Christus Vivit: Los jóvenes no quieren una Iglesia silenciosa y tímida

abril 8, 2019

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Presentación de la Exhortación postsinodal Christus Vivit: Los jóvenes no quieren una Iglesia silenciosa y tímida.

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Christus Vivit: Los jóvenes no quieren una Iglesia silenciosa y tímida

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A las 11. 30 se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la Exhortación Apostólica postsinodal del Santo Padre dedicada a los jóvenes “Christus vivit”, fruto de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos con el tema “Los jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional”.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Intervinieron en la Conferencia de Prensa, el cardenal Card. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, Mons.  Fabio Fabene, Sub secretario del Dicasterio, el prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini, la Responsable de la Comunidad de Ghana en Bolonia, Laphidil Oppong Twumasi y el docente de la escuela secundaria de la Diócesis de Roma, Prof. Alessio Piroddi Lorrai.

Cardenal Lorenzo Baldisseri:

El documento que hoy se publica será para la Carta Magna del futuro de la Pastoral juvenil y vocacional en las diversas comunidades eclesiales, todas marcadas por una profunda transformación de la condición juvenil.

De manera que, dijo el purpurado, así como Amoris Laetitia, que escribió Francisco  al concluir el sínodo dedicado a las familias, también Cristhus vivit  se conecta estrechamente al documento final del sínodo al cual agrega ulteriores y valiosos elementos de reflexión.

Como afirmó el Papa en la Exhortación: “Me dejé inspirar de la riqueza de las reflexiones y los diálogos del sínodo del año pasado. No puedo recoger aquí todas las contribuciones que pueden leer en el Documento Final, pero traté de percibir, en el tejido de esta carta, las propuestas que me parecieron muy significativas”.

Después de hablar de la estructura del documento, mencionar los nueve capítulos, compuestos por 299 números, el cardenal se concentró en algunos aspectos de la Exhortación: el mensaje fundamental que el Santo Padre quiere transmitir, a los jóvenes y con ellos a todos nosotros, dijo, es que Jesús no pertenece al pasado, sino que al presente y al futuro, porque Él es el eterno Viviente.

Toda generación de creyentes descubre en Cristo un contemporáneo y un compañero de viaje.

Otro aspecto, dijo el cardenal,  es su característica mariana, bien evidenciada por la elección simbólica del Papa de querer firmar el documento en Loreto, en la casa de María, el pasado 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor.

En esa ocasión, hablando a los fieles presentes en la basílica Lauretana, entre ellos, numerosos jóvenes, el Papa afirmó: “La Santa Casa es la casa de los jóvenes, porque aquí la Virgen María, la joven llena de gracia, sigue hablando hoy a las nuevas generaciones, acompañando a cada uno en la búsqueda de su propia vocación. Por esto quise firmar aquí la Exhortación Apostólica fruto del Sínodo dedicado a los jóvenes”.

Mons. Fabio Fabene:

Esta Exhortación, dijo el prelado, es otra perla que el Papa dona a la Iglesia y, en particular, a los jóvenes cristianos,  este documento se ofrece también para la reflexión de todos los jóvenes del mundo y de cuantos estén interesados en la felicidad de los chicos.

Ha sido algo significativo el hecho que la publicación de esta Exhortación haya sido en el 14 aniversario de la muerte de San Juan Pablo II, el Papa que escribió la primera carta a los Jóvenes del mundo en 1985, en ocasión del año internacional de la Juventud, y además recalcó el prelado, que este documento se ha firmado exactamente hace un año después de la conclusión de la Reunión presinodal, convocada por el Papa.

Además, Mons. Fabene dijo que la Christus Vivit se distingue por una fuerte característica cristológica y la expresión del amor reflejada en cada parte del documento. El Papa recuerda a cada joven que Dios le ama, y que Cristo por amor, se entregó hasta el final por salvarlos. Y que de este amor, Cristo quiere de cada joven primero su amistad, presentándose él mismo como amigo.

La amistad sincera y desinteresada es uno de los valores que la Exhortación propone a los jóvenes para disfrutar la dulzura de la vida. Todo el documento está inspirado por la confianza que el Papa tiene en los chicos y de su repetida invitación que les dirige a que fijen su esperanza en Cristo.

Mons. Fabene dijo por último, que otro elemento del documento característico es que indica que no existe la Iglesia de los jóvenes, y tampoco la Iglesia con los jóvenes o por los jóvenes, existe un único cuerpo, la Iglesia, de la que los jóvenes son miembros vivos y creativos, los cuales contribuyen con su pertenencia en el “vivir bien” de todos, y en la misión del anuncio del Evangelio y de la belleza de la vida en Cristo por parte de toda la comunidad eclesial.

Como lo dijeron en el sínodo, y que se puede leer en el documento final, los jóvenes hablan de una Iglesia joven y no de una Iglesia de jóvenes.

Además, la Exhortación toca el tema de las migraciones, donde están directamente involucrados los jóvenes, denuncia a los traficantes sin escrúpulos, unidos a carteles de la droga y de las armas que explotan las debilidades de los jóvenes. Pero recuerda que la historia de los migrantes son historias de encuentros entre personas y culturas.

Prefecto Paolo Ruffini:

En primer lugar, dijo que para él esta exhortación testimonia la verdad del camino sinodal de la Iglesia. Un camino que sigue, que no se detiene, va adelante porque los más ancianos pueden pasar el testimonio a los más jóvenes.

También recordó el número 37 de la Exhortación, donde explica que la Iglesia puede caer siempre en la tentación de perder el entusiasmo. Pero que son los jóvenes los que la ayudan a no caer en la corrupción, a no detenerse, a no transformarse en una secta, a ser más pobre y capaz de testimoniar, a estar cercana a los últimos y a los descartados, a luchar por la justicia y a dejarse interpelar con humildad.

Y ser verdaderos, dijo Ruffini, es el mejor modo para  comunicar  la verdad de lo que se testimonia.  Esta es la reacción a las dificultades de una Iglesia que se mantiene joven, que se deja interrogar y estimular por la sensibilidad de los jóvenes.

La Exhortación usa palabras muy claras, dijo el Prefecto, al asumir el punto de vista amplio de los jóvenes, que por un lado no quieren una Iglesia silenciosa y tímida, pero tampoco una Iglesia siempre en guerra por dos o tres temas que la obsesionan, y por otro lado piden a su vez ser comprendidos plenamente.

Por último habló del punto del documento que se refiere al ambiente digital que caracteriza la comunicación contemporánea.

“No se trata sólo de usar instrumentos de comunicación, sino de vivir en una cultura ampliamente digitalizada que tiene impactos profundos en las nociones del tiempo y del espacio, en la percepción de sí mismo, de los demás y del mundo, en el modo de comunicar, aprender, informarse, entrar en relación con los demás, dijo Ruffini; el contexto digital alcanza a los jóvenes incluso en iniciativas pastorales, pero es también un territorio de soledad, manipulación, explotación y violencia hasta el extremo del Dark Web.

Estos circuitos cerrados facilitan la difusión de informaciones y noticias falsas fomentando prejuicios y odios. La proliferación de fake news, o noticias falsas, es una expresión de una cultura que ha perdido el sentido de la verdad y dobla los hechos e intereses particulares. La reputación de las personas se pone a riesgo a través de procesos online.

A todo esto, el Papa contrapone una manera diversa de vivir, no sólo en la red, sino en todos los lenguajes. Incluso el del silencio y el de la contemplación. El arte, la música, el deporte, la caridad, el compromiso social, la política, reconectando lo real y lo virtual. Privilegiando el lenguaje de la cercanía, el lenguaje del amor desinteresado, relacional existencial que toca el corazón.

También en el frente de los abusos, la exhortación invita a una comunicación transparente y verdadera, y a los jóvenes a ser vigilantes y ayudar a sus obispos en la lucha contra este flagelo. Insiste en el compromiso para la adopción de medidas rigurosas de prevención que impidan repetir estos crímenes. No se esconde detrás de las culpas de otros, da gracias por aquellos que tuvieron y tienen el coraje de denunciar el mal sufrido.

Laphidil Oppong Twumasi y Alessio Piroddi

Laphidil dijo que al leer la exhortación sintió como si estuviera con alguien cerca, como con un padre que me ofrece consejos y sugerencias. Es fácil de entender, ilumina las diversas realidades de la vida de los jóvenes, no se pierde en arcaísmos, más bien encontré términos como tutorial, zapping, influencer, términos juveniles.

En cambio Alessio, dijo que ante este documento por un lado lo vio como joven, y por otro como profesor en la escuela, catequista en la parroquia, y Christus Vivit, dijo, es de verdad una exhortación, un empuje, un animarme a traducir en la realidad y en el compromiso cotidiano lo que he recibido como joven, llevarlo a mis alumnos y chicos que encuentro en la parroquia.

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2019-04/papa-francisco-exhortacion-christus-vivit-conferencia-prensa.html


“La llamada del Señor no es una intromisión de Dios en nuestra libertad”. Mensaje Jornada Mundial de oración por las vocaciones 2019

marzo 11, 2019

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La vocación es una invitación a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean.

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“La llamada del Señor no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima”

“Es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos”

Por RD/Vatican News

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“La valentía de arriesgar por la promesa de Dios” es el título del Mensaje del Papa hecho público hoy para la 56ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que este año se celebra el domingo 12 de mayo.

En el Mensaje, con fecha  31 de enero, Memoria de San Juan Bosco, Francisco retoma como punto de reflexión lo que compartió con los jóvenes en Panamá en la 34ª Jornada Mundial de la Juventud en el país centroamericano, precisando que este evento junto a la “fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes” del mes de octubre, ayudaron a “que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan”.

Texto completo del mensaje del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber vivido, el pasado octubre, la vivaz y fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes, hemos celebrado recientemente la 34ª Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Dos grandes eventos, que han ayudado a que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan.

Quisiera retomar lo que compartí con los jóvenes en Panamá, para reflexionar en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sobre cómo la llamada del Señor nos hace portadores de una promesa y, al mismo tiempo, nos pide la valentía de arriesgarnos con él y por él.

Me gustaría considerar brevemente estos dos aspectos, la promesa y el riesgo, contemplando con vosotros la escena evangélica de la llamada de los primeros discípulos en el lago de Galilea (Mc 1,16-20).

Dos parejas de hermanos –Simón y Andrés junto a Santiago y Juan–, están haciendo su trabajo diario como pescadores. En este trabajo arduo aprendieron las leyes de la naturaleza y, a veces, tuvieron que desafiarlas cuando los vientos eran contrarios y las olas sacudían las barcas. En ciertos días, la pesca abundante recompensaba el duro esfuerzo, pero otras veces, el trabajo de toda una noche no era suficiente para llenar las redes y regresaban a la orilla cansados y decepcionados.

Estas son las situaciones ordinarias de la vida, en las que cada uno de nosotros ha de confrontarse con los deseos que lleva en su corazón, se esfuerza en actividades que confía en que sean fructíferas, avanza en el “mar” de muchas posibilidades en busca de la ruta adecuada que pueda satisfacer su sed de felicidad.

A veces se obtiene una buena pesca, otras veces, en cambio, hay que armarse de valor para pilotar una barca golpeada por las olas, o hay que lidiar con la frustración de verse con las redes vacías.

Como en la historia de toda llamada, también en este caso se produce un encuentro. Jesús camina, ve a esos pescadores y se acerca… Así sucedió con la persona con la que elegimos compartir la vida en el matrimonio, o cuando sentimos la fascinación de la vida consagrada: experimentamos la sorpresa de un encuentro y, en aquel momento, percibimos la promesa de una alegría capaz de llenar nuestras vidas.

Así, aquel día, junto al lago de Galilea, Jesús fue al encuentro de aquellos pescadores, rompiendo la «parálisis de la normalidad» (Homilía en la 22ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 2 febrero 2018). E inmediatamente les hizo una promesa: «Os haré pescadores de hombres» (Mc 1,17).

La llamada del Señor, por tanto, no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima. Por el contrario, es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos, mostrándonos en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante.

El deseo de Dios es que nuestra vida no acabe siendo prisionera de lo obvio, que no se vea arrastrada por la inercia de los hábitos diarios y no quede inerte frente a esas elecciones que podrían darle sentido. El Señor no quiere que nos resignemos a vivir la jornada pensando que, a fin de cuentas, no hay nada por lo que valga la pena comprometerse con pasión y extinguiendo la inquietud interna de buscar nuevas rutas para nuestra navegación.

Si alguna vez nos hace experimentar una “pesca milagrosa”, es porque quiere que descubramos que cada uno de nosotros está llamado –de diferentes maneras–, a algo grande, y que la vida no debe quedar atrapada en las redes de lo absurdo y de lo que anestesia el corazón.

En definitiva, la vocación es una invitación a no quedarnos en la orilla con las redes en la mano, sino a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean.

Por supuesto, abrazar esta promesa requiere el valor de arriesgarse a decidir. Los primeros discípulos, sintiéndose llamados por él a participar en un sueño más grande, «inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron» (Mc 1,18).

Esto significa que para seguir la llamada del Señor debemos implicarnos con todo nuestro ser y correr el riesgo de enfrentarnos a un desafío desconocido; debemos dejar todo lo que nos puede mantener amarrados a nuestra pequeña barca, impidiéndonos tomar una decisión definitiva; se nos pide esa audacia que nos impulse con fuerza a descubrir el proyecto que Dios tiene para nuestra vida.

En definitiva, cuando estamos ante el vasto mar de la vocación, no podemos quedarnos a reparar nuestras redes, en la barca que nos da seguridad, sino que debemos fiarnos de la promesa del Señor.

Me refiero sobre todo a la llamada a la vida cristiana, que todos recibimos con el bautismo y que nos recuerda que nuestra vida no es fruto del azar, sino el don de ser hijos amados por el Señor, reunidos en la gran familia de la Iglesia.

Precisamente en la comunidad eclesial, la existencia cristiana nace y se desarrolla, sobre todo gracias a la liturgia, que nos introduce en la escucha de la Palabra de Dios y en la gracia de los sacramentos; aquí es donde desde la infancia somos iniciados en el arte de la oración y del compartir fraterno.

La Iglesia es nuestra madre, precisamente porque nos engendra a una nueva vida y nos lleva a Cristo; por lo tanto, también debemos amarla cuando descubramos en su rostro las arrugas de la fragilidad y del pecado, y debemos contribuir a que sea siempre más hermosa y luminosa, para que pueda ser en el mundo testigo del amor de Dios.

La vida cristiana se expresa también en esas elecciones que, al mismo tiempo que dan una dirección precisa a nuestra navegación, contribuyen al crecimiento del Reino de Dios en la sociedad.

Me refiero a la decisión de casarse en Cristo y formar una familia, así como a otras vocaciones vinculadas al mundo del trabajo y de las profesiones, al compromiso en el campo de la caridad y de la solidaridad, a las responsabilidades sociales y políticas, etc.

Son vocaciones que nos hacen portadores de una promesa de bien, de amor y de justicia no solo para nosotros, sino también para los ambientes sociales y culturales en los que vivimos, y que necesitan cristianos valientes y testigos auténticos del Reino de Dios.

En el encuentro con el Señor, alguno puede sentir la fascinación de la llamada a la vida consagrada o al sacerdocio ordenado. Es un descubrimiento que entusiasma y al mismo tiempo asusta, cuando uno se siente llamado a convertirse en “pescador de hombres” en la barca de la Iglesia a través de la donación total de sí mismo y empeñándose en un servicio fiel al Evangelio y a los hermanos.

Esta elección implica el riesgo de dejar todo para seguir al Señor y consagrarse completamente a él, para convertirse en colaboradores de su obra.

Muchas resistencias interiores pueden obstaculizar una decisión semejante, así como en ciertos ambientes muy secularizados, en los que parece que ya no hay espacio para Dios y para el Evangelio, se puede caer en el desaliento y en el «cansancio de la esperanza» (Homilía en la Misa con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos, Panamá, 26 enero 2019).

Y, sin embargo, no hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor. En particular a vosotros, jóvenes, me gustaría deciros: No seáis sordos a la llamada del Señor. Si él os llama por este camino no recojáis los remos en la barca y confiad en él.

No os dejéis contagiar por el miedo, que nos paraliza ante las altas cumbres que el Señor nos propone. Recordad siempre que, a los que dejan las redes y la barca para seguir al Señor, él les promete la alegría de una vida nueva, que llena el corazón y anima el camino.

Queridos amigos, no siempre es fácil discernir la propia vocación y orientar la vida de la manera correcta. Por este motivo, es necesario un compromiso renovado por parte de toda la Iglesia –sacerdotes, religiosos, animadores pastorales, educadores– para que se les ofrezcan, especialmente a los jóvenes, posibilidades de escucha y de discernimiento.

Se necesita una pastoral juvenil y vocacional que ayude al descubrimiento del plan de Dios, especialmente a través de la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la adoración eucarística y el acompañamiento espiritual.

Como se ha hablado varias veces durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, debemos mirar a María. Incluso en la historia de esta joven, la vocación fue al mismo tiempo una promesa y un riesgo. Su misión no fue fácil, sin embargo no permitió que el miedo se apoderara de ella.

Su sí «fue el “sí” de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Y yo les pregunto a cada uno de ustedes. ¿Se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante?

María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”. Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano» (Vigilia con los jóvenes, Panamá, 26 enero 2019).

En esta Jornada, nos unimos en oración pidiéndole al Señor que nos descubra su proyecto de amor para nuestra vida y que nos dé el valor para arriesgarnos en el camino que él ha pensado para nosotros desde la eternidad.

Vaticano, 31 de enero de 2019, Memoria de san Juan Bosco.

FRANCISCO

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El nuevo cura de Ars de la Marsella agnóstica multiplica los fieles en un barrio islámico

marzo 4, 2019

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Michel Marie Zanotti. el nuevo cura de Ars de la Marsella agnóstica multiplica los fieles en un barrio islámico (Fuente de inspiración para que todos vivamos una Cuaresma distinta)

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El nuevo cura de Ars de la Marsella agnóstica multiplica los fieles en un barrio islámico

Ha revolucionado la Iglesia francesa: asumió una parroquia del centro de Marsella que iba a ser cerrada y ahora no para de bautizar a adultos.

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“Traer tantas almas para Dios como sea posible”. El padre Michel Marie Zanotti Sorkine se ha tomado esta frase muy a pecho y se ha convertido en su principal objetivo como sacerdote.

Así lo está haciendo tras haber transformado una iglesia que iba a ser clausurada y demolida en la parroquia con más vida de Marsella. Su mérito es aún mayor cuando el templo está situado en un barrio con una enorme presencia de musulmanes en una ciudad donde menos del 1% de la población es católica practicante.

Había sido músico de éxito

La clave para este sacerdote que previamente había sido músico de éxito en multitud de cabarets de París y Montecarlo es la “presencia”, hacer presente a Dios en el mundo de hoy. Las puertas de su iglesia están todo el día de par en par y viste de sotana porque “todos, cristianos o no, tienen derecho a ver un sacerdote fuera de la iglesia”.

De 50 feligreses en Misa a 700

Su balance es abrumador. Cuando llegó en 2004 a la parroquia de San Vicente de Paúl del centro de Marsella la iglesia permanecía cerrada durante la semana y la única misa dominical se celebraba en la cripta a la que apenas acudían 50 personas.

Como él mismo cuenta lo primero que hizo fue abrir el templo todos los días y celebrar en el altar mayor. Ahora la iglesia permanece abierta casi todo el día y hacen falta sillas adicionales para albergar a los fieles. Más de 700 todos los domingos, más incluso en las grandes fiestas. Casi 200 adultos se han bautizado desde que llegó, 34 en esta última Pascua.

Se ha convertido en un fenómeno de masas no sólo en Marsella sino en toda Francia, con reportajes de medios de todo el país atraídos por la cantidad de conversiones.

El nuevo cura de Ars en la Marsella agnóstica

Una de las iniciativas principales del padre Zanotti Sorkine para revitalizar la fe de la parroquia y conseguir tal afluencia de gente de toda edad y condición social es la confesión. Antes de la apertura del templo a las 8 de la mañana ya hay gente esperando en la puerta para poder acudir a este sacramento o para pedir consejo a este sacerdote francés.

Tal y como cuentan sus feligreses, el padre Michel Marie está buena parte del día en el confesionario, muchas veces hasta pasadas las once de la noche. Y si no está ahí siempre se le encuentra vagando por sus pasillos o en la sacristía sabiendo la necesidad de que los sacerdotes estén siempre visibles y cercanos para salir en auxilio de todo aquel que lo necesite.

La iglesia siempre abierta

Otra de sus señas de identidad más características es la de tener el templo permanentemente abierto. Esto le ha generado críticas de sacerdotes de su diócesis pero él afirma que la misión de la parroquia es “permitir y facilitar el encuentro del hombre con Dios” y el cura no puede ser un impedimento para esto.

El templo debe favorecer el nexo con Dios

En una entrevista en televisión afirmaba convencido que “si hoy en día la iglesia no está abierta es que de cierta manera no tenemos nada que proponer, que todo lo que ofrecemos se acabó.

Mientras que en este caso la iglesia está abierta todo el día, hay gente que viene, prácticamente nunca hemos tenido robos, hay gente que ora y le garantizo que esta iglesia se transforma en un instrumento extraordinario que favorece el encuentro entre el alma y Dios”.

Era la última oportunidad para salvar la parroquia

El obispo le mandó a esta parroquia como última oportunidad para salvarla y le hizo caso de manera literal cuando le dijo que abriera las puertas.

“Hay cinco puertas siempre abiertas y así todo el mundo puede ver la belleza de la casa de Dios”. 90.000 coches y miles de viandantes y turistas se encuentran con la iglesia abierta y con los sacerdotes a la vista. Este es su método: la presencia de Dios y su gente en el mundo secularizado.

La importancia de la liturgia y de la limpieza

Y aquí llega otro punto clave para este sacerdote. Nada más llegar y con la ayuda de un grupo de laicos renovó la parroquia, la limpió y la dejó resplandeciente. Para él este es otro motivo de por qué la gente opta por volver a la iglesia. “Cómo quiere que se crea que Cristo vive en un lugar si todo no está impecable, es imposible”.

Por ello, los manteles del altar y del Sagrario tienen un blanco inmaculado. “Es el detalle el que hace la diferencia. Con el trabajo bien hecho nos damos cuenta del amor que manifestamos a los seres y a las cosas”.

De manera tajante asegura que “creo que cuando se penetra en una iglesia donde todo no está impecable es imposible creer en la Presencia gloriosa de Jesús”.

La liturgia se torna en el punto central de su ministerio y mucha gente ha sido atraída a esta iglesia por la riqueza de la Eucaristía. “Esta es la belleza que conduce a Dios”, afirma.

Las misas están siempre repletas y en ellas hay procesiones solemnes, incienso, cánticos cuidados… Todo hecho al detalle. “Le doy un trato especial a la celebración de la Misa para mostrar el significado del sacrificio eucarístico y la realidad de la Presencia”.

“La vida espiritual no se concibe sin la adoración del Santísimo Sacramento y sin un ardiente amor a María” por lo que introdujo la adoración y el rezo diario del Rosario dirigido por estudiantes y jóvenes.

Sus sermones son también de lo más esperado e incluso sus feligreses los cuelgan en internet. En ellos llama siempre a la conversión, por la salvación del hombre. En su opinión, la falta de este mensaje en la Iglesia de hoy “es quizás una de las principales causas de la indiferencia religiosa que vivimos en el mundo contemporáneo”.

Ante todo claridad en el mensaje evangélico. Por eso advierte de la frase tan manida de que “todos vamos a ir al cielo”. Esta es para él “otra canción que puede engañarnos” debido a que hay que luchar, empezando por el sacerdote, para llegar al Paraíso.

El cura de la sotana

Si hay algo que distingue a este alto sacerdote en un barrio de mayoría musulmana es su sotana, que siempre lleva puesta, y el rosario entre las manos. Para él es primordial que el cura pueda ser distinguido entre la gente.

“Todos los hombres, empezando por uno que cruza el umbral de la iglesia, tiene el derecho de reunirse con un sacerdote. El servicio que ofrecemos es tan esencial para la salvación que nuestra visión debe hacerse tangible y eficaz para permitir esta reunión”.

De este modo, para el padre Michel el sacerdote lo es 24 horas al día. “El servicio debe ser permanente. ¿Qué pensaría usted de un marido que en su camino a su oficina por la mañana se quitara su alianza?”.

En este aspecto es muy insistente: “en cuanto a aquellos que dicen que el habito crea una distancia es que no conocen el corazón de los pobres para los cuales lo que se ve dice más de lo que se dice”.

Por último recuerda un detalle importante. Los regímenes comunistas lo primero que hacían era eliminar el habito eclesiástico sabiendo de la importancia de la comunicación de la fe. “Esto merece la atención de la Iglesia de Francia”, afirma.

Sin embargo, su misión no la desarrolla únicamente en el interior del templo sino que es un personaje conocido en todo el barrio, también por los musulmanes. Desayuna en los cafés del barrio, allí habla y se reúne con los fieles y con gente no practicante. Él lo llama, su pequeña capilla.

Así ha conseguido ya que muchos vecinos sean ahora asiduos de la parroquia y han convertido a esta iglesia de San Vicente de Paúl en una parroquia totalmente resucitada.

Una vida peculiar: cantante de cabarets

La vida del padre Michel Marie ha estado siempre en movimiento. Nació en 1959 y tiene orígenes rusos, italianos y corsos. A los 13 años perdió a su madre y le causó una “ruptura devastadora”, lo que le hizo unirse aún más a la Virgen María.

Al tener un gran talento musical, apagó la pérdida de su madre con la música. En 1977 tras ser invitado a tocar en el café París de Montecarlo, se trasladó a la capital donde comenzó su carrera de compositor y cantante en cabarets.

Sin embargo, la llamada de Dios era más fuerte y en 1988 entró en la orden dominica por su devoción a Santo Domingo. Con ellos estuvo cuatro años cuando ante la fascinación por San Maximiliano Kolbe se fue a la orden franciscana, donde también permaneció cuatro años.

Fue en 1999 cuando fue ordenado sacerdote para la diócesis de Marsella con casi cuarenta años. Además, de su música, dedicada ahora a Dios, también es escritor de éxito, ha publicado ya seis libros, y poeta.

https://www.jovenescatolicos.es/2017/05/29/el-nuevo-cura-de-ars-de-la-marsella-agnostica-multiplica-los-fieles-en-un-barrio-islamico/?fbclid=IwAR2aL1kd9FfrgrkkvO_d_FKjovWQyMs8tYuej_Jr2UN26NuQcYGq7oRj8dI

 


El maná de cada día, 4.3.19

marzo 4, 2019

Lunes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario

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Vende lo que tienes, dáselo a los pobres, y luego ven y sígueme

 

PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 17, 24-29

A los que se arrepienten Dios les permite volver, y consuela a los que han perdido la esperanza, y los hace partícipes de la suerte de los justos.

Retorna al Señor y abandona el pecado, reza ante su rostro y elimina los obstáculos.

Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia y detesta con toda el alma la abominación.

Reconoce los justos juicios de Dios, permanece en la suerte que te ha asignado y en la oración al Dios altísimo.

En el abismo ¿quién alabará al Altísimo como lo hacen los vivos y quienes le dan gracias?

Para el muerto, como quien no existe, desaparece la alabanza, solo el que está vivo y sano alaba al Señor.

¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que retornan a él!


SALMO 31, 1b-2. 5. 6. 7

Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay engaño.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia: la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación.


ALELUYA: 2 Co 8, 9

Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza.


EVANGELIO: Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».

Jesús le contestó: «Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».

Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¿Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».

Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».


Las monjas de clausura que se han vuelto virales gracias a su reto

febrero 26, 2019

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 Monjas dominicas del Monasterio de San Blas en Lerma, Burgos: Cada mañana a través de Whatssap envían mensajes que se han vuelto virales.

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Las monjas de clausura que se han vuelto virales gracias a su reto

Las monjas del Monasterio de San Blas en Lerma crean mensajes virales en Whatssap con su “reto del amor” 

Por Marina Martín Álvarez, redactora de ‘Religión COPE’

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Ser monja de clausura no es sinónimo de estar incomunicada del resto del mundo. Las dominicas del Monasterio de San Blas en Lerma, Burgos, son un claro ejemplo de ello. Cada mañana a través de Whatssap envían una reflexión. Lo llaman “el reto del amor”: son unos mensajes que se han vuelto virales y que estas monjas difunden a través de varios grupos Whatssap.

Todos sus mensajes comienzan con la frase: “Hola, buenos días, hoy -Aroa- nos lleva al Señor. Que pases un feliz día”. Con estas palabras cada mañana lanzan una reflexión que se difunde, como apuntan desde su página web, a miles de personas.

Las monjas llevan dos años haciendo este reto. Son puntuales. Antes de las ocho de la mañana ya han enviado su reflexión del día: “De hecho, lo enviamos a las 07:50 cada día, porque a las ocho ya es tarde para mucha gente que entra a trabajar a esa hora“.

Además, en su página web se puede encontrar un video en el que cuentan en qué consiste este reto. Estas monjas apuntan que en el texto que envían por Whatssap cuentan “a través de hechos reales cómo vemos a Cristo actuar en nuestra vida. Y terminamos proponiendo un reto para ese día, de forma que todo el que lo lea: rece y ame”.  Y nos lanzan una pregunta: ¿Dónde has visto hoy a Cristo?

Una pregunta que nos invita a reflexionar sobre Jesús y cómo este puede actuar en nuestro día a día. Pequeños detalles con los que estas monjas de Lerma quieren hacernos reflexionar sobre Cristo y relacionarnos con él mediante las nuevas tecnologías.

El origen de “el reto del amor”

Según apuntan desde su página web: “Todo comenzó cuando una de las hermanas inició un acompañamiento espiritual a una joven que acababa de vivir un proceso fuerte de conversión. Ese acompañamiento contaba con unas reflexiones matutinas que le pretendían ayudar a mantenerse en la presencia de Dios cada día”.

“La idea gustó y más personas desearon recibir esa reflexión que poco a poco se abrió al resto de las hermanas de la comunidad, de manera que cualquiera de ellas podía compartir esa lectura cristiana de hechos cotidianos. Así, una visita inesperada, el detalle de una hermana, una avería doméstica o el vuelo de una mosca se convertían en el “guiño de Dios” que se comunica con el ser humano de mil maneras”.

Un ejemplo, de uno de los mensajes, de “el reto del amor”

“Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día”.

UN DESAYUNO “REDONDO”

Los días de fiesta suelen ponernos algún pequeño detalle en el plato de cada una para el desayuno: una galleta diferente, un trozo de bizcocho… algo que marque la diferencia.

Ayer fuimos a desayunar y, al entrar en el refectorio (comedor), miré hacia la mesa y había en cada sitio algo excepcional, ¡muy excepcional! Cada una teníamos un donuts en nuestro sitio.

Se nos abrían los ojos, sobre todo a las jóvenes, a la vez que nos preguntábamos unas a otras de dónde habían salido. La respuesta no tardó en llegar: nos los había traído el sacerdote que vino a predicarnos en el retiro el día anterior. ¿El sacerdote? Su gesto no me dejó indiferente.

Son esas experiencias en las que ves y sientes que la Iglesia es Madre, que un gesto pequeño de uno, puede suponer un gran impulso en la vocación de otro, y así, entre todos nos sostenemos.

Jesús quiso que nos amásemos y fuésemos uno. Él siempre estaba pendiente de sus discípulos, de que estuvieran bien, de que compartieran… en definitiva, de que hicieran comunidad. Él dejó a Pedro a la cabeza de Su Iglesia, no buscó un hombre perfecto, sino un hombre que había experimentado su Amor, su Misericordia.

Por ello, en la Iglesia de Jesús, no busques hombres perfectos, sino hombres enamorados de Cristo, que quieren darte lo mejor que tienen, y entregan su vida para ser Padres y Pastores.

Hoy el reto del amor es que tengas un detalle con un sacerdote que viva cerca de ti y cuides de su vocación. Un postre, un táper con comida, invitarle a tu casa o preguntarle cómo está… un gesto tuyo en el que sienta que formamos una familia.

VIVE DE CRISTO

Si quieres recibir “el reto del amor”, contacta con las monjas del Monasterio de San Blas en:  vivedecristo@gmail.com.

https://www.cope.es/religion/historias/noticias/las-monjas-clausura-que-han-vuelto-virales-gracias-reto-20190225_360471


Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central

febrero 16, 2019

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Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central. Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.

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Jugarse la vida, diálogo del Papa Francisco con los jesuitas de América central

Papa Francisco

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A las 15.45 del 26 de enero de 2019 el papa Francisco se encontró en la Nunciatura de Panamá con 30 jesuitas de la provincia centroamericana, que comprende los territorios de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala. Estaban presentes el provincial, P. Rolando Enrique Alvarado López, el maestro de novicios, P. Silvio Avilez, y 18 jóvenes novicios.

Apenas entró Francisco en la sala del encuentro, los jesuitas entonaron el canto En todo amar y servir, muy conocido en la Compañía de Jesús. Luego el Papa saludó a todos, uno por uno, antes de sentarse e iniciar la conversación.

Por Antonio Spadaro S.I.

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Gracias por su visita. A mí me gusta en mis viajes encontrarme con «los nuestros», como se decía en mi época.[1] Lo que sí quería es decirles una cosa: a las provincias de la Compañía que se lamentan de que no tenemos novicios… Tú, provincial, ¡pásales la receta!

Ustedes pregunten lo que les parezca, lo que les pueda interesar, lo que tengan curiosidad de saber… Y en base a eso armamos el diálogo. Yo no tengo nada preparado. Vean ustedes…

En la homilía que tuvo con los Obispos, después de hablar de Monseñor Romero, citó al padre jesuita Rutilio Grande. Cómo va la causa de beatificación de Rutilio.

Yo a Rutilio lo quiero mucho.[2] En la entrada de mi cuarto tengo un marco que contiene un pedazo de tela ensangrentada de Romero y los apuntes de una catequesis de Rutilio. A Rutilio le tomé mucha devoción antes incluso de conocer bien la figura de Romero.

Cuando estaba en Argentina su vida me llegó, su muerte me tocó. Según las últimas noticias que tengo de personas informadas, la declaración de martirio está yendo muy bien. Y es una honra… Hombres de este tipo… Rutilio, además, ha sido el profeta. El que «convirtió» a Romero.

Aquí hay una visión: la dimensión de profecía, la de aquel que es profeta por el testimonio de su vida y no solamente de palabra, como aquellos que lo son porque dan clase y andan por ahí hablando.

Rutilio es un profeta de testimonio. Decía también todo lo que tenía que decir, pero fue su testimonio, el testimonio martirial, lo que al fin movió a Romero. Esa fue la gracia. Así que pídanles a ellos en sus oraciones.

Usted fue maestro de novicios, ¿verdad? ¿En qué años?

Comencé en febrero o marzo, no recuerdo bien, de 1972. Y fui maestro hasta el día de san Ignacio de 1973, en que asumí como provincial. Un año y medio.

A Usted, que ha sido maestro de novicios, le hago una pregunta de maestro. Hoy, en los primeros decenios del siglo XXI, las situaciones son muy distintas de las de aquellos convulsionados años setenta en América Latina. Pero en qué les insistía Usted a sus novicios que, según Usted, deberíamos seguir insistiendo a los novicios de ahora?

De las cosas de aquel momento que habría que trasladar a hoy, que permanecen actuales, remarcaría una actitud: la claridad de conciencia. Para los que son solapados no hay lugar: no sirven para la Compañía. Cuando tú lees las cartas de Javier, lo que quería él es que se supieran las cosas: lo que Jesús hace en el alma de cada uno, y también cómo el diablo tienta y cómo el mundo seduce.

Este espíritu supone una gran confianza. Por eso el maestro de novicios no tiene que ser una persona pusilánime. Tiene que ser abierto, muy abierto, que no se asuste de nada ni le tenga miedo a nada; en cambio, debe ser agudo, capaz de decir: «Ten cuidado con esto, mira, esto que me dices es peligroso; esto es una gracia, dale para adelante por acá». Debe saber discernir. Un hombre que no se asusta, un hombre de discernimiento.

La claridad de conciencia, por tanto. Cuando estoy con novicios yo les digo: miren, si ustedes no se acostumbran desde ahora a ser transparentes, mejor que se vayan. Porque eso va a crecer mal. Alejarse de la transparencia por una cosa quizás pequeña es algo que puede pasar en todo proceso de crecimiento.

Pero estén atentos porque, si no se remedia rápido, llegará un momento en que la Compañía no va a saber qué hacer con esa persona, porque se rompió el lazo de fraternidad, el ser compañeros en el Señor. Entonces esa persona empieza a ir adelante a fuerza de trampas, excusas, enfermedades. Con mil cosas que le permiten hacer lo que ella quiere.

Los que actúan así puede que vayan al cielo, seguramente. Pero qué vida inútil, Dios mío, ¡qué vida superficial! Mejor salir, casarse, ojalá, tener hijos y estar en paz. Pero vivir así, sin claridad de conciencia, es quedarse en la cáscara de la Compañía, no entrar adentro.

Yo insistiría mucho en esto. Claro que es una cosa delicada. Porque implica en el maestro una capacidad de respeto, de no asustarse, de escuchar, de animar. De ser más exigente.

Esto vale también para los superiores. A veces a ti te debe pasar que hubieras deseado que tal persona no hubiera sido claro de conciencia, porque tiene un problema que no sabes cómo resolver. Pero es la claridad de conciencia lo que nos hace jesuitas. Además, el jesuita tiene que saber que el superior lo quiere bien y que el diálogo es en Dios.

En el libro entrevista sobre la vida consagrada que recién ha salido,[3] cuento una anécdota. Es acerca de un superior. Un joven, un maestrillo,[4] estaba en un cierto colegio de España, y su madre tenía un cáncer terminal. Y en la ciudad en que vivía su madre había otro colegio de la Compañía. Y un día, cuando el provincial hacía su visita, entre otras cosas el joven le dice:

«Mire, mi madre está mal. Tendrá menos de un año de vida. Sé que tienen que mandar un maestrillo a ese colegio. Le quisiera pedir que me mandara a mí; así estaré en la ciudad de mi mamá y la podré acompañar en su último tramo». El provincial lo escuchó con mucha atención y le dijo: «Lo voy a discernir, debo pensarlo». Y el muchacho se quedó en paz.

Esto pasó hacia el mediodía. El provincial se iba tempranito a la mañana siguiente. El muchacho hizo sus cosas normalmente a la tarde y a la noche se quedó rezando en la capilla, por su mamá, para que saliera todo bien… Se quedó hasta tarde y, cuando llegó a su pieza encontró un sobre de parte del provincial. Lo abrió…

Era una carta con fecha del día siguiente, en la que el provincial le decía: «Después de haberlo considerado ante el Señor y buscando su divina voluntad [y otras afirmaciones por el estilo], y después de haber celebrado la Eucaristía [¡la del día siguiente!] pienso que te tienes que quedar en este colegio».

¿Qué había sucedido? El Provincial tenía que irse temprano y había adelantado el trabajo, había escrito y dejado todas las cartas al ministro,[5] para que las entregara al día siguiente. Pero el ministro, viendo que era tarde y ya estaban todos durmiendo, las entregó esa misma noche. Ese jesuita no salió de la Compañía, pero hubiera tenido todos los motivos para hacerlo.

Por tanto, es verdad que a veces la claridad de conciencia termina en un antitestimonio de este tipo, ¡en una hipocresía! ¡Además, se juega con el discernimiento, con la Misa, con todo…! Aquel superior no tenía escrúpulos. Era de ese tipo de superiores que juegan siempre al equilibrio. Superiores mundanos, con espíritu del mundo.

Y entonces también los superiores no ayudan a tener claridad de conciencia, y son responsables de que no la haya. El superior tiene que ser muy humilde, muy hermano, y saber que el día de mañana será él el que tenga que abrir su conciencia a otro superior. Insisto en esto: la transparencia.

Ustedes métanselo en la cabeza, apuesten a esto. Si no, van a fracasar. Van a ser jesuitas «chirles» (inconsistentes). Para eso mejor que se vayan, mejor ser buenos padres de familia. No estoy haciendo algo trágico de esto, pero es una de las cosas medulares de la Compañía, lo que garantiza el amor a Cristo, el seguir a Cristo. He sido formado así.

¿Como visualiza Usted, hoy en día, la vocación de hermano?

Las vocaciones en la Compañía son tres: de profeso, de coadjutor y de hermano.[6] En 1974, en tiempos de la Congregación XXXII, que comenzó el 3 de diciembre, había mucha efervescencia por la igualdad. Se pensaba que la diferencia entre profeso y coadjutor espiritual era una injusticia social.

Había habido cierta infiltración ideológica en esto. De hecho, después hubo una racha de dar la profesión a todo el mundo así, según algunos, serían todos iguales. El padre Arrupe tuvo que reaccionar. Si se hubiera dado esto se habría perdido algo de la Compañía. Saltó otra visión en aquella época, también ideológica: que el servicio propio de los hermanos en la Compañía era una especie de injusticia social.

Se hacía de eso una cuestión «de nivel social». Como si el hermano Antonio García, el custodio del museo de los mártires en Nagasaki, fuera un «sirviente», en el sentido clásico y sociológico de la palabra. ¡Y en cambio él era más sabio que todos nosotros aquí juntos! Era él el que ayuda a tantos con su consejo. El hermano es el que tiene el carisma más puro de la Compañía: servir, servir, servir.

Al comienzo ustedes cantaban En todo amar y servir. El hermano es así. Concreto. Entre los hermanos que yo he conocido, algunos eran pintorescos, tenían sus defectos… Algunos han luchado tanto, han luchado por su vida religiosa, como héroes, y no han sido suficientemente ayudados en sus luchas y dificultades.

Me recuerdo de uno, claro de conciencia, pero un poco «donjuán». Este pobre hermano se enamoraba continuamente. Y venía con humildad y decía: «Ah padre, yo me la paso buscando novia siempre». ¡Quién sabe, quizás no tendrían que haber entrado en la Compañía!

Pero eran hombres transparentes, y con buen ojo para valorar las situaciones. Hay ahí una vocación al servicio de un modo diverso: en la misma fraternidad, con la misma dignidad religiosa, no simplemente sociológica, como se quería en un tiempo.

Algunos hacían comparaciones y decían «el hermano es la madre». No, no, no. Eso no va. La madre es la Compañía y con una nos basta. Pero el hermano es aquel que está en lo concreto, que mira a lo concreto, que sabe moverse en lo concreto, haga lo que haga. Sea enfermero, cocinero, portero, profesor. Tiene otra dimensión. Valorar el hermano según criterios sociológicos no es jesuita. Esto es sacar de contexto el servicio que le es propio.

Entre los hermanos que teníamos en la Argentina, algunos tenían sus defectillos, es verdad, pero eran hombres de este calibre. Yo recuerdo uno, un santo varón. Era croata. Había escapado de su patria y había terminado trabajando de minero en Bélgica, en Charleroi. Siempre conservó la piedad. Quería ser religioso. No sabía dónde.

Emigró a la Argentina y allí entró en la Compañía. Era un hombre muy sencillo. Se encargaba de todos los trabajos de cerrajería y herrería. Y para decirlo en términos de cerrajería, tenía la llave de toda la realidad, de todo lo que pasaba, pero no hablaba si no le preguntaba el superior.

He conocido tantos como él: robles. Muchos eran españoles que venían a la Argentina. La provincia de Loyola era una fábrica de hermanos. Los vascos que vinieron a nuestra tierra eran hombres de una sola pieza, hablo de los que conocí yo.

¿Por qué digo todos estos ejemplos? Para decirte que la vocación de hermano no hay que considerarla desde un punto de vista sociológico, sino del punto de vista de lo que los hermanos son en realidad en su vocación específica, como san Ignacio los ha querido en la Compañía.

No quiero exagerar, pero cuando era provincial, los informes más simples y a la vez más acertados para las ordenaciones me los daban los hermanos. Decían: «Sí, ta…, ta… Pero cuidado con este problema!». O «Esta persona tiene algunos defectos, sí. Pero tiene también esta virtud…». En síntesis: no se les escapaba una. Tenían un ojo especial.

En la Compañía el hermano influye mucho sobre el cuerpo colectivo y sobre la comunidad. Se lo debe promover, como a cualquier jesuita, para que dé lo mejor de sí. Pero la promoción no debe estar fundada sobre una motivación sociológica o ideológica, como si el hermano tuviera necesidad de una promoción para sentirse persona. Si no se siente persona como hermano, debe replantearse su vocación. El hermano no tiene necesidad de maquillaje. Esta vocación no debe desaparecer. No sé si te contesté.

Estamos en el contexto de la JMJ y hay encuentros diversos de jóvenes en torno a esto. El día de la bienvenida en la Cinta costera, Usted habló sobre la cultura del encuentro. Usted está convencido de que el encuentro es un tema fuerte para nuestros jóvenes, invadidos con tanta cultura informática. Parece que el encuentro a veces se ve truncado y que la cercanía está mediada por la red informática.

Mira, el mundo virtual es especialista en hacer contactos pero no encuentros. A veces fabrica encuentros seduciéndote con los contactos. El que vio bien esto bajo el aspecto filosófico fue Bauman. Escribió su último libro con su ayudante italiano y murió mientras trabajaba en el último capítulo. La viuda se lo dio al ayudante: «Termínelo usted y publíquelo, ponga también el nombre de mi marido, porque usted era discípulo suyo y lo conocía bien». Y lo publicó en italiano.[7] Se titula Nacidos líquidos, o sea inconsistentes. Pero en la traducción alemana el título es Die Entwurzelten, desarraigados. En la mentalidad alemana, los que nacen líquidos no tienen raíces. Perfecto. Es así.

¿Qué hace el mundo puramente virtual si está aislado en sí mismo? Te da satisfacciones, una consolación artificial, pero no te mantiene unido a tus raíces. Te pone en órbita. Te quita lo concreto. El mundo virtual corre el riesgo de ser un mundo de contactos —se lo dije a los obispos—, pero no es un mundo de encuentros.

Y esto es un peligro, un peligro muy grave. Respecto a esto los jóvenes necesitan tener una dirección muy seria que no los haga sentirse despojados, sino enriquecidos. Aquellos de ustedes que trabajan con los jóvenes, por ejemplo en los colegios, tienen la tarea de ayudarlos al encuentro.

¿En qué consiste la actual crisis del encuentro? Es una crisis de raíces.

La generación intermedia —al menos en Europa y en mi patria—, o sea los padres de los jóvenes, no tienen la fuerza suficiente para transmitir raíces. Porque son personas tironeadas. A menudo en competencia con los hijos. Las raíces las dan los abuelos. Todavía están a tiempo de hacerlo. Las raíces las dan los viejos. Cuando digo que los jóvenes deben encontrarse con los viejos, no expreso una idea romántica. Háganlos hablar.

Al principio los jóvenes dicen que se hartan, que se aburren y se quedan callados. He tenido experiencia de jóvenes y de grupos juveniles a los que se les proponía ir a tocar la guitarra a los abuelos de una casa de reposo. Respondían: «No, son viejos». Pero después, cuando iban a visitarlos, no se querían volver.

Una canción, después otra. «¿Por qué no me canta esta?», y «En mi época…», y así: los viejos se despiertan… Yo me refiero al capítulo 3 del libro de Joel: los viejos soñarán y los jóvenes profetizarán. Los viejos empiezan a soñar, a contar, y los jóvenes se ponen a profetizar: no lo que les dijeron los viejos, sino lo que los sueños de los viejos despiertan en ellos.

Eso es encuentro. Eso es realidad. Pero es importante ir a las raíces. Lo que la cultura virtual nos propone es algo líquido, gaseoso, sin raíces, sin tronco, sin nada. Es lo mismo que pasa con la economía y las finanzas. En estos días leía una noticia proveniente del encuentro de Davos, que la deuda de los países en general es mucho mayor que el producto bruto de todos juntos.

Es como la estafa de la cadena de san Antonio: las cifras se van inflando, por millones y trillones, pero debajo no hay otra cosa que humo, todo es líquido, gaseoso, y tarde o temprano, eso se va a venir abajo.

La virtud que hoy se nos pide a todos, y más a un jesuita, es concreción. Como aquel confesor que teníamos en el Máximo, que confesaba a la noche. Era muy viejito. Mientras hacíamos el examen de conciencia, algunos iban a confesarse, y siempre había una cola delante de su puerta. El confesaba rápido, decía pocas palabras. Pero un compañero nuestro, que era un ángel, muy espiritual, nos contó que una vez había ido a confesarse con él y no volvería más. «Me maltrató, me retó», decía.

Y claro, sentimos curiosidad… ¿Qué habría dicho este ángel para que el otro le gritara así? Y él nos lo contó: «Yo le empecé a decir mis dificultades. Y él me dijo: largá el gordo, largá el gordo!». Claro, estaba acostumbrado a escuchar cosas gordas y entonces cuando este le vino con cosas angélicas, tan líquidas, no le creyó nada y entonces lo animaba a que largara todo. ¡Concreción! Nada de andar con la cabeza por las nubes.

Ahora, cómo hacer que los chicos tengan concreción. Yo pienso en el padre La Manna, que ahora está en el instituto Máximo de Roma. Este hombre logró hacer concreción en su colegio, uno de los más chic de Roma; logró crear con los chicos un espíritu social impresionante. Concreción. Nada de cositas etéreas. La vida espiritual concreta. El compromiso, concreto. La vida de amistad, concreta. Concreción.

Es con esto que salvaremos al hombre. Pero vuelvo sobre el diálogo con los viejos. Por favor, háganlo antes de que sea demasiado tarde. Porque es un ancla que puede salvar a nuestra juventud.

Viendo el testimonio que ha caracterizado a la Compañía de Jesús en Centroamérica, ¿qué piensa que podemos aportar a la Iglesia universal?

En América ustedes fueron pioneros en los años de las luchas sociales cristianas. Ustedes fueron pioneros. Si el padre Arrupe escribió la Carta sobre los cristianos y el «análisis marxista» para hablar de la realidad en la teología de la liberación, fue porque había algún jesuita que por ahí se confundía un poco. No por mala intención pero se confundía, y entonces el padre tuvo que poner las cosas en su sitio. En el foco.

En aquel entonces el que condenaba la teología de la liberación, condenaba a todos los jesuitas de Centroamérica. Yo he escuchado condenas terribles. Y el que la aceptaba, aceptaba todo sin distinguir. De todas maneras, la historia ayudó a discernir y a purificar. Son procesos de purificación. Pero si no me equivoco, ustedes fueron pioneros, con sus propios pecados, con sus propios errores, pero pioneros al fin.

En aquel tiempo, un día tomé el avión para ir a una reunión. Salía de Buenos Aires, pero, como el boleto era más barato, hice escala en Madrid, para después ir a Roma. En Madrid subió un obispo de Centroamérica. Lo saludé, me saludó; nos sentamos juntos y empezamos a hablar. Yo le pregunté por la causa de Romero, y él me dijo: «Ni hablar. Ni hablar. Sería canonizar el marxismo».

Ese fue el introito. Después siguió. Dentro del mismo episcopado había visiones diferentes, incluso condenatorias de la línea de la Compañía. De hecho aquel obispo pasó de criticar a Romero a criticar a los jesuitas de Centroamérica. Pero no era el único que pensaba así. En aquella época, otros miembros de la jerarquía eran muy cercanos a los regímenes de entonces, se respaldaban en ellos.

En una reunión en Roma me encontré con un provincial que estaba tachado de izquierdista. Yo le pregunté sobre la teología de la liberación, y él me dio un panorama muy objetivo, incluso crítico con algunos jesuitas, pero haciendo ver cuál era la dirección positiva; a quien veía todo esto desde afuera, en cambio, todo le parecía muy, muy difícil de aceptar.

La idea era que canonizar a Romero era imposible porque ese hombre no era ni siquiera cristiano, ¡era marxista! Y por lo tanto lo atacaban. Pero en aquella tempestad había también un germen bueno. Que algunos exageraron, sí, pero después volvieron. Siempre ha habido exageraciones.

Hubo alguno que dijo cosas más fuertes que otros, es verdad, pero lo sustancial era distinto. Ustedes estuvieron de lleno en medio del zafarrancho. Y sería lindo que releyeran la historia de esos hombres. Había personas como Rutilio, que nunca se bandeó e hizo todo lo que tenía que hacer. Ideológicamente Rutilio no se bandeó nunca, y en cambio hubo algún otro que por ahí un poco se bandeaba, porque estaba enamorado de la filosofía de tal autor y con esa base releía e inspiraba los hechos. Pero son cosas humanas, comprensibles en coyunturas humanas difíciles.

Las dictaduras que tuvieron ustedes en Centroamérica fueron de terror. Lo importante es no dejarse ganar por la ideología ni de un lado ni de otro, y menos de la peor de todas, que es la ideología aséptica. «No te metas»: esta es la ideología peor. Era la actitud de aquel obispo que encontré en el avión, que era un aséptico.

Arrupe sobre esto era muy claro en el discernimiento que hacía. Los defendía a todos, pero después le ajustaba en privado a cada uno lo que le tenía que ajustar, si le tenía que ajustar algo. Eso es típico del superior, defender a todos… Y por eso es importante la cuenta de conciencia, porque allí se ajustan los tornillos donde se tienen que ajustar. Esta es mi opinión.

Y hoy, nosotros los viejos nos reímos cuando vemos las preocupaciones que tuvimos con la teología de la liberación. Lo que por ahí fallaba era la comunicación hacia afuera de cómo estaban las cosas en verdad. Había muchas maneras de interpretarla. Es verdad que algunos cayeron en el análisis marxista.

Pero les cuento algo divertido: el gran perseguido, Gustavo Gutiérrez, el peruano, concelebró la Misa conmigo y con el que era entonces prefecto de la Doctrina de la Fe, el Cardenal Müller. Esto fue porque Müller me lo trajo como amigo suyo a concelebrar. Si alguno en aquella época hubiera dicho que el prefecto para la Doctrina de la Fe habría llevado a Gutiérrez a concelebrar con el Papa, habrían dicho «este tomó de más».

La historia es maestra de la vida. Uno va aprendiendo. Una de las cosas que a mí me hizo mucho bien en una época de mi vida, fue leer la Historia de los Papas de Ludwig von Pastor… un poco larguita, ¡37 tomos! Ahí descubrí sobre todo la época de la expulsión de la Compañía… pero no solo eso. La historia nos enseña.

Sin ir tan lejos, les recomiendo que lean los cuatro tomitos de Giacomo Martina, gran profesor de la Gregoriana, sobre la historia de la Iglesia de Lutero a nuestros días. Se leen bien, porque tiene una linda prosa. Los va a ubicar en los problemas del modernismo… Ir a la historia para entender las situaciones. Sin condenar personas y sin santificarlas antes de tiempo. No sé si te respondí…

Dentro de poco algunos de nosotros profesaremos nuestros votos. ¿Qué nos puede decir?

¡Que los votos son perpetuos! No son perpetuos para el superior que los recibe, pero para ustedes que los pronuncian, sí.[8] Y con eso no se embroma. Si alguno no se siente bien con esto, que no los haga, que se tome más tiempo. ¿Voy a probar? No, de ninguna manera. De parte tuya, son perpetuos, para toda la vida.

Jugarse la vida: es una de las cosas en las que más se corre peligro hoy día. Porque estamos en una época en que lo provisorio prima sobre lo definitivo. En todo. Por ejemplo, se dice: «Yo me caso por toda la vida… mientras dure el amor». Es igual que decir: «Me caso por tres o cuatro años, luego, al primer conflicto, al primer enfriamiento del amor, me busco otra pareja».

Me contaba un obispo, en una de las visitas, que un joven abogado, apenas recibido, 23 años, un apóstol, comprometido en uno de los grupos, le dijo: «Yo quiero ser cura, ¡pero por diez años!». ¡Lo provisorio! Hay un libro de José Comblin, de hace cuarenta o cincuenta años, agotado, que se llama O provisorio e o definitivo, y habla de la filosofía de la cultura que está aflorando hoy: la cultura de lo provisorio. Todo sí, mientras dure. Mientras dure la consolación, mientras me traten bien…

Y a veces la vida no te trata bien, te trata como a un delincuente. Y si tú amas a Aquel que fue tratado como un delincuente, no te queda otra que aguantar. Es lo definitivo, con todo lo que supone la tercera semana de los Ejercicios espirituales.[9] Con todo lo que supone el coloquio de las «Dos banderas»,[10] que no es una cosa caballeresca de Ignacio, sino su experiencia.

Lo cual supone pedir ser humillado, pasar humillaciones, por amor a Cristo, sin dar motivo para ello. Los votos son perpetuos, con un estilo de vida. Son perpetuos con un estilo de vida que tiene que ser el de los Ejercicios, según los cuales te pueden mandar a hacer cualquier trabajo, cualquier cosa: desde enseñar religión a los chicos hasta enseñar en la universidad, o a hacer, qué sé yo… de equilibrista en un circo…

La Compañía puede mandarte a hacer cualquier cosa. Es esto lo que entiendo por definitivo. El tiempo, definitivo; el estilo, el de los Ejercicios; la disponibilidad, para lo que sea. Para amar y servir, como cantaban ustedes al comienzo. No decían para tener simpatía y dar una mano. Amar y servir es medular. ¡No se asusten! ¡Coraje!

Tengo una pregunta sobre la inculturación en cuanto a los pueblos de nuestra América. Yo hablo en primera persona, ya que pertenezco a la cultura maya. ¿Qué opina Usted de aquellos curas y obispos diocesanos que buscan homologar a los jóvenes desde los primeros momentos de la formación? En la práctica, lamentablemente, formar se convierte en opacar, se tapa la identidad. ¿Qué piensa Usted de esos curas que ya no están en sintonía con el pueblo del que han salido?

Mi abuela insistía mucho con la catequesis. Nos explicaba que en la vida teníamos que ser humildes y no olvidarnos que habíamos nacido en una familia humilde. Ella era del norte de Italia, nos contaba de una familia que había mandado a un hijo a estudiar en la universidad. Decía que era un hecho que había pasado realmente. Se trataba de una familia de campesinos. El hijo no volvió hasta que se recibió. No había tenido la posibilidad de volver.

Y cuando volvió a casa empezó a preguntar al padre: «¿Cómo se llama esa herramienta? ¿Y cómo se llama esa otra?». «Esta es la pala, hijo mío». «Ah! La pala. Y aquella otra herramienta cómo se llama?». «El martillo». «Ah! El martillo». Se había criado ahí, toda la vida, pero no recordaba nada. «Y esa otra herramienta, cómo se llama?» Y el papá le decía. Había ahí un rastrillo. Y el hijo, distraídamente… había un rastrillo (sin darse cuenta de que había un rastrillo), lo pisó. El rastrillo se alzó y le pegó en la cabeza. Y él exclamó: «¡Rastrillo de porquería!». [Aquí el Papa imita el gesto provocando la risa general].

¡Al que se olvida de su cultura le hace falta un rastrillazo en la cara! Es tremendo cuando la consagración a Dios nos hace esnob, nos hace subir de categoría social hacia una que parece más educada que la nuestra. Cada uno tiene que conservar la cultura de la que viene, porque la santidad que quiere alcanzar tiene que ser en base a esa cultura, no a otra. Tú que vienes de esas culturas, no almidones tu alma, por favor. Sé maya hasta el final. Jesuita y maya.

El otro día el P. Lombardi me decía que estaba trabajando en la causa de beatificación de Mateo Ricci, y me hablaba de la importancia de su amistad con Xu Guangqi,[11] el laico chino que lo acompañaba y que siguió siendo laico y chino, y a santificarse como chino, no como italiano, como Ricci. Esto es mantener la propia cultura.

Hoy almorcé con los jóvenes. Venían de todos lados: de Burkina Faso, de la India, de Estados Unidos, de Australia, de España. Fue muy lindo. Y había una chica centroamericana, indígena, que quiso maquillarse según sus tradiciones. Una persona «ilustrada», viéndola así, habría quizás podido decir con ironía: ¡ahí está «la indiecita», toda pintarrajeada! Cuando «la indiecita» habló, le dio una linda paliza a los que no respetan la madre tierra.

Aquella joven habló desde su cultura con tal capacidad intelectual que al final, cuando los de la Oficina de Prensa me preguntaron a quién podían llevar para las entrevistas, les respondí: a los que quieran, pero a ella llévenla sí o sí, porque va a decir cosas que ningún otro dirá. Esa chica, militante, católica, creo que es de profesión docente, no había perdido su cultura, ¡la había hecho crecer! Esto es, pues, lo que quiero decir: debemos inculturarnos hasta el final.

En el año 1985, en nuestra facultad de Teología de San Miguel, hicimos un Congreso sobre «La evangelización de la cultura y la inculturación de la fe».[12] Eran los años de Puebla. Ahí hubo algunas intervenciones que a algunos les parecieron escandalosas. Recuerdo que una vez fui a Roma por un asunto y visité la Congregación para el Culto Divino.

Uno de los peritos que trabajaban allí, hablando de la inculturación, me dijo: «Estamos avanzando bastante. Ahora les hemos permitido a los japoneses hacer una reverencia al altar, en vez de besarlo. Porque a ellos besarlo no les dice nada». ¿Era esa la gran inculturación de una oficina de la curia? ¡Eso no sirve para nada! Son ustedes los que tienen que decir qué es la inculturación a partir de su experiencia. Pero tú, por favor, no cambies de cultura. Acuérdate del rastrillo.

¿Como encuentra Usted esta región centroamericana y qué podríamos hacer nosotros?

Ustedes son muy «coloridos»… En el mejor sentido, lo digo. Esta es una tierra de colores. Pienso en la cultura brasileña, afrobrasileña, como una tierra de sonidos, de danzas, de fiesta. Ustedes en cambio son una tierra de colores… Lo siento así. Es tierra de colores. Es la primera vez que pongo pie en Panamá, y hablaba de esto con el nuncio, que me ayudó a encontrar la palabra justa, porque él pensaba lo mismo: aquí hay «nobleza».

Es una tierra de nobleza. Panamá lo es. Esto me tocó. Ustedes son un condensado de colores, en el sentido más rico y más simbólico de la palabra. Lo percibo así. Y, claro, para un maestro de novicios discernir aquí puede ser más dificultoso, sobre todo a la hora de la inculturación, de la expresión colorida de su pueblo. Pero es lindo.

Luego de una hora de encuentro los responsables del viaje le avisan al Papa que es tiempo de partir. El Papa dice que hay tiempo para otras dos breves preguntas. La primera fue: como jesuitas ¿qué postura debemos tener ante la política?

Hoy en el almuerzo me hizo la misma pregunta una chica de Nicaragua. La doctrina social de la Iglesia es clara y se ha vuelto siempre más explícita a través de diversos pontificados. En esto la Evangelii gaudium es clarísima. Además, también el Evangelio es una expresión política, porque tiende a la polis, a la sociedad, a cada persona y a la sociedad, a cada persona en cuanto pertenece a la sociedad.

Es verdad que la palabra «política» está a veces incluso despreciada y se la entiende solo como lógica de partes, sectarismo político, con todo lo que esto comporta en América Latina en cuanto a corrupción política, sicarismo político y todo eso.

El compromiso político para un religioso no significa militar en un partido político. Claro que hay que expresarse con el propio voto, pero la tarea es estar sobre las partes. No en el sentido de quien se lava las manos, sino como uno que acompaña las partes para que lleguen a una madurez, aportando el punto de vista de la doctrina cristiana. En América latina no siempre ha habido madurez política.

Aprovecho la pregunta para mencionar algunos problemas que para mí tienen relevancia política. El primero es el de la nueva colonización. La colonización no es solo la que se dio cuando vinieron los españoles y los portugueses y tomaron posesión de estas tierras. Este es un tipo de colonización física. Hoy están de moda las colonizaciones ideológicas y culturales, son estas las que están dominando el mundo. En política ustedes deben analizar bien cuáles son hoy las colonizaciones a las que se ven sometidos nuestros pueblos.

El segundo problema es el de nuestra crueldad. Se lo dije a un político europeo que me respondió: «Padre, la humanidad ha sido siempre así, solo que ahora con los medios nos enteramos más». Puede ser que tenga razón. Pero la crueldad es terrible. Se inventan incluso las torturas más refinadas, se degrada lo humano. Nos estamos habituando a la crueldad.

Lo tercero tiene que ver con la justicia y es el castigo o la pena sin esperanza. Ayer salí feliz del Instituto de menores, porque he visto todo el trabajo que hacen allí para reconstruir la vida de las personas, chicos, chicas, muy deteriorados por el delito, para reinsertarlos. Pero la cultura de la justicia abierta a la esperanza no está bien radicada todavía.

Al fin del encuentro se acerca un jesuita de Nicaragua y le entrega al Santo Padre una carta de parte de un joven que está ahora en la cárcel, diciendo: «Ha sido monaguillo desde cuando tenía nueve años y su gran deseo era venir a la Jornada Mundial de la Juventud».

Luego se acercaron otros jesuitas con regalos. El primero fue lo que en Panamá llaman un «cocobolo», un objeto hecho de madera dura tropical de América central, que representa el monograma IHS propio de la Compañía de Jesús, con el pedido de ponerlo en el lugar donde reza a la mañana. El Papa riendo, dice: «¿Y si rezo a la tarde?». Todos ríen.

El provincial avisa que se volverá de color más oscuro con el paso del tiempo. Luego le regalan una tela realizada con tejidos propios de varios países de Centroamérica. También se le entrega al Papa una bandera de «Magis», institución ignaciana que convoca jóvenes de entre 18 y 30 años, traída por voluntarios del Colegio Javier de Panamá a la JMJ. Le piden al Papa si puede poner su firma en la bandera. Seguidamente le ofrecen otros regalos personales. El encuentro, que ha durado alrededor de una hora y 10 minutos, se concluye con una foto y con el rezo de un Ave María.

 

[1] «Los nuestros» es una expresión tradicional de los jesuitas para nombrarse a sí mismos. Las «provincias» son los territorios en los que la Compañía se subdivide en el mundo. Los «novicios» son los jóvenes religiosos en su etapa de formación inicial.

[2] Cfr. J.M. Tojeira, «Il martirio di Rutilio Grande» en Civiltà Cattolica, 2015, II, pp.393-406.

[3] Cfr. Papa Francisco, La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una conversación con Fernando Prado, Madrid, Publicaciones Claretianas, 2018.

[4] El «magisterio» es una etapa de formación del jesuita entre los estudios de filosofía y los de teología. Está dedicado al trabajo apostólico.

[5] El «ministro» en las casas de la Compañía es el que se ocupa de la vida concreta de la comunidad religiosa, como responsable de la casa.

[6] El cuerpo de la Compañía contempla tres vocaciones. La de los sacerdotes profesos, formada por aquellos que han pronunciado los tres votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y han hecho un voto especial de obediencia al Papa. La segunda, está formada por sacerdotes «coadjutores espirituales», que pronuncian votos simples. La tercera es la de los hermanos, que son religiosos no sacerdotes y pronuncian los tres votos simples. La elección entre el sacerdocio y la vida de religiosos no sacerdotes la hace generalmente la persona en el momento de su ingreso en la Compañía. En algunos casos se entra «indiferente», y la elección se hace después de un discernimiento durante el tiempo de noviciado.

[7] Z. Bauman y T. Leoncini, Tiempos líquidos, Barcelona, Tusquets, 2007.

[8] Los «primeros votos» de los jesuitas, que se hacen al fin del noviciado, son considerados perpetuos para el que los pronuncia. Por tanto, no se los «renueva» cada tres años, como se hace en otros Institutos religiosos. Son en cambio «recordados» anualmente hasta que no se pronuncian los «últimos votos» como profeso, coadjutor espiritual o hermano, al fin de la formación, y para los sacerdotes, después de la ordenación. Sin embargo, los primeros votos pueden ser revocados simplemente por el superior provincial.

[9] Se trata de la tercera etapa de los Ejercicios Espirituales en la cual se contempla el misterio de la Pasión del Señor.

[10] Se trata de una meditación de la «segunda semana» de los Ejercicios, antes de pasar a la elección de estado de vida. Ignacio hace meditar acerca de «cómo Cristo llama y quiere a todos bajo su bandera y Lucifer, al contrario, bajo la suya», «viendo el lugar», es decir imaginando la «región de Jerusalén como un gran campo, donde el sumo capitán de los buenos es Cristo nuestro Señor; y en la región de Babilonia como es el otro campo, donde el jefe de los enemigos es Lucifer». El objetivo es el de «pedir conocimiento de los engaños del mal caudillo y ayuda para guardarme de ellos; y conocimiento de la vida verdadera que ofrece el Sumo y Verdadero Capitán y gracia para imitarlo».

[11] Xu Guangqi (1562-1633), de Shangái, conoció a Mateo Ricci y colaboró con él. Recibió el bautismo a la edad de 41 años y estudió profundamente la doctrina cristiana. Cfr A. Jin Luxian, «Xu Guangqi. Il compagno cinese di Matteo Ricci», en Civiltà Cattolica, I, 2016, pp. 282-297.

[12] El P. Bergoglio pronunció entonces el discurso inaugural e hizo el saludo final (cfr. J.M. Bergoglio, «Fe en Cristo y humanismo», en Civiltà Cattolica, 2015, IV, pp. 311-316). En su reflexión resaltaba el hecho de que las diversas culturas, fruto de la sabiduría de los pueblos, son el reflejo de la Sabiduría de Dios. La sabiduría humana es contemplación que tiene su origen en el corazón y en la memoria de los pueblos. Ella es el lugar privilegiado de la mediación entre el Evangelio y los hombres, y es el fruto del trabajo colectivo en el transcurso de la historia. De aquí surge, en la misión de evangelizar las culturas y de inculturar el Evangelio, por una parte, la necesidad de una «contemplación sapiencial de las culturas» y, por otra, de una «santidad que no le teme al conflicto y es capaz de constancia y paciencia» apostólica, venciendo con parresía todo temor y todo «extremismo de centro».

https://jesuitas.lat/es/noticias/1185-jugarse-la-vida


La verdadera historia de San Valentín

febrero 14, 2019

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La verdadera historia de San Valentín: Considerada como una de las festividades más consumistas del año, el 14 de febrero.

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La verdadera historia de San Valentín

Considerada como una de las festividades más consumistas del año, el 14 de febrero tiene historia religiosa.

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El día de San Valentín se ha convertido en una fecha señalada en el calendario para parejas alrededor del mundo y un sinónimo de consumismo. Una tarjeta, un perfume, flores, lencería… cualquier detalle es especial para regalar el Día de los enamorados.

La creencia popular es que los grandes almacenes son los creadores de esta festividad que algunos adoran y otros aborrecen, pero lo cierto es que las marcas supieron aprovechar de manera muy hábil una tradición con muchos años de historia y tradición católica.

Hay que remontarse al año 494 d. C. para situar su origen. El Papa Gelasio I instauró una festividad católica el 14 de febrero con el fin de contrarrestar la fiesta pagana de las Lupercales.

Este día se celebraba en la antigua Roma cada 15 de febrero en honor a Lupercus, protector de los pastores y sus rebaños como homenaje a la loba que amamantó a los gemelos Rómulo y Remo, fundadores de Roma según las antiguas leyendas.

Así, Gelasio I escogió al santo que caía un día antes de las Lupercales, San Valentín, y fue cuando surgieron todo tipo de leyendas sobre él. Nadie sabía con exactitud quién era ese santo, pero algunas historias indicaban que Valentín fue bondadoso médico romano que se convirtió al cristianismo y se ordenó como sacerdote, lo que le permitió oficiar numerosas bodas. 

Cuenta la leyenda que el emperador romano Claudio II mandó ejecutar a Valentín por casar a soldados y sus mujeres sin permiso, convirtiéndose en mártir y religioso venerado por las parejas de enamorados.

El 14 de febrero continuó celebrándose como fiesta religiosa hasta 1969, año en el que la Iglesia Católica la eliminó del calendario dejando el día con santo pero sin celebración. Sin embargo, la fecha ya estaba muy popularizada en la sociedad europea y estadounidense, llegando a extenderse por todo el mundo.

Muchos hablan de que su carácter consumista nació gracias a Esther Howland, una artista y empresaria norteamericana que puso de moda las tarjetas de felicitación conocidas como valentines, que tenían dibujadas corazones y cupidos en su interior.

Howland las vendía en una pequeña tienda propiedad de su padre al precio de un centavo y hoy en día, son un clásico en San Valentín.

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