucionario. Pero en mi corazón está primero que todo la gente”.

Esa gente que puebla el corazón del presidente está siendo diezmada por la primera hiperinflación latinoamericana del siglo XXI y por la falta de alimentos, medicinas y productos básicos. Según el Fondo Monetario Internacional, los precios subirán un 13.000% este año.

El año pasado, el 64% de la población perdió, en promedio, 11 kilos de peso por falta de comida. Este año el desabastecimiento es aún peor y hay severos racionamientos de agua y electricidad. Menos mal que la economía que preside Maduro está al servicio del pueblo. ¿Cómo sería si no fuese así?

Además de desplegar su liderazgo económico y social, el presidente de Venezuela usa su columna para reafirmar sus credenciales democráticas: “Para nosotros solo hay libertad y democracia cuando hay un otro que piensa distinto al frente, y también un espacio donde esa persona pueda expresar su identidad y sus diferencias”.

Para centenares de presos políticos, ese “espacio” es una celda inmunda donde viven hacinados en condiciones inhumanas y donde algunos de ellos son regularmente torturados, tal como lo han denunciado todas las organizaciones internacionales de derechos humanos. En la Venezuela de Chávez y Maduro, pensar distinto se volvió muy peligroso.

Un mes de salario mínimo “oficial” solo alcanza para comprar dos kilos de pollo. Y ni siquiera todos lo alcanzan

Para profundizar en la democracia que reina en su país, Maduro ha convocado elecciones anticipadas y es uno de los candidatos con más posibilidades de ganar, a pesar de que sus votantes se están muriendo de hambre: “Nos hemos empeñado con pasión en transparentar, en respetar y en hacer respetar las leyes electorales para las elecciones del próximo 20 de mayo… Y ese proceso será limpio y modelo…”.

El pequeño detalle que omite el presidente y candidato es que 15 Gobiernos de América Latina, más la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá han denunciado como fraudulentos los inminentes comicios y han declarado que no reconocerán sus resultados.

Maduro el demócrata inhabilitó a los principales partidos de la oposición; sus candidatos más populares están presos, exiliados o descalificados, y no permite que observadores internacionales independientes monitoreen el proceso electoral. Pero el presidente no está solo. La gran democracia rusa mandará un equipo de observadores para garantizar la pulcritud del proceso. Cuba y Nicaragua también.

Es muy revelador que, en su larga columna, Maduro no haya dedicado ni una línea a comentar sobre el infierno que están viviendo los venezolanos. En las encuestas que miden la felicidad expresada por la gente en distintos países, Venezuela solía estar en los primeros lugares. Hoy es uno de los lugares más infelices del mundo; ocupa la posición 102 entre 156 países encuestados. Los millones de venezolanos que han abandonado su tierra tampoco merecen comentario alguno de Maduro.

Y es que una de las peculiaridades más indignantes del régimen de Chávez y Maduro es la criminal indiferencia que han mostrado ante el sufrimiento de los venezolanos que ellos dicen amar. La indolencia, el desinterés, la pasividad con los cuales Maduro trata las trágicas crisis que crecen y se multiplican, matando a diario cada vez a más venezolanos, parecieran no afectarlo, no motivarlo a actuar, a buscar ayuda.

Es al contrario: Maduro niega que Venezuela sufra una crisis humanitaria y no permite la ayuda internacional que podría ya haber salvado miles de vidas.

Sí; Maduro es banal. Pero también letal.

Moisés Naím, columnista de EL PAÍS, fue ministro de Fomento (1989-1990) de Venezuela y director del Banco Central venezolano. Twitter: @moisesnaim

https://elpais.com/elpais/2018/05/04/opinion/1525448443_754172.html.


La tragedia más grande después de la Segunda Guerra Mundial

mayo 4, 2018

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Niños rohingya migrantes, refugiados…

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La tragedia más grande después de la Segunda Guerra Mundial

Hay 257,720,000 refugiados y emigrantes en todo el mundo

Por Jaime Septién

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El Papa Francisco ha calificado, en repetidas ocasiones, la crisis de los refugiados y emigrantes en el mundo actual como la tragedia más poderosa y más grande después de la Segunda Guerra Mundial.

En Lesbos, Grecia, en abril de 2016 admitió que la preocupación de las instituciones y de la gente sobre el ingreso a su país de refugiados y emigrantes “es comprensible y legítima”, pero Francisco instó al mundo occidental a no olvidar que los emigrantes, “antes que números son personas, son rostros, nombres, historias”.

Desde el principio de su pontificado ha sido recurrente el tema de migrantes y refugiados, sobre todo el tema del trato vejatorio que sufren muchas mujeres y niños.

“Por desgracia, algunos, entre ellos muchos niños, no han conseguido ni siquiera llegar: han perdido la vida en el mar, víctimas de un viaje inhumano y sometidos a las vejaciones de verdugos infames”, dijo también en aquella ocasión en la isla de Lesbos.

Una situación para meditar

La situación es grave, qué duda cabe. En esos momentos, según un análisis realizado por el Pew Research Center con datos de Naciones Unidas correspondiente a diciembre de 2017, hay 257,720,000 de refugiados y emigrantes en todo el mundo. Se entiende por ello, personas que se han visto forzadas a salir de sus países de nacimiento por diversas circunstancias, las más recurrentes son el hambre, la falta de empleo, la violencia y la guerra.

De 2010 a 2017 la migración mundial ha crecido 17 por ciento y la novedad es que las naciones de África subsahariana representan ocho de las diez poblaciones de migrantes internacionales de más rápido crecimiento desde 2010. El número de migrantes de cada uno de estos países subsaharianos creció 50 por ciento o más entre 2010 y 2017.

El informe del Pew señala que “al menos un millón de africanos subsaharianos se han trasladado a Europa desde 2010. Coincidiendo con los siete años de la guerra civil que padece, Siria tiene la población migrante y refugiada de más rápido crecimiento en el mundo: seis de cada diez sirios de antes del conflicto interno se encuentra desplazada.

Siria, Sudán del Sur y República Centroafricana

De hecho, Siria encabeza el total de emigrantes en el mundo con 6,860,000 personas fuera de su país de nacimiento. El porcentaje de crecimiento de refugiados sirios aumentó 536 por ciento de 2010 a 2017. El siguiente país es Sudán del Sur con 1,750,000 refugiados, un aumento de 334 por ciento en el mismo período, y detrás la República Centroafricana con 720,000 refugiados y un porcentaje de aumento de 204 por ciento.

Por lo demás, medidos en porcentaje de aumento, y no en número de refugiados, en 2017 a Siria, Sudán del Sur y República Centroafricana les sigue San Tomé y Príncipe -un país africano formado por varias islas localizadas en el golfo de Guinea, específicamente al noroeste de la costa de Gabón- con 80,000 emigrantes, pero un porcentaje de incremento del 2010 al 2017 de 167 por ciento.

Los siguientes países expulsores de emigrantes refugiados en 2017 son Eritrea, Namibia, Ruanda, Botsuana, Sudán y Burundi. En número total de refugiados y emigrantes en 2017, Sudán, con 1,950.000 personas le sigue a Siria, sin embargo, el crecimiento en porcentaje de los últimos siete años de Sudán es de 63 por ciento.

Los últimos datos de 2017

El año pasado, el número total de personas en el mundo que se habían visto obligadas a huir de su país de origen por motivo de guerra se elevó a 65.6 millones de seres humanos.

Desde luego, el conflicto en Siria es el que ha provocado un número mayor de desplazamientos en los últimos años. Más de once millones y medio de personas sirias han perdido su hogar. La mayoría de los que han logrado salir del país, están en los estados vecinos de Turquía, Líbano y Jordania.

Por lo demás, cerca de un millón de personas solicitaron asilo en Europa y, desgraciadamente, más de 5,000 murieron en el Mediterráneo por la falta de vías legales, 40,000, en lo que va del siglo XXI, lo que consolida al Mediterráneo como la ruta migratoria más mortal del mundo.

La tragedia más grande después de la Segunda Guerra Mundial


La doctrina de la tribulación

mayo 3, 2018

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La doctrina de la tribulación

 

La doctrina de la tribulación

Por Jorge Mario Bergoglio S.I.

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¿Por qué volver a proponer hoy un texto del entonces P. Jorge Mario Bergoglio que tiene como fecha la Navidad de 1987? Antes de responder a esta pregunta es necesario comprender el contexto en el cual fue escrito aquel texto.

El P. Bergoglio firma un breve prólogo a una colección de 8 cartas de dos padres generales de la Compañía de Jesús (Las cartas de la Tribulación, Buenos Aires, Diego de Torres, 1988). Siete son del padre general Lorenzo Ricci, escritas entre 1758 y 1773, y una del padre general Jan Roothaan, de 1831.

En ellas se habla de una gran tribulación: la supresión de la Compañía de Jesús. Con el breve apostólico Dominus ac Redemptor (21 de julio de 1773, el papa Clemente XIV decidió suprimir la Orden como resultado de una serie de medidas políticas. Posteriormente, en agosto de 1814, en la capilla de la congregación de los nobles en Roma, el papa Pío VII hizo leer la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum, con la cual la Compañía de Jesús fue restaurada plenamente.

El entonces P. Bergoglio, en 1986 –terminado su período como provincial y, después, de rector del colegio Máximo y párroco en San Miguel–, fue a Alemania para un año de estudio. Una vez que regresó a Buenos Aires, continuó sus estudios y enseñó Teología Pastoral.

En ese tiempo, la Compañía de Jesús preparaba la LXVI Congregación de Procuradores, que tuvo lugar del 27 de setiembre al 5 de octubre de 1987. La provincia argentina eligió a Bergoglio como «procurador», enviándolo a Roma con la tarea de informar sobre el estado de la provincia, discutir con los otros procuradores elegidos de las distintas provincias sobre el estado de la Compañía y de votar acerca de la oportunidad de convocar una congregación general de la Orden.

Fue en este contexto que Bergoglio decidió meditar y presentar nuevamente aquellas cartas de los padres Ricci y Roothaan, porque, a su juicio, eran relevantes y de actualidad para la Compañía. Y para ello escribió un texto a manera de prólogo, que firmó tres meses después, de poco más de 2000 palabras, la mitad de las cuales eran notas.

Hoy La Civiltà Cattolica publica este texto, difícil de encontrar actualmente. Al leerlo se siente la falta de las cartas a las cuales se refiere el texto de Bergoglio. Pronto proveeremos a su publicación. Aun así, el texto es claro en su significado. Junto con él presentamos en este fascículo una reflexión del P. Diego Fares que explica más profundamente el significado que Bergoglio da a estas cartas.

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Presentamos Las cartas de la Tribulación porque, en estos años, el papa no ha perdido oportunidad de citarlas. Estas cartas, y las reflexiones del P. Bergoglio de 1987, fueron la espina dorsal de su homilía en la celebración de las vísperas en la iglesia del Gesù, en el 2014, con ocasión del 200º aniversario de la restitución de la Compañía de Jesús.

La ocasión más reciente fue la charla con los jesuitas del Perú (Papa Francisco, «“¿Dónde es que nuestro pueblo ha sido creativo?”. Conversaciones con los jesuitas de Chile y Perú», en La Civiltà Cattolica Iberoamericana (2018) n. 14, 7-23), donde afirmó que estas cartas «son una maravilla de criterios de discernimiento, de criterios de acción para no dejarse chupar por la desolación institucional» (p. 18).

Hizo también referencia explícita a ellas cuando habló a los sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados y seminaristas en Santiago de Chile, el 16 de enero de 2018. En esa ocasión invitó a encontrar el camino a seguir «en los momentos en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etc., es levantada por los acontecimientos culturales e históricos» y la tentación es la de «quedarse rumiando allí la desolación».

Claramente, Francisco quería decir a la Iglesia de Chile una palabra en tiempo de desolación y de «vorágine de conflictos».

Del mismo modo como —haciendo siempre referencia a esas cartas— habló de Pedro. Con la pregunta: «Me amas?», Jesús quería liberar a Pedro de «no aceptar con serenidad las contradicciones y las críticas. Quería liberarlo de la tristeza y especialmente del malhumor. Con aquella pregunta, Jesús invitaba a Pedro a escuchar su propio corazón y a aprender a discernir». En síntesis, Jesús quería evitar que Pedro se convirtiera en un destructor, en un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado. Jesús insiste hasta que Pedro le da una respuesta realista: «Señor, tú conoces todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21, 17). Así Jesús lo confirma en la misión. Y de este modo lo hace convertirse definitivamente en su apóstol.

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De este modo podemos comprender que estas cartas y las reflexiones que la acompañan son relevantes para entender cómo siente Bergoglio que debe obrar como sucesor de Pedro, es decir como Francisco. Son palabras que él dice hoy a la Iglesia, repitiéndoselas antes que nada a sí mismo. Y sobre todo son palabras que el papa Francisco considera fundamentales hoy para que la iglesia esté en condiciones de afrontar tiempos de desolación, de turbación, de polémicas falsas y antievangélicas.

Ha sido este breve escrito de hace 31 años el que ha generado, por ejemplo, un texto importantísimo del pontificado como es la Carta a los obispos de Chile, luego del «informe» que le entregó Mons. Charles J. Scicluna el 8 de abril de 2018, que, a su modo, se puede considerar muy bien como una nueva «Carta de la tribulación».

Releer hoy el prólogo de Bergoglio significa entrar en el corazón del pontificado que ha generado la exhortación Gaudete et exsultate como fruto maduro.

(Antonio Spadaro S.I.)

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Los escritos que siguen tienen por autor a dos padres generales de la Compañía de Jesús: el P. Lorenzo Ricci (elegido general en 1758) y el P. Juan Roothaan (elegido en 1829). Ambos han debido conducir la Compañía en tiempos difíciles, de persecuciones. Durante el generalato del P. Ricci se llevó a cabo la supresión de la Compañía por el Papa Clemente XIV. Desde hacía mucho tiempo las cortes borbónicas venían «exigiendo» esta medida. El Papa Clemente XIII confirmó el Instituto fundado por San Ignacio, sin embargo, los embates borbónicos no cejaron hasta la publicación del Breve Dominus ac Redemptor, de 1773, en el cual la Compañía de Jesús quedaba suprimida.[1]

También al P. Roothaan le tocaron tiempos difíciles: el liberalismo y toda la corriente de la Ilustración que desembocaba en la «modernidad». En ambos casos, en el del P. Ricci y en el del P. Roothaan, la Compañía era atacada principalmente por su devoción a la Sede Apostólica: se trataba de «un tiro por elevación». No faltaban, con todo, deficiencias dentro de las filas jesuitas.

No es el caso aquí detallar más los hechos históricos. Baste lo dicho para encuadrar la época de los dos padres generales. Lo importante es tener en cuenta que, en ambos casos, la Compañía de Jesús sufría tribulación; y las cartas que siguen son la doctrina sobre la tribulación que ambos superiores recuerdan a sus súbditos. Constituyen un tratado acerca de la tribulación y el modo de sobrellevarla.

En momentos de turbación, en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etc., es levantada por los acontecimientos culturales e históricos, no es fácil atinar con el camino a seguir. Hay varias tentaciones propias de ese tiempo: discutir las ideas, no darle la debida importancia al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores y quedarse rumiando allí la desolación, etc…

En las cartas que siguen vemos cómo ambos padres generales salen al paso de tales tentaciones, y proponen a los jesuitas la doctrina que los fragua en la propia espiritualidad[2] y fortalece su pertenencia al cuerpo de la Compañía, la cual pertenencia «es primaria y debe prevalecer en relación a todas las otras (a instituciones de todo orden, sean de la Compañía o sean exteriores a ella). Ella debe caracterizar cualquier otro compromiso que, por ella, es transformado en “misión”…».[3]

Detrás de las posturas culturales y sociopolíticas de esa época subyacía una ideología: la Ilustración, el liberalismo, el absolutismo, el regalismo, etc. Sin embargo, llama la atención cómo ambos padres generales —en sus cartas— no se ponen a «discutir» con ellas. Saben de sobra que —en tales posturas— hay error, mentira, ignorancia… sin embargo, dejan de lado estas cosas y —al dirigirse al cuerpo de la Compañía— centran su reflexión en la confusión que tales ideas (y las consecuencias culturales y políticas) producen en el corazón de los jesuitas.

Parecería como si temieran que el problema fuera mal enfocado. Es verdad que hay lucha de ideas, pero ellos prefieren ir a la vida, a la situacionalidad que tales ideas provocan. Las ideas se discuten, la situación se discierne.

Estas cartas pretenden dar elementos de discernimiento a los jesuitas en tribulación. De ahí que, en su planteo, prefieran —más que hablar de error, ignorancia o mentira— referirse a la confusión. La confusión anida en el corazón: es el vaivén de los diversos espíritus.

La verdad o la mentira, en abstracto, no es objeto de discernimiento. En cambio, la confusión sí. Las cartas que siguen son un tratado de discernimiento en época de confusión y tribulación. Más que argumentar sobre ideas, estas cartas recuerdan la doctrina, y —‍por medio de ella— conducen a los jesuitas a hacerse cargo de su propia vocación.

Frente a la gravedad de esos tiempos, a lo ambiguo de las situaciones creadas, el jesuita debía discernir, debía recomponerse en su propia pertenencia. No le era lícito optar por alguna de las soluciones que negara la polaridad contraria y real. Debía «buscar para hallar» la voluntad de Dios, y no «buscar para tener» una salida que lo dejara tranquilo.

El signo de que había discernido bien lo tendría en la paz, don de Dios, y no en la aparente tranquilidad de un equilibrio humano o de una opción por alguno de los elementos en contraposición.

En concreto: no era de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas. Para evitar convertirse en un veraz destructor o en un caritativo mentiroso o en un perplejo paralizado, debía discernir. Y es propio del superior ayudar al discernimiento.

Este es el sentido más hondo de las cartas que siguen: un esfuerzo de la cabeza de la Compañía para ayudar al cuerpo a tomar una actitud de discernimiento. Tal actitud paternal rescata al cuerpo del desamparo y del desarraigo espiritual.

Finalmente, una cosa más acerca del método. El recurso a las verdades fundamentales que dan sentido a nuestra pertenencia parece ser el único camino para enfocar rectamente un discernimiento. San Ignacio lo recuerda frente a cualquier elección: «el ojo de nuestra intención debe ser simple, solamente mirando para lo que soy criado…».[4]

Además, no es de extrañarse por el recurso que, en estas cartas, hacen los padres generales a los pecados propios de los jesuitas, los cuales —en un enfoque meramente discursivo y no de discernimiento— parecería que nada tendrían que ver con la situación externa de confusión provocada por las persecuciones. Lo que sucede no es casual: subyace aquí una dialéctica propia de la situacionalidad del discernimiento: buscar —dentro de sí mismo— un estado parecido al de fuera.

Es este caso, un mirarse solamente perseguido podría engendrar el mal espíritu de «sentirse víctima», objeto de injusticia, etc. Fuera, por la persecución, hay confusión… Al considerar los pecados propios el jesuita pide —para sí— «vergüenza y confusión de mí mismo».[5] No es la misma cosa, pero se parecen; y —de esta manera— se está en mejor disposición de hacer el discernimiento.

Las cartas que siguen fueron traducidas de su original latino[6] por el R.P. Ernesto Dann Obregón S.J., quien de esta manera pone en manos de tantos lectores esta joya de nuestra espiritualidad.

25 de diciembre de 1987

 

[1] Las interpretaciones históricas sobre la conducta del Papa Clemente XIV son variadas. El punto de vista de cada una de ellas parte siempre de alguna realidad objetiva. Pienso que no siempre es acertado el hecho de absolutizar esa verdad transformándola en la única clave interpretativa. Un buen compendio sobre el tema se puede encontrar en G. Martina. La Iglesia de Lutero a nuestros días, 4 vols., Madrid, Cristiandad, 1974; vol. II, pp. 271-287. Igualmente aporta abundante bibliografía.

El juicio que de Clemente XIV hace Pastor en su Historia de los papas (vol. XXXVII) es sumamente duro. P. ej.: «la debilidad de carácter de Clemente XIV da la clave para entender su táctica de ceder en todo lo posible a las exigencias de las cortes borbónicas y de restablecer la paz por este medio…» (p. 90). «La cualidad más fatal del nuevo papa: la debilidad y la timidez, con las cuales andaban parejas su doblez y su lentitud» (p. 82). «A Clemente XIV le falta valor y firmeza; en todas sus resoluciones es lento hasta un extremo increíble. Cautiva a la gente con bellas palabras y promesas, la engaña y la fascina. Al principio promete cielo y tierra, mas luego pone dificultades y difiere la solución, según costumbre romana, quedando al fin triunfante. De esta suerte todos terminan por quedar prendidos de sus redes. Se da traza admirable para eludir toda decisión en sus contestaciones a los embajadores; los despide con buenas palabras y halagüeñas esperanzas que luego no se realizan. Quien pretenda conseguir una gracia ha de procurar lograrla en la primera audiencia. Por lo demás, un embajador perspicaz puede descubrir su doble juego, porque es muy propenso a hablar» (pp. 82-83).

Estos son juicios que Pastor toma de documentaciones de la época, y si bien su opinión sobre el Papa Ganganelli termina siendo negativa, lo es mucho más la que sostiene sobre su secretario, Fray Bontempi, también fraile menor conventual, a quien «carga» prácticamente gran parte de la responsabilidad de los errores de Ganganelli. Bontempi —según Pastor— trató simoníacamente con el embajador español la supresión de la Compañía. Logró que Clemente XIV lo nombrara cardenal in pectore, pero fracasó cuando le exigió, en el lecho de muerte, la publicación del cardenalato. Pastor lo presenta como un sujeto ambicioso, sin escrúpulos, que se mueve entre bambalinas, y que procura «quedar bien»; de tal modo que prepara así su futuro.

[2] El P. José de Guibert, S.J., en su obra La Espiritualidad de la Compañía de Jesús (Santander, Sal Terrae, 1955, 486 págs.) afirma: «En consonancia con esto [se refiere al Decreto 11 de la Congregación General XIX, que eligió al P. Ricci como General] se halla la emocionante serie de cartas dirigidas por el nuevo general a sus religiosos a medida que las pruebas se acumulan y los peligros van en aumento.

El 8 de diciembre de 1759, al siguiente día de los decretos de Pombal destruyendo las provincias portuguesas, invita a la oración para pedir por el pronto spiritum bonum, el verdadero espíritu sobrenatural de la vocación, la perfecta docilidad a la gracia divina. De nuevo el 30 de noviembre de 1761, en el momento en que Francia es a su vez alcanzada por la tempestad, lo que pide es poner del todo la confianza en Dios, aprovecharse de las pruebas para la purificación de las almas, recordar que nos allegan más a Dios, y sirven también para la mayor gloria de Dios. El 13 de noviembre de 1763 insiste también en la necesidad de orar y de hacer más eficaz la oración con la santidad de la vida, recomendando ante todo la humildad, el espíritu de pobreza y la perfecta obediencia pedida por san Ignacio. El 16 de junio de 1769, después de la expulsión de los jesuitas españoles, nueva llamada a la oración, al celo para purificarse de los menores defectos.

En fin, el 21 de febrero de 1773, seis meses antes de la firma del Breve Dominus ac redemptor, en la falta de todo socorro humano quiere ver un efecto de la misericordia de Dios que invita a los que prueba a no confiar más que en Él; exhorta también a la oración, pero para pedir únicamente la conservación de una Compañía fiel al espíritu de su vocación: «Si, lo que Dios no permita, había de perder ese espíritu poco importaría que fuese suprimida, ya que se habría hecho inútil para el fin para que había sido fundada». Y termina con una cálida exhortación para mantener en su plenitud el espíritu de caridad, de unión, de obediencia, de paciencia, y de sencillez evangélica.

Tales son las palabras con que la Divina Providencia quiso que se cerrase la historia espiritual de la Compañía en el momento de la prueba suprema del sacrificio total que se le iba a exigir. Cordara, y otros después de él, han censurado en Ricci una pasividad excesiva frente a los ataques de que su orden era objeto, una falta de energía y de habilidad para valerse de todos los medios a su disposición para frustrar los ataques; no es este el lugar de discutir si semejante crítica es fundada, pero lo cierto que es preferible oír, más bien que invitaciones a recurrir a habilidades humanas, legítimas, pero sin duda del todo inútiles, las reiteradas llamadas a la fidelidad sobrenatural, a la santidad de la vida, a la unción con Dios en la oración, como a cosas esenciales en aquellas últimas horas de la orden, en vísperas de morir» (pp. 318-319).

«Apenas hay necesidad de recordar la protesta que el P. Ricci moribundo cuidó de leer, en el momento de recibir el viático en su prisión del Castillo de Sant Angelo, el 19 de noviembre de 1775: en el momento de comparecer ante el tribunal de la infalible verdad, era deber suyo protestar que la Compañía destruida no había dado ningún motivo para su supresión; lo declaraba y atestiguaba con la certeza que puede moralmente tener un superior bien informado del estado de su orden; luego, que él mismo no había dado motivo alguno, por ligero que fuese, para su prisión» (ibíd., nota 71).

[3] CG XXXII, IV, 66.

[4] Cf. EE. 169.

[5] Cf. EE. 48.

[6] Epistolae Praepositorumm Generalium ad Patres et Fratres Societatis Iesu, 4 vol., Rollarii, Iulii De Meester, 1909, pp. 257-307 y 332-346.

http://blogs.herdereditorial.com/la-civilta-cattolica-iberoamericana/la-doctrina-de-la-tribulacion/


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