Ángelus del Papa Francisco sobre la Trinidad

mayo 31, 2015

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Trinidad

Trinidad Santa, Único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo

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El camino de la vida cristiana es un camino esencialmente ‘trinitario’

Toda la vida cristiana gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito

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“Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano, dijo el Papa en la reflexión previa a la oración del Ángelus. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos –y con voz fuerte- la señal de la cruz ¡todos juntos! En nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Texto completo traducido del italiano de la reflexión del domingo de la Solemnidad de la Trinidad

«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! Y ¡Buen domingo!

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de Personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios Vivo.

Y Jesús nos ha enseñado este misterio. Él nos ha hablado de Dios como Padre; nos ha hablado del Espíritu; y nos ha hablado de Sí mismo como Hijo de Dios. Y así nos ha revelado este misterio.  Y cuando, resucitado, ha enviado a los discípulos a evangelizar a todos los pueblos les dijo que los bautizaran «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19)

Este mandato, Cristo lo encomienda en todo tiempo a la Iglesia, que ha heredado de los Apóstoles el mandato misionero. Lo dirige también a cada uno de nosotros, que, gracias al Bautismo, formamos parte de su Comunidad.

Por lo tanto, la solemnidad litúrgica de hoy, al tiempo que nos hace contemplar el misterio estupendo -del cual provenimos y hacia el cual vamos- nos renueva la misión de vivir la comunión con Dios y vivir la comunión entre nosotros, sobre el modelo de esa comunión de Dios.

No estamos llamados a vivir ‘los unos sin los otros, encima o contra los otros’, sino ‘los unos con los otros, por los otros y en los otros’. Ello significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorizando los diversos carismas, bajo la guía de los Pastores.

En una palabra, se nos encomienda la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más familia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y de evangelizar, no sólo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios, que habita en nosotros.

La Trinidad, como había empezado a decir, es también el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es, en efecto, un camino esencialmente ‘trinitario’: el Espíritu Santo nos guía al conocimiento pleno de las enseñanzas de Cristo. Y también nos recuerda lo que Jesús nos ha enseñado: su Evangelio; y Jesús, a su vez, ha venido al mundo para hacernos conocer al Padre, para guiarnos hacia Él, para reconciliarnos con Él.

Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos pues, mantener siempre elevado el ‘tono’ de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para cuál gloria nosotros existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a cuál inmenso premio estamos llamados.

Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos -y con voz fuerte- la señal de la cruz ¡todos juntos! En nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

En este último día del mes de mayo, el mes mariano, nos encomendamos a la Virgen María. Que Ella -que más que cualquier otra criatura, ha conocido, adorado, amado el misterio de la Santísima Trinidad- nos guíe de la mano; nos ayude a percibir, en los eventos del mundo, los signos de la presencia de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; nos obtenga amar al Señor Jesús con todo el corazón, para caminar hacia la visión de la Trinidad, meta maravillosa a la cual tiende nuestra vida.

Le pedimos también que ayude a la Iglesia a ser misterio de comunión, a ser siempre una Iglesia comunidad hospitalaria, donde toda persona, especialmente pobre y marginada, pueda encontrar acogida y sentirse hija de Dios, querida y amada».

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

 

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El maná de cada día, 31.5.15

mayo 30, 2015

Solemnidad de la Santísima Trinidad, Ciclo B

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Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!»

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!»


Antífona de Entrada

Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros.

Oración colecta

Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio; concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»


SALMO 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió con heredad.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 14-17

Hermanos:

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.

Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritan «¡Abba!» (Padre).

Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.


Aclamación antes del Evangelio: Ap 1, 8

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.

EVANGELIO: Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les habla indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»


Antífona de comunión: Ga 4, 6

Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá! Padre.


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ANTE TI ESTÁ MI CIENCIA Y MI IGNORANCIA

San Agustín (La Trinidad XV, 28, 51)

Señor y Dios mío, en ti creo, Padre, Hijo y Espíritu Santo. No diría la Verdad: Id, bautizad a todos los pueblos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 19), si no fueras Trinidad. Y no mandarías a tus siervos ser bautizados, mi Dios y Señor, en el nombre de quien no es Dios y Señor. Y si tú, Señor, no fueras al mismo tiempo Trinidad y un solo Dios y Señor, no diría la Palabra divina: Escucha, Israel: el Señor tu Dios es un Dios único (Dt 6, 4). Y si tú mismo fueras Dios Padre y fueras también Hijo, tu palabra Jesucristo, y el Espíritu fuera vuestro Don, no leeríamos en las Escrituras canónicas: Envió Dios a su Hijo (Gál 4, 4; Jn 3, 17); ni tú, ¡oh Unigénito!, dirías del Espíritu Santo: Que el Padre enviará en mi nombre (Jn 14,26), y que yo os enviaré de parte del Padre (Jn 15, 26).

Fijé mi atención en esta regla de fe; te he buscado según mis fuerzas y en la medida en que tú me hiciste poder, y anhelé ver con mi inteligencia lo que creía mi fe, y disputé y me afané en demasía. Señor y Dios mío, mi única esperanza, óyeme para que no sucumba al desaliento y deje de buscarte; ansíe siempre tu rostro con ardor. Dame fuerzas para la búsqueda, tú que hiciste que te encontrara y me has dado esperanzas de un conocimiento más perfecto. Ante ti está mi firmeza y mi debilidad; sana ésta, conserva aquélla. Ante ti está mi ciencia y mi ignorancia; si me abres, recibe al que entra; si me cierras, abre al que llama. Haz que me acuerde de ti, te comprenda y te ame. Acrecienta en mí estos dones hasta la reforma completa.

Sé que está escrito: En las muchas palabras no estás exento de pecado (Prov 10, 19). ¡Ojalá sólo abriera mis labios para predicar tu palabra y cantar tus alabanzas! Evitaría así el pecado y adquiriría abundancia de méritos, aun en la muchedumbre de mis palabras. Aquel varón amado de ti no habrá ciertamente aconsejado el pecado a su verdadero hijo en la fe, cuando le escribe: predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo (2 Tim 4, 2). ¿Acaso se podrá decir que no habló mucho el que no callaba tu palabra ni a tiempo ni a destiempo? No, no era mucho, pues todo era necesario. Líbrame, Dios mío de la muchedumbre de palabras que padezco en mi interior, en mi alma, mísera en tu presencia y acogida a tu misericordia.

Cuando callan mis labios, no guardan silencio mis pensamientos. Y si sólo pensara en las cosas que son de tu agrado, no te rogaría que me librases de la abundancia de mis palabras. Pero son muchos mis pensamientos; tú los conoces: son pensamientos humanos, pues son vanos. Otórgame no consentir en ellos, sino haz que pueda rechazarlos cuando siento su caricia; nunca permitas que me detenga adormecido en sus halagos. Jamás ejerzan sobre mí su poderío ni pesen en mis acciones. Con tu ayuda protectora sea mi juicio seguro y mi conciencia esté al abrigo de su influjo.

Hablando el sabio de ti en su libro, hoy conocido con el nombre de Eclesiástico, dice: Muchas cosas decimos, sin acabar nunca; sea la conclusión de nuestro discurso él mismo (43,29).

Cuando arribemos a tu presencia, cesarán estas muchas cosas que ahora hablamos sin entenderlas, y tú permanecerás todo en todos, y entonces modularemos un cántico eterno, loándote a un tiempo todos unidos en ti.

Señor, Dios uno y Dios Trinidad, cuanto queda dicho en estos mis libros porque tú me lo has inspirado, conózcanlo los tuyos; si algo hay en ellos de mi cosecha, perdónalo tú, Señor, y perdónenme los tuyos. Así sea.


El maná de cada día, 30.5.15

mayo 30, 2015

Sábado de la 8ª semana del Tiempo Ordinario

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Ser coherentes y predicar el escándalo de la Cruz, a pesar de las persecuciones

Hay que ser coherente y predicar el escándalo de la Cruz a pesar de las persecuciones



PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 51, 12-20

Doy gracias y alabo y bendigo el nombre del Señor.

Siendo aún joven, antes de torcerme, deseé la sabiduría con toda el alma, la busqué desde mi juventud y hasta la muerte la perseguiré; crecía como racimo que madura, y mi corazón gozaba con ella, mis pasos caminaban fielmente siguiendo sus huellas desde joven, presté oído un poco para recibirla, y alcancé doctrina copiosa; su yugo me resultó glorioso, daré gracias al que me enseñó;

decidí seguirla fielmente, cuando la alcance no me avergonzaré; mi alma se apegó a ella, y no apartaré de ella el rostro; mi alma saboreó sus frutos, y jamás me apartaré de ella; mi mano abrió sus puertas, la mimaré y la contemplaré; mi alma la siguió desde el principio y la poseyó con pureza.



SALMO 18, 8.9.10.11

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila.


Aclamación antes del Evangelio: Col 3, 16a. 17c

Que la palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente. Dad gracias por Cristo a Dios Padre.


EVANGELIO: Marcos 11, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»

Jesús les respondió: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.»

Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es de Dios, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído?” Pero como digamos que es de los hombres…» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.)

Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»

Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»


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Lo que escandaliza de la Iglesia
es el misterio de la encarnación del Verbo

Homilía del papa Francisco en la misa del
sábado 1º de junio de 2013, en Santa Marta

“La Iglesia no es una organización de cultura” sino que es “la familia de Jesús”.  El papa ha subrayado que los cristianos no deben tener vergüenza de vivir con el escándalo de la Cruz y les ha exhortado a no dejarse “atrapar por el espíritu del mundo”.

¿Con qué autoridad hacés estas cosas? El papa Francisco ha desarrollado su homilía partiendo de la pregunta dirigida a Jesús por los escribas y los sumos sacerdotes. Una vez más, ha observado, quieren tender “una trampa” al Señor, tratando de llevarlo “contra la pared”, de hacerle equivocarse.

Pero ¿cuál es -se pregunta el papa- el problema que esta gente tenía con Jesús? ¿Son quizás los milagros que hacía? No, no es esto. En realidad, ha afirmado, “el problema que escandalizaba a esta gente era el de que los demonios gritaban a Jesús: ‘¡Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Santo!’”.

Este “es el centro”, esto escandaliza de Jesús: “Él es Dios que se ha encarnado”. También a nosotros, ha proseguido, “nos tienden trampas en la vida”, pero lo que “escandaliza de la Iglesia es el misterio de la Encarnación del Verbo”. Y “esto no se tolera, esto el demonio no lo tolera”.

“Cuántas veces se oye decir: ‘Pero, vosotros cristianos, sed un poco más normales, como las otras personas, ¡razonables!’. Este es un discurso de encantadores de serpientes: ‘Pero, sed así ¿no?, un poco más normales, no seáis tan rígidos…’ Pero detrás de esto está: ‘Pero, no vengáis con historias ¡que Dios se ha hecho hombre!

La Encarnación del Verbo, ¡ese es el escándalo que está detrás! Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: ‘Pero qué buena la Iglesia, qué buena la obra social que hace la Iglesia’. Pero si decimos que hacemos esto porque aquellas personas son la carne de Cristo, viene el escándalo. Y esa es la verdad, esa es la revelación de Jesús: esa presencia de Jesús encarnado”.

Y “este es el punto”, ha subrayado el papa Francisco: “Siempre estará la seducción de hacer cosas buenas sin el escándalo del Verbo Encarnado, sin el escándalo de la Cruz”. Debemos en cambio “ser coherentes con este escándalo, con esta realidad que escandaliza”. Es “mejor así: la coherencia de la fe”.

El papa ha recordado lo que afirma el apóstol Juan: “Quienes niegan que el Verbo ha venido en la carne son del anticristo, son el anticristo”. Por otra parte, ha añadido, “sólo aquellos que dicen que el Verbo ha venido en carne son del Espíritu santo”. El papa Francisco ha afirmado que “nos hará bien a todos pensar esto: la Iglesia no es una organización de cultura, ni de religión, ni social”.

“La Iglesia es la familia de Jesús. La Iglesia confiesa que Jesús es el Hijo de Dios venido en la carne: ese es el escándalo, y por esto perseguían a Jesús. Y al final, aquello que no había querido decir Jesús a estos -¿con qué autoridad haces esto?- lo dice al sumo sacerdote. ‘Pero, al final di: ¿Tú eres el Hijo de Dios? – ‘¡Sí¡’. Condenado a muerte por ello.

Este es el centro de la persecución. Si nos convertimos en cristianos razonables, cristianos sociales, cristianos de beneficencia solo, ¿cuál será la consecuencia? Que no tendremos nunca mártires: esa será la consecuencia”.

Cuando en cambio nosotros cristianos decimos esta verdad, que “El Hijo de Dios ha venido y se ha hecho carne”, cuando nosotros predicamos el escándalo de la Cruz, vendrán las persecuciones, vendrá la Cruz” y eso “será bueno”, “así es nuestra vida”.

“Pidamos al Señor no tener vergüenza de vivir con este escándalo de la Cruz. Y también la sabiduría: pidamos la sabiduría de no dejarnos atrapar por el espíritu del mundo, que siempre nos hará propuestas educadas, propuestas civiles, propuestas buenas pero detrás de ellas está la negación del hecho de que el Verbo ha venido en la carne, de la Encarnación del Verbo. Que al final es eso lo que escandaliza a aquellos que persiguen a Jesús, es eso lo que destruye la obra del diablo. Así sea”.

Zenit.org



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Espíritu Santo, sabiduría del Padre y del Hijo

“Porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría” (Sb 7,28). La sabiduría siempre ha estado junto al prudente, y lo más sabio para el hombre es «saberse» querido por Dios. Por eso, San Pablo pone el fundamento de la sabiduría en la humildad, que es el verdadero conocimiento de Dios y de uno mismo: “Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios” (1 Co 1,27).

Sólo el que es humilde, es decir, el que reconoce sus propias limitaciones, es capaz de ponderar con rectitud aquellos juicios necesarios para actuar con responsabilidad en el propio deber personal. No se trata de esa falsa humildad, que va pregonando con la boca su falta de cualidades, sólo por llamar la atención de la gente o mover a los demás a la propia compasión. Esta actitud, tan llena de soberbia, sólo sabe de sí mismo y se incapacita ciegamente para poder conocer algo de Dios. Ser sabio, además, es saberse signo de contradicción ante un mundo que, volviendo la espalda a Dios, mira con desprecio a la Cruz.

La acción del Espíritu Santo en María la hizo merecedora de una sabiduría capaz de discernir lo esencial de lo superfluo, lo permanente de lo caduco, lo divino de lo humano. Junto a la Cruz de su Hijo, escuchó a la única sabiduría que puede salvar al mundo: “Todo está cumplido” (Jn 19,30). Y todo lo meditaba en su corazón, porque es ahí, en el centro del alma, donde Dios da a conocer todos los secretos de su vida.

Sólo en esa intimidad, en ese trato frecuente con el Señor, encuentra el Espíritu Santo el clima idóneo para entregar al alma las cosas de Dios. Él nos conduce hasta la verdad plena, entre las tinieblas y las oscuridades de nuestra flaca humanidad, hasta que lleguemos un día a contemplar el rostro glorioso de Cristo, en quien se nos da la sabiduría del Padre.

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Diez cosas de la vida cotidiana del Papa Francisco

mayo 29, 2015
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Diez detalles de la vida cotidiana del Papa Francisco (De la entrevista concedida al diario “La Voz del Pueblo) 

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El Papa Francisco ha concedido una entrevista al diario argentino “La Voz del Pueblo” con ocasión del 25 de mayo, aniversario del primer gobierno nacional. En ella cuenta una serie de cosas que eran poco o nada conocidas sobre su vida.

1.- No ve televisión: “Televisión no veo desde el año 1990 (se toma el tiempo para responder). Es una promesa que le hice a la Virgen del Carmen en la noche del 15 de julio de 1990”.

2.- Solo lee un diario: “Diario leo solamente uno, La Repubblica, que es un diario para sectores medios. Lo hago a la mañana y no me lleva más de 10 minutos ojearlo”.

3.- No navega en Internet: “Nada”. Así respondió cuando le preguntaron si navega en Internet.

4.- Nunca ha visto jugar a Messi: Nunca ha visto jugar al famoso crack del Barcelona Lionel Messi. Cuando le preguntaron si como Papa se considera un Messi (delantero) o un Mascherano (defensa de la selección argentina), Francisco reveló que no ve fútbol y solo conoce a Messi porque lo visitó en el Vaticano. “Messi vino dos veces acá y nada más, no lo he visto (jugar)”.

5.- Sigue al San Lorenzo a través de un guardia suizo: Nunca dejó de ser hincha del San Lorenzo, equipo argentino actual campeón de la Copa Libertadores, pero no ve los partidos de su equipo porque no ve televisión. Sin embargo se mantiene al tanto de la liga argentina gracias a “un guardia suizo que todas las semanas me deja los resultados y cómo va en la tabla”.

6.- Duerme 6 horas en las noches y lee antes de dormir: “Tengo un sueño tan profundo que me tiro en la cama y me quedo dormido. Duermo seis horas. Normalmente a las nueve estoy en la cama y leo hasta casi las diez, cuando me empieza a lagrimear un ojo apago la luz y ahí quedé hasta las cuatro que me despierto solo, es el reloj biológico”. Actualmente lee un libro “sobre San Silvano del Monte Athos, un gran maestro espiritual”.

7.- Hace siesta: Dormir seis horas no basta. “Después necesito la siesta. Tengo que dormir de 40 minutos a una hora, ahí me saco los zapatos y me tiro en la cama. Y también duermo profundamente, y también me despierto solo. Los días que no duermo la siesta lo siento”.

8.- No llora en público: “Públicamente no lloro. Me pasó dos veces que estuve al límite, pero me pude frenar a tiempo. Estaba demasiado conmovido, incluso hubo algunas lágrimas que se escaparon, pero me hice el tonto y después de un rato me pasé la mano por la cara”. “Recuerdo una, la otra no. La que me acuerdo tuvo que ver con la persecución de los cristianos en Irak. Estaba hablando de eso y me conmoví profundamente” al “pensar en los chicos”.

9.- Necesita estar con la gente: “No puedo vivir sin gente, no sirvo para monje, por eso me quedé a vivir acá en esta casa (en la residencia de Santa Marta). Esta es una casa de huéspedes, hay 210 piezas, vivimos 40 personas que trabajamos en la Santa Sede y los otros son huéspedes, obispos, curas, laicos, que pasan y se hospedan acá. Y eso a mí me hace mucho bien. Venir aquí, comer en el comedor, donde está toda la gente, tener la misa esa adonde cuatro días a la semana viene gente de afuera, de las parroquias… Me gusta mucho eso. Yo me hice cura para estar con la gente. Doy gracias a Dios que eso no se me haya ido”.

10.- Se considera ciudadano “de alma”: El Papa asegura que “siempre fui callejero. De cardenal me encantaba caminar por la calle, ir en colectivo, subte. La ciudad me encanta, soy ciudadano de alma” y explica que “en el campo no podría vivir”. Tal vez por eso aún añora salir a la calle sin preocupaciones. “Eso sí lo añoro, la tranquilidad de caminar por las calles. O ir a una pizzería a comer una buena pizza”.

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El maná de cada día, 29.5.15

mayo 29, 2015

Viernes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario

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No tenía más que hojas

No tenía más que hojas



PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 44, 1. 9-13

Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados.

Hay quienes no dejaron recuerdo, y acabaron al acabar su vida: fueron como si no hubieran sido, y lo mismo sus hijos tras ellos.

No así los hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos.

Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará.


SALMO 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b

El Señor ama a su pueblo.

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 16

Yo os he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.


EVANGELIO: Marcos 11, 11-26

Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, derecho hasta el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, se marchó a Betania con los Doce.

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie de ti.»

Los discípulos lo oyeron.

Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.

Y los instruía, diciendo: « ¿No está escrito: “Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos?” Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.»

Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él.

Cuando atardeció, salieron de la ciudad.

A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.»

Jesús contestó: «Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.»


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LA HIGUERA ESTÉRIL

Si la higuera está sana y verdea, suele hacerse un árbol frondoso en ramas y en hojas, muy atractiva en sus frutos, dulces y abundantes, y muy apreciada por su sombra cuando el sol arrecia. Fácil es encontrarla colmada de pájaros que vienen a posarse en su ramaje, buscando alguna breva que picotear. Quizá fuera así aquella higuera del Evangelio a la que Jesús se acercó buscando algo de comer pero no encontró en ella más que hojas.

Cuántos cristianos te encontrarás así, con una apariencia frondosa, verdeante y llamativa pero seca de savia interior, a cuya sombra cobijan ambiciosos la aprobación y adulación de los demás, la buena fama, la mera imagen, el reconocimiento de todos.

Evita la superficialidad, la ligereza, el apresuramiento, lo ostentoso, aunque pienses que con ello podrías triunfar a tu alrededor, dentro y fuera de la Iglesia. Huye también de un cristianismo que florece sólo en las hojas del activismo o que cumple protocolariamente los mínimos necesarios para no rozar el pecado, pero que no tiene verdaderos frutos, porque no se alimenta de una savia interior rica y fecunda.

Tus raíces han de ser profundas y muy escondidas, muy hundidas en la hondura de tu oración, alimentadas con esa práctica de tantas virtudes que tu alma necesita para fructificar en frutos abundantes y sabrosos.

Que no le suceda a tu fe superficial y aparente lo que a aquella higuera del Evangelio, incapaz de saciar el hambre del Señor, porque no tenía frutos, y estéril, muy estéril, a pesar de sus hojas atractivas y abundantes.

Ahonda tus raíces, sobre todo, en esa fidelidad diaria al Señor, muy escondida y a veces monótona, pero casi siempre oculta a los ojos de muchos, y experimentarás la belleza inagotable de esa vida que encierra en sí el grano de trigo oculto en la tierra.

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El maná de cada día, 28.5.15

mayo 28, 2015

Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

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Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote



Antífona de entrada: Hb 7,24

Cristo, mediador de una nueva alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.


Oración colecta

Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único sumo y eterno Sacerdote, concede a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 52, 13-15; 53, 1-12

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.

¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor?

Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quien meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

SALMO 39, 6.10-11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio.

Entonces yo digo: “Aquí estoy -como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad.” Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes.

No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.

Aclamación antes del Evangelio: Is 42, 1

Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.

EVANGELIO: Lucas 22, 14-20

Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo: “He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios.”

Y tomando una copa, dio gracias y dijo: “Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.”

Y tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.”

Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.”

Antífona de comunión: Mt 28, 20

Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo -dice el Señor.


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Cristo, sacerdote y víctima
Pío XII. De la carta encíclica Mediator Dei

Cristo es ciertamente sacerdote, pero lo es para nosotros, no para sí mismo, ya que él, en nombre de todo el género humano, presenta al Padre eterno las aspiraciones y sentimientos religiosos de los hombres.

Es también víctima, pero lo es igualmente para nosotros, ya que se pone en lugar del hombre pecador.

Por esto, aquella frase del Apóstol: Tened los mismos sentimientos propios de Cristo Jesús exige de todos los cristianos que, en la media de las posibilidades humanas, reproduzcan en su interior las mismas disposiciones que tenía el divino Redentor cuando ofrecía el sacrificio de sí mismo: disposiciones de una humilde sumisión, de adoración a la suprema majestad divina, de honor, alabanza y acción de gracias.

Les exige asimismo que asuman en cierto modo la condición de víctimas, que se nieguen a sí mismos, conforme a las normas del Evangelio, que espontánea y libremente practiquen la penitencia, arrepintiéndose y expiando los pecados.

Exige finalmente que todos, unidos a Cristo, muramos místicamente en la cruz, de modo que podamos hacer nuestra aquella sentencia de san Pablo: Estoy crucificado con Cristo.


Cristo vive siempre para interceder en nuestro favor
De las cartas de san Fulgencio de Ruspe, obispo

Fijaos que en la conclusión de las oraciones decimos: «Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo»; en cambio, nunca decimos: «Por el Espíritu Santo».

Esta práctica universal de la Iglesia tiene su explicación en aquel misterio según el cual, el mediador entre Dios y los hombres es el hombre Cristo Jesús, sacerdote eterno según el rito de Melquisedec, que entró una vez para siempre con su propia sangre en el santuario, pero no en un santuario construido por hombres, imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, donde está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.

Teniendo ante sus ojos este oficio sacerdotal de Cristo, dice el Apóstol: Por su medio, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre.

Por él, pues, ofre­cemos el sacrificio de nuestra alabanza y oración, ya que por su muerte fuimos reconciliados cuando éramos toda­vía enemigos.

Por él, que se dignó hacerse sacrificio por nosotros, puede nuestro sacrificio ser agradable en la presencia de Dios.

Por esto, nos exhorta san Pedro: Tam­bién vosotros, como piedras vivas, entráis en la construc­ción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

Por este motivo, decimos a Dios Pa­dre: «Por nuestro Señor Jesucristo».

Al referirnos al sacerdocio de Cristo, necesariamente hacemos alusión al misterio de su encarnación, en el cual el Hijo de Dios, a pesar de su condición divina, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, según la cual se rebajó hasta someterse incluso a la muerte; es decir, fue hecho un poco inferior a los ángeles, conservando no obstante su divinidad igual al Padre.

El Hijo fue hecho un poco inferior a los ángeles en cuanto que, permane­ciendo igual al Padre, se dignó hacerse como un hombre cualquiera.

Se abajó cuando se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo. Más aún, el abajarse de Cristo es el total anonadamiento, que no otra cosa fue el tomar la condición de esclavo.

Cristo, por tanto, permaneciendo en su condición divi­na, en su condición de Hijo único de Dios, según la cual le ofrecemos el sacrificio igual que al Padre, al tomar la condición de esclavo, fue constituido sacerdote, para que, por medio de él, pudiéramos ofrecer la hostia viva, santa, grata a Dios.

Nosotros no hubiéramos podido ofrecer nuestro sacrificio a Dios si Cristo no se hubiese hecho sacrificio por nosotros: en él nuestra propia raza humana es un verdadero y saludable sacrificio.

En efecto, cuando precisamos que nuestras oraciones son ofrecidas por nuestro Señor, sacerdote eterno, reconocemos en él la verdadera carne de nuestra misma raza, de conformidad con lo que dice el Apóstol: Todo sumo sacerdote, escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

Pero, al decir: «tu Hijo», añadimos: «que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo», para recordar, con esta adición, la unidad de naturaleza que tienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y significar, de este modo, que el mismo Cristo, que por nosotros ha asumido el oficio de sacerdote, es por naturaleza igual al Padre y al Espíritu Santo (Carta 14, 36-37: CCL 91, 429-431).


Catequesis del Papa Francisco sobre el noviazgo, 27 mayo 2015

mayo 27, 2015

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Papa Fco. con novios

El Papa Francisco saluda a varias parejas de novios

 

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El Papa Francisco enseña: El Noviazgo es un camino de maduración en el amor, cuenta con etapas que no deben ser “quemadas”, y paso a paso se convierte en Matrimonio

VATICANO, 27 May. 15 / 12:01 pm (ACI).- Durante la Audiencia General de hoy miércoles, el Papa Francisco abordó el tema del noviazgo para explicar que se trata de “un recorrido de vida que debe madurar como la fruta, es un camino de maduración en el amor, hasta el momento en el que se vuelve matrimonio”, con etapas que “no deben ser quemadas” porque la maduración se hace paso a paso.

A continuación el texto completo gracias a la traducción de Radio Vaticana:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuando con estas catequesis sobre la familia, hoy quisiera hablar del noviazgo. El noviazgo tiene que ver con la confianza, la familiaridad, la confiabilidad. Confianza con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es, antes que nada, el descubrimiento de una llamada de Dios.

Ciertamente es algo bello que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco. Pero la libertad del vínculo requiere una armonía consciente de la decisión, no sólo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve… requiere un camino.

El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo bello sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va en profundidad. Se descubre poco a poco el uno al otro, es decir, el hombre ‘aprende’ acerca de la mujer, de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca del hombre, de este hombre, su novio.

No subestimemos la importancia de este aprendizaje: es un compromiso bello, y el mismo amor lo solicita, porque no es solamente una felicidad despreocupada, una emoción encantada…

La narración bíblica habla de la creación entera como un trabajo bello del amor de Dios; el libro del Génesis dice que: «Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Solamente al final, Dios ‘descansó’.

De esta imagen entendemos que el amor de Dios, que dio origen al mundo, no fue una decisión improvisada. ¡No! Fue un trabajo bello. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a durar.

La alianza de amor entre el hombre y la mujer, alianza para la vida, no se improvisa, no se hace de un día para otro. No existe el matrimonio ‘express’, es necesario trabajar sobre el amor, es necesario caminar. La alianza del amor del hombre y de la mujer se aprende y se refina.

Me permito decir que es una alianza artesanal. Hacer de dos vidas una vida sola, es también casi un milagro, un milagro de la libertad y del corazón, confiado a la fe.

Debemos quizá comprometernos más sobre este punto, porque nuestras ‘coordenadas sentimentales’ se han ido confundiendo un poco. Quien pretende querer todo e inmediatamente, después cede también sobre todo -y de inmediato- en la primera dificultad (o en la primera ocasión).

No hay esperanza para la confianza y la fidelidad de la donación de sí mismo, si prevalece el hábito de consumir el amor como una especie de ‘suplemento alimenticio’ del bienestar psico-físico. ¡El amor no es esto!

El noviazgo se centra en la voluntad de cuidar juntos algo que nunca deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por más tentadora que pueda ser la propuesta. Pero también Dios, cuando habla de alianza con su pueblo, lo hace algunas veces en términos de noviazgo.

El libro de Jeremías, hablando al pueblo que se había alejado de Él, le recuerda cuando el pueblo era la ‘novia’ de Dios y dice así: «Me recuerdo de ti, del afecto de tu juventud, del amor al tiempo de tu noviazgo».

Y Dios ha hecho este recorrido del noviazgo; después hace también una promesa: lo hemos escuchado al inicio de la audiencia, en el libro de Oseas: «Te haré mi esposa para siempre, te haré mi esposa en la justicia y en el derecho, en el amor y en la benevolencia. Te haré mi esposa en la fidelidad y tú conocerás al Señor».

Es una larga vía la que el Señor recorre con su pueblo en este camino de noviazgo. Al final, Dios se casa con su pueblo en Jesucristo: esposa de Jesús la Iglesia. El Pueblo de Dios es la esposa de Jesús. ¡Pero cuánto camino!

Y ustedes italianos, en su literatura tienen una obra de arte sobre el noviazgo. Es necesario que los jóvenes la conozcan, que la lean; es una obra de arte en donde se dice la historia de los novios que han padecido tanto dolor, han recorrido un camino lleno de tantas dificultades hasta llegar al final, al matrimonio. No dejen a un lado esta obra de arte sobre el noviazgo que la literatura italiana les ofrece. Vayan hacia adelante, léanla y verán la belleza, el sufrimiento, pero también la fidelidad de los novios. (Se refiere a I promessi sposi de Alessandro Manzoni).

La Iglesia, en su sabiduría, cuida la distinción entre el ser novios y el ser esposos, -no es lo mismo- sobre todo en vista de la delicadeza y profundidad de esta evaluación. Estemos atentos a no despreciar con un corazón ligero esta enseñanza sabia, que se nutre también de la experiencia del amor conyugal felizmente vivido. Los símbolos fuertes del cuerpo conservan las claves del alma: no podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna herida duradera en el espíritu.

Es verdad, la cultura y la sociedad de hoy se han vuelto, más bien, indiferentes a la delicadeza y a la seriedad de este paso. Y por otro lado, no se puede decir que sean generosos con los jóvenes que tienen serias intenciones de formar una familia y de ¡traer al mundo hijos! Es más, a menudo ponen mil obstáculos, mentales y prácticos.

El noviazgo es un camino de vida que debe madurar como la fruta, es un camino de madurez en el amor, hasta el momento en que se convierte en matrimonio.

Los cursos prematrimoniales son una expresión especial de la preparación. Y nosotros vemos tantas parejas, que quizá llegan al curso un poco ‘sin quererlo’, “pero estos sacerdotes que nos piden hacer un curso”. Pero ¿por qué? ¡No sabemos! Y van a regañadientes. Pero después están contentos y agradecen, porque de hecho han encontrado allí la ocasión -¡a menudo la única!– para reflexionar sobre su experiencia en términos no banales.

Sí, muchas parejas están juntas tanto tiempo, quizá también en la intimidad, a veces conviviendo, pero no se conocen verdaderamente. Parece extraño, pero la experiencia demuestra que es así. Por eso, va revalorizado el noviazgo como tiempo de conocimiento recíproco y de compartir de un proyecto.

El camino de preparación al matrimonio viene configurado en esta perspectiva, valiéndose también del testimonio simple pero intenso de cónyuges cristianos.

Y dirigiéndose también a lo esencial: la Biblia, de redescubrir juntos, en forma consciente; la oración en su dimensión litúrgica, pero también en aquella ‘oración doméstica’, para vivir en familia, los sacramentos, la vida sacramental, la Confesión, en la cual el Señor viene a demorar en los novios y los prepara para recibirse verdaderamente el uno al otro ‘con la gracia de Cristo’; y la fraternidad con los pobres, con los necesitados, que nos provocan la sobriedad y el compartir.

Los novios que se comprometen en esto crecen los dos y todo esto lleva a preparar una linda celebración del Matrimonio en forma distinta, ¡No mundana sino en modo cristiano!

Pensemos en estas palabras de Dios que hemos escuchado cuando Él habla a su pueblo como el novio a la novia: «Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor».

Cada pareja de novios piense en esto y diga el uno al otro: “Te haré mi esposa, te haré mi esposo”. Esperaré aquel momento; es un momento, es un recorrido que va lentamente hacia adelante, pero es un camino de maduración. Las etapas del camino no deben ser quemadas. La maduración se hace así, paso a paso.

El tiempo del noviazgo puede convertirse de verdad en un tiempo de iniciación. ¿A qué? A la sorpresa de los dones espirituales con los cuales el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición.

Ahora les invito a rezar a la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, José y María. Recen para que la familia realice este camino de preparación; recen por los novios. Recemos a la Virgen todos juntos, un Ave María para todos los novios, para que puedan entender la belleza de este camino hacia el Matrimonio. [Ave María….]. Y a los novios que están en la plaza: “¡Buen camino de noviazgo!”.

https://www.aciprensa.com/noticias/texto-catequesis-del-papa-francisco-sobre-el-noviazgo-14446/