Nicolás Maduro y la banalidad del mal

mayo 6, 2018

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Los presidentes Maduro y Putin, en Teherán

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Nicolás Maduro y la banalidad del mal

Este artículo desmonta, una a una, las afirmaciones que el presidente de Venezuela defendió en una tribuna reciente publicada en este periódico

Por Moisés Naím

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Que la maldad puede ser banal ya nos lo explicó Hannah Arendt. Después de asistir al juicio contra Adolf Eichmann en 1961, Arendt escribió que su principal sorpresa fue descubrir lo anodino que era ese monstruoso ser humano. Este oficial de las SS fue uno de los principales organizadores del Holocausto, en el que fueron asesinados más de seis millones de niños, mujeres y hombres.

Arendt cuenta que Eichmann no era muy inteligente; no pudo completar los estudios secundarios o la escuela vocacional y solo encontró empleo como vendedor itinerante gracias a los contactos de su familia. Según Arendt, Eichmann se refugiaba en “frases hechas, clichés y el lenguaje oficial”. Uno de los sicólogos que lo examinó reportó que “su única característica inusual era ser más normal en sus hábitos y en su lenguaje que el promedio de la gente”.

Por supuesto que hay grandes diferencias entre Adolf Eichmann y Nicolás Maduro. Pero también similitudes. A Maduro tampoco le fue muy bien en los estudios o en su vida laboral y sus tropiezos gramaticales siguen haciendo las delicias de quienes lo siguen en redes sociales. Las “frases hechas, clichés y el lenguaje oficial” saturan su vocabulario. Su banalidad es ya legendaria.

El presidente de Venezuela acaba de publicar un muy revelador artículo de opinión en EL PAÍS. En él documenta su mendacidad, confirma su banalidad y despliega su inmensa crueldad.

Comienza afirmando: “Nuestra democracia es distinta a todas. Porque todas las demás… son democracias formadas por y para las élites”. Resulta que la opulenta élite creada por Hugo Chávez, y perpetuada por Nicolás Maduro, lleva dos décadas enriqueciéndose ilícitamente y ejerciendo el poder de manera nada democrática.

Su control sobre todas las instancias es absoluto. Un ejemplo: entre 2004 y 2013, el Tribunal Supremo de Justicia dictó 45.474 sentencias. ¿Cuántas de estas fallaron en contra del Gobierno? Ninguna.

Maduro continúa: “La revolución cambió y se volvió feminista. Y entre todos y todas decidimos remover la violencia machista de nuestro sistema de salud y empoderar a las mujeres a través del programa nacional de parto humanizado”.

Según la prestigiosa revista médica The Lancet, la mortalidad de las madres en Venezuela en los últimos años ha aumentado un 65% y la mortalidad infantil, en un 30%. ¿Parto humanizado y feminista?

El año pasado, el 64% de la población perdió, en promedio, 11 kilos de peso por falta de comida

Pero Nicolás Maduro no solo se preocupa por las madres. También lo angustian los jóvenes: “Hace 20 años, antes de nuestra revolución bolivariana, era normal echar la culpa de la cesantía de los jóvenes a los propios jóvenes… que por flojos merecían una salud paupérrima, sueldos de hambre y vivir sin techo. Pero con nosotros en el Gobierno la cosa cambió…”.

En esto el presidente tiene razón, la cosa cambió: ahora el poder de compra del salario mínimo es un 94,4% más bajo de lo que era en 1998. En la práctica, el salario mínimo “en la calle” es de poco más de tres dólares al mes (2,5 euros). Un mes de salario mínimo “oficial” solo alcanza para comprar dos kilos de pollo. Y ni siquiera todos lo alcanzan.

Una enfermera que trabaja por su cuenta, por ejemplo, gana el equivalente de seis centavos de dólar al día. Pero hay más: los jóvenes que tanto preocupan al presidente son las víctimas más frecuentes del desenfreno criminal que sacude al país. Venezuela sufre uno de los más altos índices de asesinatos del mundo. ¿Qué ha hecho Maduro al respecto? Nada.

Naturalmente, la prioridad del presidente es el pueblo: “… Es esencial que la economía esté al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio de la economía… La economía es el corazón de nuestro proyecto revolucionario. Pero en mi corazón está primero que todo la gente”.

Esa gente que puebla el corazón del presidente está siendo diezmada por la primera hiperinflación latinoamericana del siglo XXI y por la falta de alimentos, medicinas y productos básicos. Según el Fondo Monetario Internacional, los precios subirán un 13.000% este año.

El año pasado, el 64% de la población perdió, en promedio, 11 kilos de peso por falta de comida. Este año el desabastecimiento es aún peor y hay severos racionamientos de agua y electricidad. Menos mal que la economía que preside Maduro está al servicio del pueblo. ¿Cómo sería si no fuese así?

Además de desplegar su liderazgo económico y social, el presidente de Venezuela usa su columna para reafirmar sus credenciales democráticas: “Para nosotros solo hay libertad y democracia cuando hay un otro que piensa distinto al frente, y también un espacio donde esa persona pueda expresar su identidad y sus diferencias”.

Para centenares de presos políticos, ese “espacio” es una celda inmunda donde viven hacinados en condiciones inhumanas y donde algunos de ellos son regularmente torturados, tal como lo han denunciado todas las organizaciones internacionales de derechos humanos. En la Venezuela de Chávez y Maduro, pensar distinto se volvió muy peligroso.

Un mes de salario mínimo “oficial” solo alcanza para comprar dos kilos de pollo. Y ni siquiera todos lo alcanzan

Para profundizar en la democracia que reina en su país, Maduro ha convocado elecciones anticipadas y es uno de los candidatos con más posibilidades de ganar, a pesar de que sus votantes se están muriendo de hambre: “Nos hemos empeñado con pasión en transparentar, en respetar y en hacer respetar las leyes electorales para las elecciones del próximo 20 de mayo… Y ese proceso será limpio y modelo…”.

El pequeño detalle que omite el presidente y candidato es que 15 Gobiernos de América Latina, más la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá han denunciado como fraudulentos los inminentes comicios y han declarado que no reconocerán sus resultados.

Maduro el demócrata inhabilitó a los principales partidos de la oposición; sus candidatos más populares están presos, exiliados o descalificados, y no permite que observadores internacionales independientes monitoreen el proceso electoral. Pero el presidente no está solo. La gran democracia rusa mandará un equipo de observadores para garantizar la pulcritud del proceso. Cuba y Nicaragua también.

Es muy revelador que, en su larga columna, Maduro no haya dedicado ni una línea a comentar sobre el infierno que están viviendo los venezolanos. En las encuestas que miden la felicidad expresada por la gente en distintos países, Venezuela solía estar en los primeros lugares. Hoy es uno de los lugares más infelices del mundo; ocupa la posición 102 entre 156 países encuestados. Los millones de venezolanos que han abandonado su tierra tampoco merecen comentario alguno de Maduro.

Y es que una de las peculiaridades más indignantes del régimen de Chávez y Maduro es la criminal indiferencia que han mostrado ante el sufrimiento de los venezolanos que ellos dicen amar. La indolencia, el desinterés, la pasividad con los cuales Maduro trata las trágicas crisis que crecen y se multiplican, matando a diario cada vez a más venezolanos, parecieran no afectarlo, no motivarlo a actuar, a buscar ayuda.

Es al contrario: Maduro niega que Venezuela sufra una crisis humanitaria y no permite la ayuda internacional que podría ya haber salvado miles de vidas.

Sí; Maduro es banal. Pero también letal.

Moisés Naím, columnista de EL PAÍS, fue ministro de Fomento (1989-1990) de Venezuela y director del Banco Central venezolano. Twitter: @moisesnaim

https://elpais.com/elpais/2018/05/04/opinion/1525448443_754172.html.

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La tragedia más grande después de la Segunda Guerra Mundial

mayo 4, 2018

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Niños rohingya migrantes, refugiados…

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La tragedia más grande después de la Segunda Guerra Mundial

Hay 257,720,000 refugiados y emigrantes en todo el mundo

Por Jaime Septién

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El Papa Francisco ha calificado, en repetidas ocasiones, la crisis de los refugiados y emigrantes en el mundo actual como la tragedia más poderosa y más grande después de la Segunda Guerra Mundial.

En Lesbos, Grecia, en abril de 2016 admitió que la preocupación de las instituciones y de la gente sobre el ingreso a su país de refugiados y emigrantes “es comprensible y legítima”, pero Francisco instó al mundo occidental a no olvidar que los emigrantes, “antes que números son personas, son rostros, nombres, historias”.

Desde el principio de su pontificado ha sido recurrente el tema de migrantes y refugiados, sobre todo el tema del trato vejatorio que sufren muchas mujeres y niños.

“Por desgracia, algunos, entre ellos muchos niños, no han conseguido ni siquiera llegar: han perdido la vida en el mar, víctimas de un viaje inhumano y sometidos a las vejaciones de verdugos infames”, dijo también en aquella ocasión en la isla de Lesbos.

Una situación para meditar

La situación es grave, qué duda cabe. En esos momentos, según un análisis realizado por el Pew Research Center con datos de Naciones Unidas correspondiente a diciembre de 2017, hay 257,720,000 de refugiados y emigrantes en todo el mundo. Se entiende por ello, personas que se han visto forzadas a salir de sus países de nacimiento por diversas circunstancias, las más recurrentes son el hambre, la falta de empleo, la violencia y la guerra.

De 2010 a 2017 la migración mundial ha crecido 17 por ciento y la novedad es que las naciones de África subsahariana representan ocho de las diez poblaciones de migrantes internacionales de más rápido crecimiento desde 2010. El número de migrantes de cada uno de estos países subsaharianos creció 50 por ciento o más entre 2010 y 2017.

El informe del Pew señala que “al menos un millón de africanos subsaharianos se han trasladado a Europa desde 2010. Coincidiendo con los siete años de la guerra civil que padece, Siria tiene la población migrante y refugiada de más rápido crecimiento en el mundo: seis de cada diez sirios de antes del conflicto interno se encuentra desplazada.

Siria, Sudán del Sur y República Centroafricana

De hecho, Siria encabeza el total de emigrantes en el mundo con 6,860,000 personas fuera de su país de nacimiento. El porcentaje de crecimiento de refugiados sirios aumentó 536 por ciento de 2010 a 2017. El siguiente país es Sudán del Sur con 1,750,000 refugiados, un aumento de 334 por ciento en el mismo período, y detrás la República Centroafricana con 720,000 refugiados y un porcentaje de aumento de 204 por ciento.

Por lo demás, medidos en porcentaje de aumento, y no en número de refugiados, en 2017 a Siria, Sudán del Sur y República Centroafricana les sigue San Tomé y Príncipe -un país africano formado por varias islas localizadas en el golfo de Guinea, específicamente al noroeste de la costa de Gabón- con 80,000 emigrantes, pero un porcentaje de incremento del 2010 al 2017 de 167 por ciento.

Los siguientes países expulsores de emigrantes refugiados en 2017 son Eritrea, Namibia, Ruanda, Botsuana, Sudán y Burundi. En número total de refugiados y emigrantes en 2017, Sudán, con 1,950.000 personas le sigue a Siria, sin embargo, el crecimiento en porcentaje de los últimos siete años de Sudán es de 63 por ciento.

Los últimos datos de 2017

El año pasado, el número total de personas en el mundo que se habían visto obligadas a huir de su país de origen por motivo de guerra se elevó a 65.6 millones de seres humanos.

Desde luego, el conflicto en Siria es el que ha provocado un número mayor de desplazamientos en los últimos años. Más de once millones y medio de personas sirias han perdido su hogar. La mayoría de los que han logrado salir del país, están en los estados vecinos de Turquía, Líbano y Jordania.

Por lo demás, cerca de un millón de personas solicitaron asilo en Europa y, desgraciadamente, más de 5,000 murieron en el Mediterráneo por la falta de vías legales, 40,000, en lo que va del siglo XXI, lo que consolida al Mediterráneo como la ruta migratoria más mortal del mundo.

La tragedia más grande después de la Segunda Guerra Mundial


Papa Francisco: “Mañana viajaré a Chile y Perú. Les pido que me acompañen con la oración”

enero 14, 2018

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Papa Francisco: “Mañana viajaré a Chile y Perú. Les pido que me acompañen con la oración”

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Papa Francisco: “Mañana viajaré a Chile y Perú. Les pido que me acompañen con la oración”

En el Ángelus el Papa recuerda a los migrantes y refugiados

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Después de rezar la antífona mariana del Ángelus en vísperas de su viaje apostólico a Chile y Perú, el Santo Padre pidió a los fieles que lo acompañen con su oración. Y en la Jornada Mundial del Migrante reafirmó que nuestra respuesta común debe articularse en torno a cuatro verbos fundados en los principios de la doctrina de la Iglesia: “acoger, proteger, promover e integrar”.

A la hora del Ángelus del segundo domingo del tiempo ordinario, y en vísperas de su viaje apostólico a Chile y Perú, el Santo Padre dio su cordial bienvenida a los numerosos fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro, deseosos de escuchar su comentario al Evangelio, rezar por sus intenciones de pastor de la Iglesia universal y recibir su bendición apostólica.

Al igual que en la Epifanía y en el Bautismo de Jesús –comenzó explicando el Papa– también el Evangelio de hoy propone el tema de la manifestación del Señor al referir que Juan Bautista lo indica a sus discípulos como “el Cordero de Dios”, invitándolos a que lo sigan.

De la misma manera es para nosotros –dijo Francisco– puesto que Aquel al que hemos contemplado en el misterio de la Navidad, ahora estamos llamados a seguirlo en la vida cotidiana.

Y tras recordar que el tiempo litúrgico sirve para animar y verificar el camino de los creyentes en una dinámica que se mueve entre epifanía y seguimiento, y entre manifestación y vocación, el Papa Bergoglio afirmó que el relato evangélico de este domingo indica las características esenciales del itinerario de fe de los discípulos de todos los tiempos.

Sí –porque como explicó el Santo Padre– esto nace de la pregunta que Jesús dirigió a los dos que, impulsados por Juan, comienzan a seguirlo. Y la pregunta es: “¿Qué buscan?”. La misma que se vuelve a presentar la mañana de Pascua, y que el Resucitado dirigirá a María  Magdalena.

Por esta razón el Sucesor de Pedro agregó que “cada uno de nosotros, en cuanto seres humanos, estamos en la búsqueda: en busca de la felicidad, del amor, o de la vida buena y plena. Y Dios Padre nos ha dado todo esto en su Hijo Jesús.

Antes de rezar la antífona mariana el Papa afirmó que podremos realizar tantas experiencias en nuestra vida, y muchas cosas, así como establecer relaciones con tantas personas, pero sólo la cita con Jesús, en la hora que Dios conoce, puede dar sentido pleno a la vida haciendo fecundos los propios proyectos e iniciativas.

De ahí que haya recordado la necesidad de superar una religiosidad rutinaria y prevista, reavivando el encuentro con Jesús en la oración, la meditación de la Palabra de Dios y asistencia frecuente a los Sacramentos, para estar con Él y dar frutos gracias a Él, a su ayuda y a su gracia.

Propósito por el que pidió a la Virgen María, a fin de adherirse a Él, que quita el pecado del mundo, para volver a encontrar, en Él, la esperanza y el impulso espiritual.

Francisco recordó la celebración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Después de rezar la antífona mariana, Francisco recordó la celebración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Y destacó que asistió a la celebración de la Santa Misa –que presidió esta mañana– un buen grupo de emigrantes y refugiados residentes en la diócesis de Roma.

Por esta razón dijo que en su mensaje para esta ocasión subraya que las migraciones hoy son un signo de los tiempos. Puesto que “cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia”.

A la vez que reafirmó que nuestra respuesta común debería articularse en torno a cuatro verbos fundados en los principios de la  doctrina de la Iglesia, a saber: “acoger, proteger, promover e integrar”.

Al mismo tiempo, Francisco señaló que de ahora en adelante y por motivos pastorales, la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado se celebrará cada segundo domingo de septiembre, con lo cual la del año próximo será, precisamente, el 8 de septiembre de 2019.

El Papa recordó que mañana viajará a Chile y Perú

También añadió: “Mañana viajaré a Chile y Perú. Les pido que me acompañen con la oración en este viaje apostólico”.

Al saludar a los numerosos fieles y peregrinos –familias, grupos parroquiales y asociaciones–  Francisco dirigió un pensamiento especial a la comunidad latinoamericana de Santa Lucía en Roma, que celebra 25 años de su fundación.

Y lo hizo con las siguientes palabras: “En este feliz aniversario, le pido al Señor que los colme de bendiciones para que puedan seguir dando testimonio de su fe en medio de las dificultades, alegrías, sacrificios y esperanzas de su experiencia migratoria”.

El Santo Padre se despidió de los fieles con un hasta pronto, no sin antes desear a todos feliz domingo y con su habitual recomendación de no olvidarse de rezar por él.


Las cuestiones internacionales más importantes de 2018 para Papa Francisco

enero 8, 2018

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Las cuestiones internacionales más importantes de 2018 para el Papa Francisco

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Las cuestiones internacionales más importantes de 2018 para Papa Francisco

En su discurso al Cuerpo Diplomático marca las claves de este año. Estos fueron los temas

Por Álvaro Real

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Papa Francisco celebró su tradicional encuentro de comienzo de año con el Cuerpo Diplomático: “me da la oportunidad de expresaros personalmente los mejores deseos para el año que acaba de comenzar y manifestar mi cercanía y mi afecto a los pueblos que representáis”.

En un largo discurso el Papa Francisco agradeció las “relaciones fructíferas y constantes que mantenéis con la Secretaría de Estado y con los demás Dicasterios de la Curia Romana, como muestra del interés de la Comunidad Internacional por la misión de la Santa Sede y por el compromiso de la Iglesia Católica en vuestros respectivos países”.

Estos fueron los temas más importantes abordados por el Pontífice:

Viajes del Papa en 2017

Papa Francisco comenzó su discurso recordando los viajes apostólicos a Egipto, Portugal, Colombia, Myanmar y Bangladesh.

“A Portugal fui como peregrino, cuando se cumplía el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, para celebrar la canonización de los pastorcitos Jacinta y Francisco Marto. Allí pude constatar la fe llena de entusiasmo y alegría que la Virgen María suscitó en muchos de los peregrinos venidos para dicha ocasión”.

“También en Egipto, Myanmar y Bangladesh pude reunirme con las comunidades cristianas locales que, aunque numéricamente escasas, son dignas de aprecio por su contribución al desarrollo y a la convivencia civil de sus respectivos países. No faltaron los encuentros con los representantes de otras religiones, demostrando cómo las particularidades de cada una no son un obstáculo para el diálogo, sino la savia que lo alimenta con el deseo común de conocer la verdad y practicar la justicia”

“En Colombia deseé bendecir los esfuerzos y la valentía de ese amado pueblo, marcado por un vivo anhelo de paz tras más de medio siglo de conflicto interno”.

Centenario del Final de la Primera Guerra Mundial

Papa Francisco recordó la Gran Guerra y explicó que se pueden sacar dos advertencias: “La primera advertencia es que ganar no significa nunca humillar al rival derrotado. La paz no se construye como la afirmación del poder del vencedor sobre el vencido. Lo que disuade de futuras agresiones no es la ley del temor, sino la fuerza de la serena sensatez que estimula el diálogo y la comprensión mutua para sanar las diferencias”.

“De aquí se deriva la segunda advertencia: la paz se consolida cuando las naciones se confrontan en un clima de igualdad. Lo intuyó hace un siglo —un día como hoy— el Presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson, cuando propuso la creación de una Asociación general de las naciones destinada a promover para todos los Estados indistintamente, grandes y pequeños, mutuas garantías de independencia e integridad territorial. Así se pusieron las bases de la diplomacia multilateral, que a lo largo de los años ha ido adquiriendo un papel y una influencia cada vez mayor en toda la comunidad internacional”.

Naciones Unidas

“Para la Santa Sede hablar de derechos humanos significa, ante todo, proponer la centralidad de la dignidad de la persona, en cuanto que ha sido querida y creada por Dios a su imagen y semejanza. El mismo Señor Jesús, curando al leproso, devolviendo la vista al ciego, deteniéndose con el publicano, perdonando la vida a la adúltera e invitando a preocuparse del caminante herido, nos ha hecho comprender que todo ser humano, independientemente de su condición física, espiritual o social, merece respeto y consideración. Desde una perspectiva cristiana hay una significativa relación entre el mensaje evangélico y el reconocimiento de los derechos humanos, según el espíritu de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Los Nuevos Derechos

“Sin embargo, conviene constatar que, a lo largo de los años, sobre todo a raíz de las agitaciones sociales del «sesenta y ocho», la interpretación de algunos derechos ha ido progresivamente cambiando, incluyendo una multiplicidad de «nuevos derechos», no pocas veces en contraposición entre ellos”.

“Está también el peligro —en cierto sentido paradójico— de que, en nombre de los mismos derechos humanos, se vengan a instaurar formas modernas de colonización ideológica de los más fuertes y los más ricos en detrimento de los más pobres y los más débiles. Al mismo tiempo, es bueno tener presente que las tradiciones de cada pueblo no pueden ser invocadas como un pretexto para dejar de respetar los derechos fundamentales enunciados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Derecho a la Vida

“Después de setenta años, duele constatar cómo muchos derechos fundamentales están siendo todavía hoy pisoteados. El primero entre todos el derecho a la vida, a la libertad y a la inviolabilidad de toda persona humana[9]. No son menoscabados sólo por la guerra o la violencia. En nuestro tiempo, hay formas más sutiles: pienso sobre todo en los niños inocentes, descartados antes de nacer; no deseados, a veces sólo porque están enfermos o con malformaciones o por el egoísmo de los adultos. Pienso en los ancianos, también ellos tantas veces descartados, sobre todo si están enfermos, porque se les considera un peso. Pienso en las mujeres, que a menudo sufren violencias y vejaciones también en el seno de las propias familias. Pienso también en los que son víctimas de la trata de personas, que viola la prohibición de cualquier forma de esclavitud. ¿Cuántas personas, que huyen especialmente de la pobreza y de la guerra, son objeto de este comercio perpetrado por sujetos sin escrúpulos?”

Derecho a la salud de la persona y sus familias

“Es importante unir los esfuerzos para que se adopten políticas que garanticen, a precios accesibles, el suministro de medicamentos esenciales para la supervivencia de las personas más necesitadas, sin descuidar la investigación y el desarrollo de tratamientos que, aunque no sean económicamente relevantes para el mercado, son determinantes para salvar vidas humanas”.

La paz y el desarme

“El desarme completo y el desarrollo integral están estrechamente relacionados entre sí. Por otra parte, la búsqueda de la paz como condición previa para el desarrollo implica combatir la injusticia y erradicar, de manera no violenta, la causa de las discordias que conducen a las guerras. La proliferación de armas agrava ciertamente las situaciones de conflicto y supone grandes costes en términos materiales y de vidas humanas que socavan el desarrollo y la búsqueda de una paz duradera”.

“La Santa Sede reitera la profunda «convicción de que las diferencias que eventualmente surjan entre los pueblos deben resolverse no con las armas, sino por medio de negociaciones». Por otra parte, precisamente la continua producción de armas cada vez más sofisticadas y «perfeccionadas», y la persistencia de numerosos focos de conflicto —que en varias ocasiones he calificado como la «tercera guerra mundial a trozos»— nos lleva a repetir con fuerza las palabras de mi santo predecesor: «En nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado. […] Cabe esperar que los pueblos, por medio de relaciones y contactos institucionalizados, lleguen a conocer mejor los vínculos sociales con que la naturaleza humana los une entre sí y a comprender con claridad creciente que entre los principales deberes de la común naturaleza humana hay que colocar el de las relaciones individuales e internacionales que obedezcan al amor y no al temor, porque ante todo es propio del amor llevar a los hombres a una sincera y múltiple colaboración material y espiritual, de la que tantos bienes pueden derivarse para ellos».

Corea

“En esta perspectiva, es primordial que se pueda sostener todo esfuerzo de diálogo en la península coreana, con el fin de encontrar nuevas vías para que se superen las actuales confrontaciones, aumente la confianza mutua y se asegure un futuro de paz al pueblo coreano y al mundo entero”.

Siria

“También es importante que continúen las distintas iniciativas de paz a favor de Siria en un clima propositivo de creciente confianza entre las partes, para que se logre poner fin, de una vez para siempre, al largo conflicto que ha afectado a todo el país y que ha causado enormes sufrimientos. El deseo de todos es que, después de tanta destrucción, llegue el tiempo de la reconstrucción. Pero más que construir edificios es necesario reconstruir los corazones, volver a tejer la tela de la confianza mutua, premisa imprescindible para el crecimiento de cualquier sociedad”.

Irak, Yemen, Afganistán

“La voluntad de diálogo es necesaria también en el amado Irak, para que los distintos elementos étnicos y religiosos vuelvan a encontrar el camino de la reconciliación, la convivencia y la colaboración pacífica, así también en el Yemen y en otras partes de la región, igual que en Afganistán”.

Israel y Palestina

“La Santa Sede expresa su dolor por los que han perdido la vida en los recientes enfrentamientos y renueva su llamamiento a ponderar toda iniciativa para que se evite exacerbar las contradicciones, e invita a un compromiso por parte de todos para que se respete, en conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, el status quo de Jerusalén, ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes. Setenta años de enfrentamientos obliga a que se encuentre una solución política que permita la presencia en la región de dos Estados independientes dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas. A pesar de las dificultades, la voluntad de dialogar y de reanudar las negociaciones sigue siendo la vía maestra para llegar finalmente a una coexistencia pacífica de los dos pueblos”.

Venezuela

“También dentro de contextos nacionales, la apertura y la disponibilidad del encuentro son esenciales. Pienso especialmente en la querida Venezuela, que está atravesando una crisis política y humanitaria cada vez más dramática y sin precedentes. La Santa Sede, mientras que exhorta a responder sin demora a las necesidades primarias de la población, desea que se creen las condiciones para que las elecciones previstas durante el año en curso logren dar inicio a la solución de los conflictos existentes, y se pueda mirar al futuro con renovada serenidad”.

Africa

“Que la Comunidad internacional no olvide tampoco el sufrimiento en tantas partes del Continente africano, especialmente en Sudán del Sur, en la República Democrática del Congo, en Somalia, en Nigeria y en la República Centroafricana, en las que el derecho a la vida está amenazado por el abuso indiscriminado de los recursos, por el terrorismo, la proliferación de grupos armados y por los conflictos que perduran. No basta con indignarse ante tanta violencia. Es necesario más bien que cada uno en su ámbito propio se esfuerce activamente por remover las causas de la miseria y construir puentes de fraternidad, premisa fundamental para un auténtico desarrollo humano”.

Ucrania

“También en Ucrania es urgente que haya un compromiso común para reconstruir puentes. El año apenas terminado ha cosechado nuevas víctimas en el conflicto que aflige al país, y sigue produciendo gran sufrimiento a la población, en particular a las familias que habitan en las zonas afectadas por la guerra y que han perdido a sus seres queridos, con frecuencia ancianos y niños”.

El derecho a formar una familia

“Quisiera dedicar un recuerdo especial precisamente a las familias. El derecho a formar una familia, en cuanto «elemento natural y fundamental de la sociedad y [que] tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado»[15], está reconocido efectivamente por la misma Declaración de 1948. Por desgracia, se sabe que la familia, especialmente en Occidente, está considerada como una institución superada. Frente a la estabilidad de un proyecto definitivo, hoy se prefieren vínculos fugaces. Pero una casa construida sobre la arena de los vínculos frágiles e inconstantes no se mantiene en pie. Se necesita más bien la roca, sobre la que se establecen cimientos sólidos. Y la roca es precisamente esa comunión de amor, fiel e indisoluble, que une al hombre y a la mujer, una comunión que tiene una belleza austera y sencilla, un carácter sagrado e inviolable y una función natural en el orden social”.

“Considero por eso urgente que se lleven a cabo políticas concretas que ayuden a las familias, de las que por otra parte depende el futuro y el desarrollo de los Estados. Sin ellas, de hecho, no se pueden construir sociedades que sean capaces de hacer frente a los desafíos del futuro. El desinterés por las familias trae además otra dramática consecuencia —especialmente actual en algunas regiones— como es la caída de la natalidad. Estamos ante un verdadero invierno demográfico. Esto es un signo de sociedades que tienen dificultad para afrontar los desafíos del presente y que, volviéndose cada vez más temerosas con respecto al futuro, terminan por encerrarse en sí mismas”.

Migraciones y Refugiados

“Hoy se habla mucho de migrantes y migraciones, en ocasiones sólo para suscitar miedos ancestrales. No hay que olvidar que las migraciones han existido siempre. En la tradición judeo-cristiana, la historia de la salvación es esencialmente una historia de migraciones. Tampoco hay que olvidar que la libertad de movimiento, como la de dejar el propio país y de volver a él, pertenece a los derechos humanos fundamentales[17]. Es necesario por tanto salir de una extendida retórica sobre el tema y partir de la consideración esencial de que ante nosotros se encuentran sobre todo personas”.

“El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesaria para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, “respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu” (Pacem in terris, 57). Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir (cf. Lc 14, 28-30)»[18].

Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión

“Se sabe por desgracia que el derecho a la libertad religiosa, a menudo, no se respeta y la religión con frecuencia se convierte en un motivo para justificar ideológicamente nuevas formas de extremismo o un pretexto para la exclusión social, e incluso para la persecución en diversas formas de los creyentes. La condición para construir sociedades inclusivas está en una comprensión integral de la persona humana, que se siente verdaderamente acogida cuando se le reconocen y aceptan todas las dimensiones que conforman su identidad, incluida la religiosa”.

Derecho al trabajo

“No hay paz ni desarrollo si el hombre se ve privado de la posibilidad de contribuir personalmente, a través de su trabajo, en la construcción del bien común. En cambio, es triste ver cómo el trabajo en muchas partes del mundo es un bien escaso. Hay pocas oportunidades para encontrar trabajo, especialmente para los jóvenes. Con frecuencia resulta fácil perderlo, no sólo por las consecuencias de la alternancia de los ciclos económicos, sino también por el recurso progresivo a tecnologías y maquinarias cada vez más perfectas y precisas que reemplazan al hombre. Y aunque, por un lado, hay una distribución desigual de las oportunidades de trabajo, por el otro, existe una tendencia a exigir a los trabajadores ritmos cada vez más estresantes. Las exigencias del beneficio, dictadas por la globalización, han llevado a una reducción progresiva de los tiempos y días de descanso, perdiéndose así una dimensión fundamental de la vida —el descanso—, que sirve para regenerar a la persona tanto física como espiritualmente. Dios mismo reposó el séptimo día: lo bendijo y lo consagró, «porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó» (Gn 2,3). En el sucederse de fatiga y sosiego, el hombre participa en la «santificación del tiempo» realizada por Dios y ennoblece su trabajo, liberándolo de la dinámica repetitiva de una vida cotidiana árida que no conoce descanso”.

Cuidado de la Tierra

“Entre los deberes particularmente urgentes en la actualidad se encuentra el cuidado de nuestra Tierra. Sabemos que la naturaleza puede ser cruenta, incluso cuando no es responsabilidad del hombre. Lo hemos visto el año pasado con los terremotos que han golpeado en distintos lugares de la tierra, especialmente en los últimos meses en México e Irán, provocando numerosas víctimas, así como con la fuerza de los huracanes que han afectado a varios países del Caribe alcanzando las costas estadounidenses, y que, aún más recientemente, han golpeado Filipinas. Sin embargo, no debemos olvidar que hay también una responsabilidad primaria del hombre en la interacción con la naturaleza. El cambio climático, con el aumento global de las temperaturas y los efectos devastadores que conlleva, es también una consecuencia de la acción del hombre. Por lo tanto, es necesario afrontar, con un esfuerzo colectivo, la responsabilidad de dejar a las generaciones siguientes una Tierra más bella y habitable, trabajando a la luz de los compromisos acordados en París en 2015, para reducir las emisiones a la atmósfera de gases nocivos y perjudiciales para la salud humana”.

Las cuestiones internacionales más importantes de 2018 para Papa Francisco


Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz, 1º Enero 2018

diciembre 31, 2017

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Migrantes y refugiados: Hombres y mujeres de todo el mundo que buscan la paz, o mejores condiciones de vida

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA

51 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ, 1º DE ENERO DE 2018

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Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz

  1. Un deseo de paz

Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad[1], es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y en mi oración.

De entre ellos quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz»[2]. Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino.

Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.

Somos conscientes de que no es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. Habrá que trabajar mucho antes de que nuestros hermanos y hermanas puedan empezar de nuevo a vivir en paz, en un hogar seguro. Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados.

El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesario para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, «respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu»[3]. Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir[4].

  1. ¿Por qué hay tantos refugiados y migrantes?

Ante el Gran Jubileo por los 2000 años del anuncio de paz de los ángeles en Belén, san Juan Pablo II incluyó el número creciente de desplazados entre las consecuencias de «una interminable y horrenda serie de guerras, conflictos, genocidios, “limpiezas étnicas”»[5], que habían marcado el siglo XX. En el nuevo siglo no se ha producido aún un cambio profundo de sentido: los conflictos armados y otras formas de violencia organizada siguen provocando el desplazamiento de la población dentro y fuera de las fronteras nacionales.

Pero las personas también migran por otras razones, ante todo por «el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas ocasiones el deseo de querer dejar atrás la “desesperación” de un futuro imposible de construir»[6]. Se ponen en camino para reunirse con sus familias, para encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede disfrutar de estos derechos, no puede vivir en paz. Además, como he subrayado en la Encíclica Laudato si’, «es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental»[7].

La mayoría emigra siguiendo un procedimiento regulado, mientras que otros se ven forzados a tomar otras vías, sobre todo a causa de la desesperación, cuando su patria no les ofrece seguridad y oportunidades, y toda vía legal parece imposible, bloqueada o demasiado lenta.

En muchos países de destino se ha difundido ampliamente una retórica que enfatiza los riesgos para la seguridad nacional o el coste de la acogida de los que llegan, despreciando así la dignidad humana que se les ha de reconocer a todos, en cuanto que son hijos e hijas de Dios. Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano[8].

Todos los datos de que dispone la comunidad internacional indican que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza. Os invito, al contrario, a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz (Cursiva mía).

  1. Una mirada contemplativa

La sabiduría de la fe alimenta esta mirada, capaz de reconocer que todos, «tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir»[9]. Estas palabras nos remiten a la imagen de la nueva Jerusalén. El libro del profeta Isaías (cap. 60) y el Apocalipsis (cap. 21) la describen como una ciudad con las puertas siempre abiertas, para dejar entrar a personas de todas las naciones, que la admiran y la colman de riquezas. La paz es el gobernante que la guía y la justicia el principio que rige la convivencia entre todos dentro de ella.

Necesitamos ver también la ciudad donde vivimos con esta mirada contemplativa, «esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas [promoviendo] la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia»[10]; en otras palabras, realizando la promesa de la paz.

Observando a los migrantes y a los refugiados, esta mirada sabe descubrir que no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes (Cursiva mía).

Por último, esta mirada contemplativa sabe guiar el discernimiento de los responsables del bien público, con el fin de impulsar las políticas de acogida al máximo de lo que «permita el verdadero bien de su comunidad»[11], es decir, teniendo en cuenta las exigencias de todos los miembros de la única familia humana y del bien de cada uno de ellos.

Quienes se dejan guiar por esta mirada serán capaces de reconocer los renuevos de paz que están ya brotando y de favorecer su crecimiento. Transformarán en talleres de paz nuestras ciudades, a menudo divididas y polarizadas por conflictos que están relacionados precisamente con la presencia de migrantes y refugiados (Cursiva mía).

  1. Cuatro piedras angulares para la acción

Para ofrecer a los solicitantes de asilo, a los refugiados, a los inmigrantes y a las víctimas de la trata de seres humanos una posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar[12]  (Cursiva mía).

«Acoger» recuerda la exigencia de ampliar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia, y equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales. La Escritura nos recuerda: «No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles»[13].

«Proteger» nos recuerda el deber de reconocer y de garantizar la dignidad inviolable de los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación. En particular, pienso en las mujeres y en los niños expuestos a situaciones de riesgo y de abusos que llegan a convertirles en esclavos. Dios no hace discriminación: «El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda»[14].

«Promover» tiene que ver con apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados. Entre los muchos instrumentos que pueden ayudar a esta tarea, deseo subrayar la importancia que tiene el garantizar a los niños y a los jóvenes el acceso a todos los niveles de educación: de esta manera, no sólo podrán cultivar y sacar el máximo provecho de sus capacidades, sino que también estarán más preparados para salir al encuentro del otro, cultivando un espíritu de diálogo en vez de clausura y enfrentamiento. La Biblia nos enseña que Dios «ama al emigrante, dándole pan y vestido»; por eso nos exhorta: «Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto»[15].

Por último, «integrar» significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales. Como escribe san Pablo: «Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios»[16].

  1. Una propuesta para dos Pactos internacionales

Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados (Cursiva mía).

En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia.

El diálogo y la coordinación constituyen, en efecto, una necesidad y un deber específicos de la comunidad internacional. Más allá de las fronteras nacionales, es posible que países menos ricos puedan acoger a un mayor número de refugiados, o acogerlos mejor, si la cooperación internacional les garantiza la disponibilidad de los fondos necesarios.

La Sección para los Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral sugiere 20 puntos de acción[17] como pistas concretas para la aplicación de estos cuatro verbos en las políticas públicas, además de la actitud y la acción de las comunidades cristianas. Estas y otras aportaciones pretenden manifestar el interés de la Iglesia católica al proceso que llevará a la adopción de los pactos mundiales de las Naciones Unidas. Este interés confirma una solicitud pastoral más general, que nace con la Iglesia y continúa hasta nuestros días a través de sus múltiples actividades.

  1. Por nuestra casa común

Las palabras de san Juan Pablo II nos alientan: «Si son muchos los que comparten el “sueño” de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes y los refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en “casa común”»[18]. A lo largo de la historia, muchos han creído en este «sueño» y los que lo han realizado dan testimonio de que no se trata de una utopía irrealizable (Cursiva mía).

Entre ellos, hay que mencionar a santa Francisca Javier Cabrini, cuyo centenario de nacimiento para el cielo celebramos este año 2017 (Cursiva mía).

Hoy, 13 de noviembre, numerosas comunidades eclesiales celebran su memoria. Esta pequeña gran mujer, que consagró su vida al servicio de los migrantes, convirtiéndose más tarde en su patrona celeste, nos enseña cómo debemos acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas. Que por su intercesión, el Señor nos conceda a todos experimentar que los «frutos de justicia se siembran en la paz para quienes trabajan por la paz»[19].

Vaticano, 13 de noviembre de 2017.
Memoria de Santa Francisca Javier Cabrini, Patrona de los migrantes.

Francisco

 

[1] Cf. Lc 2,14.

[2] Ángelus, 15 enero 2012.

[3] Juan XXIII, Carta. enc. Pacem in terris, 57.

[4] Cf. Lc 14,28-30.

[5] Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000, 3.

[6] Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2013.

[7] Laudato si’, n. 25.

[8] Cf. Discurso a los Participantes en el Encuentro de Responsables nacionales de la pastoral de migraciones organizado por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), 22 septiembre 2017.

[9] Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2011.

[10] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 71.

[11] Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 57 [en español, n. 106].

[12] Cf. Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2018, 15 agosto 2017.

[13] Hb 13,2.

[14] Sal 146,9.

[15] Dt 10,18-19.

[16] Ef 2,19.

[17] «20 Puntos de Acción Pastoral» y «20 Puntos de Acción para los Pactos Globales» (2017). Cf. Documento ONU A/72/528.

[18] Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2004, 6.

[19] St 3,18.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20171113_messaggio-51giornatamondiale-pace2018.html


“Las pequeñas iglesias, que crecen en los suburbios, tienen algo que enseñar a toda la Iglesia”

diciembre 14, 2017

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El Papa Francisco con algunos jesuitas en su visita a Myanmar y Bangladesh

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Papa Francisco: “Las pequeñas iglesias, que crecen en los suburbios, tienen algo que enseñar a toda la Iglesia”

“El pueblo de Dios es un pueblo pobre, humilde, sediento de Dios. Los pastores debemos aprender de la gente”

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Por Jesús Bastante

“Las pequeñas iglesias que crecen en los suburbios y no tienen tradiciones católicas antiguas hoy deben hablar a la Iglesia universal, a toda la Iglesia. Claramente siento que tienen algo que enseñarnos”.

Como en otros viajes, el Papa Francisco mantuvo dos encuentros con las comunidades jesuitas de Myanmar y Bangladesh. Actos que ahora ha recogido Antonio Spadaro sj., en La Civiltá Cattolica.

En los mismos, el Papa habla sobre la Iglesia y los fundamentalismos, la misión de la Compañía de Jesús y la pobreza, y denunció la cerrazón de algunos ante el drama de los refugiados. “Lamentablemente, en Europa hay países que han elegido cerrar las fronteras. Lo más doloroso es que para tomar esta decisión tuvieron que cerrar sus corazones”

“Gracias por venir. Veo muchas caras jóvenes, y me alegro. Es algo bueno, porque es una promesa. Los jóvenes tienen futuro, si tienen raíces. Si no tienen raíces, van a donde sopla el viento”, comienza el diálogo del Papa en Myanmar. Una conversación que giró en torno al ser jesuita.

El jesuita es alguien que siempre debe acercarse, cuando se acerca a la Palabra hecha carne. Mira, escucha sin prejuicios, pero con mística. Mira sin miedo y místicamente: esto es fundamental para la forma en que vemos la realidad”, respondió el Papa. Una mirada de “inculturación”, que “es la misma esencia de la Palabra que se hizo carne, que tomó nuestra cultura, nuestro lenguaje, nuestra carne, nuestra vida, y murió”.

¿Cómo deben ser los jesuitas hoy? Francisco responde con palabras de Pablo VI: “Id a la encrucijada”. Y, “para ir a la encrucijada de la historia, mis queridos, ¡debemos rezar! ¡Necesitamos ser hombres de oración en la encrucijada de la historia!”.

Siendo, además, pastores cercanos y serviciales, no “pastores que se aprovechan de su pueblo, que viven detrás de su pueblo”, como alerta el profeta Ezequiel. Malos pastores que “viven para chupar la leche, toman la leche de las ovejas y cortan la lana (…). Un pastor que se acostumbra a la riqueza y la vanidad termina, como dice San Ignacio, con gran orgullo”. Por ello, “a un buen pastor le sienta bien la pobreza, que como decía san Ignacio, es la madre y el muro de la vida religiosa“.

Y también del cristiano. “El pueblo de Dios es un pueblo pobre, un pueblo humilde, un pueblo sediento de Dios. Los pastores debemos aprender de la gente”.

Muchos de los jesuitas del país trabajan con refugiados. Una tarea difícil e ingrata. En este sentido, el Papa recordó sus visitas a los campos de Lampedusa o Lesbos, “verdaderos campos de concentración, prisiones“, donde las personas malviven, y llegan con heridas indelebles.

Francisco recordó a un refugiado con el que habló: “Me ​​dijo que tardó tres años en llegar desde su casa a Lampedusa. Y en esos tres años fue vendido cinco veces”. Más aún: “Un sacerdote anciano me dijo irónicamente que no estaba seguro de si había más sacerdotes en Roma o mujeres más jóvenes esclavizadas. Y son niñas secuestradas, engañadas, llevadas de un lugar a otro”.

“Lamentablemente, en Europa hay países que han elegido cerrar las fronteras. Lo más doloroso es que para tomar esta decisión tuvieron que cerrar sus corazones”, denunció Francisco, quien recordó su visita con el patriarca Bartolomé, y el testimonio de un hombre musulmán: “‘Mi esposa era cristiana. Nos amamos mucho. Los terroristas vinieron un día. Vieron su cruz. Le dijeron que se la quitara. Ella dijo que no y fue masacrada frente a mí. Sigo amando a mi esposa y a mis hijos‘.

Estas cosas deben ser vistas y deben ser contadas. Estas cosas no llegan a los salones de nuestras grandes ciudades. Estamos obligados a denunciar y hacer públicas estas tragedias humanas que tratamos de silenciar“.

Volviendo a la labor de los religiosos en la Iglesia, el Papa les pidió “acercarse más, acompañar. Mantente cerca, y el Espíritu inspirará lo que puede hacer o decir”. Estar cerca, también, de la jerarquía.

Y si no estoy de acuerdo con lo que dice el obispo, debo tener la parresía para ir y hablar con él con valor y diálogo. Y finalmente obedecer”. Porque “uno no puede pensar en la Compañía de Jesús como una Iglesia paralela. Todos pertenecemos a la Iglesia santa y pecadora, en alegría y en tristeza”.

“Tenemos ejemplos de grandes jesuitas que se sintieron crucificados por la Iglesia de su tiempo y mantuvieron la boca cerrada”, reconoció el Papa. “Pensemos en el cardenal De Lubac, por nombrar uno. Y a muchos otros. Yo diría: fueron hombres de la Iglesia. Cuando la Sociedad entra en la órbita de la autosuficiencia, deja de ser la Compañía de Jesús”.

Preguntado por los fundamentalistas religiosos, el Papa quiso ser claro: “Mira, hay fundamentalismos en todas partes. Y nosotros los católicos tenemos ‘el honor’ de contar con fundamentalistas entre los bautizados“.

El primero de diciembre, tras el encuentro con los rohingyas, el Papa mantuvo un coloquio con 13 jesuitas. Y comenzó reconociendo que “Jesucristo hoy se llama Rohingya. Usted habla de ellos como hermanos y hermanas: lo son”, y reivindicando la lucha por la dignidad de los más pobres. “El problema es la salvación de los bancos. Pero, ¿quién salva la dignidad de hombres y mujeres hoy?”

“Ya nadie se preocupa por la gente en ruinas. El diablo se las arregla para actuar así en el mundo de hoy. Si tuviéramos un pequeño sentido de la realidad, esto debería escandalizarnos. Frente a todo esto debemos pedir una gracia: llorar. El mundo ha perdido el don de las lágrimas”.

Finalmente, confesó que en sus recientes nombramientos cardenalicios, “traté de ver las iglesias pequeñas, las que crecen en los suburbios. No para consolar a esas Iglesias, sino para lanzar un mensaje claro: las pequeñas iglesias que crecen en los suburbios y no tienen tradiciones católicas antiguas hoy deben hablar a la Iglesia universal, a toda la Iglesia. Claramente siento que tienen algo que enseñarnos”.

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2017/12/14/francisco-las-pequenas-iglesias-que-crecen-en-los-suburbios-tienen-algo-que-ensenar-a-toda-la-iglesia-religion-iglesia-vaticano-jesuitas-myanmar-bangladesh.shtml


Una persona que ha olvidado sus propias raíces está enferma, dice el Papa

octubre 5, 2017

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Debemos pensar en esta enfermedad del auto exilio psicológico: hay mucho mal. Nos quita las raíces, elimina la pertenencia

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Una persona que ha olvidado sus propias raíces está enferma, dice el Papa

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 05 Oct. 17 / 06:22 am (ACI).- En la Misa que celebró en Santa Marta, el Papa Francisco invitó a que cada uno encuentre sus raíces ya que si no es una persona enferma que puede auto exiliarse.

El Pontífice animó a reencontrar la propia pertenencia. Para ello comentó la primera lectura del día que habla del exilio en Babilonia del pueblo de Israel y el deseo de volver.

Francisco pensó también en la “nostalgia de los inmigrantes”, aquellos que “están alejados de su patria y quieren volver”.

En la lectura, Nehemías quería regresar junto a su pueblo, a Jerusalén, pero se trataba de “un viaje difícil” ya que “tenía que convencer a mucha gente”. “Era un viaje para reencontrar las raíces del pueblo”.

Después de tantos años de esclavitud, las raíces “se habían debilitado” pero no habían desaparecido. “Sin raíces no se puede vivir: un pueblo sin raíces o que las deja perder es un pueblo enfermo”, manifestó.

Al mismo tiempo, “una persona sin raíces, que ha olvidado sus propias raíces, está enferma. Reencontrar, redescubrir las propias raíces y tomar la fuerza de ir adelante, la fuerza de dar fruto”.

Pero no es un camino fácil porque hay “resistencias”: “son las de aquellos que prefieren el exilio psicológico: el auto exilio de la comunidad, de la sociedad, aquellos que prefieren ser un pueblo desarraigado, sin raíces. Debemos pensar en esta enfermedad del auto exilio psicológico: hay mucho mal. Nos quita las raíces, elimina la pertenencia”.

“El hombre y la mujer que encuentran las propias raíces, que son fieles a la propia pertenencia, son un hombre y mujer de alegría, y esta alegría es su fuerza”.

Francisco terminó advirtiendo de que quien tiene “miedo de llorar” también tendrá “miedo de reír” y animó a pedir la gracia de ponerse en camino para encontrar las propias raíces.

Lectura comentada por el Papa:

Primera lectura

Nehemías 8:1-12
1 todo el pueblo se congregó como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta del Agua. Dijeron al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yahveh había prescrito a Israel.
2 Trajo el sacerdote Esdras la Ley ante la asamblea, integrada por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era el día uno del mes séptimo.
3 Leyó una parte en la plaza que está delante de la puerta del Agua, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón; y los oídos del pueblo estaban atentos al libro de la Ley.
4 El escriba Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera levantado para esta ocasión; junto a él estaban: a su derecha, Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malkías, Jasum, Jasbaddaná, Zacarías y Mesullam.
5 Esdras abrió el libro a los ojos de todo el pueblo – pues estaba más alto que todo el pueblo – y al abrirlo, el pueblo entero se puso en pie.
6 Esdras bendijo a Yahveh, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!»; e inclinándose se postraron ante Yahveh, rostro en tierra.
7 (Josué, Baní, Serebías, Yamín, Aqcub, Sabtay, Hodiyías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Yozabad, Janán, Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo que seguía en pie.)
8 Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que comprendieran la lectura.
9 Entonces (Nehemías – el gobernador – y) Esdras, el sacerdote escriba (y los levitas que explicaban al pueblo) dijeron a todo el pueblo: «Este día está consagrado a Yahveh vuestro Dios; no estéis tristes ni lloréis»; pues todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
10 Díjoles también: «Id y comed manjares grasos, bebed bebidas dulces y mandad su ración a quien no tiene nada preparado. Porque este día está consagrado a nuestro Señor. No estéis tristes: la alegría de Yahveh es vuestra fortaleza.»
11 También los levitas tranquilizaban al pueblo diciéndole: «Callad: este día es santo. No estéis tristes.»
12 Y el pueblo entero se fue a comer y beber, a repartir raciones y hacer gran festejo, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado.

 


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