Las Confesiones de san Agustín. II, 8.16

abril 18, 2018

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Qué amó el adolescente Agustín en el hurto (Conf. II, 8.16)

16. Y ¿qué fruto saqué yo, miserable, de aquellas acciones que ahora recuerdo con rubor? ¿Sobre todo de aquel hurto en el que amé el hurto mismo, no otra cosa, siendo así que éste era nada, quedando yo más miserable con él?

Sin embargo, es cierto que yo sólo no lo hubiera hecho —a juzgar por la disposición de mi ánimo de entonces—; no, en modo alguno yo solo lo hubiera hecho. Luego amé también allí el consorcio de otros culpables que me acompañaran a cometerlo. Luego tampoco es cierto que no amara en el hurto otra cosa que el hurto; aunque no otra cosa amé, por ser nada también éste.

Pero ¿qué es realmente —quién me lo podrá enseñar, sino el que ilumina mi corazón y discierne sus sombras—, qué es lo que me viene a la mente y deseo averiguar, discutir y meditar, ya que si entonces amara aquellas peras que robé y deseara su deleite solamente, podía haber cometido solo, si yo me hubiera bastado, aquella iniquidad por la cual llegara a aquel deleite sin necesidad de excitar la picazón de mi apetito con el roce de almas cómplices?

Pero como no hallaba deleite alguno en las peras, ponía éste en el mismo pecado, siendo aquél causado por el consorcio de los que juntamente pecaban.

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El Papa critica la hipocresía del mundo que grita “libertad” pero cada vez es más esclavo

abril 13, 2018

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El Papa pronuncia la homilía en Santa Marta hoy: Critica la hipocresía del mundo que grita “libertad” pero cada vez es más esclavo

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El Papa critica la hipocresía del mundo que grita “libertad” pero cada vez es más esclavo

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El Papa ha criticado que el mundo se encuentra sumido en la esclavitud a pesar de gritar constantemente a favor de la libertad.

En la homilía que pronunció en la Misa en la Casa Santa Marta, habló de tres tipos de libertad. “¿Somos libres de pensar con mente fría en dar espacio a Dios en nuestra vida como hizo Gamaliel?, ¿somos libres de seguir a Jesús con alegría también en el sufrimiento como Pedro y Juan?, ¿somos libres de las pasiones, de las ambiciones, de la moda?”, preguntó.

“O ¿somos como el mundo, que grita “¡libertad!” pero después sigue siendo esclavo?”, añadió.

Francisco comentó el Evangelio del día sobre la multiplicación de los panes y los peces, y aprovechó para recordar que Jesús ha dado a todos el don de la libertad “con su obra redentora”.

“El hombre libre no tiene miedo del tiempo: dejar hacer a Dios. Da espacio, para que Dios actúe en el tiempo. El hombre libre es paciente”, dijo hablando de la figura de Gamaliel.

“También Pilato pensaba bien, con la mente fría” y se da cuenta de que Jesús era inocente, pero “no fue capaz de resolver el problema, porque no era libre, quería hacer carrera” y “le faltaba el coraje de la libertad porque era esclavo del carrerismo, de la ambición, de su éxito”.

El Papa puso otro ejemplo de libertad fijándose en Pedro y Juan, “que habían sanado al paralítico y ahora estaban en el Sanedrín”. “Se tienen que ir fuera alegres de haber sido juzgados dignos de sufrir ultrajes en nombre de Jesús”.

“Esta es la alegría de imitar a Jesús. Es otra libertad: más grande, más larga, más cristiana”. Los dos estaban contentos “porque habían sufrido en nombre de Jesús”, comentó.

“Eran libres en el sufrimiento para seguir a Jesús” y así, afirmó Francisco, debe ser la actitud del cristiano: “Señor, tú me has dado tanto, has sufrido por mí. ¿Qué puedo hacer yo por ti? Toma, Señor, mi vida, mi mente, mi corazón, es todo tuyo”.

“Esta es la libertad de un enamorado de Jesucristo. Sellado por el Espíritu Santo, con la fe en Jesucristo. Tú has hecho esto por mí, yo hago esto por ti. También hoy hay muchos que están en la cárcel, cristianos, torturados, que llevan adelante esta libertad: la de confesar a Jesús”.

El tercer ejemplo que ofreció fue el de “Jesús mismo” que multiplica los panes y los peces pero se ve obligado a alejarse de nuevo de la multitud porque lo querían hacer rey. “Se alejó del triunfalismo. No se dejó engañar por este triunfalismo. Era libre”.

Como en el desierto cuando rechazó las tentaciones, “porque era libre, y su libertad era seguir la voluntad del Padre. Y terminar en la cruz. Es el ejemplo de libertad más grande: Jesús”, añadió.

El Pontífice invitó a pensar “en mi libertad, nuestra libertad”. “¿Soy esclavo de mis pasiones, de mis ambiciones, de tantas cosas, de las riquezas, de la moda?”.

“Parece una broma, pero cuánta gente es esclava de la moda. Pensemos en nuestra libertad, en este mundo que es un poco esquizofrénico. Grita “¡libertad, libertad, libertad!”, pero cada vez es más esclavo, esclavo, esclavo”.

https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-critica-la-hipocresia-del-mundo-que-grita-libertad-pero-cada-vez-es-mas-esclavo-65066


Las Confesiones de san Agustín. II, 7.15

abril 13, 2018

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Acción de gracias por el perdón conseguido (Conf. II, 7.15)

15. ¿Qué daré en retorno al Señor10 por poder recordar mi memoria todas estas cosas sin que tiemble ya mi alma por ellas? Te amaré, Señor, y te daré gracias y confesaré tu nombre por haberme perdonado tantas y tan nefandas acciones mías.

A tu gracia y misericordia debo que hayas deshecho mis pecados como hielo y no haya caído en otros muchos. ¿Qué pecados realmente no pude yo cometer, yo, que amé gratuitamente el crimen?

Confieso que todos me han sido ya perdonados, así los cometidos voluntariamente como los que dejé de hacer por tu favor. ¿Quién hay de los hombres que, conociendo su flaqueza, atribuya a sus fuerzas su castidad y su inocencia, para por ello amarte menos, cual si hubiera necesitado menos de tu misericordia, por la que perdonas los pecados a los que se convierten a ti?

Que aquel, pues, que, llamado por ti, siguió tu voz y evitó todas estas cosas que lee de mí, y yo recuerdo y confieso, no se ría de mí por haber sido curado estando enfermo por el mismo médico que le preservó a él de caer enfermo; o más bien, de que no enfermara tanto.

Antes, sí, debe amarte tanto y aún más que yo; porque el mismo que me sanó a mí de tantas y tan graves debilidades, ése le libró a él de caer en ellas.

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La Iglesia latinoamericana pide la convocatoria de un Sínodo universal sobre la mujer

abril 12, 2018

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El clericalismo es una peste en la Iglesia: “Siguen existiendo clérigos machistas, mandones, que pretenden usar a las mujeres como servidumbre”. 

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La Iglesia latinoamericana pide la convocatoria de un Sínodo universal sobre la mujer

Las mujeres “han de ser reconocidas y valorizadas como corresponsables de la comunión y misión de la Iglesia”

Por Jesús Bastante/ANSA

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“Esta Pontificia Comisión para América Latina no pretende proyectar sus propios planteamientos y necesidades a la Iglesia universal, pero se plantea seriamente la cuestión de un Sínodo de la Iglesia universal sobre el tema de la Mujer en la vida y la misión de la Iglesia”.

La Iglesia latinoamericana ha dado el primer paso para el necesario reconocimiento de la mujer en la institución. A todos los niveles. Un camino apoyado por Francisco y que no tiene marcha atrás.

Esta es una de las principales conclusiones de un encuentro celebrado por la CAL, bajo el lema “La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina”.

Entre otras conclusiones, los responsables admiten que “siguen existiendo clérigos machistas, mandones, que pretenden usar a las mujeres como servidumbre dentro de su parroquia, apenas como clientela sumisa de los cultos y mano de obra bruta para lo que se necesite”, y son rotundos en la respuesta: “Todo esto tiene que ir acabando”.

Y es que las mujeres “han de ser reconocidas y valorizadas como corresponsables de la comunión y misión de la Iglesia, presentes en todas las instancias pastorales de reflexión y decisión pastorales”.

Al tiempo, recuerdan que “es posible y urgente multiplicar y ampliar los puestos y las oportunidades de colaboración de mujeres en las estructuras pastorales de las comunidades parroquiales, diocesanas, a niveles de las Conferencias episcopales y en la Curia Romana”.

En el documento final, difundido este miércoles, se afirma que “el cambio de época en el que estamos inmersos y que requiere de parte de la Iglesia una nueva propuesta de dinamismo misionero, exige un cambio de mentalidad y un proceso de transformación análogo al que el Papa Francisco logró concretar con las asambleas del Sínodo sobre la Familia -que llevaron a la exhortación apostólica Amoris Laetitia- y que ahora se propone con la próxima asamblea sobre los jóvenes”.

Ese trabajo por la sinodalidad, también debe, según la CAL “estar libre de prejuicios, estereotipos y discriminaciones sufridas por la mujer”.

Al tiempo, pide a las comunidades cristianas “realizar una seria revisión” para “pedir perdón por todas las situaciones en las cuales han sido y todavía son cómplices de atentados contra su dignidad”.

El documento agrega que las iglesias locales han de tener “la libertad y el coraje evangélico para denunciar todas las formas de discriminación y opresión, de violencia y explotación sufridas por las mujeres en distintas situaciones y para introducir el tema de su dignidad, participación y contribución en la lucha por la justicia y la fraternidad, dimensión esencial de la evangelización”.

Por ello, “se invita a todas las instituciones católicas de enseñanza superior, en particular a las facultades de teología y filosofía, a continuar profundizando una teología de la mujer, a la luz de la tradición y del magisterio de la Iglesia, de renovadas reflexiones teológicas sobre la Trinidad y la Iglesia, del desarrollo de las ciencias, en especial de la antropología, como también de las actuales realidades culturales de los movimientos y aspiraciones de las mujeres”, declara la CAL.

“Que se promueva en todas las iglesias locales y a través de las conferencias episcopales un diálogo franco y abierto entre pastores y mujeres comprometidas en diversos niveles de responsabilidad (dirigentes políticas, empresarias, líderes de movimientos populares y comunidades indígenas)”, concluye el documento, que puede leer íntegro aquí.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/04/12/la-iglesia-latinoamericana-pide-la-convocatoria-de-un-sinodo-universal-sobre-la-mujer-religion-iglesia-cal-religion.shtml#.Ws9GCjr0cXs.facebook


Las Confesiones de san Agustín. II, 6.12-14

abril 12, 2018

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Todos los vicios pretenden imitar virtudes de Dios (Conf. II, 6.12-14)

12. ¿Pues qué fue entonces lo que yo, miserable de mí, amé en ti, oh hurto mío, oh crimen nocturno mío de mis dieciséis años? Porque no eras hermoso, siendo un hurto. Pero ¿es que eres algo para que yo hable contigo?

Las hermosas eran las peras aquellas que robamos, por ser criaturas tuyas, ¡oh el más hermoso de todos, criador de todas las cosas!, Dios bueno, Dios sumo bien y verdadero bien mío: ¡hermosas eran aquellas peras!

Pero no eran éstas lo que apetecía mi alma miserable. Abundancia de ellas tenía yo y mejores. Pero las arranqué del árbol por sólo el hecho de hurtar, pues apenas las cogí las tiré, gustando en ellas sólo la iniquidad, de la que me gozaba con fruición. Porque si alguna de aquellas entró en mi boca, sólo el delito la hizo sabrosa.

Y ahora pregunto yo, Dios mío: ¿Qué era lo que me deleitaba en el hurto? Porque yo no encuentro ninguna hermosura en él; no digo ya como la que brilla en la justicia y prudencia, pero ni aun siquiera como la que resplandece en la inteligencia del hombre, o en la memoria y los sentidos, o en la vida vegetativa; ni como son bellos los astros hermosos en sus cursos, y la tierra, y el mar, llenos de vivientes, que nacen para sucederse unos a otros; ni siquiera como la defectuosa y umbrátil hermosura de los engañadores vicios.

13. Porque la soberbia imita la celsitud, mas tú eres el único sobre todas las cosas, ¡oh Dios excelso! Y la ambición, ¿qué busca, sino honores y gloria, siendo tú el único sobre todas las cosas digno de ser honrado y glorificado eternamente?

La crueldad de los tiranos quiere ser temida; pero ¿quién ha de ser temido, sino el solo Dios, a cuyo poder nadie en ningún tiempo, ni lugar, ni por ningún medio puede sustraerse ni huir?

Las blanduras de los lascivos provocan al amor; pero nada hay más blando que tu caridad ni que se ame con mayor provecho que tu verdad, sobre todas las cosas hermosa y resplandeciente.

La curiosidad parece afectar amor a la ciencia, siendo tú quien conoce sumamente todas las cosas. Hasta la misma ignorancia y estulticia se cubren con el nombre de sencillez e inocencia, porque no hallan nada más sencillo que tú; ¿y qué más inofensivo que tú, que aun el daño que reciben los malos les viene de sus malas obras?

La indolencia apetece el descanso; pero ¿qué descanso cierto hay fuera del Señor? El lujo apetece ser llamado saciedad y abundancia; mas tú sólo eres la plenitud y la abundancia indeficiente de eterna suavidad. La prodigalidad vístese con capa de liberalidad; pero sólo tú eres el verdadero y liberalísimo dador de todos los bienes.

La avaricia quiere poseer muchas cosas; pero tú sólo las posees todas. La envidia cuestiona sobre excelencias; pero ¿qué hay más excelente que tú? La ira busca la venganza; ¿y qué venganza más justa que la tuya?

El temor se espanta de las cosas repentinas e insólitas, contrarias a lo que uno ama y desea tener seguro; mas ¿qué en ti de nuevo o repentino?, ¿quién hay que te arrebate lo que amas? y ¿en dónde sino en ti se encuentra la firme seguridad?

La tristeza se abate con las cosas perdidas, con que solía gozarse la codicia, y no quisiera se le quitase nada, como nada se te puede quitar a ti.

14. Así es como claudica el alma: cuando es apartada de ti y busca fuera de ti lo que no puede hallar puro y sin mezcla sino cuando vuelve a ti. Perversamente te imitan todos los que se alejan y alzan contra ti. Pero aun imitándote así indican que tú eres el criador de toda criatura y, por tanto, que no hay lugar adonde se aparte uno de modo absoluto de ti.

Pues ¿qué fue entonces lo que yo amé en aquel hurto o en qué imité a mi Señor con una actitud viciosa y perversa? ¿Acaso fue en deleitarme obrando contra ley a base de engaño, ya que no podía por fuerza, simulando cautivo una libertad manca en hacer impunemente lo que estaba prohibido, en una obscura parodia de tu omnipotencia?

He aquí al siervo que, huyendo de su señor, consiguió la sombra9. ¡Oh podredumbre! ¡Oh monstruo de la vida y abismo de la muerte! ¿Es posible que me fuera grato lo que no me era lícito, y no por otra cosa sino porque no me era lícito?

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Las Confesiones de san Agustín. II, 5.10-11

abril 11, 2018

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Alicientes del pecado (Conf. II, 5.10-11)

10. Todos los cuerpos que son hermosos, como el oro, la plata y todos los demás, tienen, en efecto, su encanto. En el tacto físico interviene por mucho la congruencia de las partes, y cada uno de los demás sentidos percibe en los cuerpos cierta modalidad propia. También el honor temporal y el poder mandar y dominar tiene su atractivo, de donde nace la avidez de venganza.

Sin embargo, para conseguir todas estas cosas no es necesario abandonarte a ti, ni desviarse un ápice de tu ley. También la vida que aquí vivimos tiene sus encantos, por cierta manera suya de belleza y por la correspondencia que tiene con las inferiores. Cara es, finalmente, la amistad de los hombres por la unión que hace de muchas almas con el dulce nudo del amor.

Por todas estas cosas y otras semejantes se peca cuando por una inclinación inmoderada a ellas —no obstante que sean bienes ínfimos— son abandonados los mejores y sumos, como eres tú, Señor, Dios nuestro; tu Verdad y tu Ley.

Cierto que también estos bienes ínfimos tienen sus deleites, pero no como los de Dios, hacedor de todas las cosas, porque en él se deleita el justo y hallan sus delicias los rectos de corazón8.

11. Ésta es la razón por que cuando se inquiere la causa de un crimen no descansa uno hasta haber averiguado qué apetito de los bienes que hemos dicho ínfimos o qué temor de perderlos pudo moverle a cometerlo. Hermosos son, sin duda, y apetecibles, aunque comparados con los bienes superiores y beatíficos son viles y despreciables.

Uno comete un homicidio; ¿por qué habrá sido? Porque amó la esposa del muerto o su finca, o porque quiso robar para tener con qué vivir, o temió sufrir de él otro tanto, o bien, herido, ardió en deseos de venganza. ¿Acaso hubiera cometido el crimen sin motivo, por sólo el gusto de matar? ¿Quién lo podrá creer?

Porque aun de cierto hombre sin entrañas y excesivamente cruel, de quien se dijo que era malo y cruel de balde, se añadió, sin embargo, el motivo: «Para que la ociosidad no embotara su mano o el sentimiento».

Mas si todavía indagares por qué esto es así, te diré que para con aquel ejercicio de crímenes, tomada la ciudad, consiguiese honores, poderes y riquezas y careciese del miedo a las leyes y de los apremios de la vida, causados por la escasez de su patrimonio y de la conciencia de sus crímenes.

Así, pues, ni aun el mismo Catilina amaba sus crímenes, sino otra cosa, por cuyo motivo los cometía.

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Las Confesiones de san Agustín. II, 4.9

abril 10, 2018

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El hurto de unas peras (Conf. II, 4.9)

9. Ciertamente, Señor, que tu ley castiga el hurto, ley de tal modo escrita en el corazón de los hombres, que ni la misma iniquidad puede borrar. ¿Qué ladrón hay que sufra con paciencia a otro ladrón? Ni aun el rico tolera esto al forzado por la indigencia.

También yo quise cometer un hurto y lo cometí, no forzado por la necesidad, sino por penuria y fastidio de justicia y abundancia de iniquidad, pues robé aquello que tenía en abundancia y mucho mejor. Ni era el gozar de aquello lo que yo apetecía en el hurto, sino el mismo hurto y pecado.

Había un peral en las inmediaciones de nuestra viña cargado de peras, que ni por el aspecto ni por el sabor tenían nada de tentadoras. A hora intempestiva de la noche —pues hasta entonces habíamos estado jugando en las eras, según nuestra mala costumbre— nos encaminamos a él, con ánimo de sacudirlo y vendimiarlo, unos cuantos mozalbetes.

Y llevamos de él grandes cargas, no para regalarnos, sino más bien para tener que echárselas a los puercos, aunque algunas comimos, siendo nuestro deleite hacer aquello que nos placía por el hecho mismo de que nos estaba prohibido.

He aquí, Señor, mi corazón; he aquí mi corazón, del cual tuviste misericordia cuando estaba en lo profundo del abismo. Que este mi corazón te diga qué era lo que allí buscaba para ser malo de balde y que mi maldad no tuviese más causa que la maldad. Fea era, y yo la amé; amé el perecer, amé mi defecto, no aquello por lo que faltaba, sino mi mismo defecto. Torpe alma mía, que saltando fuera de tu base ibas al exterminio, no buscando algo en la ignominia, sino la ignominia misma.

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