Violencia y manipulación en la vida sexual, según Amoris laetitia, 153-157, (11)

julio 22, 2018

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Imágenes de explotación sexual y erotismo

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Violencia y manipulación en la vida sexual

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Dentro del contexto de esta visión positiva de la sexualidad, es oportuno plantear el tema en su integridad y con un sano realismo. Porque no podemos ignorar que muchas veces la sexualidad se despersonaliza y también se llena de patologías, de tal modo que «pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de los propios deseos e instintos».

En esta época se vuelve muy riesgoso que la sexualidad también sea poseída por el espíritu venenoso del «usa y tira». El cuerpo del otro es con frecuencia manipulado, como una cosa que se retiene mientras brinda satisfacción y se desprecia cuando pierde atractivo.

¿Acaso se pueden ignorar o disimular las constantes formas de dominio, prepotencia, abuso, perversión y violencia sexual, que son producto de una desviación del significado de la sexualidad y que sepultan la dignidad de los demás y el llamado al amor debajo de una oscura búsqueda de sí mismo?

No está de más recordar que, aun dentro del matrimonio, la sexualidad puede convertirse en fuente de sufrimiento y de manipulación.

Por eso tenemos que reafirmar con claridad que «un acto conyugal impuesto al cónyuge sin considerar su situación actual y sus legítimos deseos, no es un verdadero acto de amor; y prescinde por tanto de una exigencia del recto orden moral en las relaciones entre los esposos».

Los actos propios de la unión sexual de los cónyuges responden a la naturaleza de la sexualidad querida por Dios si son vividos «de modo verdaderamente humano».

Por eso, san Pablo exhortaba: «Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él» (1 Ts 4,6). Si bien él escribía en una época en que dominaba una cultura patriarcal, donde la mujer se consideraba un ser completamente subordinado al varón, sin embargo enseñó que la sexualidad debe ser una cuestión de conversación entre los cónyuges: planteó la posibilidad de postergar las relaciones sexuales por un tiempo, pero «de común acuerdo» (1 Co 7,5).

San Juan Pablo II hizo una advertencia muy sutil cuando dijo que el hombre y la mujer están «amenazados por la insaciabilidad». Es decir, están llamados a una unión cada vez más intensa, pero el riesgo está en pretender borrar las diferencias y esa distancia inevitable que hay entre los dos. Porque cada uno posee una dignidad propia e intransferible.

Cuando la preciosa pertenencia recíproca se convierte en un dominio, «cambia esencialmente la estructura de comunión en la relación interpersonal».

En la lógica del dominio, el dominador también termina negando su propia dignidad, y en definitiva deja «de identificarse subjetivamente con el propio cuerpo», ya que le quita todo significado. Vive el sexo como evasión de sí mismo y como renuncia a la belleza de la unión.

Es importante ser claros en el rechazo de toda forma de sometimiento sexual. Por ello conviene evitar toda interpretación inadecuada del texto de la carta a los Efesios donde se pide que «las mujeres estén sujetas a sus maridos» (Ef 5,22).

San Pablo se expresa aquí en categorías culturales propias de aquella época, pero nosotros no debemos asumir ese ropaje cultural, sino el mensaje revelado que subyace en el conjunto de la perícopa.

Retomemos la sabia explicación de san Juan Pablo II: «El amor excluye todo género de sumisión, en virtud de la cual la mujer se convertiría en sierva o esclava del marido […] La comunidad o unidad que deben formar por el matrimonio se realiza a través de una recíproca donación, que es también una mutua sumisión».

Por eso se dice también que «los maridos deben amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos» (Ef 5,28). En realidad el texto bíblico invita a superar el cómodo individualismo para vivir referidos a los demás, «sujetos los unos a los otros» (Ef 5,21).

En el matrimonio, esta recíproca «sumisión» adquiere un significado especial, y se entiende como una pertenencia mutua libremente elegida, con un conjunto de notas de fidelidad, respeto y cuidado. La sexualidad está de modo inseparable al servicio de esa amistad conyugal, porque se orienta a procurar que el otro viva en plenitud.

Sin embargo, el rechazo de las desviaciones de la sexualidad y del erotismo nunca debería llevarnos a su desprecio ni a su descuido.

El ideal del matrimonio no puede configurarse sólo como una donación generosa y sacrificada, donde cada uno renuncia a toda necesidad personal y sólo se preocupa por hacer el bien al otro sin satisfacción alguna.

Recordemos que un verdadero amor sabe también recibir del otro, es capaz de aceptarse vulnerable y necesitado, no renuncia a acoger con sincera y feliz gratitud las expresiones corpóreas del amor en la caricia, el abrazo, el beso y la unión sexual.

Benedicto XVI era claro al respecto: «Si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad».

Por esta razón, «el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don».

Esto supone, de todos modos, recordar que el equilibrio humano es frágil, que siempre permanece algo que se resiste a ser humanizado y que en cualquier momento puede desbocarse de nuevo, recuperando sus tendencias más primitivas y egoístas.

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Las Confesiones de san Agustín. III, 11.19

julio 15, 2018

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El sueño consolador de santa Mónica (Conf. III, 11.19)

19. Pero enviaste tu mano de lo alto y sacaste mi alma de este abismo de tinieblas11. Entre tanto, mi madre, fiel sierva tuya, lloraba en tu presencia mucho más que las demás madres suelen llorar la muerte corporal de sus hijos, porque veía ella mi muerte con la fe y espíritu que había recibido de ti.

Y tú la escuchaste, Señor; tú la escuchaste y no despreciaste sus lágrimas, que, corriendo abundantes, regaban el suelo allí donde hacía oración; sí, tú la escuchaste, Señor.

Porque ¿de dónde si no aquel sueño con que la consolaste, viniendo por ello a readmitirme en su compañía y mesa, ella que había comenzado a negarme ante la aversión y detestación provocadas por las blasfemias de mi error?

Soñó, en efecto, estar de pie sobre una regla de madera y a un joven resplandeciente, alegre y risueño que venía hacia ella, toda triste y afligida. Al preguntarle este joven por la causa de su tristeza y de sus lágrimas diarias, no por ánimo de enterarse como ocurre ordinariamente, sino para aconsejarla, y ella a su vez le respondiese que lloraba mi perdición, le mandó que se tranquilizase y que observara cómo donde ella estaba allí estaba yo también.

Y cuando ella fijó su vista, me vio junto a ella de pie sobre la misma regla ¿Qué explicación darle a este hecho sino que tú tenías tus oídos aplicados a su corazón, oh tú, omnipotente y bueno, que así cuidas de cada uno de nosotros, como si no tuvieras más que cuidar, y así de todos como de cada uno?

20. ¿Y de dónde también le vino que, contándome mi madre esta visión y queriéndola yo persuadir de que significaba lo contrario y que no debía desesperar de que algún día sería ella también lo que yo era al presente, al punto, sin vacilación alguna, me respondió: «No me dijo: donde él está, allí estás tú, sino donde tú estás, allí está él»?

Confieso, Señor, y muchas veces lo he dicho, que, a lo que yo me acuerdo, me movió más esta respuesta de mi avispada madre, por no haberse turbado con una explicación errónea tan verosímil y haber visto lo que debía verse —y que yo ciertamente no había visto antes que ella me lo dijese—, que el mismo sueño con el cual anunciaste a esta piadosa mujer con mucho tiempo de antelación, a fin de consolarla en su inquietud presente, un gozo que no había de realizarse sino mucho tiempo después.

Porque todavía hubieron de pasar casi nueve años; durante los cuales continué revolcándome en aquel abismo de cieno12 y tinieblas de error, hundiéndome tanto más cuanto más conatos hacía por salir de él.

Entretanto, aquella piadosa viuda, casta y sobria como las que tú amas, ya un poco más alegre con la esperanza que tenía, pero no menos solícita en sus lágrimas y gemidos, no cesaba de llorar por mí en tu presencia en todas las horas de sus oraciones, las cuales no obstante ser aceptadas por ti, me dejabas, sin embargo, que me revolcara y fuera envuelto por aquella oscuridad.

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El maná de cada día, 8.7.18

julio 7, 2018

Domingo XIV del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa



Antífona de entrada: Sal 47, 10-11

Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo; como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.


Oración colecta

Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


PRIMERA LECTURA: Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía:

«Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día.

También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: “Esto dice el Señor.”

Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»


SALMO 122

Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.

A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores.

Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos.


SEGUNDA LECTURA: 2 Corintios 12, 7b-10

Hermanos:

Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio.

Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.»

Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.


EVANGELIO: Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.


Antífona de comunión: Sal 33, 9

Gustad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él.

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NO DESPRECIAN A UN PROFETA
MÁS QUE EN SU TIERRA

El propio Jesucristo que nos redimió como Hijo de Dios encarnado, fue signo de contradicción a causa de su humilde condición humana. Jesús responde al escepticismo del pueblo de Nazaret con un proverbio que refleja la verdad bien sabida de que la envidia y la familiaridad predisponen mal frente a una persona conocida. San Ambrosio habla de este odio y envidia:

«La envidia no se traiciona medianamente: olvidada del amor entre sus compatriotas, convierte en odios crueles las causas del amor. Al mismo tiempo, ese dardo, como estas palabras, muestra que esperas en vano el bien de la misericordia celestial si no quieres los frutos de la virtud en los demás; pues Dios desprecia a los envidiosos y aparta las maravillas de su poder a los que fustigan en los otros los beneficios divinos. Los actos del Señor en su carne son la expresión de su divinidad, y “lo que es invisible en Él nos lo muestra por las cosas visibles” (Rom 1, 20).

«No sin motivo se disculpa el Señor de no haber hecho milagros en su patria, a fin de que nadie pensase que el amor a la patria ha de ser en nosotros poco estimado: amando a todos los hombres, no podía dejar de amar a sus compatriotas; mas fueron ellos los que por su envidia renunciaron al amor de su patria… Y, sin embargo, esta patria no ha sido excluida de los beneficios divinos –allí vivió treinta años–. Observa qué males acarrea el odio; a causa de su odio, esa patria es considerada indigna de que Él, conciudadano suyo, obrase en ella, después de haber tenido la dignidad de que el Hijo de Dios morase en ella» (Tratado sobre San Lucas lib. IV, 46-47).

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PRIMERA PÁGINA (DABAR)

Hablar para los que no escuchan

Jesús experimentó en la sinagoga, nada más y nada menos que lo que nosotros experimentamos muchas veces en nuestra vida, lo que decimos y hacemos resulta ridículo para nuestros amigos, familiares y seres queridos, y ya no digamos cuando se trata de nuestra fe, hablamos y hablamos intentando quizás convencerles, de que aquello en lo que creemos es lo que da sentido a nuestra vida.

Te hagan caso o no te hagan caso… hay gente que no tiene ganas de escuchar, hay quienes simulan que escuchan, quienes dicen que no tienen necesidad de escuchar, ya que siempre se dicen las mismas cosas, y ellos ya las saben.

Quienes escuchan y las entienden a su manera. Quienes están dispuestos a oír solamente lo que les confirma sus ideas, rechazando cualquier palabra que las ponga en tela de juicio.

Quienes escuchan pero piensan en que aquella predicación está bien para cualquier otro, pero no para ellos.

Quienes escuchan y no hacen otra cosa que escuchar, pero todo queda como antes en su vida. Algunos dicen: ¡qué bonito sermón! Y todo acaba ahí.

Hay quienes  no escuchan porque son rebeldes y otros porque son indiferentes…

Pero por suerte, hay gente que escucha, toman en serio la Palabra, la guardan en su corazón y se dejan interpelar por ella.

Tantas y tantas veces hablamos pero no nos escuchan, pensamos que no vale la pena, que es inútil seguir, que no vale para nada, que no interesa, que no logramos transmitir lo que queremos… pero en realidad sí vale la pena, aunque sea para pocos, aunque sea para uno solo.

La Palabra realiza un recorrido secreto, imprevisible, busca la complicidad de algún corazón, intenta despertar el deseo de esperanza, a encender una chispa, a iluminar el camino para aquél que anda a tientas en la oscuridad…

Jesús en su tierra no pudo hacer ningún milagro,  pero hay uno que queda normalmente olvidado: el milagro de la escucha. Un milagro que seguro haría mella en alguno de los que le escuchaban ahí en la sinagoga, en su tierra natal  y que  provoca otro milagro todavía más esencial: el de la obediencia.

Hoy la Palabra de Dios nos lo deja claro, escoge a los más humildes, a los más simples para predicar, no hace falta tener grandes títulos, sólo elige a personas abiertas de corazón, dispuestas a guardarla en él, meditarla,  ponerla en práctica y compartirla con el resto de los hermanos.

Quizás el conocimiento de Jesús, nos impide descubrirlo, el significado de Jesús no tiene conceptos, ni teorías. A Dios sólo se llega viviendo su presencia en nosotros. Para llegar a la vivencia tengo que abandonar el conocimiento,  por  la sencilla razón de que el conocimiento de Dios me viene de fuera y la experiencia me llegará de dentro.

SUSI CRUZ   susi@dabar.net

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El maná de cada día, 20.6.18

junio 20, 2018

Miércoles de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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Dios ve los corazones, no las apariencias

Dios ve los corazones, no las apariencias



PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 2, 1.6-14

Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en el torbellino, Elías y Eliseo se marcharon de Guilgal.

Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Eliseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía solo hasta el Jordán.»

Eliseo respondió: «¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré.»

Y los dos siguieron caminando. También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas y se pararon frente a ellos, a cierta distancia. Los dos se detuvieron junto al Jordán; Elías cogió su manto, lo enrolló, golpeó el agua, y el agua se dividió por medio, y así pasaron ambos a pie enjuto.

Mientras pasaban el río, dijo Elías a Eliseo: «Pídeme lo que quieras antes de que me aparten de tu lado.»

Eliseo pidió: «Déjame en herencia dos tercios de tu espíritu.»

Elías comentó: «¡No pides nada! Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás; si no me ves, no lo tendrás.»

Mientras ellos seguían conversando por el camino, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en el torbellino.

Eliseo lo miraba y gritaba: «¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel! »

Y ya no lo vio más. Entonces agarró su túnica y la rasgó en dos; luego recogió el manto que se le había caído a Elías, se volvió y se detuvo a la orilla del Jordán; y agarrando el manto de Elías, golpeó el agua diciendo: «¿Dónde está el Dios de Elías, dónde?»

Golpeó el agua, el agua se dividió por medio, y Eliseo cruzó.


SALMO 30, 20.21.24

Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.

En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras.

Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.


EVANGELIO: Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»


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La mano izquierda y la mano derecha (Mt 6,3)

Cuánto nos cuesta que no valoren y reconozcan nuestra generosidad. Nos acostumbramos fácilmente a medir nuestra entrega con el metro de la cortesía y la corrección social, más que con la medida del Evangelio.

Somos quizá generosos con nuestro tiempo, cualidades o bienes, y decimos que todo eso lo hacemos sin esperar nada a cambio; pero cuando, efectivamente, no hay nada a cambio, vamos acumulando pequeños rencores que entibian nuestra entrega y van empequeñeciendo nuestro corazón.

En el fondo, nos gusta dar con la mano derecha mientras hacemos todo lo posible para que nuestra mano izquierda sepa quién ha dado, lo que hemos dado y qué ejemplar ha sido nuestra acción.

Cuando damos para quedar bien, para que no digan, por si luego necesito pedir favores, por mera apariencia de Evangelio, estamos disfrazando nuestra fe con esa careta de la hipocresía que, tarde o temprano, decepciona a los demás y los aparta del Evangelio.

El Señor no hizo depender su predicación, sus curaciones, su entrega al Padre en la Cruz, del reconocimiento humano, de la buena opinión de los hombres o de la recompensa que podía esperar a cambio.

Cuántas intenciones egoístas y vanidosas, disfrazadas de apariencia de bien, se ocultan agazapadas en tantos actos que realizamos en nombre de Dios y de la virtud cristiana.

Cuánto afán de crecer a los ojos de los demás, cuánta ambición de poder y de reconocimiento, cuánto egocentrismo sutil y engañoso, escondemos en la mano izquierda, mientras con la derecha mostramos abiertamente nuestra dádiva más generosa.

Contempla a Cristo en la Cruz y dejarás de buscar compensaciones y reconocimientos humanos que agostan tu alma y la van encerrando en la caracola de tu soberbia.

Basta que Dios conozca tus manos, si tú quieres conocer también las suyas.


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El maná de cada día, 19.6.18

junio 19, 2018

Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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F

Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen.

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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 21, 17-29

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión.

Dile: “Así dice el Señor: ‘¿Has asesinado, y encima robas?’ Por eso, así dice el Señor: ‘En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.»

Ajab dijo a Elías: «¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?»

Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel.

También ha hablado el Señor contra Jezabel: “Los perros la devorarán en el campo de Yezrael.” A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.»

Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Señor reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas.

En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.

El Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.»


SALMO 50, 3-4.5-6a.11.16

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-: que os améis unos a otros, como yo os he amado.


EVANGELIO: Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»


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Espíritu Santo, que nos haces participar de la benignidad de Dios

“¡Dad gracias a Dios, porque es bueno!” (1 Cr 16,34). La bondad es un atributo que corresponde, en primer lugar, a Dios. Se identifica con su amor y, por tanto, con lo más íntimo de su esencia. Sólo Él se da enteramente, sin reservas ni límites de tiempo.

Sin embargo, desde nuestra corta perspectiva humana, solemos identificar lo bueno con los instantes de felicidad. Como no nos podemos asegurar una felicidad para siempre, la buscamos en las cosas, ambientes o personas, sin darnos cuenta de que sólo en Dios podemos prolongar hasta lo eterno esos instantes de felicidad.

La benignidad mira al bien del prójimo. Es la inclinación a ocuparse del bien de los demás, bajo la moción del Espíritu Santo. Por tanto, no podemos entender el bien desde los parámetros humanos de la mera filantropía.

Lo difícil es hacer el bien con verdadera rectitud de intención, sin buscar compensaciones ni intereses propios. Comenzando en nuestro ambiente más cercano, con los amigos que saben de nuestros defectos, compañeros con los que compartimos las monotonías diarias, con aquellos que nos juzgan o que no son afines a nuestros criterios.

Así de radical es el Evangelio: “Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos” (Lc 6,35).

El mal no tiene consistencia propia; es sólo la ausencia del bien. Existe el mal allí donde no hay bien.

No está en nuestras manos alcanzar, en este mundo, un bienestar material y afectivo absolutos, sino que nuestra esperanza está en Dios.

Y, si todo lo creado es bueno, ¿por qué, entonces, existe el mal en el mundo? Porque aún falta lo bueno que tú has de hacer.


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El Papa alerta del control informativo por parte de gobiernos sin escrúpulos

junio 18, 2018

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Hay muchas personas, muchos países destruidos por dictaduras malvadas y calumniadoras

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El Papa alerta del control informativo por parte de gobiernos sin escrúpulos

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El Papa Francisco denunció el control hegemónico de los medios de comunicación por parte de “gobiernos sin escrúpulos” para calumniar y destruir a los rivales: “así avanzan las dictaduras”, aseguró.

Una vez que los medios de comunicación han sido neutralizados, “se comienza a juzgar a las instituciones que han sido debilitadas, se destruye a las personas, se las condena, y así avanza la dictadura. Las dictaduras, todas, han comenzado así, adulterando la comunicación, poniendo la información en manos de una persona sin escrúpulos, de un gobierno sin escrúpulos”.

El Santo Padre señaló que en muchos países se emplea el método de “destruir la comunicación libre” mediante la derogación de “la ley de medios de comunicación para entregar todo el aparato de la comunicación a una empresa, a una institución que calumnia, que dice falsedades, que debilita la vida democrática”.

En este sentido, el Pontífice indicó que esta actitud también existe en el ámbito de las relaciones personales cuando se calumnia o se difunden escándalos de otras personas. “Comunicar escándalos es algo que tiene una seducción enorme. Se seduce con escándalos, las buenas noticias no seducen”, lamentó.

Entonces, “la comunicación de ese escándalo se extiende y esa persona, esa institución, ese país termina en ruinas. No se juzga a la persona, se juzga a las ruinas de la persona y de las instituciones para que no puedan defenderse”.

Para explicar la maldad existente en la calumnia y cómo los poderes se sirven de ella para lograr sus objetivos, el Santo Padre explicó la Primera Lectura del día, un fragmento del Libro Primero de los Reyes en el que se narra cómo la mujer de Ajab, rey de Israel, se valió de la calumnia para matar a Nabot y robarle su terreno, que ambicionaba el rey.

“El rey Acab deseaba la viña de Nabot y le ofrece dinero. Pero aquel terreno formaba parte de la herencia de sus padres, por lo que Nabot rechaza la oferta. Entonces Acab, que era un caprichoso, hace como los niños cuando no consiguen lo que quieren: llora. Después, siguiendo el consejo de su mujer, la cruel Jezabel, lo hace acusar falsamente, lo mata y toma posesión de su viña”, resumió Francisco.

“Nabot, por lo tanto, es un mártir de la fidelidad a la herencia que recibió de sus padres, una herencia que iba más allá de la viña, una herencia del corazón”, explicó.

En este sentido, explicó que el martirio de Nabot es un antecedente del sacrificio de Jesús en la Cruz, o del martirio de San Esteban y de todos los mártires condenados con falsas acusaciones y calumnias.

La calumnia de Acab hacia Nabot es, según el parecer del Papa, paradigmática del modo de proceder de mucha gente, “de muchos Jefes de Estado y de gobierno. Se comienza con una mentira y, tras haber destruido ya sea a una persona, o a una institución, se le juzga y condena”.

“Hay muchas personas, muchos países destruidos por dictaduras malvadas y calumniadoras. Pensemos, por ejemplo, en las dictaduras del pasado siglo. Pensemos en las persecuciones contra los hebreos, por ejemplo. Una comunicación calumniosa contra los hebreos que los llevó a Auschwitz porque no merecían vivir.

Es un horror, pero un horror que continúa sucediendo hoy: en las pequeñas sociedades, en las personas de muchos países. El primer paso es apropiarse de la comunicación y, luego, la destrucción, el juicio y la muerte”, concluyó.

Lectura comentada por el Papa Francisco:

I Reyes 21:1-16

1 Después de estos sucesos ocurrió que Nabot, de Yizreel, tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaría,

2 y Ajab habló a Nabot diciendo: «Dame tu viña para que me sirva de huerto para hortalizas, pues está pegando a mi casa, y yo te daré por ella una viña mejor que está, o si parece bien a tus ojos te daré su precio en dinero.»

3 Respondió Nabot a Ajab: «Líbreme Yahveh de darte la herencia de mis padres.»

4 Se fue Ajab a su casa triste e irritado por la palabra que le dijo Nabot de Yizreel: «No te daré la heredad de mis padres»; se acostó en su lecho, volvió su rostro y no quiso comer.

5 Vino a donde él su mujer Jezabel, y le habló: «¿Por qué está triste tu espíritu y por qué no quieres comer?»

6 Él le respondió: «Porque he hablado con Nabot de Yizreel y le he dicho: “Dame tu viña por dinero o, si lo prefieres, te daré una viña a cambio”, y me dijo: “No te daré mi viña.”»

7 Su mujer Jezabel le dijo: «¿Y eres tú el que ejerces la realeza en Israel? Levántate, come y que se alegre tu corazón. Yo te daré la viña de Nabot de Yizreel.»

8 Escribió cartas en nombre de Ajab y las selló con su sello, y envió las cartas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot.

9 En las cartas había escrito: «Proclamad un ayuno y haced sentar a Nabot a la cabeza del pueblo.

10 Haced que se sienten frente a él dos malvados que le acusarán diciendo: “Has maldecido a Dios y al rey” y le sacaréis y le apedrearéis para que muera.»

11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron lo que Jezabel les había mandado, de acuerdo con lo escrito en las cartas que les había remitido.

12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot a la cabeza del pueblo.

13 Llegaron los dos malvados, se sentaron frente a él y acusaron los malvados a Nabot delante del pueblo diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey»; le sacaron fuera de la ciudad, le apedrearon y murió.

14 Enviaron a decir a Jezabel: «Nabot ha sido apedreado y ha muerto.»

15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Ajab: «Levántate, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yizreel, el que se negó a dártela por dinero, pues Nabot ya no vive, ha muerto.»

16 Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yizreel, para tomar posesión de ella.

https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-alerta-del-control-informativo-por-parte-de-gobiernos-sin-escrupulos-12479


El maná de cada día, 18.6.18

junio 18, 2018

Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Al que quiera quitarte la túnica, dale también la capa

Al que quiera quitarte la túnica, dale también la capa



PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 21, 1-16

Por aquel tiempo, Nabot, el de Yezrael, tenía una viña pegando al palacio de Ajab, rey de Samaria.

Ajab le propuso: «Dame la viña para hacerme yo una huerta, porque está al lado, pegando a mi casa; yo te daré en cambio una viña mejor o, si prefieres, te pago en dinero.»

Nabot respondió: «¡Dios me libre de cederte la heredad de mis padres!»

Ajab marchó a casa malhumorado y enfurecido por la respuesta de Nabot, el de Yezrael, aquello de: «No te cederé la heredad de mis padres.»

Se tumbó en la cama, volvió la cara y no quiso probar alimento.

Su esposa Jezabel se le acercó y le dijo: «¿Por qué estás de mal humor y no quieres probar alimento?»

Él contestó: «Es que hablé a Nabot, el de Yezrael, y le propuse: “Véndeme la viña o, si prefieres, te la cambio por otra.” Y me dice: “No te doy mi viña.”»

Entonces Jezabel dijo: «¿Y eres tú el que manda en Israel? ¡Arriba! A comer, que te sentará bien. ¡Yo te daré la viña de Nabot, el de Yezrael!»

Escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y notables de la ciudad, paisanos de Nabot. Las cartas decían: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot en primera fila. Sentad en frente a dos canallas que declaren contra él: “Has maldecido a Dios y al rey.” Lo sacáis afuera y lo apedreáis hasta que muera.»

Los paisanos de Nabot, los ancianos y notables que vivían en la ciudad, hicieron tal como les decía Jezabel, según estaba escrito en las cartas que habían recibido.

Proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot en primera fila; llegaron dos canallas, se le sentaron enfrente y testificaron contra Nabot públicamente: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey.»

Lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió.

Entonces informaron a Jezabel: «Nabot ha muerto apedreado.»

En cuanto oyó Jezabel que Nabot había muerto apedreado, dijo a Ajab: «Hala, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, que no quiso vendértela. Nabot ya no vive, ha muerto.»

En cuanto oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a tomar posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael.


SALMO 5,2-3.5-6.7

Atiende a mis gemidos, Señor.

Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío.

Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 105

Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.



EVANGELIO: Mateo 5,38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»


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SER BUENOS Y HACER EL BIEN

La expresión «todo el mundo es bueno» es cierta si pensamos que somos hijos de Dios. Y lo increíble de esa filiación divina es el respeto escrupuloso de Dios hacia nuestra libertad, que es lo que propiamente nos asemeja a Él. Pero, ¿por qué nos desviamos tan fácilmente de nuestra propia responsabilidad, dejando de participar así de esa bondad que Dios nos ha dado?

En el ejercicio de nuestra libertad radica el misterio del comportamiento humano. La educación, el ambiente familiar o el entorno social nos influyen mucho. Pero, no nos eximen de la responsabilidad de poner en acto la bondad de Dios, que reside en nosotros como hijos suyos. Lo contrario, no reconocer esa filiación, nos impide participar de la bondad divina y nos mueve a elecciones que no nos ayudan a conseguir el verdadero fin de nuestra vida.

Así pues, no es tanto un estado (la bondad), sino un actuar (hacer cosas buenas), lo que nos define como hombres y mujeres que buscan a Dios sinceramente. San Pablo decía que “una fe sin obras, es una fe muerta”.

Adecuar nuestros deseos con la voluntad de Dios nos exige, ciertamente, esfuerzo y renuncia. Descubrir el plan de la Providencia en mi vida siempre nos supondrá un examen permanente de lo que nos dicen nuestros razonamientos y de cómo ponemos por obra aquello que es objeto de nuestra conciencia. He ahí la verdadera madurez humana.

Cuánto nos cuesta vivir ese precepto del amor de Dios, que nos pide amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. Se trata de realizar el bien, no según mis criterios, mis gustos o intereses, sino rectificando la intención para renunciar a nuestros egoísmos. Esto es unir la fe y la vida en las obras concretas, para hacer realidad, en las obras buenas, la bondad de los hijos de Dios.

www.mater-dei.es
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