II Predicación de Adviento del P. Cantalamessa: Dios vivo es la Trinidad viviente (2018)

diciembre 14, 2018

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El Papa asiste a la segunda predicación de Adviento del Padre Cantalamessa (Vatican Media)

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II Predicación de Adviento del P. Cantalamessa: Dios vivo es la Trinidad viviente

“El Dios vivo es la Trinidad viviente”. Es el tema general de esta segunda predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, a cuyos miembros se dirigió esta mañana en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico y ante la presencia del Papa Francisco

Por María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

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Al igual que el viernes pasado, el Santo Padre asistió esta mañana a las 9.00, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico a la segunda predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, junto a los demás miembros de la Casa Pontificia.

Todas las gracias pertenecen a la Iglesia

“Cuando se trata del conocimiento del Dios vivo –comenzó diciendo el Predicador– una experiencia vale más que muchos razonamientos”.

Por esta razón comenzó su segunda meditación de Adviento relatando la experiencia de una persona a la que seguía espiritualmente, una mujer casada y fallecida hace algunos años, de la que dijo que “la autenticidad de sus experiencias está confirmada por el hecho de que se las ha llevado consigo a la tumba, sin hablar nunca a nadie, excepto a su padre espiritual”. A lo que añadió que “todas las gracias pertenecen a la Iglesia”.

Dios es amor y por eso es Trinidad

El Padre Cantalamessa tras referirse a la “experiencia del Dios vivo”, ahondó en el tema de Dios que “es amor y por eso es Trinidad”.

Y comenzó preguntándose: “¿A quién nos dirigimos, nosotros los cristianos, cuando pronunciamos la palabra ‘Dios’, sin otra especificación? ¿A quién se refiere ese ‘tú’, cuando, con las palabras del Salmo, decimos: ‘Oh Dios, tú eres mi Dios’ (Sal 63,2)? ¿Quién responde a ello, por así decirlo, del otro lado del cable?”.

Dios comunión de amor forma una “Tri-unidad”

Y explicó que “ese ‘tú” no es simplemente Dios Padre, la primera persona divina, como si hubiera existido o fuera pensable, un solo instante, sin las otras dos. Tampoco es la esencia divina indeterminada, como si existiera una esencia divina que sólo en un segundo momento se especifica en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Sino que el “único Dios, aquel que en la Biblia dice: ‘¡Yo Soy!’, es el Padre que engendra al Hijo y que, con él, espira el Espíritu, comunicándoles toda su divinidad. Es el Dios comunión de amor, en el que unidad y trinidad proceden de la misma raíz y del mismo acto y forman una ‘Tri-unidad’, en la que ninguna de las dos cosas –unidad y pluralidad– precede a la otra, o existe sin la otra, ninguno de los dos niveles es superior al otro o más ‘profundo’ que el otro”.

Dios es amor desde siempre

En conclusión, dijo el Predicador, el Dios vivo de los cristianos no es otra cosa “que la Trinidad viviente”. Y tras aludir a los pensadores griegos y, en general, a las filosofías religiosas de todos los tiempos, al concebir a Dios, sobre todo como ‘pensamiento’, se refirió a la respuesta de la revelación, expuesta por la Iglesia.

“Dios –dijo el Padre Cantalamessa– es amor desde siempre, ab aeterno, porque antes de que existiera un objeto fuera de sí para ser amado, tenía en sí mismo al Verbo, el Hijo que amaba con amor infinito, es decir, ‘en el Espíritu Santo’”.

Contemplar a la Trinidad

También abordó el tema de “contemplar a la Trinidad para vencer la odiosa división del mundo”. Y a modo de ejemplo afirmó que “una cosa impacta sobre todo al contemplar el icono de Rublev: la paz profunda y la unidad que emana del conjunto. Del icono se desprende un silencioso grito: ‘Sean una sola cosa, como nosotros somos una sola cosa’”.

Llamamiento a la unidad

De esta visión de la Trinidad añadió el Predicador que recogemos sobre todo el llamamiento a la unidad. Unidad que todos queremos. Sí porque “después de la palabra felicidad, no hay ninguna otra que responda a una necesidad tan apremiante del corazón humano como la palabra unidad”.

Y recordó que “nosotros somos ‘seres finitos, capaces de infinito’”, lo que significa que “somos criaturas limitadas que aspiramos a superar nuestro límite, para ser ‘todo de alguna manera’”. De modo que “no nos resignamos a ser sólo lo que somos”.

Entrar en la Trinidad

“Entrar en la Trinidad” fue el último punto que abordó el Predicador de la Casa Pontificia en esta segunda meditación de Adviento.

Y explicó que “hay algo todavía más dichoso que podemos hacer respecto a la Trinidad que contemplarla e imitarla, y es ¡entrar en ella!”. Y si bien “no podemos abrazar el océano”, podemos “entrar en él”; de modo que “no podemos abrazar el misterio de la Trinidad con nuestra mente, pero ¡podemos entrar en él!”.

Y  Cristo “nos ha dejado un medio concreto para hacerlo, la Eucaristía”.

“La Trinidad –concluyó diciendo el Padre Raniero Cantalamessa– no es sólo un misterio y un artículo de nuestra fe, es una realidad viva y palpitante.

Como decía al principio, el Dios vivo de la Biblia al que estamos buscando no es otro que la Trinidad viviente. Que el Espíritu nos introduzca también a nosotros en ella y nos haga gustar su dulce compañía”.

Escuche el informe: https://media.vaticannews.va/media/audio/s1/2018/12/14/13/134775315_F134775315.mp3
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“El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables, se apoyan mutuamente”

noviembre 4, 2018

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Plaza de San Pedro en día lluvioso, Ángelus… Amor a Dios y amor al prójimo

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“El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables, se apoyan mutuamente”

FRANCISCO ANIMA A “PERDONAR SIN LÍMITES Y CULTIVAR RELACIONES DE COMUNIÓN Y FRATERNIDAD”

El papa advierte a las comunidades del riesgo de ser “estaciones de servicio”, pero no de compañía

Por Jesús Bastante

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“El hambriento necesita no sólo un plato de sopa, sino también una sonrisa, ser escuchado, y también de una oración juntos”. El Papa glosó este mediodía, durante el rezo del Angelus en una lluviosa plaza de San Pedro, el gran mandamiento del amor, y advirtió a las comunidades cristianas del riesgo de ser “estaciones de servicio“, que impartan sacramentos pero no acompañen a los hombres y mujeres.

Francisco, que expresó su “dolor” por “el ataque terrorista que afectó a la Iglesia ortodoxa copta hace dos días en Egipto“, y que acabó con la vida de siete personas. “Rezo por las víctimas, peregrinos asesinados solo porque son cristianos”, clamó Francisco.

“El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables, se apoyan mutuamente” reiteró el Papa recordando el gran mandato de Jesús. ¿Cuál es el primero de los mandamientos? “Hay un solo Señor, y ese Señor es ‘nuestro‘, en el sentido de que se vincula a nosotros por un pacto indisoluble”, explicó. “Nos amó, nos ama y nos amará por siempre”.

De ahí surge el doble mandamiento para los cristianos: amar a Dios, pero también al prójimo. “Jesús enseñó de una vez por todas que el amor por Dios y el amor al prójimo son inseparables, y más aún, se apoyan mutuamente“, insistió Bergoglio.

“Incluso, si se colocan en secuencia, son las dos caras de una sola moneda: vividas juntas, ¡son la verdadera fuerza del creyente! Amar a Dios es vivir de él y para él, por lo que es y por lo que hace”.

Porque “Dios es donación sin reservas, es perdón sin límites, es una relación que promueve y crece”, constató Francisco, quien incidió en que “amar a Dios significa invertir nuestras energías todos los días para ser sus colaboradores en el servicio a nuestro prójimo sin reservas, buscar perdonar sin límites y cultivar relaciones de comunión y fraternidad”.

¿Quien es el prójimo? Marcos no lo especifica, “porque el prójimo es la persona que encuentro en el viaje de mis días. No se trata de preseleccionar a mi prójimo, eso no es cristiano, es pagano. Se trata de tener ojos para verlo y un corazón para querer su bien”, recordó el Papa, quien añadió que “si nos ejercitamos para ver con la mirada de Jesús, siempre escucharemos y escucharemos a aquellos que lo necesitan”.

Y es que “las necesidades de los demás requieren ciertas respuestas eficaces, pero antes requieren que se comparta”, insistió Bergoglio. “El Evangelio de hoy nos invita a todos acudir no solo hacia las urgencias de los hermanos más pobres, sino, sobre todo, a estar atentos a sus necesidades de cercanía, ternura y sentido”.

Esto desafía a nuestras comunidades cristianas” recalcó. “Se trata de evitar el riesgo de ser comunidades que viven de muchas iniciativas pero con pocas relaciones: ‘estaciones de servicio’ pero de poca compañía”. Frente a ello, recordó, “sería una ilusión afirmar que amamos a nuestro prójimo sin amar a Dios; y sería igualmente ilusorio pretender amar a Dios sin amar a nuestro prójimo“.

https://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/11/04/el-amor-a-dios-y-el-amor-al-projimo-son-inseparables-se-apoyan-mutuamente-religion-iglesia-vaticano-papa-francisco-angelus-francisco-anima-a-perdonar-sin-limites-y-cultivar-relaciones-de-comunion-y-fraternidad.shtml?fbclid=IwAR2GMGPqDhPJqorz-Z_oi6qIoZzOOarTLBlYf6v-yenMHXsbYso4bNCjePo#.W97pi4tD44c.facebook


El Papa vuelve a defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural

mayo 6, 2018

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El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus en San Pedro: Defiende la vida desde la concepción…

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El Papa vuelve a defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural

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Durante el rezo del Regina Coeli este domingo 6 de mayo en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco hizo una defensa de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

El Santo Padre afirmó que las personas están llamadas a amarse siguiendo el ejemplo de Jesús, lo cual debe llevar a una serie de actitudes como el cuidado de los ancianos, el cuidado de los enfermos o la defensa del no nacido.

“Este amor por los demás no puede estar reservado a momentos excepcionales –explicó el Santo Padre–, sino que debe convertirse en la constante de nuestra existencia”.

“He ahí por qué estamos llamados a custodiar a los ancianos como un tesoro precioso y con amor, incluso si crean problemas económicos y dificultades. He ahí por qué a los enfermos, incluso en la última fase de la enfermedad, debemos ofrecerles toda la asistencia posible. Es por eso por lo que los niños por nacer siempre son bienvenidos. Por qué, en definitiva, la vida siempre debe cuidarse y ser amada desde el momento de la concepción hasta el ocaso natural”.

En su enseñanza, Francisco destacó que “en este tiempo pascual la Palabra de Dios continúa mostrándonos estilos de vida coherentes para pertenecer a la comunidad del Resucitado. Entre ellos, el Evangelio de hoy presenta la consigna de Jesús: ‘Permaneced en mi amor’”.

“Habitar en la corriente del amor de Dios para mantenerse estables es la condición para asegurarse de que nuestro amor no pierda su ardor y su audacia en la calle. También nosotros, como Jesús, debemos acoger con gratitud el amor que viene del Padre y permanecer en ese amor, tratando de no separarnos con el egoísmo y con el pecado. Es un programa difícil pero no imposible”.

El Papa señaló que “es importante tomar conciencia de que el amor de Cristo no es un sentimiento superficial, sino una actitud fundamental del corazón que se manifiesta en el vivir como Él quiere”.

“Jesús, de hecho, afirma: ‘Si observáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor’. El amor se realiza en la vida de cada día, en nuestro comportamiento, en nuestras acciones; de lo contrario, tan solo es algo ilusorio. Jesús nos pide observar sus mandamientos que se resumen en este: ‘amaos los unos a los otros como yo os he amado’”.

En su catequesis se preguntó: “¿Cómo hacer para que este amor que el Señor Resucitado nos entrega pueda compartirse con los demás?”.

“Muchas veces Jesús ha indicado quién es el otro al que amar no con las palabras, sino mediante los actos. Es aquel que encuentro en mi camino y que, con su rostro y su historia, me interpela. Es aquel que, con su misma presencia, me empuja a salir de mis intereses, de mis seguridades. Es aquel que espera mi disponibilidad para escuchar y hacer junto a mí un trozo de mi camino”.

En este sentido, pidió mostrar una “disponibilidad hacia el hermano y la hermana, sea quien sea, y en cualquier situación que encontremos, comenzando por aquel que se encuentra junto a mí, en mi familia, en mi comunidad, en el trabajo, en la escuela… De este modo, si permanezco unido a Jesús, su amor podrá alcanzar al otro y acercarlo a Él, a su amistad”.

El Papa Francisco finalizó: “Nosotros somos amados por Dios en Jesucristo, que nos pide amarnos como Él nos ama. Pero esto no podemos hacerlo si no tenemos en nosotros su mismo corazón. La Eucaristía, a la cual estamos llamados a participar cada domingo, tiene el propósito de formar en nosotros el Corazón de Cristo, de modo que toda nuestra vida sea guiada por su misma actitud generosa”.


Audiencia general, 10 enero 2018 – Texto completo

enero 12, 2018

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El Papa Francisco saluda en audiencia general del 10 de enero de 2018

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Audiencia general, 10 enero 2018 – Texto completo

Sexta catequesis del Papa Francisco dedicada a la Misa

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(ZENIT – 9 enero 2018).- “¡Ojalá la liturgia se convierta para todos nosotros en una verdadera escuela de oración!”, es el deseo que ha expresado el Papa Francisco en la audiencia general, dedicada a la Eucaristía y en concreto al “Gloria a Dios” y a la oración colecta.

El Santo Padre Francisco ha celebrado la audiencia general esta mañana, 10 de enero de 2018, en el aula Pablo VI, como es habitual en invierno, ante miles de peregrinos provenientes de Italia y de otros países del mundo.

La catequesis de hoy ha sido la 6ª catequesis que Francisco dedica a la Santa Misa. La última de este ciclo, dedicado a la Eucaristía, tuvo lugar el pasado miércoles, 3 de enero de 2018, dedicada al acto penitencial, al que ha hecho referencia también al comienzo de la reflexión de hoy.

A continuación, les ofrecemos el texto completo de la catequesis del Santo Padre:

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el recorrido de las catequesis sobre la celebración eucarística hemos visto que el Acto penitencial nos ayuda a despojarnos de nuestras presunciones y a presentarnos ante Dios como realmente somos, conscientes de ser pecadores, con la esperanza de ser perdonados.

Precisamente del encuentro entre la miseria humana y la misericordia divina brota la gratitud expresada en el “Gloria”, “un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero” (Instrucción General del Misal Romano, 53).

El inicio de este himno –“Gloria a Dios en lo alto del cielo”- retoma el canto de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén, el anuncio gozoso del abrazo entre el cielo y la tierra. Este canto también nos involucra reunidos en oración: “Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Después del “Gloria”, o cuando no lo hay, inmediatamente después del Acto penitencial, la oración asume una forma particular en la llamada “colecta” que expresa el carácter propio de la celebración, variable según los días y tiempos del año (ver ibid., 54).

Con la invitación “oremos”, el sacerdote exhorta al pueblo  a recogerse con él en un momento de silencio, para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y para que emerjan, del corazón de cada uno, las intenciones personales con las que participa en la misa (cf. ibid., 54).

El sacerdote dice “oremos”; y después hay unos instantes de silencio y cada uno piensa en lo que necesita, en lo que quiere pedir, en la oración.

El silencio no se limita a la ausencia de palabras; es estar dispuesto a escuchar otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo. En la liturgia, la naturaleza del silencio sagrado depende del momento en que se observa: “En el acto penitencial y después de la invitación a orar, cada uno se recoge en sí mismo; pero terminada la lectura o la homilía, todos meditan brevemente lo que escucharon; y después de la Comunión, alaban a Dios en su corazón y oran” (ibid., 45).

Por lo tanto, antes de la oración inicial, el silencio nos ayuda a recogernos en nosotros mismos y a pensar en por qué estamos allí. De ahí la importancia de escuchar nuestro ánimo para abrirlo luego al Señor.

Tal vez venimos de días fatigosos, o de alegría, de dolor, y queremos decírselo al Señor, invocar su ayuda, pedirle que esté cerca de nosotros; tenemos familiares y amigos que están enfermos o que atraviesan pruebas difíciles; deseamos confiarle a Dios las suertes de la Iglesia y del mundo.

Para esto sirve el breve silencio antes de que el sacerdote, recogiendo las intenciones de cada uno, exprese en voz alta a Dios, en nombre de todos, la oración común que concluye los ritos de introducción, haciendo la “colecta” de las intenciones individuales.

Recomiendo encarecidamente a los sacerdotes que observen este momento de silencio y no vayan deprisa: “oremos”, y que se haga silencio. Se lo recomiendo a los sacerdotes. Sin ese silencio corremos el peligro de descuidar el recogimiento del alma.

El sacerdote reza esta súplica, esta oración de colecta, con los brazos abiertos y la actitud del orante, asumido por los cristianos desde los primeros siglos –como demuestran los frescos de las catacumbas romanas- para imitar a Cristo con los brazos abiertos en el madero de la cruz. Está allí. ¡Cristo es el Orante y al mismo tiempo la oración!

En el Crucificado reconocemos al Sacerdote que ofrece a Dios el culto que le agrada, es decir la obediencia filial.

En el Rito romano las oraciones son concisas, pero repletas de significado: se pueden hacer tantas meditaciones hermosas sobre estas oraciones. ¡Tan bellas! Volver a meditar sobre los textos, incluso fuera de la misa, puede ayudarnos a aprender cómo acudir a Dios, qué pedir, qué palabras usar.

¡Ojalá la liturgia se convierta para todos nosotros en una verdadera escuela de oración!

© Librería Editorial Vaticano


Redescubrir el propio bautismo

enero 7, 2018

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La Iglesia da mucha importancia actualmente a la llamada «iniciación cristiana de los adultos». Ésta ofrece al joven o al adulto sin bautizar la ocasión de formarse, prepararse y decidir con toda libertad.

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Redescubrir el propio bautismo

La Iglesia da mucha importancia actualmente a la llamada «iniciación cristiana de los adultos». Ésta ofrece al joven o al adulto sin bautizar la ocasión de formarse, prepararse y decidir con toda libertad.

Por Raniero Cantalamessa

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«En aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”».

¿Es que tal vez Jesús necesitaba, también él, ser bautizado como nosotros? Ciertamente no. Él quiso, con aquel gesto, mostrar que se había hecho uno de nosotros en todo. Sobre todo quería poner término al bautismo de «agua» e inaugurar el «de Espíritu».

En el Jordán no fue el agua la que santificó a Jesús, sino Jesús quien santificó el agua. No sólo el agua del Jordán, sino la de todos los baptisterios del mundo.

La fiesta del Bautismo de Jesús es la ocasión anual para reflexionar sobre nuestro bautismo. Una pregunta que frecuentemente la gente se plantea acerca del bautismo es: ¿por qué bautizar a los niños de pequeños? ¿Por qué no esperar a que sean mayores y decidan por sí mismos libremente?

Es una cuestión seria, pero puede ocultar un engaño. Al procrear un hijo y darle la vida, ¿es que los padres le piden antes permiso? Convencidos de que la vida es un don inmenso, suponen justamente que el niño un día les estará agradecido por ello.

No se pide permiso a una persona cuando se trata de darle un don, y el bautismo es esencialmente esto: el don de la vida dado al hombre por los méritos de Cristo.

Cierto; todo esto supone que los padres sean ellos mismos creyentes y tengan intención de ayudar al niño a desarrollar el don de la fe. La Iglesia les reconoce una competencia decisiva en este campo y no quiere que un niño sea bautizado contra la voluntad de ellos.

Nadie, por lo demás, dice hoy que, por el sencillo hecho de no estar bautizado, uno será condenado e irá al infierno. Los niños fallecidos sin bautismo, así como las personas que han vivido, sin culpa suya, fuera de la Iglesia, pueden salvarse (estas últimas, se entiende, si viven según los dictados de su propia conciencia).

Olvidemos la idea del limbo como el lugar sin alegría y sin tristeza en el que acabarían los niños no bautizados. La suerte de los niños no bautizados no es diferente a la de los Santos Inocentes que hemos celebrado justo después de Navidad. El motivo de ello es que Dios es amor y «quiere que todos se salven», ¡y Cristo murió también por ellos!

Distinto es, en cambio, el caso de quien descuida recibir el bautismo sólo por pereza o indiferencia, aun advirtiendo quizá, en el fondo de su conciencia, su importancia y necesidad. En este caso conserva toda su seriedad la palabra de Jesús: sólo «quien crea y sea bautizado, se salvará» (Cf. Mc 16,16).

Cada vez hay más personas en nuestra sociedad que por diversos motivos no han sido bautizadas en la niñez. Existe el riesgo de que crezcan y nadie decida ya nada, ni en un sentido ni en otro. Los padres no se ocupan más de ello porque ya, piensan, no es su tarea; los hijos porque tienen otras cosas en qué pensar, y también porque no ha entrado aún en la mentalidad común que una persona deba tomar, ella misma, la iniciativa de bautizarse.

Para salir al encuentro de esta situación, la Iglesia da mucha importancia actualmente a la llamada «iniciación cristiana de los adultos». Ésta ofrece al joven o al adulto sin bautizar la ocasión de formarse, prepararse y decidir con toda libertad. Es necesario superar la idea de que el bautismo es algo sólo para niños.

El bautismo expresa su significado pleno precisamente cuando es querido y decidido personalmente, como una adhesión libre y consciente a Cristo y a su Iglesia, si bien no hay que desconocer en absoluto la validez y el don que representa estar bautizados desde niños, por los motivos que he explicado más arriba.

Personalmente estoy agradecido a mis padres por haberme hecho bautizar en los primeros días de vida. ¡No es lo mismo vivir la infancia y la juventud con la gracia santificante que sin ella!

https://www.religionenlibertad.com/redescubrir-propio-bautismo-60379.htm?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter


“La Misa empieza con la señal de la Cruz”

diciembre 21, 2017

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Audiencia General con catequesis sobre la Misa y la Señal de la Cruz.

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Audiencia general, 20 diciembre de 2017 – Texto completo

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(ZENIT – 20 Dic. 2017).- “Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús”, ha invitado Francisco en la audiencia general: “La Misa empieza con la señal de la Cruz”.

El Santo Padre Francisco ha ofrecido hoy, 20 de diciembre de 2017, en la audiencia general la 5ª catequesis sobre la Eucaristía titulada “Ritos introductorios”, que ha pronunciado ante miles de fieles y visitantes de Italia y otros países en el Aula Pablo VI, del Palacio Apostólico Vaticano.

El Papa ha querido entrar con esta reflexión en el “corazón” de la celebración eucarística. Así, ha recordado que la Misa empieza con la señal de la cruz, con estos ritos introductorios, porque “allí empezamos a adorar a Dios como comunidad” y ha aclarado que cuando miramos al altar, “miramos precisamente donde está Cristo. El altar es Cristo”.

Estos gestos –ha señalado el Papa– que corren el riesgo de pasar desapercibidos, “son muy significativos”, porque expresan desde el principio que la Misa es un “encuentro de amor con Cristo”. “Por eso –ha recordado el Papa– es importante prever no llegar con retraso, sino con adelanto, para preparar el corazón a este rito, a esta celebración de la comunidad”.

“Enseñad a los niños desde el principio”

Asimismo, el Pontífice ha indicado la importancia de la señal de la cruz: “¿Habéis visto cómo los niños se hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un dibujo, que no es la señal de la cruz. Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús”.

La misa empieza con la señal de la cruz, ha recordado: Toda la oración se mueve, por así decirlo, en el espacio de la Santísima Trinidad, –“en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”– que es un espacio de comunión infinita; tiene como origen y fin el amor de Dios Uno y Trino, manifestado y dado a nosotros en la Cruz de Cristo.

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes. La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster y con la bendición apostólica del Papa a todos.

RD

A continuación, sigue el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría entrar en el corazón de la celebración eucarística. La misa se compone de dos partes, que son la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí que constituyen un solo acto de culto (cf. Sacrosanctum Concilium, 56; Instrucción General del Misal Romano, 28).

Introducida por algunos ritos preparatorios y concluida por otros, la celebración, por lo tanto, es un cuerpo único  y no puede separarse, pero para una mejor comprensión trataré de explicar sus diversos momentos, cada uno de los cuales es capaz de tocar e involucrar  una dimensión de nuestra humanidad . Es necesario conocer estos signos santos  para vivir plenamente la misa y saborear toda su belleza.

Cuando el pueblo está reunido, la celebración se abre con los ritos introductorios, que comprenden la entrada de los celebrantes o del celebrante, el saludo -“El Señor esté con vosotros”, “La paz sea con vosotros”- , el acto penitencial, “Yo confieso”, donde pedimos perdón por nuestros pecados, el Señor, ten piedad, el Gloria y la oración colecta.

Se llama “oración colecta” no porque se efectúe la colecta monetaria: es la colecta de las intenciones de oración de todos los pueblos; y esa colecta de las intenciones de los pueblos sube al cielo como oración.

Su propósito, el de estos ritos de introducción, es “hacer que los fieles reunidos en la unidad construyan la comunión y se dispongan debidamente a escuchar la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.” (Instrucción general del Misal Romano, 46).

No es una buena costumbre mirar el reloj y decir: “Llego a tiempo, llego después del sermón y así cumplo el precepto”. La misa empieza con la señal de la cruz, con estos ritos introductorios, porque allí empezamos a adorar a Dios como comunidad. Y por eso es importante prever no llegar con retraso, sino con adelanto, para preparar el corazón a este rito, a esta celebración de la comunidad”.

Habitualmente durante el canto de entrada, el sacerdote con los otros ministros llega en procesión al presbiterio, y aquí saluda el altar con una reverencia y, como signo de veneración, lo besa y, cuando hay incienso, lo inciensa. ¿Por qué? Porque el altar es Cristo: es figura de Cristo. Cuando miramos al altar, miramos precisamente donde está Cristo. El altar es Cristo.

Estos gestos, que corren el riesgo de pasar desapercibidos, son muy significativos, porque expresan desde el principio que la Misa es un encuentro de amor con Cristo, que “con la inmolación de  su cuerpo en la cruz […] quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y  altar” (Prefacio de  Pascua V).

De hecho, como signo de Cristo, el altar “es el centro de la acción de gracias que se consuma en la Eucaristía” (Instrucción general del Misal Romano, 296), y toda la comunidad alrededor del altar, que es Cristo; no para mirarse la cara, sino para mirar a Cristo, porque Cristo está en el centro de la comunidad, no está lejos de ella.

Luego está la señal de la cruz. El sacerdote que preside se persigna y lo mismo hacen todos los miembros de la asamblea, conscientes de que el acto litúrgico se cumple “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.  Y aquí paso a un argumento muy breve. ¿Habéis visto cómo los niños se hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un dibujo, que no es la señal de la cruz.

Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús. Y la misa empieza con la señal de la cruz. Toda la oración se mueve, por así decirlo, en el espacio de la Santísima Trinidad, –“en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”– que es un espacio de comunión infinita; tiene como origen y fin el amor de Dios Uno y Trino, manifestado y dado a nosotros en la Cruz de Cristo.

Efectivamente, su misterio pascual es un don de la Trinidad, y la Eucaristía brota siempre de su corazón traspasado. Persignándonos, por lo tanto, no sólo recordamos nuestro bautismo, sino que afirmamos que la oración litúrgica es el encuentro con Dios en Cristo Jesús, que por nosotros se encarnó, murió en la cruz y resucitó en gloria.

Después, el sacerdote dirige el saludo litúrgico con la frase: “El Señor esté con vosotros” u otra similar –hay varias- ; y la asamblea responde: «Y con tu espíritu». Estamos dialogando; estamos al comienzo de la misa y debemos pensar en el significado de todos estos gestos y palabras.

Estamos entrando en una “sinfonía” en la que resuenan varios tonos de voces, incluyendo tiempos de silencio, con el fin de crear el ”acorde” entre los participantes, es decir, reconocerse animados por un único Espíritu, y por un mismo fin.

En efecto, “el saludo sacerdotal y la respuesta del pueblo manifiestan el misterio de la Iglesia reunida” (Instrucción general del Misal Romano, 50). Se expresa, pues, la fe común y el deseo mutuo de estar con el Señor y de vivir la unidad con toda la comunidad.

Y esta es una sinfonía de oración que se está creando y presenta enseguida un momento muy conmovedor, porque aquellos que presiden invitan a todos a reconocer sus propios pecados. Todos somos pecadores. No sé, a lo mejor alguno de vosotros no es pecador… Si hay alguno que no es pecador que levante la mano, por favor, así podemos verlo todos. Pero no hay manos levantadas; bien: ¡vuestra fe es buena!

Todos somos pecadores y por eso al principio de la misa pedimos perdón. Es el acto penitencial. No se trata solo de pensar en los pecados cometidos, sino mucho más: es la invitación a confesarse pecadores ante Dios y ante la comunidad, ante los hermanos, con humildad y sinceridad, como el publicano en el templo.

Si verdaderamente la Eucaristía hace presente el misterio pascual, es decir, el paso de Cristo de la muerte a la vida, entonces lo primero que tenemos que hacer es reconocer cuáles son nuestras situaciones de muerte para poder resucitar con Él a una vida nueva.

Esto nos hace comprender cuán importante es el acto penitencial. Y por eso, retomaremos el tema en la próxima catequesis. Vamos paso a paso en la explicación de la misa. Pero, por favor, enseñad a los niños a hacerse bien la señal de la cruz.

© Librería Editorial Vaticano


Francisco exige a Donald Trump “respetar el status quo” de Jerusalén

diciembre 6, 2017

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“EL FUTURO DE ASIA SE CONSTRUIRÁ NO CON LAS ARMAS, SINO CON LA FRATERNIDAD”, RECUERDA EL PAPA FRANCISCO

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Francisco exige a Donald Trump “respetar el status quo” de Jerusalén

Pide “perdón por nuestro silencio ante la minoría rohingyá” y anima a “proteger a todos los grupos perseguidos “

Por Jesús Bastante

Ante la sacudida que Donald Trump quiere dar a Tierra Santa declarando Jerusalén como capital de Israel, el Papa Francisco ha alzado la voz para exigir “respetar el status quo de la ciudad, en conformidad con las pertinentes resoluciones de Naciones Unidas”.

En su saludo en italiano tras la Audiencia de los miércoles, el Pontífice pidió que esta identidad “sea reservada y reforzada”, y que prevalezca “la prudencia para evitar nuevos elementos de tensión en un panorama mundial ya convulso y surcado por tantos crueles conflictos”.

Toda una bofetada al presidente de Estados Unidos, que con su decisión de trasladar la embajada de su país a la Ciudad Santa puede hacer estallar el polvorín de Tierra Santa. El Papa, que habló ayer con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, confesó que “mi pensamiento hoy está en Jerusalén”.

“No puedo dejar de mostrar mi preocupación por la situación creada en los últimos días”, denunció Francisco, quien no citó expresamente a Trump, aunque sí apeló a que “sea empeño de todos respetar el status quo” de la ciudad.

“Jerusalén es una ciudad única, sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, con una vocación especial para la paz. Rezo para que tal identidad sea preservada y reforzada, para beneficio de Tierra Santa, Oriente Medio y el mundo entero”, clamó Bergoglio.

Atrapado ante una maraña de abrazos.

La llegada del Papa Francisco al Aula Pablo VI, donde hoy se celebró la audiencia de los miércoles, estuvo cargada de efusividad. Manotazos, besos, abrazos de los que no sueltan… Domenico Gianni tuvo que hacer gala de toda su diplomacia para ‘separar’ a Bergoglio de varias personas que no querían soltarlo. El Papa sonrió, tendió la mano, repartió besos… aunque no pudo evitar cierto agobio.

Una audiencia muy musical, con canciones evocadoras a la naturaleza o el poder del pueblo. ‘Viva la gente’ o ‘De qué color es la piel de Dios’ sonaban mientras Francisco recorría los pasillos del aula hacia el estrado principal, en el que reflexionó sobre el pasaje de San Mateo en el que Jesús habla de sus discípulos como “la luz del mundo”.

Las primeras filas, como siempre, reservadas a los enfermos y discapacitados, la luz de este mundo y de este pontificado. Al lado, el belén y el árbol de Navidad, que ya se muestran en la sala.

Francisco quiso dedicar su catequesis a repasar el reciente viaje a Myanmar y Bangladesh. Unos jóvenes de este país jalearon el discurso, mostrando banderas del país y un gran cartel con un “¡Gracias!”, que el Papa cumplimentó con una sonrisa y un saludo.

Bergoglio quiso agradecer “a las autoridades y obispos de los dos países, por todo el trabajo de preparación y acogida”. También, a los fieles de ambos estados, “que me han demostrado tanto afecto y cariño”.

“Un sucesor de Pedro visitaba por primera vez Myanmar”, recordó Francisco, quien destacó “la cercanía de Cristo y de la Iglesia a un pueblo que ha sufrido a causa de la violencia y la represión, y que ahora está caminando, lentamente, hacia un futuro de paz”.

El Papa reconoció la fuerza de la religión budista en el país, y apuntó cómo “los cristianos son una pequeña grey del rebaño del pueblo de Dios. Una iglesia, viva y fervorosa”, que ha sufrido “la persecución a causa de la fe en Jesús”.

El futuro de Asia se construirá no con las armas, sino con la fraternidad”, recalcó Francisco, quien recordó que “nadie debe ser excluido en la tarea de cooperar en el proceso de reconciliación, con el respeto preciso a todos”.

El Papa también recordó su encuentro con el Supremo Consejo de monjes budistas, y apuntó que “cristianos y budistas pueden ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando toda violencia y cambiando el mal por bien”.

Tras el repaso a sus días en Myamar, Bergoglio habló de su llegada a Bangladesh, un país de mayoría musulmana, y donde vivió “un paso en favor del respeto y el diálogo entre el Cristianismo y el Islam”. En este sentido, recordó cómo “la Santa Sede ha sostenido la voluntad del pueblo bengalí de constituirse como nación independiente”, donde siempre “sea tutelada la libertad religiosa”.

En particular, el Papa quiso agradecer a Bangladesh “su solidaridad en el empeño de socorrer a los prófugos rohingyá, que llegan en masa a su territorio, la densidad de población es la más alta del mundo”.

Bergoglio vivió estos días como “un fuerte momento de diálogo interreligioso”, que permitirá “abrir los corazones como base de la cultura del encuentro”, y recordó especialmente la visita a la casa Madre Teresa, donde la santa se alojaba cuando iba a la ciudad, “y que acoge a muchos huérfanos y personas con discapacidad”.

“Recuerdo de las monjas su sonrisa -improvisó el Papa-. Son hermanas que oran tanto, que trabajan por los que más sufren, y siempre con una sonrisa. Son un gran testimonio, que les agradezco”.

“El último evento fue con los jóvenes bengalíes… ¡Cómo bailan de bien estos bengalíes! Una fiesta que ha manifestado la alegría del Evangelio, una alegría fecundada por el sacrificio de tantos misioneros y catequistas, culminó el Papa, quien recordó cómo en el encuentro “había jóvenes musulmanes, y de otras religiones, lo que supone un signo de esperanza para Bangladesh, para Asia y para el mundo entero“.

En su saludo en árabe, el Papa volvió a recordar expresamente a los rohingyá, pidiendo “perdón por nuestro silencio ante la minoría rohingya“, animando a “proteger a todos los grupos perseguidos en el mundo”.

Saludo en castellano:

Queridos hermanos y hermanas: Hoy quiero compartir con ustedes y dar gracias a Dios por el viaje apostólico que he realizado a Myanmar y Bangladesh.

Mi visita a Myanmar ha sido la primera de un Papa a aquel país; una nación que a pesar de haber sufrido mucho, se encamina hacia una nueva realidad de paz y libertad. Allí la comunidad cristiana es un pequeño fermento del Reino de Dios, que ha sabido dar testimonio de la fe y que cuenta con una juventud llena de esperanza y de alegría. Al encontrarme con el Consejo Supremo de los monjes budistas, he querido manifestar mi deseo de que trabajemos unidos para ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando todo tipo de violencia.

Después he realizado mi visita a Bangladesh, siguiendo las huellas del beato Pablo VI y de san Juan Pablo II. Ha sido un paso más en favor del respeto y del diálogo entre el islam y el cristianismo. Allí he querido expresar también mi solidaridad con Bangladesh en su compromiso por socorrer a los prófugos Rohingya.

Dos momentos de particular alegría han sido: la ordenación de 16 sacerdotes y el encuentro con los jóvenes, quienes con sus cantos y danzas manifestaron la alegría del Evangelio. Fue muy significativo que estuvieran también presentes jóvenes musulmanes y de otras religiones, siendo un signo éste de esperanza para Bangladesh, para Asia y para el mundo entero.
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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.

En este tiempo de Adviento los animo a fortalecer su vida cristiana con la oración, la escucha de la Palabra de Dios y las obras de caridad, y, siguiendo el ejemplo de la Inmaculada Virgen María, cuya solemnidad celebraremos pasado mañana, preparen su corazón para recibir al Señor que ya viene. Muchas gracias.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy quisiera hablar del Viaje Apostólico que he realizado en los días pasados a Myanmar y Bangladés. Ha sido un gran de Dios, y por eso le agradezco a Él por cada cosa, especialmente por los encuentros que he podido tener. Renuevo la expresión de mi gratitud a las Autoridades de los dos Países y a los respectivos Obispos, por todo el trabajo de preparación y por la acogida reservada a mí y a mis colaboradores. Un “gracias” sincero quiero dirigir a la gente birmana y aquella bangladesí, que me han demostrado tanta fe y tanto afecto: ¡gracias!

Por primera vez un sucesor de Pedro visitaba Myanmar, y esto ha sucedido poco después que se han establecido las relaciones diplomáticas entre este País y la Santa Sede. He querido, también en este caso, expresar la cercanía de Cristo y de la Iglesia a un pueblo que ha sufrido a causa de conflictos y represiones, y que ahora está lentamente caminando hacia una nueva condición de libertad y de paz. Un pueblo en el que la religión budista está fuertemente enraizada, con sus principios espirituales y éticos, y donde los cristianos están presentes como una pequeña grey y levadura del Reino de Dios.

A esta Iglesia, viva y fervorosa, he tenido la alegría de confirmar en la fe y en la comunión, en el encuentro con los Obispos de los países y en las dos celebraciones eucarísticas. La primera ha sido en la gran área deportiva en el centro de Rangún, y el Evangelio de ese día ha recordado que las persecuciones a causa de la fe en Jesús son normales para sus discípulos, como ocasión de testimonio, pero “ni siquiera un cabello se les caerá” (Cfr. Lc 21,12-19).

La segunda Misa, último acto de la visita a Myanmar, estuvo dedicada a los jóvenes: un signo de esperanza y un regalo especial de la Virgen María, en la catedral que lleva su nombre. En los rostros de esos jóvenes, llenos de alegría, he visto el futuro de Asia: un futuro que será no de quien construye armas, sino de quien siembra fraternidad. Y siempre en el signo de esperanza he bendecido las primeras piedras de dieciséis iglesias, del seminario y de la nunciatura, dieciocho.

Además de la Comunidad católica, he podido encontrar a las Autoridades de Myanmar, animando los esfuerzos de pacificación del País y deseando que todos los diversos componentes de la nación, ninguna excluida, puedan cooperar en este proceso en el respeto recíproco. En este espíritu, he querido encontrar a los representantes de las diversas comunidades religiosas presentes en el País. En particular, al Supremo Consejo de monjes budistas he manifestado la estima de la Iglesia por su antigua tradición espiritual, y la confianza que cristianos y budistas puedan juntos ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando toda violencia y oponiéndose al mal con el bien.

Dejando Myanmar, me he dirigido a Bangladés, donde en primer lugar he rendido homenaje a los mártires de la lucha por la independencia y al “Padre de la Nación”. La población de Bangladés es en grandísima parte de religión musulmana, y por ello mi visita -siguiendo las huellas del Beato Pablo VI y de San Juan Pablo II- ha marcado un paso más en favor del respeto y del diálogo entre cristianismo e islam.

A las Autoridades del País he recordado que la Santa Sede ha sostenido desde el inicio la voluntad del pueblo bangladesí de constituirse como nación independiente, como también la exigencia que en ella sea siempre tutelada la libertad religiosa. En particular, he querido expresar solidaridad a Bangladés en su empeño de socorrer a los prófugos Rohingya llegados en masa a su territorio, donde la densidad de población está ya entre las más altas del mundo.

La Misa celebrada en un histórico parque de Daca fue enriquecida por la Ordenación de dieciséis sacerdotes, y esto ha sido uno de los eventos más significativos y gozosos del viaje. De hecho, sea en Bangladés como en Myanmar y en los otros países del sureste asiático, gracias a Dios las vocaciones no faltan, signo de comunidades vivas, donde resuena la voz del Señor que llama a seguirlo.

He compartido esta alegría con los Obispos de Bangladés, y los he animado en su generoso trabajo por las familias, por los pobres, por la educación, por el diálogo y la paz social. Y he compartido esta alegría con tantos sacerdotes, consagradas y consagrados del país, como también con los seminaristas, las novicias y novicios, en quienes he visto los brotes de la Iglesia en aquella tierra.

En Daca hemos vivido un momento fuerte de diálogo interreligioso y ecuménico, que me ha dado la ocasión de subrayar la apertura del corazón como base de la cultura del encuentro, de la armonía y de la paz.

Además he visitado la “Casa Madre Teresa”, donde la santa se hospedaba cuando se encontraba en esta ciudad, y que acoge a muchísimos huérfanos y personas con discapacidad. Allí, según su carisma, las religiosas viven cada día la oración de adoración y el servicio a Cristo pobre y sufriente. Y jamás -jamás- se pierde de sus labios la sonrisa: religiosas que oran tanto, que sirven a los que sufren continuamente con la sonrisa. Es un bonito testimonio. Agradezco mucho a estas religiosas.

El último evento ha sido con los jóvenes bangladesí, rico de testimonios, cantos y danzas. ¿Y qué bien danzaban, estos bangladesí? ¡Saben danzar bien! Una fiesta que ha manifestado la alegría del Evangelio acogido por esta cultura; una alegría fecundada por los sacrificios de tantos misioneros, de tantos catequistas y padres cristianos. En el encuentro estaban presentes también jóvenes musulmanes y de otras religiones: un signo de esperanza para Bangladés, para Asia y para el mundo entero. Gracias.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/12/06/religion-iglesia-vaticano-papa-francisco-donald-trump-jerusalen-capital-israel-palestina-tierra-santa-rohingya-bangladesh-myanmar.shtml


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