Maná y Vivencias Cuaresmales (25), 25.3.17

marzo 25, 2017

Sábado de la 3ª semana de Cuaresma

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Adoración

No se atrevía ni a levantar la vista y rezaba así: ¡Oh Dios, ten compasión de esta pecadora!

Antífona de entrada: Salmo 102, 2-3

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios: Él perdona todas tus culpas.


Oración colecta

Llenos de alegría, al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales, y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Oseas 6, 1-6

Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él.

Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra.

«¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca.

Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.»

SALMO 50, 3-4.18-19.20-21ab

Quiero misericordia, y no sacrificios.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos.

Aclamación antes del Evangelio: Salmo 94, 8

Hagámosle caso al Señor que nos dice: “No endurezcáis vuestro corazón”.

EVANGELIO: Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:

«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.”

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.”

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Antífona de comunión: Lucas 18, 13

El publicano, manteniéndose a distancia, se golpeaba el pecho y decía: Señor, ten piedad de mí porque soy un pecador.

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VIVENCIAS CUARESMALES

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Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

25. SÁBADO

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

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NÚCLEO ILUMINADOR.- Todo hombre que se hace grande será humillado, y el que se humilla será hecho grande (Lc. 18, 14).

Hermano, cuando oras ¿qué presentas a Dios: tu propia exhibición o tus necesidades? ¿Te comunicas con Dios o contigo mismo? ¿Es tu oración un verdadero encuentro con Alguien lejano y cercano a la vez?

Con el recuerdo agradecido de que Dios nos acoge en su bendito Hijo, podemos comenzar esta Misa orando con el salmista: “Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios, él perdona todas tus culpas” (Salmo 102, 2-3).

No queremos olvidar que la misericordia de Dios destruye nuestros pecados. Él nos devuelve bien por mal, su amor ahoga el mal a fuerza de bien. Por eso, es digno de toda bendición; porque él nos amó mucho, le podemos amar mucho nosotros.

Lo queremos recordar adrede, una y otra vez, porque nos cuesta creerlo y convencernos de ello: “Dios perdona tus culpas, y sana todas tus enfermedades”. Somos criaturas nuevas en Cristo para gloria de Dios, por pura gracia, pues así le pareció bien para alabanza de su gloria.

Los mismos sentimientos se prolongan en la oración colecta: Llenos de alegría al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

A pesar de todo este gozo en Dios, persiste nuestra debilidad, persiste el dolor que nos insta a clamar. Si se acaba la aflicción, dirá san Agustín, se acaba la súplica; y si ésta muere, se disuelve la salvación. Él, por tanto, clamará: ¡Oh feliz culpa que nos mereció tal Redentor!

Y aunque nuestro culto sea auténtico en un primer momento, fruto sincero de una verdadera conversión, enseguida degenera y se hace rutinario, desvinculado de los verdaderos sentimientos del corazón y en contradicción con la vida real de pecado y de mentira, sobre todo ante los demás; y así el culto se vuelve mentiroso, inútil para el hombre y ofensivo para Dios.

Por eso Dios se pregunta, medio desconcertado, podríamos decir: “¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra misericordia como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de profetas, os condené con las palabras de mi boca. Porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”(Oseas 6, 1B.6).

La tentación de la rutina, de la claudicación, de la mentira, es muy fuerte en el hombre: éste se tuerce a izquierda o a derecha con facilidad, esquiva el encuentro directo y honesto con un Dios que siempre le pide más y que no le consiente endiosarse ante su propia carne, ante los demás hermanos, esclavizando a su prójimo; al hombre le aburre, le cansa ser misericordioso con su hermano como Dios lo es con él, y pretende vivir de rentas, quiere que le sirvan. Cede como arco falso, en expresión bíblica.

Parafraseando el comentario la Biblia Latinoamericana: El hombre lamenta sus errores, pero su sinceridad no es tan real como para dejar sus pecados del todo, radicalmente.

Piensa contentar a Dios ofreciéndole algunos sacrificios; no sabe alcanzar el amor verdadero que se prueba con la obediencia, con la sumisión total, con la renuncia a la propia suficiencia, con la renuncia sincera a la práctica de una religión “a su manera”.

Preferimos con frecuencia ofrecer sacrificios costosos que nosotros mismos decidimos, en vez de obedecer lo que Dios nos pide de hecho en su Palabra, en las circunstancias de nuestra vida, mediante la purificación “pasiva”: es decir, aquélla que no programamos nosotros, a nuestra medida, sino la que nos impone Dios a través de las mediaciones humanas, de la vida real que nosotros no podemos prevenir ni manejar a nuestro gusto y capricho.

En el Evangelio, Lucas 18, 9-14, encontramos dos conductas contrapuestas: la del fariseo y la del publicano. El fariseo tiene todo bien programado desde él mismo; todo a su medida; puede vanagloriarse de su propia consistencia personal, privada y social; sabe conducirse a sí mismo, todo está controlado, o mejor, bajo control; no necesita de Dios, sino para que ratifique todo lo que se le presente como obra humana.

Por tanto, el fariseo no sale de sí; su religión no le cuesta gran cosa, es un arropamiento personal y vanidoso; su religión no vale porque, aunque le cueste algo, no le exige entregar lo que más vale: su propia vida y autogobierno.

Por otro lado encontramos al publicano que está dispuesto a dejarse cuestionar por Dios. Reconoce que sólo Dios justifica y que sólo él establece las reglas del juego: “Ten compasión, ten piedad de mí que soy un pecador”.

Escuchemos: “Puso además esta comparación por algunos que estaban convencidos de ser justos y que despreciaban a los demás. ‘Dos hombres subieron al Templo a orar, uno fariseo y el otro publicano. El publicano se quedaba atrás y no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador’”.

La justificación, la felicidad que Dios nos regala será proporcional a nuestra capacidad para permitirle a Dios cuestionar nuestra vida. Si le permitimos entrar en nuestro corazón nos librará constantemente de cualquier autoengaño que habite en nuestra mente o en nuestros sentimientos.

El Espíritu nos irá moviendo para que apostemos siempre por la verdad y por la misericordia entrañable para con el hermano, ya que a Dios no le podemos engañar.

Texto bíblico de Santiago 5, 16-19-20: “Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo.

Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados”.

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Del libro de San Teófilo de Antioquía, obispo, a Autólico

Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

Si tú me dices: “muéstrame a tu Dios”, yo te diré a mi vez: “Muéstrame tú al hombre que hay en ti”, y yo te mostraré a mi Dios. Muéstrame, por tanto, si los ojos de tu mente ven, y si oyen los oídos de tu corazón.

Pues de la misma manera que los que ven con los ojos del cuerpo perciben con ellos las realidades de esta vida terrena y advierten las diferencias que se dan entre ellas -por ejemplo-, entre la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo bello, lo proporcionado y lo desproporcionado, lo que está bien formado y lo que no está, lo que es superfluo y lo que es deficiente en las cosas-, y lo mismo se diga de lo que cae bajo el dominio del oído -sonidos agudos, graves o agradables-, eso mismo hay que decir de los oídos del corazón y de los ojos de la mente, en cuanto a su poder para captar a Dios.

En efecto, ven a Dios los que son capaces de mirarlo, porque tienen abiertos los ojos del espíritu. Porque todo el mundo tiene ojos, pero algunos los tienen oscurecidos y no ven la luz del sol. Y no porque los ciegos no vean ha de decirse que el sol ha dejado de lucir, sino que esto hay que atribuírselo a sí mismos y a sus propios ojos.

De la misma manera, tienes tú los ojos de tu alma oscurecidos a causa de tus pecados y malas acciones. El alma del hombre tiene que ser pura como un espejo brillante. Cuando en el espejo se produce el orín, no se puede ver el rostro de una persona; de la misma manera, cuando el pecado está en el hombre, el hombre ya no puede contemplar a Dios.

Pero puedes sanar, si quieres. Ponte en manos del médico y él punzará los ojos de tu alma y tu corazón. ¿Qué médico es éste? Dios, que sana y vivifica mediante su Palabra y su sabiduría. Pues por medio de la Palabra y la sabiduría se hizo todo.

Efectivamente, la Palabradel Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos. Su sabiduría está por encima de todo: Dios, con su sabiduría, puso el fundamento de la tierra; con su inteligencia, preparó los cielos; con su voluntad, rasgó los abismos, y las nubes derramaron su rocío.

Si entiendes todo esto y vives pura, santa y justamente, podrás ver a Dios; pero la fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia de tu corazón, y entonces entenderás todo esto. Cuando te despojes de lo mortal y te revistas de lo inmortal entonces verás a Dios de manera digna.

Dios hará que tu carne sea inmortal junto con el alma, y entonces, convertido en inmortal, verás al que es inmortal, con tal de que ahora creas en él (Libro 1, 2.7: PG 6, 1026-1027.1035).

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Maná y Vivencias Cuaresmales (23), 23.3.17

marzo 23, 2017

Jueves de la 3ª semana de Cuaresma

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Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón»


Antífona de entrada

Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.

Oración colecta

Te pedimos humildemente, Señor, que a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 7, 23-28

Así dice el Señor: «Ésta fue la orden que di a vuestros padres: “Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien.”

Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente.

Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán.

Les dirás. “Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca.”»


SALMO 94, 1-2.6-7.8-9

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»


Aclamación antes del Evangelio: Joel 2, 12-13

Todavía es tiempo, dice el Señor. Arrepentíos de todo corazón y volveos a mí, que soy compasivo y misericordioso.


EVANGELIO: Lucas 11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»


Antífona de comunión: Salmo 118, 4-5

Tú promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.

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VIVENCIAS CUARESMALES
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A medida que avanza la Cuaresma vaya creciendo en intensidad mi entrega al Señor


23. JUEVES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


Entrada: Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.


TEMA: El primer y único mandamiento, “Escucha, Israel”. Si no escucha, el hombre se deja llevar por sus propias ideas y antojos; en última instancia y según la Biblia, por la maldad del corazón.

Entonces, el hombre se adora a sí mismo, ignora a Dios y es capaz de llamar mentiroso a Dios, pecando contra el Espíritu.

El pecado contra el Espíritu: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios”.

Tanto en la primera lectura como en el Evangelio, topamos con la incredulidad del hombre para fiarse de Dios, para obedecer la palabra de Dios. Terrible tragedia para el hombre, amarga desilusión para Dios. Es el pecado primero y el más grave, que corresponde al primer mandato de Dios: “Escucha, Israel”.

La actitud de escucha es la que mejor cuadra al hombre, pues ella expresa la condición fundamental del ser humana: su condición de creatura. Es decir, escuchar es reconocer que el hombre está religado esencialmente a Dios, a pesar de su libertad. El ejercicio supremo de su libertad será precisamente “elegir libremente” a Dios como su centro y meta. Y en eso consiste su merecimiento y su plenitud.

Lo más urgente es afinar y reafirmar esa docilidad a Dios; esa sumisión incondicional a la voluntad de Dios, mande lo que mande, sea cual sea esa voluntad. Esta obediencia será determinante. Lo de menos será lo que venga después, en qué mandatos o normas se concreta esa voluntad de Dios.

La primera obediencia de la criatura consiste en venir a la existencia, como respuesta a la Palabra que la llama al ser. Esa obediencia alcanza plena expresión cuando la criatura es libre de reconocerse y aceptarse como don del Creador, de decir “sí” a su propia procedencia de Dios. Ésta realiza así su primer acto de libertad, un acto de libertad verdadero, que es también el primero y fundamental acto de auténtica obediencia.

La obediencia propia de la persona creyente consiste en la adhesión a la Palabra con la cual Dios se revela y se comunica, y a través de la cual renueva cada día su alianza de amor. Por tanto, esa obediencia significa la aceptación de la propia historia y de las circunstancias y avatares de la vida (El servicio de la autoridad y la obediencia; Instrucción de la CIVCSVA, n. 7; 2008).

La esencia del hombre es atender a Dios, escucharle y poner por obra sus mandatos. El hombre vale en la medida en que es oyente. Si no escucha, no sólo está vacío, sino que es malvado, por no dar culto a Dios: El hombre ha sido creado para conocer y alabar a Dios.

No hay, por tanto, neutralidad en la religión: El que no avanza, retrocede; el que no recoge con Dios, desparrama; el que no se forma y crece, se deforma y disminuye, se devalúa. Si no escucha, no puede hablar, es mucho. Y si dijera algo, sería maldad, desvarío, vaciedad…

Y el hombre tiende a justificar esa postura al margen de Dios y contra Dios. Se empecina, se pone terco, ciego en su recelo contra Dios, más visceral que lógico o intelectual. A pesar de los errores ajenos y propios, no queremos aprender ni en cabeza ajena, no damos el brazo a torcer, tratamos de justificarnos, y nos resistimos de todas las formas a reconocer y seguir el camino recto.

Ante este peligro, tan real y que nos amenaza a cada instante, rezamos hoy la oración colecta de todo corazón: Te pedimos humildemente, Señor, que, a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el misterio Pascual. Por nuestro Señor Jesucristo…

Escuchemos el relato evangélico de hoy: Lucas 11, 14-23.- La multitud se quedó admirada por la curación que hizo Jesús, pero algunos de ellos dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Jesús les decía: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros… El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”.

El Evangelio expresa hasta dónde puede llegar el atrevimiento del hombre que se cierra en sí mismo, que no escucha, o mejor que escucha sus propios impulsos: algunos testigos del milagro del endemoniado se niegan a ver la luz y la interpretan como oscuridad.

La resistencia del hombre a las inspiraciones del Espíritu puede crecer y desarrollarse hasta su última expresión: atribuirle al demonio las obras que son, a todas luces, obras de Dios: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú”.

Atrevimiento terrible, fatal; que, si es consciente y voluntario, encierra al hombre en el mal de tal manera que lo hace incapaz de convertirse, de cambiar. Por eso se dice que ese pecado no tiene perdón.

Pero Jesús no se da por vencido y arremete contra los incrédulos. “Los amigos de ustedes ¿con ayuda de quién los expulsan?”. El hombre no puede quedar sin salvación: si rechaza la divina, busca otra, la de los “amigos a la medida”. Pero esa salvación que preferimos a la de Dios, ¿tiene consistencia, es verdadera, quién la ofrece y asegura?

En ambas lecturas, Dios echa en cara la incredulidad de los pecadores, la resistencia a escuchar al Señor. Tomemos conciencia del “primer” mandamiento de Dios: escucharle; “Escucha, Israel”. Si lo quebrantamos, todo se desordena en nuestra vida; todo queda viciado.

Nos lo recuerda Jeremías 7, 23-28: “Esto dice el Señor: Ésta fue la orden que di a mi pueblo: escuchad mi voz… Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente… Les envié a mis siervos los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres”.

Palabras graves por su misma expresividad y por la autoridad y dignidad de quien las pronuncia: el mismo Dios, su Espíritu que habla por los profetas.

Sin embargo, hay que advertir que con estas quejas, lamentos y reproches, Dios no pretende aplastarnos y dejarnos para siempre hundidos en nuestra propia debilidad y aun maldad, sino que su Espíritu pretende suscitar nuestra toma de conciencia y la posterior vuelta al buen camino y conversión.

Así, por obra del Espíritu el hijo pródigo recapacitó sobre su situación y reaccionó: volveré adonde mi padre y le confesaré mi pecado.


Oremos a Dios con estas o parecidas palabras:

Señor, ten misericordia de mí y dame la suficiente sinceridad para reconocer que me estoy auto-engañando y la necesaria valentía para renunciar a los falsos dioses a quienes me someto.

¿Hasta cuándo buscaré lejos de Ti? ¿Cuándo me convenceré de que son pozos secos sin agua viva, que son fantasmas, que son dioses muertos que no pueden salvar? Señor, ten compasión de mí; que vea; conviérteme a ti para que vaya a ti.- Amén.


Cristo es el único que nos da la victoria sobre el mal. A su lado hay que luchar. A él debemos someter todo nuestro ser; sólo así haremos la obra de Dios, edificaremos con él, cosecharemos con él. Cristo es tajante: “Quien no está conmigo, está contra mí”.

No hay término medio: hay que estar con el único Señor, explícita o implícitamente. Algunos realizan las obras buenas de Dios sin conocer del todo a Jesús, ni contarse entre sus inmediatos seguidores. No hagamos partidismos como los apóstoles: “Ésos no son de los nuestros; por tanto, prohíbeles hacer milagros en tu nombre”.

Jesús, en ese caso, defiende a los que son suyos implícitamente: “No se lo prohíban, les dice; uno que actúa en mi nombre no puede hablar mal de mí”. Una cosa es el señorío de Jesús y otra muy distinta es el partidismo fanático y exclusivista.

Jesús aquí plantea la radicalidad que debe practicar todo discípulo suyo: “No se puede servir a dos señores”. Jesús exige coherencia y radicalidad; no se pueden juntar las tinieblas con la luz. En ese campo no hay pequeñas cosas o insignificancias. Nada de ambigüedades: “Quien no recoge conmigo, desparrama”. No se trata sólo de no hacer cosas malas; se trata de hacer muchas cosas positivamente buenas.

El Salmista nos invita a aprender en cabeza ajena: No endurezcáis el corazón como en Meribá, no sea que os pase algo peor. Si después de conocer tanto, nos echamos atrás o no somos del todo íntegros, grande será nuestro pecado. Pues al que mucho se le dio, mucho se le pedirá. Desparramamos, no servimos para el Reino que padece violencia, que exige que nos definamos. El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no vale para el Reino.

Por tanto, debemos pedir a Dios la sencillez confiada del auténtico creyente. Nos lo enseña la oración sobre las ofrendas: “Señor, preserva de toda maldad a tu pueblo…”


HIMNO

Te damos gracias, Señor, porque has depuesto la ira y has detenido ante el pueblo la mano que lo castiga.Tú eres el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene y el techo que nos cobija.

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Reflexión del Papa Francisco sobre el evangelio de hoy (oct. de 2013)

Jesús expulsa los demonios y alguno empieza a dar explicaciones para disminuir la fuerza del Señor. Existe siempre la tentación de minimizar la figura de Jesús como si fuese, en el mejor de los casos un curandero, al cual no se tomaría muy en serio. Una actitud que ha llegado hasta nuestros días.

Hay algunos sacerdotes que cuando leen este pasaje del Evangelio, este y otros, dicen: «Pero, Jesús ha sanado a una persona con una enfermedad mental». No leen esto aquí, ¿no? Es verdad que en aquel tiempo se podía confundir una epilepsia con la posesión del demonio; ¡pero también es cierto que existía el demonio!

Y nosotros no tenemos derecho a simplificar las cosas, como diciendo: «Todos esos no estaban poseídos; eran enfermos mentales». ¡No! La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia, y la Biblia termina también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio.

No debemos ser ingenuos. El Señor nos da algunos criterios para discernir la presencia del mal y para seguir el camino cristiano cuando hay tentaciones.

Uno de los criterios es no seguir la victoria de Jesús sobre el mal, sólo a medias. O estás conmigo o estás contra mí. Jesús, ha venido para destruir al demonio, a liberarnos de la esclavitud del demonio sobre nosotros. Y no se puede decir que así exageramos. En este tema no hay matices. Es una lucha donde se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna de todos nosotros.

Luego está el criterio de la vigilancia. Siempre debemos vigilar contra el engaño, contra la seducción del maligno. Podemos hacernos la pregunta: «¿vigilo sobre mí, sobre mi corazón, sobre mis sentimientos, sobre mis pensamientos? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí? ¿O dejo las cosas así, seguro, creyendo que todo está bien?» Si tú no te custodias, viene aquel que es más fuerte que tú. Pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte el botín. ¡La vigilancia!

Pero, tres criterios, ¡eh! No hay que confundir la verdad:

  • Primer criterio: Jesús lucha contra el demonio (el demonio existe y nos tienta siempre).
  • Segundo criterio: quien no está con Jesús, está en contra de Jesús. No hay posiciones a medias.
  • Tercer criterio: la vigilancia sobre nuestro corazón, porque el demonio es astuto. ¡Jamás ha sido expulsado para siempre! Sólo el último día lo será.

(Homilía en Santa Marta, 10 de octubre de 2013)

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Papa Francisco explica cuál es el camino hacia la verdadera fidelidad a Dios

VATICANO, 03 Mar. 16 / 06:33 am (ACI).- La fidelidad y la misericordia de Dios fueron los dos temas que el Papa Francisco abordó en su homilía de hoy en la Casa Santa Marta. El Santo Padre comentó que en las lecturas del día se puede ver la fidelidad de Dios y la “fidelidad fallida” de su pueblo.

El Santo Padre pidió la “gracia de la fidelidad”. “El primer paso que se debe dar sobre este camino de la fidelidad es sentirse pecador. Si tú no te sientes pecador, has comenzado mal. Pidamos la gracia para que nuestro corazón no se endurezca, que esté abierto a la misericordia y a la gracia de la fidelidad”, añadió.

A su vez, recordó que Jesús habla claro: “Quien no está conmigo está contra mí”. “O eres fiel, con tu corazón abierto, al Dios que es fiel contigo, o estás contra Él”, dijo Francisco.

A pesar de ello, ¿existe un camino de en medio, un ‘negociado’”?, preguntó el Papa. “Sí, hay una salida: ¡confiésate pecador! Y si tú dices ‘yo soy un pecador’ el corazón se abre y entra la misericordia de Dios y comienzas a ser fiel”.

Dios siempre es fiel, porque no puede renegar de sí mismos”, señaló. Sobre la primera lectura de Jeremías comentó que el profeta relata las “muchas cosas que ha hecho Dios para atraer los corazones del pueblo”.

Como ya hiciera en otra homilía esta misma semana, el Pontífice recordó que “esta infidelidad del pueblo de Dios, también la nuestra, es nuestra propia infidelidad y endurece el corazón”.

“No deja entrar la voz del Señor que, como padre amoroso, nos pide siempre abrirnos a su misericordia y a su amor”.

“El Señor siempre nos habla así: también con ternura de padre que nos dice: ‘Vuelvan a mí con todo el corazón porque soy misericordioso y tengo piedad’”.

Pero “cuando el corazón es duro esto no se entiende. La misericordia de Dios solo se entiende si uno es capaz de abrir su corazón, para que pueda entrar”.

“El corazón se endurece y vemos la misma historia” en el Evangelio de San Lucas de este día. “Jesús es enfrentado contra aquellos que habían estudiado las Escrituras, los doctores de la ley que sabían la teología, pero eran cerrados”, explicó el Papa.

No obstante, la gente estaba “sorprendida”, “tenía fe en Jesús”. “Tenía el corazón abierto: imperfecto, pecador, pero el corazón abierto”, añadió.

Francisco también señaló que estos teólogos “siempre buscaban una explicación para entender el mensaje de Jesús” y “le pedían un signo del cielo”.

“Esta es la historia de la fidelidad fallida, la historia de los corazones cerrados, corazones que no dejan entrar la misericordia de Dios, que han olvidado la palabra ‘perdón’ simplemente porque no se sienten pecadores: se sienten jueces de los otros”, indicó.


Maná y Vivencias Cuaresmales (22), 22.3.17

marzo 22, 2017

Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma

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0 (2)

No he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud



Antífona de entrada: Salmo 118, 133

Haz, Señor, que siga con firmeza tu palabra, para que no se apodere de mí ningún pecado.


Oración colecta

Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 4, 1.5-9

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

Mirad, yo os enseño los mandatos y decretos que me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.

Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.”

Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?

Pero, cuidado, guárdate muy bien de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.»


SALMO 147, 12-13.15-16.19-20

Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.


Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63.68

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.


EVANGELIO: Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»


Antífona de comunión: Salmo 15, 11

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá



22. MIÉRCOLES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


TEMA.- La vida cristiana se alimenta de la renovada escucha de la Palabra y su fiel cumplimiento, por amor.

ORACIÓN COLECTA.- Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu Palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias, y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor Jesucristo…

Deuteronomio 4, 1.5-9: “Y ahora, Israel, escucha las normas y las leyes que yo te enseño, para que las pongas en práctica… Si las guardáis y las practicáis seréis sabios e inteligentes ante los demás pueblos”

Los mandamientos, dados por Dios a su pueblo, son expresión de la sabiduría y del amor de Dios; por eso, el cumplimiento de los mismos transmitirá vida al pueblo, y Dios cumplirá sus promesas, dándoles posesión de la tierra que mana leche y miel. El cumplimiento de la ley proporcionará al pueblo una superioridad sobre los demás pueblos. Ningún pueblo tuvo leyes tan justas y sabias.

Israel no debe olvidar estas normas, y debe transmitirlas a las futuras generaciones, de padres a hijos. Puedes repasar el salmo 119, el salmo de la Ley por excelencia.

Lectura evangélica tomada de Mateo 5, 17-19.- Jesús viene a llevar todo a la plenitud; todo lo bueno del Antiguo Testamento tiene vigencia, pues la ley externa será ahora interiorizada por el Espíritu Santo de tal forma que el cumplimiento de la ley resulte no sólo fácil sino hasta placentero.

Será como algo connatural a la nueva criatura, al hombre espiritual, nacido de arriba, creado a la medida de Cristo. Se trata de una “plenitud de amor”; no de un perfeccionismo legalista. Más todavía: será Cristo mismo quien obra en nosotros por medio de su Santo Espíritu. Más que hacer, hay que dejarse hacer, dejarse moldear: todo de Dios y todo mío. El Espíritu inspira y realiza la conformación con Cristo

Antífona de entrada: Salmo 18, 133: “Asegura mis pasos con tu promesa, Señor; que ninguna maldad me domine”.

Como remedio a la incredulidad que siempre nos amenaza, y como una forma de crecer en la sensibilidad para captar la Palabra y seguir la voluntad de Dios, puedes servirte de la siguiente oración sálmica.

Salmo 26.- El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca; y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor.

Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: “Busca mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio. No me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos. No me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, te ánimo, espera en el Señor.


PREFACIO V DE CUARESMA: El camino del éxodo en el desierto cuaresmal

En verdad es justo bendecir tu nombre, Padre rico en misericordia, ahora que, en nuestro itinerario hacia la luz pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo de la humanidad reconciliada en el amor.

Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra, y experimentar con gozo tus maravillas.

Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros de tu gloria, proclamamos el canto de tu alabanza: Santo, Santo, Santo…



¿Qué ocurriría si tratásemos la Biblia como a nuestro celular?, pregunta el Papa

marzo 5, 2017

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Francisco Ángelus

El Papa Francisco saluda a la muchedumbre de la Plaza San Pedro durante el Ángelus

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¿Qué ocurriría si tratásemos la Biblia como a nuestro celular?, pregunta el Papa

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 05 Mar. 17 / 06:20 am (ACI).- En el primer domingo de Cuaresma, el Papa Francisco dedicó el Ángelus a explicar cómo Jesús vence al demonio al ser tentado en el desierto y aseguró que el cristiano debe luchar cada día contra el mal, para lo que se necesita tener una “familiaridad” con la Biblia y llevarla consigo como si fuese un teléfono celular.

“Este episodio nos coloca en un momento preciso de la vida de Jesús: justo después del bautismo en el río Jordán y antes del ministerio público”, dijo sobre el Evangelio del día.

 

“Jesús ya está preparado para iniciar su misión, y ya que tiene un enemigo declarado, Satanás, Él lo enfrenta rápido, ‘cuerpo a cuerpo’”, explicó Francisco, quien añadió que “el diablo se aprovecha del título de ‘Hijo de Dios’ para alejar a Jesús del cumplimiento de su misión”.

Francisco explicó que durante la Cuaresma “como cristianos somos invitados a seguir los pasos de Jesús y afrontar el combate espiritual contra el Maligno con la fuerza de la Palabra de Dios”.

“Para esto se necesita tener familiaridad con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla. La Biblia contiene la Palabra de Dios, que es siempre actual y eficaz”.

“Alguno ha dicho, ‘¿qué pasaría si tratásemos la Biblia como a nuestro teléfono celular?’. Si la llevásemos siempre con nosotros; si volviésemos a por ella cuando la olvidáramos; si la abriésemos varias veces al día; si leyésemos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del celular”.

“Claramente –continuó el Papa– la comparación es paradójica, pero hace reflexionar. En efecto, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo nos podría hacer desviarnos del camino del bien; sabríamos vencer las cotidianas sugestiones del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; seríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a aquellos más débiles y necesitados, también a nuestros enemigos”.

De nuevo sobre el pasaje del Evangelio, el Pontífice apuntó que el demonio propone a Jesús “hacer gestos milagrosos, como transformar las piedras en pan para saciar su hambre, y tirarse abajo desde los muros del templo haciéndose salvar por los ángeles. A estas dos tentaciones sigue la tercera: adorarlo a él, al diablo, para tener dominio sobre el mundo”.

“Mediante esta triple tentación, Satanás quiere desviar a Jesús de la vía de la obediencia y de la humillación -porque sabe que así el mal será derrotado- y llevarlo sobre el falso atajo del éxito y de la gloria”.

Sin embargo, “las flechas venenosas del diablo son paradas por Jesús con el escudo de la Palabra de Dios que expresa la voluntad del Padre, y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del desierto”.

Al terminar, de nuevo preguntó a los fieles ruenidos en la Plaza de San Pedro: “¿qué pasaría si tratásemos la Biblia como a nuestro celular?”.

 


El maná de cada día, 19.2.17

febrero 18, 2017

Domingo VII del Tiempo Ordinario, Ciclo A


Sermon on the MountCopenhagen Church Alter Painting

Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto



ANTÍFONA DE ENTRADA

Confío, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio. Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.


ORACIÓN COLECTA

Concédenos, Señor, ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Levítico 19, 1-2. 17-18

El Señor habló a Moisés: «Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: “Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.

No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado.

No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor”»


SALMO 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 3, 16-23

Hermanos:

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: “Él caza a los sabios en su astucia” Y también: “El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos”

Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.


ALELUYA

Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.


EVANGELIO: Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»


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SIN LA CARIDAD, TODO ES VANIDAD DE VANIDADES

De los Capítulos de san Máximo Confesor, abad, sobre la caridad

La caridad es aquella buena disposición del ánimo que nada antepone al conocimiento de Dios. Nadie que esté subyugado por las cosas terrenas podrá nunca alcanzar esta virtud del amor a Dios.

El que ama a Dios antepone su conocimiento a todas las cosas por él creadas, y todo su deseo y amor tienden continuamente hacia él.

Como sea que todo lo que existe ha sido creado por Dios y para Dios, y Dios es inmensamente superior a sus criaturas, el que dejando de lado a Dios, incomparable­mente mejor, se adhiere a las cosas inferiores demuestra con ello que tiene en menos a Dios que a las cosas por él creadas.

El que me ama –dice el Señor– guardará mis mandamientos. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros. Por tanto, el que no ama al prójimo no guarda su mandamiento. Y el que no guarda su mandamiento no puede amar a Dios.

Dichoso el hombre que es capaz de amar a todos los hombres por igual.

El que ama a Dios ama también inevitablemente al prójimo; y el que tiene este amor verdadero no puede guardar para sí su dinero, sino que lo reparte según Dios a todos los necesitados.

El que da limosna no hace, a imitación de Dios, discriminación alguna, en lo que atañe a las necesidades corpo­rales, entre buenos y malos, justos e injustos, sino que reparte a todos por igual, a proporción de las necesidades de cada uno, aunque su buena voluntad le inclina a pre­ferir a los que se esfuerzan en practicar la virtud, más bien que a los malos.

La caridad no se demuestra solamente con la limosna, sino, sobre todo, con el hecho de comunicar a los demás las enseñanzas divinas y prodigarles cuidados corporales.

El que, renunciando sinceramente y de corazón a las cosas de este mundo, se entrega sin fingimiento a la prác­tica de la caridad con el prójimo pronto se ve liberado de toda pasión y vicio, y se hace partícipe del amor y del conocimiento divinos.

El que ha llegado a alcanzar en sí la caridad divina no se cansa ni decae en el seguimiento del Señor, su Dios, según dice el profeta Jeremías, sino que soporta con for­taleza de ánimo todas las fatigas, oprobios e injusticias, sin desear mal a nadie.

No digáis –advierte el profeta Jeremías–: «Somos tem­plo del Señor». Tú no digas tampoco: «La sola y escueta fe en nuestro Señor Jesucristo puede darme la salvación» Ello no es posible si no te esfuerzas en adquirir también la caridad para con Cristo, por medio de tus obras. Por lo que respecta a la fe sola, dice la Escritura: También los demonios creen y tiemblan.

El fruto de la caridad consiste en la beneficencia since­ra y de corazón para con el prójimo, en la liberalidad y la paciencia; y también en el recto uso de las cosas (Centuria 1, cap. 1,4-5.16-17.23-24.26-28.30-40).

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LECTIO DIVINA SOBRE  EL EVANGELIO DOMINICAL

Invocación al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros. Amén

TEXTO BÍBLICO: Mateo 5, 38-48

5-38: Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. 5-39: Pues yo les digo que no opongan resistencia al que les hace el mal. Antes bien, si uno te da una bofetada en [tu] mejilla derecha, ofrécele también la otra. 5-40: Al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica déjale también el manto. 5-41: Si uno te obliga a caminar mil pasos, haz con él dos mil. 5-42: Da a quien te pide y al que te solicite dinero prestado no lo esquives.
5-43: Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 5-44: Pues yo les digo: Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores. 5-45: Así serán hijos de su Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. 5-46: Así ustedes aman sólo a quienes los aman, ¿qué premio merecen? También hacen lo mismo los recaudadores de impuestos. 5-47: Si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? También hacen lo mismo los paganos.
5-48: Por tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

El evangelista Mateo escribe para una comunidad de judíos que se han convertido al cristianismo y están en el exilio. Por lo tanto, es de entender que su interés principal es insistir en ser fieles a Jesús, el Cristo y también ser fieles a la Ley de Moisés. Una conclusión es, que un verdadero judío es el cristiano, ya que en Cristo se encuentra el pleno cumplimiento de la Ley Antigua.

Sin embargo, Jesús va un poco más allá y pide al discípulo esto que en el Evangelio llamamos “justicia superior”, porque nos lleva a una calidad de adhesión diferente al cumplimiento de preceptos externos.  Jesús no introduce novedades externas a la Ley sino que la reconduce a su autenticidad recuperando su verdadera intención y llevándola a su plenitud.

Jesús nos ofrece entonces unas nuevas energías para vivir el amor auténtico, Él siendo verdaderamente humano lo entiende desde nuestra humanidad, pero siendo verdaderamente divino, nos lleva al centro de la Ley que es el amor.

Al principio Jesús se refiere a la llamada “ley del Talión” que equipara el castigo al daño producido. Ésta estaba basada en una venganza, pero Jesús abre una nueva etapa en la evolución de los comportamientos

Por momentos pareciera una oposición decir… “pero yo les digo”, como lo vemos en el texto. En el centro de todo este relato está Jesús, como el gran mediador de la humanidad que nos enseña por qué no hay que poner resistencia, o dar la otra mejilla, o dar el manto al que pidió la túnica. También lo de acompañar más tiempo del que han pedido o no esquivar al que pide prestado. En el fondo, Jesús es quien cumple todo esto. En Él se encarna la voluntad del Padre que tiene como único objetivo la caridad, es decir, el amor más grande que supera toda la justicia.

La superación máxima en la escala del amor es “amen a sus enemigos y oren por sus perseguidores”. Tal vez es de los puntos más novedosos del mensaje de Jesús. Es una invitación a ser un discípulo diferente a todos los discípulos conocidos hasta entonces. No es sólo una doctrina sino un nuevo comportamiento, una actitud radical de vida que se distinga de los demás religiosos que cumplen normas y no viven de acuerdo a estas.

La cumbre de este texto está justo al final: Ser perfectos como el Padre es perfecto. Jesús indica que la perfección del amor está en el perdón. Es el Padre quien de una manera totalmente inesperada ama y perdona a la humanidad entregando a su Hijo que lleva esta Ley hasta su máxima consecuencia: Amar sin límites y perdonar sin límites. Todo este texto tiene por sujeto a Jesús, y una invitación a que siendo sus discípulos lo imitemos.

Preguntas para recordar el texto bíblico:

  1. ¿Recuerdas cómo se llamaba la ley a la que hace alusión Jesús?
  2. Cuando Jesús dice: “pues yo les digo” ¿Cuál es la novedad que introduce?
  3. ¿Cuáles son todas las cosas que habría que vivir para cumplir a la perfección la ley?
  4. ¿Qué novedad encontramos en relación con los enemigos y los que nos persiguen?
  5. ¿Qué significa ser perfecto?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. Antes de la pregunta pongámonos la mano en el corazón y preguntémonos: ¿cuántas veces yo me quedo con la ley antigua, prefiriendo la justicia de la restitución del mal cometido?
  2. En mi vida personal, muchas veces más que la justicia tiendo hacia la venganza ¿Será eso lo que Jesús me está pidiendo?
  3. ¿Podrías identificar a aquellos que te hacen pleitos, que te abofetean (de tantas formas), los que te piden que los acompañes, que les apoyes inclusive económicamente? ¿Qué actitud cambiarías desde ahora frente a estas situaciones?
  4. Todas las personas tenemos a otros que se oponen a nuestros planes. A algunos los consideramos enemigos ¿qué nos pide Jesús ante ellos? ¿Podría también identificarlos?
  5. ¿Somos amables con todos, incluso con los que no van a la Iglesia? ¿Hacemos atractivo el seguimiento de Jesús, por nuestras actitudes de comprensión, cariño, etc.?
  6. ¿Soy consciente que mucha gente no se acerca a la Iglesia por las actitudes nuestras o mías en particular?
  7. ¿Qué hago para ser perfecto?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

Señor Jesús, gracias por tu palabra.
Gracias por tu testimonio que acompaña tu palabra.
Quiero ser tu discípulo, Señor.
Pero me doy cuenta que estoy muy lejos de vivir de acuerdo a lo que me pides.
Yo sé que para Ti no hay nada imposible.
Pongo ante Ti mi corazón, ese corazón que a veces busca venganza, justicia, cumplir la ley.
Ayúdame Señor a ser misericordioso, que siempre tenga presente esto como prioridad. Que entienda que ser tu discípulo no es sólo conocer tu doctrina, sino imitarte en todo.
Ayúdame a cambiar mi corazón de piedra por un corazón misericordioso.
Y que nunca sea piedra de escándalo para los demás, sino un humilde servidor tuyo. Amén

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría. Añadimos nuestras intenciones de oración.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios? 

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón. «Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores»
(Versículos 44)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

En lo personal, voy a realizar una lista de todas las personas que yo sé que por algún motivo están fuera de mi corazón. Esas que a lo mejor me hicieron daño. Voy a identificarlas y en mis momentos de oración voy a pedir por ellas, y también por mis actitudes para poder cambiarlas. Luego de la oración voy a realizar un gesto concreto de amor y de ayuda con estas personas. Te propongo escribirlo y dejarlo visible hasta que lo cumplas.

Con tu grupo, con tu grupo de amigos, leyendo este texto vas a identificar a otros grupos que tal vez no coincidan con las formas de pensar de la Iglesia. Van a ir a tener gestos de amistad. Y como propuesta grupal organiza una visita a lugares marginales de pobreza para hacer una obra humilde que los ayude a todos a pensar que para cumplir en el seguimiento del Señor y ser su discípulo, debemos imitarlo. No dejes pasar esta semana para hacerlo.



El maná de cada día, 17.2.17

febrero 17, 2017

Viernes de la 6ª semana Del Tiempo Ordinario


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Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad



PRIMERA LECTURA: Gén 11,1-9

Toda la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras.

Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego». Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa.

Después dijeron: «Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra».

El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres. Y el Señor dijo: «Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues, y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo».

El Señor los dispersó de allí por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó el Señor por la superficie de la tierra.


SALMO 32, 10-11. 12-13. 14-15

Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad.

El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos; pero el plan del Señor subsiste por siempre; los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres.

Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones.


ALELUYA: Jn 15, 15b

A vosotros os llamo amigos -dice el Señor-, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.


EVANGELIO: Mc 8, 34-9, 1

En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí y por evangelio, se salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla?

Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles».

Y añadió:

«En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».


El maná de cada día, 7.2.17

febrero 7, 2017

Martes de la 5ª semana de Tiempo Ordinario

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El Sol entre las nubes

Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!



PRIMERA LECTURA: Génesis 1, 20-2, 4a

Y dijo Dios: «Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo. »

Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: «Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra. »

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.

Y dijo Dios: «Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.» Y así fue.

E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno.

Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: «Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra. »

Y dijo Dios: «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.»

Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.

Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.

Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de todo el trabajo que Dios había hecho cuando creó.

Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.


SALMO 8, 4-5. 6-7. 8-9

Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies.

Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar.


Aclamación: Salmo 118, 36a. 29b

Inclina mi corazón a tus preceptos, Señor, y dame la gracia de tu voluntad.


EVANGELIO: Marcos 7, 1-13

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.

(Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte”; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: “Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.»