Maná y Vivencias Cuaresmales (37), 22.3.18

marzo 22, 2018

Jueves de la 5ª semana de Cuaresma

.

Postrarse como Abrahán, he ahí la actitud justa ante Dios

Postrarse como Abrahán, he ahí la actitud justa ante Dios



Antífona de entrada: Hebreos 9, 15

Cristo es el mediador de la nueva alianza, porque mediante su muerte, aquellos que han sido llamados, reciben la herencia eterna que les había sido prometida.


Oración colecta

Escucha nuestras súplicas, Señor, y mira con amor a los que han puesto su esperanza en tu misericordia; límpialos de todos sus pecados, para que perseveren en una vida santa y lleguen de este modo a heredar tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Génesis 17, 3-9

En aquellos días, Abrán cayó de bruces, y Dios le dijo: «Mira, éste es mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de pueblos.

Ya no te llamarás Abrán, sino que te llamarás Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos.

Te haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.

Mantendré mi pacto contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como pacto perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros.

Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios.»

Dios añadió a Abrahán: «Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones.»

SALMO 104, 4-5. 6-7. 8-9

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a lsaac.

Aclamación antes del Evangelio: Salmo 94, 8

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcáis vuestro corazón”.

EVANGELIO: Juan 8, 51-59

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.»

Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?»

Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.»

Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?»

Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»

Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Antífona de comunión: Romanos 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros y con él nos ha dado todos los bienes.

.

VIVENCIAS CUARESMALES


En la Misa se actualiza la alianza perfectamente cumplida



37. JUEVES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA


.

TEMA: Alianza con Abrahán y cumplimiento en Cristo.

Dos experiencias: La adoración de un Dios que toma la iniciativa y que promete y se compromete él solito, de manera unilateral; eso es lo decisivo. Y en segundo lugar, la respuesta dada por el mismo Dios en Jesucristo: Cristo realiza esa respuesta plenamente, como hombre y como Dios.

Como hombre, en nombre de todos los seres humanos; y la renueva sacramentalmente en la Eucaristía, para nosotros, para que crezcamos a su estatura: cada año, durante el devenir del año litúrgico; cada semana, en la misa dominical; cada día, en la misa diaria y sobre todo en la liturgia de las horas. En la Misa se realiza mistéricamente la salvación por la fe, después se realizará en la vida, como una prolongación.

Abrahán cae de bruces ante Dios, se prosterna ante él. He ahí la verdadera actitud del hombre ante su Dios, la de siempre, la justa. Por más confianza que nos inspire, por más íntimos que nos considere o nos consideremos, siempre Dios es un Misterio, el Otro, es el único Santo, el Infinito.

Todo respeto y adoración son poco, siempre. Él es digno de toda alabanza, de toda bendición. El hombre es indigno de hacer de Dios mención. “Nunca es digno el hombre de hacer de ti mención”, confesará san Francisco.

Cuando el hombre adora así a su Dios, se hace digno de escuchar su Palabra. Sólo entonces Dios habla para salvación y no para condenación, y esa Palabra es decisiva, normativa, absoluta, porque expresa una voluntad infinita y estable o una decisión del mismo Dios que se define como fiel a su Palabra y que por tanto realiza lo que la palabra significa. Es el Dios que da vida.

Esta lectura de Génesis 17, 3-9 expresa el designio salvífico de Dios:

“Abrán cayó de bruces y Dios le dijo: Mira, éste es mi pacto contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre. Cumpliré mi pacto contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como pacto perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Dios añadió a Abrahán: Guardad mi alianza, tú y tus descendientes, por siempre”.

Se trata del único designio divino que tendrá muchas manifestaciones, pero el mismo en esencia, porque es el amor de Dios al hombre, a la humanidad de generación en generación. Es bueno adorar y bendecir a Dios por este designio salvífico manifestado a Abrahán aquí, y que culminará Cristo mismo. Él en persona encarna ese designio.

Alegrémonos por esa unidad, armonía y coherencia de Dios en todas sus palabras y acciones, en sus obras. Porque es eterna su fidelidad, su misericordia.

Por tanto, Dios no sólo habla de manera pasajera sino que establece una alianza con el hombre para siempre, inamovible. Ese compromiso de Dios afecta al hombre en todo su ser. Por eso Dios mismo cambia el nombre a Abrán. “Te llamarás Abrahán -que significa ‘muchedumbre’- porque te haré padre de un gran pueblo”.

Entre los hebreos el nombre de una persona expresa el ser y la misión de la misma, según la mente de Dios. No es algo anecdótico o postizo, como entre nosotros. Y menos puede haber contradicción entre lo que uno es y lo que hace. El nombre que Dios pone a cada persona se identifica con su misión, con su vocación porque el hombre es un ser esencialmente vocacionado. La respuesta a esa llamada es la personal historia de salvación.

Esta correspondencia entre el nombre y la misión constituye la coherencia radical del creyente. Se trata del orden establecido por Dios, cuyo resultado es la plenitud personal y la paz, en todas sus modalidades.

Según la Biblia, el hombre es, antes que “naturaleza” fija y terminada, vocación, esencialmente. Es decir, Dios “llama” al hombre a una vida de relación con él, y llamándolo, lo crea; y llamándolo a cada momento y en cada circunstancia lo recrea y lo hace vivir permanentemente en su presencia, en una historia de salvación tejida de palabras y de obras.

Dios capacita al hombre para esa relación o religación, y, consiguientemente, le da una naturaleza de ser inteligente, libre y racional: capaz de “responder o corresponder” a Dios, que es comunión. Por tanto el hombre es vocación, su esencia consiste en ser amado por Dios hasta convertirlo en su interlocutor y confidente.

Y esa vocación justifica su racionalidad e intencionalidad. La vocación determina su esencia y condición racional y su libertad. Ahí radica la mayor riqueza del hombre, toda su dignidad.

Esa vocación es fundamentalmente llamada a la santidad. Sed santos como santo es vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, si el hombre no alcanza esa relación con Dios, se convierte en un ser profundamente irrealizado, fracasado. Un ser descentrado, no logrado. Este fracaso es ontológico antes que nada y por encima de todo, no sólo moral y psicológico. Estos dos últimos aspectos son secundarios y consecuencia del primero.

De ahí que, cuando el hombre se aparta de este propósito de Dios, entra con facilidad en el camino de la incoherencia, de la tensión entre lo que las circunstancias de la vida le exigen y el capricho personal de vivir a su antojo.

Así descubrimos frecuentemente en muchos hombres de hoy que consideran el trabajo como una esclavitud, las tareas propias del hogar como una carga pesada. Muchos esperan ansiosamente que llegue la hora de salir del trabajo, para hacer su voluntad, para ser libre, para hacer lo que realmente les interesa y donde creen que se realizan.

En fin, concluimos que, sin Dios, sin el sometimiento a sus planes, todo se desordena y el hombre pierde el norte de su vida y se enreda en la maraña de sus pasiones, es presa fácil del propio egoísmo y de la avidez de los ojos y de la soberbia de la vida, de la seducción del poder y de la pasión insaciable del placer.

Por tu parte, hermano, trata de vivir hoy esa alianza con Dios participando en la Santa Misa, precisamente hoy día, jueves eucarístico. El próximo jueves será Jueves Santo. El Padre tomó la iniciativa y se comprometió enviando a su Hijo al mundo para cumplir su parte hasta el fin, y a la vez haciendo que un hombre como nosotros, Jesús de Nazaret, fuera obediente hasta la muerte y muerte de cruz. En Cristo, pues, toda la humanidad ya ha respondido de manera perfecta a la alianza con Dios.

En la Misa se actualiza esa alianza perfectamente cumplida por ambos lados en Cristo mismo, en su persona. Tú, hermano, procura aportar tu participación en el pan y en el vino y trata de experimentar cómo hay algo tuyo en el Pan y en el Vino, antes y después de la Consagración, antes y después de la Comunión.

Entra en el misterio de la Eucaristía: atiende a cada palabra y a cada signo que realiza el sacerdote sobre todo a partir de la presentación de los dones y de manera especial a partir del prefacio: “En verdad es justo y necesario”. Que cada Eucaristía te cambie, te ayude a sentir, expresar y realizar mejor tu identidad cristiana: en el templo y en el mundo.

Agradece a Cristo su confesión acerca de su relación con el Padre: Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, a quien conozco y cuya palabra guardo.

San Agustín explica el amén de la Comunión: “Si sois de Cristo y sus miembros, es el sacramento de lo que sois lo que recibís. Es a lo que sois a lo que respondéis amén. Esa respuesta es vuestra firma. Oyes efectivamente: Cuerpo de Cristo. Y tú debes responder: amén”.

Sé miembro del Cuerpo de Cristo para que tu amén sea verdadero.

Anuncios

Raniero Cantalamessa: “Francisco es un hombre libre y, por eso, es terrible”

marzo 21, 2018

.

El Señor Cardenal Carlos Osoro y el P. Raniero Cantalamessa

.

Raniero Cantalamessa: “Francisco es un hombre libre y, por eso, es terrible”

“Cuando no hablamos con amor, las palabras se transforman en piedras que hieren”

El predicador del Papa llama a “devolver a la predicación su puesto noble en la Iglesia”

Por José M. Vidal

.

Es el Gran Predicador, el predicador por antonomasia de la Iglesia católica y, por lo tanto, del Papa Francisco y de sus dos predecesores. El padre Raniero Cantalamessa lleva en el puesto de predicador de la Casa Pontificia nada menos que 39 años. Algo tendrá el agua, cuando es bendecida por los últimos tres Papas. Y, de hecho, ayer lo demostró en el salón de actos del seminario de Madrid.

Máxima expectación por escuchar al predicador por antonomasia. El enorme salón de actos del seminario de Madrid, a rebosar. Estaba llena incluso la tribuna. El fraile capuchino, muy querido y muy conocido, intervino en la jornada académica ‘El Espíritu Santo, alma de la Misión’, organizada por la Cátedra de Misionología de la Facultad de Teología San Dámaso (UESD) y por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas.

Invitado especial, para conmemorar el X aniversario de la Cátedra de Misionología, en una celebración, presidida por el cardenal Osoro y en la que, junto al padre Cantalamessa, intervinieron, desde la mesa presidencial, el rector de la UESD, Javier Prades, y el director de las OMP y de la citada cátedra, Anastasio Gil.

Tras el saludo de bienvenida del rector Prades, intervino el director de las OMP, para presentar al conferenciante. “La presencia del padre Raniero no sólo es un privilegio, sino un regalo de Dios”. Porque es un hombre “ungido”. De hecho, “nació en 1934, pero, como ven ustedes, no aparenta su edad”, bromeó Anastasio Gil.

Recordó que, además de predicador de la Casa Pontificia, es un gran teólogo y un excelente comunicador, que mantuvo un programa de televisión sobre el Evangelio del domingo durante más de dos décadas. ¿Su secreto? “Que atiende a una pequeña comunidad de monjas de clausura”. Quizás, por eso y “aunque sea una herejía, creo que el Espíritu Santo habla a través de su voz”.

Con su larga barba cana y su voz redonda y susurrante, Cantalamessa atrae. Además, acostumbrado como está a hablar en público, sabe qué entonación dar a sus palabras en cada momento, amén de gesticular (sobre todo, con la mano derecha) continua y adecuadamente, como buen italiano. Más de tres cuartos de hora de conferencia, que la gente escuchó con silencio religioso y con sensación de saber a poco.

El predicador comenzó su disertación, metiéndose al público en el bolsillo con una broma un tanto pía: “¿Quieren saber por qué llevo 39 años de predicador del Papa? Porque los tres Papas son santos y sabios y pensaron que éste es el lugar en el que menos daño puedo hacer a la Iglesia”.

Metido en harina, Cantalamessa comenzó su disertación, subrayando la importancia del medio, para transmitir la Buena Noticia de Jesús. Porque, como decía McLuhan, “el medio es el mensaje” y “el medio primordial en la transmisión de la Palabra de Dios es la voz, la encargada de transmitir el soplo del Espíritu”.

¿Cómo hacer presente al Espíritu Santo en la evangelización?, se preguntó el conferenciante. Y respondió con dos salidas: la oración y la rectitud de intención. Para que baje el soplo del Espíritu, “la oración es primordial e infalible”. Tanto la personal como la comunitaria, que también se necesita. Porque “el Espíritu Santo prefiere una comunidad que ora con sus diferentes carismas”.

Esta actitud orante puede toparse con dos peligros: “La inercia, pereza o falta de celo apostólico y el activismo febril y vacío”. Para evitar este último peligro, Cantalamessa asegura que hay que tener siempre muy presente que “después de haber rezado, se hacen las mismas cosas en menos de la mitad del tiempo”.

Y comparó el activismo con los bomberos que acuden raudos a apagar un incendio y, cuando llegan, se dan cuenta de que sus tanques de agua están vacíos.

Desde este clima de oración, “la evangelización necesita auténtico espíritu profético, que es el único que puede sacudir al mundo de hoy”. Porque “el alma de la Evangelización es la profecía y, de la oración, se saca el espíritu profético”, al “ponerse de rodillas y preguntar a Dios qué es lo que quiere decir”. Y Dios siempre responde, aunque sólo sea con “una pequeña luz” que ilumina al predicador.

Además de la oración, la evangelización exige rectitud de intención, porque “una acción vale para Dios lo que vale la intención del que la hace”. Y es que “el porqué se predica es casi tan importante como el qué se predica”. Y, a veces, “hay evangelizadores que evangelizan por vanidad o por pura vanagloria”. Y el propio Cantalamessa reconoció que, también él, se ve sometido, a veces, a esa tentación.

Esta pureza de intenciones se plasma en dos direcciones: En la humildad y en el amor. Para escenificar la humildad contrapuso a los constructores de la Torre de Babel (un gran templo), que buscaban su propia gloria, con el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés, con unos discípulos que sólo buscaban proclamar las maravillas del Señor.

A su juicio, la humildad conduce a la libertad y a la capacidad profética. Y puso como ejemplo de ello a Francisco. “Francisco es un hombre libre y, por eso, es terrible. Es un hombre que tiene la libertad del Espíritu”.

A la humildad hay que sumarle el amor en la predicación, que, a veces, puede estar contaminada por la falta de amor, porque “se puede anunciar la Buena Nueva por proselitismo o por acelerar la Historia”. A su juicio, “el alma del Evangelio es el amor y el Evangelio del amor sólo se puede anunciar por amor y, cuando no hablamos con amor, las palabras se transforman en piedras que hieren”.

Además, se nota inmediatamente al predicador que ama, porque “sólo se habla con entusiasmo de lo que se está enamorado” y, de ahí que, según Cantalamessa, “para ser evangelizadores hay que ser profetas y poetas”. Y citó a Kierkegaard y su parábola del Gran Héroe. “Para hablar del Héroe Jesús se necesitan predicadores enamorados, poetas y genios de la admiración, que hablen con el corazón”, explicó.

Tras la teoría, Cantalamessa hizo un ejercicio (del que suelen escapar los grandes teóricos) de concreción de su mensaje. En varias direcciones y con autocrítica. Primero, reconoció que los católicos estamos acostumbrados a los grupos-estufas y a pescar en pecera. “Los católicos estamos más preparados para apacentar a las ovejas del redil que para salir a pescar a los alejados”, dijo.

También reconoció que, a diferencia de las Iglesia protestantes, donde “la predicación lo es todo”, en la católica “no se reserva a los mejores para la predicación”. Y ésa es, a su juicio, una debilidad actual de la Iglesia. “Tenemos que devolver su puesto noble en la Iglesia al oficio de la predicación”. Como pedían ya grandes teólogos como De Lubac o Von Balthasar o los Santos Padres, como Agustín o Basilio.

Por eso, Cantalamessa pidió que los teólogos y los clérigos mejor formados no se encierren en sus gabinetes, sino que salgan a los púlpitos modernos a predicar. “Necesitamos una teología menos elitista, menos escolástica, menos académica y más espiritual”.

Y para concluir más en lo concreto su intervención, el Padre Raniero pidió la unción del Espíritu para todos los presentes. Porque aseguró que, si se pide con fe, el Espíritu responde. Y contó un caso personal suyo.

Una vez que, cansado y agotado, tenía que dar una conferencia internacional en Jerusalén y en inglés. Llegó al salón de actos tan deshecho que pensó que no sería capaz de pronunciar una sola palabra en inglés. Allí mismo, ante el auditorio expectante, oró un momento al Padre celestial, le pidió su unción y, al instante, desapareció el cansancio y volvió a recordar todo lo que sabe de inglés.

“Pido esta tarde que el Señor encuentre la manera de que regresemos a nuestras casas con la unción del Espíritu. Amén”. A mi lado unas monjas ‘Hijas del amor misericordioso’ parecían arrobadas. Y la ovación para Cantalamessa fluyó atronadora.

En la sesión de preguntas, le plantearon la cuestión del Maligno y de su presencia en la sociedad actual. Y Cantalamessa no se arrugó ni ante este tema políticamente incorrecto. “El Maligno actúa habitualmente a través de la posesión, pero también a través de sus aliados. Su principal aliado es ‘el espíritu del aire’, es decir, el espíritu del mundo, lo políticamente correcto, lo que todo el mundo hace y dice”.

Este ‘espíritu del aire’ “pasa a través de los medios de comunicación” y, por eso, “la gente se avergüenza de actuar en contra de lo que hacen todos. Por ejemplo, la vergüenza para no ir a la iglesia o “la actitud ante la sexualidad, que transforma el amor en simple posesión”.

http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2018/03/21/raniero-cantalamessa-francisco-es-un-hombre-libre-iglesia-religion-dios-jesus-papa-madrid-misiones-santo.shtml?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter


Maná y Vivencias Cuaresmales (23), 8.3.18

marzo 8, 2018

Jueves de la 3ª semana de Cuaresma

.

250px-Almog_IL13_DSCN0720-med

Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón»


Antífona de entrada

Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.

Oración colecta

Te pedimos humildemente, Señor, que a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 7, 23-28

Así dice el Señor: «Ésta fue la orden que di a vuestros padres: “Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien.”

Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente.

Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán.

Les dirás. “Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca.”»


SALMO 94, 1-2.6-7.8-9

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»


Aclamación antes del Evangelio: Joel 2, 12-13

Todavía es tiempo, dice el Señor. Arrepentíos de todo corazón y volveos a mí, que soy compasivo y misericordioso.


EVANGELIO: Lucas 11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»


Antífona de comunión: Salmo 118, 4-5

Tú promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.

.

VIVENCIAS CUARESMALES
.

A medida que avanza la Cuaresma vaya creciendo en intensidad mi entrega al Señor


23. JUEVES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


Entrada: Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.


TEMA: El primer y único mandamiento, “Escucha, Israel”. Si no escucha, el hombre se deja llevar por sus propias ideas y antojos; en última instancia y según la Biblia, por la maldad del corazón.

Entonces, el hombre se adora a sí mismo, ignora a Dios y es capaz de llamar mentiroso a Dios, pecando contra el Espíritu.

El pecado contra el Espíritu: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios”.

Tanto en la primera lectura como en el Evangelio, topamos con la incredulidad del hombre para fiarse de Dios, para obedecer la palabra de Dios. Terrible tragedia para el hombre, amarga desilusión para Dios. Es el pecado primero y el más grave, que corresponde al primer mandato de Dios: “Escucha, Israel”.

La actitud de escucha es la que mejor cuadra al hombre, pues ella expresa la condición fundamental del ser humana: su condición de creatura. Es decir, escuchar es reconocer que el hombre está religado esencialmente a Dios, a pesar de su libertad. El ejercicio supremo de su libertad será precisamente “elegir libremente” a Dios como su centro y meta. Y en eso consiste su merecimiento y su plenitud.

Lo más urgente es afinar y reafirmar esa docilidad a Dios; esa sumisión incondicional a la voluntad de Dios, mande lo que mande, sea cual sea esa voluntad. Esta obediencia será determinante. Lo de menos será lo que venga después, en qué mandatos o normas se concreta esa voluntad de Dios.

La primera obediencia de la criatura consiste en venir a la existencia, como respuesta a la Palabra que la llama al ser. Esa obediencia alcanza plena expresión cuando la criatura es libre de reconocerse y aceptarse como don del Creador, de decir “sí” a su propia procedencia de Dios. Ésta realiza así su primer acto de libertad, un acto de libertad verdadero, que es también el primero y fundamental acto de auténtica obediencia.

La obediencia propia de la persona creyente consiste en la adhesión a la Palabra con la cual Dios se revela y se comunica, y a través de la cual renueva cada día su alianza de amor. Por tanto, esa obediencia significa la aceptación de la propia historia y de las circunstancias y avatares de la vida (El servicio de la autoridad y la obediencia; Instrucción de la CIVCSVA, n. 7; 2008).

La esencia del hombre es atender a Dios, escucharle y poner por obra sus mandatos. El hombre vale en la medida en que es oyente. Si no escucha, no sólo está vacío, sino que es malvado, por no dar culto a Dios: El hombre ha sido creado para conocer y alabar a Dios.

No hay, por tanto, neutralidad en la religión: El que no avanza, retrocede; el que no recoge con Dios, desparrama; el que no se forma y crece, se deforma y disminuye, se devalúa. Si no escucha, no puede hablar, es mucho. Y si dijera algo, sería maldad, desvarío, vaciedad…

Y el hombre tiende a justificar esa postura al margen de Dios y contra Dios. Se empecina, se pone terco, ciego en su recelo contra Dios, más visceral que lógico o intelectual. A pesar de los errores ajenos y propios, no queremos aprender ni en cabeza ajena, no damos el brazo a torcer, tratamos de justificarnos, y nos resistimos de todas las formas a reconocer y seguir el camino recto.

Ante este peligro, tan real y que nos amenaza a cada instante, rezamos hoy la oración colecta de todo corazón: Te pedimos humildemente, Señor, que, a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el misterio Pascual. Por nuestro Señor Jesucristo…

Escuchemos el relato evangélico de hoy: Lucas 11, 14-23.- La multitud se quedó admirada por la curación que hizo Jesús, pero algunos de ellos dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Jesús les decía: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros… El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”.

El Evangelio expresa hasta dónde puede llegar el atrevimiento del hombre que se cierra en sí mismo, que no escucha, o mejor que escucha sus propios impulsos: algunos testigos del milagro del endemoniado se niegan a ver la luz y la interpretan como oscuridad.

La resistencia del hombre a las inspiraciones del Espíritu puede crecer y desarrollarse hasta su última expresión: atribuirle al demonio las obras que son, a todas luces, obras de Dios: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú”.

Atrevimiento terrible, fatal; que, si es consciente y voluntario, encierra al hombre en el mal de tal manera que lo hace incapaz de convertirse, de cambiar. Por eso se dice que ese pecado no tiene perdón.

Pero Jesús no se da por vencido y arremete contra los incrédulos. “Los amigos de ustedes ¿con ayuda de quién los expulsan?”. El hombre no puede quedar sin salvación: si rechaza la divina, busca otra, la de los “amigos a la medida”. Pero esa salvación que preferimos a la de Dios, ¿tiene consistencia, es verdadera, quién la ofrece y asegura?

En ambas lecturas, Dios echa en cara la incredulidad de los pecadores, la resistencia a escuchar al Señor. Tomemos conciencia del “primer” mandamiento de Dios: escucharle; “Escucha, Israel”. Si lo quebrantamos, todo se desordena en nuestra vida; todo queda viciado.

Nos lo recuerda Jeremías 7, 23-28: “Esto dice el Señor: Ésta fue la orden que di a mi pueblo: escuchad mi voz… Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente… Les envié a mis siervos los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres”.

Palabras graves por su misma expresividad y por la autoridad y dignidad de quien las pronuncia: el mismo Dios, su Espíritu que habla por los profetas.

Sin embargo, hay que advertir que con estas quejas, lamentos y reproches, Dios no pretende aplastarnos y dejarnos para siempre hundidos en nuestra propia debilidad y aun maldad, sino que su Espíritu pretende suscitar nuestra toma de conciencia y la posterior vuelta al buen camino y conversión.

Así, por obra del Espíritu el hijo pródigo recapacitó sobre su situación y reaccionó: volveré adonde mi padre y le confesaré mi pecado.


Oremos a Dios con estas o parecidas palabras:

Señor, ten misericordia de mí y dame la suficiente sinceridad para reconocer que me estoy auto-engañando y la necesaria valentía para renunciar a los falsos dioses a quienes me someto.

¿Hasta cuándo buscaré lejos de Ti? ¿Cuándo me convenceré de que son pozos secos sin agua viva, que son fantasmas, que son dioses muertos que no pueden salvar? Señor, ten compasión de mí; que vea; conviérteme a ti para que vaya a ti.- Amén.


Cristo es el único que nos da la victoria sobre el mal. A su lado hay que luchar. A él debemos someter todo nuestro ser; sólo así haremos la obra de Dios, edificaremos con él, cosecharemos con él. Cristo es tajante: “Quien no está conmigo, está contra mí”.

No hay término medio: hay que estar con el único Señor, explícita o implícitamente. Algunos realizan las obras buenas de Dios sin conocer del todo a Jesús, ni contarse entre sus inmediatos seguidores. No hagamos partidismos como los apóstoles: “Ésos no son de los nuestros; por tanto, prohíbeles hacer milagros en tu nombre”.

Jesús, en ese caso, defiende a los que son suyos implícitamente: “No se lo prohíban, les dice; uno que actúa en mi nombre no puede hablar mal de mí”. Una cosa es el señorío de Jesús y otra muy distinta es el partidismo fanático y exclusivista.

Jesús aquí plantea la radicalidad que debe practicar todo discípulo suyo: “No se puede servir a dos señores”. Jesús exige coherencia y radicalidad; no se pueden juntar las tinieblas con la luz. En ese campo no hay pequeñas cosas o insignificancias. Nada de ambigüedades: “Quien no recoge conmigo, desparrama”. No se trata sólo de no hacer cosas malas; se trata de hacer muchas cosas positivamente buenas.

El Salmista nos invita a aprender en cabeza ajena: No endurezcáis el corazón como en Meribá, no sea que os pase algo peor. Si después de conocer tanto, nos echamos atrás o no somos del todo íntegros, grande será nuestro pecado. Pues al que mucho se le dio, mucho se le pedirá. Desparramamos, no servimos para el Reino que padece violencia, que exige que nos definamos. El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no vale para el Reino.

Por tanto, debemos pedir a Dios la sencillez confiada del auténtico creyente. Nos lo enseña la oración sobre las ofrendas: “Señor, preserva de toda maldad a tu pueblo…”


HIMNO

Te damos gracias, Señor, porque has depuesto la ira y has detenido ante el pueblo la mano que lo castiga.Tú eres el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene y el techo que nos cobija.

.

Reflexión del Papa Francisco sobre el evangelio de hoy (oct. de 2013)

Jesús expulsa los demonios y alguno empieza a dar explicaciones para disminuir la fuerza del Señor. Existe siempre la tentación de minimizar la figura de Jesús como si fuese, en el mejor de los casos un curandero, al cual no se tomaría muy en serio. Una actitud que ha llegado hasta nuestros días.

Hay algunos sacerdotes que cuando leen este pasaje del Evangelio, este y otros, dicen: «Pero, Jesús ha sanado a una persona con una enfermedad mental». No leen esto aquí, ¿no? Es verdad que en aquel tiempo se podía confundir una epilepsia con la posesión del demonio; ¡pero también es cierto que existía el demonio!

Y nosotros no tenemos derecho a simplificar las cosas, como diciendo: «Todos esos no estaban poseídos; eran enfermos mentales». ¡No! La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia, y la Biblia termina también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio.

No debemos ser ingenuos. El Señor nos da algunos criterios para discernir la presencia del mal y para seguir el camino cristiano cuando hay tentaciones.

Uno de los criterios es no seguir la victoria de Jesús sobre el mal, sólo a medias. O estás conmigo o estás contra mí. Jesús, ha venido para destruir al demonio, a liberarnos de la esclavitud del demonio sobre nosotros. Y no se puede decir que así exageramos. En este tema no hay matices. Es una lucha donde se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna de todos nosotros.

Luego está el criterio de la vigilancia. Siempre debemos vigilar contra el engaño, contra la seducción del maligno. Podemos hacernos la pregunta: «¿vigilo sobre mí, sobre mi corazón, sobre mis sentimientos, sobre mis pensamientos? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí? ¿O dejo las cosas así, seguro, creyendo que todo está bien?» Si tú no te custodias, viene aquel que es más fuerte que tú. Pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte el botín. ¡La vigilancia!

Pero, tres criterios, ¡eh! No hay que confundir la verdad:

  • Primer criterio: Jesús lucha contra el demonio (el demonio existe y nos tienta siempre).
  • Segundo criterio: quien no está con Jesús, está en contra de Jesús. No hay posiciones a medias.
  • Tercer criterio: la vigilancia sobre nuestro corazón, porque el demonio es astuto. ¡Jamás ha sido expulsado para siempre! Sólo el último día lo será.

(Homilía en Santa Marta, 10 de octubre de 2013)

.

Papa Francisco explica cuál es el camino hacia la verdadera fidelidad a Dios

VATICANO, 03 Mar. 16 / 06:33 am (ACI).- La fidelidad y la misericordia de Dios fueron los dos temas que el Papa Francisco abordó en su homilía de hoy en la Casa Santa Marta. El Santo Padre comentó que en las lecturas del día se puede ver la fidelidad de Dios y la “fidelidad fallida” de su pueblo.

El Santo Padre pidió la “gracia de la fidelidad”. “El primer paso que se debe dar sobre este camino de la fidelidad es sentirse pecador. Si tú no te sientes pecador, has comenzado mal. Pidamos la gracia para que nuestro corazón no se endurezca, que esté abierto a la misericordia y a la gracia de la fidelidad”, añadió.

A su vez, recordó que Jesús habla claro: “Quien no está conmigo está contra mí”. “O eres fiel, con tu corazón abierto, al Dios que es fiel contigo, o estás contra Él”, dijo Francisco.

A pesar de ello, ¿existe un camino de en medio, un ‘negociado’”?, preguntó el Papa. “Sí, hay una salida: ¡confiésate pecador! Y si tú dices ‘yo soy un pecador’ el corazón se abre y entra la misericordia de Dios y comienzas a ser fiel”.

Dios siempre es fiel, porque no puede renegar de sí mismos”, señaló. Sobre la primera lectura de Jeremías comentó que el profeta relata las “muchas cosas que ha hecho Dios para atraer los corazones del pueblo”.

Como ya hiciera en otra homilía esta misma semana, el Pontífice recordó que “esta infidelidad del pueblo de Dios, también la nuestra, es nuestra propia infidelidad y endurece el corazón”.

“No deja entrar la voz del Señor que, como padre amoroso, nos pide siempre abrirnos a su misericordia y a su amor”.

“El Señor siempre nos habla así: también con ternura de padre que nos dice: ‘Vuelvan a mí con todo el corazón porque soy misericordioso y tengo piedad’”.

Pero “cuando el corazón es duro esto no se entiende. La misericordia de Dios solo se entiende si uno es capaz de abrir su corazón, para que pueda entrar”.

“El corazón se endurece y vemos la misma historia” en el Evangelio de San Lucas de este día. “Jesús es enfrentado contra aquellos que habían estudiado las Escrituras, los doctores de la ley que sabían la teología, pero eran cerrados”, explicó el Papa.

No obstante, la gente estaba “sorprendida”, “tenía fe en Jesús”. “Tenía el corazón abierto: imperfecto, pecador, pero el corazón abierto”, añadió.

Francisco también señaló que estos teólogos “siempre buscaban una explicación para entender el mensaje de Jesús” y “le pedían un signo del cielo”.

“Esta es la historia de la fidelidad fallida, la historia de los corazones cerrados, corazones que no dejan entrar la misericordia de Dios, que han olvidado la palabra ‘perdón’ simplemente porque no se sienten pecadores: se sienten jueces de los otros”, indicó.


Maná y Vivencias Cuaresmales (22), 7.3.18

marzo 7, 2018

Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma

.

0 (2)

No he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud



Antífona de entrada: Salmo 118, 133

Haz, Señor, que siga con firmeza tu palabra, para que no se apodere de mí ningún pecado.


Oración colecta

Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 4, 1.5-9

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

Mirad, yo os enseño los mandatos y decretos que me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.

Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.”

Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?

Pero, cuidado, guárdate muy bien de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.»


SALMO 147, 12-13.15-16.19-20

Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.


Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63.68

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.


EVANGELIO: Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»


Antífona de comunión: Salmo 15, 11

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.


.

VIVENCIAS CUARESMALES

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá



22. MIÉRCOLES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


TEMA.- La vida cristiana se alimenta de la renovada escucha de la Palabra y su fiel cumplimiento, por amor.

ORACIÓN COLECTA.- Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu Palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias, y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor Jesucristo…

Deuteronomio 4, 1.5-9: “Y ahora, Israel, escucha las normas y las leyes que yo te enseño, para que las pongas en práctica… Si las guardáis y las practicáis seréis sabios e inteligentes ante los demás pueblos”

Los mandamientos, dados por Dios a su pueblo, son expresión de la sabiduría y del amor de Dios; por eso, el cumplimiento de los mismos transmitirá vida al pueblo, y Dios cumplirá sus promesas, dándoles posesión de la tierra que mana leche y miel. El cumplimiento de la ley proporcionará al pueblo una superioridad sobre los demás pueblos. Ningún pueblo tuvo leyes tan justas y sabias.

Israel no debe olvidar estas normas, y debe transmitirlas a las futuras generaciones, de padres a hijos. Puedes repasar el salmo 119, el salmo de la Ley por excelencia.

Lectura evangélica tomada de Mateo 5, 17-19.- Jesús viene a llevar todo a la plenitud; todo lo bueno del Antiguo Testamento tiene vigencia, pues la ley externa será ahora interiorizada por el Espíritu Santo de tal forma que el cumplimiento de la ley resulte no sólo fácil sino hasta placentero.

Será como algo connatural a la nueva criatura, al hombre espiritual, nacido de arriba, creado a la medida de Cristo. Se trata de una “plenitud de amor”; no de un perfeccionismo legalista. Más todavía: será Cristo mismo quien obra en nosotros por medio de su Santo Espíritu. Más que hacer, hay que dejarse hacer, dejarse moldear: todo de Dios y todo mío. El Espíritu inspira y realiza la conformación con Cristo

Antífona de entrada: Salmo 18, 133: “Asegura mis pasos con tu promesa, Señor; que ninguna maldad me domine”.

Como remedio a la incredulidad que siempre nos amenaza, y como una forma de crecer en la sensibilidad para captar la Palabra y seguir la voluntad de Dios, puedes servirte de la siguiente oración sálmica.

Salmo 26.- El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca; y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor.

Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: “Busca mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio. No me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos. No me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, te ánimo, espera en el Señor.


PREFACIO V DE CUARESMA: El camino del éxodo en el desierto cuaresmal

En verdad es justo bendecir tu nombre, Padre rico en misericordia, ahora que, en nuestro itinerario hacia la luz pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo de la humanidad reconciliada en el amor.

Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra, y experimentar con gozo tus maravillas.

Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros de tu gloria, proclamamos el canto de tu alabanza: Santo, Santo, Santo…



Antonio Spadaro: “Las reacciones de los resistentes no son contra Francisco, sino contra el espíritu del Concilio”

marzo 3, 2018

.

Presentación del libro “En tus ojos está mi Palabra”

.

Antonio Spadaro: “Las reacciones de los resistentes no son contra Francisco, sino contra el espíritu del Concilio”

Presentación del libro del Papa ‘En tus ojos está mi palabra’ (Claretianas)

Cardenal Osoro: “La tentación de la Iglesia española en estos momentos es ser reactiva” 

Por José M. Vidal

.

El Papa Francisco lleva cinco años empeñado en la reforma titánica de la Iglesia. ¿De qué reforma se trata? ¿Está siendo un éxito o, más bien, un fracaso, como dicen algunos? ¿Quiénes son los enemigos del Papa? ¿Por qué se oponen a sus reformas? ¿Qué argumentos utilizan?

A éstas y otras preguntas de calado respondieron a dúo un cardenal y un periodista, en la presentación del libro del Papa, titulado ‘En tus ojos está mi Palabra’ (Publicaciones Claretianas).

Mano a mano, primero el cardenal Osoro y, después, Antonio Spadaro, el director de La Civiltá Cattolica, la revista de cabecera de la Compañía de Jesús, centraron la figura del Papa, yendo a sus raíces.

Porque el libro, un grueso tomo de 1.176 páginas, que pesa 1,5 kilos, recoge más de doscientas intervenciones públicas (homilías, discursos y mensajes) del entonces arzobispo de Buenos Aires. Con un prólogo, en forma de entrevista del propio Spadaro.

No es de extrañar que el cardenal Osoro se declarase “cogido por el libro” desde el primer momento, porque “no sólo es un libro de cabecera, sino que, además, convierte”. Un libro que, a juicio del cardenal que mejor representa el espíritu de Francisco en España, “parte de una totalidad: la oración total de su vida; su vida entera puesta en su palabra”.

Por eso, sus homilías tienen “estructura de diálogo y unen los corazones del que habla con los de los que escuchan”. Y es que, según Osoro, “el Papa, en las homilías, predica con todo su ser y une manos, corazón y vida en un marco de una Iglesia madre”.

Porque el arzobispo de Madrid está convencido de que eso (madre) es lo que tiene que ser la Iglesia. Por eso, dice “no a la Iglesia que riñe o a la Iglesia que anda a la caza para coger a alguien en un renuncio”. La Iglesia debe ser, por el contrario una madre que atrae y que, al igual que los discípulos de Emaús, consigue cambiar la dirección de las vidas de las personas.

A la luz de las homilías del Papa, Osoro extrae lo que considera elementos constitutivos de una auténtica acción pastoral y de un buen pastor. El primero es “tener mansedumbre pastoral”. No maltratar al pueblo, sino tratarlo con la “mansedumbre, que implica constancia y fortaleza”.

El segundo elemento del buen pastor es, para Osoro, “el saber estar”. Un elemento que el Papa explica a través de la figura de María, la que está, la que se pasa la vida estando al lado de Jesús en la cruz, en las bodas de Caná, en el Gólgota, en el Cenáculo… “La Virgen está y consuela”.

“¿Los pastores somos consoladores?”, se preguntó el arzobispo de Madrid, del que dicen que llega tarde a las citas, porque le engancha la gente, se detiene con ella y trata de darles consuelo y esperanza ante sus heridas, problemas y desencantos.

El tercer elemento del buen pastor consiste precisamente en “entregar propuestas de justicia y amor en un mundo desencantado, con gestos y palabras que marquen rumbo y dirección”. Y eso implica ser “provocadores del cambio, en vez de ser llorones y negativos, como solemos ser en ocasiones”.

Un cambio que se concreta en “construir parroquias y familias que sean centros de amor solidarios, cálidos y participativos. Eso es lo que el Papa llama construir sobre roca y con una sabiduría que engloba tres características: Conocer más, gustar más y elegir un rumbo“.

De ahí que, según Osoro, “en este momento de la historia, para el Papa, evangelizar es construir la cultura del encuentro y ser proactivos”.

Y el cardenal de Madrid se aplicó el cuento o lo aplicó a la Iglesia española. “La tentación de la Iglesia española en estos momentos es ser reactiva. El Papa, en cambio, nos pide que seamos proactivos y que abracemos de verdad la cultura del encuentro”.

Spadaro, “uno de los más finos analistas del pontificado de Francisco”

El jesuita Antonio Spadaro, director de la Civilta Cattolica, se ha convertido no sólo en el primer periodista y en el que más veces ha entrevistado al Papa, sino también en su observador y “uno de los grandes analistas de su pontificado”, como resaltó, en su presentación, el director de Publicaciones Claretianas, Fernando Prado.

Porque no sólo le observa y le acompaña en todos sus viajes, sino porque, además, “comparte con el Papa la misma raíz ignaciana”. Los dos son jesuitas y tienen “sintonía vital”. Por eso, algunos le llaman “el oráculo” y otros, “el portavoz oficioso de Francisco”.

Desde esa sintonía y desde el privilegio del contacto estrecho y continuado con la fuente papal, el jesuita italiano dictó una conferencia magistral en el fondo y en la forma. Dice mucho y lo dice bien, incorporando, incluso, el formato del diálogo con el público durante su exposición.

Como prologuista, asegura que la importancia del libro reside en que “el período de Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires es el laboratorio de su pontificado” y, de hecho, Spadaro, al leer dos veces seguidas todos los documentos del pastor bonaerense, descubre con facilidad que “los temas que narra como Papa nacen hace muchos años”.

Es decir, se palpa la continuidad en las ideas y propuestas de Francisco, pero también su maduración. Una maduración que, a juicio de Spadaro, se debe a que “el Papa está en continuo contacto con la gente”. Por eso, el libro “es como una película cuyas fotografías estaban hechas desde hace mucho tiempo”.

-¿Querrá el Papa publicar este libro o no?, se preguntaba Spadaro, antes de acometerlo, y, como tiene acceso a la fuente, se lo preguntó directamente.

-Santidad, hace falta publicar el flujo de su inspiración pastoral. Tenemos que hacerlo.
-Veremos, contestó entonces.

Al poco tiempo le llamó y le dijo:

-Pensé lo que me dijiste. Lo puedes hacer libro.

-Entonces, tenemos que conseguir que la gente entienda el contexto.

Y de ahí nació la conversación de Spadaro con el Papa sobre su vivencia del ministerio pastoral de Bergoglio como párroco y como obispo.

Porque, nuestro pasado contiene el paso de Dios en nuestras vidas y, a través de él, podemos ver cómo Dios nos ha guiado” y “cómo se fue formando el pensamiento del Papa a la luz de los grandes desafíos de la fe y de la sociedad”.

De ahí que el libro “ayude a interpretar al Francisco pontífice y las claves para entender los grandes temas que propone”.

5 años de pontificado

En contra de los que sostienen que todos los Papas son iguales y hay una continuidad lineal entre ellos, Spadaro asegura que la Iglesia de Pablo VI era distinta de la de Juan Pablo II y la de Francisco, diferente de la de Benedicto.

¿Qué diferencia a la Iglesia de Francisco de las de épocas anteriores?

Primero, que “la Iglesia está viviendo un cambio profundo”.

Segundo, que “francisco es el primer papa que no vivió el Concilio en primera persona, pero sintió la necesidad de recuperar el espíritu del Vaticano II y ponerlo en práctica”. Porque, a su juicio, “el Vaticano II no ha sido bien digerido”.

Además, hace 50 años que se celebró y, en este tiempo, tanto la sociedad como la Iglesia han cambiado y mucho.

¿Está cambiando Francisco la Iglesia y cómo?

Según Spadaro, en profundidad. En contra de los que examinan los cambios solo desde la óptica sociológica y reducen la reforma de Francisco a la de la Curia, el jesuita se lo preguntó al Papa:

-¿Quiere hacer la reforma de la Curia?
– La reforma de la Curia sólo puede ser la expresión de una reforma más interior de la Iglesia.
-¿Quiere hacer la reforma de la Iglesia?
-No. Sólo quiero poner a Cristo en el centro de la Iglesia. Y si Él está en el centro, el Espíritu Santo reformará la Iglesia.

De hecho, si Bergoglio elige el nombre de Francisco no es sólo por la pobreza del santo de Asís, sino también por su reforma espiritual de la Iglesia. “Francisco quiere ser el albañil de la Iglesia. Quiere una reforma espiritual de la Iglesia, porque eso es lo que va al fondo”.

Para esa reforma en profundidad, Francisco “ha convertido a la Iglesia en un gran laboratorio teológico y eso, a veces, se plasma en una áspera confrontación y, otras veces, no”.

La consecuencia es que en la Iglesia actual “hay tensiones eléctricas positivas y negativas”. Y, por eso, el pontificado de Francisco, según Spadaro, “no es ni ‘light’ ni ‘nice’, sino dramático”.

Los cardenales ‘resistentes’

En medio de estas tensiones eléctricas, los cardenales están llamados a defender al Papa. Muchos lo hacen. Entre ellos, Osoro, que “todos sabemos bien que lo hace”.

Pero, añadió el jesuita, “hay otros que no lo defienden ni tienen con él una relación de confianza”. De hecho, el propio Francisco “tuvo que desmentir a varios cardenales”, que no sólo expresan opiniones personales, sino que, ademas, le hacen decir al Papa lo que él no dijo.

¿En qué se basan las críticas a Francisco?

El fondo de la cuestión es teológico y depende de la respuesta que se le dé a la pregunta de “si Dios está activo y actuando en el mundo”. Ante esta cuestión, algunos cardenales “creen que el mundo es malo y que Dios se ha retirado de él y, por lo tanto, la Iglesia también debe retirarse, para no mancharse y mantenerse pura”.

En esta óptica, “el cristianismo estaría conformado por pequeños grupos de personas puras y convencidas, que defienden la verdad”.

Pues bien, “esto es lo contrario de lo que piensa Francisco, que quiere una Iglesia “de puertas abiertas” y unos creyentes “siempre en contacto con las plazas y con las calles”.

¿Por qué?, pregunta Spadaro al público.

Hay diversas respuestas y el jesuita concluye: “Para que el Jesús que está dentro pueda salir fuera. La Iglesia debe estar en la calle”. Y para explicar qué es la Iglesia de Francisco y cómo debe actuar, utiliza dos metáforas: el faro y la antorcha.

“La Iglesia más que un faro, que da luz pero permanece estático y siempre en el mismo lugar, es una antorcha, que se mueve y acompaña a las personas”.

Conclusión: “Las resistencias a Francisco proceden de los que creen que la Iglesia debe estar quieta como un faro y no debe posicionarse en diálogo profundo con la realidad”. Por eso, Spadaro asegura que “las reacciones de los resistentes no son contra Francisco, sino contra el espíritu del Concilio”

Excepto algunos eclesiásticos ‘resistentes’ a las reformas, la verdad es que Francisco actúa sobre las personas en general como un imán.

“Francisco es un Papa eléctrico, que genera campos magnéticos de atracción y destrucción, pero sobre todo es un catalizador de energía positiva”. Un Papa que “suscita energías positivas”. Y Spadaro pone algunos ejemplos: Laudato Sii, Colombia, Cuba, Bangladesh…

¿Cuál es el programa del Papa?

“No existe la Iglesia de Francisco. El Papa es el jefe y, a la vez, el hijo de la Iglesia. La Iglesia está en salida y cambian algunas perspectivas”.

Por ejemplo, el que los cristianos están llamados a ser “levadura en la masa”. O la simplificación del centro romano, para “eliminar los elementos del imperialismo que el pontificado había heredado del emperador romano”.

Una vez más en contra de los lugares comunes, Spadaro sostiene que “el Papa no tiene un programa” y “toma las decisiones por discernimiento”, lo cual “elimina cualquier programa rígido”. Y “tampoco tiene despacho; toma sus decisiones en la capilla”.

Dicho con otro símil muy hispano: “Francisco no es el Don Quijote de la reforma de la Curia”. Más bien, la imagen que el propio Papa utilizó, para referirse a la reforma curial, fue la de limpiar una esfinge con un cepillo de dientes.

En esta tarea, “el Papa sabe que puede cometer errores, al fiarse de sus colaboradores, pero no le duelen prendas a la hora de rectificar y admitir que se ha equivocado”.

Porque, en definitiva, lo que le importa al Papa es poner en marcha procesos. Y “los procesos cuanto más profundos más lentos son, porque la lentitud es proporcional a la profundidad”.

¿Cuáles son los éxitos de este pontificado?

“El éxito no forma parte del programa del Papa”, dice Spadaro, porque “su modelo es Cristo y el gran éxito de Cristo fue morir en la cruz”. Pero sí hay cosas que está aportando a la Iglesia. Y el jesuita cita tres.

La primera es la reforma del papado, porque reinterpreta su propio papel en el seno de la Iglesia y del ecumenismo. “Antes, el papado era un obstáculo para el ecumenismo; ahora, es la motivación. Todos los líderes cristianos quieren reunirse con él y sienten que, con suma naturalidad, Francisco es un primado de la caridad y un referente para todos los cristianos”.

La segunda aportación exitosa de Francisco es “colocar la sinodalidad en el centro de la Iglesia”.

Y la tercera es “haberse convertido en el único líder moral del mundo”.

De todas formas, a juicio de Spadaro, “el pontificado de Francisco no es un pontificado de frutos, sino de semillas”, concluye el ponente, que recibe una ovación de gala. Se puede explicar el pontificado de Francisco más alto, pero no más claro.

http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2018/02/28/antonio-spadaro-las-reacciones-de-los-resistentes-iglesia-religion-dios-jesus-papa-obispo-osoro-spadaro.shtml


Las Confesiones de san Agustín. I, 17.27

febrero 28, 2018

.

.

Uno de los ejercicios escolares más frecuentes (Conf. I, 17.27)

27. Permíteme, Señor, que diga también algo de mi ingenio, don tuyo, y de los delirios en que lo empleaba. Se me proponía como asunto —cosa muy inquietante para mi alma, así por el premio de la alabanza o deshonra como por el temor a los azotes— que dijese las palabras de la diosa Juno, airada y dolorida por no poder «alejar de Italia al rey de los Teucros», que jamás había oído yo que Juno las dijera.

Pero se nos obligaba a seguir los pasos errados de las ficciones poéticas y a decir algo en prosa de lo que el poeta había dicho en verso, diciéndolo más elogiosamente aquel que, conforme a la dignidad de la persona representada, sabía pintar con más viveza y similitud y revestir con palabras más apropiadas los afectos de ira o dolor de aquélla.

Pero de qué me servía, ¡oh vida verdadera, Dios mío!, ¿de qué me servía que yo fuera aplaudido más que todos mis coetáneos y condiscípulos? ¿No era todo aquello humo y viento? ¿Acaso no había otra cosa en que ejercitar mi ingenio y mi lengua?

Tus alabanzas, Señor, tus alabanzas, contenidas en tus Escrituras, debieran haber suspendido el pámpano de mi corazón, y no hubiera sido arrebatado por la vanidad de unas bagatelas, víctima de las aves. Porque no es de un solo modo como se sacrifica a los ángeles transgresores.

http://www.augustinus.it/


Maná y Vivencias Cuaresmales (7), 20.2.18

febrero 20, 2018

Martes de la 1ª semana de Cuaresma


raining

Como la lluvia



Antífona de entrada: Salmo 89, 1-2

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y por siempre tú eres Dios.


Oración colecta

Señor, mira, con amor a tu familia y a los que moderan su cuerpo con la penitencia, aviva en su espíritu el deseo de poseerte. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»
.

SALMO 33, 4-5.6-7.16-17.18-19

El Señor libra de sus angustias a los justos.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.

Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.


Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO: Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así:

Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»


Antífona de comunión: Salmo 4, 2

Tú, Dios, defensor mío, que me escuchaste cuando te invoqué y me consolaste en la tribulación ten piedad de mí y escucha mi plegaria.


.

VIVENCIAS CUARESMALES

.

Nuestra dichosa dependencia vital y existencial respecto de Dios, fuente de vida

.

7. MARTES

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

.

TEXTO ILUMINADOR:

Dice el Señor: “Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no regresan allá sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar… así será la Palabra que salga de mi boca; no volverá a mí sin haber hecho lo que yo quería y haber llevado a cabo su misión”.

.

TEMA: Cristo, nuestra respuesta al Padre; nuestra gloria.

Marco de la primera semana, lectura de Isaías 55, 10-11.

La Cuaresma implica conversión y tomar conciencia de nuestros pecados, pero frecuentemente no nos consideramos, ni lo somos de hecho, grandes pecadores o personas perversas. No hemos cometido graves delitos, pero sí hemos dejado de hacer mucho bien que pudimos o debimos haber hecho.

Son muchísimos nuestros pecados de omisión; porque mucho se nos ha dado; mucho y bueno es lo que Dios ha sembrado en nosotros; por eso, mucho se nos pide. ¿Y qué fruto estamos dando nosotros? He ahí la cuestión.

Hoy nos lo recuerda la primera lectura tomada de Isaías. Nosotros somos tierra de Dios que él quiere fecundar para que dé frutos buenos y en abundancia. La lluvia fecundante es el Espíritu Santo, el poder de Dios.

La semilla dejada en nosotros es Cristo mismo, pues en él fuimos creados y en el fondo somos Cristo. Es lo más profundo de nosotros mismos. Hay un germen divino en nosotros, hay un hijo de Dios en germen que debe crecer a la estatura de Cristo.

Se nos ha dado como vocación ser hijos en el Hijo Primogénito. Fue el don precioso; ahora, se nos encomienda dar la talla: hacernos día a día verdaderos y auténticos hijos del Padre Dios en su bendito Hijo Jesucristo.

Pero esta tarea, aparte de no exceder nuestras fuerzas por la gracia de Dios, ya está realizada ejemplarmente y de forma misteriosa y plena en Cristo. Él ya ha respondido por nosotros, junto con el Espíritu.

Cristo es el rocío, es la lluvia que desciende a la tierra y de ésta ha brotado la justicia, la santidad, el tallo de Jesé, lleno del poder del Espíritu Santo, lleno de gracia y santidad. Sólo Cristo ha glorificado al Padre como éste se merece.

Él ha llevado a plenitud la voluntad del Padre en total fidelidad, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Sobre esa vara de Jesé, reposa el Espíritu de sabiduría, de entendimiento… los siete dones del Espíritu, toda la floración de los frutos del Espíritu Santo.

Todo lo bueno que los hombres hicieron antes de Cristo y todo lo que harán después de él, ya está recapitulado y realizado en Cristo: hacia él confluye todo y de él todo dimana, por la acción del único Espíritu, y para gloria del Padre.

Por eso nos alegramos en Cristo que es nuestro orgullo, nuestra gloria. Él nos libra de toda ansiedad y temor en nuestra relación con Dios. Él nos enseñó a llamar a Dios “Padre”. No tenemos por qué multiplicar las palabras, ni presentarnos a Dios sólo cuando nos consideramos dignos.

No podemos comprar la salvación, sería nuestra ruina el quedarnos para siempre aislados de Dios, condenados en nuestra propia autosuficiencia, en la mayor soledad, y en el legalismo letal.

Por Cristo, salimos de nosotros mismos para depender de Dios y alegrarnos siempre porque al Padre le pareció bien hacernos hijos en su bendito Hijo, sólo para que sea alabado su nombre.

La alabanza por la gratuidad de nuestra salvación es nuestra liberación radical, es pasar de la muerte a la vida, del temor al amor. La oración de alabanza es la más perfecta: la que más agrada a Dios porque es la que más nos libera de nosotros mismos y nos permite gozarnos en Dios.

La alegría en el Señor es nuestra salvación. La alabanza de Dios es nuestra fortaleza.

Dios ya lo ha hecho todo, ya dispuso el banquete de la Sabiduría: a nosotros sólo nos queda el dejarnos conducir por Cristo, tomados de su mano, hasta la presencia del Dueño de la casa, y dejarnos acomodar a la mesa por el mismo Cristo, el Dueño de la fiesta que está entre nosotros como el que sirve y ofreciéndonos el vino nuevo del Espíritu.

Agradecer la gratuidad divina es comenzar a imitarla, portándonos con los demás como Dios se ha comportado con nosotros, usando con los demás la medida que usa Dios con nosotros, para entrar así en su Reino donde se llega a tener dando; y donde renunciando, se llega a poseer.

Una de las experiencias más gratificantes para el ser humano es precisamente vivir la gratuidad: recibiéndola y dándola a discreción.

Finalmente, si el Padre nos ha enviado el nuevo Adán, Cristo, lleno de gracia y santidad, no debe extrañarnos que nos proporcione con él, en él y por él las palabras mismas con las que debemos agradecerle ese magnífico don. Si nos ha dado la Vida también nos ha dado la Palabra para agradecérsela.

Por eso, Jesús enseñó a sus discípulos a orar. La existencia santa de Jesús se proyecta en la oración para volver al Padre y así la oración está al servicio de la vida. Toda una corriente de vida que viene del Padre y vuelve al Padre por Cristo en el Espíritu Santo.

Y en esa corriente vital somos incorporados nosotros, por pura gracia: en virtud de la voluntad salvífica del Padre que nos ha predestinado antes de los siglos, a través de Cristo, para ser hijos en el Hijo bendito, mediante el Espíritu Santo, el del Padre y del Hijo.

Apreciemos la oración del Padrenuestro que Cristo mismo nos enseñó: la más apropiada para corresponder a la dignidad y valor del don recibido, la vida nueva en el Espíritu. La oración dominical es reconocida como “un sacramental”, es decir, tiene algo de sagrado o divino. No es una oración cualquiera.

Por tanto, de alguna forma está adornada con la presencia de la divinidad: en sus orígenes, en su contenido y en las consecuencias salvíficas que produce en quienes la usan con fe.

Ofrecemos a continuación unas consideraciones de San Cipriano sobre el Padrenuestro.

.

Del tratado de San Cipriano, obispo y mártir,
sobre el Padrenuestro

El que nos dio la vida nos enseñó también a orar

.
Los preceptos evangélicos, queridos hermanos, no son otra cosa que las enseñanzas divinas, fundamentos que edifican la esperanza, cimientos que corroboran la fe, alimentos del corazón, gobernalle del camino, garantía para la obtención de la salvación; ellos instruyen en la tierra las mentes dóciles de los creyentes, y los conducen a los reinos celestiales.

Muchas cosas quiso Dios que dijeran e hicieran oír los profetas, sus siervos; pero cuánto más importantes son las que habla su Hijo, las que atestigua con su propia voz la misma Palabra de Dios, que estuvo presente en los profetas, pues ya no pide que se prepare el camino al que viene, sino que es él mismo quien viene abriéndonos y mostrándonos el camino, de modo que quienes, ciegos y abandonados, errábamos antes en las tinieblas de la muerte, ahora nos viéramos iluminados por la luz de la gracia y alcanzáramos el camino de la vida, bajo la guía y dirección del Señor.

El cual, entre todos los demás saludables consejos y divinos preceptos con los que orientó a su pueblo para la salvación, le enseñó también la manera de orar, y, a su vez, él mismo nos instruyó y aconsejó sobre lo que teníamos que pedir.

El que nos dio la vida nos enseñó también a orar, con la misma benignidad con la que da y otorga todo lo demás, para que fuésemos escuchados con más facilidad, al dirigirnos al Padre con la misma oración que el Hijo no enseñó.

El Señor había ya predicho que se acercaba la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; y cumplió lo que antes había prometido de tal manera que nosotros, que habíamos recibido el espíritu y la verdad, como consecuencia de su santificación, adoráramos a Dios verdadera y espiritualmente, de acuerdo con sus normas.

¿Pues qué oración más espiritual puede haber que la que nos fue dada por Cristo, por quien nos fue también enviado el Espíritu Santo, y qué plegaria más verdadera ante el Padre que la que brotó de labios del Hijo, que es la verdad? De modo que orar de otra forma no es sólo ignorancia, sino culpa también, pues él mismo afirmó: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición.

Oremos, pues, hermanos queridos, como Dios, nuestro maestro, nos enseñó. A Dios le resulta amiga y familiar la oración que se le dirige con sus mismas palabras, la misma oración de Cristo que llega a sus oídos.

Cuando hacemos oración, que el Padre reconozca las palabras de su propio Hijo; el mismo que habita dentro del corazón sea el que resuene en la voz, y, puesto que lo tenemos como abogado por nuestros pecados ante el Padre, al pedir por nuestros delitos, como pecadores que somos, empleemos las mismas palabras de nuestro defensor.

Pues, si dice que hará lo que pidamos al Padre en su nombre, ¿cuánto más eficaz no será nuestra oración en el nombre de Cristo, si la hacemos, además, con sus propias palabras?

.

Observación final

Estimado amigo, apreciada amiga, que estás haciendo el itinerario cuaresmal: si estas Vivencias están aportando bienestar a tu vida, ¿por qué no compartes tu alegría con otros hermanos?

Piensa en alguna persona, amiga o conocida, que pueda estar necesitando, y hasta buscando a tientas, una renovación de su fe y de su razón de vivir.

El Papa Benedicto, en su mensaje para la Cuaresma del 2012, nos invitaba a mirar y a fijarnos en el hermano para descubrir sus necesidades, para apreciarlo como Dios lo aprecia y lo ama. En definitiva, para conducirlo a Dios. Anímate a ser testigo del Señor, más consciente y valientemente.

En esta Cuaresma el Señor nos dice: En el tiempo oportuno yo te escucho; pues mira, ahora es tiempo de salvación.