Los tres ingredientes para una noche de amor perfecta

febrero 14, 2019

.

«Las dos horas más hermosas de nuestro matrimonio, una experiencia de amor que deseo a cualquier ser humano»: así comienza el testimonio que ha compartido la iniciativa 10 minutos con Jesús para este día de San Valentín.

.

.

Los tres ingredientes para una noche de amor perfecta

«Las dos horas más hermosas de nuestro matrimonio, una experiencia de amor que deseo a cualquier ser humano»: así comienza el testimonio que ha compartido la iniciativa 10 minutos con Jesús para este día de San Valentín.

.

Marta y Juanjo no pasaron la mejor noche de amor de su vida «ni en una casa rural, ni en un spa, ni en un hotel, sino en un hospital, esperando el nacimiento de su hijo Ignacio»: es el testimonio que ha compartido el sacerdote Javier Sánchez Cervera, de la iniciativa 10 minutos con Jesús, para el día de San Valentín, en el que ofrece «los elementos del amor y de una noche perfecta».

Al poco de completarse el parto, una noticia lo cambió todo en la vida de este matrimonio: «Es Down», le dijo el médico a Juanjo.

«Sentí la gracia de Dios en ese preciso momento, que no es otra cosa que sentir el amor –confiesa el padre–. Me giré a mi mujer y le dije que era Down, y mientras la miraba percibí el inmenso cariño que siento por ella. Vi todos los planes que se había hecho con este niño y que las cosas iban a ser diferentes».

Y entonces «me acerqué, la abracé y la besé, y le dije: “Cariño, este hijo nos va a dar la felicidad plena a toda la familia para el resto de nuestras vidas”», dice Juanjo.

El ginecólogo se acercó a decirles que hacía más de tres años que no asistía al parto de ningún niño con síndrome de Down.

«Es un regalo de Dios, un regalo precioso de Dios», repetía Juanjo, quien recuerda que «entonces disfrutamos de las dos horas más hermosas de nuestro matrimonio. Una experiencia que deseo a cualquier persona. Nos quedamos solos en la habitación mientras a Ignacio lo llevaban a la incubadora. Fue precioso experimentar el uno con el otro nuestra gran sorpresa. La gracia de Dios nos empezó a llenar de una forma increíble. Nos dimos cuenta de que Dios había elegido nuestro hogar y nuestra familia como el mejor sitio para que Ignacio -Ignacio, el quinto hijo de Marta y Juanjo- viviera y fuera amado y cuidado. Fue de una belleza inenarrable».

Esta experiencia la utiliza Sánchez Cervera para señalar los tres ingredientes para una noche perfecta de amor, también en San Valentín.

El primero, que sea «una noche de amor verdadero, de quien entrega su vida definitivamente a otra persona, en las duras y en las maduras. Dar la vida por amor, por amor de verdad», como estos padres.

El segundo es «darse completamente con generosidad, con olvido de uno mismo, pensando en cómo está el otro, buscando no mi bien sino el suyo». Y el último ingrediente es «la aceptación rendida y confiada de la voluntad de Dios, como estos padres que abrazaron y amaron la voluntad de Dios cuando nació su hijo Ignacio».

Todo esto constituye «un amor perfecto para una noche perfecta, para una vida perfecta, llena de imperfecciones pero llena de la perfección del amor de Jesús».

Para escuchar esta meditación y apuntarse a la oración diaria:

https://www.10minutosconjesus.es/

http://www.alfayomega.es/176903/los-tres-ingredientes-para-una-noche-de-amor-perfecta

Anuncios

Le convirtió la belleza del catolicismo, que volvió acogedor el antro donde vivía tras divorciarse

febrero 12, 2019

.

Tom pedía que los templos atraigan por su hermosura y el trato cálido y ungido de las personas.

.

Le convirtió la belleza del catolicismo, que volvió acogedor el antro donde vivía tras divorciarse

.

Si Benedicto XVI insistió tanto en la belleza como camino para encontrar a Dios, es por casos como el de Tom.

Así bautiza Dwight Longenecker, para cubrir su anonimato, a uno de sus feligreses de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Greenville (Carolina del Sur, Estados Unidos), al ofrecer en su blog el testimonio de su conversión.

Una vida en caída libre

“Convertido por la belleza” se titula el post donde, en forma de carta al padre Longenecker (él mismo converso desde el evangelismo y el anglicanismo), Tom explica que llegó a Greenville cuando su vida “era un desastre“:

Mi matrimonio se acababa de romper y acabé en vuestra ciudad. Me había criado en una iglesia pentecostal rural, pero a mi mediana edad eso, sencillamente, ya no funcionaba. Buscaba algo más, un camino para reencontrar a Cristo“.

Pero su perspectiva era algo deprimente. Vivía, explica, en una habitación alquilada en los bajos de un edificio de apartamentos, un cuarto de nueve metros cuadrados con un baño, unido a un cuarto de estar que compartía con la familia de los dos pisos de arriba:

“Tenía un cartel de Silencio que colgaba en la puerta por la noche para que los otros estuviesen callados. Era mejor que nada, pero vivía solo… y en soledad“.

Redecoró su vida… y su cuarto

“Hasta que hizo su entrada la belleza”, continúa Tom, “ese tipo de belleza a la que se refiere el padre Robert Barron” -sacerdote norteamericano que difunde el catolicismo mediante vídeos y nuevas tecnologías- “cuando habla de evangelizar a través de la belleza“.

Tom trabaja en el sector tecnológico y está “orgulloso” de ello, pero los cubículos donde lo hace “no son algo hermoso” y ofrecían “un mundo sórdido y sin futuro”. También su otro hábitat: “Mi habitación era un mundo sórdido y sin futuro“. Un mundo que empezó a resultar agradable a raíz de su conversión.

No ofrece detalles íntimos de ese proceso, aunque sí insiste en que “la puerta de entrada no es siempre amistosa: tienes realmente que querer convertirte en católico para llegar a serlo”.

Sin embargo, en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario sí se encontró a gusto, porque redescubrió la belleza de lo sagrado:

“Una o dos veces por semana dejaba la esterilidad del trabajo y de mi cuartucho para ir a misa en un espacio hermoso, con música hermosa y gente encantadora. Me recibieron con agrado, se interesaron por mí, hice amigos. Durante mi preparación al bautismo, me arrastró la belleza del catolicismo tanto como el estudio de su doctrina”.

Y eso invadió todos sus espacios: “La belleza llegó a mi vida privada. Con el paso del tiempo mi habitación fue embelleciéndose. Una cruz en la mesa. Luego un rosario que  le pedí que bendijese. Y un misal para leer. Y una vela junto con algunas estampas para rezar. Durante años había luchado con la pobreza interior y el dolor, pero la belleza del catolicismo me arrastró y esas heridas empezaron a curarse. Me sentía vinculado a Dios y a su pueblo en una forma profunda y cargada de sentido“.

No en todas partes…

A Tom no le gusta ahondar en su evolución íntima hacia Dios, “una experiencia a la vez dolorosa y bella“: “Es difícil para mí luchar con las emociones al evocarla, pero mi vida nunca volvió a ser la misma”.

Su fe, sin embargo, era sólida. Porque luego se trasladó a vivir a Granton, y allí su primera experiencia como católico “fue, por desgracia, insatisfactoria”: aparte de la escasa empatía de los pocos fieles de su parroquia, allí la belleza de lo sagrado estaba ausente y elementos tan concretos como el agua bendita o los reclinatorios estaban semiocultos o eran impracticables.

“No había arte, ni color, ni espacio, era como el vestíbulo de un hotel o de un centro comercial. Pensé: ¿cómo se supone que voy a sentirme aquí cerca de Dios?“, lamenta: “Ni incienso, ni velas, ni llama ante el sagrario, apenas pude identificar lo que parecía un confesionario, la homilía fue monótona… ¿No se trata acaso de rendir culto al Todopoderoso?“.

También lamenta la falta de relación entre los fieles, y entre éstos y el sacerdote. “Sé que el catolicismo es más que todo esto, pero si esto fuese todo… nunca me habría convertido”, confiesa:

“¿Estoy equivocado al pensar así? Sin nadie acogedor en la puerta, sin música, sin un entorno de contemplación y sacralidad, sin arte, sin belleza… ¿qué me habría retenido aquí?“.

Y advierte de que quizá muchas personas que podrían convertirse no lo hacen porque no encuentran “ni un ápice de belleza que brille en el único lugar donde debería haberla: si el templo no es un templo, ¿para qué acudir a él?”.

Y no sólo se refiere al entorno estético, también a la acogida de unos cristianos a otros en el lugar donde celebran el domingo.

Por fortuna concluye, esa mala experiencia le llegó ya convertido: “Si mi alma hubiese estado entonces en el lugar oscuro donde estaba, en vez del buen lugar donde estoy ahora, ¿cuál habría sido mi experiencia?”.

https://www.religionenlibertad.com/historias_de_conversion/44039/le-convirtio-la-belleza-del-catolicismo-que-volvio-acogedor-el-antro.html


Misa del Papa en los Emiratos: “Las Bienaventuranzas son una ruta de vida”

febrero 5, 2019

.

Misa del Papa en los Emiratos: Inciensa la imagen de la Virgen. “Las Bienaventuranzas son una ruta de vida”

.

Misa del Papa en los Emiratos: “Las Bienaventuranzas son una ruta de vida”

“Jesús nos ha pedido que llevemos a cabo una sola obra de arte, al alcance de todos: la de nuestra vida”

Por José M. Vidal

.

La mayor misa que se haya celebrado nunca en un país de la Península arábiga la presidió el Papa Francisco en los Emiratos.

Marcando a los creyentes, mayoritariamente emigrantes, el ideal de las bienaventuranzas como “ruta de vida” y camino de “santidad diaria”, para conseguir “la sola obra de arte que está al alcance de todos: la de nuestra vida”.

Francisco entró en el estadio Zayed y se desató el delirio: ovaciones, cantos y gritos de ‘Pope Francis’, mientras el papamóvil recorría todo el estadio, para que la gente pudiese disfrutar de su Papa, el Papa des los emigrantes y de los refugiados, de los que tienen que salir de sus países para ganar el pan de su familia.

La gente llena el estadio Zayed, tanto las gradas como el césped. Hay tanta gente, que decenas de miles tuvieron que quedarse fuera del recinto, donde se habilitaron grandes pantallas. Dentro hay 125.000 personas de 45 nacionalidades y, de ellos, 5.000 musulmanes, que van a compartir el rito eucarístico con los católicos.

Tras el recorrido por el estadio, el Papa se dirigió a la sacristía, para revestirse para la eucaristía. En el palco donde se instaló el altar ya le esperan los prelados concelebrantes, entre ellos los cardenales y obispos de su séquito y todos los Patriarcas de Oriente, entre ellos el del Líbano o el de Irak.

El altar blanco y sencillo, decorado con flores amarillas, presidido por una cruz. Y al lado del ambón, una estatua de una Virgen blanca con el Niño.

La monición de entrada en árabe y en inglés, interrumpida por aplausos. El canto de entrada es introducido por una orquesta de viento y un gran coro, que acompañan al órgano. Y comienza la eucaristía y el delirio se torna en actitud de recogimiento y de oración profunda.

Primera lectura en árabe de la carta a los Filipenses: “No se asusten por nada”. El salmo responsorial en inglés: salmo 84: “El Señor promete la paz y la gloria habitará en nuestra tierra”.

El Evangelio de Mateo, el pasaje del discurso de la montaña: “Bienaventurados lo pobres, porque de ellos es el reino de los cielos…” El Papa bendice a la asamblea con el Evangeliario y pronuncia su homilía.

Tras la jornada de ayer, marcadamente interreligiosa y de tender puentes con el Islam, el Papa centró su homilía de la eucaristía, celebrada en el estadio de Abu Dhabi, en sus fieles, que viven en un país de iglesias sin campanarios, es decir donde se respeta la libertad religiosa, pero de puertas para adentro.

Y desde el inicio de su predicación quiso lanzar un mensaje de esperanza y de radicalidad evangélica a los creyentes, partiendo de las bienaventuranzas, que no son “un elenco de prescripciones” ni “un complejo conjunto de doctrinas que hay que conocer”.

El bienaventurado seguidor de Jesús es el que entiende “la vida como una historia de amor, la historia del amor fiel de Dios que nunca nos abandona”. De ahí arranca la raíz de la alegría cristiana, que “ninguna persona en el mundo y ninguna circunstancia de la vida nos puede quitar”.

Y las bienaventuranzas de Jesús apuntan a un mundo al revés. Cuando habitualmente consideramos bienaventurados “a los ricos, poderosos, los que tienen éxito y son aclamados por las multitudes”, Cristo, en cambio, se lo llama a “los pobres, los mansos, los que se mantienen justos aun corriendo el riesgo de ser ridiculizados, los perseguidos”.

Y es que Jesús vivió en su propia piel las bienaventuranzas: “Pobre de cosas y rico de amor, devolvió la salud a muchas vidas, pero no se ahorró la suya. Vino para servir y no para ser servido; nos enseñó que no es grande quien tiene, sino quien da. Fue justo y dócil, no opuso resistencia y se dejó condenar injustamente”. ¡Qué bello y profundo resumen cristológico!

Y tras el anuncio del ideal del seguimiento, el Papa quiso dejar constancia también de que uno de los motivos de su visita a los Emiratos fue el siguiente:

He venido también a daros las gracias por el modo como vivís el Evangelio que hemos escuchado. Se dice que entre el Evangelio escrito y el que se vive existe la misma diferencia que entre la música escrita y la interpretada. Vosotros aquí conocéis la melodía del Evangelio y vivís el entusiasmo de su ritmo. Sois un coro compuesto por una variedad de naciones, lenguas y ritos; una diversidad que el Espíritu Santo ama y quiere armonizar cada vez más, para hacer una sinfonía”.

Una sinfonía de fe, que se torna en “testimonio” y, de esta forma, atrae a la gente y “construye Iglesia”. En las duras y en las maduras. Porque vivir las bienaventuranzas significa una vida rosa. “Quien está afligido, quien sufre injusticias, quien se entrega para ser artífice de la paz sabe lo que significa sufrir”.

En concreto, conociendo a estos creyentes emigrantes en los Emiratos, el Papa les recordó que “no es fácil vivir lejos de casa”, pero el Señor siempre ayuda a los suyos. Como ayudó a San Antonio Abad en el desierto. Porque “el Señor está cerca” y “camina a nuestro lado”.

En un camino, el del cristiano, que no tiene que estar marcado por nada espectacular. “Miremos a Jesús: no dejó nada escrito, no construyó nada imponente. Y cuando nos dijo cómo hemos de vivir no nos ha pedido que levantemos grandes obras o que nos destaquemos realizando hazañas extraordinarias. Nos ha pedido que llevemos a cabo una sola obra de arte, al alcance de todos: la de nuestra vida“.

Y es que “las bienaventuranzas son una ruta de vida” y “la santidad de la vida cotidiana, que no necesita milagros ni signos extraordinarios”.

Porque “Las Bienaventuranzas no son para súper-hombres, sino para quien afronta los desafíos y las pruebas de cada día. Quien las vive al modo de Jesús purifica el mundo”. Como un árbol en el desierto, que absorbe la contaminación y devuelve oxígeno y crea oasis de paz.

Y para terminar, el Papa hace un breve repaso de algunas bienaventuranzas, subrayando, sobre todo, la de la mansedumbre (no es bienaventurado quien agrede o somete”) y la del trabajo por la paz (“el cristiano promueve la paz”). Sólo así se consigue la “filadelfia”, es decir el amor entre hermanos.

Texto íntegro de la homilía del Papa en los Emiratos

Bienaventurados: es la palabra con la que Jesús comienza su predicación en el Evangelio de Mateo.

Y es el estribillo que él repite hoy, casi como queriendo fijar en nuestro corazón, ante todo, un mensaje fundamental: si estás con Jesús; si amas escuchar su palabra como los discípulos de entonces; si buscas vivirla cada día, eres bienaventurado.

No serás bienaventurado, sino que eres bienaventurado: esa es la primera realidad de la vida cristiana. No consiste en un elenco de prescripciones exteriores para cumplir o en un complejo conjunto de doctrinas que hay que conocer.

Ante todo, no es esto; es sentirse, en Jesús, hijos amados del Padre. Es vivir la alegría de esta bienaventuranza, es entender la vida como una historia de amor, la historia del amor fiel de Dios que nunca nos abandona y quiere vivir siempre en comunión con nosotros. Este es el motivo de nuestra alegría, de una alegría que ninguna persona en el mundo y ninguna circunstancia de la vida nos puede quitar.

Es una alegría que da paz incluso en el dolor, que ya desde ahora nos hace pregustar esa felicidad que nos aguarda para siempre. Queridos hermanos y hermanas, en la alegría de encontraros, esta es la palabra que he venido a deciros: bienaventurados.

Ahora bien, Jesús llama bienaventurados a sus discípulos, sin embargo, llaman la atención los motivos de las diversas bienaventuranzas. En ellas vemos una transformación total en el modo de pensar habitual, que considera bienaventurados a los ricos, los poderosos, los que tienen éxito y son aclamados por las multitudes.

Para Jesús, en cambio, son bienaventurados los pobres, los mansos, los que se mantienen justos aun corriendo el riesgo de ser ridiculizados, los perseguidos.

¿Quién tiene razón, Jesús o el mundo? Para entenderlo, miremos cómo vivió Jesús: pobre de cosas y rico de amor, devolvió la salud a muchas vidas, pero no se ahorró la suya. Vino para servir y no para ser servido; nos enseñó que no es grande quien tiene, sino quien da.

Fue justo y dócil, no opuso resistencia y se dejó condenar injustamente. De este modo, Jesús trajo al mundo el amor de Dios.

Solo así derrotó a la muerte, al pecado, al miedo y a la misma mundanidad, solo con la fuerza del amor divino. Todos juntos, pidamos hoy en este lugar, la gracia de redescubrir la belleza de seguir a Jesús, de imitarlo, de no buscar más que a él y a su amor humilde. Porque el sentido de la vida en la tierra está aquí, en la comunión con él y en el amor por los otros. ¿Creéis esto?

He venido también a daros las gracias por el modo como vivís el Evangelio que hemos escuchado. Se dice que entre el Evangelio escrito y el que se vive existe la misma diferencia que entre la música escrita y la interpretada.

Vosotros aquí conocéis la melodía del Evangelio y vivís el entusiasmo de su ritmo. Sois un coro compuesto por una variedad de naciones, lenguas y ritos; una diversidad que el Espíritu Santo ama y quiere armonizar cada vez más, para hacer una sinfonía.

Esta alegre sinfonía de la fe es un testimonio que dais a todos y que construye la Iglesia. Me ha impactado lo que Mons. Hinder dijo una vez, que no solo él se siente vuestro Pastor, sino que vosotros, con vuestro ejemplo, sois a menudo pastores para él.

Ahora bien, vivir como bienaventurados y seguir el camino de Jesús no significa estar siempre contentos. Quien está afligido, quien sufre injusticias, quien se entrega para ser artífice de la paz sabe lo que significa sufrir. Ciertamente, para vosotros no es fácil vivir lejos de casa y quizá sentir la ausencia de las personas más queridas y la incertidumbre por el futuro.

Pero el Señor es fiel y no abandona a los suyos. Nos puede ayudar un episodio de la vida de san Antonio abad, el gran fundador del monacato en el desierto. Él había dejado todo por el Señor y se encontraba en el desierto.

Allí, durante un largo tiempo, sufrió una dura lucha espiritual que no le daba tregua, asaltado por dudas y oscuridades, tentado incluso de ceder a la nostalgia y a las cosas de la vida pasada.

Después de tanto tormento, el Señor lo consoló y san Antonio le preguntó: «¿Dónde estabas? ¿Por qué no apareciste antes para detener los sufrimientos?». Entonces percibió con claridad la respuesta de Jesús: «Antonio, yo estaba aquí» (S. Atanasio, Vida de Antonio, 10).

El Señor está cerca. Frente a una prueba o a un período difícil, podemos pensar que estamos solos, incluso después de estar tanto tiempo con el Señor.

Pero en esos momentos, aun si no interviene rápidamente, él camina a nuestro lado y, si seguimos adelante, abrirá una senda nueva. Porque el Señor es especialista en hacer nuevas las cosas, y sabe abrir caminos en el desierto (cf. Is 43,19).

Queridos hermanos y hermanas: Quisiera deciros también que para vivir las Bienaventuranzas no se necesitan gestos espectaculares.

Miremos a Jesús: no dejó nada escrito, no construyó nada imponente. Y cuando nos dijo cómo hemos de vivir no nos ha pedido que levantemos grandes obras o que nos destaquemos realizando hazañas extraordinarias. Nos ha pedido que llevemos a cabo una sola obra de arte, al alcance de todos: la de nuestra vida.

Las Bienaventuranzas son una ruta de vida: no nos exigen acciones sobrehumanas, sino que imitemos a Jesús cada día. Invitan a tener limpio el corazón, a practicar la mansedumbre y la justicia a pesar de todo, a ser misericordiosos con todos, a vivir la aflicción unidos a Dios. Es la santidad de la vida cotidiana, que no tiene necesidad de milagros ni de signos extraordinarios.

Las Bienaventuranzas no son para súper-hombres, sino para quien afronta los desafíos y las pruebas de cada día. Quien las vive al modo de Jesús purifica el mundo. Es como un árbol que, aun en la tierra árida, absorbe cada día el aire contaminado y devuelve oxígeno. Os deseo que estéis así, arraigados en Jesús y dispuestos a hacer el bien a todo el que está cerca de vosotros. Que vuestras comunidades sean oasis de paz.

Por último, quisiera detenerme brevemente en dos Bienaventuranzas. La primera: «Bienaventurados los mansos» (Mt 5,4). No es bienaventurado quien agrede o somete, sino quien tiene la actitud de Jesús que nos ha salvado: manso, incluso ante sus acusadores. Me gusta citar a san Francisco, cuando da instrucciones a sus hermanos sobre el modo como han de presentarse ante los sarracenos y los no cristianos.

Escribe: «No entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios y confiesen que son cristianos» (Regla no bulada, XVI). No entablen litigios ni contiendas: en ese tiempo, mientras tantos marchaban revestidos de pesadas armaduras, san Francisco recordó que el cristiano va armado solo de su fe humilde y su amor concreto.

Es importante la mansedumbre: si vivimos en el mundo al modo de Dios, nos convertiremos en canales de su presencia; de lo contrario, no daremos frutos.

La segunda Bienaventuranza: «Bienaventurados los que trabajan por la paz» (v. 9). El cristiano promueve la paz, comenzando por la comunidad en la que vive. En el libro del Apocalipsis, hay una comunidad a la que Jesús se dirige, la de Filadelfia, que creo se parece a la vuestra.

Es una Iglesia a la que el Señor, a diferencia de casi todas las demás, no le reprocha nada. En efecto, ella ha conservado la palabra de Jesús, sin renegar de su nombre, y ha perseverado, es decir que, a pesar de las dificultades, ha seguido adelante.

Y hay un aspecto importante: el nombre Filadelfia significa amor entre hermanos. El amor fraterno. Una Iglesia que persevera en la palabra de Jesús y en el amor fraterno es agradable a Dios y da fruto. Pido para vosotros la gracia de conservar la paz, la unidad, de haceros cargo los unos de los otros, con esa hermosa fraternidad que hace que no haya cristianos de primera y de segunda clase.

Jesús, que os llama bienaventurados, os da la gracia de seguir siempre adelante sin desanimaros, creciendo en el amor mutuo y en el amor a todos (cf. 1 Ts 3,12).

Texto íntegro del saludo papal al final de la eucaristía

Antes de concluir esta celebración, que me ha dado mucha alegría, quisiera extender mi saludo cordial a todos los que habéis participado: fieles caldeos, coptos, greco-católicos, greco-melquitas, latinos, maronitas, sirio-católicos, siro-malabares, siro-malankares.

Agradezco sinceramente a Monseñor Hinder la preparación de esta visita y todo su trabajo pastoral. Un “gracias” sentido a los patriarcas, a los arzobispos mayores y a los otros obispos presentes, a los sacerdotes, a los consagrados y a tantos laicos comprometidos con generosidad y espíritu de servicio en las comunidades y con los más pobres.

Que Nuestra Madre María Santísima os mantenga en el amor por la Iglesia y en el testimonio gozoso del Evangelio. Por favor, no os olvidéis de rezar mí. Gracias.

https://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2019/02/05/misa-del-papa-en-los-emiratos-las-bienaventuranzas-iglesia-religion-dios-jesus-papa-emiratos-islam.shtml


El maná de cada día, 4.2.19

febrero 4, 2019

Lunes de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

.

tercer-misterio-luminoso

Vieron al endemoniado sentado, vestido y en su sano juicio



PRIMERA LECTURA: Hebreos 11, 32-40

¿Para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; éstos, por medio de la fe, subyugaron reinos, practicaron la justicia, obtuvieron promesas, amordazaron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, derrotaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus difuntos.

Pero otros fueron tundidos a golpes y rehusaron el rescate, para obtener una resurrección mejor; otros pasaron por la prueba de la flagelación ignominiosa, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los serraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados; el mundo no era digno de ellos: vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra.

Y todos éstos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido; Dios tenía preparado algo mejor para nosotros, para que no llegaran sin nosotros a la perfección.


SALMO 30, 20.21.22.23.24

Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.

En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras.

Bendito el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia en la ciudad amurallada.

Yo decía en mí ansiedad: «Me has arrojado de tu vista»; pero tú escuchaste mi voz suplicante cuando yo te gritaba.

Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces.


Aclamación: Lucas 7, 16

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.


EVANGELIO: Marcos 5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago, en la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.

Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes.»

Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.»

Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?»

Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos.»

Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: «Déjanos ir y meternos en los cerdos.»

Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país. Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia.»

El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
.

“LE ROGARON QUE SE ALEJARA DE ELLOS”

Los habitantes de la aldea de Gerasa conocían bien a aquel endemoniado, que vivía en los sepulcros y se mostraba desnudo ante la gente. Más de una vez habían tenido que atarle con grillos y cadenas, pues se manifestaba en él con gran virulencia el poder del demonio. El nombre de los demonios era “Legión”, porque eran muchos los que habían entrado en aquel hombre.

Jesús liberó a aquel endemoniado del poder del mal, enviando a los demonios a una piara de cerdos. Los porqueros contaron con tanto asombro y temor lo que habían visto, que toda la aldea fue a pedirle a Jesús que se alejara de allí.

Aquellos gerasenos no temían el poder del Señor, que se les había manifestado de forma grandiosa y espectacular. Temían, más bien, que aquel hombre les desinstalara de su vida acomodada. Estaban acostumbrados a convivir pacíficamente con el mal, habían aceptado que el poder de los demonios rigiera su aldea y su vida. Se encontraban así más o menos tranquilos. No querían que nadie viniese de fuera a romper aquella paz fría y aparente.

Es más cómodo vivir un cristianismo a la carta, de costumbre. Es más fácil vivir apoyados en una fe, que no necesita de la gracia para transformar ese corazón, que prefiere vivir como siempre, sin complicarse la vida.

Pactamos indefinidamente con viejas actitudes y defectos que han anidado en el corazón desde hace tiempo, nos conformamos con ese rescoldo de fe que no crece con los años, preferimos la comodidad de una tibieza que no da problemas, antes que vivir en la tensión espiritual de crecer en el amor a Dios y en la propia conversión.

Y, aunque recemos, o no hayamos perdido la fe de la infancia, podemos ser cristianos gerasenos, que prefieren convivir con su propio pecado y mediocridad, antes que dejar que el Señor entre de verdad a transformar nuestra vida.

Suscríbete a las Lañas diarias en www.mater-dei.es


Datos del histórico viaje del Papa a Arabia: 130.000 fieles en misa en un lugar público de Emiratos.

febrero 3, 2019

.

En Arabia viven unos tres millones de cristianos. En Emiratos, adonde irá el Papa, hay una comunidad católica vibrante y perseverante aunque sólo hay nueve iglesias.

.

Datos del histórico viaje del Papa a Arabia: 130.000 fieles en misa en un lugar público de Emiratos.

Este domingo Francisco inicia un histórico viaje que le llevará hasta a Emiratos Árabes en un visita que se alargará hasta el martes.

Es la primera vez que un Papa visita la Península Arábiga, territorio sagrado para el islam pero en el que viven al menos tres millones de cristianos, dos en el Vicariato de Arabia del Norte (Bahrein, Kuwait, Qatar, y Arabia Saudí, país en el que no hay iglesias) y uno en el Vicariato de Arabia del Sur (Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen).

Uno de los momentos más esperados de este viaje a Abu Dhabi y que también será un momento que pasará a la historia será la multitudinaria Eucaristía, que se espera que reúna a más de 130.000 católicos residentes en la zona, extranjeros y la inmensa mayoría personas humildes.

Y será igualmente la primera vez que se celebre una misa en un terreno público, al haber cedido el gobierno un terreno para este gran evento.

Para conocer más datos de la visita del Papa a Emiratos y de la situación de la Iglesia en la península arábiga, Ayuda a la Iglesia Necesitada ha entrevistado a monseñor Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia del Sur, que comprende los países de Omán, Yemen y Emiratos Árabes.

– El Papa Francisco visita Abu Dhabi. ¿Es exagerado hablar de un viaje histórico?

– No, no lo es. Se trata de un viaje histórico sobre todo por dos razones. En primer lugar: durante toda la historia de la Iglesia nunca antes había visitado un Papa la Península Arábiga. En segundo lugar: por primera vez se celebrará una Eucaristía en un terreno público, que el Gobierno ha puesto a disposición para ello.

– Esperan la presencia de más de 130.000 fieles, que se reunirán públicamente con ocasión de la Misa papal. En el país vecino, Arabia Saudí, sería impensable, pues allí ni siquiera existen iglesias. ¿Por qué la situación es distinta en los Emiratos Árabes Unidos?

– El grado de libertad de culto, es decir la posibilidad de celebrar la Eucaristía en grupos, difiere en el mundo árabe de un país a otro. Mientras que en Arabia Saudí solo se toleran celebraciones eucarísticas en privado y en grupos relativamente pequeños, en otros países —sobre todo aquí, en los Emiratos Árabes Unidos— hay iglesias a las que acuden miles de fieles todas las semanas, e incluso a diario.

Esta libertad de culto tiene su origen en la apertura y tolerancia de los diferentes gobernantes. Durante las últimas décadas, este ha sido el caso, sobre todo, de Bahrein y de los Emiratos Árabes Unidos, pero también de Omán.

– Es decir, que los gobernantes de los Emiratos Árabes Unidos se muestran relativamente abiertos frente a los cristianos. ¿Cómo es la situación entre la población?

– Vivo desde hace 15 años en Abu Dhabi y nunca he advertido enemistad. Por supuesto sabemos que en todos los países islámicos, los no musulmanes —y no solo los cristianos— tienen que someterse a las reglas sociales del Islam. Pero por otro lado, en la población autóctona veo un gran respeto a los cristianos. Lo estamos experimentando especialmente ahora ante la visita del Papa.

– ¿Cómo?

He recibido por parte de musulmanes diversas consultas de cómo nos pueden ayudar en los preparativos. Muchos han mostrado interés en asistir a la Misa. El Gobierno hace también todo lo posible para que el mayor número posible de fieles puedan ver al Papa.

– ¿Está relacionada esta disposición a ayudar con la popularidad del Papa Francisco?

– Tras la elección del Cardenal Jorge Bergoglio como Papa Francisco siempre me llegaron reacciones muy positivas por parte de musulmanes, y esto se aprecia también ahora. Desde el anuncio de su visita solo he experimentado muestras de alegría y de orgullo de que el Papa venga a los Emiratos.

– ¿Cuál es el origen de este viaje?

– Hay varias razones para esta visita. Durante los últimos años se han cursado al Papa diversas invitaciones procedentes de toda la región, incluidos los Emiratos Árabes Unidos. Y también la Iglesia local ha expresado al Papa su deseo de que viniera aquí.

– En los Emiratos, la Iglesia se compone únicamente de extranjeros, sobre todo de trabajadores de otros países. ¿Qué problemas le supone eso a usted, como obispo?

– Uno de los problemas pastorales más urgentes es fortalecer a nuestra gente en la fe, animarles a conservar y confesar con valentía su identidad cristiana y católica, incluso en un ambiente en el que no siempre resulta fácil.

Pienso por ejemplo en empleadas del hogar o en obreros de la construcción que no solo han de trabajar duramente, sino que a veces se ven expuestos al celo por parte de sus empleadores o colegas musulmanes para que se conviertan al islam.

– ¿Qué sucede cuando un musulmán del país quiere convertirse al cristianismo?

 No conozco ningún país musulmán en que exista plena libertad religiosa. Incluso allí donde la conversión de un musulmán a otra religión no está perseguida por el Derecho penal, el entorno —y sobre todo la familia— reacciona con ostracismo e incluso con violencia física. Como he dicho, la libertad de culto es mayor o menor dependiendo del país.

– ¿Tiene suficientes iglesias y sacerdotes?

– Sería de desear contar con más iglesias, pues el número de nuestras parroquias sigue siendo muy desproporcionado en relación con el número de fieles. En los Emiratos Árabes Unidos tenemos nueve parroquias, demasiado pocas para casi un millón de católicos.

Además tenemos que tener en cuenta que —a diferencia de otras iglesias— la nuestra es internacional y políglota y que entre nosotros se encuentran católicos de diferentes ritos.

Otro desafío pastoral consiste en que los fieles, por su situación de migrantes, se enfrentan a muchos problemas morales que antes no podían imaginar.

Esto puede decirse sobre todo de hombres y mujeres que, por su trabajo, frecuentemente han de vivir más de un año separados de sus cónyuges. No es infrecuente que se rompan matrimonios cuando nacen nuevas relaciones “provisionales”.

– ¿Cómo puede contribuir el viaje del Papa a mejorar la situación de los cristianos en el mundo islámico?

– Espero que la visita del Papa cambie positivamente el ambiente. Pero tampoco podemos esperar milagros del viaje. Lo decisivo es que los cristianos seamos testigos fidedignos del mensaje de Cristo.

Y esto también significa sobrellevar con humildad que, por así decir, no podemos ser los primeros violinistas en esta sociedad. A veces es suficiente con tocar bien la flauta para entusiasmar a los demás.

– ¿Quiere esto decir que también sería posible que del viaje del Papa quede poco más que una reunión amistosa y alguna que otra foto?

– Ya veremos hasta qué punto el viaje tiene frutos a largo plazo. En alemán decimos que “una golondrina no hace verano”. El diálogo con otra religión y sus representantes precisa tiempo y paciencia, y necesariamente habrá retrocesos. Esto también puede decirse del ecumenismo entre las confesiones cristianas.

Si crece el respeto mutuo y a esto le sigue una actuación conjunta en cuestiones que van más allá de la religión, ya se ha conseguido bastante. Pensemos en los desafíos en el campo del compromiso por la paz o de la preocupación por la casa común de la creación.

https://www.religionenlibertad.com/mundo/703074095/10000-fieles-en-misa-en-un-lugar-publico-de-Emiratos-datos-del-historico-viaje-del-Papa-a-Arabia.html?fbclid=IwAR120LRYY79xn6clzaaBpEkV4gfD0uIfznLA0ykI90xYUf7T78WqSwO4Fyc


El maná de cada día, 31.1.19

enero 31, 2019

Jueves de la 3ª semana de Tiempo Ordinario

.

Candil

Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero



PRIMERA LECTURA: Hebreos 10, 19-25

Hermanos, teniendo entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura.

Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa; fijémonos los unos en los otros, para estimularnos a la caridad y a las buenas obras.

No desertéis de las asambleas, como algunos tienen por costumbre, sino animaos tanto más cuanto más cercano veis el Día.


SALMO 23, 1-2. 3-4ab. 5-6

Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


Aclamación antes del Evangelio: Salmo 118, 105

Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.


EVANGELIO: Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.»


.

EL CANDELERO Y EL CELEMÍN

Los cristianos estamos llamados a alumbrar con la luz de Cristo esos rincones del alma, de la Iglesia y del mundo en donde anida aún la oscuridad tenebrosa y ciega de tanto pecado.

Sin embargo, no todas las luces alumbran por igual. Algunas sólo adornan, porque parece que relegan su fe y su cristianismo al saco de las actividades de ocio y tiempo libre. Otras, incluso molestan a los ojos porque, en nombre del Dios cristiano, se permiten arrancar las páginas, escenas y frases del Evangelio que más molestan o que no responden al patrón de lo política y eclesialmente correcto.

Otras luces llegan a ser espectaculares fuegos artificiales, que alumbran unos momentos con un cierto liderazgo y, al poco, se apagan tan rápidamente como se encendieron.

Hay también luces que se contentan con alumbrar ese pequeño rincón y reino, surgido al aire de un piadoso y desviado capillismo, que hace del propio grupo o movimiento el centro de todo el sistema solar.

Hay, además, cristianos que viven escondidos debajo del celemín de sus propios complejos, ideologías, medianías, autosuficiencias, excusas y comodidades, y que reducen la luz de Cristo a un mero resplandor tenue que crea un ambiente agradable y confortable, propicio al relax.

Otros hacen del candelero su ideal de vida, y convierten el cristianismo o la propia vocación en un medio de subsistencia con el que logran ser un pequeño «alguien» en ese pequeño mundo en que consiguen hacer carrera o ser reconocidos con cargos y prestigio.

Es difícil esconder la luz, porque el resplandor acaba filtrándose por las rendijas del celemín. Es también difícil iluminar la oscuridad desde un candelero en donde brilla la luz propia y no la de Dios. Mira, pues, que la luz que haya en ti no sea tu propia oscuridad, porque allí donde hay oscuridad no está Dios.

www.mater-dei.es



.
.

San Juan Bosco, presbítero

San Juan Bosco

TRABAJÉ SIEMPRE CON AMOR

De las cartas de san Juan Bosco, presbítero

Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene, ante todo, que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo, sino toda la Congregación salesiana.

¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar; amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez.

Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia los llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.

Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es dificil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es ne­cesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.

Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debe­mos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergonzémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor.

Éste era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignoran­tes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una ami­gable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar ­el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.

Son hijos nuestros, y, por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, domi­narla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente.

Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el des­precio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como nos conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.

En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.

Oración

Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 


El maná de cada día, 21.1.19

enero 21, 2019

Lunes de la 2ª semana del Tiempo Ordinario

.

ayuno

¿Por qué tus discípulos no ayunan?

.
PRIMERA LECTURA: Hebreos 5, 1-10

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades.

A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.

Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón.

Tampoco Cristo se confirió a si mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquisedec.



SALMO 109, 1.2.3.4

Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»


Aclamación antes del Evangelio: Hb 4, 12

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.



EVANGELIO: Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»

Jesús les contestó:

«¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.

Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor.

Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»



.

¿Por qué tus discípulos no ayunan?

P. Raniero Cantalamessa, OFM Cap (24 febrero 2006)

«Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: “¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?”. Jesús les dijo: “¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientas el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día”».

De este modo Jesús no reniega de la práctica del ayuno, sino que la renueva en sus formas, tiempos y contenidos. El ayuno se ha convertido en una práctica ambigua. En la antigüedad no se conocía más que el ayuno religioso; hoy existe el ayuno político y social (¡huelgas de hambre!), un ayuno saludable o ideológico (vegetarianos), un ayuno patológico (anorexia), un ayuno estético (para mantener la línea). Existe sobre todo un ayuno impuesto por la necesidad: el de los millones de seres humanos que carecen de lo mínimo indispensable y mueren de hambre.

Por sí mismos, estos ayunos nada tienen que ver con razones religiosas y ascéticas. En el ayuno estético incluso a veces (no siempre) se «mortifica» el vicio de la gula sólo por obedecer a otro vicio capital, el de la soberbia o de la vanidad.

Es importante por ello intentar descubrir la genuina enseñanza bíblica sobre el ayuno. En la Biblia encontramos, respecto al ayuno, la actitud del «sí, pero», de la aprobación y de la reserva crítica. El ayuno, por sí, es algo bueno y recomendable; traduce algunas actitudes religiosas fundamentales: reverencia ante Dios, reconocimiento de los propios pecados, resistencia a los deseos de la carne, solicitud y solidaridad hacia los pobres… Como todas las cosas humanas, sin embargo, puede decaer en «presunción de la carne». Basta con pensar en la palabra del fariseo en el templo: «Ayuno dos veces por semana» (Lucas 18, 12).

Si Jesús nos hablara a los discípulos de hoy, ¿sobre qué insistiría más? ¿Sobre el «sí» o sobre el «pero»? Somos muy sensibles actualmente a las razones del «pero» y de la reserva crítica. Advertimos como más importante la necesidad de «partir el pan con el hambriento y vestir al desnudo»; tenemos justamente vergüenza de llamar al nuestro un «ayuno», cuando lo que sería para nosotros el colmo de la austeridad –estar a pan y agua– para millones de personas sería ya un lujo extraordinario, sobre todo si se trata de pan fresco y agua limpia.

Lo que debemos descubrir son en cambio las razones del «sí». La pegunta del Evangelio podría resonar, en nuestros días, de otra manera: «¿por qué los discípulos de Buda y de Mahoma ayunan y tus discípulos no ayunan?» (es archisabido con cuánta seriedad los musulmanes observan su Ramadán).

Vivimos en una cultura dominada por el materialismo y por un consumismo a ultranza. El ayuno nos ayuda a no dejarnos reducir a puros «consumidores»; nos ayuda a adquirir el precioso «fruto del Espíritu», que es «el dominio de sí», nos predispone al encuentro con Dios que es espíritu, y nos hace más atentos a las necesidades de los pobres.

Pero no debemos olvidar que existen formas alternativas al ayuno y a la abstinencia de alimentos. Podemos practicar el ayuno del tabaco, del alcohol y bebidas de alta graduación (que no sólo al alma: también beneficia al cuerpo), un ayuno de las imágenes violentas y sexuales que televisión, espectáculos, revistas e Internet nos echan encima a diario. Igualmente esta especie de «demonios» modernos no se vencen más que «con el ayuno y la oración».

http://www.mercaba.org


A %d blogueros les gusta esto: