El maná de cada día, 15.10.18

octubre 15, 2018

Lunes de la 28ª semana de Tiempo Ordinario

Santa Teresa de Ávila

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Quinto día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Manos al cielo

Cristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado



PRIMERA LECTURA: Gálatas 4, 22-24. 26-27. 31-5, 1

Hermanos:

En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios.

Esto tiene un significado: Las dos mujeres representan dos alianzas.

Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí.

La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura: «Alégrate, estéril, que no das a luz, rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el marido.»

Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre.

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.

Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.


SALMO 112, 1-2. 3-4. 5-7

Bendito sea el nombre del Señor por siempre.

Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.

De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO: Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:

«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»


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Recuerda con agradecimiento tu Bautismo

Nos acostumbramos con tanta facilidad a los dones de Dios que podemos llegar a olvidar que vivimos en ellos y de ellos. Nos llegan de forma tan habitual, tan sencilla, tan imperceptible, que nuestra mirada superficial nos hace creer que, en realidad, no son tan reales como decimos.

Continuamente estamos respirando sin que nos paremos a considerar la importancia que tiene para nuestra vida un acto tan mecánico y sencillo como es inspirar el aire exterior en nuestros pulmones. Algo así pasa con nuestro bautismo, sin el que el alma ni siquiera podría respirar la vida divina de Dios.

Piensa que, por tu bautismo, fuiste arrancado del reino y del poder del maligno y consagrado para siempre a Dios, fuiste hecho hijo en el Hijo, fuiste consagrado como templo del Espíritu Santo, fuiste hecho sacerdote y liturgo para ofrecer a Dios el culto de tu propia vida, fuiste unido como miembro a la cabeza en un cuerpo místico que es la Iglesia Madre, fuiste sentado a la mesa de los hijos para participar en el banquete de esta vida divina que corre por las venas de tu alma.

Piensa que el mayor de todos los males o el mayor cúmulo de desgracias, tragedias y condenaciones que pudieran acaecerte en tu vida es muy poco, o incluso nada, en comparación con el mal infinitamente más grave del que te salva el bautismo.

Aviva, con delicada gratitud y veneración, la gracia de ese insondable misterio de Dios que te comunicó tu bautismo y cuya huella indeleble nada ni nadie te pueden quitar.

Aviva esa presencia activa y viva del Espíritu Santo que recibiste en el bautismo y cuyos dinamismos van imprimiendo en ti, de forma cada vez más nítida y transparente, la imagen, el rostro, la forma de ese Cristo en quien fuiste sepultado y crucificado una vez para siempre.

Tu bautismo es un don, pero también una tarea. Vive ese don con la responsabilidad grave de quien guarda en sus manos un talento único y precioso. Vive tu bautismo con coherencia y unidad de vida, para que en ella irradies la belleza y el atractivo de esa gracia bautismal que tanto te asemeja a tu Dios.

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15 de octubre
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

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Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios

Nace Teresa en Ávila el 28 de marzo de 1515. A los dieciocho años, entra en el Carmelo. A los cuarenta y cinco años, para responder a las gracias extraordinarias del Señor, emprende una nueva vida cuya divisa será: «O sufrir o morir».

Es entonces cuando funda el convento de San José de Ávila, primero de los quince Carmelos que establecerá en España. Con san Juan de la Cruz, introdujo la gran reforma carmelitana.

Sus escritos son un modelo seguro en los caminos de la plegaria y de la perfección. Murió en Alba de Tormes, al anochecer del 4 de octubre de 1582. Pablo VI la declaró doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.

ACORDÉMONOS DEL AMOR DE CRISTO

Del Libro de su vida, de santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

Con tan buen amigo presente –nuestro Señor Jesucris­to–, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Hu­manidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.

Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majes­tad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros.

Este Señor nuestro es por quien nos vie­nen todos los bienes. Él lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.

¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí.

Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús­, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.

Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.

Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor.

Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón de este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.
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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (5)

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Catequista y mensajera de paz

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día quinto:

Magdalena, colaboradora eficaz de los misioneros.

Magdalena es desde el principio el brazo derecho de los padres Francisco y Vicente. Vive en su casa, formando una familia, les sirve con amor casto y se une a sus rezos. Es el enlace de los padres con los cristianos. Los conduce de noche a casa de de los enfermos y moribundos, o de los que tienen necesidad de sacramentos. Su buena formación religiosa, su natural simpatía, su ardiente amor a Cristo, su afán por dar a conocer a su Amado, le convierten en una catequista sin igual, en una mensajera de paz.

Su vida y la vida de los padres, no está exenta de peligros, sino todo lo contrario. Son tiempos de persecución, y de martirio de cuantos caen en las manos de los esbirros de los gobernadores de Nagasaki. Los padres y la misma Magdalena se ven envueltos en continuos peligros. Cambian continuamente de casa y no saben dónde poner los pies.

En 1626, deciden separarse los padres: Francisco va al norte del Japón; Vicente queda en Nagasaki. Y junto a él, Magdalena. Y con él continúa su misión de apostolado. El abundante trabajo y la desolación que se abate sobre los cristianos no logran abatir el ánimo de Magdalena y de su padre espiritual.

El 8 de septiembre de 1628 Magdalena asiste a un nuevo espectáculo horrible: plantada una hilera de 12 columnas rodeadas de leña húmeda, atan en ellas a otros tantos cristianos. Delante de las columnas, otra hilera de 12 víctimas. A un golpe de espada, las cabezas ensangrentadas caen a los pies de los que después son quemados vivos.

En estas circunstancias, hay cabezas de familia, que momentáneamente reniegan de la fe. Pero pronto, bajo la acción de los misioneros y catequistas, la proclaman de nuevo. Es ésta la principal ocupación de Magdalena. Conoce a todos los cristianos y todos la respetan. Recorre ansiosa los hogares, anima a los caídos a levantarse, les echa en cara su traición, les hace ver la brevedad de la vida, la gloria que les espera si perseveran en la fe aun a costa de su sangre. Sus palabras son fuego que encienden los ánimos, y a la vez bálsamo que cura las heridas e infunde fuerza y serenidad.

El padre Francisco vuelve a Nagasaki, y los dos misioneros, con la preciosa ayuda de la incansable Magdalena, logran sostener a la dispersa cristiandad de Nagasaki. Atraen, además, a cientos, a terciarios y cofrades de la correa de la Consolación.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por el aumento y perseverancia de los catequistas, sobre todo en los territorios de misión, para que colaboren asiduamente a la extensión del reino de Cristo. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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Novena al Señor de los Milagros, día segundo

octubre 14, 2018

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Procesión del Señor de los Milagros en su paso por la Plaza Mayor de Lima

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NOVENA AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Con reflexiones sobre la Santísima Trinidad

  1. Señal de la cruz

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

  1. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

  1. Oración preparatoria para todos los días: Postrados ante el Señor de los Milagros. Adoración y petición.

Señor de los Milagros, me postro a tus pies y te reconozco como mi Salvador y mi Dios. Te adoro y te pido la gracia de hacer devotamente esta Novena en tu honor.

Te doy gracias, Señor Jesús, porque tú bajaste del cielo y viniste al mundo para demostrarnos cuánto nos ama el Padre, Dios invisible. Divino Jesús, tú sabías que el Padre desea que todos sus hijos se salven y tengan vida en abundancia.

Por eso, te ofreciste voluntariamente para cumplir la misión de Mesías y Salvador de todos los hombres. Eso fue lo que más te gustó. Nadie te obligó, a no ser tu amor incondicional y fiel a tu Padre Dios.

Señor Jesús, desde lo más íntimo de mi corazón te agradezco que te encarnaras y te hicieras hombre como uno de nosotros, igual en todo a nosotros, menos en el pecado. Te reconozco como mi Señor y mi Dios y te admiro por tu generosidad y tu solidaridad con los hombres.

Señor de los Milagros, mi Redentor, te bendigo y te alabo por tu bondad y tierna compasión hacia los hombres. Tú eres el puente entre Dios y los hombres. A través de ti, Señor Jesús, todos tenemos acceso seguro y directo al Padre Dios.

Por eso, Padre Santo, yo me postro en tu presencia, te adoro y te bendigo pues tú eres digno de toda bendición en el cielo y en la tierra. A ti la gloria y el poder porque gobiernas el mundo con sabiduría y misericordia. Tú eres el Creador, el Amo y Señor: Todo está en tus manos y nada está perdido.

Gracias, Padre, por enviarnos a tu propio Hijo y también al Espíritu Santo derramado en nuestros corazones. Este Espíritu nos conduce a la Verdad total que nos trajo Jesucristo. El Espíritu Santo habla con suavidad y poder a nuestro espíritu asegurándonos que somos hijos amados del Padre y hermanos entrañables de Cristo. Él nos hace clamar ¡Abba, Padre!

Por eso, Padre de bondad, como hijos tuyos que somos en tu Hijo bendito, te pedimos que nos envíes el Espíritu. Ven, pues, Espíritu Santo, y llénanos del amor del Padre y del Hijo. Ven, dulce huésped del alma. Ven, Padre amoroso del pobre, y no pases de largo en esta Novena. Déjanos la huella de la santa unción que nos da fe, vida y salud.

Te pedimos, Espíritu Vivificador, que durante estos días podamos saborear el amor personal e incondicional del Padre Dios y la dulzura inefable de su bendito hijo Jesucristo, el Señor de los Milagros. Amén.

  1. Consideraciones bíblico-teológicas para cada día de la Novena:

DÍA SEGUNDO: El Hijo de Dios, el Verbo increado

Ayer contemplamos la Imagen del Señor de los Milagros en su referencia al Misterio de la Santísima Trinidad. Hoy deseamos acercarnos al misterio de la identidad del Nazareno clavado en la cruz. ¿Quién es?

La fe nos asegura que “El Crucificado” es Dios y hombre a la vez, es el Verbo, la Palabra, el Hijo de Dios, y también en él adoramos a Jesucristo, el nuevo Adán que ha resucitado, ha subido al cielo, se ha sentado a la derecha de Dios Padre y nos ha enviado el Espíritu Santo.

Según esto, en Dios Hijo distinguimos tres estados de existencia, sin detrimento de su única Personalidad e Identidad divina:

– El Verbo increado o eterno que vive junto al Padre desde siempre y por siempre.

– El Verbo encarnado, Dios y hombre a la vez: Jesús de Nazaret

– El Señor Jesucristo, Cristo Resucitado, Cabeza de la nueva creación.

1.- El dato bíblico de la relación de Jesús con su Padre Dios

Podemos hablar del Verbo eterno porque Jesús, un hombre como nosotros, con una historia personal y familiar bien concreta, se presentó en el mundo asegurando que él conocía a Dios eternamente, porque venía del cielo y había sido enviado por Dios a quien llamaba con toda su alma y verdad “Padre”.

Los discípulos de Jesús fueron testigos de esta experiencia única, la creyeron y la predicaron a la Iglesia; también la pusieron por escrito, sobre todo Juan evangelista, como patrimonio espiritual de la comunidad cristiana.

Escribe, en efecto: Al principio existía el Verbo, la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Vino a este mundo a dar testimonio de la verdad. Nosotros hemos conocido la Palabra, la hemos visto y oído, la hemos tocado con nuestras propias manos. Y damos testimonio de la misma. Y sabemos que decimos la verdad. Damos testimonio para que ustedes crean lo mismo que nosotros… y sabemos que decimos la verdad (Jn 1, 1 ss.; 1 Jn 1, 1 ss.)

Desde la experiencia del Jesús histórico que los discípulos recordaban y guardaban celosamente y con la ayuda de la vivencia pascual nos remontamos hasta la vida intratrinitaria de “ese Nazareno”, vida escondida en Dios antes de los siglos.

Jesús vivió en constante comunicación con su Padre Dios. Se sentía enviado por él para salvar a todos los hombres. No tenía un proyecto ni un mensaje propio, sino el mismo del Padre. Sólo hablaba de lo que había visto y oído junto al Padre, sólo predicaba lo que el Padre le había revelado, sin aumentarle ni quitarle nada. Su doctrina no era suya. Su alimento era cumplir la voluntad de su Padre, porque sólo él es bueno, lo sabe todo y lo gobierna todo con sabiduría y amor.

Esta familiaridad de Jesús con su Padre Dios tenía tan impactados a los discípulos que un buen día, Felipe le dijo a Jesús: Muéstranos al Padre y eso nos basta, no te preguntaremos más cosas, seguro que eso será suficiente para nosotros.

Jesús le respondió: ¿No te has dado cuenta, Felipe, de que el Padre y yo somos uno? Quien me ve a mí, ve al Padre, quien me conoce, conoce al Padre. Jesús y el Padre están íntimamente unidos, viven en plena comunión (Jn 14, 8, ss.)

2.- Formulación eclesial y teológica de esa relación “misteriosa”

Acogiendo estos elementos bíblicos y las enseñanzas de la primitiva Iglesia los teólogos nos han ayudado a comprender mejor el misterio de la Santísima Trinidad, y más en concreto la relación entre el Padre y el Hijo. Gracias a eso creemos en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo.

Así, afirmamos que nuestro Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Dios uno y trino a la vez no es un individuo o una personalidad única, sino una familia, una comunidad: Un solo Dios, sí, pero en tres personas distintas iguales en su ser y dignidad. Dios es comunión o intercomunicación de las tres divinas personas.

En Dios, ser y existir es a la vez, es lo mismo, desde siempre e infinitamente. Dios Padre existe porque tiene un Hijo. No existe primero como Dios y después se hace Padre. No. El Padre, desde siempre engendra al Hijo, y a él le da todo, sin reservarse nada, excepto su relación o referencia al Hijo. No tiene nombre propio. Su nombre como su entidad personal es esencialmente referencial. Si no tuviera al Hijo, no existiría.

Y ese Padre es Dios porque no existen más formas de ser “padre”, otras maneras de ser origen, amor, dador de vida, que engendra, que afirma, que protege, que sostiene… El Padre es Dios porque genera toda forma de “paternidad”, realiza todas las formas de paternidad y acaba, agota, todas las posibles maneras de ser “padre”, origen, dador de vida… Por eso, es “Dios” porque no queda ninguna “paternidad” fuera de él… Todo lo da al Hijo, esencialmente, desde siempre y, por siempre, eterna e infinitamente, sólo hace eso, y nada más… de una manera simplicísima y purísima: Es la “paternidad en persona, en esencia y eternamente”.

Respecto de Dios Hijo, afirmamos algo parecido: Dios Hijo existe porque tiene un Padre. No existe primero como Dios y después se hace Hijo. No. El Hijo, el Verbo, la Palabra, desde siempre es engendrado por Dios Padre y desde siempre está vuelto al Padre, adorándolo, glorificándolo, dándole todo su amor y ternura, sin reservarse nada, excepto su relación o referencia al Padre, o su relación filial. No tiene nombre propio, es decir, existir primero como algo consistente, sólido y autosuficiente en sí, y después “darse” al Padre, no; tiene nombre común, “hijo” o engendrado. Si no tuviera al Padre, no existiría. Si no tuviera una referencia esencial al Padre, no existiría.

Y ese Hijo es Dios porque no existen más formas de ser “hijo”, engendrado, amado, respetuoso, obediente, que glorifica, que cumple la voluntad del Padre… El Hijo es Dios porque genera toda forma de “filiación”, de sumisión obsequiosa y libre, dependiente esencialmente, porque realiza todas las formas posibles de obediencia y acaba, agota, todas las formas de ser “hijo bien nacido y agradecido”, fiel, amoroso, entregado, tierno…

Por eso, el Hijo es “Dios” porque no queda ninguna “forma de filiación” fuera de él… Todo lo agradece al Padre, está esencial y totalmente vuelto al Padre, adorándolo, desde siempre y, por siempre, eterna e infinitamente, sólo hace eso, y nada más… de una manera simplicísima y purísima: Es la “filiación en persona, en esencia y eternamente”.

Escribe el P. Nereo Silanes: “Si el Padre es sólo Padre, el Hijo es sólo Hijo. Ser Hijo, en la segunda persona de la Trinidad es el mismo ser divino en su plenitud infinita, en entrega filial. El Padre es sólo Padre, pero el Hijo, de igual forma, es sólo Hijo, constitutivamente Hijo. Todo su ser divino es filial. ¿Y qué es ser Hijo? Estar recibiendo constantemente la divinidad del Padre, ser engendrado ininterrumpidamente por el Padre… El Hijo… nunca sale del Padre. Ser Padre y ser Hijo en la Trinidad se corresponden…” (El don de Dios, La Trinidad en nuestra vida; págs. 136 y 137).

3.- Teología trinitaria

El Padre da todo lo que es, se autodona desde siempre… El Hijo devuelve todo lo recibido, toda su sustancia, filialmente. “Ser Padre constitutiva y esencialmente es comunicar toda su riqueza infinita al Hijo; y ser Hijo constitutiva y sustancialmente es eso: no ser nada más que Hijo: entregarse plena y totalmente al Padre” (Ibíd., pág. 137).

Tanto el Padre como el Hijo descansan en esa comunión, son un don mutuo y gratuito en el Espíritu Santo sin distracción, sin fluctuación, sin dispersión, sin egoísmo ni rivalidad… de manera simplicísima y recíproca, plena, generosa y amorosa, total, desde siempre y para siempre.

Así, en Dios Hijo todo su ser filial es estar vuelto, estar volviendo, estar contemplando, agradeciendo al Padre… diciéndole “tú eres mi Padre”, soy tu Hijo amado, sólo tu Hijo… Es lo que más me gusta. Todo es poco para agradecerte suficientemente, por eso te obedezco en todo, es mi delicia cumplir tu voluntad, me ofrezco totalmente, qué quieres de mí, en qué te puedo agradar… Aquí estoy para hacer tu voluntad… (Is 6, 8 ss.).

Eternamente el Padre Dios se dirige al Hijo para expresarle todo su amor hacia dentro de la Santísima Trinidad, y también hacia fuera. Y el Hijo también eternamente responde al Padre. Por tanto “dialogan” entre ellos o mejor “trialogan” porque se comunican en el Espíritu. Y así el Padre le expresa al Hijo que todo lo que él pueda imaginar y crear lo hará siempre a través del Hijo, contando con él, por medio de él, según su peculiaridad filial… y asegurándole que por él y en él encontrarán entidad y consistencia todas las cosas… y que sólo aceptará gloria de parte de la creación a través de él y por él, pues en él ha fundado todas las cosas y les da consistencia (Jn 14, 10 y ss.; 17, 1 y ss.).

Todo cuanto existe fuera de la Trinidad ha sido creado en el Hijo, a través del Verbo, de la Palabra. Por tanto, de alguna manera tiene relación estrecha con el Hijo, es como una prolongación del Verbo ya que nada ha sido creado fuera de él. El Verbo, por ser horma o molde de la creación, es causa ejemplar de la misma, y también causa final pues todo debe volver al Padre por medio de él y en la medida en que se parezca a él será salvo y grato a Dios Padre.

Y cuando el hombre se aparta del proyecto de Dios por el pecado, el Padre le confía al Hijo su preocupación: ¿A quién enviaré, quién irá por mí, cómo hacerle entender al hombre su gran equivocación, cómo hacerle volver a la casa paterna? (Is 6, 8. Salmo 11).

Y el Hijo se ofrece y responde inmediatamente: Aquí estoy, yo iré, dame un cuerpo y mándame a mí, yo iré y les hablaré de ti y te los devolveré para que tu casa se llene de invitados y tu banquete no sea despreciado (Hebreos, 10, 5-7. Salmo 40; Jn 17, 1-5).

En la Biblia, la segunda persona de la Trinidad toma diversos nombres que nos ayudan a comprender y gustar la realidad bendita del Hijo de Dios, el engendrado por el Padre desde siempre. Los enumeramos someramente: Palabra del Padre, Verbo, del latín, o Logos en griego. Es la mente o inteligencia del Padre, el lenguaje del Padre, su gesto o su rostro. Es impronta de su sustancia. Imagen, manifestación o esplendor del Padre.

El Hijo del Padre es conocido como la sabiduría divina en persona, es amable, pacífica, dulce, paciente, humilde, amante de los hombres, casta, noble… (Prov 8, 22; Eclesiástico, 24, 1 y ss.; Sab 7, 21 y ss.; Prov. 9, 1-6).

La Palabra de Dios es revelación del Padre, proyección y sacramento, icono del Padre, es el amén al Padre y el amén de los hombres a Dios. Es también la bendición descendente desde el Padre y bendición ascendente desde los hombres al Creador.

  1. Peticiones o plegaria universal 
  • Dios Padre todopoderoso y eterno, a quien nadie ha visto jamás, te damos gracias porque te ha parecido bien revelarte a nosotros a través de tu propio Hijo Jesucristo; haz que sepamos agradecerte esta condescendencia admirable. Roguemos al Señor. Te lo pedimos, Señor.
  • Gracias, Padre santo, porque enviaste a tu Hijo al mundo para darnos a conocer tu misterio inefable. Concédenos acoger a tu Hijo con amor y creer en su palabra y testimonio. Roguemos al Señor…
  • Padre todopoderoso, que todos los hombres reconozcan que tú, con el Hijo y el Espíritu Santo eres uno, para que crean, esperen y amen al Dios único y verdadero, Roguemos al Señor…
  • Padre eterno, que a través de tu Hijo has creado todas las cosas y con el Espíritu Santo todo lo gobiernas y diriges, haz que sepamos cuidar del mundo en que vivimos, Roguemos al Señor…
  • Señor de los Milagros, honrado, venerado y adorado por generaciones de peruanos dentro y fuera del territorio patrio, bendice al Perú y al mundo entero, para que todos los hombres se salven. Roguemos al Señor…
  • Señor Jesús, te adoramos y te bendecimos porque con tu santa cruz has redimido el mundo. Ayúdanos a colaborar con los sacerdotes para que todos lleguemos al conocimiento de la verdad. Roguemos al Señor…
  • Espíritu Santo, don del Padre y del Hijo, ven a iluminar a todos los que estamos rezando esta novena a fin de que conozcamos mejor el amor del Padre y del Hijo, Roguemos al Señor…
  • Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener en esta Novena (Pausa) Roguemos al Señor…
  1. Padre nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).
  2. Oración final para todos los días

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro y te bendigo como mi único Señor y mi Dios. Me postro ante tu divina majestad y me rindo totalmente en tu presencia como criatura tuya que soy y también como hijo tuyo en tu bendito Hijo Jesucristo.

Te adoro, mi único Dios y Señor, y te entrego toda mi libertad. Quiero pertenecerte en cuerpo y alma y me consagro íntegramente a tu divina voluntad y misericordia. Te entrego todas mis facultades y pongo ante ti todas mis posibilidades: Deseo hacer siempre tu santa voluntad, pues te confieso como mi único amo y señor. Quiero andar en tu presencia toda mi vida. No quiero vivir dividido, disperso, y renuncio a toda actitud o conducta que me separe y me aparte de ti.

Padre de bondad infinita, te consagro mi memoria y quiero recordar y considerar siempre lo que tú esperas de mí. Deseo vivir, Padre Santo, según las expectativas, planes y proyectos que, desde toda la eternidad, has acariciado, soñado y pensado sobre mí. Que nada me distraiga y me aparte de ese proyecto misterioso. Quiero que estés orgulloso de mí como lo estás de tu amado Hijo, Jesús.

A ti, Señor Jesús, Señor de los Milagros, te consagro mi entendimiento y toda mi capacidad de pensar, discurrir y soñar. Tú eres mi sabiduría y mi ciencia. En ti, divino Maestro, quiero aprender todos los secretos y todo el saber. En ti encuentro el sentido más pleno de mi vida y de mi existencia. No quiero saber ni entender nada fuera de ti. Tú eres mi luz, vida y esperanza. Renuncio a buscar al margen de ti razones para vivir y esperar.

A ti, Espíritu Consolador, te entrego toda mi voluntad. Te consagro toda mi capacidad de gozo y felicidad. Que sólo en ti encuentre alegría y contento. Dame, Espíritu Santo, gusto en las cosas santas. Dame la vida eterna, que es conocer de verdad y saborear el amor del Padre y del Hijo. Hazme sentir la belleza y la bondad de la vida cristiana, y valorar la sabiduría de la Cruz. Líbrame de la mentira y de la vanidad del mundo presente.

Ven, Espíritu Vivificador, y mira mi pequeñez, ten compasión de mí, Padre amoroso del pobre: Ven a iluminar lo que está oscuro en mí, ven a enderezar lo torcido, a calentar lo frío, a endulzar lo amargo, en fin a sanar mis heridas. Ven, Espíritu Santo, a pacificar a los violentos, a reconciliar a los enemistados, a robustecer a los débiles, a vivificar lo que languidece, y finalmente, a resucitar a los que están muertos.

Padre Santo, por tu bendito Jesús, derrama el Santo Espíritu sobre toda carne, sobre tu santa Iglesia, sobre el Perú y de manera especial sobre todos los devotos del Señor de los Milagros, y sobre los que estamos haciendo esta Novena en su honor. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

  1. Himno al Señor de los Milagros

Señor de los Milagros, a ti venimos en procesión
tus fieles devotos, a implorar tu bendición (bis)

Faro que guía, da a nuestras almas
la fe, esperanza, la caridad;
tu amor divino nos ilumine,
nos haga dignos de tu bondad.

Señor de los Milagros, a ti venimos en procesión
tus fieles devotos, a implorar tu bendición (bis)

Con paso firme de buen cristiano
hagamos grande nuestro Perú,
y unidos todos como una fuerza
te suplicamos nos des tu luz.

Señor de los Milagros, a ti venimos en procesión
tus fieles devotos, a implorar tu bendición (bis)

Letra y música: Isabel Rodríguez Larraín

 

 


El maná de cada día, 11.10.18

octubre 11, 2018

Jueves de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Primer día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Llama con tu oración, el Señor quiere dar

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 3, 1-5

¡Insensatos gálatas! ¿Quién os ha embrujado? ¡Y pensar que ante vuestros ojos presentamos la figura de Jesucristo en la cruz!

Contestadme a una sola pregunta: ¿recibisteis el Espíritu por observar la ley o por haber respondido a la fe?

¿Tan estúpidos sois? ¡Empezasteis por el espíritu para terminar con la carne!

¡Tantas magníficas experiencias en vano! Si es que han sido en vano.

Vamos a ver: Cuando Dios os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿por qué lo hace? ¿Porque observáis la ley o porque respondéis a la fe?


SALMO: Lucas 1, 69-70.71-72.73-75

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.


Aclamación antes del Evangelio: Hch 16, 14b

Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos:

«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.”

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

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No nos exhortaría tan insistentemente a pedir, si no quisiera dar

San Agustín, Sermón 105, 1-4

Hemos oído la exhortación de nuestro Señor, maestro celeste y fidelísimo consejero, que nos exhorta a que le pidamos y nos da cuando le pedimos. Le hemos escuchado en el evangelio, donde nos exhortaba a pedir con insistencia y a llamar hasta parecer impertinentes. En esa dirección nos puso un ejemplo.

«Si uno de vosotros tuviese un amigo a quien pidiese tres panes por habérsele presentado en casa otro amigo que viene de viaje, y hallarse sin nada que ofrecerle, si aquél le respondiera que ya está descansando y con él sus criados y que por tanto, no ha de molestarle; si, con todo, él insiste y persevera llamando, sin acobardarse por la indelicadeza, al contrario, forzado por la necesidad, el otro se levantará, sino por la amistad, al menos por su tozudez y le dará cuantos panes quisiere»

¿Cuántos quiso? Solamente tres. El Señor añadió una exhortación a la parábola; en ella nos estimuló ardientemente a pedir, buscar y llamar hasta conseguir lo que pedimos, lo que buscamos y aquello por lo que llamamos, sirviéndose de un ejemplo, por contraste: El del juez que, a pesar de no temer a Dios ni sentir respeto alguno por los hombres, ante la insistencia cotidiana de cierta viuda, vencido por el cansancio, le dio refunfuñando lo que no supo otorgar como favor.

Nuestro Señor Jesucristo, que con nosotros pide y con el Padre da, no nos exhortaría tan insistentemente a pedir si no quisiera dar. Avergüéncese la desidia humana: está más dispuesto él a dar que nosotros a recibir; más ganas tiene él de hacernos misericordia que nosotros de vernos libres de nuestras miserias. Y quede bien claro: si nos exhorta, lo hace para nuestro bien.

Estemos vigilantes y demos fe a quien nos exhorta. Cumplamos con quien promete y alegrémonos con quien da. Quizá también a nosotros se nos presentó un amigo que venía de viaje y no teníamos qué darle; en nuestra necesidad, recibimos para él y para nosotros. Es casi imposible que uno no haya topado con un amigo que le pregunta algo a lo cual no sabe responder. La necesidad de dar le mostró su carencia.

Se te presenta un amigo que está de viaje, es decir, de viaje por esta vida, por la que todos pasamos como peregrinos, pues ninguno permanece en ella como dueño, sino que a todo hombre se le dice: Reparaste tus fuerzas, sigue, ponte en camino y deja tu sitio al que viene detrás (Eclo 29, 33). O quizá es otro amigo tuyo que viene de un mal viaje, es decir, de una mala vida, fatigado por no haber encontrado la verdad, oída y conocida la cual alcance la felicidad, y cansado y extenuado en medio de toda la concupiscencia y carestía del mundo, quien viene a ti y te dice: «Dame razón de tu fe; hazme cristiano».

Quizás te pregunta lo que ignoras debido a la simplicidad de tu fe; no tienes, por tanto, con qué reparar las fuerzas del hambriento y su demanda te sirvió de toque de atención para conocer tu indigencia. Y por ello, al querer enseñarle, te ves obligado a aprender. Y la confusión en que te pone quien no encontró en ti lo que esperaba, te fuerza a buscar para merecer encontrar.

¿Y dónde buscarás? ¿Dónde sino en los libros del Señor? Quizá lo que te preguntó se halla en el libro, pero está oscuro. Quizá lo dijo el Apóstol en alguna de sus cartas, pero, aunque puedes leerlo, no consigues entenderlo; no se te permite, pues, pasar adelante.

Pero quien te pregunta, sigue urgiendo; a ti, en cambio, no se te permite preguntar directamente a Pablo o a Pedro o a algún otro profeta. Esta familia descansa con su Señor. La ignorancia de este siglo es grande, es decir, es la medianoche y el amigo hambriento apremia. Quizá a ti te bastaba una fe sencilla, pero no a él. ¿Por ventura, hay que abandonarlo? ¿Hay que arrojarlo, acaso, de casa?

Llama con tu oración al Señor mismo con quien descansa su familia; pide, insiste. No necesita ser vencido por la importunidad, como el amigo aquél, para levantarse y darte. Él quiere dar. Si, aun llamando, no has recibido nada, sigue llamando, pues desea dar. Difiere el dar lo que desea dar para que al diferirlo lo desees más ardientemente, no sea que otorgándotelo luego, te parezca vil.

Cuando hayas conseguido los tres panes, es decir, el alimento que es el conocimiento de la Trinidad, tendrás con qué vivir tú y con qué alimentar al otro. No tengas miedo de que venga un peregrino de viaje; al contrario, hazle miembro de tu familia recibiéndolo. No temas tampoco que se te acaben las provisiones.

Ese pan no se termina; antes bien, terminará él con tu indigencia. Es pan, y es pan, y es pan: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espiritu Santo. Inmutable el Padre, inmutable el Hijo e inmutable el Espíritu Santo; eterno el Padre, coeterno el Hijo y coeterno el Espíritu Santo; Creador tanto el Padre, como el Hijo, como el Espíritu Santo; pastor y dador de vida tanto el Padre, como el Hijo, como el Espíritu Santo. Alimento y pan eterno el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Aprende esto tú y enséñalo. Vive de él tú y alimenta al otro. Dios, que es quien da, no puede darte otra cosa mejor que a sí mismo. ¡Avaro! ¿Qué otra cosa deseas? Si pides algo más, ¿qué te ha de bastar, si Dios no te basta? Mas, para que pueda serte dulce lo que te da, es necesario que poseas caridad, que tengas fe, que tengas esperanza. Son dones también de Dios.


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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (1)

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Rito de entrada para todos los días

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día primero

Comienzo del cristianismo en el Japón. Persecución.

El 15 de agosto de 1549 desembarcaba san Francisco Javier en las costas del Japón. Además del padre Cosme de Torres, le acompañaban tres jóvenes japoneses, que había convertido en Malaca. Javier comenzó a predicar el Evangelio y a bautizar a los primeros cristianos de las islas. Estuvo en Japón dos años escasos.

Pero el surco abierto por él fue fecundado por los misioneros jesuitas hasta fines del siglo XVI. Después, se unieron misioneros de otras órdenes: franciscanos, dominicos, agustinos. Y pudieron predicar con relativa paz y tranquilidad el Evangelio hasta la segunda década del siglo XVII.

En torno al 1613, se desencadenó la terrible persecución contra los católicos y contra los misioneros españoles y portugueses. Es difícil describir sucintamente la historia del largo calvario que sufrió la naciente Cristiandad del Japón durante unos cincuenta años.

Los historiadores están de acuerdo en afirmar que la persecución japonesa fue mucho más sistemática, refinada y cruel que la persecución de los primeros siglos de la Iglesia.

Los japoneses no deseaban crear mártires. Hubieran quedado despobladas diversas ciudades. Les interesaba hacer apóstatas. El edicto del Shogun Ieyashu de 1614 ordenaba eliminar “sin pérdida de tiempo a todos los cristianos, de tal manera que no tengan lugar donde poner los pies”.

Cuantos se negaran a apostatar del cristianismo, serían condenados a muerte. Los misioneros extranjeros debían abandonar inmediatamente el país. Había en Japón en aquel entonces unos 150 misioneros. Casi todos fueron concentrados en Nagasaki y después expulsados del país.

Quedaron escondidos en Japón unos 42 misioneros. A la expulsión siguió la destrucción de las iglesias, cruces, cementerios y de toda clase de símbolos cristianos. Y la iglesia del Japón escribió una de las más gloriosas páginas de la historia de martirio de la Iglesia católica.

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Oración de los fieles para todos los días

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.

R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos…

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos...

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos...

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos...

Para añadir a la oración comunitaria

Por todos los agustinos recoletos seglares, para que sepamos vivir con autenticidad nuestra consagración y para que nuestra vida atraiga a muchos a seguir a Cristo más de cerca. Oremos...

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y poder participar con ella de tu gloria por la eternidad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.



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El maná de cada día, 10.10.18

octubre 10, 2018

Miércoles de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Santo Tomás de Villanueva, obispo

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La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 2, 1-2.7-14

Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén en compañía de Bernabé, llevando también a Tito. Subí por una revelación. Les expuse el Evangelio que predico a los gentiles, aunque en privado, a los más representativos, por si acaso mis afanes de entonces o de antes eran vanos.

Al contrario, vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles, como a Pedro de anunciarlo a los judíos; el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos me capacita a mí para la mía entre los gentiles.

Reconociendo, pues, el don que he recibido, Santiago, Pedro y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de solidaridad, de acuerdo en que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos. Una sola cosa nos pidieron: que nos acordáramos de sus pobres, esto lo he tomado muy a pecho.

Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible. Antes de que llegaran ciertos individuos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquéllos, se retrajo y se puso aparte, temiendo a los partidarios de la circuncisión. Los demás judíos lo imitaron en esta simulación, tanto que el mismo Bernabé se vio arrastrado con ellos a la simulación.

Ahora que cuando yo vi que su conducta no cuadraba con la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: «Si tú, siendo judío, vives a lo gentil y no a lo judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías?»


SALMO 116, 1.2

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Rm 8, 15bc

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «!Abba¡, Padre.»


EVANGELIO: Lucas 11, 1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”»


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PADRE NUESTRO

P. Francisco Fernández Carvajal

Oración y fraternidad

La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos. El recogimiento y la soledad interior no son obstáculo para que, de algún modo, los demás hombres estén presentes mientras oramos. El Señor nos enseñó a decir Padre nuestro, porque compartimos la dignidad de hijos con todos nuestros hermanos.

Padre nuestro. Y el Señor ya nos había dicho28 que si en el momento de orar nos acordáramos de que uno de nuestros hermanos tenía alguna queja contra nosotros, debíamos primero hacer las paces con él. Entonces aceptaría nuestra ofrenda.

Tenemos derecho a llamar Padre a Dios si tratamos a los demás como hermanos, especialmente a aquellos con quienes nos unen lazos más estrechos, con los que más nos relacionamos, con los más necesitados…, con todos. Porque si alguno dice: amo a Dios, pero aborrece a su hermano, escribe San Juan, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve29.

«No podéis llamar Padre nuestro al Dios de toda bondad –señala San Juan Crisóstomo–, si conserváis un corazón duro y poco humano, pues, en tal caso, ya no tenéis en vosotros la marca de bondad del Padre celestial»30.

Cuando decimos a Dios: Padre nuestro no le presentamos solamente nuestra pobre oración, sino también la adoración de toda la tierra. Por la Comunión de los Santos sube ante Dios una oración permanente en nombre de la humanidad. Oramos por todos los hombres, por los que nunca supieron orar, o ya no saben, o no quieren hacerlo.

Prestamos nuestra voz a quienes ignoran o han olvidado que tienen un Padre todopoderoso en los Cielos. Damos gracias por aquellos que se olvidan de darlas. Pedimos por los necesitados que no saben que tienen tan cerca la fuente de las gracias.

En nuestra oración vamos cargados con las inmensas necesidades del mundo entero. En nuestro recogimiento interior, mientras nos dirigimos a nuestro Padre Dios, nos sentimos como delegados de todos los que padecen necesidad, especialmente de aquellos que Dios puso a nuestro lado o a nuestro cuidado.

También nos será de gran consuelo considerar que cada uno de nosotros participa de la oración de todos los hermanos. En el Cielo tendremos la alegría de conocer a todos aquellos que intercedieron por nosotros, y también la cantidad incontable de cristianos que ocupaban nuestro lugar cuando nos olvidábamos de hacerlo, y que de este modo nos han obtenido gracias que no hemos pedido. ¡Cuántas deudas por saldar!

La oración del cristiano, aunque es personal, nunca es aislada. Decimos Padre nuestro, e inmediatamente esta invocación crece y se amplifica en la Comunión de los Santos.

Nuestra oración se funde con la de todos los justos: con la de aquella madre de familia que pide por su hijito enfermo, con la de aquel estudiante que reclama un poco de ayuda para su examen, con la de aquella chica que desea ayudar a su amiga para que haga una buena Confesión, con la de aquel que ofrece su trabajo, con la del que ofrece precisamente su falta de trabajo.

En la Santa Misa, el sacerdote reza con los fieles las palabras del Padrenuestro. Y consideramos que, con las diferencias horarias de los distintos países, se está celebrando continuamente la Santa Misa y la Iglesia recita sin cesar esta oración por sus hijos y por todos los hombres. La tierra se presenta así como un gran altar de alabanza continua a nuestro Padre Dios por su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo.

28 Cfr. Mt 5, 23. — 29 1 Jn 4, 20. — 30 San Juan Crisóstomo, Homilía sobre la puerta estrecha.

http://www.homiletica.org


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10 de octubre
Santo Tomás de Villanueva, obispo

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Santo Tomás de Villanueva. Luca Giordano, Museo di Capodimonte, Nápoles



Aun cuando sus padres vivieron en Villanueva de los Infantes, Tomás nació en Fuenllana, el año 1486. Estudió en la universidad de Alcalá, de la que, más tarde, fue maestro preclaro, dada su gran preparación en las ciencias humanas y sagradas.

Nombrado arzobispo de Valencia, fue un verdadero modelo de buen pastor, sobresaliendo por su caridad, pobreza, prudencia y celo apostólico. Murió el 8 de septiembre de 1555, y fue canonizado el año 1658.

Santidad e integridad de vida,
virtudes indispensables del buen prelado

De un sermón de santo Tomás de Villanueva, obispo, sobre el evangelio del buen Pastor

Nuestro Redentor, viendo la excelencia de las almas y el precio de su propia sangre, no quiso dejar el cuidado de los hombres, que tantos sufrimientos le causaron, al solo cuidado de nuestra prudencia, sino que quiere actuar con nosotros.

Por eso, dio a los fieles unos pastores, revistiéndolos de unos méritos que no tenían: entre ellos me encuentro yo, sostenido en mi indignidad por su infinita misericordia.

Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor.

En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño.

Luego, la vigilancia, para estar atento a las necesidades de las ovejas.

En tercer lugar, la doctrina, con el fin de poder alimentar a los hombres, hasta llevarlos a la salvación.

Y, finalmente, la santidad e integridad de vida. Ésta es la principal de las virtudes. En efecto, un prelado, por su inocencia, debe tratar con los justos y con los pecadores, aumentando con sus oraciones la santidad de unos y solicitando con lágrimas el perdón de los otros.

En cualquier caso, por los frutos se descubrirán siempre las condiciones indispensables del buen pastor.

Oración

Oh Dios, que quisiste asociar a santo Tomás de Villanueva, insigne por su doctrina y caridad, al número de los santos pastores de tu Iglesia, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer continuamente entre los miembros de tu familia santa. Por nuestro Señor Jesucristo.


El maná de cada día, 9.10.18

octubre 9, 2018

Martes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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No te quedes sin la mejor parte

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 1, 13-24

Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.

Pero, cuando aquel, que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco.

Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor. Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo. Fui después a Siria y a Cilicia.

Las Iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente; sólo habían oído decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir, y alababan a Dios por causa mía.

SALMO 138

Guíame, Señor, por el camino eterno.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras.

Conocías hasta el fondo de mi alma, no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.


ALELUYA: Lc 11, 28

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»


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EL AMOR NECESITA ORAR

No creas que la oración consiste sólo en repetir avemarías o en recitar padrenuestros. La oración es una necesidad del amor pues, cuando comienzas a gustar la intimidad de Dios, buscas estar con Él y deseas amarle. Poco sabe de verdadero amor quien no sabe de oración. Y poco conoce a Dios quien no le trata a solas, en la intimidad del silencio interior.

Porque, si no tratas a diario con Dios, terminas haciendo de Él una idea, cada vez más lejana y ajena a tu vida.

Entre los quehaceres diarios, has de reservar un tiempo para estar a solas con Dios y orar con Él. Es bueno fijar, para cada día de la semana, la hora y el lugar de tu oración. Y has de ser fiel a esa cita diaria, aunque no tengas ganas y no te apetezca, aunque tengas otras muchas cosas urgentes que hacer, aunque estés cansado, aunque te aburras y te distraigas.

De ese poco de agua que bebas cada día en la fuente de tu oración depende la fecundidad o esterilidad de esa tierra de tu alma, que cada día siembras de tanto activismo y dispersión. Pero, que tu oración no sea un cumplimiento voluntarista o interesado, una ocasión para alimentar tu vanidad y soberbia espiritual.

Una oración que nos hace creer que ya somos buenos, porque rezamos, que no nos mueve a cambiar de vida, o que no fructifica en obras concretas de santidad y de mucha renuncia a uno mismo, termina siendo un engaño espiritual y una puerta al más sutil puritanismo.

El amor necesita orar. No una vez; tampoco de vez en cuando. El amor necesita orar siempre, en todo, porque no puede dejar de amar siempre y en todo.

www.mater-dei.es


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Las Confesiones de san Agustín. IV, 15.24-27

octubre 8, 2018

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Por qué no comprendía lo espiritual (Conf. IV, 15.24-27)

24. Porque no acertaba aún a ver la clave de tan importante tema en tu arte, ¡oh Dios omnipotente!, obrador único de maravillas27, y así mi alma se iba por las formas corpóreas y definía lo bello diciendo que era lo que convenía consigo mismo, y apto, lo que convenía a otro, lo cual distinguía, y definía, y confirmaba con ejemplos materiales.

Pasé de aquí a la naturaleza del alma, pero la falsa opinión o concepto que tenía de las realidades espirituales no me dejaba ver la verdad. La misma fuerza de la verdad se me echaba a los ojos y tenía que apartar la mente palpitante de las cosas incorpóreas hacia las figuras, los colores y las magnitudes físicas; y como no podía ver estas cosas en el alma, juzgaba que tampoco era posible que viese mi alma.

Pero como yo amara en la virtud la paz y en el vicio aborreciese la discordia, notaba en aquélla cierta unidad y en éste una como división, pareciéndome residir en esta unidad el alma racional y la esencia de la verdad y del sumo bien, y en la división, no sé qué sustancia de vida irracional y la naturaleza del sumo mal, la cual no sólo era sustancia, sino también verdadera vida, sin proceder, sin embargo, de ti, Dios mío, de quien proceden todas las cosas. 

Y llamaba a aquélla mónada, como inteligencia asexuada; y a ésta, díada, en la que englobaba la cólera en los delitos y la libido en los vicios, sin saber lo que me decía. En realidad, no sabía aún ni había aprendido que ninguna sustancia constituye el mal, ni que nuestra inteligencia sea el sumo e inmutable bien.

25. Porque así como se cometen crímenes cuando el impulso del alma es vicioso y se precipita insolente y turbulento, y se dan los pecados cuando el afecto del alma, con que se alimentan los deleites carnales, es inmoderado, así también los errores y falsas opiniones contaminan la vida si la mente racional está viciada, cual estaba la mía entonces, que no sabía que debía ser ilustrada por otra luz para participar de la verdad, por no ser ella la misma cosa que la verdad.

Porque tú, Señor, iluminarás mi linterna; tú, Dios mío, iluminarás mis tinieblas28; y de tu plenitud recibimos todos29; porque tú eres la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo30, y porque en ti no hay mutación ni la más instantánea obscuridad31.

26. Yo me esforzaba por llegar a ti, pero era repelido por ti para que gustase de la muerte, porque tú resistes a los soberbios32. ¿Y qué mayor soberbia que afirmar con incomprensible locura que yo era lo mismo que tú en naturaleza?

Porque siendo yo mudable y reconociéndome tal —pues si quería ser sabio era por hacerme de peor mejor—, prefería, sin embargo, juzgarte mudable antes que no ser yo lo que tú. He aquí por qué era yo repelido y tú resistías a mi ventosa cerviz.

Yo no sabía imaginar más que formas corpóreas, y siendo carne acusaba a la carne; y siendo espíritu errante, no acertaba a volver a ti33; y caminando, marchaba hacia aquellas cosas que no son nada ni en ti, ni en mí, ni en el cuerpo; ni me eran sugeridas por tu verdad, sino que eran fingidas por mi vanidad según los cuerpos; y decía a tus fieles pequeñuelos, mis conciudadanos, de los que yo sin saberlo andaba desterrado; les decía yo, hablador e inepto: «¿Por qué yerra el alma, hechura de Dios?»; mas no quería que se me dijese: «Y ¿por qué yerra Dios?».

Y porfiaba en defender que tu sustancia inmutable obligada erraba, antes de confesar que la mía, mudable, se había desmandado espontáneamente y en castigo de ello andaba ahora en error.

27. Sería yo de unos veintiséis o veintisiete años cuando escribí aquellos volúmenes revolviendo dentro de mí puras imágenes corporales, cuyo ruido aturdía los oídos de mi corazón, los cuales procuraba yo aplicar, ¡oh dulce verdad!, a tu interior melodía, pensando en Lo bello y lo conveniente y deseando estar ante ti, y oír tu voz, y gozarme con gran alegría por la voz del esposo34; pero no podía, porque las voces de mi error me arrebataban hacia afuera y con el peso de mi soberbia caía de nuevo en el abismo.

Porque todavía no dabas gozo y alegría a mis oídos ni se alegraban mis huesos, que no habían sido aún humillados35.

http://www.augustinus.it/


El maná de cada día, 8.10.18

octubre 8, 2018

Lunes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Haz tú lo mismo



PRIMERA LECTURA: Gálatas 1, 6-12

Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo.

Pues bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito!

Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.


SALMO 110, 1-2.7-8.9.10c

El Señor recuerda siempre su alianza

Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,  todos sus preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás,  se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza, su nombre es sagrado y temible. La alabanza del Señor dura por siempre.


ALELUYA: Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-: que os améis unos a otros, como yo os he amado.


EVANGELIO: Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»
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Sin la caridad, todo es vanidad de vanidades

San Máximo, Confesor

Tratados sobre la caridad, Centuria 1, cap. 1,4-5.16-17.23-24.26-28.30-40

La caridad es aquella buena disposición del ánimo que nada antepone al conocimiento de Dios. Nadie que esté subyugado por las cosas terrenas podrá nunca alcanzar esta virtud del amor a Dios.

El que ama a Dios antepone su conocimiento a todas las cosas por él creadas, y todo su deseo y amor tienden continuamente hacia él.

Como sea que todo lo que existe ha sido creado por Dios y para Dios, y Dios es inmensamente superior a sus criaturas, el que dejando de lado a Dios, incomparable­mente mejor, se adhiere a las cosas inferiores demuestra con ello que tiene en menos a Dios que a las cosas por él creadas.

El que me ama –dice el Señor– guardará mis mandamientos. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros. Por tanto, el que no ama al prójimo no guarda su mandamiento. Y el que no guarda su mandamiento no puede amar a Dios.

Dichoso el hombre que es capaz de amar a todos los hombres por igual.

El que ama a Dios ama también inevitablemente al prójimo; y el que tiene este amor verdadero no puede guardar para sí su dinero, sino que lo reparte según Dios a todos los necesitados.

El que da limosna no hace, a imitación de Dios, discri­minación alguna, en lo que atañe a las necesidades corpo­rales, entre buenos y malos, justos e injustos, sino que reparte a todos por igual, a proporción de las necesidades de cada uno, aunque su buena voluntad le inclina a pre­ferir a los que se esfuerzan en practicar la virtud, más bien que a los malos.

La caridad no se demuestra solamente con la limosna, sino, sobre todo, con el hecho de comunicar a los demás las enseñanzas divinas y prodigarles cuidados corporales.

El que, renunciando sinceramente y de corazón a las cosas de este mundo, se entrega sin fingimiento a la prác­tica de la caridad con el prójimo pronto se ve liberado de toda pasión y vicio, y se hace partícipe del amor y del conocimiento divinos.

El que ha llegado a alcanzar en sí la caridad divina no se cansa ni decae en el seguimiento del Señor, su Dios, según dice el profeta Jeremías, sino que soporta con for­taleza de ánimo todas las fatigas, oprobios e injusticias, sin desear mal a nadie.

No digáis –advierte el profeta Jeremías–: «Somos tem­plo del Señor». Tú no digas tampoco: «La sola y escueta fe en nuestro Señor Jesucristo puede darme la salvación». Ello no es posible si no te esfuerzas en adquirir también la caridad para con Cristo, por medio de tus obras. Por lo que respecta a la fe sola, dice la Escritura: También los demonios creen y tiemblan.

 El fruto de la caridad consiste en la beneficencia since­ra y de corazón para con el prójimo, en la liberalidad y la paciencia; y también en el recto uso de las cosas.

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