El maná de cada día, 1.7.17

julio 1, 2017

Sábado de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

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No soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano

No soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano



PRIMERA LECTURA: Génesis 18, 1-15

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él.

Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.»

Contestaron: «Bien, haz lo que dices.»

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.»

Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?»

Contestó: «Aquí, en la tienda.»

Añadió uno: «Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»

Sara lo oyó, detrás de la entrada de la tienda. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus periodos.

Sara se rió por lo bajo, pensando: «Cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer con un marido tan viejo?»

Pero el Señor dijo a Abrahán: «¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “De verdad que voy a tener un hijo a mis años.” ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»

Pero Sara, que estaba asustada, lo negó: «No me he reído.»

Él replicó: «No lo niegues, te has reído.»


SALMO 1,46-47.48-49.50.53.54-55

El Señor se acuerda de la misericordia.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 8, 17

Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestras dolencias.


EVANGELIO: Mateo 8,5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»

Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»

Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve” y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.»

Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles.

Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»


El Papa en fiesta de la Santísima Trinidad: Dios es amor que redime y da vida

junio 11, 2017

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El Papa Francisco durante el Ángelus de la Solemnidad de la Santísima Trinidad

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El Papa en fiesta de la Santísima Trinidad: Dios es amor que redime y da vida

Por Álavaro de Juana

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VATICANO, 11 Jun. 17 / 05:24 am (ACI).- En la fiesta de la Santísima Trinidad, el Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus y manifestó que Dios es misericordioso y rico en piedad que no se cansa de redimirnos.

El Papa comentó cómo las palabras de San Pablo “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” es fruto “de su experiencia personal del amor de Dios, el amor que Cristo resucitado le ha revelado, que ha transformado su vida y lo ha llevado a llevar el Evangelio a las gentes”.

“La comunidad cristiana, con todos sus límites humanos, puede convertirse en un reflejo de la comunión de la Trinidad, de su bondad y de su belleza”.

Francisco recordó que Dios “no está lejano ni cerrado en sí mismo, sino que es vida que quiere comunicarse, es apertura, es amor que rescata al hombre de la infidelidad”. Es “misericordioso, tiene piedad, es rico en gracia porque se ofrece a nosotros para colmar nuestros límites y nuestras faltas para perdonar nuestros errores, para llevarnos por el camino de la justicia y de la verdad”.

“Jesús nos ha manifestado el rostro de Dios, Uno en la sustancia y Trino en las personas; Dios es todo y solo amor, en una relación subsistente que todo crea, redime y santifica: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

El Pontífice también explicó que la “vida eterna” es “el amor desmesurado y gratuito del Padre que Jesús ha donado en la cruz, ofreciendo su vida por nuestra salvación”.

“Este amor con la acción del Espíritu Santo ha irradiado una luz nueva sobre la tierra en cada corazón humano que lo acoge; una luz que revela los ángulos oscuros, las durezas que nos impiden llevar los frutos buenos de la caridad y de la misericordia”.

“Que la Virgen María nos ayude –concluyó– con todo nosotros mismos, a entrar cada vez más, con todo nuestro ser, en la Comunión trinitaria, para vivir y testimoniar el amor que da sentido a nuestra existencia”.


Doce claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad

junio 11, 2017

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Doce claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad

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REDACCIÓN CENTRAL, 10 Jun. 17 / 10:09 am (ACI).- Este domingo la Iglesia celebra la solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe cristiana. Aquí te presentamos 12 datos importantes que debes saber al respecto:

1. La palabra Trinidad nace del latín

Proviene de la palabra latina “trinitas”, que significa “tres” y “triada”. El equivalente en griego es “triados”.

2. Fue utilizada por primera vez por Teófilo de Antioquía

El primer uso reconocido del término fue el dado por Teófilo de Antioquía alrededor del año 170 para expresar la unión de las tres divinas personas en Dios.

En los tres primeros días que preceden a la creación del sol y de la luna, el Obispo ve imágenes de la Trinidad: “Los tres días que preceden a la creación de los cuerpos luminosos son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría”. (Para Autólicus 2:15)

3. Trinidad significa un solo Dios y tres personas distintas

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (CCIC) lo explica así: “La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo”. (CCIC, 48)

4. La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana

Sí, y el Compendio lo explica de esta forma: “El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (CCIC, 44)

5. La Iglesia definió de forma infalible el dogma de la Santísima Trinidad

El dogma de la Trinidad se definió en dos etapas, en el primer Concilio de Nicea (325 D.C.) y el primer Concilio de Constantinopla (381 D.C.).

En el Concilio de Nicea se definió la divinidad del Hijo y se escribió la parte del Credo que se ocupa de Él. Este concilio fue convocado para hacer frente a la herejía arriana, que afirmaba que el Hijo era un ser sobrenatural pero no Dios.

En el Concilio de Constantinopla se definió la divinidad del Espíritu Santo. Este concilio combatió una herejía conocida como macedonianismo (porque sus defensores eran de Macedonia), que negaba la divinidad del Espíritu Santo.

6. La Trinidad se sustenta en la revelación divina dejada por Cristo

La Trinidad solo puede probarse a través de la revelación divina que Jesús nos trajo. No se puede demostrar por la razón natural o únicamente desde el Antiguo Testamento. El CCIC explica:

“Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios” (CCIC, 45).

Aunque el vocabulario utilizado para expresar la doctrina de la Trinidad tomó tiempo para desarrollarse, se pueden demostrar los distintos aspectos de esta doctrina con las Sagradas Escrituras.

7. La Biblia enseña que existe un solo Dios

El hecho de que solo hay un Dios se puso de manifiesto en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice: “Ustedes son mis testigos, dice Yahvé, y son mi servidor, que he elegido; sépanlo, pues, y crean en mí, y comprendan que Yo Soy. Ningún Dios fue formado antes de mí, y ningún otro existirá después” (Is. 43:10).

“Así habla el rey de Israel y su redentor, Yahvé de los Ejércitos: ‘Yo soy el primero y el último; no hay otro Dios fuera de mí’ (Is. 44: 6).

8. El Padre es proclamado como Dios numerosas veces en el Nuevo Testamento

Por ejemplo, en las epístolas de San Pablo se narra lo siguiente: “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación (…)” (II Cor. 1: 3).

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos (Ef. 4: 5-6).

9. La Biblia también demuestra que el Hijo es Dios

Esto es proclamado en varias partes del Nuevo Testamento, incluyendo al comienzo del Evangelio de San Juan:

“En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad” (Jn. 1: 1, 14).

También: “Después dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree’. Tomás exclamó: ‘Tú eres mi Señor y mi Dios’” (Jn. 20: 27-28).

10. El Espíritu Santo es Dios y así lo afirman las Escrituras

En el libro de Hechos, el Espíritu Santo es retratado como una persona divina que habla y a la que no se le puede mentir:

“Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: ‘Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado’” (Hechos 13: 2).

“Pedro le dijo: ‘Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios’” (Hechos 5: 3-4).

11. La distinción de tres Personas divinas se demuestra con la Biblia

La distinción de las Personas se puede demostrar, por ejemplo, en el hecho de que Jesús habla a su Padre. Esto no tendría sentido si fueran una y la misma persona.

“En aquella ocasión Jesús exclamó: ‘Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer” (Mt. 11: 25-27).

El hecho de que Jesús no es la misma persona que el Espíritu Santo se revela cuando Jesús -que ha estado funcionando como Paráclito (en griego, Parakletos) de los discípulos- dice que va a orar al Padre y el Padre les dará “otro Paráclito”, que es el Espíritu Santo. Esto demuestra la distinción de las tres Personas: Jesús que ora; el Padre que envía; y el Espíritu que viene:

“y yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito, para que esté con ustedes por siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes lo conocen, porque mora en ustedes” (Jn. 14: 16-17).

12. El Hijo procede del Padre y el Espíritu procede del Padre y del Hijo

“Es ciertamente de fe que el Hijo procede del Padre por una verdadera generación. Según el Credo Niceno-Constantinopolitano, Él es “engendrado antes de todos los siglos”. Pero la procesión de una Persona Divina, como el término del acto por el cual Dios conoce su propia naturaleza, es propiamente llamada generación” (Enciclopedia Católica).

El hecho de que el Hijo es generado por el Padre está indicado por los nombres de esas Personas. La segunda persona de la Trinidad no sería un Hijo si no hubiera sido generado por la primera persona de la Trinidad.

El hecho de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo se refleja en otra declaración de Jesús: “Cuando venga el Paráclito que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí” (Jn. 15: 26).

Esto representa al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo (“que yo os enviaré”). Las funciones exteriores de las Personas de la Trinidad reflejan sus relaciones mutuas entre sí. También puede decirse que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

https://www.aciprensa.com/noticias/12-claves-para-comprender-el-dogma-de-la-santisima-trinidad-54580/


El maná de cada día, 11.6.17

junio 10, 2017

Solemnidad de la Santísima Trinidad, Ciclo A

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a.The Holy Trinity an Orthodox wall painted icon at 2. the ceiling of the entrance (πρόστωον) Vatopedion Monastery at Agion Oros (Mount Athos), Greece

¡Bendito eres en la bóveda del cielo!


Antífona de Entrada

Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros.


Oración colecta

Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio; concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Éxodo 34, 4-6.8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.

El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»

Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»



SALMO: Dn 3, 52-56

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.

Bendito eres sobre el trono de tu reino.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos.

Bendito eres en la bóveda del cielo.



SEGUNDA LECTURA: 2 Corintios 13, 11-13

Hermanos:

Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.

Saludaos mutuamente con el beso ritual.

Os saludan todos los santos.

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.


Aclamación antes del Evangelio: Ap. 1, 8

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.


EVANGELIO: Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.



Antífona de Comunión

Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá! Padre.
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LECTIO DIVINA,

Solemnidad de la Santísima Trinidad. Ciclo A

Busca un lugar tranquilo y céntrate en escuchar al Señor

Paso 1. Disponerse: Comienza haciendo sobre ti la señal de la cruz en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Reconoce tus limitaciones. Ponte en manos de María. Pídele ayuda.

Jn 3, 16-18

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Paso 2. Leer: ¿Qué te parece que Jesús hable así de su propia misión? ¿Quieres contar cuántas veces aparece la palabra “creer”? ¿Qué significa la palabra “mundo” en el Evangelio de Juan?

Paso 3. Escuchar: ¿Cuánto mide el amor de Dios por ti? ¿Te sientes más juzgado que salvado o más salvado que juzgado? ¿Qué es para ti creer en Jesús?

Paso 4. Orar: No te vayas a las nubes. Responde a quien te habla, cuéntale lo que te pasa y cómo te sientes. Orar es amar, más que hablar mucho y decir oraciones.

Paso 5. Vivir: La Palabra te enseña la sabiduría de los caminos del Señor. ¿Estás de acuerdo que creer en Jesús es vivir de verdad? No te quedes en ti mismo, no olvides la entrega y el servicio a los demás.

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PRECES DE LAUDES

Llenos de alegría, adoremos y glorifiquemos al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Padre santo, a nosotros, que no sabemos pedir lo que nos conviene, dígnate darnos el Espíritu Santo, para que venga en ayuda de nuestra debilidad e interceda por nosotros según tu voluntad.

Hijo de Dios, que pediste al Padre que diera a tu Iglesia el Defensor, haz que el Espíritu de la verdad esté siempre con nosotros.

Ven, Espíritu Santo, y comunícanos tus frutos: el amor, la alegría, la paz, la comprensión, la servicialidad, la bondad, la lealtad, la amabilidad, el dominio de sí, la sobriedad, la castidad.

Padre todopoderoso, que enviaste a nuestros corazones el Espíritu de tu Hijo, que clama: “¡Abba, Padre!”, haz que nos dejemos llevar por el Espíritu, para que seamos herederos tuyos y coherederos con Cristo.

Cristo, que enviaste el Defensor, que procede del Padre, para que diera testimonio de ti, haz que también nosotros demos testimonio de ti ante los hombres.

Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa. Por nuestro Señor Jesucristo.

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De las Cartas de san Atanasio, obispo

Luz, resplandor y gracia en la Trinidad y por la Trinidad

Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres.

En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal.

Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza, y su actividad es única.

El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera, queda a salvo la unidad de la santa Trinidad.

Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo.

San Pablo, hablando a los corintios acerca de los dones del Espíritu, lo reduce todo al único Dios Padre, como al origen de todo, con esas palabras: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. Porque todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto, todo lo que da el Hijo en el Espíritu es realmente don del Padre.

De manera semejante, cuando el Espíritu está en nosotros, lo está también la Palabra, de quien recibimos el Espíritu, y en la Palabra está también el Padre, realizándose así aquellas palabras: El Padre y yo vendremos a él y haremos morada en él.

Porque, donde está la luz, allí está también el resplandor; y, donde está el resplandor, allí está también su eficiencia y su gracia esplendorosa.

Es lo que nos enseña el mismo Pablo en su segunda carta a los Corintios, cuando dice: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

Porque toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da por el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu Santo.

Pues, así como la gracia se nos da por el Padre, a través del Hijo, así también no podemos recibir ningún don si no es en el Espíritu Santo, ya que, hechos partícipes del mismo, poseemos el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión de este Espíritu (Carta 1 a Serapión 28-30: PG 26, 594-595.599).

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Los enseña el Catecismo: Los 8 sorprendentes símbolos del Espíritu Santo

junio 4, 2017

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Símbolos del Espíritu Santo

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Los enseña el Catecismo: Los 8 sorprendentes símbolos del Espíritu Santo

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REDACCIÓN CENTRAL, 02 Jun. 17 / 06:35 pm (ACI).- El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia. En el día de su fiesta, Pentecostés, que celebramos este domingo, recordamos ocho símbolos que, según el Catecismo, lo representan.

1. Agua

El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento.

2. Unción

Simboliza la fuerza. La unción con el óleo es sinónimo del Espíritu Santo. En el sacramento de la Confirmación se unge al confirmado para prepararlo a ser testigo de Cristo.

3. Fuego

Simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu.

4. Nube y luz

Símbolos inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Así desciende sobre la Virgen María para “cubrirla con su sombra”. En el Monte Tabor, en la Transfiguración, el día de la Ascensión; aparece una sombra y una nube.

5. Sello

Es un símbolo cercano al de la unción. Indica el carácter indeleble de la unción del Espíritu en los sacramentos y habla de la consagración del cristiano.

6. La Mano

Mediante la imposición de manos los Apóstoles y ahora los Obispos, trasmiten el “don del Espíritu”.

7. El Dedo

“Por el dedo de Dios expulso yo [Jesús] los demonios” (Lc 11, 20). El himno “Veni Creator” invoca al Espíritu Santo como “dextrae Dei Tu digitus (“dedo de la diestra del padre”).

8. La Paloma

En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre Él.

Más información en: https://www.aciprensa.com/fiestas/pentecostes/catecismo.htm


Maná y Vivencias Pascuales (50B), 4.6.17

junio 3, 2017

Domingo de Pentecostés

MISA DEL DÍA
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Cuando llegó el día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos, y quedaron llenos del Espíritu Santo

Cuando llegó el día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en oración, vino un viento recio… y quedaron llenos del Espíritu Santo

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ANTÍFONA DE ENTRADA: Sab 1, 7

El Espíritu del Señor ha llenado toda la tierra; él da unidad a todas las cosas y se hace comprender en todas las lenguas. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones; derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles: 2, 1-11

El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban.

Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: “¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes.

Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua”.

SALMO 103

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice alma mía al Señor, ¡Dios mío, que grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento, y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras. Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.

SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios: 12, 3-7.12-13

Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús “Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo.

Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

SECUENCIA

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.


ACLAMACIÓN: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.

EVANGELIO: Juan: 20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”.

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

PREFACIO DEL DOMINGO DE PENTECOSTÉS

En verdad es justo y necesario… darte gracias siempre y en todo lugar… Dios todopoderoso y eterno.

Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo.

Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas.

Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales… cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…



Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

EJERCICIO PASCUAL (3): VEN, ESPÍRITU SANTO

Apreciado hermano, estimada hermana: Ha llegado el momento de coronar el ejercicio cuaresmal y pascual. Han sido noventa días de búsqueda del Señor.

Han sido también noventa días en los que el Señor ha salido a nuestro encuentro, un día tras otro, con fidelidad y renovada ilusión.

Concluyendo la pascua, nosotros le presentamos al Señor, con alegría y satisfacción, nuestros esfuerzos.

Mereció la pena realizarlos. Y aunque no se puede merecer el don divino, ahora el Señor nos premiará con una nueva efusión del Espíritu Santo: una renovada sensibilidad para captar y seguir las inspiraciones del Espíritu.

Ayer y anteayer nos hemos centrado en el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo, quizás sin darnos cuenta de ello, guió nuestra aproximación al Misterio.

Hoy queremos tomar mayor conciencia del ser y de la acción del Espíritu en nuestras vidas.

Jesús, al ascender a los cielos, anunció a los discípulos el cumplimiento de la promesa del Espíritu realizada por el Padre en el antiguo Testamento, sobre todo a través de los profetas: “Vendrán días en que enviaré el Espíritu y la tierra entera se llenará del conocimiento del Señor”.

Dios había prometido una nueva ley escrita, no ya en tablas de piedra, sino en el corazón de los creyentes: “Les daré un corazón de carne; les arrancaré, de cuajo, el corazón de piedra; pondré en ellos un corazón nuevo; y entonces, ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios”.

Jesús rogó al Padre que cumpliera la promesa enviando el otro Consolador. Éste no traería nada nuevo, sino que les recordaría a los discípulos todo lo revelado por Jesús y se lo haría comprender claramente y experimentar con fruición.

El Espíritu vino sobre los discípulos tan pronto como Jesús fue glorificado: “Si no me voy, no vendrá el Espíritu”.

Pentecostés significa la irrupción del Espíritu que inaugura el nacimiento de la Iglesia, los últimos tiempos y la plenitud de la salvación. Dios ha cumplido su parte. Ahora nos toca a nosotros: Vivir según el Espíritu, no según la carne. 

¿Qué significa “la vida en el Espíritu”? Los Hechos de los Apóstoles nos narran el cambio que obró el Espíritu en los Apóstoles y discípulos de Jesús.

De hecho, los discípulos experimentaron una profunda transformación. Comprendieron las Escrituras y todo el misterio de Jesús.

Quedaron subyugados, enhechizados, y como enajenados por el Espíritu del Resucitado y, de inmediato, salieron del Cenáculo a predicar por todo el mundo, con mucha convicción y entusiasmo, la salvación traída por Cristo y en él perfectamente realizada.

Nació la Iglesia y con ella una nueva manera de ver la historia y de construir la sociedad como anticipo del Reino de Dios.

Pero, ojo, esta transformación es la herencia del Resucitado para todo el que crea, sin excepción. “Venid a mí, gritaba Jesús en el atrio del Templo el día de la Fiesta, todos los que tenéis sed, y tomad gratis el agua de la vida”.

El don del Espíritu es para todos. Solamente hace falta reconocer que lo necesitamos. Sólo se necesita reconocer que por naturaleza somos limitados, atrevidos, pecadores. Y entonces, sentiremos la sed de Dios, y desearemos ser llenos del Espíritu de Dios: nacer de arriba, de lo alto.

Hermano, hermana: vamos a pedir, o mejor agradecer, el don del Espíritu al finalizar estas “Vivencias Pascuales”. Claro que ya tienes el Espíritu, desde que recibiste el bautismo.

Pero la cuestión es cómo lo tienes: Si está suelto, vivo y actuante en ti, o si lo tienes atado, ignorado y casi anulado por tu pecado o tu inconsciencia.

Vamos a orar con toda sencillez ante quien sabemos nos ama y nos tiene reservadas muchas sorpresas. “Si conocieras el don de Dios y lo que él te puede dar a gustar…”

Di con todas tus ganas: Ven, Espíritu divino, ven, Padre amoroso del pobre; ven, dulce huésped del alma, y habita en mí, pon tu sede y tu trono en el centro de mi ser, de mi corazón. Te doy las gracias. Amén.

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Así dice el Señor Dios: Yo derramaré mi Espíritu sobre todos

Así dice el Señor Dios: Yo derramaré mi Espíritu sobre todos

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu divino, creo en ti como la tercera persona de la Santísima Trinidad. Te adoro y te invoco como el Santificador. Tú eres el abrazo del Padre y del Hijo, fuente de toda relación y comunión.

Te doy gracias porque tú estás derramado en mi corazón desde el bautismo. Aunque no tenga conciencia expresa de tu presencia, sé que tú guías todos mis buenos pensamientos y deseos. Tú me haces presente al Padre y al Hijo, y me inspiras el conocimiento y el amor a ellos.

Con toda reverencia me pongo en tu presencia, Espíritu Santo. Reconozco mi pobreza, y te invoco porque sé que eres “padre amoroso del pobre”. ¿Adónde iría, Señor, con mi pobreza?

Ven, dulce huésped del alma, pues sin ti me abrumaría la mayor y cruel soledad. Tú que eres generoso en tus dones, ten misericordia de mí y lléname de tus gracias.

Te pido perdón, Espíritu Consolador, porque frecuentemente me olvido de ti. Con mi pecado te tengo entristecido. Perdóname. Por el contrario, quiero ser dócil a tus inspiraciones. Ten paciencia conmigo y no me dejes por imposible.

Al finalizar este ejercicio cuaresmal y pascual, ven, Espíritu Santo, a mi vida entera y transfórmala sustancialmente. Quiero recibir como una renovación en toda mi persona, en toda mi existencia. Quiero ser una nueva criatura en Cristo.

No quiero defraudar al Padre que tanto me valora y tanto espera de mí. No puedo traicionarle a Jesús que me amó y se entregó por mí. Ayúdame, Espíritu de fortaleza, pues me siento desorientado y desvalido.

En fin, tú sabes mejor que nadie lo que me conviene. Ven, padre amoroso del pobre. Visita mi corazón. Mira mi pobreza y hasta mi propia miseria.

Ven a calentar lo que está frío; a iluminar lo oscuro; a enderezar lo torcido; a curar las heridas; a suavizar lo duro; a endulzar la amargura; a calmar la agresividad y la violencia que habitan dentro de mí.

Ven, Espíritu Santificador con todas tus gracias: los dones y los frutos; para que me parezca más a Jesús y pueda glorificar al Padre, como él se merece.

Mira que estoy como la tierra reseca que espera la lluvia; espero el agua que limpia, refresca y fecunda. Quiero ser como la arcilla en manos del alfarero para que tú la modeles según los designios del Padre y la imagen del Hijo.

Incluso, quiero ser una vasija nueva: si es preciso, rompe y quiebra mi vida ya hecha y mis planes, y hazme de nuevo. En fin, quiero ser como el leño que se deja invadir y penetrar por el fuego hasta transformarse en luz y calor. Ven, Espíritu Sanador, tú que haces nuevas todas las cosas. Tú eres mi única esperanza.

Ven, Espíritu del amor, y enséñame a imitar la generosidad del Padre celestial. Ven, Espíritu Santo, y enséñame a ser hijo en el Hijo de Dios, Jesucristo: que sea verdadero discípulo buscando siempre la gloria del Padre. Dame el celo y la pasión por el Reino que embargaban a Jesús, infúndeme sus mismos sentimientos, los que manifestaba en sus palabras poderosas y obras maravillosas.

Quiero ser otro Cristo en el mundo. Quiero tener su mismo Espíritu para dejarme conducir por él con obsequiosa docilidad y poder en el Amor del Señor.

Te doy gracias, Espíritu divino, por esta oración que me has inspirado y has presentado al Padre y al Hijo, por mí.

Agradezco lo que has hecho en mí, lo que haces, y lo que harás en el futuro para gloria del Padre y contento del Hijo. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (50A), 3.6.17

junio 3, 2017

Domingo de Pentecostés

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MISA VESPERTINA DE LA VIGILIA

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Así dice el Señor Dios: Yo derramaré mi Espíritu sobre todos

Así dice el Señor Dios: Derramaré mi Espíritu sobre ellos, del  mayor al menor, y todos me conocerán



Textos bíblico-litúrgicos.-Entrada: Rom 5, 5; 10.11; 1era lectura: Joel 3, 1-5; Salmo 103; 2da. Lectura: Rom 8, 22-27; Evangelio: Jn 7, 37-39; Comunión: Jn 7, 37.

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ANTÍFONA DE ENTRADA, Rom 5, 5; 10.11.- El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que has querido que celebráramos el misterio pascual durante cincuenta días, renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para que los pueblos divididos por el odio y el pecado se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Joel 3, 1-5

Así dice el Señor Dios: Derramaré mi espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. También sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.

Haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego, columnas de humo. El sol se entenebrecerá, la luna se pondrá color sangre, antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán.

Porque en el monte Sión y en Jerusalén quedará un resto; como lo ha prometido el Señor a los supervivientes que llamó.

En vez de la lectura anterior se puede elegir cualquiera de las siguientes: Génesis, 11, 1-9; Éxodo, 19, 3-8.16-20; Ezequiel 37, 1-14.


SALMO 103

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor. ¡Dios mío, qué grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras. Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.

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SEGUNDA LECTURA: Rom 8, 22-27.- El espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables

Hermanos: Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Porque ya es nuestra la salvación, pero su plenitud es todavía objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, ¿cómo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todavía no poseemos, tenemos que esperarlo con paciencia.

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.

ACLAMACIÓN.- Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.

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EVANGELIO: Juan 7, 37-39

El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.

Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Derrama, Señor, la bendición de tu Espíritu, sobre estos dones que te presentamos, para que tu Iglesia quede inundada de tu amor, y sea ante todo el mundo signo visible de la salvación. Por Jesucristo.


COMUNIÓN: Jn 7, 37.- El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: el que tenga sed, que venga a mí. Aleluya.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Que vive y reina.

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ORACIÓN AL ESPIRITU SANTO

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas: fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro, mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por la bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

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