Maná y Vivencias Pascuales (13), 28.4.17

abril 28, 2017

Viernes de la 2ª semana de Pascua

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Tomad, comed. Tomad, bebed. Haced esto en memoria mía

Tomad, comed. Tomad, bebed. Haced esto en memoria mía

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TEMA: “Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta que se saciaron.”


ANTÍFONA DE ENTRADA: Apocalipsis 5, 9-10

Este es el cántico nuevo que cantan ellos: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, ya que tú fuiste degollado y por tu sangre compraste para Dios a hombres de toda raza, de toda lengua, pueblo y nación. Los hiciste reino y sacerdotes para nuestro Dios y dominarán toda la tierra.


ORACIÓN COLECTA: “Oh Dios que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz; concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Hechos 5, 34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, y mandó que hicieran salir un momento a aquellos hombres.

Luego les dijo: “Colegas israelitas, fíjense bien en lo que van a hacer con estos hombres. Porque no hace mucho, apareció Teudas, que se hacía pasar por un gran personaje, a quien se unieron unos cuatrocientos hombres. Pero lo mataron, y todos los que lo seguían se dispersaron o desaparecieron.

Después, en tiempos del censo, surgió Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos sus seguidores se dispersaron.

Por eso, les aconsejo ahora: olvídense de estos hombres y déjenlos en paz. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá por sí sola; pero si viene de Dios, ustedes no podrán destruirla. No sea que estén luchando contra Dios”.

Y siguieron su consejo. Entonces llamaron a los apóstoles, y después de azotarlos les prohibieron hablar en nombre de Jesús. Luego los dejaron ir.

Ellos salieron del Sanedrín muy gozosos de haber sido considerados dignos de sufrir por el nombre de Jesús. Y todos los días enseñaban y anunciaban en el Templo y en las casas la Buena Nueva de Cristo Jesús.

SALMO 26, 1. 4. 13-14

Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida ¿quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.


ACLAMACIÓN: Mateo 4, 4b

Pero Jesús respondió: “Dice la Escritura que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

EVANGELIO: Juan 6, 1-15 – “Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta que se saciaron.”

En aquel tiempo, Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea. Cerca de Tiberíades. Lo acompañaba muchísima gente, a causa de las señales milagrosas que lo veían hacer en los enfermos. Jesús subió a un cerro y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, fiesta de los judíos.

Jesús, levantando los ojos vio todo ese pueblo que estaba subiendo hacia él y dijo a Felipe: ¿Dónde podremos conseguir pan para que coman? Esto lo decía Jesús para ponerlo a prueba, porque él sabía bien lo que iba a hacer.

Felipe respondió: “Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo de pan”. Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero ¿qué es esto para tanta gente?”.

Jesús les dijo: Hagan que se sienten los hombres. Pues había mucho pasto en ese lugar. Se sentaron entonces los hombres en número de cinco mil.

Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a todos los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: Recojan los pedazos que sobran para que no se pierda nada. Y llenaron doce canastos con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.

Al ver esta señal que hizo Jesús, los hombres decían: «Este es ciertamente el Profeta que ha de venir al mundo”. Pero cuando Jesús vio que querían tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, huyó de nuevo solo a la montaña.

NOTA: Hoy se comienza a leer el capítulo sexto del evangelio de san Juan. Se proclamará íntegramente. Por eso su lectura se prolongará hasta el sábado de la tercera semana. Es un texto muy extenso y rico en contenido.

Las claves interpretativas remiten al Antiguo Testamento. Ellas permiten descubrir a Jesús como el nuevo Moisés, que acompaña al pueblo y a sus discípulos en un nuevo éxodo. Por tanto, habrá alusión al paso del Mar Rojo. Jesús será el nuevo maná dado por el Padre, por su Palabra y la Eucaristía.

Estas realidades salvíficas, reveladas y realizadas con el poder de Dios-Yahvé por el que ha bajado del cielo, escandalizan a los discípulos, sobre todo a los más apegados al judaísmo y a una interpretación literalista del Antiguo Testamento. Y consiguientemente provocarán una crisis en los discípulos. Como consecuencia, “desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”.

Por tanto, no todos serán capaces de confesar con Pedro: ¿Adónde iríamos, Señor; sólo tú tienes palabras de vida eterna?

Dispónte, hermano, a ratificar tu fe en estos días pascuales y a crecer en el conocimiento y amor a Dios, presente en los hermanos y en la Eucaristía “hasta el fin del mundo”.

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“¿Quién es este muchacho que parece ofrecer gratuitamente su comida? Es posible que, sin su generosidad, no se hubiera producido el milagro. Jesús gusta de que el hombre ponga, en todas sus grandes cosas, algo que es, objetivamente, inútil o otalmente insuficiente, pero, sin lo cual, tal vez el milagro no se haría. Quien hizo el mundo de la nada, construye el milagro sobre nuestras naderías, pero no sin ellas” (José Luis Martín Descalzo).


Maná y Vivencias Pascuales (10b), 25.4.17

abril 25, 2017

Martes de la 2ª semana de Pascua


Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre



TEMA:

Cuando Cristo se entrega a sí mismo hasta la muerte y muerte de cruz es “elevado” y se le concede todo poder; es constituido Señor y Salvador.

A su vez, cuando el creyente nace de “lo alto” recibe el Espíritu del Resucitado que le capacita para crear la nueva comunidad con sus hermanos y para anunciar la victoria de Cristo con valentía.


ORACIÓN COLECTA: Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Apocalipsis 19, 7.6

Alegrémonos, regocigjémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.


PRIMERA LECTURA: Hechos: 4, 32-37 – “Los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo”.

La asamblea de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho poder; y Dios les daba su gracia abundantemente.

No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que tenían campos o casas los vendían y entregaban el dinero a los apóstoles, quienes repartían a cada uno según sus necesidades.

Así lo hizo José, llamado por los apóstoles Bernabé (que quiere decir “nuestro permanente consuelo), levita, nacido en Chipre, quien vendió el campo que tenía y entregó el dinero a los apóstoles.

SALMO 92, 1ab. 1c. 2-5

El Señor reina vestido de grandeza.

¡Reina el Señor! Se viste de grandeza; el Señor, de poder va revestido, y del mismo se ha hecho un cinturón.Desde el principio fijaste ya tu trono; tú existes desde siempre.

Desatan los ríos, Señor, desatan sus clamores, desatan sus fragores, pero más que las aguas tumultuosas, más grande que las olas de los mares, es grandioso el Señor en las alturas.

Tus mandatos, Señor, son inmutables; la Santidad es propia de tu casa, oh Señor, por los siglos de los siglos.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 3, 15

El Hijo del hombre debe ser levantado en la cruz, para que los que creen en él tengan vida eterna. Aleluya.


EVANGELIO: Juan 3, 11-15 – Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre”.

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Te lo aseguro: de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.


ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Lucas 24, 46.26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así, entrara luego en su gloria. Aleluya.

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Del tratado de san Fulgencio de Ruspe, obispo,
sobre la regla de la verdadera fe a Pedro

Él mismo se ofreció a nosotros

En los sacrificios de víctimas carnales que la Santa Trinidad, que es el mismo Dios del Antiguo y Nuevo Testamento, había exigido que le fueran ofrecidos por nuestros padres, se significaba ya el don gratísimo de aquel sacrificio con el que el Hijo único de Dios, hecho hombre, había de inmolarse a sí mismo misericordiosamente por nosotros.

Pues, según la doctrina apostólica, se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Él, como Dios verdadero y verdadero sumo sacerdote que era, penetró por nosotros una sola vez en el santuario, no con la sangre de los becerros y los machos cabríos, sino con la suya propia. Esto era precisamente lo que significaba aquel sumo sacerdote que entraba cada año con la sangre en el santuario.

Él es quien, en sí mismo, poseía todo lo que era necesario para que se efectuara nuestra redención, es decir, él mismo fue el sacerdote y el sacrificio, él mismo fue Dios y templo: el sacerdote por cuyo medio nos reconciliamos, el sacrificio que nos reconcilia, el templo en el que nos reconciliamos, el Dios con quien nos hemos reconciliado.

Como sacerdote, sacrificio y templo, actuó solo, porque aunque era Dios quien realizaba estas cosas, no obstante las realizaba en su forma de siervo; en cambio, en lo que realizó como Dios, en la forma de Dios, lo realizó conjuntamente con el Padre y el Espíritu Santo.

Ten, pues, por absolutamente seguro, y no dudes en modo alguno, que el mismo Dios unigénito, Verbo hecho carne, se ofreció a Dios como oblación y víctima de suave olor, el mismo en cuyo honor, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, los patriarcas, profetas y sacerdotes ofrecían, en tiempos del Antiguo Testamento, sacrificios de animales; y a quien ahora, o sea, en el tiempo del Testamento Nuevo, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, con quienes comparte la misma y única divinidad, la santa Iglesia Católica no deja de ofrecer, por todo el universo de la tierra, el sacrificio del pan y el vino, con fe y caridad.

Así, pues, en aquellas víctimas carnales se significaba la carne y la sangre de Cristo; la carne que él mismo, sin pecado como se hallaba, había de ofrecer por nuestros pecados, y la sangre que había de derramar en remisión también de nuestros pecados; en cambio, en este sacrificio se trata de la acción de gracias y del memorial de la carne de Cristo, que él ofreció por nosotros, y de la sangre, que, siendo como era Dios, derramó por nosotros.

Sobre esto afirma el bienaventurado Pablo en los Hechos de los Apóstoles: Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.

Por tanto, aquellos sacrificios eran figura y signo de lo que se nos daría en el futuro; en este sacrificio, en cambio, se nos muestra de modo evidente lo que ya nos ha sido dado.

En aquellos sacrificios se anunciaba de antemano al Hijo de Dios, que había de morir a manos de los impíos en este sacrificio, en cambio, se le anuncia ya muerto por ellos, como atestigua el Apóstol al decir: Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; y añade: Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo (Cap. 22, 62: CCL 91 A, 726. 750-751).

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LAS MUJERES Y LA FE EN LA RESURRECCIÓN, según el Papa Benedicto

Ciudad del Vaticano, 9 de abril de 2012 (VIS).-

Benedicto XVI… rezó a mediodía el Regina Coeli, la oración que sustituye al Ángelus durante el tiempo pascual…

“El hecho de la resurrección, en sí mismo, no lo describen los evangelistas: permanece misterioso, no en el sentido de menos real, sino de escondido, de algo que está más allá de nuestro conocimiento: como una luz tan fuerte que no se puede mirar, porque nos quedaríamos ciegos. Los relatos comienzan, en cambio, al alba del día siguiente al sábado, cuando las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío (…)

Después de escuchar al ángel que les da la noticia de la resurrección, las mujeres, llenas de temor y alegría, se encontraron con Jesús, se postraron a sus pies y lo adoraron; y Él les dijo: ‘No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán’”.

“En todos los evangelios -comentó el Santo Padre- las mujeres ocupan un gran espacio en los relatos de las apariciones de Jesús resucitado como, por otra parte, en los de su pasión y su muerte.

En aquellos tiempos, en Israel, el testimonio de las mujeres no podía tener valor oficial, jurídico, pero las mujeres tuvieron unos lazos especiales con el Señor, lo que constituye una experiencia fundamental para la vida concreta de la comunidad cristiana, y esto siempre, en cualquier época, no solamente al principio del camino de la Iglesia”.

El Papa concluyó recordando que el modelo de esta relación con Jesús, sobre todo en el misterio pascual, fue María, la Madre del Señor.

“A través de la experiencia transformadora de la Pascua de su Hijo, la Virgen María, se convierte también en Madre de la Iglesia, es decir de cada uno de los creyentes y de toda la comunidad”



Papa Francisco: La fe se basa en hechos concretos, no en teorías

abril 24, 2017

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El Papa Francisco predica en la misa celebrada en Santa Marta

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Papa Francisco: La fe se basa en hechos concretos, no en teorías

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 24 Abr. 17 / 04:14 am (ACI).- El Papa Francisco retomó la Misa de la mañana en la capilla de la residencia Santa Marta y explicó que la fe se sostiene sobre hechos concretos, como que Dios se hizo carne.

Para su homilía, tomó el relato del encuentro de Nicodemo con Jesús y el testimonio de Pedro y Juan después de la curación del lisiado. Esto es “un hecho concreto”, “lo concreto de la fe” en contraposición a los doctores de la ley que “quieren negociar para llegar a compromisos”, explicó.

 

Sin embargo, Pedro y Juan “tienen el coraje, tienen la franqueza, la franqueza del Espíritu” que “significa hablar abiertamente, con valentía, la verdad sin compromisos”.

“A veces olvidamos que nuestra fe es concreta: el Verbo se ha hecho carne, no se ha hecho idea: se ha hecho carne. Y cuando recitamos el Credo, decimos todos cosas concretas: ‘Creo en Dios Padre, que ha hecho el cielo y la tierra, creo en Jesucristo que ha nacido, que ha muerto…’ son todo cosas concretas”.

Por eso el Credo no dice ‘creo que debo hacer esto, que tengo que hacer esto otro, que tengo que hacer esto o que las cosas son por esto…’ ¡no! Son cosas concretas. La concreción de la fe que lleva a la franqueza, al testimonio hasta el martirio, que está contra los compromisos o la idealización de la fe”.

Francisco reconoció que a veces la Iglesia ha caído también en una “teología del ‘sí se puede’ o del ‘no se puede”. Y para estos doctores de la ley, el Verbo “no se ha hecho carne, sino que se ha hecho ley: y se debe hacer esto hasta aquí y no más allá”.

“Y así estaban atrapados en esta mentalidad racionalista, que no ha terminado con ellos, ¿eh?, porque en la historia de la Iglesia muchas veces –la Iglesia misma que ha condenado el racionalismo, el iluminismo– después tantas veces ha caído en una teología del ‘sí se puede y no se puede’, ‘hasta aquí, hasta ahí’, y ha olvidado la fuerza, la libertad del Espíritu, este renacer del Espíritu que te da la libertad, la franqueza de la predicación, el anuncio de que Jesucristo es el Señor”.

Por tanto, “pidamos al Señor esta experiencia del Espíritu que va y viene y nos lleva adelante, del Espíritu que nos da la unción de la fe, la unción de la concreción de la fe”.

“El viento sopla donde quiere y escuchas su sonido, pero no sabes de dónde viene y a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu: siente su voz, sigue el viento, sigue la voz del Espíritu sin saber dónde terminará, porque ha tomado opción por la concreción de la fe y el renacer en el Espíritu”, manifestó el Papa.

“Que el Señor –pidió para concluir– nos dé a todos este Espíritu pascual, de ir sobre los caminos del Espíritu sin compromisos, sin rigidez, sino con la libertad de anunciar a Jesucristo como Él ha venido: haciéndose carne”.

 


Papa Francisco en Divina Misericordia: El fundamento de nuestra fe es el perdón

abril 24, 2017

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Una imagen de la Divina Misericordia en la Plaza de San Pedro.

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Papa Francisco en Divina Misericordia: El fundamento de nuestra fe es el perdón

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 23 Abr. 17 / 05:12 am (ACI).- El Papa Francisco presidió el Regina Coeli desde la ventana del estudio pontificio y recordó que hoy se celebra el día de la Divina Misericordia que es la “piedra angular” de la fe y es un instrumento contra la violencia y el rencor.

“La misericordia abre la puerta de la mente para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal. Hace entender que la violencia, el rencor y la venganza no tienen ningún sentido, y la primera víctima es quien vive de estos sentimientos porque se priva de la propia dignidad”.

Francisco explicó que “cada domingo hacemos memoria de la resurrección del Señor Jesús, pero en este tiempo después de Pascua el domingo se viste de un significado todavía más luminoso”.

“No olvidemos nunca que la misericordia es la piedra angular en la vida de la fe, y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús”.

El Pontífice señaló que la misión de la Iglesia es “llevar el anuncio concreto del perdón” y este signo “lleva consigo la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado con el Señor”.

Francisco recordó que “en el Jubileo del año 2000, San Juan Pablo II estableció que este domingo fuese dedicado a la Divina Misericordia” lo que fue “¡una hermosa intuición!”.

“La misericordia abre también la puerta del corazón y le permite expresar la cercanía, sobre todo con los que están solos y son marginados, porque allí le hace sentir hermanos e hijos de un solo Padre”.

El Papa añadió que la misericordia “calienta el corazón o lo hace más sensible a la necesidad de los hermanos con el compartir y la participación”. En definitiva, hace a todos “instrumentos de justicia, reconciliación y de paz”.

“En la tradición de la Iglesia, este domingo se llamaba ‘in albis’ y hacía referencia al rito que realizaban los que habían recibido el bautismo en la Vigilia de Pascua”. “A cada uno de ellos le era entregada una vestidura blanca –alba– para indicar la nueva dignidad de los hijos de Dios”.

“Y todavía hoy –continuó– a los recién nacidos se les da una pequeña vestidura simbólica, mientras los adultos se ponen una verdadera. Esa vestidura blanca, en el pasado, se llevaba durante una semana, hasta el domingo in albis, cuando los neófitos iniciaban su nueva vida en Cristo y en la Iglesia”.

“Este domingo nos invita a retomar con fuerza la gracia que proviene de la misericordia de Dios”, subrayó al hablar de nuevo de la misericordia.

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VIDEO: Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia http://bit.ly/1nwnfir


Maná y Vivencias Pascuales (9), 24.4.17

abril 24, 2017

Lunes de la 2ª semana de Pascua

El día 24 de abril, en la familia agustino-recoleta, Fiesta de la Conversión de nuestro padre San Agustín. 

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Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

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TEMA CENTRAL: El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre, aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Romanos 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.


PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 23-31

En aquellos días, puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los Jefes de los sacerdotes y los Ancianos.

Cuando lo oyeron, todos a una voz oraron a Dios diciendo: “Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. Tú por el Espíritu Santo pusiste en boca de David, tu siervo, estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos traman planes vanos? Los reyes de la tierra se reúnen y los jefes se unen en alianza contra el Señor y contra su Mesías.

Porque verdaderamente en esta ciudad se unieron Herodes y Poncio Pilato con las naciones y la muchedumbre de Israel contra Jesús, tu santo siervo, a quien ungiste; realizando así lo que en tu poder y sabiduría habías dispuesto en tus planes.

Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu palabra con toda valentía. Manifiesta tu poder, realizando curaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús”.

Cuando terminaron su oración tembló el lugar donde estaban reunidos y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la palabra de Dios.

SALMO 2, 1-3. 4-6. 7-9

¿Para qué meten ruido las naciones, y los pueblos se quejan sin motivo? Se levantan los reyes de la tierra, y sus jefes conspiran en contra del Señor y su elegido. ¡Vamos, rompamos sus cadenas y su yugo quebremos!

Aquel que es rey del cielo sonríe, mi Dios se burla de ellos. Luego les habla con enojo, y los asusta con su rabia: “Ya tengo consagrado yo a mi rey en Sión, mi monte santo”.

Anunciaré el decreto del Señor pues él me ha dicho: “Tú eres hijo mío; hoy te he dado a la vida. Pídeme y serán tu herencia las naciones, tu propiedad los confines de la tierra. Las podrás aplastar con vara de hierro y romperlas como cántaro de greda”.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Colosenses 3, 1

Así pues, si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha de Dios; piensen en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Aleluya.

Nota: A partir de hoy, durante todo el tiempo pascual, se proclamará el evangelio de san Juan. Todos los días, exceptuando algunos evangelios de los domingos. A los interesados me atrevería a recomendarles el comentario del P. Secundino Castro Sánchez, ocd., profesor de la Universidad Pontificia Comillas: Evangelio de Juan. DDB, 2008.

EVANGELIO: Juan 3, 1-8

Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Éste fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Rabbí, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él”.

Jesús le contestó: “En verdad te digo, nadie puede ver el reino Dios si no nace de nuevo, de arriba”. Nicodemo le dijo: “¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer de nuevo?”

Jesús le contestó: “En verdad te digo; el que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.

No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo, de arriba. El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu”.


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ESTIMADO HERMANO, APRECIADA HERMANA,

tómate un tiempo hoy para orar el mensaje precedente: Hay que nacer de nuevo. En efecto, gracias al bautismo hemos nacido de arriba: Desde entonces somos una nueva criatura en Cristo.

El Padre nos ha recreado en Cristo, el nuevo Adán, por el poder del Espíritu creador y vivificador. Somos, por tanto, una creación nueva en Cristo, para alabanza de su gloria. Nos ha hecho hijos suyos, nos ha marcado en la frente; ya no podemos pecar.

Somos nación santa, pueblo de su propiedad, pueblo sacerdotal. Tenemos que ser sal de la tierra y luz del mundo. Nada más, pero tampoco nada menos que eso. Porque así lo dispuso Dios.

¿Qué podemos hacer para que se cumplan los planes de Dios manifestados en Cristo en los últimos tiempos?

Sencillamente creer en Cristo y dejar actuar a Dios en nosotros. Ofrecerle nuestro barro para que él lo moldee, entregarle nuestra vasija para que la rompa si es necesario y la haga nueva. Dejarnos empapar del agua viva como tierra reseca que recibe agradecida la lluvia del Espíritu.

¿Qué más?

Disponernos para ver las obras que Dios quiere realizar en nosotros, y bendecirlo por los prodigios que ha hecho, por los que hace y por lo que hará. El gozo en Dios y la alabanza a su gloria serán nuestra fortaleza. Vino nuevo, en odres nuevos. Debemos permanecer en la espera contemplativa de Dios para ver cómo el desierto se transforma en vergel.

¿No lo notáis? Mirad que hago nuevas todas las cosas.

Ven, Señor Jesús. Ven, Espíritu divino, padre amoroso del pobre; ven, en tus dones espléndido. Mira nuestra poquedad si tú nos dejas. Ven, dulce huésped del alma. Ven, y habita en nosotros. Amén. Aleluya.

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De los sermones de san Agustín, obispo
Cantemos al Señor el cántico del amor

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se nos ha exhortado a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. Cantar es expresión de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de amor.

De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico nuevo. De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida nueva.

El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo, porque pertenece al Testamento nuevo.

Todo hombre ama; nadie hay que no ame; pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a que elijamos lo que hemos de amar. ¿Pero, cómo vamos a elegir si no somos primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero?

Oíd al apóstol Juan: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Trata de averiguar de dónde le viene al hombre poder amar a Dios, y no encuentras otra razón sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle.

Escuchad al apóstol Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de Dios, dice, ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues ¿de quién? Del Espíritu Santo que se nos ha dado.

Por tanto, teniendo una gran confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado. Oíd a Juan que dice más claramente aún: Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. No basta con decir: El amor es de Dios. ¿Quién de vosotros sería capaz de decir: Dios es amor? Y lo dijo quien sabía lo que se traía entre manos.

Dios se nos ofrece como objeto total y nos dice: “Amadme, y me poseeréis, porque no os será posible amarme si antes no me poseéis”.

¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los regenerados y nacidos en Cristo! Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico nuevo. “Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí cantáis. Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta.

Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Preguntáis qué es lo que vais a cantar de aquel a quién amáis? Porque sin duda queréis cantar en honor de aquel a quien amáis; preguntáis qué alabanzas vais a cantar de él. Ya lo habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo.

¿Preguntáis qué alabanzas debéis cantar? Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. La alabanza del canto reside en el mismo cantor.

¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente.

(Sermón 34, 1-3, 5-6: CCL 41, 424-426)


Maná y Vivencias Pascuales (7), 22.4.17

abril 22, 2017

Sábado de la Octava de Pascua

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¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto

¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto…


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS: Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 104, 43

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de júbilo. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 13-21 – “No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído”

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, se sorprendieron y descubrieron que habían sido compañeros de Jesús.

Pero, viendo junto a ellos al hombre que habían curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar:

– «¿Qué vamos a hacer con esta gente? Es evidente que han hecho un milagro: lo sabe todo Jerusalén, y no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos que vuelvan a mencionar a nadie ese nombre»

Los llamaron y les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan replicaron:

– «¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído»

Repitiendo la prohibición, los soltaron. No encontraron la manera de castigarlos, porque el pueblo entero daba gloria a Dios por lo sucedido.

SALMO 117, 1.14-15.16-18.19-21

Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. El Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.

La diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Salmo 117, 24

Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Marcos 16, 9-15 – “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:

– «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Gálatas 3, 27

Todos ustedes al ser bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Aleluya.

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Clave hermenéutica o de interpretación de la lectura evangélica

San Marcos hace una valoración muy crítica de los personajes principales. En este caso de los Once. Les echa en cara su incredulidad y dureza de corazón.

Por el contrario presenta como modelos de fe a los personajes secundarios que, aquí, dan testimonio de Jesús que se les ha aparecido y que está vivo. Los Once no les dan crédito.

Con este recurso, Marcos nos ofrece la posibilidad de identificarnos con las debilidades de los personajes principales, de los Once, para que crezcamos en la fe y nos sintamos acogidos por la misericordia de Dios, y la comprensión del Maestro. Porque éste sigue confiando en ellos.

Más aún: los envía al mundo como testigos, aunque no tienen merecimientos. Se resalta así la total gratuidad de la vida cristiana y de la misión evangelizadora. El protagonista y el actor principal es Dios a través de su Espíritu; los evangelizadores son instrumentos en manos en Dios.

Hermano, agradece a Dios que sigue confiando en ti, que opta por ti, a pesar de tus debilidades y pecados, o precisamente por ellos. Su plan de salvación irá adelante, le pese a quien le pesare.

Pide que tú seas de los más dóciles colaboradores de Cristo Resucitado que sigue salvando a los hombres de hoy con la fuerza de su Espíritu. Amén.

Del comentario de san Beda el Venerable, presbítero,
sobre la primera carta de san Pedro

Raza elegida, Sacerdocio real

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real. Este título honorífico fue dado por Moisés en otro tiempo al antiguo pueblo de Dios, y ahora con todo derecho Pedro lo aplica a los gentiles, puesto que creyeron en Cristo, el cual, como piedra angular, reunió a todos los pueblos en la salvación que, en un principio, había sido destinada a Israel.

Y los llama raza elegida a causa de la fe, para distinguirlos de aquellos que, al rechazar la piedra angular, se hicieron a sí mismos dignos de rechazo.

Y sacerdocio real porque están unidos al cuerpo de aquel que es rey soberano y verdadero sacerdote, capaz de otorgarles su reino como rey, y de limpiar sus pecados como pontífice con la oblación de su sangre.

Los llama sacerdocio real para que no se olviden nunca de esperar el reino eterno y de seguir ofreciendo a Dios el holocausto de una vida intachable.

Se les llama también nación consagrada y pueblo adquirido por Dios, de acuerdo con lo que dice el apóstol Pablo comentando el oráculo del Profeta: Mi justo vivirá de fe, pero, si se arredra, le retiraré mi favor.

Pero nosotros, prosigue, no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma. Y en los Hechos de los apóstoles dice: El Espíritu Santo os ha encargado guardar el rebaño, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Nos hemos convertido, por tanto, en pueblo adquirido por Dios en virtud de la sangre de nuestro Redentor, como en otro tiempo el pueblo de Israel fue redimido de Egipto por la sangre del cordero.

Por esto Pedro recuerda en el versículo siguiente el sentido figurativo del antiguo relato, y nos enseña que éste tiene su cumplimiento pleno en el nuevo pueblo de Dios, cuando dice: Para proclamar sus hazañas.

Porque así como los que fueron liberados por Moisés de la esclavitud egipcia cantaron al Señor un canto triunfal después que pasaron el mar Rojo, y el ejército del Faraón se hundió bajo las aguas, así también nosotros, después de hacer recibido en el bautismo la remisión de los pecados, hemos de dar gracias por estos beneficios celestiales.

En efecto, los egipcios, que afligían al pueblo de Dios, y que por eso eran como un símbolo de las tinieblas y aflicción, representan adecuadamente los pecados que nos perseguían, pero que quedan borrados en el bautismo.

La liberación de los hijos de Israel, lo mismo que su marcha hacia la patria prometida, representa también adecuadamente el misterio de nuestra redención: caminamos hacia la luz de la morada celestial, iluminados y guiados por la gracia de Cristo.

Esta luz de la gracia quedó prefigurada también por la nube y la columna de fuego; la misma que los defendió, durante todo su viaje, de las tinieblas de la noche, y los condujo, por un sendero inefable, hasta la patria prometida (Cap. 2: PL 93, 50-51).

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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarme: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”



Maná y Vivencias Pascuales (6), 21.4.17

abril 21, 2017

Viernes de la Octava de Pascua

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Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis

Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis



ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 77, 53

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 1-12 – “Fuera de Jesús no hay salvación”

En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Les echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente.

Muchos de los que habían oído el discurso, unos cinco mil hombres, abrazaron la fe.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; entre ellos el sumo sacerdote Anás, Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a Pedro y a Juan y los interrogaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?»

Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos».

SALMO 117, 1-2.4.22-24.25-27a – “Este es el día en que actuó el Señor”.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Salmo 117, 24

Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 21, 1-14 – “Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio a sus discípulos, y también el pescado”.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar».
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No»

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.

Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua.

Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Juan 21, 12-13

Jesús dijo a sus discípulos: Vamos, comed. Y tomó el pan y se lo dio. Aleluya.

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Clave interpretativa y aplicación a nuestra vida

El texto refleja las vicisitudes de la comunidad cristiana primitiva que se siente enviada a la misión y a la evangelización de todos los pueblos.

Destaca la figura de Pedro y la colaboración de los demás discípulos, la experiencia de la ausencia de Jesús, “la noche”, el “mar” del mundo, la universalidad de la misión -153 pescados-, la presencia del Resucitado, y la Eucaristía.

Pedro, arropado por sus compañeros, vuelve a sus labores habituales. Está nostálgico de la relación amistosa con Jesús, triste por haberle negado, deseoso de algo, no sabe de qué… Porque ya no es el mismo de antes. No puede borrar a Jesús de su mente, de sus sentidos, de su corazón.

En esto, aparece un personaje extraño, a lo lejos, un fantasma, una señal de que Jesús está vivo… Le ayuda a descubrirlo el discípulo amado.

Pedro, no se lo piensa dos veces, se lanza al agua, nada casi desesperado, se siente atraído como por un imán hacia Jesús, nada hasta la orilla, hacia ese extraño que cree que le está mirando, le está atrayendo, seduciendo.

¡Era cierto, el Maestro estaba vivo, no podía ser de otra manera, era imposible que todo acabara en el sepulcro, no, era verdad, estaba vivo! Se arrojó a sus pies y los besó.

Quería estar a su lado, reencontrarlo, convencerse de que no estaba loco, de que era verdad lo que veía y sentía. Quería tenerlo cerca, besar sus llagas, llorar en su regazo, pedirle perdón de todo corazón, sentir su perdón, una y otra vez.

También tú y yo, queremos estrenar un corazón nuevo en esta Pascua, queremos dejarnos llevar de la corazonada de pensar, creer y sentir que Cristo está vivo, que ya no somos los mismos de antes, que la vida puede y deber ser de otra manera…

Queremos creer, queremos ir más allá del fantasma de la rutina, tocar las heridas de Jesús, pedir perdón, agradecer a Jesús que ha venido al mundo, que nos ha amado hasta el extremo, que ha sido fiel y paciente, que se ha dejado maltratar hasta morir en la cruz para que nosotros entendamos las Escrituras, los planes del Padre, el amor de la Trinidad santísima…

El amor del Padre que nos ha entregado a su propio Hijo; la humildad y sumisión del Hijo que nos ha amado hasta el extremo: ¿qué más podía hacer por nosotros?

Y la inspiración del Espíritu que nos testimonia la bondad del Padre y la solidaridad del Hijo, que nos reanima y consuela con la certeza de que nuestros pecados son perdonados, que nos llena de la santa unción de la alegría y del gozo en Dios.

Y todo esto porque a Dios le pareció bien, para alabanza de su gloria. Aleluya. El gozo en el Señor sea nuestra fortaleza. Aleluya.

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Comentario de Alessandro Pronzato

“Jesús se presenta por la mañana, en la playa. Es el alba de un nuevo día. Pero los discípulos, concentrados en su trabajo, encerrados en su esfuerzo, no le reconocieron.

Muchachos, ¿habéis pescado algo? La llamada interrumpe un trabajo infructuoso, les hace conscientes de su fracaso.

Si no queremos trabajar en vano, es necesario que Jesús nos enseñe continuamente el oficio. Los apóstoles estaban convencidos de que pescar era asunto suyo. Se consideraban expertos.

Pero a través del fracaso descubren que han de dejar que Jesús les indique el estilo y el modo: Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis algo”.

Dios nos libre de creernos que lo sabemos todo, que ya somos expertos. Que la humildad y la llamada constante del Señor nos mantenga siempre en la condición y en la actitud de aprendices.

No llevamos nosotros la parroquia, el colegio, la misión… sino que es Jesús quien lo lleva todo, y nosotros “colaboramos”, nada más. Él diálogo constante con él nos librará del activismo, de la ansiedad y de la rutina y la vaciedad.

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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ÉL ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”

5) ¿Cómo experimentar la infinita misericordia de Dios para poder irme a descansar en paz, abandonado en Dios, mi padre amoroso?