Por los enfermos del coronavirus: Petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno. Novena 7

abril 7, 2020

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San Ezequiel, agustino recoleto y pastor de almas.

 

Por los enfermos del coronavirus: petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno oar.

Novena a san Ezequiel, protector de los enfermos. Día 7.

La preocupación y atención esmerada a los enfermos es una práctica constante de la Iglesia. La comunidad cristiana debe orar por los enfermos intercediendo por su salud integral ante Dios, el único compasivo. Y también implorando la protección de los santos, en particular la de aquellos que han sido especialmente cercanos a los enfermos.

Con motivo de la pandemia del coronavirus que nos aflige con tanta virulencia, me ha parecido oportuno recurrir a una personalidad que murió hace un siglo y que destacó por su caridad hacia los enfermos: San Ezequiel Moreno, agustino recoleto. Además de ejemplo para nosotros, es implorada en la Iglesia su intercesión a favor de los enfermos, en particular a favor de los que sufren de cáncer. Para ellos es singular protector y ejemplo.

Dada la piedad que san Ezequiel suscita en muchas personas y las gracias de consolación, conversión, y de curación física y espiritual que esos devotos agradecen a Dios como alcanzadas por su intercesión, me atrevo a presentarlo también como valedor ante Dios en favor de los enfermos de la pandemia del coronavirus. 

Me ha parecido providencial rezar, del 1 al 9 de abril, una novena a san Ezequiel por los afectados del coronavirus que están en cuarentena u hospitalizados, para que recuperen la salud física, si es la disposición de Dios, sean consolados por la gracia divina y se acerquen más a Dios, padre compasivo, dador de vida.

Si alguna persona se incorpora a la novena, ya empezada el día uno de abril, puede seguirla en el día en que la haya encontrado o conocido, y después del día nueve, continuarla por el día primero hasta completarla en el día en que la comenzó.

Lo ideal es hacerla completa y en el orden del día uno al nueve. Pero si se hace en otro orden o no se reza completa, de todas formas Dios ve el corazón, y sabe de nuestras necesidades. No se trata de un rezo mágico con efecto automático en razón de nuestros merecimientos. Dios es padre o madre, no una ley implacable. 

En esta novena, pedimos con toda fe que nuestros hermanos recobren su salud integral, de cuerpo y alma, para su contento y felicidad de sus familiares y amigos. Suplicamos que la bendición de Dios alcance no solo a las personas sanadas, sino también a sus familias con motivo de esta contingencia. Así ha sucedido con frecuencia y está sucediendo en muchos casos para alegría nuestra y gloria de Dios.

Pero sea cual sea el resultado de nuestras súplicas, nos contentamos siempre y alabamos a Dios porque él lo dispone todo para nuestro bien y para alabanza de su gloria. Él sabe mejor que nadie lo que nos conviene, en este mundo pasajero y en la vida eterna. Lo mejor será lo que Dios disponga en sus designios. Por eso, la oración siempre debe proporcionarnos una paz gratificante y consoladora. 

Pero lo nuestro es pedir, orar con toda insistencia, conversar con nuestro Dios y Señor, como si todo dependiera de nosotros; y a la vez, tratar de encontrar en todo lo que suceda la voluntad de Dios, que siempre, siempre busca lo mejor para nosotros, no sólo mientras peregrinamos por este mundo terreno, sino sobre todo cuando seamos llamados a la vida eterna y sin fin. Por eso, a veces el Señor no nos da exactamente lo que le pedimos, porque no nos conviene para la vida eterna, como hace una madre con su hijo pequeño. 

¿Y los enfermos que ya han muerto y que quizás no supimos ayudarles o no pudimos hacerlo debidamente? Rezaremos también por ellos porque para Dios todos los tiempos son presentes. Podemos y debemos orar por ellos, pensando en lo que sufrieron en esta vida, y la agonía que tuvieron, previa a su encuentro definitivo con Dios. Él escuchará nuestra oración y dará el descanso eterno a nuestros difuntos, y a nosotros el consuelo, la reconciliación y la paz del corazón. 

Para conocer algo más a san Ezequiel y motivarnos en la oración, reproducimos algunos rasgos biográficos con dos milagros obrados por san Ezequiel, y finalmente ofrecemos una novena breve.

Datos biográficos

San Ezequiel Moreno nació en Alfaro, La Rioja, España, en 1848. Profesó en la Orden de Agustinos Recoletos y terminó los estudios eclesiásticos en Filipinas. Se ordenó sacerdote en 1871 y ejerció allí el ministerio durante quince años.

Volvió a España, y a los tres años pasó a Colombia como superior en 1889. Renovó las comunidades religiosas. Trabajó varios años en Bogotá y restauró las misiones de Casanare, de las que fue nombrado primer Vicario y Obispo.

En 1896 se le confió la diócesis de Pasto. Aquejado por un cáncer al paladar viaja a España en diciembre de l905. En Madrid se somete a dos operaciones, en febrero y marzo de 1906. Sin poder atajar el mal, en mayo se retira al convento de Monteagudo, Navarra, donde fallece el 19 de agosto del mismo año.

Fue beatificado en noviembre de 1975, en Roma, y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 11 de octubre de 1992 en Santo Domingo, República Dominicana, dentro de las celebraciones de los 500 años de la Evangelización de América.

Se destacó toda su vida por la observancia religiosa, el apostolado con los enfermos, su espíritu misionero, la dirección espiritual y por su generosidad con los pobres. Su fiesta se celebra el 19 de agosto.

Milagros aprobados en Roma

Pasto, Colombia: Carmela Jurado, hallándose en estado casi agónico con cáncer en la garganta y el paladar, se curó repentinamente en la noche del 11 de febrero de 1947, por intercesión del obispo Ezequiel Moreno. Este hecho portentoso sirvió para la beatificación.

Buesaco, Nariño, Colombia: María de Jesús Ñáñez, operada de cáncer en la pierna derecha y con metástasis en el seno izquierdo, se curó también milagrosamente en la noche del 18 de julio de 1986, por intercesión de san Ezequiel. La aprobación de este nuevo milagro dio paso a la canonización.

Estos dos milagros son los que avalan a san Ezequiel como ejemplo e intercesor en toda la Iglesia y para siempre. Por eso, podemos y debemos recurrir a Dios, a través de los santos y en particular de nuestro protector, para que siga realizando milagros de salud física y espiritual en favor de sus hijos que así lo imploren, porque Dios quiere que todos tengamos vida en abundancia por su Hijo Jesucristo, nuestro salvador. 

Con esa fe y convicción recurrimos a san Ezequiel para que Dios siga multiplicando su gracia y bendiciones para bienestar físico y espiritual de sus hijos en toda la Iglesia y en todos los tiempos. Amén.

 

DÍA SÉPTIMO, 7 de abril de 2020

«Amar a María es amar la cosa más bella que todo lo que no es Dios»

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San Ezequiel Moreno

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ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena: muy especialmente la salud física y espiritual de los enfermos del coronavirus que te encomiendo con toda mi alma, cuyos nombres pronuncio en tu presencia, N. y N…

Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, a los que sufren de cáncer, que también padeció san Ezequiel; y en particular a los enfermos terminales, para que la Virgen María nuestra Madre, su esposo san José, y tus santos ángeles los asistan en su agonía.

Prestándoles nuestra voz y nuestra fe, y en su nombre rezamos con devoción y amor esta jaculatoria: “Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía”. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.



DÍA 7º.-

La devoción a la Santísima Virgen es garantía de vida cristiana y de salvación. San Ezequiel profesó un entrañable amor a la Madre de Dios desde su infancia y se constituyó en su apóstol apasionado, como lo demuestran sus escritos y los recuerdos que nos dejó.

(Pausa de reflexión y oración)

Te pedimos, Señor Jesús, nos concedas una delicada piedad hacia tu querida Madre y Madre nuestra, para que la podamos imitar de corazón hasta cantar junto a ella tus alabanzas en la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en esta novena: Sobre todo, la curación física y espiritual de los enfermos del coronavirus)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre y Señor nuestro: la oración devota y confiada, y la certeza de la intercesión de san Ezequiel, protector de los enfermos, son para mí un remanso de paz y de consuelo en estas penas y preocupaciones que me afligen por esta pandemia.

Tú, que eres el único bueno y compasivo, atiende a mis ruegos por los hermanos enfermos, tus hijos preferidos, aquejados del coronavirus. Tú sabes cuánto los queremos sus familiares y amigos, y cuánto los necesitan en el hogar. Ten piedad de nosotros, Señor, y dales a nuestros enfermos, por la intercesión de san Ezequiel, la salud de alma y cuerpo que ellos también esperan y desean.

Finalmente, te ruego que el ejemplo de san Ezequiel me estimule siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección amorosa. Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

 

Salmo 23 (22): El Señor es mi Pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar.

Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. 

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. 

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 

(Recomendado para inspirar la confianza sosegada en la protección del Señor y en su auxilio oportuno)

 


Meditación del Papa Francisco en la Bendición Urbi et Orbi por pandemia del coronavirus

abril 6, 2020

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El Papa Francisco en su meditación durante la Bendición Urbi et Orbi por pandemia del coronavirus

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Meditación del Papa Francisco en la Bendición Urbi et Orbi por pandemia del coronavirus

Redacción ACI Prensa. 27 de marzo de 2020

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El Papa Francisco preside un momento extraordinario de oración en el Vaticano, con la Plaza de San Pedro vacía, con una bendición Urbi et Orbi y la indulgencia plenaria para pedir por el fin de la epidemia del coronavirus o COVID19:

Te ofrecemos aquí el texto completo de su meditación:

«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas.

Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.

En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús.

Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—.

Después de que lo despertaran y de que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40). Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38).

No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.

La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa.

No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo.

Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12).

Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad.

Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.

Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.

El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.

El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad.

En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios.

Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil, Señor, y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque sabemos que Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).

https://www.aciprensa.com/noticias/meditacion-de-papa-francisco-en-bendicion-al-mundo-e-indulgencia-plenaria-por-coronavirus-43852


Por los enfermos del coronavirus: Petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno. Novena 5.

abril 5, 2020

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San Ezequiel Moreno, agustino recoleto. Misionero en Filipinas, España y Colombia (Casanare y Pasto).

 

Por los enfermos del coronavirus: petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno oar.

Novena a san Ezequiel, protector de los enfermos. Día 5.

La preocupación y atención esmerada a los enfermos es una práctica constante de la Iglesia. La comunidad cristiana debe orar por los enfermos intercediendo por su salud integral ante Dios, el único compasivo. Y también implorando la protección de los santos, en particular la de aquellos que han sido especialmente cercanos a los enfermos.

Con motivo de la pandemia del coronavirus que nos aflige con tanta virulencia, me ha parecido oportuno recurrir a una personalidad que murió hace un siglo y que destacó por su caridad hacia los enfermos: San Ezequiel Moreno, agustino recoleto. Además de ejemplo para nosotros, es implorada en la Iglesia su intercesión a favor de los enfermos, en particular a favor de los que sufren de cáncer. Para ellos es singular protector y ejemplo.

Dada la piedad que san Ezequiel suscita en muchas personas y las gracias de consolación, conversión, y de curación física y espiritual que esos devotos agradecen a Dios como alcanzadas por su intercesión, me atrevo a presentarlo también como valedor ante Dios en favor de los enfermos de la pandemia del coronavirus. 

Me ha parecido providencial rezar, del 1 al 9 de abril, una novena a san Ezequiel por los afectados del coronavirus que están en cuarentena u hospitalizados, para que recuperen la salud física, si es la disposición de Dios, sean consolados por la gracia divina y se acerquen más a Dios, padre compasivo, dador de vida.

Si alguna persona se incorpora a la novena, ya empezada el día uno de abril, puede seguirla en el día en que la haya encontrado o conocido, y después del día nueve, continuarla por el día primero hasta completarla en el día en que la comenzó.

Lo ideal es hacerla completa y en el orden del día uno al nueve. Pero si se hace en otro orden o no se reza completa, de todas formas Dios ve el corazón, y sabe de nuestras necesidades. No se trata de un rezo mágico con efecto automático en razón de nuestros merecimientos. Dios es padre o madre, no una ley implacable. 

En esta novena, pedimos con toda fe que nuestros hermanos recobren su salud integral, de cuerpo y alma, para su contento y felicidad de sus familiares y amigos. Suplicamos que la bendición de Dios alcance no solo a las personas sanadas, sino también a sus familias con motivo de esta contingencia. Así ha sucedido con frecuencia y está sucediendo en muchos casos para alegría nuestra y gloria de Dios.

Pero sea cual sea el resultado de nuestras súplicas, nos contentamos siempre y alabamos a Dios porque él lo dispone todo para nuestro bien y para alabanza de su gloria. Él sabe mejor que nadie lo que nos conviene, en este mundo pasajero y en la vida eterna. Lo mejor será lo que Dios disponga en sus designios. Por eso, la oración siempre debe proporcionarnos una paz gratificante y consoladora. 

Pero lo nuestro es pedir, orar con toda insistencia, conversar con nuestro Dios y Señor, como si todo dependiera de nosotros; y a la vez, tratar de encontrar en todo lo que suceda la voluntad de Dios, que siempre, siempre busca lo mejor para nosotros, no sólo mientras peregrinamos por este mundo terreno, sino sobre todo cuando seamos llamados a la vida eterna y sin fin. 

¿Y los enfermos que ya han muerto y que quizás no supimos ayudarles o no pudimos hacerlo debidamente? Rezaremos también por ellos porque para Dios todos los tiempos son presentes. Podemos y debemos orar por ellos, pensando en lo que sufrieron en esta vida, y la agonía que tuvieron, previa a su encuentro definitivo con Dios. Él escuchará nuestra oración y dará el descanso eterno a nuestros difuntos, y a nosotros el consuelo, la reconciliación y la paz del corazón. 

Para conocer algo más a san Ezequiel y motivarnos en la oración, reproducimos algunos rasgos biográficos con dos milagros obrados por san Ezequiel, y finalmente ofrecemos una novena breve.

Datos biográficos

San Ezequiel Moreno nació en Alfaro, La Rioja, España, en 1848. Profesó en la Orden de Agustinos Recoletos y terminó los estudios eclesiásticos en Filipinas. Se ordenó sacerdote en 1871 y ejerció allí el ministerio durante quince años.

Volvió a España, y a los tres años pasó a Colombia como superior en 1889. Renovó las comunidades religiosas. Trabajó varios años en Bogotá y restauró las misiones de Casanare, de las que fue nombrado primer Vicario y Obispo.

En 1896 se le confió la diócesis de Pasto. Aquejado por un cáncer al paladar viaja a España en diciembre de l905. En Madrid se somete a dos operaciones, en febrero y marzo de 1906. Sin poder atajar el mal, en mayo se retira al convento de Monteagudo, Navarra, donde fallece el 19 de agosto del mismo año.

Fue beatificado en noviembre de 1975, en Roma, y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 11 de octubre de 1992 en Santo Domingo, República Dominicana, dentro de las celebraciones de los 500 años de la Evangelización de América.

Se destacó toda su vida por la observancia religiosa, el apostolado con los enfermos, su espíritu misionero, la dirección espiritual y por su generosidad con los pobres. Su fiesta se celebra el 19 de agosto.

Milagros aprobados en Roma

Pasto, Colombia: Carmela Jurado, hallándose en estado casi agónico con cáncer en la garganta y el paladar, se curó repentinamente en la noche del 11 de febrero de 1947, por intercesión del obispo Ezequiel Moreno. Este hecho portentoso sirvió para la beatificación.

Buesaco, Nariño, Colombia: María de Jesús Ñáñez, operada de cáncer en la pierna derecha y con metástasis en el seno izquierdo, se curó también milagrosamente en la noche del 18 de julio de 1986, por intercesión de san Ezequiel. La aprobación de este nuevo milagro dio paso a la canonización.

Estos dos milagros son los que avalan a san Ezequiel como ejemplo e intercesor en toda la Iglesia y para siempre. Por eso, podemos y debemos recurrir a Dios, a través de los santos y en particular de nuestro protector, para que siga realizando milagros de salud física y espiritual en favor de sus hijos que así lo imploren, porque Dios quiere que todos tengamos vida en abundancia por su Hijo Jesucristo, nuestro salvador. 

Con esa fe y convicción recurrimos a san Ezequiel para que Dios siga multiplicando su gracia y bendiciones para bienestar físico y espiritual de sus hijos en toda la Iglesia y en todos los tiempos. Amén. 

 

DÍA QUINTO

«Sólo en la voluntad divina se puede encontrar el verdadero gozo»

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San Ezequiel Moreno, agustino recoleto.

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ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena: muy especialmente la salud física y espiritual de los enfermos del coronavirus que te encomiendo con toda mi alma, cuyos nombres pronuncio en tu presencia, N. y N…

Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, a los que sufren de cáncer, que también padeció san Ezequiel; y en particular a los enfermos terminales, para que la Virgen María nuestra Madre, su esposo san José, y tus santos ángeles los asistan en su agonía.

Prestándoles nuestra voz y nuestra fe, y en su nombre rezamos con devoción y amor esta jaculatoria: “Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía”. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.



DÍA 5º.-

La perfección cristiana consiste en cumplir siempre la voluntad de Dios. San Ezequiel llegó a tan elevada santidad porque se propuso, con estricta fidelidad, hacer lo que Dios quería, aunque le costara grandes sacrificios.

Providencialmente hoy celebramos el Domingo de Ramos. La oración colecta de la misa nos ayuda a comprender la vida santa de Jesús, sumiso a su Padre hasta la muerte y muerte de cruz; y también la santidad de san Ezequiel. 

“Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección”. Por nuestro Señor Jesucristo.

(Pausa de reflexión y oración)

Concédenos, Señor, aceptar con toda generosidad los designios de tu voluntad santísima y confiar siempre en tu protección amorosa y fiel, que todo lo dispone para nuestro bien. Por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en esta novena: Sobre todo, la curación física y espiritual de los enfermos del coronavirus)

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre y Señor nuestro: la oración devota y confiada, y la certeza de la intercesión de san Ezequiel, protector de los enfermos, son para mí un remanso de paz y de consuelo en estas penas y preocupaciones que me afligen por esta pandemia.

Tú, que eres el único bueno y compasivo, atiende a mis ruegos por los hermanos enfermos, tus hijos preferidos, aquejados del coronavirus. Tú sabes cuánto los queremos sus familiares y amigos, y cuánto los necesitan en el hogar. Ten piedad de nosotros, Señor, y dales a nuestros enfermos, por la intercesión de san Ezequiel, la salud de alma y cuerpo que ellos también esperan y desean.

Finalmente, te ruego que el ejemplo de san Ezequiel me estimule siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección amorosa. Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

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Salmo 22: El Señor es mi Pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. 

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 

(Recomendado para inspirar la confianza sosegada en la protección del Señor y en su auxilio oportuno)


Por los enfermos del coronavirus: Petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno. Novena 4

abril 4, 2020

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San Ezequiel Moreno, agustino recoleto. Misionero en Filipinas y Colombia.

 

Por los enfermos del coronavirus: petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno oar.

 

Novena a san Ezequiel, protector de los enfermos. Día 4.

La preocupación y atención esmerada a los enfermos es una práctica constante de la Iglesia. La comunidad cristiana debe orar por los enfermos intercediendo por su salud integral ante Dios, el único compasivo. Y también implorando la protección de los santos, en particular la de aquellos que han sido especialmente cercanos a los enfermos.

Con motivo de la pandemia del coronavirus que nos aflige con tanta virulencia, me ha parecido oportuno recurrir a una personalidad que murió hace un siglo y que destacó por su caridad hacia los enfermos: San Ezequiel Moreno, agustino recoleto. Además de ejemplo para nosotros, es implorada en la Iglesia su intercesión a favor de los enfermos, en particular a favor de los que sufren de cáncer. Para ellos es singular protector y ejemplo.

Dada la piedad que san Ezequiel suscita en muchas personas y las gracias de consolación y de curación física y espiritual que esos devotos agradecen a Dios como alcanzadas por su intercesión, me atrevo a presentarlo también como valedor ante Dios en favor de los enfermos de la pandemia del coronavirus. 

Me ha parecido providencial rezar, del 1 al 9 de abril, una novena a san Ezequiel por los afectados del coronavirus que están en cuarentena u hospitalizados, para que recuperen la salud física, y sean iluminados por la gracia divina y se acerquen más a Dios, padre compasivo, dador de vida.

Pedimos con toda fe que nuestros hermanos recobren su salud integral para su contento y felicidad de sus familiares y amigos. Que la bendición de Dios alcance no solo a los curados sino a sus familias con motivo de esta contingencia. Así está sucediendo en muchos casos para alegría nuestra y gloria de dios. 

¿Y los enfermos que ya han muerto y que quizás no supimos ayudarles o no pudimos hacerlo debidamente? Rezaremos también por ellos porque para Dios todos los tiempos son presentes. Podemos orar por ellos, pensando en lo que sufrieron, y la agonía que tuvieron, previa a su encuentro definitivo con Dios. Él escuchará nuestra oración y dará el descanso eterno a nuestros difuntos, y a nosotros el consuelo, la reconciliación y la paz del corazón. 

Para conocer algo más a san Ezequiel y motivarnos en la oración, reproducimos algunos rasgos biográficos con dos milagros obrados por san Ezequiel, y finalmente ofrecemos una novena breve.

Datos biográficos

San Ezequiel Moreno nació en Alfaro, La Rioja, España, en 1848. Profesó en la Orden de Agustinos Recoletos y terminó los estudios eclesiásticos en Filipinas. Se ordenó sacerdote en 1871 y ejerció allí el ministerio durante quince años.

Volvió a España, y a los tres años pasó a Colombia como superior en 1889. Renovó las comunidades religiosas. Trabajó varios años en Bogotá y restauró las misiones de Casanare, de las que fue nombrado primer Vicario y Obispo.

En 1896 se le confió la diócesis de Pasto. Aquejado por un cáncer al paladar viaja a España en diciembre de l905. En Madrid se somete a dos operaciones, en febrero y marzo de 1906. Sin poder atajar el mal, en mayo se retira al convento de Monteagudo, Navarra, donde fallece el 19 de agosto del mismo año.

Fue beatificado en noviembre de 1975, en Roma, y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 11 de octubre de 1992 en Santo Domingo, República Dominicana, dentro de las celebraciones de los 500 años de la Evangelización de América.

Se destacó toda su vida por la observancia religiosa, el apostolado con los enfermos, su espíritu misionero, la dirección espiritual y por su generosidad con los pobres. Su fiesta se celebra el 19 de agosto.

Milagros aprobados en Roma

Pasto, Colombia: Carmela Jurado, hallándose en estado casi agónico con cáncer en la garganta y el paladar, se curó repentinamente en la noche del 11 de febrero de 1947, por intercesión del obispo Ezequiel Moreno. Este hecho portentoso sirvió para la beatificación.

Buesaco, Nariño, Colombia: María de Jesús Ñáñez, operada de cáncer en la pierna derecha y con metástasis en el seno izquierdo, se curó también milagrosamente en la noche del 18 de julio de 1986, por intercesión de san Ezequiel. La aprobación de este nuevo milagro dio paso a la canonización.

Estos dos milagros son los que avalan a san Ezequiel como ejemplo e intercesor en toda la Iglesia y para siempre. Por eso, podemos y debemos recurrir a Dios, a través de los santos y en particular de nuestro protector, para que siga realizando milagros de salud física y espiritual en favor de sus hijos que así lo imploren, porque Dios quiere que todos tengamos vida en abundancia por su Hijo Jesucristo, nuestro salvador. 

Con esa fe y convicción recurrimos a san Ezequiel para que Dios siga multiplicando su gracia y bendiciones para bienestar físico y espiritual de sus hijos en toda la Iglesia y en todos los tiempos. Amén. 

 

DÍA CUARTO

«Hay que estar desprendido de todo para llevar vida de misionero»

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San Ezequiel Moreno

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ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena: muy especialmente la salud física y espiritual de los enfermos del coronavirus que te encomiendo con toda mi alma, cuyos nombres pronuncio en tu presencia, N. y N…

Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, a los que sufren de cáncer, que también padeció san Ezequiel; y en particular a los enfermos terminales, para que la Virgen María nuestra Madre, su esposo san José, y tus santos ángeles los asistan en su agonía. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.



DÍA 4º.-

En el Evangelio Jesús nos invita a rogar por las misiones. Él mismo envió a los apóstoles a predicar por todo el mundo con el poder del Espíritu. En nuestros días, Dios ha convertido a san Ezequiel en un intrépido misionero durante toda su vida, en Filipinas, en España y en Colombia.

(Pausa de reflexión y oración)

Escucha hoy nuestra ardiente plegaria en favor de las misiones del mundo entero, y concédenos ser colaboradores de las mismas, en especial de las encomendadas a los agustinos recoletos. Por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en esta novena: Sobre todo, la curación física y espiritual de los enfermos del coronavirus)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre y Señor nuestro: la oración devota y confiada, y la certeza de la intercesión de san Ezequiel, protector de los enfermos, son para mí un remanso de paz y de consuelo en estas penas y preocupaciones que me afligen por esta pandemia.

Tú, que eres el único bueno y compasivo, atiende a mis ruegos por los hermanos enfermos, tus hijos preferidos, aquejados del coronavirus. Tú sabes cuánto los queremos sus familiares y amigos, y cuánto los necesitan en el hogar. Ten piedad de nosotros, Señor, y dales a nuestros enfermos, por la intercesión de san Ezequiel, la salud de alma y cuerpo que ellos también esperan y desean.

Finalmente, te ruego que el ejemplo de san Ezequiel me estimule siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección amorosa. Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

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Salmo 22: El Señor es mi Pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. 

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 

(Recomendado para inspirar la confianza sosegada en la protección del Señor y en su auxilio oportuno)

 


El Papa Francisco envía videomensaje a familias del mundo por Semana Santa y coronavirus

abril 4, 2020

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El Papa Francisco acoge y saluda afectuosamente a una familia en la Plaza San Pedro de Roma.

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El Papa Francisco envía videomensaje a familias del mundo por Semana Santa y coronavirus

Redacción ACI Prensa. 3 de abril de 2020

La fe de que Cristo resucitado venció a la muerte alimenta nuestra esperanza, afirmó el Papa Francisco en un video mensaje dirigido a las familias para esta Semana Santa marcada por la pandemia del coronavirus COVID-19.

“En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche. Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza”, afirma el Pontífice en su video mensaje difundido este viernes 3 por la Santa Sede.

A continuación, el texto completo de las palabras del Papa Francisco:

Queridos amigos, buenas noches,

Esta noche tengo la oportunidad de entrar en vuestras casas de una manera diferente a la habitual. Si me lo permitís, me gustaría hablar con vosotros unos momentos en este período de dificultad y de sufrimientos. Os imagino en medio de vuestras familias, mientras vivís una vida inusual para evitar el contagio.

Pienso en la vivacidad de los niños y los jóvenes, que no pueden salir, ir a la escuela, hacer su vida. Llevo en mi corazón a todas las familias, especialmente a las que tienen algún ser querido enfermo o a las que desgraciadamente están de luto por el coronavirus u otras causas.

En estos días pienso a menudo en las personas solas para las que es más difícil afrontar estos momentos. Sobre todo pienso en los ancianos, a los que quiero tanto.

No puedo olvidar a los que están enfermos a causa del coronavirus, a las personas ingresadas en los hospitales. Tengo presente la generosidad de los que se exponen al peligro para curar esta pandemia o para garantizar los servicios esenciales a la sociedad. ¡Cuántos héroes, de todos los días, a todas las horas!

También recuerdo a los que pasan apuros económicos y están preocupados por el trabajo y el futuro. Pienso además en los presos en las cárceles, a cuyo dolor se suma el miedo a la epidemia, por ellos y por sus seres queridos; pienso en los que carecen de domicilio, que no tienen un hogar que los proteja.

Es un momento difícil para todos. Para muchos, muy difícil. El Papa lo sabe y, con estas palabras, quiere expresar a todos su cercanía y su afecto.

Intentemos, si podemos, aprovechar este tiempo lo mejor posible: seamos generosos; ayudemos a quien lo necesita en nuestro entorno; busquemos, a lo mejor por teléfono o en las redes sociales, a las personas que están más solas; recemos al Señor por los que pasan por esta prueba en Italia y en el mundo.

Aunque estemos aislados, el pensamiento y el espíritu pueden llegar lejos con la creatividad del amor. Es lo que hace falta hoy: la creatividad del amor.

Celebramos la Semana Santa de una manera verdaderamente inusual, que manifiesta y resume el mensaje del Evangelio, el del amor ilimitado de Dios. Y en el silencio de nuestras ciudades, resonará el Evangelio de Pascua. Dice el apóstol Pablo: “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor 5, 15).

En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche.

Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza.

Los unos al lado de los otros, en el amor y la paciencia, podemos preparar en estos días un tiempo mejor. Gracias por dejarme entrar en vuestras casas. Tened un gesto de ternura con los que sufren, con los niños, con los ancianos.

Decidles que el Papa está cerca y reza para que el Señor nos libre pronto del mal a todos. Y vosotros, rezad por mí ¡Buena cena , hasta pronto!

https://www.aciprensa.com/noticias/semana-santa-papa-envia-a-familias-mensaje-de-esperanza-en-medio-del-coronavirus-23572


Por los enfermos del coronavirus: Petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno. Novena 3

abril 3, 2020

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San Ezequiel, agustino recoleto y pastor de almas.

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Por los enfermos del coronavirus: Petición de salud física y espiritual a san Ezequiel Moreno.

Novena a san Ezequiel, protector de los enfermos. Día 3

La preocupación y atención esmerada a los enfermos es una práctica constante de la Iglesia. La comunidad cristiana debe orar por los enfermos intercediendo por su salud integral ante Dios, el único compasivo. Y también implorando la protección de los santos, en particular la de aquellos que han sido especialmente cercanos a los enfermos.

Con motivo de la pandemia del coronavirus que nos aflige con tanta virulencia, me ha parecido oportuno recurrir a una personalidad que murió hace un siglo y que destacó por su caridad hacia los enfermos: San Ezequiel Moreno, agustino recoleto. Además de ejemplo para nosotros, es implorada en la Iglesia su intercesión a favor de los enfermos, en particular a favor de los que sufren de cáncer. Para ellos es singular protector y ejemplo.

Dada la piedad que san Ezequiel suscita en muchas personas y las gracias de consolación y de curación física y espiritual que esos devotos agradecen a Dios como alcanzadas por su intercesión, me atrevo a presentarlo también como valedor ante Dios en favor de los enfermos de la pandemia del coronavirus.

Me ha parecido providencial rezar, del 1 al 9 de abril, una novena a san Ezequiel por los afectados del coronavirus que están en cuarentena u hospitalizados, para que recuperen la salud física, y sean iluminados por la gracia divina y se acerquen más a Dios, padre compasivo, dador de vida.

Pedimos con toda fe que nuestros hermanos recobren su salud integral para su contento y felicidad de sus familiares y amigos. Que la bendición de Dios alcance no solo a los curados sino a sus familias con motivo de esta contingencia. Así está sucediendo en muchos casos para alegría nuestra y gloria de dios.

¿Y los enfermos que ya han muerto y que quizás no supimos ayudarles o no pudimos hacerlo debidamente? Rezaremos también por ellos porque para Dios todos los tiempos son presentes. Podemos orar por ellos, pensando en lo que sufrieron, y la agonía que tuvieron, previa a su encuentro definitivo con Dios. Él escuchará nuestra oración y dará el descanso eterno a nuestros difuntos, y a nosotros el consuelo, la reconciliación y la paz del corazón.

Para conocer algo más a san Ezequiel y motivarnos en la oración, reproducimos algunos rasgos biográficos con dos milagros obrados por san Ezequiel, y finalmente ofrecemos una novena breve.

Datos biográficos

San Ezequiel Moreno nació en Alfaro, La Rioja, España, en 1848. Profesó en la Orden de Agustinos Recoletos y terminó los estudios eclesiásticos en Filipinas. Se ordenó sacerdote en 1871 y ejerció allí el ministerio durante quince años.

Volvió a España, y a los tres años pasó a Colombia como superior en 1889. Renovó las comunidades religiosas. Trabajó varios años en Bogotá y restauró las misiones de Casanare, de las que fue nombrado primer Vicario y Obispo.

En 1896 se le confió la diócesis de Pasto. Aquejado por un cáncer al paladar viaja a España en diciembre de l905. En Madrid se somete a dos operaciones, en febrero y marzo de 1906. Sin poder atajar el mal, en mayo se retira al convento de Monteagudo, Navarra, donde fallece el 19 de agosto del mismo año.

Fue beatificado en noviembre de 1975, en Roma, y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 11 de octubre de 1992 en Santo Domingo, República Dominicana, dentro de las celebraciones de los 500 años de la Evangelización de América.

Se destacó toda su vida por la observancia religiosa, el apostolado con los enfermos, su espíritu misionero, la dirección espiritual y por su generosidad con los pobres. Su fiesta se celebra el 19 de agosto.

Milagros aprobados en Roma

Pasto, Colombia: Carmela Jurado, hallándose en estado casi agónico con cáncer en la garganta y el paladar, se curó repentinamente en la noche del 11 de febrero de 1947, por intercesión del obispo Ezequiel Moreno. Este hecho portentoso sirvió para la beatificación.

Buesaco, Nariño, Colombia: María de Jesús Ñáñez, operada de cáncer en la pierna derecha y con metástasis en el seno izquierdo, se curó también milagrosamente en la noche del 18 de julio de 1986, por intercesión de san Ezequiel. La aprobación de este nuevo milagro dio paso a la canonización.

Estos dos milagros son los que avalan a san Ezequiel como ejemplo e intercesor en toda la Iglesia y para siempre. Por eso, podemos y debemos recurrir a Dios, a través de los santos y en particular de nuestro protector, para que siga realizando milagros de salud física y espiritual en favor de sus hijos que así lo imploren, porque Dios quiere que todos tengamos vida en abundancia por su Hijo Jesucristo, nuestro salvador.

Con esa fe y convicción recurrimos a san Ezequiel para que Dios siga multiplicando su gracia y bendiciones para bienestar físico y espiritual de sus hijos en toda la Iglesia y en todos los tiempos. Amén.

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DÍA TERCERO, 3 de abril de 2020

«Dios me dio un don inapreciable al llamarme a la vida religiosa»

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ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena: muy especialmente la salud física y espiritual de los enfermos del coronavirus que te encomiendo con toda mi alma, cuyos nombres pronuncio en tu presencia, N. y N…

Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, a los que sufren de cáncer, que también padeció san Ezequiel; y en particular a los enfermos terminales, para que la Virgen María nuestra Madre, su esposo san José, y tus santos ángeles los asistan en su agonía y les alcancen de Dios una santa muerte. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

DÍA 3º.-

Ordenado sacerdote y después obispo, san Ezequiel se consagró con todas sus fuerzas al ministerio sagrado: predicación del Evangelio, asistencia al confesionario y dirección espiritual, visita a los enfermos y atención a los más necesitados. A imitación de san Agustín, pastor de almas, destacó por su entrega al cuidado y orientación pastoral de los fieles.

(Pausa de reflexión y oración)

Te pedimos, Señor, en este día por las vocaciones religiosas y sacerdotales. Suscita operarios para tu viña, dales la perseverancia y bendice su apostolado con frutos de santidad en tu Iglesia. Por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en esta novena: Sobre todo, la curación física y espiritual de los enfermos del coronavirus).

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre y Señor nuestro: la oración devota y confiada, y la certeza de la intercesión de san Ezequiel, protector de los enfermos, son para mí un remanso de paz y de consuelo en estas penas y preocupaciones que me afligen por esta pandemia.

Tú, que eres el único bueno y compasivo, atiende a mis ruegos por los hermanos enfermos, tus hijos preferidos, aquejados del coronavirus. Tú sabes cuánto los queremos sus familiares y amigos, y cuánto los necesitan en el hogar. Ten piedad de nosotros, Señor, y dales a nuestros enfermos, por la intercesión de san Ezequiel, la salud de alma y cuerpo que ellos también esperan y desean.

Finalmente, te ruego que el ejemplo de san Ezequiel me estimule siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección amorosa. Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

 


Gobierno de China debe disculparse por epidemia de coronavirus, dice Cardenal

abril 3, 2020

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Xi Jinping, presidente de China. Crédito: Kremlin (CC BY 4.0)

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Gobierno de China debe disculparse por epidemia de coronavirus, dice Cardenal

Redacción ACI Prensa. 2 de abril de 2020 

El Cardenal Muang Bo, presidente de la federación de conferencias episcopales asiáticas, afirmó que el gobierno comunista de China le debe una disculpa y una compensación a quienes están sufriendo a causa de la pandemia del coronavirus, especialmente en los países pobres.

“El régimen chino, liderado por el todopoderoso Xi Jinping y el PCC (Partido Comunista de China) –no su gente– deben una disculpa y una compensación por toda la destrucción que ha causado el coronavirus”, escribió el también Arzobispo de Yangon (Myanmar) en un artículo publicado el 2 de abril en UCANews.

“China es un país con una gran y antigua civilización que ha contribuido mucho al mundo a través de la historia, pero su régimen es responsable, con su negligencia criminal y represión, por la pandemia que está barriendo nuestras calles hoy”, dijo el Purpurado.

“Permítanme ser claro: el PCC es el responsable, no el pueblo de China, y nadie debe responder a esta crisis con odio hacia los chinos. De hecho, el pueblo chino es la primera víctima de este virus y han sido las primeras víctimas de este régimen. Ellos merecen nuestra simpatía, nuestra solidaridad y nuestro apoyo. Son la represión, las mentiras y la corrupción del PCC los responsables”, indicó.

El Cardenal mencionó luego un claro ejemplo de personas que fueron silenciadas por el Partido Comunista Chino.

“Los médicos que trataron de dar la voz de alarma –como el Dr. Li Wenliang en el Wuhan Central Hospital, que lanzó la advertencia a sus compañeros médicos el 30 de diciembre– recibieron la orden de la policía de ‘dejar de hacer comentarios falsos’. El Dr. Li, oftalmólogo de 34 años, fue acusado de ‘difundir rumores’ y fue obligado por la policía a firmar una confesión. Luego murió a causa del coronavirus”, denunció el Purpurado.

Una de las críticas al régimen chino se refiere a la falta de información para la comunidad internacional sobre el coronavirus. El 1 de abril, el sitio web Bloomberg informó que la inteligencia de Estados Unidos descubrió evidencia sobre la desinformación de China sobre casos y muertes por coronavirus.

Esta manera de proceder del gobierno chino, lamentó el Cardenal Bo, ha contribuido a la expansión de la enfermedad, especialmente en los países pobres como el suyo.

“En mi país, Myanmar, somos muy vulnerables. Tenemos frontera con China, donde comenzó el COVID19, y somos una nación sin los recursos sociales ni médicos que sí poseen los países desarrollados”.

El Cardenal recordó que “los sistemas de salud en la mayoría de los países desarrollados están saturados. Así que imaginen los peligros en un país pobre y conflictuado como Myanmar”.

Diversos expertos en todo el mundo han alertado sobre las graves consecuencias económicas de la pandemia del coronavirus, como el crecimiento del desempleo.

El primer caso de la enfermedad se registró en Wuhan, en la provincia china de Hebei en diciembre de 2019. Ahora se ha esparcido por más de 200 países con más de un millón de casos y más de 50 mil fallecidos.

El Cardenal también pidió que China cancele las deudas que otros países tienen con ella, para así poder cubrir los costos de la epidemia del coronavirus.

Hace unos días el Cardenal filipino Luis Antonio Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, pidió que los países ricos perdonen las deudas de los países pobres, que luchan por financiar una respuesta al coronavirus.

El Purpurado dijo que el dinero que los gobiernos gastan en militares y seguridad podría destinarse a mascarillas y ventiladores para hacer frente a la epidemia.

El Cardenal Bo señaló que existe una fuerte preocupación de que las estadísticas oficiales del régimen chino minimicen la escala de infección dentro del mismo país y, posteriormente, intenten acusar a otros países de haber generado la pandemia.

“Las mentiras y la propaganda han puesto en peligro millones de vidas en todo el mundo”, escribió el Purpurado.

El Cardenal Bo también denunció la persecución religiosa emprendida en los últimos años por el gobierno chino y lamentó que “Hong Kong, una de las ciudades más abiertas de Asia, haya visto sus libertades, los derechos humanos y la aplicación de la ley dramáticamente erosionados”.

“Los cristianos creemos en las palabras del apóstol Pablo cuando dice que ‘la verdad os hará libres’. La verdad y la libertad son dos pilares mellizos sobre los que nuestras naciones deben construir cimientos más seguros y fuertes”, concluyó.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA

https://www.aciprensa.com/noticias/gobierno-de-china-debe-disculparse-por-epidemia-de-coronavirus-dice-cardenal-54883


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