Maná y Vivencias Cuaresmales (31), 27.3.20

marzo 27, 2020

Viernes de la 4ª semana de Cuaresma

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flores-moradas-hojas-secas
Quien decide vivir justamente ante Dios debe luchar contracorriente

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Antífona de entrada: Salmo 53, 3-4

Señor, sálvame por tu nombre y líbrame con tu poder. Señor, escucha mi plegaria, atiende a las palabras de mi boca.

Oración colecta:

Señor, tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas y manifestarla en nuestra propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Sabiduría 2, 1.12-22

Los malvados dijeron entre sí, discurriendo equivocadamente: “Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados. Presume de que conoce a Dios y se proclama a sí mismo hijo del Señor.

Ha llegado a convertirse en un vivo reproche de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás y su conducta es extraña. Nos considera como monedas falsas y se aparta de nuestro modo de vivir como de las inmundicias. Tiene por dichosa la suerte final de los justos y se gloría de tener por padre a Dios.

Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte. Si el justo es hijo de Dios, Él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos. Sometámoslo a la humillación y a la tortura para conocer su temple y su valor. Condenémoslo a muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él”.

Así discurren los malvados, pero se engañan; su malicia los ciega. No conocen los ocultos designios de Dios, no esperan el premio de la virtud, ni creen en la recompensa de una vida intachable.

SALMO 33, 17-18-19-20.23

El Señor no está lejos de sus fieles.

En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su memoria. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.

El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Muchas tribulaciones pasa el justo, pero de todas ellas Dios lo libra.

Por los huesos del justo vela Dios, sin dejar que ninguno se le quiebre. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en Él esperan.

Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4,4

No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO: Juan 7, 1-2.10.25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también Él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito.

Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Con que me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a Él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de Él y Él me ha enviado”.

Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Antífona de comunión: Efesios 1, 7

Por medio de su Sangre, Cristo nos ha obtenido la redención y el perdón de nuestros pecados. En esto se manifiesta la inmensidad de su gracia.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Hoy comienza la “quincena de la pasión” del Señor

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31. VIERNES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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TEMA ILUMINADOR.- Comienza hoy la “quincena de la pasión” del Señor, que culminará el Viernes Santo. Aparecen sin ambages las palabras “condenar a muerte”, “matar”, “la hora”.

La lectura de sabiduría 2, 12-22 presenta sin reparos la oposición de los malvados contra el justo. “Su sola presencia, dicen, nos cae pesada. Condenémoslo, ya que según él, Dios intervendrá en su favor”. Se atreven con los justos, y provocan al mismo Dios; están ciegos para las cosas de Dios y la suerte de los justos. Analicemos la lectura de Sabiduría:

Persigamos al justo, que nos molesta y se opone a nuestra forma de actuar… Se enorgullece de conocer a Dios. Él es un reproche a nuestra manera de pensar y hasta su sola presencia nos cae pesada. Para él somos gente de malos antecedentes y trata de no juntarse con nosotros, como si fuera pecado.

Comprobemos si lo que dice es verdad. Humillémoslo y atormentémoslo para conocer hasta qué punto se mantendrá firme y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte humillante, ya que, según él, Dios intervendrá en su favor.

Pero el justo permanece fiel y prosigue su camino con valentía y confirmado en su entrega: Entonces Jesús dijo en voz muy alta: “Vosotros decís que me conocéis. Sabed que no vengo por mí mismo. Vengo enviado por el que es la Verdad. Vosotros no lo conocéis”.

Su convicción es insobornable. Dios todo lo permite para nuestro bien. El justo sale robustecido en toda circunstancia y hasta perfeccionado. La presencia de Dios se hace más transparente en el dolor y las dificultades, cuando hacen crisis las seguridades humanas.

Dios permite la prueba para aquilatar nuestro amor y hacer más patente su poder para salvar a los humildes y confundir a los poderosos, que nada pueden hacer contra Dios.

Más bien, Dios utiliza su pecado para glorificarse a cuenta del malvado. Es un instrumento que colabora con Dios en su glorificación. Así utilizó Dios la terquedad del faraón. Según el texto sagrado, Dios mismo endurecía la negativa del faraón a los israelitas para poder realizar los milagros en favor de su pueblo.

Los relatos evangélicos de esta semana pertenecen al Evangelio de san Juan. Al principio de este Evangelio se nos anunciaba que “la luz vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron”. Hasta el mal Dios lo utiliza para bien. En este viernes aparece con más crudeza la oposición a la luz: quieren apresar a Jesús. Escuchemos…

“Jesús andaba por la región de Galilea. No quería volver a Judea porque los judíos estaban decididos a acabar con él. Se acercaba la fiesta de los Tabernáculos o de las Chozas. Solamente después de que sus parientes subieron a Jerusalén para la fiesta, fue él también, pero tratando de que no lo supiera la gente.

Algunos vecinos de Jerusalén se preguntaban: ‘¿No es éste el que andan buscando para matarlo? Y habla en público y nadie le dice nada. ¿Acaso reconocieron los jefes que éste es el Cristo? Sin embargo, de él sabemos de dónde viene; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde viene’.

Entonces Jesús que estaba enseñando en el Templo dijo en voz muy alta: ‘Vosotros decís que me conocéis y que sabéis de dónde vengo. Sabed que no vengo por mí mismo. Vengo enviado por el que es la Verdad. Vosotros no lo conocéis. Yo sí que lo conozco porque soy de él y él me ha enviado’.

Entonces, los judíos quisieron tomarlo preso; pero nadie le echó las manos, porque aún no había llegado su Hora”(Juan 7, 1-2; 10, 25-30).

Dichosos nosotros si la práctica de nuestra fe nos crea algún problema. Si eso hicieron con tu Maestro, ¿qué no harán contigo? Tú no puedes ser una excepción. Él nos advirtió: ¡Ay de vosotros cuando todo el mundo hable bien de vosotros! Eso mismo sucedía con los falsos profetas. ¡Dichosos vosotros cuando os persigan!

Si te cuesta poco ser católico, si tu fe te acarrea pocos problemas, debes preocuparte. La persecución no le arrebata al justo la paz y la seguridad en Dios: Salmo 33, 17-18; 19-20; 21; 23. Toda una lección de amor confiado en Dios.

Los sinvergüenzas no toleran la coherencia de los justos. Su presencia les resulta insoportable. Quien decide vivir justamente ante Dios debe luchar contracorriente.

La oración después de la comunión habla de renovación y también del pecado que envejece nuestro espíritu.

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De los sermones de san León Magno, papa

La cruz de Cristo, fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias.

Que nuestra alma, iluminada por el Espíritu de verdad, reciba con puro y libre corazón la gloria de la cruz, que irradia por cielo y tierra, y trate de penetrar interiormente lo que el Señor quiso significar cuando, hablando de la pasión cercana, dijo: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Y más adelante: Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? Padre, líbrame de esta hora.

Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica a tu Hijo. Y como se oyera la voz del Padre, que decía desde el cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo, dijo Jesús a los que lo rodeaban: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

¡Oh admirable poder de la cruz! ¡Oh inefable gloria de la pasión! En ella podemos admirar el tribunal del Señor, el juicio del mundo y el poder del Crucificado.

Atrajiste a todos hacia ti, Señor, porque la devoción de todas las naciones de la tierra puede celebrar ahora, con sacramentos eficaces y de significado claro, lo que antes sólo podía celebrarse en el templo de Jerusalén y únicamente por medio de símbolos y figuras.

Ahora, efectivamente, brilla con mayor esplendor el orden de los levitas, es mayor la grandeza de los sacerdotes, más santa la unción de los pontífices, porque tu cruz es ahora fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias: por ella, los creyentes encuentran fuerza en la debilidad, gloria en el oprobio, vida en la misma muerte.

Ahora al cesar la multiplicidad de los sacrificios carnales, la sola ofrenda de tu cuerpo y sangre lleva a realidad todos los antiguos sacrificios, porque tú eres el verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo;de esta forma, en ti encuentran su plenitud todas las antiguas figuras, y así como un solo sacrificio suple todas las antiguas víctimas, así un solo reino congrega a todos los hombres.

Confesemos, pues, amadísimos, lo que el bienaventurado maestro de los gentiles, el apóstol Pablo, confesó con gloriosa voz, diciendo: Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

Aquí radica la maravillosa misericordia de Dios para con nosotros: en que Cristo no murió por los justos ni por lo santos, sino por los pecadores y por los impíos; y, como la naturaleza divina no podía sufrir el suplicio de la muerte, tomó de nosotros, al nacer, lo que pudiera ofrecer por nosotros.

Efectivamente, en tiempos antiguos, Dios amenazaba ya a nuestra muerte con el poder de su muerte, profetizando por medio de Oseas: Oh muerte, yo seré tu muerte; yo seré tu ruina, infierno.

En efecto, si Cristo, al morir, tuvo que acatar la ley del sepulcro, al resucitar, en cambio, la derogó, hasta tal punto que echó por tierra la perpetuidad de la muerte y la convirtió de eterna en temporal, ya que si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida (Sermón 8 sobre la pasión del Señor, 6-8: PL 54, 340-342).


Maná y Vivencias Cuaresmales (5), 1.3.20

febrero 29, 2020

Domingo I de Cuaresma, Ciclo A

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Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás

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Antífona de entrada: Sal 90, 15-16

Me invocará y lo escucharé; lo defenderé, lo glorificaré; lo saciaré de largos días.

Oración colecta

Al celebrar un año más la santa Cuaresma, concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.

El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»

La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.”»

La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal. »

La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.

Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

SALMO 50, 3-4.5-6a.12-13.14.17

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 5, 12-19

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.

Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuánto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.

En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida.

Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4b

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO: Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»

Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”»

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”»

Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”»

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”»

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Antífona de comunión: Sal 90, 4

El Señor te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás.

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VIVENCIAS CUARESMALES

San Agustín, padre de la Iglesia.

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5. PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
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Observación general:

Los mensajes bíblicos de los Domingos cuaresmales correspondientes a los tres ciclos giran en torno a estos temas y realidades:

1era. y 2da. Lectura: Historia de la salvación

Evangelios: Catequesis prebautismal.

La oración colecta de la misa de hoy resume lo que pedimos y lo que deseamos alcanzar durante la Cuaresma:

“Al celebrar un año más la santa Cuaresma
concédenos, Señor Todopoderoso,
avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo
y vivirlo en su plenitud”.

Las tres tentaciones que Cristo venció son ”resumen“ de todas las tentaciones que puede sufrir o padecer el hombre en el mundo. Con el ejemplo y la gracia de Cristo, nosotros podemos también vencer toda tentación hasta con facilidad, si ponemos los medios pertinentes.

Reducimos las tentaciones a tres clases:

1. Comodidad y avaricia, hasta utilizar a Dios para transformar las piedras en pan (egocentrismo, egolatría). Sucumbir a las apetencias corporales.

Domina o vence la caridad frente al egoísmo: Jesús vive para los demás y no utiliza los dones de Dios en su propio provecho sino en función de los demás.

Por eso, ahora no hace el milagro que le sugiere el diablo. Lo hará a favor de la multitud hambrienta, pensando en los demás; pues la voluntad del Padre es que alimente a la multitud.

2. Honor sobre los demás (soberbia, endiosamiento, empoderamiento). Ceder a las apetencias espirituales hasta provocar una intervención milagrosa de Dios enviando ángeles que auxilien a Jesús, y así lograr fama, admiración  y veneración de la gente.

Domina o vence la esperanza sobre la acomodación a las ofertas fáciles e inmediatas de una felicidad ficticia… Ir por el recto camino.

3. Honor sobre Dios (dominio, poder… adoración): “Todo esto te lo daré, si te postras”. Endiosamiento, empoderamiento, (claudicar ante el mal).

Domina o vence la fe frente a la egolatría o adoración de otros dioses. Jesús defiende la fe en su Padre y no se deja llevar por falsos dioses.
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La oración después de la comunión nos recuerda que la eucaristía fortalece la vida teologal: la fe, la esperanza y la caridad. La tentación pone a prueba nuestra unión con Dios sustentada en esas tres virtudes.
Reza así:

Después de recibir el pan del cielo
que alimenta la fe,
consolida la esperanza
y fortalece en el amor,

te rogamos, Dios nuestro,
que nos hagas sentir hambre de Cristo,
pan vivo y verdadero,
y nos enseñes a vivir constantemente
de toda palabra que sale de tu boca. Por Jesucristo.
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De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos

En Cristo fuimos tentados, en él vencimos al diablo

Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica. ¿Quién es el que habla? Parece que sea uno solo. Pero veamos si es uno solo: Te invoco desde los confines de la tierra con el corazón abatido. Por lo tanto, si invoca desde los confines de la tierra, no es uno solo; y, sin embargo, es uno solo, porque Cristo es uno solo, y todos nosotros somos sus miembros.

¿Y quién es ese único hombre que clama desde los confines de la tierra? Los que invocan desde los confines de la tierra son los llamados a aquella herencia, a propósito de la cual se dijo al mismo Hijo: Pídemelo; te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra.

De manera que quien clama desde los confines de la tierra es el cuerpo de Cristo, la heredad de Cristo, la única Iglesia de Cristo, esta unidad que formamos todos nosotros.

Y ¿qué es lo que pide? Lo que he dicho antes: Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica; te invoco desde los confines de la tierra. O sea: “Esto que pido, lo pido desde los confines de la tierra”, es decir, desde todas partes.

Pero, ¿por qué ha invocado así? Porque tenía el corazón abatido. Con ello da a entender que el Señor se halla presente en todos los pueblos y en los hombres del orbe entero no con gran gloria, sino con graves tentaciones.

Pues nuestra vida en medio de esta peregrinación no puede estar sin tentaciones, ya que nuestro progreso se realiza precisamente a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones.

Éste que invoca desde los confines de la tierra está angustiado, pero no se encuentra abandonado. Porque a nosotros mismos, esto es, a su cuerpo, quiso prefigurarnos también en aquel cuerpo suyo en el que ya murió, resucitó y ascendió al cielo, a fin de que sus miembros no desesperen de llegar adonde su cabeza los precedió.

De forma que nos incluyó en sí mismo cuando quiso verse tentado por Satanás. Nos acaban de leer que Jesucristo, nuestro Señor, se dejó tentar por el diablo. ¡Nada menos que Cristo tentado por el diablo!

Pero en Cristo estabas siendo tentado tú, porque Cristo tenía de ti la carne, y de él procedía para ti la salvación; de ti procedía la muerte para él, y de él para ti la vida; de ti para él los ultrajes, y de él para ti los honores; en definitiva, de ti para él la tentación, y de él para ti la victoria cierta y definitiva.

Si hemos sido tentados en él, también en él vencemos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también vencedor en él. Podía haber evitado al diablo; pero, si no hubiese sido tentado, no te habría aleccionado para la victoria cuando tú fueras tentado (Salmo 60, 2-3: CCL, 39, 766).

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“Di a esta piedra que se convierta en pan” (Lc 4,3)

Las piedras son minerales cuyo valor está a merced del criterio arbitrario de los hombres. Una piedra que a nosotros nos resulta preciosa, o que dicen que es útil para la construcción, quizá no tiene tanto valor fuera de ese pequeño mundo en donde es tan apreciada, porque ha de medirse con objetos de una valía mucho más elevada y noble que la que aporta el simple valor material.

Cuántas veces nos resulta agobiante y pesado nuestro día a día porque nos empeñamos en vivirlo cargando a las espaldas con un fardo repleto de piedras y piedras que, en nuestro pequeño mundo, tienen un valor casi absoluto.

Las piedras de tantas obligaciones y compromisos que asumimos sólo por quedar bien ante los demás, la losa pesada de esos deberes laborales que cumplimos sin responsabilidad ni dedicación, o nuestro cristianismo cumplidor y mediocre que convertimos en un duro y desabrido pedernal.

La tentación está en querer convertir todas esas rocas en ese poco de pan tierno y sabroso que el mundo valora y con el que sacia, sólo momentáneamente, las hambres más profundas del alma.

Querer un cristianismo de mínimos, correcto y cumplidor, capaz de saciar al hombre sin el esfuerzo y fracaso de la cruz, es vivir en la constante tentación de la mediocridad acomodaticia que pone una vela a Dios y otra al diablo.

No pretendas vivir tu vida cristiana alimentada sólo con el pan de tus criterios, ambiciones y egoísmos, porque nunca verás plenamente saciada tu hambre de felicidad. Tampoco llenes tu alma de piedras inútiles y pesadas que te hacen caer bajo el peso de tantos activismos estériles y de agobios inútiles o de conveniencia.

Has de aprender a llevar en tu vida esa misma carga ligera que llevó Cristo hasta la Cruz: el pecado de tu vida y de la vida de todos los hombres sobrellevado por el amor infinito hacia el Padre.

En el saco vacío de nuestra oración han de caber sólo tantas y tantas inquietudes, agobios y preocupaciones que pesan sobre la vida de nuestros hermanos, los hombres.

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El maná de cada día, 9.2.20

febrero 8, 2020

Domingo V del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo

Alumbre vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre celestial



Antífona de entrada: Sal 94

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios.


Oración colecta

Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que solo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Isaías 58, 7-10

Esto dice el Señor:

Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne.

Entonces romperá tu luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor y te responderá. Gritarás y te dirá: «Aquí estoy»

Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.


SALMO 111, 4-5. 6-7. 8a y 9

El justo brilla en las tinieblas como una luz.

En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta y administra rectamente sus asuntos.

El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor, reparte limosna a los pobres, su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 2, 1-5

Hermanos: Cuando vine a vosotros a anunciaros el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.

Me presenté a vosotros débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 8, 12b

Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la vida.


EVANGELIO: Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

LECTIO DIVINA, DOMINGO V del TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

Antes de abrir tu Biblia, abre tu corazón a la acción del Espíritu Santo.

Paso 1. Disponerse: Ponte en la presencia del Señor. Él te ha llamado, te espera. Míralo así: “Es Dios quien quiere hablar conmigo en la lectura”. El Espíritu es la fuerza del amor de Dios que nos revela a Jesús. Llámale con tus palabras y a tu modo, con mucha confianza: Ven, Espíritu Santo.

Mt 5,13-16

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

Paso 2. Leer: Busca el sentido de cada frase. ¿Para qué sirven la sal y la luz? ¿Comprendes el lenguaje de los ejemplos y las comparaciones? ¿Por qué Jesús le da tanta importancia a “dar sabor e iluminar”?

Paso 3. Escuchar: Busca un mensaje del texto para tu vida, tal como estás ahora. Libérate de prejuicios. Estrena una mente amplia, acogedora, dócil. Deja que las palabras resuenen en tu interior. ¿Qué tiene que ver contigo, tal y como estás, eso de ser luz y sal? ¿Qué te dice el Señor al respecto?

Paso 4. Orar: ¿Qué te hace decir al Señor esta lectura? Deja que las palabras resuenen en tu interior. ¿Qué te revela el Espíritu en tu interior? ¿En qué aspectos puedes causar oscuridad en tu alrededor? ¿Cómo le pides al Señor que te envíe su Espíritu para que tu ojo interior quede iluminado? Expláyate con Jesús, tu mejor amigo.

Paso 5. Vivir: El sabor y la vida con Jesús son una experiencia que se va forjando y sintiendo poco a poco, día a día, persona a persona, grano a grano… En lo pequeño está el sabor y el brillo de la luz. Déjate de grandezas. Pide el don de la fidelidad, de la perseverancia. No pretendas cambiar a los demás. Encomiéndalos al Señor para que les conceda lo que más necesiten. Más bien cambia tú: Sólo después de eso podrás hablar a los demás de tu experiencia de amistad con Jesús.

Inspirado en: http://semillas-edit.es/

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SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo,
sobre el evangelio de san Mateo

Vosotros sois la sal de la tierra. Es como si les dijera: «El mensaje que se os comunica no va destinado a voso­tros solos, sino que habéis de transmitirlo a todo el mun­do.

Porque no os envío a dos ciudades, ni a diez, ni a veinte; ni tan siquiera os envío a toda una nación, como en otro tiempo a los profetas, sino a la tierra, al mar y a todo el mundo, y a un mundo por cierto muy mal dis­puesto».

Porque, al decir: Vosotros sois la sal de la tierra, enseña que todos los hombres han perdido su sabor y están corrompidos por el pecado.

Por ello, exige sobre todo de sus discípulos aquellas virtudes que son más ne­cesarias y útiles para el cuidado de los demás.

En efecto, la mansedumbre, la moderación, la misericordia, la justi­cia son unas virtudes que no quedan limitadas al provecho propio del que las posee, sino que son como unas fuentes insignes que manan también en provecho de los demás.

Lo mismo podemos afirmar de la pureza de corazón, del amor a la paz y a la verdad, ya que el que posee estas cualidades las hace redundar en utilidad de todos.

«No penséis –viene a decir– que el combate al que se os llama es de poca importancia y que la causa que se os encomienda es exigua: Vosotros sois la sal de la tierra».

¿Significa esto que ellos restablecieron lo que estaba podrido? En modo alguno. De nada sirve echar sal a lo que ya está podrido. Su labor no fue ésta; lo que ellos hicieron fue echar sal y conservar, así, lo que el Se­ñor había antes renovado y liberado de la fetidez, encomendándoselo después a ellos.

Porque liberar de la fetidez del pecado fue obra del poder de Cristo; pero el no recaer en aquella fetidez era obra de la diligencia y esfuerzo de sus discípulos.

¿Te das cuenta de cómo va enseñando gradualmente que éstos son superiores a los profetas? No dice, en efecto, que hayan de ser maestros de Palestina, sino de todo el orbe.

“No os extrañe, pues –viene a decirles–, si, dejando ahora de lado a los demás, os hablo a vosotros solos y os enfrento a tan grandes peligros. Considerad a cuántas y cuán grandes ciudades, pueblos, naciones os he de en­viar en calidad de maestros.

Por esto, no quiero que seáis vosotros solos prudentes, sino que hagáis también pru­dentes a los demás. Y muy grande ha de ser la prudencia de aquellos que son responsables de la salvación de los demás, y muy grande ha de ser su virtud, para que pue­dan comunicarla a los otros. Si no es así, ni tan siquiera podréis bastaros a vosotros mismos”.

«En efecto, si los otros han perdido el sabor, pueden re­cuperarlo por vuestro ministerio; pero, si sois vosotros los que os tornáis insípidos, arrastraréis también a los demás con vuestra perdición.

Por esto, cuanto más importante es el asunto que se os encomienda, más grande debe ser vuestra solicitud». Y así, añade: Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Para que no teman lanzarse al combate, al oír aque­llas palabras: Cuando os insulten y os persigan y os ca­lumnien de cualquier modo, les dice de modo equivalen­te:

“Si no estáis dispuestos a tales cosas, en vano ha­béis sido elegidos. Lo que hay que temer no es el mal que digan contra vosotros, sino la simulación de vuestra parte; entonces sí que perderíais vuestro sabor y seríais pisoteados. Pero, si no cejáis en presentar el mensaje con toda su austeridad, si después oís hablar mal de vosotros, alegraos. Porque lo propio de la sal es morder y escocer a los que llevan una vida de molicie”.

«Por tanto, estas maledicencias son inevitables y en nada os perjudicarán, antes serán prueba de vuestra fir­meza. Mas si, por temor a ellas, cedéis en la vehemencia conveniente, peor será vuestro sufrimiento, ya que enton­ces todos hablarán mal de vosotros y todos os desprecia­rán; en esto consiste el ser pisoteado por la gente».

A continuación, propone una comparación más eleva­da: Vosotros sois la luz del mundo. De nuevo se refiere al mundo, no a una sola nación ni a veinte ciudades, sino al orbe entero; luz que, como la sal de que ha hablado an­tes, hay que entenderla en sentido espiritual, luz más excelente que los rayos de este sol que nos ilumina.

Habla primero de la sal, luego de la luz, para que entendamos el gran provecho que se sigue de una predicación austera, de unas enseñanzas tan exigentes.

Esta predicación, en efec­to, es como si nos atara, impidiendo nuestra dispersión, y nos abre los ojos al enseñarnos el camino de la virtud. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín.

Con estas palabras, insiste el Señor en la perfección de vida que han de llevar sus discípulos y en la vigilancia que han de tener sobre su propia conduc­ta, ya que ella está a la vista de todos, y el palenque en que se desarrolla su combate es el mundo entero (Homilía 15, 6.7: PG 57, 231-232).


El maná de cada día, 1.2.20

febrero 1, 2020

Sábado de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

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tempestad

Se levantó un fuerte huracán

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PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 12, 1-7a.10-17

En aquellos días, el Señor envió a Natán a David.

Entró Natán ante el rey y le dijo: «Había dos hombres en un pueblo, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico, y no queriendo perder una oveja o un buey, para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped.»

David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: «Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte. No quiso respetar lo del otro; pues pagará cuatro veces el valor de la cordera.»

Natán dijo a David: «¡Eres tú! Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías, el hitita, y matándolo a él con la espada amonita. Asi dice el Señor: “Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres y ante tus ojos se las daré a otro, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra. Tú lo hiciste a escondidas, yo lo haré ante todo Israel, en pleno día.”»

David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!»

Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás. Pero, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá.»

Natán marchó a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo. David pidió a Dios por el niño, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa intentaron levantarlo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.


SALMO 50, 12-13.14-15.16-17

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único; todos los que creen en él tienen vida eterna.


EVANGELIO: Marcos 4, 35-41

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.»

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.

Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!»

El viento cesó y vino una gran calma.

Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»

Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»



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Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Aquel día, al atardecer, los apóstoles, una vez más, se dispusieron a atravesar el lago para llegar a la otra orilla. Nadie sospechaba que una espectacular tormenta iba a sorprenderles lejos de la orilla y bien entrados en alta mar.

A pesar de la agitación, de las voces de los marineros, de los tumbos que daba la barca entre las olas encrespadas, del afán por mantenerse a flote, de los trabajos por achicar el agua de la barca, el Señor lograba dormir, allá, en la popa del barco, recostado serenamente sobre una especie de almohadón.

El enfado de los apóstoles debió ser mayúsculo, más que por el aprieto de la situación por ver que el Maestro seguía dormido y, aparentemente, sin preocuparse lo más mínimo por las dificultades de los apóstoles y por el peligro de naufragar.

Sólo cuando el susto y el enfado se hicieron insoportables, los apóstoles despertaron al Maestro reprochándole su inacción y su desinterés. Le habían visto hacer tantos milagros, en situaciones aparentemente menos urgentes, que no podían entender cómo a ellos, a los suyos, no les sacaba de aquel apuro.

Debió desconcertarles la calma y la serena autoridad con que el Señor increpó a los vientos e hizo calmar las aguas. Y debió desconcertarles aún más el reproche que salió de sus labios: ¡hombres de poca fe! ¿por qué tenéis miedo?

El Señor no reprochó a aquellos expertos marineros sus enfados o su torpe pericia para salvarse de aquella tormenta. Tampoco les ahorró los trabajos y fatigas con los que intentaban salvar la barca del naufragio. Sólo cuándo los apóstoles dejaron de confiar sólo en sus propias fuerzas y recursos el Señor pudo hacer un milagro portentoso.

No fue el sueño y la inacción del Señor lo que les condujo a una situación límite; fueron los apóstoles los que, fiados de sí mismos, llegaron ellos solos a una situación límite, en la que no les quedó más remedio que rendirse y doblegar su autosuficiencia ante la omnipotencia de Dios.

Cuándo comprenderemos que es nuestra orgullosa autosuficiencia y nuestra ceguera para ver al Señor dentro de nuestra barca lo que retrasa y dificulta el poder y la acción de Dios.

http://www.mater-dei.es


El maná de cada día, 26.12.19

diciembre 26, 2019

San Esteban, protomártir

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Antífona de entrada

Las puertas del cielo se han abierto para Esteban, el primero de los mártires; por eso ha recibido el premio de la corona del triunfo.


Oración colecta

Concédenos, Señor, la gracia de imitar a tu mártir san Esteban y de amar a nuestros enemigos, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 6, 8-10;7,54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.


SALMO 30, 3cd-4.6 y Sab 16bc-17

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirigeme y guíame.

A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción.

Líbrame de los enemigos que me persiguen; haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.


Aclamación: Salmo 117, 26a y 27a

Bendito el que viene en nombre del Señor, el Señor es Dios, él nos ilumina.


EVANGELIO: Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.

Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

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Notas para la homilía, reflexión y oración:

La fiesta de san Esteban protomártir, nos invita a celebrar el “mundo nuevo” que el Niño Dios de Belén ha traído a la humanidad. Se trata de la revolución del amor, o de la ternura, como prefiere alguno. En el Amor se resume todo lo que le falta al mundo y le sobra a Dios, valga la expresión. San Juan definirá la esencia divina: Dios es Amor. Dios es comunión, es Trinidad, familia: amor de paternidad, amor de filiación, amor de comunión, de amistad, de intimidad, de intercomunión personal.

El Amor es el primer “regalo” que nos trae el Niño Dios. Es fundamental, básico: Tanto nos amó el Padre que nos envío lo mejor que tenía, a su único Hijo, en la envoltura dorada del Espíritu Santo. Nosotros agradecemos ese don, dejamos al Espíritu que nos inunde de esa Vida. Y entonces experimentamos el cambio sustancial de nuestra relación con Dios y con todo lo creado: “Sabemos y saboreamos” que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos; de las tinieblas a la luz, porque vemos; del temor y del miedo al amor, a la alabanza y a la libertad.

Por tanto hay que recibir el Amor de Dios, de todas todas; prueba de vida o muerte. Es lo que más quiere darnos el Padre por el Hijo en el Espíritu. Sintiéndonos amados por Dios: Podremos valorarnos y querernos a nosotros mismos; seremos dignos de ser amados, amables; seremos tiernos con nosotros mismos y cariñosos con los demás; finalmente, podremos amar a Dios como él se merece. Y todas estas consecuencias porque estamos recibiendo por pura gracia de Dios su Amor, la primera virtud teologal, por la que “de forma espontánea y expedita” podemos amar a Dios como él espera de nosotros.

Por el contrario, las deficiencias que encontramos en nosotros o en los demás se deben, básicamente, al hecho de no haber experimentado de manera satisfactoria y suficiente el infinito amor de Dios. De ahí, nuestros egocentrismos, nuestra agresividad, nuestras envidias y sentimientos miserables de todo tipo… Nos falta recibir el amor de Dios, que es el “peso” suficiente y necesario para adquirir solidez, fundamento y consistencia humana y divina en nuestro ser y actuar. San Agustín: “Amor meus, pondus meum”. Mi amor, mi valía; el amor que recibo, primero; y segundo, el amor que doy.

Antífona de comunión: Hechos de los apóstoles 7, 58

Se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu.


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San Esteban, protomártir

LAS ARMAS DE LA CARIDAD
De los sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo

Ayer celebramos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el triunfal martirio de su soldado.

Ayer nuestro Rey, revestido con el manto de nuestra carne y saliendo del recinto del seno virginal, se dignó visitar el mundo; hoy el soldado, saliendo del taber­náculo de su cuerpo, triunfador, ha emigrado al cielo.

Nuestro Rey, siendo la excelsitud misma, se humilló por nosotros; su venida no ha sido en vano, pues ha aportado grandes dones a sus soldados, a los que no sólo ha enriquecido abundantemente, sino que también los ha fortalecido para luchar invenciblemente. Ha traí­do el don de la caridad, por la que los hombres se hacen partícipes de la naturaleza divina

Ha repartido el don que nos ha traído, pero no por esto él se ha empobrecido, sino que, de una forma ad­mirable, ha enriquecido la pobreza de sus fieles, mien­tras él conserva sin mengua la plenitud de sus propios tesoros.

Así, pues, la misma caridad que Cristo trajo del cielo a la tierra ha levantado a Esteban de la tierra al cielo. La caridad, que precedió en el Rey, ha brillado a con­tinuación en el soldado.

Esteban, para merecer la corona que significa su nom­bre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el pró­jimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapi­daban, para que no fueran castigados.

Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando.

Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, rei­na con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, mar­tirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban.

¡Oh vida verdadera, hermanos míos, en la que Pablo no queda confundido de la muerte de Esteban, en la que Esteban se alegra de la compañía de Pablo, porque ambos participan de la misma caridad! La caridad en Esteban triunfó de la crueldad de los judíos, y en Pablo cubrió la multitud de sus pecados, pues en ambos fue la caridad respectiva la que los hizo dignos de poseer el reino de los cielos.

La caridad es la fuente y el origen de todos los bienes, egregia protección, camino que conduce al cielo. Quien camina en la caridad no puede temer ni errar; ella dirige, protege, encamina.

Por todo ello, hermanos, ya que Cristo construyó una escala de caridad, por la que todo cristiano puede ascender al cielo, guardad fielmente la pura caridad, ejercitadla mutuamente unos con otros y, progresando en ella, alcanzad la perfección.


Y la Recolección nació en torno a una hoguera

diciembre 5, 2019

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Felipe II

El Emperador Felipe II, promotor de la Recolección Agustiniana

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La Recolección Agustiniana nació en un encuentro en torno a “la lumbre” de una celda fría 
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05-12-2015 España
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El 5 de diciembre de 1588, hace 427 años, un Capítulo Provincial de la provincia de Castilla de la Orden de San Agustín marcó el inicio de la Recolección Agustiniana. La espiritualidad recoleta ha sido una rama fecunda dentro del estilo agustiniano de vida hasta hoy.

Desde el año 1556, el reinado de Felipe II significó la exploración global y la expansión territorial a través de los océanos Atlántico y Pacífico, llevando a la monarquía hispánica a ser la primera potencia de Europa ya que, por primera vez en la historia, un imperio integraba territorios de todos los continentes habitados del planeta. La Recolección agustiniana vivió los últimos diez años muy apoyada por este reinado, que acabó con la muerte del monarca en 1598.

A pocos kilómetros de Madrid, recorriendo hacia el norte 58 kilómetros, se puede hoy visitar el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, cuyas obras habían acabado en 1584 y que es uno de los escenarios del nacimiento de la Recolección. Hoy, curiosamente, está habitado por los Agustinos, y los Agustinos Recoletos marcan presencia en el majestuoso edificio al haber sido una de las sedes del Centro Teológico San Agustín, donde religiosos de varias provincias recoletas estudian la Teología.

En cuanto a la Iglesia, en 1585 el papa Sixto V sucede al fallecido Gregorio XIII. Este último había tenido un papado de 13 años centrado en la renovación moral. Ya en su primer consistorio comunicó a los cardenales su intención de hacer cumplir estrictamente el Concilio de Trento. Después incentivó los colegios y seminarios para los sacerdotes y en 1584 había fundado la Pontificia Universidad Gregoriana, lugar donde también muchos recoletos han estudiado a lo largo de la historia. A él se debe, a su vez, el llamado Calendario Gregoriano, que hoy sigue el mundo occidental.

Su sucesor, Sixto V, en cuyo papado nace propiamente la Recolección, era franciscano, italiano de familia de origen serbio, y tan solo estuvo en la cabeza de la Iglesia cinco años, hasta 1590. Le dio tiempo a finalizar la cúpula de San Pedro en el Vaticano. En el mismo año del nacimiento de la Recolección, en 1588, bendijo la salida de la Armada Invencible de Felipe II contra Inglaterra.

En 1588, el mismo año que la Recolección, nacieron el filósofo inglés Thomas Hobbes, el matemático francés Étienne Pascal o el mexicano estado de Zacatecas.

CUANDO LA RECOLECCIÓN ERA UN “TRENDING TOPIC”

Eran tiempos en los que la reforma católica estaba en alza. Los franciscanos y los carmelitas habían iniciado sus reformas unos años antes. En San Millán de la Cogolla, hoy también casa de Agustinos Recoletos, dos benedictinos se retiran en 1585 para “cumplir la Regla de San Benito en toda su pureza” y son llamados “recoletos”.

Era un trending topic en esos finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII en el que se vieron involucrados mercedarios, trinitarios, dominicos, carmelitas, bernardas, concepcionistas, jerónimas, trinitarias, clarisas, dominicas, carmelitas calzadas, brígidas…

El asunto “suena” en la Familia Agustiniana desde 1540, cuando algunos misioneros mexicanos agustinos ven cómo sus usos empapados de espíritu recoleto son aprobados en el capítulo de su Provincia de Castilla. En 1581 el Capítulo General autoriza a las Provincias a promulgar estatutos más rigurosos para los religiosos que “quisieran y pudieran”.

Lo cierto es que la Provincia de Castilla estaba en ese momento entre inquieta y dividida. Por un lado, los que tenían una vida llamada entonces “relajada” y llena de exenciones a las normas, que incluso habían entrado habitualmente en negocios de censos y rentas; por otro, quienes pedían una reforma para mantener una vida más espiritual y pobre.

Sixto V había nombrado general de la Orden de San Agustín a Gregorio Petrocchini, al que también concedió ser visitador y comisario apostólico de la Orden. Antes de dirigirse al Capítulo, visitó al monarca en El Escorial y recibió instrucciones de favorecer la presencia de casas de recoletos, así de frailes como de monjas, porque en este artículo ha sido muchos días ha su Majestad advertido que lo desean muchos religiosos, y así gustaría que el generalísimo lo tratase con hombres de religión y consejo y prudencia y, si pareciese, se pusiese en ejecución”.

Luis de León y Pedro de Rojas habían pedido a Felipe II su intervención. Eran tiempos que religión y gobierno estaban unidos, y el monarca era cercano a los movimientos de reforma, consciente del importante papel de las congregaciones religiosas en aquella sociedad.

Petrocchini llama a diez religiosos de especial peso dentro de la Provincia y decide adelantar el Capítulo de la Provincia de Castilla de la primavera de 1589 al 30 de noviembre de 1588. Deciden que se celebre en Toledo por ser el lugar “más accesible” a la mayoría de los vocales, situado en el centro geográfico de la península Ibérica. Tras visitar las comunidades más importantes de la Provincia, llega a Toledo el 28 de noviembre de 1588, donde ya estaban recién llegados los vocales del Capítulo.

EL CAPÍTULO DE TOLEDO

El encuentro de los 68 vocales para la celebración del Capítulo de la Provincia de Castilla comenzó con un ambiente tenso y dividido. El 2 de diciembre les llegan dos mensajes de Felipe II a través del Corregidor de la ciudad y de Andrés Fernández. Se recuerda a los Capitulares la necesidad de establecer casas recoletas.

El 3 de diciembre se dan a la tarea de escoger al nuevo provincial. Los votos indican la división: 31 votan a Pedro de Rojas, prior del convento de Madrid y partidario de la reforma; el resto de votos se dispersan entre Gaspar de Saona (26), Gabriel de Goldáraz (6), Gaspar de Melo (3), Luis de León (1) y Martín de Perea (1). Rojas no logrará la mayoría tampoco en segunda votación (33), así que el prior general hace uso de su facultad para nombrarle prior provincial electo para que cesase el alboroto y la discusión no siguiera hasta el infinito”.

Por fin, el 5 de diciembre, el definitorio pleno, constituido por nueve religiosos, promulga las 18 actas o determinaciones surgidas en el Capítulo. La quinta será el acta fundacional de la Recolección Agustiniana:

“Porque hay entre nosotros o, al menos, puede haber, algunos tan amantes de la perfección monástica que desean seguir un plan de vida más austero, cuyo legítimo deseo debemos favorecer para no poner obstáculos al Espíritu Santo, consultado previamente nuestro reverendísimo padre general e implorada su venia, determinamos que en esta nuestra provincia se señalen o se levanten de nueva planta tres o más monasterios de varones y otros tantos de mujeres, en los que se practique una forma de vida más austera, la que, tras madura reflexión, prescriba el padre provincial con su definitorio”.

Algunas otras decisiones del Capítulo parecen casi contrarias al acta quinta. La séptima legitima el uso privado de dinero por los religiosos; la octava aprueba juegos de cartas y representaciones; la decimotercera defiende los títulos honoríficos

Todo parece indicar que la quinta fue fruto de un limitado grupo de religiosos que aprovechan el favor del rey que, por cierto, el mismo día 5 fue informado de la aprobación de las casas de recoletos y del nuevo provincial, proclive a la reforma.

EL ENCUENTRO EN UNA CELDA FRÍA DEL CONVENTO

Lo cierto es que podemos poner nombre a los principales impulsores de la reforma en la provincia de Castilla. Poco antes de comenzar el Capítulo se reunieron, los tres, para preparar la defensa de sus argumentos ante el resto de los reunidos. Se trata de Jerónimo de Guevara (1554-1589), Luis de León (1528-1591) y Pedro de Rojas (†1602).

Contamos con un documento de gran valor para nuestra Recolección de hoy; se trata de las memorias de Juan Quijano, que en 1588 tenía 16 años, estaba recién profeso (dos días antes de aquella reunión) y que estuvo en aquella habitación donde se producía la reunión. Y lo contó así:

Séame permitido decir lo que me aconteció cuando estando una noche en la celda del padre fray Pedro de Rojas, entonces prior de San Felipe, y el padre maestro Fray Luis de León y nuestro padre Fray Jerónimo de Guevara a la lumbre. Yo era recién profeso, había dos días. […] Hacíanme todos tres mucha merced, aunque era bien niño, pero por diferentes respetos […] hiciéronme sentar a los pies del uno para que me calentase.

Empezaron a tratar de cómo y de qué manera habían de fundar el monasterio, cuán pobre, cuán apartado de bullicio, qué constituciones y modo habría de tener en hábito y en todo. Al fin, allí se decía una como idea del primer monasterio, cierto bien trazado y observante, al fin, como de tan grandes ingenios como eran los tres.

Yo, aunque criatura, estábamelos mirando u oyendo con mucha atención, y acuérdome que leía yo y pasaba la vida de la santa madre Teresa de Jesús, que ella había escrito: lo que le acaeció también cuando era niña y hacía ermitas y querían ser ella y su hermano ermitaños.

Levantóme con la mano el padre maestro fray Luis de León la cabeza, como que le mirase, y díjome:
— “Fray Juan, ¿y vos queréis ir con nosotros a ese monasterio?”.
— Díjele: “sí, por cierto, pero vuestra paternidad no ha de ir allá”.
— “Pues, ¿cómo lo veis?”, me dijo.
— “Porque no; no me parece que vuestra paternidad ha de ir, ni es para tan áspera vida. Déjela para el padre fray Jerónimo”.

Hoguera de leña

Y el chico tuvo razón. Luis de León favoreció, apoyó y dotó a la Recolección de sus primeras normas de vida. En 1589 se le encomendó la fundación de una casa recoleta en Salamanca; en 1590 asistió a la instalación del nuevo convento recoleto de Portillo (Valladolid); presentó diversas instancias de ausencia avaladas por Felipe II a la Universidad de Salamanca, donde dictaba lecciones, para poder dedicarse al nacimiento de la Recolección Agustiniana.

Pero la muerte le sorprendió el 23 de agosto de 1591 en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) cuando preparaba una biografía de santa Teresa de Jesús, cuyos escritos había revisado para la publicación. Tras su muerte sus restos fueron llevados a Salamanca, en cuya universidad descansan.

http://www.agustinosrecoletos.org/noticia.php?id_noticia=15378&id_seccion=5&idioma=1

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Para conocer más de los orígenes de la Recolección Agustiniana: https://www.dropbox.com/sh/vfzcqa5blss5txc/AADYtJakcT-HyCl9-XUALGzVa?dl=0

Primicia del 5 de diciembre de 2019: https://www.youtube.com/watch?v=_d6epGZ58bY&feature=emb_share&fbclid=IwAR3AMEScFoonKKo3FB_UBTv-U2kEzvLbX2npXUqddf19NNAYsjDK7Dm4JGI


El maná de cada día, 25.10.19

octubre 25, 2019

Viernes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

 

Instrúyeme, Señor, en tus leyes



PRIMERA LECTURA: Romanos 7, 18-25a

Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí, es decir, en mi carne; porque el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no.

El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago.

Entonces, si hago precisamente lo que no quiero, señal de que no soy yo el que actúa, sino el pecado que habita en mí.

Cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro inevitablemente con lo malo en las manos.

En mi interior me complazco en la ley de Dios, pero percibo en mi cuerpo un principio diferente que guerrea contra la ley que aprueba mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo.

¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias.


SALMO 118, 66.68.76.77.93.94

Instrúyeme, Señor, en tus leyes.

Enséñame a gustar y a comprender, porque me fío de tus mandatos.

Tú eres bueno y haces el bien; instrúyeme en tus leyes.

Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo.

Cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias serán tu voluntad.

Jamás olvidaré tus decretos, pues con ellos me diste vida.

Soy tuyo, sálvame, que yo consulto tus leyes.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


EVANGELIO: Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace.

Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?

Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»

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Papa Francisco. Homilía en Sta. Marta. Viernes 23 octubre 2015

La Iglesia debe obrar siguiendo los signos de los tiempos  sin caer en la comodidad del conformismo, sino dejándose inspirar por la oración. Y es que los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente con libertad en la verdad de la fe. Así lo ha asegurado el Santo Padre esta mañana durante su homilía de la misa celebrada en Santa Marta.

Los tiempos hacen lo que deben: cambian. Por eso, el papa Francisco ha recordado que los cristianos tienen que hacer lo que quiere Cristo: valorar los tiempos y cambiar con ellos, permaneciendo “fieles en la verdad del Evangelio”. Lo que no está permitido es “el tranquilo conformismo que, de hecho, hace permanecer inmóviles”.

Haciendo referencia a la lectura del día de la Carta a los Romanos de San Pablo, el Pontífice ha subrayado que el apóstol predica con “mucha fuerza la libertad que nos ha salvado del pecado”. Y está la página del Evangelio en la cual Jesús habla de “los signos de los tiempos” llamando hipócritas a aquellos que saben comprenderlos pero que no hacen lo mismo con el tiempo del Hijo del Hombre. A propósito, el Papa ha asegurado que Dios nos ha creado libres y “para tener esta libertad” debemos “abrirnos a la fuerza del Espíritu y entender bien qué sucede dentro y fuera de nosotros” usando “el discernimiento”.

De este modo, el Santo Padre ha comentado que “tenemos esta libertad de juzgar lo que sucede fuera de nosotros. Pero, para juzgar debemos conocer bien lo que sucede fuera de nosotros”. Por eso se ha preguntado “¿cómo se puede hacer esto? ¿Cómo se puede hacer esto, que la Iglesia llama ‘conocer los signos de los tiempos’?”

A continuación, el Santo Padre ha asegurado que “los tiempos cambian y es propio de la sabiduría cristiana conocer estos cambios, conocer los diversos tiempos y conocer los signos de los tiempos. Qué significa una cosa y otra. Y hacer esto sin miedo, con libertad”.

Francisco ha reconocido que no es algo fácil, porque son demasiados los condicionantes externos que presionan también a los cristianos induciendo a muchos a un ‘no hacer’.

Y lo ha explicado así: “Esto es un trabajo que de costumbre no hacemos: nos conformamos, nos tranquilizamos con un ‘me ha dicho, he escuchado, la gente dice, he leído…’ Y así estamos tranquilos… ¿Pero cuál es la verdad? ¿Cuál es el mensaje que el Señor quiere darme con el signo de los tiempos? Para entender los signos de los tiempos, antes que nada es necesario el silencio: hacer silencio y observar. Y después reflexionar dentro de nosotros”. Al respecto ha preguntado: “¿por qué hay tantas guerras ahora? ¿Por qué ha sucedido algo? Y rezar… silencio, reflexión y oración. Solamente así –ha asegurado– podremos entender los signos de los tiempos, lo que Jesús quiere decirnos.

Del mismo modo, ha precisado que entender los signos de los tiempos no es un trabajo exclusivo de una élite cultural. Jesús no dice “mirad cómo hacen los universitarios, mirado cómo hacen los doctores, mirad cómo hacen los intelectuales…”. El Papa ha subrayado que Jesús habla a los campesinos que “en su sencillez” saben “distinguir el grano de la cizaña”.

Para finalizar, el Pontífice ha indicado que “los tiempos cambian y nosotros cristianos debemos cambiar continuamente. Debemos cambiar firmes en la fe en Jesucristo, firmes en la verdad del Evangelio, pero nuestra actitud debe moverse continuamente según los signos de los tiempos. Somos libres. Somos libres por el don de la libertad que nos ha dado Jesucristo.

Pero nuestro trabajo es mirar qué sucede dentro de nosotros, discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos; y qué sucede fuera de nosotros y discernir los signos de los tiempos. Con silencio, con la reflexión y con la oración” (Subrayado mío).

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LOS SIGNOS Y LOS TIEMPOS

P. Francisco Fernández Carvajal

Reconocer a Cristo que pasa cerca de nuestra vida

Desde siempre los hombres se han interesado por el tiempo y por el clima. De modo muy particular, los labradores y los hombres de la mar han interrogado el estado del cielo, la dirección del viento, la forma de las nubes, para aventurar un pronóstico en razón de sus tareas. Nuestro Señor, en el Evangelio de la Misa1, lo hace notar a quienes le escuchan, pescadores y gentes del campo en su mayoría:

Cuando veis que sale una nube por el poniente, en seguida decís: va a llover. Y cuando sopla el sur, decís: viene bochorno. Jesús se encara con ellos, pues saben prever la lluvia y el buen tiempo a través de los signos que aparecen en el horizonte y, sin embargo, no saben discernir las señales, más abundantes y más claras, que Dios envía para que averigüen y conozcan que ha llegado ya el Mesías: ¿cómo no sabéis interpretar este tiempo?, les interpela.

A muchos les faltaba buena voluntad y rectitud de intención, y cerraban sus ojos a la luz del Evangelio. Las señales de la llegada del Reino de Dios son suficientemente claras en la Palabra de Dios, que les llega tan directamente, en los milagros tan abundantes que realizó el Señor, y en la Persona misma de Cristo que tienen ante sus ojos2.

A pesar de tantos signos, muchos de ellos ya anunciados por los Profetas, no supieron enjuiciar la situación presente. Dios estaba en medio de ellos y muchos no se dieron cuenta.

El Señor sigue pasando cerca de nuestra vida, con suficientes referencias, y cabe el peligro de que en alguna ocasión no le reconozcamos. Se hace presente en la enfermedad o en la tribulación, que nos purifica si sabemos aceptarla y amarla; está, de modo oculto pero real, en las personas que trabajan en la misma tarea y que necesitan ayuda, en aquellas otras que participan del calor del propio hogar, en las que cada día encontramos por motivos tan diversos…

Jesús está detrás de esa buena noticia, y espera que vayamos a darle las gracias, para concedernos otras nuevas. Son muchas las ocasiones en que se hace encontradizo… ¡Qué pena si no supiésemos reconocerle por ir excesivamente preocupados o distraídos, o faltos de piedad, de presencia de Dios!

¿No sería nuestra vida bien distinta si fuéramos más conscientes de esa presencia divina? ¿No es cierto que desaparecería mucha rutina, malhumor, penas y tristezas…? ¿Qué nos importaría entonces representar un papel u otro, si sabemos que a Dios le gusta y aprecia el que nos ha tocado?

«Si viviéramos más confiados en la Providencia divina, seguros –¡con fe recia!– de esta protección diaria que nunca nos falta, cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos. Desaparecerían tantos desasosiegos que, con frase de Jesús, son propios de los paganos, de los hombres mundanos (Lc 12, 30), de las personas que carecen de sentido sobrenatural»3, de quienes viven como si el Maestro no se hubiera quedado con nosotros.

1 Lc 12, 54-59. — 2 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 5. — 3 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 116.

www.homiletica.org


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